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AUGUSTO GóMEZ VILLANUEVA

N acionalisDlo
revolucionario
Orígenes socioeconómicos
de la doctrina internacional

~Revolución mexicana

La!,
".,, Historia

CONOCER
_DECIDIR
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H. CÁMARA DE DIPurADOS
LX LEGISLATURA

CONOCER PARA DECIDIR se denomina la serie que en


apoyo a la investigación académica en ciencias sociales,
la Cámara de Diputados LX Legislatura -refrendando
e! acuerdo de la anterior LIX Legislatura-, Ueva a cabo
en coedición en atención al histórico y constante interés
de! H. Congreso de la Unión por publicar obras trascen-
dentes que impulsen y contribuyan a la adopción de las
mejores decisiones en políticas públicas e institucionales
para México en su contexto internacional; eUo a efecto
de atender oportunamente las diversas materias sobre
las que versa e! quehacer legislativo.
El acuerdo para coeditar las obras que conforman
la serie se ha establecido con diferentes instituciones aca-
démicas, organismos federales y estatales; así también,
con autores y asociaciones independientes.
Los títulos que caracterizan a la serie, se comple-
mentan con expresiones culturales de interés nacional
que coadyuvan en las tareas propias de! legislador
mexIcano.
N acionalisITlo
revolucionario
Orígenes socioeconómicos
de la doctrina internacional

~Revolución mexicana

La!,
SERIE Historia
AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Nacionalism.o
revolucionario
Orígenes socioeconómicos
de la doctrina internacional

~Revolución mexicana

<.fl~GISL~'"
CONOCER CONSEJO
PARA DECIDIR EDITORIAL
EN APOYO A LA
INVESTIGACiÓN
ACADÉMICA MÉXICO' 2010
La H. CÁMARA DE DIPUTADOS, LX LEGISLATURA,
participa en la coedición de esta obra al
incorporarla a su serie CONOCER PARA DECIDIR

Coeditores de la presen te edición


H. CÁMARA DE DIPUTADOS, LX LEGISLATURA
MIGUEL ÁNGEL PORRÚA, librero-editor

Edición antecedente, 2003


Primera reimpresión, febrero del aúo 20 l O
Segunda reimpresión, mayo del ario 2010

© 2003-2010
AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

© 2003-2010
Por características tipográficas y de diseúo editorial
MIGUEL ÁNGEL PORRÚA, librero-editor

Derechos reservados conforme a la ley


ISBN 978-607-401-133-3

Edición de textos: Armando López Carrillo


Diseúo de portada: Juan José R. Treja

Imágenes de portada:
Ellatjfundio, fragmento del grabado de Jesús Escobedo.
Carrillo Puerto, símbolo de la Revolución del Sureste,
fragmento del grabado de Fernando Castro Pacheco (vijieta).

Queda prohibida la reproducción parcial o total, directa o indi-


recta del contenido de la presente obra, sin contar previamente
con la autorización expresa y por escrito de los editores, en tér-
minos de lo así previsto por la Ley Federal del Derecho de Autor y,
en su caso, por los tratados internacionales aplicables.

IMPRESO EN MÉXICO PRINTED IN MEXIeO


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Amargura 4. San Ángel, Álvaro Obregún, 01000 México, D.F.


A mi madre, Eugenia,
fortaleza, valentía y firmeza.

A mi padre, Macario,
soñador del campo zapoteca y recio
forjador ferrocarrilero.

A mis hermanos, por su paciente solidaridad,


a los ausentes: Alberto, Alicia y Antonieta;
a los presentes: Armando, Arturo y Alejandro.

A mi adorada esposa, admirable


y gran compañera, María Guadalupe.

A mis hijos, inspiración,


al ausente: René Enrique;
a los presentes: Augusto, Juan Manuel
y María Guadalupe.

A mis nietos, bella continuidad con esperanza:


Augusto, Lorena y Mari Lupe.

A mis maestros en la cátedra y la política.


A mis condiscípulos.
A mis correligionarios.
A los campesinos de México.
PRESENTACIÓN

Elogio y vigencia del nacionalismo revolucionario

El nacionalismo como fenómeno social y cultural ha sido es-


tudiado a partir de la búsqueda del origen de la sociedad,
tratando de articular a su raíz milenaria las identidades étnicas
y culturales de los pueblos. En el curso de la historia de la
humanidad, en sus diversas etapas de evolución, se han formu-
lado variadas hipótesis sobre las raíces del nacionalismo que
involucran otros factores como la religión y el Estado.
En el siglo XVI, nacionalismo y hegemonía se enfatizaron
en las luchas por el poder y fueron usados como explicación
para la guerra, como supremo recurso de dominación y so-
juzgamiento de pueblos débiles, bajo la tecnología como
sustento bélico de sus dominadores o conquistadores.
La conquista de los pueblos avasallados provocó la reafir-
mación de los sentimientos nacionales. En Europa los estados
feudales fueron rebasados por los avances tecnológicos y guerre-
ros, así como por la economía mercantilista que provocó
8 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUFVA

la absorción de los feudos por los estados nacionales, creando


nuevos complejos culturales donde las nacionalidades ligadas
a los sistemas de parentesco fueron hallando acomodo. El
comercio y la navegación empujaron a los grandes descubri-
mientos y a las conquistas de las monarquías europeas, trans-
formadas en imperios, que en sus afanes de dominación invo-
caron la religión y el derecho de conquista allende los mares,
envolviendo sus actos de fuerza en la propagación de la fe o
en la voluntad de expandir su propia civilización.
En el siglo XVII el debate de fray Bartolomé de las Casas
y Juan Ginés de Sepúlveda sobre la racionalidad de los
indios en América será el gran marco conceptual, la génesis
de la nación mexicana. Este debate se prolongará durante
tres siglos en que los sacerdotes franciscanos y dominica-
nos tendrán un papel relevante en el nacimiento del Tribu-
nal de Indias. Fray Bernardino de Sahagún, Motolinía,
Zorita y los virreyes Mendoza y Velázquez, los primeros
hombres de letras del virreinato y mujeres como sor Juana
Inés de la Cruz, irían engrosando los alegatos de la corrien-
te humanista, conformada en esos siglos del coloniaje. Los
primeros pasos para definir la identidad de una nación
mestiza se darán hasta 1810, en las proclamas de don Mi-
guel Hidalgo y don José María Morelos, quienes definie-
ron un nacionalismo revolucionario e insurgente, argu-
mento y arma contra el imperio, humanismo nacionalista
que comienza por abolir la esclavitud y proclamar la liber-
tad en la igualdad de los mexicanos.
PRESENTACiÓN ~

Los ensayos de Alejandro de Humboldt ilustran, por


primera vez, el territorio de la Nueva España, sus recursos,
bellezas y contrastes, así como la diferencia de clases socia-
les bajo la dominación del imperio. Las revoluciones fran-
cesa y norteamericana, una antimonárquica y otra antico-
lonial, establecieron en la cultura europea, a través de
proclamas y declaraciones, los principios de la nación y la
República. Estas proclamas y doctrinas recorrieron todos
los países sujetos a los imperios europeos y en todos pro-
dujeron esperanzas de libertad, sustentaron el anticolonia-
lismo y avivaron las identidades nacionales.
Durante los siglos XVII y XVIII el debate iniciado por los
enciclopedistas se centraba en la soberanía, el Estado y en
quiénes eran sus depositarios: el Rey a través del derecho
divino o el pueblo a través de la República. En la penínsu-
la Ibérica el régimen feudal dominante mantuvo el poder
formal y económico de la Iglesia, poder que trascendió a
nuestras primeras luchas intestinas en ,la disputa entre los
liberales y los conservadores por la nueva organización del
Estado y la separación de la Iglesia. En el siglo XVIII se
iniciará en nuestro país la etapa de grandes definiciones de
la nación en el reencuentro de su historia, con Francisco
Javier Clavijero a la cabeza.
En el siglo XIX, ya resuelta la separación de la Iglesia y
Estado por las leyes, da comienzo una dramática lucha
fratricida que habría de durar tres años. La guerra de con-
quista estadounidense, lo mismo que las sucesivas inter-
10 ~ AUGUSTO GOMEZ VILLANUEVA

venciones de Austria y Francia, enraizaron en la conciencia


común el sentido de nación y de Estado nacional.
El reconocimiento de los pueblos de América al heroís-
mo y la reciedumbre patriótica de la generación liberal
acaudillada por don Benito Juárez, le mereció el título de
"Benemérito de las Américas" y los lauros por triunfos
de guerra que llevaron al general liberal Porfirio Díaz a ser
nombrado "Héroe de la Carbonera", iniciaron la tradición
de honrar a quienes ofrendaron su vida por la libertad y
la República. Fue entonces cuando se iniciaron las celebra-
ciones epopéyicas y se erigieron las estatuas y monumentos
a los símbolos patrios, asociados al profundo sentimiento
popular nacionalista revolucionario. Epopeyas como las
del 2 de Abril y el 5 de Mayo, en que los ejércitos de indios
zacapoaxtlas vencieron a los suavos franceses, enaltecieron
el sentimiento de orgullo y valor nacional.
El expansionismo norteamericano y su afán hegemóni-
co frente a Inglaterra, España, Francia, Portugal y Holan-
da, coincidieron con la era victoriana, inglesa e imperialis-
ta. En el siglo XIX, en México se sustituyó el colonialismo
europeo por el colonialismo anglo-norteamericano.
De todo esto se ha escrito, todo se ha documentado. El
nacionalismo como necesidad histórica, unida a la fuerte cul-
tura de los pueblos de México, dio como resultado una abun-
dante bibliografía que a menudo se produjo en los descansos
entre batalla y batalla, recientemente en los intersticios que
dejan las nuevas batallas con los medios o los mercados.
PRESENTACIÓN ~ 11

En las páginas de este ensayo de recopilación histórica


aparecen los fragmentos bibliográficos seleccionados por el
autor que dieron origen a su tesis profesional de licenciado
en Ciencias Diplomáticas y su incorporación a la docencia,
en la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de
la Universidad Nacional Autónoma de México.
Transcurridos los años de una larga vida política,le-
gislativa y diplomática, advertí cómo la nueva generación
de los años setenta representó la continuidad de un com-
promiso, formó parte de los cuadros de la administración
pública, política y legislativa de México, quienes también,
corno militantes del Partido Revolucionario Institucional,
hicieron honor a sus compromisos históricos, tanto en el
fiel seguimiento de los principios de la política exterior
de México, corno en la inserción de éstos en las cartas de
la Organización de las Naciones Unidas y de la Organiza-
ción de Estados Americanos.
José María Luis Mora escribió México y sus revoluciones,
Andrés Molina Enríquez La Revolución Agraria, John Reed
México Insurgente, Alfredo Breceda México revolucionario y
tantos otros describirían las épicas batallas y vidas ofrendadas
a través de tres revoluciones: la de Independencia en 1810, la
de Reforma en 1856 y la Revolución Agraria de 1910.
Así México, con las profundas heridas adquiridas en su
construcción corno nación, adquirió una fuerte identidad en
sus leyes constitucionales, ejemplo y orgullo en el concierto
universal; nuestros jefes de Estado y cancilleres no titubea-
12 ok. AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

ron en aplicar e invocar estos principios como la mayor


fortaleza de nuestra soberanía y libre determinación. Con
estas armas morales condenamos el fascismo y las invasiones
a pueblos, invocando nuestros principios enfrentamos la Pri-
mera y la Segunda gueñ-as mundiales, la posguerra, la
Guerra Fría y ahora la globalización. Ante el neoliberalismo
y quienes declararon el fin de la historia opusimos la razón
histórica, formamos aún la corriente que defiende y cree en
principios tan claros que con la propia Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos defendimos a Cuba y Ni-
caragua en su derecho a la revolución, invocando el artículo
87, fracción XX, que señala son bases jurídico históricas de
la Política Exterior de México: la no intervención, el respe-
to y la soberanía de las naciones; a la autodeterminación,
igualdad y cooperación entre los pueblos y estados.
Finalmente, es importante señalar que si el contenido de
estas páginas sirviera tan sólo para actualizar en la mente y la
memoria d~ la joven generación las dramáticas experiencias
que vivieran nuestros padres y abuelos para lograr la grande-
za de esta nación, asumiríamos mejor la deuda que tenemos
para el futuro de quienes ahora, aturdidos por la globaliza-
ción y la pérdida de identidad de las naciones, pueden descu-
brir en las referencias heroicas de nuestro pasado y en su
enorme lucha los retos que nos esperan para conquistar el
porvenir y descolonizar para siempre a nuestro país.
A¡¡c ¡¡STO Gó \1 FZ VI LLA'\ líF v.\
[Verano de 2009]
ADVERTENCIA

N GRUPO de mis discípulos y ex-condiscípulos de la

U Escuela de Ciencias Políticas y Sociales de la Univer-


sidad Nacional Autónoma de México, me han reque-
rido para divulgar mi tesis profesional, publicándola
en forma de libro.
Al principio me resistí por considerar que éste era un
trabajo estudiantil que sólo cumplía una formalidad acadé-
mica, un requisito para adquirir mi título profesional.
Su nombre, Nacionalismo revolucionario, parecía muy
atrevido; sin embargo, mi formación vinculada a las ense-
ñanzas de mi padre me indujo a mantener una brújula de
conciencia entre las vivencias del México que me correspon-
dió vivir desde el nacimiento del Partido Nacional Revolu-
cionario (PNR), la gesta cardenista y acontecimientos tan
profundos en la historia de la humanidad como la Segunda
Guerra Mundial. Aparte del surgimiento de organismos
internacionales como la ONU y la OEA, vibraban en nues-
tras mentes el trayecto de la posguerra, la Guerra Fría y la
búsqueda de una definición de los países que formaron par-

11 ;
14 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

te de la Conferencia de Bandung. El paralelismo histórico


que enfrentaron los países de África y Asia en sus procesos
de liberación nos abrió una perspectiva de comparaciones
entre las revoluciones de esos países y la Revolución Mexi-
cana. Ante la egregia figura del general Lázaro Cárdenas,
nuestras aulas, las calles y el caló pletórico de jóvenes emo-
cionados, secundaban la alegría de la Revolución Cubana y
multiplicaban en sus corazones la revancha de una genera-
ción que se vio avasallada por las guerras de independencia
y anexión. Al reflexionar en este sentido, les di a mis amigos
la razón: la memoria histórica de nuestros pueblos es la
fuerza que resiste el ímpetu de los nuevos imperios ante
la fuerza del desarrollo tecnológico y científico que preten-
de con la guerra el avasallamiento de la razón, el derecho,
y consecuentemente la identidad nacional.
Ante la ofensiva de la globalización que aplasta y des-
truye a las naciones en su individualidad, raíces profundas
que explican su propia existencia y sus afanes de libertad,
solidaridad humana y convivencia en la paz, resalto mi
convicción de dedicar a mis amigos las páginas que escribí
cuando era un joven pleno de ideales, sentimientos patrios,
y que a la luz de la historia contemporánea se vuelve brú-
jula para definir mis compromisos con mi conciencia, mi
familia, mis amigos y mi patria.
A.C.V.
PRÓLOGO

A RENOVACIÓN de las fuerzas políticas y económicas que

L impulsan la idea de una sola sociedad a escala planeta-


ria, con rumbos únicos y poblaciones asemejadas en sus
valores, organización y economía que funcionen asegu-
radas desde el centro decisorio de una red financiera y militar,
todo ello encauzado por novísimas comunicaciones actualizó
el debate sobre el nacionalismo, al que se señala como contra-
parte y obstáculo para la realización de tal idea.
El discurso político, sus secuelas académicas y la propa-
ganda en los medios, ha difundido esta dicotomía buscando
arraigar la noción de que el nacionalismo como idea, como
práctica política, organización económica, social o cultural,
es un anacronismo que retrocederá hasta su extinción, ante el
vigoroso embate de las fuerzas globales que, se dice, corres-
ponden a las nuevas relaciones de producción creadas por una
definitiva revolución científica y tecnológica postindustrial.
Tanto el Estado nación que sustenta la cultura y organiza-
ción nacionales, como su producto, la conducta nacionalista,
se hacen ver como formaciones sociales correspondientes a
etapas históricas superadas y la globalización financiera y po-
lítica, como una fase más alta del desarrollo humano.

1(
16 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

La obra que aquí se presenta explora los fundamentos his-


tóricos y sociales del nacionalismo con la adición de su con-
tenido progresista, revolucionario en su sentido renovador y
referido a su especificidad mexicana, respuesta a desarrollos y
formaciones sociales concretas.
Es en ese sentido que se afirma que las naciones europeas
fueron anteriores a ésta, que es expresión política y jurídi-
ca de naciones que fueron primero realidad sociológica antes
que expresión normativa e institucional.
Los europeos que colonizaron nuestro país, trajeron su
concepto de Estado vinculado a la nación de la que prove-
nían. La descolonización consecuente con la idea de la inde-
pendencia implicó remodelar la organización colonial con el
concepto de un Estado independiente, necesariamente distin-
to al concepto importado.
En México el Estado fue anterior a la nación integrada.
Construirla y reforzarla ha sido una de las misiones funda-
mentales del Estado mexicano, necesariamente nacional.
Aquí, el imperativo estatal vino primero como proyecto de
organización y luego como misión del Estado, la articulación
y la identidad nacionales.
José María Morelos supo e intentó armar primero la es-
tructura estatal y, con apoyo en sus instituciones, recrear la
nación, proceso precisamente inverso al que se vivió en Eu-
ropa.
Las realidades sociológicas que org<'~lizó estatalmente en
el proyecto revolucionario mexicano, están todas fundadas en
torno al hecho básico del nacimiento.
La palabra misma, nación, se refiere a que se nace en una
tierra y de una sangre de la que se reciben herencia y volun-
PRÓLOGO;j( 17

tad, se forma la cultura y todo ello ha culminado con la iden-


tidad nacional que atañe al origen.
Es profundo entonces el doble concepto que este trabajo
refiere: la nacionalidad, que definida por nuestra Constitución
no constituye un sistema de solidaridad fundado en la hostili-
dad o el exclusivismo, sino uno que permite plantear nuestros
problemas para resolverlos con nuestros propios recursos; y
lo revolucionario, que busca el progreso político, económico
social y cultural de todos los nacidos, que tiene la voluntad
política de integrar a todos, de identificar a todos los que nos
solidarizamos en la tierra, en la sangre y en la voluntad.
Lo progresista de este nacionalismo revolucionario se
manifiesta también en el hecho de que no trata de ser hostil
con el resto de la humanidad, que no adopta exclusivismo
ni superioridades fundadas en organización o biología y que
proclama el respeto a los otros hombres, otros procesos, otros
sistemas.
Es claro que el nacionalismo revolucionario trabaja en sen-
tido inverso al que proclamó en su tiempo el nacionalsocialis-
mo europeo, fundado en argumentos de superioridad racial,
sometimiento a la voluntad de un jefe, avasallamiento de gru-
pos sociales considerados inferiores y alejado de las manifesta-
ciones hegemónicas que en lo político y económico planteó en
sus versiones más acabadas durante el siglo pasado.
El debate sobre el nacionalismo mexicano se amplía sólo
en la medida en que resulta funcional al proyecto de nuestro
pueblo en concreto, pero no al del proyecto globalizador, he-
gemónico a través del nuevo colonialismo ahora empresarial.
Realizada en los años mil novecientos cincuenta, esta in-
vestigación refresca orígenes y realidades olvidadas en el dis-
18 .#( AUGUSTO GÓMEZ VILLANllEVA

curso oficial, en el planteo conservador y en la propuesta de


mundialización. El olvido pareciera deliberado, ya que la ex-
plicación del nacionalismo lleva a entender conceptos éticos
tan valiosos como el respeto a los demás, la comprensión de
los problemas ajenos, la solidaridad con los otros pueblos y
el propósito de que alcancen su propio progreso y hallen sus
propios modos de vida sin imposición, sin uso de fuerza, sin
ventajas ni despojos.
No es este el lenguaje de la globalización. En ese sentido,
el nacionalismo revolucionario sí representa una dicotomía
cuya naturaleza quiere explicarse en esta obra.
Iln,o CASTIW AIC'\0iDA
PREFACIO

DANDO SE creó la Escuela Nacional de Ciencias Políticas

e y se estableció como una carrera profesional la de licen-


ciado en Ciencias Diplomáticas, entre los argumentos
expresados por el Consejo Universitario, adquirieron
mayor relevancia aquellos que fundaban el nacimiento de esta
nueva institución en la urgencia inaplazable de que nuestro
país dispusiese de un organismo docente en el que se impar-
tieran los conocimientos técnicos y científicos sobre la polí-
tica, la sociología, el periodismo y la diplomacia, partiendo
de un hecho evidente: la demanda que plantea el desarrollo
económico y social en la formación de un nuevo tipo de pro-
fesional en las distintas ramas de los conocimientos citados.
Las nuevas carreras, de por sí polémicas, originaron mu-
chos comentarios en pro y en contra. A favor singularmente la
de licenciado en Ciencias Diplomáticas. En esa ocasión, como
ahora, se adujeron las consideraciones siguientes:
La falta de preparación de una gran parte del personal
que presta sus servicios en varias dependencias de la Secretaría
de Relaciones Exteriores y la falta de vinculación de muchos de
sus funcionarios con la realidad política, económica y social
en México, así como el divorcio de éstos con la doctrina que
20 ~ AUGUSTO GÓMEZ Vil [ANUFVA

han sostenido los regímenes revolucionarios en materia de


política interior y exterior.
Nuestra Escuela, atenta a esas preocupaciones, se incli-
nó en un principio por la enseñanza del derecho público,
cuyos resultados se observaron en la multitud de trabajos e
investigaciones que con verdadero rigor técnico presentaban
muchos condiscípulos para adquirir el título de licenciado en
Ciencias Diplomáticas.
Aunque los esfuerzos realizados fueron positivos, frecuen-
temente se planteó una aparente contradicción de nuestros
alumnos frente a las enseñanzas impartidas sobre la materia
en la Facultad de Derecho, que dio origen después a un inten-
to de modificar la orientación de los seminarios hacia otras
investigaciones que permitieron al estudiante suprimir temas
de técnica jurídica para abordar los de política exterior.
Como respuesta a esa inquietud, hoy presento a consi-
deración de mis sinodales este trabajo de investigación que
pretende tener una característica novedosa, no tanto por el
asunto que se aborda, sino por la metodología del mismo.
En la elaboración de este tema, he pretendido alejarme de
la inclinación natural que han manifestado los alumnos egre-
sados de Ciencias Diplomáticas, por estudiar sólo aspectos de
técnica jurídica en el derecho público, inclinado por el interés
de encontrar los orígenes socio-económicos de los principios
doctrinarios que han normado nuestra política exterior y doc-
trina internacional.
El criterio que me ha impulsado a ello, se funda en mi convic-
ción de que el diplomático mexicano debe conocer plenamente
la génesis y evolución de los principios básicos que inspiran nues-
tra doctrina internacional.
PREFACIO ~ 21

Cuando se acepta la responsabilidad de representar a nues-


tro país en el exterior, se debe estar cabalmente consciente del
significado de esa representación, poseyendo no sólo un vasto
instrumental jurídico, sino un pleno conocimiento de la historia,
la sociología, la economía y la política, como auxiliares necesa-
rios que permitan orientar su acción. El diplomático no puede
distraer ni un solo momento sus obligaciones de mantener incó-
lume la postura de nuestro país ante los graves problemas inter-
nacionales contemporáneos, partiendo del hecho de que ésta no
es el fruto de una actitud transitoria del régimen que representa, o
simplemente derivada de frías normas de derecho público, sino la
incorporación a las mismas de una experiencia histórica en la que·
se reflejan las grandes luchas de nuestro pueblo por alcanzar sus
metas preferentes. Para ser fiel representante de una nación, se
necesita conocer a plenitud su patrimonio ideológico, divulgarlo
y defenderlo.
Con frecuencia, la pregunta ha sido planteada por muchos
voceros de la opinión pública, tratando de aclarar hasta qué
punto la postura de nuestro país frente a los acontecimientos
internacionales responde, por una parte, a su vocación de
defensor permanente del derecho, a su tradición histórica y,
por otra, a las aspiraciones de nuestro pueblo.
En la actualidad, resulta poco novedoso leer en la prensa
o en los documentos históricos, con cierta familiaridad, alu-
siones aisladas o sistematizadas en las que se armonizan los
principios de independencia, respeto a la soberanía y libre
auto-determinación de los pueblos, que pueden condensare
fácilmente en unas cuantas líneas, pero han llegado a consti-
tuir las piedras angulares de nuestro país y por cuya causa aún
sostienen grandes batallas otros pueblos del mundo.
22 .#( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

En este trabajo, el objetivo ha sido localizar la aparición


de estos principios y sus manifestaciones a través de la his-
toria, hasta distinguir cómo han ido adquiriendo carta de
naturalización en el país a través de nuestra existencia y sus
momentos más significativos para establecer su vigencia con-
temporánea. Nuestro trabajo comprende:
1. Los fenómenos socioeconómicos y políticos; desde la lu-
cha anticolonial, el proceso de descapitalización en Méxi-
co, las luchas internas y las guerras antiintervencionistas.
11. Los acontecimientos del exterior y su influencia en nues-
tra vida económica.
III. Los efectos de la crisis en los grandes movimientos socia-
les.
IV. Nuestra revolución social y el proceso de elaboración de
un programa político nacional frente a la gran cantidad
de necesidades cuya satisfacción se había propuesto du-
rante el curso de la historia.
v: La influencia de nuestros grandes movimientos sociales
en la conformación de la nación mexicana.
VI. Las bases doctrinarias del nacionalismo, localizadas en
los planes y manifiestos políticos que dan origen a una
ideología nacional.
VII. La doctrina internacional de la nación mexicana.
En el curso de nuestra investigación, nos remitimos en la
primera parte a fuentes documentales cuya insospechable se-
riedad nos aleja de una interpretación subjetiva de los aconte-
cimientos aislados, como los siguientes; México y sus revolu-
cionarios, de José María Luis Mora; La verdadera cuestión que
agita a la nación mexicana, de Mariano Otero: y México consi-
derado como nación Libre e independiente, de Tadeo Ortiz.
PREFACIO ~. 23

En la segunda parte del trabajo, recurrimos a Justo


Sierra, La evolución política del pueblo Mexicano; Emilio
O. Rabasa, La evolución histórica de México; Andrés Ma-
lina Enríquez, Los grandes problemas nacionales; Francisco
I. Madero, La sucesión presidencial; y a Francisco Bulnes,
Toda la verdad acerca de la participación del presidente Wil-
son en la Revolución Mexicana.
En la tercera parte empleamos los ensayos de escritores
rusos y estadounidenses, pero tratando de fortalecernos con
autores mexicanos de innegable seriedad, como el propio Ma-
dero, Ricardo Flores Magón, Emilio Vázquez Gómez, Andrés
Malina Enríquez y Luis Cabrera.
En la última parte, las fuentes documentales fueron los ma-
nifiestos y planes políticos de la época, los ensayos históricos de
Isidro Fabela, las memorias de la Secretaría de Gobernación, los
Informes Presidenciales, los debates de la Convención de Aguas-
calientes, los debates del Constituyente de 1917, los discursos de
Carranza y los ensayos históricos de Luis Cabrera.
CAPíTULO 1

LA REBELIÓN ANTICOLONIAL
EN EL SIGLO XIX

de un país no se podría comprender si

L
A HISTORIA
se revisara parcialmente en uno de sus momentos
más significativos, sin el asomo retrospectivo hacia
la profunda raíz de su pasado, sin la ubicación de los
hechos dentro de un marco mundial en el que los grandes
acontecimientos se reflejan no sólo en un restringido esce-
nario geográfico, sino hacia la multitud de pueblos que se
encuentran en un proceso semejante de definición de su
propio ser nacional.
El impacto de la conquista y la condición de servidumbre
a que estuvimos sujetos durante trescientos años, no fue un
fenómeno aislado del resto de los pueblos de América y los
movimientos de liberación de la primera y segunda décadas
del siglo XIX, tampoco fueron acontecimientos inconexos,
sino motivados por las mismas causas y semejantes circuns-
tancias.
Evidentemente los grandes contingentes de hombres que
participaron en esta primera contienda de América por la
libertad no brotaron por generación espontánea, ni fueron
actos mecánicos determinados por un instintivo deseo de li-
quidar la opresión.

25 i
26 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Las contradicciones del sistema colonial

La rebelión anticolonial coincidió con la agudización de las contra-


dicciones del régimen feudal, singularmente del imperio español,
que fue incapaz de percibir los nuevos fenómenos económicos y
políticos en el campo universal, a pesar de que en Inglaterra había
ocurrido con mucha anterioridad la decapitación de Carlos III y
en Francia el nuevo mensaje de la revolución destronaba a otros
monarcas, usufructuarios de las instituciones feudales.
Esa contradicción, reflejada en el sistema colonial con la
creciente tirantez entre las clases sociales detentadoras del po-
der y la riqueza, aquella enorme legión de desposeídos fue ad-
quiriendo caracteres de violencia a finales del siglo XVIII, mien-
tras los hombres de Estado de la Corona, los juristas, teólogos,
filósofos, etc., fundamentaban en el derecho divino supuestas
facultades omnímodas para suprimir la libertad y establecer un
régimen de esclavitud colonial a los pueblos conquistados.
En Europa los pensadores enciclopedistas y la naciente
burguesía hablaban a los pueblos de los derechos del hombre
y de la atribución que éstos tienen para designar a sus propios
gobernantes.
En tanto, los ministros de las Cortes feudales recurrían a
los fisiócratas y mercantilistas para justificar la explotación de
los súbditos de su propio país y de otras latitudes.
La Revolución Industrial nació con un impulso tan verti-
ginoso, que en unas cuantas décadas repercutió en el ámbito
universal y en Europa cobraron relieve las figuras de Adam
Smith, Maltus, David Ricardo, etcétera.
La caída de los barbones en España y la aparición de Na-
poleón como brazo armado de la burguesía francesa, origi-
LA REBELIÓN ANTlCOLONIAL EN EL SIGLO XIX ~ 27

nó nuevas conmociones a cuya repercusión no escaparon los


pueblos de América. I
Las ideas no pertenecen a un hombre o a un grupo de hom-
bres. La libertad de pensar es patrimonio universal, por más que
haya quienes intenten oponerse a la comunicación del pensa-
miento recurriendo a todos los medios coercitivos para evitar la
transmisión de los anhelos nuevos, los conceptos vuelan por to-
dos los rincones de la Tierra. Así ocurrió en la segunda mitad del
siglo XVIII por toda Europa y América, y así sucederá siempre.
Es totalmente imposible que Hidalgo, Morelos, Bolívar,
Miranda y San Martín hubieran recibido la consigna de Fran-
cia e Inglaterra para convocar a la Revolución de los pueblos
de América, y cada uno de ellos hablara con el mismo lenguaje
y recibiera la misma respuesta de su pueblo.
Aquellos siervos iletrados que los siguieron en la gran con-
tienda, quizá no podían comprender la'nueva doctrina de eman-
cipación en sus profundas bases filosóficas y políticas, pero sí
entendieron que su condición de hombres les proporcionaba la
facultad de aspirar al derecho de la libertad; que la causa de su
opresión residía en el coloniaje y que la única forma de lograrla,
era ofrecer su propia vida para conquistar un nuevo mundo. 2

El concepto de soberanía expresado por Morelos.


La definición de la Nación Mexicana

Morelos expresó en el Congreso de Chilpancingo:


Señor: nuestros enemigos se han empeñado en manifestar-
nos hasta el grado de evidenciar ciertas verdades importan-

IEmilio Rabasa. La evolución histórica de México, p. 29.


ZJbidem, p. 30,
28 .#t. AUGUSTO GÓMEZ V¡LlANUEVA

tes que nosotros no ignorábamos, pero que procuró ocultar-


nos cuidadosamente, el despotismo del Gobierno bajo cuyo
yugo hemos vivido oprimidos. Tales son: que la Soberanía
reside esencialmente en los pueblos. Que transmitida a los
Monarcas por ausencia, muerte, cautividad de éstos, refluye
hacia aquéllos [...] Que son libres para reformar sus institu-
ciones políticas siempre que nos convenga [...] Que ningún
Pueblo tiene derecho para sojuzgar a otro, si no procede a
una agresión injusta. ¿Podrá la Europa, principalmente la
España, echar en cara a la América como una rebeldía este
sacudimiento generoso que han hecho, para lanzar de su
seno a los que al mismo tiempo que decantan y proclaman
la Justicia de estos principios liberales, intentan sojuzgarla,
tornándola a una esclavitud más ominosa que la pasada de
tres siglos? ¿Podrán nuestros enemigos ponerse en contra-
dicción consigo mismos y calificar de injustos los mimos
principios con que canonizan de santa, justa y necesaria su
actual revolución con el Emperador de los franceses? ¡Ay de
mí!, por desgracia obran de este modo escandaloso y a
una serie de atropellamientos, injusticias y atrocidades aña-
den esta inconsecuencia para poner el colmo a su inmorali-
dad y audacia. 3

Podríamos recurrir a otros pensadores de la época para


intentar localizar las primeras expresiones de los periodistas
y pensadores criollos que aspiraron a resumir los ideales del
pueblo de la Nueva España, como una respuesta al régimen
colonial. Entre ellos Primo de Verdad y Ramos, Severo Mal-
donado, Hidalgo y López Rayón, pero, singularmente, el

3Francisco L. Urquizo. Morelos, genio militar de la Independencia, p. 119.


LA REBELIÓN ANTICOLONIAL EN EL SIGLO XIX ~ 29

pensamiento de Morelos delineado en sus Sentimientos de la


nación mexicana, y según se afirma, en la conversación que
sostuvo con Quintana Roo, cuando el primero preconizara
las bases filosóficas, doctrinarias, políticas y sociales de la na-
ción que iba a emerger de las ruinas del colonialismo, en los
siguientes conceptos:
Soy e! siervo de la Nación, porque ésta asume la más grande,
legítima e inviolable de las soberanías; quiero que tenga un
gobierno dimanado de! pueblo y sostenido por el pueblo,
que rompa todos los lazos que la sujetan y que acepte y con-
sidere a España como hermana y nunca como dominadora
de America.
Quiero que hagamos la declaración de que no hay otra
nobleza que la de la virtud, el saber, el patriotismo y la cari-
dad; que todos somos iguales, pues de! mismo origen proce-
demos; que no hay abolengos ni privilegios; que no es razo-
nable ni humano, ni debido, que haya esclavos, pues e! color
de la cara no cambia e! de! corazón ni e! del pensamiento;
que se eduque a los hijos de! labrador y del barretero como
a los del más rico hacendado y dueño de minas, que todo el
que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche,
lo ampare y lo defienda contra el fuerte y e! arbitrario; que
se declare que lo nuestro ya es nuestro para provecho de
nuestros hijos; que tengamos una fe, una causa y una bande-
ra bajo la cual todos juremos morir antes que ver nuestra
tierra oprimida como lo está ahora, y que, cuando ya sea
libre, estemos siempre listos para defender con nuestra san-
gre toda esa libertad preciosa [....]4

4Gildardo Magaña. EmiJiallo Zapata y el Agrarismo en México, p. 54.


30 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

América recibió el siglo XIX con este mensaje de libertad


y Bolívar habló desde Panamá del nuevo ideal de la confrater-
nidad americana y; la gran nave de la emancipación surcó los
caminos del porvenir.

La actitud de los Estados Unidos


e Inglaterra ante las colonias emancipadas

La lucha de las burguesías europeas nacionalistas contra los


señores feudales y posteriormente sus contiendas entre sí, fa-
vorecieron el desarrollo de Estados Unidos de Norteamérica
que, en este mismo continente, había nacido en 1776.
Durante el periodo revolucionario en América, los diri-
gentes estadounidenses estuvieron atentos al rumbo de los
acontecimientos. Cuando lo creyeron prudente aparecieron
los agentes oficiosos al lado de los gobiernos de los países
recién independizados, auspiciando la erección de repúblicas
democráticas y representativas que constituían un medio se-
guro de penetración en el conteniente y de franca oposición
a las intenciones de Inglaterra, quien después de liquidar a
Napoleón se lanzó a la conquista de mercados de América en
aquellos países que aún titubeaban entre el establecimiento de
regímenes monárquicos o republicanos, que requerían inapla-
zablemente del empréstito exterior para sostenerse al frente
de los gobiernos de estos nuevos países independientes, que
surgían con multitud de problemas financieros. 5
Los intentos de la Gran Bretaña por apoderarse económi-
camente de los países de América, pusieron en una desven-

ICarlos Pereyra. El Mito de MOllroe, p. 47.


LA RFBELIÓN ANTICOLONIAL EN FL SIGLO XIX ~ 31

tajosa posición a Estados Unidos que aún no se encontraban


en condiciones monetarias de suficiencia plena para competir
contra Inglaterra. Este hecho motivó que los estadounidenses
adoptaran una táctica de penetración política con base en la
elocuencia moral, divulgación doctrinaria y publicidad a sus
instituciones gubernamentales.
Es bien sabido que la precipitada declaración de Monroe
en 1823, representa un intento "formalmente literario", en
aquella época, de oponerse a los propósitos de reconquista
por parte de las potencias extracontinentales hacia América
Latina, pero que fue dirigida a la Gran Bretaña con el interés
de excluirla como bloque comercial en este territorio emanci-
pado del Nuevo Mundo.
La sinceridad y relaciones amistosas que existen entre los Es-
tados Unidos y aquellas potencias, nos obligan a declarar que
consideraríamos peligroso para nuestra paz y seguridad, cual-
quiera tentativa de parte de ellas que tenga por objeto exten-
der su sistema a una porción de este hemisferio, sea la que
fuere. No hemos intervenido ni intervendremos en las colo-
nias o dependencias de cualquier potencia europea; pero
cuando se trate de gobiernos que hayan declarado y manteni-
do su independencia, y que después de madura consideración,
y de acuerdo con justos principios, hayan sido reconocidos
como independientes por el Gobierno de los Estados Unidos,
cualquiera intervención de una potencia europea, con el ob-
jeto de oprimirlo o de dirigir de alguna manera sus destinos,
no podrá ser vista por nosotros sino como la manifestación de
una disposición hostil hacia los Estados Unidos. 6

''!bidem, p. 47.
32 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

El contenido de este documento, de aparente protección


a los nacientes países, aunque manifestaba una expresa ame-
naza a las potencias extracontinentales para que se abstuvie-
ran de intervenir en los asuntos internos de estas naciones, se
convirtió en la base ética-política para justificar futuros actos
intervensionistas sólo reservados para Estados Unidos, y la
formación de su propio monopolio mercantil, también dis-
puesto exclusivamente para los estadounidenses.
Las intenciones de la clase dirigente estadounidense se po-
drían sintetizar en el decidido interés de evitar que los países
latinoamericanos se convirtieran en colonias inglesas a cam-
bio de transformarlas en territorio estadounidenses, manejan-
do una teoría preventiva dirigida a ganar el tiempo necesario
para el desarrollo de su propia industria. 7
Por desgracia, como afirmamos con anterioridad, las
condiciones en que surgieron nuestros países, las terribles
divisiones que pronto se presentaron, las guerras europeas y
la indudable habilidad de Estados Unidos para sustraerse de
ellas aprovechando su enorme distancia con el Viejo Conti-
nente, lo pusieron en condiciones ventajosas que le permi-
tieron evitar un ataque exterior y desarrollar sus recursos
crecientes y fuerzas de expansión, frente a la imposibilidad
de que lo evitasen las naciones europeas, que cuando lo ad-
virtieron fue demasiado tarde.
En ese panorama internacional asomaron nuestros pueblos
al escenario de la libertad y les fue imposible sustraerse al in-
flujo de las nuevas potencias que emergieron de las ruinas del

'Carlos Bosch García. Historia de las relaciolles entre México y los Estados
Unidos. 1819-1848, p. 261.
LA REBEL1ÓN ANTlCOLONIAL EN EL SIGLO XIX «.. 33

régimen feudal, como representantes de una nueva época his-


tórica, cuyas condiciones de poder económico, solidez política
y promotores del progreso material, los convertían en asideros
seguros de nuestros países, deseosos de consolidar su indepen-
dencia, temerosos a la amenaza permanente de reconquista
de la reconstituida monarquía española apoyada en la Triple
Alianza, acontecimiento que originaba una angustiosa perspec-
tiva de fácil naufragio para las conquistas americanas.

Penetración económica e influencia política

El hecho histórico fue inevitable y nuestros temores sólo encon-


traron acogida en Inglaterra y Estados Unidos. A ellos dos recurri-
mos buscando su reconocimiento, apoyo y protección, para con-
servar la emancipación que tanta sangre costara a los pueblos de
América. Posiblemente fue un error inevitable al que no se pudo
sustraer el México naciente, como ningún país latinoamericano.
Bastaría revisar los primeros catorce años del siglo XIX
para comprender la crítica situación que afrontaron los nue-
vos dirigentes del país. La guerra inevitable desde 1810 hasta
1821, la destrucción de las fuentes de trabajo, los gastos de
las contiendas bélicas, la huida de capitales, el cierre de las
aduanas, el desorden burocrático, el agio, el contrabando y
un pueblo que después de trescientos años de ser esclavo, em-
pezaba a conocer la palabra libertad, expresada como anhelo,
pero sin conocer el verdadero ejercicio de ésta. 8
Sldem.
34 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

A partir de esos momentos se observó en América una ten-


sión entre Inglaterra y Estados Unidos, que se disputaron en una
larga carrera la hegemonía sobre el continente. Los efectos de
esta lucha trascendieron en las pugnas internas y en la formación
de facciones que se enfrentaron entre sí, escondiendo los verda-
deros motivos que los impulsaron en sus luchas.
Después vinieron las contiendas fraticidas y un prolon-
gado debate político, cuya primera etapa culminó con la
decapitación de Iturbide, que después se convirtió en esci-
sión permanente entre dos corrientes irreconciliables que
llevaron al escenario bélico a miles de mexicanos. 9

Los peligros de la libertad.


El proceso de descapitalización

Aunque los hechos tomaron e! rumbo de una disputa por erigir


un nuevo sistema de gobierno, resuelta la primera interrogante
política con la protesta de Guadalupe Victoria, se planteó en
manera inmediata e! verdadero dilema:
¿Cómo reconstruir nuestra economía, organizar la
hacienda pública, crear fuentes de trabajo y disponer, en
síntesis, de recursos económicos, en un país cuyo proceso
descapitalizador había adquirido un rumbo tan vertiginoso
a finales de! siglo XVIII y principios del XIX, en el que no
se sabía a ciencia cierta cuáles eran los recursos naturales
con los que contábamos y hasta dónde abarcaba nuestro
territorio, cómo conservarlo y cuidarlo e integrarnos como
nación?

"José María Luis Mora. México y sus Rel'olttciones, p. 253.


LA REBELiÓN ANTICOLONIAL EN EL SIGLO XIX ~ 35

La aguda crisis económica acentuada por las luchas frati-


cidas, que era la verdadera razón de la inquietud permanente
se agravó por la salida de los capitales españoles. Recurrimos
al empréstito con Inglaterra, pero éste no bastó para pagar a
los empleados, a los ejércitos y menos aún para establecer las
bases de la industria textil. 10
Dispusimos del último centavo para hacer frente a los in-
tentos de reconquista de Barradas en 1829 y de ahí surgieron
dos de nuestras más grandes desgracias: Antonio López de
Santa Anna y las reclamaciones extranjeras que finalmente se
transformaron en intervenciones.

La anarquía y la Intervención

De las luchas de Independencia y las contiendas antintervencio-


nistas, surgió el caudillismo, mal incurable de muchos años que
convirtió a nuestro país en presa fácil de agresiones imperiales.u
Los caudillos que fueron seguidos por el pueblo, no
siempre imprimieron a su acción un impulso patriótico y
reclamaron el pago a sus hechos guerreros con laureles y
entorchados. Los heroicos y miserables soldados exigieron
recompensas que sólo podían proporcionar los recursos pre-
supuestales del gobierno, única fuente de empleos más o me-
nos remunerativos.
Las luchas por el poder acentuaron las querellas internas y
pronto la anarquía llamó a nuestras puertas para registrar las
mayores desgracias nacionales.

¡IlAgustín Cue Cánovas. La industria en México (1521-1845).


"Emilio Rabasa. op. cit., p. 34.
36 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

El breve paréntesis reformista de 1833 precedió a la noticia


del advenimiento del centralismo, aparente motivo de la sepa-
ración de Texas. Los colonos, acaudillados por Austin en 1836,
decidieron separarse de México seguros del apoyo eficaz de los
Estados Unidos, que culminó de hecho en San Jacinto. 12
En 1838 afrontamos la guerra con Francia, "injusto y ab-
surdo alarde de fuerza del gobierno burgués de Luis Felipe,
destinado a debilitarnos más ante el conflicto estadounidense".
Triste historia diplomática originada por las reclamaciones ri-
dículamente exageradas de algunos franceses que se considera-
ron víctimas de nuestras contiendas civiles. Arbitraria actitud
de un monarca deseoso de liberar a sus súbditos de préstamos
forzosos y suprimir con la violencia las leyes que prohibían a
los extranjeros el comercio al menudeo, ya que constituían una
traba al expansionismo industrial y comercial francés. 13
En 1845 la anexión de Texas yen 1847la entrega de la mitad
del territorio nacional, al firmarse los famosos tratados de Gua-
dalupe Hidalgo. Al cumplirse el primer cuarto de siglo de nues-
tra Independencia, ya habíamos recibido las más duras lecciones
de la historia. En 1853 entregamos otra porción del territorio
nacional, como alto precio para que los mexicanos vislumbrára-
mos cuál era el rumbo preciso para integrarnos como país.

Expansionismo territorial

El vigoroso expansionismo territorial de Estados Unidos, cuyos


efectos repercutieron dramáticamente en nuestro país, se detuvo

12ldem.
I>Nemesio García Naranjo. "La invasión francesa".
LA REBELiÓN ANTlCOLONIAL EN EL SIGLO XIX.#( 37

por las propias contradicciones internas. La burguesía norteña,


al encontrar obstáculos para su desarrollo por la estrechez del
mercado interno para su producción manufacturera, se lanzó en
contra del sur esclavista que, intentando fortalecer su posición
frente a los industriales del norte, se anexó primero el territorio
de Texas y después nos declaró la guerra para desmembrarnos.
Cuando se desencadenó la Guerra de Secesión, obtuvimos
el primer respiro en el flanco de la frontera.
Con los quince millones de pesos que nos entregaron a
cambio de la mitad del territorio nacional logramos un bre-
ve paréntesis de tranquilidad interna, pero vino más tarde
el regreso al poder de Antonio López de Santa Anna para
reclamar del pueblo de México su designación como "Alteza
Serenísima".
Después ocurrió su caída definitiva, en 1855, Ycon ella el
advenimiento de la gran generación de la Reforma, verdade-
ros forjadores de la conciencia nacional. En 1857, el Consti-
tuyente de Querétaro proclamó los derechos fundamentales
del hombre, pero la nueva administración en el poder se en-
frentó a los mismos problemas que los dirigentes de la Inde-
pendencia. Por una parte, la afectacíón de los intereses de
los terratenientes y del clero feudal y agiotista desbordó una
nueva contienda en el país; pero, por otra, la aparente sus-
pensión de las agresiones del norte y la pujanza de los libera-
les, permitieron el triunfo de la República, apenas liquidado
el ejército conservador en 1858. El señor Juárez, entonces, se
dio a la tarea de reconstruir la nación mexicana. 14

14Pere Foix. fuárez, p. 124.


38 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Los liberales. El Programa Nacionalista


y una condenación definitiva a la ayuda exterior

La lucha prolongada entre la burguesía europea y el resto de


los países feudales cobró un nuevo rumbo con el triunfo de la
Comuna de París en 1848, lo que originó que las dinastías eu-
ropeas pactaran una alianza para evitar que se multiplicaran
los movimientos de los sectores urbanos y rurales, que habían
impreso un nuevo sentido socialista a bis luchas populares.
"En Francia, Napoleón III representó uno de los esfuerzos
finales de las clases condenadas por la historia a desaparecer"
y trató de vigorizar su posición, intentando la aventura im-
perialista que tan cara le costó en la vida de Maximiliano de
Habsburgo.
Cuando el señor Juárez se enfrentó al problema de la in-
tervención francesa se había iniciado apenas la reconstrucción
del país, ante la gravedad de una carencia total de medios para
hacerlo. No podía solicitar ayuda de los Estados Unidos por-
que éste se encontraba en plena contienda bélica y el hacerlo
significaba graves censuras, debido a que su generación había
presenciado en la niñez o en su juventud la guerra injusta que
culminó con la pérdida de la mitad del territorio nacional. El
espíritu antiextranjero estaba a flote y cuando se intentó el
tratado de Mac-Lane-Ocampo los más agresivos ataques se
enderezaron en su contra. 15
El propio Juárez nunca dejó de considerar el peligro que
significaba para la República naciente, el obtener el auxilio
estadounidense.

"José C. Valadez. Melchor Ocampo. Reformador de México, p. 356.


LA REBELiÓN ANTICOLONIAL EN EL SIGLO XIX ~ ]9

Terminada la Guerra de Secesión, los propios norteameri-


canos dudaron entre ayudar a Juárez o a los franceses, prueba
de ello es la carta que envió don Benito a don Matías Romero
el 25 de enero de 1865, entre cuyos . párrafos destacan
.
los
siguientes:

[...] pues estaba yo muy inquieto por las noticias que corrían,
de que ese gobierno estaba dispuesto a reconocer el imperio
de Maximiliano. Así tendremos a lo menos una cooperación
negativa de esa República, pues en cuanto a un auxilio posi-
tivo, que pudiera darnos, lo juzgo muy remoto y sumamente
difícil, porque sus pretensiones y en tal caso, ese gobierno
tiene que concluir la cuestión por medio de las armas, y esto
demanda mucho tiempo y muchos sacrificios.
La idea que tienen algunos, según me dice usted, de que
ofrezcamos parte del territorio nacional para obtener el
auxilio indicado, es no sólo antinacional sino perjudicaría a
nuestra causa. La Nación por el órgano legítimo de sus re-
presentantes, ha manifestado de un modo expreso y termi-
nante que no es su voluntad que se hipoteque o se enajene
su territorio, como puede usted verlo en el decreto en que
se me concedieron facultades extraordinarias para defender
la independencia, y si contrariamos esta disposición, subleva-
ríamos al país contra nosotros y daríamos un arma poderosa
al enemigo para que consumara su conquista. Qué el enemi-
go nos venza y nos robe si tal es nuestro destino; pero no
debemos legalizar su atentado, entregándole voluntariamen-
te lo que nos exige por la fuerza. Si la Francia, los Estados
Unidos o cualquiera otra Nación se apodera de algún punto
de nuestro territorio y por nuestra debilidad no podemos
arrojarlo de él, dejemos siquiera vivo nuestro derecho
40 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

para que las generaciones que nos sucedan lo recobren. Malo


será dejarnos desarmar por una fuerza superior pero sería
pésimo desarmar a nuestros hijos privándolos de un buen
derecho que más valientes, más patriotas y sufridos que no-
sotros lo harían valer y sabrían reivindicarlo algún día.
Es tanto más perjudicial la idea de enajenar el territorio
en estas circunstancias, cuanto que, los Estados de Sonora y
Sinaloa, que son los más codiciados hacen hoy esfuerzos
heroicos en la defensa nacional, son los más celosos de la
integridad de su territorio y presentan al gobierno su apoyo
firme y decidido. Ya sea, pues, por la consideración, ya sea
por la prohibición que la ley impone al gobierno de hipote-
car o enajenar el territorio nacional y ya sea, en fin, porque
esa prohibición está enteramente conforme con la opinión
que he tenido y sostenido siempre sobre este negocio, repito
a usted lo que ya le he dicho en mis cartas de 22 de diciem-
bre último y posteriores, a saber que no sólo debe usted se-
guir la patriótica conducta que ha observado de no apoyar
semejante idea, sino que debe usted contrariarla trabajando
para disuadir a sus autores, haciéndoles presentes las funes-
tas consecuencias que nos traería su realización.
Celebro que haya usted quedado satisfecho de la opi-
nión que observó en el ejército del general Grant, respecto
de nuestra causa. Esa opinión y la que ha manifestado Mr.
Seward, son una garantía que podremos tener de que el
imperio de Maximiliano no será reconocido por ese go-
bierno. Es lo único que podemos esperar por ahora de esa
República [... ]16

'bFlorencio Zamarripa. Los Apuntes para mis hijos de Benito ]uárez, p. 42.
LA REBELIÓN ANTICOLONIAL EN EL SIGLO XIX ~ 41

Al concluir la intervención francesa, los gastos de guerra


dejaron al país en condiciones miserables. Los reducidos pro-
ductos nacionales se fragmentaron también por las inversio-
nes destinadas a sostener una ridícula corte, y en dispendiosos
festines palaciegos. Los capitales europeos salieron con los
soldados franceses que regresaron a su patria.

El surgimiento del nacionalismo


durante las luchas intervencionistas

La guerra antintervencionista que sostuvieron los meXi-


canos contra los franceses (1862-1867), influyó en la for-
mación de una alianza entre la burguesía intelectual y el
pueblo. En esta etapa afloraron sentimientos nacionalistas
que habían permanecido latentes en las luchas de la Inde-
pendencia y la Reforma, pero que adquirieron un mayor
vigor en el grupo liberal radical, que se planteó nueva-
mente como una interrogante para responder a la renova-
da preocupación de encauzar el desarrollo económico del
país con un nuevo criterio, sin menoscabo de su soberanía
e independencia.
La incipiente burguesía industrial española y criolla, que
desde la época de don Guadalupe Victoria había sugerido me-
didas destinadas a crear el Banco de Avío, dirigido por don
Lucas Alamán, encontró permanentes obstáculos para su de-
sarrollo, por las características de la estructura feudal colonial
del México naciente y sus vínculos económicos hacia las me-
trópolis europeas que habían cargado el acento en la explo-
tación de las minas de oro y plata, y realizado operaciones
42 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

financiaras que descansaban en la enajenación permanente de


la Hacienda Pública.!?
Los fenómenos políticos, la situación permanente de anar-
quía y las amenazas de reconquista e intervención de los países
del Viejo Mundo, contribuyeron considerablemente a destruir
las fuentes de riqueza que eran las bases de sustentación de la
economía del pueblo mexicano.
Por otra parte, el naciente y pujante capitalismo estadouni-
dense, cuya política expansionista entraba a su fase superior,
manifestaba sus primeras influencias en el rumbo de nuestra
vida política y económica interna.
Inicialmente, el grupo de la Reforma liquidó el feudalismo
eclesiástico; las disposiciones legales dictadas para desamorti-
zar los bienes de la Iglesia y suprimir la personalidad jurídica
de los pueblos comunales, dieron origen a la consolidación de
un feudalismo civil, cuyo nacimiento y fortalecimiento verti-
ginoso colocaron en una posición sumamente desventajosa a
la reducida corriente burguesa, que había encontrado en un
sector de intelectuales sus voceros más connotados.
El sector liberal radical, en el que figuraban Melchor Ocam-
po, Ignacio Ramírez, Ponciano Arriaga, Guillermo Prieto, etcéte-
ra, con claras tendencias nacionalistas, se inclinaba por medidas
económicas avanzadas que descansaban en una incitación para
industrializar el país y, en casos como el de Arriaga y Ramírez,
por promover una Reforma Agraria. Esta situación no funciona-
ron en la realidad, en virtud de la escasa fuerza económica real
de los grupos detentadores del poder, por la persistencia de con-
solidación de un régimen feudal, con un matiz laico que propuso

171dem.
LA REBELiÓN ANTICOLONIAL EN EL SIGLO XIX« 4]

la redistribución de la riqueza y la consumación de una verdade-


ra revolución social.
El empuje de los nuevos terratenientes y los factores de
tipo geográfico y social, encontraron su justificación teórica y
práctica en hechos históricos consumados, como era el fenó-
meno económico registrado en el vecino país del norte, en ese
entonces en pleno periodo de industrialización y búsqueda de
fuentes surtidoras de materias primas, cuyo ámbito natural se
localizaba en Latinoamérica.
Los ministros de Juárez formularon un programa financie-
ro, cuya orientación fundamental estaba inspirada en el pro-
pósito de suprimir las anteriores transacciones ruinosas para el
país, reunir y reformar el sistema hacendario y hacer posible
[...] recoger y concentrar las recaudaciones y administración
de los impuestos, hacerse eco de una política de transaccio-
nes permanentemente revisables en materia de tarifas, crea
el timbre con la tendencia de transformar la base de nuestras
rutas hacendarías, principalmente; buscar una nivelación
mejor del presupuesto, organizar la cuenta del tesorero y
perseguir el peculado y el fraude hasta donde fuera posible,
tal fue sustancialmente el programa. lB

La existencia de los grandes cacicazgos regionales, las luchas


políticas internas, agravadas por la vigorosa corriente militarista
surgida de las contiendas de Reforma e intervención y el fenó-
meno de anarquía, cuyo origen se localiza básicamente en la
desigualdad de distribución de la riqueza, impidieron transito-
riamente la ejecución del programa delineado.

18Idem.
44 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

El propio Justo Sierra, que fue el ideólogo más notable del


porfíriato, describe en su Evolución política del pueblo mexi-
cano, las manifestaciones de fenómenos socioeconómicos que
impidieron la realización del referido programa, las expresiones
latentes de una anarquía que se había convertido en un sistema
permanente de vida del pueblo mexicano y los inauditos esfuer-
zos realizados por el señor Juárez, para contenerlo y lograr la
paz, que constituía ya en esa época uno de los mayores anhelos
populares.
Desde entonces esta idea entró en lo más hondo del cerebro
nacional, fue una obsesión la paz como nuestra primera
condición de vida, sin la paz marchamos al estancamiento
definitivo de nuestro desenvolvimiento exterior y a una irre-
mediable catástrofe internacional. 19

La obra gubernamental parecía irrealizable, singularmen-


te por la ausencia de finanzas. Pero la adquisición de éstas pa-
recía mucho más lejana aún por los problemas derivados de la
reorganización del país y la ausencia de crédito en el exterior,
originado por la desconfianza que nacía de nuestras guerras
contra otras naciones y el recelo hacia el gobierno que susten-
taba principios avanzados, para cuya gloria mayor descansa-
ban en su acrecentado sentido nacionalista y en la actitud que
había asumido frente a los acreedores extranjeros.
Nuestros créditos eran nulos y la Hacienda presentaba
formas tan desorganizadas que era imposible conocer la base
de los impuestos, pero esencialmente había que afrontar los

19Idem.
L.\ REBELIÓN ANTICOLONIAL EN EL SIGLO XIX ~ 45

problemas derivados de la administración, cuya bancarrota


coincidía con la general del país. El propio Justo Sierra afir-
maba que era previsible el desastre de nuestra nacionalidad
"porque nuestro pueblo, como decía por entonces un precla-
ro poeta mexicano, mandar no sabe, obedecer no quiere"; iba
fatalmente a la impotencia y absorción estadounidense. 2o
Por otra parte, la brevedad del periodo presidencial no
permitió la realización de una obra gubernativa de grandes
magnitudes y la realización cercana de elecciones mantenía
una permanente agitación en el país, situación que Juárez
tuvo que afrontar en sus formas más agudas, expresadas en la
asimetría de su último cuatrienio en la escisión con Lerdo y
Díaz, y en la formación de una oposición parlamentaria que
encontraba su nacimiento y la divulgación de las ideas predo-
minantes en una prensa combativa y singularmente crítica.
Los obstáculos que confrontó el héroe nacional sólo eran
superables por la dimensión de su propia figura, que ya era
disputada por los héroes de la guerra de Intervención.
Los generales vencedores aspiraban a situaciones de privi-
legio y de poder. Pero el fenómeno anterior se agravó porque,
siendo la masa armada de extracción popular, había partici-
pado en las contiendas con la vaga ilusión de que el triunfo
había de pagarse con beneficios de orden individual y social.
La desocupación en el campo adquiría una mayor mag-
nitud cuando el señor Juárez ordenó el licenciamiento de los
ejércitos populares, que no sólo no pudieron reintegrarse al
trabajo por la destrucción de las fuentes mismas, sino que ha-

2°1dem.
46 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

bían quedado acostumbrados a un sistema de vida derivado de


su participación bélica, que dejó de ser una fuente de ingresos y
esperanzas. Fue la época en que aparecieron por todas partes
del país gavillas de bandoleros que mantenían en inquietud y
alarma a los pacíficos moradores de México, quienes atemori-
zados reclamaban la paz y la seguridad.
Los oficiales excluidos del ejército, injustamente, no pocos,
por necesidad muchos, otros por razones claras de dignidad
y conveniencia, los que aunque republicanos, resultaban
excomulgados políticos, porque estuvieron a punto de des-
integrar en las horas más rudas de la prueba al Partido Re-
publicano, y los excomulgados de la patria como traidores,
que aunque estaban bien penetrados de la imposibilidad de
restaurar el imperio, eran víctimas de la imposibilidad de llevar
otra vida que la militar, éstos eran los elementos irreducti-
bles de los focos de revuelta futuraY

Con ello le confirmaba que el ejército mismo resultaba


accesible a la tentación y soborno, a la indisciplina y a la rebe-
lión, no en el cuerpo mismo, pero sí en muchos de sus com-
pañeros viciados, aquéllos, sobretodo, que intentaban bajo la
influencia de las tendencias locales, rescatar la acción cada vez
más concentradora del gobierno federal.
Los hechos anteriores rebasan las manifestaciones preté-
ritas, en virtud de la gran masa armada que estaba de pie en
todos los ámbitos del país al día siguiente del triunfo de la
guerra contra la intervención. Aquellos hombres que habían
llevado una vida singular en las contiendas bélicas, perdían

lIldem.
LA REBELiÓN ANTICOLONIAL EN EL SIGLO XIX;j( 47

sus hábitos para el trabajo agrícola e industrial que por ser de


escasa remuneración, lo desdeñaban y frente a la alternativa
de guerrear o trabajar, preferían lo último.
La muerte del señor ]uárez (1872) en estas condiciones,
ocasionó que en algunos grupos, sobre todo en los residuos
conservadores, se llegara a la creencia de que tal situación
había de influir en el nacimiento de nuevos rumbos para el
país.
Los anteriores acontecimientos dieron origen a un inten-
to de reaparición de los grupos conservadores, que llegaron
a atribuir todos los males del país al triunfo de los liberales.
Don Sebastián Lerdo de Tejada, por su extracción, su origen
y sus costumbres, representaba para éstos una vaga esperanza
de conciliación, pero al ocupar la Presidencia siguió la misma
política en términos generales, elevó a la categoría de nor-
ma constitucional las Leyes de Reforma, pero singularmen-
te se distinguió por su preocupación de evitar el peligro de
caer bajo la influencia directa de Estados Unidos y acentuó
su interés por recurrir a las naciones europeas como aliadas
en el desarrollo de una política económica, que se reflejó en
el comercio internacional y en la construcción del ferrocarril
Méx;ico-Veracruz. 22

Primeras conclusiones

Para México, como ya dijimos, su tragedia ha sido el despojo y


el tutoreo voluntario o involuntario que ha recibido de los fuer-

l'\v. jiménez Moreno y A. García Ruiz. Historia de México. Una síntesis,


pp. 69 Y 70.
48 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

tes. Cuando nuestro país ha logrado derrotar al invasor y salir


airoso de su lucha antintervencionista, el problema de sanear la
economía nacional ha sido dramático.
La historia nos ha enseñado que nuestras contiendas para
adquirir una plena autodeterminación, han sido parciales.
Cuando arrojamos al español, huyeron sus capitales y nos en-
deudamos con Inglaterra, Francia y Estados Unidos, y nues-
tras contiendas fraticidas, de casi medio siglo en las que subie-
ron y bajaron más de treinta presidentes, abrieron el periodo
de la anarquía y despertaron los deseos de las nuevas poten-
cias en turno de enseñarnos a gobernar; enajenamos nuestros
recursos presupuestales y cuando tuvimos que recurrir a las
armas para defender nuestra soberanía, huyeron los capitales
extranjeros que desgraciadamente eran la base de sustenta-
ción de nuestra economía.
CAPÍTULO 11

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
EL SURGIMIENTO DE LOS PAÍSES CAPITALISTAS SU INFLUENCIA

EN LOS PAÍSES EN EL PROCESO DE DESARROLLO.

El capitalismo inglés

EL DESARROLLO capitalista de Inglaterra progresó en forma


vertiginosa. De manera especial a fines del siglo XVIII, adqui-
rió su mayor potencialidad durante las guerras napoleóni-
cas, propiciando el surgimiento de éste por el estancamiento
económico del resto de los países europeos. En esta época
Inglaterra se había convertido en un imperio cuya extensión
alcanzaba la mayor amplitud, en comparación con el resto de
los países europeos.
La filiación de Inglaterra hacia la etapa capitalista puede
considerarse dentro de las formas clásicas, que no volvieron a
repetirse en ninguna otra parte del mundo. 23 A mediados del
siglo XIX el capitalismo inglés había adquirido permanencia
en el mundo y Estados Unidos era una nación colonial, en la
que la población agrícola superaba a la industriaV4
En la primera mitad del siglo XIX Inglaterra se convirtió
en el primer país industrial del mundo y le seguía Francia en
segundo lugar. Pero hacia finales del siglo, Alemania y Estados

13Fritz Stenberg. Capitalismo y socialismo, p. 27.


14lbidem, p. 9.
50 ~ A UG us ro Gó M EZ V [LLA NlI E VA

Unidos se adelantaron a Inglaterra, para dejarlo en tercer sitio


y a Francia en el cuarto.
A medida que alcanzaron estos países una mayor poten-
cial, se fueron registrando contradicciones entre ellos que
volvieron inevitables las guerras por un nuevo reparto del
mundo.

Sus actividades de expansión colonial

Los países capitalistas más desarrollados aumentaron sus ac-


tividades de expansión colonial, apoderándose de posesiones
de otros 25 para convertir a estas regiones en exportadoras de
alimentos y materias primas, cuyo destino eran los centros
metropolitanos que a la vez se convirtieron en mercados para
sus productos industriales. 26
Los productos industriales de .los centros metropolitanos
al llegar a los mercados coloniales, no encontraron resistencia
con otras empresas capitalistas, nada más con pequeños pro-
ductos manuales
[...] cuya técnica era sumamente atrasada quienes, a pesar de
que ganaban utilidades muy elevadas en sus ventas, no les
era aún posible vencer a los productores indígenas. El moti-
vo del impulso económico de los grupos capitalistas en las
zonas coloniales y semicoloniales fue el mismo que el de la
actividad económica doméstica: el deseo de obtener la ma-
yor utilidad posible. 27

25V. M. Jvostov. Historia Contemporánea, p. 206.

16Fritz Stenberg. op. cit., p. 37.


271bidem, p. 38.
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL ~ 51

Durante un periodo muy prolongado, las materias primas


provenientes de las regiones coloniales repartieron utilidades con-
siderables por el bajo costo de la mano de obra y la explotación
excesiva a que fueron sometidos los habitantes de esos países.
Pudiéramos decir que ésta es la etapa que se caracteriza por
el saqueo de las colonias. Sin embargo, el fenómeno de la indus-
trialización en éstas se reflejó directamente en el predominio del
sistema de producción capitalista, que originó un cambio en las
relaciones entre la metrópoli y las colonias, en virtud de que los
países coloniales abandonaron sus actividades productivas en la
incipiente. industria nativa para convertirse de centros abastecedo-
res, en mercados de exportación de mercancías de la metrópoli.
Hay que tener presente que en este periodo se realizó una
doble expansión imperialista. Ante todo, fue la etapa en que
los mercados se abrieron y se desarrollaron en los países co-
loniales ya conquistados; y en segundo lugar fue también la
época en que nuevas esferas de influencia, coloniales y semi-
coloniales, se añadieron a las antiguas.
Fue durante este lapso cuando se llevó a cabo la expan-
sión del capitalismo inglés hacia otras latitudes. La elevada
producción industrial que había alcanzado un nivel superior
a la producción artesanal constituyó uno de los mejores in-
centivos para que otros países siguieran el mismo rumbo.
La Gran Bretaña creó condiciones favorables para ese
proceso, especialmente en el continente europeo, en virtud
de que no solo exportaba sus productos industriales sino tam-
bién su capital, de tal manera que el desarrollo industrial eu-
ropeo corría en forma paralela al de Inglaterra. 28

28Ibidem, p. 36.
52 ;j( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Como ya afirmamos con anterioridad, los efectos de esta


política expansionista se observaron en América Latina a tra-
vés de los diferentes acontecimientos políticos en los que par-
ticipó Inglaterra, por medio del reconocimiento a las nuevas
naciones que surgían.
Hay que observar que la penetración del capital en estas
regiones se debió a su incapacidad para conservar su inde-
pendencia política, como en el caso de las regiones de Asia y
África. 29

La exportación de capital

En las tres últimas décadas del siglo XIX, el viejo capitalismo


de la libre concurrencia se fue transformando en capitalismo
monopolista y en imperialismo.
La aplicación de la industria en el transporte y en la economía
agrícola, de los grandes descubrimientos científicos y de los
adelantos técnicos, acrecentaron las fuerzas productivas de la
sociedad capitalista y la productividad del trabajo y abarata-
ron las mercancías. Sin embargo, no todos los capitalistas
podían en igual medida, aplicar en su producción la nueVa
técnica y las nuevas maquinarias, debido a que el alto costo de
éstas sólo era accesible para los grandes capitalistas.
Utilizando una técnica más perfeccionada, los grandes ca-
pitalistas estaban en condiciones de vender sus mercancías más
baratas que sus competidores más pequeños. Aprovechándose
de esta superioridad, iban arruinándolos para, finalmente,
terminar absorbiendo sus empresas. 30

"'Ibidem, p. 37.
\['Y. M. Jvostov, op. cit., p. 200.
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL ~ 53

Una de las características fundamentales del imperialismo es


el incremento de la exportación del capital al extranjero, so-
bre todo a los países de mayor atraso económico.
Ya observamos que el viejo capitalismo se caracteriza por
exportar básicamente productos industriales; pero en la nue-
va etapa se procura ubicar excedentes de capital en las re-
giones poco desarrolladas, y así ocurre el surgimiento de las
fábricas, plantas industriales y la introducción de ferrocarriles
utilizando tanto materia prima como mano de obra al costo
mínimo.
Por ese camino los capitalistas ingleses, franceses y alema-
nes se apoderaron de industrias tales como la hulera, metalúr-
gica, petrolífera, aurífera, etcétera. 31
La época del imperialismo se caracteriza esencialmente
por la culminación del reparto del mundo y la iniciación de
instituciones financieras poderosas, monopolios industriales,
etc.; fenómeno que originó por una parte una desproporción
del nivel de vida de los países metropolitanos respecto de los
coloniales, y el impedimento del desarrollo industrial de estos
últimos. 32

El capitalismo estadounidense.
La Guerra de Secesión

En los treinta años que siguieron a la Guerra de Secesión,


los conflictos internacionales de Estados Unidos se sucedieron
periódicamente con la Gran Bretaña, la única potencia del

3Ifbidem, p. 203.
32Fritz Stenberg, op. cit., p. 23.
54 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

hemisferio occidental con la que entraban en disputa por los


nuevos mercados. 33
El desarrollo económico de Estados Unidos alcanzó su mayor
auge en el periodo inmediato posterior al triunfo del norte indus-
trial sobre el sur esclavista, que abrió una mayor perspectiva al
desarrollo capitalista del país.
La guerra y la dictadura de los norteños liquidaron los
cimientos de la fortaleza económica y política del grupo do-
minante, sustentada en una economía esclavista basada en la
plantación. 34
La liquidación de la esclavitud, la distribución de los lotes de
tierra fiscales, el incremento de la población del oeste, la construc-
ción de vías férreas y la ampliación del mercado interno favorecie-
ron las condiciones para un acelerado desarrollo económico.

Proceso de industrialización

Los efectos de la Guerra de Secesión en Estados Unidos y


el advenimiento de su proceso industrializador, influyeron
no sólo en los fenómenos descritos, sino también de mane-
ra importante al desarrollo de la técnica. Así tenemos que la
siguiente mitad del siglo XIX se caracterizó por los grandes
inventos de Washington, Bell, Edison y otros, que van a reper-
cutir en una orientación hacia los rubros de explotación en los
países de su esfera de influencia.
De manera simultánea a la acelerada concentración de la
industria, surgió la del capital, y es durante este periodo cuan-

31ibidem, p. 27.
HAlian Nevins y Henry Sreele Commanger. Breve historia de los Estados
Unidos, p. 125.
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL ~ 55

do aparecen los magnates industriales y financieros como John


Rockefeller, Margan, Vanderbilt y otros, así como centenares
de empresas industriales, bancos, compañías de seguros y
ferrocarriles, que van gradualmente a caer bajo su control. 35
Fue tan vertiginoso el incremento de la producción indus-
trial estadounidense, que si en 1840 ocupaba el quinto lugar
en materia de producción y en 1860 el cuarto, en 1894 pasa-
ron a ocupar ya el primero, dejando atrás a todos los demás
países capitalistas. Para 1894 su producción era igual a la total
de los países europeos. 36
La fusión del capital industrial con el bancario y la or-
ganización de las oligarquías financieras, debía suceder a la
exportación de capitales y el reparto con otros monopolios
internacionales de los recursos naturales de los países peque-
ños o faltos de capital. La nueva división política del mundo,
en esta época, segunda mitad del siglo XIX en que ya no había
tierras por descubrir, fue también inevitable.
Otros pueblos, no ya los obreros norteamericanos, los ne-
gros importados del África, los mexicanos sometidos a ser-
vidumbre, iban a padecer a manos de los inversionistas nor-
teamericanos y ser partes del botín territorial.3 7

Su penetración en América Latina

La etapa que se caracterizó por el desarrollo de los ferrocarri-


les en Estados Unidos se va a reflejar directamente en fenóme-

"v. M. Jvostov. OIJ. cit.,


p. 126.
lbGastón García Cantú. México en el Mediterráneo Americano, p. 382.
l71bidem, p. 126.
56 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

nos de orden político y económico de la vida de México, de


manera especial durante el régimen de Porfirio Díaz.
El desarrollo de éstos en Estados Unidos muestra la im-
portancia de la expansión que llegó adquirir el capitalismo
norteamericano en la primera década del siglo xx. En 1900
registraba 310,000 kilómetros de ferrocarriles y en 1910 esa
cifra había aumentado a 386,000.
La penetración estadounidense en nuestro país, se va a ob-
servar en los intentos de prolongar las vías férreas estadouni-
denses hacia México, como su esfera natural de influencia.
Por otra parte, la exportación de capitales a regiones co-
loniales contribuye a desarrollar la economía de éstas, pero
también a destruir su economía independiente en la produc-
ción agrícola y en la artesanía indígena, disminuyendo a su
vez las formas de producción existentes. 38
Durante este periodo, se realizó una doble expansión imperia-
lista que se caracterizó por la apertura de mercados en los países
coloniales ya conquistados y la ampliación de las esferas de influen-
cia en otras regiones, cuya pugna entre los países capitalistas habría
de observarse en las guerras registradas durante esa etapa. 39
El auge del imperialismo de los Estados Unidos a fines del
siglo XIX comprende, en el Pacífico: Hawai, Filipinas, Samoa,
Guam y las Islas Wakey Midway.
El Mediterráneo americano abarcaba un elipse con los
territorios de Cuba, Haití, Santo Domingo, Puerto Rico,
Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Hon-
duras, El Salvador, Guatemala, Jamaica y México. 4ü

3BFritz Stenberg. op. cit., p. 31.


39Ibídem, p. 36.
4:'García Cantú. op. cit., p. 397.
LA REVOLUCiÓN INDUSTRIAL ~ 57

A partir de esa época Estados Unidos asumía una actitud


agresiva expansionista sobre los países de Latinoamérica, que
registró el mayor número de conflictos con Inglaterra y otras
naciones europeas que entraron en disputa por sus posesiones
coloniales en la región americana.
Así ocurrió en el caso de las islas Hawai, en tanto los estado-
unidenses dominaban la industria azucarera, y de Pearl Harbor. 41
Más tarde, en el caso del Canal de Panamá y en el de la
guerra con España frente al problema de Cuba.
Por el tratado de París, los Estados Unidos se apropiaron de
Hawai, Guam, Filipinas y las Islas Wake. Puerto Rico fue
invadido ese mismo año. En la imaginación de los norteame-
ricanos, 1898 es la fecha en que iba, más allá de sus fronte-
ras, un Imperio. La compra de Alaska en 1867 y los 2,263,866
km 2 arrebatados a México en 1848, más los 1090,674 km 2
vendidos por Santa Anna, no eran como los territorios so-
metidos a partir de 1898, el ejemplo irrefutable de su desti-
no manifiesto. En 1902 Cuba es obligada afirmar la enmien-
da Plat; en 1903 se apoderaron de Panamá; en 1905 los
marinos desembarcan en Haití, saquean el tesoro público
por el cual mantiene esa nación su independencia ante el
dolor; en 1905 ocupan Santo Domingo; en 1907 los delega-
dos de cinco repúblicas centroamericanas firman ocho con-
fines en Washington, en cuyas cláusulas los cinco perdían su
soberanía; en 1917 completan el Mediterráneo con la com-
pra de las Islas Vírgenes. 42

41Alian Nevins et al. op. cit., p. 354.


42García Cantú. op. cit., p. 395.
CAPÍ'T"ULO II!

LAS FORMAS DE PEN'ETRACIÓN


DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE EN
LA VIDA ECONÓMICA DE MÉXICO
-''''-,

Sus etapas

SEGúN GASTóN García Cantú, en la historia moderna de los


Estados Unidos se advierten varias etapas:

de 1819 a 1853, la anexión de tierra por cambio o despojo; de


1860 a 1873, la culminación del desarrollo de la libre con-
currencia; de 1880 a 1906 transición del capitalismo al
imperialismo, exportación de capital y dominio de países
agrícolas para obtener materias primas industriales; de 1906
a 1914, supeditación de la política exterior a los intereses de
los inversionistas en el extranjero, predominio de los mono-
polios norteamericanos a préstamos que nacían de las nacio-
nes capitalistas deudoras y por último, de 1914 sobre todo
después de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, susti-
tución de capitalismo europeo en las naciones coloniales, es-
tablecimiento de bases militares en Europa, Asia, América y
África, política agresiva contra los pueblos socialistas y asedio
económico y declaración de guerra contra los países que pre-
tendían su independencia. 43

43Gastón García Cantú, México en el Mediterráneo americano, p, 364.

59 i
60 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

En páginas anteriores aludimos a los efectos derivados


de la primera etapa del periodo, 1819-1853, de Estados Uni-
dos de Norteamérica, cuyos hechos más destacados influye-
ron en el país en el acontecimiento de la guerra de Texas,
de la venta de la mitad del territorio nacional y la porción
denominada La Mesilla. La segunda etapa, 1860-1873, se
caracteriza por la actitud de los Estados Unidos frente al
problema de invasión francesa y los hechos relacionados con
el tratado MacLlean-Ocampo, así como la actividad del se-
ñor Juárez y del propio Lerdo de Tejada para intentar una
política económica exterior orientada fundamentalmente
hacia el bloque europeo, como medida previsora para evitar
la plena dependencia económica de México hacia los Esta-
dos Unidos.

El reconocimiento al gobierno de Díaz

Cuando Porfirio Díaz en sus asonadas militares de la Noria,


Palo Blanco y finalmente de Tuxtepec, intentó derrotar al ré-
gimen liberal en el poder, no fue bien visto por la clase diri-
gente estadounidense. Al triunfo de la última rebelión se re-
tuvo el reconocimiento de Estados Unidos hacia un gobierno
emanado de un golpe militar, argumentando el temor de que
su carácter faccioso militar produjera una mayor inestabili-
dad política en el país, que no convenía a una política de ex-
pansión e inversiones. Frente a este problema, fue indudable
la habilidad de Díaz que como una medida previsora inicial,
consiguió el primer préstamo con ricos mexicanos, incluso
españoles y franceses, argumentando la necesidad de cumplir
con el pago del primer abono de la deuda estadounidense y
LAS FORMAS DE PENETRACiÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE« 61

de las reclamaciones falladas por la Comisión mixta creada en


julio de 1868. 44
Díaz sabía perfectamente que el problema fundamental
de su reconocimiento derivaba de su carácter fáctico "cuyo
dominio sobre el país, distaba de ser claro. Por añadidura, el
Plan de Tuxtepec y varios de los Decretos y Proclamas de Díaz
tenían un tono anti-imperialista".
El propio Díaz confrontó el peligro de nuevos intentos
bélicos de Estados Unidos que se encontraba ya en esa época
en pleno proceso expansionista hacia Latinoamérica.
John W Foster, decano del cuerpo diplomático acreditado
en México, consideró entonces prematuro su reconocimiento
oficial y pidió a su gobierno que, pese a la confusión reinante, se
enviara al puerto de Veracruz un barco de guerra de Estados Uni-
dos; pero el pago del primer abono de la deuda estadounidense
cobró una importancia singular como medio de aproximación y
prueba de su solvencia. Las negociaciones fueron entorpecidas
por los problemas derivados de las actividades de persecución
de los indios del norte y el tráfico del ganado en la frontera, así
como la subsistencia de facciones políticas poderosas como la
lerdista o iglesista, que permanentemente trataron de menguar
la fuerza de Porfirio Díaz. 45
El triunfo de Rutherford B. Hays influyó de manera im-
portante para la marcha de los acontecimientos internos.
La pacificación que logró Porfirio Díaz, liquidando con la
violencia a las facciones políticas, abrió las primeras perspec-
tivas de reconocimiento, pero persistió el argumento del De-
partamento de Estado en considerar el vicio de origen y por
44Daniel Cossío Villegas. Estados Unidos contra Porfirio Díaz, p. 35.
45Idem.
62 ~ AUGUSTO GóMEZ VILLANUEVA

tanto el carácter anticonstitucional de su gobierno. 46 Las más


infamantes proposiciones se hicieron del lado estadounidense
respaldadas de frecuentes violaciones al territorio nacional; el
subsecretario Seward llegó a insinuar al Ministro Mariscal que
México debería ceder frente a las causas de poca o ninguna
relación con el bandidaje en la frontera, la supresión de la zona
libre, la exención de las contribuciones extraordinarias, singu-
larmente el pago de los daños causados en las revueltas de la
Noria y Tuxtepec y la autorización de adquirir bienes raíces en
la franja fronteriza Y
Más que los hechos diplomáticos, influyeron los inte-
reses económicos en el reconocimiento de México. Uno
de ellos fue que los ferrocarriles estadounidenses habían
alcanzado ya el límite texano con nuestro país "todavía
despoblada la región sur y más aún la occidental de Es-
tados Unidos", su éxito financiero no parecía próximo,
el asegurarlo; resultaba natural y apetecible prolongarlo
hasta la capital nacional y captar el comercio con la región
poblada del altiplano y también hasta un puerto mexicano
del Pacífico para servir al comercio con el Lejano Oriente,
en el cual se tenían puestas muchas esperanzas de lucro
inmediato. 48
La disparidad de opiniones entre el ministro de Guerra
y el Departamento de Estado, se pusieron de relieve cuando
el ministro Maac Rory se expresó en términos amistosos de
Porfirio Díaz e intentó convencer al Congreso de crear una
faja de tierra a ambos lados de la línea divisoria en la cual pu-

46Idem.
47Idem.
481dem.
LAS FORMAS DE PENETRACiÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE ;j(. 63

dieran entrar libremente tropas mexicanas y estadounidenses,


y se opuso a la guerra con México. 49
Díaz envió a Zamacona como agente confidencial en Es-
tados Unidos y gracias a su eficaz labor, quien llevaba ins-
trucciones de explicar al pueblo estadounidense que nuestro
gobierno no aceptaría ninguna condición humillante para ser
reconocido, pues
[... ] ha estado estimando la intervención de que Estados
Unidos ha pretendido ejercer en los asuntos mexicanos, y
constituirse en juez de la legitimidad del actual gobierno,
como un acto ofensivo a su soberanía e independencia, y
tanto más hostil a México cuanto que esa especie de inter-
vención no es conforme con la política tradicional de Esta-
dos Unidos. 50

Las gestiones de Zamacona y su trabajo persistente para


conquistar la opinión pública estadounidense, originaron que
Foster fuera convocado para declarar sobre las cuestiones
que dividían a los dos países y los resultados de su gestión, lo
cual produjo reacciones encontradas en Estados Unidos y en
México, pero dio como resultado que se le proporcionaran
instrucciones para reconocer de hecho al gobierno de Porfirio
Díaz, aunque se pospuso todavía un año más, hasta dirimir
por los cauces legales los conflictos originados por los proble-
mas fronterizos.
E130 de noviembre de 1880 terminó la primera Presiden-
cia de Porfirio Díaz, sin que éste hubiera firmado, ninguno de
los convenios que Estados Unidos exigió para reconocer su
49/dem.
5úldem.
64 ~ AUGUSTO GóMEZ VILLANUEVA

gobierno. Fue Manuel González quien consintió en la firma


del tratado para la paz recíproca el 29 de julio de 1882. 51

Apoyo a la dictadura

El general Díaz no favoreció voluntariamente las grandes


concesiones ferrocarrileras. Tres años opuso resistencia para
ganar tiempo y no otorgarlas. Fue necesario que nuestro re-
presentante en Washington, don Manuel María Zamacona, le
escribiera: "puede usted estar seguro de que si no entran los
rieles norteamericanos en México, entrarán las bayonetas".
La concesión para construir el Ferrocarril Nacional, auto-
rizada en 1880, fue aprobada con gran dificultad por la Cá-
mara, en virtud de que el general Díaz les expresó a los líderes
congresistas que si la concesión no era favorablemente votada,
tendría lugar un conflicto muy grave con Estados Unidos. 52
En tanto, las inversiones de Estados Unidos en otros
países hacia 1897, alcanzaban las cifras siguientes: Canadá
189'700,000.00 dolares; Cuba 49'000,000.00 dolares; Amé-
rica Central y del Sur 50'000,000.00 dolares; Asia, principal-
mente China 23'000,000.00 dolares. En 1897 se dieron los
primeros pasos del imperialismo, previos a la exportación de
capitales y al asalto de las regiones agrícolas que se harían a
principios del siglo xx.
A partir de 1880, México se convirtió en un país semicolonial
en el que el capital financiero procuró por todos los medios su-
bordinar a sus intereses las instituciones y se transformó principal-

"ldem.
52Alfonso Tejas Zabre. Panorama histórico de la Revolución Mexicana, p.
70.
LAS ,ORMAS DE PENETRACIÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE ~. 65

mente en un campo de lucha entre los diversos grupos de capitales


financieros, prevaleciendo los de Inglaterra y Estados Unidos. 53
Un antecedente que confirmó la preocupación predomi-
nante del régimen de Díaz en su política económica, lo consti-
tuyó la entrevista Sheridan-Díaz en la que el segundo expresó:
[...] cuestan demasiado las importaciones y las exportacio-
nes. Se necesitan más ferrocarriles. En nuestra nación hay
abundancia de capital que espera solamente que os acerquéis
para que se destine a favor de tales empresas. 54

Desde el tiempo de Juárez se consideró necesario acudir a


las inversiones extranjeras para emprender las grandes obras
de industrialización y de comunicaciones que se requerían
para llevar adelante el desarrollo de México. Pero la inicia-
ción de la política de puertas abiertas y capital extranjero,
apareció con la autorización otorgada durante el régimen de
Manuel González para crear compañías constituidas con ca-
pital privado, que se hiciel'On cargo de precisar los límites de
los derechos adquiridos, a cambio de una participación en las
tierras que resultasen de propiedad de la nación. 55

Exportación de capital

Las compañías deslindadoras fueron los mejores instrumen-


tos de penetración estadounidense para apoderarse de vastas
extensiones de tierra que se eximieron casi siempre de sus
funciones y límites señalados, pues lograron posesionarse de

"Carda Cantú. op. cit., p. 390.


s4Tbidem, p. 389.
ssw. Jiménez Moreno y A. Garda Ruiz. Historia de México. Una síntesis,
p.67.
66 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

pueblos enteros por medio de ilegales argucias, en virtud de


que ellos mismos planeaban su colonización y las ocupaban,
originándose así el tráfico de propiedades, algunas de las cua-
les llegaron a abarcar fracciones de uno a varios estados fede-
rales, influyéndose con esto el fenómeno de que los labradores
que las habitaban anteriormente, se convirtieron en gañanes
de las haciendas en las que sus nuevos dueños los redujeron a
peones acasillados, o en su defecto en las zonas indígenas se
iniciaron persecuciones como en el caso de los yaquis y de los
mayas.
Fue durante el periodo presidencial de Manuel González,
cuando se dictó el Decreto sobre Colonización y Compañías
Deslindadoras, del 15 de diciembre de 1883, en el artículo
3° de esta ley se estipulaba: "Las tierras delindadas, medidas,
fracciones o valuadas, serán cedidas a los inmigrantes extran-
jeros y a los habitantes de la república". 56 Esto dio origen a
que los capitalistas extranjeros acapararan por medio de las
compañías deslindadoras, durante el gobierno de Porfirio
Díaz, 25,723,856-00-00 hectáreas. 57
Los empresarios ferrocarrileros fueron los que decidie-
ron al gobierno estadounidense a reconocer a Porfirio Díaz
como presidente de la República Mexicana, y ellos mismos
influyeron para que los inversionistas en minas, transportes,
bancos, etcétera, permitieran participar a la burguesía mexi-
cana en la explotación de recursos y disfrute de los dividen-
dos, argumentando la necesidad que confrontaba el vecino
país del norte de importar productos tropicales, azúcar, café,

1('Cinco siglos de colonización agraria. t. núm. 1. p. 84.


"M.S. Alperovich y B.T. Rudenko: La Revolución Mexicana de 1910-1917
y la política de los Estados Unidos. p. 2.
LAS FORMAS DE PENETRACiÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE;j( 67

tabaco, etc., que en Cuba y Brasil se adquirían a precios muy


elevados, a cambio de importar maquinaria, herramientas y
artefactos.
En armonía con la construcción de las vías férreas, el ca-
pital estadounidense penetró en la industria minera y meta-
lúrgica, cuyas compañías empezaron a obtener concesiones
del gobierno para explotar yacimientos de plata, oro, cobre y
zinc, singularmente de los dos últimos.
Hacia los años de 1909 y 1910, las inversiones estadouni-
denses en industrias extractivas, ascendían a 223 millones y el
total era de 286'300,000.00 dólares.
Por otra parte, Díaz promulgó durante los años de 1880
y 1890, leyes favorables a la explotación del petróleo, origi-
nando con ello que las empresas extranjeras se apoderaran de
millones de hectáreas de tierras petrolíferas, perteneciendo
80% de éstas a los mismos estadounidenses, cuya participa-
ción se localizó en las compañías propietarias del grueso de
las inversiones.
Par'a obtener un panorama respecto al carácter de las in-
versiones en México en 1911, baste anotar el siguiente dato:
la riqueza nacional, se estimaba en 2'437,258.00 dólares
"se distribuía así: al capital estadounidense correspondían
1'057,770.00 dólares, esto es 43.4 por ciento; al capital
mexicano, 729'187,242.00 dólares, es decir el30 por ciento
y al capital inglés 321'302,800.00 dólares, o sea 13.2 por
ciento. 58
La política de Díaz se fue desarrollando con las siguien-
tes directrices: 1. Permanencia indefinida en el poder para

"Alperovich, op. cit., p. 51.


68 «AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

garantizar la paz en el país; 2. Puertas abiertas al capital


extranjero; 3. Concesiones a los extranjeros para explotar
nuestros recursos naturales; 4. Colonización de tierras bal-
días; 5. Concesión al extranjero para adquirir las empresas
de servicios públicos y comunicaciones; 6. Importación de
productos manufacturados y 7. Despojo a las comunidades
indígenas.
Los efectos de esta política se reflejaron a lo largo del
territorio nacional. Molina Enríquez describe como la pug-
na del imperialismo declinante en Inglaterra y el imperia-
lismo naciente en Estados Unidos, en una competencia por
consolidar y abrir nuevos mercados para la colocación de
sus productos manufacturados y la adquisición de materias
primas, basadas en una preocupación fundamental de dis-
minuir los costos de la producción e imponerse uno sobre
otro, pero que se reflejó en la derogación local de la econo-
mía de los países de su dependencia, cuyo objetivo era ar-
monizar una economía de conjunto sobre la base de impo-
ner un ritmo en la actividad de producción de las materias
primas y artículos de su interés y sostener la lucha contra
su rival, independientemente del gobierno local. Para ello
se recurrió a una presión implacable e irresistible hacia la
fuente surtidora de materias primas, que al abandonar sus
propias actividades tradicionales de producción, originó
una concentración de los hombres y los recursos en dos o
tres ramas productivas, siempre muy pocas, pero que con-
tribuyeron a la obra total.
LAS FORMAS DE PFNETRACIÓN DFL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE~. 69

México: escenario de la lucha de los bloques capitalistas.


Los efectos de esta política en la estructura económica
del país. Conversión del régimen de producción

En el campo, México inició su transformación de una agri-


cultura de autoconsumo a una de tipo capitalista, orientada a
satisfacer las demandas del mercado al exterior.
México exportaba anualmente en 1886, sobre dos y me-
dio millones de pesos de café.
A partir de esa fecha se abrieron al cultivo grandes ex-
tensiones de tierras cafetaleras y la producción se elevó hasta
18 millones de pesos, influyendo en ello el fenómeno meteo-
rológico ocurrido en el Brasil. Después la producción mexi-
cana alcanzó un promedio de 10 millones. 59
La guerra de independencia de Cuba originó la suspensión
transitoria de la exportación de azúcar hacia Estados Unidos
y los grandes monopolios acaparadores de esa materia prima
intensificaron sus actividades extractivas en México y convir-
tieron los extensos campos de Morelos en inmensas plantacio-
nes de caña. Don Porfirio Díaz, siguiendo la línea de su política
hacia los grandes monopolios, permitió que las compañías se
apoderaran de la casi totalidad de las tierras del sur. 60
La independencia de Cuba extinguió los privilegios colo-
niales de España y el frijol, el garbanzo y otros granos mexi-
canos pudieron entrar en competencia con el mercado de la
isla caribeña y con los de otros países.
En 1896, tuvo lugar la insurrección de las Islas Filipinas
contra España y la producción de la fibra de Manila se redu-
"Francisco BlIlnes. El verdadero Díaz }' la Revolución. p. 227.
AÚMolina Enríqllez. op. cit., p. 52.
70 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

jo considerablemente, originándose con esto la posibilidad del


aumento de la producción y exportación de henequén del es-
tado de Yucatán, que dio origen a un aumento importante en
el precio de la fibra en aquella entidad, que era codiciada para
atar los sacos de café del Brasil, té de la India, azúcar de Puerto
Rico, etcétera. 61
Por otra parte, en el Valle Nacional se intensificó la pro-
ducción del tabaco, destinado a la exportación a Londres y
Nueva YorkY
El uso de las llantas de caucho aplicado a los carruajes comu-
nes y después al automóvil, produjo una elevación en los precios
de este producto y su exportación fue estimulada sencillamente
en México, en tales condiciones que de un millón de pesos que
se exportaban en 1893, aumentó a diez en el año de 1908.
La Intercontinental Rubber Co. se posesionó de varios mi-
llones de terrenos huleros en México. 63
El Congreso aprobó un plan de inversiones de 50 millo-
nes destinado a beneficiar la zona algodonera de La Laguna,
del estado de Durango, con una red de riesgo derivada del
río Nazas, originándose con ello el inicio de la explotación
intensiva de ese producto.

Ganadería

La desproporción del crecimiento de la población, de los


grandes problemas nacionales Estados Unidos y de su ganade-
ría, hizo que desde el año de 1897 se redujeran los derechos

"'Teja Zabre. op. cit., p. 73.


"'Carcía Canrú. op. cit., p. 389.
"Teja Zabre. op. cit., p. 73.
LAS FORMAS DE PENFTRACIÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE J( 71

de importación de ganado extranjero y exportación de gana-


do del país, produciendo un aumento de las exportaciones en
los estados de Chihuahua, Coahui1a, Sonora y Tamaulipas,
que ascendió de 84'000.00 dolares en 1893 a 3'000,000.00
dolares en 1910.

Minería

El crecimiento de la población y el aumento aparente de la


riqueza se debieron a la introducción de los ferrocarriles y a
los nuevos sistemas de explotación de la tierra. La minería,
que no había sido posible hacer subir hasta las mesetas altas de
México, se modificó en el sentido de las líneas férreas, según las
necesidades industriales; la inversión de capitales, los proce-
dimientos de cianuración para minerales de plata y los nuevos
medios de transporte, elevaron rápidamente las rentas públi-
cas y favorecieron la agricultura.
Se advirtió en ello un fenómeno semejante a la fundación de
las poblaciones coloniales en el trazo de las vías ferrocarrileras,
según las necesidades de la minería y no según los intereses
nacionales.
El descubrimiento de la luz eléctrica y su aplicación, ori-
ginó un alza súbita en el precio del cobre y los efectos de
este hecho histórico se percibieron en la explotación de yaci-
mientos que antes tenían escasa importancia, así como en la
búsqueda de otros nuevos.
El alumbrado eléctrico produjo un alza en el consumo
de alambre de cobre, 10 que originó una fiebre de este
metal en nuestro país, iniciada desde el año de 1895 hasta
1905.
72 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

México exportaba anualmente cobre por valor de 260'000.00


dólares y en 1906 ascendió a 32'000,000.00 dólares, con ello
se colocó como el tercer productor de cobre en el mundo. 64
El consorcio del cobre Morgan-Guggenheim obtuvo el do-
minio absoluto de la producción de este metal y sus instalacio-
nes más importantes se localizaban en el "Boleo" y más tarde
en Aguascalientes y Durango.
Por otra parte en Cananea, Durango, WC. Greene, pro-
pietario de la Greene-Cananea perdió la mayoría de sus pro-
piedades que pasaron a manos de la Sociedad Minera Cole-
Ryan, subsidiaria del consorcio Morgan-Guggenheim para la
exportación del cobre. 65

Fundidoras

Con la terminación de los ferrocarriles de Tampico a San


Luis Potosí y a Monterrey, las fundidoras estadounidenses
advirtieron la posibilidad de llevar carbón inglés y estado-
unidense a esas ciudades y establecer en ellas actividades
cuyo funcionamiento· permitía un considerable ahorro en
fletes, por lo cual se otorgaron concesiones para abrir otros
en Monterrey y San Luis Potosí. Sus efectos se reflejaron en
una producción inicial de 35'000,000.00 y posteriormente
de 64'000,000.00.
La Standard Oil Company y Water Pierce, matriz de mu-
chas sociedades subsidiarias, llegó a controlar la mayor parte
de la producción de petróleo crudo en México y así mismo, el
comercio a mayoreo y menudeo de este combustible, que as-

h Ibidem, p. 72.
4

fI.John Kenneth Turner. México Bárbaro, pp. 109 Y 110.


LAS FORMAS DF PENETRACIÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE ~ 73

cendió al 90%, iniciándose así una pugna entre las compañías


norteamericanas e inglesas, cuyos efectos habían de percibirse
en los preludios de la Revolución y derrocamiento del régi-
men de Díaz. 66
Desde 1905, cuando se descubrió que nuestro país tenía
grandes reservas petroleras, éste se convirtió en uno de los
factores principales que determinó la política con Estados
Unidos, a tal grado de que en los años subsecuentes la lucha
por el petróleo influyó de manera considerable en las relacio-
nes México-estadounidenses. 67
Inicialmente los ingleses intentaron adquirir las conce-
siones de explotación de este producto a través de Cecil
Rodes, pero en 1900 Eduard Doheny, auxiliado por el em-
bajador estadounidense Clayton, consiguió 13,316,-00-00
hectáreas en la Hacienda de El Tulillo", San Luis Potosí
y después organizó la Mexicana Petroleum Company, ini-
ciándose más tarde la explotación de la región de El Ébano,
cerca de Tampico, que se llegó a convertir en el primer
centro petrolero del país. El propio Doheny fundó varias
filiales, entre las cuales sobresalía la Huasteca Petroleum
Company, que mantenía estrechas relaciones con la Stan-
dard üil. 68
En 1907 Pearson obtuvo de Díaz concesiones por plazo
de 57 años, con derecho a perforar todas las tierras del es-
tado, convirtiéndose en el principal competidor de Doheny,
originando así una lucha entre las potencias capitalislas por el
petróleo mexicano.

"'Ibidem, p. lllo
67Idem.
6' Alperovich. op. cit. p. 45.
74 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

La construcción de motores de combustión interna en Esta-


dos Unidos y la importancia que el petróleo revestía para el in-
cremento de su industria, y por otra parte la necesidad que Ingla-
terra confrontaba de ese producto para el aumento de sus flotas,
agudizó la lucha entre ambos países y por lo mismo, las presiones
hacia Porfirio Díaz se reflejaron en una política de equilibrio en
las concesiones hacia ambos, pero que repercutieron en los des-
pojos de la tierra hacia los campesinos de las zonas petroleras. 69

Transportes

La compañía Wells Fargo Express mantuvo un absoluto mo-


nopolio del negocio de transportes por Express, la Southern
Pacific Railroad Co. y sus aliados herederos de Harriman; lo-
graron controlar casi en propiedad 75% de las líneas ferro-
carrileras. 7o

Textiles

Afirma John Knneth Turner que el mayor orgullo del gerente


inglés de la Compañía de Río Blanco, Harrington, estribaba
en que esta fábrica de textiles no sólo era la más grande y
moderna del mundo, sino también la que proporcionó las más
altas utilidades respecto a la inversión. 71

Bancos

A medida que Estados Unidos se fue convirtiendo en una po-


tencia mundial, los grupos dirigentes de la economía y la po-

('"Ibídem p. 216.
7uKenneth Turner. op. cit., p. 38.
7'Ibídem. p. 44.
LAS FORMAS DF PFNETRACIÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE« 75

lítica estadounidense manifestaron un verdadero interés por-


gue en los países dependientes predominara el orden y la paz,71
fenómeno que coincidió con las preocupaciones expresadas por
las más destacadas voces nacionales, que contribuyeron al na-
cimiento de una dictadura sancionada por la opinión pública,
como respuesta lógica al prolongado periodo de anarquía, de
luchas fraticidas y contiendas internas.
Por otra parte, las condiciones económicas internas, en es-
pecialla bancarrota nacional, hicieron propicio el campo para
que se estimulara una acción hacia el exterior, buscando la
atracción de capitales que naturalmente, al inicio, observaron
con recelo las propuestas del régimen de Díaz.

Los efectos de este fenómeno


en la vida social de México

La perspectiva de invertir se redujo al grado de seguridad


que se ofreciera, como resultado de un gobierno estable
y sólido, que fue fundando las bases de su permanencia o
continuidad en el poder en la fuerza y en organismos repre-
sentativos que no sólo impidieran brotes de rebeldía, sino
que llegasen aun a estar al propio servicio de las compañías
extranjeras para salvaguardar su seguridad. Fue durante
esta etapa histórica cuando el régimen de Díaz entró en el
círculo vicioso que puede reducirse a la preocupación de
mantener el orden y la paz interna para lograr atraer el ca-
pital extranjero, y la misma condición de los inversionistas
para venir al país.

72Nevins Alan. op. cit., p. 353.


76 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Por otra parte, ya hemos expuesto en capítulos anterio-


res los sucesos que se registraban en el orden internacional
y la impotencia real en que se encontraba nuestro país para
evitar los efectos de la política expansionista estadounidense,
que Justo Sierra expresa con mayor precisión: "Nunca la paz
ha revestido con mayor claridad, que al día siguiente de la
revuelta Tuxtepecana, el carácter primordial de la necesidad
nacional". He aquí por qué el desenvolvimiento industrial
de Estados Unidos, que era ya colosal veinticinco años atrás,
exigía como condición obligatoria el desenvolvimiento con-
comitante de la industria ferroviaria, a riesgo de paralizar-
se. El gobierno estadounidense no consentiría esto, por una
complejidad de fenómenos económicos que huelga analizar
aquí; entraba necesariamente en el cálculo de los empresa-
rios de los grandes sistemas de comunicación, que se habían
acercado a nuestras fronteras a completarlos en México y
que desde el punto de vista de las comunicaciones, era con-
siderado como una sola región con el suroeste de Estados
Unidos. 73 Era el resultado financiero de este englobamiento
de nuestro país en la inmensa red férrea estadounidense, que
se confiaba a la esperanz~ de dominar industrialmente nues-
tros mercados. Esta ingente necesidad estadounidense podía
satisfacerse, declarando ingobernable e impacificable al país
y penetrando en él en son de protección para realizar las
miras de los ferrocarrilistas, o pacífica y normalmente si se
llegaba a adquirir la convicción de que existía en México un
gobierno con quien tratar y contratar, cuya acción pudiera
hacerse sentir en forma de garantía al trabajador y a la em-

1
7 ]usto Sierra. La evolución política del pueblo mexicano, p. 29.
LAS FORMAS DF PENETRACIl)N DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE ~ 77

presa en el país entero y cuya viabilidad fuera eficiente para


empeñar la palabra de varias generaciones.
La guerra civil era, pues, desde aquel momento, no sólo
el más grave de los males nacionales, sino el mayor y más in-
mediato de los peligros internacionales. El señor Lerdo trató
de conjurarlo acudiendo a la concurrencia de capital euro-
peo; fue inútil, éste sólo vendría a México en largos años,
endosando a la empresa estadounidense. La virtud política
del presidente Díaz consistió en comprender esta situación
y convencerse de que nuestra historia y nuestras condiciones
sociales nos ponían en el caso de dejarnos enganchar para la
formidable locomotora yankee y partir rumbo al porvenir;
en preferir hacerlo bajo los auspicios, la vigilancia, la políti-
ca y la acción del gobierno mexicano, para que así fuésemos
unos asociados libres obligados al orden y la paz y hacernos
respetar y mantener nuestra nacionalidad íntegra y realizar el
progreso. 74
La presencia de inversionistas extranjeros en nuestro país
y la fundación de sucursales de las matrices, a cuyo frente se
fueron colocando un selecto grupo de abogados con influencia
política en el régimen de Díaz, dio origen inicialmente a una
política de trato privilegiado a los mismos y después a verdade-
ras actitudes de complicidad que fueron marcando los rumbos
del país en la economía, la política e incluso en la vida social.
De ese sector surgieron los ideólogos del porfiriato a quie-
nes comúnmente se les denominó el grupo de "los científi-
cos", que por conducto de su vocero más connotado, expresó
en 1904:

"/bidem. p. 292.
78 ~ AUGUSTO GÓMEZ VlllANUEVA

Sin los capitales extranjeros nunca saldremos de nuestra vida


inerte y raquítica: ofrecer debemos el vastísimo campo que
representan nuestras inexploradas riquezas, y quiera Dios
que no tarde mucho el día en que se la disputen los capitales
del exterior. 75

El propio Díaz, en su informe presentado por la Comisión


Monetaria en el mismo año, coincidía casi textual mente con
las palabras de Limantour:
Nada reviste para México una importancia mayor que la
inversión de capitales extranjeros[... ] ni hay sacrificio por
grande que sea, que la nación no deba llevar a cabo para no
interrumpir la corriente de capitales que en nuestros últimos
años ha venido a secundar nuestro suelo[....] La cuarta sub-
comisión cree que cualquier medida que llegue a tomarse
interesada en modificar este estado de cosas y ofrecer una
garantía de estabilidad a los capitales extranjeros aparte de
ser en extremo benéfica a los intereses nacionales. 76

Los efectos de la política económica del porfiriato se re-


flejaron en una gradual enajenación de nuestros recursos na-
turales y en la dependencia legítima de la economía interna a
los fenómenos del exterior y sobre todo del mercado interna-
cional.
Inicialmente el sistema tuvo cierta atracción para los grue-
sos sectores de la población dedicada a las actividades agríco-
las o industriales. Pero la concentración de las fuerzas y los
recursos en una o dos ramas de la producción, originó, por

"Jesús Silva Herzog. El Pensamiento Económico de México, p. 109.


?"Ibidem, p. 11.
LAS FORMAS DE PENETRACiÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSE ~. 79

una parte, una psicología favorable al tráfico de propiedades


y la venta de éstas o despojo, fue determinando gradualmente
que los mexicanos quedaran a merced de los grandes terra-
tenientes extraníeros o nacionales, o de los industriales, ferro-
carrileros, mineros, etc. 77
La concertación de peones en plantaciones azucareras, ca-
fetaleras, algodoneras, de caucho, tabaco, etc., redujo consi-
derablemente la producción de granos que era la base de sus-
tentación de la economía tradicional de autoconsumo y en la
última década del siglo XIX y principios del siglo xx, originó
un desplazamiento de los sectores rurales hacia las plantacio-
nes, las minas y la industria textil, que Andrés Malina Enrí-
quez, en su obra Los grandes problemas nacionales, describe
con verdadera precisión, por lo que se cita en su extensión:
De modo general, podemos decir, que el grupo norteameri-
cano es esencialmente capitalista, aunque tiene grandes inte-
reses en el campo industrial, muy especialmente en la mine-
ría, y tiene muchas unidades en el grupo de los obreros
superiores; el grupo extranjero de procedencia europea, es
también esencialmente capitalista, aunque tiene también
grandes intereses en el campo industrial, muy especialmente
en el fabril; el grupo nacional de los criollos nuevos o libe-
rales, es esencialmente industrial, aunque tiene grandes inte-
reses en el capital y en propiedades, siendo muchas de éstas,
propiedades raíces, en la forma de gran propiedad, o sea en
la forma de haciendas; el grupo de los criollos moderados,
es un grupo intelectual ramificado en el grupo norteameri-
cano, en el extranjero europeo y en el de los criollos nuevos

77 Andrés Molina Enríquez. op. cit., p. 48.


80 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

que le preceden, y en el grupo de los criollos conservadores,


y en de los mestizos directores que le siguen, compartiendo
las condiciones todos esos grupos; el grupo de los criollos
conservadores es gran propietario dividiendo con los crio-
llos nuevos y con los criollos clero, la gran propiedad de la
re pública y el grupo de los criollos clero es también a la vez
capitalista y gran propietario, como acabamos de decir.
Fuera de los grupos mencionados no hay ya grupos ca-
pitalistas ni grandes propietarios individuales, de modo que
todo el capital y toda la propiedad importante, están en di-
chos grupos que son los preferentemente privilegiados, que
están unidos por una estrecha solidaridad del origen, y que son
tan poco numerosos, que en un conjunto apenas vienen a ser
el 15% de la población. De ello resulta que los grandes inte-
reses nacionales, están concentrados erl las manos de una
minoría privilegiada que merced a su situación, chupaba con
progresiva avidez toda la riqueza del país, empobreciendo
con rapidez correlativa, la vida nacional".78
[... ] No creemos necesario comprobar la afirmación
anterior que es el campo de los hechos públicos y notorios.
Con los dedos se puede contar en cada ciudad, en cada pla-
za comercial, los nombres de los dueños de los grandes ne-
gocios, y en todos los grandes negocios aparecen esos mis-
mos nombres, nombres que por cierto las clases oprimidas
conocen bien. Diario se hacen y se deshacen compañías,
trusts, etc., y siempre los mismos nombres. Siquiera, fijándo-
se un poco en sus intereses futuros se hicieran perdonar las
ventajas de su situación, menos mal sería; pero no, ningún
negocio emprenden, ninguna explotación comienzan, nin-

78ibidem. p. 222.
LAS FORMAS DE PENETRACiÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDFNSF ~ 81

guna empresa fundan, ninguna especulación arriesgan, que


no tengan por base y por objeto, exprimir a los grupos infe-
riores para insultarlos después, con su fatuo, con su sober-
bia, con su desprecio. Nosotros somos los primeros en de-
sear que la riqueza nacional se reparta mejor, en plena paz,
porque comprendemos lo que podrían ser en determinadas
circunstancias, las iras de los grupos inferiores, el día de las
reivindicaciones y de los castigos. 79

En otra parte del citado estudio de Molina Enríquez, se


refiere a los efectos del fenómeno que ya mencionamos ante-
riormente, cuando afirma que:

El salario obrero, es siempre superior, por permanente, al


jornal intermitente de los campos. Nada tiene, pues de extra-
ño, que un jornal, dentro de la misma zona de los cereales,
haya llegado a ser insuficiente para sostener la vida del indí-
gena jornalero, y que, por consecuente, todos los jornaleros
indígenas hayan huido de los campos, antes con rumbos a los
centros obreros y después con rumbo a los Estados Unidos.
El prejuicio más grave que han sufrido en el país, no
sólo los grupos de los agricultores de la pequeña propiedad,
sino hasta los grupos dueños de la gran propiedad; el perjui-
cio más grave que ha sufrido la agricultura nacional, deci-
mos, ha consistido en el funesto error de la importación del
maíz americano. 8o
Guardado, como guardaba antes la industria esencial-
mente minera, la debida relación con las consideraciones de
alimentación de todo el cuerpo social que podía ofrecer la

79Idem.
kOlbidem, p. 224.
82 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

agricultura, en los años malos, las reservas de la zona funda-


mental, apenas bastaban para las necesidades de ella misma,
y por consiguiente, no daban un solo grano para el resto del
territorio; en el resto del territorio consumida rápidamente
la producción local, si por fortuna la había, subía extraordi-
nariamente el precio de los cereales, subía desproporciona-
damente el valor del jornal, y de las empresas de trabajo,
ante la expectativa de una multiplicación insensata de sus
egresos que no correspondía al cálculo de sus beneficios,
suspendían sus explotaciones en espera del establecimiento
de más condiciones normales, lo cual dejaba a la población
trabajadora en la miseria; ésta refluía a la zona fundamental
congestionada. La aglomeración patológica de la población
en la zona fundamental, reestablecida dentro de ella las con-
diciones normales del jornal, porque aumentaba la concurren-
cia, y los propietarios volvían a tener disponible gente útil y
a poco costo. Pero como es natural, muchas de las unidades
que volvían no llegaban, sino que morían de hambre en el
camino, muchas morían de miseria dentro de la zona funda-
mental que no podía alimentar tal exceso de población, y el
ofrecimiento normal de la población dentro y fuera de dicha
zona, se detenía.
Algunos años después, las cosas volvían a su estado an-
terior. Pero después de que los grupos nuevos dirigen la
marcha económica del país, las cosas son de otro modo.
Rompiendo el equilibrio secular establecido entre la agricul-
tura y la minería, ha hecho nacer, se ha sostenido y se ha
desarrollado de un modo artificial, merced a la concesión, a
la exención de impuestos, a la subvención y al monopolio en
todas sus formas, una industria fabril, que ha hecho inclinar
la balanza de ese equilibrio, del lado de la industria, con
LAS FORMAl DE PENETRACiÓN DE.L CAPITALISMO ESTADOUNIDENSF «. 83

perjuicio evidente de la agricultura. La insuficiencia de la


agricultura habría ya determinado la bancarrota de la indus-
tria nueva reestableciendo el equilibrio anterior, si para sos-
tenerla, no se hubiera descubierto una medida en apariencia
salvadora, en realidad funesta. La importación de cereales
americanos. 81

En virtud de todas estas razones, se ha producido el efec-


to de aglomerar primero los centros industriales, casi toda la
población trabajadora y hacerla huir después, poco a poco, en
migraciones periódicas.
El mismo Malina Enríquez, en relación con el trato que
se les otorgaba a los industriales y trabajadores extranjeros,
expresaba:

El favorecimiento que supone la condición privilegiada de


los extranjeros y criollos, y la circunstancia de que a excep-
ción del grupo de los obreros superiores, todos los grupos
mestizos son grupos que consumen sin producir, se traducen
en perjuicio del grupo agncultor, de los mestizos, pequeños
propietarios y rancheros. Este grupo, que es el principal-
mente productor de granos de alimentación, no conoce, ni
la exención de impuestos, ni la ayuda oficial, y tiene que
luchar con las grandes dificultades que le presenta el estado
de la propiedad de que es dueño, según hemos dicho ya
oportunamente.
Ahora bien, de un modo general, todo lo que es favor y
privilegio bajo la forma de exención de impuestos, de sub-
venciones y de protección para los grupos extranjeros y
criollos, que tiene que traducirse para aquél, en gravámenes

klJbidem. p. 225.
84 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUFVA

cuyo peso igualmente se hace sentir para dificultar su actua-


ción; pues, todavía más, las condiciones anómalas de la gran
propiedad, o sea, de las haciendas, se traducen asimismo
para aquél, en una limitación de sus actividades y de sus
fuerzas. 82

En relación con la política económica de Díaz, Molina


Enríquez expresa la siguiente crítica:

La industria, aunque en apariencia lleva pasos de progresiva


prosperidad, en realidad no prospera sino en pequeña parte: en
conjunto sufre los efectos de una paralización inesperada. Las
industrias que se han desarrollado y se desarrollan sin dificul-
tad, son las que han producido y que producen artículos de
consumo exterior, como las de cigarros, las de henequén, etc.
El referido autor, para hacer consideraciones sobre las carac-
terísticas del mercado interno y las perspectivas del desarrollo de
la industria, se refiere a un hecho de verdadera importancia,
como es el tipo de consumo predominante en este grupo, que
abarcaba el 15% de la población, entre criollos y extranjeros que
destinaban sus ganancias, por una parte, a gastos suntuarios, y
por otra, a la adquisición de artículos extranjeros, contrariamen-
te a lo que ocurre en el grupo mestizo o indígena, que se desti-
naba a la producción de mantas, huaraches y alcohol.

La capacidad consumidora empresarial de los grupos de


obreros superiores, afirma Molina Ennquez, aparece a prime-
ra vista:

Encontramos en mejores condiciones, porque sus industrias son


muy pequeñas; pero esta lucha con la disminución de salario que

''lbidem, p. 226.
LAS FORMAS UF PFNFTRACIÓN DEL CAPITALISMO ESTADOUNIDENSF ~_ 85

le produce la concurrencia a los obreros extranjeros de igual


clase. Dos series de causas determinan la disminución del salario.
Es la primera de esas series, la de las causas que establecen una
superioridad efectiva de los maestros y trabajadores extranjeros
sobre los nacionales; y es la segunda, la de las causas que estable-
cen una superioridad meramente nominal sobre los nacionales o
mexicanos. En estos últimos tiempos, tanto las industrias ya es-
tablecidas, cuanto las nuevamente implantadas, han requerido el
empleo de maestros y trabajadores venidos de otros países. Las
industrias mineras, aunque ya muy antiguas y muy adelantadas
entre nosotros, han tenido que adoptar procedimientos nuevos,
y éstos, enteramente desconocidos en el país, sólo podían ser
puestos en ejecución por obreros que ya habían recibido la edu-
cación especial necesaria; fue, pues, preciso traer esos obreros.
Las industrias nuevas completamente desconocidas en el país,
con mayor razón tenían que traer obreros especialistas. El hecho
en conjunto, que todas las grandes empresas han tenido que traer
obreros extranjeros, pagando a éstos, por una parte, los gastos de
viajes desde los países de su procedencia hasta los lugares de su
nueva radicación, y por otra parte, su salario proporcionado a la
naturaleza de los trabajos que vienen a desempeñar, siendo siem-
pre esos salarios más altos que los que aquellos ganaban en sus
respectivos países. Muchas veces, para traer obreros de países
muy lejanos, los industriales han tenido que pagar por su cuenta
gastos de seguros, y que ofrecer a los mismos obreros, importan-
tes indemnizaciones para el caso de que fueran despedidos antes
de cierto tiempo. Pero aunque esos obreros hayan tenido condi-
ciones superiores de aptitud, han sido obreros al fin, es decir,
trabajadores que han venido a hacer trabajos materiales para los
cuales no se necesita, la mayor parte de las veces, conocimientos
de muy grande extensión, y por lo tanto, una vez que esos obre-
86 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

ros han enseñado su oficio a los obreros mexicanos, casi siempre


mestizos, éstos han llegado a estar en condiciones de hacer el
mismo trabajo, con igual aptitud que los otroS. 83

La superioridad nominal de los obreros extranjeros sobre los


nacionales produjo el efecto de que implícitamente se les con-
siderara a los segundos como inferiores y la tendencia a discri-
minarlos, en tales circunstancias, que los propios capataces de
las fábricas y las plantaciones, recibían protección para cometer
iniquidades y vejaciones a nuestros trabajadores.
Más adelante observaremos los efectos de esta política
discriminatoria a los obreros mexicanos, cuyos privilegios a
los extranjeros, no sin dejar de anotar que durante el régimen
de Díaz se registró la lucha de exterminio contra los yaquis,
y el sistema de enganche para deportar trabajadores al valle
nacional, el cual, con la tolerancia y la complicidad de Díaz,
se estableció un singular sistema de esclavitud, en el que los
indígenas eran vendidos y comprados como objetos.
La explicación de este último fenómeno se encuentra en
los efectos de la competencia capitalista, que se registra
en nuestro país entre los bloques económicos, Inglaterra y
Estados Unidos, impulsados por el propósito de disminuir
el costo de la producción, bajo el sistema de una baja retri-
bución a la mano de obra y técnicas atrasadas en el proceso
productivo, que dio origen a un refinado sistema de explo-
tación de los grandes sectores desocupados en el campo y en
la industria. 84

"Ibídem, p. 230.
x4John Kenneth lÍJrner. op. cit., p. 46.
CAPÍTULO IV

EL NACIONALISMO
REVOLUCIONARIO

Los efectos de la primera


crisis capitalista en México

AFIRMA DRAGUILEV que durante la etapa del imperialismo, se


empezaron a registrar crisis económicas de una magnitud con-
tinental, que la esfera de su acción rebasó a las de los países
capitalistas y que al terminar de constituirse el sistema capi-
talista de economía mundial, las crisis adquirieron un carác-
ter verdaderamente mundial. Las naciones coloniales recibían
también la crisis económica con todos los "bienes" de la civi-
lización capitalista, y los trabajadores de las colonias todas las
desgracias y sufrimientos ligados con las crisis, en particular
agobiadoras en las condiciones de opresión colonial.
Los nuevos fenómenos del ciclo económico que se perfi-
laron ya en el periodo inicial del imperialismo, es decir, antes
de la Primera Guerra Mundial, se desplegaron al comenzar
la etapa de crisis general del capitalismo. La marcha del ciclo
se completa con el deterioro del problema de los mercados,
con la incompleta utilización crónica de las empresas, con el
paro constante en masa, con las frecuentes guerras mundiales
sobre todo, y con la militarización de la economía capitalista.
88 .#( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

El curso del ciclo empezó a experimentar fuerte influencia


de los factores políticos sometida en gran medida a la depen-
dencia de la situación internacional y de los cambios que se
produjesen en la situación política exterior. 85
Con el paso al imperialismo, se registraron cambios sin
estadio capitalista; el dominio de los monopolios influyó casi
de manera determinante para que se acentuaran las contradic-
ciones fundamentales del capitalismo, se intensificara la des-
proporción modificando los precios y el tráfico monetario, y
asimismo, se agudizaran las contradicciones en las posibili-
dades de producción del capitalismo y la reducida capacidad
adquisitiva de millones de trabajadores.
En estas condiciones, las crisis económicas de sobrepro-
ducción adquirieron mayor gravedad durante la etapa capita-
lista que en la época del capitalismo pre-monopolista, perfi-
lándose a la vez la tenencia a la reducción del ciclo.
Durante el siglo XIX afirma Draguilev, las crisis se repetían
con intervalos de 8, 10 ó 12 años; en el siglo xx cambió la
situación y en Estados Unidos de Norteamérica, verbigracia a
la crisis de 1903, sucedió otra en 1907. En 1913 Estados Uni-
dos se encontraron ante el umbral de otra nueva crisis, que no
llegó a desencadenarse por los sucesos de la Guerra Mundial
de 1914, que originó una multitud de pedidos de Europa a la
industria estadounidense. 86
Frente a estos acontecimientos, a fines del siglo XIX y prin-
cipios del XX, se produjeron en nuestro país distintos sucesos
cuyo origen económico residía en la condición de dependencia

"M. Draguilev. La crisis general del capitalismo, pp. 124 Y 125.


<"Ibidem. p. 126.
EL N AC ION A LI SM O R EVO Lue I ON ARI O ~ 89

del mercado exterior, pero a cuya repercusión no escaparon los


grupos políticos y sociales de México.
Las contradicciones en los mercados internacionales se
reflejaron en la actitud que asumieron las matrices estadouni-
denses que no vacilaron en suspender los pedidos de compras,
las refacciones de avío y recursos de crédito. Así sucedió con
el cierre de las minas de Cananea, con el problema de las huel-
gas de Orizaba y Río Blanco y los campesinos de Morelos,
contradicciones que pusieron en peligro de morir de hambre
a casi la nación entera. 87
De la huida de divisas y de la disminución de reservas de la
economía propia, en parte por el nuevo sistema de explotación,
surgió el fenómeno de la desocupación de un modo alarmante
y casi absoluto, y cuando los trabajadores sintieron en carne
propia los efectos de la explotación y del sistema, al no obtener
mejorías en sus ingresos ni reducciones en sus jornadas, vícti-
mas de frecuentes despidos en las factorías, encontraban cerra-
dos los demás centros de actividades, se convirtieron en grupos
de agitación que al traducirse en malestar político, fatalmente
hubieran de dirigirse contra el dictador Porfirio Díaz, a quien
se pedía remedio a la situación imperante. 88
Fueron inicialmente los obreros, los que expresaron su in-
conformidad por la política de privilegio hacia los extranjeros,
seguida por el régimen de Díaz. En 1903, al firmarse el acta
constitutiva de la Unión de Mecánicos Mexicanos, ferrocarrile-
ros, se incluyó un párrafo que decía:

X7 Andrés Malina Enríquez. La revolución agraria en México, vol. 1, p. 46.

"lbidem. p. 47.
90 ~ AUGUSTO GÓMEZ VIllANUEV.'

[...] y procurar para sus afiliados la remuneración que justa


y equitativamente merezcan para sus labores, impidiendo
inconsecuentemente privilegios que por razón de su extran-
jería, han hecho del obrero mexicano un instrumento de
odiosas especulaciones por parte de determinadas empre-
sas, fábricas, talleres, etc., que han creado exclusivismos
perjudiciales para el obrero nacional. 89

y fue también en los campos petroleros en donde se


registraron las primeras inquietudes nacionalistas, cuando
Hilarión Salinas organizó su frustrado movimiento en
Tamaulipas. 90

Las primeras manifestaciones ideológicas y políticas.


El manifiesto de 1906 del Partido Liberal Mexicano

El día 1 de julio de 1906 apareció el Programa del Partido


Liberal y el Manifiesto a la Nación, firmado en San Luis Mis-
souri por Ricardo Flores Magón, Rosalío Bustamante, Juan
Sarabia, etc. En el referido manifiesto se incluye un párrafo,
cuyo carácter nacionalista es evidente:
[...] es inútil declarar sin programa, que debe darse preferen-
cia al mexicano sobre el extranjero, en igualdad de circuns-
tancias, pues esto está ya consignado en nuestra Constitu-
ción. Como medida eficaz para evitar la preponderancia
extranjera y garantizar la integridad de nuestro territorio,

'YScrvando A. Alzari. La historia de la mexicallización de los Ferrocarriles


Nacionales dI.' México. p. 44.
'JUMolina Enríquez. op. cit., p. 52.
EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO.#( 91

nada parece tan conveniente como declarar ciudadanos


mexicanos a los extranjeros que adquirieron bienes raíces.
La prohibición de la inmigración china es, ante todo,
una medida de protección a los tl'abajadores de otras na-
cionalidades, principalmente a los mexicanos. El chino,
dispuesto por lo general a trabajar con el más bajo salario,
sumiso, mezquino en aspiraciones, es un gran obstáculo
para la prosperidad de otros trabajadores. Su competen-
cia es funesta y hay que evitarla en México. En general la
inmigración china no produce en México el menor bene-
ficio. 91

Refiriéndose más adelante a la raza indígena y a la solida-


ridad con países indígenas, en el propio documento expresa
lo siguiente:

todo lo tiende a combatir el pauperismo, directa o indirec-


tamente, es de reconocida utilidad. La protección a la raza
indígena que, educada y tecnificada podrá contribuir pode-
rosamente al fortalecimiento de nuestra nacionalidad, es
un punto de necesidad indiscutible. En el establecimiento
de firmes lazos de unión entre los países latinoamericanos,
podrán encontrar esos países entre ellos México una garan-
tía para la conservación de su integridad, haciéndose respe-
table por la fuerza de su unión ante otros poderes que
pretendieran abusar de la debilidad de cada nación latinoa-
mencana.
En tanto, aun en el orden económico, la unión de estas
naciones las beneficiaría a todas y cada una de ellas: propo-

'''Jesús Silva Herzog. Breve historia de la Revolución Mexicana. p. 85.


92 ~ AUGUSTO GóMEZ VILLANUEVA

ner y procurar esa unión es, por tanto, obra honrada y pa-
triótica. 92

En el mismo documento al referirse a la deuda exterior, se


incluye un segundo párrafo:
[...] no habrá un solo mexicano que desconozca lo peligroso
que es para la Patria el aumento de nuestra ya demasiada
enorme deuda extranjera. Por tanto, todo paso encaminado
a impedir que la dictadura contraiga nuevos empréstitos o
aumentar de cualquier modo la deuda nacional, no podrá
menos que obtener la aprobación de todos los ciudadanos
honrados, que no quieren ver envuelta a la nación en más
peligrosos compromisos de los que ya ha arrojado sobre ella
la rapaz e indiferente dictadura. 93

Por último, en el mensaje que se dirige en el propio Mani-


fiesto del Partido Liberal al pueblo de México sus dirigentes,
imbuidos de un espíritu nacionalista revolucionario, reflejan
el sentimiento de miles de obreros sometidos a la explotación
cuando convocan a los ciudadanos a pensar en lo que significa
para la Patria la realización de estos ideales redentores;
mirad a nuestro país hoy oprimido, miserable, despreciado,
preso de extranjeros cuya insolencia se agiganta por la co-
bardía de nuestros tiranos; ved cómo los déspotas han piso-
teado la dignidad nacional, invitando a las fuerzas extranje-
ras a que invadan nuestro territorio; imaginad a qué desastres
y a qué ignominias pueden conducirnos los traidores que
toleramos en el poder, los que aconsejan que se robe y se

'>2Ibidem, pp. 94 Y 95.


"'Ibidem, p. 96.
EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO ~ 93

maltrate al trabajador mexicano, los que han pretendido


reconocer la deuda que contrajo el pirata Maximiliano para
sostener su usurpación, los que continuamente están dando
pruebas del desprecio que sienten por la nacionalidad de que
estamos orgullosos los compatriotas de Juárez y de Lerdo de
Tejada; contemplad, mexicanos ese abismo que abre a vues-
tros pies la dictadura, y comparad esa negra sima con la
cumbre radiosa que os señala el Partido Liberal para que os
dispongáis a ascenderla. 94

La agitación obrera

Fue durante la primera década del siglo xx cuando se regis-


traron diversos fenómenos de carácter político y social que
se reflejaron en el contenido de programas de lucha de las
organizaciones nacientes que enderezaron críticas al régimen
de Porfirio Díaz por su política de protección a los capitalis-
tas estadounidenses y al sistema de explotación establecido en
nuestro país.
Como movimiento de protesta podemos consignar los
que estallaron en empresas extranjeras, El Boleo, Cananea,
Río Blanco, Pedriceña, Velardeña y la prolongada agitación
emprendida contra los ferrocarriles, entonces en manos esta-
dounidenses. Todas ellas fueron actuaciones obreras realiza-
das contra empresas extranjeras por causa de la injusta orga-
nización del contrato de prestación de servicios; negaciones
que, por otra parte, siendo las más importantes contaron con
el apoyo decidido del Porfiriato, por lo que los huelguistas,

94ibídem, pp. 104 Y 105.


94 «. AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

especialmente los dirigentes, fueron aplacados con la cárcel,


la relegación, cuando no por la muerte. 95
El propio Francisco I. Madero, líder de la Revolución de
1910, en su libro La sucesión presidencial comenta los efectos
que produjeron las crisis de 1905 y 1907 en nuestra vida in-
terna, atribuyendo éstas en su aspecto económico, el carácter
de factor influyente en el planteamiento de las huelgas de Río
Blanco y Cananea, ocurridas en 1906 y 1907, respectivamen-
te. Al efecto, dice:
En el estado de Puebla y sobre todo en sus alrededores, exis-
ten grandes fábricas de hilados y algodón. En estos estable-
cimientos industriales, se hace trabajar a los obreros de 12
hasta 14 horas diarias, pagándoles un salario insuficiente
para sus necesidades o por lo menos no en relación con la
labor que desempeñan.

Con tal motivo y haciendo uso de su derecho legítimo,


se organizaron fuertemente todos los obreros, constituyendo
una poderosa liga; principiaron a organizar sus fuerzas para
emprender la lucha y siguiendo el ejemplo dado por los obre-
ros de todo el mundo, se unieron para no sucumbir en la in-
cesante lucha entre el capital y el trabajo.96
En el mismo capítulo se refiere a la situación por la que
atravesaba la industria algodonera:
[...] por una crisis bastante seria, y todos los empresarios
tenían enormes existencias sin realizar por cuyo motivo no

'15Manuel Gonzálcz Ramírcz. La Revolución Social de México. vol. 1. p. 10.


"'Francisco 1. Madero. La sucesión presidencial en 1910. p. 211.
E L N AC ION AL! S MO RE VA LUC lONA RIO ti( 95

quisieron hacer concesión alguna a los obreros porque no les


preocupaba se declarasen en huelga sus operarios. 97

Los resultados de la referida huelga son de sobra conocidos,


así como la actitud que asumió Porfirio Díaz frente al problema.
En el caso de la huelga de Cananea, hubo otro acontecimiento
de importancia relacionado con uno de los minerales más ricos
que se producían en nuestro país:
A causa de haber bajado el cobre en los Estados Unidos, el
trust de ese metal determinó suspender algunas minas y en-
tre otras, la de Cananea. Con este motivo quedaron sin tra-
bajo multitud de mineros y trabajadores de todas las clases.
Pues bien, la única medida que tomó el Gobierno, fue la
de mandar tropas para impedir a los hambrientos obreros
cometer algún desorden. 9S

Enrique Flores Magón, uno de los más distinguidos pre-


cursores del movimiento obrero mexicano y fundador del
Partido Liberal (cuyo manifiesto se dio a conocer en 1906), en
una conferencia sustentada en 1907, relató con lujo de deta-
lles lo sucedido en Cananea en los siguientes términos: "desde
que comenzó el auge de las minas de Cananea, el Gobierno
Mexicano se opuso a que la empresa estableciera la igualdad
de salarios entre extranjeros y mexicanos".
Porfirio Díaz, con ese motivo decía en su lenguaje pecu-
liar: "ino me alboroten la caballada!", porque temía que los
trabajadores de otras regiones exigieran salarios elevados si
se incrementaban los de Cananea. Y como en Sonora, había

YClbidem, p. 212.
YSlbidem, p. 220.
96 «AUGUSTO GÓM,Z VILLANUEVA

una ley por la cual suspirarían muchos de nuestros ricos, que


castigaban a los trabajadores por los llamados delitos contra la
industria, consistentes en formarse uniones obreras. 99
En el pliego de peticiones que presentaron los obreros a
los empresarios de la mina de Cananea Consolidate Cooper,
exigían un punto que reclamaba la fijación de un número mí-
nimo de empleados extranjeros, y la destitución de un mayor-
domo estadounidense, que por sistema, humillaba a los mexi-
canos. Es conocido que el problema adquirió características
de violencia cuando los trabajadores fueron provocados por
dos estadounidenses de nombre George y William Metcalf,
que regenteaban una maderería. Éstos arrojaron duchazos de
agua a los huelguistas con las mangueras de incendio, y al in-
sistir los obreros en pasar, los Metcalf abrieron fuego al grupo
desarmado, causando la primera víctima, que cayó bañada en
sangre, con gran indignación de los manifestantes.
Los Metcalf desde su oficina continuaron disparando sobre
la inerme multitud, causando otros asesinatos, hasta que los
huelguistas prendieron fuego a ese edificio de madera, del que
salieron los Metcalf para recibir la muerte: George, a pedradas
y puntazos con candeleras de mina, y William, con su misma
arma, que le fue arrebatada en la lucha que cuerpo a cuerpo,
sostuvo con él un trabajador. Y como el luego se prolongó a la
maderería, ésta se convirtió pronto en una inmensa hoguera.
Con sus muertos y heridos los mineros se dirigieron al
palacio municipal, en demanda de justicia, pero cerca de ahí
fueron recibidos a balazos por los esbirros yanquis de Greene,
cayendo sin vida otros cinco mineros y un niño.

""Servando A. Alzati. op. cit., p. 67.


El NACIONALISMO REVOLUCIONARIO ;j( _97

Los huelguistas inermes contestaron una nueva agresión


igual que en la primera: a pedradas. Pero esta arma proletaria,
ineficaz ante los rifles de los sayones del tirano, no satisfizo ya
a los huelguistas; Plácido Ríos, Carlos Valencia, el Nopaleño
y otros, fueron a las dos casas de empeño que había en la po-
blación, apoderándose de las escasas armas y municiones que
hallaron en ellas y atacando después a los yanquis, asesinos a
sueldo de Greene, hasta hacerlos replegarse a las oficinas de
la empresa. Mientras tanto, otros que pedían inútilmente y a
gritos, a las eunucas autoridades locales, fueron atropellados
por órdenes del ex juez Isidro Castañeda. Para vergüenza de
los dirigentes gubernamentales, haré constar que a ninguno
de los asesinos yanquis molestaron y sí, en cambio, repletaron
la cárcel con huelguistas.
El entonces gobernador de Sonora, Rafael Izábal, atendien-
do el llamado de William C. Greene, arribó a Naco, Arizona, a
las seis de la mañana del 2 de junio, donde recogió a 275 rangers
de la guarnición de Fort Huachuca, que le esperaban a las órde-
nes del capitán Tom F. Rynning, con unos sesenta civiles estado-
unidenses más, armados hasta los dientes, atravesando con ellos
la línea fronteriza en varios carros de ferrocarril. Después de que
un automóvil pasó a todo correr, atropellando a los huelguistas y
sembrando la muerte entre ellos; las nuevas tropas yanquis, por
la tarde del día de su llegada, se dedicaron a cazar a los mani-
festantes, quienes desarmados, fueron asesinados impunemente.
Las armas tomadas el día anterior de los montepíos carecían de
municiones, por haberse terminado, o bien porque sus poseedo-
res las habían llevado a otros grupos mineros.
Llegaron después los rurales, comandados por el coronel
Emilio Kosterliski, y durante esa misma noche los invasores
98 ..#( AUGUSTO GÓMEZ V,LLANUEVA

norteamericanos, traídos por Rafael Izábal, dejaron suelo


mexicano; y al día siguiente, 3 de junio, arribaron cien solda-
dos de línea. lOO
Escritores de distinta ideología han coincidido al afirmar
que los acontecimientos de Río Blanco y Cananea pueden con-
siderarse como los primeros síntomas insurreccionales de la
Revolución de 1910; los asesinatos masivos de los trabajadores
produjeron una gran indignación en el país, pero obviamente
lo que más influyó para aumentar el malestar fue la presencia
de soldados estadounidenses y la actitud del gobernador Izábal,
que no fue sancionada tácitamente por Porfirio Díaz, al haberlo
mantenido en el puesto político de gobierno.
Si hacemos un análisis retrospectivo de las manifestacio-
nes de nacionales percibidas en la primera década del siglo
xx, habría que señalar en primer término, el Manifiesto del
Club "Ponciano Arriaga" publicado en 1903, en el que si bien
no convoca a la Revolución, hacía un llamado a los mexicanos
para salvar a la Patria, elevando la acusación al régimen de
Díaz, en el sentido de que
[...] el predominio de las virtudes ha desaparecido: predomi-
na el oro, predomina el poderoso, predomina el fraile, pre-
domina el extranjero y nada más. Los de las clases llamadas
media y humilde, vegetan ignorados y despreciados. lO!

El Manifiesto del Partido Liberal, expedido en San Luis


Missouri en 1906, en la cláusula no. 32 expresaba

l!Jl1lbidem, pp. 70 Y 71.


lOlFuentes parü la historia de la Rello!ución Mexicana, p. 102.
EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO ~ 99

[...] obligar a todas las empresas y negociaciones a no ocupar


entre sus empleados y trabajadores sino una minoría de ex-
tranjeros. No permitid en ningún caso que trabajos de la
misma clase se paguen peor al mexicano que al extranjero en
el mismo establecimiento, o que a los mexicanos se les pague
en otra forma que a los extranjeros.

Los movimientos registrados en esta época se pueden sis-


tematizar, como lo hizo Manuel González Ramírez en su libro
La revolución social de México en el capítulo en el cual afirma
que en los comienzos del siglo xx un panorama favorable se
había extendido en nuestro país a tres de las más importantes
industrias de capital extranjero: las de los ferrocarriles, perte-
necientes a estadounidenses e ingleses; la minería distribuida
en manos de capitalistas de la misma nacionalidad que no sola-
mente se dedica a la extracción de metales, sino que empleaba
sus inversiones en el ramo de la fundición, e hilados y tejidos
que eran negociaciones francesas y españolas. Estas últimas
ocupaban de 26,000 a 27,000 trabajadores.
El primer conflicto obrero-patronal se registró en Baja
California en la negociación francesa explotadora de mineral
El Boleo.
La huelga de Cananea estalló contra la compañía estado-
unidense de William C. Greene. Lo que ocasionó en Río Blan-
co tal estado de peligro, tuvo relación con la industria textil
regenteada por capitales franceses y españoles.
Con la impresionante reiteración los conflictos obrero-pa-
tronales, se seguían presentando contra negociaciones ex-
tranjeras o por causas de discriminación a operarios mexica-
nos, todo lo cual vino a repercutir en un fortalecimiento de
lOO.#( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

la tendencia nacionalista que caracterizaría a la Revolución


Mexicana. 1ü2

Las obreras de Puebla en 1907 dieron también a conocer


un manifiesto en el que implícitamente muestran su tendencia
anti-extranjera cuando se refieren a que
toda Puebla desde hace mucho tiempo está al tanto de las
vejaciones y expoliaciones que hemos sufrido las trabajado-
ras de la Casa de "M. Penichety Cía." Sucs, donde por infor-
tunio no sólo hemos sufrido un mal trato de los dueños, sino
de algunos dependientes... 103

Como ya vimos en páginas anteriores, el primer grupo


organizado de trabajadores que protestó contra la política
discriminatoria de las empresas extranjeras, fue el de los ferro-
carrileros, que en forma periódica organizaron las llamadas
Uniones, que concluyeron en la Gran Liga de Trabajadores
Ferrocarrileros y que esporádicamente, a partir de 1903,
fueron exigiendo la nivelación de sus salarios con los de los
extranjeros y mayores oportunidades para obtener puestos que
sólo eran destinados para los no nacionales, que darían des-
pués origen a los primeros intentos en las postrimerías del
régimen de Porfirio Díaz, con la colaboración del secretario
de Hacienda, señor José Ives Laimantour.
En el año de 1908 aparecieron dos publicaciones que por su
carácter sociopolítico pueden considerarse la piedra angular de
la divulgación de las inconformidades del pueblo contra Porfirio
Díaz, en las cuales se hacen críticas a la actitud que éste asumió

11I2González Ramírez. op. cit., p. 45.


Jil'lbidem, p. 77.
EL NACIONAlISMO REVOLUCIONARIO ~,ID1

en torno a dos acontecimientos significativos para la vida inter-


nacional de México, como veran la visita de Eliu Rooth y la en-
trevista Díaz-Creelman, que más adelante comentaremos.
Por otra parte, no fue vista con simpatía la actitud del dictador
al haber desatado una implacable vigilancia contra los luchadores
liberales que se encontraban en territorio estadounidense. "Nues-
tro Gobierno, que teóricamente estaba obligado a proteger a na-
cionales de México radicados en el extranjero, nuestro Gobierno
puso más perfidia en la persecución". Estados Unidos, que según
sus principios morales debía darle asilo a los perseguidores polí-
ticos, lejos de comportarse en esa forma, fue hostil para con los
liberales.
Cuando el régimen del general Díaz mostró interés en ex-
traditar de Estados Unidos a los liberales, el país vecino estuvo
dispuesto a conceder la mencionada extradición.
Con posterioridad, aquel gobierno cambió la extradición
por la aquiescencia de que encarcelaran a los liberales, bajo el
cargo de que violaban las leyes de neutralidad. Y cuando así
se dispuso la suerte para los magonistas exiliados, el gobierno
estadounidense abrió las puertas de sus cárceles para alojar a
Ricardo Flores Magón y a sus correligionarios. 104

La sucesión presidencial

Madero, en su publicación La sucesión presidencial en 1910,


insertó en el capítulo que él denominó "Relaciones Exterio-
res", una crítica hacia la política exterior del régimen de Díaz,
afirmando que:

IU4Ibidem, p. 78.
102 J( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

nuestra política con las naciones extranjeras, ha consistido


siempre en una condescendencia exagerada hacia la vecina
república del norte, sin considerar que entre naciones, lo
mismo que entre los individuos, cada concesión constituye
un precedente, y muchos precedentes llegan a constituir un
derecho. \05

En otro párrafo del mismo capítulo se refiere a la actitud


asumida por el gobierno mexicano al permitir a Estados Uni-
dos la construcción de una presa para almacenar las aguas
del río Grande, en la que se le concede la mayor parte del
almacenamiento al país vecino, dejándonos una cantidad ver-
daderamente ridícula.
Asimismo, se refiere a la cuestión de la Bahía de Magdale-
na en un brevísimo párrafo, en el que expresó:
¡Qué gana la República Mexicana con permitir al Gobierno
de los Estados Unidos que sus escuadras hagan ejercicios de
tiro al blanco en la Bahía Magdalena y tengan ahí constan-
temente buques carboneros.
Indudablemente que si los Estados Unidos necesitan ahí
esa Bahía, también la necesitarán cuando termine el plazo
concedido, y entonces será más difícil negarles el permiso, el
cual he repetido varias veces, llegará a constituir una servi-
dumbre y será una constante amenaza para la integridad
nacional. 106

Ya hablamos de la presencia de Eliu Rooth en México y la


actitud de Madero en torno a la visita de referencia.

OfJ. cit., p. 224.


IU-'¡'viadera.
"Jhlbidem, p. 225.
EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO ~_ 103

Por otra parte, Madero consideró que nuestra política


hacia las repúblicas de Centro y Sudamérica fue totalmente
equivocada, incluyendo el problema de Venezuela: nuestro
silencio ante el asesinato del general Varillas, presidente de
Guatemala, y el lógico resentimiento de los países centroame-
ricanos nacido de la declaración del general Díaz:
a un reporte de The Herald, en el cual decía, hablando de
nuestro ejército, que sólo lo necesitábamos para repeler al-
gún ataque eventual de nuestros vecinos del sur, puesto que
por el norte estábamos perfectamente a cubierta con la amis-
tad de los Estados Unidos. 107

Los grandes problemas nacionales

Don Andrés Malina Enríquez, en su estudio publicado en


1909 al que ya nos hemos referido con anterioridad, en el
capítulo dedicado a comentar la política exterior del régimen
de Porfirio Díaz, coincide con la opinión de don Francisco 1.
Madero al afirmar que el permiso otorgado al gobierno esta-
dounidense, para convertir en depósito carbonífero y campo
de operaciones la Bahía Magdalena, ponía en serio peligro de
transformar nuestra existencia nacional y política. 108
Aludiendo al principio de "no intervención", sostiene que
"lamentablemente México, por la influencia de los Estados
Unidos, se ha visto obligado con frecuencia a intervenir de un
modo más o menos directo, en los asuntos de las demás nacio-
nes centroamericanas". Creemos que de haber podido obrar

lÜ'lbidem. p. 232.
IllsMolina Enríguez. op. cit., p. 350.
104 J( AU~USTO GÓMIZ VILLANUEVA

por nuestra propia y libre inspiración, no habríamos tratado


de buscar entre esas naciones, arreglos que si ellas solas cre-
yeron conveniente, los habrían buscado por sí mismas, y que
aún bajo la presión moral de México y de Estados Unidos, re-
sultan notoriamente prematuras, como con toda la delicadeza
diplomática lo expuso el ministro Anderson, de Costa Rica,
en la visita que hizo a nuestro país. Debemos, por tanto, si
podemos, abandonar esa política que no nos trae beneficios,
ni siquiera simpatías sinceras de los países interesados y que sí
puede orillarnos a dificultades cuya trascendencia no es fácil
de calcular.
El mismo escritor, refiriéndose a aquellos gobiernos que
se habían visto en las circunstancias de solicitar una interven-
ción, expresa una dura crítica afirmando que esto significa

[...] la negociación absoluta de todo patriotismo, porque la


primera obligación que el patriotismo impone, es la de lu-
char dentro de la Patria por ella, y en caso de ser vencido, la
de saber morir; mendigar en el extranjero la ayuda extraña,
es pretender la entrega a los extraños de parte de la sobera-
nía nacional; no es otra cosa el empeño de que fuerzas mo-
rales o materiales extranjeras derriben un gobierno nacional
para imponer otro, siendo como es la función de elegir el
gobierno propio, la más alta función de la soberanía y el más
alto atributo de la nación. 109

En torno a la política internacional con Estados Unidos,


Malina Enríquez afirma que

1O"lbidem, p. 253.
EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO ~_ 105

Es natural que en las relaciones de estos países, interven-


gan los intereses particulares y singularmente los de los
Estados Unidos de Norteamérica, que son los más fuer-
tes y que necesariamente tienen que manifestar a cada
paso sus tendencias dominantes que frecuentemente en-
tran en pugna con la parte débil de los nuestros. A ello
hay que añadir la fuerza seria de los intereses del ele-
mento extranjero norteamericano en nuestro país, la con-
dición privilegiada de las unidades, como en otras partes
dijimos, ahora bien como también expresamos en otra
parte, creemos necesario salir a esa situación en la que
no pocas veces sufre nuestra dignidad nacional en con-
junto y en la que muy frecuentemente sufre nuestra dig-
nidad individual. 110

Las acusaciones a Porfirio Díaz

Las críticas más agudas que se hicieron a Porfirio Díaz en tor-


no a su política exterior, fueron reducidas a una lista de car-
gos que presentaron los revolucionarios, y que, según afirma
Bulnes, sirvieron para preparar a la opinión pública del pue-
blo niexicano.

Primera: venta del territorio de Baja California por una suma


irrisoria a Lois Hiller.
Segunda: haber efectuado cambios en el Código Minero con
la inclusión de una cláusula que concedía al propietario
de la tierra los depósitos de carbón que pudieran ser en-
contrados en ella.

IIOlbidem, p. 354.
106 « AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Tercera: haber vendido tres millones de hectáreas de tierras


del estado de Chihuahua a dos favoritos del gobierno
mexicano, que las revendieron a Hearst.
Cuarta: otorgar concesiones a compañías extranjeras para
explotar tierras petrolíferas, entre las cuales predomina-
ban compañías estadounidenses, así como la exención
de derechos de exportación para el petróleo crudo o re-
finado.
Quinta: haber otorgado concesiones petroleras a Lord
Cowdray.
Sexta: haber permitido a los Guggenheim monopolizar casi
por completo la industria metalúrgica sobre la cual des-
cansaba el progreso minero de México. 111
Séptima: otorgar al coronel Greene concesiones de tierras co-
príferas del estado de Sonora.
Octava: haber permitido al embajador de Estados Unidos,
Thompson, entrar al campo de los negocios en México.
Novena: haber otorgado permiso al embajador de Estados Uni-
dos, Powell Clayton, para comparecer todas las tardes en
el Palacio Nacional con una lista de recomendaciones para
asuntos privados estadounidenses.
Décima: haber otorgado concesiones de tierras huleras a John
Rockefeller y Nelson Aldrich.
Décimo primera: haber concedido la exención de varios millo-
nes de indemnización a la Compañía Tlahualillo por daños
causados a los habitantes de la rivera del río Nazas. 1I2
Décimo segunda: haber vendido por una suma irrisoria 50,000
hectáreas de tierras fértiles a 28 extranjeros.
1" Francisco Bulnes. Toda la verdad acerca de la Revolución Mexicana, p. 117.
1"Ibidem, p. 118.
EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO ~ 107

Decimotercera: haber despojado a los yaquis de sus tierras,


para entregarlas a burócratas que deseaban traficarlas con
inversionistas estadounidenses.
Décimo cuarta: haber despojado a varios pueblos del Estado de
México de sus montes madereros, para favorecer a un esta-
dounidenses propietario de la fábrica de papel San Rafael.
Décimo quinta: haber concedido la operación que dio al go-
bierno mexicano el control del sistema de ferrocarriles, sin
más propósito que permitir a la casa bancaria de Schoerer
Limantour, apoderarse de éstos.
Décimo sexta: después de que el gobierno mexicano obtuvo
el control de los ramales estadounidenses, el propio Li-
mantour designó como gerente al señor Brown, estado-
unidense.
Décimo séptima: haber puesto en manos de una compañía es-
tadounidense organizada en Boston, la más vieja compa-
ñía mexicana minera, la Compañía de Minas de Pachuca
y Real del Monte. 113
Décimo octava: haber otorgado la concesión para proveer de
útiles de oficina al gobierno y a las escuelas oficiales, a la
casa Mesler, Bowen y Cook.
Décimo novena: apartarse de la resolución de no solicitar ningu-
no de los préstamos extranjeros con bancos neoyorquinos.
Vigésima: la completa prostitución del sistema judicial, el cual
declaraba que en caso de que un extranjero sostuviera li-
tigio con un mexicano, el litigio se decidiría en favor del
extranjero, fuera justo o injusto.
Vigésimo primera: haber cedido la Bahía de Magdalena a Esta-
dos Unidos.

111Ibidem, p. 120.
108 « AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Vigésimo segunda: haber mostrado vacilación para fortificar


los puertos en el Ferrocarril de Tehuantepec.
Vigésimo tercera: haber rechazado las proposiciones de casas
japonesas, por no desagradar a Estados Unidos, tendientes
a establecer colonias japonesas en el país, particularmente
sobre la costa del Pacífico y en Baja California.
Vigésimo cuarta: haber mostrado debilidad y negligencia en el
litigio internacional sobre el curso del Chamiza!.
Vigésimo quinta: haber aprobado una ley de inmigración en
1908 contra japoneses y chinos, dictada por el Departa-
mento de Estado de Estados Unidos; y por último:
Vigésimo sexta: la actitud asumida frente al linchamiento del
mexicano Antonio Ramírez, ocurrida en Texas, en 1909. 114

Ricardo Flores Magón, al referirse a este incidente en su


artículo aparecido en Regeneración el 12 de noviembre de
1910, en vísperas de la Revolución, afirmó:
[...] no es posible negar que en toda la América Latina se ope-
re una reacción contra el imperialismo de los Estados Unidos,
que, para la vida de aquellos países como naciones autóno-
mas, es una grave amenaza. Un sentimiento de hostilidad,
cada vez más marcado contra la política absorbente del Go-
bierno Norteamericano, se nota en aquellos pueblos.

y más adelante agrega:


¿Para quién es un misterio que la política de la Casa Blanca
sobre las naciones latinas de este continente es una política
de absorción, es una política que tiende, además, al sosteni-

114Ihidem, p. 127.
EL NACJONALISMO REVOLUCJONARIO « 109

miento de tiranías desenfrenadas como la de Estrada Cabre-


ra en Guatemala y la de Porfirio Díaz en México? ¿y quién
duda ya que dondequiera que aparece un gobierno que no
se somete a la vergonzosa tutela de la plutocracia norteame-
ricana, tarde o temprano se verá comprometido ese Gobier-
no con revueltas interiores, fraguadas dirigidas y fomentadas
por ricos norteamericanos, siendo los puertos de los Estados
Unidos los lugares de donde parten las expediciones filibus-
teras que van a hacer la guerra en son de revolución contra
los Gobiernos de las naciones latinoamericanas que no se
plegan a las exigencias del capitalismo de esa nación?
¿No es público y notorio que la revolución contra el Presi-
dente Zelaya, de Nicaragua, fue la obra de aventureros norteame-
ricanos; pagados con el oro de Wall Street? y como si no fuera
bastante todo esto, ¿no recuerdan los mexicanos que si se derra-
mó su sangre combatiendo contra la plutocracia de esta nación,
fue por la ambición de los ricos sobre las tierras de México?

Flores Magón, el más radical crítico de la dictadura, en el


mismo escrito expresaba:

[...] éstos son hechos que hablan con toda su elocuencia. Éstos
son hechos que están en la memoria de todos; hechos cuyo
origen está en la sed insaciable de riqueza de los grandes mi-
llonarios norteamericanos, y que han venido a levantar una
muralla entre las dos razas pobladoras de este hermoso Con-
tinente; muralla que seguirá en pie, enhiesta, insuperable, y
que acabaría por convertir en encarnizadas enemigas a dos
facciones importantes de la raza humana, si la propaganda de
los libertarios no estuviera prendiendo en el corazón de la
gleba de todas las razas sentimientos de amor y de fraterni-
110 .#( AUGuqo GÓMEZ VILLANUEVA

dad, que al robustecer, derribarán esa barrera levantada por


los crímenes del capitalismo, haciendo de todos los intereses
uno solo, hermoso, grande: el de la solidaridad.
En México, especialmente no hay que negarlo existe un
sentimiento de hostilidad bien marcado contra la tendencia
absorbente del Gobierno de la Casa Blanca, sentimiento que
de día en día se hace más hondo por la acción individual o
colectiva de los norteamericanos contra los mexicanos que
residen en esta nación. 115

Por último, sólo falta incluir la opinión sostenida por el pre-


sidente, general Díaz, en torno a la doctrina Monroe, y que
merece mención especial. Molina Enríquez relata en los tér-
minos siguientes:

Por esos días nuestro ilustre Presidente, señor General Díaz,


instado para declarar su opinión respecto de la Doctrina
Monroe, hizo la oficial declaración de estar conforme con
ella; pero manifestando que su aplicación no debía estar a
cargo solamente de los Estados Unidos, sino de todas las
naciones americanas, lo cual es lógico, primero, por el carác-
ter continental de la Doctrina, segundo, por la necesidad de
suplir el caso de que los Estados Unidos declararan no tener
interés en su aplicación; y tercero, por la conveniencia de
imponer a todas las naciones americanas inclusive los Esta-
dos Unidos, la obligación de buscar el acuerdo común. Pos-
teriormente, otras doctrinas complementarias han tratado
de extender la aplicación de la Monroe a todos los casos de
agresión. 116

JI 'Ricardo Flores Magón. Semilla libertaria, p. 82.

116Molina Enríquez. op. cit., p. 349.


CAPíTULO V

Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES


A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

El exterior

Contradicciones de los países capitalistas.


Las revoluciones burguesas

A PRINCIPIOS del siglo xx, con el acelerado desarrollo del im-


perialismo, se concluyó la etapa de desenvolvimiento relativa-
mente pacífica del capitalismo. El mundo capitalista entró en
la fase de las guerras imperialistas. 117
En 1899 estalló la guerra hispanoamericana, que concluyó
con la derrota de España, la adquisición por parte de Estados
Unidos de diversas colonias y la Enmienda Plat para Cuba.
En 1899 se declaró la guerra entre la Gran Bretaña y el
Transvaal, en la que fueron derrotados los boers en 1902.
En 1900 estalló en China la insurrección contra el impe-
rialismo extranjero para impedir el triunfo del movimiento de
liberación china, intervinieron: Japón, Alemania, Francia, In-
glaterra, Italia, Estados Unidos y Rusia. Al triunfo de éstas, se
impuso a China el tributo por indemnización, de trescientos
veinticinco millones de dólares estadounidenses.
7
11 Y.M. .Jvostov y L.!. Zubok. Historia Contemporánea. p. 184

111
112 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

En 1904 se inició la guerra ruso-japonesa, que fue inspi-


rada por los británicos, con el objeto de impedir una mayor
penetración del zarismo en China, que ambicionaba ocupar
las posiciones de Manchuria y Corea, acontecimiento que
concluyó con el triunfo de Japón.
En 1904 quedó formalizada la Entente anglo-francesa, en
la que se llegó al acuerdo de ceder a España la franja coste-
ra de Marruecos, que comprende Gibraltar: dividir Siam en
zona de intereses franceses e ingleses y prometerse apoyo mu-
tuo diplomático en la materialización del acuerdo.
En 1905 el gobierno alemán, aprovechando la situación
por la que atravesaba Rusia, declaró que no reconocía el
acuerdo anglo-francés en lo de Marruecos. Francia rechazó la
decisión alemana, obteniendo como respuesta la amenaza de
guerra de este último país, para dar motivo posteriormente a
la Conferencia de Algeciras, en 1906, en la cual se reconoció la
independencia de Marruecos como Estado, que representó un
aparente triunfo de Alemania sobre Francia.
En 1905 se firmó el acuerdo anglo-ruso, en el cual Ingla-
terra pretendía arreglar con el gobierno zarista las disputas
coloniales y establecer con Rusia una colaboración estrecha
para luchar contra Alemania y buscar solución conjunta a las
disputas de Persia, Afganistán y el Tibet.
El referido acuerdo dio origen al cambio de las relaciones
internacionales, de tal manera que Inglaterra, Francia y Rusia
que anteriormente tenían disputa entre sí, llegaron a la con-
clusión de unificarse frente a la amenaza del creciente poderío
alemán.
En adelante, la alianza de Alemania, Austria, Hungría
e Italia, se tendría que enfrentar ya no a la alianza franco-
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX ~.113

rusa, sino al acuerdo tripartita de Alemania, Rusia y Fran-


cia, dando así término a la formación de los bloques impe-
rialistas. 118
La constitución de la Entente influyó de una manera decisiva
en las relaciones internacionales. El crecimiento extraordi-
nariamente rápido de la influencia económica y política de
Alemania después de 1871, se debió en gran parte a la hos-
tilidad existente entre Inglaterra y Rusia, por un lado, e In-
glaterra y Francia, por el otro, y en haber sabido Alemania
aprovechar las contradicciones entre ellas. Con la formación
de la Entente se puso fin a este estado de cosas que permitían
a Alemania acrecentar su poderío a expensas de todas las
otras potencias.
Al pacto tripartita, Alemania respondió impulsando aún
más los trabajos de construcción de su flota de guerra y Con
algunas tentativas para romper la Entente. La rivalidad ma-
rítima anglo alemana llegó a tal punto, que tanto en Inglaterra
como en Alemania se esperaba de un momento a otro un
choque armado. 119

Al mismo tiempo que se registraban estos acontecimien-


tos, de manera paralela afloraban los primeros movimientos
insurreccionales, inicialmente en Rusia en 1905, cuyos efectos
trascendieron a los pueblos yugoslavos de Austria-Hungría,
los servios, croatas y eslovenos para la lucha común contra los
opresores alemanes y magiares.
En el mes de julio de 1908 los jóvenes turcos, específica-
mente los oficiales del ejército, iniciaron sus movimientos insu-

"8Jbidem, p.185.
119jbidem, p. 186.
114 ~ AUGUSTO GóMfZ VlLlANUEVA

rreccionales en las ciudades de Nonastil y Salónica, presentan-


do al Sultán el ultimátum en el que se exigía la Constitución.
A fines de 1905 se inició la revolución en Persia, exi-
giendo al sha la Constitución, desatándose la lucha revo-
lucionaria en contra de AH Mohamed, que finalmente fue
depuesto.
Habrían de seguir a estos acontecimientos la Revolución
mexicana de 1910 y la Revolución china de 1911, para culmi-
nar en la de 1917 que ocurrió en Rusia.
La historia de la Revolución Mexicana está íntimamente
vinculada a la historia general del país. Por esa razón, para
poder interpretar cabalmente nuestro movimiento eman-
cipador y sus tendencias nacionalistas, debemos dejar muy
claro que la Revolución encuentra sus raíces y su fuerza en
problemas de orden económico, que residen en el desnivel
que se creó entre la riqueza de un reducido grupo de explo-
tadores y la pobreza de los explotados, que se engendró en un
pueblo desprovisto de privilegios, amenazas y burlado en
sus derechos.

La Revolución de 1910 y sus orígenes externos

La Revolución de 1910 tuvo como origen causas ancestrales


a las que se conjugaron los vicios corrosivos engendrados du-
rante la dictadura. 120
Las causas ancestrales, de origen interno, datan desde la
Conquista, la Independencia y la Reforma. Las plantearon Hi-
dalgo y Morelos, la generación de Mora, la de Juárez.

""Antonio MaÍ1ero. Qué es la Reuolución. p. 12.


Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX .N.. 115

Desde esa época se vislumbraba la necesidad de un cambio


en los sistemas de propiedad, de legislación y procedimiento.
Las contiendas que aparecían como magnas revoluciones, des-
virtuadas en sus resultados y en las formas ·de cumplimiento
de los programas, dejando insatisfechas multitud de necesida-
des sociales. No se remediaron muchas de las existentes desde
la época de la conquista colonial, que en el curso de los años se
fue abriendo un campo de necesidades.
Al principio de nuestro trabajo, afirmamos que los movi-
mientos insurrecciomiles ocurridos a principios del siglo xx
no fueron inconexos, sino motivados por semejantes causas y
circunstancias.
Lo mismo podemos afirmar en el caso de los aconteci-
mientos registrados en nuestro país a principios del siglo xx,
ya que la carrera de Estados Unidos e Inglaterra por el domi-
nio de las porciones continentales, se observó en hechos tales
como el problema de Venezuela y Cuba; el intento de abrir
canales de Tehuantepec, Panamá y Nicaragua; la guerra ruso-
japonesa; el surgimiento de Alemania como potencia indus-
trial y por último la contienda mundial de 1914 a 1918.
En el escenario nacional se pudo observar que la carrera
de las dos grandes potencias, Inglaterra y Estados Unidos tuvo
una tendencia: concentrar el mayor capital posible, disminuir
los gastos, aumentar la producción, aniquilar a los competido-
res, multiplicar las ventas; carrera que originó el desequilibrio
en la producción y el consumo, la movilidad de las necesida-
des sociales y la falta de organización de las preferencias en
los medios destinados a darle satisfacción. 121

'''Andrés Molina Enríquez. La Re!'o/ución Agraria en A1éxico, p. 82.


116 ~ AUGUSTO GÓMCZ VILLANUEVA

La lucha por el petróleo en México

Ante el invento de los motores de combustión interna y el des-


cubrimiento de petróleo en las costas de Tamaulipas, en que la
abundancia y la presión del brote, reportaban riquezas incal-
culables, se desató la lucha entre Estados Unidos e Inglaterra
por adquirir en México concesiones de preferencia. En virtud
de los nuevos requerimientos estadounidenses en su proce-
so de industrialización, y los británicos en su preocupación
de aumentar sus fuerzas para aspectos de orden comercial y
bélico, este fenómeno originó una precipitada actividad de
los ingleses en torno a Porfirio Díaz, quien otorgó contratos
liberales de explotación de petróleo mexicano a Sir Pearson,
siendo esto la causa que influyó de manera casi determinante
para acentuar la contienda de los dos grandes imperios en el
escenario mexicano. A partir de ese momento se le imprimió
un ritmo a nuestras diferencias internas, hasta la coyuntura de
la Primera Guerra Mundial. 122
El general Díaz, al final de su gestión, intentó seguir una
política de equilibrio entre las dos potencias; pero después
de su declaración sobre la Doctrina Monroe, su inclinación
hacia Pearson y su actitud acogedora hacia el presidente
Zelaya, derrocado por Estados Unidos por oponerse a los
intentos de abrir el Canal de Panamá, empezó a preocu-
par seriamente al presidente Taft, quien vino a México en
1908.
A partir de 1909 se observa un cambio en la actitud del
gobierno de Estados Unidos de Norteamérica hacia Porfirio
122S cort Nearing y Joseph Freeman. La diplomacia del dólar, p. [24.
Los ACONHCIMIDJTOS MUNDIALES A PRIl'CIPIOS DEL SIGLO xx .#(.117

Díaz. En e! mes de diciembre Henry Laye Wilson, se encargó


de la Embajada estadounidense, y a los pocos días de iniciada
su gestión, pronunció un discurso en e! que hacía saber la
inconformidad de su gobierno por la continuidad de la dicta-
dura de! General Díaz.
Las contradicciones internas originadas por problemas
de orden político, derivados de los efectos producidos por la
dictadura y los desórdenes sociales y económicos atribuibles
al carácter de un país semifeudal y semicolonial, agravaron la
crisis interna, pero, fundamentalmente, el cambio de la políti-
ca estadounidense hacia Porfirio Díaz se va a observar en una
actitud de neutralidad frente a los primeros brotes revolucio-
narios de 1910.
El desarrollo industrial de México se vio orientado hacia
e! norte, y de esa zona surgió precisamente quien habría de
cuestionar a la dictadura: e! señor don Francisco 1. Madero,
terrateniente e industrial, miembro de una acaudalada fami-
lia mexicana. Él, al igual que varios acaudalados mexicanos
de esa época, representaron la corriente de empresarios que
resultaron muy afectados por las concesiones de Díaz a los
extranjeros. 123

La revolución política

Al consumarse la imposición de Porfirio Díaz como presidente


de la República en 1910, Estados Unidos no estaba dispuesto

1
I2 Ibidem, p. 125.
118 ~ AUGUSTO GÓM'Z VILLAI'UEVA

a posponer su contienda contra Inglaterra; los científicos se


encontraban sin cabeza y don Francisco I. Madero empezó
a advertir la presión de un pueblo que no estaba dispuesto a
soportar una burla más. Los campesinos descontentos y sin
tierra, los rancheros y comerciantes estaban al borde de una
lucha contra los terratenientes.
Madero fue encarcelado, pero de allí decidió fugarse y con-
vocó desde Estados Unidos a la revolución con su plan de San
Luis Potosí, en el que estaba incluida la oferta a los campesinos
de restituirles y dotarlos de las tierras que antiguamente les ha-
bían sido arrebatadas en forma ilegal.
Diversos investigadores han afirmado que frente a este
acontecimiento, la actitud de Estados Unidos fue de aparente
neutralidad, inclusive, se ha llegado a afirmar, sin comprobar,
que Madero recibió ayuda económica de las compañías pe-
troleras estadounidenses, para consumar la revolución; 124 sin
embargo, había una buena razón para creer que muchos de
los rumores eran propagados por Pearson Company, compa-
ñía inglesa rival de la Standard Oil y parece no haber la más
pequeña duda de que algunos de los miembros de la familia
Madero aceptaban con agrado entrar en tales arreglos.
Francisco I. Madero se oponía a aceptar dinero bajo el
compromiso de dar concesiones. El líder revolucionario creía
que "cada concesión constituye un precedente y muchos pre-
cedentes constituyen un derecho". En San Antonio, algunas
personas ofrecieron préstamos, pero no fueron aceptados
porque los términos eran considerados gravosos para Méxi-
co. Después de que la lucha terminó, Madero fue visitado

1 24Ihidenl, p. 126.
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DFL SIGLO XX ~ 119

por algunos capitalistas estadounidenses que le propusieron


pagar todos los gastos de su futura campaña presidencial y
también los que había ocasionado el movimiento revoluciona-
rio, a cambio de ciertos privilegios. La respuesta de Madero,
publicada, es la siguiente:
Yo represento al partido que en México lucha contra los
trusts y los monopolios. ¿Son ustedes capaces de suponer
que accedería a sus demandas ya imponer nuevos yugos[...]
a mi país? Y en cuanto al dinero que ustedes me ofrecen no
puedo aceptarlo, ni lo necesito. 125

Madero nombró una comisión para obtener un emprés-


tito de un millón de dólares a cambio de bonos emitidos por
el gobierno provisional, pagaderos un año después de que el
partido revolucionario llegara al poder. Los arreglos nunca
se realizaron y los bonos ni siquiera fueron impresos. Fue-
ra de pequeñas contribuciones individuales, parece que los
Madero, especialmente Gustavo, financiaron los gastos de
la Revolución con sus propios fondos y su crédito, sin com-
prometer los intereses nacionales. Ni tampoco parece haber
ningún fundamento para sustanciar la extravagante aserción
de que la Casa Blanca hizo causa común con los revolu-
cionarios de 1910. Estados Unidos permaneció neutral en
relación con los dos bandos combatientes, no fungió como
apoyo efectivo al aún existente gobierno, ni que una fuerza
conspiradora a favor de los revolucionarios. Esta petición
neutral, sin embargo, fortaleció el movimiento de Madero,
moral y materialmente. 126
l'SIbidem, p. 140
12ólbidem, pp. 139 Y 140.
120 ~ AUGUITO GÓMEZ VILLANUEVA

Madero, por otra parte, no fue perseguido por la policía


estadounidense, como en el caso de Flores Magón y otros exi-
liados políticos; inclusive, frente a las acusaciones del general
Díaz y de algunos de sus agentes especiales sobre contrabando
de armas, nunca fue detenido por las propias autoridades.
Es indudable que la prensa estadounidense contribuyó a
aumentar su prestigio en el exterior, pero, fundamentalmen-
te, su expresión de admiración a las instituciones estadouni-
denses y la oferta al secretario de Estado estadounidense de
reconocer los tratados internacionales existentes antes del 20
de noviembre de 1910, cuando asumiera la responsabilidad
como Gobierno Provisional, y los daños e injurias causados a
los ciudadanos de las naciones que le reconocieran; la pren-
sa 127 contribuyó de favorable manera a la actitud que asumió
el gobierno estadounidense frente a los acontecimientos revo-
lucionarios.

El triunfo de Madero
y las contradicciones internas y externas

El triunfo de las fuerzas maderistas en Ciudad ]uárez puede


interpretarse como el acontecimiento bélico estratégico más
importante. Después, la más sorprendente y significativa ac-
ción del gobierno estadounidense, en relación con el conflicto,
fue la movilización de 20,000 soldados en las frontera Méxi-
co-Texas en 1911, Y la orden dictada a los barcos de guerra
estadounidenses para ir a nuestros puertos en el Pacífico y en
la costa del Golfo de México. Retos acontecimientos produ-
7
12 Ibidem, p. 135.
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX « 121

jeron un clamor en contra de la intervención que fatalmente


hubo de dirigirse en contra de Porfirio Díaz, a quien los gru-
pos revolucionarios acusaron de buscar la intervención. 128
El 21 de mayo se firmaron los Convenios de Ciudad Juá-
rez, documentos que han servido como prueba para la acusa-
ción de los grupos revolucionarios contra Madero, por haber
legalizado el triunfo de la contrarrevolución, iniciada en el
momento en que don Francisco León de la Barra. fue designa-
do presidente interino de la República. 129
Previamente habían ocurrido los titubeos del señor Made-
ro, que según dice Vázquez Gómez en sus Memorias políticas,
se negaba a exigir como condición para el cese de las hostili-
dades, la inmediata renuncia del dictador. Fue uno de esos días
cuando siendo actor de los acontecimientos, en la frontera, don
Venustiano Carranza pronunció aquella histórica frase de "Re-
volución que transa, es revolución que se suicida".130
Destaquemos los puntos fundamentales del convenio:
Primero: que el señor Díaz ha manifestado su resolución de
renunciar a la Presidencia de la República, antes que ter-
mine el mes de mayo.
Segundo: lo mismo hizo el vicepresi?ente.
Tercero: por Ministerio de Ley deberá asumir la Presidencia
de la República don Francisco León de la Barra, ministro de
Relaciones Exteriores.
Cuarto: el nuevo gobierno estudiará las condiciones de la
opinión pública, para satisfacer dentro de cada estado las

12hlbidem, p. 138.
"')Félix Gross y Rex D. Hopper. Un siglo de Revolución, p. 182
]11) Francisco Vázquez G6mez. Memorias políticas. p. 302.
122 -k. AUGUSTO GóMfZ VILLANUEVA

demandas "dentro del orden constitucional". Se acorda-


rá lo conducente a las indemnizaciones de los perjuicios
causados directamente por la Revolución y fue el único
en donde se estableció el licenciamiento del ejército revo-
lucionario.

El convenio de Ciudad de Juárez, es uno de los docu-


mentos históricos que más airados calificativos atrajo al señor
Madero. Se dice que fue el documento que legalizó la con-
trarrevolución iniciada en el momento en que don Francisco
León de la Barra fue designado presidente interino de la Re-
pública.
La entrega del Ejecutivo al antiguo secretario de Relacio-
nes de Díaz, el ofrecimiento de indemnizar a las personas que
sufrieron daños en sus propiedades, causados directamente
por la Revolución, y el licenciamiento de las fuerzas revolu-
cionarias, es decir, las fuerzas de sostén del maderismo sin
destruir al ejército federal, o las principales cabezas al servicio
del dictador, constituyeron la génesis de la caída y el asesinato del
señor Madero. 131
Muchas opiniones se vertieron en torno a este documento
histórico, entre ellas destaca el artículo que escribió don Luis
Cabrera, el 27 de abril de 1911 y que denominó Carta abierta
al señor don Francisco 1. Madero, con motivo de los tratados
del señor Juárez. En ella, en uno de sus párrafos casi prófeti-
cos, le dice lo siguiente:
las revoluciones son siempre dolorosísimas para el cuerpo
social, pero el cirujano tiene ante todo el deber de no cerrar

111 M.S. Alperovích y otros autores. La Reuolución Mexicana. p. 92.


Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX ~.123

la herida antes de haber limpiado la gangrena. La operación,


necesaria o no, ha comenzado, usted abrió la herida y usted
está obligado a cerrarla; pero ay de usted si acobardado an-
te la vista de la sangre o conmovido por los grandes gemidos
de dolor de nuestra Patria, cerrara precipitadamente la heri-
da, sin haber arrancado el mal que se propuso usted extir-
par; el sacrificio habrá sido inútil y la historia maldecirá el
nombre de usted, no tanto por haber abierto la herida sino
porque la Patria seguiría, además expuesta a recaídas más
peligrosas y amenazada de nuevas operaciones cada vez
más agotantes y cada vez más dolorosos.

Los hechos vinieron a confirmar que don Luis Cabrera


tuvo la razón. 132
Cuando convocó a la revolución en el Plan de San Luis,
fijando como fecha insurreccional el día 20 de noviembre de
1910, en el punto tercero de este documento histórico, inclu-
yó el párrafo siguiente:

abusando de la Ley de Terrenos Baldíos, numerosos peque-


ños propietarios, en su mayoría indígenas, han sido despoja-
dos de sus terrenos por acuerdo de la Secretaría de Fomento,
o por los fallos de los Tribunales de la República. Siendo de
toda justicia restituir a sus antiguos poseedores de los terre-
nos de que se les despojó de un modo arbitrario, se declara-
ran sujetas a revisión tales disposiciones y fallos y se les
exigirá a quienes los adquirieron de un modo inmoral o a
sus herederos, que los restituyan a sus primitivos propieta-
rios, a quienes pagarán también una indemnización por los
perjuicios sufridos. Solo en caso de que estos terrenos hayan

I;¿ Bias U rrea. Obras Políticas. p. 222.


124 .#( AUGUITO GÓMEO VILLANUEVA

pasado a tercera persona antes de la promulgación de este


Plan, los antiguos propietarios recibirán indemnización de
aquellos cuyo beneficio se verificó el despojo.

En otro párrafo de este mismo punto tercero, se seña-


laba el compromiso de respetar las obligaciones contraídas
por la Administración porfirista con gobiernos y con corpo-
raciones extranjeras, antes del 20 de noviembre. Este punto,
aunque contribuyó indudablemente a que en el exterior se
observara una actitud de aparente neutralidad, está en ab-
soluta contradicción con el anterior que hemos transcrito,
porque en su redacción no se advirtió que la mayoría de los
despojos fueron consumados por compañías al servicio de
los extranjeros.!33
Ningún hecho tuvo tanta importancia para su futura es-
tabilidad, como el error que Madero cometió en su política
hacia las compañías petroleras, al inclinarse precipitadamente
a favor de los intereses ingleses antes de tomar el poder.

La contrarrevolución y la participación
de Wilson en la caída y el asesinato del presidente Madero

El diario Nueva Era, publicó la versión de una entrevista Ma-


dero-Pearson en el mes de agosto de 1911. En las páginas del
citado periódico, se publicó lo siguiente:
Lord Coudray, representante de la casa Pearson, fue a
visitar al señor Madero para informarse de cuáles eran sus
intenciones respecto a las concesiones que esta casa tiene en

Li3Alberto Morales Jiménez. Historia de la Reuolución Mexicana. p. 92.


Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX ~ 125

la República. Madero le manifestó que todos los capitalistas


extranjeros, así como los nacionales, tendrían toda clase de
garantías de su gobierno, y que él vería con gusto la inversión
en México, de capitales extranjeros. Respecto a las concesio-
nes de la Casa Pearson con el gobierno mexicano, les aseguró
que sí había cumplido debidamente con los contratos respec-
tivos, no tenía nada que temer, pues su gobierno respetaría los
contratos y concesiones celebrados en debida forma y con to-
dos los requisitos legales con el gobierno pasado. También le
manifestó que consideraba benéfica para México la acción de
el combatir el monopolio de la Waters Pierce Company, pues
como él lo había repetido varias veces, su gobierno procuraría
siempre combatir los monopolios. 134
La impresión que causó a las compañías estadounidenses
esta noticia, indudablemente fue muy desagradable, fueron
ellas las que ofrecieron después dinero a Bernardo Reyes para
derrocar a Madero, y que después intervinieron de una mane-
ra decisiva en los sucesos de la Decena Trágica.
El triunfo del señor Madero en los comicios de 1911
abrió un paréntesis de esperanza. Las compañías petroleras
se mantuvieron expectantes, los campesinos impacientes.
Madero protestó como presidente el 16 de noviembre de
1911 y Zapata el día 28 del mismo mes dio a conocer su plan
de Ayala. A partir de ese momento los campesinos tuvieron
una consigna en la que pedían no sólo la restitución de las
tierras, sino la confiscación y expropiación de los grandes
latifundios, que naturalmente afectarían a nacionales y ex-
tranjeros.

1l4Andrés Molina Enríquez, op. cit., p. 85.


126 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

El gobierno del señor Madero duró cerca de un año y un


mes. En este corto periodo se agudizaron las contradicciones
de clase; la confusión llegó a extremos insospechados.
Pero los sucesos registrados en esta etapa influyeron de
manera decisiva para descubrir cuáles eran los enemigos con-
tra los que el pueblo tendría que luchar implacablemente, sin
tregua ni cuartel, hasta lograr su total destrucción.
Aunque es difícil juzgar la obra de Madero como gober-
nante, entre los problemas que tenía que sortear se pueden
señalar los siguientes: no liquidó al Ejército federal, sostén del
porfiriato; en cambio desarmó a sus propios hombres, los re-
volucionarios. Del Ejército federal surgieron Bernardo Reyes,
Félix Díaz y Victoriano Huerta, conspiradores y consumado-
res de su caída.
Madero tuvo que soportar dos rebeliones más, la de Ber-
nardo Reyes en Nuevo León, y la de Félix Díaz en Veracruz.
Ante el apremio de las rebeliones campesinas, intentó
resolver de manera el problema de la tierra, formó la Comi-
sión Nacional Agraria, pero ésta no pudo operar. Más tarde
cuando se reorganizó y llegaron a dar los primeros formal-
mente, los debates en la Cámara, la intervención de Malina
Enríquez en la Comisión y del ingeniero Manuel Bonilla,
permitió la elaboración de un anteproyecto de ley, en el que
se declaraban de utilidad pública nacional la reconstrucción y
dotación de los ejidos, se facultaba al Ejecutivo de la Unión
para que procediera a expropiar los terrenos necesarios para
reconstruir los ejidos de los pueblos que los hubiesen perdi-
do, para dotar de ellos a las poblaciones que lo necesitaran,
o para aumentar la extensión de los ya existentes. En este
anteproyecto, se expresaban que mientras no se reformara
Los ACONTFClMIENTOS MUi'iDIALFI A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX ~ 127

la Constitución, la propiedad de estos ejidos permanecería


en manos del gobierno federal y la posesión y el usufructo en
manos de las comunidades. m
Estas actividades, las rebeliones agrarias y el nacimiento
de las organizaciones obreras, preocuparon seriamente a los
grupos de terratenientes reaccionarios, capitalistas extranje-
ros y al clero terrateniente, que se había manifestado incon-
forme con la política del señor Madero por la reducción de
sus curules en las Cámaras.
Pero los problemas de orden interno tal vez hubieran en-
contrado una solución, a no ser porque ello implicaba lesionar
intereses extranjeros.
Madero, después de su entrevista con Pearson, se había
manifestado sumamente cauteloso en su trato con los esta-
dounidenses y los ingleses. Estos últimos mantuvieron una
actitud expectante, pero los estadounidenses se convirtieron
en onspiradores activos. Henry Lane había informado al De-
partamento de Estado que
Madero era considerado en la mayor parte del país y por una
porción de su propia familia, como un soñador de vagas ten-
dencias, portador de un estandarte político inadecuado para
estos tiempos y que indudablemente a su arribo al poder,
México entraba en un largo periodo de turbulencia y malestar
político.
Wilson manifestó frecuentemente su molestia porque
Madero no reconoció su experiencia ni lo consultó para los
asuntos de Estado. Los antecedentes de estos dos hombres
incluían la rivalidad económica entre la familia Madero y los

I "Ibídem, p. 129.
128 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

intereses de Guggenheim, con los que los amigos y parientes


del embajador estaban asociados.
Tan pronto se hizo evidente que el nuevo gobierno no se
proponía hacer favores al capital norteamericano y, según la
opinión de Wilson, no se podía confiar en que mantendría el
orden y protegería los intereses norteamericanos, el embaja-
dor llegó a ser un activo opositor a Madero. 136
Wilson era el perfecto representante de la colonia ex-
tranjera en la ciudad de México, antagonista del nuevo
gobierno. El embajador norteamericano, se rodeó de un
pequeño círculo conocido como "Sociedad de Amigos del
Embajador" y era representante de sus intereses y aspira-
ciones. 13 ?

La actitud de Wilson encontró eco en sus quejas contra


el gobierno mexicano y en sus informes al Departamento de
Estado. El embajador protestaba por los desórdenes y exigía
protección para la vida y la propiedad de los estadounidenses.
Obstaculizaba al gobierno mexicano con reales e imaginarios
agravios, e insistía en un arreglo inmediato a sus demandas.
No contento con representar sólo los intereses de los es-
tadounidenses, Wilson presionó también al gobierno con las
reclamaciones de los alemanes, españoles, belgas, franceses
y chinos. Se quejó de la medida tomada contra el violento y
antigobernista periódico Mexican Herald; del impuesto del
aceite que consideró discriminatorio y confiscatorio, que era
apenas de tres centavos por barril y aplicado a todos los pro-
ductos; de la decisión del gobierno de exigir el empleo del

1'''Stanley R. Ross, Francisco T. Madero, apóstol de la Revolución, p. 227.


'I7Ibidem, p. 228.
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX ;j( 129

idioma español entre los trabajadores del ferrocarril. El señor


Madero había expresado ya con anterioridad sus esperanzas
en el próximo cambio de gobierno en Estados Unidos, y en
una ocasión le dijo a Vasconcelos que el primer favor que le
pediría al nuevo presidente, sería el retiro de Wilson como
embajador en México. 138
El embajador Wilson, que actuó ininterrumpidamente
con el deseo de desacreditar al gobierno de Madero, sugirió
el 18 de abril al Departamento de Estado, el envío de tropas
estadounidenses a Chihuahua, para proteger las vidas y pro-
piedades de sus connacionales. El Departamento contestó
que "era inoportuno actuar en ese momento porque podría
afectar la campaña presidencial del Partido Republicano",
pero, en cambio, se ordenó a Wilson que enviara una nota
al ministro de Relaciones Exteriores de México, en el cual
Estados Unidos hacía saber que "esperan y deben exigir que
la vida y propiedad de los norteamericanos dentro de la Re-
pública de México, sea justa y adecuadamente protegidas" y
que aquel gobierno consideraría a México y al pueblo mexi-
cano responsables de cualquier provocación y acto ilegal. 139
El señor Madero en su Informe de Gobierno del 1 de abril
de 1912, expresó 10 siguiente:
La agitación armada que existe en algunas partes de la Repú-
blica, ha dado lugar a rumores sobre la posibilidad de una
intervención en México, por parte de Estados Unidos. Estos
rumores fomentados en dicho país por algunos periódicos sin
escrúpulos, han intentado suscitar diferencias entre los dos

I38jbidem, p. 233.
139jbidem, p. 223.
130 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

gobiernos, .y a que el de Washington sufra el influjo de esa


labor malsana.

En este mismo informe dio a conocer al Congreso las co-


municaciones de Washington que con un carácter oficial, des-
mienten tales noticias. 140
Pero la campaña internacional contra el señor Madero se
desató cuando éste se propuso resolver a fondo el problema
de la tierra; con ello resultaban afectados los latifundistas es-
pañoles, los ingleses y los estadounidenses. La prensa reac-
cionaria, descarada y abiertamente se dedicó a ridiculizar la
figura del presidente, instigó a los sectores conservadores para
derrocar al gobierno, al que acusaba de inepto, débil y tole-
rante de la anarquía, así como con tendencias socialistas que
atacaban los derechos adquiridos y la propiedad particular.
En las tiendas de los abarroteros españoles, en el púlpito
de las iglesias, en los centros de las finanzas, así como en las
embajadas, se conspiró abiertamente.
Wilson tiene ante la historia la responsabilidad de haber
auspiciado e intervenido directamente en la organización del
golpe de Estado, aprovechándose de las situaciones propicias
que facilitaron la alianza de lo que guardaba de los científicos,
los latifundistas reaccionarios, la casta militar porfiriana y el
clero.
El señor Madero no se apoyó en ninguna potencia extra-
ña, no satisfizo las d~mandas de los campesinos, cuando éstos
se presentaron más exigentes, no contó con el problema de
las organizaciones radicales y se encontró de nuevo frente al
fantasma de la desocupación.
14°Ibidem, p. 232.
los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX ~ 131

Muchos investigadores y actores de los acontecimientos


de la Decena Trágica, han intentado esclarecer al máximo la
culpabilidad de Lane Wilson en la conspiración contra el pre-
sidente Madero que culminó con su muerte. Existe una total
coincidencia en atribuir el cargo de autor intelectual al emba-
jador estadounidense, que él mismo llega a confirmar en sus
Episodios diplomáticos.
Como es sabido, los acontecimientos de la Decena Trágica
perturbaron de nuevo la paz del país, pero como el escenario
de estos hechos se registró en la Ciudad de México, obvia-
mente en sus pobladores se reflejó una mayor inquietud y te-
mor por los efectos destructivos derivados de los encuentros
bélicos.
No nos corresponde analizar los detalles políticos de los
acontecimientos, en este trabajo, sino aquellos aspectos rela-
cionados con cuestiones de orden exterior, en los que intervi-
nieron los diplomáticos acreditados en nuestro país.
Independientemente del acto de traición de Victoriano
Huerta a don Francisco I. Madero, existen elementos infor-
mativos irrefutables, que demuestran la participación del de-
cano del cuerpo diplomático, en esa época y de otros minis-
tros que se apartaron de sus funciones.
Ramón Prida en su obra La culpa de Lane Wilson, emba-
jador de Estados Unidos de América en la tragedia mexicana
de 1913, afirma que por iniciativa del embajador, se incitó
a un grupo de senadores y diplomáticos para comenzar ges-
tiones ante sus colegas para que el Senado interviniera en el
conflicto y pidiera al presidente de la República la renuncia
a su puesto. Estos trabajos culminaron con la petición del
ministro de España, instrumento inconsciente del embaja-
132 ~ AUGUHO GÓMEZ VILLANUEVA

dar, que hizo en nombre del cuerpo diplomático para que


renunciara aquel funcionario, petición que el mismo día formu-
ló un grupo de senadores; la negativa del señor Madero y la
aprehensión del presidente y sus ministros por fuerzas del
general Blanquet, quien para ello procedió de acuerdo con
Victoriano Huerta. 141
El señor Manuel Márquez Sterling, embajador de Cuba en
México, durante los acontecimientos que nos ocupan, testigo
de las actividades de conspiración de su homólogo estado-
unidense, en su extraordinario trabajo Los últimos días del
presidente Madero, relata con verdadera fidelidad las acciones
registradas en la Embajada, afirmando que, el propio emba-
jador le denominó "El centro de todas las actividades a favor
de la humanidad". 142
El mismo escritor, frente a esos sucesos informa inclusive,
cómo se manejó de nuevo la amenaza de la intervención de
Estados Unidos y más adelante se refiere a la participación
que tuvo el propio embajador estadounidense y el español
Cólogan, en las gestiones coactivas ante el señor presidente
Madero, para que éste presentara su renuncia.
En la embajada encontrábanse los Ministros de Alemania e
Inglaterra al llegar el de España, y en seguida Mr. Wilson,
pálido, nervioso y excitado, repitió su discurso de siempre:
"Madero es un loco, un {ool, un lunatic, y debe ser legal-
mente declarado sin capacidad mental para el ejercicio de su
cargo". Y descubriendo sus propósitos y la conjura en que
andaba metido, agregó: "esta situación es intolerable... y yo

¡4¡Ramón Prida. La culpa de Lane Wilson, p. 18.


142Manuel Márquez Sterling. Los últimos días del presidente Madero, p.
207.
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX ~ 133

vaya poner orden"; palabras, las últimas que acompasó a un


tremendo puñetazo en la mesa que tenía cerca, puñetazo
dado, en verdad, a la Patria de Félix Díaz en la cabeza de
Madero. "Cuatro mil hombres vienen en camino" prosiguió
con los puños cerrados como si también amenazara con ellos
a Cólogan "y subirán aquí si fuese menester".
Los tres plenipotenciarios mirándose, y Mr. Wilson, poseído
de fiebre, continuó: "Madero está irremisiblemente perdido.
Su caída es cuestión de horas y depende sólo de su acuerdo
que se está negociando entre Huerta y Félix Díaz". Entre el
Jefe del Ejército, a quien Madero confió la suerte del gobier-
no y de la República, y el cabecilla de la Ciudadela. "Con
Huerta" dijo más calmado "me entiendo por intermedio de
un tal Enrique Cepeda ... Con Félix Díaz, por un doctor
americano que lo visita, en mi nombre, continuamente... " Y
allí entró en ciertos detalles de trascendencia. "El general
Blanquet ha llegado a Toluca al frente de dos mil soldados y
en él descansa Madero; mas Blanquet sólo espera el momen-
to del golpe. El loco, apenas cuenta con la insignificante
batería del general Angeles y está dominado". El loco no era
Madero, sino Wilson. y así lo pensaron de seguro, los tres
ministros. Madero trajo tropas federales, reunió a los jefes
de más prestigio del ejército y los echó sobre Félix Díaz.
Ninguna orden suya entorpeció las operaciones militares.
Huerta, a quien él hizo general de División, obró libre-
mente. Blanquet le juraba fidelidad. Y ¡mañana! sería toma-
da la Ciudadela, según la promesa diaria del jefe de sus
fuerzas. ¿Qué acto de locura realizado por Madero disculpa
los arreglos de Huerta con Félix Díaz? ¿Qué acto de locura
de Madero excluye la demencia de Wilson? y la demencia
era el estado del embajador al pronunciar esta siniestra ame-
134 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

naza, no ya contra la soberanía mexicana o contra la existen-


cia del gobierno, sino contra la vida de Madero: "ha llegado,
señores, el momento -Exclamó- de hacerle saber que sólo la
renuncia podría salvarle..." Y propuso, con toda la solemni-
dad ajustada al caso, que desempeñara el señor Cólogan la
misión de comunicar al Presidente el inverecundo fallo, y
discernía sacrificio tan doloroso al Ministro de España, aten-
diendo a los vínculos de raza que ligaban al que Wilson ca-
lificó de loco y al que, en un instante enloqueció. "Poco o
nada iba por tanto en el asunto a mis dos colegas -escribe
Cólogan-, y al mirarme Mr. Wilson estuve unos momentos
callado, pensándolo[... ]" ¿Puso el Ministro de la raza su
influencia en la balanza diplomática, a fin de impedir seme-
jante atentado? ¿Hizo siquiera alguna reflexión al enfureci-
do Wilson; trató de contener, en aquella senda, al ofuscado
Embajador; analizó las responsabilidades que iban los dos
a compartir; tuvo una palabra de justicia, de razón, de dere-
cho, de piedad para la independencia de México y para la
vida de Madero; negó su concurso a la obra maléfica del
verdadero loco? ¡No! Él mismo lo refiere: calló, y después
de un largo silencio, dijo en voz baja: "está bien ... " De
cómo discurrió el señor Cólogan a través del frío mutismo
en que lo acababa de sumir el yanqui, nos lo va a contar él en
un párrafo de su informe confidencial: está interesado mi
honor, puesto que tú, embajador norteamericano, invocas
mi cargo y mis vínculos, y como pariente cercano soy esco-
gido para decir al moribundo: prepara el testamento; y,
además, hay dolor en la misión y sobre todo peligro cierto;
estás tan penetrado tú, ¡embajador!, de la conspiración,
jefe y zurcidor que vienes a ser de ella; son tan irrefutables
los hechos y tus declaraciones respecto al siniestro plan de
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX ~ 135

Huerta, a la plena seguridad de Félix Díaz en la Ciudadela,


a la pérdida inevitable del Presidente Madero, que es cues-
tión también de corazón y un deber, no ya de amistad sino
de humanidad y caridad, prevenirlo, salvarlo.
A las nueve de la mañana de aquél tristísimo día 15, ya
estaba el señor Cólogan en Palacio. Señor Presidente -le dijo
a boca de jarro, ambos de pie y estremecidos-; el embajador
nos ha convocado, esta madrugada, a los ministros de Ingla-
terra, Alemania, y a mí, de España, y nos ha expuesto la
gravedad, interior e internacional, de la situación, y nos ha
afirmado que no tiene usted otro camino que la renuncia,
proponiéndome, como Ministro de España, y por cuestión
de raza, así dijo, que yo lo manifestara a usted.
"¿Qué opinaron los ministros?" preguntó Madero, ins-
piradamente para el de España.
Se trataba de hechos, no de opiniones. El señor Cólo-
gan, a toda evidencia, no transmitía al parecer del embaja-
dor, sino lo que el embajador había decretado. Por lo tanto,
el ministro de España interpretó mal esa misión o no debió
aceptarla ni encargarse de ella si no podía cumplirla de otra
manera. "Me figuré" dice en su abono el señor Cólogan
"que el señor Madero me preguntase inmediatamente en
qué se fundaba el Embajador para creer que no tenía otra
solución que la renuncia", y mi respuesta inmediata habría
sido dejarla al embajador en persona, que enterado y docu-
mentado como yo no podía estarlo, era quien podía expli-
carle, con conocimiento de causa, la realidad de la situación,
y me habría ofrecido para invitarlo en su nombre a venir al
Palacio Nacional o para pedirle el desenlace frente a frente
y cara a cara, con evidente ventaja, que yo, injerido ya en el
asunto, habría de perseguir a todo". Y tú, ministro de la raza,
136 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

¿por qué, desde el primer instante, no te pusiste en esa que


era la mejor posición y no prestaste ese que era tu mayor
servicio? La respuesta del señor Cólogan a Madero es nota-
blemente escurridiza: "Mis colegas -exclamó- no se habían
de oponer a lo que sólo a mí concernía, según la forma que
desde luego, dio el embajador a su propuesta[...]"
Madero: ¿y usted?
Cólogan: toda objeción mía hubiese sido completamen-
te inútil. Mr. Wilson nos hizo afirmaciones terminantes y he
venido a desempeñar un penoso encargo...
y claro es que Madero, a quien el ministro de la raza habla-
ra en términos tales, no podía renunciar a la Presidencia de la
República para complacer un simple recado de Mr. Wilson, im-
propiamente transmitido por el señor Cólogan, aparte de que, en
cuanto al peligro de su vida, que era lo más grave del recado, ni
dijo una palabra el ilustre mensajero, y el Presidente "no podía
ser adivino", añadió el propio Ministro de España. "Obedecien-
do a un simple impulso de altivez, que no iba a ser yo quien lo
extrañara", dice el Ministro, respondió con viveza: "los extran-
jeros no tienen derecho a injerirse en la política mexicana".
y abandonó precipitada mente la pieza y dejó solo al
señor Cólogan. 143

Frente a la actitud asumida por el presiente Madero ante


los conspiradores, el propio embajador estadounidense mane-
jó la amenaza de la intervención, argumentando supuesta pro-
tección a la vida e intereses de sus connacionales, incitando a
la vez a Márquez Sterling para que Cuba hiciera lo mismo. El
embajador estadounidense expresó:

141Ibidem, pp. 226-229.


Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEl SIGLO XX ~ 137

no existe en México un gobierno obedecido por el pueblo.


Entonces ¿por qué oponerse a que la Legación de Cuba se
proporcione I~s garantías que Madero no le da? Están al
llegar buques de guerra americanos y traen fuerzas bastantes
para cualquier evento. Usted, ministro -agregó-, debe, a mi
juicio, mantener en una nota enérgica su derecho a desem-
barcar soldados para prevenir una catástrofe; en su abono
están los principios más elementales del Derecho Internacio-
nal, ejemplos mhy claros y precisos.

Como era entonces costumbre, aludió al desembarco de


tropas extranjeras en China, sin duda por no querer mencio-
nar el de tropas estadounidenses en Nicaragua. Y luego rema-
tó sus enseñanzas prometiéndome apoyo en una concisa nota
suya, como la mía, enérgica.
El presidente Madero -dijo con lentitud- está irremediable-
mente perdido, y tal vez lograremos los diplomáticos per-
suadirle de su fatal destino...
-¿Los diplomáticos?- le pregunté con sorpresa.
-No, todos no, algunos. Yo he reunido a los ministros de
Alemania, Inglaterra y España para eso; y, además, el Encar-
gado de Negocios de Francia tiene autorización de su go-
bierno para invocar también su nombre...
-¿y qué se ha resuelto?
El embajador se puso en pie, como si un resorte, desde
el techo, lo hubiera suspendido. "Oh, si el Presidente fuese
un hombre cuerdo estaría solucionada la crisis. Pero... Mi-
nistro, no lo dude usted: ¡tratamos con un loco! Y de un
loco no puede esperarse nada cuerdo.
Confieso que me sobrecogió una profunda pena. La in-
tervención de los Estados Unidos o el derrocamiento súbito
138 « AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

de Madero explicaban, para mí, la conducta tortuosa y las


palabras oscuras del embajador. La revolución no estaba ya
en la Ciudadela, sino en el espíritu de Mr. Wilson. Madero
no tenía enfrente a Félix Díaz, sino al representante del pre-
sidente Taft. Y reflexioné acerca de mi situación y de mis
deberes. mra inverosímil que la sola presencia de los infan-
tes cubanos en tierra de Veracruz, provocase un trastorno y
éste fuese el pretexto de echar, sobre México, las tropas
americanas y decidir la intervención? Una hoja impresa, de
las muchas leídas en la Embajada antes que en otro sitio al-
guno, afirmó que los cubanos iban sin tropiezos, en un tren
rumbo a la capital. Y este embuste ¿no era parte en la polí-
tica de las noticias falsas y tendría, maliciosamente, a enre-
darme en un conflicto?144

El señor presidente Madero conoció de esta amenaza y


los mismos senadores, convocados por Pedro Lascuráin, se-
cretario de Relaciones Exteriores, firmaron el acta oficial de
la sesión que se celebró el sábado 15 de febrero, en la cual se
consigna lo siguiente:
[...] terminada la lectura de oficio, se presentó el Secretario
de Relaciones Exteriores, licenciado don Pedro Lascuráin, a
quien se concedió el uso de la palabra para informar. El se-
ñor Lascuráin manifestó ser por extremo angustiosa la situa-
ción internacional de México, con respecto a los Estados
Unidos de América, pues se habían recibido telegramas de
Washington, participando la decisión de aquel gobierno, ya
en via de ejecución, de enviar buques de guerra a aguas terri-
toriales mexicanas del Golfo y del Pacifico, y transportes
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX « 139

con tropas de desembarque. El señor Secretario de Relacio-


nes agregó que, a la una de la mañana de hoy, el embajador
de los Estados Unidos reunió en el local de la embajada a
algunos miembros del Cuerpo Diplomático, a quienes hizo
saber la próxima llegada de los buques y su opinión firme y
resuelta de que tres mil marinos vengan a la ciudad de Méxi-
co a proteger las vidas e intereses de los americanos, así como
de los demás extranjeros que en ella residen. No hay tiempo
que perder, concluyó diciendo el señor Lascuráin, los mo-
mentos son precisos y, ante el inminente peligro que nos
amenaza, de invasión extranjera, acudo al Senado para que
en nombre del más alto y puro patriotismo adopte las medi-
das enderezadas a conjurarlo. 145

El presidente Madero se negó a recibir a la comisión de


senadores encabezada por el señor Enríquez y más tarde supo
de su propósito por el senador Obregón, quien expresó:

Señor Presidente: la grave situación en que se encuentra el


país y el movimiento de revolución que se ha verificado en
esta Capital, los combates que diariamente se están suce-
diendo con la mayor alarma para todos los habitantes de
México, sin que se domine ese movimiento y además, los
hechos que el señor Ministro de Relaciones ha puesto en
nuestro conocimiento por acuerdo de usted, y el haber veni-
do barcos americanos de guerra: a Veracruz, y estar próximos
a llegar a Tampico, venir transportes de guerra conduciendo
algunos miles de soldados americanos con instrucciones de

145Secretaría de Gobernación. Memorias de la Secretaría de Gobernación,


correspondiente al periodo revolucionario comprendido entre el 19 de febrero de
1913 y el30 de noviembre de 1916, p. 51.
140 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

desembarcar y venir hasta México, y el examen de la situa-


ción del Gobierno, que hace ver que no puede dominar a los
pronunciados y que éstos no cedan a ninguna de las consi-
deraciones que se les han presentado por quienes han habla-
do con ellos, hasta en nombre del Gobierno; motiva que los
senadores opinen en las juntas celebradas, que la solución en
bien de la Patria, es apelar al patriotismo de usted, indicán-
doles la conveniencia de que usted haga su dimisión del
cargo de Presidente de la República, buscando el mejor re-
sultado que evite todo género de dificultades y males del
país. 146

El señor Madero a esto contestó que los peligros de la


intervención no existían y que oficialmente no tenía ninguna
información al respecto y prueba de ello, lo constituía la co-
municación enviada al presidente Taft en los términos siguien-
tes del 14 de febrero de 1913, así como la respuesta recibida
por el propio mandatario, documentos que a continuación se
insertan:
Palacio Nacional, 14 de febrero de 1913: Sr. \v.H. Taft, Presi-
dente de los Estados Unidos de América.- Washington.- He sido
informado que el Gobierno que su Excelencia dignamente pre-
side, ha dispuesto salgan rumbo a las costas de México buques
de guerra con tropas de desembarque para venir a dar garantías
a los americanos. Indudablemente los informes que usted tie-
nen y que le han movido a tomar tal determinación, son inexac-
tos y exagerados, pues las vidas de los americanos en esta capi-
tal no corren ningún peligro si abandonan la zona de fuego y
se concentran en determinados puntos de la Ciudad o en los

146lbidem, p. 57.
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX .#t. 141
suburbios, en donde la tranquilidad es absoluta y en donde el
Gobierno puede darles toda clase de garantías. Si usted dispone
que así lo hagan los residentes americanos en esta Capital, se-
gún la práctica establecida en un mensaje anterior de usted, se
evitaría todo daño a las vidas de los residentes americanos y
extranjeros. En cuanto a los daños materiales de las propieda-
des, el Gobierno no vacila en aceptar todas las responsabilida-
des que le corresponden según el Derecho Internacional. Rue-
go pues, a su Excelencia ordene a sus buques no vayan a
desembarcar tropas, pues esto causaría una conflagración de
consecuencias inconcebibles más vastas que las que se trata de
remediar. Aseguro a su Excelencia que el Gobierno está toman-
do todas las medidas a fin de que los rebeldes de la Ciudadela
hagan el menor daño. Es cierto que mi Patria pasa en estos
momentos por una prueba terrible, y el desembarque de fuer-
zas americanas no hará sino empeorar la situación, y por error
lamentable, los Estados Unidos harían un mal terrible a una
Nación que siempre ha sido leal y amiga, y contribuiría a difi-
cultar en México el establecimiento de un Gobierno democrá-
tico semejante al de la gran nación americana. Hago un llama-
miento a los sentimientos de equidad y justicia que han sido la
norma de su Gobierno, y que indudablemente representa el
sentimiento del gran pueblo americano cuyos destinos ha regi-
do con tanto acierto.- Francisco 1. Madero. 147

Al documento anterior el presidente Taft expresó la Si-

guiente respuesta:

Por texto del mensaje de Vuestra Excelencia que recibí el día


14, se desprende que ha sido mal informado respecto a la

7
14 partido Revolucionario Institucional. La contrarevolución, p. 61.
142 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

política de los Estados Unidos hacia México, la que por dos


años ha sido uniforme así como también respecto a las medi-
das navales o de cualquier otra índole que hasta aquí se han
tomado, medidas que son de precaución natural y ya el emba-
jador me telegrafió que cuando vuestra Excelencia fue bastan-
te bondadoso, de mostrarle su telegrama dirigido a mí le hizo
notar este hecho, en consecuencia nuestra excelencia debe
estar advertido de que los informes que parece le han llegado,
relativos a que ya se han dado órdenes para desembarcar
fuerzas, han sido inexactos. Sin embargo, el embajador, que
está plenamente informado, ha recibido de nuevo instruccio-
nes para proporcionar a Vuestra Excelencia las informaciones
que desee. Juzgo innecesarias nuevas seguridades de amistad
a México, después de dos años de pruebas de paciencia y
buena voluntad. En consideración a la especial amistad y a las
relaciones existentes entre ambos países no puedo llamar la
bastante atención a Vuestra Excelencia, sobre la vital impor-
tancia del pronto restablecimiento de esa paz real y orden que
este gobierno a esperado ver restablecidos, ya porque los ciu-
dadanos americanos y sus propiedades deben ser protegidos y
respetados, cuanto porque esta nación simpatiza profunda-
mente con las aflicciones del pueblo mexicano. Recíproca-
mente a la ansiedad manifiesta y el mensaje de vuestra exce-
lencia, creo de mi deber añadir sinceramente y sin reserva que
el curso de los acontecimientos durante los dos últimos años
y que hoy culminan con una situación muy peligrosa, crea en
este país un pesimismo extremo y la convicción de que aquel
deber imperioso de estos momentos, está en aliviar pronto la
actual situación.- William H. Taft. 148

148lbidem, p. 62.
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX ~ 143

El resto de los acontecimientos, son conocidos: la renun-


cia del presidente Madero y del vicepresidente Pino Suárez,
como producto de la coacción en la cárcel; el reconocimien-
to diplomático tácito del Cuerpo Diplomático al presidente
usurpador Victoriano Huerta, con el discurso que pronuncia
el propio embajador en la primera ceremonia diplomática:
Señor Presidente: El Subsecretario de Relaciones Exteriores me
informó, por medio de una nota de fecha 20 del actual, que
vuestra Excelencia había asumido el alto puesto de Presidente
Interno de la República, de acuerdo con las leyes que rigen en
México. Al mismo tiempo me manifestó que Vuestra Excelencia
recibiría con gusto a los representantes de los gobiernos Extran-
jeros acreditados en México; esta misma nota, que el Subsecre-
tario de Relaciones tuvo la deferencia de enviarme, fue comuni-
cada también a mis colegas.- Por lo tanto, nos hemos reunido
aquí para presentar a Vuestra Excelencia nuestras sinceras felici-
taciones, no dudando que, en el desempeño de vuestras altas
funciones, en las actuales circunstancias porque atraviesa Méxi-
co, que tanto interés despierta en sus países amigos, Vuestra Ex-
celencia dedicará todos sus esfuerzos, su patriotismo y conoci-
miento al servicio de la Nación y a procurar el completo
restablecimiento de la tranquilidad, ofreciendo a mexicanos y a
extranjeros la oportunidad de vivir en paz y contribuir al progre-
so, a la felicidad y al bienestar de la Nación Mexicana. 149

Más tarde el asesinato y el drama de la familia Madero


cuya esposa recibe como respuesta del Embajador America-
no: "vuestro marido no sabía gobernar, jamás pidió ni quiso
escuchar mis consejos".

14'Ident.
CAPíIUlO VI

LA REVOLUCIÓN SOCIAL
TRES PARÉNTESIS EN EL RÉGIMEN MADERISTA

la corta gestión del señor Madero, como ya lo

D
URANTE
expresamos con anterioridad, se registraron contradic-
ciones internas y externas que mantuvieron al país en
un estado de agitación permanente.
Los intentos del presidente mártir por resolver el pro-
blema agrario dentro de los cauces institucionales existentes,
utilizando un procedimiento que no era adecuado a las cir-
cunstancias sociales del país debido a la radicalización de los
grupos campesinos, se tradujo en el gradual alejamiento de
los más connotados líderes del movimiento agrario así como
del obrero que habían participado en el adoctrinamiento
ideológico y las contiendas políticas en el periodo violento de
esta etapa insurrecciona!.

Ricardo Flores Magón

Ricardo Flores Magón, el ideólogo más destacado del la junta


del Partido Liberal que en 1906 dio a conocer sus avanzadas
ideas nacionalistas, fue víctima de las persecuciones del régi-
men de Porfirio Díaz.
146 .;j( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Se refugió en Estados Unidos de Norteamérica y en aquel


país fue protegido por Eugene V. Debs y otros líderes del
Partido Socialista Estadounidense, y de la naciente Organi-
zación Mundial de Trabajadores Industriales. Influenciados
por la propaganda ideológica de Kropotkin y Bakunin, se
propuso con otros socialistas realizar ensayos de una refor-
ma social, intentando apoderarse de la Península de Baja Ca-
lifornia. 150
Este acontecimiento y sus diferencias con don Francisco
1. Madero, lo llevaron a un extremo de radicalización que
gradualmente le hizo perder el sentido de la realidad que se
registraba en nuestros país. Si bien es cierto que el documento
de 1906 condensa la casi totalidad de las aspiraciones del pue-
blo mexicano, sobre todo del sector más desposeído, a partir
de 1907 que ingresó a las filas del anarquismo, sus escritos
dejaron de tener la influencia de los anteriores.
Fue durante los días del mes de mayo de 1911 en que los
acontecimientos bélicos revolucionarios llegaron a su clímax
cuando el grupo de exiliados mexicanos y residentes estado-
unidenses socialistas intentaron, utópica y en forma peligrosa
para la integridad del país, establecer el régimen socialista en
Baja California.
El 13 de mayo de 1911, se dio a conocer la proclama del
Partido Liberal enTijuana, en la que se incitaba a los habitan-
tes de esta ciudad a engrosar la revolución liberal. 151
Al Ejército Magonista ingresaron muchos anarquistas, so-
cialistas y también aventureros,

''<'Mario Gil. Nuestros buenos l'eállos, 1958, p. 162.


"'Pablo L. Martínez. El magollismo en Baja California, p. 20.
LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 147

Los cuerpos integrados por mexicanos quedaron al mando


del general José Ma. Leyva. Los voluntarios extranjeros, al
de Stanley Williams. No tardaron en surgir graves dificulta-
des entre los mexicanos que querían seguir la corriente ma-
derista y los anarquistas. Aparecieron también algunas dis-
crepancias entre los grupos de mexicanos y los extranjeros. 152

Frente a este acontecimiento, renacieron los intentos


anexionistas del Departamento de Estado estadounidense y
se comisionó a un aventurero, Dick Ferris, para consumar la
maniobra de establecer inicialmente la República socialista y
después, como en el caso de Texas, sugerir la adhesión a los
Estados Unidos de Norteamérica, que, aunque no llegó a consu-
marse, le costó las más duras críticas a Ricardo Flores Magón
y la acusación de traidor a la patria que alejó definitivamente
la posibilidad de que éste pudiera acaudillar la Revolución
nacionalista Mexicana.
El 23 de septiembre de 1911, Ricardo Flores Magón,
Librado Rivera, Anselmo N. Figueroa y Enrique Flores
Magón, desde Los Angeles, California, se dirigieron a los
mexicanos para convocarlos al establecimiento de un ilu-
sorio sistema de convivencia fraternal entre los hombres,
sin la existencia del gobierno y del Estado, afirmando que
no hay que esperar nada bueno de los gobiernos y de que la
emancipación de los trabajadores debe ser obra de los tra-
bajadores mismos.
Refiriéndose a los primeros intentos de expropiación,
afirmaba:

'''Mario Gil. up. cit., p. 162.


148 .#( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUCVA

pero no hay que limitarse a tomar tan sólo posesión de la


tierra y de la agricultura. Hay que tomar resueltamente po-
sesión de todas las industrias por los trabajadores de las
mismas, consiguiéndose de esa manera que las tierras, las mi-
nas, las fábricas, los talleres, las fundiciones, los carros, los
ferrocarriles, los barcos, los almacenes de todo género, las
casas que queden en poder de todos y cada uno de los habi-
tantes de México, sin distinción de sexo. 153

En esa época, se habían consumado ya los tratados de


Ciudad Juárez y el alejamiento de Flores Magón y Madero los
había llevado a una rivalidad irreconciliable; la Revolución
Nacionalista había perdido a su mejor ideólogo. En 1918, el
6 de marzo, en su Manifiesto a los miembros de Partido Libe-
ral Mexicano y a los anarquistas del mundo, envió sus nuevos
mensajes convocando a una revolución social, que no podía
ocurrir en México por el carácter utópico de ésta y las condi-
ciones objetivas del proceso revolucionario iniciado en 1910.

Emiliano Zapata y la revolución agraria

Ya expusimos en páginas anteriores que Emiliano Zapata el 28


de noviembre de 1911 dio a conocer su Plan de Ayala, en el que
acusó a Madero de apartarse de las promesas hechas a los cam-
pesinos que participaron en la Revolución de 1910, incluidas
en el punto 30 del Plan de San Luis Potosí.
En el Plan de Ayala se observa la influencia de los ideólogos
del Partido Liberal y constituye el primer documento que convoca

1"Ricardo Flores Magón. Semilla libertaria, p. 40.


LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 149

a la revolución social, cuyo carácter nacionalista se puede percibir


en sus párrafos 6°, 7° Y9°.
Zapata es el caso más elocuente, ya que refleja en su figu-
ra, pensamiento y actividad, la lucha ancestral del pueblo de
México por reivindicar a los hombres y la ti~rra de su condi-
ción servil del régimen colonial al semicolonial.
Su condición de antiguo calpulelque (líder de campesinos
despojados), siempre se manifestó en él de una manera cons-
ciente. 154
En los campesinos del estado de Morelos, existió una ma-
yor radicalización. Ello se explica porque en esa entidad, que
pertenecía entonces a veinte familias, fue en donde se consu-
mó con mayor intensidad el despojo de tierras.
A partir de 1898, año en que se suscitó el conflicto entre
España y Cuba, los campesinos de Morelos sufrieron con ma-
yor dramatismo los efectos de los despojos. Cuba, empeñada
en su lucha por la independencia, redujo sus envíos de azúcar
a Estados Unidos. Los grandes monopolios acaparadores de
esta materia prima intensificaron sus actividades extractivas
en México y convirtieron los extensos campos de Morelos en
inmensas plantaciones de caña.
Don Porfirio Díaz, siguiendo su línea política hacia los
grandes monopolios, permitió que las compañías se apodera-
ran de casi la totalidad de las tierras del sur y miles de campe-
sinos que antes se dedicaban a cultivar sus tierras se concen-
traron en las plantaciones y trapiches; pero cuando se consumó
la independencia política de Cuba, se redujeron los pedidos de
caña a México. Esto produjo una baja en los salarios de los

114Jesús Orelo {ncián. Raíz y razón de Zapata, p. 20.


150 ;j( AUGUSTO GÓMEZ VILLANU,VA

trabajadores del estado de Morelos y apareció en esta zona el


fantasma de la desocupación, que al repercutir en los campe-
sinos despojados de sus tierras, no les quedó más recursos que
tomar las armas e irse a la Revolución.
Zapata los acaudilló y cuando en el mes de marzo él y su
hermano Eufemio entraron a la lucha, lo hicieron atraídos
por las promesas del Plan de San Luis, de restituir las tierras a
las comunidades despojadas.
Los puntos más relevantes del referido Plan, son los si-
guientes:

6.- Como parte adicional del Plan que invocamos, hacemos


constar: que los terrenos, montes yaguas que hayan usurpa-
do los hacendados, científicos o caciques a la sombra de la
tiranía y justicia venal, entrarán en posesión de estos bienes
inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan
sus títulos correspondientes a esas propiedades, de las cuales
han sido despojados, por la mala fe de nuestros opresores,
manteniendo a todo trance, con las armas en la mano, la
mencionada posesión, y los usurpadores que se consideran
con derecho a ellas, lo deducirán ante tribunales especiales
que se establezcan al triunfo de la Revolución.
7.- En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos
y ciudadanos mexicanos, no son más dueños que del terreno
que pisan, sufriendo los horrores de la miseria sin poder
mejorar en nada su condición social ni poder dedicarse a la
industria o a la agricultura por estar monopolizadas en unas
cuantas manos las tierras, montes yaguas, por esta causa se
expropiarán, previa indemnización de la tercera parte de
esos monopolios, a los poderosos propietarios de ellas, a fin
de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos,
LA REVOLUCIÓN SOCIAL ~ ¡íI

colonias, fondos legales para los pueblos o campos de sem-


bradura o de labor y se mejore en todo y para todo, la falta
de prosperidad y bienestar de los mexicanos.
9.- Para ajustar los procedimientos respecto a los bienes
antes mencionados, se aplicarán leyes de desamortización y
nacionalización según convenga, pues de norma y ejemplo
pueden servir las puestas en vigor por el inmortal Juárez, a los
bienes eclesiásticos, que escarmentaron a los déspotas y con-
servadores que en todo tiempo han pretendido imponernos el
yugo ignominioso de la opresión y del retroceso. 155

Obviamente, al referirse a los "científicos", hace una alu-


sión directa al grupo extranjerizante del régimen de Díaz y
a los monopolios que constataban la economía de México,
sugiriendo como medida revolucionaria la nacionalización de
nuestros recursos naturales.
En la persecución al líder agrario se observan diferentes
hechos que habrán de conformar nuestro acierto, la actitud
asumida por los empresarios azucareros que ayudaron eco-
nómicamente a Huerta, el intento de este último de enviar
japoneses a Morelos acentuaron más el sentido nacionalista
revolucionario.
La carta que Zapata dirigió al Presidente Wilson para ha-
cerle conocer el verdadero sentido de su lucha, en vísperas de
la Convención Revolucionaria de 1914, condensa el sentido
social de su lucha y su actitud frente a los propios estadouni-
denses, documento que a continuación tral1 scribiremos ínte-
gro, pues los documenta con precisión:

155Gildardo Magaña. Emiliano Zipata y el agrarismo en México. vol. U., p. 86.


152 ~ A UG us ro G OM EZ VI L LA N U F VA

Cuartel General de Yautepec, Morelos, agosto 23 de 1914.


Señor Woodrow Wilson, Presidente de los EE. U U. de
América, Washington.
Estimado señor de mi consideración:
He visto en la prensa las declaraciones que usted ha
hecho acerca de la revolución agraria que desde hace cuatro
años se viene desarrollando en esta República, y con grata
sorpresa me he enterado de que usted, no obstante la distan-
cia, ha comprendido con exactitud las causas y fines de esa
revolución, que ha tomado, sobre todo, incremento en la
región sur de México, la que más ha tenido que sufrir los
despojos y las extorsiones de los grandes terratenientes.
Esa convicción de que usted simpatiza con el movimien-
to de emancipación agraria me induce a explicar a usted
hechos y antecedentes que la prensa de la ciudad de México,
consagrada a servir a los intereses de los ricos y de los pode-
rosos, se ha empeñado siempre en desfigurar con infames
calumnias, para que el resto de América y el mundo entero
nunca pudiesen darse cuenta de la honda significación de ese
gran movimiento proletario.
Empezaré por señalar a usted las causas de la revolución que
acaudillo.
México se encuentra todavía en plena época feudal, o al
menos así se encontraba al estallar la Revolución de 1910.
Unos cuantos centenares de grandes propietarios han
monopolizado toda la tierra laborable de la República, de
año en año han acrecentado sus dominios, para lo cual han
tenido que despojar a los pueblos de sus ejidos o campos
comunales, y a los pequeños propietarios de sus modestas
heredades. Hay ciudades en el Estado de Morelos, como la
de Cuautla, que carecen hasta de terreno necesario para tirar
LA REVO L UC IÓN SOC I Al ~ 1í3

basuras, y con mucha razón, del terreno indispensable para


el ensanche de la población. Y es que los hacendados, de
despojo en despojo, hoy con un pretexto y mañana con otro,
han ido absorbiendo todas las propiedades que legítimamen-
te pertenecen, y desde tiempo inmemorial, han pertenecido
a los pueblos indígenas, y de cuyo cultivo estos últimos sa-
caban el sustento para sí y para sus familias.
Para extorsionar en esta forma, los hacendados se han
valido de la legislación, que, elaborada bajo su sugestión, les
ha permitido apoderarse de enormes extensiones de tierras
con el pretexto de que son baldías; es decir, no amparadas
por títulos legalmente correctos.
De esta suerte, ayudados por la complicidad de los tribu-
nales y apelando muchas veces a medios todavía peores, como
el de reducir a prisión o consignar al ejército a los pequeños
propietarios a quienes querían despojar, los hacendados se
han hecho dueños únicos de toda la extensión del país, y no
teniendo ya los indígenas tierras, se han visto obligados a
trabajar en las haciendas por salarios ínfimos y teniendo que
soportar el maltrato de los hacendados y de sus mayordomos
y capataces, muchos de los cuales por ser españoles o hijos de
españoles, se consideran con derecho a conducirse como en la
época de Hernán Cortés; es decir, como si ellos fueran toda-
vía los conquistadores y los amos; y los peones, simples escla-
vos a la Ley brutal de la conquista.
La posición del hacendado respecto de los peones es
enteramente igual a la que guardaban el señor feudal, el
barón o el conde de la Edad Media respecto a sus siervos y
vasallos. El hacendado en México, dispone a su antojo de la
persona de su peón; lo reduce a prisión; se le prohíbe que
salga de la hacienda, con pretexto de que allí tiene deudas
154 ~ AUGUSTO GóMEZ VILLANUEVA

que nunca podrá pagar, y por medio de los jueces, que el


hacendado corrompe con su dinero, y de los prefectos o je-
fes políticos, que son siempre su aliados, el gran terratenien-
te es, en realidad, sin ponderación, el señor de vidas y ha-
ciendas en sus vastos dominios.
Esta situación insoportable originó la Revolución de
1910, que tendía principal y directamente a destruir el mo-
nopolio de las tierras en manos de unos cuantos. Pero, por
desgracia, Francisco I. Madero pertenecía a una familia rica
y poderosa, dueña de grandes extensiones de terreno en el
norte de la República, y como era natural, Madero no tardó
en entenderse con los demás hacendados y en invocar la le-
gislación (esa legislación hecha por los ricos y para favorecer
a los ricos) como un pretexto para no cumplir las promesas
que había hecho para destruir el aplastante monopolio ejer-
cido por los hacendados, mediante la expropiación de sus
fincas por causa de utilidad pública y con la correspondiente
indemnización si la posesión era legítima.
Madero faltó a sus promesas y la Revolución continuó,
principalmente en las comarcas en que más se han acentua-
do los abusos y los despojos de los hacendados; es decir, en los
Estados de Morelos, Guerrero, Michoacán, Puebla, Durango,
Chihuahua, Zacatecas, etcétera.
Vino después el cuartelazo de la Ciudadela, o sea, el
esfuerzo hecho por los antiguos porfiristas y por los elemen-
tos conservadores de todos los matices para adueñarse nue-
vamente del poder, porque temían que Madero se viera
obligado algún día a tener que cumplir sus promesas, y en-
tonces la población campesina entró en justa alarma y la
efervescencia revolucionaria cundió con más vigor que nun-
ca, puesto que el cuartelazo, seguido del asesinato de Made-
LA REVOLUCIÓN SOCIAL ~ 155

ro, era un reto, un verdadero desafío a la Revolución de


1910.
Entonces la Revolución abarcó toda la extensión de la
República, y aleccionada por la experiencia anterior, no es-
peró ya el triunfo para empezar el reparto de tierras y la ex-
propiación de las grandes haciendas. Así ha sucedido en Mo-
relos, en Guerrero, en Michoacán, en Puebla, en Tamaulipas,
en Nuevo León, en Chihuahua, en Sonora, en Durango, en
San Luis Potosí; de tal suerte que puede decirse que el pue-
blo se ha hecho justicia a sí mismo, ya que la legislación no
lo favorece y toda vez que la Constitución vigente es más
bien un estorbo que una defensa o una garantía para el pue-
blo trabajador y, sobre todo, para el pueblo campesino.
Este último ha comprendido que hay que romper los
viejos moldes de la legislación, y viendo en el Plan de Ayala
la condensación de sus anhelos y la expresión de los princi-
pios que deban servir de base a la nueva legislación, ha em-
pezado a poner en práctica dicho Plan como Ley suprema y
exigida por la justicia, y así es como los revolucionarios de
toda la República han restituido sus tierras a los pueblos
despojados, han repartido los monstruosos latifundios y han
castigado con la confiscación de sus fincas a los eternos ene-
migos del pueblo, a los señores feudales, a los caciques, a los
cómplices de la dictadura porfiriana y a los autores y cóm-
plices del cuartelazo de la Ciudadela.
Se puede asegurar, por lo mismo, que no habrá paz en
México mientras' no se eleve el Plan de Ayala al rango de Ley o
precepto constitucional y sea cumplido en todas sus partes.
Esto no sólo en cuanto a la cuestión social, o sea, a la
necesidad del reparto agrario, sino también en lo referente a
la cuestión política, o sea, a la manera de designar al Presi-
156 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

dente interino que ha de convocar a elecciones y ha de em-


pezar a llevar a la práctica la reforma social.
El país está cansado de imposiciones; no tolera ya que se le
impongan amos o jefes; desea tomar parte en la designación de
sus mandatarios, y puesto que se trata del Gobierno interino que
ha de emanar de la Revolución y de dar garantías a ésta, es ló-
gico y es justo que sean los genuinos representantes de la Revo-
lución, o sean los jefes del movimiento armado, quienes efec-
túen el nombramiento de Presidente intefino. Así lo dispone el
artículo doce del Plan de Ayala, en contra de los deseos de don
Venustiano Carranza y de su círculo de políticos ambiciosos, los
cuales pretenden que Carranza escale la presidencia por sorpre-
sa, o mejor dicho, por un golpe de audacia y de imposición.
Por lo anterior verá usted que siendo la revolución del
sur una revolución de ideales y no de venganza ni de repre-
salias, dicha Revolución tiene contraído ante el país y ante el
mundo civilizado el formal compromiso de dar plenas ga-
rantías antes y después del triunfo, a las vidas e intereses
legítimos de nacionales y extranjeros, y así me complazco en
hacerlo presente a usted.
Esta larga exposición confirmará a usted en su ilustrada
opinión respecto del movimiento suriano y convencerá a
usted de que mi personalidad y la de los míos han sido villa-
namente calumniadas por la prensa venal y corrompida de
la ciudad de México.
Mejor que estos apuntes ilustrarán a usted las informa-
ciones que se sirven proporcionarle los señores doctor Char-
les Jenkinson y Thomas W Rylly, amables visitantes de este
Estado, a quienes hemos tenido la satisfacción de ofrecer
nuestra modesta, pero cordial hospitalidad, y por cuyo bon-
dadoso conducto envío a usted estas líneas.
LA REVOLUCIÓN SOCIAL ;j( 157

Por mi parte, sé decir a usted que comprendo y aprecio


la noble y levantada política que, dentro de los límites del
respeto a la soberanía de cada entidad, ha tomado usted a
su cargo en este hermoso y no siempre feliz continente
americano. Puede usted creer que mientras esa política
respete la autonomía del pueblo mexicano para realizar sus
ideales tal como él los entiende y los siente, yo seré uno de
sus muchos simpatizadores con que usted cuenta en esta
República hermana, y no por cierto el menos adicto de sus
servidores, que le reitera su particular aprecio. El general
Emiliano Zapata. 156

Pascual Orozco

Diversos historiadores han analizado las causas del alejamien-


to entre Pascual Orozco y Francisco I. Madero, localizando
sus orígenes en rivalidades de clases; la actitud generosa de
Madero hacia los enemigos de la Revolución, como ocurrió
en las vísperas de la toma de Ciudad Juárez, cuando éste per-
donó la vida al general Navarro; la iniciación de las activi-
dades conspirativas del grupo científico para escindir a los
revolucionarios, cuyos efectos se observaron en el descono-
cimiento de Orozco y Villa al mando único de la Revolución
de 1910; pero seguramente lo que más influyó fue que éste se
sintiera defraudado al no observar en ningunos de los puntos
del Convenio de Ciudad Juárez aquel que diera solución al
problema de la tierra.

156Ibidem, vol. IV. pp. 108- 112.


158 ;j( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Cuando el señor Madero ascendió a la Presidencia de la


República, su primer conflicto armado de importancia fue
precisamente con uno de los más destacados generales revo-
lucionarios de 1910, como lo era en ese entonces el General
Pascual Orozco, quien se sublevó en Chihuahua en el mes de
marzo de 1912.
En Ciudad Juárez se instaló la junta revolucionaria que
. habría lanzado en Tacubaya el Plan de este nombre y que pro-
clamó don Emiliano Vázquez Gómez, presidente provisional
de la República. Integraron la Junta como vocal militar, el
general e ingeniero Ignacio de la Fuente; como vocales civiles
el doctor Policarpo Rueda y el periodista Paulina Martínez,
y como secretario el señor Francisco I. Guzmán, habiendo
encomendado al vocal militar la dirección del movimiento re-
volucionario en la República. 157
Con el intento de reformar el Plan de San Luis Potosí, se
redactó en la casa de la empacadora el documento que se de-
nominó más tarde el Plan de Tacubaya, en cuyos puntos más
importantes destacan las acusaciones al presidente Madero de
haber traicionado a la Revolución, detenido las reivindicaciones
agrarias y haber recibido ayuda extranjera. Cargos que, como
antes afirmamos, carecen de veracidad y creo que contribuyen en
nuestro estudio a localizar la manifestación de nacionalismo de
los líderes revolucionarios. Entre éstos se encuentran los siguien-
tes, que por ser fuentes históricas se transcriben textualmente:
Francisco 1. Madero, el fariseo de la democracia, el Iscariote
de la Patria, por ambición y por herencia de raza, pues es re-
toño de casta maldita de hermanos en lucha con hermanos, ha

7
15 Ibidem, vol. 11. p. 120.
LA REVOLUCiÓN SOCIAL « 159

arrastrado por el fango la vergüenza y la honra de la Patria;


ha manchado la historia de nuestra raza procreadora de hé-
roes y ha vendido la dignidad y la independencia nacionales.
Francisco 1. Madero ha profanado nuestra bandera con
la mano sacrílega del yankee.
Francisco 1. Madero ha arrancado de nuestro escudo el
águila gloriosa devorando la serpiente, para substituirla con
el buitre que devora la América Española.
Os convocamos, compatriotas, para una gran Revolu-
ción de principios y a la vez de emancipación. No os va a
cobijar el estandarte de una bandería personalista, sino la
noble enseña que ampara los derechos del pueblo.
La Revolución maderista fue nociva a la Patria porque
desde que se inició fue incubada de gérmenes de traición;
porque llevaba como principales elementos de combate el
dinero yankee y la falange de filibusteros mercenarios que
sin ley, sin honor y sin conciencia, fueron a asesinar a nues-
tros hermanos. Porque sus miembros directores eran sola-
mente ambiciosos vulgares y sin escrúpulos; por la historia
de las traiciones y vilezas de los antecesores de Madero y
porque aquella cuadrilla de bandoleros engañaban al pueblo
e iban al nepotismo, al robo y a la venta de la Patria.
Está bien demostrado para oprobio eterno de ese hom-
bre sin honor y sin fe, que ha vendido la Patria, constituyen-
do con la camarilla de Ministros envilecidos que le rodea, un
Gobierno que no es más que una dependencia del Gobierno
de Washington.
En tal virtud, como heraldos de la dignidad nacional,
con las armas en la mano y con representación de la Junta
Revolucionaria, declaramos ante la Nación.
160 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

1o-El iniciador de la Revolución, Francisco 1. Madero,


falseó y violó el Plan de San Luis PotosÍ.
2°_ Francisco 1. Madero hizo la revolución con dinero de
los millonarios americanos y con el apoyo, indirecto o encu-
bierto, del gobierno de los Estados Unidos. Esto está demos-
trado aun por las propias declaraciones de Madero.
jO_ Francisco 1. Madero llevó en sus filas filibusteros ame-
ricanos y de otras nacionalidades para asesinar mexicanos.
4°_ Francisco 1. Madero robó a la Nación, asociado con
todos los de su sangre, con el pretexto de la fuerza armada
en las elecciones que los elevaron a él y a José María Pino
Suárez a la Presidencia y Vicepresidencia de la República.
7 a - Francisco 1. Madero contrató y recibió a los dos días de
subir al poder usurpado catorce millones de dólares, de Wall
Street, con pretexto de ampliar los servicios de las Líneas Na-
cionales; ampliación que no era perentoria, pero con el verda-
dero objeto de pagar con ellos su deuda contraída para la Re-
volución, a la casa Waters, Pierce Oil! Ca., de los Estados
Unidos, por conducto de sus operadores en México, a quienes
Madero hizo nombrar de antemano, consejeros de las Líneas
Nacionales.
8°_ Francisco 1. Madero, de manera perjudicial y humi-
llante para la Nación, ha puesto en manos del gobierno
americano los destinos de la Patria, por medio de compla-
cencias indignas y de promesas que afectan a su nacionalidad
e integridad. 158

El documento anterior, cuyo contenido antiestadouniden-


se es evidente, no se utilizó en verdad como expresión au-

l"Ibidem, vol. 11. pp. 124-29.


LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 161

téntica de los instigadores del movimiento, en virtud de que


Pascual Orozco cargó el acento de su lucha contra Madero,
en los aspectos de orden político; pero obviamente es una
importante fuente informativa que nos permite recibir las in-
quietudes nacionalistas de la época, que sirven como antece-
dentes ideológicos que habrán de influir posteriormente en la
definición de la doctrina internacional de México.
CAPITULO VII

CARRANZA, LA REVOLUCIÓN SOCIAL


Y LA DOCTRINA INTERNACIONAL

L ASESINATO de Madero y Pino Suárez despertó la indig-

E nación popular contra Victoriano Huerta y sus cómpli-


ces, pero al mismo tiempo hacia el embajador Henry
Lane Wilson, en cuya figura el pueblo identificaba al
representante de los monopolios de Estados Unidos de Nor-
teamérica.
El martirio convirtió a estos dos hombres sacrificados en
símbolos de la Revolución de 1910 que, si bien es cierto apa-
rentemente se detuvo, influyó a la vez de manera definitiva
para que el pueblo de México comprendiera que la solución
de nuestros problemas no residía únicamente en la reforma
política condensada en el lema de "Sufragio efectivo. No re-
elección", sino en cambios más profundos, sólo posibles de
realizar a través de una revolución social.
Cuando Madero fue asesinado y Huerta usurpó la Presi-
dencia de la República, el embajador Henry Lane Wilson se
apresuró a cercar a Huerta, y en nombre de las compañías
petroleras intentó lograr concesiones de preferencia para las
estadounidenses. Pero los acontecimientos políticos de su país
tomaron un nuevo rumbo: el triunfo del Partido Demócrata
164 ;j( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUfVA

en las elecciones que impidió la reelección de Taft y elevó la


Presidencia a Woodrow Wilson. 159

El problema del reconocimiento

El primer discurso que pronunció Wilson en su carácter de


presidente de Estados Unidos de Norteamérica, fue como
una sentencia dirigida al embajador, metido a conspirador, así
como para el general Huerta.
El 11 de marzo de 1913 Woodrow Wilson afirmó: "no
podemos simpatizar con aquellos que tratan de obtener el po-
der del gobierno para satisfacer sus propios intereses o ambi-
ciones personales, somos amigos de la paz; pero creemos que
no puede haber paz durable en tales circunstancias" .160
Cuando el presidente demócrata había manifestado su
propósito de "establecer un imperio moral en América y ne-
garse a reconocer a los gobiernos emanados de un golpe de
Estado", el Departamento de Estado, sin embargo, manifestó
que se mantendrían relaciones de facto con el gobierno de
Huerta, sin el reconocimiento formal. 161
En México se inició una nueva guerra civil al día siguiente
de la consumación de la farsa, en que un grupo de senadores
mexicanos designó por cuarenta y cinco minutos president~
de la República a don Pedro Lascuráin, que por Ministerio de
Ley debía asumir el Ejecutivo, con el carácter de "provisio-

1S0S eott Nearingy Friseman Joseph. La diplomacia del dólm: Madrid, M.

Aguilar, 1925.
16°Arthur S. Link. La política de los Estados Unidos en América Latina.
1913-1916. p. 8.
'''lJbidem, p. 40.
CARRANZA, LA RFVOLUCIÓN SOCIAL ~ 165

nal": 45 minutos porque fue el tiempo que transcurrió entre


su protesta y el nombramiento de Huerta como ministro de'
Gobernación. La renuncia del primero le permitió al propio
general Huerta hacerse cargo de la Presidencia, provisional-
mente.
El19 de marzo don Venustiano Carranza, gobernador del
estado de Coahuila, promovió una reunión de la Legislatura
de aquella entidad, en que se dieron a conocer los aconteci-
mientos, y determinar más tarde la actitud que habría de asu-
mir el gobierno del estado ante los hechos registrados.
Huerta había enviado a los gobernadores un telegrama
del día 18 de marzo, en el que notificaba que: "autorizado por
la Cámara de Senadores, había asumido el Poder Ejecutivo de la
Unión, teniendo presos tanto al Presidente Madero, como al
Vicepresidente Pino Suárez y a los Secretarios de Estado" .162
El gobernador de Coahuila consideró el telegrama insu-
ficiente para definir con claridad la situación del país y argu-
mentando que la Cámara de Senadores no tenía facultades
suficientes para designar presidente provisional, envió a la
Legislatura del estado el 19 de febrero una iniciativa en la que
pedía que fuera ésta la que resolviera sobre la actitud que de-
bía asumir su gobierno, respecto "a un militar que por yerro o
deslealtad intentaba usurpar el Poder Supremo" .163
Al reunirse el Congreso Local de Coahuila acordó expedir
un decreto, en cuyo artículo primero se desconocía a Victo-
riano Huerta como jefe del Ejecutivo nacional, así como los

161S ecretaría de Gobernación. Memori<1 de 1<1 Secretarí<1 de Gobernación,

correspondiente al periodo rel'olucionario comprendido entre el 19 de febrero


de 1913 y el30 de noviembre de 1916, p. 81.
16'Ibidem, p. 105.
166 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

actos y disposiciones que dictara. En el artículo segundo de


este decreto, se le otorgaron facultades extraordinarias al go-
bernador don Venustiano Carranza a efecto de que procediera
a armar un contingente para contribuir al sostenimiento del
orden constitucional. Se acordó también dirigir una excitativa
al resto de los gobernadores para que secundaran la actitud
del gobierno de Coahuila, insistiendo en que sólo al Congreso
de la Unión correspondía reunirse para convocar a elecciones
extraordinarias. 164
Cuando don Venustiano Carranza intentó ponerse en
contacto con el resto de los gobernadores, Huerta ordenó
un bloqueo a las líneas de comunicación que conectaban a
Coahuila con los demás estados. El embajador Wilson, ante
esta situación no observó una actitud pasiva, se valió del cón-
sul de su país en Saltillo, para hacerle llegar un mensaje al
señor Carranza, en el que lo conminaba a aceptar los hechos
consumados, intentando intimidarlo con la noticia de que el
gobierno de Estados Unidos ya había reconocido al usurpa-
dor. Este hecho originó que Carranza redactara su primera
nota diplomática dirigida al presidente Taft los términos si-
guientes:
Ramos Arizpe, 26 de febrero de 1913.
Mr. Taft, Presidente de los Estados Unidos de América.
La festinación con que el gobierno de usted ha recono-
cido al gobierno espurio que Huerta trata de implantar
sobre la traición y el crimen, ha acarreado la guerra civil
al estado de Coahuila que represento y muy pronto se
extenderá en todo el país. La Nación Mexicana condena

164Ibidem, p. 306.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 167

el villano cuartelazo que la ha privado de sus gobernantes


constitucionales, pero sabe que sus instituciones están en
pie y está dispuesta a sostenerlas. Espero que vuestro suce-
sor obre con más circunspección acerca de los intereses
sociales y políticos de mi patria.-Firmado. V. Carranza,
Gobernador Constitucional de Coahuila.

Carranza, facultado por la Legislatura de su estado, se lan-


zó contra Huerta enarbolando la bandera de la legalidad y
del respeto al orden constitucional. 165 Aunque inicialmente la
lucha constitucionalista se localizó en los estados de Coahuila
y Sonora, debemos recordar que Zapata, con su Plan de Aya-
la, mantuvo su actitud radical frente a Huerta, agitando a las
entidades de Morelos, Guerrero, México y Puebla.
Por otra parte, Francisco Villa se introdujo al país por la
frontera estadounidense; reunió a sus antiguos correligiona-
rios y nuevamente participó en la revolución, impulsado por
el deseo de vengar la muerte del presidente Madero.
Las medidas dictadas por Victoriano Huerta para detener
los levantamientos en el país fueron derivando hacia el esta-
blecimiento de un régimen terrorista de magnitudes imprevi-
sibles. 166
Las escisiones registradas entre los principales conspirado-
res del "Pacto de la Embajada", aumentaron las tensiones po-
líticas internas que, naturalmente, se tradujeron en el aumento
de las inquietudes del gobierno estadounidense, que de nueva
cuenta expresó por diferentes conductos su preocupación por

165Arthur S. Link. op. cit., p. 43.


¡66Ramón Prida. De la dictadura a la anarquía. Apuntes para la historia
política de México durante los últimos 43 años 1817-1913, p. 560.
168 « AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

la seguridad de las vidas y propiedades de los estadounidenses


residentes en el país, que aproximadamente llegaban en núme-
ro de 40,000 y cuyas inversiones ascendían a mil millones de
dólares. 167
El presidente Wilson, preocupado por los acontecimien-
tos, envió a su colaborador interior Williams Ballard Hale
para que fuera a la capital mexicana a investigar e informar.
Los despachos de Hale desde la ciudad de México, escri-
tos del 3 de junio hasta más o menos el 24 de agosto de 1913,
confirmaron el juicio intuitivo propio que el presidente tenía
acerca de Huerta.
El general Huerta -escribió, por ejemplo, Hale el 9 de ju-
lio- es un anciano simiesco, de sangre india casi pura. Casi
puede decirse que vive gracias al alcohol. Borracho o me-
dio borracho (nunca se encuentra sobrio), jamás pierde
cierta perspicacia. Ha sido toda la vida un soldado, y uno
de los mejores de México, y no conoce otros métodos que
los de la violencia. Algunos de los que han entrado en con-
tacto con él, creen ahora que Huerta halla la Presidencia
difícil e incompatible con su carácter... Pero es un luchador
duro; es gloria del ejército del poder y no veo señales de
que vaya a abandonar su puesto, salvo, de ser posible, para
irse al campo por unos meses y de esta manera volverse
elegible y asumir de nuevo la Presidencia, bajo una preten-
dida elección. 168

Con base en estas informaciones, Hale sugirió al presi-.


dente estadounidense la eliminación de Huerta, la celebración

]67Arthur S. Link, op. cit., p. 44.

168Ibidem, p. 471.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL « 169

de elecciones libres y la formación de un nuevo gobierno que


Estados Unidos reconocería y apoyaría.
Frente a los hechos registrados y las acciones de Huerta
en el interior, a partir de marzo de 1913 se inició una campa-
ña en Estados Unidos de Norteamérica, para desacreditar al
embajador Henry Lane Wilson, quien fue convocado por su
país, exponiendo su pretendida complicidad en el golpe de
Huerta-Díaz. 169
El día 16 de julio del mismo año, el Departamento de
Estado estadounidense llamó a Henry Lane Wilson, aparen-
temente con el propósito de consulta, pero, en realidad, era
para separarlo de su puesto. Más tarde, el presidente Wilson
y Bryan afinaron los últimos detalles para ofrecer sus bue-
nos oficios a las facciones en pugna y se envió a John Lind a
México con el carácter de agente confidencial, brindando al
gobierno provisional las siguientes proposiciones:
1. Inmediata cesación de las hostilidades, armisticio solemne-
mente concentrado y escrupulosamente observado.
2. Obtener las seguridades necesarias para que se realizara en
México una pronta y libre elección.
3. Obtener de Huerta el compromiso de no figurar como can-
didato a la Presidencia de la República.
4. Obtener de las facciones el acuerdo de respetar los resulta-
dos de la elección.
5. Ofrecimiento de un, empréstito al vencedor.

El gobierno de Huerta declaró que exigía el reconocimiento de


Estados Unidos. Esta declaración, en forma de telegrama, decía:

169lbidem, p. 46.
170 4t. AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Si el Gobernador Lind, enviado especial del Presidente Wil-


son, no presenta sus cartas credenciales en debida forma, lo
que significaría el reconocimiento del gobierno de la Repú-
blica Mexicana, no se le permitirá permanecer en el país. 170

El 25 de agosto, Lind de nuevo entregó al gobierno de


Huerta una segunda nota, en la que reiteraba la demanda de que
el general Victoriano Huerta no presentase su candidatura a
las elecciones presidenciales, a cambio de ello se hacía la pro-
mesa de conseguir un empréstito con los banqueros estado-
unidenses; pero en caso contrario, la amenaza abierta de la
intervención de los Estados Unidos que Lind resumió a Gam-
boa en las siguientes palabras: "nosotros podemos hacer tres
cosas, si Huerta no admite: la. Utilizar el boicot financiero;
2 a • Reconocer a los insurrectos y 3 a • Empezar la interven-
ción" .171
Al no aceptarse las proposiciones de Lind, se generó en
los círculos estadounidenses una opinión propicia para la in-
tervención armada.
La actitud del presidente Wilson hacia Huerta y la salida
de Henry Lane, originaron que el usurpador se inclinara hacia
los intereses ingleses. El presidente demócrata y el secretario
de Estado, en conversaciones con la Standard Oild, recurrie-
ron a una política de intriga: estrangulación financiera, elo-
cuencia moral y finalmente intervención armada.
Pero el escollo más serio que encontró el presidente esta-
dounidense, fue la ayuda de Inglaterra a Victoriano Huerta,

170M. S. Alperovich y B. T. Rudenko. La Revolución Mexicana de 1910-

1917 Y la política de los Estados Unidos. p. 184.


171Ibidem, p. 185.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 171

quien frente a las circunstancias, se decidió a favorecer a las


compañías petroleras inglesas, logrando, a cambio de ello, el
apoyo de Sir Leonel Carden, el ministro británico.
El2 de noviembre de 1913, Huerta realizó una farsa po-
lítica electoral. Como es de suponerse, en ella salió ungido
como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexi-
canos.
Ante la situación surgida entre Estados Unidos e Inglaterra,
los primeros amenazaron con invocar la Doctrina Monroe, en
una actitud semejante al caso de Cuba. Para lograr ese propósito,
se dirigieron a la casa inglesa, instándola a que abandonara a
Huerta y le suprimiera el apoyo exterior.
Inglaterra en esa época promovía ante el Departamen-
to de Estado, a través d'e Dowing Street, la abolición de
la cuota que su flota pagaba por el derecho de paso en el
Canal de Panamá y que estaba perjudicando seriamente su
comercio. Le envió a Washington a un personaje de nom-
bre Sir William Tiriel, con el objeto de llegar a un arreglo
sobre este problema. A cambio de la supresión de la cuota,
se ofreció retirar el apoyo a Huerta y dejar manos libres a
Estados Unidos para que interviniera en las cuestiones de
México.
Este arreglo se concertó con un intercambio de impresiones
entre el Presidente Wilson y Sir William, comprometiéndose
este último a trabajar armoniosamente en el caso México
y ejercer presión sobre Francia y Alemania para evitar que
estos dos países proporcionaran auxilios a Huerta. l72

172S co tt Nearing y Frideman Joseph, op. cit.


172 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUfVA

El presidente estadounidense a partir de ese momento ini-


ció las más variadas coacciones sobre México, sustentando la
opinión de que era "más barato que los mexicanos se maten
unos a otros, que intentar una invasión", ya que era "preferi-
ble proporcionar armas a una de las facciones, que perder la
autoridad moral". m
Contra todo lo que se pueda suponer, las medidas dicta-
das de manera unilateral por el Departamento de Estado para
derrocar a Victoriano Huerta se reflejaron en una situación ne-
gativa para don Venustiano Carranza. Por un lado, en el frente
interno tuvo que combatir al Ejército federal, pero, por otro,
en el externo, el panorama era ensombrecedor: Wilson no ha-
bía reconocido a Huerta, pero tampoco quería reconocer a
Carranza, pues creía que éste era el jefe de un grupo de bando-
leros que actuaba con absoluta irresponsabilidad, y que, para
restablecer el orden y la paz en México, se debería recurrir al
antiguo régimen.
Al inicio había tolerado la venta de armas a los dos ban-
dos, pero más tarde decretó una prohibición con la que
Huerta resultó favorecido, en virtud de que éste recibió ar-
mas de Europa por Tampico y Veracruz. 174

El primer incidente diplomático:


la mina El Desengaño

El reconocimiento que no se podía lograr en ese momento


constituyó un factor de desventaja, pero los hechos se agra-

mIden!.
'7 4 Arthur S. Link. op. cit., p. SS.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 173

varan por diversos incidentes registrados en las contiendas


políticas que afectaban a propietarios extranjeros.
Los problemas que confrontó el Ejército constitucionalista
con los Estados Unidos de Norteamérica, se iniciaron cuando los
propietarios de la mina El Desengaño, que pertenecía a españoles,
ingleses y mexicanos, recurrieron a la protección del gobierno esta-
dounidense y éste hizo eco de las reclamaciones. Cuando se presen-
tó este caso, el régimen del usurpador Huerta dominaba la capital
de la República y aún contaba con todo género de elementos que
le proporcionaba Estados Unidos, como armas, dinero, hombres,
etcétera, y estaba reconocido por casi todas las potencias.
Aunque la Revolución constitucionalista había alcanzado
una mayor extensión en el país, su triunfo aún se encontraba
lejano. Pero frente a esas circunstancias, la Cancillería revo-
lucionaria no vaciló un momento en prescindir de ese interés
cuando la dignidad nacional lo exigía. 175
El jefe de la Revolución se negó terminantemente a aceptar
solicitudes que provinieran de cualquier gobierno que no fuera
el interesado, no permitiendo gestiones por ningún gobierno me-
diador entre Europa y México.
En relación con el caso El Desengaño, Carranza recibió el
siguiente telegrama del cónsul estadounidense de Nogales.
Nogales, Son., 19 de enero de 1914.
Gral. Venustiano Carranza. Bamoa, Sin.
Mi gobierno me dice pida usted protección para la mina
El Desengaño perteneciente a españoles, mexicanos y un
americano en Durango. Ministro Español informa que obe-

17iSecretaría de Gobernación. "Labor Internacional de las Revoluciones


Constitucionalistas de México". p. 9.
174 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

deciendo órdenes de Villa, el presidente Municipal de Wa-


nacedi está por confiscar esta mina.
Cónsul Americano Frederick Simpich. 176

La cancillería revolucionaria contestó que no podía ad-


mitir a ningún título una reclamación de un gobierno que no
reconocía como legítimo a don Venustiano Carranza, pero
que menos podía admitir que el gobierno de Estados Unidos
hiciera representaciones a favor de súbditos que no eran los
suyos, como en el caso de los españoles e ingleses, que eran
accionistas de esa compañía para la cual se solicitaba una in-
demnización por los daños que había sufrido. 177

El caso Benton

El segundo problema internacional que confrontó el señor


Carranza con Estados Unidos de Norteamérica, fue el rela-
cionado con el incidente de Villa con Benton, gambusina que
había vivido en Chihuahua, dedicado a la explotación de la
minería y ganadería en ese estado, enemigo de la Revolución,
al que le habían sustraído las fuerzas villistas varias reses para
la alimentación de sus soldados.
Benton formuló a Villa una enérgica reclamación con ame-
nazas y términos insultantes, motivo por el cual el Centauro
del Norte ordenó que lo fusilaran, produciéndose el consi-
guiente escándalo internacional. En este caso intervino el se-
ñor Carranza como primer jefe del Ejército constitucionalista,

17"Ibídem, p. 23.
l77Javier Rondero. Conferencia sustentada en la Secretaría de Obras Públi-
cas. noviembre de 1960.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ;j( 175

agregando que Inglaterra en vez de utilizar el conducto de la


Secretaría de Estado estadounidense, debía de legalizar su re-
presentación ante el gobierno de la Revolución. 178

El incidente en Tampico y Veracruz

En el mes de abril de 1914, sucedió el famoso incidente del


barco Dolphine. Éste atracó en Tampico, bajaron varios mari-
nos con un oficial para proveerse de gasolina y regresaron en
lancha; posteriormente tuvieron que volver a tierra para llevar-
se las últimas latas de gasolina, y en esos momentos el coronel
Hinojosa, acompañado de varios soldados, aprehendió a los
marineros y los llevó ante el General Moreno Zaragoza, quien
los puso en libertad inmediatamente, haciéndoles saber que
"era natural que se les hubiese aprehendido para saber quiénes
eran, en virtud de que se encontraban uniformados".
El general Zaragoza dio una excusa amplia y digna de su
carácter militar. Al ser informado el Almirante Mayo de los
acontecimientos, mandó una nota en la que manifestaba no
estar satisfecho con la excusa y en forma de ultimátum pidió
que se remitiera la excusa por escrito, se izara la bandera es-
tadounidense y se le diera una salva de homenaje de 21 caño-
nazos.
Las autoridades militares y navales no se prestaron a ello,
y se trajo el asunto a la Cancillería mexicana, y don Federi-
co Gamboa, ministro de Relaciones Exteriores de Victoriano
Huerta, produjo una nota muy digna, rechazando el home-
naje y proponiendo a la Cancillería estadounidense que no lo

I78Federico Cervantes M .. Francisco Villa y la Revolución, p. 87.


176 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

hiciera suyo, porque el almirante Mayo había procedido sin


consultar a su gobierno.
No obstante ello, el Gobierno de Estados Unidos le dio
toda la razón al almirante e hizo suyo el ultimátum, lo que tra-
jo después la intervención armada y la ocupación de Veracruz.
Este último intento se justifica por el incidente ocurrido en el
puerto, cuando un marinero estadounidense fue detenido al ir
a recibir el correo de un buque de su país. 179
El día 12 de abril Wilson pedía al Congreso estadouni-
dense su autorización para hacer uso de la fuerza de Estados
Unidos en el grado y forma que fuese necesario, para obtener
el más amplio reconocimiento de los derechos y la dignidad
de ese país. !80
Algunos exaltados legisladores estadounidenses pidieron
se declarara la guerra a México, que durante un año de re-
vueltas había amenazado la vida y la propiedad de los ciuda-
danos estadounidenses. 18 !
El día 21 del mismo mes, Wilson ordenó la toma de Vera-
cruz, al ser informado que el buque alemán [piranga, llevaba
municiones a Veracruz y armas a Victoriano Huerta. Aprove-
chando el incidente registrado, esa misma fecha fue detenido
el vapor alemán y los soldados y la marina estadounidense
desembarcaron en Veracruz, e inmediatamente se apoderaron
de las oficinas de cable, el correo, el telégrafo, la aduana y la
estación del ferrocarril. El día 22 empezaron su avance.
Los estadounidenses, ya en tierra nacional y a punto de
tomar Veracruz, pretendieron proteger sus buques de guerra

17Isidro Fabela. Historia Diplomática de la Revoluci6n Mexicalla, p. 346.


Q

lSOArthllr S. Link. op. cit., p. 98.


lSlAlperovich y RlIdenko, op. cit., p. 204.
CARRANZA, LA RFVOLUCIÓN SOUAL .J( 177

de los porteños, quienes con un patriotismo aflorado, intenta-


ron repeler la agresión. En dicho acto perdieron sus vidas más
de doscientos hombres, mujeres y niños. 182
Wilson pensó equivocadamente que al enterarse Carran-
za de los sucesos, iba a manifestar su agradecimiento porque
éstos ayudaban a la eliminación de Huerta. En una comunica-
ción al cónsul Carothers le hizo saber "que desde el momento
en que Huerta era usurpador, no era una autoridad legítima"
y más adelante añadió que: "los actos provenientes de Huerta
no tenían valor alguno, ni se justificaba de manera alguna que
por una represalia contra Huerta, se castigara a todo el pueblo
mexicano con una intervención armada".
A continuación transcribimos las notas diplomáticas que
se cruzaron el cónsul Carothers y don Venustiano Carranza.
Telegrama procedente de Ciudad Juárez y recibido en Chihuahua
el 22 de abril de 1914.

Señor Venustiano Carranza:


He recibido las instrucciones siguientes del señor Bryan,
Secretario de' Estado: "Sírvase ver al señor Carranza y
hágale saber la actitud del Presidente. El Presidente no
desea que el Congreso lo autorice para hacer la guerra
como pudiera interpretarse; todo lo que él pide y todo lo
que se le concederá es una resolución declarando que él
está justificado al hacer uso de la fuerza armada para exi-
gir una reparación por indignidades especificadas. Él ha
tenido especial cuidado en hacer una distinción entre el
Gral. Huerta y sus sostenedores por un lado, y el pueblo

i82S cott Nearing. op. cit., p. 316.


178 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLAr(l]fVA

mexicano por otro, habiendo reiterado su amistad hacia


el pueblo mexicano y su más vivo deseo de que el mismo
pueblo logre establecer un gobierno constitucional. La
toma de la Aduana de Veracruz se hizo necesaria por ha-
berse rehusado Huerta a hacer las debidas reparaciones
por el arresto de marinos americanos. Según la prensa, los
Constitucionalistas aparecen apartados de la controversia en
una actitud muy propia y esperamos que no entenderán
mala la actitud del Presidente, ni darán mala interpretación
a sus actos". Mucho estimaría una expresión de usted sobre
lo anterior, en la inteligencia de que si lo desea, será consi-
derada estrictamente confidencial y únicamente para el co-
nocimiento del Presidente y del Secretario Bryan Caro-
thers. IX3

Chihuahua, 22 de abril de 1914.


Señor Cónsul J.e. Carothers.
Ciudad Juárez.
En contestación al mensaje del señor Secretario de Esta-
do Bryan, que me fue comunicado por su conducto, sírvase
transcribir a dicho señor Bryan la siguiente nota dirigida al
señor Presidente Wilson.
En espera de la resolución que el Senado Americano diere
al mensaje que Vuestra Excelencia le dirigió con motivo del
lamentable incidente ocurrido entre la tripulación de una
lancha del acorazado Dolphin y soldados del usurpador Vic-
toriano Huerta, se han ejecutado actos de hostilidad por las
fuerzas de mar bajo mando del Almirante Fletcher en el Puer-
to de Veracruz. y ante esta violación de la soberanía nacional,

''''Secretaría de Gobernación. Labor Internacional, p. 77.


CARRANZA, LA REVOLUClO~ SOCIAL ~ 179

el Gobierno Constitucionalista no se esperaba de un Gobier-


no que ha reiterado sus deseos de mantener la paz con el
pueblo de México, cumplo con un deber de elevado patriotis-
mo al dirigiros la presente nota para agotar todos los medios
honorables antes de que dos pueblos honrados rompan las
relaciones pacíficas que todavía los unen.
La nación mexicana, el verdadero pueblo de México, no
ha reconocido como a su mandatario al hombre que ha pre-
tendido lanzar una afrenta sobre su vida nacional, ahogando
en sangre sus libres instituciones. En consecuencia, los he-
chos del usurpador Huerta y sus cómplices, no significan
actos legítimos de soberanía; no constituyen funciones ver-
daderas de Derecho Público interior ni exterior, ni menos
aún representan los sentimientos de la Nación Mexicana,
que son de confraternidad hacia el pueblo norteamericano.
La posición de Victoriano Huerta en lo que concierne a
las relaciones de México con los Estados Unidos, así como
con la Argentina, Chile, Brasil y Cuba, ha quedado firme-
mente establecida con la actitud justiciera de los gobiernos
de estas naciones, al negar su reconocimiento al usurpador
prestando a la noble causa que represento, un valioso apoyo
moral.
El título usurpado de Presidente de la República, no
puede investir al general Huerta de la facultad de recibir
una demanda de reparación de parte del Gobierno de los
Estados Unidos, ni la de otorgar una satisfacción, si ella es
debida.
Victoriano Huerta es un delincuente que cae bajo la ju-
risdicción del Gobierno Constitucionalista, hoy el único,
por las circunstancias anormales del país que representa la
soberanía nacional, de acuerdo con el espíritu del artículo
180 .#( AUGUSTO GÓMEZ VILLAKUFVA

128 de la Constitución Política Mexicana. Los actos ilegales


cometidos por el usurpador y sus parciales y los que aún
pueden perpetrar, ya sean de carácter internacional como
los acaecidos en el Puerto de Tampico, ya sean de orden
interior, serán juzgados y castigados con inflexibilidad y en
breve plazo por los tribunales del Gobierno Constituciona-
lista.
Los actos propios de Victoriano Huerta nunca serán
suficientes para envolver al pueblo mexicano en una guerra
desastrosa con los Estados Unidos, porque no hay solidaridad
alguna entre el llamado Gobierno de Victoriano Huerta y la
Nación Mexicana, por la razón fundamental de que él no es
el órgano legitimo de la Soberanía nacional. Mas la invasión
de nuestro territorio, la permanencia de vuestras fuerzas en el
Puerto de Veracruz, o la violación de los derechos que forman
nuestra existencia como Estado Soberano, libre e indepen-
diente, sí nos arrastraría a una guerra desigual pero digna, que
hasta hoy queremos evitar.
Ante esta situación real por que atraviesa México, débil hoy
más que nunca, después de tres años de sangrienta lucha, com-
parada con la formidable de la nación americana; y consideran-
do los hechos acaecidos en Veracruz, como atentatorios en el
más alto grado para la dignidad e independencia de México y en
pugna con vuestras reiteradas declaraciones de no desear romper
el estado de paz y amistad con la nación mexicana y en contra-
dicción también con la resolución del Senado de vuestro país,
que acaba de declarar que los Estados Unidos no asumen ningu-
na actitud contra el pueblo mexicano, ni tienen propósito de
hacerle la guerra; considerando igualmente que los actos de hos-
tilidad ya cumplidos exceden a lo que la equidad exige para el fin
perseguido, el cual puede considerarse satisfecho, no siendo, por
CARRA:-JZA, LA REVOLUCIÓ~ SOCIAL./( ]81

otra parte, el usurpador de México a quien en todo caso compe-


tería otorgar una reparación; interpreto los sentimientos de la
gran mayoría del pueblo mexicano, que es tan celoso de sus de-
rechos, como respetuoso ante los derechos ajenos, y os invito a
suspender los actos de hostilidad ya iniciados, ordenando a vues-
tras fuerzas la desocupación de los lugares que se encuentran en
su poder, en el Puerto de Veracruz y a formular ante el Gobierno
Constitucionalista, que represento como Gobernador Constitu-
cional del Estado de Coahuila y Jefe del Ejército Constituciona-
lista, la demanda del gobierno de los Estados Unidos originada
por sucesos acaecidos en el Puerto de Tampico, en la seguridad
de que esa demanda será considerada en espíritu de la más alta
justicia y conciliación.
El Gobernador Constitucionalista del Estado de Coahui-
la y Primer jefe del Ejército Constitucionalista.
V. Carranza. 184

La mediación del A.B.e.

El día 25 de abril los representantes de Argentina, Brasil y


Chile, ofrecieron mediar en el conflicto entre Estados Unidos
y México, "con el objeto de impedir más derramamiento de
sangre". Pero en la conferencia reunida en Niágara, Wilson
insistía en arreglar la cuestión interna de México, agregan-
do que "si los mexicanos no aceptábamos pacíficamente el
programa ofrecido por Estados Unidos, nos sería impuesto
por las armas", en dicho ofrecimiento, como ya lo había-
mos señalado, se estipulaba la permanencia de los buques
IX4Ibidem, p. 78.
182 « AUGUSTO GÓMEZ VlllA~UF"

de guerra por tiempo indefinido hasta lograr la pacificación


del país. 185
El 5 de mayo se declaró que la conferencia convocada
para solucionar la cuestión en debate, comenzaría el 18 de
mayo en Niágara Falls, Canadá. La reunión inició sus labores
el 2 de mayo, pero en ésta no se aludió al incidente de Tampi-
ca, y el gobierno estadounidense se limitó a exigir la renuncia
de Victoriano Huerta.
Los delegados de don Venustiano Carranza declararon
que los mediadores debían poner punto final a su intento de
arreglar las cuestiones internas de México. Que no aceptarían
como regalo nada que los mediadores pudieran darle aunque
fuera lo que ellos por otros medios buscaran; que nadie de las
personas que nombraran como intermediarios les sería grato,
aunque fuera el mismo Carranza, porque nada de lo que venía
de ellos podría ser aceptado por el pueblo mexicano. 186
Los intentos de los intermediarios para lograr el compro-
miso con base en la integración de un gobierno en el que figu-
raran representantes de Huerta, Carranza y otros elementos
neutrales, fracasaron. IB7
Bajo la influencia de los crecientes éxitos militares de los
constitucionalistas y su resistencia a los intentos de interven-
ción por parte de Estados Unidos en los asuntos internos de
México, la Delegación estadounidense se vio obligada a fir-
mar un protocolo de clausura, en el cual se especificaba que el
nuevo gobierno de México se integraría sobre las bases de un
gobierno entre los partidarios de Carranza y Huerta.

'''Scott Nearíng, op. cit., p. 210.


'''Arrhur S. Link. op. cit.. p. 112.
IX Alperovich y Rudenko, op. cit.• p. 210.
7
CARRANZA, LA REVOLUCION SOCIAL.#( 183

Obviamente, lo que perseguía Carranza era ganar tiem-


po para que los grupos revolucionarios consumaran avan-
ces más importantes y así derrotar a Huerta, lo que signi-
ficaría apartarlo definitivamente del escenario político del
país.
El 1 de julio de 1914, se clausuró la Conferencia de Niá-
gara Falls. En los días posteriores, se registraron importantes
acontecimientos en el país. Los constitucionalistas se apode-
raron de Guadalajara, Colima, Manzanillo, La Piedad, Mi-
choacán e Irapuato, y avanzaron hacia la capital de la Re-
pública. El 15 de julio se vio obligado a dimitir Victoriano
Huerta, partiendo a bordo del crucero Dresden, que se dirigió
a España.
Francisco Carbajal fue nombrado presidente provisional,
pero más tarde renunció y huyó de la capital de la República,
dejando ésta en manos de gobernador del Distrito Federal.
El15 de agosto de 1914, las tropas de Obregón ocuparon
la Ciudad de México y pocos días después, el 22 de agosto,
Carranza se proclamó como encargado del Poder Ejecutivo.
Posteriormente, vinieron los conflictos entre los propios gru-
pos revolucionarios y se convocó a la Convención de Aguas-
calientes para el mes de octubre de 1914, desde cuya tribuna
se expresaron los más vehementes sentimientos nacionalistas
revolucionarios.
Frente a estos acontecimientos y la situación interna, se
fueron clasificando los objetivos de la Revolución y el pensa-
miento de Carranza y los revolucionarios se apartó del aspecto
genuinamente político, para darle a la Revolución su verdadero
contenido social, que condensaba el problema de la tierra, el de
la falta de una legalización proteccionista para los trabajadores,
184 .#( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUFVA

armonizando ésta con un visionario sentido nacionalista que se


acendró como resultado de las intervenciones.

Columbus. La expedición punitiva

El 18 de octubre de 1915, quedó formalmente reconocido el Go-


bierno Constitucionalista de México, como gobierno de facto.
En 1916 ocurrió el incidente de la expedición punitiva
que dio origen a nuevos conflictos con Estados Unidos de
N orteamérica.
Antes de transcurrir el mes, el 1 de noviembre de 1915,
Villa se presentó cerca de Agua Prieta, con 8,000 hombres que
había podido reunir, y en la misma fecha, peleando contra
fuerzas carrancistas, rompió el fuego atacando la plaza fron-
teriza, en la que fue rechazado hasta "El Alamito", en donde
se encontró con el general Diéguez.
Más tarde, ante nuevas derrotas, Villa dispersó sus fuerzas
que volvieron a desbandarse y en uno de los asaltos a los trenes
de pasajeros, encontraron a 18 extranjeros, de los cuales 15 eran
ciudadanos estadounidenses, mineros que se dirigían a la región
de Cucihuiachic, estado de Chihuahua, que llevaban un salvo-
conducto del Gobernador de la misma entidad, al cual ignoraron
los villistas. Estos últimos fusilaron a los extranjeros, originando
un incidente lamentable. Posteriormente se efectuó la incursión
de Villa a Columbus, incidente que es conocido con el nombre de
"El caso de Santa Isabel", que fue turnado a la Comisión Mixta
de Reclamaciones entre México y Estados Unidos.
El caso lo falló el árbitro doctor Rodrigo Octavio, a favor
de México, "basado en que aquel era un acto de bandole-
CARRANZA, LA RFVOLUCIÓN SOCIAL ~ 185

rismo, fuera del dominio del Gobierno"; pero como Estados


Unidos se rehusaron a acatarlo, el doctor Octavio renunció a
su puesto. La controversia siguió en pie, declarando México
que el fallo era inapelable, mientras el gobierno de Estados
Unidos descontento exigió la reparación. 188
Estos acontecimientos originaron que el Departamento de
Estado dictara instrucciones al general Pershing, alegando que:
en vista de que las tropas de Gobierno de México no hacen
nada, debido a lo cual Villa puede libremente prepararse y
concentrar sus fuerzas sin ser molestado, queda en condicio-
nes de atacar cualquier punto de la frontera y nosotros esta-
mos incapacitados para obtener información previa respecto
a sus movimientos. 189

Los acontecimientos anteriores otra vez volvieron a plan-


tear el peligro de una intervención estadounidense que produ-
jo un nuevo estado de intranquilidad. Carranza en previsión
de los acontecimientos, envió un telegrama dirigido al general
Plutarco Elías Calles, el11 de marzo de 1916, en el que le dijo
lo siguiente:
Celaya, Gto., 11 de marzo de 1916
Gral. Plutarco Elías Calles
Agua Prieta, Sonora
Estoy procurando evitar rompimiento con Estados Unidos.
Por lo que pueda suceder, sitúe usted sus tropas en puntos con-
venientes para impedir la invasión de soldados americanos a
nuestro territorio. Tenga usted listo todo para destruir la vía

1""Idem,
""Ibidem, p. 116.
186 J( AUGUSTO GÓM EZ VILLANlIEVA

férrea desde Nogales al sur y ordene que lo mismo se haga en


Naco y Agua Prieta, si se declara la guerra. V. Carranza. 19ü

Como es sabido, el conflicto llegó a adquirir proporciones


verdaderamente peligrosas para la integridad nacional.
Y, por último, las Conferencias de Atlantic City, en donde
los estadounidenses quisieron que se aprobara un convenio
o tratado, previo a la salida de las tropas, en el cual incluían
asuntos extraños a la naturaleza de la conferencia.
Fueron los acontecimientos de la Guerra Mundial de 1914-
1918, los que contribuyeron de manera importante a la salida
de las tropas estadounidenses de México, sin que el propio
Carranza hubiese aceptado otorgarles concesiones que hubie-
ran derivado en compromisos lesivos a nuestra soberanía.

El discurso de Carranza en Matamoros,


el 29 de noviembre de 1915

Carranza pronunció en Matamoros el discurso en el que ha-


brían de quedar resumidos los principios anteriores, mIsmo
que a continuación transcribimos:
Ayer manifesté mi agradecimiento a este pueblo heroico, por
la manifestación de que fui objeto como Jefe de la Revolución
y Jefe del Partido Constitucionalista. Expresé, aunque ligera-
mente, las condiciones de la nueva situación, estando ya para
terminar la lucha armada. Nunca he creído que un lugar como
éste sea apropiado para exponer los asuntos públicos de la
Nación, pero la misma dificultad de hablar en otro sitio, me

190Ibidem, p. 122.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 187

obliga a tratar de política en esta ocasión, porque creo un


deber ir exponiendo lo que el país necesita para su mejora-
miento, y las ideas que poco a poco han ido desarrollándose
en esta larga lucha que ya casi ha terminado.
El origen de la guerra, conocido por todos, ha sido una
tiranía de treinta años, un cuartelazo y un asesinato. Esta
tiranía fue una consecuencia de la inmoralidad. Para poner
el remedio a tal situación, todos los ciudadanos nos hemos
armado, y al cabo de tres años hay un nuevo Ejército, hay
nuevos Jefes, surgidos de esos mismos ciudadanos que se
vieron obligados a tomar el rifle para derrocar la tiranía.
Están convertidos ahora en verdaderos soldados, no con la
instrucción militar que se da en los establecimientos de
esta índole, sino con los elementos que el carácter da a
cada uno de los que siguiendo su vocación, se han distin-
guido en el campo de batalla.
Pero no es la lucha armada lo principal de esta gran lucha
nacional, hay algo más hondo en ella y es el desequilibrio de
cuatro siglos; tres de opresión y uno de luchas intestinas, que
no trajeron consigo todos los bienes que eran de esperarse,
porque era imposible que nuestros hombres públicos pudieran
encauzar al país por donde era necesario. Así fueron sucedién-
dose una tras otra las guerras civiles, sin saber cuál era la que
salvaría verdaderamente al país de los males que le aquejaban,
y en medio de esa desesperación que todos sentían, vino la paz,
que lejos de salvar a la patria, iba a precipitarla en un abismo.
En esa era de paz, de aparentes mejoras materiales, en
que las escuelas se habían centuplicado, en que el crédito de
la República parecía haberse consolidado, y las relaciones
con las demás naciones civilizadas se hacían cada día más
estrechas, en ese periodo como en el de todas las tiranías,
188 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLA'LJFVA

bajo una apariencia de progreso se iba corroyendo poco


apoco el lema nacional. Fue semejante esa época a la de
Augusto y a la de Napoleón III, en que todo se le debía a un
hombre. y cuando todos creían en esas bonanzas y pensaban
que era una necesidad conservar ese régimen, porque se
creía que al terminar al jefe de la Nación se destruía su obra
de progreso, vino la Revolución, y nos encontramos en me-
dio de un caos espantoso. La Revolución se hizo no solo
para alcanzar los principios de "Sufragio Efectivo" y de "No
Reelección", porque el sufragio efectivo no se obtiene únicamen-
te cuando el hombre sabe hacer respetar sus derechos, y esto
no lo necesitaba como un principio para poder votar. La
"No Reelección" fue un valladar que quiso ponerse preten-
diendo evitar con ella los abusos de malos gobernantes, que
pudieran posesionarse indefinidamente del poder público,
sin comprender que es inútil consignar en la leyese princi-
pio, pues lo esencial es conquistar por completo la libertad
del ciudadano, ya que sin ésta pierde un pueblo toda la dig-
nidad, toda la vergüenza y todo lo que tiene el carácter de
viril y valiente para hacer respetar sus derechos hasta el úl-
timo día. El general Díaz suscribió los mismos principios y
no hubo nada del sufragio que permitieran todos aquellos
que habían ido con él a la lucha, pues cuando triunfó, fue su
gobierno el que en la Historia de México ocupará el lugar
más señalado como una de las más grandes tiranías en medio
de una apariencia de legalidad, en medio del reinado de la
Constitución, en medio de las autoridades civiles y de todo
el poder militar. En la Revolución de hoy existe algo más
importante: no es sólo repartir tierras, no es abrir escuelas,
son muchos los problemas que hay que resolver y que sólo
una labor lenta y continuada debe llevar a cabo.
CARRA~ZA, l.' REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 189

El desequilibrio económico que ha resultado en una lu-


cha de dos años y medio de guerra, es lo que más nos afecta,
y estamos viviendo ficticiamente. Después de haber creado
una moneda para poder sostener el Ejército, hay algunos a
quienes llama la atención el hecho de que el valor de nues-
tros pesos fluctúa diariamente; pero, ¿creamos nosotros esa
moneda para ir a cambiarla por oro en alguna parte de la
tierra? Nosotros la creamos por una necesidad, porque era
el medio más equitativo para que la carga de la Revolución
pesara sobre todos los ciudadanos. Cuando empezó la lucha,
que era necesario dar haberes a los soldados, sin tener más
recursos que los que quitábamos a los pueblos, se me propu-
so, entre otras, la idea de emitir bonos, según el sistema
empleado en épocas pasadas para sacrificar a la Nación. Yo
no acepté ninguno de los medios propuestos y resolví lanzar
papel moneda, para que fuera equitativo el gasto que la guerra
traería consigo, para que sirviera como medio de cambio y
para sufragar también todos los demás gastos en los ramos de
la administración que no se iba creando. Si hubiéramos re-
currido a los préstamos forzosos, habrían sido unos cuantos
los que hubieran soportado ese peso, y cualesquiera que sean
los errores o las ideas políticas de nuestros enemigos, nade
tiene derecho para cometer una injusticia. El peso de la gue-
rra lo soportamos todos nosotros. Los culpables de las des-
gracias de nuestro pueblo serán castigados por la Ley; sus
propiedades serán confiscadas si la responsabilidad de ellos
así lo requiere, pero de ningún modo debemos cometer una
injusticia contra nuestros mismos hermanos.
Durante la lucha hemos recurrido a todos los sacrificios
para llevar al triunfo nuestra causa, porque era la causa del
pueblo; pero terminada la guerra, el Jefe de la Revolución
190 ~ A UG us ro G Ó M EZ V J LLAN UEVA

deja de ser Jefe de un grupo, y al convertirse en Jefe de la


Nación, debe ser equitativo y justo para todos. Por eso aho-
ra, para buscar los remedios que deben curar la situación de la
República que ha entrado ya en convalecencia después de su
sangrienta lucha, todos deben contribuir con el Gobierno
para salvar la situación en que se encuentra. Es necesario
que todos contribuyan en proporción a lo que tiene cada
quien de capital, pues tenemos el deber de sostener los gas-
tos generales de la Nación. Nuestros compromisos con el
exterior deben satisfacerse, y es necesario encauzar a la Na-
ción, lo mismo que a los Estados y Municipios, en la idea de
que podemos y debemos subvenir a todas esas necesidades. Yo
espero que la Nación haga un esfuerzo más después de ha-
berse salvado de la lucha que acaba de pasar, y que significa
no sólo su bienestar sino un progreso futuro.
Las reformas enunciadas y que ya van poniéndose en
práctica, realizarán un cambio en todo y abrirán una nueva
era para la República. Pero nuestra obra de salvar a la Na-
ción tiene más importancia todavía: la de que México sea el
alma de las demás naciones que padecen los mismos males
que nosotros, aún aquellas que vemos más prósperas como
las Repúblicas de Argentina y Chile, que gozan de la paz de
que nosotros disfrutamos aparentemente algunos años.
Los que al principio creyeron que estaban sujetas a la
paz y al orden Constitucional la Soberanía de la Nación
Mexicana, y la misma Soberanía de todas las naciones Lati-
noamericanas, tendrán que comprender que si no obran
desde luego dichas naciones en el mismo sentido que noso-
tros, tendrán que hacerlo más adelante por fuerza, puesto
que llegarán a encontrarse en una situación que las obligará
a conquistar sus libertades.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOllAL ~ 191

Ya es tiempo de que la América Latina sepa que nosotros


hemos ganado con la lucha interior el restablecimiento de la
justicia y del derecho, y que esta lucha servirá de ejemplo
para que esos pueblos formen su soberanía, sus instituciones
y la libertad de sus ciudadanos.
La lucha nuestra será comienzo de una lucha universal
que dé paso a una era de justicia, en que se establezcan el
principio del respeto que los pueblos grandes deben tener
por los pueblos débiles. Deben ir acabando poco a poco los
exclusivismos y todos los privilegios. El individuo que va de
una nación a otra, debe sujetarse en ella a las consecuencias,
y no debe tener más garantías ni más derechos que los que
tienen los nacionales.
Reinará sobre la tierra la verdadera justicia cuando cada
ciudadano, en cualquier punto del planeta, se encuentre bajo
su propia nacionalidad. No más bayonetas, no más cañones ni
más acorazados para ir detrás de un hombre que por mercan-
tilismo va a buscar fortuna y a explotar las riquezas de otros
países y que cree que debe tener más garantías que cualquiera
de los ciudadanos de su país que trabajan honradamente.
Ésta es la Revolución, señores; esto es lo que regirá a la
humanidad más tarde como un principio de justicia.
También manifesté ayer que siempre había tenido deseos de
visitar esta heroica ciudad, porque ha sido para mí un motivo
de satisfacción llegar a todos los lugares de nuestra Patria que
están señalados en la Historia de la Revolución como grandes y
nobles. Yo creo que los recuerdos de nuestros héroes influyen
siempre en nosotros, y por eso ha dicho con razón un escritor
español que "los muertos mandan". Los hechos gloriosos de
nuestros antepasados mártires, que hicieron a un lado todo para
trabajar por la salvación de sus hermanos, son los que inspiran
192 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

nuestros aetas, y ello significará más tarde el bienestar de las so-


ciedades. Es por esto que yo recorro con gusto los lugares histó-
ricos de la Nación, porque he creído siempre que sobre todos los
afectos está el afecto de la Patria, y que en ese sentimiento
inspiraron todos sus actos los grandes hombres que nos sir-
ven de ejemplo.
Me felicito de haber estado en esta reunión y de haber
hablado como lo he hecho en otras ocasiones, pidiendo a todos
los que ayer me siguieron en la guerra, que ahora en la paz me
ayuden para llevar a cabo la reconstrucción de la Patria. 191

El discurso de Carranza constituye uno de los documentos


históricos más importantes de la Revolución, en el que quedaron
plasmados los nuevos ideales que resumían las banderas de todos
los grupos revolucionarios; pero destacan en éste las ideas que
el primer jefe del Ejército Constitucionalista sustenta en torno a
las relaciones que deben normar la vida de los pueblos y en espe-
cialla de México con Estados Unidos de Norteamérica. Su pen-
samiento habrá de incorporarse después en acciones concretas
frente a los hechos registrados incidentalmente con los Estados
Unidos y su proyección en la política exterior de nuestro país.

Las ideas nacionalistas


en la Convención de Aguascalientes

En el mes de octubre de 1914, se registraron los aconteci-


mientos que dieron origen a la escisión de los grupos revo-

1915ecretaría de Gobernación. Memoria de la Secretaría de Gobernación,


correspondiente al periodo revolucionario comprendido entre el19 de febrero de
1913 y el30 de noviembre de 1916, pp. 234-237.
CARRAl'ZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ .193

lucionarios. Aunque aparentemente la razón de esa división


se originó por problemas de orden político y el surgimiento
del caudillismo revolucionario, la verdad es que las fuerzas
nacionalistas al liquidar los restos de la dictadura, registraban
entre sí contradicciones de clase que se habían pospuesto por
la contienda política contra Victoriano Huerta y el ejército
federal.
Esas contradicciones derivaban de la inaplazable solución
al problema de la tierra y las condiciones que privaban aún en'
las fábricas en las que prestaban sus servicios los trabajadores
meXIcanos.
Por tal motivo, en la referida Convención afloraron las ten-
dencias más radicales que condensaban los puntos generales para
el Programa de la Revolución Social y los sentimientos naciona-
listas, desprendidos de la cadena de agravios que los mexicanos
habían recibido de los extranjeros.
Previamente habían ocurrido los enfrentamientos verba-
les entre el general Francisco Villa y don Venustiano Carran-
za, agravados por la resistencia del segundo, de no permitir
ni ejecutar actos de justicia a los campesinos que los rei-
vindicara de su condición de siervos y que pusieran en sus
manos la tierra arrebatada. Los incidentes consignados en la
historia no son motivo de estudio en este trabajo, por ello
nos concretamos a destacar las ideas nacionalistas expresa-
das en la Convención por los más genuinos líderes agrarios,
que se concentraron preferentemente en la demanda de és-
tos al propio Venustiano Carranza, para que se aceptara el
Programa del Plan de Ayala, entre los que destacan la in-
tervención de Castillo Tapia, quien al referirse al problema
agrario, dijo:
194 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

señores, y si no se respetan las tierras y si el problema agra-


rio no se soluciona y todos los ideales que traía la Revolu-
ción de 1910 encabezada por Madero no se llevan a efecto,
sino que vienen personalismos en esta Revolución, permitid-
me, señores -dijo-, que desde el fondo de mi alma grite:
¡maldita sea la RevoluciónP92

Más tarde David B. Berianga, expresaba:


No venimos a discutir la conveniencia o inconveniencia de
que Carranza sea Presidente o no; venimos a discutir asuntos
relativos, no a la paz nacional; no tememos absolutamente a
ninguna de las Divisiones, no tenemos ninguna clase de ambi-
ciones, más que la paz; queremos también la guerra, porque
sobre la paz y sobre todos los intereses patrios, queremos una
cosa: la redención del pueblo; queremos justicia[... ]l93

El día 14 de octubre se declaró la Convención Sobera-


na y los delegados asistentes estamparon sus firmas sobre
la Bandera Nacional, después de que el general Villarreal
extendió su brazo de ciudadano armado, protestó cumplir
con las decisiones de esa honorable Asamblea.
El propio general Villarreal, cuando hizo uso de la palabra,
expresó:

grandes, trascendentales, serán los resultados del acto a que


asistimos; nuestro país muy pronto sabrá apreciar los bene-
ficios de la labor que aquí hacemos nosotros. Nuestros des-

mCi1dardo Magaña. Emiliano Zapata y el agrarismo en México, t. V,


p. 151.
193Ibidem, p. 153.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 195

dichados valores que decaen en el extranjero, donde se tenía


casi la certidumbre de que los mexicanos éramos incapaces
de vivir como hombres cultos, con estos actos quizá cambien de
opinión y nos vuelvan a considerar como hombres que sabe-
mos ser ciudadanos y como ciudadanos que sabemos ser li-
bres en medio de la paz. 194

Más adelante, añadió:

pero hay otros motivos más trascendentales por los que


debemos regocijarnos. Hoy, declarados soberanos, porque
representamos las fuerzas vivas del país, porque represen-
tamos a los elementos combatientes que son en todas las
épocas de revolución los que verdaderamente valen, los
que verdaderamente saben de abnegación y de sacrificios y
de anhelos a las causas altas. Declarados en Convención
soberana, declarados en Poder inapelable de la República,
bien podemos ya, señores, hacer que la tranquilidad vuel-
va, hacer que la paz renazca, que las hostilidades se suspen-
dan, que no se derrame más sangre hermana, que vayamos
todos, abrazados con efusivo amor, a hacer promesas por
no ser salvajes, sino hacer promesas por ser más civilizados,
por ser patriotas y por ser verdaderos amadores de los des-
tinos nacionales. 195

y refiriéndose a la intervención estadounidense y a las lu-


chas fraticidas, el propio General Villarreal enfatizó:

Pero sobre estas consideraciones hay todavía una considera-


ción suma: aquí vemos atacado el porvenir nacional; vemos
''i
4
Ibidem, p.161.
45
' lbidem, p. 162.
196 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

que nuestras libertades están a punto de ahogarse en una


gran guerra fraticida; vemos que se retarda el momento de
cumplir con las promesas que hicimos; vemos que nuestras
aspiraciones naufragan; pero allá, en las costas azotadas por
las bravas olas del Golfo, vemos con nuestra imaginación
dolorida flotar sobre los cocos y sobre los palacios el pendón
de las barras y las estrellas, y en estos momentos de recogi-
miento debemos pensar, debemos interpelando a nuestras
conciencias, confesar que tenemos mucha culpa de que to-
davía en Veracruz flote el pendón de las barras y las estre-
llas. l96

Villarreal expresó, asimismo, que: "así como nuestras le-


yes de Reforma nacionalizaron los bienes del clero, nosotros
también podemos nacionalizar los bienes del privilegio para
bien de la República". 197
El general Obregón, contagiado del espíritu nacionalista
que flotaba en la Convención, afirmó:
este solemne juramento, señores, que hemos hecho hoy, este
juramento no debemos olvidarlo; no debemos olvidar esta
enseña; no debemos olvidar ese héroe que está presenciando
este acto sublime, ese gran Morelos. 198

El general Castillo Tapia, al referirse al problema agrario,


también opinó:

[...]si se hubiesen realizado los principios de la Revolución,


se hubiesen repartido las tierras, se hubiesen decomisado las

"J<1hidem, p. 163
I '''lbidem, p. 164.

'%lhidem, p. 171.
C,'RRANZA, LA REVOLUCIÓN SOCIAL.#( 197

propiedades de los científicos, se hubieran abierto muchas


escuelas y, como consecuencia, se habrían cerrado muchas cár-
celes. 199

y más adelante agregó:

El problema zapatista no es más que el resumen de la amargura


de hace trescientos años; no es más que el resumen de las aspira-
ciones del pueblo; no es más que el resumen de las aspiraciones
juntas de toda una raza, de la raza indígena, sobre cuyos hombros
pesan todas las amarguras, todos los dolores, todos los sinsabo-
res, todos los vicios y todas las maldades atávicas y no atávicas de
los científicos y de los burgueses, sobre todo aquellos que restan
vida al indio, que ha perdido todo lo que tenía; se le quiere negar
el derecho que tiene como propietario del terreno y se le niega
más aún: hasta el terreno en donde pisa. Ésta es la situación del
indio, y todos, o la mayor parte, conocemos su situación y que
no cuenta más que con la cantidad cuadrada de terreno en la cual
deben reposar sus restos ya muy fatigados, ya muy agotados por
los soles invernales y por los soles caniculares; no cuenta más que
con esa cantidad de terreno donde puedan reposar sus huesos
fatigados y sus carnes agotadas, que tanto han sudado para pro-
porcionar oro al rico, oro al burgués, oro al enemigo de la patria,
oro al enemigo de su propia raza. 200

Cuando el general Francisco Villa firmó sobre la Bandera


Nacional, con profunda emoción expresó:

únicamente me concreto a decirles que quiero mirar claro en


los destinos de mi país, porque muchos son los sufrimientos
9
'9 Ibidem, p. 176.

2()(jIbidem, p. 177.
198 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

por los que hemos atravesado. En manos de ustedes están los


destinos de la Patria, y si la Patria se pierde, sobre la concien-
cia de ustedes pesará eso. Francisco Villa les abre su corazón
para decirles que nada quiere para él; solo quiere mirar cla-
ro en los destinos de la Patria. 20 !

Ese mismo día se trató el problema de la desocupación de


Veracruz y se leyó un comunicado informando acerca de supues-
tas afirmaciones para el cobro de nuevos derechos aduanales.
La presencia de la delegación zapatista produjo verdadera
conmoción, singularmente el discurso de Paulina Martínez,
quien al referirse al problema agrario expresó:
y ¿qué es el Plan de Ayala?, preguntarán los que no lo conocen.
El Plan de Ayala es la condensación de la infidencia de un hom-
bre que ·faltó a sus promesas, y al pacto sagrado, la Nueva
Alianza de la Revolución con el pueblo, para devolver a éste sus
tierras y sus libertades que le fueran arrebatadas hace cuatro
siglos, cuando el conquistador hizo pedazos la soberanía azteca,
más que con la punta de su espada, con las hondas divisiones
que debilitaron la fuerza de aquella raza indómita. Tierra y Li-
bertad, Tierra y Justicia, es lo que sintetiza el Plan de Ayala
para fundamentar la libertad económica del pueblo mexicano,
base indiscutible de todas sus libertades públicas[... ].202

"Y, por último, el discurso de Soto y Gama que fue la inter-


vención que produjo el mayor paroxismo entre los asistentes,
sobre todo, cuando al referirse a la Bandera, expresó:

llllIbidem, p. 184.
lÚ2Ibidem, p. 209.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL « 199

yo, señores, jamás firmaré sobre esta Bandera. Estamos ha-


ciendo una gran Revolución que va expresamente contra la
mentira histórica, y hay que exponer la mentira histórica que
está en esta bandera. Lo que se llama nuestra Independencia
no fue la independencia del indígena; fue la independencia de
la raza criolla y de los herederos de la conquista, para seguir
ínfimamente burlando al oprimido y al indígena[...].203

Como podemos observar, en los fragmentos de los discursos


anteriores que me he permitido transcribir, las delegaciones
agrarias identificaron sus sentimientos nacionalistas, claman-
do por la redención del indígena y procurando la reivindica-
ción de las tierras nacionales que antiguamente se encontraban
en manos de extranjeros.
El resto de los acontecimientos es conocido, la escisión de
las fuerzas revolucionarias en dos grandes bandos: el carrancis-
mo y el obregonismo, contra el zapatismo y el villismo, cuyas
consecuencias se reflejaron en la derrota de los segundos y en
el reconocimiento de Estados Unidos de América a Carranza
que, obviamente, tuvo una gran trascendencia para los desti-
nos de la Revolución.

La legislación revolucionaria nacionalista

Frente a los sucesos internos .Carranza inició su Legislación


Revolucionaria el 12 de diciembre de 1914, en el Plan de Ve-
racruz, en cuyo artículo segundo decía lo siguiente:

2ú3Ibidem, p. 220.
200 « AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

El primer Jefe de la Revolución y encargado del Poder Eje-


cutivo expedirá y pondrá en vigor durante la lucha, todas las
leyes, disposiciones y medidas encaminadas a dar satisfac-
ción a las necesidades económicas, sociales y políticas del
país, efectuando las reformas que la opinión pública exige
como indispensables para establecer un régimen que garan-
tice la igualdad de los mexicanos entre sí; leyes agrarias que
favorezcan la formación de la pequeña propiedad, disolvien-
do los latifundios y restituyendo a los pueblos las tierras de
que fueron injustamente privados; leyes fiscales encamina-
das a obtener un sistema equitativo de impuestos a la pro-
piedad raíz; legislación para mejorar la condición del peón
rural, del obrero, del minero y en general de las clases pro-
letarias; establecimiento de la libertad municipal como insti-
tución constitucional; bases para un nuevo sistema de orga-
nización del poder judicial independiente, tanto en la
Federación como en los estados; revisión de los Códigos
Civil, Penal y de Comercio; reformas del procedimiento ju-
dicial con el propósito de hacer expedita y efectiva la admi-
nistración de justicia; revisión de las leyes relativas a explo-
tación de minas, petróleo, agua, bosques y demás recursos
naturales del país, para destruir los monopolios creados por
el antiguo régimen y evitar que se formen otros en el futuro;
reformas políticas que garanticen la verdadera aplicación de
la Constitución de la República, y en general todas las demás
leyes que estimen necesarias para asegurar a todos los habi-
tantes del país la efectividad y el pleno goce de sus derechos,
y la igualdad ante la Ley.204

2\i4Blas Urrea. La herencia de Carranza, p. 2.


CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL « 201

El Congreso Constituyente de Querétaro


El triunfo de las huestes carrancistas sobre la fracción villista,
contribuyó a pacificar el norte del país, pero aún en el sur y en
las zonas mineras y obreras se registraba un permanente esta-
do de agitación producido por la insatisfacción de las deman-
das que plantearon los campesinos y los obreros al participar
en la Revolución.
Carranza, ante la presión de los grupos beligerantes y por
otra parte de sus mismos correligionarios, convocó al Congre-
so Constituyente de 1917. En éste participaron intelectuales,
comerciantes, obreros, maestros, campesinos, etc., que habían
tenido una participación directa o indirecta en los aconteci-
mientos revolucionarios. Algunos de ellos influenciados por las
reformas propuestas en 1905 por la Junta Organizadora del
Partido Liberal, se agruparon en el ala izquierda del Constitu-
yente, para convertirse en los más connotados voceros de la
Revolución Nacionalista.
El proyecto de reformas que presentó el señor Carranza al
Constituyente, fue totalmente reformado por los grupos radi-
cales de izquierda, e hicieron posible que en la Constitución
General de la República quedaran insertos como normas los
principios nacionalistas que se habían venido expresando por
los grupos revolucionarios, desde 1906.
En los preceptos que condensan el Programa de la Re-
volución, se encuentran los artículos 27 y 123 constitucio-
nales.
De nuevo en el Congreso Constituyente se escucharon los
requerimientos de las voces revolucionarias para reivindicar
los recursos naturales del país y proteger a los trabajadores
202 « AUGUSTO GÓMEZ VILLANVEVA

contra la explotación extranjera. Al iniciarse las discusiones


sobre el artículo 5 constitucional, se fue derivando gradual-
mente hacia la inclusión de principios generales destinados a
garantizar la protección de los trabajadores y el derecho que
a éstos les asiste de un trato justo y de reclamar la elevación
de sus condiciones de vida.
Entre las intervenciones de los constituyentes, se encuen-
tra la del diputado Cayetano Andrade, quien al referirse al
dictamen de la Comisión encargada de redactar el artículo 5
constitucional, afirmaba lo siguiente:
La Constitución actual debe responder, por consiguiente, a
los principios generales de la Revolución Constitucionalista,
que no fue una revolución como la maderista o la de Ayuda,
un movimiento meramente instintivo para echar abajo a un
tirano; la Revolución Constitucionalista tiene la gran tras-
cendencia de ser una revolución eminentemente social y, por
lo mismo, trae como corolario una transformación en todos
los órdenes. Uno de los grandes problemas de la Revolución
Constitucionalista, ha sido la cuestión obrera que se deno-
mina la política social obrera.
Por largos años, no hay para qué repetirlo en grandes
párrafos, tanto los obreros de los talleres como los peones
de los campos, trabajan de sol a sol y en los talleres igual-
mente los obreros son explotados por los patrones. Además,
principalmente en los establecimientos d~ cigarros, en las
fábricas de puros y cigarros, lo mismo que en los estableci-
mientos de costura, a las mujeres se les explota inicuamente,
haciéndoles trabajar de una manera excesiva, y en los talle-
res, igualmente a los niños. Por eso creo yo debió consignar-
se en ese artículo la cuestión de la limitación de las horas de
CARRANZA, LA RFVOLUCIÓN SOCIAL « 203

trabajo, puesto que es una necesidad urgente, de salvación


social. 205

Posteriormente, el general Heriberto Jara, al referirse a la


jornada de ocho horas, expresó:

La jornada máxima de ocho horas no es sencillamente un


aditamento para significar que es bueno que sólo se trabaje
ese número de horas, es para garantizar la libertad de los
individuos, es precisamente para garantizar la vida, es para
garantizar sus energías, porque hasta ahora los obreros mexi-
canos no han sido más que carne de explotación. Dejémosle
en libertad para que trabaje en la forma que lo conciba; los
impugnadores de esta proposición quieren sencillamente,
dejarlo a merced de los explotadores, a merced de aquellos
que quieren sacrificarlo en los talleres, en las fábricas, en las
minas, durante doce, catorce o dieciséis horas diarias, sin
dejarle tiempo para descansar, sin dejarle tiempo ni para
atender a las más imperiosas necesidades de su familia.

Continuó diciendo:

[...] hemos tenido empeño en que figure esta adición en el


Articulo 5°, porque la experiencia, los desengaños que hemos
tenido en el curso de nuestra lucha por el proletariado, nos
han demostrado hasta ahora que es muy fácil que los legisla-
dores se preocupan con la atención que merece el problema
económico; no sé por qué circunstancia, será tal vez por lo
difícil que es, siempre va quedando al olvido, siempre va que-
dando apartado, siempre se deja para última hora, como una

lOSPastor Rouaix. Génesis de los artículos 27 y 123 de la Constitución Política


de 1917, p. 60.
204 ;j( AUGUSTO GÓMEZ VILLANlIEVA

cosa secundaria, siendo que es uno de los que debemos ocu-


par. La libertad misma no puede estar garantizada si no está
resuelto el problema económico[...] La Proposición de que se
arranque a los niños y a las mujeres de los talleres, en los tra-
bajos nocturnos, es noble, señores. Tratemos de evitar la ex-
plotación de aquellos débiles seres, tratemos de evitar que las
mujeres y los niños condenados a un trabajo nocturno no
puedan desarrollarse en la vida con la facilidad que tienen los
seres que gozan de comodidades; tratemos de arrancar a
los niños de los talleres, en los trabajos nocturnos, porque es
un trabajo que daña, es un trabajo que mata a aquél débil ser
antes de que pueda llegar a la juventud.

Terminó diciendo:

Al emitir vosotros, señores diputados, vuestro voto, acordaos


de aquellos seres infelices, de que aquellos desgraciados infeli-
ces, de que aquellos desgraciados que claudicantes, miserables,
arrastran su miseria, por el suelo y que tienen sus ojos fijos en
vosotros para su salvación. 206

Otra de las intervenciones que merecen especial mención


en el presente trabajo, es la del coronel Porfirio del Castillo,
diputado del estado de Puebla, en relación con los contratos
obligatorios.
¿Hasta cuándo les gritaremos frente a frente: Basta ya de tu
sed insaciable de oro? ¡Tiene un hasta aquí la explotación
que haces del pobre! ¡Tiene un máximo de tu utilidad!, ¡bas-
ta ya de tus utilidades fabulosas, es necesario que compren-
das y que respetes la miseria de los demás! Y ¿hasta cuándo

lü6Ibidem, p. 61.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 205

diremos al indio: iBasta ya de tus sacrificios!, iBasta ya de


que te sigan robando y explotando como a una bestia! ¡Tie-
ne un límite el precio de tu trabajo! Si no es posible regla-
mentar como quieren los señores amantes de la fórmula y
que pudieran tener razón, no reglamentaremos, señores,
pero en preceptos generales, establezcamos las bases para
que en todo caso puedan llevar garantías a los trabajadores.
Si nos preocupamos por garantizar tanto la libertad del indi-
viduo, ¿por qué no nos preocupamos por restablecer urgen-
tes derechos, por qué no nos esforzamos por llevar todo lo
que sea posible para garantizar los intereses del trabajador?

Terminó el señor coronel del Castillo su brillante perora-


ción con estas frases:
[...] yo quisiera que, confundidos en un sentimiento genero-
so y justo fuésemos todos una sola voluntad, una sola fuerza,
para clamar justicia por el indio y así como nos preocupa-
mos porque su recinto sea sagrado y que en él penetre la luz
de la civilización, la libertad y el respeto a sus garantías,
hagamos señores diputados, que penetre también con todos
estos hermosos ideales, algo más positivo, algo más práctico:
que penetre el pedazo de pan que pueda el trabajador agra-
decido compartir con sus hijos, bendiciendo la memoria de
los constituyentes de Querétaro. 207

Más tarde del diputado Francisco J. Múgica, presidente


de la Comisión Dictaminadora y con la oratoria brillante y
convincente que le era peculiar, refiriéndose al pago de la jor-
nada máxima de trabajo, hace notar:

¿Ú"Ibidem, p. 67.
206 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

¿Cuál es el objeto de haber convocado a este Congreso Cons-


tituyente? Yo lo he oído de labios del mismo Primer Jefe, hacer
que las reformas que la Revolución ha hecho en su periodo de
lucha, que las reformas que ha arrancado por medio de la
fuerza a los que las tenían como privilegio, que esas reformas
que tienen por base la legalidad y el deseo que existe entre
todas las masas del pueblo mexicano, sean elevadas a la cate-
goría de ley, sean reconocidas como preceptos, con objeto de
que no haya pretextos ni por nacionales ni por extranjeros;
para respetarlas cuando haya tribunales libres, cuando haya
tribunales donde se haga justicia y quieran ellos burlar estas
garantías, estén escritas en esta Constitución que la Revolu-
ción ha dado al pueblo mexicano a trueque de su sangre y
de su ruina. 208

En relación con el artículo 27, es conocido el hecho de


que en el proyecto de éste, intervinieron un grupo de dipu-
tados que representaba la casi totalidad de las tendencias del
Constituyente, en el que hubo uniformidad desde el punto de
vista de su contenido esencial.
En el estudio del artículo 27 de proyecto de la Constitu-
ción, se incluyó el siguiente párrafo:
Siendo en nuestro país la tierra casi la única fuente de rique-
za y estando acaparada en pocas manos, los dueños de ella
adquieren un poder formidable y constituyen, como lo de-
muestra la historia, un estorbo constante para el desarrollo
progresivo de la Nación. Por otra parte, los antecedentes
históricos de la concentración de la propiedad raíz, han
creado entre los terratenientes y jornaleros una situación

2Ú'Ibidem, p. 81.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 207

que hoy en día tiene muchos puntos de semejanza con la


situación establecida durante la época colonial, entre los
conquistadores y los indios encomendados y de esta situa-
ción proviene el estado depresivo en que se encuentra la
clase trabajadora de los campos. Semejante estado de cosas
tiene una influencia desastrosa en el orden económico, pues
con frecuencia acontece que la producción agrícola nacional
no alcanza a satisfacer las necesidades del consumo. Corre-
gir este estado de cosas es en nuestro concepto, resolver el
problema agrario y las medidas que al efecto deban empren-
derse, consisten en reducir el poder de los latifundistas y en
levantar el nivel económico, intelectual y moral de los jorna-
leros. 20 9

De su redacción final destacan las que se refieren a la pro-


piedad de las tierras y las aguas; al derecho de expropiación
y el que la Nación tiene para imponer a la propiedad priva-
da las modalidades que dicte el interés público; dotación de
tierras, el dominio directo de la Nación de los minerales, o
sustancias que en vetas, mantos, masas o yacimientos cons-
tituyen depósitos cuya naturaleza sea distinta de los compo-
nentes de los terrenos; la propiedad de la Nación sobre las
aguas y mares territoriales y las restricciones que imponen
para adquirir el dominio de las tierras a extranjeros, como
está contenido en la parte primera del artículo 27 constitu-
cional, que a continuación se transcribe:
La propiedad de las tierras yaguas comprendidas dentro de
los límites del territorio nacional, corresponde originalmen-
te a la nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de trans-
2°"Ibidem, p. 159.
208 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

mitir el dominio de ellas a los particulares constituyendo la


propiedad privada. Las expropiaciones sólo podrán hacerse
por causa de utilidad pública y mediante indemnización.
La nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer
a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés
público, así como el de regular el aprovechamiento de los
elementos naturales susceptibles de apropiación, para hacer
una distribución equitativa de la riqueza pública y para cui-
dar de su conservación. Con este objeto se dictarán las me-
diadas necesarias para el fraccionamiento de los latifundios;
para el desarrollo de la pequeña propiedad; para la creación
de nuevos centros de población agrícola con las tierras y
aguas que les sean indispensables; para el fomento de la
agricultura y para evitar la destrucción de los elementos
naturales y los daños que la propiedad pueda sufrir en per-
juicio de la sociedad. Los pueblos, rancherías y comunidades
que carezcan de tierras yaguas, o no las tengan en cantidad
suficiente para las necesidades de su población, tendrán de-
recho a que se les dote de ellas, tomándolas de las propieda-
des inmediatas, respetando siempre la pequeña propiedad.
Por tanto, se confirman las dotaciones de terrenos que se
haya hecho hasta ahora en conformidad con el Derecho de
6 de enero de 1915. La adquisición de las propiedades par-
ticulares necesarias para conseguir los objetos antes expresa-
dos, se considerarán de utilidad pública.
Corresponde a la nación el dominio directo de todos
los minerales o sustancias que en vetas, mantos, masas o
yacimientos constituyan depósitos cuya naturaleza sea dis-
tinta de los componentes de los terrenos, tales como los
minerales de los que se extraigan metales y metaloides uti-
lizados en la industria; los yacimientos de piedras precio-
CARRANZA, LA REVOLUCIÓN SOCIAL « 209

sas, de sal de goma y las salinas formadas directamente por


las aguas marinas; los productos derivados de la descom-
posición de las rocas, cuando su explotación necesita tra-
bajos subterráneos; los fosfatos susceptibles de ser utilizados
como fertilizantes; los combustibles minerales sólidos; el
petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líqui-
dos o gaseosos.
Son también propiedad de la nación las aguas de los
mares territoriales en la extensión y términos que fije el De-
recho Internacional; las de las lagunas y esteros de las pla-
yas; las de los lagos inferiores de formación natural que es-
tén ligados directamente a corrientes constantes; las de los
ríos principales o arroyos afluentes desde el punto en que
brote la primera agua permanente hasta su desembocadura,
ya sea que corran al mar o que crucen dos o más Estados; las
de las corrientes intermitentes que atraviesen dos o más es-
tados en su qma principal, las aguas de los ríos, arroyos o
barrancas, cuando sirvan de límite al territorio nacional o al
de los estados; las aguas que se extraigan de las minas; y los
cauces, lechos o riberas de los lagos y corrientes anteriores a
la extensión que fije la ley. Cualquiera otra corriente de agua
no incluida en la enumeración anterior, se considerará como
parte integrante de la propiedad privada que atraviese; pero
el aprovechamiento de las aguas, cuando su curso pase de
una finca a otra, se considerará como de utilidad pública y
quedará sujeta a las disposiciones que dicten los estados.
En los casos a que se refieran los dos párrafos anteriores,
el dominio de la nación es inalienable e imprescriptible, y
sólo podrán hacerse concesiones por el Gobierno Federal a
los particulares o sociedades civiles o comerciales constitui-
das conforme a las leyes mexicanas, con la condición de que
210 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

se establezcan trabajos regulares para la explotación de los


elementos de que se trata y se cumpla con los requisitos que
prevengan las leyes.
La capacidad para adquirir el dominio de las tierras y
aguas de la nación se regirá por las siguientes prescripciones:
I. Sólo los mexicanos por nacimiento o por naturalización
y las sociedades mexicanas tienen derecho para adquirir el
dominio de las tierras, aguas y sus accesorios, o para obtener
concesiones de explotación de minas, aguas o combustibles
minerales en la República Mexicana. El Estado podrá conce-
der el mismo derecho a los extranjeros, siempre que conven-
gan ante la Secretaría de Relaciones en considerarse como
nacionales respecto de dichos bienes y en no invocar, por lo
mismo, la protección de sus gobiernos, por lo que se refie-
re a aquéllos; bajo la pena, en caso de faltara al convenio,
de perder en beneficio de la nación los bienes que hubieran
adquirido en virtud del mismo. En una faja de cien kilóme-
tros a lo largo de las fronteras y de cincuenta en las playas,
por ningún motivo podrán los extranjeros adquirir el domi-
nio directo sobre tierras yaguas. 210

Cuando se proclamó la constitución de 1917 y el Departa-


mento de Estado conoció la redacción del Artículo 27 Constitu-
cional, la reacción estadounidense no se hizo esperar. El secre-
tario Lasing por medio del representante de Estados Unidos en
México, Charles Parker, envió una nota de protesta contra el ci-
tado artículo, por considerarlo confiscatorio; pidiendo, exigien-
do que se modificara y más tarde, que no se pusiera en vigor. 2l1

¿1"Diario de los debates del Congreso Constituyente, p. ¡X.


21'Scotty Nearing. op. cit.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCiAL ~ 211

Los problemas derivados de la actitud nacionalista de Carrranza


Carranza se había de enfrentar nuevamente a situaciones difí-
ciles frente a los estadounidenses, en virtud de que las grandes
compañías petroleras presionaban al Departamento de Estado
para evitar la vigencia del referido artículo.
E119 de febrero de 1918, Carranza confirmó el decreto
imponiendo una contribución por concepto de explotación
del petróleo, y el 2 de abril recibió una airada protesta del
Departamento de Estado, alegando la violación o infrac-
ción a derechos de propiedad, "legítimamente adquiridos
por americanos, que la observación de este Decreto mar-
caba".212
El 12 de agosto de 1918, el secretario Lasing pidió a Carran-
za la suspensión de los efectos de dicho decreto, con el deseo
de que el gobierno de lo Estados Unidos pudiera examinarlo
con cuidado a fin de considerar las estipulaciones, fines y re-
sultados, en cuanto afectaba los derechos y propiedades de los
ciudadanos estadounidenses.
El 13 del mismo mes, Carranza contestó que no podía
retardar la ejecución de los decretos y llamó la atención del
Departamento de Estado sobre el hecho de que las leyes eran
parte de nuestra legislación fiscal mexicana, que como tales
no estaban sujetas a representaciones diplomáticas.
El 17 de ese mes, don Isidro Fabela, subsecretario de Re-
laciones Exteriores, contestó:
[...] todo Estado soberano tiene el derecho de decidir acerca
de su propia política fiscal, y mientras dicha política no haga

212Idem.
212 ..#( AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

excepción contra los derechos de propiedad de los ciudada-


nos de una nación en particular, no está legalmente sujeta a
representaciones diplomáticas. Los nacionales de cualquier
Estados deben estar dispuestos a observar las leyes del país
en que hacen sus inversiones. 2B
El criterio del gobierno mexicano en este asunto no es
ninguna innovación en el derecho internacional, sino la sim-
ple aplicación del derecho de igualdad entre las naciones,
que muy frecuentemente olvidan los gobiernos fuertes en
sus relaciones con los pueblos débiles. 214

El 1 de septiembre, Carranza declara ante el Congreso


meXlCano:

Desgraciadamente, el gobierno mexicano ha recibido más o


menos vehementes indicaciones del gobierno de los Estados
Unidos, cuando ha procurado efectuar reformas que pudie-
ran perjudicar a ciudadanos americanos. Estas sugestiones
deliberadamente destruyen nuestra libertad de legislar y nu-
lificar los derechos que tenemos al progreso, de acuerdo con
nuestras ideas.
El argumento que esgrime el Departamento de Estado
Americano, así como la prensa americana, ha sido que nues-
tros derechos son confiscatorios. El gobierno mexicano es-
pera que la república del norte respete la soberanía e inde-
pendencia de México. La Revolución ha implantado reformas,
para el bienestar y progreso del pueblo mexicano. El Go-
bierno está procurando respetar y consolidar los derechos
existentes, pero no puede de ninguna manera aceptar el

l''Tbidem, pp. 23-25.


214Idem.
CARRANzA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 213

principio de que se límite la libertad de los mexicanos para


gobernarse de acuerdo con sus necesidades. 215

Toda la fuerza diplomática fue empleada como presión para


evitar la observancia de la Constitución. Las compañías petroleras
no se contentaron con negarse a obedecer las leyes de México:
1. Subvencionaron una contrarrevolución en los campos pe-
troleros de México.
2. Emprendieron una campaña de publicidad contra México,
en Estados Unidos, pidiendo la intervención armada.
3. Presentaron una formal demanda ante la conferencia de
paz, que se celebraba en París, pidiendo se negara a Méxi-
co el lugar entre la Liga de las Naciones, a la que induda-
blemente, tenía derecho a asociarse.
4. Organizaron un ejército local en los campos petroleros de
su dominio, para que cuidara de sus intereses y los pro-
tegiera contra la obligación de pagar contribuciones a las
autoridades constituidas.

Los intentos por regular la política de México, se inten-


sificaron cuando Carranza se negó a participar en la guerra
mundial. Inmediatamente los estadounidenses lo acusaron de
germanófilo y desagradecido. Mientras Estados Unidos per-
manecieron neutrales, la guerra europea no fue motivo de di-
ficultades graves. Pero cuando entraron a la contienda a favor
de los aliados, empezaron una campaña en el Departamento de
Estado y en la prensa, instándonos a que siguiéramos el ejem-
plo de Cuba y Guatemala. 216
ZISIdem.
216Ibidem, p. 25.
214 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

Ante estos requerimientos, Carranza contestó en su Infor-


me en la Cámara de Diputados en 1918.

La política internacional de México se ha caracterizado por


la seguridad en el desarrollo de los principios que la susten-
tan. Los resultados adquiridos son suficientemente satisfac-
torios para que se haya apoyado el Ejecutivo en las cuestio-
nes internacionales que han surgido durante el año de que
informo.
El deseo de que igllales prácticas que las adoptadas por
México sigan los países y las legislaciones todas, pero en
particular la América Latina, cuyos fenómenos específicos
son los mismos que los nuestros, han dado a tales principios
un carácter doctrinario muy significativo, especialmente si se
considera que fueron formulados por el que habla, como
Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del
Poder Ejecutivo de la Nación, en plena lucha revolucionaria,
y que tenían el objeto de ilustrar al mundo entero de los
propósitos de ella y los anhelos de paz universal y de confra-
ternidad latinoamericana.

El Decálogo Internacional de Carranza

Las ideas directrices de la política internacional son pocas,


claras y sencillas. Se reducen a proclamar que todos los paí-
ses son iguales. Deben respetar mutua y escrupulosamente
sus instituciones, sus leyes y su soberanía; que ningún país
debe intervenir en ninguna forma y por ningún motivo en los
asuntos interiores de otro. Todos deben someterse de manera
CARRANZA, LA REVOLUCIÓN SOCIAL ~ 215

estricta y sin excepciones al principio universal de no inter-


vención: que ningún individuo debe pretender una situación
mejor que la de los ciudadanos del país donde va a establecer-
se, sin hacer de su calidad de extranjero un título de protec-
ción y de privilegio.
Nacionales y extranjeros deben ser iguales ante la sobe-
ranía del país en que se encuentran, y por último, que las
legislaciones deben ser uniformes e iguales en lo posible, sin
establecer distinciones por causa de nacionalidad, excepto en
lo referente al ejercicio de la soberanía.
De este conjunto de principios resulta modificado profun-
damente el concepto actual de la diplomacia. Ésta no debe
servir para la protección de intereses de particulares, ni para
poner al servicio de éstos la fuerza y la majestad de las nacio-
nes. Tampoco debe servir para ejercer presión sobre los go-
biernos de países débiles, a fin de obtener modificaciones a las
leyes que no convengan a los súbditos de países poderosos.
La diplomacia debe velar por los intereses generales de la
civilización y por el establecimiento de la confraternidad
universal.
Las ideas directrices de la política actual, en materia in-
ternacional, están apunto de ser modificadas, porque han
sido incompetentes para prevenir las guerras internacionales
y dar término en breve plazo a la conflagración mundial.
México trató de contribuir a la reforma de los viejos princi-
pios, y ya ha manifestado en diversas ocasiones que está
pronto a prestar sus buenos servicios para cualquier arreglo.
Hoy abriga la esperanza de que la conclusión de la guerra
será el principio de una nueva era para la humanidad, y de
que el día de los intereses particulares no sean el móvil de la
216 .#t. AUGUSTO GÓMEZ VILlANUEVA

política internacional, desaparecerán gran número de causas


y de conflictos entre los pueblos.
En resumen, la igualdad, el mutuo respeto a las institu-
ciones y a las leyes, y la firme y constante voluntad de no
intervenir jamás, bajo ningún pretexto, en los asuntos inte-
riores de otros países, han sido los principios fundamentales
de la política internacional que el Ejecutivo de mi cargo ha
seguido, procurando, al mismo tiempo, obtener para Méxi-
co un tratamiento igual al que otorga, esto es, que se le
considere en calidad de nación soberana, al igual que los
demás pueblos; que sean respetadas sus leyes y sus institu-
ciones y que no se intervenga en ninguna forma en sus ne-
gocios interiores? 217

En el curso del presente capítulo, hemos destacado a gran-


des rasgos los orígenes del nacionalismo revolucionario mexi-
cano, localizando los fenómenos que influyeron en forma de-
terminante para que su estructura económica se transformara
en la de un país semicolonial, y en seguida a las luchas en el
frente interno y externo que contribuyeron a esclarecer los
principios y programa de la Revolución de 1910.
Aludimos a los incidentes derivados de la etapa destruc-
tiva y legislativa revolucionaria que hubimos de confrontar
con otras naciones, pero al mismo tiempo, las respuestas que
los mexicanos acaudillados por sus líderes nacionalistas die-
ron a naciones poderosas, acostumbradas a sojuzgar por los
medios económicos y políticos de que disponen a los países
débiles.

2l7Herrnila Calinda. La doctrina Carrallza y el acercamiento indo-latino, p.


122.
CARRANZA, LA REVOLUCiÓN SOCIAL ~ 217

Los manifiestos y planes políticos y las notas diplomáticas


generadas por la Cancillería revolucionaria, dieron origen a la
conformación doctrinaria que más tarde habría de llamársele
El Decálogo de Carranza, que obviamente refleja las bases fun-
damentales del cuerpo doctrinal que el México revolucionario
ha sustentado para mantener su independencia, su autonomía
y su dignidad.
Independencia. México es un país soberano e it:tdependiente.
Por lo tanto tiene el derecho de proveer libremente su seguri-
dad y legítima defensa, tanto en el interior como en el exte-
rior, y a trazarse libremente las líneas de su desarrollo econó-
mico y de su conducta internacional.
Igualdad ante el derecho internacional. México tiene los
mismos derechos y las mismas obligaciones, como nación
independiente, que cualquier otro Estado.
Por lo tanto México no puede admitir la aplicación de
ninguna doctrina que lleve por objeto reconocer alguna pre-
eminencia, hegemonía, protección, o en general cualquier
injerencia de un país extraño en sus relaciones con los demás
países.
Inviolabilidad territorial. México tiene derecho a que se
respete su territorio de una manera absoluta. Toda violación
del territorio nacional, por amistosos que parezcan los mo-
tivos, y por sinceras que sean las protestas de no implicar
hostilidad contra el pueblo o el gobierno mexicanos, es un
acto de guerra y violatorio de su soberanía.
Entran en este principio como atentatorios contra la
soberanía de México, no sólo las invasiones de hecho, sino
el mero paso de tropas sin permiso, el vuelo de aviones
sobre territorio nacional y la estancia de buques de guerra
218 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

en aguas territoriales sin consentimiento del Gobierno Mexi-


cano.
Respecto a la soberanía política. México tiene derecho a
resolver sus problemas políticos internos con absoluta exclu-
sión de toda injerencia interior. Son por lo tanto violatorios
de su soberanía todos los actos de un gobierno extraño que
directa o indirectamente tiendan a injerirse en la resolüción
de nuestras cuestiones políticas internas.
Inmigración. México, como todo país independiente
tiene el derecho de fijar las condiciones y requisitos de ad-
misión de súbditos extranjeros en su suelo. El Poder Ejecuti-
vo tiene siempre expedita su acción para reglamentar, res-
tringir o aún suprimirla inmigración de extranjeros, cuando
sea contraria a sus intereses generales, y la de expulsar en
casos concretos por medio de procedimientos administrati-
vos a los extranjeros perniciosos.
Sumisión de los extranjeros a las leyes y autoridades
del país. Ningún extranjero residente en México puede
pretender fuero ni inmunidad ante las leyes civiles, penales
o procesales, salvo las inmunidades que la cortesía interna-
cional otorga a los representantes diplomáticos.
Por lo tanto, todo extranjero puede ser llamado, arraiga-
do, embargado o aprehendido por orden de las autoridades
competentes, y conforme a las leyes, al igual que cualquier
nacional, sin que el gobierno de su país de origen pueda
pretender eximirlo de esa jurisdicción.
Condición de los extranjeros con respecto a los mexica-
nos. Los extranjeros no podrán gozar, ni legalmente, ni de
hecho, de una condición privilegiada con respecto a los
mexicanos. Tampoco podrán establecerse distinciones o des-
igualdades entre extranjeros de diversas razas u origen sino
CARRANZA, LA REVOLUCIÓN SOCIAL ~ 219

que todos gozarán de los derechos de que gocen los nacio-


nales de la nación más favorecida.
La Constitución de la República determinará aquellos
casos en que los mexicanos deban ser preferidos a los ex-
tranjeros y, aquellos derechos reservados a los mexicanos.
El suelo y las riquezas naturales. México tiene el dere-
cho inalienable de dictar leyes que fijen las condiciones de
apropiación, aprovechamiento, reserva y conservación de la
tierra y de sus riquezas naturales, así como el de fijar las
modalidades y condiciones con que pueda gozarse el dere-
cho de propiedad raíz.
Puede, por lo tanto, reservar específicamente para los
mexicanos el derecho de adquirir tierras, aguas, selvas, mi-
nas y demás riquezas naturales de la tierra, y de fijar las
condiciones con que los extranjeros pueden gozar de ellas.
Protección de extranjeros por las autoridades del país.
Los extranjeros residentes en México, gozarán en su persona
e intereses de la misma protección y garantías de que gozan
los nacionales. Por lo tanto, el extranjero que se radica en
México o viaja por su territorio, no debe esperar o preten-
der una protección conforme a las leyes, costumbres, usos o
tradiciones de su país de origen, sino solamente de acuerdo
con las leyes mexicanas, dentro de los principios constitucio-
nales que definen las garantías individuales y conforme a las
costumbres, usos y tradiciones del país.
Protección diplomática de los extranjeros. La acción de
los agentes diplomáticos en la protección de sus nacionales,
no debe extenderse a más que a procurar la estricta aplica-
ción de la ley respecto de sus personas e intereses, sin pre-
tender obtener para sus nacionales una protección especial y
extraordinaria que les asegurara la condición de que podrían
220 « AUGUSTO GÓMEZ V,LLANUEVA

tener en su país de origen. En los casos de denegación defi-


nitiva de justicia, la acción diplomática sólo puede conducir
a obtener una explicación y una indemnización de perjui-
cios, sin pretender la revisión de las sentencias o actos que
se digan violatorios ni mucho menos la modificación de las
leyes o decretos o reglamentos que los afecten. 218

21RBlas Urrea. op. cit., pp. 87-90.


CONCLUSIONES

N LA parte introductoria de nuestro trabajo establecimos

E como objetivos la revisión panorámica de los fenómenos


sociopolíticos internos y externos, que dieron origen
al nacimiento de la doctrina internacional de México. Al
concluir la primera parte de nuestra investigación, podemos
desprender las siguientes condusiones:
Los acontecimientos internacionales del tercer cuarto del
siglo XIX, tales como el triunfo de la revolución francesa, la
consolidación de la burguesía inglesa, así como la revolución
estadounidense, en apariencia inspirados en razones de orden
político, estuvieron sumamente ligados a los fenómenos que
produjo la Revolución Industrial.
Es innegable que los principios liberales que dieron origen
posteriormente a la Declaración de Principios Fundamentales
del Hombre, constituyeron como doctrina política un ariete
vigoroso contra el sistema feudal, como lo fueron más tarde
las guerras napoleónicas, a cuya influencia no escapó el Impe-
rio español.
Las contradicciones de estas luchas en el campo interna-
cional y su influencia en los acontecimientos internos de Es-
paña propiciaron claramente la coyuntura que hizo posible la

22] !
222 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLA NUEVA

rebelión anticolonial en América. Las influencias de la Ilus-


tración y el liberalismo, habrán de reflejarse a través de la
inquietud de las clases sociales en América, alejadas del poder,
la nobleza y la riqueza. Aunque desde 1808 se observaron los
primeros síntomas de la influencia liberal en la península his-
pánica por el triunfo transitorio de los liberales en España y
el problema de las colonias se planteó en las Cortes de Cádiz,
sugiriéndose por parte de Primo Verdad y Ramos, la represen-
tación de éstas en los organismos legislativos. La intensifica-
ción del proceso descapitalizador coincidió con la influencia
napoleónica en Europa.
En 1810 Hidalgo lanzó la primera convocatoria de rebe-
lión a los habitantes de la Nueva España, que dio origen des-
pués a la conquista de la independencia política. Morelos,
mestizo, más ligado por razones de origen, raza y costum-
bres a la vida cotidiana del mexicano, víctima del régimen
colonial, se ocupó por primera vez de definir el concepto de
"soberanía", despojándolo de su limitación desde el punto
de vista político para ampliarlo en una concepción más vi-
sionaria al campo económico y social.
Fue Morelos el primer mexicano que comprendió que no
bastaba el reconocimiento de la independencia, que no bas-
taba conquistar con las armas la independencia política que
desligara a esta porción de América de sus antiguos lazos co-
loniales con la Metrópoli, sino que era indispensable también
que el Estado naciente debería de obtener plena potestad so-
bre el territorio y sus secuencias, recordando que el sistema
colonial había producido el despojo, engendrado la esclavitud
y establecido la extrema desigualdad social entre los extranje-
ros y los nativos de Anáhuac.
CONCLUS¡ONES ~ 223

Triunfante el Movimiento de Independencia, tuvieron que


plantearse otra vez los problemas anteriores que dieron ori-
gen no sólo a una prolongada polémica en el campo político,
sino a multitud de experiencias históricas que contribuyeron
a definir el nuevo ámbito de la nación mexicana.
La revolución triunfante, muchas veces fue desvirtuada,
convirtiendo a nuestro país de manera permanente, en esce-
nario de luchas fraticidas, en virtud de que el debate político,
no sólo estuvo inspirado por un auténtico deseo de los líderes
y caudillos de organizar un Estado mexicano que respondie-
ra al caudal de las ideas políticas de los grupos con mayor
hegemonía, sino estimuladas desde el exterior por aquellos
países en los que habiendo triunfado las ideas liberales y en-
contrándose en pleno proceso de desarrollo económico, ob-
servaron la posibilidad de ampliar sus mercados y sus fuentes
surtidoras de materias primas hacia la América emancipada
del Imperio español.
Los nuevos conductores del pueblo mexicano tuvieron
que enfrentarse por 10 ello, no sólo a los problemas deriva-
dos de su aspiración de preponderancia política, sino a todos
aquellos inherentes a las condiciones históricas de nuestro
proceso de consolidación de la independencia adquirida.
Las facciones en pugna, no podían recurrir a la ayuda
de los países que sustentaban una organización monárquica,
preocupados por defenderse de las agresiones liberales, y su
primera inquietud fue lograr el reconocimiento de su inde-
pendencia por las potencias europeas en turno, Inglaterra y
Francia, y por el flanco de la frontera norte, Estados Unidos
de Norteamérica. Pero, naturalmente, éstas actuaron de mane-
ra estratégica en el panorama europeo y de manera específica
224 ~ AUGUSTO GóMEZ VILLANUEVA

en el continente americano, condicionando el reconocimien-


to a tratados comerciales, y en el caso de Estados Unidos, al
Tratado de Límites. De los tratados comerciales se derivaron
empréstitos onerosos y entregas de concesiones, y de los tra-
tados de límites una permanente actitud defensiva frente a las
claras ambiciones estadounidenses que pretendieron ampliar
su medio de expansión.
Durante las tres décadas posteriores a la adquisición de
nuestra independencia política recibimos las más grandes lec-
ciones de la historia, y el pueblo de México tuvo que enfrentar-
se en 1829 a los intentos de reconquista de Barradas; en 1836
a la guerra de separación de Texas; en 1838 al primer intento
de intervención francesa; en 1845 a la guerra de anexión de
Texas; en 1847 a la entrega de la mitad del territorio nacional
yen 1853 a la entrega de la porción territorial denominada La
Mesilla.
Todos esos acontecimientos tuvieron que influir y produ-
cir inextinguibles resentimientos del pueblo de México hacia
sus agresores, pero a la vez, de adquirirlo un conocimiento
preciso de la magnitud de nuestra extensión territorial y pos-
teriormente despertó en el pueblo mexicano la conciencia de
su propia nacionalidad, a pesar de encontrarse fragmentado
por la geografía, la multitud de razas, la incomunicación y la
diversidad de idiomas.
Correspondió al señor Juárez plantear de nueva cuenta el
antiguo dilema percibido por Morelos, en el sentido de darle
una orientación a las funciones de Estado, que le permitiera,
por una parte, definir no sólo el ámbito territorial de la sobe-
ranía, sino ampliarlo del político al económico, cuando en el
frente interno la lucha entre liberales y conservadores habrá
CONCLUSIONES ~_ 22i

de desplazarse hacia los escenarios bélicos para establecer la


separación de la Iglesia y el Estado.
Correspondió al propio ]uárez sostener la lucha más ex-
traordinaria de la segunda mitad del siglo XIX frente a la in-
tervención francesa y con su triunfo desterrar así, para siem-
pre, las inquietudes de las potencias europeas en turno, de
apoderarse de las naciones americanas imponiendo el uso de las
armas.
Pero, aunque estos acontecimientos dramáticos dieron al
final un resultado positivo para la nación mexicana, de las guerras
antiintervencionistas y las luchas internas, nació siempre la
interrogante de la cual debían su programa reconstructivo, de
marcha en ascenso hacia la consolidación de la soberanía.
Es cierto que el espíritu antiextranjero se mantenía a flo-
te, pero las querellas con otras naciones propiciaron alianzas
transitorias con antiguos enemigos que sólo aspiraban a con-
servar los intereses adquiridos.
Aparentemente los intentos de reconquista, de penetra-
ción política y la lucha por establecer una hegemonía eco-
nómica en América, por parte de las naciones europeas, de-
crecieron durante la segunda mitad del siglo XIX, y asimismo
la guerra de secesión estadounidense influyó de manera in-
directa para detener la corriente expansionista estadouni-
dense.
El proceso interno de reconstrucción derivado de la guerra
intestina estadounidense, permitió una nueva coyuntura que
hizo posible la orientación comercial de México hacia Ingla-
terra. Al concluir el régimen de la república restaurada, se
habían incorporado en forma definitiva, no sólo como pro-
grama doctrinal nacional, los tres principios que tan caramen-
226 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

te habían resultado para el país y nuestro pueblo: la indepen-


dencia, la no intervención y el respeto a las soberanías de las
naClOnes.
Al asumir la Presidencia Porfirio Díaz, se observó un vi-
raje en la política estadounidense. Se detuvieron las agresio-
nes armadas, sin que esto significara una disminución de las
amenazas, para recurrir a la nueva estrategia de penetración
económica, bajo un aparente respeto a los regímenes estable-
cidos por los gobiernos nativos. A partir de ese momento, el
comercio inglés y la importación de capitales estadounidenses
se fueron apoderando de manera gradual de los recursos na-
turales del país, hasta imponer un ritmo en la explotación de
los mismos, que hizo depender la vida económica de México,
d.e los grandes acontecimientos en el campo de la economía
mundial.
Las condiciones internas derivadas de todos los sucesos
históricos anteriores, nos fueron llevando a conclusiones apa-
rentemente válidas de un círculo vicioso, que hizo creer a los
mexicanos que la causa de todos nuestros males residía en
nuestro espíritu belicoso, por lo que se debería establecer el
orden y la paz a como diera lugar, surgiendo así las premisas
de una dictadura que garantizara el orden para atraer los capi-
tales extranjeros, como única perspectiva posible para explo-
tar nuestros recursos.
Los resultados de esa política se acentuaron en las postri-
merías del porfiriato, cuando los efectos de la crisis de 1907
pusieron en peligro a la nación entera de sucumbir por la mi-
sena.
Nuestro ingreso como país semicolonial nos llevó a en-
tregar todos los recursos materiales de la nación; el suelo y
CONCLUSIONES ~ 227

el subsuelo, los transportes, las industrias, la banca, etc., lo


que influyó para modificar la legislación vigente en el país,
dando origen a un intenso proceso de descapitalización con
sus naturales repercusiones en la estructura social.
Las zonas de autoconsumo se convirtieron en centros de
explotación agrícola con una nueva orientación capitalista y
la organización nativa sufrió modificaciones sustanciales, que
determina con la orientación de la producción, no para satis-
facer las necesidades internas, sino la demanda exterior.
Si bien es cierto que durante el régimen de Porfirio Díaz
los principios doctrinarios que en materia internacional fue-
ron sostenidos y en la forma, no se apartaron del programa
nacionalista, lo cierto es, por otra parte, que no rebasaron
tampoco el campo del fenómeno político, permaneciendo
acallados los que Morelos había trazado con anterioridad en
el ámbito económico y social.
La escasez de nuestros recursos y la ausencia de nuestras co-
municaciones internas, así como la persistencia de viejos pro-
blemas de aparente e imposible solución, contribuyeron al de-
bilitamiento de nuestros mecanismos defensivos y nuevamente
habrá de advertirse la influencia de los fenómenos del exterior.
La crisis de 1907, las contradicciones de los países capitalistas
y la aguda competencia entre los mismos, habrán de ser concu-
rrentes con los síntomas prerrevolucionarios de otros pueblos
semicoloniales ubicados en el Oriente, tales como la revolución
rusa, la persa y la china.
La revisión de los documentos políticos, planes y manifies-
tos que tuvieron una mayor influencia en los preludios de la
Revolución de 1910, nos hacen advertir una reafirmación del
credo nacionalista sustentado por los promotores de las luchas
228 ~ AUGUSTO GÓMEZ VILLANUEVA

de Independencia y de la Reforma, pero a través de ellos se per-


cibe también una localización más precisa de los puntos progra-
máticos que modifican las tradicionales concepciones doctrina-
les y las amplían del campo político al económico y social.
Los descubrimientos técnicos y científicos influyeron en la
carrera de dos potencias económicas para apoderarse de los
recursos del subsuelo: petróleo, cobre, hierro, zinc, etc., re-
queridos para el desarrollo de su industria, y mucho tuvo que
ver este acontecimiento como un factor de orden externo,
que propició nuevamente una coyuntura al pueblo mexicano
para plantear, de golpe, todas las aspiraciones pospuestas en
el curso de nuestra evolución histórica.
Pero ambos factores coincidieron para llevarnos a una con-
clusión: la emancipación de México debía de orientarse no sólo
al reconocimiento de la facultad que el pueblo tiene para esco-
ger a sus gobernantes y constituirse en una nación libre y sobe-
rana. Tampoco estaba a discusión el derecho que asistía a los
débiles frente a los poderosos a recurrir a principios jurídicos
de validez universal, como el de "no intervención". De la nue-
va experiencia histórica, el pueblo había adquirido una nueva
lección que consistía en la única forma de autodeterminarse y
adquirir una mayor fortaleza de su soberanía; era conquistar su
independencia económica, que en última instancia, consistía en
suprimir los residuos semicoloniales a través de un mecanismo
de redistribución de la riqueza que permitiera que sus recursos
naturales pasaran a manos de la nación, para que ésta diseñara
las modalidades de la propiedad en función del bien colectivo.
La determinación tomada por el pueblo de México afec-
taba no sólo a los pequeños grupos privilegiados extranjeros
usufructuarios de las concesiones de explotación, sino a los
CONCLUSIONES ~ 229

grandes consorcios que eran la base de sustentación económi-


ca de las grandes potencias afectadas.
Por ello, en el curso de la Revolución Mexicana es difícil des-
lindar la participación de las compañías petroleras y el Departa-
mento de Estado en las amenazas de intervención armada, en las
conspiraciones contrarrevolucionarias en el asesinato del presi-
dente Madero. Desde 1910 en que se inicia la Revolución, hasta
1917 en que triunfa nuestro movimiento popular, al modificar la
legislación que favorecía a las grandes compañías petroleras para
que saquearan nuestros recursos naturales y explotaran a nuestro
pueblo, se pueden observar en nuestro escenario, desde la inter-
vención política hasta la diplomática y económica. La invasión a
Veracruz y las notas insolentes de los cónsules, diplomáticos y las
más altas autoridades ejecutivas estadounidenses.
Todo lo anterior que aparentemente podría producir que-
brantos a las fuerzas nacionalistas, no hizo sino el efecto con-
trario, influir para que de manera gradual y a través de cada
respuesta a las agresiones contra la soberanía territorial y los
nuevos intentos de influencia política? fuéramos conformando
la doctrina internacional de México que, como se determinó en
el Decálogo Internacional de Carranza, se resume en indepen-
dencia, igualdad ante el derecho internacional, inviolabilidad
territorial respecto a la soberanía política, respeto a nuestras
leyes y supresión de privilegios a extranjeros, para quedar es-
tablecido que la actitud de México al luchar por la validez de
sus principios en el campo internacional, está impulsada por un
propósito permanente de lograr su plena independencia econó-
mica y reconocer implícitamente el derecho que otros pueblos
tienen a conquistarla, para que se haga posible el principio de
la confraternidad y la paz entre las naciones.
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ZAMARRIPA, Florencio. Los apuntes para mis hijos de Benito
]uárez. México, Editorial Futuro, 1963.
ÍNDICE

PRESENTACIÓN 7

ADVERTENCIA 13

PRÓLOGO 15

PREFACIO 19

CAPÍTULO 1
LA REBELIÓN ANTICOLONIAL EN EL SIGLO XIX 25

Las contradicciones del sistema colonial 26


El concepto de soberanía expresado por Morelos.
La definición de la Nación Mexicana 27
La actitud de los Estados Unidos e Inglaterra
ante las colonias emancipadas 30
Penetración económica e influencia política 33
Los peligros de la libertad.
El proceso de descapitalización 34
La anarquía y la Intervención 35
Expansionismo territorial 36
242 4t. ÍNDICE

Los liberales. El Programa Nacionalista


y una condenación definitiva a la ayuda exterior 38
El surgimiento del nacionalismo durante
las luchas intervencionistas 41
Primeras conclusiones 47

CAPÍTULO II
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
EL SURGIMIENTO DE LOS PAÍSES CAPITALISTAS
Y SU INFLUENCIA EN LOS PAÍSES
EN EL PROCESO DE DESARROLLO 49
El capitalismo inglés 49
Sus actividades de expansión colonial 50
La exportación de capital 52

El capitalismo estadounidense.
La Guerra de Secesión 53
Proceso de industrialización 54
Su penetración en América Latina 55

CAPÍTULO III
LAS FORMAS DE PENETRACIÓN DEL CAPITALISMO
ESTADOUNIDENSE EN LA VIDA ECONÓMICA DE MÉXICO 59
Sus etapas 59
El reconocimiento al gobierno de Díaz 60
Apoyo a la dictadura 64
Exportación de capital 65

México: escenario de la lucha de los


bloques capitalistas. Los efectos de esta política
en la estructura económica del país.
Conversión del régimen de producción 69
Ganadería 70
Minería 71
ÍNDICE ~ 243

Fundidoras 72
Transportes 74
Textiles 74
Bancos 74

Los efectos de este fenómeno


en la vida social de México 75

CAPÍTULO IV
EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO 87
Los efectos de la primera crisis capitalista en México 87
Las primeras manifestaciones ideológicas y políticas.
El manifiesto de 1906 del Partido Liberal Mexicano 90
La agitación obrera 93
La sucesión presidencial 101
Los grandes problemas nacionales 103
Las acusaciones a Porfirio Díaz 109

CAPÍTULO V
Los ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A
PRINCIPIOS DEL SIGLO XX 111
El exterior 111
Contradicciones de los países capitalistas.
Las revoluciones burguesas 111
La Revolución de 1910 y sus orígenes externos 114
La lucha por el petróleo en México 116
La revolución política 117
El triunfo de Madero y las contradicciones
internas y externas 120
La contrarrevolución y la participación de
Wilson en la caída y el asesinato
del presidente Madero 124
244 ~ ÍNDICE

CAPÍTULO VI
LA REVOLUCIÓN SOCIAL
TRES PARÉNTESIS EN EL RÉGIMEN MADERISTA 145

Ricardo Flores Magón 145

Emiliano Zapata y la revolución agraria 148

PascualOrozco 157

CAPITULO VII
CARRANZA, LA REVOLUCIÓN SOCIAL
Y LA DOCTRINA INTERNACIONAL 163

El problema del reconocimiento 164

El primer incidente diplomático:


la mina El Desengaño 172
El caso Benton 174

El incidente en Tampico y Veracruz 175


La mediación del A.B.C. 181
Columbus. La expedición punitiva 184

El discurso de Carranza en Matamoros,


el29 de noviembre de 1915 186

Las ideas nacionalistas


en la Convención de Aguascalientes 192
La legislación revolucionaria nacionalista 199
El Congreso Constituyente de Querétaro 201
Los problemas derivados de la actitud nacionalista de Carrranza 211
El Decálogo Internacional de Carranza 214

CONCLUSIONES 221

EIBLIOGRAFÍA 231
Nacionali.'imo revuLucionario. Orígenes soc;oeconámicos de La
doctrina internacionaL de La Revolución mexicana, !:ie
terminó de imprimir en la Ciudad de México durante
el me!:i de mayo del año 2010. La edición, en
papel de 75 gramos, e!:ituvo al cuidado de
la oficina lilotipográfica
de la easa editora.
ISBN 978-607-401-133-3
CONOCER
PARA DECIDIR
E'" .A." ~ 'VCJ> .A. L.A.
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INSrrruCIONES COEDITORAS

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de Universidades e de Estudios Políticos¿ Refonna Agraria Aurónoma de Tabasco
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Ibero-Amerikanisches
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y Docencia Economicas de Estrategias de Baja California Contaduría
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InsticuúJ Naciomú de Doctorado en Estudios InvestigillUmes
Antropología eHistoria Campus Monterrey del DesamJllo
Ercuela de Gmdutuios Eanufmicas
El Colegio de la en Administmeión Universidad Autónoma InstituúJ de
Frontera None, A.e. PúbIial y PoIitita PúbIiia Metropolitana
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Integración Unidad AuaporzaJaJ Sociales
El Colegio de San Luis
para la Democracia Unidad IztapaJapa Programa Universit:arW
El Colegio de Sonora Social, APN Unidad XochimiJaJ de Ertudios de Género
Facultad Internacional Socialista fro9rama. Universit:arW
Latinoamericana de Inte¿ración en ÚlJ ~Universit:arW
Libenad de de . sobre
Ciencias Sociales, Infonnación-México, AmCrú:as la Ciudad
México A.e. Universidad de Ciencias Seminario de
Fundación Poder Legislativo del YAnes de Chiapas l'Aucadón Superior
Colosio, A.e. Estado de México, Universidad de
LVI Legislatura California Santa Cruz Universidad
Fundación Instituto Pedagógica Nacional
Universitario de Secretaría de Universidad de Colima
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Investigación José Universidad de
Onega y Gasset Centro de Ertudios Guadalajara Veracruzana
M' torios del
Fundación Konrad Instir'!:Naciornú Universidad de Universitat Autonoma
Adenauer, A.e. de Migración Occidente de Barcelona
En Nacionalismo revolucionario, Augusto Gómez
Villanueva nos ofrece un análisis de los elementos
que desembocaron en la Revolución: la lucha por
la libertad, el desamparo económico después de la
I I
9 786074 011333
111 .... I «.11 I \.

Colonia, la Intervención francesa, la guerra de con-


quista de los Estados Unidos de Norteamérica, la
inestabilidad política, los beneficios al capital ex-
tranjero y el sometimiento de los mexicanos, entre
otros factores que se fusionaron en los principios
de un nacionalismo imposible sin la actuación de la
gente del campo, origen de una doctrina interna-
cional que constituye uno de los principales capítu-
los de nuestra historia. Desde su amplia experien-
cia política y diplomática, el autor anota que: " ... si
el contenido de estas páginas sirviera tan sólo para
actualizar en la mente y la memoria de la joven ge-
neración las dramáticas experiencias que vivieran
nuestros padres y abuelos para lograr la grandeza
de esta nación, asumiríamos mejor la deuda que
tenemos para el futuro de quienes ahora, aturdidos
por la globalización y la pérdida de identidad de
las naciones, pueden descubrir en las referencias
heroicas de nuestro pasado y en su enorme lucha los
retos que nos esperan para conquistar el porvenir y
Lal.
descolonizar para siempre a nuestro país." 01.'. Historia

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CONOCER
PAIlA DECID'R
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