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¿DIOS?

José Ignacio González Faus, sj.

PRÓLOGO ............................................................................................................................... 3
1. ¿HAY ACCESOS A DIOS? ¿HASTA DÓNDE? ............................................................... 5
2. TRANSICIÓN ..................................................................................................................... 16
3. EL DIOS CRISTIANO ....................................................................................................... 18
4. CONCLUSIÓN: CREER EN EL AMOR ............................................................................ 27
NOTAS .................................................................................................................................... 29
CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN ................................................................................... 31
A todos aquellos y aquellas que buscan, quizás con ahínco,
y creen no encontrar. También a los que dudan.

Tal vez la mayor de las perversiones en Israel –y en nuestro tiempo–


sea la ambigüedad con que se presenta la Palabra de Dios y, sobre
todo, la imagen tan ambigua que presentamos de Dios.
(L. A. SChoekeL, La Biblia de nuestro pueblo)

José Ignacio González Faus, sj., es miembro del Área Teológica de Cristianisme i
Justícia. ha escrito numerosos cuadernos de esta colección. Los últimos: «Ya voy Señor»,
contemplativos en la relación (n. 174); El naufragio de la izquierda (n. 177); Unicidad de
Dios, pluralidad de místicas (n. 180); Una Iglesia nueva para un mundo nuevo (n. 185).

Con el apoyo del Ajuntament de Barcelona - Afers religiosos

edita Cristianisme i Justícia - Roger de Llúria, 13 - 08010 Barcelona


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ISBN: 978-84-9730-338-5 - ISSN: 2014-6509 - ISSN (ed. virtual): 2014-6574
Septiembre de 2014
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Llúria 13, Barcelona.
PRÓLOGO

Dios es la más abrumadora de todas las palabras humanas. Ninguna


ha sido tan ensuciada, tan desgarrada. Precisamente por eso no puedo
renunciar a ella. Generaciones de hombres han descargado sobre esa
palabra el peso de sus vidas angustiadas y la han abatido hasta dar
con ella en el suelo… Las razas humanas, con sus escisiones religio-
sas, han desgarrado esa palabra; han matado por ella y han muerto por
ella... ¿Dónde podría encontrar una palabra parecida para expresar lo
supremo? Si eligiera el concepto más puro y resplandeciente de la
recóndita cámara de los tesoros de los filósofos, sólo podría recoger en
él una imagen conceptual sin compromisos, pero no la presencia de
aquél a quien las generaciones humanas han venerado o humillado
con sus pavorosas vidas y muertes… Aquél a quien aluden las gene-
raciones de los hombres que con tormentos infernales golpean las
puertas del cielo…, dibujan caricaturas y escriben debajo «Dios». Se
asesinan unos a otros y dicen: «en nombre de Dios».
Pero cuando todo desvarío y todo engaño se desvanece, cuando se
enfrentan a él en la aislada oscuridad y ya no dicen «él, él», sino que
suspiran «tú, tú», cuando gritan «tú», cuando todos ellos dicen esa
misma palabra y añaden luego «Dios» ¿no es el verdadero Dios aquél
a quien invocan, el único Viviente, el Dios de los hijos de los hombres?
¿No es Él acaso el que escucha y presta oído atento? Y sólo por eso
¿no es precisamente la palabra Dios, la palabra de la invocación, la
palabra convertida en nombre consagrado para siempre en todos los
idiomas humanos? Debemos estimar a los que la evitan porque se
rebelan contra la injusticia y la arbitrariedad, tan prontamente remitidas
a Dios en busca de su autorización. Pero no podemos renunciar a
ella... No podemos limpiar la palabra Dios y devolverle su integridad.
Pero sí podemos, manchada y desgarrada como está, alzar esa pala-
bra del suelo y enarbolarla sobre una hora de máxima zozobra.

Martín BuBeR, Eclipse de Dios, Buenos Aires 1984, págs. 13-14

5
1. ¿HAY ACCESOS A DIOS? ¿HASTA DÓNDE?

Se ha comentado con frecuencia que Santo Tomás no habla de «prue-


bas» de la existencia de Dios, sino de «vías».1 un camino no es una
demostración: ésta conquista y atrapa la meta que quiere demostrar. La
vía, en cambio, señala una orientación y una meta, pero no garantiza
la plena llegada a ella.

Por otro lado, al menos desde una óptica car o apuntar a Dios por otras vías que
cristiana, si Dios fuera «demostrado», no son filosóficas: la estética, la místi-
dejaría de ser Dios y se convertiría en ca, la ética, la misma ciencia ¿descu-
un ídolo capaz de ser dominado por el bren también senderos que señalan y
hombre: creer que Dios existe sería en- orientan en la dirección de «eso que lla-
tonces tan contradictorio como «creer» mamos Dios»? Si fuese así, la acumu-
en el teorema de Pitágoras. Eso se sabe lación de indicios antes citada se vuel-
pero no se cree. ve aún mayor.
La fuerza de las cinco vías de To- Sin embargo, ni aun así podríamos
más no radica sólo en su argumentación hablar de una «demostración de Dios»:
sino en su multiplicidad: ésta sugiere no sólo porque entonces, como acabo
que hay bastantes caminos que apuntan de decir, Dios dejaría de ser Dios, sino
en una misma dirección, lo cual, en la además porque la mera existencia del
estructura del conocimiento humano, es mal (y de un mal con las desorbitadas
un indicio razonable de credibilidad. dimensiones que experimentamos en
No obstante, Tomás se queda corto en nuestras vidas), cuestiona seriamente
este punto: porque sus vías son todas de cualquier demostración de la existencia
carácter intelectual y, como ahora trata- de Dios. De tal modo que si nuestros
remos de exponer, quizá podemos bus- argumentos racionales fueran verdade-
7
ras «demostraciones», podrían llevar- cida parábola (de John Wisdom) del
nos lógicamente a la afirmación de un «jardinero invisible»: dos amigos se
Dios malo o, al menos, a profesar un encuentran con un jardín y uno de ellos
maniqueísmo que admite la existencia deduce que tiene que haber un jardine-
de dos dioses enfrentados. ro que lo cuide. Lo buscan, lo esperan
En Dios sólo se puede creer, como noche y día y el jardinero nunca apare-
titulé otra vez. Lo cual no significa que ce. Al final, cansados ya de tanta espe-
esa fe sea irracional o infundada. Quizás ra, el otro argumenta: «¿qué queda de
hay serios indicios en todas las dimen- tu aserto original?... Un jardinero invi-
siones de nuestro ser humano que apun- sible, intangible y eternamente evasivo
tan o encaminan en esa dirección. Es ¿en qué se diferencia de un jardinero
por estas «vías» por donde debemos co- imaginario o incluso de que no exista
menzar. Y ya que le robamos la palabra ningún jardinero?»2. Pues bien, a sus
a Tomás de Aquino, respetaremos su ochenta y un años, el que fuera «el ateo
número y hablaremos de otras «cinco más famoso del mundo», publica un
vías». libro titulado Dios existe3 en donde
declara que, como científico, ha tenido
que rendirse a la fuerza de los datos y
1.1. Ciencia proclama la existencia de Dios.
Dios no es una pregunta ni un problema No es éste momento de valorar los
argumentos de Flew. Sólo quiero notar
cosmológico. El Dios al que podrían
que, aunque se acepte su argumenta-
llegar las ciencias daría una explicación
ción (que en lógica serena «parece» la
sobre el universo. Pero ese no es el sen-
más probable) a lo más que llega el
tido de la pregunta humana por Dios.
científico es a una «mente divina» que
Por otro lado, y a pesar del funda- programó este inmenso ordenador del
mentalismo ateo de algunos científicos universo. En cambio, la finalidad de la
de última hora, la ciencia no tiene una pregunta por Dios, para nosotros, no es
respuesta uniforme a la pregunta por sólo si existe esa mente divina (o como
Dios. Ni pueden decir las ciencias có- se la llame), sino si tiene alguna rela-
mo y por qué empieza eso del Big Bang: ción con nosotros y de qué tipo; si no-
de dónde apareció esa concentración sotros los humanos le importamos algo
casi infinita de energía que produjo la y en qué sentido; o si se trata de una
gran explosión, ni qué había antes. In- especie de jugador infinito de ajedrez
cluso es inexacta esa palabra «antes», que se entretiene haciendo sus partidas
porque con el Big Bang no sólo apare- en solitario.
cieron la masa y la energía sino el tiem- Según el poema babilónico Enûma
po mismo y el espacio. Elish («cuando en las alturas») los dio-
Últimamente ha tenido cierta reso- ses crearon a los hombres para que les
nancia el cambio de opinión de An- sirvieran en las tareas que a ellos no
thony Flew, uno de esos apóstoles ateos les apetecía realizar. ¿Pueden decir las
que antaño citaba con empeño la cono- ciencias que esa «mente divina» afir-
8
mada por algunos científicos es alguien dicho otra palabra suya a través de la
como el dios Marduk del poema babi- creación.4 Esto es innegable y no puede
lónico o es completamente distinto en ser olvidado, pues desautoriza como
su relación con los seres humanos? idólatras los fundamentalismos creacio-
Desde esta perspectiva que es la verda- nistas de la derecha norteamericana.
dera en la pregunta por Dios, la ciencia
no puede decir nada sobre Él. Dios
tiene que ver más con la historia que 1.2. Filosofía
con la naturaleza: porque la pregunta Algo parecido cabría decir de la filoso-
humana más decisiva es si toda esta fía: la inteligencia humana tiene una
historia (y nuestras vidas en ella) tiene clara percepción de sus fronteras; pero
algún sentido y camina hacia alguna
no consigue traspasarlas y no sabe si
parte. Como subrayaba M. Buber, el
detrás de esas fronteras sigue habiendo
interés de la palabra «Dios» no apunta
«tierra» o sólo un océano abismal; ni
a un Dios del que sólo podamos decir
siquiera si ese abismo es de algún modo
«él», sino un Dios al que podamos lla-
habitable. Por eso me ha gustado siem-
mar «tú».
pre el calificativo que daba Eugenio
Por eso creo que los modernos ateís- Trías a nuestra razón humana: «razón
mos científicos sobrepasan sus posibili- fronteriza». La frontera es algo más que
dades al pretender negar no sólo una
un mero fin: pues deja abierta la puerta
determinada forma de explicar el ori-
a que el límite sea un fin traspasable.
gen del universo, sino mucho más: una
Espigaremos algunos ejemplos de esas
relación con nosotros de esa hipótesis
llegadas a la frontera de nuestra razón.
llamada Dios. Pero esto segundo queda
ya fuera del marco de la ciencia. Sería a) En el fondo, y aunque Tomás ha-
como si a la pregunta que se hacía el bla de cinco vías, quizá se reducen to-
protagonista de Los cipreses creen en das a una misma intuición: en diversos
Dios, (de J. M. Gironella): «¿por qué campos de la realidad detectamos una
las parejas?», respondiéramos sólo «pa- dimensión de solidez o absolutez junto
ra asegurar la reproducción humana». a otra de relatividad o flojedad: así ocu-
Semejante respuesta apenas llena una rre en el movimiento, la causalidad, la
pequeña parte de la pregunta. actuación de posibilidades, el acierto de
Dicho todo lo anterior, debemos los instintos ciegos... La razón vislum-
hacer no obstante una recuperación de bra que no sería posible garantizar esa
la ciencia en el sentido siguiente: si el «solidez» (infectada por así decir por el
universo es y se ha formado como dice virus de la inanidad), sin la referencia
la ciencia, cualquier afirmación de la a un Absoluto que no pertenece a esta
existencia de Dios ha de ser compatible realidad pero, a su vez, permite y sos-
con esos datos científicos, al explicar el tiene toda la solidez y pluralidad de lo
modo de obrar de ese Dios. Como dice real. En el fondo, esa intuición se pare-
un científico creyente, Dios habla a tra- ce a la del loco de Nietzsche en La gaya
vés de la Biblia pero también nos ha ciencia: negar a Dios es como «borrar
9
nuestro horizonte con una esponja» y habla de explicación pero no de rela-
quedarnos sin norte ni sur ni arriba ni ción.
abajo.
c) En la misma dirección nos orien-
De este modo la razón se asoma cla- ta la definición de Spinoza: «Deus sive
ramente a sus fronteras. Pero, aun aque- Natura» (Dios o la Naturaleza) que no
llos que creen poder atisbar y afirmar debe ser entendida en el sentido pan-
ese más allá de nuestra razón, sólo lle- teísta de identidad, porque Spinoza dis-
gan a proponer algo así como un tingue entre lo que él llama «Natura
«Motor inmóvil», un «Ser Necesario» o naturans» (la que hace ser a la natura-
una incausada «Causa de las causas». leza) y la naturaleza que experimenta-
No pueden saber si hay algún tipo de mos nosotros («natura naturata»):
relación predicamental de ese Ser con Dios sería como la fuerza que hace real
nosotros. Por eso, como ironizaba Zu- a la realidad, en sentido similar al de
biri, nadie se siente llamado a rezar una invocación cristiana: «oh Dios, vi-
«Causa causarum miserere mei»: por- gor perenne de las cosas» (rerum Deus
que una cosa es la mera «creencia» y tenax vigor…). Pero, como en los casos
otra la fe. Lutero llamaba «Dios» a al- anteriores, esta relación es sólo de fun-
guien en quien confiar y de quien espe- damentación o explicación, no de con-
rar refugio:5 a quien poder decir «tú» y fianza. Dice algo de Dios a nosotros,
no simplemente «él», como decía M. pero no de Dios con nosotros. Por eso
Buber. Quizás por eso Tierno Galván, Spinoza consideraba que querer ser
cuando toca este tema desde el punto de amados por Dios era idolatría.
vista filosófico, parece eludir la palabra
Dios y prefiere hablar de «el Funda- d) No obstante, Platón creyó poder
mento», derivando de ahí su afirmación afirmar algo más de ese «más allá» de
de que no es necesario ni afirmar ni nuestra razón: Dios es la idea del Bien.
negar ni buscar esa explicación última Y en las ideas estaba, para Platón, la
o Fundamento de las cosas y que en eso verdadera realidad de las cosas. Pero
consiste el agnosticismo. esa afirmación (prescindiendo ahora de
la otra pregunta sobre la calidad ontoló-
b) Otro ejemplo desde el extremo gica de las ideas platónicas) tampoco
opuesto (no agnóstico sino teísta): dice mucho sobre una relación de Dios
según parece Voltaire consideraba co- con nosotros, como no sea la de una
mo «evidente» la existencia de Dios. aspiración a Él, desde nuestra experien-
Pero tanto la figura de la Iglesia oficial cia de inconsistencia y nuestra atrac-
como el terremoto de Lisboa le dieron
ción por el Bien.
la seguridad de que ese Dios afirmado
mentalmente no tiene ninguna relación e) Incluso, según muchos comenta-
con nosotros, ni ganas de establecerla. ristas, también Buda conoce «lo No-
Así se acuñó en los últimos siglos la ex- nacido, No-originado, Increado»6, pero
presión «deísmo» para afirmar la exis- no tiene constancia alguna de una rela-
tencia de un Dios del que nada sabemos ción Suya con nosotros. Por eso pres-
y nada tiene que ver con nosotros. Que cinde totalmente de él en su enseñanza,
10
porque eso sólo nos haría perder tiem- mal. Aunque eso no impida que los
po sin resolver nada. Y da pie a que el hombres podamos experimentar esos
budismo pueda ser visto como ateo, valores morales.
como agnóstico o como precisivamente Y aquí comienzan a complicarse las
teísta. cosas: la pretendida absolutez de los
f) Caben más ejemplos, como la valores morales parece contradicha
doble experiencia antitética y comple- cuando experimentamos que, en la ma-
mentaria de Heráclito y Parménides: yoría de las ocasiones, las cosas les van
según el primero «todo fluye y nada se mejor a quienes no obedecen a esos
sostiene»7, según el segundo el ser es imperativos. Este fue el drama de la
siempre Ser… O la gran pregunta naci- afirmación judía de Dios que, desde sus
da con nuestra Modernidad de si esta orígenes, tenía una profunda imposta-
historia humana tiene alguna meta y ción ética. El salmista todavía rezaba:
sentido, o si es pura mentira o eterno «apártate del mal, obra el bien y siem-
retorno de lo mismo… pre tendrás una casa» (36,27). Pero, en
plan de aguafuerte a lo Goya, se le
Pero los ejemplos anteriores son su- puede retorcer diciendo: apártate del
ficientes para que entendamos esa di- mal, obra el bien… y nunca tendrás una
mensión fronteriza de nuestra razón. casa. Esa prosperidad de los malos re-
sulta seductora y amenaza con pervertir
1.3. Ética
todo el obrar humano. Así se vuelve im-
posible la convivencia, y la sociedad se
Con la ética parecen complicarse las co- convierte en una guerra de todos contra
sas. Pero no porque sin Dios no pueda todos donde el hombre no es más que
afirmarse una moral: el hombre es un un lobo para el hombre.
ser con una autonomía suficiente para Por eso, por más que sostengamos
que su recta conciencia y el recto uso de que el hombre puede saber bien lo que
la razón le declaren lo que es moral, sin es bueno y lo que es malo, nadie se ha
necesidad de que alguien se lo dicte atrevido hasta ahora a montar, ni siquie-
desde fuera. Se podrá objetar que los ra a soñar, una sociedad sin «guardianes
hombres raras veces usamos nuestra del orden»: sin policías, ni jueces, ni
razón y nuestra conciencia con la debi- premios ni castigos; por eso se discute
da rectitud sino que con frecuencia las tanto la afirmación de Dostoievski: «si
ponemos al servicio de nuestras pulsio- Dios no existe todo está permitido».
nes. Incluso, aunque usáramos la con- Ateos como Nietzsche o el primer Sar-
ciencia rectamente, el carácter incon- tre la suscriben. Otros la niegan desde
dicional de los imperativos morales no la propia experiencia del imperativo éti-
lo podemos fundamentar sin recurrir a co. Y nuestra cultura neoliberal y post-
un Absoluto: la razón y la conciencia moderna parece haberse quedado con la
nos pueden decir lo que está bien y lo versión de que si Dios no existe todo
que está mal, pero no nos dan una razón está permitido para mí, pero no todo le
de por qué hay que hacer el bien y no el está permitido a mi vecino…
11
Este callejón sin salida llevó a Kant para recibir admiración, ni porque
a afirmar la existencia de Dios, no como necesiten esa belleza para cumplir su
conclusión de una demostración sino misión, sino simplemente «porque sí».
como «postulado de la razón práctica»: Su belleza es un regalo inesperado.
para salvar no exactamente la moral, En los tiempos de mayor piedad
pero sí «la moralidad». Es lo que se ha mariana, alguien comentaba que el ras-
llamado «el teísmo moral» de Kant,8 go más hermoso de María de Nazaret
que no está muy lejos de la defensa que no era su plenitud de gracia sino el que
hace de los justos el libro bíblico de la ella misma no se había dado cuenta de
Sabiduría (capítulos 4-5). En ambos eso. Y el significado de ese comentario
casos no se afirma sólo la existencia de se comprende desde el otro comentario
un Ser supremo sino, al menos, una tan frecuente en nuestro lenguaje coti-
clara relación de ese Ser con nosotros: diano, cuando decimos de alguna per-
la de ser aquello que el catecismo defi- sona que no solamente es hermosa sino
nía ingenuamente como «premiador de que «además lo sabe». Esa conciencia
buenos y castigador de malos»9. del propio valer devalúa cruelmente
todo el atractivo de su hermosura.
Los dos aspectos (sin porqué y sin
1.4. Belleza
saberlo) describen esa gratuidad que es
Últimamente ha cobrado fuerza la bús- el verdadero mensaje de la belleza y
queda de un posible acceso a Dios a tra- casi el que menos valoramos hoy, en un
vés de la belleza. Se recuerda incluso mundo donde la belleza es material de
(sacándola de contexto) la afirmación concursos y de premios, de subastas y
de Dostoievski sobre la belleza como de precios, de comercio y de mercado.
«salvadora del mundo». Se olvida qui- En cambio, si recuperamos y vivi-
zás que ya san Agustín en sus días de mos la verdadera experiencia de la gra-
busca preguntaba a todas las maravillas tuidad, entonces aquella frontera cerra-
del mundo «¿sois vosotras Dios?», y da a la que decíamos que nuestra razón
recibía siempre esta respuesta: «busca se asoma, parece entreabrirse en positi-
más allá de nosotras»10. vo a nuestra experiencia, aunque no
Sin embargo, la experiencia de la podamos decir nada de lo que hay más
belleza aporta algo importante a nues- allá de esa abertura. Porque, si quere-
tro tema que cabe en esta doble dimen- mos ser honestos, la experiencia de la
sión: la gratuidad y la sugerencia. belleza se ve acosada por los impactan-
tes versos de Blanco Vega: «mira que es
1.4.1. Gratuidad desdecirte / dejar tanta hermosura en
tanta guerra»…
El impacto más novedoso de la belleza
no radica simplemente en su carácter
gratificante, sino en la absoluta gratui- 1.4.2. Sugerencia
dad de esa gratificación. Las cosas no Por otro lado la belleza, además de gra-
son bellas para resultar más caras ni tificante es infinidad de veces enorme-
12
mente sugerente. Quizá esta afirmación bal: porque la verdadera belleza no sólo
vale sobre todo de la música que, en halaga nuestros sentidos (oídos o vista)
este sentido, tiene un cierto carácter sino que afecta y pone en movimiento
«sacramental»: quiero decir que remite la totalidad de nuestro ser.
más allá de ella misma. Con estas alusiones a la experiencia
Con la música no tropezamos mera- nos vemos llevados al capítulo siguien-
mente con unas sensaciones (melodía, te: en la vida humana parece haber
ritmo, armonía) que halagan nuestros lugar para otro tipo de dimensiones ex-
oídos sino que nos sentimos como perienciales, también indecibles, pero
transportados a un «algo más» que no mucho más precisas que la sugerencia
podremos tematizar pero sí podemos de la belleza. Porque ya no son expe-
experimentar. El final del primer acto riencias de ese «no sé qué que quedan
de Madame Butterfly, el preludio de balbuciendo» muchas realidades bellas,
Lohengrin o la paz serena de algunos sino que son vividas como experiencias
cantos gregorianos pueden llevarnos «de contacto»: de presencia y encuen-
insensiblemente más allá de lo que pro- tro con ese Misterio indecible al que he-
ducen sus notas musicales. De ahí que mos llamado Dios. Me estoy refiriendo,
ahora el carácter de «Eso» que intuimos naturalmente, a la llamada experiencia
o afirmamos ya no es meramente expli- mística o (en tono menor) experiencia
cativo sino atractivo. Platón percibió espiritual.
bien que la belleza, cuando se la afron-
ta con ese respeto que reclama su gra-
tuidad, resulta como una llamada a «ir 1.5. Mística
subiendo»: de la hermosura corporal a A la mística se le suele dar menos crédi-
los comportamientos hermosos y a la to y menos valor del que quizá merece,
belleza de la sabiduría y del amor.11 por dos razones comprensibles: es sub-
A esta síntesis de gratuidad y suge- jetiva y es minoritaria. Con frecuencia,
rencia es a lo que Simone Weil solía la reacción de la gente ante el testimo-
llamar «pureza». Y así confiesa que, nio de los místicos, más que escuchar
estando en Asís «sola en la pequeña ese testimonio, suele ser no fiarse o pre-
capilla románica de Santa Maria degli guntar por qué esto se les da a otros y
Angeli, incomparable maravilla de no a mí, desautorizando por eso la ex-
pureza… algo más fuerte que yo me periencia. Ello nos obliga a entretener-
obligó, por primera vez en mi vida, a nos un momento en esas dificultades.
ponerme de rodillas».12 Otra vez parece
como si se descorriera de algún modo 1.5.1. Su realidad
aquella frontera a la que la razón llega-
ba y percibía. Ahora no se deduce la Efectivamente, hay pocas cosas más
frontera sino que uno «se asoma» a ella. ambiguas y más falsificables que la
Pero este paso ya no se da al nivel del mística. Pero ¿es eso todo?
mero razonamiento sino al nivel de la a) Como experiencia subjetiva la
experiencia y de una experiencia glo- mística no es más que la intensificación
13
de algo que es accesible a la mayoría de tica, comentará en otro lugar). Y sin
los creyentes en Dios, y que solemos embargo confiesa «haber sido tomada
denominar experiencia espiritual. Un por Cristo, no sólo implícita sino cons-
clásico medieval (el Kempis) escribió cientemente»15. Para un cristiano esta
hace varios siglos: «más prefiero sentir singularidad puede resultar más acepta-
la contrición que saber definirla». A ble porque forma parte de su imagina-
pesar de eso el catolicismo de los siglos rio el dato de que la fe se transmite por
posteriores se dedicó a definirlo casi el testimonio de otros y que Dios suele
todo sin sentir casi nada; lo cual, con el obrar siempre desde unos pocos para
cambio de culturas, ha resultado dramá- «los muchos» (para todos). De modo
tico para nuestro cristianismo de hoy. que la experiencia fundante del cristia-
En este sentido es como Rahner pro- nismo (la de la resurrección de Jesús)
fetizó que el cristiano del s. XXI «será sólo fue accesible a unos pocos que por
místico o no será cristiano», apuntando ella quedaron convertidos en testigos.
a un factor muy decisivo en la afirma- Hasta puede sospechar el cristiano
ción de Dios (aunque no sea único ni que esto tiene su razón de ser: pues la
determinante) y es el elemento expe- experiencia mística suele ser fuente de
riencial: la dura verdad de que a Dios se mil dificultades y problemas para quien
le conoce más amándole que aceptando la recibe. Lucas ha tenido una finura
racionalmente su existencia: «dame un sorprendente cuando en su relato de la
corazón que ame y entenderá lo que infancia de Jesús junta la casi máxima
digo», podríamos decir parodiando a experiencia de Dios que recibe María
Agustín.13 («alégrate llena de gracia... bendita
Con lenguaje no religioso podría- entre todas las mujeres») con el anuncio
mos repetir lo anterior afirmando que lo posterior de que «una espada atravesa-
que busca la mística es el cuidado de la rá tu alma». Ese parece acabar siendo el
interioridad y que el actual interés por destino de la verdadera mística.
la mística es una dolida confesión de
Por eso, para un cristiano, puede
nuestra falta de interioridad. Pero ahí
resultar más comprensible que la mani-
radican también sus riesgos: porque el
festación de Dios sea minoritaria y fun-
ser humano no es sólo interioridad sino
cione yendo desde los pocos a los mu-
que en él lo interior y lo exterior, como
lo personal y lo comunitario, son equi- chos. Pero para uno de esos modernos
potentes.14 Por eso, siempre que se ha- agnósticos que buscan (y a veces con
ble de mística, conviene agregar el ahínco), hay que reconocer que esa
genitivo de Metz: mística «de ojos limitación de la experiencia puede ser
abiertos». molesta y desconcertante.
b) En cuanto a su carácter minorita-
rio valga otra vez el ejemplo de Simone 1.5.2. Sus contenidos
Weil: ella reconoce que «en toda mi Si pasamos del dato de que existe esa
vida, jamás en ningún momento había experiencia a sus contenidos (y ciñén-
buscado a Dios» (ni sabía nada de mís- dome al ámbito cristiano, único para el
14
que hay espacio en estas páginas),16 ha- viviendo, y que todas las fórmulas o
brá que comenzar proclamando que de palabras con que intente expresar lo
esos contenidos es casi imposible ha- vivido no harán más que empequeñe-
blar: la variedad de lenguajes de los cerlo y, por tanto, falsificarlo.
místicos lo pone de relieve. No obstante, La vivencia espiritual es entonces
hay que intentar hacerlo. Muchos místi- fuente de libertad y de confianza. Ge-
cos han contradicho el sabio consejo de nera una pacífica sensación de seguri-
Wittgenstein («de lo que no se puede dad y otra de relatividad que facilitan la
hablar, es mejor no hablar») y han inten- más profunda y humilde libertad. Uno
tado decir algo de «eso» de lo que es de los primeros místicos cristianos (San
casi imposible hablar. Pero esa insufi- Pablo) lo expresó de manera tan simple
ciencia del lenguaje nos aconseja aten- como rotunda y verdadera: «donde está
der ahora a los aspectos formales de la el Espíritu de Dios allí hay libertad».
experiencia más que a sus contenidos. Por ambas notas, el místico nunca es
En esta dirección podemos decir que agresivo pero casi siempre resulta
la gran lección de la mística auténtica molesto para todas las instituciones. A
es que a Dios sólo se llega cuando uno se la vez, cuando el sujeto de esa expe-
refiere a Él como un «Tú», no sólo como riencia comprende que él no ha hecho
un «Él» o ello. En este segundo caso nada para merecerla y que es un don
uno estará siempre hablando de un ídolo gratuito, suele sospechar que se le dio
tanto si afirma a Dios como si le niega; para ser comunicada.
mientras que, en el otro caso, se trans- Y aquí comienza el calvario del
forman todos nuestros planteamientos místico. Porque, al volver a este mundo
sobre Dios. Esto puede ser pálidamente «sin Dios», se produce el más profundo
comprendido desde la relación huma- choque entre la experiencia de Dios y la
na: a la persona sólo se llega verdadera- experiencia de esta realidad. Y Dios no
mente cuando la miramos como un suele estar disponible entonces para sa-
«tú» no como un simple él o ella. car al agraciado de su atolladero. Inten-
La experiencia mística es además temos mostrarlo en un paréntesis, para
como una extraña síntesis de despojo y dar entrada otra vez al tema del mal y
plenitud, de «noche oscura» pero «ama- del sufrimiento, verdaderos escándalos
ble más que la alborada». En ella se de la fe en Dios y «rocas» de muchos
vive una seguridad de contacto o de ateísmos.
presencia que se visibiliza en mil deta-
lles típicos del orante: caer de rodillas,
1.6. Excurso: mística y realidad
descalzarse, quedarse en un silencio so-
brecogido que en todo caso se expresa- He citado antes el duro contraste entre
ría sólo en la absoluta seguridad de que aquella frase del salmo que expresa una
«Tú estás aquí». Pero esa seguridad va seguridad inquebrantable («apártate del
acompañada por la sensación igual- mal, obra el bien y siempre tendrás una
mente honda de ser desbordado, de que casa»: 36,27), y la frecuente ley del
Dios es mucho más de lo que estoy mundo (apártate del mal, obra el bien…
15
y nunca tendrás una casa). Algo que sión al libro de Job, uno de los textos
nuestra crisis económica ha puesto bien más impresionantes de la historia de la
de relieve. humanidad. El libro es una especie de
El aquilatamiento de toda experien- discusión sobre Dios: Job sostiene que
cia mística se dará en si trata de huir de sus dolores son inmerecidos e injustos
esta dura realidad o si acepta el choque y, por tanto, o no son un castigo de Dios
con ella y quizás ser devorado por ella. o es que Dios es injusto. Pero, tras vin-
En el primer caso, la presunta mística dicar eso, Job no sabe qué hacer ni
se desautorizará a sí misma: suscitará la cómo explicar su sufrimiento. Los ami-
sospecha de que, más que a Dios, bus- gos, en cambio, carentes de toda expe-
caba quizá su propio bienestar; y aca- riencia mística (de todo «conocimiento
bará siendo más solitaria que fecunda.17 de Dios» si queremos mantener una ex-
En el segundo caso estaremos ante una presión muy querida al Nuevo Testa-
«mística de ojos abiertos» (J. B. Metz) mento) y que, sin saberlo, sólo profesan
a la que probablemente le tocará com- una religión meramente sociológica
partir algo del destino de Jesús de Na- que les sirve como manto de seguridad,
zaret que, para un cristiano, ha sido el acusan a Job de blasfemo por pensar
hombre con la mayor experiencia de como piensa, le remiten a todo el mis-
Dios. Simplemente por percibir y pro- terio incomprensible de la creación y le
clamar el contraste citado, el verdadero obligan a reconocerse culpable.
místico resultará siempre molesto a los En esta discusión, el drama tiene un
poderes de este mundo. Y puede que su momento de inflexión cuando Job se da
destino sea el ser quitado de en medio. cuenta de que no sólo su dolor es injus-
Pero a través de esa entrega podrá trans- to sino que todo este mundo está pobla-
mitir algo de su experiencia, siguiendo do de dolores y sufrimientos injustos
en esto el camino de Jesús, como ahora porque es un mundo en el que siempre
intentaré mostrar. acaba triunfando la maldad.19
En mi cristología describí cómo la La tradición religiosa judeocristiana
iglesia primera leyó la muerte de Jesús ha sido acusada a veces de excesivo pe-
como «muerte del Profeta, muerte del simismo sobre este mundo. Sin embar-
Justo y muerte del Servidor», echando go, cuando el ateo Marx escribe que la
mano de tres categorías que suminis- historia humana ha sido desde sus orí-
traba ya la tradición del Primer Testa- genes «historia de la lucha de clases»,
mento.18 El mero título ya pone de relie- está diciendo de manera totalmente lai-
ve que, en la muerte de Jesús, se actuó ca (y quizás algo reductiva) lo mismo
la reacción de este mundo maleado que sostiene el judeocristianismo: que
contra todo lo que pueda ser bondad la historia humana es siempre el relato
(«el mundo, creado por Él no le reco- de la agresión y el dominio de unos
noció, y los suyos no le recibieron»: Jn hombres sobre otros. Y que en una his-
1,11.12). toria de ese tipo no puede haber espacio
Ahora podríamos presentar un es- para Dios, porque ese dominio es lo
quema semejante con una rápida alu- más contrario a la voluntad de Dios.
16
Toda pretendida fe religiosa que desco- fesan creyentes en Dios siguen pensan-
nozca este dato y no lo haga central en do como los amigos de Job y ven en las
su cosmovisión, podrá ser más agrada- suertes y desgracias de este mundo, no
ble pero es también más ciega y menos triunfos de la maldad establecida sobre
auténtica. la justicia que clama (esa suele ser la
Volvamos ahora al libro de Job: visión bíblica), sino premios y castigos
cuando en el último acto del drama, de Dios. Ese modo de pensar típico de
Dios tome la palabra, casi repetirá algu- tantas gentes religiosas no sólo es radi-
nas argumentaciones de los amigos en calmente anticristiano sino que además
lo referente al misterio incomprensible acaba siendo generador de mil ateís-
de la creación. No obstante, criticará a mos, bastante lógicos en este contexto
éstos muy duramente por haber sosteni- descrito.
do que el dolor de Job era un castigo de Valga como conclusión de este
Dios: el juicio de Dios contra ellos será excurso que, por escandaloso que sea el
tan severo que sólo podrán salvarse si el tema del mal a la hora de hablar de
mismo Job a quien maltrataron, interce- Dios, ese escándalo no puede explicar-
de por ellos. se haciendo del mal un castigo de Dios
Con eso debería haber quedado defi- y del bienestar un premio de Dios. Des-
nitivamente rota la idea pseudoreligiosa de ahí, el tema de Dios está mal plan-
de los bienes y males de este mundo teado y falsificado para siempre. El cre-
como premios y castigos de Dios… yente en Dios podrá decir que se fía de
«Debería haber quedado», he dicho ex- Él a pesar del mal; pero nunca cree en
presamente: porque veinticinco siglos Dios como explicación de los males de
después, infinidad de gentes que se pro- este mundo.

17
2. TRANSICIÓN

Las «cinco vías» anteriores parecen mostrar que las mejores dimensio-
nes del ser humano confluyen apuntando hacia una misma meta: la per-
sona humana es un ser que parece constituido por una pregunta, una
espera, una búsqueda o una apertura hacia la posible manifestación de
un hipotético Más-Allá.

Rahner definió por eso al hombre como Esta dimensión de nuestro ser hu-
un «oyente de la Palabra»: un oído mano podrá ser a veces anestesiada o
abierto por si esa misteriosa «Palabra» dormida, como ocurre con otras dimen-
es pronunciada. Sin ser falsa, esa defi- siones humanas. No obstante, hay una
nición es quizás exclusivamente racio- especie de consentimiento universal que
nal y debe ser acompañada por otras la ha reconocido siempre. Incluso el
más globales: el hombre como un «ex- lenguaje de muchos postmodernos de
pectante de la Acogida» o buscador de hoy confirma algo de eso: porque se
una Plenitud o, con el lenguaje gráfico confiesan ateos pero, a la vez, procla-
de A. Bentué, como el ojal que aguarda man que reconocen «lo sagrado»: de-
al botón. En este sentido destacó M. signando así todo aquello que nos des-
Blondel que siempre hay una inadecua- borda o nos suena a misterio.
ción entre el objeto querido y la volun- Esa postura debe preguntarse si se
tad que lo desea («la voluntad querida y ha quedado en el dedo que señala en lu-
la voluntad que quiere»), la cual suele gar de buscar aquello hacia lo que seña-
trascender al objeto querido. laba ese dedo, quizá porque éste parece
18
más accesible y más tranquilizador que En la parte que sigue intentaremos
lo que se intuye como señalado.20 hablar de esa Palabra o Acogida que
El anuncio cristiano podría formu- nos ha sido ofrecida. Habremos de ha-
larse así: en Jesús de Nazaret nos ha cerlo desde la conciencia de que, como
sido dada una respuesta a esa dimen- enseñó el cuarto concilio de Letrán,
sión trascendedora del ser humano. Se todo lenguaje sobre Dios contiene más
nos da porque, sin esa revelación, con- mentira que verdad y, en este sentido,
figuraríamos siempre a medida de puede ser mejor el silencio. Pero tam-
nuestros intereses la idea que nos hace- bién porque el lenguaje es absolutamen-
mos del misterio del mundo. Por eso el te necesario para crear comunidad y
cristianismo primitivo repetía que «sin entendernos a nosotros mismos. Y la fe
Dios no se puede conocer a Dios» (sine en el Dios cristiano es intrínsecamente
Deo non cognoscitur Deus) comunitaria.21

19
3. EL DIOS CRISTIANO

«Si hubiese dioses ¿cómo podría soportar yo el no serlo?» (F. NIeTzSChe,


Así hablaba Zaratrusta). «Para quien quiere ver hay suficiente luz y para
quien no quiere ver hay suficiente oscuridad» (B. PASCAL, Pensamientos)
«No me buscarías si no me hubieses encontrado ya» (B. PASCAL, Pensa-
mientos). «Verdaderamente eres un Dios que se esconde…» (Is 45,15).
«Quien me ve a Mí ve al Padre» (Jn 14,8). «Tuve hambre y Me disteis de
comer» (Mt 25, 35). «Ama a tu hermano y no te preocupes de más»
(Agustín, Comentario a la 1ª de Juan).

El cristianismo profesa no sólo que Dios no un esfuerzo, un afán nunca satisfe-


existe y ha dado una respuesta a ese di- cho de igualarse al modelo.
namismo o a esa especie de clamor que
es el ser humano. Cree incluso que ese
dinamismo humano es un don del mis- 3.1. Del hombre a Dios
mo Dios para preparar su encuentro con El primer acceso que el ser humano
el hombre: el mito judeocristiano de la tiene a Dios es el reconocimiento de
creación habla del hombre creado «a que él no es Dios: el «autoateísmo». Es
imagen y semejanza de Dios» (Gen en este sentido como podemos decir
1,26). La palabra imagen, en tiempos en que hay un acceso posible de todo ser
que no existían máquinas fotográficas humano a Dios: porque esa negación
ni filmadoras tan fáciles, tenía un senti- explícita de la propia divinidad lleva im-
do mucho más serio y dinámico que en plícita la apertura a alguna dimensión o
nuestro lenguaje actual: la imagen no realidad que niegue mi pretensión de
era «una toma» (como decimos hoy) si- poder. En la oración bíblica y cristiana,
20
nuestra alabanza a Dios (que Él para conderse y dejar a su pueblo solo, por el
nada necesita) tiene primariamente el desierto o frente a las mil necesidades
sentido de reconocer que yo no soy dios de la vida, es casi irresistible la tenta-
(y eso sí que necesitamos reconocerlo). ción del recurso a dioses de otros pue-
Esa alabanza o ese reconocimiento son blos que parecen más cercanos y ofre-
el primer paso indispensable para poder cen ayudas «especializadas»: para las
recibir la manifestación de Dios. El Za- cosechas, para la fertilidad de la mujer,
ratrusta de Nietzsche parecía bien cons- para la salud, para las guerras... La
ciente de ello. Y Metz repite con razón monarquía facilitó aún más la tentación
que, de entrada, la palabra Dios suena politeísta, al obligar a los reyes a mil
como una amenaza para el sujeto que empresas guerreras: según los libros bí-
trata de pensarlo.22 blicos de los reyes, la mayoría de éstos
Cuando ese reconocimiento deja de fueron idólatras. El Templo, en cambio,
ser meramente teórico (capaz de convi- jugó un claro papel de contrapeso: de
vir con actitudes prácticas de egolatría) ahí la concentración del culto en Jeru-
y pasa a ser vital, actitudinal, ya está el salén frente a todos los «lugares altos»
ser humano confesando a Dios y abrién- (cf. 2Re 17,7-18) que representaban la
dose a Él de manera implícita, pero mayor tentación de apostasía de Yahvé.
suficiente para que, «por caminos que El Templo engendró también un senti-
sólo Dios conoce» [GS, 22] Dios se le miento de identidad y de unidad: «qué
haga consciente o inconscientemente alegría cuando me dijeron vamos a la
presente. Por eso, a tantos agnósticos casa del Señor»… Y así, para reafirmar
de hoy, que no consiguen creer sin cul- la fe en la cercanía de Yahvé («¿qué
pa propia, basta con recomendarles otro pueblo hay que tenga unos dioses
intentar cada día una oración que diga tan cercanos?») se recurre a:
más o menos: «si existieras serías digno b) Lugares concretos de presencia
de mi adoración y de mi amor, ahora divina: la nube, el arca, el templo…,
quiero ofrecértelos condicionalmente». son ejemplos de una fe primitiva que
Eso hará crecer en humanidad evitando Jesús hará madurar cuando afirme que
que el «no saber si tiene un Dueño», a Dios no se le adora en ningún lugar
degenere en erigirse en su dueño. concreto sino «en espíritu y verdad»
(como Pablo en Atenas: Hchs 17,24-25).
La distinción entre lo sagrado y profa-
3.2. De Dios al hombre no desaparece en el Dios revelado en
Jesús. Lo verdaderamente sagrado es el
3.2.1. Pedagogía crecimiento en humanidad del ser
La manifestación de Dios, según el cris- humano: «pescar hombres», como decía
tianismo, ha sido dinámica y progresiva. Jesús, en continuidad con el lenguaje
Señalaremos algunos rasgos de ello. profético de Dios sembrador de hom-
a) La conquista del monoteísmo. bres (vg. Jer 31,27).
Ante un Yahvé que se ha revelado como c) Del otro al Otro. Así, el creyente
liberador, pero que luego parece es- irá siendo llevado poco a poco a descu-
21
brir la cercanía de Dios no en lugares y pequeño pero llamado a ser «luz para
tiempos concretos sino en los otros, en todas las gentes» y luego en Jesús de
los sufrientes y las víctimas sobre todo. Nazaret. La fe cristiana en Dios implica
La distinción entre puro e impuro desa- esta posibilidad de «representación» o
parece también (o se traslada desde el sustitución.
campo de objetos, alimentos, tiempos
etc., al terreno de las conductas huma- 3.2.2. El obrar más que el Ser de Dios
nas).
Dios se va revelando así como Pa- En todo este proceso Dios no se revela
dre; pero padre de hijos adultos: llama- dando clases ni enseñando cómo es, si-
dos a crecer y no a una perenne minoría no actuando de una determinada ma-
de edad (esa gran tentación inconscien- nera: «soy el que seré» (quizá la mejor
traducción de la respuesta de Yahvé a
te de tantas madres y padres humanos,
Moisés en Ex 3,14: ya lo iréis viendo).
para seguir sintiéndose necesarios). A la
En su revelación Dios muestra su acti-
vez, esa revelación progresiva nos en-
tud hacia nosotros. Ya santo Tomás co-
seña que aquí sólo vemos «como en un
mienza su obra magna afirmando que
espejo borroso» (1Cor 13,12) por muy
de Dios podemos saber «que es» pero
claras y definitivas que nos parezcan
no «qué es» (o cómo es). Lo primero
nuestras síntesis o las expresiones de puede recoger el eslogan impreciso de
nuestra fe.23 La «herencia final» distará muchas gentes sencillas: «algo tiene
y sobrepasará nuestras imaginaciones y que haber». Pero lo segundo desborda
expectativas más de lo que el Nuevo la imprecisión de ese eslogan: si nos
Testamento supera al Antiguo. fiamos de Cristo, ese «Algo que hay»
d) Esa «educación» termina en la es el amor inquebrantable de Dios hacia
imposible meta de vivir, a la vez, el los seres humanos.
inmenso respeto sobrecogido frente al
misterio infinito de Dios, ante el que 3.2.3. Dios de los pobres
sólo cabe la adoración silenciosa, y el
atrevimiento de dirigirse a él con la Si ya en el Primer Testamento es clara
palabra más expresiva de cercanía y la vinculación entre la justicia y la reve-
confianza: el Abbá de Jesús. Esencial lación de Dios, con la calificación de
Dios como vindicador de los pobres y
para la fe cristiana en Dios es mantener
oprimidos, el Nuevo Testamento pleni-
inseparables esos dos polos: lejanísimo
fica esa revelación: no sólo en la perso-
pero no inaccesible y cercanísimo pero
na de Jesús «hecho pobre por nosotros
no manejable.
para enriquecernos con su pobreza»
e) La Biblia da a entender que, en (2Cor 8.9), sino en el canto de la identi-
esa pedagogía, Dios actúa mucho va- dad cristiana donde se contiene la defi-
liéndose de los mismos seres humanos, nición más larga que da la Biblia sobre
yendo «de los pocos hacia los muchos»: Dios: «Misericordia que… derriba del
primero, tras la perversión de su crea- trono a los poderosos y enaltece a los
ción (Gen 1-11), a través de un pueblo humildes, colma de bienes a los ham-
22
brientos y despide vacíos a los ricos» buscar a aquel condenando a éste: tales
(Lc 1,50-53). Incompatible con el culto moralismos sólo llevan a lo que se dijo
al dios dinero (Mt 6,24), porque los de aquellas monjas jansenistas: «puras
propietarios del Reino de Dios son los como ángeles, soberbias como demo-
pobres (Lc 6,20). nios»… Casi todo lo que de agape hay
en nosotros los humanos suele brotar de
3.2.4. «Dios es Amor» nuestro eros al que transforma. Y eso
puede verse a veces, tanto en el amor de
Así se acuña la única frase bíblica que
pareja como en el maternal o paterno.
no habla del hacer de Dios sino de su ser,
No obstante, la ambigüedad de nuestros
y que cierra los escritos del Nuevo Tes-
erotismos ha llevado a afirmar muchas
tamento: «Dios es Amor» (1Jn 4.16).
veces (ya desde Aristóteles) que la expe-
El amor resulta ser el más presente riencia más completa de ese amor desin-
y el gran ausente en nuestras vidas.24 teresado la encontramos en la amistad. O
Dios es un amor entrevisto pero casi en algunas formas de amistad: porque
desconocido en nuestras experiencias también hay supuestas amistades pro-
humanas, para el que el Nuevo Testa- fundamente interesadas y aprovechadas.
mento encontró una palabra casi desco-
nocida en la lengua griega: agapê, tra- Finalmente: que Dios es Amor im-
ducida al latín como charitas (que plica una desautorización del culto. Los
viene de charis –gracia– como la pala- hombres no podemos dar a Dios nada
bra castellana «gratuito») y que indica a que sea digno de Él, ni necesitamos
la vez el don y el desinterés del donan- hacérnoslo propicio porque ya está de
te. Eso debería resonar en la traducción nuestra parte. Lo único que nos pide es
«Dios es caridad». Pero ya no resuena: un poco de confianza y el empeño por
porque nuestra incapacidad para la gra- un amor igualitario entre nosotros. Es
tuidad ha devaluado esa palabra. admirable la evolución de este tema ya
Sin embargo, tanto el agape como la en el Primer Testamento, hasta llegar al
caridad se contraponen a nuestra expe- famoso capítulo 58 de Isaías.
riencia más frecuente del amor, que los
griegos llamaron «eros»: un tipo de 3.2.5. Padre, Hijo y Espíritu
amor que ama al otro por interés pro- En el marco de la revelación de Dios
pio. Destacando que ese interés propio como Amor es donde hay que situar el
no tiene por qué ser mezquino (aprove- llamado dogma de la Trinidad. Jesús no
charse sexual o económicamente del anduvo dando clases teóricas sobre Dios
otro, etc.) sino expresión de que somos y explicando que era trino. Fue la expe-
«seres de necesidades» (Marx) y de riencia de Dios brotada del encuentro
necesidades inagotables. El eros hacia con Jesucristo, la que desembocó en esa
la belleza o la bondad puede empujar- confesión. La teología occidental con-
nos a ir creciendo en su busca. virtió después esa confesión en una
Por eso es insensato contraponer especie de «matemática irracional» y
moralistamente el agape al eros, para otras religiones monoteístas acusan por
23
ella al cristianismo de idólatra. Mien- quisiciones humanas y que no aparece
tras que el bueno de Kant pensaba que en ningún otro ámbito de la historia. Se
la fe en la Trinidad no sirve para nada y confirma así el eslogan antes citado de
que, por eso, se puede renunciar a ella. los Padres de la Iglesia: «sin Dios es im-
Sin embargo, como dije otra vez, posible conocer a Dios». Esa frase, por
tengo para mí que en la intuición trini- así decir, sale al encuentro de todas las
taria hay una gran aportación para «vías» que entretejieron la primera par-
nuestra existencia humana. Lo primero te de este Cuaderno: el dinamismo hu-
que nos dice es que Aquello que es la mano no llega a su meta por sí mismo,
Clave, explicación y raíz última de todo sino porque Dios tiene decidido salirle
cuanto existe (el Absoluto), no es una al encuentro. Por eso le había creado así.
Soledad Absoluta sino Comunión Ab-
soluta. Tan plena que Dios es, a la vez, 3.2.7. Misterio siempre
unicidad y comunidad.
Pero el cristianismo afirma también que,
Y, desde la convicción de que Dios aun luego de su revelación, Dios sigue
se nos manifiesta hacia fuera como es siendo para nosotros Misterio. Pese a lo
hacia dentro, la fe en la Trinidad marca mucho que Tomás de Aquino habla de
nuestra existencia de la manera siguien- Dios, y a su insistencia en que podemos
te: el cristiano confiesa que Dios como predicar de Él todo aquello que es per-
Padre es el gran ausente de este mundo fecto, reconoce, siguiendo a su maestro
sin Dios. Pero ese Dios ausente se nos Alberto Magno, que El Innombrable es
hace presente fuera de nosotros como el más hermoso de todos los nombres
Palabra que nos llama a reconocerlo en porque lo sitúa ya de entrada sobre todo
todos aquellos que necesitan amor: en
lo que puede intentar decirse sobre Él.25
las víctimas de esta historia primaria-
mente. Y se nos hace presente dentro de Un misterio doble porque es, a la
nosotros como Espíritu que transforma vez, el «Dios sin Nombre» pero el Dios
nuestro espíritu y nos permite recono- «con rostro humano»: el Desconocido
cer a Dios en todos aquellos «hijos su- ante el que sería mejor callar.26 Pero que
yos» que nos necesitan, y llamarle Pa- tiene el rostro irreconocible de las vícti-
dre en esta tierra donde tan poco parece mas de esta tierra y de esta historia: de
brillar su paternidad. los enfermos y de los pobres que nos
llaman y resultan ser los protagonistas
Dios como Ausencia inalcanzable,
como Llamada cercana y como Fuerza de los evangelios. Desde esos rostros
propia. Eso significa creer en Dios co- desfigurados Dios se convierte para
mo Padre, Palabra y Espíritu. nosotros en una «voz» más que en una
imagen (la cual siempre será un ídolo).
Ello enlaza con toda la tradición del
3.2.6. Novedad Primer Testamento, donde Dios actúa
Lo anterior muestra que la revelación de siempre llamando pero sin dar a cono-
Dios es, para el cristiano, de una nove- cer su Rostro (o su «Nombre» en el
dad sorprendente, ajena a nuestras dis- léxico hebreo clásico).27
24
3.3. Significado humano En 1989 (200 años más tarde, como
de la existencia de Dios suele pasarle a la Iglesia) Juan Pablo II
declaró en su viaje a Francia que esas
3.3.1. La justicia que brota de la fe «son palabras cristianas». Sin embargo,
Pues bien: hay una actitud humana que ese grito tan cristiano de la revolución
es, a la vez, consecuencia y preparación francesa había nacido expresamente en
de ese encuentro: luchar por la justicia, contra de la Iglesia que lo tenía olvida-
la fraternidad y la igualdad de hombres do. Y nació por ello en contra de Dios.
libres. Si alguien vive así no se preocu- Pero al nacer cortando ese cordón um-
pe si cree que no puede encontrar a bilical, el grito de la revolución france-
Dios: según el Nuevo Testamento le ha sa quedó abortado. Le ocurrió algo que
encontrado ya aunque no lo sepa (Mt Chesterton formuló con su envidiable y
25, 31ss y 1Jn 4). Pues cuando Dios se precisa agudeza: «el mundo moderno
da al hombre como Padre, el primer está lleno de ideas cristianas que se han
resultado (y la prueba) de esa donación vuelto locas».
es la igualdad entre los seres humanos, Efectivamente, el grito de la revolu-
como igualdad plena entre hermanos. ción francesa ha quedado reducido a
Es como si Dios nos dijera: me abajo
una libertad contra la fraternidad y con-
hasta ti pero abájate tú hacia los que
tra la igualdad. En vez de sumar ha
están por debajo o lejos de ti («perdona
enfrentado y hoy ya nadie parece creer
nuestras ofensas como nosotros perdo-
en aquel grito loco, que ha quedado
namos a quien nos debe algo»). La
mutilado y reducido sólo a la libertad.
igualdad es la más religiosa, la más teo-
lógica, la más creyente y la más cristia- Con ello, la misma libertad se ha desfi-
na de todas las pretensiones humanas, gurado y «se ha vuelto loca». ¿Por qué?
porque la razón no basta para funda- Simplemente por haberse separado de
mentarla: la naturaleza está llena de Dios, como quisiera mostrar ahora.
ejemplos de desigualdades y es preciso El sentido cristiano del grito de la
aceptar que en el ser humano se produ- revolución era: dignidad de hijos de
ce un salto cualitativo, «trascendente» Dios, de la que brota la libertad como
respecto a la naturaleza («sobrenatural» contenido de esa dignidad. Esa libertad
decimos por eso), que impide que esas de hijos exige la fraternidad con todos
desigualdades sean argumentos para los hijos de un mismo Padre. Y la fra-
nosotros y justifiquen nuestras desi- ternidad reclama igualdad sin la cual se
gualdades.28 desnaturaliza. Libertad para la fraterni-
Esto nos lleva a retomar otro eslo- dad y para la igualdad es la consecuen-
gan típico de nuestra Modernidad (hoy cia ineludible de toda fe o afirmación
casi enterrado por desgracia) como ex- del Dios cristiano.
presión del significado de la existencia Separada de ese cordón umbilical
de Dios: que Dios existe significa que de la filiación, que la convierte en una
son posibles y, por ello, obligatorias la libertad recibida y responsable, la liber-
«libertad, igualdad y fraternidad». tad de la revolución francesa se fue
25
convirtiendo en una afirmación y auto- ética sólo individualista es la que ha
asignación del propio orgullo. Desde engendrado una falsa globalización que
esa falsa libertad, cada individuo se es, más bien, una invasión y conquista
divinizó a sí mismo. Con ello la igual- del otro, donde sólo tendrán carácter
dad con los demás aparecía como una universal el consumo y el dinero, pero
amenaza a la propia absolutez; y así los no la humanidad de cada ser humano.
otros fueron dejando de ser hermanos No hay espacio para mostrar más
para pasar a ser «dioses rivales». Ahí esto, pero creo que era importante al
tenemos la actual libertad contra la menos insinuarlo.
igualdad y contra la fraternidad, que es
resultado de «haberse vuelto loca» la
idea cristiana de la libertad de hijos 3.3.2. Ineludible y prescindible
para la fraternidad y la igualdad. Por eso pertenece a esa progresiva re-
Incluso podemos atisbar que la tría- velación de Dios el extraño dato de que
da de la revolución francesa tiene una no hay necesidad de conocerlo explíci-
estructura trinitaria; lo cual ayudará a tamente. La Vertical se ha hecho tan ho-
poner de relieve su matriz teológica: la rizontal que puede ser encontrada aun-
libertad es el don de Dios como Crea- que no se mire hacia arriba: mirando
dor y Padre. Ese don nos hermana a to- sólo adelante. En su libro-diálogo con el
dos en Cristo como «hijos en el Hijo». rabino Skorza, el actual obispo de Roma
Y esa fraternidad se expande en el don le comenta que, cuando se encuentra
del Espíritu que (según el Nuevo Testa- con ateos «no les habla de Dios» sino
mento) es siempre la unidad de lo más que les pregunta si están dispuestos a
plural: el respeto a todas las diversida- empeñarse en la lucha contra las injus-
des sin que esto las convierta en desi- ticias perpetradas contra los más de-
gualdades. samparados del sistema, ya que esto le
Aún cabría mostrar un poco más basta. «Sólo les hablo de Dios si ellos
cómo, a ese vestigio teológico y trinita- me hablan».29
rio que hemos formulado de manera
laica como hijos, hermanos e iguales en
3.4. El débil todopoderoso
la diversidad (pilares de toda verdadera
ciudadanía), le contrapone la estructura Resumiendo lo visto: el Dios cristiano
económica actual otra falsa tríada que no manifiesta su «Nombre» sino su ac-
reduce el ser humano a consumista, in- tuación. Por esa actuación se revela en
dividualista y falsamente globalizado. la historia más que en la naturaleza
El consumismo es la negación de la (Dios de los pobres). Sin embargo, no
libertad (se alimenta de manipulación e interviene inmediatamente en nuestra
irracionalidad). Como suele decirse, «el historia (lo hace haciendo que las cosas
consumidor ha suplantado hoy al ciuda- se hagan). Cuando interviene es desde
dano». Y de ahí brota una ética exclusi- los pocos para los muchos (pueblo pe-
vamente individualista carente de toda queño, resto, Jesús, semilla…) y Su re-
dimensión comunitaria o social. Esa velación es progresiva (como la aurora
26
de noche hasta llegar al mediodía; o la eso, la Cruz no es la última palabra
nota baja en el silencio hasta estallar en sobre Dios, sino que «Dios resucitó a
un acorde pleno). Puede ocultarse y se Jesús»30 y se reveló ahí como el que
oculta a veces sin dejar de estar presen- «llama a la plenitud». Por eso Pablo
te en todo lo verdaderamente huma- unifica esas tres acciones que adjetivan
no… a Dios: es el Dios «que llama al ser a lo
Estos trazos fueron llevando a la que no es» y que «resucita a los muer-
definición de que Dios es Amor ya tos»: ahí brilla su poder en el origen y
comentada en lo que significa para no- el fin de la historia, como «Dios de
sotros (agape frente a eros). Pero esa vivos y no de muertos» (Mc 12,27).
definición necesita ahora ser ampliada Pero dentro de la historia es sólo el
en lo que nos dice del mismo Dios. Dios «que justifica al impío» (ver Rom
Una de las frases más sorprendentes 4,17.24.25), lo cual es otra forma de
del Nuevo Testamento es aquella de mostrar su poder en la debilidad: por-
que «Dios entregó a su propio Hijo» que los hombres sólo sabemos hacer
(Rom 8,32). Entregó, no simplemente justicia condenando al impío mientras
envió. Y lo entregó en manos de los que Dios puede hacerla volviendo justo
hombres. Esa entrega incomprensible al impío.
designa la máxima cercanía a nosotros Así, el Deus minor es el Deus sem-
del Dios siempre Trascendente. Pero no per maior…
se trata de una cercanía gratificante
como la que sugiere la expresión «el
3.5. En conclusión
Dios-niño» (nada menos divino que la
infancia, pero el niño es, a la vez, inva- Así aparece la necesidad de un lenguaje
lidez confiada, encanto y promesa, sobre Dios constantemente dialéctico.
donde aún podemos atisbar algo como Nicolás de Cusa lo expresaba definien-
divino). Ahora es la cercanía del «Dios- do a Dios como «la armonía de contra-
Crucificado». rios». Mucho antes que él, en el siglo II,
Y eso significa: en su relación con Ireneo de Lyon explicaba que aquello
nosotros, Dios ha respetado tanto la li- que no podemos decir de Dios por su
bertad humana que «no envía legiones Grandeza, resulta que podemos decirlo
de ángeles» para liberar a Su Hijo (ni por su Amor que es tan incomprensible
quiere el Hijo que las envíe). Se pre- como su Majestad (AH IV 20).
senta totalmente «desdivinizado»: Y quizá lo anterior marque la nece-
débil, impotente ante los hombres. En sidad en que se encuentra hoy el cristia-
pocas líneas, un himno neotestamenta- nismo de pasar de ser «una religión
rio de los más antiguos usa estos tres doctrinal» a ser una fe mistérica. Por-
adjetivos: despojado, anonadado, que el lenguaje, por imprescindible que
humillado (Fil 2,6ss). Y, sin embargo, sea, será siempre impotente para expre-
en esa máxima ausencia creen los cris- sar a Dios: sólo puede aspirar a decir
tianos que es donde Dios estuvo más «mentiras más pequeñas», no verdades
cercano a nosotros. Precisamente por más grandes (DS 806).
27
3.6. Algunas consecuencias es pura apariencia, pura mentira. Tiene
la misma realidad que las cosas que
3.6.1. Las religiones de la tierra percibimos cuando soñamos y que allí
En mi opinión lo antedicho ilustra el nos parecen muy reales…
enorme peligro (por no decir falsedad) b) Para muchas culturas sudameri-
del eslogan puesto en circulación desde canas, en el extremo opuesto del plane-
un irenismo cómodo, ante el problema ta, la realidad, en cambio, es sagrada y
de las religiones de la tierra: «Dios une, fuente de nuestra subsistencia: merece
Cristo separa». De entrada ¿no debería- por eso un respeto absoluto como ma-
mos comenzar reconociendo humilde- dre tierra (Pachamama) o como «Padre
mente que Dios es lo que nos separa
Sol». En ambas visiones no cabe pro-
porque, como escribiera Bonhoeffer «el
greso alguno y las cosas están bien
Dios revelado en Jesús pone del revés
como están: en un caso porque todo es
todo lo que el hombre religioso espera
engaño y en el otro porque todo merece
de Dios»?31. Hoy las religiones podrán
un respeto que lo vuelve intocable.
confluir en la búsqueda honrada, pero
no en la afirmación de Dios. Quizá en c) Quizá entonces no sea casualidad
la experiencia de Dios pero no en la que la idea del progreso naciera en el
doctrina sobre Él. Ya Pablo temía que el mundo cristiano situado en medio de
celo por Dios impida el escándalo de la los otros dos (tanto geográfica como
fe en el Crucificado. ideológicamente). Desde la idea de
En cambio, Jesús de Nazaret como creación, esta realidad tiene suficiente
hombre podría unir a las religiones por- consistencia, pero una consistencia
que su oferta es una oferta de plena hu- recibida. No debe ser entonces despre-
manización («pescar hombres») más allá ciada como inútil, ni utilizada como
de que se crea o no en su divinidad. Re- propia. Pero esta valoración de lo real
cordemos la aguda observación de S. necesita absolutamente tanto de la rela-
Weil: «no es por la forma en que un tivización oriental como del respeto de
hombre habla de Dios, sino por la forma nuestra Amerindia occidental. Separada
en que habla de las cosas terrenas como de ellos, la realidad se convertirá (¡se ha
se puede discernir si su alma ha perma- convertido ya!) en presa y el progreso
necido en el fuego del amor de Dios»32. en asesino. He ahí el drama de nuestra
Modernidad: el hombre niega a Dios y
3.6.2. La visión del mundo pasa a sentirse no administrador sino
propietario único y absoluto de la reali-
También creo que lo antedicho ayuda a dad. El progreso se corrompe entonces,
comprender las distintas visiones de la como ya avisaron W. Benjamin y S.
realidad que se originan según la no- Weil entre otros muchos. El hombre
ción que se tenga de Dios: destroza la tierra y el miedo hace nacer
a) Para Oriente el mundo real care- lógicas añoranzas por posturas orienta-
ce de entidad o de realidad verdadera: les o sudamericanas.

28
4. CONCLUSIÓN: CREER EN EL AMOR

La fe cristiana profesa que hay una manera infalible de contactar con


Dios, y es la dedicación amorosa a los sufrientes de la tierra. ese con-
tacto podrá entonces ser percibido o no, pero se dará sin duda.

Hoy se acusa a los cristianos de que no do a terminar en un «gran abrazo» (big


sabemos hablar de Dios. Y es que de hug) en el que Dios será todo en todas
Dios no se habla bien mirando las nu- las cosas, se da un proceso inacabable y
bes ni contemplándose a sí mismo, ni difícil movido sólo por el amor, por el
dando latigazos moralistas, sino miran- acercamiento. Un proceso desesperante
do a esta tierra sufriente y utópica. Su- a veces porque quisiéramos que Dios tu-
geriré para concluir dos posibles uni- viera (o hiciera actuar) otros motores
versos de lenguaje sobre Dios. más rápidos a los que vemos como más
eficaces.
a) «Amor que mueve el sol y otras
La fe en el Dios revelado en Jesu-
estrellas». Con esa frase concluye la
cristo es una fe en el Amor como la
inacabable Divina Comedia del Dante.
Realidad última que es Fuente y Verdad
Ya otra vez hice caer en la cuenta de su
de la vida. Y comporta el compromiso
empalme con el primer verso del poe-
de convertir la propia vida en una en-
ma: «perdido en el camino de la vida»…
trega al amor y un aprendizaje del
Ambos versos se empalman y muestran
amor.33 Tal aprendizaje no excluye el
cuál debería ser la trayectoria del ser hu-
empeño para que ese amor no sea cie-
mano y cómo se orienta a Dios nuestra
go, sino lúcido e inteligente.
presencia en esta tierra: desde la disper-
sión casi infinita de energía en la «gran b) «Sin confusión ni división». Según
explosión» inicial (Big Bang) a un pro- el cristianismo la relación de Dios con
ceso de aproximación y fusión destina- el ser humano cabe toda en esos dos
29
giros adverbiales. Ambos fueron acu- portante y la mejor noticia que se nos
ñados por un Concilio del siglo V puede dar a los seres humanos. Y es
(Calcedonia), para definir la relación comprensible el pensamiento de Pascal:
Dios-hombre en Jesucristo. Pero analó- «sólo hay dos clases de personas a las
gicamente, pueden valer para todas las que uno puede llamar sensatos: los que
dualidades que se expresan en la fe cris- viven para Dios porque le han encon-
tiana: Dios y nosotros, Dios y la crea- trado, o los que le buscan sin cesar por-
ción, sobrenatural y natural, gracia y li- que aún no le han encontrado».
bertad… Pero al mismo tiempo Dios puede
Sin confusión quiere decir que Dios ser una cuestión de importancia relativa
sigue siendo Dios y el hombre sigue porque la manera más verdadera de
siendo hombre tras la unión. Sin divi- amarle es amar lo que Él ama; y se
sión quiere decir que, pese a eso, Dios reveló en Jesús diciendo: «tanto ama
y el hombre conforman una única reali- Dios al mundo que entregó a su Hijo no
dad inseparable. Como he dicho otras para condenar al mundo sino para sal-
veces, más allá del lenguaje metafísico varlo». O con otra frase atribuida a
de la subsistencia y la naturaleza, inser- Mounier: los hombres se dividen [hoy]
vibles para muchos hombres y mujeres según que hayan hecho o no acto de
de hoy, esos dos adverbios son simples presencia ante la miseria del mundo (no
y claros de significado también para
según crean o no en Dios). Para el fu-
hoy, y pueden ser lo más duradero de la
turo, y desde el evangelio, me parece
dogmática cristológica.34
perfectamente válida la tesis de M.
c) Desde los dos focos anteriores po- Gauchet: el cristianismo es «la religión
demos concluir con otra frase dialécti- de la salida de la religión»35. Pero no de
ca: para un cristiano Dios es la más im- la salida de Dios…

30
NOTAS

1. No obstante, en la cuestión anterior habla clara- 16. Para completar remito a J. I. GONZÁLEZ FAUS,
mente de la demostrabilidad de Dios (I, 2, 2). Unidad de Dios, pluralidad de místicas, Bar-
2. Antony FLEW, «Theology and Falsification», en celona, Cristianisme i Justícia, Cuaderno 180.
la obra colectiva editada por Baruch A. BRODY, 17. Ese es el recelo que a veces suscitan los actua-
Readings in the philosophy of religion. An ana- les afanes de interés por la mística, los cuales,
lytic approach, Prentice-Hall, 1974, c.4, n. 28. aunque comprensibles quizá como reacción
3. Antony FLEW, Dios existe, Madrid, Trotta, 2012. contra el prometeísmo de pasados compromi-
4. K. SCHMITZ-MOORMANN, Teología de la crea- sos, no están libres del clásico peligro de «irse
ción de un mundo en evolución, Estella, Verbo al otro extremo», típico de todas las conductas
Divino, 2005. En línea parecida trabaja en reactivas.
Cataluña la obra de D. Jou, científico y poeta. 18. Ver J. I. GONZÁLEZ FAUS, La Humanidad Nue-
5. Martín LUTERO, Der grosse Katechismus, 132ss. va. Ensayo de cristología, Santander, Sal
6. Cf. Así Martín BUBER, Eclipse de Dios, Buenos Terrae, 20009, cap. 3.
Aires, Ediciones Nueva Visión, 1984, pág. 27. 19. «Los malvados mueven los linderos, roban re-
7. «Panta rei; ouden menei». baños y pastores, se llevan el asno del huérfano
8. J. GÓMEZ CAFFARENA, El teísmo moral de Kant, y toman en prenda el buey de la viuda; echan del
Madrid, Ediciones Cristiandad, 1983. camino a los pobres y los miserables tienen
9. Por eso, para Kant, la afirmación de Dios lleva- que esconderse. Como asnos salvajes madru-
ba anexa la afirmación de otra vida que es el gan para hacer presa… Arrancaron del pecho al
lugar de ese juicio de Dios. huérfano y toman en prenda al niño del pobre»
10. Confesiones, X,6,8. (24, 2-5.9). Si en vez del huérfano y la viuda
11. Banquete, 211. Dicho sea al margen de la pre- ponemos el parado y el inmigrante, y en lugar
gunta de si Platón conocía cómo somos en rea- del buey y rebaño ponemos la casa o el traba-
lidad los humanos… jo recobrarán actualidad esas palabras de Job.
12. Simone WEIL, A la espera de Dios, Madrid, 20. R. Otto hablaba de «Lo Santo» como «fasci-
Trotta, 1993, págs. 40-41. Poco antes ha expli- nante y tremendo», el postmoderno, más lige-
cado que la idea de pureza, que se adueñó de ra y vagamente, se limita a «lo sagrado», se
ella a los 16 años en medio de los problemas queda con algo que es atractivo pero deja de
de la pubertad, «me surgió durante la contem- ser «tremendo»: porque su Palabra no es una
plación de un paisaje de montaña y poco a llamada a salir de sí, sino que permite quedar-
poco se me ha impuesto de manera irresisti- se tranquilamente en el propio ego.
ble» (pág. 39). También L. Panero recurre a la 21. Ocurre algo parecido con la oración: Jesús en-
pureza en uno de sus poemas orantes: «ahora señaba que en la oración no hay que hablar
que la tarde es tan pura / y no hay nadie más mucho, porque Dios sabe de sobra lo que va-
que Tú / dime quién eres…». mos a decirle. Pero somos nosotros, no Dios,
13. In Joan, XXVI, 4 quienes necesitamos el lenguaje, para que no
14. Olvidar eso fue el error de Harnack que marcó se evapore nuestra relación con Dios.
negativamente a todo el siglo XX tanto católi- 22. METZ, La fe en la historia y la sociedad, Ma-
co como protestante, hasta que apareció la teo- drid, Ediciones Cristiandad, 1979, pág. 66
logía de la liberación. entre otros muchos lugares.
15. WEIL, A la espera de Dios, op. cit., pág. 37. 23. La expresión paulina exige recordar cómo eran
Más ampliado en págs. 41-42. los espejos antiguos: muchas veces eran sim-
31
plemente las aguas de un río donde uno ve 29. Citado por Juan Arias en El País, 30.03.2013.
reflejada la realidad de manera confusa y 30. Hchs 2,24; 3,15; 4,19; 5,30: Rom 4,24; 8,11;
borrosa. 10,9; 1 Pe 1,21, entre otros.
24. Es curioso que, como decía Buber sobre la 31. Dietrich BONHOEFFER, Carta del 18 de julio de
palabra Dios en el texto que abrió este Cua- 1944; Resistencia y sumisión, Salamanca,
derno, la palabra amor, que es la más noble Sígueme 1983, pág. 253; ver también 21 de
que tiene el lenguaje humano, es la más pros- agosto de 1944, pág. 273.
tituida y ha servido infinidad de veces para 32. Simone WEIL, El conocimiento sobrenatural,
justificar inicuas bajezas. Madrid, Trotta, n. 84.
25. Ver la contribución de K. LEHMAN, en El pro- 33. «El amor es la culminación de todo nuestro
blema de Dios hoy, Santander, ed. G. Augustin obrar; él es la meta y hacia él corremos…
2012, pág. 82 y J. VITORIA, El Dios cristiano, Cada cual es lo que sea su amor», escribió
Bilbao, Universidad de Deusto, 2008, pág. 18. Agustín comentando la primera carta de Juan.
26. Expresamente, tras haber publicado El rostro 34. Calcedonia añade otros dos adverbios igual-
humano de Dios (Santander 2007) le añadí mente contrapuestos: esa relación ya no tiene
«El Dios sin rostro» (en Iglesia Viva, 233, vuelta atrás, no hay regresión posible (insepa-
enero-marzo 2008). rabiliter). Y no por eso Dios se ha mudado en
27. Imprescindible aquí el capítulo de J. VIVES: otra cosa: no deja de ser Supremo o todopode-
«El ídolo y la voz», en La justicia que brota de roso sino que actúa todas las posibilidades de
la fe, Santander, Sal Terrae, 1983, pág. 63 ss. ser-Amor (inmutabiliter).
28. Ver A. COMIN, La igualdad una meta pendien- 35. M. GAUCHET, El desencantamiento del mundo.
te, Barcelona, Cristianisme i Justícia, Cuader- Una historia política de la religión, Madrid,
nos 92, 1999. Trotta, 2005.

32
CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN

el texto de Martín Buber, Eclipse de Dios, como pórtico de lectura, te habrá


afectado, ¿qué es lo que subrayarías como importante?

La primera parte del Cuaderno señala las vías, los senderos, los caminos
(no las pruebas) que orientan y señalan hacia el Misterio de Dios: la Ciencia
con sus límites, la Filosofía que topa con la dimensión fronteriza de la Razón,
la Ética que más que sacar conclusiones, postula una moralidad como funda-
mento de un ser supremo, la estética que traspasa la frontera de la Razón con
la contemplación de la Belleza y la experiencia Mística a la que dedica el autor
un excelente discurso, como final de un proceso de búsqueda, síntesis de la
presencia de Dios y de su ausencia… de despojo y plenitud, de «noche oscu-
ra» pero «amable más que la alborada».
el recorrido por todos estos peldaños o mojones ¿qué te han sugerido, en qué
te han afirmado, qué te han interrogado?

La segunda parte del Cuaderno apunta hacia el Dios cristiano también con
un recorrido que pasa por el reconocimiento de nuestros límites ante una rea-
lidad de Dios, (una realidad dinámica), de cercanía en los rostros sufrientes y
las víctimas de la historia.
el Dios cristiano no manifiesta su «Nombre» sino su actuación. Por esa
actuación se revela en la historia más que la naturaleza (Dios de los pobres).
Sin embargo, no interviene inmediatamente en nuestra historia (hace hacien-
do que las cosas se hagan). Cuando interviene es desde los pocos para los
muchos (pueblo pequeño, resto, Jesús, semilla…) y su revelación es progre-
siva (como la aurora de noche hasta llegar al mediodía; o la nota baja en el
silencio hasta estallar en un acorde pleno). Puede ocultarse y se oculta a
veces sin dejar de estar presente en todo lo verdaderamente humano.

¿Cómo experimentas su revelación y su no intervención en la historia?


¿Cómo sientes que está presente y a la vez oculto? ¿A qué tipo de espiritua-
lidad apunta este párrafo?
33
La tercera parte profundiza en el significado humano de la existencia de Dios.
en el cuaderno aparecen estas dos citas:
Sólo hay dos clases de personas a las que uno puede llamar sensatos: los
que viven para Dios porque le han encontrado, o los que le buscan sin cesar
porque aún no le han encontrado (Pascal).

hay cosas en este mundo más importantes que Dios que un hombre no escu-
pa sangre, pa que otros vivan mejor (Atahualpa Yupanki).

¿Cómo las armonizarías? (Te puede dar pistas para ello el texto del autor
apartado 3.5.)
el lenguaje, (dígase de este Cuaderno y de todo hablar de Dios) por impres-
cindible que sea, será siempre impotente para expresar a Dios: sólo puede
aspirar a decir «mentiras más pequeñas», no verdades más grandes (DS
806).

34