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104 MAGNA MORA LIA

INTRODUCCIÓN 105

repeticiones que en ellos se aprecian. Está claro, por otra parte, yas fases sucesivas estarían marcadas por un distanciamiento
que Aristóteles no se preocupó de dar a sus obras la perfección cada vez mayor de sus orígenes platónicos. En el caso de la
literaria que se aprecia en los textos de Platón, de quien sabemos ética aristotélica, Jaeger distinguía tres fases: la «tardoplatóni-
que pulió sus diálogos hasta el final de su vida2. Esto explica que ca», a la que correspondería el Protréptico; la fase de «platonis­
la crítica haya detectado en los textos aristotélicos la mano de mo reformado», en la que se habría compuesto la Etica eude­
uno o más editores que han retocado o completado las obras del m i a y la fase «tardoaristotélica», en la que situaría la Etica
maestro. nicomáquea. En cuanto a los Magna moralia, Jaeger niega que
Por lo que hace a los tratados de ética, es probable que el sea obra de Aristóteles; se trataría más bien de un compendio
título de dos de ellos aluda precisamente a esa labor editorial: la extraído de los otros dos tratados por un autor peripatético para
Etica nicomáquea habría sido editada por Nicómaco, hijo de su uso como manual escolar. Más adelante nos referiremos a
Aristóteles, y la Etica eudemia por Eudemo de Rodas, miembro las reacciones provocadas por esta propuesta de Jaeger. Men­
de la escuela contemporáneo de Teofrasto. Pero nada de esto es cionemos por ahora únicamente que, pese al eco favorable que
seguro, pues también cabe pensar que esos títulos remitan a las obtuvo su idea de que el pensamiento de Aristóteles está mar­
personas a las que esas obras iban dedicadas (en cuyo caso el cado por una constante evolución, ni todos los investigadores
Nicómaco de la primera podría ser el hijo de Aristóteles, pero entienden esa evolución del mismo modo que Jaeger, ni todos
también el padre del filósofo, que llevaba el mismo nombre; aceptan la cronología de las obras éticas por él propuesta, ni
mientras que el título de la segunda podría referirse a Eudemo lodos admiten que los Magna moralia no sean del propio Aris­
de Chipre, el amigo a quien también dedicó el diálogo homóni­
tóteles.
mo). Sea como fuere, la presencia en los tratados de ética de Entre las principales dificultades a las que se enfrenta la
manos ajenas a la de Aristóteles complica considerablemente la crítica textual debe mencionarse, por último, el hecho enigmá­
cuestión de su efectiva autoría. Como tendremos ocasión de tico de que Etica nicomáquea y Etica eudemia tengan tres li­
comprobar, sólo la Etica nicomáquea se ha visto en general li­ bros en común: los libros V, VI y VII de la primera obra son,
bre sospechas, mientras que ha sido frecuente ver en las otras en efecto, idénticos a los libros IV, V y VI de la segunda. ¿A
dos pragmatías exposiciones de la ética aristotélica debidas a cuál de los dos tratados pertenecían originalmente los libros
epígonos suyos.
comunes? Evidentemente, éste no es un problema aislado,
Muy ligado al problema de la atribución de los tratados está sino que la solución que para él se adopte estará en función
el de su datación. La revolucionaria obra de W. Jaeger, Aristó­ de lo que se piense acerca de la autoría y datación de ambas
teles. Bases para la historia de su desarrollo intelectual, publi­ obras, y, más en general, acerca del curso preciso que siguió
cada en 1923, abrió nuevos horizontes a la investigación de la el desarrollo de la filosofía de Aristóteles a través de sus eta­
cronología de las obras aristotélicas al proponer una brillante pas evolutivas. Como sobre estas cuestiones no existe acuerdo
hipótesis sobre la evolución del pensamiento del filósofo, cu­ entre los críticos, no es extraño que tampoco se haya alcanza­
do unanimidad acerca de la adscripción original de los libros
2 C f . D iógenes L aercio , III 37.
comunes.