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CUANDO LA INFANCIA SE RESQUEBRAJA:

BIOPOLÍTICA, NEUROLIBERALISMO Y OTRAS INFAMIAS

Samuel Hernández Huerta

A Matías, mi pequeño sobrino…

“Qué me ha asustado de esa manera en mi sueño, que me ha


despertado? ¿No se acercó a mí un niño que llevaba un espejo?”
“Oh, Zaratustra —me dijo el niño—, ¡mírate en el espejo!”
Pero cuando miré en el espejo, di un grito y mi corazón se
estremeció, pues no me veía en él, sino que veía la mueca
grotesca y la risa burlona de un demonio.
Friedrich Nietzsche

La clínica psicoanalítica es una práctica. Su ejercicio se sostiene


a partir del relato de todo aquel que emprende la travesía hacia
un posible encuentro. El encuentro, lo sabemos, será complejo
y arrastrará a una serie de acontecimientos que intentarán
producir o movilizar lo que está reventándose a cada instante
por la exterioridad.
Si con la inauguración del psicoanálisis se pudo pensar
de otra manera los modos de andar de la sociedad a partir del
descubrimiento del inconsciente, los vericuetos de la sexualidad
y la muerte, me parece importante que nos situemos con las
armas (teóricas, clínicas y, a su vez argumentativas-expositivas)
que nos exige la época actual, dado que los malestares y las
diversas sintomatologías que aparecen por doquier no son simé-
tricas a las eventualidades de la época freudiana.

1
Indico freudiana de manera similar a cuando Assoun re-
mite a la epistemología freudiana,1 debido a que es a partir de la
mirada de Freud que se construye una técnica de intervención
clínica ante los malestares que se padecían en su tiempo, inclu-
yendo los suyos, y que dicha intervención tuvo alcances no solo
en una práctica de uno a/en uno, es decir; de pacientes en
pacientes, sino, que las consecuencias clínicas que aparecían en
los tratamientos psicoanalíticos freudianos permitieron dar
cuenta que todo problema o conflicto psíquico era parte de un
entram(p)ado social.

I. El ocaso de la infancia

Uno de los fundamentos en la creación del psicoanálisis fue la


aguda observación de/hacia la sexualidad infantil. Cabe adver-
tir, o, mejor dicho, recordar que la visión freudiana está alojada
en una clínica a partir de la biología, por ende, que la diferencia
sexual que notó en sus primeras elaboraciones fuera un pro-
blema orgánico y omitiera todas las complicaciones e inciden-
cias clínicas, políticas y sociales que al día de hoy sabemos están
articuladas al lenguaje, habitus sociales y posteriormente a un
cuerpo orgánico, biológico y psicologizado.
La infancia no es destino. A la infancia se le ha hecho
ver/creer que es la génesis de la neurosis en la vida adulta, cier-
tamente hay una gran influencia, no obstante, se olvida que no

1
Retomo a Assoun a partir de la siguiente idea: “no entendemos de ningún
modo por epistemología freudiana una epistemología general que tomaría
Freud como argumento, tema o material. Lo que está en juego no es una
epistemología que buscaría en Freud una referencia que luego se trataría de
generalizar o de formalizar. Lo que nos interesa es la epistemología rigurosa-
mente indígena e inmanente al itinerario de conocimiento que pertenece
Freud. […] Nuestro propósito es mucho más positivo: explicar la identidad
freudiana, considerada en su idiosincrasia histórica, teórica, pragmática, ave-
riguando sus orígenes, sus fundamentos y sus finalidades”. Assoun, P.-L.
(2014). Introducción a la epistemología freudiana. México: Siglo XXI, p. 9.

2
es una determinante en tanto que el sujeto va constituyéndose
a las arritmias del tiempo. La infancia es por decirlo de alguna
manera, un asunto que va resquebrajándose conforme al paso
del tiempo y son los/sus residuos donde se anclan las sintoma-
tologías de la época. De esto que sea de suma importancia volver
a dicho tema, ya que la época nos convoca a otras posiciones en
torno a nuestra posición política y clínica. La infancia evidente-
mente remite a lo infantil, al infans.
Retomo dos puntos de manera breve que señala Marie
Claude-Thomas en su ensayo titulado ¿Psicoanálisis con niños?
para recordar que fue la modernidad el momento que enfatizó
un “sentimiento de infancia, de la noción de infante a la cual están
ligadas las nociones de educación y de padres”2 y, segundo, que
como es de saber la palabra infans remite a aquel que no habla,
donde lo relevante remite a su etimología, la cual nos indica
que “no habla con una palabra precisa puesto que el fans viene
del verbo for, fari, fatum [el destino], que significa precisamente
hablar, pero en un sentido diferente de loqui, dicere, u orare; es
hablar con una palabra en tanto marcada por el destino, la fata-
lidad. En Roma, se podía decir pueri infantes, o bien calificar de
infans a un orador inhábil. Entonces, como para infantil ¡No
hay nada de específico al infante!”3
El infans no solo es aquel que “no habla”, sino que es
difuso en su palabra y no es un orador, es decir, no sabe hablar
para el otro o el Estado. El infans, cómo Áyax pierde ante el gran
orador de Odiseo. Así, la lengua se va soltando solo a expensas
de las tácticas del propio lenguaje y sus usadores.4 El infans se

2
Thomas, M.-C. (2014). Anexo 2. ¿Psicoanálisis con niños?, en El autismo y
las lenguas. Epeele. México, pp. 95. *Publicado originalmente en Me cayó el
veinte, No. 11, 2005.
3
Ibíd., pp. 95-96.
4
El lenguaje no es una propiedad privada, por ello que no se pueda poseer
íntegramente, más que en su uso. Somos hablados por el lenguaje.

3
podrá ubicar en la actualidad como ese espectro donde se ins-
tala la Otredad, misma que cada vez está erigida en las macro-
políticas de dominación.

II. Los niños rebeldes

El llanto que aparece en el nacimiento con su estridente sonido


representa en gran medida un desconocimiento de lo que acon-
tece alrededor del cachorro humano. La fragilidad humana se
cristaliza en un grito o un llanto. El llanto del infante es indica-
tivo inicialmente de vida, y consecuentemente que hay algo que
está fallando desde el conocimiento de sus cuidadores. Puede
ser desde el frío, el hambre o toda necesidad primaria a la que
está expuesto en su novísima llegada al mundo.
Es la madre, la primera que recibe el impacto de lo inte-
ligible, de lo que está ahogado en el ruido y que no logra
a/enunciar. La angustia de la madre es la misma que remarca
ese límite entre ella y el infans. Dicha llegada aparece como un
síntoma, el cual sabemos a partir de nuestra experiencia clínica
que aquel síntoma que porta o recae en el infans se asume como
un “representante de la verdad”, pero también “apareciendo en
lo real”.5 El infans en su llegada (deseada o no) al mundo está
abierto a toda la exterioridad, y ello implica que desde inicio se
configure su estancia bajo las estructuras epocales que lo ro-
dean. La madre es ante todo, el primer mediador con el mundo.
A propósito de este vector que atraviesa nuestro tema,
Recalcati dirá que “toda madre se topa con un cuerpo —el del
niño recién nacido— que no obedece, que rechaza las prácticas
necesarias para su civilización, insubordinándose ante las limi-
taciones; un cuerpo caprichoso, vociferante, maloliente, ingo-
bernable, perverso-polimorfo como diría Freud, un cuerpo real

5
Véase: Lacan, J. (2007). Dos notas sobre el niño, en Intervenciones y textos 2.
Manantial: Argentina.

4
que excede el orden de lo simbólico”,6 y entenderemos que la
entrada al mundo —del lenguaje— es un acto, y será sobre el es-
cenario de la infancia donde todo el teatro de la disciplina y la
psicofarmacología contemporánea no podrá recubrir y sofocar
al infans, en tanto que la infancia y el lazo amoroso que puede
provocar la madre sea lo constitutivo para un sujeto deseante.
Será menester resistir y renunciar a la expectativa de una totali-
dad y al devoramiento del otro, del canibalismo o el filicidio.
Solo así, en la renuncia podremos dilucidar otra manera de
abrir un espacio para la subjetivación e instalación de un espa-
cio (inédito) para las infancias.

III. Biopolítica: entre la vida y la infamia

Las prácticas del nuevo orden neoliberal son en demasía perver-


sas, degradan el respeto de/por lo vivo. Son infames. Las relacio-
nes que se dan y entretejen en los espacios de poder (sean per-
sonas investidas o utilizadas, las enormes instituciones y/u or-
ganizaciones que hablan y sostienen su ejercicio) son asimétri-
cas y jerárquicas, teniendo como consecuencia una asimetría en
el respeto y en los lugares de reconocimiento, una degradación
del espacio psicosocial y sus confines políticos.
Al hablar de respeto, más allá del sesgo moral con el que
se recubre en nuestro tiempo, es oportuno indicar que es fun-
damental y constitutivo para lo público, para el lazo y la distan-
cia que hace notar la diferencia con el otro. Ahora bien, no solo
se hace notar una diferenciación, sino que dicha diferenciación
solo es posible a partir de un respeto recíproco y en una relación
simétrica de reconocimientos como explica Byung-Chul Han:
“incluso una persona investida de poder puede tener respeto
por los subordinados […] el respeto impone distancia. Tanto el

6
Recalcati, M. (2018). Las manos de la madre. Deseo, fantasma y herencia de lo
materno. Anagrama: México, p. 100.

5
poder como el respeto son medios de comunicación que produ-
cen distancia, que ejercen un efecto de distanciamiento”.7
Insisto y subrayo en la palabra infamia,8 porque para
todo aquel que haya ido a tomar un café, ido a algún lugar a
convivir con sus cercanos, o en un simple tránsito del día a día,
muy probablemente se habrá encontrado con la imagen del
vagabundo, del alienado, de la joven prostituta, del desem-
pleado, pero también con la imagen del niño que (se) vende o
es explotado por los mismos padres o las redes de trata de
menores. Estas imágenes en gran medida también se van degra-
dando al igual que ellos, ahí donde se logra ubicar el síntoma
de la falla social y su fracaso, también (se) revela el nuestro en
la incapacidad de rehacer o leer el síntoma epocal de la indife-
rencia. Ya no hay respeto y no hay posibilidad de diferencia.
¿Qué caso tendría hacer mención de estas imágenes al
tema de la infancia que nos convoca? Si la infancia es una posi-
bilidad de andar de otro modo, dichas imágenes muestran su
fractura, su derribe. La biopolítica entendida como la adminis-
tración del bios, de todo aquello que construye el andamiaje de
la vida en lo humano y la población9 nos hará no olvidar que el

7
Han, B.-Ch. (2014). En el enjambre. España: Herder, p. 18.
8
Según la RAE la palabra infamia procede del latín: infamia: 1. f. Descrédito,
deshonra. 2. f. Maldad o vileza en cualquier línea. No obstante, es relevante
puntuar dos elementos (de origen romano) que sirven a nuestros intereses
expositivos: en la Roma antigua, a la infamia también se le entendía como
la degradación del honor civil, era la desacreditación de la reputación (ho-
norable) de un ciudadano, por ende, dicho ciudadano no tenía derechos
civiles y estaba limitado a los derechos sociales y jurídicos. Como segundo
elemento de la misma Roma, en el campo del derecho, la infamia tenía dos
formas: la infamia facti y la infamia iurs. La primera iba contra todo infractor
del orden público (moral) y la segunda operaba como consecuencia de una
acción fraudulenta y dolosa.
9
“la ‘biopolítica’; yo entendía por ello la manera en que se ha procurado,
desde el siglo XVIII, racionalizar los problemas planteados a la práctica
gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de seres vivos
constituidos como población: salud, higiene, natalidad, longevidad, razas…

6
dispositivo clínico está enganchado a las prácticas de la salud
pública, mismas que en su mayoría están reguladas por el
Estado.

IV. Psicopedagogías y manicomiales escolares

Las intersecciones entre psicoanálisis y política siempre han


sido sospechosas, e incluso, mal vistas por cierto gremios del
ámbito psi. Al día de hoy es ineludible el tema. No basta con
un abrir y cerrar las puertas de un consultorio cuando las pro-
blemáticas y fenómenos de lo social se nos meten por la ventana
e irrumpen los discursos de los que llegan a consulta. No basta
que el ejercicio de la clínica quede en un circuito cerrado del
supuesto orden y del régimen del saber cuando hay una serie de
eventos (trágicos en su mayoría) que nos hacen ver que los ma-
lestares del enjambre social tienen una repercusión clínica en el
discurso de nuestros pacientes. Con esto intento decir que un
psicoanalista está convocado a repensar su lugar y función
acorde a los tiempos que hacen hablar a los sujetos.
Una paciente que atendí recientemente, en ese entonces
cursaba el segundo grado de preescolar. Era una niña que po-
dría juzgarse de mutismo selectivo, del ahora en boga trastorno
negativista desafiante o del tan trillado y recurrido trastorno por
déficit de atención con hiperactividad, según los superfluos diagnós-
ticos de los docentes y administrativos de un espacio —institu-
ción— escolar.
Los encuentros que se dieron con esta niña en su mayo-
ría eran por fuera del espacio asignado para la “consulta psico-
lógica”, y aquí hago una breve acotación, ya que para quienes
hayan tenido la grata experiencia de laborar o participar en

Es sabido el lugar creciente que esos problemas ocuparon desde el siglo XIX,
y se conoce también cuáles fueron las apuestas políticas y económicas que
han representado hasta nuestros días”. Foucault, M. (2012). Nacimiento de la
biopolítica. Curso en el Collège de France, (1978-1979). Argentina: FCE, p. 359.

7
escuelas o instituciones involucradas con la educación, sabrán
que en estos espacios estriados10 —como dirían Deleuze & Guat-
tari— lo relacionado al ámbito o tema psi no es reconocido ante
lo “pedagógico”, esto es: en su imaginario académico y pedagó-
gico no hay un lugar para la escucha o trabajo clínico, dado que
la experiencia no muestra resultados a corto plazo o avances sig-
nificativos, como bien podrían decir los pedagogos.
Ahora bien, regresando al relato de mi paciente me gus-
taría destacar una coordenada que ayudará a revivir el tema de la
pedagogía (en México) y la familia como primer espacio de
segregación y exhibición de la anormalidad (entre la idea de
higiene y salud mental). Ya que los encuentros clínicos se con-
figuraban por fuera del espacio asignado por la escuela, ella
optaba por salir y regresar a la casa. He de mencionar que en el
patio de la escuela había tres casas de juego, las cuales estaban
continuas y eran precisamente para el recreo de los niños de
preescolar y primaria menor.
La mayoría de las sesiones fueron en la última casa,
nunca en la de en medio. En los juegos que se iban elaborando,
mientras ella me preparaba pasteles de muchos colores con plas-
tilinas o masas, me contaba las historias que ella tenía al ser una
súper policía. Ella atrapaba a los hombres malos.
Otro punto relevante aparece en las entrevistas con la
madre, quien hace mención de su ruptura y conflicto con el
padre de la niña, relatando que fue por el consumo de sustan-
cias ilegales la separación entre ellos. La madre dejó al esposo y
se refugió en el templo cristiano. La madre aseguraba que la

10
Podemos sintetizar que un espacio estriado compete a las ciudades y orga-
nismos occidentales, los cuales están regulados, medidos y cuadriculados. A
tal motivo, cualquier tipo de desplazamiento de singularidad o colectividad
será gestionado de manera previa por los surcadores del territorio, es decir,
todos los portavoces y encarnaciones del poder y maniobras capitalistas. Al
respecto véase: Deleuze, G. & Guattari, F. (2012). 1440 – Lo liso y lo
estriado, en Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. España: Pre-Textos.

8
niña nunca se enteró de dicha situación, y, como a muchos ni-
ños, a esta niña le “contaron un cuento”. Nótese que en México
es un dicho popular que remite a la falsedad y al descaro, como
“te está cuenteando” o, de manera más coloquial, “te verbea-
ron”. La madre aseguraba que la niña no sabía nada del pro-
blema del consumo/uso de drogas del padre, sin embargo, en
el juego que acontecía en nuestras sesiones, esta niña sabía y
estaba destinada a encontrar al infractor de la ley, ese que era su
padre. Bien, esta pequeña viñeta clínica nos ayuda dilucidar el
tema por el cual se revela el “buen” funcionamiento del Estado
en su aparato educativo, pero también revela lo incontenible
del síntoma. A la infancia no se le puede cuentear, diríamos en
el caló mexicano.
Esta niña fue juzgada primeramente por la Escuela y
tuvo a la familia como testigo en su contra. La sentencia fue un
“diagnóstico” injertado por administrativos, educadoras y maes-
tros. Pese a nunca haber asistido previamente con algún “espe-
cialista” sobre el tema, esta niña era la representación de lo más
cotidiano: por mucho que se esconda “la verdad” en algún
momento se revela. La niña sabía de la infracción de su padre,
no era un problema para ella, pero, de manera similar al buen
orden, la Escuela y la familia eran el elemento clave para reedu-
car y silenciar a la pequeña.
Foucault indicaba que la génesis de la anormalidad
antes de ser un elemento de psiquiatrización —en la infancia—
residía en la célula familiar. La familia es la que denuncia
—silenciosamente— lo anómalo ante el Estado, y la vía más accesi-
ble para construir el circuito de lo anómalo es por la vía peda-
gógica. La psiquiatrización de la infancia entra por el sistema
normativo de la educación.11 Y sí, las notas de la anormalidad y

11
Véase: Foucault, M. (2006). Clase del 19 de marzo de 1975, en Los anor-
males. Curso en el Collège de France, (1974-1975). México: FCE.

9
el uso del poder psiquiátrico sobre la infancia tuvo sus repercu-
siones en el campo de la “salud mental” del México actual.
Los niños no siempre fueron enfermados o diagnostica-
dos en las nomenclaturas de la psiquiatría infantil, o, mejor di-
cho, de la paidopsiquiatría. Una intervención que nos ayuda a
realizar un puente surge en 1930 con Leo Kanner —a quien de-
bemos el término contemporáneo autista—, quien ocupa el
cargo de la primera institución paidopsiquiatrica en el conocido
Hospital Jhons Hopkins de Baltimore. En este momento el
interés por la salud mental y por los niños de comportamiento
perturbado llamó la atención de los “especialistas” para promo-
ver un trabajo cooperativo entre pediatras, psicólogos y psiquia-
tras teniendo como resultado una “psiquiatría de la infancia”.12
Años más tarde, en México, específicamente en 1936 la
“higiene mental” se adentra a territorios mexicanos con la crea-
ción del Instituto Nacional de Pedagogía, el cual estaba respal-
dado por la Secretaría de Educación Pública (SEP).13 El argu-
mento central radicaba en los primeros años de vida de un
individuo/niño, los cuales se vivían en su mayoría en el espacio
escolar, es decir, en la infancia. Así, esta opción fue la más viable
para la prevención de “desviaciones y desequilibrios de su psi-
quis y evitar en él hasta donde sea posible que después sea un
alienado, un criminal o un perverso”.14 A tal motivo, se verá que
corresponde a la Escuela funcionar como el antídoto y contra-
rrestar las enfermedades mentales que aparecían en la infancia.

12
Véase: Neumärker, K.-J. (2014). Leo Kanner: una vida, en Genealogía del
autismo. Freud, Bleuer, Kanner. México: Epeele.
13
Molina, A. (2016). Cómo prevenir la locura. Psiquiatría e higiene mental en
México, 1934-1950. México: Siglo XXI, p. 86.
14
Ramírez, S. (1936). Concepto y extensión de la Higiene Mental. Su orga-
nización en diversos países, en Revista Mexicana de Psiquiatría, Neurología y
Medicina Legal. Vol. III, Núm. 16, noviembre, 1936. Citado por Molina, A.
(2016). Cómo prevenir la locura. Psiquiatría e higiene mental en México, 1934-
1950. México: Siglo XXI, p. 86.

10
La prevención aparece como “una prioridad para los
gobiernos posrevolucionarios”15 y también podemos situar las
herramientas de las que se sirvió el dispositivo psiquiatrizante
de la época para mejorar el aparato educativo, las cuales según
Rios Molina se pueden resumir en tres razones: a) Detección y
control de la infancia anormal, y a partir de 1936 los ojos se
clavan en los “niños problema” enfatizando la lógica de la pre-
vención para evitar su enloquecimiento o criminalidad; b) El
paso del niño “anómalo” al niño “problema” dejo el campo
abierto a las psicometrías; y c) Aparecen las “clínicas de la con-
ducta” para informar —ahora diríamos dar psicoeducación— a
las Escuelas y familias de su temprana detección, control y
tratamiento.
Hace más de setenta años que la paidopsiquiatría, psi-
quiatría de la infancia o la psiquiatrización de la infancia apa-
rece como el acto inaugural de los niños bienpensantes y bien-
portados. El niño problema antes de ser encerrado o empasti-
llado precisa de ser reeducado. De las pedagogías a los manico-
miales vemos que solo hay una delgada línea, la cual se dibuja
entre la familia y el psiquiatra, o la familia y el educador. La
estrategia del neoliberalismo al neuroliberalismo16 mostró que
esa línea se traza con los psicofármacos y las psicocharlatanerías.

V. Neuroliberalismo:
a propósito de ley de salud mental y sus farmacotecnologías

En agosto de 2018 se aprobó la “Ley de salud mental” en la


ciudad de San Luis Potosí. Hagamos uso de dicho suceso para
indagar y desarmar el dispositivo psicologizante que se instala
cotidianamente en la lógica del Estado de bienestar y el “dere-
cho” a la salud pública.
15
Op. cit., p. 87.
16
Véase: Biagini, H. & Peychaux, D. (2014). El neuroliberalismo y la ética del
más fuerte. Argentina: Octubre.

11
La “Ley” de “salud mental” busca resanar o filtrar los
síntomas y malestares la época en su tejido social, que al final
del día recaen en problemas familiares, escolares, laborales, y
sin tener aparente solución, el complejo-psi los recibe para “pre-
venir”, “rehabilitar”, “curar”, o, en los casos aún no tan graves,
“psicoeducar”.
Dicha “Ley” busca mejorar los tratamientos y la calidad
en lo que concierne a la salud pública, pero específicamente en
lo mental. En la mirada clínica del complejo-psi la sintomatología
o semiología del “enfermo” está muy lejana de dar un espacio
para la interrogante que se puede producir a partir del malestar,
ya que lo amarra a un factor “neuro”, el cual justifica y da evi-
dencia real y comprobable de la falla que hace tropezar a los
individuos, según los estándares de vida de la población.
En esta “Ley de salud mental” su forma operativa —y me
atrevo a sostener también que opera como máquina alienante—
compete a seis puntos:

• Prevención y fomento a la salud mental


• Evaluación
• Tratamiento
• Rehabilitación
• Capacitación
• Investigación científica

Continuando en estas venas, será prudente ubicar que el dispo-


sitivo clínico dominante está colocado en lo que el militante
marxista y psicólogo crítico Ian Parker a nombrado como
complejo-psi:

El complejo-psi es una red de teorías y prácticas con-


cernientes a la subjetividad que reduce la subjetividad
al ser individual y a los conjuntos de relaciones sociales que
pueden ser categorizados y manejados, comprendidos y

12
adaptados a la sociedad. Es decir, las relaciones perso-
nales y sociales se hacen inteligibles en el marco de
las profesiones “psi” como la psicología, la psiquia-
tría y la psicoterapia, y este complejo-psi también in-
cluye las prácticas interpretativas que tienen lugar
hoy en día en las cárceles, departamentos de perso-
nal, servicios sociales y escuelas.17

El auge de la psicología para todo(s) y para vivir bien es el nuevo


fármaco contra los trastornos de la infancia, las depresiones, el
estrés laboral, las toxicomanías o el suicidio… Podemos observar
que la psicología contemporánea o actual bajo el idealismo del
“emprendedor de sí mismo” solo individualiza, fragmenta y des-
politiza la subjetividad.
Las prácticas psicologizantes cada vez se hacen más fuer-
tes en su funcionamiento, al grado de soldar las alianzas y tensar
las redes del complejo-psi. La psicología actual no ha dejado y no
dejará de psicopatologizar a la población, debido a que es su
tarea “psicopolítica”. Las psicopatologías, ya no solo de la vida
cotidiana, sino de las invenciones de lo cotidiano, están engan-
chadas a la ideología dominante, donde el hombre bienpen-
sante y sano (mentalmente) es aquel rendidor y productor de
“sí mismo”.
La política y la economía que rodea a los discursos
medicalizantes y psicopatologizantes comenzó su época dorada
en los tiempos del liberalismo, tuvo su auge con el neolibera-
lismo, y no bastando esto, su nueva dinámica está a partir de lo
que ahora ha sido denominado conceptualmente por Hugo
Biagini y Diego Peychaux como “neuroliberalismo”. Se podrá
entender que el desplazamiento del “neo” al “neuro” solo
realiza una copia de la ideología neoliberal. El derecho a la

17
Parker, I. (2017). Educación, ética y complejo-psi, en Esquizia. Revista de
psicoanálisis, filosofía y ciencias sociales, (Sujeto y política), Año 2, No. 1, 2017,
México: El diván negro, p. 39. [Cursiva añadida].

13
“libertad” (supuesta) y “reconocimiento” en la que habita el
sujeto y anda la sociedad —la misma que implica el lazo social e
histórico en la que el deseo está de por medio—, es transfor-
mado por el rapaz neuroliberalismo:

El capitalismo neoliberal, una vez que reviste su


forma neuroliberal, permite que la sociedad se libere
del problemático ser social-histórico, el rebelde y el
soñador, al transformarlo en el ser neural-orgánico
del que se encargan la industria farmacéutica y sus
profesionales.18

VI. Para (no) concluir

Aunque pareciera algo sencillo de asimilar, pero también senci-


llo de evadir, la muestra de los efectos del neuroliberalismo
existe en cada psicofármaco para el rendimiento y energetiza-
ción del sujeto contemporáneo para “ser” libre, autónomo y
constructor de sí mismo. Aquel que no se construya en los már-
genes neuroliberales, evidentemente tiene algo que le impide
“llegar a ser TODO lo que desea y ha soñado”.
Con el capitalismo hemos visto que el speech motivacio-
nal y coaching retoma su vuelo dentro de los espacios “educati-
vos” y “clínicos”, no en vano que estén en boga y rindan frutos
a corto plazo mientras la infancia es absorbida por la lógica
hegemónica del “Yes, you can do it”, produciendo en serie a los
“niños emprendedores”.

18
Pavón-Cuéllar, D. (2018). Nuestro ser producido por el capitalismo neoliberal,
https://davidpavoncuellar.wordpress.com/2018/02/04/nuestro-ser-produ-
cido-por-el-capitalismo-neoliberal/ (fecha de consulta: 10 de diciembre de
2018). El texto también se puede localizar en: Stavchansky, L. & Untoiglich,
G. (2019). Infancias entre nos-otros. Clínica, biopolítica y ética de lo infantil y lo
contemporáneo. México: El diván negro.

14