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Fundamentos en Humanidades

ISSN: 1515-4467
fundamen@unsl.edu.ar
Universidad Nacional de San Luis
Argentina

Rodríguez, Mariana
Reseña de "Inteligencia ecológica" de Goleman, D.
Fundamentos en Humanidades, vol. XI, núm. 21, 2010, pp. 221-225
Universidad Nacional de San Luis
San Luis, Argentina

Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18415426015

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fundamentos en humanidades

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Fundamentos en Humanidades
Universidad Nacional de San Luis – Argentina
Año XI – Número I (21/2010) 221/ 225 pp.

Mariana Rodríguez (1)


Universidad Nacional de San Luis
psi.mrodriguez@gmail.com

Goleman, D. (2009). Inteligencia ecológica. Buenos Aires:


Editorial Vergara. 365 páginas.

El concepto de inteligencia ha tenido múltiples definiciones. El mismo


ha estado mucho tiempo centrado en lo racional y en lo mental, incorpo-
rándose posteriormente, la dimensión emocional. El autor describe a la
Inteligencia Ecológica como “la capacidad de adaptarnos a nuestro nicho
ecológico”. La I-ECO implica sensibilidad para reconocer las conexiones
entre la actividad humana y los sistemas de la naturaleza, así como los
puntos donde se interceptan. Al desarrollar esta habilidad se modifican
las percepciones y suposiciones sobre lo que rodea al ser humano, per-
mitiendo así adaptar la manera de vivir a cada medio ambiente particular.
Desde principios del siglo XIX hasta la actualidad el concepto de in-
teligencia se ha visto implicado en una gran cantidad de modificaciones,
pasando por múltiples definiciones y clasificaciones.
En 1909 Alfred Binet (1999) resaltaba la importancia de las capacidades
intelectuales de las personas, vinculadas al nivel de cociente intelectual
que cada uno desarrollaba. La inteligencia estaba ligada íntimamente al
desarrollo cognitivo y se destacaba el rol de esta capacidad sobre todo
en ámbitos educativos. De esta forma era entendida sólo desde la razón,
desconociendo por completo el papel de las emociones.
A partir de 1990 Mayer y Salovey (Salovey y Mayer, 1990) iniciaron
las investigaciones sobre   Inteligencia Emocional (IE) otorgándole una
importancia central a las emociones, dentro del contexto de la psicología
positiva.
En 1995 Daniel Goleman (1995) publicó el best seller Inteligencia
Emocional divulgando el concepto y entendiendo a la inteligencia como
un proceso que integra razón y emoción. Para entonces el tema de la IE
era desconocido por la sociedad en general y dio lugar a múltiples interro-
gantes, originando un nuevo campo de estudio en la comunidad científica.

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A partir de aquí una avalancha de investigaciones teóricas y empíricas,


dejaron de lado el antiguo concepto de inteligencia, reducido únicamente
a lo intelectual y se centraron en la habilidad de resolver problemas, en
la capacidad de emplear las emociones y las cogniciones de un modo
práctico, facilitando el ajuste emocional a las situaciones cotidianas. En la
actualidad la IE es un concepto de gran importancia en las planificaciones
escolares (sobre todo en países del primer mundo); en intervenciones
comunitarias (situaciones marginales); en el ámbito laboral, etc.
Catorce años después de que la IE se constituyera en un campo de
estudio en particular, Goleman (2009) amplía aún más el concepto inten-
tando dar respuesta a una preocupación vital de los hombres y mujeres
del siglo XXI: ¿Cómo utilizar nuestra habilidad de prevenir y resolver pro-
blemas para preservar el medio ambiente, cuidar los recursos naturales,
actuar de un modo pro-ecológico?
Acordando con Goleman en que se puede actuar de manera más
inteligente, al anticipar los efectos ecológicos de nuestra manera de vivir,
se deduce que se puede utilizar la I-ECO para crear un mecanismo de
cambio positivo. Un concepto involucrado en este cambio y mencionado
también por el autor es el de transparencia radical, el cual implica mayor
claridad sobre los efectos ocultos de nuestro accionar al comprar, vender,
adquirir o fabricar un determinado producto. Conociendo los efectos de
nuestras decisiones se podrá construir un futuro más beneficioso para
nosotros mismos y las generaciones venideras.
La transparencia radical nos remite a otro concepto desarrollado por el
autor que es el de análisis del ciclo de vida, el cual consiste en “documen-
tar los detalles mínimos de fabricación de un producto, qué materiales se
emplean, cuánta energía se consume, qué tipo de contaminación y toxinas
se generan y en qué cantidades, en cada una de las unidades básicas de
una muy larga cadena”. Es un proceso de análisis meticuloso, en el cual
se rastrea información que no siempre está al alcance de todos.
El ser humano durante siglos ha sido un individuo pasivo, que ha hecho
uso y desuso de los recursos que la naturaleza ofrece. La devastación
natural incontrolada, así como la gran contaminación ambiental que se
ha generado, exigen en forma inmediata que cada uno de los seres del
planeta tome una postura activa, adquiriendo la transparencia radical,
para hacer uso de la I-ECO y poder así contribuir con pequeños aportes
al cambio ecológico.
Actualmente, a nivel mundial se están desarrollando campañas advir-
tiendo sobre las consecuencias de la contaminación de mares y ríos, el
calentamiento global, el agotamiento de recursos energéticos no renova-

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bles, etc. La I-ECO es un concepto sumamente importante y no debería ser


ajena a esta cuestión, es de gran relevancia su divulgación en diferentes
medios sociales, educativos, etc.
Goleman define la I-ECO como “la capacidad de adaptarnos a nuestro
nicho ecológico”, y agrega: “la Inteligencia Ecológica nos permite aplicar lo
que aprendemos sobre cómo la actividad humana interfiere en los ecosis-
temas, de tal modo que hagamos el menor daño posible y podamos vivir
nuevamente de manera sustentable en nuestro nicho, que en la actualidad
es todo el planeta”. Vivir de manera sustentable implica poder satisfacer
las necesidades sin alterar el equilibrio de la naturaleza.
Según la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo,
establecida por las Naciones Unidas en 1987, el desarrollo sustentable
es aquel que “satisface las necesidades del presente sin comprometer
las capacidades que tienen las futuras generaciones para satisfacer sus
propias necesidades”.
Si bien la I-ECO es un concepto nuevo, se considera que la misma es
una habilidad intrínseca a la especie humana, producto de la interacción
sujeto-medio-ambiente y necesaria para la preservación del hombre y la
naturaleza.
La voracidad de los seres humanos, la deshumanización propia de
las políticas capitalistas hacen que los intereses humanos se alejen del
cuidado de la naturaleza y se acerquen cada vez más a satisfacciones
efímeras, que nos alejan del contacto con el mundo natural, provocando
su destrucción.  El ser humano sólo será  capaz de restituir el daño cau-
sado si es capaz de recuperar una interacción armónica con la naturaleza,
viviendo en sintonía.
Las poblaciones del tercer mundo sufren carencias básicas que afec-
tan su desarrollo, tienen escaso acceso a la educación y a los sistemas
de salud, etc. de aquí que el Estado, como órgano protector y regulador
de la vida  social, se debería encargar de asegurar la calidad de vida de
los ciudadanos así como la preservación del medio ambiente, creando
reglamentaciones, políticas ambientales, educación pro-ambiental, etc., a
las cuales pueda tener acceso toda la sociedad sin importar sexo, edad,
nivel socioeconómico, raza, etc.
Los psicólogos deberíamos promover este concepto haciendo que la
I-ECO sea una capacidad compartida a nivel colectivo, para que el cambio
se dé lo antes posible y contribuya al bien común. Para lograr desarrollar
la I-ECO a nivel colectivo, es necesario mejorar la forma de clasificar y
pensar en los efectos de los productos que consumimos. Este cambio
se tendría que dar en tres niveles:

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- Geósfera: consiste en valorar el efecto de la actividad humana en el


uso del agua, aire, suelo y clima.
- Biósfera: reside en evaluar las consecuencias del accionar de las
personas en el organismo humano, las demás especies y la vida vegetal.
- Sociósfera: radica en considerar las condiciones socio-laborales de los
obreros que se ocupan de la manufactura, transporte y demás procesos
implicados en los productos a los que accedemos.
Sólo teniendo en cuenta las consecuencias del comportamiento huma-
no en estas tres áreas, se podrá acceder al desarrollo de la I-ECO colectiva.
La transparencia radical, el análisis del ciclo de vida y la valoración de
la geósfera, biósfera y sociósfera, son medidas ecológicas que aplicadas
en conjunto pueden tener un gran impacto ecológico positivo.

Notas

(1) Licenciada en Psicología. Auxiliar de Primera en el Área de Educa-


ción y Bioestadística de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia
de la Universidad Nacional de San Luis. Pasante en el Proyecto de Inves-
tigación 429601 de Ciencia y Técnica de la U.N.S.L.

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Referencias bibliográficas
Binet, A. ([1909] 1999). Las ideas modernas acerca de los niños. Alicante:
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Goleman, D. (1995). Inteligencia Emocional. Barcelona: Kairós.
Goleman, D. (2009). Inteligencia Ecológica. Buenos Aires: Vergara.
Salovey, P. y Mayer, J. P. (1990). Emotional Intelligence. Imagination,
Cognition and Personality. 9,185-211.

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