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Resumen de la Obra:

En lo muy profundo de la selva del Ecuador se formo una historia en la cual un amor
incomprendido logra llegar a su final.

Todo empieza cuando un hacendado pierde a su familia en un incendio en el año 1790 salvando
únicamente a su hijo Carlos, llevándolo a buscar un refugio en Jesús, llega a un internado para
curas. Pasado algún tiempo en este virginal retaso del Oriente catequizaba a los indios el señor
Domingo Orozco en tanto su hijo ya joven pasaba por la selva conociendo toda su belleza.

Cierto día por esos sitios vio una joven muchacha de hermoso físico, ágil, ojos claros, rubia y de
largo cabello quien será ella se preguntó, su nombre era Cumandá que quiere decir “patillo
blanco”. Cumandá era hija del jefe indígena octogenario de Cabeza de Nieve y Pona la
Hechicera, tenía a demás dos hermanos que nada se parecían en lo físico ni en lo espiritual a
ella, eran todo lo contrario, odiaban a los blancos pero a ella la amaban.

Cumandá era experta en remos y competía con sus hermanos y amigos, les ganaba en
destreza, velocidad; Carlos y Cumandá se enamoraron, era un amor puro, los dos se sentían
atraídos y habían escogido un lugar en donde dos palmeras crecían entrelazadas era el símbolo
de su amor.

Todos los años las tribus del Oriente solían festejar a la orilla del Lago Chimano, se elegía a la
más bella de cada tribu, Cumandá era una de las vírgenes y representaba a los záparos. Ella
debía concursar para esposa del jefe de tribu y decide que Carlos la acompañe aún
arriesgándose de los peligros de la tribu.

Los hermanos de Cumandá se dieron cuenta que Carlos estaba ahí en varias veces quisieron
matarlo, pero Cumandá siempre lo salvaba, el gran jefe Yahuarmaqui era un viejo enfermo el
cual decidió que Cumandá sea su esposa.

Ya en la luna de miel Yahuarmaqui muere, Cumandá decide huir en busca de Carlos toma una
canoa la cual era de él, al llegar al otro lado del río se dio cuenta que Carlos no estaba, pues lo
habían tomado prisionero decidieron dar a cambio a Carlos por Cumandá, después de lo
ocurrido Cumandá y Carlos se encontraron en un lugar en el cual intercambiaron llantos,
promesas, amor entre otras cosas.

Antes de morir Cumandá entrega a Carlos una bolsista de piel de ardilla que sorpresa al verla,
en ella se encontraba el retrato de la madre de Cumandá que era la esposa de Domingo Orozco
y madre de Carlos. Al saber la noticia trataron de hacer algo positivo, pero ya era tarde Cumandá
había muerto.

Pona confirma la verdad Cumandá era la hermano de Carlos, todo era resultado de la venganza
de Tubón mayordomo de la hacienda.

Cuando Carlos murió fue enterrado con Cumandá y el padre de él viajo a Quito donde siguió su
sacerdotaje y siempre recordó a Carlos y a Cumandá.

Personajes
Cumandá: Joven indígena enamorada de Carlos y hermana de él.
Carlos Orozco: Joven hacendado enamorado de Cumandá.
Domingo Orozco: Padre de Carlos y Cumandá
Pona: Madre sustituta de Comanda
Cabeza de Nieve: Padre sustituto de Cumandá
Yahuarmaqui: Viejo enfermo enamorado de Cumandá
Tubón: Mayordomo de la hacienda de los Orozco.

Biografía
Autor: Juan León Mera (1832 - 1899) es nativo de Ambato, en su ambiente familiar aprende las
primeras letras. Su cultura es producto de autodidactismo. Por algunas ocasiones, cuando la
patria solicita sus servicios desempeña funciones públicas ya en el Congreso o en el Tribunal de
Cuentas.

Obra: Cultiva algunos géneros literarios: novela, poesía y critica. Lo más significativo de su obra
de escritor está en la novela. Cronológicamente: la primera en este genero es de carácter
costumbrista y titula “Los Novos de una Aldea Ecuatoriana” en 1879, es publicada Cumandá.
Cumandá narra las costumbres, amabilidades y diferentes cosas de los indios del medio Oriente,
Amazonas y las orillas del río Pastaza

Cumandá por Juan León Mera

CAPÍTULO I: Las selvas del oriente

El majestuoso Tungurahua levanta su cumbre sobre las estribaciones de los Andes, se encuentra
cerca de una pequeña ciudad denominada Baños de Agua Santa de dónde se encuentran algunos
ríos para empezar el Pastaza, el mismo que se abre camino formando grandes peñascos y abismos
que los pobladores cruzan por improvisados puentes de caña guadua, que poco tiempo después
desaparecen entre  las aguas del río. Hay que tener cierta habilidad para poder
cruzarlos.  Continuando con el trayecto del  Pastaza empieza la Amazonía, se parecía
una interminable desierto verde, del cuál sólo se aprecia el horizonte al cruzarse con el azul del
cielo. El Pastaza entrega su tributo al río Napo, que junto a otros ríos incrementan su caudal,
haciendo del río Napo apto para la navegación. Río por el cual D. Pedro Vicente Maldonado y
Sotomayor había navegado tiempo atrás. El Río empezaba a tener aguas mansas donde se
empezaban a formar pequeñas islas en sus estribaciones. La naturaleza envidiable que era
inspiradora para cualquier poeta.

CAPÍTULO 2.- Las tribus jívaras y záparas

En la región amazónica existen muchas tribus de nativos que viven en la zona, algunas de ellas no
son muy amigables, en los tiempo de la colonia la corona española enviaba a párrocos para
evangelizarlos y civilizarlos, pero no resultaba más que sangrientas muertes de los que iban a esos
lugares. Finalmente los reyes desistieron en enviar emisarios a esas regiones. Luego empezaron a
ir los jesuitas con el mismo objetivo pero igual que sus predecesores fracasaron en el intento. Las
tribus de las amazonas entre ellos los jívaros y záparos son pueblos que al sentirse amenazados
actúan instintivamente, llevando muchas veces a la destrucción de sus aldeas a la muerte de su
gente. Una población nómada del sur muy poderosas no quería involucrarse en ese conflicto y su
curaca Yahuarmaqui decidió migrar de esa región y buscar otra, quemaron sus viviendas y
tomaron rumbo del río Palora, los pueblos aborígenes siempre se llamaban igual a la
región  donde habitaban, por tanto ellos se llamaron los Palora, todos los pueblos aledaños se
enteraron de su llegada, y por su poderío, los pueblos enviaron emisarios y ofrendas para
ofrecerles amistad y alianza. Un emisario de los záparos, el hijo del feje Tongana le ofreció
amistad, ambas tribus hicieron el pacto.

CAPÍTULO 3: La familia Tongana


La tribu zápara estaba ubicado en el ángulo que forman la unión del río Palora y el Pastaza, la
pequeña tribu, más bien una familia, la familia Tongana esta formada por el jefe Tongana, su
esposa Pona, sus dos hijos con esposas y dos niños pequeños que eran la alegría de la casa.
Finalmente estaba su hija menor Cumandá, que era una joven muy hermosa, y a pesar de ello
continuaba soltera, ella era algo diferente a sus hermanos. La tribu era muy celosa de su
privacidad, odiaban a los extranjeros de tez blanca. En eso se había escuchado de la llegada de un
nuevo misionera a la localidad. La familia Tongana estuvo muy alerta. Cumandá desde muy niña
empezó a criarse con las costumbres de los Tongaba y hacía muchas cosas en la tribu, un día ella
cruzó nadando el Palora con una gran habilidad, por esto sus padres la llamaron Cumandá. Ella
hacía las mismas cosas que sus hermanos, competía con ellos y en muchas ocasiones les ganaba
las competencias. Cumandá tenía la costumbre de internarse en la selva para caminar por largas
horas durante el día, ella demarraba alegría y felicidad, por todos los lados dónde iba, pero un día
su actitud empezó a cambiar, empezó a sentirse taciturna, nadie sabía lo que le estaba pasando, o
lo disimulaba muy bien, pero ella estaba enamorada. 

CAPÍTULO 4: Junto a las palmeras

Entre el río Palora y el Upiayacu, en las cercanías de este lugar se levantaban dos palmeras que se
encontraban muy cerca, también había dos lianas que tenían flores de diferentes colores, en una
de las palmeras había unos símbolos. Cumandá con el alba salió apresurada hacia ese lugar,
cuando llegó se detuvo junto a las palmeras, acariciaba entrañable las citas allí escritas, Se quedó
mucho tiempo, parecía estar esperando a alguien, cuando de pronto se escucha una voz que se
aproxima cantando, viene por el río en una pequeña canoa. Cumandá al verlo empieza a sonreír y
su corazón se llena de júbilo y ansiedad. Le recrimina que llega tarde, pero él comenta que es
porque el río ha crecido y tubo que remar más que de costumbre, él es Carlos de Orozco, un
extranjero que vino a conocer las tribus y se enamoró de la bella india Cumandá, ella también
estaba enamorado de él. Ella le comentó que próximamente se celebraría la fiesta de las canoas en
un lago llamado Chimano, que ella sería la encarga de llevar las flores y decir unas palabras en la
ceremonia. Esta fiesta se conmemora para en honor a la alianza de los Záparos con los Palora.
Luego de la ceremonia Carlos y Cumandá pensaban casarse pero tenían miedo del padre de
Cumandá, ya que el odiaba a los europeos.

CAPÍTULO 5: Andoas

Es una pequeña tribu ubicado en la desembocadura del río Bobonaza, la tribu está formada por
unas cincuenta familias záparas, las cabañas estaban ubicadas a unos cien metros de la orilla del
río, los que se dedicaban a la pesca se encontraban más cerca a la orilla, esta tribu era diferente a
otras, ya  que ellos habían aceptado a un misionero, el mismo que los evangelizó y les enseñó
muchas cosas de la agricultura. Las viviendas eran individuales para cada familia, estaban
separados por parcelas de terreno que ellos cultivaban, eran pequeñas con la excepción de la
vivienda del Misionero que tenía dos pisos, otra edificación muy grande era la iglesia, la misma
que era capaz de albergar a todo el pueblo. La tribu estaba en lugar protegido al norte por un
acantilado profundo, que era de difícil acceso. La iglesia tenía una rudimentaria campana que
siempre les acompañaba en todo momento, los despertada antes del alba día tras días, les
anunciaba el atardecer, así mismo sus cantos líricos acompañaba las almas de los fallecidos en
busca de la eternidad, era una tribu que vivía feliz en sus asentamientos.

CAPÍTULO 6: Años antes

Fray Domingo de Orozco estaba en su casa, se sentía un poco melancólico como de costumbre,
recordaba el tiempo en que él era feliz junto a su familia. El estaba casado con Carmen, ellos
vivían en una hacienda cerca de Riobamba, tenían cinco hijos, el primero de ellos Carlos, la
última era una hermosa niña a la que llamaron Julia. El niño ya había ingresado a la escuela,
estaba en un internado en la ciudad de Riobamba, su padre D. Domingo decidió un día ir a
visitarlo. La familia se quedó en su casa de la hacienda y en eso se produce un levantamiento
indígena, ellos sufrieron maltratos por parte de los hacendados por muchos años, y en sus mentes
no cabía nada más que la venganza, incendiaron todas las casas con sus familias dentro. Cuándo
D. Domingo se enteró regresó a la hacienda lo más pronto posible, al llegar miró su casa envuelta
en llamas, con ayuda de sus sirvientes que sobrevivieron apagaron el fuego y sacaron los
cadáveres de la familia. Luego de esto D. Domingo decidió convertirse en Fraile. Carlos terminó
sus estudios y el Padre Domingo fue designado a la población de Andoas para ser evangelizados,
el Padre Domingo fue con gusto y en poco tiempo se ganó el afecto de aquella gente. 

CAPÍTULO 7:Un poeta

Carlos había cumplido ya sus veinticinco años, parecía haber vivido toda una vida, él como fue
enviado a la selva a evangelizar a los nativos. Él fue gustoso vivía junto al P. Domingo en la tribu
de los záparos. Desde niño demostró habilidades de poeta, parecía tener los rasgos sentimentales
de grandes escritores, al mismo tiempo parecía sombrío y nostálgico, gustaba de la soledad.
Cuando ya se encontraba viviendo en la selva amazónica, Carlos con frecuencia se internaba en la
selva con el propósito de explorar, además le gustaba la solemnidad que estas tenían junto a la
soledad, surcaba diestramente las orillas del Pastaza, el Bobonaza y el Palora. Un día fue en su
canoa por las cercanías del río Palora, no se percató que ya era tarde, y las sombras de la noche lo
cubrieron, ató su canoa a la orilla y quedó en hasta el amanecer. Escuchó una dulce voz, el pensó
que estaba soñando y miró a una chica de una rara belleza desaparecer por entre los matorrales.
Desde entonces Carlos empezó a frecuentar ese lugar, las dos palmeras, la hermosa chica era
Cumandá, empezaron a entablar amistad, se miraban fijamente como si el uno estuviera
esperando al otro. 

CAPÍTULO 8: Del Pastaza abajo

Carlos le había pedido permiso a padre para ir a la fiesta de las canoas al lago Chimano, el no
estaba de acuerdo ya que consideraba que era muy peligroso, pero Carlos fue muy persuasivo y lo
convención, P. Domingo también dio permiso a otros indígenas para que vayan con Carlos, esto lo
tranquilizaba. Por la mañana del día elegido, Carlos alistaba su canoa junto a los indios para bajar
por el Pastaza hasta el lago Chimano. Mientras transcurría el día, las canoas de los indios iban
poblando las riveras del Pastaza, eran incontables, todas eran similares, excepto por la de
Yamarhuaqui, que era más y grande y tenía un decorado llamativo. Carlos buscaba con la mirada
a Cumandá pero no la encontró por ningún lado. La travesía río abajo inició. Transcurrió todo el
día y el el sol se ocultaba por el horizonte. Decidieron pernotar a orillas del río cerca de un pueblo
llamado los Pinches, ya en la madrugada Cumandá se acercó donde Carlos y le contó que había
venido escondida por orden de su padre, y que las palmeras que simbolizaban habían sido
quemadas, ella  tenía malos presagios para su futuro. 

CAPÍTULO 9: En el lago Chimano

Al siguiente día continua el descenso hacia el lago Chimano, al anochecer llegaron a una
desembocadura que conecta el río Pastaza con el lago Chimano, sólo es navegable cuando el río
está crecido, pero en la temporada actual es casi imposible hasta para las pequeñas canoas. Los
indígenas tuvieron que remolcar las canoas hacia el lago, lo hicieron hasta altas horas de la noche.
Al siguiente día se hicieron los preparativos para iniciar la fiesta de las canoas que iniciaría al
medio día. Las tribus empezaron a rodear el lago Chimano con sus canoas y en el centro había
una balsa con trono majestuoso para el viejo curaca. La celebración  empezará al medio día. El
curaca se encuentra en su trono, el primeo ritual lo hacen los guerreros más hábiles, ofreciendo
regalos y presentes al curaca Yahuarmaqui, luego continúan las vírgenes, la virgen de las frutas,
de los vegetales y otras, y finalmente le toca el turno a la virgen de las flores, Cumandá. Ella tarda
en aparecer para dar su ofrenda, aparece en su pequeña canoa llena de flores y con gran habilidad
surca las olas del lago hasta llegar ´donde se encuentra el viejo curaca, hace su ofrenda de flores,
entre tanto Carlos recibe un golpe en la cabeza con un remo y cae al lago, al darse cuenta
Cumandá se arroja al lago para salvarlo, el padre de Cumandá lo considera indigno de una virgen
y entrega su vida para sacrificarle. El curaca Yamarhuaqui considera que no es momento de
derramar sangre, por lo tanto, continúa la celebración.

CAPÍTULO 10: La noche de la fiesta

La noche hace su aparición, ella es venerada por los nativos, es recibida por el coro y los cánticos
de las doncellas entre ellas Cumandá, es una melodía triste que augura un futuro de infelicidad,
su razón está deprimido por los acontecimientos ocurridos, pensando en su destino. Las
celebraciones continuaban, en las canoas se puso una especie de antorchas, con las cuales hacían
malabares sobre el lago. En la mitad del campamento se levantó una torre de madera con la cual
hicieron una fogata, en ella se depositaban todas las ofrendas recibidas por el curaca, además se
colocaba esencias, que emitían un olor que complacía a los mismos genios buenos de los ríos. El
anciano de la cabeza de nieve quería matar al extranjero, envió a su hijo a envenenarlo, él se
acerco a Carlos entablando conversación y solicitando amistad, él le ofreció a Carlos una bebida
con el veneno, Carlos pensaba que era una buena oportunidad para entablar amistad con los
Tongana, pero todo era falso, en eso llegó Cumandá y lo detuvo, por el alboroto del momento,
todos tuvieron que irse a sus chozas. 

CAPÍTULO 11: Fatal arbitrio 

El viejo anciano de la cabeza de nieve estalló en cólera, por la decisión de Cumandá de salvar al
extranjero, él no comprendía qué ella estuviera enamorado del hombre blanco, lo odiaba tanto
que era capaz de matar hasta su propia hija, con el tal de arrebatar la vida a Carlos de Orozco. La
celebración continuaba, los indígenas hacían la cena y continuaban bebiendo licor de yuca.
Tongana le recriminaba a Cumandá por sus actos, todos en su familia estaban atemorizados. En
altas horas de la noche el viejo Tongana ya estuvo ebrio, toma a Cumandá y fue a visitar al jefe de
los jefes, el curaca Yahuarmaqui, el también ya estaba ebrio en eso le pide al curaca que haga
justicia con la hija y el extranjero. Yahuarmaqui le dice no es necesario sacrificar nadie, que eso
molestaría a los buenos genios, entonces el viejo Tongana ofrece a su hija Cumandá, para sea la
séptima esposa del viejo curaca, el acepta, luego Yamarhuaqui exilia al extranjero, mientras
Cumandá se encuentra inconsolable con la decisión. 

CAPÍTULO 12: La fuga

El curaca mandó a informar a Carlos, que debía abandonar inmediatamente el lago Chimano,
mientras tanto Cumandá estaba en su choza, el viejo de la cabeza de nieve no estaba contento con
la decisión,  así que mando a uno de sus hijos a matarlo, mientras lo estaban planificando
Cumandá escuchó todo, cuando su hermano salió a la caza de Carlos, ella abandonó sigilosamente
la cabaña y fue a buscarlo, ella lo encuentra primero, Carlos no sabe que decir, engañan al
hermano de Cumandá con el sombrero de Carlos y una tela blanca que ella tenía. Ellos deciden
fugarse, dejarlo todo atrás. Caminan por la selva con instinto natural para no perder el sendero,
caminan toda la noche y llegan a la desembocadura del Pastaza, allí toman una canoa, y desatan
las demás para que no tengan forma de seguirlos. Siguiendo el sendero del Pastaza esperaban
encontrar una tribu cristiana, para que lo reciban. Carlos estaba preocupado por su padre ya que
no podrá verlo en un buen tiempo.

CAPÍTULO 13: Combate inesperado

Era cerca del amanecer cuando un záparo fue a buscar a Carlos, pero lo encontró, en eso colocó su
oído al piso para escuchar si habían escapado, pero escuchó que cientos de pasos se acercan
sigilosamente por las estribaciones, el záparo va rápidamente a avisar al gran curara
Yahuarmaqui, ellos se preparan para la batalla, con los primeros rayos del sol las flechas
empiezan a descender sobre las tribus alrededor del lago, se incendian las rudimentarias chozas
hechas de madera, una encarnizaba batalla empieza, los guerreros más hábiles baten sus armas al
viento, repeliendo al enemigo. Los invasores resultaron ser los zamoras y logroños liderados por
Mayariaga, ellos habían solicitado alianza al viejo curaca, pero éste al no querer participar
abandonó el lugar, pero el jefe Mayariaga, quedó ofendido y ahora busca venganza, el joven y
corpulento guerrero Mayariaga se enfrenta a su antiguo amigo el viejo guerrero de las manos
sangrientas, la batalla es incesante y el joven guerrero hiere al viejo curaca, pero este levanta su
ánimo y continúa luchando, para finalmente derrotar a Mayariaga, y obtener su cabeza como
trofeo de la gran victoria. 

CAPÍTULO 14: El Canje

Luego de la finalización de la batalla, se puede apreciar un campo desolador, lleno de cuerpos por
todos lados, donde un día antes todo era alegría y celebración, ahora sólo es un campo destruido.,
muchos guerreros han perdido su vida, entre ellos los hermanos de Cumandá, el viejo Tongana ha
quedado muy mal herido, ellos piensan que Cumandá ha fallecido en uno de los incendios ya que
se hallaron cadáveres de jóvenes mujeres. A poco de eso un mensajero de los zamoras llega para
hablar con el viejo curaca, éste solicita llevarse el cuerpo de su jefe fallecido para darle sepultura
de acuerdo a sus tradiciones, el curaca por su antigua amistad acepta, pero no le entregará la
cabeza, ya que hará de ella un trofeo de la victoria, entonces, el joven mensajero ofrece un cambio
por la cabeza del guerrero caído en batalla. Dos prisioneros, el curaca supuso que debían ser
Cumandá y el extranjero, y efectivamente eran ellos, el curaca acepta el trato entrega el cuerpo y
la cabeza de Mayariaga a cambio  de los dos fugitivos. Un záparo que había participado en la
batalla solicitó al curaca que quería quedarse con el extranjero como premio por su participación
en la batalla, el curaca aceptó. 

CAPÍTULO 15: A orillas del Palora

Luego de los acontecimientos de la batalla, el curaca ordeno sepultar a los fallecidos, según la
tradición de cada tribu, luego retornaron a su tierra de origen, unos por el río Pastaza, otros por
tierra. Mientras las canoas desfilaban por Andoas, Carlos estaba perplejo miranda el pasar de
cada canoa con el afán de mirar a su amada Cumandá, pasó varias horas pero no pudo verla. el
curaca al llegar a su tribu inició de inmediato los preparativos para el matrimonio con la joven
virgen de las flores.  que para ese momento prefería más la muerte que la vida. El día de la
celebración llegó el viejo curaca con mucha dificultad ciñe con el cinturón de culebra verde a
Cumandá, ella no puso ninguna oposición, se sentía tan abatida por estar lejos de Carlos. Luego
de las celebraciones Cumandá y Yahuarmaqui van al lecho, el viejo curaca parece cansado y
agobiado, Cumandá no sabe qué hacer, el curaca se acuesta en el lecho, parece que no se
encuentra bien de salud, la herida recibida en batalla para estar cobrando su tributo, el viejo
curaca ha fallecido. Cumandá escapa por la parte de atrás de choza para no ser vista y va en busca
del extranjero. 

CAPÍTULO 16: Sola y fugitiva en la selva

Cumandá emprendió en largo camino hacia Andoas, su madre Pona le recomendó que a ratos
siguiera por el sendero del río, otro rato que se alejara, a veces que los cruzará, el alba hacía su
presencia, Cumandá se sentía cansada por la caminata, pero solo necesita pensar que pronto
estaría con el extranjero para recuperar la fuerza. Cerca del medio día hacía un sol abrazador,
busca agua, ya que tenía mucha sed por la caminata, el agua del río es amarga, y no se puede
beber, encuentra un pequeño charco de agua, Cumandá bebe hasta saciarse, come unas pequeñas
uvas que cayeron de un árbol. descansa unos minutos y continúa su jornada, incluso continúa
caminando por la noche aunque no puede avanzar mucho En se segundo día de escape, el cielo se
torna grisáceo, se presenta una tormenta fortísima, se escuchan los truenos, el río ha crecido.
Cumandá continúala travesía, se encuentra con un pequeño río, ella iba allí cuando vivía con sus
padres, está cerca de esas cabañas que días antes todo era felicidad. Luego de caminar por varias
horas llega al lugar de las palmeras, dónde antes era el sitió de encuentro con su amante. Mira
una canoa y sin pensarlo la desata y desciende por el río, pero no puede controlarla porque el río
ha crecido, queda inconsciente y a la deriva en el río. 

CAPÍTULO 17: Angustias y heroísmos.

En una mañana, un záparo se apresuraba allegar a Andoas, los pobladoras inquietos pensaban
que podría ser Carlos que había regresado de su viaje, pero el záparo dijo que había visto a una
chica en una cano cerca a la gran peña don el agua se arremolina, os záparos fueron a rescatar a la
muchacha, cuando la trajeron ellos pensaban que estaba muerta. el P. Domingo la revisó,
constató que e aún estaba con vida, la limpia la cara y quedó admirado por su belleza, y al mismo
tiempo recuerdos de su pasado regresaron a su mente, después de unos minutos despierta y le
preguntan por la canoa, ya que era la canoa de Carlos, ella por su apresurado escape, robó la
canoa de Carlos y lo dejó en la selva. De pronto un mensajero de los jíbaros se presenta, solicita se
le entregue a Cumandá o sacrificarán a Carlos y declararan  la guerra contra Andoas. El P.
domingo entró en oración ya que tenía hasta media noche para decidir la suerte de Cumandá y de
su hijo Carlos. Entre tanto un záparo llevó a Cumandá con los jívaros Paloras, ya que ella insistía
en que se nadie más debía ser lastimado, ella pensaba que era lo correcto. 

CAPÍTULO 18: Última entrevista n la tierra

Cumandá fue con el mensajero, ella estaba dispuesta a sacrificarse por su amado Carlos, el mismo
que era prisionero de los jívaros, los dos en una pequeña canoa se dirigieron al campamento
cercano que habían levantado, Cumandá por ser la esposa más querida del curaca Yahuarmaqui
debía cumplir con la tradición de los jívaros de ser sepultada junto con su esposo fallecido, para
cumplir con esto ella tiene derecho a un deseo que debe ser cumplido, el curaca sucesor
Sinchirigra ofrece cumplir el deseo de Cumandá, como ordena la tradición de la esposa
sacrificada. El deseo de Cumandá era ver por última vez al extranjero, el curaca sucesor estaba
molesto por tal petición, pero al haber dado su palabra la cumplió, fueron donde Carlos, él se
encontraba atado de espaldas a un árbol, conversaron por última vez, ella le entregó el presente
que su madre Pona le había entregado, lo puso en cuello. Luego miró a su alrededor, su padre
Tongana y su madre Pona, también fueron atados a unos árboles. Cumandá y los jívaros
emprendieron el regreso a la tribu para terminar la ceremonia fúnebre del gran curaca fallecido. 

CAPÍTULO 19: La bolsita de piel de ardilla

Era como media noche cuando el P. Domingo fue a buscar a Cumandá para ir a hablar con los
jívaros, pero se entera de que había partido para ser sacrificada, en ese momento el misionero no
puso que hacer, dijo a los záparos que prepararan una canoa para ir en su búsqueda, pero ellos no
eran hábiles en la navegación nocturna y tenían miedo, pero tampoco querían desobedecer las
ordenes del padre Domingo, ellos iniciaron la preparación de la canoa, pero se tardaban
demasiado, el padre domingo pensaba en la suerte de su hijo y de la pobre muchacha, entre tanto
el alba se hacía presente los záparos iniciaron la travesía, cuando llegaron al lugar dónde se
encontraba Carlos, lo miraron, él seguía con vida, lo desataron, así como al viejo Tongana y Pona.
Carlos quiere ir a buscar a Cumandá pero el P. Domingo no lo consiente. Pona se da cuenta que
Carlos tiene la bolsita que le había dado a Cumandá, entonces Carlos la abre y mira un relicario
con una foro, era la esposa de P. Domingo, entonces Pona les cuenta la verdad, Cumandá, era la
hija de P. Domingo, Julia. Pona la había salvado del incendio y la crio como su hija. Tongana que
se encontraba mal herido ha fallecido. Ellos deciden ir a salvar a Cumandá con la ayuda de los
záparos.
CAPÍTULO 20: Diligencias inútiles 

Los záparos empiezan a seguir las huellas de los jívaros, ellos llevaban gran ventaja respecto a
Carlos y al P. Domingo. Pero se apresuraron a encontrar el rastro para seguirlos, ellos tomaron
dos caminos unos tomaron la ruta del río Palora, mientras que los demás siguieron por tierra.
Carlos y los demás siguieron al grupo de tierra, un záparo tuvo la idea de cortar camino para
alcanzarlos, pero debido al mal tiempo el río estaba crecido y la caminata por tierra era
dificultosa, el pero el ánimo de encontrarse con su hija le daba fuerzas al padre Domingo y a
Carlos. Pero sufrieron un contratiempo terrible, el camino que habían tomado no fue el más
adecuado, ya que perdieron muchos días para cruzarlo, luego de esto llegan a la tribu de los
jivaros, pero es demasiado tarde, la celebración se ha terminado, encuentra el cuerpo sin vida de
la bella joven. Toman el cadaver y retornan a Andoas para sepultarla, tardan cerca de un día en
regresar. Carlos estaba entristecido por la muerte de Cumandá. Pocos meses después Carlos
segue a Cumandá en el sendero eterno de la muerte. Pona siguió el mismo camino. El padre
domingo retornó a Quito para continuar con su penitencia.

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