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TEORÍA Y PRÁCTICA DEL

COACHING
ONTOLÓGICO
PROFESIONAL
LA PROFESIÓN DEL DESARROLLO
DEL POTENCIAL HUMANO

Oscar Anzorena
Prólogo
El Coaching Ontológico Profesional se desarrolló en las últimas décadas gracias a
profesionales como Rafael Echeverría y Julio Olalla, que entrenaron a miles de coaches no
solo en América Latina sino también en el resto del mundo. Ambos fueron discípulos de
Fernando Flores e influenciados por pensadores como Maturana, Austin, Searle y Varela
entre otros. Tuvieron un rol clave al entrenar también a profesionales que, desarrollando
sus propios programas de entrenamiento para coaches, hicieron crecer la profesión
enormemente. En la actualidad hay miles de coaches entrenados anualmente en
Sudamérica. En la mayoría de los países del Cono Sur, el Coaching Ontológico toma
preponderancia sobre otras modalidades más desarrolladas en los Estados Unidos y
Europa, como el Coaching Co-Activo, Gestáltico, Sistémico, Integrativo, con PNL, entre
otros.
Aunque se escribieron diferentes libros sobre la temática del Coaching Ontológico que
permitieron el desarrollo de la disciplina, este libro de Oscar Anzorena presenta una síntesis
única, resultado de muchos años de experiencia profesional y como formador de coaches.
Es uno de los primeros libros que aborda en forma integral la teoría y la práctica del
Coaching Ontológico, favoreciendo el desarrollo del mismo y haciendo una contribución de
gran valor para la profesión.
Oscar Anzorena rescata la construcción colectiva de los coaches ontológicos en la
Argentina, pero le imprime una particular visión que abre el debate y posibilita repensar
nuestra profesión. Los postulados del libro están sustentados con casos reales que a su
vez dan muestra de la diversidad de problemáticas que puede abordar el Coaching
Ontológico Profesional. Las transcripciones de las sesiones de coaching posibilitan
identificar los elementos teóricos y ofrecen una clara demostración de las distinciones
conceptuales desarrolladas.
Los planteos presentados en el libro tienen sustento y solidez académica, pero a su vez
están redactados de una manera clara y de amena lectura, constituyendo un significativo
aporte que probablemente se transforme en un “manual” de lectura obligatoria para la
comunidad de práctica del Coaching Ontológico Profesional.
Dr. Damian Goldvarg
Master Certified Coach - MCC
Presidente ICF (Internacional Federation Coaching)
2013 - 2014
Introducción
El presente libro nace con el propósito de aportar al desarrollo y consolidación de una de
las profesiones más pujantes y auspiciosas del nuevo siglo: el Coaching Ontológico
Profesional.
La disciplina del Coaching tiene sus inicios a principios de la década de los noventa y va
adquiriendo su legitimación en la efectividad demostrada a través del acompañamiento a
los retos planteados en un mundo en profunda y vertiginosa mutación, donde la
transformación del entorno presupone una continua adaptación y la resolución de nuevas
problemáticas, y en donde las personas, las organizaciones y las sociedades se ven
situadas frente al desafío del cambio continuo y a la necesidad de realizar procesos de
aprendizaje a los efectos de ampliar su capacidad de acción y alcanzar los objetivos
propuestos.
Es así que cambio y aprendizaje emergen como dos caras de la misma moneda, ya que
establecen una intensa relación de mutua influencia. Todo cambio supone un nuevo
aprendizaje que nos posibilita ampliar, corregir o modificar nuestra capacidad de acción y,
a su vez, muchos aprendizajes conllevan profundos procesos de cambio personal. Es aquí
donde la disciplina del Coaching se va consolidando y demostrando su efectividad en la
facilitación de estos procesos de aprendizaje y cambio. Particularmente en el ámbito de las
empresas, donde el Coaching pudo validar su idoneidad al mostrarse como la disciplina
eficaz para acompañar y facilitar procesos de transformación personal en contextos de
cambio organizacional.
Todo esto hizo posible que el Coaching creciera como práctica profesional y se nutriera
de diferentes enfoques conceptuales. El Coaching Ontológico es uno de los enfoques que
ha logrado mayor crecimiento, fundamentalmente a lo largo del continente americano.
Entendemos que la profundidad de su mirada en relación a su concepción sobre el ser
humano y su devenir en el mundo, la valoración del carácter generativo del lenguaje y su
rol en los dominios de la acción y la transformación de las personas, y la concepción ética
y vocación de servicio con la que ha planteado su práctica profesional, son posiblemente
los principales fundamentos que pueden dar cuenta de este crecimiento y consolidación
como profesión enfocada al desarrollo del potencial humano.
Como paso previo a la presentación del contenido del libro, considero necesario y
oportuno realizar un doble reconocimiento. En primer lugar, a quienes han sido los pioneros
y principales referentes de nuestra profesión. Me refiero a Rafael Echeverría y a Julio Olalla,
quienes, por medio de sus libros, sus enseñanzas y la formación de miles de coaches
ontológicos a través de sus respectivas escuelas en numerosos países, han aportado a
difundir y a instalar nuestra profesión. También a Fernando Flores y a Humberto Maturana,
quienes a partir de sus desarrollos teóricos han nutrido el cuerpo conceptual del Coaching
Ontológico.
El segundo reconocimiento está destinado a las asociaciones profesionales de coaching
a las que pertenezco y en las que participo activamente: la International Coaching
Federation (ICF) y la Asociación Argentina de Profesionales del Coaching (AAPC).
Particularmente a esta última, ya que nuclea en su seno a los coaches ontológicos y a
través de su accionar ha posibilitado la conformación de una comunidad de práctica y
aprendizaje donde a través del diálogo, el intercambio y la construcción conjunta hemos
enriquecido y desarrollado nuestro quehacer profesional.
En este marco de aprendizaje comunitario validamos el hecho de que la disciplina del
Coaching Ontológico está viva y en permanente construcción y recreación, teniendo como
foco y visión inspiradora el compromiso ético que asumimos con los coachee con los que
trabajamos, en el sentido de incorporar en forma continua nuevos enfoques y herramientas
que enriquezcan nuestra profesión y nos posibiliten dar respuestas en forma cada vez más
efectiva a las diferentes problemáticas planteadas en el ámbito del Coaching Ontológico.
Esta característica del aprendizaje permanente y de la retroalimentación de la teoría a
través del análisis de la experiencia, le ha ido aportando solidez y mayor consistencia
conceptual a nuestra práctica profesional. A fines del 2014, la AAPC consideró necesario y
oportuno realizar una puesta en común de estos diversos caminos recorridos por los
coaches ontológicos en nuestro país. En tal sentido convocó a un proyecto de investigación
y elaboración colectiva que concluyó con la publicación del libro Significación del Coaching
Ontológico, Constructivista y Sistémico – Modelo 7CCOP, que fue presentado en el Primer
Congreso Latinoamericano de Coaching Ontológico realizado en Buenos Aires en octubre
de 2015.
Este trabajo de elaboración y redacción grupal construido a lo largo de un año con la
activa participación de más de cien coaches ontológicos de todo el país, con el aporte de
los directores de más de veinte Escuelas formadoras en Coaching Ontológico Profesional
y bajo la coordinación y dirección de la AAPC, tuvo la virtud de generar una base conceptual
en común, donde todos los miembros de esta comunidad profesional nos reconocemos y
referenciamos más allá de las diferencias y particularidades que cada uno de nosotros le
imprimimos a nuestra práctica profesional. Me parece fundamental destacar la
trascendencia de este aporte de la comunidad de aprendizaje del Coaching Ontológico en
la Argentina, ya que la considero una experiencia inédita y cuyo valor no sólo reside en
la riqueza del producto elaborado, sino también en el modo de construcción colectiva que
ha logrado desarrollar la AAPC, como un estilo diferencial del ejercicio de la profesión en
nuestro país.
En mi carácter de Director de la “Escuela de Liderazgo y Coaching” de DPO Consulting,
tuve la alegría y el honor de ser un activo partícipe en dicho proceso y colaborar en la
elaboración y redacción del mencionado libro. Alguna de las ideas que en esa oportunidad
conversé y debatí con mis colegas, están retomadas en forma más amplia en el presente
libro.
Me parece pertinente realizar esta mención en la introducción al libro, ya que el mismo
está inscripto en el marco conceptual y herramental construido y consensuado
colectivamente, pero a su vez posee la particularidad que le imprime mi propio recorrido
profesional. Me resulta imprescindible hacer esta aclaración ya que el libro no expresa, ni
pretende hacerlo, una unanimidad de mirada dentro del Coaching Ontológico, sino que,
muy por el contrario, surge con la intención de sumar su aporte al debate que enriquece
nuestra profesión. En tal sentido, se propone provocar la reflexión, ampliar la mirada y
compartir experiencias en pos de abrir nuevas fronteras de posibilidad y alcance a nuestra
práctica profesional.
En relación a la mención a mi recorrido profesional me parece significativo compartir una
experiencia que marcó particularmente la gestación del presente libro. Hace unos cuantos
años se dio la coincidencia de que varios coaches, muchos de ellos egresados de nuestra
Escuela, se acercaron con el pedido de supervisar su práctica profesional. Existía en ellos
la inquietud de que luego de un tiempo de ejercer profesionalmente como coach, se daban
cuenta de que muchas veces les surgía el interrogante de si su forma de intervenir era la
más adecuada. Se planteaban si no se estarían repitiendo a sí mismo y de esta manera
no estaban avanzando en su hacer profesional, como así también se encontraban frente a
situaciones cuya complejidad requería abordajes que trascendían los conceptos y
herramientas adquiridos durante el proceso de formación como coaches.
Más allá del trabajo de supervisión individual con los casos particulares que cada uno de
ellos traía a consulta, ante la reiteración del planteo, me propuse el desafío de desarrollar
una instancia de aprendizaje grupal que se hiciera cargo de esta demanda de los coaches
certificados. Es así que en el 2010 constituimos el primer grupo de lo que denominamos
Seminario de Postítulo en “Coaching Avanzado”, donde se plantea un proceso de
entrenamiento y profundización de la práctica del Coaching Ontológico Profesional, con el
objetivo de consolidar las competencias aprendidas, incorporar nuevas distinciones y
habilidades, y continuar un proceso de desarrollo personal y profesional.
A tal efecto planteamos un espacio de aprendizaje donde fuimos desarrollando una
innovadora metodología basada en un intenso entrenamiento y supervisión de prácticas de
coaching, con procesos de Mentor Coaching y con el análisis y debate grupal de sesiones
de coaching traídas y presentadas por los participantes, como así también con la
incorporación de conceptos y técnicas provenientes de otras disciplinas. Este trabajo
realizado con numerosos grupos de coaches a lo largo de estos años, me posibilitó ir
revisando y enriqueciendo la teoría, como así también los procesos, las técnicas y las
competencias que requiere un coach profesional a los efectos de hacerse cargo en forma
efectiva de la complejidad y diversidad de las problemáticas planteadas. El presente libro
es el emergente de esta intensa y transformadora experiencia.
El libro también viene a dar cuenta de la carencia de textos enfocados a la sistematización
de la práctica profesional del Coaching Ontológico, en contraposición con la nutrida
bibliografía existente dirigida exclusivamente a la teoría. Es por esto que el presente libro
pretende ser un aporte para quienes se estén formando o pretendan hacerlo, y también
para quienes se interesen en conocer no sólo la teoría que sustenta nuestra profesión, sino
también el devenir específico de la práctica del Coaching Ontológico Profesional.

Estructura del libro


El libro parte de la base de que la profesión del Coaching Ontológico se sustenta en tres
grandes pilares que se relacionan e interconectan entre sí: el marco conceptual, las
características de la práctica profesional y las competencias profesionales que se requieren
para desempeñar dicha práctica. Partiendo de este supuesto teórico hemos planteado el
desarrollo del presente libro en tres partes:
1° parte: Marco conceptual que sustenta la práctica del Coaching Ontológico
2° parte: La práctica del Coaching Ontológico Profesional
3° parte: Habilidades y actitudes del Coach Ontológico Profesional
La primera parte presenta una mirada global sobre los distintos aspectos en los que se
basa el “Marco conceptual que sustenta la práctica del Coaching Ontológico”. El marco
conceptual implica la visión que tenemos acerca del ser humano. El posicionamiento que
adoptamos frente a la problemática del acontecer y el devenir humano, su capacidad de
acción, sus posibilidades de aprendizaje y transformación, sus dominios constitutivos como
persona y su enfoque ético entre otros aspectos, constituye la base del modelo conceptual
y, por lo tanto, condiciona profundamente la capacidad de acción del coach y su estilo
de intervención. Las posibilidades y los límites que tiene toda disciplina profesional
están respaldados y a su vez delimitados por la base conceptual, filosófica y ética que le da
basamento. Cuanto más profunda y sólida es esta base, más se potencian las posibilidades
del despliegue operativo de la práctica profesional.
A partir de la idea de que el marco conceptual del Coaching Ontológico da lugar a una
particular manera de entender y llevar a la práctica el quehacer profesional, desarrollaremos
en la segunda parte las distinciones, los procesos, y las herramientas específicas que
caracterizan “La práctica del Coaching Ontológico Profesional”. Y, dado que uno de los
aspectos distintivos de este enfoque conceptual es que plantea como objetivo del proceso
de coaching lo que denominamos el “cambio de observador” y el aprendizaje
transformacional, desarrollaremos cuál es la estructura y la secuencia de las etapas de una
sesión de coaching que posibilitan la intervención ontológica.
Esta especificidad de la práctica del Coaching Ontológico lleva implícito el hecho de que
el coach debe adquirir y desarrollar un conjunto de competencias que le posibiliten conducir
en forma efectiva los procesos de coaching. En función de esto, la tercera parte del libro
está enfocada a las “Habilidades y actitudes del Coach Ontológico Profesional”. En esta
parte, si bien la desarrollaremos desde nuestra particular perspectiva, tomaremos como
base y referencia a las “7 Competencias del Coach Ontológico Profesional” de la AAPC,
como así también a las “11 Competencias Claves del Coaching Profesional” de la ICF.
Con el profundo deseo y con la mayor convicción de que el presente libro constituya un
relevante aporte al Coaching Ontológico Profesional, los invito a su lectura.
Oscar Anzorena
Enero de 2016
PRIMERA PARTE
Marco conceptual que sustenta la
práctica del Coaching Ontológico
La práctica profesional del Coaching Ontológico se sustenta en un importante y profundo
marco conceptual que implica una diversidad de miradas y paradigmas filosóficos,
antropológicos y éticos que se interconectan y complementan entre sí, estableciendo una
sólida base teórica. Desarrollaremos este abordaje conceptual tomando como base ocho
“enfoques” diferentes, pero a su vez profundamente complementarios1:
1. Enfoque Constructivista
2. Enfoque Lingüístico
3. Enfoque Conversacional
4. Enfoque Sistémico
5. Enfoque Ontológico
6. Enfoque Emocional
7. Enfoque Corporal
8. Enfoque Ético
Parece oportuno señalar que el objetivo de esta primera parte del trabajo es el de realizar
un desarrollo global de nuestro marco conceptual, de manera tal que permita a los lectores
tener una idea integral de los distintos aspectos que lo constituyen. Es por esto que no
pretendemos agotar los temas ni desarrollarlos en forma exhaustiva, sino hacer un planteo
general que a su vez nos permita señalar la complementariedad y la sinergia de los
diferentes elementos que conforman el cuerpo conceptual. De esta manera se podrá
percibir la forma en que estos diferentes enfoques se relacionan, se integran y se influyen
mutuamente.
Muchos de los aspectos conceptuales que iremos planteando a lo largo de esta primera
parte del trabajo, ya los hemos desarrollado con mayor profundidad en anteriores libros2 y
no es nuestra intención volver a hacerlo, por lo tanto, quienes quieran introducirse en estos
temas de manera más integral, lo podrán hacer accediendo a la mencionada bibliografía.
También vale aclarar que el orden de presentación no implica una valoración de jerarquía
o de importancia.
Capítulo 1

Enfoque Constructivista
Durante siglos existió la creencia generalizada de que podemos percibir la realidad tal
cual es y que logramos tener acceso directo al mundo exterior, independientemente de las
condiciones biológicas, cognitivas y emocionales de las personas. Este postulado ha
constituido durante largo tiempo el paradigma dominante en los ámbitos científicos y
académicos.
El aspecto básico de esta concepción, conocida como epistemología empirista o
racionalista, es que vivimos una realidad única e igual para todos, que percibimos las cosas
tal cual son y que podemos tener un conocimiento “objetivo” de la realidad. Se considera
que el observador puede ser neutral, en tanto su mirada no influye ni condiciona aquello
que observa y, por lo tanto, se supone que su observación puede corresponder a la realidad
en forma autónoma a él.
A mediados del siglo pasado se planteó un fuerte debate y un cuestionamiento a este
enfoque epistemológico. La corriente constructivista y post-racionalista, que rápidamente
se ha expandido a todos los ámbitos del saber, posibilitando importantes avances y
desarrollos en las ciencias de la conducta humana, ha postulado que el aprendizaje es un
continuo y activo proceso de construcción de conocimientos y que la observación del sujeto
no es neutra, sino que el observador introduce un orden en lo que observa y que, por lo
tanto, su percepción es tan dependiente de los hechos o acontecimientos externos a él,
como de su estructura (biológica, cognitiva, lingüística y emocional) que permite, pero a su
vez condiciona, la asignación de sentido a lo observado. Es decir, la percepción siempre
implica una activa construcción de sentido, una atribución de significado a aquello que se
observa.
Sobre esta base del paradigma constructivista, en relación a que la percepción humana
siempre implica una acción de construcción de la realidad, se han generado diversos
desarrollos conceptuales. Tal vez los más significativos en relación a la temática que nos
convoca, son los que se conocen como “Modelos Mentales” y la “Teoría del Observador”.
Ambas miradas son complementarias y le agregan valor conceptual e instrumental al
quehacer profesional del Coaching Ontológico. Realizaremos a continuación un breve
desarrollo de cada una de estas concepciones.

Modelos Mentales
Llamamos modelos mentales al conjunto de opiniones, teorías personales, valores,
paradigmas, distinciones y creencias que utilizamos para percibir, analizar e interpretar todo
tipo de fenómenos y circunstancias de nuestra vida. Estos modelos mentales ejercen una
influencia determinante sobre nuestro modo de observar y comprender el mundo, y sobre
nuestra manera de situarnos y de actuar en él.
Como un cristal que distorsiona sutilmente nuestra visión, los modelos mentales
condicionan nuestra percepción y el proceso de asignación de sentido a los mensajes y
estímulos que recibimos. Determinan el enfoque de nuestra atención y la interpretación de
cualquier acción o circunstancia que observemos, aun sobre nosotros mismos. Condicionan
lo que vemos y lo que no, por qué seleccionamos algunos datos y obviamos otros, cómo
vinculamos y relacionamos estos datos con información preexistente, y qué interpretación
y valoración hacemos de todo ello. Y dado que establecen el modo de explicar el mundo,
condicionan nuestra emocionalidad e influyen en nuestro comportamiento y en la forma en
que nos relacionamos con las demás personas.
Todo ser humano se vincula con el mundo exterior, conoce, aprende, interpreta, toma sus
decisiones y actúa a través de sus modelos mentales. Cada persona vive en su propio y
único modelo del mundo. Y es este modelo el que va a determinar la efectividad de la acción
y la interacción de las personas.
El conocimiento de la realidad no es algo a lo que accedamos en forma neutra y directa,
sino que lo construimos y organizamos en forma activa. Esto encierra la paradoja de que
todo lo que observamos y concebimos es necesariamente la consecuencia de nuestros
propios modos y estilos de percepción e interpretación. A partir de tomar conciencia de la
existencia de nuestros modelos mentales y de que el proceso de percepción implica una
construcción de sentido, podemos darnos cuenta, tal como nos lo señala el Talmud, de
que vemos el mundo que es, de acuerdo a cómo somos.
La construcción de nuestros modelos mentales está condicionada por tres factores
constitutivos, cada uno de los cuales posee distintos “filtros” que inciden en nuestra
percepción:
 Factores biológicos
 Factores socio-culturales
 Factores personales

Factores biológicos
Percibimos el mundo a través de nuestros sentidos. El sistema receptor humano
comprende: visión, oído, tacto, gusto y olfato. Podemos percibir únicamente una porción
del mundo circundante debido a las características neuro-fisiológicas que están
biológicamente predeterminadas. Es por esto que nuestros sentidos constituyen el primer
conjunto de filtros que actúan en la creación de nuestras representaciones del mundo.
Nuestra estructura biológica constituye la base común de la experiencia que compartimos
como miembros de la especie humana.
La Programación Neurolingüística (una de las disciplinas que basa su desarrollo en este
enfoque), ha acuñado el concepto de “sistemas representacionales”, en el que plantea
cómo incide la preeminencia de alguno de nuestros sentidos en la percepción y el
procesamiento de la información del mundo exterior. Los cataloga como sistemas: visual,
auditivo y kinestésico.

Factores socio-culturales
Los segundos condicionantes que intervienen en la asignación de sentido en el proceso
de percepción, son el conjunto de variables sociales y culturales en las cuales estamos
inmersos como miembros de los distintos sistemas sociales a los que pertenecemos.
Aquello que constituye nuestro trasfondo cultural compartido, condiciona nuestra forma de
observar e interpretar el mundo. Nuestra percepción está culturalmente determinada.
Todos estos condicionantes hacen que nuestra mirada esté atravesada por las creencias
y las costumbres consensuadas en nuestras comunidades y ámbitos sociales, y que ellas
incidan fuertemente en la forma en que percibimos las circunstancias que nos acontecen.
En tal sentido, el lenguaje, como construcción social, constituye uno de los factores
determinantes en la manera en que le damos sentido a nuestro acontecer en el mundo
(desarrollaremos más ampliamente este aspecto en el ítem “Enfoque Lingüístico”).
Factores personales
Son las representaciones que creamos en función de nuestra singular historia personal.
Como se sustentan en las experiencias, las creencias, los valores y el universo de
distinciones que cada persona va incorporando a través de su historia y su formación, ello
hace que los modelos mentales de cada ser humano sean únicos e irrepetibles. Podemos
creer que nuestra historia está en el pasado, pero nuestros modelos mentales proyectan
nuestro pasado en la comprensión presente del mundo. Un aspecto constitutivo de nuestros
modelos mentales son las “distinciones” que poseemos de acuerdo a nuestra formación,
experiencia e inserción sociocultural. Las distinciones condicionan nuestra capacidad de
observación.

Teoría del Observador


Fue Humberto Maturana quien propuso que la vida debe ser entendida como un proceso
de conocimiento en la realización del vivir en congruencia con el medio y quien demostró
científicamente que el conocer es un fenómeno con un profundo componente biológico.
Junto a su colega, el neurobiólogo Francisco Varela3, desarrolló la teoría conocida como
“Biología del Conocimiento”.
Maturana plantea que los seres vivientes somos sistemas determinados estructuralmente
y los cambios que experimentamos como consecuencia de nuestras interacciones con el
ambiente exterior, están condicionados por nuestra dinámica estructural y no sólo por los
fenómenos externos. El comportamiento de cualquier ser viviente, no es únicamente el
reflejo de los acontecimientos del entorno, sino que representa la reacción de su estructura
interna, activada por dichos acontecimientos. Es decir, la forma de percibir, interpretar y
comportarse de las personas frente a las circunstancias que le acontecen, refleja sus
respectivas estructuras (biológica, cognitiva, lingüística, emocional) y su particular modo de
ser.
Este enfoque tiene una incidencia vital en la ciencia del comportamiento humano, ya que
contradice la lógica de interpretar el comportamiento de las personas como determinado
por las circunstancias que lo rodean. Generalmente, cualquier reacción o conducta que
tengamos, la explicamos o justificamos en función de los acontecimientos que nos suceden.
Pero si tomamos conciencia de que nuestras reacciones están determinadas
estructuralmente, tendremos que pensar que es nuestra estructura personal la que es
“gatillada” por los hechos del entorno. Es nuestra manera personal de interpretar estos
hechos, la que motiva nuestros comportamientos. El observador no puede tener acceso a
una realidad “objetiva”, ya que es constitutivamente participante de lo que observa y sólo
puede observar y accionar de acuerdo con lo que su estructura le permite.
Lo significativo y revelador de la teoría de la Biología del Conocimiento es que presenta
una mirada sistémica no sólo del ser humano, sino también de sus interacciones y de su
dinámica relacional con los distintos sistemas sociales en los que interactúa. Es por esto
que algunos catalogan esta concepción como una teoría sistémica de segunda generación
(desarrollaremos más ampliamente este aspecto en el ítem “Enfoque Sistémico”).
Es importante advertir que esta interpretación del determinismo estructural del accionar
humano, hay que entenderla en forma dinámica. Nuestras capacidades de percepción, de
interpretación y de comportamiento están condicionadas por nuestra estructura personal,
la que a su vez es producto de nuestra historia, nuestra experiencia de vida y nuestro
devenir. Somos como somos y tenemos la estructura personal que tenemos, como
consecuencia de un proceso de interacciones y de una cadena de transformaciones que
culmina con nuestra forma de ser en el presente. Esto quiere decir que la experiencia del
pasado condiciona nuestro accionar presente y nuestra efectividad futura. Pero los seres
humanos, aun siendo sistemas determinados estructuralmente, somos capaces de
observar cómo actuamos y de actuar sobre nosotros mismos. Tenemos la posibilidad de
reconfigurar nuestra estructura a través de procesos de aprendizaje y cambio. Y en esto,
precisamente, consiste el Coaching Ontológico.

Enfoque Constructivista y Coaching Ontológico


A partir del entendimiento de que nuestra percepción de la realidad está mediatizada por
nuestra particular forma de ser, podemos concluir en que el sentido que le asignamos a
nuestro acontecer habla del tipo de “observador” que estamos siendo.
También nos posibilita hacer una distinción entre el fenómeno y su explicación. Nos
permite entender que, al decir de Alfred Korzybski, “el mapa no es el territorio”, y que
inevitablemente existe una distancia entre los acontecimientos que pueblan el mundo
externo y nuestra propia representación del mismo. Por lo tanto, las interpretaciones y
el significado que le atribuimos a los acontecimientos, no pertenecen a los hechos
en sí, sino al observador que somos.
En nuestra concepción del Coaching Ontológico, al establecer esta conexión entre las
interpretaciones y el intérprete, entre lo dicho y quien lo dice, entendemos que al escuchar
las narrativas del coachee4, podemos empezar a conocer el tipo de observador que está
siendo éste. Es decir, cuál es la “estructura interpretativa” desde la cual le asigna sentido a
su acontecer en el mundo.
Por otra parte, al comprender el vínculo que existe entre las interpretaciones y la
capacidad de acción de las personas, podemos llegar al entendimiento de que es nuestra
asignación de sentido la que nos abre o nos cierra posibilidades, que nuestras
observaciones condicionan nuestra emocionalidad y nuestro comportamiento y que, por lo
tanto, nuestra capacidad de transformación del mundo está asociada al poder de nuestras
interpretaciones.
Capítulo 2

Enfoque Lingüístico
Lenguaje y comportamiento humano
Desarrollaremos los aspectos centrales del “Enfoque lingüístico” que consideramos que
tienen una importante incidencia en la mirada conceptual que sustenta la práctica del
Coaching Ontológico. Vale aclarar que si bien abordaremos este enfoque desde nuestra
particular perspectiva, el mismo es tributario de los desarrollos y aportes de un conjunto de
destacados autores (John Austin, John Searle, Humberto Maturana, Fernando Flores y
Rafael Echeverría) que han posibilitado revalorizar el rol del lenguaje en relación con la
capacidad de acción y transformación de las personas.

Los seres humanos habitamos en el lenguaje


Los seres humanos necesitamos asignarle sentido a todo lo que acontece y a nosotros
mismos en el devenir y acontecer de la vida. Esta acción de interpretar, comprender,
razonar y de otorgarle un significado a toda situación o acontecimiento, necesariamente la
hacemos en el lenguaje. Nos es imposible pensar en algo que no tenga nombre, que no
posea una distinción en el lenguaje. Fuera del lenguaje somos cognitivamente ciegos, no
podemos elaborar ninguna idea, ni reflexionar acerca de algo que no podamos nombrar.
Una de las formas que utilizamos para hacer sentido de nuestro acontecer en la vida es
realizando “narrativas”, nos contamos historias acerca de cómo son las cosas. Esto lo
hacemos individualmente, pero también socialmente. Nuestro devenir en el mundo está
atravesado por narrativas históricas y culturales que nos constituyen en el observador que
somos. Vivimos en un mundo de narrativas.

El lenguaje como medio socializador


El lenguaje precede a nuestra existencia. Cuando nacemos traemos una estructura
biológica que (salvo que esté alterada por alguna enfermedad o malformación genética)
nos garantiza la posibilidad de hablar y emocionar. Ambas acciones implican
comportamientos individuales que son posibles gracias a nuestra biología. Sin embargo,
los seres humanos no nacemos con lenguaje, éste nos precede. Cuando nacemos, el
lenguaje está ahí esperándonos. El lenguaje surge como consecuencia de la deriva de la
interacción social de un grupo humano, es el resultado de una construcción histórica y
cultural de un ámbito social. El hablar es una acción individual, el lenguaje una construcción
social.
Podemos decir que todo individuo comienza su proceso de socialización, inicia su devenir
como persona al calor de las palabras y los silencios de su ámbito familiar. Y posteriormente
se va constituyendo en ser social, atravesado por los discursos históricos, sociales y
culturales de su comunidad de pertenencia.

El lenguaje condiciona nuestros procesos de percepción y nuestra


capacidad de acción
El lenguaje, como construcción social, es un recurso estructurante para hacer
comprensible el mundo. Sostuvimos anteriormente que la percepción humana siempre
implica una acción de “construcción de la realidad”, es decir que, en la acción de percibir
los seres humanos realizamos dos acciones simultáneas, por un lado la captación (del
hecho, situación, acontecer, etc.) a través de nuestros sentidos y por el otro la interpretación
de aquello que estamos percibiendo. Y esto es así porque los seres humanos no percibimos
sólo con nuestros sentidos, lo hacemos también con nuestros “modelos mentales” que son
los que nos permiten asignarle significado a lo percibido. Un elemento central en la
asignación de sentido y que condiciona nuestra percepción, son las “distinciones” que
poseemos, ya que -como dijimos- sólo podemos observar aquello que podemos nombrar,
lo que tiene una distinción en el lenguaje.
Las distinciones determinan nuestra observación y nos abren las puertas a mundos
diferentes. Las distinciones obtienen su existencia en el lenguaje. Para los seres humanos
las cosas cobran vida, adquieren presencia a partir de que les ponemos un nombre, en la
medida en que podemos hablar de ellas. Nuestro universo de distinciones condiciona
nuestra capacidad de observación y es por esto que decimos que no describimos el mundo
que vemos, sino que vemos el mundo que podemos describir. Pero a su vez, nuestras
distinciones no sólo condicionan nuestra percepción, sino también nuestra capacidad de
acción, ya que sólo podemos accionar sobre el mundo que logramos observar.

El carácter generativo del lenguaje


El lenguaje posee un doble carácter. El carácter descriptivo del lenguaje se manifiesta
cuando lo utilizamos para hablar de una realidad preexistente que está ahí antes que
el lenguaje, y lo que éste hace es simplemente describirla, “hablar de ella”. En este caso el
lenguaje es el encargado de dar cuenta de lo existente, es un medio que nos permite
expresar, transmitir o comunicar lo que percibimos, pensamos o sentimos.
Además de este aspecto descriptivo, el lenguaje posee un profundo carácter generativo
a partir del cual accionamos, coordinamos nuestras conductas y generamos nuevas
realidades. A través de la palabra hacemos que ciertas cosas pasen y, por lo tanto, el
lenguaje constituye una forma de intervenir en la construcción de nuestro mundo.
Cuando afirmamos que accionamos a través del poder transformador de la palabra, nos
referimos a que cuando hablamos suceden cosas y cuando callamos suceden otras.
Cuando hablamos y decimos una cosa, sucede algo determinado y cuando decimos otra,
pasa algo distinto. La realidad no siempre precede al lenguaje, éste también antecede a la
realidad.

Las acciones que hacemos con el lenguaje


Cuando reflexionamos acerca de qué tipo de acciones realizamos cuando hablamos,
llegamos a la conclusión de que podemos detectar un conjunto específico y limitado de
acciones que se repiten en todo idioma que se utilice en cualquier parte del mundo. En tal
sentido, podemos identificar seis acciones universales realizadas en el lenguaje, que
llamamos “Actos Lingüísticos”. Realizaremos a continuación una breve descripción de cada
uno de ellos:

Afirmaciones
Las afirmaciones son aquellos actos lingüísticos en los que describimos el mundo que
podemos observar. Cuando realizamos una afirmación damos cuenta de lo que acontece,
nos referimos a algo que precede a la palabra. Y como la situación, el acontecimiento, el
objeto o el sentimiento preexisten a la afirmación que los describe, las afirmaciones pueden
ser verdaderas o falsas, en tanto coincidan o distorsionen esa realidad previa.
Cuando realizamos una afirmación contraemos el compromiso con la veracidad de lo
enunciado y con la posibilidad de suministrar evidencias que la sustenten debidamente.

Juicios
Un juicio es una interpretación, una valoración que expresa la perspectiva de la persona
sobre su experiencia. Cuando formulamos un juicio estamos emitiendo una opinión,
declarando nuestra “posición” con respecto a determinado evento o situación. Estas
opiniones, que expresan nuestros gustos, preferencias, valores, parámetros de evaluación
y hasta nuestras convicciones más profundas, son las que determinan nuestras acciones
y, por lo tanto, las que nos van constituyendo en el tipo de persona que somos cada uno de
nosotros.
Todo juicio dice más sobre quien lo emite que lo que expresa sobre lo enjuiciado. A través
de sus opiniones, las personas revelan información sobre su forma de observar la situación,
sus estándares de evaluación, sus creencias, sus preferencias y valores. Los juicios nos
permiten observar qué tipo de observador es quien los emite.
La importancia de los juicios reside en la interpretación que proveen, ya que en base a
ella definimos nuestro rumbo de acción. En cada toma de decisión se ponen en
funcionamiento, de forma explícita o implícita, un conjunto de juicios. Éstos constituyen el
basamento sobre el que los seres humanos decidimos nuestras acciones. Dado que
los juicios actúan como las brújulas de nuestro accionar, decimos que pueden
ser facilitadoreso limitantes en función de las posibilidades que nos abran o nos cierren.
En ámbitos sociales o institucionales, los juicios son válidos o inválidos en función de la
autoridad de quien los formule. Fuera de un ámbito institucional, la validez de un juicio
depende de la autoridad que le conferimos a quien lo emite. Es fundamental tener presente
que los juicios son por naturaleza discutibles y nunca son verdaderos o falsos. Cuando
formulamos un juicio nos comprometemos con la validez de nuestra opinión y con la
necesidad de fundamentar debidamente el punto de vista expuesto.

Declaraciones
Las declaraciones son los actos lingüísticos que utilizamos para construir una realidad
que previamente no tenía existencia. En las declaraciones la palabra plasma nuestro
compromiso con la creación de una realidad diferente. Siempre después de una declaración
algo cambia, se genera una nueva realidad. Para que una declaración ponga en marcha un
proceso de cambio, tiene que existir un actuar consistente con lo declarado. Toda
declaración lleva implícita el compromiso de proceder en consecuencia, es decir, la
promesa de que vamos a sostener desde la acción lo que declaramos desde la palabra. El
cumplimiento de este compromiso hace a nuestra integridad como personas. Las
declaraciones a nivel social o institucional son válidas o inválidas según el poder o la
autoridad de quien las realiza.

Pedidos
El pedido es una acción que implica hacerse cargo de algo que uno quiere y no tiene. Los
pedidos nacen de una carencia o del deseo de generar una realidad nueva o diferente a
la existente. Realizar un pedido supone hacer explícito que aspiramos a lograr u obtener
algo con la ayuda o la colaboración de otra persona. Quien realiza un pedido solicita a su
interlocutor que efectúe determinadas acciones en tiempo y forma, de modo de satisfacer
sus necesidades y expectativas. El poder del pedido reside en que es la vía de acceso a un
posible compromiso, a través del cual conseguiremos algo o generaremos una nueva
realidad en pos de nuestros objetivos.
Ofrecimientos
Los ofrecimientos llevan en forma implícita la promesa de realizar la acción que se está
ofreciendo. Al igual que con los pedidos, los ofrecimientos también pueden ser rehusados,
y si esto sucede no se ha concertado el compromiso. Sin embargo, si son aceptados,
automáticamente queda acordado el compromiso y la obligación de su cumplimiento. El
poder de nuestros ofrecimientos radica en que sólo a través de ellos podemos mostrarnos
como una posibilidad para el otro.

Compromisos
Los compromisos son los actos lingüísticos que nos permiten coordinar acciones con
otras personas. Realizar un compromiso siempre supone un acuerdo entre dos partes. El
compromiso es el nudo conversacional que atamos entre dos personas, en el cual se
establece qué va a realizar cada uno, de qué forma, en qué plazo y con qué características.
Las posibilidades que tenemos de lograr nuestros objetivos dependen del mutuo
cumplimiento de los compromisos contraídos. Una conversación para acordar un
compromiso puede iniciarse de dos maneras posibles, con dos actos lingüísticos
distintos: con un pedido o con un ofrecimiento. El compromiso se materializa cuando el otro
acepta el ofrecimiento o el pedido.

El lenguaje condiciona nuestra capacidad de aprendizaje y


transformación
Nuestra capacidad de analizar, reflexionar o modificar nuestras interpretaciones está
condicionada por nuestro lenguaje, ya que todas estas acciones irremediablemente las
realizamos en el lenguaje. Este es un tema central para la práctica del Coaching Ontológico,
ya que el foco de nuestro accionar está puesto en facilitar el cambio de observador que está
siendo el coachee, en la convicción de que el hecho de encontrar nuevas interpretaciones,
diferentes perspectivas, distintas miradas en relación a los hechos que ha declarado como
problemáticos, le va a posibilitar acceder a nuevas acciones para hacerse cargo de actuar
en forma efectiva en torno al logro de sus objetivos. Este cambio de observador los coaches
lo facilitamos a través de un proceso conversacional, en el cual el lenguaje es uno de los
elementos esenciales.
Capítulo 3

Enfoque Conversacional
En este ítem abordaremos la conversación como un fenómeno complejo y
multidimensional de la interacción humana, mencionando y desarrollando brevemente los
aspectos que se ponen en juego en estos encuentros e intercambios entre las personas a
los que llamamos conversaciones.

Hacia una visión integral de la interacción


conversacional
En toda conversación es importante el contenido de la misma, pero también es
fundamental el proceso que se establece en la interacción corporal y emocional entre los
interlocutores. Cuando no sólo analizamos lo que decimos, sino que incluimos la manera
en que lo decimos, podemos sostener que estamos pasando del dominio del lenguaje al
dominio de la conversación. Y esto es así porque en toda conversación es importante el
contenido de la misma, lo “qué se dice” a través del lenguaje verbal, pero también es
fundamental el “cómo se dice”, el proceso de la conversación que se manifiesta a través
del lenguaje no verbal de los interlocutores. Por ejemplo, el mismo pedido formulado desde
una actitud de inseguridad, confianza o arrogancia, seguramente va a generar una realidad
diferente en cada uno de los casos.
El lenguaje es un elemento central y esencial de toda conversación, pero no es el único
y ni siquiera el más importante en algunas ocasiones. El poder de acción y transformación
no sólo está en la palabra sino en la conversación. Sólo podemos construir relaciones,
establecer vínculos, generar compromisos y accionar creando nuevas realidades a través
de nuestras conversaciones. Es la interacción conversacional la que produce la posibilidad
de crear nuevos mundos y la que condiciona profundamente nuestro devenir. Es por esto
que nos parece más apropiado pensar a los seres humanos como seres conversacionales
y no sólo como seres lingüísticos, ya que de esta forma ampliamos nuestra mirada al
fenómeno humano de manera de poder incluir sus aspectos emocionales y corporales,
como así también las dimensiones sociales y culturales que necesariamente nos
constituyen como personas en nuestra dinámica relacional. Al decir de Humberto
Maturana5: “Todo quehacer humano se da desde una emoción, nada humano ocurre fuera
del entrelazamiento de lenguajear con el emocionar, y, por lo tanto, lo humano se vive
siempre en un conversar”.
Abordar la complejidad del proceso conversacional implica ir más allá del lenguaje verbal
y tener en cuenta todos los aspectos que se ponen en juego en la interacción
conversacional. Los dos elementos que podemos distinguir en toda conversación -el
contenido y el proceso-, se vinculan con las dimensiones que se conjugan y entrelazan en
la interacción conversacional: la dimensión operacional y relacional respectivamente6.
El contenido, lo que se dice y expresa con palabras, se relaciona con la “dimensión
operacional” de la comunicación. Decimos algo con algún objetivo determinado: para
establecer una relación, comentar una situación, expresar un sentimiento, transmitir una
información, emitir una opinión, hacer una declaración, realizar un pedido, un ofrecimiento
o acordar un compromiso.
A su vez, el significado de lo “que” se dice (contenido), está condicionado por “cómo” se
dice. Es decir, que el proceso de la comunicación está vinculado preponderantemente con
lo no verbal, con la interacción de los interlocutores y con los elementos paralingüísticos de
la enunciación. Es este aspecto el que se vincula con la “dimensión relacional” de la
conversación.
En la “dimensión relacional” se comunica acerca del sentido de lo dicho. Asimismo, se
establece lo que se denomina “metacomunicación”, es decir, se generan las pautas o reglas
de la interacción. Por ejemplo, la frase “me gustaría escuchar tu propuesta” puede ser
pronunciada con un gesto amable y mirando a los ojos del interlocutor, o bien levantando
la cabeza y con una sonrisa socarrona, o con un gesto crispado y golpeando el escritorio
con la palma de la mano, y en los tres casos, si bien se dice lo mismo, se comunican cosas
muy diferentes. Esta dimensión relacional de la conversación, que condiciona fuertemente
el significado de lo que se dice, también tiene que ver con el vínculo que se establece, con
la emocionalidad que se genera y con el clima comunicacional que se va construyendo.
Entendemos que para acceder a la comprensión de estos aspectos de la comunicación
humana, hay que traspasar las fronteras del lenguaje verbal y entender que en la
comunicación interpersonal “todo comunica”. No sólo las palabras, sino también los gestos,
las posturas corporales, el énfasis de la enunciación y toda conducta o comportamiento que
adquiere una función de comunicación e incide en la asignación de sentido y, por lo tanto,
en la efectividad de la interacción conversacional.
Por otra parte, si decimos que toda conversación es acción y relación, debemos agregar
que también es interacción y, en razón de ello, no se puede abordar su análisis desde una
perspectiva unidireccional (del hablar al escuchar o del escuchar al hablar) sino que
debemos hacerlo desde una mirada sistémica que nos permita observar la totalidad del
“juego interaccional” que se produce en todo vínculo. Todos actuamos y nos
comunicamos en función de nuestra particular forma de ser (o de estar siendo), pero
también en relación con el vínculo que establecemos con nuestro interlocutor y con el
contexto y la situación comunicacional en la que estemos inmersos. Es en las
conversaciones donde emerge, como en pocas instancias, la profundidad y la complejidad
del ser humano y su despliegue en la dinámica relacional. Al decir de Humberto
Maturana7: “El lenguajear lo vivimos en la vida cotidiana entrelazado con el fluir de nuestras
emociones, en lo que llamamos conversar”.

Conversación e intercambio emocional


En toda conversación se da un permanente intercambio de palabras, gestos, acciones y
emociones. Sin duda, esta interacción emocional tiene una fuerte incidencia en todo vínculo
y en el desarrollo de cualquier conversación. Todos tenemos la vivencia de haber
experimentado que en muchas oportunidades nuestra emocionalidad ha ido cambiando en
el transcurso de una conversación. Pasamos de estar alegres a enojados, de preocupados
a entusiasmados, o de tristes a optimistas.
Estos y muchos otros cambios son posibles en una interacción conversacional, y esto es
así porque la palabra conversación significa “dar vuelta con”, “hacer conversión” y esto
sucede no sólo con las ideas, opiniones y puntos de vista, sino también con nuestra
emocionalidad. Este es un aspecto central a tener en cuenta en la práctica del Coaching
Ontológico, ya que los estados emocionales que se generen en esta interacción, son los
que pueden facilitar o entorpecer el proceso de aprendizaje y cambio.
Hay veces que en nuestras conversaciones la transformación emocional se produce a
consecuencia de un cambio de interpretación. Son los juicios y las opiniones que tenemos
acerca de lo que acontece, lo que genera nuestra emocionalidad. La modificación de la
emocionalidad a partir del cambio de interpretación es algo que observamos muy
frecuentemente en las sesiones de coaching ontológico.
Emocionalidad y lenguaje no verbal
Las emociones se expresan y manifiestan como disposiciones corporales para la acción.
Los seres humanos poseemos un nutrido, extenso y complejo menú de emociones y cada
una de ellas presupone una energía y una disposición corporal que posibilita expresarla de
manera adecuada y actuar en forma consistente. Las emociones actúan como el nexo entre
la percepción de los estímulos recibidos y las reacciones vitales del organismo. Crean las
respuestas a nivel fisiológico, disponen la corporalidad y generan la energía para
desempeñar nuestros comportamientos.
Lo que genera el proceso biológico de la emoción, no es en sí el estímulo recibido sino la
interpretación que sobre él realizamos. Éste puede ser un estímulo que provenga del mundo
exterior o del mundo interior. Una reflexión preocupante sobre el futuro, el recuerdo de un
hecho traumático o un pensamiento erótico pueden desencadenar el mecanismo
emocional.
Este vínculo de interdependencia entre estos tres dominios del ser humano
(pensamientos, emocionalidad y corporalidad), es lo que explica de qué manera se genera
el lenguaje no verbal. La reacción corporal surge en forma automática a través del vínculo
entre el sistema límbico del cerebro, el sistema nervioso neurovegetativo y la vía hormonal.
Su funcionamiento no depende de ningún tipo de decisión que tome voluntariamente el
individuo. Es el proceso de pensamiento el que desencadena una determinada
emocionalidad y ésta a su vez la que genera el estado corporal acorde a ella.
La corporalidad, que se expresa a través de lo que denominamos “lenguaje no verbal”,
es la que transmite preponderantemente el estado emocional de las personas. Es por esto
que es mucho más sencillo controlar lo que decimos que lo que sentimos, ya que, si bien
podemos elegir qué decir y qué callar, generalmente nuestras emociones brotan y se
manifiestan inconscientemente en nuestra corporalidad.
En nuestras conversaciones de coaching, por más que el coachee no haga ninguna
mención explícita a su emocionalidad o inclusive cuando haga un esfuerzo para disimularla,
si observamos su lenguaje no verbal claramente podremos percibir su emocionalidad. En
la competencia de la A...