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GUSTAVO

LA VUELTA A LA CAVERNA
Terrorismo, Guerra y Globalización
Gustavo Bueno

17 €

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GUSTAVO BUENO

La vuelta a la caverna
Terrorismo, Guerra y Globalización

l.ª edición: mayo 2004


© Gustavo Bueno 2004
© Ediciones B, S.A., 2004
Bailén, 84 .- 08009 Barcelona (España)
www.ediaonesb.com
Printed in Spain
ISBN: 84-666-1464-8
Depósito legal: B. 14.712-2004
Impreso por DOMINGRAF, S.L.
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de esta obra por cualqu· pyd_ g ' a reproducc1on total o parcial
1er me 10 0 pro d. ·
1a reprografía y el tratamiento i f . , ~e 1m1; nro, comprendidos
de ejemplares mediante al ·¡ n o1 '1!attco, ast como la distribución
qui er o prestamo públicos.
Nota inicial

En este libro se ensaya un análisis filosófico de dos series de «he-


l hos» recientes y reconocidos generalmente como muy notables: las
llt ,rni ícs taciones p o r la paz («¡No a la Guerra!») que tuvieron lugar en
los primeros meses del año 2003 en todo el Mundo y sobre todo en Es-
¡1.111a, a raíz de la guerra del Irak, y las manifestaciones antiglobali -
1/, il ·ión, o afines, que vienen celebrándose desde Seattle (1999), hasta
1)avos, Génova, Barcelona, Porto Alegre, Cancún, Bombay (2004) ...
Las dos series de hechos ( «¡No a la Guerra!», «¡No a la Globaliza-
·ió n! ») confluyeron, a través de sus manifestantes, en muchos puntos
casiones, pero no por ello cabe identificarlas.
También confluyen estos movimientos en muchas de las ideas a las
·uales ellas se acogen, tales como «Género humano », «Estado», «cul-
Lura», «conciencia», «libertad», «igualdad», etc., que forman parte del
repertorio más tradicional de la filos ofía mundana o académica.
El objetivo de este libro es ofrecer un «cuerpo de doctrina» a esca-
la de las ideas mundanas sobre las conexiones entre la Guerra y la Glo-
balización, y sobre las ideas implicadas en ellas; un cuerpo de doctrina
o rientado no ya tanto a ofrecer una «revelación» de conexiones inau-
d ttas entre tales ideas (muy poco, por no decir nada asombrosas, son
las tesis que en este libro se mantienen), cuanto a la determinación de
una escala de argumentación filosófica que sea capaz de recoger lo
esencial de las cuestiones que se debaten en el terreno mundano, en
torno a estos mov1m1entos .
Introducción

Guerra y Globalización, un debate filosófico

§1. REIVINDICACIÓN DE LA NATURALEZA FILOSÓFICA


DE LAS IDEOLOGÍAS ASOCIADAS A LAS MANIFESTACIONES
COLECTIVAS CONTRA LA GUERRA Y LA GLOBALIZACIÓN

1. La distinción entre Globalización y Antiglobalización se


mantiene en el terreno de la ideología

Durante los meses del invierno y la primavera del año 200), con
casión de la guerra del Irak, han tenido lugar, en muchos pa.íses oc-
cidentales, entre ellos España, manifestaciones masivas (centenares de
miles y aun de millones de personas) en favor de la Paz y contra la
Guerra.
Desde 1999, por tomar una fecha simbólica, con ocasión de la reu-
nión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, y de otras
reuniones semejantes, vienen sucediéndose, en muy diversos lugares
del mundo (Davos, Gotemburgo, Barcelona, Génova, Porto Alegre ... )
concentraciones masivas contra la Globalización.
Por supuesto, las manifestaciones contra la Guerra no pueden
confundirse con las manifestaciones contra la Globalización. No to-
dos quienes se manifestaron tras las pancartas «¡No a la Guerra! » o
«¡Paz!», estuvieron presentes en las manifestaciones antiglobaliza-
ción, aunque sí muchos. En todo caso, muchos de quienes se manifes-
taron o se manifiestan contra la Globalización, lo hacen también casi
siempre contra la Guerra o por la Paz.
Pero hay algo que embrolla más aún la situación: que una gran
parte de los llamados movimientos antiglobalización no lo son propia-
mente, puesto que ellos también propugnan una «globalización cos-

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s ' lo q ue de signo alLern aLivo a la «globalización oficial»,
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Lambi én cos mopo lita; la globalización gestionada por el G-7 o similare
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o, co mo se dice en la terminología antiglobalización, por el capitalis-
id •, li ·t,s») no ¡ui red irq u l · n ovim ienros «antiglobali za ión»
1:7-0 (algunos, como Luttwak, hablan de «globalización turbocapita-
1 'I r · e n n las po i i ne más críticas posibles respecto de aqu ella fi -
hsta»). A veces, los antiglobalización ni siquiera piden una alternativa
loso íra.
total a esta globali zación capitalista que llamaremos «Globali zación
oficial». Lo que piden más bien es una corrección a la globalización lle-
vada dentro de los métodos de la economía capitalista (por ejemplo,
2. La distinción entre la ideología de la Globalizdción
la «tasa Tobin» ), correcciones a la gestión de los «métodos oficiales », o
y el fenómeno de la Globalización
bien correcciones (a la manera de Stiglitz) que, en cualquier caso, no
pongan en cuestión el propio sistema capitalista.
La distinción decisiva, que nos parece imprescindible tener en cuen-
Cuando hablamos en este libro de «Glo balización» nos referire-
La ya en el umbral de es te debate entre globalización y antiglobaliza-
mos, desde luego, a la globalización en sentido cos mopolita (a una
ión, es la distinción entre lo que designaremos como fenómeno de la
globalización que pretende recubrir toda la Tierra o Globo terrá-
,lobalización y lo que llamaremos ideologías o filosofías desde las cua-
queo), cualquiera que sea el signo con el que se considera afectada esta
les se interpreta el fen ómeno. Un fenóm eno al que atribuimos un curso
globalizaci~n. Principalmente distinguiremos las dos tendencias que
propio, pero que también resulta modificado, más o menos profunda-
ya hemos citado: la tendencia de la que llamaremos «Globalización
m.ente, por las ideologías que lo interpretan y que, en consecuencia,
oficial», «globali zación de derechas » para algunos, vinculada a institu-
vienen a ser también componentes inseparables del fenómeno, aunque
ci?nes tales como la Organización de las Naciones Unidas y agencias
p uedan ser disociadas de él.
afmes (-UNESCO, OMS, UNICEF, FAO-, el Fondo Monetario
Se nos abre asíla pregunta: ¿es posible dibujar la figura del fenó-
Internacional, Organización Mundial de Comercio, el Banco Mun-
meno de la Globalización al margen de sus componentes ideológicos?
dial, etc.), y la tendencia, considerada de izquierdas por muchos, de las
U na cosa es reconocer los componentes ideológicos del fenómeno y
q~e llamarer_nos «glo balizaciones alternativas », promovidas por orga-
otra cosa es concluir la imposibilidad de intentar siquiera dibujar la fi-
msmos particulares o partidistas, tales como O N G, iglesias, sindica-
gura del fen ómeno de la Globalización desde posiciones no compro-
tos, partidos políticos ... , que buscan una globalización que esté libre
metidas con algunas de las ideologías o fil osofías componentes con-
de los efectos considerados siniestros de la «Globalización oficial» sea
trapuestas.
ensayando una globalización religiosa (católica, musu lmana, ~te.,
Y no porque sea preciso suponer qu e es posible una «descripción
«glob~li~ación de la caridad») o bien humanística, cultural, (anarquista
positiva neutral del fenómeno », de la cosa misma, al margen de toda
o socialista). Además de estas dos tendencias presupondremos tam-
ideología; bastará suponer que el dibujo lo llevamos a cabo desde una
bién la idea de globalización en lo que pueda tener de proceso «imper-
tercera fil osofía (por ejemplo, la del materialismo filosófico) equidis-
sonal», resultante de mecanismos particulares, que no obedecen a un
tante del idealismo globalizador y del idealismo antiglobalizador.
plan prefigurado de globalización.
Ahora bien: un fenóm eno (anticipamos desarrollos que se encuen-
En consecuencia, cuando hablemos de «antiglobalización » tendre-
tran en el cuerpo de este libro) se destaca siempre sobre un fondo. El
mos que distinguir la «antiglobalización radical», que se opone a cual-
fondo que, a nuestro juicio, es el más pertinente para dibujar el fenóme -
quier tipo de apología o apoyo a la globalización, sea de tend encia ofi-
no de la globalización es el que está constituido por el orden o sistema
cial, sea de tendencia alternativa, de la «antiglobalización no rad ical».
económico-político internacional de los Estados soberanos (sea, según
Ahora bien, tanto los movimientos de «globalización oficial» como
Wallerstein, un Imperio-Mundo, sea una Economía-Mundo), tal como
los movimientos «antiglobalización» -ésta es la tesis central de este li-
quedó esbozado, a raíz de la Primera Guerra Mundial, mediante el esta-
bro-, son movimientos ideológicos; más aú n, son ideologías, o filoso-
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lu rar ·s d J · 1 b
' la pos ibilidad de una producción y de un comercio internacio nal s · r . n iza n manifestacione en defe n a del cantante, y se tom an deci-
co ntrolado por los Gobiernos (bancos nacionales, leyes antimonopo- i n s de gran alcance econó mico (retirada de sus discos de los pues-
lio, regulación del trabajo, sindicatos nacionales, aduanas, aranceles, e de venta, o de las emisoras, etc.). Estos hechos, que forman parte
contingentes), sin perjuicio de la interdependencia entre los Estados, in duda del fenómeno que llamamos Globalización, habrían sido im-
expresada en los tratados internacionales y en el derecho internacional. p sibles cincuenta años antes.
Desde luego, este orden internacional no implicaba un régimen de C uando referimos la globalización no ya al proceso de «difusión
empresas circunscritas o clausuradas en el ámbito de cada Estado. Exis- cosmopolita» de imágenes de artistas, aunque con gran peso econó-
tían, de hecho, grandes empresas multinacionales que seguían siendo mico, sino a los procesos que tienen lugar en el campo estricto de las
nacionales, aunque sin estar obligadas a una implantación o localiza- categorías económico-políticas, el fenómeno de la globalización se ha-
ción exclusivas, de cada una de ellas o de sus filiales, en el ámbito esta- bría configurado sucesivamente en dos fases históricas, con estructu-
tal correspondiente (lo que afectaba principalmente a las relaciones ras diferentes, y sin que las estructuras de la primera fase desaparezcan
entre las colonias y la metrópoli). Funcionaban también las inversio- en la segunda:
nes de capital financiero, promovidas acaso por una empresa localizada (1) La fase primera del fenómeno de la globalización no fue llama-
en un Estado o grupos de Estados definidos. Cabría, en resumen, defi- da todavía de este modo, salvo incidentalmente: se tendió más bien a
nir el orden internacional del primer tercio del siglo XX, que toma- denominarla «fase del desarrollo» o de la «mundialización», en con-
mos como fondo del fenómeno de la Globalización, como un orden textos tales como el de la OMS, el FMI o el Banco Mundial. Pero la
estructurado en torno a las economías políticas, es decir, a las econo- fase primera de la globalización habría comenzado con la caída de la
mías nacionales propias de cada Estado, como si éstos fueran sus «lu- Alemania nazi y de Japón, en 1945, y habría terminado con la caída de
gares naturales». Se supondría que la economía, la tecnología, la legis- la Unión Soviética (tomando como fecha simbólica 1985, la del infor-
lación, etc., se desarrollan dentro de esos lugares naturales que son las me de Gorbachov al Comité Central del PCUS).
naciones: las culturas (como «esferas culturales») serían tratadas como La globalización, mundialización o desarrollo, en esta fase primera,
si estuviesen colocadas o centradas en sus naciones respectivas según el tiene lugar principalmente por la vía «oficial», institucional: ONU,
proceder de lo que algunos, con Wallenstein, han denominado <<nacio- OMS, FAO, UNESCO, BM, FMI, etc. (El Plan Marshall, según esto,
nalismo metodológico» (de los sociólogos y de los antropólogos). no sería todavía una operación característica de la fase de globalización
Sobre este fondo, el fenómeno de la Globalización se nos presen- estricta sino una operación tradicional de crédito e inversión propia del
ta, ante todo, como el proceso del desbordamiento de ese orden. Un capitalismo financiero desplegada en el marco de la ideología del de-
desbordamiento que habría comenzado a hacerse visible ame los ven- sarrollo.)
cedores al acabar la Segunda Guerra Mundial (por ejemplo, cuando se Por ello, el cauce por el cual, en esta primera fase, circularon las
creó el Fondo Monetario Internacional) pero que, en nu es tros días, es corrientes más afines a las que hoy analizamos con el rótulo de «glo-
ya visible para todo el Mundo. Por ejemplo, el 21 de n viembre de balización», fue el cauce del «desarrollo». La idea y la política del «de-
2003 se produce en Estados Unidos un proceso en principi local, la sarrollo» (impulsada, por ejemplo, por el «Programa de las Naciones
detención judicial del cantante «negro-blanco» Michael Jackson, acu- Unidas para el Desarrollo», PNUD) habría sido la premisa de lo que
sado de corrupción de menores, acusación que J ack on, en p rin cipio, se llamará después «globalización», tras la caída. de la Unión Soviética.
no acepta. Inmediatamente las imágenes de la deten i n de J ackson, Pero la perspectiva no es la misma. Para decirlo en nuestros términos:
gracias a la televisión, «dan la vuelta al Globo» , e · de ir, se l balizan, la idea del desarrollo se habría mantenido en una perspectiva distribu-
desbordan el recinto local en el que se producen y s · h.. n pr entes tiva (la del «nacionalismo metodológico», propio de la ONU, como

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':ti iut li 110 vi co ri s u na vez neutrali zada la Unión oviéti ·a): «¡ or-
q u l bj etivo del "desarrollo" que se planteó en la década de 1960 hora bi n: la int rpr ta i ' n fil o ' fi a ló i ad se fc n , -
- di ce Alberto Hidalgo en su artículo «Teoría, historias y modelos de ,1 ;•n , unív a. Hay mCiltiple interpretaciones pero habremos
la Idea de desarrollo », El Basilisco, núm. 28, julio-diciembre de 2000- 1• r í ri rno a las dos interpretaciones más generales, contrapuestas
venía enmarcado en período de recuperación económica (los Golden •11t r í, qu aquí nos ocupan, y que, con los riesgos inherentes a cual-
Sixties europeos) en la que el socialismo parecía una alternativa real. ui r istematización, ponemos en correspondencia con la filosofía de
En pleno proceso de descolonización la Asamblea General de la l. lobalización oficial y con la filosofía de la antiglobalización (en
ONU, en cuyo seno iban ingresando los nuevos Estados indepen- uanto incluye las globalizaciones alternativas).
dientes, inició una serie de conferencias y acuerdos dedicados a con- A. La filosofía de la globalización oficial, sin perjuicio de sus
cretar un ritmo de crecimiento adecuado para la economía mundial y 111 últiples versiones, es una ideología marcada fuertemente por una to-

sobre todo para los países subdesarrollados, cuya pobreza se diagnosti- nalidad optimista en todo cuanto se refiere al «destino del Género hu-
ca como un subproducto histórico del capitalismo. La década de 1961 mano» . Una ideología que podría considerarse cristalizada, por parte
a 1970 fue declarada como "decenio del desarrollo" ... Las relaciones de los grupos vencedores, tras las sucesivas victorias contra el nazis-
entre el comercio y el desarrollo han sido objeto desde entonces de in- mo y contra el comunismo. Se habría consolidado mediante el acata-
formes anuales globales, de modo que la universalización del sistema miento de todos los Estados a la Declaración Universal de los Dere-
económico mundial es más bien la premisa o el horizonte del que par- chos Humanos y a la extensión a casi todos los Estados del régimen de
ten los analistas del desarrollo, que un resultado sobrevenido, pese al «democracias parlamentarias homologadas » (régimen regularmente
protagonismo que el término globalización va adquiriendo progresi- vinculado a la economía del mercado pletórico). La ideología oficial de
vamente en los informes de la década de los 90». la globalización implicaría, además, la distinción entre dos fuentes de la
(2) La fase segunda del fenómeno de la globalización, la que cons- globalización que manan con relativa independencia, sin perjuicio de su
tituye la globalización por antonomasia, comienza cuando se hace evi- eventual y armónica confluencia, de acuerdo con las premisas del op-
dente la caída de la Unión Soviética. El proceso de desbordamiento en t1m1smo:
marcha, en la fase primera, se incrementa por la actividad de las em- a. Una fuente pública, oficial, que se supone comienza a manar
presas particulares, no públicas, que comienzan a estructurarse no ya cuando han alcanzado su madurez y libertad posibles las instituciones
como empresas multinacionales, sino como empresas transnacionales, públicas inspiradas filantrópicamente por objetivos éticos (puros, idea-
llamadas también «empresas globales» o GLO-CO. Estas «empresas listas, no mercantiles) tales como la ONU, la OMS, la UNESCO, el
sin fronteras» acuden principalmente al método de la «deslocaliza- FMI, el BM ... Estas instituciones se propondrían como finalidad espe-
ción», en virtud del cual las economías nacionales quedan desborda- cífica promover el desarrollo de los pueblos y elevarles hacia la demo-
das. Las empresas globales ya no podrán, teóricamente al menos, con- cracia y hacia la cultura, y garantizar el orden público y el bienestar, lo
siderarse adscritas a una economía nacional, al control de un banco que se llama «su libertad».
central, o a las regulaciones del empleo propias de cada Estado. La CCI b. Una fuente particular, de índole más bien privada, que alimenta
(Cámara de Comercio Internacional), Mercosur o el G-7, pueden va- los legítimos intereses económicos individuales o de grupo, que tam-
ler como ejemplos, sin perjuicio de sus diferencias de instituciones bién hayan alcanzado su plenitud, la maduración de la libertad creado-
que suponen ya dado el desbordamiento del orden de las economías ra de todos los hombres, capaces por sí mismos, sin necesidad de estar
políticas tradicionales. constreñidos por las normas de un Estado, de crear empresas naciona-
les o transnacionales enfrentadas en una competencia cada vez más
transparente. De esta competencia emergerán por selección natural

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as empresas excelentes crearán nuevos puestos de trabajo y un , idu. l s - nnti , u, s i 1 1 ía m uni scas, anarq ui st. ", m vi mi nt s
mercado global autorregulado, que incluirá la elevación del nivel de a11 Li ·,st ·1 1, - ut ' picas . Fil ofíasfuera de larealiclad, qu par cen
vida de los trabajadores y la posibilidad de que todos los ciudadanos tir ada única m otea es torbar o deslucir algunos pasos de la «co-
puedan ser accionistas de una empresa cuyos títulos se venderán en rri ne central de la Historia» que lleva hacia su destino a la Humani-
una bolsa continua universal. Esta situación económica, junto con la 1, l. « ponerse a la globalización -dice Vargas Llosa- es como
democracia parlamentaria, podrá permitirnos comenzar a pensar en el p nerse a la ley de la gravedad.» Lo que no excluye la posibilidad de
fin de la Historia. r onocer, con Stiglitz, múltiples errores en la gestión de los planes y
Podría afirmarse que la Idea de Globalización, en ~ste contexto, programas globalizadores.
arrastra siempre algo de «haber llegado al final », de haber rodeado el B. Más difícil es hablar de una «filosofía de la antiglobalización»,
campo de acción, de haber acabado las tierras por conquistar o por co- y no porque no haya ninguna, sino porque hay muchas. Por ejemplo,
lonizar. En sus versiones más radicales, por no decir metafísicas, la en G énova, 2001, se hicieron presentes las tendencias representadas
globalización oficial se entenderá como un proceso capaz de llevarnos por los «Monos Blancos», de orientación pacifistas, y las del «Frente
al mismo fin ideal que, por vía violenta, habría sido intentado por el Negro», defensores de la violencia; también se hacen oír ciertas voces
anarquismo revolucionario o por el comunismo: el fin de la extinción antiglobalizadoras por ampliación, diríamos por superglobalización:
del Estado y con él, de la Historia. En efecto, la globalización, como las que buscan «englobar» al Género humano, en el orden de los pri-
desbordamiento o «descolocación» (como si fueran electrones metá- mates, en la línea del Proyecto Gran Simio.
licos) de las empresas de sus «lugares naturales » (nacionales) se inter- Pero, en nuestro contexto, parece lo más pertinente tomar como
pretará como un proceso mediante el cual, el Estado queda neutralizado criterio para distinguir estas ideologías su relación con el capitalismo.
( «más mercado, menos Estado»). La idea optimista de la globalización Desde este punto de vista podríamos establecer dos grupos de
contendría bastantes gotas de «anarquismo mercantil» . En palabras de ideologías antiglobalización:
Ulrich Beck: descolocación supone desbordamiento de las economías En un primer grupo pondríamos, ante todo, a las ideologías del
nacionales, sin que ello signifique caos, o pura negatividad (des-colo- antiglobalismo radical, inspiradas en un rousseaunianismo de nuevo
cación); porque a la descolocación seguirá una recolocación de las em- cuño, que comenzó a abrirse camino ya en los años 60 como una críti-
presas y por tanto una incorporación de sus nuevos lugares al acervo ca a las instituciones en general en cuanto «órganos » a través de los
global. Es lo que Robertson llama «glocalización», siempre que no in- cuales el «poder» actúa sobre los individuos, reprimiéndoles y destru-
terpretemos la «recolocación» como el proceso trivial de la diversifi- yendo su libertad. El llamado, en tiempos, «analisis institucional», que
cación de los emplazamientos de la~ diferentes partes de una misma pretendía incorporar a su proyecto ideas de Marx y de Freud, pero so-
empresa. bre todo de Rousseau (G. Lapassade, L 'education negative: Socrates,
La ideología de la globalización oficial, aun reconociendo las di- Rousseau, Rogers, Bethu et l'autogestion, París, 1965), busca denun-
ferencias entre globalización universal y particular (o especial), tien- ciar los mecanismos represivos ocultos en las instituciones. Y no sólo
de a considerar estas diferencias como complementarias. Esta idea se en las instituciones ligadas a la empresa capitalista, sino también a ins-
expresa muy bien en las palabras que Kofi Annan, Secretario Gene- tituciones (a veces, muy vinculadas con las empresas) tales como la fa-
ral de la ONU, pronuncia en el año 2000 en el CEO (Corporate Eu- milia, la escuela, la cárcel, el psiquiátrico o el cuartel y, desde luego,
ropean Obervatory): «Las Naciones Unidas son la institución glo- el Estado. El «análisis institucional» esbozaba, podríamos decir, una
bal. La Cámara de Comercio Internacional (CCI) es la asociación suerte de proyecto antiglobalización que desembocaba en un proyec-
empresarial mundial. Continuemos juntos con esta dinámica de co- to de «globalización negativa» (negativa de las instituciones que segui-
laboración.» rían siendo los soportes de la globalización oficial); una globalización

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ri, pero también de René Lourau, de Castel, de Cooper, de Laing ... ) d ,, tb , , l. s " ln l n í, · n, i nal 'sa r· , ular la ·o ndi ·i n d ·l trabaj y,
«mayo del 68 » y en otras corrientes que vendrán a desembocar en mu - ,a r nti z.ar I m[ni mos del Es tado de bien es tar, el capitalismo t nderá a
chos de los manifiestos antiglobalización de Seattle, Davos, etc., de la el prenderse de las ligaduras que los propios Estados le imponían. Las
década de la globalización oficial. grand e empresas, obligadas a mantener sus ritmos de incrementos de
Un rousseaunianismo que cree necesario, para encontrar una plata- la producción y de sus ventas, tenderán a fusionarse en gigantes indus-
forma firme en la que asentarse para «conjugar» con la globalización triales o financieros . De este modo, se verán obligadas a extender su
oficial, regresar mucho más atrás de lo que pudiera necesitar la crítica al campo de actividad de producción y comercio a la totalidad de la super-
modo de producción capitalista. «El origen de los males de nuestra ci- ficie del Globo terráqueo.
vilización globalizada habría que situarlo, no ya en la agricultura neolí- Detener este cáncer maligno es lo mismo que detener al capitalismo.
tica, sino, aún antes, en el hombre cazador», así podríamos resumir la Pero muy pocos, después del derrumbamiento del Comunismo, se atre-
tesis que John Zerzán (uno de los inspiradores de los movimientos de verán a intentar siquiera restaurar, para detener la inundación capitalis-
Seattle), ha expuesto en su libro Malestar en el tiempo. Globalización y ta, la plataforma estatal. La «resistencia al maligno» habrá de surgir de
debate (traducción y prólogo de Moisés Ramírez, antílogo de Gustavo las propias masas explotadas de la Periferia o del centro del «cuadriláte-
Bueno, Ikusager Ediciones, Vitoria, 2001). ro del mal»: Estados Unidos, Canadá, Unión Europea,Japón.
En un segundo grupo pondremos aquellas ideologías que basan su Todas las esperanzas se pondrán en este supuesto «movimiento es-
crítica a la globalización oficial en las implicaciones indisolubles que pontáneo antigfobalización» y, en gran medida, apolítico. De ahí la ten-
ésta pueda tener con el modo de producción capitalista. dencia de los movimientos antiglobalización a mantener o a fabricar la
conciencia de un origen autónomo, de una esforzada historia, cuyos
pasos podrían contarse por las sucesivas concentraciones internaciona-
4. Las ideologías antiglobalización tienden a negar les antiglobalización. Concentraciones que, sin embargo, han estado
la distinción entre globalización pública y privada determinadas casi siempre a la contra de las conferencias que, sucesi-
vamente y siguiendo su propio ritmo, han debido ir celebrando las ins-
La característica más señalada de las filosofías antiglobalización tituciones del capitalismo global: 1988, en Berlín, con ocasión de una
consiste en negar de plano la distinción (expuesta en el punto anterior reunión del FMI y del BM; 1992, concentración con motivo del V Cen-
A) entre dos fuentes de la globalización, la pública o universal y la pri- tenario y de la Cumbre de Río; 1993, concentración frente a la firma del
vada o particular. Lo que constituye el fenómeno de la globalización Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y Méjico,
resultaría de una sola fuente, formada precisamente por la confluencia etc. Como hito decisivo del movimiento antiglobalización se conside-
de los dos cursos. De esa confluencia resultaría la fuente que alimenta rará, en general, a las concentraciones de 1999 en Seattle, con ocasión de
el fenómeno de la globalización, el «turbocapitalismo». la reunión de la OMC. En Seattle participaron más de 50.000 personas
El turbocapitalismo habría comenzado a tomar cuerpo al final de la (según algunos 100.000) de estirpes ideológicas muy diversas: ecologis-
Guerra Fría y se habría desarrollado a medida que fue desapareciendo tas, sindicalistas, ONG; The Economist advertía la presencia de grupos
el obstáculo real que impedía su expansión, a saber, la Unión Soviética. anarquistas. Seguirán las ya citadas: Davos, Melbourne, Praga, Niza,
A partir de ahora el FMI y el G-7, podrán ya cooperar en armonía. Gotemburgo, Salzsburgo, Génova, Barcelona, Cancún, etc. Podría-
Según esto, la globalización no sería otra cosa sino la misma expan- mos constatar que mientras que la «globalización oficial» celebra asam-
sión sin trabas del capitalismo más voraz. Un capitalismo que tiende a bleas en sedes cerradas, la «Antiglobalización» no tiene sedes cerradas
crecer continuamente, en economías de escala, como un cáncer, bajo la para celebrar sus asambleas: éstas tienen lugar al aire libre y son itine-
hegemonía de EE.UU., impulsado por la necesidad no ya subjetivo- rantes.

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u, nd n · :1. rd , 111 · d e l I nforme Lugano, ¡u · ¡ 1il li ·( l • i11i •ié 11d •s u~ hj ·Li v s ¡ d 1i ·). , . I s 111 0 i1n i· 11 w s o nt r, lc1 •11 ·
·n 00 1 u an e rgc- en los m ovimiento antiglo balizac ió n, c mo rr .. AL , ¡ 1 li z, i n fi i, 1 p n n un. ,lobali za i ' n n ,.p itali L,,
lo hay en los movimi entos de la globalización basados en el «funda - q u · ; p r d finir, ·alv 111.uleta tipo 'lasa To bin de ATTA , qu e
rn entalismo del mercado ». rn , nti o n d ntr del sistema capitalista. Los movimientos co ntra Ja
¿Y por qué llamamos metafísica a la ideología de la globalización ·u erra levantan la bandera de una Paz que tampoco está definida de un
oficial? Porque metafísico es el supuesto de que los hombres, entrega- do p ositivo; es sólo la bandera de la paz negativa, del cese del fuego,
dos a su libre y esforzada creatividad, lograrán encauzar al Género lel armisticio.
humano hacia estados de progreso creciente, de libertad, de bienestar Además, los movimientos antiglobalización son también, en gene-
y de felicidad. Un supuesto que se empeña en desconocer el hecho de ral, movimientos pacifistas. Lo que no autoriza a concluir que los mo-
que la resultante de la composición de múltiples operaciones teleoló- vimientos globalización no sean pacifistas. Precisamente algunos ideó-
gicas inteligentes (individuales o de empresa), no tiene por qué ser te- logos de la globalización sostienen (combinando el llamado «principio
leológica e inteligente. La resultante de los millones de transacciones de la universalización de la democracia parlamentaria», de Fukuyama,
inteligentes que impulsan los movimientos de la bolsa internacional con el llamado «principio de la imposibilidad de la guerra entre demo-
no es ni inteligente ni teleológica, se parece más bien a los movimien- cracias», de Doyle) que la Globalización conduce precisamente a la Paz
tos de un autómata ciego que ni siquiera es capaz de controlar sus Perpetua, al fin de la Historia.
variables. Por este motivo, si el autómata globalizado -pero no glo- Ahora bien, sin perjuicio de que a los manifestantes (en las calles,
bal, precisamente porque no controla la integridad de sus variables- en las tribunas políticas, en la prensa, radio, televisión o Internet) haya
comienza a detener el proceso desbocado de su movimiento, no será que reconocerles necesariamente un importante acervo (muy variable)
debido tanto a los estorbos que le oponen los movimientos antiglo- de conocimientos empíricos, técnicos, geográficos e históricos sobre
balización (que tampoco hay por qué subestimar), sino al colapso de la guerra (por ejemplo sobre la guerra del Irak de Sadam Husein, so-
muchos de sus circuitos intermedios (tales como la crisis de los «dra- bre Al-Qaeda, sobre Afganistán e Irán, sobre las dificultades logísticas
gones asiáticos» en 1998; las crisis del 2000 -ENRON- o las del 2003 en el suministro de Bagdad o Mosul...) y sobre la globalización (por
-PARMALAT). ejemplo sobre la globalización cosmopolita oficial, sobre los proyec-
Pero la ideología de los movimientos antiglobalización, al margen tos del FMI, de la OMC. .. ), lo que nos importa aquí destacar es que la
de que sea también metafísica o utópica, puede resultar ser muy poco perspectiva de sus reivindicaciones no es propiamente técnica o cientí-
eficaz en la medida en que carece de proyectos positivos. Las inversio- fica, sino que es ideológica, es decir, de naturaleza filosófica.
nes del FMI o del BM habrán producido distorsiones, desequilibrios, Por de pronto habrá que advertir que quienes se manifiestan con-
desigualdades, injusticias, pero todas ellas han resultado de impulsar tra la Guerra no lo hacen únicamente contra la «guerra del Irak», sino
el proceso mismo del desarrollo de muchos millones de personas y de contra la Guerra en general, la guerra del Irak, desencadenada tras
muchos territorios. Los movimientos antiglobalización, en cambio, la reunión en las Azores, en enero de 2003, de los presidentes Bush,
todavía no pueden ofrecer resultados positivos, ni buenos ni malos: su Blair y Azoar, será presentada como un caso especialmente claro, in-
historia es la historia de una protesta sostenida contra el Monstruo, el mediato y perentorio, de los «mecanismos» que actúan en cualquier
monstruo del capitalismo maligno, atribuyéndole (Informe Lugano, guerra. Y quienes se manifiestan contra la Globalización no lo hacen
por eje~plo) programas tipo E.E.R.P. (Estrategias de Reducción de la tanto <<por conocimiento de causa» contra las medidas concretas adop-
Población), orientados a reducir en veinte años la población actual de tadas por el G-7 o la OMC, sino contra la Globalización en general, en
6.200 millones, a la de 1975 (unos 4.000 millones) recurriendo a la gue- cuanto ella amenaza -se dice, por ejemplo- a las «identidades» de los
rra, al SIDA, a la tuberculosis, y a la desnutrición programada de de- pueblos que estarían a punto de ser anegados por la inundación capi-
terminadas áreas de la Tierra. talista.

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humano lib re de la «maldició n de la gu erra». Por su p::trt , 1 q u l · 1 ·u, 1h, bl, rn n e Ii br .
manifiestan contra la globalización «exigen », no tanto la sup resión ele l i h d tr m lo: no es tarn os ahora reclamando, por nu estra
medidas concretas, relativas al mantenimiento de determinada tas a del I , r L , la nv ni encia o la necesidad de introducir la «perspectiva fi-
«precio del dinero », o la introducción de medidas orientadas a regular l , ' fi a» en el tratamiento de reivindicaciones populares, supuesta-
los intercambios de divisas, sino la rectificación completa de la globa- in n te técnicas o científicas, de los manifestantes de referencia; esta-
lización en curso (de lo que en este libro llamamos «globalización ofi- 111 reclamando la conveniencia o la necesidad de un tratamiento
cial»), y esto en nombre de una «convivencia más justa» de la Huma- fi l sófico contrapuesto al tratamiento filosófico que creemos adver_tir,
nidad futura. ya presente, por parte de los manifestantes. No_se tra;a de opon~r ftlo-
En conclusión, las reivindicaciones no sólo de los manifestantes of ia a técnica o ciencia; se trata de oponer ftlosofza a ftlosofza, por
por la Paz, sino también de los manifestantes antiglobalización (tanto ejemplo, filosofía vulgar o de mala calidad, a filosofía de calidad no
si son radicales como si no lo son), se mantienen a escala filosófica, a lan mala.
escala de Ideas generales tales como las de Guerra, Paz, Globalización,
Género humano, Libertad, Identidad, Dios, Humanidad, etc. Aunque
se hable del Irak o de la tasa Tobin, la perspectiva desde la que se habla 5. Un «diagnóstico » de la filosofía mundana
de estos asuntos es la perspectiva del Género humano, en sus relacio- antiglobalización y antiguerra
nes con la Guerra y con la Globalización (¿Acaso hay que resignarse a
admitir que la guerra es un destino histórico de la Humanidad, de Será preciso, ante todo, al enfrentarnos con la filoso~ía mun~ana,
suerte que entre Guerra y Género humano haya que reconocer un «diagnosticarla». Nosotros nos hemos aventurado a cl1agnost1carla
nexo de necesidad? ¿Acaso está inscrita, en el curso de la Historia de la como filosofía metafísica, y a sea en versión natu~alista, ya _s~a_en ver-
Humanidad, su Globalización como Sociedad internacional d e mer- sión idealista. Lo que tienen de c'omún estas vers10nes, ant1tet1cas en-
cado pletórico?). tre sí, del naturalismo y del idealismo, es su perspectiva metaantr~po-
En consecuencia, y corroborando lo que ya hemos dicho, no ha- lógica O metahistórica, es decir, su «querencia» a mantenerse en ideas
bría que pensar que las reivindicaciones de los manifestantes y los fun- generales absorbentes tales como «Naturaleza zoo~ógica hum~na»,
damentos que ellos aducen para sus reivindicaciones sean de naturaleza anterior a la historia, o «Cultura humanística supenor», postenor a
técnica, económica o científica, y que por serlo, por tanto, invitasen a la historia positiva. Casi siempre, la versión naturalista es aplicable a la
un tratamiento filosófico que nos permitiese «tomar la altura suficien- G uerra; la idealista a la Globalización.
te» para poder situar los planteamientos técnicos, económicos o cien- Cabría corroborar el diagnóstico de idealismo que hemos pro-
tíficos de asuntos tan graves; un tratamiento que habría de venir de los puesto mediante un hecho sintomático: que durante el per~odo de la
«filósofos » (o de la «Filosofía», como si ésta fuese algún género de sa- guerra del Irak no sólo se ha citado una y otra vez a Kant, s1110 que se
biduría exenta a la que se le puede pedir opinión). Son las mismas fór- han publicado en español cinco versiones ~e- ~a Paz Pe'Jet~~' un
mulas y argumentaciones de los manifestantes («¡No a la Guerra, ver- opúsculo que constituye, sin duda, a nuestro Jmc10, la culm111ac10n_ del
güenza del Género humano!», «¡No a la Globalización, amenaza de idealismo, y no ya a través del idealismo trascendental, que Kant 111s-
las identidades de las culturas! ») las que constituyen ya un tratamiento tauró en Metafísica, sino inmediatamente, como expresi~n directa ~el
filosófico-ideológico de las cuestiones prácticas allí implicadas. Es la fi - idealismo en filosofía política. Un idealismo filosófico, sm duda, v~~-
losofía «inmersa» de la globalización, la «filosofía que ejercita la glo- culado a la metodología propia de la abstracción absorbente, que utili-
balización como proyecto económico, político y social realmente ex.is- za ideas generales absorbentes (tales como Género humano, Humani-

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n cbi r a la uerra c mo si fu ese un destino maldito del ' 11 r hu - ri , li L,., in ··n ill, mc nt a u J ui r q u , sin 11 e id ad d cr p r -
mano »: requerimiento tan metafísico como lo sería el opuesto, dado f r d · fil fía, p ueda sin emb argo a tu ar co mo fil ósofo.
que ambos requerimientos sólo podrían cobrar sentido cuando se ncluirno : no qu eremos aproximarnos a la cuestión de la Gue-
pide el principio de que existe un Género humano que puede ser trata- rra y de la Globalización como filósofos que buscan arrojar una luz
do como una entidad previa, tanto respecto de la guerra como respec- li tinta so bre quienes vienen ocupándose de la Guerra y de la Glo-
to de la paz. ¿Cómo podría mantenerse el principio del «destino pací- bal.ización a título de expertos en economía o en política, o a título de
fico » del Género humano si comenzamos dudando de la existencia militantes de partidos políticos, de confesiones religiosas, de institu-
exenta de ese mismo Género humano pacífico, en nombre del cual ha- ciones científicas o artísticas, o simplemente como militantes del hu-
blan los ideólogos (sin que nadie, sino ellos mismos, les haya dado la manismo, como «funcionarios de la Humanidad». A todos estos mili-
representación para hablar en su nombre)? tantes los consideramos ya como filósofos, como gentes que cultivan
Frente a esta filosofía de los manifestantes por la Paz o por la un saber de segundo grado plenamente estructurado, desde el punto
Antiglobalización, que diagnosticamos como idealista o metafísica, de vista ideológico, sobre la Guerra y sobre la Globalización. Nos
opondremos la perspectiva propia de la filosofía materialista, que in- aproximamos a los militantes de la Paz o de la Antiglobalización en
tenta llevar a cabo el análisis a partir de los principios del materialismo cuanto que son filósofos o ideólogos; sólo que filósofos e ideólogos,
filosófico. en general, idealistas y metafísicos. Y nos enfrentamos a ellos desde la
La cuestión no estriba, por tanto, en optar entre un planteamiento filosofía materialista, que también es una filosofía políticamente im-
técnico o científico y un planteamiento filosófico en torno a la Guerra plantada y, en este sentido, militante también.
y a la Globalización. La cuestión estriba en optar entre mantenerse en
la perspectiva de los planteamientos idealistas o metafísicos, o en sus-
tituirlos por planteamientos materialistas y positivos, aunque ellos re- §2. LAS FILOSOFÍAS DE LA GUERRA NO IMPLANTADAS
quieran la demolición de los planteamientos comunes. POLÍTICAMENTE
Y todo esto desvinculándonos de las implicaciones «incestuosas»
(gremiales) que con el gremio de los «profesores de filosofía» suele Cuando anunciamos nuestro propósito de oponer a la filosofía
mantener la llamada «filosofía». Cuando subrayamos la naturaleza fi- mundana ideali~ta de la Guerra y de la Globalización una filosofía ma-
losófica de las cuestiones en torno a la Guerra y a la Globalización, tal terialista (no por ello necesariamente académica), tampoco presupone-
y como se plantean en las manifestaciones masivas de referencia, esta- mos que estos dos tipos de filosofía -el idealismo y el materialismo-
mos precisamente dejando de lado al gremio de los profesores de filo- «agoten» la totalidad de los tipos posibles de perspectivas filosóficas.
sofía (cuyos componentes, por cierto, suelen autodenominarse, con La distinción entre el idealismo y el materialismo en el tratamiento de
intenciones diferencialistas, «filósofos», como si no lo fuera también las cuestiones generales en torno a la Guerra y a la Globalización es
cualquiera de los manifestantes). Pero al diagnosticar el carácter idea- una distinción que se mantiene en el ámbito de las «filosofías militan-
lista y metafísico que, en general, alienta en los militantes contra la tes », en el ámbito de las «filosofías políticamente implantadas», par-
guerra o contra la globalización, no excluimos a la gran mayoría del tidistas.
gremio de los profesores de filosofía, muchos de los cuales han apoya- Pero hay que reconocer también la existencia de filosofías que no
do las manifestaciones desde el idealismo más puro e inmaculado. (De- están, o no quieren estar, políticamente implantadas, filosofías que
cía Feijoo: «hay vulgo que sabe latín».) no quieren considerarse comprometidas con unaN ación, con un blo-
Por ello, cuando apelamos al materialismo filosófico, como pers- que de Naciones, con un partido político, con una clase social, etc.
pectiva capaz de permitirnos penetrar más profundamente en las cues- Filosofías que en otra ocasión hemos llamado «filosofías gnóstica-

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· 1:
rroni m o y en J neoplatonismo. un, inL 1 1 ¡ r, li lad , q u Li n f et imil arcs a l qu e procuraba la
D el pirronismo sólo diremos qu e pone, como objetivo d e la acción « L rr idad t o lógica». E. . WiJson, advirtiendo acaso qu e la perspec-
filosófica, la imparcialidad conseguida tras un esforzado ejercicio de Liva z lógica (ecológica) aplicada al hombre arrastra al etólogo a un
detención o abstención (epojé) de todo juicio favorable o desfavorable pr eso de aproximación a la «visión celeste» propia de la divinidad
acerca de la realidad (en nuestro caso: acerca de la guerra o de la globa- metafísica, intenta frenar ese proceso y cree haberlo conseguido (pero
lización). El pirronismo representaría la posibilidad de una perspecti- sin renunciar a su «implantación gnóstica») asumiendo más modesta-
va que, sin ser militant·e, habría que considerar como filosófica. Y, se- m.ente la perspectiva que él imagina propia de la «visión de un extrate-
gún ella misma, como auténtica filosofía, porque se abstiene de juzgar, rres tre»: «Vamos a considerar ahora al hombre -dice al comenzar, en
de tomar partido, precisamente ante cuestiones tales como las de la ;lCtitud imperativa, el capítulo 27 de su Sociobiología- con el libre espí-
guerra y la globalización. ritu de la historia natural, como si fuéramos zoólogos de otro planeta
Cuanto al neoplatonismo de Plotino (205-270), basaremos su «im- que estuviéramos completando un catálogo de las especies sociales de la
plantación gnóstica» en su entendimiento de la filosofía como una for- Tierra. En esta visión macroscópica la Humanidad y las ciencias socia-
ma de contemplación «desde las alturas», o «desde la eternidad», de las les se reducen a ramas especializadas de la Biología; Historia, Biografía
realidades mundanas, entre ellas; las guerras. Plotino lograba alcanzar y Ficción son los protocolos de investigación de la Etología humana; y
desde esa perspectiva una imparcialidad derivada de la consideración la Antropología y la Sociología juntas constituyen la Socio biología de
de aquellas realidades como «cuestiones menores», que no merecen si- una sola especie de primates.»
quiera la atención de la mirada filosófica. Cuanto a la guerra: «Los ase- Aun reconociendo la estirpe filosófica de las perspectivas pirróni-
sinatos, las matanzas, el asalto y el saqueo de las ciudades ... todo ello de- cas y neoplatónicas, incluso en su versión naturalista, el materialismo
bemos considerarlo con los mismos ojos con que en el teatro vemos los filosófico, en la medida en que se define como políticamente implan-
cambios de escena, las mudanzas de los personajes, los llantos y gri- tado, no puede aceptar que estas filosofías sean consideradas más pro-
tos de los actores» (Enn., II, 2, 9). Y cuanto a asuntos que todavía hoy fundas de lo que pueda serlo el materialismo. No se discutirán los
mantienen su presencia en los críticos a la globalización: «se quej an de efectos «sedantes» que las visiones del Mundo fuera de la Historia o
la pobreza, de la desigual distribución de las riquezas entre los hom- «desde la eternidad» puedan reportar. Pero la eternidad zoológica
bres. Ignoran que el varón sabio no desea la igualdad en estas cosas, que (etológica) y, mucho más, la eternidad teológica son sólo apariencias
no cree que el rico lleve ventaja al pobre, ni el príncipe al súbdito» superficiales, porgue requieren fingir que quien contempla está situa-
(Enn., II, 9, 9). do «en ninguna parte». Y esto no es así. Quien se enfrenta primero con
Ahora bien,· en nuestros días, acaso quien reproduce hoy esta la gu erra, y luego con la globalización, y reconoce sus figuras y las cir-
perspectiva gnóstica ante realidades humanas tales como las guerras, es cunstancias de su curso, forma parte del mismo Mundo en el que tiene
el naturalista que se dispone a analizar la guerra y otras realidades hu- lugar la guerra y luego la globalización; forma parte de él, incluso debe
manas (Auschwitz, por ejemplo) como simples casos particulares de la decirse que es de algún modo cómplice de sus procesos reales. Por
lucha por la vida y de la selección natural. Es la perspectiva, más etoló- tanto, sólo desde una tal posición interna podrán reconstruirse las fi-
gica que antropológica, del propio Levi Strauss cuando abogaba por la guras concretas de lo real, figuras que necesariamente quedarán des-
conveniencia de adoptar un punto de vista que permitiese «ve r a los dibujadas cuando pretendemos contemplarlas desde la perspectiva es-
hombres como si fueran hormigas »; punto de vista gu e alcan za toda t eculativa de la eternidad.
su faz siniestra después de que los discípulos de Edward O . Wilson
nos hayan ofrecido descripciones espeluznantes sobre las batallas de
las hormigas león.

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§ .11 l.:'./\ EN •RJ\ LI~ E /\ T , AN EN /\ 111 L ' 11 /\ 111 ('11[ ,l 1,t ( ,p ·11,l~ M1111 li,d "', k I ' 1,1 I' 18 1 l l 11 11Jil ,, ,~; 11 (> t,1111
MUNDANA, COMO PUNTO DE PARTIDA DE NUESTRO , lt1 · gu ·rras far, 11i ·, s 1· 1:, V III i11 ,~ -
ANÁLISIS . L:\ll a· ¡ r· ·hi Lóri , » L, I 111 In g u ·, ·,ún
h, n upu t , cuvi ro n lu gar en Krapina entre banda de n an-
Hemos atribuido un carácter filosófico (mundano) a la ideología d •r'ln l antr p ' fa y bandas de cro mañones y, por supu es to, a las
de los millones de personas que se manifestaron, en el primer trimes- l1al, lla » libradas entre babuinos, entre hormigas u otra clase de in-
tre del año 2003, en defensa de la Paz o, desde 1999, en contra de la . ·t . La idea mundana de guerra alcanza así una generalidad absor-
Globalización. Más aún: nos ha parecido muy conveniente dibujar l ·nt : absorbente por cuanto se pretende que todas las guerras huma-
nuestras propias líneas de análisis de las relaciones entre la Guerra y la 11,, an absorbidas o reducidas a la condición de casos particulares de
Globalización como un replanteamiento de la filosofía mundana de 1 , nfrentamientos zoológicos estudiados por los etólogos. Y en esta
referencia, sin perjuicio de que esta filosofía sea considerada por noso- !' neralidad absorbente se hará consistir, precisamente por la ideología
tros como idealista o como metafísica. De este modo la visión filosófi - 111 L1ndana (incluyendo aquí la filosofía espontánea de muchos etólo-
ca materialista acerca de estas cuestiones podrá ser ofrecida como un !.\ , paleontólogos o antropólogos), la naturaleza filosófica de la idea
desarrollo interno y dialéctico de la propia visión filosófica idealista, 1 ' u erra utilizada y la «profundidad» de esta idea, comparada con la

de la visión mundana, y podrá dejar de ser entendida por ésta como uperficialidad» de los conceptos de guerra propios de las Academias
una visión externa que, desde fuera (acaso desde una gremial «Acade- 111 il itares o de los escolásticos tomistas o hegelianos.

mia»), hubiéramos hecho recaer sobre la ideología mundana, como Las pretensiones prácticas de esta filosofía mundana se advierten
sobreañadida a ella. Se trata de utilizar los procedimientos dialécticos <l de el momento en el que mantenemos la conexión entre la idea ge-
ad hominem; procedimientos que, al apoyarse en los mismos supues- n ral absorbente de Guerra y un tipo de humanismo -el humanismo
tos que tratan de ser desbordados, pueden evitar la i'mpresión de que pacifista- que pone a la Guerra en «la parte animal del ser humano»
estamos apelando a principios «extravagantes», «académicos», etc., y y, por ello, considera a las guerras entre hombres como meras reliquias
pueden contribuir a que al menos una mínima parte (pero no despre- de su animalidad prehistórica. Un humanismo que tenderá a sacar a
ciable) de los manifestantes advierta que estamos tratando de algo de las guerras de la historia (distinción entre historia militar e historia ci-
lo que él mismo trata, y a su misma escala, aunque de otro modo. vil), considerando incluso a la historia de las batallas como contenidos
Pero la filosofía, materialista en nuestro caso, comienza afirmando propios de la «Prehistoria de la Humanidad». (Uno de los directores
la propia vacuidad, cuanto a sus principios y contenidos que no estén de las excavaciones de Atapuerca, filosofando ante un periodista en
dados a la misma escala a la de aquellos que son proporcionados por la los días de la segunda Guerra del Irak, declaraba, con profunda con-
filosofía vulgar. Pero no porque a la filosofía vulgar haya que atribuir- vicción, que esta guerra demostraba que los hombres todavía no ha-
le el papel de «legisladora de la razón», reduciendo la filosofía «for- bíamos superado la situación del Horno antecessor.)
mal» a la condición de pleonasmo suyo. Nosotros presupondremos El humanista pacifista asegurará que se avergüenza, en cuanto
que la filosofía «formal », aun conformando sus problema~ sobre los hombre, de las guerras, como se avergonzará, en cuanto hombre, de
de la filosofía mundana, se enfrenta muchas veces con ella, intentando tantas conductas propias de los salvajes (por ejemplo, el canibalismo);
triturarla, a fin de alcanzar, en ocasiones, posiciones más verdaderas. de la misma manera que muchos humanistas europeos dicen aver-
Posiciones que podrán ser consideradas ordinariamente, por quienes gonzarse también, en cuanto hombres, de la institución de la pena de
están inmersos en esa vulgaridad filosófica, como posiciones académi- muerte.
cas absurdas e incluso, en nuestro caso, criminales. Consideraciones análogas a las que hacemos sobre la idea munda-
Supondremos que la idea de la guerra que actúa en la filosofía na de la Guerra haríai'n.os también a propósito de la idea mundana de
mundana de los manifestantes es una idea general absorbente (natura- Globalización. Aunque esta idea es mucho más reciente que la Idea
lista o idealista), caracterizada por incluir en la propia idea no sola- de la Guerra (la Idea de Globalización cristaliza a finales del siglo XX,

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co ntram os ya «cristalizad a», egC111 venimos sup o ni end , n hi st ria 1i¡ 111 • t 1 q u · l.t.· lií · 1 ·11L •¡¡ ' U ·rr,1s ~ 11 , ·n g ·n ·1·:1 1, in 1·¡ •1 Ji ·nt ·s

o en documentos de hace m ás de 3.500 años), sin emb ar gos mu eve, I• [l , l.".

como aquélla, en el terreno de las ideas generales. Y esto sin perjuicio r firi ' nd onos a un sub njunto ubcla-
de que para muchos (para los partidarios de la Globalización), la gue- lar m d e gue rras n cad enadas (las «guerras m édi-
rra aparezca institucionalizada ya en los principios del Género huma- 1, « u erras p Cmicas »), casi como si se tratase de batallas libra-
no, y aún en lo más inferior de este Género, mientras que la globaliza- 1.v 1 ' 11 r d una mi ma gu erra ( «se ha perdido una batalla, pero no la
ción sólo podía haber aparecido en los finales y en su parte más noble g 11 ·rra »). Y só lo de un modo metafísico o poético podríamos hablar

(la unidad y la armonía entre todos los hombres). d • «l, ucrra», en gen eral, como si de una única Guerra estuviése-
La idea filosófica de Globalización suele hacerse consistir en una 111 • Lratand o a lo largo de la Historia, como si todas las guerras que

idea que desborda cualquier categoría antropológica (señaladamente l1.\n ', i tido o puedan existir fueran batallas de la misma Guerra. Por
las categorías económicas) porque, se dice, hay también globalización •j ' tn J lo, consecu encias de la maldición del pecado original, de una
política, religiosa, lingüística, cultural... En este sentido cabría afirmar 111isma lu cha fratricida entre los h ombres o entre las clases sociales
que la idea general de Globalización es utilizada como idea absorbente ·n Ír ntadas a partir de un pecado (o alienación) original -la Idea de
respecto de las diversas categorías antropológicas (señaladamente, las /\ li nación aparece formulada precisamente en san Agustín en un con-
\ 'XL teológico , sin perjuicio de que siglos después haya seguido utili-
económicas). Incluso algunos economistas creen alcanzar espontánea-
mente una visión filosófica de la globalización cuando logran elevarse zán dose ampliamente en el idealismo alemán y en el marxismo-.
«conspectivamente» por encima de los fenómenos más prosaicos de la u ien habla de la Guerra según este modo metafísico o poético tende-
globalización económica de nuestros días, constatando que «en reali- r: a considerar a cada guerra concreta como un simple caso particu-
dad, la historia de la Humanidad, con muchos picos de sierra, es la his- 1, r de la Guerra en general; y, en consecuencia, fundirá (confundirá) la
toria de la globalización en la que los hombres se van acercando unos a guerra concreta con la Guerra en general. Muy pocos de aquellos mi-
otros a través de su economía, de su cultura, de sus costumbres» Qoa- l Io nes de manifestantes que gritaban en febrero de 2003 «¡No a la
quín Estefanía, Hij@, ¿qué es la globalización?, página 39). uerra! » distinguían bien entre la guerra del lrak y la Guerra en gene-
Nuestro propósito es, a partir de la constatación de la realidad de ral. El «¡No a la Guerra! » de una gran parte de los manifestantes iba re-
estas filosofías mundanas de la Guerra y de la Globalización, que cali- íerido, desde luego, a la guerra del lrak, pero casi siempre a título de
ficamos de idealistas o metafísicas, llegar a formular las ideas que so- ocasión perentoria para condenar a la Guerra en general, a cualquier
bre la Guerra y la Globalización pueda establecer el materialismo filo- guerra. Y la gran mayoría de los manifestantes, que desconocían incluso
sófico. d ónde estaba exactamente situado en el mapamundi el Irak, se movili-
zaban para condenar directamente a la Guerra en general, y sólo a tra-
vés de esta condenación general podían interpretar sus gestos, después
§4. LA IDEA MUNDANA DE GUERRA TIENE EL FORMATO de mirar al mapa, como una condenación de la guerra concreta del lrak.
DE UNA CLASE LÓGICA La filosofía metafísica, idealista o naturalista, que (suponemos)
envolvía a nuestros manifestantes se apoya precisamente en esa sus-
Cuando hablamos de «guerra», en singular, nos referimos a la Idea tantivación de la idea general absorbente de G uerra, en cuanto «lacra»
general de Guerra, es decir, a aquello que tendrían en común, y de o «vergüenza» de la Humanidad alienada, de la que será preciso a toda
modo esencial, sin perjuicio de gradaciones y diferencias, todas las costa desprenderse cuanto antes. La filosofía mundana de los pacifis-
guerras que han existido o puedan existir en su día. Pero siempre, la tas utiliza, de modo sustantivado, las ideas de Guerra y de Género hu-
Idea general de Guerra arrastraría una intensión que habría que consi- mano. Da por supuesto que entre estas dos ideas no hay un nexo nece-
derar presente en las diferentes guerras (en plural) qu e constituyen la sario; da por supuesto que el «Género humano» no está destinado a

- 30 --c - 31 -
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n e.in ne entre G uerra y Género humano. onexione d bida a n1 , n id ad, in • l. mi ' m, i\. l 111, ni, ,q u p drí, nsid race l.i b ·ra la,
las reliquias animales, acaso cainitas, que perduran en los hombres del ·11 n rn br l. e hum anismo idea l.ista, una vez suprimida de su id ea rio
presente a través de la codicia monstruosa de algunos hombres parti- la · u rra y la pena de muerte, de aqu ella sentencia qu e Thomas M ann
culares -los petroleros tejanos, por ejemplo, asistidos por el Pentá- f · h ara un 25 de abril de 1945 en su Doctor Faustus: «¿Es construcción
gono y por sus aliados británicos o hispanos, que se reúnen en febrero ·n f rmiza preguntarse cómo en lo porvenir Alemania, de cualquier for-
de 2003 en la Cumbre de las Azores. ma qu e sea, osará abrir la boca cuando se trate de problemas que con-
La interpretación de las guerras concretas como manifestación de rnen a la Humanidad?»
ciertas reliquias bestiales y cainitas que la «Humanidad civilizada» ha- ¿No sería acaso necesario recuperar aquella idea de Carlos Marx
brá de extirpar definitivamente, tiene mucho que ver con la idea gene- ún la cual la Humanidad, en tanto está implicada en la guerra (deri-
ral absorbente de la Guerra como proceso prehumano (zoológico o vada, según él, de su fractura o alienación en clases sociales), no se en-
cósmico) sobre el cual el hombre, a través de su cultura espiritual, ha- uentra en la historia sino en su prehistoria? Pero, con la recuperación
bría conseguido alzarse. No se ve muy claro cómo el hombre, si es que de esta idea, ¿no ofreceremos un remedio que es aún peor que la enfer-
a través de las guerras se nos presenta como una expresión más de un medad? La historia efectiva de esta Humanidad sólo podría ser consi-
proceso zoológico o cósmico, pudiera alzarse o liberarse por encima derada como prehistoria en nombre de una Humanidad futura inexis-
de su condición animal o cósmica. Pero la ideología metafísica e idea- tente, siendo así que la historia es historia del pretérito. Y, ¿ acaso los
lista no se para en barras. O bien postula directamente la espirituali- nazis -con la complicidad, en diverso grado, de la mayor parte de los
dad del Género humano (en función de la cual, sobre todo cuando se alemanes- al proceder sistemáticamente a la ejecución del proy ecto
supone que ella está asistida por la Gracia del Espíritu Santo, los hom- de la selección racial, no obraron como hombres responsables y por
bres podrán haber sido liberados de las cadenas zoológicas y cósmi- tanto libres, lo que hace imposible la pretensión de verlos como «arre-
cas), o bien ni siquiera cree necesario postular una tal espiritualidad; batados » de modo contingente, casual o pasajero, por una reliquia
simplemente afirmará, por puro voluntarismo, que la Guerra no debe zoológica que podría separarse de ellos relegándola al pretérito per-
ser aceptada por el hombre civilizado, por el hombre que se mueve a fe cto prehistórico de la Humanidad? ¿ Quién podría sospechar en las
impulsos de su imperativo categórico, por el hombre ético. épocas «neokantianas » del progreso social demócrata del siglo XIX y
Tampoco se para en barras la ideología humanista pacifista en el principios del XX que unas décadas después seis millones de judíos
momento de dar cuenta del «carácter contingente» que, según sus pre- iban a ser calcinados sistemáticamente en los campos de concentra-
supuestos, habrían de tener las guerras que han afectado a toda la Hu- ción preparados al efecto?¿ Con qué derecho podemos dejar de sospe-
manidad. Se concluirá que estas guerras, y particularmente la Segunda char, amp arados en un humanismo pacifista, algo similar para dentro
Guerra Mundial (en la cual hay que incluir el Shoah, el Holocausto), de cien años? Y aún tendremos que preguntar, ¿serán suficientes unas
son meras reliquias de los componentes prehistóricos o zoológicos de «manifestaciones pacíficas en favor de la paz» para evitar las mons-
la Humanidad. truosidades de una guerra en el futuro? ¿No será criminal y, en todo
Lo que ya no es tan fácil de comprender es cómo estas reliquias caso, estúpidamente imprudente, la decisión de quien en nombre de la
zoológicas, a través de la ideología aria, actuaron precisamente en los Paz Perpetua comience a desarmarse, es decir, a desprenderse de unas
puntos más elevados de la civilización humana, en la «Nación por anto- armas (incluy endo la bomba atómica) de las que inmediatamente se
nomasia» de los teólogos, de los músicos, de los filósofos, de los cientí- apropiarán otros hombres?
ficos, en la Nación de la cultura espiritual más sublime, Alemania; lo De hecho, la Idea de Guerra ha sido utilizada, y lo sigue siendo al-
que no se comprende en absoluto es cómo el Shoah puede entenderse gunas veces hoy, como si fuese una «idea trascendental» o cósmica que
como una mera contingencia zoológica que dej a intacta a la Humani- se extiende, como la Idea de Ser, por todas las categorías. Quien habría

-32- -33-
lor11111I. lo ¡ r 1í11 e,·. v ·:.-:. , ,1 11u Lr,
), ·,¡,11, ·, ,l, ·l l //1 /11' / / (¡,' l ' // 1,IJl(I 11 i/ ,, , /11 t/, ·111 111/, ¡ \ / 1 /(1// ¡/¡,/ \/ \
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en el siglo V a.C. Dos de sus más célebres fragmentos que e con -rvan 11 ; 1 ~ 1 ' l' :'í 111 111 ' 11 'r ' '
e L. l, L'n d r: q 1 ' 1' •1 1' ' '1 1' u 11

justificarán esta consideración. El primero podría ser rotulado como L ·. LI' , 1, I ar, mant n r ·1 • t d univ r .. l d

«principio de Heráclito»: «la Guerra (polemós), que es el padre y rey ¡ ¡ ¡i, , , n, · m en e tad . .
de todas las cosas, ha hecho de algunos dioses otros hombres, a algu- I' ,rnu · ra parte, dejamo de lado estas ideas de guerra, den vadas
1 • u , ri ccr metafísico, y nos atendremos a una idea de Guerra mu-
nos les ha hecho esclavos, a otros libres» (Fragmento 53). El segundo 8
(en el que se formula lo que podríamos denominar «paradoja de Ho- 1, n< ircunscrita en su extensión, a saber, en la extensión que co-
mero ») dice: «Homero se equivocó al decir: "Ojalá la discordia se apa- ,
1 1
nd e al Género humano en cuanto organizado en socieda~es po-
gue entre los dioses y entre los hombres. Porque no veía que rogaba i, ti ; . La G uerra, supondremos, en su sentido estricto, estará siempre
por la destrucción del Universo; porque si su plegaria hubiera sido es- , . •rida al terreno político . En un sentido amplio, es cierto que es muy
cuchada todas las cosas perecerían"» (Diels, 12a22). ír . u nte extender la Idea de Guerra a los animales linneanos (y, por
Esta metafísica pambelicista mantiene plena su vigencia en nuestros , Uf 1e to, los creyentes, a los animales no linneanos, tales como «ex-
días, aunque aplicada a «regiones>> mucho más delimitadas del Uni- [1·::i L rrestres» o «legiones angélicas»). . .
verso, como puedan serlo, por orden de mayor a menor extensión, las La idea general de guerra, en cuanto género generalísimo, permite
moléculas de los coacervados, que se consideran, desde Oparín, como ,• in embargo distinguir muchos géneros intermedios, y aun ~uchas
precursores de la vida, y que estarían ya sometidos a la competencia a , •p cies de guerra. Por ejemplo, «guerra de ~undos» (~n el sentido de
muerte, y a la selección natural; los organismos vivientes (protoctistas, 11. G. Wells), «guerra de insectos» (en el sentido de Wilson), «guerr~s
vegetales, animales, etc.) y, por supuesto, las sociedades políticas y hu- cl hombres prehistóricos» (en el sentido de Wendt), «guerr~s de tn-
manas. A todas estas regiones se aplicará el principio darwiniano de la bus », guerras y batallas históricas, guerras locales, ~u~rras umversales
lucha por la vida, interpretado como si fuese un «principio cósmico»; mundiales, como las del siglo XX. Pero el reconocimiento de esta va-
principio que además, según algunos, sería el fundamento del progreso, riedad de géneros intermedios y especies de guerra no limita las pre-
en virtud de la «selección natural», interpretada precisamente desde la e nsiones de la idea genérica de Guerra en cuanto género absorbente,
perspectiva de la Idea de Progreso. 11
el sentido de mantener como esencial en cualquier guerra de cual-
Es habitual entre los economistas invocar a la competencia entre quier género o especie, las características gener~lísimas ~e la Idea. Y ello
empresas y Estados como el principio universal regulador del mer- canto si estas características generales se consideran vmculadas nece-
cado y de la selección, a través de él, de las calidades de los bienes y de sariamente al Género humano, como si se consideran vinculadas a él
los servicios. Principio que suele ser aplicado especialmente a la políti- de modo contingente, como meras reliquias de su pasado zoológico o
ca de los Estados Unidos después de finalizado el período de la Gue- prehistórico, o secuelas de una caída o pecado original del que todavía
rra Fría. Es lo que E. Todd, como si se hubiera acordado de la «paradoja no ha logrado recuperarse.
de Homero», ha llamado «paradoja de Fukuyama» : al predecir el fin
de las guerras entre los hombres -y, con ello, el fin de la Historia-,
Fukuyama estaría reconociendo la inminente destrucción de Estados §5. LA IDEA MUNDANA DE GLOBALIZACIÓN TIENE
Unidos como Potencia hegemónica. Si la democracia parlamentaria se EL FORMATO DE UNA CLASE LÓGICA. GLOBALIZACIÓN
extendiese a todos los Estados y ello determinase la paz entre ellos, la Y MUNDIALIZACIÓN
misión de Estados Unidos se habría cumplido: «... si la democracia
triunfase en todas las partes se produciría la paradoja de que Estados La «Idea de Globalización», a diferencia de la Idea de Guerra, pa-
Unidos, como Potencia militar, se volvería inútil para todo el mundo, rece excluir el formato propio de las clases lógicas. Mientras que la
y tendría que resignarse a no ser más que una democracia entre otras» Guerra es múltiple (han existido y existen muchas guerras: si consi--

-34- -35-
d '1\ n1 0 1:i ' u rr:1 m una in tiLU c1 n, 1 d m s habl ar d l, 1, d · 1 1 Í ¡ 111,1 ,1 111 1•1it · , 1'111 lu t lt-111.1 •., t .tl l · i,t < t >
¡i u 11 •1 ,· 11 0 11 -~ ¡,u 11d · 11

l. s u rras ), en cambio la Globalización parece req uerir la unicid ad, al td) ·~L,t ' 1>.' ¡ · 1-. ¡ '· ti a ·v i >Lr:1 · Ji Lin -
11 -. \i 11 1 •11 .¡,. 11 0 ••• id •1 ti IL
11
menos cuando la referimos a un campo o a una categoría determinada. i 111 ·s; i l r • I, ,1 b, lj:,,, i ' , 1 la q u hablar 1.11 n u m m ne .
1~ 11 , • ·e , d · 1 la perspectiva metamérica la globalización del
Podrán reconocerse diversas globalizaciones, supuestos diversos cam-
pos de referencia: una «globalización astronómica» -la «globaliza- , • 1 •r
1
I u man en el presente aparecería concebida como un proceso
ción» que Aristóteles hizo del Mundo natural al concebirlo como un u e prin ipio actúa «por encima de sus partes» (instituciones, em-
sistema de esferas envueltas unas por otras y englobando todas ellas a l 1 • ·, , " tados, clases sociales, agentes ... ), aun cuando les afecte a todos
la esfera de la Tierra-, una «globalización aritmética» -el campo de <•11 , in c rporándolos, por así decirlo, a su torbellino unitario. Desde
los números complejos «engloba» a los otros campos de números: po- l., p r pectiva diamérica, en cambio, la globalización tenderá a ser con-
sitivos, naturales, enteros, fraccionarios ...-, una «globalización botá- , •I ida orno un proceso que afecta a las diferentes partes «pertinen-
nica y zoológica» lograda a través del concepto de «Biosfera». l '.' >' del Género humano en cuanto se enfrentan mutuamente unas con
Pero cuando nos referimos al campo histórico en el que se mani- tn.t , con la globalización como resultante.
fiesta el Género humano, que es nuestro caso, parece que su globaliza- La perspectiva metamérica estaría asumida, ante todo, por las insti-
ción ha de entenderse como única, idiográfica, por tanto. Por ello, es- l u ·i nes públicas internacionales que tienen que ver con la globaliza-

taría de más atribuir a la globalización de la que nos ocupamos (a su i{ n (tales como la ONU, el FMI, etc.); muy lejos quedan los diagnós-
idea emic) el formato lógico de una clase. ti • ele aquellos ideólogos posmodernos que certificaban hace una
Sin embargo, esta conclusión no es nada terminante porque, como ¡\ ~ aela el fallecimiento ele los «grandes relatos ». También atgunos Esta-
veremos, la Idea de Globalización del Género humano, considerada 1> Iglesias asumen esta perspectiva metamérica, acaso precisamente
etic, es utilizada, de hecho, de tal modo que parece exigir, aunque sea ¡ rq ue ellos creen actuar «en nombre de la Humanidad, como respon-
oscuramente, la consideración de idea concebida según el formato ló- , , bles, en sus actos globalizadores, ante la Historia», ante el Género
gico de las clases . Ocurre como si la concepción etic del conjunto de 1 1u mano. En cualquier caso, es evidente que la perspectiva metamérica

Ideas idiográficas emic de globalización, nos obligara a reconocer a esa 1


1
re mite, como la línea a sus puntos, a instituciones particulares, tales
concepción etic el formato del concepto clase, por paradójico que ello '\ mo la Iglesia católica o el gobierno de Estados Unidos.
fuese. Pero la globalización también será percibida otras veces, por quie-
La cuestión es de la mayor importancia. No se trata de una cues- 11 contemplan los múltiples procesos de desarrollo o de organización
tión de mera sutileza escolástica, sobreañadida a la cuestión central 1 mpresas o Estados, como orientados hacia una resultante globali-
sobre la «naturaleza de la Globalización». ·1:•.dora, acaso apreciando en cada uno de estos procesos particulares sus
Al menos, por nuestra parte, sostenemos que la raíz misma de la r pios proyectos de expansión recurrente y definida. Como situación
1
oscuridad de la Idea de Globalización tiene que ver con la ambigüedad sintomática interesante citaremos la proliferación de organizaciones
objetiva (es decir, no reducible a la simple negligencia de quienes utili- ( NG sobre todo) que inscriben en sus rótulos la expresión «sin fron-
zan la Idea) de su formato lógico. Esta ambigüedad requiere, según l ras» y a quienes, por tanto, se les puede atribuir proyectos globales:

esto, un análisis previo e inmediato. , médicos sin fronteras », «bomberos sin fronteras », «maestros sin fron-
Y la clave para el análisis de esta ambigüedad reside en la constata- l ras» , «periodistas sin fronteras ».

ción de una doble perspectiva, más precisamente de una perspectiva El caso más notorio es el de las ya citadas «empresas globales»,
dual, de una dualidad que estaría constantemente acechando a la Idea c ntradistintas de las meras empresas multinacionales. Empresas glo-
de Globalización. A saber, la dualidad constituida por las perspectivas bales que algunos, como K. Ohmae, consideran incluso como apátri-
metaméricas y 'por las perspectivas diaméricas entretejidas según el das. Se caracterizan por ofrecer rasgos tales como la posesión de una
modo caracterfstico bien conocido por los geómetras proyectivos. La trategia global, y no sólo a título de mera ampliación de mercados,
perspectiva metamérica nos remite a la perspectiva diamérica así como ino como método de trabajo. Entre esas empresas suelen citarse la

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,t·11 ('1.il l~I<' 11 ; ._ < · : ·o l. , i ·111 ·111,, N ·11 d<.: S< u , V<,lk ,· w.1 ¡•,(' 11, 1 M j,11 I""
111\ll ;\I I) ', ¡11 , l t (i )',,\ 1)111 ¡(·1il1 ·111 .1 l,1 1 11 11 •,11111
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Mi · 1· JS f l : )r¡ o r, Li n, ·L . ¡H11 • 11i¡1 , 1 •11 in 16 ,¡ ,.,,. , s i11 1 •, i 11 6 111i ·:1), < u·. s ·111 ¡ r -s. s L,\ 111 hi '. 11
N es nada fácil acJara r p o r qué e ta empre as , sin p erjuicio el e ¡,,leh:i l s, i11 lu s 1 · u mi sm ) 'S i · i. li l:i. l. ' u , ¡ , li ·rn
p oseer caracterís ticas diferenciales muy claras, se autodenominan o 1 •s 1IL, p r 1, 11 L tar a tanta cl .i tan ia cl lunitari 111 d lagl baliza-
son denominadas, no ya «empresas sin fronteras », pero sí «corpora- .¡ n, p r I rncn , co mo la que pre criben los acuerdos internacio-
ciones» o «empresas globales » (GLO-CO), puesto que es evidente 11 , l fr ente al mo nopolio. Escuchemos las palabras que un conseje-
que, de hecho, no lo son. Aunque produzcan más de un tipo de mer- r d I gado de una empresa global pronuncia ante sus colegas en un
cancía, no las producen todas (ni mucho menos son, por tanto, empre- · n reso so bre Globalización (en este caso, se trata del consejero de-
sas especializadas); aunque cubran muchos países del Globo, no los l , :rad de Siemens, S.A., en España, hablando en el IV Congreso de
cubren a todos y en todo caso, no los cubren íntegramente (son por 1F AN, 1999) donde recuerda que Siemens está presente en 190 países
tanto empresas particulares). ¿Por qué entonces se denominan o son J I Mundo, tiene más de 6.000 fábricas y no menos de 400.000 em-
denominadas «empresas globales»? pl ados, y confiesa, recurriendo incluso a un lenguaje militar: «para
A nuestro entender, sólo hay una razón: que ellas se conciban u na compañía como la nuestra, ésta (la Globalización) nos da, por un
como agentes que actúan en el seno del proceso común, como «envol- L do, unas enormes oportunidades, gran amplitud de mercados, diver-
vente » (respecto de la Humanidad) de una globalización en marcha. . ifi cación de clientes y posibilidades de economía de escala. Nuestra
Pero esto es tanto como reconocer que en la denominación diamérica xperiencia es que la liberalización está trayendo crecimiento en los
de «empresas globales» está actuando la perspectiva metamérica. Po- m rcados, más que lineales, como ocurre en Internet o en telefonía
demos decir, en conclusión, que la Idea de Globalización, en cuanto n, ' vil. Pero a la vez esto trae consigo unos riesgos importantes para
ejercida por particulares, nos remite, como el punto a la línea, a la Idea las compañías muy establecidas como la nuestra. Por un lado se incre-
metamérica de Globalización. mentá la competencia en nuestros mercados propios. Europa siempre
Ocurre así con la Globalización única, entendida como un proce- había sido nuestro mercado tradicional y estamos viendo que entran
so envolvente atribuido al Género humano, algo análogo a lo que ocu- ompañías de todas las partes a atacarnos dentro de nuestro teórico
rría con el Dios monoteísta de las religiones superiores: todas ellas feudo» (Apud, Horst Albach, «Globalización», 1999).
predican el Dios único, pero éste resulta que está presentado unas ve- ¿No estamos, en consecuencia, ante una Idea de Globalización que
ces como Yahvé, otras veces como Dios y otras como Alá. Y es así de e autoconcibe como teniendo lugar en el seno de un conjunto o clase
este modo como podemos afirmar que si diéramos a la idea de Dios el de globalizaciones universales y particulares enfrentadas, muchas veces
formato de una clase tendríamos que terminar asignándole el formato a muerte, entre sí? Y si esto es así ¿podremos considerar como algo se-
paradójico de clase unitaria (de un solo elemento), de los «Dioses do- cundario en el análisis de la globalización esta característica lógica de la
tados de unicidad» (cada uno de los cuales no tiene el formato de clase). Idea, a saber, la de tener un formato efectivo de clase a la vez que inten-
En este sentido resultaría que la Idea de Globalización, sin perjuicio cionalmente asume el supuesto de ser una idea idiográfica unitaria? Y
de su intención unitaria, estaría ejercitada también de hecho y para- esto no por accidente, sino por estructura. Porque la globalización par-
dójicamente desde una clase. Dicho rápidamente: existen diversas ticular sólo es globalización cuando ella se presupone incorporada a un
ideas de globalización única, y entre ellas, las ya citadas (como globa- proceso de globalización unitaria; pero esta globalización unitaria, al
lización oficial y como globalizaciones alternativas). no poder ser atribuida, salvo por metafísica inspiración, a un principio
Pero cuando nos referimos a las partes globalizantes, tales como sustantivo preexistente (el «Género humano»), sólo podrá ejercerse en
las GLO-CO, el formato de clase que es propio de estas partes es más la forma de una clase de globalizaciones. De globalizaciones enfrenta-
explícito y notorio, como es obvio. Pues una «empresa global», o que das entre sí, hasta un punto tal en el que ellas pudieran poner en peligro,
se considera tal, aunque haya de concebirse a sí misma como incorpo- no ya sólo la realización de la globalización «en marcha», sino la consis-
rada a un supuesto proceso global envolvente y unitario, no podrá de- tencia de la propia Idea de Globalización.

-38 .::__ -39-


Lo ¡u · d ·c i111 · 1, 1. ,11 , Ji ,-,. i ' 11 , ¡ or t, 11t J, ·, .111.il o¡•, 1,il qu · I•11 111.ilq11 i1•1 ,1•,11, 1 u1 1•.id r 1,1d .1dv1,tl 1" l.1 ¡,c1•, 11 •1 1 iv, 1 1 · •. 1 ·· 1·•,r 11
1cm el ird trn id a, mu yvinul ada,1 o r cin , , la l lbali - ¡u · d •~ I or l,1 a 1 ·11 1:ís: 1 > 1 1 t¡u · o m¡ ,. ' 11 1 ·111 s ·n ·1/r
zación, como lo es la Idea del «Imperio universal ». También la Id ea d J , ,¡ 1 liz. i ' n, ,.1qu r fi r _p r ,, nco n 111 < ia I L~rmi -
Imperio universal reclama la unicidad («así como no caben dos Soles en ir qu la id a d gu la gLobaLización, utilizada sin
el cielo, tampoco caben en la Tierra, a la vez, Alejandro y Darío» ). Pero ¡,111 11 1,1 •tr , n imp lica la unicidad, se corrobora confrontándola con
de hecho han existido múltiples Imperios universales, porque el Impe- l 1 1 1 '< el m1,mdiaLización, que muchos sin embargo utilizan como si-
rio político resulta del proceso que lleva a cabo alguna «parte» de la 1l l ,1im d aquélla. A veces por motivos meramente lingüísticos y,
Humanidad cuando se orienta a coordinar o controlar a «todas» las de- il ''I 1 , 1u o, muy superficiales. Por ejemplo: «globalización» es tér-
más partes; pero como no existe una única parte de la que haya surgido 1,ii ,1 , n I ajón, mientras que «mundialización» es término latino; y
el proyecto imperial, resultará que los Imperios universales son múlti- · • , u¡ ne, por motivos estéticos, o puristas, que hay que elegir el tér-
ples y constituyen también una clase.
111i 11 l::ttino ( «prefiero hablar de mundialización», dicen algunos co-
Por lo demás, constatamos que la relación explícita entre Imperio y 11 0 ·id economistas o politólogos).
Globalización se encuentra ya, a través de la idea del Reich, entre los En efecto, la globalización, en general, puede definirse, en una pri-
ideólogos nazis; en los últimos años el nexo se ha hecho cada vez más lll ' r:t a epción, la que corresponde a la globalización operatoria, como
explícito. Globalización es, para algunos, un eufemismo del imperialis- 1111 , peración o secuencia de operaciones (o cooperaciones) que van
mo de Estados Unidos, independientemente de que este Imperio sea liri idas a la formación de un globo; y Globus, si nos atenemos al tes-
interpretado por algunos como un Imperio en decadencia. Dice, por tiI nio de Cicerón, es el equivalente latino del término griego Sphai-
ejemplo, Todd: «... la mutación imperial de la economía tiende a trans- 1 > , esfera. Ahora bien, un globo o una esfera es una totalidad o volu-
formar los estratos superiores de la sociedad estadounidense en estra- 111 n corpóreo finito, en el que las partes quedan incorporadas en un
tos superiores de una sociedad imperial global». · njunto compacto, y separadas o disociadas de otras de su entorno.
En resolución, la idea de Globalización, tal como se deduce de las ·¡ la distancia del centro a la superficie fuese infinita, la superficie esfé-
mismas declaraciones de los portavoces antiglobalización, puede con- ri a, el «globo», se desvanecería o, si se prefiere, nos encontraríamos
siderarse ajustada al formato de una clase lógica. Dicho de otro modo: n una esfera cuyo centro estaría en todas las partes y su circunferen-
la Globalización, al menos desde el punto de vista de sus críticos, no se ia en ninguna. Por consiguiente, un globo es una esfera, ha de tener
considera como un proceso único, dotado de unicidad. un entorno que rodee a su dintorno; el contorno de la esfera, o del es-
En otras palabras, aunque la unicidad de la Globalización sea reco- fe roide, es la frontera entre su dintorno y su contorno. Esto no quiere
nocida intencionalmente, cuanto a su terminus ad quem, no ocurre así l. ecir que un globo que pueda ser «englobante» de otros globos (de su
en su proceso efectivo: hay muchas clases, muchas modalidades de glo- misma categoría), pero no englobado por otros globos, haya de care-
balización, y por esta razón, ella se nos presenta como un concepto cla- cer de entorno envolvente; significa sencillamente que el entorno en-
se. Esto es evidente desde el momento en que muchos movimientos volvente no tendrá la estructura de un globo dado en la categoría de
antiglobalización (como pueda serlo el movimiento ATTAC) se consi- referencia (astronómica, política, etc.) y ni siquiera estructura global o
deran también a sí mismos como alternativas a la globalización por an- esférica alguna.
tonomasia, a la globalización que venimos llamando «oficial» (que tie- Por consiguiente, la globalización, en cuanto proceso que condu-
ne también muchas variedades) y, por tanto, como otra especie de ce a globos o esferas diferentes, o incluso a un mismo globo, pero con-
g1oba1ización. En definitiva: la globalización habría que entenderla formado desde perspectivas distintas y aun opuestas entre sí (suscepti-
como una idea que admite el plural, «las globalizaciones», sin perjuicio bles de emanciparse de sus agentes, es decir, de los sujetos operatorios
de que estas globalizaciones puedan mantener entre sí relaciones de in- que las conformaron), habrá de ser considerada, en cuanto proceso fi-
compatibilidad, o simplemente las relaciones que son propias de mo- nito, como nombre que admite el plural. Y ello nos pone delante de la
mentos pasajeros o de estratos internivel de una única clase atributiva. cuestión de las relaciones posibles entre diversas globalizaciones o es-

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1 ·1'[1,pr ()f11 )V il ,1s(' 11 ·l fo ili w d · u11 , n1i •111 , , l · , rí.. .L v lLm , d 'I'" ¡.1 · l r,r 1 1111·1 1i111rcl., e drrr () r 1·, ,1il1 .i ,11 ('I f. (' 11 1> rl · 111 1 111 ,11 1•1 i,,I d ,11 111
i.i ·11
< ír ·ul os d E ul cr», uLili zacl osc n L ' gica dc lasc , reprcc ntanl a re- ¡, 1 • i11 111 ·nt •. l~n l. ,l o l :di,-,.1 ·i ' ,1 p o,. ,trit o 1H1 111 11.' Í:c, d • In ¡u · s' l1 :1hl :1
laciones p o ibles entre las clases lógicas - relaciones de inters ección, 1, •1 ,1 · lil r , ·1¡ , d n1·Lr 1 ) r si11 l r·a li ¡ , ¡, f ·ra L· rr·su· '.
disyun ción, inclusión~ por medio de círculos o esferas que o bien \ ,o ,, ; ·n · n lvidar q u «la • f ra», p r aJ to no n1 a ia, o « 1 lob »,
son secantes, o bien son exteriores, o bien están encajadas las unas en ,() í .1 ,11 n m, ia, uv c m refe r ncia du ran tesiglosa la Tierra; y; n
1
las otras, como se encajan los estuches en una caja china. 111,1 ,¡ ' n I lla, a la fera armil ar, como co njunto de esferas simbóli-
En todo caso, aunque la operación de globalización conduzca siem- 1 l ~ ·n I bant y englobadas que giraban en torno del Globo terrá-
pre a un globo o a una esfera, la recíproca no siempre puede aceptar- 111 • , n uan to esfera que se suponía englobada por todas las demás
se. No todos los globos, o glóbulos, realmente existentes proceden de •11 r r, · eles tes .
operaciones de globalización. Y no porque haya que suponer la exis- La id ea genérica mundana de Globalización se utiliza, pues, como
tencia de globos o esferas ingénitas, eternas, no generadas, tales como 1111 , i 1"ª con formato de clase que se aplica a muy diversos campos,
el «Ser esférico» de Parménides, o las «Esferas celestes» de Aristóteles, di sLint s del campo astronómico tradicional, como puedan serlo los
sino simplemente porque, aunque admitamos que todo globo, glóbu- ·. mp s biológicos (esférulas celulares, glóbulos rojos, etc.: aquí se
lo o esfera es generada (es decir, no es primitiva), sin embargo su gene- 111 1i a el término «globulización»), los campos lógico materiales (los

ración no tiene por qué atribuirse a operaciones de un demiurgo o su- 1 le de Porfirio se representaban a veces como esferas englobantes
jeto operatorio. Las células, aunque las supongamos en forma de d · un individuo dado y englobadas, a su vez, hasta llegar al límite de
glóbulos esféricos (en el modelo de Rhasewsky) no son el efecto de las l,t sfera englobante pero no englobada y, sin embargo, finita, que
operaciones de algún agente demiúrgico, sino el resultado «mecánico» , rrespondía a la categoría) o, en general, a los campos culturales, es
de otras fuerzas que actúan en la «masa protoplásmica». Y otro tanto 1 • ir, a los campos constituidos por términos o instituciones cultura-
habrá que decir de las esferas o globos celestes, tales como la Tierra, la l · n sus distintos niveles -individuos, empresas, partes de un edifi-
Luna o Júpiter, considerados por los astrónomos antiguos. ·1 , de una ceremonia, etc.- , las «esferas culturales» o «todos com-
Habrá que distinguir, por tanto, las globalizaciones operatorias l I jos» de Tylor; incluso las «civilizaciones» de Toynbee, de las que se
(intencionales, que presuponen sujetos operatorios, y que se propo- di e que «engloban sin ser englobadas». En palabras de Melk, «totali-
nen precisamente conseguir una estructura global, como es el caso de dades que poseen un grado de integración tal por el que sus partes
las llamadas GLO-CO o empresas globales) de las globalizaciones- pueden considerarse definidas por su relación recíproca con el todo».
resultancias, no intencionales, sino efectos impersonales de las inte- I recisamente sobre la idea de las «civilizaciones englobantes y no en-
racciones de términos dados, eventualmente personales, en un campo lobadas», apoya Samuel P. Hutington su teoría sobre el «choque de
preexistente. La distinción no es disyuntiva (dicotómica); lo más pro- ivilizaciones», teoría directamente relacionada con el tema que nos
bable es que las globalizaciones operatorias (y, entre ellas, la globaliza- ocupa, Guerra y Globalización.
ción por antonomasia a la que se refiere el título de este libro, Guerra En resolución: el concepto de Globalización, en virtud de su for-
y Globaliz ación) estén engranadas a procesos de globalización imper- mato lógico de clase implica pluralidad, y en principio, pluralidad dis-
sonal, que «marchan por sí mismos», pero que pueden ser orientados, tributiva; solamente en el caso de que fuera posible alcanzar una· total
acelerados o frenados, en un sentido o en otro, por una globalización «globalización de las globalizaciones» cabría hablar de una Globaliza-
operatoria planificada. De este modo, una globalización concreta po- ción universal atributiva. Pero este caso es puramente teórico, es una
dría considerarse, a la vez, como una resultancia de factores que habrán idea límite y contradictoria. Por ello, para hablar con sentido, es preci-
de ser analizados y como un objetivo intencional operatorio. so dar los parámetros de campo categorial (astronómico, político, eco-
Es evidente que una globalización sólo podrá alcanzar sentido nómico, cultural, religioso, etc.) y los parámetros de radio esférico (ga-
operatorio o estructural cuando le sea dado un parámetro, por ej~m- láctico, terrestre, atlántico, etc.).
plo, el radio o el diámetro de la esfera o globo que va a constituirse o La idea de «Mundo », en cambio, es una idea que, al menos en la

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Lr~1 l i i S11 íi l · ' fi il , q u 11, p:1.r,. la u, l I MuJ1 1 una I h tr , •. '1 ' I'JJ lll!I
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ld eas fundamentale - Dios, Mund o, I--:lombre- en torno a la ual 1•: ti · •i 1• 11 < ,il 1 · s. l i 1· <, Íu •1' a d •1 Mu11cl >, 11 r •:1'1 • l1 :1 hl. r d · u11 ,, :111 v •1
se organiza la llamada Metafísica especial) dice unicidad. «Y e una in- 1i . d ·I Mu 11 1 . P r 11 ·1Mu111 n iq~1i ~r , w1 a L , li d d, i hs
solencia (escribía Mauthner) hablar de "Mundos" en plural como si 1ll l di L 1 ·· h. n d · cdinita limitada .
hubiera más de uno. » L a qu s hab l irnpropiamente de «mundos » en plural,
El mundo, en cuanto complexio omnium substantiarum, sólo pue- n I t rr no de la Ontología (los «tres mundos » de Popper), ya
de ser único (la idea de Mundo no tiene el formato de clase). Porque, I L rreno del arte ( «el mundo o universo de Picasso»), ya sea en
supuesto que existieran muchos Mundos, como lo supuso Demócrito, p icológico ( «cada persona es un mundo»), ya sea en el te--
o bien éstos mantendrían alguna relación interactiva mutua, o no la 111 •11 ) nómico-político ( «los países del tercer mundo »).
mantendrían en absoluto. Si mantenían relaciones de interacción, no Ah ra bien, hablar de «mundos » en plural es descuido imperdo--
podrían ser entendidos como «Mundos», sino como partes de un úni- l H\ 1 n Ontología, al menos si el que así habla no pretende acogerse a
co Mundo; y si no mantenían relación alguna de interacción, desde 1, m tafísica megárica. Hablar de «mundos» en otros terrenos (arte,
cada mundo sería imposible conocer siquiera la existencia de otros p: i logía, etc.) es una licencia poética que no deja de llevar aparejada
mundos (si la conocieran ya habría habido alguna interacción), por lo ,d , una intención pragmática («esta exposición del universo de Picasso
que habría que concluir que la hipótesis de la pluralidad «megárica» ¡u frecemos, es tan rica que el visitante podrá consumir en ella todo
de mundos es totalmente gratuita e inoperante. i1 I tiempo libre, sin necesidad de acudir a las exposiciones de otros
La Idea de Mundo es una construcción dialéctica, pero no en el sen- 1ni versos pictóricos»).

tido, enteramente gratuito y artificioso, que Kant pretendió hacer valer, Q uienes pretenden hacer sustituibles los términos mundialización
y ~n gran medida consiguió entre muchos de sus seguidores: presentar ,Lobalización, podrán sin duda intentarlo, e incluso lograr éxito en
la idea de Mundo como idea trascendental «segregada» por la Razón s I intento; pero en todo caso, tanto su intento, como su eventual éxi--
Pura que silogiza con silogismos hipotéticos (así como la Idea de Dios ' tendrían que pasar por encima de las diferencias de ideas objetivas,
habría sido «segregada» por los silogismos disyuntivos y la Idea de , decir, tendrían que renunciar a las diferencias esenciales que entre
Alma por los silogismos categóricos). Si nos atenemos a su etimolo- ambas ideas median y podrían ser considerados en justicia, en medio
gía, la idea de Mundo procede del desarrollo dialéctico del concepto de de su éxito, como inconscientes, como envueltos por la ignorantia
cofre; del cofre de la novia, en el cual ella depositaba sus collares, ani- Lenchi.
llos, alhajas («mundus mulieris est, qua mulier mundior fit », leemos Ahora bien, una vez establecido por nuestra parte el diferente es-
en Digesto, 34, 2, 5); el cofre-baúl que todavía hoy se llama «mundo » en ta tus lógico de las Ideas de Globalización y de Mundialización, nos
algunas regiones de habla hispánica. De la ampliación ilimitada de e~e importa determinar el modo según el cual la filosofía mundana, es de-
cofre, transformado en un receptáculo vacío infinito, en el cual Dios cir, la filosofía vulgar, trata esta diferencia. La determinación no puede
cr~ador habría ido depositando las criaturas que lo rellenan, procederá fo rmularse de un modo sencillo en un único plano. Simplificando al
la idea de Mundo. Idea que, como la idea de Dios -del Dios teológi- máximo diremos (etic) que los movimientos antiglobalización más ra-
co-, carece, como hemos dicho, del format·o lógico de las clases, y a lo dicales, en los que se encarna la filosofía vulgar, ejercitan la idea de
sumo podrá decirse de ella que son clases unitarias, es decir, clases de un globalización como si tuviese el formato lógico de una clase, dado que
solo elemento, que son las clases límite, contradictorias. contemplan, no sólo a la globalización económica, sino también lapo-
El Mundo tiene unicidad; y por ello la Mundialización se diferen- lítica, la lingüística, la tecnológica, la cultural; y sin embargo se repre-
cia esencialmente de la Globalización. En efectó, mientras un Globo sentan, o tienden a representarse (emic) la globalización como si fuese
es siempre finito y limitado, e implica un entorno envolvente (quepo- una idea unitaria que se confunde con la idea de mundialización. En
dría ser, a su vez, un globo de la misma categoría, o bien de otra cate- efecto, la filosofía vulgar tendería a representarse esa confluencia de
goría, incluso un entorno que carezca de estructura global), el Mundo globalizaciones de diferentes especies (económicas, políticas, tecnoló--

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ella, con la idea de la mundialización.
) irL lib·r, r ·c d · 11 · r·,r , nJ . L e LÍ -
Desde este punto de vista se comprende bien la insistencia de los q u h m h . blad . sa ri , p r tant , tener
movimientos radicales antiglobalización en los peligros que la globali- i i ' n d qui n habla de esta conexió n.
zación, sobreentendendida como «globalización de globalizaciones», , no se ve bien có mo pueda afectar a la modalidad ob-
puede encerrar respecto de la conservación de las identidades naciona- la ne~ ión entre Gu erra y Globalización mi disposición,
les propias de las esferas nacionales, pero también lingüísticas, religio- ¡,1111 ic i ' n valo ración personal. Sabemos que muchos de aquellos que
sas, culturales, etc. Difícilmente podrían denunciarse estos peligros si , 1 11 ·k 11 a qui en trata este asunto se interesarán, ante todo, por averi-
la globalización fuese entendida como globalización de una determi- 1', ll ,L • u li posición: «¿Es usted partidario de la globalización o de la
nada clase distributiva (económica, por ejemplo) que pudiera llevarse 11, Li rl balización? » «¿Está usted por la Paz o bien defiende la Gue-
adelante independientemente de los procesos propios de otras globali- 1 1 ,t?, «¿ ree usted que la globalización conduce a la Paz, o más bien a
zaciones dadas en otras categorías (políticas, religiosas, etc.). l,1 :u rra ?»
En cualquier caso, si queremos mantener la distinción entre mun- : evidente que estas preguntas por la disposición individual de
dialización y globalización, en el contexto del análisis de nuestro pre- ¡ui •11 mantiene una tesis «objetiva» sobre la guerra y la globalización
sente, habría que referir la Idea de mundialización al hecho de la uni- , n irrelevantes, porque la guerra y la globalización son procesos que
versalización planetaria (con unicidad) de las interacciones de toda 1i •11 n lugar por encima de mi opinión personal y aun de las restantes
índole (comerciales, culturales, pacíficas o bélicas) que tienen lugar o¡ iniones personales. No es que se produzcan al margen de estas opi-
entre las diferentes sociedades, naciones, iglesias, etc., del presente; en i1 i nes personales; se trata de que la conjunción de múltiples opinio-
cambio, en la Idea de la globalización, la escala planetaria tendrá más 11 , personales no constituye una opinión que pueda concluir de modo
. bien el carácter de un proyecto que el de un hecho, y además no gozaría 1 terminante a orientar la modalidad del nexo entre la guerra y la glo-
de unicidad, puesto que los procesos de globalización son múltiples y 6, li zación.
enfrentados entre sí. Y aun cuando el hecho de la mundialización es Y sin embargo, y con objeto de ahorrar desde el principio al lector
en gran medida, aunque no íntegramente, resultado de las diferentes' 1, intriga acerca de las posiciones que el autor puede mantener ante las
líneas de globalización, no por ello podría confundirse el hecho de esa orrientes enfrentadas en torno ·a la globalización del Género huma-
mundialización con los procesos de «globalización en marcha». no o a la antiglobalización, me arriesgaré a decir que estas posiciones no
' e alinean «a favor» de la globalización del Género humano, pero tam-
poco «a favor» de la antiglobalización. Y no en nombre de una neutra-
§6. PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIÓN lidad, dogmática o escéptica, sino en nombre de la tesis fundamental
que en este libro se sostiene: que la globalización del Género huma-
El tema central de este libro es el análisis de las relaciones entre la no no existe, por la sencilla razón de que no existe el Género humano
Guerra y la Globalización. En lo que precede hemos planteado el pro- como entidad previamente dada, susceptible de ser globalizada, ni exis-
blema filosófico suscitado por estas relaciones como un problema que te la Globalización como idea positiva. La Globalización es sólo una
gira indeterminadamente respecto de las modalidades contingentes o idea «aureolar» que sólo cobra sentido suponiendo aquello de cuya
necesarias que pudieran asignárseles. En principio, la cuestión de la existencia y posibilidad comenzamos por dudar.
modalidad del nexo entre Guerra y Globalización habría que plan- Estaríamos en una situación comparable a la suscitada por la idea
tearla en un terreno objetivo, al margen de la cuestión sobre quién tra- del Estado totalitario: unos se declaran defensores del proyecto del
ta de establecer el nexo. Es decir, se trataría de un planteamiento es- Estado totalitario y otros abominan de él en nombre de la democracia
peculativo o teorético. Sin embargo, es muy dudosa la posibilidad de y de la libertad. Pero cuando comenzamos a dudar de que el Estado

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UJI.lit. .rio xi ' L, pL1 d . :x_1 u r ne n , "=,p •n
- "~1- 11 r r argu-
mene a fa vo r del to tahtans mo será empresa tan van a co mo la d en, -
~e~arse en refutarlo en nombre de la libertad o de la democracia. Lo
umc~ q~e cabrá hacer es tratar de redefinir esa idea confusa del Estado
totahtano, o, en nuestro caso, tratar de redefinir la idea confusa de la
globalización y la de la antiglobalización.

Parte I

La Idea de la Guerra

a razones de que hayamos creído necesario ofrecer un argu-


11 1 •1
1tari o general sobre la cuestión de la Guerra y la Paz, al que obli-
g,1 lamente habrán de incorporarse multitud de ideas ya tratadas y tri-
11.\ , desde siglos, tiene que ver probablemente con una reacción ante
un hecho que nos parece sorprendente: el hecho de que los millones
1 ' manifestantes por la Paz y contra la Guerra durante el año 2003 lo
hi ícsen, casi siempre, en nombre de una ideología «ética» o «evangé-
li a» que evitaba alegar cualquier tipo de crítica doctrinal susceptible
l er sometida a un juicio especializado, como ocurrió todavía, por
·j mplo, en la época de Rosa de Luxemburgo o de Liebneck. En esta
' poca el «¡No a la Guerra! » se presentaba como un clamor de la clase
brera contra sus explotadores capitalistas dentro de una teoría mar-
, ista, mejor o peor construida. Pero en las manifestaciones del 2003
1«¡No a la Guerra! » se justifica por su propia evidencia práctica in-
mediata.
No hacía falta más. Y aun toda justificación «doctrinal» del «¡No a
la Guerra!», o incluso del «Sí a la Paz» , podría haber resultado ofensi-
va ante esta evidencia. Quienes llevaban o llevan sobrepuesto en su
traje o en su frente el emblema «¡No a la Guerra! » querían sin duda
dar a entender: «No necesitamos decir más, no buscamos explicacio-
nes ni las admitimos. » Exigir la Paz, y decir «¡No a la Guerra!», en ge-
neral, es una evidencia que debe suponerse actuando en todo aquel
que no sea un mal nacido, antes de que éste comience a exponer una
doctrina cualquiera sobre el particular.
Y es la existencia de esta ideología, no ya pacifista, sino pacifista
fundamentalista, que ha tomado un cuerpo de notable consistencia en
nuestra sociedad, lo que ha suscitado en muchos la necesidad de esbo-

-48- -49-
~, 11 d, · llll • o 1111 .1 l· 1111,~i i 11 d on ri11 ,d d(' co 11Ju11(p .il c1 .1 d(' l,1H 11 ·:; , 11" ir l.1 '(1111 0 11111 e· •1il1. 1) 11 t • ·sa1•io d · 1(2 qu • •I ll ,u11 0 l,1: •· 1 ,1 i<1 11 ·¡, 11 .1
1i o 1¡;s q u·Li ·11 ·11 _u ·v ·r · 11 1. ~u ' rray ·0 1 l. a J :i.z.P r 111 i¡ :1rL·L ·n- ¡ 111· 1 · [inn aLas j d · 1 s h n b 1· s» : · mp l 'n ia nu· lo i11 li vid 10
0

g g uc decir qu e i no hubi era sid por la cri stalizació n d esca .id - lo- 1,nr,, 1runagan an ia, desconj:ia.nza mutu a qu e re urrea lavio l -n ia n
gía pacifista fundamentalista no se me hubiera ocurrido bosquejar una li11 •s d ·f n ivos, y gloria qu e tiende a invadir el terreno de los otros
exposición como la que aquí se ofrece, acaso porque hubiera dado por p,,. , r p arar pequeñas ofensas, «como una palabra, una sonrisa, una
supuesto que la mayor parte de sus tesis eran ya de sobra conocidas y , ini ' n diferente o cualquier señal de desprecio » (Leviathan, I, cap.
sobreentendidas. · ). Hobbes, sin embargo, no subsumió esta condición originaria de los
h mbres como si fuera una característica meramente subgenérica, para
1 irlo en nuestros términos, en la definición propia de tantas especies
§1. LA IDEA FILOSÓFICA MUNDANA DE LA GUERRA ;u, i males; pero no por ello su perspectiva deja de ser zoológica, aunque
Y EL CONCEPTO ETOLÓGICO-PSICOLÓGICO DE íu ra cogenérica: «los hombres están compitiendo continuamente por
CONDUCTA AGRESIVA ,¡ honor y la dignidad, cosa que no hacen estas criaturas (las abejas y las
h rmigas, a quienes Aristóteles -dice Hobbes incorrectamente-in-
La idea filosófica mundana, por no decir la idea que de la Guerra lu ye en la categoría de los animales políticos).[ ... ] «Como consecuen-
se forja la filosofía vulgar -al menos una gran parte de la filosofía po- ·ia surge en los hombres, por esa-razón, envidia y odio y, en última ins-
pular- consiste en su equiparación, generalmente desde una metafísi- l c ncia, la guerra. Pero en esas otras criaturas no es así» (Hobbes, ibíd.,
ca naturalista, con las conductas de lucha entre animales, tanto si se ;:ip. 17).
trata de luchas interespecíf_icas como de luchas intraespecíficas. Es una Los pesimistas, admitiendo que los instintos zoológicos de agre-
idea en el fondo «zoológica» de la Guerra, a la que tienen fácil acceso ión son innatos en el hombre, y acaso aun están grabados en nuestro
las gentes que viven en zonas rurales o que, aun viviendo en ciudades ódigo genético, se resignarán ante el descubrimiento de esta «triste
o villas, practican la caza, o simplemente contemplan habitualmente iencia». Los optimistas, que prefieren suponer, o bien que no existen
por televisión ciertos documentales naturalistas, y propenden a subra- cales instintos innatos, sino pautas aprendidas, o bien que, ya sean las
yar, bien sea con resignación, bien sea en son de protesta, la gran fre- onductas agresivas heredadas o aprendidas, podrán ser neutralizadas
cuencia de los comportamientos animales que cabe advertir entre los reprimidas por la educación o por el miedo (por la civilización y por
hombres, la guerra uno de ellos. la cultura, en el sentido de Freud), no se resignarán a lo que somos, al
La utilización de esta perspectiva zoológica tiene pretensiones que parecer por herencia o aprendizaje, es decir, al ser de la agresión, sino
desbordan la mera constatación de evidentes analogías, por ejemplo que proclamarán la necesidad de erradicar la guerra en nombre del de-
las conductas de vigilancia, de rodeos, las estratagemas, engaños, ata- ber ser de la paz.
ques, luchas, heridas o muertes. Ante todo tiene la pretensión de haber Lo que nos interesa subrayar, por no decir denunciar, es esto: que
captado las claves que desencadenan las guerras entre los hombres, y la idea zoológica de la guerra, propia de la filosofía popular, es casi un
que no serían otras sino nuestros mismos comportamientos animales, «sombreado» del desarrollo que los etólogos o «naturalistas» hacen
inscritos genéticamente en nuestra propia individualidad viviente. del concepto de conducta agresiva, o recíprocamente. Es cierto que un
Así, ante el espectáculo de una batalla, ofrecido por un óleo, una fo- etólogo, en cuanto tal, puede reivindicar la legitimidad de sus análisis,
tografía, una película o por televisión, escucharemos con frecuencia re- al menos en la medida en la que él no pretenda dar cuenta de la integri-
flexiones filosóficas «tan profundas» como la siguiente: «En realidad dad de la guerra, como figura antropológica; pero también es cierto
somos como animales, como fieras.» Y no faltará quien recuerde, de su que muchos etólogos recaen, en sus análisis, en esa filosofía vulgar de
bachillerato, la máxima latina de Planto «Horno hominis lupus», que la guerra, incluso en su versión pesimista, que, de este modo, parece
Hobbes terminó por hacer famosa. Por cierto, Hobbes mantuvo una recibir una corroboración científica. De hecho, la concepción de la
concepción psicológica, incluso etológica, de la guerra, al pretender de- guerra que suele atribuirse a los etólogos de la escuela de Lorenz, Tin-

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tino del h ombre». Se trata en todo caso de un a co ncep ció n redu ccio- 1,11 1L • , n I in e ·n L d r · LI p r, r ( n L d l m, t1 «e rr , 1i -
nista que comprende los dos movimientos consabidos que se reali- 11: » ¡ 1 q ui ran) 1 reali: ino de Tucídides, lo q ue vien e a decir es
mentan circularmente: qu e · Cin e ta versión realista, la guerra entre Atenas (la Li ga de Delos)
(1) El movimiento de regressus (o de reducción inici'al) desde la 1~ ¡ arta (la Liga del Peloponeso) fue inevitable dada la agresividad
guerra (y de otras manifestaciones de la agresión entre los hombres) 1, l, Atenas em ergente, frente al poder agresivo ya consolidado de
hasta las conductas de agresión de los animales; aunque en otros casos I•'., parta; una «agresividad» que, a su vez, estaría impulsada por otros
se llega a todos los vivientes, a la «lucha por la vida» de Spencer-Dar- 111 anis mos psicológicos, o tratados psicológicamente, aunque ten-
win, aplicada incluso a los vegetales, y a su competitividad·en el ámbi- '< n. fuentes sociales, como pueda serlo el «honor». Kagan extiende
to cósmico de las biocenosis (los botánicos hablan en nuestros días de •·ta perspectiva neorrealista al análisis de las Guerras Púnicas y al análi-
«plantas invasoras» que logran la victoria sobre otras plantas que han .- i le algunas guerras medievales y, desde luego, a las guerras mundia-
de sucumbir ante la invasión en su territorio, mientras que pueden a su l ·s del siglo XX (una crítica certera del libro de Donald Kagan puede
vez invadir territorios ajenos: la hierba de las Pampas, Cortaderia se- v rse en Marcelino Suárez Ardura, «El honor como causa de la guerra»,
lloana, es una plaga en el norte de España, en las zonas cálidas de Euro- J:',l Catoblepas, núm. 17, julio de 2003 [http:l!www.nodulo.org/ecl
pa y en Australia; el tojo europeo, Ulex europaeus, es plaga europea en 003/n017p24.htm ]).
Argentina, y frena allí la expansión de la Cortaderia; el gengibre del Hi- Son los etólogos innatistas, alineados más o menos con Konrad
malaya, H edyarium garderianum, es planta que, procedente del Hima- orenz, quienes más han trabajado en la concepción de la guerra des-
laya, se convierte en plaga en las Azores y otras islas, expulsando de los d la perspectiva de la doctrina innatista de la agresión y de la violen-
bosques o las cunetas a las plantas nativas, etc.); otros extenderán la i:a. Esto no significa, como ya hemos dicho, que no se reconozcan a
guerra a cualquier tipo de ser realmente existente: «la guerra es el padre veces diferencias significativas entre las luchas zoológicas y las huma-
de todas las cosas», de Heráclito. nas; lo importante es que se contemplen las guerras humanas como
(2) El movimiento de progressus (o reducción final) que partiendo meras modulaciones (subgenéricas o cogenéricas) de los instintos bio-
de una idea general de la agresión zoológica o cósmica (aquí es inevita- lógicos de la agresión (que, junto con el instinto de la alimentación,
ble acordarse del libro de K . Lorenz, Sobre la agresión: el pretendido reproducción y fuga constituye, según Lorenz, el repertorio de los
mal), intenta reaplicarla a los fenómenos de la guerra humana, y no «instintos básicos»). Lorenz sugiere que Darwin ya habría interpreta-
sólo con la pretensión de constatar en ellos la presencia de los rasgos do la agresión como un instinto intraespecífico. Este instinto estaría
zoológicos generales, sino también con la pretensión de «recubrirlos» en el origen de la guerra, aunque en ella se manifieste de una manera
por entero, al menos en cuanto a lo esencial (porque incluso aquellos singular (cogenérica, en la terminología del materialismo filosófico), y
componentes específicos de las guerras humanas -por ejemplo, los ello debido a que el instinto de agresión «habría descarrilado en la ci-
armamentos a distancia, desde la lanza hasta el rifle o los mísiles- se- vilización», por cuanto ésta permitió al hombre matar a otros hom-
rán incorporados, como es lógico por otro lado, tan sólo en la medi- bres con armas artificiales, a distancia etológica, «lo que rompió el
da en la que ellos «alteren» o «desvíen» los componentes genéricos de equilibrio existente entre unas inhibiciones relativamente débiles y la
la agresión). capacidad de matar a los congéneres». Por consiguiente, «se produjo
Este tipo de reducción final «etológica» de la esencia de la guerra, sin duda un estado de cosas en el que las contrapresiones de las hordas
mediante la reconstrucción de las claves de las guerras concretas, his- v ecinas fueron el principal factor selectiv o que determinó los siguientes
tóricas, en los términos etológicos de la teoría de la agresión, es muy pasos de lá evolución humana. Nada tiene de sorprendente el que este
frecuente, no sólo entre etólogos sino también entre sociólogos o his- factor produjera un peligroso exceso de lo que se dio en llamar "virtu-
toriadores que creen además contar con el respaldo de la ·ciencia etoló- des guerreras" del hombre».

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.E n r lu i ' n: la u rr ., d d se, p rsp civ. >1c,, , 1 u ' l, • 1111!' d\' l.1 111 1/, 111 ,1 ·~•1• 1·1 ;,,•ll ,1, ... 111 1 ,1 (• l ()s ( ' s i ){'( 1 . I C 1il p-,
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siendo explicada a parcir del instinto zo ológico ge neral d agrcs 1 n, 111 11 l1 ,\ n1 :hi • 1s I • ]( : i 11 s · LOS I l ►Jr ¡ r · i >n , 11 1) ' ; l-
I · la lJi 1 ' í:'1

sólo que «degenerado» en sus ritmos propios por la civilización. La il 11 11 , le , 1·, n 1· ,.b z. s p ·r ·n · i ' ilL al ' n r Ph idoLe. E l in -
«explicación», desde un punto de vista literario, se consigue por el lt ; lu , p r · ntan n andíbul a c n una fo rma aproximada a la hojas
procedimiento de retrotraer al «Género» (y, por tanto, a las otras es- 1, 1 • L 11, za pa ra c rtar alambre. Al p rodu cirse un choque entre co-
pecies del Género) la nomenclatura propia de la «especie humana» (se l s [dados avanzan, atacan ciegamente y cubren el terreno de
considerarán como charreteras -signos de jerarquía militar- a los · rcenadas, patas y abdómenes de sus enemigos vencidos»
«hombros encanecidos» de un gorila, que manifiesta, a través de ellas, ).
su jerarquía en el grupo). De este modo, en lugar de aplicar en abstrac- sde la perspectiva etológica, por consiguiente, la civilización
to y legítimamente a la especie humana las notas genéricas constituti- • ' I li arfa más que la razón de ser de la guerra, la razón de sus manifes-
vas de la conducta agresiva, lo que se hace es utilizar estructuras espe- i ,t ·í n s en lo que tienen de mera complicación o «deformación», o
cíficas de la guerra humana para describir las conductas de agresión 1 -ge neración», de los rasgos genéricos, cuando éstos han encontrado

propias del género. Dice Wilson, por ejemplo (Sociobiología, Omega, 1, 1 ·ibilidad de un desarrollo «autocatalítico» dentro de un complejo
Barcelona, pág. 440): «En cierto aspecto, las hormigas legionarias l • procesos entretejidos a partir de un «efecto umbral» de inteligen-
constituyen uno de los grados más avanzados de la evolución social de ·i, alcanzado únicamente por la especie humana, cuya especificidad,
los insectos. U na colonia en marcha ofrece uno de los mayores espec- •11 t do caso, seguirá siendo co-genérica. También Eibl Eibesfeldt, en
táculos de la naturaleza.» Y cita un párrafo de Wheeler: «Las hormigas .' LI libro Guerra y Paz (Salvat, Barcelona, 1989), concede un amplio

legionarias y cazadoras son los Tártaros y los Hunos del mundo de los m, rgen a la intervención de la cultura en la evolución del instinto de
insectos. Con sus vastos ejércitos de obreras ciegas, pero de una ex- ,t resión, herencia, según él, de los primates, considerados como espe-

quisita cooperación y un elevado grado de polimorfismo ... » O bien, ·ic agresiva y territorial. Pero mientras que entre los primates no hay
describiendo comportamientos de las colonias de Formica sanguínea: 11 rmalmente conducta de agresión intragrupal (en los hombres se ex-

«Dos, e incluso tres especies esclavas [otros biólogos prefieren hablar pr sa esta conducta por la máxima bíblica «No matarás»), en cambio
de dulosis para referirse al fenómeno de la esclavización de las hormi- ntre los hombres, una vez que han evolucionado en la forma de grupos
gas, evitando el lenguaje antropomórfico] están a veces presentes en un profundamente separados, que constituyen lo que Eibl Eibesfeldt lla-
determinado nido de sanguínea simultáneamente, y la composición en ma una pseudoespeciación cultural, la agresión entre grupos tomará la
esclavas puede variar de un año para otro. Cada colonia F. san guinea fo rma de una agresión entre especies y, por tanto, será destructiva -el
realiza como máximo dos o tres asaltos al año, en julio y agosto ... en «conflicto intergrupal armado»-. Otra interpretación posible de la
cualquier momento del día, pero usualmente por la mañana, un gran entencia «El hombre [como grupo] es lobo para el hombre [para otro
destacamento de obreras abandona el nido y se desplaza en línea recta grupo]».
hacia el nido objetivo de la especie esclava. La reunión de asaltantes es Esta circunstancia da pie, desde las coordenadas del materialismo
en realidad una dispersa falange de varios metros de ancho» (pág. 384 ). filosófico, para una reinterpretación del concepto etológico de guerra
El uso de terminología militar es constante en la obra de Wilson: «una como metábasis circular de la caza genérica: es una excelente reinter-
segunda forma de soldado que se ha puesto de manifiesto es aquél con pretación propuesta por Alfonso Fernández Tresguerres en su libro
mandíbulas en hoz o gancho para segar los cuerpos de los enemigos. Los dioses olvidados (Pentalfa, Oviedo, 1993, pág. 72); en su más re-
Algunos ejemplos formidables son las obreras mayores de las hormi- ciente libro, El signo de Caín. Agresión y naturaleza humana (Eikasía,
gas legionarias (Eciton) y batidoras (Dorylus). El tercer tipo básico de Oviedo, 2003), nos ofrece la que podríamos considerar como primera
soldado es menos agresivo, y utiliza la cabeza para bloquear la entra- teoría filosófica de la agresión desde el materialismo filosófico.
da del nido .. . la cabeza puede tener forma de escudo ... las colonias de Asimismo la idea de la «pseudoespeciación cultural» de Eibl Ei-
hormigas son naturalmente agresivas para otras y "guerrean" tanto besfeldt (que «cubre» las situaciones empíricas en las que se constata

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•,; 111 0 u1 10 ru¡ s l1urn an , lle •:1n n · r · LJ n li 1.1 / ·1·11 c1 1c ¡
1, 1, Ll,il 1u ,l 11 <1 ~ , 10 1('( / , r/1·1 11 J l1·,11111 · 111(, lo
mene la co ndi cí ' n hum ana) p ued e reinterpretar e, 111 1 ha h o ,e /a,le · pt1 íf 1 , a hw a.dor r d , la. v ida ( n, 1 • '.l. u-
Iñigo Ongay ( «G uerra, Paz y E tología», El Catoblepas, núm. 19, ep - L, últim c la (•. laq ue habría q ue ad cribir a los ku ng
tiembre de 2003 [http:llwww.nodulo.org/ ec/2003/ n019p04.htm]) a la h , ,qt1;111cu
1
a J J wakiutl de Vanco uv er) ha sido impugnada por
luz de la Idea de la «refluencia de los contenidos numinosos » en la capa I• 1hl 1~;¡ , í ldt.
circular de los cuerpos políticos, determinando un despegue, al menos
emic, del eje circular «de manera que tales relaciones dejarían por ello
de ser específicas en tanto que circulares». § R.ÍTICA A LA IDEA FILOSÓFICA MUNDANA
La socio biología de E. O. Wilson intenta encontrar un medio entre : LA GUERRA
el innatismo de los instintos agresivos de Lorenz y el ambientalismo de
Skinner: «La agresión no es un fluido que aumenta su presión conti- 1. i bien de un modo esquemático definimos a la filosofía mun-
nuamente en las paredes de sus recipientes, ni es un conjunto de ingre- 11111 , d e la guerra en su corriente central, de orientación naturalista,
dientes vertidos en un vaso vacío. Más bien es una mezcla preexistente ¡ r la utilización del concepto de agresión (entendida como una for-
de productos químicos listos para ser transformados por catalizadores 111 ,1 d conducta etológica derivada, identificada, según algunos etólo-
específicos que se añaden, calientan y agitan, en algún momento poste- f' >s, o n uno de los cuatro instintos básicos) a título de componente
rior.» (Sobre la naturaleza humana, 1979; vid. A . Fernández Tresgue- 1und amental suyo, la guerra no sería otra cosa sino la modulación hu-
rres, El signo de Caín, págs. 50-58.) 111ana (con todas las peculiaridades cogenéricas consiguientes) de un
También los antropólogos han ofrecido muchas veces una visión i11 stinto de agresión que es propio de las diversas especies animales, al
innatista de la agresividad humana, que acaso no necesita remontarse a 111 ·nos a panir de un cierto nivel de la escala zoológica.
la Etología, sino simplemente a la Prehistoria, es decir, a la época de la En todo caso, la filosofía naturalista (ecologista) de la guerra tiene
formación del hombre como especie diferenciada de los demás prima- ·1 ran mérito de ayudar a reconocer el tanto de funcionalismo (en
tes. Estamos, por ejemplo, ante la teoría del hombre cazador divulga- · nsecuencia, de racionalidad) que la guerra pueda tener frente a la
da por Robert Ardrey (La evolución del hombre: la hipótesis del caza- ; 1 ología irenista, hoy en creciente, según la cu al la guerra habría de
dor, 1976; Génesis africano, 1969). s r considerada únicamente como un efecto de la irracionalidad pro-
También es verdad que muchos antropólogos defienden puntos de pia de una Humanidad degenerada.
vista menos radicales. Marvin Harris sugirió que los motivos por los La visión naturalista de la guerra permite reconocer en los hom-
cuales los hombres se vuelven agresivos se encuentran en nuestra cul- bres, en el momento en que se relacionan con otros mediante la gue-
tura, más que en nuestros genes (Caníbales y Reyes, pág. 56). A. Mon- rra, por lo menos el mismo grado de inteligencia funcional que reco-
tagu (La naturaleza de la agresión, 1976) dice, en línea con Alfredo nocemos a los animales en situaciones análogas. Por ejemplo, si las
Espinas y Pedro Koprotkin y su doctrina de la ayuda mutua, que se guerras están orientadas, como dice Eibl Eibesfeldt, a la redistribución
ha exagerado mucho el concepto darwiniano de la lucha por la exis- territorial de los grupos humanos enfrentados, ello sería ya suficiente,
tencia, y que en la evolución de los animales y, sobre todo, en la de los ·in contar'con otros efectos secundarios, para «justificar», no ya jurí-
hombres, ha sido más significativa la cooperación que el conflicto, y dicamente, o desde un punto de vista ético, el papel selectivo y adapta-
esto no por razones «idealistas», sino aplicando los mismos criterios tivo que les corresponde en la evolución o historia de la especie tal y
de la selección natural (la cooperación reportaría más ventajas adap- como realmente ésta se ha desarrollado. Más aún: la filosofía naturalis-
tativas que la lucha). Es por otra parte muy conocida una clasificación ta de la guerra, precisamente por su reduccionismo conductista (a los
de las sociedades humanas, debida a Erich Fromm (Anatomía de la instintos o virtudes que requieren estímulos desencadenantes) sirve
destructividad humana, 1974) en el mismo intento de demostrar que muchas veces de punto de partida, al menos para los optimistas, para
la lucha no es innata a los hombres, en sociedades destructivas (como plantear las posibilidades, aunque sean meramente hipotéticas, de una

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Paz I rp tua ntr l hombr , precisamente mediante el ntr I d · 11 .1111 ¡·, 11 :d,1 ~ 11 ,1t11, ,il i,:t.1~ 1;11,1.cilrn, · (1 11!0 l\ (• i1l1 1', i¡; ·luw l) J\k ¡¡ .111
esa misma conducta que supuestamente la genera: sublimación, n u- 1 1) qu e d <: l¡i •u ·r , h, n sur i<k l;, s vin 1 1 s y 1·, , s n .' n bl
tralización cultural de la agresividad, incluso neutralización fisiológi- l11 •.¡1t• i· h\Jm , n,., m la lt Lri l, d, l srír itu de q uip, l al- 0

ca de los mecanismos de activación del núcleo amigdalino ... 1 1il ,11 1 pacri ism . Y e te m d de ver las cosas no es nuevo,
También es verdad que la filosofía naturalista de la guerra puede l •Ll J ,U ¡ ú C: L . ·• n l Discurso de las armas y las letras, que pronuncia
favorecer una ideología «legitimadora» del belicismo. 1) ,1 1 u tj te en el capítulo 38 de la Pri~era Parte, puede advertirse
Son, según esto, los propios naturalistas, y aun los más grandes q 1ív ca toma de partido a favor de las armas, es decir, de la
biólogos naturalistas, quienes han formulado por primera vez los •11c•1r, · mo as unto propio del espíritu o de la razón (no de la fuerza
principios de esta filosofía mundana de la guerra, que se transforma l11 i ta uno ganapanes) y fuente de virtudes caballerescas. «Quíten-
una y otra vez en una ideología, si es que no lo era ya desde su origen, 1111 · d lante los que dijeren que las letras hacen ventaja a las armas,
en el momento en que se ponga al servicio de determinados grupos 11ll • 1'· diré, y sean quien se fueren, que no saben lo que dicen.» Y añade:
sociales (por ejemplo los grupos colonialistas en la época del imperio P rque la razón que los tales suelen decir y a lo que ellos más se
británico) en su lucha con otros grupos o sociedades. La ideología del 11 i ·11 n es que los trabajos del espíritu exceden a los del cuerpo y que
llamado «darwinismo social» está ya esbozada en las obras del mismo ln•i, rn as sólo con el cuerpo se ejercitan, como si fuese su ejercicio ofi-
Darwin, cuando subrayó el papel que la guerra endémica y la usurpa- 1 ganapanes, para el cual no es menester más de buenas fuerzas, o
ción genética pudieron haber tenido en la selección del grupo en su as- 1(H si en esto que llamamos armas los que las profesamos no se en-
censo hacia la inteligencia. ·rras n los actos de la fortaleza, los cuales piden para ejecutarlos
«Si un hombre de una tribu, más sagaz que los otros, inventara una 111 u ho entendimiento, o como si no trabajase el ánimo del guerrero
nueva artimaña o arma, u otros medios de ataque o defensa, el más llano ¡ 1 tiene a su cargo un ejército o la defensa de una ciudad sitiada así
autointerés, sin la asistencia de un excesivo poder de razonamiento, · n l espíritu como con el cuerpo. Si no, véase si se alcanza con las
propiciaría el que los otros miembros lo imitaran; y todos se beneficia- [u rzas corporales a saber y conjeturar el intento del enemigo, los de-
rían de ello. La práctica habitual de cada nuevo arte debe asimismo for- ignios, las estratagemas, las dificultades, el prevenir los daños que se
talecer el intelecto en algún ligero grado. Si la invención fuera impor- l n en; que todas estas cosas son acciones del entendimiento, en quien
tante, la tribu vería aumentar su número, extenderse y suplantar a otras 11 tiene parte alguna el cuerpo.» (Don Quijote de la Mancha, Primera
tribus. En una tribu más numerosa siempre existirán mayores proba- P, rte, capítulo 37.)
bilidades de que nazcan otros miembros superiores y más inventivos. La especie humana, según esta filosofía, no podría ser una excep-
Si estos hombres dejan descendencia para heredar su superioridad ci ' nen el reino animal, y la guerra, que ha acompañado a la Humani-
mental, la probabilidad de que nazcan miembros aún más ingeniosos se lacj, a lo largo de toda su historia, constituiría la mayor demostración de
verá aumentada de alguna forma, y en una tribu muy pequeña, decidi- !< agresividad humana.
damente superior. Incluso si no dejan descendencia, la tribu aún inclui- Ahora bien, el principio de la agresividad básica humana puede
rá sus relaciones de sangre, y ha sido comprobado por los agricultores ntenderse en una versión radical y en una versión moderada.
que, la conservación y apareamiento de la familia de un animal, que Los más radicales supondrán que la agresividad y, por tanto, la
cuando se mató se calificó de valioso, desemboca en la obtención del : unenaza de la guerra, afecta a todos los hombres y a todos los pueblos
carácter deseado.» [Ápud, Wilson, Sociobiología, pág. 591.] n cualquier época. Si los radicales son pesimistas verán como inevita-
Y no sólo en la guerra habría que buscar la fuente del desarrollo bles a las guerras en el futuro, y a lo sumo sólo creerán posible el man-
intelectual del hombre; también el desarrollo ético y moral de la espe- tenerlas en estado de latencia mediante la aplicación de «fuerzas igua-
cie humana -dicen algunos- habría sido conformado, en gran me- les y de sentido contrario»; es decir, se alinearán con el «militarismo
dida, por la guerra. Es frecuente escuchar, de boca de distinguidos fi- preventivo» que se rige por la sentencia romana si vis pacem para bel-
lósofos naturalistas (como O. Spengler o M. Scheler), o de no menos lum. Si los radicales son optimistas reconocerán la posibilidad de una

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1 ili', lu . d r;. !ll J' 1 ' 11 ( rn br p 'l'(J J l l
'e l: IIL(J i' 11 l. '11.~ li ', i )11
L ,, , 1J •, 1111;11 ,1111 1· 111 c ¡i o , <•ill , 1, L, · 0111 iw , l1 i~1p , ;l ,1; ~<J lo .il l;1111 p;,
1 1 s instin c sag resiv s uancopor u ublim :1 i ' n, L:1 1 ·0 111.o l, ra7, - 1 i11d ir , ,d¡• L1 11 p.' •r u¡ o. hc1111 , n<s. ·0 11 ~ ·r , r.' n a ·i in t. 1,, ·o m )
na la llamada «teoría hidráulica» del pacifismo: las co rrí nte de agre- 11 Jp111 i11 a11 ·, l. h r n i< d la a re ivid , d ri , in ::tl. Per el « 1am r

sividad que emanan en todos los hombres no pueden ser extinguidas 1 ,il , 1 · l. pr: ti a to talid ad de esa H um anidad sana que quiere la
sin dañar profundamente a la misma naturaleza humana, pero podrían 1 1 , 111¡•, 1, 1(t, in n esidad de recurrir a las armas, sino mediante la sim-
ser desviadas hacia formas de agresividad de carácter no bélico, tales ¡I p1 \ Í nd ubu ena voluntad( «¡Paz!,¡Paz!,¡NoalaGuerra! »)
como la competitividad comercial, la competitividad deportiva, la 1ti IJ u, , 1, d m níaca agresividad de los imperialistas, de los capitalis-
emulación artística, o los debates parlamentarios, etc. 1 1 1 j 111 ·, d 1 militaristas, de los fascistas y de los terroristas.
Por su parte, la interpretación moderada del principio de la agresi- 1 ,l> , n: n optimistas (los pesimistas) entenderán en cambio que,
vidad humana procederá circunscribiendo el campo de jurisdicción de ¡ ,111 u¡ u t , ningún hombre puede considerarse liberado de la he-
tal principio a la «parte animal» o primitiva de los hombres, de suerte 11 11 1,t 1' us instintos básicos. Pero reconocerán a la vez que todos los
que la otra parte de la Humanidad (llamada espiritual por unos, cultural 11 111 1i1 r · , en diversa proporción, desean la paz; por lo que verán como
por otros), que se considera como la realmente humana, pueda quedar 11 1 • , io no olvidarse de las armas, evitar un desarme inmediato, al me-
salvaguardada de la influencia de estos instintos o, para algunos, «he- 11 1 11LÍ u l persu asivo, hasta tanto que los efectos de la educación huma-
rencias cainitas» del pecado original. En efecto, no se ha interrumpido 11 ti \ prolongada consiga hacer prevalecer en cada uno de los hombres
casi nunca una tradición que, utilizando los argumentos zoológicos en 11 t ,cios los pueblos los componentes pacíficos sobre los componen-
sentido distinto al de los innatistas, pretende establecer la diferencia en- ngr ivos de nuestra herencia común. Esta id~ología va asociada pro-
tre los animales y el hombre afirmando que la agresión es propia del 1) 1 n nte al SPF, síndrome de pacifismo fundamentalista.
hombre, y no de los animales, los cuales, por naturaleza, tenderían a vi- . La filosofía mundana de la guerra y de la paz, tanto en sus ver-
vir pacíficamente. Obviamente este argumento sólo puede apoyarse en ¡ H 1•, ptimistas (radicales o moderadas) como en sus versiones pesi-
la distinción que los etólogos establecen hoy entre la agresión intraes- 1111 . L, (radicales o moderadas) tiene muy poca capacidad en el 1110-
pecífica y la agresión interespecífica: los animales de una especie, por 111 •rtl n el que se intenta cumplir con sus pretensiones reductoras.
instinto, lucharían sólo contra los de otra especie, pero no contra los de 1,o,' pacifistas que confían en la posibilidad de sublimar el instinto de
la suya propia (en la Querella de la guerra, de Erasmo, nos encontra- 1tp,r ión, así como también el instinto de alimentación o el de repro-
mos con afirmaciones como la siguiente, base de su argumentación du · i , n, tendrían que tratar de derivar de los propios instintos esos
«etológica» : «La víbora no muerde a la víbora, ni el lince despedaza al 1 1 s objetivos (instituciones deportivas, artísticas, religiosas, etc.)
lince»). De donde se deduce que sólo el hombre, que ha perdido su ra- ¡u s presentan como capaces de desviarlos; sólo de este modo cabría
zón (¿por el pecado de Adán? ¿por un pecado natural, el «paso en falso » htt lar de una sublimación, y no de una mera represión del instinto
que habría dado la Naturaleza al mantenerlo vitaliciamente en el estado ,1g_ ivo, o reproduct~vo o alimenticio, que se supone manando como
neoténico de un embrión?) llegaría a ser agresivo con los de su propia •11 1primer día a través de instituciones (entre ellas los armamentos,
especie. Si la causa de esta degradación fuese el pecado original, sólo la 1 s jércitos) que habrían debido surgir de fuentes no distintas a las
Gracia de Dios podría salvar a los hombres de las guerras. Ésta fue la te- l u impulsan la agresividad. Pero del instinto de agresividad no cabe
sis de Tertuliano, de san Agustín o del propio Erasmo. 1 rivar los armamentos, la organización de los ejércitos o los princi-
Los optimistas, afectados de lo que en otra ocasión hemos llamado 1 i s de táctica y de estrategia, como pretende acaso una llamada His-

«síndrome del pacifismo fundamentalista» SPF [ver Apéndice], supon- l ria militar que pudiera marchar separada de la Historia civil del Gé-
drán que la parte humana o el comportamiento humano (espiritual, n ro humano. Los armamentos, la organización del ejército, la táctica
\ cultural, de la Humanidad) está bien repartido entre todos los hombres, la estrategia derivarán de las mismas fuentes de las que proceden las
al menos en la mayoría de los hombres que hayan podido elevarse sobre r alizaciones tecnológicas, grandes y pequeñas, de la «sociedad civil»:
la animalidad pura, acaso mediante la asistencia de la Gracia de Dios, o las espadas y los arados proceden de las mismas tecnologías desarro-

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11 , da · 'n le · la i 1·1l1i ·ri· ) I, · l, d H r 11 · L b fflb, ,.~ mi. y ) '"l', IH ' 1 '>11' 1 1111 1· 11d ( , l.1 ', 11 , Í.111 ( 1. 1 111 , 11 ·¡ i ,1 () \ () lll (' 11 i d11 k l,1 II LI! '
el rea cor nu cl a r p roc d n d e la mi ma tecn o l gía d e la fu si , n d e l. 111 1 1111 .1 1< up ·r·s u·u ·t L11·a, ¡ cr t:1nt : •l nt, ¡u · · 0 1,t r.1 1r, J ·rso
fisión nucl ear. Otro tanto se diga de la organizaci ón militar d e los j , r- ' 11 ·I pui, ' Lr % 1' i, 1 f l , ra fí, pr d u un r ul ta-
citos. Sus fuentes no son distintas de las que dan lugar a la organi za- lc n t id ad , sustan cia y for ma al marge n d l
ción jerárquica o burocrática de la vida social no militar, y todo esto ju cam nce aqu ella entidad, co nfo rmada corno cons -
sin perjuicio de que unas veces estas instituciones culturales hayan co- 1 1,11 : t , ~. u- u cural d e la gu erra, y no corno sup erestructura suya, lo
menzado en la vida militar (la espada antes del arado) y sobre sus mo- 1
1 1 1·n¡,, de xp licar. Supongamos que en la batalla los contendien-
delos se habrían vaciado las instituciones civiles o políticas; pero otras " 1 ! 1n i , ¡ u lsaelos por el instinto ele agresión. Pero el análisis eto-

veces, las instituciones culturales habrán comenzado en la vida civil y 1 , , i1 ( , [ i lógico de esa batalla, en función de esos instintos, nos
sobre sus modelos se habrán vaciado las instituciones militares. 1, , 1111 •11 Iría en una visión puramente abstracta de la misma, que ten-
Lo que nos importa subrayar es que, en cualquier caso, si la guerra !, 11 q u ' ns id erar como secundarias precisamente las líneas de su es-
es resultado del juego de estas instituciones, no podría considerarse ! 111 t ur fec tiva, porque lo esencial de la batalla, desde una perspecti-
como fuente suya originaria al propio instinto, porque esto obligaría a rica y aun antropológica, no es tanto la agresividad que actúa
interpretar los armamentos y la organización militar como meras «su- mbatientes, ni siquiera el juego de la composición de agresivi-
perestructuras» del instinto básico que se supone alentando tras ellas. 1 tre ellos, sino -para referirnos a una batalla concreta, la de

Este instinto podrá manifestarse, sin duda, en el medio mismo del jue- , 11 ,11. s- la disposición topográfico-geométrica que ha de ser repre-
go de las instituciones culturales norrnadas que dibujan la figura de la 1H,1 1;:i y calculada por los generales de los ejércitos, frente a frente, el

guerra. Luego la guerra no podrá reducirse, en todo caso, a una mera 111 an , mandado por Paulus y Varrón, y el cartaginés, mandado por

manifestación, subgenérica del instinto genérico de la agresividad. ¡1 1 al; el avance de la infantería romana, situada en el centro, tras las
Será preciso recurrir a lo que en otras ocasiones hemos formulado 1 ,t,·::imu zas de la caballería en las alas, la «invaginación» de la línea
como «proceso de inversión antropológica», que constatamos no sólo ¡1r 111 inente formada por la vanguardia de la infantería cartaginesa,
en el paso de la agresión hacia la guerra, sino también en el paso de los l,,1. l , fo rmar una herradura calculada por la que «avanzaron» las le-
otros instintos básicos a instituciones culturales que los incorporan 1•,1o n romanas hasta quedar envueltas en una carnicería espantosa
desbordándolos. /0.000 muertos según Polibio ). Lo esencial de la batalla de Cannas no
Por la inversión antropológica los instintos, hábitos, pautas, o im- l11brá que ponerlo, en consecuencia, en los impulsos de agresión o de
pulsos, de orden zoológico, pasan a incorporarse a un orden cultural l,ui a de los combatientes (hay que suponer que todos tenían una car-
objetivo de tipo normativo que, en todo caso, no es derivable de ellos, 1',, o mparable de agresividad, de valentía, etc.), sino en la cornposi-
y en el seno del cual actúan, pero cambiando, muchas veces, el sentido .¡ ' n ele las líneas por las cuales pudieron actuar tales impulsos que a su
mismo de sus movimientos originarios. La inversión antropológica se •z. dependían de la alimentación, de la fatiga, por tanto, de la econo-
p_r?duce a partir de corrientes de «autocatálisis » o realimentación po- 111 ía y de la logística; líneas que habían sido planeadas por Aníbal, si
s1t1va entre procesos muy heterogéneos que resultan convergentes, y fu él quien llevó la iniciativa de la batalla, quien preparó la «tram-
que van desde la liberación de las extremidades anteriores del servicio ' » estratégica que, como plan genial, sólo podía haberse concebido
locomotor, hasta la formación de un tejido envolvente de utensilios, a partir de tradiciones históricas precisas.
instituciones instrumentales, estructuras sociales, lenguaje, etc., capa- Contrapru eba: la agresividad podría incluso faltar en el rnornen-
ces de dar lugar a una cultura objetiva rnorfodinámica en cuyo seno las L mismo de la génesis conforrnativa de una guerra. O, dicho de otro
pautas de las conductas etológicas subjetivas pueden experimentar un modo, cabe reconocer la realidad histórica de guerras no agresivas, y
proceso de anamórfosis. no sólo cuando nos situamos en el punto de vista de las llamadas gue-
No cabe por ello confundir la inversión con el proceso que Freud rras defensivas (ante la agresión de alguna tercera Potencia), sino tam-
describió como sublimación. En la sublimación el impulso (el instinto, bién cuando nos situamos en el punto de vista de las guerras ofensivas.

-62- -63-
1,, I ¡ , 1¡ 11 •1, ¡1. 1•,.11111 11 ¡,1,1 l.1 pl111ll l\ d 1• ., 1·, ,,i 11l.1 1 11 .il lu. il · l.,/> ,
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E 11 ·Í ' · '. un, _, u rr, ·H 'l
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, , 1• !11(1 11 0 Í' · l,ul i ·1\ t11 ·1l < 1 i 1n . e 11 :111d > el ,, ¡, u I p. i "(), 11.il i~
de «111 ~lef1c~nc1a» respecto de la ociedad invadid a, in I r raz ' n d . 1 111
, , 1 •N t1 , ¡u L. 1 lí i
11
cl ·l Pu rg rt,tori )
,. 111 :t f:-1 11 , -
«beneficencia», ya sea en el terreno ético -salvaguarda de lo d rc- 11
, , 11 ; 1 d , · 1 , u o r, ni siqui ra p d r
e u rar g u 11.1
chos liumanos, por ejemplo-, ya sea en el terreno cultural - co m 1
11111 , •1 ¡u , in pir ' el dí tic , sino qu e acaso fu eran las imágenes del
guerra civilizadora-. En el caso en que la «invasión» fuera resistida 11
1 1 1
1
r d nte de otras fu entes, las qu e excitaron a Dante.
po_r 1~ !ociedad ~nvadida la guerra invasora comenzará a ser guerra de 1
1, ,• i ! racio ne análogas habría que hacer a propósito del tercer
agresión. Pero si suponemos que la sociedad invadida, tras las prime- 1
11 11 ) i : ·i de Lorenz, el instinto de alimentación, el hambre.
ras esdramuzas, no resiste, sino que recibe con entusiasmo a los inva- 1 11 1
1 ,1 q • > ] hambre, como impulso básico, puede considerarse como
sbres, á título de libertadores, benefactores o civilizadores, entonces la 1 1
1 11 1 ~1 tancia de los conocimientos humanos, como sostuvo Tu-
guerra se habría desarrollado al margen de toda agresividad. 1111 1
' 1, 11 1, la creaciones o aventuras más extraordinarias que los hom-
La «inversión antropológica>> de los impulsos zoológicos no sólo 11
11 \¡ , , n podido llevar a cabo ( «Esto de la hambre -dice Cervan-
se constata en el terreno de los instintos de agresión, sino también en 1
•11 La gitanilla- tal vez hace arrojar los ingenios a cosas que no
el terreno de los instintos de reproducción. Desmond Morris sostuvo
1,111 •n l mapa»). Concedamos que el hambre sea un instinto básico
en El mono desnudo una tesis reduccionista en el mamen.t o de tratar
, 1 l uj ·L humano; sin embargo, hay que partir ya no tanto del sujeto
d~ explicar la escritura, por Dante, de la Divina Comedia. Según Mo- 1
\ ¡1 1 1 cuanto de los instrumentos heredados y del ingenio de los
rns fue el amor por Beatriz, es decir, el deseo de llegar a la cópula car- 1 1 111 1
¡t i , li pone ese sujeto. Y este ingenio, o aquellos instrumentos, no
nal con ella, lo que movió e inspiró 1os tres libros de su obra maestra.
¡\a , r qué entenderlo como una «disposición subjetiva producida
«A través de_ los numerosos versos de la Divina Comedia habría que 11
11 •1 bambre », sino como una disposición conformada por la heren-
ver el mensa¡e que Dante dirigía a Beatriz, invitándola a acostarse con 11
1 1 1 , obre todo, por el trato con las formas ofrecidas por el entorno
él. » ~ero nos parece evidente que, aunque en perspectiva de regressus, 1
1, •1 ue vive el sujeto que las manipula. Estuvo muy de moda, en los
pudi~~amos rastrear este deseo no sólo en los versos del Infierno, sino 1
11 is lel materialismo subjetivo y victimario, atribuido vagamente a
tambi~n en los del Purgatorio y aun en los del Paraíso, lo cierto es que
, , tratar de explicar las grandes hazañas de los habitantes del Ática
a partir de este deseo sería imposible, desde la perspectiva del progres- 1
¡ r reir de la pobreza y de la miseria de su tierra: la hambre les hubiera
sus, dar cu~nta de los versos de Dante, de su composición, de su es- 1
1 1 uj ado a emigrar hacia Jonia, las islas del Egeo, el Adriático. Pero,
tructura. Cientos y miles de individuos han experimentado deseos si- 1
1 11
¡,t ., o si el hambre hubiera s?brepasado un límite definido hubieran
mila~e~ respecto de sus amadas ideales y .sin embargo no han escrito
1 dido esos hombres hacer algo importante, salvo quedarse en sus te-
la Divina Comedia. Luego la Divina Comedia no tiene como causa 1
11uñas malviviendo o muriendo? Luego no era el hambre lo que les
generadora el instinto erótico básico actuando en la persona de Dante:
•mp uj aba, sino su ánimo y su ingenio, que necesitaba sin duda, un
sus causas son de otro orden, tales corno lá tradición clásica -la Enei-
/1/inimu m de alimento. Tampoco los españoles que en el siglo XVI
da-, la concepción ontoteológiea medieval -Averroes, santo To-
•mprendieron el camino hacia el Poniente eran los más hambrien-
más-, sus experiencias políticas tbrrio gibelino, etc. No hace falta
l ) , como pretendían los guionistas «de izquierdas» en los años del
eli~i?ar lo~ de_seos,~e Dante en su relación con Beatriz, ni siquiera la
u into Centenario con películas como La marrana, uno de tantos
re~i~iscencia hip?tetica que éstos podrían haber experimentado a pro-
síntomas de la «profundidad» de los análisis de «artistas e intelectua-
posito de la escntura de algunos versos del Purgatorio o del Paraíso,
l s» españoles. Fueron los más hambrientos los que se quedaron. Eran
los versos que los psicoanalistas podrían ponernos de manifiesto. Lo
1 s más animosos, los más ingeniosos, los que se embarcaban y no
qu_e ~ace falta es establecer que, por la forma, curso y estructur~ de la
arriesgaban su vida sólo para poder comer, sino para poder alcanzar
Divina Comedia, los deseos eróticos de Dante hacia Beatriz dejan de
una posición social superior a la que tenían como segundones.
ser rel:~antes, como dejará de serlo el flujo de tinta que, siguiendo las
El hambre puede constituirse, es cierto, en un motor de la acció, ;
leyes Í1S1cas, tuvo necesariamente que transcurrir desde el tintero has-
-65-
-64-
¡w l,Li ·: ·'L·d , , r- 1;,, ; -.: p ·r ·111, nbr
'
I s d• i11 , · 11ocl
' ¡ 1
hambre del políti co qu e o rgani za una exp dición para paliar ·l h:in1
bre de una población famélica, o el hambre del pintor o del f t ' rafo ii d i v i / n ia c
1
r wa
que retrata a unos niños desnutridos, o el hambre del misionero o del
q u h 111 analizado en el co ntexto de la filoso~ía
agente de la ONG que lleva alimentos a los lejanos poblados de algún
lugar africano. Cuando un Estado o una Organización envía regular- uerra, y la v iolencia suelen utilizarse en nuestro_s dias
mente barcos cargados de víveres a pueblos hambrientos del tercer intercambiables, casi como sinónimo.s. Las agresiones,
• r iente en nu estros días, de los varones hacia sus co~pa-
mundo, no es el instinto básico de la alimeAtación lo que impulsa a su 11 11 1111 1
acción, sino, por ejemplo, el cálculo de la conveniencia de que esos 11 d ) l1 ' ci a (esposas, «compañeras sentimentales », en otro tiem-
1 1
algo menos de cursilería «colaboradoras sexuales»),
pueblos puedan sobrevivir como potenciales trabajadores de sus in- \ fl ' 11 \ll l 1< ) 0 1) ) • •
, l •I il L agresiones, en número menor, de las muJeres hacia sus «pa-
dustrias, o como consumidores de sus bienes exportables. 1
La guerra, como figura indiscutible, para bien o para mal, del espa- 1, ; !l len ser computadas como ~ctos d~ «violencia d~ género » (un
11 I
L , d icho sea de paso, metafísico destmado a sugenr que la causa
cio antropológico, no puede entenderse desde las coordenadas filosó- 1 11 1 1

fico mundanas demasiado próximas al reduccionismo etologista. ¡ , violencias domésticas» es la «secreta guerra ent:e los sexos~>). A
1 11
Y si la guerra no puede considerarse como una mera variable de- ¡ ._ res etarras que preparan coches bomba o se 1isponen adispa-
1 11 11 1
. l nuca de un ci' udadano se les llama «violentos», a veces
pendiente de la agresividad básica (tomada como variable indepen- , 1 1111 u r en a , .
diente fundamental previa a la guerra), puesto que ella está en función d 11 minación está orientada a suavizar la de «asesmos »•De hec~o,
11
de otras variables configuradas en la historia de la cultura, entonces ¡1 111
imientos pacifistas van dirigidos no sólo contra la guerra, smo
1

habrá que concluir que las cuestiones relativas a la modalidad de la co- 1 111 1l i ~, contra la violencia.
nexión o desconexión entre la guerra y el género humano no pueden 1,: evidente que este uso del término «vi?lencia>: tra~sporta_una
circunscribirse al campo de la etología; será necesario tener en cuenta , la carga ideológica, por no decir metafísica. Quien diagnostica a
«variables » dadas en otros campos o estructuras categoriales. ¿Qué , , ino como «violento » es acaso porque presupone, con Rous-
11 1
campos son éstos? Muchas respuestas podemos considerar, según las ',\U , q ue todo hombre es bueno, al menos «en el fondo», Y q~e_es «la

diversas teorías disponibles. .¡ ·dad» la que le hizo malo; por lo que su mal~ad «adventlc~a»_no
11
Para unos la estructura fundamental de la cual la guerra depende \1•g, rá a tener las profundidades que algunos atr:buyen al «cnmm~l
es la estructura de la propiedad privada, en tanto lleva asociada la divi- \w '" ndo », autor de crímenes imperdonables, cnmenes que requen-
1 1, , a su vez, la ejecución capital del crimina~ y, por tanto, _se supon~,
sión de la sociedad en clases: la guerra sería una manifestación de la lu- 11
cha de clases. Otros citarán al Estado, que, por otro lado, aparece pro- L . misión del mismo tipo de crimen que se imputa a~ asesm~- Su~~i-
fundamente vinculado al enfrentamiento de las clases sociales. Unos 1,, ida, en muchos países del área de influencia germámc~, la eJecu~ion
terceros pondrán a la agricultura, muy ligada a su vez con la institu- 'tipital, vulgarmente llamada «pena de muerte», las agresiones asesmas
ción de la propiedad privada y de los Estados territoriales cerealistas, ·nderán a ser vistas como actos violentos, que no pue~en afectar a ~a
1
como el «principio neolítico» de las calamidades que afectan a la Hu- rsonalidad del criminal, acaso hasta el punto de reducirlo a la condi-
1
manidad: la sujeción al trabajo diario y regular -frente a la supuesta .¡ ' n de persona cero. . . .
libertad de la vida de los cazadores y recolectores-, la esclavitud y la En resumen, llamar «violentos » a los asesmos pu~de equivaler a
guerra. Algunos llegan aún más lejos: no es la agricultura, sino la caza, , nsiderarlos, cuando se piensa en su «reinserción social», como per-
el «principio paleolítico» o pecado original de la condición humana, . nas que se han desviado ocasionalmente de la línea r~cta (por un ~c-
que se manifiesta en la guerra; así Juan Zerzán, en la obra ya citada. eso de locura, sobrevenida acaso como consec~encia ~e la _papilla
ideológica suministrada en las ikastolas por terron_stas o comphce_s su-
yos). Por consiguiente, como «reinsertables socialmente» mediante

-66- -67-
¡ ,, .1.11, , ¡1 _1 11
, , u l. 11111 -111 <· (' k i t· ,- . 11 ; ,ilh1¡ 1, 1· 11 el tl v
1<· 11 1· 1111 l.1
u11p r ' ·. d r·· lu f'I. i 11 ·nl a ,r 1 ' 11 · 111 s¡ iL, l, ·ni. e ' ut ho 1 111 1 1
) u¡ a I I JI' -1 · 1· i 11111 ivil l · l\ 1•
n la universidad a distan ia.
t •1 ) ·j nn i ~ n y s b r L \ , •n I e r r ·n el e
t.
La agresividad sería, en resumen, una reacción puramente anim. 1,
P i 1 > ,í. ]íti , . E n la , p a atu rnal - « u and o el arado no
cuya base biológica habría que poner en el sistema límbico de lo ma- 1111 1 1
1, , di· ,, n'c d 11 u e rv pico la tierra virgen»- la paz y la tran -
míferos; dentro de ese sistema la amígdala o núcleo amigdalino sería 1 1 1 1
1 il 1id r , j , ba n entre los ho mbres y entre los animales (todavía en
encargado del control de la agresión. Una reacción animal que la edu - 11 11
, alguna sectas religiosas, como la de los Testigos de Je~o-
cación civilizada podría mantener en estado de latencia; o bien me-
frccer libros pedagógicos en los que podemos admirar
diante intervenciones quirúrgicas en la amígdala sería posible produ-
¡ 1, •i( 1 de una próxima e idílica edad futura que nos representa
cir en el animal reacciones mansas y dóciles. · 1
nios felices con sus hijos bien cebados gozando o corretea~-
Pero la equiparación, en la práctica, de los conceptos de agresión y
. n prados lustrosos en los que también pacen, en tranqmla
de violencia supone un notable empobrecimiento, ideológicamente 1
, ,¡ , 11 ia, los leones con los búfalos, los perros con los gatos, Y los
mantenido, de la idea de violencia, cuyo campo desborda tradicional- 1 1
mente el campo etológico de la agresión. Por ello tal equiparación re- 11,1 1. • H l los corderos).
1•:: t trasfo ndo metafísico no suele estar explícito en muchos de
pen;:ute también automáticamente en la idea de agresión y la distorsio-
, - vimientos pacifistas o irenistas anti-violenc!a que,_ aunq_ue ~e
na de un modo muy preciso. La idea de violencia, como veremos, es 1 111

una idea funcional que puede tomar valores (o significaciones) imper- 1


j,1 11 , han di, rechazarán acaso indignados un mito tan mf~nul. Sm
sonales y extrazoológicas, por tanto, no etológicas; lo que implica que
t ..r , esta ideología, cuando se formula en toda su gen_erahdad, no
1 111
¡ , cr fundamento. Sólo desde ella se explican las termm~ntes c?n-
el tratamiento de la agresión como violencia puede venir a querer de- 11 11
1 ,q )SÍ iones usuales entre violencia! civil~zación'. o en:~e vi?lencia Y
cir que la agresión no siempre o quizá jamás es un crimen, incluso un 1 1
· n, entre violencia y democracia; o bien las identifi~ac10nes del
crimen horrendo, cuanto una desviación rectificable. Y, por otra parte, 1 11 0
ti ,,, inal co n el violento, o de la violencia con la barbane. Pu_e~ ~sta
1~ equivalencia entre violencia y agresión puede significar para los
tiempos de guerra tocados de etologismo (o para la filosofía vulgar de 1•ncificación sólo se explicaría cuando se presuponga que la civih_za-
1
1 ¡ 1 n xcluye la violencia (como si la bomba at~mica no fuera precisa-
la guerra) que la guerra, que es sin duda siempre violenta, ha de consi-
11 ·ncc el producto de una civilización muy refmada) o cuando se pre-
derarse también como implicada constantemente con la agresión, im- 1
ti l ne que sólo cabe hablar de conducta racio~a~ cuando la conducta
plicación que tiene mucha importancia en el momento de juzgar sobre
la condición ética de la guerra. Por último, la confusión entre los con- , . mantiene en la más pura e impasible tranqmhdad del orador o de
ceptos de agresión y violencia impide establecer las relaciones precisas q icn interviene en un diálogo apacible (como si _pudiera llamars_e «r~-
i nal» la conducta de quienes, dialogando apaciblemente en el ¡ardm
que median entre la violencia y la paz y entre la violencia y la guerra.
bi 11 abastecido, no quieren saber nada de los visibles asaltantes que
Con todo esto queremos abundar en la misma conclusión: conde-
rodean su entorno). Otros dirán que sólo cabe habl_ar de demo,c~a-
nar la violencia, en general, o la violencia humana en particular, es un 111

completo sinsentido, por muchas manifestaciones rebosantes de emo- ·i:1 cuando toda violencia ha sido destruida, acaso medi~nte una <~~uca
ción pacifista que se organicen en contra de la violencia. El horror ante ¡ t discurso »; como si la democracia no exigiera, en su mstauraci?n !
la violencia, en general, y su satanización como mal radical, tiene su ejercicio, fuerza, y fuerza violenta para mantener e~ orde~ mci-
11
como correlato la metafísica (o la mitología) de la tranquilidad o paz picnte (la distinción, procedente de Sorel, entre fuerza y v10lencia -la
primordial (paradisíaca), una paz de «relajación» y «disfrute» -dos primera iría dirigida a mantener un ord~n dado, la s~gund:, a trasto:-
términos que han alcanzado una alta frecuencia en el lenguaje cotidia- narlo-, es una distinción ad hoc y gratmta. Ahora bien, ¿_como podna
no de nuestros días- que habría sido rota por un principio violento o ndenarse un asesino en función de su condición de «v10lento »? Un
(satánico) a través del cual se introdujo el desorden, o el mal, en el as esino es violento pero no es asesino por su condición de viole_nto. El
Mundo. empeñarse en verlo así es tanto como «querer anegar la especie en el

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~,, r ». Y d p. di , ul p,.r 1::1 in, p re. n i:1 1 1, vio l ·n ·i, . si,, :1 :ti
c ns icl era rla co mo una caracte rís tica qu e no afecta a la p r o n::tlid :'lC I
del asesino, que por ello podría ser reinsertado.

2. La Idea de violencia definida como idea metafísica

La idea de violencia no es unívoca, sino funcional o analógica, y


las propias acepciones unívocas del término podrían reinterpretarse
como casos particulares o valores de la idea funcional. La tradición
aristotélica acuñó una idea de violencia que, sin perjuicio de su forma-
to funcional, seguía siendo metafísica, porque metafísico era el campo
de los valores de su referencia: la Naturaleza (physis), como conjunto
de cosas que se mueven según leyes propias. Se considerarían violen-
tos los movimientos desviados de las leyes naturales, movimientos
que requerían la intervención de causas eficientes externas: «todo
movimiento es -dice Aristóteles- o violento (bia) o natural (kata
physin)» (Física, 215a). Los movimientos naturales se clasificarán se-
gún las tres categorías que admitían la continuidad, entendida como
posibilidad de dividir cada movimiento en partes que a su vez fue-
ran movimientos: el movimiento local, el movimiento vital (creci-
miento y reproducción) y el movimiento cualitativo (alteración y co-
rrupción).
Entre las leyes naturales del movimiento figuraba ante todo la ley
circular, una suerte de «ley de inercia circular» que regía el movimiento
de los planetas y del Sol alrededor del Globo terráqueo; pero también la
ley del movimiento de los cuerpos sublunares, corruptibles, la ley de
los graves (tierra y agua) que los conducía por la recta que se termina en
el centro de la Tierra, y la ley de los cuerpos leves (aire y fuego) que los
conducía por la recta que desemboca en el Cielo. No cabía pensar, en las
concepciones antiguas y medievales, salvo por milagro, en un movi-
miento violento de los planetas, es decir, en causas naturales capaces de
desviar sus órbitas circulares eternas; pero había que reconocer la reali-
dad de los movimientos violentos en el campo de los cuerpos subluna-
res. Una piedra, impulsada hacia lo alto, describiría un movimiento
violento, y no natural. Movimiento contra natura, por tanto, porque la
piedra, «por naturaleza», tiende a moverse por la línea recta que la con-
duce hacia el centro de la Tierra.
También en los movimientos vitales cabría hablar de violencia, y
-71-
-70-
. .
,111 , .1 ·i-t 1Í 11 ~ ' l " ,1 1,, t 11 ,d 11" •d., u l, . ·1 i 1·•,1 ~1t· 11 1 1., e,,, ·
.~e 111p< 11 · 0 11 In i 11 c 1" Í., 11 so 11 m e vi n1i ·11 1 ~ 11 ntur:-tl \' , ¿li. ;¡ lg(1
't ,, ,, ,, I' ,, l '" ' l

má «natural» qu e I i. t n,a lar? .¡ 1, 11 1· 1,1 ilil rio, vi 1/e11 t1-1 111 e I r ¡ riuá¡ i< l' ·/ri" · ·o, / r · u r ·/,,, ·-
La tradición judeocristiana consideraba la muerte lcl h rnbr · / , ¡ 11,, , 111 si ,ui ·i1L ' n ¡ e.I rá h, L r I · vi l n ·i, i. n sLá
como un proceso violento, consecutivo a aquella salida violenta del 1
1111 1
,lf ·i ti in ¡ lí iL, m nt ,und t · rmi.nadoe tado d eq uilibrio,
Paraíso que fue determinada por el pecado original. Un pecado que , , 1 • 1•· ·n pcña r el Pª I el de valo r en func!ón d_el cual po~amos
1
habría privado a la estirpe de Adán de su inmortalidad natural o so- 1
1 11 1
,¡ v, 1 r d la de viación o transformación v10lenta, as1 como
brenatural. Asimismo, la teología cristiana reconocía violencia en Dios, 1 , 11 .i , ,1 , r de la función; en el ejemplo ~nterior de l?s móvile~ que
1
respecto de las criaturas, en cuanto autor de milagros «que obran con- ,,
11 111
•n 1, misma dirección pero en sentido contrano, los parame-
tra las inclinaciones naturales de las cosas»; e incluso algunos, como ,1
1
¡ 1 , 1 •n er la velocidad y la masa de los mismos: ,ruesto que el
Juan de Santo Tomás (Cursus philosophicus, Cuestión 9, art. 3), creían 1 11
¡ 1
, 1 r de la violencia asociado a su transformaoon depende de

poder hablar de violencia divina en el ejercicio de su promoción física , 11 1 11


1
,' , lo res y parámetros. . , . .
a la acción libre del hombre. 1 , 1 u imos, de lo que precede, que s1 no esta def1111do un campo
No es posible, en resolución, definir los movimientos violentos o 1 1I r • de estados de equilibrio, no será posible definir la violencia

la violencia, por oposición a supuestos movimientos naturales, a los 1 11


I', •11 •r I ni ninguna especie de violencia, o de violencia_con~r,eta, in-
movimientos «de la Naturaleza» o a la inmovilidad divina. La idea de 111 111u 1, n particular. Si entendemos el caos como ~~a s_ituac10n en la

Naturaleza (con· mayúscula), como nombre de una entidad dotada , fil 11 puede determinarse ningún estado de equ1hbn?, podremos
de unidad global, es un mito metafísico («la Madre Naturaleza»). Y si 1 111
luir que es imposible definir la violencia en función del caos.
queremos mantener el nombre, habrá que escribirlo con minúsculas, lil l i l I los expositores de la teoda del Big Bang nos hablan ~e la
«naturaleza», y en plural, puesto que las naturalezas son múltiples y , ,l il , plosión» como de un proceso violento, no saben l_o que dicen,
1
no necesariamente compatibles entre sí: la «naturaleza» de un cuerpo , 11 u el vacío en el que esa explosión hub_o de producirs~, aunque
1 1
que se mueve inercialmente en sentido norte/sur es incompatible con 1 111
«vacío cuántico», no puede ser entendido como «un cierto esta-
la «naturaleza» de otro cuerpo que .se mueve inercialmente en la mis- il I l • equilibrio», si es que antes del Big Bang ni existía un espac~~-
ma dirección pero en sentido contrario, sur/norte, cuando la cantidad 11 ,11 'I , ni una región o punto suyo susceptible de «estar en eqmh-
de sus respectivos movimientos alcance un grado tal que sea suficiente 1 ii ) >.
para su destrucción tras el choque violento. l r lo demás, un estado de equilibrio puede dársenas según muy
La violencia no puede definirse, en conclusión, en función de una rli! •r ntes modulaciones. Por ejemplo, como un equilibrio estático, o
Naturaleza metafísica, sino, a lo sumo, en función de alguna «natura- 111
un movimiento dinámico, como reposo o como movimiento re-
leza» previamente definida con las garantías suficientes. ¡•,ular. Es obvio que todas estas modulaciones de l~s ~stados d~ equili-
1 j habrán de referirse, en este libro, a los seres vivientes, ammales y
11
l,un anos.
3. Ensayo de redefinición positiva (no metafísica) de la Idea Ahora bien: el único equilibrio que pueden alcanzar los cuerpos
de violencia viv ientes, 0 los cuerpos sociales, aun cuando estén en reposo local re-
\, Livo, es el equilibrio dinámico o termodinámico, por~~e ~l re_P~so_en
Lo que llamamos «naturaleza», con minúscula, podrá entenderse .¡ , ro absoluto implica la muerte. Un sistema en equ1hbno dmami~o
como la misma ley de una entidad o estructura que nos ofrece su es- de mantenerse, ya sea en forma estacionaria, ya sea en form_a van~-
1 1
quema material de identidad, que en muchos casos podemos hacer .¡ nal, expansiva o contractiva. Según esto cabría hablar de v10lenc1a
equivalente a un estado de equilibrio, estático o dinámico. • ,ando podamos constatar que ha tenido lugar, por c~usa ex:rí,ns~ca,
La idea de violencia (la función «violencia») podrá definirse en- ,na alteración del equilibrio de un sistema dado, estático o dmamico,
tonces por la ruptura de ese estado de equilibrio, cuando esté determi- •scacionario o variacional, expansivo o contractivo.

-72- -73 -
in dud , l. 1ru Lur. d ' quilibri , l. . 11. 1u r:1 I ·%. s , n 111 1- 1 11 1 ,·,il1tl.11l , 1¡,d1, 11, • JI I<' ll 1111,111 1,r , 11t/i1 //1/ /11 / //l t ll/ !I , ' 11 ( ll ,l lll\> 1 <' <JI
nú sc ula, no es tán definid as iempre ri guro am me. P er pu d n dar e t! II 1¡ ¡ 111 11 \ 1 )11 ¡\ • , t 1, ,111. •,.' i •, 11,llui••
I V,l ' c-s ¡ 1· •v .i,l 111 · 111 • thd l S, pu
' il,' j ·d ·
condiciones suficientes para no confundirlas con un cao , y para p r- l l ¡¡ 1l ¡ 11 ' •l' • ¡ 111 r S II l , (
1 1 1, ·r ' · 1 n ' v , .1 ·nL, g u · 1 S . rn -
mitirnos hablar con cierto sentido de violencia en función de ellas. H 111, 11 'J.(' I' 1. J1 b.1 la< Nact1r< ' l za .. p ra ·i ne gue no son unrfor- •

aquí un ejemplo tomado del Libro I de la Eneida. Nos presenta Virgi - , , .


111 , 1 ' l l'! r n1p at1'bl
' ec1tre
· sí ' como tampoco lo so n las normas
lio una escena en la cual las naves de los troyanos navegan por el Mar dil . i lrt. p r «la cultura». És ta es la razón por!ª cual las fo:~as de
Tirreno «Uevando a Italia Ilion y sus vencidos penates». Se trata de una ',1 1' i, 1 l ·rminadas por los hombres no son siempre arm~mcas y
situación de equilibrio no estacionario, sino expansivo, pero de equili- 11 11 •lill'I 1 ,, ·Ln. o enfrentadas , muchas veces a muerte, 1 entre s1, como
brio dinámico a fin de cuentas. Las naves avanzan regularmente por bi , n con las mismas «naturalezas precultura es ».
un mar tranquilo. Pero Eolo, a instancias de Juno, decide romper este En I eje radial, la fuerza o poder que de un mod? c~1nstante
equilibrio. Golpea en un lado el hueco monte, con su lanza vuelta del . !entado a la Naturaleza (a las «naturalezas»), siguiendo su
revés, y al momento los vientos -el Euro, el Noto, el «Ábrego, fe- , 1 1, 1 i,1 «I y », ha sido precisamente la fuerza y el poder del ho~bre,

cundo en borrascas»- , como formando escuadrón, «se precipitan : 11 , r. ·i amente, de los hombres. De los hombres en cua~to SUJetos
por la puerta que les ha sido abierta, y soplan violentamente en torbe- ,, ¡,111l rios que han desarrollado tecnologías 'l'b que .«han obligado» a la
llino sobre las tierras y azotan a una el mar, y lo revuelven todo desde tl 111·, I za, a las naturalezas en estado de eqm i n?, a tomar un ru~-
sus profundos asientos, arrastrando enormes olas contra las playas». l ,1 i LIJ a morfologías que, por sí mismas, no hubiesen alcanzado p-
111 , L contraposición tradicional entre «Ar~e» y «Nat~raleza» (~rt~
, lll Lrnducción latina de la techne griega, la virt~d propia de la_pozests
4. La violencia en el espacio antropológico, y sus clases " • p, t.d ad « creadora» del hombre) puede considerarse, por Cierto, 1 Ti. d a
l 1 1 ¡z de la oposición entre lo que es violento y lo ~ue es _n atura . o o
La violencia que nos interesa aquí, en el contexto de la guerra, es la , l t', toda técnica y tecnología es un eje~cicio de violencia llevada por
violencia que tiene que ver con los hombres, la violencia y las figuras / 11 /. m bres, en cuanto sujetos operatorios contras~ ent~rno . ; como

de la violencia que puedan ser dibujadas en el espacio antropológico. v1ol 'ntos han sido muchas veces considerados los mgen_10s mas auda-
Este espacio venimos considerándolo organizado a lo largo de tres ' ,. e decía que Juanelo, «segundo Arquímedes», «v10lentaba» las
ejes: el eje radial, en el cual los hombres se enfrentan a la «Naturale- ,q•u, •. d e I TaJ· o para subirlas a Toledo, «desafiando» las leyes que la
za» o, en nuestros términos, a las «naturalezas impersonales»; el eje N,. u raleza había recibido de Dios. d . 1 c·a
angular, que acoge las relaciones que los hombres mantienen con las No hay técnica, ni arte, sin violencia, aun c~~n o esta v10 en I
«naturalezas personales» pero no humanas, es decir, con las naturale- ¡,u ·da tener diversos grados. La clasificación tradicional de las artes en
zas animales, ya sean linneanas -como bisontes o tigres de dientes de • nrces de primer género», que no harían sino «ay~d~r» o corroborar
sable-, ya sean no linneanas -como demonios corpóreos extrate- ello que la «Naturaleza» tendería a hacer por s1 misma, y «artes de
rrestres- , y el eje circular, en el cual representamos las relaciones que ~ -~~indo género», que suponen una transgresión del ~u.rso ?,atural de _las
los hombres, o las «naturalezas humanas» - individuos, bandas, fami- . as, puede en realidad considerarse como u~a clasif~cac10~ de la v10-
lias, tribus, naciones ... - mantienen con otros hombres u otras natura- I •ncia en dos géneros de violencia. La violencia de primer genero~ t~c-
lezas humanas. 11 lógica o artística, es la que procura adaptarse al «cu:so fenomemco

Ahora bien: la violencia aparece constantemente en todos los pun- le la Naturaleza», aprovechando no sólo su impulso smo su ~orfolo-
tos del espacio antropológico; lo que significa que en estos puntos , E la técnica de la canalización «conservadora» de la cornente de
habrá que suponer definido algún «estado de equilibrio», alguna «na-
"ª· s d 1 , d.
un río por su cauce natural; es la técni~a o ~rte e «me ico _expec_tan-
turaleza» sobre la que pueda actuar alguna fuerza o poder capaz de Le» que confía sobre todo en la vis m~dicatrtx Naturae. La vi~le_ncia d~
violentarla. ,
egun do genero, en cambio , no se atiene a los cursos fenomemcos na

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1 1 11
u :d · ', si qu · lo :; d 's¡ 'd, ;,,n ( m d ·s uli ol' :d 11 i:ír111 n l), lcls di.,
1 1 . 11 11 11l.1111 :('JII\I ,· i111 /11 ,¼(1 d(' l.1 d 1111 ( ¡,¡ j, , 1( 16 11 d1· /¡¡,, ,111 i111 ti, ·¡., I.,i ,
L r i na, _in lu o lo « n aí1a» 111 di anL in ni «1r n1 , /. ,
1 1 11 , 11 ; 1 11 · la ¡ s il il i L 1 1 • ¡u • l. i11 ·o r¡ · ra ·i ' 11 1· nlgu11 (JS :1_11i -
d,o, por e1emp~o, que el p ropio impulso del agua qu e de icnd .¡
no la haga sub1r a través de la noria. 1 .¡ p •rr . /. vid, 1 111 ' Li ,. d I h mbr s, h .ya 1 1
d :1d,.p aci ' n mutu a de natu ralezas, qu e de violencia
, .Por otra parte, es evidente que las propias obras artísticas O tecn _
logicas podrán llegar a constituirse en estados de equilibrio sobre l s
n también la mayor parte de las relaciones, imaginarias,
cuales se desencadenarán, a su vez, acciones violentas: violenta fu e la
1 li, 11 1111 br n los animales no linneanos, con los ángeles demo-
demolició~ con dinamita, en 1972, de un bloque de viviendas, Pruitt-
arcán geles, con los propios dioses. Y esto, aunque los
Igoe de Mmoru ~am~s~ki, en S:. Louis, demolición que algunos to -
hayan utilizado armas para aniquilar con su violencia a
man como fecha simbohca del ongen de la «arquitectura posmoderna»
1 1ii 111 < 1 : Hércules, en su primer trabajo, asfixia con sus manos
( Charles Je~cks, El lenguaje de la arquitectura posmoderna, Barcelo-
na, 1986, pag. 9). 11 1, N mea; Teseo estrangula con sus manos al Minotauro.
1) l~n ualquier caso, el eje que más nos interesa es el e_je circu~~r,
Es evidente que la «violencia radial » no puede considerarse, en
l 1 q I en él se dibuja la figura de la guerra, en cuanto «10teracc10n
modo alguno, como una ~s?ecie del «género agresión». Sin embargo
11 d , 11 l , rganizada, con efectos mortales, entre grupos humanos en
es frecuente hablar metafoncamente de «agresiones contra la Natura-
, 1il i I i relativo». ,
leza», o de «impactos ambientales », como si estuviéramos hablando
de violencias cósmicas de signo agresivo. «Violencia en el cosmos» es
,·¡11 •m.b argo, aunque la guerra envuelve, desde luego, viole~cia, la
1 ,1 °11 •ia incluso la «violencia circular», no implica la guerra, sm que
el título de un interesante artículo aparecido en una revista científica
1 11 ,¡l ~retendamos insinuar que no existen formas de «viole~cia pa-
(Mundo científico, 1996) en el que se expone la «violencia» ejercida
l i , ,. La violencia tiene lugar siempre en el curso de las acc10nes o
p_or cho~ros de partículas zetta hiperenergéticas y de origen descono-
cido, al impactar contra la atmósfera terrestre. 11 11 , , ,1 ·iones entre los hombres o animales. Hay violencia siempre
q !I , u nos hombres o animales actúan ante otros _de forma agresiv_a, ya
Hablamos de agresión cuando la violencia ejercida por el hombre,
.r I d iante actos que impliquen impactos físicos, ya sea mediante
de °:odo, por tanto, planeado, normativo, etc., encuentra una resis-
11 l >, qu e no impliquen impacto físico alguno, como es el caso de la
tencia en ~a «na:uraleza», sobre la cual se ejerce, capaz de responder
11,1111 , da violencia psíquica, verbal, gestual, etc. Por supuesto, como_es
con o~ra v10lencia también humana o etológica. Cuando esta respues-
111 • 11 abido, algún tipo de violencia psíquica puede afectar más al v10-
ta re~iproca, no .por ~llo necesariamente simétrica, no tenga lugar, no
cabra hablar de agresión, salvo por abuso metafísico de los términos.
I •rIr , do que algún tipo de violencia física. En cua~quier_ ca~~ los actos
11 , vi lencia, en general, participan a la vez de la v10lenc1a f1S1ca y de la
Es pu~o antropomorfismo hablar de la «agresión» que un túnel una
autopista o una urbanización ejercen sobre el paisaje natural.
O ¡ . 1 lógica. .
Hay «violencia circular» -física o psíquica- en el proceso mis-
. (2) _En cuanto al eje angular se admitirá, como evidente, que la
111 mediante el cual las «crías humanas » se transforman en adultos
v10lencia en el trato con los animales es antes la regla que la excepción
l ll d iante la «crianza» o la educación. Sin educación, las crías humanas
y ello sin perjuicio del respeto o el amor que se profese hacia ellos. L;
. mantendrían en estado prehistórico, por no decir zoológico. Pero
forma más extremada de violencia que puede ejercerse sobre una natu-
l do proceso de educación es un proceso continuado de violen~ia, de
rale~a animal es la que cu1~1úna con_ su sacrificio, con su muerte en ple-
•nderezamiento, incluso de «acción contracorriente» de determmadas
n~ vida: «_Te matamos (recitan los amos en el ritual del oso) para que el
L ndencias «naturales ». Por ello algunos (Neill, Rogers ... ) han llegado
ano prox1mo puedas volver de nuevo ante nosotros y' poder volver a
matarte. » a l. ecir que la educación es una forma de represión, y han predic~do_la
11 ecesidad de una educación no represiva, no directiva, no autontana,
La caza, que no puede confundirse con la guerra, es violenta y de-
«libre». Pero esa «educación no violenta» es un concepto mal forma-
predadora «por naturaleza»; como violentos son los procedimientos
do. Una cosa es su metodología, una cosa es la supresión de la violen-
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-77-
1pl, •111 (1 ~ ,,t >II )', •11 (• 1.il111 (' 1l l i'
· i. frsi :1 l.1 vi~) I ·J1 Í:1 d(' lo:; 161i 1, $ v~1·:1 ' o ·11 v 'JI ·ral Ir l. s < di1, i¡ li -
n s») n la ·du < ió n, y o tra , es o nfundir la supr 'S Í ' n 1 [, vi - s qu · , o · 1p:1. ·1 1 ·r· -11 <:
lencia fís ica con la supresión de toda disciplina ejercida medi ante la 1
,d: ,pi > , •·in . r , r·b ·li ' n. Vi I nea
t rr ri n , cam bi' n la
presión social del grupo sobre el individuo, mediante vetos, prohibi- r • h P nal lu i na esto casos: cárcel, psiquiá-
ciones, premios, alabanzas, que actúan como «refuerzos » de una con- 111
11
.u. 1 •n i n e inhabilitación de derechos . El mundo está pre-
ducta considerada «educada». 1 1 ¡I , i l n ia y no es, por tanto, exagerado decir que esta violen-
1 11
Las versiones pacifistas o no violentas de los cuentos tradicionales , 1
11,•ti w un ingrediente básico de todas las instituciones de este
infantiles, tan prodigadas en nuestros días, suelen estar orientadas por 11111 11d • ' lºambién el Derecho Penal. »

una «censura antiviolencia» de carácter metafísico: cualquier tipo de


violencia es mala y aun expresión del «Maligno». Esta censura expul-
sará, por ejemplo, de los cuentos infantiles la figura del lobo carnicero, a guerra como institucionalización de la violencia
que por haberse tragado a la abuelita deberá, a su vez, ser rajado más
tarde para que aquélla pueda ser liberada de su vientre; en su lugar, los : in duda es la guerra la manifestación institucionalizada más noto-
pedagogos, activos militantes en una ONG pacifista, pondrán la figura 1
11
r:
1 gi. ca de la violencia circular, por cuanto supone la confronta-

de un lobo que ya no se come a la abuelita, porque _ésta logra escapar ' lí 111 vi lenta y la muerte (o sin evitar la muerte) de las pa.rt~s. c~nten-

tras un diálogo habermasiano con él. La madre de Hansel y Gretel, ¡\1 •11t , . Una confrontación que cuando comienza por imciativa de

cómplice con su marido para arrojar a sus hijos al bosque, se converti- il l',un a parte, se llama agresión bélica. . . ,
rá en madrastra. Pero ¿ acaso la expurgación de los relatos de violen- L, guerra implica reciprocidad, no necesan_amen~e simetna, en la
cias físicas de los cuentos equivale a la eliminación de la violencia en el ' l!l l ncia de los contendientes. Pero no toda v10lencia entre conten-
cuento infantil? No, porque la violencia se mantiene aunque de otro !i ·tit s puede equipararse a la guerra. Para que la figurad~ la vi~lencia
mbdo; por ejemplo, como violencia del lobo al interrumpir el reposo 1 11 t r contendientes humanos se transforme en guerra sera preciso, no
de la abuela, arrojándola de su cama, y haciendo que huya hacia el 1 q ue la violencia se lleve al límite, es decir, que cuente con la mu~r-
1
bosque; también hay violencia en los leñadores que desalojan al lobo t ¡• 1 una parte de los enemigos, sino también que pue~a ser res~ondi~a
de la cama de la abuela y le obligan a huir, aunque sin necesidad de ¡ n reciprocidad, lo cual no implica, como hemos dicho, la simetna.

abrirle el vientre con un cuchillo. I • >r ello la guerra no puede ponerse como objetivo, c?mo si fues~ una
La educación, la disciplina, supone la violencia, pero no la guerra. aza primaria, la exterminación de todos los contendientes e_nem_igos.
Y la violencia, y no la guerra, está presupuesta en el mantenimiento lJ na exterminación tal acabaría con la reciprocidad. La victoria, la
del orden público en un Estado de derecho mediante la imposición de //I rra, requiere ante todo, vencidos, no sólo muertos. Una guerra de
multas o castigos a los ciudadanos que incumplen las normas, justas o « ' terminio» es propiamente, en rigor, una cacería._ . . .
injustas. Policías, jueces o maestros son los canales legales de la violen- Pero no por ello la guerra, aunque implica la v10lencia, implica la
cia ciudadana; sin esos canales sería imposible mantener el «orden ar- , resión de todos quienes contienden en ella. Una guerra puede c_o-
1
tificial» en el que consiste la ciudad o el Estado. El Estado asumiría así, mcnzar, no ya tanto por la agresión al contendiente, si~o por la resis-
según la célebre fórmula de Max Weber, «el monopolio legal de la vio- t ' ncia de un pueblo a ser invadido por un Estado _q ue sigue «la_ ley ex-
lencia». En cualquier caso, la violencia, pese a la ideología antiviolen- l ansiva de su desarrollo» o, simplemente, que sigue la necesidad de
cia radical de gran parte de los teóricos del Estado de derecho, pasaría a mantener su estado de equilibrio dinámico, aunque éste no sea expan-
ocupar un lugar bien reconocido en las sociedades políticas, incluso en 1vo.
la sociedad democrática. «Hablar de derecho penal es hablar, de un Ahora bien: si el pueblo invadido no hubiera resistido a la inva-
modo u otro, de la violencia», leemos en un manual universitario de ión si se hubiera sometido, y aun recibido con gozo la acción even-
' ..
Derecho Penal (F. Muñoz Conde y M. García Arán, Derecho Penal. cualmente generadora, civilizadora o educadora de la Potencia mvaso-

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1,t ·¡1 t. l a ' , ·~1t rí:t 11 . 1, r I vt 1 ·¡ i. ·1H1" J~•¡ n k>ll,
•ro " 11. 1 rí~ 1, , 111 ,1', ( l 111 (' 11, 1-, d t11 ,1 d1 ·1, ,, 1,,1 l' .11 11 () (", 111111( ,11111 ,·q 111·1·1
1 11'J(I (" ,( , JI '1
1 11 olll

ucrra. La u rra 111 icnza cuando la rcsi t n ia e ¡ r d u , y , 11 <, 1h • l1 ,ih l,u, ·11 ·l t •11•· 11 0 1- 1,: i l ·,ts ¡ t lí, i ·as, l - ,.• · ¡L1ilil1 io:
p or parte de toda la po blación, cuya mayoría p uede ser indi fe rente ·1 ·11 d i( h, · ,,.¡ li Bas : 1 -
simpatizante con la invasión, sino de alguna facción suya, la que ocu- n q uili bri " t :'lt r ; la cied ad má inm ovilista
paba el poder político, como fue el caso de la invasión del México az- 1 u :1mbiando continu ame nte, transformando ince-
teca por Hernán Cortés, que contaba con el apoyo de los tlascalte- o ntenidos, aunq ue sus transfo rmaciones se manten-
cas. Y entonces la guerra ya no tendrá por qué considerarse como una q ue los matemáticos llaman «transformaciones idén-
guer~a agresiva, y menos aún depredadora, sino como una guerra ex-
pansiva Y generadora, o «liberadora»: «guerra justa», en la terminolo- 1• i1 1r:1 parte puede afirmarse con seguridad que la pérdida del
gía de Francisco Vitoria.
1¡111 I i l ri q ue da origen a la Guerra tiene diferentes causa~.. . . ,
rimer lu gar, por la tendencia de la Potencia en eqmhb~10 dma-
l•'. 11 1
lJ 1 1 u mentar las dimensiones del campo en el que se mantiene este
,l ,
. §4. LA PAZ, COMO OBJETIVO FINAL DE LA GUERRA i¡1 1ilil rio, bien sea para sostener su p_r?pi_o equilib~io estacionario,
, 1 11 , ., para co ntinuar su ritmo de eqmhbno expansivo. Es el caso de
La Paz es una figura que se dibuja en el eje circular del espacio an- 1 ¡•,u ' rr~s de subsistencia, o el de las guerras imperia~istas. ..
tropológico. Fuera de este eje la figura de la Paz es puramente meta- l•'. n egundo lugar, por la tendencia de una Potencia deseqmhbra~a,
fórica, literaria o mitológica; por ejemplo, la paz de los hombres con
1 , 1 <,; · to de un orden previo perdido, cuando su crecimiento le perm1:a
las tierras, o la paz de los hombres con los animales, o incluso, para el
1111 •11tar recuperar el equilibrio o buscar otro nuevo, saltando por enci-
creyente, la pacificación de los ángeles después de la rebelión de Luz- 111 ,¡ l •l rden «injusto» en el que está envuelta. Es el caso de las llamadas
bel, etc.
11 •rra de liberación.
La Paz se opone propiamente a la Guerra; y como la Guerra es ' En tercer lugar una guerra puede desencadenarse por el deseq~ili-
una viol~ncia entre Estados, que implica la muerte de una parte de los 1 1 j que, en el interior de una Potencia, se produce cuando a partir ~e
contendientes, la Paz también habrá de entenderse como una relación 111 1: d iscordia interna alguna de las partes pide auxilio a una Potencia
entre Estados. Una relación que puede hacerse consistir en el orden o V , nj era a fin de dominar a otr'a parte.
equilibrio resultante de la coexistencia pacífica de estos Estados, in- Desde esta perspectiva, la Paz no es un objetivo unívoco que pu-
cluyendo la Guerra Fría como caso límite inferior de la paz. La Paz se <1¡ ,ra ser perseguido por sí mismo, como si fuese un valor absoluto. La
nos muestra ante todo, por tanto, como una relación internacional. i\ i%supone un equilibrio dinámico, un orden a mantener o a recupe~~r
Por extensión, llamamos también Paz al orden interior de cada Esta-
0 , instaurar; su valor depende enteramente de la naturaleza del eqmh-
do, cuando sus partes coexisten al margen de una guerra civil. 1 ri u orden que se busca, porque no está preestablecido el orden ne-
La Guerra es la ruptura de la Paz; pero la Paz positiva no es nece- t , ario para que el orden de una Potencia sea compatible con el o_rden
sar~~mente la ~e~ac_ión de ~a Guerra. Por lo menos, la Paz es la recupe- q I las otras necesitan o desean. «Debe valer más» la p·az entre qmenes
rac10n del eqmhbno perdido, es decir, del orden alterado. No se trata h íirman, que el desorden (o la guerra). La paz, derivada~~ u~ or~e~
de conc~bir la Paz y la Guerra como si fueran conceptos meramente ¡ iránico, esclavo, «injusto», que, sin embargo, logra el eqmhbno, d1fi-
correlativos. La Paz no busca la Guerra, a lo sumo la encuentra; pero ·ilmente será preferida a la guerra por quienes la creen viable, es de~ir,
la Guerra sí busca la Paz, es decir, la Victoria, el conseguimiento del r quienes creen tener la posibilidad de mantener la paz de la v1c-
orden victorioso, que no es otra cosa sino el orden establecido por el
Lon a.
vencedor dentro de sus posibilidades de moldeamiento de los vencidos. La Pax Romana, pero también la Pax sin adjetivos -por ejemplo
La Paz podría definirse como la situación que dos o más Estados ia qu e propugnó hace más de cincuenta años, el «Movimiento interna-
han logrado establecer entre ellos, a fin de mantener un equilibrio di- ional de los partidarios de la paz»- , va siempre vinculada a un orden

-80- -81-
,1 1,, 11 i 11 ,1d11 .. M 11v; 111 ;,- 1111,1111 (·111.1 1 :1 >11 ,il d(' l' .111 id. ir ;1, •. d1• l.1 l' .1:,, ... . l., 1
· •1qu 1
· 1:iu , . ·11 1 0 11 •1' rn :1111 11 r I q'LI · r • • e •11 r l.
11111 . ¡. r. · , ; , ) , , ¡11
qt 1 ¡I , 1.il d • i.• i 111 p 11 •d · r :1 · iu 11 a l111 · 111 • a1l'i l 1;r~ · :il 1, ' ·h d · ¡u ·
P ,b,l, dad de 1:i vi L ria q ui n la ri cn de h ch . D i c .)ulicn L·r un d: 1 1 111 )11 1 l · L . rm, 11u ·l ·, r p r ,] bi ro d·E L, do ni-
1
«mu chos autores han celebrado la Pax R omana. En realidad s trata j,i ¡ 1 1 1 ► 1 10 j n, b , , la ·up rp t o ia n rtea meri ana una gran supe~
de una hegem~nía secular de una ciudad que ha impues to su paz a los , 1 1 1¡1 n1 ili ·, r br Ia armas co nv encionales de qu e es taba dotado
1 11 1 1
p.uebl~s conqmstados, ~in p~ner fin a la guerra en las fronteras del Impe- l I J 1 ,¡ viético. Por lo menos hasta qu e la Unión Soviética logró
no, mi.e~:ras que en el m~e~10r son patentes la sucesión de inter-regnos, \ 11 1 o l br su propias armas nucleares y los vectores capaces de im-
de sed1c10n, de guerras _civiles, de conflictos entre las provincias, y de 1¡\ 111 : a randes distancias (cohetes intercontinentales). Durante
1
revueltas generales» (L essence du politique, Sirei, 1990). 1 1, 1 1ti p ríodo, los dirigentes soviéticos trataron de impulsar y de-
_ L~ni~ sabía que la paz ofrecida en su tiempo por las Potencias 111 <i lL r LII gran movimiento de masas a favor de la paz, que eventual-
1mpenal~stas era u~a p~z en la que el orden capitalista quedaba asegu- 111 111 • ¡ udiese contrarrestar los intentos de una guerra preventiva
rado,. baJo la apanenc1a de una paz democrática. Lenin creía saber 1 1 ,-. 1, U nión Soviética que preconizaban algunos politólogos y es-
11 1
tam~ién que la ú~ica pa~ democrática posible sólo podría instaurarse a 11 11 •g, tadounidenses. » Qosé María Laso Prieto, «El "Movimiento
tra~es de~ comumsmo, mstauración que, por lo demás, no tendría por 1111 •1 n, ional de partidarios de la paz" y su interpretación como una
que cons1~erarse como un proceso pacífico (Lenin, «El programa de , I¡ 1 s 111 dalidades de la Pax soviética», El Catoblepas, núm. 18, agos-
1
paz», pub~icado el 25 de marzo de 1916, Obras escogidas, en 12 tomos, 111 00 [http:l!www.nodulo.org/ec/2003/n018p06.htm].)
tomo.~, pag. 37~)- Sería conveniente, desde esta perspectiva que Lenin l~n resolución: cuando decimos que la Paz es el objetivo o el fin de
asum1? e_n la P~imera Guerra Mundial, interpretar la organización del \ 1 ( , u rra lo hacemos en un sentido preciso, a saber, el sentido positivo
«Mov1mient~ mternacional de los partidarios de la paz», que fue lan- , 1, inido de la Paz política, como la denominaremos. Paz que habrá
zad~ por Stalm tras la Segunda Guerra Mundial. Más de 500 millones 1
¡11 , d iferenciar de otras acepciones en las cuales la palabra «Paz» ad-
de. fir~~s, muchas ~e ellas de personalidades que no compartían los 111 i •r otro alcance, como son, principalmente, las que llamaremos
pnncip10s del marxismo-leninismo suscribieron el «Llamamiento de / .z negativa, sin objetivos positivos definídos, y Paz poética, (con ob-
Estocolmo», en marzo de 1950, contr~ el empleo de la bomba atómica 1eti v s positivos, intencionalmente al menos, pero indefinidos y, en
Y º .t:as ar~a~ de exte:minio masivo; no es posible olvidar que la ualqui er caso, no políticos, como .ocurre con la que llamamos Paz
Umon Sovietica no tema todavía entonces la bomba atómica y que su N ¡ a . Las línea maestras de lo que llamamos «Paz poética» están ex-
estrat:gi~ obligada era lograr, del modo más rápido posible, el desar- ¡i I tas por fray Luis de León en De los nombres de Cristo : «Es pues,
me ato mico de Es~a?os U nidos. Sería ridículo, por tanto, interpretar, l.1 paz, sosiego y concierto. Y porque así el sosiego como el concierto
c?mo tantos lo hicieron, el «Movimiento internacional de partida- 1; •n respecto a otro tercero, por eso la paz propiamente tiene por su-
nos de la paz» como efecto del simple anhelo de «las izquierdas» de la · ) ' L a la muchedumbre [de todos los hombres], porque en lo que es
paz, po~ un~ paz meramente ética. El «Movimiento internacional de \111 y del todo sencillo, si no es refiriéndolo a otro, y por respecto de
los .~artida~~o.s de la paz» estuvo impulsado por quienes, desde la ,tq uello a quien se refiere, no se asienta propiamente la paz.»
Umon Soviet1ca, preocupada por la carrera nuclear de Estados Uni- La Paz negativ a es la negación de la Guerra. Prácticamente equi-
dos, urgían la implantación de un orden internacional basado en la v, le a la cesación inmediata de las hostilidades, al alto el fuego, al ar-
consolid~~ión u~!~ersal de una sociedad sin clases, bajo la hegemonía 111i ticio, logrado acaso por la interposición (no se sabe por qu é jueces
de la_Umon Soviet1ea. La Pax Soviética era la Paz ofrecida por un co- ) tribunales solventes) de un interdicto. En nuestros días, el Tribunal
mu~isi:uo amenazado por la escalada nuclear de las grandes Potencias upremo, a quien se le otorga la capacidad para establecer este inter-
capi_t~hstas. A su modo, así lo reconoce José María Laso en su contri- dicto, parece que habrá de ser un órgano, la ONU. Pura fantasía que
buc10n a los Encuentros de Filosofía en Gijón, en julio de 2003: procede como si la ONU estuviese por encima de todos los demás Es-
«U~o de los resultados paradójicos de la Guerra Fría fue el hecho cados de un modo neutral, como si no estuviese necesariamente to-
de que impulsó a los dirigentes soviéticos a desarrollar e impulsar el
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111
1 1 et tid p r ni •uno JJ t:i<l
n 11 Ir ·nl · :i v JS (• 11 • Ld,1 :i s ro 11 • 1 , 11, , Í 1 ► ¡ 1 11· 1·,, 1,1 ¡ .111 1 : ( 111111 l., -,1· tl c d1 · l.1 )NI J 111 ) Jlllll o •,(· 1 ill,li •
rc L_ , rn i Ja NU t uvi recur d iscint q~1• J , u• 11 11 11 .i d ri po r u rut lo r1 , 1 1·ti· ~\ ,,t ¡ r<. ¡ ll Íl\ l. · l i 111i 11 ~t i' 11 de· la
mrmstran los Estad os socios, como si un Tribunal lnt rnaciona l d \ 1 11 11 1, •11 1111 111 0 111 11 o n I u , [1 1 s mu, ulm an rn : ardienL
Justicia, genuinamente tal, pudiera disponer de una fuerza ejecutiva, ,1, 11 mb 1·
A l ' , • • n I ha r xp l ca r el ca mión bomba:
capaz de hacer que sus sentencias se cumplan, que fuera distinta de la , \1 1111 11 ¡ 1ia rpcti i ' ndeprincipio ?ParececomosilaONU,ins-
fuerza de las Potencias que integran la Organización universal. 111 11 11 , , , In , lit , hubiera to mado p artido por un humanismo ateo o
Quienes ven en la ONU una Organización supraestatal «no en- 111 1 1; ,, p runa sociedad aestatal (ácrata) en la que se supone que
tienden» que pueda atentarse contra sus autoridades y contra sus solda- 1,. )1 111 1,b r f u den permanecer unidos sin decir para qué. ":caso el
dos. Por su parte, la ONU no parece disponer de una idea de la Paz dis- , q JJ1 111 1) d e ·e mundo futuro imaginado nos lo ofrezca el himno de
tinta de una idea poética de la Paz. El martes 19 de agosto de 2003 se 1 1111 i¡ 1,1: Abrazaos millones.» O, dicho en forma más coloquial: «Ha-

produjo el primer gran atentado contra la ONU como institución: un 1 1 11 l ,Ll 1, r (sin distinción de sexos) y no la guerra.»
camión bomba cargado con media tonelada de explosivos, conducido aq u í el mejor símbolo de la estructura metapolítica, pura-
por suicidas musulmanes, se estrelló contra la sede de las Naciones 1, 11 111 , 1 o ' tic~ o imaginaria, que corresponde a la ONU en lo que c~n-
U ni das en Bagdad, provocando una treintena de muertos, entre ellos el 1 l fl (! ~t la idea de la Paz. La elección de esa canción del ex Beatle 111-
brasileñ? Sergio Vieira de Mello, representante especial de Kofi Annan, 11 ot n respuesta a un hecho político de semejante calibr~ ~a c~ento
secretano general de la ONU, y el capitán de navío español Manuel
1 1 1, L, • g u ellas ceremonias en las que se celebraban las pacificac10ne~
M_anín Oar. No deja de causar sorpresa la reacción inmediata, muy ex- ,11 1 l, nia, Croacia o Eslovenia cantando la Novena sinfonía. Pero si
ph~able psicológicamente, pero inexplicable políticamente, que se pro- ¡ , ¡IJSLttuciones «metapolíticas» tienen que recurrir a estos símbolos
du¡o en la sede central de la ONU en Nueva York: en el acto institucio- 1 •t; e es porque no disponen de otr?s _sím_bolos, y no_ por falt~ _de
nal que se celebró en cuanto se conoció la magnitud del atentado, los 11 1iq,, i n, ción, sino porque no puede existir mnguna _realidad _poht~ca
presentes, presididos desde una tarima por Kofi Annan, portando velas
1¡ ¡ , r •presente a todos los hombres y a t~das la~ ~aciones umdas, 111-
encendidas de diseño, entonaron la canción Imagine de J ohn Lennon: lt1 id las naciones islámicas y a sus heroicos smcidas.
i> r bablemente quienes en las manifestaciones del año 2003 prefe-
Imagina que no hay Cielo, es fácil si lo intentas, ningún Infier- 11¡ 11 el rótulo «¡No a la Guerra!» tenían en la cabeza esta idea negativa
no bajo nosotros, sobre nosotros sólo el firmamento. Imagina a (o ¡ ' cica) de Paz. Probablemente su contenido tenía mucho también
toda la gente viviendo el presente. Imagina que no hay países, no d , f)az ética. El contenido de una Paz ética es, sin duda, positivo. Pero,
es difícil hacerlo, nada por lo que matar o morir, ni tampoco reli- 1 11 lrt medida en que ese contenido positivo de carácter ético-Noma-
gión. Imagina toda la gente viviendo la vida en paz. Puedes decir 1111• - es la negación de la Paz política, sigue siendo, aunque de modo
que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te 1Hnascarado, una paz negativa.
unas a nosotros, y el Mundo será uno. Imagina que no hay posesio- , 11 cambio, quienes en sus manifestaciones preferían el rótulo «¡Sí
nes, me pregunto si puedes, ninguna necesidad de avaricia o ansias, ¡¡ la Paz !» tenían en su cabeza una idea positiva de la Paz, pero no por
una hermandad del Hombre. Imagina a toda la gente compartien- <•11 políticamente definida, sino indefinida. Y no sólo políticamente,
do todo el Mundo ...
111 incluso terrenalmente: es la idea de la Paz poética cuya versión
t 1·, icional más pura es la Paz evangélica, la Paz celestial, propia de las
Difícilmente podemos «imaginar» un ideario poético más contra- p 'r onas que viven en un Reino que no es de es~e Mundo:
dictorio con la política, y concretamente con la política de la ONU. O tra cosa es que la exigencia de paz negativa, que pide el alto el
Porque lo que en él se pide -de acuerdo con la paradoja de Home- ,ego inmediato, no esté impulsada por un imperativo ético, y aun es-
ro- es, en resumidas cuentas, su disolución: no puede haber «Nacio- t ltico , muy intenso, el imperativo que busca detener la muerte y las
nes U ni das» si no hay Naciones («Países»). mutilaciones de los cuerpos, la aniquilación de las familias, la destruc-

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ii11p ·r, Li v ·Li céci os <r· ·n¡ r í n ism - l I fini i ' n p - • . 1) 11 ,¡ r ' aal :1 11 :,,,, r n v' n1 1nl rn.. 1 11 a e n
11 j 'I' 1 1 l 1.111. ' l , 1;"\
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lítica. Y has ta el punto de qu e los mo vimientos en pro de una p az ética, ' 1 ¡ 1 r, lu ir e n la guerra, tales co mo la D ec arac1o n
11 1 I 1 1 1 111 ) ·
impulsada por los deberes éticos, pueden llegar a entrar en conflicto di- ¡ ¡._ 11 1~ ¡ ¡ 6 el o nve nio d e G inebra d~ 1864. C ~nvemos con-
recto con los deberes políticos de los ciudadanos, y puede ocasionar, l 11 lo, ·n 1 < p -l mojado en las guerras mundiales del siglo XX, cua~-
como ha ocurrido tantas veces, que el pacifista ético se convierta, sin 11 , Lt ,, )1i 1, ridad de los Estados » se rompió, Y n~ ya por «de~falleci-
necesidad de ser un cobarde, en un traidor, porque favorece al enemi- 1111
111 1
J . \, ética», sino porque el tercero necesario para catahzar una
go con su conducta, o en un desertor que, como tal, merece, a juicio de ,il 11 \ 111.¡ 1a e habíadesdibujado. , .. _¡
sus compatriotas, ser pasado inmediatamente por las armas. El que 11
p co tiene que ver, por tanto, la formula que utihza~os a
está inmerso en el fragor de la batalla no puede tolerar que alguien se , • , •¡ fin de la Guerra- con la fórmula, que corre desde siglos, en
11
salga de ella en virtud de una espontánea y torrencial secreción de im- 1 • 1 , millones de personas, y que encontramos también expres~da
111 11
perativos éticos. 1 1
lit ·rnlmente en el Discurso de las armas y la~ letras de Don Qm¡o-
Cuando, por nuestra parte, afirmamos que la Paz es el fin de la \l rq ue lo que Don Quijote (que acaba de citar muchas «letras sa-
Guerra, nos estamos refiriendo, por supuesto, a la Paz política que, \ ' 1\: », evangélicas) dice en esta ocasión es lo ~igu_iente:_ «Esta paz es
como hemos dicho, es la Paz que sigue a la Victoria, y con ella a la con- 1 •r hd ero fin de la guerra.» Y «esta» va refenda ~~eqmvocamente a
1
solidación del orden que el Estado vencedor considera mejor o «más 1 1" '/, vangélica, es decir, por tanto, a una paz po~tica. Por ello tam-
racional», tomando como criterio su propia eutaxia. No decimos 1t I ucde identificarse la afirmaci~n de ~o~ Qm¡ote -como h_acen
«más justo» para evitar entrar en la cuestión de las guerras justas y, so- 1,111 ·ho eruditos, después de sustitmr el ad¡etivo «esta» po_r el ~rtlc~l~
bre todo, en la cuestión de si cabe siquiera hablar de una «Guerra justa». ero fin de la Guerra»- con la tesis anstoteb-
111,.: « 1a P az es e1Verdad • · 1
Y no porque todas ellas sean injustas, sino porque la oposición entre ,t. 1334a15 Aunque me¡·or hubieran podido citar os
11 l 1 , la Poli ica, · . 1
lo justo y lo injusto se establece propiamente dentro de cada Estado. 111 1icos cervantistas el pasaje, un poco anténor, de 1333630, en e que
En las relaciones internacionales universales, lo justo y lo injusto se t i~L, teles, tras poner en correspondencia al par de concep~os trab~¡o

establecen, una vez definida la Justicia por la fórmula de Gayo (suum ' ,joleia ) I ocio (sjolés) con el par guerra (polemos) I p~z (eir_en~) dice:
cuique tribuere, fórmula que presupone la definición, «por consenso» 1 ruerra existe en vistas de la paz» (polemon men eirenes ¡arm) . .
desigual, de los límites de lo que es mío y lo que es suyo), por consen- " ;
11
efecto, la fórmula aristotélica está a cien leguas, por no de~i: a
so desigual. Como decía el Marqués del Olivar, «en los litigios entre d¡ ·z mil, de las tesis del pacifismo poético, y d_esde luego, del pa~ifi~-
las Naciones, el juez es la Fuerza y la sentencia es la Victoria». 11\0 vangélico, del pacifismo de Erasmo, por e¡emplo. Lo que _ Anst~-
Y así, el orden internacional, en el que coexisten Estados que al- (' I ·s dice en los lugares citados es, ante todo, algo que s_e refiere ~ a
macenan inmensas riquezas en sus territorios, conferirá en justicia a : et rra en tanto es un proceso desenca?enado los_ anunales rac10- Pº:
estos Estados la propiedad y el control de «sus» territorios y de «su» 11 , 1 , ' es decir, por los animales que viven en el a~bito d: ~-n orden
historia, que los pone tecnológica o científicamente por encima de los ilírico preciso, que es el orden del Estado, de la cmdad, umco_c_auce
demás; de la misma manera que el orden estatal del esclavismo roma- \ Lravés del cual un animal puede llegar a ser hombre, zoon politikon.
no, confería en justicia al patricio latifundista la propiedad de «sus» C omo tales seres racionales, la guerra que los hombres ll_even_a cabo
tierras y se «sus» esclavos, y obligaba a devolverlos en justicia, a aquel ¡ berá ser racional (no ya «justa»), es decir, no deberá ~er «irracional».
que se hubiera indebidamente apropiado de ellos, en parte o en todo. .· -rá irracional una guerra, por ejemplo, movida por fi_nes meram~n~e
La posibilidad de consenso internacional entre los Estados vence- .• ubjetivos o pasionales (odio salvaje, capaz de producir ~l extermi~i~
dores (consenso producido por la solidaridad y reciprocidad ante los 1, los hombres). Por ello la guerra no puede tener co~o fm (como fims
vencidos, por ejemplo, ante las inmensas colonias que en siglo XIX acu- · · , demos decirlo con términos escolásticos) la esclaviza-
>t eris, qmza po 1r- ·
mularon Inglaterra, Francia, Bélgica, Alemania), abrirá el camino ha- ,¡ , n de los hombres que no lo merezcan, aunque éste pueda ser e ;ims

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º!'e 1c11_1/. 1·1d ·¡ · l. do. ' · •Ú11 /\ rist ¡ ·i("¡i, l,1!', 11· 1, r1l'll •d. 1c 11 ·r irc /; '1 111·,¡w 111 ¡,(l p p1 1d(1 ;,i1l1 ,;, lri ()11 ¡•11' /I// ,u/111• fu / ;1 % de 111.1~111,,
f111 e d1 lLnt s,ye nLO 1 11 c bu a un ap. z ¡ o líLi ·a: 11 l 111 at ':e I r· /,1 •u ·rra 1·: ' I úlv ·<.L, V iL ri ,., L:is , -
I n 1,, ·I d ·I
(1) Ante todo, la guerra pu ede tener como fi n rac ional l on c- 11 t• 11 ·1 / ; W 'S d /1. arrna y Las I tra d D n uij te? N
guir ~o ser esclavizado por otros Estados. (Este fin se correspond 1 ,il 1111! ·111r, r , quí n e ta u ti ' n y únicamente expresaremos
aproximadamente con lo que hoy llamamos «guerras defensivas ».) ,,1 11 ,1 1¡,irt i ' n (q u fu nda mentaremos en otro lugar) según la cual
(2) E~ segu~do lugar, la guerra puede tener como fin procurar la 1ij L I abría es tado mucho más cerca de la idea de paz hispana
hegemoma de quien la promueve, pero mirando al bien de los goberna- ¡11 •, 11 ,a m dalidad de la paz política) que de la Idea de paz evangéli-
dos, y no al me~o a~án de dominación por satisfacción personal. (Co- 1 1 1 .111 i · ·, (qu e es claramente una modalidad de paz poética).

rresponde esta fmahdad de la guerra a la de las «guerras civilizadoras ».) 1 ,11 , z universal y perpetua entre los Estados, la paz que concibie-
(3) En tercer lugar la guerra puede tener como finalidad racional ' ,1 1 11 c.: I i l XVIII escritores inmersos en el idealismo como Saint
enseñorearse de los que merecen la esclavitud. (No es fácil encontrar nt, sólo puede concebirse en el supuesto de que en la «Socie-
en nuestros días cor_respondencias explícitas con este tercer tipo de l ,11 1• 1) Estados » (en la Sociedad de las Naciones, en la Organización
guerra; otra cosa es si hablamos de correspondencias implícitas.) 1 l t Na iones Unidas) éstos puedan alcanzar una relación de armo-
La ~xposición de Aristóteles nos ofrece una concepción de la Paz, 11 1 •qui I ibrio dinámico, interno y externo, tal que pueda ser man te-
c_omo fm de 1~ Guerra, en términos estrictamente políticos, y no poé- ,11 l I i11 1·finidamente por los siglos de los siglos. Desde este punto de
ticos. Pero evidentemente la Paz buscada por un Estado es decir el 1 1 1 In, i lea de la paz universal y perpetua es, por de pronto, suma-
«o:d~n _victorioso racional» que él quiere imponer, no ti~ne por ~ué 11 1 lll • improbable, puesto que el mantenimiento del equilibrio de

comcidir con el orden que los vencidos podrán también considerar , 1 l I l~s cado, lo que hoy se llama su «identidad», i~plica, en función

eventualmente como racional. 1 1 1 mografía, de su economía, etc., actuaciones que no tienen por

Conviene recordar, por último, que la concepción aristotélica de la , / 11 • • 11 ervar el equilibrio con los demás. (En agosto de 2003 el go-
paz polí~i~a, como objeti-:o («justificación», se dirá después) de la gue- 11 11 1 !.e Islandia notifica que «para conservar la identidad de la na-
rra, volv10 a p~nerse en pie en la España de los siglos XVI y XVII (preci- , 111 11 , decide romper el acuerdo internacional que había suscrito acep-
samente en la epoca en la que Cervantes escribió el Discurso de las ar- 1111 d una moratoria en la caza de ballenas.)
mas y las letras) con ocasión de la entrada de los españoles en el Nuevo l~n cualquier caso, las causas de la guerra, en cuanto ruptura de la
Mundo. Vitoria, sin perjuicio de que suela ser considerado hoy como el l'M, 11 las pondremos a escala de los instintos agresivos (etológicos),
funda~or de un Der~cho Internacional que maneja una idea de paz mu- 11< a la escala de los equilibrios internos y externos de los Estados .
cho mas c:r~ana a la idea de la paz poética que a la idea de la paz política, 1 o.· procedimientos que suelen alegarse para lograr una Paz Perpetua
asume pract1eamente los «títulos» (1) y (2) de Aristóteles. A Sepúlveda 1 '.'arme, constitución de un Tribunal Internacional de Justicia, inter-

se le acusa, como aristotélico, de haber asumido también el punto (3) \' ('11 ·ión de la Organización de las Naciones Unidas) piden el princi-
~ue habría sido derrotado por Las Casas en la famosa Junta de Vallado~ 1 1 >de la posibilidad de una armonía entre los Estados del futuro. Pero
hd de 1550. Pero si ~e tiene en cuenta que la tesis de Sepúlveda puede in- 1 1 LJ rza de una sociedad de naciones sólo puede ser la resultante del
terpre~ar~e como si ella estuviese orientada a reducir el título (3) al (2) 1 [í ·ono de fuerzas correspondientes a cada nación asociada. Y por
-los, m~10s1 deben ser educados hasta conseguir que puedan valerse •11 ningún Estado poderoso estaría dispuesto a someterse al juicio re-
po~ si mism?s: teoría de la encomienda-, entonces podríamos con- til La nte de ese polígono de fuerzas, si esta resultante está en desacuer-
clmr que quienes verdaderamente triunfaron en Valladolid fueron Se- <1 on sus propios intereses, con su propia identidad. Sobre todo en el
púlveda y Vitoria más que Las Casas (así lo demuestra Pedro Insua en l, s en el cual la fuerza de un Estado, o tle un grupo de Estados, fuera

su magnífico análisis de la polémica Sepúlveda y Las Casas «Quiasmo ,l l az de neutralizar, en una guerra fría, o de vencer, en una guerra ca-
sobre "Salamanca yel Nuevo Mundo" », El Catoblepas, nú~. 15, mayo li •11ce, las fuerzas de los demás Estados (lo que ocurrió entre Estados
de 2003 [http:llwww.nodulo.org/ec/2003/n015p12.htm]). nidos y la Unión Soviética en la época de la guerra fría, y lo que ocurre

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t· l~:; 1~<1 0 11 11 i los l., )N de, ¡rn -~ 1 · d · 11111111\ .11 1, t l,1 111 11
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, n1 un gru¡ p lír i primi do
dente Wilson la idea de la Sociedad de las Naci n -, fu un proy c t 1-o lít i mi.litar», j ' r ir kurd oo chechen o, «G uerrilleros de
filosóficamente ingenuo, y n o ya tanto por su carácter idealista o ut ' - l 1 ) 1LJ o n id era representante de un pueblo que se enfrenta
pico, sino porque pedía el principio, porque presuponía la armon ía 1111< 1:tl a un E tado, a fin de constituirse.
posible entre los Estados del planeta, olvidando el carácter «art'ificial»,
histórico, cultural, de tales Estildos, y el desajuste o desarmonía inter-
na de sus ritmos de crecimiento, medidos en cada Estado y en el con- . LAIDEA FILOSÓFICO-POLÍTICA DE LA GUERRA
junto de la Humanidad. (La crítica que el periodista Walter Lippmann,
en su famoso artículo «La deslegalización de la guerra», publicado en l . La idea filosófica de la Guerra que defendemos se apoya
1923 en Atlantic Monthly, levantó contra el proyecto de Salmon O. en Las categorías políticas
Levinson, apoyado por John Dewey y otros, utilizó en el fondo el ar-
gumento que hemos expuesto.) L:t idea filosófica de la Guerra que estamos exponiendo no puede
En consecuencia, habrá que considerar como políticamente cul- 1 ·ncerrada, como si fuera un concepto, en una categoría determi-
pable (por negligencia, o por imprudencia temeraria) al Estado que, 11.1tl, . I or ello esta idea desborda las categorías etológicas, a las que
en nombre de la Paz Perpetua, decida desarmarse por completo. Un 11 1: h rn os ya referido; lo que no quiere decir que pueda prescindir de
pacifismo semejante debiera ser considerado como un pacifismo irres- [l a : las desborda incorporándolas o involucrándolas a través de la
ponsable, que pondría en peligro la identidad de la propia Nación in rsión antropológica». La idea filosófica de la Guerra se dibuja,
que lo suscribe, en nombre de un postulado gratuito de armonía uni- 1 •s le luego, en el espacio antropológico, y más precisamente, como
versal entre las Naciones. La política de desarme de una Nación sólo li •n,os dicho, en el eje circular de este espacio. Pero en este eje se cons-
puede llevarse a cabo teniendo a la vista el desarme de las otras Na- ti tu yen diversas categorías, a su vez más o menos cerradas, desde el
c10nes. 1 unto de vista gnoseológico, tales como las categorías de la antropolo-
Por último, aunque la paz implica obviamente la cesación de la ¡r í, , las categorías religiosas, las categorías tecnológicas, las de la socio-
guerra y, sobre todo, de la guerra caliente, la paz no implica la cesación ) ía, las categorías políticas, las categorías de la economía doméstica
de la violencia, y muy particularmente de la violencia interna de cada política, las históricas, etc.
Estado. Pues sólo mediante la violencia (policíaca, jurídica, pedagógi- Desde cada una de estas categorías circulares del espacio antropo-
ca, tributaria ... ) es posible mantener el orden público y, por tanto, el 1í ico se instituyen análisis científicos, o cuasi científicos, de la guerra
equilibrio eutáxico interno, sea éste justo o injusto, desde el punto de mu y diferenciados. Por ejemplo, los antropólogos clásicos (desde Mor-
vista del poético «Derecho Natural». ~:111 o Tylor) subrayan, como criterio distintivo de las guerras humanas
Por ello la Paz no es una idea que se oponga sin más a la Guerra. r pecto de las luchas animales, la utilización de instrumentos específi-
No por cesar la Guerra aparece la Paz. Una cosa es la paz bélica, la ce- . s (armas tales como flechas, puñales, mazas, y después, añadiremos,
sación de la guerra entre Estados (la paz negativa) y otra cosa es la paz armas de fuego, catapultas, elefantes, carros de combate o misiles inte-
política o la paz social, e incluso la cesación total de la violencia cruen- 1i gentes); los economistas estudiarán las premisas y las consecuencias
ta en el Estado y en la sociedad civil. La paz bélica no implica la cesa- ·conómicas de las guerras desde el punto de vista de las economías na-
ción de la violencia entre particulares (por ejemplo, la «violencia de ·ionales de los contendientes y aun de la economía internacional glo-
género »), ni la violencia cruenta entre partes del Estado y el Estado balizada.
(en la forma, por ejemplo, de terrorismo político). Es cierto que el te- Sin embargo, que la idea filosófica materialista de la gu erra no 11

rrorismo político, desde la perspectiva emic de los terroristas políti- ¡ ueda circunscribirse a una categoría determinada, no quiere decir que 1

cos, sigue siendo guerra, porque los terroristas no se considerarán a sí 1 ueda «sobrevolarlas» o, a lo sumo, que pueda consistir en una coor-

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11 ·uL :-ti, ·11 i lop ·d ica, de I d.1:i ·ll ,1~. Si ,, du l. t 1:, '(>
d i 11 ,wio 11 tirdi 11 a ► 1 d ' l ('N dt' l ',\ 1( ' 11 , 1 - - - - - - - - - - - - - - -]

i ' n ni lo¡ ' di a S tnpr i1 li bl -; ¡ ·r oo r lin <t i ' np dr::í. o ► Nu ·l •a ·i í,1 ---► P,·oklari o urh a,1
necesitará, Uevarsc a efecto sin perjuicio del r ono i.rni cnc del he ho d 1, pob la i n ""
de que el núcleo esencial de la idea filos ófica de la guerra actú a o gravi- 1 , 11 1111,11 ~ Clase Es tado
ta antes en alguna categoría que en otra, sin por ello circunscribirse a 1 111 111 11cln ~
aquélla. En algún sentido, podría decirse que el juicio filosófico de
C onflicto]
cada guerra no consiste tanto en «desbordar» a todas las categorías an -
tropológicas, sino en determinar cuál sea la categoría que tiene mayor 1 , 1,I ·ión
Institu ciones Oficiales Grandes
peso y cómo desde ella se involucran las restantes. de redistribución - administrativos - - familias
Cabría, según esto, clasificar las múltiples teorías filosóficas de la
guerra en función de la categoría que ellas consideren o utilicen, de
hecho, como asiento de lo que ellas entienden como núcleo esencial
de la idea de guerra. Habrá teorías filosóficas de la guerra de orienta-
ción etológica (de las que hemos hablado), pero también teorías de
Dife rencia
de producción
t
----+
Concentración
de riqueza
Obtención
- - de tierras J
orientación antropológica, o bien teorías de orientación económica
(las teorías del llamado materialismo económico), o bien teorías de
orientación religiosa o cultural (la teoría de Toynbee o de Hunting-
ton) o, por último, teorías de orientación política (cuya línea pasa por a guerra es un fenómeno antropológico. » Esta afirmación quiere
Maquiavelo y Clausewitz). Cada una de las ideas dibujadas por estas 1, ¡ 1 •1· ante todo, el alcance propio de una cuestión de hecho. Así se le
teorías habrá de contener obviamente un esquema capaz de dar cuen- ¡,1 ',' •ntaba la guerra a P. Sorokin cuando constataba en su Dinámica
ta de la incorporación al «núcleo» de los materiales procedentes de t1 1 rl y cultural (Boston, 1957), que a lo largo de la historia de once Es-

otras categorías con los cuales habrá que construir el «cuerpo» de la 1 1 ! is uropeos, durante períodos de 275 y 1.025 años, tales Estados ha-
propia idea de guerra. Conviene notar que la incorporación a un nú- 11 u1 cado afectados por acciones militares durante el 47% del tiempo,
cleo categorial, considerado como esencial, de materiales procedentes 11 1 ,1i de cada dos; el 28% correspondía a Alemania, y el 67% a España.
de otras categorías, tiene mucho de crítica de la categoría misma utili- La guerra es un hecho que aparece una vez constituido el Estado; un
zada como plataforma del núcleo, es decir, tiene mucho de crítica a su 111' ·h derivado «sintéticamente», no analíticamente, de la «composi-
categoricidad. Ya hemos señalado cómo las teorías de la guerra de- 1o n » de un Estado con otros Estados, o con sociedades de rango más
sarrolladas desde las categorías etológicas suelen atribuir a estas cate- l1itj( . U n hecho «sintético», comparable con el «hecho » de la gravita-
gorías la función de ideas. ' 11i11 ntre dos masas situadas a distancia. Es decir, un «hecho» no por
La idea filosófica de la guerra que defendemos en este libro se apo- 1 11 e contingente, o externo, en la medida en que la composición de

ya, fundamentalmente, en las categorías políticas. Y como «exposición I•:, lados tampoco es un hecho externo o contingente para cada Estado
categorial» más afín a la teoría bélica del Estado citaríamos dentro de 1¡t 1 • u ponemos, ha de estar siempre en conexión con otros Estados. La

un «modelo multifactorial», a la teoría de R. Me Adams (Th; Evolution 1 • )ría política de la guerra se resistirá a admitir que los hombres «deban
of Urban Society: early M esopotamia and prehispanic M exico, Chicago, 11 ,l la guerra» impulsados por un imperativo categórico, estrictamente
1966), que puede esquematizarse en el diagrama siguiente, que figura en lI u mano o personal, menos aún por uri imperativo etológico; ellos de-
la Sociobiología de Wilson, pág. 592: l •11 ir a la guerra en virtud de un imperativo político, es decir, por impe-
1,tLi vo del Estado del que son miembros.
N o por ello hay que concluir que la obligación de ir a la guerra es
ol una «determinación coactiva» que se sobreañade al individuo

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<'(rni () ·1· · 10 d · l. pr ·s 10 11 qu · oh, · ·I i;<• ·j ,, ·. /\ 1) ~ ,1111 0 l., obli •:i l •1 ,, 1 1 1 1 '
l' ¡' t· 11 q1 ll, 1111.1 11 (', I ( ( ' l',11<'11 d ( ! ' ( >I 1(· 11i.l ' I' ' ' .
11)11 I (' 1¡; 10 ,, , 1, q11< · /' 1111 (',

iónd · ir a l::t ,·u rr< c un e/ b r r p líti , un 1:111 d , L d t ,r


0 ,,. Lor l · I. · ,u · rai;: a l,s id ca · r· li , i ) ·. · n ' 11fli t
entre en conflicto con otro deber ser ético. Por eH no ca b . op ner el n t n Ir: p r qu ~ ign r, r J mp oncntes po-
supuesto ser (arrastrado a la guerra) con un supuesto deber ser obj et r , on ' mi n c ari para qu e e tos contendientes puedan
de conciencia, o insumiso o desertor. Si el soldado tiene que ir a guerra ,,, ru ºrra, pero subordinará todos esos componentes a los «in-
es también por un deber ser suyo, que le impide incurrir en la traición, . , li i s ». El Testamento de Alfonso II el Casto atribuye la vic-
en la cobardía o en el deshonor. «godos » sobre los «musulmanes», en Covadonga, a la in-
La guerra es un hecho derivado de las exigencias que un Estado ya l , • 11 •1 t de Cristo: pero es evidente que esta intervención sólo
constituido experimenta para mantener su equilibrio dinámico, 0 «su 1 1, il 1,1 l •n r lu gar a través de la acción de las huestes de Pelayo, de la
identidad», ya sea defendiéndose, ya sea atacando a otros Estados o a ¡ , 11 1 ·i n que les ofrecía la cueva, volviendo las flechas, ya fuera por
otros Pueblos. Con esto queremos decir que la guerra es un hecho que " 1r 11 li vina, ya fuera «por naturaleza». Las explicaciones de las Cru-

presupone al Estado; y ello al margen de cualesquiera que sean las cau- 11 l1l'J • 1110 guerras impulsadas por el objetivo del rescate deJerusa-
sas del Estado mismo. 1, 11 J 1 , . l. conquista musulmana, no podrán ignorar la necesidad que
Se trata de un hecho que podría ser equiparado al hecho, también 11 1 •r i n los organizadores de allegar recursos económicos y hacerse

antropológico, de que a partir de un determinado estado de su evolu- 1111 ,\ udas políticas que debieron movilizarse; pero estas moviliza-

ción, los hombres hayan desplegado «la conducta de leer». Esta conduc- ' 11, 11 • • (limosnas, apoyos de los reyes, etc.) serían interpretadas como

ta existe porque existen libros escritos, y se convierte en una conducta 111 11 umcntos o medios necesarios para conseguir el objetivo puesto

prácticamente universal a todos los hombres (por tanto, una «conduc- , 11 11 1,tr ha por los «motores religiosos» de tales fuerzas. Y cuando los

ta antropológica» de carácter general, durante un largo intervalo de 1 11 1 , , · musulmanes de nuestros días reconocen que en las guerras
tiempo his~órico) a partir del momento en el cual la imprenta pudo 1 1 , lfo Pérsico es el control del petróleo lo que mueve a los Estados
poner los libros en manos de la mayoría de las personas. Puede afir- 1 11 ,oviI izarse bélicamente, no por ello recaen en una concepción econo-

marse, por tanto, que si los hombres leen libros es porque hay libros. 1111 i, ta de la guerra, puesto que ellos suponen que no es un azar, sino
": esto lo entendemos como un hecho, cualquiera que sea el origen del 1111 d tino, el hecho de que los pozos de petróleo más importantes de
libro o de la escritura. Asimismo, diríamos, los hombres van a la gue- l 1 'i'i rra estén situados en territorios de dominación islámica; por lo
rra porque hay Estados distribuidos a lo ancho de toda la superficie ¡11 • I, «Guerra por el petróleo» podría interpretarse a su vez como un
terrestre. Y si la Guerra procede del Estado, ¿qué sentido podría tener llil l I medio para la prosecución de la Yihad, de la Guerra Santa.
el poner a la Guerra, o al deseo o a la necesidad de Guerra, como cau- li tanto, sólo que desde el punto de vista del cristianismo (del Dios
sa del Estado? Parecido sentido al que tendría el poner a la lectura, 0 al 1• 1 Ejércitos contra el Eje del Mal), suponen los ideólogos que sus-
deseo o a la necesidad de leer, como causa de los libros. , il ieron la «Carta de América» en enero de 2002, para justificar la
La guerrra presupone al Estado, pero sin reducirse a las categorías 11 1 'rra de Afganistán después del 11-S del 2001.

políticas, puesto que hay otras categorías involucradas con éstas. Ahora ·uando oponemos a la idea religiosa de la guerra una idea política
bien, el desbordamiento de la categoría política que la Idea materialista de nómica, no lo haremos moviéndonos en el terreno ideológico o
la guerra, aun situándose en la plataforma política, propicia, constituye ¡ , 1 lógico. No diremos, por ejemplo, que los «objetivos religiosos» de
una crítica a la categoricidad misma de la esfera política. Una crítica que los ontendientes no son, hoy al menos, otra cosa sino pretexto de los
puede hacerse consistir en la denuncia incesante de su condición abstrac- 111 L reses económicos o políticos de Bush II o de Osama ben Laden; y
ta, por tanto, de la involucración de las categorías políticas con otras cate- ¡u aunque no fueran pretextos deliberados, sí serían disfraces idea-
gorías. En realidad, ninguna idea de la guerra, aunque se apoye en una ca- l l , icos de los auténticos intereses económicos. Desde nuestro punto
tegoría mejor que en otra, puede prescindir de estas involucraciones con 1 • vista nos será, hasta cierto punto, indiferente que estos pretextos o

otras categorías. ¡ l · logías tengan o no un importante peso motor, incluso podremos

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u:i 111(·11 :,,,ru· er 11 ' lie 11d (, q11 ' lo iÍ (' 11 ·11 :i¡,1 ·¡ i. il,I!', l.1> q11 t· l,1 id ec1 ck I" ' \\l,, ¡•,l11 (':< IÍ(' 11cl\',l <· d(' (' I N1•<.l111 <<>i11,, 1,1l ,,l •: l.,I l •d i, ; ,( 11.111 1 ►
r i ne. i ' n p líti . d · l::t u rrct ·ubra . 'S · 'i lo ' ' LO : JLI • 1 i 1 , k.
1 il 1 ,¡ ¡, •11 a ·i111 i ·111 0 h: Sl:\ ,¡ li11 ,d 1, l:1.' ·, 111 l:.t ,u ·rr. ML111 li. 1, ·1
religiosos de las C ru zadas, o lo de la Yihad, n p drían haber cjer ·i 111 111111 · 11 v m ,' n · , ·• r t. riz. l p r l u d arrn am nt at ' -
do ningún papel motor si no hubieran sido can alizados p o r deter mi n r et i ' n, pr y cile incerco ntin entales, satélites espa-
nados Estados políticos, tales como el Reino de Francia, el de lnglat · di fc rencicn exclu sivamente po r su armamento.
rra o el Papado, durante las cruzadas medievales; o bien, los Estad s ',i n ' mb:t r , los criterios distintivos tomados del armamento no
del lrak o los Estados U nidos de América en nuestra época. En conse- 111 1t•n · nf u n.dirse con los criterios constitutivos. Entre otras razo-

cuencia, la idea filosófica de la Guerra que estamos exponiendo no ne- ,u 11 11 q u la «evolución » del ar~amento en el ámbit~ de las catego-

cesita subestimar sus componentes religiosos o económicos, pues Jo , 1, 1 • •11 l ' gicas es puramente abstracta, puesto que las armas no se
que ella quiere establecer es que estos componentes sólo pueden alcan - 1, 11 1 1ven como simples eslabones de una cadena de progreso tec-
zar su eficacia bélica a través de los Estados políticos contendientes. 111il11pi ·o, puesto que ellas están involucradas con cambios políticos y
11 11d '. (1 s carros de guerra no sólo estimulan la construcción de cal-
Consideraciones análogas haríamos a propósito de la idea de gue-
rra de orientación anfropológica. Que a las armas haya que atribuirles 1il11\ , : in o también recíprocamente: el artillamiento de un barco de
un papel decisivo en el paso de las luchas zoológicas (incluso de las 11 11 ,\ . u po ne la existencia previa de barcos mercantes o de transpor-
luchas entre homínidos) a las guerras humanas, es indiscutible, del 1,, l.1,, iac ión militar presupone aviones deportivos o de transporte, y
mismo modo que sin la utilización de las herramientas en general no ,11 1¡ u reos que, a su vez, presuponen la acción del Estado).
puede explicarse la transformación de los primates en hombres. Los i•'. l , rmamento es esencial a la guerra, sin duda, pero el desarrollo del
mismos etólogos, como ya dijimos, han reconocido los efectos que el 11111 11111 nto por sí mismo no explica el paso, no ya de las luchas zooló-

uso de armas a distancia ha tenido en la transformación de la agresión ,L , las luchas humanas, sino menos aún el paso de las luchas hu-

zoológica, y en el «descarrilamiento» de sus leyes originarias en situa- 1,11 t1 , · p rimitivas a las guerras propiamente dichas. Estas guerras son
ciones nuevas. Y por cierto, mucho más crueles, por la «frialdad in- l I lll presuponen al Estado, y es desde este punto de vista como pue-
dustrial» que ellas permiten mantener al comenzar la «fabricación ma- ,I • ¡ licarse el mismo progreso tecnológico de las armas y de la organi-
siva industrial » de muertos. Sin embargo no es la consideración del 1 i, n militar. Esenciales a las guerras son los ejércitos; pero los ejérci-

desarrollo de las técnicas armamentísticas lo que puede explicar el paso 11, , • n su jerarquía, su complejidad, sus diferencias con la «población

de las luchas zoológicas a las guerras humanas. Por de pronto, habría t v i l ► , no pueden aparecer al margen de una organización social y polí-
que tener en cuenta que los efectos más específicos de las armas (el 11 ,t , mo es la propia de la sociedad política del Estado.

«descarrilamiento» de las secuencias naturales de las conductas agre- curre aquí como con la evolución de los organismos.Nadie pue-
sivas) se habrían producido muy tardíamente, con las armas de fuego, il1 1 ner en duda que el desarrollo de los huesos es tan esencial en la
cuando hacía ya muchos siglos que existían las guerras. ,lu ción de los vertebrados como pueda serlo el armamento en la evo-
El análisis de los tipos de armamento puede arrojar criterios distin- 111 i >n de la guerra. Sin embargo nadie deducirá de aquí que la «evolu-

tivos muy importantes para establecer las fases de la evolución de 11 11 del sistema óseo» sea lo que constituye la estructura de la evolu-
la lucha e incluso para diferenciar las luchas animales de las guerras hu- l( 111 de los vertebrados, porque el esqueleto no puede desarrollarse

manas. Así, Quincy Wright, en su A Study or War (1942 y 1965), esta- 11 1 1 pendientemente del desarrollo de los demás tejidos del organismo.

blece cinco períodos o fases: el período primero, el de la «guerra ani- )•, l , ·q ueleto podrá incluso ser considerado como la base del organismo
mal», no es propiamente un período de guerra, precisamente y sobre v1•1L brado, base en el sentido de soporte que sostiene a su cuerpo por
todo por la ausencia de armamento. Las guerras propiamente dichas 11 ·irna del terreno; pero de aquí no se infiere que el organismo verte-
1 l ,l lo sea una superestructura cuya misión fuese la de recubrir el es-
comienzan, según Wright, en el segundo período, el de las «guerras pri-
mitivas», en el que ya se utiliza armamento. Otra cosa es que los sucesi- 1¡t1·leto. Tampoco la guerra es una superestructura creada por los «mi-
vos períodos -el tercero, que comprende a las «guerras civilizadas», y l1t ,\r istas », concertados en el logro del desarrollo tecnológico de la

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i,, l11 Hlí;.1 , 1111 ,\ 111 ·11t1 ~ ti<·.1, e( >111 o d .1, l,1, 0 11 't1· 11 r 11 r; ,s 1·eo 11 (Í 111 ; •:1:, ck •¡¡ 11 0 ¡ u · l:,111 • •1· o l L ·11 ; los ¡ >I' ·1 u·u ·qu ·.
ri v, h · i ' u,ld c ·::ir 11 .L. ' U ' l'l\1 ¡ r) · • l · I • 11\ 1s fu •11 L ' ' , 1·1 r,:, )lj ·L ivos , níb :1!· ·, má · pr ¡i d la aza d
ni m d la i d ad p o líti ca, y a trav ' s d e u le , rr 1.1 , p drá t 1H·1 111111 1 -. , q 1 · s • d um nca n, · in m.bar g , e ntre ho mínidos (última-
lu gar el desarrollo del armamento . 111 , • •n !, ran D lina d e Atapu erca; se supone que el tabú de la
11 11 l,umana ha d e tener algo que ;ver con la posibilidad del robo de

111 lj l ' ,' .


2. Dialéctica de clases y dialéctica de Estados 1 1: o mbates entre tribus sólo podrán tener corta duración, pues-
1 1
, , q11 , L o rganización social no dispone de reservas; toda la tribu útil
La guerra presupone al Estado, en alguna de sus formas (proto ¡1 ,, 1, batalla, y ello contribuye también a que las batallas, aunque
Estado, jefaturas, aristocracias, Reinos, Imperios ... ); pero a la organi - 111 ,, ngrientas, no den lugar a «carnicerías» . En cambio, los comba-
zación del Estado, sin necesidad de que ésta sea la primera forma dt· 11 ' !i u·
Estados, por ejemplo entre ciudades-Estado, implican una
organización social humana, anteceden otras formas de organización 1111 11 ·ió n más larga, y, en todo caso, una organización social más com-
social, como los clanes, las tribus o las ligas de tribus que, sin embargo, l ,1 l,t. Esto no quiere decir que la diferencia entre una «agarrada» entre
utilizan armas y combaten en batallas que, sin poder considerarse aún 1 d us una guerra entre ciudades-Estado sea una diferencia mera-
como guerras, constituyen ya formas de lucha muy diferentes de las 11 11l • uantitativa, incluso en los casos en los cuales supongamos que
que les enfrenta con los animales, o a éstos entre sí. Se trata, por tanto, , l 111) ivo del conflicto sea el mismo, la rapiña, por ejemplo, que es el
de determinar qué es lo que aparece en el paso de la organización tri- 1i¡ 1 • to con el que operaba John D. Bernal al contraponer las inte-
bal a la organización política que pueda tener que ver con la transfor- 1 1 ·io nes bélicas de las sociedades primitivas con las de las sociedades
mación de las luchas o combates primitivos en las formas de lucha que 1vilizadas. Decía Bernal que la institución de la guerra nació como
llamamos guerras. 1 111 s uencia del desarrollo de las ciudades. «Ya no se trataba de una
Y esto que aparece en las sociedades políticas no es un mero incre- 11 1 uta por un campo de caza, que podía resolverse entre una veintena
mento de la cantidad humana: existen tribus cuyos efectivos (por 11 • h mbres, pertenecientes a las dos tribus, con poca más violencia

ejemplo, la tribu de los kiv llegó a tener más de medio millón de indi- Jll • la de un partido de fútbol. Se trataba ahora de millares de hectá-
viduos) son superiores a los de algunas ciudades-Estado. Lo que apa- 1 °,1 · de buena tierra, para ganar la cual centenares de campesinos ar-
rece es una nueva organización de la estructura social y, para lo que lll, los y acorazados y dirigidos por sus señores en sus carros de gue-
nos interesa, su fijación en un territorio delimitado, mediante su apro- 11, , ombatían y se mataban durante días y semanas. »
piat ión frente a los demás grupos humanos de su entorno. También las Pero aun en el supuesto de Bernal de una guerra con motivos aná- '1
tribus sedentarias tienen sus propios territorios, solo que éstos no es- lo, s auna razzia entre tribus, las diferencias no son meramente cuan- 1 1

tán delimitados por fronteras definidas, y ello debido sin duda a que ii tntivas, sino de estructura. Por ejemplo, entre las tribus puede me-
los lugares de residencia o de caza no están asignados a secciones o frac- liar la apropiación de un territorio disputado de caza o de recolección,
ciones de la tribu, sino que ellos son poseídos indistintamente; la tribu ,, '! arado de otros territorios por tierras de nadie, pero no hay propie-
está jerarquizada pero no distribuida: véase Sahlins, La sociedad tri- tlrld privada. En cambio, en la ciudad-Estado que es, ante todo, una
bal. Por eso las tribus defenderán su territorio de las eventuales incur- ~) iedad de familias, y no una sociedad de individuos, no solamente
siones de otras tribus que hayan traspasado las tierras de nadie inter- li . y apropiación de un territorio sino también redistribución, muy
medias, o harán incursiones a los territorios de las demás. En los d • igual sin duda, de este territorio en propiedades privadas (familia-
combates entre ellas acudirán todos los miembros útiles de la tribu, 1 , antes que individuales). Lo que determina que el enfrentamiento

dirigidos por sus jefes. Las incursiones o razzias que darán lugar a los ·ntre ciudades-Estado no pueda equipararse al enfrentamiento entre
combates tendrán por objeto principal la rapiña de bienes (ganados, tribus. Sencillamente, los «centenares de campesinos armados y dirigi-
alimentos) o incluso de mujeres de las tribus vecinas, cuando estos 1 s por sus señores» no son, como sugiere Bernal, una suerte de «tri-

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bu r · r · ·id , qu · ·11u·:. 11 ·I e:i Y,:1 1·1 o d · <•t1 11. lt, t · .. <• 111 •11 r d · ·:1111 l,11 i1111 ~i11 dt1d ,1 11 i11¡•,1111 .1 1, >1 111, 11 il, ·1 d i¡;1i11 t; uid <, lt1 1/ r(JJ ¡ r
· N,

p sino » s dif r 11 ia de la v ·i11L ·n , , u rr r s Lril. 1·s 11 · 11> nsi 1•rn 1 ¡u · ·1 i.::sL, lo h. bL sid , LiLui 1
por la cantidad, sino p or la es tru ctura. L mi mbro I la tribu p ru· • privada f r vi a el las clases poseed -
necen directamente a la tribu, sin mediación de estru cturas interm c 1 , 111 1111 1 1 q u había urrid o, egún nu stra tesis que «da la vuelta
dias. Los centenares de campesinos son propietarios que buscan el a 1 l I L , • . < 1, ce is de Engels, es que es el Estado el que se constituye
censo social en sus familias o braceros, que buscan ser propietari s , 11 111 11 ·ne al constituir a los propietarios como tales dentro del te-
para constituir su propia familia, verdadero titular originario del «de- • 111 , , , propiado por la nueva sociedad.
recho de propiedad», como lo prueba el llamado «derecho de heren ~ 11, •LÍ ~ to las clases -o la diferencia de las clases sociales- co-
, '
cia»; por tanto, su organización requiere «ejércitos de reserva», es- , , 111 11,, 1 1 ntro de cada Estado, y no previamente a él, y conjuntamen-

tructura militar representativa, etc. 111 b nstitución del Estado. La dialéctica de las clases habrá de ir
Supongamos que la sociedad política precursora del Estado se ,,, 1 I rda, por tanto, desde el primer momento a la dialéctica de los
constituye por el asentamiento en un territorio dado de diversas tribus 1,1 { 1 • Y sólo muchos siglos después, en la época del Manifiesto co-
vecinas -acaso a partir de un gran Almacén, fundado en el cruce de l 11\ 1 , n 1848, aparecerá el proyecto de unir en una totalidad atri-
diferentes corrientes de mercado- que se han apropiado de ese terri- 1<1 11 1, t das las clases sometidas de los diferentes Estados ( «Proleta-
torio, de suerte que tal apropiación respecto de las demás tribus pueda . 111 ll' L dos los países uníos»), con objeto de aproximarse al objetivo
ser a su vez distribuida, aunque manteniendo siempre una extensa 1, 111 • cinción del Estado.
porción pública, entre las tribus asociadas y, más exactamente, entre 1•: 11 ualquier caso, el proyecto del Manifiesto demostraba que las
las familias de mayor rango de sus jerarquías. La propiedad privada sur- , l 1 1 '. xpropiadas» de los diferentes Estados estaban mucho menos
ge, según esto, no como un apoderamiento individual (Rousseau: «cada , 11 11d 1 .' ·ntre sí que los Estados mismos, y las guerras mundiales del si-
vez que un hombre dijo: "esto es mío" ») sino grupal o colectivo ( «esto 11 demostraron, a su vez, que no lo estaban en absoluto y que, en
es nuestro », de mi familia, y antes aun de las tribus a la que mi tribu se 1, 11 1 ·:1 o, los defensores del comunismo, sólo desde la plataforma de
ha asociado). El espejismo de los rousseaunianos les hace incurrir en el il ¡• t111 Estado (y sobre todo, del Estado soviético) pudieron comenzar
anacronismo (que distorsiona toda la interpretación de los hechos) de 1 1 •1H.: r algún viso de viabilidad.

retrotraer hacia los orígenes lo que es característico de las épocas más 1,. ·ociedad política, el Estado, constituido en función de la apro-
recientes, en las cuales la propiedad familiar común puede haberse ¡111 ; n y de la propiedad privada, delimita, en primer lugar, el territo-
«emulsionado» en la forma de propiedades individuales. Pero ningún 1 1 11¡ r piado, más o menos vasto, que, en cualquier caso, es abstracto
individuo habría podido tener fuerza duradera para defender una pro- 11111: podrá ser considerado como suficiente para sostener indefini-
piedad personal; y si la defiende para un intervalo de tiempo superior ,l 11 ,1 •11te a la sociedad que él alberga. La delimitación de su dintorno 1

·¡
al de su vida individual, lo hará en cuanto parte de la familia. 'i 1 : u fronteras (por su contorno) implica el entorno constituido por
1
Ahora bien, la sociedad política -el Estado, en su acepción más 11 1 1 i L rios ajenos, poblados en principio por otras tribus que tarde o

amplia- se constituye ya en función de la apropiación del territorio \ 1 , , i¡ rano terminarán por constituir otros Estados. En cualquier caso

común, y simultáneamente en la redistribución desigual de este terri- 1 1 •11 t rno del Estado originario formará parte, al menos virtual, en

torio entre las familias integradas en la Sociedad política, es decir, en la 11,,1,co fuente energética, de la capa basal del nuevo Estado.
constitución de la propiedad privada. La función originaria del Estado Ajustándonos estrictamente a lo que nos importa: la sociedad po-
puede definirse, precisamente, por el objetivo de la preservación de la 11 t-, , en el momento de la distribución o reparto de la parte del terri-
apropiación, en primer lugar, y de la propiedad privada en segundo 1nr i común apropiado a los que van a ser titulares de la propiedad
lugar; una tesis que ya fue conocida por los estoicos (Panecio de Ro- ¡1, j v:1da, introducirá una diferenciación profunda en las escalas de la
das) y sobre la que Engels, en El origen de la familia, la propiedad pri- ¡1 1,v quía social, desde los más ricos hasta los menos ricos y los despo-
vada y el Estado, edificó su teoría del Estado. Por cierto, invirtiendo ' dos (braceros, esclavos, o lindantes con la situación de esclavitud);

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l ,1 .;,L, •1 H._ ' l .11111 1,1 d · 1 (•t ( 1111 1 ¡ 11 · v ·t (J J' · 1 .i c 1p
a cítul o d primu i11lerpar,' o ntr l::trá I s L ·rriL ri s 11 un . :'.l p1" • H ¡ r i i Sn I ¡ d I s v·
piados y aún no repartidos y, sobre todo, la fro ntera . La e tru 1111.1 il r• lo ' E L, 1 · 1 1 nL ro , d 1 111 á I j, no , n I s cual s
de la sociedad política irá conformando mu y pronto las tres cap, ~ , , 11 1il le · rr 1, i ncs dca mi tad . Porq uee dentrode lasfronte-
estratos constitutivos del Estado: la capa conjuntiva (administrativ. 1), 111 11r ¡ 1 < 11 LO amenazadas, en donde enco ntrarán refugio los hom-
la capa basal (de los productores) y la capa cortical (de contacto con lo, 1, ' htt ~ n salid fu era. Dentro d e las fronteras estará su patria.
territorios exteriores). La capa cortical, en el principio, es decir, cu:i, 1 r:
1,, , 11¡ li · batidas, exploraciones geográficas, levantamiento de
do el Estado constituido está rodeado de territorios y poblaciones a 1í 11 1, 11 l! n · de representar, dentro del territorio, las posiciones que
no estatalizadas, podrá ser meramente defensiva, actuando como fihn, 1 111 ¡ui ·n · habitan fuera de él, reserva de suministros de alimen-
capaz de detener las corrientes de inmigración de los pueblos circu 11 " 111, .· , • mbinaciones complejas. Nada de esto es necesario para

vecinos y también, por supuesto, de las incursiones de tribus preesta 1 dn1.•.


tales, de bárbaros, en busca de botín. Aun así, las funciones de defensa, 1 ) 1i Ii1.ando la distinción habitual en la teoría militar entre táctica y
y las salidas que, .desde el interior del Estado, hayan de hacerse hacia el 11 11 •¡; i,, y aun a sabiendas de que la táctica está incluida y modifica-
exterior, en busca de ganados, alimentos, mujeres, metales o fuerza dl' ¡ , ¡ 1 L111 e trategia, diríamos que los combates tribales sólo precisan
trabajo esclavo, requerirán la formación de un cuerpo especializado 1 1 l,t ' LÍ a, mientras que las guerras necesitan de la estrategia y de la
de guerreros •capaces de desempeñar estas funciones, sin que queden 1, 1 i '. . Y todo esto no es posible sin un incremento de la organiza- ·

abandonados por ello los inevitables servicios basales (agrícolas, gana- , 111 d ' I, disciplina, del armamento, es decir, de una producción no
deros, artesanos) y domésticos que nutren al conjunto de los hombres , 11 livi lual sino semiindustrializada.
políticamente organizados, y que serán desempeñados por las clases 1 ,, , 1crra implica, por tanto, ejército, planes, estrategias. Y el Es-
menos privilegiadas o por las mujeres. En cambio, la aristocracia asu- 11 1(1, l · de su principio, o tan pronto como se haya consolidado, ne-
mir~, en_ principio, la organización de las funciones corticales y aun las 1t. t1".Í star preparado para la guerra. La razón es que los ritmos de
conJuntivas. ,11 ollo de las sociedades políticas (los ritmos de su crecimiento, los
Nos aproximamos así al proceso de institucionalización de un 1 l,q demográficos, las epidemias, las crisis de alimentación, etc.)
ejército, es decir, de una clase especializada en los combates, el equiva- , 1i ·1 n por qué estar sincronizados o ajustados a los límites marcados
lente a lo que la clase de los especialistas religiosos significará en eJ I' 11 la fronteras de cada territorio apropiado. Las probabilidades de
c~r~o de constitución de las religiones secundarias. Y esta clase espe- 1111 • 1uilibrio dinámico, estable y duradero, de cada Estado respecto
cializada de los guerreros, estrictamente jerarquizada, se diferenciará 1 , u ntorno y con los demás Estados, es decir, las probabilidades de
de la clase de los productores y de la misma clase de los administrado- l 1 ¡ ,ti , erán mínimas, en la mayor parte de los cásos. El conflicto «es-
res, es d~ci:, de las clases que Platón consideró en su República. La cla- 1 di, r:i»: este término sintetiza toda la teoría. No cabe establecer casi

se especializada de los guerreros podrá desarrollar un género de lucha 1111 11 ·a una separación neta entre las presiones internas y las presiones
de un rango superior al que corresponde a las luchas tribales. La razón l ·rn as. Se dice que la guerra puede ser muchas veces un recurso o
principal es ésta: el ejército, aun cuando esté constituido en sus cua- ¡11 ' l ' Xto, algo así como una huida hacia delante, para disimular los con-
dros por la aristocracia, quedará diferenciado del pueblo (no sólo de 111 ' L s internos; pero esto es un modo de hablar superficial, porque es
los mños, de las mujeres y de los inválidos); y el poder militar se dife- vi lente que si no hubiese desequilibrio interno es porque tampoco
r~~ciará de este ?1~do del poder civil. Sus objetivos, dado que van di- !11,· había por parte del exterior: es pura termodinámica. Y si la conser-
ng1_d~s al sostemm1ento de una sociedad muy compleja, no podrán ser V,\ ·ión de la eutaxia interna, a la que se ordena en último extremo la
defi~idos como acciones ocasionales, sino duraderas. Los enemigos po- 11 • ·ión política, requiere reajustar los desequilibrios externos, que se
tenciales y~ no _serán solamente las tribus vecinas, sino otras tribus y u¡ one h¡n de intervenir también en la eutaxia, mediante la guerra,
. pueblos mas lepnos con los cuales habrá que proceder a mantener •n I onces es evidente que podremos decir, recuperando la fórmula de

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1, U ' •wi /, ,r, 1Ull :-1 c., (• 11q11 ,, 111 : 11 11 ,il111•111 (· c(, 11 •i l •1·:uJ~ co 111 t u1 1. ·ausa l. ' et, •, íi11 :1,I; ·i
1,
n a, má mcn s m1 t ri a, qu e ta nto in t ' rpr l nfi r ' n , •, 1· 1 1 1 1 ¡ 1 1 >, • 1 s antr 1 ' 1 , pr íi rc n h, blar, al r fcri rsc a la
gún la cual «la Gu erra es una continuación d la Política», e d · i,·, 11111 11 J 111 •11 f un i ' n d au a; de motivaciones. En cualquier caso, las
continuación del arte o prudencia de conservación de la eutaxia. 11 , 1, 1, . , ol r la finalid ad de la guerra, es decir, sobre sus causas o
En cualquier caso, es evidente que la Guerra requiere un ej ' rei111
11 ni < t.iva ione , arras tran siempre un aire psicologista, o se
que pueda ser movilizado hacia el exterior, reservando en el interi r, 1·11
11 , •n ·iblcrnente hacia perspectivas psicológicas o etológicas. Y
la retaguardia, un potencial suficiente para mantener el orden econ 1111 , 11 11, r • in luso cuando los que suscitan estas cuestiones son histo-
co y social que pueda lograr la continuidad con la vida política de l.1 f sionales y trabajan sobre «guerras históricas», por tan-
posguerra. La guerra requiere también una política de alianzas, a tra v1·, ,1 L p lítica.
de las cuales pueda quedar asegurado no sólo el suministro de matcri.1\ 1 11 1 ·, bien, cuando ponemos a la guerra como figura vinculada
basales, sino también la ayuda estrictamente militar. Y estos corolari1 ,~ 1iil ni nte, aunque no únicamente, a las categorías políticas, por
11
no son, como algunos podrían pensar, meras tautologías.
111 ¡ 1 1, , las relaciones e interacciones entre Estados, la cuestión sobre
Por ejemplo, de los principios anteriores cabe derivar una crítil'.1 1 11 1,,. 1• le la guerra o sobre la finalidad de la guerra no debe retro-
arrasadora a la distinción entre guerras defensivas y guerras ofensiv:1s. ' o1
1 , ;ti terreno de las categorías etológicas o religiosas, sino que deb e 11
1
Distinción que sólo puede mantenerse en el terreno más superficial d1· , l /< 'II ,re en la inmanencia de las categorías políticas. Y aquí reside el
unos fenómenos, cronológicamente considerados desde la perspectiv.1 ,1, ll l • cl la tesis de que lo esencial de la guerra, cualquiera que sean sus
de alguna de las partes contendientes. Unos fenómenos que desapare , 11 ' n la voluntad de poder etológico o psicológico, estriba no ya en
cen desde una visión filosófica capaz de englobar las dos partes de l.1 1 ¡, 1 1 •r, ino en el poder político, es decir, en el Estado, en su interac-
distinción: una guerra defensiva puede desencadenarse ante un ataque 11 11 , ¡ 11 otras sociedades políticas y con otros Estados. El poder ha de
que compromete la eutaxia del atacado; la guerra ofensiva se desenca- , 11 ,11 1 rse como capacidad para mantener y fortificar la eut~xia del E~-
denará, por parte del agresor, para defender su propia eutaxia. 1 ulo. En consecuencia, cuando mantenemos el rigor de la mmanenc1a

Asimismo, al acogernos a la eutaxia, para dar cuenta de la génesis I " 1¡l ¡ a, tendremos que concluir que la finalidad de la guerra entre un
de la guerra, estamos negando, en principio, que las guerras ofensivas 1 111 1 y sus enemigos es también una finalidad política, a saber, la Paz.
sean un efecto del «expansionismo militarista e imperialista» que afec- La G uerra, en resolución, tiene como objetivo la Paz, pero, como
ta, de vez en cuando, a algunos Estados, como afecta una enfermedad 1, 111 dicho no la Paz en abstracto, sino la paz victoriosa. El objetivo
convulsiva al individuo. Queremos decir que el expansionismo impe- 1, 1, G uerra' es la Victoria. Una paz que no sea victoriosa equivale a
rialista que atribuimos a algunos Estados no puede ser derivado, en
111 u lerrota; por tanto la «Paz de la derrota» - en el límite, la P~z de
principio, de su «esencia originaria»: es un ortograma que sólo puede l iH menterios- no puede ser el objetivo positivo de la guerra, smo a
construirse históricamente, cuando el Estado en cuestión haya obteni- 11 : umo, únicamente, su término. Por ello, más exacta que la fórmula
do, en sucesivas guerras ofensivas, ventajas considerables para su ,l., J az es el objetivo de la Guerra» es esta otra fórmula: «el objetivo
equilibrio, y pueda llegar a percibir un peligro en la mera existencia de •1 íin) de la Guerra es la Victoria».
otros Estados que él no controla. El objetivo de la Guerra es, por consiguiente, no tanto recuper~r
. ¿Y cuál es el objetivo de la guerra, es decir, el fin que se propone la 1111 q uilibrio perdido (no cabe hablar de «recuperación» cu~ndo el m-
guerra? Evidentemente la guerra, tal como la entendemos, no puede v •I de equilibrio recuperado sea distinto de aquel cuya pérd_1~a ~esen-
ser un fin en sí mismo; la idea de una guerra permanente, de una «hui- ·a lenó la Guerra) cuanto un equilibrio victorioso. Un eqmhbno que
da hacia delante» permanente, es una construcción límite incompati- ,1, gure el control sobre el medio exterior, en lo que se re~iere a su con-
ble con los principios del materialismo histórico. 1i ión de fu ente energética; un equilibrio capaz de coniurar las ame-

La pregunta por la finalidad de la guerra es, en el fondo, equiva- 11 azas procedentes de las Potencias exteriores.
lente a la pregunta por las causas de la guerra. A fin de cuentas, el «fin» Por ello la Paz, en abstracto, no puede ser propuesta como un

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i lc, I 1· ·rid l. 1 luin : 11id, J . 1~ l 111 Jo 1 ) ~ti · i 1<· 111 ·11d ·1 1. 1 . i¡11 (· 1,,.. i111 in 11 l' S l ' lltºI ¡ip ,1 11 ' I po (; fl l J íl · 11 ll ·li , ¡; · 11 r(••
· 1.1 l

.Paz no · tanto utóp i o cuanto mcLafí i y in s •ruid . E l « ' ll (· ii, 1 1, 11í11, ni¡ li:1s, l. ¡u· ti ·n · :l l. v is1, ·1 , ·n ·ral qu , 1·sd · L
humano» (o «la Humanidad») no es una entid ad cxi tente p r í r < ., 1
111 1 1 ;il ,1 n un lu ,.r 1 1 a1111 de batalla ntr laza n los
paz de declarar una guerra o de firmar la paz. La Hum anidad s 1, 1 , , 11,11 •. ( ' (1 11 u bay neta cala las.
mente existe o actúa distribuida en soeiedades políticas y solam 1111 . 11 1 r tanto, prop iamente, los instrumentos, las armas de
los Estados declaran la guerra o buscan la paz. 1 terminan la rotura o «descarrilamiento » de las cadenas
La :~z, como fin de la Guerra, no habrá que referirla, por ta.111p, 11,1 1 t i · f p r lasq ue se desenvuelve la agresión, como decía Lo-
metamencamente, a la Humanidad, porque ninguna Guerra, inclu~ 11 " ,1 1 1, , r laciones políticas las que determinan que el individuo ya

las llamadas Guerras Mundiales, que nunca lo son, salvo por el nombrl', , 11 l 1 •n con sus enemigos directos como si fueran hombres indi-
e~ una «Guerra de la Humanidad». La Paz es la paz de un Estado en d 1 1, I •., '' nfrentan a ellos en su condición de ciudadanos, de solda-
s1ste~a ~e 1os_dem_ás Estados: la Paz es un concepto diamérico· y, por 11 11 111 , !mente uniformados, para poder verse en todo momento
cons1gu1ente, implica la victoria de un Estado y la derrota de otro. En 111 1 ¡1,¡1 'L de un Estado. Un ejército no uniformado es sólo un ejérci-
este sentido la paz sigue siendo un equilibrio dinámico inestable O me 11 •1111 ri , no un ejército en vías de ser derrotado.

taestable. La paz minoica o la paz octaviana duraron acaso siglos, pero I• l e I bordamiento de la individualidad es lo que confiere especial
acabaron. En este sentido se dice que la Paz es un paréntesis entre dos , 1111 l,1 1( to lógica) a la batalla. Ya no se tendrá en cuenta si este indivi-
G~~rras; pero_ con es_t~ no se dice mucho más que cuando se dice que la l 111, p1· 1 apunta con el fusil, o que huye, es joven o viejo, si es varón
gallma es una mvenc10n del huevo para reproducirse a sí mismo. 1¡¡ 11 j •r: s un soldado enemigo al que hay que destruir. Por ello, el ar-
''' 111 1•11L , cada vez más «abstracto» y potente, se explica mejor desde la
1 1 11 ,t desde el Estado, que el Estado o la Guerra desde el armamento.
3. La guerra se dibuja a escala de Estados, no de individuos

. Sólo cuando nos situamos en la inmanencia de las categorías polí- l. Los cinco géneros de la guerra 1

t1eas podremos establecer las diferencias entre la guerra y otras Ideas 1

con ella emparentadas, de carácter general, etológico y antropológico, 1,a id ea filosófico-política de la guerra nos permite establecer in-
t~l,es como Poder, Muerte violenta, incluso Lucha armada, que tam- 1 1 el i. La mente una clasificación taxonómica de las guerras en los si-
bien se ha~e presente en las luchas entre tribus. En la guerra no se diri- 11i •nt s cinco géneros:
men ~uest10nes de poder, o de seguridad, o de interés, en general, sino O) Guerras del género cero. Son las guerras pre-estatales, guerras
cuest10nes d~ pod,er polí~ico (del Estado), de seguridad política (del 1111 •rLribales, que no serán propiamente guerras, pero sí son ya luchas
Estado) o de mteres político (del Estado). 11 11r ho mbres con culturas avanzadas (armamento, organización, tác-
No es por tanto «el poder», en general, o la «voluntad de poder» 1 ,¡ y que prefiguran a la guerra política estricta, a la manera como la
lo que mueve a la guerra. Es el poder político de un Estado frente a 11 i t orda de Amphyosus prefigura la columna vertebral de los verte-
otras sociedades políticas. Y es de este modo como en la guerra pue- !11,i los. Las guerras preestatales no sólo prefiguran sino que también
d~n aparecer rebasadas las relaciones subjetivas, etológicas O psicoló- , níi guran, por refluencia abstracta, muchos momentos de las guerras
gicas, que enfrentan a los animales o a los individuos humanos en una 1 1opiamente dichas. Incluso el armamento de las guerras tribales (lan-
lucha a muerte cuerpo a cuerpo. Las relaciones e interacciones de t ,ts o flechas) se-ha mantenido, casi intacto, en las guerras reales: un
prox~m_idad ",cuerpo a cuerpo» características de la lucha por la vida ,11aq ue a la bayoneta calada de la Primera Guerra Mundial reproduce
z?ologica ~st~n desbordadas en la guerra. Y no es porque las interac- r refluencia la situación del combate cuerpo a cuerpo de dos bandas
ciones sub¡etivas cuerpo a cuerpo queden anuladas o superadas en la 1 ri rnitivas.
guerra: la bayoneta, invención moderna, prueba lo contrario. Lo que (1) Guerras del género uno. Son las guerras mantenidas entre un

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no pu ede, salvo epi ódicament , c rtar la r la i n ·s el · d pend nci.1 1 • ,u ·rr, 1· 1 • pri111 ·r r ~n r (porq u
con las sociedades de su entorno. d prim ra man ) t nemos qu e citar,
Las guerras del primer género son propiamente guerras, por t H.111 · alias, co ntada por Julio César, también
to se mantienen, aunque sea parcialmente, a escala de un Estad o. ) 11 1 ntra los indios carib es o las tribus amazónicas, relatadas
plican ejércitos expedicionarios, estrategias de largo alcance, mant ·11i 111 ,, hi.sto riadores de Indias; la guerra contra los aztecas, de la
miento de la estructura de las capas corticales, basales y conjuntiva .~ ¡ti1 ·1 l r pio Hernán Cortés nos dejó noticias puntuales, ya no po-
del organismo político. 11, ,, 1•• i fi arse como guerra de primer género, si es que consideramos
Las guerras de un Estado contra los bárbaros aparecerán en el m<i ,1 , <•i11 de Moctezuma como una verdadera sociedad política. Toda-
mento en el cual se rompe el equilibrio pacífico establecido en el pro 1 •11 1 iglo XIX tuvieron lugar importantes guerras de primer géne-
ceso de extracción de materias primas, esclavos o mujeres. Desde d 111 , 111 , ntenidas no solamente entre Potencias europeas y africanas,

punto de vista de los criterios de la igualdad entre los hombres (del lla 111 > Lambién entre los Estados Unidos de América y las tribus indias
~ado Derecho Natural), este equilibrio será injusto. La paz es agu, 1¡11 • k bían subsistido en el interior de los inmensos territorios.
siempre un orden injusto; pero se trata de una injusticia meramentt ( ) Guerras del género dos. Son las guerras de tribus contra un Es-
ideal, o poética. Nada tiene que ver con un «derecho natural», salvo 1 1d 1 . Mientras que las guerras del género uno satisfacen plenamente la
que se suponga, gratuitamente, que la relación de dominio del Estado, 1d <·,t d guerra que utilizamos, en cambio las guerras del género dos
respecto de los bárbaros, no es una relación natural. ¡ LtnL an problemas específicos. Pero, ¿cómo puede hablarse de conti-
Las guerras del primer género estallan cuando la presión de la Po- 11 11i L d de una política de eutaxia en sociedades tribales que, por hipó-
t~ncia imperialista o colonialista sobre los bárbaros alcance una mag- 111.is, no tienen propiamente vida política? Sin embargo, las referencias
mtud tal, a través de la exacción tributaria, de la saca de esclavos, de la ¡u • 1 ociemos citar de este segundo género de guerra son muy abundan-
crueldad del trato, de las limitaciones territoriales, etc., que sea capaz ! '.', corresponden a aquellos casos'en los cuales los pueblos bárbaros,
de provocar la resistencia o incluso la rebelión. La resistencia o la re- la naciones preestatales, se nos aparecen asaltando o invadiendo a
belión podrán producirs·e tanto en el caso de las guerras que tienen 11.. •L, dos ya constituidos: es el caso de la penetración de los galos hasta la
como objetivo una Paz depredadora (mejor que injusta, según lo que 11 i ma Roma en la época de la República, invasiones bárbaras por anto-
hemos dicho), como en los casos en los cuales las guerras tengan como 110 111 asia (hunos, ostrogodos, visigodos, etc.) contra el Imperio romano
objetivo una Paz generadora. Incluso es más probable que la resisten - d · ccidente; razzias de los vikingos costeando el perímetro atlántico
cia y la rebelión sean más agudas en el segundo caso que en el primero. mediterráneo durante la Edad Media.
Las guerras depredadoras pueden conseguir una paz tal que «res- La dificultad estriba en reconocer como guerras a las guerras del
pete» la organización social de los bárbaros, sus costumbres, su reli- fl nero dos, tanto cuando se consideran desde la perspectiva del Es-
1

gión, su cultura: es el caso del dominio indirecto (Indirected rule) del 1,, 1 atacado, como desde el punto de vista de los atacantes.
Imperio depredador colonial británico del siglo XIX. Desde el punto de vista del Estado invadido: como quiera que la in-
Las guerras generadoras, en efecto, al no respetar las costumbres, vas ión (no ya la mera infiltración pacífica) no puede considerarse como
religión, cultura, instituciones, etc., de las sociedades bárbaras más aún u na agresión de un Estado que mantuviera su potencia, a otro, sino que
al proponer su sustitución por otras propias de la sociedad' civiliza-' · el pueblo bárbaro íntegro el que entra en el territorio del Estado ata-
da, podrán suscitar una resistencia y una indignación mucho mayor ·ad o, la defensa y resistencia contra el invasor, tanto como una acción
que la suscitada por las guerras depredadoras. Si en el primer caso la paz 1 guerra, podría interpretarse como una acción política. Los invasores
depredadora encadena la «existencia» de los pueblos bárbaros, conser- ,t abarán, muy probablemente, asimilándose al Estado civilizado.
vando gran parte de la «esencia» de su cultura (su «identidad»), en el se- Desde el punto de vista de los invasores: si no están constituidos

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111
,n ·o k l. 1 · ¡ líLi ·:1' 'S l <L, l -. , L, ,m¡ < 1 pu fr ín kil L ,·s · dr g 1ll' , 1 1 1 11 •,1· 11 (; 1/J ·,~Íl ;l l ( t 11 ,¡ ', Il l lt ,\<, ¡>1 ( tjl ;,¡ f,ii (• i. t" ci ; 1i1/" l\; ( 11 ' •, l~:,s ('( llll •
rr:1, n l cncid lcfin ido . .E n r , li d:1 1, la rtu a i ' 1 n1u ch n á.s ni 11 1, , •11L • co 11 Ln t li ·Lurio 1- u¡ 0 11 -r ¡u· 1,1 ·,v, • ·¡·'"" ·,. ' 11 , 1, ' ' Lr 1L ,rn ,

pleja pu es acaso n o puede decirse que sean los invasore bárbar Jci.~ l· j, r 1 · 1, d , L •u cn·, , 0 111 i la ¡ r ¡i agu rra n fu -- ya un a
que alcanzan el núcleo del Estado central. Para hacerlo, los invasorc.~ 11 1 11i, ' ri , y una in ti tu i ' n u ltu ral. El progreso militar sólo pue-
primeramente infiltrados, tendrán que haber pactado previamente e .11 11 11, •g ,i r e n funció nde lao rganizaciónsocial ytecnológica~~los
el Estado, convirtiéndose en partes suyas, y aun en delegados suyos; e, 1 1 ¡ 1 In:. ada vez más, las gu erras victoriosas dependerán dec1s1va-
habría sido el caso de los francos y de los visigodos: Ataulfo entró en h 1 1 ¡ 1 , 1 •1 nive l tecnológico del Estado vencedor. Sólo poqrán llegar a
España romana portando las banderas de las legiones. 1 gi ,111 1 Po tencias militares aquellas que a la vez sean grandes Po-
Podría tener interés el constatar cómo el propio término «guerra», 1 11 L ,- onó mica;; y tecnológicas, capaces por ejemplo, en nuestros
aunque procede de una voz que dice referencia original al género cero, 1 , d , di p oner de armas atómicas, de misiles intercontinentales, de

toma su sentido actual al desplegarse en el género uno y en el género 11 liL· lecomunicaciones.


dos. El nivel de desarrollo social necesario para que podamos hablar de 1"l u erras Médicas, las Guerras del Peloponeso, las Guerras Pú-
una batalla, como parte de una guerra es, como venimos diciendo, el 111 , 1, , l. guerras entre los reinos europeos de la Edad Media, las gue-
propio de una sociedad política.No necesariamente el nivel de un Esta- 1 1 1 11, poleónicas y, sobre todo, las grandes guerras de los siglos XIX
do, pero sí el de una Jefatura. Antes de que se hayan constituido las so- s 11 guerras del género tres. Guerras en las cuales las grandes Po-
ciedades políticas no cabrá hablar propiamente de guerras, sino a lo i ¡1 •i, s (Inglaterra y Francia, sobre todo, y después Alemania), que ha-
sumo de peleas, de luchas a muerte, de agarradas. La misma evolución ), 1¡11 ll o rdado repartirse África ( Congreso Internacional de Berlín, 1884-
del significado «guerra» se ajusta muy bien a este criterio. «Guerra» es, 1MIL ) entraron muchas veces en conflictos mutuos. Son las guerras que
en efecto, un término de origen germano occidental (Werra), que fue J •11i n analiza en El Imperialismo,fase superior del capitalismo; guerras

entrando en el Imperio romano, que disponía del término bellum, a tra- w •viLa bles y periódicas, porque el capitalismo financiero, «resultante»
vés de las legiones en las cuales los bárbaros fueron infiltrándose. Se ha d •la o mposición del «capital bancario» y el «capital industrial», _ne~e-
supuesto (Coro minas) que el término «guerra», entre las legiones cons- ll ,t mercados nuevos y materias primas renovadas. Y no por sub¡et1vo
tituidas por bárbaros infilt_rados, comenzó utilizándose en un sentido 11pricho voraz, sino para poder mantener su propio ritmo, como diría-
eufemístico, a la manera como en la Guerra Civil española la palabra ltl >S hoy: para poder mantener «su identidad». No está de más observar
«jaleo» -«comienza el jaleo»- tenía también un sentido eufemístico l,L•no rme diferencia que «la izquierda pacifista» de nuestros días man-
orientado a minimizar los acontecimientos que se esperaban. «Gue- 11 •n con las posiciones del marxismo y del leninismo tradicionales.
rra», de eufemismo inicial («comienza la guerra», en el sentido de «co- ic ntras que los marxistas no atribuían la guerra a motivos psicol?gi-
mienza la agarrada»), habría pasado a superponerse, en el bajo latín, al 1 s, sino a la propia estructura del capitalismo qu~, po~ tanto, co~s_ide-
término tradicional bellum; dicho de otro modo, la «agarrada tribal» 1ni an necesario destruir, en cambio, las actuales 1zqrnerdas pac1f1stas
(en bable, agarradiella ), la guerra a escala de tribus, al desplegarse a la ,ll ribuyen las guerras, como por ejemplo la guerra del Irak, a!ª estupi-
escala de las legiones, tomaría la acepción actual de guerra. 1'" 0 a la maldad de Bush II, o a la codicia de los petroleros te¡anos. De
La guerra supone}enerales, logística, representación del enemigo, ¡ nde cabría concluir que sin necesidad de eliminar el capitalismo, se-
planes y programas. Estos no pueden extraerse del futuro, que aún no r1a uficiente un tratamiento psicológico de Bush y de los petroleros te-
existe; luego habrá de proceder de otras batallas previas, de su análisis ),i nos para_que las guerras promovidas por Estados Unidos desapare-
(o despiece); luego serán las batallas antecedentes, las que ofrecen la ·1 ran.
anamnesis, las que habrán inspirado las prolepsis guerreras. Simple- (4) Guerras del género cuatro. Incluimos aquí las llamadas «gue-
mente a través de la consideración de las batallas podría establecerse la lTas civiles». Son las guerras en las que únicamente interviene, teórica-
naturaleza estrictamente histórica de la guerra. in nte al menos ( o jurídicamente), un único Estado. Pero no nos parece
(3) Guerras del género tres. Son las guerras entre Estados, las gue- riguroso decir que en una guerra civil nos encontramos con la «guerra

-110- -111-
1 11 ~. 1.id o ' 0 11 , i •) i11 is 111 0 ». 11. 1 1;u ' 1' 1\ 1 t' ll o re·:,; il t.1d o 11 11 1 ¡:r h.il,k I' 111 1) 1.1 di' 1 1) \ ( , .1 11) \ 1) , l •'. 11 (· ll.1 \ ( )lljl 11d :(• 1 O tl 1.11111 1 l,1 , 1'0 1 ·11 (' :. 1: dd l~jt·
· rí. 1«s ui i li J l íLi o>. 11 111 , l,1,' 1 o t · n i:1s alin la :, l,ts 111 i ~ 111:1: qu · : · •1il r ·11 u 11· ) 11 • plí it , -
A hora bien, un a guerra ci vi.1 p drá o nd u ir a la d tru i ' n del 111 11 1(' , i 11 • n , • ¡ , pu ~ 1·. ,.b, 1, la ,u rrad Epaña,c nla e-
Estado, pero no por ello es te resultado habría de to rnar e co m d fi 11 11il ,1 ,u ·rr, Mund.i al.
nición de la guerra civil. En la guerra civil, una parte formal del E t. le> 1•11 á d I cinco género de guerra qu e hemos enumerado, po-
(una región, una sección del ejército, una clase social organizada), en li 1111 1< abrir lu gar a un sexto género, un género mixto, o género de
traen conflicto armado con otras partes para conseguir el control dc-1 11 •11·a: rnixtas, es decir, de guerras que participan, de un modo u otro,
propio Estado. Es el caso de las guerras civiles de la Roma republica - 11 111 , • 1 un género. Tal sería el caso de las guerras de los romanos con-
na, la guerra civil entre las partes encabezadas por Mario y Sila y, poco 1 1 Vu r 1rta, o el de las guerras de los españoles contra los indios no esta-

después, por César y Pompeyo. Según esto, una guerra civil no pued(' 1 di,-,, 1 , o incluso las guerras de independencia del siglo XIX empren-

confundirse con los conflictos derivados de un movimiento de sec - ' 11 l,1.· orlas «provincias americanas» contra el Reino de España.
1
sión, porque en el movimiento de secesión la parte formal del Estado 11 caso interesante es el de las llamadas, por los historiadores
que inicia la guerra no pretende hacerse tanto con su control, cuanto 11 111 l ·americanos, «Guerras Seminolas», que se mantuvieron entre Es-
separarse del Estado del que forma parte. Está fuera de lugar, si mante- 1 1d 1. U nidos y los indios seminolas de Florida. Los historiadores

nemos el concepto político de guerra, adoptar aquí la perspectiva del 11 irl •americanos enumeran tres Guerras Seminolas, sin distinguir, ob-
relativismo político: «la secesión no es guerra para el Estado que la so- 1 \11, nte, los géneros de que venimos hablando. Diríamos por nuestra

porta, pero sí lo es para la parte que la inicia». La razón es, sencilla- 11ll' que la Primera Guerra Seminola (1817-1818), en la que inte~ino
mente, que la parte secesionista no es un Estado, y precisamente por 1 1 g •neral Andrew Jackson, tuvo el carácter de una guerra de gener_o
esto busca la secesión, Sólo desde una perspectiva subjetiva emic, que 1 •s, puesto que uno de los contendientes era España, en cuya coloma

pide el principio (procediendo como si estuviese ya implantada en la ti , J:¡0 rida se habían refugiado esclavos que encontraban un lugar en-
plataforma del Estado que busca mediante la secesión) podría el sece- 1 , 1 s indios seminolas; en 1819 el presidente Adams negoció un tra-
sionista considerar como guerra a su movimiento. Un movimiento de 1nd por el que España cedía todo su territorio al este del río Misisipí

secesión sólo podrá considerarse como una guerra retrospectivamen- 11 ¡~ tados Unidos por cinco millones de dólares. La Segunda Guerra
te, si la secesión logra su objetivo, a efectos de la reconstrucción inter- · •rn inola' (1835-1842) habría sido una guerra del género dos, porque
na de su historia. En el supuesto de que la secesión lograse crear un ., Lalló cuando el jefe Osceola, y la mayor parte de su tribu seminola,
nuevo Estado podría suponer el vencedor que el Estado resultante en 1 -husaron reconocer el Tratado que había sido firmado por algunos

su movimiento ya existía virtualmente y, por consiguiente, podría in- j .fes indios y Estados Unidos. La Tercera Guerra Seminola (185_5-
tentar reinterpretar el Estado proyectado, como si fuera un Estado in l 8 8) habría que clasificarla más bien en el género uno, porque consis-
fieri que promueve una guerra con el «Estado opresor». Pero si la vic- 1i ' en la eliminación de la resistencia de los seminolas residuales que
toria no se produce, o hasta que no se produzca, el movimiento de se- 1 rctendían mantener tenazmente sus tierras ancestrales y se oponían a
cesión no podrá considerarse como una guerra sino como una trai- .·u ocupación por los blancos. . . 1
ción. Los sediciosos ya no podrán considerarse como guerrilleros sino Podemos de paso constatar cómo la terminología de los h1stona-
como traidores. ¿Cómo justificar, entonces, la creación de un «género J res norteamericanos, al no distinguir entre géneros de guerras, eleva
1
de guerra» ad hoc que acoge en su ámbito a las «guerras civiles»? Sólo .i utomáticamente, y probablemente con una intención, explícita o im-
porque este género de guerra es interpretado como un caso límite. 1 lícita, de adulación a los indios expoliados, el estatus de las tribus bár-
De todas formas nos inclinamos a interpretar las guerras civiles, cuan- 1aras.
do no son guerras de secesión, como guerras enmascaradas entre Esta-
dos, es decir, entre Estados que apoyan a las facciones enfrentadas
dentro del propio Estado. Tal habría sido el caso de la Guerra Civil es-

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. /, Lcoi-í po//1, ·1 de l 1 ,¡,¡c11 1 1 ·/ 1 · l:1 ,u ·r1:1 • 11111 1•111.il i•ll 11 0 ~1) 11 Jll l'(; ,.11111 ·111, · l.1 1• , ,1 ·11 1(•,,,,, !\el 111.llll !J H, (i (' p .l H( •.
d' Lcu,1, e Íl 'L 11 \1í 1 - l1u nu1 11' s t n ¡ <1 •111' / ' , 1.1 • 1 1111 ·,' i1 < ,' 11,: l ·11 j ·n:i. ' ' .I
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111 1, ¡u · ' hu s •w i ;,, r ·haz., y p r n ·igui ne
•11 1im ' 11 • l i · 111 ,
La teoría política de la guerra gue hemos expu es to in o rpora, de:; ", ¡ 111 1 , ·ne n l. r 1 , J c11 1 • la p r p tiva el l general prusiano.
de luego, la parte central de la célebre doctrina sobre la guerra e ri 1 111 11 d •11 1 u ' b erva q ue, aunq ue es inconcebible que un odio salvaje,
ta por Karl von Clausewitz (1780-1831) y publicada despu és de su 1 1 1nst in Livo, exis ta sin una intención hostil, en cambio se dan casos

muerte. Aunque Clausewitz no explicitó el fundamento de muchas dl' 1, 11u •n ·ione hostiles que no van acompañadas de ningún sentimien-
sus ideas -por ejemplo, el fundamento de su concepción central de l:1 '" l1 ,¡1t i l q ue predomine. «Entre los salvajes permanecen las intencio-
«guerra como continuación de la política», que él establece de un modo 11• rigen emocional; entre los pueblos civilizados las determina-
más bien empírico; o bien, la razón de la guerra o el significado de l:i l 1 ¡, >r la inteligencia. Pero tal diferencia no reside en la diferencia
paz; ni penetra en la taxonomía de las guerras y en su alcance teóri - , 11 1, 1¡i s · a del salvajismo o de la civilización, sino de las circunstancias
co-, sin embargo acertó a delinear con exactitud los contornos de la li i¡1 1 • ·s tán inmersas sus instituciones, etc.»
idea de la guerra y su conexión con el Estado, es decir, el tratamiento 11 ·ro si la guerra depende de la pasión (subjetiva), ¿no habrá que
inmanente a las categorías políticas de las cuestiones fundamentales 1, l11 · ir que la «inteligencia», en la civilización, detendría toda forma de
sobre la guerra. 1 11 1 rn? Es ta deducción, que es la que harán, si leen a Clausewitz, los
Clausewitz fue un general prusiano gue, entre otras cosas, se en- ¡• 11i Iis La humanistas de nuestros días, sólo podrá mantenerse en el
frentó, junto con otros, a Napoleón, en la Batalla de Jena, a la que asis - 11 1tt • to de que la guerra pudiera reducirse al terreno de la subjetivi-
tió como ayudante del príncipe Augusto de Prusia (por cierto, en el 1 l I l I icológica, en el que oponemos las emociones y los sentimientos

mismo año en el que Hegel, en Jena, terminaba la Fenomenología del , !11 i11te ligencia. Pero Clausewitz comienza situando a la guerra en el
Espíritu y veía en Napoleón «al Espíritu del Mundo montado acaba- 11 •n objetivo de la civilización, en el que también habrán de actuar
llo »). Pero Clausewitz, al parecer, no llegó a leer a Hegel, y difícilmen- 1 , •ntimientos y la inteligencia, pero no para estimular o para frenar la

te puede su teoría de la guerra considerarse como «hegeliana», aunque 11 •1·rn. Pues es la inteligencia -dice Clausewitz- la que desempeña
puedan fácilmente establecerse convergencias con las doctrinas de He- 1 11 p:\¡ el importante en la conducción de la guerra, y enseña a los pue-

gel. Su valoración política de Napoleón fue muy distinta a la de Hegel. 1 n.· ·ivilizados (que ya no liquidan a sus prisioneros, ni saquean las
Clausewitz, que había sido hecho prisionero de guerra por los fran- 111 1, des, ni arrasan los campos, a·caso porque los consideran suyos) a
ceses en 1812, pasó después a prestar sus servicios al zar Alejandro I, ,¡1Ii ·ar su fuerza recurriendo a medios más eficaces que los que pudie-
con la esperanza de liberar a Prusia, con su ayuda, de Napoleón; y, tras 1 111 r presentar esas brutales manifestaciones del instinto. «La inven-
la Batalla de Leipzig, volvió a incorporarse al ejército prusiano y pudo 1 I< 11 de la pólvora y el perfeccionamiento constante de las armas de

asistir a la Batalla de Waterloo (1814), que significó la derrota final de 1 1 •g muestran por sí mismos, de manera suficientemente explícita,
Napoleón Bonaparte. Si Hegel no influyó en Clausewitz, Clausewitz q11 · la necesidad inherente al concepto teórico de la guerra, la destruc-
sí pudo influir en Hegel, como influyó en Engels, en Marx, en Lenin 1< 1 1 del adversario, no se ha visto en modo alguno debilitada o desvia-
(menos que en Stalin), en Mao o en McArthur. tl ,1¡ r el avance de la civilización.» La misma famosa distinción entre
Acaso lo que. más asombra de la certera intuición de Clausewitz, 1 1 Li a y estrategia, tal como la expone Clausewitz en el libro segundo,
aun cuando solamente si disponemos de una teoría política de la gue- 1l¡ ítu lo primero, podría ponerse en conexión con la distinción entre
rra podremos dar cuenta de esta intuición, es su capacidad inicial para l I roceso individual, etológico cabría decir, y el proceso supraindivi-
disociar o desconectar los momentos psicológicos (subjetivos y, por tl 11al en el que tienen lugar la composición y combinación de los en-
extensión, etológicos) de la guerra, de sus momentos objetivo políti- 1 11·ntros individuales, de carácter más bien táctico.

cos. «En terrenos tan peligrosos como es el de la guerra -dice ya en La guerra es un episodio interno a la existencia política de los hom-
los primeros capítulos del libro primero- las falsas ideas surgidas del l1r s, en tanto esta existencia implica conflictos de intereses. La guerra

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'1:1 •¡LH· t: 1•l.1 k11L10 Id p1 (J ·:o de c:110~ •0 11fl i1 10 ,~, pp1 ·j ·n1plo los 1
, l', 1 111 · , f111111n ) <'~ d n 11 ,c 1,,·l 1 ,1•.¡ ,q1 1, · 111 isol 11p . d r l,1,, l; 11 c 11 ,1H li .1•
nfli · 111. 1" ial i s · diÍ·r ·n in l • los l ·n1 : · dli L , di e,· 1il l P. ·111 , lli ·¡ ria.
.lausewitz, es p r el mod sangricnr gún el cual se in tent:t lu io i 1·nt q u I f n m ·n d 1, >u rr, » f r e arnpli a I ibi-
narlos. Por ello la guerra real no es un esfu erzo del todo cons ecuemc, 111 11d s 1 , r. un tratan i ne antr p l ' ico ahi tóri co; y no solamen te
que tiende a sacar sus últimas consecuencias, según su concepto, si no lI q ue en párrafo anterior hemos agrupado dentro del género
que limita estas consecuencias y en cierto modo es una contradicción c11 1 •1 'nero uno, po rqu e también las guerras del genero dos y aun

sí misma, puesto que la guerra no es un todo limitado, sino que form:1 ,nero tres pueden ser consideradas, y lo son muchas veces,
parte de un todo más amplio. Y este todo es la política. «Si la guerra per- il,1 ll i amente, desde la perspectiva de la Antropología, y sobre todo
tenece a la política tiene que asumir naturalmente las mismas caractc• , 11 l,1 Antrop ología etológica. La Guerra del Irak, del 2003, como ya
rísticas que ésta. Si la política es grandiosa y pujante, también lo será la l,1 111 dicho, ha sido comparada por antropólogos de reconocido
guerra, y podría ser impulsada a la cima donde reviste su forma abso - 11 f, i ,io con los enfrentamientos que habrían tenido lugar hace más

luta. » •L · ientos mil años entre los hombres, o antecesores del hombre,

En el libro VIII, capítulo 6.13 de su obra De la guerra, bajo el epí- s buesos se conservan en Atapuerca.
grafe «La guerra como instrumento de la política», desarrolla Clau - 1 ro la posibilidad de disociar, o abstraer, y aun de separar en mu-
sewitz su idea fundamental. «La guerra nunca puede separarse del in- ' 110 ,' as os el análisis de las guerras del punto de vista histórico, no sig-

tercambio político y si, al considerar la cuestión, esto sucede en alguna 11 il ¡ ·n que esta disociación pueda justificar, en otros casos, la «puesta

parte, se romperán en cierto sentido todos los hilos de las diferentes re- , , 1l r, paréntesis» de las categorías históricas. Esta puesta entre parénte-
laciones y tenderán ante nosotros algo sin sentido, carente de objetivo.» 1 J · las categorías históricas es también de algún modo postulada, no

Esto no significa que Clausewitz deje de reconocer la disociabili- 11 1~nto por los antropólogos - y por supuesto por la ideología de los
dad, respecto de la política, del arte o técnica de la guerra. Sabe que el ,¡11 • • manifestaron contra la guerra en la primavera de 2003, e incluso
«elemento político» no penetra profundamente en los detalles de la ¡,t 1• l s funcionarios y políticos de la ONU que cantaban el Imagine en
guerra. «Los centinelas no son apostados, ni las patrullas enviadas a 1110 , LO de 2003- cuanto por los mismos historiadores que insisten de-

hacer sus rondas, basándose en consideraciones políticas.» Pero la in- 111 : iado en la conveniencia de abandonar la «antigua concepción de la

fluencia del elemento político es decisiva con respecto al plan de toda 1 1i: t ria » como «historia de las batallas», en dejar de lado la historia
la guerra, de la campaña y, a menudo, incluso de la batalla. 11 iIi tar ep beneficio de una historia civil o social. U na Historia que con-
¡ 1 ra a la guerra como un procedimiento extrapolítico, como mera
•Iiquia de la pr~historia. Esta metodología pacifista se ha extendido in-
§6. LA GUERRA EN LA HISTORIA 1u o a la explicación del origen de las ciudades o de los Estados, pres-
t i1,diendo por completo de todo lo que tenga que ver con la guerra, y

1. ¿Hasta qué punto la Guerra implica la Historia? Nos referimos, 1 •udiendo únicamente al concepto de comercio, a la teoría de la crea-

por supuesto, a la Historia del Hombre (dejamos de lado la «Historia ¡ ,n de los grandes almacenes de distribución como núcleos del ulte-
natural»). Y a la Historia del Hombre en lo que tiene de contradistinta t i, r fo ro urbano. Los procedimientos de estos historiadores recuerdan

de la Antropología, no ya precisamente por las partes del material an- muy de cerca a los procedimientos de los pedagogos (de los que ya he-
tropológico que pudiéramos asignar a una y otra, por ejemplo, la parte ¡1, ) hablado) que reescriben, pensando en sus tiernos alumnos, los

prehistórica -salvajismo y barbarie, para citar algún criterio, por anti - u •ntos infantiles clásicos suprimiendo al lobo y a la madrastra.
cuado que esté en nuestros días- a la Antropología; la civilización a la Sin embargo, la «implicación» de la guerra, o de la Idea de Guerra
Historia, sino por el diverso modo de organización lógica de ese mate- •n la Historia, sobre todo cuando nos atenemos a los géneros dos y tres,
rial: organización distributiva, en Antropología, y organización atri- pú de fundamentarse tanto en los componentes políticos de la guerra
butiva, cuanto al encadenamiento causal, de.los materiales del pretérito, u, nto en los componentes tecnológicos del «arte de la guerra».

-1 16 - -117-
lt 11 lo s •0 111ro 11 c 111 ' /> 1 Jlí1ir•u ~ d · l.1 ;11 ·rr v ·111 <i s l.1 ~ 1'.1 '.l,() 11 ·s 11 1rli , , •. ti • " •l l' pu111 111· i, t, 1n 11Í( p 1 ·1 111 · d · l.1 ¡·,11 ·11 ,1 , l,1 l1 i1,1P1 i.1 d · l.1
'1 ·nL ·s ¡ r n I ir vtm 1 ·n n · · ·s:iri:t ·, parn r · no ·r ·1si , ni i , d() 11 1 1 1,l, · 1111. li i. to ir1d · l.1 , 1 ¡u it · ·tu ra o ' l 1 l. hi s1 i:t l · l:1 111 '1•1·:1.
hi stórico q ue una guerra p ueda ten r, al men en .la med id a en g u h In. rnC1si ·a, en , rL s ·1 ialrn nte hi ' t ' r i a ,
historia no pueda dejar de ser «historia política». La contraposici ón d(' 11
1 1 1 •:,,, ¡u han d ·p ad d lo pr ced imientos de constru cción
una «historia social y económica» a una «historia de los reyes y las ba- 1 •,ll' ¡uiL e' nica» el cabañ as o cobertizos, o de los pro~edimientos
1
tallas » es ficticia, por la sencilla razón de que la llamada Historia de ¡ 1 •111 1 i ales » de producción o ejecución directa d~ somdos de per-
reyes y batallas no suele ser historia científica, sino ideología política. 1 11 j ' n m. ro acompañamientos de la danza. La arqmtectura, como la

Pero la misma historia social y económica sería una abstracción, es de- 11 111•1 ; ·. , ap arece tras un análisis, en partes formales, de construccio-
cir, no podría explicar la concatenación causal de los fenómenos, si 1 •j cuciones previas, análisis que implica la «demolición» de esas
pusiese entre paréntesis la historia política, y, con ella, la historia mili- 111, tru ciones o ejecuciones, y abre las posibilidades infinitas de una
tar. ¿Acaso el comercio marítimo pudo desarrollarse, tanto en la Anti - 11 111 1 in atoria posterior sobre las que se irán apoyando los sucesivos
güedad como en la Edad Moderna, al margen de la marina de guerra? 11 u ILados. No puede entenderse el órgano, sin flautas previas; ni pue-
Otra cosa es que el historiador irenista haya adoptado una perspectiva 1¡1. •n nclerse la orquesta sin los previos instrumentos que la integran,
económica y social tan abstracta que no sepa cómo incorporar causal- 11111 ¡ 1 de la integración resulten modificaciones profundas en los
mente a su perspectiva las guerras y las batallas, resignándose a citarlas ti o¡ i s componentes. Menos aún puede entenderse_ la or~uesta sin
1
a título de historia externa, en notas a pie de página o en secciones o ¡1 111 LÍ LU ras , como tampoco puede entenders~ un rascaoelos sm ~!anos.
apéndices fuera de texto (es el caso de la Historia de España, en diez M ,\S , Cm, el compositor trabaja sobre partituras, y no sobre mstru-
volúmenes, que dirigió el difunto Tuñón de Lara). 111•nt s, como el arquitecto trabaja sobre planos y no sobre «grandes
Pero sería suficiente, para demostrar la historicidad de las guerras, 1ll,tr s», como ya subrayó Juan Bautista Alberti. Por eso los composi-
la consideración de sus componentes tecnológicos, es decir, el arte de la 1 11 • e encuentran encadenados históricamente: no es posible enten-
guerra. «La guerra» no es una idea que pueda quedar agotada por el 1l •1 a chütz sin Gabrielli, ni a Bach sin Vivaldi; no es posible entender

1 J ¡>, rtenón sin el Palacio de Cnosos. En la guerra, a los grandes arqui-


análisis de ciertas características intemporales (en rigor, ahistóricas)
suyas, como puedan ser el odio entre los hombres, los instintos caini- 1 , 'L s y compositores corresponden los grandes generales. César co-
tas·o cosas por el estilo. «La guerra» es expresión que dice necesaria- 111 ·ió a Alejandro, como Napoleón conoció a Alejandro y a César.
mente referencia, desde un punto de vista histórico, a una pluralidad ¿ Y cómo olvidar el entretejimiento entre la organización y tecno-
de guerras concretas, que se han librado en lugares geográficos y en l11g í, de la guerra y la organización y tecnología de la sociedad civil en
tiempos históricos determinados y, lo que es más importante, se nos I', •11 ral? Ningún historiador de la tecnología puede ignorar no sólo
ofrecen como susceptibles de ser ordenadas según sus componentes l.1, • plicaciones que las diversas tecnologías civiles han aportado a los
estrictamente militares (organización y armamento) en una «cadena 1,j •r iros , sino también el papel que las guerras han tenido, o bien para
histórica», mal llamada cadena evolutiva. 11 •s u brir o bien para acelerar el momento histórico de la creación de
Las guerras no son independientes las unas de las otras, ni siquiera 1, neos y tantos ingenios. No puede explicarse la razón histórica del
en cuanto a su estructura militar. La estructura militar de una guerra 1 , arrollo de la tecnología nuclear, del radar, de los viajes espaciales

depende muchas veces de la estructura de las guerras anteriores. La es- 11 d la cibernética, en una historia inmanente de la tecnología, ponien-
trategia de la infantería y de 1~ caballería tiene su historia (las formas do entre paréntesis la Segunda Guerra Mundial, como si ésta fuera una
del cerco, sitio o asalto a las ciudades amuralladas, la disposición de los 111 ·r:1 reliquia de épocas arcaicas.
ejércitos en la batalla), como la tiene la estrategia naval y, por supues-
to, la aérea. El planeamiento y progreso de una guerra, a largo plazo, 2. Y, ¿hasta qué punto la Historia implica la Guerra? ¿Hasta qué
es lo que distingue las prólepsis militares de las prólepsis a corto plazo ¡1unto puede la Historia del Hombre prescindir de la Guerra? Los ire-
(tácticas) ligadas a una escaramuza o a una algara. Cabría comparar, 111 tas responderán de este modo: «La guerra debe ser sacada de la lla-

-118- - 119-
111 1,1 1· 11 \J '
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1,o 1u ' r ici am , 1 p, i ism 111 taíí i y , t d aquel g ue, :rnte
énero hu man ; p r tanto, a lo um p d rá hab.l ar , uand h. hl.1
l, 1,1 1·r,•,) v rgü nzad el ' nero humano » es la hipocresíaobj eti -
de las guerras, de prehistoria de la Humanidad. »
111· ;- 1, titud y la ingenu a identificación de su ego con el G énero
A esta conclusión habría llegado el joven Marx a vueltas de su ces.i.\
l" 1111, n . Hipocresía por cuanto su actitud supQne que «la guerra no
sobre la alienación que la lucha de clases habría determinad o en el
¡11 ' I», como si él perteneciese a otra especie angélica: es el ange-
nero humano. Alienación que impediría entender la historia convei 1
u constatamos tanto en el Papa como en John Lennon. Y sin
cional como historia del hombre. Ésta sólo podría comenzar «despu{~
, 1, il , r· forma parte de un mundo en cuyos edificios habitan, comen
de la revolución», cuando la Humanidad, ya unida, pudiera desempc
tlu ·rmen, tanto el Papa como los seguidores de Lennon. ¿Acaso
ñar el papel de sujeto de la Historia.
11 1•, l ) irenistas angelistas no suelen vivir en un Estado de bienestar,
La tesis no puede ser más disparatada, al menos en el terreno gno
1 11 l•'. : cado que está apoyado en los tanques y en los misiles, que, entre
seológico, cuando se tiene en cuenta que, por consenso universal de lo~
1 •I 1,l.' sas, defienden el control del petróleo? La actitud de quien
historiadores, la Historia se ocupa de la Humanidad pretérita que real
d < 111 ina de la guerra y acepta la cultura humana qu e depende de ella
ment~ ha ~xistido, y se mueve en ese terreno como en su campo propio.
111 i •rra la quintaesencia de la falsedad.
La H1stona no se ocupa del futuro de la Humanidad. Y, sin embargo, lo
' in embargo toda tesis, por disparatada que sea, puede tener algún
que ~e pos~ula en esta concepción fu turista de la Historia -concepción
lu11 lamento. La dificultad está en determinarlo. ¿Cuál es el funda-
al mismo tiempo poética o imaginaria, no ya sólo ontológicamente sino
111 •11lo gnoseológico que cabría encontrar en el fondo de esta tesis dis-
gnoseológicamente- es rechazar la naturaleza histórica del pretérito
)' 11,l l , da?
de la Humanidad, y desplazar el comienzo de la Historia a un futuro en
l\nte todo, ¿qué es lo que niega la tesis disparatada? Niega la «legi- t
el que se habría erradicado definitivamente, en una Paz Perpetua, no
111 i lad» de considerar a la Historia convencional como Historia de la
sólo la guerra, sino las causas profundas que la generan.
1 1u m::mid ad. Pero, ¿puede concluirse de aquí que la Historia sea una
La tesis es disparatada e inadmisible en el terreno gnoseológico. '[
11 1 ·hi toria? No, porque podemos reconocer, en el terreno gnoseoló- 1
Incluso puede quedar reducida a la propuesta de un mero cambio de
1 11· , a la Historia como la historia efectiva, sin por ello interpretar-
nombres: llamar «Prehistoria» a la «Historia» y aplazar el comienzo
! t mo prehistoria de la Humanidad ni siquiera como Historia de la
de la Historia a la época de constitución de un campo nuevo en las ca-
1 l 11manidad. En este supuesto no sería necesario cambiar el nombre
lendas griegas. La tesis, sin embargo, es tan disparatada como la reac-
lt• 1 li toria por el de Prehistoria, respecto de una Humanidad inexis-
ción emocional de los pacifistas irenistas que se manifestaron en el
1 11t , sino sencillamente tratar la interpretación de la Historia que
2003 y que, envueltos por esa tesis, dicen «avergonzarse de la Huma-
1 , 1mente existe, considerándola no como la «Historia del Género
nidad », en el momento de constatar el horror y la crueldad de una
[l1111ano » sino como la historia de las diferentes sociedades humanas
guerra concreta. Porque, ¿acaso no son ellos también parte de esa Hu-
111 re las cuales se distribuye ese «Género humano », que no existe en
manidad positiva que está haciendo esa guerra? ¿Acaso no son cóm-
plices de ella desde el momento en que se benefician de las ventajas de
d,., luto como una entidad previa, o posterior, dada al margen de esas
11 ·i dades.
la civilización, que ha sido efecto de la guerra? ¿Qué sería la civiliza-
Y como, en todo caso, la idea de G énero humano del futuro (aun-
ción cristiana actual al margen de las Cruzadas, de las que parece que-
t¡ l1· no un determinado «modelo» de su unidad futura) está presu-
rer olvidarse el Papa que condenaba la Guerra del Irak? ¿Acaso no ca-
)l ll ' ta en la misma interacción de las sociedades humanas históri-
bría ver a~tuando, en el fondo de esas «expresiones de vergüenza por
11,' erá necesario analizar cuál sea el papel gnoseológico que quepa
la Humamdad», los principios de una mala fe qu e pretende disculpar-
1 i , nar a esta idea del «Género humano » del futuro, en la «economía»
se y echar la culpa de los horrores de la guerra a quienes no se «aver-
d ·1 onocimiento histórico. Brevemente, y desde la teoría de la cien-
güenzan» psicológicamente de la Humanidad, acaso porque sencilla-
-121-
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( i. t tl('I i ·1·1'. ' l ·go ri :d, la 1 '// jJLI ·s l. p) [¡ l e
. •u111 i18 . ( ' JI 1( :-1 sig11i 'JJI('. 11 ,.1 til l1i111 i •11t (, d(' /\11 11· 1i 1111 p p,11 .1 l,1 l l11111 ,111 i l.1d l1 i~ 1(i1 i¡n p(• 10
t ~rrnin 11 t .i 1,1 • ·h. 110 11 0 · ·in < s 1, s · 11 s · ·u ·n ·i. , q u · h · ' 1rsió 11 111 . r
Ante todo la redefinición de la cateo-o rías del pa ad , pr · ente 11 1 11 , 1qn 1 · e p, r. L l h1m , 1 i L l.
1

futuro en términos distintos de su mera definición astronó mica o psi her b i. n, i.re o n emo a la 1-Ii roria la necesidad de contar con
cológica (del tiempo métrico, o de la memoria personal, qu e alglllw ., 1 11 1 1l~1r p itivo, es taremo diciendo, según acabamos de notar, que
pretenden interpretar corno «memoria histórica»). Es irnprescindiblr 1 1 ,11 pr píamente la historia del presente, en el que está actuando el

definir las categorías históricas de referencia en un espacio social, p en, ¡11n11 bi toriador. Un hisroriador que, sin embargo, tiene también
de suerte que en las definiciones figure ya la idea de sucesión o secuen ,11 1 • •u jos, como cualquier ciudadano, la idea del futuro del Género
cia causal. En otras ocasiones hemos utilizado la idea de influencia entre !1 1111 , n .
grupos sociales -o entre personas y grupos, o recíprocamente- para donde hay que concluir que el «futuro » está siendo utilizado en
establecer tres tipos de situaciones teóricas bien definidas respecto al pciones bien distintas: la del futuro no realizado aún, hablare-
sujeto gnoseológico de referencia: (1) La situación de un círculo o !, 1 l .' 1 f uturo infecto, y la del futuro ya realizado respecto de otro pre-
conjunto circular de personas entre las cuales tenga sentido, en princi - 11t anterior, lo llamaremos futuro perfecto. De este modo podremos
pio, hablar de influencias recíprocas: esta situación se corresponde 11 1uir que la historia positiva sitúa los hechos históricos en la cadena
con la categoría histórica del Presente. (2) La situación constituida por l11 L( rica del pretérito, presente anterior y futuro perfecto; y que la his-
conjuntos de grupos o personas que influyen decisivamente en noso- 1 nria metahistórica (historia ficción, ideológica, anticipativa, a veces

tros, sin que nosotros podamos influir en ellas: esta situación se corres- 1 11pretensiones filosóficas) intenta insertar los acontecimientos en el
ponde con el Pretérito. (3) La situación constituida por los conjuntos 111 rizonte de un futuro infecto.
de personas en las cuales nosotros podernos influir de modo absoluto, l historiador que procede como si conociese ya, al menos en sus
sin que estas personas puedan influir sobre nosotros, puesto que cuan- 1,ts¡• generales, las etapas de la historia que queda por recorrer en el
do ellas actúen, nosotros ya habremos muerto: esta situación se co- lt 1Luro infecto -como ocurre a los historiadores que asumen el punto
rresponde con el Futuro. 1 • vi ta de las «fases o etapas de la historia universal» por edades, mo-
Supuestas estas categorías históricas podemos dar una primera ca- ti l s de producción, sistemas políticos u otros criterios semejantes- y
racterística del conocimiento histórico, en función de ellas, diciendo 1 • • nstruye la historia positiva desde esa perspectiva metahistórica,

que este conocimiento, en cuanto ciencia positiva, se propone como ¡ ir no decir eterna, adopta de hecho la perspectiva que_los ~eólog?s es-
objetivo no ya «situar» un acontecimiento en el punto que le corres- l~s ticos atribuían a Dios en cuanto poseedor de la c1enc1a de simple
ponde de la «línea del espacio tiempo», sobreentendido como tiempo l lll Iigencia, o incluso de la ciencia de visión, una vez ya transcurridos
astronómico, sino determinar sus precedentes (en su pretérito) y sus [¡ s hechos. Como si se poseyese la ciencia de simple inteligencia de la
consecuentes (en su futuro). Pero únicamente cuando ese futuro esté l1i ·co ria humana, se comporta ya el etólogo que cree poder predecir,
ya realizado será posible determinar la influencia que algún suceso l ·sde claves anteriores al propio Género humano, como lo son las cla-
haya podido tener en su futuro positivo. Según esto carecería por v • primatológicas o zoológicas, que la guerra jamás desaparecerá de la
completo de sentido hablar científicamente de la «Historia del presen- 11i ~oria, porque los hombres seguirán siendo mamíferos placentarios
te», de la historia de nuestro presente. Ni siquiera puede decirse, por 1 ualquiera que sean sus disfraces culturales.
ejemplo, que en el decurso de los vuelos espaciales, el alunizaje del Pero acaso quienes se han situado más cerca de la actitud de un
Apolo X, que consiguió que unos hombres dieran pequeños pasos so- 1 ios Padre que posee la ciencia de simple inteligencia, han sido aque-
bre la Luna, aunque «un paso gigantesco para la Humanidad», pueda l! s primeros marxistas, y también muchos de los segundos que fo~-
ser considerado como un acontecimiento histórico, incluso de mayor 111 u laron lo que se conoció como «teoría del eclipse». Desde la doctn-
alcance que el Descubrimiento de América. Y esto por la sencilla ra- 11. de las etapas de la Humanidad, según el criterio de los modos de
zón de que nosotros conocemos muchas de las consecuencias que el 1 r ducción (comunidad primitiva, modo de producción asiático, es-

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,· l.1 vi¡. 111 (1, · ·ucl :di , 111<, . pi1.1li.~J11 > 111 (' 1t·a,1Lil ) :i pi1.il is 111 t i111¡,t 1'i:-ili s1.1 , 1.1( i.1 de 1'ni le~
di L:1 lur:1 d I pro l tari::id y o muni m fin . 1) atr ·v n , di , . n sti v::i 1 11 ,, n hu -
ca r, en cada mo mento, el lu gar qu e la ociedad oc up a en el urs del i ,i 1 , .i l:1 d , ,· paña caría n I iglo XXl po-
tiempo, y desde luego «sabiendo», con toda precisión, las etapas qtr<· n b ilaba q u irían a rezar a las mezquitas y
quedan por recorrer para llegar al Estado final; se atreven a predecir, 11 1 ,o n inm lar e en algún coche bomba contra la Puerta de Brande-
en función de este diagnóstico, las etapas del futuro infecto. En los de- l,11 1g . >
bates clandestinos que se celebraban en las décadas anteriores a la 1,. L1cstión de los futuribles importa a la teoría de la historia por
transición democrática española podían escucharse proposiciones , 11 111 l I lantea, no ya la cuestión de si un hecho pudiera o no haberse
como ésta: «España se encuentra actualmente en el modo de produc- ¡<11 1u id , sino la cuestión de si cabe contar con un hecho futurible
ción feudal, por lo que muy pronto podrá instaurarse la revolución d 1 ' 1 11 , civo, porque si como único futurible sólo pudiéramos contar
burguesa.» 11 11 1 { j mismo, no podría llamarse propiamente futurible. Estamos
Si aplicamos las definiciones que hemos dado de las categorías his- ,111 • l:1 uestión de la determinación de los antecedentes de los hechos
tóricas de pasado, presente y futuro, a partir de la idea de influencia 1 l i<'> icos (de aquellos que el historiador investiga) y de su conexión

como categoría causal, tendremos que conceder que la historia positiva , 11 11 1 hechos de su posterioridad. Si en el supuesto de que la Batalla
organiza los hechos históricos en un horizonte pretérito, en el cual ni el ',il , mina no hubiera dado a Atenas la victoria, y sin embargo la de-
historiador, ni nadie, puede ya influir: los hechos históricos son irrevo- 111 ia de Pericles se hubiera constituido, entonces cabría concluir
cables, como lo son los futuros perfectos. La perspectiva que, según JI, • n es posible pensar un futurible distinto del que arroja la historia
esto, mantiene el historiador positivo en su ejercicio (la que se expresa 1 ,ti. i el teniente Bonaparte hubiera muertó en Tolón, otro teniente
en la famosa sentencia de Ranke: «la historia constata los hechos tal )¡ 1hi ·ra sido el Primer Cónsul.» Esta fórmula de Engels, aunque no
como ellos fueron») puede compararse a la perspectiva que los teólogos 1 ,t ptable por su contenido concreto, ofrece sin embargo la fórmu-

atribuían, no ya a la ciencia de simple inteligencia, sino a la ciencia de l 1 ·rtc ra para el planteamiento de la cuestión de la necesidad o de la
visión divina. Porque la ciencia de visión es la ciencia de los sucesos que 1 1 1tingencia de los hechos históricos.
ya han ocurrido, y que son irrevocables.¿ Han de considerarse por ello n hecho histórico sólo podrá ser considerado como histórica-
como necesarios?¿ Podrían haber no sucedido y en su lugar haber suce- ¡ 1 •11 t necesario cuando se le tome, no ya en su posibilidad abstracta o
dido otros, los llamados futuribles, en realidad: preteribles, puesto que d1 1 1LI ta, sino en su coexistencia con otros hechos de una serie dada.
están en contexto, no con el futuro infecto, sino con los futuros perfec- 1 1 cir, cuando no puede suprimirse como experimento mental, o
tos que constituyen el pasado? En cualquier caso, habría que tener en 11 , sin que quede alterada significativamente la cadena de hechos de

cuenta que la cuestión sobre la necesidad o la contingencia de los he- 11 ¡ terioridad. Porque si efectivamente los hechos históricos, aun
chos históricos positivos no hay que plantearla considerando a estos ,11 <'V cables, en términos absolutos, no estuvieran vinculados interna-
hechos aisladamente, puesto que aisladamente siempre podemos pen- 111 ' ill con su posterioridad, formando con ella alguna cadena causal,

sar o imaginar que este hecho, sobre todo si lo consideramos como he- 111o nces no cabría hablar siquiera de un curso histórico, sino de una 1
cho libre, podría no haber ocurrido. 1i · fantasmagórica de acontecimientos sucesivamente yuxtapuestos.
El modo de plantear la cuestión es otro, a saber, el de la conexión de Nos queda así abierto el camino para enjuiciar gnoseológicamente ,I
los hechos futuribles con la trama real de los futuros perfectos del he- 1 1d ·anee que pueda tener la historia que, en sus series causales, puede
1
cho de referencia. Desde este punto de _vista, la cuestión ya no versará 1111 1 , r con hechos pretéritos concatenados con hechos de un presente 1 1

acerca de si un hecho histórico pudiera no haber ocurrido, en relación l •r ·fcre ncia, y éstos a su vez con hechos futuros, pero inscritos en un '/
i
con su pretérito, sino en qué medida un hecho histórico (determinista, l111 li r infecto. Esta situación nos remite inmediatamente al caso de las
aleatorio o libre) puede vincularse a una serie de sucesos de su posteri- , 11 11: crucciones beta operatorias por cuanto el futuro infecto, por defi-
dad. «Si las Guerras Médicas no se hubieran producido, y si la Batalla de 111 i ' n, constituye un campo sobre el cual los sujetos del presente, entre

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·11 <,s lvíl l1 i 'L H i. d ,1•<·~ 1 , ¡>u <.: d ·11 ·j ·1 ·1 ,,u i1d lu ·11 i. 1. No • ·11 (1 1111.1 l'<• 1,,. d("~d<· 1111 ¡111111" 1c vi, t.1 li i I i/1•/ 1·i 11·1 kl 1¡u · ~e 11 ,
111 0 , [ r l ~Ull , ant un , p r l ' Li va cl I, '1i sL ria ¡ r, 111:h i ·;1 qu · . 1111
1 ld ,1 •, t111 lcú •r tr :,;e , ¡Ne, 1, u ·rr. ! ,); un deú ,r · •r ¡u • nLr,
es pr piament historia, sinop reología, hi toriaficció nd lfucur , u111 11 1 011L1\ li ·i ' n 1 1 b r r 111 r. 1 o I o líti o. N o se trata, por
pía, o, en términos teológicos, ciencia media de futuribles infc 10, 1 1, 11 p I p n r l s r hi stó rico a un deber ser abstracto; se trata de
(como futuribles que no tienen un respaldo alternativo perfecto) p ·r11 1 q 111 ·r Id ber ser po lítico a un deber ser puramente ético: el deber de

que, en todo caso, tienen que ver con la historia positiva (no es una hi~ 1 1 1 1 •r, r a la conservación del Estado, aun cuando ello exija mantener

toria enteramente externa) puesto que procede de ella y aun la envuelve l I I', 1•rra c n otros Estad os, y conculcar los deberes éticos. No se trata
en cada momento como conjugándose con ella. Y en la medida en la cu.d 11 1 us ar la guerra, ni de defenderla; se trata de aceptarla si ella se pre-
las líneas por las que discurre esta historia del futuro infecto puedan re 11t a ·o mo necesaria para la defensa del Estado.
percutir sobre la organización, falsificación, etc., de la historia positiva, l,a egunda opción es la que no acepta como norma de la historia
incluso en la evolución de los futuribles perfectos, podremos conclui, 111 • ·ut (como norma para entender el futuro infecto del Género hu-
que no está enteramente desconectada de la historia positiva. 11,11 1 ) la necesidad de eliminar la guerra de su horizonte. Los princi-
Si nos circunscribimos a la cuestión de la guerra que nos ocupa, el 111 is fundamentales en qu e cabe apoyar esta segunda opción son de
planteamiento de la cuestión podría tomar este aspecto: ¿qué corn· ' " 1 ·n tecnológico o de orden político.
xión podemos establecer entre la guerra y la historia infecta? Puesto 1, s fundamentos de orden tecnológico tienen que ver con la im-
que la conexión de la guerra y la historia perfecta o positiva la supone 1d, \ t i , n entre el progreso (supuesto que la idea de una historia de la
mos ya asegurada en muchos casos, y según un modo interno -y poi 1 111manidad futura no pudiera ser desvinculada de la idea de su pro-

ello precisamente nos resistimos a aplicar la idea utópica de una Hu J I •, ) y la guerra. Porqu e si bien la guerra, por sí misma, no implica

manidad futura pacífica a la reconstrucción de la historia positiva-, 1¡ ro greso, en cambio se ha afirmado que el progreso de la Humani-
tendremos que considerar las dos opciones opuestas que creemos po l 11. í ha implicado la guerra. Incluso se ha llegado a definir a la guerra
sibles, a fin de analizar sus fundamentos. 11 10 la «locomotora del progreso humano ». Sin duda es ésta una fór-

La primera opción es la que acepta la norma de la eliminación de la 111 ub puramente literaria, y filosóficamente inadecuada, por cuanto
guerra como único recurso para construir una historia de la Humani - t. onstruida sobre una sustantivación o hipóstasis de «la guerra»,
dad futura, aun asentada sobre los fundamentos de la Humanidad pre- 1 1 111 si a «la guerra» se le pudiera atribuir un papel de agente demiúr-
térita. El argumento principal que esta opción podría presentar es éste: 1 '< de principio activo. Será preciso sustituir esta fórmula literaria
que de la realidad pretérita de la historia, del ser histórico positivo de la 11111' ·sta otra: «La guerra ha podido ser ocasión, cauce o condición sine
Humanidad, no cabe deducir el deber ser de su futuro. Toda la historia ,¡11 r non para el progreso. » Lo que no quiere decir que únicamente en
humana está sembrada, efectivamente, de guerras, pero esto no es razón 11 1,t itu ación de progreso en marcha la guerra puede ser una necesi-
para concluir que deba seguir de este modo. Más aún, el deber ser de ' L1 1indispensable para que el «orto grama progresista» de una sociedad
la Paz Perpetua habría de convertirse en norma imprescindible para 11 11 inúe ejerciéndose. El logro a fecha fija, por así decirlo, del control
que la historia del futuro infecto pueda escribirse sin necesidad de inter- 1I • l. energía nuclear fue un efecto del Proyecto Manhattan; otro efec-
calar las guerras como eslabones de la cadena histórica. 1t incontestable de la Segunda Guerra Mundial, y efecto mucho más

Sin embargo el argumento del deber ser, opuesto al ser histórico, ca- il i1 · to, no sólo colateral, fue la liquidación del colonialismo británi-
rece de toda fuerza gnoseológica. Y no solamente porque el deber ser ' belga, alemán o francés, y la transformación de las antiguas colo-
sólo podría actuar en el futuro por vía de un voluntarismo idealista, el 11111s, mediante su «liberación nacional», en «repúblicas soberanas» y
imperativo categórico kantiano, sino porque el deber ser pacifista ni 1 ·mocráticas». Transformación que nadie dejará de considerar como

siquiera está definido históricamente, salvo petición de principio: «hay fl 11 progreso político.
que pensar la historia del futuro sin guerras en funci ón del deber ser de Pero esta supuesta ley de progreso ~e la Humanidad, tal como fue
no pensarla como necesarias en el futuro ». lrn mulada en el siglo XVIII por Turgot y Condorcet, incorporada por

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S¡,(· 11 (c 1 1 1 ,11 w 111 , dd v11d i l.1 ¡io 1 M. 1x 1~11 , ·l<i l ',' 111 11 1 le i111.1¡ •,1 11 11 \) (1 .1, /,(• Í · l1J c .1 lu 111.l11\·1.1 111 () ·¡; u11 :< · cl ··
n :v i, , , Lin m L, fí i ·,.. E l pr , r · ·' lo Li ·n s ·nLic.l ( ' L1:t n lo v, r ·Í<· 1i 1,1 •11 h ~¡ · N·w t( 11 ·lp ·sc , L:n q 1 · 11 a r: t'r , 1 a líLi a rn 1 -
d a algun as línea cat 0 orial s independie nc : cabe bab lar d I p ro 11 l · lu i l d I u rp cxcc n , n iderad n ·í mi mo,p rabstrac-
greso en la velocidad de los transportes, y de progreso en l c r:nn ,1 11, 11 • una pr pi d ad q ue afecta sintéticamente a los cuerp os cuando
del genoma humano; carece de sentido, en música, hablar de una lí11c.1 l' )n id ran en su r lación con otros cuerpos.
de progreso cuyos eslabones fueran Bách, Mozart o Schoenberg. A lt- l\ h ra bien, es evidente que fund ar la norma del reconocimiento de
más, las líneas de progreso en una categoría pueden ser incompatibb l 1¡,u rra de la historia futura en la organización política del Género hu-
1

con las líneas de progreso en otras. El «progreso demográfico» es i11 11 1 11 n Estados relacionados entre sí de un modo compacto -según
compatible con el progreso en «calidad de vida»; el progreso econ ó 1 1 ,n delo de Kelsen: como conjunto de Estados extendidos por la su-
mico de una empresa global es incompatible con el progreso de otra., 1 ,(• 1·fi ie del Globo terráqueo, representables por otros tantos conos cu-
empresas competidoras. La expresión «progreso global» no tiene más , : értices convergieran en el centro de la Tierra- abre el camino a las
alcance que la expresión «círculo cuadrado». ¡11 ·misas del anarquismo. Si la división del Género humano en Estados
Pero si la «ley del progreso» es una mera ficción, el ideal del pw , la raíz de la guerra, obremos, mirando hacia la historia del futuro, en
greso, incluso al precio de la guerra, es una petición de principio, por 11l Ii rección de la extinción del Estado.
que suponer que la guerra ha de ser reconocida en nombre del ideal Pe ro la conclusión sólo se mantiene cuando pedimos el principio,
del progreso de la Humanidad, puede implicar, modus tollens, que d i¡u hay que demostrar, de que una Humanidad sin Estado habrá de
progreso debe ser retirado como ideal, precisamente porque es causa (' 1' L 1na Humanidad pacífica. Concedamos que el Estado implica la
de la guerra. Es la línea que sigue Zerzán. Pero esta vía, que es la vía •,11' rra; sólo incurriendo en el sofisma de negación del antecedente,
que abrió Rousseau, conduce a lugares todavía más disparatados, a los ¡1 lemos concluir que la negación del Estado implica la paz. ¿Y cómo
lugares de la «Arcadia feliz » de la Edad Saturnal, en la cual los hom ¡1 1ría establecerse un orden pacífico más allá del Estado? Sobre todo,
bres recolectores todavía no habían cometido el pecado original de I í mo podría mantenerse la Humanidad en el intervalo, necesaria-
la caza. 111 ·nce largo, que se abriría entre su organización en Estados y su orga-
¿Y qué fundamentos políticos podrían aducirse para apoyar el re- 1ii;,.ación ácrata? ¿No sería este intervalo el lugar de aparición de un
conocimiento de la guerra como institución inevitable para la Huma- ll ) político -masacres, hambrunas aún peores que la guerra- irre-
nidad futura? La argumentación puede resumirse de este modo: si la v ·r ible?
guerra está implicada internamente en la política de los Estados y S('
presupone que los Estados han de figurar en la historia futura de ];¡
Humanidad, no podremos borrar la guerra de esa historia, antes bien, §7. LA GUERRA, LA ÉTICA, EL DERECHO Y LA JUSTICIA
tendríamos que reconocerla como componente suyo. Y no como com-
ponente meramente accidental, en el sentido del «quinto predicable» l . Definimos las normas éticas, en cuanto normas prácticas, por su
de Porfirio, sino como un predicable propio, en el sentido del cuarto ,11 jctivo común de preservación y fortificación de la vida de los sujetos
predicable. Por tanto, con un grado de probabilidad que, aunque va- <rpóreos, es decir, por tanto, de su estructura normativa; una defini-
riable en cada época, nunca sería nulo. 1 i ' n que requiere dejar de lado la cuestión de su génesis: ¿un mandato
La guerra podría considerarse, entonces, como una institución pro- divino ?, ¿el imperativo categórico de mi conciencia?, ¿la presión so-
pia -como un «accidente interno», que no es esencial pero que deriva 1 in l? (Ver el Apéndice II, En nombre de la Ética).
de la esencia-, de la historia del Género humano, en tanto está reparti- La Guerra conculca las, normas éticas, porque la Guerra se define·
do en sociedades políticas. Podrá admitirse que cada una de estas socie- ¡H r su disposición a no detenerse ni ante las heridas, ni ante la muerte
dades no tenga a la guerra como nota esencial «analítica» suya; pero sí 1 ·1 enemigo al que trata de vencer. Luego la guerra es incompatible
podrá tenerla como nota esencia o propiedad resultante de la confron- · i n la ética.

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11 ' ro ¿s ' i u • d , t, 11 ¡
1 u1· r1.1 i· 1 l 111 ,J u, •~i. ·11 el , J n nu r 1Ho, p 1i1 vo,
; ·11d u. 1
h nd na i ' n abs I ita le la u rra, 1 «¡N a le u rr. !»? n<.:x i ' n ·o n ,¡ í L n1.a ! - la n rrna ).
Sin d uda, si las normas ética p udieran considerars · mo d t, l.,\ /\ 1 pr f n r !, ncxi ' n de las rcla i 1 e cntr el derecho natu ral
de capacidad de actuar en un régimen absolu to, es decir, sep ara las d,· 1 1 1 ·r h p ositivo p or medio del esqu ema de la conju gación de los
otros sistemas de normas, y, por supuesto, cuando se ad mite qu e 11 s ideas correspondientes, no p retendemos defender la tesis
sideradas dentro del propio sistema, no hay contradicció n interna ·11 ualgu ier norma incluida en una teoría del derecho natural
tre ellas. onjugarse con un sistema determinado de derecho positivo.
Pero las normas éticas pueden contradecirse entre sí: una non11.1 1, n rmas iusnaturales, o consideradas como tales, de carácter me-
ética autoriza, en defensa de la propia vida, matar o herir al agresor; c.~ 1 ,/¡ i · ; por ejemplo, la norma: «Ha de suprimirse la distinción entre

irrelevante que la intención subjetiva de quien se defiende no sea la dl" l1, ¡ 1ll y lo tuyo en todo lo que respecta a los bienes de producción y
matar o herir a otro, considerando su herida o su muerte como mcri 1 1 I e n umo. » Y hay teorías iusnaturalistas también metafísicas. En

daño colateral. Lo relevante es que el finis operis de mi acción defensi 1r íl •r, 1, cabe considerar metafísicas a todas las teorías que fundan el
va, no el finis operantis, puede conducir a la muerte segura de mi agrc , 1 1 ' ho natural en un supuesto «orden de la naturaleza humana»,

sor. Cuando esto ocurre el recurso a la ética puede ser improcedente. , t ,1 11 ¡ este orden estuviera actuando antes del «despliegue» (que en
Pero cuando las normas éticas entran en contradicción con normas , 1 di lad no es tal despliegue, puesto que no hay nada previo capaz de

morales o contra las normas políticas, el recurso a la ética puede llega, , 1 1¡ 1 garse) de la propia Humanidad, bien sea desde fuera, por dispo-
a ser un síntoma de mala fe. Por ejemplo, si el sujeto es español y dice, ¡ i ' n divina trascendente, bien sea desde dentro, por disposición ge-
en nombre de la ética, «No a la represión de la inmigracióii ilegal>•, ,1 ¡ i a inmanente. Circunscribimos nuestra tesis a aquellas normas
está actuando como si a él no le afectase la necesidad de mantener la •¡lt , ' lo cobran sentido a través de las normas positivas; lo que equi-
economía española, en la que vive y de la que saca la energía para pedir il • , afirmar que no existe un derecho natural normativo indepen-
la liberación absoluta de la inmigración. 1l1 •m y previo al derecho positivo. O, si se prefiere, equivale a postular

lll l'l dológicamente la reinterpretación de todo derecho natural como


2. Las relaciones de la guerra y del derecho son mucho más difíciles 11111t lerivación de derechos positivos históricamero.te dados, por ejem-
de establecer. Todo depende de la idea de Derecho que se mantenga. Es 1tl1 , I or la confrontación entre dos sistemas de derechos positivos.
por completo ridículo tratar de resolver el problema de la guerra por 7 l derecho positivo sólo puede fundarse en la capacidad de un Es-

su «ilegalidad» . La «legalidad» solamente tiene sentido en el marco del 1 1 [ I ara imponer un sistema de normas. El derecho natural que le
Estado soberano. La «legalidad internacional» es solo el resultado de 1 !11 no es otro que el que procede de su propio poder. Esto no quie-
acuerdos entre Estados, que estarán siempre dispuestos a conculcarla, a 11 1 cir que las normas impuestas por este poder hayan de ser arbitra-
«pisarla», siempre que tengan poder suficiente, si contraría a sus inte- 11 tfl estúpidas; por lo menos tienen que tener la capacidad de resistir
reses. , l1L, fuerzas de reacción que ellas susciten. Y cuando encuentren una
La distinción común en los debates es la que media entre el llamado 1 ')H ición organizada, el único derecho que puede asistir al legislador

derecho natural y el derecho positivo. Una distinción que puede poner- 1 ·1«derecho a ejercer su autoridad», apoyada en la fuerza, que no es
se en correspondencia con la distinción, que antes hemos utilizado, en - 1 1 violencia, sino también capacidad de persuasión o de engaño.

tre la historia infecta y la historia perfecta. Y así como afirmábamos que ' ,¡ un Estado delimita el territorio ocupado por primera vez por el
la historia infecta no es propiamente historia (aunque tampoco sea algo l, 1nb re y lo declara como propio, el derecho que le asiste (el «Nomos
extrínseco por completo a la historia real, puesto que procede de esa ! •1, tierra», del que habló Carl Schmitt) no deriva de su condición de
historia por desarrollo límite y tiene capacidad de revertir sobre ella), )ll lrner ocupante -que es un derecho convencionalmente establecido
así también afirmamos ahora que el derecho natural no es propiamente n l s sistemas de derecho civil de muchos Estados- sino del poder
derecho, pero tampoco algo enteramente extrínseco al derecho positi- 1111 fuerza, en alianzas) del cual disponga el Estado para resistir a otros

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¡ 1' lo ' <]Ll · q u i ·rn 11 ·111 . r i. 1111 i ·11 ·11 ·1 L · it n 1. 1 , b, Ul'd , poi ,1 11,1, ,. 0 111 l i11 s11u1n ·11t •I r 1· 11 iu-
j 111¡ lo, atribui r un I r ·h n.. tur.. l 1 ( upu l s) prim r t1p 11 r los v n · d r' d · la >un d:1 u 'rra Mund ial.
tes a los mayas, aztecas o incas qu e ocupaban las tierras americanas :'l l., r ul ta I ab urd de t do proyecto de «ilegalización de
llegada de los conquistadores españoles. El único derecho natural g111· 1, ( ,u rra » p r se ntencia de un Tribunal Internacional de Justicia; el
les asistía era la capacidad de resistirlos. Por consiguiente, y en pr.i n<: i ¡11 1d ' I' u ste Tribunal necesitaría p ara que sus sentencias se cum-
pio, cualquier pueblo tendrá el «derecho natural» para invadir los te ¡,I, •nin , t ndría qu e ser superior al poder del que goza la Potencia más
rritorios ocupados por otros pueblos, y beneficiarse de sus recurso~ J '1,r l •r a qu e, obviamente, no tendría por qué someterse a la decisión
(del oro o del petróleo) si tiene poder suficiente para ello. il·• la d más, y principalmente, si tiene ya reconocido un derecho de
¿Qué es lo que limita este poder? La resistencia del propio puebl,, 1 1 ). La Segunda Guerra del Irak, supuesto que hubiera sido reproba-

invadido y las alianzas de él con los demás Estados que concierten, en ' ¡, 1 e r el Consejo de Seguridad de la ONU, hubiera quedado «legali-
un momento dado, oponerse a aquel que pretenda romper el equili ,d: » , egún las normas de la propia ONU, cuando una de las cinco
brio de un orden coyunturalmente establecido. Es decir, el derech<, , ¡ tnde Potencias hubiera vetado aquella reprobación.
internacional público viene a constituirse ahora en el verdadero «derc
cho natural» que actúa «por encima de los Estados». . C uando hablamos de justicia tampoco podemos invocar una
Pero ello no significa que el derecho internacional esté fundado en )11 .'ticia natural» o un «Juicio de Dios» más allá del juicio falible o in-
algún orden natural inmutable (y. trascendente), puesto que se funda 11 H) de los hombres. La Justicia sólo puede definirse en función de un
en la correlación misma de las fuerzas políticas, que es, por naturaleza, ,l ·ma de derecho positivo, y la injusticia se define también por rela-
variable. Por ello las normas internacionales no actúan desde un apa· 1 11 11 a un sistema positivo. Es una injusticia el cometer actos que va-

rente más allá (metamérico, el Género humano), que sobrevuela sobre l 1\11 ntra las leyes, aunque estas leyes sean «injustas» por relación,
las sociedades políticas históricas. Actúan diaméricamente, como alian - 11 i a al supuesto Derecho natural (metafísico) sino a otros sistemas de
zas solidarias de algunos Estados contra terceros. Pero su fuerza total 1 • ho positivo existentes, o bien por referencia a un sistema de dere-
no es imputable a una voluntad general, metafísica, ni siquiera a una 1 li positivo proyectado para un futuro; por esto mismo la distinción
Gestalt cosmopolita que hubiese emergido, en un momento dado, 11 ,·riente entre «legalidad» y «legitimidad» -en relación a un «De-
«por encima de las partes». El poder del Derecho internacional emana ·h natural» presupuesto- sigue siendo metafísica. De este modo,
de la «Sociedad de los Estados». ¡ < 1 mos afirmar que el Derecho natural se resuelve siempre en algún
Por ello, si en cualquier momento un Estado se siente capaz de al - ,1 ·ho positivo (la lege ferenda se apoya eri alguna lege data), pero
terar una norma internacional, es decir, de resistir por sí solo o con la 11 ¡ ningún derecho trascendente. La Justicia, según la definición de
alianza de algún otro, la reacción de terceros· Estados, no por ello po- t ;, , consistía en «dar a cada uno lo suyo». Por tanto, esta Justicia
drá decirse que se ha violado el «Derecho internacional», sino sólo su 1 qu ivalía a perpetuar la distribución esclavista del Estado romano, es
expresión coyuntural; pues por encima de la .«Sociedad de los Esta- lr•r i r, el dar o reconocer a los latifundistas lo que era suyo, por ejem-
dos » no existe ningún poder capaz de imponerse a todos. De otro 1 lo, l. os esclavos. Cuando hablamos de las leyes injustas del esclavis-
modo: un Estado que dispone de la capacidad de alterar una norma 1,1 , n nombre del Derecho natural, lo único que podemos querer de-
consensuada por un gran número de Estados (jamás por todos) no ' 11 n sentido es que caben otras leyes positivas que puedan hacerse
viola el orden, supuestamente invariable, del Derecho internacional; ¡11 •valecer sobre las leyes esclavistas. Si ello no fuera posible, no po-
sólo transforma un orden en otro. Lo que se verifica con plena eviden- li ( mos hablar de «leyes injustas vigentes» (o legales, sin legitimidad),
cia cuando son las propias normas internas consensuadas internacio- 111 de leyes irrevocables, tan crueles como puedan serlo las «leyes
nalmente las que confieren a algunos Estados, mediante el derecho de 11111urales » que hacen a un individuo subnormal, o a un compañero
veto, la capacidad de oponerse a todos los demás Estados que hubie- ~11\inés inseparable del otro. No cabe decir que es una «injusticia de la
ran acordado la norma vetada. Es lo que ocurre con el derecho de veto N,iLU raleza» el que un individuo humano nazca microcéfalo, o con es-

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¡ 111 , bí· ; l::t. /\ l ·:ü I Í:1 l1 :1bl. r d · u1I a in j I Li ·i, 1·11 · islad0!'~ 11
um 1 1: ,1 l,t g 1·rl'l\ t · 11: 111, o u 1• 1 · qu · un 1~'l, d 11 , , i1 , , ' I :111 l i 1, e
pr m , D i ; pcr sLc i s I gi -lacl r no xi t . u1 n h. bl , 11 di' r iLm o in L ·rn ), in -luy · 11 d · 11 'L' r iu11 u
D erec ho natural es tán simplemente utilizando una id ea de Dios tr:.di ¡1 o¡ i pr n ' mi . • 1.1 n · ucncia, cabría decir qu e tiene de-
cional secularizada. La existencia de un gremio autod enominad dc l • h 11 , LU ral a expandirse, iempre qu e cuente con la fu erza capaz de
iusnaturalistas no añade una mayor fuerza a ese poético Derecho N.1 111q ( 11 r e a quienes se le resistan. Por supuesto, tendrá que hacer cál-
tura! que, en expresión de Rousseau, estaría «escrito en el corazón dc 1 1tl o , largo plazo, para que su victoria no sea pírrica. ,

todos los hombres honrados». Un modo de decir poético que no e~t.1 ·1·, mbién es muy superficial (porque mantiene la superficialidad
escrito en ninguna parte. rl •I I ra lismo formal, llamando por ejemplo guerra preventiva a aque-
11 11 1LI no está precedida de una declaración de guerra por parte de una
4. ¿Qué alcance tienen, según esto, expresiones comunes tale~ l I L ·ncia enemiga o por una agresión explícita probada y notoria) la
como «Guerra justa» o «Paz injusta»? Desde el punto de vista del de.: 11 tin ión entre las guerras defensivas y las preventivas o anticipato-
recho positivo su alcance es bastante claro. Una Guerra justa es un.1 1 i. :, a juicio del Estado agresor. Es una distinción hipócrita y mera-

guerra que se atiene al derecho internacional vigente. Por ejemplo, l.1 111 ·nte escolar. La previsión puede figurar en los planes y programas
guerra defensiva, con declaración previa, deliberación del Consejo dc ll·I 1~ tado como motivo de acción tan importante o más como la reac-
Seguridad de la ONU, etc. Desde el punto de vista del Derecho Natu iun a un choque inmediato.
ral podrá decirse que toda guerra es injusta, pero esto sería una mera as i infantil, aunque la utilicen insignes políticos, es la distinción
declaración retórica o propagandística. Y lo mismo diremos de la Paz •11Lr la guerra legal y la guerra ilegal. Muchos condenan la Guerra del
justa o de la Paz injusta (que, sin embargo, es preferible, para algunos, 11,tl del 2003 «por ser ilegal». Pero ¿quién establece una ley positiva
a la guerra, al desorden). La cuestión sobre la Guerra justa que sigut· 1• il galidad de la guerra, con fuerza de obligar? Nadie.
debatiéndose en nuestros días, y en gran medida desde las coordena
das que se fijaron en los siglos XVI y XVII, por iniciativa sobre todo de . ¿Qué tiene que ver la teoría de la «guerra justa» expuesta con
los españoles, habría que replantearla a fondo. O, si se prefiere, habría 1.t, l orías de la tradición de Trasímaco, Maquiavelo, Hobbes, Espino-
que reinterpretar los títulos que solían aducirse para que una guerra il Hegel, sobre el derecho del más fuerte, sobre el «estado de natura-
fuera justa, tratando de mostrar cómo en estos títulos aparece una idea l •za reproducido en las relaciones entre los Estados»?
del derecho natural muy parecida a la que hemos expuesto. Me atendré únicamente, por brevedad, a la posición de Hobbes. Lo
Por de pronto, habría que recordar las supuestas corresponden- ¡ t'Ímero que hay que decir es que Hobbes, al tratar del derecho a la gue-
cias implícitas entre la guerra justa y la guerra defensiva, por un lado, o 11.t, que él comienza recibiendo no ya del-Estado, sino de los individuos
la guerra injusta y la guerra ofensiva, por otro. Ante todo, porque la 11,tL uralmente rnmpetitivos (agresivos), se ve impedido para «deducir»
distinción entre guerra defensiva y guerra ofensiva, que puede ser útil l,1 ruerra de la sociedad política.
para discriminar cronológicamente el comienzo de una guerra (y para De su concepción se deduce, más bien, que el Estado está instituido
discutir los resultados ante los tribunales parcialmente internaciona- ¡ ,t a neutralizar la «guerra» entre los individuos. Hobbes considera, en
les) es filosóficamente muy superficial. En efecto, tanto la guerra ofen- 1· to, al Estado antes en relación con los individuos que con otros Es-
siva como la defensiva obedecen a los mismos principios, a saber, 11\d s. Hobbes incurre en un anacronismo semejante a aquel en el que
mantener el estado de equilibrio de determinadas sociedades políticas, 111 ·u,-rirá un siglo después Rousseau: el anacronismo de transportar a
ya se trate de un equilibrio estacionario, ya se trate de un equilibrio 1 ,s upuestos «orígenes primitivos» de la Humanidad, la situación de
expansivo. En la guerra defensiva ocurre simplemente que el Estado ti presente. En el presente, los individuos deciden mediante contrato
agredido no está dispuesto, obedeciendo a su propio ortograma polí- 1, rmar una sociedad, anónima o limitada, para su mutuo beneficio.
tico, a plegarse al invasor, porque si se hubiera plegado no hubiera ha- 1 ·ro tales individuos contratantes no podían existir antes del Estado,
bido guerra: «dos no riñen si uno no quiere». 1110 después de él.

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/\ , S la di · 11 i, ÍL111 L111 ·1t~Ll ·ru • L p 1 1JJ1 ¡u · .q u 111.111 , is111 0 pll(·d ·n · u.¡ ¡,,« ,, · ·11 ¡11 0 11 · ·¡ 1 , ;c-
t ncm y la tra li i ' n a hqu c n sr f rim hay qu p n rh ni < dil,· ili L l d •, b tra· r, p n ·rc 11L r p a r ' n t i , l
rencia misma entre los Es tados de nu es tro sigl y los Es tad gu f11c , en I s ual uele basar , in embargo, su
1 ·1•i iin a i ' n » o u « ndenación». Si fu era posible fijar una estructu-
ron observados por los representantes de la tradición citada. H oblin
o Hegel todavía podían considerar a los Estados como entidade :d1 1 1 I', ' t ral, aunqu e fu era en el plano «técnico », por decir así, del te-

solutas; la red de los Estados dispersos por todo el Globo constituí:111, 111>1·i rno, dispondríamos al menos de una base para poder establecer

en principio, una totalidad de tipo distributivo o era considerada co.111, 1 1ii ·i s universales, de condenación o de aprobación, sobre el terroris-
tal. Un Estado era «Dios en la Tierra», un Dios que disponía a su alrc l 10, f r cuanto estaríamos aceptando la tesis según la cual «todos los 11,
1'
dedor de tierras vírgenes, o de grandes extensiones bárbaras abiertas ,1 11 1r ri mos son iguales», aunque con esa univocidad paradójica que 1

su expansión. Por consiguiente podría hablarse del Padre que acoge d¡•,un escolásticos reconocían a los «análogos de desigualdad». El
a sus hijos, o del Leviathan, como de un monstruo que, desde su altu 111 1·r ' s por alcanzar una definición mínima de terrorismo, en general,
ra, acechaba a los ciudadanos e incidentalmente a los demás Estados, 11 11' ea neutral respecto de sus contenidos especificativos, no puede
cuando éstos le salían al paso. Pero en nuestros días, y precisamente c11 11111Íundirse con el interés por regresar hacia un terrenó neutral en el
función de la globalización política, toda la Humanidad y todos lm t¡t 1· pudiéramos abstenernos de todo juicio acerca del terrorismo,
territorios están, de un modo u otro, «estatalizados». Los dosciento~ ¡ 1' para ello, tendría que darse por supuesto que el terrorismo pro-
Estados forman una red que cubre la superficie del Globo, constitu •d imental no constituye ya, por sí mismo, un método abominable e
yendo entre todos ellos un todo atributivo y compacto. Se necesita11 Jll • mpatible, por motivos éticos, con una sociedad libre.

mutuamente, ante todo en el terreno económico, se vigilan mutua Las dificultades, por no decir la imposibilidad, de alcanzar una defi-
mente y los medios de comunicación actuales, entre los que se intercala 111 ·ión consensuada del terrorismo son bien conocidas. Tras una defini-
el espionaje, mantienen el contacto de todos con todos, y al segundo. 11 í n consensuada de terrorismo marchan, como es natural, no sólo los
Esto no produce uniformidad, ni igualdad, pero cada vez queda 1 ·iólogos, los politólogos y los internacionalistas, sino también los or-

menos hueco para una guerra universal de uno contra todos. Sin em- 1' ini.smos internacionales competentes, como puedan serlo la III Con-
bargo las guerras locales, cuya magnitud, por cierto, puede ser dd ¡ •r ncia Internacional para la Unificación del Derecho Penal de 1930, la
mismo orden que las «guerras universales» de los siglos anteriores, si - :onvención sobre la prevención y supresión del terrorismo, de Gine-
guen siendo tan probables como antaño. El «alfiletero» de la Tierra 11m n 1937, el Convenio de Ginebra de 12 de agosto de 1949, o el Pro-
formado por los «conos de Kelsen» no es estable, porque cada uno dt· )' · ·co de código de crímenes contra la paz y la seguridad de la Huma-
ellos tiene su ritmo propio y aun su evolución relativamente indepen - 111 lad de la Comisión Internacional de la ONU de 1954 que, en su
diente de los demás. 1rLÍculo 26, y en armonía con la Convención de Ginebra de 1937, atri-
l1t1 ó al Estado y no a los individuos, la condición de sujeto y objeto de
1 •rrorismo internacional. O también, la Convención sobre el terroris-

§8. GUERRA Y TERRORISMO 111 aprobada el 10 de noviembre de 1976, por el Comité de Ministros
d ·1 onsejo de Europa, que Irlanda no ratificó, a vueltas de la «cláusula
1. El «terrorismo procedimental» 1 ol nial». Y, por último, las más recientes definiciones de terrorismo

¡1 r parte del Gobierno de Estados Unidos, o del Gobierno español,


Con la expresión «terrorismo procedimental» buscamos definir 11\ íz del 11-S de 2001 y la Guerra del Irak de 2003. Las dificultades de
un concepto genérico y unívoco que sea capaz de cubrir a cualquier 11 · •ar a un consenso en una definición universal de terrorismo derivan,
tipo de terrorismo que pueda ser especificado por sus contenidos (te- 1111u estro entender, del hecho de que el terreno escogido para la defini-
rrorismo político o apolítico, religioso o laico, terrorismo de Estado o i<í n es el terreno de los contenidos (aquí se dibujan, por ejemplo, las
terrorismo mafioso, terrorismo blanco o negro, etc.). Si todas estas es- •1; usulas coloniales»); un terreno en el que se hace imposible el con-

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sc 11 i;, 1 u ·sL qu h 11 ,;J ·ra ,; 11 1· 1() , •011L •ni lo , ;1111 r · indil,ll' ,11,1, ,¡•,;<•.1.. , I<- l. ,1(' ;(JII \' L~· 11 q1;H1f1 ti (' ( 11 alq 11 ;<•1 1ip ,. /\d <.: ,n.1 11, u-
d ·c.l unpuruo l· vt La prá Li ,obli ,a, l ·fini ·i n sa l h d IL ·rro ¡,r11 , li· · 1 10 ' ¡u · la 1 ·rs¡ · ' LÍ ::t I r dim ·nLal • L: i ·n1pr inm r, ,. ,
rismo, definiciones que dividirán necesariamente a qu i ne mant1 •11<·11 11111 1u · 1 · Li , . 1 , uy nf u · , ·n guicnc e disponen a definir el
posiciones ideológicas enfrentadas en relación con tales contenid ¡ 11 ,1·i. n1 n I ten: no d l c ntenidos.
¿Cómo formular una definición general de terrorismo cuando JH ,~
situamos en el terreno de los contenidos específicos? Unos consid r:111
como actos terroristas no sólo los atentados de la «resistencia irakí» a 1. 1 Definición del terrorismo procedimental
sede de la ONU o de la CIA en Bagdad, perpetradas después de termi
nada oficialmente la Guerra del Irak, y otros consideran estos atent:i El concepto de terrorismo procedimental o metodológico que
dos como acciones de las guerrillas que continúan la guerra contra los 1111 a presentar se dibuja propiamente, puesto que evita el terreno
ocupantes vencedores en el campo de batalla. El ataque del 11-S a la~ 11 11í li , político, religioso, etc., en el campo de la antropología gene-
Torres Gemelas fue un acto terrorista desde la perspectiva de Estado~ ti ·n uanto comprende una teoría de las instituciones; es decir, se
Unidos y de otros muchos Estados; pero desde la perspectiva del fun 1 t a de un concepto que no se dibuja en cualquiera de los campos
damentalismo islámico guiado por Ben Laden, fue un acto de guerra 11 11·1nativos específicos que corresponden al derecho internacional, a
formal. Quienes pertenecen a la organización ETA no consideran l 1 •LÍ a o a la religión; pero tampoco por ello se reduce al campo de la
como actos de terrorismo sus coches bombas o sus tiros en la nuca, sin1, 11ol ía, en donde no cabe la figura del terrorismo (y ello sin perjuicio
como actos guerrilleros propios de una organización «político mili 1• 1 , posibilidad de constatar algunas prefiguraciones, como pudiera
tar», que representa el movimiento de liberación del pueblo vasco fren - r•r la conducta intimidatoria del gorila ante su manada, enseñando sus
te al colonialismo imperialista de España (y, poco antes, varios Estados 1 r lrnillos golpeando su pecho con sus puños a fin de amedrentarla).

opinaban de modo parecido aplicando la «cláusula colonial»); pero Terrorismo procedimental, como concepto antropológico, es un
desde la perspectiva de España, y de otros muchos Estados, y mu y n epto abstracto, desde luego, si lo consideramos como una institu-
señaladamente de Estados Unidos, los atentados de ETA son actos del ¡ ' n, que se dibuja en el eje circular del espacio antropológico. Con esto
más brutal, alevoso y cobarde terrorismo, y quienes los cometen y lo- 1¡u remos decir que el terrorismo no afecta ni al eje radial ni al eje angu-

gran ser apresados por la policía, y no por el ejército, habrán de ser juz- lM de este espacio. No podríamos hablar, de modo riguroso, de terra-
gados como delincuentes comunes, como asesinos, y no como prisio- l 1, 11 religioso, al menos en las religiones primarias y secundarias.
neros de guerra. ( : ncebimos al terrorismo procedimental como una figura dibujada en
Entramos de este modo en el terreno pantanoso del relativismo c•I ,je circuhp: de las sociedades humanas, incluyendo aquí tanto a las so-
político-religioso-cultural, que nos impedirá alcanzar una definición ¡ ·dades primitivas, tribales o preestatales, como a las sociedades en
genérica y objetiva de terrorismo. v ,l de estatalización; cabría citar aquí el terrorismo que los kikuyos de
Por nuestra parte, e independientemente de que, en su momento, I' ·nia desarrollaron en los años de la posguerra de la Segunda Guerra
recusemos ciertos argumentos relativistas, creemos preferible comen- Mundial, al menos tal y como fue percibido por los colonialistas britá-
zar por una definición absolutamente general del terrorismo, sin cláu- 11i s, de quienes procedía la denominación despreciativa de «mau
sulas ni excepciones relativistas, y sólo una vez que creamos haberla 1,ia u» (ver Juan Pedro YañezRuiz, «El mau mau»,Historiay Vida,240,
alcanzado, procederemos a su especificación y a su casuística, y en 111arzo de 1988).
particular, al análisis de las relaciones entre el terrorismo y la guerra. Sin embargo, el terrorismo no será un fenómeno que pueda cir-
El precio que hay que pagar para poder regresar a una perspectiva que 1 un cribirse a las sociedades preestatales, porque su desarrollo más re-
nos permita formular una definición general de terrorismo es preci- 1inado habrá tenido lugar precisamente en el ámbito de las sociedades
samente el de abstraer todo contenido poütico-ideológico-cultural, e iv ilizadas. Pongamos por caso, en la época de la República o del Im-
incluso jurídico, ateniéndonos a la estructura procedimental, o «meto- ¡1 •rio romano, en donde actuó la organización Bulla Felix en la Hispa-

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111 (1 1, ·¡,dn 11 ' ·¡'{)' ( 1 i ·11 1 se LU Ct i1 11 ·s 1. I(,,' il 111 !:,US dt lo, , , , .,1, . , id •1n h I u 111u t(· 11 0 1'1/l rn. 1'() 1 ('j ·111 p l<, ,'( 11 , l o .' i )1·11 1 /l >
i •I V III 1 - <vil in > in6s qu c un, raza s :111 lin , va •i rnifi ·. 1,., ¡ 1 11', • ,L111 a 1 . 1 1• 11 s n . ' l I l rr ri, m 1. , i ·id i I uv
la actitud aven turera y depredadora d unas banda de p irata qu ut il i 1, 1 •di .111 1 u, 1 1'l' mpl del P u blo n J o n tow n, G uayana, di -
zaban los procedim ientos qu e n osotros incluimos en el terrorismo 11¡•,1d o I r J an .Jone , ter minó el 18 de noviembre de 1968 con una
procedimental-; o bien, en la época del Imperio españo l, el t · rro 111, , r 1 9'J 2 mu ertos; ni fu e un acto terrorista la masacre de Minda-
rismo era practicado por las bandas del morisco Hernando de , 1111 ·1 19 de septiembre de 1985, promovida por el «Gran Sacerdote»
doba y Valor, erigido Rey en 1568, con el nombre de Aben Humeya, y 11 p i Manganayou, con 60 muertos; ni tampoco fue un acto de terro-
cuyas acciones se orientaban a intimidar a los repobladores de la rl' 1 , 11 11 la masacre más reciente de la «secta de los davidianos » en Waco,
gión; y sobre todo, a partir del terror por antonomasia, el de la ép c.1 1
l 1•j, ,' , 118 de abril de 1993, con más de 80 muertos. Estas acciones,
del terror jacobino de la Revolución francesa y en las sociedades iJ1 ,111 1 uando puedan ser juzgadas como efectos de una violencia toda-
dustriales sucesivas del siglo XX : desde el terrorismo de los gángstcrn 11111 á horrible y estúpida, si cabe, que la que puede serles reconocida
del Chicago de los años 30, hasta el terrorismo de las Brigadas Rojas , al runos actos terroristas de una banda criminal, no son, sin embar-
italianas -tras de las cuales ponían algunos a la CIA o al Mosad- y, ¡•n, , iones terroristas. La razón, desde el supuesto de la definición
en general, al llamado terrorismo de Estado: «todos los Estados han q 11 • hemos dado, es bien clara: la acción terrorista implica una interac-
sido siempre terroristas », dice Noel O'Sullivan en un comentario al Jj. 1 111 recurrente entre la parte activa que «administra la violencia» y la
bro de Jean Franco Sanguinetti, Sobre el terrorismo y el Estado. ¡ \ t'l virtual receptora que la recibe; pero en las «masacres místicas»
He aquí la definición esencial de terrorismo en el terreno metodo- itr1 h s no cabe hacer distinción entre sus dos partes, porque la identi-
lógico, que vamos a tomar como punto de partida: llamaremos terro- 111. a ·ión entre la parte administradora y la parte administrada llegaba a
rismo procedimental, en toda su generalidad, al tipo de interacción (' I' plena; y, en todo caso, la interacción no podía ser recurrente, pues-

violenta, recurrente, no meramente «interacción puntual», que puedt· 1o que la parte activa buscaba la aniquilación de la parte administrada,

establecerse entre dos partes de un complejo social humano, a saber, la ¡11 11L con la suya misma.
parte activa o terrorista, que lleva la iniciativa de las acciones violentas, Ahora bien, la estructura procedimental del terrorismo como ins-
dirigidas contra la parte receptiva de la violencia o parte aterrorizada, 1it u ión puede analizarse, o «detallarse», tanto desde la perspectiva de
que recibe la acción terrorista, cuyo objeto es preparar a esa parte re- l I parte activa como desde la perspectiva de la parte receptiva. Y en
ceptiva para una «conformación» ajustada a los planes y programas que 111 ,160s casos tendremos que distinguir, ya sea la perspectiva del tiem-
guían a la parte terrorista, en tanto esa conformación requiere la asimi - 1 o presente del ataque, ya sea la perspectiva del tiempo de expectativa
lación y la cooperación final de la parte aterrorizada. 11.1 ia el futuro inmediato.
En cualquier caso, la violencia inherente al terrorismo procedimen- C omo resultado de cruzar los criterios propuestos para el análisis,
tal habrá de ser entendida primariamente como violencia de sangre: la 11l cndremos las cuatro características diferenciales del terrorismo
violencia de sangre sería, al menos, el primer analogado de la violencia ¡u exponemos a continuación.
terrorista. Lo que no excluye, posteriormente, que el término «terro- (1) Ante todo, y desde el punto de vista de la parte activa (la ban-
rismo» pueda aplicarse, por analogía de atribución a la «violencia fría», d,i Lerrorista o, en el límite, el individuo terrorista), se nos manifestará
paralelamente a como hablamos de «guerra fría » o incruenta, por opo- 1 < mo característica esencial del terrorismo procedimental la firma del
sición a la «guerra caliente» o sangrienta. 1 • rorista, es decir, la revelación de su marca. Porque la acción terro-
De acuerdo con esta definición esencial, circunscrita al terreno 1isca, al ir dirigida a «transmitir un mensaje práctico» a la parte virtual
procedimental, concluimos que toda acción terrorista implica la violen- 1 ' eptiva, necesitará dejar constancia de quién es el que envía el men-

cia en sus formas más variadas, pero siempre con la sangre como fon- aje. Este «trámite» suele completarse mediante la «reivindicación» del
do (amenazas, secuestros, extorsiones, torturas, mutilaciones, homici- \Laque a través de comunicados oportunos, como es el caso de ETA.
dios ... ). Pero no toda acción violenta, incluso la más violenta, puede ,'ólo así la población receptora podrá enterarse de quiénes hicieron el

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íl.t., ]11 ~ qu •<l• ri 11 t 111 n<ah ) ·1 1111 :1,' grn ·1rtl c· 1 dvl· 1u , lt 8 , 1ivi.~1.,~ 1 , ;,~,,l l. : a tt ·tf (J1 i J1in 1 11 l.1 pci1Jlllli 1 111 \ •t l Jr·t , qu p 1
1
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1

f Í ln alindi vid uo,a l ru1 , L ¡ bLi ' n ,L, , I . 11 ii t! " tl' ' n v i la, , 11 L l. , ¡ tt d ·, 1 n u 'v s, Laq u ·s. n, sLr, ·gin
É ta es la razón p or la cual no p odem n id rar cerro rism, 1 •1 ¡i ll•ti •nl f\ , d u . r» , lcpo la i ' n,ad i p nerla conformarla, segCrn
t~ntas prácticas del llamado «terrorismo interno de Es tado», y qu<: rn lt1 rif 1 • g u p r igu la banda terrorista.
ngor es terrorismo del Gobierno: el Estado no podría ir contra sí n 1i,, Ev ncualmente, y a medida que la población vaya estando prepa-
mo; la e~presión «terrorismo de Estado» es de cuño anarquista. p (', 11 1 1 1¡ • ra las próximas intervenciones, éstas podrán ir atenuan~o su
1
el terronsmo de Estado -y el mejor ejemplo en la historia recient, di' 1 1 ,1 L a xplícita; y, una vez que la población aterrorizada se pliegue
España es el llamado GAL, que en los años del Gobierno socialista ~1• 1 1 >.'
1
ropósitos de las bandas terroristas, el terrorismo procedimental
~ri:ntó a destruir a ETA- no es, según el concepto que estamos de ¡ 1 Irá lesaparecer. Los asaltos de los vikingos, qu: antes hem~s men-
~m~e~do, terro~ism~ procedimental, aunque por comodidad, ficci(,11 1 11 n, do como posibles ejemplos de actos terronstas, cumphan esta

JUnd~ca o por mercia, fuese casi unánimemente interpretado de e~tl' 1 1 , 11 1i ión del terrorismo procedimental: sus asaltos no eran cerrados,
~odo. Y no es terrorismo procedimental precisamente porque su :1 11 1\ •rían siempre la posibilidad de la repetición inminen:e en el mis~o
racter secreto (arcanum imperii) le impedía «dejar la firma» 0 «marc:ir l11 v, ro en otros muy próximos, y trataban de consegmr que la resis-
su mensaje». Si de hecho fue descubierto, se debió, no tanto a su meto 1 •11 i. a de los indígenas fuese cada vez menor, e incluso nula. Entonces,

dol?gía terrorista, cuanto a la impericia o mala fe de sus gestores. La~ 1 1 , 'e q ueo inicial podría ser sustituido por un «tributo espontáneo» de
a~ci~nes del GAL no fueron actos de terrorismo procedimental, .11i l I p blaciones aterrorizadas. A veces, sobre todo en el caso del t~r:o-
s~quiera terrorismo de Estado: fueron sencillamente asesinatos polí 1 j •mo individual, la recurrencia se anuncia para satisfacción narcisista
tlCOS. del a esino: éste parece que fue el caso del «asesino de la baraja», Al-
Por lo ~e~ás, la marca de un proceso de terrorismo procedimental ¡1 •d Galán, que en el año 2003 dejaba, como marca de sus asesinatos
puede se: fmgida. Esto no altera la estructura del terrorismo procedi 1 ti r s de pistola, un naipe cuya numeración sugería que la serie de sus
mental, sm?_que la corrobora al «sustantivarla», por así decirlo, aunqut> t ' L s criminales seguía abierta.
sea par~ ut~hzarla en un contexto diferente del que pretende sugerir la Esta «característica abierta» delimita las acciones terroristas de
marca fm~ida. Muchos dan cierto crédito a la hipótesis (que considera- ( tras acciones violentas cuyo objetivo busca conformarse en ~l propio
~os gratmta, por no decir delirante) según la cual el terrorismo proce- H ' L del ataque violento. El asalto a una mujer con objeto de violarla Y

dimental del 11-S fue en realidad un «montaje» de la CIA, y no de Al - il , inarla después, y en general, el llamado «terrorismo de género», no
Qaeda. En e.ste supuesto, el 11-S, se dice, no habría sido realmente un ., ¡ ropiamente un acto de terrorismo, precisamente por su carác~er ter-
acto de terrorismo, sino la apariencia de tal, utilizada por una política ll l tnal. El asesino violador, como pudo serlo Tony Alexander Kmg, no
que buscaba un casus belli para declarar el ataque de Estados Unidos buscaba, al parecer, aterrorizar a una población virtual de mujeres,
contr~ Afganistán. Según esta hipótesis, en el 11-S, no cabría hablar de 1 , sto que, por el contrario, le interesaba que esta población se mant~-

terronsmo procedimental de Ben Laden, pero sí de una utilización de la vi se tranquila para mayor facilidad de sus ulteriores ataques; y ello sm
«estructura técnica» del terrorismo procedimental como modo de bus- p rjuicio de que el asesino violador repitiera estos ataques, pero proc~-
c~r un casus belli. Es decir, estaríamos ante un caso de terrorismo proce- t', ndo esconder los cadáveres de sus víctimas y, desde luego, su propio
dimental, pero aparente, en cuanto a sus referencias. 11 mbre. El concepto de «asesinato en serie», o recurrente, es un con-
. (2) En s:gundo lugar, y desde esta misma perspectiva de la parte e pto obtenido desde la perspectiva e tic de la población atacada,~ de la
acuva, la acción no podría considerarse terminada o cerrada en el pun- olicía que la protege, pero no es un programa serial que el asesmo se
1
to! momento del ataque. Sería preciso que la ejecución aparezca como ¡ r ponga hacer público.
ª?!ert~, de modo recurrente a próximas acciones sobre la misma pobla- (3) Cuando consideramos el terrorismo procedimental, no ya des-
oon virtualmente receptora. Sólo por ello, la parte activa desarrolla la le el punto de vista de la parte activa que ejecuta los ataques, sino desde
estrategia que le da el nombre, de estrategia terrorista, de estrategia •1punto de vista de la parte receptora, y en el momento del ataque, la

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,11t1C L·1~ti •,,d· l¡1• , -~ ¡ o l •111 )~ • 11 t' •l 11 ,1 •11i 11'11 ,n l,l'·:1 " Í 11dc
rp , a af ,at ria d · L p, n · vin u, lm 1n r p r., n 1n q u ,
d una rea i ' n previ ta p r pan d la pa re a tiva. tra c a que 1 , 1 1.1111 •111 ·, " Ín tr, lar , inL rrogat ri , pru ebas, torturas, etc. La
p or circunstancias particulares, este tipo de interacción no ten ga lu •:11 11 io 11 d • la nt n ia tampoco tenía lu ga r, por sorpresa, puesto
puntualmente. Se trata de una reacción de sorpresa ante el ataqu e ¡1 1, ,L < 1 un iada co rn o un a ceremonia pública, presidida por las au-
creta, hic et nunc -no ante la posibilidad del ataque-. Es frecu ente de arrollada con arreglo a normas y pautas internas reco-
que los familiares de las víctimas de ETA pregunten: «¿por qué? ». L. 1 111, ¡ 1,i: r t da la población. No pretendemos insinuar con esto que
1
sorpresa no es coyuntural o meramente psicológica, ni menos aún esp •· 111 1, 1' • d imiento de escarmiento ceremonial, como pudiera serlo un
culativa (el por qué estaría entonces fuera de lugar), sino que está arrai , ,/ le ,, quede mejor «legitimado» éticamente, que un acto simple de
gada en la propia estructura del terrorismo procedimental. Es éste el , 111, L terrorista. No hablamos aquí de diferencias éticas o jurídicas,
que determina los objetivos de su ataque concreto con un alto grado de l 1 ¡1 1,• 1i ia o de injusticia. Hablamos únicamente de las diferencias «an-
aleatoriedad, escondiendo siempre el lugar y tiempo del ataque. Como 11, 'I 1•gicas», o «culturales», «instituciones», que cabe establecer e_n-
métodos aleatorios explícitos utilizados de vez en cuando por el terro- 111 ,¡ 1 urso de un homicidio terrorista ilegal, con sus ceremomas
rismo procedimental, podríamos citar el procedimiento de las represa- 11vn I, , co mo puedan serlo las del Ku Klux Klan, y el homicidio le-
1
lias al azar -ametrallando en vuelos rasantes a la población- o inclu - d1:,,,¡ 1 como institución oficial. En este punto, la distancia entre un
so el procedimiento de los diezmos -fusilando a individuos del grupo 11 , 111; , idi o terrorista y un homicidio legal es diametral. Acaso a alguien
escogidos al azar-.
1 l • ¡ urriera formularla de este modo: «un auto de fe es simplemen-
En efecto, la acción terrorista se dirige a individuos o a poblaciones 1, 1111
1 rocedimiento de terrorismo institucionalizado». Le responde-
que viven según pautas o normas determinadas, con objeto de conse- , ¡ 1n1 : sea, en cuanto a su génesis; pero, por estructura, precisamente
guir un cambio de comportamiento respecto de tales pautas o normas. 1 ¡ 11 ,• Litucionalización oficial es lo que determina que el componente
Se supone que no podrá llevarse a efecto de un modo instantáneo o re- 1 1ori ta, en el sentido procedimental, desaparezca, como desapare-
pentino. La parte receptora, por tanto, recibirá los ataques no de modo 1,1aleta del pez cuando se transformó en la pata de un anfibio, aún
integral y simultáneo sino aleatorio, transportando así un mensaje de 1 ¡ •11 lida ésta (si ello tuviera sentido) como una «aleta institucionali-
aviso o alerta a toda la población. 1 l.1 ficialmente como pata».
Esta tercera característica que atribuimos al terrorismo procedi- 4) Por último, la cuarta característica esencial del terrorismo pro-
mental permite su delimitación respecto de otras metodologías del te- ' 1 11i m eneal, obtenida de la «parte receptora» cuando se la considera en
rror que, aun asemejándose intensamente por sus efectos a las me- l 1 1 •r pectiva del futuro, podría concretarse en esta fórmula: complici-
todologías terroristas, no podrían ser consideradas como terrorismo l,tt! bjetiva.
procedimental. Por ejemplo, los procedimientos institucionales del 1 or supuesto, los miembros que integran la parte receptiva del
llamado «terror inquisitorial», es decir, los procedimientos ceremo- 11 1 1ue terrorista no se sentirán subjetivamente cómplices de los terro-
niales del tipo de los autos de fe promovidos por la Inquisición es- ' 1 l ,\ , sino todo lo contrario. Sin embargo, y en la medida en que ellos
pañola. Muchas veces se ha dicho. que estas ceremonias tenían como 11 u leen aterrorizados (orientados a padecer, en lugar de actuar) co-
objetivo, planeado y programado por la «parte activa», aterrorizar 111 •11 2.arán a ser cómplices objetivos. Ésta es la complicidad que preci-
(«escarmentar») al pueblo, haciéndole que presenciase procesiones 1111 •nte busca, ante todo, la acción terrorista, en cuanto base de su re-
más o menos teatrales, pero con un final muy real en muchas ocasio- 11r1· nc1a.
nes: la quema en la hoguera o la muerte por garrote. Ahora bien, según a complicidad objetiva más ordinaria es la que se atribuye al em-
la tercera característica que estamos señalando, los autos de fe, que 1 ¡ •sario del País Vasco que, tras recibir la carta de ETA, intimándole a
eran también autos de terror, no podrán considerarse como actos de 1 ,q•,, r el «impuesto revolucionario», se apresura, ~ovido por e_ l :e,rror_y
terrorismo procedimental, precisamente porque ellos procuraban dis- 111 11 in compartir los objetivos de la banda, a satisfacer la pet1c1on, sm
·11
-144- ,¡ 1
-145-

1
í 111,11 :c \ 1' 11 u /l ilU :1 . ; ' ¡, ,; 1 1: •1 :1 , la po li ,, 111 ,, ~u I ' ' ' " 1,d ; 11H ' ill t1I. l•'. I .,1 1,q 11t · dr
lp ;1 i 11 ¡·, ,H l , 1· ·o, ,, 0 11 ~1..1 11 1i 11 ¡ l. 11 0
1 li id::t 1 "v IL1 i n, r:, n su. . . xtr ·n s, li. ·i, l::t id nLi i , i ' 11 d, l 11 L t111 t1 ' U l · L· 1' i ·n 1( ln,1 'l ::t l ,s alv)· 11 •l , nimo n i,
l aterro ri zados e n l s cerr r i ta - un a o parci ular d I Jl an1, d., 1 1 il , lo. pir:.1c, · fu , irn¡ 1 m ne un a t d agr si ' n piráti a ase in a

«síndrome de Escocolmo», en recuerdo del atrae~ de un banco, en 19/ I, , 111 l. li , >) q u pudo er rep lido adecuad amente.

en el que un tal Olson secuestró a una empleada llamada Kri scie, q 11 r 1"' , i ' n terrorista perpetrada el 29 de noviembre de 2003 por fe-
se enamoró de su secuestrador-. La reiteración del pago del imp u<"~ 1 , 1n · · i ral íes en Suwaira, a 30 kilómetros de Bagdad, contra dos auto-

to por extorsión no sólo hace que el empresario aterrorizado sea e 111 1, 1,, il , pañoles, con el resultado de siete agentes del CNI (Centro
plice objetivo de ETA, y no sólo porque contribuye, de hecho, a :; 11 1ll'Í ·)11al de Inteligencia) asesinados, cuyos cadáveres fueron pisotea-
fragar los presupuestos de la banda, sino que lo pone en camino p:u.1 ' 111 r fanáticos de Sadam, no habría sido propiamente terrorismo
terminar aceptando los objetivos de los terroristas. Por lo demás, l'I 1 • •d imental efectivo por cuanto, sin perjuicio de su finis operis, no
111
mecanismo de identificación no deriva tanto de la evidencia directa d<' \,,¡,1.tr n «aterrorizar» a las tropas españolas, ni a España en general;
supuestos valores que pueda descubrir el aterrorizado en la banda t l' , 11 -.,11 b.io, puede decirse, tuvo efectos terroristas en las formaciones
rrorista, sino del simple mecanismo de autojustificación de una co 11 I " 1 t ¡ a que, como el PSOE 'o IU, a raíz de la acción, pidieron inrne-
ducta inconfesable o cobarde, y de apuntalamiento de su propia digni ' l¡ 11 .vn nte la retirada de España. Estas formaciones políticas se hacían
dad frente a los extorsionadores. 1 , 11,11 !ices de los fedayines.

Esta cuarta característica discrimina al terrorismo procedimental !\.hora bien: si estos fedayines habían preparado su acción como
de otros procedimientos que, aunque inicialmente estuviesen pla11 1111 1¡ ·mboscada tendida a unos agentes definidos corno miembros de

teados como terroristas, fracasan corno tales precisamente por la au 111 •j ' rcitos invasores y no contra la población civil, es obvio que su
sencia de la reacción aterrorizada (acobardada) de la población recep 1 i ' n podría considerarse corno muy próxima a la que es propia de
tora. El fracaso del terrorismo en este punto tiene aún más alcance rn1 11 uerrilla; lo que no menoscabaría un ápice el heroísmo de los ase-
que el fracaso en el momento de su ejecución, por encasquillamiento 111 , d s, que resistieron al asalto durante 20 minutos. Ni aumenta

de la pistola o por fallo del detonador de la bomba. Pues es evidentl' 1 ,n1p co un ápice la «legitimación» de una guerrilla residual que sigue
que no cabe hablar de «acto de terrorismo » si no hay población ate- 1 1r entando a un Estado que consideramos degenerado (el de Sa-
rrorizada. Una reacción no cómplice (no aterrorizada) de la pobla- il ,1tn). En c~rnbio, los atentados de las bandas residuales de Sadarn
ción ante un acto terrorista transforma el acto terrorista en un mero , 11 Lra la sede de la ONU, o la Cruz Roja en Bagdad, sí que tuvieron el
acto de asalto respondido inmediatamente por actos de contragolpe , 1l' •e terrorista de asustar a los dignos representantes de las organiza-

llevados a cabo por quienes los atacantes esperaban haber reducido a ' 11 n s respectivas, que decidieron abandonar el Irak dejándolo al cui-

la parálisis; una legislación que condena la respuesta inmediata a los 1 \ 1 de las «Potencias invasoras» .

agresores terroristas contribuye, sin duda, por su formalismo pacifis-


ta, a esta parálisis de la parte receptora de la agresión terrorista. Los
desembarcos por sorpresa de los piratas vikingos daneses o noruegos . El problema del terrorismo islámico
en Kent o en Sevilla, o el de los vikingos suecos en Constantinopla, a
través del Mar Negro, dejaron de ser actos de terrorismo en el mo- Los cuatro rasgos mediante los cuales hemos definido el terroris-
mento en el que fueron regularmente respondidos por las pobla- 11 ) procedimental no son meramente acumulativos, sino que están
ciones respectivas y los agresores advirtieron la verdadera fuerza de 1 ntr lazados. Se entremezclan el (1) y (2) de la parte activa y el (3) y el

reacción de las poblaciones a las que estaban atacando. Ni siquiera se- 1 de la parte receptiva. Asimismo están entrelazados el (l) y el (3) y
ría correcto hablar en estos casos de terrorismo frustrado , puesto que 1I ( )y el(4).
el acto terrorista (que sólo existe en la intención de los agresores) no En efecto, la «firma » de la parte activa (1) está ofrecida al conoci-
es el que resulta frustrado, sino la propia estructura del terrorismo 1111 ·nto con sorpresa de la parte receptora (3); a la acción aleatoria (3)

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>t ·, ¡ <mi · l ~01,1pli ·id:1d tk q11 i •11, ,ll rr I i:,,adu, · l . su rc· p,·11 ,f, '/'1 , 0? /0 /JI/ ¡, .¡ 11 ·, 1O l 11/ t)

j n.y s pli ,. (4).


I ero es te entrelaza mient d · las caracterí cica del cerr ri 111 p,,, l~I t rr ri ·m pr dim n.c::i.l , ta l c mo I hem · definido, es un
cedimental, en el que se sustenta el «diálogo del terror» que el t rr .ri~ . bs tra co, en la medida en que su es tructura se nos muestra
mo procedimental instaura, podrá romperse, aun en los casos en lrn ll !IJ li ciada de la mate ria o contenido a la cual puede aplicarse.
cuales las características se mantienen por separado en el terreno de 1," \ ltll 1nate ria que cabe diferenciar tanto por los objetivos de la acción
fenómenos. Esto es lo que ocurriría en el terrorismo de inmolación,,, 11 11 J ista, co mo por los instrumentos utilizados -propaganda, armas
«terrorismo islámico» -llamado así no ya porque todos los musulm.1 \ ¡J 1,1 •, o de fuego, venenos ...- , o bien por la naturaleza de las partes
nes lo practiquen, sino porque sólo ellos lo practican de modo organi 111 •ra cuantes. Pero la disociación (o abstracción) del terrorismo pro-
zado: «ejército de Mahoma», «Frente de Combatientes Islámicos ... ,,- . 1in ntal, respecto de las diversas materias a las que puede aplicarse
El terrorismo de inmolación es inconcebible entre judíos o cristiarn ,~; , ¡ or las que puede especificarse, no significa que la estructura del te-
1

las acciones de los kamikazes de Japón de la Segunda Guerra Mundial 11 1ri ·1no procedimental pueda separarse de sus especificaciones, sino

no eran propiamente acciones terroristas, cuanto acciones de guerra. 1,1 l' ·i amente todo lo contrario: significa que puede y debe componer-
Pero el «terrorismo islámico» procede de suerte que su acción ase ·o n las más diversas materias.
sina está proyectada de tal modo que ella determine la muerte del pro · f'ratar de la estructura del terrorismo procedimental como si fuera
pio asesino que, de este modo, se dice, «inmola» su vida utilizándol.1 111.i idea formal o genérica, que ulteriormente pudiera ser especifica-

como instrumento del asesinato. Y es esto lo que desarticula la armazón 111 , sólo el efecto de una «hipóstasis del lenguaje»; y no porque no

de la característica del terrorismo procedimental e interrumpe el mis •u posible una estructura universal del terrorismo procedimental,
mo «diálogo del terror» propio del terrorismo procedimental que él ¡¡; ) porque esa estructura general puede encontrarse especificada en

pretendía instaurar, o lo desplaza a un terreno «suprapersonal». En 111 ll rías muy diferentes, y de las cuales puede ser abstraída para sepa-

efecto, el terrorismo islámico implica objetivos de los que el asesino que 1M, y no sólo para disociar, el género terrorismo procedimental de

firma (1) no puede esperar reconocimiento, es decir, ser reconocido por Jll' géneros de violencia que, no porque fueran más crueles, ten-
parte del receptor (3 ); asimismo, el carácter abierto o recurrente de la 11 tan que ser también terroristas.
acción (2) no puede suscitar la complicidad del terror (4 ), puesto que el Ahora bien, las especificaciones por la materia del concepto gene-
cómplice activo ha desaparecido. Según esto, la acción asesina de un co- 11d le terrorismo procedimental pueden venir de muy distintos lados.

mando islámico no se ajusta estrictamente al formato del terrorismo 1 ir ejemplo, de los objetivos del propio terrorismo (objetivos polí-

1i • , religiosos, económicos, de dominación pura ... ), o bien de los


procedimental salvo que el comando asesino, o el individuo asesino,
pueda considerarse refundido íntegramente en la organización que pla- 1 1 trumentos (iQcluyendo los madi operandi: puñales, armas de fuego,

neó el ataque y que le sobrevive, y que es la que mantiene el diálogo del 1 t ·.), o bien de la naturaleza de las partes interactuantes en el procedi-

terror. Pero esta refundición (que teológicamente se lleva a cabo, al pa- 111i nto. Por supuesto, también podremos especificar o clasificar al

recer, por la acción del Entendimiento Agente U ni versal, algunas veces 1 •rro rismo procedimental atendiendo a la época histórica o a la socie-

identificado con Alá) es inaceptable desde un punto de vista etic, no l.1d en que se desenvuelve. Y también -para que la especificación tenga
musulmán. Además, la «refundición» islámica transforma a los ejecu- ll fl alcance estructural interno- sería posible atenernos a las diferen-

tores de la acción en seres fanáticos y despreciables, que dejan de perte- 1 • , pciones combinatorias que puedan darse en el ajuste de las partes

necer al Género humano, puesto que ellos mismos se sitúan, y dicen ha- •s tructurales que hemos señalado; por ejemplo, distinguiendo proce-
blar, más allá del Género humano, en las alturas de ese Entendimiento 10 · terroristas íntegros, o incompletos, o frustrados, ya sea por la par-

Agente Universal. Más aún, a su acción terrorista se añade la alevosía 1 • , tora, ya sea por la parte receptora.

encerrada en el supuesto de que el asesino no podrá ser ya juzgado por Aquí nos atendremos a una taxonomía fundada en un criterio de
los amigos de las víctimas. In ificación que tiene que ver con «la naturaleza» de las partes inte-

-148- -149-
r:1 tu, 11L0s 1 ¡u · 1 u ,.L ¡w , :1.pli c: td o 11 0 .·(>I ::i, la p :ii l <', · 1 rri> 1, 11111 , ·11 ·1 il d(• 1t'• Nu io 11 · 11 i l. . Ne
Lambi ~n , la ¡ . n r cp t r;i. ,, ·:1 · 1, 1 < r r. '/, i n ·s 1 ·1 m ~to l o, la pr ' l n io -
· l criteri o qu e vamos a utilizar se ba a en la di tinci ' n n r 11,·, l ·rr ri ·t , ETA ·n uan to ag nte del «Es tado de
tres posibles tipos de partes que pueden intervenir en el proces t rT,, 1 1 1 11J i» p r la n il la raz ' n de qu e este Estado no existe ni ha exis-
nsta. 1/1111111t ci alvo en la cabeza de algunos alumbrados.
En primer lugar, tendremos en cuenta a los individuos humano.1, ' 1'• 11 ·m s así tres alternativas del lado de la parte activa (A) y otras
en cuanto susceptibles de llevar la iniciativa de una acción terrorist:i, , , 1·1lad de la parte receptora (B). Alternativas que cruzadas ofre-
de recibirla. Por lo demás, el individuo receptor de la acción terroris1.1 11 l,1.· i •uiente tabla.
no tiene por qué ser único; puede ser más de uno, siempre que elle,~.
los afectados, no tengan que ver entre sí y que el acto terrorista se n·
fiera a ellos con intención distributiva, en cuyo caso podríamos decir, ) Jl ,l f' L · acto ra a b e

en principio, que la acción terrorista va referida a individuos y no ., ) l',11L • receptora Individuo Grupo o p oblación Estado
poblaciones.
a I IV VII
En segundo lugar, tendremos en cuenta unidades tan heterogénc:i~ b ➔ a'
Indi viduo a ➔ a c ➔ a

-pero no más de lo que puedan serlo los individuos si los clasifica


mos por razón de edades, sexo ... - como puedan serlo los conjuntos b' II V VIII
atributivos de individuos asociados en forma de bandas, sectas, gru 11[ o o ¡ oblación a ➔ b' b ➔ b' c ➔ b'

pos o iglesias, y en general, de asociaciones o colectivos que no tengan


c III VI IX
formalmente una estructura política, o que sean partes formales dr
listado a ➔ c b ➔ c' c ➔ c
una estructura política.
En tercer lugar, tendremos en cuenta al Estado y las organizacio
nes políticas que puedan llevar a ser consideradas como partes form:i ·
les suyas (gobierno o poder ejecutivo, cuerpos especiales de seguridad 1. Terrorismo procedimental utilizado por un individuo, como parte
del Estado, ejército, policía, etc.). "/ or i, f rente a otro individuo, como parte receptora, (a ➔ a'). A este
Las dificultades que presenta una taxonomía del terrorismo fun 1q , l crtenece el «terrorismo uno a uno », ejercido por un individuo

dada en estos criterios tienen que ver casi siempre con la ambigüedad (' 1il 1r · un subordinado a quien tiene amedrentado (mobbing). Es tam-
incertidumbre de las distinciones entre lo que es particular (apolíti 1q 11 ·1 caso del «terrorismo de pareja», mal llamado «violencia de gé-
co) y lo que ,es político, entre lo que es individual y lo que es colectivo. 11 , o». El terrorismo de pareja ofrece todas las características esencia-
Por ello, la taxonomía que presentamos ha de interpretarse como una l d •l terrorismo procedimental. (1) Porque el terrorista deja siempre
guía para el «diagnóstico», antes que como un conjunto de criterios l 11,1• las marcas de su autoría; (2) porque su acción no es cerrada y
infalibles para establecer diagnósticos de modo mecánico. ¡11 111Lual sino abierta y recurrente; (3) porque la víctima no acierta
En cualquier caso y como único modo para poder hablar de una 1 111pre a saber por qué el acto violento se produce en ese momento y

taxonomía objetiva, adoptaremos una perspectiva decididamente etir 1111 ·n otro; (4) porque la víctima que «transige» por miedo a un mal

y no emic. Según esto, una organización será considerada como estatal ,, 11 r, o por cualquier otro motivo, termina haciéndose cómplice de
cuando pueda ser vinculada a un Estado reconocido como tal; en la 1 torturador, si no termina sometiéndose a su voluntad.
actualidad, por quien pueda certificar que ese Estado es socio de las ' l 'a mbién pertenecerá a este tipo de terrorismo el «terrorismo uno
Naciones Unidas; en el tiempo histórico, por los historiadores «sol- 1 v.trios» cuando éstos «varios » se mantengan incomunicados entre sí.

ventes». que juzguen necesario considerar como Estado a una sociedad II . Terrorismo procedimental de individuo a población (a ➔ b '). A
pretérita y que, por tanto, no pudo ser reconocida, como socio, por 1,t íigura se acogen los casos en los cuales un individuo aterroriza a

-150- -151-
111 1. · bL i ,n d · inid , ui L p 1r ¡ ·rsn I, a, im ·. muni ad.i s.
11 LÍ ,l. 1 · l <' r r 0 1it1 1r1 <1 ~ · 1 ·t r-- pI, l r .1 1 • por l.1 1 ,tIr l t1 L ·II 1i, o l~' l'A
E I ca del vio lado r narci i L::t q u <leja su m ar a, sufi i nt par. s('I 111 H l o : · liri,c, 11 ) :r a la ¡ \hla •i ';,1 ·n r n r, l, . i1 a ·npr ·__ ri s
reconocida por las víctimas de la p o blación a la qu e se dirige, en el m,; 1 11 i 1rl , r · e 111.in.' n<l J · · , p. ,, r el <irn.p uc t revo lu cionari o». Es-
mento del ataque. Cabría incluir en este tipo de terrorismo la fi gur, 1i 1 1 1 "111. 1 t rr rr · 111 e d if -r ncia d la fo rma públi ca (mediante
teraria de Drácula, en cuanto aterroriza a una población más o m m,,, 1 r •Ir ' b mb a, po r ejempl o) precisa mente por el carácter indi-
definida de mujeres: (1) dejando su marca; (2) con ataques recurrente.,; 1 11,,d 1 1d es tinatari o, ind ependientemente de que esta individua-

(3) el ataque es por sorpresa; (4) la víctima se hace cómplice y aun ~ 1· li l 1 1: · multipliqu e distributivamente por los diversos empresarios,
entrega amorosamente al vampiro. El «asesino de la baraja» que actt1n [ I 111 ll ' tos mantienen cuidadosamente el secreto, y satisfacen la

durante unos meses en el año 2002 en Madrid podría servir también di' 1) 1 ,• i í n «en solitario». P ero la acción se ajusta plenamente al cerro-

ejemplo de esta figura II de terrorismo. ', 1, 1 > 1 ro cedimental: (1) lleva necesariamente la marca de la banda
III. Terrorismo procedimental de individuo a Estado (a ➔ c'). 1:.1 ,, 11 1,l'ÍSLa: si la petición amenazadora fuese anónima, el empresario
ejemplo que acude más rápidamente a nuestra memoria es el terroris , , , , 11hría a quién pagar el impuesto; (2) la acción no es cerrada: la

mo anarquista de los nihilistas tipo Sergio Netchaev. El terrorista (•~ 'I 1 11, za al extorsionado sugiere nuevas acciones o extorsiones so-

aquí un individuo que sin perjuicio de pertenecer a un grupo actúa p• 11 l , 1•1; ( ) el extorsionado recibe la conminación como si fuese algo
su cuenta, «por libre», movido sin duda por «la causa», o por «la Idea", ,1, !\ l ri : «me ha tocado »; (4) en el momento en que la víctima se
como regicida o magnicida, poniendo una bomba al paso de un Rl' y ¡dll p,1 ·n olitario a la extorsión comienza a hacerse cómplice obje-
(Alfonso XIII), o disparando su pistola ante un jefe de Gobierno (CII' ,, 11 1 • la banda; una complicidad objetiva que muy pronto comien-
menceau, Cánovas, Canalejas ...), o lanzando una bomba contra « l.1 . ta mbién subjetiva: ésta es una de las fuentes del incremento
burguesía» que «detenta el poder», representada por quienes sesenta 1 L1 l )b lación separatista en el País Vasco durante las últimas dé-

ban en el patio de butacas del Liceo de Barcelona. ,,I 1 •


Sin embargo, es muy dudoso que las acciones del terrorismo 111 . 7'errorismo procedimental de grupo a grupo de población (b ➔ b J.
sean objetivamente actos de terrorismo político, puesto que sólo suli 1 , 1 ·j ·mplos más característicos de esta figura de terrorismo nos los

jetivamente (emic) puede un individuo aterrorizar con sus actos al fa ll)il ! ll ÍSLra el terrorismo de las bandas de gánsteres: «Chicago años
tado. Engels condenó terminantemente el terrorismo del anarquismo 1 1 terrorismo mafioso que actúa «por ajuste de cuentas».
individualista, porque según los principios del materialismo histórin >, 1. Terrorismo procedimental del grupo frente al Estado (b ➔ c].
no son los individuos, sino las masas, las que pueden modificar, en 1,, , , 1 o ·j mplo de este terrorismo político podríamos citar el terroris-

lucha de clases, el curso de un Estado constituido. Tanto como un arto ' " , 1 1om vido en los años 60 y 70 en Bolivia por el Che Guevara, el te-

de terrorismo con significado político objetivo, el terrorismo del ana1 ,1 11 de Sendero Luminoso, o el terrorismo de Ben Laden al aten-
quismo individualista es un acto de delirio o de desesperación, propio ',, ,,u·,.las Torres Gemelas o el Pentágono. Son casos de terrorismo
de un individuo que, más que aterrorizar a los ciudadanos o buscar l,1 1 , , 11 • 1i mental por cuanto satisfacen las cuatro características esencia-

aniquilación del Estado) busca su propia aniquilación, una suerte dr 1¡11 • v nimos utilizando en la definición: (1) las acciones del Che,

suicidio asistido, al menos, en los países en los que está reconocida l,1 l , 1 • endero Luminoso, o las de Ben Laden, fueron reivindicadas
institución de la ejecución capital. , , 1 I l' rupo que las inspiró; (2) ninguna de esas acciones se presentó

IV. Terrorismo procedimental de un grupo contra un indh 11 111 1, ·rrada, sino en un contexto que sugería unalargarecurrencia re-

duo (b ➔ a J Ejemplos de esta figura pueden tomarse del campo de l." 1f1 11 lik ria; (3) los actos terroristas producen gran desconcierto y sor-

sectas esotéricas entregadas a prácticas satánicas, cuando acosan a 1111 ' ' i1 Lrc ciudadanos o aldeanos; (4) una gran parte de las víctimas se
individuo determinado (o a individuos diversos no comunicados l'II 1 111¡ lice de los terroristas al reconocerles su razón o, simplemen-

tre sí). d J ,1 'I' • r e a sus exigencias.


A esta figura de terrorismo corresponde también la especialid.ul l 1 id rían considerarse estas prácticas terroristas, por el hecho de

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l 11 ·r u11 . 11 líLi ·e, · 111 a 10 11 · J · , u ' 1' ;1? 1~11111 0 1 r1.l , u11<•, \,. ,•, ,1d t: 11 1..1.i1 1w ,1 lu ,p1 ¡H11 n 11·11l ,t l · 1~ tu 1 ~ 11 id n ) 1• l •1, ·1
p rgu la guerras manLÍ n ntr E Lad s y I s , rup os s m ·jan ·:- .1 111 1 11 t1 0, 1-:: ui lts , hil · 1· /\ ll ·nl ·, Pal · LÍn c 1· /\.r, Íc L), ¡ odría nt -
los citados no representaban a ningún Estado (aunqu e en ciert ns<•~ 11 li 1,, lnrn, d un . ,. u . .¡ n I l rr ri smo de E cado contra o tros
podrían haber recibido la ayuda de a½;unos Gobiernos). 11 1i .
VII. Terrorismo procedimental de un Estado a un individuo (c a ). , L, versión del terrorismo de resistencia. Se trata de un terroris-
A esta figura puede acogerse la abundante casuística del llamado i t <· 11 ¡ r, ti ado por órganos, grupos o bandas, que actúan en nombre
rrorismo de Estado contra los particulares», practicado media.ntl' l1 1 1,:,' L, d frente a otro Estado invasor (un ejército de ocupación, un
amenazas secretas, admoniciones o advertencias a los súbditos reb('I 1 11 d lonial).
des, ya permanezcan éstos en libertad, ya hayan sido encarcelado~. 1,as guerrillas que se organizaron en España contra Napoleón, en
También el terrorismo de la policía política que practica torturas reitl' l , 11 1• lid a en que actuaban contra el Estado francés, en nombre de la
radas contra conspiradores, espías o enemigos del régimen. 1111 11.1 en eral y utilizaban la metodología terrorista; las organizacio-
VIII. Terrorismo procedimental del Estado contra grupos (c ➔ b ) L1' , linas que actuaron contra Francia con métodos propios de te-
El de Iván el terrible, al volver al trono, contra los boyardos. Habrí.1 ' 1111 i. ·m procedimental fueron consideradas, de hecho, muchas veces,
que citar también a Robespierre o a Stalin. Pero el ejemplo obligado¡•~ 1111 1< gu rrillas que representaban a un Estado argelino constituyen-
el terrorismo del Estado nacionalsocialista contra la población judí.1 ,, , , ¡11 fueron reconocidas muy pronto como tales; incluso el propio
(ejemplo problemático, por la reacción insumisa de gran parte de cs.1 , 11•1·,t l De Gaulle llegó a considerar héroes o valientes a los antiguos
población), en la medida en que no estuviera orientado exclusivamc11
te hacia su aniquilación -en cuyo caso, más que de terrorismo protl'
dimental, habría que hablar de operación final de exterminio-, sino .1
su sometimiento esclavo o a su exilio. Sino a su sometimiento esclavo 1errorismo procedimental político y guerra: terroristas y
o a su exilio. La masacre del 11 M, en la que los grupos terroristas di' t' i t 'rrilleros
ETA (según otros de Al Qaeda; pero habría que tener en cuenta qur
aunque la intervención de Al Qaeda no excluiría la iniciativa de ETA) 1 ·jamos de lado ciertas opiniones derivadas de un anarquismo ra-
asesinaron a 200 personas en Madrid es claramente un caso de crim('11 ,tl qu e tiende a identificar cualquier acción terrorista con una ac-
contra el Estado español, contra España (y no un simplemente un cri 1 11 1 guerra. Identificación que se alimenta del supuesto de que las
men «contra la Humanidad»); pero no es un acto de terrorismo, sin11 d 111 ,id ades vienen a los hombres a consecuencia de su pecado origi-
en grado de terrorismo frustrado, en la medida en que los español('.~ " 1, •I E cado. El Estado no sería otra cosa sino la legitimación institu-
no se han dejado intimidar por la masacre. En cambio, podrá considc 11 11,tl de la lucha de clases, y aun el origen de esa misma lucha. De una

rarse como acto de terrorismo victorioso en relación con todos aqul' llf I I'' permanente de todos contra todos, de la cual serían meras ex-
llos que, tras la masacre, piden pactos, diálogos y negociaciones con d 1 , i 1nes tanto las batallas, como las acciones terroristas.
grupo terronsta. 1 ·jaremos de lado estas opiniones radicales, ante todo porrazo-
IX. Terrorismo procedimental de Estado sobre Estado (c ➔ c]. FI d · índole metodológica: tales opiniones nos llevarían a equiparar
terrorismo procedimental será utilizado por los Estados cuando ello, , 1 tan diversas como una guerra de liberación nacional y una serie
perciban su utilidad política. Esta figura se nos presenta en dos versio 1 ·i nes terroristas de secesión; una rebelión política organizada y
nes bien definidas, en principio: 1f I ri sa y un motín sangriento, desorganizado y caótico, llamado al
1. La versión del terrorismo de ataque. Es el terrorismo practica 11 H 1\. ().
do por un Estado que logra colocar agentes, armas, incluso grupos or P,.ra que haya guerra, según venimos suponiendo, debe haber en-
ganizados secretos, en el territorio de otros Estados, aun cuando no I" 11 111.imiento entre Estados. Esto supuesto, podemos concluir que de
haya declarado la guerra. La acusación que suele hacerse a la CIA o .ti 1 , 11 u ve modelos o figuras que hemos representado en la tabla, son

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111 q I e, ·n n L ndi i ' n f rrn. 1d · 111 d I p líLi n In~ • , .. .. , ,¡, , 11 .1id 11e~ . S · 1q >li ·1Íu Lu1•0 , . i l~'I'/\ 1 ,..:1. , 11 p l'O•
11 1 q11 t, ¡ 11
modelo 111, Yl , VII, VIII y IX. ¡ 11 11 0 s, d -. d •1 «l~s1, 1 1 · 1•: usl . 1 rri ; » , ·o n tiLUi d , l · a w al ·
Ahora bien: que las figuras del terrorismo procedim enta l q u l1c , i )( ll i,~1i,s I ETA r:.n rados r crospectiva mente como gue-
mos citado sean figuras de terrorismo político no quiere decir qu e 10 11ill r•, (I ,' 11 r i o ·, qu e lu haron po r un a «causa ju sta» . Y co n es te ar-
das ellas sean también figuras bélicas, figuras de guerra. Refiriénd orn ,., n,1 11 [( , d plegado desde el relativismo histórico («lo que hoy no es
a la tabla, únicamente la figura IX del terrorismo procedimental p1, 1111ill. lo erá mañ ana»), pretenden muchos reconocer la dimensión
dría ser interpretada formalmente desde la perspectiva de la guerra, .~i 1 ,,¡ ( ll'. mili.tarde los terroristas vascos. Sin embargo, el argumento es
es que mantenemos la definición de guerra estricta como una interne 1 ¡ o rq ue sólo se sostiene «agarrándose a sus propios cabellos»,

ción entre Estados. Y únicamente en el caso de la figura IX (y, en men111 11• ·ir, pidiendo el principio de que, en el futuro, el «Estado de Eus-
medida, en el caso de la figura VIII), el Estado aparece comprometid1, ' 11 i. » estará constituido. Además, es lo cierto que existen muchos
en la acción terrorista, como ocurre en las guerras civiles, en las cual('s, ¡111l 1c I que no quieren que el País Vasco se escinda de España y, por
partes formales de un mismo Estado entran en conflicto armado cn11 1 1111 , ' tán dispuestos a luchar, incluso por vías violentas, para que la

el objetivo de lograr el control de ese Estado. Por ello no cabe confun 1 i ' 11 no se produzca. De donde se infiere que aquel que supone
dir una guerra civil con un movimiento violento y armado de seCl' 11 1 1 .1 ·:iso dentro de unos años, los terroristas etarras se transforma-
sión, porque ahora es una parte del Estado la que prentende, no tan111 ' 11 1 •n guerrilleros, está muy cerca de creer que la transformación es
controlarlo, cuanto separarse de él y de su control, haciéndose inde 111 i¡ 111rab le, porque no existe una fuerza determinada para impedirlo.

pendiente o «no dependiente». 11 1 11 1u í concluimos, con toda evidencia, que el debate acerca de si los
Si no hay Estados enfrentados no cabe hablar de guerra, salvo po, , 11 ri tas son o no son, o si podrían llegar a ser guerrilleros, es un de-

metonimia, sinécdoque o por analogía, como ocurre en el caso de .las l 11• J LIC se mantiene en un terreno estrictamente práctico y no espe-
guerras civiles. Es obvio que, para aplicar este criterio de un modo ob 1il I tiv . Es un debate en el los contendientes tienen que comenzar
jetivo, tenemos que comprometernos con una definición de Estado, 1t 111ando partido» en todos los lugares del campo de debate; o, lo que
cuya objetividad pueda rebasar el horizonte subjetivo en el que Sl' 11, 111 i mo, sólo porque han «tomado partido», los que debaten pue-
mueven los grupos que dicen actuar en nombre de un Estado cuy., h 11 1 batir. Por ejemplo, quienes consideran a los terroristas etarras
realidad objetiva es inexistente, o problemática. Una organización te , 111 guerrilleros en un futuro próximo es porque han «tomado el

rrorista, como pueda ser en España ETA, «planea y justifica» sus ac 1 11 ti 1 » de atenuar su condición de asesinos y consideran «como can-
,

ciones contra el Estado español atribuyéndose la representación de u11 ' , l11d despreciable» la oposición efectiva que los españoles puedan
Estado de Euskalerria, puramente hipotético, que los terroristas si 'I 111 11 ·r a sus proyectos secesionistas. Están muy cerca de apoyar el
túan en un futuro próximo o un pasado remoto. Ahora bien: el futuro 11 1il i de consideración de los apresados desde su condición de de-
«Estado de Euskalerria» no existe en absoluto en el presenté, no tie,w li 1 11 •ntes comunes a la condición de prisioneros de guerra.
asiento en la Asamblea General de las Naciones Unidas; y el «Estado t•:n resolución, sólo si se acepta la petición de principio, de que el
de Euskalerria» del pretérito es un simple delirio histórico. 1
1 Vasco en el futuro será un Estado independiente, es decir, sólo si-
Las acciones de la organización terrorista ETA no pueden ser con ,. r 111 1 e en ese futuro, podrá comenzar a defenderse la aproximación
sideradas por ello como acciones de guerra, ni los terroristas vasco~ ,111 • la acciones terroristas de ETA y las acciones de guerra del «Es-
pueden considerarse como guerrilleros, porque no representan a nin 1 ,il v, seo» frente al Estado español. Pero este principio es el que des-
gún Estado realmente existente, ni en el presente, ni en el pretérito, li I·'..'I :1 ña se niega terminantemente. Con ello, la consideración de los
sólo existen en la historia ficción urdida por sus ideólogos. Las accio 1, 11 iri tas etarras con guerrilleros se derrumba. Ahora bien: pedir el
nes terroristas de ETA forman parte no de una guerra, ni siquiera <ll' ¡<1 111 ·i¡ io en política no tiene más alcance que pedir la conclusión en
una guerra civil, sino de un movimiento de secesión, cuyos comba 1 11 ·ia. De Reichenbach procede la ramplona distinción entre los
tientes antes que como guerrilleros, habrá que considerar como sedi 11 11t xcos de descubrimiento» y «contextos de justificación»; distin-

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·i 11 1·:111111 na I rqu · <· ,n , 111i<·11 <: al , d ·l 1 ,¡ gi m ,n ._ i,q:c
nu : «prim r l in v ti g,d r d ·s ubri ó un s :i. nalc · en M art · d<·\
pué vino la tarea de ju tifi car el de cubrimiento». Pero lo que ur 1 in uerra Fría (194 7- 1989) y
es que hasta que los supuestos canales de Marte no fu eron justificad¡,,, [1111t: L' rra Mundi al guerra contra el terrorismo internacional,
tampoco pudo decirse que habían sido descubiertos. Solamente u, 11 1 li. brfa abierto «oficialmente» el 11-S de :.2001 (N orman P. Ho-
do Euskalerria hubiese sido constituido como Estado cabría decir re 11 Hu «H w to win world war IV», Commentary, febrero de 2002).
trospectivamente que los terroristas actuaron como guerrilleros, pcn, 1 ( ' 1'( , hoy por hoy, es gratuito pensar en una red terrorista inter-
1

no antes. Pero Schiaparelli no descubrió los canales de Marte, que ,1 111 " 11 1r 11. 1 qu e opere como si fuese «un Estado constituyente» ante los
existían; sólo creyó haberlos descubierto porque había interpretad 11 1 , 11 1 s fici ales; lo que no quiere decir que no exista cooperación,
como canales lo que eran meros artefactos telescópicos. coyuntural, entre grupos terroristas de distinta estirpe, ayu-
Concluimos: la guerra y el terrorismo procedimental tienen estrur r Estados determinados, o por confesiones o sectas religiosas
turas distintas pero pueden estar involucradas. La involucración sr 111 11 •0 11 ocidas.
producirá, sobre todo, en la llamada «guerra total», porque las accioncN 1:1, t do caso, convendrá tener en cuenta que el concepto de una
bélicas no se libran sólo entre los ejércitos enemigos, sino que implican 1 11 t ,\ •uerra mundial convertiría inmediatamente a los «terroristas
a la población civil, incluyendo aquí a los niños, y a los ancianos. ·1:,I .. 111 los » en guerrilleros (consecuencia no deseada por los autores del
ocurre en los asedios a las ciudades -el asedio tiene mucho de terroris , i11 'I to) de una cuarta guerra mundial.
mo procedimental en la medida en que va destinado a desmoralizar, po 1 .' in mbargo, según lo expuesto, no puede concluirse la incompati-
su ~cción «recurrente», a la población civil, y a su través, alas tropas guc· l,11total entre la condición de guerrillero y la condición de terroris-
defienden el lugar. En las últimas guerras mundiales, la guerra total h., ' 1 111 > d imental. La casuística es muy frondosa y no entramos en ella.
sido la norma y, con ella, el uso del terrorismo procedimental como tác l·'. n ituaciones de conflicto bélico formal no cabe hablar, en sentido
tica o estrategia. La guerra total se utilizó, desde luego, en la Antigül· 1,1, pi , ni siquiera de terrorismo procedimental, si no hay complicidad
dad o en la Edad Media, pero no en las proporciones que alcanzó en 1,, 1 11 1 arte de la población. A lo sumo, podrá hablarse de golpes de mano,
Segunda Guerra Mundial: el bombardeo de Dresde por Inglaterra tuvp 1<1 illl vidos por un comando de un ejército en territorio enemigo, o
el formato de una operación de terrorismo procedimental, acaso frus 1" 11 I' 1 rrillas de la Nación invadida contra el ejército invasor.
trado como tal en la medida en que no logró la complicidad de la pobla P ·ro en situaciones de conflicto bélico informal, la indefinición
ción; las bombas de Hiroshima y Nagasaki constituyen, en cambio, d r 11 • ,.uerrillas y terroristas puede llegar a ser muy grande. Esto ocu-
mejor ejemplo de utilización del terrorismo procedimental como estra 1i uando las líneas fronterizas entre los Estados contemplados en la
tegia de una guerra total entre Estados Unidos y Japón, una estrategi., 1 11r, (X quedan desdibujadas, como es el caso de muchas situaciones
que causó la rendición inmediata de esta «Potencia amarilla>>. 11 1 > guerra, cuando uno de los ejércitos ha sido formalmente des-
Sin embargo, no faltan quienes pretenden construir la idea de un., 11 tii 1 . Cuando los grupos residuales o «brasas» del ejército vencido
red internacional, pensada como totalidad atributiva, y de la que for l,1n1\ n reorganizarse, de modo precario, formando guerrillas, a veces
marían parte los diversos grupos terroristas de distinta estirpe, «distri , 111 , guerrillas residuales, bien sea como bandas degeneradas, subpro-
buidos» por diferentes países en las últimas décadas, gracias a las posi l11 de la guerra, de ladrones o de asesinos. Las guerrillas españolas
bilidades actuales de interconexión entre tales grupos (radio, teléfono (ti<' peraron durante la Guerra de la Independencia no fueron, en
móvil, Internet, etc.). Se lleva a efecto, de este modo, la transforma 1111 ,d alguno, subproductos de la guerra, sino pr9tagonistas de una
ción de una noción «distributiva» de terrorismo internacional en el !!'rra de liberación involucrada parcialmente en una guerra civil, en
concepto «atributivo» de un ejército organizado o en vías de organi l I qu cooperaron terceras Potencias (principalmente Inglaterra); sin
zación, que hubiera declarado la guerra a los Estados oficiales (los de· 111 hargo, practicaron con frecuencia el terrorismo procedimental,
la Asamblea General de la ONU). Y esto llevaría a computar no y., 11 1s:i ndo el terror cómplice, si no ya en el ejército invasor, sí en sus

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co 11i¡, Ll'i i , S L , i 10 1• ·,• ·o lal o r',t i 11 is1,is. 1~11 •u r 11 :1 l._ ¡.; u •rri ll. 1~
d el «rn virni nto gu rri ll ·r , ncifr::t nqui 'L:1» qu · · · rnanLuvi -r n 111
rante diez años, de 1938 a 1948, en la p guerra ele la ucrra ivil t~
pañola, a pesar de la organización cuasimilitar que logran consegui r, ,il
menos teóricamente, no pueden considerarse más que como guerrill. 1~
residuales («partidas»), subproductos de una guerra civil ya decidid, 1:
ni siquiera pueden interpretarse algunos de sus golpes de mano co 11111
actos terroristas, puesto que no se dieron contra la población civil, Parte II
ni tampoco tomaron la forma de asesinatos mediante tiros en la nur,1
dirigidos contra la Guardia Civil, porque, con frecuencia, se enfrc 11 La Idea de la Glob~lización
taron con ella en campo abierto. Pero, sobre todo, no lograron la co111
plicidad de la población en contra de lo esperado (con ocasión, pur
ejemplo, de la «invasión del valle de Arán»), ni tampoco lograro;, t•l I• 1 1 bate sobre la Globalización que iniciamos en esta segunda
apoyo internacional más importante en el momento, porque Stalin des 1 111 • lit quiere mantenerse en el terreno en el que ordinariamente tie-
aconsejó la metodología terrorista y recomendó una lucha por infiltr., 1 lt 1g:1 r los debates entre los economistas (funcionarios del Fondo
ción pacífica. (Ver Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, 1993, Capítu 1,1 11 'l ,v i Internacional, del Banco Mundial, movimientos antigloba-
lo XIII: «Conversaciones con Stalin y Tito, y cambio de táctica».) 1, 11 i '1n tipo ATTAC, etc.); estos debates se tienen aquí naturalmente
11 1 li l'nta, y se supone que el lector está al tanto, más o menos, de
1111 , ¡> ro aquí nos mantenemos en el terreno del análisis de la Idea
111 111,i de Globalización. Idea que suponemos está «atravesando » a
, 111isrnos conceptos que se utilizan en los debates técnicos de los
, 11o mi stas, sin que se agote, en modo alguno, en ellos.

, 1. LA GLOBALIZACIÓN COMO IDEA, COMO HECHO,


MO FENÓMENO, COMO TEORÍA, COMO IDEOLOGÍA

l. La Globalización como Idea

, lobalización» es un término de muy reciente incorporación,


q1 1 i L ' rmino corriente, «no exótico», a la lengua española. De hecho,
,11 >rn ienza a utilizarse como palabra «normal » en la última década
1, 1 111, lo XX. Si consultamos, por ejemplo, grandes diccionarios enci-
1, I' ·di ·os (tipo Espasa o Larousse) en sus ediciones de las décadas de
1 1 ,O, 70, y aun 80, no encontramos la entrada «Globalización» (en
11,d1i , encontramos el término «Globulización» ). Sin embargo, tam-
1 1 ·abe concluir que el término «globalización» sea enteramente
Nada tendríamos que objetar a la interpretación histórica del cuadro de Goya qt11·
, 1 vo. Podemos verlo utilizado en 1942 en una entrevista concedida
hace Ricardo siempre que sustituyamos «Aznar» (que está metido aquí
«con calzador» para hacer el chiste) por «Napoleón». 1 111 ·1id eólogo nazi Doctor Stroux que publicó El Español (núm. 3, 14

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d •11 i ·n1br ' 1 · I ' 1 ) ·11bqu ' l •· 1n : •nL · 1rn s · '<S: ·1¡, r111.11111 ;i J1, 1•.r 1. . ·j •11q 1· 11 ·l ·1• ·11
¡ rimiú vo, 0 1 :i ::to nul a i1 flu ' n ·i:1 latina , i se q ui 'r , m · li t ·11 .1 [t) 1i • i, los , ¡ ' ialis,. s ·n ·I •11 ' n ·n ( m,. nti n I ni q ue rc-
nea, se conse rva más pu ramente en el N orte, en lo Paí es Esca nd in, v, ,., p nd rán el o rigen de la glo baliza-
y Finlandia, que, por ello carecen de la fuerza centríp eta y la capa i l.111 lmp ri antiguo , A tenas o Ro ma; otros , inspirados en las
de globalización de Alemania». CORDE sólo encuentra, desde el . 111, ne de Marx so bre el mercado internacional, en el siglo XVI;
1500 hasta el año 1950, tres casos o menciones del término «globafo,.. , " ' i , l ·r ros situ arán el origen del fenómeno de la globalización en
ción» Qesús Fuey o, en 1950, habla de la «globalización del proces p,, 1, , 1 11( al , ño 1850; y otros considerarán que la globalización genuina
lítico »). CREA cita menciones aisladas (una o dos) en los años 1967 ., ,, lu gar durante el intervalo d·e la Guerra Fría.
1989; pero en 1990 la frecuencia del uso del término empieza a aunw11 1 .a i I a de globalización, en su formalidad de Idea funcional, la in-

tar y se hace ya ostensible en 1992. En 1994 se registraron 15 ca~<•'• 1, 1 ¡1 1 •L a.re mos como una idea de escala similar a la que es propia de la
33 en 1995, 378 en 1997, etc. La temática a la que el término va referid., .,¡1 1 1· «totalización». No es que la identifiquemos con ella: la globa-
es variada; en los años analizados a Comercio y finanzas corresponden 11 1 ¡ n es una totalización pero no siempre la totalización es una glo-
732 menciones, a Artes, 103, a Ciencia y tecnología, 47, a Salud, l 'i . i t,\ ·i ' n. Entre otras cosas (suponemos) porque la globalización es
Además, la frecuencia es may or en España (27,43 % ) que en Méxirn , ,, l nalización en materia definida y de «segundo grado». Es decir,
(22,32 % ), Venezuela (4,68%) o Perú (2,30% ). , 11 nlar(a de una totalización que pr,e supone ya dada, en materia defi-
«Globalización» es, en suma, en cuanto término corriente del esp., 11111t, al una totalización previa, la que constituye lo que llamamos el
ñol, un término nuevo; y es un término aplicado a muy diversos ca111 ¡ , 11/ 1 l la globalización. La globalización en este sentido podrá in-
pos (políticos, económicos, técnicos, artísticos, científicos ... ), lo que y., , , 1¡ , 'Larse por ello como una suerte de «retotalización», en materia
es un indicio de que su sentido no está bien definido. l, [1111d a, de una multiplicidad de partes que y a estaban de algún modo
Sin embargo, y analizando las diferentes acepciones que va u, ,,,¡ di ;,,. das. Cuando se dice que Roma, sobre todo en la época del Im-
brando, cabe concluir, en efecto, que el término globalización mantil· 1, 10 «globalizó» (política y comercialmente) la cuenca del Medite-
ne un sentido genérico, más o menos difuso, pero con muy divers.,~ ,, 111 •o (como lo dice, por ejemplo, M. Todd: «los campesinos y artesa-
modulaciones, que no pueden interpretarse, sin más, como meras e~ '" 1 1 · Italia dejaron de ser útiles en aquella economía mediterránea
pecificaciones de un concepto genérico común. El término «globali \1 1 !izada por la dominación política de Roma», D espués del lmpe-
zación» se comporta más bien, como un término análogo, al que ci 1 , , lI a, 2003, pág. 29), se está y a presuponiendo la totalidad previa
rresponde una Idea, la Idea de Globalización. 1, • ,1 «cuenca mediterránea» cuy as partes eran los territorios, islas,
Aquí la interpretaremos como una Idea funcional, cuya caractem d ,l 1, , naves, etc., a ellas referibles, y por supuesto los grupos huma-
tica, en sí misma vaga e incompleta (sincategoremática), constituid l'I " 1 q u · en ella actuaron.
sentido generalísimo de la Idea, pero cuy os v alores dependerán de 1, •• lern ás, la idea de globalización nos remite tanto a un proceso
valores de la variable independiente y de los parámetros. Intentamn• , , 1I: p lítico, económico, biológico) como a la operación, o sistema
ofrecer a continuación una exposición de la Idea de globalización l'II lt n¡i Taciones holóticas, mediante las cuales reconstruimos ese pro-
su formato de idea funcional, así como también una taxonomía de 1, •• 11 o, en cu caso, lo llevamos a efecto.
modelos de esta idea también en su aspecto puramente formal (sin di' : ) JTIO idea funcional, entendemos la globalización como proceso
terminar variables y parámetros). Consideramos imprescindible cst.1 , 1 1 •i-ación mediante la c:ual, partiendo de una multiplicidad de partes

tarea como un paso previo para el análisis crítico de las diversas teorí.1 • 1 ¡ 1\, !izadas, que desempeñan el papel de campo o fondo del proce-

que hoy se enfrentan en torno al f enómeno de la globalización. 1 , L operación, tendemos a formar con ellas un todo caracterizado
En efecto, estas teorías divergen muchas veces, no ya sólo por 1111, 11i H «globo» o «esfera» que excluye, en principio, la unicidad. Según
tivos políticos o económicos, sino porque la idea de globalización 111 i ¡ 1. irnos en la Introducción, mientras que la idea de «Mundo » dice
lizada implica una modulaci ón de esta idea diferente en cada caso; ~, 11 11 11 i L el, la idea de «Globo » la excluye; los globos, es decir, las multi-

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,1 b..li z, 1, ·, p u 1 ,, ffl ; 111 n cr ind ¡ nd i ·111 • 1, ll11.1 ,\ 111 11 ' ov , ·1, ,l ~l, i,, a , 111 :u1L ,vi ·ro u ·¡:lr' · li. s ,. ·l. ·io-
in cluidas la un as en l. a otra en la forma d I b;. li ·, .. , l !' ' 'I ro ·. ,a ill q 1· ,s i1n ~u-i ·a, ir ui to s o nd u entc-a uncq uili -
ciones concéntricas, al modo de las esferas as tronó micas. De ¡; 11· 11 li, 1:í mi m m n e cab l , sin perjui cio de su conflictivid ad,
modo, la Idea de Globalización, aun excluyendo originariamente l., 1 11; lc l alización.
unicidad, puede terminar reclamándola cuando, por motivos ideok, I!. L modulación qu e denominamos globalización re distributiva,
gicos, vaya referida a una materia (paramétrica, como pueda ser la gl<, ¡11 1 ,n I r[a lu gar cuando el proceso de totalización culminase en una
balización) dotada de unicidad y capacidad de «englobamiento» di' " 11di lad di tributiva cuyo efecto fuera la globalización en un conjunto
otras «globalizaciones» subordinadas. 1 l,v ¡ . rtes del campo de referencia, pero mediante una separación de
La globalización es un proceso o una operación que se pone e11 l 1 1,1ismas como comunidades independientes o reconocidas como
marcha por la interacción de las partes del campo que va a ser globali l d ; t , I fu e el «espíritu » de la Conferencia de Bandung, celebrada du-
zado, y cuyas regiones pueden ya haber sido «globalizadas» parcial 1 1111 ,_. lo días 18 y 24 de abril de 1955, entre cuyos «principios de coe-

mente. La globalización la interpretamos ante todo como el proccs<, 1 ¡ •n ia» figuraba el reconocimiento y respeto mutuo a la autonomía
diamérico de unas partes que codeterminan a otras, y no como el pro 111 1<.:¡ ndencia de los 29 países afroasiáticos firmantes y cuya solida-
ceso metamérico de un todo que determina a las partes. ' l,1 / - taba, de hecho, definida en función de los «Bloques» protago-
De aquí obtenemos la primera clasificación de los tipos formales di' 11 1,l.' de la Guerra Fría, de los cuales las Potencias neutrales querían
la Idea de globalización, según que la influencia diamérica, de diátesis, 11 1.111 iarse más o menos. Un Estado unitario que se reorganiza en
sea recíproca (simétrica o asimétrica) o bien que sea no recíproca. 11 ios Es tados soberanos, que acaso permanecen entre sí como Esta-
A. La modulación de la Idea de Globalización con diátesis recí l I li remente asociados, sería una globalización redistributiva del
proca cubre los casos en los cuales las partes del campo que se presu 1 1, 1 lo originario. Una herencia participada pro indiviso, cuando se

ponen ya conformadas interactúan de modo recíproco similar. Ahora 1, ti iHtribuye entre los herederos, «globaliza» al conjunto de los mis-
bien, el todo (o globo) obtenido podría tener una estructura atributiva lil! \, pero en cuanto partes independientes, en lo que concierne a sus
o bien una estructura distributiva. Según esto habría que distinguir es · ¡ 11 ¡ ias participaciones.
tas dos modulaciones de la globalización: H. La modulación de la globalización por diátesis no recíproca
a. La modulación que denominamos globalización integrativa o 1111 Ir ' lugar_cuando las partes del campo globalizado no se suponen
por integración de las partes en un todo atributivo; integración qm• 11 l. : ellas previamente conformadas, sino que se admite que es el
puede tener un signo conflictivo o bien un signo pacífico. Por lo de 11
, • o mismo de globalización el que las conforma de algún modo.
más, la integración conflictiva puede ser aún más duradera o interna 1 1 1inguiremos dos situaciones:

que la integración pacífica. Una biocenosis, en Biología, es una globa •. La globalización de incorporación, que tendrá lugar cuando se
lización por integración de grupos de diversas especies vegetales o ani 1 una incorporación de determinados contenidos a la totalidad atri-
males cuya unidad de equilibrio dinámico, que implica la destrucció11 l,11 1i , resultante de esa incorporación, pero de tal suerte que la inicia-
de unas partes como alimento de las otras, puede ser más duradera qu,· l! n I la incorporación pueda atribuirse a una parte del todo. Por su-
la unidad de una población constituida por individuos de la misma es l' 1'.' L , la globalización por incorporación puede presentarse según
pecie. Tanto se «convive» en el conflicto como en la paz. 111 1 lelos totalmente opuestos: o bien según el modelo expansivo (una
Quienes circunscriben el fenómeno de la globalización a la Guerra 1
111 , coloniza a las otras, yendo hacia ellas, a fin de incorporarlas al
Fría lo hacen porque probablemente están utilizando la modulación 1 •rna), o bien según el modelo contractivo (una parte atrae, hacia su
integrativa de la idea de globalización y, además, en su acepción con 111 1li •!lino, a ~tras de su entorno). 1
1 1

flictiva: en la Guerra Fría, dicen algunos, las Potencias democráticas La acepción de globalización utilizada por Stroux, antes citado, es
capitalistas -EE.UU., Inglaterra, Francia ...- , junto con los «protcc 1 l11¡.1111 ente la de una globalización de incorporación de carácter cen-

toradas» de aquélla -Alemania y Japón-, y las Potencias comunis 11 1 ·Lo. En general, las globalizaciones vinculadas a los Imperios son

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L<1 bi ·nd 1 u• i,1 l(· g1,1 1 > ·1, L"' ·' glo l aliz:1 i ) /1 d L, le r. de ,1,1i ·id. l. 1 r
1 11 1 1
mcn en u fa e anteri o r a o nstantino. Nl i 111 . ' ' , l.r:1, . i11> q 1 " O S ' LII" ", l:=t n:nural za d 1/enórneno de la
d. La globalización disp ersiva, por diátesis no recíproca, es la qu(' ¡,,¡, liu ión.
deriva de la acción de una «parte» que se propaga por el campo dandi 1
lugar a una ~otalidad distributiva de partes no vinculadas propiam ·11
te entre sí. Esta es una acepción de la globalización muy próxima :d ¿ ué entendemos aquí por «fenómeno »? Fenómenos
concepto etnológico de «difusión»; una acepción utilizada de hecl111 JI / · hos
ampliamente en nuestros días (se habla de «globalización del inglés. ,
para referirse a la «difusión universal del Inglés»). También hablamu~ I ,, globalización de la que hablan hoy los economistas en sus salas
de la «globalización tendencia! del sida», al constatar que en el año 1I o 11 í rencias y los manifestantes en las calles es ante todo un fenó-
2003 se han contabilizado ya más de 40 millones de individuos afecrn 1 •11 1 q ue se ha hecho patente desde finales del siglo XX. Pero cuando

dos. También el proceso de escisión celular recurrente que logra pro 1, ,I !amos del fenómeno de la globalización, incluso cuando así hablan
pagar por un continente, o por el Globo terráqueo, en forma de plaga, 1 , • • nomistas, estamos evidentemente utilizando tanto la idea de

una especie determinada es una globalización dispersiva. Como ta111 lril t!ización como la idea de fenómeno. Y no es, en modo alguno, de-
bién lo son las aplicaciones de la idea de globalización a la democracia ' 1 1 Hi irrelevante la de describir la globalización como un fenómeno o

parlamentaria, la «globalización democrática», como extensión dcl J.1 •11 ·1referirse a ella como a una Idea (o como una ideología). Quien
sistema parlamentario a la mayor parte de los Estados del Globo o · ntrola la idea de fenómeno al hablar del «fenómeno de la globali-
simplemente a la difusión universal de una bebida: «la globalización 1 i í n » , presuponiendo que el término «fenómeno» es un término
de la Coca-Cola». 11 1 ¡1 i o o inocuo por sí mismo, difícilmente puede advertir el alcance
Es evidente que las modulaciones de la Idea de Globalización que 1 • Lt propia globalización a la que parece acceder en cuanto fenóme- ·

hemos dibujado, en la medida en que son tipos generales o genéricos 11 1. /\nticiparemos, por nuestra parte, que la Idea de globalización que

de la función globalización, se especificarán por los campos de varia- 11i lizaremos, como idea que está ya implícita (de un modo ejercido
bles elegidas o por los parámetros determinables dentro de estos cam 11: que representado) en lo que llamamos «fenómeno de la globaliza-

pos. De este modo, la diferencia entre diversas teorías de la globaliza ¡ 1n 11 » es, en sentido primario, la idea que hemos tipificado como glo-

ción, referidas a un fenómeno determínado, podrán establecerse no /1, 1//zación incorporativa, o globalización por incorporación, cuando,
sólo a partir de las categorías desde las que se interpreta el campo dt· 1 l¡;n,ás, se la dota del atributo de la unicidad.

globalización, sino también a partir de la modalidad de globalización Utilizaremos aquí el término «fenómeno» en su genuino sentido
utilizada (dispersiva o integrativa, etc.). l1 •I <nico, que sigue vivo, por cierto, en el español corriente de nuestros
Es obvio, por lo demás, que si toma~os como parámetro del cam- 11 , • . En el cartel anunciador de una barraca de feria podía leerse hace
po de globalización a la superficie del Globo terráqueo, el proceso de ol unos meses: «Acudan a ver el prodigioso fenómeno de la vaca de
«colonización de la Tierra», en forma de plaga, por parte de las bandas , l i . abezas. »
humanas de hace cincuenta mil años, puede interpretarse como un Q ueremos manifestar de inmediato nuestra voluntad de contra-
proceso de globalización dispersiva, de ·estructura diferente al proceso ¡1o ner enérgicamente esta acepción helénica (o griega, o si se quiere,
ulterior de interacción entre estas bandas, naciones, etc., que seguirán 11 1 diterránea») del término «fenómeno» a la acepción que cabría lla-

la forma de una globalización incorporativa. Y, sin embargo, no faltan 11 1¡u·, con toda justicia, «alemana», y que es la acepción habitualmente
teóricos de la·globalización que «en un esfuerzo de síntesis», echan la 111 ilrzada en el ámbito del gremio de los profesores de filosofía que no
vista atrás, y ven en la «historia de la Hum.anidad», un proceso teleo- , • han liberado todavía del «yugo germánico», en este caso, de las con-
lógico dirigido desde el principio hacia una Globalización universal, ·p iones del «fenómeno » debidas a Kant, a Fichte, a Hegel o a Hus-
tras la cual la Humanidad se nos presentará como un todo profunda- ·rl, vinculadas de distinto modo, a una metafísica idealista. Debo de-

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ir 1 ·n ¡u >le ·1' -- i 17 nu· . • L, . 1 ( ·¡ ·ic 11 . ) 1, h ·l ~ili l " }' ·1•111 11· • · ·11 1 ,' dif ·1 ·111 •:-i c11 ltur. s. n.1 '11v il1 L1r:t
b « rcr rnán ica» , a favo r de la p rim era n ha sid o d t rminada ·11 111i s ·r 1 ·t ·rn in. nt l. nfi , i ra ió n d I pro¡ i
caso por motivos estéticos, o psicológicos o p olíticos, sino p r rn I i 1uv d I f n , 111 n , lo q uc pod ría tambi én expresar-
vos estrictamente filosófico-sistemáticos. La acepción alemana pu cdt· 1i i •11 1 q u I fenómeno «tiene mu ch o de teoría». Hablamos hoy
ser construida a partir de la acepción helénica, pero no recíprocam c11 l l1•1HÍn n del curso delSol, qu es urgeporelorienteyseponepor el
te, como veremos. Y si esto es así, podremos decir que la acepci ón h(' , 1 1·,u · un fenó meno diariamente observado por millones de hom-
lénica, incorpo~ada al materialismo filosófico, es «más potente» qu (' l.1 1 1, , 1 ·r la configuración de este fenómeno de la «salida y puesta del
acepción germánica, que suponemos incorporada al idealismo filo ,11 ) d ·¡ nde enteramente de la «envoltura teórica» construida, no sólo
sófico. 1•111 l 111 r centrismo implícito, sino también por el supuesto de que el
Los fenómenos, en el sentido que llamamos helénico, son configu 1, I ¡u , hoy sale es el mismo (sustancialmente idéntico) que el Sol que
raciones procesuales observables por varias personas como sujct11~ ayer; hay constancia de que algunas tribus africanas no perci-
operatorios, e identificables como tales configuraciones sobre un «f 11 1de hoy como el mismo de ayer: suponían un «poblado » del
do» o campo de procesos que se consideran ordinarios, incluso «pn, ual salía cada día un individuo sustancial qu e tras recorrer
saicos» respecto de las coordenadas de una sociedad concreta determi 1 l ¡, ru arnento iba a morir al atardecer. Sería conveniente distinguir
nada. El fenómeno tiene así siempre algo de diferencial -respecto d1· 1" 11 1,1 11 to, en los extremos, entre los «fenómenos consistentes» diso -
quienes lo presencian y respecto del fondo, y de un fondo muchas vece~ 1r1 1,,. (aunque inseparables) de envolturas teóricas alternativas y los
categorizado-, incluso de sorprendente, de animado y hasta, en los ex 11 11 >1n nos indisociables»; y, por otra parte, las «teorías fenoméni-
tremos, de «portentoso» o de «milagroso ». Sin perjuicio de lo cual el fr ( Lindadas en fenómenos, con escasa base factual en hechos) y las
nómeno se considerará real, sin que esa realidad descrita (y aceptad., 11 11 r a factuales».
por quien lo reconoce como tal) necesite ser discutida o reivindicad.t. il r ello el fenómeno-k- delimitado e identificado, sin perjuicio
Basta simplemente con constatarla. 1, l,1 r alidad reconocida de su contenido positivo invariante, se nos
El fenómeno tiene, por ello, un carácter positivo, porque es algu , 1 l r, rá siempre como una realidad no del todo transparente, sino

«dado a la percepción de varios testigos », que necesariamente han dr ,¡, 1 -.i traslúcida, como una realidad incompleta que requiere ser
reconocerlo para identificarlo, sin perjuicio de las obligadas diferc11 , 111 ¡ 1 tada mediante su envoltura diferenciada de otras envolturas al-
cias atribuibles a cada uno; el «testimonio clónico» de 'd iversos test i ' 111 ,ttivas, es decir, mediante su inserción, tras la «catarsis » de las en-
gos siempre es sospechoso de proceder de fuentes extrafenoménica~ . dI tira inconvenientes, en la envoltura que se juzga más adecuada. Por
Pero la proporción entre los componentes positivos del fenómeno y 1 , 1 •11 ás estas envolturas teóricas pueden tener, como hemos dicho, un
sus componentes ideológicos o teóricos (místicos, mitológicos, filoso 11 ,1 t ' r mitológico (no por ello menos lógico o racional) y pueden te-
ficos) es muy variable, así como también es muy variable la dependc 11 n, 1 l l íl arácter científico. En este caso hablamos de «estructuras» o de
cia de los componentes positivos respecto de los «teóricos ». Por ell o, 1 ' 11 ias». Pero no y a tanto en el sentido metafísico del término, sino
la interpretación que cada grupo pueda dar del fenómeno puede s1·1 111•1s -·ntido positivo, como cuando decimos qu e la esencia del fenóme-
muy diferente. Y a la interpretación comparada se ordena la supucst,t 111 11 ,r.: ceo rológico del rayo consiste en su condición de ser una descarga

disciplina llamada «hermenéutica», que no es sino una generalizaci<',11 11 l ri a. Porque la «esencia» no es algo que esté escondido como un
de la hermenéutica bíblica o filológica. 11 HÍ meno» (en el límite) «detrás del fenómeno », esperando a ser des-
No queremos decir con esto que pueda aislarse el contenido po 1111i ·rto; es algo que debe ser taIT1bién «tallado» y «desprendido» de las
sitivo del fenómeno de su «envoltura» ideológica o teórica; lo que ~t 11 v11 lt 1ras inconvenientes. Y por ello mismo el fenómeno no es tanto el
puede hacerse es sustituir un «envolvente ideológico» por otro. La n· 11 ·ub rimiento » de la «esencia» que permanece tras el fenómeno, en-
lación del componente positivo con sus envolventes teóricos es si 1ll' 1 1Hli I como apariencia, ni es su manifestación, sino que es el material

coide, de suerte que el componente positivo venga a ser la invaria1111· t ni r del cual la: «esencia» puede llegar a conformarse. Por ello tam-

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1 ; ' 11 '1!' · r 1
/st • i nL f ; • 111
'
·¡7 ¡1 11 ivl'I 11 il 11 11 ( t:d ¡J( 1 11• n ' L' '' I" <'('I' 11 111 •1Jl • l' I e: · ¡,1 d •I,
s , ial babrá d mp l t::t rs· i m¡_re p r un pro r o d J /ni el 111¡l <i I H •11 ' m ·n · d · la lLm, J, «r, li, ·i ' 1 f id ) ap unL,n a
esencia~ hasta el 1~ivel fenom énico: las esencias no son sep arabl d<' 11 11 ¡11 g u lari cL d d 1·i en, al bt:g-ban 7 . Pero el big-bang no es un fenó-
los ~enomenos, n1.el «Mundo inteligible» es separable del «Mund 1 , ,1 111 ¡, ir lL' nadie pu e le observarlo, por definición. Y tampoco es un
sensible». li l I i: · L1na hip ótes is o sup osición de un hecho, un «hecho intencio-
A ~adie se le ocultará que el concepto de fenómeno que estan1(1~ ll I I j 1 más verificable. El big-bang es una teoría, y al margen de ella el

expomendo es muy similar al concepto de fenómeno que constatam <,,, 1 11 111 •no de la radiación de fondo se configuraría de un modo tan dis-

e~tre los astrónomos griegos, a vueltas del llamado «problema d e Pln 1i1.¡11 a molo concibieron Wilson y Penzias, que se haría casi irreco-
ton», pl~nteado como una propuesta para encontrar modelos teóri ·rn 1111 i[ 1 . n estos casos, podríamos decir que la envoltura teórica que es
geométncos (_órbitas circulares) para «salvar» (sosein) 0 «concord ar;, i¡ 1'l. l dete rminar un modelo y no otro alternativo es la que configu-
(synfonezn) ciertos fenómenos astronómicos, principalmente p ar. 1 1 l f ' 1 ' meno tal como lo percibimos. El fenómeno de la Parusia de

~<dar ~~enta» de las trayectorias erráticas (previamente observadas, <' 1i /lo, o simplemente, el fenómeno de su aparición o resurrección,
ide~tificadas como tales _f~nóme~os) de los planetas. N O entramos aq u, 11 ¡ ué- de ser enterrado, al apóstol Tomás y otros creyentes, sería un

ob:ia~ente en la _cuest10n de si la fórmula «salvar los fenómeno s», l 111 111 no que remite a una esencia o sustancia única. El fenómeno de la
a~nbuida a Eudo_x10 o a Posidonio, pudiera retrotraerse al mismo Pl:1 1 ff .1ri tía, tal como es observado por los creyentes católicos más since-

ton. Lo que nos importa constatar aquí es que los fenómenos son antt' 111 , ¿n se desvanecería una vez demolida la teoría teológica de la tran-

todo las tr_ayectorias empíricas erráticas de los planetas, observadas fl i , t, nciación que creó ad hoc santo Tomás de Aquino?
~~r_muy diversas pe;sonas; «fenómenos planetarios», porque sin pcr La idea de fenómeno no se confunde, por tanto con los hechos.
~Ulct~ ~e su anomaha, estaban constatados empíricamente y estaban r nó menos se mantienen en el nivel semántico; los hechos van re-
identificados í ido al nivel fisicalista, si bien sintácticamente son sobre todo, pese
. como
. . un proceso cíclico observable , pero en si, mismo
·
opac~, no mtehgible, que requiere el «envolvimiento» en estructuras 0 1 ¡ut nes los consideran como términos, relaciones: es un hecho que la

esencias, 0 _en amb~s cosa:, a la vez (una explicación o bien puramen 1tii. a de un cuerpo es la relación entre una fuerza y una aceleración.
te c_o,nvenc10nal, «mstrumental», o bien «realista»). Pero sin la utili ] 1 •1 t hay más: el concepto positivista de hecho tiene un carácter rei-

zacwn ~e los mo~elos circulares homocéntricos, y de sus epiciclos, 11 ¡¡ ativo (pragmático, dialógico) frente a las especulaciones o fan-
no hu~1~ran podido ser identificadas siquiera algunas trayectorias 1 1 f,\, o bjetivas, reivindicación que el fenómeno no necesita ( «hechos
fenomemcas e~píricas, sin perjuicio de que más tarde los epiciclos lk- 1 fl< teorías metafísicas, es lo que necesitamos», clamaba Saint Simon,
gara~ a ser consi?erados como artificiosos, «superestructurales», como 111 1 trador de Comte). En el fenómeno, en lugar de este carácter rei-
te~nas ~onvenci~nales, pero suficientes para mantener la «Astrono 11 1 li ativo, se mantiene su carácter descriptivo o constatativo de al-

mia rac10na~», le¡os de la Ast_ronomía mitológica. A lo sumo, y un.i 11110s «observables». Además, el hecho no úene por qué ser anómalo
vez ~sta?!ecidas las trayectonas elípticas deducidas de la teoría de la 11 ( rp rendente: puede ser «prosaico» . Sobre todo, el hecho se presen-
gravitac10n, podrán considerarse estas envolturas teóricas como me 1,1 '< mo independiente de los observadores, y otra cosa es que haya
ros artefactos ~ragmáticos, aunque irreales y poco filosóficos. 1 •hi lo a su vez ser observado, y aun desde alguna teoría; pero, por

. En cualquier caso, los fenómenos identificados como tales no re 111 mismo, el hecho, tras la segregación del sujeto operatorio, puede
qme:~n necesar~amente envolturas míticas o esenciales de índole no ! Il , tituirse en el momento mismo de la conclusión de un teorema,

m_otetlca. Es decir, los fenómenos no tienen por qué ser repetitivos O cí 111t, · que como principio del mismo (como fenómeno). Así, el teore-
~l~cos, como puedan serlo los fenómenos meteorológicos tipo «arco 11 1,\ le Pitágoras nos lleva a constituir el hecho (no el fenómeno) de la
i~is» (q~e ~s antes un fenómeno que un hecho), o los fenómenos bioló 11 ¡ -rposición congruente del área suma de las áreas de los cuadrados
gico-rehg10sos tipo «licuación de la sangre de san Genaro». El fenóme Ir I catetos con el área del cuadrado de la hipotenusa; nadie llamaría
no O los fenómenos pueden también apuntar hacia una esencia «idio !<•11 ' meno a esta superposición.

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' ·u:t1·111 s, ¡ o u' I 11n
' 1·1 111 ) d n1 á I r • • ¡ :il 1·, 1 s l'rt:l) ',11.~ , ;,, er,d nrgq, l:111 :id i(' io 11 11 ·lc-,1 i ,1 ¡ n, ·j(' 111 •
•l.1 rn ,11 <· 11 L · t11 l -, • i 11
11
más imp rtanc I la o nfr nta i n, qu prcs u¡ o ncm , nL • l.1 111, u n 11 1 , · h.6 1. d · l;:i «I n n ·n lo í, lcl ·sq ui zo fr ~ni » •
«idea griega» y la «idea alemana» de fenómeno.
11 11,qH n a la « · q ui zofr ·ni a n ial») qu ea la tradici ' n alemana.
(1) Ante todo diríamos que la «idea alemana» ti end e a borrar l.1 1~11 •u, [quier caso reconoce mo ampliamente qu e en muchas oca-
diferencia entre el fenómeno y el fondo, constitutivo del fen ó m 111 , . 1111 1 , 1 ) hec hos no se distinguen con nitidez de los fenómenos, aun-
Del párrafo fundamental de su gran obra (la tercera sección del libro 1' 1 1 ,,, 1 rná los casos en los cuales los fenómenos se presenten coin_o
segundo de la «Lógica transcendental» de la Crítica de la R a-¿ 11 11 111 1 l1 :, ue los casos en los cuales los hechos se presenten como feno-
Pura), en el cual Kant expone su «distinción entre fenómenos y no1í 111 1 11 is. abe hablar de «hechos elementales» (hechos atómicos, se de-
menos», se desprende que no sólo son fenómenos las trayectoria., ' 11 1 tiempos del Tractatus de Wittgenstein); y entonces un fenó-
erráticas que los planetas describen en el cielo, envueltas por la esfcr,1 11 1 11 1 ucde estar constituido por muchos «hechos encadenados»: el
de las estrellas fijas, sino que también es un fenómeno el propio cielo d,· l ll, miento del vuelo de las gaviotas, cada una de las cuales descan-
las estrellas fijas. Pero, ¿con respecto a qué fondo puede ser considera d i.1 •n la playa, es un fenómeno «global» constituido por el encade-
do fenómeno este «cielo»? Habría que decir: con respecto al noúmc ' 1111 j •neo de los hechos constituidos por cada gaviota que levanta el
no. Otra cosa es que el noúmeno no pueda ser un fondo perceptibll', ¡ 1 1, inducida por un estímulo externo o acaso por sus congé?eres;
físico, puesto que sólo es «pensable» (por un Nous metafísico). 1-:i, 1 l1t mi ma manera a como el llamado «efecto ola» en el estadio de-
consecuencia, podemos concluir que si bien es posible pasar, por cons l" 1t j v es un fenómeno constituido por la secuencia de los diez mil o
trucción límite, del fondo de los fenómenos positivos a un fondo 1 1 i11 L, mil hechos en los que consiste. el movimiento de cada uno de
nouménico no positivo, sino metafísico, en cambio sería imposibll' 1 1 •s¡ ectadores. De aquí se deduce que los fenómenos suelen tener
pasar desde el «fondo nouménico» al fondo perceptual, positivo. , 11 11 •·tructura procesual, en cuanto efectos de causas que obran tras
(2) Asimismo diremos que en la «idea alemana » el fenómeno s,· 111 , mientras que, en los hechos, los aspectos procesuales pueden
relaciona constitutivamente con el sujeto individual (el fenómeno
1 1 , l,.r reabsorbidos en la percepción de la propia obra. El «efecto
es «lo que se presenta a mi conciencia»). Y en esto se hace consistir 1 1 ¡i¡JI r» es un fenómeno resultante de hechos relacio~ados con la ex-
precisamente el «gran avance» de la filosofía crítica, porque este avan l ' 111. i n relativa de las ondas; pero la escultura conclu!~ª es un ~echo
ce permitiría separar, al modo del cogito cartesiano, la «evidencia de mi
111 1/1. tum) que sucede al proceso de la transformacion del ma~mol
existencia» o la «evidencia de mis vivencias» de la inevidencia de l.1 l 11 1t o por el escultor. El arco iris, o la aurora boreal, son ant~s feno~e-
exis_t~n~ia o de las vivencias de los demás. E. Husserl, empujado por el 1111, meteorológicos) que hechos, como pueda serlo la lluvia o la me-
positivismo de su época, intentó identificar los fenómenos que se 1,· 1 · ( también, el arco iris, o la autora boreal, sólo se configuran ante
aparecían a su «conciencia pura» con los verdaderos hechos ( «noso q •tos oculados; la lluvia o la nieve puede ser constatada por lo~ c_ie-
tros somos los verdaderos positivistas»). De este modo se confundl', ' , /\sí también mientras que los hechos pueden ser claros y distm-
en Husserl, el hecho de la constatación (de la «constatación no reivin 1,, , ,iL111que no lo sean siempre, los fenómenos estarán afectado~ siem-
dicativa») del fenómeno, cuanto a su forma, con su materia o conteni 1,1 1,, h::tsta que no sean conceptualizados en sus modelos prop10s, de
do. Cabría decir que Husserl consideró como un hecho el «hecho del 11 11 1 'terminado grado de oscuridad y de confusión. Los fenómenos
aparecer del fenómeno», más que su contenido; pero el hecho del apa 111 11 •n, en efecto, siempre algo de oscuro (no son claramente separa-
recer es una pura forma, que resulta ser además incompatible, en mu 1,lt I su fondo, o de su entorno) y algo de confuso (no pueden dis-
chas ocasiones, con la abstracción de su materia. 1 1q 1i rse con precisión las líneas internas que los componen). No por
. La utilización, en Medicina, y particularmente en Psiquiatría, de la ll , 1 jan de ser conceptos o ideas, si bien muy próximas al género de
idea de Fenómeno (y de la «fenomenología»), a pesar de las referen 1 , • nceptos que Zadeh llamó «conceptos borrosos». .
cias académicas que los médicos o psiquiatras suelen hacer a Kant O ,1 1 r último, si nos referimos a la relación de «dependerioa» que el
Husserl, sobre todo los psiquiatras de la Escuela de Binswanger, se ali 11 ) 11 cno mantiene siempre, en cuanto incompleto, respecto de la es-

-172- -173-
nii 11 J t ' L1·, ; un, i g u r,q u L; '
qu I n u lv · le ' ntpl ' l, 11 in 1;n, 1• m
tr'll lt11·, 1
~1L r ili11 i1
a l sf n men la eo ndi i ' n pr pía le l s « bj LO » o nfu s yo 11
1 m :Í , d · 1 s f ·n ' m eno s, 0111.0 h -
ros (borrosos). Por el contrario, los hechos, aunqu e pu edan r b rrr , 1
, li • 11 ) cl r al paradóji , rprendente, porqu e des taca del
sos, oscuros o confusos, tenderán a ser delimitados como hechos clan,,\ 1
1 1' , ,ubr que con aceleraciones o deceleraciones muy débiles,
y distintos. i
1 1 11
1
nd a lo largo de las últimas décadas. Desde este punto de
1 ,
1
qu e llamamos «globalización» se nos presenta como si tuviera
1

1, u ' L 1ra del fenómeno, de un «fenómeno» en marcha, no bien ex-

3. La Globalización, ¿hecho o fenómeno? 11 con perfiles oscuros. No es un hecho consumado; inclu~o


1
11 d definir el proceso de la Globalización como un hecho sm
1 , li :-tbría que introducir la sospecha acerca de si lo que llamamos
No faltará quien defienda la conveniencia de caracterizar a la Gin 11
;

balización como un hecho, subrayando, por ejemplo, datos cuantit.;11 i \ il ,ti ización» no sólo no sea un hecho, sino acaso t~mpoco u~ fe_nó-
11
vos asociados a él, tan precisos como el que en los tres últimos lustros, 111 1
1
li ociable (consistente), sino internamente vmculado mdiso-
1 ,1 1•n, ente a una «teoría científica», no gratuita, sin duda. Una teoría
la esperanza de vida o la proporción de hogares con agua potable ha11
ll h,1 ría que entender como un conjunto de hipótesis que se apoyan
crecido un 50% a nivel mundial, y la producción de energía y el mi
mero de líneas telefónicas se han duplicado. 1
\¡ • hos intencionales», porque todavía no se han realizado: se su-
Sin embargo, estas cifras estadísticas, y otras muchas análogas qul' ¡• ni , qu habrán de darse en un futuro «infecto». (Más adelante, al ex-
se interpretan como componentes del concepto de Globalizaci{rn 1,, 11 1 •r 1, naturaleza «aureolar» de la idea de Globalización, volvere-

(junto con el incremento del capital financiero internacional, median '"' ,' bre esta sospecha.)
te el mercado continuo de las bolsas interconectadas entre sí, y con lriN 1 •r entonces, ¿no estamos muy cerca de la interpretación del fe-
11 1 1 1 •n de la Globalización como una ideología, incluso como un
informaciones procedentes de la televisión, del teléfono o de Internet; 1

y junto con la «descolocación» de las empresas industriales o comer , 1 , r1 ntes aún que de la interpretación del fenómeno de la Globaliza-
111
ciales -empresas globales frente a empresas multinacionales ~ nacio 11 11 · mo una filosofía?
nales- respecto de las circunscripciones nacionales ... ), difícilmentr
pueden ser referidas a «hechos consumados», cerrados y con figur.1
inteligible. Al lado de estos «hechos », citados en el anverso de la Glo i/. La borrosidad (oscuridad y confusión) del fenómeno
balización, habría que poner otros «hechos» de su reverso: el «otro» :/ la Globalización
50% de la población mundial percibe en el año 2000 menos de dos d<'i
lares diarios de renta, el flujo de capitales no va acompañado de flujo [ , rtimos, en nuestra argumentación ad hominem, del supuesto
de personas; la «descolocación» de las empresas ha de cuantificarse, no 1
l', tli1 el cual la globalización es un fenómeno rec!ente, mejor o ~eor
sólo cardinalmente, sino porcentualmente, y los porcentajes dependen 11 1 mificado. La oscuridad y la confusión (dimensiones que reummos

de criterios muy poco objetivos. Y como el anverso y el reverso so11 1 t¡ll !, rúbrica de «borrosidad») son características, co~o hemos di-

inseparables y sus proporciones no varían siempre según la misma ra 11 , de todos los fenómenos, en tanto son «procesos mcompletos ».
1 11 • nsecuencia, no constituiría ninguna objeción a la idea de Globa-
zón, será obligado admitir que, al referirnos a la globalización de lm
últimos lustros, estamos hablando, antes que de un hecho, de un pro l 1ci ' n la constatación de su carácter borroso (oscuro y confuso) en
ceso o de un fenómeno constituido por un conjunto indefinido de hl· lltll1l fenómeno. De lo que habrá que ocuparse es de la determina-
1 1 le los rasgos específicos que pueda tener la borrosidad que le
chos, concatenados y «globalizados» por los economistas o por los 1
políticos, en una dirección o en otra. 1t1l l,uimos.
La Globalización es, según esto, el nombre de un proceso en cur
so, interminado, cuyos perfiles dibujan una figura en los últimos lus

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l. a b rr s i IL Id la I b, liza ·i n r p 1•, l¡¡ l1.il ;¡,,,1(' i() 11 I' )1 ,111[(111 () 111 ,1, i,1 el . l [I' () , 1 (), ;1 1'S 11 . '8 l S I I;)
(o camp o de Ja glo bal izac i ' n) l t1 1 , 1;11 ; 'iísti os, r li ;; s is) q 1· 1 u li ·ran in ·lui r · n ·1 '~ ner
l11 l1,1li,,:1 ·i n. 111 mbar r , pa rad ' ji amente, Stigli tz ubraya qu e
En primer lugar nos referiremos a la borrosidad que pu da I ri v.11 1 1 1 •1 • ' L · má polérn ic de la glo balización so n precisamente los
de los criterios de diferenciación entre el fenómeno de la globali -. ·i, 111 11 1 )111 i . Aqu ello a los cuales, sin embargo, pretendió acogerse
y el «fondo» sobre el cual suponemos que el fenómeno se confi u1 .1 1 lt1, iva mente, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional, cam-
Naturalmente, los criterios de esta diferenciación no pueden e tahl" 1 111 1 , nt riores perspectivas keynesianas que «proclamaban la su-
cerse con mínima precisión cuando no está determinado el parán.1 <: 11 e 1 ¡11 111 , ·L del Estado con fervor ideológico» (ibid., pág. 53). Y añade:
categorial (económico, político, tecnológico, lingüístico ... ), es de ir, l.1 1 1 ,l mbio más dramático de esta institución tuvo lugar en los años
categoría a la que referimos el proceso de globalización. 11 l1•nl., la era en la que Ronald Reagan y Margaret Thatcher predica-
Si nos atenemos a la bibliografía disponible, no faltarían motiv1 ,., 11 ,11 l,1 i leolo gía del libre mercado en Estados Unidos y el Reino Uni-
para concluir que el fenómeno de la globalización se configura, a111r 1 ,, l•: I Fo ndo Monetario Internacional y el Banco Mundial se convir-
todo, como una figura que se describe en el ámbito de las categorí.1, 111 1 11 ·n nuevas instituciones misioneras, a través de las cuales esas
económicas. La mayor parte de los autores de libros importantes S(, 11 !111~ f'u ero n impuestas sobre los reticentes países pobres que necesi-
bre globalización son, en efecto, economistas. Pero esta circunstanri, 1 1il 1111 o n urgencia sus préstamos y subvenciones» (pág. 53). Stiglitz
no garantiza que el fenómeno de la globalización quede agotado en d .J 11 •ta ·o bre todo la interpretación que algunos economistas (Andre
ámbito de las categorías económicas. ,1 lil ,;í r, principalmente) dieron al llamado «teorema de Coase» (un
La mayor parte de los tratadistas, aun partiendo de las categoría, , 11 mista, Premio Nobel, que estableció la necesidad de definir ri-
económicas, aluden a la necesidad de tener en cuenta también otro~ 111 ,.-amente los derechos de propiedad para poder alcanzar la eficacia
componentes (polític;os, culturales, incluso éticos) para que el pro 11 1 mica) en el sentido de promover y justificar las políticas de pri-
ceso de globalización, aun desarrollándose en el ámbito de la eco 11 iz, ión (pág. 315), y concluye diciendo que aunque «los ministros
nomía, mantenga sus ritmos mínimos. Joseph E. Stiglitz, Premin dt l la ienda y de Comercio conciben la globalización como un fenó-
Nobel de Economía 2001, define el «fenómeno de la globalizació11 .. 1 •11 fundamentalmente económico, para muchos, en el mundo sub-
-así denomina él al proceso de la globalización- en términos inl· ¡, ,u·ro llado, es bastante más que eso» (pág. 401).
quívocamente económicos: fundamentalmente, dice, este fenómeno En esta conclusión restrictiva, de un modo que no deja de sor-
de la globalización «es la integración más estrecha de países y pul' l 11 •11 1 r ( «en el mundo subdesarrollado») advertimos la ambigüedad y
blos del mundo producida por la enorme reducción de los costes dr l I i 11 s guridad de las ideas de Stiglitz. Como economista y como agen-
transportes y comunicaciones y el desmantelamiento de las barrera., 11 y aun presidente de institutos financieros internacionales empeña-
. artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales y; en menor gra ' '" · n la globalización, Stiglitz contempla naturalmente al fenóme-
do, personas a través de las fronteras» (El malestar de la globaliza 11 1 d la globalización desde la perspectiva específica ( categorial) de
ción, 2003, pág. 48). í I l ~cnicas financieras, aun reconociendo que estas técnicas no son
En su definición de Globalización, la primera parte ( «integraci611 1di ientes y que «la globalización actual no funciona» (pág. 402).
más estrecha de los países y pueblos del mundo») parece desempefia1 11 •1· , ¿sólo no funciona cuando nos fijamos en los países subdesarro-
el papel de un género próximo. Porque Stiglitz no precisa de qt1é tipo lL1 1 ? ¿Cómo separar, en un mundo supuestamente en proceso de
de globalización está hablando; su fórmula podría sugerir que se trat,1 1l11 halización, los países subdesarrollados de los que están en pleno
de una globalización por integración recíproca, pero sus referencias 1 • • rrollo? Lo que ocurre es que la definición de globalización en tér-
indican que está pensando también en las globalizaciones arrecípro 11 1i II s económicos, desde la que Stiglitz opera, al ofrecernos la dife-
cas por incorporación. Pero la segunda parte de su definición ( «pro 1 •11 ·ia específica de su definición, está desarrollada dentro de un marco
ducida ... ») desempeña el papel de una diferencia específica que separ.1 ¡u · ya no es económico, sino político-cosmopolita y aun «humanista»:

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o. lt~ l •· i 1. ((ml1\111 ¡,,• 11 •1(J L1ll it :11i, ;ll l l ['' "
11d'11I : ( 1, , i ,1 0.1 1, i lrnii
. , ,11 ,e_ qu . libuj a c 11l ' • J ·l mo m 11L d la , p i ·i ll 1·1" l',I' , n 11 •, 11 •·i·i'111i ·, d •lo: ¡1 • Li,n · , li >. l •ún j npl ).Y ·n -
nero pr xu11 » d sud finición («la integración más eser h, tk 1., ~ \11¡•,l l , li í'.., ·i 5, p r,nt n n , ia
ría. la lobaliza i.óne nó-
país_es Yp~eblos del mundo »), que en el momento de la exp i i • 11 , 1, 1 upu to, lo que tiglitz estar(a advirtiendo en sus
••; s. 1~·t
la diferencia específica. , • l u la o-l balizació n, inicialmente econó mica, en el momento
. , Sencillame~te, el ~a~co genérico en el que se define la glob, 1i·, ,1 • , , f t deja de serlo, es decir, desborda los marcos económi-
11
c1011 _Yª no esta co~stlt~~do por categorías económicas, y presup 0111 11 , • •sita in volucrarse con otras categorías culturales, sociales, po-
u~a idea de_ globahzac1011 que no es estrictamente económica. M.u
1 , , , t • ·n 1' gicas, lústóricas, artísticas o religiosas. ·
a~n: es previa a los procesos técnicos de globalización económica 1111 , \ \ rr idad de la frontera entre el fenómeno de la globalización
<liante los cuales la globalización presupuesta parece podría llevar~c ,1 1 11 lo, lebida por un lado a la indefinición del propio fondo que
cabo_ de un modo_ «más estrecho». De donde se deduce que lo que ,, 1111 ill , • m referencia, y, por otro lado, a la borrosidad de las líneas
1
fu~c10na» en_re_a~i~ad es, antes que la globalización, a la que Stigli,,, " ' p,1 an las categorías políticas, económicas, etc., a través de las cua-
refiere, la defm1C1on de globalización que él ofrece por medio de c:t tl' 11 Iría lu gar el proceso de globalización, explica también las osci-
gorías económicas, utilizadas como diferencias específicas del f c110 ' 1 11 •s de los economistas en el momento de determinar los límites
meno que trata de analizar. 1 1 1trv alo cronológico-histórico en el que se dibujaría el «fenóme-
. En ~~alquier caso, Stiglitz toma contacto, al exponer su idea de gl,, 1
1, 1, lobalización». En efecto: el «estado desintegrado», o muy
bahzac10n, con,las_cuestiones que tienen que ver con la privatizaciou ,i\ 111 nte integrado, de los países y pueblos del Mundo es un con-
que, por m_uy tecmcamente que estén presentadas ( «teorema de Co., ¡it qu se encuentra en un estado excesivamente vago como para
1
se»), no de¡an ?e ser as_pectos centrales de la cuestión los que giran l'II 11 ,r-\ a trabajar» como fondo del fenómeno de la globalización por
torno a la propiedad pnvada de los medios de producción. Precisaml'J 1 111
,111>1 1 n as1a.
te, l~cuestió~ qu_e enfrentó en el terreno de la ideología y en el de la Real ¿ : ) l110 definir esa situación de desintegración o de integración dé-
Polztzk al capitalismo y al comunismo durante la Guerra Fría. l l f ¿ l •:n función de la distribución dispersa de las sociedades humanas
Pero, para ma~tenernos en el terreno del asunto que ahora nos ocu , 11 \. up erficie del planeta?¿ Y de qué tipo de mercado hablamos, del
pa, el de la borrosidad que pueda ir asociada a cualquier intento de tra 11 1
"' ,\ 1 del vaso campaniforme o del mercado de los misiles intercon-
1
zar las fronteras entre el fenómeno de la globalización y el fondo res 1111 ·11L, les ? ¿Y no habría que fijarse también, en el momento de definir
pecto del cual se conforma, cabría asegurar que Stiglitz aunque sea de 1 '.' l do poco integrado de la Humanidad», en la escasa integración
un mo_do ~o explícito, está tomando como fondo del fenómeno de 1., , 11 1,d política, o lingüística, o religiosa, o étnica, o cultural de las so-
globahzación la situación desintegrada, o muy laxamente integrada, cu
l.1 le humanas?
la,que s~ ~ncuentran «l~s p~~ses y pueblos de la Tierra». Pues Stiglitz ha .' omprende, por tanto, que dada la indefinición del «fondo», el
bia ~~fmi~o la globahzac10n, según género próximo, como la «intl' l l 1meno» de la globalización pueda hacerse comenzar en las fechas
g~ac10n mas estrecha de los países y pueblos del mundo ». y aquí se ad 1iversas; una diversidad de fechas que puede servirnos para des-
vierte claramente que, o bien la globalización comienza a entenderSl' \.1 uál es el «criterio categorial» dominante en la Idea de globaliza-
desde u~ géner~ p~óximo distributivo, que no se circunscribe en las
111 que verdaderamente se está utilizando.
cat~g_onas_ ec~?º_micas (pu~s admite otras especies de globalización: 1~ verdad que cabe reconocer un cierto consenso en la fecha, a
palmea, ~mgmsuca, etc.! smo que se extiende por las categorías del ¡ ,n te ante, del descubrimiento de América, puesto que previamente al
«Hu~a~ismo cosmo~ohta», (lo que ya explicaría que la «canalización l l •~ ·ubrimiento no podía decirse que los pueblos del Nuevo Mundo
economica», co_mo diferencia específica del proceso de globalizació u 11 uvieran integrados, pacífica o bélicamente, es igual, con los del Vie-
1
por antonomasia: sea_ ~nsuficiente y que su mismo curso haya de des 1 Mundo, sin perjuicio de su unidad de origen biológico, general-
1
bo~d~r-~sta can~h~ac10n económica), o bien que la primera parte de .la 111 1te admitida. Sin embargo, no faltan economistas respetados que
1
1
defmic10n de Sughtz no debe interpretarse como un género próximo
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1 :.i l, 11 J . h 'p lol ali,,:i i )!1 1 l' (J lli(, ;da JJ 11' 10 11 l(· 11 Í<';O ')) 1 r ' 1111.1~ 1\ , 11 11 1, R(· ' tli!IJ lt·11 •1111111 ;( ¡1 111 •11 L , 1 ·[ •11 1 0 1· i •11, s ·t\ 1 ( r •ulp , ti '
mu h::i s gl ba li z:1 io 11 · ::t nL ri o r ·s :11 L) -~ ·ubrimi ' n L J\. rn •ri •a. \ ! l11 i · )s, ·· d · ir, l · la. · :1 1 ·, 1· ,s ¡ lí1i . L lap líLi-
En cualq uier caso, la consideración d J D e· ubrimi 11l 1n.(, 1,· l •·ir, l,s , L'~ rí, · ¡ IÍLi ·a, ·n lu ar el o ni dcrar invoLMcra-
cha del comienzo de la globali zación económica sigu siend 11111 1, , 11 ·1 pr c · ce nó mi de glo balización, parece qu e habrían de
ambigua. Fue Marx quien sugirió la importancia económica d J D,·\ 1111 i 1 ·r, r co mo extrañas a él, pu es lo único que hacen, al parecer, es
cubrimiento como inicio de la apertura hacia un «mercado munck1l .. ,lt 1,\ ·uli zarla, estorbarla, modificarla, incluso impedirla. En cualquier
Pero es evidente que el mercado derivado del Descubrimiento n r,, 1 11, ,, de de luego, no se precisa si la globalización es de reciprocidad o
menzó a ser «mundial», de modo efectivo, sino muchos años des¡ 11n ,1rr íp roca, si es de integración o si es de dispersión, etc.
del Descubrimiento. Hasta la aplicación de la máquina de vapor a 1, >\ lI ra bien, de hecho (y es a lo que vamos), el autor citado, en el ca-
barcos, hacia 1840, no pudo reducirse a catorce dfas el tiempo qu e 1:1 1 l' 11 !1 crcero, en el que esboza una historia de la globalización, deja de
daba el barco en ir de Liverpool a Nueva York, frente a los 48 día q1u· 111 I!1 al mpezar su relato, la fecha de 1950 que inicialmente había con-
invertía un velero en 1830. Hasta 1866 la Atlantic Telephone Campa111 , ,il •1 :td y propone una primera globalización para el período que
no logró instalar el cable transatlántico entre Terranova e Irlanda q111· 11 111: ·u rre desde 1830 a 1950; período que parece tener en cuenta, por
permitió la comunicación telegráfica entre los dos continentes d" 1, 1 111 •nos cuanto asu terminus a quo, las críticas que Richard Baldwin y
América y Europa. l1l11 li¡ · Martín utilizan en su libro de Í999, siguiendo las teorías del cre-
En cualquier caso no es nada evidente que el Descubrimiento .mi~ 11 11i •nto endógeno de Romy y Lucas, según las cuales habría que ha-
·mo, sin perjuicio de su importancia como premisa para la globaliza 1d111 1 una primera fase de preglobalización, que se extendería en el
ción ulterior, hubiese tenido como objetivo una globalización ecoJ1t 1 11 11 'l'Valo 1750-1870. Durante la primera fase (1830-1950) ya habría
mica. Parece que el objetivo principal de los Reyes Católicos no fue d" 11 •1•rado la tendencia hacia la divergencia de renta por habitante de
índole económica sino po~ítica: coger a los turcos musulmanes por l.1 1 l.t ¡ aís, disparidad paralela a la industrialización de Europa y desin-

espalda una vez expulsados sus correligionarios del Reino de Granad.1; 1111 trialización del resto del mundo. Disparidad que se habría acelerado
los objetivos de Colón fueron probablemente económicos, pero no , 11 11 la expansión del comercio interno: en 1750 el «tercer mundo » (así
globalizadores, si es que él buscaba sencillamente su enriquecimiento 1 11. ma retrospectivamente) representaba el 79% del total de fabrica-
y el de su familia. \ 111 de manufacturas del orbe; en 1830 dicho porcentaje había caído al
Interpretamos, en definitiva, la «oscilación de fechas » como el me 10%,, y en 1913 al 7,5 % . Así pues, entre 1750 y 1913 las diferencias de
jor indicio de la borrosidad de la Idea de globalización, vinculada a 1.1 1 m, e habrían multiplicado casi por diez (pág. 49).
indefinición de fond~ categorial y a la indefinición de las modulacio En 1950 comenzaría, según De la Dehesa, la segunda ola de glo-
nes de la Idea. Tomemos como ejemplo.el muy conocido libro de Gui ili zación, y en ella estaríamos hoy in~ersos. En esta segunda ola,
llermo de la Dehesa, Comprender la globaliz ación . Nos dice en su pri 1 •I ' rada en 1980, habría habido una convergertcia de rentas per capi-

mer capítulo (pág. 17): «La globalización es un proceso dinámico d,· ¡,1 •ntre los países ricos y algunos intermedios (los NIP) y otra con-
creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, 't•rgcncia a niveles de renta más bajos entre los países pobres ( «con-
bienes, servicios, tecnologías, capitales. Este proceso no es nuevo, viem· t•1 •e ncía de dos picos», los «clubs de convergencia»). Es decir, dos
desarrollándose paulatinamente desde 1950, y tardará muchos años en lado s estables a niveles diferentes, uno para los países más ricos y de
completarse, si la política lo permite.» Con esto, viene a postulars,· 1 •11 a media alta y otro para los países de renta media y baja. Más aba-

como si fuese una suerte de lema gremial, la categoricidad económica /o analizaremos el alcance de las diferencias de las llamadas conver-
del proceso de globalización, con el sorprendente corolario de que el 1\ ·n ias beta y sigma.
proceso seguirá adelante «si la política lo permite». Algo así como si in duda, estos análisis son imprescindibles, pero las conclusiones
dijera: «la globalización es asunto de economistas, y sus modelos teó- 1i I mes a las que ellas conducen, incluyendo las predicciones, son de
ricos, apoyados en bases empíricas, han de correr a cuenta de ellos; si n I le estadístico más que causal. Las categorías económicas, y los cri-

.-180- -181-

1
1· ,IL1 ' 11\ 1 I s, ¡ ,11 · · ·1, 1 , •111p ' 11,r , ¡u 111. 1 i 11 •lp n¡idd,· 11 ,, , , 1 ,1 1' ,~ ·rl b,di;,,,1 i J I) •11 lrt -~ 1 1 i¡; r ·:i ·riL ·rios 1.
111 ¡11 i(i , , j 11 ILr. Lri:tliza ·i{i n, u·, ns¡ >rL · · po r f ·rro arr il o maríLim os,
un pL.n de ¡ r y i ' n d · pr e s a ,sal , movi 1
1 1 1 I • •r ~ lito, t . - 1 rim era Í, · de preglobali zació n (1750-1870),
no eco nó micas, un plano en el cual fu eran desplcgánd e fre u , nci.1 •,,
curvas, correlaciones, que dan por supu estas las concatenacio ne, c.111 f, (ha ta 1913), terce ra fase (1914- 1960), cuarta fase (1960
111 1 1,
sales y aun las suplantan. 1
¡ ,1 1,
• ha)- tienen como efecto inmediato desconectar el_ proceso
«La globalización es un proceso dinámico de creciente liberrn ,1 ,, !PI , li zació n p or antonomasia, el que comienza en los fi~al~s de
integración mundial de los mercados ... » Sea; pero, ¿por qué se pr d11 1
h •nea, respecto del proceso de la caída o «catá~trofe e~ ,c~spide»,
ce ese «proceso de libertad y de integración»? No por causas ec .111, 1111 anali tas seguidores de René Thom), de la Umón Sovietica. Esta
micas. Además, sin perjuicio de la integración mundial en los mcrr.1 1, , ió n se lo gra simplem ente poniendo en serie la «cuarta fase de
dos de la que se parte al definir la globalización (pág. 17 citada), dicl' l'I ¡, lo l ali zación » (cuando además se la hace comenzar en 1960) con
mismo autor páginas después (pág. 63) que al enfrentarse con el fc 1111 11 1
" •L:-tpas» del proceso de globalización anteriores en siglos a esta

meno de la globalización «hay que irse acostumbrando a la idea d"I 1 ,1,\.


proceso de desintegración de la producción, en el que unas partes d,· ', si 11 embargo, la caída del muro de Berlín fue decisiva en _la con-
dicho proceso se deslocalizan allí donde son más rentables, y tambi1·11 ' 111 11 ,1 ·ió n del fenómeno de la globalización, y aun de su propia Idea.
a la idea de que industrias enteras, como ha ocurrido en la producci1111 u ', en cierto modo, ésta se constituyó como alternativa -ésta _es ·
1
naval o en la siderurgia en las dos décadas pasadas, vayan deslocalizfo I, 1 1is de este libro- a la Idea, también globalizadora, del Comums-
dose a otros países en desarrollo ».¿ Por qué se mantienen como «u11i , 11 , 1oviético. Además la incidencia de «la caída» no fue sólo fenomé-
dades significativas» las industrias deslocalizadas? Tampoco por c:111 " 1 1 0 id eológica, sino efectiva, en el terreno positivo_de la «glob~li-
sas económicas: el mercado no es un motor, sino un lugar de contact, ,~ 1
1011 económica». Y así lo reconocen otros economistas: «La caida
capaz de desencadenar otras fuerzas que no son de orden económiro, 1 1 ,nuro de Berlín abrió un nuevo terreno para el FMI: el manejo de
sino de órdenes distintos, incluyendo el orden etológico de la emul.1 l 1 1i ,1nsición hacia la economía de mercado en la antigua Unión Sovié-
ción, la imitación, etc. El mercado es un desencadenante, un catal.il,,1 '
1 11
l. os países europeos del bloque comunista» (Stiglitz, en la obra
doren las secuencias de los procesos de causa-efecto. Y los cauces 911,· 1,, la).
hacen posible la concatenación de estas secuencias, aunque sólo Sl',I ¿E posible separar el futuro de la globalización del futuro_ d~ su
protegiéndolas de interferencias exógenas a la propia economía, 1111 ¡<1 111 •ipal impulsor: Estados Unidos? Hay quienes c:een perobir'. a
son de naturaleza económica, sino, por ejemplo, política (las infrae~ ir del año 2000, índices inequívocos de decadencia que anuncia-
, 11 1

1 l::t caída de la hegemonía de Estados Unidos: su potencia militar y


tructuras necesarias para el desarrollo del mercado suelen correr a caq~,, '. n
de los Estados), o cultural, o étnica. Basta pensar en cualquier plantc,1 , 11 11 ' mica habría perdido densidad, al extenderse por todo el Globo;
miento económico-político. ¿Acaso el control de las aguas del Eúfra 1 11 ,i rno, habrá tenido que endeudarse en miles de millones de dóla-
1
tes, en relación con los problemas económico-políticos de Siria, qur 1, - eurodólares y de otro tipo- y tendrá que sopor~ar l~s cons~-
depende de la recepción de esas aguas, se dirime únicamente en el tl' 11 , 11 ias del hecho de que casi 100 millones de ahorradores, mcapaci-
rreno de las categorías económicas? 1 1 le s [ ara controlar el capital o disponer de él, depositan su, dinero e:1
Pero las curvas estadísticas económicas no sólo registran las pro 1, 11 1 1 s de inversión cuya solvencia es muy dudosa; los escandalos _fi-
yecciones que procesos muy heterogéneos logran reflejar en el tablero ,1 11 , •i ro s tipo WorldCom o ENRON, la guerra del Irak, etc., se m-
económico, abstrayendo las causas de tales procesos. También desem 11 1¡ r tarán como una huida hacia delante.
peñan, muchas veces, el papel de encubridoras de un determinado or Y, sin embargo, después de la Guerra del Irak crece su PIB, duran-
den de causas. Esto ocurre cuando se pasan al primer plano cierta~ 1 lo · meses de julio a septiembre del año 2003 en un _ 8,2%. ~No ha-
. curvas que sugieren la primacía de un determinado orden de concatl' 111 1, q ue interpretar este hecho más que como una «huida hacia delan-
naciones causales. Por ejemplo, la simple presentación de la evolución 11 . , mo un avance espectacular de la Potencia hegemónica?

-182- -183-
,. n L , ¿· m ' ·, u ir b, b1, n I d ,1 f n 111 n 1, 11 l •11 t 1111 lif ·1• ·11 t ._, i 1 ·o · 1 • ¡,,I, 1 ,di ·1,:i ·ió11 1 u,· 1 ·11 manil ·s t. 1\' ·, ·11
lizac ió n co mo proceso unitari o, i u unid ad I ubi ra d s r n :i 1111 , 111 ·ros Li ¡ os alt ·rn :u ivos 1· rlo bali -

nida dentro d~ ,la inmanencia de las categorías econ ómica a p , r el, · 1111 11 · · 1 ' mi . . Y a í, ·uand s hab la de gl balización aparece n
la larga durac10n del proceso (1850-2003)? Si se habla de e te n, 11 d,, as , no apa ree n en ab o luto, las op osicion es fundamen-
sugiriendo una suerte de «fenómeno unitario secular», subordinad11 ,1 1•11l 1' • 1 q ue más adelante llamaremos tipos de globalización eco-
una especie de ortograma globalizador, es porque la proyecci ' 11 ,.11 11 1, 11 ,l 11 u ltilaterales, en los cuales la globalización es una resultancia
las curvas d~l p~ano econó~ico de las múltiples cifras que comp 111 , 11 1 ti , os m Ciltiples procesos (ver §4) y los tipos de globalización eco-
el proces~ sigmendo sus rttmos propios, aunque con involucrac i1, 11 11111 ',\ 1nilaterales (o direccionales), que pueden considerarse como
nes Y r_e~hmen~aciones incesantes (el ritmo de los avances tecnol >J', r 011 1I ., ¡ licgue del imperialismo ex_pansivo clásico. «La globalización
cos, militares, mformáticos, etc.) encubre las diferencias de ritmo~ 1, 1111 1 r ceso dinámico efecto de la creciente libertad de integración
s~s causas (la ec~no~ía es «más que economía») y ofrece un «pr 1111 , "1 11 li al de mercados», era la definición del eminente economista que
~10 » ~u_e poc~ sign~fica causalmente, pero que encubre un proycr1C1 d ,1111 os de citar. Pero no está claro si el definiendum («globaliza-
~deologico mas preciso, como pueda serlo la defensa, bajo la cobert 111 ,1 cntiende según el tipo multilateral, o según el tipo unilateral;
implícita, eso sí, de la «idea mitológica de globalización» de la co 11
. ,. ,. . ' 1¡ 1il ,ti I mente el autor enfoca la globalización como si fuera una
cepc10n pragmatica y puramente económica liberal del procesó, corno 1 ltrt il ia, como si fuera un proceso de tipo multilateral (no direc-
efecto de una sociedad civil de mercado, antes que de una socicd, 11 1 ' 11 11d o imperialista). Y como ni siquiera se plantea esta cuestión, la
política. 1, l111i ·i ' n tomará automáticamente el aspecto borroso que le es carac-
' 1 ti ' .
1.., )lo balización es una idea; una Idea, como hemos dicho, que
II. La borrosidad de la globalización respecto de sus tipos 11 11< ' l t na extensión y una intensión. Cuando tomamos como paráme-
, 1, 1l.1 'J'ierra (el Globo, por antonomasia, Sphairos) la extensión de la

En ~egu~do_lu_gar: borrosidad de la Idea de globalización aparcr,· 11d ,d ización, al menos la virtual, estará constituida por la totalidad de
en la misma mdistmc10n entre los conceptos de globalización (y los I j 1 , ¡ u ·blos, de las naciones y de los individuos que viven en el planeta
pos que se ~!recen de ~lla), y las ideas de globalización (y los tipos dr 1 11 ,l. Pero el f~nómeno de la globalización es borroso cuanto a su
concatenac10n det~rmmables). En efecto, la globalización, principal 1 11: ió n, pues es evidente que muchos pueblos y muchos individuos
mente en su modalidad de globalización dispersiva, es tratada unas V(' 11 d,111 marginados, no ya ayer sino hoy, del proceso. ¿Cuántos pue-
e~~ como un concepto por los economistas, pero también por los li 11 1 111 ¡ qué porcentaje de pueblos o de individuos es necesario (la mi-
gm~t:s (la globalización lingüística del inglés o del esperanto), o por 1," 1 il , 1 dos tercios, los nueve décimos) para poder hablar de globali-
poht~logos -la propag~ció~ de la democracia parlamentaria-, poi 11 t 111 efectiva cuanto a la extensión de la Idea?
los teologos -la «globahzación de la caridad»- o por los humanist.t\ l .a borrosidad extensional del fenómeno de la globalización se
culturalistas. De este modo las curvas de desarrollo de las lenguas, d,• 11 J •r i ·nta cuando nos referimos a los contenidos intensionales de la
los regímenes democráticos o de las religiones de implantación univl'r 1il i.t li zación misma. Porque entonces la globalización podría ir re-
sal, también podrá~ interpretarse como expresiones políticas o religio 1 1i l,t o bien a la totalidad de los contenidos de la cultura humana, o
sas de un pr~ces~ mmanente de globalización lingüística O religios.,, , 11 .t alguna parte suya. Lo que es tanto como decir que habría que
con sus prop10s ntmos y sin perjuicio de sus involucraciones con 1, 1~ 1 t i,1, u ir entre una globalización total (global) y unas globalizaciones
categorías económicas o políticas. , 11 i ·u lares. Sin duda es una paradoja hablar de «globalización par-
Pero incluso cuando la globalización es tratada, al menos prcfr h 1il.v», para quienes oscuramente sobreentienden que cae de su peso,
rentemente en los términos de las categorías económicas no suelen S('I 11 u 11 es una tautología, que la «globalización debe ser global». Sin
distinguidos los tipos de globalización. Tipos que, aun~ue se corre.~ 11il1 , rgo, y dado que el límite de la «globalización global» parece inal-

-184- -185-
N i( P' i'
61·, lt :16 1·{ JU · 1·L ·n ·r ¡ ¡ 1• an.s1: . ;, ) ·1¡ 1 ) · , , ). P r j ·nq 111, ~,
\ u 1z:
N
11 :u •n 111 s :1 h at go rí. e· nó mi · :i, h:161::tr · 111 s d rlobali z, ei, 111
p articular (no integral, aun dentro ele la econo mía) al rcfcrirn a l. 11111
versalización de ciertos pro_d uctos del mercado, com o pued an rl,, t'I
papel prensa o la Coca-Cola. Pero la cuestión central sigu e abiert:1: 111
globalización económica, ¿ha de entenderse como particular o 11111 / , f:l oncepto económico de globalización
universal?
En el límite externo se supone, seguramente, que la globalizt1ci1111 1 ! •nipartido de la consideración de la globalización com~ un fe-
habrá de ser universal, integral, respecto de todas las categorías, rn " , ¡
11 11
uya evolución se observa en nuestros días, fin~les del siglo x:-
pecto de alguna. Pero como esto es imposible (incluso respecto de 1111,1 I" 11 , •ipios del XXI. Un fenómeno social que, como si fue_s~ un feno-
categoría determinada, por ejemplo, la económica) la globaliz,1 ·i1111 ,111 11 111 teorológico, un temporal huracan~do, se nos ~amfie_sta a tra-
habrá de entenderse siempre como particular, pero no simple, si 1111 dl' 1 medios de comunicación, de los libros, de aruculos mnume-
pletórica. El debate de la globalización nos introduce de este modo, , ,j ,1,11,, nte millones de personas que, o bien lo aprueban y lo ~aludan
insensiblemente, en la situación, característica de los conceptos bo n 11 ,¡\ 11 ,i ,zadamente, 0 bien mantienen un gran recelo, temor e mcluso
sos. Eubúlides nos puso ya delante de un concepto borroso al pedirn11N ,1 n hacia él.
i(
la definición de algo tan cotidiano como el concepto de «montón• : ces, en efecto, el fenómeno de la globalización, tal como lo
el montón de trigo es un conjunto de granos; pero, ¿cuándo empie1.:1,·1 la globalización oficial, es percibido como un «~enómeno lu-
montón? ¿con un grano, con dos? ¿Cuándo comienza la Globaliz.1 » última manifestación de la modernidad, efecto imparable del

ción pletórica, o integral, que ya no va referida solamente a granos d,· , • . ' que anuncia (al empresario, al comerciant_e, al consumido_r, al
1 111 1
trigo, sino también a libros, a ordenadores, a barriles de petróleo, a :11 1 11 (.1.. .) una ampliación de los horizontes de su libertad, de su bien-
ciones de la bolsa? ¿Qué tipo, por tanto, de bienes, que no son ho1110 1 11 aun de la fraternidad universal. .
géneos, como en el montón, se requiere? Lras veces la globalización se manifiesta como un «fenó1:1eno si-
En todo caso es evidente que un teórico de la globalización (ya s,·,1 l r >», efecto de los voraces agentes del capitalismo internac10nal, en
defensor, ya sea detractor del fenómeno) que, aún manteniéndose c11 ,\ de su propio beneficio y .encubriendo con su propaganda la des-
el ámbito de las categorías económicas, no distinga entre globalizaci1111 111 .¡ ' n, miseria, marginación y desigualdad que el proceso de la glo-
particular, pletórica y universal o integral, es porque tiene una id,•,, ¡,,,íl ión produce en mucho más de la mitad del Género h~mano.
borrosa de la globalización misma. Borrosidad que es compartida p111 U nos terceros, también muy numerosos, no se polanzan _de un
los movimientos antiglobalización adversos a la globalización de si¡: 1111
1 can radical: reconocen la fuerza imparable de la ola globalizado-
no capitalista. ' , ,l cptan su necesidad como un destino histórico. Pero r_echazan su
1
Podríamos referirnos, en tercer lugar, a la borrosidad que afecta ,, o¡ , , Lación y una gran parte de sus contenidos y efe_ctos, mcluso sus
1 1
la idea de globalización cuando no se han precisado las relaciones de l.1 11¡ l1 •stos e inconfesables propósitos (lo~ q,ue les atnbuye el llamado
idea de globalización con otras ideas, en aquélla implicadas, rain 1,1{ irme Lugano que Susan Langer publico en 2001). ~n sun:ia, ~~o-
como la Idea de Género humano, la Idea del Estado, la Idea de Cultu 1 , , 11 una reorientación de la globalizació~, una ant1globalizac1on,
1 11
ra o la Idea de la Guerra. 11
ntendida como globalización alternativa a la que hoy lleva el
1
1 1t l, ronismo «oficial». . ., .
En todos los casos, el fenómeno de la globalizac10n es reconoci-
,I \' m1.0 un proceso real, no imaginario. Pero la misma ~ariedad de los
1 11 1
nidos que ante el simple observador o c_onsumi?~r aparecen
r¡ orados ¡1.l fenómeno -plétora cosmopolita de via¡eros en los
11 1

-186- -187-
' r pu rL ) aj J" ' Li l l l : Li u 1, 111, 1111 (' 11 11 ¡u º •I · n m '!1
nec tado , disp ers ión o des integ rac ión de Ja mpresa antes ni po( 1.1 ~ b:1 ii 1:a ió n admiL un, o n [ w aliza i ' n con ' mi-
en diversos p aíses, información contin ua del mercado int rna i n,il d, 1va rn ntc má · precisa, ualquiera q ue ea el alcance de esta
bolsa, «aldea global» ofrecida por la televisión e Internet .. .- l., ~
contrapuestas reacciones que provoca en quienes lo p erciben, (·11.1 11
razones suficientes para probar su borrosidad, así yomo el car. (·1, ·1
ideológico o filosófico de los juicios a través de los cuales el fen órnrn11 na idea funcional de Economía
es interpretado sobre la marcha, por quienes lo observan.
. Se hace necesario conceptualizar de algún modo este fenóm l'llo, ltc ra bien: el nivel de profundidad en el que queremos mantener
sm P?r ello pretender agotarlo, a través de alguna categoría que p ul'd ,1 "1 11 i ro análisis nos impide conformarnos con el significado que de

c~ns1derarse como suficientemente definida. Posteriormente será ¡ir 1• 11l111.vi el público y tantas escuelas dan al término «Economía». Por

ciso plantear la cuestión de la involucración de la categoría utili:,,,.ul ,1 I' 111¡ lo: «ajuste y ahorro de los balances», «investigación de los valo-

con el resto de los contenidos no categorizados del fenómeno. P l'r 11, 1 • ·ambio del mercado», «administración de los recursos escasos»,

tras la categorización, dispondremos por lo menos de un «dibuj o» d,·I 111 '.'Li gación de las rentas marginales del capital invertido», o bien
fenómeno borroso en el plano categorial en el que lo hayamos p odid11 111 •s Li ación de los medios y asignación de recursos, más sencillos
proyectar. Del volumen integral del fenómeno de la globalizaci1111, 11 ll'aLOs " ) para obtener un mismo producto o servicio».
sólo veremos acaso las figuras que él proyecta sobre una superfil'i1•¡ No es tará de más subrayar que las categorías económicas pueden
pero el análisis de estas sombras superficiales nos permitirá desculi, ¡, p ír,,,,vse en su campo propio, sin necesidad de una reflexión de segun-
estructuras y relaciones más precisas, que en ningún caso se nos dn ¡,, ¡,,1,,el (filosófica) sobre ellas, es decir, sin necesidad de una idea filo-
cubrirían mirando al confuso bulto del fenómeno. Otra cosa es q 111 , ' )11',l I economía. En general, las categorías se mantienen en su cam-
podamos preservarnos de la tendencia a sustantivar las figuras pla11.1~ 1,1 lt•r nológico y conceptual, de forma tal que las propias ideas sobre
de la proyección y sus concatenaciones, reduciendo a ellas los vol11 11 ~ ·, tegorías ya no son categoriales sino filosóficas. Otra cosa es que
menes y tratando de explicar las cosas sin salirnos del plano en el q111• 1, 1I •a f.ilosófica de una categoría actúe inmersa o en ejercicio en el pro-
hemos proyectado los volúmenes. Y alegando que es razonable busr.11 1 11 1 \ ·nico o científico, incluso que sea el científico quien intente repre-
la llave perdida de la casa, no en la oscuridad, sino debajo del farol. 1 111 ,1r e reflexivamente la naturaleza de la categoría en la que él está in-

Lo cierto es que la conceptuación económica del fenómeno es 1,, " 1 o. Sólo podrá tener como evidente que esta reflexión forma parte

que prevalece, tanto en la idea oficial como en las ideas alternativ,11, 1, l,11 ropia categoría quien entienda la reflexión (o el segundo grado)
aunque precisamente lo que éstas critiquen sea su carácter económirn, 11 •ntido subjetivo, como un «ponerse ante los ojos conscientemente
Puede servir como testimonio la definición de la globalización que• l I il j to» . Pero esta reflexión sería un mero epifenómeno.
ofrece la edición 2000 del DRAE: «Globalización es la tendencia de• !·'. n el momento en que entendemos la reflexión -como reflexión
los mercados y de las empresas a extenderse alcanzando una dime11 ,)q •tiva, es decir, como proyección de un objeto sobre otro objeto, y
sión mundial que sobrepase las fronteras nacionales.» 111, 1 <Í i sobre la «conciencia subjetiva», entonces se comprende que

Y nadie dejará de admitir que la superficie en la que con más nit i 1 , 1 •!'l xión filosófica sobre una categoría no puede circunscribirse
dez se dibujan las sombras arrojadas por el «volumen fenoménico » d,, , l 1 ¡ ro pia categoría, sencillamente porque necesita confrontarse con
la globalización, es la superficie del campo global de la economía. N. 1 ,¡ ,lN. De esté modo vemos cómo la idea filosófica de las categorías
die podrá negar que el fenómeno de la globalización se proyecta en li , 111 ·máticas no pertenecen a la categoría matemática (ni pertenece al
guras relativamente nítidas en el tablero económico. En este sentid11, l11 i l le matemático el análisis de 1a idea de matemáticas, lo que no
parecería adecuado afirmar que la globalización es un «fenómeno ec11 ¡lll<'I' , decir que el matemático no pueda actuar como filósofo); ni el
nómico», puesto que tiene una «cara económica» indiscutible; aunq111· •d1il isis de la idea de historia corresponde al oficio del historiador, ni

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·1, 11 , lisi ,,1 1•,¡)() 111 (•11 (" ;:i '1111 (' l,1 ·, 1111 · 1111 ,11i ;lll 'il" 1 . I · l:1 H ·p1Jhl; . !'( -
(1 qu e n qui re el ir qu e la id ea fil sófica d on 111 ,li i( ·: , •oh ·rn . lo: :1 1, ili,¡ ·:) la ·' Lr L1' LL11·,. 1· la ~,s. (1a Ir,
jar de lado al oficio de los economistas ). 111 1 1 l1 ijos). P r o n m ía po lítica n d i tin ta de
Es bien sabido que el significado del término «Economía» ha cv 11 , í , '.' l la n mía I mé ti a.
lucionado, pasando por muy diferentes acepciones que van d s k 1., < • ría p o ible, sin embargo, regresar hasta una idea funcional
«~conomía d~méstica» (gobernada, según Aristóteles, por la prudrn 1 t 11 ¡mía tal qu e nos permitiera tratar, como si fueran valores de
Cia rno p~opiamente por la prudencia monástica, ni por la prudc111 "' 111 111i ,11 " función, a los conceptos de la economía doméstica, de la
pohttca, sm_~ por la prudencia doméstica) hasta la «economía po li'1 ¡ 111 1n,nía po lítica y de la economía globalizada? Al menos es una idea
ca». Expres10n que conserva siempre una sombra de oxímoron cuan 111 j, nL la que verdaderamente nos interesa, en el momento de pro-
do se la ~ira desde la tradición aristotélica. Esto dicho sin perjuicio d11 1 111 li;,, 1· n el análisis de la conceptualización económica del fenóme-
que en nertos textos pseudoarístotélícos, como los Oikonomica al 1¡ , 1 la globalización.
buidos parcialmente a Teofrasto, se distingan ya cuatro clases de eco I·'. ·e nomía», como es bien sabido, comienza significando algo así
no~ías:_ 1~ regía o basiliké, la satrápíca o satrapiké, la política o polit ¡;..,, <111! una norma o regla de «administración de la casa». Pero «casa» en
Y la md1V1dual o idiotiké (véase la erudita «Introducción» de Juan ( ;¡j 1 111 1i lo de la «hacienda», que es propiedad de alguien, aunque esta
al Económico de Jenofonte, Madrid, 1967, pág. 125). La economía glo l. o 11 1 la esté dispersa en diferentes barrios de la ciudad, o en diferentes
bal (o economía globalizada, o economía de la globalidad) sería la úli ¡ 11 11 111 1' . Entre los bienes y propiedades que constituyen esta hacienda,
ma fase de la evolución de la Idea de economía. \,, ¡u · ontar-según los Oeconomicas deJenofonte-no solamente a
La acepción, central hoy, del término «economía» es, sin duda al 1 , l111· es, sino también a los enemigos, pues «es propio del buen admi-
g~,na, la acepc~ó~ correspo~diente a la economía política; una accp " 11 ,1 1 r saber manejar también a los enemigos, de modo que obtenga
c10n qu_e ha~na ido consolidándose en el siglo XVIII; según Marx y 111v • ·ho de ellos». Pero Jenofonte establece ya, de modo terminante, la
otros histonadores de la economía, la economía política habría et, , ,1 1 •,< i )n entre el bien económico, diríamos hoy: su valor de uso, con
menzado con la fisíocracía y, para ser más preciso, con el Tableau d,• 1 11 ' I' ·ado, su valor de cambio: «La flauta, si no se vende, no es un bien
Quesnay. Aun cuando obviamente tiene precedentes anteriores, y , 1 116mico, de cambio]. » Obviamente la concepción de la economía de

entre ellos no faltan los escolásticos españoles (Azpílícueta, Bá,10 , 1 111 lonte comprende también a la economía de la empresa particular y,
Mercado). Y no por azar, sino porque fue en España en donde comc 11 11 I', •11 ·ral, a la economía particular o privada, en cuanto se contrapone
zaron a observarse las paradojas, inexplicables desde las doctrinas nw , l 1 •· nomía nacional o pública.
díevales, de que las ingentes aportaciones de plata de las Améric.,~ [·'. I mercado libre podría ser tomado como el núcleo mismo de la
parecían ~elací~n~das con la disminución de las rentas en España y 1 1I 1· economía siempre que entendamos el mercado como el pro-
con el ennquec:miento de otros países europeos. Con todo, y comc 11 ' 11 mismo del intercambio de bienes y servicios, cuando este proceso

t~ndo las ~octnnas sobre el interés usurario, Keynes advirtió ya la p,, 111 ,u tenga de un modo recurrente, sea por modo estacionario, sea
sible relación económica entre la tasa de este interés y la eficíenci,, ¡" 11 11 1 do ampliativo o expansivo. Para esto resulta imprescindible
marginal del capital. 1, 11 1 ·nción de la moneda, como unidad de ~ambío que hace posible el
Podría decirse que fue el DescubrímÍ(;nto de América el que i111 1111 1•1 ·,mbío equitativo, es decir, el intercambio de los bienes y serví-
~uso la escala mo~erna de la economía política, aunque fuera ímprar 111 111 ás heterogéneos según relaciones de igualdad, en el sentido eco-
tlcab~e ~l salto hacia ella que habría que dar desde la antigua econom,., '" 11 111 (simetría, transítívidad, reflexividad) y no ya en sentido ético,
domestica (oeco-nomía a secas). Por lo demás, este salto quedaba en ni 11 ,ti político.
~a~carado por la tradicional equiparación literaria (analógica o meta 1,n recurrencía del mercado tiene una estructura cíclica, cuyos rit-
fonca) entre la casa, como ámbito familiar, y el Estado, como ámbito ' 11 1 : sicos están marcados, en gran medida, por los ritmos biológicos

de la sociedad política. Calicatrídes (al que cita Stobeo) estableció ya 1,1 1,I l., , limentacíón, principalmente, cuando nos referimos a los ritmos

-190- - 191-
cir •, 1;a11t :) , st ·i; 1·:, P ' 1·0 <· • • i 1•11 t · qu · L1 1 · ·ur1· '11 i:1d ·111H·r, .1d11
crí, imp ·ib l sin 1 111 · ·:1 ni 111 ) 1 ¡ r vi ió n in · a11 t · 1 · un « o rte»
orientad.o a la repos ición y a la expansió n. m los bicn rv 1¡1,.,
intercambiables en el mercado son todos ellos «institu cione t.ili 111 ,1
les», que han de ser fabricados o manipulados acogiéndose anor m. s ¡·,
trictas, se comprende que el mercado implique necesariamente un si~11•
ma organizado de producción. Por último, la distribución de lo birn,·, 1, <.- valores » de la idea funcional de economía
(dejando de lado aquellQs bienes que con Marx podríamos incluir L'111•I
sector de los «medios de producción», o con Keynes, sector de los «lii,· 1•:, l , idea funcional de la categoría económica, definida por la idea 11

nes de equipo») finaliza en los «sumideros individuales», en los co 11~11 1 111 , ración recurrente, en el sentido dicho, tomaría valores distin-
midores individuales. Otra cosa es que estos consumidores individ11.1 ' , , , • ncatenados entre sí en diferentes círculos abstractos de inte-
les participen inmediatamente de los bienes por su adquisición dirl'l 1,1 ' 110 1 , según el parámetro que asignemos a esos «círculos de rota-
en el mercado, o bien mediatamente, a través de adquisiciones prcvi .u ' , 1, .,, i t mamos los parámetros no ya, por ejemplo, de la naturale_ za
por parte de las economías domésticas, familiares, comunales, mili1.1 1 ¡11 J ¡ nes puestos en circulación, sino del radio social en el que cie-
res, etc. '
1 1 111 1 roceso económico recurrente, aunque el cierre sea abstracto,
Como definición de la idea funcional común a los tres niveles pt i11 , , 1 l1 •111 s la siguiente clasificación, de «primera línea»:
cipales. que venimos distinguiendo en la economía mantendremo., lt1 ( 1 Economías particulares o privadas (familiares, de e_ mpresa ...),
misma que ya expusimos hace treinta años en nuestro Ensayo sobn· /,, ,i
11 ¡ ¡0 1 radio del circuito se mantiene en la escala de sociedades fa-
categorías de la economía política (La Gaya Ciencia, Barcelona, 1972), .. d1111', • de sociedades particulares de acciones. La rotación recu-
saber, la idea de la «rotación recurrente» de bienes y servicios muy lw1 ,. ' , ,11 , , triba aquí en la misma reproducción cíclica (estacionaria o
rogéneos, producidos por las fuerzas de producción y ofertados al""'' ""I li ,tc.l a) del pro~eso de rotación de las «haciendas _Particulare~»,_de
cado, y recibidos por los consumidores, constitutivos de la dem:1111111 ., 1111 ld indefinido. Las haciendas o empresas particulares estan m-
efectiva. Esta rotación real, en la medida en que mantiene su curso, 11111 " 1 ,\, en un sistema envolvente, forman una red constituida por
todos los dientes de sierra que se quiera, constituye el fundamento d 1, 1 11aciendas o empresas particulares, pero también por las hacien-
un «cierre categorial económico», en la medida en que éste pueda t~111•1 1 , p(1 licas de las economías políticas.' y son ins~p~rables de ella~.
lugar. 1 1 ,. •ría suficiente, para hablar de un cierre tecnologico, que sean di-
Y lo que interesa destacar aquí, en el contexto del análisis del fe, 111 ' 11il I s, es decir, que sea posible hablar de la subsistencia de la línea
meno de la globalización, es que la definición de la economía, en grn,• idllli va de la empresa en un medio de empresas privadas o públicas
ral, por la rotación recurrente, se opone ante todo a la definición di' 1
1 11 n destruyéndose o sustituyéndose por otras.
1
categoricidad económica según el criterio de la «escasez de los bien1•, . ) Economías públicas, economías nacionales o políticas. El par~-
Richardson, por ejemplo, trataba de reducir el contenido de la «ra:1.,111 11< de la función «rotación» es aquí el radio del Estado. La economia
económica» al marco del problema de la «asignación de recursos». Pl't 11 11 ' unscribe ahora a la «administración» de la Riqueza Nacional
la escasez no es tanto una propiedad relacional de un lote o stock de hi,• ¡11111 mith publica en 1776 su The Wealth of Nations) . La economía
nes o de servicios dados naturalmente, sino la característica de los bil·111•• ,111 ,11 ,.ará a ser economía política o economía nacional de los alemanes
culturales (según normas) que deben ser producidos. Lo que hará nn ,. ¡ trmal Oekonmie ). En su versión extrema, la economía política ten-
saria la razón económica no será tanto formalmente la realidad de la,·~ ' 1 11,1 ircunscribirse íntegramente, de modo «autista», a los límites de
casez cuanto la existencia de incompatibilidades y de inconmensural,1 1, 111 < 1 ia Nación, y su ideal sería el de la_ au~a~quía. .
lidades entre recursos acaso superabundantes pero cuya composici1111 ¡ •r aunque reconozca desde el pnncip101~ necesidad d~l comer-
coyuntural sea capaz de bloquear la recurrencia del sistema. ' 1 111L r-nacional», la necesidad de las exportac10nes y de las importa-

-192- -193-
10 11 •· · inL ' rr r· L,n1 · ·c111 ·¡" ·il. l l·s l · l, 1 ·1s1 · ·1i v,td ·l¡,111p11 i ¡¡ u i,11 :111 lo .1 L_1~ t 111p r ·s,t~ ,1)1, 1·s) i111 ,,A11 n i o 1, ~1
, 111 I I 1 lt I lL t' <: 1
E ·Laci o, 0 111 0 oc urre en el «E L:1d ' orn -r -ial ·err. lo » 1 1:¡ 11 L('. 1\ t .1~ 111 111 ¡ nu · :\ ui1i Lid ·· 1 · h · · 11 0 111 í . . ·ivil ), d b e n mfa de
sencillamente, como la necesidad eco nómi a qu e el p ro pi E t, cl1, 111· , ,, r(' r/ ,d ivd I balizada?
ne de procurarse recursos, bien sea por una p olítica de ín,p n 1, 11 ,,, 1 11 ·ual ,i r a , un a t ransformació n semejante d e la economía
exportación, a otros Estados, bien sea por una política coloniali sr.1 11 · l 111 l • · , ntes una transfo rmación pensada que una transformación
micomercial, bien sea por simple depredación de las fuentes d 111.11, ,1 , 11d,1. El Es tado no ha desparecido de la economía globalizada
rías primas, sin dar nada a cambio. Las empresas particulares, iI H 1 ,, 1 1 11 l.t l1 ideó lo gos piensan hoy. A lo sumo, y por ahora, las con-
poradas a circuitos de una economía nacional, estarán controlacl:1s I'"' •• 11 1 io nes militares se sustituyen por confrontaciones industriales
el Estado. El Estado tendrá que conceder licencias de fabrica ci(l11 v, 11 11 • ·iales (decimos «por ahora», porque también en vísperas de
por supuesto, licencias de exportación y de importación (contíng<"111 ,1 1 '¡ 111 1 •ra G uerra Mundial la interdependencia entre las economías

ciones, etc.). Estos métodos de integración de las empresas partirnl.i 1 1 111 ·i:1 y A lemania había alcanzado un grado difícil de superar). Es
res en la economía nacional suscitarán inmediatamente la resi tr1111 11' • un economista, Edward Luttwak, ha bautizado recientemente
de estas empresas a lo que ellas considerarán como una violación de \II 11111 " , cono mía» . Pero la geoeconomía no es algo distinto de la
libertad y una «intromisión de la política» en la libre economí.1 d . ,11 lllÍa política en el época del mercantilismo. Luttwak lo reconoce:
mercado. Los debates teóricos entre librecambistas y proteccio11i ,1,11 , 1 l il n 1eva versión de la vieja dualidad entre Estados la he cieno-
suscitados en los tiempos de los economistas clásicos (Adam S111i1h, ,.,,, 1 lo coeconomía» (Turbocapitalismo, op.cit., pág. 171), y añade
David Ricardo) no s,e han agotado en nuestros días. 174) : «para los burócratas europeos y japoneses, pero de forma
(3) ¿Y cómo definir las economías globalizadas tal como sl· 1111, , 1 •1H , también para los norteamericanos, la geoeconomía ofrece el
presentan en esta clasificación? Una respuesta rápida podría ser l'~lill 11111 su -cdáneo posible para las funciones militares y diplomáticas
por la sustitución de los parámetros nacionales económico-p0Jí1 i, ••• 1 1¡1,ts. lo» . A esta luz podría leerse la Conferencia de Madrid, cele-

(dados en la perspectiva del «nacionalismo metodológico » clesl'I 1111 ' 1il ,1 t,: 1 123-24 de octubre de 2003, impulsada por la ONU, con vis-
por Wallerstein) por parámetros adecuados a las empresas «cosmop11 • t ,\ ,ciar a la reconstrucción del Irak: los Estados que meses antes
litas» ( «esféricas», «globales»). Sin embargo, la cosa no es tan sencilli1 ,)1 ,11 1 n la ONU condenado severamente a Estados Unidos, Ingla-
Sin duda está muy extendida y arraigada la creencia de que la ép, 11 .Es paña, acudieron sin embargo a Madrid a preparar la recau-
de los Estados, nacionales o multinacionales, enfrentados mutuaml'III 1,, 11 1 distribución de fondos (calculados en 40.000 millones de ció-
por la guerra acabó con la Segunda Guerra Mundial y con la Gu1·11 ", ) •ntre las empresas de diferentes Estados, dispuestos a contribuir
Fría. En adelante, la confrontación militar entre las grandes Pote1ll'i,._, l 1 1 • ·o nstrucción. No faltó la presencia en esta Conferencia, presi-
como Estados Unidos, Unión Europea,Japón, se hará ya impensab l1·: 1 1 L, l or Kofi Annan y Ana Palacio, de los grupos de manifestantes
guerra es cosa del pasado, y habría que tomar en serio la idea del «fi11 d ,11 ¡1, \ )balización.
la Historia». Con la globalización se habría abierto la era del come11111 •ro no es esto solamente. Es preciso trazar una línea de frontera
internacional, de las relaciones pacíficas entre las democracias, la cr., d ,111 • 1, perspectiva meramente material en la utilización de las cate-
las empresas globales en las cuales las fronteras políticas comienza11 " ,\. co nómicas (y en este caso «economía globalizada» significará,
borrarse y, con ello, la propia idea de la economía política. 1 ,¡ •j •mplo, un sistema en el que existen «empresas globales», «ayu-
Una fábrica de automóviles sitúa el montaje de su marca c11 1111 1, 1i11 , ncieras globales » de organismos internacionales tales como
país, con motores procedentes de otros, equipo electrónico de un 11•1 1 11, MS, FAO.,.), y una perspectiva formal en la utilización de esas
cero, tapicería de un cuarto y sede fiscal en un quinto. ¿No es és1.11 11 111 ,is categorías económicas; perspectiva que obligará a mantener
mejor ilustración del cambio que se habría producido en la estrucu11 ~ 111 1il , das las categorías económicas a la idea filosófica de la economía
ción de la economía, que habría dejado, o estaría dejando de ser po/111 ¡i11 11,1 a sido adoptada, en nuestro caso, a la idea de la rotación recu-
ca (al no ir referida a las unidades-Estado de la sociedad política), p.11 ', 11 • le los intercambios. Por supuesto, la idea formal de economía

-194- - 195-
' 1 Li ·n ·11 id ·ap::I' c.l in rpomr ·r LÍ ·:1111 ·111,·) 11 , 11 ,t l.q1 v11· su prod 1· ·i 11 :\ b d ·111 a11 d, 1 iu ·IL1 ' 11 ,¡ ·, o d · · ·r
11
conce ptos categ ri alcs 111 atcria l111 cntc utili zad s. é p r f e, .", ·s l ir, q u n pr lu b ier e prev iamente
Y en este punto se nos manifiesta directam nte la b rr sid, 1,, .1111 n r to, "s ino qu e ordena a los trabajadores que produz-
bigüedad que afecta a la idea de «economía globali zada», cu:111d, 1 1111 1, 111 t¡ ul q u - son pu es tos inmediatamente a la venta"], pero des-
distingue (no sabe, no quiere o no puede distinguir) entre e 11111111 ,, , t' l. uantía de ésta .. . El único norte que le sirve de guía es el pre-
globalizada en sentido material, y economía globalizada en sen cid<, 1, ,, ! 1 oní ulo. Si éste sube, puede conjeturar que existe mayor
mal. ¿ Qué puede significar en efecto «parámetro planetario» en cr, 11111 111111 l le u producto y se esforzará por producir cuanto pueda
mía? Directamente, esta idea nos llevaría a postular un Estado un ivn , 1 1 , 111 1 r: pido que le sea factible para que nadie pueda aventajarle. Y
y único, de radio planetario, asociado al «Género humano», sin qtH· I'" ,,1 1
1 1 1 hacen lo mismo, el mercado se satura en muy poco tiem-
ello pudiera quedar al margen de la rotación sistemática de los b.ic11n 1 , raliza la venta. Entonces comienzan las bajas de los precios,
servicios; y entonces su administración podría ser llamada «global .. . , 1 11 1 ·arro tas, las limitaciones de la producción y los despidos en
Pero como este Estado universal no existe, no podemos h y I'" , 11, 1 obreros.» El autor (F. von Kleinwachter, Economía políti-
hoy definir la globalización desde el punto de vista de las categ1111,11 11 1d, de la cuarta edición alemana, Barcelona, 1940) termina consi-

económicas, de este modo. No podemos, sobre todo, plantear siq11111 1 , 11 1 1> a ertada la organización de cárceles y trusts que no exageren
rala cuestión de la recurrencia, estacionaria o ampliada, de esa sup111·, 1, · j\l!ll ·n de monopolio.
ta economía global. Y, sin embargo, si no se tiene en cuenta esa rn 11 I• 11I' · umen: más de setenta años antes del «estallido» de la globa-
rrencia, no tendrá sentido, desde nuestras premisas, seguir habl.111d11 ' 1 11, se describen claramente en los manuales de economía fenó-

de economía globalizada, de economía a escala global, salvo en un ·" '" , 1111 1 mercado universal, que no se llamaban de este modo. ¿Qué

tido puramente material. 11101 es lo verdaderamente nuevo de la globalización? ¿Una mera

Acaso lo mejor fuera retirar sencillamente la pretensión de ddi111 1,1 , 1 •t •ia de grado, de detalle, por ejemplo, una mejora en los análisis
la globalización en el marco de las categorías económicas (puesto q11 1 11 1('1' ·, do internacional, o de los métodos para atajar las crisis, o una

ello nos conduce a la idea de una globalización económica cosmop1 ,h 1,1 , 1(' 11 •ia de estructura? Las diferencias de grado (en velocidad de las
ta, que es ucrónica), y atenernos a las definiciones políticas, cultur.11,,,, , 111 l • i nes, descolocación de las empresas, incremento del capital
lingüísticas, etc. de la globalización. 1 " 111 i •ro) son evidentes, pero ellas solas no bastarían para establecer
En cualquier caso, conviene constatar que la extensión univt·1,,1I ,,, 1 lif rencia de estructura entre las empresas universales de las pri-

(cosmopolita) del mercado ha sido el objetivo de empresas particul~ • ,, 1 1. d ' cadas del siglo XX y la globalización de la última década.

res (no estatales); aunque muchas veces se trata de empresas particul,1


res que, en realidad, son parásitas del Estado.
Ahora bien, esta universalización del mercado es muy anterior ,1 1 /, Un ensayo de definición de la Globalización como
que en nuestros días consideramos como propia de la globalizaci1111 mz epto económico
(la universalización de empresas tales como IBM, Microsoft, Mcn k,
del sector farmacéutico, o General Mo~ors). El desbordamiento de l,11 1.. t ideas expuestas sobre la Economía, en general, nos permiten
fronteras nacionales, por parte de las empresas particulares, es 11111 " 1 ,tr una reconstrucción del concepto económico de Globaliza-

anterior a lo que convencionalmente llamamos «época de la globali,- ,1 •• 111 qL1 c, obviamente, según lo dicho, no podrá confundirse con la
ción». Baste como prueba este párrafo de un manual de Economía 1"1 1 1 d Economía global, correspondiente a la tercera clase de nuestra
lítica muy anterior a la Segunda Guerra Mundial: «El gran indust 11111 , 11 ¡ mía (véase más abajo §4). Esta tercera clase nos remite, o bien a

de nuestros días, no vende para un mercado limitado y conocido, si1111 ,,, 111 a ucrónica de globalización (económica y cosmopolita), subor-
para el mercado universal; porque expende sus productos hasta en I," l11 1 ttl , a la instauración de un Estado universal, o bien a un régimen
comarcas más remotas, y se encuentra ante un problema insoluble: 1i1• 111l\rquía universal autogestionaria de la economía mundial. Como

-196- .::__197_
icu. n O t1 in Lc11L · , n ¡ lc ·ini r ¡ r ·11 , · ·1 ¡,, 1d1 i l -~L 1·1 1IL, lo~), o _, ; · 0 1i. ·1 va n ,1 b. li:,,,n I res
nóm eno de la glo balización, al meno , en la p arte le él qu up.,111• I , 1•11 : rno ccrn1
•11L ido ; an i Lil :1.r y n o pi ' L ' r i ·o, a l:1 n :1 11 r:1
está ya «en marcha», es decir, que es «realmente existente ». 1 l 1 ·,u¡ r ·s::i a- b «ba glo baliza lo u produ cto » p o rque és te
Pero podemos intentar definir la globalización en el marc d<' l.i. il1 1l'i l uy n l i.nco continentes y porgue fos plantas de fabrica-
categorías econ~micas, de un modo positivo, dejando de lad h ¡•,111 11 1 • ,tún am bién dispersas por todo el planeta.

balización cosmopolita, en su sentido formal. Lo que ocurre es q11<' l,1 l1Ma bien, en cualquier caso, ya al hablar de globalización exten-
globalización positiva, así definida, ya no podrá ser considerada ~111110 ,¡ 111l in t nsional, particular o integral, parece evidente, según lo que

una globalización (cosmopolita) sino como una globalización q11 11111, exp ues to, que la globalización económica, en su sentido posi-
sólo lo es, en cuanto globalización económica, de un modo matcri.il " • il ¡ drá considerarse definida en función de esa idea límite de
en su sentido límite. 1 ,1 ,,di ,-,a ión universal (en extensión) o integral-pletórica (en inten-

Lo que llamamos economía global o globalizada, en sentido pi 1~1 ,r, · rrespondiente al tercer valor de la idea global de economía que
tivo, poco tiene que ver con la globalización económica, en sentido L1111 ¡ · utilizando, el que llamamos economía global cosmopolita,
ideológico (que es, por otra parte, el que configura el fenómeno de 1 1" 1 1 •l ' rado de borrosidad que este límite mantiene respecto de la ac-
«globalización oficial»). Y esto es debido, como veremos en párr.tlu• ' 111 l,11 conómica realmente existente.
posteriores, a que la idea de globalización tal como se sobreentic11d 1 l 'ucJ afirmarse que quien toma este supuesto estado global cos-
tanto por sus promotores como por sus detractores, no es una id,,4 ""I'' 1liL. como punto de partida para hablar de la globalización econó-
económica, sino que desborda las categorías económicas. '' ' ' 1 le nuestro presente, es porque está tomando ese estado global

De donde concluimos que si queremos mantenernos en el á111li1111 11 1¡ lita como fondo para definir la supuesta globalización del pre-

positivo de las categorías económicas, tendremos que atenernos .1 1111 ' 111 ; un fo ndo metamérico respecto del sistema de las economías na-
concepto económico de globalización que no rebase el nivel de lo ,¡11 ' 111,d -.· del presente, y respecto del cual, «por descuento», se reobten-
hemos llamado globalización económica en sentido material, que se aj11- 1. 111 l,\Sdimensiones de estas economías del presente. Un presente que
ta teóricamente a la modulación de la globalización recíproca, y páct i, 4 , 11 11siclera como globalizador porque, «aunque no ha llegado a la glo-
mente a la modulación de la globalización dispersiva, no recíproca. ,I 11 ·i ' n cosmopolita», está, se supone, en su camino, y se define por
Por lo demás, este concepto positivo de globalización, que coi >r dt li t , como se define desde Madrid, por su terminal, «el avión ha-
namos con lo que hemos denominado «idea oficial» de globalizaci11t1 ', 1 •nas» . Es decir, se define por su terminus ad quem, aunque toda-
es el que utilizan de hecho los propios economistas cuando analizan 1 ' 1 11 haya llegado a Atenas. Por cierto, cuando el avión aterrice en el
fenómeno de la globalización. Cuando, por ejemplo, acuñan el co111·q1 11 i¡ 11 ·reo Venizelos, ya no podremos llamarlo «el avión hacia Ate-
to de «deslocalización de las empresas globales», frente a la emp1 n ' , alvo que «el avión» designe aquí la línea que repite sus vuelos, es
concentrada, o el concepto de «desintegración de la producción», f1,•11 1 11 , la «clase de los aviones» que parten cíclicamente de Madrid a Ate-
t~ a la fábrica de producción integral, o el concepto de «dumping \11 ' ¡1 •r no cada avión en particular (como veremos más tarde, los
c1al», frente al concepto de «dumping político», o el concepto de <•1'111 11 ¡ •¡1L s procesuales de índole terminal son «aureolares», sin que de

presa global» frente al concepto de «empresa multinacional». 1, 1 • siga que todo concepto aureolar es un concepto terminal).

Pero todos estos conceptos son conceptos económicos en su sc111111 1 ra definir, como concepto económico positivo, el fenómeno de
material, que sólo reciben el significado de momentos, aspectos o f.,~ l1, l1ali zación, tenemos que tomar como fondo no su (supuesto) ter-
de un supuesto proceso de globalización cosmopolita cuando se les r, 111 11 1 ad quem (metamérico) sino su terminus a quo suficientemente
sidera integrados precisamente en la idea de globalización cosmopolll l l11 11 iL ado. La tesis que mantenemos en este libro es la siguiente: el fe-
Cuando se pone entre paréntesis esta idea, entonces o bien ntl 11 11 111 de la globaiización, conceptualizado en el ámbito de las cate-

procesos pierden todo su significado globalizador (el dumping so, 1 1 1 l' o nómicas, se dibuja desde un fondo dado a parte ante, y cuya

es sól~ un mecanismo particular de política oportunista de ciertos p,11 1 1d ·i ' n económica se constituye precisamente a partir del segundo

-198- . -199-
, ,1; ,, 1 11 . 111 ¡J ) l1 :1bl :1111 o , k ~ il ,t i() 11 . 1· · • l 11'. , 111 e> In N.,
t' < 11 0 111 ,
1 11
í1 11 . x¡u s Lo,:1sa l1('1,11
¡u · l1 •111 0 11 1 11 ,J , •11 id el N , i ' n a, p ·r no n ·1 ·nud d l. . na-
p o l íL i
d e la econo mía n aci nal. Parct def inir l on epto d globaliza it511 " '1,/ m pretenden a l unas conomías «regionales » qu e se
necesario partir no ya sólo de una economía nacional, sino del si. 11·111,f vin cular del Estado al que p ertenecen (p ara el concepto de
de las economías nacionales de algún modo interrelacionadas. Y di, r.1 t 11 ¡ 111 p lítica» puede verse nuestro libro España frente a Europa,
mos más: las definiciones no metafísicas a las que de hecho se ati¡•111·11 1 1, 1 1 na, 2001, págs. 108-152). . .
los economistas cuando hablan de la globalización económi ca (.11111 ,; ,1 •mba rgo, el fenómeno de la globalización no se circunscribe a
cuando ellas sigan oscuramente inmersas en la idea de la globali:.,;i¡·i1111 " 11 • •pto económico establecido en función de las economías na-
cosmopolita) toman también, de hecho, como fondo el sistema (d1.1 " q 11¡[ . , que, en nuestra época, tienen asiento en la ONU. O~ros .ª,s-
mérico) de las economías nacionales. i 1,, acaso más importantes aún del fenómeno de la globahzac10n
1
La idea de un sistema de economías nacionales (o políticas) excl11v 11 1 ,' ;,,anifiestan al margen de esas unidades políticas (o económico-
el aislamiento o autarquía de las economías interrelacionadas. El <.: 1111 1 , ,1 d ., ) que se nos aparecen constituidas como Estad~s nacionales.
cepto de mercado internacional presupone precisamente la intera ·ri1111 1 11 'N l o tros sentidos es como suele hablarse, por eJemplo, de la
(intercambio) de economías nacionales diferentes, que mantienen su ¡•~ ¡111, Ji zación lingüística», sobre el fondo del «sistema de las lenguas
tructura política precisamente a partir del mercado internacional, co11 l,11 1 l planeta», cuyas partes no se superpone~ co_~ el ~is~ema de los
restricciones oportunas (tarifas aduaneras, contingentación, etc.). C1111 11 ) nacionales, pero también de la «globahzac10n etmca», sobre
(1
viene advertir que este fondo (sistema de las economías nacionales) dt1I 11 i 11 do del «sistema de las razas humanas», tal como se exponen en la
fenómeno de la globalización económica no funciona como tal, respt'l'III 111 ¡ 1( ¡ ología física, o de la «globalización religiosa», sobre e~ fo~~o
de otros procesos llamados también de globalización, como pueda st·du L l , j tema de religiones» de la Tierra. También de la «globahzacion
la llamada globalización lingüística, o religiosa o artística; procesos <'11 ,, 11 ¡[ ' gica», sobre el fondo de la div~rsidad de cult~:as, o incl~so de
los cuales las fronteras entre los Estados tienen otro sentido. 1 1 gl balización política», para referirse a la extens10n progresiva de
Es en función de este sistema de economías nacionales intern·l ,1 1 •mocracia parlamentaria a todos los países. . .,
cionadas como se configuran también otros conceptos o modelos. Po Más aún: algunos intentan ampliar el concepto de «globahzaci?n»,
ejemplo, concepto de las sociedades multinacio~ales, en el que se h.111 , 1111 , 11 peligro de desvirtuarlo, a las categorías biológicas, a los amma-
distinguido dos modelos, el vertical y el horizontal. 1 , , 1os vegetales, a los hongos y aun a los protoctistas. En la medida en
1
Las empresas multinacionales, en tanto siguen inmersas en 11 ,, ,
111
1, globalización es un proceso de difusión y las «~lagas>> son tam-
marcos de las economías nacionales, no pueden confundirse con l,u ¡11 11 procesos de difusión, podríamos, en ef~cto, cons.ide~ar a_las plagas
11 111 el paralelo biológico de la globalización de las mst1tuc10nes cul-
llamadas empresas globales.
111 11 l . Pues una plaga es el proceso de proliferación y extensió~ de una
¡ , ie inicialmente circunscrita a un ecosistem~, a otros e~osistemas
§3. LA IDEA DE GLOBALIZACIÓN DESBORDA LAS 1
¡nos y de modo recurrente cuando se dan las circunstancias adecua-
CATEGORÍAS ECONÓMICAS ' , No se trata de un proceso simple de «expansión espontánea», se
1111ta de un proceso complejo en el que hay que hacer inte~enir la dialéc-
1. La Idea de globalización desde coordenadas biológicas 11 it de las poblaciones de un biotipo dado co? las poblac10nes ~e.su en-
(ecológicas) 1111 11 y, por tanto, con la naturaleza de ese mismo entorno. Asi, al desa-
11 er las aves rapaces proliferan, en una región dada, las ratas o los
En cuanto concepto económico, venimos diciendo, el fenómc1111 1 11 jos; 0 al introducir una especie en un ecosistema sin controles da-
de la globalización y la idea de globalización (tanto la «oficial» co11111 1 ,' pertinentes, su propagación podrá tomar la ~orma de ylaga que
la «alternativa») se dibujan sobre el fondo de los Estados nacional1•, 1 11 11
lu ce a su «globalización» a otros lugares de la Tierra: se citan los ca-
(véase más abajo §6, 5) y secundariamente multinacionales; por su
-201-
-200-
:os 1·/ ·, nej) '11 !\ u, t1·:di.1 , d(' / ic1 o '11 Nll • .1 1/, •l:i 11d rt, 0 d" 1. 1 1, 1111 li t·/ 0 111 J 1 / i \ / // ('} '. / // /! / /\ l (J!í
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congravedafroyextinció nd otrascla s d e p eces .A imi 111 ,¡ ,1, 1
1
ceso_ de la expansión del hombre, por toda la «redondez d 1.a Ti ,1 1,1 .. 11 d l. lo balización, a coordena-
partir de sus ecosistemas originarios, podría considerarse com < 1. 1 111 ,1 1p 1• 1·: b rdan el campo antrop lógico (el campo histórico, políti-
yor plaga de la historia ». Leemos en el libro de Jaime Terradas E 0 ¡1,¡, 1,1 ' ¡ t 11 ' mi o) arras tra el peligro de d esvirtuar la Idea de globaliza-
hoy (Barc.elona, Teide, 1982; prólogo de Ramón Margalef): «ia •:;¡i,:,· 11 111 11 ,<,u ncid o «fuerte ». También arrastra el peligro de enmascarar
humana trene en muchos ~spectos el comportamiento de una pl::ig.1. 1, , 11 't'.lnismo específicos de la globalización, y aun el significado
u~ hecho frecuente que Ciertas especies, en equilibrio hasta un dl·lri 1 , .¡ 1 \Í • de la idea de globalización, a cambio de ~na visión filosófi-
mmado momento dentro de un ecosistema, se convierten en ph~·" ,ti l 111 d '>g t a o antropológico-genérica de la misma.
desapa~~cer los controles o mecanismos de feedback que mantenfa 11 ,1 1 l 1 • )l1 eptuación económica del fenómeno de la globalización,
pobla.Cion dentro de unos límites definidos. La tasa d e mortalid::id, /1, 1 11 id •1·ad a desde la perspectiva ele la Idea de «Globalización oficial»
e~pe~ie, en buena parte dependiente de la existencia de tales contn .¡,,,, 1 1 , ¡u · partimos), se nos presenta, como ya hemos dicho, como una
dismmuye entonces bruscamente ». 1 1 \l , • • ·i , n » sobre el plano de las categorías económicas, de un volu-
. , Algunos historiadores, estudiosos del fenómeno de la glob:11i 1 ,1 it 1• nó menos mucho más complejo. Es en este sentido en el que
cwi~, regresan con frecuencia, cuando intentan obtener una «visi{1 11 d 1 11 110: que el fenómeno de la globalización desborda las categorías
conJunto» de sus problemas, precisamente a esta perspectiva ecolt1i:• 11 1111 111i as desde las cuales, sin embargo, habría comenzado a ser
ca, desde la cual, la globalización resulta reducida a la categorí., d 11 ¡ LU alizado.
«plaga humana» o de instituciones suyas: «... para entender la his1 011 1 •1· ) las categorías económicas que consideramos no son algo distin-
del mundo -escribe_Juli_~ Pérez Serrano-, que 110 es otra cosa qu 1• l.1s ategorías de la economía política. Lo que nos obliga a suscitar
un. proce.so de gl~bahzac1011 de la especie humana a escala planct. 111111 ,,111 • liatamente la cuestión:¿ acaso las categorías de la economía políti-
es 111elud1ble re~enrse al im~ortante papel desempeñado en este pnh·nu ' 1 1 bordan también las categorías económicas puras, la idea pura-

por el uso c~mun del espac10 transatlántico, desde finales del siglo ;,. \' • 11 111 • L1ncional de economía? Y, si esto fuera así, el desbordamiento

( en el colectivo Entre imperios anda el juego, editado por F. M. N·, ,.1 1 11 l'I nómeno de la globalización suponemos significa respecto de
Herranz y Santacreus, Alicante, 2003 ). l 1 1ll · ,. rías de la economía política, no representaría tanto un desbor-
Ahora bien, en el momento en el cual el proces o de globalizarit1 11 '1111 •neo de los conceptos económicos, cuanto la recuperación de esas
1
con 'sus secuelas de contaminación, destrucción de selvas , de nt1, 1 " 1 111 ,1 categorías. Lo que nos permitiría la inmersión en su inmanencia,
eco srste~~s, capa de ozono, etc., se inserta en el proceso general d,· /4 111 1 v •;,. liberadas de los marcos políticos que las vienen constriñendo.
prop:gac10n d_e la ~,plaga humana» (inserción ampliamente ejercit.1tl,t, N enfrentamos así a la cuestión de la naturaleza de las categorías
11.~ solo por hrstonadores, sino por tantos ecologistas antiglobali,,, 1, lt que respecta a la independencia mutua de sus leyes, a su inma-
1
cwn, aunque con representaciones no siempre coincidentes) est.111 ,1 111 11 i,t. C ategoricidad dice disociabilidad: las relaciones geométricas,

mos, en lo tocante a la globalización, en la misma disposición en la qu l 1 111.' dentro de las categorías matemáticas, se construyen con absolu-
:e encuentran, en _lo tocante a la guerra, los etólogos cuando se em¡ll' 1 1111 1 ·pendencia de las leyes de la física o de la química de los cuerpos

nan e~ ver a la guerra como un simple caso particular de las luchas rn f 1 • l.1 · encarnan, y por ello son disociables de éstas. Pero disociabili-
t~~ ammales: Estaríamos_ ante una «filosofía ecologista de la globa/i,,,1 1,, 1 11 es lo mismo que separabilidad. Las relaciones geométricas son
c10n», homologa a la «filosofía etológica de la guerra», de la que 1,,1 11 1•p , rables de los cuerpos, y por tanto de la estructura física o quími-
hem~s _hablado. No cabe duda gue muchos de quienes militan en ill, 1 1 ' 1 s mismos. Las categorías de la economía política son, dicho de
mov:~rentos antiglobalización y antiguerra, se acogen a estas filosofi.i. 11 1 1n odo, unidades abstractas, aunque objetivas y esto ya había sido
etologrcas o ecológicas. ido por los mismos «fundadores ».

-202- - 203-
l,:t ·u ·:. ri ,, 11 s<· J<• 11<'1 ', si11 <·11,l ,11¡•, ,, p 1~t11l. 1, lo l. ,, ·e •:-id. 1.J d 1¡io 11 (· 1¡,1 e ·111 (• l I ip 111111.¡(·('() 11 i111 r.1 ¡,¡,I ¡ j ' 11 ' () 11 \H í,1 !-i d rÍ(·1 t 111 ·, ,
nL ·1111lar la o n urr 11 ia y 1,' L, 1 i .¡ -,, d - h :u r rí, 11 l. 1 ·.,1, a
l1 1111111 is il 1-. l. , in v< l11 , i ,1 ·• s ;, 1·. '·tni , s, ulw ral , ·t .)
dad co ncreta, co mo si es ta realid ad oncreta pudi ra cr onc bid, c11 11111 0 1 mía p líci a. rcla io nad a . E te tip d e in v -
«mezcla enciclopédica» de diversos factores categoriales, un a 111 c:,,cl. 1 ,1, 1111 1 11i rn p u el nsidcrars aracte rí rica d e la globalización oficial.
la que acaso pudieran resultar características emergentes capace d<.: dn 1 1 l ,t. rl balizac io nes res ultan efectos indeseados e imprevistos.
~ordar las mismas categorías originarias. Por ello dudamos de la p osil1r , 1,i 11 1 11 g u e consideró Thomas F riedman, al exponer su modelo de
hdad de tratar el fenómeno de la globalización como un resultad c 1111 , 1 111 ¡1t rn lad os co rrespondientes a cuatro tensiones de la globaliza-
gente de la composición o mezcla de muy diversas categorías o fa t(11 n 1;¡ 1(lil r cambio/ proteccionismo; red de seguridad/ sálvese quien
económicos, políticos, lingüísticos, tecnológicos, religiosos ... il ) n su libro The Lexus and the Olive Tree (Nueva York, Parrar,
Por supuesto, el grado de involucración de unas categorías rcs ¡,1·1 , 111 s, iroux, 1999). En efecto, la exportación a los países subdes.r-
to de otras es muy variable. Las categorías matemáticas son aca~o 1. 11 ' ,, dl 11 1 s de empresas e instituciones capitalistas -occidentales-,
que se despliegan con el grado más bajo de involucración posible rn 1 11 11 p r badas en este hemisferio del Mundo, a fin de ayudar a aque-
pecto de otras; y aun así no podríamos hablar de un grado cero de i11 l! , ¡ , í es en su desarrollo y desviarlos de su probable deslizamiento
volucración puesto que, por ejemplo, las unidades aritméticas no ~11 11 1, 11111 ,¡ o munismo -exportación que comenzó ya en las décadas de
pensables al margen de toda representación de cuerpos físicos fini1m 1, 111¡, g ,erra de la Segunda Guerra Mundial y se incrementó tras la
La_s categorías biológicas, sin perder su inmanencia, están ampliallll'II ,¡ l,1 1 la Unión Soviética, sólo podía llevarse a cabo técnicamente
te mvolucradas con las categorías químicas o cristalográficas.
1 ¡, •r onas formadas en las economías capitalistas pertenecientes a
,,,
Las categorías económicas tampoco, menos aún, podrán desplegar ~,• 111 1.1,' «occidentales», de raza blanca principalmente, pero también
en una supuesta inmanencia pura. Están necesariamente involucradas e, 111 l,1 11 , , po r ejemplo, incorporados a sociedades desarrolladas. La con-
otras categorías, por ejemplo lingüísticas. Por consiguiente es mera fa 11 1,1 111 tt 11 el.e estos grupos de expertos o empresarios no producía en sus
sía comenzar acogiéndose a unas supuestas categorías puras de la eco 11,, 1 1 q i ) Es tados diferencia de potencial específicamente étnico: Bill
mía política para ulteriormente hablar de las «limitaciones» a las cual,·• , , 11 ,, y su grupo no generaron ninguna tensión étnica en Estados
es~s c~tegorías habrán de someterse en la sociedad tribal, por ejemplo, 11 11111 d . Por el contrario las encuestas revelaron que la gente veía con
1:11tac10nes q~e nos permitirían reconstruir la «economía de la prehis1, 1 1 11 1, ojos el triunfo de un compatriota. Pero cuando los grupos de
na» en el sentido de Herskowitz. Porque el proceso es el inverso. Es a 11,1 ¡ , t s occidentales desembarcan en los países subdesarrollados, sus
vés de las sociedades pre-estatales o no estatales, por ejemplo, a través d1, , 1t! Lados provocan muy pronto tensiones étnicas y un malestar
las iglesias cristianas en la Edad Media, como las categorías económic," 11 11 ·t rístico atribuido a la globalización. Amy Chua lo describe así:
pudieron desarrollar instituciones crediticias o bancarias sobre las cu ale·• ! t xtensión mundial de los mercados y la democracia es una causa
organizaron posteriormente las categorías de la economía política: 1, ,. ,1 1 1v. nte y principal del odio grupal y la violencia étnica. En las nu-
templos desempeñaron muchas veces la función de bancos, y las norm.u 11!11< as sociedades del mundo que poseén una minoría dominante
eclesiásticas sobre la usura no constituían una simple limitación de las 11' 1, 1 11 1 reacio, los mercados y la democracia no se refuerzan mutua-
yes económicas sobre las tesis del precio del dinero, sino una canalizaci 1111 11 11 11 1' . Puesto que en estas sociedades los mercados y la democracia
de estas leyes como Keynes, que ya hemos citado al respecto, advir1i11. 111 11 ·Íician a grupos étnicos distintos, el intento de establecer una de-
Pero hablar de economía política, es decir, de economía funcio 11111 ,·:1cia de libre mercado provoca condiciones muy inestables y ex-

nando en el marco de las sociedades políticas, de los Estados, es ta111 11 1d 11 i- as . Los mercados concentran una enorme riqueza en manos de
como hablar del régimen de involucración de las categorías económit ,11 ,11 i1 111 in oría foránea, lo cual fomenta la envidia y el odio étnico en las
con las categorías políticas. Por tanto, cuando decimos que el fenónu· ,, , < rfas a menudo crónicamente pobres» (Amy Chua, El mundo en
no ~e la globalización desborda las categorías económicas querento• I 1/1/(/ , Ediciones B, 2003, pág. 32). Lo que no queda claro en el análisis
decir que desborda las categorías de la economía política. 11 hua es el_supuesto enfrentamiento entre «mercado» y «demo-

-204- -205-
1,1 llt>·, pu •1- (n ¡u · -.,. 11 1u
lud o.,( ¡u t ·11 lo, <,l, Oil ¡u · ·ll,1 <' )11 •.iilr,,1 o,,<1 ,1 II 111,1d iL,1 I •I ( ·11 i1 ,il i1, 11 1() ti • l ,1 ( ' i ( H l (l llll d l(H,tl i1,1l'i,1 ',', , ' l', l lll lO
L'.: i111b, bw · 1 s bl n11 · s, J 1ili¡ i11 as 1, 111i 11orí, ·l1i11 ., u¡: ·hvi: 1 , /11 , 1i 11 1111 ,1 < 11 )Si ,;, 11 li ' Licta •11L1' · L·rn1i1 1 l,' i111 , ,i11 :1ri os. 1 <,, ¡u ' j, -
croa~a ·, N ige r'.a y .lo ib s, 1\Jri ·a cid ntal y los li ba.1 , Ru i:1. pPt, 1 ,, , , )1 !ld 1Í;1 , dn iLirs, 111 , ' ·0 1 ) 111 Í. lil r (pura, «no inv lu rac.b »)
mw:1sta y los Judíos ... ) pueda hablarse de «m ercado libr » y de i drn 111 ,11111 l,t11q , pue I adm iti r un a n mía totalmen te controlada.
crac1a parlamentaria». Y «pedir más democracia», corno pide h 111 ,¡1 I', 1 1 1 11 , 'I L l Es tado tota litario, introducido por el fascismo rnusso-
para ~ograr_ una globalización más justa que la que ha emprendid,, d ' n 111 ), i11 lu o en sus dimensiones econ ómicas, es un puro concepto
«neohberahsmo» es pedir la Luna si al mismo tiempo no se exti(' 11 d 1,
11, 11 •: nin g(1n Es tado puede agotar íntegramente el jueg? de o~e~a-
el mercado libre que se atiene a las leyes de la economía neoliberal. 11 t, ,, r laciones (incluyendo las económicas) de la «soCiedad civil».
1

_En todo caso, las tensiones y resentimientos étnicos que la g.l h.tl 1 11 11 • pto de «economía política libre » en el Estado liberal, es una
zac1ón ~e?era en estas situaciones de desnivel no con1ucen a la gul'I 1,1, ,1 111 ,, li ·ció n en los términos; porque la economía política, aun la del
c?~duc1ran, a lo sumo, a revoluciones internas a cada país, a «gUL'I 1 ,n 1 111do g ndarme del liberalismo, sigue siendo política. Y sin la invo-
civiles». Otra cosa ocurre cuando los Estados en guerra o próxim 11 , ,1 111 1,l ·i í n del Estado sería imposible la rotación recurrente en régimen
ella ~provechen las tensiones étnicas generadas por la globalizaci, 111 1, 1 (J 11 o mía política.
para mcorporarlas a su propia estrategia.
l•'. ti efecto, no es posible hablar de una economía política sin una
11, 1t1l , l;c de curso legal y obligatorio. Pero sólo el Estado establece esa
,,1111 ¡ •da, determina las unidades monetarias, las reconoce e impone su
3. La Economía política no funciona al margen del Estado 11 1d1rn ·ión en el mercado. Y solamente los acuerdos entre Estados pue-

1, 11 log rar que las monedas de un Estado se confundan c?n las monedas
Desde el momento en el que suponemos que las categorías dl' 1, 1 11 1 1ros Estados . Otra cosa es que alguna moneda extenor al Estado se
economía equivalen hoy prácticamente a las categorías de la econo 111 1,1 , 11 vi Tta de hecho en unidad de cambio; sin embargo, esta moneda de
~olít~ca, podemos explicar las razones por las cuales puede darse la ap. 1 1111 l io seguirá siendo moneda tutelada por un Estado (por ejemplo el
nenc1a de que las «leyes de la economía política» pueden confundir"' l,d,11· ¡ o r Estados Unidos o el euro por los Estados de la UE). .
constantemente con unas leyes de la economía, en general. Y las ra,1,, 1 l~I Es tado no sólo establece la moneda como parte formal del sis-
nes se encuentran, principalmente, en las circunstancias en las que rn 1, 111,t conómico. También, en su papel de Estado gendarme, hace po-
menzaron a tomar la forma de una ciencia (o de disciplina autóno 111 ,1, r! 1 • que se mantengan a salvo los mercados de los asaltos de los que
re~pecto ~: la éticaº, de la moral) los análisis sobre las categorías eco iH 1
1 1111 , necen fuera de las cadenas de producción o distribución. Me-
m1co-poht1cas en la epoca moderna (el segundo parámetro de la funci 1111 l1.1i 1L la escolarización obligatoria hace posible la conformación de
«_rotación r:currente» del que hemos hablado anteriormente). Son L, ~ 1 i ind ividuos como productores y consumidores; mediante la políti-
c_1rcunstanc1as propias del «Estado mínimo», del laissez /aire fisiocr, 1 1 1 , seguridad social permite la subsistencia (incluyendo el panem et
t1co,_y má~ tarde del «Estado gendarme» del liberalismo, y después dd ¡ 1, n , es ) de una población que de otro modo causaría el desplome del
neohberahsmo (Hayek, etc.). Frente a los Estados intervencionista~, 1 •ma. El Estado crea además las infraestructuras (ferrocarriles, au-
que siglo Y medio después propugnaron tanto la ecoconomía socialis1,1 11 1 is cas, líneas de alta tensión) sin las cuales la economía de mercado
soviética, como las economías keynesianas, o las economías fascistas , 1 1111 p dría funcionar.
nacional socialistas, con sus secuelas del estado de bienestar, el liberal i~ 1: n resolución, lo que se llama «Estado liberal» o «economía libre»
mo p~do creer e~ la posibilidad de una economía libre «entregada a su~
11,¡ Estado) es una ficción que sólo tiene un sentido comparativo (res-
pro~ias leyes», sm empresas subvencionadas, sin tipos de interés est. 1 1¡• •Lo de los Estados llamados intervencionistas o socialistas), en ~l
blec1dos por decreto, sin control de los precios de mercado por leyes d.-
1 IIH xto de la gradación de involucraciones de las categorías económt-
tasas, o por monopolios o por mecanismos dumping, etc. 1 1 ,¡ •n las categorías 'p olíticas. La diferencia entre un Estado liberal y un
Pero la oposición, tantas veces señalada, entre el liberalismo eco ¡, tado socialista no es una diferencia entre economía libre y economía

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i111 •1v ·11 iJ.L; 111 :i I i ·u -~ u11. 1 lil ·1 ·11·in •1111 · 11o 111 í,1s i111 \' 1 t·111 , l. l 1 lt- q11 il' 11 (',' ¡H· 11 s,1h.111 Jll · In • '()1 1() 1111 ,1HO i ·1i ,l 1 -.•c11il o •.11 ( 1 ·11
Ls, gún.d·c rm i1t,.d ª pr p r in 11l r1pn ,·... I j. d ·qu·l.1, 1.111 ,111 i ,l\' 11 1,1uni v ·r al ·11 ·l q u · ·I J~s t. 1 h, brh l 's. 1 :tr ·id .
debatidas cues tiones en nu e eros día relativa a la privati:t.a i ' n d · .111 1> ~· 11• h , rn · insLi.Lu i ne o n ' micas ple nam nte integradas en la
top is tas, cadenas de televisión, o empresas productoras de n r , í 1. 1111 11 111 11 11í, p l(cic , mo las emp resas nacio nales y aun las multinaciona-
tienen un significado «procapitalista» may or que el qu e pueda e n<-1 ,., 1 ' 11 ,tr n nu evas institu ciones, las «empresas globales», entre las más
estatalización o nacionalización, si se tiene en cuenta que esta na i~111.1 , l lil '1 1 la ·, q ue aparentemente ya han perdido toda conexión con las eco-
lización, desde el punto de vista de la economía política, al meno (•111111 ,111 111 1,v ¡ !fricas. Aparentemente: porque parecen «flotar» en un sistema
Estado democrático, puede resultar ser, según la coyuntura, aún 111., ~ 11110111 i cosmopolita en el que los Estados ya no intervendrían. Sin
favorable al capitalismo que las privatizaciones. Según esto, la dif •rrn 11il 1v , , siguen siendo los Estados los que ofrecen las infraestructuras,
cía entre una economía liberal y una economía con planifi~ación crn 111. l u · mantienen el orden policíaco y militar. Sin contar que los pr~-
tral, tipo soviético, no será tanto una diferencia económica cuanto 1111.1 1 111 1rabajadores, obreros y ejecutivos de estas «empresas globales» s1-

diferencia política. Las leyes económico-políticas seguirán funciona 11 11 11 si ndo ciudadanos de cada Estado, en el que han nacido, se han
do aproximadamente del mismo modo en ambas situaciones. , 111 ,l I y en cuy o ámbito mantienen sus intereses familiares (no son
La apariencia de una economía libre que funciona entregada a l.1 •, 11 1d , !anos de ningún «Estado global»): por tanto es a un Estado deter-
leyes puras del mercado es una ilusión derivada de que esa econon11.1, 11 111t I al que pagan sus impuestos y del que reciben los beneficios del

en el marco de la economía política, se comporta como si estuviera s, 1 111 1 de bienestar, que afectan directamente a su economía doméstica .
metida a leyes naturales. Pero tales leyes son en rigor leyes económit, 1 .·in perjuicio de que muchas «empresas globales» hayan desarrollado
políticas, lo que es evidente cuando nos referimos a las leyes tribut. 1 ,, 11 i 1•ario propio y hasta un himno que sus empleados cantan «con ar-
rías. Las empresas, en los cálculos de sus proyectos, tendrán en cuc111.1 1 11 ' 11 sus asambleas internacionales-ceremonias que ideológicamen-
los impuestos, pero no necesariamente tanto a título de ley económic, 11 pu •den producir en los empleados el sentimiento de pertenecer a un

sobre el precio del dinero, cuanto a título de los costes previos, previ ., o 11 •n que está más allá de los anticuados Estados políticos nacionales-,
tos o naturales. Estos costes siguen siendo económico-políticos, colllo 11 •mpleados siguen adscritos a sus propios Estados, y en ellos tienen
lo es toda la acción del Estado que envuelve, canaliza y tutela el «lib1 r 1¡ i t• 1articipar de sus ceremonias y hasta movilizarse en su defensa, en
juego» de las leyes económicas. , 1 , 1 de conflicto armado, con el ardor de su himno nacional. De hecho,
11 « L O-COS» (Global Companies), según las características que utili-
1 •1banco de negocios Goldman Sachs para definirlas, han de tener una

4. Si la globalización desborda los Estados, ¿no desborda l111 ,cnsión local», es decir, han de ser percibidas en cada país como una
también la Economía? , 1,1 ¡,r a local y no como una división de una empresa extranjera. Podría
, I ir ·e que la ideología de las empresas globales respecto de los Estados
El fenómeno de la Globalización desborda, por tanto, la mism.1 ,p1 , las amparan, las hace parasitarias de estos Estados, reproduciendo la
conceptualización que de él podemos alcanzar dentro del ámbito de h, 111 1, ión de algunas organizaciones eclesiásticas internacionales, que
categorías de la economía política. El fenómeno de la globalizació11, 11l<•ol ' gicamente pertenecían a la Ciudad de Dios, pero que realmente
como tercer valor de la funci ón «rotación recurrente», que tomamo~
1, 11,1sitaban a las Ciudades terrenas. Ambiguas relaciones de la llamada
como criterio de la idea de Economía, comienza muy pronto a necesi (1·i •dad civil» o «tercer sector» con respecto a la «sociedad política».
tar una ampliación, transformación o distorsión del régimen económ i Para declarar en una fórmula nuestra propia hipótesis: la idea de
1,¡ 11 alización cosmopolita, en sentido positivo, tal como ha ido desa-
co-político. Transformación que muchas veces es contemplada, aun
que sea ideológicamente, como una superación del propio régimen. 11 ni1:indose a lo largo de los tres últimos lustros, no es propiamen-
Algunos llegan a hablar de que la globalización económica representa la 1 una idea económica pura, sino una ideología política cristalizada
extinción del papel del Estado en Economía. Esto recuerda a la idea pa ¡ ti sto que tiene múltiples precedentes) a raíz del derrumbamiento de

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1, 111' 111 so 1' •11' · .i . Po,· 1 · ¡ r >11 l 11. <¡1 í , , t1h1,1 , ,11 ¡u • l,Lr ., i1 ¡ l,1 1dt· l.1 ,1, 111 11 1 , po lí1i ·o, •11 ·111 10 11\ •1it l1d ·1,\11 ,d i~i.· d ·11 ·11 1111 ·11 1. P 11 lt 1<·
n1 n ovi ti -. , 111 0 L1n l~s Lad l mu n isL:1 «1 "',1 lm ' ll L 1111 •f.L •a 11 , li,· is 1 ·11cl r.' ¡u · 1· ·f •f' i1•s·:1 lo · •ü m¡ n ·m · · q 1' ,(' , Li v::t-
(en la fór muJa de Suslov) imped ra hab lar, d h el o, e un a « 1 11 1, 1 , : , ·n u ·nu· ·n n I Í ·11 ó n 11 ; no p od rán «s breañadi rse» al
global», puesto que el m ercado soviético y el de los paí e d su , , t·.1 1 1,1i1 11 ·11 > mi m . E t no ignifica qu e los co mponentes ideológicos
(COMECOM), y en parte el chino, repres entaban un bloqu ¡i,11 ,1 11 1.i i I a oficial» co mo polita de glo balización hayan de estar explí-
una globalización capitalista efectiva. Pero el Estado soviético, 1¡ •1 , 1111 ' 11 !la; es suficiente que estén implícitos, es d ecir, ejercitados,
munismo y, a su modo, el Estado chino, mantenían también un ir rt· 111 11 ¡u · 11 0 es tén representados.
quívoco proyecto de globalización, si bien de índole predominarrt\' ' d ifícilmente pueden estar representados por aquellos economis-
mente política, mediante el apoyo a los movimientos de libera i1111 11 q l1· e mantienen en el tablero de las categorías económico-políticas.
nacional, la guerra fría, la conquista del espacio, la superación en l.r •, .' in embargo, nos parece evidente que la Idea de «Globalización
tasas de desarrollo cuanto al producto interior bruto, etc. D esd(' l'I 1 111 lpolita», tal como es ejercitada emic por los propios agentes téc-
«bloque capitalista» el proy ecto de globalización cosmopolita co ,1111 1íl s I la globalización económica y política, contiene, por de pron-
nista era percibido simplemente como imperialismo. 1, , 1111 ·o mponente historiográfico esencial, más o menos oscuramente
Es el derrumbamiento de la Unión Soviética el que, a la vez q111· I' 1 ·il id o. Es en virtud de este componente historiográfico por lo que
abría un inmenso mercado a la globalización económica (que ya se lr .1 11 ¡,le alización, desbordando el campo estricto de la economía, co-
bía iniciado en China en la época de Nixon), determinó la forma ·i1111 1111 •11 z, ;i a utilizarse como una categoría orientada a señalar una línea
de la ideología de la penetración capitalista en el antiguo bloque et, 11 1<' rica de frontera entre el presente de la «supuesta» globalización
munista como una alternativa democrática vinculada a una globali;,.1 11 ¡ 1·1 poli ta en marcha y las épocas anteriores a la globalización.
ción e incluso una mundialización de la sociedad occidental. (Mien1 r.,~ l) cimos, en consecuencia, que es en la misma conceptuación eco-
que el término «globalización» mantiene siempre sus vinculacionC's .1 1 1 111i ·a de la globalización, como desbordamiento, en el presente, de las
las categorías económico-políticas, el término «mundialización» d"~ 1 11 g rías de la economía política, en donde tiene lugar el desborda-
cubre mejor los componentes de la nueva ideología.) r 11 •nto de estas mismas categorías económicas. Es en el momento en el
En cualquier caso cabría concluir que la idea de globalización (et,., •jll • ,[ desbordamiento del presente comienza a ser interpretado como
mopolita) se fue conformando como alternativa a la idea de Univers. 1 1I •~l o rdamiento de un pretérito histórico, en el que situamos a un Gé-
lismo (o internacionalismo) comunista: la extensión del comunism1, .1 11 •1 > humano que aparece disperso; «fuera de sí» («alienado», decían los
· todo el Género humano. Y así como desde el bloque capitalista (desde , 11 111 u nistas, desde otras coordenadas). Esta disgregación de la Humani-
Occidente) el socialismo era percibido como un eufemismo del im¡w 1l 1 1 n partes enfrentadas habría culminado en la época de los «Blo-
rialismo soviético, así ahora (si no desde el bloque comunista, ya desi11 i¡ 11 •s», en la época de la Guerra Fría y de la Conferencia de Bandung.
tegrado, sí desde sus epígonos y simpatizantes) la Globalización ser .1 on la globalización habría comenzado una nueva época, la de la
preferentemente percibida como un eufemismo del imperialismo nor •1 ladera «modernidad» -percibida por algunos como posmoderni-
teamericano. Sin duda hay otras formas de percibir la globalizaci(,11 1td- ; por eso decimos que la Idea de Globalización tiene incorpora-
cosmopolita; de estas formas hablaremos en el §4. do u11 componente historiográfico.
Un componente historio gráfico que podríamos ver como la obli-
,t L transformación del componente historiográfico que también
5. La Globalización cosmopolita t,iba incorporado indisolublemente a la ideología del comunismo
1 •almente existente». La Revolución de Octubre fue considerada, en
Pero son precisamente estas circunstancias que conformaron l.1 1 1 · to, por sus agentes como la fecha del comienzo de una nueva era
idea (la ideología) de la Globalización cosmopolita las que obligan in i/ •la historia (incluso, a veces, como el principio del fin de la prehisto-
equívocamente a desbordar el horizonte económico, y no sólo el eco 1i,l le la Humanidad, de su alienación en clases). La historia del Géne-

-210- -211-
1• hun1 , 11 0, . · •u n h id · lt gín ti <J ¡ ·,¡ i ·. , s · lr.il 1·í.i d ·s:1 ro ll ado (·11 1111 , ,¡,, ,11 1 h s i111 :1C·i 11 ¡11 (· ll :1111 , 1 ·111 , . d · (•1i rrt i 11 11·11 1 , i: 0 111 )
urso de cin o :rrn nd · CL. pa ·, 'S L::ib l ·id. s I s 1 1 ri c río el• l.1•, ¡, t•·ti •u lar).
transformaciones de los modos de produ cción: (1) c muni m pri1111 p peri d 1 ' ,.¡ trat1/orme (o de tipo e trato) es aquel
tivo, (2) modo de producción asiático, (3) esclavismo, (4) fe ud alis11111 1· I' 11 , , t r n '. cand dibujado desde el presente, no es ofrecido, en su ejer-
(5) modo de producción capitalista, con el imperialism o cap.icali~i., " 11 1 c11 s u repre entación, como identificable a algún sector del sis-
como su última fase. Engranando con este período empezaba el (G), 1. 1 1, 11 1 • o rd enadas del presente operativo; por el contrario, será re-
fase comunista en sus primeras etapas: dictadura del proletariado v, 1 1 1 ,,rn I co mo distante del presente en el que opera el historiador
munismo en un solo país, democracias populares. i1 111q u · n lo esté, de hecho). Como ejemplo característico aducire-
La visión esencialmente periodológica (historiográfica, por taJ1t11) ' 11 ,.¡ · ncepto periodológico de «Edad Media». En la medida en
de la ideología del comunismo soviético habría sido heredada liter.d
1 1 1~ l::t I Media» implique necesariamente un intervalo situado entre
mente por la ideología capitalista de la globalización. , 1, 1,: !ad Antigua» y una «Edad Moderna» (a la que sigue la «Edad
El componente historiográfico de la ideología de la Globalizaci, i11 , 1\ 11 •mpo ránea» en la periodización convencional más extendida),
se manifiesta en el interés renovado de los expositores de la idea cu, , 1¡ l1 •111 0 que atribuir al concepto de Edad Media la condición estrati-
nómica por establecer las etapas u «oleadas» que han debido preccd<'1 1 iJ ,1 1t•. l:'.n efecto, ningún historiador (cuyo presente operativo será la
a la globalización cosmopolita. Es ya un lugar común comenzar la hi., 1 , l 111 M derna o la Edad Contemporánea) podrá considerarse situado,
toria de la globalización con el Descubrimiento de América con el r<' I,l i 1 ·1 irio, en esa edad media. Es ésta una edad que se considera como
cuerdo de la divisa que Carlos I puso al Globo terráqueo q~e figura h., , 1 1uviese «sedimentada» en el curso del «tiempo histórico».
en el escudo de Juan Sebastián Elcano: «Primum circumdedisti me . .. Un oncepto plata/arma es también un concepto periodo lógico.
! ', 11 ·1co ncepto plataforma, a diferencia del concepto estratificado,
, , 11 • '. l del cual el historiador se considera a «distancia histórica»,
6. La Idea de Globalización implica una filosofía de la 1 11 •lve al historiador de forma tal que éste puede considerarse, en su
Historia
11 1 ¡ ·i o en su representación, situado en él, y operando desde él,
11 111 1 procede al análisis de un curso histórico amplio. Es evidente
La idea de globalización cosmopolita es una idea historiográfic., ¡il • ·n una gran mayoría de ocasiones las propias «coordenadas» del
(ejercitada, más que representada, por los economistas). Esto es tanto ¡q 1 ·nte (ya sean coordenadas muy particulares -matemáticas, reli-
como decir que en la idea de globalización está contenida la idea d,· 1 11 , • , técnicas- , ya sean coordenadas integrales) y, por tanto, las au-
una nueva época que se concibe como el término de una serie de épo 1, 1 111 epciones del presente, desempeñarán las funciones de concepto
cas o períodos históricos. Nos parece incontestabe que la idea dr 1,1 1¡ 11f rma. Tal es el caso del «presente» en el que se situaban los escri-
globalización es una idea historiográfica y periodológica. 1, 11 •,• · ristianos que se representaban la época del cristianismo, en la
Ahora bien. Los conceptos historiográficos periodológicos han dr , I' 1 ' :l de Augusto, como la «plenitud de los tiempos », el año cero que
definirse siempre desde el presente en el que opera el historiador. Es11• , \¡ i lía la historia en dos mitades: antes y después de Jesucristo. Tal es
presente no tiene por qué entenderse como un segmento -como un 1 11 116 ién el caso del «presente» en el que se situaron los revoluciona-
punto, en el límite- de la línea del tiempo cronológico, sino más birn 11 11J franceses que establecieron como Año I el que siguió a la Asam-
como el sistema de coordenadas científicas, tecnológicas, políticas, n· 1d •n le 1789. Este «presente» será representado también, en la perio-
ligiosas, filosóficas, etc., desde las cuales el historiador se supone (errm ' 111.,t ·ió n de Fichte, por conceptos plataforma tales como el de «Edad
o etic) que está operando. , 111 L mporánea» (en nuestro prólogo al libro de Pedro de Silva, Mise-
Desde este presente es desde donde tenemos que distinguir dos si .,, I , La Novedad, el demiurgo en crisis, Nobel, Oviedo, 1993, págs.
tuaciones entre las cuales es preciso elegir para clasificar los concepto,~ 11 1,7, se desarrolla la idea de una «presentología» ).
periodológicos que nos interesan: la situación que llamaremos de pla onviene advertir que no en todas las representaciones disponi-

-212- -213-
1, 1· · 1 ·1 ' U1'l1 i, lo 1'LL'O ·:dJl'; 1•1it lli '. 1 l!i ·ilr1H·r1L • I; • uto •0 11 'l• ¡,111111
1 . 1, ,¡; 11 1i 111 e 1· ,,,.,ti d · l.1 ~ ·ro 1, n 11, Íl\ ,' 1 o l11i :1,
(' I i, 1 ·111 ,1 ll" ; 1·
1
i ' l¡ r· nL 0 111 un « ' n · ·¡ L ) I h L:'I rma».i\ v· " SS ' L n, , un . ('I'" 11 · qu ··:V'IL" S l · l,1 .. 1 a dril ui l. ' l:1 . nri gL1r. ·i ' nd Ir n ' m 11
ca pretérita en cuanto ép o a d e un «R enaci111i ent » en la u, 1 l l1i s111 1 •11 li •nL n ' 11.l ' 1 I ¡ unL p r ·1qu e \ aga pasar la línea de fr_ n-
111 11
riador cree poder situarse («R enacimi ento », sin embargo, fu u11 1c1 1 1 1, ¡1¡ , 1 07, l7 O, l 850, 1950 ..., no podre mos hablar de G lobaliza-
mino acuñado epocalmente por Michelet en 1860). Otro tant 11111· .¡ • ntido eco nó mico estricto- tendríamos qu e considerar a la
con el concepto de «Ilustración», que muchos historiadores a tu:iln 11
1, -1 balización como una idea esencialmente p eriodológica.
que se creen más o menos identificados con ella, consideran conw ,11 ' •s Lo tanto cuando nos referimos a la Globalización en el sent~do
plataforma propia, desde la cual se disponen a entender la Edad A 11 \ •mos llamado «oficial», como cuand? nos r~fer~1:1os a la ~loba-
1111 1
tigua, la Medieval y aun la Moderna; otros en cambio consider. 11 ,1 1
1
j ' n en su sentido alternativo (de «ant1globahzac1011 no radical»).
la «Ilustración» como un concepto estratiforme y además hu ec11 1 1
•s Lan sencillo, sin embargo, establecer un diagnóstico exacto de
vano, como lo consideró Hamann en su alegato contra el escrito d,· 111 111 1vimientos antiglobalizadores de signo radical.
Kant,¿ Qué es la Ilustración?; y después de Hamann, Marx y Ad111 hora bien: una vez determinada la idea de globalización como
no-Horkheimer). Otras veces es la propia Edad Media la que intenta M ' I ,1 ,l •se ncialmente periodológica, tenemos que decidir desde qué
recuperada o evocada como concepto piataforma (es el caso de H 1i11,1 llllO de vista la idea se considera como idea-plataforma o se conside-
1
una nueva Edad Media, de Nicolás Berdiaeff). Conviene tener en cuan 1111.ts bien como idea-estrato. Acaso pudiera concluirse que sólo para
ta que un concepto historiográfico plataforma puede-ir referido a la lii.~ 1, gl 1balizadores alternativos (radicales) la id~a de globalizació~ apa- . ·
toria especial -por ejemplo, a la historia de la Geometría, cuando to111,1 1 1 , co mo una idea estratiforme, correspondiente a una fase mas del
a las geometrías elípticas como concepto plataforma para exponer la lii, , •so de degradación de la historia humana; ~orno ~na fase _próxima
11 1
toria de las geometrías euclidianas- pero también a la historia gener.11. 1 11 11:1 apocatástasis de la que podría sentirse d1s tanc1ado qmen ma~-
Los problemas que estas distinciones abren al análisis de la Idead,· 11ga u 11 espíritu optimista (la vuelta a lo primitiv?) y aquel cuya dis-

Globalización son, sin duda, muy importantes, aunque estén práctir.1 1111 ~¡ •rón sea pesimista (quien defienda la «cuarta idea de hombre » ~e
mente intactos. En todo caso, nos permiten discriminar diferentn 11 l,lmosa tipología de M ax Scheler en El puesto del hombre en la his-
orientaciones de la idea de globalización. 11 , )-podrá decir que la Globalización desempeña el papel de una pla-
Ante todo, la cuestión relativa a si la idea de globalización es u11.1 1 rma qu e los aproxima al «salto final ». . _,
idea periodológica o bien si no lo es (por ejemplo, porque se interprr l esde luego nos parece incontestable que la idea de Globalizaoon,
ta como una idea antropológica, como si la globalización fuese u11,1 1 111
t en su versión oficial como en sus versiones alternativas no radica-
suerte de «constante histórica» que habría afectado ya a todos loN l , d sempeña el papel ideológico de «plataforma». Quienes, desde
hombres desde su origen africano). Quienes hablan de la globali:,.a 11,1spcctivas oficiales (las del G-7, las del FMI, etc.), asumen_la Idea de
ción como de un impulso cooriginario de nuestros pasados homí11i 1 ; 1 balización se consideran inmersos en la cresta de una ola imparable
dos, o, por lo menos, de nuestros pasados africanos, afectados de u11 i¡t i , intentan gestionar (por ejemplo, retirand~ obstácu_los o_diver:ícu-
impulso explorador recurrente (una suerte de dromomanía que les ha 111~ al fin de alcanzar la mejor vía posible, el fm de la h1stona, segun la
bría llevado a dispersarse por todas las tierras asiáticas, europeas y 1 1rn,u la de Fukuyama, propuesta precisamente al año siguiente del
americanas), tenderán a ver la globalización de nuestros días como u11 1 •rru m bamiento de la Unión Soviética. (No ha de olvidarse que el conte-
1
episodio más de la serie de los progresos descubridores de nuestra es 1¡j I de ese «fin dela historia» no era otro sino la democracia parlamenta-

pecie. Desde este punto de vista, la idea de globalización no sería ta11 l,l, la economía de mercado y el «disfrute » del vídeo y de la televisión.)
to un concepto historiográfico periodológico, cuanto, más bien, 1111 'Iambién la Idea de G lobalización que levantan los movimientos
concepto antropológico. tlt •rnativos es una «idea plataforma», pero mucho más problemática
Por el contrario, desde el momento en el cual se concibe la Globali 11 cuando idea práctica. Entre otras cosas porque los llamados «movi-

zación como un fenómeno nuevo, que despega del fondo tradicion.d 111¡ ntos alternativos» sólo ven la globalización que buscan como al-

- 214- - 215-
l ·ri, :u ; n u · 1· ·q u ·rir u I t ·vi.11 11 <; 11[ · 1, d • i11 li •i n > 1
· , ri •11in ci< 11 ¡j ,
1
l:i gl. b::di za ión .fi ·ial.
.
Y br L d ,
por ¡u , 1 111 v 1m1· · n L , 11n 1 ,i,1 11', 1 · o u · ·1· u11 :1 i 1 ·:1 , •11 · :ti , li o i l lc ·11 1 ·sp · i ·s, a 111q11 ·
nativos n o s?;1u111t~n ?s, sino qu ees tán enfren tacl o entr sí (un 1- iic ,111 111 111 1·L al 111 , r ·n d · 11::t. !1 ide, ge neral de Tr iángulo es di.socia-
. nen col?,raci~n _socialista, otros coloración anarquista, u 11 s t rc<·rc I\ l 11 ti \' ú · pe i n .la n, elid a e n qu e cada una de ellas pu ede ser sus-
colora~10n_mistica, etc.). Tampoco hay que subestimar los m vimit11 " 11 o 1, 1 r las tras en los teo remas trigonométricos generales.
tos de m~p1ración religiosa comun~tarista que buscan la Paz P erp C' t 11 ,1 I•'. 11 L d caso, las tres esp ecies del triángulo universal, pueden «co-
por med10 del amor y de la fratermdád universal. l I i 1· • pacíficamente con la condición de mantener su disyunción o
1¡1 1·p ndencia.
1
1 ·r cuando las especies de la idea genérica, acaso.establecidas con
§4. ÜCHO MODELOS DE GLOBALIZACIÓN 11 !11 11 ·i ' n distributiva, no puedan ser aisladas mutuamente, entonces

1, 1 1 n mía puede convertirse en instrumento de trituración, no sólo


1. La taxonomía como instrumento para la trituración ,¡, l 11 •n -ro, sino de las propias especies, en tanto que especies actuales;
de la Idea de Globalización · 1t11 ~ >lo podrán reconocerse como especies virtuales o potenciales.
10 urre en las «especies» (clases) linneanas del universal «verte-
Los «mo?elos de globalización» que queremos determinar ac¡ut l.1 1d ,, porque las clases («especies») de peces, anfibios, reptiles, aves
no son, ~or e¡~mplo, _los modelos de globalización oficial que pucd, 111 , , 111,1in íferos, no son enteramente independientes: proceden unas de
haberse ido diferenciando en la práctica empírica de la creación de• se necesitan unas a otras en su trofismo. Son «especies» (cla-
empresas globales de di~erso tipo, o en la práctica de la gestión de f1 1~ virtuales o potenciales.
fond?s _del ~aneo Mu~dial. Nos referimos a los modelos que pueda 11 1,. idea general de Globalización que estamos exponiendo, en
s~~ dis_t~ngmdos taxonomzcamente, es decir, mediante criterios de cf •1 111111 L idea que desborda la categoría económica en la que comienza a
sificac10n descendente y distributiva, en el desarrollo de la idea genéri 1 ' )11ceptualizada como fenómeno, es una idea funcional. Y lo es en el
ca de Globalización. 111 1 111 nto en el que la definición está configurándose sobre un fondo

Una :axonomía, al ~frecer una clasificación completa (por ejem ¡ 1 •viamente dado, a saber, el «género de lo humano» disperso en miles
plo, mediante el cruzamiento de criterios dicotómicos) no puede d ·. 11 111illones de individuos y en centenares de naciones, iglesias, lenguas,
f d . ' d' . , e¡.11
uera e su ¡uns_ ic~10n a ninguna de las especies o modelos empíricm . 11ltu ras, etc. Respecto de este fondo, la característica de la Idea de Glo-
Y cuando los cntenos de clasificación parezcan dividir inmediatamctt l 1 1l1z, ción como pura idea funcional puede hacerse dependiente de la
t: e! «género», éste no podrá mantenerse más que a título de caraclc 1I \ 1 negativa de la dispersión de las partes del fondo de referencia.
st
ri zca de una ~dea funcional, cuyos valores sean precisamente los mo 1 1,. s dirán: negativa en cuanto negación de la negación representada
delos ~ espe~1es en los cuales la idea general se nos hace presente dl' ¡1111· la dispersión o «alienación» de ese Género humano.
modo mmediato. En el caso concreto de la Idea funcional de Globalización, dada la
Una tax~nomía estrictamente distributiva, en la cual las especies 111lll1raleza del fondo sobre el cual ella se afirma, deberemos tener en
puedan considerarse con absoluta independencia las unas de las otras , p ·nta que sus valores no podrán ser determinados como dados «empí-
(~orno ocur_re con l,a _clasificación del género «poliedros regulares» cti 11·, mente», en el momento mismo del despegue de la idea respecto del
~meo es~~cies de solidos regulares) tiene efectos trituradores sobre fa 1 11 ido (como terminus a quo) en el que se dibuja. La determinación de
idea, g~nenca porque a ésta ni siquiera podrá dársele la condición de id('a 1 s valores de la Idea funcional sólo podrá completarse en cada caso al

genenca s:parable, como_idea, de sus especies; es la cuestión que Loe 1 •rmi no (terminus ad quem) del desarrollo de todos los valores.

ke pla~te_o acere~ del «triángulo universal », respecto de sus especil's on estos términos ad quem de la Idea de Globalización, respecto
taxonomicas ~~mláte~o, isósceles y escaleno. Lo que no significa, con 1 • los cuales se definen sus valores, los que actúan como componentes

tra la conclus10n nommalista que Locke pretendió extraer, que no po de la idea de globalización, sin perjuicio de su condición virtual o po-
i •n ial. Pero si la idea de globalización se define por la relación que sus
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-217-
vn lor · · ·n ::t : u 1 •ri 11111N ad q 11 •1 11 r · •p · ·ti
, · , p(11q11 ,, ¡ ill •~>· : 11 1 •,' J u •s l 1· ·j ·111pl o, k 11 :\I ·1•. l r ·n li I L111 , 1·11-
e tamos rcfiri énd nosa un proc oin j i:eri, in a ·ab. do,al 1u· · 1· 1,,1 1 , ,1 d i ,í n r • >i" a I a ·i, · 1 11 li ·ió n I · h mb r ; L~ términos d 1
1
fiere una suerte de direccion alidad, la ele un «ortogra ma " l b. 1Í'.l,:1d111 ¡ •l (n ya lo delni vclcero) n,portanto,termm os ta_lescomo
11 111
Un ortograma él mismo virtual, por cu anto el proceso direc i 11.tl q111 11 1 11
¡ , •rn pr as, asoc iacio nes; los términos de niveles su~eno:es son
él pretende definir no es cíclico, reiterable, sino único, do tad el 11111, ¡ , 1 l.' Lalcs co mo N aciones, Estados, esferas culturales, iglesias, etc.
1111 1
r bien ' los modelos o valores de la Idea de Globalización po-
dad: la «Globalización del Género humano ». \, (. .
Y de este modo nos encontramos con que la Idea funci 11.tl d, , cJ ¡ pu es tos (0 distribuidos) como especies independientes sm
1
Globalización responde al tipo de ideas a las que más adelante (§(, 11, ,, p, i ¡ le qu e ellas mantengan múltiples relaci~nes_~ue son muchas
referiremos bajo la denominación de «Ideas infectas» o «aure l.11 ,.•,. 1 , j o mpatibilidad. Los modelos de globahzac10_n _no ~on meras
17
< ¡ ._ disyuntivas (o alternativas) que puedan co~vivir siem~re en
(Ideas con «aureola»). Por esta misma razón, los modelos de G lol,., 11 1
zación que vamos a presentar, habrán de entenderse como mod l<o,, ,1, , i•i l ·ncia pacífica; son incompatibles en muchas circuns~a?cia_s,co-
procesos de «supuestas» globalizaciones incoadas (o en marcha). 11 11 11
1111 1·al •. Los modelos de globalización son modos de «umficac1011»,
jurista diría: modelos de globalizaciónferenda, más que como rn< 11lt it ll •gración», etc., de las variables dispersas en el campo, ?7ª corres-
11

los de globalización data (ya realizada). ! , , \,rn a los términos del primer nivel, o a los del segundo mvel o a los
111
, , iv . La globalización, en efecto, suponem~~ que es un proceso
El campo material de «variables » sobre las que habrá de aplicar~!' 1,1 11
función «globalización» será el mismo campo constituido por el/0111/11 ,ti' , •ta a los individuos, pero también a las famih~s,_a las e_m~re_sas, a
,l .¡ nes, a las iglesias, al «tercer mundo», a las rehg10n_es 1slam1cas o
globalizable, dada su situación de dispersión (algunos dirán: de dc:si11 11
tegración, como si antes hubiera estado integrado). Este «camp 1, ,1, , ¡ 1 , il turas cristianas o judías. Pero la integración, por eJemplo, de las
fondo » es, desde el punto de vista de su definición sintáctica, una n11il 111
¡ • ¡ades islámicas y de las sociedades cristianas, en cuanto tales, es
tiplicidad de términos-unidades que podrán darse a diferentes escala~,, ¡1 11 cuanto ellas se esfuerzan en mantener su identidad musulma-
1! · '. ,istiana, es absolutamente imposible (para el islamismo el ~ogma
niveles: ante todo, la escala de los individuos humanos (los que se co11 11 1
templan en la Declaración de los Derechos Humanos), y que se evalt'1.111 ¡ 1, t:. ncarnación, núcleo del cristianismo, es una pura blasfemia). La
1
hoy día en torno a los 6.300 millones de unidades, o sujetos de los De, 1· ·¡•ración sólo será posible si una de las dos sociedades, o las dos,_ se
11
c_hos_Humanos. Sujetos a los que corresponde, en el proceso de gloh.1 1., •ntiende de sus creencias, o las reinterpreta de tal modo que las 111-
hzación, un nivel sintáctico cero, porque directamente no son ello IP•• , 1n ¡ atibilidades puedan darse por desvanecidas.
11
¡i
términos globalizados. Ellos son «globalizados» en la medida en la q lll ' l donde resulta que la taxonomía a través de la cual preten_demos 1

forman parte de un grupo, de una empresa, de una Nación o de un Est ., ,1, plegar la idea de globalización no es el simple «detalle erudito» ~e
1

do. Incluso cuando se les engloba en la clase universal de «sujetos dt' , id ea ya previamente constituida (a la manera c~mo pode1:1os decir
111
• • un «detalle erudito» la especificación de las cmco especies de p_o-
derechos humanos», tampoco figuran como individuos estrictos, si1111 1111
como ciudadanos, o como miembros de una tribu, de una familia, di' ¡1 •dros regulares, una vez definido «en abstracto » ~l concepto de ~ohe-
una iglesia, etc. Y precisamente por ello, la Declaración tiene que c11 i\ i O regular), sino que constituye el punto de parnda p~ra una ~ntura-
menzar en su artículo segundo «despojando » a los sujetos (a los «scrn ¡ 111 de la Idea misma de Globalización en cuanto idea umvoca Y
humanos») de su estatuto político-administrativo y, por supuesto, di' •x ' nta» (como trataremos de probar en el §6). . ., ,
su raza, color, sexo, religión ... , a través de cuyas determinaciones se n1 ,., Por último, la taxonomía de la idea de globahzac10n, segu~ los
hacen presentes (como «fenómenos»). Es un simple espejism~ el qui' , ,r ho modelos O valores de la misma que vamos a exponer a contmua-
1 '¡n si es exhaustiva, deberá poder reincorporar a su sistema las acep-
nos ofrece el artículo primero de la Declaración Universal: «Todos lo,, 1
seres humanos nacen iguales», pues no son a los sujetos dotados de con i n~s de la globalización que ya hemos uti_liza~,º' pr~i~cipalmente l~s
ciencia a quienes puede aplicarse la Declaración, sino a los ciudadanos, , ·pciones que hemos denominado «globahzac10n oficial» y «globah-
11
hijos de otros seres humanos, que, por cierto, comienzan siendo «in ' ,l iones alternativas ».

-218- -219 -
. L a ,i ·r n t ,-ti La 1, 1 11111 ·111,, 1{¡ ¡, ,d •1 , (,; 1 u11 ¡. i l •1. Ld .1 ·0 111 0 1111 ·. ·o ¡ arti ·ul:,r ·11u· ·
:1
il il )11 1 ·11 L s 1 ·1 í ·n < m n el 1:.i ,1 ba li ,.a i ' n .
•1 ' 1il , · 111
La taxonomía de modelos o tipos de glo balizació n gu e v, ,111 m ,1 I' " : u¡ u · L , 1 s riLcri qu va n, a p rop o ner (a efectos de es-
ofrecer se basa en criterios que tienen en cu enta la confrontaci II d 1,1 Id 1•1 01 sicione di co tómicas o extremas) son criterios tomados
l~ctica entre los campos en los que se desarrolla la Globaliza ¡ >II, 11 1 1 1 , 1111 i es extremos de las oposiciones respectivas, que son oposi-
bien entre las partes de esos campos. Por ello esta taxonomía de I iic- •11, • t Lra ri as. Es tas situaciones extremas no se darán en realidad,
rios «atraviesa» la clasificación de los cuatro modos básicos de gl l>.d, 1 , 1, l,1 ~ id as de globalización sí podrán diferir según su mayor o me-
zac~ón_que _venimos considerando: globalización por integración, 11111 , ,1 1¡,r Y tmación a estos límites.
redistribución, por incorporación y por dispersión. 1 1 •111 distinguido como escalas o niveles a través de los cuales se
La clasificación de la globalización por sus modos tiene en Cll t'lll ~ 1 ¡1l1 •ga un proceso de globalización, a los individuos, a los grupos, a
las diversas alternativas según las cuales pueden materializarse las rcl. 1 1, 1gl •: ia , a las economías nacionales, a los bloques políticos, etc. En
ciones de las partes globalizadas unas con otras: como totalidades :1111 , 1I ¡u i ·r caso, conviene subrayar que los términos del campo de fondo
butivas o di~tributivas, como partes de acción recíproca O no recíp, 11 1 l 1 ¡,,I balización son siempre términos culturales, no naturales. Los
ca. En camb_10, la clasificación de la globalización por sus tipos tient: 1, 11 , 1111i 11 ( que pueden estar incorporándose a un «torbellino globaliza-
cuenta las diversas alternativas según las cuales las partes globalizad.,_ 1 ., , • án formalmente considerados como términos culturales, y sólo
pu~den mantener relaciones, no tanto entre sí, sino respecto de la 111 ,1 , , ,¡ 1•1i,11111ente como «términos naturales». La globalización es en efec-
tena o campo globalizado, cuyos límites, obviamente, deberán ser f 1 ( 1111 0 hemos dicho, una figura del eje circular del espacio antropoló-
jados por ciertos parámetros: no es lo mismo hablar de G1obalizaci 1111 ,, 11 , l ,a globalización, en efecto, afecta directamente a individuos hu-
del Ir_nper!o romano, respecto de un campo delimitado por la cuenca d,·I "' 11 > .', pero en cuanto a ciudadanos, o a empresas, o a naciones, o a
Mediterraneo, que hablar de Globalización del Imperio america 1111 , 1 , s u[curales. Sólo indirectamente afecta a rocas, árboles, bueyes o
respecto de u~ ca'.11Pº delimitado por la Esfera o Globo terráqueo. 1 111 • ,1 ( en cuanto estos términos figuren como términos materiales de
Cuatro cntenos van a ser utilizados para construir la taxonon11.e •n1presa, de una organización militar o industria, etc.).
c~ítica que buscamos. Dos de ellos -el criterio primero, basado en 1,1 :uando nos atenemos a la extensión interna del proceso de globa-
dicotomía I/II, y el criterio segundo, basado en dicotomía 1/2- se I'<' 1 i ' n, considerada desde una perspectiva ordinal (vectorial, diná-
~ieren a la extensión del proceso de globalización, ya sea a su extensi 1111 11 ¡ odremos distinguir (criterio 1) dos tipos de globalización, que
mterna, la que resulta del mismo proceso, ya sea de su extensión t·x , 1 uz.an principalmente con los modos atributivos de integración o
terna, que es la extensión misma del campo de la globalización. Jm •11 11 11 ración:
otros dos criterios se refieren a la intensión: el cuarto, basado en la di 1. -lobalizaciones expansivas o centrífugas. Tendrían lugar cuando
cotomía a/b, se refiere a la intensión comprendida en cada contcni I ¡ 1( · so de globalización pueda considerarse como incoándose en un
do _específico globalizado, y el tercero, basado en la oposición A/B, si· 111111< Lal que tienda a extenderse hacia su entorno, de suerte que, al final
refiere a la intensión que afecta a las diferentes especies. Consideran· li l ¡11' ceso, todos los términos afectados por aquella expansión puedan
mos c,om? pertenecientes a la extensión del campo globalizado a agur , .i 1 ,¡ 1 rarse englobados en una misma totalidad significativa.
llos terminas ~el campo que puedan tener _u n cardinal definido (co 111 u 11. Globalizaciones contractivas o centrípetas. Tendrían lugar cuando
empresas, nac10nes, esferas culturales, iglesias, etc.). Son los términu~ I ¡,t i 11 to en el que se incoa el proceso de globalización, en lugar de expan-
d_el primer nivel, segundo o tercero (pero no los del nivel cero). Con 11 • hacia su entorno, asuma el papel de un atractor (aveces: un «sumide-
si~eraremo~ como componentes intensionales a las categorías econo ·apaz de incorporar en su torno a los restantes términos del campo
mICas, técmcas, políticas, religiosas, etc. Por tanto, la globalizaci(111 , 1 i lcrado, que, de este modo, también quedaría globalizado.
que en la conceptuación fenoménica originaria se mantiene en la catl' uando nos atenemos a la extensión externa del proceso de globali-
goría económica desbordará muy pronto la categoría económica, y 11 ¡ ' n, es decir, a la extensión de la globalización en curso medida en

-220- - 221 ~
re /, ·i ' 11 n 1, 1 1 :1m¡ ·11 l ¡u ' ·I pr ·so s · / ·sarro // ,, I:, di ·Li11 ·i1111 , ,1 ,lp p, l1•,l ll ,111w·1-, ,1~1d ·, I' 1~. 1· qu · ·/ k 1 :1 ,•i I< j11,t il i , !(. 11 ll.1
m:ís impo rcanLe ( riLeri o 2) es h qu op o n ( 1) l-;i, gLobcdiza ·ión ,n or11 /, 1 llliH I i «d<.:sCLil rini i ·11L » 1• los ·:, n:1/ ·s 1· M an · ¡ r S ·hi. par lli ( l 88 -
Y (2) la g!obalización cumplida. La distinción entre glo baliza ió n in , 1 1 HH), al n haber p di r «ju tiíi ad » , dej , de er descubrimiento y
0
da Y cumplida no la presentamos, por tanto, como una distin ción r 1. 111 1 11,u1sí rm ' n un in ven to o artefacto telescópico.
va a las fases inicial o terminal de un proceso de globalización dad , •i11 ,, N LI • tro segundo ejemplo se refiere al análisis de la «Idea de Na-
como una distinción que afecta a la idea misma de Globalizació n , 11 lt ll l » . En su acepción biológica, la nación (por ejemplo natio den-
1
cuanto idea oblicua, cuya plataforma fuera la misma globalización. f ,1 /111111 , «nacimiento de los dientes », del que habla Varrón) suele utili-
globalización incoada no se refiere tanto a los «primeros pasos» d mo concepto recto que indica el abultamiertto de las encías
1111 11 ,
proceso de globalización reconocida (que ulteriormente fuera afianz:í11 11 111 niñ.o; sin embargo, sólo si nos suponemos situados en la «pla-
dose), sino más bien a los primeros pasos de aplicación de la Idea mi s,11 ,1 111 inna» de los dientes ya formados, podremos interpretar, desde
de Globaliza~ión a un proce_so empírico. Y siempre que se tenga 1•11 1 ,1 n, rfología, los abultamientos de las encías como «nación de los
cuenta que la idea de globalización tiene la estructura de una idea obli 1 ' lll s» . Otro tanto ocurre cuando hablamos de nación, desde el punto
cua'. Y no ~ecta. Entendemos que la distinción entre ideas O concept 11 , , 1 , vi ·ta sociológico, antropológico o político. En su sentido étnico, sue-
o~lz~uos e ideas o conceptos rectos (directos) es absolutamente impr('~ 1 •r entendida como Idea recta que alude a las gentes o a las etnias
cmdible en el momento de analizar el alcance de determinadas Ideas l 1 ¡1 1 , viven en una región determinada; sin embargo, la «nación étnica»,
conceptos ~obre todo cuando buscamos su diferenciación con otras qur 1 11 ,1nd o examinamos los contextos en los cuales se ha utilizado, ten-
lle~~n- el mismo nombre. (Esta distinción la expusimos a propósito del il11 .t I formato de un concepto oblicuo, cuya plataforma sería precisa-
anahsis de la Idea de Nación en España frente a Europa, Barcelona, 111 •nte el Estado o la sociedad política, incluso la Nación política.
19~9, págs. 88-93). Una idea o concepto oblicuo es aquel que está cons abe decir que la Globalización suele ser interpretada como una
truido _desde una plataforma, generalmente no explicitada, tal que, al j 11 1t 1 •;t recta, cuando es referida al proceso de una globalización incoada
traducirla, el con~epto o la Idea que se supone estaba siendo interpretad, 1 11 incipiente; sin embargo, según la tesis mantenida en este libro, la
como con~~pt~ directo (o recto) se ve requerido a someterse a una pn, J11<.:a de Globalización es necesariamente una idea oblicua cuya plata-
funda rectific_ación. P?r ello, la distinción entre ideas o conceptos oblicuu.1 1 ,nna es precisamente la Globalización cumplida.
o rectos adquiere una mequívoca importancia crítica. Un par de ejemplos: Esta idea oblicua de Globalización puede tomar múltiples valores, ¡,
El concepto de «descubrimiento científico», utilizado habitualmen , , ún los parámetros determinantes del campo a globalizar (el fondo
te, desde H. ~eichenbach, por los historiadores de la ciencia y de la técni d •1 proceso) y del Globo resultante de la Globalización. Por ejemplo, 1
ca, puede s~r mterpretado como un concepto recto o directo, descripri j Lo mamos como campo a la «biosfera» en cuanto «entidad» distri-
vo: ~lude d_irecta~nen_te al proceso mediante el cual un investigador (0 u 11 1 ,1i a en múltiples biotopos, hablaremos de «globalización de una es-
equipo de mvesngac1ón), tras un período más o menos largo de experi ¡1, ·ie» para describir el proceso mediante el cual esa especie (seg~n ya
mentos Y en_sayos, alca~za a formular la relación o el hecho nuevo que si· li ·rn.os dicho) va desbordando su biotopo en forma de plaga, a fm de
supone ha sido descubierto. Tras esta fase de descubrimiento vendría la Ionizar a todos los demás lugares de la biosfera. Pero sólo podría-
fase_de «ju_stificación» o demostración del hallazgo ante los demás. Aho 111 )S hablar así cuando nos hemos situamos en la plataforma de una
rabien, la mterpretación de la idea de descubrimiento como idea oblicu: 1 • ·olonización total», ubicua (como sería el caso de las hormigas des-
~quivale .ªimpugnarla apariencia rect~ de esta idea, y esto debido a qu(' ri tas por Wilson). Sólo desde esa plataforma, podríamos interpretar
mtroducimos como plataforma del mismo concepto de descubrimiento la propagación de la plaga como el proceso de su globalización. Si eli-
a la propia justificación o demostración. En efecto, cuando se habla dl' 111inamos la plataforma de referencia, ya no podremos hablar de glo-
u,n ~<descub~imiento», con alcance gnoseológico (y no meramente psico- 1 ali zación, sino únicamente de plaga, más o menos invasora.
log~~o o social) es porque estamos situados en la plataforma de su justifi Cuando hablamos de globalización en su sentido económico, po-
cac1on; lo que equivale a decir que un descubrimiento científico o técni líLico o cultural (globalización religiosa, lingüística, etc.) es porque

-222- -223-
1 · n ini · cl L1n a1n1 J 1' 11s id ·1,1111 s d i~t1ib1i i lo ·11 li ·1\ ·111r, 1•, l,1h, li \r,(t i )11 (' 11n1p li< h , ( 'íl ·1III Q III '111() k 1d t 1•ir 11 ), :i hi ·1111 l (' v :'\ lo-
cultu ras e f ra ul turalc . .E n e ·t :'.l ll1J , po 1 •mo r ( ' ri rn • a ¡,,., ( ,11 111 p. re d · L ul ur, , ¡ :1I. :1 n pt 1 1, < 1 ·al iza ión»,
procesos de des bordamien to o de p ro pagación d alguno ne nid, ,., P 1' l:i « mpr a gl al», d bido a R. R ber t n (Globalization: social
culturales, propios de algunas de las esfer as culturales (co mo p l i(' d, 1 ti ·J'I')' and global culture, Londres, 1992), tiene qu e ver con es to. La
serlo la propa~ación del vaso campaniforme o de la famili a 111 n ¡·,.i :d ·a de «glocali zación» qu ie re recoger, en efecto, la n;iutua implicación
~a), a las demas culturas, hasta cubrirlas a todas. Esto implica qu e 111 ,., •nt r lo global y lo local en tanto no se excluyen. Porque la «glocaliza-
situamos en una plataforma en la que damos por integradas a tod as 1, 1,, i ') n» dice también encuentro mutuo de culturas locales, y la «cultura
esferas culturales en una unidad cosmopolita. I' 1 bal» no es algo estático, ni algo reducible a la economía, sino un
Si practicamos lo que I. M. Wallenstein (One world, Main World, pr eso dinámico, contingente y dialéctico. Algunos utilizan la idea
Nueva York, 1998) ha llamado «nacionalismo metodológico», del q 11 r 1 «glocalización» para significar el proceso, aparentemente paradóji-
ya hemos hablado, el campo estará constituido por la totalidad de 1. 1\ . , en virtud del cual la globalización, en la medida en que desprovee a
naciones políticas d~l glob~ terráqueo. El «nacionalismo metodol ' gi 1 > individuos de un suelo propio - siempre que se suponga que «es-
co» procede como s1 las sociedades humanas, es decir, sus institucion(·\ l , r en el Globo » es tanto como no estar en ninguna parte- , los empu-
culturales propias (idioma, religión, sistema de parentesco) estuviese11 jn ta mbién hacia una identificación con sus culturas locales.
localizadas o adscritas a cada una de las naciones políticas. Desde la pla La globalización incoada no es propiamente, en resolución, globali-
taforma de la «globalización de la cultura» (de la llamada «civilizaci6 11 '/,. ción. Sólo retrospectivamente (desde la plataforma de la Globalización
global» o cosmopolita) interpretaremos los procesos de deslocalizació11 ·umplida) podrá presentarse como un esbozo de globalización. Y sólo
de las instituciones como pasos hacia la Globalización. Pero la desloca 11 ' ará a serlo, en función de su acabamiento, porque hasta entonces só-
lización (de lo que originariamente estaba localizado o colocado en u 11 1 > erá globalización «infecta», no perfecta, es decir, no será globalización.

ámbito nacional) no puede significar sólo desbordamiento, como S(' Por ello, la única manera de recoger el sentido de esta modulación
pretende generalmente. También podría significar desprendimiento de la globalización incoada es referirla a su origen (a su terminus a quo ),
los contenidos o instituciones de los marcos nacionales o Estados en los 111ás que a su término (a su terminus ad quem).
que_ previamente estaban «localizados» esos contenidos. Y esto podría Cuando nos atenemos a la intensión del contenido globalizado
s_er 1~:erpretado algunas veces como el inicio de un proceso de neutra- · pecíficamente, la oposición más relevante sería la siguiente:'
l~za_c10n de los contenidos respectivos de las Naciones políticas. En el a. Globalización unilineal. Cuando el proceso globalizador del
limite, cuando se toman como referencia a las empresas industriales 0 ·ampo de referencia se sitúa en una única línea de este campo (a la esca-
mercantiles, como un proceso que lleva fatalmente hacia la extinción del la que se considere). Este criterio adquiere relevancia especial cuando la
Estado, o, a lo sumo, a su transformación en una «empresa» más. Ulrich línea reclama la unicidad en el proceso de globalización. Tal ocurre con
Beck habla de «anarquismo mercantil» : «la economía que actúa a nive l 1, s líneas de globalización religiosas tradicionales (la propagación del
glo?al socava los cimientos de las economías nacionales y de los Estados ·ristianismo y la del islamismo, cuando son consideradas como incom-
· ~ac10nales», es decir, camina hacia la jubilación del «capitalismo general patibles: «el que no está conmigo está contra mí»), tal ocurre hoy con
ideal», como llamaría Marx al Estado, a la vez que comprqmete a las tras líneas políticas, como pueda serlo el comunismo, en la época de la
culturas loca!es (¿ Qué es la globalización?, Paidós, 2001, pág. 16). uerra Fría, y la democracia parlamentaria.
Ahora bien, las empresas «deslocalizadas » no pueden pensarse al 6. Globalización omnilineal. Tendría lugar cuando el proceso glo-
margen de su «re-colocación» (ola de sus partes) en otros lugares cul- balizador del campo tiene lugar en diversas líneas del campo de referen-
tur_ales _~el Glob?. Esto sería trivial si no añadi ésemos que la nueva lo- ia. Estamos ahora ante procesos de globalización dados en diferentes
cahzac10n constituye la vía para una reintegración en la economía, en líneas, propias de cada especialidad (estilos artísticos, alimentos, lenguas,
la «cultura global». Y esto implica que nos situemos en la plataforma Íormas de cultura, etc., que no se consideran incompatibles). Lo que no
de la Globalización, es decir, en la p erspectiva de la plataforma de la xcluye una competencia que podrá, en algunos casos, rozar con la in-

- 224- -225-
•0 111¡ :11;1¡;lid ad le 11 ·el10; p i1 ·j ·111¡ 1 i, •11 ·1t •11 ·110 · 1111 ·1 ·i;1I. . , 11.1111111 l, il1 ,¡ 1, )11 , l\i 11111 -. 11 ,1¡,,111 cH •i t,l1 ,11•· 111 s íi gurn 1·, d · 11 1 d t •, 1!1 •i10, los
!111 j¡ l ( l ),' l' 'S Lii rn 11t ·s 1· r1 :r,, r l ) · cr iL rr
n · ;ic ·n ·mos a la · n ·i lera ·ió n le! , i1 L ·n ión d · 1 • nL ' 1 id · ¡,! 111, 1 1, , 4.L;1r;1:¿ ' ncl 11
!izados, no sólo egún la esp ecie d efinida (r lig.i a, p líti a, ·n '1¡·,1·11 111 lar,, , d. ,. Ir , e í n I ri t ri 4(1 qu e no llcvaría aunatabla
ca ... ), sino según cualquier tipo de especie d e contenidos, la di ti,1, 1 11 11
1 1 1 1;¡ ) 1 riva d la naturaleza misma de este criterio, en tanto con-
más pertinente podría ser la que opone una categoría a su conjun t . l l.1 Ji
11¡il.1 in ri los pro e o d e globali zación y asume el supuesto de que
brá que distinguir, según este criterio, dos tipos de Globalizació n: 11 111¡;t111 ¡ r o d e glo balización en curso está acabado, o dicho de otro
A. Globalización especializada. La que va referida a una úni . , .1 11 111 lti : 1Lt coda globalización es, a lo sumo, incoada. Por ello, las alterna-
tegoría. Por ejemplo, la Globalización económica (como expansi6 11 d1 ¡ , ( [ ) , (2 ), ofrecidas por este criterio (las alternativas de la globaliza-
los mercados a la totalidad del Globo), o bien Globalización reli, i; 1\ ,1 1 111 ;n ' oad a y la cumplida), no podrían considerarse como alternativas
o Globalización política (la globalización de una institución polít i1 .1 , 1 111 l,t~ •n el mismo plano de realidad que las restantes. Sin embargo, te-
por ejemplo, de un Imperio, o de la democracia parlamentaria). 111 111) •n cuentalaimportanciadelamodulación(2)enlaestructuradela
B. Globalización generalizada. La que va referida a las más divc, ,\.1~ 11I ,l 1 • glo balización, en cuanto «Idea aureolar» (según exponemos más
categorías consideradas y, en el límite, a todas ellas (cabría hablar enton1·n 11 I l.u l ) , nos parece inevitable hacerla figurar en un cuadro de modelos
de una «globalización global»). Conviene tener en cuenta que la «antÍ)~ I,, 111 Lt 1 1 a de Globalización, sin por ello omitir el dejar constancia de su
balización» debiera ser considerada como una globalización generaliza, l., uli , r condición (lo que se refleja enla tabla mediante la línea punteada,
1 11
,
(antiglobalización radical). Una globalización de signo negativo, cua11d11 1¡11 •c¡L1iere sugerir la posibilidad de considerar a cada uno de los ocho mo-
se entiende como orientada al objetivo de una unificación pacífica de L1 H l,1 l ! is r presentados, según la evaluación de su curso, bien sea como glo-
la Humanidad, en toda su pluralidad, que fuera la resultante de la demol1 1, d¡.,,,l ión incoada, bien sea como globalización cumplida):
ción de todas las «instituciones que concentran el poder», y no sólo de l.1
demolición de las instituciones propias de la empresa capitalista.
La dificultad mayor del criterio intensional que pasa por las catr 1 lil,1 i,\rn nómica de ocho tipos de globalización según sus ideas correspondientes
gorías deriva obviamente de la precaria categoricidad de las categori.1•1
culturales. En efecto, cada una de estas categorías está involucrad.,, 11 ,,11u I I II
como hemos dicho, con otra o con otras; lo que hace sumamente dil1 Globalizaciones Globalizaciones
cil hablar de una globalización especializada pura. Dice, por ejemplo, 111 Expansivas o centrífugas contractivas o centrípetas Criterio 4
Stiglitz que la globalización no se identifica con la «globalización 111.d
IAa IA b IIA a IIAb (1) Globalización
llevada» (por ejemplo la que interpreta inadecuadamente el «teorc111.1
incoada
de Coase»); y entonces, la globalización puede ser una fuerza benig11.1 - -- -- - - -----
11r i6 n - ----- -- -- -- --- - - --- - -
«la globalización de las ideas sobre la democracia y la sociedad c.ivil 1,1d ~ Modelo 1 Modelo 3 Modelo 5 Modelo 7 (2) Globalización
han cambiado la manera de pensar de la gente» (op. cit, pág. 315 ). Aq 111 cumplida
Stiglitz parece olvidarse de su punto de partida de economista puro, ·
se nos muestra po'stulando, sin más averiguaciones, la involucraci611 IBa 1B b II B a II B b (1) Globalización
interna entre las.categorías económicas y las políticas. incoada
1l •ión - - - - - - - - - - - - - -- - - - - - ---- - --------- -
,,,da Modelo 2 Modelo 4 Modelo 6 Modelo 8 (2) Globalización
cumplida
3. La tabla taxonómica de ocho modelos de globalización
a b a b
Cruzando los cuatro tipos de criterios expuestos (I/II, (1 )/(2), A/B, ;1/ Globalización Globalización Globalización Globalización
1/f¡ unilineal omnilineal unilineal omnilineal Criterio 4
b) podemos obtener una tabla taxonómic·a de modelos de la Idea de Glo

-226 - -227 -
ri1cri o 1: ~11po11 c q11 · d p,·o •e,<> ti · hlL1l1íllizo i 11, ·,
'e 1,, 11Íu tu c,; 11 1: 11 ¡;l'11 !' 1.il id.1d, 1, ¡u (' 11 0 <;x ·lu · qu · ¡u ·dn <·1· 11il i· ,id.
l. .Ex pansivo o ntrííu go: uan lo ¡ nrt · d · u11 ¡ t111t qu · Li ·11d · n ·xt ·nd ·rs · ¡ 11· \ 1 r 11 , u mi ·n1. borre ·icL d iu li Lin ·ió n, 11 <l cL r min ad as ir Ltn:; Lan-
pas sucesivas a la tota lid ad le su encorn
i.ts I r jemr) , en u n m ne d onflu en ia c n la G uerra. De
II. Contractivo o centrípeto: cuando exi ste un at ractor capaz de inco rp rar suc ,s iv.1
mente a las capas constitutivas ele la totalidad de su entorno 11 • ·h , la idea de glo balización tal co mo es utilizada por la ideología o
1il )S fía po pular, habría de ser, precisamente, considerada como una
Criterio 2: Se supone que el proceso de globalización es ,d ·. borrosa, indistinta o confusa de globalización.
A. Especializado: cuando va referido a una única categoría eo-u nda. Los modelos de la tabla, una vez construidos, pueden ser
B. Generalizado: cuando va referido a todas las categorías 1 • ·l, sificados según diversos criterios (que habrárt de ser distintos, en

1 ¡ 1 caso, a los criterios según los cuales se construyeron). Considera-


Criterio 3: Se supone que el proceso de globalización es
' ·mos aquí únicamente la distinción entre modelos de globalización
a. Unilineal: cuando va referido a un único término o línea del acervo cultural dentn,
111/ 'gica, o formas de realización de modelos, orientados (propositiva-
de cada categoría
b. Omnilineal: cuando va referido a todos los términos o líneas del acervo cultural ¡ 11 · nte o no) hacia una universalización isológica de las unidades de glo-

hali zación; por ejemplo, a la convergencia de las rentas de los diferentes


Criterio 4: Se supone que el proceso de globalización I•'. 'Lados, a la homogeneidad tecnológica, a la uniformidad política, lin-
(1) o bien se considera incoado (por el desbordamiento del entorno en el que se origin(,) 1', üí cica, etc., y los modelos de globalización sinalógica, o formas de rea-
(2) o bien se considera acabado o cumplido. liz,.ción, orientados a una universalización de las conexiones sinalógicas
•ntre las partes, sin perjuicio de mantener o incluso de favorecer su he-
Ejemplos paradigmáticos de cada modelo de globalización
t ·rogeneidad. También cabría hablar de globalizaciones que a la vez
Modelo 1: Globalización de idiomas, de religiones o de sistemas políticos, con pretcn
siones expansivas universales globalizadoras, «imperialistas» y excluyenws. 1u ran sinalógicas e isológicas.
Modelo 2: Universalización del American Way of Life, en tanto comporta la expansión Tercera. No todos los modelos tienen el mismo grado de consis-
de un sistema político, de una lengua, de una forma de familia, de unas cos 1 ' ncia interna. Por ejemplo, los modelos 7 y 8, de la última columna,
tumbres, de una determinada arquitectura doméstica, de una moral y de unn l ncienen la composición II b que implica la incompatibilidad de una
religión. :lo balización contractiva que a la vez sea omnilineal. Sin emb;i.rgo,
Modelo 3: Política exportadora de las empresas respecto de productos universalmen -
• ca «inconsistencia» de principio no impide la posibilidad de que to-
te consumibles (vinos, quesos, etc.), que no se consideran mutuamente ex
cluyentes. l. las unidades políticas, económicas, etc., llegasen a asumir la norma
Modelo 4: Política exportadora por parte del Estado o de las empresas particulares d1· 1 1 modelo 7 o la del modelo 8. Esto nos pondría ante un bellum om-
múltiples productos de cada país, en competencia con los de cualquier otro. 11ium contra omnes, que, lejos de invalidar la posibilidad del modelo,
Modelo 5: Retransmisiones, en televisión formal, de acontecimientos que son únicos 1 ) corroboraría.
en cada momento: coronaciones, bodas, entierros reales.
Modelo 6: China en cuanto «Imperio del Centro», dotado de unicidad.
Modelo 7: Las televisiones de diversos países como símbolos de la «aldea global».
Modelo 8: Imperialismo económico-político del Imperio romano o del Imperio ame 4. Problemas de interpretación de los modelos en general y
ricano del presente. de cada uno de ellos en particular

Los ocho modelos que figuran en la tabla constituyen otras tan-


Observaciones sobre la tabla taxonómica l, sdeterminaciones de la idea f~.mcional de globalización, tal como la
11 mos dibujado. Y siendo esta idea de globalización la de un proceso
Primera. La Idea de Globalización, como idea general, en tanto st~ infecto, en marcha, sus determinaciones inmediatas o modelos po-
divide inmediatamente en sus modulaciones y en sus acepciones (catc- rían, en principio, aplicarse, aun tentativamente, a cualquier proceso
goriales o de cualquier otra índole) la consideraremos como una idea pre térito que pudiera de algún modo ser incorporado a algún modelo

-228- -229-
·11 1 :1 ·Id · )rt ' J\ m ~ :, ¡, i l ui 1 . 1 , ·j ·111¡,I l ·1111 J 1·1 d · •~ t c1 i(k. 1 ,111 1,1: p i, qu e , u, ,1 • ·,q ·, 11 p 0 11 1 1,111 lc1 ·:1·, i i l:1 1 ti ·1 1 lh l :; i 1,
I odr ía en p rin cip io o n i 1·rars · ' 0 111 0 un 111 0 1·lo 'ª P· z d • a r •, l.1 1 llllCÍ ·r 11 t • '>ri ·;1 111 ·11t ', 11 0 1 u li ·ro n ·s Labl ·ria r alm nL · m
teoría de Elli ot Smith so bre la génesis e ipcia d to la la r n111n ¡1i1 1,1111 ·Lr. : l úni 0 111 d d sLab l crlacs r co rrerla de hec boy no
culturas (In the beginnig: th e origin of civilization, Nu eva Yor k, 19 8) 1do i11L·n i nalment.
O bien, «el anillo Kula» que Malinowski describió hace oc henta aii (,•, l~I pro yecto de circunvalación de la Tierra que algunos historiado-
en Los argonautas del Pacífico Occidental podría interpretarse c 111 11 1 t' , n Li ,·uos, co mo Arriano, atribuyen a Alejandro Magno (que ya sa-

el esbozo de una apertura a un intercambio global, según el model 1 1, l 11, l I la Tierra era esférica) quedó en mero proyecto, es decir, no fijó
que rebasaba el entorno inmediato de las Islas Trobiand. La «ruta d<.: l.1 111 11 gt'.1n parámetro. Tampoco lo fijaron Eratóstenes o Posidonio, cuan-
Seda» también podría interpretarse como el esbozo de una globali :t,:1 ¡\ 1 ·n.lcularon teóricamente, con aproximación asombrosa, la longitud
ción atractiva, según el modelo 5, de todos los países que enviaban $11.\ 1I •1 p rímetro terrestre. El parámetro se fijó, como ya hemos dicho, me-

caravanas más allá del Bósforo o Samarkanda hasta el centro de pn, ti i,111t la navegación de Juan Sebastián Elcano. Pero la primera circun-
ducción de la seda, cuando sus métodos de fabricación permanecían s~· v,ll.1 ' ión, como las sucesivas, no por ello dejaron de ser globalizaciones
cretos. A fin de cuentas es muy corriente que los economistas (ya hemo~ lin ales». ¿ Qué tienen que ver ellas entonces con la Idea de Globaliza-
citado algunos), cuando quieren elevarse «filosóficamente» sobre l.1 n?
prosa globalizadora del Fondo Monetario Internacional o del Banc,, Es tamos en disposición de responder de un modo preciso: tienen
Mundial, miran hacia el pasado y creen ver, incluso como globaliz.1 ¡u · ver con la Idea de Globalización por cuanto han fijado su
ciones fenicias, a las naves que se alejaban de Sidón o de Tiro, y cos 1 , ní. metro. Sólo cuando se ha fijado este parámetro serán posibles
teando el Mediterráneo llegaban a Cartago, y desd e allí llevaban a cab, ,, 1 : álculos económicos sobre los costes de los viajes, viabilidad de los
por ejemplo, ya en el siglo VII a.C., el periplo de H annon. 11 ,\ n portes de esclavos y mercancías, gastos militares o políticos, de la
Es evidente que en esta tesitura nuestros modelos quedarían des : lobalización.
virtuados y perderían toda su utilidad taxonómica en el análisis de 1,, Fijado el parámetro de la globalización comenzará a poder tener
que entendemos hoy por Globalización, en cuanto fenómeno estrict:1 ·ntido cualquier intento de interpretación de los proyectos de inter-
mente actual (sin perjuicio de sus precedentes). ., mbio de Europa con América o con el Extremo Oriente, a la luz de
El «desvanecimiento» de los modelos de la Tabla (en cuanto instru .dgún modelo de globalización, como lo hizo Marx al situar en el si-
mentos analíticos de la globalización del presente) deriva de la utiliza rio XVI el comienzo del mercado mundial.
ción de la idea funcional de Globalización al margen de todo parámc Las interpretaciones que damos a continuación de los distintos
tro. Sin ellos, los modelos se transforman en ideas vagas que, al no esta, n1 delos de la tabla tienen a la vista el parámetro de la función Globa-
determinadas paramétricamente, comienzan a aplicarse, por analogía, :1 lización, parámetro que define geográficamente el ámbito mismo al
procesos de escala no sólo intertribal, sino también internacional, siem q 1c se acoge el eje circular del espacio antropológico.
pre que podamos atribuirles una intención de des bordamiento de la
vida cotidiana más allá de las propias fronteras. Pero ni el anillo Kula, 11 i
la ruta de la seda, ni el periplo de H annon pueden ser objetivamente 5. Los modelos expansionistas
(etic) considerados como globalizaciones con el sentido paramétricP
que hemos dado a la función Globalización, a saber, como Globaliza Modelo l. Proyectos de globalización expansiva qu e asumen la
ción determinada por el parámetro del Globo terráqueo (que es el Glo 1 1·etensión de unicidad, por lo que vienen a ser proyectos de expan-
bo por antonomasia). Por ello, ni siquiera subj etivamente (emic) puc : ió n excluyentes de otras globalizaciones. Resaltaremos la gran pro-
den interpretarse como globalizadores los cursos de las canoas del h:1 bilidad de conflicto entre dos globalizaciones de modelo 1 de la
anillo Kula, o las rutas de la seda o los periplos fenicios o cartagineses . Y 111 i ma especialidad («así como en el cielo no caben dos soles, así tam-
esto por una sencilla razón, que, sin embargo, suele permanecer desaten - co en la Tierra caben Alejandro y Darío» ).

-230 - - 231-
L. ni lul n i 11 p r in1 ·r.1 1 · la 1 1, li :,, :1· i6 11 tt f · ·1ru . 11·111 it ,il v., el · Pulq 1 .1111.1 , po i q11 r .1'1 0 1.1 11 <, ~\1 11 11 <· ,\ s !-IL'<1111d .11·i:,~ ¡¡ i11 d ·111 0, , .1
1i1.a 1, · qu · · · · ·11 , lan, sin ,' r ·. · l, 1 i111p n. nt 111 hina, · n
me nte, co mo hemos !icho, a espe ·ialid ad ul tural uy:i. in ti111
ciones p ostulen su unicidad, lo qu e ocurre so bre tod en la esp i:-ili 1, 00 mill n · d h .. birnn.tcs, 1, u, rta¡ arte d la l umani dad a tu al- .
1

dades idiomáticas y en las religiosas. El inglés y el español están h , l',1r · · cambi ' n, s gú n el criteri.o 2, qu e se utiliza una idea de Globali-
1,1 ·i n ntendid a co mo glo balización especializada (política). Por
en un proceso deliberado de globalización expansiva. De hecho el i11
l II ti rn , y muy importante, se trataría de una globalización unilineal
c:emento del número de angloparlantes e hispanoparlantes es progr('
s1vo (5% en 1970, 25% en 1990). Y es obvio que la relación de comp(' ·ric rio 3), p orque, de hecho, la democracia parlamentaria es entendi-
tencia objetiva de ambos idiomas, en su lucha por la condición el¡• l,1 ·orno si fuera el único sistema político capaz de garantizar la uni-
idiomas universales (por ejemplo, en los foros internacionales, en ln dnd y la paz para el futuro, y con un sistema incompatible con cual-
ternet y otros medios de comunicación) permite hablar de la unilinc:1 ¡uicr otro.
lidad objetiva de los proyectos respectivos. Acaso la mayor debilidad del proyecto de la «revolución demo-
Pero el caso más notorio de globalización expansiva unilineal es · ,·: ti.ca global» deriva de su tratamiento, como especialidad cultural,
acaso el de la democracia parlamentaria. En efecto, la especialidad cul d( cada de energía y sustancia propias, generadoras por sí mismas de la
cural (o tratada como tal) de la categoría política que designamos hoy libertad y de la paz. Pura metafísica, si presuponemos que la democra-
como democracia parlamentaria constituye, para la mayor parte de hs ·i:1 parlamentaria es inseparable del sistema de mercado pletórico uni-
grandes Potencias, y sobre todo para EE.UU., un objetivo prioritario ·rsal y, por tanto, que la globalización de la democracia es, en sí mis-
de la Globalización, como garantía de la libertad y de la paz. En efcc ma, un proyect'o abstracto, imposible de llevar adelante, a espaldas de
to, el 6 de noviembre del año 2003, el presidente Bush, en una confc la lobalización de los mercados pletóricos propia' de la sociedad del
rencia ante la N ational Endow ment for Democracy, fundada veinte años l ienestar.
antes por el Presidente Ronald Reagan, acuña el concepto de «revolu Modelo 2. La originaria política inicial de aislamiento, nada glo-
1 :1lizadora, de Estados Unidos (que no rebasó el proyecto de expan-
ción democrática global». La democracia, para Bush, «sería consistent l'
con el islam» (como lo demostraría el caso de Turquía, Nigeria y Sierra ,· i , n monrroista por los continentes americanos) fue variando poco a
Leona); sin embargo Bush reconoce que caben «modelos de progre ¡ co a lo largo de los siglos XIX y XX. Variación que desembocó, tras
so, distintos del modelo occidental, y democracia no es sinónimo dl' 1, egunda Guerra Mundial, sobre todo, en un proyecto deliberado de
occidentalización». Bush II afirmó además que en los últimos treinta , lobalización generalizada, de carácter claramente expansivo, orienta-
años hemos pasado de un mundo de 40 democracias a un Mundo de 120 l a mantener la presencia americana en todo el Mundo. Y no sólo
democracias; confía en que China, Arabia Saudita y Jordania, así como ._ to, sino a propagar por toda la superficie de la Tierra la forma ameri-

otros países, encuentren pronto la vía hacia la democracia parlamentaria. ·ana del vivir (American Way of Lije). Una forma que, como hemos
El proyecto de «globalización de la democracia», tal como ha sido dicho, afecta a prácticamente la totalidad de instituciones del «todo
propuesto por el presidente de los Estados Unidos, asume claramen · mplejo»: incluye determinados prototipos de viviendas, de alimen-
te, por tanto, y utilizando un modelo intermedio o ambiguo entre t·l ación, de indumentaria, de utillaje electrodoméstico, de estilos de
modo incoado y el modo acabado (Bush II, como Fukuyama en tiem música, de estilos de investigación científica, así como también proto-
1i pos político-sociales (democracia parlamentaria, familia monógama,
pos de Bush I, trece años antes, se refieren a un proceso de globaliza
ción democrática incoado, pero tan avanzado que virtualmente podría leís mo). Puede decirse que Fukuyama trazó las líneas de este modelo
1 globalización como si se tratase de la última posibilidad de una glo-
considerarse acabado), la forma del modelo 1 de la tabla, tomar¡do
1 alización efectiva y, por tanto, del fin de la historia. D e hecho, lo que
como parámetro el Globo terráqueo, es decir, la totalidad de los Esta
dos. Se trata, en efecto, ante todo, de una globalización expansiva, s<· hoy va reconociéndose casi universalmente como «Imperio norte-
gún el criterio 1, parece ser, aunque ambiguamente, una globalizació11 ~ mericano » es el cauce de globalización más ceñido al modelo 2 que

inacabada (según el criterio 4)-y en esto se diferencia de la perspecti ¡ odríamos citar.

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M ) 1 ·1 , 1 · l1;1I lrrr 1 · gl h, li;,,a ·i )11·: 1, , •Ú 11 ,' 11 111 od vlo 1 ,·11 lil ,l,11 11> • c., l.1 ·~ ,)( '( i ' l lllllll , i/ 1 •11tl1·11 ,1.¡1 1· ¡>1 (1d 11 ·i1,'(' i11d ·li11 id .1111 1· 11
aqu ell o ·a o en 1 ·u::tl cs, 1 s 1 · cu::tlqui ·r lu g. r, •n pri11 ·i1 i d, ·1 1111 t ,\ 1 · ·ul l'i1 ·1 ;¡( 1 ; 1 · '1.1 /~ ·nr:11 1 l~uss ·11 : , 1 ) S b, ·. 1, ) ', 1u ·
planeta, se mantiene una p o lfti ca de exp ortació n i nt rna i n:1l 1• 11 ,
1 I • hL1c o · ·11 ·ad, ¡ 1 ·L::i., Li ·n I n a era n f rmar .1
d~ctos especiales que, a la vez que se les reconoce la idios in ra i. p 1,, 1 111 0 •11 LID , su n 1 " pasta I ba ala " qu llegaríaatérminosino
p1a de cada país, sin embargo supone que pu eden ser aceptad · 1\, , 1 rq u tras es pecies frenan constantemente su tendencia ex-
todos los países de la Tierra. 11111 ~i ni ·ta».
La especialidad más favorable para que estas condiciones pu d. 111
cumplirse (la idiosincrasia del producto, según sus caracterí ti , 11 1,
denominaciones de origen, y la universalidad virtual de su consuni 11 ) . Los modelos atraccionistas
es sin du~a la especialidad de los bienes consumibles, como pu l. 111
serlo el vmo o el queso. Todos los países tienen sus vinos propi ~. , , [·: n los modelos de este grupo II la función Globalización nos con-
sus quesos característicos; pero precisamente estas características, «d(· il 11 · :-t uatro tipos de atractores que pretenden erigirse en centros de
bidamente homologadas», se supone que pueden ser apreciadas l'II 1,1viLación del resto de las partes del Globo ( «globalizándolas », por
c~alquier otro país, sin que medie, sin embargo, una competencia r,1 111 to). , si se prefiere, en núcleos de un torbellino global que comen-
d1cal (se supone que cada país puede estar interesado en recibir 1. 1, ,1~ ·, girar en torno al atractor.
quinientas u ochocientas marcas promedio de vino o de queso fabri ·.1 Modelo 5. La mejor ilustración que podemos poner a la Idea de
dos en otros países). La globalización del mercado de los vinos o d,· 1 ; lol : i. lizaciónmodulada según el modelo 5 es la televisión formal en su
los quesos autóctonos, que se cambian en el ámbito del modelo 3, l':, 1 1i ·i de retransmisor de acontecimientos concretos, de interés virtual-
un proceso en alza y da lugar al aspecto cosmopolita del fenómeno dd 111 ·nLc universal. Por ejemplo, la visita del Presidente Nixon a China en
mercado globalizado que el público percibe en los supermercados. 11 / , con una audiencia estimada en 2.000 millones de espectado-
Modelo 4. Es éste un modelo de globalización que tenemos qu,· 1,•s, incluidos los chinos; la boda del príncipe Carlos y Diana de Gales
reconocer por motivos sistemáticos, como modelo teórico. En ~S I<· 111 198 1, vista por 750 millones de espectadores en 75 países, o los Jue-
modelo podemos incluir, en efecto, aquel proyecto de «globalizació 11 1\0 .' O límpicos de Seúl en 2001, con 3.000 millones de espectadores.
negativa» que, con intención expansiva, se presenta como antiglobali • 1110 acontecimiento simbólicamente decisivo en la consolidación

zación generalizada y omniglobal, como crítica a toda institución :i d · l::i. Idea de Globalización, la visión por televisión formal del derrum-
través de la cual «el poder» pueda ser ejercido, y no sólo a las institu 11 · le las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, con una audiencia
ciones_ es~ecializadas en el poder económico (especialmente la empre '. Limada en 4.000 millones de espectadores.
sa capitalista). Como ya hemos indicado, un número no despreciable Podemos analizar estos procesos de globalización de este modo:
de quienes intervienen en las manifestaciones antiglobalización están 11 • Lrata de procesos de globalización especializada (A), a saber, la espe-

inspirados por los ideales libertarios, antiinstitucionales o autogestio t i, Iid ad «información» televisada de un acontecimiento relevante y
narios que se formularon ya en torno a mayo del 68. 1 ·urrido en un lugar y tiempo determinado; además la Globalización

Por lo demás no es éste un modelo «emanado» exclusivamente d<· ·: unidimensional (a), porque en cada ocasión encontramos un único
nuestra tabla taxonómica. Hay axiomáticas que consideran convc 1 afs que se convierte en el centro de atención mundial, de hecho no
niente ver a las diversas unidades políticas o culturales como estando 1 >drían haberse visto dos acontecimientos acaecidos en países distin-
todas ellas afectadas de una tendencia expansionista y hegemonista !t s a la vez. Por último la globalización es la propia de un atractor (II),
que sólo quedaría limitada por las mismas tendencias, pero en sentido 1 o rque el suceso relevante es retransmitido en un lugar y tiempo
~ont~:rio, de otros países o culturas. Se trata de un «modelo de globa C1ni co. Durante las retransmisiones citadas «todo el mundo » se encon-
hzac1011» paralelo al que los biólogos suelen utilizar en el tratamiento Lró girando en torno a Pekín, a Londres, a Seúl o a Nueva York. Tuvo
de las plagas (incluyendo las plagas vegetales de las que antes hemos IL1gar una globalización, todo lo efímera que se quiera, pero que úni-

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• • lf) ' rlL podrr. h. b 1'!, ¡i r<J O I i 1) ;I 1 (ii Li d . h ' ·g u11 l. 111i t. , 1 1·1.~i l, (1 111b1 •f'I d ·1¡il ,111< ·1. 1 r 111, <· , 1, p q 1q11 c 1 11 :1 (;~ d · L1 ll ¡ .1111 , ll :1~ 1(' p :111 i
glo l,w 11 ) 1· L d ·1 mu 11 d , in , 1· ·omL1ni -. . . un h m r s n Lr s.
Modelo 6. La globalización china podría es ta r orientad a ( un, v ·'! l ' •r ( t m d d p li ar l, i I a,r rrncdiod l e quemadeladifu -
que Deng Xiao Ping, tras la muerte de Mao -que había con eguidt1 1 ) 11 urc e preci amente la e tructura d e es te tipo de globa li zación.
consolidar a China como una unidad política- dio el nuevo «g lp<' l 'o r u la glo balizació n que da lugar a la aldea global recibe mejor un
de timón» e imprimió el rumbo hacia el XVI Congreso del año 2001) 11 1 l I distinto y opuesto de explicación: no es por difusión, sino por
a hacer de la República Popular China el «centro del Mundo», m, , 111•¡1 ión, si bien multilineal, por lo que la televisión globaliza. Lo que
allá del comunismo y del capitalismo tradicionales (¿no se advierte y:1 1 L levisión, al menos la formal, determina, es que todas las pantallas
esta orientación en el lema« Un país, dos sistemas»?). Es decir, se tr:1 ¡u , retransmiten la información de un escenario dado, estén orienta-
taría de hacer del Estado chino, ya fuera capitalista, ya fuera comunista, lt s bacía ese escenario atractor. Este proceso es el que se multiplica si-
en economía ( «gato blanco, gato negro, el caso es que cace»), un atrar 111 il táneamente a través de todas las pantallas.
tor universal. Modelo 8. El modelo 8 es también un modelo teórico sistemático
Los planes y programas de China, si los analizamos desde el mo q u , al margen de la cuestión de su consistencia interna, es utilizado
delo 6, tras la transformación del confucionismo en política de intensn 1 r algunos teóricos para analizar la globalización promovida por de-
impregnación nacionalista, encerrarían un proyecto globalizador de l.1 l ·rminados imperios, como pudiera ser lo el Imperio romano, en la
Tierra, pero no según el modelo expansionista característico de los ncigüedad y el Imperio norteamericano, en nuestro presente. Roma,
imperios occidentales (cristianos o musulmanes), sino según un mo di Todd (op. cit., pág. 59), durante los 100 años que siguieron a la de-
delo centrípeto, que estaría orientado a la creación de una «China es i, iva victoria sobre Cartago, se extendió rápidamente hacia el oriente
férica», inexpugnable, pero no tanto «aislada del Mundo mediante un,1 . adueñó de toda la cuenca mediterránea: extrajo recursos moneta-
muralla», cuanto conectada con el resto del globo a título de campo gra i i J del conjunto de su esfera de influencia e importó grandes cantida-

vitatorio que afectase a todas las demás sociedades. China, centro d,· 1 · de productos alimenticios y manufacturados: «Todos los caminos
gravitación del mundo, agujero negro o sumidero: los dos tercios de nducen a Roma.» Esta globalización de la economía mediterránea
la población mundial girando en torno al tercio chino, un compact'O d ·terminó una polarización de la sociedad en forma de una plebe eco-
de dos mil millones de individuos. 11 micamente inútil por un lado y de una plutocracia depredadora por
No habría que temer, si esto fuera así, que a 1~ largo de nuestro >t r (de una minoría atiborrada de riquezas dominando a una pobla-
tercer milenio, la «coleta del chino», como decía Ortega, asomase por · 1 n proletarizada).

los Urales. Los más de mil millones de chinos permanecerían en Chi El mismo modelo de globalización intenta ser aplicado en el análi-
na, pero todos los demás habrían de girar en su torno. Todos tendrían i del Imperio norteamericano del presente. La globalización desenca-
que girar en torno de ella, en función de su potencial industrial, encr 1 nada por EE.UU. no estaría organizada por un principio de simetría,

gético y comercial. ir o de asimetría: en EE.UU. no se establece equilibrio alguno entre


Este modelo, por otro lado, reproduciría de algún modo, en escal.1 i1 portaciones y exportaciones. La Nación autónoma y superproduc-
ampliada, el modelo del Imperio romano desde Augusto hasta Cons 1 >ra de la inmediata posguerra se habría convertido en el centro de un
tantino. China, erigida en núcleo del «campo gravitatorio» del Género iscema, por su vocación, dentro del mismo, a consumir más que a pro-
humano, se proyectaría como un atractor global aproximándose a su 1ucir. El déficit comercial se habría disparado desde los 100.000 millo-

definición originaria como «centro del Mundo». · n ~s de dólares en 1990, hasta los 450.000 millones de dólares en 2001. La
Modelo 7. El modelo 7 nos permite dar una reinterpretación más ·volución «imperial» de la economía americana recordaría a la evolu-
precisa a la famosa fórmula que McLuhan utilizó para definir el mun .¡ ' n de Roma tras la conquista de la cuenca mediterránea: «la mutación
do de la televisión como aldea global. La metáfora de la «aldea global• imperial de esta economía tiende a transformar los estratos superiores
constataba confusamente el hecho de que la televisión aproxima a los 1 la sociedad estadounidense en estratos superiores de una sociedad

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;111p ·11,tl t•, I li1il i ·11 k,i gu.ij\' ,1'lU ,\I) 111 , . .dl ,l k l 111 , 1 '( 11,\ •ior1,d. l~1n.1 'l', 1111 ' () l l 1 ¡;1l ¡111 () ' (¡l l \.' l., 1 !(•. ( ¡; .;:,I (•111i · ·' :
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11 1
munismo, a la práctica totalidad del pl aneta». 11 1\'ten , í, u ando ven n la lobalizació n un proceso de t1po d1sper-
Pero el (supuesto) declive de EE.UU., en todo caso, correspond · 1 (. .d d
ría al momento mismo de la globalización atractiva que esta econorní.i (\ hora bien, la idea oficial de globalización, cuando es cons1 era a
habría promovido («todos los caminos conducen a Nueva York»). il •s k el punto de vista etic (el punto de vista de sus alternativas: por
Otra forma de presencia de este modelo 8 de globalización la con:; ,j ,111 ¡ lo, la idea de globalización oficial qu~ se r~presenta en el Infor-
tatamos en algunas concepciones místicas de la cultura del futuro, se- 11 , lugano) se manifiesta de otro modo. Sigue siendo _claramente ex-

gún las cuales en cada cultura o parte formal de cada cultura, podrían p,¡n iva (I), pero no aparece ya como un proceso que u~nda a ser om-
estar representadas todas las demás. Este modelo de Globalización es el 11 i!in al (b), sino más bien corno efecto de un grupo (upo_ G-7) cuyo
que inspira el constante proceso de instalación, en cada ciudad, en cad:i <•leo es unilineal (por ejemplo, Estados Unidos). Por último, losan-
11 1
villa, de museos enciclopédicos, que parecen querer reflej ar, dentro de i iµ.I balizadores suelen ver la idea oficial no como mero proceso espe-
sus propios recintos, como si fueran mónadas leibnizianas, la totalidad i, li zado económicamente, sino como un proceso más general (B), no
de los otros recintos del Mundo. 1
'il económico, sino político, muy próximo al Imperialismo: los rno-
vi mientos antiglobalización suscriben muchas veces las pa~ca~t:s:
• anquis, Go Home». En resumen, la idea oficial de la Globahzac10n,
7. Reexposición, a través de la tabla taxonómica, de la ,, ¡ , vista desde la antiglobalización, se aproximaría al modelo 2 Y se
distinción entre globalización oficial y globalización , 1·jaría del modelo 3. . .,
alternativa En cuanto a las ideas de la Globalización alternativa: la cuesuon
rincipal es la de si la variedad de e~as i~e~s tie~e reflejo_en la Tabla. ~s
1
En el análisis inicial de la idea de globalización, tal corno actúa en \ ·cir, si la Tabla puede servir para d1scnmmar d1v:rg:nc1as en~r~ las d1-
la vida pública, hemos distinguido dos modelos de la idea, a los que v rsas ideas alternativas de Globalización. El pnnc1pal servicio de ~a
hemos llam~do la «idea oficial» de Globalización y la «idea o ideas al - •1·, bla, en este contexto, sería acaso el de ofrecer la op~sición I/II. Sm
ternativas, no radicales» de Globalización. d ,da la mayor parte de las ideas antiglobalización se a¡ustan al mode-
Esta distinción ha de poder ser reexpuesta desde la Tabla si efecti- 1 2; y las diferencias entre ellas se derivarán, sobre todo, de las catego-

vamente ésta está bien construida. Más aún, la Tabla ha de poder anali - das a las que vayan referidas dentro de este modelo. Frente a esta~ ~lter-
zar la distinción con recursos que la propia distinción, en sí misma, se- nativas antiglobalización, que se ajustan al modelo 2, cabría clasificar a
guramente no tiene. L alternativas más utópicas, precisamente en el modelo 8, que se acoge
La «Idea oficial» emic de la Globalización se ajusta claramente al ,\ la idea mística de Globalización. .
tipo (I). La globalización oficial suele ser, sin duda, entendida (emic) Atendiendo a sus posiciones más extremas, Pº?ría'.1:os d~~ir que
en sentido expansivo o difusivo. Además esta globalización pretende 1, oposición más extremada entre la idea de Globahzac1on 0Í1C1a~ ~ ,la
ser (emic) de tipo (b), si no omnilineal, sí universal: la globalización idea de Globalización, quedaría bien representada por la oposic10n
afecta a muchos países, los desarrollados, incluso es la etapa final de \iagonal entre el modelo 1 y el modelo 8.
sus desarrollos respectivos. Por otra parte prefiere mantenerse en un
tipo (A), como globalización especializada; sobre todo, especificada
en la categoría económica: «Los ministros de Hacienda y de Comer-
cio conciben la globalización como un f enórneno fundamentalmente
económico.»

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§ /\ ' l. 11/\ 1. 11, /\ . 1 N Y SIJ IU~I /\ , 1 ') N ,( N 1(1. f<'. S' I'/\ 111 1
, PI! !' /¡ : , 1 /o, 1,. v( 0 11 0 111 Í.1 d · l,1 o .¡ h1d 1111 iv (·r.~n l ¡,,I, hll l i:,,,,1d a, ~i 11
Y N LA LT R/\
1l11 t. 1d s, , 1 ¡ ) li- í, • rn si 1·1·, 1" · · n1 I11 ::i n mí,. 1 ali i':ada,
¡ 11l 1 l l l h.. bría nd· ap::tr id u r f ren ia . l abría qu e habl arnodc
1. La globalización y el Estado ¡,I 11, li,:,, i ' n , sin de un a for ma suceso ra suya, que ya no sería eco-
111 111i -política. Sería economía transglobalizada, supuesto que la
La conceptualización economicista más radical (en la línea de ¡i r oci u ión de bienes y servicios, y la moneda, aunque única, y el in-
Walras o de Pareto) del fenómeno de la globalización, tenderá a d t.:.~ 11•1" , mbi o, continuasen.
vincular este fenómeno del Estado, considerándolo como un proc :,, , up uesto que la globalización se configura en función de los Esta-
resultante de factores inmanentes a toda sociedad humana (al m en :; ., d ·, la cuestión de las relaciones entre la globalización y el Estado ha-
la «sociedad civil»), a la manera como, según algunos antropólogos, <'I lII i q ue plantearla de este modo: ¿en qué medida la globalización, que
crecimiento demográfico de la Humanidad, desde el año 10.000 a.C. , l1t1 111enzado y se ha mantenido en un espacio organizado política-
con unos ocho millones de hombres distribuidos en el Planeta, has1.1 111 ' nte en Estados, contribuye al proceso de extinción del Estado (y,
nuestros días, con cerca de 6.500 millones de hombres, no tendría tan n ello, a su propia extinción, como globalización en proceso) o bien
to raíces políticas (en los Estados), cuanto sociales. Y esto dicho sin · ntribuye a frenar el proceso (supuesto por otras vías) de esa extin-
perjuicio de que en este proceso de incremento demográfico de la Hu .¡ >n, y por tanto a la posibilidad de mantenerse como tal globalización?
manidad, los Estados hayan tenido incidencia importante en el detall(' 1,, · respuestas a esta cuestión están muy divididas.
del perfil de algunos tramos de la curva ascendente. Pero, globalmentr Muchos opinan que el proceso de la Globalización contribuye (si
considerado, el movimiento demográfico de la Humanidad, a pani 1 11 lo provoca directamente) al vaciamiento de los Estados en cuanto a
del Neolítico, obedecería a factores que se encuentran dentro de las 1,\ funciones económicas que aún mantienen. Y con ello a la extinción
categorías socio biológicas, con involucraciones tardías de índole poi í 1 las economías nacionales, desplazando los centros de la gestión
tica (M. N. Cohen, La crisis alimentaria de la prehistoria, traducción , · nómica a otras instituciones que ya no serían propiamente políti-
española, Alianza Editorial, 1977).
·, . «El globalismo despolitiza las cuestiones que son intrínsecamente
Ahora bien, ni siquiera cabría hablar de «involucración» de las ca- p líticas; el árbitro que decide qué políticas sean responsables es el
tegorías económicas en el proceso sociobiológico de la Globalización, mercado global del dinero », dice Robert Kuttner ( «El papel de los go-
cuando concibamos a ésta como un fenómeno que se configura pre l i rnos en la economía global », contribución al colectivo dirigido por
cisamente en el fondo de las categorías económico-políticas, por tanto, (\ . G iddens y W. Hutton, En el límite, Tusquest, Barcelona, 2001 ).
del Estado, o del «sistema de Estados». El concepto de globalización, La amenaza que la globalización capitalista representa para la fi-
como vimos, aparece en función de las economías políticas nacionales; ~ura del Estado habría sido ya ampliamente conocida «en nombre del
y esto es tanto como decir que presuponen al Estado, en cuanto marco ·apitalismo» (en nombre de la «empresa capitalista») mucho antes
constitutivo de estas economías políticas o nacionales. 1 que se hubiera forjado la idea de globalización; dicho