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LOS JÓVENES, LA FE Y EL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL

Instrumentum laboris para la XV asamblea general ordinario del Sínodo de los


obispos

Síntesis

El documento que sirvió de guía para los trabajos del pasado Sínodo de los obispos
en el mes de octubre está estructurado en tres partes, a saber: Los jóvenes en el mundo de hoy
(I), Fe, discernimiento y vocación (II) y La acción pastoral (III). Desde sus primeros párrafos
este opúsculo manifiesta abiertamente su propósito: acompañar a los jóvenes para que
reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud. Esta intención está inspirada
en el texto joánico siguiente: «Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros y vuestro
gozo sea perfecto» (Jn, 15, 11). La idea se remata con la expresión del deseo que tiene la
Iglesia hacia los jóvenes: quiere ofrecerles un proceso de discernimiento para que descubran,
a la luz de la fe, la propia vocación. En dicho proceso ocupará un papel icónico la figura de
Juan, el apóstol, signo de la valentía, la búsqueda y el encuentro con Jesús. Para conducir a
los jóvenes a un proceso de discernimiento, antes será necesario favorecer el encuentro con
Cristo así podrán vivir diariamente con Él, dejándose interrogar, inspirar y conmoverse por
sus palabras y sus gestos, de esta manera podrán descubrir la alegría del amor y la vida en
plenitud en la entrega y en la participación en el anuncio de la Buena Noticia.

El texto nos invita a ser conscientes de que actualmente vivimos en un mundo que
cambia rápidamente, la instantaneidad, lo exprés y lo inmediato son ya características del
mundo que habitamos, en tal atmósfera cambiante muchos viven en situaciones de
vulnerabilidad y de inseguridad, lo cual tiene un impacto sobre los itinerarios de vida y sobre
sus elecciones de los jóvenes. En la toma de decisiones los jóvenes sienten la necesidad de
figuras de referencia cercanas, creíbles, coherentes y honestas. Esto también supone pensar
en otras figuras: los padres y las familias, que generalmente, ante las decisiones de los jóvenes
muchos no desean escucharlos, les imponen sus propias elecciones, se ausentan o son
hiperprotectores. En este esbozo de la realidad juvenil, el documento subraya el papel de las
tecnologías modernas de la comunicación cuyo uso caracteriza a nuestros jóvenes y los
identifica como una generación hiperconectada.

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La segunda parte de este instrumentum inicia redefiniendo la identidad de la Iglesia
hacia los jóvenes, ella quiere ser para ellos custodia, para esto pretende emprender el camino
de encontrar, acompañar y cuidar de todos los jóvenes sin excepción. La Iglesia está
convencida de que la fe, en cuanto participación en el modo de ver de Jesús, es la fuente del
discernimiento vocacional, no es un refugio para gente pusilánime, sino que ensancha la
vida, así, creer significa ponerse a la escucha del Espíritu y en diálogo con la Palabra que
es camino, verdad y vida.

Para esta asamblea general el discernimiento vocacional no es solo una operación del
intelecto humano sino un don y un proceso. Don porque es Dios quien dirige los pasos de sus
fieles y, un proceso porque le corresponde a estos últimos invertir y desgastar tiempo, vida y
compromiso en ello. Este documento, sin tener la intención de dar definiciones, nos ofrece
una sobre el discernimiento vocacional, según el texto puede entenderse así: Proceso por el
cual la persona llega a realizar, en el diálogo con el Señor y escuchando la voz del Espíritu,
las elecciones fundamentales, empezando por la del estado de vida. Este itinerario vocacional
se concreta en tres momentos específicos: reconocer, interpretar y elegir.

En primer lugar se han de reconocer los efectos que los acontecimientos de mi vida,
las personas que encuentro, las palabras que escucho o que leo producen en mi interioridad.
Esta etapa de identificación de efectos deberá estar iluminada por la confrontación con la
Palabra de Dios, meditarla, de hecho, pone en movimiento las pasiones como todas las
experiencias de contacto con la propia interioridad pero al mismo tiempo ofrece una
posibilidad de hacerlas emerger identificándose con los acontecimientos que ella narra.

El segundo momento es la interpretación, aquí lo que se busca es comprender a qué


el Espíritu está llamando a través de lo que suscita en cada uno. Es una etapa realmente
delicada, debido a que se requiere paciencia, vigilancia y también un cierto aprendizaje,
muchas veces buscará confrontarse honestamente, a la luz de la Palabra de Dios y también
con las exigencias morales de la vida cristiana. El ambiente vital de esta etapa es el diálogo
interior con el Señor, con la activación de todas las capacidades de la persona y la ayuda
de una persona experta en la escucha del Espíritu.

Finalmente el proceso se culmina con la elección, si se siguen los pasos anteriores la


elección escapará a la fuerza ciega de las pulsiones. Lo que busca la Iglesia con este método

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es promover elecciones verdaderamente libres y responsables, para trocar la práctica antigua
de que sean otros los que elijan por el joven, convirtiéndose éste en un objeto y no en
protagonista insustituible de su vocación.

El documento pontificio deja en claro que el discernimiento vocacional es un proceso


largo y no un acto puntual, un camino progresivo y no sin pasos en falso. Este proceso debe
ayudar a sus destinatarios a renunciar a ocupar el centro de la escena con sus necesidades
para acoger el proyecto de Dios a la vida familiar, al ministerio ordenado o a la vida
consagrada, porque la lógica vocacional es vivir la propia existencia en generosa entrega.
Estrategias que favorecerán este estilo de vida son: el contacto con la pobreza, la
vulnerabilidad y la necesidad.

El discernimiento vocacional aunque es una acción que realiza la persona libre y


responsable, no es una obra aislada sino una experiencia de acompañamiento. Todo
acompañante ha de considerar tres certezas en el proceso: 1. El Espíritu de Dios actúa en el
corazón de cada hombre y de cada mujer. 2. El corazón humano, debido a su debilidad y al
pecado puede dividirse a causa de la atracción de reclamos diferentes, o incluso opuestos.
3. El camino de la vida impone decidir, porque no se puede permanecer indefinidamente en
la indeterminación. El acompañante espiritual no debe olvidar refinar continuamente la
propia sensibilidad a la voz del Espíritu. Su ayuda deberá remitir constantemente a la persona
que discierne al Señor, esto se favorece si configura en sí mismo el siguiente perfil inspirado
en las actitudes del mismo Jesús: la mirada amorosa, la palabra con autoridad, la capacidad
de “hacerse prójimo”, la opción de “caminar al lado”, el testimonio de autenticidad. Dicho
servicio se arraiga en última instancia en la oración y en la petición del don del Espíritu que
guía e ilumina a todos y a cada uno.

Siguiendo una metodología pastoral, la tercera parte del documento propone algunas
estrategias ineludibles para propiciar en los jóvenes la alegría y la vida plena.

De inmediato lo que buscará el sínodo de los obispos es salir de los propios esquemas
preconfeccionados, rompiendo las viejas prácticas estériles caracterizadas por el cómodo
criterio pastoral del siempre se ha hecho así. Para romper con antiguos paradigmas se nos
invita a inspirarnos en el modo en el que Jesús se encontraba con las personas de su tiempo:
Salir, ver y llamar. Se debe emprender la salida de las rigideces y de esperar a que los

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jóvenes busquen a la Iglesia. Ha de buscarse vivir siempre en la tensión de ser para ellos una
atractiva comunidad cristiana. Para poder ver su realidad y sus circunstancias, será necesario
pasar tiempo con ellos, mirarlos en lo profundo, con una mirada de comprensión, esperanza
y misericordia nunca amenazadora o intrusa. Nuestras miradas han de convertirse en palabra
y llamada para despertar el deseo, mover a las personas de lo que las tiene bloqueadas o de
las comodidades en las que descansan.

Los sujetos de esta pastoral juvenil vocacional son todos los jóvenes sin excepción,
aunque se deberá brindar una atención especial sobre todo a los jóvenes pobres, marginados,
excluidos, los que viven en condiciones de mayor pobreza y dificultad, violencia y guerra,
enfermedad, discapacidad y sufrimiento. En la promoción de los jóvenes todos somos
responsables de su cuidado y valorización, esta delicada responsabilidad se concretiza y
garantiza en ciertas figuras de referencia como: adultos dignos de confianza, creyentes con
autoridad, padres y familia, pastores capaces de implicarse, mujeres y hombres consagrados
y docentes.

Los lugares privilegiados para acompañar a los jóvenes según el documento son tres:
1. La vida cotidiana (la utilización del tiempo y del dinero, el estilo de vida y de consumo, el
estudio, el tiempo libre, el vestido, la comida, la vida afectiva, la sexualidad) 2. El mundo
digital, y 3. Lo que la comunidad cristiana puede ofrecer (eventos y experiencias específicas
para los jóvenes, las actividades sociales y de voluntariado y las experiencias misioneras).

Sabedora la Iglesia de que entre el lenguaje eclesial y el de los jóvenes existe un gran
espacio difícil de colmar ella espera acercarse a ellos desde los propios lenguajes juveniles,
estos son: el deporte (un recurso educativo con grandes oportunidades), la música y otras
expresiones artísticas.

Hacia el final del documento, se exhorta a todos los responsables de la atención a los
jóvenes a apreciar y fomentar el silencio y la oración en los trabajos con ellos, sin estas dos
experiencias resultará casi imposible hacer un buen discernimiento vocacional, para esto se
deberán provocar ocasiones para saborear el valor del silencio y de la contemplación. Así
como al inicio del documento se invitaba a tener en cuenta el ícono del apóstol Juan, en la
última sección, fiel a la costumbre del magisterio de la Iglesia, surge el modelo mariano,
María se convierte para la Iglesia en el paradigma de quien acoge la llamada a la alegría del

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amor y a la vida en plenitud, ella ha sido la primera en recorrer el camino del discernimiento
vocacional, experimentando la ternura de la intimidad y la valentía del testimonio y de la
misión.