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Currícula de la

Universidad Cristiana Libre


HISTORIA Y SINGULARIDADES CRISTIANAS
Historia de la iglesia primitiva-Los ágapes del siglo I

¿QUÉ SON LOS ÁGAPES Y


POR QUÉ SON TAN
IMPORTANTES?
Sabemos que es más fácil y cómodo dejarle la responsabilidad del
liderazgo y crecimiento espiritual de nuestras familias a alguien
supuestamente más preparado que nosotros en cuestiones de fe, es
decir a profesionales de la religión a sueldo. Pero ¿es eso lo que Dios
quiere? ¿Y si convirtiéramos nuestros hogares en templos y a nuestras
familias en iglesias?

Armando H. Toledo, L.Psic


Coordinador general de la UCLi
(a.h.toledo@hotmail.com)

A. EL HOGAR COMO TEMPLO:

1. Juan 4:20-24 ¿Dónde dijo Jesús que Dios sería adorado en el futuro?

¿Cómo dijo Jesús que Dios sería adorado en el futuro?

2. Mateo 24:1-2 ¿Qué predijo Jesús a sus discípulos judíos que pasaría con el Templo de
Jerusalén?

3. Hechos 17:24-25 ¿Dónde dijo el apóstol Pablo a los atenienses que Dios vivía? ¿Dónde
dijo que no vivía?

a. El Señor Jesús dijo que en el futuro los verdaderos adoradores ya no adorarían al Padre ni en
el Monte Guerizín ni en el Templo de Jerusalén, ni en ningún otro templo religioso
construido de materiales y con la mano del hombre. El futuro llegó desde hace dos mil años,
y desde entonces los cultos de adoración de la verdadera iglesia de Jesucristo ya no adora
religiosamente con estructuras y sistemas institucionalizados, sino “en espíritu” y “en
verdad”, es decir, con intimidad sentimentativa y con la integridad que da una mente
educada en la verdad de las Sagradas Escrituras Cristianas.

b. Dios ratificó su deseo de este nuevo tipo de adoración no religiosa al permitir que en el año
70 dC. el Templo de Jerusalén fuera destruido por el ejército romano hasta no dejar “piedra
sobre piedra”. El viejo culto judío del Antiguo Pacto, basado en el derramamiento de sangre
animal, había quedado clausurado. Una nueva época de gracia basada en la justicia del
creyente por la sola fe en el sacrificio del Cordero de Dios, quedaba inaugurada. Nadie
debía retar a Dios construyendo templos al estilo antiguo ni trabajando como sacerdotes
intermediarios entre Dios y los creyentes. Ya nada de eso era necesario. Dios había
inventado un nuevo paradigma: la Iglesia informal bajo la autoridad del Espíritu Santo.

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4. A partir de este cambio de paradigma, los nuevos creyentes del
siglo I entendieron que Dios había elegido venir a vivir en ellos
mismos en la forma de su Espíritu. El espíritu humano sería la
nueva casa del Altísimo, el Lugar Santísimo donde el Espíritu de
Dios haría su nueva morada. Los viejos templos religiosos serían
inútiles e ineficaces para ofrecer una adoración “en espíritu y en
verdad”. Más allá de toda antigua tradición religiosa basada en la
adoración en templos, el Nuevo Testamento señala que los primeros cristianos
normalmente se reunían en casas particulares para rendir culto al Padre y aprender
los mandamientos del Hijo, guiados en todo por el Espíritu Santo.

5. La primera forma de iglesia que debe conocer un matrimonio o una familia


espiritualmente sana, es la formada por la propia familia; y el primer templo es la casa
propia. Dejar esta responsabilidad de liderazgo espiritual de la propia familia a algún
profesional de la religión, es en realidad irresponsable por parte del esposo, pues de
algún modo éste no entiende o no quiere aceptar que él es el pastor en su propia iglesia,
es decir, de su propia esposa e hijos.

6. En un ágape cristiano, ninguno de los 12 apóstoles es nuestro apóstol, pues no somos de la


religión judía. Nosotros somos gentiles, es decir, gente de las naciones no judías que
recibimos una salvación que no era para nosotros, pues Jesús vino a salvar a los suyos,
aunque “los suyos no lo recibieron” (Juan 1:11). Debido a que ellos no lo recibieron,
nosotros fuimos “injertados” en lugar de ellos, como quien es “cortado de lo que por
naturaleza es un olivo silvestre, y contra lo que es natural es injertado en un olivo
cultivado” (Romanos 11:24). Así, “injertados en Cristo Jesús y gracias a su muerte, ya no
estamos lejos como antes, sino cerca” (Efesios 2:13). Así que, como gentiles “injertados”,
el apóstol de nosotros los no judíos que hemos aceptado al Mesías que aquellos
rechazaron, es el apóstol Pablo, el “apóstol y maestro de los gentiles para enseñarnos la
verdadera fe” (1 Timoteo 2:7).

7. Nuestro apóstol, en su evangelio disperso a lo largo y ancho de sus


queridas cartas, solía visitar a las iglesias que él había iniciado en su
trabajo de precursor en el Medio Oriente. Los creyentes de las
nuevas iglesias, quienes entendían claramente que ya no había
obligación de atender cultos templarios, se reunían en las casas de
los mismos hermanos. Veamos los siguientes ejemplos extraídos de
las cartas de Pablo: ¿A quién mandó saludar el apóstol Pablo?

a. Romanos 16:3-5

b. Colosenses 4:15

c. Filemón 1-2:

8. Reflexión:

En una civilización como la actual, que nos condiciona a dejar la satisfacción de nuestras
necesidades a expertos especializados a cambio de un pago, damos por sentado que
debemos llevar a nuestros hijos a las escuelas para que los eduquen, y a nuestra familia a
los templos para que la pastoreen. Pero Dios nunca ha pensado de esa manera. La
responsabilidad de educar a los hijos siempre ha sido de los padres; y la de pastorear a la
familia, de los esposos. En este tenor, ¿reúne usted en su casa a su familia como Iglesia, o
prefiere llevarla a un templo para adorar con la guianza de un profesional de la fe? ¿Piensa

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que es más fácil y cómodo dejarle la responsabilidad del liderazgo espiritual de su familia
a alguien más preparado que usted en cuestiones de fe? Si no es así, ¿se reúne con su
ágape familiar al menos una vez a la semana? ¿Se reúne con su ágape al menos otra
familia para orar, adorar, leer y estudiar como comunidad cristiana? Si no es así, ¿le
interesaría formar un ágape en donde pueda gozar de una relación más cercana y
comprometida con otros hermanos en la fe, con quienes pueda compartir tanto la oración y
la partición del alimento, como la lectura y el estudio bíblico, y las penas y alegrías de la
vida comunitaria? ¿Cree usted que esto abonaría más a la estabilidad y felicidad de su
matrimonio, en particular, así como de su familia, en general? ¿Cómo se imagina que sería
su ágape?

B. LA FAMILIA Y LOS HERMANOS EN LA FE COMO IGLESIA COMUNITARIA.

1. El correcto significado de Iglesia. La palabra griega para “congregación” (ekklesía) se


traduce “iglesia” en algunas versiones españolas, como la Reina-Valera. Pero el término
alude a un grupo de personas que se reúne con un propósito común, jamás a un
edificio (Comparen con Hechos 8:1; 13:1). Por tanto, los cristianos genuinos (los no
religiosos) no necesitaban antes ni necesitamos ahora adorar a Dios en edificios religiosos
adaptados y ornamentados para ese fin.

2. Total compromiso de la Iglesia con la verdad. Las reuniones que los cristianos judíos
del primer siglo celebraban en domicilios particulares (los llamados ágapes cristianos)
seguramente eran instructivas y edificantes en sentido espiritual. Tertuliano (c. 160-220
d. C.), uno de los primeros escritores apologistas latinos, escribió con respecto a estos
ágapes: “Nos reunimos para la lectura de las Sagradas Escrituras […] Cultivamos con
palabras santas la fe, alentamos la esperanza, aseguramos la confianza” (El Apologético,
Cáp. 39).

3. Total compromiso de los ágapes (la Iglesia en casa) con la justicia. El historiador
Plinio el Joven del siglo II d. C. escribió que cuando los cristianos fueron perseguidos
por el imperio y llevados a interrogatorios para dar razón de su “secta”, ellos
“…afirmaban que toda su culpa o error consistía en que tenían el hábito de reunirse cierto
día fijo antes del amanecer, y que ahí cantaban en versos alternados un himno a Cristo
como a un dios, y que se sometían a un juramento solemne, y no a hechos malvados de
ninguna clase, sino más bien a nunca cometer fraude, robo ni adulterio; a nunca falsear su
palabra, ni a negar algo que se les hubiera confiado cuando fueran llamados a dar cuenta
de ello” (Epístolas 10:96).

4. Fin del compromiso de los ágapes con la construcción de templos. El Dr. en historia
John L. von Mosheim explica con respecto a la iglesia primitiva que “lo que irritaba a
los romanos contra los cristianos era la sencillez de su adoración, que en nada se parecía a
los ritos sagrados de otros pueblos”. Y añade: “No tenían ni sacrificios ni templos ni
imágenes ni oráculos ni órdenes sacerdotales, lo cual era suficiente para deshonrarlos a
los ojos de la multitud ignorante, que se imaginaba que no podía existir ninguna religión
sin estos elementos. Por ello se les despreciaba como si fueran ateos; y, según las leyes
romanas, a los acusados de ateísmo se les consideraba la escoria de la sociedad humana”
(L. von Mosheim, 2006).1

1
L. von Mosheim, John (2006): Historical Commentaries on the State of Christianity During the First Three Hundred and Twenty-Five
Years from the Christian Era, Vol I, p. 35.
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5. Fin del compromiso de los ágapes con el sacerdocio católico o evangélico. La división
de los creyentes entre clérigos (miembros de alguna clase sacerdotal) y laicos (de “laos”:
gente deseducada del pueblo) fue rechazada por los hermanos de la Iglesia primitiva al ser
guiados por el Espíritu de Dios. No se conocían tales distinciones entre los miembros de
los ágapes (las congregaciones cristianas del primer siglo). Al respecto, el Dr. Mario E.
Rivera, en su tesis doctoral titulada La Iglesia como comunidad redentora y terapéutica,
ha dicho lo siguiente: “Si la Iglesia no es una comunidad genuina no podrá cumplir su
verdadero llamado. Su vida debe ser una vida de comunidad. Esto significa entre otras
cosas que en una iglesia cristiana genuina no hay lugar para la dicotomía entre ministros y
laicos. Dicha dicotomía es el resultado de un error que se introdujo [...] en los primeros
siglos de la Iglesia, y el cual dio origen a las jerarquías eclesiásticas. Tal error no fue
nunca el espíritu de la comunidad cristiana primitiva” (Rivera, 1979:50,51).2

C. CONCLUSIÓN:

“¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si
alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios
es sagrado, y ustedes son ese templo. […] ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del
Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus
propios dueños” (1ª Corintios 3:16; 6:19). “Nosotros somos templo del Dios viviente. Como él
ha dicho: «Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y
ellos serán mi pueblo».” (2 Corintios 6:16). “Por lo tanto, ustedes ya
no son extraños ni extranjeros, sino conciudadanos de los santos y
miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de
los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra
angular. En él, todo el edificio, bien armado, se va levantando para
llegar a ser un templo santo en el Señor. En él, también ustedes son
edificados juntamente para ser morada de Dios por su Espíritu”
(Efesios 2:19-22). “Cristo es la piedra viva, rechazada por los seres
humanos, pero escogida y preciosa ante Dios. Al acercarse a
él, también ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa
espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales
que Dios acepta por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:4-5).

“Por una fe inteligente…”

© 2018. The UCLi International Ministries

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Rivera, Mario E. (1979). La Iglesia como Comunidad Redentora y Terapéutica; Tesis doctoral; San Juan, Puerto Rico.
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