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LA NOCIÓN DE PERSONA EN SAN

AGUSTIN

Juan Pedro Leal


INDICE

INTRODUCCIÓN – Pág. 2.

SAN AGUSTÍN, DE FILÓSOFO A SANTO CRISTIANO Pág.3

DISTINCIÓN ENTRE SUBSTANCIA Y PERSONA EN EL CONCEPTO DE DIOS Pág. 4

EL HOMBRE COMO IMAGEN DE DIOS Pág. 6

LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA EN TANTO RELIGADA A DIOS Pág. 8

CONCLUSIONES FINALES Pág. 10

BIBLIOGRAFÍA Pág. 11

1
INTRODUCCIÓN

La construcción y definición del concepto de persona a lo largo de la historia ha sido un


tema muy intrigante. Incluso hoy, la conceptualización de persona y su posible comienzo
de existencia es un tema polémico, sobre todo en las legislaciones mundiales y en los
ámbitos de medicina, derecho y psicología. Dada esta realidad, resulta evidente la
necesidad de profundizar en la cuestión. Aquí es donde podemos encontrar los inmensos
aportes del cristianismo primitivo y la patrística a la construcción histórica que tendrá la
noción de persona.

La obra de San Agustín es muy vasta y algo compleja, dada la obvia distancia histórica y
epistemológica del filósofo con nosotros. Sin embargo, serán de gran utilidad para nuestro
análisis, algunos de sus pasajes que resultan verdaderamente excelsos para nuestro interés
de discusión. Los puntos importantes de la obra agustiniana que tomaremos como
centrales para este trabajo serán: la distinción entre substancia y persona en el concepto
de Dios; el hombre como imagen de Dios y la dignidad de la persona humana en cuanto
religada a Dios.

San Agustín, De filósofo a santo cristiano

2
1
“San Agustín de Hipona es padre y doctor de la Iglesia católica. Su prolífica obra
intelectual, entre la que se encuentran textos de la talla de Las Confesiones, La ciudad de
Dios o Comentarios a las Sagradas Escrituras, lo convierten en una figura transcendental
no solo del cristianismo, sino también de la filosofía occidental.

San Agustín nació en Tagaste, una ciudad de la actual Argelia, el 13 de noviembre de


354. Su padre era un funcionario romano y su madre, santa Mónica, era una cristiana
devota. Estudió Artes Liberales (trívium: dialéctica, retórica y filosofía y quadrívium:
aritmética, geometría, música y astronomía) y en 370 se fue a vivir a Cartago, donde tuvo
contactos con el maniqueísmo, una doctrina religiosa que se caracterizaba por la creencia
en la existencia de dos principios contrarios que luchan entre sí: el bien y el mal.

En 383 partió con destino a Roma, donde obtuvo el puesto de orador en la corte imperial
de Milán. En esta ciudad, Agustín asistió a las prédicas del obispo Ambrosio, quien lo
acercó a la fe cristiana. Se dice que el 1° de agosto de 386, Agustín escuchó una voz que
clamaba: “tolle, lege”, expresión que se puede ver en el trozo de papel que sostiene el
santo en la pintura y que traduce: “toma, lee”. Esto lo motivó a leer la “Carta de san Pablo
a los romanos”, en la que encuentra las siguientes palabras que finalmente lo llevaron a
la conversión:

“Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la


bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. Por el contrario,
revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne”.
Romanos 13, 13-14.

Luego de este episodio, Agustín fue bautizado por san Ambrosio el 24 de abril de 387, se
ordenó sacerdote en 391 y se consagró como obispo cuatro años después en la ciudad de
Hipona, actual Argelia, donde murió el 28 de agosto de 430 durante el sitio de los
vándalos”

1
Extraído de: http://www.museocolonial.gov.co/colecciones/piezas-del-mes/Paginas/San-
Agust%C3%ADn-fil%C3%B3sofo.aspx

3
Distinción entre substancia y persona en el concepto de Dios

En su obra “De Trinitae”, San Agustín realiza una detallada y minuciosa


conceptualización y definición de conceptos como la esencia, la substancia y la persona.
Conceptos que serán de vital importancia para la construcción de la noción de persona.

En el capítulo IV del Libro VII de la obra anteriormente mencionada, Agustín se embarca


al análisis de las controversias respecto de las distintas formas de dirigirse y nombrar a
los integrantes de la Santísima trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El filósofo comienza nombrándolos como tres personas. El término persona es visto como
un término integrador de cualidades en común. Sin embargo, rápidamente cuestiona esto,
dado que el término persona es utilizado también para referirse a los hombres. ¿Podríamos
referirnos a la Santísima Trinidad de igual forma que a los mortales? Resulta evidente
que no, por lo cual, el término persona es muy ambiguo para ser utilizado. La
preocupación central aquí es la búsqueda de un término adecuado para referirse a los tres
componentes de la Santísima Trinidad. La Biblia no permite referirnos a tres dioses pues
claramente habla de la trinidad como una única esencia, un mismo Dios (Padre, Hijo y
Espíritu santo). De este modo, Agustín dirá que al hablar de persona estamos hablando
de individuo, o hacemos mención a un individuo. Cuando hablamos de personas, nos
referimos a individuos que, siendo distintos, comparten la misma cualidad. Por ejemplo,
cuando decimos que David, José y Juan son personas estamos diciendo que, a pesar de
que sean tres individuos distintos, comparten la cualidad de ser hombres, y es a esto que
nos referimos cuando hablamos de que son personas. Sin embargo, ocurre que el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo comparten entre sí una única esencia, y son totalmente distintos
a los hombres, razón por la cual no podríamos referirnos a ellos como simples personas.

San Agustín resuelve esta controversia cuando dice:

“No se puede decir que Dios subsiste y es sujeto de su bondad, ni que esta bondad no es
substancia o esencia, o que Dios no es la misma bondad, sino que la bondad existe en El
cómo en un sujeto. Luego es evidente que Dios no es substancia sino en un sentido
abusivo. Su nombre propio y verdadero es esencia, y acaso Dios sólo se pueda llamar

4
esencia. Es único, porque es inmutable, y en este sentido revela su nombre a su siervo
Moisés cuando le dice: Yo soy el que soy; y les dirás: El Ser me envía a vosotros”2

Finalmente dirá el filósofo que, dejando clara la idea de Dios como una única esencia
suprema y absoluta que constituye a la Trinidad, no hay problemas en referirse a la
Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) como tres personas en Dios.

Así lo dirá:

“Mas ya se diga esencia, término propio; ya substancia en sentido abusivo, ambos


conceptos son absolutos, no relativos. En Dios la esencia y la subsistencia se identifican,
y, por consiguiente, si la Trinidad es una esencia, es también una substancia. Es, pues,
más razonable hablar de tres personas en Dios que de tres substancias”3

Como hemos visto, queda claro el concepto de esencia, en este caso, la esencia suprema
es Dios, que es lo mismo que la Trinidad. El término persona sería un concepto de menor
rango o jerarquía.

Ahora bien, como es evidente, el termino persona es utilizado en dos sentidos. Un sentido
es cuando se refiere a las tres personas de la Trinidad y otro, es cuando se refiere a los
hombres. Esto es muy bien señalado por María Teresa Dolby:

“En el planteamiento agustiniano se puede reconocer con claridad que el concepto de


persona tiene, en primer lugar, un sentido teológico y, en segundo lugar, un sentido
humano o derivado: El concepto de persona tiene dos sentidos centrales e íntimamente
relacionados. El sentido primario es el teológico, el de las tres personas de la Trinidad
que comparten una sola naturaleza. El sentido derivado es aquel que dice que cada ser
humano es una persona. El sentido de persona en este caso puede dividirse en dos
conceptos: lo que separa y distingue a los seres humanos de otras cosas, y lo que hace
que cada individuo sea una persona única y diferente de todas las demás de su misma
especie”4

2
San Agustín (1956): 485.
3
Ibídem
4
Dolby, María del Carmen (2006). El ser personal en San Agustín. Revista española de filosofía
medieval, pág. 23.

5
De este modo, queda explicitado el concepto de substancia o esencia al cual se refiere San
Agustín como fundamento absoluto de la divinidad, presente en la Trinidad, la cual es,
Dios. Por otro lado, se realiza una desambiguación del término persona, encontrándole
dos sentidos, un sentido teológico, el cual es utilizado para distinguir los tres integrantes
de la santísima Trinidad, y el sentido más mundano, el cual refiere a los hombres y su
condición de individuos.

El hombre como imagen de Dios

El momento más crucial para el desarrollo de la noción de persona tiene que ver con el
descubrimiento de San Agustín respecto a la presencia de la divinidad de Dios en los
hombres que le rinden devoción. Esta revelación es comprendida por el filósofo en sus
reflexiones respecto del génesis, en donde se narra la creación del hombre a imagen y
semejanza de Dios.

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra


semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en
toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a
su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”5

Este pasaje de la Biblia le confiere varias certezas respecto a la relación de Dios con los
hombres. Una de ellas es el lugar central en la creación. El creador le confiere al hombre
el poder y control sobre toda la creación; tierras, aves, peces, vegetación, minerales, etc.
Pero volvamos al tema en cuestión, dada la importancia del hombre en la creación resulta
evidente que es una criatura especial. Y quizás eso especial que posee el hombre tenga
que ver con su imagen y semejanza a su creador. Esta condición dada al hombre es la que

5
Biblia Reina Valera 1960, Génesis 1:26.

6
lo distingue de todas las demás criaturas, confiriéndole el derecho de ser concebido bajo
la noción de persona, entendida en su segundo sentido ya desarrollado anteriormente. Sin
embargo, es evidente que el término “a imagen y semejanza” no debe ser entendido de
manera literal. Todos los hombres son individuos físicamente distintos, pero también
emocionalmente distintos. De modo que la semejanza a Dios de todos los hombres es
imposible en el aspecto físico y emocional. Cabría preguntarnos qué se pretende expresar
con “imagen y semejanza”. Todo indica que hacia lo que se está apuntando es a una
esencia común de los hombres. Algún o algunos atributos, cualidades presentes en los
hombres que sean semejantes a los atributos de la divinidad. Respecto a esta cuestión,
San Agustín dirá que se deberá buscar la imagen de Dios no en el cuerpo, sino en la parte
inmortal del hombre: el alma. “es en el alma del hombre, alma racional e intelectiva,
donde se ha de buscar la imagen del Creador, injertada inmortalmente en su
inmortalidad 6”.

Interesante resulta el análisis que realiza el filósofo respecto a esta cuestión. Como señala,
en el alma racional e intelectiva se ha de buscar la imagen del creador. “Busquemos, pues,
en esta imagen de Dios una trinidad especial contando con el auxilio de aquel que nos
hizo a su imagen”7. Sobre esta cuestión, María del Carmen Dolby señalará ciertas
facultades presentes en el alma del hombre que lo constituyen como persona. Dichas
facultades son tres, y de cierta forma, semejantes a la Santísima Trinidad.

“Esas facultades son: la memoria, la inteligencia y la voluntad, una trinidad que refleja
pálidamente la Trinidad divina pero que tiene una gran repercusión en la forma de ser,
vivir y desear del ser humano: Recuerdo que poseo memoria, entendimiento y voluntad;
comprendo que entiendo, quiero y recuerdo; quiero querer, recordar y entender y al
mismo tiempo recuerdo toda mi memoria, inteligencia y voluntad…De idéntica manera
sé que entiendo todo lo que entiendo, sé que quiero todo lo que quiero, recuerdo todo lo
que sé…En conclusión, cuando todas y cada una mutuamente se comprenden, existe
igualdad entre el todo y la parte, y las tres son unidad: una vida, una mente, una
esencia”8

6
San Agustín, Op. Cit., Pág. 775.
7
Ibid. Pág. 777.
8
Dolby, María del Carmen, Op. Cit., pág. 24.

7
Así, El hombre en lo material se distingue morfológicamente de otros hombres y seres
vivos, empero, esta distinción seguida de la dotación de una originalidad es brindada por
el alma. Dicho elemento juega el papel central en la constitución de la personalidad, por
lo dicho anteriormente. Sin embargo, resta ver cómo se manifiesta en la persona la
trinidad. Siguiendo la concepción del alma como la parte más noble del hombre, parece
claro que es allí en donde se encontrarían los vestigios de la santísima Trinidad.
Precisamente en el alma, ve San Agustín, a la capacidad crítica del humano: la razón. Es
la razón quien permitirá al hombre, en el ejercicio de su libre albedrío, llegar a conocer a
su creador. Así, en el uso de la razón y de las facultades anímicas de la memoria, el
entendimiento y la voluntad, llega el hombre a constituirse persona, en tanto que
manifiesta en sus tres facultades: memoria, entendimiento y voluntad, un reflejo de la
Trinidad, la cual, en conclusión, es lo que lo hace persona.

La dignidad de la persona humana en tanto religada a


Dios

Podemos observar que facultades de la memoria son vistas como reflejo del Padre, la
inteligencia como reflejo del Hijo, y la voluntad como reflejo del Espíritu Santo,
manifestando tenuemente la Trinidad divina, y el impacto que tendría en la forma de ser,
vivir y desear del ser humano. Esto nos lleva destacar que, mediante la percepción de
Dios en la mente se deseará la felicidad, por la inteligencia se anhelará la verdad, y por la
voluntad se ambicionará el bien, siendo todos estos, finalidades de lo que se considera ser
persona.

“El hombre es persona porque refleja, a través de sus facultades, a las tres Personas
divinas: Cada hombre en concreto es imagen de Dios según la mente, no según el
compuesto físico (cuerpo y alma), y es una persona, y su alma es imagen de la trinidad.

8
Y esta Trinidad, cuya imagen es la mente (lo más elevado del alma), es en su totalidad
Dios y en su totalidad Trinidad”9

La Dignidad de la persona humana en cuanto religada a Dios, constituye el deseo de


felicidad, que conduce a hallar la verdad y el bien. Esto nos llevará a una circularidad,
como lo expresa María del Carmen Dolby, dando por resultado el verdadero ser personal
del hombre. La dignidad humana es la potestad que posee cada hombre creado a
semejanza de Dios por su alma, y al ser portadores de esos mismos rasgos y anhelos,
deben ser respetados y valorados como seres individuales portadores de una chispa
divina.

“Por eso dice San Pablo: En Cristo Jesús, ni vale la circuncisión ni vale el prepucio,
sino la fe actuada por el amor; distinguiéndola de aquella fe que hace creer y temblar a
los demonios. La caridad que viene de Dios y es Dios, es propiamente el Espíritu Santo,
por el que se derrama la caridad de Dios en nuestros corazones, haciendo que habite en
nosotros la Trinidad. Por esta causa, siendo el Espíritu Santo Dios, se llama Don de
Dios. ¿Y qué puede ser este Don, sino amor' que nos allega a Dios, sin el cual cualquier
otro don de Dios no nos lleva a Dios?”10

CONCLUSIONES FINALES

Resulta excelsa y profunda la fusión que realiza San Agustín de los conceptos e ideas
filosóficas de la antigüedad con los preceptos del canon cristiano y las sagradas escrituras.

9
Ibid. Pág. 24.
10
San Agustín. Op. Cit. Pág. 901 – 903.

9
En el desarrollo histórico del concepto de persona vemos en la contribución agustiniana
un capítulo más que interesante. Desde su comprometida fe cristiana y su devoción a
Dios, brinda una conceptualización de persona totalmente universal, la cual no discrimina
ningún tipo de nacionalidad, situación social, género ni de credo.

El ser la más hermosa joya de la creación le imprime al ser humano una condición de
jerarquía sobre todo el mundo, pero también dota su alma de la capacidad racional de
buscar en su libertad la realización del bien y el alcance de la felicidad. Condiciones que
posee en potencia y que le hacen digno de ser persona.

“Señor Dios, nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras
no descanse en ti”. San Agustín de Hipona – Confesiones.

BIBLIOGRAFÍA

 Abbagnano, N. (1982). Historia de la Filosofía. Barcelona, España.

10
 Biblia, Reina Valera (1960). Philadelphia, USA: Sociedades Bíblicas

en America Latina, National Publishing Company.

 Dolby, María del Carmen (2006). El ser personal en San Agustín.

Revista española de filosofía medieval, pp. 21 – 30.

 San Agustín. (1956). Obras de San Agustín. Madrid, España:

Biblioteca de autores cristianos.

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