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Santo Tomds de Castilla fAlpuntes para Ia historia de las colonizaciones en Ia costa atldntica Fropledod de ta Biblioteca (OMIVERSIDAD FRANCISCO MARROQUIN Guatemala, @, A.—1956 Pedro Pérez Valenzuela | INTRODUCCION En este preciso tiempo que estamos viviendo, se ha producido un notable acontecimiento para la vida econémica del pais: la realizacion de un prolongado suefio que dur6 tres siglos y medio, Fue flor de ilusién para el presidente don Alonso Criado de Castilla en 1604. Estuvo a punto de hacerse verdad a mediados del siglo pasado cuando los belgas, el espi- ritu abierto a la esperanza, nautas de la aventura, buscaron un nuevo Eldorado. Se iba a realizar a fines del siglo pasado, cuando se proyecté el ferrocarril al norte. Y es hasta ahora cuando deja de ser suefio: la ha- dilitacién, sobre bases definitivas y seguras, del puerto de Santo Tomas de Castilla y la carretera que lo enlaza con la capital. Santo Toms tiene su historia. Este libro reeoge algunos apuntes para eseribirla. Es la historia de los dos grandes ensayos de colonizacién que se hicieron sobre la costa atléntica el siglo pasado: la de los ingleses y la de Jos belgas, ambas néufragas en el fracaso por diversas circunstancias, Problema que apenas nacida la Reptblica Federal los legisladores tra- taron de resolver, fue el de la falta de poblacién. La Asamblea Nacional Constituyente de Centro América, en 22 de enero de 1824, por un decreto amplio y generoso, abria las puertas del pais a los extranjeros para que pu- diesen ejercer profesion, oficio o industria que mas les acomodare, sin exceptuar el laboreo de las minas, pues se derogaban las leyes que lo pro- hibian. Se le prometia, gratuitamente, a cada matrimonio terrenos en ‘un cuadro de mil varas por lado; y si un soltero contrajere matrimonio con mujeres indigenas, se le daria el doble. Muchas eran las granjerias que se les concedian, sobre todo a los inmigrantes agricultores.1 Si las am- biciones politicas y las revoluciones constantes no hubiesen desacreditado a Centro América en esos tiempos y en los que le siguieron, esa ley de la Constituyente hubiera frutecido en felicidad para el pais que empezaba a vivir su vida independiente. Sin embargo, dicho decreto fue la base so- bre la que se hicieron posteriormente las diferentes contratas de coloni- zacién. Por otra parte, el Ejecutivo, recién declarada la independencia de Es- pafia, se prescupaba por el mismo problema, y disponia que se poblase la 1 Pineda Mont, T. I, Pégs, 615-820. evn nore, Y stain toned aon comin Itarada — a Ei Gima Cate y hoi Guta nee oe ‘SitSdcare tae ier para que ln dposiion tavien efece, Mt® 8 a mg otha a ng Sore nee sain anette Sigs es dee Sta Se, as ae Tia er ayer pe iit pie cx Or woAbieaa 9 Seth cod eres SE Seon aenaione ‘hein oro emarease, un cero de elspa porno, do 0 Ye Seuiermes ae ae Ss seri i met het ot sor EES Yen a anon ESSE paar ce ae See ee Ha eee eae mpasny cone popsnd nyu “en anna eft Se eon ochincka “ 2 dapatamete a hig, eon eto, tame empresa seri ental” inten tram gna de ge! Bet Servant de orden el ut Sl Endo don Marion Cave ‘emt Batado de Hondora snd ln vera moet 1 ere tad Ge Savor aot department de OO ‘Se establecia quo In compadia abriria un eamino desde Santo Tomis Sask tirhgrrasataine amen oe “eras de teera para ta poblaciéa, 12s Antes Laity al ation a contrat ot 90 de seat ‘wa etn gr branes on™ ici ithe se cones ema ‘Standen nine ean etnias mae ca Sneet "gr dct dal ern 4 de mare Eo ea in ‘Geapaia bier de coon em 18 ene dantnt So Sess os eso of a pene eat SERRATE Seer word prot eat fornot ada n verdad hoe compat nlc, No cntaba cm noon wh suns ump ea ps one, Pedy 2 ‘Grd gue ao sprtaba ratify" emcomeecoenea.quedaba ‘Suns Ya tae gee expend otra ashi rin rere sr nae