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El devenir en Deleuze y Guattari (2002) no se trata de una imitación, sino que de una “captura de

código”, o lo que los autores llaman “plusvalía de código”, entendida como un aumento de
valencia. En eso consiste el “devenir avispa de la orquídea, devenir orquídea de la avispa” (p. 16):
una especie de orquídea (que desde el pensamiento representacional se diría que “se parece” a
una avispa) es polinizada por una avispa por lo que se denomina “seudocopulación”, siendo los
machos de la avispa atraídos por la flor. Así, en lo que se fijan Deleuze y Guattari no es en que la
flor se parezca a la avispa o que la flor “imite” a la avispa como mecanismo de reproducción, sino
que el devenir estaría dado por la copulación entre las dos especies heterogéneas, cópula en que
la una deviene la otra, y el resultado de eso es algo que excede a las codificaciones propias de cada
individuo por separado (por eso “plusvalía de código”, “aumento de valencia”). Y en eso mismo, en
esa plusvalía de código, en ese exceder el código de cada especie, hay lo que los autores llaman
una “desterritorialización”, en que cada individuo abandona el campo (el territorio) que lo define
según una especie en particular. Desterritorializarse para reterritorializarse en otro,
“encadenándose y alternándose ambos según una circulación de intensidades que impulsa la
desterritorialización cada vez más lejos” (p. 16).

Otro ejemplo (a un nivel más molecular):

“En determinadas condiciones, un virus puede conectarse con células germinales y transmitirse
como gen celular de una especie compleja; es más, podría propagarse, pasar a células de una
especie totalmente distinta, pero no sin vehicular "informaciones genéticas" procedentes del
primer anfitrión (por ejemplo las investigaciones actuales de Benveniste y Todaro en un virus de
tipo C, en su doble conexión con el ADN de zambo y el ADN de algunas especies de gatos
domésticos).” (Deleuze & Guattari, 2002, p. 16)

Aquí, lo que ocurre en esta transmisión viral del ADN de un zambo (mono de América del Sur de
unos 60 cm de longitud, pelaje amarillento y cola larga prensil) al cuerpo de un gato o viceversa,
tendría que ver con el término que los autores extraen del entomólogo Remy Chauvin: “evolución
aparalela”. Esto para referirse a un cambio evolutivo análogo en dos especies distintas que no
tienen nada que ver la una con la otra, solo que no desde la analogía como semejanza o como
imitación, sino que vía una conexión o copulación, que en este caso es operada a través del virus.
Es decir, no es que una especie sea el modelo de la otra, ni esta la copia de la primera, y por tanto,
no hay imitación: “un devenir zambo en el gato no significaría que el gato ‘haga’ el zambo” (p. 16).

“La Pantera Rosa no imita nada, no reproduce nada, pinta el mundo de su color, rosa sobre rosa,
ese es su devenir-mundo para devenir imperceptible, asignificante, trazar su ruptura, su propia
línea de fuga, llevar hasta el final su "evolución aparalela"” (Deleuze & Guattari, p. 16).

Ya que el significante es lo que articula la lógica según la cual se establecen las semejanzas, las
metáforas. Y, por tanto, devenir imperceptible es trazar una ruptura con esa lógica significante
que Deleuze y Guattari ven como representacional. En ese sentido es una línea de fuga.

Esto mismo se aplica al caso del psicoanálisis. Ya que, según Deleuze y Guattari (2002), estudiar el
inconsciente implicaría mostrar una lógica rizomática en relación a los espacios vividos y
recorridos por un sujeto. En el caso del psicoanálisis de niños, es no solo trazar la relación con, por
ejemplo, la casa familiar, sino que también el modo en que se establecen líneas de fuga hacia
otros edificios, la calle, el colegio, etc. Porque es solo desde un bloqueo de esas líneas de fuga que
el sujeto puede ser enraizado en la familia, y que el inconsciente mismo sea llevado a una lógica
significante, a explicar todo por el padre, redirigir todo hacia el lecho materno. Es por eso que en
el caso del pequeño Hans, caso de Freud de un niño que desarrolla una fobia a los caballos,

“la intervención del profesor Freud asegura tanto la hegemonía del significante como la
subjetivación de los afectos; cómo al niño ya no le queda otra salida que un devenir-animal
aprehendido como vergonzoso y culpable (el devenir-caballo, verdadera opción política del
pequeño Hans)” (p. 19).

Es decir, nuevamente el devenir como desterritorialización, como línea de fuga en tanto que única
forma de escape a la territorialidad familiar. Devenir-animal para escapar a las imposiciones de la
cultura.