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Nuestras raíces culturales sinaloenses:

esplendor y ocaso
María Esther Sánchez Armenta

Nuestras raíces culturales sinaloenses:


esplendor y ocaso
María Esther Sánchez Armenta
NUESTRAS RAÍCES CULTURALES SINALOENSES:
ESPLENDOR Y OCASO
María Esther Sánchez Armenta
Todos los derechos reservados
Registro en trámite en la Dirección General de Derechos
de Autor de la SEP

Primera edición:
Consejo Ciudadano para el Desarrollo Cultural
Municipal de Salvador Alvarado
700 ejemplares.
Creativos7editorial:
Baila 871. Col. Gral. Antonio Rosales
Culiacán Rosales, Sinaloa, México
C.P. 80230 Tel. 01667-4556615
E-mail: creativos7editorial@hotmail.com
Diseño editorial:
Natalia E. Ojeda Osuna
Portada:
“Huellas profundas del ayer”. Oleo sobre tela.
María Elena Torres Sánchez
Corrección:
Teresa Gaxiola López

Esteprogramaesdecarácterpúblico,noespatrocinadonipromovidoporpartido
políticoalgunoysusrecursosprovienendelosimpuestosquepagantodoslos
contribuyentes. Está prohibido el uso de este programa con fines políticos,
electorales,delucroyotrosdistintosalosestablecidos.Quienhagausoindebido
delosrecursosdeesteprogramadeberáserdenunciadoysancionadodeacuerdo
con la ley aplicable y ante la autoridad competente.

“Los libros hacen hombres libres”.

Hecho en Sinaloa-México
Printed in Sinaloa-México
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nocimiento y buen uso de los alimentos. Como se puede observar, todos
estos usos apuntan a las diferentes aportaciones que los miembros de una
colectividad entregan a su sociedad como un nuevo saber.
De esa forma, para muchos estudiosos de la sociedad, principalmen-
te para los antropólogos, la palabra cultura se define como todo aquello
que no nos ha entregado la naturaleza y prestan atención a lo que el gru-
Presentación po social elabora o construye. Por ejemplo, las mujeres de las sociedades
primitivas se convirtieron en mejores organizadoras que los hombres de
aquellas épocas, ya que éstas tenían que hacerle frente a los problemas

T
que enfrentaban al cuidar de sus crías y alimentarlas, sin el apoyo de su pa-
odos los pueblos del mundo poseen sus propios rasgos que los
reja que se encontraba de cacería; descubrieron que llevándose a sus hijos
definen, es decir, guardan en sus entrañas una cultura que les es
a zonas altas, los protegían más fácilmente de las fieras y de las inundacio-
propia y que es el resultado tanto de las creaciones internas, como
nes; se dieron cuenta que en las cuevas se conservaban mejor algunos de
de las influencias que devienen de otros grupos sociales. El concepto
sus alimentos y que allí mismo tenían más confort para soportar las bajas
cultura ha atraído la atención de los grandes pensadores que ha dado la
temperaturas del invierno o el calor de un verano. Por otra parte, el hom-
humanidad. De esa forma, mientras que el diccionario la define como
bre aprendió que era más fácil la cacería en grupo, que el animal se atrapa-
un conjunto de valores, creencias, tradiciones, instituciones, lenguaje,
ba con mayor facilidad una vez que se había agotado de tanto correr.
etc., que una sociedad elabora para transmitirlos a las generaciones ve-
Al llevar una vida en comunidad, tuvieron que construir sus casas,
nideras, los antropólogos Tyler, Gauss, Levi Strauss, entre otros, se ape-
elaborar variados utensilios que la misma vida cotidiana les exigía: lan-
gan a una respuesta que tiene que ver con lo instrumental. En otra de las
zas, piedras talladas, trampas para aves pequeñas y para animales más
caras encontramos a los filósofos como Hegel y Dilthey quienes la pien-
grandes, piezas de cuero para cubrirse el cuerpo, formas de comunica-
san como reacción espiritual del sujeto en donde se incluyen nociones
ción que iban desde sonidos guturales hasta señales, etc. Todo esto fue
de proceso y valor. También se encuentran definiciones que nos llevan
conformando una cultura específica de esos grupos. Por ello los histo-
a entenderla como el conjunto de conocimientos que una persona ha
riadores expresan que civilizaciones antiguas como los mayas, poseían
adquirido durante el proceso de socialización. La ideología dominante
una cultura de las matemáticas muy adelantadas para su tiempo, pues
en las sociedades, aboga por una definición que se apegue a lo que se di-
inventaron el cero y un calendario muy preciso para medir el paso de los
funde por los medios masivos de comunicación; la cultura de fumar, de
años. Los apaches en los Estados Unidos de Norteamérica fueron arrai-
beber vino o cerveza, de usar tal o cual artículo o moda.
gando en sus descendientes una cultura guerrera que los caracterizó por
La palabra cultura es ampliamente usada en distintos sectores de la
mucho tiempo; construyeron puntas de flecha, lanzas y otros artefactos
sociedad; por ello se escucha “cultura física”, que son conocimientos que
para enfrentar a sus enemigos. Los fenicios fueron grandes comerciantes
se posee sobre cómo desarrollar armónicamente el cuerpo humano, “cul-
con todo el mundo de la antigüedad, y por ello tuvieron que idear for-
tura científica”, para designar a un pueblo que impulsa el desarrollo de las
mas administrativas, convenios comerciales, formas de pago, etcétera.
ciencias en toda su plenitud. “Cultura lingüística” refiere a usuarios que
Los indígenas de nuestro México precolombino eran poseedores
hacen buen uso del lenguaje y que poseen un conocimiento profundo de
de una vasta herencia cultural; construyeron grandes pirámides, desa-
su idioma. Se habla de una “cultura gastronómica” cuando se tiene un co-
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rrollando con esto una importante cultura arquitectónica; tenían un acumular hasta que se calcule que puede elaborarse una “sobrecama”,
conocimiento muy extenso sobre las propiedades medicinales de las que es una especie de colchoneta que sirve para cubrir la cama. Las cir-
plantas, una cultura guerrera que les permitió hacer frente a los conquis- cunstancias de vida específicas de la vida en la región, han llevado a mu-
tadores españoles, una cultura artística que todavía es posible apreciar chas amas de casa a darle vuelo a la imaginación para sortear la carestía
en los muros pintados y en las figuras arqueológicas que como legado que se les presenta en un tiempo y en un espacio determinados; éste es un
cultural conservamos los mexicanos. ejemplo que se expone cómo se gesta una aportación cultural más, misma
Como una conclusión de los párrafos precedentes, podemos decir que vendrá a resolver una necesidad social y a pasar a la lista de aspectos
con toda seguridad que no existe pueblo carente de cultura, es decir, la de la vida que nos dan identidad como pueblo.
frase “es un pueblo que no tiene cultura” constituye una propuesta que Es en esta parte última, donde la autora nos habla acerca del papel
carece de sentido, toda vez que en cualquier asentamiento humano es que juega la cultura como medio que nos identifica con un espacio y que
fácil detectar los rasgos definitorios de su propia cultura. En tal sentido, nos hace plegarnos a nuestra ancestral forma de vivir. Añoramos “las
esa frase tiene algo de “racismo”, ya que el que la expresa considera que raspadas” o “gordas”, que son las tortillas hechas de nixtamal untadas
la palabra “cultura” debe de definirse partiendo desde la perspectiva de con “asientos” de puerco. Una verdadera delicia gastronómica que con-
su entorno cultural. Un ejemplo puede ilustrar esta idea; se sabe que en juga algo del arte culinario indígena con la tortilla de maíz y la herencia
Alvarado, Veracruz la grosería forma parte viva de la forma de compor- dejada por los conquistadores españoles con los guisados de puerco.
tarse lingüísticamente, las “malas palabras” andan en boca de todos y Algunos de nuestros paisanos que se van vivir a otras latitudes, expresan
cuando un visitante educado en los buenos modales, escucha las expre- que cuando regresan al pueblo o a la ranchería que los vio crecer, y con-
siones altisonantes, no puede dejar de criticar a ese pueblo de “incul- forme van acercándose al lugar, la emoción crece tanto que hasta “su
to”. Esas creaciones lingüísticas son parte de la cultura de ese espacio, alma va delante de ellos”, porque ésta también ya quiere estar en el calor
no hubo entidad alguna que haya venido a indicarles que deberían de de hogar, disfrutando de horas de conversación, mediada por esporádi-
expresarse de una manera determinada, fueron los propios usuarios los cos momentos de disfrute de los alimentos que han dejado de formar
que “idearon” comunicarse con esos sonidos y, si esa manera les sirve a parte de su dieta alimenticia.
sus propósitos comunicativos, podemos considerarla como correcta. Así como esta gran obra nos lleva de la mano por las delicias que
Esta obra literaria cuyo título es por demás sugerente, va al encuen- añora nuestro paladar, nos hará rememorar muchos aspectos ya olvida-
tro con los aspectos cotidianos del ayer y hoy; la autora de Raíces cultura- dos de nuestra vida cotidiana; sacudirá la memoria de los viejos y asom-
les sinaloenses: esplendor y ocaso, como buena emprendedora del rescate brará a los de las nuevas generaciones hasta dejarlos perplejos, cuando
cultural, entiende muy bien que el ser humano es una entidad creativa nos lleve detalle a detalle cómo resolvíamos los problemas nocturnos de
por naturaleza y, por ello, se ha propuesto agudizar sus sentidos para per- las necesidades fisiológicas, haciendo uso de un utensilio al que llamá-
cibir del entorno cotidiano la multiplicidad de creaciones culturales que bamos vasenica; es obvio decir, que éstas no eran del brillante oro como
se gestan en cualquier lugar donde exista un asentamiento. Seguramente una de las que hace su aparición en la obra cumbre de Gabriel García
el lector se dará cuenta que en ese afán de reflexionar sobre la vida cotidia- Márquez, Cien Años de Soledad. Esa vida de antes fue, para muchos,
na, María Esther encontró que la mujer sinaloense ha desarrollado una momentos vividos que consideran el esplendor de una gran época en la
cultura de economizar, al describirnos con una claridad poco usual cómo cual se vivió “muy a gusto”, a diferencia de los tiempos actuales, que se
la pedacería de telas sobrantes en las actividades de costura se deben de vive un deterioro de las bases más sensibles de nuestra sociedad.

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Para comprender la cultura de nuestra comunidad, como lo hace
la autora de esta obra, se requiere una verdadera formación académica
y un trabajo constante en las entrañas mismas del pueblo. Esto ya lo
habían avizorado los antropólogos; es imposible describir una cultura
desde fuera de la comunidad, tal como lo haría un forastero que cree
comprender totalmente la realidad a partir de una breve estancia en la
“tribu”; no, lo que realmente se necesita es que el estudioso se convierta
en un verdadero “nativo”, en un elemento más de ese escenario, para
que pueda tener la perspectiva de cómo se ve desde dentro. Es el caso
de la autora de este material; sus estancias prolongadas en los diferentes
rincones de la geografía sinaloense le han permitido robustecer una fina
comprensión de su entorno cultural, sintiendo en carne propia los sen-
timientos, creencias y los valores que asumen los hombres y las mujeres
de estas tierras.
Es por esas razones que el Consejo Ciudadano para el Desarrollo
Cultural de Salvador Alvarado se congratula de la publicación de la pre-
sente obra, que, seguramente, representa una invaluable aportación a la
cultura regional.

Francisco René Bojórquez Camacho


Coordinador del Consejo

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que la naturaleza fuera clemente en un territorio inhóspito y cicatero.
Si no llovía o llovía poco ya sabía el itinerario del hambre: de cul-
tivador de la tierra se convertía en cazador y en pescador. Tenía tanta
habilidad por el imperativo de su necesidad simple de subsistencia.
El aborigen estaba preparado para la guerra. Mantenía una rivali-
dad con tribus vecinas, que se disputaban las tierras más feraces cerca de
Prólogo arroyos y ríos, así como las salinas, porque la sal tenía un valor y hasta
una gran significación religiosa.
Las tribus defendían su propiedad del acoso constante de aquellas

E
cuyos dominios se hallaban en la parte de la sierra. Sólo lograban preva-
n 1976 apareció el libro Sinaloa: la forja de un pueblo, escrito por el
lecer las más aptas para la guerra y las de más talento político.
licenciado Francisco Gil Leyva.
Pero un día llegó por el sur la primera columna de hombres blancos
El autor lanzó un reto: que no se aplace más el momento en que el
y barbados. Nuño de Guzmán impuso la fuerza del arcabuz y el caballo,
sinaloense sepa que su presente y él mismo son una obra de siglos y el
la lanza y la armadura, y sojuzgó a los nativos confrontados entre sí y
resultado de un esfuerzo multirracial.
con ninguna cualidad para el combate.
Que el sinaloense sepa de dónde viene como pueblo.
Pero el soldado español no llegó solo: le acompañó el misionero.
Todas las razas, los peregrinos de los continentes, se dieron cita en
Primero los franciscanos; luego, los jesuitas.
Sinaloa. Llegaron los españoles de Europa y los negros de África. Siglos
Los franciscanos no soportaron el clima ni la pobreza de la re-
después los blancos consolidaron su empuje con las corrientes migrato-
gión. El jesuita fue más resistente por la disciplina militar de San Igna-
rias de estadounidenses, franceses, alemanes, ingleses, italianos y grie-
cio de Loyola.
gos. Un poco más tarde, Asia envía una marejada impetuosa de chinos
En Sinaloa están frente a frente dos mundos diferentes: el mundo
y japoneses.
aborigen y el mundo español. Empieza a tenderse el puente del mestiza-
Y de la amalgama de todos los colores: el cobrizo del aborigen, el
je. El licenciado Gil Leyva dijo que este puente de sangre no se produjo
blanco del europeo, el amarillo del asiático y el negro del africano, sur-
en andas del santo sacramento del matrimonio, sino a horcajadas de la
gió un hombre nuevo: el sinaloense.
lascivia y la pasión carnal.
¿Cómo y cuándo, bajo qué circunstancias se llevó a cabo el cruza-
En 1519, en el inicio de La Conquista, había 25 millones 200 mil
miento racial, ese maridaje múltiple y vario?
indígenas en el país. Tres años después la población había disminuido
¿Cómo, a resultas de una cita histórica, llegó a forjarse un pueblo:
a 16 millones; luego, las cifras sufrieron un horrible desplome: en 1548
el pueblo sinaloense?
eran 6.3; en 1568, 2.6; en 1595, 1.3, y en 1605, 1.0.
Y, el licenciado Gil Leyva le otorga a cada una de esas preguntas
Hubo necesidad de traer africanos para reemplazar a los nativos
una respuesta que se acomoda como anillo al dedo.
muertos de fatigas y hambres espantosas en los repartimientos, enco-
Y narra, con sabor, con hondura, con conocimiento, sobre el Sinaloa
miendas y obrajes.
nativo cuya civilización se aposentó en las orillas de sus ríos abundantes.
Fue, pues, el negro de África el primer aporte de sangre en la forja
En esas pequeñas porciones de tierra se retenía una humedad pre-
de un pueblo.
caria, el natural de la tierra sembró el maíz y el frijol y esperó tranquilo a
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Después llegarían los europeos y, más tarde, los asiáticos. Pero mien- En el tierno relato de María Esther, el maíz ocupa un espacio espe-
tras se fundían las sangres el indígena sinaloense no se atrevía a abando- cial. El maíz es el alimento básico de las tribus mexicanas. En México se
nar el calzón de manta, el petate a ras de tierra, la tortilla con sal, y era dan 2 mil variedades agrupadas en 25 razas. Al maíz tostado se le llama en
víctima de la muerte por “pasmo” o dolor de costado, y ponía en vilo su el interior del paíz izquitl; en Sinaloa, esquite. Sancochado en agua con
alma con el anuncio ominoso de la churea y el cataclismo de los eclipses. cal se le llama nestamalli o nixtamal que se muele en metate o en molino
Fue largo el proceso de la gestación del mestizaje. de mano para hacer tortillas. Al maíz tostado y molido se le llama pinolli
Fue un cambio que se llevó siglos. Al mestizo lo que le era ajeno o pinole. El pinole era usado como alimento ideal en viajes largos o en
llegó a serle propio. A ese mestizo de cuño de siglos le correspondió to- tiempo de guerra porque hecho polvo sólo basta agregarle agua.
mar las armas al lado del padre Hidalgo luchando en favor de la libertad. El mayo sinaloense comía el maíz tostado como uno de los alimen-
Combatió a las huestes de Napoleón y Maximiliano. tos principales. Dicho maíz tostado, sin moler, le proporcionaba una
Estuvo al lado de Juárez. Respetó las ideas de Madero y se lanzó gran energía. Lo comía a puños.
al campo de batalla enarbolando las banderas populares de Zapata y El atole de maíz era otro alimento indispensable en la mesa del in-
Villa. Explotó su sangre envilecida por los siglos de esclavitud del espa- dígena. Se molía el maíz en nixtamal y se le añadía leche o agua. Había
ñol, y se redimió. que tomar el atole con mucho cuidado porque conservaba el calor de las
A ese pequeño libro, tan útil y tan indispensable a todo sinaloense, buenas hornillas alimentadas con palo de brasil.
ahora ha surgido otro, fruto del talento y la ternura de María Esther Sán- Cuentan las mujeres de Mocorito que un joven se fue a trabajar a
chez Armenta, llamado Raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso. Estados Unidos. Duró 20 años en volver. Al regresar, la madre siempre
Hace 31 años, el licenciado Gil Leyva realizó este admirable es- amorosa le preparó un buen atole de maíz endulzado con panocha. El
fuerzo para desenredar la personalidad del sinaloense. María Esther se muchacho preguntó extrañado: ¿Qué es esto? La madre, que había visto
guía por la misma huella para dar con el sendero que permita conocer la al hijo mover la taza para enfriarlo, le contestó: es atole blanco de maíz,
identidad del sinaloense, en sus gestos y ademanes. m’ijito. Con él te criaste. Ahora ya no sabes qué es un atole de maíz blan-
En las frecuentes hambrunas, los pobladores de la tierra han acudido co, pero no se te ha olvidado el meneadito.
al monte, despensa generosa. María Esther enumera los frutos del monte Pero así como el maíz convertido en pinole y atole mantenía el gus-
al que acudían los indígenas para paliar los malos tiempos del hambre. to por la vida, así el maíz fermentado y macerado producía una bebida
Dichos frutos naturales eran, en primer término, la pitahaya, y embriagante que entre los tarahumaras de Chihuahua se conoce como
luego la tuna, la biznaga, la aguama, el papachis, el ayale, la guayaba, la tesgüino. Es la más antigua, y se le hace de la siguiente manera: se pone
nanchi, la ciruela y el guamúchil. Servían todas estas humildes frutas del a fermentar el maíz por ocho o más días humedeciéndolo hasta que ger-
monte para alimentar a los nativos en los arduos lances de la necesidad mine. Se muele y se pone a hervir.
de años secos, en los que a falta de maíz y frijol se recurría a las semillas Al hervir puede romper una olla de barro. Las tribus indígenas del in-
tiernas del mezquite y el huizache y a las raíces del camote. También la terior del país le añadían trozos de tuna de nopal para mejorar su sabor.
miel de enjambre fue otro recurso para burlar la urgencia del estómago En tiempo remoto las casas no tenían drenaje. Se usaba el excu-
con sus extraordinarias virtudes nutricias. sado de cajón. Este retrete primitivo fue causante de graves problemas
A las frutillas del monte, el indígena agregó a su dieta de emergen- de salud, principalmente entre la niñez. Aquel estigma fue liquidado al
cia el venado, la tochi, el conejo y la iguana. aparecer el excusado inglés y cuando los gobiernos, afortunadamente,

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emprendieron un vasto programa para el control de las aguas negras. papel entintado de periódicos y revistas. Se ríen los viejos recordando el
Al excusado de cajón se le agregó la ignominia de la bacinica, que era olote, y tienen razón. ¡Qué tiempos!
un recipiente de peltre que se fabricaba en Monterrey, y que servía, en la ¿No hiciste tú un tirador con una horqueta de cacaragua?
noche, para defecar y orinar. Naturalmente, que tal recipiente despedía Ningún niño puede privarse de ese placer de hacer un tirador con
un mal olor que ingenuamente se le combatía poniendo algo encima. una horqueta de cacaragua, igual que tampoco puede desdeñar hacer
En las viejas poblaciones coloniales sinaloenses, como en El Fuerte, una jara con batamote y una huichuta de alambre.
al excusado de cajón se le llamaba “el trono del rey”, para excusar su uso ¿Qué mujer que hornea pan no ha barrido las brasas con una esco-
denigrante. “El trono del rey” tenía tres orificios, uno para el hombre, ba de cacaragua?
otro para la mujer y otro más para el niño. En las antiguas mansiones de ¿Qué niño ha dejado de probar la cacaragua y la bebelama que es-
las familias criollas el lugar de “el trono del rey” era un espacio segrega- calda la boca como la aguama?
do de la casa por su lamentable uso y, como es natural, siempre se des- En las trágicas hambrunas de los indígenas sinaloenses el camote
prendía de aquel lugar un mal olor, que ponía en evidencia la gallardía y fue una bendición de la naturaleza. Se da en los cerros y en las tierras
alcurnia de las familias pudientes. bajas. Se reproduce con facilidad, no requiere de cultivo. Un camote
María Esther se ha propuesto revivir los buenos y malos tiempos con un vaso de leche engala el paladar, igual que una zaya que alivió
platicando con ancianos de mente lúcida, no abochornada por el Al- tantas penurias.
zheimer, reconstruyendo estampas ya olvidadas de la tierra sinaloense. El sinaloense se enorgullece de ocupar los primeros lugares en la
Estos viejos que no han perdido la memoria comparten sus recuer- producción agrícola, empezando por el maíz, pan de los mexicanos.
dos de un mundo que ya no existe, de un mundo arrastrado por eso que Pero también se ufana de la alegría de su carnaval mazatleco, de su mú-
llamamos el progreso. Son esos viejos algo parecido al alfiler que nos sica de tambora y de la calidad de su beisbol, y de la exquisitez de su co-
une al pasado. cina, en la que los mariscos y pescados ocupan un lugar muy especial.
Ha registrado su memoria el tiempo feliz en que no existían los La cocina sinaloense no oculta su origen rural. No obstante la in-
supermercados ni los Oxxos ni los Flash. En que la gente adquiría sus corporación de otras cocinas, especialmente la china, norteamericana e
modestas cosas para la casa en el abarrote, llamado también chumilco italiana, mantiene su fidelidad campirana.
y tendajón. No obstante la aparición del chop suey chino y la pizza italiana,
Sus compras eran envueltas por el abarrotero chino en papel de es- Sinaloa no ha desdeñado su cocina original, sencilla, frugal, del medio
traza con una gracia artística, que le confería una gran dignidad a la ha- campesino. No han desaparecido, por lo tanto, el pollo a la plaza, el co-
rina y el frijol, el café en grano de Coatepec, y las galletas de animalitos cido, el asado, la machaca, la cazuela, las albóndigas.
que llenaban de fantasía a los niños. En la canasta el ama de casa acomo- Nuestras matronas sinaloenses no se han dejado convencer por
daba los mazos de cilantro, los ejotes, las calabacitas y las papas para el los platillos extraños y recurren, en su diaria permanencia frente a
cocido de la comida del mediodía, luego muy temprano fue al mercado las hornillas, a las antiguas maneras de comer que implantaron las
para comprar un buen trozo de carne de res con gorduras. madres y abuelas.
No había papel higiénico. Esos viejos se ríen del delicado papel hi- A pesar del tiempo que se vive no ha desaparecido de la mesa el
giénico, y por una buena razón: antiguamente el olote o un manojo de atole blanco con un buen pedazo de panocha de Cosalá, una tortilla de
hierba verde hacían las veces del papel; también el papel de estraza y el comal hecha burrito empujada con leche recién ordeñada, un plato de

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quelites con su asadera y su juguito de limón, una tortilla caliente con gocios y la política, probablemente olvidaron un paso ominoso en
asientos de puerco, las tortillas con manteca de res, el caldillo con mi- que el quelite y la asadera calmaron ansias impostergables de los in-
núsculas hebras de carne en un océano de caldo con la compensación de testinos. ¿Es una desvergüenza recordar el caldillo de papas o el cola-
un huevo, el frijol con hueso, el pozole hecho de frijol y maíz en tiempo chi hecho con calabacitas tiernas rescatadas de los surcos del maizal?
crítico en que el ama de casa recurría a su imaginación para dejar con- Seguramente no hay industria más antigua en Sinaloa que el trapiche.
tentos los estómagos de familias muy numerosas y de buen apetito. María Esther dedica tiempo y espacio a esta industria primitiva en lo que
Pero era una cocina pobre en sabor y poder alimentario. puede llamarse el nacimiento del instinto industrial del sinaloense.
En tiempo reciente apareció el marisco, que dio una variedad y le Al trapiche habría que agregarle las curtidurías que aprovechaban
dio un prestigio a la cocina sinaloense que no tenía. los cueros de res para transformarlos en huaraches, principalmente, y
Se apropió del zarandeado, nayarita de origen, y lo tituló propio. después en aperos de labranza, sillas de montar, cantinas y cojinillos.
Hizo un coctel de camarón y pulpo muy favorecido. Fue el cultivo de la caña de azúcar uno de los primeros en Sina-
Hizo una fritura del pargo y la corvina la destinó para el caldo re- loa, aprovechando las escasas superficies con posibilidad de riego en
constituyente. Tomó al camarón y lo sirvió al mojo de ajo o empanizado. arroyos y ríos.
Hizo del callo de hacha con su salsa de La Guacamaya y su limón el Fueron, pues, el trapiche y la tenería, los pioneros de la industria.
más apetecido. No había azúcar blanca. El café se endulzaba con panocha. El azú-
Así como se adueñó del zarandeado nayarita, se apropió también car a cuadritos apareció cuando Benjamín F. Johnston montó la United
de la carne asada y la machaca de Sonora. Sugar Company en Los Mochis. Era común que la gente del campo co-
En las bodas de otros tiempos se estilaba ofrecer a los invitados el miera frijol con panocha. ¿No era el noroto la golosina fugaz y deleitosa
estofado hecho de gallo viejo, así como chocolate y bizcotelas. Tal cos- de la feliz niñez? Se le envolvía en hojas de maíz como un tamal.
tumbre desapareció para la mala fortuna, apareciendo la barbacoa y en Tal trapiche propició otra industria pequeña: el envasado del papa-
las bodas de postín el tibon steak, y los camarones cubiertos con una yo o la cáscara de limón. Se le llamó conserva y era el postre necesarísi-
gruesa capa de queso francés. mo al yantar campesino.
Hubo cosas de comer que se convirtieron en armas de persuasión Pido perdón por extenderme demasiado. No es culpa mía. Es culpa
política. Por ejemplo, ¿qué político sinaloense de poder no fue halagado del texto sugerente y acaparador de María Esther. Podía haberme dedi-
con un buen chilorio de Mocorito? cado a escribir las dos o tres cuartillas que requiere un prólogo sobrio y
¿Qué personaje sobresaliente no fue honrado en su vanidad con justiciero con el tiempo valioso de lector, pero no pude, francamente.
unas buenas barcinas de camarón seco de Escuinapa? Más recientemen- Me atrajo tanto esta idea de la autora, de retener, de no permitir
te, ¿cuál ciudadano de nombradía no fue elevado mucho más arriba de que tropiece el olvido con las cosas que nos son tan entrañables porque
la azotea de su mansión con un buen lote de lichis, esa exquisita frutilla están ligadas por un lazo muy fuerte a nuestras propias vidas, que no
china que trajo a Eldorado, Alejandro Redo? Tales ofrendas a los podero- supe medir los golpes de mi fiel Olympia.
sos en turno cumplieron con su objetivo al respaldar triunfales carreras El libro de María Esther tiene ese destino: el de recordar lo que ol-
políticas. A los hombres y mujeres de mejor jerarquía se les contentaba vidamos; por esa razón es un libro que sirve de mojonera para delimitar
con palomas asadas de Mocorito acompañadas de atole de maíz. los dominios del olvido.
Muchas de esas personas encumbradas por el recurso de los ne- En un texto tan bien logrado, la autora nos reprocha con alguna
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ternura nuestra omisión rural. Somos un pueblo rural vuelto citadino
por la descomunal mala distribución de la riqueza nacional.
No podemos, por lo tanto, olvidar el origen y tener presente que en
el patio de un hogar campesino ha sido sepultado nuestro ombligo con
la ciega fe de nuestra progenitora de no desvincularnos de la tierra que
nos parió, igual que ella.
No voy a causarle más molestia al lector, y me esfumo como por
arte de magia y lo dejo en el mundo de María Esther, que con maestría
y ternura nos habla de los usos, ademanes y gestos del sinaloense en su
mero jugo, es decir, en los dominios de su casa.

Herberto Sinagawa Montoya


Cronista, escritor e investigador sinaloense

María Esther Sánchez Armenta 15 María Esther Sánchez Armenta


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Agradezco a Teresa Gaxiola López, su revisión, compañera laboral
con alto sentido de la calidad.
Y en este proceso resalta el apoyo de dos grandes apasionados de
la cultura: el gran cronista e historiador sinaloense Herberto Sinagawa
Montoya, y el prometedor escritor Francisco René Bojórquez Camacho,
siempre presentes, rebosantes de energía, guiándome, impulsándome
Agradecimiento sin regateos.
Porque somos, además, afortunados de compartir el amor por Si-
naloa y su devenir, de creer que la dicha de ser lector, es regalarnos con

S
libertad el tiempo suficiente para enriquecer nuestro universo personal,
entir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo.
y de que todos y cada uno somos capaces de participar en la construc-
Expresión que se quedó grabada en mi memoria al leerla un día, en al-
ción de una sociedad que cada día valora, analiza y comprende que la
gún lugar. Por ello, al surgir la idea de compartir estos textos, producto
cultura es patrimonio social de la humanidad, o lo que es decir, todo lo
de mi recorrido por diversos rincones de la geografía sinaloense para hurgar
que nos rodea.
entre el pasado y el ahora en un intento de que las vivencias no lleguen des-
Celebremos con la sencillez de estas crónicas, el vivir en un mosai-
vanecidas a las generaciones contemporáneas, donde algunas costumbres
co diverso, cambiante, en el campo, en la ciudad, y no olvidemos regoci-
y tradiciones están en proceso de extinción y otras más ya desaparecieron,
jarnos de las pequeñas o grandes cosas que encontramos a cada paso en
de inmediato se tornó un compromiso periodístico y moral inaplazable.
esta tierra de oportunidades.
Durante 15 años, es decir, de 1992 a la fecha, los directivos de EL
DEBATE en Sinaloa, Ildefonso Salido Ibarra, José Isabel Ramos Santos,
Benjamín Bojórquez Angulo, responsable de plaza Guamúchil, al cual
se suma a esta cadena periodística Luis Javier Salido Artola, me han brin-
dado su total respaldo y confianza en cada reto. Así, un día cualquiera
encaminé mis pasos a esa búsqueda en el solar del noroeste del país, para
llenar páginas en blanco y al entregarlas a los lectores, hacerlos testigos
y partícipes del encuentro y reencuentro con su ser y hacer, donde hay
mucho qué decir, conservar, resaltar y valorar.
Hoy se comparte una pequeña parte de tanto que se ha encontra-
do, y que ejemplifica la herencia de la vida cotidiana de los pueblos y
ciudades enclavadas en los 18 municipios de la sierra, costa y valle.
Muchos a quienes agradecer su motivación que sin decir sus nom-
bres, ellos y ellas saben quiénes son, amigos, amigas, familiares, infor-
mantes, gente campirana, académicos... Por supuesto, mi esposo Juan
Ramón y mis hijos Joel, Melissa y Michelle, me expresaron su amor de-
jándose robar horas de dedicación.
María Esther Sánchez Armenta 17 María Esther Sánchez Armenta 18
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
sólo con palabras sino al “hablar” con gestos, mímica, posturas y cara, son
los nativos del norte de la República Mexicana, en especial los sinaloenses.
Por supuesto el clima, ubicación geográfica, comida, bebida, músi-
ca y hasta texturas y colores en su vestimenta, evidencian características
especiales para su carácter y personalidad, en su mayoría más abierta y
franca, que marca una gran diferencia con los paisanos del centro y al-
Ademanes gunas partes del sur del país.
Si está feliz, quiere que lo sepa el mundo, ya que no sólo ríe, sino
que se manifiesta con carcajadas plenas de libertad.

L
Pero, ¿por qué registra características tan particulares el nativo de
os gestos y algo más, definitivamente son un lenguaje universal.
estas tierras en el lenguaje mudo de los gestos?
Los ademanes se convierten en efectivas expresiones simbólicas
Cómo no habría de ser así, si a este solar dice Francisco Gil Leyva,
producto del cruzamiento racial que forjó al sinaloense.
en su libro Sinaloa: la forja de un pueblo, acudieron a la cita multirracial
Al señalar que alguien tiene flojera o es muy flojo, ponemos las
hombres dispersos por todos los paralelos y todos los meridianos. Lle-
manos con el anverso hacia arriba y los dedos un poco contraídos, como
garon los españoles de Europa y los negros de África. Siglos después, los
si sujetáramos dos huevos de avestruz, y todavía movemos las manos
blancos consolidaron su empuje con las corrientes migratorias de esta-
hacia arriba y hacia abajo como si sintiéramos que la imaginaria carga
dounidenses, franceses, alemanes, ingleses, italianos y griegos. Un poco
está muy pesada.
más tarde, Asia envía una marejada impetuosa de chinos y japoneses.
Los viajeros cuando van a un país en el que no hablan su idioma, se
Por ello la amalgama de colores: el cobrizo del aborigen, el blanco
hacen entender a cómo dé lugar.
del europeo, el amarillo del asiático y el negro del africano, dio lugar al
Hablar de los ademanes no necesita gran explicación; su práctica
surgimiento de un hombre nuevo: el sinaloense.
es universal, es decir, todos los hacemos, algunos de manera moderada,
Huáscar Peña Inzunza, empresario minero, apasionado de las letras,
otros con exageración.
dijo alguna vez en una bella prosa poética que “la voz del norte es la del
Pero ciertamente ese movimiento o acción de las manos y otras
hombre acostumbrado a comunicarse en las dilatadas planicies semides-
partes del cuerpo, tienen como objetivo principal dar énfasis a la pala-
érticas, cargadas de silencio. Es el grito abierto lanzado sobre el rumor del
bra y llamar, indicar, suplicar, consolar, ordenar, alentar, inclusive insul-
viento en los costillares, cañadas y cumbres de la sierra. Es un matiz fuerte y
tar y amenazar a nuestros semejantes.
profundo, ajena a los temores y corre saltarina y juguetona entre el encaje
Hay señas muy conocidas que se han generalizado y hasta un niño
de las playas interminables. Es la voz apasionada que fecunda los valles y
las entiende, como el pedir silencio cubriendo nuestros labios con el
bajo las enramadas doblega a la tambora. La emiten hombres sin dobleces.
índice extendido; el abrir los brazos para significar una cosa grande, o
La voz de Sinaloa es la del hombre recio y esforzado con metas nue-
juntar el índice con el pulgar dejando entre ellos un espacio pequeño,
vas cada día. Es la del hermano y del amigo, y es con timbre diferente, la
para representar una cosa chica.
de la hermosa mujer sinaloense.
Para demostrar que huele mal y no se puede manifestar en ese mo-
La voz del norte es una gama rica de sonidos, arcillas humanas e
mento con palabras, entonces fruncimos la nariz.
ideologías amasadas por la rosa de los vientos.
¡Ah!, pero si alguien le pone sal y pimienta a la expresión diaria, no
María Esther Sánchez Armenta 19 María Esther Sánchez Armenta 20
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Es la voz del sinaloense, directa y fuerte, porque quisiera le oi-
gan las estrellas y le escuchen los astros en los espacios siderales de
nuestra sociedad.
La voz del norte muchos la han perdido en sus esfuerzos por modu-
larla. Es una voz que ha perdido el énfasis y ya no se acompaña de amplios
movimientos de las manos. Ahora la atemperan y dulcifican en acopla-
miento perfecto con elásticos desplazamientos de la columna vertebral.
La voz del norte es una voz que amenaza con extinguirse”.
Y en este caminar por la comunicación no verbal, por la sencillez y
naturalidad de la cultura popular, hay mucho qué decir de los mensajes
que se transmiten a través del rostro.
Hay quienes con sólo arrugar la frente, levantar las cejas, abrir los
ojos exageradamente, enchuecar la boca, manifiestan las emociones
del momento, que van desde molestia, miedo, incredulidad, sorpresa,
coraje, alegría...
Hasta un beso, el nativo lo da “tronado”, y qué decir del fuerte abrazo
al que se añaden palmadas en la espalda que se escuchan a varios metros.
Observar a un grupo de personas es apreciar múltiples cambios
en la expresión facial y su vocabulario. Sin escuchar la conversación se
puede deducir a cierta distancia que se comenta algo “secreto”, que se
critica a alguien más... por ello con cuánta razón se dice que el sinalo-
ense es jacarandoso, no sólo gusta hablar hasta por los codos, sino que
acompaña la plática con el ritmo impetuoso de las manos, como si así
reforzara o reafirmara lo que dice. Quizá sin darse cuenta, el emisor hace
igual o más visajes, musarañas, “caras”, que su interlocutor.
Más aún, agrega tocar con frecuencia el brazo, antebrazo, mano u
hombro del receptor, golpear la mesa con los nudillos o tamborilear los
dedos, como si tuviera necesidad de hacer algo con las manos.
Mucho más qué decir, pero sobre todo qué lejos quedaron los días
en que parte de la educación familiar de antaño eran los gestos: bastaba
una mirada o un movimiento de cabeza para indicar que teníamos que
retirarnos porque había visita y la plática era de adultos. ¡Qué pocos se
atrevieron a desafiar esa advertencia y sufrir las graves consecuencias
por su osadía!

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso

Tierra garbancera

Hablar del garbanzo es decir que tuvo una gran época de bonanza de
1925 a 1935, donde Angostura fue la principal productora, y Guamúchil
el centro de comercialización y embarque. Sin embargo, los garbanceros
entraron en crisis por el desplome del mercado, precios y el surgimiento
Agua de garbanzo
de otros países productores.
El cultivo de garbanzo es, pues, de gran tradición en la región del Évora,
ya que se ha cultivado con éxito y para exportación en los últimos 50 años.

G
En la entidad se exporta por ejemplo a través de la Unpeg, y se
otas de sudor empapan el rostro.
comercializa a múltiples países como España, Portugal, Japón, Italia,
Los rayos solares abrasan sin distingo a transeúntes que realizan
India, Estados Unidos, Venezuela, Argentina y Argelia.
su jornada cotidiana, obligándolos a un apresurado andar.
En pocas palabras, el prestigio de su calidad es conocido en el mun-
Finaliza la primavera y pronto ocupará su lugar el verano, estación más
do, y la demanda abarca también a la comunidad europea, Asia, Norte,
caliente del año que seguramente al mostrarse en todo su esplendor,
Centro y Sudamérica, así como África.
hará exclamar a los habitantes del terruño sinaloense... ¡qué calor!
La aceptación internacional por estos granos se circunscribe bási-
En estos momentos y en especial al mediodía, la urgencia de aba-
camente por ser los mejores en tamaño y color uniformes, así como una
nicarse con el sombrero, guarecerse en las sombras de los árboles o bajo
excelente cochura o rápido cocimiento, gracias al excelente microclima,
las marquesinas de comercios, no es suficiente para refrescarse, por ello
terrenos agrícolas, así como las labores culturales que realizan los pro-
la invitación a ingerir líquidos se torna irresistible.
ductores, adecuada fertilización (con base a análisis de suelos y foliar), al
Estacionada en céntrica zona, una carreta blanca alberga en su inte-
igual que un excelente control de plagas, malezas y enfermedades.
rior rebosantes garrafas de cristal con aguas frescas; al verlas los clientes
Imponer el garbanzo en el hábito alimenticio de los mexicanos es
solicitan sin tardanza un vaso, dando lugar a un breve y curioso diálogo,
señalar sus múltiples cualidades nutricias, excelente sabor y baratura, di-
que con mínimas variantes se repite innumerables veces.
fusión que no es ni ha sido suficiente para arraigarlo en el gusto popular.
- Me da un vaso de agua de cebada.
Estas apreciaciones concuerdan perfectamente con la opinión de
- No es cebada, es de garbanzo.
don Santiago, al señalar que no se valora aún en la región, no obstante
- Entonces no, yo creo que no me va a gustar.
su abundancia, porque en realidad “no tenemos hambre en Sinaloa”.
- Pruébela y si no le gusta no me la paga.
Esto es así, agrega, porque a pesar de que con este grano se pueden
- ¡Qué sorpresa, oiga, está bien rica!; ¡qué bárbaro, nunca me hubie-
elaborar muchísimas comidas, no lo aprovechamos porque no estamos
ra imaginado que estuviera buena!
impuestos, que porque estamos gorditos, y así justificaciones podemos
Santiago Camacho López sonríe, ya que, según explica, desde hace
señalar infinitas; en síntesis, se puede afirmar que no tenemos una cul-
años le es familiar ser testigo y partícipe de estos comentarios, especial-
tura de consumo de esta leguminosa.
mente con los clientes que por vez primera toman la original agua de
Paradójicamente decimos que la gente con hambre, con necesi-
garbanzo que prepara.
dad, es la que más lo necesita pero no lo consume.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso

No hay receta secreta Sé que mi trabajo es muy humilde (venta de aguas frescas y tacos),
pero a mucha honra, lo estamos haciendo porque Él nos ha dado lo que
Don Santiago y su esposa Gloria Inzunza de Camacho aseguran no tenemos, aunque no es gran cosa, sí es un techo.
tener receta secreta y muestran total disposición a compartir la elabora- Sentados en sus poltronas de vaqueta, en lo que ellos han bauti-
ción del agua de garbanzo, cuyo proceso califican de sencillo y rápido. zado como “nuestro refugio”, al igual que lo hacen todas las tardes al
En primer lugar hay que limpiar el grano, deshidratarlo comple- término de la jornada laboral, voltean repetidas veces a mirar con fervor
tamente, darle 2-3 molidas, colarlo, tirar el bagazo (suele decirse “gaba- la imagen de su madre, la Guadalupana, y dejan que sus pensamientos
zo”), y posteriormente procesar el agua con el polvo (garbanzo molido), alberguen sueños y esperanzas.
leche clavel, y a cálculo, agregar las especias aromáticas clavo y canela. ...”Quisiéramos que esta agua de garbanzo se haga una tradición,
Como último paso, se incorporan los trozos de hielo y listo. porque estamos en zona garbancera y ya es tiempo de que se conozca
Es importante contar con herramientas básicas como un apaste más este grano. Hasta la fecha no creo haber comprado más de 12 kilo-
grande (recipiente de barro con asas), porque, aseguran, de cualquier gramos, pues mis amigos vienen y me regalan. Todos los días le pedimos
otro material el garbanzo se chamusca y amarga, molino, colador, cha- a la Virgen que nos permita seguir en el trabajo y hacerlo con mucho
rolas, cucharón y garrafas. amor, porque si no se hace así, no vale”.
Tostar el grano es lo que tarda más; hay que revolverlo constantemen- Ciertamente, con esta leguminosa como materia prima se pueden
te y cuando empieza a pintar, a ponerse morenito, ya está en su punto. elaborar innumerables platillos y bebidas, que a pesar de su poca difu-
La señora Gloria señala que “el día que tuesto la bandeja llena, no sión ya encuentran eco en algunas familias sinaloenses. Entre las recetas
me mojo en todo el día porque se calienta mucho la mano y podrían destacan garbanzo con menudo, tamales de garbanzo, sopa de garbanzo
darme reumas. Por eso se aprovecha el hacer una cantidad como para y arroz, atole de garbanzo, pastel de garbanzo y galleta.
dos semanas y guardarlo en frascos”. Para reforzar su imagen y resaltar una característica que las iden-
Y aunque mucha gente asegura que esta agua no es de garbanzo, tifique, las cinco principales ciudades del estado de Sinaloa tienen en
sino que tiene el sabor de la cebada típica de Sinaloa, al probarla un día los equipos de beisbol importantes embajadores, como los Venados de
cualquiera, vuelven de nuevo a saborearla. Incluso poco a poco la em- Mazatlán, Tomateros de Culiacán, Cañeros de Los Mochis, Algodoneros
piezan a identificar, como por ejemplo en las muestras gastronómicas, de Guasave y Garbanceros de Guamúchil, de la Liga Arturo Péimbert
también la han donado para colecta de Cruz Roja, y reciben ocasional- Camacho, que hace años participó en la Liga Clemente Grijalva, de la
mente pedidos para reuniones, en las ciudades de Guasave y Culiacán. categoría semiprofesional, y que también tuvo un equipo de futbol en la
En el ritual diario de Santiago y Gloria está presente una profunda fe. desaparecida Liga de Tercera División zona Pacífico.
“Al abrir la puerta de la recámara lo primero que miro es el altar Hoy, el agua de garbanzo es tan sólo una pequeña muestra culina-
que le hicimos a la Virgen de Guadalupe, en nuestro lugar preferido, yo ria de este alimento, cuyo análisis nutricional refleja altos contenidos
la miro y ella me mira a mí; es la primera que me recibe, me encomien- de fibra, carbohidratos, proteínas y minerales, así como un bajo por-
do a Dios y me voy a trabajar. Viera cómo me ha dado, todos los días centaje en grasas.
me da comida y con eso basta, así soy feliz, con mucha familia, muchos
hijos, muchos nietos, vamos para adelante, ya casi pegándole a los 50
años de casados.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
bulantes, por ello se les ve en los carnavales de Mazatlán, Guamúchil,
Angostura, Octava de Carnaval de Mocorito, y el Carnaval Infantil de EL
DEBATE de Culiacán, y, ciertamente no ocultan su orgullo de escuchar a
las personas que exclaman: ¡sin algodones no es Carnaval! ¡Los algodo-
nes son parte de las fiestas populares!
Los juegos mecánicos, complemento indispensable de las ferias y
Algodones de azúcar que se trasladan de lugares como por ejemplo el vecino estado de Duran-
go, traen su equipo de vendedores, donde se encuentran, por supuesto,
los hacedores de algodón de azúcar.

L
a imaginación no tiene límites y asocia con rapidez el original
nombre de esta golosina a su parecido con la cápsula de algodón Ingenio
abierta, la mota, la masa de pelos blancos, o lo que es decir, la plan-
ta de algodón madura. El ingenio no se hace esperar en esta promoción de venta personal,
Los niños no ocultan su ansiedad por consentir al paladar, de no en la cual la presentación constituye parte fundamental.
resistirse a la delicia de este antojo. Hay que sobresalir ante la nutrida competencia del vendedor de
Al grito del vendedor ambulante acuden presurosos: globos, juguetes de hojalata, o el de los mangos con chile, naranjitas,
¡¡¡¡ALGODONEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEESSSSSSSS!!! diablitos, chimichangas, churros, manzanas acarameladas, ponteduros,
¡¡¡ HAY ALGODONEEEEEEEEEEEEEEEES!!!! apetecibles para todas las edades.
DE FIESTA EN FIESTA Y así de sólo contar con la tradicional imagen de algodones color
Con el madero repleto del confite se les encuentra los meses de no- rosa, los pequeños se encantan de escoger los naturales blancos o los
viembre, diciembre, enero, febrero y si el clima aún no se torna cálido, teñidos de azul, amarillo, lila y verde.
permanecen durante marzo y unos días antes de iniciar la primavera. Incluyen novedades como un regalo adicional, al adherir en el
Estos comerciantes dirigen sus pasos sin titubear hacia los lugares plástico una calcomanía de conocidos personajes de caricaturas televi-
de Sinaloa en que se celebran fiestas patronales como la de San Antonio, sivas. Asimismo, hay quienes agregan al interior de la bolsa que protege
San Rafael, San Francisco, La Purísima Concepción, Virgen de Guadalu- al algodón, una hoja con llamativo dibujo para que el niño seleccione la
pe, La Candelaria, Nuestra Señora del Rosario, entre otras de no menor imagen de su preferencia y pueda colorearla.
importancia, donde la multitud se congrega para el festejo religioso. La sencilla infraestructura utilizada en el proceso consiste en mo-
No pueden faltar en la verbena que se instala dentro y fuera de los tor eléctrico, lavadora, trompo de bronce y chumacera. A estos utensi-
panteones el 01 y 02 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos. Asimismo, lios los complementa un trozo de madera de pino aproximadamente
en la fiesta cívica del 20 de noviembre es común encontrarlo mezclado de 3 metros de altura; el original, el tradicional que se considera más
entre los espectadores al desfile, o en Los Mochis durante la temporada elegante, según señalan experimentados ambulantes, es el redondeado,
de beisbol en el estadio Emilio Ibarra Almada. aunque ya es común ver que muchos optan por el rústico, cuadrado,
Se jactan de contar con una calendarización para trasladarse a quizá por barato, el cual se perfora con taladro hasta completar alrede-
aquellos lugares donde sea posible realizar su oficio de vendedores am- dor de 130 agujeros.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Se adquieren también palos de madera torneados, cuyo tamaño dientes por tragona de dulces”; “mi obsesión eran los caramelos”...
oscila en los 50 centímetros, bolsas de plástico y ligas de colores. “El chiste del algodón de azúcar no es comerlo a mordidas cuidando
Contemplar la elaboración del algodón despierta con mayor in- de no ensuciarse, sino con las manos y hasta con la cara, que te quedes
tensidad el antojo. Basta un minuto para que el palo de madera en vi- embarrado como si fuera máscara”, “la verdad se me hace más bueno el
goroso movimiento rotatorio (algunos agregan en la punta un poco de rosa, se parece a lo que significa dulce, y es el tradicional”, exclaman pe-
miel, otros añaden al azúcar una pizca de menta) se recubra de la nube queñas traviesas.
de azúcar y el polvo colorante elegido para que quede lista su forma, Es un dulce recuerdo de la infancia, de esa maravillosa e inolvidable
textura, color y sabor. etapa. ¿Y cómo no habría de ser así? Los vendedores saben perfectamen-
Llamativo. te que los niños son consumidores potenciales y su estrategia es colocar
Irresistible. el algodón en sus manos para que a los padres no les quede más remedio
Se puede comer en mordiscos, o bien, con la mano tomar peque- que comprarlo o resignarse a escuchar el inevitable llanto.
ños trozos; hay quienes gustan desprender un pedazo, hacerlo bolita
hasta que tenga cierta consistencia e introducirla a la boca para sentir
cómo se deshace. Una “técnica y estilo” más, es la de chuparse los dedos
y la palma de la mano, si se desea, y también cuando aún está el algodón
en la bolsa aplastarlo para que quede en forma de paleta.
Para Joel Alcántar, comerciante de Los Mochis, al iniciar la venta se
persigna y externa una petición:
¡Que Dios me ayude!, y en compañía de su esposa e hijos colocan
su soporte en el hombro al cual insertaron previamente en forma diago-
nal los múltiples algodones que bien sujetos quedan listos para su pre-
sentación y venta. A la llegada del cliente lo sostienen en forma vertical
con la mano izquierda y despachan con la derecha. Así una y otra vez en
su constante peregrinar por plazas, calles, parques...
Algunos comerciantes no dudan en afirmar que aunque los algo-
dones no son exclusivos de Sinaloa, porque se les ve en todas partes
de la República Mexicana y en diversos lugares del mundo, se enor-
gullecen de ser vendedores de este antojo que aunque poco nutritivo,
endulza brevemente la sencillez de la vida, por lo que expresan: ¡Hable
bien de los algodones!
Y la recomendación de los dentistas no se hace esperar, ya que para
evitar la destrucción de las piezas dentales por ingerir azúcar en dema-
sía, es importante observar una higiene adecuada y así no derive en ca-
ries, como lo señalan niñas de ayer, adultas hoy: “Se me pudrieron tres

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
gesta de alimentos las pitahayas que recolectaban, así como tunas, semillas
de mezquite, papachis, ayales y miel de abeja, y por supuesto, aguamas.
En diversas partes del país a estas bayas se les identifica también
con el nombre de guámaras.
Se dice que son muy apreciadas por el mayo; sin cocción escaldan la
boca, pero si se le añade panocha resulta un postre de excelente sabor.
Aguamas Su nombre proviene del cahita ahuatl, espina, alhuate, pero tam-
bién descriptivo del escozor o escaldadura que provoca en la boca y len-
gua cuando se come el fruto en estado fresco.

S
Basta preguntar a unos cuantos lugareños que han probado este
urgen espontáneamente de la tierra generosa y resaltan entre la
fruto desde su niñez y aún lo acostumbran, para confirmar esta ase-
aridez del monte a mediados de la época invernal, provocando el
veración, ya que no dudan en afirmar que “comerlas naturales sólo se
intenso amarillo de sus frutos, pinceladas que embellecen el paisaje
pueden de 4 ó hasta 5 bolitas, porque si no, ¡ay, Dios mío!, de ahí en
del monte sinaloense.
adelante se pone bueno”.
Son las aguamas silvestres, que se encuentran a las orillas de los
Hay quienes se enorgullecen de tener unas cuantas matas en el
ríos, faldas de los cerros y en el interior de los mismos.
patio de su casa, otros más tienen que ir en su busca en hondonadas,
Abundantes en Sinaloa, los antecedentes llevan a decir que la ma-
alrededor de lomeríos, tierra dura o en barrancos que salen al río, si se
yoría de los pueblos prehispánicos que vivieron en esta zona practicaron
desea saborear esta deliciosa fruta silvestre heredada por la cultura de
la recolección de frutas y semillas, actividad complementaria para su ali-
nuestros antepasados.
mentación y, en ocasiones para hacer trueque con otras tribus.
Recolectaban pitahayas, tunas, biznagas, aguamas, papachis, aya-
les, guayabas, nanches, ciruelas y guamúchiles, así como semillas tier- Cerquita, cerquita
nas de mezquite y huizache, al igual que raíces como el camote.
Fue importante también la recolección de sal, miel de abeja de pa- “Ahí están al pie de aquel cerrito, cerquita, cerquita”, dicen nativos,
nales y colmenas, aunque no sabían utilizar la cera. “sólo hay que llevar una bolsa, un machete o si prefiere una caguayana,
De las primeras tribus en Sinaloa se registra que cuando los españo- y ponerse listo para el corte, porque si no se pica uno, ya que la mata está
les llegaron al territorio que ocupa el actual estado, estaba habitado por llena de espinas”.
tres grandes tribus: cahitas, tahues y totorames. Asimismo, otras tribus Abrirse camino entre el monte que arropa al cerro es grata experiencia.
como los acaxees, xiximes, pacaxes, achires y tamazulas o guasaves. Acompañados del gorjeo de algunos pájaros, el resonar de los
Los cahitas fueron los grupos humanos que vivieron en las orillas de pasos entre la seca hojarasca en época de estiaje, comentarios triviales
los ríos Fuerte y Sinaloa, así como el arroyo Ocoroni, en la parte norte del respecto al desconocimiento de la flora propia del terruño y exclamacio-
estado, dentro de la región conocida como Aridoamérica, tenían un nivel nes por los inevitables alhuates y arañazos de ramas que, en su natural
inferior a los tahues y totorames, eran seminómadas, y entre sus activida- crecimiento, se entrelazan y dan cobijo a nidos que asemejan talegas
des principales destacaron la agricultura, recolección, caza y pesca. colgantes entre los árboles, el silencio y soledad que se percibe provocan
No sólo cultivaban maíz, calabaza y frijol, también agregaban a su in- sensaciones diversas de emoción y...temor.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Aunque la ola de violencia en la entidad impide disfrutar en pleni- los dos lados, y si no, se pelan y se ponen a cocer en azúcar, ya que están
tud el contacto con la vegetación típica silvestre, hay tiempo suficiente bien cocidas las dejamos a que se sazonen, se hace el jarabe, y eso es lo
para admirar árboles de vainoro, huizache, güinolo, mauto, palo gato, que utilizamos nosotros como remedio para la tos”.
colorado y blanco, además de mezquite, copalquín, entre tantos más. Si decidimos comerlas tatemadas, también les damos una revolca-
Ellos conforman el hábitat de variada fauna, entre la que destacan dita en azúcar, así ya no escaldan tanto, aseguran otros, “ya que están
las ardillas, conejos, tochis, cachoras y las codiciadas iguanas, ingrediente bien cociditas en la brasa, las pelamos y listo”.
principal de un guiso regional. Incluso refieren que las tiernitas son más desabridas y las maduras
Al pie o en la falda del cerro se aprecian las matas, las cuales tienen aciditas, ¡bien ricas!, en pocas palabras, para decir en su punto es que
cierto parecido con las de maguey y la de piña. Aunque no todas tienen estén maduras. “Yo prefiero las que están cerca del río, siento que tienen
fruto, es un bello espectáculo ver cómo sobresalen en uno y otro lado. un sabor especial, y estando bueno el tiempo, como están llenas de raci-
Las más tiernitas son las preferidas de tlacuaches o tacuaches y zo- mos, hay partes en que qué bruto, se cunden”.
rrillos, para darse un banquete cada vez que lo desean. Manos expertas, con años de práctica, no dudan en afirmar que
“aunque es batallosito cortar las aguamas, un machete es lo ideal para
Muchas en “las aguas” mochar desde donde está la hoja y así quede tantito tallo, para agarrar
con comodidad el racimo”.
Son las últimas aguamas de esta temporada invernal, pronto ven- Alicia Barba, Concepción de López y Olivia Pérez, residentes de
drán las del tiempo de lluvias; “parecen limones, las matas se cunden y la cabecera municipal de Mocorito, señalan que de sólo acordarse de
para donde voltee no haya cuál racimo cortar”, aseguran lugareños. estas frutas se les hace agua la boca, ya que tienen un sabor agridulce,
Para ellos es normal trasladarse en “las aguas” a pie, ya que por lo acci- tirándole más a acidito.
dentado de los terrenos lo mejor es caminar un rato; “platicando ni se siente “Nos comíamos de 3 a 5, al natural, y en cuanto se sentía que em-
tanto el calor, ni se le da importancia al lodazal, además muchos papás en lu- pezaba a escaldar la lengua y el paladar irritarse, era señal de pararle a la
gar de estar oyendo que sus hijos se quejan porque están aburridos, deberían comedera. Como siempre, había masoquistas que se aguantaban hasta
traerlos en el verano al campo y así salir de la rutina”, manifiestan nativos. que les sangraba la boca; las tatemadas no escaldan tanto, ni se diga en-
Ciertamente, emprender la pequeña aventura de ir gustosos en pos dulzadas, no se siente nada”.
del fruto carnoso y jugoso de las aguamas y comerlas de acuerdo a las Las recetas en la preparación tradicional van desde las aguamas
diferentes formas de preparación, no cuesta nada. amelcochadas, especie de dulce en almíbar, con piloncillo o azúcar;
asadas en las brasas, naturales con sal, a las que al cortarse lo de arriba,
Diferentes maneras queda como una flor, se le echa sal, se chupa y tira la semilla.
Para lograr un buen jarabe, la cáscara de la aguama tiene que estar
Si antaño las tatemaban en las brasas de una hornilla, hoy se asan medio choridita, a la que hay que cortarle la parte de arriba y abajo para
en la flama de cualquier estufa. que quede como barrilito.
Diferentes comensales de esta fruta silvestre comparten su ritual y Sin cultivo, vive espontáneamente para brindar su fruto, y recor-
preferencias para consumirlas. darnos con su generosidad que fue parte de la cultura de nuestros ante-
“Nosotros para comer las aguamas, primero las despuntamos por pasados nómadas y seminómadas.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Una herencia para el hombre sedentario del siglo 21, para el sinalo-
ense sencillo que regocija su vida cotidiana con pequeños detalles y sin
asomo de duda imita con naturalidad los hábitos alimenticios de aque-
llos primeros pobladores que arrancaban de las entrañas de la tierra, del
monte, el alimento humilde y sano. Los frutos de las aguamas formaron
parte de toda una época en la alimentación de la región del Évora, así
como en nuestro lenguaje cotidiano. Si se quería expresar que era difícil
realizar una acción determinada, se recurría a la frase; “está más cuichi
meterse en un aguamal”.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
otros países lo conocen como opiuma o le llaman Tamarindo de Manila.
Se le ve también en partes de Chihuahua, Durango, Zacatecas,
Aguascalientes, Nayarit, Jalisco, Colima, Estado de México y Puebla,
además de una extensa área de Guerrero.
En Michoacán conocen al fruto como guámaras, pinzanes o ros-
cas; en el país de Costa Rica, mochihuisti.
El árbol de guamúchil; siglos de vida Para ir al encuentro del gigantesco árbol de guamúchil sólo necesi-
ta tomar la carretera México-Nogales, llamada también México 15, Libre
o Internacional, y recorrer 27 kilómetros de la ciudad de Culiacán, para

E
seguir después la desviación hacia la presa Adolfo López Mateos y llegar
stá por todas partes, a la vera del camino, en el monte, a las orillas de
al poblado Jesús María.
una cerca, patios de las casas, y no sólo en Sinaloa, sino que su ex-
No obstante, sin ánimo de provocar desaliento, hay que decir que el
tensión abarca gran parte de la República y otros lugares de América
asfalto demuestra que no ha recibido mantenimiento; hoyos por doquier
tropical; es simplemente un hijo de la naturaleza: el árbol de guamúchil.
provocan ir durante siete kilómetros a vuelta de rueda, más adelante me-
Silvestre, es decir que vive espontáneamente en los campos sin
jora un poco, para después seguir en busca de “pedazos” que permitan
necesidad de cultivo; de sus vainas surgen frutas blancas y rojas que in-
transitar sin que el carro sufra averías.
vitan al lugareño a consumirlas con singular deleite.
Al iniciar el trayecto, el atractivo se centra en retener por unos ins-
Investigar su origen conlleva a la consulta del libro Crónica de
tantes la mirada en la caprichosa formación rocosa que por su similitud
Guamúchil, del profesor Carlos Esqueda (+), quien diría que no existe
con una campana, desde hace años le apodan Cerro de la Campana; el
una traducción de la voz nahoa “móchitl”, que es el segundo compo-
tiempo restante sólo hay que observar el monte, vacas y toros en busca de
nente de la palabra guamúchil, pero por inferencias y relaciones se pue-
alimento, así como agitar la mano para saludar a raiteros que se trasladan
de llegar a la conclusión de que quiere decir dulce.
en camionetas doble rodado para trabajar en los empaques de tomate,
Las clasificaciones botánicas, muchas de ellas hechas a fines del
pepino y chile.
siglo 17, se apegaban por lo general a las voces nativas que siempre eran
muy acertadas en sus designaciones. El guamúchil es conocido en botá-
nica como Pithecolobium dulce, lo que traducido al latín quiere decir Pueblo
curvas o roscas dulces de mono.
Quitando lo de mono, que no se sabe si se refiere a lo enroscado de En los periódicos de la región mucho se habla de Jesús María, espe-
sus colas, queda lo siguiente: “Gua” deriva de guax, guaxe, guaje o vai- cialmente en la sección policiaca, donde asaltos y decomiso de armas se
na; “guaxmóchitl” quiere decir, pues, vaina dulce. realizan con inusitada frecuencia.
Por su parte el culiacanense Ing. Carlos Murillo Depraect, director El temor natural por esta “fama” registrada, lo supera el deseo de
del Jardín Botánico de Culiacán, hasta su muerte ocurrida en 2006, quien conocer el lugar donde se ubica el gigantesco árbol de guamúchil.
profesó amor infinito por las plantas, señaló alguna vez que el nombre Hablar de esta cabecera sindical es decir que tiene nueve comisa-
científico es Pthecellobium dulce, y que por ejemplo en Hawai usan un rías: Las Higueras, La Anona, Agua Amarilla, Las Guásimas, La Reforma,
guamúchil con hojas manchadas de blanco como adorno. También en Paredones, Mirasoles, El Limoncito y Los Limones; se ubica en un cañón,

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
sin trazo de calles, con topografía accidentada, y a pesar de que el arroyo die aprecia como vestigio histórico; sólo se conservan por haber quedado
principal cruza por el medio de la población, sólo sufren inundaciones dentro de unos solares cercados por los propietarios de las viviendas.
las partes bajas en la temporada de lluvias.
José Ricardo Félix Félix y José Luis Félix, síndico y secretario de la Siglos de vida
sindicatura, respectivamente, informan que se vive actualmente un tiem-
po más calmado, quizá por los constantes retenes que efectúa la Policía De pronto, ahí está el árbol de guamúchil; hay que contemplarlo,
Ministerial del Estado, y aunque los asaltos ya no son tan frecuentes, el tocarlo, admirarlo.
pésimo estado del camino provoca que los atracadores no tengan que En medio de la calle se yergue majestuoso, repleto de roscas ver-
usar pistola, con un garrote es suficiente, pues si el conductor acelera su des y maduras. El tiempo se abraza a su retorcido tallo, cuyas raíces
unidad para huir, a ésta se le pueden romper las muelles, amortiguadores emergen a la superficie para dar constancia de su ancestral estancia en
y hasta la dirección. tierras sinaloenses.
Cuentan con jardín de niños, primaria, secundaria, dos gasolineras, Morador de siglos, los expertos creen pueda tener de 300 a 400
Centro de Salud, farmacia, dos dispensarios médicos, cancha de basquet- años de edad, como lo indica Rina Cuéllar Zazueta, profesora, pin-
bol, agua potable, con un mal servicio porque no abastece el pozo, tor- tora y estudiosa de la historia de Sinaloa, quien agrega en su infor-
tillería, no hay restaurantes sólo taquerías, Correos, Registro Civil, juez mación que su tronco mide más de 12 metros de circunferencia y es
menor, caseta telefónica, 15-16 abarrotes, Conasupo Rural y una iglesia, probable sea el árbol de guamúchil más viejo y gigantesco de toda la
sin párroco permanente. República Mexicana:
El contraste en la construcción residencial es evidente; infraestruc- “¡Es extraordinario, maravilloso!; confío en estas apreciaciones de
turas modernas, de dos plantas y cocheras electrónicas; casas modestas y Pablo Lizárraga Arámburu porque no sólo es geólogo, sino que ha estu-
también otras con teja de arenón con cemento, techos de palma, norias, diado mucho las formaciones rocosas y sabe perfectamente el desarrollo
rústicos hornos donde hacen pan y coricos de Maseca, pequeñas huertas de los árboles y plantas en los diferentes tipos de tierra y rocas. Además
frutales con platanares, papayas, ciruelas, limoneros, aguacates, naranjas, de ser un investigador histórico, tiene varios libros editados y ha llevado
mandarinas, tamarindos y anonas. Y las diferencias siguen: personas a ca- a varios biólogos a ver ese árbol, de ahí se desprenden los comentarios
ballo, en bicicleta, a pie... modernas camionetas. de la antigüedad del guamúchil”.
Hay nativos que aún acostumbran utilizar hornilla, así que recolectar Por su parte don Carlos Murillo, el brillante constructor de jardi-
leña tiene como propósito ahorrar gas, especialmente en comidas que tar- nes, externa que la edad que se calcula al árbol de guamúchil es aproxi-
dan horas, como el cocimiento de frijoles, cocido, pozole y algunas más. mada, ya que para tener exactitud, madereros especializados tendrían
Caminar para conocer un trozo de la campiña sinaloense, es un que perforar el tronco, y ese tipo de especialistas no hay aquí, sino quizá
placer si se olvida por un momento que el Sol con sus inclementes rayos en la Ciudad de México.
se encarga de subir la temperatura a 47ºC. El estudio científico consistiría en sacar con una broca el aserrín
Con el ánimo necesario para ver todo alrededor, emociona constatar para ver las capas de crecimiento de diferentes colores; en tiempo de se-
que a un costado de la iglesia construida recientemente, se encuentran cas la madera es más seca y oscura; en las aguas, como el crecimiento es
dos antiguos muros que remontan la imaginación a la otrora Hacienda de más rápido, es más blanda y clara. Se cuentan los anillos (vetas) por cada
Los Vega, expropiada por los ejidatarios en 1942, y que por supuesto na- año, y es así como se determina la fecha.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Al efectuar esta prueba se debe de tener mucho cuidado, ya que se la gente; se le poda, se corta el tronco a ras de tierra y en toda ocasión re-
corre el riesgo de dañarlo y provocar su sequía. toña fácilmente y nada detiene su crecimiento. En los meses más secos,
Externa convencido el funcionario que “ese árbol se debería de cuando toda la vegetación se tuesta por el estiaje, el guamúchil se ade-
salvar, es uno de los más espectaculares de Sinaloa; ojalá que las autori- lanta presentando un verdor lujurioso, exuberante, que da gusto verlo.
dades del pueblo hicieran lo necesario para cercarlo y respetarlo, ya que Y aunque el follaje es más bien ralo, los árboles crecidos dan muy
puede constituirse en un gran atractivo y dar divisas a la comunidad”. buena sombra.
Es importante que los animales, el hombre y la naturaleza no lo Describir esta leguminosa registra un dejo de nostalgia, de cariño
depreden. Si se cerca se propiciaría el que nacieran plantas debajo de él, por quien crece por sí solo, sin que nadie se preocupe por sembrarlo, sin
hierbas que le den humedad y abono. Sin embargo, recomienda que por que nadie lo cuide, lo riegue, y que no obstante tiende generoso su folla-
ningún motivo se hagan bardas ni pavimento, porque se secaría al cortar- je perenne, sus ramazones para desgajar su fruto; aspecto melancólico,
le sus raíces. Puede hacérsele un cerco con palo de brasil, por ejemplo. impasible, pero en términos generales un árbol copudo y hermoso.
“¡No he visto en todo México otro árbol de guamúchil tan ex-
traordinario; es un tesoro del pueblo, su hábitat en Sinaloa es perfecto, Contemplación
por el clima!”.
Sol abrasador, pájaros ávidos de comer la fruta silvestre, brazos y
Usos raíces rotas que toman los nativos para hacer leña, desafío a ciclones
cada año han mermado su majestuosidad de antaño.
Quienes han investigado los usos posibles de este árbol indican que Por lo pronto ya se ha visto que el tendido de luz eléctrica no pase
por su alto contenido de tanino su corteza es curtiente que ya usaban los por las ramas, y si la Comisión Federal de Electricidad tiene que cortar
indios para adobar sus pieles, aunque tiene la desventaja de dar un olor algunas ramas, lo haga con cuidado.
muy penetrante y duradero a los cueros. Es aún fiel testimonio del devenir de la vida cotidiana, del naci-
Al consumir su fruta como golosina seca o fresca se aprovecha la miento y extinción de generaciones con gusto para el fruto verde, de
vitamina “C”; también produce miel, madera y carbón. De él se saca co- sabor agarroso, desabrido, muy cargado de tanino, o de los que con pa-
lorante amarillo y goma; las semillas, raíces y cáscara son usados en me- ciencia aguardan a que se torne rosáceo o rojizo, más dulce.
dicina; el tanino que contiene esta última sirve para cicatrizar la piel. Ahí está en un pueblo que lucha por desterrar su mala fama de vio-
Asegura en su investigación el profesor Esqueda que muchos gus- lento, y cuya carretera que atraviesa el poblado es el camino para llegar
tan recolectar las roscas, ponerlas a secar, y cuando la pulpa está enjuta a la segunda presa más grande de acuerdo con su capacidad, de las 11
le quitan cáscara y semillas, almacenándolas en sacos o latas. La utilizan existentes en Sinaloa, Adolfo López Mateos, conocida también como
si quieren en hacer tortillas con la pasta molida pura o mezclada con “El Varejonal” (Badiraguato).
masa de maíz. Jesús María, municipio de Culiacán, enclavado en el inicio de la sierra
Esta clase de tortilla por su originalidad puede considerarse el pan de Sinaloa, que colinda con Badiraguato y Mocorito, moradores serviciales,
típico de Sinaloa, y de muy agradable sabor por cierto. amables; niños que se divierten al subir sin temor a los guamúchiles, cortar
El árbol nace de semilla y tiene una vitalidad admirable. En cual- roscas con rústicos ganchos, aventarles pedradas o utilizar tirador, lo que
quier época de su vida puede ser trillado por las bestias, atropellado por sea con tal de que caigan.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Paradójicamente muchos moradores no saben de la existencia de
este árbol, quizá por la cotidianidad de su presencia, “porque siempre ha
estado ahí”, y aún no valoran que deben conservarlo.
¿Surgirá la mano amiga que lo cuide y declare patrimonio cultural
de Jesús María y de Sinaloa?
Ojalá el presidente de la Sociedad Botánica y Zoológica de Sinaloa,
A.C., Agustín Coppel Luken, así como la directora del Grupo Ecologis-
ta Sinaloense, A.C. -organismo no gubernamental-, Rina Cuéllar, cuya
principal preocupación es la conservación del medio ambiente, con
ese entusiasmo que distingue a su trabajo, con esa energía con que ya se
promueve el nuevo concepto del ecoturismo, que podría sintetizarse en
diversión/conocimiento para conocer verdaderamente a Sinaloa, no se
olviden del enorme árbol de guamúchil que desafía al tiempo y se mues-
tra generoso con todos los que gustan de su fruto.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
de espalda, y por supuesto, artesas con sus infaltables bases o mesitas
laterales, como parte de la misma pieza.
En ellas había quienes colocaban la manteca, levadura, el cedazo
para eliminar las cáscaras de las semillas molidas; otros formaban ahí
las piezas de pan, e incluso su uso iba más allá, porque muchos nativos
aprovechaban para cortar la carne de los chicharrones.
Artesa Curiosamente, en Oaxaca es un instrumento que por su forma
asemeja a una canoa volteada boca abajo, labrado con el tronco de un
árbol tropical llamado parota. La danza de la artesa remonta su origen a

E
finales del siglo 18, de marcado origen africano, interpreta baile, música
s un patrimonio artesanal que ya se ubica en las arcas del museo. y versos, en los que un grupo de músicos con violín, guitarra, charasca
En el México Antiguo no podían faltar los utensilios para preparar o palo de lluvia y un cajón de madera con piel de venado, tocan a la par
la comida, cada uno de los cuales se diseñó para usos específicos. que una pareja baila y produce un sonido semejante al del tambor; se ca-
Cuando los hombres se hicieron sedentarios, ya poseían los instru- racteriza coreográficamente porque en un momento del Son el hombre
mentos básicos para cocinar, hechos de piedra, madera, tejidos de fibras lleva a la mujer, con un zapateado de costado, hasta el final de la artesa.
vegetales o de otros materiales perecederos. Los principales sones que se ejecutan en el Son de la Artesa: Mari-
Más tarde, con la cerámica, se completó el grupo de útiles culina- quita María, El Zapatero, Gabrielita y La India.
rios para satisfacer las diversas necesidades, y en este devenir, en esta Y en el sendero de las páginas de la historia que entrelazan el ayer
expresión cultural aprendida y heredada de nuestros artistas-artesanos, y hoy, de nuevo cómo no citar al gran cronista sinaloense Herberto
con sus habilidades fabricaron manualmente la codiciada artesa. Sinagawa: “La tina suplió a la artesa, hecha de álamo, la cual cumplió
Según definición de la Real Academia, es un cajón cuadrilongo, por una hermosa y enternecedora tarea, la de servir para el amasijo del
lo común de madera, que por sus cuatro lados va angostando o estre- pan. En ella las manos bruscas pero a la vez tiernas de la mujer campe-
chando hacia el fondo. Sirve para amasar el pan y para otros usos. sina, revolvieron la harina hasta darle la tersura necesaria para conver-
Para un coleccionista de antigüedades en Valladolid, España, po- tirla en pan, con el auxilio de la levadura, que lo esponjó quitándole lo
seer una artesa de madera en nogal español es contar con un arca de amorfo de la masa”.
madera maciza. No hay que olvidar el auténtico proceso de horneado que aún se
También en la internet se anuncia la venta de artesas antiguas de ve ocasionalmente en la zona campirana del terruño sinaloense, que
diferentes tamaños en muy buen estado, o lo que es decir, de segunda consiste en barrer con rama de cacaragua el horno semiesférico de ladri-
mano. Precio: 30.00 euros, en Griñon, Madrid. llo ubicado en el patio, se prendía de preferencia con leña de mezquite
Esta cuenca hondonada se hacía en pequeños talleres familiares, porque hacía buena brasa; el calor se tanteaba echándole unas hojas de
de preferencia en madera dura de álamo o mora; no obstante su utilidad, maíz mojadas, el tiempo ideal era que éstas tomaran un color dorado,
al paso del tiempo cayó en desuso. señal de que estaba lista la temperatura para meter las carteras hechas de
Los pobladores de Guamúchil, Salvador Alvarado, Sinaloa, recuer- láminas de bote mantequero, y colocar una a una en la pala de madera.
dan a don Margarito “El Cucharero”, quien en la década de los 40’s elabo- Una vez cocido el pan, se mojaba un trapito en una taza con agua
raba molinillos, cucharones, bateas, machacadores, manitas rascadoras
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
y azúcar, pasándose por encima de cada pieza para darle brillo y ade-
más endulzarlo.
Este recipiente de madera se tornó usual en muchos hogares, y se
sumó a otros objetos de cocina como el metate, guari, comal, molcajete,
indispensables antaño en la cocina prehispánica, y cuya herencia llegó
hasta nuestros días.
La artesa, pieza plana y algo cóncava que cuando no estaba en uso
permanecía recostada en la pared de cualquier rincón de la cocina, sus-
tituida ya por recipientes de plástico, acero inoxidable o de lámina gal-
vanizada, cumplió la misión de servir para elaborar pan de harina o de
trigo, relleno algunas veces con piloncillo o pasta de calabaza.
Pan casero, artesanal, rústico, cuyo aroma irresistible salía del hor-
no y se extendía naturalmente en la acuarela del paisaje rural.
“Las panaderas se murieron y no surgió una nueva generación
que heredara la elaboración de empanadas, molletes y cemitas, que
hacían las delicias de todos, acompañadas de leche, café o una Pepsi
Cola”, exclama con nostalgia el cronista de Salvador Alvarado, Arturo
Avendaño Gutiérrez.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
En las casas “más pudientes”, catalogadas como clase media, se hacían
de material desde abajo, era el poyate y arriba de él la hornilla de ladrillo pe-
gada con lodo o mezcla, según el gusto o la capacidad económica.
Hablar del asador es decir que era un utensilio que no podía faltar.
El cronista del municipio de Angostura, Joaquín Inzunza Chávez,
refiere que en palabras de los abuelos cuando eran jóvenes el instrumen-
Asador to que sus padres usaban era un palo macizo, de ébano o guayacán, en el
cual ensartaban la carne o los animales que cazaban para asarlos.
La investigación documental coincide con estas afirmaciones, ya

E
que en la historia humana la forma más antigua de cocinar de nuestros
s una postal que cobra vida.
antepasados recolectores era asar directamente los alimentos en el fuego o
Evocar momentos de un día cualquiera, es traer al presente la ima-
las brasas, para lo cual usaban un madero en el que ensartaban la carne.
gen de la familia reunida alrededor de la hornilla, en el patio, atrás
Posteriormente surgieron los alumnos del Dios Vulcano, que en la
de la casa. Alegría, movimiento, comunicación. Una vez que la leña de
mitología romana es el Dios del Fuego, aquellos herreros (de fragua) for-
mezquite o palo de brasil se encendía, daba inicio la grata tarea de pre-
jaron a mano las piezas de hierro utilizando el martillo y el cincel para
parar los alimentos.
cortar el hierro caliente sobre el yunque. Así hicieron el asador, varilla
Los nativos no obstante las preocupaciones y trajín cotidiano, por
delgada de metal, el cual desde un principio demostró ser funcional.
fortuna se encantan aún de abrevar en el pasado reciente, en la memoria
El sello distintivo de cada herrero se notaba en la agarradera de di-
que aún no archiva las sencillas costumbres diarias.
chos asadores, explica Joaquín, en las torceduras y remate del metal, en
Despiertan los sentidos, se anticipa el gozo, el disfrute del iniguala-
el trabajo de tallado.
ble sabor de las tortillas hinchadas, recién hechas a mano o con la ayuda
El anillo o asa era muy práctico porque podía colgarse en cualquier
de la tortilladora, y del inconfundible olor a carne asada.
clavo en la pared, en la enramada, en un brazo del árbol, en cualquier
Urgencia inaplazable de los comensales por saborear la comida.
gancho o alambre.
Había quienes lo usaban para asar elotes, los cuales esquichaban pri-
Utensilio mero, o sea, quitaban la parte trasera, después lo pelaban y entonces podía
ensartarse el elote colocándolo encima de las brasas, que se hacían de prefe-
Había que estar muy cerca de la hornilla y esperar que las llamas calen- rencia con la leña de mezquite porque eran más vivas y durables.
taran el comal para que se cocieran rápidamente las tortillas de maíz. Mien- Había asadores de tres tamaños: chico, mediano y grande, selec-
tras tanto se llevaba a cabo el ritual de embadurnar el asador de fierro con cionándose según lo que se quería cocinar. Por ejemplo, si era conejo, el
un trozo de cebo para que al ensartar la carne se deslizara con facilidad. mediano, y el grande para la carne, el cochi jabalí y el venado.
La hornilla era indispensable en cada hogar. La punta del asador por lo regular era templada para que no perdie-
Algunas eran tan rústicas que se componían de piedras, cuatro hor- ra macicez, el filo de la punta, pero por cuando por tanto uso o alguna
quetas, una especie de tarima o tapanco, palos atravesados a lo largo y caída perdía el filo, las personas decían “mi asador está moto o mota,
ancho, palo rajado de brasil, otras le echaban tierra encima y sobre esa hay que ir al herrero”.
mesa se hacía el hornillo.
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No hay que olvidar que era carne fresca, comprada al abastero en el las caras internas del hornillo, también el asa, la parte arqueada quedaba
mercado, no había refrigeradores, y sólo era posible conservarla en buen fuera de lo caliente.
estado durante algunas horas con una barra o trozo grande de hielo que “Cuando alguna vez nos daban un pedazo, era una mirruña (por-
se compraba en las pequeñas hielerías o fábricas. ción mínima), lo normal era comer un cerro de tortillas enmantecadas,
Desde 1882 hubo el intento de producir en México energía eléc- apachurradas, estrujadas en la carne.
trica, pero fue hasta 1904 que se pudo contar con el servicio de luz en Eran tiempos en que no existía eso de no me gusta, no tengo ham-
diversas ciudades del país. Ya entre 1920 y 1940 se generalizó a las zonas bre, no quiero, nada de chiqueaderas como ahora, y como se exprimía la
urbanas en el territorio nacional. carne tantas veces, quedaba reseca y muy asada, por lo que, recuerdo, al
La carne, pues, era del día, el ama de casa con la mano del metate, igual que muchos, que las mamás siempre hacían al día siguiente el popu-
una piedra o mazo de madera, procedía a aplanarla, pulpearla, con el fin lar caldillo de nuestra tierra, o sea, carne que se machacaba con la mano
de reblandecerla, para que se cociera bien en su exposición a las brasas. del metate, la cual desmenuzaban y agregaban verdura y agua, señalan
Las múltiples carencias y la necesidad de alimentos tres veces al día, adultos que oscilan entre los 45-60 años de edad.
hacía que los padres se ingeniaran para contar con suficiente comida. No causa extrañeza que los comentarios se acompañen de suspiros,
Familias de 5-6 integrantes eran consideradas pequeñas, comu- sonrisas y carcajada franca, es la añoranza de una etapa de la vida que
nes eran de 9 hijos, más los padres, abuelos paternos o maternos y no vuelve más, de esa costumbre campirana de ayer, de comida frugal,
parientes abonados. austera, a quien el olvido envuelve ya hasta el punto de que las nuevas
Para que la chamacada se llenara, se preparaba una olla de frijoles generaciones sólo tienen como referente al asador de parrilla de una
naturales en agüisal (agua y sal), y en ocasiones era posible acompañar cara o dos, cadena, base y patas, de manufactura en taller artesanal de
la carne asada con una salsa de molcajete. herrería, o aquel de fabricación industrial de diversas formas o tamaños
Pero comer carne asada “era un decir”, expresan con una sonrisa que se adquiere en ferreteras o hasta en el supermercado.
pobladores de Guasave, Culiacán, Angostura, El Fuerte, Escuinapa y Otros más se enorgullecen de revivir esta costumbre.
Mazatlán, éramos tantos que no alcanzaba para todos, así que los pa- El sector comercial en su proceso de evolución cambió el hábito de
dres cuidaban de no colocar el asador cuando era muy alto el fuego de la asado, simplificó el trabajo para a su vez, dejar esta costumbre en desuso.
leña porque entonces la carne se cocía “arrebatada”, casi quemándose y El sencillo asador de carne cumplió una etapa en los hogares sina-
se deshidrataba rápidamente, lo mejor era hasta que estaban las brasas loenses, que anida aún en nuestra mente y corazón.
para que se conservara jugosa lo más posible.
¿Que si comíamos muchas tortillas?
No sabíamos ni cuántas, ya que con el hambre nos sabían riquísimas,
especialmente “amachambradas”, es decir, recién hechas, hinchaditas,
remojadas, empapadas en la grasa o el jugo que escurría de la cabrería.
Otros más señalan que una vez pulpeada la carne y cortada en tiras
de un mismo tamaño y ancho, al entrar al asador semejaba una especie
de olán, en la medida que se asaba una parte se le daba vuelta a la barra;
era muy importante dejar libre la punta porque ésta se detenía en una de

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Litoral sinaloense

No hay que olvidar que son 656 kilómetros de litoral, orilla o costa
de mar, formado por bahías, islas, penínsulas, esteros y marismas, desde la
Bahía de Agiabampo, en el municipio de Ahome, hasta la Boca de Teaca-
pán, en el municipio de Escuinapa, y lo bañan las aguas del Golfo de Cali-
Atarrayas
fornia o Mar de Cortés, en la parte norte, y en el sur, el Océano Pacífico.
Sinaloa ocupa los primeros lugares a nivel nacional en produc-
ción pesquera, por ello quienes viven en la costa se enorgullecen de su

E
variada fauna marina, entre las que destaca el ostión, almeja, caracol,
n los pueblos costeros la gente nace y crece de cara al mar.
corvina, robalo, mero, pargo, mojarra, lisa, pulpo, botete, atún, marlín,
Su piel se impregna de sabor y olor salino; sus ojos contemplan a
cazón, carpa, sardina, pez sierra, focas, lobos marinos, gaviotas, pelíca-
cada instante el horizonte azul de oleaje espumoso e incesante.
nos, albatros y el importantísimo camarón.
De sus entrañas obtienen preciados productos marinos que les per-
No se olvida la existencia en agua dulce, de las especies como la
mitirán sobrevivir, en especial, el camarón.
lobina, el bagre, la mojarra tilapia y la rana.
Niños, jóvenes y adultos no albergan sobriedad alguna al vestir;
manifiestan esa libertad que parece conferirles el contacto con el aire,
arena y sal. Semidesnudos, es decir, con el torso descubierto o camisa Cambios
desabrochada, pantalón corto, descalzos o con sencillas sandalias de
hule, andan de aquí para allá sin inhibición alguna. Y como el avance en todos los ámbitos es vertiginoso, el pescador
A simple vista se aprecia en las personas maduras su piel ajada por no podía escapar a la modernización.
la sal, marcadas líneas de expresión alrededor de los ojos, que se entre- Las pangas que utiliza ahora son más grandes, al igual que el motor.
cierran constantemente en infructuoso intento de minimizar los refle- En ellas cargan todo lo necesario: atarraya suripera, chinchorros, tablas,
jos del Sol en el agua y que parecen recordarles su hermandad con este tiras, burra (sábana de arrastre) vela, palos de bambú, ancla, tambulacas,
universo interior de la Tierra. hieleras, provisiones y el infaltable elemento humano.
El hombre y el mar, conjunción estrecha, duradera, que surgió un Cuentan los pescadores que uno de sus principales arreos lo cons-
día cualquiera de manera natural, por la necesidad de alimentarse. tituía la atarraya lomera, red especial para la captura de camarón. En su
Sus antepasados, las primeras tribus prehispánicas como los tejido, de alrededor de 200 mil nudos, participaban no sólo el jefe de
Cahitas, Totorames, Pacaxes, Achires y por supuesto los Tamazulas o familia, sino los demás miembros, esposa e hijos.
Guasaves, tenían entre sus actividades principales la pesca. Efectuaban Lo más común, normal, era que cada quien hacía su equipo. Aproxi-
la captura matando a los peces a flechazos, y el camarón con pequeñas madamente conllevaba mes y medio o hasta tres meses terminar una ata-
redes que hacían de manera rústica; también recolectaban almejas, os- rraya, por su laborioso entrelazado a mano con hilo nylon.
tiones y patas de mula. Su peso sin carga era de seis o siete kilogramos, aunque de tamaño
variable según preferencias; la grande era como de tres brazadas y me-
dia, es decir, 4-5 metros.
María Esther Sánchez Armenta 53 María Esther Sánchez Armenta 54
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Se tiraba con los brazos y se hacía gran esfuerzo de cintura, de ahí deri- Sus palabras dejan traslucir cierta desesperación, ya que expresan:
vó también el comentario popular que “quien sabe tirar la palomera sí es un “muchos de nuestros compañeros andan como los pájaros, emigran a
auténtico pescador”, porque detectaba en qué lugares andaba el camarón. donde sea para sobrevivir. A veces se van en cuadrillas a la pesca de tiburón
No obstante, un día del año 1990 los pescadores ya no tendieron al Golfo, otros a aventurar al Norte (Estados Unidos), lo que sea, hasta que
esta red, la tradicional atarraya lomera se guardó en el baúl de los recuer- pasa la temporada de veda, que ojalá se levante a mediados de agosto”.
dos, y la suripera ocupó su lugar. La familia tiene que comer, dicen, además de que todo se convierte
De inmediato los pescadores ribereños se adaptaron y adopta- en una cadena de deudas: cortes en el agua potable, cuenta abultada en
ron el cambio. abarrotes, proveedores...
En trozos o partes, la tela tejida se compra a través de la Federación A esto hay que añadir que muchas temporadas camaroneras se han
de Pescadores a una fábrica del estado de San Luis Potosí, también el plo- desplomado en un alto porcentaje en bahía y en altamar, resintiendo
mo, aunque algunos prefieren elaborarlo para abaratar costos. estrepitosas caídas.
Las ventajas se traducen en tiempo y esfuerzo, sólo basta una sema- Aun cuando hay temporadas buenas, refieren que no se puede ha-
na para unir las partes y hacer alrededor de 5000 nudos en los pegues. blar que se gana mucho, porque hay que renovar equipo de alto costo.
A diferencia de “la lomera”, que dejó como consecuencia un per- Hace añales, explican, no pueden ahorrar porque peso que agarran
manente dolor de cintura, esta nueva red, llamada suripera, se utiliza es para pagar y pagar. Además, ha crecido la inseguridad en los campos
con el sistema de arrastre. Es decir, aprovechan tanto la corriente de pesqueros, donde se cometen asaltos, despojos de equipos marinos, ac-
aire como de agua para arrastrar la red, supliéndose así el esfuerzo que tos ilegales en que algunos incurren para sobrevivir.
hacía antes el pescador. No obstante, coinciden al señalar que hay quienes aprovechan
A ello habría que agregar que cada vez se incrementa el número para arreglar sus casas, construir un cuarto, un baño, al igual que diver-
de pescadores (los libres, que no pertenecen a cooperativas), y que por tirse un poco “echándonos unas cervecitas y... se acabó el dinero”.
ejemplo, según reportes de la Secretaría de Desarrollo Social, Medio Am- Los hombres del mar aseguran que su sector es el más noble porque
biente y Pesca, es tal el incremento de pescadores que el volumen de ca- nunca realizan paros en calles ni carreteras; los políticos sólo los buscan
marón tiende a reducirse y tirar la “palomera” para encontrar los bancos para el voto, les anuncian apoyos con la boca pero en realidad nada, y
del crustáceo se hace cada vez más difícil, al estar dispersos. aunque les va muchas veces mal y no alcanzan a pagar carteras vencidas,
Ciertamente, a pesar de que la inclinación inmediata por lo prácti- se aguantan y buscan el lado bueno a las cosas.
co y liviano se impone, la añoranza aparece sin darse cuenta: “se sentía
bonito ‘tarrayar’, aventarla, ver cómo surcaba el aire y se extendía hasta Compañero inseparable
caer en el agua. Lo bueno de esto y que por fortuna no se ha perdido, es
la tradición de reunirnos y aprovechar los brazos de los árboles o portales Ciertamente la masa de agua salada que cubre 361 millones de
de las casas para hacer las pegazones, pues la gente se arrima para matar el kilómetros cuadrados de la superficie de la Tierra, un poco más del 70
tiempo y mitotear un rato”. por ciento de todo el planeta, se convierte en compañero inseparable de
Los campos pesqueros lucen desolados, con poco movimiento, ya quienes se adentran en su territorio para extraer su fuente de provisión.
que son sólo seis meses de trabajo en el mar, de marzo a agosto; los que Su murmullo suave cautiva a pintores, músicos, poetas, fotógrafos,
permanecen, preparan sus arreos, con grandes dosis de paciencia. escritores, científicos, como fuente genuina de inspiración y estudio, y

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
da pie al romanticismo que nutre a soñadores, quienes matizan el sentir Hoy este arreo de pesca es una muestra a los turistas, sobre lo que
del alma ante la inmensidad de su misterio. una vez se usó.
El mar, tempestuoso, muestra otra cara: violento, amenazante, Los viejos no tienen fuerza para utilizar la atarraya lomera, y los
enloquecido, destructivo, se apodera de las embarcaciones y con su jóvenes... ya no aprendieron.
furioso oleaje es capaz de desviar de su ruta a expertos navegantes. Por
ello los pescadores le manifiestan gran respeto, porque saben que no
admite medias tintas y se exhibe como su amigo o su sepulcro. “Dios
nos guarde de otro ciclón como el ‘Ismael’. Sin embargo, hay que des-
tacar que cuando andamos en el agua todos somos hermanos, que si se
te descompone algo, te ayudo, que si no llevaste lonchi, te convido, y
así es como una ley entre nosotros, porque salimos a la mar, pero nadie
sabe si va a volver”.
Aun cuando enfrentan un sinnúmero de obstáculos, no ocultan su
orgullo al dedicarse a este oficio, “lo único que sabemos hacer de toda
la vida”, que destaca entre las principales actividades productivas de la
entidad y abastece el mercado regional, nacional y de exportación.
Cada inicio de temporada “vamos con mucha fe de agarrar cama-
rón, así que nuestro apoyo es la esperanza. Qué importa el fuerte Sol que
casi nos deshidrata, lluvias o viento, ahí estamos con cariño, con sed de
que el mar sirva, que nos deje una buena temporada”.

En el recuerdo

Y en ese devenir, así como un día los pobladores de los primeros


asentamientos humanos en Sinaloa fabricaron para pescar utensilios
con materia prima silvestre y completar su dieta alimenticia, que in-
cluía pescados y mariscos, al pasar el tiempo se perfeccionaron para
incrementar su utilidad.
La atarraya lomera, indispensable durante décadas, cumplió su ci-
clo y se inscribe en las páginas de la historia.
En la memoria colectiva permanece aún con nitidez el recuerdo de
que en su laborioso tejido participaban los miembros de la familia, en cuya
convivencia sencilla, natural, se platicaban los detalles de la vida cotidiana,
la vida de todos los días en las zonas costeras del noroeste del país.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
ciembre en cada rincón de la geografía sinaloense es agradable iniciar la
jornada cotidiana con una taza del tradicional atole pinole, cuya venta
concluye en marzo, días antes del inicio de la primavera.
Ciertamente es la temporada de frío especial para agasajar al paladar.
Quienes no lo preparan en el hogar, optan por acudir a donde lo
expendan, pues a los vendedores (en su mayoría mujeres) se les identi-
Atole pinole fica fácilmente, ya que lo han elaborado por años o como ellas dirían,
“toda la vida”; los nativos acuden a la esquina donde la vendedora de su
preferencia ya hizo “punto”.
Por lo regular se les localiza afuera de mercados, centros comer-
¡Buenos días!, dice con alborozo mayor de lo normal el sinaloense,
ciales, iglesias, en la cercanía de escuelas, hospitales, o bien, donde se
después de haber saboreado una humeante taza de atole pinole.
registre un movimiento constante a temprana hora.
Una breve retrospectiva del principal ingrediente de esta calien-
Pero ¿cómo nace esta bebida que se toma por lo regular caliente,
te bebida, es decir que el mundo debe a México el maíz, tlayolli, uno
casi hirviendo?
de los alimentos básicos de nuestro país, formador de la cultura de los
En el libro Sinaloa, Historia y Destino, del escritor Herberto Sina-
antiguos mexicanos.
gawa, se explica que pinole es voz náhuatl, del aztequismo pinolli, cosa
Planta milagrosa, grano sagrado, dadora de vida, regalo de Quet-
de pinotl: “salvaje, montaraz”. En Sinaloa las tribus indígenas cultivaron
zalcóatl, es uno de los protagonistas más trascendentales de la historia
el maíz desde antes de la conquista; el grano lo usaron para hacer la tor-
de América desde antes de la llegada de los españoles, es una de las
tilla, alimento básico del mexicano de ayer y de hoy, pero también para
aportaciones más valiosas de los indios mexicanos a la humanidad.
hacer pinole: el grano era tostado y molido en el metatl -metate, piedra
Esta planta americana ya existía tal y como la conocemos hoy desde
de moler-, alimento muy nutritivo que no se descompone, muy útil en
el punto de vista botánico, alrededor del 5000 a.C., según afirmara Paul
viajes y correrías, en incursiones de guerra y en labranza de la tierra.
C. Mangelsdorf, uno de los científicos más destacados en la materia.
El pinole diluido en agua era un magnífico alimento, fácil de llevar,
Así, sus tallos azucarados y las hojas constituyen buen forraje para
fácil de preparar; después al pinole el conquistador español le agregó pi-
el ganado; las hojas secas que envuelven la mazorca se usan para envolver
loncillo -panocha- y hasta clavo y canela.
tamales; las mazorcas tiernas o elotes se comen hervidas o asadas (en Si-
naloa se le unta limón, mantequilla, mayonesa, crema, queso, sal y chile
en polvo; o se le agrega partido en mitades al caldo de cocido o puchero); Lo original es lo bueno
también con los granos se preparan esquites, atoles, pinole, y en algunos
lugares el aceite y jarabe de maíz. Carmen Inzunza, nativa de El Platanito, municipio de Sinaloa, se-
Ya nixtamalizado después de lavarse se consume en grano, en ñala que desde hace muchísimo tiempo ha saboreado el atole, ya que su
guisos como el pozole, o bien, se muele para elaborar la masa con mamá lo hacía, “pues éramos de rancho”.
que se hacen tortillas, tamales, tlacoyos, sopes, peneques, chalupas y “Se cuece el maíz, se muele y ya que está remolido, en metate, o en
otros platillos. molino de cigüeña, se asa en sartén o en una olla de fierro y se prepara en
Los lugareños saben que a fines de noviembre o principios de di- leche o agua, como lo quieran hacer.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
De maíz tostado era el original, y se tomaba en una taza del mate- raspara la garganta), es un ritual que desafortunadamente, si no desapa-
rial que fuera, fierro, cerámica o china”. reció ya en su totalidad, es porque en algún rancho todavía algunos de
Y aunque se puede saborear en cualquier temporada, primavera, sus habitantes se arraigan a esta costumbre en peligro de extinción.
verano u otoño, Carmen lo consume especialmente en invierno. Algunas de las tantas “doñas, doñitas o atoleras”, como se les co-
Asegura que el atole pinole es una tradición de todos los pueblos, noce comúnmente, refieren que esta tradición de preparar atole pinole
sólo que ahora nadie quiere batallar en la molida y lo compran en bolsa (aunque no sea al estilo de antes) no va a desaparecer, porque a la gente
en los mercados, súper o abarroteras. le encanta y cada día hay más crisis que obliga a todos los miembros de
Antaño, dicen moradores sinaloenses, cuando se cosechaba el la familia a cooperar para el sustento diario.
maíz, miembros de la familia convertían la jornada laboral en tertulia, Las hermanas Blanca Ofelia (ya retirada de su oficio), Guadalupe y
donde se platicaba de todo un poco, para hacer más placentero el des- Celia Bojórquez, si bien realizan esta actividad temporal sin horario rí-
granar mazorcas, tostarlas y molerlas. gido, y se instalan alrededor de las 05:00 de la mañana, los preparativos
Ahora como ya está molido en grandes cantidades, consideran, no comienzan desde las primeras horas de un nuevo día.
sin manifestar un dejo de nostalgia, que ya no es el mismo sabor ni tan El trabajo previo a una taza de atole conlleva un procedimiento
oloroso, “salía bien bueno, preparado al gusto de cada persona, ya sea muy particular, pues hay que dejarlo “en su punto”, es decir, con los
espeso, chirri (aguado, delgado) o simplemente normal”. ingredientes bien calculados, al que hay que agregar grandes dosis de
Don Francisco Bojórquez Parra comenta que cuando su madre amorosa dedicación.
Paula, de Lo de Gabriel, Mocorito, servía el atole hirviendo en la mesa, Para que salga bueno y guste a los clientes, desde la 01:00 de la
él siempre pedía que le echara en un plato “pelti” (plano), porque así se mañana se coloca la olla vaporera con agua, una vez que hierve se le
le enfriaba primero para pronto solicitar que se le llenara de nuevo; en agrega el pinole que se ha disuelto en el vital líquido, se le echa azúcar,
cambio, su hermano Manuel arrimaba un plato lo más hondo posible, y leche y sal al gusto.
se la pasaba lamentando lo caliente del atole. Se bate de vez en cuando para que “no se asiente, porque se aplana
Otras personas entre 64 y 78 años, coinciden al señalar que ellos lo y hace bolitas”, y tener cuidado de que hierva bien porque si no se vuel-
han probado desde que eran niños, porque su mamá lo hacía y también ve a hacer agua.
la abuela, así que esa herencia la “traemos en la sangre”. Es común ver a los vendedores de atole bajar las ollas de un triciclo,
“No creo que se me olvide el olor a maíz tostado, ya que aparte carreta y hasta de la cajuela de un viejo auto. A estos utensilios agregan
de tomarlo en atole, también era cosa de echar leche bronca a un un cucharón, bracero (para mantenerlo caliente), mesa, servilletas y va-
vaso, agregarle el pinole de flor y azúcar y tomarlo a cucharadas; era sos térmicos desechables para quienes lo piden para llevar.
un postre muy rico”. Aunque una mayoría acostumbra tomarlo solo, es decir, sin ali-
mentos, al dirigirse a su trabajo, otros aprovechan para ingerirlo ahí
Adiós al ritual mismo y acompañarlo de tamales de pollo, puerco o res, pan dulce o de
las tradicionales y casi olvidadas torrejas.
Bajar de las enramadas las mazorcas, quitarles las hojas, tostar el Los clientes aparecen presurosos, a veces antes de que lleguen
grano y revolverlo en el apaste colocado en una hornilla con leña, mo- las vendedoras.
lerlo en metate dándole varias repasadas hasta que quedara finito (y no “Son las 5:20 y no llegan, ya se les hizo tarde”, dice un cliente

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
ansioso por tener el líquido calientito en su estómago; por su parte,
Matilde Arce, lamenta que a las 08:00 horas ya no haya; “me quedé con
el antojo”, señala.
Entre los primeros consumidores están policías, tránsitos, locatarios
del mercado, vendedores de frutas, verduras, elotes, choferes de camiones,
taxis y transporte en general, tablajeros (carniceros), repartidores de perió-
dicos, veladores, alijadores, estudiantes de nivel básico y superior, así como
habitantes que gustan madrugar al “mandado” (compra de víveres).
El maíz, vinculado a la evolución de los pueblos prehispánicos y
cuyo cultivo permitió primero el asentamiento del hombre en aldeas, el
surgimiento de grandes concentraciones urbanas y, más tarde, de gran-
des civilizaciones en América Latina, entre sus múltiples procesos tiene
el pinole de flor de maíz, el pinole de maíz y las galletas de pinole...
Así, cada amanecer de la temporada invernal los vendedores se en-
comiendan al Señor Jesucristo con mucha fe, para que sea un buen día y
puedan sacar adelante a su familia con los ingresos que se obtengan.
Y es que en este devenir de la vida cotidiana la preparación de la
caliente bebida forma parte de las raíces de la cultura sinaloense, donde
se constatan variados gustos, ya que algunos lo prefieren claro, otros
oscuro, unos más que casi les queme la garganta, y otros lo piden tibio,
pero mejor aún es que todos coinciden en consentir al paladar con una
humeante taza de atole pinole.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
el doctor”; sirve para los pulmones, dolores de viento, bronquios, para
un golpe profundo; sirve para curarse y se pone uno sano. Cuando a la
persona le hace daño el alcohol, entonces lo cambia por agua hervida o
cuece canela y le echa el líquido.
Cuando ya el ayale no huele, entonces se le acabó el efecto medicinal.
Ayales
Tradición indígena

Los indígenas fueron hábiles aprendices de artesanías. Mostraron

S
e dice que quienes tienen entre 70 y 80 años, gustaban comer en gran capacidad para labrar y tallar la madera; curtir y trabajar el cuero;
su niñez el ayale o “ayali” como golosina, muy apetecible por su hacer adobe para elaborar ladrillo y construir casas e iglesias; fabricar
olor y sabor dulzón; las generaciones actuales, en su mayoría, ni loza de barro; tejer la palma y fibras de mezcal, etc., así como en la elabo-
siquiera saben qué son. ración de instrumentos musicales como flautas de carrizo, raspadores de
Para Agustina Sánchez, originaria de El Valle, municipio de Mo- madera, sonajas de ayale y vibradores de capullos de mariposa.
corito, era común encontrarlo “a lo cerquita, porque se da casi en las En retrospectiva habría también que recordar que entre las nume-
piedras, nace para allá por el monterío; es una cosa tan linda que la llu- rosas fiestas que celebran los sinaloenses destacan las de tipo religioso.
via de Dios nos da, porque nace cuando él riega. En la sierra pa’ arriba En las distintas festividades se ejecutan danzas indígenas en las
hay mucha medicina natural, que la nanchi, la guásima, tatachinole, cuales destacan las de los mayos, donde están presentes tanto los ele-
entre tantas otras. Mas antes se cuidaba uno con puras raicitas, aunque mentos nativos como las características heredadas de los españoles.
ahora también allá todo está lleno de química, yo creo que por eso se Su principal danza es la de “los matachines”. También sobresalen la
enferma más uno, oiga. llamada pica perica, torito, la danza del pascola, pero la representativa
Si alguien se quería purgar, era cosa de buscar raíz de michoacana; es la del venado, ya que al igual que en el pasado, constituye un ritual
la cacachila, para las calenturas, cáscara de nanchi para los parásitos, y propiciatorio de la buena caza. En ella se imitan los diferentes momen-
así hay un montón de hierbas; se sentía uno muy bien”. tos y situaciones de la cacería.
El ejecutante, como también sucede en las otras danzas, asume el
oficio en cumplimiento de alguna manda. El danzante lleva una cabe-
Pa’ las dolencias za de venado sobre su cabeza, el torso va desnudo y usa una especie de
faldilla. Alrededor de los tobillos coloca los tenabaris, tenebares o taná-
Esthela Rodríguez Labrada vende en su estanquillo hierbas medici-
baris (cascabeles hechos con los capullos de mariposas vacíos a los que
nales; “la gente que pasa por enfrente de mi negocito me pregunta que
introducen piedrecillas). También llevan un cinturón al que le prenden
si qué es bueno para el hígado, la vesícula, el riñón, como ya fueron al
varias pezuñas de venado y en las manos sostienen ayales que sirven
doctor y no se alivian, pues vienen a ver qué hay para sus dolencias”.
para marcar el ritmo.
Lo usual es hacerle un hoyo al ayale, echarle mezcal “es el mera-
Ayal o tecomate es el nombre vulgar; el científico, Crescentia alata,
mente bueno”, se tapa con un corcho y se deja 8 días reposando. Des-
y pertenece a la familia Bigoniácea.
pués se toma una copita diaria en ayunas, “haga de cuentas que ése es
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
De acuerdo con la información contenida en Nombres y Piedras
de Cinaloa, Pablo Lizárraga Arámburu dice que Ayale es voz tahue. La
raíz mexicana significa calabazo. Tecomate, Tecómatl, Vaso. Debe-
ríamos llamarlo cuauhtecomate, “vaso de árbol”. Ayacachtli son las
sonajas que se hacen precisamente con los ayales o tecomates. Árbol
de hojas con forma de cruz y unas frutas como calabazos pegadas a las
ramas gruesas. Los frutos son lisos y verdes, y cuando están secos se
ponen amarillentos.
La cáscara es dura, fibroleñosa.
Los frutos son grandes.
Cuando están maduros se les echa vino y es buen remedio para la tos.
Se hacen sonajas con ellos.
Se llaman ayales del centro al norte del estado, y algunas personas
del municipio de Cosalá los nombran ayacaste.
Se dice que la madera de tecomate estando seca es fuerte y sirve
para estribos, yugos y arado para sembrar.
Los ayales, fruta silvestre redonda que para muchos nativos sirvió y
sirve como remedio para aliviar sus enfermedades, y que integraron en
forma natural a su cultura como hierba medicinal.
Pobladores citadinos de hoy desarrollan su ingenio y creatividad
pintándolos de dorado o plateado, para colocarlos en canastos y ador-
nar cualquier rincón de su hogar “al estilo mexicano”.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
que se hace a la forma, es flexible, se trama bien bonito. Después se enja-
rraba de lodo y se blanqueaba con cal”, explican lugareños.
Otros coinciden al señalar que las letrinas eran fosas techadas de
viga de madera, a veces con ladrillo, lámina negra de cartón, cartones
extendidos clavados con fichas de refresco o cerveza, usadas durante
todo el día para orinar y evacuar el vientre, no así el bacín indispensable
Bacín de peltre durante todo el año en la noche y madrugada, especialmente en tiempo
de frío, pues no había que salir al patio, en las lluvias, cuando alguien de
la familia estaba enfermo de los riñones, o padecía del conocido popu-

N
larmente como mal de orín.
ativos dispersos en la geografía sinaloense aún lo usan, otros
Los recuerdos y vivencias aún no tan lejanas aparecen con inusitada
albergan en los recuerdos de la vida cotidiana de antaño, aquel
claridad, pues no se olvida que para bañarse se llenaba el balde o tina “de
utensilio indispensable en el hogar hace ya algunas décadas.
fierro” y con el jumate se echaba el agua; no había papel de rollo como
El original, recipiente de loza esmaltada en forma de taza, llamado
ahora, se utilizaba papel de estraza o se cortaba en cuadritos el papel del
comúnmente de peltre, de preferencia blanco con ribete azul, cubría la
periódico o revistas, y en la pared en un gancho de alambre o un clavo se
necesidad de evacuar la vejiga, especialmente por las noches; le llama-
colgaban y se iban jalando de acuerdo a las necesidades fisiológicas.
ban bacinica, nica, bacinilla o simplemente bacín.
Los traían a Sinaloa de la fábrica de Monterrey, Troqueles y Es-
maltes, se les podía comprar en el mercado, cristalerías o cualquier Toda la vida
tienda de abarrotes, donde además se vendían telas, petacas y merce-
ría en general. La sonrisa aparece en los rostros de hombres y mujeres cuando ex-
Aún no es difícil constatar la distribución arquitectónica de la vi- presan con sencillez y naturalidad que no tienen por qué sentir vergüen-
vienda hasta antes de la instalación de drenaje en las casas, por lo regu- za al hablar de este excusado portátil, pues de ninguna manera podía
lar portal al frente, los cuartos, pasillo, portal atrás, la cocina y hasta el faltar en las casas.
fondo del solar el baño... por aquello de los malos olores. “Cómo no acordarse que antes casi vivía uno entre el monte; en los
Y es que ciertamente, los baños de antes eran fosas comunes, in- pueblos más grandes fue donde primero aparecieron las letrinas, en los
cluso había quienes no las ademaban, es decir, no revestían la pared, ranchos era normal hacer las necesidades al aire libre, atocharse donde
entonces con la humedad se derrocaban. sea cobijado por las ramas. En las ciudades dejó de usarse el bacín hasta
Baño y excusado estaban juntos, la rústica construcción no tenía que hubo drenaje y el baño se construyó al interior de la casa, ‘contimás’
techo y hacía las veces de puerta del retrete, inodoro, lavabo, sanitario, en los ranchos, su uso ha sido de toda la vida”.
servicio, váter, wáter, w.c. o también conocido como trono, un costal
viejo de jarcia, y si se tenían mayores posibilidades económicas, un pe- Pasado-presente
dazo de fibracel o madera.
“Nosotros los construíamos; eran de lata tramada, para eso había Y como todas las tradiciones, quizá en su momento el ritual repe-
que ir al monte a cortar palo blanco, vara blanca, güinolo, o de papachío titivo no causa extrañeza, los pasos a seguir diariamente llevaban a su
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
colocación debajo del catre de jarcia, de lona o de la cama de correas, -¿Está en su dormitorio?- Urania bebe el último sorbo de café-. Bue-
aun cuando más tarde se agregó a las camas el colchón. no, dónde va a estar... La recibe una luz viva, que irrumpe por la ventana
“Había una bacinica para todos los que dormían en el cuarto, y abierta de par en par. La resolana la ciega unos segundos; después, va
como se carecía de luz se palpaba para ver dónde estaba; a veces, debido delineándose la cama cubierta con una colcha gris, la cómoda antigua
a la oscuridad, se iba uno hasta el codo, al meter la mano al bacín ya casi con su espejo ovalado, las fotografías de las paredes -¿cómo conseguiría
lleno. En las madrugadas era común hacer fila para usarlo”, refiere al la foto de su graduación en Harvard? -y, por último, en el viejo sillón de
compartir sus recuerdos anecdóticos acompañados de francas carcaja- cuero de respaldar y brazos anchos, el anciano embutido en un pijama
das, el cronista de la ciudad de Guamúchil, Arturo Avendaño. azul y pantuflas. Parece perdido en el asiento. Se ha apergaminado y
La limpieza del bacín se hacía de una forma especial, con agua cer- encogido, igual que la casa. La distrae un objeto blanco, a los pies de su
nada, es decir, agua con ceniza, que se obtenía de la leña quemada en la padre: una bacinilla, medio llena de orina”.
hornilla, la que por cierto, usándola junto con jabón salado, el cabello Al aparecer la industria del plástico e irrumpir como una avalan-
quedaba muy sedoso; también se utilizaba para blanquear la ropa. cha, conquistando a los consumidores al abaratar costos en la fabrica-
Una vez lavado el recipiente, se colgaba en el cerco de púas, de palo ción de sus productos al por mayor, comercializa nicas de todos tama-
parado o en el palo de brasil, que hacía las veces de tapia de las casas, ños y llamativos colores, con gran demanda por los padres que enseñan
pero siempre ladeado o boca abajo, para que se secara totalmente y no a sus hijos a dejar el pañal, cuya limpieza se efectúa con un sinnúmero
criara sarro. de desinfectantes y desodorantes que se expenden por doquier.
Algunos lugareños lo ponían en un clavo en la enramada del lava- En este breve viaje aún se pueden ver en la acuarela del paisaje rural
dero, listo “pa’la noche”. bacines despostillados haciendo las veces de maceta en cualquier rincón
Y aunque parezca extraño, era tradición que la parturienta no del hogar, su presencia nos habla de un hábito, signo de identidad, que
sólo estrenara petate y sobrecamas, también un bacín, para evitar entreteje el binomio ayer y hoy.
infecciones. Su uso fue imprescindible.
Por supuesto este utensilio doméstico no es exclusivo de México, Natural.
fue hasta que se instalaron las cañerías en las casas que llegaron los ino- Incluso se argumenta que cuando “los plebes” daban rienda suelta
doros y los primeros sistemas sanitarios modernos. a la imaginación aparecía el miedo a los espantos, también en las no-
Referencias históricas registran que hacia finales de la Edad Media ches de total oscuridad en que la luna no iluminaba el sendero, o en “las
empezaron a usarse en Europa, primero, excavaciones subterráneas y aguas”, cuando a nadie se le antojaba transitar hasta el lugar destinado
más tarde, letrinas. Cuando éstas estaban llenas, el contenido se em- para cubrir las necesidades, el retrete, pues éste se encontraba al fondo,
pleaba como fertilizante en las granjas o era vertido en los cursos de al final del patio.
agua o en tierras no explotadas. El bacín de peltre, testigo de una forma de vida, costumbres, per-
Una de las personalidades intelectuales de más peso en el mun- manencia, un botón de Sinaloa... aún no se ha ido.
do entero, el profesor universitario, articulista, académico, ensayista
político, Mario Vargas Llosa, describe en un fragmento de su magistral
novela La Fiesta del Chivo, cuyo contexto se desarrolla en la República
Dominicana:

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
otorgar lo que serían los fundos de las villas o pueblos, la persona que
entregaría el solar tomaba de la mano al beneficiado y lo paseaba por
el lugar mostrándole físicamente cuánta dimensión tenía; una vez
terminado el recorrido, el nuevo dueño tenía la costumbre de recoger
hierbas del suelo, esparcirlas por los cuatro puntos cardinales como
para decir “aquí estoy en lo mío”, además recogía piedras de su solar y
Bardas las lanzaba en todas direcciones, como para ahuyentar malos espíritus
y atraer algunas bendiciones.
Este acto era francamente obligatorio en los terrenos urbanos,

A
mediante el cual el nuevo agraciado quedaba en plena posesión quieta
la vista de todos.
y pacífica del lugar que se le acababa de mercedar para que ahí constru-
Indispensable en la época actual.
yera el asentamiento de su familia. En los predios agrícolas no había esa
Compañera común de las viviendas en cualquier rincón de la
costumbre, ya que eran muy extensos, medían quizá 4 leguas, es decir,
geografía sinaloense.
casi 20 kilómetros.
Algunos le llaman tapia, cerca, muro, cerco, valla, barda...
Otra tradición que aún permanece en la memoria colectiva de los
pobladores eran las llamadas mojoneras, es decir, piedras colocadas en
Costumbre europea ciertos puntos y pintadas de blanco que servían para fijar la propiedad.

No hay evidencia que existiera antes de la llegada de los españoles


Tapias
a América.
En opinión del cronista de Ciudad Mante, Tamaulipas, y periodista
Nuestros antepasados vivían en cualquier lugar, en casas de adobe
del Eco del Mante, Juan José Mata Bravo, esta costumbre nace evidente-
y palma. Nuestros abuelos construían sencillos cercos o tapias de cual-
mente a raíz de la Conquista, de la dominación española.
quier tamaño, de lata también llamada vara blanca o tacoti, torote (palo
Los europeos la trajeron con el propósito de proteger la propiedad
muy resinoso y espinoso), ocotillo o palo de San José, güinolo, papachi,
que se le adjudicaba a las personas; también para señalar los límites en
palo fierro, palo barril, guasimilla y pochote, de guásima también, aun-
terrenos agrícolas con cercas de diferentes materiales, o para los solares
que es más usual en carpintería para la fabricación de muebles rústicos.
donde se asentaba la vivienda familiar y así evitar la incursión de ma-
Aún es posible ver en cualquier poblado o ranchería, en ciudades
leantes, animales, y robos.
pequeñas o en las que predominan las calles de terracería, cercas de palo
Los materiales utilizados para la construcción dependían de lo ac-
de brasil, palo colorado, palo parado, piedra apilada llamada también
cesible que éstos fueran; por ejemplo, si en un sitio había madera abun-
trinchera (sin cemento), cerca de palos, de estacas.
dante y fácil de conseguir, entonces se hacían cercas de madera, o bien,
Hacha y machete constituyen utensilios suficientes para ir al mon-
de piedras. Se aprovechaba el palo de rosa, el famoso cuacharalate, que
te y tomar de la naturaleza lo necesario para limitar la propiedad.
todavía se usa, palo mulato o chaca, mezquite, los menos costosos, los
Plantas ornamentales como el jazmín, con sus coloridas flores na-
más abundantes en la flora silvestre regional.
ranja, y la rastrera “hazme como quieres”, cumplen con creces su doble
En Tamaulipas se habla de que cuando el colonizador empieza a
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
función: fungir como barda de mediano tamaño y brindar un aspecto nicas sinaloenses, antes del proceso de colonización y evangelización,
decorativo a la casa. Hay quienes aseguran que aún existe un muy pecu- recrean la vida sencilla de la población norteña sinaloense que se encon-
liar tipo de barda de pitahaya, colocándose los cactos en fila, en línea, traba viviendo dispersa a la orilla de los ríos.
para que haga las veces de barrera protectora. Hacían, como nos señala la historiadora Laura Álvarez Tostado, en
Hay bardas de piedra, ladrillo, block, malla ciclónica o de elabo- su libro Educación y Evangelio en Sinaloa, Siglos 16 y 17, sus casas de va-
rado diseño de herrería, según las posibilidades económicas y ador- ras cubiertas de petates y con las puertas muy bajas, al frente unos por-
nos de acuerdo al gusto del dueño de la morada; también las hay de tales con toldo que les servía de sombra, al mismo tiempo que de troje
viga, latilla o latón. para guardar sus provisiones de maíz y otros productos.
No falta quien recuerde el ingenio para hacer un portillo, es de- Los naturales de la sierra construían sus casas de piedra y barro, y
cir, especie de puerta chica abierta en otra más grande, o conocido co- en algunos pueblos había dos casas grandes y fuertes, en una dormían
múnmente como el hueco hecho en el muro o la tapia, para pasar con los varones y en la otra las mujeres, para así defenderse más fácilmente
facilidad a la vivienda vecina. Si había que romper el alambre de púas, de posibles invasiones.
la tela gallinera, o mover con fuerza los troncos o varas, amarrados con Sobre los animales que comían, dicen las crónicas que eran liebres,
tiras de liana silvestre, para el grupo de chiquillos traviesos era parte de conejos, iguanas, varias aves y venados; la carne de este animal era la
la diversión. que acostumbraban en las fiestas para dársela a sus invitados.
Su construcción no sólo delimita el terreno, la propiedad privada, Las bebidas eran de maíz, lo preparaban de diversas maneras, a
sino también, argumentan los moradores, les da seguridad, aislamiento veces hacían la harina disuelta en agua (agua de pinole); otras, masa
al amurallar la construcción. de maíz para atoles. También elaboraban lo que hoy conocemos como
En los ranchos de Sinaloa es común observar que las amas de casa tejuino, otras veces el vino del mismo maíz; esto no permitían que lo
aprovechen el cerco de alambre para tender la ropa, especialmente sá- tomaran los más jóvenes. Dicen los documentos que: “lo que les intere-
banas y cobijas que ocupan gran espacio, a la par de obtener un rápido saba era comer, beber y pasar la vida”.
secado de esos lienzos y mantas. Y así como ayer, contemplar hoy en la zona rural de la campiña
En la década de los 30, el Dr. Roberto Gastélum Orejel, en su libro Re- sinaloense cercas de palos, con puertas de vara blanca o del corazón del
cuerdos de Los Mochis, comparte una postal de las viviendas de ese tiem- mezquite, puertas con aguja, de trancas o de tranques, entradas de hor-
po: “pocas casas eran de ‘material’, así le llamábamos a las de ladrillo, la queta (en forma de V), es constatar que aún subsiste la puerta de caracol,
mayoría eran los ‘chinames’ construidos a base de ‘latas’ y principalmen- de postes de palo colorado con travesía, o de cualquiera que no se pudra
te de tiras de pitahaya enjarradas de lodo para tapar las rejas; el techo era con facilidad, lo cual reafirma que el pasado y el presente entrelazan sus
de terrado. Fue esta cactácea uno de los baluartes de la población. Abun- lazos aún por tiempo indefinido.
daban por doquier, en los cerros, en el llano, en las marismas...y daba para ¿Romanticismo?
todo: frutos dulces y carnosos en temporada, madera, combustible para ¿Tradición?
las calderas del ingenio azucarero, para las ladrilleras, para la ‘hornilla’ del ¿Costumbre?
hogar y hasta cepillos para alisar el pelo de las mujeres; entonces no había El maestro en ciencias, Crescencio Montoya Cortez, precisa que
hombres mechudos”. la realidad es que hoy predomina la demarcación. Incluso en cualquier
Escenas del pasado, de la vida cotidiana en las sociedades prehispá- ciudad, fácil es constatar que pocos aprueban el compartir la misma

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
pared, y para evitar problemas hay una exigencia de que cada vecino
construya la propia.
Los indígenas tuvieron la propiedad comunal, colectiva; los espa-
ñoles nos trajeron la flojera, el ocio, la envidia, el ego, y la expresión
“esto es mío”.
Ciertamente, dicen los nativos, “antes” persistía un valor: el respeto
natural entre vecinos. Si bien teníamos muchas carencias, una vida rústi-
ca y sencilla, nos cuidábamos entre todos, en comunidad, como una gran
familia; nos ayudábamos, en la salud y en la enfermedad, compartíamos
la comida, el compadrazgo se repetía una y otra vez, nos sentíamos afor-
tunados porque no nos asolaba el fenómeno de la inseguridad y la violen-
cia, aunque había mucho monte y solares baldíos.
Y aunque en la época actual la división territorial se marque de
manera contundente con la construcción de bardas de todos tamaños y
materiales, la vivienda, su arquitectura, es una expresión cultural de los
pueblos que al paso del tiempo nos habla de sus costumbres y tradicio-
nes, de su contexto, su medio natural, social y cultural.
Es decisión de cada lugareño no dejar morir la convivencia huma-
na, uno de los grandes valores de México, y que hace más fácil la vida de
todos los días, la vida cotidiana...

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Para los nativos es motivo de tranquilidad contar con una tienda
cerca, en especial aquel local que forma o se encuentra próximo a la vi-
vienda del propietario, pues manifiesta disposición de tiempo completo
para ofrecer a los clientes los más variados productos de uso cotidiano.
En estas tiendas era común que el comerciante empacara la mer-
Bolsas de papel de estraza cancía en una bolsa con asa, o sin agarradera según el producto. Muchos
recuerdan aquéllas que hace 6-7 décadas traían, de manera muy visible,
publicidad del Café Combate.
Si el cliente consideraba que por seguridad era mejor adquirir otra

L
os dedos aprisionan el asa de la bolsa. para que no se fuera a romper por el peso de los productos, como eran
Útil. muy baratas la compraba ahí mismo y dividía la carga.
De color natural.
Fabricada en papel de estraza. Devenir
El comercio las expende en múltiples tamaños, con o sin cuerda.
Y aunque indispensable al principio, los nativos se quejaban y aún El ayer aparece naturalmente.
lo hacen, de su fragilidad, “ya que bastaba que se humedeciera un poco No se olvida a aquellos abarroteros curiosos y organizados que en
con la mercancía para que se desfondara, y papas, tomates, mazo de cilan- cualquier momento de ocio o la clientela estaba escasa, cortaban el plie-
tro, calabacitas, ejotes de reata, cebolla de rabo, chiles... quedaran regados go de papel de estraza en cuadros y elaboraban cartuchos, cucuruchos
en el suelo”. o también llamados alcatraces, para no embromar al cliente y tenerlos
Algunos habitantes precisan que las originales, las primeras que se listos para despachar rápidamente el pedido.
usaron, tenían el asa más larga, incluso el cordón estaba colocado hasta ¡Ah! Tan sólo pensar en que pronto tendríamos en nuestras ma-
el fondo de la bolsa, a diferencia de hoy, que es más pequeño. nos un cucurucho, es decir, un pedazo de papel enrollado en forma de
Quienes mayor uso daban a este recipiente eran aquellas señoras que no cono, viene a la mente la inigualable delicia de las galletas de anima-
tenían, o bien, no llevaban la canasta de palma, especial para el mandado. lito, que lo mismo daba saborearlas solas, crujientes, que remojadas,
En los diferentes tamaños de las que no tenían asa, se empacaba sopeadas en leche.
desde pimienta entera, clavo, canela, azúcar, harina, orégano, huevos, Primero fue la bolsa de papel de estraza con agarradera para la
café en grano, arroz, frijol... mano; después llegó la bolsa de ixtle, el morral (con colgadera para el
No hay que olvidar que los pequeños comercios de abasto popular, hombro), después la de plástico, la de rafia (fibra muy resistente y flexi-
conocidos como misceláneas, tendajones, más familiarmente llamados ble), y finalmente la de forma de camiseta que se compra por kilos en los
en Sinaloa, abarrotes, en el México porfiriano se ubicaban en las ciuda- comercios de plásticos y resinas, utilizadas también por las tiendas de
des más importantes y eran propiedad en su mayoría de inmigrantes es- autoservicio a todo lo largo y ancho de la República Mexicana, a la cual
pañoles, debido al crecimiento urbano se extendieron como lo registra se les ha impreso publicidad.
la historia del siglo 20, a cualquier ciudad, cabecera municipal, y comu- Difícil olvidar que antaño se cortaban cuadritos de papel no sólo
nidad rural dispersa en la geografía del territorio nacional. de estraza, sino también de periódico, los cuales se colgaban en un clavo

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
o gancho de alambre a la entrada del baño de cajón, ubicado al fondo de Las travesuras infantiles no podían faltar en el devenir de este uten-
la casa, su uso era, por supuesto, ¡indispensable! silio de gran tradición.
El maestro concertista de guitarra Cesáreo Martínez Tavizón señala
Papel de empaque que “nos encantaba quitarle la agarradera a las bolsas de papel, pues las
de hace muchos años traían el chicote más largo, y como éramos plebes
Hablar de este material básico, el de estraza, papel rudo, de textura nos gustaba hacerla de domadores.
rugosa, que no está blanqueado ni encolado, es decir por ejemplo que en También inflábamos las medianas o de preferencia pequeñas de
pliegos aproximadamente de un metro o a la mitad, es de uso frecuente las que no tienen agarradera, cerrábamos la boca o abertura de la bolsa
en la envoltura de tortillas. Incluso una imagen que se conserva en la retorciéndola para atrapar el aire y luego la tronábamos; era un gusto
memoria colectiva y que aún no se ha ido, es cómo la expendedora de escuchar el ruido, entre más fuerte, mejor”.
tortillas para evitar que las hojas se desparramen o vuelen por el aire,
coloca una de las pesas de la báscula al centro del papel, o decide jalar los Panadería
que ha colgado en la pared.
El profesor Francisco René Bojórquez Camacho recuerda que sus pri- José Armando Infante Fierro, integrante de La Crónica de Sinaloa,
meras letras las escribió en papel de empaque. “La situación económica cronista de Ahome y empresario, reflexiona en el uso y utilidad de las
era tan crítica en la familia, que mi madre Micaela Camacho recortaba el bolsas de papel de estraza.
papel y lo cosía con aguja e hilo para hacer un rústico cuaderno”. Así señala que en realidad la envoltura tiene que responder a las
Una presentación de gran demanda es la de las toallitas para secarse necesidades del producto que se cubre, anteriormente se envolvía en
las manos. En las mercerías y boneterías aún se envuelven pequeñas com- papel reutilizable, papel periódico y cuando se podía, se adquiría ex
pras de botones, cierres, hilazas, hilos, elástico. No pueden faltar, por su- profeso el de estraza, con el que se elaboraba un cucurucho, o un atado
puesto, en los socorridos puestos de fritangas, donde chicharrones, carni- donde se colocaban los panes y se enrollaban las orillas, a manera de
tas, asientos y botana en general, dejan su grasosa huella en el empaque. bolsa provisional.
Común es que el vendedor de churros coloque el producto en este Las preferencias de este papel limpio permitían que no se conta-
tipo de bolsa, donde los comensales, especialmente niños, se encantan minara el alimento, cosa que no tenía el de periódico, que ya entintado
de consumir el azúcar que queda al fondo. contenía olor, sustancias químicas.
Sin embargo, poco frecuente es ver ahora a los vendedores en los En forma más industrializada se utilizan este tipo de bolsas de di-
partidos de beisbol o de futbol, con la bolsita de cacahuates, envasada ferente tamaño, ya que sus características permiten que el papel pueda
ahora en empaque plástico o de cualquier derivado del petróleo, al igual hacer que transpire el producto, que los panes calientes conserven cierta
que el abastero que antaño envolvía diestramente el trozo de carne en temperatura, pero también que no retenga demasiada humedad y no se
un pedazo de papel de estraza. afecte la consistencia del pan.
A decir de los comerciantes las bolsas con asa ya no las piden los De alguna manera ésas son razones por las que dentro de mi nego-
clientes, y su venta es mínima, “ahí están, véalas, no son mentiras, están cio de la panadería se ha conservado y prevalece la utilización de este
haciéndose viejas, descoloridas, cuando de casualidad alguien quiere una, tipo de bolsa.
exige la que no esté maltratada, amarillenta y conserve su color café”. Existen ahora papeles mucho más firmes, más afinados que tienen

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los poros más reducidos, más resistentes al manejo, al igual que diversos de ropa, en embalaje de regalos (algunas dicen en letra pequeña, bolsa
fondos que permiten darle mayor capacidad a la bolsa; lo que más se ecológica, o se aduce que es una presentación mexicana), inclusive las
busca, por supuesto, es que se mantengan las características de durabili- hay en gran variedad de colores, diseños, fotografías, grabados, lo que
dad y resistencia. denota la necesidad de recuperar una forma tradicional de empaque.
Destaca también, que hay una producción nacional menos re- Comerciantes coinciden al manifestar que en esta región del no-
sistente en el mercado; la bolsa producida en Estados Unidos se vende roeste algunas temporadas se tiene dificultad para encontrar bolsa de
bastante, porque el tipo de papel le permite mejores condiciones y es calidad, de diversos tamaños, y pliegos de papel de estraza, por lo que
preferida para un manejo más rudo, duradero. nuestra industria de papel se observa a la zaga, y si se mantiene en los
La bolsa transparente de polietileno de baja densidad, si bien tie- albores del siglo 21 el uso de las bolsas no es sólo por conservar la tradi-
ne un uso muy amplio y registra un bajo precio, además de que es una ción, sino por utilidad y bajo costo.
manera muy cómoda para publicitarse, en algunos países desarrollados
existen limitaciones para su uso, como en Estados Unidos que utilizan
las de papel. En México no tenemos ninguna medida restrictiva, lo que
ocasiona mayor contaminación en los depósitos de desecho, por su
difícil degradación. Se supone entonces que debería ser poco viable se
siguiera utilizando si existiera una cultura ecológica, cosa que en México
aún no tenemos.
En la panadería típica la gente está acostumbrada y muestra prefe-
rencia por la bolsa de papel, a diferencia de la plástica, se podría hasta
pensar que de alguna manera le gusta mantener ante los ojos de los de-
más el enigma de qué pan escogimos para la merienda o para la cena.
¿Qué habrá comprado fulana o sutano?, ¿cemitas, birotes, con-
chas, cochitos, cortadillos o cuernitos?... y si a eso se añade la imagen
de la mujer o del hombre cargando con amoroso cuidado el oloroso ali-
mento, se otorga cierto romanticismo a la tradicional bolsa de papel.
La bolsa grande con agarradera (cordón) tiene pues el uso específi-
co de cargar materiales de cierto volumen pero sin peso excesivo, ésa es
la condición.
En los Estados Unidos es común ver las bolsas de este papel simi-
lar en todo tipo de tamaños, aún más en los restaurantes de comida
rápida para llevar.
En las tiendas de autoservicio se encuentran a precios accesibles
estos paquetes de uso múltiple.
Actualmente en México la utilizan los almacenes en el envoltorio

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Agua fresca

El ser humano a través de los siglos ha transformado el medio en


que vive, no sólo el natural, sino el social y cultural, por eso se distingue
de los animales, entre otras características, porque produce las cosas que
necesita para vivir.
Bules
Un día cualquiera decidió aprovechar el bule, conocido también
como calabaza o güiro, cortar un trozo de la parte superior, echarle unas
piedras y agua cernada, es decir, con ceniza, para quitar lo amargo, las

E
semillas o las venas; al siguiente día sólo sacudirlo un rato y queda lim-
l bule es un utensilio que aparece a lo largo de la milenaria historia
pio. De esta manera podría llenarlo de agua y usar un pedazo de olote,
prehispánica. Cuando los hombres se hicieron sedentarios ya po-
madera de pionía o chilicote como tapón.
seían instrumentos básicos, hechos de piedra, madera o guaje.
Colgado al hombro con un mecate, era parte de la indumentaria
Múltiples son los usos que tiene este elemento del campo.
del hombre de campo. Había quienes enterraban el bule en la arena del
Para el historiador Pablo Lizárraga el bule es un calabazo que de tierno
arroyo para conservar el líquido más fresco.
le amarran a la mitad un mecate para que al crecer lo haga en forma de gui-
Si se rajaba longitudinalmente, obtenía dos jumates, vasijas a las
tarra. Se usa como cantimplora en los ranchos, es ligero y refresca el agua. La
cuales podría quitarle o dejarle agarradera (asa). En las ollas de barro
planta (cucurbitácea) es una enredadera muy grande. Lo “curan” sacándole
o en tinajas era compañera fiel para beber agua, infaltable también en
las tripas y remojándolo en agua de cal y ceniza para quitarle el mal olor.
el apaste y en el lavadero. Lo más común era tomar un baño “a juma-
Es posible que en bules (así lo hacían no hace mucho) los indios co-
tazos” agarrando agua del balde y usando jabón de manteca de cochi,
lectaran la resina de hule con la que hacían las pelotas tan pesadas para
salado, Olga o Perla.
los juegos de ulama, y de esto le vendría el nombre.
Existe una anécdota relativa a un jumate que ha circulado por
Por su parte, un vendedor de estos recipientes, Ernesto Chaparro
toda la región del Évora. Se cuenta que un vendedor ambulante, de esos
Arce, asegura que se da en todo Sinaloa y a la mata se le conoce común-
que les decían “varilleros” (porque traían una especie de varilla donde
mente como bule, en otras partes le dicen guaje, y los indios mayos la
colgaban sus mercancías), llegó a un rancho de Angostura a pedir agua.
llaman tecomozote.
“Tome la que guste”, le dijo el casero, a la vez que le señalaba el lugar
Los de tiempo caliente, de verano, son los mejores, variedades que
donde estaba la tinaja con su respectivo jumate. El individuo se acercó
la gente “antigua” procura. Escoger el más especial es aquel que tiene
para saciar su sed, pero se dio cuenta que en esa casa había una persona
verruguitas, limpio y bien sano.
mermada de sus facultades mentales. Vio que “babeaba” mucho y pen-
Convencido señala que durante muchos años su pulpa ha tenido
só: “éste debe de tomar el agua con el jumate que usaré”. Y como sintió
una aplicación medicinal. “Se abre el bule y se le llena de vino dejándo-
un poco de asco y pena a la vez, se le prendió el foco de tomar agua con
lo toda la noche, se toma tres veces al día para curar golpes internos y a
la cola del utensilio. Cuando se estaba empinando la fresca agua, uno
los 15 ó 20 días, está usted parado; sirve también para los que están en-
de los chiquillos que observaba gritó: “¡miren, miren, también agarra el
fermos de los pulmones. No hay que tomarlo para emborracharse, sino
jumate como mi tío loquito”.
como medicamento”.
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Arte mento decorativo, la tradición de sus virtudes curativas casi en extin-


ción, las nuevas generaciones de él sólo saben que pueden cargarlo en el
Los artistas sinaloenses, siempre en búsqueda constante, no hombro como “revolucionarios” en el desfile del 20 de Noviembre.
podían ignorar esta materia prima en sus bellísimas artesanías, con-
firiéndole tal importancia como la creación del Taller de Arte en Bule
que se imparte en la Escuela de Arte José Limón, de Difocur, en la ca-
pital del estado.
Los trabajos realizados por los artesanos artistas José Valdespino y
Édgar Cázarez, son magníficas propuestas que amplían los horizontes
de la imaginación.
Así, una vez que preparan la madera con un tratamiento químico
que elimina el desarrollo de hongos, está listo para utilizar técnicas de
policromado, es decir, empleo del color en todas sus variedades: óleo,
acuarela, acrílico y diversos acabados de alto brillo, mate y semimate.
Otra de las técnicas es el burilado, que comprende la socavación de
la madera para forzar la textura natural del grabado, aumentar su cali-
dad expresiva e incrementar el dramatismo artístico de cada diseño.
Con el pirograbado se pueden crear diseños de alta calidad gráfica,
mediante la aplicación de altas temperaturas en la superficie del bule.
El piroburilado es una técnica mixta, y las técnicas avanzadas son
las que reúnen todo un estudio de diseño y composición.
Para estos creativos sinaloenses, ningún fruto de la naturaleza guar-
da tantos usos, magia e historia, como los bules, los cuales han despertado
desde tiempos antiguos una adoración mística en los grupos étnicos de
muchas partes del mundo.
Ya no extraña encontrar bules en miniatura adornando al Santo
Niño de Atocha, el Nacimiento, el Árbol de Navidad, a San Isidro La-
brador, o bien, que alguien decida utilizarlo como llavero, colocarlo
como pieza decorativa en la casa, y hasta designarlo amuleto para la
buena suerte.
¿Cambio?, ¿permanencia?... llegó la industria del plástico y los
campesinos lo sustituyeron por los envases de leche, de jugo o de refres-
co para llevar el agua.
El bule, utensilio de la época prehispánica, hoy básicamente ele-

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Pequeños y dulces

El arbusto prácticamente todo el año da frutos pequeños, comesti-


bles, dulces, de color blanco y pulpa transparente, muy codiciados por
los niños y adolescentes de antaño, que incorporaban a su diversión, a
sus travesuras, el cortar la frutilla silvestre y comer hasta saciarse, ya que
Cacaragua o cacarahua
había de estos árboles por doquier.
Alimento de aves canoras, su rama es utilizada para barrer y aroma-
tizar los hornos semiesféricos fabricados en adobe y ladrillo donde se

¿ Qué es?, ¿se come?, ¿todavía hay?, preguntas que de inmediato sur-
gen al escuchar este nombre.
No hay que olvidar que cuando los españoles llegaron al territorio
sinaloense encontraron que estaba habitado por varias tribus. Algunos
hornea pan, empanadas, coricos, bizcotelas y que forman parte especial
del paisaje rural de la campiña.
El pasado se entrelaza con el presente en esa liga natural que escri-
be las páginas de cada día, por ello esa vivaz agitación, alegría del alma
que no olvida la sencillez y el gozo por las pequeñas cosas, el tomar
grupos humanos prehispánicos tenían entre sus actividades principales
como nuestros antepasados recolectores frutas y semillas silvestres de la
la recolección de frutos silvestres para su alimentación, y en ocasiones
diversidad biológica del territorio sinaloense.
para hacer trueque con otras tribus.
“Éramos plebes que sólo pensábamos en jugar, divertirnos, así que
Recogían de la naturaleza pitahayas, tunas, aguamas, semillas de
cortar las cacaraguas del árbol debía hacerse con cuidado porque si no
mezquite, papachis, ayales, miel de abeja, chiles, guayabas, ciruelas, zapo-
las aplastábamos, se reventaban y se salía el dulce jugo; ni siquiera se
tes y guamúchiles. No es de extrañar entonces que pobladores de estas cá-
nos ocurría lavarlas, comer una tras otra hasta sentir que nos empachá-
lidas tierras decidieran un día cualquiera tomar lo que la naturaleza regala
bamos era el chiste. También nos abastecía de horquetas para hacer los
en abundancia, además de que gran número de nuestros especímenes
tiradores, ya que esta planta es muy dadora de éstas”, coinciden en seña-
vegetales silvestres tienen utilidad para el hombre, algunos suministran
lar lugareños de Angostura, Mocorito, Culiacán, El Rosario y Choix.
maderas para la construcción y la ebanistería, otros son aprovechables en
la curtiduría, también hay plantas tintóreas, textiles, forrajeras, que pro-
ducen resinas, medicinales y, por supuesto, frutales.
Entre estas plantas nativas destacan la pitahaya, nopal, aguama,
guamúchil, arrayán, zapote amarillo, papachis, ciruelita del monte, be-
belama, igualama, nanchi, talayote, balsamina, garambullo, zapuchi, hi-
guera y la cacaragua, que según el historiador Filiberto Leandro Quintero
en su libro Historia Integral de la Región del Río Fuerte, su nombre vulgar
es cacaragua (utatave), técnico, científico o botánico Vallesia glabra, y per-
tenece a la familia botánica Apocinácea.
También se dice que cacarahua es voz tahue, caca: dulce en lenguas
del noroeste, y raue, posesivo: la que está dulce.
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rrollan de manera natural estas poblaciones, se incrementan las posi-
bilidades de extinción de este recurso, el cual tiene que estar debajo de
los árboles, pero si desmontan una vez y dejan reproducir el matorral,
surge de nuevo.
La labor de extracción en apariencia sencilla y rústica, no es tal,
exige grandes dosis de esfuerzo, ya que la tierra en tiempo de secas gene-
Camotes amargos ralmente está muy dura.
Al amanecer de cada día salen al campo los hombres para buscar
los tubérculos; la experiencia les indica que si bien las enredaderas co-

M
munes por lo regular se envuelven en los árboles al lado derecho, donde
e “gustan porque su textura se parece a la papa pero con sabor
se dan los camotes lo hacen por el izquierdo; para sacarlos se escarba
amargo, y no hay nada tan bueno como tomar un vaso de agua
hasta hacer un hoyo derechito que quede a un lado de donde está la raíz,
natural después de comerse un camote”.
para extraerla sin que se parta.
¡Quiero uno que esté grande, tableadito, porque casi no amarga!
Se ha comprobado también que el de gran tamaño que estuvo
¡A mí déme otro pero bien amargo, si no no me gusta!
toda la temporada, se seca en tiempo de lluvias, y en su lugar sale otro
¡Yo, uno tiernito!
nuevo, además en el periodo de precipitaciones pluviales el camote
¡Don, a mí uno sazón y bien grande!
empieza a agarrar agua y ya no se pela bien... y son los últimos que se
Así se escuchan las preferencias de los clientes al comprar camote
ofrecen a la gente hasta que inicie la mejor temporada en los meses de
amargo que Odilón Higuera Arce vende, al igual que la mayoría de las 40
octubre a mayo... mientras tanto las zayas, plantas herbáceas anuales
familias que integran el poblado El Guayacán, municipio de Salvador
que nacen y se reproducen en casi toda la región silvestre del norte de
Alvarado, Sinaloa.
Sinaloa y forman parte de la tradición gastronómica de antaño, están
Algunos no esperan llegar a casa para saborearlo, en plena calle lo pe-
listas para consumo.
lan y comen natural, otros le agregan limón y salsa picante, y hay quienes
dicen que no hay nada mejor que acompañarlo con un vaso de leche.
¡Aquí están los camotes, pásele!
Mientras haya monte Para la comercialización de esta raíz los nativos se organizan en
una forma práctica para el logro de mejores resultados.
El camote, de la voz náhuatl camotli, nace especialmente en los mon-
“En la temporada fuerte los recolectores nos coordinamos, unos
tes altos, cerros o lomas de Sinaloa, la guía echa unas coronitas y la semilla
lo sacan y otros lo traen a la venta; otro día salen a vender y los demás
cae en la tierra, surgiendo así el camote; empieza como una bolita semejan-
son sacadores”.
te a una papita, al transcurrir dos meses alcanza ya un buen tamaño.
Habitantes de Los Mochis, Angostura, Mocorito y Salvador Alvara-
“Esta raíz silvestre solita, solita, se da, a mí me dio por plantar en
do, por mencionar algunos lugares, señalan que como les gustan mucho
el solar de mi casa muchos camotitos y me di cuenta que así no le gusta
los camotes amargos no compran una o dos piezas, sino que al venir es-
reproducirse, se destruye sola”, explica el comerciante.
pecialmente por ellos, aprovechan para adquirir una jaba.
Refiere también que cuando se efectúan limpias donde se desa-
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Las voces de los niños se escuchan al pregonar a gritos su mercancía
a orillas de la carretera, a la vera de caminos o en su comercio ambulante
en el centro de la ciudad, además de intentar convencer a los clientes de
las bondades curativas de los mismos.
¡¡¡Hay camotes amargos, medicinales, son buenos para las amibas
y la diabetes, llévelos!!!
El costo por pieza varía, depende del tamaño, si es muy grande, el
precio es mayor, por lo que la gente llama “un camotón”.
Y aunque a algunos les gustan crudos, recién cortados, la mayoría
los prefiere una vez que han pasado por sencillos procesos de cocimien-
to, ya sea el que en vez de utilizar agua se cuece en “suero verde” del que
escurre de los quesos, para obtener un sabor más especial, dicen.
O bien, el tradicional, que consiste en prender la hornilla con leña,
cocer los camotes en una tina cubriéndolos con agua y echándoles una
poca de ceniza para que estén más pronto y esponjaditos; para que estén
en su punto se calcula hervirlos 40 ó 50 minutos, después se le tira el
agua, se deja a que vaporicen un momento, se sacan y echan a la jabita.
“A veces los tapamos para que no se enfríen muy pronto, porque la
gente cuando encuentra los camotes calientitos, le gustan mucho más”,
señalan los vendedores.
La naturaleza, original, pura, generosa, produce sin reservas frutos,
plantas y tubérculos comestibles que surgen espontáneos un día cual-
quiera, sin cultivo, y que la mano del hombre toma para su alimento.
“De ella vivimos la mayoría de las familias de este poblado, por eso
no hay que olvidar dar las gracias por permitirnos extraer de su tierra el
sustento”, precisa en su reflexión Odilón Higuera.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
afilado cuchillo y desarmador como herramientas complementarias de
sus manos y piernas.
No hay necesidad de moldes, el tejido adquiere forma de inmedia-
to; se aprieta con los dedos, se amaciza con golpes en el suelo, y si va
muy abierta la va juntando, cada correa hay que pegarla bien porque si
no quedan jajales, dice convencido.
Tejedores de canastas José Luis aprovecha su buen estado de salud para ahorrarse costos,
y aunque es una labor dura, se traslada a los palmares y corta el tallo, lo
pela con el machete y se dispone a limpiar la madera.

¿
La materia prima crece en las aguas (tiempo de mucho monte y bi-
Quién dijo que en Sinaloa no hay artesanías y que estos canastos los
taches), por lo que lo mejor es cortarla de octubre en adelante, hasta que
traen del sur del país?
se termina, por allá por mayo.
Lo cierto es que grandes, medianos, pequeños, guares, guaris, uaris
Y aunque indica que la vida en la costa es más pesada, ya que en los
o chiquihuites, para las tortillas y asaderas, cestos con tapadera para
ranchos “con frijol y tortilla la hacía uno; vivo de esto; al tejer escucho
ropa, hueveras, costureros, floreros y sombreros, son elaborados espe-
música, noticias, novelas, veo pasar a la mujer cada rato que entra y sale
cialmente por las manos de sinaloítas.
de la casa, tomo café, y pues creo que si no las compraran en Los Mochis
Estos productos por lo regular son fáciles de adquirir en cualquier
y en cualquier ejido, rancho o ciudad de Sinaloa, no las hiciera, por eso
mercado o tlapalería, donde simple y sencillamente se vende de todo.
desde hace 50 años le entro al trabajo con fe y ganas, para saborearlo”.
El canastero José Luis Bea Zavala, originario del poblado El Plata-
nito, que desapareció en su mayoría al construirse la presa Guillermo
Blake (El Sabinal) y cuyos habitantes fueron reubicados en una comuni- Muy útiles
dad del mismo nombre, perteneciente al municipio de Sinaloa, señala
que la gente del sur no tiene esta palma silvestre, por lo tanto no trabaja De acuerdo con el comerciante Cliserio Arias, la canasta más común
su tallo; ellos usan el carrizo, material más duro y que se quiebra. y de mayor demanda es la grande, la cual compra 100% el agricultor, y
en la zona serrana los cacahuateros por ejemplo, para la cosecha donde
no les reditúa meter máquina y tienen que hacerlo de forma manual.
Fe y ganas Cuando es zafra para el corte del milo, donde los terrenos tienen
una topografía muy accidentada, se lleva una trucha y se corta a mano,
“No hay que dudar que es una tradición nuestra, muchos viejos
cargándose en las canastas grandes para que rinda más.
que lo hacían ya se murieron, así que no se sabe cuántos años hace que
En su opinión esta tradición artesanal tiene mucha demanda e
empezó, pero todo es cosa de que vengan a verlo a uno aquí aplanado,
incluso no hay suficiente oferta, porque hay poca gente interesada
aquí hay vida; es un trabajo pesado, salen callos, a veces se corta uno
en fabricarla.
nomás se descuida tantito; también se le cansan a uno las manos, las
El ingenio de los nativos para procurarle los más variados usos no
‘paletas’ (espalda), los ojos, la vista, pero ahí está en el trabajo”.
tiene límite, así hay quienes juntan en ella la ropa sucia, pastura de los
La habilidad del artesano es notoria; movimientos vigorosos,
animales (alfalfa, paja de garbanzo) hojas secas, para desgrane de mazor-
diestros, entrelazan enérgicamente las tiras de tallo, auxiliándose de un
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ca. En la costa y en el valle el vendedor de elotes vacía su carga por doce- El año pasado vendió 90 sombreros “para los calores y soles de Sema-
nas en ellas; en los mercados y abarrotes se exhibe la mercancía para que na Santa”, porque son muy frescos, incluso un comprador se llevó uno tipo
los transeúntes puedan verla rápidamente, desde ajos, cebollines, frutas, chino a Estados Unidos y “dicen que hasta salió en la televisión con él”.
verduras, frijol, alimentos para aves y granos en general. Es admirable la práctica para elaborar las artesanías y según indica,
Un comprador explica, ante el asombro de otros clientes: “yo ven- “no necesito salir para venderlas, pues la gente viene de Culiacán, Los
go a llevar una para acostar a mi perrito, hacerle una especie de cama Mochis, Guasave, Guamúchil y de ranchos cercanos, ya que tengo en-
aprovechando que está chiquito”. trega aquí en mi casa”.
Un sinnúmero de personas coinciden al señalar que la duración es Hubo algún tiempo en que se dedicaba a las labores del campo,
variable, ya que depende del trato que se les dé, aunque fácil aguantan pero explica que la agricultura ya no es costeable, porque hay tanto
una temporada, es decir, de un año a otro. Incluso si se desea cuidarlas campesino y ejidatario a quien no le pagan las cosechas, además de los
hay algunos que le ponen un refuerzo de alambre o hasta un fondo de altos intereses de los bancos, además no pasa sed porque está en su casa;
cuero o vaqueta. “Aunque los sinaloenses somos un poco descuidados, le gusta su trabajo y aparte de esto así hace la vida.
hay a quienes no les importa tumbarlas, arrastrarlas, patearlas, dejarlas Al igual que otros canasteros, coincide al señalar que aunque se cría
cargadas y mal, por lo que se enchuecan y pierden figura, pero en vez de mucha palma, ya no es tanta la materia prima, porque se hacen muchos
molestarnos en su buen uso, preferimos comprar otras, ya que sus pre- toldos, palapas, aparte de que por ejemplo si él no va a El Platanito o a
cios son accesibles (35-40 pesos, precio al público canasta grande). Portugués de Norzagaray a traerla, le sale más cara, ya que los dueños de
Hace más de 60 años José López González recuerda haber empe- los palmares la tienen cercada y la venden.
zado a usarla para el maíz y sorgo; nos la echábamos al hombro y luego Recuerda que antaño era común que fuera a cortarla, muy temprani-
la vaciábamos. Es una tradición que no creo desaparezca porque la ma- to le echaba el aparejo al burro y se iba a traer una carga; al paso del tiempo
yoría de los rancheros estamos acostumbrados a ella; tampoco creo que hay más limitaciones por la lejanía, por lo que opta por comprarla.
vayamos a sustituirla por algo de plástico, porque no es tan caliente y a Aun así, hay veces que decide irse algunos días; al llegar de inme-
la hora que se quiera usar está bien. diato la labra, es decir, le quita todo el basurero a modo de trabajarse,
después la moja y pone a secar para que quede más blandita.
Sí las aprecian Hay quienes gustan vender las artesanías al natural, otros optan
por agregarle una franja de colores para darles más vista, para lo cual
A sus 77 años, don Luis Zavala Soto no usa lentes; ahí está en el por- utilizan añilina.
che de su casa aprovechando la luz natural para tejer un guari, aunque “El trabajar me mantiene vivo, porque si no hiciera nada me enga-
escoge el lugar para trabajar dependiendo del clima, y en tiempo de frío rruñaría, me llevaría dormido, mirando lejos, por lo que es mejor así, mi
cualquier espacio dentro de la casa es bueno. cuerpo no se enfría”. Esto es así, ya que sus utensilios indispensables son
Desde que era niño aprendió viendo, dice, “me enseñé solo, echan- un cuchillo (para labrar el tallo) y una estaca (para meter las puntas del
do a perder, hasta que un día me salió bien el trabajo”. tallo y que no se desbarate el tejido).
Cerca de 60 años tejiendo desde canastas grandes sin tapadera, Pero, ¿en qué piensa cuando trabaja desbastando los tallos o tejiendo?
hasta canastitas con asa/aros, cestos para ropa y lo que me pidan para No pienso en nada, sólo me concentro; se cansa uno porque se
los recuerditos de bodas, XV años y bautizos. mantiene muchas horas agachado.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Expresa con sencillez, con la naturalidad propia de la gente campi-
rana del terruño sinaloense, que “las personas procuran lo que yo hago
por necesidad, por admirativas, para lujo, adorno, o porque se les hace
normal usarlas en la casa para tantas cosas”.
En su reflexión final comparte sonriente su filosofía: “alguna gen-
te se aferra a sus tradiciones porque es lo que sabe hacer y quiere seguir
haciéndolas”.
Pares de tallos, amarradijos, entretejer una y otra vez, hasta el ribe-
te final, es el trabajo cotidiano de muchos pobladores que con su habi-
lidad fortalecen la tradición artesanal... pero quizá los nuevos (jóvenes)
no quieran estar sentados como nosotros, dicen con cierta resignación.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
viendo a una gran tinaja de plástico o de peltre, revolviéndola con
una pala grande de madera durante 20 ó 30 minutos, hasta darle la
consistencia deseada; una vez que considera está en su punto, llena “la
churrera”, es decir, la máquina manual elaborada por hojalateros que
también tiene un bolillo, y procede con la ayuda de sus manos, pecho y
abdomen, a vaciar el depósito.
Churros Utilizando un soplete, el aceite hierve en una vasija hondonada de
aluminio, listo para recibir la materia prima que se transformará en una
deliciosa golosina.

E
Los comensales contemplan absortos la maestría del churrero que
l olor se extiende a varios metros de distancia y logra su propósito:
listo para exprimir ejecuta su danza de movimientos circulares para ini-
provocar que despierten los sentidos, en especial los del olfato,
ciar desde el centro la rueda, el caracol, que gira alrededor del aceite para
gusto y tacto.
que no se haga bola la harina.
Sin excusas hay que consentir al paladar.
Con la vara o varilla de fierro mueve un poco la rosca en el aceite
Churros calientes, recién salidos del aceite hirviendo, revolcados
para que no se pegue, la alza y escurre unos segundos, la coloca sobre la
en azúcar, se saborean con singular deleite.
mesa para cortarla en pedazos, revolcarlos en azúcar e introducirlos con
Qué difícil es resistirse al consumo de esta fritura alargada y estira-
una pinza en bolsas de papel de estraza para que el cliente los consuma.
da, que ha estado en nuestra vida desde hace muchísimos años.
“Yo uso para freír una vasija grande, de esas de antes, que les decían
Niños, adultos y ancianos preservan con orgullo esta tradición que
aguamanil”, manifiesta Ariel Montoya Montoya, y agrega: “cada coci-
consideran tan suya, pegada a su existencia.
nero tiene su receta y secretos; a mí me gusta que la gente me diga que
Todo el año es posible encontrar estos bizcochos en cualquier rin-
hago los churros sabrosos, que si qué les echo”.
cón de nuestro solar, pero que según decir de los vendedores “se vuelven
La experiencia de los vendedores les permite calcular la cantidad
irresistibles al final del otoño y durante el invierno”.
de masa a preparar en las diferentes estaciones del año, y coinciden
también al señalar que mucho depende el saber amasar para que salga
Todo un arte bueno el churro.
Y aunque hay clientes de todos los gustos, por lo general los prefie-
Qué deliciosa herencia de los misioneros, soldados de la Compañía ren doraditos o término medio, recién salidos o por lo menos calientes,
de Jesús que llegaron a Sinaloa de 1591-1767, ya que no sólo atendieron pero nadie los quiere crudos o fríos.
las obligaciones propias de la fe, es decir, la conquista espiritual a través Una rosca tarda en estar lista alrededor de 3 minutos, siempre y
de la religión católica, sino que participaron en la designación de auto- cuando el aceite esté hirviendo, pero aun así si hay muchos clientes
ridades comunales, en las artes y oficios, lectura y escritura, así como esperando, entra la desesperación pues se saborean y quieren que los
nuevas formas de trabajar la tierra, cuidar del ganado, moler las semillas atiendan rápidamente.
para hacer harina... Y como nada ni nadie escapa al ingenio popular, no podían faltar
El esfuerzo físico es evidente. las variadas expresiones en torno a tal fritura, tales como:
El churrero vacía la harina, vainilla, canela, royal, sal y agua hir-
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“La película es un churro”.
“Come churro”.
“Me vale churro”.
“Está tan flaca que parece churro”.
“Se le ve el vestido como churro”.
Los churros sufren modificaciones en la época actual, ahora hay
quienes los rellenan de mermelada, cajeta o chocolate, los consumido-
res si bien sacian su antojo, no olvidan la sencillez de los originales.
“Si ando en el centro en algunos mandados y me llega el olor a chu-
rro, no puedo resistir”; “aunque tengo ya 75 años dice Leopoldo Inzunza
originario de Navolato, desde niño los como porque es una tradición
muy sinaloense”, “me gusta su sabor, son muy especiales”, “son muy
buenos calientes, ya que así no se siente tanto la grasa”, “son baratos y
además hay todo el año”.

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explica con gran facilidad de palabra, sin duda una herramienta muy
especial en su oficio cotidiano.
Este trabajo artesanal Tomás lo aprendió cuando un muchacho
que estuvo en el penal le enseñó hace poco más de dos años. “Son cintos
bordados a pura mano; a la gente le gusta de todo, de un solo color, de
varios. Cuando los estoy haciendo me concentro, no pienso en nada,
Tejedor de cintos sólo en que mi mano realice los movimientos precisos para que quede
todo bien. Un mal bordado se ve rápidamente porque se abre el hilo en
las escalas irregulares, fuera de lo marcado. Trabajo más el de chavinda,

L
la pita casi no porque es muy cara, ya que la materia prima se extrae del
ógicamente el comerciante tiene que saber tratar al cliente, pero
mezcal y lleva todo un proceso, la traen de Guadalajara.
también ofrecer la mercancía: ¿le gustan los cintos?, ¿qué anda
También hay hilo de algodón muy bonito pero casi no se utiliza en
buscando?, cuartitas, llaveros, ¡pase a ver!
Sinaloa, en Veracruz sí lo trabajan mucho. Cintos como los que yo hago
La gente sí aprecia esta artesanía muy mexicana que en Sinaloa no
hay en Veracruz, Ocotlán, Jalisco y los que venden los presos de todos
se le había dado tanto auge.
los penales de Sinaloa. Para los reclusos es muy común la talabartería,
A Tomás Balderrama Rosas se le ve todos los días en su puesto, listo
además de adiestrarse en la elaboración de utensilios y muebles de di-
para iniciar la jornada, y aunque no se persigna ni lleva a cabo ningún
versos tipos de madera.
ritual cuando realiza la primera venta, trae en su mente fe en que habrá
Y después de terminar uno empieza otro. “No me desespero, des-
clientes que demanden sus productos.
pacito, me gusta. Por ejemplo un talla 36 puedo tardar de 3 a 4 días en
Estaciona su carreta ambulante y antes de las 8 de la mañana
bordarlo. Los que se dedican a eso son más rápidos, pero yo combino
está “tendido”.
esta actividad con la venta de mercería. La vista sufre desgaste y también
De inmediato coloca su mercancía a la vista y saca los instrumen-
la cintura, por permanecer en una misma posición durante horas”.
tos necesarios para tejer cintos.
Un cinto cuesta alrededor de 250 a 300 pesos, dependiendo de
Con destreza sus manos toman la lezna (instrumento que se usa
la dificultad del grabado, que exigirá mayor tiempo, además de que
para hacer agujeros en el cuero), aguja, hilo, compás y coloca la tira de
sólo se utiliza piel.
piel de vaqueta en el “perro”, pedazo de madera que se atornilla y no
permite que se mueva, lo que le da mayor comodidad en el momento
del bordado. Lo útil
Hilos de nylon blanco, de colores, chavinda imitación pita, se utili-
zan para las figuras que previamente han sido grabadas en la piel ancha Ahí en su “pedacito” se le puede ver parado o sentado en su rústica
de una pulgada un cuarto, media y hasta dos por el bordeo de las orillas, silla muy atento a su labor. Los transeúntes que realizan sus actividades
que hombres y mujeres usarán más tarde con pantalón de mezclilla, ga- o que vienen de compras al centro de la ciudad voltean curiosos, se de-
bardina o de corte informal. tienen un momento y preguntan precios una y otra vez.
“Tengo alrededor de 80 dibujos para que el cliente escoja el que “No me molesta porque la gente sí aprecia el trabajo de talabartería
más le guste: grecas, herraduras, figuras de animales, lo que quieran”, como una tradición artesanal, además si no compran de momento...

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después vuelven. Aunque pregunten a cada rato, ¿por qué tendría que
enfadarme, si es mi trabajo de comerciante?”.
Tomás ha sido vendedor de telas, de seguros y durante 10 años de
bonos del ahorro nacional, hasta su actual actividad, “pero estoy con-
vencido de que es más fácil vender lo tangible que lo intangible, la gente
compra lo que va a usar: camisa, ropa, calzado, y lo intangible requiere
más convencimiento para la firma de papeles, contratos, etc.”.
Y el regateo, esa discusión comprador-vendedor, por el precio de
las cosas, no podía faltar.
“Es una generalidad que los clientes regateen, sí, como no, están en
su derecho, todos tratan de economizar”.
-¿Cuánto por el cinto?
-250 pesos.
-Le doy 200.
-No, no se puede, déme 240.
-Bájele un poco más, compadre.
-No se puede maestro, lleva mucho trabajo.
-Le doy 230.
-Bueno, para que se lo lleve.
-Gracias.
-Que le vaya bien, buen día.
Originario de Culiacán, radicado desde siempre en la ciudad de Gua-
múchil, efectúa su trajinar por la vida con optimismo, en la lucha por salir
adelante con su familia, compuesta por su esposa y cinco hijos.
“Uno convive con la gente que labora alrededor igual que uno,
pero no es aburrido, distrae ver pasar a tantas personas, saludar a las que
se conocen y aguantar todos los tipos de clima. Uno dice: eh, ahora no
pasó fulano a su trabajo, se le hizo tarde o está enfermo. O bien: Ya es la
hora en que pasa zutano y no lo vi, a la mejor estaba yo ocupado.
Para que el comerciante enfrente la crisis lo que tiene que hacer es
no dejar de trabajar todos los días, atender el negocio personalmente
haya o no haya demanda.
Después de todo en las ventas no hay nada escrito, a veces en la
manaña puede salir mercancía y en toda la tarde nada, o al revés”.

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También los quelites de bledo y las barbechadas (tortillas de maíz
raspadas con horruras) que se resisten a morir. Sin embargo, ya no apa-
recen por ningún lado las apetitosas torrejas y brillan por su ausencia el
ponteduro y las melcochas, golosinas de otros tiempos que estaban al
alcance de los más raquíticos bolsillos”.
A su vez, el arquitecto Jesús Manuel Sánchez Camacho en Cosa de
¡Qué rica comida! Costumbres señala que “...nuestra cocina ha sido siempre pobre, muy
pocas cosas aportó a la cocina regional, como la machaca, -aunque los
sonorenses se la adjudican- (en opinión de Herberto Sinagawa, este pla-

L
tillo sí es de Sonora, pero se popularizó rápidamente en Sinaloa al grado
a exquisita cocina regional no escapa a la influencia natural de los
de formar parte de nuestra cocina regional), pero no todo se ha perdido
platillos nacionales e internacionales, los cuales se incorporan día
en la guerra, dice, en nuestra pequeña cocina, la cocina de rancho, se
a día al consumo cotidiano.
hacen aún las famosas tortillas de manteca de res, los ‘chopos’, que salen
¡Ah!, con cuánto orgullo presume el sinaloense de la variedad y ri-
del requesón agrio, y no hay que olvidar el ‘caldillo’, con sobrantes de la
queza de la cocina de su tierra. No pierde oportunidad de exclamar: Aquí
carne machaca y con huevo, el frijol con hueso, el estofado de gallo y el
se come de todo y en abundancia.
aromático lechatole”.
Hablar entonces de esa multiplicidad de platillos que se consumen
Cabe agregar que en la típica cocina sinaloense no pueden faltar
habitualmente y durante alguna celebración, es echar a volar la imagi-
los mariscos que se obtienen de nuestras costas, como jaibas, ostiones,
nación con sólo recrear los sentidos con tantas delicias.
callo de hacha, calamar, pata de mula, almeja, cazón, corvina, sierra,
Pero no todo lo que se ingiere forma parte de la cocina original de
mojarra, sardina, anchoveta, lisa, pargo, camarón, choros y otros más,
nuestro estado, sino que se han adaptado a la vida cotidiana, la prepara-
preparados como coctel, al mojo de ajo, empanizados, zarandeados, ce-
ción de diversos menús, y sin importar su procedencia, están plenamen-
biche o un caldo forzado (con cualquier pescado y verdura) con bastante
te incorporados a la gastronomía de los pobladores.
picante, para recuperar energías después de una noche de fiesta.
Para hablar más sobre esta temática, resulta obligado consultar
Qué difícil es no encontrarse entre los trastos de cocina una olla va-
la prestigiada revista cultural Brechas, en la cual sus colaboradores se
porera, especial para los tamales, y saborearlos calientes, recién hechos,
distinguen por investigar y rememorar todo aquello que conforman las
recalentados en el comal o fritos, como los prefiera.
raíces, la esencia del ser y hacer.
De frijol con piloncillo, piña, picadillo, ‘tontos’, de tortilla, de que-
Destacados escritores han ofrecido una completa visión del origen
so, rodajas de calabacita, garbanzo, camarón, venado, liebre y de elote,
de algunos platillos que forman parte de nuestra tradición culinaria. Ar-
compañero inseparable de estos últimos el aguachile, muy acostumbra-
turo Avendaño, en su artículo Usos y Costumbres Sinaloenses, puntuali-
do en la región serrana. Su sabor definitivamente es indiscutible.
za con una serie de ejemplos que “...en cuanto a la raquítica generosidad
Asadera fresca, de ‘apoyo’, queso de rancho oreado, requesón, sue-
de la cocina regional, podemos enorgullecernos de la capirotada, el ato-
ro salado, se pueden consumir a cualquier hora del día. La carne asada
le blanco con mochomos (machaca dorada en aceite, con cebolla), las
al carbón acompañada de frijoles puercos, charros, o sencillamente de
migas, atole de maíz con piloncillo, el frijol buchi, los tamales ‘tontos’,
la olla, recién cocidos; las mestizas, coyotas, pan de trigo, de harina, biz-
el caldillo, la cazuela y las albóndigas.
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cotelas, coricos, o bien, golosinas preparadas en casa, como los famosos punto adecuado de cocimiento y la habilidad para sazonarlo es lo que
jamoncillos, pepitorias y garapiñados, las conservas de calabaza y papa- determina la riqueza de sabor y calidad.
ya con cáscaras de limón, camote enmielado. ¡Mmmmhh!, las tortillas Este chilorio, dice el profesor Esqueda en su Lexicón de Sinaloa, es
de harina, los exquisitos buñuelos con miel, indispensables en la cena el que conocemos al norte y centro del estado, porque en la zona del Río
navideña y muy propios de la temporada invernal, así como deliciosos y Piaxtla y del puerto de Mazatlán es prácticamente desconocido, y decir
humeantes tazones de chocolate, champurrado y atole pinole. chilorio para ellos significa queso enchilado, producto muy común en
No es posible dejar de mencionar el pozole de frijol, (frijol con los estados del sur de Sinaloa.
nixtamal), pozole de puerco y menudo. También los antojitos mexi- Para el historiador Sinagawa la cazuela es un platillo típico sinalo-
canos, pero con su peculiar sabor sinaloense, como las tostadas de ense, hecho en caldo a base de carne de res con gordura -de preferencia
carne deshebrada, pata, tacos dorados, gorditas, quesadillas, chila- de pecho-, en pequeños trozos, y con los siguientes ingredientes: cala-
quiles y enchiladas. baza tierna, elote, zanahoria, tomate, cebolla, y se le considera herencia
La comida diaria contempla además de los platillos caseros men- gastronómica de los conquistadores españoles.
cionados anteriormente, el cocido (con chambarete, costilla corta, tué- El cocido también fue impuesto por los españoles a los indígenas
tanos, trozos de carne de res con hueso) y el caldo de papas o caldo de sinaloenses, que lo aceptaron de buena gana.
asadera, preparados con inigualable sazón. Y por supuesto no se debe dejar de mencionar el colachi, hecho
Antaño en las bodas de rancho, antes de que se pusiera de moda con pequeños trozos de calabaza tierna, a los que se le añade cebolla,
la barbacoa, el banquete que se servía consistía en estofado, tradicional chile verde y queso, algunas veces granos de elote. Su origen cahita no lo
platillo hecho de gallo viejo con piloncillo, guisado de gallina desmenu- exime de una gran semejanza con el francés collage, que significa enco-
zada, con sopa de arroz, el chocolate y bizcotelas. ladura a mezcla pegajosa.
En los festejos con gran número de comensales, no puede faltar la Utilizar las especias que han estado con nosotros desde tiempos in-
barbacoa de chivo o borrego, horneada en forma rústica. memoriales es muy importante para todo tipo de alimentos, por lo que
Qué decir de los productos elaborados con carne de puerco, cerdo nunca faltan en la alacena.
o cochi, como acostumbre llamarlo, que identifican con frecuencia a la La pimienta es la más popular en el mundo, chile, cilantro, canela,
gastronomía sinaloense. clavo, hojas de laurel, orégano, jenjibre, comino y hasta azafrán -el más
Aunque el chorizo, chicharrones, carnitas y horruras tienen una caro de los saborizantes y que le da un hermoso color dorado al arroz-
gran demanda para consumo familiar, también son llevados como sazonan los platillos en cada hogar.
regalo para agradecer una atención recibida o agasajar a algún ser ¡Qué tiempos aquéllos!, exclaman varias amas de casa, que recuer-
querido o amistad. dan con nostalgia a la cocina de ‘antes’, la original, de ese ayer tan que-
Pero es sin duda el chilorio, un producto de gran prestigio, muy rido, donde se preparaban los alimentos ‘al día’.
codiciado en el intercambio social, al que hemos signado como símbolo Los comentarios se entremezclan y brotan con ímpetu, como sólo
de la comida de nuestro estado. el auténtico sinaloense sabe hacerlo.
Este antojo tan afamado que ha traspasado fronteras, es una carne “No había enlatados, todo era natural. Hace 50-60 años comer quelites
de puerco en pedazos o trocitos que se pone a freír en su propia grasa, de chuale, tortillas de garbanzo dulces, de tuna, de semillas de pitahaya con
agregándole chile ancho molido, pimienta, orégano, comino y sal. El manteca de res, de maíz azul, blando, muni, en fin, mañana, tarde y noche

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
las hornillas con leña estaban a todo vapor y se escuchaban en las casas los Braulio se relamió los labios, le pidió una tortilla a la comadre, la
‘aplausos’ de las señoras que eran muy noveleras al tortear, y nos poníamos untó de requesón y le puso machaca (conocida también como mocho-
listos para ‘cachar’ las ‘gordas’ de nixtamal molido en metate o molino. mos, platillo a base de carne seca pulverizada, machacada) e hizo su
No comíamos muchos postres, pues no había dinero m’hijita, pero taco; por la sabrosura, pidió otra y otra. Ya después cogía las tortillas en
de ninguna manera hay que olvidar las melcochas, empanadas con pas- el aire cuando la comadre las aventaba al “guari”, y al acabar con las tor-
ta de calabaza y los cubiertos. tillas, los mochomos y el requesón, dejó a los compadres sin cenar.
Cuando los hombres ‘empinaban el codo’, al otro día se curaban la Al retirarse el compadre, Cosme lo despidió con afecto muy sinalo-
cruda con machigüi y té de hojas de guayabo. ense diciéndole: “Buenas noches, compadre, ya sabe usted cuando quie-
Las aguamas tatemadas o cocidas con piloncillo se comían como ra desayunar, comer o cenar, ésta es su casa; pero cuando quiera echar
antojo, porque muchas hacían daño y se escaldaba la lengua; las sayas un taquito, compadre, ¡se va con su chingada madre!”.
del monte se consumían con leche de vaca o de cabra, o si se prefería ¡Ah!, tanto qué recordar, expresan con suspiros amas de casa, al
también solas; ¡ah!, y si las cocían con ‘suero salado’ su sabor era exqui- compartir sus vivencias. La cocina regional ha cambiado mucho, pero
sito. En esta lista de raíces, no podemos olvidar a los camotes amargos”. la gente extraña el ayer, y eso se demuestra por poner un ejemplo en la
No podían faltar los guisos de iguana, palomas, conejos, ardillas, venta de masa de nixtamal, por su olor y su sabor especial en la elabora-
liebres y venado, preparados asados o en bistec. ción de tortillas y tamales...se trabajaba mucho, todo el día en el acarreo
Se cenaba muy temprano y ligero, antes de la metida del Sol, atole de agua, en atender a los animales, pero...vivíamos felices”.
de ajonjolí o blanco dulce, con pan de mujer. Cuántos pequeños “trucos” heredados de generación en generación,
Cabe incluir una de las anécdotas campiranas que contaba el gran para darle el “punto exacto” a las comidas y satisfacer los gustos más exi-
jurista mexicano, que lo mismo escribió sobre filosofía, sociología, eco- gentes, porque claro, la cocina regional no podía sustraerse a la influencia
nomía, política, arte, poesía y cuento, figura señera de nuestras letras de los cientos de platillos nacionales e internacionales, además de que la
contemporáneas, el guasavense Raúl Cervantes Ahumada. creatividad de la gente nativa no tiene límites y constantemente “inventa”
En las antiguas selvas que cubrían lo que hoy es valle agrícola sinaloen- combinaciones para aprovechar al máximo la riqueza de la producción de
se, separadas por varios kilómetros se encontraban las casas de los vaqueros. nuestros valles.
Braulio, para ir de casa de la progenitora de sus días a la suya, tenía Así la pregunta: ¿qué haré hoy de comida?, poco sorprende escu-
que pasar por la casa de su compadre Cosme. Llegó al atardecer y lo reci- charla, pues se formula en cada casa.
bió el compadre efusivamente. Los sobrantes de días anteriores en el refrigerador solucionan esta
-¡Apéese, compadre! Pásele, que la comadre está haciendo unos interrogante en muchas ocasiones, ya que las amas de casa deciden no
mochomitos que parecen caídos del cielo-. desperdiciarlos y preparar “un guachicole”, “un recalentado”, o lo que es
Se bajó Braulio y dijo: lo mismo, una revoltura.
Vengo nomás a saludarlo, porque ya cené en casa de mi madre. Aún hay mucho qué decir, pero no obstante la influencia natural
Entró a la choza, saludó a la comadre y vio que ésta ponía en el de que se es objeto, Sinaloa, tierra fértil entre la costa y la sierra, con
anafre tortillas que se hinchaban como los peces sapos o “botetes”. La gente recia, emprendedora, alegre, con gran vocación para el trabajo, así
comadre arrojaba las tortillas calientes a un recipiente de carrizo que como se lanza cada día a la búsqueda de nuevas metas, con esa misma
recibe el nombre de “guari” y al lado tenía un platoncito con requesón. intensidad goza y paladea con singular deleite la comida de su tierra.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
doctrina religiosa, escritura, aritmética y lectura, a las hijas de gente adi-
nerada, acomodada, también las preparaban para su futuro cercano, su
destino, ser eficientes amas de casa.
Entre los llamados oficios mujeriles destacaban el bordado, cos-
tura, pintura y la cocina, además de otras tareas educativas acordes a
su condición.
Colchas; las sobrecamas Volver por un instante la mirada a la vida cotidiana de hace
aproximadamente 70 u 80 años, es reflejar en retrospectiva imágenes
de la mujer sinaloense que realizaba con singular laboriosidad un sin-

H
número de manualidades.
ace algunos años la mujer mexicana a la par de cumplir con sus “Eran tiempos en que así como nuestras abuelas y madres tenían
deberes y obligaciones, hacía gala de ingenio artesanal. como única opción prepararse para ser completas amas de casa, así
Se abre la ventana para ir al encuentro y al reencuentro. nosotros heredábamos la educación de aprender bien muchísimas y
En desuso y a punto de caer en el olvido, se asoma tímidamente en útiles labores”, señala Dora Sánchez de Jiménez, originaria de El Bu-
el avasallante siglo 21. rrión, Guasave, pero residente desde hace más de 40 años en Tijuana,
Habitantes se reconocen en esta costumbre del ayer. Baja California.
Labor cadenciosa en la que sin prisa alguna, la costurera corta con Por su parte, Rosalba Ochoa de Ramos, habitante de Quilá, sindica-
las tijeras trozos de tela que asemejan un mosaico multicolor. tura de Culiacán, no olvida que antes se aprendía el tejido con agujas y
Después toma el hilo, lo introduce en el ojo de la aguja, uno de los gancho, bordados con hilaza utilizando aros de madera, punto de cruz,
utensilios más antiguos llamado pequeño gigante de la Edad de Bronce, bordado de iniciales en los pañuelos, y por supuesto a las servilletas,
para dar inicio al ritual de cientos de puntadas para coser los pedazos de manteles y sábanas se agregaba encaje de bolillo. “Así como antaño era
tela perfectamente alineados. natural comer del campo a la mesa, así también lo era dedicar algunas
Rojos, anaranjados, lilas, azules, verdes, amarillos, rosas, flores, rayas, horas diarias al trabajo artesanal, que era minucioso y en el que sin excu-
en fin, con la figura de pequeños rombos o en cuadrados, constituyen la sas ni pretextos había que cuidar que todo quedara a la perfección”.
materia prima indispensable para dar forma a la colcha de la abuelita. En ese tenor, Blanca Delia Sánchez Camacho señala que “en las es-
Colcha de retazos, de pegazones, pedacería, parches, sobrantes, cuelas se nos enseñaban manualidades, las costuras y bordados queda-
cubrecama y sobrecama, le llaman los nativos que recuerdan aquellos ban casi perfectos, a veces no se sabía cuál era el revés y cuál el derecho,
tiempos en que era natural su confección. ya que los nudos se remataban muy bien. Mucho de lo que había en
los hogares era de fabricación casera. Nos parecía normal ver a nuestra
Oficios mujeriles mamá o a la abuela en el remiendo de prendas; por ejemplo, para que no
quedara borde en el calcetín se le introducía un huevo de madera, pero si
La historia registra que durante los primeros años después de la no se tenía, se usaba uno de gallina. Las costuras quedaban parejitas”.
Conquista, se propagó la fundación de conventos y monasterios en Los recuerdos son coincidentes, no importa el rincón de Sinaloa
la segunda mitad del siglo 16. Muchos de los conventos de monjas se en que nacieron las raíces de estas costumbres, las imágenes a pesar de
dedicaban a la enseñanza, es decir, además de impartir clases sobre la
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la distancia, se suceden unas a otras, así aparece el eterno remiendo a “La Piedra”, de la ciudad de Guamúchil, municipio de Salvador Alvara-
mano y el uso del dedal, aprovechando la luz del día, sentada el ama de do, en el centro-norte de Sinaloa, guarda amor a esta tradición y conser-
casa acompañada de sus hijas mayores, o de algunas vecinas, en el patio, va sobrecamas en su casa. “Siempre las he elaborado a mano, empiezo
bajo los árboles frutales, en el portal, o bien, al frente de la vivienda as- juntando todos los desperdicios de la ropa que no se usa, hilvano pedazo
pirando el olor a tierra recién regada a cubetazos. a pedazo hasta que un día termino la sobrecama. Esta costumbre todavía
Los cambios fueron notorios en el inicio en 1910 con el invento del existe en la tierra que me vio nacer hace 85 años, Basonopa, Chihuahua,
germano Balthazar Krems, la máquina de coser, manejada precisamente también en la sierra de Sinaloa de Leyva, donde la gente las hacía para
con una manivela, la cual quienes podían comprarla la aprovecharon cubrir además de sus camas y catres, los escasos muebles que tenían”.
para agilizar la elaboración de la colcha de retazos.
Nada se desaprovechaba, había que cuidar la economía, hacer gala Anecdotario
de ingenio.
Es innegable que las sociedades están en constante transforma- Y en este devenir donde aún no se puede separar radicalmente mo-
ción; hemos pasado de ser un pueblo consumidor de productos total- dernidad y tradición, no escapan las anécdotas donde era sumamente
mente naturales, a vivir engolosinados con alimentos industriales. notorio el lugar donde dormían los chamacos, en especial los niños, ya
Pasamos de ser una comunidad que buscaba la manera de enfrentar las que aunque a algunos se les ponían calzones de manta, de costal de ha-
carencias haciendo uso del recurso de la inventiva, a convertirnos en rina o de plástico, al amanecer de cada día la casa tenía una peste muy
compradores de todo. característica durante horas.
No obstante, la sonrisa que asoma en el rostro de los nativos es Una rutina diaria y pesada, consistía en quitar el aroma especial-
prueba de que no olvidan la costumbre de antaño: la elaboración y uso mente del lugar donde dormían los miones, a quienes algunos denomi-
de sobrecamas. naban con gran acierto “el cuarto de los zorrillos”, ya que era necesario
De la camisa rota se rescataban las mangas en desuso, tiras de un lavar los catres seguido, las colchas con jabón azul que traía añil, para
pantalón, o lo que es decir, toda la retacería de diferentes texturas que quitarle lo percudidas y el olor penetrante de orines, nauseabundo, ran-
se consideraba “inservible” pero que pronto se uniría a mano pedazo cio, por lo que a veces se ponían a hervir en un bote mantequero al que
con pedazo hasta transformarla en una útil prenda, a la que incluso se le se agregaban ramas de junco. No había que olvidar quitarlas del tende-
cocía una especie de forro para que no se vieran las pegazones utilizando dero antes de que cayera sereno.
tela de algodón, tafeta, franela o lana. Finalmente el producto del esfuer- Antaño las viviendas tenían el baño al fondo de la casa, costumbre
zo daba como resultado una colcha de forma rectangular que se coloca- que persiste en gran parte de la campiña sinaloense, por lo que se colocaba
ría sobre la cama de correas, en los catres de lona o en los de jarcia. un bacín de peltre a un lado del tendido o tenderete, para vaciar la vejiga
Incluso en las sencillas viviendas había quienes contaban con una durante la noche y evitar lo más posible que se orinaran en la cama.
de medida pequeña, alrededor del metro de largo por cincuenta centí- En la temporada de lluvias o cuando estaba nublado no se lavaba
metros de ancho, para cubrir cajas, muebles como el baúl o la cómoda, a diario, por lo que sólo se sacaba a orear, o lo que es decir, airearla por
donde se guardaban cosas de valor de la familia, por lo que era un orgullo algún rato, para volverla a usar.
escuchar a las visitas decir: ¡qué elegante y colorido se te ve el mueble! Fue tan popular la tradición de elaborar colchas de retazos, que su
Virginia Arellanes Ramírez, habitante de la colonia San Miguel, imagen prevalece en nuestros días, de ahí que una estrategia del comer-

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cio es la venta de telas que asemejan a las confeccionadas a mano hace 7
u 8 décadas, incluso con simulación de costuras intermedias.
Ayer niños, hoy adultos, conservan en su memoria este sencillo
lienzo con el que se cobijaron durante años, la sobrecama elaborada con
especial cariño por mamá o la abuela...
Utilidad. Tenían una doble función: colcha para taparse y para
vestir la cama.
Memoria. Postal del recuerdo que permite valorar el fruto del tra-
bajo de la mujer sinaloense.
Popular. En cada hogar sinaloense era común admirar la intensi-
dad cromática de estas colchas.

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Precisar fechas no reviste mayor complicación, la expresión “más
antes” marca la intemporalidad en el nacimiento de la tradición que un
día cualquiera aprendió.
“Tengo este negocio por un señor de la comunidad Los Chinos; an-
tes yo tenía un molino con bestias, de esos parados, arriaba a las mulas,
andaba atrás de ellas todo el día, era un sistema muy antiguo. Después lo
Conserva de papaya puse con motor de tractolina, pero se escaseó y ahora me prestan un trac-
tor de diesel para echarlo a andar; la caña la traigo en camioneta, pero más
antes en puro burro”.

P
ásele, oiga, pásele con confianza, ahorita le regalo aguamiel, verá
qué rica está, naturalita y dulce, ¿ya la ha probado? Que no le dé Delicia regional
pena, la gente de aquí del rancho mañanea a tomarse un vaso y
nunca se la he vendido a nadie. Siéntese. ¡Hey, muchachos, arrimen Sin duda al saborear con fruición los trozos de fruta enmielados,
unas cañas! Aquí el que llega prueba de lo que hay, manifiesta sin titu- el comensal no imagina que la deliciosa conserva de papaya en su mesa
beos Rigoberto Vázquez. conlleva arduo trabajo en su elaboración.
A sus espontáneas palabras símbolo de bienvenida, agrega franca Una enorme olla vaporera luce majestuosa con la preciada delicia
sonrisa, lo que no debería sorprender, ya que la gente de la campiña sina- culinaria; los gajos enmielados conquistan visualmente y se vuelven
loense aún tiene en gran aprecio el valor de la hospitalidad sin dobleces. irresistibles al paladar. Dentro de unas horas saldrá otra dotación de tan
Para llegar al trapiche del cual es propietario, ubicado en el poblado preciado postre.
Palmarito Mineral, del municipio de Mocorito, a sólo 12 kilómetros de la ca- Y aunque a muchos nativos no extraña encontrar a lo largo de los 18
becera del mismo nombre, en el noroeste del estado de Sinaloa, es necesario municipios de Sinaloa trapiches donde se procesan diversidad de produc-
transitar por camino de terracería, el cual se encuentra en regulares condicio- tos como melcochas, apanizadas, panochas cuadradas con o sin cacahua-
nes en época de estiaje, pero se torna accidentado en temporada de lluvias. te, tamales de noroto, y por supuesto conserva de papaya, la diferencia en
Antecedentes de suma valía registran que en el siglo 19 Mocorito tuvo la infraestructura usual de un lugar a otro no se sustrae a una mezcla de
su época de bonanza con la explotación de fundos mineros tales como Ma- rústico y moderno.
gistral, San Miguel y Bequillos, productores de oro de excelente calidad; San El proceso inicia desde la plantación de los frutales y el corte se
Benito y Bacamacari, de cobre, y Palmarito (a cuyo nombre inicial se agregó efectúa transcurridos alrededor de seis meses.
Mineral), de plata. “Echamos las papayas verdes, las bolas enteras al agua caliente para
Es en este último lugar donde se localiza a la vera del camino, la pe- que se les muera la leche; después las sacamos, pelamos y raspamos, cui-
queña industria familiar cobijada por una enramada de dais y batamoto, dando que no le quede nada de tripa porque si no salen amargas.
con horcones de mauto. Más tarde entre varios hacemos los gajos (2-3 horas de labor), que
Contactar por vez primera con Rigoberto es desterrar de inmediato se curtirán en cal, y los vaciamos al cazo con el aguamiel que se obtiene
formalismos, la conversación se desborda de inmediato para salpicarse de las cañas previamente pasadas por el molino. Así, el contenido se
de anécdotas y detalles. deja hervir de 12 a 13 horas estando pendiente de que no se tire, por lo

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que con una güeja (cucharón) se le está despumando constantemente. no tiene interés, “y no es que sea orgulloso, pero no he querido porque
Es cierto que tarda mucho pero su nombre lo dice todo, conserva, por- nuestra forma de ser es de otro modo; nosotros creemos que si el gobier-
que dura mucho”. no se mete a darnos ayuda, ai lueguito nos va andar cobrando impuestos
Durante horas es posible observar la repetición de movimientos, y la fregada; mejor nos conformamos con lo que hacemos. Sé que este
es una actividad ininterrumpida, pues hay que sacar y meter la güeja trabajo es de lo último de rústico, pero me gusta este sistema.
al enorme cazo de bronce miles de veces, lo que implica esfuerzo físico Y agrega: “es cierto que comencé de puro prestado, algunas cosas
constante, por lo que una vez que éste llega al límite hay que ceder el me regalaron, pero quiero que todo sea mío; mi molienda es chica, pero
turno a un compañero. la verdad no voy a usar soplete con diesel, prefiero lo primitivo, meter-
“Es muy cansado, oiga, hay que estar cuchareando la miel porque me al monte y traer leña de güinolo, moler un solo cazo del cual salen 75
si se deja se tira; ahorita está mansito, pero al rato se pone bueno y em- kilogramos de conserva de papaya”.
pieza a colear; después, cuando va a reventar y siento que casi va a estar, Su producción ni siquiera la traslada para venderla, ya que los
descanso y sólo estoy pendiente de mirar el cazo”. clientes acuden de los municipios vecinos, también de Cosalá, Culia-
Tiempo después, la admiración para quienes no están acostum- cán, Guamúchil, así como lugareños para consumo habitual o regalo.
brados o simplemente desconocen la original tradición de “medir el Especialmente durante la época decembrina, cuando hay muchos
punto” a la conserva, va en aumento, ya que procederá a “calar” el vacacionistas, señalan Rigoberto y Armando, su compañero de fae-
espesor de la miel. na, “los productos se van al ‘otro lado’, a México, y a muchas partes más.
Utilizar una cuchara para sacar un poco del líquido y probarlo su- Incluso platican entre risas que “el año pasado llegó un camión lle-
puestamente sería lo normal, no obstante, con la naturalidad de quien nito de gringos, pura gente mayor, no les entendíamos nada, pero se nota-
lo ha hecho cientos de veces, introduce dos dedos al recipiente en ebu- ba que les daba mucho gusto ver cómo se hacían los dulces; los gabachos
llición, acción que repite al paso de las horas, para decidir si ya está a su gritaban bien feo, se abrazaban y comían”.
gusto la miel y retirar el recipiente del horno. No obstante, aún hay quienes entregan este dulce a comerciantes
Sonriente dice: “todos los que vienen a ver la molienda se asombran ubicados en mercados, o acostumbran vender por las calles y casas con-
mucho cuando me ven ‘calar’; además no puedo definir en qué consiste serva de papaya o cubiertos que cargan en ollas de barro, latas mante-
‘el punto’, es difícil, ahí está el secreto, pues cada gente dedicada a elabo- queras o cubetas de pintura.
rar estos dulces regionales en su trapiche decide hacerlos a su gusto”.
Aseguran lugareños que la gente de ciudad no oculta su curiosi- Alfombra mágica
dad al conocer las instalaciones del rústico trapiche, que sólo tiene de
moderno el tractor que permite el funcionamiento del molino de caña, Observar alrededor invita a viajar con la imaginación hasta llegar a
pero lo demás intenta conservarse rudimentario, lo que no sucede en los tiempos de La Colonia, cuando los españoles instalaron los primeros
otras moliendas, donde se utiliza diesel en los hornos, entre otros ele- molinos de panocha en Cosalá, rudimentarios hechos de madera.
mentos que minimizan tiempo, lo que se explica por ejemplo en el caso El espíritu de creatividad de nuestros antepasados se refleja en rica
de la conserva de papaya, donde la cocción se reduce a sólo tres horas. herencia cultural, donde los nativos de estas tierras con singular maes-
Aunque Rigoberto señala que le han dado varias tarjetas con el fin tría fabrican los objetos utilitarios.
de que se contacte con funcionarios de Culiacán para tramitar apoyos, Tablones para los moldes de piloncillo, plancha para apanizadas,

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pila para la miel, espátulas, cucharas, zarzo de carrizo y en especial la No voy a heredar esta tradición a mis hijos porque no les gusta, y el
güeja, que “es de bule, de allá del campo, lo partimos por la mitad y con que va creciendo se va a Estados Unidos; no aprecian lo que yo sé hacer.
una lezna (instrumento que usan los artesanos para agujerar y pespun- El que lo va agarrar es otro muchacho que no es familiar, pero es de aquí
tear) le hacemos hoyitos, para que enfríe el líquido, y amarramos un de Palmarito Mineral. No importa, pero que no desaparezca el hacer
mango largo de madera de guásima porque es muy liviana”. estos dulces que tanto gustan, y además no tiene caso olvidar lo que he-
Rigoberto está convencido de que aunque el rústico horno hay que mos sido más atrás... Le tengo cariño, sí, mucho cariño”.
alimentarlo de leña con frecuencia, “yo no la cuezo apurado, bien recuer-
do lo que un señor de El Valle, que ya murió y que tenía molienda me
aconsejó: si quieres agarrar fama con la conserva, cuécela 12-13 horas.
Así lo hice, le di a probar y me dijo: “ésa es la buena”.
Y para reafirmar la hermandad que hay entre la gente del pueblo,
señala que no sólo se acercan con toda libertad a la hora que sea y prue-
ban de lo que hay, sino que por las noches ayudan a pelar cacahuate.
Incluso, hay personas que para curarse la gripe constipada se colocan
frente al cazo para que les dé el vapor, lo cual no les hace mal porque no
hiede a humo.
Los recuerdos atesorados en su memoria aparecen de pronto. “Sabe,
los de antes acostumbraban mucho llevar de lonchi tortillas, una pano-
cha y un bule de agua. De la sierra traían en burro cacastis y mi apá nos
compraba tamali de noroto, y no es mentira, como estábamos muy po-
bres hasta mascábamos las hojas y las chupábamos; la verdad es que cómo
comíamos panocha con frijol”.
Las horas transcurren, la prisa sólo parece tener sentido para los
citadinos que ya no tienen tiempo de sobra para soñar, mirar el cielo ni
contemplar amaneceres ni atardeceres; la gente del campo aún se rego-
cija al dejar en libertad sus pensamientos.
Es un día primaveral donde al paisaje se integra la figura del leña-
dor, que enérgicamente una y otra vez corta con su hacha la madera seca
que apila en cualquier espacio; adultos en bicicleta seguidos de su fiel
perro; manos callosas que saludan con un ¿cómo le va?, ¿está bien?...
La reflexión en voz alta es inevitable “voy a seguir en la molienda
hasta que el cuerpo aguante, y ya no pueda de viejo, hasta que Dios se
acuerde de mí, y si no puedo otros lo van a hacer, pero lo importante es
que siga, de eso se trata.

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Los nativos guardan amorosamente en su mirada de hoy y en su
recuerdo de ayer, el entorno de su infancia, juventud y madurez, en
el que por fortuna aún no hay lugar a la ausencia, al olvido; se sienten
afortunados de que las acciones del hombre manifiesten respeto por su
medio ambiente, pues de no ser así esta biodiversidad cedería su lugar al
desequilibrio ecológico.
Coronitas del monte Quizá donde es más notoria la tala de la flora es en la Sierra Madre
Occidental, es decir, en las regiones serranas, donde algunas especies
subsisten a la deforestación justificada con fines industriales, como el

E
pino, encino, fresno, cedro, nogal o abeto...
l “niño de hoy tiene menos contacto con la naturaleza, la tierra se
No obstante el desarrollo urbano necesario para el progreso, a los
ha cambiado por cemento. No obstante es muy sensible para adqui-
nativos del noroeste de la República no entraña dificultad alguna con-
rir conciencia ecológica, sin poses, sin presiones, y aunque hoy son
templar la abundante vegetación típica regional.
otros niños inmersos en la vorágine del progreso, el ambiente artificial,
El chispeante anecdotario oral no se hace esperar.
los juegos electrónicos repetitivos los saturan y sienten entonces el deseo
Y es que, como lo señalan diversos moradores, antes, aproximada-
de volver a su espacio natural, campo dinámico, cambiante, atractivo, no-
mente seis o siete décadas, los solares donde se construían las casas esta-
vedoso que lo motiva, intriga y encamina a despertar su imaginación”.
ban prácticamente rodeados de monte, la barda o tapia que delimitaba
Profesor Nicolás Vidales Soto
la propiedad la constituían rústicos cercos hechos de vara, alambre de
Heroico Puerto de Mazatlán, Sinaloa, México
púas, tela de gallinero, o palo de brasil, en algunos más los patios libres,
sin división, permitían estrecha convivencia vecinal.
Inicia el otoño y las lluvias veraniegas dejaron su humedad en la
En ese contexto la familiaridad con la vegetación silvestre era co-
tierra, cuyo regalo sencillo, generoso, es una alfombra multicolor.
mún, de ahí la sonrisa que acompaña a los lugareños cuando señalan
Por doquier la naturaleza pinta el paisaje y se muestra esplendorosa.
que los baiburines o vaiburines, eran objeto de advertencia de todas las
Sin regateos exhibe su obra maestra, donde sobresalen diversas
madres. Se producía esta especie de garrapatita del tamaño de la cabeza
tonalidades de verdes, y por si fuera poco, un abanico de color de flores
de un alfiler y de color rojo claro, al centro de la flor del mismo nombre,
silvestres en matices naranja, amarillo, lila, violeta y blanco.
como lo explica el historiador mazatleco don Pablo Lizárraga Arámburu.
No escapan al recorrido visual las singulares coronitas rosas que pre-
En las aguas, cuando el monte de tierra caliente está verde, abundan por
surosas se enredan y arropan con su follaje los arbustos espinosos y enma-
millones y es suficiente meterse unos segundos para salir lleno de ellos,
rañados alrededor; en la exuberancia está la sencillez de este regalo.
los cuales se introducen por la piel, produciendo comezones y ronchas,
Cerros y montes reverdecen al recibir hojas, tallos y raíces el líqui-
llegando a inflamar los testículos.
do vital para su crecimiento y desarrollo que motivan su despertar, su
Por supuesto, el cuidado se extendía a los guachapores, bolitas
renacer, y origina una imagen de vida en cualquier rincón de las cálidas
muy espinosas que se pegan a la ropa y a la piel.
tierras de la provincia sinaloense, sin faltar la permanente y majestuosa
Al amarillear del monte con las pequeñas flores baiburines, se
presencia en este páramo de los típicos cactus gigantes, o lo que es decir,
suma la de San Miguel, trompillo blanco, campanitas, varita de San José,
pitahayas marismeñas.
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caléndulas, cordón de obispo, batamote o jarilla, y la de capomo, muy rojas con un puntito negro que los plebes llamaban Ojitos de Pajarito,
abundante en la zona costera de la entidad, el color de sus pétalos va del era entretenimiento de horas recogerlas; también las semillas de roscas
casi blanco hasta el violeta. o guamúchiles, que antaño fue golosina de los indígenas y aún es de los
A pocos preocupa en realidad no conocer los nombres de su flora contemporáneos que gustan de su agradable sabor; una vez que se comía
silvestre; sin embargo, no ocultan su regocijo al continuar la práctica la fruta, con la pepita, igual que con las vainas del huizache y la de San
de hurgar entre la vegetación en busca de hierbas frescas comestibles, Juan, la chiquillería se daba a la tarea de confeccionar collares, pulseras
como los bledos, verdolagas y chiquelites. y anillos, ensartándolas una a una con aguja e hilo.
Ubaldina Angulo, residente de El Ranchito de los Angulo, muni-
Niñez juguetona cipio de Angostura, recuerda que hace más de 50 años, aparte de jugar
a la matatena con piedrecitas, “cuando veníamos de la escuela se metía
Y es que ciertamente asomarse a la niñez, es, como lo señala la psi- uno al monte, agarraba coronitas, las entrelazábamos y con ella nos co-
cóloga Lilia Inzunza Gil, encontrar en el juego múltiples significados, y ronábamos; todo el día teníamos energía para hacer travesura y media,
una de sus bondades es sublimar los deseos del niño o niña, como por también hacíamos pelotitas de los huizaches, brincábamos la cuerda
ejemplo el deseo de algún día ser artista, y mediante esta práctica puede con un mecatón.
hacerlo realidad. Otras veces nos entreteníamos a los encantados, la chirriona, saltar
Si bien en las fotografías de hace algunas décadas podemos valorar cercos, colgarnos de las cuerdas de los álamos, en pocas palabras, fue
la diferencia de los juegos de antaño: pontenis, canicas y peregrina (pi- una niñez feliz, al aire libre”.
lingrina), por mencionar algunos, comparados a los de hoy, básicamen- Para Olivia, Trinidad, Carmen, Alicia, entre otras mujeres de edad
te electrónicos, en los cuales sólo basta apretar un botón, se evidencia mediana, señalar que antes, es decir, hace 3-4 décadas, chirotear con
la pérdida de creatividad, aunque de cualquier forma el juego es funda- cualquier cosa, comer frutas silvestres hasta sentirse “empachadas” con
mental en el desarrollo del niño. las moras, sayas, bebelamas, nacidos, tunas, tasajos, cacaraguas, talayotes
Ciertamente hace algunas décadas el contacto directo con la na- tiernitos, ciruelitas del monte, confituría, manzanita, papachis, formaba
turaleza era mayor, incluso cuando jugaban a las muñecas imaginaban parte de la diversión.
el diálogo (hoy ya no es necesario), y en general utilizaban parte de su Pero en esas aventuras cotidianas no podía faltar entre los niños y
ambiente estimulando su imaginación, recurso formativo trascendental niñas atrapar bombiates y amarrarlos con un hilo, al igual que cigarro-
cuya recuperación los padres deben intentar. nes; con el tirador o resortera se calificaba a los más diestros en puntería,
El ingenio en la diversión infantil ha sido abundante, espontáneo, al tumbar los nidos de chalangantinas.
como se constata en cada época. Al deambular por los polvorientos y accidentados caminos para llegar
Con el tabachín o también llamado “árbol de fuego”, por su flora- a las faldas de los lomeríos y caminar entre matorrales, difícil es permanecer
ción roja, especie de jacaranda, se jugaba con los pistilos de la flor a los ajeno al canto y vuelo incesante de pájaros, zenzontles, golondrinas, gorrio-
“gallitos”; con la semilla del amole (negra y redonda) a la catota (hoy nes, chicharras, observar iguanas, chapulines, bitachis, güicos, cachoras,
canica), pues tenía la particularidad de ser muy liviana, utilizándose campamochas, zopilotes, tochis, chureas, copechis e insectos diversos... la
también los bonetes, que eran unas bolitas grises. sabia naturaleza permite apreciar el ir y venir de cientos, miles de palomillas
Entre la hierba y hojarasca caían de los árboles unas semillitas en pleno gozo de su hábitat y que se posan en las coronitas del monte.

María Esther Sánchez Armenta 129 María Esther Sánchez Armenta 130
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Rica sabiduría popular, fértil, interminable. Tanto qué hurgar en
el devenir de nuestra flora silvestre, sí, aquella usual que se aprovecha-
ba antaño para adornar el centro de la mesa o en el altar a la Virgen o a
Cristo. A decir de diversos cronistas sinaloenses, hermosos ramilletes se
colocaban alrededor del cuerpo del difunto que estaba tendido en un
petate o en una sábana, mientras el carpintero hacía la caja.
Ciertamente, a lo largo de los años de vida de nuestro planeta el
paisaje ha cambiado por causas de la propia naturaleza, pero también el
ser humano lo ha transformado.
No hay asomo de duda: la educación ecológica inicia en la infancia.
El recuerdo de la niñez juguetona que gozaba intensa y plenamen-
te de su entorno no debe registrarse aún en las páginas de la nostalgia,
como lo expresan al encontrar sus pensamientos nativos de este solar
del territorio mexicano: cuando uno estaba chiquitío los juguetes no
lo eran todo, un montón de piedras podría ser un tesoro; unas flores,
la corona; un pedazo de tela, el vestido de reina o la capa del héroe más
valiente; una rama rota, la filosa espada; un poco de tierra con agua bas-
taba para edificar un castillo, todo pues... un mar, un campo abierto a la
imaginación para un corazón alegre.
Redescubrir las pequeñas cosas de la vida para que no se pierdan en
el polvo de nuestros frenéticos días, es ofrecer sin gran esfuerzo un hori-
zonte sencillo, armónico a los hijos, y a los hijos de nuestros hijos.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Hoy en día los recipientes grandes que más abundan tienen la ca-
pacidad de un galón estadounidense.
Lo cierto es que desde épocas remotas el hombre ha utilizado fibras
vegetales para múltiples propósitos, jarcia, tejido de palma, o bien, la
varilla de mimbre, la cual, por ejemplo, se usa para confeccionar canas-
tos pequeños para forrar damajuanas en Cuba y Argentina, así como en
Las damajuanas; del esplendor al olvido otros lugares de América Latina.
En México, en 2001, aparecen las Tarifas Arancelarias publicadas en
el gobierno de Vicente Fox Quesada, Secretaría de Economía, mediante

B
Decreto para la Aplicación del Acuerdo de Complementación Econó-
otella, botellón, recipiente, garrafón, garrafa o damajuana, como
mica, suscrito entre el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y el
quiera llamársele.
Gobierno de la República de Cuba, para las bombonas o damajuanas, bo-
Este botellón de vidrio de cuerpo grande, abultado, abombado,
tellas, frascos, tarros... y demás recipientes para el transporte o envasado;
boca o cuello estrecho, forrado con un tejido de mimbre y como tapade-
también existe una Regulación de éstas en la Comunidad Europea, para
ra un trozo de olote, se fabricaba antaño de manera artesanal en peque-
su transporte.
ñas industrias.
Documentos precisan que Pericos es la zona más importante del
Tradicionalmente se estilaba comprar suelto el vino, por lo que se
municipio de Mocorito; sus tierras son irrigadas por la presa Adolfo Ló-
llevaba cargando la damajuana para que la llenaran.
pez Mateos, que aprovecha las aguas del río Humaya.
Dicen las crónicas que en las montañas de Zagros, en Irán, se en-
Por el año de 1840 se inició la plantación de mezcal en la hacienda de
contraron restos de vino hace 5 mil 500 años, en un jarrón de barro. Ya
Nuestra Señora de las Angustias, (nombre de la virgen patrona de los peri-
desde entonces, quizá se entendía, que alrededor del vino se desarrollan
queños) hoy Pericos. Dicha hacienda fue fundada por don Francisco Peiro
grandes conversaciones, se celebran alegrías o mitigan tristezas.
probablemente en 1769; a mediados del siglo 19 se instaló una vinatería que
El vocablo procede del árabe. El término damchán-botellón, bote-
produjo un vino popular llamado Periqueño, que obtuvo un galardón en
lla grande- se distorsionó hasta quedar en damajuana. De cobre, barro y
una feria mundial celebrada en París. Fue en 1890 cuando se dio principio
más tarde de vidrio, se decidió agregar a estos recipientes una cubierta
a la explotación del henequén, fibra de gran demanda en aquella época;
de mimbre con el fin de brindarle mayor protección, tanto para que no
de 1914 a 1960 un 80% de la producción se exportaba a Estados Unidos y
se quebrara al transportarse, como para la conservación del vino.
el restante 20% se destinaba a consumo nacional de sacos y cordeles; tal
Las damajuanas (envase de vidrio transparente) al paso de los años,
industria tuvo violenta decadencia al aparecer la fibra sintética.
por su gran capacidad al momento de servir el aguardiente o licor, se
Es muy probable que las nuevas generaciones no hayan escuchado
volvieron imprácticas, así como por la aparición de la producción in-
hablar de ellas, ni que se transportaban en rejillas de madera y la gente
dustrial en serie de recipientes de vidrio más manejables, o de plástico a
las guardaba en alacenas o en algún rincón oscuro de la cocina para que
bajo precio y mayor resistencia.
el vino se conservara en óptimas condiciones. De ahí que es importante
En Cuba, es una botella de grandes dimensiones. Un modelo por lo
sepan qué son y su conocimiento se sume al vasto acervo cultural del
usual enfundado en una cesta de mimbre que contiene al menos de 4 a 5
sinaloense, en sus costumbres y tradiciones.
litros. Probablemente, dicen, el nombre deriva del francés Dame Jeanne.
María Esther Sánchez Armenta 133 María Esther Sánchez Armenta 134
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
“Mi abuela mencionaba las damajuanas y sentí curiosidad por
saber qué eran. Existen diferentes envases de vino, desde la pachita, la
ramona, la pata de elefante y la damajuana, cuya capacidad oscila entre
los 15 y 25 litros. Era un sueño guajiro tener una, ya que las conocía por
fotos, porque dejaron de fabricarse desde principios del siglo 20, pero un
buen día me la obsequiaron, era de las vinaterías de Cosalá.
Para algunas personas quizá sólo sea una botella de vidrio, para mí
es una pequeña parte de la historia que sobrevive”.
Daniel García
Cronista de Guasave

“De pequeño escuché, allá por los años de 1960, de un personaje


muy fuerte que lo llamaban ‘Tobalón’. En cierta ocasión le apostaron que
no podía empinarse una damajuana llena de vino con una sola mano,
de ese que era elaborado en El Gato de Los Gallardo, Salvador Alvarado.
Tomó del buche aquella botella de más de veinte litros y la gente azorada
observaba cómo saboreaba el aguardiente sin meter la mano izquierda”.
Francisco René Bojórquez Camacho
Escritor

María Esther Sánchez Armenta 135 María Esther Sánchez Armenta


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
vendedores ambulantes que publicitan su producto, por ejemplo: ¡Ven
por tus hela2!
Al remontarnos a la historia, recordemos que los guerreros grababan
en sus escudos leyendas dedicadas a sus reyes o a sus damas. En la actuali-
dad con espíritu muy diferente al de aquellos señores, nuestros camione-
ros, principalmente, pintan variados letreros, en los que expresan burlas,
Letreros pullas, deseos reprimidos, que finalmente no ocultan su creatividad, gra-
cia y buen humor.
No hay que olvidar que los negocios, las empresas, no se quedan

L
atrás en este alarde de expresión, y colocan letreros a la vista de todos
os epígrafes y su doble interpretación son una genial filosofía del
como el tan conocido: ¡Hoy no fío mañana sí!
humor, y cómo no habría de ser así si el ingenio del mexicano no
Las inscripciones en sanitarios públicos merecen trato aparte, éste
tiene límites.
es sólo un breve ejemplo: “Estimada clientela, se le suplica no dejar mo-
No mandaré a mi suegra al Infierno, porque tengo lástima al Dia-
rralla sobre el mostrador”.
blo; ¡Ya llegó Shu pá!; ¿Tienes prisa?, ¡pasa por abajo!, y cientos de estos
picarescos letreros es posible leer en la defensa posterior, en la parte
delantera o a los costados, y hasta en el interior de diferentes tipos de Rebosante ingenio
transporte que circulan a lo largo y ancho de caminos y carreteras de la
República Mexicana. Y así, un día cualquiera al circular por la extensa geografía mexicana,
Su propósito es lograr un impacto visual en el mayor número de zona rural, urbana y suburbana, sólo basta un poco de curiosidad de los
personas, más aún, provocar la sonrisa maliciosa o la carcajada en quie- pasajeros o automovilistas para disponerse a leer la variedad de rótulos
nes lo lean, ya que de ninguna manera intentan disimular su traviesa, pintados con aerosol, pintura vinílica, con marcador permanente, bro-
irónica e ingeniosa intención. cha o pincel, y romper por unos instantes con la monotonía del viaje:
Los grafitos se han generalizado como parte del bagaje del habla y Pujando pero llegando.
la cultura popular del México de mediados del siglo 20, y se encuentran Humo en el mofle.
totalmente vigentes en el 21. Viejito pero muy cumplidor.
Hay quienes tachan estos textos breves de groseros, léperos, barba- Cambio dos llantas nuevas por una vieja.
janes, corrientes, pero lo cierto es que si bien los más comunes están en Meresco + pero contigo me conformo.
el exterior de los transportes públicos de carga, o en el interior de los de Las mugeres mi delirio los peatones mi martirio.
pasajeros, los epígrafes cumplen su objetivo con creces al provocar una Ni amo ni esclavo, simplemente amigo.
doble interpretación. Yo soy tu leche pa’ tus ojuelas de maíz.
Dentro de las características especiales de estos títulos o senten- ¡Qué curado vivir sin drogas!
cias está el que se escriben algunos en medianas y grandes dimen- Para vinos y mujeres trabajamos los choferes.
siones, otros más exhiben tremendas faltas de ortografía, incluso es Las mujeres mi delirio.
posible encontrar rótulos grabados con navaja en algunas carretas de Me ves y sufres.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
El niño de oro. A tu hermana.
Las mujeres no tienen palabra. Se dice que en un camión repartidor de una florería de los Estados
No hay quinto malo. Unidos, escrito con perfecta letra de pintor, se leía la advertencia:
Cada kilómetro una esperanza. MANEJE CON CUIDADO PORQUE EL SIGUIENTE VIAJE PUEDE
Dios bendiga a América y a mí que no me olvide. SER PARA USTED.
Cuidado, niños a bordo. En cambio en un vehículo de pompas fúnebres de segunda clase de
¡Copela o cuello! México, en la defensa posterior se leía:
¡Aya bonchi! NO TE ME AZERQUEZ NI TE ME ECHEZ ENZIMA MALORA ZI NO
Es que...soy de rancho. QIEREZ QE TE LLOEVE ANTEZ DE LA ORA.
Dios me acompaña, mi familia me espera. Y los choferes mexicanos continúan con su ingenio al interior de
En una auriga, es decir un vehículo tipo pick up que en la caja tiene su transporte público:
adaptados bancos laterales cuyo servicio (considerado de segunda) en La gasolina está muy cara pague su boleto.
Sinaloa, es transportar pasajeros y pequeña carga, tanto a comunidades Antes de pedir la parada despídase de su comadre.
como en la zona urbana, llama la atención una extraña reflexión: Que- Suegro celoso paga boleto.
do quedito callando, vámonos para la guerra. Niños mayores de 2 años pagarán pasaje. LA EMPRESA.
Algunos camiones que reparten huevos llevan la inscripción: Muchachas bonitas mayores de 15 años no pagarán pasaje. EL
¡Éstos sí son huevos! CHOFER.
O en el camión de una vidriería: Niños que sepan andar pagan boleto. LA DIRECTIVA.
¡No te acerques mucho, cuidado con...! Muchachas que sepan amar no pagan boleto. EL COVRADOR.
Y en este contexto sociocultural, la libertad de expresión es evi- En camiones, troques, automóviles, tranvías tropicales, o carretas,
dente, con fallas gramaticales, las frases espontáneas son en su mayoría es posible encontrar la frase que hace sonreír: Cómo han pasado los
divertidas, originales, refranes curiosos, lo que importa es que predomine años y yo no cambio de vieja; Aquí viene el siete machos; Caminante no
el humor... La variedad y la gracia estriban en que los coloridos y a veces hay camino se hace camino al andar; Dios hace milagros, no lava carros;
burlescos letreros están trazados o garrapateados “a la mexicana”, al “ai se Si valoras tu vida, no le pidas raite a tu mujer; ¡Ay mamacita aquí viene
va”, con una letra tan grotesca y chueca en su mayoría, que hasta eso es tu resortes! ¡Güey el que está leyendo!
causa de risa.
En cada biaje un Amor...tiguador.
¡¡Ay nanita que curvas y yo sin frenos!!
Un camión transportador de ladrillos tiene escrita en la parte de
atrás la frase:
A que no me pasas.
Quien se siente aludido por la provocación acelera y rebasa al ve-
hículo del letrero y cuando se dispone a reírse del chofer, lee el comple-
mento en la defensa delantera:

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
españoles, al introducirse la cerámica, que vino a completar el grupo de
útiles culinarios, definiéndose el uso de los recipientes y provocando
cambios en las costumbres, como fue la cocción de alimentos.
Y así aparece el balde que jugó y aún lo hace, un papel impor-
tante en el exiguo menaje del hogar campesino, el cual era escaso,
sobrio y ajustado.
El balde en balde Indispensable la hornilla hecha de barro, ya que era el eje central
del hogar, pues mientras se hacían las tortillas en el metate y el comal,
luego de pasar el nixtamal por el bautizo de la cal, el ama de casa organi-

H
zaba la plática de la familia.
ablar de la aparición del balde como parte de los útiles indispensa-
Era tarea fácil, pero indispensable, poner en su lugar los escasos
bles en los hogares sinaloenses, es señalar un objeto que nos iden-
muebles, sencillos, rústicos, hechos para servir a la gente.
tifica y recuerda etapas formativas y prácticas de la vida diaria.
Formaban parte del mobiliario hogareño las tarimas o los catres,
Los residentes de estas tierras, de un pueblo en desarrollo, ligaban con
la mesa de pino muchas veces sin desbastar, las sillas de vaqueta, el
naturalidad el esfuerzo físico a las dificultades e intensidad del quehacer.
armario de los trastes, la olla del agua con el jumate fresco y aún olo-
En las tareas participaban todos los miembros de la familia, así al
roso a semilla.
amanecer y con el fin de satisfacer las necesidades básicas, traer agua de
Había el horno para el pan de mujer en el patio, usado en fechas
la noria o del río era obligado.
especiales como bodas, bautizos y cumpleaños.
Pero, ¿cómo se incorporó el llamado balde de “fierro” a los utensi-
Pero el balde y la tina, hechos de hojalata, se incorporaron ya en
lios básicos?
fecha más o menos reciente.
Llegaron de fábricas de Monterrey y más tarde de Guadalajara.
Al pasar el tiempo El balde aligeró la faena del ama de casa al facilitarle la moviliza-
ción del agua, indispensable para sus tareas hogareñas.
Se dice que la forma primitiva para preparar los alimentos era asar- Se había utilizado hasta entonces la olla de barro, que era pesa-
los directamente al fuego o a las brasas; también se cocinaban alimentos da y frágil.
colocándolos entre la ceniza caliente del fogón. Más tarde se utilizó el La tina sirvió principalmente para conferirle mayor comodidad al
comal e inició el método que se practicó en diversas partes del México acto de bañarse o para ser pareja del lavadero.
Antiguo, consistente en hornos bajo tierra. También suplió a la artesa, hecha de álamo, la cual cumplió una her-
Los enseres usuales eran sencillos, manufacturados con piedra, mosa y enternecedora tarea: la de servir para el amasijo del pan. En ella las
entre los que destacan los molcajetes, metates y manos. Poco después se manos bruscas pero a la vez tiernas de la mujer campesina, revolvieron la
elaboraron en barro, y también se agregaron los cántaros, ollas, tinajas, harina hasta darle la tersura necesaria para convertirla en pan, con el auxi-
coladeras, sahumerios, vasos, platos, cazuelas, ánforas, jarros, así como lio de la levadura, que lo esponjó quitándole lo amorfo de la masa.
los hechos con guajes y tejidos de fibras vegetales. Fue el balde una especie de tormento para niños y jóvenes, porque
La sencillez de los objetos utilizados en el México Prehispánico mamá ordenaba desde la cocina: ¡agarra el balde y tráeme agua de la noria!
no tuvo cambios trascendentales hasta el siglo 16, con la llegada de los
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Y en la noria había un balde todo estropeado con el que se sacaba das, traían un balde en cada mano y otro en la cabeza sostenido por un
agua para dar de beber al ganado y para uso doméstico. No había enton- cayagual, y no se les caía; los hombres repartían la carga del agua sobre
ces agua entubada, sólo de pozo. su espalda, por lo que cargaban una palanca hecha con madera del mon-
Por eso, los rancheros decían que el balde era como cierta gente te, ya fuera de palo colorado, cacachila o huinolo”.
muy golpeada por el destino; balde de noria golpeado al testerear sobre Era necesario el vital líquido para todo.
las paredes circulares de la noria hasta llegar a la superficie con ayuda de Beber, cocinar, lavar, bañarse, regar el piso de tierra, las matas...
la rondanilla y el mecate de ixtle. El balde circulaba por todas las áreas de la casa; en él se remojaba
“Más golpeado que un balde de noria”, decían. el nixtamal, se cocían tamales de frijol, de elote, tontos, se hervía ropa
Y sí, dentro de los modestos utensilios del hogar campesino no ha- blanca con añil o aquellas prendas a las que se agregaba tractolina o pe-
bía nada que resistiera más golpes que el balde de noria. tróleo para desgrasarlas.
Era el balde el que extraía el agua de lo profundo del pozo; era la Se adquiría en mercados, abarrotes, ferreterías, cristalerías, pues era
vida la que sacaba a la luz del día. muy solicitado por su durabilidad. Entre las estrategias de los vendedo-
El balde de hoja de lata significó en su momento un toque de civi- res era colgarlos en el techo de la tienda o a la entrada, a la vista de los
lización en la cocina del hogar campesino. clientes, para que no olvidaran llevarlo a su hogar.
Fue el modesto y servicial balde el que anunció a la estufa de gas y Este adminículo de hojalata al paso de los años nos recuerda quié-
al refrigerador. nes somos, cómo vivimos y la evolución que no se detiene.
Sí, fue él. Y aunque ciertamente, las coloridas cubetas de plástico que se
expenden en cualquier comercio y tiendas de autoservicio, reempla-
Nativos zan paulatinamente a este rústico objeto, no obstante hay quienes
señalan: “me quedo con los de lámina galvanizada; los de plástico se
Y el recuerdo de ese ayer que de pronto se vislumbra lejano aparece desorejan muy pronto”.
con ojos cargados de nostalgia. A ello también se suman las cubetas de pintura, las cuales son de
“Utilizar baldes de fierro o estaño, como también los conocíamos, buen tamaño y resistentes, muy usadas en la actualidad para lavar el
era el medio más cómodo para sacar y trasladar el líquido de las norias trapeador, ropa mojada para tender, tirar basura, remojar hojas para
a las casas. Tratábamos de usar uno mediano para que no pesara mucho tamales, entre tantas aplicaciones más.
y cargarlo con más facilidad. Era raro que se nos olvidara llevar un trapo El cronista de la ciudad de Los Mochis, don Evaristo Fregoso, ex-
para sostener la agarradera, porque si no nos salían callos”, señala Eva presa que “aunque antes se usaban cántaros y vasijas de barro, al entrar
Leyva de Ojeda. los baldes de hojalata como elemento indispensable en los hogares, pro-
Tiempos sufridos, tiempos en que casi toda “la talacha” era a liferaban las hojalaterías”.
“puro pulmón”, a decir de número diverso de pobladores, “trabajába-
mos como burros, por eso había que ingeniarse para hacer más lleva- Ingenio
dero el trajinar”.
Por ejemplo, indican, y la sonrisa surge espontánea en sus rostros, Y en este devenir de costumbres y tradiciones pronto se incorpo-
al recordar aquellas imágenes, donde “había rancheras fuertes y cueru- raron a la jerga popular expresiones como “esa vaca es muy lechera, me

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
da dos baldes del 16”, “no en balde pasan los años”, “todo fue en balde”,
“me cayó como baldazo de agua fría”...
Es innegable que en la actualidad hay pocas oportunidades para la
autoidentificación, el contexto, el marco de referencia está lleno de ele-
mentos falsos que no reflejan la autenticidad de una cultura.
Quizá los arqueólogos se verán confundidos al analizar en un fu-
turo las excavaciones, y pensarán que algo marchaba mal, en una socie-
dad en la que un individuo podría pasar de un siglo a otro con diseños
estereotipados.
Y si bien es cierto, un día cualquiera los baldes de hojalata puedan
entrar en desuso y su función sólo sea ornamental, al caminar por el
centro del bullicio de pueblos y ciudades de este terruño, la utilidad que
los moradores les encuentran es múltiple.
Incluso llama la atención ver en centros turísticos como Mazatlán,
su utilización con un tinte original al llenarlos de hielo y cerveza en bo-
tella y servirlo a los clientes en bares, restaurantes, alrededor de la alber-
ca o a la orilla de la playa.
El tiempo en su inexorable marcha lleva en sus lomos el recuerdo
de un ayer que se desvanece a la distancia.
Molinete, malacate, bimbalete, adminículos indispensables en cada
noria, quizá no tengan significado para las nuevas generaciones, al igual que
transitar caminos de accidentada topografía para llegar a pozos a flor de tie-
rra, o el ruido de la rondanilla o garrucha mal engrasada, que, sin embargo,
permanecen en un rincón del ser, hacer, o mejor aún, en el corazón de los nati-
vos, porque después de todo “nada ha sido en balde”.

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evoca un bienvenido a casa, a tus recuerdos, a tu presente, a tu tierra, e
invita a querer más todo aquello enraizado en la historia del tiempo.

Media luna

Empanadas borrachas Un breve viaje gastronómico por los rincones de Sinaloa, ubicado
geográficamente en el noroeste del país, es apreciar la confluencia de
tradición y modernidad tecnológica, pero no en sentidos opuestos, sino
donde el campo fértil y zonas urbanas en crecimiento se hermanan y en-

N
o hay motivos para dudar de la ilimitada creatividad del si- cuentran rasgos comunes en los cambios provocados por el inexorable
naloense. paso del tiempo.
Entre lo mucho que se dice de él, resalta el ser inquieto, curioso, Aún se conservan los útiles hornos rústicos semiesféricos de adobe,
audaz, en constante búsqueda para incursionar en todos los ámbitos construidos por los nativos y que se funden al paisaje campirano a lo
que llaman la atención para su desarrollo. largo de los 18 municipios, y aunque han sido sustituidos parcialmente
Ello lo conduce necesariamente a las más variadas vertientes del por los de estufas convencionales, ambos coinciden al dejar escapar a
conocimiento, entre las que se encuentra la gastronomía. su libre albedrío exquisitos olores que se tornan irresistibles al salir las
Pocos son los hombres y mujeres que no se sienten “como peces en carteras de lámina, humeantes, repletas de las conocidas empanadas de
el agua” al experimentar con imaginación y entusiasmo la elaboración piña, cerveza, o llamadas también borrachas.
de platillos con un toque de originalidad, y que van desde los más senci- En figuras que asemejan una media luna son fáciles de ingerir, 2, 5, 10,
llos hasta exóticos, dada la variedad de productos agrícolas, ganaderos y las que se quiera, como antojo, postre, acompañadas con refresco, aguas de
pesqueros existentes. frutas, leche fría o caliente, chocolate, champurrado, atole pinole...
Recetas, tips, trucos, pasan de generación en generación, con los Y aunque Amalia de la Rocha, originaria de Mocorito, no sabe en
consecuentes agregados o modificaciones que cada cocinero les impri- realidad de dónde proviene la receta de estas empanadas borrachas que
me, hasta, sin apenas darse cuenta, al elaborarlos durante años, inscri- elabora hace más de 20 años, recuerda que una tía le dio las bases de la
birlos en las páginas de la tradición culinaria regional. elaboración y ha llegado a amasar en una semana hasta un saco de 50-60
Olores, sabores, colores, texturas y las más creativas figuras con- kilogramos de harina, por lo que “hasta yo me sorprendí de tanto que les
quistan, impregnan los sentidos y arrastran presurosos al paladar a ex- gustaron a la gente”.
perimentar en gozo anticipado la satisfacción de la ingesta. No hay que olvidar que hay múltiples recetas de empanadas, como
Pero el nativo de estas cálidas tierras no se limita sólo a reaccionar; las famosas de piña, cuya hechura inició hace casi 40 años Consuelo
el miedo y flojera no entran en su forma de ser, por lo que enfrentan con Mascareño en El Burrión, Guasave, y que en un principio elaboraba para
buena dosis de humor el reto de elaborar los más variados alimentos y consumo familiar, pero cuya producción amplió debido a la insistencia
antojos, cuya esencia no escapa a la influencia del cruzamiento multi- de habitantes de lugares circunvecinos que venían exclusivamente a
rracial que forma parte de su ser y hacer. comprar las “empanadas burrioneñas”, pero sin cerveza.
Comida casera, sinónimo de hogar, identidad; canto poético que Parecidas a éstas, nativos de Culiacán, Mazatlán, Guasave y Los

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Mochis, consumen empanadas de piña, pero con variación en sus in- tillera manual para que quede una pequeña tortilla, a la que se agrega
gredientes, aunque a algunas sí se le añade cerveza a la masa pero con mermelada de piña, se dobla y con un tenedor se cierra la orilla y colo-
relleno de cajeta o queso. can alineadas en las charolas.
“Y aunque pueden ser de guayaba, ate, membrillo, durazno, o la fruta Una vez horneadas, el toque final es revolcarlas una por una en
de temporada que se desee, me di cuenta que salen mucho mejor de piña, azúcar; se recomienda utilizar caja si se van a enviar a otra ciudad, para
pero elaborada en casa, ya que la envasada de fábrica es muy mielosa, en- que no se desmoronen ni maltraten.
tonces al meterla al horno se sale de la empanada y pega a la charola”.
En ocasiones no hay horario, y aunque dedica la mayor parte del Ama sus raíces
día en la atención de su pequeño restaurante, cuando le llegan pedidos
para fiestas como bodas, XV años, despedidas de soltera o algún otro Excelente conversadora, deja correr sus pensamientos en una re-
evento especial, se ve en la necesidad de contratar personal para que le trospectiva donde aparecen nítidas pinceladas de su vida cotidiana de
ayude a cumplir con el compromiso, como cuando tuvo que elaborar antaño, y que trae su memoria al hoy.
para 3 mil gentes. “Creo que la mujer sinaloense tiene una consideración muy espe-
cial a las raíces de sus pueblos, a lo que hacían sus antepasados, bisabue-
Buena mano la, abuela, madre, y cuya herencia se refleja por poner un ejemplo, en
esta labor culinaria manual. Mi madre era costurera y cuando se sentaba
La cultura popular se manifiesta de manera ininterrumpida, donde a la máquina ya no se levantaba, así fue como empecé desde muy joven
la capacidad de nuestros artesanos tanto en elaboración de productos tí- a aprender el manejo de una casa y cocina”.
picos, como vestimenta, instrumentos musicales, madera, concha, cobi- Cada día al revisar las provisiones sin saber exactamente qué preparar,
jas de lana o platillos regionales, es de probada calidad a nivel nacional. atizaba la hornilla, colocaba la vasija con la mezcla de ingredientes, la tapa-
La sencillez con que definen sus habilidades se corrobora en las ba con una cartera, a la cual le ponía brasas arriba, y así tenía listo un guiso.
palabras de Amalia cuando explica: “mi trabajo de alguna manera tiene Y aunque asegura que se puede nacer con cierta habilidad, si a ello
un toque artístico. Al iniciar el proceso la harina tiene que quedar en su se suma un gusto verdadero por aprender más, entonces al estar en “te-
punto, incluso puedo compartir la receta, que consta de harina, mante- rreno”, no hay limitaciones para probar nuevos sabores.
ca vegetal, cerveza y el relleno de piña, pero a nadie sale igual el mismo “Sin ánimo de exagerar, es indiscutible que somos bastante anto-
postre, aunque los ingredientes sean los mismos. jados, además, agregarle cerveza a las empanaditas es sello indiscutible-
Creo en el tradicional dicho de tener ‘buena mano’, como que el mente sinaloense”.
gusto lo tiene uno en la yema de los dedos, y a la primera me quedan las Pero las empanaditas no sólo son con frecuencia el platillo central
cantidades exactas”. de las mesas en festejos, preludio al alimento fuerte, sino que han sido
En la preparación de las empanadas, dice con seguridad, influye la embajadoras del municipio de Mocorito en exposiciones gastronómicas
altura del lugar y clima, detalles que de alguna forma cuentan. Aún más en la ciudad de Culiacán.
en tiempo de frío, por ejemplo, la harina no queda bien, y aunque la A ello se agrega el orgullo de traspasar las fronteras, ya que como
época de calor es más pesada, la textura de ésta es mucho mejor. souvenir las han llevado a Canadá, Los Ángeles y McAllen, además a
Se toma un poco de masa, se hace una bolita y se aplana en la tor- lugares del territorio nacional.
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
“A veces me pregunto, ¿por qué van las personas cargando con
estas empanadas borrachas a esos grandes lugares que tienen repostería
exquisita, exótica y hasta mundial... será por el valor casero, porque son
hechas en su tierra, con cariño?

Permanencia

No hay fórmulas mágicas que garanticen la permanencia de las


tradiciones, ciertamente van más allá del romanticismo y la nostalgia,
revisten compromiso moral y personal de los nativos, para enfrentar la
indiferencia de los jóvenes que no conocen lo auténtico de su región,
para formar o consolidar su identidad, porque no es sólo satisfacción
momentánea de los sentidos, simultáneo a ello está la convivencia.
Amalia agregaría a estas reflexiones que elaborar un producto
como éste, le ha redituado momentos de trabajo gozosos, invaluables,
perecederos, para el acercamiento afectivo, ya que el estar reunidos per-
mite intercambiar opiniones, experiencias de la vida cotidiana en sí,
que importan mucho.
Es, en pocas palabras, una maravillosa oportunidad de comunica-
ción de padres a hijos, donde incluso se puede apreciar los estados de
ánimo de cada uno, sus planes, inquietudes, etc.
“Quizá me gusta tanto trabajar porque es una conducta que imito de
mi madre, pero también porque sé que el trabajo es parte de la educación,
para que los hijos aprendan que en esta vida lo que se gana con esfuerzo se
valora más, y es, finalmente, tarea de los padres enseñarles el camino”.
Cuán larga es la senda que tiene que recorrer la cultura popular en
el comportamiento humano, pero por fortuna no es un andar solitario,
porque cultura es todo y somos todos...

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Ya en mitades o gajos grandes se colocan sobre una barra de hielo para
mantenerlos frescos y cortar en fragmentos al momento de servir.
Algunos vendedores con el fin de garantizar un producto higiéni-
co, sin contaminación de moscas, polvo y humo de los automóviles, los
resguardan en el interior de su carreta en una pequeña vitrina, a la vista
del consumidor.
El coctel de frutas; nuestro pico de gallo Los comensales son múltiples, prueba de ello es que el volumen de
la vendimia sólo dura el turno matutino.
¡Qué calor!, es la exclamación que se repite una y otra vez entre los

T
transeúntes al comprar un vaso de agua fresca, refrescos o decidirse por
rocitos de jícama, pepino, sandía, coco, piña, gajos de naranja, y
un Pico de Gallo, lo que demuestran con sus expresiones naturales y es-
algunas frutas más de temporada como el mango, se mezclan y
pontáneas.
sirven en un vaso, al cual se le agrega jugo de 1 ó 2 limones, sal y
¡Está bien rico, oiga, y además la fruta heladita!
chile en polvo, para dar forma al coctel o macedonia de frutas, más co-
¡Yo la verdad prefiero que le echen más coco y mango!
múnmente llamado por los sinaloenses Pico de Gallo.
¡A mí démelo en una bolsa de plástico para no ir batallando con el
La respuesta a este nombre tan singular se deduce en la similitud
vaso en el camión!
de realizar incontables movimientos con el picadiente para ensartar la
¡Lo he comido desde toda la vida y ya tengo 67 años, fíjese!
fruta, al igual que cuando los gallos pepenan con su pico la semilla.
¡A mí me gusta con mucho chile en polvo y el jugo de 3 limones,
Encontrar hasta en las más pequeñas poblaciones vendedores
para tomarme el caldito al último!
ambulantes que lo expendan, no entraña dificultad alguna; chicos y
¡Yo lo como por puro antojada que soy!
grandes identifican la ubicación de las pequeñas carretas, por lo re-
¡Es un alimento ligero y lo mejor de todo es que no está tan caro y
gular colocadas estratégicamente en la zona comercial, o bien, en la
no me engorda!
cercanía de alguna escuela.
¡No alcancé a desayunar en la casa y así me lo como en el trabajo!
Y aunque es posible consumirlo durante el año, se podría decir que
María Guadalupe, José Juan, Ricardo, Lorena, Dolores, Luis y De-
es característico de las estaciones primaverales y verano, cuando el clima
nisse, por mencionar algunos nombres de clientes, originarios de Navo-
alcanza temperaturas que rebasan los 40º centígrados.
lato, coinciden en que a veces le echan mucho de una fruta y muy poco
Preparar este antojo especial exige tener en existencia elementos bá-
de otras, es decir, no está equilibrada la ración, por lo que vendedores de
sicos como vasos, picadientes, chile molido o salsa de botella, además des-
Pico de Gallo explican: “es cierto que cuando hay fruta de temporada
tinar algunas horas para seleccionar la materia prima en óptimo estado, es
a precios muy bajos le echamos más, de sandía, mango o naranja, por
decir, con la sencillez de sus palabras, “ni muy verde ni muy sazona”.
ejemplo, pero si los plebes, la doña o el don no están de acuerdo, les da-
Para conseguir lo mejor en calidad y precio, desde temprana hora
mos lo que pidan”.
van a mercados o con los comerciantes que las transportan directamen-
En este pequeño recorrido aún hay mucho que decir, de costum-
te de sus sembradíos.
bres, tradiciones que permanecen en el gusto de los pobladores sinalo-
Entre las actividades previas está la de pelar, en casa, una dotación
enses, y aunque pocos conocen el nombre o apodo del vendedor, en este
de coco, sandía, jícama, papaya, piña, naranja, pepino, melón y mango.
María Esther Sánchez Armenta 153 María Esther Sánchez Armenta 154
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
caso Heleodoro López Gallegos, conocido por “El Chapo o Chapito”,
pone en nuestras manos un vaso de coloridos y jugosos productos de la
hortofruticultura regional.
Ante la conquista visual que despierta los sentidos y apremia la
satisfacción de la ingesta, sí manifiestan preferencia por aquel que
muestra más cuidado al expenderlos y minimiza su temor de contraer
alguna infección.
Un Pico de Gallo natural que irradia frescura, especial para mitigar
el calor y satisfacer un deseo momentáneo de gusto al paladar.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
La sabiduría de las mujeres indígenas del México antiguo se hace
presente en las abuelas y nuestros padres, pero curiosamente la añoran-
za de épocas pasadas cobra inusitada fuerza desde fines del siglo 20 y a
principios del 21.
Aunque muchos lugareños intentan profundizar en los porqués de
la nostalgia, encuentran justificación en dejar, aunque sea por unos ins-
Gordas pellizcadas tantes, el torbellino que envuelve a la vida cotidiana, para ir al encuen-
tro o al reencuentro con el apacible trajinar del ayer.
La elaboración del nixtamal es una aportación original de los pue-

A
blos mesoamericanos, las imágenes que se observan en las páginas de la
l calor del fuego hay que pellizcar, raspar el migajón aún medio
historia muestran el complejo proceso del desgranado de las mazorcas,
crudo de las gordas.
cocimiento del maíz en agua con cal, lavado repetidas veces, y finalmen-
La delicia anticipada provoca que las papilas gustativas desespe-
te su molida en forma manual.
ren por el irresistible olor de la masa en su proceso de cocción.
La mujer acuclillada, es decir, doblando el cuerpo de modo que las
Herencia de siglos, de la cocina prehispánica en su largo recorrido
asentaderas descansen en los talones, frente al metate, era una escena
que inicia con los orígenes del hombre en Mesoamérica, y más tarde la
común, práctica laboriosa, pues había que moler el grano hasta tres ve-
conquista entremezcla de manera inevitable la indígena y la española,
ces para eliminar el hollejo o la cutícula hasta obtener la masa.
para legarnos un día cualquiera el caudal de milenaria tradición.
Nativos aseguran que aún se conserva similitud con ese antiguo pro-
Hablar de tortilla en México es referirse a enorme variedad de for-
ceso, registrándose algunos cambios al sustituir el metate (instrumento
mas, colores, texturas, blancas, pardillas, grandes, medianas, chicas,
de piedra en forma cuadrada ya en desuso en la época actual), y que exigía
delgadas, gruesas, traslúcidas, ásperas, cuya característica indispensable,
intenso trabajo humano, por el molino manual o el mecánico.
a decir de los experimentados tortilleros, es que debe tener “correa”, o
“Aunque se nos juzgue pasados de moda, fuera de onda o que traba-
sea, ser suave, flexible y no quebrarse cuando se dobla.
jamos a la antigüita, no nos preocupa la modernidad, la industrialización,
Tienen sabor a nuestra tierra, pues no en balde la importancia del
nuestro oficio, si quieren calificarlo de rústico, es tradicional, molemos el
maíz en la alimentación de los mexicanos es primordial.
maíz para tamales o tortillas como las de antes. Creo que aún llenamos ese
El arte culinario transforma a la tortilla en exquisitas enchiladas,
vacío que provoca el sentir que ‘algo’ se va perdiendo, pues al paso de los años
sopes, quesadillas, tostadas, flautas, gorditas, enfrijoladas, dobladas,
sobrevivimos y la gente viene a buscarnos porque extraña lo auténtico”.
tacos sudados, entomatadas, huaraches, tlacoyos, memelas, chilaquiles,
Quienes por comodidad deciden simplificar la hechura de las gor-
sin olvidar los muy codiciados tamales de tortilla.
das, se inclinan por la compra de harina de maíz industrializada, que
adquieren en cualquier abarrote o tienda de autoservicio.
Ritual No están sólo en el recuerdo aquellas hornillas atizadas con palo
de brasil, choya seca o cualquier rama del monte, comales de tierra, de
Ciertamente, qué mejor momento que la hora del desayuno, al- fierro o lámina, así como los braseros siguen vigentes en la campiña si-
muerzo, comida, merienda o cena. naloense, a diferencia de las estufas de gas en áreas citadinas.
Todo conlleva a sabroso ritual.
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
El proceso doméstico de elaboración es sumamente rápido, se uti-
liza tortilladora de madera o metal, llamadas también de “aplastón” y
de “bola”, o bien, puede hacerse la bola de masa y palmearse entre las
manos, decisión que dependerá de la destreza del cocinero.
Hay que pellizcar las gordas, auxiliarse de uno o dos tenedores, cu-
chara o hasta de una servilleta húmeda para formarles el bordo y levan-
tar, desmenuzar su interior, después seleccionar el ingrediente de pre-
ferencia, mantequilla y sal, chicharrones, natas, queso, o bien, agregar
generosa porción de orruras o asientos de puerco y hasta cilantro fresco
o el rabo en trocitos de cebolla cambray.
Consumirlas calientes, humeantes, es sabia recomendación que
no se debe olvidar.
Parte de la cultura de los pueblos es su gastronomía, sus platillos
típicos que se incluyen en el menú regional.
Un sencillo manjar irresistible.
Hay que dejarse conquistar por el hilo aromático que nos conduce
a las gordas pellizcadas, raspadas... de maíz.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
siete años y nos hubieran visto, toda la plebada andábamos corriendo
detrás del carro en los “paseos de la reina”. Era el único carro, no crean
que había más.
Guamúchil en ese entonces era un rancho de solares enmontados,
tenía más monte que casas; sólo la avenida Ferrocarril contaba con cons-
trucciones más o menos, yo creo que por la llegada del tren.
Un ayer con sabor a pueblo La casa donde vivo -sigue diciendo-, era tienda de mayoreo y me-
nudeo. Muchos costales de canela, azúcar, harina y frijol se fueron en las
crecientes de 1927. Eran unos llovederos que pa’ que les cuento. Todos

E
los años las autoridades tenían que sacar a la gente de La Laguna, ya era
l devenir de la vida se esculpe cada día, cada hora, cada minuto, en
una costumbre, como costumbre era ver animales “ahogados” y arras-
el trajinar incesante de la cotidianeidad.
trados por las aguas.
El entorno envuelve sin apenas sentirlo a los pobladores de la plá-
Estudié hasta el quinto año en la escuela que estaba en la casa de
cida provincia o de la urbe citadina.
don Luciano, porque no había sexto. Muchos se iban a Angostura y Mo-
Se convierten en tejedores de su historia regional, en testigos y par-
corito a terminar la primaria.
tícipes de grandes acontecimientos, o simples detalles comunes.
Yo hice el sexto año en la escuela nocturna del profesor Gabriel
El paso de las estaciones enriquece el espíritu con su primaveral alegría,
López, quien vivía en la casa de María Mariscal. Allá íbamos todas las
el cálido verano, la serenidad y melancolía del otoño, y el invierno con la
noches. En la hora del recreo jugábamos a la pelota, a la cuerda y a brin-
ancianidad a cuestas anuncia el ocaso de un año y el renacer de otro más.
car el mecate. La mayoría llevábamos sillitas porque había pocos mesa-
En esa evolución que se adhiere a la existencia, tiene gran peso
bancos; maestras sí había muchas, las traían de Culiacán.
la sabiduría y paciencia de quienes se encuentran en la madurez de su
La gente se dedicaba a la agricultura y criaba su ganadito, porque
caminar, quienes de una manera sencilla y natural son artesanos de su
empresas no había de tal manera que se dijera que había hombres y mu-
cultura pletórica de colorido, tradiciones, costumbres, un modo de vida
jeres trabajando. No. Nada de eso. No existían los súperes como ahora,
que preserva el pasado y se hermana con el hoy.
pero había dos casas alemanas: la Casa Melchers y la Bolevar (Wholer
El testimonio de estas personas, de su caminar, se manifiesta en
Barting). La de don Emilio Tisnado era de comedera; de mecates, alam-
una voz sin rebuscamientos, contaron lo que sabían, confiaron sus su-
bres y rollos de lona; creo que era agencia, así la nombraban.
frimientos, anhelos, gozos, platicaron de sus experiencias y logros.
La ropa la comprábamos en tiendas de chinos. Había como ocho.
En estas narraciones deshilvanadas hablaron como sólo el sinalo-
Ésas eran telas de a deveras; sedas, tiras caladas, ¡ah!, y los listones. Todo
ense auténtico sabe hacerlo, de su infancia, adolescencia y juventud,
muy bonito. Enfrente del ferrocarril había dos negocios muy grandes.
retrospectiva que dibuja un poco la vida y desarrollo de Guamúchil en
No había salones de belleza, nosotras mismas nos arreglábamos y nos
la primera mitad del siglo.
pintábamos con nuestras manos. Éramos bonitas naturales en ese tiem-
¿Que si tengo algunas vivencias? ¡Cómo no voy a tener!, dice enér-
po, que no necesitábamos mucho. Para rizarnos el pelo nos poníamos
gica doña Lencha de Castro.
limón o agua con linaza porque quedaba muy bien.
Aunque nací en 1913, recuerdo muy bien el carnaval de Guamú-
Seguimos comiendo lo mismo; eso no ha cambiado. En los ban-
chil de 1920. Fue reina María Díaz y el rey Bernardo Sánchez. Yo tenía
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quetes de bodas, ¡ah!, ¡ésas eran bodas!, siempre se servía güíjolo, ahora No crean que vino muy luego el cine; el primero fue el que estuvo
le dicen pavo. También había sánguchis (sandwiches), rollitos rellenos, donde está la oficina de Daniel McConegly, pero era mudo. Después
pastel, bizcotelas, chocolate, jamoncillos y suspiros. No había platos llegó el cine hablado, el Royal, que lo puso don Guillermo Pulos. La
servidos para cada gente. No. Eso no. Pasabas al salón, tomabas el plato primera planta de agua la puso Norman Tracy, y la fábrica de dulces de
y te servías lo que querías; era como lo que ahora le dicen ambigú, o creo Ángel Mariscal hacía unos barrilitos y chiclosos que pa’ que les cuen-
que buffet. Se obsequiaba una cerveza muy buena, la Regional, cuyo to, ¡deliciosos! Los bancos no se usaban antes, por eso hubo entierros,
dueño era don Silverio Trueba, un español muy espléndido. porque ir hasta Culiacán era un triunfo, no había comunicaciones. El
Para 1930, ya había el Club Hacha. Estuvo en los altos del cine Ro- primero fue el del Noroeste.
yal; cercano al Sanatorio Díaz y donde fue el Hotel España. Ahí íbamos El otro lado de la vía (San Pedro) se levantó un poco con el despepi-
a disfrutar de la música de don Narciso y don Luis García. También la te, y porque en ese tiempo había mucho movimiento con el garbanzo.
banda de Margarito Lozoya amenizaba los bailes; eran muy buenas or- Veo Guamúchil distinto al pasar el tiempo; ya no hay tantos chi-
questas, tocaban muy bonita música, de todo. queros, pero las calles de antes eran parecidas a las de ahorita, unos
La plazuela se construyó a iniciativa de don José Salas, él era mazat- lodazales, a excepción de las pavimentadas. Las autoridades no se
leco y trabajaba en la Casa Melchers. Estuvo mucho tiempo cercada con acuerdan de nuestras calles de terracería, deberían ir a verlas; no las
postes y alambre de púas, pero tenía un kiosko muy bonito, ¡lástima!, raspan, no las riegan, ni nada. Para eso pagamos contribuciones, para
lo tumbaron. Cuando crecieron los arbolitos le quitaron el cerco. Las eso estamos al corriente.
bancas se las pusieron de madera, después las hicieron de material y úl- Las tradiciones son como en todas partes, a las personas que nos
timamente las volvieron a hacer de madera, pero dicen que las pintaron gustan las amistades, la convivencia con las vecinas, no falta que el rega-
de azul, ¿cómo la ven?, ¡si son más bonitas verdes! El reloj público, tam- lito, que el platito de comida. Eso sigue igual. Es personal. Para mí no ha
bién lo tumbaron, era muy bonito, dicen que lo quieren volver a poner, cambiado eso. Todo lo que les estoy contando no es porque estábamos
¡ojalá!, pero lo dudo. muy instruidas, sino porque éramos muy metichis, todo sabíamos.
Recuerdo el mercado por la Rosales; el primero fue de material y Ahora está muy cambiado Guamúchil; hay mucha gente de fuera,
empezaba frente al cine Royal; vendían semillas y animales en pie: que nosotros ya no conocemos más que a la gente vieja. La mayor parte no es
gallinas, que el pollo, que el cochito; todo traían a ese mercado, todo de aquí. Vivimos otras costumbres muy diferentes, los chamacos se van
muy bueno, no como los pollos de ahora, descoloridos, blancos, que se a estudiar fuera y las plebas se van solas a los bailes, ¡quiúbole!
hace un caldo, ¡ay no!, ¡cállate la boca! Después el mercado siguió exten-
diéndose pero en “tendejones”, hasta que ya hicieron el nuevo, el que Doña Chona de López
ahora es estacionamiento de las tranvías de los ranchos.
El primer panteón es el que está cerca del York, lo hizo don Floren- Antes éramos muy pobres, estábamos muy trabajadas, pero des-
cio Gutiérrez, el papá de Juventino; el primer muerto fue el papá de doña pués de todo vivíamos felices. Era rara la señora que no se llenara de
Virginia y “El Chevo”. El segundo fue el de San Pedro, el que desbarató hijos. Decir familia normal era hablar de ocho o nueve hijos, más los
Jesús Rodríguez cuando fue diputado, creo que para hacer un parquecito padres. Se usaba mucho que los abuelos vivieran en la misma casa, hasta
y la escuela; el tercero es el municipal; sentíamos que estaba muy lejos, algunos sobrinos o sobrinas también. Las familias chicas eran las que
como que íbamos a enterrar a nuestros muertos hasta Mocorito. tenían cuatro o cinco hijos.

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Nos acostumbramos a ser muy vastas para la cocina; todos los días morir; es nuestra tierra, la de nuestros padres, la de nuestros hijos. Lo
hacíamos unas ollonas, pues había muchas bocas que alimentar. Y lo malo es que nos enterrarán quién sabe dónde, pues en el panteón mu-
de siempre, quebrarse uno la cabeza en qué guisar; que cazuela, cocido, nicipal ya no hay lugar, en el de Tultita, tampoco, y hubiéramos querido
machaca, pollo en caldo, albóndigas, caldo de asadera, bistec, caldillo, quedar con los que ya se nos adelantaron de la familia. ¡Ni modo!
frijoles enagüisal, bofes con chile colorado, quelites, pozole de frijol, en-
chiladas y hasta café de talega. Hacíamos tamales porque rendían mucho; Doña Emilia de Sánchez
de los estilos, ¡uf!, pues se hacían de puerco, garbanzo, frijol y de elote, eso
sí, no podía faltar el aguachile. Era rara la que no sabía hacer tortillas de En 1945 yo tenía 14 años; andábamos en bicicleta y nos gustaba ir a
harina o de masa; también gordas raspadas con horruras, lo mismo que ver la llegada del tren, cómo recibían a los que llegaban o los que se iban,
atoles o champurrado. En tiempos de calabacita hacíamos mucho cola- a veces con música de banda. Ir a la estación del ferrocarril era como ir a
chi. Yo creo que comíamos mucho más natural, menos contaminado. A dar la vuelta para divertirse y pasar el rato.
veces uno picaba repollo finito, tantito tomate, cebolla y unas gotitas de Cuando estábamos de novias nos gustaba ver los partidos de
limón, lo poníamos en una tortilla caliente y era un taco sabroso. beisbol contra Mocorito o Guasave. También tomar raspados, nieve o
La vida en los cuarenta era pesada. No había tantas comodidades sodas con mucho gas, con don Pascual Sedano. Nos agradaba ir a los
como ahora. No pudimos hacer estudios superiores, pero en la primaria bailes al Club Évora, al Hacha no, porque ése era para la alta sociedad.
aprendimos mucho; la letra corrida nos salía muy bonita, no sólo por También asistíamos a los de Guamúchil Viejo, íbamos a pie, se nos ha-
los buenos maestros y por lo exigentes que eran, sino porque no tenía- cía lejísimos porque era pura terracería; cuando llovía nos llevábamos
mos tantas distracciones. La televisión ahora ha encerrado en su mundo los zapatos en la mano y antes de llegar buscábamos un charquito para
a nuestros nietos; son horas las que están clavados apendejándose y has- lavarnos los pies. Recuerdo que la orquesta Ahumada y la banda de Li-
ta con los ojos hinchados. ¡Es una perdición! De continuo son capaces llón amenizaban con música romántica, puros boleros, puros tangos,
de amanecerse frente a la mugre de aparato como robots, no como los puros danzones.
plebes cuisuquis de antes. ¡Si les digo! Las bodas eran de día, a veces empezaban desde las cinco de la ma-
Yo ahorita tengo 75 años y puedo decir que en mis tiempos no se ñana porque no había luz.
usaba la ropa hecha; todo el tiempo era una de ir a buscar telas y adornos Había muchos fayuqueros y tiendas establecidas como El Jonuco,
y luego llevarlas con la costurera. Cuando la fiesta era pomposa, hasta que vendía mercería; en La Casa del Pueblo, de Lupita Villaverde, había
los zapatos mandábamos forrar con la misma tela del vestido. Ramona ropa, calzado y cobijas; también estaban la de don Leonardo Calderón y
Leji, la hija del chino Leji, era muy buena costurera. la de Catarino; Las Novedades, de los Mariscal; La Moda Elegante, de las
Ahora parecerá increíble, pero las costureras de antes regresaban hermanas López Domínguez, que vendían trajes para novias, y la de don
los retazos que sobraban y hasta el hilo que no ocupaban; qué esperan- Valentín Cárdenas. La tienda del chino Leji era de abarrotes y ahí nos
zas que eso vuelva a suceder; son avorazadas. daban un cartuchón de galletas muy buenas que él hacía. Restaurantes
Guamúchil ha crecido mucho, pero la mayoría de las residenciotas sólo estaban el de María Sánchez, las hermanas Mariscal, doña Carmen
que se ven por todos lados son de narcos, de lavado de dinero; es poca la Elizalde y el del chino Miguel Delgado.
gente que uno puede decir que lo que tiene es a puro pulmón, de partir- Al cine Royal a veces venían artistas, sin que hubiera un festejo
se el alma, ¡de dónde! De todas maneras aquí nacimos y aquí queremos especial. No tenía techo y cuando llovía se suspendía la función. Hubo

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muchísimas ocasiones en que nos devolvieron las entradas porque la pe- que era bueno no bañarse, traer la cabeza tapada, tomar atoles y muchas
lícula no llegaba en el tren. Por el aparato de sonido nos avisaban y nos cosas que a las mujeres de ahora les causa risa, y no se cuidan ni hacen
entregaban una contraseña para la próxima función. caso. A mí no se me pasaba ni un parto sin tomar raíz de chicura para
De las boleteras recuerdo a doña Locha, la seño Chayito y la que no me quedara abultada la barriga.
seño Monchi. Antes no se usaba que las gentes tuvieran el baño adentro de la
Un día común era levantarse muy temprano, poner el agua para el casa, estaba al fondo y el excusado era de material, no como los de ahora
café, barrer el patio, “acarriar” agua de la noria en cubeta o con una olla en las ciudades, era como una letrina. La puerta era cortina de tela, no
en la cabeza, hacer el desayuno, ir al mercado, hacer de comer, lavar la había para hacerla de madera. Como el baño quedaba lejecitos nunca
ropa con jabón de pastilla y a puro pulmón. No había polvos, tampoco olvidábamos el bacín; era de fierro, ahora ya los hacen de plástico.
cloros ni nada de eso. Se usaba mucho el añil para blanquear y el almi- A los plebes lo que les encantaba era chirotear con el agua que aga-
dón en las fundas, cuellos de camisa, faldas que no fueran de seda, y en rraban de la cubeta, y cuando ya hubo mangueras, po’s con la mangue-
los manteles y servilletas. Se hacían tortillas tres veces al día; atizábamos ra; una vez que terminaban iba cambiándolos de uno por uno para que
con leña de brasil, mezquite o güinolo; usábamos un comal de barro al rato se fueran a revolcar y se encochinaran, ¡hijos de un tal! Así que
o de fierro que lo blanqueábamos con hueso quemado para que no se uno se hacía muy renegada porque todo el día no paraba, casa, niños,
pegaran las tortillas. Nomás se metía el Sol nos dormíamos, no había esposo, remendar ropa, mandarlos a la escuela, que si estaban enfermos,
necesidad de estar gastando el petróleo de la lámpara. en fin, que no había tiempo para salir con el marido a “mover el bote”,
Antes los vecinos nos reuníamos a platicar; la gente se saludaba, se ni a bailes ni a bodas.
sabía cómo era cada quien. Los niños comían en otras casas y uno hasta La ida al mercado con la canasta en el brazo era diaria. Ahí saludaba
reprendía al hijo del vecino si se portaba mal, y hacían caso; ahora si uno uno a la gente que acostumbraba ir a la misma hora. De pasadita se ente-
se atreve lo mandan a la fregada. ¡Dios me libre! raba uno de alguna novedad, de la fulana que se “juyó”, o de quién esta-
ba enfermo. Al caer la tarde dábamos cena y nos disponíamos a hacer el
Doña Chagua de Camacho “tenderete” para los chamacos, en el portal o en el patio; ninguna casa
tenía barda de material, eran palos del monte, pero cuál miedo a qué,
Tengo 80 años, estoy muy cansada de tanto que trabajé; fue una no como ahora, además era un perrerío por todos lados, que ladraban
de “acarriar” agua en la cabeza para los trastes y la ropa; planchar con cuando alguien se acercaba, que a menos que uno tuviera el sueño muy
plancha de fierro calentada en las brasas; tortear tres veces al día, hacer pesado no oiría.
la comida para los muchachos y regar la casa hasta que se aplanara; vie- En los catres siempre dormían de a dos, yo creo que porque no po-
ran visto los tendederos, nomás blanqueaban de pañales, porque antes díamos comprar más o porque se nos hacía natural como hermanos que
nacía un niño y cuando menos pensaba ya estaba embarazada otra vez; eran y se hacían compañía, o también porque no alcanzaba para hacer-
así que todos seguiditos, que no se llevan ni el año. les más sábanas o comprar cuiltas.
Creo que la hija grande es la que tuvo menos infancia, porque eran Al abarrote de la esquina donde nos fiaban, las idas eran a cada rato.
tantas las obligaciones y los hijos que uno tenía, que la mayor ayudaba en Teníamos cuenta abierta hasta que rayaba el esposo el fin de semana.
la crianza de sus hermanos y no le quedaba mucho tiempo para jugar. Era una de que el cuarto de azúcar, que el café, que los fósforos, y hasta
Mientras pasaba la dieta uno se cuidaba de no resfriarse; decían cuadernos y lápices. Las consultas con el doctor eran cuando de plano

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el chamaco se enfermaba, y ya no podía uno curarlo con remedios case-
ros. Tuvimos suerte de tener en Guamúchil al doctor Salazar, al Guello
y a Llausás; si no podíamos pagar nos fiaban para cuando pudiéramos.
Fueron grandes médicos y muy buenas personas.
La vida de las vecinas era muy parecida a la de uno, y cuando echá-
bamos la barrida afuera era cuando teníamos oportunidad de platicar
un rato. En la tarde también a veces nos sentábamos afuera a descansar
y volvíamos a echar la platicada. Cuando se enfermaba uno la vecina era
la primera que se ofrecía a limpiar la casa y atender a los niños. Ahora lo
ven a uno estirar la pata y si te vi no me acuerdo.
Antes la gente era muy leal, muy servicial, más sincera. Se ha per-
dido el ser más humanitario, menos interesado. Antes la gente a pesar
de ser pobre se entendía, compartía, pero no había medios de trabajo,
por eso muchos se fueron al norte en el tren, y nunca volvieron a su
tierra. ¡Allá ellos!

María Esther Sánchez Armenta 169 María Esther Sánchez Armenta


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
anfitriones del programa diseñado especialmente para fortalecer la visión
que sobre el municipio se tiene en relación con el resto de Sinaloa.
La tensión desapareció de inmediato; las expectativas de asistencia
fueron superadas.
Qué regocijo observar a un público receptivo, más que dispuesto a
escuchar la conferencia sobre el Guamúchil de Ayer y Hoy, con la partici-
Tierra de canto y trabajo pación de la periodista cultural María Esther Sánchez Armenta, el cronista
de la ciudad, Arturo Avendaño, y el poeta José Carlos Aguilar Montoya.
En ese tenor de ambiente cordial, compartió también la presen-

F
tación de libros autoría de Guadalupe Robles, Jesús Alfredo Galindo y
uera nostalgia, ya no tienes razón de existir.
Julián Camacho.
Es la fiesta del encuentro y el reencuentro.
“Esta muestra nos permite difundir nuestra cultura, nuestros valo-
Hay alegría en las almas de familiares y amigos que se extiende al con-
res y tradiciones, a la par de comprobar que el lema confraterno Unidos
tacto corporal cálido, vibrante, cargado de afecto, en espontáneo apretón de
por Nuestras Raíces, sigue vigente; fue un sueño largamente acariciado,
manos, abrazos intensos, risa jubilosa de un pueblo sencillo, emocional.
esperamos que sea el preludio a muchas más”, parte del mensaje mati-
Bullicio contagiante, vasto anecdotario, costumbres y tradiciones, crea-
zado de emoción que expresó Jesús Alfredo Sánchez Heredia, presidente
ción plástica, literaria, gastronómica, folclor, el ser y hacer cotidiano de los
de la Confraternidad.
nativos que construyen a su paso la historia de esta tierra bravía y generosa.
La llovizna refrescó la noche.
Cuánto orgullo comprobar que la memoria no ha condenado al
Todos como una gran familia dirigiéndose al escenario donde se
olvido las raíces, el cascarón nativo, y aprisiona por un instante en la
efectuaría la inauguración: la galería de Arte Joven.
mente y corazón pequeñas postales, trozos del ayer y hoy.
No se esconde la alegría de ser testigo y partícipe de la magna reunión.
Culiacán recibe un retazo de Guamúchil en la Primera Muestra
Las palabras del presidente municipal de Salvador Alvarado, Jaime
Cultural denominada Lic. Roberto Macías Fernández, donde se rinde
Irízar López (administración 1999-2001), integraron en su reflexión a
homenaje a uno de los incansables luchadores integrante del Comité
un presidium distinguido, Ronaldo González Valdés, representante
Pro-Municipio. Cinco años de movilización popular conducen al ansia-
del gobernador Juan S. Millán, el alcalde de Culiacán, Gustavo Gue-
do objetivo: la separación de Mocorito.
rrero Ramos, así como el de Mocorito, José Noé Contreras Avendaño,
El gobernador, general Gabriel Leyva Velásquez, aprueba la crea-
entre otras personalidades a cuyo marco se agregó un auditorio suma-
ción del municipio número 17, Salvador Alvarado, en el cual tomó pose-
mente motivado.
sión el primer alcalde, Alberto Vega Chávez, el 1 de enero de 1963.
“Tengo la oportunidad de constatar que la nostalgia, el orgullo y las
ataduras de afecto por un pedazo de tierra, tienen una gran convocatoria,
Realidad por eso a todos digo que Salvador Alvarado, como reza en su escudo de ar-
mas, es un municipio que se caracteriza por la unidad, el trabajo y el espí-
En conjunción armónica, el H. Ayuntamiento de Salvador Alvarado, ritu de superación de sus habitantes. La ciudad de Guamúchil, en la que se
la Dirección de Investigación y Fomento de Cultura Regional, y la Con- concentra más del 80 por ciento de su población, por antonomasia nos da
fraternidad de Guamuchilenses Radicados en Culiacán, fungieron como
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
el nombre de guamuchilenses, gentilicio que teje una red de costumbres, probar los platillos de garbanzo, chilorio, cacahuates, pepitorias con
trabajo y valores de una comunidad deseosa de unificarse con su pasado ajonjolí, garapiñados, pan de trigo casero, bizcotelas, tacos de cabeza
para emerger a la modernidad al ritmo de su propia idiosincrasia. de res, choco milk...
La Confraternidad de Guamuchilenses Radicados en Culiacán, no Y una vez saciado el antojo, recorrer la exposición fotográfica tes-
por lejanía o cercanía del solar nativo dejan de confluir en sus modos y timonio de la vida de antaño que nos habla del pasado y su inexorable
formas de convivencia, por ello afianzan los lazos de amistad, herman- caminar al hoy.
dad y solidaridad en el servicio entre los que aquí residen y entre los que Los alumnos de la Casa de la Cultura Carlos Esqueda, dejan a la
allá habitan, edificando diariamente la grandeza de nuestro municipio. vista de los transeúntes sus trabajos artesanales, elaborados con entu-
Nuestra Primera Muestra Cultural es un paso más en la búsqueda siasmo creciente por explorar, por aprender y aprehender un poco del
de una solidaridad social, bajo el principio de reafirmar en este evento vasto mundo que encierra el proceso creativo.
nuestra convicción en los lazos que nos unen y dan identidad, entre la Al despertar un nuevo día los pasos conducen al salón de usos múl-
diversidad que conforma el mapa sinaloense.” tiples del Casino de la Cultura.
En su alocución, el alcalde precisó la importancia que reviste el Los asistentes sin prisa, en total relajamiento, degustan humean-
contexto, pues “ningún sentido tiene la promoción aislada y exclusiva te café y se disponen a escuchar la conferencia Vida y Obra de Pedro
del desarrollo económico, si no va vinculada estrechamente al desarro- Infante Cruz.
llo humano que engloba la expresión libre de las artes y la cultura”. Cuánta emoción imprimen José Antonio Valenzuela Meza, Marte
La exposición colectiva provoca alborozo, pareciera que la nacien- R. López y José Carlos Aguilar, al evocar al amigo firme en sus afectos,
te temporada otoñal reanima el espíritu, pues las voces danzarinas de al artista famoso, al hijo ejemplar, a la leyenda... cuya vida asemeja
quienes observan la producción plástica de Aurora Díaz, Leticia Tavizón, una película. Un hombre que nos dio identidad al llevar el nombre de
Alma Rosa Sánchez, Marisa Zepeda, Heliodoro Inzunza, Renán Zepeda, Guamúchil en el canto y la actuación allende nuestras fronteras y que
Rosa Aurora Tavizón y Jesús Manuel Sánchez, se entremezclan haciendo fue profético en su muerte, pues murió en un accidente aéreo, cuando
gala de su capacidad expresiva. pilotaba su propio avión en un viaje de Mérida, Yucatán, a la Ciudad
El arqueólogo Bernardo Téllez Soto manifiesta su admiración por de México, el 15 de abril de 1957: “debe ser hermoso morir como los
las obras Petroglifo de las Labradas, de la pintora Aurora Díaz: “Me gustó pájaros, con las alas abiertas”. La historia registra que el pueblo lloró
porque los grabados están llenos de simbolismo, igualmente el llamado como nunca la desaparición de su ídolo.
Liberación, de Marisa Zepeda, pues llama mi atención cómo concibe Guamúchil, tierra de canto y trabajo, de trabajo y canto, tierra de
la liberación, el desprendimiento del rostro es a final de cuentas el des- Pedro Infante.
prendimiento del espíritu. Su colorido intenso, expresivo, representa la El aprendizaje aún no termina, la investigadora e historiadora Rina
sabiduría dentro del simbolismo pictórico”. Cuéllar declara que aunque navolatense de origen, es ferviente admira-
dora de Salvador Alvarado.
Lo nuestro En Sinaloa, dice, el juego de ulama es una fiesta característica de la
costa y la sierra.
Olores y sabores, grata e irresistible combinación. La forma de vestirse actual aún coincide con la original, una espe-
Y aunque es sólo una pequeña muestra, no hay que dejar de cie de pañal de cuero de venado, cinturón, chimale (escudo protector)

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
con el que se aprietan los glúteos para no rasgarse por el esfuerzo al aven- La sonrisa asoma en los rostros; no hay adiós, sino hasta luego en
tar la pelota de hule. esta página de la historia que se escribe cada día.
En México y en el mundo somos el único lugar que conserva
este juego prehispánico. Aunque en la actualidad es considerado
como un deporte, en tiempos remotos poseía una significación mís-
tica, era el juego entre la vida y la muerte, y símbolo diferencial entre
la luz y la oscuridad.
Una y otra vez, dondequiera que vaya, la incansable maestra Rina,
quien se declara adicta al juego de ulama, externa su mensaje de espe-
ranza: “Ojalá las autoridades culturales pongan mucho interés en este
juego que nos distingue, porque sin apoyo no va a sobrevivir; cuenta
con una antigüedad de más de 3 mil años, por lo que debe ser conside-
rado patrimonio de la humanidad para que sea protegido”.
En el ágora Rosario Castellanos, espacio libre que permite la afluen-
cia de cientos de personas, otra herencia de siglos aflora en la Banda de
Música de Mujeres del Cobaes, cuya sensibilidad, fuerza y sentimiento
interpretativo despiertan el orgullo por preservar la tradición.
El grupo Libertad, integrado por estudiantes de preparatoria de la
Universidad Autónoma de Sinaloa, proyecta su gran afición por el canto
al entonar melodías populares del folclor mexicano.
El espíritu festivo no se detiene; el espectáculo folclórico es rico,
por su gran contraste en danza, música y vestuario multicolor.
Ballet Norahuas, Amigos; Ballet Macuilxóchitl Cinco Flores: prima-
vera, canto, danza, flores y juego.
Niños y jóvenes se funden en la diversidad cultural.
La cita con el Guamúchil de ayer, el Guamúchil de hoy, el Guamúchil
libre, con su municipio número 17, deja el grato sabor de un futuro prome-
tedor, aun sabedores de las carencias y lo mucho que hay por hacer.
No obstante sus nativos se enorgullecen de constituir el punto
neurálgico de la comarca, de la región del Évora, con sus vecinos her-
manos Mocorito y Angostura, también de contar con hombres visio-
narios, humanistas, o lo que es decir, los mejores hombres, mujeres y
niños que aman las raíces de su tierra, comparten ilusiones y esperan-
zas de construir un mejor destino en este retazo de Sinaloa.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Entonces cómo no ir a cortar roscas en la temporada, si es una he-
rencia de nuestros antepasados el comer frutas silvestres, bebelamas,
ciruelitas del monte, cacaraguas, papachis, huizaches, aguamas, nan-
chis, biznagas, ayales, talayotes, tunas, pitahayas o conocidos también
como nacidos. Hay gusto también por los cuajilotes, zapotes blancos,
texcalagas, cupías, sin faltar semillas tiernas de mezquite, huizache y
Guamúchiles raíces como el camote.
Cuánta fidelidad a las raíces, a las costumbres y tradiciones se ob-
serva en los abuelos, en los padres que intentan motivar a las nuevas

A
generaciones a identificarse con la tierra.
hí están los árboles, especie de acacia, mezquite o huizache, en
Y aunque es un árbol característico de Sinaloa, su distribución geo-
la ciudad, en el campo, a la orilla de los ríos, orgullosos, altivos,
gráfica abarca una gran extensión de la República. Lo hay en parte de
saben que después de la primavera y hasta el inicio del verano,
Chihuahua, Durango y Zacatecas, en Aguascalientes, Nayarit, Jalisco,
niños, jóvenes y adultos irán en pos de sus vainas.
Michoacán, Colima, parte del Estado de México y Puebla, y en un área
Paisaje irresistible observar el árbol de guamúchil repleto de roscas
extensa de Guerrero.
que en forma de espiral entreabiertas muestran su pulpa coloreada, ma-
En Sonora el indio yaqui lo llama macochin, coincidiendo con una
dura, sazona.
de las catorce especies conocidas como chino, cucharo, palo prieto, éba-
Sin pérdida de tiempo hay que obtener voluminoso botín, escoger
no, conchi, macochini, gato, guamuchilillo, guaypinole y tempsique.
las más apetecibles hasta saciar el antojo.
El historiador Pablo Lizárraga lo define como un árbol coposo, alto
Capturar un atractivo racimo o alguna en especial requiere sólo
y frondoso que da una vainita, y dentro de ella la fruta blanca con pepita
una pequeña dosis de ingenio, hay que utilizar un rústico gancho elabo-
negra, muy dulce, su corteza es buena para curtir cueros.
rado con cualquier rama, vara, palo, horqueta, bambú o trozo de man-
Por su parte, en las crónicas del profesor Carlos Esqueda se dice que
guera de esas que se usan para los cables de la luz, y colocar el gancho de
el árbol nace de semilla y tiene una vitalidad admirable. En cualquier
alambre en la punta.
época de su vida puede ser trillado por las bestias, atropellado por la gen-
También una resortera o tirador es ideal para afinar la puntería. Si
te; se le poda, se corta el tronco a ras de tierra y en toda ocasión retoña
el tino es bueno caerá el fruto rojizo, que garantiza en mayor medida la
fácilmente y nada detiene su crecimiento. En los meses más secos, cuan-
vaina dulce. Si está verde, no importa, se llevará a casa para ponerlo al
do toda la vegetación se tuesta por el estiaje, el guamúchil se adelanta
Sol pues aún está desabrido y agarroso.
presentando verdor lujurioso, exuberante, que da gusto verlo.
El follaje es más bien ralo pero los árboles crecidos dan muy buena
Presente vivo en Sinaloa sombra. Aspecto melancólico, impasible, pero en términos generales,
un árbol copudo y hermoso.
Recuerdos bañados con la aún transparente cortina de la nostalgia, El guamúchil que tiene follaje perenne, suelta parte de la hoja en va-
y que un día cualquiera al tenor de la conversación descubrimos que no rias épocas del año, porque se convierte en un árbol “muy basuriento”.
se han ido, adheridos naturalmente a nuestro ser y hacer, con el sabor En los tiempos precortesianos el fruto del guamúchil tuvo mucha
agridulce de un ayer que no vuelve más.
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
importancia como alimento. Podemos darnos cuenta de ello por las cos- la tapia de adobes. Creció sin ayuda de nadie. Él vio cómo los cubos de
tumbres de la gente de las tierras altas, de la sierra. agua de la noria que el mozo sacaba diariamente por orden de mi madre
Cuando el árbol estaba en fruto hacían recolección de roscas. To- eran para las paliduchas rosas del jardín, que nunca lograron curarse de
das las que no podían consumir en estado fresco eran puestas a secar, la anemia. Sin embargo, el pobre árbol jamás refirió queja alguna, aun
y cuando la pulpa estaba enjuta le quitaban cáscara y semillas para cuando presiento que aquel acto de tacañería lo hiriera en lo más ínti-
almacenarla en sacos o latas. La utilizaban como comida al natural mo. Años más tarde, cuando ya era un mozo garrudo de ancha copa,
o hacían tortillas con la pasta molida pura o mezclada con masa de sirvió de nido a las palomas, zanates, cuervos y uno que otro parlanchín
maíz. En la actualidad algunos pobladores no dudan en cocinar la perico que trataba de imitar las voces de los hombres.
pulpa revuelta con huevo. Sólo el burro, más comprensivo, descansaba bajo la sombra del
guamúchil, cuando el Sol era más cálido e inclemente, a la hora de la
Crece por sí solo siesta. Ambos tenían el común denominador del sufrimiento y la in-
comprensión de los seres humanos. Entonces se acercaban para comu-
Palabras rebosantes de cariño denota el pensamiento de Juan B. nicarse sus penas. El noble jumento, viejo y hambriento como estaba,
Ruiz, al referirse al árbol de guamúchil... sus vainas entreabiertas mues- jamás lastimó los tiernos ramajes con sus duras quijadas. Más bien los
tran la pulpa rotundamente coloreada, como si estuvieran sonriendo al contemplaba, desde abajo, con los ojos entrecerrados. Si herían al gua-
viento cálido de verano que las besa y se va de largo, tal vez sin hacerles múchil los escolares con piedras lanzadas por sus resorteras, al burrito lo
caso. Pero qué importa el desdén del céfiro que huye por la cañada, trepa golpeaba el campesino sin misericordia; o lo hacía trabajar largas horas
por las próximas colinas y se diluye en la lejanía. y llevar sobre el lomo más leña de la que físicamente podía transportar.
El fruto de este árbol esencialmente mexicano, que crece por sí Si el hambre lo apretaba en la trilla de vereda que conduce al rancho, y
solo, porque nadie se preocupa por sembrarlo, sin que nadie lo cuide encontraba alguna brizna de zacate o quelite y pretendía devorarla con
y lo riegue, cumple su destino de soledad con humildad, con humil- su apetito antiguo, el dueño azotaba sin piedad el lomo, con una vara.
dad franciscana. Un día mi padre dijo: hay que echar abajo ese árbol. Los mucha-
Nace, crece, tiende al espacio los brazos espinosos, extiende sus chos de la escuela molestan mucho con sus pedrajos y cualquier día van
verdes armazones y al llegar la primavera estalla en vainas arqueadas a descalabrar a alguno de nosotros.
que luego se desgajan para mostrar el fruto tricolor e incitante. Pero el guamúchil no sólo tenía el amor del burro. También con-
Entonces vienen los chiquillos de la escuela, cogen sus frutos, los taba con el mío. Amor y orgullo. Porque era algo muy satisfactorio que
devoran y después arrojan al suelo la semilla negra de ombligo blanco, me vieran llegar mis compañeros de escuela con los bolsillos repletos de
y la simiente que cae en una resquebrajadura del terreno y logra salvarse rosadas roscas, dulces y apetitosas, causándoles infantiles envidias.
del Sol abrasador, de la resequedad del ambiente y de la incontenible -Dame una rosca madura, no seas tacaño.
voracidad de los pájaros, brota, germina, se desarrolla ignorada y en la -Ten unos granitos.
edad madura, cumple su misión generosa de dar de comer al hombre y a -Cómo eres miserable.
las aves, y muere estoicamente, sin exhalar una queja, cuando el campe- Yo comía delante de mis amigos los frutos delicados, entre envidias
sino malagradecido hiende el hacha demoledora sobre su tronco. y burlas airadas, porque ellos no tenían un árbol tan generoso como el
El guamúchil del corral de mi casa es algo distinto. Nació junto a mío. Para vengarse de mi soberbia, se escurrían por el empedrado calle-

María Esther Sánchez Armenta 179 María Esther Sánchez Armenta 180
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
jón que estaba detrás de mi casa y lanzaban pedruscos al guamúchil para comer fruta. Y tú, mujer, ábreles el zaguán a esos bribones y que coman
sus vainas. Pero mi mayor placer consistía en que las roscas no caían en roscas hasta que se harten y mueran de empacho.
la calle, sino dentro del corral. Y entró al soportal de la casa sonriendo y abriendo los brazos como
Pero un día de tantos mi padre oyó las quejas de Macedonia, la él solía hacerlo cuando se sentía alegre.
vieja cocinera. Porque ese guamúchil fue mi infancia misma, no puedo olvidar-
-¡Epa, muchachos canijos, lárguense de allí, bájense de la tapia! lo. Todavía oigo el susurro del viento entre sus ramas y contemplo sus
-¿Qué pasa?, inquirió mi padre. frutos dorados.
-Pos ya andan apedriando el guamúchil y de repente le va a cair a Qué importa unos instantes de aliento fuerte, penetrante por co-
un cristiano su buen ladrillazo. mer roscas en demasía; no importa también esforzarse en cortar las más
-Hay que echar abajo ese árbol, Nicasio. Se dejó oír la orden fatídica. altas, y además obtener con un poco de paciencia una buena ración de
-Lo que usted mande, don Liborio. guamúchiles maduros para colocarlos en una charola al Sol, y que al
-Mañana trais l’hacha pa’echar abajo el guamúchil, insistió la paso de los días adquieran un sabor diferente, especial, similar a la ex-
voz paternal. quisita fruta deshidratada como son los orejones de manzana.
-’Ta bien, don Liborio. Preservar la tradición de los pueblos prehispánicos no cuesta nada.
Mi madre terció en el diálogo y estuvo de acuerdo en que había Unos momentos de diversión y entretenimiento familiar en la vida
que destrozar el pobre arbolito, mi orgullo, mi amor, mi deleite. No cotidiana, al intentar la captura del mejor y más dulce racimo.
quise intervenir en la plática, porque conocía el carácter de mi padre, Después de todo, es sumamente fácil mantener viva la herencia de
un tanto recio y terco, pero miré a mi madre con tal ternura esperan- esta golosina que nos dejaron nuestros hermanos indígenas que pobla-
zada, que ella leyó en mis ojos y comprendió la recóndita súplica. En- ban ríos y arroyos donde proliferan.
tonces argumentó: Y así, cada año, al llegar el tiempo de aguas, no más guamúchiles,
-Después de todo, Liborio, ¿qué daño te hace el guamúchil en el porque a decir de los nativos, se parasitan y le salen hongos por la hu-
corral? Ahí descansan las bestias. Da buena sombra; se echan las vacas y medad, ya no sirven como alimento, como antojo, entonces hay que
el burro cuando el Sol está fuerte. Cantan los pájaros y se alegra el corral. esperar la próxima temporada para la recolección.
De vez en cuando duermen las gallinas, si es que oyen el aullido del co- Mientras llega ese tiempo, hay que recordar el dueto de La Ilama,
yote. ¿Para qué lo derribas? Angostura, Miguel y Miguel: “con semillas de guamúchil, me puse a ha-
-Sí, papá, agregué yo cuando noté que mi padre flaqueaba. Produce certe un collar, para decirte te quiero, no me vayas a olvidar, en la orillita
las roscas más dulces del pueblo y todo el mundo las envidia. ¿Por qué del río, me puse a considerar”.
no lo dejas allí?
-Pué que tengas razón, muchacho. Ese árbol no estorba. Nadie lo
sembró. Él solito creció y es un orgullo verlo derechito, desafiando la
tormenta en tiempo de aguas. Y óyeme, dijo para terminar, dirigiéndose
a mí, para que esos muchachos no vengan a molestar con sus resorteras,
diles que cada uno coja su gancho y que vengan a cortar vainas cuantas
veces quieran. Así ya no molestarán a la cocinera. Sí, señor, que entren a

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Las herramientas indispensables consisten en dobladora, soplete, rie-
les, compás, escuadra, rayador, cinta, tijeras, pinzas mecánicas y de corte.
El martilleo produce ruido intenso, repetido, al golpear la lámina
a efecto de forjarla manualmente; sin embargo, no parece afectarle, “no
me molesta, he estado toda mi vida en este pequeño taller de servicio y
mi cuerpo se acostumbró”.
Cachimbas La imparable evolución, las exigencias de contar con la llamada
tecnología de punta, para estar a la vanguardia y que los sectores pro-
ductivos intentan poseer, si bien no ha sido factor limitante para este

A
renglón, sí ha modificado la utilización de materia prima.
pareció “la cachimba de hojalata primero, la suplió el quinqué de 1/4
“Ahora usamos, en vez de hojalata, lámina galvanizada para la
de luz, 1/2 y luz entera, a éste la lámpara de petróleo con capuchón,
hechura de ductos de aire acondicionado y cooler, también campanas
de ahí la de gasolina, gas y actualmente la bombilla eléctrica.
para cocina, moldes para panaderías, pastelerías, pirulines de dulce, cu-
Son pues, cambios naturales del progreso, aparición de tecnologías
charón de báscula y semilla, figuras de tarrajas para yeso, recogedores de
que hacen la vida más cómoda, con una cultura del menor esfuerzo,
basura, charolas para tacos, y regaderas.
pero alto costo económico”.
Incluso estoy haciendo botes de dos litros para medir gasolina y
Arturo Avendaño Gutiérrez
aceite de los tambores de 200 litros, práctica muy usual en ranchos y zo-
Cronista de la ciudad de Guamúchil
nas sierreñas. Dependiendo del trabajo utilizo láminas desde la 30, que
es la más delgada, hasta la 18, más gruesa”.
Le quedan alrededor de 10 años de vida.
Como tradición artesanal sobrevive a duras penas.
Este pronóstico a corto plazo se avizora a la hojalatería. Trabajo artesanal
Su mejor época, tiempo de gran actividad, la tuvo a principios del
siglo 20, donde trabajar con hojalata, es decir, con esa chapa delgada de Se asegura que esta profesión manual tiene mayor arraigo en el sur
acero suave, revestida de estaño por ambas caras, tenía gran demanda, del país que en el norte; en la ciudad de Los Mochis, Guasave, Culiacán
pues había que buscar la forma de procurar alumbrarse. y Guamúchil aún es posible ver algunos de estos talleres.
Con más de 50 años en el oficio, don Roberto Gallardo Ramos expli- Máquina y hombre complementan el trabajo físico, pues aun-
ca que lo que más pedía la gente que les hiciera eran cachimbas, también que por ejemplo los ductos se forjen en la máquina, se arman a gol-
bombitas para sacar tractolina de los tambores de 40 litros de entonces. pe de martillo.
Ahora pocos usan este combustible y los bajantes de aguas pluvia- Los hojalateros despiertan curiosidad de la gente, aunque sólo
les para las casas los hacen de material duralón, por lo que esos trabajos sea breve mirada curiosa y algunos acierten señalar: ¡en este changarro
ya se acabaron. siempre se oye ruido!
Entrar a su negocio es observar que todo es sencillo, rústico. La realidad es que competir con la industria fabril, cuya transfor-
En desvencijadas mesas se apilan sobrantes de materia prima, en el mación de materias primas por medios mecánicos se realiza en gran
piso de tierra, láminas galvanizadas. escala, ni siquiera entra a sus pensamientos.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Sin embargo, surge una pregunta: ¿qué hace el que aún sobreviva ¡Ah! Y cómo olvidar a las fonderas que expendían menudo, asado,
esta tradición? carne machaca, pollo y gallina a la plaza.
Para don Roberto lo justifican los utensilios que se solicitan sobre Si las fiestas eran de “postín” amenizaba la banda; en bailes senci-
medida. llos o humildes, guitarreros.
“Por ejemplo, no podemos competir con baldes o tinas que se ma- La añoranza se extiende también a la celebración de las fiestas pa-
nufacturan en grandes cantidades en las fábricas, pero sí por ejemplo, trias del 16 de septiembre, donde en las tapias de las casas las cachimbas
aunque un embudo en las ferreterías lo vendan a 30 pesos y yo se lo doy eran parte de la decoración. Ahora, los agricultores les han encontrado
en 80, la cuestión está en que el cliente valora la durabilidad, porque uso en el campo para espantar a los animales. Colocan una en cada es-
todo lo que se hace a mano es más consistente que el de máquina, el quina de la parcela y no se arrima ninguno, de otra manera llegan las
cual muchas veces es de ‘pacota’, es decir, muy débil, y me lo traen a garzas, pichihuilas, liebres y hacen destrozo en las siembras.
reforzar. Su originalidad es que no vienen de fábrica, hay que hacerlas.
El trabajo artesanal tiene como característica el ser laborioso, y los
nativos se han hecho muy comodinos en la época actual. Proceso
Agarran todo hecho, simplemente, y la prueba está en que no hay
interés por ser hojalateros en Sinaloa. Cualquier rato me muero y se pier- Don Roberto elabora este tipo de trabajos por pedido especial.
de la tradición, por lo menos en la región del Évora, que comprende los Si son de las de antaño, utiliza botes o tambos desechables de jugo
municipios de Salvador Alvarado, Mocorito y Angostura. o refresco, o bien, para abaratar costos y tiempo, los de aceite o leche en
La demanda baja cada día, suplantada por la utilización de mate- polvo, que ya son depósitos de lámina.
riales prácticos y resistentes como el plástico y la fibra de vidrio. Se cortan las piezas, se sueldan para forjar la cachimba con el so-
Hubo un tiempo de buenos hojalateros, casi eran obras de arte plete, los dos anillos, una ficha para el mechero y el asa para tomarla, en
lo que hacían, ahora trabajamos al ai se va, y eso es lo que ha ido total seis piezas, proceso sencillo que dura alrededor de 15 minutos.
decayendo”. A la hojalata la suple la lámina galvanizada, que por lo regular se
trae de las fábricas de Monterrey y Altos Hornos de México, y donde no
Cachimbas haya lumbre, entra el plástico.
“Aunque siento bonito ver unos tubos que hice para caídas de agua
Un adminículo de enorme utilidad lo constituía sin duda la ca- hace 30 años y todavía están bien, acepto que si antes hacía hieleras y
chimba de auténtica hojalata, cuyas láminas vendían en ferreterías. tanques para gasolina que usaban los pescadores, éstos tenían una dura-
Y es el recuerdo de épocas pasadas que vinculan a los nativos afec- ción de sólo dos años, por la sal, los cuales fueron sustituidos por bules
tivamente a diversas etapas de su vida que no se olvidan, que resurgen de plástico, y a las pangas les construyen sus bodegas de fibra de vidrio,
como si tan sólo se pulsara un botón. y eso es eterno.
Con regocijo refieren lugareños, que en los bailes al aire libre, de También hago chimeneas para hornillas; las estufas de leña y las
paga o especulación, en los postes alrededor de la pista se colgaban con hornillas en la sierra todavía las usan y les colocan un tubo para que el
un alambre las cachimbas o los cachimbones, que eran más grandes de humo no les llene la casa.
los normales, para alumbrar el lugar.

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Modernidad “Lo único de hojalata que tienen es la corona para la mecha,


el bote de aceite es de lámina. La hojalata es muy delgada, se abolla
La reflexión tiene sabor a nostalgia. con facilidad.
“Este trabajo es bonito, artístico, ahora yo lo veo como pasatiempo. Son pocos los clientes que las compran, apenas los que vienen de
Los cambios están bien porque me realicé en mi tiempo, eduqué a aldeas o caseríos de los altos, donde no hay tendido eléctrico. Algunos
mi familia y ya se casaron todos. poblados cuentan con plantas solares. Creo que las cachimbas están
Se le llega a tomar cariño, mucho afecto al quehacer de años, de próximas a desaparecer, o bien, a volver a usarse, con lo caro de la luz”.
estar pegado a él. Estoy seguro que sucede igual a otros oficios, como Desde su inicio se significó indispensable para que las personas
el de los sastres, talabarteros, carpinteros, pues se vive cada día con la alumbraran el camino cuando iban de un lado a otro, para evitar caídas
labor artesanal. por lo sinuoso del suelo, si acababa de llover no caer en los charcos, ir al
Como sinaloense creo que es triste ver cómo se pierden las tradi- baño que se encontraba afuera de la casa, si la noche era muy oscura y la
ciones, las dejamos ir como todo, quizá por negligencia, o porque no luz de la luna no era suficiente...
interesa informarse de lo que tenemos en el estado, en nuestro país, tan Las nuevas generaciones urbanas no saben qué son esas candilejas
rico en materias primas. de petróleo; los niños y jóvenes de la zona rural las conocieron o por lo
Vienen los extranjeros y nos saquean; el mexicano de por sí es flo- menos oyeron hablar de ellas a sus padres y abuelos. Los viejos aún tie-
jo por naturaleza, no queremos hacer nada, pues otros vienen y nos lo nen la sensación de oler el denso humo que despedía.
venden hecho. La nostalgia aparece, ¿o quizá nunca se ha ido?, cuando la imagen
Es demasiado rápido cómo ya no procuran esta industria; apenas de ese adminículo se sumó naturalmente al trajinar diario, y que hoy
me sostengo y difícil es olvidar que antes era buen trabajo y dejaba en- no exenta de modificaciones se habla de ella antes de que el desuso la
trada de dinero”. sepulte en el anonimato...
Estudiantes de secundaria en la década de los sesenta, recuerdan
que un maestro de taller de estructuras metálicas, Pedro Espero, cono-
cido por todos por el alias de “Chingaderitas”, ya que era expresión
común de él decir: “jóvenes, vengan porque vamos a fabricar una
chingaderita”, los instruyó en la elaboración de rústicas cachimbas;
“tenían significado especial porque eran hechas con nuestras manos.
Unos a otros nos reíamos al comparar a quienes les habían quedado
más feas las pegasones”.

Comerciante

Para María del Carmen González, comerciante de una miscelánea,


las cachimbas con las que cuentan en su tienda las traen de Guadalajara,
elaboradas por los artesanos de ese lugar.
María Esther Sánchez Armenta 187 María Esther Sánchez Armenta 188
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
El cochicuino es el cerdo de talla corta, cuerpo redondeado y trom-
pa muy reducida.
Procedencia del sinaloense cochi y del bable cuin, lechón.
Lo cierto es que las horruras, es decir, el asiento mantecoso que
queda en el fondo del cazo en el que se fríen los chicharrones, es un an-
tojo de gran valía en la región. Y aunque en el centro del país se les llama
Asientos tierras (no son mantecosas sino bien escurridas), en el estado de Morelos
se conocen como chalitos (del náhuatl xalli, arena).
No importa el día y la hora del año, comer horruras es un gusto

H
para toda la familia.
orruras, asientos, sobrantes, tierras... no importa cómo se les
Cuentan algunos paisanos que radican en los Estados Unidos que
llame en la República Mexicana, lo cierto es que su olor y sabor
de los alimentos que extrañan, destaca el comer 4 ó 5 tortillas de maíz
son inconfundibles.
recién hechas, hinchaditas, a las que se unta buena porción de asien-
Se comen en especial con tortillas de maíz recién hechas, o las
tos, incluso elaborar gordas o pellizcadas, es decir, utilizando una bola
que se calientan o tuestan en el comal, en una raspadita, gorda o pe-
gruesa de masa, la cual se pone a cocer en el comal y se raspa por uno de
llizcada elaborada con masa, que se convierte en sencillo pero deli-
sus lados con un tenedor y se le agregan los asientos; es simplemente un
cioso manjar.
antojo especial.
La carne de cerdo se consume desde la antigüedad, llegó a América
Entre los souvenirs, o regalos gastronómicos que los sinaloenses
con los conquistadores y actualmente el mayor productor es China.
llevan a familiares y amigos, o bien, que se obsequian a los visitantes,
Los hábitos alimentarios varían de acuerdo a la sociedad y a la épo-
se encuentran no sólo el chilorio, chorizo, queso, tamales, machaca,
ca, por cuestiones fisiológicas, culturales o religiosas, por lo que en algu-
jamoncillos, cacahuates, conserva de papaya, chiles chiltepines, biz-
nos lugares no se consume de todo. Por ejemplo los hindúes no comen
cotelas, pan de trigo, pan de mujer, mestizas, coyotas, coricos de maíz,
vacuno, y por su parte, judíos y musulmanes aborrecen el cerdo.
también están las horruras, que para su mejor conservación y durabili-
Del cerdo, chancho, puerco, marrano, lechón, cochino, cochicui-
dad deben mantenerse en lugar fresco.
no o cochi, se obtiene una gran variedad de productos, que hacen la
Los asientos, producto de la carne de cerdo, gozan y seguirán go-
delicia de la gastronomía por su exquisito sabor y rápida cocción.
zando de gran popularidad y demanda entre los sinaloenses dispuestos
Irresistible al paladar, en sofisticada preparación o receta casera, se
a una generosa comilona, ya que los pueden adquirir a precio muy ac-
aprovecha todo: costillas, lomo, chuletas, pierna, filete, manitas, man-
cesible en cualquier mercado, tienda de abarrotes, de autoservicio y por
teca, chicharrones, y por supuesto los codiciados asientos, a los cuales se
supuesto en los changarros donde el menú típico es la venta de carnitas,
les define como la grasa espesa de color oscuro que queda en el fondo del
botana (cuerito, hígado, riñones, tripa) y chicharrones del día.
cazo después de freír los chicharrones.
El nombre de cochi es muy generalizado y en Sinaloa se llama así al
puerco doméstico o cerdo.
Cochini del náhuatl, nombre que le dieron los indios nahoas a los
primeros cerdos que trajeron los europeos.
María Esther Sánchez Armenta 189 María Esther Sánchez Armenta 190
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
de juguetes a nivel industrial son Alemania, Estados Unidos, Francia,
Japón y Gran Bretaña, no debemos olvidar que nuestro país, México,
entre su riqueza cultural incluye los juguetes tradicionales.
Gran parte de la población mexicana está conformada por niños
y adolescentes, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía
e Informática (Inegi), más de 30 millones de niños y niñas, entre sus
Juguetes tradicionales derechos está el tener oportunidad de disfrutar de los juegos y activi-
dades recreativas.
Para la antropóloga Laura Aragón Okamura, directiva del Museo

¿
Regional de Sinaloa ubicado en Centro Cívico Constitución, conocido
Nacerían los juguetes junto con el primer niño en el planeta Tierra?
antiguamente como Museo de Culiacán, o identificado por la pobla-
Muñecas de tela, trompos, baleros, carritos de madera, y por su-
ción como Museo del Parque, instalar una muestra temporal del juguete
puesto ¡¡niños!! para jugar con ellos; son los mejores compañeros
mexicano dentro de este recinto tiene doble objetivo: mostrar a los ni-
para la diversión, y hay miles de diseños, formas, materiales, tama-
ños y a las familias en general una parte de la creatividad del mexicano,
ños y colores.
porque todo o la gran mayoría es artesanal, porque pensamos que este
En cada época han existido juguetes que reflejan la realidad que
tipo de juguetes de madera dentro de poco los niños no los van a co-
rodea a los pequeños.
nocer, pasando a ser parte de los museos, por lo que es un llamado a la
Recorrer brevemente algunos pasajes de la historia es retomar la
conciencia sobre nuestra responsabilidad como padres.
investigación documental de Rosalía González, quien señala que en la
El otro propósito va más allá, al promover la vuelta a este tipo de ju-
Edad Media, época de caballos, armaduras, castillos y monasterios, se
guetes que de verdad divierten y forman, pues no permiten estar frente
conocían los silbatos, figuras de caballos de barro y vidrio, arcos, flechas
a ellos en actitud pasiva.
y los molinetes que los niños construían con nueces.
Este tipo de juguetes son infinitos, se pueden fabricar de tanto ma-
En la antigua Persia -parte de lo que hoy conocemos como Irán- se
terial como se le ocurra al artesano.
encontró un león metálico sobre ruedas que tenía un pequeño agujero
Se caracterizan por producirlos los estados que conocemos con
para colocarle un hilo y arrastrarlo. Se cree fue construido hace casi 3
gran tradición indígena-artesanal, como por ejemplo Michoacán, Pue-
mil 100 años.
bla, Jalisco, Estado de México...
A ello se suman los descubrimientos de los arqueólogos, que entre
¿Por qué muchos niños no conocen el balero, por ejemplo?, porque
los restos de antiguas ciudades ya desaparecidas, hallaron pequeños
los padres no provocamos ese entusiasmo frente a la invasión comercial,
animales de bronce y plomo; incluso en sarcófagos egipcios han encon-
se cuestiona y responde la antropóloga en su reflexión.
trado trompos y muñecas. Los niños griegos y romanos tenían sonajas,
Estos juguetes frente al mercado industrial llevan la de perder,
floreros, carros de batalla y figuras de animales.
no hay publicidad, dentro de las familias no se promueve el gusto por
A mediados del siglo pasado fueron muy comunes los trenes en
el juego, el de verdad, el compartir, el trabajar juntas las niñas en las
miniatura, después los automóviles de cuerda, sustituidos a principios
cazuelitas, en las muñecas, ya los pasatiempos van siendo cada vez
del siglo 20 por la electricidad.
más individuales.
Si bien es cierto que en la época actual los principales productores
María Esther Sánchez Armenta 191 María Esther Sánchez Armenta 192
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Adquirirlos no es difícil, basta ir al mercadito, detenerse un momen- ta vivir nada más del pasado, como si aquellos tiempos hubieran sido los
to en alguna carreta, estanquillo ambulante, a la mercería, en las verbe- únicos y los mejores. En este proceso aparte de rescatar nuestra herencia
nas, de hecho sólo basta darse una vuelta por esos lugares y adquirir una cultural y conservarla como patrimonio, es para formarnos en nuestra
guitarrita, una flauta, y hasta iniciar a los niños en la música a través del identidad como sinaloenses y como mexicanos, porque un pueblo po-
juego, el violincito, y en dondequiera vamos a encontrar matracas. bre en identidad es fácilmente manejable.
Una de las características del juguete mexicano es que se acaba muy Este conocimiento nos hace estar orgullosos de lo que fuimos, y
pronto, porque son materiales sencillos y por lo mismo son económicos. estar más seguros de lo que queremos ser, porque al sentir orgullo de
Una vueltecita por algún mercado de cualquier ciudad basta para nuestro pasado aunque no todo haya sido bueno, majestuoso, porque el
encontrarlos todavía y a bajo costo. Por supuesto muchos niños, a pesar pasado prehispánico de Sinaloa es sencillo, no vamos a hablar de gran-
de que les gustan por su colorido, no saben qué son, porque pertenecen des civilizaciones, pero conocerlo y sentirnos que somos parte de él nos
al centro del país, por ejemplo la escalera, el cirquero, los boxeadores, permite proyectar el futuro mejor, no nada más de palabra.
la cajita sorpresa, y no deja de asombrar la inventiva de los artesanos Aquel joven, aquel niño que tiene ese orgullo en su interior, va a
michoacanos al elaborar en palma los atrapanovios, sencillo tejido que querer ser y hacer algo más en su vida, no sólo estará frente al televisor,
provoca la risa de quien lo compra. para su beneficio y el de la sociedad.
El gusto por el juego no tan dirigido se ha perdido, pero el esfuer- De ahí que le parece básico lo que puede hacer un museo, la escuela,
zo y esperanza de recuperar su capacidad de asombro no, porque como los padres, en un trabajo conjunto, porque dentro de 20 años se tendría otra
señala Laura, los adultos pensamos que los niños y jóvenes se están generación. No con el afán de volver al nacionalismo en abstracto, sino con
comportando de una manera totalmente pasiva, y en realidad sólo es el afán de formar personas creativas, con empuje e imaginación.
cuestión de un llamadito para que entren en acción y respondan a la Al perder nuestras tradiciones nos parecemos más a cualquier pue-
creatividad con verdadero entusiasmo. blo del mundo, porque la cultura se va homogeneizando, se va hacien-
Con esta filosofía de que un museo es parte vital para la recreación do un estilo de vida industrial, masificado, tan falto de originalidad y
y creación de tradiciones, no sólo para tener las cosas en exhibición, creatividad, y por ese solo hecho es una lástima.
creo que se puede cumplir con otra misión, al vivir las tradiciones, como Las costumbres y las tradiciones se aprenden en familia, en la co-
por ejemplo a través de los talleres, ya que aparte de construirlo se tiene munidad, transmitiéndose de padres a hijos a lo largo de los años.
la sensación de que hay cosas que se pueden hacer. Es raro el sinaloense que no recuerde con una sonrisa cuando sin el me-
La cultura de los pueblos es simple y sencillamente todo lo que ca- nor temor no sólo caminaba (y aún lo hace) con enormes zancos, elaborados
racteriza la manera de vivir de sus habitantes, no sólo sus costumbres, por él. La emoción principiaba al elaborar el juguete con dos palos o tablas, a
vestido, vivienda, sino también sus diversiones. los que se clavaban pequeños trozos del mismo material para colocar los pies,
Hay cambios, permanencia, evolución. y al subirse iniciaba el riesgo de un posible “aterrizaje” con sabor a tierra; una
La gran variedad de culturas populares constituye uno de nuestros vez que se tomaba el ritmo la audacia se incrementaba y hasta se corría. A los
mayores tesoros. descalabros inevitables se agregaba el regaño o una buena “pela” paternal.
Pero acaso ¿hay un real beneficio en este rescate de las tradiciones? La industria del juguete, con toda la tecnología de punta e investi-
Es el rescate de la identidad. Es decir, el rescate de las tradiciones no gación, no puede evitar las quejas de los niños actuales que se traducen
solamente es estarnos vanagloriando del pasado, porque a nadie le gus- en una palabra: aburrimiento.

María Esther Sánchez Armenta 193 María Esther Sánchez Armenta 194
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
tiples rincones de la geografía estatal, la especialización del oficio llama
la atención. Sin duda, los trabajadores coinciden al señalar que quien
prepara el lodo, es decir, la tierra revuelta con aserrín al cual se le han
quitado las impurezas con un colador, pajoso o estiércol de res que se
trae de las caballerizas y de los corrales, al cual se agrega agua dejándose
reposar para que se desbaraten los terrones para batirlo vigorosamente
Ladrilleras; historia viva con los pies, realiza una de las tareas más pesadas y laboriosas, ya que se
pisa hasta que adquiere la plasticidad deseada.
El acondicionamiento del patio exige también trabajo especial.

D
Hay que rastrillar, regar, echar arena y volver a rastrillar para que que-
esde el amanecer hasta que el Sol baja su intensidad, se observan
de lo más plano posible, pues será la base donde se colocarán las alza-
sus cuerpos inclinados durante horas y el movimiento vigoroso
das de ladrillo.
de sus manos, aunque parecen imágenes del México Antiguo, el
A un molde o tablero de cuatro rejillas, hecho de aluminio o de cedro
permanente esfuerzo físico en la jornada diaria, conforma en el presente
y forrado con formica, se le llena con el barro, de inmediato se procede a
una valiosa postal de los fabricantes de ladrillos.
tender los bloques en el piso; posteriormente, una vez secos, se colocan en
Nuestros ojos se llenan de historia viva.
forma vertical para que el Sol y el aire circulen libremente alrededor y qui-
Rústica.
ten la mayor parte de humedad, se desorillan con un machete o cuchillo
Manual.
y finalmente se raspan quitándoles la arena adherida.
Cada minuto, cada hora, se constata la simbiosis hombre-naturaleza.
Pasados alrededor de cuatro días al Sol, están listos para el siguiente
Son sinaloenses que no temen al trabajo, a la actividad productiva
paso, el empacado y cocción en horno.
convertida en tradición. Tierra, estiércol, aserrín, agua, leña, materia prima
Jesús Manuel Cázarez López interrumpe la jornada para compartir
fundamental para elaborar el ladrillo.
sus reflexiones en torno a su labor.
Descalzos, enfundados en viejo pantalón corto y camisa, la cabeza
“Este trabajo es muy pesado, ya que está uno puro agachado desde
al descubierto o protegida con paliacate y cachucha, realizan a la intem-
que comienza hasta que termina, por lo que es importante buena salud,
perie, con gran destreza y rapidez, el proceso de producción.
por el esfuerzo. En este negocio sabiendo trabajar se puede iniciar a la
Carruchas, palas, güingos, cernidor, rastrillo, machete, cuchillo, molde
hora que sea. Es un trabajo útil, producimos material de construcción
y talacho para desbaratar los terrones, son sencillos instrumentos auxiliares
fresco en tiempo de calor y calientito en tiempo de frío.
en su quehacer.
Cómo no habría de gustarme lo que hago si nací arriba del ladrillo
Intensas labores previas: corte y acarreo de leña de palo de brasil,
como quien dice, mi abuelo, mi tío, se han dedicado a su fabricación. Es
guayacán, álamo, mango y aguacate; traslado en camiones la tierra
como una cadena: se mueren los viejos y siguen los nuevos”.
muerta, aserrín de las carpinterías, estiércol de res...
Asegura que si bien es cierto en todas partes se hace muy buen
ladrillo, por ejemplo en el municipio de Salvador Alvarado la gente
Noble oficio dice “vayan con José Alán López Elizalde”, porque ahí está macizo y
bien cocido”.
Y en estas pequeñas industrias familiares que se localizan en múl-
María Esther Sánchez Armenta 195 María Esther Sánchez Armenta 196
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso

En la historia producto del mestizaje cultural, donde ya se incorporan elementos distin-


tos de la española y la indígena. Es el origen que alcanzo a vislumbrar del
Mucho habría que decir en retrospectiva de este material de cons- ladrillo que hoy conocemos y que tiene diferentes tamaños y variantes.
trucción, como el hecho de que en las antiguas Mesopotamia y Palestina El ladrillo fue muy usado en el Porfiriato y gran parte de la Revolu-
fue fundamental; en la Edad Media, en el imperio bizantino, al norte de ción, los procesos modernos de las ciudades propiciaron un gran desa-
Italia, en los Países Bajos y en Alemania, así como en los lugares donde rrollo de la industria de la construcción por sistemas mecanizados.
la piedra fuera escasa, los constructores valoraban el ladrillo por sus Y precisamente la historia de la construcción es una historia pen-
cualidades decorativas y funcionales. El ladrillo ya era conocido por los diente de cómo hemos edificado Sinaloa, sus viviendas, edificios públi-
indígenas americanos de las civilizaciones prehispánicas. cos, privados...”.
El maestro en ciencias Gilberto López Alanís, director del Archivo En ese tenor el doctor José de la Cruz Pacheco Rojas, director del Ins-
Histórico General del Estado de Sinaloa, amplía la información al expli- tituto Nacional de Antropología e Historia-Sinaloa, señala un hecho no-
car que “las primeras formas constructivas de los hogares prehispánicos table muy interesante: “en Sinaloa a diferencia de otros estados del Norte
según documentan los diferentes cronistas como Andrés Pérez de Ribas y del Noroeste, en particular la utilización del ladrillo al parecer es muy
y Martín Pérez, se referían a conjuntos hechos de vara entrelazada ripia- temprana, tenemos como testimonio lo que queda del templo de Pueblo
das con lodo, las cuales servían para mantener la temperatura, y sobre Viejo, en Guasave, sobre el río Sinaloa. Presumimos que fue la primera
todo que se conservaba fresco el ambiente, se regaba el piso de tierra, versión de la Misión de Nío, cuyo origen data de finales del siglo 16 y cuyo
además era el recipiente de las ollas de tejuino y atoles. desarrollo y probabilidad de las estructuras que siguen en pie daten de
La vivienda más allá del simple resguardo concebía la convivencia principios del 17, de tal suerte que esto nos estaría hablando de una utili-
en relación con la familia. zación muy temprana del ladrillo en esta parte, que va desde luego a tener
El concepto de edificación prehispánica que tiene mucho que ver un uso intensivo en la construcción de inmuebles religiosos y civiles, los
con el uso de los elementos naturales se transformó con la llegada de los pitones de las haciendas azucareras en los estados, hornos para pan de di-
españoles, ellos traen el adobe, de cierto tamaño, es decir, más grandes seño universal, y que por cierto en Sinaloa se integran al paisaje rural.
que los actuales ladrillos (adobón) y una mezcla de cierto barro con ele- El ladrillo tiene sus méritos, como el ejemplo señalado, nos está ha-
mentos de maleza que podrían ser desperdicios de vaca, buñiga o zaca- blando de una calidad excepcional. También sería conveniente hablar
tes para que se amarrara bien la estructura del adobe. de los elementos asociados como la cal, que se utilizó mucho durante la
Los adobes eran asoleados, el ladrillo ya tiene un proceso de cocido, época Colonial, en el siglo 19 y a principios del 20 en los grandes monu-
que es el que se usa en la mayor parte de los pueblos de Sinaloa, producto mentos históricos en ausencia del cemento, un material con una gran
mucho mejor elaborado que las primeras formas españolas. nobleza que no reacciona contra los materiales constructivos.
Las iglesias eran muy anchas porque además las construcciones pri- Creo que uno y otro vienen de la mano en el desarrollo histórico de
meras tuvieron que ver con la defensa, es decir, para en cierto momento las construcciones en Sinaloa”.
ser usadas como fortalezas. Era mucha la inseguridad que se vivía produc-
to de las formas violentas de ocupación del suelo, del mestizaje cultural y Originalidad de los hornos
de las rebeliones indígenas.
Las edificaciones pues, donde participan el adobe y el ladrillo, son Y aunque cada hacedor de ladrillos tiene su técnica para armar las

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llamadas pirámides, torres, hormigueros, empacado, de planta rectan- famoso por su ladrillo color rojizo, en Choix, o bien, en Villa Unión,
gular o cuadrada, su altura depende del número de ladrillos a cocer, 15, cercana a Mazatlán.
30, 50 mil o más. Es fundamental un buen trabajo de armado, para no Finalmente en este recorrido, así como turistas nacionales y ex-
correr el riesgo de que por el movimiento se abra durante el cocimien- tranjeros se trasladan a las ladrilleras para conocer el proceso de elabo-
to y se pueda caer. ración, nada cuesta que las nuevas generaciones dirijan su aprendizaje
Esta fase tan especial como es el empacado conlleva efectuar con al conocimiento de su entorno y valoren la capacidad creadora de los
cuidado la base, a la que se denomina “burro”, porque toda la carga nativos y los métodos primitivos que aún se practican.
la lleva arriba. “A Caitime viene gente de todas partes del estado a comprar, por-
Se colocan las tandas de ladrillo a cocer dejando al centro un que tiene fama de ser un ladrillo muy bueno, macizo y bien hecho”.
hueco, espacio por cuya boca se colocará la carga de leña; se hace el Lauro Pérez Inzunza
gorro, es decir, una vuelta de ladrillo parado y la tapadera, todo ce- Empresario
rrado hasta el filo; se forra totalmente con la misma pasta con la que
se hace el ladrillo.
Antes de encender la lumbre se hace la contraboca de ladrillo tabi-
cón para que no se caiga el forro; se atiza durante dos días y una noche
(aproximadamente 30 horas), ya que enfría se puede destapar y queda
listo para su venta.
La destreza en este oficio se manifiesta en el manejo exacto de la
leña encendida con diesel o con petróleo, no obstante si el ladrillo sale
fundido por el exceso de lumbre, la gente de la campiña sinaloense lo
utiliza en la construcción de fosas sépticas y norias; si el ladrillo sale ahu-
mado se puede volver a cocer.
Y como todo trabajo, este material de construcción registra su me-
jor temporada los meses de noviembre, diciembre, febrero, marzo, abril,
mayo y parte de junio. En tiempo de aguas no se fabrica, por lo que hay
que guardar reservas suficientes.
Cuánto hay qué decir.
En Recuerdos de Los Mochis, volumen escrito por el Dr. Roberto
Gastélum Orejel, no se olvida que en los años treinta “pocas viviendas
eran de ‘material’, así le llamábamos a las de ladrillo, la mayoría eran
‘chinames’, construidos a base de latas y principalmente tiras de pitaha-
ya enjarradas de lodo para tapar las rendijas y techo de terrado”.
Pequeñas industrias se observan como parte del paisaje sinaloense
a lo largo de las carreteras, como la México 15, en el poblado de Caitime,

María Esther Sánchez Armenta 199 María Esther Sánchez Armenta 200
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
cionados tenía a la venta, por considerar que no eran apropiados para el
traslado de su material y equipo de trabajo. Así, a golpe de primera vista,
exclamó para sus adentros que era el vehículo sui generis que por mucho
tiempo había buscado. Lo compró y se dio a la tarea de localizar más de
ese tipo, en otras ciudades de la República, y otros más en la Ciudad de
México, mismos que se encontraban abandonados en un galerón y en
Las pulmonías malas condiciones.
No obstante, tenían la característica que eran de origen norteame-
ricano, de la marca Cushman, producidos por una fábrica localizada en

T
la ciudad de Lincoln, Nebraska. Además, estos triciclos sólo se utilizaban
ransporte típico y exclusivo de gran popularidad entre los turistas
para el transporte de jugadores de golf o personas discapacitadas; por ser
nacionales y extranjeros. Son el símbolo de Mazatlán.
muy caros su uso en nuestro país era restringido, ya que se tenían que
Inicia la aventura en la mejor y más atractiva opción para reco-
importar y había muy pocos campos de golf o personas que tuvieran
rrer el puerto.
uno para su uso cotidiano.
Libertad plena de ver todo alrededor.
Sin importarle los obstáculos, y ante la necesidad de conseguir más
La brisa impregna el rostro, el cabello se alborota al viento, y el olor
para poder contar con una pequeña flotilla, don Miguel se trasladó a Los
salino invade los sentidos.
Ángeles, California y a Denver, Colorado. Antes, “El Chícharo” presentó
Se deja de lado el estrés para dar paso al relajamiento.
a varias instituciones bancarias su interesante proyecto con la idea de
El estado de ánimo se eleva, se sonríe y se da paso al buen humor, a
conseguir crédito para continuar su aventura, pero no consiguió con-
la energía positiva para disfrutar al máximo merecido descanso.
vencer pues no le veían posibilidades de éxito.
En calidad de turista internacional, nacional o regional, escoger
En la compañía fabricante en Lincoln, Nebraska explica su proyec-
como destino el magnífico centro turístico del noroeste de México, Ma-
to a los ejecutivos, quienes le otorgan su voto de confianza y hasta un
zatlán, obliga realizar un paseo en los famosos vehículos motorizados,
crédito para la importación de ocho carros.
únicos en su género, bautizados por el pueblo como “pulmonías” y que
Una vez que realiza diversos cambios y ajustes, decide convencer
forman parte del escenario de la ciudad.
a las autoridades del estado sobre la trascendencia de usar estos carritos
Llenar los ojos de paisaje por el bellísimo centro histórico, el ma-
como transporte público popular.
lecón, andador turístico que se forma con los paseos Olas Altas, Cen-
Se dice que un buen día a principios de la década de los 60’s, el en-
tenario y Claussen, que suman alrededor de 17 kilómetros de largo,
tonces gobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Celis, que tomaba un
admirar los bellísimos monumentos, centros comerciales, mercados
café en un restaurante de Olas Altas, fue testigo de un desfile inusual: una
populares, es un breve ejemplo de lo que el viajero puede hacer en la
columna de vehículos descubiertos, parecidos a los carros de golf, ador-
Perla del Pacífico.
nados y tripulados por jóvenes bellezas mazatlecas. Aquello no podía
Ingenio y visión empresarial. Cuenta Miguel Ramírez Urquijo, “El
ser una casualidad. Y no lo era. Era una idea genial más de este hombre
Chícharo”, que con la idea fija de encontrar un transporte que viniera a
emprendedor, en su objetivo de obtener una concesión para tan peculiar
sustituir a la popular araña, un día se halló unos carritos de tres ruedas que
medio de transporte. Y lo logró.
una empresa dedicada a la comercialización y reparación de aires acondi-
María Esther Sánchez Armenta 201 María Esther Sánchez Armenta 202
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Por supuesto desde el principio se desató una fuerte oposición de par- Y he aquí la presumible expresión inscrita en la Revista Sinaloa
te de los sindicatos de taxis y permisionarios de autobuses urbanos, quienes Auténtico y que nació para quedarse: “Qué me voy a andar subiendo
emprendieron una campaña de desprestigio contra este novedoso servicio en una cosa de esas -habrá dicho algún mazatleco temeroso del crudo
de transporte, argumentando a los pasajeros que no hicieran uso de ellos, invierno porteño- me pega una PULMONÍA”.
ya que eran muy inestables y peligrosos y que por el hecho de estar descu- Lo ideal es que sean cinco tripulantes a bordo, cupo máximo.
biertos por todos lados, se exponían a contraer una “pulmonía”. Para mayor seguridad está pendiente la adaptación de cinturón.
Las unidades originales utilizaban chasises Cushman. Más tarde Las pulmonías son ideales para trasladarse al goce de la vida nocturna.
se buscaron otras con similares características y que contaran con cua- Pintorescas y económicas, iniciaron 16 “pulmonías” su recorrido
tro ruedas, por lo que se decidió por utilizar el chasis y la maquinaria en 1965. Hoy circulan más de 350.
del Volkswagen, para dar mayor estabilidad al carro y un costo de pro- Este transporte tropical, la flotilla de “pulmonías” y safaris se ubica
ducción más barato. afuera del muelle, listos para trasladar a pasajeros de cruceros.
No obstante su innegable uso y popularidad, las compañías navie- La modalidad de este vehículo parecido a un jeep, a un carro de
ras que operan en Mazatlán no ocultan su desconfianza y rechazan este golf, por su ingenioso diseño, es su principal atractivo.
servicio de transporte popular, por el riesgo de no contar con cinturón En Mazatlán, los paseantes se toman fotografías en el bello monu-
de seguridad en la parte posterior, que sería la mejor opción, así como mento escultórico ubicado en el malecón, que muestra el diseño de la
barras o cadenas. “pulmonía”, sin puertas ni cristales, con una especie de sombrilla para
Obsoletas en seguridad. Las críticas se centran también, de acuerdo proteger del Sol a los pasajeros.
a múltiples opiniones de pasajeros, en que si bien están conscientes de
que esta modalidad de transporte representa una tradición, y la mayoría
de los pulmoneros ofrecen un buen servicio, ya que conocen todos los
puntos de la ciudad, manejan muy aprisa y no brindan protección al-
guna, incluso a veces suben hasta seis personas, lo cual es un sobrecupo
verdaderamente riesgoso.
Planean un modelo nuevo. A partir de que los automóviles Vo-
lkswagen Sedán (vocho) dejaron de fabricarse en México en el 2000, la
Sociedad Cooperativa de Servicios de Transporte Popular de Mazatlán
analiza el rediseño de las unidades, ya que sólo se encontrarán las refac-
ciones necesarias en un plazo aproximado a los 10 años.
En recientes declaraciones el líder pulmonero Juan Manuel Val-
dez Orozco se anticipa a los cambios, y si bien aún no especifica en qué
consistirán, es un hecho que las modificaciones deberán hacerse pau-
latinamente y en un futuro cercano, pero, por supuesto, respetando el
diseño y lo más apegado a su imagen original porque forma parte de la
tradición que caracteriza al puerto.

María Esther Sánchez Armenta 203 María Esther Sánchez Armenta 204
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
por nada del mundo me pierdo el placer de comer natas con una tortilla
calientita de harina o maíz, a la que agrego a veces una pizquita de sal, o
si se me antoja dulce, miel o mermelada.
Para Jesús López, nada mejor que una asadera fresca o “de apoyo”,
acompañada de frijoles de la olla y tortillas hinchaditas. ¡Qué hambre!
Con sólo mencionarlo se abre el apetito.
¡Llegó el lechero! Los comentarios de habitantes residentes de Concordia, Badira-
guato, Escuinapa, Cosalá y Elota, son similares al señalar que en su ma-
yoría toman leche industrializada, pasteurizada y homogenizada, como

E
se anuncia comercialmente, e incluso cuando alguna ocasión tienen
n el devenir de la vida se dejan huellas que sirven de pista para
oportunidad de probar leche bronca les sabe “rara”.
investigar la historia, cultura, manera de vivir de los habitantes
de un poblado, región, país; artes, costumbres, vestimenta, diver-
siones, cocina... Historia
¡Qué esperanzas que deje de criar a mis hijos con leche de vaca, así
me criaron mis padres a mí y a mi amá, su mamá también, y crecimos De acuerdo con la profunda revisión documental que la escri-
muy sanos! De manera espontánea, natural, se desbordan los comenta- tora e investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas y
rios de la gente sinaloense ubicada en el campo, y en los pequeños pue- Sociales de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Laura Elena Álvarez
blos de ayer, hoy ciudades. Tostado Alarcón, en su libro Educación y Evangelio en Sinaloa Siglos
Las expresiones son más elocuentes en las personas ubicadas XVI y XVII, señala que Francisco de Ibarra en 1564 arriba a Sinaloa
en la campiña, quienes aún tienen, en su mayoría, gran aprecio por en una expedición sobre los territorios que se suponía eran tierras de
esta tradición. las provincias de Nueva Vizcaya, internándose en los de Nueva Gali-
¡A mí diario me la traen y tempranito la hiervo, y si no se me acabó cia y llegando al poblado de Moloviejo, muy cerca de la Villa de San
la del día anterior, los plebes se toman un vaso antes de irse a la escuela! Miguel de Culiacán, hasta donde fue a visitarlo Don Pedro de Tovar,
A pesar de que es una costumbre que ha sufrido muchos cambios al quien vivía en la Villa de San Miguel de Culiacán, le indicó la perti-
paso de los años, en la zona rural es común disfrutar este complemento nencia de pacificar a los nativos asentados al norte, por lo cual entró
alimenticio, no sólo “por recibir entrega”, o ir por ella con el vecino, a Mocorito sometiendo al orden a los indígenas que se encontraban
sino que si se cuenta con ganado el proceso de ordeña se efectúa en el sublevados contra sus encomenderos, entre los cuales se hallaba el
amanecer de cada día. propio Pedro de Tovar.
Elaborar quesos, requesón, suero salado y saborear las codiciadas Don Pedro fue uno de los primeros exploradores de Cibola, acom-
natas, son tan sólo unos ejemplos de su uso en la región. pañando a Vásquez de Coronado en 1540.
¿Que si tomé leche de vaca alguna vez? ¡Toda la vida! Aunque al Fue quien primero introduce ganado vacuno a la región para su
paso de los años perdí la entrega y tuve que comprar de galón. crianza, al decir de la documentación de la época, donde textualmente
¿Que si prefiero comprarla en abarrotes o tiendas de autoservicio se expresa lo siguiente:
para ahorrarme el trabajo de hervir la leche bronca? ¡No, claro que no!, “... repartió -se refiere a Francisco de Ibarra- la tierra de Mocoritu y

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Bacoburitu era de (Don) Pedro de Tobar el cual fundó estancia trayendo Pero, un día, de pronto se empezaron a instalar pasteurizadoras que
ganado vacuno de Guadalaxara... y fue el primero que entró...”. homogeneizaban -palabrota inmensa- ¡caray!, entonces aquel vendedor
Tal ganado se desarrolló libremente, y debido a la escasa posibili- empezó a desaparecer.
dad de dominar la zona y los mayores intereses de Don Pedro, fincados A las tiendas y supermercados llegó la leche pasteurizada en envase
en su vecindad de la Villa de San Miguel de Culiacán, atendió sus intere- de vidrio, con una leyenda muy ostentosa, llamativa, pero uno abría el
ses en Mocorito, estableció casa, hacienda y servidumbre, aunado a esto litro de leche y no nos sabía a leche; añorábamos la del sabor a rancho,
la inestabilidad social del valle del Évora. a ordeña, con banquito, becerro... ritual que se prolongó durante años y
Y es que ciertamente los conquistadores trajeron de España el ga- años en nuestros pueblos y ranchos.
nado vacuno, caballar, mular y lanar. La leche bronca señaló un hecho: el campesino, el ranchero nues-
Al llegar los misioneros jesuitas a Sinaloa introdujeron cultivos tro, llegó a la meta de satisfacer sus propias necesidades familiares y le
como el trigo, hortalizas, caña de azúcar y los enseñaron a sembrar quedó una reserva para vender, por lo tanto, esto quiere decir que el
en espacios grandes, no sólo en las orillas de los ríos, también ini- campo sinaloense tenía una gran prosperidad. En pueblos y ciudades
ciaron a los naturales al pastoreo del ganado vacuno que los proveía por doquier se podía adquirir asaderas, resultado de cuando no se co-
de leche y carne. mercializaba la leche bronca.
Por su parte, el ganado mular y caballar lo utilizaban para el tra- Muchas mujeres sinaloenses hacían las asaderas y requesón, pero
bajo y la carga; el clima caliente de Sinaloa no permitió el desarrollo del de antes, una verdadera gloria, asaderas que se guardaban a veces en
del ganado lanar. los zarzos y las huellas de los carrizos quedaban impresas en ellas.
Al llegar los jesuitas a evangelizar a los indígenas, se convencieron Hay que imaginar tan sólo cuando la abuela nos daba un vaso de le-
de que la única manera de arraigarlos en los pueblos era enseñándoles che “de apoyo” con pinole, o cuando se hacían aquellas comidas a base
técnicas y formas de labranza para que produjeran suficientes cosechas de quelite coloradito que nacía con las primeras lluvias, al que se le po-
y subsistieran todo el año, pero a la vez, los españoles lograron grandes nía tantito limón, y con un pedazo de asadera, ¡un banquete! También
fortunas a través del comercio, la minería, producción agropecuaria y el un vaso de leche recién ordeñada calientita, deleite al que se agregaba el
ejercicio de puestos de gobierno. que la espuma se quedara en los labios. Estamos hablando de un tiempo
en que la economía campesina estaba alta, había comida más que sufi-
Sabor a rancho ciente para cubrir las necesidades de la familia y alimentos para vender
fuera. Lo cual no ocurre en la época actual.
Con la emoción que le caracteriza al referirse al ayer, el historiador Cómo no recordar cuando en la hornilla de barro la abuela ponía
Herberto Sinagawa expresa que “Aguaruto era la proveedora de la leche a hervir la leche, que soltaba una nata muy codiciada también para co-
bronca de Culiacán, venían en burro o a caballo. mérsela en una tortilla con sal, platillo único en aquellos hogares tan
Al ver por la ciudad vendedores de leche bronca, acude a mi mente sencillos donde tan original era también sacar agua del pozo, de la no-
el recuerdo de cuando era niño en La Unión, en Angostura, donde mis ria, desgranar la mazorca en una canasta...
abuelos tenían vacas y me mandaban a vender leche bronca a Angostu- Evidentemente todo esto es resultado de la gran obra que realizó
ra, en unas botellas con tapón de olote”. La Compañía de Jesús en Sinaloa, fue el jesuita el que enseñó a hacer
¡Qué enternecedora es la imagen del vendedor de leche bronca! el nixtamal, el jabón de lejía, la primera silla, mesa, el que enseñó al

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
indígena a hacer su casa de vara, lodo y terrado (en la parte de Choix y chos se quejan de que ya es tan poca la producción de leche bronca, y de
El Fuerte aún se ven). andar batallando, mejor comprar la industrializada.
La baraja está en juego, la moneda está en el aire, hay que invocar Y la nostalgia de nuevo. La imagen de aquellas personas (2) que
el amor de las nuevas generaciones de Sinaloa para que no desaparezca ordeñaban y echaban el producto en los baldes de peltre, mientras tanto
esta costumbre que tiene un arraigo de siglos. había que hacer cola, desde muy temprano “dejaba uno la vasija en el
Leche o ¡aguas! En caballo, carreta, yegua, tractor, moto, triciclo, tapanco y ya sabía uno detrás de quién iba”.
camioneta, el transporte de entrega ha variado, pero el vendedor siem- La compra era diaria, ya que no había refrigeradores, y las mamás
pre ha venido cargando sus botes lecheros, sin faltarle, por supuesto, su ya le tenían bien calculada la cantidad que necesitaban. Se tomaba pura,
litro para medir. no se acostumbraba echarle saborizante de ningún tipo.
La profesora mocoritense Concepción Pérez de López ni siquiera Cómo olvidar aquellos tiempos: leche cruda, calientita, espumosa,
piensa en dejar de comprar leche bronca, porque su hijo menor protesta ordeña manual, formarse con la vasija, saludarse como una gran fami-
al decir: “no, mamá, no deje esa leche porque yo quiero natas, así las lia... ¡qué pelas se les daba a los muchachos cuando por venir jugando o
puedo comer entre horas”. peleando la tiraban!
“Hace más de 40 años, recuerdo, se la tomaba uno recién ordeñada Tradición heredada de padres a hijos... cambios producto de la
y no se enfermaba (como ahora); era tan bueno acompañarla con cala- modernización, hijos que se salen a estudiar a otros lugares, pueblos que
baza, elotes (especialmente cuando no estaba ya muy tiernito raspaban crecen y ya no se conocen todos, nuevas generaciones, y “cada quien
los granos con un cuchillo y los ponían a cocer); caldo de asadera, tam- nos encerramos en nuestro ritmo de vida y dejamos de frecuentar a la
bién se calentaban tortillas que quedaran medio tostaditas, se echaban gente como antaño, hasta a la familia”, refieren lugareños.
al plato o vaso de leche y las sopeábamos; comer asadera guisada con En cartón, envases de plástico en diversas presentaciones de medi-
verdura era también muy sabroso. da, bolsas; producto líquido o en polvo, pasteurizada, ultrapasteurizada,
Yo hago desde hace años nieve, galletas, pan, gordas raspadas, o entera, descremada, semidescremada, light, deslactosada, en pocas pa-
bien, tortillas de masa con la nata revuelta, mezclada, se la agrego a la labras, para que el consumidor escoja la de su preferencia.
masa para tamales, dulce de leche, asadera (no me sale muy bien porque Plantas pasteurizadoras se localizan en Mazatlán, Los Mochis
dicen que tengo la mano muy ‘pesada’, me quedan muy tiesas, más bien y Culiacán.
parece que mi mano es buena para hacer quesos); hay quienes cuando la Debido a la demanda se complementa la introducción de mi-
leche se está acedando, cuando ya está perdida, hacen jocoque. llones de litros anuales, procedente de otros lugares, en especial de la
Ahora resulta que a los hijos no les gusta este tipo de comidas, pero Comarca Lagunera.
uno tiene la culpa porque no los acostumbró; también ya se nos hace La tradición de consumir leche bronca en los ranchos está vigente,
normal usar mucha química. no así en las ciudades, donde hay una pérdida paulatina de esta tradi-
Es tan familiar la figura del lechero, que se atreve uno hasta a bro- ción, porque las ventajas de la leche pasteurizada se sustentan en estric-
mear cuando gritan: ¡leche, llegó la leche! ¡Mejor grite que llegó el agua, tas medidas higiénicas-sanitarias.
amigo!, porque la verdad es que a veces se les pasa la mano y la rebajan La leche bronca, por su parte, se ordeña, hierve y consume, el pro-
de más”, comenta Conchis. blema está en la distribución, ya que algunos aprovechan para agregarle
Desde su punto de vista la tradición está decayendo, porque mu- agua en demasía, perdiéndose en consecuencia, su sabor.

María Esther Sánchez Armenta 209 María Esther Sánchez Armenta 210
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Existe el proyecto de aumentar el inventario lechero para incre-
mentar la producción mediante el programa Alianza para el Campo, a
través de la compra de vaquillas, con el fin de producir más leche y bus-
car la autosuficiencia.
Como corolario, la tradición por fortuna aún no se extingue, para
deleite de todos, por los guisos y postres que se preparan de manera sen-
cilla en hogares de la región, a los que se agrega los auténticos jamon-
cillos de leche de vaca y azúcar, “a la antigüita”, elaborados por Bebita
Zepeda de Elizalde en la ciudad de Guamúchil.
“Son originales no sólo porque la leche bronca es pura, no está des-
cremada ni con ningún otro proceso, además no le agrego Maizena ni
demasiada azúcar.
Este dulce mexicano se puede comer completamente cuajado a
cualquier hora, y si no se deja endurecer, se puede untar en pan, galletas
o utilizarlo como se me ocurrió un día, en el relleno de las de por sí ex-
quisitas ciruelas de España, especiales para cualquier tipo de reunión”.
Por cierto, permíteme un momento porque... ¡Llegó el lechero!

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
El movimiento de la Revolución Mexicana fue clave para la inte-
gración de la mujer en el desarrollo del país. A Carmen Parra Alanís le
apodaban “La Coronela”; Ramona Flores, “La Tigresa”, y Carmen Vélez,
“La Generala”, combatiente que tenía bajo su mando a 300 hombres
que operaban en Hidalgo y Tlaxcala.
Por supuesto, el recuento es interminable, esto es sólo una pro-
Los apodos badita, ya que el ingenio popular da rienda suelta sin inhibiciones a la
imaginación rebosante de nombres creativos y originales.
Comentan quienes “traen a cuestas” la inspiración de “algún

S
vivo”, que un día cualquiera decidió agregarle un sobrenombre al
i usted cree que la sociedad sinaloense es única en el arte de asignar
nombre propio o al apellido, que en ocasiones los apodos les resultan
motes, apodos, sobrenombres a quien se le ocurra, especialmente a
simpáticos y no les molesta sentirse llamados así hasta por desconoci-
familiares y amigos, no es verdad. En toda la República Mexicana es
dos, pero esa armonía no es tal si les desagrada el mote impuesto, más
una práctica común, que enriquece los anecdotarios populares.
si es ofensivo, burlesco, pues de alguna manera se le pone en el escapa-
Hay quienes se ofenden ante la asignación de que son objeto, llena
rate del ridículo socialmente.
de ironía, sarcasmo y hasta mordaz. Lo cierto es que una gran mayoría
“Lomo Bichi”, “La Pluma Fuente”, “La Chivis”, “La Chorro”, “La Ta-
de estos apodos surge en el seno familiar, y se extienden naturalmente
malera”, “Doña Tomates”, “La Chayo Loca”, “Las Buchonas”, “La Güera
hasta prevalecer a lo largo de toda su vida.
Quelites”, “La Boca de Sapo”, “Chichinari”, “Zopilote”, “La Mátalasca-
Antecedentes de esta práctica se registran en la obra Educación y
llando”, “El Negro”, “El Sope”... son unos cuantos adjetivos que se endi-
Evangelio en Sinaloa Siglos 16 y 17, cuando se refiere a la vida cotidiana en
lgan a las personas. Predominan los motes a los hombres en las páginas
las sociedades prehispánicas; es decir, la de aquellos habitantes ubicados
policiacas de los periódicos, como “El Robacadenas”, “El Cola Bichi”, “El
en los pueblos norteños sinaloenses hasta antes del proceso de coloniza-
Asesino de Cumbres”, “El Güero Rata”, “El Pantera”; se encuentran tam-
ción y evangelización. Entre sus juegos y entretenimientos tenían la cos-
bién algunas mujeres: “La Tijuanita”, “La Paca”, “La Mataviejitas”...
tumbre de reunirse a conversar; en esto eran muy picantes y graciosos,
Hay cientos, miles, que forman parte de la cultura popular y refle-
se hacían bromas entre ellos poniéndose apodos muy a propósito, lo
jan la intensidad de hombres y mujeres en su búsqueda y encuentro con
cual celebraban con grandes risotadas, y nadie se les escapaba.
voces nuevas, que finalmente les provocan diversión.
Todos, jóvenes, caciques o principales, participaban por igual; a un
Es fácil advertir que en algunos pueblos costeros es más común men-
apodo respondían con otro, y así pasaban la ronda sin enojarse nadie.
cionar a las personas por el sobrenombre, y así les dicen durante toda su
En la época actual algunos han trascendido fronteras, en especial
existencia. Se da el caso en La Reforma, Angostura, Sinaloa, que cuando
en el mundo del espectáculo.
hay elecciones para el Consejo Cívico de la comunidad, la propaganda
Valentín Elizalde, “El Gallo de Oro”; María Félix, “La Doña”; Irma
tiene que incluir el apodo de los candidatos; para presidente José López
Serrano, “La Tigresa”; Chayito Valdez, “La Alondra de Sinaloa”; Lola Bel-
Castro, “El Tigrillo”, para secretario Luis Castro Castro, “El Cholo”, para
trán, “Lola la Grande”; Luis Miguel, “El Sol”; Maribel Fernández, “La Pe-
tesorero Juan Inzunza, “El Caimán”. Si sólo dejaran el nombre oficial no
langocha”; Liliana Arriaga, “La Chupitos”; Vicente Fernández, “Chente”;
los reconocerían jamás.
Alejandro Fernández, “El Potrillo”...
María Esther Sánchez Armenta 213 María Esther Sánchez Armenta 214
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Se cuenta también que en esa comunidad se solicitó a la Asamblea
de la Cooperativa que incluyera como nuevo socio a “El Chuny”, res-
pondiéndole el presidente que le diera el nombre correcto de esa perso-
na. El hermano que había hecho la propuesta, buscó entre la multitud
de pescadores a su carnal a la vez que gritaba: “¡Chuny hijuetuchingada
madre, cómo te llamas!
Por algo ha de tener razón el insigne español Miguel de Unamuno,
cuando expresa que se debe ir al Registro Civil cuando el pueblo ya le ha
asignado el mote con el que se le nombrará para toda la vida. De esa for-
ma, en el acta de nacimiento se pudiera leer Mapachón Castro Urquídez,
Cuate León Inzunza Pérez, Perro volador Camacho Montoya, etcétera.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Renacimiento, y se jugaba con monedas, diciendo versos picarescos. En
México adquirió un sabor nacional inconfundible, con frijoles en lugar
de las monedas y los versos resultantes de la picaresca nacional.

Manera de jugar
Lotería, ¡todos a jugar!
Los jugadores llegan preparados con una pequeña caja o bolsa que
contiene feria (monedas) y sus granos de frijol, maíz, piedritas, botones
o tapaderas de refresco que servirán como fichas para colocar en la carta,

C
ualquier día, hora y lugar, hay que disfrutar en compañía de la y así comprobar si ya puede ganar parcial o totalmente.
familia este sencillo pasatiempo de todos los tiempos. El gritón o gritona, es decir, quien da, quien canta las cartas, una
¡Pedrada, chorro, cuatro esquinas, centro... llena! vez bien barajadas saca al azar, sin ver las imágenes, una a la vez, de arri-
¿Quién no ha jugado en alguna etapa de su vida a la lotería? ba, abajo y el medio: el nopal, la luna, el barril, la chalupa, la muerte, la
Niños, jóvenes, adultos, ancianos, no escapan a un rato de diver- rana, el corazón, las jaras, el gorrito, la escalera... colocando el jugador la
sión con vecinos, familiares y amigos, donde lo único que importa es ficha si tiene la imagen que se anuncia.
que este juego de azar tradicional los relaje pero también los haga ganar La línea o el chorro, por ejemplo, lo hace a quien le vengan prime-
algunas monedas. ro 3 ó 4 imágenes (depende del tamaño de la lotería), tanto de manera
Y es que jugar a la lotería es una costumbre que se volvió popular horizontal, vertical o diagonal.
en la segunda mitad del siglo 18 y ha cobrado al paso del tiempo, por La emoción crece a medida que el juego avanza, y la gritería se vuel-
su bajo costo, accesibilidad y diversión, gran arraigo popular en la his- ve ensordecedora ¡voy por dos!, ¡yo por una!, ¡échame el alacrán!, ¡a mí el
toria de México. borracho! No hay distracciones, el cuerpo se balancea, ya casi se saborea
Su sencillez es tal que no necesita sitios especiales para el aco- el triunfo, las manos sudan y cada jugador cree que está a punto de salir la
modo de las tablas de cartón, por lo que puede colocarse en la mesa carta que espera.
de la cocina, comedor, en la cama, en un catre, debajo de un árbol y ¡Buenas, gané, llena, aquí con ella!, expresa con gritos de alegría
hasta en el suelo. quien llenó primero la planilla, y recoge el dinero que se recolectó en la
Hay diferentes versiones de cartas de lotería, y se pueden adqui- entrada, antes de iniciar el juego. Si son varios los ganadores, entonces
rir en mercerías, papelerías, puestos ambulantes, y en la época actual se reparte el dinero en partes iguales.
también se les encuentra en tiendas de autoservicio. Al momento de En retrospectiva, cabe recordar que era común que el dueño
la compra se tiene la posibilidad de seleccionar la variedad de imá- de la lotería llevara la cica, lo cual significaba que podría jugar con
genes y tamaño que el cliente desee; hay unas pequeñas y otras de una o dos cartas, el tiempo que quisiera, sin pagar la entrada y con
formato gigante. derecho a ganar.
Información documental registra que las primeras loterías fueron Esta práctica ha caído en desuso porque a decir de experimentados
pintadas a mano y se jugaba con fichas hechas de cuero. jugadores, aunque su obligación era comprobar si al jugador le habían
El juego de lotería con planas de dibujos nació en Italia durante el venido las cartas y así darle el gane, era muy ventajosa, comodina, pero

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
más que todo desigual, “es cierto que no todos teníamos dinero para o adulto, un día cualquiera, a fuerza de familiarizarse con las imágenes,
comprar una lotería, pero si el propietario de ella venía ese día con suerte identificará esculturas, ruinas, edificios históricos, religiosos, símbolos
nos peluchaba a todos, y se iba a gusto con la bolsa llena”. de la geografía regional, que le permitirán un sentido de pertenencia
También en las ferias de los pueblos era y aún se ve esporádica- más profundo de sus raíces.
mente, todo un espectáculo al escuchar a los gritones crear frases de ¡La catedral, la pulmonía, el palacio, el puente negro, el pescador,
cada figura al momento de ser anunciada: El gallo, el que le cantó a San el escudo, el ángel, Mazatlán, la lomita, el meteorito...!
Pedro no le volverá a cantar; el Sol, la cobija de los pobres; el diablito,
¡Virgen Santísima!
En áreas como Oaxaca se gritan versos como por ejemplo:
El valiente
Yo no digo que soy hombre
ni que tengo buenos brazos
con mi machete en la mano
recogerán los pedazos.
Juego de mesa, de azar, que los sinaloenses tienen en gran estima,
ya que no tiene precio olvidar por unas horas las exigencias de la vida
cotidiana, reír con las equivocaciones de quienes creen haber ganado y
a quienes se les grita tramposo, chapucero, en fin, un gusto real de con-
vivir y el mínimo esfuerzo de poner atención para que no se pasen las
imágenes. Por ello hay que jugar un día cualquiera, a la hora que sea, y
de paso perder, o mejor aún, ganar, unas monedas.

Bellas imágenes de Sinaloa

Y ahí está la carta a escoger, con las 16 imágenes que prefiera el jugador.
Sin duda un gran acierto de la empresa privada Vortex, en Culia-
cán, en su ambicioso intento por acercar a los sinaloenses a una proba-
dita de su tierra.
No obstante si bien este primer proyecto no contiene referentes de
la totalidad de los 18 municipios, y centra mayormente su atención en el
contexto del paraíso turístico de Mazatlán, y la capital Culiacán, es dig-
no de resaltar que si se le da intensa difusión al comercializar este juego
de azar, el logro cultural será valioso y trascendental.
Esto es, porque sin apenas darse cuenta, el jugador, sea niño, joven

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¿Éxodo de sus descendientes?, ¿distancia?, ¿indiferencia?
Nombres borrados por el paso inexorable del tiempo, cruces en
total deterioro, de madera, fierro, muros desconchados que no han reci-
bido mantenimiento durante años.
No hay ya quién atestigüe su paso por la vida después de la muerte;
su imagen vaga por el tiempo y la eternidad.
Los olvidados Y en este deambular entre la tierra barrialosa que torna el terreno
accidentado, de observar ataúdes fuera de la tumba, sepulcros que datan
de 1818, 1875, 1903... de personajes que intervinieron en la revolución de

Q
Sinaloa, de chinos, españoles, japoneses, alemanes sepultados en mauso-
uien visita a sus muertos, olvida por un instante la estela de nos-
leos antes rebosantes de majestuosidad, hoy lucen en el abandono.
talgia que anida en su vida y en su corazón.
El Sol nace y expira; primavera, verano, otoño e invierno van y vie-
El cortejo fúnebre de personas a pie y en carros, avanza lenta-
nen con su lluvia, viento, calor, frío, neblina, polvo.
mente por las calles pavimentadas o de terracería, procesión que parte
La naturaleza silvestre, árboles de tabachín, mezquite, guayacán,
de la casa donde fue velado el difunto o del recinto funerario hacia la
nandimbo, coronitas, amapas, venadillo, copa de oro, cacaragua, enreda-
iglesia y, por último, al cementerio.
deras, y olivo negro, extienden sus raíces naturalmente alrededor y hacen
Imagen que aún es posible ver repetidas veces en pequeñas ciuda-
su hábitat en las tumbas en creciente deterioro; algunos más derriban a su
des y pueblos de los municipios de Cosalá, San Ignacio, Choix, Con-
paso estructuras que les impiden seguir su curso.
cordia, Elota, Badiraguato, Escuinapa, Angostura, El Rosario, Mocorito,
Pero no hay silencio total.
Salvador Alvarado, El Fuerte, Sinaloa, Navolato, Guasave, Ahome, Maza-
Rumores incesantes durante el día y la noche. Canto de grillos, rui-
tlán y Culiacán, pero que se encamina apresuradamente a quedar como
do de los roedores al desplazarse entre la tupida maleza, gatos, culebras
una postal en la memoria colectiva de los pobladores.
coloradas, coralillos, alacranes, ratas, tarántulas, arañas, iguanas, hor-
Esto es así, ya que en lugares donde la ubicación de los panteones
migas, mochomos, cachoras, güicos, gusanos, abejas y hasta ardillas.
o parques funerarios de reciente creación quedan a mayor distancia, ya
Los pájaros entonan sus cantos y las hojas del otoño se posan mo-
no continúa esta antigua tradición. Incluso se procede a la incineración,
mentáneamente en las lápidas o en la pequeña elevación de tierra res-
cuyas cenizas se depositan en criptas de las iglesias.
quebrajada por la erosión que acompaña a la cruz.
Al despedir a los seres queridos se exclama una y otra vez: ¡nunca te
Los sepulcros antiguos, “viejos”, se convierten en receptores de
olvidaré! Las manifestaciones de dolor continúan durante el novenario,
basura; alrededor de ellos los visitantes al cementerio acumulan flores
donde la gente reza por el eterno descanso y la paz de sus muertos.
secas y coronas desteñidas para quemarlas precisamente ahí, al fin y al
Terminaron sueños y esperanzas.
cabo nadie acude a esas tumbas.
Muerte repentina, violenta, enfermedad, lo cierto es que un día
El 1 y 2 de noviembre es la fiesta de los muertos, en que la mayoría
cualquiera fueron arrastrados al ciclo irreversible de la vida para devol-
cumple con la herencia de la tradición cultural, es decir, llevarles flores,
ver a la tierra lo que le pertenece.
veladoras, efectuar arreglos, limpieza, ofrendas, levantar altares, y hasta
Caminar por los panteones de Sinaloa es constatar el abandono en
música en vivo como lo hicieron nuestros antepasados.
que yacen cientos de tumbas.
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
A nadie parece extrañar que el ajetreo de la vida cotidiana,
arrastre en su vertiginoso andar el auténtico proceso de duelo que los
dolientes practicaban y que por muchos años conservaron fielmente
entre la sociedad. Tan sólo un ejemplo es que en el siglo 21 sólo algu-
nos adultos mayores del sector rural visten riguroso luto, negro total,
durante un año.
El dolor emocional de la muerte del ser querido se relega a segundo
o tercer sitio con inusitada rapidez. Esto es, según múltiples justificacio-
nes, porque las exigencias del mundo real son tales que obligan a seguir
adelante de inmediato, sin tiempo a paralizarte; además, “vida sólo hay
una. Yo mismo me asombro de mi capacidad para sentir en corto tiempo
resignación por la pérdida”. Otros comparten su reflexión: “no me que-
da más remedio que retomar el ritmo para vivir lo mejor que pueda los
años que me quedan”. “No puedo morirme en vida porque aún tengo
mucho por quién luchar”. “Estoy joven y puedo rehacer mi vida”...
Y la sabiduría popular aparece, como siempre, con su extraordina-
ria picardía: “el muerto al pozo y el vivo al gozo”.
El olvido llega y quizá para siempre.
Es la penumbra del ocaso.
Imágenes que se desvanecen tempranamente y de las que ya no
existe memoria ni testimonios de afecto por el ausente.
El camposanto lleno de maleza y las tumbas polvorientas, en aban-
dono, son clara muestra de ello.
Días y más días somnolientos, y, paradójicamente a unos pasos, la
ciudad, el pueblo, en su incesante algarabía, rebosante de vida.
¿Dónde quedó la promesa a los seres idos?
Y aquel... ¡NUNCA TE OLVIDARÉ!

María Esther Sánchez Armenta 223 María Esther Sánchez Armenta


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
La mayoría de los mercados funcionaban como vendimias, repeti-
das en ciclos regulares de cinco, siete, nueve ó 13 días, según el número
de pueblos involucrados en este sistema rotatorio: el Macuiltianquiz.
No hay que olvidar que fungían como “monedas” prehispánicas el
cacao, cascabeles, hachas de cobre y las plumas.
Bernal Díaz del Castillo, en su Historia Verdadera de la Conquista
Por el mercado de Nueva España, decía que no bastaban dos días para recorrer el mer-
cado de Tlatelolco, donde se vendían joyas de oro y piedras preciosas,
plumas finas y adornos, objetos de madera, pieles de animales, vasijas de

P
barro, esteras y asientos de tule, yerbas medicinales, jícaras laqueadas,
asan los siglos y siguen vigentes.
huaraches, algodón, entre una variedad de mercadería más, pues en el
Y es que México está en los mercados.
mercado se vende cuantas cosas se hallan en la tierra.
Son por fortuna imagen viva de la tradición, que irradia colores,
En Sinaloa los indígenas tahues y totorames tenían la costumbre
aromas y sabores.
de los tianguis, donde cambiaban las cosas que les sobraban por otras
Aunque con múltiples contratiempos debido a la enorme y cre-
que les eran necesarias, por ejemplo algodón, maíz, frijol, bules, redes,
ciente competencia de las tiendas departamentales, sobreviven.
frutas, pescado, sal, etc.
Se les ve en cualquier ciudad grande o pequeña de la extensa geo-
Al paso de los años continúan como gran centro de reunión, punto
grafía nacional.
de encuentro donde todos se saludan.
¿Quién no ha entrado alguna vez a un mercado?
En el amanecer de cada día el bullicio es común denominador.
En la sociedad primitiva el hombre que producía flechas las cam-
Es la vida del pueblo que da sustento a nuestra cultura.
biaba por pieles, semillas, objetos de barro que necesitaba para su consu-
Se compra carne, fruta, verdura, especias, quesos o se consume co-
mo. Era el trueque directo.
mida casera; también se identifica claramente la figura de la vendedora
El final de toda ruta de intercambio y de los comerciantes era el
de tamales que durante años los expende; a las menuderas, cuyas voces
mercado, lugar especial para ventas y negocios.
cantarinas gritan sin cansancio con su habitual picardía: ¡¡¡aaqqquuíí,
Su importancia en la vida prehispánica fue descrita con admira-
pásele, pásele, lo tenemos gordo y caliente!, en fin, aquellos trabajadores
ción por múltiples cronistas españoles, ya que decían el mercado bien
que han dedicado su vida a esta noble actividad.
podía ser una plaza donde la gente se reunía en determinado día para
No puede faltar la figura de la abastera que intenta convencer al
intercambiar productos, pero generalmente había un lugar delimitado
cliente de que lleve algo más: ¡tengo machaca a 120 pesos el kilo, sin
para este uso que se encontraba asociado de algún modo a las áreas cere-
nervio, mire, limpiecita, pura carne fina!, ¿quiere higadito? Se lo rebano
moniales donde se adoraba a los dioses.
y pulpeo para que nomás llegue y lo guise, encebollado o a la mexicana.
Los mercados eran todos cerrados de unos paredones y siempre
Mire estas costillas, especiales para prepararlas en chile colorado.
fronteros a los templos de los dioses o a un lado, y en el pueblo que se
Nadie escapa al tremendo alboroto matutino-vespertino.
celebraba tianguis ese día lo tenían como fiesta principal.
Hay que ser parte del ritual de la compra, antes de que pierda
Los tianguis eran tan comunes, que no había pueblo que no tuvie-
su esplendor.
ra el suyo al menos un día a la semana.
María Esther Sánchez Armenta 225 María Esther Sánchez Armenta 226
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Los pasos se dirigen a los puestos donde se expenden los productos ¡Mojarra, corvina partidita ya para el cebiche!
que la naturaleza ha permitido fructificar. Cebolla verde, de rabo o cam- ¡Anímese, doña, qué le damos, hay cazuela sin mucha grasa, espi-
bray, que aún huele a tierra húmeda, al igual que las acelgas, arrancadas nazo regional en oferta! ¿Quiere cola de res? Está bien cargada.
recién. Fruta y verdura no refrigerada, sin químicos abrillantadores, sin ¿Nopales, mi niña?, recién cortados y baratos, a cinco pesos la bolsa.
costo adicional por fletes y vitrinas... Abasteros en mercados de Guasave, Guamúchil, El Fuerte, Angos-
Es obligatorio invitar al cliente a detenerse a la compra de las mejo- tura y Mocorito, comparten gustosos instantes de buen humor teñidos
res mercancías, según dicen los vendedores. de picardía, ya que señalan, los clientes, en su mayoría, tienen una ma-
Si antes era común encontrar pollos, gallinas y güíjolos vivos, así nera muy especial de hacer sus pedidos, pero si alguna vez se molestaron
como huevos de rancho, de gallina de corral, todavía calientitos, los mar- pronto se dieron cuenta que no había mala intención.
chantes de hoy continúan con su estrategia de colocar todo a la vista. Señor, ¿tiene lomo de puerco?
Las voces cantarinas se expanden por doquier, en su noble obje- ¿Tiene patas de cochi limpiecitas, sin pelos?
tivo de persuadir. ¿Tiene lomo de res?
¡Pásele, güerita! ¿Tiene hígado de res?
¡Señito, qué le damos? ¿Tiene sangre nueva? (moronga o relleno).
¿Maestro, qué le ofrezco? ¿Tiene rabadilla, patas y buche de pollo?
Atiende al don, ve qué se le ofrece
¡Aquí tenemos la mejor verdura! Ombligo de la sociedad
¡Asaderas “de apoyo”!
¿Busca hojas secas para tamales? Para el profesor e investigador Nicolás Vidales Soto el mercado es refle-
¡Tenemos cebo y cuajo! jo de la vida cotidiana del pueblo, “ahí encuentras los grandes detalles que
¡Lleve el mejor chilorio, chorizo y machaca! forman el sustento de una cultura. ¿Qué comemos actualmente? La verdad
¿Ejotes de reata tiernitos? es que muchas cosas que vienen de fuera, pero lo auténtico se nos pierde
¿Le gustan estos estropajos bien tejidos? rápidamente. A mí me gusta ir al mercado a comer exactamente lo nuestro:
¿Canastas de palma? ¿De qué tamaño necesita? Mire, están bien albóndigas, cocido, cazuela, caldillo con huevo, caldo con papas...
apretaditas. Por ejemplo me encontré en Escuinapa el famoso Tistihuil, cama-
¿Quiere llevar calabacitas regionales para rebanaditas, o para rón en caldo, riquísimo, pero no todo mundo conoce el secreto de pre-
el colache? pararlo. En Culiacán comí un guiso de nopales con garbanzo, carne de
En cualquier lugar de Sinaloa la oferta es similar. puerco con chile colorado. Todo esto refleja, entonces, la supervivencia
En el majestuoso mercado Garmendia, ubicado en el centro de la de una cultura que se pierde, desgraciadamente.
ciudad de Culiacán, para quien no está acostumbrado causa extrañeza Antes de que hubiera periódicos era el espacio donde la gente co-
escuchar las repetidas expresiones a cada paso. mentaba las cosas, el mundo, el ombligo de una sociedad, ahí transmitías
¡Agua m’ija! ¿Quiere agua, de qué sabor le damos? Ándele, pa’l calor. noticias, mitotes, entrabas a comprar, a vender, era el reflejo de la socie-
¡Menudo limpiecito, pásele, hay pata, tripa de leche! dad, y eso lo hemos perdido, la gente ya no va a comprar, dirige sus pasos
¡Carne asada pa’l bistec, pulpeadita! a las tiendas de autoservicio, pero ¿acaso no vale la pena recuperarlo?

María Esther Sánchez Armenta 227 María Esther Sánchez Armenta 228
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
En la República Mexicana los mercados tradicionales coexisten Pasan los siglos y siguen vigentes.
con los funcionales supermercados. Sinaloa está en los mercados.
La aparición de los supermercados alrededor de los años treinta en Albergan historia, cambios, costumbres y tradiciones que forjan
nuestro país, de acuerdo con los publicistas, son sinónimo de moderni- pacientemente el mosaico pluricultural del cual somos por fortuna
dad y registran creciente proliferación. testigos y partícipes, llevan implícita la identidad de sus pueblos, y más
La exhibición masiva genera nuevos hábitos de consumo, induce relevante aún es que presentan un rostro humano.
al cliente a comprar más de lo que tiene pensado, la diversidad es pues,
invitación al consumo... al fin y al cabo se atiende uno mismo.
Por su parte, destacan en la Ciudad de México el mercado de La
Merced, la Lagunilla, el de Jamaica, La Viga, la Central de Abastos, con-
siderada la más grande del mundo, ya que surte a los pequeños comer-
ciantes que compran al mayoreo y recibe casi la mitad de la producción
agrícola nacional.
Entonces, si registra tantas ventajas, ¿por qué no desplaza al co-
mercio tradicional?
Los mercados públicos, populares a todo lo largo y ancho de la
geografía sinaloense, se ubican por lo regular en la zona comercial, en
donde se puede encontrar prácticamente de todo.
Terminal de camiones, zapaterías, tiendas de ropa, misceláneas, flo-
rerías, taquerías, cremerías, abarrotes, tlapalerías, huaracherías, joyerías,
tiendas de música, farmacias, paleterías, eléctricas, sombrererías, merce-
rías, ferreterías, entre las que no pueden faltar las fondas con birria, cabeza
y comida corrida, siendo los comensales más asiduos los provenientes de
rancherías y poblados que vienen a surtirse de provisiones o utilizar los
servicios de las ciudades cercanas.
Cierto es que la sensibilidad, el romanticismo que hace más lleva-
dera la vida cotidiana, aparece espontáneo en la convivencia temprane-
ra, en la atención personal entre comerciante y consumidor, donde hay
cabida al hilo conductor que bendice la existencia a través de la comu-
nicación social.
Sin la aparición de la luz eléctrica, y tiempo después, cuando no se
tenía capacidad de compra de los recién desempacados refrigeradores,
simplemente se vivía al día con lo rigurosamente indispensable adqui-
rido en el mercado.

María Esther Sánchez Armenta 229 María Esther Sánchez Armenta 230
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dades conocidas y por conocer. Usaba, como buen charlatanazo, un
disfraz, una túnica de aspecto oriental. El producto que vendía era el
“famoso” aceite de San Jacobo, un elíxir infalible para todo. Se trataba,
claro, de Rafael J. De Meraulyock.
Pronto, con el producto de su argüende, Meraulyock se fue a Pue-
bla, y de allí a triunfar con su desfachatez a la Ciudad de México. En el
El merolico y su torbellino de palabras proceso, su apellido de tan difícil pronunciación, fue convertido popu-
larmente en “Merolico”
El merolico reúne a la gente, a una bola, frente a él, irrumpe en los

S
oídos de los transeúntes al pregonar como un verdadero profesional for-
on hombres en su mayoría. Algunos los llaman gritones, vendedo-
mado en la institución de la vida y cultura tradicional de los pueblos, las
res de todo, mercachifles de la palabra, pregonero popular, vende-
bondades de su mercancía en venta, y captura por algunos minutos la
dor ambulante, y los ubican en el rango de los charlatanes, psíqui-
atención del público en un alarde creativo para convencer.
cos, videntes, hipnotistas, curanderos...
Antes, se dice, era más frecuente ver en Sinaloa a los que vendían
Famosa, o mejor dicho, famosísima la frase que identifica a estos
tónicos milagrosos, que decían traer el remedio para curar desde una
comerciantes: “Señor, señora, que no le digan, que no le cuenten”.
migraña, hasta la enfermedad más grave que la ciencia no podía. Con
En esta diversidad sobresalen las características de que hablan a ve-
toda la exageración que podían señalaban con su rollo mareador, la
locidad sostenida, con su voz y tonada que raya a veces en la monotonía
magia de sus mejunjes.
por lo repetitivo de su torbellino de palabras.
Pero el merolico forma parte del folklore de los pueblos, que con
Para Mauricio-José Schwarz, en su crónica El Retorno de los Char-
su picardía popular intentan vender desde una cobija, utensilios para el
latanes, un merolico es alguien que puede hablar durante larguísimo
hogar, tónicos, ungüentos, jarabes desparasitadores de lombrices, y su
tiempo soltando un rollo asombroso, interesante, incluso, apasionan-
figura por lo regular es común en las ferias de los pueblos, quizá por ser
te... y absolutamente vacío.
un espacio abierto propicio para pregonar su vendimia.
Su capacidad de hablar de manera apasionada, supera a veces hasta
Y esta vendimia, esta economía informal, se convierte en todo un
a los cronistas deportivos y a locutores de radio.
espectáculo, ya que se dice contratan a personas (paleros) para simular
En la segunda mitad del siglo 19 llegaba a México un tal señor
tener muchos compradores, quienes se muestran muy atentos a la ver-
Meroil Yock, Meraulyock o Van Merlyck, según señala el Diccionario
borrea insuflada, a las frases hechas, y por supuesto, un especial interés
de Mexicanismos, de Guido Gómez de Silva, y su apellido dio naci-
por las maravillas de las mercaderías.
miento a la palabra.
¡Amigo, amiga, aquí está lo mejor, lo más barato para su familia!
La doctora Claudia Agostoni, investigadora histórica, relata en la
Mire, señora, le pido, le solicito, le sugiero que vea, note, obser-
revista Estudios de Historia Moderna, que en 1864 ó 1865 llegó al puer-
ve, contemple, sienta, toque esta cobija, matrimonial, vea los dibujos,
to de Veracruz, en un barco con bandera francesa, un hombre polaco
tiéntela, suavecita, ¿no le gusta el tigre?, se la cambio por ésta, o esta
“de extraña y agitada melena rubia, largos mostachos y espesa barba
otra, escójale, le doy la que usted quiera o desee. Y qué cree, aquí está
que le caía sobre el pecho” y que afirmaba ser un ilustre médico, un
una más, para el niño, y ésta para la niña, todo lo compraría usted en
diestro dentista y poseer fármacos infalibles para todas las enferme-
María Esther Sánchez Armenta 231 María Esther Sánchez Armenta 232
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
otro lado por 800 pesos, yo le doy el paquete a 600, mejor no, a 500, “Ya vas a empezar a meroliquear”. Hablar, hablar y hablar sin decir
y pa’ que se lo lleve y no la piense más, mire este bonito cobertor de nada pero haciendo que parezca que sí se dijo. (Hablar de más).
regalo, anímese señor, y pa’ que se decida, pa’ que no dude más, no lo “Hablas como merolico de feria”. Hablar mucho y decir poco.
va usté’ a creer, sólo déme 400, sí, oyó bien, último precio, amigo, ¡qué “Reproducimos como merolicos lo que otros dicen”.
bárbaro!, ¿eh?, ¡no me medí! Le aseguro que no encontrará una ganga Finalmente el ejemplo más actual, los merolicos-políticos, con sus
como ésta en ningún lado... ¿se lo envuelvo? Híjole, mano, qué buena eternas campañas de proselitismo... de múltiples promesas.
compra acaba usted de hacer.
Y si de merolicos modernos, electrónicos, se trata, en primerísimo
lugar se ubican los infomerciales que forman parte normal ya de la pro-
gramación de cualquier canal, todos los días y a cualquier hora. ¿Ejem-
plos? Demasiados.
Su común denominador: súper precio, oferta única, lo máximo,
ser portadores de la única verdad, lo máximo en el mercado.
¡Lléveselo a precio único, increíble. Llame ahora al teléfono que
aparece en pantalla! Satisfacción garantizada.
¡Ya no sufras, no te dejes vencer!
Testimonios:
“Ahí estaban las horribles chaparreras, pero con esta crema, miren,
ya no tengo nada”.
“Me decían la jamonera, pero ya recuperé mi autoestima. Este sis-
tema es fabuloso, sensacional, efectivo, guau, ya cambié de look gracias
a esta maravillosa crema reductiva”.
¡No más revolveras! Ahora sí ya no se ve la cadera ancha.
“Me ha cambiado la vida una sola llamada”.
¡Llama ahora. Satisfacción garantizada. Único sistema capaz de
acabar con la grasa acumulada que otros no pueden. No lo pienses más.
Oferta especial con una gran sorpresa por tiempo limitado. No dejes pa-
sar esta gran oportunidad para realizar un cambio en tu vida y tendrás la
figura que siempre has deseado. Te lo recomiendo!
Los pregoneros populares, sí, aquellos que montan su tienda en
las ferias para vender cobijas para el frío, esas que sí aguantan, que sí
calientan, o vendedores de loza y utensilios para el hogar, poco se les
ve, ya se van de nuestras calles, pueblos y ciudades, pero dejan su he-
rencia en la jerga idiomática:

María Esther Sánchez Armenta 233 María Esther Sánchez Armenta 234
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Se le ve ocasionalmente en rancherías y pueblos de la República
Mexicana, pues su lugar lo ocupa ya el molino manual, eléctrico, y
electrodomésticos como la licuadora, procesador de alimentos, su-
mándose a este cambio la industria moderna que ofrece gran variedad
El metate con mano de piedra; de productos molidos.
La historia refiere que este artefacto primitivo fue indispensable en
de la cocina al olvido la cocina prehispánica, imagen fiel de los hogares mexicanos. Al correr
de los años llegaron las naturales transformaciones, aunque transcurrie-
ron cuatro siglos para el proceso de fusión con la cocina española.

E
Herederos de ancestrales costumbres culinarias. Esto es así por
n el México Antiguo, el Pueblo de Maíz, la cocina era sencilla, de
ejemplo cuando las culturas prehispánicas descubrieron el notable pro-
escaso y rústico mobiliario. Hoy, en plena era moderna, se vuelca
ceso conocido como nixtamal, que permitía despojar a los granos de
la atención sobre lo auténtico, en la riqueza que sobrevive como
maíz del indigesto hollejo (cutícula) que los recubre, mediante el uso de
patrimonio cultural de la humanidad.
agua con cal...
Ligado al trabajo doméstico de la mujer, era el molino de mano en
Y es que el metate ha demostrado una persistencia en su uso digna
América para el maíz.
de admiración, ya que llegó hasta nuestros días integrándose como ele-
-¿Adónde vas? ¡Te echaste hasta la mano del metate!, seguro vas al
mento indispensable de la cocina tradicional.
antro con Graciela, ya que te llevas con ella de comal y metate.
No existe la fecha precisa en que dio inicio la elaboración de torti-
-¡Ay, mamá, hablas como viejita, no te entendí nada!
llas o tlaxcalli, pero en yacimientos arqueológicos muy antiguos apare-
Y es que, ciertamente, las voces de los padres, abuelos, están ahí, en
cen metates y comales que ofrecen indicios acerca de una producción
el binomio ayer y hoy, derivadas de un utensilio otrora indispensable en
que ha sido la principal ocupación femenina durante milenios. La mu-
el hogar: el metate.
jer mexicana debía emplear de 35 a 40 horas semanales para elaborar
El metate, del náhuatl metlatl, se fabrica de piedra volcánica po-
las tortillas para su hogar, ya que por lo general éstas deben consumirse
rosa, gris o negra, tallada en forma rectangular o cuadrilonga, mide
recién hechas y calientes.
aproximadamente 50 centímetros de largo por 30 de ancho, superficie
Cambios. Durante la Colonia, los españoles instalaron molinos de
plana y ligeramente cóncava o curva, que se apoya sobre tres conos in-
nixtamal para procesar el maíz utilizado en las tortillerías, así como los
vertidos o patas del mismo material (uno trasero y dos delanteros), por
molinos de trigo con cuya harina se preparaba el pan.
lo que el desnivel facilita la molienda.
Y en este mosaico sencillo de olores, colores y sabores de nuestra tie-
El metate se coloca a ras del piso, la molendera (mujer) se pone de
rra, no podían faltar los juegos de palabras, el doble sentido y picardía.
rodillas ante él y con las dos manos sostiene el metlapil, es decir, el rodi-
Es más buena pa’l petate que pa’l metate.
llo de piedra conocido como mano de metate, más grueso en el centro
Aunque me den con la mano del metate.
que en los extremos, con el cual ejerce presión para triturar los produc-
Se llevan de comal y metate.
tos en su superficie, en especial granos de maíz cocido o nixtamal para
Con la que entiende de atole y metate, con ésa cásate.
hacer la masa de las tortillas y el atole, o bien, chiles, semillas, vaina del
A muele y muele, ni metate queda.
mezquite, bledo, trébol, chuali...
María Esther Sánchez Armenta 235 María Esther Sánchez Armenta 236
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Y así la laboriosidad de la mujer en el amanecer de cada día, cuan-
do molía el nixtamal en el metate de piedra y hacía las tortillas a mano,
con la llegada de la producción industrial, el desarrollo tecnológico de
molinos y máquinas, si bien la liberó de una pesada carga histórica, se
llevó el auténtico sabor del maíz y dio paso al industrializado.
Vivimos un nuevo escenario sociocultural, un proceso de creciente
internacionalización del capital financiero que transforma a la par, cos-
tumbres y tradiciones, formas de vida, y en el que paradójicamente apare-
cen con singular preocupación los conceptos de rescate y preservación.
A ello habría que agregar el de coexistencia, ya que estamos inmer-
sos en una sociedad abierta, en la dinámica mundial, capaz de modifi-
car todo si no hay una base firme para conservar el patrimonio cultural.
Sólo a través de la educación, del conocimiento de nuestra esencia, será
posible que las nuevas generaciones se reconozcan como habitantes de
un país pluricultural y valoren su idiosincrasia.

María Esther Sánchez Armenta 237 María Esther Sánchez Armenta


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papadzules, chalupas y todas aquellas recetas producto de la imagina-
ción del cocinero.
A diferencia de la época prehispánica, cuando se tenía que ir a la
milpa a cortar las mazorcas tiernas o xilotl, lo que nosotros conocemos
como elotes, para comer el grano de maíz cocido con sal y chile, es de-
cir, el izquitl o esquite, en la época actual sólo hay que dirigir los pasos
Esquites a la carreta del vendedor ambulante o algún negocio establecido en este
giro, para adquirir el producto.
Y es que la planta de maíz nos ofrece el jugo de su caña verde como

E
golosina para preparar bebidas fermentadas; las hojas, también verdes,
l maíz no podía faltar en la cocina indígena.
sirven para envolver las corundas hechas de masa de maíz; con sus espigas
Los nahuas denominaron a la mazorca centli y al grano tlaolli.
se preparan tamales; los jilotes se comen cuando abunda la cosecha.
Así, desde hace más de 5000 años los pueblos del México antiguo
Una plaga del maíz, el hongo llamado cuitlacoche o huitlacoche,
comenzaron el cultivo de este cereal, que con sus múltiples rostros, no
es uno de los más codiciados guisos; con los granos tostados y enmiela-
falta en la mesa.
dos se elaboran los ponteduros; una vez que los elotes se desgranan se
convierten en esquites hervidos o asados.
Irresistible Algunos comensales lo definen como golosina, para otros consti-
tuye un manjar.
Existen páginas y páginas en torno a esta gramínea, su historia, Esquite de elote asado a las brasas.
variedades, producción y su diversidad de usos, tanto para consumo Esquite cocido en agua, aproximadamente una hora.
humano como alimento para ganado vacuno, cerdos y aves de corral, al Mantequilla, crema, mayonesa, queso rallado finamente, chile de
igual que en aplicaciones industriales, como la producción de glucosa, árbol en polvo o de botella, limón, cualquiera o todos los ingredientes al
alcohol o la obtención de aceite y harina. gusto del comprador.
Versátil acompañante, se puede tostar, asar, moler, endulzar, cocer Servido en vaso térmico o de unicel, desechable para conservar el
para elaborar palomitas, pozole de frijol, carne, atole agrio, con miel, blan- calor, en tamaños chico, mediano o grande.
co, champurrado, con chía, de tortilla, de olotes, pasteles, budín, nieves, tor- Para los de grano cocido, primero es necesario cimar los elotes, esto
tas, bebidas de pinole, agua fresca, tesgüino, tamales rellenos de frijol, pollo, es, recortar o tajar el grano con un cuchillo hasta dejar limpio el olote,
puerco, iguana, camarón, queso, chilorio, de dulce, chile y manteca. señalan los vendedores, o lo que es decir, con un cuchillo y en movi-
También al pasar los granos por el proceso de nixtamalización y miento descendente desgranar la mazorca, dependiendo del volumen
molienda, se preparan con la masa tortillas a mano, en tortilladora de se colocan en un recipiente de peltre, en una olla tamalera, o bien, lo que
madera o metal, llamada también de aplastón y de bola, o bien, má- se tenga disponible, hasta que su punto de cocción sea el adecuado.
quina tortilladora automatizada industrial, blancas, pardillas, gruesas, La diferencia del esquite de elote asado es que se cima una vez que
grandes, delgadas, anchas, blandas que se transforman en chilaquiles, los granos han sido cocinados con la acción directa del fuego (en un
enfrijoladas, entomatadas, sopes, tostadas, totopos, quesadillas, flau- asador o anafre).
tas, tacos, memelas, tlacoyos, gorditas, gordas pellizcadas, huaraches,
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Pocos resisten la tentación de este antojo o bocado ligero, ca-
liente, humeante, cuya mezcla de ingredientes le da exquisito sabor
y olor. Su costo es accesible al bolsillo de niños y estudiantes, princi-
pales consumidores.
“Yo lo prefiero cuando salgo con mis amigas el viernes, sábado o
domingo en la tarde, nos damos la vuelta en el carro mientras saborea-
mos un vaso grande”, refiere Lizeth Sánchez.
La molienda de El Valle
“A mí me gusta jugosito porque así al cucharearlo está bien impreg-
nado con la mantequilla”, indica sin ocultar sus deseos de comer en esos

L
momentos uno, María Elena Rodríguez.
os lugareños y compradores “de fuera” gustan de los dulces regionales,
Érika Guadalupe López, por su parte, comenta que: “lo como se-
cuyo proceso de elaboración, dicen, es herencia de la gente de “antes”.
guido, no importa si hace frío o calor, eso es lo de menos, se me antoja
El piloncillo tiene un sabor diferente al que se elabora en el sur del
en cualquier tiempo. Me gusta el picante, así que lo prefiero con mu-
país, éste se siente más dulce y el otro saladito.
cho chile en polvo”.
Es un dulce amanecer; los rayos del Sol aún no aparecen en el
Y aunque cualquiera puede prepararlo, diversas amas de casa
horizonte y ya el olor de la miel de caña se expande como una invita-
argumentan que en realidad prefieren no complicarse la existencia y
ción al paladar.
sólo lo preparan en ocasiones especiales, como por ejemplo un cum-
Las manos se mueven vigorosas para batir el jugo en los enormes
pleaños o en la temporada decembrina, cuando llegan familiares que
cazos de cobre; sin prisa, la actividad adquirirá su ritmo.
viven fuera. Hay que buscar al elotero a temprana hora, pelar los elotes,
Todo está dispuesto.
quitarle muy bien las fibras sedosas, pelos o cabellos, cimarlos y poner-
Los rostros de los trabajadores reflejan naturalidad ante este que-
los a cocer. Servir los vasos en realidad no conlleva prácticamente casi
hacer gastronómico que forma parte de su jornada cotidiana. En unas
nada de esfuerzo.
horas más llegarán los compradores que gustan de los dulces regionales
Curiosamente es difícil encontrar en la amplia bibliografía de re-
que aquí se producen.
cetarios mexicanos y sinaloenses, referencias de este antojo alimenticio
Es la temporada de la Molienda o Trapiche, que dura de diciembre
de ayer y hoy.
a abril, periodo en que la rústica infraestructura básica despierta de su le-
Y si aún dudamos de que la cocina constituye un elemento básico
targo para albergar el preciado producto en sus moldes, canoas, molinos
de la cultura mexicana, que nos da identidad, basta observar alrededor
y maderos fabricados con árboles silvestres de la flora regional, como el
y apreciar que el consumo de elotes y esquites se integra naturalmente a
mezquite y mora.
las costumbres y tradiciones en el noroeste del país.
Para llegar a la sindicatura de El Valle es necesario tomar la carre-
tera que conduce a la cabecera municipal de Mocorito, 17 kilómetros, y
transitar poco después 12 de terracería.
Un poco de polvareda y algunos baches del camino no son obs-
táculo para que el viaje se convierta en agradable paseo, ya que vale la
pena detenerse en “La tierra de los hombres que hablan cantando o
María Esther Sánchez Armenta 241 María Esther Sánchez Armenta 243
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Lugar de muertos”, Mocorito, exvilla, hoy ciudad, pequeño retazo de
la geografía sinaloense cuyas hondas raíces hablan del conglomerado
humano de indios, españoles, misiones jesuitas y agustinos que un día
habitaron este lugar.
Apreciar las casonas en la zona central, la legendaria Parroquia de
La Purísima Concepción y El Portal de los Peregrinos con elementos del
siglo 16, son una muestra de lo que se puede visitar en pocos minutos.
Al continuar el recorrido se llega al poblado El Valle de Arriba, como
se le identifica, ya que existen también Valle del Medio y Valle de Abajo.
Pronto el interés por observar los pasos en la elaboración de los dulces se
manifiesta en una y otra interrogante; “la gente que no conoce la molien-
da es muy curiosa, quiere saber todo”, refieren los trabajadores.
El proceso inicia desde que se efectúa el corte de la caña sembrada
en dos terrenos cercanos al arroyo y se arrima a los patios. Entre 10 y 12
tallos se introducen cada vez en el molino que funciona con tractolina,
para extraer el aguamiel, que se recibe en un registro donde una man-
guera lo conduce a una pila, de donde pasa a los cazos de cobre revesti-
dos de madera en su interior y colocados en el horno.
“El horno trabaja con diesel; el soplete jondea la lumbre hacia
adentro y por la chimenea se desfoga el humo”, explica con sencillez
Efrén Amarillas.
Y agrega que decidieron moler sólo los fines de semana, porque la
gente ya no quiere sembrar caña en sus terrenos de temporal no sólo por-
que es una cosecha al año, sino porque están convencidos que no paga.
“Nosotros somos 12 personas en esta pequeña industria, seis en
la producción de materia prima, que se empieza a batallar desde marzo
hasta diciembre, y seis en lo que es la molienda, o sea, la elaboración de
los productos”.
Atraídas por el dulce, cientos de abejas revolotean con familiari-
dad entre las personas y en las rústicas instalaciones; un poco de temor
invade a los que llegan, pero los que están acostumbrados a su presen-
cia, argumentan con la franqueza y sonrisa espontánea característica
de la gente campirana que “no pasa nada, nada más no hay que aplas-
tarlas porque entonces sí pican”.

María Esther Sánchez Armenta 244


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Con una cuchara gigante se revuelve una y otra vez la miel, hasta Agrega que es importante conservar las tradiciones, “en especial
que mojando sus dedos en agua fría uno de los experimentados traba- ésta, porque es herencia de mis padres, es herencia para mis hijos, a los
jadores los introduce al líquido hirviendo para “medir” su espesor y que ya enseñamos a querer este trabajo. Así como a Mocorito lo identifi-
decidir si tiene el punto exacto para empezar a fabricar apanizadas, mel- ca su chorizo y chilorio, así a El Valle, la molienda”.
cochas, melcochas jaladas y los piloncillos con y sin cacahuate. “Mi papá empezó con molino de madera, después jalado con bes-
Aquí en este momento se actúa con rapidez para que no se cuaje tias, y ahora está el de diesel”.
antes de llegar a los moldes. Destaca que los visitantes más asiduos son de Guasave, más que de
ninguna otra parte, aunque vienen de Culiacán y Guamúchil también.
Natural, sin conservadores En diciembre es cuando se registra mayor movimiento por las personas
que vienen de vacaciones, y “los que viven en el otro lado (Estados Uni-
La elaboración de cada dulce tiene características muy especia- dos) compran mucho para llevar”.
les. Por ejemplo, para obtener la apanizada se echa la miel ya recocida En esta fabricación 100 por ciento natural, la gente muestra gran
en una base de madera, se le agrega cacahuate y se revuelve con una preferencia por la conserva de papaya, el producto más laborioso.
espátula. “Aquí el tiempo se mide ‘a buen ojo’, pues si no se calcula Socorro explica: “se compra la papaya, se pone en agua caliente
bien ya no se junta”. para quitarle la leche y no haga daño a las manos; poco después hay que
Otro más es la melcocha, que tiene que bajarse de los cazos un poco pelarla, partirla, sacarle la semilla, hacer tiritas, gajitos que se curtirán en
quemadita, ya que se determina la cantidad necesaria para los pilonci- cal. El paso siguiente es cocerlos todo el día en miel.
llos, se deja que el resto se requeme más, se lava en una piedra de cemen- Pero como el ingenio de los sinaloenses no tiene límites, encontró
to, se le echa la miel gruesecita hasta que enfríe un poco y se jala en un otras formas originales de consumir la miel cocida, acompañada de bu-
clavo hasta que da el punto y se hace blanca. Se vende en trozos, y se le ñuelos, queso, asadera fresca o requesón como postre, o simplemente en
conoce como melcocha jalada torcidita. pan o con una tortilla de harina.
El noroto es la espuma de la miel, al que se le agrega un poco de Y aunque la molienda en su trabajo normal termina, durante al-
jugo de caña. Hay que dejarlo hervir en una enorme tina de cobre, la gunos meses más los nativos y de los alrededores acuden a comprar al-
cual se coloca en un hornillo de leña, alrededor de 5 horas. La tradición gunas piezas de dulce. “No todos los años son malos, y la gente ya sabe
de envolverlo en una hoja seca de elote ya no se usa, ahora se vende en que a veces queda un poco de producto alrededor de dos o dos y media
bolsa o en botecitos. toneladas. Se vende despacio y así nos sirve para irla pasando”.
Los piloncillos con cacahuate tienen un proceso sencillo. Ya que la Los propietarios de esta miniempresa luchan por conservarla y ma-
miel está llegada (en su punto) se baja a la canoa, se le echa el cacahuate nifiestan su preocupación de permanecer, ya que antes había alrededor
y se vacía a los moldes humedecidos previamente para que cuajen. de cuatro, donde los propietarios tuvieron que desbaratar su trapiche,
“A la gente le gustan todos los dulces regionales, compra de vender sus cazos, tablones...
todo, pero creo que les gusta venir a El Valle para pasearse, que chiro- Sus deseos se resumen en pocas palabras, “sentimos mucha alegría
teen los niños en el arroyo, suban al cerro. Traen hasta lonche y pasan que aún quedamos para seguir dando a conocer al pueblo, El Valle, y que
aquí todo el día”, refiere Socorro González, dueña de la molienda que en muchos hogares sus moradores gusten de los dulces que hacemos.
suma ya 59 años. Ojalá y Dios nos conceda seguir en esta tradición”.

María Esther Sánchez Armenta 245 María Esther Sánchez Armenta 246
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Ahí vendía raspados, sodas y por supuesto nieve, la cual fabricaba
utilizando garrafa de manivela, y con una pala de madera le daba vuelta
hasta que cuajaba.
Incontables veces vio a su ser querido cómo la hacía y aún más,
desde pequeño arriba de la carreta recorría, junto con él, las polvorien-
tas calles para ofrecer su producto a los clientes.
Nieve de garrafa “Aunque hace 20 años murió, yo seguí haciéndola, pero suspendí
el trabajo un día que las garrafas ya no sirvieron, hasta que hace como
9-10 años mi mamá me las trajo de México, D.F.”.

A
yer, el sonido cantarino de las campanitas se extendía por do-
quier, hoy la corneta es el símbolo de identificación que causa A la vista de todos
algarabía a los ávidos comensales, a quienes se les hace “agua la
boca” sólo de anticipar el disfrute de la helada golosina. Ciertamente es costumbre popular muy nuestra el comer en la ca-
Se empeña en no desaparecer. lle cualquier golosina, más en fin de semana, en que se aprovecha para
Cada día jóvenes, adultos, y en especial los niños, ansiosos dejan dar la vuelta por el pueblo o la ciudad con amigos o familiares.
correr su mirada por las calles donde de un momento a otro verán apa- Los comensales pronto encuentran a los marchantes, algunos ex-
recer la figura del vendedor ambulante que trae en su carreta o triciclo, penden fruta fresca, mejor conocida regionalmente como pico de gallo,
el preciado antojo. aderezada con sal, chile y limón, esquites, elotes cocidos o asados, aguas
Es una dulce tradición que subsiste gracias al enorme esfuerzo de de sabores, churros servidos en un pedazo o bolsa de papel de estraza,
quienes durante décadas conservan aún el proceso sencillo, rústico, ori- chimichangas y raspados, entre variados y atractivos antojos más.
ginal para preparar la nieve de garrafa. No hay que olvidar los registros históricos que señalan que desde
La época actual con sus modas, inversión de empresas transnacio- fines del siglo pasado aparecieron en el país los canutos o cañutos, es de-
nales, en fin, nuevos gustos en colores y sabores que la publicidad con su cir, nieves cuyo molde era un pedazo de caña; más tarde se fabricaron en
repetitiva difusión incorpora al ser y hacer de los habitantes, está a la par piezas de estaño, los cuales se conservaban congelados y al igual que hoy,
de los cambios que imprime la cultura tecnológica del menor esfuerzo y moviendo la garrafa sobre hielo picado y sal.
ahorro en tiempo. Gustavo Casasola en su libro Seis siglos de historia gráfica de Méxi-
Sin embargo, Martín Serrato no parece brindarle importancia a co 1325-1925 tomo II, describe que al brillar el Sol en la Ciudad de Méxi-
estos factores. Heredero de la receta secreta para elaborar este helado co los “gritones” vendedores ambulantes van desfilando en todas partes
antojo, inicia su rítmica actividad cotidiana con grandes dosis de pregonando su mercancía.
energía y cariño. Se oye el grito agudo sin persistencia, sin calderón, como corta-
Recuerda que durante más de 50 años, su abuelo, Eligio López Bo- do de pico.
jórquez, tenía un puesto en la plazuelita donde hoy es la Plaza de los Tres El pueblo oye con placer este manantial de notas melopégicas (can-
Grandes, en Mocorito, perteneciente al municipio del mismo nombre, to monótono) al grado de no diferenciar el lenguaje de unas y otras.
el cual se llamaba El Bambú. A estos pequeños industriales que no tienen más capital que sus

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
manos, ni más garantía que su trabajo, se les refleja la intrepidez del lu- “A mí me gusta porque es la meramente original, y aunque el di-
chador que va por el pan de cada día. funto Eligio fue el que la inició, este muchacho siguió las andadas del
Cabe decir que las familias se ahorraban muchos viajes al mercado tatita, y nos gusta mucho. No se me olvida que el abuelo de él se llevaba
porque todo llegaba a las puertas de sus casas. con un tambo dándole vuelta y vuelta, a puro pulmón, y ya ve, cómo no
¡Helados de nieveeeeee... canutos nevadosssssss! perdemos el gusto de comerla, oiga”.
¡Helados de nieveeeeee... de limooooooón y lecheeeeee.... canu- Por su parte, su vecina cuenta la anécdota siguiente: “yo vivo en-
tos nevados! frente de donde era la casa de su abuelo, recuerdo que una vez cuando yo
En esos tiempos lo más común era ver cómo los comerciantes era niña estaba en el portal de mi casa mirándolo para ir a comprarle en
equilibraban sobre su cabeza un bote de nieve y hielo, y en la mano una cuanto terminara de darle vuelta a la garrafa, cuando menos me di cuen-
canasta con cucharitas y platos de peltre. ta, volteé y ya no estaba; mis hermanos y yo dijimos: ¡se nos fue ‘Tilín’ el
SABOR CASERO de la nieve, y corrimos afuera del kínder a buscarlo.
Martín Serrato precisa que consigue la leche bronca de vaca desde A veces cuando queríamos comprarle en su casa nos decía: ¡no, no,
el día anterior, para no perder tiempo; temprano la hierve y agrega los no, si les vendo aquí se me acaba y entonces ¿qué voy a llevar al centro?”...
ingredientes de su fórmula secreta.
La vacía a una vasija de acero inoxidable, la introduce a la garrafa ¿Innovación? tradición
de madera y alrededor echa hielo picado y sal. De esa manera empieza
la danza de sus manos y brazos, movimientos continuos en sincronía, Hay muchos comentarios de mi nieve, dice Martín, “a algunos les
interrumpidos brevemente sólo para agregar más hielo y sal, en un gusta el sabor, servida en cono, barquillo o en vaso, y a otros que porque
total de tres ocasiones, hasta que la mezcla queda en su punto transcu- no está bofa, que la hago maciza, a punto de hielo. Es una tradición que
rridas dos horas. pienso a mi vez enseñársela a mis hijos.
“Acto seguido, durante media hora procedo a despegarla, porque Me gusta mi trabajo porque no me mato tanto como lo haría en
se pone casi hielo”. otro oficio. No quiero que se pierda esta tradición pueblerina y además
La jornada continúa, ahora hay que recorrer las calles y tocar la no debemos cambiarlas. A mí me dicen: ponle un motor para que al ba-
corneta, símbolo de que la nieve sabor chocolate, piña o fresa, está lista tirla en la garrafa, ya no te canses; a la mejor es la misma, o no, pero a mí
para degustarse. me gusta conservar lo rústico, natural”.
Un cliente tras otro lo detiene a su paso. No existen grandes fábricas, ni fuertes compañías en escala, ni
Más tarde llega a las afueras del jardín de niños, donde ya lo espe- flotillas para vender este sorbete helado de sabor afrutado, pero insiste
ran sus fieles consumidores, quienes no dudan en señalar su preferencia con sus rústicos instrumentos, no alterar la costumbre de fabricación....
por la de vainilla. quizá en él se arraiga un cariño profundo por su identidad.
Varios coinciden en expresar: “lo único que puedo decir es que es Si las costumbres son esas actuaciones individuales o colectivas a
muy buena; la he probado desde que nací, me quedó, yo creo, grabado las que se llega por repetición, las tradiciones se yerguen como cada uno
en el subconsciente el sabor desde entonces”. de los valores ideológicos, especialmente culturales, transmitidos de ge-
Otros coinciden en que “el joven recibió buena herencia, ya que la neración en generación, y que forman el sustrato psicológico básico de
aprendió a hacer bien”. una colectividad y se traducen en ritos, folklore...

María Esther Sánchez Armenta 249 María Esther Sánchez Armenta 250
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Mil y un detalles conforman el paisaje cotidiano, el entorno, como
las campanas de los templos que llaman a misa, los recogedores de basu-
ra, el vendedor de agua purificada, el carro de sonido con sus altavoces a
todo volumen anunciando la existencia de elotes, sandías, melón chino
o verdura fresca, el tamalero, el pregonero que ofrece conserva de papa-
ya, el vendedor de ajos, plumeros, escobas, macetas...
Tal vez la presencia de los comerciantes ambulantes alrededor de
parques, plazuelas, estadios, escuelas, esquinas y calles de gran circulación,
mercados, o durante fiestas cívicas, religiosas, carnaval, en fin, donde se
reúnen cientos y hasta miles de personas, parece tan común, familiar, que
no da lugar a la extrañeza, pero que con la diversidad de su mercancía con-
tribuyen a reforzar las tradiciones.
Sencillas o elaboradas, ordinarias o extraordinarias, todas y cada
una nos enriquecen como sinaloenses, como mexicanos, al reconocer-
nos en ellas, y ojalá no sea muy pronto el que la nieve de garrafa se enca-
mine a quedar en las páginas de la historia como un recuerdo.
Hasta en el más escondido rincón de la geografía de nuestro país
la oferta de alimentos sintéticos, industrializados, golosina “chatarra”,
es enorme y de ninguna manera se intenta competir con su volumen
de producción, pero sí es decisión personal cultivar el gusto por la gas-
tronomía regional, por sencilla que ésta sea, pero que produce deleite
a la vista y al paladar y a cuyos ingredientes básicos se agrega uno muy
especial: cariño.

María Esther Sánchez Armenta 251 María Esther Sánchez Armenta


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Pérez de Ribas, cuando dijo: “...Dios haya puesto tanta destreza y arte en
esta avecilla para hacer sus nidos”.
Cuando se es chamaco es común, normal, buscar en qué divertir-
se, por ello, fabricábamos nuestros tiradores (actualmente los comer-
ciantes les llaman resorteras), rústicos con horquetas de palo y atadera
de hule, o si había dinero los comprábamos en una tienda del merca-
Nidos de chararaqui do. Ya en el monte buscábamos mucho rato hasta encontrar un nido,
era dífícil ya que había pocos. El juego o el entretenimiento era colocar
piedras en el tirador y así aventarlas hasta tumbarlo. Cuando eres niño

F
ves la altura a la que se encuentran y se te hace inmensa, porque con
lora y fauna en completa armonía, y aunque los montes y matorra-
un gancho aunque el palo esté largo, no los alcanzas. Lo mejor era in-
les en Sinaloa antaño eran espesos, hábitat ideal para una avifauna
tentar pegarle arriba para desprenderlo, a la bola no tenía caso, así no
regional y migratoria variadísima, por fortuna aún el hombre no
se caía, y el que lo tumbaba era el triunfador, coinciden en su recuerdo
ha decidido su extinción.
nativos mocoritenses.
Pájaros grandes, pequeños, bravos, finos, elegantes, de cola larga,
La entrada por la parte superior está junto al cuello, que es delgado,
argüenderos, traviesos, mosaico de colores y canto de sonido especial,
pero el nido se ensancha hacia abajo y termina en una especie de gota.
algarabía mañanera.
Los nidos de chachalaca o chararaca se veían en el Palmar de los
Hoy hablaremos de uno cuyo enorme nido es como una talega
Sepúlveda, Sinaloa, en uno que otro árbol, se tenía que caminar grandes
colgante (80 cms.), dice un enamorado de sus raíces, el destacado es-
distancias para ver otro, están tan bien hechos que ni la lluvia ni fuertes
critor Pablo Lizárraga. “Si lo ves dibujado, pintado o fotografiado en
vientos los tumban.
cualquier parte del mundo, al momento recordarás la tierra y sentirás
No se puede llegar a ellos subiéndose al árbol de guamúchil o de
nostalgia. Su popularidad lo hace tener muchos nombres en Sinaloa:
otras variedades silvestres, porque curiosamente el pajarillo busca su se-
chalangantina, chalangantín, chilandrín, charines, chiricahua, chi-
guridad y la de sus crías, por lo que lo hace muy alto cuidándose de los
lica, tangalaringa, huerecaldillo, guaricaldillo, chachalaca, chirrelín,
animales como las culebras, ratas, gatos, para que no se coman el huevo.
etc., y de acuerdo a nuestra creencia, si construye los nidos muy abajo
El tejido de los nidos es muy resistente, muy cerrado, y cada vez son más
habrá abundantes lluvias, tempestades y ciclones ese año. Si los nidos
escasos en todo el estado.
los hace a la altura media de los árboles, las lluvias serán normales y
Es un paisaje típico de Sinaloa, si bien el monte en la actualidad es
habrá cosechas, y si los nidos los construyen muy altos, ese año será
ralo, menos tupido, aún se les puede ver, por ejemplo, en los municipios
malo y lloverá muy poco. He estado pendiente de esto y lo he compro-
de Cosalá, Sinaloa, Angostura, Mocorito y Mazatlán.
bado en años de observaciones”.
En tu caminar por los rincones de nuestra bella provincia, deja que
Chalangantina, chlanqui nite “Canto desentonado”. Hermoso pá-
la curiosidad te invite a levantar la vista para que admires estos nidos en
jaro córvido característico de Sinaloa. Sus colores fuertemente brillantes
forma de talega o bolsa larga prendida admirablemente de un árbol.
-negro y amarillo- y de canto estridente y desentonado.
Por algo alabó tanto al Creador nuestro cronista del siglo 17, el emi-
nente escritor histórico natural de Córdoba de Andalucía, padre Andrés
María Esther Sánchez Armenta 253 María Esther Sánchez Armenta 254
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Momentos de convivencia inolvidables, indescriptibles.
Todo, absolutamente todo, se disfruta.
Todos ayudan a mamá en la preparación de tamales de elote, puerco,
frijol, garbanzo, ‘tontos’, y los más diversos estilos, de la forma más original,
con masa de nixtamal. También pozole, menudo, carne asada, barbacoa,
birria, o simple y sencillamente antojitos como tostadas, tacos, gorditas y
Valiosos viajeros enchiladas, cualquier comida, lo que importa son esos valiosos momentos
de cercanía y comunicación con los seres queridos.
No se desperdicia un minuto. Hay tanto qué decir, tanto qué com-

P
partir. Meses y hasta años sin verse.
or aire, tierra y mar se trasladan para unas vacaciones inolvidables.
Con entusiasmo contagiante, la música regional, la tambora y
Desde meses la euforia que los invade es contagiante; los viajeros
conjuntos norteños se escuchan, y vaya si se escuchan, durante horas y
presurosos inician su deambular durante Semana Santa, verano y
horas, con el toque especial, que según sus palabras, “le da el estar en la
época decembrina, de Norte a Sur, de Este a Oeste y de frontera a fronte-
tierra, con los paisanos, con la familia”.
ra. Ellos son los queridos paisanos nuestros.
Los habitantes de los 18 municipios, desde la costa a la sierra, brin-
Aquéllos que un día en búsqueda de oportunidades salieron de su
dan como siempre la calidez, hospitalidad y alegría que identifican al
tierra con el sueño de una vida humana mejor, o bien, por azahares del
sinaloense y lo hacen especial, ya que trata a como dé lugar que los visi-
destino, de superación, decidieron radicar en otro lugar.
tantes se ‘sientan de nuevo en casa’.
Sin embargo, aun cuando los años transcurren en su inexorable
El verdor de los valles, los sembradíos de granos y hortalizas, apa-
marcha, conservan un cariño especial para el lugar que los vio nacer.
recen como un espectáculo hermoso, el cual contemplan con éxtasis,
De generación en generación, abuelos, padres e hijos, guardan un
hasta que la mirada se pierde en el horizonte; no se oculta también la
rinconcito de su mente, donde almacenan vivencias imborrables del
satisfacción de disfrutar la serenidad de los médanos, el rugir de las olas
jirón de tierra en el que pasaron una parte de su vida.
del mar y bañar sus cuerpos en las plateadas playas sinaloenses, bellísi-
Esos incansables viajeros van y vienen.
mas joyas naturales del Mar de Cortés y el Océano Pacífico.
Se han convertido en grandes y fieles conservadores de nuestras
No escapan a su contemplación tampoco los más pequeños deta-
tradiciones, costumbres y difusión de expresiones populares de nuestro
lles de su entorno, incluso causa extrañeza verlos cómo admiran el ama-
país y nuestro estado Sinaloa.
rillo o singular rojizo de los atardeceres. Sus ojos se llenan del paisaje
Se muestran más que dispuestos a disfrutar lo harto añorado, entre
y parecieran querer desterrar por un instante la nostalgia que en esos
lo que destaca la celosa selección de la exquisita variedad de platillos
momentos ya no tiene razón de existir.
típicos que ansían saborear.
Viajeros presurosos, hijos adoptivos de otros estados de la Repúbli-
La cocina de la casa, cuyo eje central es mamá, se convierte de
ca Mexicana, y en especial, en su mayoría, del vecino país del Norte, han
pronto en el lugar preferido para la reunión familiar; las manecillas del
adquirido un nuevo estilo de vida.
reloj vagan libremente y las voces resuenan en su frenético andar.
Paradójicamente en Estados Unidos aparece un fenómeno de sin-
No hay horario.
gular importancia, ya que a pesar de provenir de puntos dispersos, la
La tarde da paso a la noche y abraza el amanecer.
María Esther Sánchez Armenta 255 María Esther Sánchez Armenta 256
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
sangre latina los hermana en una gran comunidad, pues están unidos
en el mismo sueño: luchar por mejores niveles de bienestar.

Hasta pronto

Más tarde, la realidad se impone, toca su fin.


Los preparativos para la partida se convierten en todo un ritual.
Hay que llevar productos típicos como el chilorio, chorizo, carne
machaca, jamoncillos, conserva de papaya, asientos de puerco, coricos,
bizcotelas, pan de trigo, marquetas de camarón, queso y asaderas “de
apoyo”, y tantas otras cosas más, para regocijo de las pequeñas industrias
caseras y del comercio organizado, que expenden este tipo de productos.
¡Ah!, y por si no se lo imagina, hasta escobas de vara son llevadas
para barrer la ‘yarda’.
La música como ‘souvenir’ no se queda a la zaga.
Discos y casetes se compran en cantidades considerables, “aunque
allá también venden, no importa, trae más ‘chiste’ llevarlos desde aquí”,
para ser escuchados diariamente “cuando estemos lejos”, y lo más fuerte
que se pueda, durante algún festejo.
Aun cuando de manera natural aprecian nuestras tradiciones,
sus tradiciones, la distancia le otorga un enfoque especial a aquello
que extrañan.
Por eso y por el gran amor al terruño que los vio nacer, y por el cor-
dón umbilical que los une, esos paisanos nuestros son valiosos viajeros
que van y vienen una y otra vez, su presencia contribuye a la aportación
de divisas y a la reactivación económica; también a conservar la esencia
de las festividades civiles, religiosas y culturales.
Así, listos para emprender el retorno, la emoción de su presencia
perdurará en nuestro corazón, hasta su regreso.
¡Buen viaje!

María Esther Sánchez Armenta 257 María Esther Sánchez Armenta


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Argumentan totalmente convencidos quienes lo usan tanto en la zona
urbana como en el campo, que no es exclusivo para sonarse la nariz y
limpiarse el sudor, también como morral para lonche, y hasta para guar-
dar tabaco, que sí seca, además de rápido de lavar y no destiñe.

Paño, pañuelo, paliacate Indispensable

La temperatura varía según la hora del día y el mes del año, de ahí
que la ubicación geográfica, el relieve y la cercanía del mar, también oca-

E
l aire los mece suavemente al colgar de los tendederos de cuerda sionan cambios en el clima, por lo que en Sinaloa en la mayor parte de
nylon, piola, mecate de ixtle o alambre, colocados en patios, azo- su territorio predomina el cálido, más intenso en la costa.
teas o balcones. Por ejemplo, a principios de junio se registraron temperaturas máxi-
¿Desde cuándo son fieles acompañantes?...Desde siempre, de toda mas a la sombra de hasta 47 grados centígrados en la zona norte de Sina-
la vida, es la respuesta de múltiples nativos que no olvidan traer como loa, en el poblado de Huites, y de 45.5 grados en Choix, según informó el
parte de su vestimenta un pañuelo. jefe del Servicio Meteorológico de la Caades, Manuel de Jesús Ortiz Acos-
Antes, el original, agregan, era el paño colorado con adornos de ta, quien pronosticó que continuará haciendo calor en todo el estado. Por
hojas o grecas negras; muchos le llaman también pañuelo rojo, paño supuesto, ello obliga a los pobladores a secarse constantemente el sudor.
colorado, la costumbre de nombrarle paliacate llegó después. En su estanquillo Esthela Montes coloca a la vista, al paso de los
Escudriñar en el origen de este trozo de tela cuadrangular, accesorio transeúntes, decenas de pañuelos multicolores con dibujos de flores,
indispensable que acompaña a un sinnúmero de personas, en particular grecas, motivos religiosos, donde destaca la imagen de la Virgen de Gua-
a las del campo, es decir que ya se aprecia en las obras de arte representa- dalupe. Su costo promedio oscila entre 8 y 10 pesos.
tivas de las grandes etapas del arte mexicano y que constituyen valioso “Los señores mayores lo compran mucho, también la gente de campo
respaldo educativo, motivo de orgullo nacional, como el óleo El Jarabe, y los niños o muchachos que van a salir en algún bailable en días festivos
de Manuel Serrano, a mediados del siglo 19. como el Día de la Independencia o de la Revolución Mexicana; tengo de la
También José María Morelos y Pavón (1765-1815), sacerdote y cau- fábrica Paliacates Azteca y también otros que dicen Made in China. No sé
dillo insurgente que de joven se dedicó a la agricultura y la arriería, y decir si son todos de algodón o ya traen alguna mezcla de fibras sintéticas”.
cuya trascendencia histórica registra que al iniciarse el movimiento de “Acordarme del paño colorado me viene a la mente la imagen de mi
Independencia se puso a las órdenes de Hidalgo, quien le encargó levan- tata secándose el sudor, sentado en el patio bajo la sombra de un limonero
tar a la población del sur del país, declarando en 1813 en Chilpancingo con su bastón a un lado”, refiere con nostalgia Emilia de Sánchez.
la Independencia de México, quizá sin proponérselo heredó la tradición Sólo basta detenerse unos momentos y observar a las barrenderas
“A la Morelos”, como lo reflejan las múltiples fotografías existentes don- de calles y jardines, a cargadores o alijadores, o bien, al trasladarse a la
de aparece con el pañuelo anudado en la cabeza. campiña, ver a los cientos de trabajadores que recolectan o pizcan flo-
A la región de Sinaloa llegaban procedentes de Guadalajara y Méxi- res de cempoal, algodón, cacahuate, frijol y todos aquellos productos
co, destacando entre sus características la textura suave, 100% algodón. hortícolas y frutícolas que se siembran en los fértiles valles, entre los

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
que destacan la sandía, calabacita, cebolla de cambray, pepino, beren- mayo y propiciatoria de la buena caza, o las que se efectúan durante la
jena, papa, chile, tomate... Semana Santa, ceremonias mezcla del pensamiento religioso indígena
Las mujeres jornaleras que trabajan de sol a sol entre surcos, estacas prehispánico, con las nuevas enseñanzas de la religión católica.
y plantas, aseguran que para desempeñar con más protección su dura Los principales personajes son los judíos (jurasi en lengua mayo),
jornada cotidiana es indispensable el uso de hasta tres pañuelos para llamados así por el atuendo que usan, el cual consta de un largo paño
cubrirse cabeza, boca y cuello, no sólo por el polvo y Sol, sino también bordado que cubre totalmente la cabeza, dejando libre la nariz y los
para minimizar el absorber químicos. ojos. En ciertas ocasiones llevan paliacates en el rostro para protegerse la
“Dicen que somos unas ‘chuchas cuereras’ porque nos los coloca- cara de posibles raspaduras de la máscara.
mos bien rápido y no se nos andan cayendo, pero imagínese si no supié- Los mayos, nuestra herencia indígena, usan mucho el paliacate y
ramos, pues son parte de nuestra ropa de trabajo, y a veces nos quedamos han conservado su afición por la danza y la música a través del tiempo,
con ellos puestos y ni cuenta nos damos”. que les permite exponer su especial sentimiento artístico y cultural, re-
En los festejos tradicionales de los pueblos, donde se efectúan miniscencia de su grandioso pasado.
carreras de caballos, los jinetes no olvidan amarrarse la cabeza con un Y qué decir de los famosos matachines, una de las danzas más ge-
pañuelo, para evitar que el cabello por la fuerza del viento se les venga a neralizadas dentro de las comunidades indígenas del país, que utilizan
la frente, y también para que el sudor no obstruya su visibilidad. un atuendo sumamente colorido, el tocado es un armazón hecho con
Cuentan los nativos que a Leopoldo “Polo” Sánchez Celis, gober- carrizo o en ocasiones vara de guásima, el cual forran con listones, ador-
nador de Sinaloa en el periodo 1963-1969, le apodaban “El hombre del nan con flores de papel, collares, moños, pero tiene la característica que
paliacate”, porque de alguna forma lo puso de moda en su campaña, lo nunca se pone sobre la cabeza descubierta; para ello utilizan pañuelos
traía siempre anudado al cuello. anudados de tal forma que cubren cabeza y cuello...
Al salirse de las normas establecidas en cuanto a la indumentaria tradi- El maestro de danza folklórica, Antonio López, refiere que son mu-
cional, quizá este político cosalteco quería proyectar una identificación con chos los estados que usan en sus bailes el paliacate, como por ejemplo
el sinaloense del campo al usar una prenda típica como distintivo, que con- Hidalgo, San Luis Potosí, Colima, Tamaulipas, Guerrero, donde en el
tribuyera a la forja de su imagen, de su personalidad. Este político dejó una baile de La Iguana los bailarines lo mueven con destreza. En Sinaloa se
huella tan importante en los escenarios de Sinaloa, que el historiador Nico- usa especialmente el rojo con el grabado tradicional; de alguna forma se
lás Vidales Soto publicó el 2006 un libro titulado El hombre del paliacate. intenta representar a la clase trabajadora de los campos del país. Se anu-
No escapan al ingenio popular las coplas que se heredan de genera- da al cuello debajo de la camisa, para absorber el sudor.
ción en generación, también adivinanzas, el llamado Juego del Paliacate, No hay que olvidar que esta prenda forma parte en mayor medida
donde los niños se divierten durante la hora del recreo, y por supuesto el de las costumbres del hombre de rancho, serrano, por el tipo de activi-
formar ingeniosas figuras con este multicolor pañuelo. dades productivas que desempeña, no así el de la costa, por ejemplo los
pescadores, que incluso andan semidesnudos, es decir, sin camisa y con
Danzas pantalón corto.
El pañuelo, fácil de conseguir y de precio accesible a una gran ma-
Cuánto hay que señalar de esta expresión de carácter mágico, como yoría, antes lo expendían “los varilleros”, mercerías y boneterías; hoy
la danza del venado, la más representativa de las tradiciones del pueblo se le encuentra por doquier en cualquier mercado, tienda de ropa, auto-

María Esther Sánchez Armenta 261 María Esther Sánchez Armenta 262
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
servicio, que aunque ha sufrido modificaciones en su colorido, diseño y
reducción en su tamaño, su uso es tan variado hasta para usarlo como
mascada, corbata y adornar sombreros cuando se va a la playa o a paseos
donde es necesario protegerse de los rayos solares.
Muchos nativos aún atesoran el recuerdo del pañuelo recién
lavado “con olor a limpio, a jabón de pasta Azul o Sol, en los ya le-
janos años 30”.
Una prenda que encierra encanto peculiar, y que por fortuna es
aún rasgo de identidad de quienes han decidido conservar su uso inde-
finidamente como testimonio de un sencillo hábito en la vestimenta de
los nativos de estas cálidas tierras.

María Esther Sánchez Armenta 263 María Esther Sánchez Armenta


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
les, y claro está, Las Cabras, donde se realiza a fines de mayo la popular
Fiesta del Mar de las Cabras, que reúne a cientos de visitantes.
Asimismo, a Escuinapa se le considera uno de los principales ex-
portadores de mango, cuyo fruto ha logrado proyectar a los mercados
de Holanda, Suiza, Bélgica, Francia, Japón y los Estados Unidos de Nor-
teamérica.
Gastronomía: El paté de camarón Originalidad. Mucho qué decir y conocer, como los famosos ta-
pos, sistema típico, rudimentario de pesca, para represar el camarón,
de ahí que es obligado hablar de la comida que se prepara con los pro-

E
ductos del mar.
scuinapa, pueblo del mar, naturaleza hirviente en los hombres y
Si bien hay platillos que han desaparecido de la cocina escuina-
mujeres que saben del disfrute cotidiano en los placeres de un arte
pense, como los ostiones en caldo sazonado con orégano, los olanes
culinario que aún nos sorprende.
de callo de hacha y el estofado de caguama, otras recetas se han em-
Es la puerta sur de entrada a Sinaloa.
pobrecido y algunas más modificado, pero lo más importante es que
De rico pasado prehispánico.
al paso de los años se valora aún la tradición, no importa que la cocina
Importante productor y exportador de camarón y mango.
moderna adopte diferentes técnicas y sensibilidad contemporánea. Su
A 98 kilómetros al sur de Mazatlán y a 313 de Culiacán.
riqueza es inagotable, ya que cada región de la República Mexicana
Y en este viaje por lo nuestro es posible contemplar planta-
posee especial y típica materia prima que permite la elaboración de
ciones de mango y empacadoras, viveros, granjas avícolas, ganado
recetas auténticas, que matizan y corroboran una realidad múltiple,
pastando, además de la hermosa panorámica que brinda la Sierra
peculiar y suculenta.
Madre Occidental.
Porque sin lugar a dudas parte de la cultura de un pueblo, elemento
Pequeñas y sencillas poblaciones se integran naturalmente a la
forjador de identidad pero también de alegría y placer, la constituye su
acuarela del paisaje: Aguacaliente de Gárate, El Huajote, Tablón No. 2,
comida. Sí, esos platillos que van desde la elaboración más sencilla, has-
Tablón Viejo, Tablón No. 1, Las Higueras, la ciudad de El Rosario, 13 ki-
ta la preparación exótica. Por ello, siendo tan pródigas nuestras costas,
lómetros de recorrido más y se llega a Escuinapa de Hidalgo.
difícilmente se desaprovecharía el preparar deliciosos manjares.
Escuinapa colinda al norte con el municipio de El Rosario y al sur
Entre el menú regional que constituye un atractivo especial para
con el estado de Nayarit, de ahí que a los nativos no les molesta ni resulta
los visitantes de cualquiera de los restantes 17 municipios, de nuestro
extraño escuchar comentarios sobre el acento costeño sinaloa-nayarita
país y el turismo extranjero, destaca el atole de ciruela, arroz con ostio-
en su habla cotidiana.
nes, almejas con huevo, tacos dorados de camarón, gorditas de manteca
Potencial de desarrollo. Rincón provinciano que no oculta su pasado.
de res y de gallina, tejuino, tixtihuil, camarones rancheros, cocidos, em-
Caminar por sus calles es admirar la bellísima arquitectura ecléc-
panizados, en ensalada, empanadas, los tamales botaneros, de camarón,
tica del Palacio Municipal, la plazuela Ramón Corona, la iglesia de San
picadillo y barbones, y por supuesto el paté de camarón.
Francisco de Asís, y por supuesto, constatar la hospitalidad de los escui-
Mosaico de olores, colores y sabores inigualables en nuestra coci-
napenses, quienes se enorgullecen de las famosas playas de Teacapán, y
na, así, el exquisito paté, el auténtico, se puede degustar en abundantes
el acceso a otras de hermosura inigualable como La Tambora, Los Ánge-
María Esther Sánchez Armenta 265 María Esther Sánchez Armenta 266
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
porciones como aperitivo, bocadillo, botana o entremés, acompañado
de tostadas, totopos o galletas.
La receta de una apasionada de la cocina, la odontopediatra nativa
de Acaponeta, Nayarit, pero radicada en Guamúchil, Anahogui Nonaka
de Santiago, es la siguiente:

Ingredientes

Camarón cocido y pelado.


Chile morrón.
Chile cola de rata (al gusto).
Ajo.
Limón.
Mayonesa.

Preparación

El ajo y el chile cola de rata se tateman en el comal y se remojan en


limón. El camarón ya cocido, se pela y muele muy bien.
En la licuadora se vacía el chile morrón, el chile cola de rata, ajo y
limón, y se agrega el camarón.
Finalmente se incorpora la mayonesa y se le agrega sal para sazonar.
El paté de camarón constituye así un aderezo fundamental en el
trajinar de la vida cotidiana, preparado con amor y cuidado, con ese
punto especial que sólo la manufactura casera puede hacerlo.

María Esther Sánchez Armenta 267 María Esther Sánchez Armenta


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
hembra es capaz de poner hasta 200-300 huevos (liendres), que darán
lugar a nuevos piojos.
Madres y maestras son expertas en diagnosticar esta parasitosis, al
ver a los niños rascarse de manera continua y fuerte.
Los peines eran de metal, hoy existen eléctricos, pero los más co-
munes y baratos son de plástico.
Peines para piojos El uso inicia desde el cuero cabelludo y se arrastra con un movi-
miento firme por todo el pelo, para que los insectos caigan en un lienzo,
y así aplastarlos con las uñas de las manos; las liendres se extraen de ma-

E
nera manual, pues son difíciles de remover.
l recuerdo provoca reacciones de risa, y se salpica de anécdotas.
Antes había más epidemias, como la sarna, jiotes, nacidos (cla-
Esto es así porque espulgar era y aún lo es, aunque en menor medi-
villos), tiña y piojos. Además, había quienes tenían más “humor”
da, una costumbre de la vida cotidiana.
para criarlos.
Epidemia democrática que no distinguía clases sociales en alum-
Los recuerdos se agolpan presurosos y María Elena Torres Sán-
nos de escuelas públicas y privadas.
chez, ríe a carcajadas al referirse a la orden de mamá que más se temía
Las madres de familia después de terminar las múltiples labores
en la infancia: ¡tápate la cara y recarga las manos en el lavadero por-
diarias, salían al patio o al frente de la casa, cada tarde aún con luz del
que te voy a echar flit! Y así, sin conocer los efectos tóxicos, con una
día, a espulgar un rato a una hija, después a otra, y así, hasta disminuir el
bomba manual se impregnaba la cabeza, colocándose durante horas
problema del empiojamiento.
una bolsa de plástico.
“Estás tupida”, “te volviste a poblar”, “te blanquea la cabeza”,
En las casas se oían gritos: ¡si no te cuidas de las piojosas voy a tener
“te surtiste”, expresiones frecuentes para señalar que estos pequeños
que usar jabón del perro agradecido; ¡no te juntes con fulana porque te
insectos de color gris, café o negro, que se alimentan de sangre hu-
los va a pegar!, ¡eres la madre de todos los piojos!, ¡te voy a pelar, chama-
mana para sobrevivir y que ponen huevos (liendres) en el pelo, las
ca piojosa!, ¡no te buigas (muevas)!
habían invadido.
Por fortuna, para combatirlos existen ya múltiples y económicas
De esta plaga histórica, científicos la han encontrado en cueros ca-
soluciones piojicidas que se compran en cualquier farmacia.
belludos de momias egipcias antiguas; incluso, se afirma que Cleopatra
tenía su propio peine fino de oro.
Estos parásitos viven en la superficie del cuerpo humano, espe-
cialmente en la cabeza. La infestación se llama pediculosis. No tienen
alas, se arrastran y viven en el cuero cabelludo de las personas. Se ali-
mentan en cantidades diminutas de sangre, lo que causa una intensa
comezón sobre todo en la nuca y detrás de las orejas; tienen seis patas
que terminan en pequeñas garras con las que se adhieren al pelo, y una
pequeña cabeza con un aparato bucal preparado para picar y succionar
sangre. Su promedio de vida es de 30 días, y durante ese lapso cada
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
tate, al que dentro de los términos costumbristas se le define como una
estera tejida con hojas de palma que los indígenas usan como colchón y
es parte indispensable del mobiliario de su vivienda.
Petate es una palabra náhuatl, petatl, que efectivamente designa
una estera hecha de tiras entretejidas de hojas de palma que sirve para
sentarse y acostarse sobre ella, así como para tapizar muros, paredes o
El petate decorarlo como tapete (alfombra para el piso de cualquier lugar de la
casa); como ataúd, para secar el maíz y el café; también se elaboran de
tamaño pequeño para usarlos como manteles individuales en la mesa.

E
Los petates se colocaban y aún está vigente esta costumbre, sim-
n América Latina la voz petate se conoce en todo el continente
plemente en el suelo, encima de las camas de correas, catres de jarcia e
hispanohablante.
incluso de la cama aunque tenga colchón, para paliar un poco el clima
Aún es hecho a mano y los artesanos sinaloenses se convierten
cálido, en particular, de las tierras sinaloenses.
en guardianes de esta tradición, que es una expresión de auténtico
Costumbre funeraria prehispánica en Mesoamérica. Los muertos
arte popular.
eran enterrados bajo el piso, entre los muros de las casas; los aztecas inci-
En mercados de Sinaloa se les encuentra a 80 pesos en promedio el
neraban los cadáveres, también adoptaron el uso de cuevas mortuorias,
liso, y a 120 con tiras de colores (pintados con palo de brasil y anilina)
o templos mortuorios subterráneos.
traídos de Puebla.
Las crónicas antiguas describen un depósito cerca de Achiuhtla,
Se enrollan y colocan en lugar seco para que no se quiebren y así
Oaxaca, llamado La Candelaria, que contiene miles de cadáveres en-
garantizar mayor duración.
vueltos en petates.
La historia de la cultura de México es, en verdad, fascinante.
Y es que eso de tender antaño a los muertos para su velación en
Largo desarrollo que no se puede minimizar y menos aún ignorar.
una tarima con petate, cubierto de flores alrededor y arriba del cuerpo,
La laboriosidad de los nativos despierta nuestra capacidad de
era común, los familiares iban al monte a tomar de la flora regional sil-
asombro y admiración.
vestre tabachines, bugambilias, flor de San Juan, de San Miguelito, o las
Es la herencia de la tradición.
rosadas coronitas, para cumplir con el ritual antes de depositarlo en su
Patrimonio cultural vivo.
última morada.
Su valor artesanal se inscribe en la categoría de arte mexicano, fo-
La profesora María Concepción Pérez Camacho recuerda como
lklórico, puro, original, auténtico.
si fuera ayer: “me quedó muy grabado cuando era niña cuando murió
Los dibujos de los códices prehispánicos de México y los relatos
un señor de la sierra de Mocorito, que no tenía ningún familiar. Lo tra-
de los cronistas hispanos de la época de las conquistas, se refieren a
jeron al pueblo para enterrarlo y lo envolvieron en un petate, lo ama-
dos elementos básicos que existían y aún subsisten para dormir: el
rraron con mecate como si fuera un tamal y llevaron al panteón. Yo
petate y la hamaca.
creía que así enterraban a los muertos. Tiempo después vi que cuando
Artesanía. Múltiples piezas se confeccionan con palma, desde esco-
alguien moría llegaba el carpintero y con una cinta medía al muerto
billas, abanicos, costureros, guaris, sombreros, colote (cesto o canasto),
para hacerle una caja, era de pino, muy rústica, después lo metían en
figuras religiosas, navideñas, nacimientos... pero toca el turno hoy al pe-
María Esther Sánchez Armenta 271 María Esther Sánchez Armenta 272
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
ella y dejaban los clavos de la tapadera a la mitad durante el velorio, ya “aprendí desde chamaca, mirando. Recuerdo que de niña me sentaba
en el panteón destapaban la caja para que los seres queridos vieran al al lado de mi abuela a verla tejer. Tejí mucho cuando estaba nueva, sólo
fallecido por última vez y ahí martillaban todos los clavos; cada golpe pensaba en terminarlo rápido para venderlo y agarrar dinero. Ahora sólo
era señal de que ya pronto lo enterrarían, y recuerdo cómo me impre- pienso en su utilidad. De mis cuatro hijos sólo una quiso aprender.
sionaba que en ese momento la gente lloraba mucho más, porque ha- Aunque es cansado, porque duele la cintura al estar sentada en
bía llegado el final, la despedida”. el suelo y por horas en la misma posición, creo que una gente que
Venta. Nativos del norte, centro y sur de Sinaloa señalan que los está de oquis piensa mil cosas que no dejan nada bueno, y al tejer
vendedores andaban por las calles con los petates enrollados, llegaban uno se desenchufa.
a la puerta de las casas y los ofrecían en diferentes tamaños; no se tenía Es muy fresco, cómodo, se descansa a gusto, no se tiene que estar
curiosidad de preguntar de dónde los traían o quién los hacía, simple- lavando, porque entonces se pudre la palma y se hace amarilloso, ade-
mente comprar uno o dos, según las necesidades de la familia. más cuando se estrena para que dure más tiempo y amacice la palma,
En la República Mexicana lugares como Sonora, Guanajuato, San para que se reteja, se rocía con agua y sal.
Luis Potosí, Zacatecas, Michoacán, Puebla y Guerrero, destacan en sus No creo que la tradición se vaya a perder, porque ya tiene muchos
tejidos. El trabajo artesanal lo realizan en pequeñas industrias caseras años, sobre todo en los ranchos de Sinaloa, es cuestión de cada quien el
con equipo mínimo, si bien les exige en mayor o menor medida destreza querer aprender, además la palma nace donde sea, yo uso la del cogollo
manual y artística en la fabricación de estos objetos funcionales, útiles o cerrado, la palma bajita con la que a mi gusto queda mejor el tejido, por-
decorativos que agraden estéticamente. que es más dócil de trenzar, aunque también hay palma alta.
Pueblo petatero. Interesante resulta mencionar que Sabana Grande, El estilo que conozco es sencillo, de ojos, se le llama. ¿Cuánto me
en Puerto Rico, es conocida como la Ciudad del Petate, porque en la re- tardo en hacerlo? No hay prisa, así que tres días y tengo un petate liso”.
gión crece la palma cuyo nombre botánico es Thrinax Morrisii, llamada Irma Valdez vive en la comunidad Santa Quiteria, Sinaloa, ahí
palma de petate o palma de cogollo, que no tiene tronco como la común, hay muchos tejedores, hombres y mujeres, al igual que en los pobla-
y con ella se elaboran diversas artesanías, en las que sobresale el petate. dos vecinos.
Su famoso Festival del Petate nace en 1979 con el propósito de re- “¿Qué quiere saber? Soy ama de casa y le dedico al tejido dos horas
alzar las artes y cultura, mantener vivas sus costumbres autóctonas, tes- en la mañana y una en la tarde todos los días, después del quehacer dia-
timonio fiel de su patrimonio, estampas de su folklore, o lo que es decir, rio. A veces hago para el uso de la familia, otras para venderlos, depende
lo auténtico de su cultura. También en Nicaragua y Honduras existe la del tiempo puedo tardar de dos a cuatro días en hacer uno. Las medidas
tradición de tejer petates. varían, puede ser matrimonial, del tamaño de un catre, de una cuna,
Encontrar a los tejedores sinaloenses es trasladarse al municipio de según las necesidades. A veces los tejo en la mesa, otras en el suelo, se
Sinaloa, mejor conocido como Sinaloa de Leyva, en el norte de la enti- cansa uno porque está sentado y se enfrían los huesos.
dad. Después de la cabecera hay que transitar por caminos de terracería, El proceso es sencillo: primero se corta el cogollo verde, se pone a
donde el paisaje de la típica arquitectura regional con las viviendas de secar extendido en el suelo aproximadamente dos días, cuidando de que
techo de palma se vuelve común. no se humedezca o le llueva porque se mancha. Ya seco el cogollo se moja
La hospitalidad de la gente del medio rural se comprueba de in- y limpia con un cuchillo para destallarlo, adelgazarlo y así quede listo
mediato. Así, Manuela Higuera, de la comunidad La Higuera, explica: para tejer totalmente a mano, no uso agujas de madera o cualquier otra

María Esther Sánchez Armenta 273 María Esther Sánchez Armenta 274
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
herramienta. Durante el tejido se cruzan las palmas, se doblan siempre Sus casas eran de petate, lo cual hizo que a la región del río Sinaloa
para atrás para que no quede reborde y tenga doble vista, es decir, que se los españoles le dieran el nombre de Petatlán, que en lengua nahoa sig-
use por los dos lados, metiendo las tiras cortas y largas una y otra vez, se nifica “lugar de petates”.
aprietan con un cuchillo y así es como se avanza hasta terminar. Las casas tenían la forma redonda con techos cónicos, bardadas de
Me gusta la palma chiquita, la grande es más reseca, se troza a esteras o petates, tipo de habitación generalizado en la región que abar-
cada rato. ca Sonora y Sinaloa.
Hasta vergüenza me da decirlo, pero cuando vienen a comprarle Ocuparon el área que hoy forman los municipios de Ahome, El
a uno los vendedores de abarrotes o de cualquier comercio, pagan sólo Fuerte, Guasave, Sinaloa y parte de Choix.
30 pesos, una miseria. Es cierto que me gustaría que no se perdiera esta También los achires (Culiacán y Angostura) y tamazulas (Guasave)
tradición, pero que la valoren, que nos compren a mejor precio, el tra- llegaron a desarrollar gran habilidad para el tejido de petates, con lo cual
bajo es pesado porque está uno doblado, lleva mucho esfuerzo, más en se protegían de las inclemencias del Sol y les servía como lecho.
tiempo de calor, lo bueno es que los artesanos tenemos mucha paciencia Nicolás Vidales Soto
en este oficio 100% con las manos. Investigador
Y así, alrededor de este trabajo artesanal, no podía faltar la pica-
resca de los refranes y expresiones que ponen sal y pimienta a la jerga
idiomática de los pueblos.
Hay un petatal. (Muchos petates).
Tiene un petazol. (Petate viejo con las orillas destejidas).
Se petatió. (Murió).
A punto de petatiarse. (Casi se muere).
Petatearse. (Morirse, por alusión a que antes se enterraba a los
muertos envueltos en un petate).
De esas pulgas no brincan en mi petate. (Como no le hacen caso en
su conquista, utiliza la ironía de que no están a su nivel).
...Y el petate del muerto. (Que hay mucho más de qué hablar del tema).
Llamarada de petate. (Algo que dura poco tiempo).
Preservar este oficio no cuesta nada, ¿por qué entonces no motivar
a la juventud a desarrollar su potencial creativo en esta tradición?

Sinaloa: Un Estado con Historia

Cahitas. Grupo prehispánico (época anterior al arribo de los espa-


ñoles). Pueblo guerrero, sedentario, agricultor, que también se dedicaba
a la caza y a la pesca.
María Esther Sánchez Armenta 275 María Esther Sánchez Armenta 276
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
desprender un instante el baúl de la imaginación, donde aparecen natu-
ralmente imágenes de chiquillos bulliciosos, traviesos, con permanente
deseo de diversión, que jugaban en su pequeño pueblo o ciudad medio
rancho todavía, en el patio de su casa, en la calle o en cualquiera de los
muchos solares baldíos.
Así llegan al presente el juego de pelota en la pared del 1 al 12, mapa,
La pilingrina conea, matatena (pinyex), salta y la piedra, el chicote, roña, encantados,
bote robado, stop, cinto escondido, brinca mecate, la cuerda, elástico,
media, volibol, la culebra, estatuas de marfil, tacón, hoyitos, toma todo

S
o pirinola, aros, chinchilegua o burra vieja, las escondidas, al súper,
e “pintaban mejor las rayas cuando llovía, además de que se jugaba
calabaceado, la momita, gallina ciega, cebollita, comiditas, cuatrito, la
más a gusto pues no había tierra suelta, y al brincar en el lodo, ¡pas!,
botella, los colores, catotas (originalmente bolas de barro endurecido),
caía el piesón en el cuadro sin resbalarse y no se tentaba raya”
la cárcel, a la casita, la rueda de San Miguel, agua de té (matarile)...
María de Loúrdes Sauceda Avendaño
Juegos sanos, divertidos, acordes a la infancia, inocentes, inge-
¿A qué jugamos?... ¡A la pilingrina!
nuos, rosas, drásticamente modificados y hasta suplidos por el avance
Primera.
cibernético y su mensaje de violencia, poder y competencia.
Segunda.
¡¡Ah!!, exclaman nativos sinaloenses, “fue una niñez preciosa, feliz,
Tercera.
inolvidable, la añoranza es inevitable, pues quisieras, sólo por mencionar
Cuarta.
un juego de antaño, ver a tus hijos o sobrinos cuando van de paseo al mar,
A tirar prenda.
trazar con un caracol o concha el contorno de la pilingrina, escucharlos
Con un pie, con los dos, pisaste raya, yo sigo, casita, ¡gané!... expre-
reír, verlos brincar con entusiasmo, con libertad; pero no, su niñez parece
siones familiares para quienes recuerdan uno de los pasatiempos infan-
perdida, robada, incluso demostrando a cada instante su precocidad”.
tiles más jugados: la pilingrina, peregrina o también llamado, en el sur
Otros más no vacilan en asegurar que en los barrios de “antes” había
del país, avioncito.
una verdadera convivencia, vecindad, se formaban grupos que ansiaban
Infaltable ayer, cobra nuevos bríos entre la niñez de hoy.
la hora de jugar, de platicar de espantos, leyendas como La Llorona, El
No cuesta nada, no exige lugares especiales, ni días, ni horas.
Catrín. “Nos colocábamos a ras del suelo, en rueda, casi en penumbras,
Unos metros de tierra libre de ramas constituyen el escenario ideal.
alumbrados sólo por cachimbas o lámparas de petróleo, pues la luz eléc-
Un poco de ceniza o de cal para pintar los cuadros, y si no hubiere, enton-
trica había sólo en las casas, no en las calles, lo que hacía más emocionan-
ces un trozo de vara o el dedo de la mano es suficiente para marcar el con-
te la diversión cotidiana.
torno; en piso de cemento el trazo se hace con gis (arcilla terrosa blanca),
Aparece también la imagen de nuestros padres, o abuelos, arrullan-
como el usual en el pizarrón que utiliza el maestro en el aula.
do en brazos a los niños, con aquellos cantos que se quedaron en el cora-
zón para siempre, el murmullo de sus pláticas ‘de grandes’, de ‘adultos’,
Torbellinos y nosotros ‘la plebada’, integrantes de familias numerosas, en la edad de
la travesura, suspirábamos porque no nos llamaran a dormir”.
Recordar los juegos de los niños y niñas de ayer, adultos hoy, es
María Esther Sánchez Armenta 277 María Esther Sánchez Armenta 278
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Cómo olvidar que México, entre su gran riqueza cultural, inclu- Los jugadores en su mayoría prefieren mantenerse descalzos, los
ye los juegos y juguetes tradicionales, y que algunos datan alrededor menos, con huaraches o tenis.
de 4 mil años. Los contendientes se preparan con prenda en mano, la cual va des-
Y acaso ¿no es la cultura de los pueblos todo lo que caracteriza la mane- de un tepalcate (cacharro, pedazo de trasto de barro), piedra, pedazo de
ra de vivir de sus habitantes, costumbres, vestido, vivienda y diversiones? jabón o de vidrio, ficha (antaño monedas, cacharpas de a 20 ó tostones);
Muñecas de tela, trompos con piola, baleros, canicas (de vidrio), los más experimentados prefieren papel periódico mojado.
carritos de madera, sonajas, lotería, matracas, escalera, cirquero, boxea- Y aunque los niños de hoy le imprimen ciertas adecuaciones, pre-
dores, cajita sorpresa, pontenis, variedad infinita, pues se pueden fabri- dominan las bases.
car del material que se le ocurra al artesano. Se juega entre dos o más personas.
¿Alguien recuerda los zancos? Aquellos dos palos o tablas (lo La prenda seleccionada es al gusto del jugador.
más grandes posible) a los que se clavaban pequeños trozos del mis- Se trazan los cuadros, cabeza y orejas.
mo material para sostener los pies, y al subirse iniciaba la emoción de Se deja a la suerte o se hace un acuerdo entre las participantes para
un posible “aterrizaje” con sabor a tierra y piedras, pues una vez que decidir quién inicia, o simplemente la que grita más rápido que quiere
se tomaba el ritmo de mantener el equilibrio, se tenía hasta la auda- ser primera, segunda o tercera...
cia de correr con ellos. Se empieza a jugar poniendo la prenda de cada una (o) en el pri-
A los inevitables descalabros, se sumaba el regaño o “pela” pater- mer cuadro, se brinca tratando de no pisar las rayas y el cuadro donde
nal, por las consecuencias de las travesuras. se encuentran las prendas; si se equivoca, entonces sigue el turno a otro
participante.
Como chapulines Se va a la cabeza de la pilingrina y después se devuelve hasta donde se
empezó, y si en esa vuelta no se pisa raya, entonces se avanzan los cuadros,
Sus pies surcan los aires y se exhiben características de habilidad, pero siempre y cuando al tirar la prenda caiga en el cuadro donde iba.
equilibrio, flexibilidad, elasticidad. Ya que alguien hace la vuelta completa, tiene derecho a tirar la pren-
El poeta sinaloense Israel Ureta Montoya señala que “este juego da de espaldas hacia los cuadros; si le atina a uno de ellos o a la cabeza,
centenario, especie de jeroglífico, lo jugaron también nuestros abuelos entonces hace casita, y ya con ella, el participante adquiere el derecho de
en aquellas tardes caniculares donde la diversión era sana alegría. No ha pisar allí con los dos pies; pero si los demás pisan ese lugar, pierden.
sufrido cambios y es una herencia generacional, además de que no es Al final gana el que hace el mayor número de casitas, y el premio es
exclusivo de ninguna clase social pues se juega sin distinción”. declararse triunfador ante los demás.
Para Olivia Pérez, maestra de laboratorio en el Colegio de Bachilleres
del Estado de Sinaloa, “era un reto tratar de ser la mejor, y eso equivalía a Inolvidable
tener más tino al tirar la prenda, brincar alto, agarrar viada para abrir las
piernas al brincar los cuadros y llegar adonde no hubiera prenda; yo era Ciertamente, aunque se cuestionó a historiadores, investigadores y
muy buena, de las mejores, casi siempre ganaba”. al arqueólogo Bernardo Téllez, no se pudo precisar si su origen es prehis-
Listo el pintado o rayado de los cuadros más la cabeza de la pilingri- pánico, asegurándose sólo su centenaria presencia, además de que este
na, los jugadores no esperan más. juego es usual en diferentes partes del país.

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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Así aparece en la retransmisión del programa televisivo El Chavo, y
en el video musical del grupo artístico Spice Girls, pero mejor aún es que
anida en la memoria colectiva de los nativos del solar sinaloense, cuyos
rostros se tiñen de emoción al recordar su atropellada gritería de tantos
y tantos juegos escolares, callejeros, repletos de sueños, energía, espíritu
aventurero, que estimulaban naturalmente la convivencia y valores.
Tradición sencilla que subsiste.
Gritos de júbilo, premio a la destreza al ganador en la pilingrina;
rostro serio, reflejo de los vencidos, que sólo aciertan a exclamar: ¡ya nos
cansamos, mejor jugamos a otra cosa!...

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De todas estas vivencias, una me trae recuerdos nostálgicos: subir a
la enramada a revisar los nidos donde ponían las gallinas, y cambiar los
huevos por dulces en el abarrote del barrio.

Interminable caminar
Pizcador
Ciertamente el hombre, en su afán de perfeccionar los utensilios,
implementos y técnicas de trabajo, ha ido desplazando a sus congéneres
en las labores manuales debido al invento de la máquina.

A
l recordar el “pizcador” de maíz (deshojador), necesariamente Originalmente, la agricultura desde la siembra hasta la pizca, fue
afloran una serie de evocaciones propias de la vida campirana: la totalmente manual, ya que era únicamente para consumo familiar.
recolección (pizca) y amontonamiento de las mazorcas en el cam- Al paso de los años los pueblos crecen, las necesidades aumentan,
po de cultivo; luego el acarreo en carreta tirada por una yunta de viejos y para poder solventarlas se requiere de técnicas, implementos y utensi-
bueyes guiados por un campesino a la manera de Alejandro Hernández lios más prácticos y eficientes que hagan las labores agrícolas más pro-
Tyler, con el dolor rural sobre sus hombros; la carreta, desde luego, pre- ductivas y de mayor facilidad de recolección.
viamente cerrada entre los estacones con ramas de vara blanca. Ubicarnos en los años antes de los 50’s, por la región de Angostura,
Y en esta búsqueda de referentes forjadores de nuestra identidad y municipio del centro-norte de Sinaloa, es recordar un utensilio elabora-
auténticas tradiciones, el director de la revista cultural Brechas, Arturo do de palo macizo como guayacán, ébano, corazón de brasil, y de palo
Avendaño Gutiérrez, dice también que una vez en su destino, las ma- colorado, cacachila y de palo dulce, o cualquier otro de madera dura,
zorcas lanzadas desde arriba de la carreta eran depositadas sobre una instrumento llamado “pizcador”, el cual servía para cortar las hojas que
enramada, con el fin de ponerlas a salvo de los animales. Finalmente cubren la mazorca de maíz.
el montón era “jateado” (tapado) con tercios de zacate, para protegerlo El sistema de siembra y recolección de aquellos años era de la si-
de las lluvias. Hay que recordar que usual era guardarlo en la tasolera o guiente manera:
colote hecho de vara tramada, o en la troje, troja o zacatera. Con la llegada de las primeras lluvias de la temporada de aguas, se
La deshojada casi siempre se hacía arriba de la enramada, con el propó- utilizaba un arado de paleta con puntas de diferentes tamaños según el
sito de que las hojas se quedaran, las que posteriormente se utilizaban como trabajo y tipo de terreno para el barbecho. Esto se hacía para que el agua
pastura para los animales o para hacer tamales. Precisamente en la desho- de la lluvia penetrara y humedeciera mejor el terreno, ya que así se ase-
jada era donde se usaba el pizcador, adminículo hecho de madera dura que guraba una mejor y más fácil germinación de la semilla sembrada.
servía para rasgar las hojas de la mazorca, como una especie de cortapapel. Con las primeras lluvias de la temporada y la tierra a punto, con otro
La desgranada se hacía a mano, utilizando un olote, o bien, con un tipo de implemento llamado “güica” se procedía a la siembra del grano, la
garrote y un cacaste (cacaxtle) elaborado con palos de guásima, donde se cual se hacía en ocasiones arrojando el grano con la mano directamente al
depositaban las mazorcas. Generalmente cuando se trataba de consumo “surco”, y en otras a través de un “bitoque” colocado en la misma güica.
para la casa, era poco y se desgranaba a mano; si era para venta, se hacía Estas labores se realizaban a finales de junio y primeros de julio,
en el cacaste y con garrote. para así esperar los días del mes de noviembre para la pizca; durante el

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nacimiento y crecimiento de la planta había necesidad de cultivar la con granos pintos, es decir, con granos de otro color al del maíz natural,
siembra, que se hacía con otro implemento llamado “cultivadora”; a según la cantidad de granos, ya fueran 1, 3, 8, 10, etc., era la cantidad a
este ciclo se le llamaba siembra de aguas. pagar con mazorcas ya deshojadas; una de las cosas que se decía era que
Una vez pizcados los elotes secos (mazorcas), eran acarreados a los un saco (costal) de 100 kilos agarraba 7 canastas de mazorcas.
patios de las casas de los dueños de la siembra, en carretas de bueyes, Lo que dicho de otra manera es: para llenar un costal al que le ca-
carros de mulas y quizá algún “troque”. bían 100 kilos de maíz, se ocupaban 7 canastos con mazorcas, los que
Ya terminado el acarreo, se procedía a cortar la planta seca (zacate, equivalían a su vez en 920 ó 1015 mazorcas que había que deshojar y
pastura), se hacían bultos (tercios, manojos) amarrados ya con hebras (ti- desgranar para ganar $4.90 (cuatro pesos con noventa centavos por 100
ras) de pencas de maguey o de mecate ixtle, o a granel, y de igual manera kilos de maíz envasado).
que las mazorcas, eran llevados o vendidos para alimento al ganado.
Cuando las mazorcas estaban en el patio de la casa del dueño, se Grano de Oro
contrataba gente para deshojar y desgranar las mazorcas, y en ese proce-
so de deshojado se usaba el pizcador. Innumerables páginas se han escrito del maíz, base alimenticia del
En la labor de deshoje eran varias las personas que trabajaban, y se mexicano. En la cocina de nuestros antepasados prehispánicos no había
presumía la hechura del pizcador, la cual iniciaba con la búsqueda del bebida ni comida en la que no estuviera presente, ya que pudo crecer en
árbol, selección de la rama, medir y cortar el tamaño requerido por la todos los ambientes de Mesoamérica.
mano a usarlo; una vez hecho esto, se empezaba a rebajar y dar forma Además de su gran demanda para consumo humano, es muy so-
tableada y terminar en punta, en la parte del agarre y como marca del corrido como forraje en la alimentación del ganado vacuno, cerdos y
tamaño de la mano, se hacía una hendidura o rebaje a cada lado de la aves de corral, además de un gran número de aplicaciones industriales
mano, delante y atrás, de, o en las cuales se ponía una correa de cuero, como la producción de glucosa, alcohol o la obtención de aceite, harina,
piola o mecate, misma que servía para afianzar mano e instrumento fabricación de fibras de nylon, plásticos, el refino de resinas de madera,
como una sola, para proceder a rajar de abajo hacia arriba el envoltorio la obtención de aceites lubricantes a partir del petróleo y la purificación
de hojas que cubre el nutritivo y sagrado grano regalo de la naturaleza y del butadieno para producir caucho sintético.
descubierto por el hombre desde la época prehispánica. Además, información documental puntualiza que con las mazorcas
Lo que se presumía del pizcador era la calidad o tipo de madera, molidas se fabrica un abrasivo blando; con las de gran tamaño y cierta va-
el tallado y acabado de la misma, el tipo y forma de la correa, pero riedad se hacen pipas para tabaco. El aceite de maíz, extraído del germen
sinónimo de ser un buen deshojador era el más diestro y rápido en su del grano, se consume como grasa alimenticia, tanto para cocinar como
uso. En Angostura, en casa de la Lipa del Taca se pagaba a 20 centavos crudo o solidificado, en forma de margarina; también se emplea en la fabri-
la canasta de mazorcas deshojadas y a 50 centavos la canasta con ma- cación de pinturas, jabones y linóleo. La investigación de nuevas fuentes de
zorcas desgranadas. energía se ha fijado en el maíz; muy rico en azúcar, a partir de él se obtiene
Se decía que a un canasto de los que se usaban le cabían entre 140 y un alcohol que se mezcla con petróleo para formar el llamado gasohol; las
145 mazorcas; algunos deshojadores hacían apuestas, las que más pare- partes vegetativas secas son importante fuente potencial de combustible de
cían una especie de juego, o más correcto, hacían un juego con apuesta, biomasa. En la medicina popular caribeña se usa un líquido obtenido de la
el cual consistía en que si a uno de los participantes le salía una mazorca cocción de los estigmas de las flores femeninas como un buen diurético.

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Nada se desperdicia. Al llegar la máquina desgranadora, el deshojador, así como el ga-
Al pelar el maíz, se extienden sus hojas al Sol para que al paso del rrote para desgranar, pasaron a mejor vida.
tiempo, un día cualquiera sirvan de envoltorio a los tamales dulces o sala- 1.- Mazorca. Elote seco listo para la pizca.
dos, de elote, frijol, de picadillo o los codiciados de masa de nixtamal con 2.- Arado. Implemento agrícola usado en barbechar la tierra a sembrar.
carne de res, pollo, puerco, “tontos” o los famosos “barbones” de Escuina- 3.- Güica. Implemento agrícola usado en sembrar la tierra barbechada.
pa, o lo que es decir, rellenos de camarón. 4.- Surco. Especie de canal hecho por la güica en el cual se iba depo-
sitando la semilla.
Como una vieja postal 5.- Bitoque. Implemento de uso agrícola que se acondicionaba en
la güica, para ir dejando caer la semilla al surco.
Al hurgar en el cúmulo de vivencias parte de la vida y el trabajo co- 6.- Pizca. Cosecha de maíz.
tidiano, aparecen imágenes que aún se vislumbran con extraordinaria 7.- Cultivadora. Especie de arado ex profeso para cultivar la siembra.
claridad e intensidad, y así, en ese despertar, nuestro querido maestro 8.- Mula. Resultado de la cruza de animales burro y yegua.
Sinagawa encuentra sus pensamientos: 9.- Jimador. Rebanador, cortador, cimador.
“María Esther, poco es lo que recuerdo del deshojador de la ma- 10.- Tamo. Paja menuda que se desprende del olote.
zorca de maíz. 11.- Cañajote. Tallo seco del maíz.
Se hacía de un buen ‘corazón’ de mezquite. Tenía que ser de fibra 12.- Cacaxtle. Caja hecha de enrejado de madera.
muy maciza. Al deshojador se le dotaba de un ‘dedal’ que servía para
mantenerlo en la mano que se ocupaba con la otra mano de deshojar lo
que el pizcador había abierto en la punta de la mazorca.
Era una faena doble: romper la punta para deshojarla y lanzarla al
montón. Generalmente, en mi tierra, Angostura, esta faena era realizada
por mujeres y niños porque no dejaba de ser placentera por el hecho de que
tras la maniobra salía la mazorca reluciente y lista para ser desgranada.
Al ser desgranada la mazorca se utilizaba un olote, es decir, un
trozo de olote hacía las veces de un jimador; también muchas familias
desgranaban el maíz con el dedo pulgar, en especial cuando los granos
estaban menos duros.
El maíz, ya desgranado, era trasegado en una canasta de palma a
otra, para quitarle el tamo, ya limpio, entraba a una lata petrolera, aña-
diéndosele cal para el nixtamal”.
Aun cuando hay mucho qué decir, en este recorrido por la vida
cotidiana de antaño, arrumbado bajo la hojarasca del tiempo, el desho-
jador dejó de ser indispensable; cumplió una larga tarea, sencilla pero
necesaria en el campo.

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Lorena López Gámez recuerda que en su niñez en el norteño y colo-
nial municipio de El Fuerte, “el pirulín tenía gran demanda, por lo regu-
lar se hacía ese mismo día, lo que detectábamos de inmediato los clientes
más asiduos, porque era más chicloso y, el de días anteriores, más duro,
tieso, cristalizado, quebradizo, se envolvía en papel de empaque y se sos-
tenía con un palito cuadrado de madera.
Pirulines Los vendían en colores café y rojo, tenían intenso sabor a vainilla;
la manera de comerlo era chuparlo para que durara más, ya que si lo
mordías se te pegaba en muelas y dientes, además la hebra del caramelo

G
no se podía cortar, lo que significaba que se acabaría más pronto.
olosina centenaria.
Era muy común que uno de tus compañeros del salón de clases te
Dulce remembranza que aún no cobija el manto del olvido.
dijera: ¿me das tantito?, eso era el acabóse, había que compartir con el
Rojo intenso que tiñes labios, lengua y paladar en tu cadenciosa
temor de que le comiera mucho. Cómo olvidar el sentimiento de ansie-
danza de sabor.
dad de que llegara la hora del recreo para comprar uno, lamer el trozo de
Por fortuna te encuentras a la hora del recreo, en las salidas de cla-
papel que da forma al pequeño cartucho o cucurucho, donde se había
ses de jardines de niños y primarias, estanquillos (carpitas), abarrotes,
quedado un poco de dulce y después disfrutarlo lentamente”.
ferias y en algunas calles de pueblos y ciudades del solar sinaloense.
Para Juan Manuel Oliva Tapia, vendedor, la gritería de los chiqui-
Tu presencia se suma a las múltiples golosinas de ayer, pepitorias,
llos solicitándole la golosina es señal inequívoca de buena venta.
garapiñados, barrilitos, suspiros, banderitas de coco, peritas, confites
¡Don Juan, déme uno!
(con un cilantro dentro), bastones, manzanas dulces, conos de jamon-
¡Otro a mí!
cillo, y a las infaltables hoy, paletas, bolis, lechuguillas, arrayanes con
¡Yo también quiero uno!
chile, y un sinfín de frituras de harina.
¡Se van a terminar, y yo lo pedí primero!
Golosina centenaria que te abrazas con fuerza a las vivencias de
“Los pirulines los ofrezco en temporada, esto es, de noviembre
una niñez repleta de momentos felices y eterno juego.
a enero, cuando el clima está fresco y es invierno. En tiempo de calor
Pasta de azúcar endurecida, caramelo largo y puntiagudo en forma
normalmente no los fabrico porque ya no reditúa, la gente prefiere con-
de cono, atravesado por un palito que sirve de mango, eres el codiciado
sumir el de hielo.
pirulí, llamado en Sinaloa, pirulín.
El proceso de elaboración artesanal consiste en hacer primero los
Después de jugar en los solares baldíos, entre el monte, al frente de
conitos con el papel blanco (hoja bond), se pone a hervir el azúcar hasta
la casa o en el patio, y descargar durante horas la extraordinaria energía,
darle el punto espeso, posteriormente se agrega el color y sabor, vacío el
siempre existía el deseo de satisfacer el antojo infantil, de preferencia
contenido hirviendo a los conos y dejo de 20 a 30 minutos a que cuaje
una golosina barata.
para ponerle el tubito de plástico, y así queda listo para su venta al otro
Y es que en los años 40 un centavo era suficiente para adquirir un
día, para que pueda despegar el papel del pirulín, de otra manera no des-
pirulín; en el siglo 21, su costo asciende a 3 pesos.
pega. Los coloco con la punta hacia abajo en una tabla rectangular de
Hay que disfrutarlo, saborear lentamente tan especial y apetitoso
madera de pino, la cual tiene 67 hoyitos. En total, dos horas de trabajo.
manjar, poco nutritivo, chuchería codiciada.
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A mis clientes, en su mayoría niños, les gusta la novedad de co- Múltiples lugareños coinciden en que ya se les ve poco a estos ven-
merlos con chile en polvo y chamoy, el cual se sirve en un vaso peque- dedores a diferencia de antes, es decir, hace 40-50 años, que se les encon-
ño de plástico”. traba por cualquier calle de Culiacán, Ahome, Angostura, además de que
Pero, ¿qué les gusta de esta golosina? ahora hay mayor cuidado y preocupación por la dentadura, amalgamas,
Jóvenes responden presurosos: incrustaciones, resinas, brackets, aunque se puede consumir minimi-
-Está súper dulce. zando riesgos, sin morderlo.
-Es barato. El amoroso cuidado en la fabricación casera es testimonio vivo de
-Sabe a fresa. nuestras raíces, que alterna curiosamente pasado y presente en una pos-
-Me encanta chuparlo. tal que retrata a sencilla y dulce golosina.
-Me gusta mucho, muchísimo. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Pirulines, hay pirulineeeeeeeeeeeeees!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Para don Juan participar en esta tradición tiene un gran significa-
do: “es muy bonito porque personas mayores cuando ven el producto,
dicen: cuando yo era niño los compraba pero venían envueltos en papel
de empaque café, el que se usa en las tortillerías, y el palito era cuadrado
de madera. Si les digo que si quieren chilito en polvo y chamoy, rápida-
mente responden que no, no, oiga, déjese de eso, a mí me gusta natural,
como el de antes”.
Esta golosina si bien se fabrica a nivel industrial y se expende por
caja o bolsa, es irregular su existencia en dulcerías de la entidad, entre sus
nombres comerciales están, por ejemplo, El Piruleco Loco, y Chupirul.
A decir del cronista de Mazatlán, Luis Antonio Martínez Peña, el pi-
rulí de azúcar está muy ligado a su vida porque “mi abuela Agustina nos
platicaba que su papá los hacía y ella a su vez los fabricaba al igual que los
gallitos, molde que tenía esa figura, por lo que comer estos caramelos fue
parte de la vida cotidiana, el cual teñían de colores verde, rojo o amarillo.
También recuerdo que a la salida de la escuela aparecía el señor de
los pirulines con su tijera (cruceta de madera con un mecate para cargar-
la al hombro), la cual abría y se instalaba con su charola y el producto; a
uno de tantos vendedores, mi papá, que era carpintero, le fabricó una en
madera de pino o triplay y con el taladro le hizo los hoyos.
Era a todo dar escuchar al de los pirulíes, golosina muy mexicana
que la hemos perdido en aras del consumo de otros productos industria-
lizados. Mi bisabuelo José Cayetano Contreras, que había sido soldado,
al radicar en Mazatlán se dedicó a preservar esta tradición familiar”.

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Recuerdan que en los inicios “se hacían más grandotes, pero luego
empezaron a subir los costos de la materia prima y se fue bajando el ta-
maño, hasta quedar en medianos”.
Muchas personas creen que sólo se elaboran en tiempo de frío,
Los ponteduros: pero no es así, señalan, nosotros los hacemos todo el año pero en menor
cantidad, para que no queden, y en el invierno, como el clima es favo-
¡huele a palomitas! rable, la producción es mayor porque se conservan perfectamente hasta
tres días en la bolsa de plástico en que los colocamos.

Y
aunque esta golosina ya no se encuentra fácilmente, quienes Más gente, más venta
gustan saborearla seguido o de vez en cuando, conocen la ruta
de los vendedores y las calles que recorren en las colonias de los Asegura Gilda que en las festividades donde se reúnen niños y adul-
pueblos y ciudades, o bien, cuando se colocan en las afueras de los jar- tos en grandes cantidades, preparan sus compras con el fin de ahorrar
dines de niños, escuelas primarias a la hora de la salida, en el parque o para que el ingreso ayude a su economía familiar, por lo que adquieren
canchas deportivas. costales de maíz palomero que contienen 20 kilogramos, y cartones de
La gente refiere que hace tiempo eran famosos los gritos de los prego- piloncillo, a diferencia de lo normal, que es adquirir 2-3 kilos en estan-
neros que ofrecían ¡ponteduros de Culiacán!, compre usted ¡ponteduros de quillos del mercado o tiendas de autoservicio.
Culiacán! Aunque su producción y venta no ha sido exclusiva de la capital, “Aquí hay que cuidar mucho que el maíz no desmerezca en su
ya que se conocen desde tiempo atrás en todo el territorio sinaloense. calidad, porque si no no quedará bien el ponteduro, en especial si
Hablar de las raíces de esta tradición es remontarse a la cultura in- está serenado”.
dígena; su materia prima, el maíz, bastión fundamental del surgimiento Son buenos días para la venta cuando hay desfiles, Día de Muertos,
de la cultura maya, olmeca, mexica y teotihuacana; también la columna fiestas de Carnaval, y como son baratos, se vuelven accesibles para to-
vertebral de la economía de las sociedades prehispánicas, ya que este dos. En 1998 tenían un costo de 2.50, hoy valen 5 pesos.
cereal tiene múltiples usos desde hace más de 5 mil años, en que los pue- Su hijo Emanuel en las horas libres que le deja su asistencia a la es-
blos del México Antiguo comenzaron a cultivarlo. cuela y en sus vacaciones, camina por las calles ofreciendo el producto,
De acuerdo con una veintena de entrevistas a personas mayores de cuyas bolsas cuelga en un gancho de alambre.
60 años, se obtuvo la referencia de que ya su mamá y la mamá de su mamá Roque Gaxiola confiesa que en cuanto ve los ponteduros se le anto-
los hacían en casa, por lo que se puede afirmar que este turrón de maíz, jan, le llaman la atención, ya que es como remontarse a la niñez, cuando
palomitas con melcocha, palomitas con panocha, conocido más popu- se estaba plebe, “se le hacían a uno muy buenos, aunque parece que la
larmente como ponteduro, anda por Sinaloa desde el siglo pasado. melcocha de antes era mejor, quizá por el piloncillo, que al paso de los
Gilda Medina de Sánchez y su esposo Martín Sánchez Rueda se de- años lo fabrican más comercial”.
dican a la producción y venta de esta golosina desde hace varios años; Cree que la “ciencia”, el secreto en su elaboración, es juntar el maíz
primero la expendían en Los Mochis, y más tarde, hasta la fecha, en la con el dulce, darle “el punto”, “de todas maneras me los como no como
ciudad de Guamúchil. postre, sino por antojo, porque sabe rico lo tostado del maíz, ¿qué más

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podemos pedir?, pero eso sí, ¡aguas!, mucho cuidado con los arreglos Al brincar las palomitas ya esponjadas y que “salían volando” de la
que nos ha hecho el dentista en la boca, como son los puentes y las in- olla, los plebes corrían a juntarlas del suelo para comérselas.
crustaciones, porque a veces entre las palomitas esponjadas se esconde Era una golosina barata, que se vendía en canastas de palma, en
un granito sin reventar que se pega al ponteduro. un simple cajón, bandeja de peltre o algún cartón que estuviera a la
Elaboración. Los ingredientes son dos: maíz palomero y pilonci- mano. Cualquier persona las hacía, pero obviamente había quienes la
llo de cono. tomaban como negocio.
Los utensilios necesarios son mínimos y consisten en dos ban- Antes se tenía que sembrar el maíz; las señoras le repetían cons-
dejas de plástico, dos cucharas para revolver y para la miel, bolsas de tantemente a su esposo: “No se te vaya a olvidar dejar unos surcos
plástico, un gancho de alambre para ensartarlos y sobre todo... muchas para el chapalote”.
ganas de vender. Los ponteduros, una tradición que la sociedad sinaloense conserva
El proceso dura de una y media a dos horas. por su bajo costo y sencillo proceso, además de que se puede elaborar fá-
A un kilogramo de piloncillo se le echa una tacita de agua, se re- cilmente en casa, y cuyos ingredientes se consiguen en cualquier tienda
vuelve bien, y se está al pendiente para que no se queme, hasta que es- de abarrotes.
pesa la miel. Ciertamente, los cambios se registran en la materia prima con los
El maíz se echa a una olla, “que sólo se use para hacer palomitas que se les elaboró originalmente, y aunque la evolución de las razas del
porque si no se pegan y no brincan”, para que truenen hay que revolver maíz mexicano, la estufa eléctrica, de gas y la tecnología del horno de
y sacudir bien la olla, ya que no queda mucho maíz sin reventar. microondas han sustituido el proceso inicial, el gusto por la golosina
Ya que están las palomitas en una bandeja grande se le echa la miel persiste, porque si bien las tradiciones mexicanas, las nuestras, en este
y se bate, esperando un momento hasta que está manejable -media tibia- caso especial, sufren transformaciones, lo importante es reconocer-
para ir moldeando los ponteduros de acuerdo al tamaño que se desee. nos, identificarnos en ellas.
La cocina regional se enorgullece de que aún no desaparezcan tan- Los ponteduros son, pues, una deliciosa herencia, que se inserta y
tas y tantas delicias elaboradas con las más de 40 variedades de maíz en prevalece en este mosaico regional de formas, colores y sabores.
México, y que aún sea posible deleitar al paladar con tamales de elote,
champurrado, atole blanco con piloncillo o mochomitos, tesgüino, ta-
males de carne con masa enchilada y un sinnúmero más.
Antaño. La variedad que se usaba antes para las palomitas era maíz
oscuro chapalote, después se cambió al pop corn, conocido también
como palomero, y la miel se hacía con panocha cuadrada, oscura, y no
se conocía el piloncillo de cono, usual ahora.
La olla de barro se colocaba en la hornilla de leña y con una especie
de escobeta de vara se movía el maíz, para quizá con el fin de que el ca-
lor reventara de manera uniforme los granos, aunque al fondo de la olla
siempre quedaban algunos, los cuales no se tiraban, sino que se molían
para hacer pinole aprovechando que ya estaba tostado.

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mejor para tirar era Elías Bojórquez Lugo, en el municipio de Angostura,
miraba a un conejo atochado en un matorro y lo espantaba para que
corriera y así matarlo. ¡Tenía una puntería bárbara! Pero, ¿qué plebe no
traía un tirador colgado al buchi?, hasta se dormía con él, listo siempre.
Tiempos de una vida campirana en la que era común consumir alimen-
tos del entorno, como por ejemplo los tlacuaches”.
Tirador o resortera La diversión de “ir de cacería” era tirarle a los pájaros en los árboles,
lagartijas, güicos, ardillas, palomas, conejos, tortolitas, iguanas, culebras,
liebres, chuparrosas, a los piojosos chanates y tumbar nidos, en pocas pa-

E
labras, todo lo que se moviera.
n América Latina se le conoce como resortera, tirapiedras, tiracan-
Por su parte el cronista de El Fuerte, Manuel Lira Marrón, señala que
tos, estiragomas, gomera, cauchera, tirahule, estirador, tirachinas.
en su natal Guadalajara “jugué muy poquito de niño, alguna vez tuve una
Es un tesoro de ayer y hoy.
resortera en mis manos, me la encontré, pero mi abuelita me puso muy
Evocar su presencia es despertar el rico anecdotario de una infancia
pronto en mi lugar, y es que había unos nopales de pencas redondas muy
de temibles travesuras.
bonitas que empezaron a aparecer agujerados, y pues me echaron la culpa
Aunque en su mayoría era juego de niños, hubo algunas niñas que
a mí y a la resortera. ¡Criado por abuela, bien cortito!
aprendieron a usar la resortera o tirador teniendo como maestros a sus
El periodista Benjamín Bojórquez ríe ante el recuerdo que aparece
hermanos mayores.
como una colorida postal: “cómo olvidar que entre las pandillas había
Era natural ir al monte o a las faldas de los cerros a buscar árboles
una especie de coto de poder; era indispensable cargar la resortera, ya
que tuvieran horquetas, para fabricar las resorteras.
que muchas veces se tenía que usar para combatir a los adversarios, a
Había quienes preferían la guásima, otros vara blanca y muchos
quienes pegábamos unas descalabradas, por lo que siempre estábamos
más la cacaragua, solicitada porque el palo es muy macizo, no se resque-
listos, ‘a punta de resortera o piedrazo’ para defendernos.
braja y da la mejor forma de abertura para el tirador.
Pero no era sólo tumbar pájaros, sino demostrar quién era el más
Adquirir los complementos para armar un tirador era ir a cualquier
chingón, por ejemplo, aquel que le daba el tiro en la pura cabeza a la
abarrote, donde se escogían cuidadosamente las ataderas, las buenas
iguana. En una ocasión puse una cáscara de naranja y una grapa y la
eran las que tenían flexibilidad, y es que el resorteo era indispensable
coloqué en la atadera, apunté y le di en la cara a un maquinista de tren,
para la velocidad al tirar la piedra.
el conductor frenó bruscamente al sentir el pinchazo y hasta salieron
También se tenían pedazos de hule, cuero o vaqueta, que se saca-
chispas de las vías, ésa fue en verdad una gran travesura, me escondí por
ban de la “lengua” de los zapatos, cámaras de llantas viejas o de los tubos
el temor de que me agarraran, y salí hasta en la noche”.
de bicicleta. Estos últimos eran especiales, y hasta se hacían varias tiras
Los usos de la resortera eran variados; había competencias de tiro
de repuesto para amarrar la hondilla.
al blanco, el ganador debía derribar el mayor número de botes, latas o
Muchos hasta estilizaban la horqueta al quitarle la cáscara a la ma-
botellas, que se colocaban a cierta distancia. Ganar era elevar la imagen
dera con navaja, le hacían sacados que luego presumían entre los com-
ante los compañeros.
pañeros de aventura.
Este rústico juguete gozaba de gran popularidad en los niños de
El escritor Francisco René Bojórquez Camacho no olvida que “el
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antaño. Era una población infantil que desarrollaba con naturalidad No hay que profundizar para descubrir cómo surgió el mote de
su inventiva e imaginación con un costo mínimo, ya que era normal “mayos piedreros”, en alusión a que era raro quien no traía colgando en
fabricar sus propios juguetes, también las muñecas de trapo, carritos de la bolsa trasera del short o pantalón o colgado al cuello el tirador, y por
cartón, baleros, zancos... supuesto su infaltable bonche de piedras.
Con el buen humor que lo caracteriza, Manuel de Atocha Rodríguez, Este sencillo, rústico juego y juguete de ayer y hoy, existente en
cronista de Guasave, se emociona ante la nitidez e intensidad de las viven- cualquier mercado de la República Mexicana, sobrevive a la moderni-
cias del ayer, y dice que en su tierra eran de cacaragua y las ligas de cámara dad, si bien su práctica prevalece en la zona rural, donde los pequeños
de automóvil; la hondilla por lo general era de lengua del zapato del papá, aún exclaman: ¡vamos a tirar!
así cuando descubrían el hecho, ¿quién fue?... quién sabe.
Había unos extraordinariamente buenos, su técnica era tomar el
tirador con la mano dominante manteniéndola firme, apuntar toman-
do como referencia una línea del ojo por la parte media de la horqueta
hacia el blanco, y así soltar el parque.
¿Travesuras? Muchas. Nos íbamos en la noche cerca de las palmas
cuando andaban revoloteando los murciélagos para tumbarlos, ya que
son muy hábiles para evadir, también íbamos al monte a buscar nidos
de ratas de campo en los mezquites, les encendíamos la parte de atrás y
al salir les tirábamos.
Otra diversión era en la parte baja del río, había plantíos de sandía,
iban los pájaros y las picaban, entonces el dueño nos daba una sandía
por que nos pasáramos espantándolos con el tirador.
Había unos tan buenos para tirar, que una canica colocada a
10 metros la hacían añicos. En los cascajales buscábamos piedritas
redondeadas para tirar con ellas; otros eran muy viles y fundían pe-
dazos de plomo y cortaban la tira para hacer cortadillos, esto era las
décadas del 40 al 50.
Cuántas piedras se guardaron en las bolsas del pantalón. Múltiples
nativos recuerdan los regaños que recibían de su mamá, ya que rompían
las bolsas por el peso de estos valiosos “proyectiles”.
Para el fotógrafo Samuel Inzunza es inolvidable esa etapa: “recor-
dar me hace volver a sentir cuando era plebe. Muchas regañadonas de
mi mamá porque a cada rato tenía que remendar las bolsas de los panta-
lones, y a veces hacerlas nuevas, y es que eran el mejor lugar para guar-
dar ‘el parque’. A mi hijo le gusta mucho jugar con el tirador”.

María Esther Sánchez Armenta 299 María Esther Sánchez Armenta 300
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Ixtle

Y en ese devenir parte indispensable en el ajuar colocado a los cua-


drúpedos, destaca un elemento elaborado por las manos de los lugare-
ños: el sudadero de ixtle.
Una retrospectiva de esta materia prima, muy adecuada para la
El sudadero en extinción
calidez de la zona, es que el ixtle, ichtli, es el hilo de maguey, pero en
Sinaloa se nombra así a la fibra del mezcal, con la cual se elaboran mo-
rrales, hamacas, sacos, cordeles, lazos y una gran cantidad de arreos

D
para las caballerías.
e “todos los sentimientos humanos, ninguno es más natural que
Información documental de Samuel Ojeda, con maestría en historia
el amor por la aldea, el valle o la barriada en que vivimos los pri-
(Revista Clío, UAS 1995), refiere que en 1840 se inició la plantación de
meros años.
mezcal en la hacienda de Nuestra Señora de las Angustias, hoy Pericos.
El terruño habla a nuestros recuerdos más íntimos, estremece
Dicha hacienda fue fundada por el español Francisco Peiro y Gramón,
nuestras emociones más hondas, un perfume, una perspectiva, un eco,
que según el archivo de los descendientes familiares, se estableció proba-
despiertan un mundo en nuestra imaginación. Todo lo suyo lo sentimos
blemente en 1769.
nuestro, en alguna medida, y nos parece, también, que de algún modo
Una de las épocas de bonanza de esta hacienda se presentó durante
le pertenecemos, como la hoja a la rama”.
el extenso periodo presidencial de Porfirio Díaz y de la gubernatura de
José Ingenieros
Francisco Cañedo en Sinaloa.
Escritor
Así, debido a ese estímulo, la actividad principal fue la producción
de mezcal y con carácter secundario o complementario la de granos,
Antaño no había caminos transitables como se conocen hoy, por
cereales y ganadería.
lo que el único medio para trasladarse de un pueblo a otro, rancherías o
Los incipientes instrumentos de producción fueron sustituidos
en la intrincada serranía era en bestias.
por una moderna maquinaria compuesta por bombas, raspadoras de
Transportaban gente y los más diversos volúmenes de carga, por
ixtle, alambiques de vapor, etc.
aquella virgen y accidentada topografía.
Por su parte, Retes Hermanos y Sucesores, en la misma comunidad
Durante días los nativos iban por el camino real, sin mayor compa-
de Pericos, para principios del siglo 20, su actividad en el ámbito de la
ñía que la naturaleza con su vegetación y animales silvestres.
producción de aguardiente e ixtle llegaría a alcanzar cantidades consi-
En ese andar cuando los rayos del Sol disminuían su intensidad,
derables, pero en magnitudes inferiores a la de Peiro Hermanos.
caía la noche invitando al descanso físico de hombres y animales, pedir
Éstos además de ser líderes en la producción de ixtle, de producir
posada o acampar en cualquier lugar dentro del monte iluminados por el
uno de los mejores aguardientes de la entidad y de adentrarse en la ex-
resplandor de la Luna y la rústica fogata donde calentaban sus víveres.
plotación del henequén, incursionaron en otro ramo de actividades,
Había también que realizar todo un ritual con los fieles animales
como la minería.
para alimentarlos, cepillarles el sudor y aligerar su peso por algunas horas
Como dice el maestro Samuel Ojeda, las haciendas ubicadas en
con el fin de recuperar energía, en virtud de las distancias de los pueblos.
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el valle de Pericos durante el último tercio del siglo 19 y las primeras puede armonizar calidad y belleza tanto en el sudadero, carona, silla,
décadas del actual jugaron un destacado papel dentro de la economía bastos, cojinillos, armas, etc.
del distrito y de la entidad, así lo indica el elevado monto que alcanzó la Los últimos sudaderos de ixtle que se venden en los mercados,
producción y comercialización de los productos derivados del mezcal. tlapalerías, abarroteras y ferreterías se traen del estado de Sonora; ahora
Esta actividad se convirtió en un importante caudal de riqueza la gente los ha sustituido por los de pana con fibra, borra o estopa por
para un selecto grupo de emprendedores hacendados, entre los que dentro, carona laurel o los carona de fieltro.
figuran Inés y Melesio Peiro, Guillermo y Pablo Retes, al lado de hom- La carona, es pues, un trozo de tela gruesa y acolchada que se colo-
bres prominentes de este distrito como los hermanos Inzunza y Anto- ca entre la silla y el sudadero (en Sinaloa tiene la función de sudadero),
nio Echavarría. para evitar rozaduras a las caballerías.
En 1890 se dio principio a la explotación del henequén; de 1914 a Con la claridad que brinda la lógica, señala Cliserio que si el ani-
1960 un 80% de la producción se exportaba a Estados Unidos y el restan- mal está gordo, en forma natural se protege con su musculatura y grasa
te 20% se destinaba al consumo nacional de sacos y cordeles. Tal indus- aparte del sudadero, pero si está flaco y todos los huesos se le marcan,
tria tuvo violenta decadencia al aparecer la fibra sintética. para evitar lastimarlo hay que agregarle mucho más.
Ciertamente, se afirma: “más antes se tejía mucho, había muchos Aseguran comerciantes que es un hecho que todo mundo trabaja
palmares. Uno mismo fabricaba el sudadero pa’ echárselo en el lomo a hoy con base a la economía, lo cual no quiere decir que se cuestione la
los animales, era fresco, resistente y se golpeaba menos el animal. Había utilidad de los productos originales, elaborados por las manos de los arte-
mucha mezcalera por allá por San Blas, los indígenas también hacían sanos, sino que aun cuando se comprende que el sudadero era y es parte
una escobetía con la que peinaban a los animales”. fundamental del equipo de las bestias, se opta por la oferta de fabricantes
En una de sus crónicas refiere Sinagawa, con su especial capacidad en mayor escala, de cualquier lugar de la República Mexicana, que brindan
de recoger las vivencias cotidianas, que “don Francisco Bastidas le ponía productos plásticos o sintéticos de menor costo y con precio más bajo.
nombre a cada silla y aparejo, a cada cojinillo, a cada sudadero. Sostenía Justino Pérez López corrobora esta aseveración al expresar simple y
el buen viejo que así, bautizando a aquellos modestos arreos, se evitaban sencillamente que “si uno se aferra a tener un sudadero de ixtle, hay que
las mataduras de la mula o el caballo”. preguntar en muchos lugares para ver si tienen por ahí uno desbalagado,
y la verdad es que se pierde mucho tiempo, entonces hay que comprar lo
Indispensable que vendan.
Además, como antes era andar a puro animal, llevar y traer las car-
Y es que necesariamente un animal de silla, de carga, tiene que lle- gas, todos los traslados a base de bestias, donde sea había, pero el sudadero
var protección para que no se raspe con la montura, para que la piel no de ixtle ya casi, casi desapareció, qué le vamos a hacer, ya ve que uno le
sangre con los continuos movimientos. encuentra remedio a todo, así que ahora les colocamos a las bestias cuiltas
Para el empresario Cliserio Arias la calidad de los productos que viejas o costales, y a los caballos, caronas”.
se adquieren dependen del criterio del comprador y el uso del mismo, La misma necesidad, aseguran habitantes de la campiña sinaloen-
ya que por ejemplo si es un burro, se le puede colocar algo barato, un se, hace que se le dé buena atención al animal, ya que si se lastima no lo
costal de yute, ixtle, cobijas viejas, pedazos de lona de catre, vaqueta, puedes montar, no te sirve, te está costando su alimentación y el tiempo
cualquier cosa que le permita quedar acojinado.... si es un caballo se perdido en que no trabaja.

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¿Sudadero de ixtle? ¿Qué es eso? Se habrán preguntado segura-
mente los citadinos, al inicio de este recorrido por uno de los accesorios
complementarios de las bestias.
Artesanía pura, popular, sencilla, elaborada manualmente, con
grandes dosis de imaginación y habilidad, cuya existencia se recordará
lejanamente al desvanecerse del campo visual de los pobladores, per-
diéndose pronto, muy pronto, en el olvido.
Tamales de frijol

D
entro de la gastronomía los tamales son el manjar preferido, por
eso consentir al paladar no es tediosa rutina sino amorosa labor.
En México se conocen más de 200 variedades, y según la región
donde se preparen reciben nombre distinto; en la zona centro de Ve-
racruz se les denomina chancletas, en la Huasteca Potosina, zacahuil,
enorme tamal preparado en una batea de madera y relleno de carne.
Los de ceniza del Bajío, los tamales dulces de frijol con pasitas, de
Sonora, los de elote dulce con salsa de chiles secos y carne de puerco de
Veracruz, los oaxaqueños, rellenos de mole negro, sólo por mencionar
algunos ejemplos.
Con ciertas variantes, todos corresponden al mismo platillo: masa
de maíz con manteca, sazonada con salsa, azúcar, sal y envuelta en hojas
de plátano o elote.

Nacimiento

El origen de los tamales se remonta a tiempos prehispánicos.


En Mesoamérica se cultivaron muchas especies de plantas, para
lo cual se empleaban como herramientas la coa o bastón plantador,
el hacha y el azadón.
La mayoría de las cosechas, así como los productos de la pesca, la
caza y la recolección se comercializaban en los tianguis o mercados. Por
ejemplo, en el mercado de Tlatelolco se vendían pescados de agua dulce y
salada, aves silvestres y guajolotes, frutas y verduras, pulque y miel, elotes
y tamales, chocolate y vainilla, y muchos otros productos alimenticios.
María Esther Sánchez Armenta 305 María Esther Sánchez Armenta 307
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Los manjares más apreciados estaban destinados a los dirigentes;
para ellos se cocinaban los tamales rellenos de carne, los caracoles, las
ranas con salsa de chile, el pescado blanco con chile y tomate y los gusa-
nos de maguey.
Historiadores registran que en un sitio olmeca, en los límites de
Chiapas y Guatemala, se han encontrado evidencias de la preparación
de tamales dentro de ollas y tecomates.
Entre los pueblos mayas fue el alimento esencial tanto de los re-
yes como de los plebeyos, se preparaba en ollas y también en hornos
bajo tierra.
Las culturas de Mesoamérica desarrollaron distintos tipos de tama-
les. En las costas de Oaxaca se hacían de jacuane, camarón, acuyo y pe-
pita; entre los tarascos se mencionan las corundas -envueltas en la hoja
de la planta del maíz (no la de la mazorca)- y se habla también de un pan
especial para ciertas fiestas: “y tomaban su pan de boda, que eran unos
tamales muy grandes llenos de frijoles molidos”.
Cuando los aztecas ayunaban, comían a honra de la fiesta y ce-
remonia unas tortillas de maíz amasadas con miel y frijoles, sin poder
comer otro pan so pena de sacrilegio.

Tamales de frijol

Guadalupe Angulo Castro, conocida por sus vecinos y clientes como


“Doña Lupita”, tiene más de dos décadas dedicada a la elaboración y ven-
ta de este alimento.
Su contacto con esta tradición culinaria se dio desde que era niña,
ya que en el rancho El Saucito, municipio de Angostura, para sus abuelos
era natural ofrecerlos a la familia a cualquier hora del día acompañados
con café o un vaso de leche bronca.
Lupita refiere que son sencillos de hacer, muy ricos y pegan mucho
en el gusto de la gente.
Así describe que el proceso puede durar alrededor de 1 1/2 ó 2 horas.
Para la tortilla, es decir la envoltura del tamal, es necesario un kilo-
gramo de masa, manteca vegetal y sal al gusto.

María Esther Sánchez Armenta 308


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Para obtener la pasta dulce, echa en un aguamanil, de esos de an- Orgullosa señala ser nieta del agricultor angosturense don Juan
tes, frijol molido, canela, clavo, azúcar y piloncillo de cono. Angulo Cuadras, descubridor de la variedad de garbanzo “breve blan-
“Hay que batir hasta que ya queda la masita atoleadita para po- co”, por lo cual en 1960, don Antonio Amézquita Logan lo honró con
derla coger con la cuchara; a veces hay que agregar un poco de caldo una medalla de oro. Quizá de él heredó la energía por el trabajo.
donde se coció el frijol. Hago la tortilla, la lleno con una cucharada Y aunque su recorrido no ha estado exento de accidentes, como
sopera de pasta, se dobla como taco y se aplastan las orillas para que no tres atropellamientos por vehículos automotores, la han seguido varias
se salga el contenido”. veces hombres en bicicleta, y también arrebatado una olla llena, su áni-
Utiliza de preferencia hojas secas, previamente remojadas para mo no decae, porque obtener el sustento familiar no espera.
que sean manejables, las de elotes recién pelados no, porque a veces Convencida asegura que “la mujer sinaloense no es atenida, es
después del cocimiento todavía están verdes y la gente cree que que- templada y muy trabajadora. Todos los días desde el amanecer hay
daron crudos. que afanar, sólo que esté enferma me detengo un poco. No me resig-
Una vez que el agua en la olla vaporera está calientita, los coloca, no a estar sentada, me gusta salir adelante, ser activa, conozco mucha
según indica, de 3 en 3, de manera natural, “en la forma ranchera”. gente y donde sea me saludan y echan grito; en estos momentos soy
“De un kilogramo salen 54 tamales de tamaño regular, es decir, ni la presidenta del Comité del DIF en mi colonia y luchamos por una
muy grandotes ni muy chiquitíos”. cocina económica”.
VIAJEROS Y como una plegaria de esperanza y fe, no olvida su ritual acostum-
Los tamales que elabora Lupita han recorrido varios puntos de la brado en cada jornada: “Gracias a Dios porque no se quemaron, en tus
geografía nacional, como Mazatlán, Puerto Peñasco, Sonora, Tijuana, manos Señor pongo estos tamales, si es tu voluntad los voy a vender”...
Baja California, Villahermosa, Tabasco... “Les fascinaron cuando los
probaron, y hasta por paquetería gente del centro-norte de Sinaloa los
envía a familiares”.
Con este pequeño negocio ha salido adelante con los gastos de man-
tenimiento de su casa, así como el estudio de su hija. A ello agrega que no
ha sido cansado dedicarse a esta noble actividad, porque otro empleo no
habría podido desempeñarlo, ya que tiene problemas visuales.
Observarla en su trajinar es constatar su determinación.
Toma un camión para trasladarse de la periferia al centro de la
ciudad de Guamúchil, camina por las calles con sus dos ollas repletas
de tan preciada mercancía; toca puertas, timbres de las casas y ofrece su
producto: ¡traigo tamales de frijol y también de elote!
“Es necesario moverse durante horas para venderlos; tengo com-
pradores muy fieles y es raro que me queden. Ahora en diciembre, cuan-
do hay muchas visitas de diferentes partes del país y del ‘otro lado’, me
da mucho gusto porque hasta me compran la olla entera”.

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que “se duerme muy a gusto en ellas”, son amplias”, “cómodas”, “aco-
gedoras”, “se descansa la espalda, si está bien parejito el mecate, sobre
todo nuevo”, y a ello agregan convencidas: “pretendemos conservarlas
por mucho tiempo”, “la tarima con petates y una sabanita, ¿qué más
se puede pedir?”.
En el recorrido por la periferia de algunas ciudades, así como di-
Entre tarimas y petates versos poblados, cuadrados sin tejido están en los patios de las casas y
hasta en el suelo, mudos testigos de su decadencia. Lugareños indican
que esta pérdida de la tradición se acelera porque al no haber enseñanza

L
artesanal para aprender el entramado, los viejos que sabían no la here-
os viejos tiempos se resisten al olvido y anidan amorosamente en
daron a las generaciones posteriores, por lo que se opta por la decisión
la memoria. Son recuerdos del ayer que se agrandan por la distan-
más rápida: el desuso.
cia, de aquellas sencillas costumbres y tradiciones naturales, au-
No obstante refieren en tono humorístico que cuando estaban
ténticas, parte de la vida cotidiana, la vida de todos los días.
completas, cabían hasta 3-4 chamacos para dormir en ellas, si eran adul-
Y aunque en el nuevo Sinaloa están a punto de extinguirse, aún es
tos 2 se acomodaban perfectamente.
posible constatar su presencia en pequeños pueblos y rancherías disper-
sas en la geografía sinaloense.
Gracias a la virtud de la palabra, la bella prosa de Jaime Labastida Mueble universal
se desliza natural, intensa, para recrear la presencia de este mueble de
existencia intemporal. Al remontarse a su nacimiento explica el escritor Pablo Lizárraga,
Así diría alguna vez: la tarima original, la cuadrícula era de cuero crudo, de correas delgadas,
“... Los indios danzaban y cantaban, en largas, lentas ceremonias dolía la espalda estar en ellas, por eso se le ponía una vaqueta grande,
propicias a la caza. Los blancos arrojaban al monte su ganado, un mon- ¡era una chulada!, o bien, dos petates. Se hacían de madera de jútamo,
te sin límite, sin cercas ni horizontes, lleno de biznagas, huizaches y muy liviana y maciza, que se podía levantar hasta con un dedo; después
pitahayas. Las reses convivían también con las liebres y los conejos, las vinieron los catres. Aquí no había pino, se le consideraba una madera
chureas y las cholis, los queleles y las palomas patagonas, los venados muy elegante porque no había caminos para traerla de la sierra, enton-
cola blanca, los pumas, las tarántulas, las ratas de campo. ces se transportaba en tren de Durango, de ahí a Irapuato, daba la vuelta
Año con año, como quien va de cacería, los vaqueros buscaban las a Guadalajara y llegaba a Sinaloa.
reses paridas, los toros que envejecían. Los ranchos se levantaban al lado Paradójicamente el venadillo, que es la caoba, madera fina igual
de un aguaje, súbito regalo de la tierra. al cedro pero muy duro, la gente no lo quería, entonces empezaron a
Las camas estaban hechas con un tosco marco de madera por el fabricarlas de pino una vez que se extendieron las vías de comunicación
que se cruzaban tiras delgadas de cuero crudío: el aire escaso atravesaba y empezó a ser madera barata que se traía ya de la entidad.
como una bendición esos resortes tensos”. No se pintaban ni barnizaban, quedaban al natural. Si era de cedro,
Indispensables, útiles, tratadas con cuidado por los miembros de había quienes le daban cierto brillo con un tono medio coloradito.
la familia, quienes aún poseen estas tarimas en sus casas coinciden en Hablar de sus múltiples usos, es decir que cuando la gente salía la

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amarraban y servía de puerta para que no entraran los cochis, gallinas Para el ritual completo, diariamente se levantaban las tarimas pri-
o cualquier animal suelto; ya tendida servía para poner los buñuelos a mero, seguida por los catres que se recostaban en cualquier lugar de la
secar mientras se freían; si se le colocaba una vaqueta, un petate o unos casa; era indispensable el almohadero, especie de cuna pero sin cabece-
costales vacíos encima, los jugadores se sentaban durante horas jugan- ra, nada más con los laterales, donde se apilaban los tendidos, cuiltas,
do a la malía, y en reuniones familiares, todo mundo se sentaba en ellas, almohadas y cobijas; los petates se enrollaban y ponían a un lado.
convirtiéndolas así en un mueble universal. Los cuadrados de las tarimas de madera dura eran eternos; de pino
Las de madera de guásima eran livianas, había también de maderas o guásima se picaban por las termitas. Había carpinteros en los ranchos
duras de mora y amapa, más pesadas. y la gente las mandaba hacer, y ellos las tejían después.
La tarima “elegante” era de cedro, patas torneadas y hasta cabece- La desventaja es que la tarima tiene facilidad para criar chinches, las
ra; tramada con mecate de ixtle o con vaqueta; las de cuero crudo lle- cuales se acomodan entre los mecates, cueros o correas y en los tarugos.
vaban hasta el pelo del animal y eran más flexibles para que los niños Para desterrar estos insectos los nativos las sacan a asolear, y si no es
saltaran en ellas. suficiente, le vacían en los recovecos una calentadera de agua caliente.
A la de ixtle era frecuente que se aflojara y se colgara la cama, por lo La evolución encierra en cada etapa un encanto especial: tarimas,
que había que restirarla cada cierto tiempo, o mojarle las correas. camas de correas, vaqueta, ixtle, catres de jarcia, lona, petates, cuiltas,
Las de mecate tenían un tarugo (trozo de madera grueso y cor- colchonetas y ahora con la modernidad colchón de borra, hule espuma,
to) abajo donde se daba vuelta el mecate, primero se restiraba a lo resortes, entre tantos materiales más, se agregan a la búsqueda constan-
largo o atravesado y después se tramaba el otro lado, y quedaba así te de satisfactores.
bien restiradita. En el recorrido por la periferia de algunas comunidades, Francisco
René Bojórquez Camacho, miembro de La Crónica de Sinaloa, expresa
Imagen que su padre, don Pancho Bojórquez, le dijo que él había conocido las
tarimas hechas de “lianas” o con las “majahuas” (corteza de algunas
Era común que desde el atardecer se vieran las hileras de tarimas plantas). “Éstas no duraban mucho, pero tenían la ventaja de que no
y catres tendidos en el portal, en el patio, había quienes las subían a los te costaban ningún cinco; sólo tenías que ir al monte a recoger el ma-
techos de las casas, porque decían, corría más aire. terial y ponerte a hacer el trenzado”.
Tiempos en que se podía soñar despierto, mirar sin prisa el cielo,
la Luna, las estrellas, y despertar con los rayos del Sol que anuncian el
amanecer de un nuevo día.
Si había mosquitos, desde temprano era necesario recolectar
una poca de boñiga (excremento) de res o de burro; se prendía de tal
manera que el humo se fuera para donde corriera el aire, y así se es-
pantaran los moscos.
Y aunque ya empezaba a haber pabellones, se decía que eran muy
“jajales”, o sea, tejidos ralos; también se compraba Indian Head (cabeza
de indio) que era más liviana, pero servía.

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“Éramos felices, todo era sano, con preocupaciones sencillas, y a
pesar de ser pobres, nos sentíamos contentas. A veces uno llegaba, po-
nía los baldes, y si queríamos sentarnos en la sombra para descansar un
rato, le encargábamos a una compañera o vecina que los empujara, pero
a veces había pleitos porque había otras muy ‘vivas’, muy ‘adelantadas’,
que sólo porque ‘les pegaba la gana’ se brincaban la fila, argumentando
En el tobogán del olvido que tenían qué hacer en su casa y no querían embromarse”, refiere entre
risas Conchis Pérez Camacho.
Anécdotas de aquellos tiempos se narran al por mayor, como cuan-

Ú
do había ocasiones en que molestas se pegaban hasta con los baldes lle-
tiles, necesarias o prácticas, lo cierto es que un día cualquiera
nos de agua... aunque tuvieran que volver a formarse.
surgen y se unen por tiempo indefinido a la vida cotidiana de
“¡Qué bañadas! Todas nos colocábamos en la cabeza el más grande,
la gente. Así son las costumbres y tradiciones existentes en cada
del número 20, y en las manos más chicos, pero como los terrenos eran
rincón de la geografía mexicana, y que quizá sin proponérselo identifi-
muy disparejos y pedregosos, era raro que a alguien no se le cayera. Si
can a los lugareños de los cuatro puntos cardinales.
pisabas mal ¡allá ibas a dar con todo y balde!, nadie se escapaba de la mo-
Antes de que la modernidad llegara con su red de tubería de cobre,
jada, porque cuando no era una, era otra, la de atrás o la de al lado”.
sistemas de agua potable, sofisticados filtros, y demás infraestructura, en Si-
Había también norias.
naloa los nativos se aliaban a la naturaleza que los proveía del vital líquido.
El malacate (cabrestante) era un torno vertical movido por palan-
Con expresiones sencillas y naturales cuentan que antaño se traía
cas que obran en la parte superior. Una especie de armazón cuadrado
de ríos o arroyos, y tan sólo mover un poco la arena se encontraba el
que tiene un eje con un punto de apoyo en el piso y otro en el madero
agua cristalina. En tiempos de “secas” padres de familia se juntaban y
de arriba, donde una palanca sobresale y una persona la empuja. Al
hacían varios pozos profundos. Era tierra muerta muy maciza; escarba-
darle vuelta al malacate, la soga se va enredando en el armazón hasta
ban y hacían unos 4 ó 5 escalones; a veces la hallaban fácilmente y otras
que el balde sale a la boca de la noria y la recibe el aguador. Ello alivia-
con un poco de dificultad. Una vez listo lo cubrían con rama para que no
naba el trabajo y lo hacía más rápido, ya que en 2-3 vueltas a la ronda-
se metieran los animales; otros hasta un cajón de madera les hacían para
nilla salía el bote lleno.
que no se “derrocaran”, y esa agua servía para consumo humano.
El bimbalete (columpio) es un palo con un contrapeso en la
Paradójicamente todos coinciden en que fueron tiempos duros, de
parte trasera; se baja, se llena el balde y se sube. Se utilizaba en pozos
madrugar y también volver por la tarde, hacer cola y cargar mínimo dos
menos profundos.
baldes, pero había quienes con impresionante destreza también se aco-
El molinete (torno) su uso más común era para sacar la tierra cuan-
modaban en la cabeza un cayagual, cayahual o cañahual, que era una
do se hacía una noria, y generalmente se sacaba en un zurrón de cuero.
toalla enrollada o cualquier trapo para colocarse encima la olla. Dolían
De manera más sencilla se podría describir como un palo que capricho-
el hombro, los brazos, pero se soportaba, pues había que ahorrarse un
samente tenía colita, el cual se colocaba sobre dos horquetas, donde el
viaje. Se necesitaba también para guisar, lavar la loza, ropa y regar el piso
operador le da vuelta y el mecate se va enredando hasta llegar a la pro-
de tierra. No obstante, debido al carácter decidido de la gente, encontra-
fundidad de la noria.
ban el lado bueno a tan duro ajetreo.
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Otra forma es la que los ganaderos usaban y que alguno que otro estuviera siempre tapada, porque ahí se introducía el jumate, es decir, la
usa todavía, era el caballo cuyo jinete lo caminaba cierta distancia, se- mitad de un bule, cortado longitudinalmente, con el fin de que al tomar
gún lo hondo de la noria, y así el animal al irse retirando sacaba el balde el agua se evitara tocarla con las manos.
lleno, que recibía otra persona. Otras se fabricaban menos rústicas, con rejillas y tela mosquitera,
“Ir al agua era un recreo para uno; se formaban grupitos de 5 ó 6, para proteger más el agua. Eran muy bonitas con su puerta enfrente.
nos poníamos de acuerdo y se hacía una tertulia muy agradable. Ahí se Había quienes tenían una especie de pretil, base hecha de material
enteraba uno de todas las novedades. Me emociona recordar esos tiem- de ladrillo o cemento a cierta altura, cuya función era tener más a la
pos, son vivencias que no se olvidan fácilmente, que aunque ya casi mano el agua al nivel del lavadero, o bien, si era para tomar, más como-
desaparecieron para dar paso a la comodidad que traen los tiempos mo- didad y no agacharse tanto. Encima se ponían las ollas en la arena y el
dernos, y aunque sé que no van a volver, se llevan en el corazón”, señala agua estaba siempre fresca.
por su parte la señora Francisca de Velázquez. Al tibor, obsoleta vasija de considerable capacidad y de presencia
La bomba de pichel era usual por el municipio de Angostura debi- obligada en todo lavadero, se podría decir que las lavadoras eléctricas y
do a la cercanía del agua, que estaba a sólo 2-3 metros del subsuelo. los detergentes actuales le dieron la puntilla. Se utilizaba para almacenar
En contados lugares había papalotes o molinos de viento, sólo en agua con ceniza llamada cernada, en los tiempos en que la costumbre
los terrenos de personas con solvencia económica para comprarlo. era hervir la ropa y blanquearla con añil. El agua se agarraba con una
El acarreo de agua era sólo una de las actividades diarias, a las que jícara, hecha de bule cortado transversalmente para que quedara sin
había que agregar la ordeña, planchar con brasas, almidonar, moler nix- mango y poder maniobrarla con rapidez.
tamal, hacer tortillas a mano, entre un sinnúmero más. Los bules enteros (guajes) una vez que se ahuecan son utilizados
De acuerdo al cronista de la ciudad de Guamúchil, Arturo Aven- por los hombres que trabajan en la campiña sinaloense, para llevar agua;
daño, en su investigación de usos y costumbres sinaloenses, era común los tapan con un pedazo de olote.
en todo el estado ver en las cocinas de las casas un tripié invertido, por También había el sistema de botas de cuero, donde se le colocaban
lo regular de palo de brasil, (árbol silvestre que se presta para darle esa al burro, una por cada lado; en la parte inferior tenía su boca; al llegar al
forma) al que se le denomina tinajera. Es una especie de horqueta de destino de la entrega, se desataba la bota y salía el chorro de agua.
tres puntas, picos o brazos, para detener la olla de barro (tinaja). En ésta Los “boteros” vendían el viaje a 20 centavos de plata, o sea a 5 cada
se ponía el agua de beber y tenía la cualidad de conservarla fresca. Es de bote. Lo transportaban en un burro con armazón de madera por cada
empleo casi nulo; se le ve esporádicamente en las comunidades rurales, lado. Los botes originales eran petroleros o de alcohol, siendo este últi-
acompañada invariablemente de su inseparable jumate. mo el más codiciado, porque sólo una lavadita y listo para usarse.
Los recipientes de los más diversos materiales, y el refrigerador, la Existían los llamados “aguadores” o “barriqueros”, que vendían el
suplieron hace tiempo en la mayoría de los hogares. agua en una carretita tirada generalmente por burros, donde montaban
También se contaba con una base de madera, angosta de arriba un tambor o una barrica. El costo del bote era de 20 centavos.
y más ancha de abajo, tenía cuatro patas y arriba sentaban una piedra En los más recónditos lugares las represas, norias, ríos, arroyos
destiladera (aún se consigue en el estado de Jalisco). En la parte de aba- abastecen a las poblaciones... y en este devenir surge el envasado de
jo se colocaba la olla y todo el día goteaba esa agua que traían del río. agua denominada electropura o purificada, encontrando por doquier
Salía muy fresca, filtrada. Era importante procurar que la olla de arriba repartidores en carro o triciclos, de garrafones de vidrio y de plástico.

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Este negocio es muy redituable debido al clima cálido que prevalece la
mayor parte del año. De ahí que sea un éxito para el comercio embote-
llarla en diversas medidas, marcas y presentaciones, que se expenden en
cualquier estanquillo, abarrote o tienda de autoservicio.
El ayer provoca nostalgia, la mirada se pierde en un punto indefini-
do; niñez, juventud, tiempos idos que escriben la historia de una etapa
de la vida que en la modernidad se antoja ya lejana.
Prácticas desconocidas para las nuevas generaciones y que quizá
motiven su interés por conocer un poco más de ellas, preguntar a sus
padres o abuelos, y las personas en edad madura, dejar que sus pensa-
mientos divaguen por unos instantes en el Sinaloa de antaño.
La sonrisa franca, espontánea, gozosa acompaña al intenso re-
cuerdo, como diría Conchis: “había quienes se colocaban una olla en
la cabeza y ¡no se les caía nunca!, parecía que tenían un hoyo que las
ayudaba al equilibrio”.

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creto número 184, que instituye el traje representativo del Estado de


Sinaloa, el 17 de diciembre de 1996, siendo gobernador constitucional
Renato Vega Alvarado.
Descripción del traje femenino. Se compone de dos piezas: un
Traje representativo refajo y una sobrefalda; el refajo está elaborado en raso delgado color
del Estado de Sinaloa blanco, la falda se divide en tres lienzos (olanes) y la blusa sin manga y
cuello redondo, con estampado al frente, bordada con hilaza de artise-
la, alusivo a la horticultura (tomate, berenjena, pepino y chile), y en la
parte posterior estampado alusivo al maíz y al frijol; la sobrefalda es de

S
inaloa, en el noroeste de la República, tierra norteña que no oculta pretina ancha apretada a la cintura, abierta al frente, donde se divide
su alegría de formar parte de la historia del país. en cuatro secciones que constituyen los cuatro cuarteles del Escudo del
Su potencial se encuentra en cada rincón, donde aflora con inusita- Estado de Sinaloa, mismos que comprenden Culiacán, El Fuerte, Rosa-
da fuerza la reciedumbre de sus hombres y mujeres. rio y Mazatlán. La parte trasera de la sobrefalda es color rojo brillante,
Nuestras raíces, mosaico de formas y colores. al borde de la misma presenta una franja color azul con huellas de pies
El universo cotidiano envuelve la existencia, donde todos, niños, sobre la misma franja; el vestuario femenino se complementa con un
jóvenes y adultos, participan en la construcción de su territorio. cayahual elaborado con fibra de pitahaya y adorno con flores de la mis-
Espejo de alegorías, herencia del sinaloense prehispánico, con sus ma, accesorios (aretes y collar) hechos con caracoles y conchas de pla-
grupos indígenas, cahitas, tahues, totorames, acaxees, xiximes, pacaxes, ya sinaloenses y zapatos españoles color negro con broche de botón.
achires, guasaves o tamazulas, que con la conquista de los españoles co- Traje masculino. Cuyas características son camisa blanca manga
mandados por Nuño Beltrán de Guzmán (1530) iniciaron su mestizaje, larga elaborada con fibra de algodón (popelina); el pantalón mezclilla
mezcla de razas y culturas, chinos, japoneses, italianos, franceses, esta- azul, sin patoles; se complementa con paliacate rojo atado al cuello,
dounidenses, alemanes e ingleses, que se integraron naturalmente a la sombrero de palma blanco y fajín indígena color azul marino atado a la
economía, a las familias. cintura y botines tradicionales color negro.
En 1996 nace el objetivo de exaltar, transmitir nuestra esencia a De su significado. Traje femenino. El estampado de la falda sig-
través de la creación artística de los trajes regionales femenino y mascu- nifica las raíces de un pueblo trashumante, las huellas de las oleadas
lino, que permita a los nativos conocer y reconocerse en ellos como un migratorias de los nahoas por Sinaloa, que fortalecieron las costum-
emblema del folklore e historia de nuestra región, el cual forma parte del bres de los grupos nativos; expresa las riquezas naturales y culturales
patrimonio cultural, resguardado por la Secretaría de Educación Pública de todas las regiones de un estado que ha evolucionado de acuerdo a
y Cultura del Gobierno del Estado de Sinaloa. la modernidad.
Es la expresión de Sinaloa, identidad del ser y hacer, cultura viva El estampado de la blusa representa a la agricultura, actividad bási-
que la sensibilidad artística de la creativa culiacanense María Francisca ca del desarrollo económico de nuestro pueblo, de acuerdo con la con-
Gastélum Ramírez supo integrar magistralmente. cepción mística de los cahitas, mayos, guasaves y los acaxees; los colores
Decreto. El H. Congreso del Estado Libre y Soberano de Sinaloa, representan los elementos naturales de la tierra, el mar y las montañas,
representado por su Quincuagésima Quinta Legislatura, expidió el de- y el cielo, la vida y la muerte, el bien y el mal.
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Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
La sobrefalda está dividida en la parte frontal en cuatro secciones, to y nos recuerda a los navegantes que lo descubrieron en el siglo 16.
que constituyen los cuatro cuarteles del Escudo de nuestro Estado. Se representa con la cabeza del venado inspirada en unos dibujos indí-
Primer cuartel. Representa a Culiacán y está basado en la etimolo- genas, las formas que salen de los belfos aluden al bramido del animal,
gía de la palabra Colhuacan (Col-hua-can) y en el culto a Huitzilopocht- el ojo es cual joya engarzada en verde jade bruñido. El color azul a dos
li, con un jeroglífico consistente en un cerro cuya cima representa una tonos da sugerencia al cielo y al mar.
cabeza humana torcida o inclinada hacia adelante encarnando al dios La parte trasera de la sobrefalda es color rojo brillante, que signi-
Coltzin, quien dio nombre a la tribu colhua, y éste a su vez al lugar de su fica la alegría y agresividad de los sinaloenses; las huellas estampadas
residencia, Colhuacan; la mano que sostiene a la serpiente es la repre- alrededor de las mismas significan el paso de las tribus aztecas por
sentación de Huitzilopochtli. nuestras tierras; los mexicanos la utilizaron para representar su paso
Segundo cuartel. Representa a El Fuerte, el fondo color rojo pálido por algún lugar.
se compone por la fortaleza que dio nombre al lugar, así como un frag- Traje masculino. El estilo de la camisa blanca representa la espe-
mento del escudo de don Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Mon- ranza, la pureza y rectitud; el fajín azul y el sombrero blanco simbolizan
tesclaros, quien ordenó la construcción del fuerte. El fuerte auxilió en nuestras raíces y su cultura.
la pacificación de la región, contribuyendo al bienestar de los indígenas
en una época de crueldades; lo anterior se representa en las flechas rotas
cruzadas al pie de la construcción; el color amarillo claro que se observa
a un costado del fuerte corresponde a un fragmento del escudo del mar-
qués de Montesclaros; el color rojo del fondo significa valor, ardimiento
e intrepidez, y simboliza el arrojo y el valor con que pelearon las tribus
en este lugar; el color del fondo del cuartel es sólido y terroso.
Tercer cuartel. Representa a El Rosario; se inspira en la leyenda que
dio nombre al real de minas de nuestra Señora de El Rosario. Se sinteti-
za por unas cuentas del rosario, la cruz y un pedazo de mineral debajo
de ella; por otro lado, encontramos la flama, símbolo de la Guerra de
Independencia, representada por un grillete roto; la gota de sangre que
aparece en la parte inferior y que cae sobre una sección en blanco re-
presenta la pureza de la causa, la misma se encuentra encerrada en dos
secciones de color verde, que junto con la gota de sangre forman los co-
lores patrios; el color amarillo se justifica por sí solo y complementa el
simbolismo de la independencia.
Cuarto cuartel. Representa a Mazatlán; se relaciona con la etimolo-
gía de la palabra que le da nombre: lugar de venados.
Aparecen dos rocas estilizadas para guardar relación con la forma
que proporciona características al lugar; el ancla hace referencia al puer-

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mundo, éstos se conservaron en las mismas condiciones hasta princi-
pios del siglo 20.
Escudriñar en la historia es dejar que la capacidad de asombro
se manifieste con la información de Tiempo de México, correspon-
diente al periodo de mayo 1901/enero de 1907, referentes al progre-
so y la velocidad.
La tranvía tropical Hace 13 años, dice, pensamos que las bicicletas sustituirían al ca-
ballo; hace cuatro la vida capitalina se transformó cuando aparecieron
los tramways (que rápidamente castellanizamos como tranvías); estos

L
vehículos aceleraron el ritmo de nuestra vida.
a tranvía ha pasado a segundo plano, sustituida por los autobuses
Pero los adelantos no descansan: el automóvil está desplazando a
más rápidos y maniobrables, pero su utilidad es evidente al unir a
la bicicleta y a la tranvía, ya no digamos a los pobres coches de caballos,
apartadas rancherías de la vastedad sinaloense.
que pronto habrán desaparecido.
Se resiste a desaparecer.
Un breve recorrido enciclopédico refleja estampas que registran
El esplendor de su época se almacena en la memoria colectiva
la aparición de tranvías en Europa hacia 1880; posteriormente llegaron
como una página que guarda momentos inolvidables, de una travesía
a América y fueron construidas por Frank J. Sprague. Años más tarde
cotidiana en que la convivencia surgía espontánea entre los pasajeros al
Nueva Orleans los utilizó para reemplazar sus anticuados tranvías de
charlar sabiamente sobre el peregrinar de su vida.
mulas, donde jubilosos ciudadanos decían: “Lincoln dio la libertad a los
Miles abordaron más de alguna vez la tranvía tropical, hilo con-
esclavos; Sprague dio la libertad a las mulas; la mula de pelo largo ya no
ductor a su hogar, ubicado en pequeños poblados de la costa, el valle y
adornará nuestras calles”.
la sierra sinaloense.
Así, al emular a los tranvías, los ferrocarriles, en 1895, se volvieron
La accidentada topografía los hacía testigos y partícipes de singula-
hacia la electricidad en busca de fuerza. La última locomotora a vapor en
res aventuras, cuya evocación aún provoca nostalgia y obliga a dirigir la
los Estados Unidos fue construida en 1952.
mirada hacia un punto inexistente en el horizonte, en el intento de traer
Una retrospectiva al México Prehispánico conlleva a decir que todo
al presente imágenes que se desvanecen a la distancia.
lo que no se transportaba por agua en canoas, se llevaba a cuestas por los
Cuántas veces las horas transcurrieron dando paso a la noche
cargadores tlamemes, a quienes desde niños se les acostumbraba a ese
y al amanecer, obligando a descansar el adolorido cuerpo que con
ejercicio, al cual debían dedicarse toda la vida. Viajaban por montes y
estoicismo soportaba los bruscos movimientos del camino vecinal
quebradas transportando algodón y maíz en un petlacalli, caja tejida de
y el polvo, inseparable compañero que envolvía en densas nubes a
caña y cubierta de cuero sujeta por correas.
transporte y ocupantes.
A la conquista de México-Tenochtitlan, los españoles introdujeron
Pensar que eran y aún son poco diferentes a aquellos que durante
en 1521 los animales de tiro y carga, los palanquines y literas arrastradas
La Colonia fueron llamados caminos de herradura, es decir, donde tran-
por mulas y caballos, y posteriormente las carretas. En la mayoría de los
sitaban caballos, mulas y otros animales herrados, y los caminos reales,
caminos en valles y montañas el transporte de mercancía sólo podía ha-
por los que viajaban diligencias y carros con mercancía, arrastrados
cerse con recuas de mulas. En el siglo 19 el principal medio de transporte
unos y otros por animales de tiro; la verdad es que como en el resto del
María Esther Sánchez Armenta 325 María Esther Sánchez Armenta 326
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para pasajeros era el carruaje, cuyo género se dividía en diligencias, lite- sitadas por recuas, inmediato antecedente en la movilización de mer-
ras, calesas, carretillas y convoyes. cancías y pasajeros.
En 1895 se introdujo un coche eléctrico francés, y hacia 1898 otro Entonces Sinaloa carecía de carreteras. Fue para el dueño de la tran-
con motor de gasolina, marca Delaunay Belleville, construido a mano vía un inmenso trabajo mantener comunicadas las rancherías y los pue-
en Tolón, Francia. blos por esa causa, o sea, los pésimos caminos que dejaban de transitarse
Entre los años 1880 y 1893 se otorgaron no menos de 10 concesio- en la época de lluvias, y los caseríos, ranchos y pueblos permanecían
nes para establecer líneas de tranvías en la Ciudad de México y para unir incomunicados durante los tres meses que duraba esa temporada.
a ésta con poblaciones aledañas. Tal vez fue esa dificultad del mal camino la que templó el carácter
En 1898 se formó la Mexican Electric Tramway Co. Ltd., subsidia- del tranviero, que a base de terquedad y trabajo procuró conservar la co-
ria de una empresa inglesa para operar tranvías eléctricos en la ciudad. hesión de la tierra mediante el rudimentario transporte, cuyas deficien-
El primer servicio eléctrico fue en 1900. Poco a poco las líneas de tran- cias hoy son más notorias, cuando se dispone de unidades con asientos
vías de mulitas fueron sustituidas por los trenes eléctricos, pero es con de hule espuma y clima artificial.
motivo de la huelga de tranviarios en 1917 que aparecieron en la capital En la tranvía se acomodaba a pasajeros, procurando que las muje-
los autobuses urbanos, simples armazones de madera con bancas en los res viajaran juntas y los hombres aparte. Los malos caminos tenían una
costados, con capacidad para 10 ó 12 personas. respuesta en los dolores de riñones y espalda, y en los ardores en las nal-
gas, por los fatigosos y lentos viajes.
Sinaloa: 1938 Sin embargo, en el justo recuento, la tranvía sale ganando porque
cumplió y sigue cumpliendo un trabajo muy importante en el transpor-
Estos antecedentes y su evolución conllevan a decir que en México te, renglón trascendental de la economía.
usualmente el camión es el vehículo de motor usado tanto para trans- Fue el tranviero un amigo, confidente y socio de los pobladores de
porte de carga como de pasajeros, pero entre los sinaloenses se gene- la parte sierreña, eternamente mal comunicada, aislada del resto por
ralizó llamarle tranvía a este vehículo tropical con características muy una topografía bronca e injusta.
especiales, lo cual por supuesto no se apega a la tramway original, cuya Dicho tranviero hizo las veces de cartero y enfermero. Quien no
definición era el coche similar al vagón de ferrocarril que discurre por podía viajar por estar entregado a sus quehaceres, le pedía favores: que
vías y cuyo motor es accionado por fluido eléctrico. ponme esta carta en el correo, que tráeme un tónico contra el paludis-
Recoger trozos del nacimiento del transporte más popular desde mo, que cómprame un par de guaraches de los de vaqueta de la Tenería
1938 en la entidad, conlleva recordar los comentarios de entusiastas Atlas, que llévale un recado a mi compadre para que me mande a la co-
cronistas, que señalan que se trataba de un camión improvisado en madre a pasar unos días con nosotros “ahora que salió de la dieta”.
transporte humano. Sobre la plataforma se colocaba una hilera de seis Ese esforzado servidor público a nadie dejó sin hacerle un servicio,
bancas donde se acomodaban igual cantidad de pasajeros en cada una, y fue una especie de vínculo para hacer menos cruel la incomunicación
a las cuales se les dotaba de una buena porción de lana en bruto que, de los sinaloenses sierreños con los costeños.
forrada con lona, permitía un cierto confort. Los nombres de aquellos tranvieros pioneros han sido olvidados.
La tranvía encaró los sacrificios causados por los pésimos caminos, Pocos en realidad, por decir que ninguno, sobrevivió a la eterna ingrati-
que eran más bien simples brechas que hasta entonces habían sido tran- tud humana.

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Aquel tranviero ranchero, con poca cultura, bautizaba su vehículo capeándose de los varejones, tomar al por mayor el polvo del camino y
con nombres sencillos, casi montaraces: La Reina, La Costeñita, La Sin vencer el sopor producido por el atosigante calor”.
Rival, La Morenita de la Sierra, La Consentida. Nativos del solar sinaloense y frecuentes pasajeros refieren que en
Y en esa sucesión de añoranzas se capturan los pensamientos del la cabina de la tranvía, el chofer procuraba que en especial lo acom-
cronista de la ciudad de Guamúchil, Arturo Avendaño Gutiérrez, las pañara alguna muchacha guapa, ya que por lo regular era muy ena-
cuales se remontan a la década de los 40, donde era muy conocida La Pa- morado, tenía hijos en cada rancho o pueblo que tocaba. Poseedor de
jarera, propiedad de Lorenzo Montoya, La Lupita, de Juan José Camacho, una gran capacidad conciliadora, logró que muchos negocios tuvieran
La Bala, que corría de Mocorito a Guamúchil, La Serranita, Rosa Francia, feliz arreglo sin llegar a las armas o al despacho del abogado, porque
Apolo 2, La Palmareña, La Rancherita, La Gaviota, La Tongolele... aconsejaba con prudencia y tino.
En estos días hay quienes tienen preferencia por viajar en La Cam- Y aunque la sonrisa surge espontáneamente al conocer el apodo
peona, La Norteña, Reyna de la Sierra, Apolo 8 ... que los pobladores decidieron un día conferirle al ayudante del chofer,
Cuántas veces aquella tranvía servía de ambulancia, transportaba “el chango”, éste se justifica ampliamente, ya que le tiene que ceder el
heridos de bala en las eternas reyertas rurales. Igualmente movía los pro- asiento al pasajero, y en muchas ocasiones se viene prendido de los pila-
ductos rústicos del campo, como gallinas, huacales con mangos, quesos y res del toldo, además de ser quien carga y descarga.
asaderas, cueros crudos de res, botellas de miel, calabacitas, ejotes, cirue- Es un transporte terrestre en peligro de extinción, ya que la aper-
las, panocha, sandías, calabazas, en fin, todo aquello que se producía en el tura de mayores vías de comunicación facilitan el tránsito de autobuses,
rancho, que paradójicamente ahora se provee de lo que antes generaba. entonces la gente marca su preferencia y desecha el viajar en ella.
Y por si fuera poco, hasta barras de hielo, que en aquel entonces se Tito Tranquilino Gómez Torres, cronista de El Fuerte, reconocido
tenían que echar a un costal con aserrín para que no se derritieran pronto. por su sólida ilustración, refiere que en ese retazo de la geografía sinalo-
Tan sólo decir tranvía, para el cronista Avendaño es evocar su épo- ense que le tocó vivir las tranvías ya desaparecieron.
ca de estudiante de primaria, cuando hacía el recorrido de El Palmar de No obstante, difícil es olvidar a un tranviero que le decían “El Ma-
los Sepúlveda a la villa de Mocorito, cuyo trayecto normal de una hora, lías”, porque jugaba mucho a la baraja, a la malía, y tenía la particulari-
en las lluvias se transformaba a jornada de ocho. dad que al pueblo que iba llegando jugaba una mano.
Las anécdotas, odiseas múltiples, salpicadas de humorismo, en- “Hacíamos día y medio para llegar de El Fuerte a Los Mochis; no
cuentran eco. había carretera, sólo caminos vecinales, allá por los años 30. Si el chofer
“En cualquier charquito, es decir, chapala, se pegaba, les ponían no traía ayudante cobraba él mismo, pero era muy barato, alrededor de
cadenas a las llantas y todo el pasaje tenía que empujarla. Había que jun- 50 centavos el viaje, 75 cuando mucho.
tar en el monte ramas, piedras, para echarle al lodo. En las bodas se rentaban 2 ó 3 tranvías, se subía la gente hasta en el
En ocasiones se tenían que quedar a dormir en puntos intermedios, capacete y comenzaba la pitazón celebrando la boda. Estos transportes
porque no podían pasar trayectos malos, barrialosos, fangosos, y es que los eran troques de carga que se movían con gasolina, les quitaron las redilas
motores de las tranvías eran muy chicos, de 85 caballos, poca potencia. y la plataforma la estructuraron con fierro, tenían como 5 ó 6 asientos,
Había veces en que venía lleno y nos acompañaban algunos animales donde cabían hasta 40-50 gentes.
colocados en la parte trasera, llamada cochera (quizá porque subían cochis). La última tranvía que hubo en El Fuerte fue en 1942, hace ya mu-
Incluso si la gente no cabía en la caja, se subían al toldo (techo) chos años”.

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Recoger las palabras del cronista de Escuinapa, último munici- decida colocar en algún espacio o museo “el cascarón” de una en desu-
pio del sur de Sinaloa, Dr. Jorge A. Macías, es ratificar que “las últimas so, si no surgen proyectos para su permanencia.
existieron alrededor del 65 al 70, e incluso en este último año ya no Las tranvías tropicales son parte de la cultura popular, símbolo de
había ninguna. identidad... ¿Cuánto tiempo sobrevivirán?
Alguna gente les llamaba tranvías, otros camiones tropicales, las
cuales fueron sustituidas paulatinamente por el camión cerrado”.
Antonio Ruelas se desplaza cada semana por el alteño municipio
de Badiraguato y puntos intermedios, y asegura que la tranvía está des-
apareciendo; cada vez hay menos unidades, porque la gente prefiere la
comodidad del camión con aire acondicionado, pero aun así utiliza el
servicio que éstas prestan para enviar su carga.
En cada viaje, por ejemplo, “nos dan unas notonas con los encar-
gues, sacos de harina, Maseca, alimento pa’l ganado, frutas, verduras,
catres, sacos de cemento, cartones con latería, nomás por decir algo.
Muchos ya no quieren agarrar polvo, ni fríos en la temporada de
invierno, aunque se tienen cortinas de hule -lonas- para el agua y el Sol.
Los pasajeros ya saben el punto dónde encontrarnos; cuando no
hay mucha carga se colocan las siete hileras de bancas. Recuerdo que por
allá en el 65 unas iban a Guasave y Los Mochis; en aquel entonces eran
chiquitas, de tres hileras de asientos, y cobraban como dos pesos. De
ésas se ven mucho en la sierra de Badiraguato y vienen de Culiacán”.
En el pueblo de Angostura se le recuerda con cariño a la tranvía
de Manuel Valenzuela mejor conocido como “Chiquete”, que recorría
uniendo a esta población con el Guamúchil de antaño.
Las nuevas generaciones, que no han admirado aún los caprichos
multicolores de la naturaleza y los paisajes a la vera de los caminos que
conducen a los municipios alteños, están a tiempo de desterrar su letargo
autoimpuesto, para no exclamar solamente: ¡no conozco las tranvías!
Empuje tecnológico avasallante, evolución ininterrumpida de
las comunicaciones... el tiempo en su inexorable avance que sepulta
tradiciones.
Quizá muy pronto sólo se podrá constatar su presencia en las pági-
nas de archivos fotográficos, mudos testigos de aquelllos momentos en
que el pueblo viajaba paliando la dureza de las bancas, o bien, quizá se

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La aventura de la vida comienza.
... 270 días de gestación en el seno materno y la espera termina.
Aquí está un ser listo para ingresar a un mundo nuevo y descono-
cido: el exterior.
Y aunque ya es común escuchar que una gran mayoría dice con una
sonrisa no exenta de asombro, quizá por la exageración, que las nuevas
Volcanes en erupción generaciones “nacen casi hablando”, ciertamente se les considera “más
despiertos que los niños de antes”.
Es evidente que los padres de la época actual viven en constante es-

L
trés, sumamente preocupados por sus hijos ante los sobresaltos, violen-
os niños de hoy viven una madurez temprana, manifiestan menor
cia e incertidumbre, en pocas palabras, el angustioso horizonte cercado
gusto por los deportes, prefieren las nuevas tecnologías que van
por crisis económicas, asesinatos al por mayor, drogadicción, alcoholis-
desde el uso de computadoras, teléfonos celulares y MP3, tienen
mo, pérdida de valores morales y la creciente desintegración familiar,
acceso ilimitado a todo tipo de información, y por supuesto las horas de
parecen conformar un escenario cotidiano desalentador.
televisión se suman a su vida diaria.
En el inicio del nuevo milenio se cuestionan una y otra vez: ¿qué
Quien no sabe bailar como los artistas de moda, quien no se viste
hijos vamos a dejar en este mundo?, ¿qué deseamos realmente para
“a la onda”, y quien no escucha a los artistas que promociona el mundo
ellos?, ¿seremos testigos y partícipes del ocaso de una generación sin
discográfico, “se sale”, “es naco”, “parece ruco”.
tradiciones y hundimiento de valores? ¿La familia tradicional se enca-
Los cambios en las preferencias del consumidor infantil y adolescen-
mina acaso a convertirse en una especie en extinción?
te en esta región del noroeste de la República Mexicana, en especial los
La incredulidad se refleja en los rostros, pero más aún el rechazo de
ubicados en el norteño estado de Sinaloa, se dan con inusitada rapidez y
estas teorías.
difícilmente escapan a la influencia de los vecinos norteamericanos.
Lo que es evidente es que hoy se registra una pérdida de capacidad
Basta preguntar a un centenar de niños cuáles son sus programas
de la familia para comunicarse. Hay un aislamiento de cada uno de sus
televisivos favoritos, para despejar cualquier duda de esta afirmación.
miembros que se encierra en su propio mundo, olvidando que al com-
De un año a otro quedan obsoletos los personajes y artistas. Sus prefe-
partir las vivencias refuerzan el amor verdadero.
rencias son sumamente variadas, en las que no escapan los programas
La mente nada olvida.
doblados al español, y por supuesto las telenovelas.
Lo que el hijo escucha, siente o ve, se queda grabado en su mente de
Sin tipificar edades, basta decir que ocurre un fenómeno relevante en
por vida, para bien o para mal, porque la manera individual de ser se em-
el ámbito musical, donde una gran mayoría gusta de la música de banda.
pieza a formar desde antes del nacimiento y se va fijando en la pubertad.
Basta señalar el impacto impresionante que causó la muerte del cantante
Por eso es tan importante propiciar un ambiente de respeto, armonía y
Valentín Elizalde, “El Vale”, en la población de todas las edades.
amor en el hogar.
Los niños son seres humanos únicos, especiales, educarlos, diría
Gente menuda Miguel Beltrán en la Escuela para Padres, es preocuparse un poco menos
de los hijos y ocuparse un poco más de ellos.
Hoy son otros hijos, otros tiempos, otros problemas, otros retos.
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Es necesario, entonces, enseñarles con el ejemplo que la felicidad no contexto particular, donde en gran número de hogares el padre y la ma-
depende de lo que nos falta, sino en administrar bien lo que se tiene. dre trabajan y pasan gran parte de su tiempo fuera, dejando a los hijos
Para la maestra Gabriela Valdés Cejudo, licenciada en Educación casi a la deriva. A ello se suma la cantidad de parejas jóvenes que aún no
Especial, las características de un niño dentro del aula varían de un ser están preparadas para el matrimonio ni para educar a los hijos, presio-
a otro, pues aunque asisten a un mismo grupo y comparten cosas en nes económicas y sociales, entre muchas más.
común, como la edad, el espacio y el tiempo, las circunstancias en las Y aunque se comprende que en cada región del país es diferente el
que se desenvuelven son distintas, y el ambiente socio-afectivo definiti- comportamiento, las necesidades, deseos, gustos, inquietudes, proble-
vamente marca la personalidad de cada niño sinaloense. mas, innegable es que el niño actual requiere mucha atención.
Nos encontramos al alumno inteligente natural, que le basta con A Silvia Esthela Sánchez Gutiérrez, maestra normalista con especia-
sólo la guía de parte del maestro o la explicación del tema para lograr el lidad en matemáticas y 28 años dentro del magisterio, apasionada de los
aprendizaje, pero también existe aquél que requiere se le repita varias niños, su experiencia le permite afirmar que los nuestros, los sinaloenses,
veces el tema para lograr el conocimiento, apropiándose de contenidos son adultos en pequeño, porque han tenido la necesidad o porque se les
por medio de la mecanización y no del razonamiento. ha dejado ser, tanto por ignorancia o un “no me molestes”, y eso lo refle-
Está el ausente de la clase, ya sea distraído en sus juegos y fantasías jan en su conducta.
infantiles o atormentado por algún problema familiar, el malhumorado Al niño hoy no se le puede mentir, no se le puede engañar ni com-
por un regaño, el responsable con sus tareas y trabajos, el líder del gru- prar fácilmente, aunque algunos padres piensen que así cumplen con su
po, el que por alguna característica de su personalidad es rechazado por deber. Ellos necesitan más atención, cariño, apapacho, porque el medio
sus compañeros de clase, el pleitista y el que por sus vivencias previas, la los está absorbiendo. Sus preguntas ya no corresponden a su etapa, pues
escuela no cumple con sus expectativas. tanto te hablan de política, religión, cualquier tema, hasta del aborto.
A este mosaico, señala la maestra Gabriela, nos enfrentamos los Padres y maestros claman por que el niño viva su infancia como
maestros día con día, buscando las estrategias para lograr que se apro- tal, que vista y juegue de acuerdo a su edad. No obstante la realidad es
pien de nuevos contenidos, pues prácticamente todos son distintos. otra, y todos, quizá sin proponérselo, contribuyen a “sazonarlos” y a
A pesar de estas diferencias, el niño se le presenta al docente como satisfacer sus caprichos, olvidando cultivar los valores, buenos hábitos,
la plastilina al escultor, tan moldeable en sus conocimientos como en respeto a sus semejantes, como una forma de enfrentar los cambios rápi-
sus actitudes, siendo más receptivos en los primeros grados de prima- dos y drásticos que están teniendo en su infancia.
ria; el tiempo de convivencia de un maestro y su alumno en un salón
de clases es suficiente para llegar a conocerse y encariñarse, e intenta Súper inquieto
sembrar en cada uno el interés por la investigación y la superación a
través del estudio. Ciertamente, dice la maestra Silvia, el niño no va de acuerdo con
Tener una profesión que nos permite estar cerca de los niños, es los intereses de los grandes, y nosotros los adultos queremos que se com-
aprender diariamente una lección de vida, puntualiza en sus reflexiones. porte como antes, un niño tranquilo, sosegado, pero ahora todo el tiem-
Frecuentemente los padres se lamentan de la gran diferencia que po está inquieto, tiene demasiada energía, aunque cuando veo al que no
existe al comparar los niños de antaño con los de hoy. quiere participar, sentadito, serio, que no se ríe ante chistes ni nada, ese
Los infantes de fines del siglo 20 y principios del 21 registran un niño apagado tiene serios problemas.

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El niño normal es un volcán en erupción, pura actividad. nación y creatividad, la cual debe encauzarse a temprana edad, porque
La personalidad del infante sinaloense es muy especial, por lo ge- una mayoría son muy “abusados”, “listos”.
neral se muestra chispeante, querendón, juguetón, creativo, extroverti- Preocupante es la ilusión que muchos manifiestan ya por conver-
do, preguntón, metiche; se le hace normal decir groserías porque es lo tirse en narcotraficantes, pues les impacta todo lo que esta actividad en-
que oye en la casa, en la calle; expresa lo que siente con mucha libertad. cierra: no necesitan estudiar, viven bien, compran el carro que quieren,
Entre lo negativo, habría que señalar que demuestra mucha agresivi- tienen residencias, hasta avionetas, entonces la confusión se acentúa...
dad, se encuentra al acecho, a la defensiva, a un no me voy a dejar de na- ¿para qué esforzarse estudiando tantos años?, ¿por qué si él no tiene va-
die, no me debes ganar, y eso refleja el contexto en el que está viviendo. lores vive mejor que yo?...
Veo por todos lados con vecinos, amigos, familia y por experiencia,
que el niño cada vez está más renuente al estudio, asiste a la escuela por- Pensar más en ellos
que lo mandan a fuerzas, entonces viene carente de motivación.
Creo que el sistema educativo no está cumpliendo todas las nece- La sociedad, todos, deben pensar más en ellos:
sidades de los niños, ya que no cuenta con recursos materiales-auditi- Aunque se presupone que la violencia es parte integrante de la vida,
vos-visuales que hagan frente a las múltiples inquietudes que demues- del orden social y de las relaciones entre los hombres, y el problema estri-
tran, y por más que el maestro brinque y salte para llamar su atención ba en saber cómo dominarla, abolirla y superarla, si se le pregunta a los
para tratar de emocionarlos, no es equiparable a lo que están teniendo niños qué cambiarías en el mundo, contestan: la violencia, las armas, la
a su alcance. drogadicción, la contaminación, entonces va a llegar el momento en que
Nos estamos quedando atrás y si nos descuidamos van a rebasarnos van a ser adultos y de ellos va a depender el cambio que tanto se busca.
rápidamente, porque los infantes tienen más tiempo de estar al tanto de Crítico, observador, comparativo, prácticamente sigue los pasos
las innovaciones científicas, tecnológicas, artísticas, en general, y los pa- del método científico, aunque no lo lleve metodológicamente, razona,
dres por su trabajo o por lo que se quiera, no están al mismo nivel. aprende. Pero ciertamente, como diría la profesora Silvia Sánchez, “hay
La alimentación variada, los medios masivos de comunicación, el que infundirles amor primero que nada y sobre ese sentimiento fincar
contexto actual, la situación geográfica donde se ubica Sinaloa, confor- todo. Si no hay mucha emotividad en el hogar, entonces ¿cómo lo va a
man a un niño inteligente, cuyos cambios se van a dejar sentir con ma- reflejar en la escuela, en su vida social?”.
yor intensidad dentro de los próximos 10 años, puntualiza la docente. En todos los niveles, háblese de los más humildes, medianos y pu-
Múltiples padres, educadores, psicólogos, terapeutas, trabajadores so- dientes, lo que cuenta son las expectativas que los padres tengan para sus
ciales, pedagogos, coinciden en que el niño, ante todo, quiere estar activo... hijos, lo que siembren cosecharán, pero con amor todo se puede; para
pero con lo que le interesa. inculcar valores morales no necesitan haber ido a la Universidad, se culti-
Hablar de los artistas le emociona, qué decir de la moda, los juegos van de forma natural.
de video, las marcas de carros, razas de perros, los juguetes que anuncian
en la televisión, todo lo que huela a comercio, y su vida parece centrarse Juegos
en jugar, jugar, jugar.
No hay que olvidar que como auténtico sinaloense originario de Quejas y más quejas de que el pequeño ocupa su tiempo libre fren-
esta tierra caliente, es decidido, aventado, con grandes dosis de imagi- te al televisor o en los videojuegos, “maquinitas”, que se encuentran
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por doquier; en la casa, tiendas de autoservicio y abarrotes en cualquier En los no tan lejanos años 60 y 70, se veía jugar a los plebes al beis-
rincón de la entidad. bol, para lo cual era necesario un palo cualquiera utilizado como bat y
A diferencia de los ubicados en zona rural, los niños de ciudad una pelota chica de plástico.
aguantan poco correr, se cansan fácilmente, se están volviendo flojos, ¡Cuántos pantalones deshilachados de las rodillas remendaron las
gordos, no participan en las labores del hogar y sólo muestran interés madres! Sólo importaba barrerse para llegar a tiempo a la base.
por el mundo electrónico. La gallinita ciega, canicas, pilingrina, pinyex, pontenis, balero,
En menos de 20 años éste ha tenido un impacto tan grande, en espe- tacón (los chamacos iban a los solares baldíos a buscar zapatos viejos
cial con los videojuegos, que alcanzan ya un alto nivel de sofisticación. para destaconarlos), la cuartita, stop, bote robado, chinchilegua, conea,
Los pros y contras de esta actividad tan popular radican en el nú- trompo, piti, lotería, cuatrito, encantados, cebolla, a la víbora de la mar,
mero de horas que se dedican al juego, descuido de las tareas escolares, brincar el mecate, la cuerda, ula ula, las muñecas, comiditas, combinadas,
su enajenación y motivación a la violencia. entre múltiples pasatiempos, lo importante era entretenerse en algo.
Los defensores de estos artefactos argumentan que esto sucede Llegar al Sinaloa contemporáneo en el umbral de una nueva era, es
“sólo si la persona lo permite”, y que a diferencia de ver televisión, no sólo referirse a los juegos electrónicos, también gustan aunque sea en
aquí el espectador pasa a ser jugador. Además se señala que como las menor grado niños de ciudad y campo, correr, brincar, futbol, beisbol,
potencialidades de los videojuegos son casi infinitas, ahora todo de- patinar, dibujar, andar en bicicleta, carrucha o carretilla, ir a piñatas,
pende del uso que se le dé a este entretenimiento, porque puede servir jugar a los tazos, usar el tirador o resortera para pulir su buena puntería
para gastar un par de horas, o bien, puede alimentar la imaginación y con los “chanates”, tortolitas, cigarrones, subirse a los árboles para aga-
el conocimiento. rrar fruta o bajar nidos de pajaritos y después desparpajarlos por pura
travesura, brincar en la cama, tirarse clavados en el río, nadar en canales,
Nostalgia albercas, en fin, aprovechar cada minuto su infancia.
Niños que trabajan en la calle para ayudar a sus familias, pero
Quienes tuvieron su etapa infantil en la década de los 30 y 40, re- cuyas experiencias pueden ser elementos valiosos en su proceso de
cuerdan con añoranza los juegos de las comiditas, la sierra morena, el adaptación al medio social; niños que crecen en medio de la violencia
escondite, las canicas, yoyo, baleros, carreras, el burro, a la escuelita, las y que llegan a considerarla un modo permanente de vida, no obstante
muñecas, a la reina (donde usaban ropa de mamá, coronitas del monte, su horizonte depende de los adultos y de dirigentes cuyas prioridades
collares y pulseras con flores de San Juan, semillas de sandía y de calaba- determinan si habrá paz o guerra, vida o muerte, conocimiento o igno-
za. Se divertían con el teatrito, y también en competencias reñidísimas rancia, progreso o pobreza.
de trompo, que a veces terminaban en pleito. Aún es tiempo de efectuar un autoanálisis de las actitudes perso-
Algunos construían sus carritos con rodillos, otros jugaban a la nales que requieren corrección, aún es tiempo de rodearlos de cariño,
llanta (raro era quien la olvidaba cuando iba a los mandados) y al cinto ternura y comprensión para ayudarlos a estructurar su personalidad,
escondido. a crecer en todos los sentidos, porque en su evolución no hay marcha
Eran años en que no había luz, por lo que se aprovechaba el res- atrás, la esperanza de un presente y un futuro mejor cada uno debe res-
plandor de la Luna, y el corazón latía apresuradamente ante la fantasía catarla de sí mismo.
desbordada en los cuentos de fantasmas. Criarlos de tal manera que podamos dejar nuestro mundo en ma-

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nos de personas que no sólo puedan manejarlo y manejarse ellas mis- servan demasiado barrocos, a veces muy serios, manejando artificiales
mas con efectividad, sino que puedan finalmente hacer de este mundo tramas, totalmente acartonados y con una imaginación distinta.
un lugar de paz y amor para siempre. Sabemos que les estamos dejando imágenes simbólicas sin pers-
Las palabras de una madre de familia, Blanca Sánchez de Casal, pectiva humana. Muchas veces muy sofisticadas y atractivas, pero ca-
se hermanan al de muchas más al elevar sus plegarias por que sus hijos rentes de proyección social.
“tengan buena salud, que no sean personas mediocres en su profesión, Es tanta nuestra pobreza política, que no podemos detener la ba-
se sientan satisfechos de sus logros, que lleven una vida limpia, sin vi- sura cotidiana de los medios de comunicación, los sistemas informa-
cios y, sobre todo, que alcancen la felicidad”. les de educación que combaten la educación institucionalizada, ni el
pragmatismo de una cultura que busca la riqueza material divorciada
Los niños en el cambio social de la espiritual.
Estamos abandonando la perspectiva humana de la formación in-
Para el escritor e historiador Gilberto López Alanís, reflexionar sobre fantil, aquélla que se basa en el conocimiento de los forjadores espiritua-
los niños actuales es decir que ya no son una masa que podamos manejar les de nuestra cultura, como los poetas, escritores, pintores, bailarines,
y conformar acorde a nuestros anacrónicos intereses. artesanos, auténticos músicos y actores, historiadores y científicos.
Nos enfrentamos a una niñez plural, mejor informada y con plan- Retomar las figuras ejemplares de los campesinos, obreros y tra-
teamientos claros de futuro. bajadores del campo y la ciudad; revalorar la figura del carpintero, el
Una breve charla con un niño mostrará que anhela la paz, el equi- herrero, el albañil, el dependiente del comercio, el zapatero, el lechero,
librio ecológico, el destierro de la criminalidad, mejores diversiones y el hacedor del queso, el requesón y el jocoque. Al paletero y al nevero; al
niveles de vida, acceso a las maravillas tecnológicas del aprendizaje (in- vendedor de manufacturas caseras y no de baratijas inútiles y superfluas;
ternet, espacios virtuales), justicia y cariño. al vaquero y al chofer.
Pero sucede que junto al niño no todos participamos con la mis- Tenemos que hacer que nuestra niñez descubra la profesión de sus pa-
ma intensidad e interés. No podríamos hacerlo, ya que es tan distinta la dres y sus ancestros para buscar en ellos la autenticidad que les pertenece.
concepción que tenemos del niño y diversos los intereses para extender Que el niño reflexione en su pasado, qué es su cultura, me parece
nuestra vida junto a él. que puede despertarle otros sentimientos, respetos y sueños.
Por otra parte, en el niño se ensaya y experimenta la nación; ante
este importante segmento poblacional, sobre todo en los que no leen
ni asisten a eventos culturales, a los que les es negado navegar por la in-
ternet, ni orientan su consumo y jamás presionan, que necesariamen-
te obedecen, que no cuestionan y arrastran muchas otras represiones,
nos presentamos diariamente con nuestras posibilidades y miserias,
sin poder hacer algo relevante o medianamente normal que contribuir
a su mejor desarrollo.
Los niños de hoy, los terriblemente lúcidos y despiertos, saben
captar los escenarios de su actuación y la nuestra. Presiento que nos ob-

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Escándalo, griterío ensordecedor de impaciencia.
Afuera de la iglesia o de la capilla, se mueven de un lado a otro de-
cenas de chiquillos en un intento de buscar la mejor colocación que les
reditúe el preciado botín.
El padrino sonríe, sabe que es el centro de atención; toma las mone-
das entre las manos, alza los brazos y entonces surcan los aires presurosas
¡Bolo, padrino! en breve vuelo, pues muchas de ellas son capturadas antes del aterrizaje.
¡Para acá!
¡Aquí!

E
¡Adelante!
l volo, el del bautismo se escribe con “v”, pero la gente no sabe. ¡Atrás!
Volo es una palabra latina, un verbo. Volo significa: Quiero. ¿Que ya se le acabó la feria? No, padrino, no sea codo, tire más para
Los chiquillos estábamos abusados a la hora en que iba a haber bautis- que su ahijado no le salga mudo.
mo, y sobre todo “le veíamos la zanca al pollo”, o lo que es decir, pensába- ¡Córrele, allá hay otro padrino y trae un bonche más grande!
mos: “éste va a tirar buen volo”, “éste no va a tirar buen volo”, “va a bautizar ¡Mira, ahí van otros padrinos!
fulanito o perenganito”, y nosotros gritábamos: ¡¡volo, padrino!! El clavado a tierra no se hacía esperar.
Cuando se celebra el bautismo, y es para un adulto, entonces se le Una vez terminados de recorrer todos los bolos posibles ese domingo
pregunta: ¿quieres ser bautizado? (en latín); él dice: ¡sí quiero!: en latín, de bautizos, habría tiempo de sobra para contar lo obtenido, evaluar ara-
significa volo. ñazos, raspones, pisotones, ropa rota y... la inevitable regañada en casa.
De ahí vino la tradición. ¿Cuánto juntaste? Era la pregunta de todos y cada uno. El de mayor
Cuando se acostumbró el bautismo de bebés, respondían los padrinos, monto no sólo se distinguía por “suertudo”, sino por la destreza en tirar-
pero como este ritual se hacía en latín, entonces los que daban la respuesta se al suelo, extender manos y pies como pulpo para tapar las monedas y
en nombre de los padrinos eran los acólitos, quienes ayudaban en las misas una vez que todos creían que ya no había ninguna, rastrear con mirada
y nos enseñaban a contestar todo lo que el sacerdote preguntaba. de águila alrededor.
Así como los papás cuando nace un niño regalan un puro (cigarro), o Al final, rostros de alegría ante la perspectiva de comprar quizá ca-
si es niña, chocolates, los padrinos iniciaron la costumbre de dar un regalo nicas, trompo, tirador, pontenis o por lo menos algunos dulces.
a su ahijado de bautismo, también tirar monedas al aire al salir del templo, Revisión documental señala que el bolo es una costumbre españo-
aunque eso ya nada tiene que ver con el sacramento, pero todos los chiqui- la de la fe católica que aún sobrevive en México.
llos empezaron a usar la palabrita “volo, volo”... y se hizo tradición. Y ciertamente, la conversión de los indígenas a la religión católica
¡Qué expresión tan familiar! y la eliminación, el abandono de las antiguas creencias de los pueblos
Aunque está a un paso del olvido, constituyen dos palabras de mesoamericanos, era un propósito al que los españoles daban tanta im-
enorme significado, especialmente en la inolvidable etapa de la niñez. portancia como a la dominación militar.
Cuánta emoción ver cuando las manos se introducen a la pequeña Por eso se dice que, junto con las acciones guerreras, hubo en la
bolsa o morral, las monedas titilan y el sonido hace palpitar con mayor Nueva España una conquista espiritual.
rapidez el corazón.
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Llegaron las primeras órdenes religiosas a La Colonia, los francis- Si me iba bien, me sentía muy independiente, y hasta creía poder
canos, dominicos, agustinos y más tarde los jesuitas (estos últimos a ayudar a mi mamá a comprar comida porque yo tenía mi propio dinero.
Sinaloa en 1591), pudiéndose constatar su gran influencia, de la cual En La Paz, Baja California Sur se acostumbraba que al bautizo acu-
podría ejemplificarse la incorporación de nuevas formas de celebración dieran sólo familiares y se tiraba el bolo en la fiesta. Muchas veces padres
y de culto, entre las que sobresale el bautismo, sacramento que según y padrinos cooperaban para que se juntara más dinero y pudiera tirarse
los preceptos de la Iglesia Católica y algunas iglesias cristianas, confiere en la iglesia y en la casa; lo más bonito era que todos los invitados, niños,
gracia y testifica el ingreso en ellas. jóvenes y adultos, se agachaban a recogerlo.
Pero la acción de bautizar, de efectuar la ceremonia con que se Los bautizos como los celebramos en Sinaloa, son extensivos a fa-
solemniza, está profundamente arraigada en el pueblo mexicano, los miliares y amigos, y se concreta a una fiesta donde ya no se recuerda esta
cambios se registran en la tradición del bolo, herencia que ha pasado de tradición. Me da tristeza que se haya perdido, pues cómo olvidar que fue
generación en generación y que se efectuaba en todos los niveles de la parte de mi niñez. El bautizo para uno significaba bolo, como es hoy la
sociedad, realizándose ya sólo esporádicamente. ilusión de las piñatas por los dulces”.
Ello ha traído como consecuencia que los niños de hoy no extra- Al interrogar a un grupo diverso de personas respecto al significado de
ñen esta práctica, incluso para algunos desconocida. éste en el bautizo, aseguran que difícilmente se podría volver a los tiempos
Y aunque en Sinaloa hablar de bolo es sinónimo de feria, de ningu- de “antes”, pues hoy prevalece el entregar a los invitados una tarjeta hecha
na manera su significado es como en la antigua Roma, día en que estaba en imprenta, a la cual se le pega una moneda en su interior, también contie-
proscrito el trabajo como homenaje a los dioses, tampoco es una re- ne el nombre del bautizado, padres, padrinos y fecha del acontecimiento,
unión de vendedores y compradores en lugar y fecha establecidos, feria entregándose a los invitados como recuerdo de ese día especial.
es simple y sencillamente el cambio, el vuelto o lo vuelto. Otros más argumentan que la crisis económica sólo permite gastos
El bonche es un pochismo que se usa en el norte para indicar un con- de vestuario del bautizado y la fiesta en su honor, además del costo que
junto numeroso de cosas, así lo más común era escuchar que los padrinos ocasiona el regalar una alhaja de oro, por lo regular cadena y medalla.
repartían el bolo cargando un bonche de morralla, cacharpas, feriecita, fe- Una veintena de niños entre 8-12 años aseguran haber participado
riecilla, dinero suelto de baja denominación, o lo que es decir, centavos. algunas veces en recoger bolo, porque alguno de sus familiares lo acos-
tumbra, pero sólo les ha tocado en la fiesta, afuera de la iglesia nunca
Añoranza han visto que tiren monedas, “a la mejor si estuviéramos acostumbrados
a esta tradición de nuestros abuelos y padres, sería bien perrón y agarra-
Elva Flores Castro, agente de publicidad, aun cuando se encuentra ríamos mucha cura”.
en plena juventud, no olvida este recuerdo tan grato de su niñez. Alicia Angulo, a sus 78 años, sonríe al recordar que “era un algüende,
“Sentía desespero porque los adultos se decidieran a tirar el bolo, una novelería de la plebada, la chiquititada traviesa aventándose como abejas
todo el tiempo se me hacía poquito, quería más, mucho más. Por lo re- al panal, había unos que eran unas chureas, cuisuquis, peleoneros con ganas,
gular feriaban billetes por centavos, lo más pequeño posible para que no les importaba llenarse de tierra, y eran los que más centavos agarraban.
hicieran bulto; cuando llegaba a agarrar un peso de esos grandotes, lo ¡Qué bonita tradición!, qué relajo, qué chirotear, ya se fue, desgra-
cuidaba mucho, y corría a comprar unos chocolates miniatura que ven- ciadamente, y eso que antes éramos más pobres, pero cómo disfrutába-
dían en el abarrote. mos los festejos, en este caso la ceremonia de un nuevo cristiano”.

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El bolo, puñado de monedas infaltable en los bautizos de antaño.
Rasgo de una colectividad.
Quienes lo disfrutaron albergan chispeante anecdotario que segu-
ramente comparten con sus hijos y nietos en la tertulia familiar.
Quienes participan ocasionalmente en este ritual no dudan en
exclamar: ¡qué padre, es muy divertido tirarse al piso y tratar de ganar
algunas monedas, no sólo nos reímos mucho, sino que es un momento
de acercamiento entre nuestros tíos y primos!
Y el grito de ¡BOLO, PADRINO! se pierde ya, llevándose en los lo-
mos del viento la centenaria tradición, de la que hemos sido entusiastas
testigos y partícipes.

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El monte

Este proceso de investigación conlleva a interrogar a Pablo Lizá-


rraga, escritor apasionado de la flora y fauna regional, quien asegura
en sus libros y conferencias que “quien no conozca profundamente
el monte, no conoce Sinaloa, ni puede ser su historiador. El que vive
Sayas
en nuestras ciudades, pese a presumir de tantas y variadas escuelas, lo
ignora todo referente a su pasado sinaloense, no así el que vive en los
ranchitos apartados, porque en medio de su rusticidad sí sabe todavía

¡ Empezó la temporada de sayas! Exclaman con alegría quienes con-


servan la tradición de arrancar a la tierra generosa los delgados
camotillos silvestres, semejantes al chayotextle o chinchayote, aun-
que más desabridos.
de sus orígenes y costumbres”.
Así señala que las sayas cocidas acompañadas con leche, son idea-
les. Hay en Estados Unidos, Canadá, Bélgica, Inglaterra, pero más en Es-
paña. Los biólogos deberían ponerle atención para consumo nacional o
exportación, pero no hay interés por explotar ese tubérculo... por nada
Desde el amanecer los sayeros pregonan la venta por caminos ru-
de las cosas nuestras.
rales, o bien, colocan su mercancía a ras del suelo, donde ya han hecho
Es un alimento como el nabo, la zanahoria, el betabel, con muchas
punto para que los identifiquen compradores usuales; otros prefieren
vitaminas y más fino. Eso de que es similar al Gin Sen y que tiene propie-
recorrer las calles para terminar la venta más temprano.
dades afrodisiacas, es pura vacilada, inventos de la gente, asegura.
En muchos lugares se reproducen en abundancia, especialmente
en tierras barrialosas; en contraparte, decenas de culiacanenses interro-
gados al azar, muestran extrañeza por estas raíces, las cuales aseguran no Para heridas de flecha
conocer, al igual que los del sur de Sinaloa, e incluso sucede lo mismo
hacia el norte, tanto en Guasave, como en Los Mochis. Y si acaso se duda o cree que se conocen recientemente, de inme-
La palabra saya es el nombre vulgar de esta planta herbácea y se diato lo mejor es desechar tal suposición.
atribuye a la lengua de los pápagos de Sonora; el técnico, científico o El entusiasta escritor Filiberto Leandro Quintero, en su obra Histo-
botánico es Amoreuxia palmatifida M y S. ria Integral de la Región del Río Fuerte, manifiesta que gran número de
Crece brazuda hasta una altura de aproximadamente 50 centíme- nuestros especímenes vegetales silvestres tienen utilidad para el hombre,
tros; sus hojas son parecidas a las de la zanahoria; su tallo amarillento y pues algunos suministran maderas para la construcción y la ebanistería,
la flor es anaranjada con pinceladas rojas hacia el centro. otros son aprovechables en la curtiduría; hay también plantas tintóreas,
Da como fruto una bolsa esférica que ocupa el centro de la flor, casi textiles, frutales, forrajeras; algunas también que producen resinas, y
llena de semillas negras del tamaño de la lenteja, que tostadas, molidas y existe un sinnúmero de plantas medicinales.
mezcladas al 50% con polvo de café, es bueno para preparar una bebida Entre los frutales, por ejemplo, se encuentra la pitahaya, el nopal, la
llamada “café de saya”. aguama, la saituna, el guamúchil, arrayán, el zapote amarillo, el papachi,
la ciruelita del monte, la bebelama, la igualama, el talayote, la balsamina,
el garambullo, el zapuchi, la higuera, la cacaragua y muchos otros.
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El capomo y la saya dan tubérculos comestibles. que lo hicieron otras generaciones, habrá quien decida hacer una pausa
Hay informes muy interesantes y curiosos relativos a la flora sono- para deleitar su paladar al consumir sayas cocidas.
rense, que datan de las postrimerías de La Colonia, con la cual se identi-
fica gran parte de la de Sinaloa. Un desayuno con leche
Por ejemplo en la Relación de Sahuaripa (véase Memorias de la
Academia Mexicana de la Historia No. 1 Enero-Marzo, Tomo VI, 1947), He aquí un fragmento de la anécdota narrada por el escritor Cipria-
la formuló el obispo Fray Antonio de los Reyes el 7 de marzo de 1778, a no Obezo Camargo.
petición de Su Majestad y con arreglo a la instrucción expedida por el Si mi tío Luis le presta la vaca que le ofreció a mi madre, co-
Excelentísimo Sor Virrey de la Nueva España. mentó Miguel, el hijo mayor de mi abuela, vas a tener que ir conmi-
Clasifican a la saya dentro de Yerbas y raíces medicinales y veneno- go haí p’al rumbo de Batamotos, a sacar unos dos baldes de sayas pa’
sas. Así dice: tomar con lechi.
Es una mata muy pequeña, la raíz secada y hechada en las heridas de En estas aguas no hemos traído ni una vez, y como ya estamos a fi-
flecha es contra la yerba que acostumbraban los indios untarles la que se nes de julio, las matas han de estar bien florecidas pero ya maciza la bola
muele y el polbo es el que se usa; también es buena para comer cruda, sosida y de en medio, y las raices todavía tiernas pero bien tamaltis.
hasen como masa. En el portal, junto a la puerta de la salida que da a la calle, quedaron
La gente campirana, quizá sin proponérselo en sus hábitos alimen- traspuestos dos baldes, una pala, un bule de agua, dos cajetillas de ciga-
ticios con menor influencia química, disfrutan con naturalidad el con- rros de torcer y un cuchillo viejo, que antes se había usado en la cocina.
sumo de estas raíces. Caminando al tranco largo, en poco más de una hora recorrimos
Las sencillas palabras de un sayero corroboran que a la par de procu- el trayecto necesario para llegar a la región silvestre en que amarillaban
rarse al vender estas raíces un ingreso para la manutención familiar, los las flores del sayal.
comentarios de los compradores hacen más llevadero su oficio porque “la Miguel, más o menos a un jeme de la raíz de la planta escogida
batalla no es sacarlas, sino la limpiada; después las pongo a cocer en agua clavaba la pala, se subía sobre la parte superior y columpiándose hacía
y sal durante tres horas y ya están listas para que las personas se las coman acentuar el peso de su cuerpo para que penetrara más la hoja en el suelo
puras, o con salsa y limón, como quieran. Hay quienes dicen: “señor, qué húmedo. Trataba de rebasar la longitud de la raíz para palanquearla en-
bueno que lo encontré, fíjese que nomás de pensar en comerme las sayas seguida, y hacer reventar hacia arriba un terrón de unos 10 ó 15 centíme-
acompañadas de un vaso de leche, ya me estoy saboreando”. tros de diámetro, en cuyo centro se escondía la raíz comestible.
La diversidad en las preferencias gastronómicas de los residentes de Unas 10, 30 y hasta 100 veces la pala se hundió en el terreno, con la
este solar es vasta, y así como algunos le encuentran sabor especial a este preciada cosecha.
tubérculo, a otros no les gusta, y por supuesto, hay quienes aseguran no Yo, según me iba siendo posible, desembarazaba las raíces de su
tener la menor intención de probarlo. estuche de tierra, cortaba con un viejo cuchillo cebollero las raicillas
De cualquier forma, los viejos tiempos con olor a nostalgia se en- delgadas o deformes, y echaba en los baldes las que apreciaba gruesas y
trelazan con el hoy, en que la naturaleza continúa ofreciendo sin rega- jugosas, buenas para comerse.
teos lo que surja de sus entrañas. Cumplida la jornada nos arrimábamos a la sombra de un árbol de
Y en ese devenir del trajinar incesante de la vida cotidiana, al igual nanchi, alto y frondoso, para apurar unos buenos tragos de agua fresca

María Esther Sánchez Armenta 351 María Esther Sánchez Armenta 352
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
y sabrosa y tomar un rato de merecido descanso, antes de emprender la
jornada de regreso al hogar.
Como etapa siguiente del proceso iniciado por nosotros, la abuela en
la cocina empezaba a hacer lo suyo, lavando cuidadosamente las raíces, para
quitarles hasta el último vestigio de lodo o cualquier otra impureza y darle
una segunda rasurada, para garantizar la absoluta limpieza del producto.
Para cuando concluyó la faena del lavado, la jarrilla con agua pues-
ta al fuego ya había hervido dando punto para el rápido cocimiento de
las sayas en su primera “pasada”. Reblandecidas suficientemente, las raí-
ces habrían de ser sacadas y escurridas para pasar a una segunda cocción
en una olla de barro y en inmersión de suero salado.
Se cumplieron los siguientes pasos de acuerdo con el ritual culi-
nario de la ocasión, y para cuando el Sol estaba por ponerse, las sayas
estaban ya suaves y cremosas.
Como conclusión del éxito de aquella fiesta del quehacer rural, el
arte culinario y el placer gastronómico, hemos de apuntar que la gene-
rosidad de las tetas vacunas de La Pinta, y la capacidad de la olla panzu-
da que contenía las sayas, dieron margen para que todos repitiéramos
ración, para terminar con un par de tortillas calientitas, recién hechas,
empujadas con tragos de suero salado, que quedó después de cocer las
raíces, por cierto, ya espesito y bien sabroso.
Dispuestos a la sobremesa, después de la sonrisa que dibujaba la
hartura, decorada con las palmadas sobre la panza llena del que comió
hasta el colmo, la abuela nos aconsejó estar pendientes de los días en que
terminara el tiempo de lluvias, porque para entonces al secarse la plan-
ta de las sayas, las bayas que se forman en la parte central de la flor ya
estarían bien desarrolladas y repletas de semillas negras y bien llegadas,
listas para ser cosechadas, tostadas y molidas y ser usadas en sustitución
del café en una combinación de mita y mita, para los días más duros de
la arranquera, aunque la bebida alcanzara un tinte mayor que la infusión
no adulterada y una variedad casi imperceptible en el sabor.
Por demás está decir que, antes de que se llegara el tiempo de la
pizca de las semillas, volvimos como en dos o tres ocasiones a sacar más
sayas y a comerlas con leche...

María Esther Sánchez Armenta 353 María Esther Sánchez Armenta


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
En el referente de las nuevas generaciones es mínima la existencia
del juego de los zancos.
En un principio, niños y jóvenes utilizaban dos envases o tambos
resistentes, macizos, de preferencia botes de leche Nido vacíos, le hacían
agujeros a los costados para sujetar un pedazo de mecate con varios nu-
dos para asegurarlo, se tomaba el doblez con las manos y listo, a caminar
Zancos desafiantes con ellos e incluso correr.
En el anecdotario de los nativos aparece también las naturales
bromas a los chiquillos gorditos, a quienes les decían que sólo baldes de

D
fierro (hojalata) o latas mantequeras podrían resistir su peso.
esafían las alturas.
Una vez adquirida la destreza necesaria, había que traer del monte
La mirada de niños, jóvenes y adultos, refleja admiración a cada
palos de güinolo, de preferencia por la horqueta, es decir, la parte del
paso de los acróbatas que caminan sin vacilar.
tronco en que se bifurca una rama, o bien, cualquiera que se encontrara,
Sin miedo.
ya que de cualquier forma tendría que hacérsele el escalón, el cual se co-
Sabedores de la expectación que ocasionan, hacen gala de su des-
locaba muy bajo primero, subiéndose poco a poco conforme avanzaba el
treza física al moverse de un lado hacia otro con sorprendente agilidad.
adiestramiento; las medidas de los palos oscilaban alrededor de un metro
Es necesario arquear la espalda y levantar la vista para verlos en
cincuenta centímetros, ya que debían quedar a la altura de los hombros.
plenitud y apreciar su extraordinaria estatura.
Colocar un pie en el estribo era fácil, pero al subir el segundo e in-
Equilibrio en el aire.
tentar mantener el equilibrio para dar los primeros pasos, los zancos se
El proceso inicia al colocarse los zancos, sujetarlos y con ayuda po-
abrían como compás, el cuerpo se balanceaba peligrosamente hacia de-
nerse en pie.
lante o hacia atrás y las caídas se repetían una y otra vez, ocasionadas no
El espectáculo se centra precisamente en esos dos palos largos pro-
sólo por falta de pericia sino por la accidentada superficie de terracería.
vistos de estribos a media altura, sobre los que se afirman los pies, para
Para superar el reto había que practicar hasta lograr sostenerse unos
andar con ellos.
segundos, después minutos y finalmente el tiempo que se quisiera.
La creatividad depende del vestuario elegido, el cual se fabrica con
decenas de metros de tela de mucho colorido. Inventiva y destreza física
capturan la atención de chicos y grandes ante esta prueba de habilidad. Diversión
Y es que el hombre inventa juegos no sólo para desplegar su capa-
cidad creadora, sino para encontrar placer, ejercer su libertad y comple- La concentración es un factor importante para sortear cualquier
mentar su existencia humana. obstáculo que ocasione desequilibrio, pues en fracción de segundos
puede hacer que se caiga a tierra.
Juglarías denominan hoy a esta diversión popular, representada
Al olvido artísticamente.
Al hurgar en las páginas con olor a tiempo, es posible constatar que
Diversión popular de ayer, a punto de ser arropada por el manto del
los juglares eran artistas profesionales del entretenimiento en la Europa
olvido hoy.
María Esther Sánchez Armenta 355 María Esther Sánchez Armenta 356
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
medieval, dotados para tocar instrumentos, cantar, contar historias y
hacer acrobacias, así como otros trucos de la actuación, a los cuales la
nobleza solía emplear.
Al igual que ayer, la diversión es necesaria para el descanso emo-
cional; el niño de antaño, aquél que despertaba con la luz del Sol ma-
tinal, aquél cuyo primer pensamiento era jugar, jugar hasta el cansan-
cio, mostraba codos, rodillas y frente llena de raspones en sus intentos
Zapatero remendón
de acrobacia.
Hablar de juego es decir que existe desde tiempos remotos como

D
parte de la cultura de las sociedades humanas, por ello, sin duda, en sus
urante décadas han ligado su existencia a moradores de grandes
más diversas modalidades, perdurará por mucho tiempo más.
ciudades y pueblos provincianos.
Paradójicamente qué poco cuesta en dinero recuperar juegos y
Sin gran preocupación por la amplitud o estrechez de espacio, en la
juguetes tradicionales, pero qué abismo separa a la tradición de la pro-
calle, portal de su casa, locales o mercados, su presencia cotidiana se archi-
ducción a nivel industrial de los juegos electrónicos relacionados con el
va naturalmente en los recuerdos de niños, jóvenes, adultos y ancianos, al
desarrollo de la tecnología informática. Es innegable que la industria del
acudir un día cualquiera a solicitar los servicios del zapatero remendón.
juguete ha evolucionado hasta convertirse en un gran negocio mundial.
Este singular trabajador poca importancia concede a los cambios
No obstante, qué fácil sería retomar esta postal de genuina diversión.
climáticos, ni aun al atosigante calor del verano; él se concentra en su
Sí, aquellos objetos de entretenimiento infantil que mucho ayu-
menester y sentado la mayor parte del tiempo en sencillo banco o rús-
dan al desarrollo emocional, social, mental y físico de los niños y jó-
tica silla, mueve sus manos constantemente para usar con habilidad los
venes, quienes tienen que desplegar tan sólo fuerza, balance, agilidad,
instrumentos indispensables en la reparación.
resistencia y... audacia. Competir y ganar por sencillo que el juego sea, es
No hay duda. Llegó para quedarse. Su figura es parte del escenario
diversión, pero también una gran recompensa anímica.
sinaloense, prueba de ello lo es también cómo en la memoria colectiva
Hay que sonreír, reír a carcajada franca, dejar que la alegría invada
de los ciudadanos, nombres y apodos fluyen con extraordinaria nitidez,
los sentidos, al jugar con otro, junto a otro, contra otro.
a pesar de que algunos nativos abandonaron el mundo terrenal hace
Aún no es tarde para el uso de la imaginación.
mucho tiempo.
Aún no es tarde para un día cualquiera, con un poco de ingenio y liber-
Miguel Pérez, mocoritense de origen, a sus 86 años no olvida a
tad creadora, recoger unos palos silvestres o trozos de madera e intentar sen-
quienes en su tierra prestaron valioso servicio.
cillas acrobacias circenses, y con los maderos inclinados desafiar las alturas.
De ahí que hurgar en la década de los 30, es señalar la existencia de quie-
¡Que el juego comience!
nes hacían huaraches cerrados, calzado corriente y para completar su oficio,
el arreglo de todo tipo de descomposturas, como Gorgonio “Goño” Pérez,
Trinidad “Güero Trini” Pérez, Julián Verdugo, Ernesto “Neto” Verdugo, Enri-
que Montes y Jesús Lara.
De José Lau, se dice que lo distinguía su especialidad: huaraches de
2-3 correas, preferidos por la plebada.
María Esther Sánchez Armenta 357 María Esther Sánchez Armenta 359
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
Por su parte, José Ramírez, “Loco Ché”, heredó la tradición a su hijo
Abelardo, “El Chino” Ramírez, quien actualmente es el único que trabaja en
esta tarea en la cabecera municipal.
Nombres, nombres, nombres de tantos que ya fallecieron, otros
ya ancianos retirados del oficio, pero que tienen la característica de ser
recordados con un dejo de nostalgia no exenta de cariño en Elota, San
Ignacio, Choix, Concordia, entre otros municipios de la entidad.
Capturar en pocas palabras la imagen que se guarda de ellos, es decir
que “eran todo oídos”, “escuchaban pacientemente a los parlanchines que
a él acudían, tuvieran ‘negocio’ o no”.
Corroborar estas apreciaciones no es difícil, ya que ciertamente di-
cen varios zapateros en bella y espontánea expresión: “la gente en todas
las épocas ha manifestado su necesidad de dejar salir sus sentimientos, a
veces hablar sin descanso, con gozo, emoción, tristeza en el alma, y pues
ahí está uno, silencioso, asintiendo o negando con la cabeza, levantando
la vista de vez en cuando pero sin dejar de trabajar, haciendo quizá lo que
las personas esperan en ese momento: tener quién los escuche”.

No hay monotonía

El saludo de buenos días y buenas tardes se repite al paso de las


horas; charlas breves en ocasiones con los vecinos de trabajo, o bien, sin
temor de interrumpir, a los compañeros de faena, así resulta que es rara
la ocasión en que el aburrimiento está presente.
El paso de los más diversos transeúntes, su algarabía, el caminar de ven-
dedores ambulantes expendiendo los más variados productos, el grito canta-
rino de fonderas a los clientes para que pasen a su mesa, el chofer de la tranvía
o el camión que trae “encargues” para compostura, y las pláticas que se escu-
chan aquí, allá, de todos colores y sabores en un día común. Y el sentido del
humor que identifica al nativo de estas tierras aparece de pronto, chispeante.
La anécdota se acompaña de ruidosas carcajadas al referir que “llegaba uno
con el ‘guarachero’, a veces con los pies todos cochinos y unos ‘espolones’ de
meses (uñas sin cortar); ponías el pie en un pedazo de cartón, te lo dibujaban,
y después volvías a recoger los huaraches hechos a la medida”.

María Esther Sánchez Armenta 360


Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
El único reparador en la zona de Angostura es el joven Jesús Elías puntos de Guasave, Angostura, Mocorito, Sinaloa de Leyva, Culiacán y
Camacho, cuya facilidad de palabra rompe las reglas, dada la rapidez de Los Mochis, que buscan calidad y durabilidad en la reparación.
su habla y abundante información “de todo un poco”. En retrospectiva refiere que a él lo enseñaron a trabajar maestros de
“Aprendí el oficio viendo, antes fui bolero, taquero, trabajé en el Guadalajara y de León, Guanajuato (donde está la mata del arte del cal-
campo hasta que me anclé en esto. Brindo mis servicios con alegría, me zado), y sin egoísmos comparte con los aprendices las bases de efectuar
recreo haciéndolo, y me parece que por la crisis económica las personas trabajos lo mejor posible.
se ven en la necesidad de pintar y reparar su calzado, antes de pensar en El martilleo es incesante; se observan plantillas de fierro de diferen-
comprarse otro par, primero dicen: voy al zapatero”. tes tamaños, viejas máquinas de coser, de codo, banco de pulimento con
variedad de rodillos, horma para ampliación, martillos diversos, afiladas
Utilidad truchas, tenazas, plumas, perforadora, cinceles, cuchilla para corte de piel,
lijas, piedra para afilar, clavos de diferentes medidas, pegamento 3080, hilos
Seguramente en más de alguna ocasión los nativos han acudido a tipo cáñamo para coser suelas y número ocho para el corte de la piel.
solicitar servicios de reparación de suela, tapitas, pegar, coser mochilas, A ello habría que agregar cepillos, brochas, desarmadores, cintas,
bolsas, forrar, en fin, lo necesario para prolongar la vida útil de los indis- “pie de rey”, es decir, pequeño aparato que se usa para la exactitud en los
pensables accesorios. trabajos ortopédicos, tijeras, entre otros utensilios.
Y si antes la materia prima había que pedirla a Guadalajara, hoy los Ciertamente tiempo atrás las costuras se hacían a mano en todo
proveedores recorren el estado en la entrega a domicilio de la mercancía. Sinaloa, los zapatos no sólo duraban porque estaban mejor cosidos con
Cambios se registran también en el pintado de los zapatos, ya que hilo de lino, retorcido y encerado, sino que también las personas les da-
a finales de la década de los 50’s sólo existía anilina (colorante artificial), ban menos uso, guardándolos para ocasiones especiales.
que se preparaba con agua, y en los tiempos modernos se emplea una Fábricas de fama y prestigio como la Canadá, y la López Navarro,
variedad inmensa de marcas y colores, como pintura en laca para piel. cuyos dueños eran hermanos y competían en calidad de fabricación,
Y aunque ahora sonrisas de incredulidad se manifiestan en los ros- garantizaban a los clientes la compra de calzado de gran duración. Este
tros de las nuevas generaciones, lo cierto es que una manera rudimenta- señalamiento viene a la mente de los habitantes al decir que a los nuevos
ria de ampliar el zapato que apretaba por tener el “empeine” muy alto, zapatos de mujer, de consumo popular, se le caen con frecuencia los taco-
o ser de menor medida, se rellenaba con granos mojados, para que al nes, ya ni se diga las tapitas.
hincharse extendieran la piel. Si bien es cierto los expenden a precios módicos, la materia prima
Isidro Higuera Valenzuela ha sido testigo y partícipe de muchos es corriente, sintética, que casi no dura, se despega y obliga a la repara-
cambios, pues tuvo contacto con esta actividad desde jovencito, 16 ción como antaño: a mano.
años; hoy, a los 67, afirma convencido que cada día renueva sus deseos Señala don Isidro que una de sus preocupaciones es precisamente
de aprender más y actualizarse, porque “si las personas acuden a mi ne- el manejo de nuevos materiales, con el fin de proteger a las personas para
gocio es porque nos hemos ganado un lugar en la sociedad, no sólo en el que no se resbalen en los pisos, por ello se usa el Neolite; otra evolución
uso del mejor material, sino en los acabados”. se constata también en el hule Person y el Excelite.
Deja traslucir su orgullo al manifestar que no obstante estar ubi- “Para mí es un oficio muy noble que diariamente provee para vivir,
cado en la ciudad de Guamúchil, tiene clientela procedente de varios pero siento que todo el tiempo hay que aprender, cuidar la clientela y

María Esther Sánchez Armenta 361 María Esther Sánchez Armenta 362
Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso
darle seguridad que lo que invirtió por su compostura le sirva. Además
considero que la situación actual de crisis y tiempos que vienen, obligan a
reparar el calzado para de esa forma contribuir a la economía familiar”.
Reparadoras, restauradoras, renovadoras, entre ellas el curioso
nombre de Zapato Feliz, son pequeñas empresas cuyo giro registra in-
usual movimiento, especialmente en fechas cercanas al inicio de clases,
fiestas carnestolendas, graduaciones, y en general la etapa decembrina.
Y así como en el despertar de cada día la ciudad cobra vida por el
bullicio de sus pobladores en su jornada cotidiana, la añoranza por aque-
llos zapateros que plasmaron su energía y destreza hasta que la inexorable
marcha del tiempo dio paso a la vejez apoderándose de su vista y de sus
manos, quedó grabada como viejas postales que suplen ya los herederos
de esta tradición.
Hacer y reparar, palabras familiares que identifican y abrazan a esta
tarea que no admite interrupciones, donde el oficio del zapatero remen-
dón es, por fortuna, estampa frecuente que los sinaloenses se empeñan
en conservar aún.

María Esther Sánchez Armenta 363 María Esther Sánchez Armenta


Estimado Lector:

P
reciso decirte que siento una enorme satisfacción, al haber contribuido
para llevar a cabo la edición de esta obra que viene a enriquecer de ma-
nera importante, el acervo literario creado por autores sinaloenses.
Cuando asumí la honrosa responsabilidad de dirigir el destino de
nuestro municipio, anoté como una de las prioridades apoyar el rubro
cultural, que sin duda, es uno de los más importantes, redituando al
tiempo, en mejores hombres y mujeres, comprometidos con el desarro-
llo de su tierra.
La cultura es una palabra de amplia definición, pues sabemos que
dentro de ella están historia, tradiciones, lenguaje, arte, personaje, luga-
res, música, literatura, en fin, todo aquello que le da rostro, identidad a
un Municipio, Estado o País.
La publicación de crónica, reportaje, investigaciones, poesía, va
dando forma a la memoria de un pueblo, registrando momentos impor-
tantes en su historia, que al paso del tiempo se convierten en un tesoro.
Creo firmemente en el desarrollo humano como consecuencia de
la lectura y en la permanencia de la escritura.
Por ello, celebro la decisión de participar con el Programa Nacional
de Fondos de Cultura Municipal, haciendo posible que esta interesante
obra llegue a ti.
Con mis mejores deseos
Guamúchil, Salvador Alvarado, Sinaloa Diciembre 2007
Alfonso Inzunza Montoya
Presidente Municipal de Salvador Alvarado.

María Esther Sánchez Armenta María Esther Sánchez Armenta


ÍNDICE Un ayer con sabor a pueblo.................................................................161
Tierra de canto y trabajo.....................................................................171
Presentación..........................................................................................1 Guamúchiles......................................................................................177
Prólogo...................................................................................................7 Cachimbas.........................................................................................183
Agradecimientos..................................................................................17 Asientos..............................................................................................189
Ademanes.............................................................................................19 Juguetes tradicionales.........................................................................191
Agua de garbanzo.................................................................................23 Ladrilleras; historia viva....................................................................195
Algodones de azúcar.............................................................................27 Las pulmonías....................................................................................201
Aguamas...............................................................................................31 ¡Llegó el lechero!................................................................................205
El árbol de Guamúchil; siglos de vida...................................................37 Los apodos..........................................................................................213
Artesa...................................................................................................45 Lotería, ¡todos a jugar!........................................................................217
Asador..................................................................................................49 Los olvidados.....................................................................................221
Atarrayas..............................................................................................53 Por el mercado...................................................................................223
Atole pinole.........................................................................................59 El merolico y su torbellino de palabras...............................................231
Ayales...................................................................................................65 El metate con mano de piedra; de la cocina al olvido........................235
Bacín de peltre.....................................................................................69 Esquites..............................................................................................239
Bardas...................................................................................................73 La molienda de El Valle......................................................................243
Bolsas de papel de estraza.....................................................................79 Nieve de garrafa..................................................................................247
Bules.....................................................................................................85 Valiosos viajeros.................................................................................255
Cacaragua o cacarahua.........................................................................89 Paño, pañuelo, paliacate....................................................................259
Camotes amargos.................................................................................91 Gastronomía; El paté de camarón......................................................265
Tejedores de canastas...........................................................................95 Peines para piojos..............................................................................269
Churros..............................................................................................101 El petate..............................................................................................271
Tejedor de cintos................................................................................105 La pilingrina.......................................................................................177
¡Qué rica comida!...............................................................................109 Pizcador.............................................................................................283
Colchas; las sobrecamas......................................................................115 Pirulines.............................................................................................289
Conserva de papaya............................................................................121 Los ponteduros; ¡huele a palomitas!..................................................293
Coronitas del monte..........................................................................127 Tirador o resortera..............................................................................297
Las damajuanas; del esplendor al olvido............................................133 El sudadero en extinción....................................................................301
Letreros...............................................................................................137 Tamales de frijol.................................................................................307
El balde en balde.................................................................................141 Entre tarimas y petates........................................................................311
Empanadas borrachas.........................................................................147 En el tobogán del olvido.....................................................................315
El coctel de frutas; nuestro pico de gallo.............................................153 Traje representativo del Estado de Sinaloa.........................................321
Gordas pellizcadas..............................................................................157 La tranvía tropical..............................................................................325
Volcanes en erupción.........................................................................333
¡Bolo, padrino!...................................................................................343
Sayas...................................................................................................349
Zancos desafiantes.............................................................................355
Zapatero remendón...........................................................................359

Nuestras raíces culturales sinaloenses: esplendor y ocaso


se terminó de imprimir en
Creativos7 editorial, Culiacán, Sinaloa, México.
La edición consta de 700 ejemplares. Septiembre de 2007.