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ACTUALIDAD DE VICENTE HUIDOBRO

Jorge Teillier

"Actualidad de Vicente Huidobro". Vacilamos al escoger este título que puede inducir a creer
que queremos adscribir a algún tiempo presente a un poeta, que más que ninguno otro tal vez
en la historia de nuestra poesía quiso ser y es de cualquier tiempo y espacio. Consideramos la
poesía un lenguaje intemporal con el cual se podrían comunicar, si pudieran, hombres de
épocas distintas. ¿Acaso, en el fondo, no oímos la misma voz al leer versos como La luna viva /
Blanca de la nieve que caía junto a otros como La nieve se deshace / Y la aldea se inunda de
niños? Sin embargo, los primeros versos son de Huidobro, y los segundos de Issa, poeta
japonés de hace unos doscientos años.

Contexto Cultural y Textos Críticos

Contexto Cultural y Textos Críticos

Quizás es conveniente explicar previamente que sólo queremos mostrar a grandes rasgos el
reflejo de la imagen de la obra del poeta que llega ahora a nosotros los que entramos en el
conocimiento de su poesía cuando "el pájaro de lujo ya había mudado de estrella", para
aplicarle a él las palabras con que lamentara la muerte de Apollinaire.

Una nueva vacilación debe vencer aquel que tenga algún escrúpulo y conciencia de sus
limitaciones cuando habla, aunque sea sumariamente de la obra de un poeta. ¿No será -nos
decimos- agregar un equívoco más a esa suma de equívocos, que según Rilke hacen la gloria?
Sobre todo cuando el propio Huidobro advirtió a sus futuros glosadores que cualquier
comentario a su obra era nada más que agregar una piedra o una flor a un planeta.

Pero en todo caso, nos justificaremos al explicar que nuestra disertación no obedece en modo
alguno a un afán de crítica literaria, sino al de dar un testimonio de reconocimiento y amor
hacia una poesía que cuando teníamos trece años, en un pueblo del sur, aunque no
alcanzábamos a comprender, se nos aparecía sin embargo como un mundo tan fascinante
como el que nos mostraba julio Verne en otro plano y dotada del mismo aire de maravilla y
sobrerrealidad.

Por otra parte, ¿qué poeta o escritor no tiene una deuda con Vicente Huidobro, aun sin
conocerlo? El adolescente que empieza a escribir casi instintivamente en verso libre, no sabe
que lo hace afirmado en un ejemplo que inició Huidobro, el que por primera vez en Chile
escribía en 1914, que "todos los metros oficiales me dan la idea de cosas falsas, literaria,
retórica pura", desafiando la ira de los críticos y la mayoría de los poetas de la época.
Recordemos que en Chile hace cuarenta o cincuenta años se respetaba a poetas como
Campoamor, Zorrilla, Núñez de Arce. Pues bien, Vicente Huidobro decía que a la estrofa de
Núñez de Arce:

¡Cuántas veces sentado en tu ribera

Oh mar como si oyera

La abrumadora voz del infinito

Ha despertado en la conciencia mía

Honda melancolía

Tu atronador, tu interminable grito!

prefería la del loco, mil veces más poética a su juicio:

Jesucristo del valle

Polainas verdes

¿Por qué no bajan patos

a tu laguna?

La revolución estética del siglo XX llegó a Chile principalmente a través de Huidobro y eso
compromete también la gratitud de las nuevas generaciones, aun cuando tal vez sea
aventurado hablar de gratitud en un medio literario como el nuestro, en donde, como en
ciertas perdidas islas de la Polinesia, se sigue practicando de que los hijos devoren a sus padres

Es un fenómeno por demás conocido que un poeta no vive por desgracia en su obra solamente
en la historia literaria, sino también de los mitos que nacen acerca de él y de su obra y que la
oscurecen. Consideramos que aunque guiados por buena voluntad en la mayoría de las
ocasiones, los críticos que han tratado la obra de Huidobro, la han distorsionado y tratado de
someter a su criterio. Y, por desgracia, muchas veces la obra del poeta es de difícil acceso y
sólo se le halla a través de sus divulgadores en estudios o antologías.

Para resumir, es frecuente hallarse con un Huidobro que es presentado como un prototipo del
poeta frío, cerebral, deshumanizado. Luego, se pasa a mirarlo como un poeta europeizante,
afrancesado más bien ("poeta francés nacido en Chile", dice Alberto Rojas Giménez), y
estamos a un paso de que se le llame antipatriota.

Las leyendas son más confusas cuando se trata la personalidad del poeta. "Millonario metido a
poeta", lo llama Fray Apenta, bilioso crítico de la época en 1918, cuando en España se le
saludaba como renovador de la poesía, continuador de Góngora y Rubén Darío.

Nuestro máximo crítico oficial, Alone, habla extrañado en su "Historia Personal de la Literatura
Chilena" de que lo consideren un poeta contemporáneo fundamental poetas como Gerardo
Diego u Octavio Paz. Mientras el poeta vivió no recibió, por supuesto, el Premio Nacional de
Literatura, y ni siquiera un Premio Municipal. Quizás los malentendidos sobre Huidobro se
deban a la impermeabilidad del medio a sus destellos. Su actitud egolátrica, humorística y
paradojal frente al mundo, debía provocar un repudio natural en un medio larvario como el
nuestro, en donde suelen molestar las personalidades fuertes y se prefiere exaltar a los
mediocres, con la práctica de hinchar moscas hasta que alcancen el tamaño de elefantes,
según el decir de Gorki.

No es extraño, por esto, que Huidobro, como la mayoría de los poetas chilenos, prefiriera vivir
en el extranjero la mayor parte de su vida. Con razón, para su tiempo, decía en 1925 a Alberto
Rojas Giménez en una entrevista publicada por éste en su libro "Chilenos en París": "Allá se me
acusa de antipatriota, porque aparezco en las Antologías francesas como poeta francés.
¿Tengo yo la culpa? Además, nadie se fija, nadie se acuerda de que ante cualquier monumento
hermoso, ante cualquiera obra grande de la humanidad yo no dejo de pensar: No hemos
hecho nada en Chile. No tenemos nada: ni arquitectura, ni música, ni poesía. Y éste es el
verdadero patriotismo: dolerse de los defectos, llorar sobre los vacíos y anhelar y luchar para
extinguir esos defectos y llenar esos huecos".

Huidobro se adelantó demasiado a su época. Mientras en Chile era en general rechazado -


salvo por poetas también de avanzada, como Angel Cruchaga-, en España, Juan Larrea decía:
"Su poesía está llena de hallazgos, más bien dicho de invenciones y ella tiene una potencia
lírica sin precedentes". Sólo hacia 1935 ejerció influencias sobre un pequeño grupo de poetas y
pintores que más tarde han tenido, por caminos propios, importancia en literatura chilena.
Cuando hablamos del problema de la falta de americanidad que se le ha reprochado a nuestro
poeta, queremos establecer, en forma por demás sumaria, como corresponde a estos apuntes,
que es un reproche injustificado. Por supuesto no creemos que la poesía deba ser una
transcripción anecdótico y descriptiva de las costumbres, geografía de América. Nada más
lejos a veces que el realismo de la verdadera realidad. Pero hay en la obra de Huidobro, como
señala el crítico Jorge Elliott, una libertad, un pleno aire tan vivo que se puede atribuir a su
condición de hombre americano. Con razón sus admiradores españoles lo compararon con el
otro renovador de la poesía, que fuera Rubén Darío. Huidobro mismo tenía en alta estima al
"Darío de las Américas celestes" y decía: "Los falsos modernos te denigran. Cuando todos ellos
hayan desaparecido, aún tu nombre seguirá escrito entre dos estrellas".

Característica muy americana de Huidobro es el agigantamiento cósmico del yo, de raíz


emersoniana, sin duda (que lo hace emparentarse a Whitman), por una parte, y también al
grande Isidore Ducasse, conde de Lautréamont, el que declaraba que "El siglo XIX tiene al fin
su poeta. Ha nacido en Montevideo y se llama el Conde de Lautréamont". El cantor del mar
que es Huidobro: "Paz sobre la constelación cantante de las aguas/ Entrechocadas como los
hombros de la multitud / Paz en el mar a las olas de buena voluntad / Paz sobre las lápidas de
los náufragos / Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas tenebrosas / Y si yo soy el
traductor de las olas / Paz también sobre mí", se enlaza con el inmortal montevideano que
exalta al "Viejo Mar" cuyo secreto jamás conocerán los psicólogos". El lenguaje de "pequeño
dios" de Huidobro, dirigido a grandes espacios desiertos, desolados, difícilmente encontraría
paralelo en el espíritu de un poeta europeo habitante de tan ámbito ordenado y cargado hasta
en cada piedra del paisaje de una significación histórica. Difícilmente se escucharía en el
espacio europeo una voz diciendo:

Yo hablo en nombre de un astro por nadie conocido

hablo en una lengua mojada en mares no nacidos

con una voz llena de eclipses y distancias

solemne como un combate de estrellas o galeras lejanas

una voz que se desfonda en la noche de las rosas.


De la raíz americana de Huidobro debe nacer también su característica repulsión hacia la
poesía española, a la cual veía "enferma de retórica" y en la que no reconocía ningún poeta
desde Góngora. En la poesía española la palabra es primordial. En la de Huidobro, la imagen
oculta la palabra, y la palabra no tiene ningún brillo por sí misma. La comprensión de la imagen
tiene por condición el sacrificio de la palabra, este concepto de Wang-Bi, poeta chino del siglo
III, puede muy bien aplicarse no sólo a Huidobro sino a la mayor parte de la poesía chilena. Por
esto, la poesía de Huidobro casi no tiene antecedente en la lengua castellana, y la poesía
chilena en general está desvinculada de la del país que nos entregó su idioma, creándose así
una tradición particular. Si Vicente Huidobro encontró resonancia y discípulos en España, la
poesía de ellos permaneció ajena al verdadero espíritu del maestro, y, por lo demás, parece
ser que Huidobro los consideraba con desconfianza. No es circunstancial el que alguna vez
escribiera (en "Vientos contrarios") : "Es bien triste leer a Ortega y Gasset desvariando sobre el
arte nuevo. Qué manera de aglomerar estupideces e incomprensiones".

Vicente Huidobro es un poeta inteligente, hecho que aunque parezca irreverente decirlo, es
bien extraño en Chile, pues en nuestro país los poetas son más bien seres "vegetales", para
utilizar un término de Pablo Neruda, que declara: "Yo he comenzarlo a escribir por un impulso
vegetal y mi primer contacto con lo grandioso de la existencia han sido mis sueños con el
musgo, mis largos desvelos sobre el humus". De ahí se explica que en su "Defensa de
Huidobro", publicada en "Claridad" en 1924, explique claramente su disentimiento con
Huidobro, separando, a la vez, teoría poética con el mismo poema. Veamos: "Creación,
creacionismo, estética nueva, todo eso es fórmula, garabato, ropa usada. Lo único es el poeta
y su camino de él: su poema. Huidobro, qué fresca sensación infantil de juego atrevido, mezcla
del extático haykay con el trepidante traqueteo del Occidente". Del hecho de que los poetas
sean vegetales deriva el de que una vez terminado su crecimiento, detenido el ímpetu casi
físico de la juventud, su poesía se transforme en una monótona repetición de sí mismos, y que
no tengan mayor afán de explicitar sus teorías poéticas, ya que no tienen lucidez sobre la
misma gestación de su creación.

En Vicente Huidobro, en cambio, encontramos desde muy temprano el afán de explicar su


poesía y su carrera poética, dar normas y postulados. Curiosamente, esta posición suya
creemos ha dado origen a malentendidos que oscurecen su obra. Los críticos en su mayoría, al
tratarlo, han tomado la poesía de Huidobro como ceñida estrictamente a su teoría estética,
olvidando que en un verdadero poeta las teorías nacen después del poema, y que el poema es
un hecho casi siempre independiente de la voluntad del poeta. Se olvidan los críticos que al fin
de cuentas el fondo del pensamiento poético de Huidobro era mítico, y más que poeta se
consideraba un antipoeta y más que antipoeta" mago. De ahí que afirmara: "Es preciso creer
en el arte como un acto mágico, el más puro totem. Es el gran misterio. Es el secreto
inexplicable", en el último punto de su decálogo poético que aparece en la extraordinaria
antología de Volodia Teitelboim y Eduardo Anguita.
Para nosotros la teoría poética de Huidobro no es más importante que su obra, pero debemos
reconocer su extraordinario interés. Proviene del pensamiento poético iniciado por Baudelaire
y Mallamé, y antes de ellos, Edgard Allan Poe: el poema como una pura creación del espíritu,
no hecho imitando la naturaleza, sino los procedimientos de la naturaleza. El poema descansa
en la imagen, que es más efectiva mientras nazca del encuentro de dos realidades más o
menos alejadas. Dice Huidobro: "Inventar es hacer que las cosas paralelas en el espacio se
encuentren en el tiempo o viceversa, presentando así en su conjunto un hecho nuevo. El
azufre, el salitre y el carbón existían paralelamente desde el comienzo de mundo; faltaba un
hombre superior, un inventor que, haciéndolos juntarse, creara la pólvora, la pólvora que
puede hacer estallar nuestro cerebro como una bella imagen". Continúa: "Cuando yo digo -un
pájaro anidado en el arco iris, os presento un hecho nuevo, una cosa que nunca habéis visto,
que no veréis jamás, y que, sin embargo, os gustaría ver". En esto coincide con Reverdy, el que
escribía en 1915: "La tierra ha dejado de girar / Alguien suspende al cielo algunas estrellas /
"Una cabeza se inclina con los cabellos barriendo la noche"/.

Y ambos con Rimbaud, el que en sus "Iluminaciones,", de 1871, dice: "La catedral desciende y
el lago sube". Lo importante para nosotros es que el poeta chileno llegara por sí mismo, entre
1914 y 1916, a las mismas formulaciones que crearían el estremecimiento nuevo de la poesía
renovadora.

Los poemas de Vicente Huidobro no son nunca sólo un montón de imágenes trizadas, como
podría haber resultado si hubiese seguido al pie de la letra sus postulados. No son juegos de la
imagen por la imagen, y él mismo se burló de quienes pretendieran hacer poesía con este solo
sentido, en su famoso fragmento de "Altazor" que comienza: "Basta señora arpa de las bellas
imágenes". Para nosotros la poesía de. Huidobro está plena de calor y efusión humana y en
eso podemos disentir del más agudo de sus exégetas, Eduardo Anguita, el que define como
"antiafectiva" la poesía de Huidobro y mucho más con Alone, el cual afirma: "Emoción, lo que
se llama efusión humana, no la hay en Huidobro, ni tampoco la quiso".

Veamos si corresponde esta visión del poeta a un poema de la época de la plena euforia
creacionista, "Horizonte", publicado en "Poemas Articos", de 1918:

Pasar el horizonte envejecido


Y mirar en el fondo de los sueños

La estrella que palpita

Eras tan hermosa

que no pudiste hablar

Yo me alejé

Pero llevo en la mano

Aquel cielo nativo

Con un sol gastado

Esta tarde

en un café

he bebido

licor tembloroso
como un pescado rojo

Y otra vez en el vaso escondido

Ese sueño filial

Eras tan hermosa

que no pudiste hablar

En tu pecho algo agonizaba

Eran verdes tus ojos

pero yo me alejaba

Eras tan hermosa

que aprendí a cantar

En la poesía de Huidobro se encuentra no sólo el intelectual, el poeta puro, sino el hombre


total, lleno de amor hacía el mundo y la humanidad. En algunos de sus poemas tempranos
dice:
Entre la niebla vegetal y espesa

Los mendigos de Londres

Pegados como anuncios

Contra los fríos muros

No es un poeta frío y cerebral el que nos advierte al empezar "Altazor", su poema capital:

Abrid la boca para recibir la hostia de la palabra herida

La hostia angustiada y ardiente que nace no se sabe dónde

Que viene de más lejos que mi pecho

Ni tampoco el que ha escrito los que están los poemas de amor más intensos, puros y
hermosos de nuestra poesía, y de la poesía hispanoamericana, como el famoso "Canto II" de
"Altazor" que:
Mujer el mundo está amueblado por tus ojos

Se hace más alto el cielo en tu presencia

La tierra se prolonga de rosa en rosa

Y el aire se prolonga de paloma en paloma

En este estudio de su obra se ha soslayado asimismo la posición cívica invariablemente


revolucionaria del poeta, comprometido con su tiempo y circunstancia. Así son piedras
angulares de su poesía textos como "Elegía a Lenin", "Canto a Francia", el poema aparecido en
el homenaje de los poetas chilenos a España (1937), así como el magnífico "Pasión, pasión y
muerte", escrito en la Semana Santa de 1926. Todos ellos pueden contribuir a la destrucción
del mito de un Huidobro considerado como un poeta "puro", sin consistencia vertebral,
alejado de la tierra y de la sangre.

En el planeta inmenso que es la obra huidobriana aún quedan continentes por descubrir o
redescubrir. No querernos pasar por nuevos Colones, pero queremos señalar un aspecto de la
obra de Huidobro al que no se le ha prestado creemos debida atención: el humor. Con su
habitual lucidez, Huidobro tenía plena conciencia de la importancia del humor. La risa consistía
para él en algo fundamental, era la potencia de la evasión, la válvula de escape que impide al
hombre estallar. De ahí resulta su actitud a veces mistificadora y regocijada ante la vida,
incomprendida por la gravedad de la inmensa mayoría de sus paisanos. En un momento en el
que se consideraba que quedaba fuera de la casa de la poesía el que ríe y sólo cabían el que
llora y el que increpa, en la poesía de Huidobro suele aparecer como una lluvia grácil y fresca
un humor ligero, emparentado con el no sense de Edward Lear y Lewis Carroll. Veamos
algunos ejemplos:

Buenos días, día

Buenas noches, noche

El sombrero del día se levanta hacia la noche

El sombrero de la noche se baja hacia el día

Y yo paso como un árbol con un sombrero en la mano

Saludo a los amigos que llevan una flor en la mirada

Para ponerla en el sombrero de las niñas

Que van por la otra vereda


Los árboles suben hasta su propia punta sin descanso

Las olas chillan y se dan vuelta de carnero

Y los niños cantan

El sol cabizbajo

Sonando el badajo

Salió esta mañana

Muy tieso y muy majo

Señora hay demasiados pájaros

En vuestro piano

Que atrae al otoño sobre un bosque

Señora yo soporto todo

Sin cloroformo

Desciendo hasta el fondo del alba

El ruiseñor rey de setiembre me informa

Que la noche se deja caer entre la lluvia.

Pero donde el humor de Huidobro se desata principalmente y a veces en forma rabelesiana, es


en sus, libros en prosa, sobre todo en el gran guignol "En la luna", en el aforístico "Vientos
Contrarios" y las desenfados "Tres inmensas novelas" escritas en colaboración con Hans Arp.
Destacamos de esta última la novela "patriótica y alsaciana" La cigüeña encadenada, tras la
cual, pese a un aparente absurdo, se oculta una demoledora crítica a los totalitarismos que
uniforman hasta el lenguaje (recordemos que fue escrita, premonitoriamente, en 1931).
Mientras el país que ha vencido en una guerra se prepara para una nueva guerra, muere el
héroe nacional, Mariscal Duval. Veamos qué ocurre entonces:

"En honor del Mariscal y para perpetuar su memoria entre los hombres, todas las avenidas, las
plazas y las calles fueron bautizadas con su nombre. En medio del entusiasmo general todos
los ríos, las montañas, los árboles, las plazas y las calles, los animales, los insectos fueron
bautizados Duval. Todas las familias se llamaron Duval. Dios fue honrado por sus creyentes con
el nombre de Duval. Los mejores platos en los restaurantes y los mejores vinos se llamaron
Duval. Así la lengua fue extremadamente hermosa y simple ...

El marido al volver a su casa, contaba a su mujer los acontecimientos del día:

-Duval, duvalduvalduval, duval, duvalduval, duval, duval.

Lo que quería decir en un lenguaje vulgar: Esta tarde perdí un guante en las Galerías Lafayette.

Su mujer le respondía:

¿Duvalduval, duvaldu, duval, duduval? Duval, duvalduvalduval, duval, duval.

Lo que se puede traducir en lengua inculta: ¿No sería en otra parte? Te diré que la cocinera
quemó el asado. Eso te pasa por llegar tarde.

A lo cual el marido contestaba, colérico:

-Duval.

Queriendo decir en el viejo idioma: Mierda".

El sentido del humor y el sentido de la premonición son manifiestos notablemente en una


entrevista a Huidobro publicada en la revista "Hoy", en 1941. Difícilmente encontraríamos una
visión tan aguda de la política y de los políticos chilenos como la dada por Huidobro. "El
político -dice- es un animal que se sitúa en la escala zoológica llamada superior, es un
mamífero (a veces demasiado mamífero) que pertenece a la familia de los antropoides. Es un
animal multiforme, pero de rostro impreciso, muy ágil, piruetero, equilibrista.
"Es antropófago, muy carnívoro y, a veces, en los malos tiempos, herbívoro y hasta papelívoro.
Especialmente gusta del papel de diarios. Casi siempre estos mamíferos viven al acecho, entre
los matorrales más espesos..." Palabras de 1941, pero que no pierden su actualidad, como
tampoco la advertencia del poeta a los jóvenes para que sean "los despertadores nacionales" y
no se dejen seducir por los hipopótamos y se hipopotamicen al adquirir algún puesto. (¿Acaso
esta visión de un país en donde todos terminan por transformarse en hipopótamos no nos
hace recordar "El Rinoceronte", de Ionesco?) .

Hacia el fin de sus días, quizás por la sombra proyectada por este próximo fin, desaparece
gradualmente de la obra del poeta la diáfana alegría y la embriaguez cósmica que culminan en
"Altazor". Quizás también por la influencia de una época iniciada bajo el signo del hongo
atómico de Hiroshima estallado gracias a la ciencia sin conciencia. ¿Será por esto que dice en
uno de sus últimos poemas, llamado La Edad Negra?:

Penan los astros como sombras de lobos muertos

¿En dónde está esa región tan prometida y tan buscada?

Penan las selvas como venganzas no cumplidas

Con sus vientos amontonados por el suelo

Y el crujir de sus muebles.

Mientras el tiempo forja sus quimeras

Debo llorar al hombre y al amigo

La tempestad lo arroja a otra comarca

Más lejos de lo que él pensaba.

Así dirá la historia

Se debatían entre el furor y la esperanza

Corrían a encender montañas.


Teillier íntimo

por Francisco Véjar

[El presente trabajo de Francisco Véjar incluye un texto inédito de Jorge Teillier (1935-1996)
junto a unas notas de Véjar donde se muestran aspectos desconocidos e inéditos de Teillier,
con el que Véjar mantuvo estrechos vínculos durante los últimos años del poeta, quien, como
se sabe, es considerado una de las figuras destacadas de la generación del 50 junto a poetas de
la talla de Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky. Su influencia se hace sentir no sólo en
Latinoamérica sino también en Estados Unidos donde han hecho numerosas tesis sobre su
obra. Recientemente ha sido publicado en Argentina en una colección dirigida por el poeta
Jorge Boccanera. Publicaciones como "los Dominios Perdidos" publicada por el Fondo de
Cultura Económica de México ha tenido una repercusión tan grande en México que autores
como Carlos Fuentes han dicho que a quien se debe leer y descubrir hoy en hispanoamérica es
a Jorge Teillier, uno de los poetas más genuinos de Chile.]

Entre un lord inglés y un boxeador contra las cuerdas como dijera Jorge Boccanera, era Jorge
Teillier. Nacido en Lautaro, el mismo día de la muerte de Carlos Gardel y fecha, además, en
que los mapuches celebran el año nuevo. Su lugar de origen fue la Frontera, el pequeño Far
West, le llamaba Pablo Neruda. Esa zona está entre el Bío-Bío y el Toltén. Territorio poblado
por colonos (Lautaro fue fundada en 1881). La vegetación virgen había sido desplazada por
avellanos, pinos y eucaliptus. El tipo de construcción era europea. Se hablaba tanto en
castellano como en francés, inglés y mapuche.

Un mundo que Teillier jamás olvidó. El universo poético al cual se adhirió siempre está transido
de fantasmas, duendes, viejas cajas de música, estaciones de trenes y por supuesto, el sur real
e imaginario que vivieron sus antepasados y cuyos sueños, ya muertos, lo acompañaban en el
retorno a la provincia. ¿Influencias o afinidades? En algún momento: Mary Webb la novelista
de Gales, vecina y folletinista de Dylan Thomas, Knut Hamsum, Selma Lagerloff y Francis
Jammes. Los tiempos cambian pero yo no cambio, solía decir en otro lugar, cuyo nombre era El
Molino del Ingenio, campo ubicado entre La Ligua y Cabildo (IV Región de nuestro territorio).

Ahí se radicó, a lo menos en los últimos 10 años de su vida. En esos predios tenía una pequeña
casa de madera que fuera de un molinero muerto. En su pieza rodeada de una enorme y
selecta biblioteca, había puesto en los muros: postales, el equipo de fútbol de Polonia (con un
autógrafo del entrenador), el equipo de Francia (sin autógrafo), unos dibujos a pastel hechos
por su nieto y una foto de su abuelo francés. A veces estaba gran parte del día, en el escritorio
leyendo a sus preferidos, Novalis y Holderlin, ambos románticos alemanes. Cuando estaba en
El Molino del Ingenio, sus días se repartían entre los pueblos más cercanos. En una
oportunidad, nos pusimos chaquetas de cuero y sombreros y nos fuimos a recorrer los bares
de Cabildo. Le decía a la gente que yo era una persona rica y que había comprado unos
terrenos y que iba a organizar unos tijerales a los que invitaríamos a todo el mundo. Entonces
nos regalaban whiskies. En la Ligua en cambio, el bar preferido era el de Don Rocha. Curioso
lugar, habitado por espejos y vieja clientela. Sobre una de esas mesas de roble, Teillier
escribió: "Estoy donde Don Rocha frente a un vaso de whisky. / Sí, nostalgias del Far West,
nostalgia de rebaños y trigales infinitos, de lunas azules y de un tiempo sin tiempo".

Al describir el campo, donde habitaba, nos dice: "Estoy viviendo frente a un molino y una
higuera, como René Char, el último de los grandes surrealistas, el lugar se llama El Molino del
Ingenio y fue fundado por Gonzalo de los Ríos, capitán de Pedro de Valdivia, abuelo de la
Quintrala, nuestra Marquesa de Sade chilena, que fuera dueña en el siglo XVII de estos
dominios, situados hoy día entre La Ligua y Cabildo. La Ligua es un pueblo que vive de los
dulces y los tejidos. Existe la mayor cantidad de automóviles per cápita del país, y también la
mayor cantidad proporcional de diabéticos. Sólo he encontrado a dos poetas en muchos años.
Cabildo es un pueblo de mineros y prostíbulos, con mucho carácter, las carnicerías se llaman
"El suspiro", "El pequeñito" y "La caricia". Estoy viviendo frente a un molino, en una casa de
madera -como el molino- que es ahora propiedad del Ejército". La casa de campo era
silenciosa, conversábamos alrededor de dos grandes chimeneas hasta altas horas de la
madrugada. Me leía ediciones hechas por él mismo. Recuerdo una en homenaje a René Char,
otra en homenaje a Elvis Presley, que según Teillier pertenecía como él a un "Club de los
corazones solitarios". Recuerdo poemas inéditos que leía con voz catarrosa, interrumpido a
penas, por el incesante ruido de una cascada. Lo recuerdo haciendo traducciones de Pink Floyd
y observando ensimismado a su gato Pedro: "Sabio budista Zen / que mira la lluvia / porque
sabe que la lluvia existe". Creo que era una persona atípica en cualquier lugar del mundo. En el
prólogo al libro Muertes y maravillas, sostiene: "no importa ser buen o mal poeta, escribir
buenos o malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar
contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir
escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre. De qué le vale escribir versos a
tanto personaje resentido, encerrado en una oscuridad sin puerta de escape, que vemos
deambular por el mundo literario". Muchos de sus textos los escribía al reverso de sobres de
cartas, en servilletas y hasta en carátulas de viejos discos. Desgraciadamente gran parte de
esos textos se perdieron para siempre.

En la ciudad de Santiago frecuentaba el bar de la Unión Chica. Durante años ese lugar se
transformó en punto de encuentro de numerosos poetas que buscaban refugio al interior de
sus puertas. Le gustaba La Unión Chica, porque era uno de los pocos bares que había
sobrevivido a los años de la dictadura militar en nuestro país.. De esa experiencia nació la
antología Nueva York 11 que reunía a los asistentes a las tertulias literarias de ese bar. "Somos
privilegiados -decía-. Son veinte para las seis de la tarde y estamos aquí en un bar conversando
hace tres horas. Sin prisa, sin necesitar nada más que un pequeño estímulo intelectual. No va a
haber otros como nosotros en unos años más en Chile (...). Esto es una "aristocracia". Además
de estos testimonios, quedó un legajo de actas, con poemas, cartas, dibujos y solicitudes de
ingreso de nuevos asistentes a las tertulias. Otro de los sitios visitados en Santiago, era "El
refugio López Velarde" en la Sociedad de Escritores de Chile, ahí lo conocí junto a Poli Délano.
Esa noche nos bebimos varias botellas de vino y se habló del escritor británico, Malcolm Lowry,
en Bajo el Volcán. En el "Refugio López Velarde", se juntaba con Rolando Cárdenas, Armando
Rubio, Yolanda Lagos Garay y otros poetas.

En una de sus cartas hace alusión al conocimiento enciclopédico que tenía acerca del deporte y
además habla de la ciudades que echa de menos: "No es raro echar de menos Madrid, Calafell,
el Escorial. Aquí me consuelo leyendo revistas deportivas (1945: Argentina Campeón de S.A.
De la Matta, Mendez, Pedernera, Labruna y Loustau en la delantera). Escribo algunos poemas
como quien lanza botellas al mar. ¿Seremos los últimos sobrevivientes que recojan las palabras
de la tribu de Eddy, Milocz, Dylan, René Guy Cadou, Rojas Giménez ( ¡Vivan las arbitrarias
mescolanzas!), Cendrars, los tripulantes de Stevenson. Aquí estoy con los niños de Dikens
sometido a los padrastros que aman sólo la prosa. Bueno, un abrazo a ti y a los muchachos. No
seas grasa y escríbeme. Y no silbes demasiado por las calles". (Santiago del Penúltimo Extremo,
29-VI-1976 (San Pedro y San Pablo. Temperatura máxima 14 grados. Mínima; 2, 5 bajo cero a
las 2.30 AM).

Su opción de vida se adehería a la de poetas como: Serguei Esenin y Dylan Thomas. En ese
sentido era incorregible. El poema que mejor refleja esa situación es Pequeña confesión: "Sí,
es cierto, gasté mis codos en todos los mesones. / Me amaron las doncellas y preferí a las
putas. / tal vez nunca debiera haber dejado / El país de techos de zinc y cercos de madera. / En
medio del camino de la vida / Vago por las afueras del pueblo / Y ni siquiera aquí se oyen las
carretas / Cuya música he amado desde niño. / Desperté con ganas de hacer un testamento / -
ese deseo que le viene a todo el mundo- / Pero preferí mirar una pistola / La única amiga que
no nos abandona. / Todo lo que se diga de mí es verdadero / Y la verdad es que no me importa
mucho. / Me importa soñar con caminos de barro / Y gastar mis codos en todos los mesones. /
"Es mejor morir de vino que de tedio" / Sin pensar que puedan haber nuevas cosechas. / Da lo
mismo que las amadas vayan de mano en mano / Cuando se gastan los codos en todos los
mesones. / Tal vez nunca debí salir del pueblo / Donde cualquiera puede ser mi amigo. /
Donde crecen mis iniciales grabadas / En el árbol de la tumba de mi hermana" ("Para un
pueblo fantasma", 1978).

Fue por excelencia el guardián del mito, hasta que lleguen tiempos mejores. Fiel a sí mismo
hasta el último día de su existencia -afirma- : "Mi mundo poético era el mismo donde ahora
suelo habitar, y que tal vez deba destruir para que se conserve: aquel atravesado, por la
locomotora 245, por las nubes que en noviembre hacen llover en pleno verano y son las
sombras de los muertos que nos visitan, según decía una vieja tía; aquel mundo poblado por
espejos que no reflejan nuestra imagen sino la del desconocido que fuimos y viene desde otra
época hasta nuestro encuentro, aquel donde tocan las campanas de la parroquia y donde aún
se narran historias sobre la fundación del pueblo. La poesía es para mí una manera de ser y
actuar, aún cuando tampoco pueda desarticularla del fenómeno que le es propio: el utilizar
para su fin el lenguaje justo para este objeto. Mi instrumento contra el mundo es otra visión
del mundo. Para mí la poesía es la lucha contra nuestro enemigo el tiempo, y un intento de
integrarse a la muerte". Otra de las formas didácticas de enfrentar su trabajo poético, era la de
hacer nuevas versiones de obras de otros poetas. Dylan Thomas hizo algo similar al ensayar
infinitas imitaciones de autores afines a su universo. Recordemos que el poeta norteamericano
Robert Lowell, publicó un libro de poemas títulado: Imitation, y según algunos críticos es su
mejor poemario. Jorge Teillier, no estuvo ajeno a ideas semejantes. Un ejemplo sería la versión
que hace a partir de un poema de Czeslaw Milosz, llamado: Canción del fin del mundo. "El día
del fin del mundo / La abeja ronda sobre los geranios, / El pescador teje una red luminosa, / En
el mar juegan los alegres delfines, / Los tiernos gorriones saltan en el alero / Y luce dorada la
piel de la serpiente, / Como debe ser". Teillier después de leer este de texto de Milosz, escribe
su poema: Fin del mundo. "El día del fin del mundo / será limpio y ordenado / como el
cuaderno / del mejor alumno del curso. / El borracho del pueblo / dormirá en una zanja, / el
tren expreso pasará / sin detenerse en la estación / y la banda del regimiento / ensayará
infinitamente / la marcha que toca hace veinte años en la plaza. / Sólo que algunos niños /
dejarán sus volantines enredados / en los alambres telefónicos / para volver llorando a sus
casas / sin saber qué decir a sus madres, / y yo grabaré mis iniciales / en la corteza de un tilo /
sabiendo que eso no sirve para nada. / Los amigos jugarán fútbol / en el potrero de las afueras.
/ Los evangélicos saldrán a cantar a las esquinas. / La anciana loca paseará con quitasol. / Y yo
diré para mí mismo: "El mundo no puede terminar. / porque las palomas y los gorriones /
siguen peleando por la avena en el patio". (Poemas del país de nunca jamás, 1963).

Además de los trabajos antes señalados, escribía a lo menos diez versiones de cada uno de sus
poemas. En varias oportunidades, encontré versos suyos al reverso de ediciones, como: Alicia
en el país de las maravillas. Ahí se leía de su puño y letra: "Nieva / y todos en la ciudad /
quisieran cambiar de nombre". "Si el mismo camino que sube / es el que baja / lo mejor es
mirarlo desde esta ventana". (Le Monde) "Nada que agregar / a la siesta de la silla de paja /
junto a la piedra redonda".

Era un solitario como Rilke. Esperaba ver de nuevo un ovni, como el que vio al mediodía del
mes de enero de 1958. Jugaba ajedrez y apostaba con muy mala suerte a los juegos de azar. Le
hubiese gustado estar con Baudelaire, si hubiese dado muerte a su padrastro, el General
Aupick, también haber hecho un viaje en velero hacia Chiloé (isla del sur de Chile), y uno en el
ferrocarril de Temuco a Carahue, la Ciudad que fue. En el prólogo del libro de Teillier Para un
pueblo fantasma (1978), Lafourcade, describe la atmósfera que rodeaba la casa natal del
poeta: "Jorge Teillier jugaba al extranjero. No había dudas. -Aquí estuvo el molino -me decía,
señalándome unas ruinas- ¡fue el mejor incendio del pueblo, en muchos años....! Jugaba al
extranjero cuando todos le iban reconociendo y el: ¡Hola Jorge! se multiplicaba. Lautaro, unos
tilos, unos olmos, la plaza, el Kiosco de la banda del regimiento, la novia, el camino circular de
las novias, el círculo de tiza de las amadas. Como si acabara de mandarla a hacer, allí estaba
otra, la niña blanca, de rasgos aymaraes, y ojos febriles, y boca de pez con sabor a manzanas
ácidas.

Frío, humedad. El salón de la casa tenía su chimenea apagada. Allí hubo bautizos, santos,
cumpleaños, despedidas, llegadas, horas de alegría, los hijos en el colegio, horas de inquietud,
alguien enfermo, alguien que no había ido, alguien que no escribía, es Jorge, mamá, que juega
a irse, él lo leyó en alguna parte, leyó que no era de este mundo, y, mucho menos de Lautaro.
La idea le atrajo y comenzó a desaparecer. Juego peligroso, el de los niños terribles de
Cocteau, y mucho antes, ya descrito por el niño poeta de Charleville". Yo acompañé a Teillier al
pueblo de Lautaro. Corría el invierno de 1994. Estábamos en Temuco, en un encuentro de
escritores Chileno-Mapuche. Un día temprano, pasamos al Bar el tren y nos desayunamos dos
whiskyes dobles. Después de escuchar varias canciones en el Wurlitzer e incluso de apostar a
un tema con las manos atrás y decir: "la máquina no nos vencerá", partimos a la ciudad
sagrada. El almuerzo fue en el Hotel de France. Luego la inevitable visita al cementerio donde
yace su hermana: "Vivo en la apariencia de un mundo / Tú no sabes ni puedes saberlo / Tú no
puedes conocer a mi hermana. / Yo mismo apenas la conozco / Porque murió antes de que yo
naciera / Y esa llaga adelantó mi llegada. / Por eso crecí antes de lo debido / Y la primavera es
una rápida hojarasca / Y el verano un congelado reloj de arena. / Ya sólo puedo yacer en el
lecho de mi hermana muerta. / El vacío de mi hermana me sigue cada día. / Cuando yo muera
habré muerto antes de su muerte": ("Hermana" del libro de poemas Cartas para reinas de
otras primaveras, 1985).

Poco antes que muriera, en 1996 trabajábamos en su libro de poemas que se llamó: En el
mudo corazón del bosque. Además preparaba la Antología de poesía universal, traducida por
poetas chilenos. Su vida, como siempre, fluctuaba entre la ciudad y el campo. Lo vi a una
semana de su muerte. Pensaba viajar a la feria del libro de Buenos Aires. Con Krupskaia (mi
mujer), lo acompañamos a elegir una maleta para el viaje. Nos despedimos en el metro de
Santiago. Supe que a pocos días de partir para siempre, fue a visitar a la que fuera su segunda
esposa, Beatriz Ortiz de Zárate. Llevó Champagne como en los viejos tiempos. Recuerdo que
una vez me dijo: "No fue el helado viento / quien marchitó las ramas. / Quien marchitó las
ramas / fui yo, que les conté mis sueños". No nos vimos nunca más.

Caminatas

(Poema inédito de Jorge Teillier, escrito durante el régimen militar que rigió Chile por 17 años).

Así caminaban el Padre y el Hijo


En los atardeceres de provincia.

Tenían mucho que decirse, pero nada que hablar

En esos atardeceres de provincia.

De la casa natal al cementerio

Donde yacían amigos y parientes

Era en las vaciones del hijo

El Padre miraba sus buenas notas.

¿De qué hablaban? Me gustaría recordarlo.

Sólo me acuerdo de que los vi al anochecer

Entrando a un clandestino

Donde jugaban a la escoba y tomaban cerveza.

Hablaban sin palabras. Su pasos eran sílabas

Que rimaban un afán de saberse ellos mismos.

El nunca dijo que lo admiraba

Y él nunca lo mostró con orgullo.

Pero estuvieron juntos todas esas vaciones

Y yo acompañé sus lentos y solitarios pasos

Desde la casa del Lar hasta el cementerio

Y el ritual de cerveza en los clandestinos.

Nunca más los veré juntos. Estoy condenado a muerte

Y ellos al exilio. ¿Qué puedo hacer si no

decir que todas las tardes vi caminar a un


Padre con su Hijo.