You are on page 1of 1

La llegada fue una excavación

arqueológica por estratos de papeles


polvorientos… curso por curso los fui
limpiando.

A continuación, pasé a secretaría, a


revisar expedientes: la historia de los
alumnos, la confusa historia de
evaluaciones que no tenían
referente… se veía a un niño, se
detectaba un retraso, no se sabía
dónde estaba la causa, si dentro o
fuera…

Mientras, fue estigmatizada e


incomprendida por un Equipo
Docente no acostumbrado al trabajo
de orientación. Cogí una enfermedad
respiratoria. Además, ese curso,
llevaba una horrenda prótesis dental y
estaba gorda.

Más adelante, me adentré en el horror de sus vidas y en lo que implicaban para la salud y el desarrollo de los niños, de los jóvenes; empecé a registrar
situaciones y necesidades sin cuento…

Todavía no sé qué hice, llevé unos papeles a la Técnico de Absentismo… se vio muy mal. Conté con la oposición del Equipo Directivo y de la
inspección que, pese al ingente trabajo, me situaron en la distancia, y a un paso de la sanción.
Estuve de baja. No entendía nada.

Regresé, facilité datos para pedir recursos y dejé un Departamento de Orientación organizado de forma modélica, en el que se podía trabajar, sobre el
que se estará trabajando, para un barrio que es inabarcable y para una Administración que, sin recursos, está maniatada.
No sé si sirvió mi trabajo. Fue el año más difícil y más intenso de mi vida profesional.