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LA

DEL ILHO. Y VENERABLE 8R. PALAFOX.


D E IM P I1ESA V D IR IG ID A I I - CLKKO SEC U L A R Y K E G IÍL A R

D E MUEVA C Á G E 1ÍE S .

tPCsOiái
El Exorno. limo, y fimo. Sr. Dr. I). Fr. FítANClSCO
GAINZA, de! Sagrado Orden de Predicadoras, Obispo
de. ]a misma.

MANILA.
IMPRENTA DE SANTO TOMÁS,
Á CA RG O D E D . H A B IL S A L Ó .

1866.
INDICE-
P ag.

Carta pastoral del Excnio. Sr. (Juinza................... íí


Introducción................................................................. 7
P unto I.—Cnanto con vion o la humanidad, y el
agrado, y amor á sus feligreses en los curas. y
P unto I í —"Cuan dañosa es la aspereza de los
curas con sus fe l ipreses para su buena ad­
ministración................................................................ 1¡*
Pt¡wn HI.—Fuerza grande del amor de los cu*
ras para gobernar las tilmas de su cargo , . 17
P into I V —Que los buenos curas necesitan de
¡uutar cor) el amor la paciencia. 21
P u n t o V.—De la benignidad y resignación con
ipie hemos de padecer con ios "feligreses, y
que el oficio del pastor es de padecer. . . . - ‘i
Piivro VI.—La herencia que dejó el Señor á ios
pasLOres de almas, fueron' trabajos, y cun
ellos la paciencia y suavidad. . \ . , 2a
Pumo VII.—Que los buenos p as Lores han di"
ser mas madres que padres de sus feligreses,
y en ningún caso señorea...................... ¿i)
P iiVíto V1IÍ.—Cuánto conviene que los curas
hablen y persuadan á su snlvación ¡i los feli­
greses............................................................................ íítf
PLHSTfj IX ,—Que deben obrar Jos pastores de
almas con sus ovejas como ministros y no
como ministrados. ' ................................... ..... . 37
P i;;yio Que i)ios castiga al mundo con sus
permisiones y nuestra imbecilidad.. . . . . . 39
Punto XI,—Que aunque Dios quiera castigar á
los pueblos» quiere que le pidan por ellos los
pastores........................................................................ 43
Punto XII.—Lo que el Señor desea que le des­
enojen sus pastores, cuando está indignado con
su pueblo, y cuan gran mal es el no hacerlo. . íí
Pünto XJ.ÍI.—'Dependencia que quiere la iglesia
que tenga tos sacerdotes del pueblo en hi filia­
ción, por la que el pueblo tiene de los curas
en la administración...................................................
P u n t o XIV.—Rara elección del Señor de escoger
para pastor y jueces, no á los mayores, sí A
los menores dél pueblo, y lo ensena esta Ur.:.
■Pu n t o XV. ^Desdicha grande del pueblo que no
oye á su sacerdote y cura cuando toca la Tróm­
pela, ni lo cree cuando le predica; y qué hemos
de hacer en este caso los curas.........................
P cinto XVI.—De la desdicha grande de perderse
las almas por no tocar el sacerdote la Tronic
peta.................................................................................
. P umo XVII.—Que no es disculpa para los p u e­
blos que se condenan el no predicarles sus
curas...............................................................................
P onto XVIII.—Que aunque no es disculpa de
[os pueblos el condenarse, es culpa gravísima
de sus pastores el dejarlos condenar, y cuán ri­
gurosa es la cuenta que Dios toma de olio. . .
Ptinto X I X —De dos casos particulares» que es-
plican la gravedad de la culpa del mal pastor,
v el rigor y delgadcza de la cuenta. . . . *
P i:nto XX.—Lugar notable en que esplic.a el Se-
ñor su sentimiento contra el pastor que le pierde
sus ovejas.....................................................................
Pubto XXI.—Por qué el Señor teniendo la culpa
los labios, por no predicar su santísima pala­
bra, no tocar la Trompeta, cobra la deuda de
las manos del ministro.............................................
P csto XXII.—Que deben cuidar mucho ios pas­
tores de almas de no ser pastores é ídolos, y
cómo se entiende esto..............................................
P um to XXIIL—Lo que el Espíritu Santo aborrece
!a ociosidad, principalmente en los ministros de
Dios, y algunos lugares sobre esto......................
P unto XXIV.—Notable lugar en que el Espíritu
Santo explica la perdición del ganado que tiene
el pastor dormido......................................................
Punto XXV.—Cutfn pequeño es el fruto del pas*
tor en el dormir, cuán formidables los daños y
penas de no velar.......................................................
P u n t o X X V I . — S,o que conviene que los pastores
oigamos primero ó Dios, para que despues el
puebío nos quiera oír i. nosotros.................... ....
— 100 —
P unto XX Vil.—Lo que importa la oracion en los
pastores de almas, y que es toda su ruina de
ellas v do ellos no ‘tenerla.....................................101
Punto XXVÍIL—Que no solo la oracion de los pas­
tores y sacerdotes es bien que sea verbal, sino
mental y contemplativa y conservando con ella
el trato'interior con Dios, y esplícasc el modo, 10a
P linto XXIX.—Suavidad grande con que se sirve
el ministerio pastoral cuando hay oracion.. . 109
Pumo X X X —De la razón radical porque algunos
pastores de almas no tienen oración.. .. . . 114
P u m o X X X I—Quejas vivísimas de Dios por Eze-
qmel contra pastores que por no tener oracion
andan con su ganado perdidas.............................. 118
P unto XXXII. —Cuan perdidos andan Jos tem*
píos v allares de Dios cuando el pastor no m e­
dita hi ora..................................................................... 120
Vumto XXXIII —Lo que se les acorta la luz á
ios pastores en no teniendo oracion y memoria
^ de Dios........................................................... . . . m
' stg X \X I V . —De la pureza de intención con
[ue se ha de servir el ministerio del pastor* . 12<¡
(¡ro XX.XW—Cuán terrible mal es que los
castores sean escandalosos......................... ..... . 129
Finto XXXVI.—Que el pastor en la predicación
ha de mirar solo á Dios en el principio, en el
medio y en el f i n . ...................................................132
P u nto X \ W I I Q u e ha de ser breve, claro y
elicaz el sermón del pastor evangélico. . . . 136
P im o XXXMII.—Que el buen pastor ha de p re ­
dicar, porque quiere Dios, y como quiere Dios,
v para Dios; v del mal predicador que hace lo
contrario....................................................................... 138
P i n t o XXXIX.—Epílogo de esta carta pastoral,
con un Iu^ar de S. Pablo, exhortando ú los pas­
tores de almas á las santas operaciones de su
ministerio...................................................................... 143
Dueo consejos para aprovechar en lo espiritual los
cu ras, v escusar muchos inconvenientes en lo
tem poral....................................................................... 15 U

FIN DJRL ÍNDICE.


I1U0 IíiIj Uit i IJ* i'ü , UItilLlUlOUU U/ULlfJRj
.DE U SAGRADO Ó í U ) Ü N DK PK tD IC A D O R R S, POft LA G RACIA

1>J£ IHOS Y DE LA SANTA SEDE APO STO LICA OBISPO I>K

M tK V A CÁÍ11SH ES, DELEGADO A PO STO LICO F,N CAUSAS Í>K

A PELACIO N UBI. ARZO BISPADO DF. M A N ILA , CONDECORADO

COS LA GtiAN CRUZ D li LA REAL ÜKDKN A.U E R I C A S A U K

ISABEL LA C ATÓ LICA, DEL CONSEJO 1>K S. 5 1. JíTC.

A nuestro Venerable Clero S em itir y R egu lar,


salud y gracias p a ra m editar constante y
fructuosamente sus importantes deberes.

Apenas nos habíamos encerrado en nuestro Se­


minario Conciliar, cuando en la prim era noche de
los sanios ejercicios nos sorprendió ana lectura
qu'j1 por las importantes verdades que ponía de
relieve, ]>or la santa sencillez de su lenguaje, por
la erudición tan copiosa, como sólida, por la opor­
tuna exposición de la sagrada Escritura, por la
elocuencia vigorosa y hasta franca rudeza nos cau­
tivó la atención, y nos hizo preguntar con avidez
por el autor de aquellas páginas que parecían estar
escritas para Nos y nuestro Clero.
Cesó la sorpresa cuando supimos que aquel
admirable opúsculo se titulaba la TROMPETA.
DE EZEQU1EL, y era obra del inmortal y Vene­
rable Sr. Pala fox, cuyas obras habíamos manejado
en gran parte en otros tiempos, y aun al presente
una de ellas era hacia mucivos meses pábulo de
nuestra lectura, aunque no con el provecho espiri­
tual correspondiente á la santa unción con que las
escribiera aquel ilustre Prelado, verdaderamente
grande.
Síu embargo A la vez que avanzaba la lec­
tura, crecía lft arhnirariun* y no pudimos acabar
los ejercicios sin formar la resolución de reim pri­
mir tan admirable pastoral, para dirigirla á nues­
tro Clero, haden dolíl propia, á íin de llenar un
vacío que sentíamos en el fondo de nuestra alma»
y para que voso! ros participaseis también de las
graias emociones que Nos saboreamos en la santa
sol orín d. Ha llegado el momento do vev cumplido
nuestro piadoso deseo, v hoy podemos ofreceros
I;t TROMPETA DK EZEQIHEL para descargo de
nuestra conciencia pastoral, enseñanza vuestra, y
mutua edificación, pues todos necesitamos de que
resuenen en uuestros oidos constantemente esos
ecos penetrantes, ¿i fin. ele que nos despierten de
la indolencia en que vivimos,( v nos hagan vigi­
lantes y celosos en el cumplimiento de nuestros
altos deberes.
Nadie vea en esas páginas una alusión personal
dirigida por Nos con intención de ofender. Nos
somos el primero en confesar lisa y llanamente
los defectos anteriores, y en reconocernos fiel­
mente retratado por haber faltado á la sublime
dignidad del sacerdocio y al ministerio de las al­
mas, á que fuimos elevado; queremos únicamente
que cada cual de vosotros haga relativamente á sí
esa misma aplicación, que medite y vea los puntos
en que puede haber faltado hasta el presente, y
que procure en adelante ser un operario tan incan­
sable y celoso como lo deseaba el santo Obispo
que escribió esa pastoral, y lo exige por Ezequiel
el mismo Dios, cuyos coadjutores somos en la sal­
vación de las almas confiadas á nuestra respectiva y
variada posicion.
Háganse cargo de que en nuestra humilde opi-
-li­
món ha sido providencial el conjunto de circuns­
tancias que nos ha movido á reimprimir esa pas­
toral, de la que ni tomamos noticia, ni era fácil
obtener un ejemplar: el Señor se ha valido del retiro
para manifestar ese. tesoro escondido, y echarnos
en cara paternal y dulcemente nuestras faltas nu ­
merosas. Bajo esta idea, y sin reparar en ei indigno
Prelado, por cuyo conducto llega á vuestro conoci­
miento ese pequeño opúsculo del célebre Paiafox,
recibidlo como un aviso del cielo, meditad di a y
noche esas páginas tan breves como elocuentes, y
procurad ajustar vuestra conducta al modelo que
con mano 'maestra nos ha dejado trazado. Estos
son nuestros deseos, este es el fin que nos propo­
nemos en esta reimpresión, en canrbio de ía cual
os pedimos encarecidamente os acordéis de Nos en
el Santo Sacrificio.
Dadas en nuestro Palacio Episcopal de Nueva
Cáceres, selladas con el sello de nuestras armas,
y refrendadas por nuestro infrascrito Secretario á
ocho de Enero de mil ochocientos sesenta y seis.

De Cfbuíca (Bd .

ge del sello.
Por mando fie S. E. I.
ei Obispo mi Señor,
jvic.^ ¿Soda ofUateo,
i /í-eZe¿a-i*to*
EL LIBRO DE LOS ECLESIÁSTICOS
Ü

TROMPETA DE EZEOHIKL
A CURAS Y SACERDOTES.

Fiti i i o m i i i i s j s j i e c ul u. tn . iv ni ik'di
U- lEoi ii(ii l sr í ú ' I : c e g ó es o r o m i ’o
s e m i o n e n i a m i o t í n l i i s ímk e x m e ,
E z t c h XXXJU. 7.-

INTRODUCION.

o se adm iren, señores, y verdaderos ministros


y sacerdotes de Dios, do que no se quiete mi co-
nr/on, aunque con oxeo su grande y singular virtud
y diligencia en el p as lo ral ministerio, cada dia
mas notoria á mi consuelo por las visitas repetidas
que liago en esta santa diócosi, al no poder tolerar
el peso desmedido que me causa la necesidad de
exhortar, solicitar, acordar, despertar y promover
sus ánimos al desempeño de tan grandes obliga­
ciones como tenemos sobre nuestros flacos hom­
bros, y de las cuales tan estrecha y rigurosa cuenta
No se admiren, digo, porque están.resonando
en mis oídos y penetran mi corazón los acentos de
aquella temerosa Trompeta; y aquellas sentidísimas
palabras del Señor, por Ezcquicl, cuando hablando
con todo Israel y sus pastores, y en ellos con los
obispos, curas y todas sus feligresías, les dice:
aflijo del hombre, habla á los hijos de tu pue­
b lo , y diles: Cuando yo enviare la guerra sobre
«las tribus, y para guardarse el pueblo, escogiere
w'uno de los menores de él, y lo hiciere atalaya so­
mbre sí, y él viere que viene la espada del enemigo
»sobrela tierra, y locare la Trompeta, amonestando
.»al pueblo que se guarde: y oyendo el hombre
»(sea el que fuere) sus acentos, no se guardare, y
allegare el enemigo, y lo matare, su sangre será
«sobre su cabeza- Oyóla Trompeta, y no se guardó,
«claro está que debe á sí mismo im putar su propia
«muerte; mas si la oyó, y se guardó, éJ mismo es-
»capó su vida.
« Pero si la atalaya ve que viene la espada det
«enemigo, y no toca la Trompeta, y el pueblo no
»se guardare, y llegare el enemigo "y los matare;
»el pueblo se perdió por su maldad y descuido;
«pero yo cobraré su sangre de las manos de la
»>a talaya, que no tocó la í rom peta.
« Y tiL hijo del hombre, advierte, que te he hecho
«atalaya de Israel, con lo cual, oyendo las pala­
b r a s de mis labios, se las dirás á mi pueblo de mi
«parte. Si cuando yo le digo al malo: Im pío, han de
»morir m ala m uerte; si tú no se lo dijeres, para
*que se guarde, y se enmiende de sus vicios, y
wsiga otro camino'seguro, y él no lo hiciere, mo-
»rirá el malo en su, maldad; pero yo buscaré, y
»cobraré su sangre y su vida de tu mano; pero
>si diciendo tú afm afo, que se convierta y aparte
«de aquel camino, no se reduce y convierte, él
«morirá en su maldad; pero tú salvaste tu vida
»y alma.»
A S. Jerónimo hacía temblar la Trompeta del
juicio; á mí pecador, atalaya de esta diócesi (que
eso significa obispo) me hace temblar y estreme­
cer esta Trompeta rigurosa de EzequieL Aquella
era del juicio universal; ésta del juicio particular.
Aquella despertaba á aquel claro y penitente va­
rón al temor santo de Dios y á procurar su pro­
pia salvación, pero ésta nos despierta á la ajena y
á la nuestra. Aquella á un solo cuidado de sí m is­
mo; ésta el nuestro y de los otros. Aquella es ge­
neral á todo el mundo; ésta particular á obispos,
á curas y sacerdotes.
Vamos, señores, explicando este lugar, para que
se imprima en nuestros corazones materia tan im ­
portante, en cuya doctrina, saniamente practicada,
ó torpemente olvidada, consiste gozar eternamente
de Dios, ó padecer eterno tormento y pena.

PUNTO í.
G pA KTO CONVIENE LA U CHA NIDA D Y EL AGRADO V \KOR A
SUS F E L IG R E SE S EN LOS CUKAS.

F ili kominis (dice Dios) loquero ad filios populi


tuiet dices ad eos. Llama el Señor áEzequiel hijo del
hombre, fiti kominis porque era pastor destinado
de su pueblo. Así se llamaba Dios, Hijo dei hombre;
siendo Divino parece que se preciaba de humano.
H ijo del hombre, dice, palabra universal, pura
- 1 0 -

ex tender el cuidado de Ezeguiel adonde extiende


la pulabrtt su significación. Hijo es del hom bre,
cuíde hombre de loa hombres. Cuide de todos los
hombres de su pueblo, grandes, pequeños, ricos,
pobres, presentes, ausentes; amigos, enemigos,
deudosf estraños, de todos debe cuidar, pues son
hombres, y él os hombre destinado á cuidar de
aquellos hombres. íltjo dal hom bre, dice, porque
no se desvanezca con el olieio; hombre es como
tos demás, sea humilde, sea humano, pues es
hombre.
Dilatarme debo im poco en ia recomendar ion
det amor ai gobernar; de la paciencia en los curas
al sufrir; del mérito en el penar; excuso (¡ó m i­
nistros del Señor!) la importancia dei negocio
toda mi prolijidad,
En estas dos palabras, F ili kom inis, nos da á
los pastores del Señor este santo y dulce docu­
mento, de que obremos coma somos, en la hu­
manidad y en la hum ildad. Finalmente nos en­
seña, que "hablemos con dulzura y suavidad, y
como hombres, considerando que "gobernamos á
hombres, no á ángeles, que ya no pueden pecar;
no á demonios, qiie no pueden enmendarse, sino
íi hombres, capaces de caer y levantarse, de pecar
y de llorar. No son impecables los feligreses como
aquellos, y asi no hay que extrañar si los m ira­
mos caidos; no son "precitos como éstos, y así
debemos darles la mano para verlos levantados:
son hombres como nosotros, y así hemos de cu­
rarlos con la coi»pasión y amor que quisiéramos
noso i ros ser curados de los otros.
Es muy buen punió este, señores, para hacerlo
documento con tos súbditos, y tratar tiernamente
y como á hijos y con amor paternal á los feligre-
-11
ses; porque como son homhres, los hemos de m irar
como á los que son de nuestra misma madera, de
nuestra mi si na condicion, de núes Ira misma masa,
de nuestra misma carne; linaJmente, como hom­
bres que gobernamos á homhres.
Si reprende el Espíritu Santo al que aborrece 6
desprecia á su carne, y dice: C a r n m tm rn ■ne des-
p exeris ( h a . 38.); ¿cómo aborrecerá al que abor-
rece, ó al que desprecia á su carne en el mismo
(pie gobierna? Por hombres los debe ir ios amar
como á hermanos; por feligreses como á hijos: por
Iiombres, son como nosotros; pero por hijos espi­
rituales son nosotros*
Tres calidades concurren para amar á nuestros
súbditos, y Lodas ellas en mi estimación fuertísimas;
utilidad, necesidad, conveniencia. Así los hemos de
gobernar como gobernaba el Señor á su pueblo,
cuando decía el Profeta: PorU im t te Dominus Deus
¿uus; ut soh’t homo gcatare part-idum fd im i m ira
( íin ilcr, 1.); y como lo llevaba, cuantío decía por
Oseas, c. 11: Ego y m u í nulriv-iu-s Ephraín poríabani
m m in h ra c h m meis. Con esie amor que el padre
al hijo, ó el ama al niño, hemos de adm inistrar las
almas (i(i nuestro cargo.
La misma utilidad y conveniencia nos llama, se­
ñores, á este dulce, santo y conveniente género do
gobernar: esta persuade al cura ;t que ame a sus
feligreses, y el prelado á sus ovejas; porque ya se
considere en orden á la salvación de aquellas a l­
mas, ya á salvarme yo con ellas, me debe llevar
todo e] cuidado la obligación de amarlos, de esti­
marlos, de ampararlos, de socorrerlos, aiarnli!
mas d<^ no injuriarlos, ofenderlos ni enojarlos.
Si miro á ía utilidad espiritual suya y mia, que
es la que importa, que consiste en míe unos y oíros
- 1 2 -

nos sálvenlos (siendo así que aun en lo temporal


sucede también lo mismo) ¿cómo pueden ser p er­
suadidos á la celesúai sin el agrado y amor?
¿Puede haber persuasión,-puede haber elocuencia,
puede haber eficacia para llevar las almas á lo
eterno, sin que tome la llave en la mano el amor,
y abra los corazones que desea persuadir? El amor
los abre, el rigor los cierra; el amor los ablandaf
el rigor los endurece; el amor los acerca, el rigor
los apar la; el amor los llama, el rigor los espanta;
viltima me ate, el amor los une, y el rigor y la aspe­
reza los divide.
El Señor para persuadir á nuestra naturaleza,
y reducirla, se hizo hombre, porque halló por
medio, para persuadir al hombre, hacerse hom­
bre y estrecharse con el hombre, por conocer
que en el hombre es el amor y humanidad, es la
suavidad y el agrado, el medio más dicaz á la
misma persuasión.
Parece que viendo cuan pocos habla reducido
el rigor (aunque justísimo) en Jos tiempos de
su Padre, pues en más de cuatro mil años, en la
ley natural y cscrila se s¡Uvaron tan raros» por
la humana dureza v fragilidad, se quiso hacer
hombro el Dijo: y liiego que se hizo hombre y es­
cogió la humanidad se ausentó el rigor y gobernó
el amor, y no so io se hizo hombre» sino niño, y
nació entre los hombres, hombre, y se crió con
los hombres, y se quedó sacramentado con los
hombres y conversó con los hombres; E i cum ho-
m inibus com erm íxis est; con eso se le rindieron
los hombres, y lo que parecia que no acababa
de vencer la severidad y eí rigor, venció la sua­
vidad y el amor.
Mas parece que ba vencido el Hijo desde el pe-
sobre, que su Padre en su Iroño desde el dolo.
Mas almas han rendido las lágrimas del Niño re­
den nacido en Belen, que los rayos del monte
al dar leyes por Moisés. Mas pasiones han ren­
dido los suspiros del Señor en la cruz padeciendo,
que las aguas del diluvio castigando.

PUNTO II.
CUAN PASOSA F,S I , A ASPEREZA DE L O S C U R A S COTÍ S U S F F , -

LlfcR K SÉ S PARA SU I3UENA AIH HK1STRAC10X.

El amor, señores, se hizo para convertir; el


rigor para afligir. No es Dios de aflicción, sino
de gracia, consuelo y dilatación- Tal vez puede
ir el rigor con la jurisdicción, mas nunca con la
administración. Tal vez conviene á la buena dis­
ciplina, mas nunca á la divina palabra. Tal vez
al juzgar, nunca al persuadir. Tal vez al obispo,
nunca al cura. Tal vez al Juez, nunca al pastor.
Bien se pueden decir cosas rigurosas con blan­
dura y suavidad; al mismo tiempo que pondera­
mos las penas del infierno, se han de enternecer
las almas de los oyentes con ia compasión del
riesgo en gue están, si no se enmiendan, de po­
der ir al infierno. Al mismo tiempo que se es­
panta á las almas y atemoriza con las considera­
ciones de la muerte, se ha de adulzar la plática
con la suavidad, facilidad, gozo y provecho de la
buena y santa vida.
Menester es tal vez que hable el celo, pero tome
luego la mano la caridad;- mezclado de lo uno y
lo otro, se baio excelente conloeeion: Mi te en da esí
(dice San Gaegorio el Maguo) (cutías severifate*
faciendo ex viro que temperamenlm: nc multa aspe-
ritaíe enaccrwntur snhdüi, nw niniium benigniaiti
Solwntur*
No se aparte, señores. oi amor do nuestros sú b ­
ditos, si queremos serlos luiles ministros; porque
el amor cria amor, y no os posible que me amen; ■
si no íos amo; ni es posible que croan sino am án­
dome. Dulce y recto es el Señor, ¿cómo han de
llegar á la rectitud sin ia dulzura? Aun David
pecüa en Dios osle agrado, cuando decía: Faciera
luam ilumina super serm m Im m , doce me just ifica -
tiones tm s , ( Psalín. 135.) Muéstrame, Señor, tu
agrado, vea apacible tu rostro, y manda lo que
quisieres.
¿Oíráme el que me aborrece? ¿Creerámeel que
no me puede ver? SÍ para creer en Dios y en su
santa ley pone primero su gracia un afecto pió y
dulce, que abre la puerta al oír, al atender, al
dejarse persuadir, ¿cómo es posible que al obispo
aborrecido, al cura odiado, le oigan, le crean sus
feligreses?
Si el enemigo de las almas hubiera do escoger
curas, buscara á los ásperos, groseros, vanos, y
soberbios con sus pueblos, y que los tratasen
como si fueran esclavos. Soberbio es, soberbios
los escogiera, instrucciones les diera que los tra ­
tasen mal, m andara que les dijeran injurias; con
esto mas fruto sacara de estos, que de los flacos,
frágiles y pecadores. Porque cura aborreciendo,
para nada es bueno en la administración, aparta,
divide, inquieta, desasosiega, alborota, arroja de
sí el ganado, hace aborrecible el ministerio, cierra
con el desagrado y el rigor las puertas de ia par-
— 1íi —
roquia; ahuyenta las almas del uso de los sanios
Sacramentos; quita el principio de todo lo bueno
y santo, que os la devocion y afecto pío á lo bueno.
Poro el blando y apacible (aunque flaco) no des­
via, no uparla, no inquieta, y aunque él se con­
dena, deja las disposiciones 'para que los otros
so salven; conocen ellos que es malo para sí, mas'
110 U; ven, ni padece malo para los demás: él se
pierde; mas no destruye á los otros; desluce la
administración, 110 la id al quista: no ahuyenta,
aunque 110 llama á la iglesia; no abrasa "como
el otro, aunque no alum bra á las almas: malo
es ésto, peor aquello.
X también es cierto que raras veces el sober­
bio, el .áspero, el grosero, el colérico y altivo
deja de ser flaco y relajado, y de muy ruines
costumbres, no solo porque ya lo es con ser
soberbio, áspero y grosero, sino porque ningún
vicio abre las puertas á la fragilidad v liviandad
propia como la soberbia y ef desprecio de los
otros. Por eso dice S. Gregorio cu sus divinos
Morales- Srcpé superbi, inda mi) se prostermmtur,
nndé super Irire videbanfatr, et quia per superbian
peccant, permitiente í)eoJ in vitia carnis lalmntur.
La razón es, porque como piensa altamente el
altivo de sí (por eso se llama altivo) fia de sí,
desprecia á los demás; entra con fiadamente en
todo, métese en las ocasiones, no teme la opiniou,
desestima la fama, anda olvidado de Dios; y con
eso se halla desnudo de la hum ildad y vestido
de soberbia; y de esta suerte, ¿cómo es posible
que no esté lleno de flaquezas y miserias, si tiene
dentro de sí el manantial de todo vicio, miseria
y fragilidad?
Finalmente el mismo S. Gregorio describió con
— 10 —

vivos y admirables colores al pastor soberbio y


áspero, ruando dice: Cujnx m ensJ aemper ad irro ­
gan das contumelias valida; ad loler andas infirma; ad
obediendum p ig ra : ad lo.ce&sedum antevi altos impor­
tuna: ad ea qitai ¡'acere debetJ et prcvalct ignava; ad
.
ea varój guat neo debet neo prevalet parata.
Es propísima diíinieion de ios pastores mal acon­
dicionados y soberbios, y que gobiernan, tanyum i
dom inantes,'sus ovejas, porque es su condicional
decir injurias á sus feligreses, valiente; y para
sufrirlos, flaca. Es para obedecer á las sinodales
y preceptos superiores, pusilánime; pero al mandar,
Mcese animoso é importuno.
Es para todo aquello que puede, y que debe
hacer, cobarde, remiso y omiso; y para.aquello
que ni debe, ni puede hacer, diligente. ¡O lo que
se arroja á decir injurias! ¡O lo que siente que
se las digan! \ Qué olvidado vive de obedecer las
reglas que le tocan en lo bueno! ¿Pero ío que
aprieta y aflige, si no es aborrecido y respetado
aun en Ío m alo ! ¡ En nada quiere qué le contra­
digan, aunque haga cuanto quisiere. Él se enoja
s i m u r m u r a n , aunque viva con escándalo; si le
capitulan, aunque los inquiete; si le quejan aun­
que los lastime; si se defienden, aunque los ator­
mente; y no quiere que en los otros haya resis­
tencia, ni oposicion, ni defensa, ni voluntad, sino
que todo lo avasalle y gobierne sin contradicion,
su propio a m o r, deleite,’ condicion y vanidad.
- 1 7 -

PUNTO III.
PUREZA GRANDE DKL AMOR LOS CURAS TA .IU CORITO N A li

LAS ALMAS DE SU CARGO.

No hay cosa mas cierta, señores, que engendrar


en los súbditos amor el amor de los pastores, y
am argura su rigor. Exprés amen i.o lo dice con san
Agustín la experiencia, maestra común de las ver­
daderas máximas de todo buen gobierno: Verus
amor non amtit amarüudinem, sed dulcedinern, guia
* ,
sóror amor i dulccdo sicut odii est am ar ¿ludo. La
humanidad y el agrado as dulce en sí, y causa
dulzura y suavidad en los demás; la ira y el odio
os amarga en quien la tiene, y comunica am ar­
gura on los que trata. El amor todo lo hace
suave, amoroso y dulce; el odio, áspero, esca­
broso y desabrido: y así como el que ama 110
trabaja en lo que ofira, ni el ainado gobernado
del amor, en aquello que lo mandan: Qui amat
(dice aquel Doctor universal de la iglesia) non
laboral: omnis enim labor amanlibm contrarms est:
solus amor esí, qui nomen difficuliatis erubescü; la
benevolencia, el amor, el agrado, lo hacen fácil,
suave y alegre.
Y así, señores, pues nuestro hílenlo es ser buenos
y pastores, y somos hijos de hombre J ¡Uii hominis, y
hombres y gobernamos á hombres, vistámonos de
h um anidad'y del amor, no del rigor; d é la blan­
dura, no d é la aspereza; finalmente, de agrado, de
dulzura y suavidad.
Los oradores para persuadir, captan la benevo-
2
- 1 8 -
lencia do! auditorio: oradores somos de Dios, y es
menester que capiemos la benevolencia con agrado
¡'i las ovejas y oyen tos que queremos persuadir.
San Ambrosio'’ dice que, el buen prelado los prime­
ros meses que llega n. su iglesia, todo se ha de
ocupar en reverencias, para ganar con el agrado á
las almas. Primero es menester que las haga el
prelado á los pueblos, para que olios las hagan
des pues á Dios, lis menester que los ganemos para
nosotros, para ganarlos y llevárselos á Dios. Por
canal han de entrar en la Iglesia, que es el corazon
de sus pastores; sino entra en la canal, pasará el
agua de la gracia a la heredad. Hemos de ser canal
de su amor, no laguna: ha de entrar su amor en
nosotros, pero no para nosotros; ha de entrar en
nosotros, pero no se ha de quedar en nosotros;
todo lo hemos de dar á Dios, porque lodo lo debe­
mos á Dios. No le darnos, sino que restituimos 3o
que es suyo: de todo cuanto se hace solo habernos
de quedar con la gloria y el mérito de servir.
Con amor cautivó san Ambrosio á san Aguslin;
primero le amó, y despues le creyó: posible es,
como confiesa el santo, que no lo creyera ó no lo
oyera, si primero no le amara. Con cebo del amor
en el anzuelo del agrado y suavidad, pescó san
Ambrosio íi este gran pez de la Iglesia, á osle lu­
cero ó sol universal de la cristiana enseñanza; el
mismo san Agustín lo confiesa: E l eum amare ccpi
(dice hablando de su eonfesion) prim ó (¡uidem non
tanquam Doctoran j quod in Kcelesia tua prorsus dfs-
peraveram; sed tanquam hominem benignum in me .
Ejecutó san Ambrosio su doctrina con suma felici­
dad, y siendo primero madre, fue despues padre
de san Agustín, y dio tal hijo, sino tal padre á la
— 19 —

Amor fundó la ley evangélica, señores; amor la


luí de propagar. Amor trajo al Ilijo á hacerse hom­
bre por ei hombre, con amor hemos de gobernar,
dirigir y persuadir á los hombros; el amor le puso
en una cruz, esc amor hemos de repetir en la ad­
ministra cío ti que nos dio en la redención.
¿Quieren ver, señores, la fuerza de la caridad y
del amor para el gobierno, y cuán dulce y fuer le
es gol)ornarse el pastor, y gobernar á los otros?
Mírenla difin ida por san Agustín, con las siguientes
palabras y propiedades, que todas ofrecen medios
á este útilísimo fin: C baritas in üdv& 'xitatibus late­
ra l, in prosperiU ttibtis tempe val: in d u r ü paaaionibus
fo rlis: in bonis operiims hilar i$: in ten lat ione, íu tis-
sim a: in Im p ita lita te , íatissim a: ín te r varos fra ire s,
latlissim a: ínter fa b o s, p a lie n im im a . Todo cuanto
ha menester un buen cura tiene este dibujo, que
san Agustín nos dejó del agrado y cardad, porque
el cura caritativo y agradable tiene condicion fuerte
en las adversidades, templada, en las prosperida­
des, dura en las penas, pronta al obrar, bien
segura al padecer, es dilatada al dar; alegre entro
los buenos, sufrida entre los malos, cria amor,
porque tiene amor; desúerra ei odio, por que no
aborrecc; halla, porque busca; ensena, porque en­
seña; quita, consuela, sosiega y pacifica las almas,
porquetas ama*
Por eso no quisiera ver jamfis quejosos los feli­
greses del cara, ni al cura de los feligreses, porque
es un seminario de desdichas y miserias. Tengo
por adagio de infalible verdad el que me ha ofre­
cido la experiencia: P a sto r aborrecido, ganado p e r­
dido.
Antes querría que se quejasen de mí los parro­
quianos» qne no sus párrocos; v así les acou-
— t o ­

sejo, que cuanto hubieron do desabrirles en el


peso de la administración, como es en las pla­
ticas, en las exhortaciones, en las prudentes ad­
vertencias de reformación y otras cosas de este
género, cuando juzguen que los han de exaspe­
rar, díganselo de mi parte como forzados de la
orden de su prelado, échenme á rní la culpa;
háganles los curas los gustos, impútenme á mí
los disgustos, porque no les pierdan la devocion,
y eí amor y el pío afecto; yo me los callaré, yo
ine los desenojaré; viva amado de sus feligreses
el cura, que es el ministro inmediato, aunque no
viva tan amado el obispo, que no les está tan
cerca. La mayor autoridad necesita de menos
amor, y fio del amor de mis hijos que corres­
ponderán al amor que yo les tengo.
Ultimamente, si el cura está aborrecido de
los suyos, si el maestro de los discípulos si el
capitan anda reñido con los soldados, ¿ cómo
pelearán á su lado los soldados? ¿cómo apren­
derán de su maestro los discípulos? ¿cómo oirán
á su cura los feligreses? Si el pastor muele á
palos a la s ovejas, ¿cómo le seguirán las ovejas?
Si el padre está perpetuamente maltratando con in­
jurias á sus hijos, irnnsc por el mundo huyendo
de su padre los hijos.
— ai —

PUNTO IV.
QUE LOS BUENOS CUBAS M1SCE&I T A N JUNTAH CON EL AMOR

LA PAC IEN C IA ,

Así lo hacemos, señor, y así lo haremos, di­


rán; poro algunas veces "son terribles, porque
tal vez son los feligreses arrojados, ásperos, m a­
liciosos, contumaces. Bien puede sor, señores, en
este ó en aquel lugar haya algunos terribles,
ásperos, duros, contumaces, aunque esta tierra
es mas dócil y suave en sus na [Urales, que cuan­
tas yo he visto en tanto mu iid o como he an­
dado; pero hombres son, humanos son, 11a eos
son como nosotros. No hay dada que hay, y
habrá pastores cnerdos, y ejemplares que pade­
cen con la contumacia de los feligreses.
Mas suponiendo que sean ásperos, séanlo ellos,
no los hagamos nosotros, séanlo por su condi­
ción. no por la nuestra; salga de sí la aspereza,
no les demos ocasiones á ser ásperos; m ateria
nos darán de mérito si lo fueren, y nosotros á
ellos de ruina si lo somos; deudores nos ha he­
cho Dios á los fuertes como á los suaves, y así
he de dar cuenta del riguroso como del flaco.
Al uno debo medicinar para que se modere, y
al 'o!.]1o para que se aliente; al uno para que se
contenga, y al otro para que se anime: Libenter
suffertü insipientes consil i ipsi sapientes. (2 . Cor.
11 .) Mas sabemos que ellos, mas hemos de su­
frir que no ellos; el mas sabio ha de ser mas
paciente, entre los demas, que deben enseñarles,
-2 2 -
cs la paciencia, y esa no so enseña sin pacien­
cia. Es virtud pr (íctica, no so puedo en se fiar
sino se sabe tener. Dice excelentemente san Gre­
gorio, tanto menos sabemos, cuanto menos su­
frimos: Tanium quisque m inus oztendiiur dactits,
quanto m inus invenilur patiens. Salirse de nuestra
casa la paciencia, es entrar por nuestras puertas
la ignorancia.
Tengamos nosotros constancia y perseverancia
en ayudarlos, y medicinarlos con el ejemplo y
la persuado u, el amor, la caridad, y la modestia,
y cristiana exhortación, que es imposible que deje
de vencer con la gracia tan poderosa medicina.
Las fieras se domestican con el alimento, y
el león obedece, y aun sigue y besa la mano de
su leonero. Al halcón le trae "de lo alto de esos
vientos la seña del cazador, porque de aquella
mauo se alimenta; si esto se consigue con el
alimento corporal, ¿qué no conseguirá con el es­
piritual? Si esto se consigue -con las fuerzas de
la naturaleza, ¿qué no vencerá la gracia? Si esto
vence halconero y leonero con ia fiera, ¿qué ha­
rán Dios y el cura con un hombre, con una aima?
En cerca de veinte años de obispo no he visto
cura virtuoso, agradable, cortés y benigno con sus
ovejas, que no sea bien querido* muy amado y
respetado. Aunque corrige, consuela; aunque cor­
ta, abraza; aunque metíieina, alivia; aunque re­
prende, alegra; porque lo aman como á quien
ven que es benigno len la condicion, si es ce­
loso en la profesíon. Hállanlo al tratarlos padre,
al sustentarlos pastor; al ampararlos amigo, y
al curarlos médico.. La misma lumbre de la ra­
zón íes dice, que es su salud y su vida cuanto
obra, advierto y enseña.
- n -
Finalmente, tómenlo como quisieron, que todo
lo vence, convence y lo rinde la paciencia, y
no podemos, ni es bien vivir sin paciencia. Un
tratado admirable, todo de bono patie-ntim, escri­
bió san Cipriano; quien quisiere enamorarse de
esta virtud, léalo, véalo, tenga oracion, y sal­
drá enamorado de ella. Menester es que sufra-
mos, para que Dios nos sufra: Propter Drnm om-
nia nohis palien da sunt, ut ipse nos paiiatu r. No
tendrá Dios paciencia con quien no tiene pacien­
cia. Fuerte pedir es, querer que Dios nos sufra,
V nosotros no suframos á los otros. Nadie pierda
esta virtud, que es herúiea. Pecia san Grego­
rio, que es mas el tener paciencia, que hacer
milagros; Ego üirtiiíem patientis, et sif/nti, et mi -
Tacú lis m ajorem credo; porque en nuestra condi­
ción es milagro la paciencia. Sin hierro, sin fue­
go, sin verdugos podremos ser m ártires, solo
con ejercitar por Dios, por su te, por su doc­
trina, por el ministerio la paciencia; $ine fe rro ,
et flam m is ( dice el Santo) m a rlyres csse possumus,
si paticntiam. in animo conservamos.

PUNTO v.
DE L,V BENIGNIDAD Y RESIG NA CION CON QÍJK HEMOS DE
PA DEC ER CON LOS F E M G IU ÍSK S, Y Ql>E EL O FIC IO DEL
PASTOR ES Eli DE PADECER.

Dirán todavía, que nos dan que padecer las


ovejas, y que algunas veces 110 bastan exhorta­
ciones, sea asi, pero volverá á exhortar, y á pa-
- 2 4 —

docer, y á sufrir: y á oso añadir el orar, y al


orar y suspirar el llorar; y si todo eso no basta,

lar do sí ajeno aborrecimiento.


¿Padecemos, señores? Eso es gobernar, eso es
administrar, eso es espiritual metí Le mandar, eso
os ser pastor, (|uo tantas lluvias y ventiscas, fríos;
calores, asperezas y descomodidades padece al
ai a y la noche. Eso es ser ministro de .Dios, oso
es ser cura, eso es sor obispo, eso es ser dis­
cípulo de Jesús, eso es seguirle con la cruz so­
bre ios hombros, padecer por merecer para gozar*
Y si el Señor me dijese, y preguntase: ¿Por
ventura no sois obispos sino para la renta? ¿NTo
sois curas sino para el sustento ó lucimiento?
¿No sois pastores sino para vuestro pasto? ¿No
sois superiores sino para ser superiores á los otros?
Sois pastores, para apacentar á los otros. Sois
ministros, para servir santa v humildemente, y
ministrar á los otros. Sois curas, para cuidar
de ios otros. Sois obispos y prelados, para ce­
lar, velar, llevar v guiar á la eternidad á los otros.

ciencia? ¿Qué maestro con sus discípulos? ¿Qué


rev con su pueblo?
151 Hijo de Dios cuando vino al mundo, ¿hizo
oLra cosa que penar y padecer en su parroquia
y obispado universal? ¿ííizo otra cosa que ser per­
seguido y calumniado de sus feligreses? ¿Sufrir
imperiinencias, padecer capítulos, injurias y ca­
lumnias? ¿Desde ni pesebre á la cruz no formó
su Iglesia con penas? ¿Con qué otra masa, sino
con su sangre v rio lores formó los siele Sacra­
mentos, fuentes de salud eterna? ¿De donde sino
de sus venas salieron estos dolorosos misterios,
en su principio dolores, tesoros en sus efectos?
¿Tuvieron otro mineral nuestros remedios y bie­
nes? ¿No debemos á sus penas toda nuestra re ­
dención? ¿Pues qué extrañamos Jas ponas? Si pe­
nas nos redimieron, penas nos han de salvar; si
deleites nos perdieron, gustos nos han de perder;
por el camino que vino Dios á redimirnos, hemos
de ir nosotros ú buscarlo, y lograr la redención.
Y yo deseo saber si cuando envió á sus após­
toles y discípulos á predicar y gobernar sus almas,
les propuso delante las rentas, diezmos, prim i­
cias, oblaciones, reverencias y veneraciones. Im­
plícitamente, señores, eso les clió y dejó A sus m i­
nistros y á su Iglesia, porque eso se les debe,
pero expresa y principalmente no les señaló esa
renta, sino la que tomó para sí, persecuciones,
ai rentas, calumnias, penas, tormentos y cruz; dí-
joles que los enviaba como á ovejas entro lobos.
¿Qué quieren esperar de los lobos las ovejas?

punto v i.
LA II u n E N C I A Q!! 1Í DF.JO EL SEÑOR A LOS P A S T O liliS DK

ALMAS, FUERON TRABAJOS, Y COK KLLOS LA PAÜTKXClA

Y SU A V ID A D .

Ya veo que dirán; Señor eso fue entre los gen­


tiles. Así es, pero lo que dijo enire ellos, en su
proporción, dice ahora entre cristianos. Cuando
padecieren] os emulaciones, calumnias y per seco-
- ili­
ciones por su servicio, que de esto no hay tanto
como pensamos, ni como .sentimos, ni como nos
quejamos (pues siempre son mayores las quejas
quo no las penas) cuando nos mortifican loa súb­
ditos, y cuando nos m urm uran, procuremos tener
presente las palabras y consejos de nuestro padre
S Pedro, que no padezcamos tanqmm mate fac­
tores (2. p ctr. 2 ,), sino cumpliendo cristiana y
cuerdamente con el ministerio. Tengamos limpia y
pura la conciencia, y venga lo que viniere. El que
no debe, poco tiene que temer; sea buena la in­
tención y la acción dei cura ú obispo, que presto
se desvanece la persecución, ó 110 comienza ó no
dura. El testimonio de la buena conciencia es mas
fuerte que todo el iníierno junto: Bene sibi cons-
ciux (dice S. Ambrosio) alio non dehet mover i, nec
estimare plus ponderis in alieno essc convicio, quam
in ano teatmonio. Quien por adentro anda limpio,
nada teme por afuera. Si él esi;í con Dios, y Dios
con el, todo lo demás es menos, y Lo que es me­
nos, es nada.
Finalmente, cuando del ministerio se nos siguen
aflicciones, nos hemos de acordar del testamento
de nuestro Rey y Señor, coronado de espinas, y
abrazar lo explícito, pues abrazarnos lo implícito;
rbrazar los trabajos, pues abrazamos los diezmos;
■tra z a r las calumnias, pues cargamos con las pri­
micias; porque abrazar con las dos manos lo tem­
poral, y no querer ni con el dedo mas pequeño
á lo eterno, no sería de buenos ministros de i)ios.
Es menester servir la prebenda con la pensión,
el provecho con la carga, y la heredad con su
censo; porque como dejó escrito un sñbio y es­
piritual varón: A b su rd im est> qui p ro se q u ilu f ho­
nores , eum [iKjere labores., á qu/ibus na scm itu r . Las
“ 27 “

honras nacen del puesto; los trabajos nacen del


puesto; pues gozamos las honras, es bien que
padezcamos con paciencia los trabajos.
¿Y juzgan, señores, que aunque vivan con la
mayor perfección que puede ser, han de tenerlos
contentos á todos y dejar de padecer en (¡1 ministe­
rio? Esto es tan imposible, como tener fama igual
en esta vida, Al bueno le emulan los malos, al malo
los buenos. Si predican, se cansarán los inquietos;
y si no predican, los virtuosos. Si se está siempre
encogido en casa el cura, se han de quejar los fe­
ligreses que no los comunica; y si los comunica,
de que no so está en su casa. ¿Por ventura no era
justo y santo el rey David, y siguió la mayor parte
de su reino á Absalon, mozo'disoluto y traidor?
(.2 lieg. lo .) ¿Quién se pudo comparar con Moisés
en el gobierno y virtud, y todavía experimentó
tantas veces rebelde el pueblo, y lo vio déla]]le de
sí con las piedras en las manos contra sí? (E x o d .
17.) ¿Con estas no fue amenazado Cristo de sus
oyentes? (Joan. 8 ) ¿Y otra cosa, no hizo que pa­
decer y penar al establecer su Iglesia? Con los
mismos medios y peligros que se estableció, se ha
de gobernar; porque es profecía suya, que no
puede faltar, cuando dijo: Memeníu te ser monis m d J
f¡uem ego d ix i vobis: Non est servas major Domino suo;
f
si me persecuti sunl¿ ct vos perse<¡lumlur. Joan. lo .)
Y cuando haya algunos díscolos, que son pocos,
entre tanta docilidad, en esos es en quien se ha de
ejercitar la paciencia y la prudencia; porque como
dice un varón docto y santo: Si bonos et honestos
íantum discípulos diliyis, milla Ubi gratia debelar*
s
m agi reholles* lenüate dm ulce.
Finalmente, con la paciencia y la caridad no hay
diamante que no se labre; y con hacer presupuesto
-as-
fijo, que no hemos de m irar mas q u e á la honra de
Dios y bien de las almas, y que si estas nos agra­
decen nuestros trabajos, y nos vuelven bien por
bien, eso no dan; pero si los dan mal por bien, eso
mas hallaremos en la gloría. Esto es lo que dijo el
Señor, que nos tengamos por mas dichosos, cuando
convidamos á ios que nos pueden volver á convidar:
,
Ne forte te, ipsi reinvitent et fa t Ubi retributio; sed
,
cim facis conv¿vium voca puuperes el débiles, claudos*
et ascos, et bealus eris, tptia non habent retribuere
tibí, retribuclur enim tibi in rem rrcctwne jm lo r im .
Si nosotros convidamos á nuestros feligresns con
los beneficios, y ellos nos vuelven á convidar con
el agradecimiento, ya en alguna manera estamos
pagados; lo perfecto es padecer desconocidos, sufrir
ingratos, tolerar á un buen beneficio, una recia
bofetada; á un gasto, una grande injuria; entonces,
de lleno en lleno se paga lodo en la gloria. Por lo
cual quitemos de nuestro corazon tocío deseo de la
retribución temporal, de la honra, de la hacienda,
de la fama, ó no amemos mas esto que nuestro mi­
nisterio; porque si esto hacemos y 110 aquello, va­
raos perdidos del todo.
Y así, señores, si padeciéremos tal vez, abrace­
mos las penas, y hagamos medicina, y aun gracia
y aun gloria délas mismas penas. Con la paciencia,
dijo el Señor, que poseeríamos nuestras almas: In
p a tie n tia vestra ponsidebilis anim as veslras. ( Lite.
21.) No dijo con la fe, no con la esperanza, 110 con
]a castidad, no con la limosna, no con la predica­
ción de la palabra divina, sino con la paciencia:
lo que aunque con todas estas virtudes se poseen,
y sin ellas se pierden; pero es la paciencia la mu­
ralla de todas es las virtudes; es la levadura evan­
gélica, que sazona todo la masa que tomamos en
— 2(J —
las manos al gobernar á las almas. Dénmelo su­
frido y paciente al cura y ejemplar, que él ven cor á
a sus 'feligreses y los domesticará por bravos que
sean, y le obedecerán, y en su género le adorarán,
seguirán y oirán su voz, y conocerán su voz. (Joan*
10.) Dice excelentemente S. Gregorio, sobre las pa­
labras del Señor, de que con la paciencia se asegu­
ran las almas: In p alien tia anima 'possidetur, quia
p er Mam ómnibus rebus* el sibi ipsi homo dominalur .
Queda superior el hombre á sí y á todas las cosas
con la paciencia; porque sean interiores, exteriores,
superiores, inferiores las que le embisten, todas las
vence con la paciencia, con que se debe la gracia
á la paciencia.
Por el contrario, sea virtuoso, sea docto, sea
sabio el pastor, sea lo que se quisiere, si puede ser
iodo es lo, no siendo sufrido lo pierde todo; porque
si el fuere colérico, impaciente, áspero, mal criado»
riguroso, violento, soberbio, altivo, todas las de­
más virtudes andan por el suelo, y ni será bueno
para sí, ni para sus feligreses.

PUNTO VII.
QUE LOS BEJENOS PA STO R ES HAN DE SER MAS MADRES QUE
PA D R E S DE SUS F E L IG R E S E S , Y Eüí NINGUN CASO S E Ñ O R E S .

Esta es la causa, señores, porque yo querría que


los pastores de almas fuesen mas madres que pa­
dres de sus hijos espirituales; esto es, que de tal
manera los amasen, como la buena madre ama á
sus hijos que como le costaron dolores en el parto,
-3 0 -
ansia al criarlos, congojas, cuidados, penas, hasta
verlos fuera do aquellos peligros de la infancia,
todo su gozo es que se logren, desea verlos crecidos
y medrados, acomodados, dichosos,
Así hemos do amar á nuestras ovejas, como el
Señor ama á su Iglesia, que tantos dolores le costó;
que á sus pechos' celestiales con la agua y sangre
de su costado la sustenta y cria. De allí" salió, y
allí en su costado la edificó. Y ya que no sepamos
imitar como es justo, á aquel ¡Señor dulcísimo en
los dolores, imitémoslo en el amor, porque de to­
das cuantas virtudes podemos imitar en aquel de­
chado do inefable perfección, ninguna es mas pro­
pia de nuestro ministerio que la del amor á las
ovejas, en el cual* y no en la ciencia ni en otras virtu­
des, examinó á S* Pedro para hacerle pastor uni­
versal de su ganado, diciéndole: Petre* amas me?
(Joan . 2 1 .)
La caridad, como dice S. Bernardo, es m adre
benignísima, que con todo acierta, y todo lo llena
de suavidad y dulzura y discreción; llámala ju n ­
tamente madre el Santo diciendo: O bona m aíer
chariias! porque, como dice después, ya aliente
á los imperfectos, ya ejercite á los virtuosos, ya
reprenda á los perdidos, todo lo hace con suma
facilidad, suavidad y discreción. Amándolos á
lodos tiernamente corno hijos, los guia, enseña,
fomenta, ampara como verdadero madre; Sive fo-
veat infirmas, sive exerceat provectos, sive arguat in­
quietos d iv e r s a d iv e r s is exkibens, sicut filios diligit
universos .
Añade el Santo, cuando á tí te corrige, es suave;
cuando le acaricia, sencilla: píamente se embra­
vece; sin engaño lisonjea; con paciencia se enoja;
y con humildad reprende: ofendida no se venga;
- 3 1 -

despreciada busca; y desestimada llama: Cum te


arguü m ilis est: cim tibi bkindüur simple x sol el
(¡ere iré, sin# dolo mulecre, palíente? novit ir ase i:
humitifer in dign ari: ke&a nom pruvocat, sp rauta re­
voca!. Todas estas habilidades, señores, tiene la
caridad del pastor, y todos estos milagros tan con­
tra] ios en la circunstancia, tan unos y lan útiles
en la sustancia, sabe hacer con la paciencia.
Justamente, pues, señores, deseo que se mues­
tren mas madres que padres de sus feligreses;
porque obedecerán elloi mas al amor que no al
rigor, como nos manda S- Pedro: Pascite (jui in
vobis est gregem-Domim providentes, non coacté, m i
spontane, semndum Deum, ñeque íurpis lucri gratiá
m i voluntarié. (P e lr. 5.^ Al fin, señores, con amor
y por amor, por amar y para amar á quien tanto
nos amó, hemos de ayudar y gobernar nuestros
súbditos.
Con grandísim a elegancia y espíritu nos enseña
también esto mismo el dulcísimo y sapientísimo
maestro de la Iglesia S. Bernardo; Discitc, dice,
subditonm vos ma.tres esse debereJ non dominos: es-
tudete magis amar i J quam metui; si ínter dum seve-
J
rítate opas est paterna sed non ty-rárnica; malres
fovendo; pairos cor ripien do vos exhibeaiis: suspen­
dí te verbera: producite ubcra, peclora late pingxies-
cant, neo tipho tu rg m ü .
Aprended f dice esta luz clarísima de la Iglesia)
que debris ser madres, mas no señores de vues­
tros súbditos; desead mas ser amados que temi­
dos; si alguna vez es menester la reprensión, sea
paternal, no tirana. Madres al ampararles, padres
al corregirlos; esconded los azotes, descubrid con
la doctrina los pechos, estén estos hinchados con
la leche espiritual, pero no con la soberbia.
- 3 2 -
Solo esto lugar es bastante instrucción á los
pastores y párrocos* Tres oficios señala aquí el
Santo al cara en sus feligreses, y lo mismo se
debe entend.Br de los obispos, que son de señor,
padre y madre.
El señor lo excluye del todo con S. Pedro y to­
dos los demás Sainos» porque no tienen otro se­
ñor que á su Dios y á su rey. Pastores somos,
padres somos, gobernadores somos, maestros, ca­
pitanes, guias, atalayas, administradores, minis­
tros; pero no señores. Tenemos el gobierno, no
el dominio; la administración, pero no la pro­
piedad.
El segundo es de p a d re, este lo admite para
la corrección algunas veces, para el amparo siem­
pre; y así enseña, que cuando se corrige, sea
como padre, no como señor, como quien ama,
no como quien manda; como quien Te duele, y
no como quien lastima.
El tercero es de m adre, que se reduce á amar,
á cuidar, á consolar, á dar leche de doctrina, á
cuidar con compasion de sus hijos, á temerlos
en sus entrañas; aun después de haberlos echado
de sus entrañas; á sentir mas su dolor que sus
dolores; á afligirse con sus penas, á alegrarse
con su bien. Este oficio de m adre es la principal
ocu pación del párroco, pues raras veces se re ­
prende á los hijos, y muchísimas se ampara,
sustenta, enseña y recrea.
Mucho nos hemos dilatado en la recomenda­
ción del amor y la paciencia; pero tendránla al
leerlo los pastores, á quien escribo esta Carta,
siendo tan enamorados y observantes de ejercitar
el amor y la paciencia conmigo.
PUNTO VIH.
CUANTO CONV IENE QUE LOS CURAS HÁBLEN Y PERSUADAN A
SU SALYACTOK A LOS FE L IG R E S E S .

Pasemos adelante en explicar los acentos formi­


dables de la Trompeta de Ezequiel: F ü i hom inis,
dice, loqaere ad filios popuíi tuiJ ct dices ad illos:
loquere, di ce: Habla. ( Ezech. 33.^
Mándale el Señor á Ezequiel, que hable, por­
que le ha hecho pastor; que bable, porque le ha
hecho predicador; que líame, porque no puede
avisar sin hablar, ni mejorar sin exhortar» ni
persuadir sin decir.
Loquero , dice, habla, ladra, que no solo eres
pastor, sino perro de Israel: Vm canes m util ¡Ay
de tí, si siendo perro no ladras! Loquere ¡tamm
doctrinmn, dice S. Pablo; habla verdades á tu
piteblo, pues eres ministro especial del pueblo*
No de balde, señores» se líama el Hijo de Dios
palabra del Padre, porque os palabra ¡jue da pa­
labras, es fuente de toda santa doctrina; es pa­
labra origen de toda la sania y divina palabra, es
palabra que vino á sem brar su palabra con sus
palabras santísimas; si se han de mejorar, y e s­
forzar, y criar las buenas obras en nuestro mi­
nisterio, ha de ser con la palabra.
Cada uno medite, dice S. Gregorio, de (jué
delito*se hace reo, si niega con el silencio la vida
á quien con la palabra puede librar de la muerte:
Quo realu astringantur aspiciantj qui dum peccan-
tibus fratribus, verbum prcedicationis subtrahunt,
morientibus animabas vites remedia abscondm t .
3
En otras ocupa cío nos son mejores las obras
que las palabras, pera en la do las almas son pa­
labras mas eficaces, sin comparación alguna, que
obras; porque las obra* son nuestras, y la palabra
os de Dios* En otras es loable el silencio, en esta
es amable y santa la voz, y aborrecible el silen­
cio. En otras la lengua inmóvil y los labios mudos
es la mayor virtud; en nosotros la mayor miseria
y vicio. Ver llevar al lobo las ovejas, y dormir
con el silencio el pastor; callar el perro comién­
dose ¡i las ovejas el lobo, ¿cómo no ha de ser
la ruina del ganado y ganadero? Anda el lobo
infernal, como león ron ciando, y rodeando el ga­
llado: Tamquam Ico rugiens circuit quarens quem
devorel. Si calla y duerme el pastor, ¿quien de­
fenderá al ganado?
Loquero * dice el Señor á Ezequiel, habla á tu
pueblo; porque mi palabra es espada de dos cor-
íes, penetrabüior omni gíadio ancipiti fS e b r . d J ;
con el un corte ampara y defiende las ovejas;
con el otro hiere y ahuyenta á los lobos. Espada
mas poderosa y eficaz, que no la del querubin,
de cuyos cortes el uno alumbra al entendimiento
y el otro abrasa á la voluntad. Aquella espada
dei querubín guarda el paraíso te rre n a l ésta el
eterno. Aquella guarda y esconde los deleites que
no m oreda la culpa, ésta corta los deleites y deli­
tos que causa al alma la culpa, y le abre los
deleites que da á la gracia la gloria.
En esta palabra loquere explica el señor lo
que debemos atender á exhortar á las almas de
nuestro cargo, y no cesar un punto en esto, ni
soltar de la mano esta espada d é la divina palabra,
y dia y noche sembrar; advertidos, que los que
som os'pastores, somos también labradores: E x iü
- 38 -
qui seminat seminare semen w u m ; y ol que no
siembra, 110 coge y que non audimt sine predicante.
Y que qui pareé s m in a L pareé et melet; y que la
heredad no puede fructificar -sin labrarse; y que
como la tierra sin el agua, es el alma sin la d i­
vina palabra; y como se quejaba el alma de] santo
,
profeta rey, cuando decía* Anima mea sicul ierra
sine aqua tibi. (Psalm . 142.) Señor, mi alma arde
de sed sin vuestra agua; así las almas de los
feligreses, en donde no se predica, arden de sed,
y están secas, agostadas y perdidas sin el riego
fie la divina palabra.
Verdaderamente, señores,- para el regar, el
sem brar y el arar hay tiempos en esto natural y
elemental: pero 110 en lo espiritual: porque para
el persuadir, el exhortar, el enseñar, el edificar,
advertir y encaminar, siempre es tiempo, en in­
vierno, en la primavera, en el verano, en el otoño,
por la mañana, por la tarde, á medio dia, en
ofreciéndose la ocasión, siempre es tiempo, opor­
tuna é importunamente, como dice S. Pablo, siem­
pre es tiempo: Qportune* importuné, argüe, obsecra-,
increpa.
Y porque suele decirse: Señor, no siempre hemos
de estar predicando* me den licencia para respon­
der, que siempre hemos de estar predicando, y
que siempre podemos estar predicando, y que
siempre debemos estar predicando, adviniendo,
que no siempre el predicar quiere decir hablar,
sino que los dos filos de la espada de la divina
palabra, significan enseñar con la obra y el ejem­
plo; con la doctrina y la virtud hablando y edi­
ficando, diciendo y obrando; finalmente predicar
con la vida, con la voz v con uno ú otro corte,
siempre se ha de estar obrando y predicando*
Bien cierto es que predica eí cura con su vir­
tud como con su voz, con su recogimiento, con
su elocuencia; antes bien cuanto falta en aquello,
deshace en esto otro; y si falta en la buena y
santa vida, sacude y echa de sí el espíritu de la
predicación, que consiste (en gran parte) en que
vean los oyentes, que el que predica, ajusta sus
obras á sus palabras.
Por eso dice S. Jerónimo: Delicatus magUter
tsL qui pleno venir o disputat de je junio. Acensare
avarüiam * el latro potest; sacerdotis Christi, os,
mens3 mañusque concor den t; ei delicado maestro, lle­
no el estómago, predica el ayuno. De esta suerte,
l qué ladrón no puede acusar la avaricia? Concor­
dar deben entre sí las voces, la intención, las obras
y manos del sacerdote.
Hemos de ser los ministros de Dios ambidex­
tros, derechos de entram bas manos, como Ahob,
aquel juez del pueblo hebreo, que peleaba á un
tiempo con los dos brazos. Si solo se pelea con
el ejemplo y sin palabra, manco es el cura; verán
los feligreses lo que han de obrar, mas no lo
sabrán obrar; y cuando porque lo ven lo sepan,
sabrán lo que han de obrar, pero no lo que han
de creer, siendo el creer el fundamento del obrar.
Por lo contrario, si lo que enseña por la voz,
destruye con el escándalo, también es manco; se­
guirán'" antes ellos lo que ven que lo que oyen,
con que es menester obrar y predicar, y este
obrar, es predicar, y aquel predicar, obrar.
Y asi, señores (por no dilatarme mas) esta
Trom peta con todos y en todo habla, loquere;
hablemos con el ejemplo y palabra, que eso á
todas horas lo podemos hacer, enseñando para
obrar, obrando para enseñar.
- 3 7 -

PUKTO IX.
<¿UE DEBEN OBKAR LOS PA STO R ES DE LAS ALMAS CO.N SUS
OV EJA S COMO M IN ISTRO S V ISO COMO M IN IST R A D O S.

Añade loquere ad fdios p o p u li tu i, á los hijos de


tu pueblo. ¿Pues no era aquel pueblo de Dios?
¿Cómo lo llama pueblo del pastor, pueblo del
predicador, pueblo del obispo, pueblo del cura?
¿ Por ventura era eso porque estaba el Señor eno­
jado con su pueblo y no quería llamarlo suyo?
Eso no parece posible, porque nunca pudo dejar
de ser suyo el que crió, el que redimió de Egipto,
el quo defendió de los hijos de Cana, el que per­
petuamente por creación, por vocacion, por con­
servación fue suyo.
Es que era el pueblo del pastor en la cuenta,
pero no en la propiedad. E ra suyo en la adminis­
tración, no era suyo en el dominio; suyo para
servirlo, pero no suyo para mandarlo; suyo para
quererlo, mas no para dominarlo.
De los malos ministros do ios príncipes se suele
decir, que I,raían á los vasallos como á propios,
y los aman como ajenus; T raclant ut p ro p rio t:
am ant u l áltenos. ¡ Duro imperio! en el que andu­
viese presente el poder y ausente la caridad.
Y así, aquí el Señor llama hijos á los feligreses
del cura y del obispo, para que enlienda que han
de ser hijos con la principal calidad y propiedad
que Dios*gobierna í sus criaturas, que es de Pa­
cí r*e: Patrem nolile vocare super terrmn; unus enim
.
est Pater verter, qui in. ccelis est (Matth. 2 3 .); V
en olra parte: Pater noster qui est in ccelis; y
que com-o Dios los ama, él los ame; y que corno
Dios los ampara, él los ampare, y como él los con­
suela, 61 los confino]o, y que como él los defiende,
él los defienda; porque tomar de la comision el
dominio que no tiene, y dejar el amor que debe
tener, es impía resolución, y esta se paga muy
duramente despues.
Estas almas, señores, que gobernamos, estos
hombres y mujeres que nos obedecen, de Dios son,
como hemos dicho, por creación, por vocacion»
por redención, por dominio, por justicia, por todos
los vínculos y derechos, divino, humano, político
y natural; mies tros solo por gobierno, por adm i­
nistración; digámoslo de una vez, no son ellos
nuestros, sino que nosotros somos suyos.
Por eso dijo el Señor, que el buen ministro no
ha de ser cómo quien es ministrado, sino como
quien ministra; y añadió: En medio estoy de voso­
tros, no como quien es ministrado sino como quien
ministra á los (lemas: Sicut F ilm s hom inis non venü
m in istra r i, sed m inistrare., ef/o autem in medio vas-
i n m m m , sicut qui m inístrate (M atlh. SO. L m . 22.)
El cura y los demas pastores de almas han de
estimarse y tenerse por ministros de los otros, mas
que no ser ministrados de los otros. Ha de hacer
cuenta el buen párroco, que le enviaron á servir y
no á mandar No es el obispado del obispo, sino el
obispo deí obispado. No es la parroquia del cura,
sino ei cura de la parroquia. Todos tienen derecho
á mandarme, solo que sirvo en figura de m andar,
y ellos mandan en figura de pedir y de rogar. La
mas rigurosa disciplina eclesiástica ha de tener por
alma la mansedumbre, y siendo el exterior de ju s­
ticia, han de arder 3as’ entrañas en fuego de ca­
ridad.
— 39 —
Esta mansedumbre de los obispos ¿i lus curas,
ha de correr de los curas á los feligreses; y tanto
mas, cuanto no tienen en ellos jurisdicción, sino
administración, no tienen poder de jueces, sino de
padres; no les toca el dominar sus personas, sino
el gobernar las almas; es mas su fuero interior,
que no exterior.
Y así, señores, tengamos presentes las voces de
esta celestial Trompeta, donde enseña, que al servir
nuestras administraciones, al gobernar á las almas,
al guiarlas, al mejorarlas, las miremos como pro­
pias; aí tener el juicio, la cuenta quede ellas hemos
de dar á aquella eterna censura, las miremos como
ajenas.

PUNTO X.
Q V L DIOS CASTIGA A h M U N D O CON SUS PERM ISIONES V NUES­

TRA IM K I-X 1LID A D .

Prosigue el Señor diciendo: Terra cum índuocero


super eam 'gladium, H líder ií popultts terrw virum
,
unura de n o v m m is m is et constiíuerü cum super se
sp eeid ato rem . (Ezech* 3 3 .)
Aqui pone el Señor la comparación del pueblo
c/ue está en frojitera do enemigos, y previene su
daño con la providencia; porque no sea despucs
inútil la medicina.
Porque el enemigo no duerme, con que es me­
nester que tampoco duerma el amigo* Busca, pues,
el pueblo uno de los suyos, y le constituye atalaya,
y le manda que despierte al pueblo cuando viene el.
- Í O -

enemigo. Esta proposicion del Se fior, par la signi­


ficación y por ei misterio con que habla, es muy
notable.
Lo primero dice: La tiurra, cu-ando yo envidre
sobre ella la espada: Terra cum- iuduxero snper eam
gladium.
Terra J la tierra; sepa que es iierra la tierra. La
tierra, que piensa que es bronco, hierro, y peñasco,
siendo tierra. La tierra, que es tierra, por no tener
su pensamlento en el cielo. La tierra, que no ha­
llará socorro en la tierra, si no lo busca en el cielo.
Es como poner la ceniza en la frente de los hom­
bres, y decir á los pontífices, á los reyes, á los
pueblos, á los príncipes y monarcas: Mmeiitotv
q m apidm s eslü , et in pnkerem revertemini. Sepa lo
mas alto que no está un dedo de distancia de lo
bajo. Sepa lo mas grande, que en la medida de
Dios, no le excede medio dedo á lo pequeño. Sepa
el cedro, que con un soplo se engríe á su lado y lo
excede el mas humilde lomillo. Sepan los hombres
que son hombres, y que ya mandando, ya gober­
nando, ya peleando, ya dominando, ya venciendo,
ya triunfando, son de tierra y tierra,'y al fin como
de tierra enterrados.
Pero mas duro y fuerte parece lo que se sigue:
Cum induxero super eam g la d iim : cuando yo envíe
la espada sobre lu pueblo, siendo así que la espada
significa guerra. ¿Pues cómo Dios, que es la misma
paz, envía sobre su pueblo la guerra? ¿Dios que es
la misma misericordia, arroja sobre el pueblo des­
nuda la espada de la justicia? ¿Dios envia al asi no
sobre el pueblo? Al persa, al caldeo, al egipcio, y
otros enemigos crueles que le asolaban.
Dios les envía, porque permite con una provi­
dencia soberana que la crueldad del caldeo, del
- 41 -
persa, del asi rio, del egipcio, sea ministro de su
justicia, por la maldad ael hebreo. No manda al
enemigo que obre lo malo, sino que castigue, per­
mitiéndole lo malo. Con su permisión dispone que
un malo azote ú otro malo. Yole mi pueblo á mi
ley, y á mis preceptos, toque su Trompeta el ata­
laya, despierte el pueblo á sus voces, abra los ojos
á Dios, enmiéndese, mejore las costumbres, suelte
los vicios, y con eso apartará de sus cervices la
espada del enemigo.
Pero si él duerme, el enemigo no duerme. Si él
duerme a mi servicio, está despierto á mi ofensa,
duermo yo á su socorro, y despierto á su castigo.
Si los que han de tocar la Trompeta callan, y los
que han de oiría duermen, ¡qué mucho que el sueño
se vuelva muerte! A quien así obra, ó á quien no
obra por obrar así, por la mano dei enemigo, y de
la guerra, y desús armas, y de su espada, le castigo.
En este sentido dice el Señor muchas veces en la
Sagrada Escritura, que castigará á su pueblo,/^
mandando á los asi ríos, y medos, y persas que 1<§'
destruyan* No mandado en el gentil que oprima m .
fiel, sino dejando al gentil castigue al fiel, que pof^
ser fiel á su Dios, permitió Dios, dejándolo, que ya
infiel, sea preso, arrojado y triunfado del gentil.
Dios nos libre, señores, de las permisiones del
Señor, que esas bastan para acabarnos del todo.
No ha menester m andar, sobra y basta permitir.
J)e Ih manera que con un poco de arena contiene
ese inmenso diluvio df
para que no inunden
rior á las aguas, y si apartara su mano y dejára
soltar sobre la tierra la mar, en un instante nos
viéramos anegados; así sabe en lo político y en lo
místico, y eu lo moral y espiritual, perdernos y
destruirnos solo uon la permisión. Su mano nos
tiene, nos detiene, nos contiene, y caemos despe­
ñados en soltándonos su mano, Su mano detiene á
los enemigos; su mano detiene y contiene las pa­
siones; su mano enfrena y refrena á los demonios,
para que no nos destruyan; y si nosotros d u r­
miendo á lo eterno, y los oíros no velando; y si los
atalayas tienen vendados los ojos, y el pueblo muy
desenvueltas las manos; si nosotros no enseñamos"
no advertimos, no amonestamos, no tocamos la
Trompeta de la. palabra de Dios, si no tratamos de
servirle, ó tratamos de ofenderle, ¡ qué mucho que
suelte Dios, y desate la espada del enemigo, y lo
haga ministro de su justa indignación. ■

PUNTO XI.
QUI- AUNQÜK DIOS QU IERA CA STH lA ft A LOS PU EB LO S, liU IB U E
QUE LL PID A N POR ELLO S l.O S P A S T O R E S .

_ Pero se debe advertir, que aun enojado, y ha­


biendo enviado ya la espacia de su justicia contra
su pueblo, Cum indi tx ero xuper eum gladium ; con
todo eso aguarda á ver si despierta el pueblo, si
toca el sacerdote la Trompeta, si clama el cura y
prelado, si se mueven las conciencias, si se con­
mueven los ánimos, si se ablandan los corazones,
si buscan la penitencia; y enojado y ofendido soli­
cita nuestra enmienda; porque no dice que en
tiempo de paz toque el sacerdote, el atalaya y m i­
nistro la evangélica Trom peta (que entonces no
parece necesario, pues basta cualquiera lijera voz)
— —
sino en guerra enviuda tic Dios: Cum induxero super
eum gladium : cuando quiere ver á su pueblo casti­
gado, quiere ver también á su pueblo defendido;
porque aunque está enojado, poro envainará la
espada, embotará sus filos, hará que se vuelva el
enemigo, ó hará que venza su pueblo, si el sacerdote
clamad llama, ora, despierta, adviene, amonesta,
convierte y reduce al pueblo.
- Significase con esto cusín grande os el poder de
los obispos y sacerdol.es, si con la alteza de la dig­
nidad juntan la del espíritu y fervor; pues no solo
libran al pueblo, pidiendo á Dios, y orando por
él, como muchos perfectos lo hacen antes de venir
ia guerra, sino entre la misma guerra; no solo
para que Dios no se enoje, sino cuando esté eno­
jado, para queso desenoje. No solo para que nos
ayude servido, sino para que no nos castigue y
nos destruya ofendido.
¿Qué duda hay, se flores y hermanos mi os, que
si en nosotros luí hiera aquella caridad, celo, fer­
vor, espíritu, pureza de conciencia y de inten­
ción, amor á Dios y á los prójimos; y todo esto
conveniente proporcionado á tan alia dignidad
corno la nuestra, que andarían ausentes de nues­
tras ovejas y feligreses, no solo las culpas, sino
las penas?
¿Qué duda hay que Dios les alum braría para
ver lo que conviene V¡ sus almas, y ayudaría para
que no les faltase el socorro de ios cuerpos? ¿Qué
duda hay que nuestro ejemplo los m ejoraría, nues­
tra doctrina les enseñaría, nuestra voz los conso­
laría, nuestra fortaleza los defendería, y nuestras
palabras y espíritu los confortarían? ¿Qué duda
hay que si con profunda hum ildad, caridad, amor
y afee ios píos y .santos llorásemos en los altares,
pidiésemos á Dios por nosoLros y nuestros feli­
greses, clamásemos, orásemos, instásemos, supli­
cásemos, y con una santa coafianza llamásemos
á Dios Padre, por los méritos del Dijo; clamáse­
mos al Espíritu Santo consolador, socorro, luz y
consuelo de las almas; si nos valiésemos con el
Hijo de la Madre, y si nos valiésemos de toda
la córte celestial y almas justas, con la Madre
para el Hijo, como es posible que no tem ­
plase este Señor, llamado, rogado, solicitado de
sus Ministros y sacerdotes?
Entre el vestíbulo y el altar, dice el profeta, llo­
raron los sacerdotes y ministros, diciendo; Parce
,
Domine parce populo tuo. (Jocl %.) Si entre el
vestíbulo y el altar basta clamar el sacerdote de la
íey antigua, imagen del sacerdocio de Cristo;
¿cómo no baslará en el mismo altar el sacerdote de
la ley de la gracia, no imagen solo de Jesucristo,
sino el que consagra ii Jesucristo, sacrifica á Jesu­
cristo, y recibe á Jesucristo?

ÍH'NTO XII.
1-0 QUE EL SE S O K P E S E A QUE I.B DESENO JEN SUS PASTO i i KS,
COAKDO ESTA INDIGNADO CON SU PU EBLO , ¥ Cl-AN (;U A >
MAL ES EL NO HA CER LO.

Quejábase el Señor por el mismo profeta E xe­


ij u iel de que estando enojado, y para castigar n
sn pueblo, no tuviese en él un varón que le ro­
gase por él, y cuando pedia la muerte á su pue­
blo Ja justicia, sentia que no hubiese quien soli­
citase su misericordia: Qucesivi (dice) gui
interponer el sepe-m, starel oppositvs contra me pro
ierra , ne din piparan eam: et non inven i, (
Ezech*
2 2.) Busqué un varón que hiciese muralla con­
tra mi ira, y se pusiera en pié por la tierra con­
tra mí, para que no i a abrasase, y no lo hallé.
¡ O bondad mas que infinita, que si con la una
mano amenazas, con la otra llamas tú ! Si en
la una tienes la espada de tu justicia, en la otra
ia cédula que está ofreciendo el perdón I j Si una
voz está fulminando los castigos, otra publicando
los indultos!
¿Mas cómo no hubo quien pidiese por el pue­
blo? ¿Pues no había sacerdotes? ¿No había pon­
tífices y ministros sagrados en Tsracl? Si había,
señores, pero no trataban de es'o. ¡O qué dolor
para Dios! i Qué daño para su pueblo ! ¡ Ver m u­
das tantas Trompetas, ciegos tantos atalayas, dor­
midos tantos pastores I
Qué bien venia aílí la ponderación de S. Ber­
nardo (que otras veces hemos dicho:) Ridiculosa
res est, mil magis periculosa, speculator, cwcus:
doctor, insckis: p-rcecur&or, claiidius: pratlalus, ne-
gliyens: pm eo¿ mutus. Peligrosa cosa, perniciosa,
si ya no ridicula, ver á un pregonero mudo, á
un "superior dorm ido, un atalaya ciego, ¡t un
precursor cojo y á un maestro ignorante.
¡ Todo esto, señores tenían aquellos malos sa­
cerdotes de Israel, que no clamaban, que no vo­
ceaban al pueblo, para que se guardase del ene­
migo! Faltábales la luz para ver el daño, la voz
para publicarlo, la actividad para darla á lo bue­
no, los pies para promoverlo, la diligencia para
procurarlo, el espíritu y la santa confianza para
arrojarse á los pies del Señor á desenojarlo; con
- 4<S —
que se hallaba el pueblo can las vicios perdido,
el sacerdote con las pasiones donnido: ¿qué do­
lor para Dios! (vuelvo á decir) \ qué ruina para
su pueblo! \ qué castigo para el triste sacerdote
y desdichado a talay a!
Ahora digo, señores, que no me admiro que
amenace su divina Majestad, y despierte con esta
temerosa Trompeta á toda la Iglesia junta, pro­
nunciando y ürmando la sentencia con su san­
gre, y diciendo que de nosotros ha de cobrar
sus ovejas; por nuestro ministerio, mal servido,
ha de ser nuestra misma ruina; que hemos de
pagarlo por ellos y por nosotros; porque si ves­
tidos de mayor dignidad, autoridad y poder, fué­
semos peores (lo que Dios nunca permita;) si pe­
cásemos como hombres, y como cristianos, y
como sacerdotes, y como curas; si nos echáse­
mos á cuestas cuatro cadenas durísimas de- hier­
ro, de tan ñeros eslabones, como son pecados
contra el dictamen de razón, pecados contra las
leyes de la Iglesia, pecados contra el ministerio
sacerdotal, pecados contra el ministerio de almas;
si fuesen nuestros pecados, no solo doblados, sino
dos veces doblados; y mayores por ser mayores;
y nosotros fuésemos peores, cuando liemos de ser
mejores; si cuando hubiésemos de aplacar á Dios
lo irritásemos, cuando hubiésemos de desenojáis
lo enojásemos; ¿por qué no se ha de ir el m a­
yor rigor de justicia á la mayor malicia y peso
del delito ?
No solamente . Dios se ha de enojar con no­
sotros, sino velamos sobre su ganado, sino que e!
mismo ganado viéndose por la omision ae sus
pastores perdido, está pidiendo justicia contra nos­
otros.
Ya se ha visto eiilre ios mismos animales,
guiados del ínstmlo natural, señala]1 guarda que
atienda ú ver si viene el cazador, para que llame
á que se guarden los oíros; y habiéndose des­
cuidado el que guardaba, y muerto ei cazador
á alguno de los otros animales, que incautos, y en
con lianza de su guarda, andaban libremente por
el campo; juntarse todos, convocarse, y hacer
pedazos al animal, que era guarda y no gu ar­
daba, porque durmió cuando debia velar. ¿ Si
esto hacen los animales; si esto los brutos de
donde anda ausente el discurso y la razón, qué
sentirán en la otra vida, y que deben sentir en
esta las almas, si nosotros1atalayas de Dios, dur­
miésemos; si nosotros voces de Dios, callásemos;
si nosotros Trompetas de Dios, enmudeciésemos?
i Cómo clamará Dios (en el cielo) justicia con­
tra nosotros, que le perdimos sus almas! Cómo
la pedirá)) desde el infierno las almas que le
perdiésem os!
A esta misma Trompeta m iraba Dios cuando
decía á su profeta:-Cíamete ne ceses, quem tuba
exalta voce-m tum i, ot anuntia populo meo se el era
eorum, et domui Jacob peccata eorum. ( Isa i . S.)
8
Clama, vocea, profeta, sacerdote, cura, obispo, no
ceses: rompa el aire el sonido del clarín, y des­
pierten sus acentos á mi pueblo; anuncia los pe­
cados y maldades de Israel.
Si cuando esto decia Dios al profeta, calíase
él; si porque calló el profeta, 110 se enmendase
su pueblo; si porque 110 se enmendaba el pue­
blo, se condenase, ¿qué cuenta, qué ira, qué ri­
gor, qué pesar, qué alaridos los del pueblo, los
de Dios, contra la profeta?
Y así, señores, aunque la espada de Dios esté
- 4 8 -

sobre las cervices de su pueblo, poderoso es ol


profeta clamando á que perdone Dios á su pueblo.
Aunque se halle muerto Lázaro cuatriduano, aun­
que huela á corrupción, aunque esté la losa so­
bre el sepulcro, poderosa es la palabra de Dios
para darle vida á Lázaro. No hay conciencia tan
rematada y sepultada en esta vida á la culpa,
no hay alma Um perdida á la gracia; no hay pe­
cado tan hediondo y corrompido, que si la Trom ­
peta evangélica de la palabra divina llega á sus
oidos, no pueda despertar, resucitar y vivir. Di­
gamos nosotros al pecador en el nombre del Se­
ñor: S urge L a za reJ que Lázaro saldrá rotas ya las
ligaduras, sano y bueno del sepulcro.
&No echemos la culpa á los feligreses malos, ni
á los otros; echémonos las culpas unos á otros.
Con dóciles naturales trataremos, si nosotros dó­
ciles ministros somos; si nosotros somos dóciles
á Dios, dóciles serán ellos á nosotros. Oigamos
nosotros á Dios, y nos oirñn ellos á nosotros.
Atendamos nosotros á los divinos preceptos é ins­
piraciones, y atenderán ellos á la divina palabra.
bi nosotros somos buenos discípulos de Cristo,
serán ellos buenos discípulos de su sacerdote, de
su maestro y ministro. Gran consuelo es para mí,
ver, por la bondad divina, cuan practicada está
una doctrina tan santa, por tan ejemplares curas
como gobiernan las almas en esta diócesi; pero,
señores, siempre es conveniente amonestar lo que
siempre es necesario practicar.
PUNTO XIII.
1>EPENJ>E>T.f A QUE Q U IE R E LA IG LESIA QUE TENGAN LOS S A -
CHIl DOTES UEL I'U lílir.O EN LA ELECCION , POR LA QUK El,
PULULO T IE N E DE LOS CURAS 1SN LA A D M IM S T ÍU fJ O N .

Paro no adm ira menos lo que poco después dice


el Señor en este formidable lugar y am itos de la
T rom pola temerosa de EzequieL Porque señalando
la necesidad que tiene su pueblo de constituir
a talaya quo toque, sueno y resueno la Trómpela
cuando viene el enem igo,'para que so guarde el
pueblo, añade.: E l lu krU populus terree untm de m i -
noribus m is, el conslituerü eum super se specula-
tarem: y escogiere el pucblp uno de los menores,
y lo hiciere su atalaya,
Dos cosas muy particulares deben notarse en
estas palabras. La primera, que el mismo pueblo
constituye el atalaya. ¿Qué es la razón de esto? La
razón es, porque despues tenga menos disculpa el
pueblo, si no se guarda, avisándole, el atalaya,
que es hijo de su elección. El le nombró, ¿pues
por que no le creyó? En el mismo que eligió
abrazó su vida ó muerte: él fue artífice de su
fortuna, y su elección le salvó ó le condenó, salió
fiador el"pueblo de su atalaya, solo porque lo
nombró.
De aquí, señores, tomé) la Iglesia el querer que,
en la elección de los sacerdotes y obispos tuviese
también su parte el pueblo; porque aunque el del
sacerdocio, cuanto al poder y la dignidad depende
todo de Dios, y este santo Sacramento de la órden,
í
— KO —
como los demás, lo instituyó Jesucristo Señor
nuestro, y no olro alguno; pero al elegir ai su-
jeto, antes de ciarle la potestad, lo nombraban, y
lo hacían y escogían los pueblos.
Los pueblos han hecho muy admirables obis­
pos; á S* Ambrosio lo pidió el pueblo; á San
Manin, á .S . Nicolás, y á S. Juan el Limosnero,
y á otros muchos santos; á estos llamaban antes
postulados. Este poder ó facultad, 6 costumbre,
ó estilo, ha estado en diversas partes; ya en el
pueblo, ya en el clero, ya en entrambos, ya en
los cabildos, ya en los reyes; pero siempre han
tenido alguna parte los pueblos.
Y hoy no podemos lícitamente crear sacerdotes
los obispos, sin consultar á los pueblos, y é eso
m ira el enviar á averiguar en ellos la vida de
los que se han de ordenar, como quien pide su
voto á los seglares*
Y lo que mas adm ira, lo profesamos y confe­
samos al adm inistrar el sacerdocio; porque te­
niendo delante arrodillados á los diáconos, que
han de promoverse á sacerdotes, dice en voz alta
el obispo estas sentidísimas, prudentísimas y g ra ­
vísimas palabras: Quoniam r e d orí «avía,
et navigio
defer elidís, aadem est, vel securitatís ratio , vel com-
m unü tim o ris; p ar eorum chbel esse sententia, quo­
.
rum causa comnmnis e x is lü Ñeque, en tm fru stra fuit
a paíribus infitüutmn, ut de cleetione ilh m m qui ad
regimen altaris adhibendi sunt, consulalur etiam po­
pulas, etc. tit fa c ilite ei quis obedienliam exhiben t
o r dinato, cui assensum prw bu erit or dinando.
Pone en estas razones el Espíritu Santo, y la
Iglesia gobernada por sus divinas inspiraciones,
en la elección de sacerdotes para los pueblos, la
comparación del piloto que se elige para una nave,
- 5 1 -

y dice, que si el piloto es malo, se pierde él y


todos los navegantes, y así bien es que vean los
navegantes qué piloto es el que escogen.
Cada curato ó feligresía es una nave en que se
navega de la tierra al cielo; el piloto que la lleva
es el cura, los navegantes los feligreses, el mar
d mundo, las olas y tempestades las pasiones;
quien ha de saber donde están los escollos, p o r­
que sin tocarles se haga la navegación, es el p i­
loto. Si éste ó lo ignora ó duerme, perderáse él
con todos sus navegan tes; por eso quiere ia Igle­
sia que Los pueblos sepan qué sacerdotes les po­
nen; porque asi como es et peligro común, sea
común la aprobación del piloto.
V también, porque mas fácilmente dará la obe­
diencia el súbdito al ordenado, habiéndole dado
d voto y el parecer antes de ser ordenado.
De suerte, que aunque la potestad no se la da
el pueblo, pero le da su parecer y su voto en la
elección, y esto es bien advertir para tres cosas*
La prim era, para que los pueblos, cuando se
Alivian á las iglesias las publícalas para que digan
de las costumbres de los que han de ser sacerdo­
tes, denuncien con sania ingenuidad su senti­
miento y la verdad i porque aquello es como to­
marles su voto,, porque despues puede ser que
hayan de tener por cara al que en ron oes le disi­
mulan el vicio y la eondícion.
La segunda, para que á los prelados y curas,
no de tal manera nos parezca que somos superio­
res á los pueblos, que nos hallamos sin alguna de­
pendencia, y que no tenemos que m irarles a ia
cara; y que" sin grave causa y gravísima, no les
pongamos curas & que resistan ios pueblos: no
porque ellos tengan poder, ni jurisdicción en nos­
otros, que eso seria ajeno y conlrii rio á razón,
orden y todo derecho, y poco menos, que blas­
femo; que el hijo tenga poder en el padre, el sú b ­
dito en el superior, el seglar en el sacerdote, eí
ministro de obedecer en el de m andar, la luna en el
sol, el suelo en el ciclo, et hombre en quien re ­
presenta á Dios; sino que debemos tener una pru ­
dente atención ¡i su consuelo, y acomodarnos dul­
cemente con su gusto, en aquello que no le fuere
dañoso, ni A nosotros indecente; siendo por una
parte ministros de su bien espiritual, y por o ira
de su gozo y consuelo temporal, procurando que
en nosotros "hallen mas alivio que no peso.
La tercera, que resulta de este lugar, es, que
los pueblos 110 miren á sus curas y prelados como
á extraños, ni los envidien y emulen como exen­
tos, sino que los respeten como á ministros de
Dios, imágenes vivas suyas; que ios amen como
á padres espirituales, hijos de su mismo parecer,
escogidos por su mano y elección, y dul cení tinte
obedezcan y so rindan á su juicio y parecer; pues
si al piloto que gobierna el navio, á la guia que
señala el verdadero en mi no, al capitán que va el
prim ero en la conquista, al maestro que con sus
luces enseña, al pastor que á los mayores y mas
sanos pastos conduce, no obedecen las ovejas, los
discípulos, los soldados, los navegantes, ¿en qué
han de parar sino en tempestades, en desdichas,
en perdición y ruina c'l magisterio, ganado y na­
vegación ?
PUNTO XIV.
HA.LIA ELECCION DEL SliÑQR DE ESCOGER PARA PASTOJRES
V ,1ULCES, M I A LOS MA YOIi.ES, SÍ A LOS MES ORES DEL p u e -
íjlo , y lo en sk S a E sta lu z .

Pero lo mas digno de reparar en este lugar, y


Trompeta de Ezcqniel, es, que siendo así que aquí
atalaya significa sacerdote, profeta, ministro de
Dios, pastor, pontífice, obispo, juez; con todo eso
al hacer elección, dice, que escogió el pueblo,
unwm de notñssimis m is , uno de los postreros, uno
de los mas pequeños.
¿Pues e/mio, señor, para atalaya, sacerdote,
obispo, pontífice, se escoge de los postreros? ¿para
lo mayor se escoge de lo menur? ¿para lo mas alto,
se escoge de lo nías bajo? Todas las cosas piden
sim(Urica proporción, ¿Cómo puede haberla, que
de lo ínfimo del pueblo se elija a quien ha de go­
bernarlo? Des preciará ni o les mayores, y no le es­
timarán los menores; será risa de las gentes, el
que lia de ser su gobierno, su espíritu y dirección.
Añádese á este lugar de S. Pablo ( que es muy
notable) cuando diciendo á los fieles, que caso
que haya entre ellos algunos pleitos seculares,
nombren jueces; les advirtió que escogiesen para
jueces los que fueren despreciados: Secular ia iyi-
tur jud icia , si habuerUis, contearpíibiles qui auní
in Ecclmittj ilion con-sUtuile ad judicandum . (1- Cor.
tí.) Y como parece que corresponde esto al gran
juicio y espíritu de S. Pablo; pues cómo para
jueces se han de escoger los mas despreciados de
-o í-
los pueblos? ¡C óm o juzgarán obedecidos los que
comienzan á juzgar desestimados? ¿Cómo serán
respetados en el tribunal, los que fueron escogi­
dos del desprecio y las heces de la calle?
Toda la Sagrada Escritura es un abismo p ro ­
fundo de misterios; de los últimos quiere Dios
que se escojan los primeros, porque se tengan por
últimos los primeros. De los postreros hace Dios
primeros, porque es de Dios saber hacer á lo pos­
trero, primero; y si no se obra bien, volver á hacer
á lo primero postrero. A David, el menor de sus
hermanos, hizo mayor; á Saúl, el mas alto de
Israel, porque n a procedió bien, lo hizo el menor;
y en los montes de Gelboé, no solo el m enor, sino
el mas desdichado de Israel.
De doce pescadores hace Dios doce columnas
á su Iglesia; porque sepa el mundo á qué manó­
se debe el establecimiento de la Iglesia: Contemp-
Ubélia mundi elegit Deas, ut forlia confunderet. (I.
Cor. 130. J Elige Dios lo ultimo, para confundir
á lo primero, que es lo último, cuando Dios Joma
la mano, y hace á ío postrero prim ero. Con eso
nos da á "entender que todo se debe á Dios de
lo bueno, que todo se debe á nosotros de lo
malo, que solo de su mano podemos ser los pri­
meros, y que en dejándonos en la nuestra, sere­
mos siempre postreros.
Y así aquella palabra noiñsshms suis; no quiere
decir de ios postreros en el cuidado, en la vigi­
lancia, en virtud, en las letras, en el talento, sino
de los postreros en el concepto propio de los es­
cogidos, en el concepto de los que siendo mejores
en el pueblo, se tienen por los peores; en el con-
eopto de aquellos, que siendo en todo los prime­
ros, quieren ellos ser estimados como si fueran
— 53-
postreros; siendo grandes, se tienen por muy pe­
queños; siendo excelentes en la virtud, se tienen
por muy malos y perdidos. Digámoslo en una
palabra: Escogió uno de los humildes del pueblo,
y por ser en su concepto el menor, vino á ser
entre todos el mayor.
Esto significa á la letra lo que dijo el Señor:
E l erunt novissimi p rim i, et prim-i novisnm i. (M atth.
20.) De aquellos primeros novísimos del Señor se
ha de escoger para profetas, para sacerdotes, p ara
ministros, para maestros de su pueblo; no de los.
que se tienen por tan buenos, lan dignos, tan gran­
des y tan sabios, que desean ó que pretenden los
puestos, y á todo cuanto les cargan se tienen por
muy bastantes; y preguntados si podrán, y si sa­
brán m andar número infinito de almas, á todo,
responden: .Posswnws; no quiere el Señor escojan,
de éstos, sino de los que conocen de tal m anera
su peso v su dignidad, que lo temen, y resisten,
y se humillan.
Y el lugar de S. Pablo alude casi al mismo in­
tento, de que se buscasen para jueces á los que
con su humildad aseguraban mejor el no pecar
con la soberbia en el puesto; porque es tan fácil,
el perdernos en las altas dignidades, que si sobre
altos y presumidos pensamientos, principios y p re­
supuestos: Nec in mirabilibiis super me. ( Psalm .
130.); de saber, de poder y grandeza temporal ó
espiritual se edifica, siendo cimientos de tierra,
sobre la tierra, se dará con todo en tierra,
A esto m íra lo que dice el Espíritu Santo, ha­
blando con el nuevamente electo & la dignidad
temporal ó espiritual: R e cto rm te possuerunt? Notti
extolli* esto ülisJ sicut unus ex ipsis. (E ccles. 3 % )
A esto mira también aquella máxima discreta de-
— 5Ü —
S. Agustín: si quieres levantar una torro eminente
de virlLides, trabaja primero mucho en profundar
los eimienlos de humildad; C ogitas m a g m m cons-
titücre fabrivam celsü m lin is, de fundam ento p riu s co­
gita h um ililatis. Y aquella ponderación admirable
de S. Bernardo, cuando con Imponiendo lo que
daña la mas lijera presunción, y cuán segura es
la mas arrojada humildad, ti ice: In an im a non est
(¡ilid le ¡maído (jíianla libel h u m ílla lo : /lurremía autem
n im iu m qu e fu </im d a . ve i m ín im a temare p r m u m p l a
ereolio. Q uam obrem (añade) noli^ ó homo¿ com pa­
r a r e m a jo rib m ; n oli atiqu ibu sj n oli un i. Quiere
aquí san Bernardo, quo el que ha de recibir el
puesto, se tenga por tan pequeño, que no halle otro
en ei mundo ian pequeño con quien pueda com­
pararse; porque en diciendo: Tan bueno noy como
P edro p a r a j u e z ; tan bueno como P edro p a ra obispo;
vamos perdidos del todo.
Esto es lo que ofendió al Señor en su mismo
apostolado, cuando disputaban: Quis eo ru m n -
ikreiw r e$se m a jo r? ( L u c . 9 .J Y su divina Majestad
tomó ía contraria, diciendo, quo discurriesen para
servir el oficio y salvarse, sobre quien era menor:
N i si effw iam ini sicut p a rv u lu s -¿ste* non in lra b iíis
in re g n u m m l o n t m ( Matth. 18 . ) y así so en­
tienden estos dos lugares del Apóstol y el Profeta.
Si ya no es que en aquel coniem ptibU cs in R c-
c l e s i a f 1. C o r . nos enseñe S. Pablo lo poco quo
los cristianos perfectos deben preciar y estimar
Jo temporal; porque el cspírUu primitivo do los
heles era tal, que ocupados en la contemplación
de las cosas celestiales, ten ian por empleo indigno
ei tratar de las mayores temporales, como era
juzgar, gobernar y m andar. Y esta luz era íau
grande, que no había quien los apeteciese, y solo
-IT 7-
se daban á los mas despreciados do los fieles*
como quien les arrojaba los huesos (esto es, lo
bajo y lo tem poral) i! los que 110 tenían habilidad
para lo soberano y eterno.
Es ilustre concepto del Apóstol, y que da gran
«lux al mundo: porque fue decir, dése el aprecie
»á ío que es, y el desprecio se dé á lo que parece;
»el caudal grande en lo grande, que es i o eterno;
»el pequeño en lo pequeño, que es transitorio y
«caduco. Si se ha de errar, yérrese cu lo que
«menos importa: para las cosas del cielo nom-
«bremos á los mejores, primeros y mayores; para
«los de la tierra ú*los menores, á los menos sabios
»y postreros.» ¡O qué rayo de lux este para el
cuidado justísimo, con que se eligen en el mu mío
los presidentes, consejeros y minisLros de lo tem ­
poral, y el descuido que tengo yo de elegir diáco­
nos, sacerdotes y curas, que son presiden tes, con-
sejeros y minisíros de lo cierno!
Finalmente, se fu tres, Lodo esto nos está diciendo
cuán soberanos son nuestros ptie sto s, y cuán pro­
funda debe ser nuestra humildad; y que si que­
remos ser mejores, seamos y nos "tengamos por
menores; y q u e nos vistamos d e la dignidad, sin
la humildad; y que q u i se m r lia v c r i l , h m n t l ia b Ü u r ,
t i qui se h u m iU a v erií, e xaU ab itur; y que m irem o s
nuestros súbditos como íi dueños, si queremos ser
dignos ministros de Dios: no como á siervos, pur­
que 110 seamos castigados ásperamente de Dios.
- 5 8 -

PÜNTO XV.
UESD1CIIA CHANDE DEL PUEBLO QUE NO OYE A SI! SACERDOTE
\ C U IU CUANDO TOCA LA T R O M PE T A , NT LO CHEE CUANDO LE
p r e d ig a ; tí q u e h e m o s d e h a c e r e n E ST E CASO LOS CUBAS..

Prosiguen los acentos de esta temerosa Trom ­


peta de Ezeqnicl, proponiendo dos casos; el p ri­
mero, cuando toca el profeta, el sacerdote, el
opispo la Trompeta, y no oye el pueblo, y llegó
la espada del enemigo, y degolló á aquella" gente;
en este caso, dice el Señor, que sanguis ipsius super
caput ejus e r ü ; su sangre será sobre su cabeza
del pueblo, que no lo oyó. Añade: tócase la Trom ­
peta, no oyó el pueblo, no se guardó, su sangre se
queda en él: Sanguis ejus in ipso e r ü ; esto es, no
pasa su muerte á otro; pero si oyó el pueblo, es­
capó la vida: Animam sitara rnlvavit*
Este es el prim er caso, bien doloroso y terrible,
cuando habiendo clamado ios predicadores, ha­
biendo predicado y requerido á las almas los curas
y prelados, y ministros evangélicos, sobre tantas
voces y protestaciones, y amonestaciones y ejem­
plos, y á mas de esto, sobre tal socorro de sa­
cramentos, festividades y misterios anunciados, ex­
plicados por los ministros de Dios, clamando día
y noche que se guarden de los vicios, que ao
quebranten los mandamientos divinos, que hay
infierno que castiga, que hay eterna gloria que
premia; duermen ellos en sus vicios, se dejan ar­
rastrar de los deleites, están sordos á las v.occs
-59 —
exteriores de la Iglesia, á ja predicación de sus
ministros y á las secretas inspiraciones de Dios;
llega el dia de la cuenta, y los lleva la sentencia
á eterna condenación.
Es la palabra de Dios, como dice san Dionisio,
agua que lava, leche que sustenta, vino que recrea»
miel que deleitando purga, medicina que susten­
tando conserva; quien ni bebe ni come, ni se cura
en la vida, ¿qué aguarda sino la muerte?
Burlábanse los yernos de Lot de las voces de
su suegro, y los engañados del siglo de las amo­
nestaciones de Noé, y de las tablas que iban for­
mando el reparo á su naufragio; así sucede á los
que no creen las voces de su pastor; tienen por
imposible el suceso y la desdicha, porque lo m iran
ausente, hasta que tienen presente sin remedio la
desdicha,
i Ay de los pueblos quo no creen á sus sacerdo­
tes? ¡Ay de los hijos que no oyen y respetan á sus
padres! ¡Ay de las ovejas que se van á los lobos-,
huyendo de sus pastores! ¡Ay de? los discípulos
que están sordos ciegos á la luz de sus maestros F
¡Ay de los feligreses que no obedecen, aman y
respetan á sus curas f Ellos los enseñan, ellos lla­
man, ellos claman; el pueblo no oye, ó no sigue,
ó no se rinde: ! Vm populo du ra cvrvice, et in c ir-
cimcissus cor dibus /
Esto es do llorar, señores, con lágrimas incan­
sables, no de agua sino de sangre; esto es mal
sin consuelo, y Unto mayor le parecerá al buen
cura, cuanto tuere mayor el amor que tuviere á
las almas de su cargo. ¡Qué se pierda una alma
de que yo cuidaba! (debe decir, gemir y llorar
el buen "pasto). ¡Qué se pierda, para siempre, y
que arda para siempre en los infiernos! (Que
— í>0 —
nunca, rjunca h a d e v e r á Dios! ¡Qué so'p erd ió
y no lia cte poder cobrarse!
Sí uri pudro, si una madre ve á su hijo que
se va á despeñar, se le despedazan las entrañas
por socorrerlo. Si mi hijo frenético se va á echar
de una ventana ó á meterse en un horno ardien­
do, se deshacen sus padres por ayudarle. ¿Qué
es todo esto, respecto de írsenos un hijo espiri­
tual á los infierno ¡i? ¿Con cuanta mayor ansia lo
debemos socorrer para que no se despeñe, para
que no se abrase? ¿Cuino debemos clamar, rogar,
instar y detener? ¿Qué discursos de fuertes y d i ­
caces razones debemos dar al dormido en los vi­
cios, para que despierte de aquel letargo mortal?
¿Qué diligencias al que se precipita, para q u eso
contenga?' ¿Qué fuerzas y eficacia no hemos de
aplicar al caido para que se levante? ¿Qué asirlo
firmemente de ios brazos, para que no se despene?
¿Cómo defiende un valeroso alcaide una fuerza,
hasta dar la vida por ella y eu ella por no p er­
derla? ¿Con qué mengua sale de ella si se le rinde?
¿Con qué vergüenza se pone delante de su rey al
pedirle ene uta de ella? Todo esto es una sombra
Iijerísima, respecto del ansia coi) que hemos de
defender las almas de nuestro cargo. ¿Qué importa
que esta ó aquella ciudad se pierda ó gane, respecto
ile que no se pierda una alma? Aquella se puede
cobrar, esta nunca; aquella se ha de perder. Claro
está; todo se acaba, todo se pierde, lodo se muda,
y solo lo eterno dura; pero el alma es eterna, pues
hmica se acaba. Finalmente, allí muda dueño la
d u d ad , aquí pierde eterno dueño el alma.
«¡Oh Señor, (digamos, hermanos mios), no
«permitáis que so me pierda una alma de las que
«me encomendasteis! ¡Muera yo á esta vida tein-
-(3 1 -
»poral, y vivan ¡i pierna vida! ¡Tengan tormén los,
»aflicción es, congojas, afrentas, ti es honras, penas;
«mas no so nos pierda un alma! Sálvese el alma,
»v sea lerrero de calamidades y desdichas el
»cuerpo.»
lisio liemos de pedirle á Dios; esto hemos de
clamar de día y de noche delante de Dios, suspi­
rando y clamando; llorar, orar, instar y solicitar
que no se pierdan las almas.

PUNTO xvi.
DE LA DESDICHA GRANDE DE PE R D E R S E LAS A LUÍ AS POR NO
TOCAR EL SACERDOTE LA T R O M P E T A »

Aunque el prim er caso do Locar la Trom peta el


minislro y perderse el que no la oye, es terrible,
es mas terrible y formidable el segundo. CLiando
viene el enemigo con la espada desnuda sobre las
cervices del pueblo, y no lo vé el atalaya, y el m i­
nistro, y el sacerdote, y el obispo, 6 á lo vé calla
y deja que cutre, y comienza ¡i abrasar, á talar, (\
m atar, á degollar y despedazar; y él con su T róm ­
pela en la cinta, con su renta, oficio y autoridad,
su lucimiento y grandeza, está mirando á aquella
perdición de sus ovejas, callando; y vé derram ar
la sangre espiritual de sus hijos, llenas de vicios
sus almas, y vé despedazar á su hermano, v calla,
y no pelea, y no le defiende; y hoy se le lleva el
lobo una oveja y mañana otra,"y otro dia degüella
doce y otro veinte, y tiene su lionda en la cinta y
su callado en la mano, sus labios mudos; entonces
— 'Có­
dice el Señor: el quo muere, muere en su maldad;
pero su sangre yo la cobraré del atalaya, del sa­
cerdote, del profeta, de mi Iglesia, del obispo que
calló; del cura que lo vió y no tocó la Trompeta:
Sangm nem aulem ejus requiram de manu speculaioris.
Son terribles las palabras: Quod si spemdator m -
derit gladium venientem, et non in somier it buccina.
Si el atalaya vé que viene la espada del enemigo, y
110 toca la Trompeta. ■■
Aquí debe advertirse, señores, que el atalaya ha
de ver prim ero quien viene el enemigo, antes que
el pueblo; porque está él mas alto que el pue­
blo. Y el obispo ha de ser prim ero, y atender y
velar en los peligros que amenazan á las almas;
porque está mas alto en la dignidad, y ha de estar
mas alto en la vigilancia: éi ha de ser el primero
que ha de ver por donde hace el demonio á su ga­
nado la guerra, porque él es capitan contra el de­
monio, en todo aquel obispado, y el que le ha de
resistir. Con esto señores, me culpo, como es justo,
por no hacerlo; y me disculpo si tal vez, molesto-,
con el deseo de hacerlo, y de que todos lo ha­
gamos.
Por eso se llama el obispo speculator, que eso
significa obispo, el que especula y mira; porque
está tamquam expecula, como desde" la boca de una
cueva, en lo alto de un monte, mirando y oteando
ú todas partes, y reconociendo' si hay cosa alguna
que pueda hacer daño á su ganado; y lo que ha
de hacer el obispo en su obispado, na de hacer
el cura en su parroquia.
A la proporcion que si estuviesen algunos hom ­
bres en la ladera ae un monte, verían mas los
que estuviesen mas altos, porque descubren mas
tierra: así los superiores, que están in alto w r-
- 6 3 -
tutum gra d u , y en su Iglesia, qui d icü u r mona i
cuanto mas altos se hallan en la dignidad, mas
delgada y sutil debe ser su vista espiritual á lo
eterno; mas el sacerdote que el diácono, mas el
cura que no el simple sacerdote, mas el obispo
que el cura, mas el vicario universal del Señor
que no el obispo.
El pastor, pues, no guarda sus ovejas desde
i o bajo, desde Jo alto está oteando y reconociendo
por donde anda su ganado, desde lo alto está
mirando por donde vienen los lobos.
Es lo alto en los pastores de almas, la medita­
ción de su oficio, y estar de noche y de dia ve­
lando, los ojos siempre puesto en Dios y en las
almas que le están encomendadas: en Dios, para
que le ayude; en ellas, para que siempre le agra­
den. Desde lo alto de la contemplación ha de
m irar el pastor á lo alto, de donde ha de venir
su socorro: Lavavi oculos rneos' in montcm, undé ve~
nit m txilm m m ihi. ( P sahn . 1 2 0 ^ Apenas ha de
m irar á Dios, cuando ha de volver los ojos á su
ganado; apenas ha de poner los ojos en su ganado,
cuando ha de volver á m irar íi Dios.
En el vestíbulo del templo estaban los sacer­
dotes y sus jueces á las puertas, mirando al tem­
plo y al pueblo. Apenas acababa el Señor de ense­
ñar álos pueblos, de curarlos, remediarlos, cuando
se iba á orar al monte, cuando se volvia á ensenar
y remediar á lo s pueblos..
Este viaje hemos de hacer sin cesar, ¡oh, sacer­
dotes de Dios, curas de almas, ministros de Jesu­
cristo! caminando repetid ámente y sin parar* De
Dios al pueblo, del pueblo á Dios:" de Dios al pue­
blo, comunicando sus luces; del pueblo á Dios,
pidiendo misericordia. Mediadores hace Dios á sus
-O í-
obispos y sacerdotes, mediadores y mned¡adoros.
El qnc compon o vainillad es enoonf.nulas, en medio
lia de estar do' entrambas; el que se i interpone
entre dos á que no riñan, ya detiene ú este, ya
¡t aquel; en medio está de uno y otro, h asta-ha­
berlos aplacado
¿Quién habia de desenojar á Dios? ¿quién le
había de quitar la espada de la mano, sino aquellos
que le respetan? ¿aquellos que para eso destinó,
llamó y selló con el santo sacerdocio? Del aliar
han de subir las oraciones á Dios, y al altar ha
de bajar el socorro. ¿Quién es quien ha de recibir
el socorro, quién enviar las oraciones sino el sa­
cerdote, que es ministro del altar?
¿J\o han reparado, señores, que el sacerdote, y
110 el pueblo, pone en el incensario el incienso, y
si está allí el obispo, lo pone él, y no el sacer­
dote? Con su mano lo saca de la navefa, y con él
se perfuma, los altares. ¿Qué. significa esto, sino
que las oraciones del pueblo, manifestadas por el
incienso, las ofrece á Dios el sacerdote, diciendo
en nombre del pueblo y suyo: D irif/atur, Domine
oratio m ea , sicut incenm m in consppclu lito?
iNo han visto que despues de haber incensado
á.Dios, se inciensa al sacerdote y al pueblo? ¿Qué
■significa esto, sino que aquellas oraciones qué su­
bieron del sacerdote por el pueblo en peticiones,
vuelvan en socorros é influencias? sube oracion y
baja gracia; sube petición y vuelve misericordia;
pero todo por mano del sacerdote.
Finalmente, el atalaya ha de estar mirando al
cielo y al suelo; vé si mira, m ira si atiende, atiende
si ora; y si no ora, ni mira, ni vé, ni atiende;
porque, ¿de donde ha de conseguir la luz para
ver, sino de Dios? ¿De donde la na de conseguir,
_6b-
sino á P aire liiminum, apud qitem non est ulla
mutatiO; nee vicisitudinis obumbratio ? (Ja co b. 1 .)
En este mundo unas cosas oscurecen á las oí ras;
aquí las unas hacen sombra á las demas; solo la
luz que viene del cielo ofrece vista clara á los
mortales, porque es luz sin sombra, y resplandor
sin tinieblas.
Y verdaderamente, señores, yo tengo por cier-
tísima aquella máxima, que Casiano asienta de los
padres de Oriente, que es la oracion ignis consu­
men s, et lux iluminan s; porque como fuego p uri­
fica y limpia las pasiones; como luz alum bra á
los entendimientos, para que sepan y vean lo que
han de obrar; y encienda, calienta, mueve la
voluntad dol pastor, para que obre en el bien de
las almas aquello que ha llegado (i conocer.
Pero si el especulador, el atalaya, el cura (el
desdichado y perdido obispo que esto escribe)
duerme cuando ha de velar, cierra los ojos cuando
ha de ver, esta ciego cuando ha de guiar, está
dormido cuando ha de orar; ¿qué será del pue­
blo? ¿Qué sucederá del ganado? ¿No es cierto,
que si emcus cmcum ducit , ambo in foveam cadm t?
(iHatih. 1 5 J

PUNTO XVII.
QUE NO ES DISCULPA. PA R A LOS PU EBLO S QUÉ SE CONDENAR
F,L m PR ED IC A R L E S RT'S C U R A S.

En este triste y desdichado caso, prosigue la


Trompeta de Ezequiel diciendo: Quod si specula -
tor viderit gladium venientemJ et non insonuerit buc~
ciña-, et populus se non custodierit .
5
Si el especulador y atalaya y obispo y cura,
ve que d enemigo de las almas, que anda al re­
dedor del ganado ('orno el lo ijo carnicero para
despedazarlas, y que íavquo.n leo rw jiens cireuií
tjuwrens quem devoret ( \ P etr íi.); si ve que viene
t.'l ladrón, como dijo en o Ira parle el Señor, y no
vela para que no le escale la casa y robe todos
sus bienes, si ve crecer las pasiones en los pue­
blos y que andan llenos de malas costumbres,
juramentos, maldiciones, embriagueces, sensuali­
dades; si ve que ¡ipenas hay memoria de Dios,
ni frecuentan los santos sacramentos; si ve que
van cesando en sus devociones, que cobran fuerza
los vicios, que se ausentan de la tierra las virtu­
des; finalmente, si se ve que todo se reduce á
engaño, á perdición, á daño, si el que esto ve,
siendo cura, pastor, ai al ay a, médico, non inso-
nueril buccina, ni llama, ni clama, ni predica, ni
exhorta, ni reprende, ni anima, ni medicina, ni
destierra con la divina palabra las tinieblas de las
almas, ni reduce con el ejemplo á las ovejas, ni
con la exhortación las alumbra, en este caso fes
bien notable lo que se sigue) parece que habia de
decir: morirá el atalaya, decollaré al opispo, des­
pedazaré al cura, destruiré al pastor; 110 dice eso,
sino en ese caso perder áse el pueblo, que no se
guardó: Hic quideni in iniquüatc .sita cap tu $ est.
Muere el pueblo en su maldad.
« Señor, decid primero, ¿qué será de la atala^
jjya, antes de pronunciar ia sentencia contra la
¡'Oveja ó el pueblo?» Eso no; primero se ha de
decir, que se perdió el feligrés, para que desde
allí comience el juicio y residencia al pastor. De­
clárase primero la culpa del malo, y luego la de
aquel que no lo hizo bueno, ni solicitó saliese de
- 6 7 -
su nulidad. Afílese la espada primero en la des-
(jicliíida oveja, para que despues mas brava y
viólenla corlo las cervices del pastor que la perdió.
Pero ¿por qué no lia de ser disculpa del feli­
grés, para que no se condene, la omision de su
ministro? La razón es; porque debe, aunque duer­
ma su ministro, y no le enseñe, no ser malo
el feligrés. En siendo soldados de Jesucristo, todos
deben, aunque sea siri su capitan, pelear. Aun­
que sea sin la enseñanza de su maestro, aprender.
Aunque no los encamine su pastor, guardarse. De­
ben siendo ovejas racionales, recatarse de los pas­
tores venenosos. Nadie se pierde de balde; nin­
guno se condena sin merecerlo, ninguno cae sin
culpa. Lumbre tienen de razón, miren á Dios,
no obre lo malo el cristiano; criado se ha en m e­
dio de su iglesia, sustentado con la leche de sus
Santos Sacramentos, convidado, solicitado y alum­
brado con los conocimientos de la eternidad; ame­
nazado con los castigos eternos- si se pierde, él
se pierde; si se salva, Dios le salva; si él escoge
lo bueno, á Dios halla; si lo malo, á Dios ofende,
Cielo é infierno le ponen delante pan y cuchillo;
si escoge lo bueno, ya sabe que hay gloria eterna;
si abraza lo malo, infierno: Reíiquit Deus homi-
nem in m a m consüii sui , (iIceles: \ § .) Cada uno
mire en estos caminos por donde anda, pues así
parará como anduviere.
- (18 —

PUNTO XYIII.
QUE AUNQUE NO ES m SC O LPA DE LOS PUEBLOS EL CON­
D E N A R SE , ES CULPA «¡RATISIM A DE S t¡S PA STO R ES EL DE­
JA R LO S CONDKXAK, Y CUAS M G U ftO SA ES LA CU ESTA QT1K
D IO S TOMA DE ELLO.

Pero entra luego, señores, la divina justicia con­


tra el pastor y fe pide cuenta estrecha de aquella
oveja perdida y el juicio es todo de sangre; esto,
e s/c ru e l, fuerte, riguroso, áspero, sin remisión,
que está derram ando sangre; Sanguinem autem
ejus de m a n u specu la to ris re q u ira m .
No es el juicio en este caso ponderación de que
nos perdamos, sino que dejemos perder las almas
de nuestro cargo. No es el juicio, 111 la cuenta de
nuestra perdición (que esa sentencia llana es, no
tiene duda) sino de la ajena perdición. No solo
nos pide Dios cuenta de la sangre de sus ovejas
derram ada entre los dientes del lobo: Sanguinem
autem ejus de m anu sp ecu la to ris req u ira m ; sino de
la sangre de Jesucristo malograda por la omision
del descuido, ó la maldad <Jel pastor, pues claro
está que dirá: '
«Dame cuenta, pastor, de mis ovejas. Dame
»cuenta de mi ganado perdido. Dame cuenta de
«las que yo vine desde el cielo á redimir, y sus­
te n ta r y salvar, y tú acabas de perder. Dame
cuenta de las que yo llevé sobre mis espaldas, y
»tú les volviste las espaldas; y lo que es peor, les
»abriste las espaldas. Dame cuenta de las que yo
«por librar recibí en las mias cinco mil azotes,
»y tú las azotabas á ellas. Dame cuenta de las
-0 9 -
nqué, por redimirlas derramé mi sangre, y til
^bebías su sangre. Dame cuenta de las que yo
upor levantarlas sudaba, y l.ú sudabas por der­
rib a ría s , quemarlas y destruirlas, Al paso de mi
«amor, es mi dolor. Al paso del deseo de su bien
«es la pena de su mal. Al paso que procuré su
»salvación, siento su condenación. Yo te las enco­
m e n d é , yo íe i as fié, y lo que es mas, lú me
»las pediste para guardarlas, tú lo pretendiste: si
»tú no me las pidieras, rogaras v solicitaras, y
»por conseguirlas no te ofrecieras ál concurso, las
«diera yo á otro pastor que me las guardara. Tú
«las p e is te , y tú las desam paraste,'Tú ofreciste
»guardarlas, y tú despues las perdiste. Tú te
«ofreciste pastor, y las dejaste enemigo. Ofre­
c is te que les serías pastor, y las dejaste entre
«los dientes del lobo. ¿Donde está mi oveja, ini­
c u ísim o pastor? ¿ Por ventura te las di yo á tí
»solo para que ias disfrutases? ¿Para que las
«desollases, para que te las comieses? ¿Te las
»di solo para tu sustento corporal, ó para su bien
«espiritual? .¿Para que tú las comieses á ellas, ó
,jpara que las sustentases á ellas? Tú te vestiste
«con su lana* tú te sustentaste con su leche, tu
«bebiste de su sangre, tú te enriqueciste con su
«sudor. ¿Por ventura te di yo la oveja para tñ
«mal pastor, ó para mí? ¿Por ventura padecí en
«una columna, fui coronado de espinas, me cla-
^varon en la cruz por formarte deleites, y hacer
»en tí un Tobo de mi ganado perdido? ¿Hice yo
»de mis penas, imperio de tus deleites? ¿Fabriqué
uacaso con mi sangre, azotes, tormentos, penas
»y muerte, las maldades con que afeaste el minis­
te r io divino que te ofreció mi pasión? ¿T e o r­
d e n é , te consagré, formé la Iglesia para hacerte
-" O -
j>rieo á tft y lo que es peor, sobre rico perdido
»y desbaratad o? ¿Padecí yo para .quo te holgases
«tú? ¿Boy yo la vida por mis ovejas, y tu les
«quitas la vida? ¿Muero yo porque ellas vivan:
«y tú duermes, y lo que es mas duro, velas para
;=que ellas mueran? Dos maldades has cometido,
••pastor lobo, inicuo adminisU’cidur, maestro igno­
r a n te , guarda infiel, mudo atalaya, perderlas y lio
"guardarlas. Dos m a les, no salvarlas y condenar­
l a s . .Dos males, no llevarlas á la gloria y elegir
*que se vayan al infierno. Dos males, quilármclas
»á mí y darlas á mi enemigo.
«Cobraré mi sangre de ti, que despreciaste;
cobraré la sangre de mi oveja de tí, que eon-
Mienaste: Sanguinem ejus de manu spemlaforis re-
vguiram* Reo eres de dos vidas, de la inia, porque
«me ofendiste y me mataste; de las de mis ovejas-,
«porque no las guardaste y guiaste, y ]as perdiste.
•'Eternamente has de penar y pagar estas penas
«quo me causas. Con una mu críe inmortal has de
«satisfacer, y con dobladas penas, la muerte des­
d ich ad a de mis ovejas, á quien perdieron tus
«culpas.»
i O señores, qué temerosas palabras, con ser
muy leves y lijeramente escritas, respecto de
aquello que se ha de oir! ¡Qué acentos tan ri­
gurosos los de esta Trompeta formidable de Eze-
quieÜ ¡Qué lance, qué trance, qué punto aquel,
cuando se vea el mai pastor en el juicio divino,
atado de pies y manos, hecho el cargo, ninguno
ó mal dispuesto el descargo, aguardando la sen­
tencia, abierto el infierno, el demonio acusando,
el ángel mudo, presente toda la ‘corte del cielo,
en expectación, aguardando la sentencia! ¿Qué
le importan entonces al desdichado Jas rentas? ¿qué
los diezmosV ¿qué las honras? ¿qué las reve­
rencias? ¿qué ¡os gustos? ¿qué ia cama blanda?
¿qué el buen plato? ¿qué el dinero? ¿qué la
salud? ¿qué las fuerzas? ¿qué la casa, ni el lu ­
cimiento, ni las sobrinas casadas, ni los deudos
socorridos? ¿Qué le importa lodo esto, que se
acaba, y mal servido, es echar leña y mas leña
para encender mas el fuego?

PUNTO XIX.
D E DOS CASOS I* A N T IC IP A R E S , OCC E X P L IC A IS LA CIIA VEDAD
D E LA C C LPA D EL 31AT, P A S T O II, Y E L RIGOft Y D LLG A D EX A
DE LA CC EN T A ,

Acuerdóme, señores, de dos casos que me su­


cedieron este verano pasado, muy notables, y que
no fue pequeña la luz con que me alum braron,
para temer el delito, y para temblar la cuenta.
El primero fue, que saliendo de un lugar á
pié, donde hay muchos ganaderos, á visitar lina
ermita, vi muerto en el camino un mastín muy
robusto, al cual después de muchas heridas que
le dieron, le habían echado una piedra sobre la
cabeza, y todo él ensangrentado, y dije: «¿Pues
»donde ñay tanta copia de ganado y ovejas, tra ­
ban así á los mastines que las guardan? Que
»maten á los lobos que las comen, es justísimo;
«pero á los perros que las defienden y están la­
b ra n d o por ellas, eso no cabe en razón.»
Respondiéronme: «Señor, este perro dio en co-
»nierse las ovejas, y hacía oficio de lobo; y así'
«como lo sustentaba su amo parar guardar su
- n -
»ganado, y él era traidor que las comia, lo mató;
»porque debiendo ser de provecho, era de daño;
i'Se volvió el perra lobo.')
Yo confieso que no había oido decir en mi
vida que los perros de ganado se comían, como
lobos, las ovejas, Y así admirado y lastimado le
dije á mi corazon: «iQué hay perros que se co­
lm en las ovejas! [Qué el que ha de ladrar para su
™defensa, la mata! ¡Qué el que ha de pelear
«contra los lobos por ollas las despedaza para
»sustentarse de ellas! ¡Qué no basta el pan que
»le dan al perro para guardar á la oveja, sino que
tam b ién s« atreve á co m erla oveja! i Qué sus­
tentándole el amo, le come la oveja al arnoí
»i Qué los dientes que lian de morder á los tobos,
«se ensangrientan y encarnizan en pobres ove-
«juelas! jQué el perro se vuelva lobo! ¿Así se
«paga la confianza? No me admiro de que le
«hayan muerto, ni de que pague la cabeza del
»mastín la cabeza de la oveja* Una muerte se
«paga- cou otra muerte.» Mas esta es» señores, la
o d rin a deEzequiel; Scingitine-m a u tm ejus de manu
specuiatoris req u ira m .
El segundo caso fue, que salía yo de un lu­
gar de gente muy virtuosa, continuando la visita;
venían acompañándome como á su padre y pas­
tor algunos vecinos honrados del lu g a r,1 entre
ellos un ganadero principal, muy virtuoso, pru­
dente y rico. En el camino encontró un rebaño
de ganado, y vió que estaba cerca de unas lagu­
nas pequeñas que nabia hecho el agua llovediza,
de' la cual (corrompida por el sol) en bebiendo
las ovejas, se entecan, y les dá una enfermedad
que comunmente las mata. Es verdad, cierto,
señores, que con ser así que era tan cuerda esta
- 73 -
persona, como he dicho, y muy cumplido en sus
cosas; con todo eso, viendo el "descuido del pas­
tor, que estaba ausente y del rabadan que allí
se hallaba, al tener t a n " cerca del peligro y del
daño á sus ovejas, recelando que ya habían be­
bido de aquel agua, ó que podían haber bebido,
fue tan vivo su sentimiento de este descuido que
sin poderse contener, con el justo amor que tenia
á su ganado, se lamentaba y decía con vivísi­
mas razones cosas de muy notable ponderación,
y tan fuertes y eficaces y elocuentes, que ni Tu-
íioni Quintiliano podían hablar asi: «.Diciendo lo
5=que le costaban los pastores; lo que les pagaba,
nía puntualidad y cuidado con que les asistía,
«y amparaba; que sucedía tal vez buscar lo quo
»no tenia solo para socorrerlos, sacándolos de
«mil cuidados y trabajos; y despues de eso, con
»vivo sentimiento, ponderaba el poco cuidado
«que tenían con las ovejas. Que el pastor estaba
«ausente, el rabadan se dormía, que p lidien do
■"llevarlas lejos de aquel peligro, no cuidaba de
nina cosa tan hacedera y tan fácil. Que ¿qué
«les podía costar, como las llevan tan cerca de
«aquellos hediondos charcos, guiarlas apartadas
«por la ladera del monte? Qué no con sidera-
«ban que es aquella hacienda de un hombre
«honrado, y que en una hora puede perder dos
«mil ducados en mil ovejas,’ que podía ser que
«hubiesen bebido, y el ganado, ya caminase
^perdido.»
Confieso que cuando yo estaba oyendo esto;
me parece que veia tomarme á mi residencia; y
aquellas que eran quejas en aquel hombre virtuoso
y principal, eran luces para mí; porque si asi
siente un hombre Ja pérdida de su hacienda, quo
víí y vierte, y el mismo bien perdida desj>i'tí-
ciara Ja que mal perdida Lau vivamente sentía:
«¿Cómo sentirá Dios la pérdida de las almas?
«¿Cómo sentirá que se vaya al infierno la q u e le
«costó su sangreV ¿ Como s e n t ó , que se lleve el
^enemigo la que crió para suya? ¿Cómo sentirá
«que no apartemos las ovejas los pastores de los
>jpastos venenosos? Y sino sabiendo que habían
>ibebido del agua impura aquel ganadero, sen lia
«la contingencia, ¿cómo sentirá'D ios sino se la
«damos pura? ¿si no les damos limpia y verda­
d e r a doctrina? V si por a miar cerca del peli­
g r o , sentía el ganadero su riesgo, ¿cómo sentirá
.Dios til las vé'p o r nuesira culpa revolcadas eti
»el daño? Sí esto un hombre con un hombre,
«¿qué será Dios con un hombre? Si por unas
»ovejas, que le cuestan al hombre solo el dinero,
»¿cómo sentirá Dios la pérdida de las almas, que
>‘le costaron su v id a?« Ahora lo verán, señoras,
en el lugar siguiente, que propongo á so virtud,
cordura y meditación.

PUNTO XX.
LUGAR SO TA R LE EN Q1JB EXPLICA EL SEÑOR SU SEN TIMIE NT O
CONTRA EL PARTÍHl QUE LE H E Í i l> E SUS OV EJ AS .

Es tan vivo, señores, el dolor que Dios mani­


fiesta al ver mal servido y guardado su ganado,
que les obliga á ju rar por sí mismo y decir las
terribles y temerosas palabras que siguen;
Vivo egoJ dícií Dominu-s f)em : quia pro eo quod
facJi m n i {{}'(■(] ex M-ei in rapinam , et oven mece in
73 —
d eü o ra tio m m omnium bes fia r uní a g r i J ro (¡uod non
esset P a sto r. (E z e c h . ¿tí.) Juro por* mi mismo, yo,
dice Dios, que por haberme robado mis ovejas,
y 'habérmelas comido todas las íicras <tel campo;
ésto es, por haber r o hadóles la gracia, las pasiones
y los vicios, y haberse hocho'dueño del ganado
mi enemigo; esto es. haberse hecho señor de la.s
almas, con las culpas, el demonio; y luego de la
causa de porque se perdió el ganado, y se per-
. dieron las al rúas; Eo quod non essH p a sto r porque
no había pastor.
¿Pues no habia pastor en aquel ganado? Pastor
había y pastores; porque luego lo con tiesa pro­
siguiendo: Ñeque enim qumsierunt pastores wni g re -
gem meum_. sed paxcebanl semetipsos. Verque no
buscaban mis pastores mi ganado, sino que- se
apacentaban de mi ganado mis pastores. Eso era
haber pastores, habia pastores para comer, y no
habia pastores para servir. Habia pastores para
llevar la renta, mas no para trabajar orí el oficio.
Habia pastores para llamarse pastores, mas no
para ser pastores. Con lo cual habia muchos pas­
tores en Israel pava sí, y ninguno para Dios. Mu­
chos para comer del ganado, ninguno para gu ar­
darlo. Muchos- para enriquecer y ganar en el
ganado, ninguno para cobrar lo perdido.
Por eso dice el Señor contra Israel: P ro p ierea
pastores audite verbm n D o m m i. Por eso, pastores
de Israel, oíd la palabra de i Señor. Esto dice el
Señor Dios. Heno d ie ü D o m in m D eus.
Es menester advertir, señores, que en la Sa­
grada Escritura, esta palabra Verbv.m, comun­
mente significa, no solo palabra, sino obra, cas­
tigo, azote, escarmiento: fa c ía n verbum m Isra el ,
quiere decir: haré un castigo en Israel, que haga
temblar á Israel, un castigo que suene por Israel,
que no se hable de otra cosa en Israel.
Prosigue, pues, el Señor: P ro eo quod non qum -
sieru n t p a sto re s m ei gregeni m eum , porque no bus­
caron mis pastores mi ganado, los he de buscar
y o á ellos. Mis pastores, dice m íos son al cas­
tigarlos, los que no parecían mios al servirme.
Como ajenos me servían, como á propios los
tengo de castigar* Mi ganado, gregem m eum ; mi
ganado con mi"sangre, mi ganado con mis penas;
mi ganado con mi muerte y con mi cruz.
¿P orqu é no buscaron, dice, m is p a sto re s m i g a ­
nado? No lo entiendo; ¿pues no es estar en el
tugar del ganado? ¿No están los parroquianos den­
tro de la misma parroquia? Quién busca lo gue
ya tiene? Claro está, allí estaban; pero qué im­
porta que estén los cuerpos allí, si andan perdidas
las almas. Allí están perdidos, cuando han de
estar virtuosos. Allí están viciosos, cuando han de
estar corregidos. Allí están jugando, riñendo, con
vicios, sensualidades y miserias, cuando han de
estar ocupados en virtudes y en honestos ejer­
cicios; están para el cura allí, pero no están
para Dios. Crecen en los vicios, las virtudes des­
caecen, lo bueno se acaba, ío malo dura; vánsele
á Dios sus almas fugitivas, se rinden á su ene­
migo; no las reducen los pastores con la voz,
siibo y cayado del ejemplo, y la divina palabra
de la sania exhortación. Yo üuscaré los pastores
fdice Dios) para cobrar de ellos las almas que
me perdieron.
¡Oh, señores! Que diferentes pasos son los que
da Dios para buscar enojado á los pastores, de
los que dio para buscar' y remediar las ovejas
fio su redención. A ellas las busca con misericordia
- 7 7 -
mas al pastor con justicia; á olías llama, pero al
pastor atormenta. A ellas las pone sobre sus hom­
bros, al pastor arroja hasta tos abismos.
Añade otra maldad que hacían estos pastores
de Israel: Pascebant p a sto res semet-ipsos* et non p a s -
cebanl g re g e m m eum . Son estas palabras muy signi­
ficativas en mi modo do entender; porque dice,
sustentábanse de mis ovejas, ó entre mis ovejas,
y á ellas no las sustentaban.
No sustentar á. la oveja, malo es; pero comér­
sela aquel que la ha de guardar, llega á ser gran­
dísima crueldad. Que no ia ayude el pastor, malo
es; pero que la desayude, que no la levante siendo
su padre y pastor, ¡terrible cosa! Pero que caida
le dé de paso una puñalada, es maldad de su­
prema magnitud.
Aquí se explican dos maneras de pastores, rec­
tores y curas de almas, y entrambos malos, unos
por omisión, y otros por comision y omision.
tinos que comen entre las ovejas; pero no apa­
cientan las ovejas. Malos curas; están comiendo,
y no dan un bocado á sus hijuelos de aquello
mismo que comen; cuidan de sí, no cuidan de
los demas; procuran vivir cristianamente como
hom bres, pero no como ministros.
Comen sin dar de comer: comen de lo tempo­
ral, sin dar ai pueblo la comida y sustento de-io
eterno. Entre otras cosas de que se preciaba Job,
era de que no comió jamás sin que le costase su
dinero la comida: S i fru ctu s terrm com edí absque
pecu n ia. Explica san Grogorio estas palabras, di-
diciendo: F ru ctu s enim í e r m absque pecu n ia co­
m edero, est ex E cclesia quidem sum ptus accip ere;
sed eidejn Ecclesice p rcedication is p re tiu m non p rm -
bere. Aunque sean los curas en todo lo demas
bunios, si en oslo son malos, no son buenos.
P arceles ¡i ellos que como lio mientan, ni ju ­
ren, ni ofendan t'i Dios en to temporal, y tengau
una vida acomodada é inocente (á su modo de
en te ii der), que aunque 110 prediquen, ni exhor-
len, ni guien ú lo bueno y eterno á sus feli­
greses, que ya tienen lo que han menester, como
si fuera posible, que condenándose el cura, pu­
diese salvarse el hombre. Si Pedro cura, se con­
dena como cura, ¿ sa lv a n te como Pedro? Ni tam­
poco al revés; si exhorta, predica al pueblo, mas
vive mal como Pedro, ¿salvarase como cura?
Para (pie se salvo este hombre es menester que
se salve el cura y Pedro, y que concurra con la
virtud del olicio la virtud de la persona.
Otras curas puede haber (y destos espero en
Dios no h a b rá ) que no solo no dan pasto A sus
ovejas, sino qu<; se las comen y devoran: ya con
el mal ejemplo que las llama á lo peor, va con
hacerles con sus costumbres perversas, imitar
ellas lo que están mirando en ellos. Pues pecar
con publicidad el cura, es enseñar á pecar; y lo
que en un. particular solamente fuera culpa, es
en el pastor magisterio y enseña de pecar.
Es tan eficaz y poderosa para lo malo, seño­
res, esta perversísima doctrina de ju rar el cura,
con que enseña á jurar; de jugar con que enseña
á jugar; de ser liviano, con que enseña á livian­
dades; de ser colérico, con que enseña á maldecir
y reñir; de ser codicioso, con que enseña k tratar
y contratar malamente; de ser finalmente olvi­
dado de lo eterno, con que enseña á irse al in­
fierno, que llama Dios comerse la oveja el pastor
á este modo de pecar. Y propiamente, porque de
la manera que el que come convierte en sustau-
-T U -
d a el alimento y lo luías consigo mismo una cosa,
asi ei mal cura hace consigo mismo á sus feligre­
ses unos mismos. Si es -malo, los hace malos: si
es jugador, jugadores; si liviano, livianos; y do
la manera que el que come solo traía de su gusto,
y toma solo aquello que quiere, lo demás lo arroja
6 lo despide, así el mal cura solo trata de comer
en el curato; esto es, de holgarse, recrearse, de­
leitarse; toma de aquello solo aquello quede agra­
da para el gusto, y arroja y despide lo demás,
y lo desprecia, y no trata sino solo de dar ali­
mento y sustento á sus vicios, apetitos y pasio­
nes. Esto es propiamente destruir el ganado, co­
mérselo, devorarlo aquí para vomitarlo con duras
y eternas penas allá. A este destruir á lns almas
con su ejemplo el mal pastor, llama el Señor
comérselas tragárselas: P ascebant gregem n ie tm .
Entra luego la ejecución de la amenaza y sen­
tencia, diciendo: Ecce ego ipse su per p a sto rea .
{E zech . xxxiv. 1 0 . ) Yéisme aquí (dice Dios) que
estoy sobre los pastores: E go ipse, yo mismo, no
los ángeles por mí, no mis ministros por raí; yo
mismo; yo mismo: Ego ipse.
Grave es la causa que no la ña el rey de los
consejos, y la avoca á sn persona real; formida­
ble el castigo que hace el mismo rey por su
mano. Samuel, juez sacerdote y profeta, mató de
su mano á Agag, é hizo temblar á Israel; ¿que
será m atar Dios ñl mal pastor de su mano? E go
ipse su per p a sto re s. Terrible es ó inmenso peso,
todo Dios y su justicia, jm-pát’ p a sto re s tuos. Toda
la justicia divina inmediatamente ejecutando su
ira en un pastor, en un cura, en un obispo.
Luego añade: Yo h aré que no se com an lo s p a s ­
tores las ovejas. Es como si dijera: Yo haré que
- 8 0 -
vomilen mis ovejas; y luego pasa adelante: y yo
haré que no coman los pastorea, nec pasca ni am -
p liu s pastores sem clip sos. ¡ Qué merecido castigo,
señores! Coméis de lo prohibido, pues yo haré
que no comáis de lo prohibido ni de lo permitido.
Coméis de lo que no podéis, pues yo haré que
nó comáis, ni de lo que queras, ni ele lo que po­
déis. Mandar Dios á Adán que no coma de un á r­
bol, entre infinitos, es precepto moderado; mayor
lo fuera mandarle que solo comiera de uno, y pro­
hibirle infinitos; pero peor que esto, condenarle
á que no coma porque es condenar á muerte á .
Adán,
A estos malos pastores, pues, condena Dios á
que nunca jamás coman, que es lo mismo que
condenarlos á que eternamente sean comidos y de­
vorados de las llamas del infierno: comiéronseme
las almas, y me las condenaron: comidos serán
de! infierno y condenado: allá irán adonde me las
llevaron, con dobladas penas que ellas pagarán
eternamente lo que comieron.

PUNTOXXI.
p o n QUE E L SEÑ OK TEN IE N D O LA CULPA LOS LABIOS, por

NO PR ED IC A R SU SA N TISIM A PA L A B R A , NO TO CAR LA TR O M ­
PISTA , COBRAR LA DEUDA DE LAS MANOS DEL M IN IST R O .

Pero causa admiración lo guc sigue, y es, que


siendo así, que fueran los ojos y los labios de­
lincuentes, porque ó no vio el atalaya que venia
el enemigo; ó si lo vió, no avisó con los acentos
de la Trompeta; con todo eso no se va la resi-
-81 -
deuda :íi los labios, á Ut lengua, á los ojos, sino
que busca derechamente las manos: Sangiiínem
uulem ejus de mauu specuiotorñ req uira m , ¿Porqué
lian de pagar las manos lo que pecaron los ojos?
Muy fácil es la respuesta, cotejando otro lugar
de 'Ezequiei al mismo intento, cuando se quejó
el Señor de los pastores de Israel estaban ociosos
y dormidos.
Donde con sentidísimas quejas, dice: Lac co-
m e d e b a lü , el lanis o p ericbo m in L ei guod c r a s s m i
e ra l oevidebalis: greg en i aulem m eum non p a sceba tis.
»Es como si dijera: « Tunéis manos para degollar
«mis ovejas para vuestro sustento, para trasquilar­
l a s para vuestro vestido, para esprimirlas su leche
^para vuestra bebida, y no teneis manos para
«conducirlas con el báculo espiritual £i' pastos de
»vida eterna. De esas manos, pues, delincuentes,
»que son para vosotros diligentes, para mí ocio-
»sas; para vuestro interés fuertes, para mi ser-
»vicio flacas; para vuestra conveniencia pron­
t a s , para el bien de mis ovejas muy torpes; de
»csas manos cobraré yo la sangre, perdición y
»ruina de mis ovejas.»"
Pero no es necesario interpretarlo, que bien se
declara el Señor. No nos habla á los pastores por
misterios y rodeos, sino por evidentes, maní fies­
tas y claras proposiciones; porque luego añade:
Quod inftrm um fu it non consolidas! is: quod a g r o -
tum est non m n a s tis : lo que está doliente no sa­
nasteis; lo roto no consolidasteis. Quod fra ctu m
est non a lig a s tü : lo que estaba roto no ligásteis..
Quod abjeetum est non re d u x is tis : lo que andaba
caidoy despreciado no levantasteis. E t q u o d p e rie ra t
non q u m is tis : y lo que andaba perdido no bus-
cásteis. Sed m m a u sterita te im perabatis,, et cum p o -
6
- 8 2 -
tentia; sino que con grande aspereza mandabais,
y con grande severidad gobernabais mis ovejas.
Miren, señores, en qué vino á parar lo da la ad­
ministración, en m andar mué lio el cura, recio y
fuerte, sin hacer cosa alguna de provecho.
Vean aquí, señores, ■porque Dios, teniendo la
culpa los ojos y los labios del mal pastor, pide
la cuenta, á las manos; porque las manos signifi­
can la ejecución, la diligencia, el fervor práctico,
el zelo, el ardor de la caridad del cura; y todas
asías manos faltaban para levantar con la doc­
trina y el ejemplo á la ovejuela caida, sanar con
el consejo y luz a la doliente, curar las heridas
del pecador con la contrición, confirmada con
la perseverancia en lo bueno, ligarla con los
santos propósitos de apartarse de lo malo, reme­
diarla y levantarla con la gracia de los santos
sacramentos, seguir la oveja perdida, buscarla,
hallarla, tomarla sobre sus hombros, reducirla al
aprisco del Señor; nada de esto hacían las m a­
nos, y todavía no faltaban manos para recoger
los frutos del beneficio y dignidad, y las hon­
ras del puesto, las comodidades del curato, el
ser estimado y reverenciado, el m andar y go­
bernar, y disponer con grande poder y autori­
dad todo aquello que queria.
Al fin se queja el Señor de los pasLores que
tienen manos, y no tienen manos; tienen manos
para la utilidad, y no para el trabajo; para el po­
der y no para el obrar; para el traer, no para
llevar; para recibir, y 110 para dar.
— s:i —

PUNTO XXII.
DW IEN CUIDAR MUCHO T-OS PA STOR ES DE ALMAS DF NO
SUR PA ST OR ES *’ IDOLOS, ¥ COMO SE ENT IE ND E EST O.

Esta era, señores, la cxprob ación y denuestos


que Dios daba v decía á los ídolos, cuando refe­
ría por sus profetas que tenkin boca y no habla­
ban, ojos y no veían, oídos y 110 oían, narices y
no di imi, manos y no tocaban, pies y no anda­
ban: Os habeul, non loque ¡U ur; úculos h a ben l, et non
u¿debanl; a n tes habón í_, el non a u d ien t; n a res h a -
ben t, el non odorainm l; mauits hahenL al non p a l-
•pabunt; pedes habent,. el non am bulabunt. (P s a lm .
113.) Todo esto era porque se dejaban los ídolos
ofrecer, servir, venerar, reverenciar, adorar, p er­
fumar, hacer templos, incensarles como A dioses,
y después no ayudaban á sus fieles, ni en los
efectos de la gracia, mirando por sus almas, á
las cuales llenaban de vicios, deshonestidades y
miserias, como los que eran demonios, 111 en los
de naturaleza, pues comunmente los llenaban de
guerras y de discordias.
Y así hemos de huir con todo esfuerzo y espí­
ritu de no ser Pastor et idolum. Pastor en la dig­
nidad, ídolo en la adoracion: ídolos al ser estima­
dos, sin ser pastores para curar las ovejas. De
tener boca para comer, pero no para exhortar;
lenguas para m andar, mas no para predicar; ojos
para ver lo vano, y no para m irar lo bueno;
oídos para oir vanamente á las criaturas, mas no
para oir al Criador; olfato para oler lo útil al
cuerpo, pero no lo honesto y útil al alma. Manos
- S í -
de ídolos, que matan y no dan vida; pies de ídulas
pura ser adorados y correr á su interés, mas no
para socorrer; porque .sí esto hacemos, y somos
pastor é ídolo, todo lo que Dios hallare perdido
en nuestro ganado, lo cobrará de nuestras manos,
porque no lo levantamos; de nuestros pies, porque
no le buscamos; de nuestros ojos, porque no le
vimos; de nuestra emisión, porque no lo solici­
tamos; y de nuestra negligencia y sueño, porque
como era justo no velamos.
Confieso, señores, que en todo soy deudor á
.Dios de cuenta estrecha; así en los defectos de
mi persona, que son iniinitos, como en los de
la dignidad, que indignamente, yo pecador y p er­
dido estoy sirviendo; pero entre ellos los que mas
me congojan, son aquellos que consis leu en no
hacer; aquellos que tienen por madre la omision,
y por fomento á la ociosidad; los defectos nega­
tivos, como son, no velaste, 110 cuidaste, no fuiste
caritativo, no fuiste vigilante, no padeciste, no sa­
naste, no ayudaste y socorriste A tus ovejas, no
predicaste, no exhortaste; porque veo que en este
fugar de Ezequiel, por allí comienza el Señor la
cuenta, como hemos visto; no sanaste, no ligaste,
no redujiste. Y en el juicio también comienza la
justificación de la sentencia, al pronunciarla; por­
que no me diste de comer, no me diste de beber,
no me vestiste, no me visitaste,
¡O señores, que de danos, en las almas propias
y ajenas, que cria la ociosidad! Madre délos vicios,
madrasta de las virtudes, fomento de las culpas,
manantial de las pasiones» fuente copiosa de la
humana perdición, y ruina universal de las almas.
No sé si se hallará otro vicio contra quien con
mas reiteración, repetición, y con mas discre-
- Su­
tes modos y mas delgadas, y poderosas razones,
discurra y bable el Espirita Santo. Léanse los
Proverbios, Sapienciales y Evangelios, que apenas
se verá otra cosa en ellos, que" herir y asaetear
con la divina palabra, la pereza, la omision y
negligencia.
Dijo discrelame rite un varón espiritual, que de
la manera que el perro buen cazador, en sintiendo
donde está la caza allí está ladrando sin cesar, una
y otra vez, hasta que venga el arcabuz y la mate;
así la eterna Sabiduría parece con mía y otra luz,
y una y otra indicación, uno y otro aviso, está cla­
mando" contra la ociosidad, hasta que venga el Es­
píritu, y con la fuerza de la diligencia,' la vigi­
lancia, la aplicación á lo santo y Bueno, consuma
V destruya esta fiera: In gindio oria m ei et in p o ­
ten! ia b ra ch íi m i . (Apoc. % )

P1JNT0 XXIII.
LO el espíe IT n SANTO a b o r u e g e l a o c i o s i d a d , PI UJ í -
Ci P A L M E N T E EiV LOS MlA’ISTilOS DE DIOH, Y ALGUNOS
LUGARES SOBRE EST O.

Digamos-algunos lugares que comprueban esto,


no mas que hjer ámente referidos y brevemente
explicados, para que nos avergoncemos los ecle­
siásticos si no fuéramos diligentísimos en nuestro
ministerio, y no estar siempre obrando en él, á
imágen del Padre Eterno que siempre obra, y á
imitación del Hijo Eterno, que obrando, penando,
predicando y sudando estableció la Iglesia; por lo
cual dijo aquel divino Señor: P a te r m eas usrjM
modo aperatur, et ego operor. (fo a n n , $ .) Y veremos
cuan justamente tiene su divina Majestad por mal­
ditos á los pastores perezosos, cuando dice: Mata­
dle tus qui facit opus Dornini negligenter. ( J e r . 48.y
Aunque otra letra y la común dice: Fra u d u len ter,
y todo es uno en este caso; pues la negligencia del
pastor es tinga fio* y causa daño do grande ruina
íí las almas.
Toma, pues, la pluma el Espíritu Santo, que
también siempre tstá obrando con el Padre y con
cJIlijo, por Salomón, y hablando con el negligente,
le dice: Aprende de la hormiga, p e r e z o s o Vade ad
fo n n im m , püjer. {P rov , é .) ¿De qué tamaño es la
mengua de aquel paslor de almas, que merece y
necesita de tener á la hormiga por maestro?
La hormiga previene en el verano su sustento,
para poder pasar en el rigor de! invierno; ¿y noso­
tros en el verano de esta vida transitoria, no p re­
vendremos ío necesario para el invierno de la
cuenta y la sen ion cía? Así obramos sin pensaran
el invierno de nuestras postrimerías, como si luc­
ramos eternos en )as administraciones,
lín otra parte dice; Usq-u-cquo, p ig e r , d o rm ics?
(juando co n su rg es ó snm no? (P r o v , vi, 10,) ¿Hasta
cuando has de dormir, perezoso? ¿Cuando te lias
de levantar de ese letargo? Como sí dijera: ¿Quie­
res dormido salvarte, ó despertar en eí infierno
dormirlo? Mira que solo á los vigilantes y va lien-
tes les promete Dios el cielo: E t moíeni'i ra p iu n l
itlud. (Mal. 1 1.) ¿Puedes, pastor dormida, guar­
darte, ni guardar Vi Lu perdido ganado?
Y en otra parte dice: Egcstatcm o pérala est manus
re m issa . Mano floja y remisa, no cria sino po­
breza y necesidad; pero la mano fuerte y valerosa,
riquezas. Así el párroco flojo y remiso no cria
— 87 —
sino pobreza de virLudes en Jas almas; por el
contrario; e! diligente y fervoroso las llena de
espirituales riquezas.
Y en otra parte; Sicut acefum dentibus el fumus
oculis, sic p ig a r h isJ q u i m lnervM eum . ( P ro v . 10*)
Lo que es el vinagre para los dientes y el humo
para los ojos, eso es el mensajero perezoso para
aquellos que lo envian.' Los párrocos son men­
sajeros de Dios, y como el vinagre causa dentera
y estupor, y pena y desabrimiento al gusto; y el
humo hace cerrar íos ojos y aun llorar ú quien
aflige; asi ei párroco perezoso disgusta al sabor
de Cristo como el vinagro que le dieron en la
cruz, y le baee cerrar los ojos (sino llorar) el
humo, vanidad, ociosidad y negligencia con que
administra sus almas. ; Ay de nosotros, señores,
si nos juzga el Redentor de las almas con den­
tera, disgusto y desabrimiento! ¡Ay de nosotros,
si cierra los ojos para nuestro remedio, cuando
es nuestro remedio que nos miren con piedad
sus benignísimos o jo s! ¡ Ay de nosotros si llora
del dolor que le causamos, porque él nos hará
llorar eternamente con el dolor que nos cause!
En otra parte: Qui autem scctatur otium, stal-
tissimus est. ( P ro v . 1 2 .) El que se deja llevar del
ocio, es tontísimo; y dice sectatur porque en co­
menzando á tomar sabor un hombre ocioso en
los ejercicios de negligencia, y divertimiento y
pereza, no manda él en ellos, "sino ellos fe m an­
dan A él, y lo llevan del cabestro como á bestia:
sectatur. Él'sigue como un esclavo á. su amo: veréis
al que es aficionado á jugar, en lo poco ó en lo
mucho, que como si fuera á un bruto, le tiene el
ocio y vicio todo el dia y la noche alado y ensi­
llado, pero no siempre enfrenado, á un bufete y
— 88-
una silla, jugándose el tiempo, la honra, la ha­
cienda y cuanto tiene; y entre tanto anda su m u­
jer, sus hijos, todos sus bienes perdidos; y sí
decís que lo deje, no sabe, ni quiere, ni puede
dejar ei vicio de que está asido: ¿puede ser mayor
locura? Nonnc xluítisaim iis est?
Vereis á un pastor de almas lodo el dia cazando,
y reventando, ó jugando, ó parlando, m urm u­
rando; y entre tanto pierde infinitos tesoros eter­
nos; que podía granjear con la honesta ocupa clon,
con la oración, con'la lección, con la exhortación
y obras loables, desperdiciando muchas coronas
de gloria, que podia adquirir en aquel tiempo
ocioso, perezoso y dañoso, por ventura en hacer
es lo: Nonnc stu llissim u s est?
Si un hombre estuviera en una ciudad, donde
habia de negociar y granjear para llevar con
qué vivir á su patria; y en lugar de granjear
hacienda, júntase leña y mas leña, paja y mas
paja, sarmientos y mas sarmientos, y otros m a­
teriales que solo sirven al fuego, pu di en do en
aquel mismo tiempo adquirir muy fácilmente oro,
perlas, diamantes y otras joyas preciosísimas,
que despues le fuesen en su' patria su sustento,
su ornamento y lucimiento; y le preguntasen á
aquel hombre, ¿para qué juntáis toda esa leña y
sarmientos, compañero? y él respondiese, las junto
para que me quemen en mi tierra con ella; ¿no
Je tendríamos por tonto, por loco y desesperado?
N onne s t u t tis m m s est? Pues esto es lo que hace
el ocioso jugador y vicioso, que llevado y arras­
trado de este vicio, busca empleos de deleites' y
gustos de culpa grave, que lo llevan al infierno:
ó de culpas leves, que le h u í de hacer lo pague
- 8 9 -
con S. Pablo, cuando estuviese penando: Quem
fru ctw n tune kabui&ti, in quibus nu n c eru b escw ?
(A d R om . 6.) ¿Qué sacaste del holgarte, sino es Lar
ahora penando? N onne slultissim us est'!

PUNTO XXIV.
NOTABLE 11IGAR en QUÍ í EL E S P I R I T U SANTO I & F L JC A LA
PER DICION DÜL GANADO «13E T1 ES E EL PA ST OR DORMIDO.

Pero el lugar que mas expresa en mi dictamen


ios daños de la ociosidad, negligencia y omision
en la administración, es el quinto del capítulo V i
de los Proverbios, porque en él se di fine un cura
dormido, y una administración perdida, y el fin
•del cura, y la ruina de la parroquia, con gran­
dísima elegancia y propiedad.
F e ra g ru m ( dice) hom inis p ig r i ir ansio i: et por vi-
neam v ir i s tu lii: et ecce totam rep levera n t superficiem
ejus spiittBj et m a ceria lapidum d estru cla e ra l, quod
cum m é m e m , p o su i in corde m eo , et excm plo d i-
d tei d iscip lin a m . P a ru m . in guara, d o rm í es., m odi-
cum d o rm ü a b is: p a u x ih m m a n m conseres, id qu i-
eacas et m n ie i tib i, q u m i c u rso r „ egestas; et m endi-
citas qu a si v ir a rm a íu s.
«Pasé por la heredad del perezoso (que es lo
»mismo que ^or el curato del negligente) y por
«la viña del tonto, y reparé que estaba llena de
¡■ortigas, y toda cubierta de espinas, y caída por
«el suelo*la pared que la cercaba; cuando yo vi
«aquello, le dije á ni i corazon: Aprendo, escar-
«mienta, y kí¡>i .iu buena doctrina; poco dormirás,
■muy poro fíormirás. vondrá yobre ti corno cor-
-9 0 -
»reo do posta La noces idad y la mendicidad: como
»un hombre armado se te entrará por en medio
»de tus puertas.» Expliquemos con atención el
lugar.
P er agntm (dice) homiais p ig r i transivi, el p e r
vineam mr¿ slulli. Al perezoso llama lento el Espí­
ritu Santo, claro está; porque ¿no es grandísim a
necedad destruir y dejar quemar su hacienda, su
viña y su heredad por un poco de pereza? Pere­
zoso, di me, ¿por qué pierdes esa hacienda? ¿Por
qué precio destruyes esa heredad? ¿Qué te dan
para que mueras de ham bre? Responde, por no
nacer nada; ¿puns eso no os grandísima boben'a?
¿Puede set* mayor necedad, que por no tener un
poco de diligencia en cultivar la vina, en cavarla,
en labraría, en podar los sarmientos, en recoger
el fruto, en vendor el vino, m orir de ham bre el
dueño, y que pidan limosna sus hijos, y que ande
mendigando su mujer, y que acaben todos en un
hospital i
¿Puede .ser mayor necedad, que por no tener
un poco de diligencia el cura en cultivad la viña
espiritual de su parroquia, con la voz, con el
ejemplo, con la diligencia, esté atesorando ir ade­
lante de Dios, y castigos crueles á que será con­
denado en el dia de la c u en ta?}Puede ser mayor
necedad, que por no tener un poco de or ación,
mortificación y fervor, ande tu hora en esta vida
perdida, y en 'la eterna esté tu alma condenada?
¿Puede ser mayor necedad que pu di en do ser con
un poco de diligencia, virtud y espíritu, estimado
de su prelado, reverenciado de su pueblo, socorrido
de sus parroquianos, estimado de todos, anuido
de Dios, venerado de los hombres: iHlectm Dea,
d homimbus (Envíes* Jo .); se haga por un poco
— 91 —
de pereza, ociosidad, recreación y deleite, que es
hijo de aquella m adre, aborrecido de Dios, des­
estimado de los hombres, mortificado de su pre­
lado, capitulado de sus feligreses, y viva en esta
vida sin honra, sin estimación/ ni hacienda,
deudor de penas eternas en la. eterna? Puede ser
mayor necedad que cuando podia sacar de su viña
racimos que le sustentasen y vino que le diese de
beber, saque solo sarmientos secos, con que le
quemen en el .infierno, y todo esto por un poco
de pereza, deleite, omision y negligencia?
Luego dice como tenia el perezoso su he redad:
E t ecce toímn re p le x e r u n i w rtiew, et oper-ucrunl su -
perficiem eju s spinm\ estaba toda la heredad llena
de espinas y ortigas; habia de lener el adminis­
trador, el labrador la viña llena de [ruto, muy bien
cultivada, hecha un jardin de flores de virtudes,
y teníala llena de vicios y malas costumbres, dis­
cordias y pesadumbres. Teníala llena de hastío
üon lo bueno, de propensión á lo malo, de yer­
bas inútiles, infructíferas, dañosas espinas y cam­
brones, pasiones, vicios y malas costumbres; todo
esto por un poco de pereza y negligencia en ca­
var, cu cultivar, en regar, en limpiar con el ejem­
plo y la divina palabra su heredad, Claro eslá que
con aquellas ortigas merece ser azotada esta ne­
gligencia; claro está que con aquellas espinas me­
rece ser estimulada y herida, aquella dañosísima
pereza; lo que siembra cogerá; siembre espinas
y ortigas en esta vida, esto hallará en la otra
cuando le tomen la cuenta.
Prosigue: Et m a ceria lapidum des truel a crat. Es­
taba por eí suelo la cerca, estaba por el sítelo
en esta parroquia y heredad del Señor todo ejeni-
pía, toda virtud, toda santa disciplina y toda ho­
92-
nesta' costumbre; porque como no se cultivaba la
tierra, ni cuidaba el cura de reparar lo caldo, de
levantar lo destruido, de edificar lo demolido, y
el tiempo y las malas inclinaciones, y el demonio
no dormía, sino que cada dia hacía mas batería,
claro está que enemigo poderoso y vigilante, y
alcaide torpe y dormido, se han de concertar en
perder la fortaleza del alma.
Esta cerca caída, creería yo que significa el
santo temor de Oíos, que es la muralla de todo
lo bueno y santo, y de lo prim ero con que debe
cercar su heredad y parroquia el buen cura, di-
déndoles muchas veces á tas almas de su cargo:
Venüe, filii , au dite me; tim orem D om in i docebo vos.
(P sa lm . xxxm. T2.J Y enseñándoles que teman
á Dios, y no le ofendan, instruyéndoles á estos
con ejemplos, con razones, y con santa y repe­
lida doctrina.
Porque el temor santo dn Dios es la muralla
que nos defiende en lo bueno de lo malo, como
es la negligencia la mas fuerte artillería que para
derribar estas murallas tiene con lira sí lo bueno.
Así lo dice S- .Bernardo: Sieut se c u rü a s, et de-
n idia, cam a est, el m a ter om nium delictorum : sic
tim o r D om ini radio-, el cusios est om nium honorum ;
pero como el cura no les enseñaba este santo
temor de Dios, sino que iodo el dia se estaba
jugando, entretenido ó cazando, deciaies una misa

uvas sabrosísimas, le daba agraces amarguísimos,


ó granos inútiles y silvestres: specta vü ut facer el
u vas , et fecü labruscas* (te a i. l o j
Dice Ju^gó f¡j Espíritu Santo, que el que vio la
-9 3 -
’heredad, reconociendo en el descuido de aquel cura
su perdición, en la omisíon ei campo, en la culpa
la cuenta, en la cuenta la sentencia, en la sen­
tencia el azote, en el azote el infierno; sacando
del daño ajeno escarmiento, dijo á sí mismo,
abramos los ojos; Quod cum vulisserth p o su i in
cor de meo H exem plo d id ic i d iscip tín a vi. (P sa lm .
xxiv, 32-)/ como S1 dijera, escarmentemos en ca­
beza ajena; del daño ajeno saquemos provecho pro­
pio, fue lo que dijo un discreto: Q p tiim m esl alien a
in san ia fr u í. Linda cosa, que me haga cuerdo
ajena locura, y santo el ajeno escándalo. Y otro:
Quai nocen ti do cent. Aquello que daña enseña; quie­
ro aprender diligencia, en la ajena negligencia,
quiero despertar en la pereza de este desdichado
cura; en su pereza presente veo sus tormentos
venideros; el sueño de este me ofrece á mi vigi­
lancia; su pereza me ministra diligencia; veo en
qué ha de parar este negocio* y pongo presente
el fin, para enmendar los principios; por eso se
llaman los profetas vid en tes, en la Sagrada Escri­
tura, porque anteviendo los daños, clamaban por
los remedios.

pu n t o x x v .

CUAN PE Q U E Ñ O ES KL FR U TO DEL PA STO R EN EL D O R M IR ,


CUAN FO RM ID A B LES LOS DAÑOS Y PEN A S DE NO VELAR-

Luego, como quien burla de la pereza y del pere­


zoso, le dice: P arum dormios, modicum dormitabis,
p a uxü lum m anm conseres, iti quiescas: el veniet tibi;
quasi cursor, egestas, et m endicüas, quasi v ir a r -
matus<
- u -

Poco duermes, y poco dormirás; signifícale su


vicio, que es dormir, por ser lo da su salud volar;
signifícale su falta, que es holgar, cuando ha de
ser su ocupadou trabajar. Y luego le pone la
ceniza en la fronte del deleite, con su brevedad,
diciendo: P a ru m dorm ías, m odicum d o rm í ta b is;
sueño es la vid A del perezoso, pero sueño breve,
lijero y acelerado; es como si le dijera: «Perezoso,
«presto te despertarán con la muerte, é irás dor-
»mido (i la cuenta. AlLí te volverá á despertar la
«sentencia, é irás á no dormir eternamente pe­
inando en el infierno» A breve sueño te espera
>•eterno lo miento y pena pagarás eternamente ator-
»mentado velando, lo que perdiste durmiendo.»
Y aquellas palabras: Dormios, el dormilahix,
tienen alguya diferencia; porque el dormir, sig­
nifica dorm ir sin despertar; y el dormitar, dor­
mir y volver á despertar, y volver luego á dor­
mir, Con lo primero, significa el descuido del
mal pastor sin luz ni enmienda en lo bueno; con
el dormitar el del mal pastor, que apenas ve lo
bueno, y luego lo arrastra y se lo lleva lo malo;
porque hay pastores sin luz alguna perdidos;
otros, que tal ven, piensan y conocen que van mal,
y que es dañoso dormir; pero arrebatados de las
pasiones, aunque despertaron, se volvieron á dor­
mir; y todo esto dura poco, porque es sueño la
vida, y luego viene la muerte, que despierta á
eterna muerte, vida de una mortal vida-
Alude también este lugar en profecía á la pará­
bola de las vírgenes locas; que sin aceite se pu ­
sieron á dorm ir, por eso llama á este cura el
Espíritu Santo: Stulto. (Matt. 25.); necio, loco,
fatuo; y á ellas fáktas, bobas, tontas, y todos se
perdieron de una manera, por dorm ir sin pro-
venció ti: P a ru m d a r m ies, m odicum d a r m ü a b ü : y ¡1
ellas: Do-r-niiiuvmmt, et d o rm u rm U : pero aquellos
se perdieron ollas -solas; esto se perdió á sí y á
sus feligreses: aquellas pagaron solo por sí; y este
por sí y por tos otros: perdieron sus almas aque­
llas; pero no como estos, sobre sus almas, sus
viñas.
Luego le dice, que apenas habrá pasado el li-
jrro sueno de esta vida, y que á pacos años de
negligencia y pereza sucede eterna necesidad y
miseria: E t veniet qu a si cu rs o r eye&las; que es eter­
na pena y tormento; porque el infierno propia­
mente es una pública necesidad do todo i o bueno,
santo, dulce, agradable, deleitable, alegre, dicho­
so, y una eterna abundancia de tormentos, am ar­
guras, desdichas, desesperaciones, aflicciones y
congojas.
Dice luego, que r n i i e t q uasi v i r a r m a tus la ne­
cesidad; porque de la numera que viene el demo­
nio contra las pobres almas cuando duerme su
pastor, pues las embiste armado de asechanzas,
cautelas y persuasiones, redes, enredos, con que
las cautiva y engaña cuando está durmiendo el cu­
ra; viene despues armado contra él, para casti­
garlo con tormentos: contra ellas vino armado de
lazos, para que caigan en culpas; contra él con
tormentos, para que lo pague en penas.
Pero porque no parezca que solo en el Testa­
mento Viejo se reprende la omision, traeremos la
autoridad 'de S. Pablo en el Testamento Nuevo,
en el último capítulo á los tesalonicenses, dejan­
do otras muchas del evangelista: y epístolas de los
sagrados Apóstoles, donde llega el Santo á conde­
nar á que no coma el que no trabaja, Q uoniam si
qu is non vult o p era r i , nec m a n d u cen L {%. T ess .
3.) Como quien dice, pastor ocioso y perezoso,
no merece los diezmos y las primicias. Merecia
perder por la negligencia lo auc le aplica ¡S su
ocupación muy justamente el derecho, y así dice
el bcinto, b alilando de sí mismo: In ter vos in
labore, et in fa tig alion e fu im u s m e te et die o p era n ­
tes. (\ . 7m« 9.) Dia y noche obraba S, Pablo,
porque dia y noche ora pastor- Y luego añade,
hablando con los evangélicos operarios: No lite
deficere len efavientes. Un instante no tengáis ocmso,
sino obrad bien sin cesar.
Quejábase, y mm temía S, Gregorio, de que co­
mía el pastor de: almas de la renta que le ofrecía
el ganado, no Erabajando en darles pasto, ni en
predicarles, con que andaba uno y otro muy per­
dido: y ponderando aquel lugar tjue referimos de
Job en el capítulo 31, cuando el Santo decia, que
no comía de balde, exclama el magno pontífice:
Quid ad hoc nos p a sto re s d ícim its? Qui adventum
d is tr ie ii ju d ic is p r a m tr r entes offtnum quidem p r w -
canis su scip im u s, sed alim en ta ecclesiastica m u ti
m am lucam us. S. Pablo trabajada espiritual y cor­
poral mente para comer y Job no quería sino pa­
gándolo: nosotros comemos, callamos, usurpamos
inhábiles los frutos del beneficio; pero no bene­
ficiamos con la palabra de Dios el beneficio;
diligentes al comer, mudos y baldados al predi­
car y trabajar. Finalmente, señores, no seamos
de los malos pastores, de quien dice el mismo S.
Gregorio: M alí p r a d a ti locum regim inis, ad f r u c -
ium v o lu p ta iü ten en t, non ad usum la b o ris.
Y así, señores, de estos lugares aprendamos á
huir de 3a ociosidad y vicio, no solo torpe é infa­
me, sino cruel é inhumano; ¿pues qué mas podía
hacer en aquella viña, heredad, administración,
- 9 7 -
curato y obispado, la crueldad de, lo que hizo la
pereza? Derribar las murallas, arrancar las cepas,
llenar la heredad de espinas y hacerlo todo es­
terilidad.
Por (iso al fin do fiala carta pastoral pondré d
diario que ofrecí á la gran virtud y ejemplo do
los curas y sacerdotes do esta diócesi en las cons­
tituciones de la congregación de S. Pedro, para
(pie ios que no frieren congregantes, procuren de él
tomar aquello qu esea a'suculento y proporcion,
y huyan de la ociosidad, fiera cruel, enemiga de
iü bueno, madre Hora de lo relajado y malo.

pu n t o x x v i.

1,0 QUE (IO SV IE SE QIJR LOS PA ST OR ES OIGAMOS PR IM ER O


A BI OS , l ‘A J U QUI-: DE SPUES EL PUEBLO KOS QUIERA OIR
A FÍOSOTRÜS.

No se contenió el Señor en los acenLos de esta


temerosa Trompeta de Ezequiel, de haber dado
la doctrina al Profeta; sino que luego lo hace la
aplicación, hablando derechamente coa él, como
si hablara en la ley de gracia con un obispo ó
párroco, diciéndole: E l tu [d i kom in is sp e c u la to r m
ded it te D om in vs Isra el. Mira, hijo del hombre, que
te he hecho atalaya y superior de Israel; como
si dijera. «El pue£>lo 'te hizo con ia aprobación,
»pero yo con la elección. El lo ha conferido, mas
»yo le "he determinado. Todos hemos concurrido
»en que sirvas este santo ministerio, yo te di el
»poder, ellos el consentimiento, y tú aplicaste el
»nombro á la dignidad. Todos tenemos derecho á
- 9 8 -
«lu servidum bre mi pueblo, porque debes ser­
v ir le de guia; yo porque me debes servir de mi-
»nÍstro. Tú porque en este campo has de granjear
«los tesoros ele tu salvación ú eondeuaciou eterna;
»tesoros de ira, si mal; tesoros de gloria eterna,
«si bien.»
Añade luego; Audiens erg o ex ore m eo, serm o ­
n e n m u n íia b is ais ex m e. Oyendo, pues, de mis
labios á mi voz, di r Asi o A mi pueblo de mi parió
lo que yo a tí te dijere. Es rarísimo modo de de­
cir, y que solo este lugar en brevísimas palabras
llena" de luz á las almas de todos ios eclesiásticos;
porque ofrece el principio, el medio y fin del ejer­
cicio espiritual y santo de dar dod rin a evangélica
á los fieles.
Audiens erg o, dice: Oye, si quieres hablar; si
oyes primero, hablarás muy bien despues. Ver­
daderamente, dice san Gregorio, ociosa es la pa­
labra del que enseña, si primero del Espíritu Santo
no aprende. Ninguno atribuya al hombre la en­
señanza, pues solo de Dios viene el magisterio. En
vano trabaja la lengua por afuera, si no hay quien
le comunique espíritu por adentro; JSHsi S p ir itm
Sanctus a d sit cordi a u d ien tis, otiosu s est serm o d o c ­
to r is. Nemo erg o docenü hom ini tr ib u a l, quod ex
ore docentis in le llig it: qu id n isi in tu s s il qu i doceat,
D octoris lingu a ex teriu s in vacuum la b o ra t.
A udiens erg o, dice Dios; Oye obispo, oye cura,
oye sacerdote, oye pastor, porque siempre estoy
hablando. Audiens ergo: Siempre has de estar
oyendo á Dios, dice Dios, para estar siempre sir­
viendo á Dios. No es posible que puedas servir
á Dios* si no estás ovendo á Dios; si primero no
le oyes, mal le has cíe poder servir. De Dios has
de recibir Jas órdenes, si no las oyes, mal las
— 01)-
podrás ejecutar. Aplica el oído, y llegará á ti la
voz; pon la atención en la voz, y entrará por ei
oído; ove bien lo que le mando* y sabrás obe­
decer.
¿Cómo es posible que acierte cu la ejecución
quien no atendiere al precepto?
Son las voces de Dios sus divinos mandamíen­
los; son las reglas eclesiásticas, los concilios, las
sinodales, los 'preceptos de ios superiores, las
exhortaciones de los predicadores, y muchas ve­
ces el ejemplo y virtud de los súbditos; otras las
iuces que Dios' comunica al a lm a , que le están
siempre alumbrando. Frecuentemente son también
las divinas inspiraciones, que están enseñando,
aconsejando, amonestando y corrigiendo. Otras
veces son voces suyas estos mismos sucesos ó
accidentes naturales, que todo está alumbrando,
hablando y enseñando aí que quiere aprender: Et
hoc quod eontinet omnia scienliam habct voris (Sap.
1. 7.) Pues claro está que apenas hay cosa en
ti oso tros, ni sobre nosotros, ni cerca de nosotros,
ni debajo de nosotros, que no nos sea doctrina
«Los accidentes de tu enfermedad (hom bre m or­
r a l) son aldabadas de la muerte; ias canas son
»sus banderas, las cuales se han apoderado ya del
«alcázar de la vida; los danos ajenos sonlbene-
«ficios luyos; las desdichas de tus prójimos, es­
carm iento s de tu felicidad. El tiempo acelerada-
emente te avisa que vas corriendo á la sepultura.
»Los elementos, como desde una cátedra univer­
s a l te enseñan: el fuego, que temas los ardores
^sempiternos: el agua, que apagues los incendios
»de tus culpas con las lágrimas; la tierra, que
)>eres tierra: el* viento, que todo es viento: el soí
»te está alumbrando en el camino del cíelo, y las
-100-
» estrella s llam an do; oye, alm a, á D io s, q u e tantas
>’Son sus v o c es, cuantas sus criatu ras.»
Es verdad que en este lugar de Ezequiel pa­
rece que no quiere el Señor que los párrocos y
curas nos valgamos de estas voces mediatas de ía
providencia y amor de míos tro Dios y Criador,
porque esas son para todos, y cualquiera quo aten-
cli ere, fas oirá, aunque sea un bárbaro y gentil;
sino de otras veces mas interiores é inmediatas
que son las que debemos atender, las cuales co­
munica este Señor por la oracion, en el oráculo
inefable del trato interior de Dios; y estas guian,
ensenan y alumbran á sus pastores.
A eso mira, audians erg o ex o re meo serm onem *
Oye de mis lábios las pabras, porque.ba de estar el
oido del sacerdote en los lábios del Señor con la
oracion. Por los oídos entra en las almas la fe;
por los oídos han de entrar las luces, conocimien­
tos é instrucciones d é la fe, esperanza y caridad.
Los lábios del Señor establecieron la fe con su
doctrina; los lábios invisibles del Señor están h a­
blando á los sacerdotes y obispos, por el Espí­
ritu Santo: E t ip&e su g g eret vobisJ quodeum que d in ero
vobis (Jo a n . M ) Está diciendo ío que deben en­
señar á las almas de su cargo, según su santa y
verdadera doctrina. En no siendo palabras y do­
cumentos que vienen de aquellos lábios las que
dijere el pastor, ni alumbran, ni guian, ni clari­
fican, ni enseñan, ni persuaden. De aquellos lábios
divinos procedieron á la Iglesia, y de ellos y por
eilos se propagan siempre en ella.
-101 -

PUNTO XXVII.
1,0 QUIi IMIM'HITA LA OHAUO.N KN I.OS PA&TOnGS DE AL MAS,
Y (¡UE KS TODA BU HU IS A 1>K KLJ/AS Y DE KLI-OS KO T K S E R L A .

Por eso oportuna ó impor Luna mente, señores,


hijos y hermanos míos, postrado á sus pies les
pido, que no aparten ios oí (Jos de i as vor-es dol
Señor por medio de la o ración: Audimit e r g o
e x ore tuno .loguera* Miren la aíeueion del filma
santa, que dedil: Á udiam (¡noti lo q u a lu r in me Do­
m inas meus* tpsftiiit, rxxxtv. 9,) Quiero levantarme
á oir lo que habla. Dios en mi alma; y luego pon­
deren lo que sigile; Quoniam toq itetu r paeem in plc-
bem su a m ; porque hablará paz en su pueblo. P a­
rece que á la letra .se entiende este lugar de la
santa alma de un cura, que se levanta á orar y
á oir la palabra del Señor, á recibir sus luces <i
que entren en su ;dma las divinas influencias,
para que de ellas resulte, no solo el provecho del
pastor, sino la-paz, el remedio y el consuelo del
ganado: Quoniam. ¡oqu eíu r pacmn in p ic h a n smíj»,
(P m lm . 84.J
Y asi, señores, si no nos ponemos á oír, ¿cómo
oiremos? Si no noy ponemos á atender lo que nos
dicen, ¿cómo lo percibirem os? Donde no hay ora­
do n, todo es ti nieblas, en'ores y confusion. Sa­
cerdote sin or ación, es soldado sin armas, guia sin
luz, pastor sin cayado, predicador sin voz, maes­
tro sin ciencia, atalaya sin ojos, y trompeta sin
aliento .
Cuantas almas-hay en el purgatorio penando,
cuantas hay en el infierno eternamente padeciendo.
- 1 0 2 -
cuantas viven en el mundo escandalosamente pil­
cando, todas sus desdichas las deben á no tener
oracion, á no tener memoria de Dios, á no tener
presencia de Dios/ á no llorar delante do Dios, á
no acordarse de Dios, á vivir abrazados con el
olvido de Dios; que todo esto tenido, es oracion; y
oJvi dad o, perdición.
Dirán rae: ¿Ya no decimos misa? ¿Ya no recita­
mos las horas canónicas? ¿Ya no rezamos el rosa­
rio? ¿Por ventura esta no es oracion? Oración es
muy santa y muy útil, útilísima y santísima; con
esto y buenas obVas, tienen cuanto han menester;
pero esa es oracion cuando es con debida devo­
ción, con atención, con consideración, con espí­
ritu, con afectos verdaderamente píos, implícitos
ó explícitos, actuales ó virtuales ó habituales; por­
que si solo fuese por costumbre inconsiderada­
mente y distraídamente, y pensando voluntaria­
mente en otra cosa cstraña v no necesaria, ó tai
vez dañosa, y solo por cumplir con el rezo, y no
con Dios, por lo esterior y no por lo interior? No
digo, señores, que no sea oracion; pero unas veces
ian poco meritoria, otras tan tibia, otras tan ine­
ficaz, otras tan muerta, que puede ser pierdan
mas que ganen con esa oracion» Créanme, señores,
que tan imperfecto puede ser de quilates el oro,
que se quede en alquimia; tan baja la plata, que:
se quede en estaño; tari torcida la intención que
se quede en nosotros; tan propietario el fin, que
no llegue á Dios.
Muchas veces en el rezo, y en la misa, de
donde hemos de salir con méritos, salimos con
culpas; de donde hornos de salir llenos de luces,
salimos con mayores tinieblas; de donde hemos
de salir ricos, para tener y repartir coriocimieri-
— 103 —
tos á los demás, salimos mas ciegos que los demás;
de donde hemos de impetrar la misericordia, sa­
limos cargados y rodeados de cadenas, y deudo­
res á la justicia;" d,e donde hemos de salir favore­
cidos de Dios, salimos reos, y despedidos de Dios.
Al que rezase el oficio divino (si hubiese al­
guno que esto hiciese) hablando con Dios como si
fiabíára coji un criado suyo, y con menos aten-
cion y mas indecencia y priesa; ai que dijese ía
misa con menos adver!encía y eomposicion, y
mas divertido y distraído que si tratóra ó discur­
riera y hablara del estiércol de la calle, y se a r­
roja á decirla sin preparación sin compunción,
sin penitencia, y tal vez sin gracia; y como quien
se va á merendar con un amigo, y desea antes
acabarla que comenzarla, si ya no desea com en­
zarla para acabarla, y so da priesa á decirla,
como si apartara de sí una grande pesadumbre;
¿qué provecho Je ha de hacer el rezo? ¿Qué lu­
ces le ha de dar la misa? ¿Qué conocimientos este
género de oracion? ¿Cómo quiere ser orador de
Dios, ni mediador, ni remediador, ni ser nacer -
dos m agnus q u i factus est recon cilia tio (E ccles. x l i v .
17.), siendo reo, mas ó menos, según fuere el
distraimiento ó la irreverencia? ¿Cómo pretende
que Dios pase esto por oracion? Antes puede
ser que lo pase por ruina y perdición y conde­
nación del que ora de esta manera.
Créanme, señores, que no de balde nos dejo
dicho S. Pablo: Probet mt&m se ipsura komo. An­
tes de recibir al Señor, el probarse, el exami­
narse, el conocerse (cosa tan dificultosa,) tiempo,
oracion y meditación ha menester. Miren luego
lo que añade: Et ate de pane ¿sto mdat, et de cálice
bihat; qui, enim m anduca í ei bibií indigne, judicium
— lüá —
sibi ■munducat et bibü ( í . ad Corinth. xi, ^8.) Sic
cedat (dice) s ic bíbal: ¿Cómo? Probándose, m editan­
do, considerando, orando; y si no se hace así, re­
cele que no se beba y coma todo el juicio formida­
ble del Señor; que rio se tom a y beba la senten­
cia de muerte cierna.
La o ración, señores, es un pió afecto con que
se levanta ei eorazón á Dios para adorarlo, am ar­
lo, reverenciarlo, disponerse á recibirlo, para pe­
dirle el sacerdote p ara sí y para ios otros. Y esto
supone devocion, lim pieza de conciencia y de
intención; ¿pues con qué confianza pediré yo á
Pedro, disgustado Pedro conmigo? ¿Cómo p are­
ceré delante del r e y á rogarle por los otros, tenien­
do yo la espada levantada contra el rey? ¿Cómo
pediré (si yo estoy asqueroso con la cu lp a) lim ­
pieza para mis súbditos por la oracion? V así la
■oración, para que tenga fuerza, valor y eficacia
proporcionada á nuestras necesidades. Ha de ser
lim pia, pura, fervorosa, atenta, devota y santa.
Quien asi dijere m isa; quien asi re/are el oficio,
quien asi dijere el rosario, hasta lo que alcanza
nuestra fragilidad (como hay machos curas y
sacerdotes que lo hacen por la divina bondad eu
esta diócesi) tiene santísim a y perfcctísima ora-
eion, y se acercará mas á lo 'b u en o, ó mas á lo
m alo, á im petrar ó no im petrar por lo que obra
por sí íno hablando ahora del valor del sacrifi­
cio, que ese siem pre es infinito) cuanto mas se
acercare á la reverencia, ó á la distracción volun­
taria en este género do oracion.
-1 0 8 -

PUNTO X X V III.
t¿CK SO 5 0 1 . 0 LA OI!ACION DE LOS PA STOUlíS Y SACERDOTES
ES BIEN QUE SEA VE LUÍ AL, SI SO MÜNTAL Y CO NT EM PL AT IV A,
Y CONSERVAS DO CftiS ELLA Til. TRATO ÜNTE1U0K CO * UIOS,
Y LXF LIGASE EL ¡H01>0,

Pero a lo que yo aquí persuado y exhorto á los


pastores de alm as, y u lo que parece que persuado
eí Señor por los acentos de osla Trompeta de Eze-
quici, es á otro género de oracion; á mas del rezo
y m isa, m uy propia de los m inistros de Dios, cual
es la interior y_ m ental, reservada, mística y se­
creta; santa y'frecuen te, que comprende un "trato
íntimo, dulce y reverente con Dios, muy repetido
y asentado. Un estar siempre en la presencia d i­
vina, un exam inar sus acciones con su voluntad
santísim a; un tener horas determ inadas para la
consideración y medita (ñon de las cosas celestia­
les; un m adrugar por las m añanas á llo rar á las
puertas del Señor sus culpas y las de sus feligre­
ses: Un t r a de r e c o r s m m ad vúji landum dilucido, ad
B o mi n u m qui f ec it eum, {Eccles. xxxix. ti.) Un v i ­
g i l a r e , llam ar y llam ar, ad ¡ or a s , et po rt as ost ii
Del: un juicio superior continuo de m irarse á sí y
en sí y ver que hay en sí que le desagrade á Dios;
(Sí l e v a re se su pra se. ( Ptralm . c x v íii. ÍGtf.) Un a la ­
b ar á Dios al di a: Non dic o Ubi septíes fin di c t án­
dem dixi tibi) sed usque sepim/fies septies. {MoM/t,
xvur. 2 2 .) Sin cesar en suplicar á Dios que le dé
luces y conocimientos de su santa voluntad, d i­
ciendo perpetuamente al Señor: Domine, doce me
f a c e r e volunta!era tuam, qnia Deus meas es l u .
— 106 —
(Psalm. csllii. 10-.) Un estar siempre deseando que
se haga en todo su santa voluntad: un arrojar di:
su alm a todo deseo, que no es de Dios, todo cui­
dado que no es de Dios, todo amor que no es
de Dios: un ard er en amor de Dios, y vivir en
este dulcísim o, suavísimo y útilísim o y santísim o
ejercicio de am ar y adorar á Dios,
Esta oracion, señores, es propia de sacerdotes;
esta oracion y consideración os propia de los m i­
nistros de Dios; esta hace que todo lo demás en­
tre en provecho, esta hace que la m isa sea devota,
el rezo m eritorio, el rosario im petratorio, las pa­
labras modestas, las obras castas, los pensamien­
tos contenidos, el trato apacible y manso, la con­
dición sufrida, las razones euertias, las exhorta­
ciones eficaces, el fin puro, la intención perfecta
y la acción en lodo agrad ab le y santa. Esta ora­
cion hace á los sacerdotes con* Dios poderosos,
de sus feligreses amados, de sus prelados estim a­
dos, y de torios aplaudidos. Esta oracion es la
que templa las pasiones, destruye las m alas in ­
clín ación es, y modera las mas destem pladas y ter­
ribles condiciones.
Esta oracion es la que dice el erúdito y desen­
gañado Casio doro: Quw serenat c o r J a bs t ra hü á
i e r r a , munda t á vitiis, m b l e w i ad celestia, r e d d ü
animas c a p a c e s ei d i gn as ad aocipienda bona s pi -
r itualia. Quieta el corazon, purifica el alm a, la
apa ría de lo terreno, la lleva á lo celestial, la
¡im pía de imperfecciones, la llena de virtud, y
la hace capaz de las divinas mercedes, Esía o ra­
cion es la que dice Casiano, que es con la que
ira Dei s us pe ndü ur , nenia p r o c u r a l u r , preña r e f u g i -
i ur , ei p r m n i o r i m , l a r g ü a s impet ra t ur c um í>eo
l o p d l u r , orn. judiev. fabulatur, p r m e n t e m sibi f aci t
— K n —

(jitcm v idero non ■prmáleí: ad ¿mpetrandum in j u ­


die/o a dm ü ü í í t r , et m l l m inde r espu it ur, n ú i qui
tepidus i ñv en üu r. Esta oración es por la cual la ira.
de Dios se m itiga, el perdón se consigue, la pena
se ausenta, el premio se adquiere. Es en la cual
se habla con Dios, se conversa con el juez, se
hace presente al que no puede la humana vista
m irar, y en cuyo tribunal solo deja de conseguir
la impetración el que es tibio en la oracion.
La razón de estas utilidades propias y ajenas
de! orador, cousisle, no solo en que la gracia que
se promueve y consigue con la oracion es grande,
y las uniones dei espíritu que alli se reciben son
eficaces, y todo lo enderezan, lo encam inan, lo
lucen, lo suavizan y lo vencen: sino también porque
se obra en iodo con consideración y prem edi­
tación por el sacerdote y pastor.
No hay duda, señores, que la razón de perderse
todo lo que se pierde en lo temporal y espíri­
tu ai, es porque síí obra en i o espiritual y tem ­
poral sin consideración. Tornamos tai vez los
puestos eclesiásticos, sin pensar Jo que tomamos;
Jomárnoslos sin considerar con gran peso y medida
i a cuenta que hemos de dar de ellos á Dios, su
dificultad, su peligro, sus penas y desabrimientos.
No nos ponemos á m editar cómo los hemos de
servir, ni que nos hacen fiadores de la ajena sa l­
vación* ni que mañana se acaba esto lucido, y
despues de m añana comienza lo am argo. 'No c o t í -
s í deramos que somos deudores de i numerables
cargos, obligados a delgadísim a censura; y como
no consideramos, no conocemos; y como no cono­
cemos, no acertamos con los principios, medio
y ñu de este tan grande negocio: Dessolalione
deisolaia cal orams Ierra, quia nuUus est (fui r e c o -
— IOS —
(jik't c o r da. filiaron. Kpist. xr. 11.) Dice el Espíritu
Santo; Asolada ó desolada está la tierra, porque
no hay quien piense en su co razón en aquello que
está obrando.
Apenas miramos al recibir los puestos, d ig n id a­
des y m inisterios, sino lo que vale la prebenda;
pero no atendemos á sus cargas y pensiones inte­
riores, á las de la eternidad, á las de! juicio, á las
del espíritu. De aquí, como he dicho, resulta que
tal vez los perdidos, como yo (aunque no habrá
otro tan perdido) de la m an e n , sin consideración
y meditación tomamos los m inisterios, sin consi­
deración meditación los servicios. T rata solo el
pastor, cura yo y párroco de comer, de triunfar
y de holgar, como si aquella lucra una fortuna
eterna, y un m ayorazgo que nunca se lia de aca­
bar. Sobre estos principios, sobre estos medios,
¿en qué han de p a r a r lo s fines?
El que obra en lo que no está pensando, ¿cómo
acertará en lo que obra? El que cam ina por unos
despeñaderos muy grandes, y va pensando en otra
cosa, ¿cómo dejará de despeñnrse? Los ojos al
colodrillo, y los pies su el los y determ inados al
andar entre innum erables lazos, ¿cómo no h a d e
caer el correo? Todo esto es, señores, obrar ei
pastor de alm as sin oracion y meditación, y sin
consideración.
Pero por el contrario, ¿que diferente que obra
el que piensa, y el que pone á su dueño delante
para obrar? ¿Que diferente que obra el m ayo r­
domo que está en la presencia de un señor, con
deseo de agradarle? ¿Que buenas cuentas ofrece el
adm inistrador, que está atento á que mañana se
las ha de tomar el dueño? ¿Que bien obra el
que íintes de edificar mide la costa? ¿Antes de
—100-
polcar pesa y considera sus fuerzas? ¿Que pro­
venido y di sí’roto el que aguarda á su amo cun
las luces encendidas en las manos? ¿Que. liel y
qué prudente la esposa que espera con las lám ­
paras encendidas á su esposo? Todo esto, señores,
nace la oracion m ental, en la cual una de sus
principa los partes es la consideración y m edita­
ción de bis cosas col ostiales, y de los bienes eter­
nos, y de la propia conciencia y del propio cono­
cimiento; do pensar quien soy yo y quien es Dios,
y m irarse á sí y mira]- á Dios, para pedir eficacia
pura obrar, fuerza p ara persuadir, discreción para
elegir, prudeuda para reso lv er, paciencia para
tolerar; y cuando sin esto se obra, es, sino con
terribles daños, con grandísim os peligros.

PUNTO X X IX .
SUAVIDAD G n A X n r CON QliE SE SíttVJi EL M INI STE RI O P A S ­
TO RAL CUANDO HAT O lU C IO it.

Pero esto es, señores, p ara el acierto; ¿m as qué


íes diré para el gusto y el deleite? ¿Qué suavidad
=y gozo (aun encesta Vida) da Dios á los que le
tratan, sirven y oran? ¿Qué les diré de lo que este
Señor alienta y ayuda á los que le com unican?
¿Qué les d iré de lo que les facilita los medios y los
remedios? ¿Qué dulce y santamente responde á
los que le preguntan en la oracion? Díganlo los
que lo saben y espem nentan, no los pecadores
como yo. Mas alegre es la am argura del varón
espiritual, que los deleites m ayores del pecador.
Mas gozo causan las penas del orador penitente,
- 11 ü —
que 1ijs ni ;tyo ros contentos del deverúdu. Mas luz
tiene el rúas ignorante, orando, que el mas sábio
discurriendo. Mas consuela, penitencia del justo,
que el deleito m ayor del escandaloso, ¿Qué gozo
como la buena conciencia? ¿Qué seguridad como
el cumplimiento de la ley de Dios7 ¿Qué luces
como aquellas que vienen de aquella luz? ¿Qué
serenidad y paz, como ni desdar ni temer? ¿Qué
libertad, como tener solo asido á Dios el cora-
zon? ¿Qué deleites los del amor divino? ¿Qué de­
licados toques, dulzuras y suavidades los del
alm a enamorada de Dios? .Ni los reinos, ni las
coronas, ni Jas tiaras, ni todo lo que es menos
que esto, ni los deleites, ni los entretenimientos,
ni las músicas, ni todo lo que es mas sensitivo, y
menos puro que esto, todo junto pesa un lijero y
breve gusto, deleite y gozo, de infinitos que ofrece
un toque de amor de Dios, encendido cu el horno
santo y dulce de la oración.
Mas pesan y mas recrean dos lágrim as ena­
m oradas de Dios, que un Océano de gustos y delei­
tes de este mundo. Bien entendia esto el Profeta
Rey, cuando decía: Elegí abjectos csse in domo Dei
m e i , m a g i s quam habit are in labernaculis, p e c c a l o r u m .
(Psalm* Lxxxm l l . j Lo menos de los gustos de
Dios, es mas gustoso que los mayores de los pa­
lacios del mundo: Quam dilecta tabernac ula tua Do­
m i n e v i r t u t m n ! C o n c i q m c ü , ni déficit: a nima me a in
a í n a Domini. ( Idem Psalm,, v er s . 1 .) En sus prim e­
ros amores, y en su prim era contemplación, y en sus
prim eros gustos, y en los prim eros pasos, y en los
primeros um brales de acercarse á Jesús, se alegra,
se goza, se consuela, se deleita, se abraza el alm a;
y con razón se deshace, llena de gustos de de­
leites, de gozos, de sentimientos de Dios. Se des­
hace de todo lo que es nuestro, y se vis lo y reviste
de todo lo que es Dios; se deshace de todo lo que
os disgustos y posares de osla vida, y se viste y re­
viste de lodo"lo que es gozos y deseos de la eterna.
Si esto osen los principios, ¿qué será en los m e­
dios y en los fines?
Finalmente, ó m inistros.de Jesu erislo , ¿quieren
ver cuan importante es la oracion en el sacerdote
y cu ra?P u es adviertan, que llega á tenerla S. Ber­
nardo por mas necesaria ó útil, que la exho rla­
rá 011 y el ejemplo; y como dice san Pablo de la
trinidad de las virtudes teologales: Fídes, spes, c h a -
r i t as , m a j o r autem c h a n t a n (1. ad Corinth w i. 13.),
asi dice en una de sus epístolas el dulcísim o doctor
á un prelado: Kove-ris hujus t r i n i l a l ü S a c r a m m t u m ,
in millo f r u s l r a r i á te: 'Si p as c as v e r b o J p as c a s
exemploj p a s c a s o ra tio nis s u f f r a g i o . Manen i autem
tola hwc: vM'bimis exemplum, ora tío; m aj or autem est<
o r a tío. i
¡ R ara y notable ponderación del Santo! ¡Mayo*5
la oracion en el pastor, que la predicación y ex-:
h o rtacio»! ¡M ayor la oracion, que el ejemplo y
santa vida del p astor! M ayor dice que es, y mas
útil á las ovejas. Yo confieso que este lu g a r es bien
dificultoso, porque no pudiéndose negar, siendo
de un varón tan celestial c ilum inado de Dios,
y canal pública del espíritu divino, es menester
explicarlo, por no . poder entenderlo.
En cuanto yo alcanzo (que es bien poco» su­
poniendo el Santo que ha de ejercitar el buen pas­
tor estas tres virtudes: Exhortación, ej emplo y ora-
c ion, tiene por m ayor á la oracion. Lo prim ero,
porque si tiene oracion, tendrá ejemplo y exhor ­
tación; y si no la tiene, cesan luego la exhorta-
d o n y el ejemplo, por durar tan poco lo bueno
siu opíii*ion con lo n ia l as mas nAcosaría la o ra­
ción, porque sin ella no hay ejemplo, uí exhor­
tación.
Lo segundo, porque la oracion da lodos los p rin ­
cipios, medios y fines santos á ia adm inistración;
porque da luz para ver y calor p ara obrar, y efica­
cia, p ara persuadir con" el ejemplo y exh orí ación.
V sin esta luz, que se adquiere por* la oracion, ni
tiene el cura calor para obrar con el ejem plo, ni
p ara d iscu rrir, mover y alum brar con la exhorta­
d o r.
Lo lercero, porque con la oracion lo aprende to­
do el cura, porque oye de Dios lo que ha de decir
al pueblo, y ve en el pueblo, con la luz de la ora­
ción, lo quo ha de pedir á Dios, y consigno con la
oración lo- que ha menester para promover cou el
ejemplo, y lo qué ha de conseguir para los oíros,
moviendo con la voz. Con lo cual por medio de
la oracion <‘1 se m ejora y aprovecha á los dem ás;
(■I es iluslrado, y enseña á los otros; guiado, y
guia á los otros; ensenado, y enseña á los otros;
y así por la oracion consigue- y logra el ejemplo,
la exhorta don y salvación suya y de sus feligre­
ses, y todo se le debe á la oracion. Y por eso
justam ente San B ernardo tiene en esta trinidad
'del pastor al ministerio v e r b u m J exemplum, ora.fio,
por m ayor á la oracion.
Todo esto, pues, trae consigo, señores míos,
el aplicar el oído á Dios por medio de la ora­
cion; y aquellas breves palabras y acentos de
esta espiritual T rom peta: Audiens o r e me o v e r b u m .
(Ezech. nr. 17.) En oyendo el sacerdote la palabra
del Señor, por medio de la oracion, aquella pa­
lab ra alum bra, alegra, g u ía, consuela, deleita,
mueve, recrea, anim a, enternece; Anima m e a lique­
facía-tatí, ut diiecíus ¡ociiius est. ( Canl. v. 0,) Es
la palabra del Señor al alm a, fuego que enciende,
que abrasa, que guia, y dulcemente enamora;
con lo cual ai alum bra ai sacerdote y cura, que
oye, aquella luz encendida alum brará á sus feli ­
greses; si lo abrasa, los abrasa; si lo alegra, los
alegra; si lo enam ora, los enam ora; si lo m ejora,
los mejora.
Pero, señores, ¿si no atendemos, oirem os? ¿Si
no oimos, aprenderem os? ¿Si no aprendemos, sa­
bremos? ¿Si no sabemos, ensenarem os? ¿Si no
enseñam os, cum plirem os? ¿Si no cum plim os, 110
nos condenaremos? Tí si nos condenamos eterna-
mente, ¿no padecerem os? Yen como de p r i m o ad
nltimum viene á ser el prim er despeñadero para
el infierno el no oir las voces interiores y este-
rio res de Dios por la oracion; el no m edí Lar sus
justificaciones, esto es, los cargos que nos ha de
hacer; el 110 considerar sus leyes, esto es, las re ­
glas con que hemos de vivir; el 110 pedir luz á
Dios, con la cual hemos de obrar: el no clam ar
solicitando su socorro, sin el cual no podemos ca­
m inar. Yen como es infalible regla la de san
Agustín, hablando en las cuestiones dogmáticas de
la' oracion, que reduce á ella el remedio de las
alm as, diciendo: N u l h m credvmus ad salutem, ni s i
Deo invitante v en i r e : m d l u m inviíalum, saluíem sua,
n ú i auxiliante Deo o p e r a r i: n u l l t m nisi o r a n t e m
a u x ü i w n p r o m o v e r i . Lean, señores, este lu g a r mu­
chas veces, medítenlo y piénsenlo, y verán qué
es oracion.
PUNTO X X X .
w ; 1,A RAZON RATHCM, )'ORC>rF’. ALGUNOS PA ST OR ES UK AL­
MAS NO ilE M -N OH ACION.

Mas por qué no alendem os? ¿Mus pur qué íiu


oim os? ¿Por qué no oram os? ¿qué atendemos á
lo temporal y no alendemos á lo eterno? Porque
oimos Jos silbas de la serpiente, que nos habla
y persuado con las pasiones. jio a leudemos ú los
sanios consejos inspiraciones de Dios; por estar
sordo, y aun mudo, y ¡mu rendido, y aun cautivo
ei corazon de lo caduco y humano, no esfá in­
clinado, ni propenso, ni ¡nenio, ni dispuesto á
ío divino. Es le poro de estiércol de ia vida y lo
que anda con él, nos lleva y arrastra á enlazarnos,
ensuciarnos, sum ergirnos en las culpas; y d iv er­
tidos con lo poco ó lo natía, y lo malo d éla tierra,
despreciam os y olvidamos ío santo» lo mucho y
l.odo lo del cielo.
Toma el pulso S. Agustín á nuestra fragilidad y
busca el origen de nuestras enferm edades, y d es­
pues de haberlo considerado aquel soberano in g e ­
nio y espíritu, concluye diciendo: Dm¡$ c m l u l e s * dúo
f u á u n l a m o r e s : J e r m a l c m f ac i t a m o r Dei: liab-tjlo-
n ia m faci t a m o r swcuU. ín te r r o y el se nnvsquixque,
q u id aniel; el m v m i e t un de sil c k' ü.
Consiguió esle sol clarísim o de la Iglesia, no
solo el curar la enfermedad del malo con este
conocimiento, sino bacer al enfermo médico es-
ce-lcntc de sí mismo. Dos am ores, dice, hacen dos
ciudades; el amor de Dios hace la sania Jernsalem ,
el del mundo la perversa Babilonia, ¿Q uieres ver,
- lis —
pastor cum , obispo, cristiano, cloqué ciudad ores
ciudadano? M ira c u tí qué am ores el que gobierna
tu alm a; pregunta á tu corazón quien lo domina; y
venís donde eres ciudadano. M ira quien m anda en
aquella rasa, y verás A quien, sirves y obedeces en
tu casa. ¿Es lu deseo de i o temporal i do lo caduco
y transitorio? ¿Es tn ocupacion, gustos, del ni les, re ­
creaciones, olvido de Dios, m em oria do esto tra n ­
sitorio y fugitivo? Ciudadano eres do la infame B a­
bilonia, caminando vas ti cierna condenación.
Por el contrario, ¿tratas de lo celestial, de ejecu­
ta i* las virtudes de la persona, del oficio, de servir
á Dios en ei m inisterio? Ciudadano eres de la Joni-
salen militante, y lo serás después cu la triunfante;
cada uno se m ire á sí mismo y pregunte dónde h a­
bita. Vivimos entre engaños, entre culpas y entre
dimos. Tenemos as i Jo' ei corazón & os te terreno,'
con que 110 hay m emoria alguna de lo eterno y ce­
lestial: abrazados con la falsa Babilonia, olvidamos
la santa Jom salen, envueltos en aquellas tinieblas,
nos perdemos, y no queremos m irar ni buscar la
luz; seguimos lo aparente, y dejamos lo constante
.y subsistente.
A los indios engañaban los prim eros conquista­
dores, dándoles cascabeles porque soltasen el oro;
y ellos adm irados del ruido del cascabel, lo cam ­
biaban. Indios parece que somos del enemigo co-
m u n ; ■c 011 cosas l ij er as, fu gi ti vas, van as, q ue a p e -
ñas tienen mas que una som bra, ó soplo de ca­
duca estimación, nos lleva el corazón, el amor, el
afecto, el tiempo, el empleo, la ocupacion, que es
donde hemos de hacer precio y aprecio de eternas
felicidades; habiendo de vivir lanquam hospí im et
p e r e g r i n i en este mundo, nos liemos hecho ciuda­
danos y arraigado con hondísimas raíces. Tiernos
-110-
liecho pátria del destierro, con que ya parece que
hemos olvidado del todo nuestra ver ¿ladera p atria:
belicñtiis est, dice el venerable Hugo fie Santo Yic-
tore, adkitCj cui p a t r i a dulcís est: f o r l i s autem j a m ,
cui omnft sohwi patria, est: p e r f ñ d m autmnJ cui m u n -
dus exi lmm est. Delicado es el que am a á su patria;
fuerte el que de lodo lugar hace patria; perfecto
quien no quiere en este mundo tener patria. A es­
to último habíamos de asp irar, pero es al revés,
que hacemos patria del suelo, y 110 parece que na­
cimos para el cielo, lia , señores, pongamos los ojos
en nuestra patria; dig\i onda pastor: «No es donde
11nací m i pátria, ni dónele me crié, ni donde estoy,
»ni donde sirvo, ni donde me susLeiHo, sino donde
«ha de estar mi corazon, que es donde está mi te­
s o r o , y adonde, con el divino favor, ha de sor
«toda nuestra habitación.»
De este am or propio, pues, á nuestras cosas,
y á nosotros, y á lo terreno, nace la flaqueza del
espíritu, p ara agrad ar, p ara am ar, p ara enseñar,
p ara sufrir á los feligreses, para hacer propicio
á Dios con los feligreses, para desenojarlo, a le ­
grarlo y pacificarlo. Este amor propio enerva las
fuerzas i inhabilita el sujeto, entorpece al pastor,
p ara que no sepa, ni pueda, ni v alga, ni quiera
interponerse por medianero entre Dios y sus ove­
ja s; para que no m edie en estos repetidos dis­
gustos entre Dios y el pueblo, que nacen de las
repetidas culpas, jiiram entos, mentiras y m ald i­
ciones, olvido de Dios y de lo eterno. La canal
por donde han do b ajar las g racias y subir las
oraciones, que es la interposición pia y santa deí
pastor, está rota; la puente por donde han de pa­
sar de la tierra al cielo los suspiros de los fieles,
que es la oracion de los m inistros, está por el
— i í i -— .
suelo. El sacerdote, que ha do o ir lo que ie dice
Dios, para que lo diga á su pueblo, está sordo.
El que ha decir lo que oye del pueblo, para que
lo pida á Dios, está mudo. La lengua que ha de
hablar en ]as cosas divinas» está ocupada en lo
temporal: el p en su míenlo y la intención que ha
de estar toda atenta á este'im p o rtan lo y único
negocio; con que sucede lo que dejamos dicho
de las quejas que daba Dios, de que no había
quien hiciese m uralla entre et mismo Dios y el
pueblo, cuando viene eon la espada desnuda á
castigarlo,
I así, señores, echemos este amor propio de
nosotros, y entrará Dios en nosotros; saig a lo
millo, y entrará ío bueno; salg a lo am argo, y
entrará lo dulee; salgan los deseos inúndanos, y
entrarán los deseos santos y divinos* Tota vita
boni chriatiani, m n e t t m dcaiderium. est (dice san
Agustín) t a n t i m cnim nos exercet sanckim deside-
r i um J quantum de side ri a nostra a m p u t a v e r m u s ab
a m o r e m c u l i . Exinani, quod i m p l m d u m est. Bono
tiendas es: funda mulum. P uta , quia mide te mdt
implore Deus: si aceto p im u s e s , u b i mel p o n e s ?
Llenos de m iserias ¿cóm o nos ha de llenar
Dios de virtudes? Llenos del amor terreno, ¿cómo
nos ha de llenar del eterno 7 Ciegos con lo tem­
poral, ¿cómo veremos lo celestial? Dios (dice el
Santo) nos quiere llenar de m iel, echemos de nues­
tros corazones el vinagre y la hiel; quiere llen ar­
nos de luz, despidamos las tinieblas.
—l i s —

PUNTO X X X I.
y n : .T A S VIVISIMAS IlE 1>10S I'OH EZHOL'IEL COSTRA LOS
PAS TO R ES QUE PO R NO TEKEH ORACION .ANDAS COK SU (JA­
SADO PER DI DO S.

Finalmente, si moros, de no tener trato interior


con Dios, do no tener meditación, ni oracion los
pastores de alm as, dependen las justas permisiones
de Dios, que significan aquellas palabras: Cum in-
duscero su p e r cum rf ladúm.
Do aquí resulta también el quejarse, y deeir de
sus sacerdotes aquellas sentidísim as pala!.;ras del
Pro lela: Sacerdotes ejus conl cmps cr uní ley em meam,
i'l ¡j ollurrunl s a n e hm r in mea : ínt er snncíum el p r o f a -
■num non habuerunt d is kwi i mn : et ín te r pol-hdnm et
muhdum non iiUel levc rwil : et á subbuiis ruéis a v e r -
íe rant o culos suos, et eoiu quinaban t in medio eor um
(Ezech. ^1.)
Es este lugar form idabilísim o, se Herí *s, y que
debemos tenerlo presente, para huir de semejan­
tes culpas, por no oir a orne;jan tes quejas; porque
de la m anera que es conveniente saber lo que he­
mos de hacer, os bien no ignorar lo que; debemos
110 hacer; antes bien primero es apartarnos de lo
m alo, que acercarnos á i o bueno; y por eso aquel
verso dei santo Proíeta Itey (instrucción breve do
1a v id a es pí ritu a l) eom ien za: 1\ecede á mato ■(í*sa Im,
3iJ.) Y después dice: Fae bonum, in qu ir c pacem^
et p e r sequero eam. Expliquemos la letra de es le
lu g ar de Ezequiei, pura (pie nos alum bre mas cla­
ram ente su est) ir i tm
Su¡> sacerdotes, dice, despreciaron á m i ley*
— 110 —
Sacerdotes cjua c ont cmpserunt Icgem m m m ■ \Uara
frase! sus sacerdotes. ¿Pues cómo no dice mis
sacerdotes, hablando Dios, cuyos sacerdotes eran ?
Es porque habla con enojo, y son palabras de
desam or; sus sácenlo los, del pueblo, y no mis
sacerdotes. D eclara con el disfavor el disgusto;
con ei disgusto, la obligación; con la obligación,
la culpa; con la culpa, la pena. «Los sacerdotes
’M.lel pueblo, que habían do alum brar, lo cegaban;
» los que habían de g u iar, lo despeñaba^; los
»qne h alúan d e m ejorar, lo em peoraban: Sacerdotes
»cjus. Sus sacerdotes*» No quiero llam ar micis,
á los que no proceden como sacerdotes ni ios.
son rníos para el castigo, pero no p ara el am or:
IVro cuando nombra la ley de Dios en esíe lu­
gar,' entonces dice: Legcm m m m ; la ley es m ía,
esta es lim pia: Lex Domini imviaculata ( p$ahu. 1 8 ,):
y esa es mia. Ley que reduce á los alm as, esa
es m ia; cura que no convierto á las alm as, no
es mío; el ya cor do Lo que es pecador, ese no es
mío.
Legan m m m , MI ley, siendo m ia, la desprecia­
ron; cuando por mia 1a habían de obedecer, la
des precian, la tratan como ajena, y no la aman
como propia; si la ¡muirán como propia, y la re­
conocieran como propia, y vestido de mi am or
su am or, ó haciendo á su amor alm a do mi mismo
am or, respetaran y obedecieran mi lev, fuera
la ley suya, y los sacerdotes míos, porque re­
conocieron que aquella ley era su luz, su gobier­
no y dirección; pero la tratan y desprecian co­
mo ajena, conque son los saeerdoEes no mi os,
sino del pueblo; pero la ley es m ia, y la haré
estim ar y respetar como m ia.
«Sobro esío cae la ponderación de la culpa,
-120 -
»si en do ellos sacerdotes, y ley m ia; y debiendo
» guardar primero mi ley, que el pueblo, para
«que mi pueblo la guardase; despreciaban ellos
=>!os prim eros mi ley, p ara que el pueblo la des­
apreciase como ellos. Miren como habia de estim ar
»mi pueblo lo que vé que desprecia el sacerdote.
»Si es su maestro, ¿no ha de aprender aquella
perversísim a lección? Claro está que se convierte
nesla proposieion- tficifí populus, s i c s á c e n l o s ; sicut
vftac&rdos* sio pojmfo-x. »

PUNTO X X X II.
CITAN l’E J lM ttO S AKDAX LOS TEMI*!.OS Y AI.TAItKS l>f IHOS
CUANDO EL rASTOK NO ME DIT A S I Olí A.

Et poll uerunt sancf.uaria mea, añade el Señor por


Ezequiel. Mancharon y ensuciaron mis santuarios;
hicieron inmundos mis altares y mis templos con
sus culpas y omisiones. Esto, señores, m uy fácil
era de creer; d oírime despreciada la ley de Dios
y olvidados los divinos m andam ientos; denme, con
polvo las reglas eclesiásticas y los decretos sino­
dales, que presto estarán con lodo ó inmundos
sus alfares y sus templos: para que un altar esté
inm undo, lleno de polvo y asqueroso, no es me­
nester ensuciar]o, vasta el descuido de no lim ­
p iarlo ; porque naturalm ente en esta vida m iserable
y deleznable, lo que no se lim pia, se ensucia.
Así es la omision y negligencia de los pastores:
cuanto no a pro v erían , dañan; cu arito no lim pian,
ensucian.
Lo mismo sucede d eJas leyes del Señor; d^nme
— 121 -
que eí sácenlo le no medí Le en la loy de Dios, como
el santo Profeta Kcy dice que lo hacia: Qma l e s
lita tota die meditatio m e a est. ( P s al m. 118.,) Que
sobre no considerar un hombre sus leyes y sus
obligaciones, y la cuenta que ha de J a r á Dios
y la gloria que le espera si obra bien, y los tor­
mentos que le están prevenidos si abra m al; quien
no tuviere esto, y otras cosas de este género pre­
sente, lendrá ausente de los templos y alm as de
su cargo la lim pieza m aterial y espiritual, y pre­
sente la inm undicia, el asco y la com í pe ion,
Y yo deseo que considere cáda uno, qué sentirá
Dios ver sus templos asquerosos y manchados; y
no solo los templos m ateriales y de piedra, sino
los templos de ías alm as de los feligreses, llenos
de vicias, maldiciones, mentiras y juram entos por
la falta de d o d rin a, qué sentirá verlos así, por no
ponerles delante las leyes del Seüor? ¿Por no ex­
plicarles y persuadirles que guarden sus divinos
mandamientos?
Véase qué sentirá cualquier rey, y aun cual­
quiera persona, partícula!', que le llenen de in­
m undicia y suciedad el aposento donde vive, ía
cama donde duerm e, la mesa donde come. Véase
ahora también lo que va de Dios al rey, y de ofen­
der un hombre á otro ú ofender un hombre á
Dios? ¿Y hombre sacerdote, de quien hizo tan
grande confianza, que le entregó sus esposas y a l­
m as, que lo hace su m inistro? ¿3Esto quién hay que
no lo pueda considerar? ¿Y quién hay que no ¡o
deba enm endar?
Pero no se quedó aquí el sacerdote olvidado de
la ley de Dios, y de la meditación, y oracion, y
atención de su oficio y m inisterio, [jorque como
quien va cayendo de un despeñadero á otro, p ro si­
gue, que fueron tales os Los sa curdo Les du Israel,
que enlre lo santo y lu profano, no hacían distan­
cia: Inter mneUtrn el p r o jan ¡tm non fi abuenmt dia-
tantiam. {Kzeehid (Xi.) iísto es, 110 hadan mas caso
cíe lo sagrado que de lo profano; con la m ism a
reverencia listaban eu la iglesia que en-su casa;
lo mismo era para ellos irse á decir m isa, que irse
á p arlar á ia plaza; cu 11 la misma preparación se
iban á sacrificar, que si fueran a alm orzar; así
reuian y mentían en la iglesia, y ju rab an , como si
fuera en la calle: no andaban mas recogidas sus
alm as en el templo, que en sus gustos y conversa-
ciojies ordinarias; no tenían mas levantado el cora­
zón en Dios, ¡'1 Dios en la m isa que en la mesa;
servían en el m inisterio mas por modo do vivir en
Jo temporal, cuino hace el labrador, el zapafero y
el sastre; que no por lo espiritual, y por ag rad ar á
Dios, y por el bien de las alm as, y por cum plir su
sagrado m inislerio.
Es lo nacía de que como aquellos m alos sacerdo­
tes no habían menester para llev ar la renta y los
diezmos, ser buenos m inistros, sino ser m inistros;
ser buenos curas, sino ser curas; ser buenos
obispos, sino ser obispos: trataban de conservarse
en el oücio, : pero no de servirlo; de disfrutarlo,
pero no de llenarlo; de gozar en él, pero 110 de.
padecer por él; de llevar la lana y la leche de
las ovejas, pero no do gobernar las ovejas.
Eran unos hombres sagrados en el m inisterio,
y toLalmeutc seculares en el ejercicio, y como
el seglar trata solo de sacar el irutu de su h a­
cienda, y no tiene por fruio sino el sustento, la
honra y las comodidades, de la m isma man era
(el ice Dios) es los s a ce ni otes de Israel en aquellos
pendidos í.ienqjos como si fueran seglares trata-
m oria alguna de las alm as. Todo es Lo dicen á
la letra (cu mi clic Lumen) y en el de cualquiera
de m uy moderado juicio, estas palabras; Inter
sanctum et p r o f a m m non h a b w r u n t disícmtiiwv, eslo
es, servían lo sagrado como secular.
Y cierto, señeros, quo según es la huma na fra­
gilidad, y m as la mia y de otros como yo (si hay
alguno que sea tan perdido como yo ) que parece
que podia contentarse el Señor, de que con el
amor qne traíam os á lo secular ir atusemos á lo
eclesiástico, y que el afecto que leñemos á aquello
lu tuviésemos ' á ésto; podia contentarse con lo
que deseaba san Agustin, cuando decia: O si y o s-
semus in c it a r e h o m i n e s , ct c um ¿¡lis p a r i l e r a c e r e i-'
tari, itl tales csscnnts ama loras til wpermaneii lisst jnt iles
sitnt homine& ama lo r e s v ü w f ur j im ti s ! ¡O si pudiése-
íiios persuadirnos, persuadir y ser persuadidos á
am ar de tal m anera lo eterno como amamos lo
caduco y transitorio!
Pero es. señores, tan subida de punto nuestra
m alicia, y tan sutil nuestro propio am or, que d a­
mos iodo Vi afecto en lo eclesiásticoY lo secular y
fugitivo de lo eclesiástico; y sabemos dentro de lo
mas sanio y sagrado sacar una quinta esencia de
propia, comodidad ó interés, llevándonos el cora-
zon las reíUas, Jas conveniencias, las honras, quo
es lo secular, que anda entre lo eclesiástico, a r ­
rojando (como nanm ja exprimida) lo que es per­
fecto, sant,o y sagrado en lo eclesiástico, que es ei
provecho espiritual de las alm as; con que venimos
á hacer accesurio d élo principal, y principal de lo
accesorio, y aun á darnos del todo á lo accesorio,
— 124 —
y negarnos poco monos del todo á !o principal.
Véase en este caso si son justísim as las quejas del
Señor por E zequiel!

PUNTO X X X III.
LO QUE SE LES ACORTA I A LUZ A LOS P A ST O L ES liiS N 0
TliNIlíNJíO O l í ,VC1 0 M MEMORIA DE L I O S .

Añade el señor a Ezequiel, que no llegaron á co­


nocer estos sacerdotes, y m aestros, y ministros de
alm as la diferencia que hay entre lo m anchado y
limpio: Et ínter po ll ul um et mundum non intelle-
íf-erunt,
Mucho se parece esto á lo antecedente, antes
bien lo antecedente nace de esto, y esto de lo
antecedente, y se están dando las manos; porque
de tratar el sacerdote lo secular como eclesiástico,
y lo eclesiástico como secular, y du poner en lo
secular el amor que debe á lo eclesiástico, y en lo
eclesiástico el desprecio que debe á lo secular, nace
el no conocer cuál ca lo limpio y lo sucio. La ra ­
zón es, porque cuanto se le vá acrecentando el
afecto á i o terreno, lauto se le vá acortando en
lo espiritual.
Fáltale la luz al conocer, fáltalo la luz al obrar,
fáltale la luz al juzgar: ama y estima lo que no
im porta; no conoce, y asi desestima lo que im porta;
por eso el Espíritu Santo p ara dar sabiduría al
alm a, le pide que deje de am ar lo pequeño, para
que pueda am ar lo grande: R d i n q u ü e (d ice) i n f m -
lianij el m i b u l a í c p e r d a s prudentes. Dejad niñerías,
y andad caminos de hombres sábios y prudentes.
-135-
Lo primero quo su cedo al mal ministro efe ti ios, es
no conocer su perdición ea sí mismo, y luego tío
conocerlo en Jos otros. No conoce su camino, y
luego hierra el camino por donde lia de guiar ii
los "otros. No conoce los daños que hay en su alm a,
y luego no conoce los que hay en las de su cargo;
y no conoce lo bueno, porque 110 am a Jo bueno;
y no ama ío bueno, porque no conoce, ni piensa
m lo bueno, enamorado de lo malo.
Finalmente, no conoce, porque no m ira; y no
m ira, porque anda divertido; y anda divertido,
porque anda lleno de amor propio; y anda lleno
de am or propio, porque no acude á Dios por la
oracion y la meditación de su ley santa, y d e sú s
obligaciones, y de su bondad, gracia, justicia y
m isericordia; y con eso en profesion eclesiástica,
vive totalmente secular, secularizándolo todo con­
fundiéndolo todo, sin conocer las culpas en sí ni
en sus súbditos, tendrá lo bueno por m alo, y lo
malo por bueno; y alab ará al mozuelo su feligrés
de- que es valiente, cuando lo había de co rregir,
y al virtuoso ofendido que perdona, le dirá j^ue
es un cuitado, porque no se sabe ven gar; y juz­
gará que el estarse todo el dia jugando y p er­
diendo el tiempo que había de dar á la oracion y
á la lección, es un decente entretenim iento; y
tendrá la paciencia por infam ia, y la ira por va­
lor, y la astucia perversa tendrá por prudencia,
y á una loca tem eridad y contumacia, por cons­
tancia. El haber dinero con codicia y avaricia le
p arecerá providencia; y d ar lim osna y socorrer á
los pobres, p rodigalidad, teniendo por virtudes
aquellas que, como dice el filósofo m oral; Muíatis
nominibuSj s c e le r a sunt.
Todo esto encierra lo que dice el Señor: Et
—m —
■ínter poilutum d mundum non intdkucc-runt. \ todo
nace de que desprecian la ley de.! So ñor, no nte­
med i tán do la; de que por no m editarla m ancha­
ron sus santuarios; de que mane lia dos, los initim
como profanos; de que tratándolos así, no cono­
cen cual os lo malo 6 lo bueno; antes bien tie­
nen ío millo por bueno, y Lo bneno por m alo; y
son do los que decía el Señor, y á quien am ena­
zaba con oí urna condenaciom cuando decía: Vre
r obi s, qv i dirili s hoimm malura, el malum bonum.
( ¡ mi. v. 20.) ¡ Ay de vosotros* quo lia milis lo
bueno malo, y lo malo bueno!

p u n to xxxiv.
m: n au íZ A nr tyíf.x cto s con q t;e se iu m s e rv ir
kl m ik istk m o d el p asto u .

Prosigue el Señor, y como quien va contando


los pasos y precipicios por don di' van los malos sa­
cerdotes al infierno, añade: Et á sabbatis m e is a v er -
i crunl aculas sitos (Ezach. 2 2 .) Apartaron sus ojos
de mis solemnidades.
Esto es m as fácil de creer que de ad m irar; por­
que puestos los ojos en lo lemporal el pasLor,
preciso es que tuviese las espaldas y el colodrillo
á lo eterno.
Pues no decian misa estos sacerdotes? ¿No sa­
crificaban? ¿No iban á la ig lesia? Claro está que
iban y decian misa, porque sino los apedrearía
el pueblo, ios castigarla su prelado, no recoge­
rían ias ofrendas del templo^ los quitar ian tos cu-
ralos, cosaria con oso su utilidad 011 las prim icias
y los di iva nos, faltaría de esta suerte el su siento,
ja lio tira y la comodidad, la autoridad, p r o m i­
nencia y lucimiento. Forzoso es que fuesen á de­
cir misa, y adm inistrar; pero ludo es Lo no lo lio no
Díüjs ni lü i'idmiki por suyo, porque verdade­
ramente no es suyo, sino del cura, porque 110 lo
hacia por Dios, sino por sí.
¿Qué le va á Dios en orden á las alm as, en
que con;a sin servirle, el cura 6 pastor? ¿M ejo­
ra use ellas con oso? íüsto al pastor le im porta.
¿Qué le va á Dios en que. sea lucido, honrado y
estim ado, en que tenga comodidad y rentas? en
(pie sea el primero del pueblo, si no sirve, ni
obra en ei ministerio que debo? Si aquello que
obra, tul cual es, lo obra todo por su convenien­
cia ó interés, (;eu qué; obliga con olio á Dios?
¿ Oué ganan con eso los feligreses? Será justo que
toilos le estimen y sustenten, porque es su p ár­
roco; pero no podrá hacerle cargo á Dios, ni aun
descargo de ello, si Lodo lo obra para sí, y no
para Dios; y lo qnc es peor, no hacer obras de
Dios, sino de si,
¿H abrá hombre que le haga cargo] á su amo,
diciendo, yo he comido, yo he lucido, yo he triun­
fado en vuestra casa treinta años, y asi agrad ecéd ­
melo mucho? Ese cargo el amo ¡ja de hacerlo ú
su criado.
Si cuando tiene la ocupaeion en la iglesia el mal
sncerdoie (de quien habla Dios por Ezequiel) tiene
el pensamiento en sus com odidades; si cuando
hace el sacrificio esterior, sacrifica á su propio
amor y voluntad, interés tem poral en lo interior,
y lodo k> hace por sí» y para sí., m ira ni.lo á sí,
con poca ó ninguna memoria de Dios; ¿qué es lo
qun lo dí'he Dios, si Dios pudiera deber? ¿A que
fompás entra Dios?
El sacerdote que m ira á los sábados y solem­
nidades, y pone los ojos en ellas, como hacen tan­
tos. por la bondad divina en esta diócesi, es el que
promueve con el pueblo que sean veneradas las
santas festividades; el que solicita con el ejemplo
y la vez que se rece el rosario; el que procura
que usen sus feligreses de las solem nidades para
bien de sus alm as; el que es el primero que p rác­
ticamente las facilita las cosas del servicio de nues­
tro Señor y les alienta y enseña en sus santas
devociones;' el que los quieta, consuela, socorre
y paciíica; el que es el primero en la iglesia,
d primero al rosario, el primero á la devóciou:
ei que se encierra, no solo tal vez, sino m uchas
veces en ella, y se postra al santísim o, pide,
clam a, llora, ora por sí y por ellos; y finalmente,
ríe tal m anera estima las festividades,, que todos
los di as para su alm a son y hacen festividades,
pues para los eclesiásticos todos los dias son fies­
tas y festividades.
Esa es la razón, señores, porque p ara los sa­
cerdotes no h ay lunes, ni m artes, ni m iércoles, ni
jueves, ni viernes, sino sábado y domingo; y
luego en lugar de los otros dias, se subrogaron fe­
ria segunda", feria tercera, feria cuarta, feria quinta,
feria sexta, que es lo mismo que decir, fiesta se­
gunda, tiesta tercera, cuarta, q u in ta, y sexta; y
esto desde la prim itiva ig le sia; porque asi como
nuestro oficio es de vacar siem pre á Dios, han de
ser desde el domingo al sábado todos los dias de
Dios y así como en nosotros es diversa del siglo
la vocacion, ha de ser diversa la destinación de
los dias.
— i ao —
Cun claras pulalm is lo dejó ordenado así san
Silvestre pontilieo, ronlirniando y decretando lo
que en lo antiguo va tenia admitido la Iglesia: Sab-
bnti f' iJico) ei domin-ici di-ai nomine re tent o : r dieit as
h-MomadfP dm> f e r i a r v m n omine dí s í me lo s ( uli j a m
anle in Eeclesia v ac ar í c e p e r a ! ) appell ari voluit, v i
signiftcareltir quoiidic d e r i v o s , abj ecta c wt c ra ru m
re-rum c u r a , un i Deo p r o r s u s v a c a r e debere.
Por eso también somos llam ados clérigos y
clero ,. que cu griego quiere decir, separado y
upar lado de los otros; porque hemos de ser una
heredad del Señor separada y apartada ti el siglo;
y hemos de vivir dentro del siglo sin siglo; y entre
ios seglares, eclesiásticos; y en Iré los profanos,
santos. Todo oslo hadan y hacen los buenos sa­
cerdotes y curas de esta diócesi, y de dios no d irá
d Señor, que á sabbatis m i s u v e r l e m n l ocnlos sv os
( It ee chwl x x n .2 6 .) ; de d io s no d irá, que vuelven
las espaldas á lo eterno, y los ojos á lo tempo­
ral. Dirá lo de los que abrazados de lo ten ¡pora!
f si hubiere alguno,) olvidados do lo eterno, disfru­
taren en el ministerio de ío eterno et interés y con­
ven i m in a tem poral, ó hicieren p ara lo temporal
anzuelo del m inisterio (Jesünado á lo espiritual y
eterno.

p u n to xxxv.
a i a * T K u im su : mal es quk los pastotuüs se a s i-s -
C AI SD A LO SO S.

Por último, en la perdición de los malos sacer­


dotes y pastores, corno quien señala él postrero
— i ;ío —
y m ayor despeñadero, concluyo: Et c o m j t t i m h a n t
in m edio eorvm ; poca lian culi esc fu id a lo n i medio
do las festividades, y en medio do sus ovejas.
No ieilian vergüenza, ni honra, ni pundonor', ni
m inisterio, sino que tratándolo_ como rastro dé
estimación del secular, no conociendo lo que vá
de lo sagrado á lo profano, puestos los ojos en
holgarse, olvidados de aprovechar á las alm as,
de la misma ni ¡m ira juraban s jugab an , bebían,
triunfaban, reman, decían injurias y escandaliza­
ban en medio del pueblo, y en las plazas y las
calles, como cualquiera de los perdidos del lu g ar.
Esta es la últim a de las perdiciones de los
eclesiásticos, cuando sucede (lo que Dios no per­
m ita,) hacerse el eclesiástico seglar; de tal m a­
n era, que como no tiene el seglar relajado por
afrenta el ju ra r, el vivir amancebado, el ju g ar,
el tener pendencias y escandalizar el pueblo, ni
tampoco el eclesiástico.
Bien creo, señores, que nuestros vicios raras
veces son ocultos, por mucho que los esconda­
m os; porque todas nuestras casas tienen las pa­
redes de cristal, respecto de que se ve desde
afuera cuanto hacemos allá dentro, por la curio­
sidad, diligencia y atención con que somos cen­
surados de los seglares, pues vivim os por el mi­
nisterio, por la exención, por la obligación, por
el estado sagrado que tenemos, como e] blanco
á la saeta; y nos m iran á las manos mas que A
otros, y m uy justam ente, porque somos la atala­
ya del lu g ar; y con razón nos atienden, porque
somos la vela sobre el can del ero; y con m uy fun­
dam ental derecho nos observan, porque somos la
ciudad y sus m urallas, puestas en la em inencia
del monte. No pueden apenas levantar los ojos
— :i;u -
los seculares, qm* no nos miren y atiendan; luego
topan con i*1 cura, en el a lia r, en la Iglesia, en "el
uso do los sacram enlos, en cuantos pasos se dan
en la adm inistración.
Pues véase ahora, rodeados de testigos y de A r­
gos* y de ojos que nos m iran ¿('('ano podemos
ocultar nuestros escesos? 3Jal se podrá esconder
á los murtales la oscuridad, cuando el sol recoge
sus rayos ai m orir. Mal podrá ocultar sus ti nie­
blas, omuid o le hace som bra la noche: la vela
que no ardo ó que se apaga, ella m isma llam a el
conocimiento de su defecto con haberle faltado la
luz. Esos son, señores, nuestros defectos y cul­
pas, que como apaga]i la luz del ejemplo on los
seglares, no solo se conoce por las sombras, sino
por los principios y prim eros desm ayos del lu ­
cimiento.
Pero todavía hay diferencia grandísim a de pe­
en r el eclesiástico ron color de vergüenza, y reti­
rando el escándalo, y tropezar m as que caer; y
cayendo levantarse á cam inar, y conservar por lo
menos modestia esíerior: y si dos saben mi frag i­
lidad procurar no lo sepa todo el pueblo, á ser es­
candaloso, arrojado, y a c oinqui nare in medio e o r u m .
P reciarse del mas alentado de lu g ar, ju g a r y ju g a r
en medio de él. y obrar en profesión de sanio son
públicas acciones de relajado y perdido.
Estos m inistros de Dios no tienen otra pena, sino
la que el Señor dá á los escándalos: Ut suspendaiur
mol a asín a r ia¿ et d e m e r y a t u r in p r o fundí un ma ri s.
(Matth. xvm. C.) Echarle al cuello un cordel, y ata­
da nna rueda de molino, arrojarlo al profundo deí
infierno donde está Judas presidiendo á los malos
sacerdotes: ' FJ ibi m í (leías, el xiridor d m t m i K
et ve r mi s , q ui non m o r i l n r , et i g m s q u i ñ ó n extingue-
- m -
tur. ( ftfntfh. v i i Ti 12, Isai. l x v i . 24 .) Allí sor A o] ce­
rnir sin cesar, alJí el ptinar sin p arar, allí el ardor
sin m urir.
Justam ente dijo el Señor de rste género de os-
cán d alo s- Ver tinü amen va* h omi vi i l l i p e r (¡uim s ca n -
d a h r n v e ni t . (Mallh* xvrri. 7.) ¡A. y do aquel por
quien sucedí! el escándalo! ¡A y de aquel en quien
tropiezan los otros! jA y de aquel que habiendo de
ser guia, es lazo; habiendo de ser espediente, es
embarazo; habiendo de ser muestro de verdad,
espíritu y virtud, es maestro y ministro de culpas,
m aldades y perdición!

p u n to xxxvi.
QUE EL PA ST OR E?C LA PREDICACION IIA Ü\L MIRAR SOLO
A DIOS EN EL P R I N C I P I O , KN EL MKDIO V EN EL I'LX.

D ije que el Señor en estas breves palabras de


la tem erosa Trompeta de Ezequiel; Knja nx o r e
m e ó sermonara ammt ia b is ais ex me, pone las tres
partes que componen al evangélico orador que
son como ha de comenzar su ejercicio, como "ha
de proseguir, como le ha do acabar. Porque ha
de comenzar, como hemos dicho, oyendo á Dios.
audiena; y de allí ha de venir la doctrina, y allí
ha de pedir la lux, y el que comienza predicando
antes que orando, temo mucho que no sald rá
persuadiendo.
El buen predicador ha de ser grande orador;
no íanlo orador natural, cuanto orador de ti 11 so­
b ren atural; no orador de palabras, sino de espí-
- m —

rila , gracias y obras: no orador al pueblo, sino


¡i Dios, quc ore, lloro, pida la/ y socorro <i Dios,
Digo lloro, porque tal vez á la oracion ha de ju n ­
tar la compunción por sí y por sus feligreses, p ara
que haga eficaz la persuasión.
Hay género de demonios, esto es, de vicios,
que como dijo el Señor: Non ej i ci un tu r nisi ¿n o r a -
t i o ne, et j vj un io . (j/arc. íx, 2 8 .) Es m enester ora­
cion, ayuno y penitencia, para echar una m ala
costumbre de un pueblo; y para convertir á un
pecador endurecido, es m enester oracion. y lág ri­
m as; porque la oracion persuade y ablanda, pero
la penitencia y compunción, parece que fuerza á
Dios; así lo dice san Agustín: Oratio Deum un-
(jit, sed l a c r y m a ¡jimijit: Lee leuit, Ule c ogi l.
Sermón de pico solo y que todo se reduce á
la voz, y que sale d e ia boca y no del alm a,
deleitar puede, pero p ersuadir con grande d iíi-
eullad. Es menester que salgan calientes las pa­
lab ras desdo el corazón, para que calienten á
los corazones fríos. Es menester que salgan en­
cendidos los discursos, p ara que enciendan; que
salgan abrasadas las palabras, para que abrasen.
Es expreso esto de San Gregorio el Magno, o<>jl
estas elegantes palabras: Ad m p e r u m de si de r ium
inf lammar e audit ores n e q u m n l v er ba , ( fi w f r í g i d o
c o r de ¡ r ro fe r im lu r ; nec e ni m res¿ qiue in ipsa non .
ardel aliud nccendtL
.Primero calentó el E spíritu Santo á los após­
toles con su fuego el din de Pentecostés, que ellos
calentasen á los otros. Con aquel fuego que a r­
día en el corazon de S. Podro, redujo' en la p ri­
mera plática tros mil hebreos y gentiles, y cinco
mil nn la segunda, Luz apagada no alum bra:
brasa ya vuelUi carbón no enciende; de c e n ia s
-1 M -
fri;us no se levanta la llam a: hierro tVio enfria^
el caliente abrasa.
Después de haber dicho de donde ha de re ­
cibir el sermón el predicador, que es de los la­
bios de Dios; Ex o r e meo, en el oráculo de la
oracion, dice que no tarde en predicar lo que
oyere. Loquarc, este es medio, y de esto hemos
hablado en los números antecedentes. Pero el
fin es hablarles en nombre de Dios, Ere m e , h a­
blarles aquello que le dijo el Se fio r: no h ab lar­
les solo, sino anunciarles; Anuntmbis cis ex me.
Aquel anunciarles, insinúa de parto de quien ha
de hablar; esto es, no le hable de su parte el
predicador, sino de parte de Dios. Es como si
dijera: .¡No te hagas dueño del pulpito, no re­
ndir/cas la doctrina ni el espíritu á üi ¡nició. De
si mi parle, dice Dios, les has de hablar, ex o r e
»meo. no de la tuya. Alias son 1as_criaturas, mío el
«negocio, m ia la em bajada, m ia la doctrina; no
«busques tu lucimiento en ella, no tu autoridad,
»no iu gloria, sino la m ia.;’
Ammtiabís e ü ñoc me. \o has de ser de aque­
llos predicadores [poco menos que blasfem os) que
decían: Labia nostra a nobi&s u n t . ( P m l m , \i. 5 .)
Muestras son nuestras palabras, no de otro; nues­
tra es la delgíideza de nuestro discurso, no de
otro; nuestro es el ingenio y el concepto, no de
otro; mi es 1ro es este pensamiento, no de otro.
Los cuales añadieron: Quis n o st e r Dotnínus est?
¿Quien hay que sepa como nosotros? ¿Quién es
m ayor que nosotros? ¿Quién es nuestro superior?
Superiores somos en la elocuencia y estilo é in ­
genio á todos los otros.
No perm ita Dios que su evangélico p red ica­
dor sea do estos, sino que fl«tííefis ex o re Dei,
síjmojííwt. ¡tu uní i d ¡í s ex ¡)eo. Aquello mismo qiu*
oyó el predicador do ios labios del Señor por la
oración, lo <¡ue sacó de la sagrada Escritura> lo
que di ó el Evangelio, lo que "le ofreció el estu­
dio y sant;i meditación, no lo haga suyo, ni ío
tenga ni detenga en sí, para bu honra, estimación,
crédito, 1lie i mió uto y vanidad, sino que lo diga
de parte de Dios, vio de la suya: Annntiabis eis
ex me.
Es ordinario el tomar sabor el agua de los
conductos ó m inerales por donde corre á la fuen­
te: así la palabra de .Dios, si no cuidamos de
purificar la intención, y de publicarla in ( m o r e ,
el ( re mo re , et c kart late, d ftde non ficta, el cons-
cientia bou a (;l. Timotk. i. o .) , fácil me ule le d a­
mos nuestro mal sabor y olor.
Por eso los Apóstoles levabant retía. (Lucm v.
1 ) para pescar, como quien lim pia la intención
al predicar. A esto m ira el decir de Dios: Au­
diens ex o r e m e o , s e rmo ne m meum (inniiMiabü eis ex
me. « (Jue no se contentó con decir Annuntiabis
«ci's, y ex o r e meoJ sino que anadió, ex m e como
si dijera: Advierte, que mi palabra nunca ha de
«ser .Luya, ^iuo m ia; ha do ser mia al comeny.itr;
»ex ar e meo; ha de ser m ía al proseguir, «híihu-
"lifíbis e i s ; ha de ser mia al acabar, ex me. Es
"como si dijera: Como yo te la digo, la digas;
acornó la común ico, la comuniques; como la cíoy,
«la des; ni quites, ni pongas, ni añadas m as de
»lo que te digo: seas fiel'em bajador, leal m inis­
t r o , todo lo digas como si yo lo dijera, y como
»yo te lo digo; por m i, por mi servicio,* por el
'•bien de mis alm as, por mi honra y glo ria, y no
>'por tu interés, lucimiento y conveniencia.»
— 130 —

PUNTO X X X V II.
QUE HA PE SER M E V E , CLARO \ EFICA Z EL SERMON DEL
PAS TOR EVANGELICO.

También los acentos de esta espiritual Trompeta


enseñan á predicar, y nun á temer y tem blar,
porque dice: Si m e dicen le ad impíum, i mpi e m o r le
m or i ef i Sj no n f u c r i s locutu•&, ut se c m t o di at .
¡R aro serm ón! ¡lire v e , fuerte y eficaz! T res pa­
labras solas, que pesan mas que infinitas lib rerías:
í m p i e m o r te m o r i c r i s . T res palabras que compren­
den mas que innum erables discursos Impie m o r le
m o r i e r i s . «Im pío, con la muerte m orirás. Tmpío,
«m ala m uerte m orirás. Jmpío m orirás dos m uer­
d e s ; una á esta vida temporal, otra á la eterna.
«Im pío, con la prim era se acaba tu poder, tu
«riqueza, tus deleites, tu grandeza, tu salud, tu
«autoridad, y todo cuanto aquí puedes am ar, tener,
-'desear, apetecer. Con la segunda comienzas á
«arder para siem pre en el infierno. Impío, ten
»presento la muerte temporal que te am enaza, para
»no in currir en la segunda eterna que te. espera. »
Aquí explica el Señor, qne los predicadores
evangélicos digan palabras claras, eficaces, cier­
tas, verdaderas, llanas, santas; porque estas, con
espíritu y fervor, pesan mas que ia elocuencia
de Tulio, de'Demostenes, de Salustio y Qninti-
liano, y de cuantos oradores con ocio la lengua
g r ie g a 'y latina.
No es, señores, la naiuraloza la que persuado
en el orador cristiano, si la g racia; no el hom­
-1 3 7 -
bre, sino la virtud interior que anima al hom­
bre; no la palabra hum ana, sino la santa y d i­
vina: no la voz es tenor, sino el espíritu interior
y superior. Tu lio supo ponderar la m aldad de
Cali lina y la virtud de Marcelo; mas no hace m e­
jo r á M arcelo, ni bueno á Cali lina. M udar afec­
tos interiores de las alm as, lim piar los corazones
de culpas, sacar la alm a de la servidum bre del
demonio, 110 lo hace lengua de carne, hácelo
aquel de quien con adm iración decían ios infie­
les; Qu-is est ¡tic, q ui el k m p e c ca t a di mü ti t f t u c w
vii. 4(J .) Hácelo aquel de quien dijo el íiel y
m ayor profeta: Ecce qui lolUl p e c c a t a mimdi. (Joan.
i. 2Í).) ílácenlo aquellas lenguas de fuego, que
el Espíritu divino envió sobre los Apóstoles.
A quella con' que está hablando y persuadiendo
el evangélico predicador, que oye por la oracion
al que mandó que le oyesen, cuando dijo: Et
ipse mr/geret vob¿$ omnta, (juwcunique díivero ro-
bis, {Joan. xtv. 2í>.)
Pondera y enseña esto con soberano espíritu
san Agustín, y con elegantes palabras. P rw di c a-
l o r , dice el Santo, nt ¿ntellújcnter, iit lihentcr.,
v i obedianicr audialur. ¿Quiere ser el predicador
entendido de los oyentes? ¡ n t d l i y e n l e r ; pues en­
tienda ííl prim ero, y atienda á Dios. ¿Quiere pre­
d icar con gusto? Libenter' lome prim ero por la
oracion gusto de Dios. ¿Quiere que su voz sea
obedecida de los oyentes? Obedienler: oíga él por
la oracion, y obedezca á la de Dios: Et hoc p o s -
se m a g i s p i d a tu o ra l io nu m, qunm o r a t o r i a facúltate
no n dubüet* No dude, que obrará mas con la pie­
dad y religión orador de Dios, que con ia elo­
cuencia orador y retórico del pueblo, orando en
la presencia divina primero por sí y por los que
— 138 —
le han de oír; sea untes orador, que no doctor;
Orando p r o w , et p r o Mis, quos est al loeiUurm,
ait pritis o rn t or on leq uam doctor. El ipsa h o r a a o
twlens, anleqitam exeral prof vrct ilom l i nguam, ad
Deitm level anima n i s i t i m i t a t } , ut e r u c l e t quod bi-
h c r i t J el quod i m p le m 'i t fundal.
Otro S. Agustín hnbia do reducir á nuestro
iiliorna oste 1L ig a r elocuentísimo de S> A gustín;
léanlo y medítenlo, señores, que 110 quiero des­
lucirlo con traducirlo,
Entren, pues, señores, á persuadir á sus feli­
greses, persuadidos; entren ¡í ensenar que am en
;i Dios, e n am orados; enlron á publicar peniten­
cia, penitentes; entren á que aprendan san tidad,
santos; que pocas palabras eficaces, llanas, ver-
daderas, harán mas obra en los corazones, que
cmuií.íL elocuencia mistaron los romanos y ios
griegos.

punto m vn r.
Q l [E EL I>{j I-;N P A ST O » HA. i>E MIK IUCAK, PORQUE Ql JlE Hl i
UlOS, ¥ COMO QUJEKfi Di O S , V i'AílA IUO S; Y DE], MAL
l’IUtfUCAlíOR QUE HACE LO CO NTR AR ÍO .

Pasan adelanto estos acentos temerosos de la


espantosa y útilísim a Trompeta de E zeqm el: Si
no k s dijeres estas palabras á tus oyentes; Si non
fuerix iocutus, ut se cus tu dial impías á v ía s u a . Si
no dijeres tu em bajada, si no hicieres i o que te
mando, si no hablas aquello que vo te digo: Ipse
i m p i m in iniquilaíe sita m o r i c í u r . M orirá el impío
y- pecador ea su m aldad.
HasLa a qui dice Dios la culpa y el daño; y afir­
ma el daño, para su m ayor ponderación, á vista
de- la culpa, pues es cotilo si dijera: « Por no
» decir tú lo que yo te m andé que le dijeses al
» im pío, murió el malo en su m aldad; por no p re ­
d ic a r tú lo que yo te mandé que predicases,
«se perdió el impío en su im piedad. »
Dos cargos le lince Dios al cura y al obispo, y
al evangélico m inistro en este casó. El prim ero,
de que no le dijo al impío que so enmendase.
A esto mira el no tocar la T rom peta, para que
se guardase de ia espada del demonio, que siem ­
pre amenaza nuestras cervices; esto es, no p re­
dicar, ni de una m anera ni de otra. Por eso le
dice: Si non f u e r i s lócalas. Como si dijese; P r e ­
dicador mudo, siendo cura, aunque sea virtuoso
(si puede ser virtuoso siendo mudo) es un teso­
rero avaro; incurre en lo que dice el Señor cu
ei Eclesiástico: liana abscondita in o r e c l a m o , quasi
(ippfísiiiancs rpul arum c t r m m p o s ü m sépale tiro. (Ec-
d i . w \ . Í8.) Y en otra parle; Sapienlia abscondiia,
H lliamuriti iniñsns quw útilitas in vlrisqui'' (Ec ci i.
x\. 38.)
■El segundo, de que uo le dijo las mismas p a­
labras (pie el Señor dijo al ^predicador, para que
bis predicase; esto es, aquella m isma e v a ngé l i c a
doctrina. A eslo m ira, ex o r e m e o , ut. se c u st o ­
dia! impius á ma m a . Quiere que le d ig a; impí o,
m ir a que c o r r e s p o r el c ami no del inf ier no; al i n ­
fierno-, apár tale del camino del inf ierno . Y esta d o c­
trina dígala desta ó de aquella m anera; pero sea
clara, santa y verdadera doctrina.
Con esto am enaza ei Señor á dos géneros de
predicadores; el uno, que. siendo predicador, no
predica; siendo pastor, calla; guardando ganado
— lío —
no silba; sioiuln su olido exhortar, enm udece;
si oí ido su olido de Maestro, no enseña.
El segundo, á los que siendo su oí icio de de cil­
io que Dios quiere, dice lo que á él se ie un toja.
Siendo em bajador, altera la em bajada; siendo'su
oí icio de ministro, con Ir a vi ono á la orden; siendo
sn oíicio de criado, no obedece; debiendo p e rsu a ­
dir para Dios al auditorio, lo persuade p ara sí;
debiendo enam orar de Dios, no lo hace, sino
que (siervo adúltero ) lo galantea y lo enam ora
de sí.
Con cualquiera des tas cosas se puede condenar
el cura y pastor, ó no predicando, ó predicando
lo que Dios no quiere. No predicando, se pierde
con la oinision;vy predicando, con la presunción;
predica engafios, cuando ha do predicar detén­
ganos. Es la higuera m aldita del Evangelio; ofrece
hojas, cuando debe ofrecer fruta. Despide flores
(si ya no dañosísimas espinas) cuando ha de ofre­
cer virtudes. Entretiene cuando ha do persuadir;
brinda con veneno á las alm as, cuando ha de
ofrecí ¡ríes leche. Da d ¡dei te, (Miando ha de darles
doctrina, ílaeo teatro la cátedra, y aplausos vanos
la evangélica Trom peta; llena de humo, cuando
ha de llenar el auditorio de luz.
Si se pierde, pues, él impío, porque calló el pre­
dicador, tí porque habló lo que no debía habí ai1,
im piedad es de igual culpa en el pastor; ¿quo im-r
porta m as uno que otro? Arden las alm as en vi­
cios, y echaremos sobre ellas, para apagar tanto
Aiego, un poco de agua rosada. Arde la casa
por las esquinas, y comienza la llam a de los c i­
mientos, y e stá n . humeando los techos: ¿bastará
para apagar tanto fuego echar sobre él y ro-
—lil —
Es ponderación do aquel varen celestial, digno
p adre do la Iglesia, arzobispo do Valencia San tu
Tomás do Vi 11anuo va. ¿Quién (d ice el Sanio) os
ian noció,, quo cuando si; esíá quemando su cusa,
so pono m uy despacio ;í m editar discursos di i elo­
cuencia y de retórica, para persuadir quo lo ayu ­
den á ap agar el fuego do aquellas llam as? O atulte
(dice) ardef domus t w i f et ítjniif omitía deva-slnt, et
tu sp cc l os relburteam_, vi nrulwntm conrposünm? Intru
tu r e i vitas ah iniutirh^ et iu canias, v( b l u l e r a s ?
Hace ('1 demonio cruda guerra á nuestras alm as,
llévalo lodo á sanare y fuego, abrasando las cos­
tumbres; y nosotros predicadores evangélicos sal­
dremos á oponernos á tan desmedida fuerza con
vainillóte do rosas, do claveles y jazm ines?
Así, señores, no ha do buscar en su auditorio
aplausos, sino suspiros; 110 alabanzas, sino lá­
grim as; no aclam ación, sino contrición; Docente te
(d ice san Gerónimo á No poda no) in Kcclesia non
c la mo r populi, m l g e m i l u s m se i ten t ur; l a c r y m w atidi-
t o r m n , laudes tu a1 sint. Añade luego, las Santas
escrituras, son m aterias de tus sermones. .De in ­
doctos es engendray con el modo de decir (sin la
sustancia) adm iración en el vulgo. No hay cosa
mas fácil (prosigue) que despertar adm iraciones
en la plebe el liviano predicador con la lijcroza
de la 1Pilgua y oscuridad do sus conceptos; porque
el auditorio popular, tanto m as es lo que adm ira,
cu a ni o es menos lo quo entiendo do aquello que
está adm irando: Sermo p r c s b i l e r i S cr ip lu rar um leo-
t ione c o nd i tus sil, v er b a v o lv er e , el e d e r i t a t e dic endi
npiid mp er iium. v u l g o s „ a dm ir a ti on e sui facete, indúc -
t o n m hoininun est. iSihil tara fa ci le, quam v il em p ie -
veevUmK et indoc Um c o nc io nanli s Un/juco v o h m l i l a í e
d m p v r r j qv(p tjwdtprid non infeliigit pl us mira tur,.
-1H-
No sola ni 01 iio es mulo predicar de esta m anera,
sino peor que ol callar cuanto es peor la omision y
comision en lo malo que no solo la omisión; porque
ei que Oídla y no predica, aunque pee;i pur omi­
sión. pero por lo menos no adultera ia palabra
del Señor, ni liso n jea, ni justifica ios vicios; peco
til que al tiempo que ha de reprender, lisonjea, ai-
haga, palpa y deleita, ú los oyentes, que son los
que necesitan del remedio, y los deja con vicios,
acredita en cierta forma los vicios, y autoriza á
los viciosos; pues parece que les dice, que les basta
tan lijera m edicina.
M ayor daño causa al enfermo el médico que le
engaña, que no aquel que no le cura; porque éste
u i le cura ni le engaña, pero aquel con engañarlo
lo m ala,
Y así,’ señores,1 huyamt os de estos dos caraos. ¡T* •
que son cargos sin descargos; huyamos de la omi­
sión de no predicar, y de la omision y comisión
de no predicar lo verdadero, lo santo, lo verdadero
y lo útil, predicando lo superfino, ó lo dañoso<
Las palabras que se siguen de ío que será del
pueblo, sino oye á su pastor, las explicamos en el
Punto xiv, v a sí'so b ra explicarlas ahora; pero unas
y otras son de consuelo a] pastor, y desconsuelo
al ganado, porquu dicen: Si auíem an vn l tanto le
ad impium, uí a v i h m i s c o n vc r ! atm\ non f u e r ü c on-
v e r su s a via s m : ipse m iq ui ta te sua m ur i et ur : p o r r o
tu animan tiiam li herns tú (Ezech. xxxm. 9.) Pero
si habiendo tú anunciado las palabras que yo te
be dicho, no se g uard are el impío, el m orirá en
su m aldad, pero tú te salvarás.
No sé si diga, señores, que alegra el úiíimo
acento de esta formidable Trompeta, porque acaba
salvándose el pastor; pero se salva perdiéndose
- m-
la oveja; y en quien am áre tiernamente las alm as
de su cargo, no p a r r a que es con suelo salvarse
él, ouaudo ellas so le condenan.
Después ile eso el médico no está obligado á
curar, sino á cuidar; osla palabra cura, no sig ­
nifica m edicina sino cuidarlo, atención, desvelo y
diligencia. Curemos, cuidemos, velemos, exhor­
temos dia y noche, el a memos á Dios, y pidámosle
luz y g ra d a , fuerzas y espíritu, como nos ([ice san
Pablo*! con cuyas palabras concluyo esla carta mas
paternal quo pastoral, que después Dios obrará
aquello que mas convenga á su glo ria y á nues­
tro bien.

PI NTO xxxix.
KPILOCO P E ESTA PA ST O UA L, CON CiS LUGAR J>K SAN PAULO,
EX1IOUTAMDO A LOS l ’AK'fOUKS DU ALMAS A LAS SANTAS
OPILA CION ES I>F SU ¡VIJKISTEJUO.

Uotjamm ( er go) f r a i r e s J c o m p i t e i nquiet os, c onso-


l ami ni pusilUmmes^ m s c i p i t e í n f i m o s , pal ien! es e s ­
tol e .ad om-nes* Vidríe n equis maiv-m p r o malo al i-
c ui reddtH; sed s emp vr tjuod h o m m est s ec t ami ni in
i m i c e m ; et in o wn c s. Sempe r <jándete. Sine í n t e r ­
in Isione o r a t e > In oirán bus (¡rafias agit e: ha>c est
enim voluntas Dei in Chrísto J e m , in ómnibus v o -
Ms Spiritum v o l i t e c rí i ny ui - re: P r o p h e t i m ao iüe
s p e r n e r e : Omnia aulcm p r o b a te: quod honum esl t ene-
te; Ab omrti vpecie muta nbslinete vos. ípse autem
Deus p ac i s sanctificet ros p/.f omnía: v t i n l e g e r spi-
n l v s ráster,- el n n m a , et c orpu s sine querella- in
adv mt u Domini nofitri J esu CJtrisfi s e r v e t v r . (Paul ,
í : Thes. 1 L ad 94V)
Rogamos, pues, ¡oh hermanos y señores m iusí
á su sin gular virtud y fervor: CorripUe inguieios*
et can so la mi ni p u si ll a nt me s á los feligreses inquie­
tos los conajan, á los pusilánim es consuelen: con­
suelo y corrección ha do oslar en la mano del cura;
una corrección quo consuele, un consuelo que cor­
rija. Báculo y vara, que el uno sustente, y el otro
ni orí 1fique, pero guie á las ovejas* Vi r g a Hta, el
bacuíns tmis, ipsa me consolata sunt. ( Psttim. xxii.
á .) Yirya enim■perculimnr (dice S. Gregorio M agno)
rt báculo suHe nlamur, sil e r g o di se r alio r i r g íp, qua}
ferio,/'til, et consolatio bacidi qum susleniet.- io s
mismos que solí inquieto? en lo m alo, son pusi­
lánim es en lo bueno; como buenos médicos han
do sacar del cuerpo el humor picante, para que
quedo y prevalezca lo benigno, mirando ti m edi­
cinar, no afligir ni castigar.
S u sc i p ü e in/irmos. (1. Thas. v. l i . ) A los ilacos
y enfermos de espíritu, recíbanlos con amor y
con dulzura, que á un enfermo no se le cura con
aspereza y rigor. Así como se lleva la lástim a del
m édico ol doliente, se ha de llevar la del cuca
el pecador, El uno se duele do las m iserias del
cuerpo, el otro de las del alm a. Si con aquel no se
enoja el médico, ni con éste debe enojarse el pas­
tor; curarlo sí, enojarlo no; rem ediarlo si, exaspe­
rarlo no. Ni es posible que el enfermo adm ita la
m edicina, si con aspereza se la ofrece el médico
que le cura*
Dicen ios físicos que la m edicina corporal ha de-
ap licarse, en cuanto fuere posible: CUo, talo, f a c u n ­
do: presto, segura y alegrem ente. Así el buen pas­
tor, médico de sus ovejas, ha de curarlas sin p e­
reza y negligencia; Cito,, prontamente. Is'escü tarda
■mol tmina Sp i r i tus San d i g r a d a Tuto. Con segur i-
-143-
dad, con doctrina sólida; con opiniones, razones
claras, llenas, fáciles y verdaderas: Jucando; con
alegría, con am or, con dulzura, suavidad, v c la ­
ridad.
Patientes slote ad o mn e$, Tengan paciencia con
todos sus feligreses, sufran tal vez su desam or,
otras sus descuidos, oirás sus flaquezas, no pura
consentirlas, ap laud irlas, sino p ara rem ediarlas; no
para que perseveren en lo m alo, sino para que se
reduzcan á lo bueno, A todos hemos m enester
sufrir, porque fi todos es forzoso reducir. Mas pa­
ciencia debe tener el mas sábio, y m as sabio es
el cu i-a que el feligrés; con blandura ha de sufrir
la rusticidad del ignorante, la luz 6 ingenio del
docto; paciencia hemos de tener con todos, y
nunca han de faltarnos motivos para su frir: al
viejo, por su encianidad y canas; al mozo con­
denándole algo por el fervor de su ardiente juven­
tud: á la m ujer, por su natural fragilidad; al niño,
por su im becilidad; á los superiores, por lo que
representan; á los súbditos por lo que los am a­
mos; en el corazon opte ard e el fuego de caridad,
ni puede faltar ocasion de padecer, ni motivos
ni sufrir.
Vi de te n e quis malmn p r o malo redihti, sed s am­
p e r quod bonum. est scctajnrni ivvü'ein, et in o mnes.
O . ad Thes. w 1 5 .) No porque ellos se enojen nos
hemos de enojar nosotros. No porque elfos nos
m urm uren, los hemos de m urm urar nosotros. No
porque ellos nos m uerdan, los be de m order; por­
que ¿p ara qué es bueno, dice san Pablo hablando
á los Corintios, m ordemos unos á oíros, sino para
que nos acabemos unos á otros? ¿ ¡ S m ut invu-em
c o n s u m a m i u i ? ¡Q ué fiera guerra seria, si se viese
que las ovejas le están comiendo al pastor, y el
10
— 140 —
pastor comiéndose á las ovejas! i G uerra injuriosa
y cruel! ¡Los padres con los hijos, y los hijos con
los p adres! ¡L os vasallos con sú rey, y su rey con
sus v a sallo s! ¡De dónde ha de nacer la hum ildad,
ver nacer poderosa la d isc o rd ia!
¡ De dónde ha de nacer la común conversación,
ver nacer inicuamente la perdición y ruina!
Non r e d i e n t e s malura p r o m a l o . (Ad Rom, xu.
17.) Volver mal por m al, lo hacen los étnicos y
gentiles, y los m alos cristianos; pero nosotros,
sacerdotes y ministros de Dios, hemos de volver
bonum p r o m a l o , bien por m al: Maledicitnur, et be-
ned ic imu s. (1. ad Cor. jv. 12,) Cuando nos m ald i­
cen, los hemos de bendecir. Habernos de repetir
infinitas veces la cláusula principal del Testamento
del crucilicado Señor nuestro, Redentor nuestro,
Dueño y Maestro nuestro; y cuando nos crucifi­
quen con in jurias (que raras veces sucede) decir:
P a r c e Mis, g u i a nesciunt quid faciunt. {Luc. xxm.
34.) Estas fueron las prim eras de las siete palabras
que el Señor habló en la cruz; puede ser que las
dijese prim ero, porque las tengamos siem pre por
prim eras. «Digamos, son pobrecites, Señor, no al*
»canzan m as, no pueden m as, no lo han de la
»voluntad, sino del entendimiento. No es culpa
»el no alcanzar mas; perdonadlos, Señor, que no
«saben lo que hacen.» Eí buen padre, con el
amor siempre cubre los defectos de sus hijos:
asi hace m uchas veces el Señor con nosotros;
Chariíaa o p e r ü m td t i lu d in mi p e c c a t o r u m . (1. Pet r .
iv. 8.) Su amor está cubriendo (esto es sufriendo
nuestros defectos.) Si asi lo hace el Señor con
nosotros, hagam os así nosotros con ios otros. Si
amamos á nuestros feligreses, los sufrirem os;
antes bien los sufrimos, porque los amamos;-
— 1-Í7 —
pues como (ücn discretamente san Gregorio:
Quantum- am as proídm u m , tantim ¡tortas; quod si
desinis am are, desistí p o rla re.
Sempeo' ijuod s m e t u m est se cl ami ni , vnvtcem., et
in omnes. Siem pre hemos de hacer lo m ejor, y
seguirlo entre nosotros y con los otros. Entre
nosotros los eclesiásticos/ animándonos, alentán­
donos, comunicándonos, esforzándonos p ara pe­
lear, prcelia Dominio para guerrear en la vida es­
p iritual, corno buenos y esforzados capitanes del
Señor; y á eso m iran las congregaciones de san
Pedro, la s conferencias m orales, á eso las espi­
rituales, á eso las santas correspondencias y recí­
proco amor de los curas.
Mas no solo entre nosotros hemos de promover
lo bueno, sino con lodos los otros; porque á
todos somos deudores, y mas entre aquellos de
quien somos pastores; virtud hornos de tener para
dar y rep artir á los otros. Nuestro ejemplo ha
de ser su ejemplo, nuestra vida su instrucción,
nuestras obras, su enseOanza: Deb-i lores s umus:
sp e cl ac u Um fa ct i , Deo; et angelis., el homini bus.
(1 . ad Cor « iv, 0 .) Todos tienen derecho á no­
sotros, Dios, como Señor, para que le obedez­
camos; los ángeles, m aestros, guard as y pastores
de alm as, para que los imitemos: los súbditos
para que los ministremos, m ejorem os y enseñemos.
Spwíper r/ándete, sine int e rmiss ione o r a t e . {Ad
Thes. v. 1 7 .) O qué discretam ente, señores, juntó
S. Pablo el gusto con la oracion; Cándete, et o ra t e t
dijo; como quien ofrece en la oracion Jos fiado­
res y las delicias del gusto. ¿Q uieren, señores,
aleg ría? Tengan o rac.ion. ¿Q uieren llevar fácil­
m ente las molestias y trabajos de) oficio? Ten­
gan oracion. ¿Q uieren que un monte apenas
— 148 —
pese una puja? Tengan oracion. ¿Quieren h allar
el gozo en el desconsuelo, el gusto en la pena,
el alivio en el trabajo, la alegría en el sufrir, el
consuelo en el padece]', y el deleite en el penar?
Tengan oracion. De este paraíso salen los cuatro
xios que riegan toda la tierra; esto es, las alm as,
y las llenan de frutos, de gracia, dulzura, de sua­
vidad y de gloria.
¿Corno hicieron tan grandes cosas los Santos,
sino con la oracion? ¿Cómo convencieron y con­
virtieron á toda la gentilidad los Apóstoles, triun­
fando de tantas persecuciones» sino con la oracion?
¿Dónde hallaron su constancia los m ártires, sino
con clam ar á Dios por medio de la oracion?
¿En dónde hallaron su fortaleza los santos con­
fesores, y tantas m ortificaciones, lágrim as y pe­
nitencia las toleraron in s ü e n t i o , et s p e, sino en la
oracion? ¿En dónde su pureza y lim pieza las
vírgenes, sino en la repetida oracion?
Y así señores, donde todos los santos hallaron
las virtudes, hallarem os nosotros la alegría al se­
gu ir y ejercitar las virtudes; el mismo Dios te­
nemos, el mismo poder tiene, ia m isma causa
defendemos, la m isma leche nos sustenta» los m is­
mos sacramentos nos apacientan, en la m ism a
Iglesia servimos; ¿qué falta, sino que los imitemos?
Añade el Santo: In ómnibus g r a t i a s a g ü e : no
solo habernos de orar con alegría, y alegrarnos
siem pre k vista de la oracion, sino que hemos
de pasar de la oracion y la alegría á dar por todo
gracias á Dios; aí comer, ai ie b e r , al cenar, al
acostarse, al levantarse, al trab ajar, al sudar, al
descansar, dice S. Pablo: fu ómnibus g r a t i a s a g i t e .
¿Me aman ? Doy gracias á Dios, que sin mere­
cerlo me am an, ¿'ftie'aborrecen? Doy gracias á
-1 4 9 -
Dios de que mereciéndolo me mortifican. ¿Me per­
siguen y capitulan? Doy gracias ú Dios de que si
lo hice, lo pago en está vida, y tendré menos que
padecer en la otra; y sino lo hice, llevándolo con
paciencia se me aguarda alta corona en la eterna.
No hay motivo alguno que no deba de dar gracias
á Dios, desde el nacer al m orir; pues todos eti
todo y del todo nos debemos siempre á Dios.
lime est volunt as Del in Chrislo J esu in ómnibus
vobis. (1 . ad Thes. v« 1 8 . ) Esta es, señores, la vo­
luntad de Dios ea nosotros, y con esto mismo ense­
ñamos (i que se haga la voluntad de Dios en los
otros, y que dejen gobernarse de la voluntad divina
los otros, viendo "que nos gobernamos por la di­
vina voluntad nosotros.
Spiritum nolite c x l i n g u e r e : No apaguemos e! fer­
vor del espíritu, jó verdaderos siervos y m inis­
tros de Dios! Spiritum nolite extín (fuere; los fer­
vorosos, que son muchos, prosigan: y si hubiere
alguno flaco y frág il, como yo. se m ejore.
Spirit um nolite eootinguere. Nosotros hemos de
procurar no apagarlo, nosotros solos podemos;
no nos lo apaga Dios, porque es la m ism a bon­
dad y luz; no nos lo puede ap agar el demonio,
con ser la m isma m aldad; ni lo s'feligreses, n ie l
mundo, ni la carne; nosotros solos podemos, por­
que nosotros solos querem os; Nenio Imiitur nisi
a se ipso. P e r d i d o lúa ex te í s r a d . (Oxeas ni* 9 J
Nadie basta á perderm e, solo basto yo á per­
derm e,
Spiritum nolite ex ti ng ue re ; llevam os esta vela
del espíritu encedida en la v id a, hasta !a m uerte.
Cerca está la corona, señores! á la vista cam i­
namos del premio; delante va con la cruz nues­
tro eapitan, pocos son los enemigos con su so-
«
-1 5 0 -
eorro; eterna gloria ó condenación se nos aguard a;
no apaguemos con las pasiones, culpas y om i­
siones, con la negligencia y pereza el espíritu do
Dios, que debe arder y lucir en nuestras aliñad
Este mismo que nos alum bra; alum bre á los feli­
greses; este mismo que nos abrasa, los abrase;
con nuestras luces vea, y por nuestros ojos m iran.
Propheti as nolíte s perne re . (1. ad Thcs. v. 20. )
Aquí S. Pablo persuade á los tesalonicenses, y á
tan virtuosos y ejem plares párrocos como hay en
esta diócesi, y entre ellos á m í mismo (el último
y el menor)- que no dejem os de las manos las
sautas Escrituras, los Evangelios, los Testamen­
tos Viejo y Nuevo; los libros de espíritu, de ver­
dad y de doctrina, los que nos dan santa y per­
fecta enseñanza
Finalm ente, nos persuade el Santo, que en este
valle de lágrim as tengamos por consuelo la luz
de las Escrituras: t í abe ni n. aoltUio sane tos libros
(Mu-chab. x i i . 9 .) ¿Qué recreación, señores, y con­
suelo tan decente, tan santo, tan inocente, como
leer libros de espíritu y de verdad, y que alum ­
bren nuestras alm as? Éste gusto, este consuelo,
este provecho, esta particular y pública utilidad,
no es de despreciar, señores; y así p r o ph e ti as , et
sánelos libros, nolile sparnere.
Lección y oradou han de ser nuestras alm as y
ejercido, si queremos aprender y aprovechar:
Quando l e g ñ (dice S, Agustín) fíeus tibi loquiiur;
quando o r as cum Deo loqtwris. L a lección nos enseña,
y la oracion nos mejora. Qrationibus n m i d a m u r ,
leciionihus m s l m i m u r : utrumque bommi esl: sed melius
o r a r e quam l e y e r e : quia in lectione c o g no s ci m u s quod
f a e e r e de be in m: in o r al i o ne ea dem ac cip imu s quw p o s -
fu lamas.
— 151. —
.De suerte, que nuestra principa) ocupación ha
de ser en este santo y sagrado m inisterio, la ora-
cion, y la lección, y ia predicación; oir á Dios,
hablar á Dios, hablar de Dios: oir á Dios por
la lección; hablar á Dios por la oracion; hablar
de Dios por la exhortación.
Dice también el Apóstol de las gentes: Qmnia
p rob a te, el qitod bonum est. Unete. (1. a d Thes. v.
20. ) ! Todo lo hemos do probar para acertar, y
aquello con que mejor nos hallam os, eso h ab e­
rnos de seguir. Relaja á los feligreses el sobrado
agrado, m esurarnos un poco: el rig o r los exas­
p era, tem plarnos. Cansan los libros, acudir á ta
oracion. No puede tolerar nuestra fragilidad tanto
peso de oracion, volver de la oracion á los li­
bros: Or at ioni, dice san Jerónim o, lectiOj lectioni
succedat oratio>a n i m a m j u g i t e r a dhe re nt em D e o g r a t a
vicisitudo s án el e oper al iones a cc ed at .
Fatiga esta ñaca y débil naturaleza el uno y otro
ejercicio repetido, salir- al campo, y perm itirle una
honesta y santa recreación: Qm nia probate. Doce
las horas del dia: Nonne duodccim sunt hora? d iei?
(1. ad Thes, v. 2 0 . Joan. xi. 9 . ) Pues son doce,
variarlas con diversos, pero santos ejercicios: B r ev e
n d e ttir tempus quod ía n tis operum v a riela tih u s occu-
p a lu r , dice el Doctor máximo: e n . el camino in ­
terior, diversas sendas; pero aunque diversas, como
todas sean buenas, nos llevan á xm mismo fin:
Non est inven tu s sim ilis illi. (E ccli. x u v . 2 0 . ) , se
dice de cada santo.
Lo que hemos de procurar es, que cuanto obre­
mos sea bueno, y nada de lo que hiciéremos, h a­
bláremos ó pensáremos, sea m alo, y no solo no le
sea, pero tampoco lo parezca: Ah amni specie malí
o bsí me te vos ( I . Thes* v. '22.), dice San Pablo; uü
solamente nos hemos de absiener de lo m alo; sino
de la figura de lo m alo; no .solo de lo que es, sin o .
délo que parece. Conténtense otros con ser buenos,
pero nosotros los curas y párrocos no nos hemos
de contentar con serlo, sino con parecerlo: Ut v i -
deant o per a ves ir a boníh et glor ift c ent P a t r m v es -
i r u m , qui in cwl is est. (Malth. v. 16 .) El ser bue­
nos lo debemos á nosotros; el parecerlo ú los
otros. El serlo es para Dios, el parecerlo para
el mundo; la sólida virtud para sí, honrada opi-
nion para las gentes. El serlo para el pastor, el
parecerlo p ara las ovejas; con el ser nos salvam os,
con el parecer las salvam os. Nunca es loable la
apariencia sin sustancia; pero si pudiera serlo,
podía tolerarse en los sacerdotes y curas. Tanto
conviene que parezcan buenos, porque edifique
en lo bueno, aun con ío malo, lo esterior, aun­
que no fuese honesto y virtuoso lo interior.
Finalm ente, señoría, concluyo con las m ism as
palabras del Apóstol del Señor: Ipse Dem p a c i s
m w l t f h e t v os p e r omnia. (1 . ad Thes. v. 2 3 .) Dios
de paz, Dios de consuelo, Dios de gozo y ale­
g ría los baga santos en todo: ü t inlvqev apir Hits
ventorj e.í anima, el c o r p m m e querel la in adventn
Domini n o sl r i Joan C h r ü l i s e r v e tur. ( í b i d . w 2 ;i.j
Dios nos llene y los llene de santidad, de paz,
gozo y aleg ría en Cristo nuestro Señor, para
que el' cuerpo y el alm a del sacerdote pare/xa
entera en su cara y en su divino juicio; Et non
s ü inventas m inus habens. (Dan. v. 2 7 .) P ara que
se ponga en 1a divina presencia el pastor s i ne
q uerel la, sin que nuestros feligreses den contra
nosotros m em oriales, quejándose de que nuestra
omision fue su ruin a, su perdición nuestro engaño,
nuestras, culpas su desdicha.
— lo3 —
F i dd i s est, f/tti v oca vi t n os, qui ctiam f aci et . (1 .
ad Tkes. v. 2 4 .) Fiel es el Señor que nos llam a
;í este santo m inisterio, 110 nos desam parará, nos
dará luz, g racia, fuerza, esforzará, alentará-, en­
señará: no solamente ayu d ará, sino que todo lo
hará; esto es, con tan abundante g ra d a favore­
cerá y g u iará, que podamos decir: Ipse f a c i et ,
como dice aquí S. Pablo, él es el que lo hace
todo; y con S. Pedro: Ipse f a c i et , perficiet, s ol t-
dabitqae. (1 . Pc tr . v. 1 0 .) Él lo hace, lo perfec­
ciona y lo consolida; nos alienta, para que co­
mencemos, nos anim a p ara que prosigam os; nos
conforta, p ara que acabemos.
F r a t r c s (dice S. Pablo) orat e p r o n o b i s , (1. ad
Thes. v. 2 o .) Lo mismo pido yo, tanto mas ne­
cesitado, cuanto va de aquel apóstol do Dios, ai
peor de los nacidos; del maestro universal de la
Iglesia, al pecador y perdido de la Iglesia.
Acaba el santo A’póstul su Carta con una pro­
testación, que yo también aplico á la que estoy
escribiendo: Adjuro v os p e r D o r n i m m > nt le g at u r
Epístola hwc ómnibus s a n c t ú fratribus* Gratia Do-
m i ni n o st r i J esu Christi v o b i s c m i . Amen. (lbi d. v.
2 7 .) P edia ei Santo, que todos los santos h er­
manos en el Señor leyesen su Epístola en Te S a ­
lónica. Exhorto también que lean esta Carta pas­
toral los santos herma nos en el Señor, que son
los curas, párrocos y sacerdotes, hermanos de los
obispos, f r a t r e s in Domino; sus coadjutores espi­
rituales; santos por la destinación á la santidad;
santos por ser m inistros de Dios, fuente de la
santidad; sanios por deber servir y lo grar santa­
mente ministerios y m inisterios tau* santos y sobe­
ranos.
Exhórtales, pues, que lean con espacio y aten-
- l a i ­
do n esta Epístola, pues aunque iio 'e s tá escriia
con espíritu del Apóstol, contieno (en cuanto a i- '
can/a mi moderado caudal) la doctrina del Após­
tol y muchos lugares del misino Apóstol.
Y aunque su señalada virtud y fervor de es­
píritu es tal, que parece que sobran exhortaciones
á tan ejem plares párrocos; con todo eso cada uno
debe pensar hum ildem ente de sí: humanos somos,
y no es bien, ni podemos creer que ríos falta hu­
m anidad: Homo sum (decía un sabio) humanum
a me, nihil o.limum e m ex intimo.
San Ambrosio hablaba á los cris lian os y m i­
nistros de la prim itiva iglesia-, y todavía daba la
doctrina general, para quo cada uno Lomase aque­
lla que le tocaba. Así lo dijo en tina de sus pía
ticas al pueblo y clero, con estas discretísim as
palabras, despues de haber discurrido sobre di­
versos puntos de su reform ado ir Ego a t t i m , f r a -
t re s, non de ómnibus l o q uo r, sunt c er t e quídam de-
voti, m n t et atii n egl ige nt es. Ego n m i n m nomino,
vonscientia sua ■ummquemqm conveniat. El prelada
expone al pueblo la m edicina, cada uno tom ará
de ella según viere que conviene á su dolencia.
El bueno se confirmará en lo bueno, el im per­
fecto procurará dejarlo, y asp irar á lo m ejor:
Beus f a c i a l , ó m inistros y sacerdotes de D ios!
Perficiat, solidetque, et s ü g r a t i a Domini n ostr i J e su
Ckristi v ob i sc zm: a m e n , (S. Paul* 1. ad Thcs, c a p .
u l u ) Dada en Osma á 5 de enero de 1658 años.—
Juan, i n d i g n o obispo de Osma,
DOCK CONSEJOS
PAIIA APROVECHA!* EN LO E S P IR IT U A L LOS CUBAS, Y ES-
CUS AR MUCHOS ^CONVENIENTES EN LO TE M PO RA L.

P rim e ro . Poner su principal intento en cuidar


de su conciencia y de la de sus feligreses, y eri
pensar algunas veces al dia delante de Dios, como
podrá disponer m ejor esto, obrándolo todo en i a
presencia divin a.
Segundo. Tener por cierto, que no podrá dar
luz á sus feligreses,* sino la pide á Dios; ni ca­
lentarlos á ellos en la carid ad , si Dios no le en­
ciende á él prim ero con ella: y p ara esto hacer
disposición con sus obras, pensamientos y p ala­
bras, ocupándose en la oracion, lección y consi­
deración, y en la pureza de conciencia é inten­
ción, y que todo i o obre por Dios.
T ercero. Enseñar y predicar á sus feligreses
siem pre con el ejemplo y á mas de eso los do­
mingos, y cuando se ofrece ocasión, con la divina
p alabra, usando mus de la suavidad que del rigor,
y del ro gar y persuadir que el m andar.
C u arto. Huir sumamente de que no vean en
61 lo que está exhortando que no tengan los d e­
más, ni deje de tener aquellas virtudes á que
persuade á los otros.
Q u in to . No tratar mal de palabra ni obra á
sus feligreses, y elija antes penar que darles que
padecer, mezclando con la reprensión la dulzura,
y con la dulzura la santa amo nesí ación.
S exto. En la m isa le vean devoto, en la mesa
tem plado, en la callo m odesto, en las palabras
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cuerdo, en las obras casto, y en las operaciones
del ministerio diligente; y en cuanto m ira al ser­
vicio de nuestro Señor fervoroso.
Suptimo. No entre en casa particular, señala­
dam ente donde hubiere m ujeres, con frecuencia,
ni sin ella, sino para cosa necesaria al m inisterio.
Octavo. N o concurra con los labrador es en
las fiestas ajenas de su profesión, ni en sus con­
sejos, ni en los entretenim ientos extraños de su
espiritual ministerio, con que le estimarán mas
y despreciarán m enos.
Nono. Siem pre ponga particular cuidado en
cuanto obrare y d ijere de m irar por el alivio de
su* feligreses, manifusl,ándales el deseo de su bien
espiritual y temporal» y lo que siente sus trabajos
y procura su socorro, porque el riesgo del alm a,
despues de lu g racia de Dios, y la disposición
para su aprovechamiento, es la confianza y con­
cepto que tienen las ovejas del amor y caridad
de su pastor y cura.
Disciato. Este siem pre prevenido con la tem­
plan/a y la modestia, p ara cualquiera cosa que
le pudieren dar que sufrir; y entienda que en­
tonces es m ayor, cuando toleVa mas; y que vence
y convence con doblada fuerza la paciencia que
la ira; y que lo que no creerán sus feligreses
cuando lo dice colérico, lo seguirán despues gus­
tosos cuando lo dijere sufrido y apacible.
U n d écim o . No se desconsuele, ni desconfíe, por­
que no siempre consigue lo que desea en el apro­
vechamiento espiritual de los feligreses, pues aun­
que no consigue aprovechando, consigue mucho
cumpliendo. \ si no los salva á ellos, se salva
ú sí mismo; y obremos nosotros lo que conviene,
que Dios ob rará lo que mas nos convenga; y
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hasta el últim o punto de la vida se ha de ago­
nizar por lo bueno, dejando á Dios io demás".
D u od écim o. Tenga presente en la vida la m uer­
te, en lo que obra 1a cuenta, y que se le aguarda
corona ó pena eterna; y que esto d ura un soplo,
y que ha de goxar de Dios, 6 padecer eternidad
de eternidades.

uis DEO