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IV Trimestre de 2011

El evangelio en Gálatas

Lección 7
(5 al 12 de noviembre de 2011)

El camino a la fe
Matheus Cardoso

Los opositores de Pablo creían que la ley “no tiene la intención de ser una clase de
programa para ‘ganar’ la salvación”. 1 Así, en caso de obedecer la ley divina, una
persona sería justificada, o sea, obtendría el perdón de sus pecados, sería aceptada
por Dios, y pasaría a formar parte de su pueblo.

En Gálatas 3, Pablo argumenta que el único medio de alcanzar la justificación es por


la fe en Cristo. Abraham había sido justificado por medio de la fe, y no por la
obediencia a la ley (versículo 6), y lo mismo sucede con nosotros (versículos 7-9). La
condición para convertirse en “hijo de Abraham” (versículo 7) y recibir la bendición de
la salvación prometida (versículo 14) es tener la misma fe que Abraham tuvo.

Resumen de la semana

La proclamación de la Ley en el Sinaí no anuló la promesa que Dios le hizo a


Abraham. El objetivo de la ley no es la de presentar condiciones para que la promesa
se cumpliera. La condición continuó siendo solo la fe. La ley fue dada de manera
escrita y en medio de un solemne acto en el Sinaí a causa de la apostasía de los
israelitas en Egipto. Los opositores de Pablo creían que el propósito de la ley era
justificar, o sea, aportar la liberación de la condena por el pecado. Pablo explicó que
el objetivo de la ley es mostrar con suficiente claridad la gravedad de la condición
pecaminosa de los israelitas y hacerlos desea la llegada del Salvador prometido.

La promesa es superior a la ley

En Gálatas 3:15-18, Pablo mostró que el pacto hecho por Dios con Abraham no
puede ser alterado (versículos 15, 17). Para probar esto, argumentó que aún los
pactos entre los seres humanos no pueden ser quebrantados (cf. Génesis 31:44, 45;
1 Samuel 20:8; 2 Samuel 3:12), ¡cuánto más un pacto hecho por el propio Dios! Si
Dios prometió que, por medio de Abraham, las personas serían justificadas por la fe
(versículos 8, 9), esta condición nunca podría cambiarse. La “herencia” de la
salvación eterna (cf. Romanos 4:13) fue concedida a Abraham “gratuitamente”
(Gálatas 3:18), y no por algo que Él hubiera hecho.

1
Carl Cosaert, El evangelio en Gálatas [Guía de estudio de la Biblia], p. 43.
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El argumento de Pablo es que la promesa hecha a Abraham es superior a la ley por
tres razones:

1. La promesa fue hecha mucho tiempo antes (430 años) de que la ley fuera
proclamada en el Sinaí (versículo 28). Esta promesa es un pacto y, por lo
tanto, no puede ser alterado. Nada que llegara después podría cambiar o
añadir algo en las condiciones para su realización (versículo 15).

2. La ley no fue dada en el Sinaí con el objetivo de ser un medio para la


justificación, sino “a causa de las transgresiones” de los israelitas (versículo
19). Esta razón será estudiada en esta y en las próximas lecciones.

3. Al hacer la promesa, Dios habló directamente con Abraham. Pero al dar la ley,
Dios lo hizo a través de intermediarios (versículos 19, 20), y los ángeles
(Hechos 7:38; Hebreos 2:2).

“¿Para qué sirve la ley?”

La cuestión que surge es obvia: “¿Para qué sirve la ley?” (Gálatas 3:19). Si la ley no
era una condición adicional para que las personas alcanzaran la promesa de
salvación hecha a Abraham, ¿por qué razón la ley fue proclamada en el Sinaí?

Pablo responde que la ley “fue dada por causa de las transgresiones, hasta que
viniera el Descendiente [Cristo], a quien se refiere la promesa”. En primera instancia,
Pablo está diciendo que la ley surgió en tiempos de Moisés (“fue dada”), y existió
sólo hasta la primera venida de Cristo (“hasta que”). ¿Sería este el sentido del texto?

Algunos eruditos afirman que “Gálatas 3:19-25 es el punto central de la respuesta de


Pablo a los problemas que había en Galacia”. 2 En cierto sentido, entonces, es el
texto más importante para entender la epístola a los gálatas. Analizaremos estos
versículos durante esta y las próximas semanas.

1. La Ley fue “dada” en el Sinaí

Pablo dice que la ley surgió 430 años después de la promesa hecha a Abraham
(versículo 17) y que fue “dada” en tiempos de Moisés (versículo 19). ¿Qué quiso
decir con esto? ¿Acaso la Ley no existía antes de ser proclamada en el Sinaí?

Como adventistas, enfatizamos que la Ley es eterna como Dios, porque es la


transcripción de su carácter. Esto es correcto, de otro modo el pecado no habría
existido antes de Moisés (Romanos 5:12; 2 Pedro 2:4), porque “pecado es la
transgresión de la ley” (1 Juan 3:4; ver Romanos 4:15). Abraham, por ejemplo, ya
guardaba la Ley de Dios (Génesis 17:1, 9; 18:19; 25:6). El libro de Génesis muestra
que los mandamientos que luego se convertirían en parte del Decálogo, incluyendo

2
Richard N. Longenecker, Galatians, Word Biblical Commentary, v. 41 (Dallas, TX: Thomas Nelson,
1990), p. 137.
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el sábado (Génesis 2:2, 3; cf. Éxodo 16:22-30) ya eran obedecidos por el pueblo de
Dios. 3

Antes de ser proclamada en el Sinaí, la Ley de Dios existía en formato oral y así era
transmitida de generación en generación. Elena G. de White afirma: “El conocimiento
de la ley de Dios y del plan de salvación fueron impartidos a Adán y Eva por Cristo
mismo. Ellos atesoraron cuidadosamente la importante lección y la transmitieron
verbalmente a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Así fue preservado el conocimiento
de la ley de Dios”. 4 Por lo tanto, sólo en tiempos de Moisés la Ley pasó a existir de
forma escrita. Luego entenderemos por qué tuvo lugar este cambio en el formato de
la Ley.

Entonces la Ley ya existía como revelación de la voluntad de Dios. ¿En qué sentido,
entonces, la Ley fue “dada” en el Sinaí? Veamos lo que el apóstol dice a
continuación.

2. La Ley fue dada “a causa de las transgresiones”

Los israelitas habían pasado un tiempo en Egipto. Allí tuvieron contacto con un
grosero y generalizado paganismo, además de experimentar una esclavitud bárbara
y cruel. Todo eso eliminó casi completamente la sensibilidad espiritual del pueblo,
conduciéndolo a una apostasía profunda e indescriptible.

La tradición judía destaca una gran ironía que ocurrió en el Monte Sinaí:
inmediatamente después de que la Ley fuera proclamada (Éxodo 20), y mientras
Moisés estaba aún en el Sinaí (Éxodo 21-31), los israelitas ya estaban
transgrediendo los primeros mandamientos de la Ley (Éxodo 32). Construyeron un
becerro de oro, entregándose a la idolatría, la inmoralidad y la orgía. Los israelitas
todavía no estaban totalmente libres de la apostasía que habían experimentado en
Egipto.

El capítulo “La Ley y los pactos”, del libro Patriarcas y profetas, presenta en forma
clara y profunda varias ideas centrales de la carta a los gálatas. El siguiente párrafo
analiza exactamente el versículo que estamos estudiando:

“Pero si el pacto confirmado a Abraham contenía la promesa de la redención, ¿por


qué se hizo otro pacto en el Sinaí? Durante su esclavitud, el pueblo había perdido en
alto grado el conocimiento de Dios y de los principios del pacto de Abraham. Al
libertarlos de Egipto, Dios trató de revelarles su poder y su misericordia para
inducirlos a amarle y a confiar en él […]

“Pero había una verdad aun mayor que debía grabarse en sus mentes. Como habían
vivido en un ambiente de idolatría y corrupción, no tenían un concepto verdadero de
la santidad de Dios, de la extrema pecaminosidad de su propio corazón, de su total

3
Ver Jo Ann Davidson, “The Decalogue Predates Mount Sinai: Indicators from the Book of
Genesis”, Journal of the Adventist Theological Society, año 19, Nº 1-2 (2008), p 61-81, disponible en
http://www.atsjats.org/publication_file.php?pub_id=337&journal=1&type=doc
4
Elena G. de White, Mensajes selectos, tomo 1, p. 270.
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incapacidad para obedecer la ley de Dios, y de la necesidad de un Salvador. Todo
esto se les debía enseñar […]

“Si los descendientes de Abraham hubieran guardado el pacto del cual la circuncisión
era una señal, jamás habrían sido inducidos a la idolatría, ni habría sido necesario
que sufrieran una vida de esclavitud en Egipto; habrían conservado el conocimiento
de la ley de Dios, y no habría sido necesario proclamarla desde el Sinaí, o grabarla
sobre tablas de piedra” […]

“Aun entonces Dios no confió sus preceptos a la memoria de un pueblo inclinado a


olvidar sus requerimientos, sino que los escribió sobre tablas de piedra. Quiso alejar
de Israel toda posibilidad de mezclar las tradiciones paganas con sus santos
preceptos, o de confundir sus mandamientos con costumbres o reglamentos
humanos”. 5

3. La Ley fue dada… “hasta que viniera el Descendiente”

Los cristianos generalmente dicen que la Ley fue abolida en la cruz. Nosotros, los
adventistas, afirmamos que la Ley no puede ser abolida, y tenemos razones bíblicas
para pensar de este modo. De acuerdo con Pablo, sin embargo, algo sucedió con la
Ley cuando Cristo vino. Eso lo veremos la próxima semana. Esta sección de Gálatas
3:19 puede ser mejor entendida cuando es estudiada junto a los versículos 21-25.

Aplicaciones prácticas:

1. Las promesas divinas son plenamente confiables. Todos nosotros hemos


quebrantado promesas. Es difícil confiar en una persona que no cumple lo que
promete, porque la confianza es la base de toda relación. Felizmente, Dios
siempre cumple lo que promete. No es inestable, que dice algo y después cambia
de idea (Hebreos 6:17, 18). Por eso, el Señor es digno de toda confianza. Un
gran ejemplo de esto es la promesa que hizo a Abraham y a todos los salvos
(Gálatas 3:18).

2. Debemos meditar constantemente en las promesas de Dios. La promesa hecha


por Dios a Abraham es uno de los temas centrales de Gálatas (Gálatas 3:14, 17-
19, 22, 29; 4:23. 28). “El camino real que se ha dado a los redimidos para que
anden por él no constituye tinieblas desanimadoras. Si no fuera por Jesús,
nuestro peregrinaje verdaderamente sería solitario y doloroso. El dice: ‘No os
dejaré huérfanos’ (Juan 14:18). Por lo tanto reunamos todas las preciosas
promesas. Repitámoslas durante el día y meditemos en ellas durante la noche, y
estemos gozosos”. 6

3. No debemos desesperarnos a causa de nuestras promesas rotas. “Vuestras


promesas y resoluciones son tan frágiles como telarañas […] El conocimiento de
vuestras promesas no cumplidas y de vuestros votos quebrantados debilita la
confianza que tuvisteis en vuestra propia sinceridad, y os induce a sentir que Dios
no puede aceptaros; mas no necesitáis desesperar. Lo que debéis entender es la

5
White, Patriarcas y profetas, pp. 341, 334.
6
White, Mensajes selectos, tomo 2, p. 279.
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verdadera fuerza de la voluntad […] No podéis cambiar vuestro corazón, ni dar
por vosotros mismos sus afectos a Dios; pero podéis escoger servirle. Podéis
darle vuestra voluntad, para que El obre en vosotros tanto el querer como el
hacer, según su voluntad”. 7

4. Es crucial percibir la gravedad del pecado. Muchos cristianos piensan que sólo
debemos hablar del amor de Dios y su voluntad, y evitar mencionar la gravedad
del pecado. Pero sólo podemos valorar suficientemente el remedio si percibimos
la seriedad de la enfermedad. Cuando una persona tiene una grave enfermedad,
como un cáncer, hará todo lo posible para ser sanada.

Antes de presentar las buenas nuevas de la salvación en Jesús, Pablo siempre


enfatizó cuán terrible es el pecado (Romanos 1-3; Gálatas 3:10-14, 19-25). De
acuerdo con la Biblia, el pecado no se limita meramente a actos o pensamientos. Es
un poder que forma parte de la naturaleza humana y todos nacemos con él (Salmo
51:5; Romanos 7:14-25; 8:3; Efesios 2:3). Todos estamos esclavizados por este
poder, y no podemos librarnos de él por nosotros mismos.

Al comentar Gálatas 3:19 (que ya hemos analizado previamente), el teólogo


adventista Wilson Paroschi afirma: “Una vaga percepción del hecho de que no todo
está bien en el hombre no impulsará al hombre a buscar al Salvador. Sólo cuando
comprenda que sus pecados son transgresiones de la Ley de Aquél que también es
su Juez (Jeremías 11:20), y cuya santidad no puede tolerar siquiera un único pecado
(Habacuc 1:13), y que él, al serle aplicado este conocimiento en su corazón por el
Espíritu Santo (Juan 16:8), clamará por liberación. Eso era justamente lo que Dios
esperaba que sucediera” con los israelitas en el Monte Sinaí. 8

Dr. Matheus Cardoso


Editor Asociado
Publicaciones del Espíritu de Profecía
Casa Publicadora Brasileira

Traducción: Rolando D. Chuquimia


© RECURSOS ESCUELA SABÁTICA

7
White, El camino a Cristo, p. 47.
8
Wilson Paroschi, Só Jesus: Porque em nenhum outro há salvação (Tatuí, SP: Casa Publicadora
Brasileira, 1997), p. 75.
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