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Identidades étnicas en el Perú contemporáneo

MSc. Arq. Gerardo Regalado R.

Los grupos humanos son la materia de la que están hechas las sociedades humanas, son
entidades reales, con realidades y potencialidades, dotados de agencias e intereses
propios, son las piezas fundamentales que nos permiten entender nuestra sociedad.

La formación de grupos humanos tiene una relación con un origen común. No son solo
un conjunto de individuos en constante interacción, sino que portan en su seno valores,
normas y reglas que articulan, distribuyen y ordenan sus discursos de pertenencia a
identidades previamente diseñadas en torno a ideas sobre la espiritualidad de su cultura,
sobre las creencias y aspiraciones de su comunidad, sobre sus antepasados.

En el Perú estás identidades étnicas funcionan dentro del Estado-Nación en 3 niveles: un


nivel micro-social o individual, en un nivel meso-social o grupal y en un nivel macro-
social o estructural y muestran una débil desconexión transversal que articulen dichos
espacios. Dicha transversalidad es necesaria para lograr reconocimiento, redistribución y
participación en el Estado-nación a la cual pertenecen y en el cual deben participar para
la construcción de una sociedad peruana inclusiva y progresista cuya naturaleza es la de
una nación pluricultural.

En un primer nivel individual o de espacio micro-social, los individuos pertenecientes a


estas identidades étnicas intentan, con poco éxito, un proceso de inserción social, donde
se expresa el conflicto étnico.

Ser negro en el Perú significa ser privilegiado de condiciones artísticas y prácticas


culturales, tener conocimientos para el trabajo en el campo y el cultivo de alimentos de
pan llevar y por ende saber enfrentarse a trabajos duros.

Al respecto Golash-Boza (2011) señala:

Ser negro significa tener conocimientos de ciertas formas culturales, como la música y el
baile… otros peruanos los perciben con una connotación negativa, cierto sentimiento de
repugnancia. Ser negro también evoca orígenes rurales y conocimiento del mundo
agrícola, lo cual es algo útil para el cultivo de alimentos, y además, de veras conocen lo
que es trabajar duro. (p.272)
Además, ser negro es un estereotipo que reúne cualidades para la danza, música, de seres
que desbordan virilidad, que tienen condiciones para el deporte, para la cocina y empleos
un poco desdeñables.

Al respecto Golash-Boza (2011) también señala:

… los dotes musicales de los negros, es un reconocimiento de un estereotipo que los


negros son más aptos a la música y al ritmo. Como señala Milagros Carazas (2006), los
negros en el Perú se les presumen de buenos amantes, atletas, cocineros, músicos,
bailarines, sirvientes, portadores de féretro y delincuentes. (p. 273)

Los negros en el Perú han sido excluidos del Estado-nación, son extranjeros en su propio
país. “Marisol de la Cadena (2000) argumentó que los negros han sido excluidos en la
formación de la nación en base a su supuesta extranjería” (Golash-Boza, 2011, p. 273).

En el Perú, el ser negro, es ser inferior solo por su color de piel. Existe un racismo que
alberga en nuestra cotidianidad, son víctimas de desprecio y discriminación por parte de
los “no negros”, en los medios de comunicación, en la institucionalidad del país, en la
política y culturalmente son percibidos como “no peruanos”, distintos a los de raza blanca.
Para nuestra sociedad el color sí importa.

Carlos Aguirre (citado por Golash- Boza, 2011) señala:

Estas identificaciones de color están lejos de ser neutrales. Como Carlos Aguirre señala
con respecto al Perú:

“la identificación del color de la piel con una condición inferior… todavía la arrastramos
hoy día. Se trata de un racismo que es alimentado por conductas a veces imperceptibles y
con frecuencia consideradas inofensivas…responde a ciertos componentes estructurales
(pobreza y marginalización) de las poblaciones negras, falta de representación en los
niveles directivos del país, bajos índices de movilidad social”. (p.278)

En un espacio meso-social o de nivel grupal, es donde se desarrollan estrategias colectivas


de recomposición o afirmación identitaria. Las familias, asociaciones políticas,
investigadores, historiadores, arqueólogos, élites y gobiernos locales y regionales, se
constituyen en cuadro social y fuente de transmisión. La relación a la etnicidad es ante
todo una relación con la historia, con los referentes prehispánicos, crea una identidad y
un sentimiento de adscripción identitaria y por ende un nuevo discurso.
Al respecto Asensio (2014) menciona que: “… un nuevo discurso que redefine la
identidad colectiva regional a partir de la asimilación de los referentes prehispánicos”
(p.92). Esto sucedió en la costa norte del Perú a raíz de descubrimientos arqueológicos de
gran notoriedad nacional e internacional.

Al respecto, los discursos de identidad colectiva en la costa norte del Perú que aparecieron
a partir de los finales de la década de 1980 y que aún se mantienen, proclama un
renacimiento de identidades locales y regionales. En este contexto producto de
descubrimientos arqueológicos, como el “señor de Sipán” o la “Dama de Cao” en la
región de La Libertad, dan lugar a una identidad regional en base a la cultura Mochica,
que permite reformular el discurso cultural, social y político, en coincidencia con la crisis
económica y política que en ese entonces atravesaba el país. Esto constituye un punto de
inflexión en la historia y la cultura de nuestro país, considera un cambio del “ethos
andino” anclado desde épocas prehispánicas hacia un “ethos costeño” con una
particularidad y singularidad muy fuerte.

Asensio (2014) menciona al respecto: “la herencia de los mochicas sería un ethos
particular costeño, diferente del ethos andino, que habría pervivido desde los tiempos
prehispánicos hasta la actualidad” (p. 94). Esto crea una identidad y un sentimiento de
adscripción identitaria en la población norteña.

La vida organizacional desarrolla así una dinámica de producción y de reproducción de


la identidad facilitando mecanismos de proyección e identificación, así como de re-
creación de esta identidad a partir de adaptaciones al contexto local, regional. Se
reconocen elementos de la organización política, social y política de la cultura ancestral
que constituyen una reificación de la cultura norteña.

Asensio (2014) infiere lo siguiente.

El trasfondo es una imagen idealizada de esta cultura prehispánica, modelada a partir de


un conjunto bastante limitado de ideas fuerza, que representarían su esencia diferencial
frente a otras culturas ancestrales. Los mochicas tal como son imaginados por la élite
local se caracterizarían por un fuerte sentido de la jerarquía y el control social, por su
conocimiento y adaptación al medio ambiente costeño y, desde el punto de vista
económico, por el comercio a larga distancia a través de la costa sudamericana. (p.94)

Esto da lugar a nuevos discursos de identidad étnica, una nueva de forma de ser, ser
mochica afirma una peruanidad auténtica, un ethos de origen mochica, una peruanidad de
la costa norte, tan autentica como la de la sierra, sin necesidad de afincarse a ideas del
pasado indígena andino y menos relacionado a la conquista y colonia europea. Pero
además explica porque esta región tiene un desarrollo económico, social y político más
equilibrado y, porque su crecimiento acusa diferencias notables, desequilibrios regionales
con relación al resto del país.

Asensio (2014) indica lo siguiente:

Este ethos de origen mochica explicaría porque la costa norte es la región más
desarrollada, mas organizada, menos conflictiva y con menos niveles de pobreza del
país…., este discurso tiene un fuerte atractivo para las élites regionales. Parte de su éxito
se debe a que actualiza y legitima un discurso más antiguo sobre las desigualdades
regionales peruanas, que algunos remontan hasta la época colonial… introduciendo una
novedad importante: la reivindicación de la peruanidad de la costa norte, que ahora se
presenta como una región que sería tan auténticamente peruana como la sierra. (p. 95-96)

En un espacio macro-social estructural, donde las políticas públicas y los discursos


étnicos conviven con un conjunto de determinantes de naturaleza social, económica y
política, estos modelan la construcción de las categorías étnicas y la asignación de dichas
categorías a individuos agrupados que ocupan una posición social determinada en función
de su adscripción imputada.

Destaca el empoderamiento de los actores indígenas en instancias de toma de decisiones


locales y regionales que favorecen su participación política y su capacidad de
intervención en las políticas ciudadanas

En el Perú de finales de los años noventa, las políticas de desarrollo local y el paradigma
del desarrollo rural andino encuentran en la sierra peruana un escenario fértil donde
pudieran germinar sus anhelos y expectativas, sobre todo debido a la crisis de los partidos
políticos y que tiene su colofón en la aparición de líderes rurales, los “mistis progresistas”
que logran empoderarse en la sociedad rural a través de discursos de clara orientación de
izquierda pero con ideas y expectativas orientadas hacia la población rural, trasladándose
hacia las ciudades, imprimiendo un “giro rural de la política”.

Asensio (2016) explica al respecto:

…”mistis progresistas: profesionales de origen urbano con un discurso izquierdistas y


cierta propensión hacia nuevas agendas políticas, más favorables a la población rural…
ahora son los propios líderes rurales quienes alcanzan el poder municipal, sin necesidad
de intermediarios urbanos…Este “giro rural de la política… es el resultado de procesos
de larga duración de empoderamiento de la población rural… (p. 115-116)

Se elaboran desde los escenarios políticos estrategias y discursos de naturaleza


campesinistas, con fuerte raigambre en identidades microlocales, que favorecen la
participación de actores políticos de origen rural andino, con un enfoque territorial, que
basados en solidaridades primarias, procedentes de comunidades rurales, y de
representantes de comunidades más distantes y diversas que conforman redes de lealtades
personales con una fuerte adscripción del tipo comunal.

Asensio (2016) afirma:

Las estrategias de los candidatos rurales pueden ser de dos tipos. Un primer modelo son
las listas homogéneas, con candidatos procedentes de una sola comunidad o un conjunto
limitado de comunidades cercanas, articuladas de la noción de microcuencas o de otras
nociones microterritoriales similares. El objetivo aquí es sumar en bloque los votos de
estas comunidades, para competir con ciertas garantías a escala distrital. El segundo
modelo son las listas con candidatos de diferentes comunidades, a quienes se considera
“representantes” de sus localidades…el voto es menos concentrado, pero las redes son
más amplias…se trata de “coaliciones de independientes” más que propiamente
agrupaciones políticas al uso habitual….un fuerte sentimiento de pertenencia comunal.
(p. 116-117)

En conclusión podemos señalar que en el ámbito micro algunas identidades étnicas, como
los negros, están insertos en un escenario de discriminación racial, exclusión social y de
la conducción política del país, que de alguna manera tienen un reconocimiento dentro de
sus espacios familiares y de comunidad, más no son considerados peruanos, sino
extranjeros en su propio país.

En el ámbito meso-social, destacan la formación de cuadros sociales, de actores


impregnados de una etnicidad que a partir de adscripciones identitarias basadas en nuestra
historia prehispánica, han diseñado un nuevo discurso y señalando un “ethos costeño”,
reclamando una reivindicación de la identidad del norte del Perú, contraria a la hegemonía
del “ethos andino”.

En el ámbito macro-social, la aparición de los “mistis progresistas” han imprimido una


nueva forma de gobierno en el espacio andino, un giro de la política que emerge de la
ruralidad, región con niveles notables de pobreza extrema, y han tomado las ciudades para
desde ahí desarrollar y elevar la calidad de vida de sus comunidades, regiones y reclamar
su cuota de poder para cambiar el país.

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