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HISTORIA DE DOÑA PEPA

Por los años 1711, una esclava negra llamada Josefa Marmanillo (conocida, posteriormente, como Doña Pepa)
destacó por sus dotes de cocinera en las haciendas algodoneras del valle de Cañete donde vivía. Casi todas las
tradiciones culinarias de repostería de la región habían pasado por las manos de esta experta cocinera, incluyendo
las frutas bañadas de manjar blanco… hoy Tejas.

Con el correr de los años, a Doña Pepa le aquejaba una enfermedad artrítica. Poco a poco le recrudecía este mal
perdiendo la movilidad de los brazos y sumado al intenso dolor la imposibilitaba de continuar trabajando. Doña
Josefa, estaba con sus manos entumecidas y casi inmóviles.

A pesar de sus males, ella tenía fe de curarse y, enterada de los Milagros del Cristo de Pachacamilla (Señor de los
Milagros), no dudó en acercarse a esta milagrosa imagen y suplicar con devoción por su sanación. Al regresar a
Cañete y a solo pocos días de haber orado con fe, Doña Josefa o Doña Pepa, como era llamada por sus paisanos
cañetanos, se había curado completamente.

Este milagro se lo compartió con todo el pueblo de Cañete… Doña Pepahabía sido escuchada por el Señor de los
Milagros y sanada de una terrible afección. Noticia que llegó hasta Lima, en medio de una profunda religiosidad que
vivía la Sociedad de la época.

Doña Josefa en agradecimiento al milagro concedido, ofreció al Cristo de Pachacamilla un nuevo potaje, tan dulce
como la alegría que experimentó ella y su familia al recuperar su salud. Con su mejor inspiración de Maestra
Cocinera y usando almíbar de jugos de frutas, yemas de huevos, manteca, harina y anís, preparó un postre sin igual:
Nuestro tradicional Turrón de Doña Pepa.

Doña Pepa, que era una mujer muy querida en su natal Cañete, realizó una peregrinación hasta Lima seguida de
otros miles de fieles del Señor de los Milagros, para agradecer personalmente el milagro concedido por la santísima
imagen en su siguiente salida de la Procesión del Señor de los Milagros.

La comitiva de Doña Pepa y los fieles Cañetanos se ubicaron en una de las esquinas del entonces barrio de
Pachacamilla (exactamente donde hoy se erige la Iglesia de Las Nazarenas) y regalaron a cuanto devoto asistiera a la
procesión una porción de su ya entonces famoso “Turrón de Doña Pepa“… gritando a viva voz, tanto familiares
como amigos: “venga y disfrute del riquísimo Turrón de Doña Pepa en agradecimiento al Milagro del Cristo de
Pachacamilla”.

Hoy en día, en las cercanías de la Iglesia de Las Nazarenas, se apostan decenas de tiendas que venden el popular
Turrón de Doña Pepa.

A través del testimonio de Doña Josefa Marmanillo se popularizó el deliciosoTurrón de Dona Pepa, nuestro
tradicional postre que por generaciones seguimos disfrutando.

Estimados Amigos y Suscriptores de Las Canastas… reciban nuestros más profundos deseos de Hermandad este
Octubre… y recordemos con una oración a Doña Josefa Marmanillo hoy en el cielo, con la dulzura que ella nos dejó
en la tierra: el Turrón de Doña Pepa… suaveciiiiiiiiiito!!