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Güera es la patria

Colección de obras cortas

De Edgar Chías
LADRILLOS EN EL DESIERTO

No amo mi patria
Su fulgor abstracto
Es inasible

José Emilio Pacheco

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LADRILLOS EN EL DESIERTO

Ladrillos en el desierto
Another wall in the world

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LADRILLOS EN EL DESIERTO

PERSONAJES

MARTIRIO Y SANGÜEZA (Ambos pertenecientes a las oscuras márgenes que el mundo

civilizado llama –como un eufemismo benévolo, pero brutal– el Tercer Mundo)

Descampado. Limbo geográfico. La noche.

MARTIRIO: Suena bien, oiga, ¿pero cómo le hago?

SANGÜEZA: Nomás preste atención. No, no se siente que hay alimañas.

MARTIRIO: Yo digo para encontrar el camino. Es que ya no quiero entretenerme.

SANGÜEZA: Qué tanto es tantito. Ya se esperó. Ora termine, no sea joto.

MARTIRIO: Tengo prisa. No vaya a amanecer.

SANGÜEZA: Me va a perdonar, mister, pero no puedo seguir platicando con usted si no

me saca de una duda. Va a decir que soy muy chocante, pero me pone nervioso.

Acérquese que no le veo la feis. Ahí bueno.

MARTIRIO: ¿Qué será?

SANGÜEZA: Eso.

MARTIRIO: ¿Qué?

SANGÜEZA: Lo que trae a la altura de la barriga.

MARTIRIO: A la altura de la barriga traigo muchas cosas.

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SANGÜEZA: Por eso.

MARTIRIO: El callo de la yunta, mi cinto, el zurrón, un cuchillo… ¿Le da miedo el puñal?

SANGÜEZA: Nombre. Miedo a los años.

MARTIRIO: ¿Entonces?

SANGÜEZA: Eso seco, viejo y que parece que trae pegado desde hace cien años.

MARTIRIO: Hambre se llama.

SANGÜEZA: No, el güaje. Qué buen chiste. ¿Trae agua o toloache?

MARTIRIO: Mezcal.

SANGÜEZA: Invíteme un trago para el frío.

MARTIRIO: Sírvase.

SANGÜEZA: Gracias, mister. Ahora sí. Todo se me aclara. Hasta lo pienso mejor y me

felicito, lo felicito a usted por la suerte de encontrarlo.

MARTIRIO: No vengo solo.

SANGÜEZA: Es lo mismo. O no. Es mejor, mucho mejor. Aquí todos ganan. Su familia,

sus amigos y quien quiera que venga con usted, gana. Ponga atención. No me

gusta que no me miren cuando estoy hablando.

MARTIRIO: Es que escuché un ruido.

SANGÜEZA: Esos ladrillos son como de coyote.

MARTIRIO: Ladridos de coyote, dirá.

SANGÜEZA: No, porque son de coyotillo, acá les decimos ladrillos. Arrímese a la lámpara

que sí muerden.

MARTIRIO: A lo mejor me hablan.

SANGÜEZA: ¿Quién le habla? ¿Los coyotes?

MATIRIO: No, pos claro que no.

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LADRILLOS EN EL DESIERTO

SANGÜEZA: No hay nada por ahí. Mire. Mire, fíjese bien. Nada. Y ponga atención que no

voy a repetir: de este terruño, como por arte de magia, como si se tratara de un

milagro, mire, ni piedras hay, pues de aquí vamos a cosechar algo grande…

MARTIRIO: ¿Del páramo?

SANGÜEZA: ¿Del qué?

MARTIRIO: Del erial, de la tierra yerta.

SANGÜEZA: No diga sandeces. Es tierra nomás y está seca.

MARTIRIO: ¿Vamos a cosechar?

SANGÜEZA: Bueno, no. De hecho no. Voy a cosechar yo. Es un modo de hablar. Y decía

nosotros porque soy generoso. Lo vi aquí junto, ha sido paciente y me ha

esperado todo un día.

MARTIRIO: Dos días y una noche.

SANGÜEZA: Eso, pues, curioso, atento, y me imaginé que le interesaba ganarse unos

billetes.

MARTIRIO: De interesarme, me interesa, pero termine de contarme porque me quedé de

a seis.

SANGÜEZA: ¿De a seis?

MARTIRIO: No entendí ni jota.

SANGÜEZA: No sea llevado. Los rayitos son para despistar a los güerejos. Lo tratan a

uno mejor. Tiene usted la pinta de gente buena, pero es la pura pinta.

MARTIRIO: ...

SANGÜEZA: Le digo que tiene usted cara de gente trabajadora, gente de ley, por eso se

me ocurría que podía querer formar parte del proyecto… Y no me lo va usted a

creer, yo lo he venido pensando, fraguando desde hace mucho tiempo hasta

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pulir la idea y sí, ahora todo está muy claro: en medio de esta tierra de nadie,

pelona, baldía y jodida como la ve, están las oportunidades…

MARTIRIO: ¿No es de nadie?

SANGÜEZA: De nadie. Mire: Ni una alma.

MARTIRIO: ¿Se podría uno quedar aquí si quisiera?

SANGÜEZA: De poder, se puede. De querer, no quieres. ¿Puedo hablarte de tú?

MARTIRIO: Sí, pero no, sí quiero. Ya estamos muy cerquita de allá. Una temporadita

nomás y pasamos.

SANGÜEZA: No, no quieres. No te conviene. Escúchame, pero escúchame bien. ¿Qué

estás mirando?

MARTIRIO: Nada. Un coyotillo, creo.

SANGÜEZA: Te hablo. Pronto esta polvareda, esta ceniza del cielo, se va convertir en

una super carretera de paso. De paso nomás. Por eso no te conviene. Nadie se

va a quedar por aquí como no sea a servir hamburguesas vestido de conejo en

una gasolinería.

MARTIRIO: ¿No? ¿Cómo sabe?

SANGÜEZA: Número uno, no contradigas a quien se viste mejor que tú, podría realmente

saber algo. Dos, yo sí sé de qué te hablo. Tres, cuando estoy hablando digo

cosas importantes. Y esta, sobre todo esta, es importantísima, como dicen en las

noticias, es de capital importancia, ¿entiendes?

MARTIRIO: …

SANGÜEZA: Vas a acabar con mi pacencia. Yo tengo un buen negocio para proponerte,

pero si tú tienes mejores cosas que hacer y no tienes tiempo de escucharme…

MARTIRIO: Cruzar. Quiero cruzar.

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SANGÜEZA: Sin dinero, para morirte frito en el desierto. Muy bien.

MARTIRIO: Lo bueno está siempre del otro lado. Dicen que hasta engordas.

SANGÜEZA: Otra vez esa visión distorsionada, poco práctica, soñadora. La realidad no

es así. Por eso les va como les va, mister. ¿No te has dado cuenta? No es

negocio, ya no.

MARTIRIO: Pues no veo claro.

SANGÜEZA: Arrímate a la lámpara.

MARTIRIO: Como que ya hace cansancio.

SANGÜEZA: Échate un trago de este.

MARTIRIO: …

SANGÜEZA: Se trata de billete. Bi-lle-te. ¿Quieres o no el trabajo?

MARTIRIO: Se está haciendo tarde. Hace frío.

SANGÜEZA: Siempre hay un buen pretexto para no meter las manos. Seguro que

quieres un trabajo de licenciado. Para eso hay que dejar el alcohol y terminar la

primaria, mister. Hay que empezar desde abajo. No seas joto.

MARTIRIO: …

SANGÜEZA: Entonces como quieras. Ya habías avanzado mucho en la capacitación.

MARTIRIO: ¿Capacitación?

SANGÜEZA: Tu entrenamiento. Estamos a punto de dar el salto. Y estaba pensando que

me gustas para gerente.

MARTIRIO: ¿Genente?

SANGÜEZA: Capataz, si quieres. Todo lo que me has estado siguiendo no es tiempo

perdido, mister, es inversión. Estos dos diyitas te los cuento como inversión.

¿Qué dices, socio?

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MARTIRIO: Suena bien. Pero nos vemos mañana. Mañana le seguimos.

SANGÜEZA: No, no hay mañana. Los grandes negocios se hacen hoy. Siempre hoy. Yo

busco gente ganadora, gente que sepa distinguir lo bueno de lo mejor. Gente

con futuro. El que no se queda se larga. ¿Alguna duda?

MARTIRIO: No. Bueno… ¿El camino?

SANGÜEZA: Ningún camino. Lárgate de aquí, pinche indito naco.

MARTIRIO: Ok.

SANGÜEZA: Bueno. Bai.

MARTIRIO: Señor.

SANGÜEZA: ¿Qué? ¿Qué se te atoró?

MARTIRIO: Mi güaje. Me va a hacer falta en el desierto…

SANGÜEZA: ¿Lo ves? Yo soy generoso, te ofrezco una oportunidad y tú estás contando

los tragos que le doy a tus meados hervidos. Ahí están.

MARTIRIO: No apague la luz. No veo por dónde.

SANGÜEZA: Pues espérate a que salga la luna. O vete a gatas. Nomás acuérdate de los

coyotes.

MARTIRIO: Hábleme de los dólares, pues.

SANGÜEZA: Ah, verdad. Libras, dije libras. Valen más. Dije libras y son moneda europea,

creo que argentina.

MARTIRIO: Suena bien, oiga. ¿Cómo le hago?

SANGÜEZA: Del desierto y del camino no sé nada.

MARTIRIO: No, para los chelines.

SANGÜEZA: ¿Ahora sí?

MARTIRIO: Podemos probar.

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SANGÜEZA: No. Eso no. Eso hace la diferencia, la enorme diferencia. “Probar”. Que

prueben los cobardes. ¿Qué diría tu mujer o tus hijos o tu novio si te oyeran decir

eso? “Probar”. Agárrate los tanates, respira hondo y escucha porque ahí te va

todito el cuento: Yo voy a construir –junto con los valientes que me sigan– una

muralla aquí, justo aquí donde estamos tú y yo paradotes. Un monumento como

el chino, pero más cabrón y más elevado –porque así lo piden los güeros, ya

ves–, más duradero que el de Berlín y más hijo de la chingada que el de

Palestina y el de Marruecos. Con eso voy a darle trabajo al paisano, a mejorar

este terruño de ignorantes y a darle por una vez en la vida, qué digo en la vida,

en la historia, el primer lugar, un lugar de avanzada a este país de criadas y

mongoles. Es un negocio grande, uno muy bueno, uno de verdad.

MARTIRIO: ¿Una muralla? ¿Aquí? ¿Paqué?

SANGÜEZA: ¿Qué no ves las noticias?

MARTIRIO: No.

SANGÜEZA: Por eso no entiendes. Es un negocio visionario, de punta, con tecnología y

planeación de primer mundo. Si yo debí nacer inglés. Me las sé de todas, todas.

Soy cabrón y elegante, elegante y cabrón, ¿o no? Si hubiera salido güero

hubiera sido perfecto, un Yeins Bon en el barrio, jajay. Un barrio internacional,

para que lo sepas, en el mero corazón de la siti. Tenemos un chino fumanchú

que escribe y un cachetón negociero al que llaman La pelos rosas, no me

preguntes por qué, pero eso le dio fama, y su mamá que es bombera y baila

sobre una barra, es gloria del nostálgico antro Las dos naciones. Conmigo ahí,

puro ilustre, puro personaje de cuento, qué digo de cuento, de historia. Pero yo

me adelanté. Yo voy a la cabeza. Repite conmigo, Soy carbón y elegante.

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MARTIRIO: Soy cabrón y elegante.

SANGÜEZA: Tú no, pendejo. Yo.

MARTIRIO: Pos.

SANGÜEZA: Tú qué sabes.

MARTIRIO: Es que no entiendo, verdad de dios.

SANGÜEZA: Pon atención porque no lo voy a decir otra vez. Pon atención. Y si volteas a

ver si nos escuchan o a ver si se asoma la changa vestida que tienes por esposa

te despido y no te perdono la traición al negocio que es peor, mucho peor, que

traicionar a la patria. Además ya ni se ve y no voy a prender la lámpara. Las pilas

están caras.

MARTIRIO: Entiendo.

SANGÜEZA: Estos asuntos requieren entrega absoluta.

MARTIRIO: Entendido.

SANGÜEZA: Se trata de traer de a montones indios pelados como tú –sin ofender–, pero

más revolcados, de Oaxaca, de Chiapas y de Hidalgo. Con suerte salvadoreños,

peruanos y bolivianos que salen más baratos y que sin papeles no se pueden

quejar.

MARTIRIO: Los que vienen en el tren.

SANGÜEZA: Esos meros. Nomás hay que fijarse que no sean de los que están marcados

porque nos resultan maras y entonces sí nos jodimos. Esos sí son peligrosos.

Son como alacranes. Como si fueran mandriles chilangos en un clásico, pero

peor. De esos no, mister. Te fijas. O que no vayan a salir mongoles de a

deveras, esos además de inútiles salen muy caros.

MARTIRIO: Me fijo.

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SANGÜEZA: ¿Te puedes hacer cargo de eso?

MARTIRIO: Me hago cargo.

SANGÜEZA: Porque alguien debe hacer la otra parte, el trabajo fino.

MARTIRIO: El trabajo fino.

SANGÜEZA: No me mires así. Si yo supiera que estás capacitado te pedía que me

acompañaras, pero esto es otra cosa, otro nivel.

MARTIRIO: Ora sí ya es tarde. Me están esperando.

SANGÜEZA: No, aquí te quedas. Que te sigan esperando. Yo ya te dije de qué se trata y

no te me vas a largar a madrugarme en mi negocio.

MARTIRIO: Es que…

SANGÜEZA: Es que madres. Te esperas. Ya va a salir la luna. Apenas salga te largas si

quieres. A ver por dónde te regresas.

MARTIRIO: Me espero.

SANGÜEZA: Tú traes a los aztecas.

MARTIRIO: Dijimos que mayas o quéchuas. Los paisanos cobran en dólares si trabajan

por acá.

SANGÜEZA: Bien, eso me gusta, que tengas visión, que te preocupes por el negocio. Tú

te ocupas de los metecos porque yo voy a conseguir el dinero para el material, a

chorearme a los ingenieros. Con unos tres mil sarnosos y el dinero que me van a

prestar en tres meses construimos la muralla sobre el copete de Durango y listo.

MARTIRIO: Muy bien, pero en qué momento cobramos. Es que a menos que venda

usted palomitas no veo de dónde va a salir el dinero para irnos pagando.

SANGÜEZA: Ah, ese es el chiste. Por eso es un negocio visionario. Como los güeros van

a comenzar, pero desde el mar, nosotros adelantamos, la terminamos, con el

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doble de altura de la que hay aquí adelantito, y cuando lleguen acá, como está

construida desde este lado, se las rentamos y que se chinguen, si van a usarla

que paguen. Ahí los agarramos en curva porque la muralla ya va a estar y ni

modo que digan que no o que le saquen la vuelta. No les conviene. Lo de la raya

de los albañiles se los tomamos como inversión y los volvemos accionistas. Así

está más difícil que nos digan que no.

MARTIRIO: Ah, cabrón. Pero cuando la terminemos yo quiero quedar del otro lado y

tener mi dinero a la mano.

SANGÜEZA: Si quieres te voy haciendo un cheque. Y te quedas del lado que quieras. Te

voy a dejar escoger de qué lado vas lavar sanitarios de hospital, tú eliges, eso es

la libertad, caray.

MARTIRIO: Es que si no, como va a estar más altota, más trabajo me va a dar brincarla.

SANGÜEZA: No se me apendeje, mister, no se me apendeje. Por eso es negocio

redondo esto de la mirella.

MARTIRIO: Muralla.

SANGÜEZA: Nomás te estoy calando, a ver si estás despierto o si el mezcal ya terminó

de secarte el seso.

MARTIRIO: Por cierto, páseme la vejiga.

SANGÜEZA: ¿No que no? Todos, tarde o temprano, terminan empinaditos o mordiendo

el chile, pinches mexicanos joteques.

MARTIRIO: Yo digo mi güaje.

SANGÜEZA: Mi güaje, mi güaje. Total, te estaba diciendo que es negocio redondo.

Porque esos güerejos pendejos creen que con una paredcita van a detener a la

raza, pero no. Ya tienen un país bien adentro los pendejos. Van a terminar

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hablando como nosotros y comiendo frijoles. Ya se chingaron. No, una pared

más grandota lo que va a lograr es que la gente se vuelva más aguerrida, que se

haga de ingenio, que se tarden más, pero no que no pasen. Una prueba más a

las pruebas de supervivencia. ¿Pero qué tanto es tantito? Esto no lo detiene ni

dios padre. Por eso, nosotros dejamos unos agujeros o rentamos unas

escaleras. Por eso es mejor que no te vayas, que te quedes acá con tu gente.

Hay que cuidar, que guiar, que aconsejar a la raza y cuidar bien del changarro.

Ya si te emperras en quierer pasar porque quieres volverte gringojete, te

hacemos una rebaja.

MARTIRIO: Suena bien, oiga. ¿Pero por qué hasta acá?

SANGÜEZA: Tiene su chiste. De todos modos le están comiendo cien metros a la línea

cada año. Cuando lleguen hasta acá se van a dar cuenta de que les estamos

regalando un pedazote y con esa señal de buena voluntad seguro le atoran al

bisne. Hay que arriesgar para ganar. No falla.

MARTIRIO: ¿Y quién le va a prestar el dinero?

SANGÜEZA: ¿Cómo que quién? Eso no se pregunta ni se responde. Yo tengo unos

amigos poderosos. Son tan acá que tienen su ejército propio y son dueños de

todo lo que alcanzas a ver y lo que no de este lado de la línea. Ellos también

tienen sus intereses. La cosa es venderles la idea. ¿Le atoras?

MARTIRIO: Tengo que pensar.

SANGÜEZA: Para eso me gustabas.

MARTIRIO: Es que se dice fácil.

SANGÜEZA: Y es fácil. Nomás hay que tener los huevos bien puestos. Es un negocio

redondo, chingón y patriotero. Ellos nos van a pagar por usar un bien común.

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Ellos van a pedirnos permiso de usar nuestra pinche pared bien grafiteada de

este lado con leyendas anti mamones. Si ya la tienen bien adentro los pendejos.

Ora nomás van a tener que escoger entre gozarla y moverse o moverse y

gozarla. Ya nos los ensartamos, mister.

MARTIRIO: Lo pienso. Ya se asomó la luna. Vuelvo mañana.

SANGÜEZA: Mañana ya no. Es hoy. Hoy. Piénsalo bien, mister, porque si te vas, te vas,

¿eh?

MARTIRIO: Pos entonces no. Muchas gracias. ¿Para dónde es el desierto?

SANGÜEZA: Encuéntralo tú, ojete.

MARTIRIO: Ahí le regalo mi pellejo paque le haga compañía.

Sale Martirio.

SANGÜEZA: ¿No lo vas a querer, pendejo? Es mucho dinero. Me vale madres. Así como

tú hay un chingo de otros más, montones que se van a pelear por formar parte

del negocio de la historia. Gente que no tiene miedo de trabajar, que quiere

progreso y que sí son patriotas. Y la idea es mía y la tengo registrada, con que si

me entero de que me estás dando baje te demando, pendejo, te demando, ¿eh?

***

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SANTOS PELIRROJOS

Santos pelirrojos
Dos son Legión

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SANTOS PELIRROJOS

PERSONAJES

MARCIAL. Hombre joven. Carismático. Cecea a la española. Con sotana.

ALEJANDRO. Casi un hombre. Viste colores oscuros.

De mañana. Salón posterior de una capilla. Marcial no tiene su sotana. Alejandro

con la camisa desabotonada le lava los pies.

MARCIAL: Esas cosas no se explican. No pueden explicarse. Suceden. Son parte

de la naturaleza. No hay razonamiento matemático o teológico. Punto. Se

lo dije, pero la mujer insistía. Era una pregunta muy tonta, porque se

volvió más radical. Ya no les interesa polemizar sobre el sexo de los

ángeles, cosa que si lo miras bien es inofensiva y hasta curiosa. No, que

habría que comprobar la existencia de los ángeles. Hazme el favor. No la

insulté porque no acostumbro hacerlo, pero ganas no me faltaron y se me

ocurrieron unos muy buenos. ¿Qué le hubieras dicho tú?

ALEJANDRO: No sé.

MARCIAL: No digo de los insultos. Hablo de sus preguntas.

ALEJANDRO: La hubiera dejado hablar.

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MARCIAL: No. Es que no se puede. Por ahí comienzan las debilidades. No se

puede dejar a la gente hablar y hablar. Terminan por horadar hasta las

ideas más sólidas. Hay que provocar el silencio, el temor reverencial, la

duda ante el misterio fortalece el espíritu. ¿No crees?

ALEJANDRO: Sí.

MARCIAL: Además, las personas necesitan signos de autoridad, límites. Y el

misterio proporciona eso, respeto, temor, límites. Si la hubiera dejado

hablar hasta el final, no me la hubiera quitado de encima. Imagínate el

escándalo, como el que armaron con la desaparición del Limbo. No se les

da gusto con nada, nunca. Te estoy hablando, niño.

ALEJANDRO: Perdona.

MARCIAL: ¿Te pasa algo?

ALEJANDRO: Me siento raro.

MARCIAL: Es que duermes poco. Se te nota en las ojeras. Deja ese mal humor.

ALEJANDRO: No hablo de eso.

MARCIAL: ¿No has comido bien? Hay que comer cuando trabajas todo el día. Por

eso estás triste, como sin ganas. Me hubieras dicho. No tienes por qué

guardarte las cosas conmigo.

ALEJANDRO: Me da vergüenza.

MARCIAL: ¿Qué te da vergüenza?

ALEJANDRO: Decirte.

MARCIAL: ¿Somos o no somos amigos?

ALEJANDRO: Pues…

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SANTOS PELIRROJOS

MARCIAL: Mírame. Mírame bien. Y contesta. ¿No lo somos?

ALEJANDRO: No sé.

MARCIAL: ¿Cómo que no sabes?

ALEJANDRO: Es que no somos iguales.

MARCIAL: No. Sácate de la cabeza esas tonterías. Yo no soy tu jefe. Yo no te

doy órdenes. ¿O sí?

ALEJANDRO: No…

MARCIAL: Yo no te pido nada que tú mismo, por convicción, no estés dispuesto a

dar por la comunidad. ¿Es cierto o no es cierto?

ALEJANDRO: Sí.

MARCIAL: ¿Te sientes obligado?

ALEJANDRO: No…

MARCIAL: ¿Entonces qué pasa?

ALEJANDRO: No sé.

MARCIAL: Hay malos días, momentos así. Ya lo habíamos hablado. A veces

llega el cansancio. La fe es frágil, las fuerzas flaquean, pero no podemos

rendirnos. No podemos. Tenemos una causa justa. Es justa. Y te

entiendo, porque a veces uno se harta y quiere mandar todo al carajo.

Tienes ese derecho. Si quisieras, podrías mandar todo al carajo. Porque

todos tenemos derechos. Todos. Tú y yo y todos. ¿No es cierto?

ALEJANDRO: Sí.

MARCIAL: Pero no quieres mandarlo todo al carajo, ¿o sí? ¿Es eso? ¿Eso es lo

que quieres?

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ALEJANDRO: No sé.

MARCIAL: Me asustas.

ALEJANDRO: Creo que no estoy siendo claro.

MARCIAL: Pues no. ¿Qué pasa?

ALEJANDRO: Estoy confundido.

MARCIAL: ¿Sobre qué? ¿Hay algo que te moleste? ¿Algo que no te esté

pareciendo bien?

ALEJANDRO: No…

MARCIAL: Entonces, ¿tiene que ver con lo que hacemos? Dime, ¿quieres saber

por qué lo hacemos?

ALEJANDRO: ¿Qué?

MARCIAL: ¿Qué por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué viniste hoy?

ALEJANDRO: Pues…

MARCIAL: Por amor, niño. Por amor al otro, a nuestro prójimo. Es por amor.

Grábatelo bien en la cabeza, porque siempre que te lo pregunten eso es

lo que debes responder. Por amor. Yo te amo y tú me amas a mí como

amamos al Señor y él nos ama a nosotros. No hay mácula. Es normal.

ALEJANDRO: Por amor.

MARCIAL: Yo lo hago por amor, ¿tú por qué lo haces?

ALEJANDRO: Por amor, creo.

MARCIAL: ¿Estás seguro?

ALEJANDRO: Sí.

MARCIAL: ¿Estás seguro?

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ALEJANDRO: Que sí.

MARCIAL: Bueno. Así está mejor. Ahora podemos irnos a descansar. ¿Qué

tienes?

ALEJANDRO: Nada.

MARCIAL: ¿Cómo nada? Mira esa cara. ¿Estás dudando, no es cierto? Estás

dudando.

ALEJANDRO: No es eso.

MARCIAL: ¿Entonces qué es?

ALEJANDRO: Que me he sentido enfermo. Me duele el estómago. Tengo náuseas

y ganas de vomitar.

MARCIAL: ¿Ahora?

ALEJANDRO: No.

MARCIAL: ¿Entonces cuándo?

ALEJANDRO: Cuando me voy a dormir, cuando despierto, cuando me miro en un

espejo.

MARCIAL: Eso es grave.

ALEJANDRO: Perdón. Me exalté.

MARCIAL: ¿Hay algo más que te moleste?

ALEJANDRO: Sí.

MARCIAL: Dilo.

ALEJANDRO: ¿De verdad?

MARCIAL: Anda.

ALEJANDRO: ¿Puedo hacerlo? No sé si deba.

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MARCIAL: azlo, que te lo pido yo.

ALEJANDO: No me gusta cuando hablas así, como que no te queda.

MARCIAL: Caray. Es más grave de lo que pensé.

ALEJANDRO: ¿Estoy enfermo?

MARCIAL: Sí. De deslealtad. Qué decepción. Todo el tiempo pensé…

ALEJANDRO: ¿Qué?

MARCIAL: No te importa. Con que náuseas, ¿no? Te arrepientes. Vas a terminar

por decirme que esto no era lo tuyo. Que te sientes obligado. Parece que

no has entendido nada.

ALEJANDRO: No, sí es lo mío. Yo…

MARCIAL: No me digas nada. Conozco a los que son como tú. Volubles,

indecisos, convenencieros y sobre todo cobardes. Son cobardes.

ALEJANDRO: No es lo que te estás imaginando.

MARCIAL: ¿Entonces qué es?

ALEJANDRO: Que las cosas cambiaron.

MARCIAL: ¿Cambiaron cómo?

ALEJANDRO: Así nomás, cambiaron…

MARCIAL: Muy bien. Detente ahí. No me interesa saber nada. No quiero tener

detalles. Hay cosas mucho más importantes.

ALEJANDRO: Pero yo quiero decirte.

MARCIAL: ¿Cómo?

ALEJANDRO: Que te lo quiero decir…

MARCIAL: ¿Perdón?

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ALEJANDRO: Lo siento. Quiero decirle.

MARCIAL: Pero ya escuchaste que no estoy interesado. Pon atención.

ALEJANDRO: Lo escucho.

MARCIAL: Antes que nada, están las reglas. Unas reglas muy estrictas. ¿Conoce

las reglas, jovencito?

ALEJANDRO: Sí.

MARCIAL: Hay una que me interesa particularmente que tome en cuenta, dados

los acontecimientos. Páseme mis cosas, por favor. Ayúdeme.

ALEJANDRO: Sí, señor.

MARCIAL: Hay un orden jerárquico inflexible. ¿Usted sabe de eso, no es cierto?

ALEJANDRO: Sí.

MARCIAL: ¿Sabe lo que pasaría si yo me quejara de usted ante el consejo?

ALEJANDRO: Sí, señor, pero usted no haría eso.

MARCIAL: No me de motivos y las cosas seguirán su curso normal.

ALEJANDRO: No le daré motivos.

MARCIAL: ¿Sabe lo que pasaría si usted se quejara de mí ante el consejo?

ALEJANDRO: Es imposible, señor. Eso está prohibido. Nadie puede quejarse ni

hablar mal de ningún superior.

MARCIAL: Veo que conoce el reglamento. No estoy seguro de que sea capaz de

cumplirlo. ¿Está dispuesto a no infringir el cuarto voto?

ALEJANDRO: Juré, señor.

MARCIAL: ¿Bajo ninguna circunstancia?

ALEJANDRO: Bajo ninguna señor.

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SANTOS PELIRROJOS

MARCIAL: Bien. Necesito que me ayude.

ALEJANDRO: Dígame qué necesita.

MARCIAL: Me duelen las rodillas. No puedo amarrarme los zapatos.

ALEJANDRO: ¿Quiere que le acerque un banco?

MARCIAL: No, no estaba pensando en eso…

ALEJANDRO: Pero señor…

MARCIAL: Necesito que lo haga. Se está haciendo tarde y esta mañana ha

dejado de ser provechosa.

ALEJANDRO: Sí, señor.

Silencio. Alejandro se hinca frente a Marcial para amarrarle los zapatos, Marcial

lo toma de la cabeza y lo acaricia mientras lo acerca a su entre pierna.

Alejandro termina y se incorpora. A punto de irse.

ALEJANDRO: Que tenga un buen día.

MARCIAL: Espera.

ALEJANDRO: ¿Señor?

MARCIAL: Acércate.

ALEJANDRO: Como guste.

MARCIAL: Siéntate aquí.

ALEJANDRO: Sí, señor.

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SANTOS PELIRROJOS

MARCIAL: Mírame. Yo no quiero que nos enojemos. No es bueno para la

comunidad, pero sobre todo no es bueno para nosotros. Vamos haciendo

las paces.

ALEJANDRO: ¿Las paces, señor? Yo no estoy enojado con usted. No podría. Está

prohibido.

MARCIAL: Basta. Llámame por mi nombre.

ALEJANDRO: Señor…

MARCIAL: Es una orden.

ALEJANDRO: Está bien.

MARCIAL: No puedes estar jugando así conmigo. No puedes, no tienes derecho.

¿Qué son esos malditos aires de dignidad?

ALEJANDRO: Creí que era en serio…

MARCIAL: No era en serio. Tenías que haberme pedido perdón, tenías que

haberme aclarado todo. Tenías que abrazarme y decirme que no pasa

nada, que todo sigue igual, que sólo estás creciendo y te pones de mal

humor.

ALEJANDRO: Es que no puedo.

MARCIAL: ¿Por qué? ¿Qué está pasando?

ALEJANDRO: Ya te dije, algo cambió.

MARCIAL: ¿Pero qué?

ALEJANDRO: ¿De verdad quieres escucharlo?

MARCIAL: No.

ALEJANDRO: Pues entonces lo siento mucho.

EDGAR CHÍAS
SANTOS PELIRROJOS

MARCIAL: Me estás ofendiendo.

ALEJANDRO: Es por amor.

MARCIAL: ¿Cómo por amor? ¿Por amor a qué?

ALEJANDRO: Amor.

MARCIAL: ¿A quién?

ALEJANDRO: Me da vergüenza.

MARCIAL: No me vengas ahora con esas estupideces. Mírate, mírame. ¿Sabes

quiénes somos y lo que hacemos? ¿Sabes dónde estamos? ¿Cómo

puedes venir a decirme, después de todo, de tanto, de esto, que te da

vergüenza algo? No seas ridículo.

ALEJANDRO: Pues me da vergüenza, ¿qué quieres que haga?

MARCIAL: ¿Quién es?

ALEJANDRO: Alguien que no conoces.

MARCIAL: Mira, hay cosas que puedo entender. Incluso tolerar. Seguramente es

el llamado de lo natural, ¿no es cierto? Conociste a alguien y te gustó. Me

parece bien.

ALEJANDRO: ¿Te parece bien? A ti todo te parece bien. Cualquier cosa te parece

bien.

MARCIAL: No me hables así.

ALEJANDRO: Pues sí. Te parecía bien cómo era yo antes.

MARCIAL: Y por eso me gustaste.

ALEJANDRO: Te pareció bien que al principio me diera asco.

MARCIAL: También eso me gustó.

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SANTOS PELIRROJOS

ALEJANDRO: Y te parece bien que ahora vuelva a darme asco.

MARCIAL: Eso no me parece bien, pero lo puedo tolerar. El problema es que lo

toleres tú. Porque como te estás poniendo me hace pensar que el

problema no es nada más mío. Tú te quieres salir con la tuya. Pero así, si

a esas vamos, yo también voy a querer. Yo no puedo obligarte a que me

quieras. Pero sí puedo obligarte a que me dejes quererte.

ALEJANDRO: Eso suena muy mal. De verdad no quieres eso.

MARCIAL: No. Pues claro que no. Yo quisiera que fuera como antes.

ALEJANDRO: Nunca hubo un antes.

MARCIAL: Me quisiste.

ALEJANDRO: Te admiraba, te temía, tú siempre has mandado.

MARCIAL: Te cuidaba.

ALEJANDRO: Pero ya no. Ya no quiero.

MARCIAL: ¿Cómo se llama?

ALEJANDRO: Es una persona especial, no la conoces…

MARCIAL: Ya me lo dijiste. ¿Cómo se llama? Eso es lo que quiero saber.

ALEJANDRO: ¿Para qué?

MARCIAL: ¿Qué le viste? ¿Tiene buenas tetas?

ALEJANDRO: No.

MARCIAL: Grandes nalgas.

ALEJANDRO: No…

MARCIAL: ¿De qué te ríes?

ALEJANDRO: De lo que estás diciendo.

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SANTOS PELIRROJOS

MARCIAL: Respóndeme.

ALEJANDRO: No tiene tetas, no tiene grandes nalgas y no es una mujer.

MARCIAL: ¿No?

ALEJANDRO: No.

MARCIAL: A ver, calma. Vamos a platicarlo. Así las cosas cambian. Podemos

llegar a un acuerdo.

ALEJANDRO: No sé si me interesa. Lo único que quiero es que me dejes estar

solo.

MARCIAL: No puedo.

ALEJANDRO: ¿Por qué?

MARCIAL: Porque eres mío.

ALEJANDRO: Tienes a los demás.

MARCIAL: Los demás también son míos.

ALEJANDRO: Pero yo ya no quiero.

MARCIAL: El asunto es que yo sí, y ahora quiero más. ¿Cómo ves?

ALEJANDRO: Eso es puro capricho.

MARCIAL: Y aunque así fuera, eres mío, todos ustedes son míos, mis niños.

Todos son para mí. Yo los amo y ustedes deben amarme como aman al

Señor, como él los ama a ustedes. Esa es la regla.

ALEJANDRO: Sí, pero dicho de esa forma suena un poco enfermo.

MARCIAL: Te estás extralimitando. No puedes seguir insultándome sin pagarlo.

ALEJANDRO: Me confundes. No sé cuándo hablas como Marcial, cuándo hablas

como el guía. Me vuelves loco.

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SANTOS PELIRROJOS

MARCIAL: No te confundas. Todo es lo mismo. Es un juego. ¿Te acuerdas?

ALEJANDRO: Yo me rindo.

MARCIAL: Piensa en todo lo que puedes aprender, en todo lo que podemos

hacer, en todo lo que podríamos jugar juntos tú y yo, tú y él, él y yo, los

tres juntos...

ALEJANDRO: No. Eso es lo que no quiero.

MARCIAL: ¿Por qué no?

ALEJANDRO: Por que no.

MARCIAL: ¿Lo quieres mucho?

ALEJANDRO: No voy a responder.

MARCIAL: Lo quieres.

ALEJANDRO: Pues sí.

MARCIAL: Y a mí no.

ALEJANDRO: De otra manera. Como a un padre.

MARCIAL: A mí no me quieres.

ALEJANDRO: Así como tú quieres, no.

MARCIAL: Muy bien. Ya entendí. No voy a pelear ahora. No voy a enojarme

contigo. No voy a discutirlo más. Te he suplicado demasiado. ¿Te das

cuenta? Demasiado. A nadie le he pedido tanto como a ti. Por eso

abusas. Pero yo tengo la culpa. Muy bien. Como tú quieras.

ALEJANDRO: Sin rencores.

MARCIAL: Sin rencores, pero no es asunto terminado. Por ahora ganaste tú, te lo

concedo.

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SANTOS PELIRROJOS

ALEJANDRO: Gracias, Marcial.

MARCIAL: No, no, Marcial no.

ALEJANDRO: Gracias, mon père.

MARCIAL: Así está mejor.

ALEJANDRO: Sabía que entenderías.

MARCIAL: ¿Estás completamente seguro?

ALEJANDRO: Sí, mon père.

MARCIAL: Bueno. Te perdono. Pero de cualquier forma eres mío. Dame un

abrazo.

Se abrazan.

ALEJANDRO: Me voy. Buen día, mon père.

MARCIAL: Alejandro.

ALEJANDRO: ¿Sí?

MARCIAL: No hemos terminado. No todo.

ALEJANDRO: ¿No?

MARCIAL: ¿Entonces, en qué quedamos? Dime.

ALEJANDRO: Ah, ok. En que no hay secretos.

MARCIAL: No, sí hay.

ALEJANDRO: En que no hay secretos entre nosotros.

MARCIAL: Eso es muy diferente. Entre nosotros no hay límites. Fuera de aquí, de

ti y de mí sí. El mundo es así. No me pidas que te lo explique yo. Es más

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que obvio. Supongo que lo entiendes muy bien y que sabes lo que

implicaría.

ALEJANDRO: Sí, mon pére. Pierda cuidado. Ya hablamos del voto.

MARCIAL: Un día ya no va a ser necesario ser tan cuidadoso. Un día vas a poder

mirar en los ojos de todos que no hay reprobación. Un día también vas a

poder casarte con quien tú quieras.

ALEJANDRO: Suena bien. Sólo que antes de eso tendría que permitirse que los

hombres del Señor pudieran casarse.

MARCIAL: Tenemos derecho porque es por amor, ¿no es cierto? Un día va a ser

distinto. Pero mientras pasa, ni una palabra.

ALEJANDRO: A mí se me hace difícil.

MARCIAL: Pues malo para ti. Ya viste lo que le pasó a mi tío.

ALEJANDRO: Yo hablo de las bodas. Se me hace difícil que suceda. Lo de su tío

es otra cosa.

MARCIAL: Pues piensa en mi tío. Eso te va a ayudar a conducirte bien,

discretamente.

ALEJANDRO: ¿Por qué todo tiene que ser tan tétrico?

MARCIAL: Hay cosas que se vuelven necesarias.

ALEJANDRO: ¿Y era necesario?

MARCIAL: No me cambies la conversación.

ALEJANDRO: ¿Fue necesario?

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SANTOS PELIRROJOS

MARCIAL: Fue. Tú estás a salvo, yo estoy a salvo, la comunidad y el mundo

están a salvo así. Todos ganamos. Incluso él. Ahora es un santo pelirrojo.

Termina de vestirte. ¿Te gustaría ser un santo pelirrojo?

ALEJANDRO: No. No me gusta el cianuro. Preferiría simplemente dormir y no

despertar. Sin sufrimientos.

MARCIAL: Lo voy a tomar en cuenta.

ALEJANDRO: Me das miedo.

MARCIAL: Y yo que simplemente quiero darte amor. Pero no te dejas.

ALEJANDRO: Que tenga un buen día, mon pére.

MARCIAL: Sí, sí. Buenos. Dulces días. Muy pronto.

***

EDGAR CHÍAS
GÜERA ES LA PATRIA

Güera es la patria
Los empleados insumisos nunca ganarán

EDGAR CHÍAS
GÜERA ES LA PATRIA

PERSONAJES

RUVALCABA

JIM

Oficina de mandos medios. Imprescindible decir que todo sucede “Hoy, hoy,

hoy”. Y seguirá sucediendo.

RUVALCABA: Siempre hay que redondear. Nunca se sabe. Ya ves que hay

imprevistos.

JIM: Pero se pueden dar cuenta.

RUVALCABA: ¿Cuenta de qué? A ver, Jim, ¿de qué? ¿Te parece que estamos

haciendo algo malo?

JIM: Malo no.

RUVALCABA: ¿Y luego?

JIM: Raro sí.

RUVALCABA: ¿Cómo raro, Jim, cómo raro? ¿Qué es lo raro? ¿No te das cuenta?

No hay reglas. No pueden saberlo. No tienen más que confiar en

nosotros. Además, para qué crees que existen estos puestos. Para

ejercer el criterio, para tener ideas y ejercer el criterio. Les estamos

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GÜERA ES LA PATRIA

vendiendo una idea, organizando un numerito muy bueno. De

buena pinta, muy vestidor. Para todo público y con mucha prensa.

Porque va a ir toda la prensa. Vamos a estar ante los ojos de

todos, Jim, de todos.

JIM: Por eso.

RUVALCABA: Pues por eso, mi Jimi. Todo muy claro, muy transparente. Estás

desglosando, pero no nos vamos a poner a sumar los centavos. Es

poco elegante, poco práctico. ¿Tú crees que nos van a auditar por

unas morrallas? ¿Nos estamos volviendo ricos, mi Jimi, nos

estamos hinchando los cachetes con billetes verdes, comprando

un departamento en Mayami, mantenemos a nuestras señoras con

las morrallas, mi Jim, eso hacemos, por eso te da miedo?

JIM: Pues no.

RUVALCABA: ¿Pues no qué? No te entiendo. De veras que no. No hay que ser

cuanta chiles Jimi. Ni cuanta chiles ni apocados. Ese es el mal de

la patria. Por eso nos va mal.

JIM: Pero puede parecer irregular.

RUVALCABA: Me haces sentir mal. Como sie esto fuera un robar, Jimi. Un robo

en despoblado. O como si el que pagara los gastos fueras tú o tu

mamá, o el veterinario que te regala croquetas para tu perro

canceroso.

JIM: No tiene cáncer, tiene agua en el corazón.

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GÜERA ES LA PATRIA

RUVALCABA: No me habías dicho que tu perro fuera poeta o marinero. No lo

sabía, porque de haberlo sabido antes, cuando las mocedades le

alcanzaban, lo hubiéramos rentado a una feria. Conozco a un tipo

que le da de comer a una mandrila celosa.

JIM: En celo, será.

RUVALCABA: Por eso. Le da de comer y me ha contado cómo se rasca el

mondongo la changa.

JIM: La mandrila.

RUVALCABA: Por eso. Se rasca el mondongo y grita UUUUUuuuá- U-U. Uuuuá.

Porque está en celo. Su chango no debería hacerla enojar tanto.

Él, mi amigo, que también trabaja aquí en turno vespertino, podría

hacer algo con tu perro. Disfrazarlo de tortuga o de panda. Si no se

ha muerto…

JIM: No estamos en eso.

RUVALCABA: Porque mi amigo es un genio para eso de las movidas…

JIM: El presupuesto…

RUVALCABA: A ver, cabroncito, vamos a ver y nos organizamos. ¿Quién es el

jefe aquí? No, no te me encabrones. Mírame, mírame te estoy

diciendo.

JIM: Por favor.

RUVALCABA: Ese es tu error, tu méndigo error. No te sometes a la autoridad. Así

no vas a llegar a nada, nunca, a nada.

JIM: Quiero que hagamos bien las cosas.

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GÜERA ES LA PATRIA

RUVALCABA: ¿O sea que soy un pinche pachorro?

JIM: No lo dije yo.

RUVALCABA: Eres un malagradecido. Por eso no prosperas, por eso te corren de

todas partes. Por eso nadie te quiere y te estás cerrando las

puertas. La clave del éxito está en quedarse callado, mi Jimi, en

aguantar la vara, en volar sobre el pantano sin mojarse, aunque

pescando cuanto puedas, si puedes, pues por qué no. Por eso te

corrieron de la tele.

JIM: Yo no estaba en la tele.

RUVALCABA: A ver, anota. Anota, pues. Quieres trabajar, trabajamos, pero

nomás quiero que te quede bien claro quién es el jefe, quién

manda aquí y de quién depende que le compres pañales a tu

gorda chimuela. ¿Te ves a ti mismo a estas alturas, mi Jim, sin tu

puestito?

JIM: No.

RUVALCABA: ¿Cuántos años tienes? Más de treinta, ¿no? Imagínate, ya estás

pasadón. En ningún lugar aceptan gente que no tenga carrera,

carro y sepa de computación. ¿Hablas inglés, mi Jimi, hablas

inglés?

JIM: No.

RUVALCABA: ¿Francés, chino, alemán?

JIM: No.

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GÜERA ES LA PATRIA

RUVALCABA: ¿Lo ves? Síguele como vas y un día le vas a calentar la cabeza a

Patita y al Negrete, que es puto, pero es re buena gente, y vas a

ver. Porque ya me dijeron, querido, ya me dijeron que no les pides

perdón ni permiso, que no los saludas si no quieres, que te vas sin

avisar y que les pones cara de fuchi, que te mandas solo, y eso, mi

Jimi, eso no está bien. Eso es soberbia y está mal visto. En Cuba

dicen incluso que está penada. Y tú no te mandas solo.

JIM: Yo hago mi trabajo, tenemos un horario.

RUVALCABA: Pero no, las cosas no son tan simples. Hay un orden, jerarquías.

Hay personzas y hay personas. ¿Te acuerdas de las güerejas?

Una gorda y la otra también. Eran novias. La que tenía la

fotocopiadora y la que le servía cafés al Licenciado. Quesque su

secretaria. Nomás quería quedar como una foto en la cartera del

Lic. Se le metía entre ceja y oreja, pero era tortilla. ¿Te acuerdas?

JIM: Se está haciendo tarde. Están esperando el oficio.

RUVALCABA: ¿Te acuerdas o no?

JIM: Sí, pero no me importa.

RUVALCABA: ¿Cómo que no te importa? Es importante. Uno trabaja para comer,

para sentirse bien, para ser útil, pero también, y sobre todo, mi

Jimi, para socializar. Hay que interesarse por las personas. ¿Estás

enfermo, loco, drogado?

JIM: ¿Por qué me dice eso?

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GÜERA ES LA PATRIA

RUVALCABA: Pues porque no me parece normal que alguien sea tan

desnaturalizado, no me parece normal que alguien sea tan

valemadres y no se interese por el prójimo. Jimi, nosotros

trabajamos para la gente. La gente, trabaja para nosotros, tal vez

es más justo. Pagan sus chingados impuestos, la mitad se tira a la

basura en campañas, de acuerdo, pero la otra es para que el

aparato funcione, Jimi, y nosotros somos el aparato. Nosotros.

Ellos nos pagan, ¿cómo puede valerte madres lo que les pasa?

JIM: No me vale madres.

RUVALCABA: No, a lo mejor no, pero eres huraño. Eso no está bien. Eres

huraño y respondón. No te sometes. Eso te va a costar caro un

día. Deberías aprender a las güerejas.

JIM: Las corrieron.

RUVALCABA: De acuerdo, mal ejemplo. Pero no fue un problema de actitud,

como el tuyo. Fue un problema de orden ideológico. Qué. No me

mires así. Eso dijeron, yo nomás te paso al costo.

JIM: Ideológico.

RUVALCABA: Sí. Ellas, al contrario de ti, no eran respondonas ni hacían

preguntas ni tenían ideas. Porque hay gente que no está aquí para

tener ideas, ¿no es cierto? Están aquí para obedecer, para meter

las manos y realizar las ideas que otros tenemos, ¿no es cierto?

¿No es cierto, Jimi?

JIM: Sí.

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GÜERA ES LA PATRIA

RUVALCABA: Pues bueno, las güeras, que ni eran güeras, que eran más bien

pelirrojas, pero se retocaban, ya sabes, bueno, las pinches güeras

eran bien serviciales. La de las copias siempre sonriendo,

regalando chicles a todo mundo, desde al mensajero hasta el

chofer del jefe.

JIM: Del Licenciado.

RUVALCABA: Por eso. Y la otra, llenándole la mano de nalga y la taza de café.

Pues bueno, resultó que además de putas ofrecidas, se entendían

entre ellas. Eran tortillas. Bien tortillotas.

JIM: ¿Por eso las corrieron?

RUVALCABA: ¿Te saca de onda? ¿Te da miedo? No me digas que tú…

JIM: ¿Qué yo qué?

RUVALCABA: Pinche Jimi, no me digas. Pero si tienes una beba, qué cerdo

asqueroso, qué joto, qué decepción.

JIM: No, no. Para nada.

RUVALCABA: Ya lo decía yo, esos zapatos muy boleados, esos anteojos de Alek

Syntek, el culín apretado al caminar…

JIM: Por favor, me molestan esos comentarios. No es lo que piensa y si

lo piensa me vale madre, pero no es así.

RUVALCABA: ¿En serio te vale madre?

JIM: No, por favor, se lo pido. No. No piense mal. Me sorprende porque

es grave que corran a alguien de su trabajo por eso. No es legal.

EDGAR CHÍAS
GÜERA ES LA PATRIA

RUVALCABA: Ah. Bueno. Si es por eso. Ya me habías asustado. Pinche Jimi, de

todos modos voy a cuidarte las espaldas, pero no te emociones,

¿eh? Dije las espaldas.

JIM: Señor, por favor.

RUVALCABA: Pero no, mi estimado. No las corrieron por eso. Ya dije yo que fue

por causas ideológicas. Y eso, aunque mal visto, no es motivo,

como bien dices, para correr a nadie. Para que les dejen de hablar

o para que les dejen recaditos marranos rayados en el baño sí,

puede. O para que les llamen de madrugada para insultar o

amenazarlas, también, puede ser. Jajay.

JIM: ¿Eso hizo?

RUVALCABA: No, nuncamente. No. Cómo crees. No, de verdad que no. Dicen.

Alguien me dijo que les hicieron de todo. El jefe ya no se dejaba

untar la nalga de la güera en la mano, y por eso comenzaron a

mandarte a ti a sacar las copias. Nomás las hicieron a un lado,

pero no fue por eso. Lo que hicieron fue grave.

JIM: ¿Qué fue?

RUVALCABA: Mira, hijo, nosotros somos el gobierno. Tenemos una imagen, una

imagen que todos respetan, que todos admiran y de la que todos

tiene una idea muy elevada. La gente quiere ser como nosotros,

tener lo que nosotros tenemos, vivir como nosotros vivimos.

JIM: Me imagino.

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GÜERA ES LA PATRIA

RUVALCABA: Y no se puede uno arriesgar a que esta imagen se vea afectada

por conductas irreverentes y peligrosas.

JIM: ¿Eran activistas de medio tiempo, globalifóbicas?

RUVALCABA: No, algo peor y más simple. En una borrachera con el jefe se

sinceraron de plano. Se agarraron de la mano, ya estaban muy

pedas, y después de chuparle la lengua al Licenciado se la

chuparon entre ellas. El detalle más que obsceno pudo ser

entretenido. El alcohol había corrido y algunos estaban ya muy

cachondos. Hasta pidieron más.

JIM: ¿Usted lo vio?

RUVALCABA: No me interrumpas. Pues te digo que hasta pedimos más y las

güerejas se animaron. Hicieron box de tetas, olorizaron con el rabo

unas toallas quesque montándolas muy sexys (la verdad es que sí

motivaban) y terminaron cantando un sentido repertorio de

Manoela Torres, Crystal y de una pinche española que cantaba

como muñequita estreñida.

JIM: ¿Cuál?

RUVALCABA: No me acuerdo. La cosa es que ya en el bajón, el Lic. Estaba

neceando con llevarse a las güeras a su casa de Cuernavaca.

JIM: ¿Le alcanza su sueldo para tener casa en Cuernavaca?

RUVALCABA: Y en la Roma, en Zapopan y donde sus padres, en Sonora. Pero

eso es otra historia.

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GÜERA ES LA PATRIA

JIM: Se las llevó y a medio entre se dedicaron a ellas y se olvidaron del

jefe.

RUVALCABA: Del Licenciado, no seas igualado.

JIM: Del Licenciado.

RUVALCABA: Nombre. No. No se dejaron llevar, insultaron a todos los miembros

funcionalmente erectiles.

JIM: Eréctiles.

RUVALCABA: Por eso, erectilés, y terminaron diciendo que un día no muy lejano

tendríamos presidenta y que una propuesta que le iban a llevar

corriendo a la fulana era la de cambiarle el nombre al país, a ver si

así la falocracia, hazme el favor, la falocracia, comenzaba a

desinflarse. Querían que en lugar de México se llamara Méxica, las

pendejas. Méxica. Méxica.

JIM: Ra-ra-rá. Fue un mal chiste. Perdón.

RUVALCABA: Y pues por eso. Al otro lunes le recordé al Licenciado el incidente y

les dimos aire. Era muy delicado. Pinches ideas anarquistas,

desestabilizadoras.

JIM: Sí.

RUVALCABA: Te digo todo esto para que te sirva de ejemplo. Menos

sombrerazo, mi Jimi, menos aspaviento y más sumisión. Ese es el

secreto del hueso.

JIM: Sí, ya lo veo.

EDGAR CHÍAS
GÜERA ES LA PATRIA

RUVALCABA: Y a ver si ya no me entretienes. Tenemos un chingo de pendientes

y como que así no vamos a terminar en junio. Tenemos que

entregar resultados, rendir informes. Y me distraes.

JIM: Perdone.

RUVALCABA: Dijimos…

JIM: Que son 13 invitados.

RUVALCABA: Ah, sí, pues contemos los 20. Redondear, ¿sí me entiendes?

JIM: Sí. ¿Facturados cómo?

RUVALCABA: Sin factura. No vamos a estar declarando cada pinche centavo que

gastamos, además siempre hay imprevistos.

JIM: Es un acto público.

RUVALCABA: Pero es un ejercicio discrecional de los recursos. Nosotros

sabemos cómo y por qué. Ya luego la gente nomás llega a gozar

de los resultados. No tiene por qué saber cómo nos ensuciamos

las manos trabajando para ellos. Ni nos lo van a agradecer.

¿Tomas nota?

JIM: Tomo nota.

RUVALCABA: Ya nos vamos entendiendo. Redondeamos y conservamos las

morrallas para los imprevistos. Además ni que nos estuviéramos

volviendo ricos con un pellizco. Un pellizco nomás, Jimi.

JIM: Un pellizco.

***

EDGAR CHÍAS
ZEN SURA

Zen Sura
No hable mientras come

EDGAR CHÍAS
ZEN SURA

PERSONAJES

UNO

DOS

TRES

Departamento. En los ciber recovecos del alma de tres ex pubertos.

TRES: ¿Qué es esa mamada?

UNO: Suchi.

DOS: Sushi. Es más barato.

UNO: Te habla el putín.

TRES: Es que es de Shihuahua.

DOS: ¿Qué? Pinches insensibles, naquetes. Todos unos troglodos. A ver si y van

a la escuela.

UNO: Uy.

TRES: Pues pídela ya, porque se va a poner a enseñarnos cómo se dice rana en

hebreo.

UNO: ¿Traen dinero?

DOS: Poco.

EDGAR CHÍAS
ZEN SURA

TRES: Nel.

UNO: No hay pizza.

DOS: Eh.

TRES: Aunque sea el pinche chuchi, pero ya. Necesito darle algo a mi lombriz.

DOS: Ya. Llama.

UNO: Ya.

TRES: No seas sólido, desliza, danza, mueve tus dos nalgas paradas sobre tus

talones y llama.

UNO: Pero ya déjenme a mí.

DOS: Nel.

TRES: Nel. Tú la tienes en tu casa. Nosotros nomás cuando te visitamos.

UNO: Que es casi diario.

DOS: Qué fijado. ¿Ya viste? Nos tiene anotados los días de visita.

UNO: Y los minutos, ojetes. Si les cobrara retroactivo no me alcanzan a pagar ni

con la nalga de sus tías, sus primas y sus hermanas. Si no estuvieran

peludas hasta detrás de las orejas, hacíamos bisne.

TRES: Bueno, ya. O llamas para que traigan el cuchi o te corremos de tu casa.

UNO: Ya mandé un mensaje.

DOS: No seas mamón.

UNO: Neta. Neta que sí. Es lo último. Mandas 00-42 al conmutador y detectan tu

zona y la chingada. Luego te mandan otro para que des tu direc y la orden

y si en 2 horas no te traen la merca, pues te vas olvidando de que te la

traigan.

EDGAR CHÍAS
ZEN SURA

TRES: Ay, nomá…

DOS: Nos está choreando.

UNO: No, en serio. Con mensajitos y ya. Ya pedí. No se tardan.

TRES: Bueno, porque ya se está poniendo muy asqueroso esto. Chequen.

DOS: Charros.

UNO: Ay, nomá…

TRES: Lo acaban de subir.

DOS: Hijos de su putísima…

UNO: Madres.

TRES: Ahí va otra vez.

DOS: Verga de canguro.

TRES: Se nota que tienes hambre.

DOS: ¿Por qué?

UNO: Por nada. Porque tienes rojas y calientes las orejas.

DOS: ¿En serio?

TRES: No eres más pendejo porque no eres chino, Carmelo.

DOS: Chale, ya me alburearon.

UNO: A ver, repítelo.

TRES: Nel. Nos esperamos al puchis. Es que si no, no voy a tener nada que

vomitar y ya ven que la arcada sola duele más.

DOS: No seas marrano.

UNO: Pinche cerdo.

EDGAR CHÍAS
ZEN SURA

TRES: Uy, para eso me gustaban. Pinches maricas fresetes. Hasta parecen de

Villa Coapa.

DOS: Tu hermana.

TRES: Luego luego se arrugan.

UNO: ¿Qué, nos viste cara de guajacos, o qué?

TRES: Ándele, pinche güero llevado, por racista se te va a llenar el rabo de

gusanos, ¿eh? Luego por qué los embolsan y los tiran en las avenidas.

DOS: No seas mamón.

TRES: Neto. Neto. ¿A poco no ven en la tele?

DOS: ¿Los embolsan y los tiran en las avenidas?

TRES: Sagüevo.

UNO: Verga de canguro.

TRES: ¿Cuándo me la viste?

DOS: ¿Tú como sabes?

UNO: No, yo nunca se la he visto.

DOS: Le digo a este.

TRES: Este tiene su nombre.

DOS: ¿Cómo sabes que los embolsan?

TRES: Yo he visto.

UNO: ¿Lo has visto?

TRES: Ahí donde vivo se ve de todo. Se hace de todo. Se sabe de todo. Y sí, los

embolsan.

DOS: Pero por qué.

EDGAR CHÍAS
ZEN SURA

TRES: Pues nomás. Porque se poncharon a la hermana de alguien. Porque no

pagaron unos papelitos de cois. Porque se le quedó viendo feo al jefe.

Porque vive enfrente y los de enfrente son putos.

UNO: No mames.

TRES: Así es.

DOS: Cómo “así es”. Los de Alkeda al menos lo hacen por algo.

TRES: Pos estos también. El pedo es que tú no entiendes los motivos.

UNO: Pues está muy cabrón.

TRES: No, eso no está muy cabrón. Cabrón, cabrón, lo que se dice cabrón, no.

Eso es como de señores, de rucos. No es lo de hoy.

DOS: No mames. ¿Qué es lo de hoy?

TRES: ¿Ves estos pinches videos culeros quesque hechos en Alemania? Los

hacen allá por mi barrio. Unos pinches güeros de Guadalajara. Hacen

como que ladran y ahí está. Dicen que son alemanes.

UNO: ¿Qué es lo de hoy?

TRES: ¿A poco quieren saber?

UNO: Yo sí.

DOS: Y yo.

TRES: Nel. Se espantan.

UNO: ¿Qué es lo de hoy?

TRES: Lo de hoy es inhalar esta madre.

DOS: ¿Qué es esto?

TRES: Así, mira.

EDGAR CHÍAS
ZEN SURA

DOS: Dame.

UNO: ¿Qué es?

TRES: Te metes uno, dos, y tres jalones. Aguantas lo más que puedas. Y lo

sueltas. Se siente muy cabrón.

UNO: No mames, no te metas estas cosas aquí.

TRES: No pasa nada. No te saques de onda.

DOS: No es nada.

UNO: ¿Cómo nada? Mira cómo se pone.

DOS: Es aire comprimido.

UNO: ¿Aire?

TRES: Te pone muy pinche loco. Es arriba. Muy arriba. Puro bienestar, puro

contento. UUUUUuuuuu.

DOS: No mames. Se te puede hacer un coágulo.

TRES: ¿Un qué? No mames. Por eso es más chido. Es un rozón con la flaca.

¿No quieren?

UNO: Nop, yo paso.

DOS: Estás loco.

TRES: Uy, que pinches jotos culeros. Hasta parecen de Coyoacán.

UNO: ¿Y esto es lo de hoy?

TRES: Apenas el comienzo. Pero no es para joteques. Dame acá. Vamos a ver

otra vez el video.

DOS: A ver. Dame.

UNO: No seas pendejo.

EDGAR CHÍAS
ZEN SURA

TRES: No pasa nada. No pasa nada. Se siente bien perrón.

DOS: A ver.

TRES: Te metes, uno, dos, tres. Ssss. Aguanta, no lo sueltes.

DOS: No mames.

UNO: ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? ¿Qué le pasa?

TRES: Nada, aguanta.

UNO: Levántate wei. Ayuda, pinche loco, ¿qué le pasa? ¿Estás bien, wei?

TRES: Nada, nomás está sintiendo el putazo.

UNO: ¿Te sientes mal, wei?

DOS: No, para nada. Se siente muy perro. Puts.

UNO: ¿En serio?

DOS: No mames. Pura velocidad.

TRES: Te dije. Dame.

UNO: ¿No pasa nada?

DOS: No. Está muy perro. Uuuuuuuuu.

UNO: ¿Por qué bailas?

TRES: Es el acelere normal. La primera vez es un mega chingadazo. Mira, Este

pendejo se meó.

UNO: Pinche cerdo.

TRES: Calmado, así pasa la primera vez. Siempre.

DOS: No es mi primera vez.

TRES: Ya aprenderás a controlarte. Limpien.

EDGAR CHÍAS
ZEN SURA

UNO: Cálmate, baboso. Quieto. ¿Se va a poner así de pendejo mucho tiempo?

Hay que limpiar.

DOS: No me reprimas. Te encabronas porque no conoces el cielo. Esto es la

felicidad. Sí existe y la venden en lata.

TRES: Por cierto, se va a acabar…

UNO: A ver, dame.

DOS: Verga. Verga. Verga. Esto es lo de hoy.

TRES: Nel. Esto no es lo de hoy. Lo de hoy está mucho más perro. Mucho más.

No te hagas pendejo, ¿eh? Limpia, porque se va a poner apestoso.

Y tú, tranquilo, despacio, no te atasques.

UNO: Ssss. Órale. Está muy cabrón. No mames.

TRES: Lo de hoy es pesado, muy duro. No es para maricones. Es la cultura

kamikase.

DOS: Ya, suelta.

UNO: No mames, siento que me elevo. Que me va a explotar la cabeza.

TRES: Tranquilo, así pasa. ¿A poco no está con madre?

UNO: Está muy perro.

TRES: Lo de hoy es para cabrones. ¿Y viste, pendejo? Ya te measte tú también.

Marranos, marranos. Pinches chamacos, de haber sabido que iba a iniciar

a unas nenas les traigo su pañal.

UNO: No, no me mié, me vine.

DOS: No te hagas pendejo, eso es meada. Es mucho el güichi. Ni que fueras

Godzila.

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UNO: King Kong, pendejo. Godzila es vieja.

TRES: Pinches jotos. Qué asco. Puto joto maricón. Sácate para allá. Ya mero la

pruebas también para saber si este móndrigo tomó café. Qué bien sabes

diferenciar los mecos de la pis en los pantalones de los mayates.

UNO: Hay qué limpiar.

TRES: Sí, porque apesta. Limpia.

DOS: Nel.

TRES: Limpia, ojete.

DOS: Suelta. Suelta.

UNO: Dame más.

TRES: Nel, primero yo y el bato. Para que limpie. Limpia, tú.

DOS: Suelta.

TRES: Aguanta, pinche huango culero. Ye te dije que primero yo. Tú limpia

primero y luego va este wei.

DOS: ¿Dónde hay una jerga?

UNO: En la cocina.

TRES: Pues lo de hoy es diferente a los videos.

UNO: Cómo. A ver, dame.

TRES: Lo de hoy es no tener motivos, así nomás porque sí. De güevos. Porque

sí. Agarras un soplete y verga. O le dejas caer un bebé en la cabeza a

alguien que pasa desde un séptimo piso. Eso sí está bien perro. Cómo

gritan, cómo se asustan. El desmadrote que se arma.

DOS: Ya estuvo.

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UNO: Limpia bien, wei.

TRES: O fumigar con tu fusca a treinta y cinco culeros como los de la prepa.

DOS: No mames. ¿Tú de qué te ríes, pendejo?

UNO: Es que me lo imaginé. Lo de dejar caer al bebé. Piensa en Tlatelolco, wei.

Un bebé de 20 kilos. Zuuuuuum, y madres, sobre una morrita flaca como

tu hermana. Mierdas. Un coctel de sangre con calaveras.

TRES: Qué mamadas. No seas pendejo. Un bebé de 20 kilos ya es un niño.

UNO: O como sea, uno muy gordo, de los que no tienen cuello y son puro

cachete.

DOS: No mames.

TRES: Te dije que a este wei le daba miedo mear de pié, por eso se sienta.

¿Para qué lo invitaste?

DOS: Dame más de esa madre.

TRES: Me van cooperando para otra latita, ¿eh, culeros?

UNO: ¿Así la pides nomás? ¿Así la pides?

TRES: En la ferretería.

UNO: Nel. Yo las he visto en los Office Depot.

DOS: Hay que ir por otra.

UNO: Pero no tenemos lana. Nomás hay para el suchi.

DOS: A la verga con el sushi. Ésta sabe mejor. Además ya se me quitó el

hambre.

TRES: Es lo malo. Por eso me urgía que trajeran la comida. Si la sacaba iba a

valer madre.

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DOS: Pues no le abrimos.

TRES: Nel, nel. Se me ocurre algo mejor.

UNO: ¿Qué?

TRES: ¿Qué tienes acá en tu casa?

UNO: ¿Cómo de qué?

TRES: No sé, algo pesado, unas tijeras de pollo…

DOS: No mames.

UNO: ¿A poco?

TRES: ¿A poco no?

UNO: Mi jefa no tarda.

DOS: No mames. ¿Cómo tu jefa?

UNO: No, no seas pendejo. No, mi jefa no. Digo que va a llegar, que no se

puede.

TRES: Además, la ñora, con perdón aquí de mi hijo el mongol, todavía aguanta

unos tallones. Sería un desperdicio. No. Su jefa no. Yo pensaba que el del

tuchi.

UNO: Pues tenemos un bat. Imagínate en la cabeza.

DOS: No.

TRES: No seas ordinario. Eso es algo ya muy visto.

UNO: Yo decía en los güevos.

DOS: Previsible. No. Dame.

TRES: Piensa en algo que te gustaría ver en video, en algo que pudieras subir

después a un lugar como este. Imagina lo que otros tres tarados como

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nosotros iban a sentir mientras se meten una de estas, o dos o tres,

mirando el videito ese. Algo perrón, algo que ningún pinche guionista

gringo de terror se haya imaginado. Piensa en grande. Si te sale bien,

después lo repites, consigues una cámara y lo grabas. Ahí tienes el

comienzo de un buen negocio familiar.

DOS: ¿Cómo familiar?

TRES: ¿A poco lo iban a hacer sin sus carnales? ¿Sin su mero padre? Pinches

jotos avorazados. Nomás les comparte uno una idea y luego luego lo

cortan a uno. Culeros. Se les nota lo culeros en lo chaparros.

UNO: Tenemos un taladro.

TRES: Acaban de sacar una película gringa con eso. Otra cosa.

DOS: Se está acabando.

TRES: Piensa, piensa.

UNO: No se me ocurre, no se me ocurre.

TRES: Tocan.

UNO: Checa que no sea mi jefa.

DOS: Nel, es el otro. Ya llegó.

UNO: Verga. Dame un jalón.

TRES: Piensa.

UNO: Pues es que no se me ocurre, neta que no.

DOS: Déjenlo pasar. Luego me lo entretienen.

TRES: ¿Neta?

DOS: Déjenlo pasar.

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UNO: Pero no vayas a manchar nada. Ya no tarda en llegar mi jefa.

DOS: No hay pedo. Limpiecito.

TRES: ¿Cómo? ¿Qué se te ocurrió?

DOS: Ya van a ver.

TRES: A ver si es cierto. Yo califico.

UNO: Ah, chingá, ¿tú por qué?

TRES: Yo tengo experiencia, por eso. ¿En qué te ayudamos? ¿En qué te

ayudamos?

DOS: Nomás cuiden que me de la espalda.

UNO: Va.

TRES: ¿Va, culeros? ¿Va?

UNO: Va.

DOS: Abran la puerta. Lo entretienen y yo le caigo encima. Se fijan, ¿eh,

culeros? Para luego hacerlo con la cámara. Denme lo que queda de esta

madre…

Abren la puerta.

***

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CÓLICO MISERERE

Cólico miserere ∗

Un efecto verosímil


Según los diccionarios María Moliner y de la Real Academia Española: Oclusión intestinal aguda debida a diferentes
causas, gravísima; su síntoma característico es el vómito de los excrementos.

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CÓLICO MISERERE

PERSONAJES

MONSALVO, lucha contra la calvicie.

ZERATTI, sufre su sobrepeso.

SCHUMMAGER, tarde y miope, pero certero.

LA NIÑA, ida, pero aquí.

Set improvisado. Monsalvo maquilla a la niña, la niña está ida. Zeratti, inquieto y en

bata, se estira y toquetea tratando de mantenerse a buena temperatura.

MONSALVO: Huele a mierda.

ZERATTI: Pongamos que no se despierta.

MONSALVO: ¿Estará sucia la nena?

ZERATTI: No, y no me cambies el tema. Ella no tiene nada.

MONSALVO: Déjate de estupideces, Carlitos. No me distraigas porque le pico un ojo a la

muñeca, ¿me entiendes? Tenemos trabajo. Haz algo útil. Cuida que no se te

caiga el fierro, por ejemplo.

ZERATTI: Es que no se mueve. ¿Crees que fue mucho?

MONSALVO: Yo no creo nada. Fue lo necesario, estrictamente lo necesario. ¿Azul o

rojo?

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ZERATTI: ¿El qué?

MONSALVO: Las sombras, ¿qué color te gusta más?

ZERATTI: Creo que oscuras le van mejor. Por los ojos, que son verdes, creo.

MONSALVO: Oscuras. Te dije azul o rojo y te sales, como siempre, por la tangente. ¿Qué

tienes?

ZERATTI: Estoy inquieto. ¿Tienes un chicle?

MONSALVO: No. ¿Ya viste cómo tarda? Asómate por la ventana y la dejas abierta.

ZERATTI: Es lo mismo. Con eso no va a volver más pronto.

MONSALVO: No es lo mismo. Nunca es lo mismo. Así te ocupas en algo y dejas de estar

hinchando al perro. Eres un pachorro pendejo, Gordo. Ábrela bien. Dime, es igual

que deje a la nena sudorosa, sin su retoque, dime, ¿da lo mismo?

ZERATTI: No.

MONSALVO: Claro que no.

ZERATTI: Aunque no importa mucho. A la gente no le importa, no se fijan en esos

detalles, se van a lo grueso, al asunto, y nunca terminan de verlas. Deberían de

ser más cortas, Monsalvo. Además no es realista, contradice la continuidad.

MONSALVO: Tranquilo. Vamos por partes. Pásame el polvo. Esos no, tarado, esos son

para inspirarte y se nos están acabando. Yo digo los otros.

ZERATTI: Me pides el maquillaje y nos entendemos.

MONSALVO: Si te digo que quiero polvearle la nariz, Gordo, ¿qué polvo me pasarías?

ZERATTI: No estoy jugando, Monsalvo.

MONSALVO: El maquillaje, pues. Y apaga esas lámparas, no tiene caso desperdiciar.

Cómo se tarda el Flaco.

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ZERATTI: Se supone que estamos en acción. Pasan veinte minutos de estar

machacándole el micifuz y quieres que me trague el cuento de que a la

muchacha no se le mueve un pelo…

MONSALVO: ¿Doce, trece años? La niña, Carlitos, la niña, digo, si quieres ser estricto…

ZERATTI: Ok, la niña. Y no me llames Carlitos, me revienta que me digan así.

MONSALVO: Está bien, Gordo.

ZERATTI: No me jodas, Monsalvo.

MONSALVO: Bueno, ya, basta. No te exaltes. ¿Qué me decías?

ZERATTI: Que dejes a la niña en paz, me pones los pelos de punta. No me siento bien.

MONSALVO: ¿Qué tienes? Cuéntame para que yo te ayude.

ZERATTI: No puedo.

MONSALVO: Ya, suelta.

ZERATTI: Me da pena...

MONSALVO: Por favor, Zeratti, no mames.

ZERATTI: Tú no entiendes porque estás del otro lado.

MONSALVO: Zeratti, yo hago lo mío.

ZERATTI: Déjala en paz, coño. La gente no se fija, además no le graban más allá de la

cintura, no me vengas con pendejadas.

MONSALVO: Los brutos no se fijan, pero nosotros somos artistas, Carlitos, somos

artistas. No es un asunto de dinero para hacerlo todo con las patas. Yo amo mi

trabajo. Ante todo el argumento, la historia y que parezca de verdad. Justamente

es el detalle, Gordo, es lo fino, lo que hace lo sustancial de lo nuestro. Lo que

parece cierto es cierto, esa es nuestra filosofía.

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ZERATTI: Ese es el punto. Si se trata de ser verosímil no tienes que atragantar a la nena

con pastas, le pides que actúe.

MONSALVO: Son criterios de la producción, si le pides a la niña que actúe te cobra. Y no

está el horno para bollos, Gordo. Además, las convences y luego les da pudor y

se arrepienten. Que quieren el dinero pero también quieren al novio, que qué tal

que su viejo se compra el devedé y les caen en el fandango. Un desmadre,

Gordito, y no podemos comenzar cada vez.

ZERATTI: Pero no está bien.

MONSALVO: No, no está bien. Si quieres ponerte hondo nada, pero nada de nada está

bien. La gente tira basura, no da limosna y no está bien. El mundo es una

mierda, vamos a darnos golpes de pecho todos, pedimos perdón y seguimos.

Porque hay que comer, nene.

ZERATTI: No es tan fácil.

MONSALVO: Es lógico que estés nervioso, Gordo. Es la primera vez que hacemos una

de estas, la niña está muy flaca, pero eso es lo encantador, es lo que viste de

fantasía el numerito. Nomás ten cuidado de no plancharla muy fuerte. No le

descuajes el mondongo, que no se le reviente nada y todo bien. La nena ni se va

a acordar.

ZERATTI: Eres un cerdo.

MONSALVO: Tienes un problema con los conceptos, no puedes distinguir entre la magia

y el efecto. Que estés con la nena es mágico, nuevo, inusual. Estamos

inaugurando una categoría, la tres equis plus and light. No te pongas así, Zeratti,

mira que venirme a mí, ahora, con escrúpulos. Tú con escrúpulos.

ZERATTI: ¿Y el efecto?

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MONSALVO: Es el de realidad. Por eso las pastas, por eso la niña medio dormida. Es el

toque, lo que le da punch. ¿Qué dice el libreto, Gordo? ¿Qué dice?

ZERATTI: Déjame en paz.

MONSALVO: Es en serio. Dilo.

ZERATTI: Que es un sueño húmedo, que la niña recurre a su fantasía –con su profesor

de pilates– bajo los velos del sopor etílico luego de una fiesta con sus primas las

porristas…

MONSALVO: ¿Notas la calidad, el vuelo del artista? Celaya es un genio: “Bajo los velos

del sopor etílico”. Música para los ojos, lo demás es acción.

ZERATTI: Eso lo digo yo.

MONSALVO: Soberbio. Tienes un poeta en el pito, Carlitos. ¿Ves que no todo es tener

una pinga de caballo? Tienes un talento y una sensibilidad que esta niña no va a

encontrar jamás en otro hombre. Tiene suerte la niña.

ZERATTI: No aguanto más.

MONSALVO: ¿Qué?

ZERATTI: Mírala. Está fría.

MONSALVO: Ese es tu trabajo, haz algo. Si quieres, te la dejo para que le saques los

hielitos de la epidermis con unos tallones de ombligo, así te distraes. Dale duro,

campeón. Que sea como un ensayo.

ZERATTI: Es que no lo entiendes. No me siento bien…

SCHUMMAGER: (Entrando) Putísima madre.

ZERATTI: Yo no le hice nada.

MONSALVO: Qué bueno que llegas. Mira, el Gordo se nos está poniendo tierno.

Aprovechemos.

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ZERATTI: No es eso.

SCHUMMAGER: Estamos fritos.

MONSALVO: Pon el cartucho pronto porque el Gordo está inspirado, pero se nos puede

fruncir de un momento a otro. No se deja convencer.

SCHUMMAGER: Mierda en la mierda.

ZERATTI: Cállate, ¿no ves que pasa algo? ¿Qué hay, Schummager?

SCHUMMAGER: Que nos jodimos, que no podemos seguir. Puta madre. Guarden todo y

saquen a la niña de aquí. Muévete, Gordo. Vístete.

MONSALVO: ¿Cómo que no podemos seguir? No me jodas.

ZERATTI: La policía. Yo se los dije. Era mejor hacerlo en Cholula, en Tepeji o Jalpan,

lejos de aquí.

SCHUMMAGER: ¿Quieren callarse dos minutos? Gordo, ¿quedó polvo?

ZERATTI: No mucho.

SCHUMMAGER: Dame. Y pásame un faro.

ZERATTI: No tengo.

MONSALVO: Yo tengo, pero dinos qué pasó, Flaco, cuenta. Me estás asustando.

SCHUMMAGER: No, par de maricas, no. No. No es la policía. Es grave de verdad, mucho

más grave.

ZERATTI: Cuenta.

SCHUMMAGER: Vengo del centro.

MONSALVO: Puedes decirnos algo que no sepamos.

SCHUMMAGER: Compré el periódico.

MONSALVO: Qué notición.

ZERATTI: ¿Y habla de nosotros?

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SCHUMMAGER: No y no. Saca todo el polvo.

ZERATTI: Lo necesito para terminar.

SCHUMMAGER: Esto se jodió. Finito. Cabún. Dame.

ZERATTI: Yo también quiero. Me hace más falta a mí.

MONSALVO: Tú te sientes mal. No le des porque se pone histérico. Mejor tómate un

chocho para descansar. Quedaron unos de la niña.

SCHUMMAGER: Sí, eso, después conseguimos más basura de esta.

MONSALVO: Flaco, no te distraigas, compraste el periódico, ¿y?

SCHUMMAGER: Leí una nota que le traía al Gordo para que descansara, para que se

sintiera menos mal.

ZERATTI: ¿Qué decía la nota? ¿Hablaba de mí?

SCHUMMAGER: ¿Puedes dejar de admirar tu pinga un segundo y prestar atención? No

todo el mundo quiere saber si la tienes dura o muertita.

MONSALVO: Déjalo, ¿qué más?

SCHUMMAGER: La nota decía… es que de la impresión hasta perdí el periódico. Deja de

moverte.

ZERATTI: No puedo. Dilo ya.

MONSALVO: ¿Tanto así? ¿Es tan grave? ¿Qué hiciste, Gordo hijo de puta? ¿Tenemos

qué ver nosotros, Flaco?

SCHUMMAGER: No y no. Qué mierda. Hagan menos ruido, ¿se puede? Me distraen y me

apabullan.

ZERATTI: No puedo más. (Sale)

SCHUMMAGER: ¿Qué le pasa?

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MONSALVO: No sé, está raro. Bueno. ¿Vas a contarnos o primero nos deshacemos de la

niña? Yo no la voy a devolver, ¿eh? Mejor la guardamos para cuando se arregle

todo, ¿te parece? O le ponemos sulfúrico en la tina , pero te la va a manchar.

SCHUMMAGER: Espera. Ya, qué buena está esta mierda. No lastima la nariz. ¿Era toda?

MONSALVO: Sí. Era toda. Debimos guardar un poco para reactivarle el micifuz a la

princesa.

SCHUMMAGER: Le preparas un café y listo. O que mastique un chile.

MONSALVO: ¿Es un chiste?

ZERATTI: (Volviendo) ¿Qué fue, pues?

SCHUMMAGER: Por orden. Lo que me impresionó y me hizo perder el diario fue que al

entrar a la estor… ¿Qué? Así se dice en inglés, pinches ignorantes. Al entrar en

la tienda, pues, y preguntar por el cartucho, me dijeron que no más, que están

descontinuados.

MONSALVO: Bué. Siempre podemos ir a otras tiendas.

SCHUMMAGER: No, no entendiste. Están descontinuados de verdad. No más. La culpa

es de los chinos. El formato que usamos ya es muy viejo, noble, pero viejo. Los

contenedores cambian. De pronto ya no tenemos con qué ganarnos el pan

porque no estamos al día. Estamos obsoletos. Pinches chinos hijos de puta. Pero

así es el tercer mundo. Caminamos a medias.

MONSALVO: Yo quiero una navidad con pavo. Necesitamos el dinero, ¿me oyes? O si a

esas vamos, a mí me das mis tres varos, Flaco, y aquí la cortamos.

SCHUMMAGER: Una huelga en la empresa. Lo que me faltaba.

ZERATTI: ¿Tres varos? ¿Cómo es posible que gane más este peina putos que yo,

Schummager?

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SCHUMMAGER: Somos una familia, no se me pongan sentimemtales. Monsalvo, luego

hablamos. Y tú te calmas, Gordo, porque la mitad de tu pago es en especie. ¿Ya

viste a la nena? Te das la gran vida y nosotros como perros de carnicería nomás

miramos como picas la carne. ¿Me vas a decir que no es un plus, que no

cuenta? Qué jamonas te comes, compadre, qué jamonas. Y si no te parece, es

buen momento para que dejes el negocio. Y me dejas la bata, que es mía, ¿te

acuerdas? Con V de vuelta.

ZERATTI: Mierda.

MONSALVO: Mis hijos esperan que lleve las cosas para la cena, Flaco. Normita quiere un

pantalón a la cadera. No puedes ser tan inhumano, conmigo no, viejo. Es Noche

Buena.

SCHUMMAGER: Aunque no todo está perdido. Podemos usar alguno de los que tenemos

acá. Si el mundo se va a salvar va a ser por el reciclaje.

ZERATTI: El porvenir es la basura. Lo escuché en la radio.

SCHUMMAGER: Como lo quieras ver, da lo mismo. Esa es la alternativa del siglo.

MONSALVO: Pero no hay. Los reusamos siempre. Ya estaban muy viejos y además no,

no hay ninguno, los tiramos todos.

ZERATTI: Sí hay uno, Monsalvo. Está el que usaste para guardar el Boca-Manchester.

MONSALVO: No me jodas. Eso vale oro.

SCHUMMAGER: Buena idea, Gordo. ¿Ves? Tu pinga no piensa con la pinga, usa tu

cerebro de vez en cuando. No todo está perdido.

MONSALVO: No, definitivamente no. Todo tiene un límite. Es como si hubieran pensado

en Normita para esto. Y peor, porque Normita se defiende, pero el Boca-

Manchester está indefenso.

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SCHUMMAGER: A callar, par de jotos rancheros. ¿Dónde está el cartucho, Gordo?

ZERATTI: Lo tiene Monsalvo.

MONSALVO: Y todavía, en el caso de que lo usáramos, en el remoto caso de no tener

más remedio… siempre puedes pedir un equipo prestado, Flaco…

SCHUMMAGER: Despierta, Monsalvo. ¿Quién, dime, quién? Aquí nadie presta nada.

Todo se paga. No tenemos para pagar el alquiler, ¿quieres pavo para la

navidad? ¿El panto a la cadera para Normita?

MONSALVO: Pero es el Boca-Manchester, Flaco, es uno histórico…

SCHUMMAGER: A la mierda con el Boca.

ZERATTI: No.

MONSALVO: Calma.

ZERATTI: No te pases.

SCHUMMAGER: Enciende las lámparas, Gordo. Monsalvo, retocas a la niña y me

entregas el cartucho o te vas a la mierda antes de que te alcance y te rompa el

culo a patadas.

MONSALVO: Pero todavía tienes dos cosas que resolver.

SCHUMMAGER: ¿Qué cosas?

MONSALVO: El Gordo se está haciendo el difícil. Le salió lo judío.

ZERATTI: Cállate. Schummager, no es cierto...

MONSALVO: O lo cristiano.

SCHUMMAGER: Ya me acordé de lo del diario. Quítate la bata y te metes en la cama con

la niña. Le das un par de mandarriazos para que se espabile. Monsalvo, el

cartucho.

MONSALVO: El otro es la niña. Está fría.

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SCHUMMAGER: ¿Y cómo quieres que esté si la tienen desnuda con la ventana abierta

como si hubieran vendido las entradas para el meiquinof.

MONSALVO: Eso no es mala idea. Pero está fría.

ZERATTI: Dinos lo del diario, Flaco. Plis.

SCHUMMAGER: Quítate la ropa. Vamos a terminar con esto. Monsalvo, el cartucho.

MONSALVO: Esto te va a costar el doble, Flaco.

SCHUMMAGER: Y si no tengo el cartucho ahora a ti te va a costar una buena revolcada

en la baboso chocho de tu madre. El cartucho.

ZERATTI: Lo del diario, Flaco.

SCHUMMAGER: Pon atención, Gordo. Monsalvo, mueve esa lámpara, que le caiga a la

nena en las piernas. Gordo, cáele encima. Invéntate algo animal, pero con estilo.

Y sacúdela un poco para que entreabra los ojos.

ZERATTI: El diario.

SCHUMMAGER: Ah, sí. Bueno, nada. Acaban de declarar abolido el limbo. Buen efecto

mediático. Los curitas saben lo que hacen, no son pendejos.

MONSALVO: ¿Cómo?

SCHUMMAGER: Así, una bula.

ZERATTI: ¿Una bula?

MONSALVO: Un decreto del papa, Gordo.

SCHUMMAGER: Eso, un decreto del alemán que el polaco ya se traía entre manos. De un

plumazo todos los inocentes nonatos y los sin bautismo ya no necesitan el tango

horroroso de mojarse la frente en la pila. Van derechito al cielo. Y a partir de

ahora todos, todos tienen derecho a una nube, los negros, los chinos y los

mexicanos, qué asco. Un marranal. La democracia llegó al cielo porque se les

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ocurrió hace rato. ¿Cómo alguien puede lumpenizar así el paraíso? Pero algo se

traen, no dan nada por nada.

ZERATTI: Menos mal.

SCHUMMAGER: Supongo que también los jotos. Al rato también van a tener un cielo los

injertos.

ZERATTI: La justicia es ciega. Mierda. Ya vuelvo. (Sale)

MONSALVO: ¿Será retroactivo, Flaco? Porque la de ánimas en pena que se van a

inconformar cuando les digan que lo que no fue en su año… Es una injusticia si

lo miras con calma.

SCHUMMAGER: El cartucho…

MONSALVO: Ponle tres lucas más y ahí quedamos, me olvido del Boca.

SCHUMMAGER: Si me muevo de aquí , Monsalvo, si tengo que dar un paso hacia ti…

ZERATTI: (Entrando) ¿Lo del limbo qué tiene qué ver conmigo, Flaco?

MONSALVO: Y con la nena, animal. Simple, haga lo que haga, esta angelita ya se ganó

el perdón. ¿Lo ves? No te hagas el remolón. Todo en orden. La picas, se graba,

se vende y comemos. Todo normal. La niña no va a dejar de ser buena por eso.

SCHUMMAGER: Y sí. La nena, como no está conciente, ni lo aprovecha. Si se nos pasó la

mano se va al cielo directo. Si no, cuando se acuerde, si se acuerda, como en el

guión, le va a parecer un sueño.

MONSALVO: Y qué sueño.

ZERATTI: Pero lo mío no es por la nena. Yo ni la conozco. A mí me da igual.

SCHUMMAGER: Es por si acaso. Uno nunca sabe. Así todos estamos con la conciencia

tranquila. La burocracia del cielo le brinda un lugar a la inocente y nos aligera el

trabajo.

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MONSALVO: ¿Entonces qué, Gordo? ¿Qué pasa?

ZERATTI: Las hemorroides que me están matando. Por eso no quería que me grabaras

la espalda, no por los vellos del culo como quisiste creer, Monsalvo.

MONSALVO: No son estéticos. Habría que depilar, rasurar es muy peligroso.

SCHUMMAGER: Pero eso no se nota. La gente no se fija en los detalles. Pelos o

almorranas da igual. Te van a ver el chorizo.

MONSALVO: Cuestión de enfoques. Yo no estoy de acuerdo.

ZERATTI: Es que me empeora, Flaco. Se me sale la mierda por la boca.

SCHUMMAGER: No es nuevo, Gordo. Y no es figurado. Así pasa cuando comes machitos.

A sus puestos. Se graba.

ZERATTI: Es en serio. Como en un vómito.

MONSALVO: El toque gore. También tiene su público. Es un buen efecto, se vende bien

en Inglaterra. A tu lugar, Gordo. Deja que retoque a la nena.

ZERATTI: Me da pena, Flaco.

SCHUMMAGER: Resiste, nadie se va dar cuenta. Acabamos pronto. Ah, pero una cosa,

Gordo, le hagas lo que le hagas, no vayas a besarla.

MONSALVO: Sería absolutamente asqueroso. No cierres la ventana, Flaco. Apesta.

Zeratti se acerca, la niña reacciona al fin y corre la cámara…

***

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AMOR DIVINO

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AMOR DIVINO

Amor divino
O la increíble historia del Cristo de Goma

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AMOR DIVINO

PERSONAJES

RÓMULO. Adolescente despistado.

REMY. Adolescente adusto.

Una tarde de domingo, nublada y aburrida. En un vestidor común. Luego de haberse

bañado.

RÓMULO: Dicen que se ve muy perrón.

REMY: ¿Quién te dijo?

RÓMULO: Se dice el pecado…

REMY: Ña. Mejor ayúdame a sentarme.

RÓMULO: ¿Te duele mucho?

REMY: Sí. ¿Qué podemos hacer?

RÓMULO: Nada. Te estaba diciendo.

REMY: Hazme caso.

RÓMULO: En serio. Te prestan unos lentes de papel celofán.

REMY: Qué tarados. Para qué hacer unos lentes si te pueden dar nomás un cuadrito. A

la gente le gusta trabajar doble.

RÓMULO: No, son de cartón, pero las bolitas de los ojos son de papel celofán. Rojo. Los

hacen así para no gastar, porque tienes que dejarlos a la salida. No te los

puedes llevar.

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AMOR DIVINO

REMY: Por eso no me gusta el cine. Nunca te puedes llevar nada. Nomás el sabor

grasoso de las palomitas y la mitad partida de tu boleto. Igual que aquí. Ni dinero,

ni fama, ni gloria. Cuando te pelas no te llevas ni madres.

RÓMULO: Cállate. Te van a escuchar.

REMY: Eso quisiera. A ver si me castigan. Pero les voy a dar un motivo bueno, que

valga la pena.

RÓMULO: Te iban a llevar a los separos.

REMY: ¡Bendito!

RÓMULO: No sabes lo que dices.

REMY: Yo creo que sí.

RÓMULO: Déjame que te cuente, pues. Está bien perrón. Tienes la sensación de que si

estiras la mano así, y apachurras como si fueran naranjas o melones, porque a

veces son de ese tamañote, las vas a poder tocar.

REMY: ¿Y cómo le haces cuando te sale un platanote?

RÓMULO: No seas pendejo.

REMY: Sh.

RÓMULO: Eso no se ve. Son elegantes. Nunca te sientes amenazado por la macana de

nadie. Son cuidadosos, muy cuidadosos. No quieren perder a su público.

REMY: Podrían ganarse a otro. Yo creo que mister M. Se la iba a pasar bomba en una

peli de esas.

RÓMULO: Sí, seguro. ¿Te lo imaginas?

REMY: Qué emoción. ¿Ya? ¿Terminaste?

RÓMULO: No. Se ve muy perrón. Dicen, ¿eh? Me contaron. Pero esto no se había visto

antes. Al menos no por acá.

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AMOR DIVINO

REMY: Ya, hazme caso. Me duele mucho.

RÓMULO: A mí también, y eso que a mí me tocó hace dos días.

REMY: ¿O sea que me va durar el malestar?

RÓMULO: Más o menos. Pero como eres más joven capaz que te recuperas más pronto.

Y ojalá, para que así me den tregua a mí. ¿No te gustaría ser el consentido?

REMY: No.

RÓMULO: Una semana.

REMY: Ni un día.

RÓMULO: Pues yo creo que tienes todos los atributos.

REMY: Pero se me están gastando.

RÓMULO: No me pongo celoso porque así es esto del ascenso. Antes de mí estaba el

Güenses.

REMY: ¿El gordo?

RÓMULO: Así no estaba. Se puso como salchicha hinchada en un dos por tres. Dicen

que se deprimió. Pero a mí se me hace que es porque no le gusta ir al baño.

REMY: Lo entiendo. Pero no quiero ser gordo.

RÓMULO: Tranquis. Para eso existen los laxantes.

REMY: ¿En serio?

RÓMULO: Seguro. La voz de la experiencia.

REMY: ¿Tú ya le hacías al aplicadito desde antes?

RÓMULO: Nombre, qué pasó. Me contaron. Gente que sabe.

REMY: Qué buenos amigos deben ser.

RÓMULO: Aunque te burles. Son gente que se preocupa por uno. Gente que te cuida.

REMY: Bueno, pues lo anoto. Laxantes y aflojatodo.

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RÓMULO: No seas pendejo.

REMY: Cállate.

RÓMULO: Baños de asiento con hojas de lechuga.

REMY: Receta de la abuela.

RÓMULO: Del abuelo.

REMY: Entonces son secretos de familia.

RÓMULO: No, secretos no. Orgullo. Mi abuelo era militar y ahí aprendió todo eso.

REMY: ¿También lo de los laxantes?

RÓMULO: También.

REMY: Vaya. Las sorpresas que se lleva uno.

RÓMULO: ¿No tienes familiares en la milicia?

REMY: Ni en esa ni esta otra milicia. Soy la primera generación.

RÓMULO: Ah, bueno, pues así ya tienes un secreto que transmitir. Pura sabiduría

popular. Lépera, pero efectiva. ¿En serio no te gustaría ser el consentido?

REMY: Nel.

RÓMULO: Pues deberías pensarlo. Te vas acostumbrando. Y luego vas teniendo más

privilegios. Ya ves. Primero te toca borrar el pizarrón todo el tiempo. Luego hasta

le puedes cargar los libros. Si te aplicas, ya te invitan a las reuniones. Y ahí sí se

ve de todo.

REMY: ¿También las pelis porno 3D?

RÓMULO: No, pendejo. Y cállate, que si nos escuchan nos rasuran los destos y luego

flétate con la comezón.

REMY: ¿Entonces qué es “de todo”?

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AMOR DIVINO

RÓMULO: Pues de todo. Los ves haciendo planes, diseñando los sermones, algunos

hasta se empujan un tequila.

REMY: Ña. Yo he visto al señor M. ponerse talco en las narinas antes de taladrar.

RÓMULO: ¡No!

REMY: Y el otro día hasta me convidaba.

RÓMULO: ¡No! Pinche viejo codo.

REMY: Nos pueden escuchar.

RÓMULO: Prt. No creo. Es domingo, deben estar viendo los deportes.

REMY: ¿Seguro?

RÓMULO: Sí, wei. Además es domingo.

REMY: Eso sí. Día de asueto.

RÓMULO: Como sea, pinche viejo codo. Codo. A mí nomás me llegó a ofrecer tequila

importado.

REMY: No seas pendejo. El tequila no es importado. No puede ser importado. Se hace

aquí, como los gusanos de maguey, como los tlacoyos, como los hijos de la

chingada.

RÓMULO: Pinche viejo lángaro. Además de culero mentiroso.

REMY: No sé si sea culpa suya o del pendejo que le creyó.

RÓMULO: Pendejos los dos. Pendejos. ¿Entonces te ofreció talquito? ¿Y no lo

aceptaste?

REMY: Pues no.

RÓMULO: Pues qué pendejo. Así no te hubiera dolido. Este lugar no es para monjas, mi

Remy. Hay que tener los tanates bien puestos y el rabo listo para la supervisión.

REMY: Como en la milicia.

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RÓMULO: Como en la milicia. ¿Nunca te conté que antes quise ser cadete? ¿Quieres

que te platique?

REMY: No.

RÓMULO: Tú te lo pierdes. Todo un cómic. ¿Y no te dijo dónde la consigue?

REMY: Pues no.

RÓMULO: ¿En serio fue mister M. quien te ofreció el pase?

REMY: Simón.

RÓMULO: No digas “simón”, pareces ranchero.

REMY: Pues así se dice donde vivo.

RÓMULO: No seas pendejo. Hace nueve meses que vives aquí. Así dicen donde vivías.

REMY: Ya, bájale. Te pareces a mister M.

RÓMULO: ¿De veras? ¿En qué?

REMY: Qué joto.

RÓMULO: ¿Por qué joto? ¿Por qué joto, pendejo? ¿Por qué joto?

REMY: Ay, wei, Cálmate. Me duelen hasta los pelos de la nariz. Cálmate.

RÓMULO: ¿Por qué joto, wei? Mister M. no es joto. Es muy hombre. Es tan hombre, pero

tanto tanto…

REMY: Que es él el que se tira a los jotos.

RÓMULO: No dudo de que lo haría. No lo dudo, pero él no es de esos. Además su

elevada profesión se lo impide.

REMY: Pues no mucho, ¿eh?

RÓMULO: Esto es diferente.

REMY: Nel. No es diferente. Míranos, como dos putas gordas, hablando de nuestras

almorranas.

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RÓMULO: ¿Cuáles almorranas?

REMY: ¿Quieres que te las enseñe o me las vas a enseñar tú?

RÓMULO: Hay cosas que no se dicen, Remy. Hay cosas que no se dicen porque ni

aunque hicieras una manifestación en las narices de San Pedro iban a cambiar.

REMY: Pues quién sabe. Hay que ir haciendo la prueba.

RÓMULO: Tú quieres meterte en problemas muy espesos, ¿verdad?

REMY: No. Pero no nos hagamos. El bulto es el bulto. Y a mí me estorban hasta para

estornudar.

RÓMULO: De verdad que no has entendido nada. ¿Cómo te dijo Monper que se

llamaban esas marcas?

REMY: No sé. No le hice caso.

RÓMULO: Estigmas. Se llaman estigmas. Y son los rastros del sufrimiento de quien se

deja hacer de todo por amor.

REMY: Allá en mi rancho a eso se le llama de otro modo.

RÓMULO: ¿Cómo lo llaman?

REMY: ¿Para qué te digo, si te vas a enojar y me vas a salir con el rollote ese de los

sintagmas?

RÓMULO: Estigmas.

REMY: La madre. Almorranas.

RÓMULO: Pues no es lo mismo. Las almorranas te salen por fumar y tomar café. Y las

marquitas esas…

REMY: Las pelotas rojas, las costras gomosas, las llagas ronchudas estas nos salen por

obra del Señor, ¿no? Estigmas.

RÓMULO: Casi exactamente. Por obra del señor… M. Que es el vehículo del Señor.

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REMY: Yo ya me estoy cansando de todo esto.

RÓMULO: No me digas.

REMY: No, lo digo para mí.

RÓMULO: ¿Y qué se te ocurre que puedes hacer al respecto? ¿Una huelga?

REMY: No, algo más efectivo.

RÓMULO: Prt. Una carta.

REMY: No. Algo tremendo, algo sonado, algo más perrón.

RÓMULO: ¿Una película porno 3D con angelitos disidentes?

REMY: No seas pendejo, Rómula.

RÓMULO: Lo. Lo. Rómulo.

REMY: Un incendio en la biblioteca.

RÓMULO: Prt. No se pierde nada. Nadita. Todos esos pinches libros mugrosos están

viejos y nadie los utiliza. Para eso está Internet.

REMY: Entonces iría al centro a comprarme una metralleta para agujerearle la tripa a los

santos.

RÓMULO: Antes tendrías que juntar los setecientos pesos que cuesta. Y otros

doscientos cincuenta de los cartuchos. Y esperar que estuviera completa, porque

las venden sin una chingaderita para pasarlas por la aduana como juguetes y

luego la perinola esa te la andan dejando en otros cuatrocientos.

REMY: ¿Y tú cómo sabes?

RÓMULO: Cuando mi abuelo se retiró del cuartel, puso un pequeño negocio familiar. ¿No

te dije?

REMY: No, pues entonces eso no.

RÓMULO: ¿Ya ves? Además no seas malinchista. Eso es muy coreano.

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REMY: Gabacho.

RÓMULO: Coreano o vietnamita. Es de gente ojete.

REMY: Pues algo más sencillo. Me voy a la farmacia de Dios y pido medio kilo de

cianuro de plata.

RÓMULO: ¡No!

REMY: Simón.

RÓMULO: ¡Y a fabricar santos pelirrojos!

REMY: Es un atentado, no un negocio. Pon atención, Romer.

RÓMULO: Mulo, mulo. A ver repite conmigo, mulo.

REMY: Mulo.

RÓMULO: Eso. Ró-mu-lo. No me fastidies, porque voy y le cuento a Monper.

REMY: Mon pére, pendejo.

RÓMULO: Por eso. A Monper, le digo que andas queriendo hacerle un negocio pirata a

sus espaldas y con una idea suya.

REMY: Ese también fue un atentado. Que mister M. haya tenido suerte y un talento

natural para las movidas turbias es otra cosa. Lo que quería era quitarse de

encima a los caza putos.

RÓMULO: ¿Cuáles?

REMY: Cómo que cuáles. Pues los caza putos periodistas. Y a los caza putos que tenía

en casa.

RÓMULO: Es que Monper es un liberal. Lo que pasa es que no lo entiendes.

REMY: Ña. Mis patas.

RÓMULO: No digas lo que no sabes. Monper tuvo la visión, tuvo la osadía y tuvo la

inteligencia de fabricar para nosotros un santo pelirrojo exprés.

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AMOR DIVINO

REMY: Chiripa.

RÓMULO: Y todos deberíamos agradecérselo.

REMY: Además no fue idea suya, fue pura suerte. Cuando andaban desenterrando

fiambres…

RÓMULO: Occisos.

REMY: Muertos implicados en el caso que los caza putos de la prensa traían de moda,

las beatas fueron las que pusieron el grito en el cielo. Pura viejita loca, pura viuda

ociosa, pura lesbiana arrepentida y babosa.

RÓMULO: Es que era un milagro. Estaba incorrupto.

REMY: Y pelirrojo. Milagro mis patas. Así se comportan los cuerpos con el cianuro.

RÓMULO: Pero fue Monper quien tuvo la iluminación.

REMY: Se aprovechó para que no le destriparan al tío.

RÓMULO: Lo autopciaran.

REMY: Ña. Por eso se aferró a la faramalla.

RÓMULO: A la santidad de su tío.

REMY: Ña. Santa mamada. Robin tenía razón.

RÓMULO: Negocio redondo.

REMY: Que eso no es un negocio.

RÓMULO: No era.

REMY: Fue un atentado. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. No voy a

explicarte ahora la diferencia.

RÓMULO: No le muevas al atole. A raíz de eso a todos nos ha ido mejor. Ya le pusieron

colchón nuevo a los catres.

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REMY: Para que a mister M. no se le raspen las rodillas cuando visita al asterisco, no

creas que por bueno. Y se talquea la nariz. Eso es progreso.

RÓMULO: Yo digo que deberías hablar con Monper y plantearle lo de tu negocio. Él,

como ya tiene experiencia, pues te puede orientar. A lo mejor hasta se asocian, y

te vas a tener que mochar conmigo, porque a final de cuentas, te estoy

inspirando en tu negocio.

REMY: Que no quiero hacer un negocio. Lo que me gustaría es verlo pelirrojo a él.

RÓMULO: No creo que te convenga. Mejor platíquenlo.

REMY: Mejor te propongo a ti un negocio y hacemos de cuenta que no hablamos de

esto, ¿va? Un negocio perrón.

RÓMULO: A ver. Depende de la pedrada, porque el sapo que me imaginé con los

pelirrojos está muy gordo.

REMY: Es un negociazo. Y es muy sencillo. Lo mejor de todo es que es barato.

RÓMULO: Ya, suelta.

REMY: Te vas al eje central, contactas a uno de esos que hagan polímeros adhesivos,

de esos que avientas en los vidrios y se van descolgando bien suave, ¿sí los

ubicas?

RÓMULO: Ah, sí. Los monitos.

REMY: Esos meros.

RÓMULO: Pero esos no son polímeros, son monitos de hule.

REMY: De goma. Y ese es el meollo del asunto, tu mina de oro va a venirte del caucho.

RÓMULO: Del hule.

REMY: Del Cristo de Goma.

RÓMULO: ¿Qué es eso?

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REMY: Tu nuevo negocio. Te encuentras a uno de esos batos que fabriquen los

mentados monitos y le haces un pedido. Quinientos, para empezar.

RÓMULO: ¿Quinientos?

REMY: Sí. Con los brazos así. Luego te compras un güichi espumoso como el que se

usa para hacer las burbujas.

RÓMULO: ¿El de los niños?

REMY: Ese mero.

RÓMULO: Ajá.

REMY: Luego agarras un Cristo de Goma, lo mojas en el güichi. Pero te tienes que fijar

que el güichi sea rojo. Rojo o nada.

RÓMULO: Suena bien.

REMY: Y lo avientas en un vidrio. Te pones a vender eso en el eje central y en dos

meses te haces famoso y millonario.

RÓMULO: Suena muy bien.

REMY: ¿Hacemos el trato? Si no te sale, siempre puedes ser candidato a santo pelirrojo.

RÓMULO: Eso déjame pensarlo.

REMY: ¿Y lo del Cristo de Goma?

RÓMULO: Ok, yo lo hago, ¿pero tú qué ganas?

REMY: Yo nada, Romer, nada. Nomás tu discreción.

RÓMULO: Va. Pero no se lo cuentes a nadie. Quiero tener la primicia.

REMY: A nadie, mi Romer, a nadie se lo vamos a contar.

***

EDGAR CHÍAS

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