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Cuatro Caminos, Madrid

Cuenta mi padre que, en su infancia de posguerra, tenía un juego con
sus amigos cuando pasaban delante de una pastelería: ser el primero en decir
<<me lo pido>> sobre el mejor pastel del escaparate. Dice que aún recuerda
esa sensación de consuelo cuando conseguía adelantarse y pedir el croissant
con más chocolate, la porción de tarta más grande o el bollo con más crema.
Ese inocente <<me lo pido>> era como ganarle un bocado a la miseria.

Julio Béjar
Manual de mudanzas