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Daños, especialmente categorías Common Law (daños punitivos y otros).

Def Daño: todo detrimento o lesión que una persona experimenta en el alma, cuerpo
o bienes, independiente del origen, incluso si ocurre sin la intervención del hombre

En primer lugar, como concepción restringida, citan al daño como lesión a un


derecho subjetivo. Desde esta perspectiva, corresponde indemnizar toda lesión o
menoscabo a derechos subjetivos ya que ellos representan la personalidad jurídica de
los individuos. La jurisprudencia nacional ha recogido expresamente esta concepción.

En segundo lugar, una concepción ecléctica del daño, apunta a definirlo como la
lesión a un interés legítimo. Sería lesión o menoscabo a un interés legítimo.

Cuando se trata de justificar la distinción entre daños patrimoniales y


extrapatrimoniales Barros argumenta que ella tiene como fundamento la naturaleza del
interés protegido.

Mientras los primeros afectan bienes con un significado económico expresado en un valor
de cambio, los segundos son definidos correctamente en un sentido negativo, es decir,
como aquellos daños que, cumpliendo con los requisitos comunes a todo daño,
afectan intereses sin un significado económico capaz de materializarse en un valor de
cambio.

El daño patrimonial se caracteriza, según Corral, por ser una pérdida pecuniaria en
un detrimento del patrimonio.

La categoría de daños patrimoniales se subdivide, a su vez, en daño emergente y


lucro cesante. Estas son las clases de daños que tradicionalmente han tenido
reconocimiento legal en la tradición civil. Si bien ambas categorías están expresadas en el
artículo 1556 C.C., en el título relativo a los contratos, la doctrina y la jurisprudencia está
de acuerdo en que la norma también es aplicable al régimen de la responsabilidad
extracontractual. La distinción se centra en la forma en que se materializa la
disminución patrimonial.

Si ella consiste en una pérdida efectiva y actual en el patrimonio de la víctima,


entonces se está frente a un daño emergente.
Si en cambio los perjuicios corresponden a la imposibilidad de experimentar una ganancia,
lo que se indemniza es el lucro cesante.

La subcategoría de daño no patrimonial por excelencia es el daño moral. Muchas


veces, producto de una confusión conceptual, suele hablarse indistintamente de daño
extrapatrimonial y daño moral, como si fueran una misma cosa.
Lo cierto es que entre ambas conceptualizaciones existe una relación de género a
especie: no todo daño que se indemniza bajo el rótulo de daño moral es
estrictamente eso, aunque sí corresponda a la categoría del daño extrapatrimonial.

El daño moral no es definido por el Código Civil.


En el Common Law, la clasificación de los daños apunta en otro sentido.

En ese sistema, como la función de la responsabilidad civil no es únicamente


compensatoria, las categorizaciones buscan determinar a cuál de esas finalidades son
funcionales los diferentes tipos de daños. En primer término debe aclararse que los daños
no son concebidos de la misma forma en que se hace en Chile. Y ello por una cuestión
conceptual.
Así, es necesario distinguir entre damage, en singular y damages, en plural.
Mientras el primer concepto apunta a lo que entre nosotros se entiende por daño, el
segundo tiene que ver con los montos a que son condenados a pagar los victimarios.

Porque es perfectamente lógico –y habitual- que los damages no sean equivalentes al


daño efectivamente sufrido. (Eso explica la diferencia).

La primera categoría en que se clasifican los daños es la de compensatory damages: estos


daños equivalen a los que contempla el sistema chileno, el que tiene como finalidad
compensar los perjuicios sufridos por la víctima de forma tal que quede en una
posición idéntica a la que estaría si no se hubiese producido la acción dañosa.

Sin embargo, a pesar de que en la tradición anglosajona no opera sólo la


compensación, igualmente esta finalidad es la más importante.

Esta categoría se hace cargo de aquellas situaciones en que, dados ciertos requisitos,
corresponde pagar a la víctima menos dinero que el equivalente a los perjuicios que ella
reclama.
Los daños nominales se otorgan cuando si bien no se logró probar un daño cierto,
se pretende reconocer un derecho del demandante. Igualmente, hay ocasiones en que
el demandante logra probar un daño efectivo pero no es capaz de establecer un
monto, las que traen como consecuencia la asignación de nominal damages.

En tercer lugar, corresponde nombrar los punitive damage -también denominados


exemplary damages-. Su explicación se hará en el siguiente capítulo. Por ahora basta decir
que los daños punitivos son un caso institucionalizado de montos mandados a pagar
por una suma superior al valor de los perjuicios efectivamente causados.
Tradicionalmente, se ha dicho que ellos son la respuesta a la función sancionatoria
de la responsabilidad civil del sistema del Common Law. Como se verá, la tesis de
esta memoria es que aceptar la posibilidad de que procedan los daños punitivos no
requiere necesariamente aceptar el fundamento recién citado.

Finalmente, una última categoría se denomina consequential damages, estos daños


son aquellos que se producen a terceros producto de la acción dañosa y equivalen a
las indemnizaciones que en el derecho chileno se asignan a las víctimas por rebote.
Punitive damages.

Por un lado, se encuentra la tesis que sostiene que los daños punitivos son montos
superiores a los perjuicios efectivamente causados, mandados a pagar como un
castigo al demandado por su actitud particularmente reprochable. Esta posición es la
que recoge la mayoría de los fallos norteamericanos, se encuentra en el seno de las
explicaciones y sistematizaciones que han hecho diferentes autores y es el sustento de gran
parte de las críticas a las que se ha visto expuesta la institución de los daños
punitivos.

Por otro lado, una segunda manera de definir los daños punitivos es de acuerdo a
los conceptos desarrollados por el análisis económico del derecho, como un
mecanismo necesario para que en ciertos casos se confirme el rol preventivo de un
sistema inicialmente compensatorio.

El primer propósito de los daños punitivos, sostiene Cane, es castigar y no


restituir, por lo que niega que los daños punitivos sean cualitativamente iguales a la
acción de enriquecimiento. Agrega que el destinatario del dinero que se entregue será la
víctima y no el Estado, a diferencia de lo que ocurriría en el caso de una multa
tradicional. El desarrollo jurisprudencial apunta en el mismo sentido. Los casos
citados demuestran que la exigencia de ciertas conductas particularmente reprochables
y la actitud de los jurados en la fijación de los daños punitivos los definen como
montos a título de castigo.

La tesis de autores como Cass Sunstein, Daniel Kahneman y David Schakade es


clasificable dentro de este grupo de acercamiento al concepto de los daños punitivos. El
argumento deja al descubierto una dualidad extrema que parece no ser necesaria. Los
autores citados destacan una función penal y retributiva de los daños punitivos.

Sostienen que éstos son una buena manera de identificar las conductas consideradas
socialmente como indignas y reprochables. Esto es así, porque el sistema de jurados, al
contar con la opinión de gente “de a pie”, permite identificar estándares sociales
básicos de moralidad. Sin embargo, si lo que se quiere es una institución que cumpla
funciones preventivas eficientes, es mejor un sistema penal centralizado de derecho público
como el europeo continental. Lo anterior constituye una dualidad extrema innecesaria
porque en verdad, son más las alternativas que las que plantean los autores
mencionados. Es cierto que, si se analiza en el contexto norteamericano la tesis de los
autores adquiere un mayor sentido. O se condena al pago de daños punitivos por
parte de un jurado, o se establece un sistema centralizado de derecho público. Pero si la
cuestión se analiza dentro de los límites del derecho continental, nada impide que pueda
haber una aceptación de los daños punitivos, y que a su vez ellos sean otorgados por
jueces que institucionalmente –al menos en términos teóricos- prescinden de sus
valoraciones morales respecto al caso concreto, aplicando reglas previamente establecidas
donde su margen de discrecionalidad –si lo hay- está dotado de algún sentido
normativo.
El segundo gran grupo desde el cual es posible formular un concepto de los daños punitivos
es el que encuentra su sustento en el análisis económico del derecho. Esta corriente
de pensamiento, al igual que lo que ocurría en el primero de los casos analizados, ha
definido a los daños punitivos desde la función que a ellos asigna. La diferencia, sin
embargo, es que abandonan en gran medida la idea de castigo, lo que, como se
verá, trae consecuencias radicalmente distintas. En esta tesis prima un argumento
fundado en la prevención en un contexto socialmente eficiente.

Mitchell Polinsky y Steven Shavell sostienen que los daños punitivos son un mecanismo
que permite establecer un nivel eficiente de prevención general por cuanto corrigen los
errores que un sistema de responsabilidad civil con daños puramente compensatorios
manifiesta.