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El Hijo de Dios bajará en una nube no tardando


mucho y mandará a sus ángeles que sieguen la mies
seca de la tierra que no da fruto; que sus escogidos
estén preparados;

Nace en la provincia de Albacete el 13 - 3 - 31. Casada.


Siete hijos. Reside en San Lorenzo de El Escorial.
Apenas sabe leer y escribir. Gravemente enferma de
corazón, sanó en una peregrinación a Lourdes. Su
marido, de poca salud, cultiva un huerto y es portero
suplente en la casa donde Amparo trabaja de
asistenta.
Criada en suma pobreza, sacrificio y duro trabajo,
desde niña, sin saber rezar, ha invocado filialmente a
la Stma. Virgen. Siempre ha sentido tierno amor
compasivo hacia el prójimo necesitado. Afirma ella
que, aunque suponía ha de haber un Ser Supremo,
vivía despreocupada de sus deberes religiosos que no
practicaba. Pero, a mediados de noviembre de 1.980,
oye una voz que le dice: "reza por la paz del mundo y
por la conversión de los pecadores. Amaos los unos a
los otros. Vas a recibir pruebas de dolor".
Efectivamente, comienza a sangrar por la frente y las
manos sintiendo agudos dolores y clama: "Pero ¿qué
es esto?". Se le muestra el Señor clavado en la cruz y le
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dice: "Hija mía, esto es la Pasión de Cristo. La tienes que
pasar entera". Dice Amparo: "Yo no lo resisto". Le
arguye Él: "Si tú en unos segundos no lo resistes,
¿cuánto pasaría Yo, horas enteras en una cruz,
muriendo por los mismos que me estaban
crucificando? Puedes salvar muchas almas con tus
dolores". Le pregunta Jesús si acepta, y ella responde:
"Con vuestra ayuda, Señor, lo soportaré".
Desde este momento Amparo es otra: al mismo tiempo
que intensifica ejemplarmente su vida espiritual, se
multiplican en ella tan raros como extraordinarios
fenómenos: sangraciones por la frente, ojos, boca, un
hombro, espalda, costado, manos, rodillas, pies; unas
veces con llagas visibles, otras con sangre sin llagas y
otras sin llagas y sin sangre, pero con el
correspondiente agudo dolor, según la escena de la
pasión que contempla. Se le ha visto en relieve un
corazón en el centro del pecho, sangrante atravesado
por una espada en figura.
- Apariciones del Señor, de la Virgen y de ángeles.
- Intenso aroma como de rosas percibido de lejos y
como a oleadas.
- Idioma desconocido.
- Bilocación.
- Repetidos mensajes.
- Profecías.
- Multiplicación de alimentos.
- Signos en el cielo.
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- Numerosas conversiones.
- Levitación.
- Comunión mística.
- Inexplicable grabación de cintas magnetofónicas.
- Curación de ajenas dolencias tomándolas en sí
misma, etc.
Varios de estos fenómenos son muy recientes.
Parece que el Señor permite al "Poder de las tinieblas"
actuar contra ella, ya por el mismo diablo, ya por
quienes la insultan, se burlan de ella y de estas cosas,
y la calumnian con palabras por ella oídas o por
escritos. Pero también parece que el Señor le tiene
anunciado todo esto y le da paciencia para soportarlo.

CONTENIDO DE LOS MENSAJES RECIBIDOS


POR AMPARO:
Desde su conversión, Amparo considera su ideal
preferente ayudar a Jesús a salvar almas. Es lo que
entiende que le pide el Señor con tan variados
carismas. Así lo expresa sus mensajes recibidos en
éxtasis frecuentemente muy dolorosos. Veamos el
principal contenido de tales mensajes.
El Señor y la Virgen instan a los hombres a convertirse;
de no hacerlo, vendrá un gran castigo.
- Se quejan de los pecados de blasfemia, impureza,
incredulidad, hipocresía, ingratitud, difusión de
doctrinas falsas, incumplimiento de votos religiosos,
desamor al prójimo.
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- En algunos sacerdotes: vida impura, abandono de la
oración y del vestido distintivo.
- Recepción sacrílega de la sagrada Eucaristía; no se
cree en la presencia real; olvido del Sagrario.
- No hay agradecimiento ni compasión para el
Corazón de Jesús al que se rechaza.
- Ofensas a la Stma. Virgen.
- Se inculcan la Confesión sacramental y la dirección
espiritual.
- Se pondera el poder impetratorio del santo Rosario
cuya devota recitación diaria se recomienda.
- La Virgen promete asistir en la muerte a quienes lo
rezan diariamente y comulgan los primeros sábados.
- Aconseja algo de meditación sobre cada misterio.
- Se piden sacrificios para que se salve el mayor
número posible de almas.
- El dolor es camino ordinario para el cielo.
- Comunión los primeros viernes y sábados y también
diaria.
- Se inculcan repetidamente la humildad y la
obediencia.
Se insiste en la necesidad y el poder de la oración.
- Orar por los que no oran y hacer penitencia por los
que no la hacen.
- Pedir mucho por España, especialmente por el País
Vasco y por todo el mundo.
- Acudir al Padre Eterno. La Virgen nos protegerá
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siempre.
- Pedir por la conversión de Rusia y por el Papa que
va a sufrir mucho.
- Oración especial por los sacerdotes.
- Rezar por los pecadores y los incrédulos.
- Ha tenido visiones del cielo y del infierno.
- Vida eterna feliz sobre los astros.
- La Virgen Dolorosa está siempre pidiendo
misericordia por nosotros. Dice la Virgen que se ha
manifestado en varios lugares de España, pero que
no creen en Ella. Con sus lágrimas está deteniendo el
castigo que provocan nuestros pecados.
- No hacemos caso de sus avisos.
- El Señor y la Virgen dan sus mensajes valiéndose de
los más incultos y humildes para que se vea que no
son falsos, que son de Dios.
- A mediados de junio de 1.981 la Virgen Dolorosa,
sobre la copa de un fresno, junto a la fuente, en Prado
Nuevo, le ha dicho:
"Soy la Virgen Dolorosa. Quiero que se construya en
este lugar una capilla en honor de mi nombre. Que se
venga a meditar la pasión de mi Hijo que está
completamente olvidada. Si se hace lo que Yo digo,
habrá curaciones: este agua curará... Haced
penitencia, haced oración."
"El castigo está muy próximo. Será el juicio de las
naciones, el día del Creador. Si no hacemos caso de la
Virgen, no habrá trabajo, habrá muchas miserias,
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sobre todo en España. Los que están en gracia de Dios,
que no teman no les afectará en nada el castigo que
enviará el Señor".
- "Di a todos que procuren hacer apostolado en
cualquier parte del mundo; que necesitan muchas
almas el mensaje de su Madre celestial".
- "Haced, hijos míos, haced muchos sacrificios por los
pecadores. Muchos están en el infierno porque no
han tenido quien rece por ellos".
- "Haced caso. Mandad mis mensajes por todo el
mundo".
- "Sé humilde. Sin humildad no se ganan almas".
- "Muchos creen que esto tuyo es obra de Satanás. No
lo creas, hija mía, Satanás destruye, no construye".
- "Para darles las moradas celestiales a las almas su
Padre misericordioso está esperando que se
conviertan".
- "Me están crucificando diariamente por su falta de
amor a los demás. Por su impiedad, Dios va a castigar
sin piedad".
- "Llamo a los que han sido humillados, calumniados
por mi causa. Hijos míos, estoy en vosotros ¿a quién
podéis tener miedo?".
-"Tenéis que ser fuertes. Date cuenta, hija mía, de que
Yo estoy con todos los que tienen buena voluntad. Y,
estando Yo, nada temáis".
- "Reparemos ¡pobres almas, qué pena me dan!".
- "Estoy día y noche en el Sagrario por todos. Me
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encuentro allí presente como el mejor de los padres,
como el amigo más fiel, con un amor inmenso ¡Pobres
pecadores! No merecen estos sacrificios tuyos, míos y
los de tantas almas escogidas para su salvación. Tú,
hija mía, no te alejes de Mí. Te espero día y noche,
Dame consuelo. Abandónate en Mí y diles a todos que
los espero, que quiero salvarlos a todos con mi
Corazón. Que visiten a su Prisionero".
- "Sé humilde. No te abandones. Haz penitencia por
los pobres pecadores. Adiós, hija mía, te doy mi santa
Bendición."

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MENSAJES 1996
MENSAJE DEL DÍA 6 DE ENERO DE 1996,
PRIMER SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
EL SEÑOR:
Hija mía, los hombres han olvidado que soy el Creador.
Yo deseo que todos los hombres vivan en paz. Es mi
deseo, hijos míos, que todos los hombres vivan mi
palabra. ¡Ay, pastores de mi Iglesia, predicad mi
palabra como os la he enseñado! Yo os di la sabiduría
y os sigo dando para que entendáis mis escrituras, las
viváis y las prediquéis a los hombres tal como están
escritas, hijos míos. El mayor presente que podéis
hacer a mi Corazón es el de apartaros del pecado;
venid a Mí, que Yo os perdonaré todas vuestras culpas.
Quiero que todos gocéis de la vida eterna. Hijos míos,
muchos pastores se dejan infiltrar el Enemigo y en sus
necios conocimientos confunden la palabra de Dios,
que es la verdad, en mentira. Hijos míos, predicad el
Evangelio pero no lo desfiguréis. Los hombres, muchos
de ellos, están confusos. Muchos de vosotros, hijos
míos, pastores de mi Iglesia, amáis a la creatura pero
no amáis a su Creador.
¡Ay, pastores santos, os pido a vosotros que seáis
fuertes y valientes y prediquéis la palabra de Dios,
pues en la Iglesia hay mucho trabajo, hijos míos, y
pocos que quieran trabajar para ella! Sed obedientes a
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la Roca y a aquél que tiene las llaves de la Iglesia, al
representante de Cristo, y seguid el camino santo que
vivís y practicáis, hijos míos. No os dejéis engañar por
aquellos otros pastores tibios que desfiguran mi
Evangelio y no trabajan para la Iglesia, pero se sirven
de la Iglesia. Los pastores tienen que trabajar para su
grey. Hijos míos, no seáis asalariados, ni trabajadores
del mundo, trabajad para la Iglesia y en la Iglesia. ¡Hay
tanta necesidad de predicar la palabra de Dios, de
predicar un Dios misericordioso, justo, que el último día
juzgará a los hombres según sus obras y según para la
empresa que hayan trabajado! Hijos míos, trabajad
para mi empresa que hay muchas almas que tienen
ansia de Dios, hijos míos, pero tienen un
desconocimiento muy grande de Él, hijos míos.
¿Hasta cuándo todo un Creador, Creador de todo, de
cielos y tierra tiene que estar avisando a sus
creaturas? Yo pido, hijos míos, que cumpláis las leyes y
las enseñéis a los hombres, y el mundo irá mejorando,
hijos míos. No veis la corrupción que hay en el mundo,
porque el hombre está sin Dios; y vosotros, donde veis
que hay fruto no lo recogéis hijos míos. ¡Ay, pastores
de mi Iglesia tan amados por mi Corazón, aquéllos que
no seáis capaces de vigilar vuestro rebaño para que
sea gobernado por un solo pastor y una sola Iglesia, la
Iglesia que fundó Jesucristo! Os quedáis en lo humano,
repito, hijos míos, y estáis apartando todo lo divino.
¿Cómo no explicáis, hijos mías, que la Palabra se hizo
Carne para habitar entre los hombres; que el Hijo de

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Dios se humanizó para que los hombres se divinizasen,
para llegar un día a la divinidad increada? Y todo, hijos
míos, fue por una sola palabra de una creatura que
dijo: "hágase en Mí según tu palabra". La virginidad de
María, hijos míos, y en la virginidad de María se
engendró el Hijo de Dios; virgen antes y después de ser
Madre del Verbo Encarnado.
LA VIRGEN: ¿Cómo los hombres pueden dudar de mi
Virginidad, hijos míos? Yo grito que mi Virginidad fue
intacta. Fui inmaculada, sin mancha, para ser Madre
de Dios y Madre de la Iglesia. Hijos míos, sacerdotes
queridos por mi Inmaculado Corazón, enseñad a los
hombres el Evangelio tal como está escrito y amaos
unos a otros como Cristo os enseñó.
EL SEÑOR:
Todos los que cumplís mis leyes, las leyes del Evangelio,
que fueron escritas para los hombres, para su
salvación; ¡ay pastores, aplicadlas!, aplicadlas y
enseñad a los hombres la fe, la penitencia, y que se
alimenten de la Eucaristía, pues Yo dije: "estaré con
vosotros hasta el fin del mundo" y "el que coma mi
Cuerpo y beba mi Sangre tendrá vida eterna". Por eso,
hija mía, pido a los hombres de buena voluntad que
cambien sus vidas y que vengan a mi Corazón, que mi
Corazón los espera. Por muy grandes que sean sus
pecados, mayor es mi misericordia. Pero si no quieren,
hija mía, vendré como juez, no vendré como amigo.
¿Hasta cuándo, hijos míos, vais a tener el corazón tan
endurecido? Si Yo os doy todo lo que necesitáis, hijos
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míos. Pedís la lluvia, aquí la tenéis y con mucha
inmensidad. Pedís perdón de vuestros pecados, y aquí
estoy con los brazos abiertos para perdonaros, hijos
míos. ¿Cómo sois tan ingratos conmigo? En el mundo
existen las guerras, las discordias, los crímenes, la
corrupcion, el desorden, porque Dios no están en él;
porque los hombres han dspreciado a la Divina
majestad de Dios, y el hombre sin Dios se gobierna por
sí mismo y así está el mundo, hijos míos, porque el
hombre no se deja gobernar por Dios..., (El Señor hace
ver a Luz Amparo, en imágenes horribles, la situación
actual del mundo.)
AMPARO: ¡Oh!... ¡Ay, qué horror!...
EL SEÑOR:
Sí, hija mía, así está el mundo.
AMPARO: ¡Ay, cómo triunfan los pecados!... ¡ay!
EL SEÑOR:
Satanás, hija mía, se aprovecha de las almas y más de
las almas queridas por mi Corazón; se infiltra en
muchos conventos; se infiltra para que los hombres se
contagien unos a otros, y el mundo está en manos de
Satanás. Sed valientes, hijos míos, amad a la iglesia de
Cristo. Amad los Mandamientos y cumplidlos. No os
avergoncéis de Dios. Sacerdotes míos queridos, tan
amados por mi Corazón, sed valientes y predicad la
palabra según esta escrita. Y vosotros, aquellos que os
avergonzáis de Dios y del distintivo de vuestro
sacerdocio, hijos míos, ¡ay!, por esa confusión que

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estáis sembrando en la tierra, hijos míos, no seréis
revestidos de la vestidura santa, porque os habéis
querido quitar esa vestidura tan bella, hijos míos, que
os distingue y que os protege de tantos y tantos
pecados. Lo mismo que la señal del cristiano es la
Santa Cruz, la señal del sacerdote es la vestidura, hijos
míos; ¿cómo la habéis arrinconado? Teméis perder la
vida; no temáis a los que os pueden quitar la vida,
temed a perder el alma, hijos míos. Mira, hija mía,
cuántas almas, privilegiadas por mi Corazón, fieles a Él,
están en un lugar disfrutando de la presencia divina
del Dios increado.
AMPARO: ¡Ay!, ¡ay, Dios mío, qué grandezas!, ¡ay Señor!
EL SEÑOR:
Este día, hijos míos, el presente que os pide mi Corazón
es el de la humildad, la obediencia a la Santa Madre
Iglesia; que cumpláis las leyes de Dios. Y vosotros, hijos
míos, amad mucho al Vicario de Cristo; él representa a
Cristo en la tierra, orad por él, sufre mucho y es muy
despreciado por muchas almas cercanas a él. Orad,
hijos míos, y acercaos al sacramento de la Penitencia
y de la Eucaristía. Y vosotros, sacerdotes, acercaos a
los confesionarios para pastorear a las almas y
llevarlas al rebaño de Cristo, es vuestra misión, hijos
míos. Trabajad con las almas, esa fue la misión que Yo
encomendé a mis Apóstoles: id por toda la tierra y
predicad la palabra de Dios; y así se quedó escrito para
que los sucesores de ellos sigan predicando la palabra.
¡Ay, hijos míos, qué confusión hay entre los hombres!
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Quiero que os fortalezcáis en mi amor y no tengáis
miedo y seáis valientes a predicar la palabra de Dios y
a servir a la Iglesia. Vuestra alma está desfigurada, de
muchos de vosotros, por los apegos materiales; amáis
más a las creaturas, os repito, olvidándoos de vuestro
Creador. Primero vuestro Creador y luego la creatura.
Mira, hija mía, también este lugar fúnebre, triste y
angustioso, porque carecen de la presencia de Dios;
ése es el mayor infierno que el hombre puede sentir
cuando está en este lugar.
AMPARO: ¡Ay, ay!... ¡Ay, Dios Mío!, ¡ay, cuántos hay,
Dios mío!... ¡Ay!
EL SEÑOR:
También hay ministros, hija mía, que han predicado la
palabra distinta a como está escrita; la han
desfigurado por miedo, hija mía, a quedarse solos.
¿Y cómo, hijos míos, los que están conmigo vais en
contra de ellos y buscáis los que están en contra de Mí?
Aprovechad los frutos, hijos míos, y reuníos todos para
ser más fuertes, pero no os contagiéis del mal que
Satanás está sembrando hoy en la Humanidad. Y
vosotros, católicos, aprended de mi pobreza, aprended
de mi humildad. Yo os enseñé el Padre Nuestro, ¿quién
lo cumple, hijos míos? Tenéis los graneros llenos. ¡Ay de
vosotros, cuando os presentéis ante Dios, que no os
habéis acordado de los pobres y necesitados y, como
el rico avariento, sólo pensáis en contar y en guardar!
¡Ay, la palabra no sirve sin la obra, hijos míos! No
mováis tanto los labios, no os dejéis engañar por el
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enemigo, las obras son las que le gustan a Dios, vuestro
Creador. A vuestra Madre del cielo, muchos la llamáis
Madre, pero ¡qué malos hijos que sois, hijos míos, que
no cumplís el Evangelio de su Hijo y las leyes de la
Iglesia! No os queráis ver muchos donde el rico Epulón,
hijos míos, aunque os veáis en la tierra como el pobre
Lázaro; pero mira, hija mía, dónde está Lázaro, y mira
dónde está el Epulón, hija mía, el rico avariento que no
daba ni de las migajas que le sobraban.
AMPARO: ¡Ay, qué horror! ¡Ay!...
EL SEÑOR:
Por eso los hombres, te lo repito muchas veces, hija
mía, se quedan en el tiempo, porque viven sólo de la
palabra. Haced obras de amor y misericordia, hijos
míos, y amad a Dios vuestro Creador. Cambiad
vuestras vidas y no estéis tan materializados, hijos
míos. Amaos unos a otros y, todos los que viven esta
obra, dejad unos que colaboren otros, y todos unidos,
que vaya creciendo como Yo he pedido, hijos míos, que
no haya egoísmos entre vosotros, ni seáis centros
ninguno; que el centro sea Dios, el centro que sea la
Divina Majestad; pero dejad que todos colaboren, y
colaborad todos, hijos míos, para que se multipliquen
las obras de amor y misericordia. ¡Hay tantas almas
necesitadas de vuestras ayudas, hijos míos!
Este montaje lo he montado Yo, hijos míos, pero no hay
nada sucio en él, está abierto para todo el que quiera
verlo; haced vosotros lo mismo, hijos míos:
desprendeos de vuestras cosas, dádselas a los pobres
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y seguidme; pero ni lo hacéis ni dejáis que los demás lo
hagan. ¡Ay, no seáis como el joven rico, cuando oyó las
palabras, hijos míos, de que lo dejara a los pobres todo
y me siguiera, se fue llorando triste y con amargura; y,
como te digo, hija mía, y te lo he repetido muchas
veces, no se vuelve a nombrar a ese joven rico en el
Evangelio porque no quiso aceptar mis palabras. (Ay).
Sed mansos y humildes, hijos míos, y venid a refugiaros
en nuestros Corazones.
LA VIRGEN: Hijos míos, venid a mi Inmaculado
Corazón, que mi Inmaculado Corazón intercederá por
vosotros ante mi Hijo; por eso, hija mía, te pido muchos
(Ay), muchas y muchas veces que acudan a Mí, porque
Dios me ha puesto en la puerta del Cielo. Los hombres
me apartan de la tierra, y mi Hijo me ha puesto en la
puerta del Cielo.
EL SEÑOR:
Venid, hijos míos, y cambiad vuestras vidas, amad a los
pobres y necesitados y amad a la Iglesia y orad, orad
para no caer en tentación.
Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y
tantos ultrajes como se cometen con nuestros
Corazones, hija mía, tantos sacrilegios que cometen los
hombres. Cuántos, hija mía, se acercan al bánquete
celestial, (Ay), con el alma manchada y llena de
pecados... ¡Ay, sacerdotes, Yo os di el poder de
perdonar los pecados, estad en los confesionarios,
hijos míos para perdonar los pecados a las almas!
Trabajad para la Iglesia, que hay mucho trabajo,
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repito, y pocos que quieran trabajar en ella. Vosotros
no sois del mundo, sois de Dios; trabajad para Él, hijos
míos.
LA VIRGEN: Besa el suelo, hija mía.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos
por la conversión de todos los pecadores.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por
medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.
¡Adiós, hijos míos!

MENSAJE DEL DÍA 3 DE FEBRERO DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
EL SEÑOR:
Hija mía, nuestros corazones están muy tristes y
afligidos porque los hombres son esclavos de los
pecados, de sus propios pecados, hija mía; niegan el
nombre de Dios, rechazan su ley. Los hombres, la
mayoría, se comportan peor que las fieras; no se
respetan unos a otros, se matan unos a otros. ¿Cómo
no va a estar triste mi Corazón si el hombre no parece
un ser humano? Las fieras se portan mejor que los
hombres, porque las fieras defienden sus camadas y
los hombres se destruyen unos a otros.
Yo bajé a la Tierra y puse mi Cuerpo en alto, en una
cruz. Fui crucificado para salvar a la Humanidad y
para reunirlos a todos y para que todos los hombres

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fuesen hermanos, hijos míos. Fundé una Iglesia para
que todos se reuniesen en ella, como hijos míos y los
sellé con el sello del Espíritu Santo, pues ésa es la
herencia de la salvación; pero los hombres son tan
ingratos, hija mía, que ni la muerte de Cristo ni los
dolores de María ablandan sus corazones.
El mundo va, de día en día, peor. La inmoralidad
aumenta. El mundo vive una corrupción y los hombres
siguen ciegos. La única tabla de salvación es el amor a
Dios y al prójimo; ahí están las leyes, para que las
cumpláis, hijos míos; pero pisoteáis la Sangre de Cristo
y ultrajáis el Nombre de Dios. La mayoría de la
Humanidad está cambiando de piadosos a impíos;
pero, hijos míos ¿cómo os abandonáis en la oración y
en el sacrificio? ¿Cuántas veces os voy a repetir, hijos
míos, que bebáis de las fuentes de la Iglesia y que
alimentéis vuestro espíritu, hijos míos?, pero los
hombres están tan metidos en el pecado que no
distinguen dónde está la gracia y dónde está el
pecado; no quieren distinguir. A mis llamadas con
tanta insistencia, no hacen caso, cierran los oídos. ¡Ay
Humanidad, cómo os habéis deshumanizado! ¡Cuánto
os cuesta, hijos míos, amar a Dios vuestro Creador y
cómo os dejáis arrastrar por los placeres de la carne,
de la soberbia!
LA VIRGEN: Hijos míos, cambiad vuestras vidas,
refugiaos en mi Inmaculado Corazón, que, por muy
graves que sean vuestros pecados, mayor es la
misericordia de mi Hijo; Yo os mandaré a Él, hijos míos,
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y Él os abrazará como amigos y perdonara vuestras
culpas. Amad a la Iglesia, hijos míos, y reuníos en ella;
ahí hay fuentes que alimentarán vuestra alma y la
fortalecerán.
Amad a los sacerdotes, hijos míos, son ministros de
Cristo; son débiles también, pedid por ellos para que
sean buenos pastores y lleven a sus ovejas donde hay
buenos pastos, para que las ovejas se nutran de las
gracias; orad por ellos, hijos míos, y orad por vosotros.
El mundo está en una situación muy grave por causa
del pecado y del desamor que hay en el mundo.
Amad a los necesitados, hijos míos, y compartid con
ellos vuestras herencias y vuestras haciendas. No seáis
ingratos, hijos míos, y no hagáis sufrir a nuestros
Corazones. Amad mucho al Vicario de Cristo, a ese
santo varón que sufre tanto por los componentes de la
Iglesia y por las almas infieles que no cumplen con la
Ley de Dios.
Penitencia y sacrificio, hijos míos. Reuníos todos en
este lugar que seguiré derramando gracias para
vuestras almas; aprovechadlas, hijos míos, y venid a Mí
que Yo con mi manto os protegeré de las asechanzas
de Satanás. Orad y acercaos al sacramento de la
Eucaristía, al sacramento de la Penitencia. Muchos,
hijos míos, vais sacrílegamente a recibir el Cuerpo de
Cristo. Para que vuestra alma esté limpia, hijos míos,
primero tenéis que lavarla. Si no pasáis a lavar vuestra
alma, vuestros pecados no serán perdonados. La
misión de los pastores es la de perdonar los pecados,
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hijos míos. Id, confesad vuestras culpas, y cumplid la
penitencia, y recibid al Cuerpo de Cristo, y Él os
fortalecerá. Humildad os pido a todos, hijos míos.
Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y
tantos pecados como se cometen en la Humanidad.
Sed misericordiosos, hijos míos, y amaos unos a otros;
éste es el mandamiento, muy importante, que a Dios le
agrada, porque el que ama a Dios ama al prójimo y el
que ama al prójimo no lo daña. Pedid, hijos míos, por
tanta y tanta corrupción como hay en el mundo y
tanta inmoralidad. Ya os dije que llegaría el momento
en que cada individuo se gobernaría por sí mismo y el
poder eclesiástico y el civil sería hoyado por los propios
seres humanos.
Hijos míos, todos los que acudís a este lugar, cambiad
vuestras vidas y entregaos a los pobres y necesitados;
amaos unos a otros.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos
con bendiciones especiales.
Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice,
por medio del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos estos objetos, que han sido bendecidos, servirán
para los pobres pecadores.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE MARZO DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
EL SEÑOR:
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Hijos míos, hoy hago un llamamiento al pueblo de Dios
para que crezca en la caridad. El mundo está falto de
amor. Los pastores de la Iglesia que empleen su
sabiduría en conducir a las almas a pastos eternos de
felicidad; que enseñen a las almas los misterios de
Dios; por eso son elegidos de Dios, para que conduzcan
a la grey al rebaño de la Divina Majestad de Dios. Todo
lo tengo dicho, hijos míos; y el hombre se hace el sordo,
no quiere escuchar mis palabras; en vez de cumplir la
ley de Dios, cumple la ley del pecado. El hombre
rechaza a Dios, y al rechazar a Dios pierde la gracia, y
al perder la gracia santificante se encuentra en
tinieblas; y la ley del pecado la lleva en su cuerpo. Sí,
hija mía, así es el hombre de ingrato. Yo vine, repito, a
darles vida y ellos me dieron muerte. Yo dejé mi
Evangelio y puse unas leyes y los hombres se quedan
sordos y no hacen caso a mis llamadas. En el mundo
hay corrupción y lo ven lleno de virtudes. ¡Ay, ciegos y
sordos, cumplid la Ley de Dios y no cumpláis la ley de
vuestros miembros, hijos míos! ¡Hasta cuándo tiene
Dios que estar dando avisos a los hombres! El hombre
está tibio y en su tibieza busca el placer, la felicidad
terrena, no busca la felicidad eterna.
Yo soy el Buen Pastor que conduzco a mis almas a
fuentes de vida eterna y enseño a mis pastores a que
prediquen el Evangelio por todas las partes del mundo;
no ven la gravedad del mundo. ¡Ay, pastores de la
Iglesia, muchos de vosotros tenéis una
responsabilidad muy grande para salvar a las almas!

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Con vuestra caridad, vuestras palabras de sabiduría,
podéis llevar a las almas a que beban de los canales
que hay en mi Iglesia, que son canales de vida eterna.
¡Ay, si vosotros os dedicaseis más a las almas, hijos
míos! ¡Cuántas almas se pierden porque no saben el
camino de la verdad! Yo soy la Verdad y la Vida, hijos
míos, y el que venga a Mí tendrá vida eterna; pero
guiaos por las leyes que están escritas. Pensad que se
salvarán los que cumplan con mis mandamientos.
¡Ay padres, que no sabéis educar a vuestros hijos los
educáis para el mundo y no os importa la perdición de
su alma! ¡Cómo os preocupa tanto el cuerpo y los
títulos terrenos y olvidáis el título más grande que es el
Evangelio, hijos míos! Amaos unos a otros y haced el
bien unos a otros. Amad a Dios con todo vuestro
corazón. El que ama a su madre, a su padre, a su
hermano, a su hermana, a su esposo o a su esposa más
que a Mí, no es digno de llamarse hijo mío. Si me amáis
a Mí, hijos míos, Yo pondré amor en vuestros corazones
para que vosotros améis a los demás.
¡Cuántas familias están destruidas, hijos míos, porque
Dios no está en los hogares; se han faltado al respeto
el uno al otro y se han quitado la dignidad! ¡Cuántas
madres matan a sus hijos dentro de sus entrañas! ¡Qué
tristeza siente mi Corazón cuando el hombre se ha
convertido más en fiera que en un ser humano! ¡Ay,
padres que tenéis hijos, conducid a vuestros hijos por
el camino y la senda de la eternidad! No os preocupéis
tanto porque sean grandes y con grandes carreras;
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preocupaos por la más importante carrera, la carrera
de la Eternidad. Tened fe, esperanza y caridad, hijos
míos. No perdáis nunca la caridad. El hombre sin Dios
es un desdichado. Sí, hija mía, sí, mi Corazón se derrite
de amor por los hombres, pero los hombres son tan
ingratos que viven en una ceguera y repito, hija mía,
que viven la ley del pecado y la ley del pecado es
guerra, odios, destrucción, envidia, soberbia, desamor,
desunión, lujuria; y cuando el hombre está viviendo la
ley del pecado no tiene luz. ¡Ay, hijos míos, caminad
hacia la luz y conservad la caridad en la Tierra y en la
Eternidad!
LA VIRGEN: Acudid a este lugar, hijos míos, que
recibiréis gracias para vuestra salvación, hijos míos.
Venid a Mí, hijos míos, que Yo os enseñaré a amar a mi
Hijo, os conducirá a esos canales para que bebáis y
comáis de ellos, hijos míos. Sed humildes, hijos míos. Mi
Corazón está muy dolorido por los pecados de los
hombres. ¡Ay, sacerdotes queridos por mi Corazón,
conducid a las almas al camino de la salvación, hijos
míos! Vosotros podéis arrastrar muchas almas al
rebaño de Cristo y coged donde veáis buena semilla y
aprovechadla para colaborar en la Santa Iglesia de
Cristo, hijos míos. No desaprovechéis los frutos.
¡Cuántos frutos buenos tenéis a vuestro alcance, hijos
míos, y los estáis rechazando! ¡Ay, os vais a por los
árboles estériles, rechazando los árboles frondosos y
llenos de frutos para la Iglesia!
EL SEÑOR:
23
Estáis ciegos, hijos míos, ¿cuántas veces repito en el
Evangelio que el que está conmigo no está contra Mí?
¿Por qué vosotros os empeñáis en ir contra los que
están conmigo? Del fruto se distingue el bueno del
malo y por eso os he dado sabiduría para que no
confundáis los pecados en virtudes, ni las virtudes en
pecados.
LA VIRGEN: Sí, hijos míos, amad mucho a vuestro
Creador, guiad a vuestros hijos por el camino de la
salvación. La juventud se está corrompiendo, hijos
míos; llevadla al Incorrupto y retiradlos de lo corrupto,
hijos míos. Amaos los unos a los otros y sed humildes y
sencillos; no seáis orgullosos, hijos míos, ni tengáis
vanidad.
Hija mía, refúgiate en nuestros Corazones. Nuestros
Corazones te aliviarán. Piensa que no has nacido para
gozar, que has nacido para sufrir, hija mía; pero luego,
la Eternidad la gozarás al lado de los bienaventurados,
hija mía. Sé humilde y ofrécete víctima por la
reparación de los pecadores, hija mía. Besa el suelo,
hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados
como se cometen en el mundo. Aunque te parezca
largo el camino, hija mía, no es largo tu camino; sé
paciente y alaba a los que te calumnian y pide por los
que te maldicen, hija mía.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos
con bendiciones especiales para los enfermos, hija mía.
Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales
para los pobres enfermos.
24
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por
medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 6 DE ABRIL DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
EL SEÑOR:
Orad, hijos míos, orad; levantad vuestro corazón de la
tierra y despegaos del mundo corruptor. El mundo,
hijos míos, es triunfador del rey de la mentira; porque
los siete pecados capitales están en triunfo, hijos míos,
por eso hay que orar mucho y hacer penitencia.
Levantad vuestro corazón y vuestro espíritu a Dios, y
Él os hará gozar las grandezas de Dios.
Hija mía, los hombres cada día están más ciegos para
ver la situación del mundo y sordos a mi palabra. Amad
nuestros corazones, hijos míos, que si amáis de verdad
nuestros corazones, amaréis de verdad a vuestros
prójimos; pero si no amáis a Dios, vuestro amor no será
verdadero, hijos míos. El mundo está falto de Dios. En
todos los hogares de la tierra, quiero que triunfe el
Corazón Inmaculado de mi Madre. Hijos míos, Yo
tengo fuentes de agua de vida eterna para todo el que
venga a Mí; Yo abro esos canales y los sumerjo en mis
manantiales, para fortalecerlos en la fe, para creer en
mi Palabra y para predicar y practicar la caridad. Hijos
míos, Yo, el Hijo de Dios vivo, el espíritu de Dios y su
gloria, os pido que os améis unos a otros como el Padre

25
y Yo nos amamos.
Yo vine a hacer la voluntad de mi Padre a la Tierra y
quise aceptar su voluntad para redimir a los hombres
con mi preciosísima Sangre. ¡Ay, ingratos, muchos de
vosotros, creaturas del Creador, cómo despreciáis mi
Pasión realizada para la salvacion vuestra, hijos míos!
¿Qué clase de cristianos sois, hijos míos, si rechazáis la
cruz? ¿Qué clase de católicos sois, hijos míos, si no
practicáis mis leyes? Os digo, hijos míos: arrepentíos y
convertíos, que los tiempos son graves y los hombres
no habéis alcanzado a ver la justicia de Dios porque
sólo os quedáis en la misericordia, hijos míos. Yo
emplearé mi justicia para los injustos y mi misericordia
para los justos. ¡Hasta cuándo tengo que estar dando
avisos a los hombres! Hija mía, mi Misericordia te he
dicho que es muy grande, pero mi Justicia es inmensa.
Yo pido a todos los hombres de buena voluntad que
escuchen mis palabras y practiquen mi doctrina.
Sí, hija mía, los hombres fueron echados del Paraíso
por el pecado y mandados al Globo Terrestre, para que
con sus trabajos y sus sudores volviesen a recuperar
la gracia perdida; pero el hombre quiere vivir sin
trabajar y cree que está vivo sin Dios, y el hombre sin
Dios está muerto, hija mía. Las riquezas que hay en la
Eternidad, hija mía, no hay nada en la Tierra que las
pueda comparar. ¿Cómo los hombres se vuelven locos
por las miserias de la tierra?
Pedid por los sacerdotes, para que sean pastores de mi
rebaño; repito, hija mía, que muchos de ellos son
26
asalariados, no son pastores de la Iglesia, son
funcionarios. ¡Qué pena, tanta mies como hay y tan
pocos segadores para segarla! Hablan de Dios, hablan
de mi doctrina, pero muchos de ellos se quedan en la
palabra. ¡Ay, sacerdotes de Cristo, volved vuestra
mirada a la divina majestad de Dios, que Él volverá la
gracia a vuestro espíritu para que trabajéis en su
rebaño! Hay mucho trabajo y pocos operarios. Se les
ha olvidado el sentido de la verdad del Evangelio. El
Sacerdote... Sí, mira, hija mía, el día que el sacerdote se
entrega a Dios, lo reviste de su gracia en un esplendor
divino, míralo, hija mía... pero mira también cuando la
pierde... son cadáveres que funcionan sólo con el
cuerpo, sin acordarse de su entrega a Dios. Te repito,
hija mía, que muchos se sirven de la Iglesia pero que
no sirven a la Iglesia.
Dejad de ser funcionarios, hijos míos y sed sacerdotes
de Cristo. Recoged todo ese rebaño que está esparcido
por tantos lugares; están a la intemperie, hijos míos,
esas almas esperando que venga cualquier fiera a
devorarlas. Proteged el rebaño de Cristo, pero el
pastor tiene que estar con sus ovejas, en el lugar que
Dios le ha indicado. ¡Cuántas almas podéis salvar,
almas queridas de nuestros Corazones, con vuestro
ejemplo y vuestra vida de virtud!; pero sólo sois
sacerdotes unos momentos de vuestra vida; muchos
de vosotros, la mayor parte, sois funcionarios
asalariados. Dejad las funciones materiales del mundo
y que funcione mi Iglesia. Sí, hijos míos, ¿no os dais

27
cuenta que Satanás destruye lo que Yo he construido?
¡Ay, cuánta cuenta tenéis que dar, hijos míos; vosotros
más que los laicos seglares, hijos míos, porque habéis
hecho una promesa con Dios!
LA VIRGEN: Qué pena, hijos míos! Antes había un gran
número de almas donde mi Inmaculado Corazón
podía refugiarse, pero ahora, hasta la mayoría de los
conventos, hijos míos, están marchitas las flores.
¡Qué pena...! Yo quiero, hijos míos, consolaros a
vosotros, pero hoy vengo para que consoléis mi
Corazón. Mira cómo está mi Corazón, hija mía, lleno de
espinas muy profundas, porque mi Corazón ama tanto
a mis almas consagradas que las espinas son más
dolorosas; por eso pido oración y penitencia, porque,
hijos míos, los hombres están deshumanizados, viven
los placeres del mundo, matan sin respetar la vida de
los demás. Las madres matan los hijos dentro de sus
entrañas y la juventud está corrompida por los vicios
del alcohol, las drogas, la carne; por eso te digo, hija
mía, que los pecados capitales van en triunfo y los
hombres no ven pecado donde existe el pecado. No
puedes tocar ninguna espina, hija mía, ¡están tan
profundas!
Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y
tantos pecados como se cometen en la Humanidad.
(Luz Amparo besa el suelo.)
Mi Corazón, hija mía, (sollozos) siente mucho dolor,
porque los hombres son ingratos, y no comprenden
que nuestros Corazones sufran; por eso, hija mía,
28
tienes que sufrir muchas pruebas morales y físicas.
LUZ AMPARO: Dame fuerza, Señor, dame fuerzas,
Señor. (Entre sollozos.) ¡Ay, Dios mío, yo quiero que me
des fortaleza, quiero reparar los pecados de los
hombres, pero soy muy débil muchas veces..., dame
humildad, Madre mía!
LA VIRGEN: Mira, hija mía, cómo sangra mi Corazón
lleno de dolor por los pecados de la Humanidad. ¡Ay,
aquéllos que os llamáis católicos y pensáis más en el
mundo y en los placeres del mundo que en agradar a
Dios vuestro Creador! No se puede servir a dos
señores; si estáis sirviendo al mundo y estáis, hijos
míos, cayendo en las pasiones, ¿cómo decís que servís
a Dios y lo amáis?; no podéis alcanzar la gracia, hijos
míos. ¡Ay, juventud, juventud, cómo os dejáis arrastrar
por el dragón de las siete cabezas! Despertad, hijos
míos, despertad a la fe y recibiréis la gracia. No os
ceguéis con la tiniebla de Satanás, hijos míos, y abrid
vuestros oídos.
Vuelve a besar el suelo, hija mía, por las almas
consagradas, para que sean fieles en su consagración.
(Luz Amparo besa el suelo.)
EL SEÑOR:
¡Hasta cuándo, hijos míos, la Divina Majestad de Dios
tiene que estar avisando a los pobres pecadores!
Cumplid mis leyes, hijos míos, que todo el que cumpla
mis leyes tendrá vida eterna. Todo el que acuda a este
lugar, que acuda con devoción; que muchos de
vosotros, de los que acudís a este lugar, hijos míos, os
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dedicáis a dividir a las almas. ¡Cuántas veces te he
dicho, hija mía, que el demonio divide y Dios une!
Donde haya división no hay paz. Amaos unos a otros.
LA VIRGEN: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os
bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos
para la consolación de los pobres moribundos y
enfermos.
Todos los objetos han sido bendecidos.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE MAYO DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN: Hija mía, como verás, vengo con el
corazón transido de dolor. Los hombres, hija mía, viven
en un desconcierto y creen vivir en un paraíso, hija mía,
para ellos los placeres, los vicios es un paraíso, hija mía;
los odios, los rencores, las envidias. ¿No ves, hija mía,
cómo enseñan a sus hijos, de generación en
generación, el odio, la guerra, la discordia; y muchos
de ellos, te repito, dicen amar a Dios, se sirven de las
Sagradas Escrituras para corromper el Evangelio y no
le dan sentido a la grandeza que hay en él, pierden
todo el sentido de la gracia. El Evangelio de Cristo es el
amor, la verdad, la vida, y entre ellos mismos, hija mía,
existe esa desunión, ese desamor, esa discordia y esa
guerra. ¡No es una pena, hija mía, que enseñen a sus
hijos el odio y el rencor de un pasado! ¡Cómo mi
30
Corazón no va a estar triste, hija mía! Y ¡cómo los
pastores de mi Iglesia, muchos de ellos, no creen en
que la Madre de Dios puede manifestarse a los
humanos! No ven la situación del mundo. ¿Estáis
ciegos, hijos míos?
El mundo está en un caos terrible. Donde Dios no está
no puede haber paraíso, hijos míos. ¡Cómo no va a
estar triste mi Corazón y cómo muchos de mis
sacerdotes no piensan que una Madre siente tristeza
en el corazón cuando ve que sus hijos van por el
camino de la perdición! Sí, hijos míos, sí, Yo me
manifiesto para recordar a los hombres que son
hermanos; que no sean enemigos y que vivan el
Evangelio. ¿Es que Dios no puede hacer lo que le
plazca, hijos míos? ¡Hasta dónde, mentes retorcidas,
sois capaces de meteros en los planes de Dios! Yo me
manifiesto a los pecadores para que vuelvan la mirada
hacia el Creador; y los hombres ingratos, cada día son
peores.
EL SEÑOR:
Ay, Iglesia mía, qué ultrajada eres, como es ultrajado
tu Fundador, a eso hace miles de años que me
manifesté en la Tierra, para recordar a los hombres la
verdad del Evangelio. Si los hombres cumpliesen las
leyes de Dios, no haría falta que la Madre de Dios
bajase a la Tierra a avisar a los hombres que cumplan
con la verdad y con la ley.
LA VIRGEN: ¡Ay, ingratos, ciegos! ¿No veis la situación
del mundo, hijos míos? ¿No veis que la juventud,
31
Satanás se está haciendo dueño de ella? ¿No veis que
las madres meten a sus hijos en esa libertad que es un
libertinaje donde cometen toda clase de pecados, hijos
míos? ¡Ay, madres y padres que no corregís a vuestros
hijos y no les enseñáis la verdad del Evangelio! No veis
el peligro que tienen vuestros hijos y, cuando queréis,
hijos míos, daros cuenta ya están perdidos. Enseñadles
la religión, hijos míos. Ya te digo muchas veces, hija mía,
que la religión es un freno para el alma. ¡Ay, almas que
sólo os ocupáis de que vuestros hijos vivan la vida! Así
terminan vuestros hijos, hijos míos, pensando que la
esperanza se acaba después de la muerte y ya no hay
otro fin nada más que éste, hijos míos. Sí, la esperanza
se acaba, pero la eternidad sigue, hijos míos; cuántos
ponéis vuestra esperanza en vanidades y caprichos
del mundo, en apegos humanos y cuando os
presentéis ante la divina majestad de Dios será terrible,
hijos míos, porque no habéis querido cumplir con sus
leyes y no os conocerá como vosotros no habéis
querido conocerlo. Y si algunos de vosotros queréis
conocerlo, tenéis que conocerlo tal como es, hijos míos,
no a vuestro capricho, a vuestro antojo, con vuestras
libertades. En esas libertades escogéis el camino de la
perdición. ¡Ay, padres que no sabéis educar a vuestros
hijos!, cuando lleguéis a presentaros ante todo un Dios
¿qué os responderá, hijos míos?, si vosotros sois
culpables de esa situación porque no habéis sabido
conducir a vuestros hijos a la verdad, al camino y a la
vida; los habéis dejado introducirse en la muerte y han
muerto para la eternidad celeste, hijos míos.
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Estos paraísos que se forman los hombres en la Tierra,
el que los rige, hijos míos, es el rey de la mentira, del
engaño, de la destrucción. Esto no es un paraíso, esto
es corrupción, mentira, destrucción, vanidad,
desunión, guerras, matanzas, pero, hijos míos ¿por qué
llega el hombre a esa situación? Porque el hombre se
queda ciego y no ve a Dios. ¿Cómo no va a estar triste
mi pobre Corazón? Y ¿cómo mis sacerdotes pueden
pensar que Yo, Madre de los pecadores, no vengo a
avisarlos, viendo su necedad, para que se conviertan?
¡Ay, necios quién sois vosotros para pensar lo que Dios
tiene que hacer, hijos míos! Dios se manifiesta a quien
quiere y cuando quiere y donde quiere para sacar
frutos de su manifestación. Pero qué poco humildes
sois, almas tan queridas por nuestros Corazones. ¿Por
qué estáis ciegos?, porque sois infieles y no veis la
gracia; porque vosotros también estáis materializados
y vivís más la materia que el espíritu; por eso, hijos
míos, os digo que no os quedéis sólo en la palabra, id a
la obra. Las palabras, a veces son muy bonitas, pero los
hechos son desastrosos, hijos míos. ¡Hasta cuándo,
hasta cuándo, hijos míos, os tienen que estar dando
avisos! Si vosotros, pastores de mi Iglesia, no predicáis
el Evangelio tal como es ¿cómo los hombres van a ver
la verdad? Muchos confunden el Evangelio porque no
habláis con claridad, hijos míos, muchos de vosotros;
sed claros y hablad la verdad.
Como te digo, hija mía, la verdad es cruda y les da
miedo de decir esa verdad: sólo dejan y hablan de la

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misericordia de Dios; por eso cada individuo quiere
gobernarse por sí mismo y quiere una libertad, porque
como Dios es misericordioso, hagan lo que hagan, Dios
aplicará su misericordia, según mis sacerdotes,
muchos de ellos. Pero ¿cómo, hijos míos, no enseñáis
dónde está el pecado y dónde está la virtud? Que veis
el pecado virtud y la virtud pecado. Sed claros, hijos
míos y suaves. Con claridad y con suavidad
conquistaréis muchas almas. Ya sabéis, hijos míos, que
el rebaño de Cristo está esparcido y cada día está más
desunido; ¿por qué, hijos míos? Porque no hay oración,
porque no hay sacrificio, porque cada uno queréis vivir
según vuestros gustos, sin que nadie os ponga unas
leyes, hijos míos. ¡Ay, de vosotros, hijos míos, si no sois
fieles al Evangelio y a la palabra que es la verdad! No
andéis con escondites, sino hablad claramente a los
hombres. Os entenderán mejor, hijos míos. ¡Qué falta
de amor hay entre los hombres, qué falta de
comprensión y de unidad!
Haced oración, hijos míos, acercaos al sacramento de
la penitencia, confesad vuestras culpas, para que
vuestras culpas sean absueltas, hijos míos. ¡Cuántos
decís que os confesáis directamente con Dios! ¡Ay, hijos
míos, que os da vergüenza que os conozcan como sois!
Id al sacerdote que son pastores de la Iglesia y tienen
la obligación y el deber de estar en el confesonario
para recibir a los pobres pecadores y confesad
vuestras culpas, hijos míos, para que vuestros pecados
sean perdonados. Tú, hija mía, sé humilde, haz oración

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y sacrificios por los pobres pecadores, hija mía. Y, ¡ay
de aquéllos que forman discordias y guerras! ¡Ay, de
aquellos que meten el odio a los pequeñuelos en su
corazón y les enseñan a odiar desde que tienen uso de
razón. ¡Ay, más les valiera no haber nacido, hijos míos!
Orad, orad hijos míos, la oración es un freno. Y amad a
los desvalidos. Y todos, hijos míos, levantad esta obra
para que vaya creciendo y podáis ir haciendo bien a la
Humanidad. De todos es la obra, hijos míos, porque
todos habéis recibido gracias muy especiales. Amad
mucho nuestros Corazones, que por muy pecadores
que seáis, hijos míos, si venís contritos y arrepentidos,
Yo os daré un abrazo de amistad, hijos míos.
Sí, hija mía, sí, los espíritus del mal están afectando la
Tierra; lo mismo al hombre que a la materia. ¡Cuántas
veces te he dicho, hija mía, que el hombre quiere
alcanzar a Dios con su inteligencia!; y lo que hace es
destruir parte y, poco a poco, a la Humanidad. Los
misterios de Dios nadie los comprenderá por muchos
sabios que indaguen y muchos que quieran meterse en
esos misterios; eso corresponde a la divina majestad
de Dios. Por muy cultos que seáis, hijos míos, y mucha
inteligencia que tengáis, si no la encamináis a la ley de
Dios y a su Evangelio, vuestra sabiduría y vuestra
inteligencia está en manos de Satanás, porque no la
dedicáis para el bien, la dedicáis para el mal. Así está
hoy la Humanidad, que cada uno quiere investigar las
altezas que hay en el cielo, destruyendo la Tierra. ¡Ay,
hijos míos, si sólo estáis en el Globo Terrestre para
35
amaros, trabajar y ganar el pan con el sudor de
vuestro rostro, hijos míos. ¿Por qué perdéis el tiempo
en cosas inútiles? Sí hija mía, mira las consecuencias
de los hombres.
LUZ AMPARO: ¡Ay, qué deformación! ... ¡Ay, los seres
humanos no parecen seres humanos. . . son como
fieras, como animales salvajes! .
LA VIRGEN: Así llegará el momento en que el Globo
Terrestre está rodeado con todos estos experimentos,
hija mía.
LUZ AMPARO: ¡Ay, ay qué horror... ay!
LA VIRGEN: El hombre no deja a la naturaleza llevar su
curso como Dios quiere; se mete en los planes divinos
y ésta es la consecuencia, hija mía.
LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío!
LA VIRGEN: Muchos seres humanos quisieran estar
muertos antes de ver esta situación, hijos míos. Para
que veáis cómo el hombre sin Dios no puede hacer
nada más que destrozos en el mundo. Si el hombre
está hecho a imagen y semejanza de Dios, ¿cómo
quiere el hombre cambiar lo que Dios ha creado?
Cuando esto suceda, los vivos envidiarán a los
muertos, hija mía; por eso pido oración, penitencia. El
hombre no se da cuenta de la situación del mundo y
del caos tan terrible que puede venir sobre la
Humanidad. Orad, hijos míos, para que los hombres
sean humildes y hagan la voluntad de Dios. Desde el
principio de la creación, el hombre no hizo la voluntad

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de Dios y por eso, hija mía, ha sido castigada la Tierra
tantas veces.
Oración pido y obediencia a la ley de Dios. Sed
humildes, hijos míos, y no vengáis sólo a curiosear sino
con intención de corazón limpia para que a vuestra
alma, hijos míos, llegue la gracia y los dones de Dios.
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos
con bendiciones especiales, para el día de las tinieblas.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por
medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 1 DE JUNIO DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
EL SEÑOR:
Hija mía, ¡cuánto sufren nuestros Corazones, sigo
repitiendo, porque los hombres no hacen caso a mis
palabras!; no se dan cuenta de la gravedad y de la
situación que hay en el mundo. Los hombres quieren
alcanzar al Creador, pero ¿de qué forma quieren
hacerlo, hija mía?, no cumpliendo las leyes que el
Creador ha impuesto para su salvación, sino
haciéndose ellos "creadores".
El hombre hace más caso a las palabras de los
hombres que a las palabras de Dios; su soberbia, hija
mía, les va a hacer destruir el planeta terrestre, hija
mía; quieren crear nuevas razas y lo que van a hacer
es crear fieras, para que desaparezca la raza humana.
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Nunca el hombre podrá ser creador de un ser humano
porque sólo Dios tiene poder para crear el alma que es
lo que hace racional al hombre. Un cuerpo sin alma no
es un ser racional, y el alma, hija mía, sólo la puede
crear el Creador increado. ¿Hasta dónde queréis
llegar, vosotros que os creéis sabios?, ¿hasta la
destrucción del planeta Tierra y de vuestras propias
almas?
El hombre no tiene entrañas, hija mía. El ser humano
va a unas velocidades hacia la destrucción. Orad
mucho, hijos míos, para que esas mentes que son
dirigidas por Satanás, destruya el Ángel de la Verdad
todos sus planes para la destrucción del Globo
Terrestre. Será horrible, hija mía, pero es que los
hombres están desnaturalizados, no piensan en Dios
Creador, en Dios Salvador, en el Dios Increado; se
piensan ellos mismos seres privilegiados para crear.
¡Hasta dónde y hasta cuándo, hijos míos, os voy a estar
avisando que no os metáis en los planes de Dios, hijos
míos, que nadie puede llegar a la sabiduría de Dios!,
porque Dios fue increado, existía antes de todos los
siglos, y Él es el que tenía poder para crear; pero
vosotros, que en vez de aprovechar vuestra sabiduría
en hacer el bien a los seres humanos, la aprovecháis
para convertiros en "creadores" de destrucciones.
El hombre está como las fieras; su corazón está
bloqueado; y no piensa, hija mía, en el ser humano, sino
cada día más se introducen en misterios ocultos que
no saben el mal que pueden causar a la Humanidad.
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Seguid las leyes de Dios, hijos míos, y no investiguéis
tantas cosas que pueden hacer daño a la Humanidad.
Razonad como seres humanos; no os creáis sabios y
poderosos. Sólo Dios es poderoso y sabio para crear.
Pero ¿qué queréis hacer vosotros del Mundo, hijos
míos? Orad mucho, porque será terrible si esto lo llega
a realizar el hombre. No perdáis el tiempo, hijos míos,
para destruir la raza humana. Ganad el tiempo para
salvar vuestras almas y para ayudar a los pobres y
necesitados.
¡Qué pena y qué falta de fe tienen los hombres! Dicen
que quieren construir cosas nuevas para hacer el bien
a la Humanidad, y lo que hacen es destruir esta
Humanidad que Dios creó para que participasen de su
divinidad. Todo lo quieren cambiar, hija mía. No ven los
pecados donde el pecado existe, ni la virtud; porque
Dios, para ellos no existe; porque se forman un Dios a
su manera y a su antojo; si no su soberbia no les
llevaría tan lejos, hija mía.
Vivid el Evangelio, hijos míos, y caminad por el camino
de la salvación. Amaos como hermanos y dejaos
conducir y escuchad mis palabras, hijos míos. Será
tremendo el caos que puede venir sobre la
Humanidad. Orad, todos juntos y pedid unos por otros,
que reine la caridad entre todos.
Y tú, hija mía, no te angusties porque los hombres no
tengan entrañas para hablar; piensa que los míos no la
tuvieron para Mí. ¡Cómo va a ser más el discípulo que
el Maestro, hija mía! No tengas ningún remordimiento,
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hija mía, porque tú has luchado para criar a tus hijos,
trabajando con el sudor de tu frente, para sacarlos
adelante, hija mía. Te he probado desde muy niña, y te
he enseñado el sufrimiento y el dolor. Nada te puede
afectar ahora, hija mía; ni las palabras ni las calumnias
de los seres sin entrañas, porque sólo un ser sin
corazón puede escribir esas palabras; por eso te digo,
hija mía, que ya estás acostumbrada a sufrir; luego que
no te quede ninguna herida en el corazón por esa
crueldad de los hombres. Tú has dicho a los hombres
las palabras que Yo te he comunicado, y sigue
repitiéndolas, hija mía, porque, ¡ay, madres, repito, que
introducís a vuestros hijos en los placeres del mundo
para darles libertinaje! ¿Qué va a ser de vosotras? Y ¡ay
padres, que no los sabéis educar en el santo temor de
Dios!; y que no tenéis excusa, porque muchos de
vosotros no podéis luego excusaros de que no teníais
tiempo, de que teníais que trabajar. No, hijos míos,
preferís que vuestros hijos se pierdan en el mundo
estudiando grandes carreras, y se os olvida lo más
importante: la palabra de Dios, hijos míos.
Tú, hija mía, nadie te enseñó la palabra y te di un
marido enfermo y siete hijos para mi Gloria y tuviste,
hija mía, que trabajar mucho para sacar a tus hijos
adelante. Si entre ellos siempre hay una oveja que se
desvía, pero tú no te encuentres responsable, hija mía,
porque tú has estado pendiente de ellos y no hagas
caso a las palabras crueles de esas almas sin corazón.
No seas tan sensible, sé fuerte. La santidad no es débil,

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tiene que tener fortaleza para aceptar todo lo que
venga de la mano de Dios y de los hombres; Yo lo
permito, hija mía. Y piensa que Satanás destruye, no
construye, hija mía; y tú intentas construir, no destruir.
Todo está claro, hija mía, y todo se puede ver a la luz;
pero a veces donde menos te figuras, hija mía, hay un
"judas" que te vende, te traiciona.
Orad mucho, hijos míos, y pide por esas almas tan
necesitadas de la gracia. Yo doy la gracia, hija mía,
pero mira lo que hacen con ella: pisotearla, muchas
almas. Yo amo a los que son fieles pero rechazo la
infidelidad de las almas. Amo la nobleza y rechazo los
dobleces. El alma que tiene dobleces, hija mía, no tiene
limpieza de corazón, siempre tendrá discordias y
guerras fuera y dentro de sus hogares. ¿No he dado
bastante, hija mía? Pero ¿cuántas almas tenían que
estar día y noche, de rodillas dando gracias, por tantas
gracias que se les ha dado? y mira qué reacciones
tienen ante la corrección, ante las palabras y ante la
verdad. Yo odio la hipocresía; los soberbios y los que no
son limpios de corazón los desprecio porque son
hipócritas fariseos. ¿Quién me vendió a Mí, hija mía? el
que más cerca estaba. ¿Cuáles fueron los que me
llamaban Belcebú y se asustaban porque... (ah, dice
Luz Amparo), sí, mira esas escenas, hija mía; . . . porque
hacía la caridad en sábados. Mira qué insultos... Mira,
hija mía, lo que Yo recibí. La caridad no tiene día: todos
los días son buenos para aplicar la caridad.
Hija mía, sabes que todo el que ama a Dios con todo su
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corazón es perseguido y calumniado. Refúgiate en
nuestros Corazones y no desfallezcas, sino con aliento
de águila, hija mía, un día darás un vuelo muy alto
donde te encuentres con tu Creador. Vale la pena
sufrir porque son los que te siembran el camino de la
salvación. Te pido mucha humildad, hija mía, y mucha
fortaleza, pues sabes que tu felicidad no está aquí
abajo; está arriba, hija mía.
LA VIRGEN: Acudid a este lugar, hijos míos, que
recibiréis gracias muy especiales para vuestra
salvación. ¡Qué ingratos sois, aquéllos que habéis
recibido gracias para salvar las almas de vuestros
seres queridos y no sabéis corresponder a la gracia!
¡Qué pena me dais, hijos míos! Amaos como hermanos
y estad unidos siempre en el amor, como Cristo vino a
enseñar a los hombres.
Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y
tantas ofensas como se cometen contra Dios el
Creador.
Levantad todos los objetos. Todos los objetos serán
bendecidos para la conversión de los pobres
pecadores.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por
medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 6 DE JULIO DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
42
EL SEÑOR:
Hijos míos, quiero que todos pertenezcáis al mismo
rebaño. Yo, fundador de mi Iglesia, instituí el
sacramento con mi Cuerpo y mi Sangre, para que
todos los hombres tuvieseis vida eterna, hijos míos.
También os dejé, hijos míos, unos sacerdotes para que
os instruyan en la vida temporal. Os dejé manantiales
divinos para que el hombre se acerque a ellos y se unja
con las gracias que hay en esos manantiales y todo su
ser quedara ungido de la gracia divina. ¡Qué pocos
operarios hay, hijos míos, y cuánta mies!
Los hombres, hija mía, han convertido el mundo en
destrucción y en corrupción. ¡Cuántas veces, la divina
majestad de Dios tiene que avisar a los mortales!; pero
los hombres cierran sus oídos, y los pecados, cada día,
son mayores. Los hombres son ingratos, hija mía. ¡Qué
crueldad, no les importa el espectáculo de mi Cruz!;
cada día se meten más en los placeres y en los vicios.
¿En qué han convertido, hija mía, esta Humanidad?
Más que seres humanos, hija mía, te lo repito muchas
veces, actúan como fieras. El hombre no deja de
cometer crímenes; la madre de matar a sus propios
hijos dentro de sus entrañas. ¡Hasta dónde, hijos míos,
hasta dónde vais a llegar!
En el mundo no hay amor. El amor lo convierten en
pasión. ¡Ay, ingratos, mirad, vuestros pecados son la
causa de la muerte de todo un Dios! Sí, hijos míos, Yo di
mi vida por los hombres, derramé mi sangre para que
ellos tuvieran vida eterna. ¡Qué habéis hecho, hijos
43
míos, de mi pasión y de mi muerte!: desprecio, mofa.
¡Hasta dónde el hombre es capaz de comportarse
como una fiera! El hombre no tiene sentimientos, hija
mía, por eso actúa de esta manera; y es que Dios ha
desaparecido, hija mía, de los hogares; de la mayoría
de los conventos. Y muchos me quieren echar de mi
Iglesia; pero Yo fui el fundador de ella y nadie podrá
echarme. Su ingratitud es, cada día, mayor. Los
hombres no tienen o no quieren tener noción del
pecado, hijos míos.
LA VIRGEN: ¡Pobres almas! ¡Qué triste está mi Corazón
viendo que los hombres, cada día, hija mía, se
introducen más en el pecado de la carne; las
impurezas ofenden mucho mi Corazón! ¡Ay, hijos míos,
no le dais importancia al pecado de la carne, pero mira,
hija mía cómo el rey de la lujuria lo lleva en triunfo!
(Entre sollozos). Sí, hija mía, los hombres con los
hombres, las mujeres con las mujeres, ya el hombre no
distingue el sexo, hija mía, le da igual, estamos llegando
como Sodoma y Gomorra. ¡Cuánto ofenden mi
Corazón Inmaculado los pecados de la carne, hija mía!
Mi Corazón está entristecido porque casi nadie le da
importancia a ese pecado tan grave, hija mía. Mira
desde ese pecado dónde los conduce Satanás, a los
demás pecados, hija mía.
Orad, hijos míos y haced penitencia. Y los padres,
ocupaos de vuestros hijos. Y que vuestros hijos estén
recogidos en vuestros hogares, hijos míos. ¿No veis que
Satanás quiere arrastrar a la juventud a la perdición -
44
la mayor parte del mundo, el Demonio se ha
apoderado ya de ella-, al alcohol, a las drogas, a los
placeres de la carne, hija mía? Están tibios; los ha
dejado aletargados, por eso el hombre se ha quedado
sin luz, está ciego y no puede ver la belleza de Dios.
Convertíos y arrepentíos, hijos míos, y no ofendáis más
a Dios que está muy gravemente ofendido, y no clavéis
más espinas en mi Inmaculado Corazón. El pecado de
impureza ofende mucho mi Corazón, hijos míos.
Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y
tantos pecados como se cometen de impureza. Así
está el mundo, hija mía, en tinieblas, porque mi Hijo es
la Luz y Yo soy la que trajo la Luz al mundo. Pobres
pecadores, hija mía. No hacen caso los hombres ni al
Evangelio ni a mis palabras. Los hombres están vacíos
porque no tienen a Dios, hija mía. Los matrimonios, hija
mía, no se aman con amor sincero y verdadero; la
mayoría, existe un egoísmo entre ellos. Las familias se
destruyen por esa falta de amor que hay en las casas,
hija mía. Ora mucho, hija mía, y no te angustie la
difamación ni la calumnia. El que abre su fosa, en ella
caerá, hija mía. El que te clave una espada, en su
corazón revertirá. Yo haré que beban de la misma
amargura, hija mía. Repara y ora. Ocúpate de los
pobres pecadores y nada te angustie, hija mía. Yo soy
el Consuelo de los afligidos. Nunca te separes de mi
Corazón, hija mía. Sé humilde, con humildad
conseguirás todo.
Acudid a este lugar que muchos de vosotros habéis
45
sido sellados con el sello del Espíritu Santo, hijos míos,
no lo perdáis, que Satanás está para destruir. Acercaos
al sacramento de la confesión, hijos míos, y de la
Eucaristía. Amad mucho a la Iglesia; amadla con todo
vuestro corazón y amad a Dios, vuestro Creador, con
vuestros cinco sentidos y con todas vuestras fuerzas,
hijos míos. Todos los que sois perseguidos y
calumniados, un día tendréis una recompensa en la
Eternidad. Retiraos de los que os halaguen; aquéllos no
os siembran el camino de la salvación, hijos míos. Si Yo
estoy con vosotros, ¿por qué teméis?
LUZ AMPARO: Ay, Madre mía, perdóname, que
muchas veces soy muy impaciente, no soy humilde,
Madre mía, hazme humilde. Y me enojo cuando me
difaman o cuando me calumnian. Yo quiero sentir
alegría cuando me pase todo eso. Ayúdame, Madre
mía.
LA VIRGEN: Hija mía, no se entristezca tu corazón. Mi
Hijo fue difamado y calumniado y perseguido. Nada te
turbe, hija mía. Refúgiate en nuestros Corazones. Vas
a quitar tres espinas de él. ¿Ves cómo vale la pena el
sufrimiento y el dolor, hija mía? Claro que tiene valor.
¿Cómo los hombres lo han olvidado? Esto te alegrará,
hija mía (Luz Amparo por tres veces extrae con el
índice y pulgar de la mano derecha y deja caer una
espina del Corazón de la Virgen). Vas a escribir cinco
nombres en el Libro de la Vida; también, en premio al
dolor y al sufrimiento. (Luz Amparo coge de igual modo
algo del aire, escribe cada nombre de un solo trazo de
46
derecha a izquierda y vuelve a dejar el objeto). Estos
nombres no se borrarán jamás, hija mía.
Sacrificio y penitencia pido, oración. Amaos los unos a
los otros, y no os avergoncéis, hijos míos, de pertenecer
a esta Obra.
Hoy es una bendición especial del Espíritu Santo a
todos los objetos para la conversión de los pobres
pecadores. Levantad todos los objetos...
Todos han sido bendecidos con una bendición muy
especial.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por
medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 3 DE AGOSTO DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
EL SEÑOR:
Sí, hija mía, Yo soy el que sufre. Yo soy el Omnipotente.
Yo soy el dador, el que da la vida. Yo soy el Verbo divino,
al cual mi Padre me dio atributos, para enseñar a los
hombres la palabra. Yo me arropé con el ropaje de los
hombres para hacerme amigo de ellos, para ser amigo
de los hombres, consolador de los afligidos, dador de
vida. Yo soy la Luz, el que sufre, pero no se va porque
sufre; siempre estoy presente, hija mía. Aquí me quedé
hasta el fin de los siglos, para comunicar a los hombres
que soy el centro de su vida, que soy la Luz que los
alumbra; pero ellos se empeñan en buscar la tiniebla,
47
hijos míos.
Así, hija mía, dejé el Cielo para darles todo y cómo me
desprecian. El hombre se ha olvidado de Mí, ha perdido
la razón y, al perder la razón, hija mía, se ha metido en
la tiniebla, donde no ve la luz y está a oscuras, hija mía.
Yo vine a poner manantiales divinos y cristalinos, para
limpiar su alma y ellos beben en charcos
contaminados de la tierra. Yo vine, y me hice pastor
para recoger mi grey, para reunir mi rebaño, y mandé
a mis pastores para que se ocupasen de él. Yo les dejé
que me condujesen en sus manos, en el Sacramento
de la Eucaristía, para alimentar a los hombres y
fortalecerlos. Pero el hombre ¿qué ha hecho de todo
esto, hija mía?; no busca nada más que espectáculo,
placer, vanidad.
El hombre se ha quedado sin gracia, y, al quedarse sin
gracia, hija mía, no encuentra a Dios; por eso Dios no
reina en las familias, en los conventos, en las naciones;
porque el hombre no piensa nada más que en el
hombre. El hombre piensa en sí mismo, en sus
negocios. El hombre hoy no es un cristiano, es un
asalariado. El hombre no tiene paz, porque no busca a
Dios; busca negociar, busca montar empresas. Mira,
hija mía, cómo van de acá para allá, han perdido la
razón; por eso, al perder la razón, el hombre no busca
a Dios, se busca a sí mismo. ¡Ay, hombres de poca fe,
cómo podéis pensar que el Creador, que está por
encima de todas las creaturas, os está vigilando y con
los brazos extendidos os llama, hijos míos! Pero
48
vosotros habéis hecho, de la misericordia de Dios,
pecado; porque, hijos míos, mi misericordia la empleé
para vosotros. ¡Cómo, hijos míos, no tenéis compasión
de mi pobre Corazón, que abandonó su patria para
juntarse a la vuestra y para vivir con vosotros, para que
un día todos estuvieseis junto a Mí! Yo soy la Palabra
hecha carne y me quedé para enseñaros y habéis
olvidado, hijos míos, que bajé a la tierra y os dejé un
Evangelio escrito para vuestra santificación; y no bajé
a gozar, hijos míos, bajé a sufrir al hacerme hombre...
LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, Dios mío!
EL SEÑOR:
...en las entrañas de una virgen. No tuve ningún colegio
ni ningún maestro, hijos míos, pues Yo era el Maestro
de todos los hombres y así os demostré, dejándoos
escrito unas leyes para que caminaseis por caminos
rectos y seguros. Y os digo y os dije: "Venid a Mí todos
los que estáis cargados y agobiados que Yo os aliviaré";
pero ni mi misericordia, hijos míos, queréis aceptarla.
¡Cómo queréis deformar la misericordia de Dios, hijos
míos! Con vuestra incredulidad, con vuestra falta de fe,
¡hasta dónde vais a llegar!
¡Ay criaturas corruptas, que no queréis lavar vuestros
pecados en la fuente de la vida! ¡Ay de vosotros, que
andáis sucios y queréis hacer ver en el exterior que
estáis sin mancha y limpios! ¿No sabéis que a los
hombres los engañáis, pero que a Dios no lo podéis
engañar, hijos míos? Lavaos y dejad los charcos
cenagosos y lavaos en las fuentes divinas, que Yo dejé
49
para todos vosotros. El hombre ha perdido la fe, y, sin
fe, se ha quedado ciego.
¡Ay pastores de mi Iglesia, trabajad, que tenéis muchos
rebaños que reunir! Y no perdáis el tiempo en cosas
vanas, hijos míos, y no estéis tan materializados. Vivid
para los pobres y con los pobres y reunid a todos los
pecadores, hijos míos, y ocupaos de sus almas. No
perdáis el tiempo en acumular para vosotros, porque
cada uno trabaja para sí mismo, sin acordarse de los
que sufren y de los que padecen. ¡Ay de vosotros, hijos
míos, que habéis torcido el camino, hasta cuándo
pensáis que se os va a estar dando avisos! Mi copa está
llena, hijos míos, y estoy sosteniendo que oigáis el
trueno.
Acercaos a los sacramentos pero con propósito de
enmienda, hijos míos. Haced penitencia, haced
oración, hijos míos. Acudid a este lugar, que vuestras
frentes quedarán selladas y vuestra debilidad quedará
fortalecida. Pero no habrá más excusas, hijos míos;
porque más palabras, más consejos y más repetición
de que viváis el Evangelio, de que los sacerdotes se
dediquen a sus ministerios y se retiren del mundo
donde son contagiados de impurezas... ¡Ay pastores de
mi Iglesia, cuánto bien podríais hacer a las almas, si
todos juntos os dedicaseis a toda esa grey que hay por
ahi perdida!
LA VIRGEN: ¡Qué tristeza sienten nuestros Corazones,
porque el mundo camina cada día más hacia la
corrupción, hacia el desastre! El hombre camina sin
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Dios, y, sin Dios, no andará por el camino derecho.
Orad y acercaos a los sacramentos, hijos míos.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos
con bendiciones especiales, para los pobres
pecadores.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por
medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE SEPTIEMBRE DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
EL SEÑOR:
Hija mía, hoy vengo a consolarte Yo. Tantas veces me
has consolado mi Corazón, que hoy quiero consolar el
tuyo, hija mía. Sabes que te dejé la cruz al desnudo, hija
mía; en el último mensaje te lo dije: "Te quedas con la
cruz, hija mía"; te la dejé para revestirla, revestirla de
un crucificado. Te faltaba participar en mi pasión con
mi Madre y conmigo ese dolor. Ya se ha consumado
ese dolor también, hija mía. Ya sabes lo que siente una
madre al pie de una cruz.
LA VIRGEN: Tu hijo está en un lugar seguro, sabes que
te lo prometí, que su alma la cogería. Dentro de poco
te enseñaré en el lugar tan bello que está.
LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, Madre mía! ¡Ay, Madre mía!,
¡ay!...
LA VIRGEN: Sí, hija mía, la pena también la sufrí Yo. Los

51
hombres no lo comprenden. Una cosa es que se alegre
tu espíritu y otra cosa es que tengas pena, hija mía. A
mí no me evitó Dios la pena, también la pasé al pie de
la cruz. Pero lo he cogido Yo y está bajo mi tutela, hija
mía. No pienses nunca que tu hijo ha podido ir a ningún
lugar tenebroso, hija mía.
JESÚS BARDERAS:
¡Mamá, mamá! Estoy más seguro que en la Tierra,
mamá. Es un destierro solamente, he comprendido al
llegar aquí, mamá. He creído, mamá, en todo, pero he
sido débil y he estado rodeado de muchos demonios
que no me dejaban, ni uno ni otro. Así está la Tierra,
mamá, llena de demonios que no dejan a los hombres
seguir el camino de Dios. No sufras, has sido una buena
madre. No sufráis por mí; estoy en un lugar muy bello,
y quiero que lo alcancéis vosotros también. Enseñad a
la niña el camino de esta salvación; que no tenga un
camino sin retorno, que tenga un camino de salvación
y de gloria. ¡Ay, qué felicidad se siente! Ya se me han
ido las angustias y los tormentos. No sufras, mamá.
Gracias a todos los que han rezado una oración por mi
alma. Pero María estuvo conmigo y la cogió antes de
caer; Ella la sacó de dentro de mí. No sufras, mamá, ni
sufráis por mí. Estad contentos, que he llegado a un
lugar bello y seguro. Luchad vosotros para llegar a él
también. La angustia se me ha convertido en
tranquilidad y felicidad. Aquí tengo sosiego y alegría.
Aquí, a donde están los ángeles y todos los que han
sufrido. Rezad por todos lo que no tienen quien rece.
52
Hay muchas almas que no reza nadie una oración por
ellos. Partid mis oraciones para estas pobres almas.
Cuando recéis por mí, pedid por ellas. Tranquilizaos,
mamá, un día verás donde estoy, qué lugar más bello.
Adiós mamá, adiós seres queridos míos.
LA VIRGEN: ¿Cómo pensabas, hija mía, que Yo iba a
abandonar tu sufrimiento, tu dolor y todas las almas
que han llegado a este lugar gracias a tu oración, a tu
sacrificio? Cómo iba Yo a permitir que un alma tan
querida tuya... Ya te lo dije, hija mía, antes de suceder,
que su alma no sería dañada aunque fuese dañado su
cuerpo.
LUZ AMPARO: ¡Gracias Dios mío, gracias! Aunque
sienta la pena en mi alma, pero gracias.
LA VIRGEN: Sólo os separa el destierro éste, hija mía,
pero será corto este destierro. Pido a todos los
hombres que se conserven en la fe fuertes, y todos
aquellos que están separados y han tenido fe que
vuelvan a unirse al vínculo de la fe. Tened una fe firme,
hijos míos, y una caridad ardiente. Bendecid mi
nombre, hijos míos, que todo el que bendiga mi nombre
serán bendecidos sus labios. Sed buenos cristianos, no
sólo, hijos míos, aparentéis serlo. Muchos frecuentáis la
iglesia en cuerpo, pero no lo frecuentáis en corazón.
Hijos míos, aquellos que sólo frecuentan la iglesia en
cuerpo están unidos a Satanás; los ha engañado y los
conduce por el camino de la perdición y de la mentira.
Yo quiero que estéis unidos en cuerpo y corazón.
Bendecid mi Nombre, hijos míos. Todos los habitantes
53
de la tierra, que bendigan mi Nombre. Predicad el
Evangelio, hijos míos.
EL SEÑOR:
¡Ay, sacerdotes míos, queridos, que no os dedicáis a
inculcar a las almas a vivir en la gracia y a cumplir mis
leyes! Cuánta mies hay para recoger, y qué tibieza
tenéis hijos míos, muchos de vosotros! Despertad de
ese letargo y trabajad por las almas, hijos míos. No os
dediquéis sólo a la función del mundo, que el mundo
tiene un veneno que, el que entra en él, el demonio no
lo deja escapar. Hijos míos, sed pastores de todas esas
almas que están perdidas; recuperadlas y llevadlas a
las fuentes de agua viva. ¡Qué pena, hijos míos, que mis
templos están cerrados todo el día y mis sacerdotes se
dedican más a funcionar en el mundo que a ser
pastores de mi Iglesia! Quiero que reunáis a todas esas
almas que están separadas del rebaño y las unáis al
rebaño; que hay un solo rebaño con un solo pastor, que
es el sucesor de Pedro.
Enseñadles a todas las iglesias y a todas las religiones,
que se unan a vosotros, hijos míos, pues la Iglesia fue
fundada por Jesucristo, y fue Pedro el que se quedó
como representante de ella. Que todos se unan a la
cátedra de Pedro. Que vengan de donde vengan, del
norte, del sur, del este, del oeste, todos serán recibidos
en ella, pero que no se queden engañados, hija mía.
Mira, cómo Lutero engañó a montones y montones de
almas, y mira dónde las arrastró.
LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, Dios mío!, ¡ay, Dios mío!, ¡ay, Dios
54
mío!, ¡ay, Dios mío!... ¡ay, Dios mío!, ¡ay,... ay,... ay,
cuántas!, ¡ay, cuántas!
EL SEÑOR:
Todas se dejaron arrastrar por él. ¡Ay, pastores de mi
Iglesia sed firmes y fuertes, que hay mucho trabajo en
ella! Trabajad y no os quedéis tibios, que el tibio se
queda sin fuerza y no trabaja para Dios, trabaja para
el mundo, para sus gustos y placeres. Sed firmes,
pastores, que nuestros Corazones os aman; volved al
camino de vuestro ministerio, con firmeza y con
fortaleza, enseñad a las almas la verdad, hijos míos.
Los hombres viven en la mentira; se comen la mitad del
Evangelio. A los hombres hay que enseñarles la verdad
del Evangelio. No seáis cobardes, hijos míos; dejad el
mundo, dejad la carne, las pasiones y cada uno vivid
en gracia y no convirtáis ni os convirtáis como en
Sodoma y Gomorra, como la Roma pagana. ¡Ay, hijos
míos, por eso dice mi Evangelio que muchos serán los
llamados y pocos los escogidos! Adoráis al hombre, y
ultrajáis a Dios.
Sed buenos cristianos, hijos míos, formad comunidad
como buenos cristianos. Si pensarais un poquito, hijos
míos, que es temporal lo que estáis en la Tierra, que
hay una eternidad y que vale más que el tiempo. Hijos
míos, sed firmes y uníos a estas ramas, hijos míos, que
aquí está la raíz; donde he pedido que se forme
comunidad y se ame a los pobres y necesitados. Haced
oración y apostolado, pero no olvidéis la obra hacia el
necesitado; la palabra sin obra no sirve ante Dios, hijos
55
míos. Orad, haced penitencia y amaos los unos a los
otros. En el mundo hay una falta de amor que es lo que
destruye a la Humanidad. El amor que tienen los
hombres es egoísta, es pasional. El amor de Dios no es
pasión, es entrega hacia los demás, sin esperar a
cambio nada, hijos míos. Sed fuertes, y acudid a este
lugar, que todos seréis bendecidos y sellados pues el
demonio está sellando frentes.
LA VIRGEN: Cuidado, hijos míos, que hay muchos
videntes falsos que os dicen que ya estáis salvados,
que sois escogidos. Para entrar en el Cielo hay que ir
de la Tierra con un cheque de sacrificios y de dolor, y
el dolor se acabará en la puerta del Cielo. Montones y
montones de cruces se quedan en la puerta para
entrar a la Gloria de la Resurrección. Tened caridad
ardiente y amaos unos a otros, y no os apeguéis a las
cosas, al dinero, a las herencias, hijos míos. Cuántos
dicen amar a Dios y están guardando en los graneros
sus herencias para el mañana. No pensáis dónde vino
Cristo a nacer y a morir. Así es el buen cristiano:
viviendo como vivió Cristo. No puede llamarse cristiano
aquél que piensa en sí mismo y en el mañana y no se
acuerda del que sufre y del que padece. Orad por los
pobres pecadores, hijos míos; rezad por ellos.
Y tú, hija mía, consuélate; piensa que un día no lejano
vendrás y estarás con él y con los demás
bienaventurados. Todos los que sufrís por él, rezad y
orad por esas pobres almas que no tienen quien sufra
ni quien ore por ellas.
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Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y
tantos pecados como se cometen en el mundo.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos
con bendiciones especiales.
Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice,
por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 5 DE OCTUBRE DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
EL SEÑOR:
Hija mía, ya sé que tu dolor sigue vivo en tu corazón.
Piensa, hija mía, que estás aquí para sufrir, no para
gozar, sino para colaborar conmigo. Cuando Yo me
manifesté ante ti, hija mía, ¿qué respuesta diste a mis
palabras, cuando decías no lo puedo soportar, qué es
esto, qué es esto, este dolor tan inmenso? Mi respuesta
fue, hija mía: "Esto es la Pasión de Cristo", Y te
pregunté: "¿La aceptas, hija mía?", Y tú me respondiste:
"No sé, Señor, con tu ayuda lo soportaré". Pues así hija
mía, como tú me respondiste a Mí, yo te dije, hija mía:
"Con tu dolor se puede salvar un número de almas", Y
tú me respondiste: "Señor, ayúdame". Pues para
ayudarte, hija mía, y para que tú me ayudes a Mí, tengo
que ir modelándote y dándote golpes, hija mía. Esta
vez el golpe ha sido más duro. Esta vez ha sido un
camino de dolor y de amargura, pero, hija mía, cuando
te ofrecí la Cruz, te dije que la Cruz era muy dolorosa;
57
porque en ella redimí Yo al mundo. Pues así es como
modelo a las almas, con golpes. Primero las voy
degolpeando despacito, para acostumbrarlas a los
golpes duros, Este es el mayor golpe que has sentido,
hija mía, pero Satanás no ha podido cumplir sus planes,
A Satanás lo he reducido a cenizas y, al fin, hemos
triunfado. Porque, hija mía, este dolor y esta angustia,
sé que es muy duro, hija mía, decírtelo, pero, es la
redención y la salvación de tu hijo, hija mía. Tu dolor es
más agudo que el de otras madres, hija mía, porque Yo
he perfeccionado tu amor; no está desfigurado, por
eso tu dolor es más fuerte, y tu angustia más profunda;
pero Yo también sentí el dolor de mi Madre.
LA VIRGEN: Sí, hija mía, Mi Corazón se traspasó de
dolor cuando en mis brazos pusieron a mi Hijo,
desgarrado, ensangrentado. Mi Corazón se traspasó
por un dolor tan inmenso, hija mía, que no sólo me duró
ese día, sino que me quedó para toda la vida, por eso
soy la Virgen Dolorosa, hija mía. No comprendo cómo
las madres pueden matar a sus hijos dentro de sus
entrañas; cómo las madres pueden rechazar a ese ser
que lo alimentan de su propia sangre. Sí, hija mía, es un
dolor inmenso el que siente tu corazón, pero, hija mía,
para sacar buen fruto, hay que abonar la tierra con
dolor, con sacrificios, y regarla con lágrimas. Así me
quedé Yo cuando murió mi Hijo. De mis ojos brotaban
las lágrimas en abundancia y regué la tierra, para que
los hombres supiesen entender el dolor de mi Corazón
y a lo que vino mi Hijo al mundo, a redimirlos; pero ¿qué

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hacen los hombres? Se olvidan del dolor, de la Cruz, de
la Pasión, del sufrimiento. Ese es el mayor dolor: que
los hombres no se comportan como seres humanos, a
veces, se comportan como fieras, hija mía, porque un
ser humano no es capaz de derramar la sangre de otro
ser humano. Mira, hija mía, mira qué dolor.
LUZ AMPARO: (Llora amargamente.) ¡Ay, hijo mío! ¡Ay,
qué crueles!...
LA VIRGEN: No quiero evitarte ese dolor que pasé Yo
también, hija mía, pero quiero sellar tus labios y que
sea la divina justicia de Dios la que los juzgue,
(Luz Amparo continúa con su llanto y aflicción).
LA VIRGEN: Hija mía, sella tus labios hasta la muerte,
Dios los juzgará.
(Luz Amparo llora con profundos y doloridos gemidos
ante las escenas de la muerte de su hijo.)
JESÚS BARDERAS: Mamá, sufrí mucho, pero fueron
segundos. Mira dónde estoy: entre la Reina del Cielo,
una Señora tierna, muy tierna, que me cogió bajo su
amparo, y me protegió: aunque participé también del
dolor y de la amargura, pero perdónalos, mamá. Ahora
es cuando he conocido la incomprensión de los
hombres,... (Luz Amparo prosigue con sus
entrecortados gemidos.) Ahora, mamá, el seguir a
Dios, les ha costado a muchos la vida. Una venganza
terrible, mamá, por el solo hecho de ser tu hijo, pero
mira qué gozo y qué felicidad. Estoy entre la ternura y
las manos de la Señora más bella, la Reina del Cielo y

59
de la Tierra. Mira qué lugar; mamá, mira.
No sufráis por mí, porque esta Señora tan bella, que
tantas veces tú hablabas, mamá, me ha comprendido,
y mi alma ha estado en sus manos, como en las manos
de mi Creador. Aquí lo comprendo todo, mamá, los
misterios que no comprendía en la Tierra; y a todos os
comprendo también (sollozos), aunque llores mi
ausencia, un día todos estaremos juntos. Soy muy feliz.
Ya no huyo de la persecución, mamá, de la
incomprensión de los hombres. Aquí me han sabido
comprender y entender, y los hombres no seguirán
atormentándome ni despreciándome. Aunque los
hombres no lo crean.
LA VIRGEN: Mira hija mía, cuántas almas se pueden
salvar por la oración y por la penitencia y el sacrificio.
JESÚS BARDERAS: Pedid por ellas, mamá. Muchos
pobrecitos, no tienen quién rece ni una oracron
pequeña por ellos, pedid. Mira, mamá, estos son mis
verdaderos amigos, mis verdaderos hermanos, no
todos los demonios que rodean el globo terrestre.
LUZ AMPARO: ¡Ay... hijo mío!... ¡Ay... qué belleza!, ¡Ay!...
¡La belleza del alma!
JESÚS BARDERAS: He pasado por un lugar un poco
tenebroso, pero, sin embargo, más eran mis culpas y
las ofensas que cometí contra mi Creador; pero el
Todopoderoso es tan misericordioso que, por el hecho
de salvar tú tantas almas. . . que muchas las
reconocerás agur..

60
Sí, unas tienen la misión de consolar, de ángeles
consoladores. Mira esta hermana qué bella, también
fue mi ángel consolador en esos momentos. Y tantos, y
tantos ángeles como hay, mira, en todo este lugar, al
lado de esta gran Señora. Sacrificaos y cumplid con los
Mandamientos, practicad los Sacramentos, y un día
nos juntaremos todos; y aquí está la verdadera
felicidad, no en la Tierra donde todo ha sido angustia,
persecución, tristeza, desprecios; pero esta tierna
Señora, con estas manos puras y bellas, mira, cómo
unge mi cabeza. (Luz Amparo solloza.) Ya me llevan a
este bello lugar.
LUZ AMPARO: ¡Hijo mío!...
JESÚS BARDERAS: Yo intercederé por todos vosotros.
(Se oyen los gemidos de Luz Amparo.) Sed fuertes y
amad mucho al Creador.
LA VIRGEN: Creed hijos míos, creed en la Divina
Majestad de Dios.
JESÚS BARDERAS: Y vosotros todos, hermanos, no
estéis tristes, estad alegres, aunque la ausencia
siempre es triste; pero ¡de cuánto dolor me he liberado!
Aquí estoy, mamá. (Luz Amparo sigue llorando.) Orad
por todas esas almas que no les llega ni una
oracioncita, para que lleguen a este lugar. Gracias por
todos los que rezáis por mí, porque yo aplicaré también
mi comunicación hacia los que lo necesitan. ¡Adiós,
mamá! ¡Adiós, hermanos!
LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío, qué grandeza! ¿Cuándo

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me vas a llevar a mí, Dios mío, cuándo?... ¡Ay!... ¿Me
queda mucho, Señor?... ¡Ay, qué gozo Señor!... ¡Ay!...
Pero yo haré tu voluntad, tenme aquí hasta que
quieras, si con ello puedo salvar almas. ¡Soy tan
miserable y tan poca cosa! . . . Señor, que se haga tu
voluntad.
LA VIRGEN: Hija mía, ¡cuánta corrupción hay en el
mundo!, los hombres no creen en Dios, y los que dicen
creer, se están enfriando, ¡Como los hombres no
vuelvan la vista hacia Dios su Creador!... No quieren oír
de castigos, no quieren oír de catástrofes, pero, sin
embargo, el pecado no le dan importancia, y el pecado
se extiende y aumenta como la levadura. A todos los
que llegan a este lugar, recibirán gracias muy
especiales para su salvación.
EL SEÑOR:
Sí, hijos míos, estáis faltos de doctrina, de una doctrina
verdadera.
Pastores de mi Iglesia, os pido y grítalo, hija mía,
aunque se hagan los sordos, que prediquen la doctrina
con la verdad del Evangelio. Que las almas están
necesitadas, están sedientas de que se les hable las
verdades de Cristo. Que Dios está siendo muy
misericordioso con la Humanidad, pero puede
desencadenarse de un momento a otro una gran
catástrofe, donde los buenos, que se llaman buenos,
morirán junto a los malos; porque ni son tan buenos los
buenos, ni los malos quieren ser buenos.
Formad comunidades, donde Dios reina; con defectos,
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hijos míos, y con flaquezas. Amaos unos a otros y vivid
como buenos cristianos. Amad a la Iglesia, amad al
Vicario de Cristo y bebed de las fuentes que hay en la
Iglesia, y dejaos ungir por el Espíritu Santo, que
muchos ni siquiera han recibido esa gracia de ser
ungidos por el bautismo. ¡Torpes! Pero ¡qué va a ser de
vosotros el día que lleguéis ante la Divina Majestad de
Dios! Ni llanto ni lamentos servirán. Orad, hijos míos,
ahora. Dejad la carne y vivid el evangelio, y no seáis
egoístas y avaros, hijos míos; que muchos no vivís nada
más que para vosotros mismos, no vivís para los
demás.
Sacerdotes de los pueblos, predicad el evangelio y vivid
como sacerdotes en vuestro ministerio, conquistando
a las almas para el reino de Cristo. Los tiempos se
aproximan, y vosotros no hacéis caso, hijos míos; os va
a pasar como en los tiempos del Diluvio, que no hacían
caso y les pilló sorprendido, la justicia que Dios aplicó
sobre ellos.
El mandamiento del amor es muy importante, hijos
míos; no penséis sólo en vosotros y en los vuestros,
pensad en los que sufren, en los que tienen hambre, en
los perseguidos, en los enfermos; practicad las obras
de misericordia. Todos los que acudáis a este lugar
recibiréis bendiciones muy especiales, hijos míos, para
la salvación de vuestra alma.
Y tú, hija mía, si tienes ganas de gemir, gime, no te
oprimas; y los hombres que no se asusten por tu llanto,
porque Yo lloré y mi Madre lloró.
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Hay que darse cuenta de esas madres crueles que
evitan la vida del ser humano y muchas buscan el
placer, no buscan el procrear para Dios; y de esas
otras madres que matan a sus hijos en sus entrañas, si
se puede decir que son madres porque han nacido de
tales, pero ¡qué crueles y qué perversidad hay en el
mundo!
LA VIRGEN: Besa el suelo, hija mía, por tantos y tantos
pecados como se cometen en la Humanidad.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos
con bendiciones especiales, para vuestra pobre alma y
las almas de los pobres pecadores.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por
medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE NOVIEMBRE DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN: Hijos míos, hoy vengo como madre de
todos los pecadores, como reina de todos los afligidos.
Hoy traigo un manto de oro, y de este manto saldrán
rayos de luz que cubrirán la Tierra. Yo soy Madre de
todos los que sufren y mi Corazón los ama. Mira hija
mía, cómo hoy voy a este lugar y con mi manto voy a
sacar a muchas almas y, protegidas bajo él, van a volar
hacia la patria celeste.
LUZ AMPARO: ¡Ay, cuántas almas salen hoy a gozar!
Ya entran en tropel. Ay, cuántas salen.
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LA VIRGEN: Hoy se concede el privilegio a las almas de
llegar aquí ante los bienaventurados; pero he tenido
muchas veces que ccnsolarlos porque estaban
afligidos, purificando sus culpas. Hoy gozan de la
Divina Majestad: por eso soy Madre de los que sufren.
Madre de todos los pecadores.
Venid a Mí, que Yo os llevaré a mi Hijo y Yo intercederé
ante Él, para que perdone vuestras culpas. Yo soy la
Madre del Divino Redentor. Me han dejado el timón de
Pedro en mis manos, por eso soy Madre de la Iglesia,
y quiero reunir todo el rebaño para que ame a la
Iglesia y se conviertan tantos y tantos pecadores
como ofenden a le Divina Majestad de Dios. Hoy
derramaré gracias especiales para esos pobres
pecadores.
EL SEÑOR:
Sí, hija mía, que los guías del pueblo se dediquen a
predicar bien mi palabra. Pastores de mi Iglesia, que
vuestro corazón esté en el Cielo, que no este en en
mundo; porque muchos de vosotros, hijos míos,
mientras os dedicáis al mundo, Yo soy desconocido,
ultrajado y despreciado. El sacerdote tiene una misión
como pastor ha de proteger a su rebaño y examinar
dónde está la luz; no esconderla, sino mirar todo y
quedarse con lo bueno, y dar testimonio de la verdad,
pero hay muchos de vosotros que escondéis la verdad
y lleváis la mentira en vuestros labios para dañar allí
donde Yo derramo tantas gracias. ¡Ay de vosotros, que
quitáis las palabras del Evangelio y añadís lo que
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queréis! ¿Cómo podéis deformar, muchos de vosotros,
el Evangelio? Cuando resucité descendí a los infiernos,
¿cómo podéis esconder a los hombres que existe el
infierno? ¿Habéis leído el Evangelio, las veces que
repite la palabra infierno y castigo? Dios castiga a los
malos y premia a los buenos; sino no sería un Dios
justo. ¡Cómo deformáis la palabra de Dios! ¡Cómo decís
que no se puede meter miedo a las almas! Si está
escrito: ¿quién se salvará? El que cumpla con los
Mandamientos; y vosotros, guías de mi Iglesia, muchos
de vosotros no queréis entender, ni los demás
comprender, que existe el infierno. ¡Ay, predicad el
Evangelio como está escrito, no lo pongáis siempre
como ejemplos...
LUZ AMPARO: ¡Ay, qué deformación!
EL SEÑOR:
...o como parábolas que no existieron! Todo lo que está
escrito, está escrito con la sangre del Redentor, así lo
atestiguaron los que lo vieron. Entonces, hijos míos, ¿de
qué sirve el Credo? Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del Cielo y Tierra. Creo en Jesucristo, su único
Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y
gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,
padeció debajo del poder de Poncio Pilato, fue
crucificado, muerto y sepultado, descendió a los
infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos,
y subió a los Cielos y está sentado a la derecha del
Padre. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y
muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia
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Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los
pecados, y la vida del mundo Futuro. Así es.
¿Cómo os coméis esas palabras? Estoy sentado a la
derecha del Padre y descendí a los infiernos, Hijo de
María virgen; y no lo dudéis, porque el que dude estas
palabras, anatema se puede llamar.
LA VIRGEN: Hijos míos, dedicaos a las almas, que los
hombres están sedientos del nombre de Dios.
Dedicaos a vuestro ministerio, y reunid el rebaño, que
está esparcido por todos los lugares de la Tierra, y no
hagáis dudar a las almas del Evangelio. Amad a la
Iglesia, obedeced al obispo, amad al Santo Padre. La
obediencia es muy importante, hijos míos. No hagáis
cada uno lo que os venga en gana. Predicad la palabra
de Dios y llevad el consuelo a los afligidos.
Mira, hija mía, las fuentes de agua viva que los hombres
dejan de beber porque están faltos de la palabra de
Dios. Acercaos a estos canales, hijos míos, y bebed de
ellos. En la Iglesia hay agua viva que da la vida; no la
vida temporal, la vida eterna. Cristo os enseña a amar.
Cristo no rechaza a los hombres y, muchos de
vosotros, vuestra soberbia no os deja entender ni
comprender que Dios Todopoderoso puede
manifestarse a lo más inculto, miserable y humilde,
para canfundiros a aquellos que os creéis más grandes
y poderosos. Sed humildes y no escondáis la luz, y
escoged lo bueno y dejad lo malo; pero, hijos míos,
¿estáis ciegos? Yo os puse los ojos para ver y los oídos
para oír, pero os fiáis más de lo que escucháis que de
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lo que veis, hijos míos. Sed buenos pastores de la
Iglesia y no critiquéis a aquellos que son buenos
pastores y cumplen el Evangelio tal como está escrito.
Ayudaos y volved vuestra mirada, y enseñad a los
hombres lo que es pecado, porque no le dais
importancia al pecado. Hoy, para vosotros, nada es
pecado, hijos míos. Así está el mundo y así está la
situación entre la juventud; todo es bueno entre las
parejas. No hay pecado; por eso se usa tan poco los
confesionarios, hijos míos. Vuestro trabajo es
pastorear el rebaño y dirigirlo y enseñarles las
verdades que hay escritas. Cuántos de vosotros
llegaréis ante mis ojos y oiréis estas palabras: id,
malditos, porque no habéis cumplido con la misión que
os encomendé. Revestíos con la vestidura de la pureza,
de la humildad y de la caridad y veréis, hijos míos,
cómo alcanzaréis la Sabiduría y sabréis discernir el
bien del mal.
LA VIRGEN: Hijos míos, acudid todos a este lugar.
Confesad vuestras culpas y pedid perdón a Dios; que
Él abrirá su corazón y os dará un abrazo eterno que
olvidará vuestras miserias y vuestros pecados, pero si
vosotros os humilláis, hijos míos, y cumplís con las leyes
de Dios.
Amaos unos a otros y compartid. Haced comunidades,
hijos míos, y vivid en comunidad, donde reine el
Creador del Universo. Vivid, hijos míos, en oración y en
sacrificio; también la alegría es un don del Espíritu
Santo; el que está en gracia está alegre, hijos míos.
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Estad alegres, porque tenéis el Espíritu de Dios con
vosotros.
Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y
tantos pecados como se cometen en el mundo.
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos
con bendiciones especiales para los pobres
moribundos, con gracias para que reciban la luz en la
hora de su muerte y morir en gracia de Dios. Todos
han sido bendecidos; todos las objetos, hija mía.
Os bendigo, hijos míos, camo el Padre os bendice, por
medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE DICIEMBRE DE 1996,


PRIMER SÁBADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN: Hijos míos, hoy mi manto viene más
envejecido, porque vuestras oraciones son muy
pobres, hijos míos, y vuestra entrega no es constante;
por eso, hoy no traigo el manto de oro, porque vuestras
oraciones, os repito, hijos míos, tienen que ser más
ricas. Orad, hijos míos, pero que vuestra oración salga
de lo más profundo de vuestro corazón.
EL SEÑOR:
Quiero, hijos míos, que cumpláis bien con vuestro
trabajo. Muchos de vosotros, hijos míos, escondéis los
talentos, no los multiplicáis. Ofreced vuestro trabajo a
Dios vuestro Creador, para la redención de las almas;
pero vuestro trabajo, hijos míos, tiene que ser un
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trabajo lleno de alegría. Yo doy talentos a los hombres,
y unos los esconden, y otros los multiplican.
¡Ay siervo, que escondes tus talentos! ¡Siervo perezoso,
siervo holgazán, que vives para ti, comes y bebes sin
ocuparte del trabajo y de entregarte a cumplir las
leyes de Dios! Ni cumples con tu trabajo, siervo
holgazán, porque escondes tus talentos, ni cumples
con las leyes de Dios. Trabajas sin gana y sin alegría.
Sólo te puedo decir: vete, siervo inútil, que no me sirves
para nada.
Pero, ¡ay, siervo abnegado, que multiplicas tus talentos,
trabajas con alegría, entregándote a los demás! Eres
un siervo útil que no tienes pereza, eres abnegado y te
entregas al servicio de Dios y al servicio de los
necesitados. Yo te digo que eres un siervo útil, porque
has multiplicado los talentos y verás mi rostro, y saldré
a tu encuentro, porque has sido muy útil, y has estado
siempre al servicio de Dios y de los hombres; porque
no te has preocupado de ti, sino te has preocupado de
los demás, y no has cargado cargas sobre tus
hermanos, sino que las has cargado sobre tus
espaldas.
¡Hijos míos, cómo muchos huís del trabajo, si el trabajo
santifica al hombre y lo fortalece! ¿A quién cogí Yo? A
unos hombres rudos con sus manos encalladas por su
trabajo y su sudor. ¡Cuántos os preocupáis sólo de
carreras y de estudios, hijos míos! ¿Para qué queréis la
inteligencia, si esas carreras y esos estudios, muchos
de vosotros, os sirven para no alcanzar la Eternidad?
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Sí, hija mía, hay muchos siervos holgazanes pero ¡ay de
esos siervos holgazanes, que no podrán alcanzar a ver
mi rostro!
LA VIRGEN: Hija mía, sí, di a los hombres que Dios ha
puesto el mundo en mis manos, no porque Yo quiera
quitar el puesto a Dios. Dios es el Creador, el Infinito,
pero Dios, desde el principio, me escogió para poner a
su Hijo dentro de mis entrañas.
El Verbo se encarnó por obra y gracia del Espíritu
Santo, hija mía, y se hizo
Hombre y se igualó al hombre en todo menos en el
pecado. Dios quiso escogerme como Madre de Dios.
Desde que el Mundo empezó a ser Mundo ya Dios me
había escogido.
Me subió a los Cielos y me preparó, desde muy niña,
para ser Madre de Dios.
Nunca quise resplandecer más que mi Hijo. Me oculté
porque Yo era la creatura y Él era el Creador. Pero Él
me dio todos los dones, Madre de la Iglesia, pero no
puedo quitar, ni quiero, el puesto al representante de
Cristo en la Iglesia. El ser Madre de la Iglesia y el que
Dios haya puesto el mundo en mis manos, a nadie le
quita el puesto que le corresponde, y el puesto que Dios
ha escogido para Él. Y me ha hecho Madre de Dios,
Puerta del Cielo, Consoladora de los Afligidos y tantos
y tantos dones y gracias que me ha concedido, como
el de ser Virgen Pura e Inmaculada antes y después
del parto. ¿Cómo los hombres quieren arrinconarme
en un lugar donde no aparezca mi nombre, si soy la
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Madre de Dios? Donde está el Corazón del Hijo está el
Corazón de la Madre.
Mira, hija mía, lo que tengo en mis manos, tu hijo, mira:
un lirio blanco y perfumado; me lo ha puesto el Amador
de los Lirios, el Creador. Soy Madre de los Mártires y
en el Cielo, hija mía, se ha celebrado la fiesta aunque
en la Tierra no se pueda celebrar. Mira qué lirio más
perfumado ha llegado a mis manos virginales. En
mejor lugar no puede estar, hija mía. Sé que tu corazón
sigue sufriendo; como el mío siguió sufriendo durante
toda mi vida. Sí, hija mía, no pierdas tu mirada de la
Pasión de mi Hijo. Yo no perdí un instante la mirada del
Sepulcro de mi Hijo y recorrí todos los caminos de su
Pasión. Toda mi vida estuve recorriendo, con Juan y
con Magdalena, los Lugares Santos por donde mi Hijo
había pasado, hija mía. Ni un solo instante pude
olvidarme de Él. Toda la vida recordando su Pasión, su
Muerte, su Sacrificio por la Humanidad.
EL SEÑOR:
No te aflijas, hija mía, y no pienses que porque los
hombres te dicen que si ¿la fe no te hace olvidar? La fe,
a veces, te hace recordar más que olvidar, hija mía, y a
ti te he dado una capacidad de dolor muy grande,
como te he dado una capacidad de amor inmensa, hija
mía. Pero ¿cómo no vas a sufrir y llorar si es tu hijo, que
ha salido de tus entrañas? La fe no te quita el dolor ni
el recuerdo, te repito, hija mía, te ayuda a soportar el
dolor y el recuerdo.
LUZ AMPARO: (Suspira profundamente y entre
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gemidos dice:) ¡Ay, hijo mío, ay... cuánto... daría... por...
ir ahí!... ¡Cuánto... daría Señor!... ¡Ay... ay... lo bien que se
está ahí, Señor!... ¿Hasta cuándo vas a querer que esté
aquí?... ¡Ay, Señor, hasta cuándo! No quiero ser
soberbia y quiero aceptar tu voluntad... No puedo,
Señor.,. ayúdame... (Llora.)
LA VIRGEN: Refúgiate en nuestros Corazones, hija mía.
Nuestros Corazones te aliviarán. Yo soy Madre de los
que sufren. Sé cómo está tu corazón, hija mía. No hay
dolor que se parezca a ese dolor, te lo he repetido, hija
mía; pero ya sabes que tu hijo, hija mía, lo han cogido
mis manos virginales y ha sido un valiente, un héroe,
hija mía, de dar la vida por esta gran Obra, hija mía.
EL SEÑOR:
Crimen perfecto, muy perfecto en la Tierra, pero ¡ay de
vosotros, cuando os presentéis ante la divina majestad
de Dios! ¡Qué juicio tan terrible os espera! ¡Convertíos
y arrepentíos, malvados, ingratos, que no entráis en el
Cielo, ni dejáis entrar a las almas! Dejad a los cristianos
que vivan como cristianos y no entorpezcáis mis leyes.
Yo soy el Creador y todos seréis juzgados. ¡Ay de
vosotros! Por muy perfectos que hagáis los crímenes
en la Tierra, cuando lleguéis ante Dios, vuestro
Creador, toda vuestra perfección será destruida y
muchos de vosotros lo pagaréis en la tierra también,
hijos míos.
JESÚS BARDERAS: Perdónalos, mamá, perdónalos y
no sientas ningún rencor por ellos. Pide mucho por
ellos para que se conviertan, mamá. Nada ante los ojos
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de Dios será oculto; por eso te pido que pidas que se
conviertan. En mejor lugar no puedo estar. Acércate a
la Madre del Redentor para que se calme tu dolor. No
sufras por mí. Estoy gozoso y he dejado de sufrir.
LUZ AMPARO: ¡Ay, hijo mío y cuando yo llegue ahí,
Señor, qué alegría! Yo quiero ser fiel, Señor, y haz lo
que quieras de mí; pero dame fuerzas para poder
soportarlo todo.
LA VIRGEN: ¿Ves cómo también, hija mía, se convierten
almas? ¿No has visto esa pobre alma qué arrepentido
y contrito está de sus ofensas, de sus calumnias y de
su persecución hija mía? No me pidas que se cure, hija
mía, porque ahora es el momento, el momento de
llevarlo a la Eternidad; su dolor es profundo y su
arrepentimiento es verdadero.
LUZ AMPARO: ¡Qué alegría!
LA VIRGEN: ¿Ves, hija mía, cómo Yo estoy en todos los
detalles de las almas? Él me amó mucho, aunque a
veces, ese amor era un poco desordenado; pero a todo
el que ama mi Corazón, Yo saldré a su encuentro; y
saldré a su encuentro; pero no me pidas la curación de
su cuerpo; porque más me ha llenado de alegría la
curación de su alma. Sigue, hija mía, rezando y
pidiendo por él, porque es el momento de cogerle, no
dejarle. Sigue amando al prójimo, hija mía, con todo tu
corazón, y nunca tengas rencores hacia nadie. Tus
sacrificios y tus dolores sirven para la conversión de
las almas. ¿No sientes un gran gozo por la conversión
de esta pobre alma? Muy inteligente pero que su
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inteligencia, a veces, le servía para torcer los caminos
que él trazó en su vida.
Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los
pecadores.
Acudid e este lugar que recibiréis gracias de alma y
cuerpo.
Hijos míos, orad, para que el demonio no destruya los
planes de Dios; pues quiero, hijos míos, daros una gran
sorpresa. Por eso os pido que oréis. Oración y sacrificio
os pido, hijos míos, y penitencia.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos
con bendiciones especiales.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por
medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

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