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Latifundio

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© Miguel Acosta Saignes
© Fundación Editorial el perro y la rana, 2009
Centro Simón Bolívar Torre Norte, piso 21, El Silencio,
Caracas - Venezuela.
Telfs.: (58-212) 377-2811 / 808-4986, Caracas, 1010.

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elperroylaranaediciones@gmail.com
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Páginas web:
www.ministeriodelacultura.gob.ve
www.elperroylarana.gob.ve

Edición al cuidado de:


Darlene Bolívar

Deisa Tremarias
Carlos Zambrano

Hecho el Depósito de Ley


Depósito legal lf 40220093301268
ISBN 978-980-14-0438-5

Impreso en Venezuela

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Miguel Acosta Saignes

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Prefacio a la segunda edición

Durante el extraordinario año que fue 1936, me


llamó poderosamente la atención el problema agrario en
Venezuela y comencé a escribir un trabajo que se llamó,
ya en libro, Latifundio. Cuando, en el primer trimestre de
1937, fuimos expulsados cuarentisiete activistas de la política
y de la organización de los trabajadores, continué, en la
clandestinidad, escribiendo el libro que me había propuesto,
con base en los datos obtenidos en diversas publicaciones
y en la realidad del campo venezolano. Naturalmente, no
existía ninguna bibliografía sobre el problema agrario en
Venezuela.
En octubre de 1937 participé al Comité Directivo 7
Nacional del Partido Democrático Nacional (P.D.N.) que
había concluido la redacción de mi primer libro. Fue en
ocasión de una reunión no usual realizada en una mañana.
Quienes trabajábamos en la política, en su organización
y en algunas publicaciones, permanecíamos ocultos del
gobierno de López Contreras. Era secretario general, en la
clandestinidad del P.D.N., Rómulo Betancourt. Trabajaba
como secretario de Organización, Alejandro Oropeza
Castillo, quien fue uno de los grandes organizadores en el
campo laboral, en 1936. Yo desempeñaba la Secretaría de
Prensa y Propaganda. Podíamos realizar trabajo político
y hasta organizativo, desde la clandestinidad, gracias a la
cooperación de mucha gente y en especial de un grupo
de jóvenes activistas que constituyó nuestro contacto
con el mundo normal. Algunos de ellos fueron Eduardo

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Gallegos Mancera, Luis Lander, Rafael De León y Manuel


Martínez.
Cuando notifiqué al grupo directivo del P.D.N. que había
concluido mi proyecto sobre el problema agrario, Rómulo
Betancourt mostró entusiasmo y señaló verbalmente lo que
posteriormente escribiría. Según informó, estaba redactando
también un libro sobre el problema petrolero; y algunos otros
miembros del P.D.N. trabajaban en la interpretación de la
realidad venezolana, entre ellos Juan Oropeza, quien había
anunciado una investigación sobre nuestra historia. Para
Rómulo, mi libro Latifundio significaba la apertura de un
tiempo de interpretación teórica, absolutamente necesaria
para fundamentar los grandes cambios económicos,
sociales y políticos acerca de los cuales trabajábamos desde
1936. Rómulo ofreció escribir el prólogo y celebramos la
8 información de que pronto estarían listos otros volúmenes.
En diciembre de 1937 hube de abandonar la
clandestinidad, debido a serios quebrantos de salud. El
gobernador Mibelli dispuso, cuando un amigo mío le
notificó que yo saldría a cumplir la expulsión decretada, por
causas de salud, que se me dieran quince días de circulación
dentro de Caracas, para que pudiese arreglar los papeles de
salida hacia México.
Uno de los asuntos importantes que deseaba dejar
arreglado era el relativo a la publicación de mi libro
Latifundio. Un día me acompañó José Fabbiani Ruiz, viejo
amigo mío, a visitar a Juan de Guruceaga en la Tipografía
Vargas. Llevábamos los originales de Latifundio y Bs. 500,
facilitados por un opositor, no clandestino, del gobierno
de López Contreras. Juan de Guruceaga, extraordinario
mecenas de los movimientos progresistas de 1936 y 1937,
cuya biografía está por escribirse, me señaló que con gran

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Prefacio a la segunda edición

contento publicaría cuanto le lleváramos, pero que como


yo salía expulsado políticamente, corría el peligro de que,
al aparecer un volumen con mi nombre, le clausuraran la
Tipografía. Pregunté a José Fabbiani Ruiz, quien había sido
viejo luchador durante la época de Gómez y había actuado
muy progresivamente en 1936 y 37, si estaba dispuesto a
dar su firma como autor. La respuesta fue afirmativa. Así
dejamos una copia del libro a Guruceaga.
Llegué a México el 1º de enero de 1938. Salvador de la
Plaza, quien tenía la Editorial Popular, decidió, al conocer mis
originales, publicarlos. El tema agrario era en esa época muy
resaltante en México, bajo el Gobierno del gran presidente
Lázaro Cárdenas. Para exponer la estructura del libro y el
pensamiento progresivo en Venezuela sobre el problema
agrario, dicté una conferencia al grupo que se denominaba
Abogados Socialistas, presentado por Salvador de la Plaza. 9
Visitamos otras asociaciones, siempre con Salvador de la
Plaza como guía, y consultamos a varios del activísimo
conjunto de los Agrónomos Socialistas. Realicé unas cuantas
correcciones a mi original y Salvador de la Plaza editó el libro
en el mismo año de 1938. Conviene recordar que su editorial
publicó también el libro de Carlos Irazábal titulado Hacia la
Democracia, en 1939.
Mi volumen apareció sin presentación, debido a las
naturales dificultades de comunicarme con Rómulo, quien
permaneció en la clandestinidad hasta 1939. Escribió a fines
de 1937 el prólogo y lo publicó en la revista colombiana
Acción Liberal. Sólo cincuenta años después, gracias al
interés y actividad de Carlos Rivero Nouel y sus compañeros
de trabajo, se edita la segunda edición de Latifundio,
ahora, según el primer proyecto, prologado. Por diversas
circunstancias no se había reimpreso y muchos llamados

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“especialistas” han dejado fuera de sus listas bibliográficas


este libro inicial sobre el problema agrario en Venezuela.
El Prólogo de Rómulo Betancourt expone con toda
claridad cuáles eran en 1937 los ideales y los propósitos
de quienes integrábamos la directiva del P.D.N. en la
clandestinidad. Algunos de los proyectos mencionados se
convirtieron en obras, mucho tiempo después, como ocurrió
con su trabajo sobre el petróleo, el cual se publicó muy
posteriormente y en circunstancias muy diferentes de las
del año 38. El propósito de Juan Oropeza se convirtió en un
pequeño libro y poco a poco, desde la época del cuarenta, se
redactaron varios libros cuyos autores deseaban contribuir
a una visión que orientase las inevitables transformaciones
que necesitaba Venezuela.
Quizá resulte de alguna utilidad señalar que, inme-
10 diatamente después de la publicación de Latifundio, inicié
un trabajo sobre las relaciones entre el latifundismo y la
explotación del petróleo. El mismo Salvador de la Plaza pu-
blicó dos capítulos, con prólogo de Ernesto Silva Tellería,
con el título de “Petróleo en México y Venezuela”.
La Editorial Popular publicó 3.000 ejemplares de
Latifundio para que circulase no sólo en México sino también
en Venezuela, por vía de clandestinidad, y en otros países
de América Latina. Antonio García, quien era profesor de
economía en 1938 en la Universidad de Bogotá, incorporó
el libro a la Bibliografía de sus temas y concibió el proyecto
de que se tomase como un modelo general para que en cada
país latinoamericano se escribiese una obra semejante, lo
cual habría significado una biblioteca internacional sobre el
problema agrario. En 1980 encontramos a Antonio García
en México. Se disponía a dictar clases en la Universidad
de Los Andes, en Mérida, y aspiraba a publicar una

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Prefacio a la segunda edición

biblioteca de problemas sociales del Continente que se


abriría con la segunda edición de Latifundio y prólogo
suyo. Infortunadamente el gran especialista colombiano
en Reforma Agraria en América Latina falleció sin haber
podido realizar su curso universitario en Venezuela.
Cuando el libro entró clandestinamente en Venezuela
en 1938 y 39, no solamente resultó lectura de política sino
que constituyó una base ideológica para trabajar entre cam-
pesinos. Uno de los activistas de aquel tiempo, el Dr. Fede-
rico Brito Figueroa, lo utilizó como estímulo teórico para la
organización de ligas campesinas de los trabajadores de la
tierra en el estado Aragua.
Todos dábamos por sentado que la edición
encomendada a Juan de Guruceaga en 1937 no había sido
nunca impresa. Nos causó gran sorpresa cuando en 1953
o 54 la Tipografía Vargas, que indudablemente resolvió 11
colocar en circulación todos sus antiguos materiales,
entregó a las librerías de Caracas la edición de Latifundio,
con el nombre de José Fabbiani Ruiz como autor. Nunca se
nos había ocurrido indagar el destino de nuestros primitivos
originales y el público recibió con sorpresa el que parecía
nuevo libro de Fabbiani Ruiz. Se trataba simplemente del
antiguo material que colocamos en manos de Guruceaga
en 1937. Desde entonces se ha producido alguna confusión
entre algunos lectores que no habían conocido la primera
edición de Latifundio realizada en México. Hace algún
tiempo referí a algunas personas interesadas la historia del
volumen y ahora es tiempo de recordarla cuando se republica
la primera edición con el prólogo que históricamente le
correspondía y la breve historia de la obra.
Esta segunda edición de Latifundio servirá para que
economistas, políticos y agraristas, conozcan la primera

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obra que se publicó en Venezuela sobre el problema agrario


durante el primer tercio del siglo. La obra, y el prólogo de
Rómulo Betancourt, forman parte de la historia de las gran-
des luchas que se realizaron en Venezuela en 1937 y 1938.

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Cuatro párrafos preliminares

1.—Este libro ha sido escrito en la clandestinidad,


entre los meses de marzo y septiembre de 1937. Responde a
una inaplazable urgencia: la de dar a conocer en su conjunto
el problema agrario y especialmente en Venezuela. No
podría agotarse en un solo volumen el inmenso contenido
de la cuestión. Por ello, algunos aspectos se tratan solo con
someras palabras. Se expone, sí, detalladamente, la situación
de nuestros campos, no de manera genérica, sino con los datos
suministrados por los propios interesados. Y no de ayer, sino
de hoy mismo, de los meses empleados para hacer el libro.
Llegados a México en enero de este año —1938— hemos
hecho algunas indispensables correcciones al texto primitivo 13
y aumentado en lo posible el contingente de cifras y datos.
2.—Apenas tocamos la cuestión del desarrollo histó-
rico de la propiedad territorial en Venezuela. Para el futuro
nos proponemos un estudio especial en tal sentido.
En realidad, cada capítulo de Latifundio, viene a ser un
libro en potencia y desde ahora anunciamos dos: “Los Due-
ños de la Tierra” e “Imperialismo y Latifundismo”. El tema
indicado por el segundo título aparece estudiado en la sola
extensión de un capítulo en el presente volumen. Ha de ser
objeto de mayor detenimiento, ya que es de inmenso interés
un análisis profundo de las economías semi-coloniales, en
su relación con los capitales invasores. Cuando se publiquen
estos libros, será señalado por las incidencias de la lucha.
3.—Aquellos bárbaros cuyo desdichado papel histórico
es luchar contra ineludibles ascensos humanos, querrán ver
aquí tenebrosos proyectos. Asegurarán que propugnamos el

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desastre y la violencia. Es precisamente lo contrario. Mos-


tramos cómo la violencia y el desastre han dado fruto de
muerte en nuestros campos. Y cómo las izquierdas venezo-
lanas quieren penetrar el contenido de nuestra realidad, para
una solución justa, humana. El capítulo décimo contiene en
resumen nuestro pensamiento sobre la próxima labor por
hacer. Y el hecho de presentar en lo posible la historia de las
reformas en los países extranjeros, es para la indispensable
ilustración de los lectores venezolanos.
4.—Aquellos mismos bárbaros, periodistas merce-
narios algunos, se ocuparán de comentar, tergiversándolos,
párrafos donde hablamos de la calamidad que para nuestros
campesinos ha significado la recluta sistemática. Querrán
hacer ver en ello ofensa para el Ejército y diatriba contra
nuestra institución Armada. Cada vez que un hombre de
14 izquierdas ha hablado sobre el Ejército, los lacayos del im-
perialismo y los gamonales enfurecidos, tratan de encontrar
lo que no hay. Y es bueno el sitio para dejar sentada una vez
más, en las páginas de un volumen, la posición de las iz-
quierdas venezolanas ante el Ejército. Deseamos que no se
reclute violentamente a los campesinos para agravar los ma-
les innumerables de nuestro agro; deseamos que se vuelva
imposible aquel sistema de llevar a los labriegos a las filas
armadas, no para educarlos en la defensa de la nacionalidad,
sino para convertirlos en peones de las haciendas del déspo-
ta y sus áulicos; deseamos que cada campesino incorporado
a las filas del Ejército reciba allí instrucción y salga mejora-
do; deseamos que allí los hombres adquieran conciencia de
lo que debe ser la misión de los actuales Ejércitos: defensa
contra posibles agresiones, fuerza para servir de respaldo a
las ideas generosas que en el mundo luchan para aplastar a
la barbarie; deseamos que un espíritu progresista reemplace

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Cuatro párrafos preliminares

a los métodos usados por Gómez para imponer su gobierno


a ese Ejército, quien venía a ser el primer esclavo; desea-
mos que los métodos de disciplina impuesta con la verga
inhumana, ayer tan queridos por algunos “jefes”, quienes
eran solo esbirros, den paso a los procedimientos que los
oficiales de escuela deben traer de su educación dentro y
fuera del país. Y deseamos que no se inculque a los solda-
dos y oficiales un sentimiento de ser algo distinto del pueblo
venezolano, para utilizarlos como agentes de opresión, para
el provecho de unos cuantos, ni se les aísle, prohibiéndoles
la lectura de los periódicos democráticos, ni se trate de pro-
pagar entre ellos doctrinas fascistas.

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I
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Por dondequiera se alzan voces: debe darse tierra
a nuestros campesinos; ha de ser incrementada nuestra
producción agrícola. Se pide inmigración, colonización,
riego, mejoramiento de las condiciones del campesinado,
créditos, desarrollo del mercado interno. He ahí el problema.
La mayoría está acorde en su existencia y la necesidad de
enfrentársele, y son múltiples las opiniones acerca de su
origen y la manera de resolverlo.
No vacilaron los partidos de izquierda venezolanos, ni
un instante, en pedir la realización de una Reforma Agraria.
Solo ella puede remediar la mísera vida de nuestros campe-
sinos y solucionar el grave problema económico planteado
en Venezuela. El solo enunciado de esta expresión, “Refor- 19
ma Agraria”, suscita violentas reacciones en los señores la-
tifundistas y desconfianza en quienes, ingenuamente, creen
eficaces los métodos homeopáticos para resolver las cues-
tiones sociales. Ello es, sin embargo, el procedimiento prac-
ticado desde la antigüedad en los pueblos. No es exclusivo
de Venezuela, ni de estos tiempos el problema agrario, de la
tierra y su reparto.
Repítese constantemente en la Historia el acapa-
ramiento de la propiedad territorial y su remedio ha sido
siempre restablecer la pequeña y mediana posesión. Las
modernas reformas tratan de aprovechar la experiencia an-
terior. En efecto, enseñan sobre todo la inutilidad de parce-
laciones de manera simplista. La tierra vuelve al poder de
unos cuantos. La solución, pues, se encuentra más allá del
solo hecho de dar a cada necesitado una parcela. Este mé-
todo es incapaz de evitar nuevos acaparamientos y estos se

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verifican a veces tan aceleradamente que, según se cuenta,


el número de leyes agrarias hubo de alcanzar en Roma a 28,
en el solo período del 404 a. C. al 376.
La importancia del régimen de propiedad de la tierra
no se limita al campo; se extiende a toda la sociedad y así
lo asientan los más diversos ideólogos. Veamos algunas de
esas opiniones:
“No puede coexistir el régimen democrático con
ilimitadas heredades en que abunden tierras inexplotadas.
La agricultura aristocrática no es de las Repúblicas”
(Francisco Bulnes).
“La propiedad de la tierra constituye el fundamento
por excelencia que determina en definitiva la condición
social, política, y por consiguiente intelectual y moral del
pueblo” (Henry George).
20 “La mayor o menor concentración de la propiedad te-
rritorial es uno de los factores que más influencia ejerce,
no solo sobre la agricultura, sino sobre la vida de toda una
nación” (Gilberto Loyo).
“La historia de Europa es, en gran parte, la historia de
la propiedad inmobiliaria y de sus cambios” (C. Dragoni).
“La producción capitalista solo desarrolla el sistema de
producción social, agotando al mismo tiempo las dos fuentes
de toda riqueza: la tierra y el trabajador” (Carlos Marx).
“El latifundismo impide el progreso económico e in-
telectual de los pueblos, a la vez que riñe con la estructura
democrática que proclaman nuestras constituciones” (L. E.
Osorio).
“La gran división entre propiedad colectiva y propie-
dad privada, es problema de todos los tiempos y origen de
lucha en todas las épocas” (G. Peces Barba).

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El problema agrario

“La constitución económica es, en todas sus fases, el


producto natural y necesario de las condiciones de apropia-
ción y de productividad de la tierra, o, para decirlo de otro
modo, de la existencia o supresión de la tierra libre, tratable
por el trabajo puro” (Aquiles Loria).
“Sería prácticamente menospreciar, en homenaje a
principios de economía pura, los intereses particulares de
la agricultura, dada la fuerza de política enorme que repre-
senta en todos los países, sin distinción de clima, de desa-
rrollo o de régimen” (Comité Agrícola de S. D. N.).
“Despotismo y Latifundismo son términos correlati-
vos” (J. C. Mariátegui).
“El régimen de propiedad de la tierra es el que afecta
más directa y profundamente la evolución social y econó-
mica de los pueblos” (Arturo Wauters).
Así, pues, hombres de todas las ideologías coinciden 21
en la importancia asignada a la cuestión de la tierra. Como
hemos dicho, desde la antigüedad abundaron las luchas por
su posesión. En Roma, el ager publicus (campo común), es-
taba reservado a los patricios, en tanto que a los plebeyos se
concedía solamente dos yugadas para cada familia. El nú-
mero de éstas era cada vez mayor y el ager publicus crecía
también constantemente, a causa de las conquistas, por lo
cual las primeras leyes agrarias tuvieron por objeto el reparto
de esas tierras entre los necesitados. Servio Tulio aumentó a
siete el número de yugadas por familia y legisló con el objeto
de evitar la posesión del terreno sólo por los patricios. Tam-
bién repartieron tierras Numa, Tulio Hostilio y Anco Marcio
y cuéntase que la primera ley agraria fue propuesta por el
Cónsul Spurio Cassio, quien a causa de ello fue asesinado.
No es la única muerte violenta producida en la Historia por
quienes pretenden poseer solos y explotar a su antojo.

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Son célebres en la antigüedad las leyes agrarias de Li-


cinio y los gracos, en Roma, y las de Dracón, Solón1 y Licur-
go en Grecia. La Ley Licinia estableció como límite para la
propiedad 500 yugadas. Los poseedores de mayor extensión
quedaban obligados a devolver el resto al Estado, el cual ha-
bía de repartir a razón de siete yugadas por familia.
El comentario de Plutarco a la Ley Agraria de Tiberio
Graco, explica con gran claridad el problema en la época de
éste. Dice así, el autor de Vidas Paralelas:

Los romanos, de todas las tierras que por la guerra ocuparon a


los enemigos comarcanos, vendieron una parte y, declarando
pública la otra, la arrendaron a los ciudadanos pobres y
menesterosos por una módica pensión, que debían pagar al
Erario. Empezaron los ricos a subir las pensiones; y, como
22 fuesen dejando sin tierras a los pobres, se promulgó una
ley que no permitía cultivar más de 500 yugadas de tierras.
Por algún tiempo contuvo esta Ley la codicia y sirvió de
amparo para mantener en sus arrendamientos y mantenerse
en la suerte que cada uno tuvo desde el principio; pero más
adelante, los vecinos ricos empezaron a hacer que, bajo
nombres supuestos, se les traspasasen los arriendos y aun
1 Federico Engels, en su obra El Origen de la Familia, la Propiedad Privada
y el Estado, escribe sobre el legislador griego: “Solón inicia la serie de lo
que se llama “revoluciones políticas”, y lo hizo con un ataque a la propie-
dad. Hasta ahora todas las revoluciones han sido en favor de un género de
propiedad y contra otro género de la misma. No pueden proteger a uno
sin lesionar a otro. En la gran Revolución Francesa, la propiedad feudal
fue sacrificada para dejar a salvo la propiedad plebeya; en la de Solón, la
propiedad de los acreedores fue la que tuvo que sufrir en provecho de los
deudores. Las deudas fueron sencillamente declaradas nulas. No conoce-
mos con exactitud los detalles, pero Solón se jacta en sus poesías de haber
hecho quitar los postes hipotecarios de los campos empeñados en pagos de
deudas, y de haber reimpatriado los hombres que a causa de ellas habían
sido vendidos como esclavos o habían huido al extranjero”.

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El problema agrario

después lo ejecutaron abiertamente por sí mismos... No


pudo haberse escrito una ley más benigna y humana contra
semejante iniquidad y codicia; pues cuando parecía justo que
los culpados pagaran la pena de desobediencia, y sobre ella
sufrieran la de perder la tierra que disfrutaban, contra las
leyes, solo disponía que, percibiendo el precio de lo mismo
que injustamente poseían, dieran entrada a los ciudadanos
indigentes.

En Grecia, Licurgo repartió las tierras y de la eficacia


de sus disposiciones puede juzgarse por palabras que se atri-
buyen al propio legislador: “Toda la Laconia parece como
de unos hermanos que acaban de hacer sus particiones”. Sin
embargo, el mismo proceso de acaparamiento volvió a veri-
ficarse. A la imposibilidad de obtener una fórmula estable,
sin cambiar todo el sistema social, atribuyen muchos la deca- 23
dencia del mundo antiguo. Hildebrand escribe al respecto:

La historia agraria de la antigüedad nos enseña que todos


los legisladores se esforzaron en asegurar a cada uno cier-
tos bienes y en dar participación a todas las familias de las
ventajas de la tierra, pero por doquiera, los propietarios,
demasiado independientes del Estado, consiguieron centra-
lizar y monopolizar la posesión del suelo y de esta manera
pereció el mundo antiguo.

Durante la época feudal desaparece luego el pequeño


propietario y el hombre que trabaja la tierra se convierte
en siervo. Hasta la Revolución Francesa dura el tremendo
orden de cosas. La abolición de las cargas y los métodos
feudales no solucionó, sin embargo, en 1789, la cuestión.
La Asamblea Nacional, encargada de legislar al respecto,
no podía dar al problema agrario una solución radical.

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La presión constante de las masas campesinas logró, sin


embargo, el reparto de las tierras, de manera que de 30.000
propietarios, aumentó el número a 1.200.000.
El concepto de propiedad de la tierra reinante en
Europa en época del Descubrimiento y la Conquista, pasó
íntegramente a América. Las tierras fueron dadas en forma
de encomiendas y repartimientos a los conquistadores
por los reyes de España y se creó de esta manera, desde
el primer instante, el problema latifundista, cuyas terribles
consecuencias sufren aún hoy los pueblos de América y
especialmente Venezuela.
Indios y negros esclavos cultivaron las haciendas de
los señores. Para los indígenas legisló algunas veces España,
concediéndoles terrenos, mas aquellas disposiciones nunca
se cumplieron. Aun cuando cesaron los indios de estar so-
24 metidos a la esclavitud, permanecieron en la más tremenda
servidumbre. Es así como hombres sin tierra se lanzan a la
lucha independentista, incorporándose a veces a las propias
filas de los españoles, en contra de los americanos. Para las
masas desposeídas, tanto los extranjeros como los terrate-
nientes criollos eran dignos del ataque.
La Independencia no solucionó en América la cuestión
latifundista. El régimen colonial de la tierra subsistió a pesar
del movimiento emancipador y de unas manos pasaron a
otras, las antiguas tierras de encomiendas y repartimientos,
siempre en forma de grandes posesiones. Por eso, las guerras
de independencia tuvieron un prolongado corolario en las
civiles que se reprodujeron constantemente en muchos
países americanos. Las multitudes, sometidas a servidumbre
en los campos, estuvieron siempre listas para lanzarse a la
conquista violenta de medios mejores de vida, llevados por
la promesa siempre irrealizada de los caudillos ambiciosos.

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El problema agrario

En Venezuela llega el latifundismo a su máximum


con el régimen de Gómez. Hizo éste de sus áulicos verda-
deros señores feudales y acentuóse así la servidumbre del
campesinado, aún existente, a pesar de los ofrecimientos
programáticos de López Contreras.
La extensión de los terrenos pertenecientes al mismo
Gómez es aún desconocida. En cuanto a los otros, poseen
grandes extensiones que serían suficientes para solucionar
nuestro problema agrario y que son utilizadas, por el con-
trario, para el medro de unos cuantos y la opresión de las
mayorías campesinas.
Sufren los campesinos venezolanos, y el país en gene-
ral, los males inherentes al latifundismo. Desde el despotis-
mo político hasta la miseria económica, nacen del régimen
de la tierra, y en Venezuela, mientras exista el latifundismo
en su estado actual no será posible el funcionamiento de 25
la Democracia. El propietario ausentista, quien vive en la
ciudad de las pingües rentas producidas por su hacienda,
necesita esclavizar al campesino. Alejado éste de los cen-
tros de culturización, mantenido analfabeta, atado por deu-
das interminables, será incapaz de organizar su rebeldía y
obtener su liberación.
Paga el terrateniente los mismos salarios de hambre
cuando el precio de sus frutos es alto en los mercados ex-
tranjeros y cuando desciende en las cotizaciones. El peón
no obtiene ventaja alguna del alza y cuando los descensos
pasan de cierto límite, disminuye su escasa saldada a increí-
bles proporciones.
No mejora el latifundista sus cultivos con el empleo
de maquinarias o métodos modernos. Las haciendas pro-
ducen solo cuanto el suelo puede dar. Ahí está la fuerza
humana a la orden, para realizar siempre el mismo trabajo

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y llenar las arcas del propietario. Este mismo fenómeno del


latifundista rutinario, reacio a los modernos procedimien-
tos de cultivo, era examinado por José Carlos Mariátegui en
el Perú y obtenía conclusiones perfectamente aplicables a la
realidad venezolana. No existía en el país peruano, como no
existe entre nosotros, un verdadero capitalismo, en cuanto
el capitalismo tiene de “espíritu”, de sistema emprendedor,
con metas definidas y procedimientos constantemente reno-
vados en su porción técnica. La única modalidad predomi-
nante es esa, estática, del latifundismo.2
La inercia del latifundista somete al país a su ritmo
lentísimo y absurdo. En lo político es conservador, enemi-
go de todo progreso que pueda significar mejoramiento de
los trabajadores. Necesita someter a “sus” peones a la más
inhumana servidumbre, no pagarles en dinero, obligarlos
26 a aceptar víveres de la peor calidad y a precios altísimos,
y obtener de ellos un silencio perpetuo y un sometimiento
a toda prueba. Por eso odia el régimen democrático, donde
haya de responder a exigencias colectivas. Para el latifun-
dista, si el peón aprende, se irá; si es necesario instalarle

2 A este respecto publicó en el mes de julio de 1937 el diario Ahora, en su


sección económica, una observación muy interesante. Hela aquí:
“Los depósitos bancarios para el último semestre de 1935, alcanzaban a
la suma, fabulosa, si se tiene en cuenta el volumen total de las disponibili-
dades de dinero del país, de Bs. 320.463.275,58. Mientras las cacareadas
reservas del Tesoro —orgullo del régimen pasado y eje de su propaganda
interna y externa— no alcanzaban a la suma de cien millones de bolívares,
los grandes capitalistas nacionales tenían depositada en las cajas de seguri-
dad de los Bancos una cantidad mayor en tres veces a las famosas reservas
del Estado. Esas sumas les devengaban apenas un interés a los depositantes,
y de paso le servían a los Bancos para movilizarlas, no con fines progresis-
tas, de financiación de la industria y la agricultura, con un criterio liberal
y amplio, sino para prestar dinero en condiciones leoninas y con respaldo
prendario o hipoteca al productor urgido de refaccionar su hacienda o de
sacar a flote su empresa”.

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El problema agrario

escuelas, se invertirá parte de la renta; si se hace obligatoria


la asistencia médica, mayor gasto.
Llegan a asegurar los señores terratenientes que “el
mal es la ignorancia de los campesinos”. Pero no recuerdan
al expresarse de ese modo cómo esa ignorancia es culpa de
quienes los explotan. Ignorancia, enfermedades, muertes,
despoblación, nacen del latifundismo, del acaparamiento de
la propiedad territorial.
Algunos aseguran la inexistencia en Venezuela del
problema latifundista. Presentan el ejemplo de algunas
regiones donde al lado de extensas haciendas hay numerosos
pequeños propietarios. Examinaremos con un ejemplo si
tienen razón quienes así hablan. Tomemos el Municipio
La Democracia, Distrito Lander, del Estado Miranda.
Para 1932 estaba en él aparentemente muy repartida la
propiedad, según el modo de ver de quienes afirman que no 27
existe controversia posible. Se encuentran 24 propietarios.
Veintidós poseen fundos de 5, 7 y 9 hectáreas. Ciertos
periodistas extranjeros entonarían cánticos de alabanza
para ese municipio ejemplar. Pero veamos un poco más
de cerca: aparecen catastradas 13.000 hectáreas; de ellas,
12.250 pertenecen a los dos grandes terratenientes del
grupo. Las otras 750 aparecen repartidas entre 22 pequeños
propietarios. Los dos grandes fundos se reparten así: uno de
10.250 hectáreas y el otro de 2.000.
Ese es el estado de la propiedad en toda la República.
Los inconvenientes por él engendrados no son difíciles de
conocer: el pequeño agricultor deberá estar en constante
relación con el latifundista, quien comprará los productos
al precio que le convenga, pues sólo él puede superar los
inconvenientes creados por la falta de vías de comunicación.
Además, aquél tomará prestado de su vecino el dinero

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

indispensable cuando las cosechas sean malas, con garantía


de su tierra. De ahí las hipotecas, de las cuales ya advertía
Francisco Depons un grave mal para los agricultores de
“Tierra Firme”. Favorecen, en efecto, el acaparamiento,
pues el dueño del fundo gravado no puede la mayoría de
las veces redimirlo y he ahí aumentada la finca ya grande.
Este, junto con otros sistemas, como el de la medianería, ha
sido el procedimiento que ha favorecido el desarrollo de los
latifundios en Venezuela.
El latifundista, poseedor de una renta fácil, no quiere
“calentazones de cabeza”. Por eso evita la introducción de
nuevos métodos. Los numerosos informes presentados por
expertos al Ministerio de Agricultura y Cría en 1936, de-
muestran el estado rudimentario de los cultivos y a ello se
debe la precariedad de nuestra agricultura 3. Y no hay discul-
28 pa alguna para los latifundistas. Para ellos es excesivo todo
esfuerzo y prefieren obtener su ganancia, no del suelo cien-
tíficamente cultivado, sino del elemento humano, obligado a
trabajar de balde, explotado por los más variados métodos.
Los señores terratenientes suelen quejarse de escasa
ganancia. Pueden culpar únicamente a su estulticia y en
ningún caso su queja podrá justificar el sometimiento de
mil y mil familias campesinas, a la más horrenda miseria.
Ésta solo puede combatirse con el reparto de la tierra. Hoy
la poseen quienes la utilizan solo para la explotación
del hombre. Muchos obtuvieron grandes extensiones como
3 No podemos naturalmente tratar al detalle cuáles son los métodos rudi-
mentarios aludidos. Baste por ejemplo recordar la forma de trabajo en las
haciendas de cocos de la Costa. Allí, para descascarar el fruto, no se emplea
máquina alguna, sino el procedimiento más primitivo que pueda imaginar-
se: se instala en un sitio cualquiera un tronco de vera con su porción supe-
rior muy afilada. Los negros trabajadores clavan allí el coco y con hábil
movimiento al retirarlo abren la corteza. Nótese que ni siquiera se emplea
el hierro para tal menester.

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El problema agrario

recompensa por servicios prestados al déspota. Aquí, como


en la Inglaterra del siglo dieciocho, según la frase de Marx,
“los terratenientes se regalaron a sí mismos las tierras del
pueblo”. Ejercitan por eso el viejo jus utendi et abutendi,
el derecho de usar y abusar: convierten en terrenos de cría
ubérrimas superficies, o las abandonan, cuando tantos bra-
zos podrían hacerlas fructíferas.
En el Congreso de 1937 se expuso varias veces la ne-
cesidad de reglamentar el uso de los terrenos de cría. En
los alrededores del Lago de Valencia, como en otras partes,
tierras fertilísimas habían sido convertidas en potreros.
Desde las mermas en la producción agrícola del país,
hasta la espantosa miseria de nuestros campesinos y en
apariencia más lejanos acontecimientos, como el costo de
artículos de primera necesidad, tienen su origen en el aca-
paramiento de tierras existentes en Venezuela. 29
Para sorpresa de muchos, la Junta Reguladora de Abas-
tos del D.F., presentó el 17 de mayo de 1937, un Informe al
Concejo Municipal, en el cual encontró como origen de los
altos precios del mercado en Caracas, los defectos engendra-
dos por el latifundismo. Decía en uno de sus párrafos:

Hay pues, urgente necesidad de aumentar la producción na-


cional y de poner ésta más a la mano de los centros consu-
midores por medios más económicos; y para los artículos
de primera necesidad, que no producimos en absoluto, o
que producimos muy escasamente, o solo en determinada
época del año, sería muy conveniente que la Municipalidad
del Distrito Federal gestionara con el Gobierno Nacional
la supresión de sus derechos de importación o su dismi-
nución en la mayor escala posible, en todo tiempo o a lo
menos en aquella época del año en que el artículo gravado

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

no se produce en el país en cantidad suficiente para abas-


tecer el consumo. Esto nos conduce directamente a pensar
por qué Venezuela, país “esencialmente agrícola”, tiene que
importar productos fácilmente cosechables en su suelo. La
respuesta es una sola: métodos rudimentarios, gratos a los
latifundistas, y acaparamiento de la propiedad que impi-
de la productividad de enormes extensiones, inutilizadas
por voluntad de sus poseedores. Este país “esencialmente
agrícola”, importa añil, cultivado desde tiempos de la Co-
lonia con buen resultado; cereales, frutas, harina de trigo,
legumbres y hortalizas, henequén, fácilmente obtenible en
varias regiones; papas, arroz 4. Todo ello por falta de méto-
dos científicos. Las tierras producen según las lluvias y su
capacidad espontánea. Ni abonos, ni máquinas, ni riegos,
por parte de los propietarios. Y si en una agricultura tal se
30 quejan los poseedores de grandes superficies, imagínese el
mal para los pequeños propietarios, quienes van a engrosar
continuamente las filas de los desposeídos del campo.

4 En el Número 3 de la Revista de Hacienda, apareció un estudio del se-


ñor Ramón Veloz, con puntos de vista muy dignos de ser conocidos, sobre
los productos que Venezuela importa y podrían ser elaborados en el propio
país. En el apéndice “C” damos la lista completa elaborada por el señor
Veloz.

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II
Imperialismo y latifundismo

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Los invasores

Escribió Marx a propósito de los directores revolucio-


narios franceses “que despedazaron el suelo feudal”. No po-
dría parafrasearse pensamiento semejante, para aplicarlo a
los líderes de la emancipación americana. Este movimiento,
si basado ideológicamente, por los argumentos de sus teó-
ricos, en los mismos postulados de la Revolución Francesa,
en realidad obedeció a causas profundas de muy diferente
naturaleza.
La Revolución Burguesa, que utilizó a las masas cam-
pesinas y a los trabajadores oprimidos de las ciudades, se
hizo por el avance de intereses contrarios a los de los terra-
tenientes feudales. La emancipación americana no significó 33
un cambio decisivo en las relaciones económicas internas
y solo desplazó del puesto dirigente a una oligarquía para
instalar a otra, con intereses similares.
Los criollos deseaban controlar por sí el comercio,
obtener todas las ventajas de la dirección política y los pri-
vilegios por ella entrañados. Querían, además, el absoluto
dominio de los intereses territoriales.
Las tendencias progresistas de algunos de los Liber-
tadores encontraron desde el principio obstáculo a su reali-
zación en el carácter latifundista de muchos y en el atraso
económico general de nuestros países. Por eso persiste en
América el sistema feudaloide hasta nuestros días y ello ex-
plica por qué en Venezuela la libertad de los esclavos se rea-
liza con José Gregorio Monagas en 1854 a pesar de haber
sido propugnada desde el comienzo de la independencia.
No evoluciona ampliamente nuestra economía y coexisten

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

en ella como fuerzas predominantes el latifundismo, la pro-


ducción artesanal o precapitalista, el alto comercio en manos
extranjeras y el pequeño comercio criollo. En etapa atrasada
de nuestro desarrollo económico, nos invade el imperialis-
mo, etapa superior del capitalismo. Créanse así especiales
condiciones a nuestra economía, la cual deviene de feuda-
loide en semicolonial. Los inversionistas extranjeros fueron
recibidos con los brazos abiertos por la oligarquía criolla, y
si el régimen político sustentado por un sistema económico
con acentuados rasgos de feudalidad oprimió a las masas
venezolanas, el contubernio de latifundistas e imperialistas
crea nuevas condiciones igualmente desfavorables para los
trabajadores venezolanos.
La agricultura se vuelve aún más descuidada; los mé-
todos rudimentarios se mantienen en el campo, los chupóp-
34 teros ceden complacientes cualquier extensión de subsuelo
ante los extranjeros insaciables; la colonia de los tiranuelos
se regocija ante las chequeras espléndidas de los magnates,
y la oligarquía feudaloide, que ha detentado los medios de
producción sin pensar nunca en cualquier ascenso posible, se
agarra desesperadamente a los nuevos dispensadores de oro.

Nuestra ubicación económica

Predominan en los países americanos el capitalismo financiero,


en forma de inversiones imperialistas, y el latifundismo, con un
interés común: la explotación desmesurada de los trabajadores.
Tienen a veces intereses opuestos, sin llegar a ser antagónicos
y marchan en constante relación. Por ello debemos examinar,
siquiera someramente, algunos puntos de contacto, en la
estructura económica venezolana, de esos dos grandes sistemas
de opresión de nuestras masas.

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Imperialismo y latifundismo

La aparición de los capitales imperialistas desempeña


en nuestros países papel semejante al de la Revolución Indus-
trial 5. En el campo encuentran la fuerza de trabajo necesaria.
En Venezuela el proceso ha sido muy claro. Mil y mil traba-
jadores sin tierras, hombres desposeídos por la creciente del
acaparamiento latifundista, fueron el elemento apto para in-
corporarse al trabajo ofrecido por las compañías petroleras.
Al principio, la incorporación obrera resulta suma-
mente fácil. Para nuestros campesinos, sometidos a la más
espantosa miseria, los salarios del infierno petrolero signi-
ficaban una vida más estable, no sometida a las vicisitudes
inherentes al campo. Luego, los trabajadores comienzan a
sentir cómo, a pesar de las apreciaciones del principio, no
se les da ni remotamente lo que es justo. Surge entonces un
vigoroso núcleo, dispuesto al combate.
La servidumbre en que había vivido y permanece el 35
trabajador del agro venezolano, permitió a las Compañías
mantenerle en condiciones malísimas: sin higiene, sin
luz, sin agua potable. Cuando la disciplina y la conciencia
obrera crecieron, el despotismo político reinante impidió
el comienzo de la lucha culminada luego con la admirable
huelga petrolera de diciembre de 1936.

5 Entiéndase que solo hacemos esta afirmación en lo relativo a la creación


de un proletariado organizado. En otros aspectos, las cosas suceden de
manera muy diferente. El imperialismo obstaculiza, deforma, el desarrollo
normal de las fuerzas económicas nacionales. En cambio, el proceso de la
revolución burguesa se ejerce de muy diferente manera. Marx y Engels lo
expresan así: “La burguesía ha ejercido en la Historia una acción esencial-
mente revolucionaria. Allí donde ha conquistado el poder ha pisoteado las
relaciones feudales, patriarcales e idílicas. Todas las ligaduras multicolores
que unían al hombre feudal a sus superiores naturales, las ha quebrantado
sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre hombre y hombre, que
el frío interés, el duro pago al contado...”.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Antagonismos y coincidencias

Si se repartieran tierras a los agricultores, latifundis-


tas y magnates petroleros deberían, conjuntamente, modifi-
car un tanto sus procedimientos. Ambos se verían obligados
a ofrecer mayor amplitud a sus trabajadores ya que éstos
podrían entonces vivir por propia cuenta. Por ello, toda idea
de reforma agraria encuentra resistencia en unos y otros.
Defienden intereses comunes.
Otras veces, opositores en cierto sentido, encuentran
manera de armonizar. En un comunicado del Banco Agrícola,
en mayo de 1937, se aseguró que el 90% de las propiedades
inmobiliarias se hallaban gravadas en Venezuela. Aparte
de los gravámenes realizados por el propio Banco, una
mayoría lo está por bancos extranjeros. De esta manera,
36 el latifundismo viene a depender también del capital
imperialista y a tener con él aparentemente, intereses
opuestos. Sin embargo, lo que conviene al terrateniente es
conservar sus rentas y entonces se hace aliado de la finanza
extraña, para obtener el mayor provecho posible. Así, por
ejemplo, en el cambio. Interesa a los magnates del aceite
la depreciación de nuestra moneda: exportadores de la
totalidad del petróleo extraído, tienen que importar dólares
para el pago de salarios e impuestos. Al gran latifundista
exportador, es grata la medida, pues recibe mayor número
de bolívares por sus productos, pagados en dólares en los
mercados extranjeros. Argumentan de las más diversas
maneras para demostrar la conveniencia del bolívar
depreciado y pretenden convencer que el interés de unos
cuantos explotadores es el de las mayorías venezolanas.
Así marcha muy junta la pareja terrible: somos país
semicolonial, porque la independencia económica es un
mito, ante el capital imperialista, que agarrota la libre

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Imperialismo y latifundismo

concurrencia y opera a su antojo con los elementos condi-


cionadores de precios y cambios. Y somos país semifeudal
por el régimen de la tierra. Ambas condiciones se oponen a
la libre marcha de la democracia en América. Entre nosotros
ha quedado bien palpable la influencia de ambos factores.
Las numerosas demandas contra las compañías petroleras y
los datos de cómo violan, usando numerosos subterfugios,
diversas disposiciones legales, indican claramente cuáles
han sido sus procedimientos. En cuanto a los latifundis-
tas, veremos en los capítulos posteriores cuáles métodos de
opresión emplean, sobre las masas campesinas.

Números terribles

En la balanza comercial del país aparecen de nuevo


juntos el Imperialismo y el Latifundismo como causa de 37
grave mal. En 1933 la exportación total venezolana ascendió
a la suma de 613.305.555,64 bolívares. Para el petróleo
correspondió un montante de 553.208.674,54 bolívares.
Véase por consiguiente, la enorme cantidad de la exportación
controlada por el capital extranjero y de la cual solamente se
beneficia el país en una quinta parte, que vuelve en concepto
de diversos pagos. Así, Venezuela participa en porción ínfima
en lo que su suelo da y extraen sus masas trabajadoras. El
80 7/10 por ciento fue exportación de petróleo crudo. Dos y
medio por ciento más, correspondió al gas oil; a la gasolina
1 2/3 por ciento. Además, hubo una exportación de oro
correspondiente al 1 3/4 por ciento. Al café, cacao y otros
productos agrícolas correspondió solo 8 29/360 por ciento.
Las compañías petroleras, naturalmente aprovechan esta
supremacía en todo aquello que las voluntades tornadizas
de los gobernantes consienten.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Extendamos nuestro examen a la porción de exporta-


ciones no petroleras. Ocupa el café, en el mismo año con-
siderado, el 55 y medio por ciento; el oro 18 por ciento; el
cacao 15 3/5 con un total de solo Bs. 64.301.179,48. La im-
portación, en cambio, llegó a bolívares 143.266.966,35. ¿De
qué manera equilibrar esta desigualdad? La respuesta ha
sido idéntica en todas partes; intensificando la agricultura.
En el año de 1936 existió una circunstancia semejante.
Correspondieron a la exportación total Bs. 768.462.868,53.
A la “netamente venezolana”, no petrolera, solo Bs.
84.236.973,92. Se importaron artículos por valor de Bs.
164.634.906,80. De este modo, hay balanza comercial
desfavorable en Bs. 80.397.932,88. En 1937 la cifra de
exportación fue de Bs. 871.462.781. De estos Bs. 770.042.102
corresponden al petróleo y 20.800.000 al oro. El Gobierno
38 trató de poner algún remedio decretando subsidios y primas
para los agricultores, método que no dio resultado apreciable
en cuanto a un mejoramiento de las condiciones generales de
la agricultura y del campesinado se refiere, a pesar de que en
tales procedimientos se empleó la suma —en 1936— de Bs.
21.476.378,34. Esta clase de tratamientos no puede remediar a
la agricultura venezolana. En efecto, esas primas y subsidios
han ido siempre a parar a los bolsillos de los latifundistas,
sin mejorar por ello la suerte de los trabajadores. Tampoco
se ha empleado ese dinero en el tratamiento científico de
la tierra o la adquisición de maquinarias. A pesar de esos
veintiún millones, continuó el pago en fichas y la desolación
por haciendas y latifundios.
Es un reparto de tierras lo que puede poner remedio y
crear las bases de una independencia económica básica para
el funcionamiento democrático.

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Imperialismo y latifundismo

Remedio común

Cualquier legislación protectora del trabajador vene-


zolano disminuye las prerrogativas de los terratenientes e
imperialistas. La demanda introducida por las compañías
petroleras, contra una medida de indemnización, pautada
por la Ley del Trabajo, muestra un aspecto más de intereses
coincidentes entre el capital extranjero invertido en el país y
el latifundismo, timorato e insaciable a la vez. En efecto, una
Legislación del Trabajo siquiera medianamente correcta, da
fin a diversos aspectos gratos a los extorsionistas. En la vi-
gente, se prohíbe el pago en fichas, se habla de la fundación
de escuelas, de servicios higiénicos, de indemnizaciones.
Contra ellas se han alzado los invasores económicos ante
la sonrisa aprobatoria de los terratenientes, quienes hasta
ahora se han escudado en la ignorancia de los peones, a los 39
cuales no suministran conocimiento alguno.

Una mentira y un peligro

Si examinamos nuestros presupuestos en lo que va


de siglo, obtendremos datos que, a primera vista, podrían
parecer halagadores acerca de la intervención de los capitales
extranjeros. En efecto, el promedio de gastos anuales,
para la primera década del siglo XX, es en Venezuela, de
49 millones; asciende en la segunda a 59 y alcanza en el
período 1921-30 a 146 millones y en 1931-35, a 148. Coincide
la súbita elevación del tercer período con la explotación del
petróleo, y un razonamiento superficial haría pensar solo
en excelencias. Dejemos el análisis al señor José Vandellós,
quien fue contratado por el Ministerio de Hacienda para

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

realizar un estudio de nuestra situación económica. Se


expresa con suma claridad:

Durante los años anteriores a la explotación en grande del


petróleo, las exportaciones venezolanas cubrían el monto
de las importaciones, las demás partidas desfavorables del
balance de pagos y todavía quedaba un remanente que se
traducía en oro acuñado. Un los últimos años, el resultado
viene a ser el mismo, pero las exportaciones solo representan
una tercera parte del activo, ya que las otras dos terceras
partes las cubren los giros de las compañías petroleras. Es
decir, que el comercio exterior de Venezuela se basa en
un elemento más o menos aleatorio, independiente de su
economía interna en gran parte y que escapa a las directivas
de cualquier política económica que fije el Gobierno.
40
Más adelante habla intensamente de lo que significa
esta deformación de nuestra economía como peligro de una
bancarrota, en los términos siguientes:

Existe sin embargo, una inseguridad, no para el futuro


próximo sino para tiempos más alejados. En un mundo
agitado como el actual, con afanes autárquicos crecientes,
que empujan a la creación de productos sintéticos, se ha de
temer siempre que suceda algo parecido con el petróleo, a lo
que acaeció con los nitratos o el caucho silvestre. Los países
que disponen de yacimientos tan ricos, son en cierto modo
como personas que hayan logrado el premio mayor de una
lotería, cuya futura felicidad depende del modo como sepan
adaptar su nueva posición a sus antiguos hábitos de trabajo.
Un individuo puede estropear su vida, pero un país no,
porque a la generación actual se eslabonan las generaciones

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Imperialismo y latifundismo

futuras, por cuya felicidad ha de preocuparse el Estado. Las


virtudes que adornan al pueblo venezolano harán sin duda
que su creciente fortuna sirva para consolidar sus antiguos
medios de creación de riqueza y desarrollar otros nuevos
factores. El temor de que estos ingresos que hay parecen tan
seguros y con tendencia a aumentar pudieran un día cesar
o desaparecer debieran darles un carácter extraordinario,
que los orientara hacia inversiones también extraordinarias
destinadas a aumentar la capacidad de producción del país .6

Fragmento de unas declaraciones de Frank A. Howard,


Presidente de la Standard Oil Development Company, fe-
chadas en Nueva York, 1937, y aparecidas en El Universal:

Del esfuerzo intensivo han surgido dos variedades del


sistema de hidrogenación con el cual se convierte en 41
petróleo el carbón de piedra. La primera es aquella en que
se comienza por convertir el carbón de piedra en gases,
a los que se pone en contacto con catalizadores que los
6 Para que se vea cómo la necesidad de intensificar la producción agrícola
y cómo el problema de nuestra economía, debilitada por las causas que se
citan, son reconocidas por los propios capitalistas venezolanos, copiamos
un comentario del señor Vicente Lecuna, aparecido en el número 263, del
Boletín de la “Cámara de Comercio, de Caracas”. Al referirse a los datos
sobre exportación e importación del año 1934, escribe el señor Lecuna:
“Vemos en ellos que el valor del café y del cacao exportado apenas alcanza
a 39.000.000 de bolívares y los demás productos exportados del país, sin
contar el oro en bruto, pertenecientes a compañías extranjeras, sumaron
solo Bs. 9.000.000. Total cuarenta y ocho millones de bolívares, cuando
en años pasados, antes del petróleo y antes de la inflación, la exportación
normal de Venezuela pasaba de 100.000.000 de bolívares. Esta disminución
de valores explica el malestar profundo de la agricultura y del comercio, e
indican que Venezuela necesita desarrollar otros productos, bien para su
propio consumo, como manteca, arroz y otros semejantes, o bien de expor-
tación, tales como tabaco, ganado, algodón, etc., que compensen la dismi-
nución de sus entradas por la baja del café y del cacao”.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

transforman en líquidos de gran peso molecular. En la


fabricación sintética del metanol y otros alcoholes, el
procedimiento es práctico desde el punto de vista comercial.
No así todavía, aunque es muy probable que muy pronto
ocurra tal cosa en limitada escala, en lo que respecta a la
fabricación de los hidrocarburos líquidos. La otra variedad
es la que consiste en extraerle a la hulla, por medio de un
disolvente, el alquitrán y combinar éste con el hidrógeno,
obteniéndose así petróleo. No es posible predecir aún si haya
de emplearse o no este procedimiento en escala comercial.

Aun puede ser considerada la cuestión desde otro


ángulo. Supongamos muy lejano el peligro expuesto por el
señor Vandellós. Nos queda el interés vital de no ser co-
lonia económica, de independizar nuestra propia finanza.
42 Para ello, las ganancias obtenidas por el petróleo han de ser
aprovechadas en sentar las bases de un desenvolvimiento
autónomo de nuestra economía. Pero no ha sucedido así.
Por el contrario, toda otra rama de la exportación se ha
vuelto raquítica y algunas han desaparecido. En el mejor
de los casos, la exportación de ciertos productos permanece
estacionaria.
Colonia económica, lo somos consecuencialmente en
política. El imperialismo, es claro, trata de mantener y agu-
dizar nuestra dependencia y los Gobiernos de tiranuelos se
han esforzado en complacerle, así como los latifundistas,
empeñados solo en el logro de pingües ganancias.
Cómo hemos marchado hacia la dependencia casi ex-
clusiva del petróleo, se evidencia con las cifras siguientes:
antes de la guerra, el orden en la exportación es como sigue:
café, cacao, balatá, cueros, oro, ganado vacuno, sarrapia,
dividive, maderas y papelón.

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Imperialismo y latifundismo

Veamos en el mismo orden expuesto la marcha de los


productos:
CAFÉ. De segundo país productor de ese fruto, Ve-
nezuela ha pasado al sexto lugar. Se comprueba el descenso
en el siguiente cuadro7:

Por ciento de Por ciento de la Puesto de


la producción producción total Venezuela entre los
mundial de del mundo países productores
Año
suaves

1910-11 15 4,3 2º
1915-16 18 4,6 2º
1920-21 16 4,9 3º
1925-26 10 3,7 4º
1930-31 9,7 3,8 4º 43
1933-34 5,4 1,4 8º
1934-35 7,5 3,2 6º (7)

7 He aquí el cuadro completo elaborado por el Dr. Alberto Adriani.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Por ciento de Por ciento de Su puesto entre


la producción la producción los productores
Año mundial de total del mundo del mundo
suaves
1860 5,8
1873 7,4
1881-82 15 6,5 3º
1885-86 16 6,7 3º
1890-91 16 6,5 3º
1895-96 15 6,7 3º
1900-01 19 5,1 2º
1905-06 17 4,9 2º
1910-11 15 4,3 2º
1915-16 18 4,6 2º
1920-21 16 4,9 3º
1925-26 10 3,7 4º
44
1930-31 9,7 3,8 4º
1933-34 5,4 1,4 8º
1934-35 7,5 3,2 6º
1930-35 7,8 2,5 6

En 1913 nuestra producción era igual a la de Colom-


bia; diecinueve años después la producción del país vecino
triplica la venezolana.

CACAO. Según el Boletín de la Cámara de Comercio


de mayo, 1934, Venezuela representaba el 3,11 por ciento de
la producción total de cacao del mundo. Su producción es
estacionaria, puede decirse, desde hace más de 20 años. En
1908 exportaba 16.000 toneladas; en 1910, 17.300; en 1920,
17.600; en 1925, casi 23.000; en 1935, 17.500.

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Imperialismo y latifundismo

En 1930 la producción total de Venezuela fue de 17


por ciento menor que en 1929; la de 1931, 20 por ciento
menor que la de 1930; la de 1932, 15 y medio por ciento
menor que la de 1931 y la de 1933, 5,9 por ciento menor
que la de 1932.
Se calcula que para marchar al ritmo del consumo
mundial, la producción venezolana de café y cacao ha de-
bido incrementarse en 70 u 80 por ciento.

BALATÁ. En el quinquenio 1908-13 se exportó por


valor de 9.400.000 bolívares y en 1931 bajó la suma expor-
tada a solo 46.740 bolívares.
Cueros. Las cifras muestran un descenso vertigi-
noso en la exportación:

Año Kilogramos Valor en bolívares 45


1929 1.905.487 3.537.964
1930 1.433.949 1.706.568
1931 1.288.375 1.204.637
1932 1.085.774 773.714
1933 1.014.784 655.937

ORO. Ocupa ahora el tercer lugar pero “está en gran


parte en manos de compañías extranjeras” 8.

GANADO. Su importancia disminuye en los últimos


años de manera alarmante en nuestra balanza comercial. El
8 La Compañía New Goldfields exporta ella sola, el 60 por ciento del oro
venezolano. Del otro 40 por ciento, buena parte está en manos de capitales
ingleses, franceses o estadounidenses. En 1936, las compañías venezola-
nas Odremán y Cía., y Rosales y Cía., abandonaron la explotación aurífe-
ra. Innecesarios nos parecen los comentarios sobre la influencia que en los
obstáculos a ellos presentados puedan tener los invasores económicos.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

porcentaje presentado en el total de exportación es así, para


diversos períodos:

1908-13 18,8 por ciento


1913-23 23,3 por ciento
1923-28 21,9 por ciento
1933-35 8,9 por ciento

Sarrapia
Disminuye de 15 por ciento en la exportación total,
período 1908-13, a 4,3 por ciento en 1933-35.

Dividive
Disminuye de 7,5 por ciento en 1908-13 a 0,7 por
46 ciento en 1935.

Maderas
Solo ésta aumenta, de 0,4 por ciento a 0,7 por ciento
en 1933-35.

Papelón
Del 10,6 por ciento, en 1923-28, baja a 0,6 por ciento
en 1933-35.

Todas estas cifras demuestran cómo Venezuela


depende cada vez menos de sus antiguas fuentes de vida,
sustituidas hoy por la renta petrolera. El peligro de una
dependencia tal, queda bien a las claras, recordando casos
como el de Cuba, cuya principal industria —el azúcar— está
en manos imperialistas. Permítasenos una breve referencia
a la Isla de Martí:

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Imperialismo y latifundismo

En 1924 se produjo un descenso terrible en la vida


económica de la Isla, por las dificultades creadas a la
producción de azúcar, como el establecimiento de tarifas
excesivas, la acumulación, etc. Se agudizó la crisis en 1931,
cuando los aranceles “Hawley-Smoot” aumentaron la tarifa
a los productos cubanos. La exportación cubana era en 1924
de $382.193.000 y en 1933 solo alcanzó a $57.743.000, o sea
una disminución de 85 por ciento. Como es de suponer, el
pueblo cubano estaba con las manos atadas, pues el azúcar
dependía completamente de los intereses extranjeros. Para
que se vea el desastre de la economía cubana, a consecuencia
de las dificultades creadas a la exportación azucarera, es
decir, su producto básico y primordial, presentamos las
cifras de 1925 a 1933, en millones de pesos:

47
Año Exportaciones Importaciones Total
1926 260,8 301,7 562,5
1927 257,4 324,4 581,8
1928 212,8 278,1 490,9
1929 216,2 272,4 488,6
1930 160,5 167,4 327,9
1931 80,1 118,9 199,0
1932 41,0 80,7 131,7
1933 42,4 84,4 126,8

He aquí un ejemplo de lo que puede acontecer en Ve-


nezuela, si no vigoriza sus fuentes de producción agrícola.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Otra analogía con Cuba

Si podemos hablar de intereses coincidentes en nuestro


país, entre el Latifundismo y el Imperialismo, claro que
ellos son más estrechos cuando el capital extranjero llega
a cultivar caña, bananos u otro producto agrícola, como en
Costa Rica, Cuba, etc. En ésta, el antiguo régimen de la
tierra se modificó por la primera intervención de los Estados
Unidos. En efecto, después de oír el informe de una Comisión
nombrada por ellos, el General Wood decretó el reparto de
las haciendas comuneras, modificando intrínsecamente el
sistema de propiedad de la tierra. Sobre tal procedimiento
escribió la Comisión nombrada por la Foreing Policy
Association: “No nos consideramos capacitados para opinar
sobre esta cuestión tan eminentemente técnica; pero nos
48 parece que el establecimiento de este sistema de propiedad
individual echó la simiente para el desarrollo de la moderna
corporación y de los actuales latifundios, que no habrían
sido posibles de haber continuado en efecto el antiguo
sistema de posesión de la tierra”.
Las compañías azucareras han preferido el cultivo
extensivo y por ello mantienen enormes cantidades de terreno.
Para 1933 se calculaba en el 30 por ciento del territorio total
cubano, la extensión poseída por las compañías imperialistas
y el Informe ya citado dice al respecto: “Ahora que parece
cierto que Cuba tiene que permanecer indefinidamente
dentro de un límite de 3.000.000 de toneladas de zafra,
resulta evidente que una gran porción de las actuales fincas
azucareras de Cuba podrían trabajar con la eficiencia actual
aunque solo tuvieran alrededor de dos quintas partes de las
tierras que poseen, o tienen en arriendo, o controlan”.

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Imperialismo y latifundismo

Entre nosotros, no se trata de cultivos agrícolas, pero


las compañías petroleras han obtenido también enormes
concesiones que no utilizan, creándose así conflictos como
el del Distrito Bolívar del estado Zulia. The Beacon Sun,
Co. obtuvo 700.000 hectáreas; la Andes Petroleum Co.,
1.778.240 hectáreas; la British Controlled Oil Field acaparó
de 1918 a 20, 15.000 millas cuadradas y en 1932 tenía ade-
más en el estado Falcón 3.000 millas cuadradas; la Lago
Petroleum Co., controlaba en 1932 1.600.000 hectáreas.
De esta manera, han caído en poder suyo grandes ex-
tensiones donde antes se asentaban campesinos venezola-
nos. Mucho se ha hablado del caso de Lagunillas, edificada
sobre el agua, a causa de la negativa de las compañías a
permitir edificaciones en sus tierras. Y el nombrado caso
del Distrito Bolívar ha adquirido tales proporciones que fue
presentado al Congreso de 1937, por los diputados zulianos. 49
Se trata de un contrato celebrado entre el Gobierno de Gó-
mez y la Venezuelan Oil Concession Limited, subsidiaria
de la Royal-Dutch-Shell, mediante el cual ésta obtuvo todos
los ejidos del Distrito. “La situación es tal —dijo el señor
Belloso Chacín ante la Cámara— que no se dispone de tie-
rras para el ensanche de la población (Cabimas), al extremo
de que el Concejo necesitó construir un garaje y se vio obli-
gado a arrendar un pedazo de tierra a un particular”.
Fragmento del informe presentado por el Diputado Dr.
Rafael Belloso Chacín, al Congreso de 1937, denunciando el
acaparamiento, por la compañía inglesa Venezuelan Oil Con-
cession Limited, de las tierras ejidales del Distrito Bolívar :

Mas últimamente al problema económico que ha venido


constituyendo para el Erario Municipal de Cabimas el
auténtico despojo significado por este canon ridículo de Bs. 2

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

por hectárea de terreno de petróleo, se ha agregado un problema


social serísimo. A la muerte de Gómez 4.000 campesinos
ocuparon tierras ejidales en el distrito mencionado, tierras de
las comprendidas en el aludido contrato de arrendamiento.
Se trata de antiguos ocupantes de esas tierras, que tenían allí
sus conucos, de los cuales vivían, de hombres con apetencia
de una parcela para cultivar, a quienes habían expulsado de
sus siembras las autoridades policiales. Estos campesinos,
al morir el dictador Gómez, ocuparon de nuevo sus tierras,
levantaron ranchos y comenzaron a cultivar de nuevo el
suelo. La compañía no hizo oposición, porque se trataba de
aquella época en que procuraban hacerse olvidar su pasado
de arbitrariedades con una actitud conciliadora y amplia.
Hoy, cuando esas empresas están volviendo a actuar con
su antiguo estilo, pretenden desalojar a los ocupantes. El
50 conflicto social, con magnitud muy seria, se ha planteado.
Los campesinos se muestran dispuestos a no salir de esas
tierras si el Gobierno Nacional no incendia sus ranchos o
utiliza la fuerza pública. Se sienten con un derecho adquirido
para vivir allí, donde nacieron, donde han trabajado toda su
vida y donde tienen adherida toda su existencia. Ya se han
presentado fricciones violentas entre los campesinos y los
empleados de las compañías.

Las construcciones y pozos de la nombrada compañía


no ocupan más de 4.000 hectáreas, pero conservan sus
derechos sobre el resto, haciéndolos valer en forma
dictatorial. Ante los Tribunales se ha introducido una
demanda, pidiendo la nulidad de ese bárbaro contrato, que
caracteriza muy bien las desmedidas complacencias del
gobierno de Gómez para con los invasores económicos.

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Imperialismo y latifundismo

Identidad

Se identifican, pues, los intereses latifundistas e im-


perialistas en la explotación organizada del trabajador, la
tendencia a promover y sostener regímenes despóticos que
perpetúan sus privilegios, el desprecio de los verdaderos
productores, la opresión del proletariado y hasta en la pose-
sión de grandes extensiones inutilizadas, que podrían pro-
ducir el sustento de millares de familias campesinas.

Nueva amenaza

Lo que las compañías petroleras significan para los


trabajadores en general y no solo para aquellos que estaban
colocados bajo su inmediata férula, queda de relieve con la
anulación de los apartes a), b) y c), del artículo 27 de la Ley 51
del Trabajo, concedida a los magnates petroleros por la Cor-
te Federal y de Casación, a principios de este año —1938—.
De esta manera se anuló el derecho de los trabajadores a
obtener una indemnización proporcional al tiempo de sus
servicios, en caso de despido.
El mismo alto tribunal, como para hacer olvidar la
enorme conmoción que su fallo produjo, condenó a las
compañías Mene Grande Oil Co. y Venezuela Gulf, a pa-
gar 15 millones de bolívares, por concepto de impuestos no
cancelados en largo lapso. Pero aparte de que allí apenas sí
procedieron de acuerdo con la más estricta justicia, a poco
les han hecho nueva y jugosa concesión al anular el artí-
culo 49 de la Ley de Hidrocarburos que pautaba la obliga-
ción para las compañías de pagar íntegramente el impuesto
aduanal de los artículos que importasen “no requeridos por
la industria”. No podemos referirnos aquí en detalle al largo

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

historial de violaciones hechas a las leyes de todas clases


por las compañías petroleras en Venezuela, y si hacemos
esta pequeña disgresión es porque tales sentencias han ve-
nido a continuación de la anulatoria de la citada garantía de
los trabajadores y porque el señalamiento de las complacen-
cias de que son objeto las compañías en Venezuela sirven
para hacer resaltar el peligro que representa la posible llega-
da al país de la United Fruit, que desde hace dos años viene
haciendo esfuerzos por instalarse en tierras venezolanas.
Si las compañías petroleras tienen tan funesta influen-
cia sobre las masas campesinas y los trabajadores en gene-
ral, puede pensarse lo que la explotadora de bananos iría a
realizar en el país.
La influencia de los magnates imperialistas es cada vez
mayor en Venezuela en contra de los trabajadores petroleros.
52 Contra lo que han afirmado periodistas desvergonzados
recientemente, los obreros del Infierno Petrolero carecen de
elementales comodidades. Y la represión contra el proletariado
venezolano se ha dirigido muy especialmente contra ellos. En
el mes de marzo de este año —1938— alrededor de mil obreros
fueron concentrados en campos pertenecientes a las compañías,
con el pretexto de que debían volver a sus regiones nativas los
desocupados. Con fecha 10 de abril, la Unión de Trabajadores
del Zulia se dirigió al señor Presidente de la República
protestando contra el encerramiento de 200 trabajadores en un
edificio que en el Distrito Bolívar había ocupado la Venezuela
Oil Concession.
De la Memoria de Fomento. — Documento No. 431
de la Dirección de Hidrocarburos —. Pág. 98:

Los nombres de los agitadores suministrados por la com-


pañía ya han sido dados al ciudadano Ministro. Al mo-
mento de escribir estas líneas nos informa el Gerente de

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Imperialismo y latifundismo

Maracaibo que ha recibido noticias de Casigua al efecto de


que la pequeña guarnición de tropas que había sido envia-
da allí ha recibido órdenes de regresar inmediatamente a
Encontrados, ya que entretanto nada se ha hecho para la
remoción de los indeseables.
p. p. The Colon Development Co. Ltd.
W. T. S. DOYLE.
Con tal descaro “presionan” los magnates petroleros
al Ejecutivo.

El imperialismo fascista y la tierra

Para concluir este vistazo a las relaciones entre el im-


perialismo y el problema de la tierra, hemos de recordar
cómo el imperialismo fascista, que ha comenzado a pene-
trar en América, busca también ansiosamente el camino de 53
la tierra. Al mismo tiempo que solicitan la posesión de mi-
nas y yacimientos, no olvidan la importancia de los campos.
En el Perú, la sola Negociación Alemana, perteneciente a
imperialistas nazis, posee 40.000 hectáreas en el Valle del
Chicama y otras grandes extensiones en la Provincia de Li-
bertad. En el Brasil, la sola “Compañía Nipona de Nave-
gación” posee en el Estado de Para más de un millón de
hectáreas “para competir con la “Ford Co.” y la “Amazon
Product Co.”, que en conjunto poseen más de dos millones
de hectáreas”. Tanto en el caso de los germanos como de
los nipones, se trata de asegurar tierras para instalar allí
colonos de las respectivas nacionalidades, con el ánimo
de crear “minorías” y poseer un contingente apropiado de
elemento humano para mejor desarrollo de sus designios.
Precisamente en el Perú existe una antigua colonia de cinco

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

mil alemanes, que Hitler pretende ahora revitalizar, “con el


propósito de crear núcleos nazis de penetración”.
En Venezuela no existe por ahora penetración seme-
jante, por parte de los países fascistas, mas citamos estos
dos ejemplos de países americanos, para recordar cómo
también en materia agraria es necesario estar alerta con-
tra los intentos del imperialismo fascista, sobre todo ahora,
cuando el Gobierno, con el Plan Trienal, se propone em-
prender ensayos de colonización con elementos europeos.
Sobre esto insistiremos en capítulo posterior.

54

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III
El latifundio en Venezuela

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En nuestro país hay una falta total de estadísticas. La
ausencia de un catastro de tierras baldías —ahora se está
elaborando uno— ha sido causa de que muchos hayan de-
clarado suyas tierras de la nación, para explotarlas, cedién-
dolas a los pequeños agricultores en condiciones onerosas.
Actualmente realízase un catastro de las propiedades.
Antes, fue hecho uno solo, en 1932. Se encuentra en el Minis-
terio de Agricultura. A pesar de sus numerosos defectos, su-
ministra amplia idea del reparto de la tierra en Venezuela.
Para obtenerlo, se enviaron planillas pidiendo que se
devolvieran con las correspondientes respuestas relativas a
extensión de la finca, productividad, jornal de los trabaja-
dores, etc. El renglón más comúnmente llenado fue el de 57
la extensión. Los otros, o faltan o fueron falseados con di-
versas intenciones. Algunos propietarios, presas de la mayor
desconfianza, asignaron a sus posesiones una productividad
muy disminuida. Otros, pendientes de posibles subsidios, la
exageraron. Nosotros utilizamos solo el dato relativo a exten-
sión de las fincas, pues aclara el problema latifundista. Utili-
zamos los correspondientes a los Estados Aragua, Yaracuy y
Miranda, pues cuéntanse entre los de mayor acaparamiento
territorial. También presentamos el estado de la propiedad
en las dos parroquias rurales del Distrito Federal.
En Venezuela llegó el acaparamiento de la tierra, en
los últimos años del gobierno de Gómez, a límites increí-
bles. Respecto de las propiedades de éste, se conoce aún
poco, en cuanto a extensión. Para el catastro hecho en 1932
se omitieron totalmente las haciendas pertenecientes al
Dictador, que eran verdadero tabú. Solo fueron incluidas

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

algunas de sus familiares. Sobre el latifundio gomecista, de


enorme superficie, no pueden presentarse por ahora con-
clusiones exactas. El cálculo general es que poseyó más o
menos una tercera parte de la tierra cultivada en el país.
El latifundismo alcanza entre nosotros proporciones
antes raramente superadas en otros países. Algunas cifras
lo demuestran: en Croacia los más grandes latifundios fue-
ron de 40.000 hectáreas. En Checoslovaquia los hubo de
200.000. De España, Cristóbal de Castro escribe: “de las
68.000 hectáreas que forman el término de Utrera, 54.000
pertenecen a 30 señores”. En Venezuela a cada paso encon-
tramos latifundistas que poseen 10.000. Añade el mismo
autor: “En Cádiz, del término de Jerez, con 50.000 hectá-
reas, corresponden a solo 23 propietarios, 25.000”. En el
Distrito Federal, Parroquia Carayaca, de 69.316 hectáreas,
58 corresponden 63.725 a solo 15 terratenientes. Señala luego
a poseedores de 14 a 16.000 hectáreas. Recordemos solo la
gigantesca Hacienda Mendoza, con 300.000.
El carácter general del reparto de tierras entre noso-
tros es el siguiente: enormes latifundios, alrededor de los
cuales subsisten algunos pequeños propietarios. Ya apun-
tamos antes cómo, en definitiva, los minifundistas de hoy
vienen a ser los jornaleros de mañana.
Con el objeto de mostrar detenidamente los caracteres
de la propiedad territorial, en los estados ya dichos, verifi-
camos una exposición por municipios y luego hacemos un
resumen por distritos. Esto nos permite algunas considera-
ciones indispensables, en cuanto a las cifras presentadas.
Podrían algunos objetar que ellas se refieren a 1932. Las
creemos muy escasamente modificadas en lo referente a los
grandes fundos. Si hubiera diferencias, están en todo caso a

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El latifundio en venezuela

favor del latifundismo, pues nadie ignora la marcha incesante


del acaparamiento en todas las regiones venezolanas.
Tan solo como ilustración, daremos el de la región de
Guárico, en el estado Lara, donde en menos de diez años
una sola casa de comercio ha expropiado a más de 90 pe-
queños agricultores.

Estado Miranda
Distrito Lander

Municipio Ocumare. — Sin contar la ya nombrada


Hacienda Mendoza, se reúnen Hs. 41.444, pertenecientes a
29 propietarios. Diez de ellos, con 36.242. De éstos, uno
solo tiene 10.000 y otro 5.000.

M. La Democracia. —Catastradas Hs. 12.794, perte- 59


necientes a 24 propietarios. De ellos, uno posee 10.000, otro
2.100 y un tercero 250. Los veintiuno restantes en conjunto
tienen 444.

En realidad, en nuestras consideraciones, tomamos


como latifundistas a quienes posean más de 500 hectáreas.
En el caso anterior señalamos uno de 250, para hacer resal-
tar la diferencia entre el total de los pequeños propietarios y
las superficies pertenecientes a los otros.

Distrito Páez

Municipio Río Chico. — Hs. 6.647, con 27 propieta-


rios. Uno posee 2.503; otro, 500; un tercero, 770; otro 400 y
el quinto 700. Solo cuatro individuos reúnen 4.473 y restan
2.174 para los otros 23.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

M. San José. — Hs. 5.082. 34 propietarios. Uno, con


840; otro con 400 y un tercero con 540. Es de notar cómo
algunos de los propietarios de este Municipio lo son tam-
bién del anterior.
M. El Guapo. —Hs. 6.376. 21 propietarios. Uno po-
see Hs. 3.000; otro, 500; un tercero 590 y otro 1.000. Solo
cuatro reúnen, pues, 5.090 y para los 17 restantes quedan
Hs. 1.286.
M. Cúpira. — Hs. 27.647. Hay 32 propietarios. Diez
reúnen Hs. 25.850. Restan 1.797, para los otros 22.

Distrito Sucre

Municipio Petare. —Hs. 17.125. Ps. 40. Once poseen


13.158. Restan para los otros 29, Hs. 3.967.
60 M. Chacao. —Hs. 540, con 16 Ps.
M. El Hatillo. — Hs. 17.417. Ps. 150, de los cuales solo
ocho poseen Hs. 12.500. Quedan repartidas entre los 142
minifundistas, 4.914.
M. Baruta. — Hs. 790. Ps. 15.

Distrito Plaza

Municipio Guarenas. —Hs. 17.640. Ps. 29. Siete po-


seen 14.074 y los otros 22 en conjunto, 3.566.

Distrito Paz Castillo

Municipio Reyes Cueta. — Aparecen en éste Hs.


46.642, repartidas entre 31 propietarios. Uno posee Hs.
10.210; otro, 5.870 y los diez minifundistas del municipio
reúnen solo 2.110.

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El latifundio en venezuela

M. Santa Teresa. — Hs. 5.452, con Ps. 31. De éstos, dos


poseen Hs. 2.000 y los ocho mayores terratenientes en total
3.860. Para los 23 pequeños propietarios quedan 1.592.

Distrito Zamora

Municipio Guatire. — Hs. 53.596. Ps. 28. Uno con


12.000; otro con 500 y doce tienen fincas de menos de 500.
El resto está constituido por terratenientes de más de 1.000
hectáreas cada uno.

Distrito Urdaneta

Municipio Cúa. —Hs. 29-301, con Ps. 55. Quince


reúnen 21.488 y los cuarenta restantes 7.813.
61
Distrito Brión

Municipio Higuerote. — Hs. 20.411, para Ps. 46.


Cinco poseen 19.250 y 41, 1.161.
M. Tacarigua. — Hs. 5.033, con Ps. 106. Uno, en el Valle
de Urape, posee 3.000. Para los otros 105, un total de 2.033.
Municipios Caucagua y Capa ya. — (aparecen reuni-
dos en el Catastro). — Hs. 28.609, con Ps. 46. Doce reúnen
25.120 y para los otros 34 restan 3.489. Entre los latifundis-
tas se cuentan uno de Hs. 4.000 y otro de 7.000.
M. Aragüita. — Hs. 12.206, con Ps. 15. Seis poseen
11.415 y los otros nueve 791.
M. Ribas. — Hs. 8.295, con Ps. 27. Cinco tienen 6.500.
Quedan 1.795 para los otros 22.
M. San Antonio. — Hs. 3.308, con Ps. 89. Dos reúnen
1.300. Los 87 minifundistas tienen en conjunto 2.008.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Distrito Guaicaipuro

Municipio Los Teques. — Hs. 8.771, con Ps. 38. De


estos, cinco poseen Hs. 5.806. Hay una circunstancia dig-
na de anotarse, pues se presenta frecuentemente: entre los
poseedores de menos de 500 hectáreas, aparece, con 432,
Vicencio Pérez Soto. Es muy frecuente encontrar entre los
pequeños propietarios, nombres como éste, que significan
enormes riquezas extraídas al pueblo. De manera que las
pequeñas fincas también pertenecen en muchos casos a
quienes en otras regiones son latifundistas.

M. Carrizal. — Hs. 2.063, con Ps. 21. Uno posee Hs.


1.500. Los 20 restantes, 563.
M. San Diego. — Hs. 1.955, para Ps. 47. Uno con
62 1.000, es decir, más que los otros 46 reunidos.
M. Paracotos. — Hs. 23.631, con 134 Ps. Ocho reúnen
16.654 y los otros 126, 6.977. Aquí hay un caso semejante
al ya citado, pues entre los dueños de pequeñas extensiones
cuéntase José Rosario Gómez, sobrino de Juan Vicente.
M. Tácata.— Hs. 42.219, con Ps. 47. Los quince gran-
des terratenientes juntan Hs. 38.864 y los 32 minifundistas
3.355. Uno de los primeros posee él solo 11.000 hectáreas, o
sea tres veces la porción total de los pequeños propietarios.
Otro alcanza a 6.000 y un tercero a 5.000.

Resumen: Aparecen catastradas 444.994 hectáreas.


Un total de 1.178 propietarios, de los cuales 179 latifundis-
tas. A éstos pertenecen un total de 376.156 hectáreas, o sea
un 84,53 por ciento de la extensión total. Los 999 pequeños
propietarios solo suman 69.838 hectáreas.

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El latifundio en venezuela

Estado Yaracuy

Veamos ahora uno de los Estados donde es mayor el


mal latifundista: Yaracuy. La pervivencia en él de los antiguos
procedimientos, como el pago en fichas y vales, demuestra
hasta la saciedad cómo no se trataba de un mal “gomecista”.
Ello resulta de la tierra en escasas manos, del inmenso aca-
paramiento. Lo revisamos en la misma forma anterior, por
Municipios, para dar luego el resumen por Distritos.

Distrito Bolívar

Municipio Aroa. — Hs. 4.120, con 112 Ps. Uno posee


2.000 y otro 500. Restan para los 110 pequeños agricultores,
Hs. 1.620.
63
Distrito Bruzual

M. Chivacoa. — Hs. 23.718, con Ps. 40. Seis latifun-


distas reúnen Hs. 21.549. A los 34 minifundistas correspon-
den Hs. 2.169. Entre los grandes terratenientes se cuenta
uno con Hs. 14.000.
M. Campo Elías. — Hs. 3.765, con Ps. 30. Uno con
1.730. Hs. 2.035 en total para los otros 29.

Distrito San Felipe

Municipio San Felipe. — Hs. 5.904, con Ps. 30. Cinco


juntan 3.900 y los 25 minifundistas, 2.004.
M. Cocorote. — Hs. 5.223. Ps. 62. Dos reúnen 2.200
y para los otros 60 quedan 3.023.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

M. Veroes. —Hs. 11.442. Ps. 106. Uno con 7.000; otro


con 3.000 y solo 1.442 hectáreas para los 104 restantes.
M. Albarico. — Hs. 34.282. Ps. 26. Los tres latifun-
distas reúnen Hs. 33.729 y uno solo de ellos posee 30.000.
Los demás, cuyo número es de 23, poseen en total 553.
M. San Javier. — Hs. 6.637, con Ps. 50. Uno tiene
5.000. Para los demás restan 1.637. Aquí, como en otros lu-
gares, aparecen algunos antiguos áulicos de Juan Vicente
Gómez, como propietarios de pequeñas extensiones.

Distrito Sucre

M. San Pablo. —Hs. 4.976, con Ps. 38. Cuatro suman


Hs. 3.160. Los demás —34—1.816.
M. Rehabilitación. — Hs. 9.472, para 82 Ps. Tres re-
64 únen 8.753 y para los 79 restantes hay Hs. 719.
Guama. — Hs. 655, con 5 Ps.

Distrito yaritagua

Municipio Peña. — Hs. 56.726 con Ps. 43. Los 15 lati-


fundistas reúnen Hs. 52.860. Para los 28 pequeños agricul-
tores quedan 3.866.

Distrito Urachiche

Municipio Urachiche. — Hs. 16.080, con Ps. 62. Seis


juntan 14.700. Para los otros 56, hay Hs. 1.380.

Distrito Nirgua

Municipio Salom. — Hs. 3.840, con Ps. 88. M. Ta-


merla. — Hs. 4.686, con Ps. 123. M. Nirgua. — Hs. 22.741,

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El latifundio en venezuela

con Ps. 249. Siete latifundistas juntan 8.957 y 242 pequeños


propietarios 13.784.

Distrito Federal

Pudiera pensarse que en el Distrito Federal no existen


condiciones análogas a las examinadas en los dos Estados
que, aparte Aragua, parecen ser de los más victimados por
el latifundismo. Sin embargo, también en el Distrito Federal
hay acaparamiento semejante. Examinemos las dos parro-
quias rurales:
Macarao. — Aparecen catastradas 10.519 hectáreas,
con 146 propietarios. Los cuatro latifundistas suman 3.847,
de modo que los 142 restantes poseen 6.672. La tercera par-
te del total está, pues, en manos de cuatro individuos, o sea
el 36 por ciento de la superficie está en manos del 2,73 por 65
ciento de los propietarios.
Carayaca. — En esta Parroquia, el acaparamiento es
enorme. Los grandes propietarios tienen en conjunto 63.725
hectáreas, en un total de 69.316. El número de esos latifundistas
es de quince. Hay uno de 14.000 para la fecha del catastro
examinado, otro posee 13.000, otro 10.000 y un tercero 8.000.
El número de pequeños poseedores alcanza a 106, quienes se
reparten una superficie total de 5.591 hectáreas.

Estado Aragua

Aparece en el catastro de 1932 con suma irregulari-


dad el Estado Aragua. Según pudimos inferir, a causa de
las enormes posesiones de Gómez en esa región. Los Mu-
nicipios en los cuales tenía sus fundos el Dictador, están en
blanco. De todos modos, y a pesar de que por esto resulta

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

incompleto, es bueno examinar la porción catastrada. En


ella, la mayor parte de los propietarios son políticos del ré-
gimen de Maracay. A pesar de estar estas tierras en manos
de ellos, se observa el mismo acaparamiento, es decir, que
hay grandes extensiones en manos de unos cuantos, al lado
de pequeños propietarios.

Distrito Ricaurte

Municipio La Victoria. — Hs. 51.666. Ps. 91. 21 de


éstos poseen Hs. 38.540.

Distrito Mariño

Municipio Sta. Cruz. — Hs. 2.860, con Ps. 23. M.


66 Barbacoas. — Dice en el catastro “no vino”. M. Taguay.—
Hs. 1.627, con Ps. 17. Aparecen muchas planillas sin datos.
M. Camatagua. — Hs. 3.282, con Ps. 7.

Distrito Girardot

Municipio Girardot. — Dice “no vino”. Es Maracay


y sus terrenos, corazón de los latifundios del “Jefe” (Juan
Vicente Gómez).
M. Choroní. — Tampoco fue catastrado, aunque apa-
rece su nombre.
M. Ocumare de la Costa. — 15.000 hectáreas, de un
solo propietario.
M. Cagua. — Hs. 1.763, con Ps. 8. Además uno de
1.000 y otro de 626.
M. Turmero. — “No vino”.
M. El Consejo. — Hs. 20.433, con Ps. 17. De estos
nueve reúnen 19.200.

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El latifundio en venezuela

M. San Mateo. — “No vino”.


M. Las Tejerías. — Hs. 53.092, con Ps. 25. Ocho re-
únen 50.910. Hay uno con 25.000 y otro con 15.000, en tan-
to que a los 17 pequeños agricultores restan en conjunto,
2.182 hectáreas.
M. Carmen de Cura. — Hs. 1.303, con Ps. 9. Además,
uno de 4.000.
M. San Francisco de Cara. — Hs. 3.643, con Ps. 25.
Uno con 3.000 y quedan 643 para los demás.

Distrito San Casimiro

M. San Casimiro. — Hs. 3.147 para cuatro propieta-


rios de los cuales uno posee 3.000.

Distrito Zamora 67

Municipio Villa de Cura. — Hs. 40.465, con Ps. 60.


De ellos, 26 reúnen Hs. 34.447.

Por la ya señalada irregularidad, nos abstenemos para


Aragua, del resumen por Distritos.
Y antes de dar tal respuesta queremos insistir en que
utilizamos estos datos por ser los únicos existentes en Vene-
zuela al respecto, a pesar de los numerosos defectos de ese
primer catastro de tierras realizado en Venezuela.

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Resumen del estado miranda
Latifundio

Distrito Hectáreas Total de Grandes Hectáreas Pequeños Hectáreas Porcentaje


catastradas propietarios propietarios propietarios perteneciente
a los grandes
propietarios

Lander 54.238 53 12 48.342 41 5.896


Miguel Acosta Saignes

Páez 45.752 114 20 37.793 94 8.959


Sucre 35.872 221 19 25.658 202 10.214
Plaza 17.640 29 7 14.074 22 3.566
Paz Castillo 52.094 62 29 48.392 33 3.702
Zamora 53.596 28 16 50.000 12 3.596
Urdaneta 29.301 55 15 21.488 40 7.813
Brión 77.862 329 31 66.585 298 11.277
Guaicaipuro 78.639 287 30 63.824 257 14.815
Totales 444.994 1.178 179 376.156 999 69.838 84,53%

NOTA: Al lado de la columna “Grandes propietarios”, colocamos el número de hectáreas a ellos correspondientes
y junto a la columna “Pequeños propietarios”, el número de hectáreas que éstos poseen.

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Resumen del estado yaracuy

Porcentaje
Hectáreas Total de Grandes Pequeños perteneciente
Distrito catastra- propietarios propietarios Hectáreas propietarios Hectáreas a los grandes
das propietarios
Bolívar 4.120 112 2 2.500 110 1.620
Bruzual 27.483 70 7 23.279 63 4.204
San Felipe 63.488 274 13 54.829 261 8.659
Sucre 15.103 125 7 11.913 118 3.190
Yaritagua 56.726 43 15 52.860 28 3.866
Urachiche 16.080 62 6 14.700 56 1.380
Nirgua 31.267 460 7 8.957 453 22.310
Totales 214.267 1.146 57 169-038 1.089 45.229 78,9%
El latifundio en venezuela

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Latifundio

Resumen del distrito federal


Miguel Acosta Saignes

Porcentaje
Hectáreas Total de Grandes Pequeños perteneciente
Parroquia catastra- propietarios propietarios Hectáreas propietarios Hectáreas a los grandes
das
Macarao 10.519 146 4 3.847 142 6.672
Carayaca 69.316 121 15 63.725 106 5.591
Totales 79.835 267 19 67.572 248 12.263 84,64%

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IV
Régimen

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Servidumbre

Sea cual fuere el lazo de relación entre propietarios de


la tierra y trabajadores, existen dondequiera en Venezuela,
iguales características: régimen semifeudal, de servidum-
bre. Carente por completo de posibilidades de iniciativa, el
verdadero hombre de la tierra es siervo sometido a la vo-
luntad omnímoda del señor terrateniente. En ninguna parte
luce más mentirosa la decantada “libertad de trabajo” que
en el campo, donde quienes prestan servicios se ven obliga-
dos a someter su vida a las tremendas condiciones impues-
tas. Allí es evidente el mito, gratísimo a los latifundistas, de 73
la libertad de los contratantes.
Como en todos los países americanos, en Venezuela
permaneció sin grandes alteraciones el sistema latifundista
de la época colonial, al realizarse el movimiento emancipa-
dor. Algunos gobiernos decretaron la donación de tierras a
grupos indígenas, mas tales providencias jamás se cumplie-
ron, repitiéndose en tiempos republicanos la inutilidad de
disposiciones humanitarias, nunca respetadas antes, cuando
eran código solo escrito, en muchos respectos, las Leyes de
Indias. El acaparamiento territorial aumentó desmesurada-
mente en este siglo y sobre todo bajo el Gobierno de Juan
Vicente Gómez.
Si la propiedad de la tierra no se modificó sustancial-
mente menos lo hizo el régimen de trabajo. Los hombres
continuaron sometidos a condición de siervos, prolongada
hasta hoy, por los campos venezolanos.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Los esclavos, en tiempos coloniales, no eran, natu-


ralmente, pagados en moneda. Algunas Reales Órdenes se
dictaron, sin embargo, con el objeto de evitar la remunera-
ción a los indios, en algunas regiones, con parte del mismo
producto por ellos elaborado. Al cesar la esclavitud, los la-
tifundistas, para no desembolsar dinero, idearon el pago en
fichas, ardid mediante el cual continuaban dando al traba-
jador solo mercancías a precios exorbitantes y muy rara vez
de buena calidad. De este modo la esclavitud del trabajador
de la tierra se prolongó en todos sentidos y básicamente en
el económico. Sin dinero le ha sido imposible tener siquiera
la posibilidad de cambiar de sitio, de trasladarse de unas a
otras haciendas.
El sistema de fichas y vales, que solo sirven para los
establecimientos del dueño de la hacienda, continúa vigente
74 en diversas regiones venezolanas, a pesar de las disposicio-
nes de la Ley del Trabajo de 1936. En ciertos latifundios se
obliga, además, a los jornaleros a recibir, como mitad de su
paga, los productos que el dueño dispone y en haciendas de
León Jurado, uno de los más fieles tenientes de Gómez, se
ha llegado a dar a los peones la carne de “cochinos lázaros”,
o sea cerdos infectados de “triquinas”. Este monstruoso
proceder resume el concepto de los terratenientes acerca de
sus peones y al mismo tiempo indica el trato a que éstos se
encuentran sometidos.
El jornalero es para el terrateniente un animal,
obligado a un rendimiento inhumano. En abril de 1937, el
grupo “Acción Social del Táchira”, denunció al Concejo
Municipal de San Cristóbal cómo peones de aquellas
regiones son “dopados”, por medio del guarapo fermentado.
Esta bebida alcohólica se les suministra con la intención
de obtener un mayor rendimiento, bajo el efecto excitante.

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Régimen

Unido el procedimiento a las condiciones antihigiénicas de


las habitaciones y a la pésima alimentación, viene a ser el
latifundismo productor de gran parte del elevado porcentaje
de tuberculosis existente.
Según el informe citado, en las regiones andinas tra-
bajan los peones desde las cinco de la mañana hasta las seis
de la tarde. En los llanos, salen a las seis a.m. y regresan muy
entrada la noche, debido a los procedimientos rudimentarios
a que están sometidas en estas regiones las labores .9
En los Andes, recibe el trabajador del campo un
salario oscilante entre Bs. 1,25 y 1,50, para los hombres.
En las regiones centrales es por regla general de dos a tres
bolívares y la mitad, o algo menos, para las mujeres.
La vivienda del peón es una choza de cuatro metros de
largo por tres de ancho, con techo de palmas y cuatro paredes
de barro. Allí convive con sus familiares, cualquiera que 75
sea el número. No hay camas, y por consiguiente duermen
9 El señor Felipe Toledo, gran hacendado cafetero, publicó, en diciembre de
1933, un trabajo con el título “Costo del Café en Venezuela”. Examina allí
minuciosamente los aspectos de ese costo. Copiamos los párrafos relativos
a la vida de los peones:
“Peonaje: El trabajo de cultivo y recolección del café se hace con el vecin-
dario que vive en casas o ranchos diseminados en terrenos de la misma fin-
ca, donde hacen sus siembras particulares de maíz, caraotas, yucas, papas,
cebollas, etc., obligándose en cambio, a dar tres días de trabajo por semana
a la hacienda, y durante la cosecha de noviembre a marzo comprometiendo
toda la familia a la recolección del café, todos los días de trabajo.
Salario: Los trabajos de deshierbo o limpia de escardilla, o de machete, de
los cafetales, se pagan ya sea por día de 8 horas, a razón de 2 bolívares los
hombres (1 bolívar las mujeres o los niños) o por tareas, y la recolección del
café por medidas de un almud (50 litros) al precio de 0,50 a 1 bolívar cada
almud, puesto en la Oficina. Se pudo obtener trabajar con estos salarios
tan bajos por haber instalado en la hacienda, bajo la inmediata y constante
vigilancia del dueño, una muy bien surtida casa de comercio, cuyos muy
moderados precios de venta eran igual a los más bajos de la ciudad, permi-
tiéndole así a los trabajadores, con su salario, obtener lo necesario para su
manutención”.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

sobre montones de trapo viejo, y excepcionalmente en


hamacas o chinchorros. Del estado sanitario puede juzgarse
por esta manera de vivir y por las cifras de la mortalidad en
los campos. Un promedio de 54 por ciento de las muertes
en Venezuela son sin asistencia médica. La cifra aumenta
en algunos Estados al 84 por ciento y la mayor parte de
las víctimas de la “Enfermedad X”, como ha llamado
el Dr. González Rincones a la falta de asistencia social,
corresponde a las regiones rurales.
En el campo no hay letrinas; el agua tomada es la misma
de los riegos, porque los seres humanos son allí como plantas.
En ningún latifundio se encuentra siquiera una escuela 10.
Sin embargo, los señores latifundistas declaran con
aire angelical, que no hemos entendido el problema agrario
en Venezuela. Según ellos, los campesinos están dotados
76 generosamente de “viviendas”. Llaman así a los habitáculos
donde medio millón de personas mueren lentamente en la
tierra venezolana. “Mientras dura la cosecha les damos ha-
bitación” —nos ha dicho uno. Y salta otro problema: ¿cómo
viven los hombres y mujeres del campo cuando no es la épo-
ca de las cosechas? “Como pueden”. Es la respuesta general
a la trágica interrogación. Vivir “como pueden”, significa
alimentarse de frutas, de raíces y hojas, como ha acontecido
a veces en regiones del Llano. Semejante miseria alejó hacia
tierras más hospitalarias a las mil familias venezolanas que
obligadas por la miseria emigraron bajo la tiranía de Gómez
a la región fronteriza del Arauca en Colombia y de cuya
repatriación se ha estado hablando.

10 “Aun cuando se obtenga —escribe A. Loria, con palabras aplicables a nues-


tro medio— la material asistencia de los niños pobres a la escuela, no por
eso se alcanza que lleguen hasta un efectivo provecho, ya que la misma
inanición que padecen, limita espantosamente sus facultades mentales”.

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Régimen

En algunos fundos, sabedores los dueños de cómo se


alejarían los peones, obligados por la falta de alimentos, les
suministran pequeñas parcelas donde pueden cultivar algu-
nos frutos en la época del receso. Los señores latifundistas,
que en esto obran por interés propio, siéntense confortados
y hablan de generosidad y hasta de “justicia social”.

Explotación organizada

Llevan el nombre genérico de aparcería, todos aque-


llos sistemas de pago en frutos, que poseen la aparente ven-
taja de no obligar al trabajador a pagar sino de acuerdo con
las cantidades cosechadas. El dueño de la tierra cede ésta y
el aparcero da parte de la cosecha. En nuestros campos el
sistema ha encontrado enmienda. Los latifundistas conce-
den una parcela para ser trabajada y calculan la productivi- 77
dad corriente, en tiempos normales. El trabajador se obliga
a dar la mitad de esa supuesta producción y ha de pagarla
aun cuando la cosecha no sea tal como fue calculada. En
un terreno que pueda producir normalmente diez fanegas
de maíz, por ejemplo, el campesino se compromete a pagar
cinco. Mas, si la lluvia u otra circunstancia impide la reco-
lección normal, de todos modos habrán de ser entregadas
al dueño de la tierra las cinco fanegas. Muchas veces, los
conuqueros se ven obligados a comprar las cantidades que
han de pagar, porque la tierra no produjo, pero deben de
igual modo cancelar su obligación.
Aparceros, colonos, arrendatarios, pisatarios, no son
sino diversos nombres aplicados a los siervos del campo
venezolano. Oigamos la voz de un trabajador: José Antón,
representante de los campesinos orientales ante el Primer

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Congreso de Trabajadores Venezolanos. Sus palabras fue-


ron publicadas por la prensa caraqueña. Dice así:

Hablo de la situación de los trabajadores de la tierra en Chi-


guana, Campoma y Guaracapo, en el Estado Sucre.
Los pueblos a que aludo, tienen ahora como unos dos mil
quinientos habitantes, en conjunto, que viven en las más
deplorables e inhumanas condiciones, debido al dominio
absoluto en esa región de latifundios, constituidos bajo la
fenecida tiranía. La fuente esencial de vida de esas pobla-
ciones es la explotación y labranza de madera. Hoy ven
coartada, o por mejor decir, impedida, esa actividad, por el
señor Sebastián Bertucci y el Dr. Minguett Leterón, quien
se ha apropiado los terrenos donde dichos trabajadores ex-
traían la madera y se encuentran así imposibilitados para
78 ganar el pan de sus familiares.
El litoral de Chiguana tiene unas 2.500 hectáreas de terre-
nos baldíos, que razonablemente han debido ser concedidos
a los ocupantes, desde largo tiempo, de esa región y que
venían trabajándola desde tiempo inmemorial; pero bajo el
régimen de Gómez los latifundistas aludidos, valiéndose de
influencias de que gozaban, se adueñaron de muchos terre-
nos, dejando en la miseria a la población trabajadora a la
cual vengo refiriéndome.

Varias veces los arrendatarios han propuesto la com-


pra de esos terrenos, pero los sedicentes dueños no quieren
perder su fácil renta. En otra región de condiciones análogas,
en el Oriente, no era posible a los trabajadores ni siquiera el
mejorar sus ranchos. Para ello, debían obtener un permiso
especial del terrateniente y pagarle, además, un impuesto
de su invención.

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Régimen

Aquí trátase de una especie sui generis de propieta-


rios, quienes obtuvieron terrenos baldíos prevalidos de sus
influencias políticas. La condición del arrendatario es se-
mejante en estos casos y cuando se trata de hacendados. Si
no paga, se le expulsa sin miramientos o se le embargan los
animales que posea. Para ello no se tienen en cuenta si la
cosecha ha sido buena o mala y ni siquiera si se ha perdido.
El latifundista cobra siempre, en cualquier forma.
Fragmento de un artículo publicado por el señor
Manuel Blanas Rovero, en el diario Ahora de Caracas, en
marzo de 1938, sobre el latifundismo en el estado Apure:

El pisatario es otro de los instrumentos de superexplotación


del campesinado, esgrimido por los oligarcas de la tierra.
Se le cobra —en efectivo— piso por levantar un caney. El
producto del conuco se reparte “por mitad” entre el amo pa- 79
rásito y el que siembra; y aun, la misma parte que le corres-
ponde al conuquero, las más de las veces se ve constreñido
a entregarla al latifundista por un precio irrisorio, o bien, en
cuenta de adelantos, que adeude en la pulpería. Por encima
de todo esto hay dueños que le imponen al pisatario como
tarea “extra”: amansarle bestias, hacerle determinada canti-
dad de queso y ordeñarle tantas o cuantas vacas.
Un exponente clásico del fenómeno de la concentración
latifundista pudimos observar en Guardatinajas (estado
Guárico). Este desdichado pueblo y sus vecindades, han
devenido prácticamente en propiedad privada de un solo te-
rrateniente: Pedro Sosa. Tierras, ganados, queseras, medios
de transporte, pulperías, Jefe Civil, Juez, Maestro, Junta
Comunal, todo, todo cuanto imaginarse pueda, animado o
inanimado en el mundo material, está sometido a la férula
implacable de este señor.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Así en todo el país. Lo mismo en Oriente que en el


Centro, Occidente o Sur. El propio Ministerio de Agricul-
tura hacía en diciembre de 1936, un llamado “a la prensa, a
la radio, a los dirigentes de masas y, en fin, a la ciudadanía
en general, para que emprendan la campaña necesaria, con
objeto de exponer los perjuicios que para el capital y el tra-
bajo se derivan de las condiciones usurarias impuestas a los
trabajadores de la tierra”.
Los perjuicios “para el capital”, son muy relativos. En
cuanto a la petición del Ministerio indica cómo conoce el
problema y elude su resolución, pidiendo una ayuda impo-
sible, pues no se trata de persuasiones sino de hechos que
precisamente le competen.
Además, las autoridades del interior de la República se
ocupan de secundar a los latifundistas y hacen muy poco caso
80 del Comunicado Ministerial. En las regiones del Tuy, denomi-
nadas El Loro, Santa Rita, Las Adjuntas, Siquire y Suapire, los
agricultores han pretendido formar agrupaciones y el Jefe Civil
del Distrito ha declarado los posibles sindicatos bajo la jurisdic-
ción de la Ley para garantizar el Orden Público.
Los trabajadores del carbón están allí sometidos a las
mismas condiciones de los peones de las haciendas. “Por cada
100 kilogramos, puestos cómodamente en la casa o depósito
del dueño, éste paga al productor 3 bolívares, diciéndole que
se los paga en realidad a cinco, pero que ha de descontarle
los dos bolívares no entregados por el trabajador, por el
desmonte de su terreno” 11. Cuenta el autor de la anterior
observación cómo, a principios de1936,“cincuenta familias

11 De un artículo publicado por el Sr. Bernabé López Rodríguez.

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Régimen

de colonos” fueron obligadas a abandonar los terrenos que


ocupaban en cierta finca, sin previo aviso. Un nuevo dueño
se hizo cargo un día cualquiera de la posesión y sin plazo
de ninguna especie echó a esas cincuenta familias. Así
en todas partes y con todos los hombres que obtienen el
sustento de la tierra. Peones o colonos, simples jornaleros
o arrendatarios, es igual: sin amparo de ninguna especie y
sometidos a la voluntad omnímoda de los terratenientes.
En un inmenso fundo del Distrito Federal es noto-
ria la conducta del propietario para sus peones y colonos 12.
Quien se atrevía a ausentarse —en los años del gomezala-
to— era perseguido fieramente. Los calabozos y los azotes
formaban eficaz parte del régimen, que no creemos se haya
modificado mucho.
12 En septiembre de 1934 se publicó en el “Boletín de la Cámara de Comercio
de Caracas” una elogiosa nota sobre la “Hacienda Puerto la Cruz”, en la 81
cual se dan interesantes datos sobre la organización de un latifundio. Tras-
cribimos algunos fragmentos:
“Como ejemplo de lo que puede la labor constante e inteligente, aplicada a
nuestra naturaleza tropical, publicamos estos datos de una de las mayores
fincas de nuestro país.
Esta propiedad, del Dr. Alfredo Jahn, la mayor del Distrito Federal, tiene
una superficie de doce mil hectáreas, está ubicada en el extremo occidente
dé la Parroquia Carayaca del Departamento Vargas, lindando con el Estado
Aragua por el Poniente y Sur y se extiende a las costas del Mar Caribe y
hasta la cumbre más alta de la Cordillera del litoral.
El actual propietario adquirió estas tierras en 1909 y ha fundado en la par-
te alta de ellas una de las mayores haciendas de café de Venezuela y una
hacienda de caña, ambas provistas de modernas oficinas y maquinarias. Al
efecto, ha sido menester atraer una numerosa población de hijos del país,
los cuales, según el último censo levantado, alcanzan a 2.600 almas.
Cada predio tiene un mayordomo que funciona a la vez como Comisario
de Policía, dependiente de la Inspectoría General de Policía, ejercida
por el propietario...”
(nuestro).
Esta organización feudaloide explica el pago en fichas y otras medidas aná-
logas, productos de “lo que puede la labor constante e inteligente”, como
dice la nota en referencia.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

La explotación organizada por los latifundistas adquie-


re diversas formas. Hay una especie de trabajador de la tierra,
intermedia entre el colono o arrendatario y el peón. Oigamos
a uno de ellos:

Los amos de haciendas acostumbran darnos terrenos para


que se los preparemos, preparación consistente en derribar
montes y sembrar matas de cambur, frutos menores y árboles
de café y de sombra. La cosecha de cambures pertenece a
quien la siembra; y del maíz cultivado, debemos entregar
al propietario una fanega por cada almud de siembra. Por
término medio el almud produce tres fanegas. El propietario
solo contribuye con la tierra. Todo lo demás corre por
cuenta nuestra. Nos obligamos a trabajar en el fundo, en
donde el salario es de Bs. 2,50 a 3, sin alimento. Este salario
82 es pagado generalmente en mercancías y no se nos liquida
sino los días domingo en la tarde 13.

Diversos sistemas se confunden en la denominación


“colonos”. En Barlovento existe un sistema parecido al
anterior, llamado “comiquear”. Es la tala y quema de una
extensión en la cual el campesino siembra algunos frutos
menores, dejando así preparado el terreno, después de
obtener su pequeña cosecha, para las siembras mayores del
propietario.
En la mayoría de los casos, el régimen se ejerce por
medio de contratos verbales. El analfabetismo es demasia-
do abundante en nuestros campos para hacer realizables las
obligaciones escritas. Sin embargo, a veces éstas se realizan
y no dudan los señores latifundistas en estampar las más
leoninas condiciones. Veamos, como ejemplo magnífico, un
13 Dr. Carlos León: “Tipo de vida campesina”. Diario Ahora.

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Régimen

contrato, publicado y comentado por la prensa, entre el Dr.


Tomás Duarte, propietario de la Hacienda Los Caracas, en
la región de Naiguatá, y el señor Victoriano Rivas, colono.
Dice el contrato:

San José… Yo, Victoriano Rivas, mayor de edad, de este do-


micilio, declaro que he celebrado contrato con el Dr. Tomás
Duarte P., para sembrar de café los rastrojos que ya me ha
entregado, a los cuales caben más o menos 5.000 matas de
café, con su siembra de grano, en la Hacienda Los Caracas,
propiedad del Dr. Duarte. Estas matas de café las recibirá el
Dr. Duarte o el que fuere dueño de la hacienda, al ser frutales
y cuando el dueño lo creyere conveniente, a razón de Bs. 320
el millar de matas frutales, con su sombra correspondiente;
y mientras no los haya recibido y pagado el dueño de la ha-
cienda, las disfrutará el fundador; lo mismo que todos los 83
frutos menores que en dicho terreno se produzcan; quedando
el fundador comprometido a vender con preferencia al due-
ño de la hacienda, todos los frutos menores que coseche, en
igualdad de precio, y no tumbar sino lo que vaya a sembrar
de café; y a sembrar de café todo lo que tumbe, a cuidar y re-
sembrar lo sembrado hasta que le sea recibido, siendo motivo
de la rescisión de este contrato, la falta de cumplimiento de
dichas cláusulas. El café debe ser sembrado a tres varas de
distancia una mata de otra y ser limpiado a escardilla para su
entrega. Además, se le entregan en este acto... matas de café
de dos años, para que las cuide hasta que se le reciban a razón
de Bs. el millar y en las mismas condiciones de las matas que
va a sembrar y… matas de un año, que se recibirán en las
mismas condiciones de las que se van a sembrar.
Los Caracas, 14 de febrero de 1926. Tomás Duarte, a ruego
de Victoriano Rivas, por no saber firmar.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Examinemos este “contrato”: cinco mil matas con su


sombra habrá de cuidar Rivas durante los cuatro años nece-
sarios para obtener fruto. Trabajo enorme, por el cual el due-
ño en caso de que “lo creyere conveniente”, dará Bs. 1.600.
La conciencia del señor latifundista permanece tranquila, al
declararse que el trabajador tendrá “los frutos menores que
en ella se produzcan”. Pero, además, se le adelantarán algu-
nas cantidades de dinero, para necesidades indispensables
y es seguro que al cabo del tiempo, ya no poseerá nada por
cobrar en efectivo.
Otros aspectos: el dueño de la hacienda recibirá las
matas frutales “cuando lo creyere conveniente”, es decir, las
tomará en tiempos de buena cosecha, con buen precio del
fruto, o las dejará hasta darse esas condiciones. También el
trabajador se obliga “a vender con preferencia al dueño de la
84 hacienda, todos los frutos” menores que coseche, en igual-
dad de precio”. Las ventajas de esta preferencia obligatoria,
para el dueño, no necesitan comentarios y en cuanto a lo de
“igualdad de precios”, es una expresión ambigua, aprove-
chable por el latifundista.
Enumeradas estas cláusulas que, como se ve, afectan
solo al colono, se agrega: “será motivo de la rescisión… la
falta de cumplimiento…” A eso se llama “contrato”. Ni una
sola obligación es señalada al propietario.
Después de diez años se publicó este documento en
la prensa de Caracas. Aún estaba vigente. El campesino,
deseoso de abandonar un terreno esclavizante, acudió a los
periódicos, en busca de ayuda, pues el propietario se había
negado a comprar todavía.
He ahí una fuente de enriquecimiento fácil: la hacien-
da plantada y cuidada hasta que produce el fruto. Cuando
éste es bueno y abundante, pasa a manos del señor ausentista,

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Régimen

quien “vive de su trabajo”, en la ciudad, mientras los cam-


pesinos sufren su terrible tragedia. Es así como se encadena
a los campesinos por años y se obtienen, sin gastos de nin-
guna especie, los arbustos productores.
Los colonos de la hacienda “Los Caracas”, añadieron
algunos datos más, el 12 de marzo de 1936, al levantar el
acta siguiente:

Naiguatá, marzo, 12. 1936. — En esta fecha se declaró al


Dr. Tomás Duarte opresor del elemento trabajador en “Los
Caracas” —hacienda de su propiedad donde, según consta
y hay pruebas escritas, pagaban con vales de Bs. 2,50 al
peonaje, el cual no trabajaba sino tres días en la semana y
era obligado a gastar los mencionados vales en la pulpería,
donde cobra, desde hace diez años, el 300 por ciento más
del valor de las mercancías de primera necesidad. Así, 85
hasta la fecha no vieron en sus manos nunca un bolívar.
—2º.— La Jefatura de Naiguatá nombró una Comisión
de los Ciudadanos Héctor Gámez Palma, Lope Corso,
Fidel García, Ramón Romero y otros, quienes pudieron
comprobar que todo lo antedicho era cierto, conforme a
las quejas de los vecinos de la mencionada “Los Caracas”.
Avisado el Dr. Duarte comenzó a hacer los pagos en
metálico 14. Hoy, doce del corriente, se acercan de nuevo
los vecinos de la mencionada hacienda y expusieron: que
fueron llamados por el Dr. Duarte, quien les notificó que la
deuda que tienen con la mencionada hacienda, por víveres
que les fueron suministrados mientras estaban haciendo su
fundación, les ganará el 1 por ciento mensual; más que el

14 Otros, en cambio, se negaron rotundamente a pagar con dinero, alegando no


poseer metálico. Un caso tal fue denunciado por nosotros públicamente, en
un mitin celebrado en Caracas, en abril de 1936.

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terreno que toda hacienda cede a sus colonos, les ganará Bs.
30 anuales por tablón (cien metros cuadrados). Esta cláusula
no estaba comprendida en los contratos de los cuales se
pueden presentar originales. Además, estos contratos tienen
diez años de hechos y hay cláusula de recibir las matas a Bs.
0,32, ya en cosecha, pero cuando Duarte “lo crea oportuno
y conveniente”. Contestaron dichos colonos que, dado su
estado económico, no pueden llenar esos requisitos, que
les hace, solamente que les recibiera sus fundos (sic). Éste
contestó que los recibiría cuando a bien lo tuviera, de
acuerdo con las cláusulas de los contratos que se incluyen
(semejantes al inserto arriba). De esta copia y de todas
estas maldades, somos testigos: Jesús González, Gregorio
Romero, Martín Orta M., Gámez Palma, Luis Escalante,
Germán Prato.
86
Todos sufren iguales condiciones. La libertad de los co-
lonos o arrendatarios es casi tan falsa como la de los peones.
Y aun se han quejado los latifundistas del Zulia, declarando
que los individuos no indígenas iban contra sus intereses, ya
que no consienten en tan mísero salario como los indios.
También los pequeños propietarios sufren la tiranía de
los latifundistas vecinos. A ellos han de vender sus frutos
por la falta de vías de comunicación. Además, a ellos acu-
den siempre, cuando las cosechas fallan, para el préstamo
en garantía del cual se da la parcela. Como en la mayoría
de las veces no puede cancelarse la deuda, el latifundio se
enriquece y el pequeño propietario pasa a ser bracero de su
antiguo vecino. Así marcha la concentración de la propie-
dad, mientras crece el peonaje campesino.
Faltan estadísticas para un detenido estudio de la mar-
cha del acaparamiento en Venezuela. Apenas se encuentran

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Régimen

algunos datos dispersos como el señalado por el señor F.


de P. Álamo, en su obra El Cacao en Barlovento. Según
escribe, en 1895 se estimaba en 200 el número de grandes
haciendas en las regiones de Curiepe, Río Chico y Cauca-
gua, es decir, en los Distritos Brión y Páez del Estado Mi-
randa. Hoy, el número de propietarios de grandes fincas en
esa región, solo llega a 53 y no porque el resto haya dividido
en pequeñas parcelas sus haciendas, sino porque todas han
confluido a pocas manos.
Es la tierra en poder de unos cuantos favorecidos, la
causa de la miseria del hombre del campo. “El régimen de
trabajo está determinado principalmente, en la agricultura,
por el régimen de propiedad”. Por eso, las condiciones de
nuestros trabajadores del agro son miserables.
José Carlos Mariátegui, quien también enfocó el
problema de la tierra en el Perú, como demostración del 87
régimen semifeudal imperante en su país, presenta un
ejemplo que, al lado de los que a cada instante surgen en el
nuestro, resulta poco impresionante.

En la Provincia de Anta —escribe— el propietario cede sus


tierras en las siguientes condiciones: el arrendatario pone de
su parte el capital (semillas, abonos) y el trabajo necesario
para que el cultivo se realice hasta sus últimos momentos
(cosecha). Una vez concluido, el arrendatario y el propietario
se dividen por partes iguales todos los productos. Es decir,
que cada uno de ellos, recoge el cincuenta por ciento de la
producción, sin que el propietario haya hecho otra cosa que
ceder el uso de sus terrenos, sin abonarlos siquiera. Pero no
es eso todo: el aparcero está obligado a concurrir personal-
mente a los trabajos del propietario, si bien con la remunera-
ción acostumbrada de 25 centavos diarios.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Entre nosotros observamos casos análogos y otros,


más terribles, en los cuales el aparcero se obliga a dar, no la
mitad de la cosecha, sino la cantidad que correspondería a
esa mitad en caso de que la recolección produjese una canti-
dad normal. Por la falta de métodos científicos, las cosechas
son muy irregulares y los agricultores se ven desposeídos,
para la cancelación de sus deudas así adquiridas.
En el Perú existen el “yanaconazgo” y el “enganche”.
El primero es análogo a las formas de pago en frutos, lla-
mado entre nosotros aparcería. El “enganche” es el sistema
según el cual los trabajadores se comprometen a no aban-
donar su trabajo, mientras no se cumplan ciertas obligacio-
nes, sin reciprocidad en otras del patrono. El “enganche”
asume también otras formas, tanto en el país incaico como
88 en el nuestro. Es el sistema de atar al trabajador, por me-
dio de interminables deudas, cobrables a los hijos y hasta a
los nietos. Así, los latifundistas esclavizan a los jornaleros
indefinidamente.
En Rusia existió análogo sistema, denominado “po-
levnichesto”, suerte de aparcería en la cual, la mayor parte
de los frutos correspondía al Señor. En Colombia, grandes
grupos de indígenas se han visto sometidos a igual tiranía.
En la Europa Central existieron parecidos signos de feuda-
lidad, hasta las Reformas de la Post-Guerra.

Sombras de los llaneros

Se quejan los llaneros. Siéntense sombras de los semicen-


tauros de ayer. Sin embargo, la heroicidad de antes y la tristeza
de ahora tienen un mismo origen: la falta de tierras. Tras de rea-
listas y libertadores anduvieron indistintamente, en las guerras
independentistas, llevados solo por el deseo de obtener alguna

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Régimen

propiedad. Tras Páez se fueron las legiones heroicas, con “ham-


bre de tierras”. Siguieron luego a los caudillos de mil “revolu-
ciones”, anhelantes siempre de la parcela para el conuco. Aun
ese conjunto de hombres “sufre y espera”.
En el Llano acontecen iguales cosas que en el res-
to de nuestros territorios rurales. También allí se expulsa a
familias enteras de trabajadores; también ejercitan allí los
latifundistas el “jus utendi et abutendi”, derecho de usar y
abusar; también allí se emplean métodos rudimentarios.
Un propietario del Alto Apure declara que “yo no crío
gente sino animales”, y no recibe en sus fincas sino a hombres.
Los familiares han de permanecer lejos; no quiere ver los hijos
ajenos; repudia a las mujeres “porque traerían muchachos”.
Durante meses, los campesinos llaneros no encuentran
manera de ganar el sustento. En los tiempos florecientes del
Llano, cada cual poseía ocho o diez reses y algunos, pequeños 89
rebaños de algunas decenas. Hoy, como fruto del acapara-
miento de la tierra llanera en pocas manos, solo hay miseria.
Algunos latifundistas no permiten la posesión de animales y
hasta los cerdos están prohibidos a los peones “porque hozan
la sabana”. Ninguno piensa en mejorar a sus jornaleros cons-
truyendo pequeños cercados, porque mientras mayor sea la
miseria, más fácil y barata conseguirán la fuerza humana.
En el Llano trabajan en algunas regiones por salario
diario. En otras se contrata a los peones por meses. Enton-
ces, ganan los trabajadores entre Bs. 20 y 50 mensuales.
La situación de los campesinos llaneros está muy
claramente expuesta en el informe presentado por el señor
Carlos Rodríguez S., ingeniero agrónomo, al Ministerio de
Agricultura en 1936. Allí explica cómo los cultivos de al-
godón atraen cada vez menos a los cultivadores, porque “el
algodón no es sino la ñapa de nuestros conucos”, debido a
los métodos rudimentarios empleados en el cultivo. Calcula

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el Sr. Rodríguez que en las 500 hectáreas dedicadas al al-


godón en el estado Apure, se logra una producción de 451
kilogramos por hectárea y considera muy baja esta cifra.
Según asegura, el número de 150 cultivadores de algodón
disminuirá pronto si no se les presta ayuda. “Hay que visi-
tar los Llanos, —escribe— para poder darse cuenta de la
cantidad de tierra agrícola, virgen, feraz, que podría repar-
tirse. Por no tener medios, ni quién se los preste, muchos de
los conuqueros tienen sus pequeñas siembras sin cercas, sin
protección alguna para los animales. Algunos han cercado
con pedazos de palo y lo que hacen es perder tiempo puesto
que el ganado tumba fácilmente estas cercas 15.
Aunque la ocupación general es en esas regiones la
cría, ya se ve cómo algunos han tenido que buscar el susten-
to con otros arbitrios, muy poco eficaces, por los defectos
90 generales, comunes a nuestros campos 16.
15 Sobre la necesidad de dividir los Llanos convenientemente, ha escrito el
señor F. Calzadilla Valdez:
“La conversión de las extensas sabanas apureñas en secciones limitadas,
nos conduciría prontamente a la domesticación de nuestros ganados bravíos
y realengos, relevaría al hombre y al caballo del áspero y fatigante trabajo
de la sabana abierta, y favorecería el establecimiento de queseras menos
rústicas, mejorando el queso criollo y abriendo margen a la fabricación de
otros productos más en acuerdo con la época y, por último facilitaría el
mestizaje tan ambicionado, el cual creemos alcanzar con la sola importa-
ción de sementales, sin preocuparnos gran cosa de las otras indispensables
atenciones requeridas para realizarlo, sobre todo, la estricta vigilancia y la
apertura del Herd-Book del hato o estancia”.
16 Durante el régimen de Gómez, cualquier Jefe Civil decidía correr unas cer-
cas o daba autorización para ello a los mayordomos o encargados de los
fundos gomecistas. Una cosa tal se ha presentado en El Rastro, Municipio
del Distrito Miranda, estado Guárico. José Antonio Páez donó allí dos le-
guas y media de terrenos a los llaneros de la región en recompensa de su
heroico proceder en las guerras de Independencia. Pero una posesión de
Gómez denominada “La Maiquera”, se ha extendido violentamente hasta
incluir en sus límites los terrenos de El Rastro. A la muerte del Dictador,
los llaneros rompieron las cercas y el encargado de “La Maiquera”, enviado

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Régimen

De la carta de un compañero, desde el estado Guári-


co, fechada en junio de 1937:

Esto es algo tremendo. Los sueldos oscilan entre Bs. 28 y


60 mensuales. En cambio, el gran propietario no rinde otro
tributo al Estado que el impuesto de quesos: Bs. 2 por cada
64 Kgs.
Los lotes de ganado que no pueden ser remitidos al centro,
los “remata” el latifundismo. Lo propio hace con el queso.
La reventa de estos “remates”, representa un 25 por ciento
de las entradas anuales del latifundista y la consecuencial
merma a las del pequeño criador.
La explotación del trabajador es inenarrable. Baste un ejem-
plo: Un quesero gana Bs. 30 mensuales y produce 80 libras
de queso diario. Este se vende, cuando más barato a Bs.
1,40 el Kg. El flete se calcula a Bs. 8 los cien kilos. 91
En cuanto a las comidas del peón son dos diarias, compues-
tas de huesos y topochos. No se puede justipreciar el costo de
tal alimentación en más de Bs. 0,25 diario, por cada peón.
Una cosa se me olvidaba: todo lo que allí no pertenece a los
latifundistas mandones es del Cura...

por el Banco Agrícola, ha intentado restaurar los arbitrarios límites. Ac-


tualmente cursa un litigio entre la Junta Comunal y los administradores de
la finca. El perjuicio a la comunidad no reside únicamente en lo relativo a
las extensiones de que se le priva. Hay dentro de ellas una laguna, utilizada
para bebedero de los ganados. Las cercas impedían naturalmente tal uso,
de forma que los dueños de algunas reses habían de recorrer, en tiempos
veraneros, hasta 20 kilómetros para darles agua.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Devorados por los ganados

En 1616 decía Tomás Moro en Inglaterra: “los hombres


son devorados por las ovejas”. Referíase a la invasión de los
campos por los grandes rebaños de los latifundistas. Prefe-
rían sacrificar tierras de excelente productividad, dejando de
esa manera a los agricultores en la más espantosa miseria.
En Venezuela los terratenientes emplean para potre-
ros tierras de gran feracidad. Tal aconteció en la Hoya del
Lago de Valencia, cuya extensión se calcula en 124.700 hec-
táreas. El Congreso de 1937 hubo de conocer del caso, para
evitar el procedimiento con una legislación adecuada.
Esta utilización se da en diversas regiones del país.
Los campesinos de “El Ávila” presentaron una reclamación,
por la prensa, en el mes de abril de 1937, en la cual asegura-
92 ban que “nuestros conucos eran acabados bárbaramente por
el ganado que le echaron a propósito”. Así actúan los lati-
fundistas, porque a ellos no interesa el cultivo de la tierra,
sino la renta fácil y segura.
Parafraseando a Tomás Moro podemos decir que en
muchos sitios venezolanos los campesinos son devorados
por los ganados.

Los indios

El problema del indio incivilizado es también el de la tie-


rra. A 140.000 llegaba el número de indígenas en 1928. En la
Guajira viven muchos, sufriendo sed y hambre. Muchas veces
márchanse hacia Colombia, donde se han establecido, en loca-
lidades fronterizas, pozos. En haciendas del Zulia se les utiliza,
así como en algunos otros campos, sin pagarles. Aguardiente
y tabaco bastan para retribuir sus labores. A veces, en el mejor

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Régimen

de los casos, les asignan veinte bolívares mensuales, los cuales


no llegan a ver nunca en efectivo, porque la deuda de ellos
para el patrono, por los artículos que adquieren en concepto de
adelantos, es interminable.
Por las selvas del Sur andan todavía multitudes,
acercándose escasamente a las poblaciones, para efectuar
algunos canjes. Hambre, miseria, ignorancia, llegan a in-
descriptible extremo entre ellos. Los etnólogos latifundistas
se acercan a sus regiones, con pupila de sabihondos, y nos
presentan luego gruesos volúmenes, para hablarnos de orí-
genes caribes o arahuacos, o para decirnos del tótem mur-
ciélago y del camino por el cual vinieron los primitivos in-
vasores caribes. Mas ante sus ojos no aparece la miseria que
retratan para ilustrar volúmenes, ni la angustia de las tribus
incivilizadas. Representan muy bien estos intelectuales lati-
fundistas esa clase reaccionaria de plumíferos, que se anda 93
por las ramas de abstrusas teorías y gomosas sociologías de
“tristeza del indio” o “indolencia del negro”.
El litigio entre los dueños de la hacienda “Juan Díaz”
y los pobladores de Caraballeda, antigua población india,
demuestra muy bien la marcha que ha seguido el proceso
de expropiación de la tierra de manos de los indígenas. La
controversia está resumida en un Informe presentado por
el Concejo Municipal del Distrito Federal al respecto, en el
cual se expresa la forma como se ha desposeído a los primi-
tivos habitantes de ese suelo. Con un resumen de ese infor-
me concluimos estos párrafos sobre nuestros indios. En su
defensa habrán de escribirse libros enteros, pero era indis-
pensable recordar aquí cómo el deber de incorporarlos a la
productividad del país es un aspecto de la cuestión agraria.
He aquí el resumen antes nombrado:

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Con fecha 23 de diciembre de 1608, Sancho de Alquiza,


Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezue-
la, visitó a los indios naturales de Caraballeda, que eran los
que componían la encomienda de Francisco Infante”. Como
resultado de esa visita, el Gobernador concedió derechos a
los indios en cierta extensión. En 1649, Doña Francisca In-
fante pretendió que tal territorio le pertenecía, pero fueron
salvaguardados los derechos indígenas. Comprendían éstos
el río Don Julián, mas los dueños de las haciendas circunve-
cinas pretendieron monopolizar el uso del agua. Como re-
sultado de los intentos latifundistas, en 1670 se ordenó que
los indios disfrutarían del agua solo tres veces a la semana.
En 1749 otro señor de apellido Landín quiso también des-
poseer a los habitantes de Caraballeda, pero se dio a éstos
una vez más la razón. En 1825 hubo nuevo intento, pues las
94 zonas contiguas al poblado fueron declaradas baldías por
Andrés Narvarte, y una vez más la sentencia favoreció a los
habitantes. “Pero a pesar de estas disposiciones judiciales,
de las penas que imponían los Poderes Públicos de la épo-
ca a los infractores de las leyes que protegían a las tierras
de los pueblos de indios, y de las distintas oposiciones de
los vecinos de Caraballeda en defensa de sus derechos, en
el transcurso de los años, las haciendas colindantes fueron
invadiéndolas y apropiándoselas, al extremo de que algunos
títulos de dichas haciendas han extendido sus linderos hasta
el propio río Don Julián, incluyendo así dentro de ellos el
mismo piso donde está situado el pueblo de Caraballeda
(Resaltado nuestro). Como fruto de la tremenda geofagia,
las haciendas existentes al Oriente de Caraballeda, se re-
fundieron en una sola, denominada “Juan Díaz”. Como
los linderos de aquéllas se habían extendido por espontá-
nea disposición de sus dueños, hay ahora un litigio entre

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Régimen

el propietario del citado fundo y los pobladores del pueblo


absorbido.

Informe de un compañero desde el estado Lara, en


junio de 1937:

... Hay pocas haciendas de cañamelar, en el Distrito Torres,


que es donde la miseria obrera se manifiesta con su oprobio
más espantoso. Pero en esas mismas haciendas, la explota-
ción del peonaje asume su vieja tipicidad trágica. Aún hoy,
trabajan hasta dieciséis horas diarias. Tales son el pailero,
el fogonero y todos los otros sujetos que se ocupan en las
tareas de molienda. Los jornales que devengan estas per-
sonas, son irrisorios, en comparación con el gran esfuerzo
a que son sometidos por sus explotadores; y el alimento es
tan mezquino, que piensa uno que esos hombres de nuestros 95
campos, por otra parte mordidos en sus entrañas por los mil
parásitos del trópico, pudieran realizar trabajos de Hércu-
les, si tuvieran una regular alimentación y siquiera alguna
asistencia médica.

Hambre

No solo metafórica “hambre de tierras” experimenta


nuestro campesino. Tiene, primordialmente, hambre real,
de alimentación, no ya variada y superabundante, sino solo
nutritiva y suficiente; hambre de “comer completo”. Nace
del régimen de trabajo en el cual devengan los trabajadores
salarios míseros.
Los señores latifundistas niegan, sin embargo, esa
hambre universal de nuestros campos. Ellos acarician entre
dos regüeldos una frase muy corriente y muy alcahueta: “En

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Venezuela nadie se muere de hambre”. Según ellos, viajeros


periódicos en confortables transatlánticos, “aquí no hay los
graves sucesos de otros países donde los individuos caen
muertos en las calles, después de varios días sin comer”.
Morirse de hambre no es solo caer fulminado en me-
dio de la calle por la inanición. Es contraer la tuberculosis,
por alimentación insuficiente; es consumirse con lentitud y
morir de paludismo, sin defensa orgánica, desaparecida por
la desnutrición; es ser pasto fácil de enfermedades, porque
el organismo carece de resistencia.
¿Cuál es la alimentación de los peones venezolanos?
¿Qué comen los hombres cultivadores de la tierra, en este
país tan ponderado por su riqueza agrícola, por su ubérrima
superficie? Comencemos por citar algunos datos, publicados
por el Dr. Carlos León en enero de 1937. “La alimentación
96 —dice— consiste en las tres comidas, en: caraotas, arepas y
guarapo de papelón; de modo que podemos decir que nuestro
campesino está muy mal alimentado”. Y añade: “En algunos
lugares, como en San Carlos del Zulia, en donde la alimenta-
ción corre por cuenta del dueño de la finca y el salario es de
Bs. 1,25 o 1,50, la alimentación consiste para todo el día en:
tres pescados pequeños, que llaman manamana (cuyo ciento
cuesta al hacendado de Bs. 6 a 8), seis plátanos (que se pro-
ducen en el mismo fundo y no le cuestan al hacendado ni un
centavo) y un pedazo de papelón, para que haga guarapo.
Esta alimentación solo cuesta al hacendado, a lo sumo, Bs.
0,50, estando el peón obligado a halar una tarea que consiste
en la limpieza de una medida de cuatro varas de frente por
doscientas de fondo”. En otro artículo escribe el mismo au-
tor: “Cuando el padre carece de trabajo, se alimenta de las
frutas que encuentra en la orilla de los ríos o de las quebra-
das. Muchos de ellos sancochan, en tiempo de cosecha, los

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Régimen

mangos verdes, para alimentar a sus hijos y cuando no hay


cosecha, pasan días íntegros sin comer”.
Caraotas, arepa y guarapo, si tiene trabajo, come,
pues, el peón venezolano. ¿Y carne? ¿Y la riqueza de los lla-
nos venezolanos? Casi tan mítica como la otra, para nuestro
trabajador. Sin embargo, y como es natural, es en el Llano
la única región donde el trabajador come, alguna vez, carne.
La acompaña con yuca o casabe.
En lugares no alejados de Caracas es muy frecuen-
te oír a los campesinos que las gallinas no ponen por falta
de maíz. Si obtienen huevos, los utilizan para venderlos en
los poblados más cercanos. Carne de cerdo o de gallina,
nunca la come el trabajador campesino. Si posee algunos
“animalitos”, muchas veces sirven para cancelar cuentas al
implacable gamonal.
La proverbial sobriedad de los llaneros es obligada. 97
Muchas veces trabajan desde la mañana hasta la noche, sin
otra cosa que un trago de café en el estómago. Persiguiendo
las reses no es posible detenerse a almorzar, ni se sabe dón-
de se estará a esa hora.
De un artículo por el señor Manuel Blanas Romero, pu-
blicado en el diario Ahora, de Caracas, en marzo de 1938, titu-
lado “Los latifundistas apureños claman por el jefe único”:

La alimentación que invariablemente suministra el terra-


teniente a su peonada, la componen dos “piques” al día, de
topocho o yuca, huesos, “pisillo” —carne seca con regular
dosis de excrementos de mosca— y café. La leche —que
no vale nada en aquellos lugares— con raras excepciones
se les proporciona a los trabajadores. En un latifundio apu-
reño presenciamos una escena que de habérnosla relatado
alguien, nos hubiéramos resistido a creerla: un grupo como

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

de ocho trabajadores desayunaban “colectivamente” alre-


dedor de una canoa —tronco de árbol con una cavidad en el
centro, que utilizan los llaneros para depositar agua y para
poner los alimentos a los puercos de ceba—. En la rústica
vajilla había sido vertida una especie de mezclote informe,
a base de pedazos de carne, verdura y huesos.

Por el hambre terrible de los Llanos abandonados, so-


metidos a la voluntad de escasos señores, hubieron de mar-
charse al Arauca las mil familias venezolanas a las cuales nos
referimos anteriormente. Juan Salerno nos contaba cómo se
fueron alejando de los centros poblados, echados al monte,
demacrados, vestidos con jirones y comiendo no se sabía qué,
hasta prolongar su éxodo hasta más allá de la frontera 17.
Hambre hay tanto para el simple peón como para
98 aquellos a quienes podría creerse independientes. Dejemos
hablar a un grupo de campesinos del estado Sucre. El 20 de
noviembre de 1936 se dirigían al Presidente de la Repúbli-
ca los siguientes individuos: Ramón Guarisma, Pedro Co-
rrea, Eulogio Marcano, Cosme Contreras, Toribio Romero,
Antonio Urbaneja, Juan Grimón y Andrés Romero. Su voz
angustiada condensa la de mil campesinos del país. Decían:
17 Añadiremos aquí algunos casos dignos de conocerse, relativos a la vida
llanera: en el Distrito Miranda del estado Guárico, encuéntrase un latifun-
dio en el cual solo cuatro individuos producen 320 libras de queso diario o
sea un total de Bs. 320 diarios aproximadamente. Ahora bien, ¡cada uno de
ellos gana solo un bolívar al día! ¡La alimentación que reciben no puede ser
valorada, en más de Bs. 0,25!
Otra cuestión digna de recordarse es el caso del enorme latifundio, pertene-
ciente al gomecista Juan Alberto Ramírez, de incalculable extensión, cerca-
do de manera admirable. Este trabajo fue realizado íntegramente por los pre-
sos políticos que hacía, prevalido de su situación de Presidente del Estado.
Es de advertir que el caso de esta cerca es excepcional. El latifundista lla-
nero prefiere no tenerla por múltiples razones, entre las cuales descuella la
relativa a la Ley del Llano, según la cual todo animal pertenece al dueño de
las tierras donde sea cazado.

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Régimen

“No podemos dirigirnos sino a Ud.; a Ud., que es el único


que como Presidente de la República puede impedir que las
mazorcas de maíz, las auyamas y las tortas de casabe con
que le damos de comer a nuestros hijos, nos continúen sien-
do arrebatadas por pagos de arrendamientos de terrenos,
como nos está sucediendo en los actuales momentos con el
señor Carlos Núñez Morales y su sobrino, José Rafael Mi-
rabal Núñez, mandado por el primero”.
Como decimos, su condición de arrendatarios no su-
pera a la de los simples peones. Veamos cómo han de com-
prar éstos sus artículos en una hacienda del Llano:
“En La Margarita —dice un periódico de Altagracia
de Orituco, en diciembre de 1936— o en otras de un señor
Salazar Vázquez, se expenden a los campesinos los artículos
de primera necesidad a un costo tan elevado, que procedi-
miento semejante no puede menos que calificarse de robo 99
descarado. La libra de sal que en Altagracia se expende a
Bs. 0,17, en las haciendas de Salazar Vázquez se expende
a 0,50; el papelón, que en Altagracia cuesta de 0,20 a 0,25,
en las haciendas se vende a 0,75 cada uno. La caja de fósfo-
ros, que en Altagracia se vende a 0,05, en las haciendas vale
0,10”. De manera que el hacendado explota a sus víctimas,
no solo en el salario, cuando se les paga, sino en el precio de
la mercancía por él mismo vendida. Y decimos “cuando se
les paga”, porque precisamente la misma información con-
cluía así: “Otro señor Girón Gómez, dueño de la hacienda
“Conoropa”, de la misma región, declaró en la prensa que no
podía pagar sino en vales o fichas, por carecer de dinero”. La
Ley del Trabajo no se cumple ni en ese particular. Ni siquie-
ra después de 1935 se ha dado a los trabajadores del campo
esa conquista obtenida por ellos desde la Guerra Federal.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Otros campesinos, aparentemente más independientes


que peones, arrendatarios y aparceros, sufren igual hambre.
Examinemos el trabajo de un productor de carbón en la re-
gión del Tuy:
Para producir 2.000 kilos de carbón, que le darán 140
bolívares, necesita realizar los gastos siguientes:

Una semana de corte de madera, ayudado por un Bs. 18,00


compañero

Una semana de confección del hoyo y Quema, con 18,00


un compañero

Transporte en burro, hasta los camiones a 30,00


Bs. 1,50 los 100 kilos
100
Total 66,00

Como se vende por Bs. 140, le quedan 74, por dos


semanas de trabajo, mas no obtiene en realidad ni siquiera
esta ganancia, pues existe un impuesto del Estado, llamado
“derecho de puerta”, mediante el cual ha de pagar Bs. 1,50
por cada cien kilogramos, o sea Bs. 30 por los 2.000. De
esta manera, por dos semanas de trabajo, el productor ob-
tiene solo Bs. 44. ¿Puede comer siquiera medianamente en
compañía de su mujer y sus hijos?

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V
Vida y muerte

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Ya conocimos el régimen de trabajo al cual se ven
sometidos peones, jornaleros y toda clase de trabajadores
de nuestros campos. Ampliemos nuestro conocimiento de
las condiciones generales de vida de esos hombres, veamos
cómo se mueven dentro del marco trágico de su infra-vida
y cómo se mueren de “mengua”.

Despoblación

Hay cierto cuento venezolano, donde se narra el horror


de un pueblo, bajo el sol de los Llanos, totalmente desierto,
en la mitad misma del día. Se expone allí cómo tal situación
vuelve tensos los nervios, más que la soledad en cualquier 103
noche oscura, en las llanuras, en la selva intrincada. Y esa es
la tragedia de muchos pueblos venezolanos, entre los cuales
se destaca Ortiz. Su nombre es el símbolo de un drama: la
despoblación. Por donde quiera los pueblos se han ido mu-
riendo hasta quedar como ése, con apenas unas cuantas de-
cenas de habitantes, llenos de úlceras y paludismo.
La despoblación en general, es consecuencia del lati-
fundismo, en cuanto éste mantiene las condiciones ya na-
rradas. En la provincia es la causa primera. Constantemente
leemos en los periódicos del interior de la República inge-
nuas llamadas al patriotismo de los hombres; exultaciones
en pro de la permanencia en pueblos y campos, para el es-
fuerzo constructivo, que no ha de hacerse únicamente en
las ciudades. Quienes de este modo claman, desdeñan una
mirada a la causa verdadera del alejamiento. Los hombres
provincianos no pueden vivir ya en sus patrias chicas. Las

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

ciudades les ofrecen salarios, muchas veces solo de hambre,


mas en la Provincia no encuentran ninguno. Mientras no se
dé tierra a los trabajadores, no cesará el éxodo.
No es exclusivo de Venezuela este fenómeno. Acon-
tece en todos los países azotados por el latifundismo. En
Checoslovaquia decía Rauchberg palabras perfectamente
aplicables a nuestro país: “Lo que ahuyenta a los más, no
es hastío del campo y el ansia de vivir en la ciudad, sino la
falta de esperanza en su anhelo por la tierra”.
No es ansia de aventuras como dicen los sociólogos
ñoños, sino hambre, la causa fomentadora del urbanismo.
Aunque no estén contentos en las ciudades, los hombres van
allí con la esperanza de incorporarse a las Obras Públicas
o a la industria. La agudeza del problema se evidencia con
las cifras preliminares del censo de 1936. En diez años, la
104 población de Caracas aumentó excepcionalmente. El origen
de ese incremento, se debe en su mayor parte a la afluencia
de gente provinciana.
Sobre poco menos de un millón de kilómetros cua-
drados, viven poco más de tres millones de habitantes. Des-
poseídos, los trabajadores tienden a agruparse en las ciuda-
des y la ancha tierra venezolana se va quedando sola, llena
apenas de sombras de hombres.
Un vistazo a las estadísticas oficiales, da una idea de
la vida mísera, de la tragedia perenne de dos millones de
personas que componen la población rural. Las cifras resul-
tan aterradoras en todos los aspectos.

Lo que dijo el profesor Navea

A mediados de 1936 realizóse la Primera Convención


del Magisterio Venezolano. En ella colaboraron activamente

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Vida y muerte

los profesores de la Misión Chilena que para ésa época traba-


jaba entre nosotros. De las palabras del profesor Navea, chi-
leno, ante la asamblea de maestros, se desprende la realidad
educacional venezolana. Tienen la autoridad indiscutible de
haberlas aceptado el Magisterio Venezolano y de haber sido
pronunciadas por un hombre que ha estudiado a fondo el
problema educacional americano. Tomemos su exposición:

… Hay en Venezuela un problema educacional de proporcio-


nes trágicas. Veamos estas cifras. Según el censo de 1926,
hay en Venezuela una población en edad escolar de 536.730
niños. Si la progresión vegetativa no se ha interrumpido,
debe haber en 1936, no menos de 550.000 niños que debe-
rían concurrir a las escuelas ¿Cuántos asisten realmente?
La inscripción total de 1935 suma 125.134, considerando las
escuelas federales, estadales y particulares. La asistencia 105
media no alcanza a 95.000 niños. De cada seis pequeños
venezolanos, sólo uno está en la escuela. Hay un saldo de
450.000 que no ha abierto los ojos a la luz de la justicia cul-
tural, que no sabe del derecho al maestro y a la escuela. Este
saldo acumulado año tras año, ha venido sedimentando un
analfabetismo calculable en un 80 por ciento de la pobla-
ción total de la nación. Las cuatro quintas partes del país,
esto es, dos millones cuatrocientos mil habitantes, forman
un ejército de ineficaces, un ejército que nadie ve, que no
tiene organización, pero que si algún día fuera llamado a
formar filas, podría cubrir casi toda la costa venezolana si
se colocase a cada analfabeto a un metro de distancia ¡Dos
millones cuatrocientos mil venezolanos! ¡Dos mil cuatro-
cientos kilómetros, colocados en fila indiana, a un metro de
distancia! ¡Casi exactamente la suma de kilómetros del ma-
yor ancho y del mayor largo de Venezuela! Un 80 por ciento

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

de analfabetismo es una de las proporciones más altas de


nuestra América Bárbara...”.

¿Culpa de quién? Las causas son múltiples, mas del


analfabetismo de los campos acusamos sin titubear a los
latifundistas explotadores, deseosos de conservar seres in-
capaces de la protesta consciente. Ni una hacienda tiene es-
cuelas. Ni un fundo ha contratado jamás los servicios de un
maestro, para los hijos de los trabajadores.
El profesor Navea dice luego:“La ignorancia es un dolor
que no grita, un hambre que no protesta. Pero en Venezuela el
problema es angustioso. Yo diría que el más grande de los pro-
blemas de América”.

Y posteriormente trata la cuestión en sus relaciones


106 con el campo:

La educación primaria venezolana —dice al enfocar las so-


luciones posibles— es en un 70 por ciento de escuela unita-
ria ¿Es este el tipo de escuela que conviene seguir creando?
No niego que haya conveniencia en crear muchas más. Pero
paralelamente habría que dar vida a tipos de escuelas que
persigan mayores fines educativos. Por ejemplo: escuelas
concentradas campesinas, escuelas hogares campesinos, es-
cuelas sanatorios, escuelas granjas, escuelas quintas y escue-
las talleres. Creo que en estos tipos de escuela hay un avance
frente a los problemas de nuestra América. En efecto, somos
países campos, al revés de los países máquinas, como algu-
nos de Europa. La vida del 75 por ciento de nuestra pobla-
ción está ligada a la tierra, a lo que ella produce. La escuela,
en consecuencia, debe desempeñar una función de adap-
tación al medio, debe empalmar con el ritmo de esta vida

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Vida y muerte

agropecuaria. El problema educacional de América reside en


la organización de la escuela rural.

Las palabras del profesor chileno son harto elocuen-


tes. Concluiremos este vistazo al problema educacional con
uno a los presupuestos de instrucción.
El Gobierno venezolano, formado por latifundis-
tas, lacayos del imperialismo y patronos, interesados en
el mantenimiento del analfabetismo, mantuvo siempre el
presupuesto dedicado a la educación en bajísimo nivel. En
su “Reseña de nuestros presupuestos de gastos en el siglo
XX”, escribe Arturo Uslar Pietri: “En los primeros años (de
este siglo) la conservación del orden público y el servicio
de deudas, consumen las mayores partidas”. Solo que esta
apreciación nos parece extensible también a los siguientes-
años, como lo demuestra el examen presupuestal. 107
De 1901 a 1910, los más altos porcentajes correspon-
den a Hacienda, Guerra e Interiores, con 30,2, 22 y 14 por
ciento respectivamente. Exteriores toma 6,9 por ciento,
Obras Públicas 5,9 y a Instrucción corresponde el mínimo
porcentaje con 4,9. En 1905-06, Instrucción aparece con
solo el 2,6 por ciento del total, en tanto que a Hacienda co-
rrespondía en ese mismo año el 52,8 por ciento.
De 1911 a 1920, los porcentajes son: Interiores, 26,5;
Hacienda, 26,4; Guerra, 19,5; Obras Públicas, 12,4; Fomen-
to, 6,4; Instrucción, 5,2 y Exteriores, 1,6.
De 1921 a 30, continúa Instrucción en los puestos úl-
timos de la escala: Interiores, 28,6 por ciento; Obras Públi-
cas, 24,8; Hacienda, 14,6; Guerra, 12,6; Instrucción, 4,3 y
Exteriores, 2,7.

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De 1931 a 35, las cosas continúan sin modificaciones:


Interiores, 26 por ciento; Obras Públicas, 22,2; Guerra, 17,7;
Instrucción, 5,2 y Exteriores 3,4 18.
Como se ve, Instrucción ha ocupado siempre algunos
de los lugares finales, en la escala de porcentajes de nuestro
presupuesto.
Para el año económico 1936-37, modificóse en algo la
situación, sin que se concediera sin embargo, a ese Depar-
tamento, la cantidad que los técnicos le asignaban como in-
dispensable para la realización de una labor eficiente. Igual
pensamiento puede aplicarse al Presupuesto aportado para
el año 1937-38.
En cuanto al presupuesto de educación para el año
económico 1938-39, veamos lo que ha escrito recientemente el
Dr. Luis B. Prieto, el más distinguido pedagogo venezolano:
108
En el plan trienal del ciudadano Presidente de la República
—escribe el 5 de mayo en el diario Ahora de Caracas—
tal vez por una precipitación inexplicable el presupuesto
de educación aparece proporcionalmente disminuido, con
respecto al presupuesto vigente, pues si bien es cierto que
para este año se anuncia un presupuesto para el Departa-
mento de Educación con Bs. 22.729.946, también es cierto
que el presupuesto global de gastos generales de la Nación
aparece aumentado en 120 millones aproximadamente. El
presupuesto de educación vigente es de Bs. 18.370.446, lo
que representa el 8 y medio por ciento del total de gastos,
mientras que el presupuesto calculado para el primero de
los tres años del Plan trienal, solo alcanza al 6,59 por ciento
del presupuesto general. Es decir, la educación ha sufrido
18 Puede consultarse el interesante estudio de Uslar Pietri ya citado, en la Re-
vista de Hacienda, No. 2, diciembre de 1936.

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Vida y muerte

en la escala proporcional de las asignaciones, una rebaja


considerable.
Además, si se considera que hasta el mes de abril úl-
timo se había erogado por créditos adicionales una suma de
casi dos millones de bolívares, no solo no se ha aumentado
lo asignado para educación, sino que se ha reducido.
Para que la proporcionalidad creciente se conservara,
debió asignarse a Educación la cantidad de Bs. 28.497.000,
aproximadamente, o sea el 8 y medio de los gastos genera-
les fijados para 1938-39, sin incluir en esta suma lo destina-
do para edificación escolar en el presupuesto del Ministerio
de Obras Públicas.

Sanidad

La sanidad ha sido hasta hace poco, lujo exclusivo de 109


la Capital de la República 19. Las Medicaturas Sanitarias
en las ciudades del interior, tuvieron siempre significado de
canonjías y sus titulares jamás se ocuparon de trasladarse a
los poblados campesinos. La única manifestación de cuida-
do por la salubridad ha sido en Provincias, la vacunación. A
veces también aparecieron por algunas regiones, individuos
comisionados para estudiar la anquilostomiasis y otras en-
fermedades parasitarias. Trajeron siempre cifras tremendas,
mas no comenzó nunca una campaña formal.
La Asistencia Social es denominación y ejercicio
nuevo en nuestra realidad. Con el Dr. Enrique Tejera en el
Ministerio, comenzó a tomar significado esta expresión. A
pesar de su desplazamiento, ocasionado por el exceso de

19 Es de advertir cómo es en 1930 cuando se crea un Ministerio de Salubri-


dad y Agricultura, dividido en 1936 en dos: Sanidad y Asistencia Social y
Agricultura.

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celo que desplegó en cuestiones sanitarias de toda índole,


hay un poco más de actividad para las campañas en pro de
la salud venezolana.
A simple vista se aprecia el imperativo de intenso tra-
bajo saneativo, en el cual se dejen a un lado los relieves
demagógicos, que hicieron promulgar al Congreso de 1936
una inútil Ley de Defensa contra el paludismo, con la opo-
sición de los técnicos más competentes.
Basta alejarse unos cuantos kilómetros de Caracas
para penetrar en nuestra zona rural. Entonces, presencia-
mos el mismo espectáculo: niños de abultado abdomen, pá-
lidos, con brazos y piernas muchas veces esqueléticos. En
los hombres, úlceras, rostro y abulia de palúdicos, caras y
lentitud de hambre.
Algunas cifras, aparecidas en la Memoria de Sanidad
110 y Asistencia Social de 1936-37, dicen la precaria situación
de nuestro elemento humano.
Comencemos por la anquilostomiasis:
En el Informe presentado en 1926 por la Fundación
Rockefeller, se establecía que la infestación de Venezuela,
por antiquilostomos y otros parásitos intestinales, era del
95 por ciento. Se establecía como causa, la falta de letrinas,
inexistentes en los campos y zonas rurales del país. La
Memoria de Sanidad da como cifra para el año de 1936,
del 82 al 94 por ciento de las poblaciones urbanas y rurales,
infestadas de anquilostomiasis. Agrega al dato numérico,
frases muy interesantes que corroboran cuanto decimos:
“Nada más triste que ver a estos pobres campesinos, con
la indiferencia que les merece toda medida de higiene y
de allí que en sus enfermedades prefieran ser atendidos
por los curanderos y embrujadores a los cuales están
acostumbrados”. Señala luego los medios de combatir esta

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Vida y muerte

ignorancia, mantenida sin duda alguna con el beneplácito


de los latifundistas, para explotar a los trabajadores a su
antojo. Debido en gran parte a ella, mueren anualmente más
de 30.000 personas sin tratamiento médico. Es lo que el Dr.
González Rincones ha llamado “La Enfermedad X”.
A la ignorancia campesina se debe también la mor-
talidad por tétanos infantil. Las rústicas parteras usan para
las curas el “aceite de palo”, y a veces hasta telarañas. La
mortalidad por tétanos infantil, o mocezuelo, ha sido como
sigue en los últimos años:

1932 871
1933 1.002
1934 795
1935 598
1936 400 111

El número de muertos, en menores de dos años, por
diarrea y enteritis, es también elevado y consecuencial de
falta de asistencia médica e higiene en nuestras zonas rura-
les. Veamos las cifras del quinquenio 1932-36:

1932 2.527
1933 2.730
1934 2.952
1935 2.348
1936 2.580

El resumen del estado de miseria en que viven los


niños venezolanos y de las enfermedades que a causa de
la pauperización de las masas les azotan, fue dado durante
el Primer Congreso Venezolano del Niño, celebrado en

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Caracas en febrero de este año —1938— por los más


eminentes médicos nacionales.
El doctor Baldó, primer tisiólogo del país, presentó
las siguientes cifras: el consumo diario de una familia vene-
zolana debe ser de Bs. 1,63 por cabeza y en los casos muy
extremos de 1,25. Se ha comprobado que muchas tienen una
entrada de solo 0,20 por persona y más del 50 por ciento no
pasan de Bs. 0,75. Y esto en la zona central de la República.
Debido a esto, el 50 por ciento de los niños humildes no
toman leche, el 59 por ciento no come carne, ni el 89 por
ciento, huevos.
Según el doctor Gómez Malaret, el 123,22 por mil de
niños venezolanos mueren antes de los doce meses y el 60,9
por ciento es de causa desconocida, 60 por ciento de los
niños están infectados de tuberculosis.
112 Según el doctor Cárdenas Farías, de cien niños con-
sultantes, el 85 por ciento está por debajo de su peso normal
y un ciento por ciento de los que acuden por primera vez
a la Gota de Leche acusan baja de peso por deficiencia de
nutrición.
El doctor Pastor Oropeza mencionó en ese Congreso
el desamparo en que se tiene a la infancia de Provincia y es-
pecialmente de los campos, recordando que el 93 por ciento
de los dos millones de bolívares dedicados a la asistencia
del niño, se consumen en el Distrito Federal.
Otros datos, tomados de la Memoria del Gobernador,
del Distrito Federal, presentada en enero de este año, com-
pletan la tremenda información. Helos aquí:
En el Laboratorio del Instituto Simón Rodríguez, desde
el 9 de agosto al 30 de noviembre de 1937, se practicaron
790 exámenes, según el cuadro siguiente:

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Vida y muerte

Exámenes fecales 299


Reacciones de Kahn 350
Exámenes de orina 93
Otros exámenes 48
Total 790

Examenes de heces fecales


Total de exámenes 299
Positivos 210
Apreciación:
Resultados positivos 71,23%
Distribución:
113
Vermes 91
Vermes y protozoarios 65
Protozoarios 54
Total 210

Reacciones de Kahn
Mujeres
preñadas 37. - 16,01% 194. - 83,99% 231
Niños 2. - 2,50% 14. – 87,50% 16
Sangre del
cordón 28. - 30,43% 64. – 69,57% 92
umbilical

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

“Este cuadro —comenta la Memoria— por sí solo


pone de manifiesto el crecido porcentaje de criaturas infec-
tadas desde su concepción”.
Revisemos ahora las cifras generales de mortalidad,
por las enfermedades que más la ocasionan y comparando
luego con los índices de natalidad, comprenderemos por
qué aumenta de manera tan lenta la población venezolana y
por qué en algunos años hasta ha llegado a disminuir.
Copiamos las cifras de la Memoria de Sanidad enca-
bezadas así: “Enfermedades que han causado la mortalidad
más elevada durante los años de 1935 y 1936”:

Enfermedades 1935 1936

Paludismo 4.749 2.224


114
Diarrea y enteritis (todas las edades) 3.234 3.390

Tuberculosis (todas formas)


3.332 3.256
Enfermedades del aparato respiratorio (no
tuberculosis) 2.426 2.198

Enfermedades del corazón 1.934 1.661

Debilidad congénita y nacimiento prematuro 1.208 1.042

Tétanos 875 566

Disentería 778 450

Cáncer 593 676

Ahora, revisemos la natalidad. Se comprueba que en


1936 el índice de natalidad disminuye en algunos Estados,

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Vida y muerte

es decir, que en ese año, es menor en ellas el número de na-


cidos, que en 1935. Así acontece en Apure, Cojedes, Nueva
Esparta, Portuguesa, Sucre, Yaracuy y el Territorio Ama-
zonas. En cambio, el índice de mortalidad es negativo en
Lara, Mérida, Nueva Esparta, Portuguesa, Trujillo, Yaracuy
y Territorio Delta Amacuro, cuando era de esperar que en
1936 disminuyera la mortalidad en todo el territorio de la
República.
Estas cifras tremendas, que justifican el clamor alzado
desde todos los rincones en petición de sanidad y asistencia
social, explican por qué nuestra población aumenta con tan
desesperante lentitud como lo hace 20.

115

20 Según los datos publicados por la Dirección de Estadística del Ministerio


de Fomento, Venezuela a comienzos del siglo XIX ocupaba el cuarto lugar
en la escala de la población en los países americanos. Hoy ocupa el décimo.
En el año 1800 tenía Brasil una población de 3.250.000 habitantes y hoy
tiene 42.000.000. En el mismo período Colombia ha pasado de un millón a
ocho millones y medio y Estados Unidos de cinco millones a 127.000.000.
Venezuela, en cambio, que tenía para aquella época alrededor de 780.000
habitantes, solo tiene hoy 3.450.000. De 1800 a la fecha, solo ha aumentado
nuestra población cuatro veces. En cambio Colombia en el mismo lapso la
aumentó en 8 veces y Estados Unidos en 25.
Concluiremos esta cita con la siguiente anotación: México, uno de cuyos
grandes problemas es el demográfico, tiene una densidad de población de
8,41, Venezuela tiene como densidad apenas más de 3 habitantes. Si re-
cordamos las cifras correspondientes a los países europeos encontraremos
una desigualdad gigantesca. Para 1930 las cifras de algunos eran: Alema-
nia, 143 habitantes por kilómetro cuadrado; Bélgica, 258; Checoslovaquia,
103,3; Francia, 73,9; Inglaterra, 193,3 y España, la más despoblada del
Continente, 44,6.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Según los datos del Ministerio de Sanidad nuestra


población media para el quinquenio de 1932-36, ha sido la
siguiente:

1931 3.100.278
1933 3.135.990
1934 3.165.685
1935 3.195.654
1936 3.233.391

Compárese el incremento con el de cualquier país y se


encontrará que cifras inferiores nos corresponden.
116 ¿Qué tienen que ver todos estos números con el pro-
blema latifundista? Para el señor absentista, el defecto es
simplemente de “sanidad”, con ese concepto abstracto de
ente sanitario poseído por ellos. La culpa es de los hacen-
dados, quienes son los primeros en burlarse de las supers-
ticiones e ignorancia de sus peones. Mientras no se obligue
a los terratenientes a establecer escuelas en sus fundos o a
permitir la asistencia de los hijos de peones y jornaleros a
las que se creen; mientras no se les obligue al cumplimiento
de la Ley del Trabajo, difícilmente darán fruto las campa-
ñas sanitarias. Disminuirán las cifras de mortalidad infantil
en las ciudades principales, mas en las zonas rurales serán
las mismas y tendrán esa fluctuación irregular demostrada
por las estadísticas de años anteriores.
No es al peón a quien debe culparse por falta de letri-
nas. Es al señor terrateniente, quien sí puede juzgar la nece-
sidad de ellas y quien instala flamante W. C. en “La Casa”

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Vida y muerte

de la hacienda. Es a él a quien debe pedirse que ilustre a sus


trabajadores y contribuya a la propaganda cultural.
Un reparto consciente de tierras, una Reforma Agraria,
únicamente, pueden mejorar al campesinado venezolano.
Juntados en asentamientos, instalados cooperativamente,
podrán recibir la instrucción que les hace falta, podrán
aprender las elementales reglas de higiene. Mientras
permanezcan diseminados y sometidos al yugo semifeudal,
continuarán creyendo en los “curiosos” y verán morir a sus
hijos sin saber ante quién protestar, ni acudir.
Del informe presentado por el Médico de Sanidad de
Zaraza, el sabio Dr. J. F. Torrealba, sobre su actuación de
enero a julio de 1937:

De estos 135 cadáveres fueron sepultados sin diagnóstico


90 (No. 200 de la lista nosológica). Casi todos traídos de los 117
campos donde se enfermaron y perecieron sin ninguna asis-
tencia médica. Se entiende que esto sucede en parte, porque
no hay ninguna organización para la asistencia médica ru-
ral, en parte por la ignorancia e inadvertencia de los Co-
misarios, que debieran enviar oportunamente los enfermos
al poblado y en parte porque en los campos hay curiosos,
charlatanes y curanderos, etc..

En las escuelas de Zaraza, la pediculosis (piojos) ataca al


100% de niños”.

En los 230 casos, casi todos de los campos, se encontró


como en los 700 del Informe del año pasado, un 50% de
ellos, que viven en casas con Reduvtdeos Tripanosomífe-
ros y por lo tanto son inoculados diariamente ellos y sus

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

familias, con dosis portentosas de Schizotripanum Cruzi”


(enfermedad de Chagas).
Como hay muchos enfermos por todas partes y pocos mé-
dicos titulares... varias personas ejercen de médicos (prác-
ticos, curanderos, curiosos, bachilleres, caribes). Esto, con
sus horribles consecuencias.

Sed

¡Agua! Venezuela tiene sed, con tantos caudalosos


ríos. Los acueductos faltan dondequiera y mil enfermeda-
des surgen de las aguas turbias que en las zonas rurales
beben nuestros campesinos.
El agua corre por nuestro territorio desordenada, in-
dómita. Para tanto río que se desborda no hay un dique y
118 para tanta tierra fértil, ni un canal.

Sementales

No es solo indirecta la participación de los señores


latifundistas en la mortalidad infantil. Culpables de niños
abandonados son los señoritos que van de paseo a las ha-
ciendas de la familia. Allí ejercen una especie de derecho
de pernada, mediante el cual cargan de hijos a la mujer ig-
norante, abandonada luego.
También hay el latifundista cuya residencia habitual
es la capital de la República y quien periódicamente va al
pueblo cercano a sus posesiones, donde se dedica a la com-
pra de vírgenes. Siembra dos o tres hijos en otros tantos
meses, regala media docena de medias de seda y ahí están
tres pequeños más, dados a la miseria, la enfermedad y la
ignorancia.

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Vida y muerte

¿Quién no conoce en Venezuela ese tipo de “bon


vivant”? Con el jefe civil se ha repartido siempre la tarea
de semental. Del campo y de los pueblos se nutren así los
prostíbulos ciudadanos. Cosa corriente es encontrar en los
burdeles de Caracas muchachas de 15, 16, 17 años, tímidas,
con el aire de primerizas en la tarea mercenaria. El diálogo
es inevitable. Todos lo hemos oído o participado en él: —Tú
eres nueva aquí. —Sí... —¿De dónde vienes? La respuesta
varía: por lo común del estado Miranda o de Aragua. Algu-
nas veces ha sido víctima de la seducción; otras, de la más
repugnante venta.
El campo, pues, da para todo: nutre a los latifundistas;
provee a las empresas imperialistas de elemento humano;
sacia la lascivia de los señoritos; alimenta los prostíbulos.
No solo es trágico para la mujer seducida o comprada el
burdel caraqueño. Lo es la miseria agobiadora si permanece 119
en Provincia. No es raro en los pueblos el espectáculo de al-
gunas, cargadas de hijos, viviendo de la limosna miserable y
los despojos traídos por sus chicos, convertidos en pilluelos.

Recluta

Amenaza constante de los trabajadores del campo ha sido


en Venezuela la práctica de la recluta. Arrancados despiadada-
mente a sus mujeres, hijos, hermanos, madres, los hombres son
conducidos a los cuarteles. Para muchos llega a constituir tem-
poralmente la incorporación al Ejército un alivio, pero los más
lamentan siempre su condición de forzados.
Conocemos uno a quien se tuvo doce años alejado de
sus familiares. Cuando logró volver, la madre había muerto,
la mujer se había ido quién sabe con quién y a dónde. Esto
es común.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Si el Ejército hubiera servido en nuestro país para


instruir al soldado, para enseñarle siquiera rudimentos de
higiene y desanalfabetizar, habría podido encontrar alguna
excusa el procedimiento. Mas los jefes gomecistas siempre
desearon conservar ignorantes a los soldados y así se hizo.
A veces los estudiantes pretendieron acercarse a los cuar-
teles a fundar escuelas. La respuesta puede imaginarse. De
manera que a las otras, se añade esta amenaza constante
para el campesino venezolano.
Como recluta, además, ha estado sometido al más cu-
rioso y absurdo de los regímenes de trabajo: mitad solda-
do, mitad agricultor, obligado a trabajar en las haciendas de
Gómez. No desapareció el procedimiento con la muerte de
Juan Vicente Gómez. En los meses de febrero y marzo de
este año se reclutó violentamente, de nuevo, en Venezuela.
120
Trabajo femenino

Hemos hablado de la condición de la mujer en gene-


ral, sin especificación de la trabajadora. En el campo, reco-
ge café y cacao y realiza algunos otros menesteres. Gana un
salario que oscila entre uno y dos bolívares. En los pueblos,
teje alpargatas o tuerce tabaco. Su paga es mísera en toda
zona rural. Pueden imaginarse los excesos a que se lleva la
explotación del trabajo femenino en el interior, recordando
el caso de quienes en pleno Maracaibo ganaban un salario
de campo japonés: dos centavos diarios por tejer tabaco.
Si en la ciudad los patronos rehúsan hasta dejar que
las empleadas se sienten, se les obstaculiza la formación de
sindicatos y se les paga mucho menos, a pesar de obtener
igual rendimiento que sus compañeros, imaginemos cuál
será el tratamiento dado a las mujeres campesinas.

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Vida y muerte

Por los caminos venezolanos van, macilentas, con el


abdomen abultado por la vida en gestación hacia la miseria
y la angustia, con su lata de agua sobre la cabeza, o la ca-
nasta llena de fruta, camino de los pueblos. Sufren como
sus compañeros y dan hijos, inconscientes de cómo están
generando esclavos para los terratenientes.
De El Proletario, de Carora, 3 de octubre de 1937:
“Los Peones de Papelón”.

Veinticinco peones de la hacienda “Papelón”’, Distrito To-


rres, propiedad del señor Ramón Herrera, abandonaron su
trabajo, por iniciativa particular, según informamos en días
pasados.
Estos peones reclamaban del patrón se les pagara Bs. 1,25
de salario, ya que ganaban solo Bs. 0,75 diarios; mejor co-
mida, pues la que se les daba era pésima y que se cumpliera 121
la jornada de ocho horas de trabajo, como lo manda la Ley.
El señor Herrera se negó a acceder al deseo de los peones y
ellos no volvieron al trabajo. La Federación de Trabajadores
de Carora hizo colectas en favor de esos trabajadores, hasta
que obtuvieron de nuevo trabajo en otras haciendas. Si la
Inspectoría de Trabajo no sabe de estos asuntos: ¿qué hace el
Comisionado especial, encargado de velar porque se cumpla
la Ley del Trabajo en el Estado?

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VI
Incapacidad económica
del latifundismo

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Ruina

Esgrimen los señores latifundistas, en su defensa,


una aparente contradicción: la de que, a pesar de todo lo
dicho contra ellos, muchos se ven frecuentemente en apu-
ros económicos. Invocan, además, las cifras precisamente
demostrativas de la debilidad de sus argumentos. Calemos
sus aseveraciones.
Al hablar de “mala situación”, para los terratenientes,
no es posible aplicar la misma frase, con idéntica acepción,
a los trabajadores. Los propietarios de grandes fundos han
publicado con frecuencia listas de gastos con las cuales pre-
tenden probar sus déficits, producidos por los precios bajos 125
del café y el cacao. Ante todo, consideremos su primera in-
versión: los peones. Supongamos un salario de Bs. 3,00 para
cada trabajador, en las listas teóricas. ¿Pagan todos los ha-
cendados lo mismo o, mejor dicho, cancelan esa cantidad?
No. Ya hemos visto cómo emplean mercancías con precios
sumamente recargados, fichas y vales. De esta manera, el
propietario obtiene mucho más de lo que dice. No desem-
bolsa moneda alguna y obliga al trabajador a recibir, en el
mejor de los casos, la mitad de su ganancia teórica.
Otro aspecto de la cuestión: el terrateniente mantiene un
nivel de vida casi invariable, en la ciudad. Diversas “operaciones”
le permiten conservar, cualquiera sea el precio de los frutos, su
standard. El campesino, en cambio, sufre las consecuencias de
toda baja y en ningún terreno pueden compararse las privaciones,
la infravida de los campesinos, a cualquier limitación eventual
en el lujo doméstico de los gamonales.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Cuando la crisis comenzó, los jornales bajaron, pero


cuando se han experimentado mejoras en los mercados, los
salarios de los campesinos no subieron acordemente. Todo
exceso, por consiguiente, en los cálculos verificados para
cualquier fecha, beneficia solo al propietario.
La merma en la producción de café y cacao tiene por
causa la incapacidad técnica de los latifundistas 21. Según
ellos, las dificultades surgidas en los mercados internacio-
nales han obligado a las hipotecas de sus fincas. Muy bien.
Mas ese dinero no se empleó nunca en aumentar salarios, ni
en introducir mejoras científicas para futuros incrementos
de producción.

Subsidios

126 ¿Cuántas maquinarias se importaron para la tecni-


ficación agrícola, con el dinero de los famosos subsidios
gomecistas? ¿Cuántos jornales se aumentaron? ¿Fueron si-
quiera utilizados para cancelar deudas? Si así fue, ¿reflejóse
de algún modo el equilibrio presupuestal del dueño en la
situación de los trabajadores?
No argumentamos nosotros gratuitamente contra los
subsidios. Mil voces se han levantado por todo el país para
declarar cómo ese procedimiento no es sino la protección
a los latifundistas, con los dineros de los contribuyentes
venezolanos.

21 En el informe presentado por el Banco Agrícola y Pecuario en 1936, se


daba un dato de contenido muy rico: 586.276 hectáreas, de las 800.870 que
habían sido hipotecadas a ese Banco, eran improductivas. Este 74% y aun
más significa la porción de tierras que en manos de los latifundistas son
riqueza escamoteada al país.

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Incapacidad económica del latifundismo

Daño a la producción

A mediados de 1935 se publicaba en un diario de Ca-


racas un comentario sobre los métodos de cultivo del cacao,
en el cual se ve un ejemplo de cómo el sistema latifundista
no solamente ha sido incapaz de incrementar la producción
nacional, sino también de cómo la incompetencia técnica
propia de ese sistema ha dañado en diversas ocasiones la
calidad de productos venezolanos. En efecto, por mejorar
aparentemente los cultivos, en diversas regiones obtuvieron
resultados opuestos. Con el objeto de volver las plantas más
resistentes, se hicieron cruces con cacaos de inferior cali-
dad, sin darse cuenta del perjuicio y de esta manera, en dis-
tintas zonas se había estado produciendo un tipo inferior 22.

127

22 El notable botánico señor H. Pittier ha escrito observaciones muy interesan-


tes sobre este problema. He aquí algunos párrafos de uno de sus trabajos:
El Problema del Cacao en Venezuela.
“Según parece —escribe— hacia los años de 1825 a 1930, el cacao criollo
era la única especie extensiva y cultivada en Venezuela. Las cosechas eran
moderadas, pero la calidad exquisita y de gran fama. La vecina antilla pro-
ducía también su trinitario, calidad ordinaria y de menor aceptación. Pero
los agricultores de la Isla se vanagloriaban de una mayor producción por
cada árbol y tenían razón, puesto que el calabacino es mucho más prolífero
que el criollo. Empujado por una codicia mal conceptuada algún colono
trajo a Barlovento la semilla del Trinitario y estableció en Río Chico un
cacaotal de alguna extensión. A los pocos años, los vecinos empezaron a
notar la degeneración del fruto”.
Más adelante expresa el señor Pittier su idea acerca del posible remedio:
“A primera vista el problema de la regeneración de los cacaotales de Bar-
lovento parece insoluble. En teoría no es así y en la práctica todo depende
del modo y manera. Estoy convencido de que, con el concierto de todos los
dueños de plantaciones y la cooperación del Ministerio de Agricultura, se
puede en tiempo relativamente corto, lograr mejoras de consideración, sin
sacrificios fuera de proporción con las ventajas adquiridas”.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Otra prueba de incapacidad es el conocido caso del


café venezolano vendido en mercados extranjeros con nom-
bre de Brasil 23.

Juan Vicente Gómez

Aunque ciertamente los latifundistas como personas,


como individuos, cuentan poco en el fenómeno que ve-
nimos señalando, puesto que él se refiere a un sistema de
producción, citemos como ejemplo a Juan Vicente Gómez,
el mayor terrateniente venezolano y quizá de América. El
cálculo preliminar de sus inmuebles diseminados por todo
el país y especialmente constituidos por haciendas y hatos,
da un monto de 126 millones de bolívares, según la Junta
de Reclamaciones contra los bienes del dictador. Veamos la
128 distribución de las posesiones:

23 El señor Ramón León, experimentado técnico cafetero, señaló en diversas


ocasiones muchos de los defectos existentes en diversos métodos rudimen-
tarios. En 1932, escribía sobre la falta de propaganda:
“El café Santos, inferior al café Venezuela, tiene en New York una cotiza-
ción superior a la de éste. Los peritos lo atribuyen a la propaganda que se le
hace a las clases brasileñas y a la absoluta falta de propaganda del café Ve-
nezuela... El café colombiano, que no es muy superior al de Venezuela, se
vende desproporcionalmente por encima de éste, y también por encima del
Brasil, en lo cual se encuentra otra prueba del valor de la propaganda...”
En el mismo año, el Dr. Jaime Picón Febres referíase al cacao así: “No-
sotros podríamos ganar lo que hemos perdido en el mercado de Francia y
lo que pudiéramos perder en otros países, haciéndole la propaganda a las
clases superiores de nuestro cacao, que, a pesar de sus precios, son siempre
apreciados por los conocedores. El cacao dulce de Venezuela es el mejor
del mundo y lo sensible es que la producción de esta clase no sea mayor,
siquiera para conservar la buena reputación de la procedencia”.

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Incapacidad económica del latifundismo

Estados Bolívares
Aragua 54.321.885,74
Apure 1.829.388,05
Bolívar 1.318.200,00
Carabobo 53.015.856,00
Cojedes 1.994.845,71
Guárico 3.395.363,00
Miranda 1.000.000,00
Monagas 442.200,00
Sucre 16.090,00
Táchira 5.628.659,25
Yaracuy 260.981,35
Zulia 802.555,50
Distrito Federal 2.346.240,00
República de Colombia 240.000,00 129
Total 126.612.264,60

Según cálculos previos, la fortuna total era de mil mi-


llones de bolívares, pero al hacer inventario de los bienes
se dijo haber hallado como actual monto nominal solo unos
doscientos millones, debido a la disminución en la produc-
tividad de la mayoría de los fundos pertenecientes a Gó-
mez. Cítase el caso de la hacienda “El Trompillo”, con una
producción de 40.000 sacos de café antes de pertenecerle,
disminuida hoy a sólo 8.000.
Como se ha dicho, la única justificación de los grandes
terratenientes sería su función de creadores de riqueza; mas
en lugar de proveer a su fomento, la estancan. Carecen de
aliento para empresas fructíferas y retrasan nuestro avance
económico. Nada justifica, pues, su situación preferencial
en el país.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Ni siquiera la Ley del Trabajo

Los latifundistas se declaran incapaces de cumplirla, con


especiosos argumentos. Para algunos es carga superior a sus
fuerzas el mantenimiento de un stock de medicinas suficientes
para atender a los peones. Añoran los tiempos en que el Mi-
nisterio de Sanidad era único encargado de la salud rural y sus
agentes repartían por los campos y caminos quinina y vermí-
fugos. Si los latifundistas no pueden siquiera atender la salud
de sus trabajadores, por carencia de dinero, en verdad no deben
subsistir como propietarios a esa imposibilidad.
Apoyados en aseveraciones como ésta, los terrate-
nientes han eludido el cumplimiento de la Ley del Trabajo
de 1936 que fue sancionada a pesar de permanecer en el
Congreso los representantes del latifundismo, a causa de
130 una inmensa presión de las masas venezolanas, deseosas de
obtener garantías y mejoras que no les iban a ser dadas de
manera espontánea. Veamos algunas de las disposiciones
más odiadas por ellos:
Art. 21. — “Las deudas que los obreros contraigan
con los patronos por suministro de víveres o mercancías a
crédito… serán amortizables, semanal o mensualmente, por
cantidades que no podrán exceder del 50 por ciento de lo
equivalente a una semana o mes de trabajo, según el caso”.
Mientras los peones sean analfabetas, mientras no se regla-
mente una inspección constante de los campos, tal artículo
continuará siendo letra muerta. Trata de oponer una valla
a las deudas interminables, esclavizadoras de generaciones
sucesivas, pero ha resultado ineficaz.
En el Art. 57, se dice: “Los pagos se verificarán en
el lugar donde los trabajadores presten sus servicios, salvo
convenio expreso en contrario. No podrá pagarse en lugar

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Incapacidad económica del latifundismo

de recreo, fonda, café, taberna, cantina o tienda, a no ser que


se trate de trabajadores del establecimiento donde se haga el
pago”. El objeto es evitar el gasto del salario en aguardiente.
También letra muerta. En las haciendas continúase pagando
en el “Patio” o “La Casa” y el Almacén está inmediato.
El Art. 62, establece que los salarios mínimos se fija-
rán por Comisiones, nombradas por el Ejecutivo. ¿En cuál
región de Venezuela se ha establecido un salario mínimo
para los trabajadores campesinos?
Esgrimirá el Ejecutivo la excusa de no haberse regla-
mentado la Ley aún. Y él mismo era el encargado de hacer-
lo. Los latifundistas han sabido obtener su morosidad.
Según el Art. 79, “los establecimientos que ocupen
más de 30 obreras de cualquier edad o estado civil, deberán
mantener salas anexas e independientemente del local del
trabajo, en donde las mujeres puedan amamantar a sus hijos 131
menores de un año y dejarlos mientras estén en el trabajo”. No
se pauta excepción expresa para los campos. Mas, ¿quién ha
visto a las “cogedoras de café” salir del monte para amamantar
a sus hijos? Según los señores propietarios, les resultaría
demasiado costoso el cumplimiento de tal disposición.
En el capítulo referente a las condiciones de higiene
se dice:
Art. 85. — “El trabajo deberá prestarse en condiciones:
1º Que permitan a los obreros y empleados su desarrollo
físico y moral; 2º Que les dejen tiempo libre suficiente para
el descanso e instrucción, y para sus expansiones lícitas;
3º Que presten suficiente protección a la salud y a la vida
de los obreros o empleados contra los accidentes y las
enfermedades profesionales; y 4º Que pongan a las mujeres
y los menores al abrigo de todo atentado a la moral y a las
buenas costumbres”.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

¿Cuál Inspector de Trabajo se ha preocupado de ha-


cer una realidad tal disposición?; por el contrario, los lati-
fundistas han pretendido constantemente el aumento de las
ocho horas de trabajo reglamentario y de la instrucción y
salud de sus trabajadores no se ocupan “porque eso sería
gastar demasiado”.
En el Art. 102 se definen los accidentes de trabajo. En
el campo son frecuentes. ¿Ha tramitado alguna vez cual-
quier Inspectoría indemnizaciones para algún campesino?
Los latifundistas aseguran que el bajo precio del café y el
cacao no les permitirían tales desembolsos.
Según el Art. 123, las enfermedades propias de los
lugares de trabajo, como anquilostomiasis, paludismo, etc.,
no dan lugar a indemnización, pero sí a asistencia médica.
Lo cual es también “demasiado caro” para los gamonales.
132 Cuando en el campo se han venido empleando los
métodos ya conocidos, resulta indispensable incluir dis-
posiciones especiales relativas a los trabajadores del agro
en la Ley. Entre nosotros, ni siquiera las genéricas, relati-
vas a los trabajadores en general se cumplen por parte de
los terratenientes, empecinados en su afirmación de que la
tierra no les produce para tanto 24.
24 Nos ha parecido útil insertar algunos artículos de la Ley del Trabajo Mexi-
cana en cuyo capítulo XVII, se trata “Del Trabajo en el Campo”.
Art. 192. — El arrendatario o aparcero que contraten el servicio de peones
de campo, serán considerados respecto a ellos como patrón y sus relaciones
se regirán por este capítulo.
Los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales que sufran el peón
del arrendatario o el peón del aparcero, serán pagados por el arrendatario
o por el aparcero y por el patrón agrícola, en proporción a lo que le
corresponda según el reparto que se haga de la cosecha, si se tratare del
aparcero, y según el importe de la renta en relación con la utilidad probable
del arrendatario, si se tratare del arrendamiento”.
Art. 197 — Son obligaciones especiales del patrón en el trabajo del campo,
las siguientes:

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Incapacidad económica del latifundismo

Informe de la Asociación Venezolana de


Productores de Cacao

En diciembre de 1936, presentó la Asociación Vene-


zolana de Productores de Cacao, un Informe, al Ministerio
de Agricultura y Cría, en el cual, aunque parezca imposible,
se demuestra lo escrito sobre la incapacidad productiva del
latifundismo.
Comienza el Informe por una crítica velada a la
campaña de muy difusa propaganda, de la cual ya hemos
Habitación y terreno para cría de animales.
I. — Suministrar gratuitamente habitación que reúna las condiciones sani-
tarias indispensables para la protección de la vida y la salud de los trabaja-
dores, y el terreno necesario para la cría de los animales a que se refiere el
artículo 205 de esta Ley.
II. — Proporcionar a todos los peones asistencia médica, medicamentos y
material de curación en los lugares donde sea posible y, en caso contrario, 133
las medicinas más indispensables, que será gratuitamente, para curaciones
de accidentes, enfermedades tropicales, tétanos, picaduras de animales pon-
zoñosos y demás enfermedades propias de la región; debiendo también,
en estos casos, pagar medio sueldo. En las demás enfermedades el patrón
estará únicamente obligado a proporcionarles medicinas y médicos cuando
fuere posible.
Terreno de siembra.
III. — Proporcionar gratuitamente a cada peón acasillado para siembra pro-
pia en las fincas que tengan más de cincuenta hectáreas de cultivo agrícola,
terreno cuya extensión se determinará, a falta de convenio expreso, en re-
lación con la extensión de la finca, clase de tierra,, laborable y número de
peones, según la costumbre del lugar. En ese terreno los peones acasillados
podrán emplear animales, aperos y demás instrumentos de labranza del pa-
trón, sin perjuicio de las labores de la finca.
Leña y agua.
IV. — Permitir a los peones acasillados y eventuales que corten gratuita-
mente de los montes de la finca más cercana la leña indispensable para
su uso doméstico, respetando las disposiciones que establezcan las leyes
relativas, así como las que el mismo patrón dicte; y permitir que tomen de
las presas, tanques, fuentes y ojos de agua, la que necesiten para sus usos
domésticos y de sus animales.
Madera.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

hablado, hecha a retazos por el Ministerio. Dicen los pro-


ductores de cacao: “… males que no tienen otro medio de
solución, sino el empleo de la fuerza dinero y no de la ac-
tuación moral-educativa y de preparación...”
Antes de continuar, puntualicemos algo importante:
agrúpanse en la Asociación grandes y pequeños producto-
res, pero es evidente que el predominio está muy lejos de
pertenecer a éstos, ni como miembros ni como productores
independientes. Dependen constantemente de los latifun-
distas, pues a ellos ocurren en busca de préstamos; porque
éstos ejercen constantes presiones de diversa índole, al esta-
blecer condiciones de trabajo, transporte, etc.

V. — Permitir al peón acasillado extraer madera de los montes de la finca


134 para reparación y ensanche de sus habitaciones, en las condiciones a que se
refiere la fracción anterior.
Preferencia para el acasillado.
VI. — Preferir para la celebración del contrato al peón acasillado, respecto
del eventual, ya se trate de labores ordinarias o de trabajos extraordinarios.
La misma preferencia tendrá el peón acasillado cuyo contrato haya finali-
zado y que no hubiere dado lugar para ser despedido por laudo dictado por
la Junta de Conciliación y Arbitraje.

Caza y pesca.
VIL — Permitir al peón, para sus usos propios, la caza y la pesca, de con-
formidad con las disposiciones que establezcan las leyes relativas y las dis-
posiciones del patrón.
Pastos y potreros.
VIII. — Permitir que en los pastos, potreros y agostaderos de la finca, man-
tengan los peones hasta tres cabezas de ganado mayor y hasta diez de gana-
do menor, si las condiciones y extensión del terreno lo permiten.
Tránsito libre.
IX. — Permitir a los peones acasillados y eventuales el libre tránsito por los
caminos y veredas de la finca.
(Nota nuestra): Son peones acasillados, según el Art. 193 de la misma
ley citada, “los que habiten casa construida dentro de los límites de la
hacienda”.

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Incapacidad económica del latifundismo

Y volvamos a la frase del Informe. Si los propietarios


piden dinero para remediar sus males, ¿qué producen ellos
a Venezuela?, ¿con qué contribuyen ellos al desarrollo pro-
gresista de las fuerzas económicas del país?
Señala luego como una de las causas de la decadencia
del fruto venezolano, a los especuladores de “dentro y fuera
del país, por la falta de un Instituto entre nosotros”. ¿A quién
correspondía desde hace mucho el agruparse, si ello había de
ser necesario para la defensa de los propios intereses? Esto
viene a tener una respuesta muy importante, pues la Asocia-
ción pedía al Ministerio de Agricultura que interviniese en
su ayuda. Ahora bien, si aceptan como urgente necesidad la
intervención gubernamental en la cuestión económica, ¿por
qué no permitir que se extienda a más amplios terrenos, hasta
una redistribución territorial? Y no es pedir que se expropie
violentamente a nadie. Ya hemos hablado de cómo, con las 135
solas posesiones confiscadas a Gómez, puede emprenderse la
primera etapa de una Reforma Agraria.

Art. 203. — Ningún propietario, administrador o encargado de una finca


rústica, impedirá el libre acceso a ella, a excepción de los lugares designa-
dos para habitación u oficina, a los propagandistas políticos, ni a los repre-
sentantes de uniones de trabajo o sociedades obreras y campesinas, siempre
que no se presenten en actitud hostil, o en manifiesto estado de embriaguez,
ni interrumpan los trabajos regulares de la finca.
Animales pertenecientes a los trabajadores.
Art. 204. —A los peones acasillados no se les podrá disminuir el número de
animales conque hayan sido recibidos.
Art. 205. — No podrá prohibirse a los trabajadores que críen cerdos y
aves de corral dentro del recinto que se hubiere señalado a cada uno para
vivienda.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Sigue la Asociación con las necesidades que agobian


a sus miembros y fortalece la tesis intervencionista para la
reglamentación, por el Gobierno, de la riqueza territorial.
“La defensa social y económica del productor aislado —co-
mentan— la lucha por el mejor precio del fruto y la intensi-
ficación de su venta en los mercados del exterior, el fomento
industrial del grano, el control de la producción, aliviar al
productor por la reducción del costo de producción entre
otros países, excitando al Gobierno Nacional a construir las
vías más urgentes para el traslado del fruto, desde el interior
de las haciendas a los depósitos de resguardo; atender al
suministro general de útiles y enseres para el mejor acondi-
cionamiento del fruto...” ¿No son precisamente los defectos
corregibles solo por una Reforma Agraria? ¿Y no está de-
mostrado que esos defectos los creó el propio latifundismo,
136 pues el Gobierno de Gómez no fue sino de grandes terrate-
nientes y lacayos del imperialismo?
Y oigamos ahora cómo se expresan los propios
interesados del sistema de subsidios: “... juzga la Asociación
que el resultado concluyente de esa asistencia en la forma de
subsidios, ha sido solo un paliativo; que millones de bolívares
han sido distribuidos entre los agricultores que relativamente
en nada han mejorado las condiciones de abandono de las
haciendas, de la producción y de la mejora en precio...”
¿Se quiere demostración más evidente, confesión más
explícita, de la incapacidad económica del latifundismo? Por si
fuera poco, revisemos las opiniones de los productores de café.

Informes cafeteros

Los presentados ante la Asamblea de Productores de


Café, por delegados de todas las regiones, contienen también

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Incapacidad económica del latifundismo

concluyentes datos para esta misma tesis que, con respecto


al café, está ya demostrada con la simple cita referente al
descenso de Venezuela hasta el sexto lugar como productor,
después de haber ocupado el segundo25.
Se ve en estas relaciones cómo los pequeños produc-
tores han estado oprimidos por la vecindad latifundista.
Un defecto, por ejemplo, común a los pequeños y grandes
propietarios de fundos cafeteros, es la falta de vías de co-
municación. Las carreteras que sirvieron para la demagogia
del régimen gomecista pasaban, efectivamente, solo por los
grandes fundos del Dictador y sus áulicos. En la ciudad,
era frecuente oír esta frase: “ojalá se mudara por aquí un
Ministro o alguien así, para ver esta calle arreglada”. En
el campo acontecía lo mismo. Cuando “El General” o un
“amigo” adquirían una posesión, ya se estaban ingeniando
los Jefes Civiles o los Presidentes de Estado para hacerles 137
llegar un ramal carretero. Y así aparecía un factor más para
hacer de los latifundios centros económicos, adonde aflu-
yen los pequeños intereses para ser absorbidos.
El Informe de los Cafeteros del Guárico habla del
cultivo en esta forma: “Para demostrar lo rutinario de nuestro
sistema de cultivo, me bastará decir que en el Guárico el
promedio de producción por árbol, según cálculos hechos,

25 Alberto Adriani resumió así la significación del café en nuestra economía:


“El café conserva su importancia preponderante en nuestra economía du-
rante casi un siglo. Con las necesarias fluctuaciones causadas por condicio-
nes naturales más o menos favorables y por las guerras civiles, que fueron
tan frecuentes durante todo el siglo XIX, la producción cafetera continuó
en aumento durante las dos primeras décadas, aun cuando fuera con débil
ritmo. Durante el cuadrienio 1913-1917, nuestras exportaciones alcanzan
sus cifras más altas. Hacia 1925 el café pierde el puesto preponderante que
había tenido en nuestra economía desde 1830, a favor del petróleo. Ya hacia
la misma época comienza a manifestarse una tendencia al descenso de la
producción”.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

no pasa de 180 gramos. Compárese con el alto rendimiento


obtenido en Colombia, en donde se ha logrado elevar la
producción hasta 800 gramos y así se palpará la eficacia de
la aplicación de métodos científicos”.
La voz de los cafeteros del Guárico expresa la angustia de
los pequeños agricultores, al hablar de la pignoración y referirse
al Banco de Venezuela, instituto presto a servir solo intereses
de grandes propietarios. Expone el firmante: “Pignoración”.

Fui de los que creyeron que el Decreto Ejecutivo que orde-


naba la pignoración al Banco de Venezuela, sería remedio
eficaz para la estabilización de los precios, pero grande fue
mi desengaño al constatar fehacientemente que todavía hoy
en nuestro país la buena intención de un gobernante en fa-
vorecer las clases trabajadoras, se extingue a través de la
138 maquinaria oficial, como se extingue el eco de la voz en el
desierto. Hace pocos días tuve que hacer una pignoración
de café en el Banco de Venezuela y llevé allí una muestra de
un tipo que había obtenido una oferta en plaza de 54 bolí-
vares el quintal. Cuál no sería mi sorpresa, al día siguiente,
cuando se me participó que mi café había sido avaluado en
el Banco a razón de 46 bolívares y por tal motivo sólo se me
concedía en pignoración Bs. 36 por quintal, correspondien-
do el 80 por ciento del valor del fruto acordado en el Decre-
to aludido. Demás está decir que no efectué la operación.

También para la exportación ocurren a intermediarios.


Los hacendados de Anzoátegui declararon que, ha pesar de
ser la producción total del Estado de unos 40.000 sacos,
sólo aparecía como exportador un agricultor, con tres o
cuatro cientos, ya que el resto iba a manos de comerciantes
de un Estado vecino. Y de este modo, las primas de

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Incapacidad económica del latifundismo

exportación también vienen a ser una ayuda que no llega a


los necesitados y favorece solo a los grandes propietarios,
quienes sí exportan, o a comerciantes no productores 26.

Incapacidad económica del latifundismo

No se trata, pues, de injustificada ojeriza contra quie-


nes poseen grandes fincas. La cuestión recae sobre datos
concretos, evidentes: el latifundio no deja solo de incremen-
tar la riqueza, sino que la disminuye. El proceso se ha repe-
tido varias veces en la historia. El latifundio oprime a los
pequeños propietarios de tierra y esclaviza a los trabajado-
res del agro; estanca el proceso ascendente de la economía
y en nuestros países semicoloniales forma estrecha alianza
con los capitales mediatizadores de los cuales obtiene algu-
nas ventajas. En cambio les suministra elemento humano, 139
desplazado de los campos.
Sin una Reforma Agraria, el problema sólo puede re-
solverse a medias y a expensas de los verdaderos productores,
pues los subsidios y protecciones a terratenientes y exporta-
dores, benefician solo a éstos, con el dinero de todos 27.

26 No ignoramos que las primas de exportación tienen por objeto primordial


la compensación, a los exportadores, de la merma sufrida por ellos a causa
del alza del Bolívar, mas no hay duda de que precisamente se trata de una
de tantas medidas que favorecen a unos cuantos. Forma este procedimiento
parte de la política de remiendos cuya sustitución por otra de más alientos,
urge. En realidad, cuando en Venezuela se habla de protección a tal o cual
industria, no se expresa cuidado alguno por los verdaderos productores de
ella, sino por la minoría detentadora de privilegios, protegida a expensas
del esfuerzo colectivo.
27 Véase el capítulo “Imperialismo y Latifundismo”, de este mismo volumen
y el titulado “Deformación y amenaza de Bancarrota de la Economía Na-
cional”, en “Petróleo”, por Rómulo Betancourt.

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VII
Sentido de la Reforma

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¿Qué expresan las izquierdas venezolanas al pronun-
ciarse, como lo han hecho, por una Reforma Agraria? Lo
siguiente: reparto de tierras a los campesinos, para lo cual,
como lo hemos indicado, se cuenta con las inmensas pro-
piedades confiscadas a Gómez; la promulgación de una Ley
de tierras que ponga coto a los abusos de los terratenientes
y que, de acuerdo con los problemas de la tierra en el país,
logre el mejoramiento y protección de los agricultores hasta
ahora desposeídos; el establecimiento de créditos abundan-
tes y repartidos de manera equitativa, que libre a los actua-
les pequeños propietarios y a los dotados con tierras de la
influencia de los latifundistas; la apertura de vías de comu-
nicación que permitan el transporte de cualquier cantidad 143
de frutos, sin necesidad de recurrir a los intermediarios, la-
tifundistas o no, que actualmente acaparan las operaciones
de transporte; la redención de las enormes deudas de los
campesinos sometidos en todas partes a la codicia de los
grandes propietarios; la redención de los baldíos, ocupados
arbitrariamente por quienes luego se han dado a explotar a
los arrendatarios; un intenso trabajo de tecnificación y di-
vulgación agrícola, etc.
¿Por qué se propugnan estas cosas? ¿Qué sentido ha
de tener la Reforma Agraria en Venezuela?
El progreso económico del país no puede lograrse
mientras perduren las relaciones de producción semifeudales
que el latifundio mantiene vivas en el campo. Es el progreso
de la industria en el país lo que significará un avance
económico; las formas de producción y de relación de
trabajo semifeudales deben ser superadas por otras de forma

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

capitalista. Pero masas campesinas desposeídas, técnica


agrícola rudimentaria, que mantiene escasa producción y
grandes extensiones de tierras improductivas; capitales
pertenecientes a los latifundistas estancados en los bancos
del país y extranjeros, significan el descenso de la economía
nacional y su invalidez ante el avance de capitales extranjeros
en busca de terrenos propicios.
El problema primordial de la industrialización en Ve-
nezuela se centra en la exigüidad del mercado interno. Los
grandes conjuntos campesinos, sin capacidad adquisitiva
alguna, deben ser convertidos en masas capaces de adquirir
productos. Pero para ello es necesario liberarlas del pago en
fichas y de los salarios de hambre, cuestión imposible sin un
reparto de tierras y una legislación adecuada.
El sentido económico de una Reforma Agraria será,
144 pues, económico en cuanto servirá al progreso del país, crean-
do un mercado interno, hasta ahora muy escaso, favorable
al desarrollo de la industria venezolana. El sentido social no
necesita extenso comentario, después de haber visto en capí-
tulos anteriores cómo es urgente mejorar las condiciones de
los semisiervos del campo venezolano. Y en cuanto al sentido
antiimperialista, ya hemos señalado cómo si los campesinos
tuvieran sus propias tierras, no habrían de acudir constante-
mente a colocarse bajo la férula implacable de los invasores
económicos en los campos de Zulia, Falcón y Monagas.

El Gobierno y el campo venezolano

El Gobierno de López Contreras no ha emprendido una


decidida política agraria, llena del sentido que las izquierdas
venezolanas señalan para tal cuestión. Urgido, a la muerte de
Gómez, por la angustiosa situación del comercio y la inquietud

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Sentido de la reforma

de las masas campesinas, acudió a la política de las obras


públicas, como remedio transitorio. Millones de bolívares
entraron de esta manera en circulación y los campesinos
acudieron a las ciudades a enrolarse en los trabajos. Que
tal cosa se hizo de una manera consciente por el Gobierno,
lo evidencia la reciente declaración del Ministro de Obras
Públicas ante la Cámara de Diputados, en la cual afirmó que
los altos jornales que se habían pagado a principios de 1936,
en los trabajos dependientes de su Despacho, se debieron
a la necesidad de solucionar urgentes problemas político-
sociales. La presión latifundista no se hizo esperar, ya que
ante la afluencia de trabajadores a las ciudades debían ellos
aumentar los jornales para lograr peones en las haciendas y
el resultado de su presión fue primero la rebaja de los salarios
en las obras públicas y el posterior despido de millares de
hombres, quienes hubieron de volver a los campos. 145

El Programa de Febrero

En materia agraria el Programa de Febrero contuvo


importantes proyectos que no se han realizado. En él se
dice: “Entre las grandes necesidades del país está la de una
población relativamente densa, físicamente fuerte, moral e
intelectualmente educada y que disfrute de una economía
próspera”. Y en otra parte: “... Formulación de una política
de venta y distribución de tierras, acomodada a las varias
zonas del país. Estudio de los problemas relacionados con
el latifundio y su aparcelamiento”. De esta manera parecía
factible que el gobierno emprendiese una vigorosa política
para la redención de las masas campesinas, cuya miseria
y necesidad de ayuda se exponen en el documento. Pero

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

los latifundistas han sido de los más interesados en que


tal Programa, de contenido progresista, no se realice. Los
mismos obstáculos han comenzado ya a levantarse ante la
formulación del Plan Trienal, elaborado para reglamentar el
Programa de Febrero y aceptado por el Congreso Venezolano
de 1938.

El Plan Trienal

En materia agraria, el Plan Trienal señala con certeza


las necesidades de los campesinos en su parte expositiva.
Se habla de los “estudios de la alimentación de los obreros
y campesinos, con el fin de combatir el porcentaje de mor-
talidad y las deficiencias biológicas ocasionadas por una
alimentación defectuosa” y de que “es necesario la lucha
146 contra las deficiencias que se oponen al avance de la ins-
trucción: el analfabetismo, las enfermedades contagiosas y
prevenibles; el atraso tecnológico, y agrícola, comercial o
industrial; y la desnutrición y el pauperismo económico”.
Pero en el plan no es señalado ningún punto esencial
para el comienzo de una Reforma Agraria, pues en realidad
se reduce a construcciones, en su mayor parte suntuarias. El
presupuesto de Agricultura no es aumentado de acuerdo con el
aumento general de 80.000.000 para el año económico 1938-39
y solo señálanse algunas medidas genéricas de inmigración y
colonias como las que hasta ahora han funcionado sin resolver
ni siquiera en parte el gran problema de la tierra en Venezuela.
No significa esto que en otros aspectos no posea el
Plan Trienal, como el Programa de Febrero, aspectos po-
sitivos, como la creación de un Banco Central de Emi-
sión, la Contraloría Nacional; el funcionamiento del Con-
sejo Nacional de Economía y la construcción de vías de
comunicación.

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Sentido de la reforma

A pesar de este abandono de la cuestión central de la


tierra, el Plan Trienal, como antes decimos, ha comenzado
ya a ser objeto de ataque por parte de los latifundistas y su
prensa. Se asegura que el deseado progreso de la agricul-
tura venezolana se obstaculizará definitivamente, pues los
trabajadores abandonarán las haciendas para irse a las obras
públicas. En realidad, lo que acontecería es que para man-
tener a los peones en sus labores, los latifundistas habrían
de elevar sus jornales y contra esto se precaven. Que el pro-
greso de la producción agrícola les tiene muy sin cuidado en
cuanto no se relaciona con sus personales ingresos, está ya
harto demostrado en capítulos anteriores. En este aspecto
es también beneficioso, pues, el Plan Trienal obligará al alza
de los jornales en los latifundios.
En conjunto, tal Plan viene a significar una vuelta a la
política de obras públicas ya señalada. Se trata de crear un 147
mercado interno artificial, sin atacar el verdadero problema:
el del latifundio.

El Partido Agrario Nacional

En algunos países, donde la cuestión de la tierra se ha


agudizado inmensamente, fueron creados partidos agrarios
demagógicos, cuyo objeto era obstaculizar la realización de
cualquier medida que fuese realmente contra el sistema la-
tifundista. Como ejemplo podemos citar el de Checoslova-
quia. Al respecto ha escrito Wiehen:

Los tres primeros años de la Reforma Agraria en la República


checoeslovaca representan un débil ensayo, encaminado a
traducir en hechos los amplios planes de las leyes agrarias,
saturadas de impulsos revolucionarios. Este proceder lento

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

y pesado se debe principalmente a que el Partido Agrario


Checoeslovaco (compuesto en su mayoría de labradores
ricos) había conseguido un influjo predominante en el
Departamento Agrario.

En 1937 fue creado en Venezuela el Partido Agrario


Nacional y la primera impresión fue la de que se trataba de
uno de esos partidos que toman por bandera la cuestión de la
tierra, precisamente para evitar su resolución o con otros fi-
nes. Además, despertó alarmas el hecho de que en su progra-
ma se pronunciase por la representación en las Cámaras de
los sectores económicos, en lo cual se vio una tendencia fas-
cistizante. Contra esto se defendió el propio partido, afirman-
do su tendencia estrictamente democrática. Un tercer factor
contrario fue el hecho de que sus fundadores eran en mayoría
148 funcionarios del Gobierno y algunos sectores creyeron ver
en el PAN solo un rival burocrático del Partido Nacionalista,
constituido precisamente por los antiguos áulicos de Gómez,
los latifundistas y los lacayos criollos del imperialismo.
Es indudable que científicamente ha de buscarse en
otros factores la significación del PAN. En efecto, es la ten-
dencia de la burguesía progresista naciente lo que parece
haber dado nacimiento al PAN. Por ello propugna la crea-
ción de mercados internos y aunque tímidamente ha mos-
trado ciertas simpatías antiimperialistas. Es por ello tam-
bién que el PAR-NAC le ataca constantemente, pues ve en
él un posible avance de intereses industriales ante sus privi-
legios latifundistas. Si el PAN no es en Venezuela un parti-
do de izquierdas, al menos tiene en su haber algunas cosas
de positivo interés como es la denuncia constante por su
órgano periodístico de necesidades campesinas, en diferen-
tes regiones; la propugnación del impuesto sobre las tierras
improductivas, y en general, la modificación del sistema

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Sentido de la reforma

impositivo venezolano y la propaganda entre los campesi-


nos a favor de la obtención de tierras. En estos aspectos,
las izquierdas venezolanas han de apoyar la labor del PAN
y trabajar porque en realidad cumpla sus ofrecimientos de
lograr parcelas para los necesitados. Si lo hace, colaborará
en la solución efectiva del problema: si no, él mismo contri-
buirá a despertar la conciencia de los campesinos, con sus
constantes ofrecimientos.
La significación económica del PAN evidencia bien
por qué el PAR-NAC y la prensa vendida al imperialismo le
atacan constantemente y le califican de bolchevique, y por
qué recientemente el PAN, a pesar de la desconfianza que
su ofrecimiento iba a producir, decidió apoyar para las futu-
ras elecciones en un Estado de la República a los candidatos
de las izquierdas contra los sostenidos por el PAR-NAC.
149
Nuestra Ley de Tierras

El señor Presidente hasta ha expresado en alguna ocasión


cómo existe una Ley según la cual pueden adquirir tierras to-
dos los venezolanos. Sin embargo, ella no ha servido para nada.
¿Por qué? Una Ley de Tierras, si aspira a ser útil, ha de ser he-
cha para la realidad y con términos efectivos. La nuestra es una
entelequia, con ciertos tímidos pujos de utilidad.
Según el Capítulo V, en el cual se trata “De la
Adjudicación Gratuita”, artículo 78: “El venezolano mayor de
dieciocho años que no estuviere casado y el casado de cualquier
edad, tiene derecho a que se les adjudique, gratuitamente,
en los términos de esta Ley, un lote de terrenos baldíos de
los que puedan enajenarse, para constituir en él un fundo
rural, agrícola o pecuario, según fuere la clase de tierras
que solicitaren”. Al menos en lo concerniente a la simple

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

adquisición, resulta muy amplio tal artículo. Veamos sus


inconvenientes prácticos. Ante todo, la Ley de Tierras Baldías
y Ejidos es inexistente para la mayoría de los campesinos, pues
el analfabetismo, que en el país llega al ochenta por ciento,
es total en la mayor parte de las regiones exclusivamente
rurales. Luego, las peticiones han de ser hechas al Presidente
del Estado correspondiente. Muchas veces esto, en el caso de
que el campesino conociera de alguna manera la existencia
de la disposición, resultaría un inconveniente insuperable,
por razones de distancia. Además, no es mucho el interés
que demuestran los magistrados regionales en lo relativo al
campo, y como no existe aún el indispensable catastro de
baldíos, cualquiera puede objetar una petición y en el papeleo
y las tramitaciones el pobre campesino a quien se le hubiera
ocurrido pedir terreno, volvería cansado a su región.
150 En el Artículo 83, se prohíbe la enajenación del terreno
adjudicado, y se copia de algunas legislaciones europeas lo
referente a autorizar al propietario para gravar su parcela solo
diez años después de haberla obtenido, en el Artículo 85.
En la porción relativa a arrendamientos aparentemente
encontrarían los campesinos alivio. En efecto, se establece
un canon de dos bolívares por hectárea, cuando lo usual es
de Bs. 40, en los grandes fundos. Mas, de nada sirve esto al
hombre de nuestro agro. Las tramitaciones para obtener tie-
rras en arriendo son complicadas y el pago de los peritos y el
ingeniero agrimensor corren por cuenta del promovente. Lo
cual equivale a una disposición expresamente prohibitiva.
En el Art. 24 se establece la imposibilidad de obtener
concesiones para: los propietarios de tierras de primera
clase, en extensión de 200 hectáreas; los de segunda,
en extensión de 400; los poseedores de tierras de cría en
extensión de dos mil hectáreas si son de primera clase y de

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Sentido de la reforma

cuatro mil si son de segunda. Esta es una aparente medida


contra el latifundismo, pero nunca se ha cumplido. Se dirá
que está realizada con vistas al futuro, mas lo primordial
es remediar los males existentes. Legislar para hipotético
porvenir, equivale en esta materia a la táctica del avestruz.
Según el Artículo 23, no pueden arrendar ni comprar
tierras baldías, ni el presidente de la República, ni otros
funcionarios entre los cuales se cuentan los intendentes de
tierras baldías y los ingenieros agrimensores al servicio del
Estado. Es protectora la disposición, mas nuevamente vemos
las púdicas cabezas escondidas, porque las tierras que ad-
quirieron los intendentes son numerosísimas. En el Oriente
hay uno cuyas extensiones se calculan por los arrendatarios
a quienes aún tiraniza, en 20.000 hectáreas, todas adquiri-
das durante el ejercicio de una Intendencia.
151
Una caricatura

Es tan desconocida nuestra Ley de Tierras Baldías y


Ejidos, que muy pocos saben cómo en ella se tomaron algu-
nos aspectos de la Ley Agraria Mexicana y se disfrazaron,
quitándoles toda eficacia. En esta modificación se verifica
una verdadera caricatura, a veces monstruosa. Se estable-
ce un sistema pseudo-ejidal, según el cual, cada municipio
puede obtener tierras o ampliar las poseídas, hasta 2.500
hectáreas, pero se legaliza como núcleo una entidad política
y no económica.
En el Artículo 107 se protegen de la más descarada
manera los fueros del latifundismo. En efecto, se establece
en el aparte a) lo siguiente: “Cuando dentro de un radio de
cinco kilómetros, contados a partir de cualquier punto de la
finca en que trabaje existan ejidos repartibles, con parcelas

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vacantes, después de satisfechas las necesidades del co-


rrespondiente Municipio”, se podrá conceder una parcela a
los trabajadores de las haciendas, pero un Parágrafo único
añade luego: “No se considerarán como trabajadores afec-
tados por este artículo, los que cultiven y exploten la tierra
por cuenta propia, como arrendatarios, aparceros, tercieros,
etc.” De este modo se excluye precisamente a los más nece-
sitados, aquellos sometidos al peor método de servidumbre:
la aparcería o arrendamiento natural.

El Sentido de la Reforma

De lo realizado hasta ahora por el Ejecutivo en algu-


nas regiones, del examen de la Ley de Tierras y del análisis
de la realidad campesina, saltan los postulados indispensa-
152 bles para una auténtica Reforma Agraria en Venezuela.
Muchos métodos aislados se proponen para corregir
los males del campo, mas no puede ninguno de ellos bas-
tar. Se hace indispensable una Reforma, coordinadora de
todos los esfuerzos posibles e inspirada por el sentido ya
señalado. No es que deseemos la implantación, de golpe y
porrazo, de métodos colectivistas, como pretenden los pan-
zudos teorizantes de la derecha. Se trata de emprender una
verdadera liberación de nuestros siervos campesinos; de eli-
minar la hegemonía de los latifundistas; de luchar contra la
explotación organizada; de enseñar a nuestros campesinos,
de darles tierras y suministrarles créditos y conocimientos.
El Ejecutivo ha instalado unos cuantos colonos; habla
de métodos científicos. Muy bien. Mas no hay un estatuto
legal, coordinador de sus actividades.
Algunos, temerosos de las teorías “exóticas”, pretenden
la misma finalidad, ya citada, de algunos países europeos:

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Sentido de la reforma

“un dique al comunismo”. Como se sabe, tras ello no hay


sino un espíritu reaccionario de la peor especie, empeñado en
conservar los privilegios a los latifundistas. Quienes así pien-
san, ven con gusto lo realizado hasta ahora por el Gobierno,
pues se instalarán unas cuantas familias y nada más.
Una Reforma en Venezuela ha de remediar los males
anteriores y sentar las bases de un nuevo estado social de
nuestros campesinos. El sentido de la Reforma ha de ser
democrático y antiimperialista.

Democracia en el campo

Para ser democrática la Reforma, debe enfrentarse


a todos los privilegios y redimir de la servidumbre al
campesinado. Pero ya sabemos cómo el latifundio es “anti-
republicano y anti-democrático”. No puede hablarse de 153
pretendida democracia donde un hombre puede someter a
cientos y miles a la ruina económica y vital. Solo podremos
llegar a un régimen político realmente democrático, si
nuestras instituciones económicas están inspiradas y
realizadas dentro de normas igualitarias. El hombre que
paga salarios de hambre en sus haciendas no querrá el
voto libre, capaz de llevar al Congreso hombres de buena
intención hacia los trabajadores; quien explota a su antojo
terrenos que ni siquiera conoce, dados en arrendamiento
usurario a los campesinos, se opondrá a todo intento de
reparto y a la introducción de métodos científicos, porque su
renta está asegurada con los procedimientos rudimentarios.
El latifundista es conservador, amigo de cacicazgos, áulico
de tiranos. Conserva de este modo sus prerrogativas. Por
ello, odia la democracia en combate contra el latifundismo
esclavista, contra el gamonal, contra el ausentista, contra la

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

posesión de tierras que no se cultivan, contra la expoliación


y explotación de los aldeanos.
Por moderadas que sean las Reformas, se basan en
un concepto de propiedad, cuyo contenido se expresa en
frases de Cristóbal de Castro: “Un propietario —dice— no
es ya un quírite. No puede disponer a su antojo de la tierra,
labrándola o dejándola inculta. Tampoco puede especular
sin limitaciones, como hasta aquí, imponiendo leoninamen-
te precios de venta monstruosos y arrendamientos abusi-
vos. Todas las formas del contrato territorial privado son, de
ahora en adelante, intervenidas por la Ley, con un firme cri-
terio de justicia social”. Como se ve, tales conceptos, para
ser aplicables a nuestra realidad, habrían de ser puestos en
futuro. Y conste que quien las escribe, está muy lejos de ser
un bolchevique.
154
El sentido antiimperialista

La realidad económica no puede considerarse parce-


lada. Ella es una, con diversos aspectos y por ello, de nada
valdría enfrentarse a un aspecto si se descuidaran los otros.
En materia agraria, toda reforma bien orientada resultará an-
tiimperialista. Del agro se nutren las explotaciones petroleras.
En el hambre de tierras de nuestros agricultores desposeídos
encuentran aliado seguro los imperialistas. El material hu-
mano viene a ellos en flujo y reflujo, por ellos mismos con-
dicionado. En toda ocasión hay trabajadores a la orden para
los campos petroleros. Si se dota de tierras a los agricultores,
para llevar bajo el yugo semicolonial a los labriegos habrían
de modificarse mucho las condiciones: salarios mayores;
cumplimiento de la Ley del Trabajo; trato humano.

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Sentido de la reforma

En el sentido, pues, de mejorar las condiciones de los


trabajadores y hacer desaparecer la población que obligada-
mente ha de estar a la orden de los invasores económicos,
una Reforma Agraria de hondo sentido democrático sería
también antiimperialista.

155

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VIII
La Reforma en Europa

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La guerra engendró en Europa las Reformas Agrarias
realizadas en las siguientes fechas:

Rumania, 15 de diciembre de 1918.


Checoslovaquia, 16 de abril de 1919.
Austria, 31 de mayo de 1919.
Polonia, 10 de julio de 1919 y 5 y 15 de julio de 1920.
Alemania, 11 de agosto de 1919 y 10 de mayo de 1920.
Estonia, 10 de octubre de 1919.
Reino de los servios, croatas y eslovenos, 18 de
diciembre de 1919.
Grecia, 27 de febrero de 1920.
Letonia, 24 de septiembre de 1920, 21 de septiembre 159
de 1921 y 3 de mayo de 1922.
Hungría, 7 de noviembre de 1920.
Italia, 2 de septiembre de 1919.
España, 21 de septiembre de 1932.

La crisis económica de postguerra agudizó los pro-


blemas sociales del continente europeo, y al lado de ello
la influencia ejercida por la Revolución Rusa, obligó a la
realización de tales reformas, de las cuales vamos a dar un
somero resumen, útil a nuestro juicio, a pesar de la obligada
cortedad. Comenzaremos por una ligera reseña de la Revo-
lución Agraria Rusa.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Rusia

El 20 de octubre, al tomar el poder los soviets, el Con-


greso de los diputados obreros, soldados y campesinos, dic-
tó el siguiente decreto de socialización de la tierra:
“I. — Los derechos sobre la gran propiedad territorial
quedan anulados sin exención.
II. — Las grandes propiedades territoriales, así como
todas las tierras de patrimonio, monasterios, iglesias, con
todo el ganado y material agrícola, y los bienes inmuebles y
todos los accesorios, pasan a los Comités Agrarios Canto-
nales, y al Soviet del Distrito, hasta la reunión de la Asam-
blea Constituyente.
III — Los daños, cualesquiera que sean, causados en
las propiedades pertenecientes desde ahora a todo el pue-
160 blo, son considerados como crímenes graves y pasan a la
jurisdicción del Tribunal Revolucionario. Los Soviets de los
Distritos tomarán todas las medidas necesarias para mante-
ner el orden más completo, después de la confiscación de las
propiedades territoriales, para determinar qué superficie y
qué parcelas deben ser confiscadas, para llevar a cabo un in-
ventario exacto de todas las propiedades confiscadas y para
salvaguardar, contra cualquier ataque, las tierras entregadas
al pueblo, con todas las construcciones, el material, el gana-
do, los almacenes de productos, etc.
Para la realización de todas las reformas agrarias se
guiarán en todas partes, hasta la decisión definitiva de la
Asamblea Constituyente, por las instrucciones, establecidas
sobre las bases adoptadas por 252 sociedades locales de
campesinos, por el soviet pobre de los diputados campesinos
y publicadas en el número 88 de “Izvestia”, del 19 de agosto
de 1917.

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La reforma en europa

IV. — Las tierras de los cosacos, simples soldados y


campesinos, no se someten a confiscación”.
El 19 de febrero de 1918, aniversario de la liberación
de los siervos por Alejandro II, se dictó la Ley de Sociali-
zación de la Tierra, cuyos primeros artículos copiamos a
continuación:
“Art. 1º — Toda propiedad sobre las tierras, el sub-
suelo, las aguas, los bosques y las fuerzas naturales, queda
abolida para siempre, dentro de los límites de la República
Socialista Federativa Rusa.
Art. 2º — La tierra pasa sin exención (real o ficticia)
en usufructo al pueblo trabajador.
Art. 3º — El derecho de usufructo de la tierra no per-
tenece más que a los que la trabajan, salvo los casos espe-
ciales, previstos por la Ley.
Art. 4º — El derecho de usufructo de la tierra no pue- 161
de ser limitado ni por la religión que se profese, ni por la
raza, ni por la nacionalidad”.
En el parágrafo 14 del Título IV de esta Ley, se consi-
deró la población dividida por edades, con relación al traba-
jo, en la forma siguiente:
“Ineptos para el trabajo: muchachas, hasta la edad de
doce años; muchachos, hasta la edad de doce años; hom-
bres, desde la edad de sesenta años; mujeres, desde la edad
de cincuenta años”. Se indicaron especialmente los ineptos
para el trabajo, por razones físicas o mentales.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Tanto por ciento de


la mano de obra

Los hombres de dieciocho a sesenta años 1,0

Las mujeres de dieciocho a cincuenta años 0,8

Los muchachos de doce a dieciséis años 0,5

Las muchachas de doce a dieciséis años 0,5

Los muchachos de dieciséis a dieciocho años 0,75

162 Las muchachas de dieciséis a dieciocho años 0,6

La tierra es repartida de acuerdo con esta valorización


del trabajo.
Según Wygodzinsky, “a fines de 1934 las explotaciones
agrícolas colectivas por medio de los kolkhozes y de los
sovkhozes, representaban más de las tres cuartas partes de
las tierras cultivadas”.
En ese año se publicó una estadística en la cual se
muestra la proporción de trabajadores rurales, en 1913 y
1934. Hela aquí:

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La reforma en europa

(Proporción respecto de la población total)

1913 1934

Propietarios rurales 12,3 0,9

Campesinos y artesanos
65,1 22,5
Explotaciones colectivas
0,0 45,9

Para Wauters, la conservación y progreso del socialis-


mo en Rusia, ha sido posible solo por los resultados obteni-
dos en el campo, que convirtieron a los antiguos siervos en
los más seguros defensores del régimen que les dio tierras.
Para concluir, reproduciremos la opinión de un visitante de 163
los soviets, Luis Fisher, publicada en 1930. Sobre su visita
al mayor Sovkhoz escribió:

Al principio nos pareció un espejismo (vimos espejismos


de agua). Pero no; era realidad. Una ciudad. Allí, en aquella
llanura infinita, donde hasta parece perderse la función na-
tural de la tierra, asoma una ciudad con edificios de cemen-
to de tres pisos, con una estación de calefacción central para
toda la urbe, con telégrafo, correo, plantas de máquinas y
herramientas, flores, un teatro y un club de dos pisos, y con
una magnífica carretera en la que hicimos 100 kilómetros
por hora.
Sin embargo, esto no es una ciudad. Es una hacienda del
Estado, una de esas “nuevas fábricas de grano”, estableci-
das para resolver el problema del pan. Se llama “Camel” y
es el número dos de los sovkhozes.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

El administrador de aquel Sovkhoz o hacienda de trigo del


Estado, un joven organizador llamado Margalín, comprendió
que si nos decía que su hacienda ocupaba tantos miles de
hectáreas, no nos daríamos idea de lo que es. De suerte que
nos llevó en su auto al límite de la finca. Y de allí avanzamos
por una carretera recta, sin una sola curva, 86 kilómetros.
Nos produjo una impresión inolvidable. Un tren expreso hu-
biera tardado en atravesar la finca, más de una hora.
Pero al día siguiente visitamos otro sovkhoz mucho mayor.
El llamado “Gigante”, actualmente la mayor hacienda del
mundo. Su administrador, para recorrerla, emplea un aero-
plano; de otro modo le sería imposible acudir a todo.
Tiene el “Gigante”, 200.000 hectáreas, de las cuales este
año se han cultivado 113.000. Emplea 3.500 obreros. Solo
la maquinaria costó ¡siete millones de rublos! y su cons-
164 trucción ¡dieciséis millones! El total de su población es de
17.000 personas. Tanto en el “Gigante” como en el “Camel”,
se publican diarios propios.

Checoslovaquia

Nació esta República en 1918. Cada una de las por-


ciones constitutivas —Bohemia, Moravia, Silesia, Eslova-
quia— habían confrontado siempre la cuestión de la tierra,
de modo que pronto hubo el Gobierno de recordarlo. Para
Wiehen, “la Reforma Agraria checoslovaca es resultado
de la acción revolucionaria de un pueblo políticamente li-
berado”. En Bohemia se había luchado muchas veces por
el problema territorial. En el siglo XVII ocho décimas de
la propiedad agraria pertenecían a la nobleza. Cuando los
aristócratas protestantes fueron expulsados, se les confiscó

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La reforma en europa

la tierra, pero volvió ésta a un destino parecido, pues fue


legada a la Iglesia Católica en sucesivas donaciones.
José II inició en 1775 algunos repartos, pero en reali-
dad nada útil fue verificado. Fue en 1848 cuando los cam-
pesinos hicieron desaparecer, mediante una revolución, el
sistema feudal. A este respecto dice Grunberg:

Así se resolvió el problema del labrador. El labrador era


ya libre, sus tierras estaban libres de cargas. Pero entonces
se inició una división entre aquellos que estaban ligados
antes por intereses comunes de servidumbre. Del labrador
propiamente dicho, o sea el terrateniente, se separa el
proletariado campesino: el jornalero y el labriego sin
propiedad. Estos piden al Gobierno igualmente una
protección positiva: el reparto de los bienes comunales.
Pero estas peticiones no son atendidas, porque la masa de 165
los campesinos labradores no está con ellos. El labrador se
ha convertido ahora en conservador.

Desde esta época se agudizó en la Bohemia el proble-


ma. En 1896, el latifundismo había crecido. Había 151 fin-
cas de más de 2.000 hectáreas. La familia Schwarzenberg
poseía, ella sola, una de Hs. 247.756. La pequeña propiedad
había desaparecido casi totalmente y se acentuaban todos
los males inherentes al latifundismo, desde la miseria cam-
pesina hasta la despoblación.
En los territorios de la antigua Austria, hubo va-
rios proyectos de justicia agraria, que no fueron nunca
realizados.
El 28 de octubre de 1918 estalló la Revolución en Praga
y, al triunfar, se enfrentó ante todo al problema de la tierra.
La primera medida fue contra las propiedades inscritas

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

en la llamada “Tabulae Terrae”, la cual confería nobleza


a los nombres en ella aparecidos. Hubo luego un receso
y el 18 de abril de 1919 se promulgó la Ley Fundamental
de Reforma Agraria, sin mucho espíritu revolucionario.
Se confiscaron sin indemnización las propiedades de las
familias de la antigua dinastía de los Habsburgo-Lorena y
las pertenecientes a familias de Estados enemigos, con un
total de cinco millones de hectáreas.
Durante los tres primeros años se adjudicaron tierras
a los labradores, en una extensión de 414.985 hectáreas.
La Reforma, según Wauters, mejoró en Checoslovaquia
la situación de 400.000 familias.

Austria

166 Comenzó en Austria la lucha contra el latifundio, con


las disposiciones dictadas el 9 de agosto de 1915 y 31 de di-
ciembre de 1919. Según éstas se prohibía la transformación
de tierras laborables en cotos de caza, reminiscencia feudal
muy corriente en Europa, que inutilizaba grandes extensio-
nes de tierras, para el capricho de los señoritos. La segunda
añadía además algunas cláusulas protectoras, como las re-
lativas al precio y la prohibición de comprar terrenos para
especulación en la reventa.
Fue en 1921 cuando se emprendió algo más extenso.
La Ley del 26 de abril estableció que “deberán ser cedidos
en plena propiedad al arrendatario, a requerimiento y con-
tra indemnización, todos los terrenos en que el arrendatario
haya edificado locales que le pertenezcan”.
La Reforma en Austria fue, en realidad, muy moderada.
Para 1924 se había expropiado un total de 2.824 hectáreas,
cuando las tierras cultivables llegan a 4.243.795 hectáreas.

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La reforma en europa

Estonia

Se promulgó la Ley de Reforma Agraria en 1919. Se ex-


propiaron, mediante sus disposiciones, 2.346.494 hectáreas.

Letonia

La primitiva Ley expropió tierras contra indemniza-


ción. En 1924 abolió ésta. Se han instalado numerosas coo-
perativas y se da preferencia a la mediana propiedad.

Lituania

Cuarenta por ciento de su suelo estaba, antes de la


Reforma, en manos de los latifundistas. Después de varios
ensayos, la verdadera Reforma Agraria se promulgó el 15 167
de febrero de 1922. Se tiende a la creación de pequeñas
propiedades familiares.

Finlandia

Según los datos del Instituto Internacional de


Agricultura de Roma, publicados en la excelente obra de
Wauters La Reforma Agraria en Europa, los beneficios en
Finlandia se condensan así: “Que los que han aumentado en
número son las explotaciones pequeñísimas, de menos de
media hectárea (34,3 por ciento más en 1920, que en 1910)”.

Que la superficie total consagrada a las explotaciones


agrícolas ha aumentado, de 1910 a 1920, en un conjunto de
8,1 por ciento. “Que ocupan la mayor parte de la superficie
cultivada las explotaciones de 5 a 50 hectáreas, consideradas

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

como pequeñas en Finlandia (1.353.451 hectáreas para un


total de 2.015.175)”. “Que el orden ocupado por los grupos
de explotación de una misma superficie en el conjunto de
la extensión consagrada a la agricultura, no ha sufrido
modificación de 1910 a 1920. Lo cual se explica, ya que
la Reforma Agraria no había surtido aún efecto cuando el
último empadronamiento se hizo.
Que la explotación directa ha hecho progresos considerables,
en perjuicio del arrendamiento (el 56,6 por ciento del número
de explotaciones estaban cultivadas por explotación directa
en 1910, y la proporción era de 72,7 en 1920).

Grecia

Beneficio en la Tesalia para más de 5.000 agriculto-


168 res. En Macedonia, instalación de 18.000. Estos son en el
país heleno los efectos de la Reforma.

Hungría

Se considera muy escasamente importante el efecto de


la legislación agraria. Más de medio millón de individuos ob-
tuvieron parcelas demasiado pequeñas, lo cual crea los defec-
tos propios del minifundismo, mal opuesto al latifundio.

Rumania

Toda propiedad superior a cien hectáreas se expropia en


la siguiente proporción: de 100 hectáreas se toma 1; de 500, 35.
En las propiedades de más de diez mil, se dejan al
propietario sólo 500.

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La reforma en europa

La tierra se da en parcelas individuales y a cooperativas.


Los latifundios formaban el 47 por ciento de las propieda-
des antes de la Reforma. Poco después de ésta, quedaron
reducidas al 8 por ciento. En 1925 se habían dado 2.438.594
hectáreas a 708.000 campesinos.

Yugoslavia

Wauters dice respecto de la reforma en este país:

Los resultados de esta legislación son: el Estado ha rescata-


do 15.000 grandes propiedades, con una superficie total de
755.333 hectáreas, que han sido repartidas entre 210.912 fa-
milias; es decir, entre un millón de almas. Pero, en realidad,
medio millón de familias campesinas han tenido acceso a la
tierra como propietarios o colonos. Han sido liberados dos 169
millones de siervos, y la operación no está aún por comple-
to terminada.

Bulgaria

Según algunos autores, la Reforma en este país carece


de importancia y se limitó a la creación del llamado “bien
de familia”, donde ya existía en gran número la pequeña
propiedad familiar.

Italia

Como se comprende, la actual Reforma italiana tiende


solo al fortalecimiento del fascismo. Quien desee conocer
las vicisitudes de esa legislación en el país nombrado, puede

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

consultar el libro de Martín Sánchez Julia La Reforma


Agraria Italiana y la Futura Reforma Española.

Alemania

Según Wygodzinski, el nazismo tiene como lema en


la cuestión agraria “repoblar el campo y descongestionar las
ciudades y los centros fabriles”. No necesitamos exponer el
espíritu de las modificaciones agrarias del régimen hitle-
riano. Recordemos solo que también a los campos llega la
fórmula de “mejor cañones que manteca”.

España

En orden cronológico, el último de los países euro-


170 peos donde se dictó la Reforma Agraria. La lucha de los
campesinos es allí tradicional y los problemas, múltiples,
recibieron siempre el tratamiento homeopático, tan grato a
las satrapías, llámense reinos o repúblicas.
Para 1932, época de la Reforma, sufría España todos
los males inherentes al régimen de propiedad latifundista:
despoblación, escasa productividad de los campos, malísi-
ma condición de los labradores.
Veamos algunos datos concretos: en los latifundios
el salario oscilaba entre dos y cuatro pesetas. Esto, natural-
mente, alejaba a la gente de los campos, llevándola en busca
de los salarios industriales, de hasta quince pesetas. Horas
de trabajo, las que el dueño fijara. Ni sanidad, ni escuelas.
Un estado muy semejante al de nuestras masas agriculturas,
pues el problema no varía con latitudes, continentes o paí-
ses: donde predomina el régimen de latifundios, pervive el
de feudalidad en las relaciones de trabajo.

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La reforma en europa

La situación de otros grupos de agricultores, aparen-


temente más libres, no era mejor.
Cristóbal de Castro presenta muy claro el cuadro de los
arrendatarios: Amén de la renta elevadísima —escribe citan-
do a Courier— por cada predio, pagan los infelices anualmen-
te 800 y más pesetas de alquiler por sus casuchas miserables.
Con la obligación —añaden ellos mismos— de contribuir “por
nuestra cuenta al entretenimiento de dichos edificios a pesar de
que esos alquileres superan en mucho a los de su clase en Zara-
goza” (se trata de campesinos de esta región).
Además se establecen otras condiciones:
“Las hierbas de los campos serán propiedad de los arrenda-
tarios, considerándose como hierba la hoja de remolacha”.
“Los arrendatarios pagarán el desbroce y limpieza de los
riegos”.
“No podrán subarrendar la finca”. 171
“Se les prohíbe tener tiendas, cafés u otros establecimientos”.
“También se les prohíbe tener conejos, ni aun en el corral,
ni ganado de resería sin el permiso del señor”.
“Los propietarios tienen la facultad de despedir a los arren-
datarios por razones de moralidad pública o privada, por
falta de religiosidad, por insubordinación o falta de respeto
a ellos, a su familia o a sus relaciones y representaciones”.
“Razones, —aclara el contrato— que se apreciarán libre-
mente por los propietarios, cuya estimación, de ahora para
entonces, acepta el arrendatario”.
¿No parece como si estuviéramos leyendo uno de esos
contratos venezolanos, ya citados?
Existía también la aparcería, tan grata a los latifun-
distas, en la misma forma leonina de nuestro país y otros
problemas característicos de diversas regiones, como los
llamados Foros y la Rabassa Morca.
De los Foros dice Wygodzinski:

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Con más acentuado espíritu de protección al proletariado,


han conocido y aun conocen varias regiones españolas las
enfiteusis temporales. Tal era el caso de los foros gallegos,
constituidos, según costumbre, durante el reinado de tres
reyes y veintinueve años más. Cuando empezaron a ven-
cer los foros así constituidos, surgió el desahucio de foreros
cuyos antepasados habían cultivado desde tres o más gene-
raciones la finca enfeuticada, viéndose obligados a abando-
narla sin ninguna compensación. El conflicto se hizo más
agudo cuando, venciendo los foros que a través del tiempo
habían seguido constituyéndose, llegó a ser general aquel
caso en todo el suelo de Galicia.

De la Rabassa Morta dice el mismo autor. “Este mis-


172 mo carácter tiene la Rabassa Morta catalana, enfiteusis
sobre terrenos en que el enfiteuta planta vides y retiene el
viñedo contra el pago de un canon, hasta que mueren las
dos terceras partes de las primeras cepas, momento en que
la enfiteusis se extingue, consolidándose de nuevo el pleno
dominio de la finca en el propietario”.
En Galicia adquiría la cuestión caracteres particula-
res, que fueron ampliamente expuestos en la discusión de la
Ley de Reforma Agraria, por varios diputados. Uno de ellos
decía: “Entre los problemas fundamentales que tenemos en
Galicia, se encuentra el referente a la concentración parce-
laria. Así como en otras tierras el latifundio es un mal, en
Galicia es todo lo contrario; existe el minifundio, la excesi-
va división de la propiedad”.
En cierto modo el minifundismo viene a ser también
derivado del régimen latifundista. En efecto, los señores
propietarios muchas veces venden pequeñas parcelas, que

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La reforma en europa

apenas dan para la vida de una cortísima familia, en la se-


guridad de que se convertirán luego en prestamistas de sus
compradores y las tierras volverán a ellos.
En cuanto al reparto de la propiedad, veamos estos
datos, presentados en la misma discusión de la Ley de Re-
forma, por otro Diputado: “Estudiadas las 27 provincias
—dice— donde la concentración de la propiedad es mayor,
aparece que el 3 y medio por ciento de propietarios disfru-
ta el cincuenta y dos y medio por ciento de la tierra”. Con
tal régimen y acaparamiento, las masas campesinas tenían
que presionar duramente para el logro de una Reforma. En
España se habían realizado muchas veces pequeñas distri-
buciones, pero nunca con amplio sentido. Antes de 1932 se
habían introducido varios proyectos, que carecían de la am-
plitud necesaria, como la Ley Besada, sobre colonización y
repoblación interior, la Ley Alba, sobre “plusvalía” y Banco 173
Agrícola Nacional, y el Proyecto Lizárraga sobre Coloni-
zación Obligatoria y Bien de Familia. El verdadero Código
Agrario se dictó el 15 de septiembre de 1932.
Además, se dictaron luego las del Instituto de Reforma
Agraria, Comunidades Campesinas, Cámaras Agrícolas,
Laboreo Forzoso, Arrendamientos Colectivos, Registro
de Arrendamientos, Arrendamientos Rústicos y Servicio
Nacional de Crédito Agrícola.
Todas las disposiciones que favorecían a los campe-
sinos fueron restringidas por el Gobierno de las derechas,
en 1935. El Frente Popular, que triunfó en las elecciones del
16 de febrero de 1936, trató inmediatamente de modificar lo
hecho por el Gobierno reaccionario que le antecedió, votan-
do las leyes de bienes comunales y arrendamientos rústicos.
Aquella estaba en discusión al estallar la rebelión de los mi-
litares traidores. El 95 por ciento de los grandes propietarios

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

apoyaron la rebelión, convertida luego en invasión por fuer-


zas del fascismo internacional. Por decreto de siete de oc-
tubre de 1936, el Gobierno legítimo dio a los campesinos el
derecho, temporal, de explotar las tierras de los propietarios
que hicieron causa común con los fascistas.
El Gobierno declaró, al dictar tal medida, que en rea-
lidad su intención era únicamente hacer cumplir las leyes
agrarias de 1932, pero que al surgir la sublevación debía
tomar naturalmente otra actitud temporal. El Art. 1º del ci-
tado decreto decía:

Se acuerda la expropiación sin indemnización y a favor del


Estado de las fincas rústicas, cualesquiera que sea su ex-
tensión y aprovechamiento, pertenecientes en 18 de julio de
1936 a las personas naturales o sus cónyuges y a las jurídi-
174 cas que hayan intervenido de manera directa o indirecta en
el movimiento insurreccional contra la República.

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IX
El problema de la tierra
en América

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Exceptuando a México, del cual hablaremos al final
de este vistazo por nuestra América, en casi todas partes el
problema de la tierra mantiene caracteres semejantes a los
que hemos señalado en Venezuela. Veamos algunas opinio-
nes que sintéticamente nos den a conocer la angustia de los
millones de campesinos que en nuestros países ignoran lo
que es la más elemental libertad, a pesar de los Libertado-
res, y son víctimas del sistema latifundista y, además, del
imperialismo.
En Argentina, a pesar de numerosas leyes de colo-
nización, que aparentemente iban a solucionar el problema
campesino, subsiste. En Los Trabajadores del Norte Argen-
tino escribe Juan Antonio Solari: 177

Los indígenas norteños no han sido incorporados a la vida


civilizada, ni se les ha prestado, en todos los casos, la co-
operación que necesitan para su propia evolución... Se ha
sostenido con frecuencia que los indios rehúyen el trabajo
y que prefieren entregarse al ocio o al cuatrerismo, antes de
dedicarse a actividades útiles. Semejante criterio es erróneo,
tal como evidencian una multitud de hechos innegables... Lo
que corresponde es imprimir a los nativos rutas nuevas, co-
locarlos a un nivel de vida compatible con el progreso que
hemos alcanzado como nación organizada y civilizada...
Es lo que hemos llamado con pena, miseria de la riqueza
argentina. Tierras ricas y feraces, inagotables fuentes de
trabajo y de producción, campo vasto y propio para albergar
a centenares de miles de familias entregadas, bajo un clima
saludable y en medio de una naturaleza comúnmente

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

pródiga, a labores diversificadas y productivas, son en


verdad regadas por la sangre y amasadas por el dolor de
una raza agobiada y enferma. Porque —para decirlo de una
vez— todo tiene valor en estas tierras, menos el trabajo
humano, el hombre como unidad económica y moral.

Y el Doctor Alfredo L. Palacios ha expuesto la nece-


sidad de ir en auxilio de millares de campesinos atacados
por el paludismo, el bocio, el tracoma y multitud de otras
enfermedades que azotan el campo argentino.
En Chile el problema es también de grandes propor-
ciones: población que crece con lentitud; salarios de ham-
bre; necesidad de ir contra el latifundismo para incrementar
la productividad del país.
En el Perú continúa el problema como lo expuso José
178 Carlos Mariátegui y aun agudizado por la intervención de
imperialistas convertidos en latifundistas, como en capítulo
anterior lo señalamos; en Ecuador, el Gobierno se vio obli-
gado a dictar el 27 de marzo de 1937 un decreto en el cual se
establece la adquisición y reparto —por el Gobierno— de
algunos grandes fundos, pues la miseria de los campesinos
llegaba a tal grado que se imponía siquiera alguna conce-
sión. A pesar de esto, el montubio sigue sufriendo miseria.
En el Paraguay hablóse en 1936 de un amplio plan agrario,
no realizado. En el Uruguay las masas del agro sufren con-
juntamente también la tiranía del latifundio y de los capi-
tales invasores. En junio de 1937 escribía el doctor Pablo
Minelli al respecto:“La producción agropecuaria; el comer-
cio interior y exterior; los grandes servicios públicos: nada
escapa a la ingerencia monopolista del poder político...”.

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El problema de la tierra en américa

Y añade:

El proceso de producción agrícola, íntegramente supedita-


do a los intereses de los trusts cerealistas, de la gran propie-
dad terrateniente y de la usura. Burge y Bern (trust inglés)
extiende en estos momentos sus redes por toda la Repúbli-
ca. Si se hiciera una investigación seria, se vería el alcance
de su intromisión para que todos o casi todos los molinos
harineros de la República le pertenezcan, de igual manera
que en la Argentina, Chile, Brasil.

De Cuba ya hemos hecho referencia. De cómo en esa


Isla y en todas las Antillas creció el latifundismo, ha habla-
do extensa y autorizadamente Ramiro Guerra.
La cuestión de la tierra tiene pues, en América, ca-
racteres semejantes, que engendrarán efectos semejantes, 179
como la incapacidad para liberarnos del imperialismo hace
tiempo penetrante y para oponer sólida barrera a los inten-
tos del fascismo ávido de establecer bases en América. Por
ello, no es un azar que México, país el único del Continente
—hablamos, claro, del Bravo hacia abajo— donde se ha rea-
lizado una vigorosa política agraria, haya sido el primero en
rescatar para sí la riqueza hasta ayer detentada por los capi-
tales invasores. Antes de referirnos, siquiera someramente
al estado actual del problema agrario en México, transcribi-
mos algunos párrafos sobre Centro América, publicados en
1937 por Luis Felipe Recinos:

Los productos que constituyen —escribe— esencialmente


los medios de vida de estos países son el café y los bana-
nos. A excepción de El Salvador, que no exporta bananos,
el resto de Centroamérica depende, en grado máximo, de

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

las entradas que le produce la exportación del “oro verde”,


cuyo negocio controlan unos señores que residen en la aris-
tocrática ciudad de Boston, en Estados Unidos, los que ejer-
cen mando efectivo, a través de sus “gerentes divisionales”
en las Repúblicas.
El café, en su totalidad, es producido y vendido por los
terratenientes centroamericanos, que son los amos, prác-
ticamente, de estas naciones. Pero son amos para con los
pobres indios, para con los pobres mestizos y para con los
“blancos” proletarios, en tanto que a la vez, son unos pobres
esclavos.

Adelante añade:

Los poetas centroamericanos, inspiradísimos y generalmente


180 ingenuos, cantan las bellezas del campo, y los músicos también
se inspiran componiendo valses de la “flor del café”, mas igno-
ran la amarga vida de los que viven en el fondo de los obscu-
ros y húmedos cafetales o de los que trabajan en los bananales
—mares verdes de ensoñación paradisíaca— donde las lluvias
torrenciales, el mosquito y los zancudos, las serpientes y otros
animales, los atacan incesantemente, provocándoles el paludis-
mo, la tuberculosis y la muerte.
En la actualidad, un “cortador de café”, después de incesan-
te trabajo de diez o doce horas, logra obtener, como salario
máximo, unos treinta y cinco centavos oro norteamericano,
si bien le va. Obtiene como toda alimentación una tortilla
gorda en cada tiempo, acompañada de unos cuantos frijoles
en “bala” —cocidos simplemente—y un poco de arroz ma-
soso con un tanto de sal. Duermen, en algunas haciendas,
en horrible hacinamiento, en espantoso contubernio, bajo
galerones que apenas los libran de las lluvias y del sereno o

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El problema de la tierra en américa

en jacales. Familias enteras, durante la “temporada”, traba-


jan de sol a sol en el corte del café, y cuando éste enrima,
quedan sin ocupación, retornándose a los pequeños pobla-
dos e internándose a trabajar “a medias” en las haciendas.
Es decir, cuando tal logran, la mitad del producto de su pro-
pio sudor y trabajo va a dar a manos del terrateniente.

Copiaremos aun otro párrafo del mismo autor, en


el cual se exponen circunstancias muy parecidas a las
venezolanas:

Y no es eso todo. En Guatemala y El Salvador, los indios


viven aún la noche obscura de las “encomiendas”. El terra-
teniente, el “jefe político”, el gobernador y el alcalde mu-
nicipal los tienen domeñados y los tratan como a esclavos.
Todo patrón tiene en su hacienda un “comisario” y no per- 181
mite que a sus predios penetren vendedores ambulantes, de
modo que a él tienen que comprarle todo. Además, el peón
recibe su paga en “fichas” o “vales”, de modo que se ve
obligado a usarlos en la propia hacienda, donde casi nunca
falta la “cantina” o “estanco”. Allí bebe, allí se embrutece.
Allí deja su jornal y su vida.

México
En este país, la lucha por la tierra es tradicional. Es-
cribe Alfonso Teja Zabre:
En México se formaron las primeras civilizaciones de
América, fundadas en la agricultura permanente.

Los aztecas tuvieron un sistema mixto de latifundismo


y cultivo comunal. La tierra estaba repartida en “calpullis”,

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

pertenecientes a la comunidad, pero los trabajadores se


veían obligados a laborar las tierras de la nobleza y del ejér-
cito. El proceso de la Conquista es igual al resto de Améri-
ca: tierras para los invasores, donadas por la Corona.
Durante los tiempos coloniales se mantuvo el problema
de los indios desposeídos y algunas disposiciones tendieron
a veces a aliviar, desde España, la suerte de los indígenas,
obligados a trabajar en los latifundios de españoles y criollos.
El visitador D. José Gálvez trabajó para que se dotase a los
indígenas de convenientes lotes, mas tropezó, así como
otros bienintencionados, con la constante oposición de los
terratenientes.
El proceso continúa y llega a su máxima gravedad en
los tiempos de Porfirio Díaz, cuando el 70 por ciento del
suelo llega a estar en poder del uno por ciento de los pro-
182 pietarios. En el campo se engendra la Revolución y son las
masas de los desposeídos de tierra quienes acompañan a los
jefes, ante la promesa de repartos. Con Emiliano Zapata, en
el Plan de Ayala, aparece el primer intento amplio de resol-
ver la cuestión agraria.
El anhelo creciente de una Reforma Revolucionaria,
se plasma en la Constitución de 1917, donde se dice, en el
Artículo 27: “La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de
imponer a la propiedad las modalidades que dicte el interés
público”. Aparece allí un concepto distinto de la propiedad
territorial, condicionada ahora al provecho social.
El Licenciado Beteta se refiere a la nueva legislación
agraria de 1917 en estos términos:

Durante los cinco años que siguieron a la Ley Agraria, la


repartición casi se limitó a restituciones y puede decirse que
la Reforma Agraria comienza en México en 1920, con la

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El problema de la tierra en américa

presidencia del General Obregón. En el siguiente período,


del General Calles, la distribución de tierras tiene ya real
importancia. En el interinato del Licenciado Emilio Portes
Gil, se distribuyó más tierra que en los cuatro años de su
predecesor aunque su administración duró solo meses. En
cambio el agrarismo sufrió un eclipse y aun estuvo en pe-
ligro de terminar durante el Gobierno del Ingeniero Ortiz
Rubio. La Presidencia Provisional del General Rodríguez
no obstante su fama conservadora fue otra vez fructífera en
repartición de tierras.
El Presidente Cárdenas bien conocido por su entusiasmo en
todo lo que se refiere a la Reforma Agraria, ha dado nuevo
estímulo al movimiento. En un solo día, el Primero de Mayo
de 1935, para celebrar el Día del Trabajo y los acontecimien-
tos de Chicago se distribuyeron 552.936 hectáreas a 353 po-
blados, beneficiando a 36.856 jefes de familia. 183

Para el 10 de abril de 1935 había en México 7.041 ejidos


con 895.284 ejidatarios, quienes habían recibido 11.741.191
hectáreas, de las cuales 3.735.931 eran tierras de labor.
En 1936 las actividades del Departamento Agrario
fueron:
Se elevó a siete millones ochocientos mil pesos su presu-
puesto. Trabajaron en él 877 ingenieros y 320 empleados de
organización.
Al cumplirse 21 meses del período del Presidente Cárdenas,
las dotaciones habían sido de 2.999 para 287.570 campesi-
nos, con 4.442.000 hectáreas.
En construcciones ejidales se gastaron en ese año dos millo-
nes de pesos, para las siguientes: 7.991 escuelas, 15 “Casas
del Agrarista”, 1.340 obras para usos comunales, comisa-
rios ejidales, oficinas públicas, baños, pequeñas obras de

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

irrigación, caminos, pozos artesianos, obras de saneamien-


to y campos deportivos.
Se intensificó la organización de la mujer campesina en Li-
gas de Defensa Social, en Comités de Educación y de Lucha
contra el Alcoholismo.
El actual Gobierno mexicano, con el apoyo de las ma-
yorías y de los partidos de izquierda, realiza una verdadera
labor revolucionaria en el campo. Los anteriores habían cum-
plido de manera defectuosa el Código Agrario, de tal modo
que el propio presidente Cárdenas hubo de expresarse así:

Se han cometido graves deficiencias en la aplicación de la


Ley Agraria, en contra de los derechos del pueblo, como,
por ejemplo, reducción injustificada de padrones agrarios,
cambios de localización impropios, validez de fracciona-
184 mientos simulados, de fincas rústicas, que por este medio
no contribuyeron a la formación de ejidos, dotación de tie-
rras de mal temporal, pantanosas y salitrosas, en lugar de
terrenos de cultivo.

Uno de los últimos grandes repartos ha sido el de la


Comarca Lagunera donde en 40 días, para celebrar el aniversario
de la Revolución, se repartieron, a fines de 1936, tierras a
28.503 ejidatarios. El Banco de Crédito Ejidal acondicionó esos
terrenos con un gasto de más de un millón de pesos.
Es con el gobierno de Lázaro Cárdenas cuando vie-
ne a realizarse una intensa labor en el campo y a cumplir-
se las disposiciones que antes habían sido constantemente
obstaculizadas. A pesar de esta política decidida en materia
agraria, no puede considerarse resuelta, ni mucho menos,
la cuestión. Los obstáculos que actualmente se presentan
son de diversa índole y naturalmente entre los principales se

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El problema de la tierra en américa

encuentra la oposición de los latifundistas, quienes se valen


de todos los medios posibles, hasta el de sostener “guardias
blancas”, que asesinan a los ejidatarios. Contra esto, el Go-
bierno se ha enfrentado dotando de armas a los poseedores
de tierras. Otros defectos nacen de la ausencia de técnicos
y de la falta de una experiencia que es ahora cuando se va
adquiriendo. En un interesante estudio, el ingeniero M. A.
Duran opina sobre el estado actual del problema en los si-
guientes términos:

La observación más superficial indica y comprueba que la


gran propiedad sigue existiendo en enorme proporción en
nuestro país. Mientras las explotaciones pequeñas aparecen
en número muy grande, los latifundios forman números re-
ducidos y comprenden, sin embargo, la inmensa mayoría
de las tierras. 185
Los latifundios de mayor superficie han sido los menos
tocados por la reforma agraria, aunque hay que aceptar que
dichos latifundios han contribuido con mayor superficie
para la constitución del ejido. Esto es perfectamente
explicable, dada su gran extensión y sin que ello quiera
decir, de ninguna manera, que han sido mutilados en forma
decisiva para su existencia.

Además de esto, para el reparto ejidal no se ha es-


cogido en realidad la mejor tierra sino que los campesinos
han sido dotados en algunas regiones con tierras de mala
calidad. Y, advertimos, no se debe esto sino a un defecto
engendrado por la constante oposición de los latifundistas y
a la falta —como arriba señalamos— de un criterio regido
por la experiencia y la técnica. Que el gobierno de Cárdenas
ha intentado realmente solucionar el problema, como nadie

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

anteriormente, lo demuestran las cifras indicadoras del re-


parto agrario antes del actual Presidente y con éste: de 1916
a 1934 fueron beneficiados 802.081 campesinos, con una
extensión total de 7.755.935 hectáreas, en tanto que en solo
dos años de la presidencia de Cárdenas, en el período 1935-
37, fueron beneficiados 624.303 campesinos con extensión
total de 11.752.109 hectáreas.
Sin embargo, el 2 por ciento de la totalidad de propieta-
rios de tierras posee aún más de 70 millones de hectáreas.
Es con el actual Gobierno cuando ha comenzado la
expropiación de terratenientes extranjeros como Hearst,
Jenkins y otros y cuando se ha llegado a un concepto exac-
to de lo que debe ser la Reforma: modificación no solo de
las condiciones de vida de los campesinos, sino medio para
aumentar la producción nacional y para la creación de una
186 vigorosa economía rural. Respecto de este último punto es
necesario decir que al intensificarse el reparto de las tie-
rras, la productividad de muchos cultivos disminuyó, plan-
teándose por tanto nueva cuestión que parecía dar razón a
los latifundistas, para quienes el sistema de los repartos es
perjudicial desde el punto de vista de la producción. Pero
esto debióse en parte a que las tierras repartidas fueron,
como se dijo ya, muchas veces de mala calidad y a que,
sin duda, hay productos que necesitan ser cultivados en
grandes extensiones. A este respecto, los mismos ejida-
tarios han comprendido y pidieron en muchas regiones la
autorización para realizar cultivos en forma colectiva. Este
sistema resuelve no solo el problema de la producción, sino
el del suministro de créditos e implementos agrícolas a los
nuevos propietarios. En efecto, créditos fragmentados para
pequeñas parcelas, o resultan inútiles o imposibles de dar,
pues sumados, representarían sumas demasiado cuantiosas.
En cambio, a sociedades ejidales, que efectúan cultivos en

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El problema de la tierra en américa

forma colectiva, resultan beneficiosos créditos que se dan


al conjunto y no a los individuos componentes. Soluciónase
también la cuestión de los implementos necesarios, como
tractores, que se emplean con fruto solo en extensiones de
cierta consideración.
Los latifundistas no cejan en su propaganda contra la
política agraria del presidente Cárdenas. Su último intento
para provocar descontento entre los campesinos ha sido el
de propagar la especie de que esa tendencia a colectivizar
ciertos cultivos es una cuestión general y que de tal mane-
ra se amenaza la pequeña propiedad, cosa completamente
falsa, puesto que ésta tiene bien delimitadas en el Código
Agrario sus prerrogativas, como el propio Presidente lo ha
hecho notar.
Como ejemplo de las dificultades que se han presen-
tado a los ejidatarios en algunas regiones, citaremos las 187
causas a las cuales se atribuyen las primeras zozobras de los
ejidatarios de La Laguna, quienes ya han superado muchas
y logrado para este año abundantes cosechas:

El sabotaje de los hacendados: se negaron a utilizar las


aguas del río (sabiendo que se repartirían las tierras) y des-
mantelaron las norias
Mala política del Banco de Crédito Ejidal: por actuar sin
la debida cooperación de los ejidatarios; por ocupar a
capataces, administradores y rayadores de las antiguas
haciendas.

Estos hechos facilitaron la campaña de los latifundis-


tas, quienes aseguraban que el Banco era un nuevo patrón.

“Poco entusiasmo de los campesinos en el trabajo”.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Para concluir este ligero vistazo a México, copiare-


mos recientes conceptos del presidente Cárdenas acerca
del ejido:

A la evolución del concepto del ejido correspondió la


elaboración de un nuevo texto del Artículo 27 constitucional.
Pudo haber habido, en alguna época temprana de la
Revolución, quienes consideraran el ejido como mero
complemento del jornal, insuficiente para garantizar al
trabajador la independencia económica que es el fundamento
de todas las libertades. Pero esto nada influye en los deberes
presentes de la autoridad. Que lotes de campesinos llegaron a
poseer pequeños lotes de tierras, verdaderos “pegujales”, sin
aperos, sin créditos, sin organización, era fruto bien raquítico
188 de tamaño sacrificio en la lucha. Y esto sin contar con que el
ejido así entendido habría acabado por ofrecer un recurso más
para que el hacendado pudiera disminuir los jornales —de
suyo envilecidos— sabiendo que el trabajador contaba con un
arbitrio adicional para subsistir. La realidad nacional ha sido
otra: una concepción ejidal de abiertas perspectivas es la que
surge de las aspiraciones populares, hasta tomar sitio en la
Constitución y en las leyes.
Y la institución ejidal tiene hoy doble responsabilidad so-
bre sí: como régimen social y por cuanto que libra al tra-
bajador del campo de la explotación de que fue objeto, lo
mismo en el régimen feudal que en el individual; y como
sistema de producción agrícola, por cuanto que pesa sobre
el ejido, en grado eminente,la responsabilidad de proveer a
la alimentación del país

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X
Qué hacer

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Planteamiento

El sistema de producción agropecuaria no se trans-


formó por el descubrimiento del petróleo en el subsuelo ve-
nezolano. Por el contrario, acentuáronse los caracteres de
feudalidad en el campo cuando los invasores económicos
sentaron sus reales sobre el territorio zuliano y la finan-
za internacional comenzó a regir nuestras relaciones eco-
nómicas. Ya hemos visto cómo al devenir semicolonial de
nuestra economía, no se organizan con los nuevos recursos
monetarios las bases de una futura defensa. El Gobierno
de Gómez, por el contrario, se asió desesperadamente a las
columnas imperialistas e hizo todo género de concesiones. 191
Aquel conjunto de individuos, en pandilla para realizar “el
robo organizado”, encontró una fuente novísima y abundan-
te de entradas, a cambio de ininterrumpida complacencia.
La producción agropecuaria disminuyó en la forma
analizada, en tanto que se incrementó la producción petro-
lera, convirtiéndonos así en país semicolonial, bajo la tutela
extranjera.
En las masas productoras trázase de manera muy fir-
me la influencia del nuevo rumbo económico. Los hombres
del agro acuden a los campos petroleros, atraídos por sala-
rios mayores y encuentran superiorísimas las condiciones
ofrecidas, a aquellas bajo las cuales hasta entonces vivían
sin alternativas. Delimítanse entonces dos grupos de nues-
tros trabajadores: uno que acude a la nueva industria; el
otro, permanece en los campos, siervo de las condiciones
impuestas por el latifundismo.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

En las ciudades existía una tercera porción: un proleta-


riado en pequeños grupos, desorganizado. Nuestra incipien-
te industria nunca había utilizado grandes contingentes.
En las explotaciones petroleras la forma de trabajo y
la vida; en campamentos o pequeños poblados, junta a los
trabajadores, y en las nuevas labores se hallan por primera
vez unidos en Venezuela millares de proletarios. Hay para
ellos una disciplina, que hace nacer luego ideales comunes.
Sus intereses pueden ser muy claramente identificados y
comienzan a nacer una articulación y un espíritu colectivo
imposible de obtener antes.
El trabajador campesino, permanece, entre tanto,
disperso. Las condiciones se hicieron para él más difíciles
mientras decrecían las actividades agropecuarias, por el
creciente acaparamiento y la crisis mundial. Esta reflejóse
192 en tal sector precisamente por la imprevisión e incapacidad
de nuestros agricultores. La crisis del sistema capitalista los
tomó desprevenidos, en pleno regocijo por la aparición de la
nueva riqueza venezolana, a la cual esperaban rebanar una
buena tajada. Ante el descenso de los precios en el mercado
internacional, dos fuentes podrían surtir a los terratenientes
en peligro: la explotación intensificada del campesino y los
préstamos tomados al capital imperialista.
Esta dependencia semicolonial creaba consecuencial-
mente otras características sociales y políticas. Ya no iban
a decidir en el Gabinete únicamente las voluntades terrate-
nientes y Gómez el primero. Los agentes del imperialismo
tendrían constante intervención: las leyes no irían nunca
contra sus intereses; declararían su aceptación o simpatía
por determinados funcionarios. Cualquier decisión trascen-
dental iba a serles siempre consultada, siquiera de indirecta
manera.

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Qué hacer

El cuadro político-social del gomecismo puede, pues,


trazarse con toda seguridad: de un lado la antigua oligar-
quía latifundista, en trance ahora de parasitismo del capital
penetrante. Como influencia primordial la voluntad impe-
rialista, y alrededor de estas fuerzas, esa falange de trabaja-
dores improductivos que se agrupan alrededor de todas las
tiranías americanas: abogados listos a usar la librea intelec-
tual del imperialismo; escritores capaces de escribir justi-
ficaciones del régimen de fuerza, rábulas deseosos de todo
medro; políticos de aventura.
Y del otro lado, un pueblo oprimido, sin la menor li-
bertad, quien nunca supo lo que significaba elegir el más
modesto funcionamiento; sometido a la voluntad del gringo
despótico, del terrateniente que es a la vez autoridad policial
de su fundo; del jefe civil, genuflexo siempre ante el señor
Don Dinero. 193
Son esas las condiciones de Venezuela al morir Juan
Vicente Gómez. Según algunos teóricos del individualismo,
si el cuadro fuera exacto, no hubiese habido, al desaparecer
Gómez, cierto ambiente democrático, pues todo habría con-
tinuado igual. Es ocasión de responderles.
Alrededor de Gómez tejíanse también ambiciones
personales y tendencias de pequeños grupos, deseosos de
obtener la hegemonía. Por ello, López Contreras, ministro de
Guerra en los últimos años del régimen, organiza hábilmente
sus fuerzas y logra imponerse a las otras, representadas por
el hermano y los hijos del dictador, Velasco, Gobernador del
Distrito Federal y Pedro Rafael Tinoco, ministro del Interior
y candidato de las compañías petroleras a la Presidencia.
En el Ejército, la cohesión indispensable para la conti-
nuación sin flexibilidad alguna, era inexistente. Los oficiales
de carrera, muchos de los cuales habían cursado estudios en

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

escuelas extranjeras, se oponían a continuar bajo la voluntad


de viejos generales y coroneles “chopo de piedra”. El propio
López Contreras había trabajado por alguna tecnificación,
conquistando así la simpatía de jóvenes oficiales, deseosos
de actuar en un cuerpo verdaderamente representativo, y
no en el Ejército de Gómez, cuyos soldados eran también
peones de sus haciendas.
Por otra parte, el pequeño comercio sufría terrible si-
tuación y el pueblo todo esperaba sólo una señal para lan-
zarse a la calle. Ante condiciones tales, López Contreras,
quien tenía en sus manos gran parte de las palancas de la
maquinaria represiva, había sin embargo de hacer conce-
siones, para reorganizar el engranaje, esta vez en más inte-
ligente forma.
En cuanto a los partidos de izquierda, constituidos a
194 principios de 1936, tenían una labor primordial: la de aclarar
la oscura conciencia de las masas oprimidas y descontentas,
crearles el conocimiento de sus verdaderos intereses, coordi-
nar la acción capaz de enfrentarse a las fuerzas opresoras.

Lo hecho

A la vez que se esparcía el indispensable análisis de


nuestra realidad, se emprendía la tarea organizativa.
En las ciudades, durante el gobierno de Gómez, exis-
tían algunos grupos obreros, controlados en su mayoría por
agentes gubernamentales y con carácter predominantemen-
te benéfico. Este rudimento de sindicalización se concreta-
ba especialmente a Caracas.
Un proletariado disperso y sin conciencia, había sido
incapaz de hacer cumplir siquiera las tímidas disposiciones
de la Ley del Trabajo existente. Establecía ella nueve horas

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Qué hacer

de labor y algunas indemnizaciones. Nunca se ejercitaron


tales defensas.
No podemos escribir aquí una historia de nuestro
movimiento sindical. Examinamos, por consiguiente, solo
el conjunto. En Caracas se plantearon muy pronto diversos
conflictos y en el interior la organización sindical tuvo su
mejor representante en los sindicatos petroleros.
Todavía faltaba, sin embargo, una perfecta coordina-
ción en todo el país. A pesar del ejercicio represivo, la acción
de masas logró, en lo político, el rechazo por el Congreso
de la Ley de Defensa Social y la promulgación de una Ley
del Trabajo que, si no con todas las exigencias deseables, sí
mejoró la condición teórica de nuestros trabajadores.
Posteriormente se incrementó la organización sindi-
cal y pudo así realizarse el Primer Congreso de Trabajado-
res Venezolanos, en diciembre de 1936. 195
En cuanto a la lucha, tuvo su más admirable represen-
tación en la huelga petrolera, primera batalla de masas contra
el imperialismo en Venezuela, respaldada por el país entero.

El campo

El proletariado de las ciudades y el colocado direc-


tamente bajo la dependencia imperialista, organizáronse
bastante bien en período corto. No así los trabajadores cam-
pesinos. De esa manera, llegó la represión sin que estuvie-
sen debidamente organizados. Por ello, al campo no llegó
ninguna de las medidas proteccionistas pautadas por la Ley
del Trabajo. El pago en fichas y vales continúa. Ni escuelas,
ni servicios sanitarios. Perviven las antiguas condiciones,
enumeradas en capítulos anteriores. La causa de ello es la
falta de organización, la ausencia total de Ligas y Sindicatos

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

campesinos que obligasen a los terratenientes a mejorar a


sus jornaleros.

Problemas de la organización campesina

En los programas del Partido Republicano Progresista


y ORVE, figuraron en primer término las reivindicaciones
campesinas, pero la acción hacia el agro venezolano se difi-
cultaba por múltiples causas. Ante todo, las fuerzas más fá-
cilmente agrupables se encontraban en las ciudades y ellas
habían de ser la vanguardia en la lucha, por las condiciones
mismas del trabajo, ubicación y disciplina. Había además,
cuestiones especiales que obstaculizaban la inmediata orga-
nización campesina.
Ante todo, los habitantes de nuestros campos viven
196 sumamente dispersos. Aun en la época de las cosechas,
cuando afluyen a una misma hacienda grupos numerosos,
se alojan en ranchos separados por bastante distancia y no
en poblados conexos. Luego, las masas agrícolas son casi
completamente analfabetas, y la propaganda difícil, y por
su dispersión, encontraba la resistencia de esa total ignoran-
cia. Para emprender con fruto una labor era indispensable
organizar los partidos en todo el país, con dependencias en
los más apartados pueblos y esa labor apenas se comenzaba
a realizar cuando estalló la represión y fueron expulsados
del país un numeroso grupo de dirigentes democráticos.
Por último, los terratenientes y jefes civiles a su servicio
obstaculizaron constantemente cualquier intento de pene-
tración en el campesinado. Ya hemos citado el caso de algu-
nos grupos que intentaron juntarse en Sindicatos en Santa
Teresa del Tuy, donde se les pretendía someterlos a la Ley

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Qué hacer

de Orden Público, para las cuestiones relativas a reunión y


funcionamiento de sus agrupaciones.
El campesinado, pues, permaneció alejado de la lucha
activa, mientras en las ciudades se encabezaba la batalla por
sus reivindicaciones. Mas no significa esto conformidad en los
campos. Al contrario, la inquietud campesina ha sido constante
y en algunos sectores se manifestó en violenta insurgencia.

Soluciones instintivas

La rebelión, tan certeramente intuida por Rómulo


Gallegos, en su personaje Juan el Veguero, prodújose a la
muerte de Gómez. Los hombres, esclavizados en las ha-
ciendas, se lanzaron sobre potreros y sembrados, arrasando
con el machete e incendiando, en venganza del yugo sufri-
do. Tal solución instintiva no iba, claro está, a solucionar la 197
angustiosa situación campesina, pero había de ser así, por
la ausencia de consignas de otra clase. La rebeldía tuvo un
solo cauce y por él corrió.
En muchas haciendas hasta se cortaba el agua a los
aparceros y arrendatarios; los peones sufrían incontables
miserias: en campos del Yaracuy y Aragua se lanzaron con-
tra las tierras de sus opresores.

Peticiones

Cuando los campesinos se dieron cuenta del cúmulo


de exigencias y peticiones aparecidas en los periódicos,
en todos los tonos y de dondequiera, enviaron también
las suyas. Los arrendatarios pidieron justicia para librarse
de las cuotas altísimas; los aparceros refirieron cómo los
terratenientes les tomaban los animales cuando fallaba la

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

cosecha; los peones contaron del duro trato y la ausencia de


dinero en los fundos, para cancelarles sus cuentas.
Poco en realidad hizo el Gobierno para aliviar la suer-
te de las masas campesinas. Mas, conocedor de la situación,
dispuso el parcelamiento de algunas propiedades confisca-
das a Gómez, donde se han establecido colonias.
El método de las peticiones continúa. La acción de los
proletarios del agro no ha sido nunca de conjunto, ni con
perfecto conocimiento de su estado, cómo han de actuar y
qué han de querer. Y los latifundistas, que hacen muy poco
caso de las peticiones, protestan ante la menor tentativa por
parte del Gobierno, para solucionar, siquiera en mínima es-
cala, cuestiones campesinas. He aquí un ejemplo:
Del Informe de la Delegación del Estado Miranda a
la Asamblea Nacional de Cafeteros de Venezuela, en sus
198 sesiones de junio de 1937:

Brazos. — Para el cultivo y el beneficio de nuestros frutos,


siempre han sido escasos los núcleos de peones que se re-
quieren; en la actualidad, con las llamadas colonias para la
producción de frutos menores, que se han establecido en
varios lugares, en especial en “Mendoza” y “Bejarano”, es
menester inmigración barata a los lugares poblados, y por la
partida de muchos peones y vecinos, que se han marchado
solicitando casas y parcelas con aquel propósito, buscando
el bienestar ofrecido por los creadores de las mencionadas
colonias y abandonando así el medio donde se formaron y
donde han ganado la subsistencia y han formado hogar y fa-
milia, para irse donde creen tener un porvenir mejor; ESTO
NO DEBIERA HACERSE EN UN PAÍS DESPOBLADO
(hacemos resaltar nosotros), que tiene una superficie doble
de la de cualquier nación europea…

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Qué hacer

Comienzo de organización

Una interesante experiencia en materia organizativa


ha surgido en el estado Lara. Allí se constituyó una Aso-
ciación de Obreros y Campesinos, tendiente a obviar los
obstáculos ya enumerados para los grupos de trabajadores
agrícolas. Analicemos su significado.
En general, no deben confundirse las organizaciones
de obreros y campesinos. Poseen intereses comunes, mas
son diversas sus reivindicaciones inmediatas. Unidos en
una sola organización, se corre el peligro de no delimitar
con suficiente claridad aquello relativo a los obreros y lo
correspondiente a los campesinos.
Los obreros poseen más clara comprensión de sus pro-
blemas. A los trabajadores del agro es necesario ilustrarlos
en los suyos. Sin pleno conocimiento de sus derechos y de 199
los medios de lucha por emplear, permanecerán imposibi-
litados para la acción eficaz. A pesar de esto, la Asociación
de Obreros y Campesinos ha respondido a una realidad: los
campesinos dispersos, ocurren periódicamente a los pue-
blos y ciudades a verificar sus compras. La dificultad de
reunirlos, pues, se evita poseyendo un local en un sitio ha-
bitual de convergencia, donde funcione una organización a
la cual se sientan incorporados.
Podría pensarse mejor en una agrupación campesina
independiente, utilizando el mismo lugar, mas se trata en este
caso del empleo de cierta especie de aglutinante. En efecto, el
grupo, en la forma actual, funciona, aun cuando la asistencia
campesina sea muy escasa, y posee una constante actividad,
creadora de simpatías entre los trabajadores del campo.
Donde estos viven muy alejados, o por razón misma
de su ignorancia, no pueden constituir agrupaciones; es

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conveniente el método empleado en Lara. Donde los gru-


pos campesinos sean numerosos y las circunstancias de
otro orden favorables, es preferible realizar los Sindicatos
de Peones Agrícolas.
En este caso, pueden constituirse Federaciones Regio-
nales de Obreros y Campesinos. En éstas, bajo un estatuto
común, se mantiene, sin embargo, la indispensable distin-
ción entre unos y otros sindicatos o gremios. En estas Fede-
raciones se tratan los asuntos comunes a los trabajadores de
todos los géneros, y conservan a la vez autonomía aquellos
poseedores de caracteres diferenciales.
Es conveniente advertir que no solo han de juntarse para
la defensa contra el latifundismo quienes trabajan la tierra como
peones, aparceros o arrendatarios. También los pequeños pro-
pietarios sufren la opresión del terrateniente y por lo tanto han
200 de contribuir a la redención de los desposeídos, ya que luchando
por éstos, lucharán por sus propios intereses.
Al tratar de la conexión latifundista-imperialista, vi-
mos cómo los campesinos sin tierras constituyen la mayor
parte del contingente del cual se nutren las industrias explo-
tadas por el capitalismo extranjero. Los hombres, desplaza-
dos de la tierra, venden su fuerza de trabajo sin darse cuenta
de su exacta posición. Si se diera tierra a los campesinos,
ello vendría en provecho de los proletarios cuyos intere-
ses, aparentemente distintos de los del campesinado, se ven
estrechamente unidos si los enfocamos desde un punto de
vista amplio; si consideramos, lo que significa de beneficio
para todos los explotadores y no solo para los terratenientes,
la existencia de millares de familias desposeídas.

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Qué hacer

Reivindicaciones concretas

Los partidos de izquierda propugnaron constantemen-


te en Venezuela como cuestión primordial la organizativa,
en lo referente al campo. Ya hemos señalado algunas de las
dificultades surgidas al respecto. Como principio se ha in-
dicado la necesidad de agrupar alrededor de consignas muy
concretas, variables con las regiones: cercas levantadas más
allá de los límites legales por los latifundistas insaciables;
baldíos detentados por quienes se dedican a extorsionar a los
arrendatarios; los problemas propios de las regiones donde
se explota el carbón; los propios de los peones del Llano,
etc. Se hace indispensable luchar por el cumplimiento de la
Ley del Trabajo en el campo y esta consigna ha sido señala-
da como básica para todo programa de Ligas, Sindicatos y
Organizaciones Campesinas. 201
En realidad ha faltado propaganda en pro de otros
aspectos de la organización campesina, que deben tenerse
muy presente: asociaciones femeninas, clubes deportivos,
cooperativas, etc.
Aunque son escasas las ventajas de la actual Ley de
Tierras Baldías y Ejidos, debe lucharse porque algunas de
sus disposiciones sean realmente aprovechadas, como la re-
ferente a los ejidos. Hasta 2.500 hectáreas pueden ser con-
cedidas a los municipios para sus necesidades y muchos han
sido dejados durante el régimen gomecista sin una hectá-
rea siquiera. Es, pues, importante luchar porque los con-
cejos municipales reivindiquen para sí las tierras que les
corresponden y las repartan de manera equitativa entre los
campesinos.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Necesidad de un partido político

El Partido Republicano Progresista hizo popular en


Venezuela esta consigna: “escuela y pan, tierra y trabajo”,
como resumen de las más inmediatas aspiraciones del cam-
pesinado. Es evidente que para la consecución de éstas no
basta con las formas de organización que antes propugna-
mos como indispensables para ciertos aspectos de la lucha.
Por ello los campesinos tienen ante sí la necesidad de incor-
porarse a un partido político que propugne la solución del
problema agrario en todos sus aspectos.
Las aspiraciones y necesidades del campesino, que
aparecieron en los programas de izquierda, disueltos, que-
dan compensadas en los diez puntos siguientes, según el
resumen hecho por la Federación de Estudiantes de Vene-
202 zuela, aparecido en el Nº 3 de su revista:
1 — Confiscación integral de las propiedades de
Gómez, de sus familiares y de todos aquellos que colabo-
raron con la tiranía directamente, o se enriquecieron a su
sombra.
2 — Legislación que limite las propiedades a un máxi-
mum prudencial y que expropie el excedente de las tierras
acaparadas, así como las tierras sin cultivo. Revisión de los
títulos dudosos y devolución de las tierras usurpadas a los
campesinos.
3 —Parcelación de las tierras confiscadas y expropia-
das y de las mejores tierras nacionales entre campesinos
venezolanos e inmigrantes.
4 — Justa reglamentación del trabajo de los asalaria-
dos agrícolas, incluyendo la fijación de la jornada máxima,
el salario mínimo, etc.

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Qué hacer

5 — Transformación del actual sistema de arriendos,


en forma que se determinen tipos bajos de renta, plazos mí-
nimos de usufructo de la tierra por el arrendamiento, obli-
gación de indemnizar a éste por los trabajos y mejoras que
deje en el terreno al abandonarlo y que se especifiquen las
obligaciones mutuas de los contratantes.
6 —Desarrollo y fomento del crédito agrario a tra-
vés de Bancos y Cajas de Crédito oficiales o semioficiales
y, en general, de todas aquellas medidas económicas que
favorezcan a los campesinos y a los pequeños y medianos
propietarios.
7 — Fomento de la apertura de caminos, de la técnica
agrícola, de la diversificación de los cultivos.
8 — Lucha contra la usura y la especulación. Abo-
lición de las deudas hipotecarias y desconocimiento de
las actuales deudas provenientes de este sistema y de la 203
usura. Fomento de las cooperativas de compra y venta de
créditos.
9 — Protección especial a los medianos y pequeños
propietarios.
10 -— Abolición del reclutamiento forzoso. Lucha
contra las pésimas condiciones sanitarias y de vida de los
campesinos, contra la ignorancia y las plagas sociales.

El Partido Agrario Nacional

Aunque ya hicimos referencia a este partido en ca-


pítulo anterior, volvemos al tema por cuanto se refiere a la
cuestión de partidos políticos. El PAN tiene un programa de
indudables lineamientos progresistas. Ya hablamos de que
de una u otra manera, su propaganda entre los campesinos
es beneficiosa. De tal manera, creemos que, aunque no es un

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partido de izquierdas, los puntos positivos de su actuación


deben ser apoyados y los campesinos deben luchar porque
sean cumplidos todos sus ofrecimientos.

El Plan Trienal

Es también otro tema sobre el cual volvemos. En ge-


neral es un Plan progresista, como lo fue el Programa de
Febrero, y ha encontrado opositores entre los latifundistas,
aunque su máxima falla está precisamente en no enfrentarse
al problema agrario con la decisión que la situación del país
necesita. Las obras de irrigación tienen asignadas en el Plan
Bs. 3.000.000, en tanto que a, la sola reparación de edificios
se asignan diez millones y a las obras de embellecimiento
de Caracas 4.700.000 bolívares. Y no es que estemos con-
204 tra las edificaciones y las obras suntuarias, por sistema, sino
que el problema de la irrigación es uno de los básicos para el
desarrollo de nuestra economía. Regiones enteras sufren pe-
riódicamente inundaciones y otras, sequías prolongadas, que
perjudican la producción agraria. Sin embargo, a estos tra-
bajos se asigna una de las cifras menores en el Plan. La cifra
global de construcciones, en su mayoría suntuarias, alcanza
a 90.000.000 y la de carreteras y vías de comunicación en
general a solo 61.000.000, cuando en el país, la agricultura y
la industria naciente están urgidas de buenas vías de comuni-
cación y este capítulo por tanto debería tener preferencias.
En el Plan Trienal, por otro lado, no se habla en nin-
guna parte concretamente de reparto de tierras como el que
es de desear. Apenas se hace referencia a las colonias, que
si bien representan en algunos aspectos mejoras para los
campesinos allí asentados, no soluciona ni remotamente el
inmenso problema agrario. Tampoco se dedican en el Plan

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Qué hacer

Trienal cantidades suficientes a la protección de la indus-


tria, lo cual, junto con lo anteriormente expuesto demuestra
que la mano de los latifundistas impidió que el Plan fuese lo
que en realidad ha debido significar.
Pero ya explicamos antes cómo pensamos que el Plan
debe ser apoyado en sus aspectos positivos. Respecto de la
cuestión agraria, es necesario luchar porque se modifique y
enfoque la resolución adecuada.

Contra el fascismo

Una de las cuestiones a las cuales se refiere el Plan es


la de la inmigración, y hay que precaverse contra los posibles
esfuerzos de los países fascistas para colocar contingentes
en las tierras venezolanas. Por ello, hasta los campesinos
debe llegar la propaganda antifascista. El Japón y Alemania 205
especialmente están empleando el método de penetrar en
América por esta vía y las izquierdas venezolanas han de
estar alerta contra el posible intento.

Nuestras consignas

Podrían resumirse en esta: “LA TIERRA ES PARA


QUIEN LA TRABAJA”. Y con esto no propugnamos la
expropiación violenta, ni el despojo de nadie. Simplemente,
para el progreso del país se hace indispensable la modificación
del sistema semifeudal de producción en el campo. Los
métodos rudimentarios han de ser reemplazados y ya se
sabe que el latifundismo es opuesto a cualquier progreso,
pues obtiene sus mayores beneficios de la explotación de
los trabajadores y de los métodos de cultivo extensivo. La
naciente industria venezolana se quedaría estancada si no se

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crean mercados internos, dando capacidad adquisitiva a los


campesinos, de una manera real.
El método de subsidios y protección indirecta a la
agricultura beneficia solo a unos cuantos. Hasta la prensa, que
no podría imaginarse ni siquiera lejanamente simpatizante
con las tendencias democráticas, ha tenido que aceptar que el
método es inútil si se trata de crear una riqueza agraria para
el país.

Del diario Ahora. Caracas 14 de julio de 1938:

Uno de los problemas de mayor trascendencia en la vida


económica y social es indiscutiblemente el de la tierra,
por sus proyecciones y su influencia en la formación de la
democracia y en el robustecimiento del organismo económico
206 de las naciones. Por esos motivos es que nosotros hemos
hablado en repetidas ocasiones respecto a la necesidad de
dictar una Ley Agraria que ponga la tierra en manos de
quien la cultiva. Pero en Venezuela, injustificadamente,
se le ha querido dar un alcance mayor del que tiene en el
plano de las doctrinas políticas, a esta cuestión del reparto
de tierras. No es una consigna extremista, como muchos
se lo han supuesto. En Inglaterra, Alemania y otros países
esencialmente conservadores, la parcelación de latifundios
y la distribución de tierras es cosa que no alarma a nadie y
viene practicándose desde hace 50 y 80 años, cada vez que
las necesidades de los respectivos países así lo exigen.

En esta consigna, pues, “La tierra es para quien la


trabaja”, encontramos interesados no solo a los campesinos
que obtendrían junto con la tierra que se les repartiese —claro,
con créditos y facilidades y protecciones ya señaladas— su
independencia. También en ello poseen interés los obreros

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Qué hacer

de todo el país que de esa manera no tendrían la competencia


de las masas campesinas desocupadas; los industriales que
necesitan que haya mercados internos, es decir, consumidores
de sus productos y el país, en general, interesado en que
Venezuela pueda librarse de la intervención imperialista,
creando para ello su propia riqueza.
Cuando se quiere, pues, que el problema agrario sea
resuelto, ni se pide la instalación de soviets, como quieren
hacerlo ver los latifundistas, ni se pide la violencia contra
nadie. Ahí están los extensos latifundios confiscados a Gó-
mez y millares de hectáreas de baldíos y ejidos productivos
que fueron ilegalmente ocupados por terratenientes y que
deben ser rescatados para bien de los trabajadores.
La solución del problema agrario significa el ascenso
económico de Venezuela, el desarrollo de una industria
floreciente, el establecimiento de las bases de una economía 207
autónoma, la prosperidad del país y la redención de sus
masas de trabajadores oprimidas y vejadas por gamonales y
representantes del capital invasor.

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Apéndices

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Apéndice A

Modelo de estatuto para asociaciones


campesinas aprobado por el primer congreso
de trabajadores venezolanos

Los campesinos (conuqueros, medianeros, pisatarios,


pequeños propietarios de tierra) formamos la gran mayoría
de la población de Venezuela, y no obstante eso, somos quie-
nes sufrimos las condiciones de vida más miserables. Sobre
nuestros hombros pesa el triple yugo de la extorsión de los
grandes propietarios de la tierra, de los comerciantes usure-
ros y de los acaparadores sin conciencia. El fruto de nuestro 213
trabajo íntegro va a repletar las bolsas de esos tres sectores de
intermediarios entre nosotros y los consumidores. Propieta-
rios y comerciantes usureros nos anticipan artículos a precios
exorbitantes. Para pagárselos tenemos que entregarles nues-
tras cosechas a los precios que ellos quieran fijarnos, obli-
gados como estamos por fuerza del régimen de producción,
a comprarles y venderles; y si logramos independizarnos de
ellos caemos entonces bajo las garras de los acaparadores,
quienes nos obligan a venderles al precio que fijen, mientras,
con solo transportar nuestros frutos a los centros de consumo
se enriquecen a nuestra costa y en perjuicio de los consumi-
dores, a quienes hacen pagar precios altísimos.
Y en el orden social, moral e intelectual, nuestra
condición, consecuencia de la miseria económica en que
vivimos, no puede ser peor. Nos encontramos al margen de
la vida civilizada, entregados a la inclemencia del medio

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físico y de las enfermedades endémicas, analfabetos, sin


aliciente en la vida que nos haga menos duras las faenas del
trabajo. La aplastante mayoría de nosotros lleva vida casi
salvaje y nuestras familias vegetan. No es por eso extraño
que la población de Venezuela se mantenga estacionaria
con tendencia a decrecer y que la agricultura se encuentre
atravesando una seria crisis. Ha sido suficiente que la muerte
de Gómez dejara por unos momentos descorrer el telón de
nuestras miserias, para ver nuestros problemas en toda su
desnudez y el estado de ruina a que nos ha conducido, y
nosotros a Venezuela, la tiranía. Regiones enteras antes
pobladas, se encuentran desiertas; cultivos que anteriormente
eran fuente de riqueza para el país, han desaparecido y el café,
el cacao, la caña, cultivos de exportación, han degenerado
en calidad y volumen, perdiendo sus puestos en el mercado
214 internacional y disminuyendo en consecuencia enormemente
el monto total de la producción del país. Todo ello tiene su
causa en el acaparamiento de las mejores tierras en pocas
manos, lo que viene produciéndose en el país desde hace
más de treinta años. El número de pequeños propietarios ha
disminuido considerablemente, y los pocos campesinos aún
con tierras, por su situación de alejamiento de los centros de
consumo, es como si no las poseyeran. Una redistribución
de las tierras se impone como base para resolver al mismo
tiempo nuestra situación de miseria y la aguda crisis por la
que atraviesa el país. De nuestro bienestar depende el de la
industria y el comercio nacionales. Si nosotros no tenemos
cómo comprar, la industria nacional no tiene mercados
para sus productos y los comerciantes, clientes a quienes
venderles. El mercado interior, requerido por la economía
nacional para desarrollarse, depende principalmente de
nuestro bienestar.

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Apéndice A

Conscientes de esa realidad, los conuqueros, me-


dianeros, pisatarios y pequeños propietarios de tierras del
municipio de ………………………. nos organizamos para
defender nuestras vidas y las de nuestras familias en una
Asociación campesina, que se regirá por los Estatutos si-
guientes y fijará su domicilio en ………… Distrito…………
del Estado……………

I. — De los miembros

Art. — Serán miembros de la Asociación todos los


campesinos (medianeros, conuqueros, pisatarios y propie-
tarios en pequeño) que tengan sus siembras en jurisdicción
del Municipio de……………… que manifiesten su deseo de
pertenecer a la Asociación, se comprometan a cumplir estos
Estatutos y a luchar por las finalidades de la Asociación. 215
Art. — Los miembros estarán obligados a:
Concurrir a las reuniones ordinarias de la Asociación
y cada vez que sean convocados extraordinariamente.
Pagar las cuotas fijas y extraordinarias que se esta-
blezcan para el sostenimiento de la Asociación y la realiza-
ción de sus campañas y resoluciones.
Cumplir las resoluciones de la Asociación y las Co-
misiones que le fueren confiadas.
Interesarse por su propia educación y la de sus fami-
liares y del campesinado en general asistiendo a las escue-
las y bibliotecas y por todas las actividades culturales que
lleve a cabo la Asociación.
Art. — El no pago de la cuota por tres meses seguidos
o el realizar actos contrarios a los intereses del campesinado,
son causas para ser excluido de la Asociación en reunión
extraordinaria, previa acusación de tres miembros.

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Art. — Se fija la cuota mensual de Bs ……………..


En casos de urgencia la Asociación podrá fijar cuotas ex-
traordinarias a pagar por los miembros de acuerdo con su
situación económica.

Ii. — De la organización

Art. — La soberanía de la Asociación reside en todos


sus miembros, los que para ejercerla se reunirán en Asam-
blea una vez por mes obligatoriamente y extraordinaria-
mente cuando sea necesario a juicio de la Junta Directiva o
de la tercera parte de los miembros de la Asociación.
Art. — La Asamblea discutirá sobre todos los asuntos
de la Asociación, tomará resoluciones y acuerdos, decidi-
rá sobre las proposiciones e iniciativas propuestas por los
216 miembros.
Art. — Para ejecutar las resoluciones de la Asociación
y dirigir ésta entre reunión y reunión, la Asamblea elegirá
de entre sus miembros una Junta Directiva que durará en
sus funciones un año. La Asamblea conservará el derecho
de revocar sus poderes a la Junta Directiva, pudiendo proce-
der a renovarla parcial o totalmente cada vez que un miem-
bro de la Junta o toda ella realicen actos contrarios a los
intereses de la Asociación o del campesinado en general.
Art. — Para renovar la Junta Directiva parcial o total-
mente se deberá reunir la Asociación extraordinariamente
con ese objeto y decidir a base de acusación probada, la
falta del miembro o miembros.
Art. — La elección de la Junta Directiva se lleva-
rá a cabo en la forma siguiente. Reunida la Asociación el
día aniversario de su fundación se procederá a elegir uno
después de otro y a proposición de uno cualquiera de sus

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Apéndice A

miembros, a los integrantes de la Directiva, considerándose


electos aquellos que obtuvieren mayoría de votos.
Art. — La Junta Directiva estará integrada por seis
miembros principales: el Presidente; el Secretario de Actas
y Correspondencia; el Secretario de Reclamos y el Secreta-
rio de Educación y Propaganda; y dos Vocales.
Art. — Son atribuciones de la Junta Directiva:
Cumplir y hacer cumplir estos Estatutos y las reso-
luciones y acuerdos de la Asociación.
Dirigir las actividades de la Asociación y representar-
la en todos los actos a que hubiere lugar, ya con respecto a
los propietarios de tierras en donde sus miembros trabajen,
ya con respecto a las autoridades respectivas para elevar
ante ellas los reclamos de sus miembros, la aplicación de las
leyes vigentes, etc.
Desarrollar en todos sus aspectos las medidas ten- 217
dientes al mejoramiento de las condiciones de vida de sus
miembros y del campesinado en general.
Preparar proyectos de leyes, etc., para presentarlos
a la Asociación y previa aprobación por ésta, presentarlos
ante las Asambleas Legislativas, el Concejo Municipal, Jun-
ta Comunal o Congreso Nacional, según los casos.
Mantener y desarrollar cordiales y fraternales re-
laciones con las demás organizaciones similares de cam-
pesinos del Estado y de la República, así como con las
organizaciones de empleados y obreros de la región. Co-
operar con las directivas de las cooperativas en el mejor
funcionamiento de éstas.
Administrar los fondos de la Asociación.
Convocar las reuniones extraordinarias de la
Asociación.

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Presentar cada seis meses a la Asociación un informe


completo de sus actividades y un estado de cuentas de los
ingresos y egresos de la Asociación.
Art. — El Presidente asumirá la representación de la
Asociación en nombre de ésta en todos los actos que haya
lugar. Deberá ser mayor de edad y estar domiciliado en el
lugar de residencia de la Asociación.
Art. — Son deberes del Presidente:
Presidir las sesiones de la Directiva y todos los actos
públicos de la Asociación y abrir las sesiones de las asam-
bleas ordinarias y extraordinarias.
Dar el más celoso cumplido a estos Estatutos y al
Reglamento de la Asociación.
Firmar las actas de las sesiones de la Junta Directiva
y de las asambleas ordinarias y extraordinarias en unión
218 del Secretariado de Actas y Correspondencia.
Coordinar el trabajo de la Junta Directiva y velar por-
que los miembros que componen ésta cumplan sus deberes,
dando en caso contrario cuenta a la Asamblea General.
Firmar la correspondencia en general y todo docu-
mento emanado de la Junta en unión del Secretario de Ac-
tas y Correspondencia.
Firmar en unión del Tesorero las erogaciones decreta-
das por Asambleas y conformar toda clase de erogaciones
que se hagan por Tesorería, las cuales deberán ir igualmente
autorizadas y firmadas por el Tesorero.
Convocar en unión del Secretario de Actas y Corres-
pondencia las Asambleas Generales extraordinarias.
Art. — Son deberes del Secretario de Actas y
Correspondencia:

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Apéndice A

Redactar y extender las Actas de las sesiones de la


Junta Directiva y de las asambleas ordinarias y extraordi-
narias, suscribiéndolas en unión del Presidente.
Llevar el libro de inscripción de miembros de la
Asociación.
Cuidar del archivo de la Asoiación bajo su
responsabilidad.

Contestar toda clase de correspondencia de acuerdo


con las instrucciones y órdenes que le dicte el Presidente,
firmándolas en unión de éste y dando cuenta a la Junta
Directiva.
Redactar la memoria que debe presentar semestral-
mente la Junta Directiva ante la Asamblea General.
Llevar un archivo de la correspondencia recibida y
copia de las contestaciones respectivas. 219
Art. — Son deberes del Tesorero:
a) Firmar las erogaciones aprobadas por la Asamblea,
en unión del Presidente, sin cuyo requisito no podrá retirar-
se ninguna cantidad de dinero de la Tesorería.
Hacer efectivas las órdenes de pago emanadas del
Presidente.
Llevar con la debida claridad y exactitud la contabili-
dad de la Asociación, la que constará en los libros que sean
necesarios.
Rendir cuenta mensual a la Asamblea del Movimiento
de Tesorería, así como en cualquier momento que lo disponga
la Directiva.
Organizar de acuerdo con sus ayudantes nombrados
al efecto, el cobro de las cuotas extraordinarias y ordinarias
de los miembros y Desarrollar toda clase de iniciativas

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

para aumentar las entradas de la Asociación, organizando


veladas, festivales, etc.
Art. — Son deberes del Secretario de Reclamos:
Velar por el estricto cumplimiento de la Ley de Tra-
bajo vigente.
Atender todas las reclamaciones que se hagan en este
sentido y tratar de darle la más pronta y satisfactoria re-
solución y, atender a las reclamaciones en general que ha-
gan justamente los miembros de la Asociación y tratar de
resolverlas.
Art. — Son deberes del Secretario de Educación y
Propaganda:
Organizar todo lo concerniente al mejoramiento cultu-
ral y desarrollo técnico de los miembros de la Asociación.
Organizar las comisiones de Instrucción, de Propa-
220 ganda, etc., tendientes a elevar a los miembros en el orden
moral y material.
Organizar las campañas de desanalfabetización, de
divulgación técnica, científica y social, organizar las es-
cuelas, bibliotecas, etc., necesarias, dando preferencia en lo
concerniente a bibliotecas a las “circulantes” que permiten
llevar la lectura a los lugares mismos del trabajo y reposo
de los campesinos.
Organizar conferencias en el local de la Asociación
y establecer contacto con las organizaciones culturales
para el envío de conferencistas, preferentemente en el ramo
agrícola.
Organizar entre los miembros de la Asociación la di-
vulgación práctica de los conocimientos acerca del trata-
miento y previsión higiénica del paludismo, sífilis, etc.
Organizar el desarrollo de los deportes: gimnasia,
torneos deportivos, etc.

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Apéndice A

Art. — Son deberes de los Vocales:


Los Vocales asistirán a las reuniones de la Junta Di-
rectiva y de la Asamblea, en las cuales tendrán voz y voto y
suplirán las faltas temporales o absolutas de los miembros
de dicha Junta, con excepción del Presidente, el que será
suplido en las ausencias temporales por uno de los otros
Secretarios y en las absolutas por elección de la Asamblea
General convocada extraordinariamente.
Art. —La Junta Directiva será responsable ante la
Asociación de todos sus actos, así como de sus negligencias.
Art. — La Junta Directiva se reunirá por lo menos una
vez a la semana para tratar los asuntos pendientes, pudiendo
nombrar las comisiones que fueren necesarias a la mejor
realización de los fines de la Asociación.
Art. — La Junta Directiva quedará autorizada para
acordar las partidas necesarias para gastos de viaje de 221
los comisionados nombrados para tratar asuntos de la
Asociación.
Art. — La Junta Directiva queda autorizada para nom-
brar representantes jurídicos de la Asociación, para gestio-
nar sus asuntos judiciales, nombramientos éstos que deberán
ser ratificados por la Asociación en su próxima reunión.

De los fines de la Asociación

Art. — La Asociación tendrá por finalidad la con-


quista y defensa de mejores condiciones de vida para sus
miembros y el campesinado en general, tanto en lo econó-
mico, como en lo social y moral, empleando para ello todos
los medios a su alcance. En especial luchará por:
a) La defensa de los intereses de sus miembros frente a
la rapiña de los propietarios y comerciantes usureros; rebaja

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

de las rentas de piso; moratoria de las deudas que pesan


actualmente sobre sus miembros; pago a los conuqueros
y medianeros de precios iguales a los del mercado,
descontando el transporte, por los frutos que entreguen
a los propietarios y comerciantes que les hayan facilitado
anticipo; porque los artículos de consumo sean vendidos
a los campesinos a precios iguales que los que rigen en
el mercado, recargando el transporte; por iguales ventajas
para los pequeños propietarios de tierra; por la persecución
del pago en fichas o vales a los peones agrícolas; por la
abolición de las deudas que atan a los campesinos de padres
a hijos a los propietarios de las tierras y a los comerciantes
usureros.
b) Por la parcelación de tierras por el Estado y entrega
de esas parcelas a los campesinos que quieran trabajarlas.
222 c) Por la organización por el Estado de un sistema de
créditos baratos para los agricultores que los independice
del trabajo de los prestamistas usurarios.
d) Por la organización por el Estado de anticipos en
semillas y útiles de labranza para los campesinos pobres.
e) Por la organización de una Cooperativa de Consu-
mo para el abastecimiento de los miembros de la Asocia-
ción y sus familiares.
f) Por la organización de una Cooperativa de Produc-
ción Agrícola con los miembros de la Asociación, cuyas
parcelas y siembras faciliten, y anticipo por el Estado del
crédito necesario para su funcionamiento.
g) Por la creación de las escuelas que dispone la Ley
del Trabajo en las haciendas y por cuenta de los propietarios
de éstas.
h) Por la construcción de caminos, canalización de
ríos, etc., por cuenta de las juntas comunales o Concejos

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Apéndice A

Municipales para el más fácil transporte de los frutos a los


centros de consumo.
i) Por la persecución de los acaparadores de frutos y
por la organización por el Estado de Bolsas de Comercio en
lugares apropiados que regulen los precios de los productos
y el aprovisionamiento de los grandes centros de consumo.
j) Por la creación de escuelas agropecuarias para los
hijos de los campesinos y el perfeccionamiento técnico de
los campesinos adultos.
k) Por la incorporación del campesino a la vida civili-
zada y dotación de médicos que visiten con regularidad los
caseríos, instalación de dispensarios y puestos de socorro en
las cabeceras de Distritos y hospitales en las capitales de Es-
tado; por la realización de las campañas contra el paludismo,
el mal de chagas, la buba, la anquilostomiasis, etc.; dotación
en cada caserío o poblado de un alto-parlante que lleve a los 223
campos las radiaciones de las ciudades; el establecimiento
de escuelas rurales, bibliotecas circulantes, etc., etc.
1) Por la promulgación de leyes protectoras del cam-
pesino; por la realización de la reforma agraria.
m) Por la defensa de los derechos y libertades que
la Constitución y las leyes garantizan a todos los venezo-
lanos y que es un deber ciudadano velar porque no sean
menoscabadas.
n) Por la estrecha unión del campesinado con los peo-
nes agrícolas y los trabajadores de las ciudades, para lo cual
la Asociación apoyará y alentará las organizaciones sindi-
cales de los peones agrícolas y se adherirá a la Federación
de Sindicatos del Estado y a la C.T.V.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Disposiciones generales

Art. — Estos Estatutos no podrán ser modificados


sino en reunión de la Asociación convocada extraordina-
riamente y por la mitad más uno de sus miembros. La Aso-
ciación no podrá ser disuelta sino por la aprobación de sus
miembros unánimemente. En caso de disolución, los bienes
muebles e inmuebles que tuviere la Asociación no serán re-
partidos entre sus miembros, sino donados a las organiza-
ciones similares que existan en el Estado y en caso de no
existir ninguna, a las organizaciones obreras que estuvieren
constituidas.

224

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Apéndice B

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Modelo de estatutos de la asociación de
trabajadores de...

Art. 19 La Asociación de Trabajadores estará forma-


da por todos los obreros, empleados, artesanos, pequeños
cultivadores, arrendatarios, peones, pequeños comercian-
tes, que manifiesten su deseo de ingresar en ella, sin dis-
tinción de nacionalidad, sexo, raza e ideologías políticas y
religiosas.
Art. 29. Son facultades de la Asociación:
a) La organización de los trabajadores del Distrito para
lo cual velará por atraer a su seno a todos los asalariados y
pequeños productores de la región, y organizará ligas cam- 227
pesinas, grupos rurales, asociaciones de trabajadores, etc.,
en las regiones agrícolas y en los municipios vecinos.
La defensa de los intereses de sus miembros y de las clases
trabajadoras en general, para lo cual luchará por todas
aquellas medidas legislativas que favorezcan a los obreros,
empleados, campesinos, pequeños cultivadores, arrenda-
tarios, peones, artesanos, etc., por los aumentos de sala-
rios y la rebaja de las horas de trabajo en las empresas
urbanas y agrícolas y el mejoramiento de las condiciones
de vida y de trabajo; por la transformación de las actuales
condiciones de arriendo en forma que se establezcan ren-
tas bajas, plazo mínimo de contratos, obligación de pagar
en su justo precio las mejoras dejadas en el terreno al
abandonarlo y que se limiten las obligaciones de los con-
tratantes; por la facilitación de créditos e implementos y
la repartición de tierras a los trabajadores del campo, y en

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

general, por todo aquello que represente una mejoría para


sus sectores integrantes y las clases laboriosas en general.
El desarrollo cultural de sus miembros y de los traba-
jadores del Distrito para lo cual tratará de llevar una lucha
metódica y consciente contra el analfabetismo; organizará
bibliotecas, centros de expansión cultural y deportivas, con-
ferencias, veladas, etc., así como difundirá en el campo la
enseñanza y la cultura para hacer al campesino consciente
de sus derechos y deberes.

De los miembros

Art. 3º. Son obligaciones de los miembros:


Asistir con puntualidad a las asambleas ordinarias
y extraordinarias de la Asociación; pagar puntualmente
228 las cuotas ordinarias y extraordinarias que establezca la
Asamblea; velar porque se cumplan las resoluciones que
tomen la Asamblea y la Junta Directiva; propender a la
propia educación y a la de los compañeros trabajadores
con el fin de hacerse hombres conscientes de sus deberes y
derechos; cumplir estrictamente las comisiones que les
confieran la Asamblea y la Junta Directiva; interesarse
en proporcionar trabajo a todos los compañeros a quienes
les falte; visitar a los compañeros enfermos y dar aviso a
la Junta Directiva cada vez que tengan informes de algún
compañero enfermo.
los miembros entre sí están obligados a: 1) guardar
moderación y respetarse mutuamente; 2) laborar por la
igualdad y que no germinen rivalidades ni personalismos;
3) a no usar frases que lastimen y conservar entre sí la ma-
yor confraternidad.

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Apéndice B

Art. 4º. Es motivo de sanción para los miembros:


el no pago de tres cuotas consecutivas ordinarias sin
causa justificada; se consideran causas justificadas el des-
empleo, la enfermedad y la ausencia de la localidad. Tam-
bién puede la Asamblea acordar la exoneración de cuota a
un miembro o grupo de miembros por diversas razones que
a su juicio lo ameriten y por tiempo determinado;
el no cumplir las decisiones y acuerdos o realizar ac-
tos contrarios a los intereses de la Asociación o de los tra-
bajadores en general.
Art. 59 Las sanciones son: la imposición de multas; la
privación del derecho de voz, del voto o de ambos, por tiem-
po determinado; la expulsión temporal de la Asociación; la
expulsión definitiva.
Estas sanciones serán impuestas por la Asamblea,
previo informe del Comité Directivo o de alguno de los 229
miembros, y después de oír la defensa del acusado.
Art. 6º. Se establece la cuota ordinaria de Bs por (mes
o semana).

De la organización

Art. 7º. La dirección de la Asociación reside en la


Asamblea, la cual tomará todas las decisiones de interés
para los miembros de la Asociación. Entre reunión y re-
unión la Asamblea delegará sus poderes en la Junta Directi-
va, la cual ejecutará las decisiones de la Asamblea y tomará
las medidas urgentes que fueren necesarias.
Art. 8º. Las asambleas serán ordinarias y extraordi-
narias. Las ordinarias tendrán lugar dos veces al mes. Las
extraordinarias se efectuarán a petición de un mínimo de 25

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

miembros de la Asociación o cuando lo juzgue necesario la


Junta Directiva.
Art. 9º. Para abrirse, tanto las asambleas ordinarias
como las extraordinarias, se necesita de un quórum de...
miembros, pero si no se reuniere ese quórum, la Asamblea
tendrá lugar la próxima vez que convoque la Junta Directi-
va, con el número de miembros que asistan.
Art. 10. La Junta Directiva será electa en Asamblea
Extraordinaria, convocada expresamente por lo menos con
ocho días de anticipación, la votación será abierta y los can-
didatos pueden ser lanzados y discutidos con anticipación.
Durará en sus funciones seis meses, y los días de toma de
posesión de los cargos serán el primero de mayo (Día del
Trabajo) y el primero de noviembre.
Art. 11. La Junta Directiva es responsable ante la
230 Asamblea de todos sus actos, así como también de sus ne-
gligencias. Los poderes que en ella delega la Asamblea son
revocables y por ello la Asamblea puede en cualquier mo-
mento sustituir toda o parte de la Junta Directiva.
Art. 12. La Junta Directiva se reunirá por lo menos
una vez por semana para tratar los asuntos pendientes.
Art. 13. La Junta Directiva estará integrada por siete
miembros principales: el Secretario General, el Secretario
de Organización, el Secretario de Trabajo Campesino, el
Secretario de Trabajo Urbano, el Secretario de Educación,
el Secretario de Actas y Correspondencia y el Secretario de
Finanzas; y por dos Vocales.
Art. 14. La Asamblea elegirá dos fiscales para la revi-
sión de las cuentas, comprobación de los libros, etc., los que
durarán seis meses en sus funciones.

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Apéndice B

Art. 15. La Junta Directiva deberá, cada tres meses


por lo menos, rendir cuenta completa y detallada a la Asam-
blea del ingreso y egreso de los fondos de la Asociación.
Art. 16. Son obligaciones del Secretario General:
presidir las sesiones de la Junta Directiva y de las Asam-
bleas; coordinar y unificar el trabajo de la Junta Directi-
va; firmar las comunicaciones como representación de la
Asociación y representar a ésta ante los otros Sindicatos y
Asociaciones similares, siempre que no haya decisión en
contrario de la Asamblea o de la Directiva; ponerle el visto
bueno a las órdenes de pago y firmar junto con el Tesore-
ro el carnet de los miembros; suministrar al Inspector del
Trabajo los informes y comunicaciones a que se refiere el
artículo 139 de la Ley del Trabajo vigente.
Art. 17. Son obligaciones del Secretario de Orga-
nización: Dirigir el trabajo de organización de la Asocia- 231
ción; llevar el libro de inscripciones de la Asociación; fo-
mentar su crecimiento y hacer campañas de propaganda
y de reclutamiento de miembros; velar por las relaciones
de la Asociación con las demás agrupaciones y sindicatos
de trabajadores y con las organizaciones de los campos y
municipios.
Art. 18. Son obligaciones del Secretario de Trabajo
Campesino: fomentar el desarrollo de la organización de
los trabajadores del campo (peones, arrendatarios, peque-
ños cultivadores) en toda la región; tomar informaciones de
las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores del
campo, organizar y dirigir los reclamos de dichos trabaja-
dores ante las diferentes autoridades civiles, policiales, del
trabajo, peticiones de crédito, etc., velar por una activa pro-
paganda cultural y sindical de los trabajadores del campo;
organizar brigadas de orientación y defensa del campesino.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Art. 19. Son obligaciones del Secretario de Trabajo


Urbano: fomentar la organización de los obreros, artesanos,
empleados, etc., en toda la región, ya sea en esta Asocia-
ción, bien en otras similares; velar por el cumplimiento de
la Ley del Trabajo en las empresas urbanas y denunciar los
casos en que se infrinja; organizar y dirigir, en la medida
que la Ley lo permita, los reclamos de los trabajadores
urbanos.
Art. 20. Son obligaciones del Secretario de Educación:
preparar los actos tendientes a desarrollar el nivel cultural
de los miembros y de los trabajadores en general; organizar
conferencias, veladas y en general, toda clase de iniciativa
para promover la educación, el interés por la cultura y la
mutua compenetración entre los trabajadores; organizar la
biblioteca e implantar el sistema “circulante”, de modo que
232 los trabajadores puedan llevar los libros a las viviendas o
lugares de trabajo; fomentar el desarrollo del deporte entre
los trabajadores.
Art. 21. Son obligaciones del Secretario de Actas y
Correspondencia: llevar las actas de la Asamblea y de la
Junta Directiva; contestar la correspondencia, firmar, en
unión del Secretario General la correspondencia y cuidar
del archivo de las cartas y papeles en general.
Art. 22. Son obligaciones del Secretario de Finanzas:
organizar la recaudación de las cuotas ordinarias y extraor-
dinarias e informar a la Asamblea de los miembros insol-
ventes; firmar las órdenes de pago en unión del Secretario
General; llevar los libros necesarios para la claridad de las
cuentas; firmar junto con el Secretario General los carnets, y
presentar cada tres meses, por lo menos, a la Asamblea, una
cuenta exacta de los ingresos y egresos de la Asociación.

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Apéndice B

Art. 23. Son obligaciones de los Vocales: suplir las


faltas temporales de los Secretarios y las absolutas, mientras
a la brevedad posible se hace nueva elección; asistir con los
Secretarios a las sesiones de la Junta Directiva.
Art. 24. La Junta Directiva podrá nombrar las comi-
siones que crea necesarias para la mejor realización de las
tareas, y estas comisiones pueden ser temporales o perma-
nentes. Los miembros de las Comisiones pueden ser remo-
vidos de sus cargos en todo momento por la Junta Directiva
o por la Asamblea.

De las ligas campesinas y grupos rurales

Art. 25. Con los miembros y simpatizantes de la Aso-


ciación campesina que no residan en el lugar donde aquélla
tenga su sede, se formarán ligas campesinas, grupos rurales, 233
en contacto estrecho con la Asociación. Cada liga o grupo
rural puede afiliarse oficialmente a la Asociación y entonces
tendrá derecho a ocupar una representación de un Delegado
en las sesiones de la Junta Directiva.
Art. 26. La Asociación se ocupará también de for-
mar ligas campesinas y grupos rurales con campesinos no
miembros de la Asociación y que no tengan inclusive rela-
ciones oficiales con ésta.
Art. 27. La Asamblea, a fin de fomentar la organización
campesina, puede rebajar la cuota a los miembros de las ligas
y grupos afiliados y aun exonerarlos totalmente de ella.
Art. 28. Cada liga tendrá un responsable elegido por
los miembros que formen parte de ella. Este responsable
es el encargado de velar por el buen funcionamiento de la
liga o grupo y de mantener contacto frecuente con la Junta
Directiva de la Asociación.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Disposiciones generales

Art. 29. Las finalidades de esta Asociación no podrán


ser modificadas sino por la unanimidad de sus miembros.
Los Estatutos podrán ser reformados por la Asamblea y por
mayoría de votos.
Art. 30. Esta Asociación no podrá ser disuelta sino
por la votación unánime de sus miembros, y siempre que
veinte de los miembros de la Asociación no se opongan a
ello. En caso de disolución, los libros, útiles, fondos, etc., de
su propiedad no podrán ser repartidos entre los miembros
sino que serán cedidos a cualquier otra institución de traba-
jadores del Distrito o del Estado, hasta que se organice otra
sociedad semejante a esta Asociación.
Art. 31. Esta Asociación no tendrá Presidentes ni
234 miembros honorarios.
Art. 32. Para su identificación, cada miembro de la
Asociación será provisto de un carnet, cada uno de los cua-
les llevará el número de la inscripción.
Para legalizar la Asociación hay que enviar a la Ins-
pectoría del Trabajo en el Estado una copia del Acta cons-
titutiva de la Asociación, con la firma de los asistentes a la
sesión, los cuales no deben ser en número menor de veinte,
y un ejemplar de estos Estatutos. El Inspector contestará,
haciendo conocer que está legalizada. Se recomienda para
mayor claridad, estudiar detenidamente el Título VI de la
Ley del Trabajo vigente.

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Apéndice C

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Importación en 1933
(Ver nota 4 del presente libro)

Artículos Kilogramos Bolívares


Abonos 258.095 75.160,85
Aceites animales 1.507 939,50
Aceites vegetales alimenticios 409.789 463.135,80
Agua de azahares 182 200,35
Aguas y lociones para el tocador 30.385 187.183,70
Albañales e inodoros de acero o hierro 167 783,75
Alfileres y horquillas 4.116 22.067,90 237
Algodón medicinal 34.373 02.072,60
Alimentos preparados de sust. anim. mf. 20.218 47.792,45
Alimentos preparados de sust. vegetales 154.822 421.322,05
Alimentos n/e para animales 269.202 72.585,10
Almillas y calzoncillos de algodón y
lino 5.563 70.915,70
Almillas y calzoncillos de lana 275 10.493,75
Almanaque c/s anuncios 1.783 7.317,05
Almohadas, cojines y colchones 10.258 40.907,05
Alpiste 99.418 18.328,95
Alquitrán mineral 50.141 11.168,20
Alquitrán vegetal 19.367 4.619,00
Anís en grano 9.885 9.899,05
Anuncios en folletos 14.094 19.812,90
Aparatos exterminadores de insectos 4.704 7.934,60

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Arandelas de cuero 47 1.932,50


Arroz molido 22.631 23.310,60
Arroz en grano 11.977,959 256.533,05
Arcilla y arena 158.476 26.795,80
Artículos de carey, marfil o nácar 197 5.679,95
Artículos de cuero y huesos 80 1.130,85
Artículos en pieles n/e 13.643 302.012,85
Asbestos o amianto en bruto 22.766 6.778,10
Asbestos o amiantos Mf 89.550 54.279,65
Azufre 41.869 12.647,95
Betún y preparados para el calzado 29.962 70.944,30
Bicarbonato de sodio 195.020 64.319,00
Bolsas de mano 10.840 157.826,85
Botellas y frascos ordinarios de vidrio 313.945 96.735,05
Botones 22.349 164.524,20
238 Barriles y toneles 51 7,00
Baúles y cofres de madera 137 297,55
Cal 74.519 5.691,85
Camisas, cuellos y puños de algodón 363 12.786,30
Carey, marfil o nácar s/Mf 395 10.213,20
Carteras 156 7.745,90

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Apéndice C

Carretillas 44.672 46.384,75


Casupos 3.428 1.246,30
Cemento romano 2.587.979 1.463.473,05
Cera animal s/mf 831 2.049,05
Cerote para zapatos 5 45,50
Cestos de junco 2.670 4.799,65
Cintas de papel para moscas 159 303,75
Cerda animal 5 958,00
Cerda vegetal 4.145 8.056,50
Clavos de hierro 99.455 54.262,30
Cola ordinaria 21.917 30.045,75
Colores y pinturas n/e 76.352 158.482,95
Corsets 2.852 58.481,70
Corbatas de algodón, lana o de lino 16 455,30
Corbatas de seda animal o artificial 3.891 166.684,25 239
Cordelería ordinaria n/e 404.731 439.981,35
Cuernos, huesos y pezuñas 2.590 6.430,40
Chocolate 14.441 36.248,65
Desperdicios de algodón 153.237 105.388,35
Drogas, productos químicos y
farmacéuticos n/e 603.047 4.555.163,45
Duelas 2.515 2.207,60
Dulces n/e 134.821 245.126,50
Elásticas y ligas 1.358 29.870,00
Encerados de lona 9.984 38.691,35
Encurtidos 48.684 49.887,25
Envases para conservas 15.795 36.904,45
Espejos 21.932 50.201,75
Esponjas 517 3.582,65
Esteras y felpudos de fibras vegetales 7.439 13.132,85

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Estopa n/e 73.910 65.513,60


Flores y frutas artificiales 2.357 19.541,80

Fósforos suecos 1.154.972 583.852,10


Frazadas de algodón 22.700 68.723,80
Frutas en jugo o en almíbar 125.424 100.469,45
Frutas pasadas 192.434 163.008,25
Frutas secas 24.479 23.992,20
Fundas de algodón o de lino para 170 1.782,95
almohadas
Galletas 246.269 318.091,95
Gelatina 14.384 59.809,95
Goma arábiga 29.977 28.985,70
240 Gomas y resinas n/e 11.768 23.922,90
Hamacas 15 62,20
Harina de maíz 1.576 1.041,50
Hilados de algodón 8.045 52.029,50
Hilo de coser 136.182 1.446.243,40
Horquillas 2.961 23.639,80
Jabones n/e 19-153 45.087,25
Jabones perfumados 7.721 245.078,70
Jarabes 57.996 13.096,85
Jugo de frutas 14.360 10.222,00
Ladrillos para limpiar cubiertos 1.572 283,05
Ladrillos refractarios 1.144.282 128.383,25
Leche conservada 337.496 639.038,45
Legumbres y hortalizas preparadas 27.170 87.134,05
Licores dulces 4.128 8.276,85
Loza ordinaria n/e 403.452 285.013,80

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Apéndice C

Maicena 480 326,50


Maniquíes 271 2.749,90
Manteca pura de cerdo 3.964.606 2.668.498,45
Mantequilla 372.297 916.597,10
Mármol en bruto 21.838 7.038,20
Mármol en polvo 10.040 598,40

Materiales para enseñanza 32.274 79.039,80


Medias de algodón 50.139 862.626,95
Medias de seda animal pura 5.689 319.043,10
Medias n/e 25 571,30
Mosaicos 118.760 71.080,40
Muebles de madera finos 17.235 62.780,60
Muebles de madera ordinaria, de mimbre, 241
paja y junco 48.341 114.158,95
Pañuelos de algodón o de lino 17.234 165.824,20
Papas 5.327.069 633.581,70
Papel para retretes 118.416 78.657,20
Peines y peinetas 18.091 231.824,20
Pescados y mariscos 116.303 116.827,20
Pimienta 20.478 20.690,25
Porcelana M/f 41.359 74.107,55
Preparaciones dentífricas 38.948 335.237,55
Puntas de suela para tacos de billar 101 1.592,85
Queso 295.940 531.044,80
Resinas 3.073 3.430,25
Sacos de cáñamo 7.669 13.021,05
Sacos de henequén 193.448 11.156,10
Sacos n/e 6.946 298.245,65

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

Sardinas 388.128 304.829,25


Sillas para montar y accesorios 563 8.026,35
Sobres 2.582 8.267,90
Talco M/f 1.324 567,55
Tanino 91 547,50
Vainilla 626 2.547,60
Zapatos de caucho 170 1.164,15

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Bibliografía

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Economía y Política Agraria. — W. Wygodzinsky.
El XVIII de Brumario. — Marx.
El Cultivo del Cacao en Venezuela. — F. de P.
Álamo.
El Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo.
— Lenín.

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Latifundio Miguel Acosta Saignes

El Anti-imperialismo y el Apra. — V. R. Haya de la


Torre.
El Crédito Agrícola en ciertos países de la Europa
Central y Oriental. — Sociedad de Naciones.
El Problema Agrario de México. — L. Mendieta y
Núñez.
Historia del Movimiento Obrero Internacional. — W.
Roces.
Hacia una Economía Dirigida. — Inocente Palacios.
Historia Contemporánea de Venezuela. — F. Gonzá-
lez Guimán. Historia Constitucional de Venezuela. — J. Gil
Fortoul.
Historia de la Guerra Federal en Venezuela. — L.
Alvarado.
Historia General del Socialismo. — Max Beer.
246 La Reforma Agraria en Europa. — Arthur Wauters.
Informe Sanitario de la Fundación Rockefeller, 1926.
La Reforma Agraria Italiana y la Futura Reforma Es-
pañola. — F. Martín Sánchez-Juliá.
La Redistribución de la Tierra y la Explotación Agrí-
cola Ejidal. — M. A. Durán.
La Reforma Agraria Mexicana y la Constitución So-
cialista de 1917. — Santiago Nagariños Torres.
La Reforma Agraria Española. — G. Peces Barba.
La Reforma Agraria en Europa después de la Gue-
rra. — P. Jousse.
La Reforma Agraria en Checoslovaquia. — C.
Wiehen.
Ley de Reforma Agraria de los Estados Unidos
Mexicanos.
Ley Federal del Trabajo de los Estados Unidos
Mexicanos.

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Bibliografía

Ley de Tierras Baldías y Ejidos. Venezuela.


Los orígenes de la Revolución Rusa. — J. Lescure.
La Guerra de Campesinos en Alemania. — F.
Engels.
Los problemas de la Nueva Cuba. — Foreing Policy
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Los Derechos del Trabajador. — L. E. Osorio.
Le Venezuela. — P. E. Regnier.
Memoria sobre la Agricultura Tropical. — W. A.
Orton.
Memorias de la Primera Convención del Magisterio
Venezolano. “Memorias de Sanidad, Agricultura, Educa-
ción, Hacienda y Fomento, 1937 y 1938”.
Siete Ensayos Sobre la Realidad Peruana. — J. C.
Mariátegui.
Trabajo presentado al Primer Congreso Venezolano 247
del Niño.
Una Controversia. — Lic. Ramón Beteta.
Vidas Paralelas. — Plutarco.
Viaje a la Parte Oriental de Tierra Firme. — F.
Depons.
Who is Who in Venezuela. — C.C. Mac Dermond.

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Índice

Prefacio a la segunda edición 7

Cuatro párrafos preliminares 13

I El problema agrario 17
II Imperialismo y latifundismo 31
III El Latifundio en Venezuela 55
IV Régimen 71
V Vida y muerte 101
VI Incapacidad económica del latifundismo 123
VII Sentido de la reforma 141
VIII La reforma en europa 157
IX El problema de la tierra en américa 175
X Qué hacer 189

Apéndices

Apéndice A 213

Apéndice B 225

Apéndice C 235

Bibliografía 245

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Este libro se terminó de imprimir
durante el mes de mayo de 2009
en la Fundación Imprenta de la Cultura
3.000 ejemplares

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