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Género, Cultura y Sociedad

Reseña de

Belaúnde, Luisa Elvira, Sexualidades amazónicas: Género, deseos y alteridades, Lima: La


Siniestra Ensayos, 2018. Introducción, “Cruzados y paralelos”, pp. 21-66.
Ricardo Mandujano

Maestría en Antropología

La presente reseña está organizada del modo siguiente: se comenzará por señalar algunas
consideraciones de orden epistemológico –si se quiere, ontológico- que es necesario establecer para
el contexto de diversos pueblos de la Amazonía indígena. Luego se abordará los principales temas y
discusiones planteadas por la autora en el capítulo revisado, haciendo especial énfasis en la noción
de la sangre debido a que los articula y atraviesa transversalmente. Esto nos permitirá luego
comprender las nociones de sexualidad y relaciones de género de manera más amplia e integral.
Finalmente, se presentará algunas apreciaciones respecto al texto y a su relevancia tanto para los
estudios de género como para la antropología amazónica en general.

La categoría que considero crucial para iniciar estas discusiones es la de cuerpo. Aquí es necesario
tener en cuenta dos aspectos, primero uno de orden epistemológico y luego de orden socio-
cosmológico. Respecto al primero, la autora nos llama a revisar el dualismo cartesiano cuerpo-
mente asociado a la experiencia histórica y socio-cultural de Occidente, ya que, como los resultados
de diversos estudios etnográficos muestran, en muchos pueblos de la Amazonía indígena, esta no
se sostiene en sus formas de pensamiento, cosmología ni práctica social. No existe un cuerpo
biológico pre-existente a su fabricación social y cultural, ni como entidad material en la cual se alojan
el espíritu, los afectos y el intelecto. Hay más bien una multi-dimensionalidad que lo constituye
como matriz orgánica y simbólica con y desde la cual simultáneamente se piensa, se siente, se
percibe (y se es percibido), se aprende, se vive y se actúa.

Una vez señalado esto, podemos comenzar a comprender la importancia que el cuerpo y sus
transformaciones tienen en la mitología, la vida ceremonial y la organización social de muchos
pueblos de la Amazonía, lo cual concierne al segundo aspecto: el socio-cosmológico. Hablar del
carácter orgánico y de ‘transformaciones’ del cuerpo implica, por un lado, que se trata de una
entidad dinámica y cambiante; y a su vez, que está en constante interacción con los pensamientos,
emociones y sustancias tales como la sangre, la saliva, el sudor, el semen, las lágrimas, entre otras;
así como con subjetividades humanas y no-humanas, tales como plantas, animales, muertos, dioses,
espíritus y objetos. Por ejemplo, en la mitología de diversos grupos, se habla de que sus antepasados
‘no comían como personas’, lo cual está vinculado a ciertas habilidades de caza y cultivo,
preparación de alimentos y trabajo que derivaba en productos. Así, el consumo de alimentos como
la yuca o la carne cocida juegan un rol central en la constitución de seres humanos.

A lo largo del ciclo de vida, el cuerpo, para diversos pueblos de la Amazonía indígena, se encuentra
en constante fabricación, y esta se realiza por medio de su crecimiento, su alimentación, su
ornamentación, sus habilidades y fluidos. A su vez, todos estos factores están asociados a procesos
que implican relaciones con diversas formas de alteridad humanas y no humanas, necesarias para
la constitución de la persona y el grupo, pero a su vez potencialmente peligrosas. Por tanto, la
regulación de las formas y condiciones bajo las cuales se dan estos intercambios, flujos y procesos
atraviesa de manera transversal toda la problemática que conlleva la reproducción social.

Algunos puntos principales a lo largo del texto

Precisamente partiremos de la categoría de regulación, dada su centralidad en el planteamiento de


la autora, ya que nos servirá para abordar los principales puntos planteados en el texto. Estos son
los procesos de regulación de sustancias y fluidos, la relación del cuerpo con el pensamiento, las
emociones y habilidades; y la importancia de su relación con ciertas formas de alteridad.
Posteriormente, la autora propone considerar a la sangre como un vehículo y sustancia que
atraviesa y articula todas estas esferas de la vida en la Amazonía.

Dado que los seres humanos se comunican con el mundo mediante diversos canales situados en el
cuerpo: la boca, los ojos, los oídos, los órganos genitales y el ano; se debe regular adecuadamente
los procesos de intercambio de sustancias, pensamientos, olores, sabores y otros estímulos que
pudieran transitar por dichos canales y, de este modo, interferir o influir en la conducta, la salud e
incluso el estatus ontológico de la persona, y -en algunos casos-, también el de su grupo parental.
La regulación de fluidos puede estar asociada a una serie de prácticas colectivas cuidadosamente
ritualizadas, entre las cuales se encuentran la dieta y la reclusión. Por ejemplo, en el caso de los yine
del Bajo Urubamba, durante el periodo de embarazo de la esposa (pre-parto, parto y pos-parto), el
padre debe guardar la covada. Se trata de una práctica de resguardo durante la cual se debe
respetar ciertas restricciones alimenticias y de comportamiento, así como evitar ciertos
pensamientos, ya que estos podrían afectar al feto en formación. Así, los cuerpos, afectos,
sustancias y pensamientos de la madre, el padre y el feto están interconectados.

Una vez nacida la persona, también se debe regular cuidadosamente los conocimientos y
habilidades que le serán transmitidos, los objetos que le serán regalados, los artefactos que
aprenderá a –y deberá- fabricar. Estos procesos están muy asociados, por un lado, al género de la
persona, ya que diferenciarán la construcción de un ‘cuerpo femenino’ de la de un ‘cuerpo
masculino’; y por otro lado, a su bienestar y salud a lo largo de la vida. El cuerpo, entonces, también
está compuesto de habilidades, y de pensamientos, tanto a nivel intelectual como emocional. La
frase ‘el cuerpo sabe’, resalta el hecho de que los conocimientos y habilidades son incorporadas, y
viven en la persona conforme son puestos en práctica en su vida cotidiana y en sus relaciones con
los demás. Mientras que la frase ‘mi corazón piensa’ expresa la centralidad que tiene este órgano,
considerado como motor de los pensamientos y las emociones, puestos en circulación por todo el
cuerpo a través de la sangre.

Estos procesos de fabricación de las personas por medio de la regulación de emociones,


pensamientos, sustancias y habilidades con los que entra en relación a lo largo de su ciclo de vida
implican, a la vez, la necesidad de incorporar de manera controlada ciertas formas de alteridad. El
cuerpo es el espacio que posibilita relaciones estas relaciones con la alteridad, las cuales son
concebidas como relaciones inter-subjetivas, tanto con subjetividades humanas como no-humanas:
animales, plantas, espíritus, conocimientos, sustancias que contienen poderes exógenos de los
dioses. Existen diferentes mecanismos para llevar a cabo esta incorporación, tales como la
depredación, la matanza, la recitación de algunos cantos rituales, la ingesta de plantas psicoactivas,
la emisión de ciertos olores o el derramamiento de sangre. La alteridad constituye una de las
dimensiones cruciales para abordar el estudio de la socialidad en la Amazonía, ya que al incorporar
aspectos de la perspectiva de seres Otros, no solo se constituyen los sujetos, sino también el grupo
parental e incluso las relaciones con el exterior de aquel. Se trata de la constitución de la vida social
desde sus fronteras externas. Pero, en este caso también, es crucial regular adecuadamente dichos
procesos de incorporación, ya que el exceso de alteridad puede llevar a un conflicto de puntos de
vista, a la alienación, a ser subjetivado por el punto de vista del otro. Por ejemplo, César Gordon
describe, en su obra Economía selvagem, cómo entre los Xikrin-Mebêngôkre, un grupo de lengua Je
del Brasil central, se consideraba peligroso el consumo de carne con anterioridad al descubrimiento
de las técnicas de cocido, ya que no era posible eliminar o secar la sangre del animal. Esta sangre
era el vehículo del alma de dicho animal, de su punto de vista, por lo que su ingesta podía conllevar
una lucha al interior del cuerpo por el punto de vista del sujeto.

Como se ha visto, la sangre es una sustancia de importancia manifiesta, ya que atraviesa y articula
todos los principales aspectos de la práctica social y la cosmología entre los diversos pueblos de la
Amazonía que se ha mencionado. Está fuertemente vinculada al cuerpo, a la capacidad de hacer
esfuerzos físicos, tener relaciones sexuales, trabajar, al pensamiento e incluso a los cambios de
“perspectiva”. A su vez, transporta pensamientos, habilidades, poderes, emociones y vida, a modo
de un vehículo ontológico y socio-cosmológico, y su adecuada regulación también es de importancia
capital. Algunos ejemplos de esta importancia pueden verse en la necesidad de procesar la sangre
de la víctima de un enfrentamiento guerrero, o de la mujer durante el proceso de menstruación,
como por la consideración de que la sangre masculina y femenina tienen composiciones diferentes
y que su relativa mayor concentración en el útero durante la concepción determinará el sexo del
feto. En el primer caso, esta sangre puede ocasionar un conflicto de perspectivas o ‘puntos de vista’
si no es cuidadosamente procesada; en el segundo caso, puede ser vehículo de enfermedades en
caso participe de actividades ceremoniales durante la edad fértil; mientras que el tercero nos
muestra la importancia que tiene para las relaciones de género, relación que incluso puede
continuar a lo largo de la vida de las personas.

Sexualidad y relaciones de género

Una vez dicho esto, podemos comenzar a hablar de las nociones de sexualidad y relaciones de
género, tomando en cuenta las principales implicancias de su abordaje en un contexto amazónico.
En cuanto a la sexualidad, se debe tener presente que los diversos significados atribuidos a esta
categoría, tanto en nuestra práctica social cotidiana, como en la esfera académica, están imbricados
con procesos históricos asociados a Occidente. Y conllevan, toda una carga simbólica asociada a la
culpa y la represión, principalmente a partir de fines del siglo XVII, como Foucault señaló en su obra
Historia de la sexualidad. Todos estos procesos, a su vez, posibilitaron que la categoría misma de
“sexualidad” sea constituida como tal, como un dominio cuasi-autónomo de la experiencia subjetiva
y social, e incluso del conocimiento, con el surgimiento del área de estudios conocida como
‘sexología’. En el contexto amazónico, en cambio, la sexualidad es concebida, vivida y pensada de
manera indesligable de las nociones ya tratadas del cuerpo, las sustancias, el pensamiento, y la
multiplicidad de perspectivas, así como de relaciones entre subjetividades humanas y no-humanas.

Su relación con las sustancias puede evidenciarse, por ejemplo, en la concepción del semen como
condensación de la sangre masculina y su retención en el útero femenino al tener relaciones
sexuales. Esto da origen a figuras ajenas a las formas de pensamiento occidental, tales como la de
paternidad múltiple, que acarrea implicancias a nivel de la cosmología y las relaciones parentesco.
Esta forma de paternidad no es necesariamente mal vista, sino todo lo contrario, ya que se considera
que la mayor concentración de sangre masculina en la forma de semen es beneficiosa para la salud
del feto. Así mismo, durante el periodo de embarazo de la madre, los hombres que hayan tenido
relaciones sexuales con ella pueden guardar la covada en afirmación de su paternidad.

Diversas etnografías también han señalado la asociación que existe entre tener una sangre fuerte,
la capacidad de trabajar y la de tener relaciones sexuales. Posteriormente, los hijos, así como otras
creaciones o productos de las cuales una persona es responsable, serán considerados como sus
‘pensamientos’. En el ámbito de la vida cotidiana, así mismo, es bastante común oír constantes
referencias a la sexualidad en las conversaciones, sobre todo en el ámbito del humor, donde
también se incorpora una serie de juegos. Estos tendrían el efecto de establecer la interdependencia
de los géneros y el deseo mutuo.

Respecto a su relación con la multiplicidad de perspectivas que pueden entrar en relación en


diversos contextos, la autora propone entender la sexualidad como un deseo del Otro, y esto está
directamente vinculado a la alteridad constitutiva de los sujetos. La apertura a considerar las
relaciones entre personas y seres-otros tales como los bufeos, como posiblemente marcadas por la
seducción es un claro ejemplo. La persona puede volverse ‘visibles’ debido al olor de la sangre, y ver
a sus raptores como hombres o mujeres hermosas. Así, podrá ser seducido por estas, quienes los
llevarán a vivir a su mundo.

Las relaciones de género son abordadas partiendo de las nociones de reproducción paralela y
cruzada. La primera refiere a la idea según la cual hombres y mujeres son dos tipos diferentes de
seres humanos, y, por ende, cada sexo se reproduce a sí mismo. Esta reproducción se aplicaría a
concepciones y prácticas culturales asociadas al nacimiento de los niños, los procesos de crianza, el
ciclo de vida así como la distribución del prestigio social, el poder económico y espiritual; en tanto
que se diferencien según el sexo. La segunda sostiene la idea de que ambos sexos se reproducen
“cruzándose”, y cada uno aporta sus alimentos, artefactos y conocimientos a la generación de la
vida en común. La autora propone que ambas formas de reproducción interactuarían en la vida
cotidiana en los pueblos de la Amazonía y además, que ambas se constituyen y se necesitan la una
a la otra. No obstante, algunos pueblos resaltan las diferencias y otros las semejanzas.

No es intención de la autora presentar una visión idílica de las relaciones de género en la Amazonía,
pues ambos géneros tienen esferas de prestigio y exclusión relativa. Las mujeres pueden ser
excluidas de ciertas actividades en la esfera ceremonial y en la división del trabajo, pero también
gozan de gran autonomía en otras esferas concerniendo la economía de la pareja, fabrican
artefactos y elaboran productos de gran importancia tales como el masato de yuca. Así mismo,
tienen roles propios en diversas actividades productivas, como la agricultura y la pesca. Por otro
lado, los hombres son excluidos de muchas de estas actividades, pues tienen otras funciones y
obligaciones definidas en las actividades productivas y la alimentación familiar. Este carácter
complejo de las relaciones de género puede verse también en las manifestaciones de violencia física
y simbólica en diferentes contextos, la cual es parte de la existencia social tanto de los hombres
como de las mujeres; tanto en la guerra, como en la esfera ritual y la vida cotidiana.

Además de las esferas de prestigio propias de cada género, la importancia de la complementariedad


y la distribución no unívoca de la violencia, se encuentra expresiones reveladoras en la vida
cotidiana. Por ejemplo, las relaciones entre hombres y mujeres en el ámbito del humor, en las que
se expresa el carácter ambiguo y no unívoco del tema, ya que pueden suponer desvalorizaciones y
burlas respecto del trabajo y los productos del sexo opuesto a manera de generar contrapartidas,
estimular el coqueteo, elogiar, entre otros efectos.

Por todo esto, la autora subraya la importancia de revisar cuidadosamente nociones como la de
‘dominación masculina’, importante para los estudios de género, a la luz de las diversas etnografías.
Estas son especialmente iluminadoras de la necesidad de tener un abordaje lo suficientemente
amplio y comprensivo como para no caer en lo que la autora denomina como un ‘catch22’,
asumiendo universalmente que las reglas sociales aplicadas a las mujeres son subyugantes, mientras
que aplicadas a los hombres, les otorgarán prestigio. Existen, no obstante, algunos vacíos en los
abordajes de la antropología amazónica, por ejemplo, en relación a la noción de cuerpo desde una
perspectiva femenina; así como en la relación de la sangre con los conceptos desarrollados por las
teorías asociadas al animismo y al perspectivismo, dada la gran importancia que tiene para una serie
de aspectos de la práctica, la organización social y la cosmología.

Algunas consideraciones finales

Como punto final, pese a todo lo señalado anteriormente, es necesario recalcar que en la actualidad,
mucho de lo que podría considerarse “cosmovisión indígena amazónica” se encuentra en constante
transformación por el contacto y las relaciones progresivamente más intensas de los diversos grupos
de la Amazonía indígena con agentes de la sociedad envolvente: empresas madereras, petroleras,
mineras (legales e ilegales), colonos, entidades del estado, entre otros. Este proceso de
intensificación, tiene por un lado una serie de impactos negativos concretos en la población, tales
como la subproletarización, la difusión de enfermedades y la dependencia económica; y, por otro
lado, impactos en las prácticas sociales mismas, específicamente, sobre las nociones de
complementariedad de los géneros mencionada anteriormente, tanto por el mayor contacto con
prácticas asociadas al mundo de los colonos, tales como el machismo, la prostitución, el alcoholismo
y la violencia doméstica; como por las posibilidades de acceso al dinero, que suelen asociarse más
a los hombres y pueden desencadenar escenarios de desestructuración familiar, en que muchos
hombres dejan a sus esposas con los hijos; entre otros factores que pueden contribuir a establecer
un estatus de subordinación de las mujeres.
La problemática de los abandonos y la desestructuración de la esfera familiar puede verse agudizada
por otro fenómeno asociado al contacto mencionado por la autora: la búsqueda de crecimiento
poblacional. Esta tiene implicancias para las formas tradicionales en que los nacimientos se
realizaban de manera más espaciada, y en las que había formas de regulación de los nacimientos,
ya fuera incluso por medio de métodos anticonceptivos con plantas naturales. A su vez, esta
situación de abandono de muchos niños y niñas puede agudizar el problema de la sub-
proletarización, la prostitución, y la difusión de enfermedades en un contexto en el que, además, la
presencia estatal suele ser escasa o poco constante, justamente en sectores tales como la salud, la
educación y el empleo.

No obstante, la autora nos llama a observar estos procesos no solo desde una narrativa de
victimización de los y las indígenas ni de pérdida cultural irreversible, sino también a ver cómo se
generan hibridaciones entre las prácticas y concepciones occidentales-colonas y las cosmovisiones
amazónicas. Estas formas ‘mixtas’ pueden encontrarse, en mayor o menor medida, en diversos
ámbitos de la práctica social indígena en la actualidad. Por mencionar solo algunos ejemplos, puede
señalarse el caso de la economía, ya que el dinero y los bienes industrializados han ido ingresando
progresivamente a la esfera de la vida cotidiana al mediar relaciones inter e intracomunitarias. En
algunos trabajos se ha observado que pueden servir a la reproducción social, por ejemplo al ser
distribuidos e intercambiados entre parientes cercanos y afines. Incluso trabajos como el de Cesar
Gordon sostienen que la fascinación que algunos grupos de la Amazonía, tienen por el dinero y las
mercancías, podría explicarse dado que se trataría de formas de ‘alteridad’, de materialización de
ciertas potencialidades de los blancos de las que es preciso apropiarse para ponerlas en circulación
al interior del grupo y así garantizar la reproducción social. Este proceso, no obstante, no está libre
de riesgos, tales como la tendencia a la acumulación por parte de ciertos actores, tales como los
jefes, que cuentan con vínculos más estrechos con agentes de la sociedad envolvente y, por ende,
mayor acceso al dinero y los bienes industrializados. A este respecto, como señalara también la
autora, será importante visualizar, a partir de estudios etnográficos a profundidad, qué implicancias
tiene esto para las mujeres, y las formas bajo las cuales se dan los intercambios femeninos en
contextos de creciente monetización e introducción de mercancías en la Amazonía.

Finalmente, debe recalcarse la relevancia de todos estos aspectos y aristas de la problemática


tratada a lo largo del texto, en su complejidad y ambigüedad, pues implican tanto a los estudios de
género como a la antropología amazónica. Esto permitirá enriquecer nuestra comprensión de los
procesos por los cuales atraviesan los diversos pueblos de la Amazonía desde una perspectiva de
género que tome en cuenta el rol de las mujeres también como sujetos activos y productoras de
significados, y también de potenciales cambios y transformaciones concretas en sus pueblos y en
las relaciones de éstos con la sociedad envolvente, según sus propias concepciones del valor y el
bienestar.