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Mi tradición favorita es la fiesta de Navidad.

Cada año, el sábado antes de la Navidad tenemos

una fiesta.

Empezamos la fiesta con comida. Todos mis tíos y primos traen sus platos más famosos. Mi

hermano prepara galletas. Durante el día yo como mucho y yo peso más.

Después de comer, mi familia canta canciones navideñas. Cuando yo era más joven nosotros

íbamos a las casas cercanas y cantábamos. Ahora, no salimos de la casa. Mi canción favorita es los

aguinaldos. Cuando cantamos esta canción, cada persona escoge un compañero y ellos escogen un

número de un sombrero que corresponde a un día durante la Navidad. Cada año mi tío recibe el

mismo número, número uno, porque tiene la voz perfecta para la parte. Cantamos por dos o tres

horas.

Hay para quienes Diciembre prácticamente quiere decir bajar

el estado de ánimo y darle entrada a la tristeza. Para algunos,

sucede porque en meses anteriores perdieron a un ser querido y

este tiempo de convivencias les hace recordar esa ausencia, para

otros son mortificaciones porque no hay dinero para los regalos,

la cena o la fiesta, luego están a los que les deprime el frío…

y así la lista puede seguir con mil razones para sacar lo

negativo de la época.

Estemos atentos a todo lo que nos impide disfrutar de esta

época decembrina y que nos quita, o nos impide alcanzar, la paz

que tanto deseamos. Recordemos que todo en exceso es malo y

particularmente este tiempo, en teoría de renovación espiritual,

nos ofrece todas las oportunidades para excedernos y olvidarnos


de su principal sentido. Comemos y tomamos como si se fuera a

acabar el mundo, y gastamos tiempo y dinero en cosas que no

valen la pena.

Me gusta la época del mes de diciembre porque me recuerda

que siempre hay esperanza y que siempre se puede volver a

empezar. Creo firmemente que si de hecho viviéramos el adviento

y la navidad, a todos nos encantaría Diciembre y cada año sería

mejor para todos. No necesitamos ser santos para aprovechar este

tiempo y revivir, o empezar a vivir, tal como Dios quiere que lo

hagamos. Felices.

La Navidad es tiempo para que reflexionemos y hagamos los

cambios necesarios, para que pidamos perdón y perdonemos, para

que comencemos de nuevo, para limpiar asperezas y dejar atrás lo

que ahí se tenga que quedar. Para volver a intentar. Es la

época que tu corazón estaba esperando para salir de donde quizá

esté, de la tristeza, la desesperanza, la negatividad.

Seguramente en estos días regalarás algo y recibirás también

regalos. Pues bien, regálate a tí mismo lo que mereces: vive

este tiempo como nunca antes lo has vivido, atrévete a


experimentar el adviento de manera que recibas la navidad

abriendo tu vida y tu corazón a Jesús.

Ahora sigue la actitud positiva, de optimismo, de

reconciliación, con más ilusiones, nuevas metas, nuevos sueños,

un nuevo comenzar. Démosle a nuestra alma un respiro. Decide ser

la mejor persona que puedas ser. ¡Se feliz! Te sonará trillado

pero siempre funciona: limpia tu casa. Regala la ropa que ya no

usas. Arregla lo que tengas que arreglar, habla con quien

tengas que hablar, prepárate… espera. Lo mejor está por llegar.

Y Siempre pa´delante!

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