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VALENTINA BULO
¿Cómo se entiende soberanía en el marco de una soberanía educativa?

La concepción de ciudadanía dentro de los estados modernos ha estado siempre atravesada


por una ciudadanía estatal, la cual está ligada fuertemente a un estatuto legal vinculado con
la presencia hegemónica de los Estados-nación. Esta vinculación no se puede entender sin el
principio de soberanía y por el ejercicio de una ciudadanía ligada a la igualdad, entrelazada
con el ejercicio de la capacidad democrática. Sin embargo, como plantea Sousa Santos (2007)
, la modernidad ha dejado incumplidos los principios de democracia, igualdad y libertad que
tanto proclama, lo que ha producido en los pueblos del Sur (metáfora para identificar a las y
los seres humanos que han sufrido bajo el capitalismo) diversos problemas modernos, para
los cuales no hay soluciones modernas. Entendemos que una de las razones por los que la
modernidad a dejado de cumplir sus preceptos básicos es que los pueblos del Sur han estado
inmersos en lo que Mignolo (2012) conceptualiza como Colonialidad o Quijano (2001)
Colonialidad del poder, entendidos como el resultado de un “patrón de poder” dentro de la
modernidad. Este patrón, por consecuencia de las relaciones de dominación en las áreas de
producción de conocimiento y cultural, en conjunto con la representación racial de unos
sujetos otros, ha excluido de la calidad de humano a todo una gran parte de la población
mundial. El “negro” se conoció “negro” sólo cuando el blanco le asigno esa categoría
inferior, el “negro” como idea de raza, sólo comenzó a existir cuando el blanco, el otro
hegemónico entro al juego de la colonización mundial (Fanon, 2009); de la misma forma que
el “indio” se reconoció como “indio”, sólo cuando el colonizador llegó a asignarle esta
categoría histórica y mental de la modernidad (Zapata, 2007). Es así como estos conceptos,
dentro de la colonialidad del poder, no asignan sólo una categoría “racial” o “cultural”, si no
que hacen referencia a procesos y categorías de exclusión y de minimización de la calidad de
humano en referencia a las nuevas identidades, que están en una menor jerarquía que los
sujetos hegemónicos de los centros producción de vienes económicos, de conocimiento y de
cultura.

Estos sujetos minimizados y gobernados toman el “rol” de ciudadanos en los estados-nación


modernos, delegando su soberanía democrática a rituales sacralizados de voto pasivo,
pasando a convertirse en productores o reproductores inmóviles de los lugares que le ha
conferido la modernidad. Sin embargo, desde el autoreconocimiento como sujetos políticos
más allá de la pasividad ciudadana, y recuperando un tronco histórico de lucha popular desde
principios del siglo XX, los movimientos sociales, desde principio de los 90’s, han retomado
estos procesos y prácticas de soberanía, enfocados, más allá de una soberanía estatal o
jurídica, en la construcción de autonomía (Michi, 2010). Carlos Aguirre (2015) plantea que
estos procesos autonómicos van en la dirección de la construcción de “un mundo nuevo y
diferente, un mundo no capitalista, en donde ya no rige ni la lógica de acumulación de capital
y de la búsqueda de la mayor ganancia”, en el cual se crean nuevas relaciones sociales, nuevos
modos culturales de rescate y reivindicación de su identidad; esto en contraposición o en
directo conflicto con la colonialidad de poder planteada por Quijano (2001), que tienen como
sujeto principal, a los otros minimizados por la modernidad. En este sentido, podríamos
afirmar que el ejercicio de poder colectivo de los movimientos sociales se puede entender de
dos formas. Por una parte, el ejercicio de poder colectivo directo en la construcción del
subsanar de necesidades básicas negadas por los estados, o por la modernidad en general, a
través del Poder Popular; y por otro, a través de la Soberanía, la que se entiende, desde una
postura multi-escalar, como ese ejercicio de poder colectivo “desde abajo”, pero con una
perspectiva constituyente como marco conceptual (Salazar, 2011). Por lo tanto, el ejercicio
de soberanía estaría estrechamente ligado a la disputa con el Estado y la apertura de nuevas
formas de democracia que sobrepasen a las periodizadas en rituales de voto en las
democracias modernas.

Una de las categorizaciones más usada de soberanía es la de Soberanía Alimentaria que


involucra el acceso libre al alimento, la toma y gestión de las formas de producción y
distribución, dentro de un marco de respeto a la naturaleza y las culturas locales, desde un
trabajo sin explotación y con condiciones dignas (Stedile y Martins, 2011). Esto no sólo por
parte de las comunidades locales, si no que con perspectiva de mayoría y de toma de poder
en relación al estado, al mismo tiempo que construyen tanto fuera como dentro de él. En esta
línea, es que se plantea la Soberanía Educativa, desde el reconocimiento de la dimensión
política y potencialidad transformadora de la educación, no sólo de la de remediar estas
problemáticas mas inmediatas, si no que también apostando por la contribución de procesos
organizativos y de lucha social desde el campo educativo, con el objetivo de superar las
desigualdades, y la reproducción de relaciones de explotación y opresión provocadas por el
capitalismo dentro de la modernidad. Así entendemos la Soberanía Educativa como el
ejercicio de poder colectivo en pos de la construcción de procesos educativos propios, para
la construcción de un sistema educativo propio, levantado “desde abajo” pero para el
conjunto de la sociedad, basado en la democracia directa y participativa, el acceso libre a la
educación, la autogestión de las formas de producción de saberes y su distribución,
respetando las comunidades y culturas locales, sustentada en un trabajo digno sin
explotación. Esta no sería una nueva alternativa para educar al pueblo “es precisa y
simplemente el pueblo autoeducandose en dignidad” (Renna y Gonzalez, 2015). Desde una
mirada dialéctica, la Soberanía educativa tendría tres elementos centrales; exigirles a estos
estados responsabilizarse de estas tareas concretas, a través de la movilización social
(Sverdlick y Gentili, 2008), construir procesos de autonomía al hacerse cargo de las labores
sociales dejadas de lado por los gobiernos neo-liberales (Zibechi, 2008), y la creación de
proyecto político que dispute las lógicas estatales modernas tradicionales de hacer
democracia. En otras palabras, la Soberanía Educativa, implica demandas sociales, una
praxis colectiva y la construcción de un proyecto popular otro.

Aun así, entendemos que la propuesta de conceptualización de Soberanía Educativa que


planteamos no cabe dentro del marco institucional de estructuras de los estados modernos,
no permitiéndoles asimilar estas prácticas en avances concretos y o en diálogos horizontales
con los movimientos sociales; también comprendemos que esta construcción de Soberanía
Educativa no es lineal, constante o cerrada, mas bien se extiende “rizomáticamente” (Deleuze
y Guattari, 2005) interconectada, construyendo procesos de diferentes grados de durabilidad,
inestables, conflictivos y a veces sin fundamentos sólidos sobre los cuales pararse. Pero
entendemos a la vez que esta Soberanía Educativa se realiza mirando las capacidades y
potencialidades de los otros negados o minimizados por la modernidad, su fuerza creadora y
creativa, que se expresa en un pueblo organizado, ejercitando respuesta a sus propias
necesidades más sentidas y urgentes, transitando caminos emancipatorios. Pero también
entendemos, la heterogeneidad de identidades, sujetos y materialidades que entran en disputa
en estos conflictos sociales, que nacen de otro, pero no otro homogeneo, desde el “negro” al
“indio”, desde el “capesimo” al “poblador”, desde el “estudiante” al “profesor”; no existe un
principio único de transformación social, ya que tampoco existe una forma única de
dominación (Sousa Santos), siendo el ejercicio de esta Soberanía Educativa una forma de
dialogo horizontal de construcción donde caben todos los otros, todos los subalternos,
produción sus propias formas de traducir sus necesidades en lucha. Entonces el ejercicio de
esta Soberanía Educativa, independiente de sus niveles de conciencia o profundidad,
evidencian una práctica prefigurativa que en el presente anticipa los gérmenes de una
sociedad futura (Ouviña, 2010).

Referencias

Sousa Santos B., Conocer desde el Sur Para una cultura política emancipatoria, Plural
editores, 2007

Quijano, Aníbal, “Colonialidad del poder. Cultura y conocimiento en América latina”, El


Eurocentrismo y la filosofía de la liberación en el debate intelectual contemporáneo, Duke
University, Ediciones del sgino, Argentina, 2001, pp.117-132.

Mignolo, Walter, “Desobediencia Epistémica, Pensamiento Independiente y Libertad De-


Colonial”, Observaciones Latinoamericanas, Caba y García (comp), Ediciones U. de
Valparaíso, 2012, pp.71-93.

ZAPATA, Claudia (compiladora) (2007) Intelectuales indígenas piensan América Latina,


Serie Tinkuy Nº 2, Universidad Andina Simón Bolívar - Centro de Estudios Culturales
Latinoamericanos de la Universidad de Chile - Editorial Abya Yala, Quito

Fanon Franz, Piel negra, máscaras blancas, Madrid, AKAL, 2009

Aguirre, C (2015). Mandar obedeciendo: las lecciones políticas del neozapatismo mexicano.
Santiago: Quimantú.

Michi, 2010). Movimientos campesinos y educación: Estudio sobre el movimiento de


trabajadores rurales sin tierra de Brasil y el movimiento campesino de Santiago del Estero
MOCASE-VC. Buenos Aires: El Colectivo

Salazar, 2011. En Nombre del Poder Constituyente

Zibechi, R (2008). Autonomías y emancipaciones: América Latina en movimiento. Santiago:


Quimantú

Deleuze y Guattari ., Rizoma, Ed. Pre-Textos, Valencia, 2005

Renna, H. y González, J. (2015) Educación autogestionaria: lo público-no-estatal.


Disponible en:
http://www.opech.cl/comunicaciones/2015/05/index_16_05_2015_educacion_autogestiona
ria.pdf
Sverdlick, I y Gentili, P. (2008). Movimientos sociales y derechos a la educación: cuatro
estudios. Buenos
Aires: FLPP.

Stedile, J. y Martins, H. (2011). “Soberania alimentaria: una necesidad de los pueblos”. En


Ministerio de Desenvolvimento Social-MDS (Eds.) Brasil Sem Fome, Brasilia: MDS