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ALTA EDAD MEDIA

LA EDAD MEDIA

La Edad Media abarca desde la caída del Imperio Romano, el 476, hasta el descubrimiento de América, en 1492, y otros
movimientos renovadores del siglo XV. Durante estos diez siglos, en Europa predominó la agricultura de subsistencia y un
sistema social denominado feudalismo; la Iglesia ejerció gran influencia y se formaron las naciones. En África y Asia brilló
una civilización aún vigente: el Islam o mundo musulmán.

El concepto de Edad Media nació como la segunda edad de la división tradicional del tiempo histórico y considera un
tiempo intermedio entre la Edad Antigua identificada con el arte y la cultura de la civilización grecorromana de la Antigüedad
clásica y la renovación cultural de la Edad Moderna en la que él se sitúa- que comienza con el Renacimiento y el
Humanismo. La popularización de este esquema ha perpetuado un preconcepto erróneo: el de considerar a la Edad Media
como una época oscura, sumida en el retroceso intelectual y cultural, y un aletargamiento social y económico secular (que
a su vez se asocia con el feudalismo en sus rasgos más oscurantistas, tal como se definió por los revolucionarios que
combatieron el Antiguo Régimen). Sería un periodo dominado por el aislamiento, la ignorancia, la teocracia, la superstición
y el miedo milenarista alimentado por la inseguridad endémica, la violencia y la brutalidad de guerras e invasiones
constantes y epidemias apocalípticas.

ROMA Y ANTECEDENTES A LA EDAD MEDIA


El imperio

Muerto César, el gobierno de Roma fue asumido por dos militares: Lépido y Antonio, quienes iniciaron la pacificación del
imperio y la reorganización del gobierno de Roma. Pero a larga el poder fue tomado por Antonio, quien respaldado por el
ejército dominó en un principio a Roma. Sin embargo éste se radicó en Egipto donde la vida cortesana lo llevó a descuidar
sus obligaciones de gobernante.

En estas circunstancias apareció en Roma una figura de gran importancia: Octavio, sobrino de César, quien vendió todos
sus bienes para conformar un ejército, con el que derrotó a Antonio en la batalla de Actium. De esta forma Octavio asumió
todo el poder y reorganizó el Estado, motivo por el cual el Senado le otorgó el título de Augusto. Este fue sin duda el más
grande gobernante de toda la historia de Roma.
A la muerte de Augusto, Roma estuvo gobernada a lo largo de dos siglos portres dinastías, la JulioClaudia conformada por
sus descendientes. Posteriormente por la dinastía de los Flavios y luego por la de los Antoninos quienes gobernaron hasta
el año 197.

La decadencia de Roma

A partir de este momento se inició la larga decadencia del Imperio Romano, durante la cual una nueva religión, el
cristianismo, fue perseguida, pero también fue fortaleciéndose hasta ser convertida en la religión oficial del imperio por el
emperador Constantino mediante el Edicto de Milán en el año 313. Hacia mediados del siglo IV el empuje de los pueblos
bárbaros, por el norte y el este, se fue tornando incontenible. Así muchos de ellos, imperceptiblemente, se fueron instalando
en el territorio romano e incluso se incorporaron a su ejército.

El último gran esfuerzo por conservar la unidad del imperio correspondió al emperador Teodosio, de origen español, quien
para defender más eficientemente sus territorios los dividió en el Imperio Romano de Oriente y el Imperio Romano de
Occidente. Pero ya el fin de este último era inevitable: empobrecidos sus habitantes, deshecho su sistema administrativo
y venidas a menos sus ciudades, no pudo resistir más el empuje de los pueblos bárbaros.

LAS INVASIONES BÁRBARAS

¿Quiénes fueron los barbaros germanos?

El último gran emperador romano fue Teodosio (379-395), quien dejó a su muerte el Imperio Romano dividido en dos
partes: el Imperio de oriente y el de occidente. El Imperio de oriente, con capital en Constantinopla, estaba formado casi
todo por países de lengua griega, unificados luego bajo el reino de Bizancio.

El Imperio de occidente, con capital en Milán, estaba formado por países de habla latina que fueron invadidos por pueblos
en su mayoría de origen germánico, llamados por los romanos bárbaros, es decir, extranjeros. Pero, verdaderamente,
¿quiénes eran los bárbaros? Fueron pueblos con culturas menos desarrolladas que la romana, ubicados al oriente del río
Rhin y del Danubio, desde Escandinavia hasta la llanura central europea, de donde se desplazaron al territorio conocido
hoy como Italia, España, Francia y Grecia.

Pueblos bárbaros

Los vándalos

El de los vándalos fue otro pueblo de origen germano, también conocido como los piratas del Mediterráneo. Procedía de
las orillas meridionales del mar Báltico. En el año 406 rompió la frontera del Rhin y penetró en el Imperio Romano.
En el 409 los vándalos arrasaron las Galias y penetraron a España, a la cual se repartieron como botín y en donde se
instalaron. Los vándalos aprendieron a construir barcos y organizaron una flota con la cual se dedicaron al saqueo y a la
piratería. Hablaban latín, sus ciudades tuvieron baños, circos y todo el lujo del mundo romano; saquearon las islas de
Córcega y Cerdeña y se atrevieron incluso a saquear a Roma en el año de 455.

Los ostrogodos

Esta parte del pueblo godo, después de abandonar a Escandinavia se estableció al oriente del río Dniéper. De allí se
desplazó hacia el Imperio Romano de oriente, y desde la zona situada al norte del mar Negro se trasladó hacia el oeste,
extendiéndose por Grecia y por toda Italia y luego hacia los Balcanes. Este pueblo se preocupó por conservar la cultura,
el derecho y el orden político de Roma.

Los hunos

A diferencia de los demás pueblos bárbaros, los hunos no procedían del norte de Europa sino del centro de Asia. En su
primer período de expansión asolaron a China y luego se dirigieron a Europa. Los hunos poseían una rara apariencia:
tenían los miembros robustos, la cabeza muy voluminosa y la espalda muy ancha. No cocinaban ni condimentaban los
alimentos, y se nutrían de raíces silvestres y de toda clase de carnes.

Eran nómadas y expertos jinetes, capaces de pasarse día y noche montados en sus caballos. Sus armas más peligrosas
eran el arco de flechas triangulares y la espada de dos filos, y eran expertos en el uso del látigo y del lazo. Los hunos se
establecieron en la Panonia, actual Hungría, y allí se mantuvieron pasivos, a cambio de los tributos que les pagaban los
pueblos sometidos. Su principal rey fue Atila, llamado el "Azote de Dios" por la destrucción que causaba a su paso. Su
reino se extendió desde el mar Báltico hasta el mar Negro.

Consecuencias de las invasiones

Las incursiones causaron reacciones entre otras tribus locales: por ejemplo, en África destruyeron las defensas contra
tribus nómadas; en España, Galia, Bretaña, etc. provocaron revueltas de tribus nativas que se confundieron con
movimientos agrarios y sociales del imperio: bagaudes. Tarraconense, rustici y circoncellions. También hubo resurgimiento
del bandidaje y de la piratería, convirtiéndose el otrora seguro Mediterráneo, en un mar peligroso; esto facilitó el bloque del
imperio de occidente su comercio de tiempo atrás cerrado y limitado, se constriñó más y evoluciono hacia el feudo. De la
misma manera, estas presiones de pueblos redujeron migraciones de tribus locales hacia el interior del imperio, revocando
profundos cambios económicos, sociales y culturales, e igualmente un aceleramiento de los procesos de ruralización y de
despoblación de las ciudades, propiciando el surgimiento de diferencias regionales; pero el predominio demográfico de la
población preexistente hizo mantener en los nuevos reinos surgidos, muchos vestigios romanos.

INICIOS DEL IMPERIO BIZANTINO

La civilización bizantina se formó con la división del Imperio Romano realizada por Teodosio, el último de los grandes
emperadores romanos, en el año 395. Teodosio dividió el Imperio entre sus dos hijos. Acadio, se quedó con el Imperio
Romano de occidente, con capital en Milán, y Honorio, con el Imperio Romano de oriente, con capital en Constantinopla.

El Imperio Romano de occidente desapareció debido a las invasiones de los pueblos bárbaros, mientras que el Imperio
Romano de oriente, transformado en Imperio Bizantino, perduró aun otros diez siglos, hasta el l. 453, año en que los turcos
otomanos ocuparon, a Constantinopla. Los bizantinos lograron mezclar la cultura de griegos y romanos, incluyendo los
elementos religiosos, cristianos y paganos, las costumbres orientales y las occidentales... De esta manera conservaron la
cultura y la reelaboraron bajo nuevas formas.

Justiniano
Después de la caída del Imperio Romano de occidente, los gobernantes de oriente, o bizantinos añoraban los tiempos en
los que el Imperio romano dominaba todo el mar Mediterráneo. Uno de estos emperadores fue Justiniano, hombre d
grandes iniciativas y genio extraordinario quien hizo volver a brillar, aunque por breve tiempo, el gran poder del Imperio
Romano. Justiniano, quien fue el más grande de los emperadores de oriente, llegó al trono en el año 527, a los 45 años
de edad. Aunque hijo de campes nos, tuvo una excelente formación gracias él apoyo de su tío, el emperador Justino.

Justiniano, que se destacó por su talento, también supo rodearse de colaboradores extraordinarios que contribuyeron al
éxito de su gobierne entre quienes .se destacaron Belisario, que fue E estratega más importante de su siglo, Narsés,
general y brillante político, y Triboniano, gran jurista, quien supo llevar a cabo la reforma de las leyes. Durante su gobierno,
Justiniano se ocupó de adecuar, recopilar y ordenar las leyes elaboradas durante siglos por los romanos. Esta gran obra,
recibió el nombre de Código de Derecho Civil.

La expansión bizantina
Justiniano quiso recuperar para Bizancio el territorio correspondiente al antiguo Imperio Romano. Estaba convencido de
que así como el mundo cristiano tenía una sola religión y una sola iglesia, también debía tener una única autoridad política
el emperador bizantino.

Con estas ideas inició la reconquista de occidente: derrotó a los vándalos de África, ocupó Sicilia, conquistó el sur de
España, arrojó a los ostrogodos de Italia y se apoderó de su capital, Ravena. Justiniano murió en el 565, año en que
concluyo, uno de los períodos más brillantes de la larga historia bizantina.

Bizancio después de Justiniano

Después de la muerte de Justiniano en el 565, se perdieron las posesiones conquistadas en Europa occidental y los
bizantinos debieron afrontar el avance de ávaros, eslavos y búlgaros, que presionaban para ubicarse en los Balcanes. Entre
los años 610 y 717 gobernó a Bizancio la dinastía Heraclía, compuesta por los sucesores de Justiniano. En esta fase se
debilitó el Imperio por las luchas con Jerusalén y por los ataques de los árabes que arrebataron las provincias de Siria y
Egipto.

Entre el 717 y el 867 surgió la dinastía Isáurica. Fundada por León 111, en ella el Imperio volvió a organizarse, logrando
una etapa de restauración. En este período se dio la lucha iconoclasta, que comenzó cuando el emperador León 111
ordenó la destrucción de todas las imágenes de Jesús, la Virgen y los santos, por considerar que el pueblo estaba
practicando una verdadera adoración de ídolos, o idolatría.

En el período comprendido entre el año 867 y 1.057, floreció la dinastía macedónica. En esta fase tuvo lugar el Cisma de
oriente, cuando el patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, desconoció la autoridad del Papa de Roma, acusándolo
de prohibir que los sacerdotes se casaran, cosa que, según él, no era exigida por la doctrina de Jesús. El Patriarca y el
Papa se excomulgaron mutuamente. Por este hecho se produjo la ruptura definitiva entre el Imperio Bizantino y la Europa
cristiana de occidente.

La organización del Estado


El gobierno del Imperio se basó en una monarquía teocrática, en la cual la iglesia se hallaba sometida al emperador, quien
muchas veces asumía funciones que sólo le correspondían al Papa. La sede del gobierno era el palacio imperial, u enorme
edificio que conformaba una especie d ciudad dentro de la misma ciudad. Allí la etiqueta y el protocolo jugaban un papel
importantísimo.

Al servicio del emperador estaba una burocracia que siempre fue muy eficaz, y la cual se ocupaba principalmente de la
diplomacia, de la recaudación de impuestos, de la vida social del Imperio y del ejército. Existían dos ejércitos: el de las
fronteras, formado por campesinos de distintas nacionalidades y quienes recibían tierras a cambio de su servicios, y el
ejército central, directamente bajo el mando del emperador y cuyos miembros recibían sueldo y ejercían una gran influencia
política.
Ya vimos cómo las invasiones de los bárbaros, primero, y la expansión musulmana, después, dividieron el mundo
Mediterráneo en tres: el Imperio Bizantino, el islam y el Occidente romano-germánico. Analizados los dos primeros,
conviene conocer la evolución de aquella Europa parcelada en reinos, la cual era "el vecino pobre" en contraste con el
poderío y brillo cultural de Bizancio y el islam. Para salir de esa "pobreza", la Iglesia y los francos se aliaron en un esfuerzo
por construir un poderoso Estado que pudiera competir con los otros. ¿Lo lograron? ¿Por qué se dio esa alianza entre la
Iglesia y el reino de los francos?

ETAPAS HISTÓRICAS DEL IMPERIO CAROLINGIO

Al finalizar el siglo VIII, la mayor parte de los reinos bárbaros habían desaparecido. El ostrogodo y el vándalo habían
sucumbido ante el empuje bizantino, mientras que el visigodo terminó en manos de los musulmanes en España. El único
reino que se consolidó fue el de los francos, bajo la hegemonía de la dinastía de los merovingios.
Las relaciones con el papado fueron buenas, lo que les ayudó a crecer económica y territorialmente. Estas relaciones se
hicieron particularmente positivas cuando gobernó Pipino el Breve, quien prestó un apoyo decisivo a la Iglesia. Con su
reinado se inauguró la dinastía de los carolingios, cuyo representante más importante fue su hijo Carlomagno.
Carlomagno reinó desde el 768 hasta el 814, dándole un impulso definitivo a la consolidación del cristianismo. Con base
en las ideas católicas emprendió la creación de un gran imperio, el cual llegó a dominar casi toda Europa Occidental.
Le sucedió Luis el Piadoso, quien no logró sostener el poder. Los territorios se los disputaron sus hijos Lotario, Carlos el
Calvo y Luis el Germánico.
La muerte de Luis el Piadoso agravó la situación, la cual se remedió con el Tratado de Verdún en el 843, a través del cual
a Carlos le correspondió Francia, a Luis la Germania o Alemania y a Lotario el territorio central del Imperio. De esta forma
comenzaron a aparecer las divisiones territoriales de las futuras Francia y Alemania.

DIVISIÓN ADMINISTRATIVA
Su reinado tuvo importantes efectos porque impulsó una adecuada organización administrativa. De esta forma creó los
condados y los ducados, territorios donde actuaban caballeros que recibía el título de conde y duque, respectivamente. A
estos funcionarios les correspondía la administración de justicia, la recolección de los impuestos y la organización militar.
En las zonas de frontera se establecieron marcas, regiones con un gobierno militar, a cuya cabeza estaba el marqués.

AVANCES EN TIEMPOS DE CARLOMAGNO


Otro logro importante de los carolingios fue el pequeño impulso que dieron a las artes y a la cultura, las cuales habían
desaparecido casi por completo desde los días de las invasiones. Los monasterios fueron los ejes sobre los cuales resurgió
el estudio de la literatura, la oratoria, la gramática y algunas ciencias.
A este período algunos historiadores le llaman el Renacimiento carolingio. Sobresalieron los teólogos Juan Escoto y Alcuino
de York. La situación económica no favoreció este renacimiento, pues no había el suficiente dinero para invertir en la
cultura.

EL FEUDALISMO
Con la formación de los reinos bárbaros en los años que siguieron a la caída del Imperio romano, la economía y la sociedad
perdieron su carácter comercial y urbano, para convertirse en una cultura agrícola y rural.
Esta tendencia se acentuó con el ascenso de los carolingios. La ruralización de la vida europea fue la característica más
importante del siglo IX al XV y recibió el nombre de feudalismo.
El feudalismo fue entonces, el sistema económico, político y social que caracterizó a Europa durante estos siglos. Este
sistema se apoyó en un conjunto de instituciones que imponían obligaciones de obediencia y servicio, principalmente
militar, a los hombres libres, los cuales recibían el nombre de vasallos. Estos vasallos debían obediencia a otro hombre
libre llamado señor. El señor a su vez tenía obligación de proteger y sostener al vasallo.