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Cuando los carolingios reemplazaron a los reyes merovingios a mediados del siglo VIII hacía

tiempo que la administración romana de la Galia había desaparecido. Por este motivo, un imperio
como el carolingio solo podía ser controlado por medio de un sistema de relaciones entre el
monarca y los poderosos del reino, en los que tendría que apoyarse y con los que debía llevar a
cabo sus órdenes.

Los carolingios utilizaron este proceso de dos maneras: por un lado, utilizaron las antiguas
instituciones de los condes como efectivos gobernantes reales de los condados en los que fue
dividido el reino. Estos condes eran nombrados por un período de tiempo y podían ser trasladados
o cesados a voluntad del rey. La segunda manera consistía en vincular hombres al rey en calidad
de vasallos, término procedente de la palabra celta vassus, por medio de un juramento de
fidelidad o lealtad. A cambio debía mantenerlos o por medio de la concesión del beneficium
entendido como un honor, una inmunidad y, sobre todo, tierras.

Este ultimo sistema acabaría imponiéndose y las tierras serían llamadas feudos. A su vez, el vasallo
se obligaba a servir a su señor, especialmente en la guerra.

El desarrollo que alcanzaría este sistema fue posible gracias a que se apoyaba en los conceptos de
señor y fidelidad que respondían a tradiciones germánicas mucho más antiguas.

La unión entre beneficium y vasallaje, práctica a la que se le denominará feudalismo, era un


método de organización social y política muy eficaz, que tuvo mucho que ver con el éxito de los
primeros carolingios. Sin embargo, no era un sistema estable, ya que condes y vasallos buscaban
fusionar los feudos con sus propiedades privadas, a la vez que hacerlos permanentes y
hereditarios. No obstante, su centro siguió estando en las tierras del imperio carolingio
comprendidas entre el Rin y el Loira.

El colapso de la monarquía carolingia en Francia en el siglo IX, así como la dinámica feudal,
llevaron a un cierto número de los mayores vasallos a establecerse como príncipes casi soberanos.
Los condes se transformaron así en gobernantes hereditarios.

Feudalismo:

Algunos indagan sus orígenes en la época romana; durante las invasiones bárbaras; bajo los
primeros Capetos. Los estudios realizados en el tema llevaron a considerar la formación y el
desarrollo de los vínculos de dependencia como una larga fase de evolución de los vínculos de
dependencia como una larga fase de la evolución humana. Algunos lo consideran como un método
de gobierno surgido inmediatamente después de las invasiones germánicas. Voltaire asegura que
lejos de haber desaparecido, el feudalismo perdura en buena parte de la tierra y que, fundado en
la fuerza, constituye un proceso que se puede repetir en la vida de los pueblos. “se ha buscado
largamente el origen del gobierno feudal. Debemos creer que este origen procede de la vieja
costumbre practicada por las naciones, de imponer homenaje y tributo a los más débiles”. El
feudalismo entonces es impensado como un acontecimiento, sino que se trata de un sistema muy
antiguo que subsiste en las tres cuartas partes de nuestro hemisferio bajo administraciones
diferentes.

Leyes feudales, sistema feudal son expresiones repetidas también del otro lado de la mancha en
las páginas de algunos escritores del otro lado de la Macha. Mientras que unos se interesan
principalmente por Inglaterra otros se sitúan en el plano europeo y otros dan un impulso al
estudio de las bases económicas sobre las cuales se construyó el feudalismo.

Para Montesquieu y Voltaire feudalismo significaba principalmente un periodo de la historia


caracterizado por el fraccionamiento de los poderes públicos.

Feudalismo marxista:

Marx y sus discípulos vieron en el feudalismo más que un método de gobierno, un tipo de
organización económica y social situada entre el fin del Imperio Romano y las “revoluciones
burguesas” de los siglos XVI y XVII.

Dicha organización, sostienen, sustituyó no sólo al sistema esclavista en el que se asentaban las
sociedades antiguas sino también a la estructura patriarcal y comunitaria de los pueblos bárbaros;
esta organización señaló un avance en el desarrollo de las fuerzas productivas y se prolongó hasta
el advenimiento del capitalismo moderno, que contribuyó a su desintegración.

Para los marxistas el feudalismo significa la apropiación por parte de los señores no solo de las
tierras sino también de las masas rurales dependientes y de una parte del trabajo de estas,
mediante una triple forma: prestaciones personales, censos en especies y contribuciones en
metálico. De ahí la extensión del término a épocas y países que sólo conocieron las
subordinaciones campesinas.

Mas allá de todas las cuestiones vinculadas a la problemática de una terminología adecuada, sin
contrato vasallático, sin feudo, sin organización social y política fundada en vínculos privados de
naturaleza particular, no hay régimen feudal. Es necesario despojarlo del lenguaje que lo envuelve
y luego reubicarlo en su medio, observarlo con los ojos de sus contemporáneos.

Las estructuras feudales no penetraron con la misma intensidad en todas partes. El área
geográfica en la que el historiador puede constatar una feudalidad triunfante clásica es
restringida. De esta manera, el termino sociedad feudal solo puede aplicarse de forma rigurosa a
los países en que la fortuna social y política, el derecho de mando se basan a la vez en la
explotación de la tierra y en el poder guerrero. Estos países coinciden con los que anteriormente
habían soportado la tradición de gobierno de los carolingios: nobleza palatina y administrativa,
amplios poderes confiados a los condes, multiplicación de los vínculos de recomendación y
vasallaje y luego la degradación de todo este montaje en el momento de los repartos dinásticos,
las invasiones y la inseguridad.

Su centro estaba comprendido a lo largo de las tierras del imperio carolingio entre en Rin y el Loira
y todavía mas en Italia donde la influencia franca no había pasado de ser superficial en el norte,
incluso después de la conquista por Carlomagno y en el sur donde se mantuvo todavía vigente el
legado romano y las tradiciones llegadas con la ocupación bizantina o musulmana.
En otros países, las instituciones imperiales carolingios perduraron mucho mas o sufrieron una
especia de renovación; de ahí, el retraso cronológico, a veces considerable, y los originales
caracteres de la feudalidad alemana.

Por último, hubo países que habían quedado al margen de las formas políticas propias de romanos
y carolingios; fue el caso de Alemania del este, Sajonia y los reinos anglosajones de Inglaterra. En
Frisia, por ejemplo, se mantuvieron las comunidades libres de campesinos que durante mucho
tiempo se resistieron al señorío de la tierra y a las relaciones de vasallaje.

Sin lugar a dudas, todas estas sociedades tienen rasgos comunes con la feudalidad clásica;
dependencia personal, recomendación, formación de clientelas, sin embargo, cada una de ellas
presenta divergencias fundamentales con frecuencia no se trata de sociedades organizadas en
función de la vida militar o de la explotación del suelo.

En resumen, la feudalidad de tipo clásico en estado puro no es más que una concepción teórica.
Donde la feudalización de la sociedad se dio más profundamente fue en el norte de Francia, en
Flandes, y en las provincias occidentales del Imperio. Mientras que en el resto de Europa se limitó
muchas veces a un cierto vocabulario, a una cierta mentalidad colectiva.

Sociedad feudal francesa en el dominio real

En estas regiones desde el año 1000, las peculiaridades feudales se especifican en:

Bajo modalidades del acto de sumisión, acto material y tal vez reminiscencia pagana, que
consistían para el vasallo, en poner sus manos entre las del señor arrodillándose a sus pies
jurándole fidelidad a su señor, a cambio este inmediatamente después procedía a la investidura
del beneficio o feudo por medio de la cesión simbólica de un poco de tierra o de un estandarte.

La naturaleza de los deberes recíprocos. A cambio del beneficio y la protección concedidos por el
señor, el vasallo prometía en primer lugar y ante todo no perjudicarle y serle fiel. Compromiso
esencial en aquellos tiempos de anarquía política y de restauración del orden basada en lazos de
dependencia personal, en nuevas forma de solidaridad privadas.

Las bases territoriales de las relaciones de vasallaje. La cesión de un feudo, de bienes raíces, de
dominios rurales, parcelas de tierra o funciones o cargos administrativos e incluso rentas llegó a
ser cada vez más la condición necesaria del vasallaje.

Asimismo, alrededor del año 1000 el termino feudo sustituyó al de beneficio en el norte de
Francia; hasta entonces designaba el salario del doméstico en tierras o es especies; se hablaba del
feudo del caballero, o noble por oposición al feudo de los artesanos o de los oficiales domésticos.
Mas adelante el término feudo se reservó, aunque solo en el dominio real para las relaciones de
vasallaje, y los de tenencia o censos para los campesinos y plebeyos.

De esta forma, el vasallo solo se comprometía a cambio de un feudo cuya importancia pronto
determinaría la de su servicio militar. De este feudo, no tenía más que el usufructo, la propiedad
real, no pudiendo disponer de él como de una propiedad personal, como de un alodio. El señor
conservaba la propiedad eminente o directa sobre las tierras infeudadas.
(Contraste con entre Francia e Italia, que bizantina esta ultima aún en torno al año 1000 constituía
un mundo aparte escasamente afectado por las instituciones germánicas).