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Artículo, Universidad Francisco Marroquín, 1989

Reflexiones sobre la Inflación


Por: Juan Carlos Cachanosky

PRÓLOGO

La inflación es un problema perenne en el mundo moderno, y particularmente en las economías


latinoamericanas, por lo que este trabajo del Dr. Juan C. Cachanosky, conocido profesional de las ciencias
económicas, sin duda será de interés para una amplia gama de lectores.

De entrada, el autor enfatiza la importancia de las definiciones de los términos empleados.


Aunque algunos quizá objeten que esta es una cuestión meramente semántica, el Dr. Cachanosky afirma
con acierto que en el diferente uso de los términos está implícita una teoría sobre la causa del fenómeno
a explicar. La claridad terminológica es pues esencial para el logro de una explicación cabal del
fenómeno.

La discusión del Dr. Cachanosky tiene el mérito adicional de no limitarse únicamente a una
explicación de las variaciones en el nivel general de los precios, sino que enfatiza particularmente los
efectos que la expansión monetaria tiene sobre la estructura de los precios relativos, y los consiguientes
efectos sobre la asignación de los recursos, siendo ésta la base de su explicación del fenómeno de las
recesiones económicas. En definitiva, la expansión monetaria nunca puede ser neutral en sus efectos.

Estamos seguros que este trabajo habrá de contribuir mucho a un mejor entendimiento del
problema inflacionario.

Julio H. Cole
Guatemala, julio de 1989.

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INTRODUCCIÓN

La inflación es un fenómeno que ha venido afectando a la mayor parte de los países del mundo,
especialmente luego de la Segunda Guerra Mundial. La causa de la inflación es la misma en todas partes
del mundo, y la única diferencia entre las inflaciones de los distintos países es el ritmo o velocidad con
que se produce este fenómeno.

Lamentablemente el Profesor Hayek tiene razón cuando dice: "…en el momento actual se espera
de los economistas digan "cómo ha de extirparse del mundo libre la serie amenaza de la inflación
acelerada"; cuando esta situación —hemos de admitirlo—es en realidad el resultado de la política que la
mayor parte de los economistas han recomendado, e incluso urgido, a los gobiernos. Hoy por hoy
tenemos pocos motivos para sentimos orgullosos: como profesión, hemos creado una confusión
enorme…”.

La afirmación de Hayek no puede ser más cierta. Como veremos, el problema no es simplemente
que no se puede detener la inflación, sino que además existe una gran confusión en cuanto al significado
de la misma palabra. Inclusive el análisis macroeconómico hizo perder de vista muchos de los efectos de
la inflación llevando a conclusiones erróneas.

l. DIFERENCIAS EN EL CONCEPTO DE INFLACIÓN

El articulo "Inflación y deflación" de la Enciclopedia Internacional de la Ciencias Sociales empieza


diciendo: "Por inflación se entiende una disminución, y por deflación un aumento, del poder adquisitivo
del dinero, medidos de ordinario por un índice de precios. Cuando aumenta el índice de precios, los
economistas hablan de disminución del poder adquisitivo del dinero, de condiciones inflacionarias, y al
contrario cuando baja". Esta es la manera en que, palabra más palabra menos, se define inflación en la
mayoría de los textos universitarios. Por supuesto, en el uso cotidiano, la gente también se refiere a la
inflación como un alza en el nivel de los precios.

Sin embargo, la palabra "inflación", como también "deflación", ha perdido su significado original.
Los economistas de la escuela austriaca tratan de mantener el significado original de estas palabras. Así,
por ejemplo, von Mises sostiene que "los vocablos inflación y deflación en modo alguno constituyen
conceptos praxeológicos. No fueron elaborados por economistas, antes al contrario, fue el lenguaje
popular empleado por el público y los políticos quienes los estructuraron... son numerosas la personas
que hoy en día denominan inflación o deflación, no al incremento o reducción de las existencias
monetarias, sino, a la inexorable consecuencia de dichos cambios; es decir a la general tendencia al alza
o a la baja de los salarios y los precios"

También el Profesor Hayek señala lo mismo: "Mucha de la confusión existente se deriva del
inapropiado uso del término inflación. Su significado correcto y original se refiere al incremento de los
medios de pago; lo que, en igualdad de otras circunstancias, dará lugar a un alza de los precios. No es

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inflación, sin embargo, un generalizado incremento de los precios que, por ejemplo, sea consecuencia de
la escasez provocada por una mala cosecha"

Podemos ver entonces que no parece haber acuerdo entre los mismos economistas ni siquiera
en la definición misma del problema. Sin embargo, esta diferencia no es meramente semántica. En
realidad el significado original de inflación y deflación eran mucho más claros en cuanto a la relación de
causa y efecto y permiten una mayor precisión en el análisis económico. Pues, como veremos, para los
economistas de la escuela austriaca puede darse el caso que el nivel de precios esté bajando y a pesar de
esto que haya inflación, mientras que el resto de los economistas dirían que hay deflación y por lo tanto
se puede llegar a conclusiones analíticas y/o empíricas totalmente opuestas.

En los próximos capítulos trataremos de ver el por qué de las discrepancias.

II. DETERMINACIÓN DEL PODER ADQUISITIVO DEL DINERO

El poder adquisitivo del dinero no es otra cosa que el precio del dinero y su inversa se suele
conocer con el nombre de "nivel de precios".

El poder adquisitivo del dinero está determinado como el precio de cualquier otro bien: por
oferta y demanda. La oferta de dinero se le puede definir como la cantidad de medios de pagos
disponibles en un momento determinado. La demanda de dinero la podemos dividir en dos partes:

a) atesoramiento y

b) oferta de bienes (ofrecer bienes equivale a demandar dinero).

Veamos cómo influye cada uno de estos factores en el poder adquisitivo del dinero empezando
por el lado de la demanda.

(1) La demanda de dinero: Muchos piensan que la gente demanda dinero en forma ilimitada, y
parecería que el dinero no tiene utilidad marginal decreciente como los demás bienes
económicos. Pero este pensamiento confunde la demanda de dinero con el deseo de ser cada vez
más rico. Como dijimos, la demanda de dinero puede ser atesoramiento u oferta de bienes. La
gente atesora dinero debido a la incertidumbre del futuro. Atesorar dinero da una cierta
sensación de seguridad y margen de maniobra en caso de ocurrir imprevistos. El dinero
atesorado satisface una necesidad como cualquier otro bien económico. Así como un plato de
comida calma el hambre, el dinero atesorado le da al individuo cierto grado de seguridad ante la
incertidumbre y muy pocos bienes podrían cumplir este rol.

La cantidad de dinero que la gente quiere atesorar depende de la utilidad marginal del dinero,
por un lado, y la de los bienes y servicios que ese dinero podría comprar, por otro. Si la utilidad marginal
del dinero es superior al del bien o servicio a comprar entonces el dinero será atesorado. Las utilidades
marginales dependen de las valoraciones subjetivas de los individuos.

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Si la gente decide en un momento dado atesorar una mayor cantidad de dinero, "ceteris
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paribus ", deberá disminuir sus compras de bienes y servicios desatando una tendencia a la baja de los
precios. Por el contrario la decisión de atesorar menos dinero hará aumentar la demanda de bienes y
servicios desatando una tendencia al alza de los precios.

En resumen el poder adquisitivo del dinero varía en forma directa con la demanda de dinero para
atesorar.

Vayamos ahora a la parte de la demanda de dinero determinada por la oferta de bienes. Un


aumento en la cantidad de capital en una sociedad permite aumentar la productividad, i.e. producción
por hora hombre, y viceversa. Un aumento de la productividad aumenta la oferta de bienes y por lo
tanto la demanda de dinero lo cual hace subir su poder adquisitivo y viceversa.

Entre los precios de mercado encontramos los costos. Un aumento de la productividad


justamente tiene su primer impacto en una disminución de los costos de producción de las empresas. Es
por ello que la mayor oferta de bienes aunque produce una caída de los precios no reduce la
rentabilidad de las empresas. Todo lo contrario, si los costos bajan en mayor proporción que los precios
la rentabilidad tenderá a aumentar, aún cuando los precios bajen. De hecho, cualquier inversión se
realiza o para reponer .capital desgastado o para aumentar la rentabilidad. Es esta última la que permite
la producción en gran escala y por lo tanto a bajos costos y precios de venta.

En resumen, el poder adquisitivo del dinero varia, ceteris paribus, en forma directa con la
productividad.

(2) La oferta de dinero: Cuando se incrementa la cantidad de dinero disponible, siendo la demanda
de dinero constante, aumentará la demanda de bienes y servicios y los precios tenderán a subir.
Todo lo contrario sucederá cuando se disminuye la oferta de dinero: si la demanda de dinero se
mantiene constante entonces la gente disminuirá sus compras y los precios tenderán a bajar. En
resumen el poder adquisitivo del dinero varía en forma inversa con su oferta.

Es así como la oferta y la demanda de dinero junto con la productividad harán variar el "nivel"
medio de los precios o, lo que es igual, el poder adquisitivo de la moneda. Pero estos factores
(atesoramiento, oferta de bienes y oferta de dinero) actúan todos al mismo tiempo. El análisis anterior
siguió uno a uno cada factor, viendo sus variaciones y efectos, suponiendo el resto constantes
simplemente para poder razonar. Sin embargo, al variar todos los factores al mismo tiempo podría
ocurrir, por ejemplo, que se incremente la oferta de dinero y al mismo tiempo su demanda, y el efecto
final dependerá de cuál haya aumentado en mayor proporción; es decir, todo depende del efecto neto.

De tal manera que el poder adquisitivo del dinero estará en permanente mutación como sucede
con el precio de cualquier bien o servicio. Nuestro problema es ver entonces si a estas variaciones en el
poder adquisitivo del dinero les cabe el nombre de inflación o si más bien conviene reservar esta palabra
para otro tipo de variaciones en el precio del dinero.
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«permaneciendo el resto constante»
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III El FACTOR QUE CAUSA LA INFLACIÓN

En un mercado libre los cambios en los precios relativos equivalen a señales que "revelan"
cambios en las valoraciones de los consumidores. Cuando estos demandan más de un determinado bien,
manteniendo el resto de las variables constantes, tendrán forzosamente que optar por una de las
siguientes alternativas:

(1) demandar menos de otro bien o

(2) demandar menos dinero.

En el primer caso se produce un cambio en los precios relativos de dos bienes lo cual alentará y
desalentará la producción de uno y otro. En el segundo caso lo que cambió fue el precio relativo de los
bienes con respecto al dinero, es decir debido a una menor demanda de este último aumentan los
precios, disminuyendo el poder adquisitivo del dinero.

Estos cambios en los precios relativos son justamente los que permiten una producción
ordenada en el mercado. Si los precios son artificialmente modificados, es decir por causas exógenas al
mercado, entonces se produce una mala asignación de los recursos y la producción se desordena. Por el
contrario, si los cambios en el poder adquisitivo son debidos a variaciones en la demanda de dinero
entonces están reflejando órdenes de los consumidores.

Lo mismo ocurre con los cambios en la productividad, simplemente reflejan a través del poder
adquisitivo del dinero si aumentó o disminuyó la oferta de bienes y por lo tanto si la gente puede
demandar más o si por el contrario debe disminuir sus compras. Si la productividad disminuye,
manteniendo el resto de las variables constantes, el nivel de los precios aumentará reflejando que hay
menos bienes disponibles para el consumo. En este caso los cambios en el poder adquisitivo del dinero
son señales que indican si hay más o menos bienes disponibles para el consumo. Cuando hay más bienes
el poder adquisitivo sube, cuando hay menos bienes el poder adquisitivo baja.

Por último, llegamos al punto que suele causar mayor confusión: los cambios en el poder
adquisitivo originados en las variaciones en la cantidad de dinero. Tenemos que poder distinguir cuándo
una variación en el poder adquisitivo del dinero se debe a un cambio en las valoraciones de los
individuos de cuándo se debe a un factor externo al mercado, generalmente político.

En un mercado libre la cantidad óptima de dinero se determina de la misma manera en que se


determina la producción de cualquier otro bien económico. Ningún empresario puede producir una
mayor cantidad de mercancías de las que la demanda está dispuesta a aceptar a un precio rentable. De
la misma manera, en un mercado libre no se puede producir más dinero del que se demanda a un precio
rentable. Como vimos en el capitulo anterior, cuando la demanda de dinero aumenta, ya sea porque la
gente atesora más o porque aumentó la oferta de bienes, el precio del dinero aumenta y esto hace más
rentable producir dinero. El mayor poder adquisitivo del dinero alienta la exportación de bienes lo que
equivale a una mayor oferta monetaria. Sin embargo, este aumento de la oferta monetaria no puede ir
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más allá de lo que aumentó la oferta de bienes (demanda de dinero), porque si lo hicieran los precios
internos aumentarían y en vez de alentarse las exportaciones se alentarían las importaciones, que
equivale a exportar dinero.

La mayor demanda de dinero también provoca, por razones imposibles de explicar aquí, una
reducción del encaje técnico que deben guardar los bancos y esto lleva a una expansión del crédito y por
lo tanto de la cantidad de dinero. Pero nuevamente, en un mercado libre los bancos no pueden expandir
el crédito más de lo que aumentó la demanda de dinero, porque si lo hicieran se verían en problemas
serios de liquidez.

Se puede concluir que en un mercado libre un aumento en la cantidad de dinero sólo es posible
en la medida que haya aumentado su demanda. Producir más dinero del que se está demandando
provocará reajustes similares a los que debe hacer cualquier empresario que produce una mayor
cantidad de bienes de los que la demanda puede absorber a un precio rentable.

De la misma manera una contracción en la demanda de dinero provoca una reducción en la


oferta monetaria ya que se inducirá por un lado a aumentar las importaciones y por otro los encajes
técnicos de los bancos serán mayores.

En un mercado libre el poder adquisitivo del dinero no tiene por qué mantenerse constante, sino
que estará sujeto a modificaciones, producto de cambios en las valoraciones de los consumidores. El
precio del dinero está sujeto a las mismas reglas que el precio de cualquier otro bien.

Para comprender bien el fenómeno de la inflación es importante distinguir las variaciones en el


poder adquisitivo que surgen del mercado, mismas que son exógenas al mismo, y también es importante
distinguir la cantidad de dinero que se hubiese determinado en un mercado libre, de la que se determina
por voluntad gubernamental.

Los precios que surgen del mercado son los que van ordenando la producción, pero existen
distintos factores exógenos que desvirtúan las señales de los precios (por ejemplo los controles de
precios, impuestos) y entre estos factores se encuentra la inflación. La inflación disminuye el poder
adquisitivo aún cuando no ha disminuido la demanda de dinero, ya sea por menor atesoramiento o por
una menor producción de bienes. Llamaremos inflación a un aumento en la oferta monetaria originada
en factores exógenos al mercado.

Para que pueda haber un aumento en la oferta monetaria exógena al mercado parece haber sólo
dos explicaciones:

(1) algún individuo o grupo de individuos está cometiendo fraude falsificado dinero que es
propiedad de algún banco privado, o

(2) los gobiernos falsifican dinero, pero haciendo esta falsificación legal al declarar de curso forzoso
los billetes que ellos emiten.

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Esta segunda alternativa es obviamente la más usual, sobre todo porque en el caso del
falsificador privado se puede ejecutar un juicio legal y terminar con la falsificación, mientras que en el
caso del gobierno esta alternativa está fuera de posibilidades debido al curso forzoso. Si no hay curso
forzoso tampoco hay inflación, porque los billetes emitidos perderán valor en el mercado y serán
rechazados por los consumidores.

No es un capricho querer cambiar el significado popular que hoy tiene la palabra inflación, y
tampoco es un problema puramente semántico. El significado original, i.e. "un aumento en la cantidad
de dinero provocado por los gobiernos"—aunque de origen popular—, le da más rigurosidad y claridad al
análisis del problema inflacionario. Supongamos, por ejemplo, que la demanda de dinero hubiese caído
un 10% y que en un mercado libre esto hubiese llevado también, por las razones que vimos
anteriormente, a una reducción en la oferta monetaria del 10% y que corto resultado de esto los precios
hubiesen bajado un 4%. Pero si el dinero está en manos del gobierno y este en vez de reducir la oferta
monetaria en un 10% la reduce en un 6% está produciendo inflación porque está poniendo en el
mercado más dinero del que libremente se hubiese determinado: los precios en vez de bajar un 4%
bajarían, digamos, un 1 %. Bajo la concepción popular estaríamos en un caso de deflación, mientras que
con la definición original habría inflación ¡aún cuando el "nivel" de los precios baje!

La diferencia está en que en nuestro ejemplo el poder adquisitivo del dinero tendría que haber
aumentado más de lo que en realidad lo hizo si no hubiese existido esa falsificación de dinero por parte
del gobierno. En realidad existió un incremento oculto en los precios. Solamente lo percibimos si lo
pensamos un poco, pero este incremento no aparecerá reflejado en las estadísticas.

La distinción es importante, el por qué del alza o caída en el "nivel" de precios es totalmente
intrascendente. El efecto negativo de la inflación radica en que distorsiona el sistema de precios relativos
llevando a una mala asignación de los recursos productivos y por lo tanto a un menor nivel de vida para
la población. Y esto es perjudicial, tanto en el caso en que el " nivel" de precios aumente, como en el caso
en que baje, o aún en el caso en que se mantenga igual.

Para poder tener éxito en la lucha contra la inflación es imprescindible conocer sus causas y sus
efectos. Para ello es importante tener en claro que no es lo mismo las variaciones en el poder adquisitivo
del dinero originadas en cambios en las valoraciones de los individuos, que las originadas en un aumento
compulsivo en la cantidad de dinero por encima del nivel que un mercado libre hubiese determinado.
Estas últimas distorsionan los precios relativos y desordenan, en consecuencia, la producción.

IV EFECTOS DE LA INFLACIÓN

Si por causa de un aumento exógeno al mercado en la oferta monetaria todos los precios se
incrementaran al mismo tiempo y en la misma proporción, entonces la inflación no tendría efectos
negativos. Pero el hecho es que la nueva cantidad de dinero la reciben determinadas y especificas
personas que compran determinados y específicos bienes y servicios, unos en mayor cantidad que otros.

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De esta manera se modifican los ingresos y precios relativos de la economía que cambian la asignación
de los recursos productivos.

El aumento de la demanda producido por la nueva cantidad de dinero es puramente monetario.


La demanda "real" crece sólo cuando hay un aumento en la producción. Por lo tanto, la reasignación de
recursos que produce la inflación no es estable, y su permanencia en los nuevos sectores productivos
dependerá de que se siga incrementando la cantidad de dinero. Además, esta mala asignación de
recursos disminuye el nivel de vida de las personas ya que se estará produciendo una mayor cantidad de
bienes y servicios que son menos urgentemente necesitados a costa de producir una menor cantidad de
los que son más necesitados.

Otro efecto de la inflación, además de la mala asignación de recursos, es que destruye el


incentivo para ahorrar. La gente se refugia en la compra de bienes reales para cubrirse de la pérdida del
poder adquisitivo del dinero. El desaliento al ahorro es un ataque directo a la acumulación de capital en
la sociedad. De tal manera que a la distorsión en la asignación de los recursos hay que agregarle el
consumo de capital generado por la destrucción del ahorro.

Cuando el ritmo de crecimiento de los precios alcanza cierto nivel la gente empieza a percibir
que tener dinero en las manos equivale a perder riqueza. En ese momento las compras de bienes reales
se incrementan para evitar tener que comprar más caro posteriormente, o inclusive para evitar tener
dinero que se desvaloriza.

De esta manera, a la disminución del poder adquisitivo causado por la emisión gubernamental
de moneda hay que sumarle la que produce la menor demanda de dinero, tanto por un menor
atesoramiento como por una menor producción de bienes. Cuando esto sucede, los precios comienzan a
subir en mayor proporción que el crecimiento de la oferta monetaria. Algunos economistas pretenden
demostrar estadísticamente que el nivel de precios y la oferta monetaria se mueve con cierto
paralelismo, mientras que otros quieren demostrar lo contrario. Pero, como hemos visto, el aumento en
la cantidad de dinero no es la única causa de la pérdida del poder adquisitivo del dinero. Lo que sucede
es que afecta negativamente a la producción y al atesoramiento acentuando la desvalorización del
dinero que produce la emisión del gobierno.

V. COMIENZAN LAS CONFUSIONES

Durante la década del veinte comienza a gestarse la idea, entre los economistas, de que en
situaciones de desocupación y recesión económica un cierto grado de expansión monetaria, lejos de
causar inflación, disminuirá el volumen de desocupación y estimulará la producción y las ventas. Para
ello era necesario abandonar la política de moneda dura, paso que ya se había dado en gran medida
cuando se abandona en 1923 el patrón oro y se adopta el patrón oro-divisa.

Lord Keynes, reviviendo viejas teorías de más de un siglo de antigüedad, le dio apoyo
aparentemente lógico a la política de expansión monetaria que se venía realizando desde comienzos de
la década del veinte. El déficit fiscal y el crédito barato, en otros momentos vergüenza de cualquier
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gobierno y rechazado por casi todos los economistas, se transformó en el gran remedio para eliminar la
desocupación.

No es que los economistas anteriores a Keynes desconocieran el hecho de que cuando existe
capacidad ociosa un aumento en la cantidad de dinero estimula la producción. Sin embargo, rechazaban
tal medida por todas las consecuencias negativas que trae la expansión monetaria, y aparte porque
solamente postergaba el problema, pero no lo solucionaba. Un siglo antes de Keynes, el economista
inglés John Stuart Mill explicó la relación entre la oferta monetaria y capacidad ociosa y al mismo tiempo
dio las razones por las cuales la política era estéril.

Mientras los economistas clásicos rechazaban la solución de la expansión monetaria para


eliminar el paro, Keynes y sus discípulos lo apoyaban, y la situación histórica volcaba la balanza a favor
de Keynes. En el ansia de ganar votos, los políticos son poco propensos a mantener políticas monetarias
sanas, sobre todo cuando previamente ya se han lanzado a transitar el camino de la expansión crediticia
y monetaria. Si al deseo de los políticos de expandir la cantidad de dinero le sumamos la crisis de los
años treinta y el justificativo teórico de Keynes de las bondades del déficit fiscal y expansión monetaria,
es fácil comprender el rápido abandono de las políticas monetarias sanas. Sólo los economistas más
"viejos" no cayeron en la trampa del razonamiento keynesiano. Ellos se opusieron públicamente a las
políticas de Hoover y Roosevelt durante la crisis del treinta.

De manera que en poco tiempo lo que era considerado un deshonor para los gobiernos pasó a
ser la herramienta milagrosa para curar la desocupación y estimular la producción. Casi todos los
economistas modernos están educados en estas ideas. Según ellos, la expansión monetaria sólo causa
inflación cuando la economía está en pleno empleo.

VI. POR QUÉ SE EQUIVOCAN LOS KEYNESIANOS

La producción de cualquier bien o servicio es posible en la medida que exista demanda de ellos.
El déficit fiscal y la expansión monetaria crean una demanda artificial que estimula la producción de
algunas mercancías. Pero, puesto que la demanda de estas proviene de la creación de dinero y no de un
aumento en la producción, tan pronto como se deja de emitir moneda, deja de haber demanda.

Cuando existe una cierta desocupación, la expansión monetaria crea puestos de trabajo. Los
recursos productivos ociosos comienzan a producir, pero lo hacen en sectores diferentes de los que un
mercado libre hubiese determinado. De esta manera, si bien disminuye la desocupación, lo hace a costa
de una mala asignación de recursos. Los puestos de trabajo creados por la fabricación de dinero
desaparecen tan pronto como se disminuye el ritmo de emisión monetaria.

De persistirse en el déficit fiscal y la expansión monetaria, se empeorará la mala asignación de


recursos y en última instancia se destruye el sistema monetario llevando a una recesión mayor de la que
se quería evitar en un principio. Cuando por la expansión monetaria se alcanza el pleno empleo, según la
teoría keynesiana hay que dejar de emitir, o de lo contrario se entra en inflación. El problema sin
embargo es que no se puede dejar de emitir sin volver a causar desocupación. El postulado keynesiano
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puede tener éxito en el corto plazo, pero lleva consigo el germen de un paro mayor. No ataca el
problema de la desocupación en sus causas, por lo que el resultado es nulo o de duración limitada.

Es así como nace la relación inversa entre inflación o desempleo, puesto que para mantener los
puestos de trabajo hay que emitir dinero, pero tarde o temprano, cuando se alcanza el pleno empleo, los
aumentos en la oferta monetaria son transmitidos totalmente a los precios, y a este efecto se le ha
bautizado "inflación”. Luego, cada vez que se quiere detener la "inflación" restringiendo la expansión
monetaria, se dirá que es recesiva y por lo tanto antisocial.

De repente los políticos se enfrentan con el grave dilema que los "viejos'" economistas
anticiparon: ¿inflación o recesión? Se cree y se le quiere hacer creer a la gente que la relación inversa
entre inflación y desocupación está dada y que no se puede hacer nada. A los estudiantes de economía
se les enseña esta relación inversa en la llamada "curva de Philips", según la cual se deberá optar entre
una alta inflación y poca desocupación, o poca inflación y mucha desocupación.

Los primeros economistas keynesianos sostenían que mientras hubiese desocupación, la


expansión monetaria no podía producir inflación. Para ellos, la inflación sólo comenzaba cuando se
alcanzaba el pleno empleo y se seguía emitiendo dinero. Sin embargo, hoy es común un fenómeno que
ellos no supieron anticipar y que recibe el nombre de "estanflación”, que consiste en tener al mismo
tiempo inflación y desocupación. Como vimos, una vez adoptada la política keynesiana no es posible
dejar de emitir sin volver a tener desocupación. En el momento en que los gobiernos tienen que decidir
entre tener inflación o tener desocupación generalmente prefieren seguir emitiendo porque la inflación
parece tener un menor costo político que la desocupación. Pero el problema con que se enfrentan tarde
o temprano es que no es posible mantener una tasa de inflación constante, digamos del 3% anual.

Al cabo de cierto tiempo los efectos de la pérdida del poder adquisitivo empiezan a ser sentidos
por los consumidores y los empresarios. Los primeros comienzan a reclamar mayores salarios y los
segundos tratarán de cubrirse del aumento en sus costos para no perder rentabilidad. En un principio
tanto unos y otros tratarán de recuperar el poder adquisitivo perdido solicitando aumentos equivalentes
a la inflación pasada, pero cuando vean que la inflación continúa tratarán de adelantarse a la inflación
futura. Cuando esto suceda, asalariados y empresarios intentarán aumentar sus salarios y precios no
sólo para compensar la inflación pasada sino también la futura. Los aumentos que tratarán de obtener
serán superiores al 3% (digamos el 6%) para cubrirse del pasado y del futuro, y cuando esto suceda el
gobierno se verá ante la opción de aumentar el ritmo de creación de dinero para que se puedan
financiar los mayores salarios y precios, o mantener el ritmo anterior. Si opta por el primer camino estará
acelerando la tasa de inflación. Si opta por el segundo estará manteniendo la inflación del 3 %, pero
ahora surgirá una recesión y desocupación puesto que no habrá suficiente dinero para financiar el pago
de los aumentos de salarios y precios que los asalariados y empresarios reclaman (6%). Con un aumento
de precios y salarios del 3% habrá trabajadores que no encuentran trabajo y empresarios que no pueden
vender.

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Si el gobierno se decide por el camino de una mayor expansión monetaria acelerará la inflación
al 6% pero el mismo problema aparecerá más adelante, puesto que ahora las expectativas cambiarán de
una inflación del 3% a una del 6%. En algún momento los asalariados y empresarios no querrán
recuperar un 3% de inflación sino un 6% y no querrán anticiparse a una inflación del 3% sino a una del
6%, y entonces empezarán a reclamar aumentos del 12%. El gobierno tendrá, entonces, que decidir si
vuelve a ensanchar el ritmo de aumento en la emisión monetaria o no. Lo más probable es que decida
aumentarla, pero llegará un momento en que la inflación creciente no sólo tendrá los efectos
económicos negativos mencionados en el capítulo IV, sino que, además, empezará a tener costos
políticos crecientes. Si el gobierno quiere bajar la inflación del 12% (digamos al 8%) entonces pasará a
tener una inflación del 8% pero además desocupación y recesión, o sea, estanflación. Y este es el
fenómeno que ha venido afectando a la economía de la mayoría de los países occidentales durante los
últimos años. Podemos decir que la estanflación es, tarde o temprano, la consecuencia, casi inevitable,
de la política keynesiana.

VII. ¿RECESIÓN U ORGANIZACIÓN ECONÓMICA?

Una vez que se ha incursionado por el camino del déficit fiscal y de la expansión crediticia para
solucionar el problema de la desocupación, se crea al mismo tiempo una mala asignación de recursos,
cuya duración dependerá que se siga aumentando la oferta monetaria. Y cuanto más tiempo dure esto,
tanto más grave será la distorsión de la producción.

Cuando se quiera terminar con el crecimiento de los precios disminuyendo el crecimiento de la


expansión monetaria se producirá una reorganización del mercado. Los sectores que se expandieron a
causa del crédito barato entrarán en recesión, mientras que los que se contrajeron para financiar el
crecimiento artificial de los otros sectores podrán expandirse nuevamente. Esto es así porque en la
economía los recursos son escasos y si los que tiene un sector, no los tiene el otro. La utilización de más
bienes de capital permite producir más bienes y servicios con menos recursos y por lo tanto es posible
un crecimiento de todos los sectores, pero el aumento de la oferta monetaria sólo hace crecer a unos
sectores a costa de otros.

La reorganización del mercado que produce una reducción en la creación de dinero es llamada
por la mayoría de los economistas "recesión". La recesión es temida por casi todos, mucho más que la
inflación; sin embargo, es el proceso que permite el saneamiento del mercado. Y sólo cuando el
mercado está saneado, i.e. cuando los recursos están destinados a producir lo que los consumidores
necesitan con mayor urgencia, es posible tener prosperidad económica sobre bases sólidas.

Es importante recordar que cuando se quiere terminar con una expansión monetaria es
inevitable la desocupación y las quiebras temporales. El reajuste será tanto más rápido si se quitan
todas las trabas y regulaciones gubernamentales que impiden la libre entrada y salida de todos los
mercados. De la misma manera que no hay que confundir inflación con aumento en el "nivel" de precios,
tampoco hay que confundir a la recesión con el reajuste del mercado.

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VIII. POR QUÉ SE EQUIVOCAN LOS MONETARISTAS

La escuela de Chicago o Monetarista (especialmente Milton Friedman) propone como segunda


mejor alternativa seguir una política monetaria que consiste en mantener una expansión monetaria igual
al crecimiento de la producción. Lo que se persigue con esta política es que el poder adquisitivo del
dinero tienda a permanecer estable.

En el área de moneda, los monetaristas no aplican todo lo que sostienen para el resto de los
mercados. El dinero es un bien económico y como tal su valor (y por lo tanto su precio), depende de la
utilidad marginal, o más sencillamente de las valoraciones subjetivas de las personas. Pretender
mantener "estable" el precio del dinero manipulando la oferta monetaria es igual que pretender
mantener "estable" el precio de la manteca o las viviendas regulando la cantidad a producirse de estos
bienes.

El precio del dinero, como el precio de cualquier otro bien económico, tiene que ser el que los
consumidores determinen con sus valoraciones y no el que algún funcionario público decida. Puesto que
las valoraciones de las personas son cambiantes, lo más probable es que el precio del dinero también lo
sea.

El dinero es seguramente el bien económico más demandado: todos usamos dinero para
nuestras transacciones. Cuando la demanda de un bien es tan grande y, además tan atomizada entre
millones de individuos y empresas, entonces su precio tiende a ser más estable, ya que se requeriría que
casi todas las personas cambien de valoraciones al mismo tiempo y en la misma dirección para provocar
cambios muy significativos en el poder adquisitivo del dinero. Sin embargo, esta estabilidad es siempre el
resultado de valoraciones individuales y los gobiernos no tienen nada que hacer en esta materia. Todo lo
que los gobiernos hagan para regular el precio del dinero es necesariamente contraproducente porque
causará asignación antieconómica de recursos según la oferta y demanda real de bienes ya que viola las
valoraciones subjetivas de los individuos.

La mayor parte de los economistas, confunden inflación con los efectos de la inflación, i.e. el
aumento en el "nivel" de los precios y por lo tanto pretenden eliminar la "inflación" tratando de evitar a
toda costa que el "nivel" de precios suba. Por supuesto que si uno define a la inflación como un aumento
en el nivel de los precios (y a la deflación como una caída en el nivel de los precios), lo "óptimo" es un
nivel de precios estable. Pero esto es un error que no logra distinguir las variaciones en el poder
adquisitivo del dinero provenientes de cambio en las valoraciones de los que provienen de las
manipulaciones monetarias de los gobiernos.

IX. MONEDA DE MERCADO

De todo lo dicho anteriormente surge la idea que: para terminar con la inflación simplemente los
gobiernos deben dejar de emitir dinero. Es más, no sólo tienen que dejar de emitir dinero, sino que
además no tiene por qué existir un banco central ya sea privado o estatal.
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La forma de terminar con la inflación es permitiendo que el mercado elija su propia moneda. Se
debe eliminar el curso forzoso, ya que, de esta manera, la gente se desprenderá rápidamente de
cualquier moneda que pierda valor. La famosa ley de Gresham es válida solamente cuando exista curso
forzoso: la gente se desprende de la moneda mala porque la contraparte está obligada a recibirla. Pero si
no hubiese tal obligación, las monedas buenas serían las únicas que circularan en el mercado.

Al permitir que el mercado elija la moneda se elimina toda posibilidad de inflación. Con la
eliminación del curso forzoso el banco central podría seguir emitiendo muchos billetes, pero estos no
tendrían aceptación alguna en el mercado. En una economía libre, el dinero no es otra cosa que una
mercancía que reúne un conjunto de características que le permite desempeñar funciones monetarias.
Tal vez el oro surgiría como dinero nuevamente, pero esto es algo que no se puede saber de antemano.

Los bancos privados serían los emisores de billetes. Ningún banco puede emitir una mayor
cantidad de dinero que la que el mercado demanda (atesoramiento más producción de bienes) porque si
lo hicieran su dinero perdería poder adquisitivo, la gente lo dejada de demandar, y el banco arruinaría su
propio negocio. Así como un productor de manteca no puede vender manteca en mal estado porque
nadie la compraría, en un mercado libre (sin curso forzoso) un banco no podría colocar un dinero en mal
estado porque le ocurrirla exactamente lo mismo que al productor de manteca. El banco obtiene
ganancias otorgando créditos, y sólo puede dar créditos en su propia moneda si esta es aceptada en el
mercado, y será aceptada en el mercado si no hay expectativas de que se desvalorice.

Ningún funcionario público a cargo de un banco central está en condiciones de ofrecer casi
exactamente la cantidad de dinero que demanda el mercado con la precisión con que la hacen los
bancos privados. El banquero, como cualquier empresario, al querer maximizar sus ganancias, no va a
emitir ni un centavo más ni un centavo menos de los que el mercado está demandando, de la misma
manera que un productor de automóviles no va a producir ni una unidad más ni una menos de la
cantidad que le permite maximizar sus ganancias, dada cierta demanda.

Aquí cabe formularse dos preguntas:

(1) ¿para qué tener un órgano estatal de emisión cuando el sector privado puede
desarrollar tal actividad más eficientemente? (es más ¿por qué el Estado va a imitar lo
que haría el sector privado?)

(2) ¿no es una tentación para los políticos tener a su disposición la decisión de cuánto
dinero emitir?

Como dice H. Sennholz: "confiar la emisión de dinero al gobierno es como confiar nuestro
canario a un gato hambriento". En resumen, la inflación se elimina dejando que la oferta y la demanda
establezcan la cantidad de dinero que debe haber en el mercado.

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x. RESUMEN

i. Existe una gran confusión en cuanto al concepto de inflación. Se está confundiendo a la inflación,
una expansión monetaria por parte de los gobiernos por encima de lo que el mercado libre
hubiese determinado, con los efectos que ella produce: una desvalorización de la moneda.

ii. Es importante la diferencia porque no es lo mismo una desvalorización de la moneda provocada


por cambios en las valoraciones de los individuos que la provocada por los gobiernos. En el primer
caso los individuos demandan menos dinero y más bienes, el precio del primero cae y el de los
segundos sube, y de esta manera los empresarios reciben a través de los precios señales que les
indican que se debe producir menos dinero y más de otros bienes y servicios. En el segundo caso,
las señales son distintas a las preferencias de los individuos, el dinero se desvaloriza cuando la
gente los sigue apreciando de igual manera.

iii. El dinero, como cualquier otro bien económico, debe tener en el mercado el precio que los
consumidores determinan y no el que quiere determinar el gobierno. En este segundo caso se
distorsiona la asignación de los recursos productivos.

iv. La única manera de terminar de raíz con el problema inflacionario es evitando que haya cualquier
tipo de monopolio, ya sea privado o público, sobre la creación de dinero. Cuando no existe curso
forzoso ni fijación de paridades entre las distintas monedas, entonces prevalecerán en el mercado
aquellas monedas cuyo poder adquisitivo siga las indicaciones de los consumidores. En ausencia
de curso forzoso nadie aceptaría una moneda que está sujeta a una desvalorización continua.

v. Cuando la moneda está en manos de los gobiernos, entonces su oferta no está guiada por fines
económicos sino por fines políticos, y cuando esto sucede prácticamente desaparecen los limites a
la creación de dinero. Los gobiernos siempre encuentran pretextos de distintos tipos,
supuestamente "sociales", para aumentar la cantidad de dinero y esta es la causa última de la
inflación.

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