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Sin embargo, la única previsión al respecto se encuentra en el art.

51 del TR de la Ley de
Propiedad Intelectual, que se limita a regular la transmisión el empresario de los derechos de
explotación de una obra que ha visto la luz en el marco de un contrato de trabajo. A mayor
abundamiento, se plantean serios problemas de integración de las normas correspondientes al
Derecho de Propiedad Intelectual y al Derecho del Trabajo en la medida en que una y otra
disciplina se basan en principios difícilmente conciliables. Ahora bien, no se trata de cualquier
obra creada por el trabajador durante el contrato de trabajo, sino de aquellas obras que
constituyen precisamente el objeto del mismo. Y en este sentido, tenemos que centrarnos en
que puede considerarse obra de propiedad intelectual.

La doctrina laboralista coincide al sostener que son cinco los elementos que caracterizan la
relación asalariada:

a) es una relación personal;

b) voluntaria;

c) retribuida;

d) por cuenta ajena;

e) y dependiente

Aclarado esto, y en cuanto a lo que concierne a lo que consideramos obra, lo primero que hay
que tener en cuenta es que no todo lo producido por el trabajador de forma creativa merece
tener el carácter, desde un punto de vista estrictamente legal, de propiedad intelectual.