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MN eae ae ea a £1 Papa Juan Pablo Il le ha dicho a los jévenes de todo el mundo: «En realidad, es a Jestis a quien buscdis cuando sofiis la felicidad; es El quien os espera cuando no os satisface nada de lo que encontrais; es Ella belleza que tanto os atrae; es El quien os provoca con esa sed de radicalidad que no os permite dejatos llevar del conformismo; es El quien os empuja a dejar las mascaras que falsean la vida; es El quien os lee en el corazén las decisiones mas auténticas que otros querrian sofocar. Es Jestis el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejaros atrapar por la mediocridad, la valentia de comprometeros con humildad y perseverancia para mejoraros a vosotros mismos y ala sociedad, haciéndola mas humana y fraternay17 El Papa Benedicto XVI cuando dice alos jévenes: «Queridos jévenes, la felicidad ‘que buscéis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jestis de Nazaret, oculto en la Eucarista [| Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en voso- tros, sino que lleva todo ala perfeccién para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvacién del mundo [..]. Dejaos sorprender por Cristo. Dadle el ederecho a hablaros». llustracién: RichardEscalona El Papa Francisco plantea a los jévenes que la felicidad no es negociable, no admite bajar las expectativas a niveles que al final no la garantizan de modo estable y sdlido sino como algo que se puede consumir en pequefias dosis, que igual que viene se va y que por supuesto no es la felicidad verdadera ni el camino humano de piena realizacién: eVuestra felicidad no tiene precio y no se negocia; no es un app que se descarga en el teléfono mévils, Al comienzo de una carta que escribe Don Bosco a los jévenes en 1884 les dice: «Uno solo es mi deseo, el de verlos felices en el tiempo y en la eternidad» Al término de su vida terrena, estas palabras condensan el corazén de su mensa- je a los jévenes de todas las épocas y del mundo entero. Ser felices, como meta sofiada por cada joven, hoy, mafiana, alo largo del tiempo. Pero no solo. Ena eternidad esté ese plus que solo Jestis y su propues- ta de felicidad la santidad precisamente sabe ofrecer. Es la respuesta a la sed profunda del ‘para siempre’ que arde en el corazén de cada joven. El mundo, las diversas sociedaces no son capaces de proponer ese ‘para siempre’ nila felicidad eterna. Dios, si. En Don Bosco todo esto estaba clarisimo y sembraba en sus muchachos el fuerte deseo de llegar a ser santos, vivir para Dios y alcanzar el paraiso: «Encami- 1né a los j6venes por la senda de la santidad sencilla, serena y alegre, uniendo en una sola experiencia vital el patio, el estudio serio y un constante sentido del deber» llustracién: RichardEscalona