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SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 2007/2013

Sucre, 13 de noviembre de 2013


SALA TERCERA
Magistrado Relator: Tata Gualberto Cusi Mamani
Acción de libertad
Expediente: 04162-2013-09-AL
Departamento: Cochabamba

En revisión la Resolución 08 de 16 de julio de 2013, cursante de fs. 21 a 22 vta., pronunciada


dentro de la acción de libertad interpuesta por Victoriano Velarde Alcoba contra Gastón Osorio
Oporto y Magaly Gloria Ávalos Zamudio, Director y Trabajadora Social, respectivamente, del
Hospital Clínico “Viedma” del departamento de Cochabamba.

I. ANTECEDENTES CON RELEVANCIA JURÍDICA

I.1. Contenido de la demanda

Por memorial presentado el 15 de julio de 2013, cursante de fs. 5 a 7, el accionante manifiesta los
siguientes fundamentos de hecho y de derecho:

I.1.1. Hechos que motivan la acción

El 2 de junio de 2013, su madre Juana Alcoba Claure, fue atropellada en las inmediaciones de la
av. Siglo XX, por Daniel Huaychu Laura, quien conducía una motocicleta habiendo sido trasladada
al Hospital Clínico “Viedma”, donde falleció el “15 de julio de 2013” (sic); consecuentemente, en
su calidad de hijo y único familiar se apersonó a dicho sanatorio para retirar el cuerpo de su madre
a fin de que se le efectúe la autopsia de ley y se le dé “cristiana sepultura”; empero, recibió una
respuesta negativa de la Trabajadora Social demandada, quien retiene el cadáver en el mencionado
Hospital, argumentando que no se canceló el monto total adeudado, que asciende a Bs16 000.-
(dieciséis mil bolivianos), por concepto de gastos médicos, que debió haber sido cubierto en forma
total por el conductor de la motocicleta, quien se comprometió a hacerlo mediante un documento
transaccional suscrito el 15 de julio de igual año, depositando a cuenta la suma de Bs1000.- (mil
bolivianos), encontrándose el documento transaccional original, en el que Daniel Huaychu Laura,
reconoce que es el directo responsable, en poder de la Trabajadora Social.

I.1.2. Derechos supuestamente vulnerados

El accionante, alega la lesión de los derechos a la dignidad, a la libertad y a los “derechos


religiosos”, citando al efecto los arts. 22 y 23 de la Constitución Política del Estado (CPE).

I.1.3. Petitorio

Solicita se conceda la tutela y se ordene que el cuerpo de su madre sea entregado de forma
inmediata.

I.2. Audiencia y Resolución del Juez de garantías

Efectuada la audiencia pública el 16 de julio de 2013, según consta en el acta cursante de fs. 18 a
20 vta., se produjeron los siguientes actuados:

I.2.1. Ratificación y ampliación de la acción

El abogado del accionante, ratificó in extenso el contenido de la demanda y ampliándola señaló


que si bien la acción de libertad es para derechos de personas con vida; sin embargo, también es
para el “derecho a una muerte digna”; además, los derechos tradicionales y religiosos, son
protegidos por la Constitución Política del Estado; toda vez que, en este caso, los familiares son
personas católicas y acostumbran a realizar una misa de cuerpo presente, velatorio y entierro;
asimismo, los representantes del citado Hospital, pueden iniciar las acciones legales que
correspondan para cobrar la deuda asumida por el responsable del accidente, quien es el
motociclista, a cuyo efecto tienen el documento transaccional que se encuentra en su poder, pero
sin necesidad de retener el cuerpo; adicionalmente, denunció que no quisieron entregarle el
certificado médico de defunción, “que se encuentra sin fecha”.
I.2.2. Informe de las personas demandadas

Gastón Osorio Oporto, director del Hospital Clínico “Viedma”, no asistió a la audiencia ni hizo
llegar su informe escrito, evidenciándose de la certificación emitida por el Director Ejecutivo del
mencionado sanatorio, presentada por el abogado de los demandados, que se encontraba declarado
en comisión el 16 de julio de 2013. Por su parte, Magaly Gloria Ávalos Zamudio, Trabajadora
Social del Hospital Clínico “Viedma”, por intermedio de su abogada, en audiencia manifestó lo
siguiente: a) La paciente, ingresó al servicio de neurocirugía mujeres, con diagnóstico de TEC
“leve”, que se fue complicando por su avanzada edad de 89 años, permaneciendo cuarenta y dos
días en “estado de emergencia”, aplicándosele todos los exámenes y las atenciones que el caso
ameritaba; b) La paciente falleció el 14 de julio de 2013, a horas 14:05, prácticamente en estado
vegetativo, por lo que el cuerpo se trasladó a la morgue y el médico procedió a dar el certificado
médico de defunción, que está listo; y, c) En ningún momento se hizo retención del cadáver porque
se les dijo que podían recogerlo; y posteriormente, hacer el papeleo, ya que para el Hospital, es
oneroso tener el cuerpo por los costos de refrigeración, por lo que solicitó se deniegue la tutela.

I.2.3. Resolución

El Juez Primero de Sentencia Penal del departamento de Cochabamba, constituido en Juez de


garantías, por Resolución 08 de 16 de julio de 2013, cursante de fs. 21 a 22 vta., denegó la tutela
solicitada con los siguientes argumentos: 1) Según la SC 0001/2010-R de 25 de marzo, no se puede
representar a un fallecido, lo que determina la improcedencia de la acción, impidiendo ingresar al
análisis de fondo de la problemática planteada; 2) En el caso presente, actuando en representación
de la occisa, se pretende que se disponga la liberación de los restos de la difunta, supuestamente
retenidos por no haber cancelado el monto de los servicios hospitalarios; y, 3) La jurisdicción
constitucional fue activada después del fallecimiento de Juana Alcoba Claure, por lo que la
pretensión resulta inconducente; por cuanto, no es posible actuar en representación de una persona
fallecida, porque la muerte deriva en el fin de la personalidad y de su capacidad jurídica para ser
sujeto de derechos y obligaciones; además, la problemática planteada está fuera del alcance
previsto por el art. 125 de la CPE.
II. CONCLUSIONES

De la revisión y compulsa de los antecedentes que cursan en el expediente, se establecen las


siguientes conclusiones:

II.1. Cursa el recibo de depósito de 3 de junio de 2013, mediante el cual Daniel Huaychu
Laura, dejó en forma de depósito en el Hospital la suma de Bs1000.-, a favor de la paciente “Juana
Alcoba Campos” (sic), mismo que fue autorizado por “Magali Ávalos de Trabajo Social” (sic) (fs.
3).

II.2. Consta acuerdo transaccional suscrito el 15 de julio de 2013, entre el conductor de la


motocicleta, Daniel Huaychu Laura y el ahora accionante, indicando en la cláusula tercera del
citado documento, que el primero de los mencionados se compromete a cancelar la totalidad de
los gastos médicos erogados por la víctima -Juana Alcoba Claure- en el Hospital Clínico
“Viedma”; además, el hijo de la occisa, Victoriano Velarde Alcoba, se compromete a cubrir los
gastos funerarios (fs. 4 y vta.).

II.3. De acuerdo a la copia (amarilla) del certificado médico de defunción, Juana Alcoba Claure
-madre del accionante- falleció el 14 de julio de 2013, siendo la causa directa neumonía
intrahospitalaria. El certificado lleva la firma del médico Dennis Villarroel, Neurocirugía; sin
embargo, no consta su fecha de emisión (fs. 17).

III. FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO

El accionante, considera que los demandados lesionaron los derechos a la dignidad, a la libertad y
los “derechos religiosos”, al retener el cuerpo de su madre fallecida, con el argumento de que
previamente se debía pagar la suma de Bs16 000.-, que se adeuda al Hospital Clínico “Viedma”,
por los servicios prestados. Por lo que, corresponde determinar en revisión si se debe conceder o
denegar la tutela solicitada.
III.1. La superación de la concepción formalista del derecho en el constitucionalismo boliviano

El art. 1 de la CPE, sostiene que: “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho
Plurinacional Comunitario”; modelo de Estado que fue el resultado de la fuerza descolonizadora
de los pueblos indígena originarios campesinos, quienes plantearon el reto histórico de dar fin al
colonialismo, con sujetos políticos colectivos con derecho a definir su destino, gobernarse en
autonomías y participar en los nuevos pactos de Estado.

Este nuevo modelo, tiene una inspiración anticolonialista que rompe con la herencia del
constitucionalismo monocultural, que nació a espaldas de los pueblos indígenas, y del
constitucionalismo pluricultural que introdujo de manera subordinada un reconocimiento parcial
a los derechos de los pueblos indígenas. Nuestra Constitución Política del Estado, marca una
ruptura respecto al constitucionalismo clásico y occidental concebido por las élites políticas; es un
constitucionalismo que expresa la voluntad de las clases populares y los pueblos indígenas,
creando una nueva institucionalidad, transversalizada por lo plurinacional, una nueva
territorialidad, signada por las autonomías, un nuevo régimen político y una nueva legalidad bajo
el paradigma del pluralismo jurídico igualitario en el marco de la Constitución Política del Estado.

Efectivamente, nuestra Norma Suprema, tiene características que la distinguen e individualizan y


dan cuenta de un constitucionalismo que no tiene precedentes, y cuyos intérpretes deben ser fieles
a sus fundamentos, a los principios y valores que consagra, con la finalidad de materializar y dar
vida a las normas constitucionales, siendo sus características más importantes, la
plurinacionalidad, la descolonización, el pluralismo jurídico igualitario, la interculturalidad y el
vivir bien.

Al respecto, la SCP 0790/2012 de 20 de agosto, señaló que: “El Estado Plurinacional Comunitario,
como resultado de la fuerza descolonizadora de los pueblos indígena originarios campesinos, ha
hecho posible la visibilización de éstos, antes excluidos de toda institucionalidad estatal,
reconociéndolos como naciones de pleno derecho junto a la antigua 'Nación Única'; por lo que
dentro de esta concepción de Estado Plurinacional Comunitario, la comprensión de los derechos,
deberes y garantías no puede realizarse desde la óptica del constitucionalismo liberal, sino más
bien abrirse a una pluralidad de fuentes del derecho y de derechos, trascendiendo el modelo de
Estado liberal y monocultural cimentado en el ciudadano individual, entendiendo que los derechos
en general, son derechos de colectividades que se ejercen individualmente, socialmente y/o
colectivamente, lo cual no supone la negación de los derechos y garantías individuales, pues el
enfoque plurinacional permite concebir a los derechos, primero, como derechos de colectividades,
luego como derechos que se ejercen individualmente, socialmente y colectivamente en cada una
de las comunidades civilizatorias, luego como una necesidad de construir, de crear una comunidad
de comunidades; es decir, un derecho de colectividades, un derecho que necesariamente quiebre
la centralidad de una cultura sobre las otras y posibilite diálogos, espacios políticos de querella
discursiva para la generación histórica y necesaria de esta comunidad de comunidades de derechos.

El reconocimiento y adopción del pluralismo jurídico, hace posible un diálogo intercultural entre
derechos, pues ya no existe una sola fuente de Derecho y de los derechos; de donde éstos pueden
ser interpretados interculturalmente, lo cual habilita el carácter dúctil y poroso de los derechos,
permitiendo un giro en la comprensión de los mismos, generando su transformación para
concebirlos como práctica de diálogo entre culturas, entre mundos civilizatorios, en búsqueda de
resignificar constantemente el contenido de los derechos para cada caso concreto.

Por ello, la construcción de la institucionalidad plurinacional parte del desmontaje de las lógicas
de colonialidad, desmistificando la idea de que impartir justicia es solamente una 'potestad'; sino
por el contrario, asumirla como un servicio al pueblo, concebida como facultad/obligación, pues
fruto de la colonialidad antes construida, se ha estructurado una “administración de justicia”
extremadamente formal, cuasi sacramental, reproductora de prácticas judiciales desde la colonia y
el periodo republicano, fundadas en la señorialidad de esta actividad bajo la concepción de
'potestad' antes que de 'servicio', sustentado por todo un aparato normativo, doctrinal e
institucional. Corresponde al Tribunal Constitucional Plurinacional, romper esas relaciones y
prácticas que se reproducen en lo social, cultural, político e institucional, constituyéndose en un
instrumento destinado a la generación de espacios de diálogo y relacionamiento de las diferentes
concepciones jurídicas en el marco del Estado Plurinacional Comunitario, aportando al proceso de
interpretación intercultural de los derechos humanos y fundamentales, así como de las garantías
constitucionales, con énfasis en los derechos colectivos y de las naciones y pueblos indígena
originario campesinos” (las negrillas nos corresponden).

Es en ese marco, que el Tribunal Constitucional Plurinacional asume el reto de romper las prácticas
formalistas que reproducen el sistema colonial, asumiendo plenamente las funciones previstas en
el art. 196 de la CPE, cuales son las de velar por la supremacía de la Constitución Política del
Estado, ejercer el control de constitucionalidad y precautelar el respeto y la vigencia de los
derechos y garantías constitucionales.

Efectivamente, en el marco del constitucionalismo plurinacional y comunitario que integran los


postulados del Estado Constitucional, el principio de supremacía constitucional exige el absoluto
sometimiento de gobernantes y gobernados a la Norma Suprema del Estado, fundamentalmente
por dos razones: porque emana de un poder con legitimidad cualificada, como es el poder
constituyente, y porque se constituye en el parámetro de validez de las otras disposiciones
normativas infraconstitucionales existentes dentro de un Estado.

Bajo lo dicho, debe considerarse que la Constitución Política del Estado tiene una incuestionable
fuerza normativa; pues es una norma jurídica auténtica, susceptible de invocación en la
sustanciación de cualquier proceso o causa, de manera que los jueces y tribunales están compelidos
a resolver los litigios a la luz de la Norma Suprema del Estado, entendimiento que supone la
materialización del principio de eficacia y aplicación directa del texto constitucional.

Bajo ese razonamiento, los principios insertos en la Norma Suprema, se establecen como
directrices para los poderes públicos y particularmente para los administradores de justicia. En ese
sentido, es importante reconocer que, tanto el derecho como el Estado se justifican a partir de los
derechos fundamentales, considerando que el Estado, es el garante o instrumento de protección de
los mismos. En ese parámetro, en el constitucionalismo plurinacional comunitario la protección
de los derechos fundamentales debe ser realizada al margen o por encima de las formalidades e
inclusive de las leyes, pues, la eficacia de un derecho no depende de la medida y los términos
trazados por una ley ni las formalidades exigidas para su tutela, sino más bien, en la medida y en
los términos trazados por la misma Ley Fundamental.
Es en el ámbito del control tutelar de constitucionalidad; es decir, del control del respeto a los
derechos fundamentales y garantías constitucionales, que la labor de la justicia constitucional se
manifiesta en toda su esencia y finalidad, pues resguarda los derechos tanto en su dimensión
subjetiva como objetiva; es decir, como fundamento de todo nuestro sistema constitucional.

Efectivamente, en el marco del constitucionalismo plurinacional y comunitario, los derechos


fundamentales y garantías constitucionales tienen un lugar preeminente en el orden constitucional,
que en el caso boliviano se ve reflejado no sólo en el amplio catálogo de derechos fundamentales
y garantías jurisdiccionales que consagra, sino también en los fines y funciones esenciales del
Estado, siendo uno de ellos el de “garantizar el cumplimiento de los principios, valores, derechos
y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución” (art. 9.4 de la CPE), así como en los
criterios de interpretación de los derechos humanos que se encuentran constitucionalizados, los
cuales deben ser utilizados no sólo por el juez constitucional, sino también por los jueces y
tribunales de las diferentes jurisdicciones previstas en nuestra Ley Fundamental, quienes,
conforme lo entendió la SCP 0112/2012 de 27 de abril, se constituyen en los garantes primarios
de la Constitución Política del Estado y de los derechos y garantías fundamentales.

Así, deben mencionarse a los arts. 13 y 256 de la CPE, que introducen dos principios que guían la
interpretación de los derechos fundamentales: La interpretación pro persona (pro hómine) y la
interpretación conforme a los Pactos Internacionales sobre Derechos Humanos. En virtud a la
primera, los jueces, tribunales y autoridades administrativas, tiene el deber de aplicar aquella
norma que sea más favorable para la protección del derecho en cuestión -ya sea que esté contenida
en la Ley Fundamental o en las normas del bloque de constitucionalidad- y de adoptar la
interpretación que sea más favorable y extensiva al derecho en cuestión; y en virtud a la segunda
(interpretación conforme a los Pactos Internacionales sobre Derechos Humanos), tienen el deber
de -ejerciendo el control de convencionalidad- interpretar el derecho de acuerdo a las normas
contenidas en tratados e instrumentos internacionales en materia de derechos humanos ratificados
o a los que se hubiere adherido el Estado, siempre y cuando, claro está, declaren derechos más
favorables a los contenidos en la Constitución Política del Estado; obligación que se extiende,
además al contraste del derecho con la interpretación que de él ha dado la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, conforme lo ha entendido la misma Corte en el caso Trabajadores Cesados
del Congreso vs. Perú, al señalar que: “…los órganos del Poder Judicial deben ejercer no sólo un
control de constitucionalidad, sino también 'de convencionalidad' ex officio entre las normas
internas y la Convención Americana, evidentemente en el marco de sus respectivas competencias
y de las regulaciones procesales correspondientes…” .

A dichos criterios de interpretación, se añade el principio de progresividad que se desprende del


art. 13 de la CPE y la directa justiciabilidad de los derechos, prevista en el art. 109 constitucional;
norma que establece que todo los derechos reconocidos en la Ley Fundamental, son directamente
aplicables y gozan de iguales garantías para su protección, y que se constituye en una concreción
del carácter normativo de la Constitución Política del Estado, como otra de las características
fundamentales del Estado Constitucional. El principio de aplicación directa de los derechos, como
sostuvo la SCP 0121/2012 de 2 de mayo, supone la superación formalista del sistema jurídico y se
constituye en un postulado para consolidar el valor normativo de la Constitución Política del
Estado: “…la premisa en virtud de la cual se debe asegurar la eficacia máxima de los derechos
fundamentales, exige en términos de teoría del derecho, la superación de una concepción ius-
positivista y formalista del sistema jurídico, e implica la adopción de postulados jurídicos
enmarcados en cánones constitucionales no solamente destinados a limitar el poder, sino
fundamentalmente direccionados a consagrar y consolidar la vigencia material de los derechos
fundamentales.

(…) el principio de aplicación directa y eficaz de los derechos fundamentales, constituye un


postulado que consolida el valor normativo de la Constitución, por el cual, los derechos
fundamentales tienen una efectividad plena más allá de un reconocimiento legislativo o de
formalismos extremos que puedan obstaculizar su plena vigencia, aspecto que caracteriza la
'última generación del Constitucionalismo', en el cual, el fenómeno de constitucionalización del
ordenamiento jurídico, se consagra y alcanza su esplendor a través del principio de aplicación
directa de los derechos fundamentales, el cual se materializa a través del nuevo rol de las
autoridades jurisdiccionales en su labor de interpretación constitucional acompañada de una
coherente teoría de argumentación jurídica” (las negrillas son nuestras).
III.2. La acción de libertad: Su ámbito de protección y la posibilidad de tutelar derechos conexos

La acción de libertad está configurada en los arts. 125 de la CPE y 46 del Código de Procedimiento
Constitucional (CPCo), como un mecanismo de defensa oportuno y eficaz para la tutela de los
derechos a la vida, a la integridad física, a la libertad personal y de circulación de toda persona que
crea estar indebida o ilegalmente perseguida, detenida, procesada, presa o que considere que su
vida o integridad física está en peligro.

Bajo los principios y valores del Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario,
despliega toda su fuerza como un instrumento a favor de las personas para la defensa de sus
derechos. Así, el nuevo ámbito de protección de la acción de libertad, que antes se centraba en el
derecho a la libertad física o personal, le otorga a esta acción de defensa nuevas dimensiones y
posibilita al juez constitucional a ejercer un control tutelar más amplio e integral y, de esta manera,
resguardar los derechos a la vida e integridad física, restablecer las formalidades legales, ordenar
el cese de la persecución indebida o la restitución del derecho a la libertad física o personal.

En ese sentido, si bien dentro del ámbito de protección de la acción de libertad se encuentran
previstos determinados derechos; empero, es posible efectuar el análisis de otros derechos cuando
los mismos tengan conexitud con los que se encuentran bajo la tutela de la acción de libertad, en
virtud a la característica de interdependencia de éstos que se encuentra prevista en el art. 13.I de
la CPE, que señala: “Los derechos reconocidos por esta Constitución son inviolables, universales,
interdependientes, indivisibles y progresivos…”.

Efectivamente, la interdependencia es una de las características de los derechos fundamentales,


que significa que éstos se encuentran conectados unos con otros, dependen unos de otros, lo que
implica que la protección de un derecho y su ejercicio, conlleva a que se tutelen aquellos otros con
los cuales se encuentra vinculado; en sentido contrario, la vulneración de un derecho, implica que
se lesionen otros derechos que se encuentran relacionados con él.

En mérito a la característica de los derechos antes anotados, es indudable que el ámbito de


protección de las diferentes acciones de defensa y en especial de la acción de libertad, que tiene
entre sus características al informalismo, no puede ser impenetrable, pues ello implicaría, por una
parte, desconocer el carácter interdependiente de los derechos y, por otra, obligar a que el
accionante, frente a la lesión de un derecho que se encuentra dentro del ámbito de una determinada
acción de defensa, pero que se vincula con otros derechos, deba plantear diferentes acciones de
defensa, lo que evidente atenta contra los principios de la función judicial contenidos en el art. 178
de la CPE, como los de celeridad y respeto a los derechos, y los principios procesales de la justicia
constitucional contenidos en el art. 3 del CPCo, que atendiendo a los fines de la justicia
constitucional y con la finalidad de garantizar su acceso, así como la tutela inmediata de los
derechos fundamentales, prevén a los principios de impulso de oficio, por el que las actuaciones
procesales deben efectuarse sin necesidad de petición de las partes, celeridad, que obliga a resolver
los procesos evitando dilaciones en su tramitación, concentración, por el que debe reunirse la
mayor actividad procesal en el menor número de actos posibles y, fundamentalmente, el no
formalismo, de acuerdo al cual sólo deben exigirse las formalidades estrictamente necesarias para
la consecución de los fines del proceso.

Entonces, conforme a los principios y valores que sustentan a nuestro Estado y a la justicia
constitucional, así como al carácter interdependiente de los derechos, el ámbito de protección de
la acción de libertad puede verse ampliado en los casos en que los derechos alegados como
lesionados se encuentren vinculados con aquellos que están en la esfera de tutela de esta acción de
defensa.

Cabe mencionar, por otra parte, que ese entendimiento se encontraba plasmado en el art. 89.I de
la Ley del Tribunal Constitucional (LTC) abrogada, que establecía que “cuando una persona
creyere estar arbitraria, indebida o ilegalmente perseguida, detenida, procesada o presa, o alegare
otras violaciones que tengan relación con la libertad personal en cualquiera de sus formas, y los
hechos fueren conexos con el acto motivante del recurso, por constituir su causa o finalidad, podrá
ocurrir por sí o por cualquiera a su nombre con poder notariado o sin el…”; norma que, en
consecuencia, permitía analizar violaciones a otros derechos que tuvieran conexión con el derecho
a la libertad física o personal.
En ese ámbito, dicha norma permitió la tutela de derechos conexos con el derecho a la libertad;
entendimiento que debe ser asumido por este Tribunal, a la luz de las características de los derechos
fundamentales que han sido referidas precedentemente y del principio de progresividad de los
derechos -que se desprenden también del art. 13 de la CPE- según el cual no se deben
“…desconocer los logros y el desarrollo alcanzado en materia de derechos humanos en cuanto a
la ampliación en número, desarrollo de su contenido y el fortalecimiento de los mecanismos
jurisdiccionales para su protección, en el afán de buscar el progreso constante del Derecho
Internacional de Derechos Humanos que se inserta en nuestro sistema jurídico a través del bloque
de constitucionalidad (art. 410.II de la CPE)” (SCP 2491/2012 de 3 de diciembre).

III.3. La visión plural de la muerte, la dignidad y su vinculación con el derecho a la libertad de


espiritualidad, religión y culto

De acuerdo al art. 8.II de la CPE, la dignidad es uno de los valores en los que se sustenta el Estado
y, por ende, de acuerdo al art. 9.2 de la CPE, el Estado tiene como fin y función especial
“Garantizar el bienestar, el desarrollo, la seguridad y la protección e igual dignidad de las personas,
las naciones, los pueblos y las comunidades, y fomentar el respeto mutuo y el diálogo intracultural,
intercultural y plurilingüe” (las negrillas nos pertenecen).

Además de estar concebida como un valor, la dignidad también está consagrada como un derecho
en el art. 21.2 de la CPE, que establece que las bolivianas y los bolivianos tienen, entre otros,
derecho “A la privacidad, intimidad, honra, honor, propia imagen y dignidad”. Asimismo en el art.
22, ha establecido: “La dignidad y la libertad de la persona inviolables. Respetarlas y protegerlas
es deber primordial del Estado” (las negrillas son agregadas).

Por su parte, el art. 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, establece que:
“Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad”.

Ahora bien, la jurisprudencia constitucional contenida en la SC 0338/2003-R de 7 de abril,


reiterada por la SC 1694/2011-R de 21 de octubre y la SCP 0251/2012 de 29 de mayo, entre otras,
ha establecido que, la dignidad: “designa un conjunto de creencias, valores, normas e ideales que,
de una manera u otra, asumen como postulado que hay un valor intrínseco o una condición especial
de lo humano, lo que implica que hay una forma de existir superior que de hecho está viviendo la
gente.

El respeto de todo ser humano con un fin en sí, empieza por el respeto a la vida y al reconocimiento
de los múltiples derechos en los que se despliega su dignidad, lo que presupone el reconocimiento
de su derecho a la existencia.

De tal forma, se puede afirmar categóricamente que el derecho a la dignidad humana es aquel que
tiene toda persona por su sola condición de `humano`, para que se la respete y reconozca como un
ser dotado de un fin propio, y no como un medio para la consecución de fines extraños, o ajenos a
su realización personal. La dignidad es la percepción de la propia condición humana, y de las
prerrogativas que de ella derivan” (las negrillas nos pertenecen).

Conforme a ello, la SC 0667/2006-R de 12 de julio, reiterada por la SCP 0966/2012 de 22 de


agosto, estableció que el derecho a la dignidad se vulnera por los actos o disposiciones que
“…degrade o envilezca a la persona a un nivel de estima incompatible con su naturaleza humana,
cualquiera sea el lugar o situación en la que se encuentre. Este componente constante o mínimo
del derecho a la dignidad debe ser verificado teniendo en cuenta la situación concreta…” (las
negrillas son nuestras).

De acuerdo a los razonamientos glosados, la persona no puede ser tratada como un medio, sino
como un fin en sí misma y, por lo tanto, están proscritos aquellos actos o medidas que convierten
a la persona en un instrumento para la consecución de fines ajenos a su valor como persona; de ahí
que la jurisprudencia constitucional hubiera concedido la tutela a quienes fueron retenidos en los
hospitales públicos y privados no sólo por lesión al derecho a la libertad, sino también por lesión
al derecho a la dignidad de las personas que se encontraban con vida, pues, se reitera se entendió
que, en caso de fallecimiento, no existía legitimación activa para presentar la correspondiente
acción de libertad.
Ahora bien, desde una concepción eminentemente civilista, podría sostenerse, conforme lo hace
nuestro Código Civil, que la muerte pone fin a la personalidad (art. 2 del CC) y que por tanto, ya
no se es titular del derecho a la dignidad, y que tampoco podría representarse a un fallecido en la
defensa de derechos fundamentales por ser éstos inherentes a una persona física y con vida, que
fue la posición que asumió el entonces Tribunal Constitucional en la SC 0001/2010-R.

Sin embargo, dicha concepción debe ser matizada a la luz de la importancia que reviste la “muerte”
y los diferentes significados que tiene dentro de una comunidad, así como los efectos que produce
en la familia, en la sociedad y en la cultura; aspectos que van más allá del enfoque civilista y que
permiten afirmar que la dignidad de la persona transciende a la “muerte” y, en ese sentido, el
cuerpo humano no se disocia tan fácilmente de lo que en vida representó el ser humano, tanto para
la familia como para la comunidad, quienes tienden a preservar la dignidad de sus seres queridos
aún después de la muerte, dignidad que se encarna en el cuerpo humano.

De ahí que históricamente, desde las diferentes culturas, religiones y concepciones, se haya
guardado respeto al cuerpo y se hayan establecido diferentes ritos, homenajes y ceremonias, que
forman parte del derecho a la libertad de espiritualidad, religión y culto, que puede expresarse en
forma individual o colectiva, tanto en público como en privado, conforme lo determina el art. 21
de la CPE.

En ese sentido, desde la jurisprudencia comparada, debe mencionarse, por ejemplo, a la Sentencia
T-162/94 de 24 de marzo de 1994, pronunciada por la Corte Constitucional de Colombia, misma
que señaló: “La disposición de cadáveres es entonces un asunto regido por normas de orden
público, que protegen, en primer término, la moral individual y comunitaria que exige una actitud
de respeto y recogimiento frente a los muertos y, en segundo lugar, la salubridad pública.

(...) La sepultura posee también una importancia antropológica innegable. El ser humano soporta
más fácilmente la muerte cuando tiene la certeza de que el cadáver reposa para siempre en un sitio.
El desaparecimiento de una persona denota un sufrimiento insoportable cuando se ha perdido la
esperanza de vida y el cuerpo inerte no se encuentra.
(…) La muerte es un acontecimiento con una fuerte carga cultural que trasciende y recrea el simple
fenómeno de la terminación de la vida. Desde tiempos inmemoriales los pueblos otorgan a la
muerte un sentido metafísico. Fustel de Coulanges en su célebre obra 'la ciudad antigua' sostiene
que antes de rendir culto a los dioses el hombre adoraba a los muertos. Así empezó el sentimiento
religioso y la idea de lo sobrenatural…” (las negrillas nos corresponden).

Razonamiento compartido, en el caso boliviano, en el voto disidente a la SC 0001/2010-R, a la


que ya se ha hecho referencia, que sostuvo: “…una de las características de los derechos es la
interdependencia; es decir, la conexión existente entre unos y otros derechos; algunos se
constituyen en condición para la realización plena de otros, de tal manera que la vulneración de
los primeros, afecta a los segundos. Esta vinculación intra derechos también se conoce como
principio de integralidad.

(…) al impedir recoger el cadáver a los familiares del que fuera representado de los recurrentes,
está impidiendo que la familia, exprese íntimamente su dolor por la pérdida de un ser querido, y
en su caso, realice los actos que la costumbre y su religión mandan para el velatorio y el entierro
del difunto, aspecto que también podría lesionar el derecho a la libertad de culto de los familiares
de Nelson Segarino Mayta, hecho que evidentemente no puede ser tolerado por el Tribunal
Constitucional. Recuérdese que ya Antígona, en la obra de Sófocles, cuestionó la validez de las
leyes positivas y de la autoridad, cuando reclamó ante el Rey que le devolvieran el cuerpo de su
hermano muerto en batalla para darle sepultura, alegando para ello una ley universal, superior a la
del mismo Rey, que le permitiría acceder a ese derecho.

Recuérdese también el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 16 de diciembre de


1966, que entró en vigor el 23 de marzo de 1976, de conformidad con el artículo 49 del PIDCP,
que en el Preámbulo establece:

'Reconociendo que, con arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede


realizarse el ideal del ser humano libre en el disfrute de las libertades civiles y políticas y liberado
del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de
sus derechos civiles y políticos, tanto como de sus derechos económicos, sociales y culturales'.
Finalmente, cabe entender el recurso de hábeas corpus, ahora acción de libertad, en el contexto de
la cruda realidad boliviana; cotidianeidad que acostumbra, cohonestar el menoscabo de la
dignidad, tolerar el abuso institucional y la arbitrariedad contra el individuo; el caso planteado no
es ajeno a muchos enfermos y familiares, que deben lidiar con la insensibilidad y el pragmatismo
crudo del interés pecuniario, sumándose al desconsuelo e impotencia de los familiares -por la
pérdida o enfermedad de un ser querido- el maltrato y abuso de funcionarios públicos y hasta de
personas particulares” (las negrillas nos pertenecen).

Ahora bien, desde la perspectiva de las naciones y pueblos indígenas, el fallecimiento no implica
la muerte de la persona, pues ésta permanece en la comunidad, sigue existiendo de un modo
intangible. Así, conforme concluyó la Unidad de Descolonización de este Tribunal, desde la
concepción de los pueblos indígenas: “…no hay muerte (…) Nuestros abuelos no mueren, viven
aquí; por ejemplo los chullpas caminan y están a nuestro lado porque son nuestros antepasados,
ellos también 'comen', 'beben' agua, 'viajan', 'trabajan', 'se visten', nos 'visitan' el primero de
noviembre al medio día, luego se van al otro día, a la misma hora que (h)a llegado o ha arribado a
esta pacha' (quien viaja siempre te visita) Esta forma de concebir la vida, ratifica que para las
naciones y pueblos indígena originario campesinos no hay muerte; simplemente es el 'paso de un
espacio a otro del cosmos.

(…) esa vida que es considerada 'sagrada', que está por encima de todo, tiene una traslación de un
espacio a otro. Esta traslación es concebida, desde el occidente, como la 'muerte'. Pero desde la
visión cosmocéntrica, esa transición sólo es un puente a otra 'vida' a otro ciclo vital. En suma,
chacha o warmi, transita después de haber cumplido su ciclo vital en el espacio del aka pacha, a la
comunidad de la naturaleza y a la comunidad de las deidades.

Por tanto, este 'proceso' de transición de la vida, de un espacio a otro, se puede explicar con el
siguiente ejemplo: 'la semilla (jatha/muju) muere y da paso a otra planta que nace, crece y
reproduce en el fruto, el fruto da paso nuevamente a la semilla (jatha/muju). Este proceso, nos
lleva a comprender que la semilla (jatha/muju), desde una visión ajena, muere; pero lo que
realmente ha sucedido es la traslación de un espacio a otro, porque a partir de la semilla
(jatha/muju) se genera la vida, y esta semilla (jata/muju) llega a ser tierra (que tiene a la vez su
propia vida). En este caso se convierte en abono, y este abono genera vida a la vez, porque la
planta que ha germinado de la semilla (jatha/muju), necesita de elementos como el abono para
seguir desarrollándose. Por eso es cíclico.

La otra vida. El ya 'estar' en otro espacio cósmico o pacha, por el efecto de la traslación, de un
espacio de vida a otro, se le ha denominado la 'otra' vida, desde las naciones y pueblos indígenas.
Y lo que debe quedar claro, es que en este proceso, no existe ruptura de los espacios, por decir así
entre el 'alaxpacha' y el 'akapacha'. Estos espacios tienen su razón de ser a partir de las relaciones
constantes, que interactúan. Esa es una de las razones del por qué, en la memoria indígena, se
concibe que: 'continuamos conectados con nuestros antepasados, que son considerados como
deidades sagradas, que continúan unidos con la comunidad humana y la comunidad de la
naturaleza, a través de la convivencia; es más, nos ayuda en la planificación de nuestras actividades
de corto y largo plazo, en la resolución de problemas, a través de la conexión metafísica, que como
ciencia nos muestra la salud; asimismo, la metafísica también nos permite el encuentro con
nuestros seres queridos, por medio de los sueños que nos permiten regular, nuestras vidas y nos
muestran el futuro” (las negrillas fueron añadidas).

Desde esta concepción, entonces, no existe la muerte como tal, sino la transición en diferentes
momentos y espacios cósmicos, concibiéndose así la vida “de manera holística en que todos los
seres vivos son parte del cosmos, y como tales llegan a constituirse en la comunidad cósmica
(sentido propio), en cualquiera de los espacios: aka pacha, mankha pacha, alax pacha y hanan
pacha”.

Desde este enfoque, el cuerpo tiene una connotación fundamental, y así se desprende de los relatos
de los cronistas, como por ejemplo, Guamán Poma de Ayala, que relató: “En este mes (noviembre)
sacan los difuntos de sus bóvedas que llaman pucullo, y le dan de comer y beber, y le visten de sus
vestidos ricos, y le ponen plumas en la cabeza, y cantan y danzan con ellos, y le ponen unas andas
y andan con ellas en casa en casa y por las calles y por la plaza…”.
Sobre el texto transcrito, la Unidad de Descolonización estableció que dichos datos connotan algo
muy sustancial, “porque, cuando asevera que 'le dan de comer y beber', hace notar que se refieren
a un ser humano idéntico a ellos y no así a uno que es inanimado o inerte (muerto sin vitalidad,
como lo es en la concepción occidental, en el que el muerto no come ni bebe) (…) cuando afirman
que les 'visten', 'cantan' y 'bailan' junto a los difuntos por las calles y plazas, se está haciendo notar
que no existe el ser inanimado ni inerte (tal 'muerto'); al contrario, sólo 'conviven', con sus
hermanos o sus ancestros que se fueron a otro espacio del cosmos o pacha, y que para ellos existe
un día especial; de ahí que ahora ellos están de visita, por eso 'cantan' y 'bailan' con mucha alegría.
Por tanto, el mes en el que se realiza toda esta fiesta, es una fiesta del 're-encuentro' entre seres de
dos o diferentes espacios. De ahí que, el trato de estos seres de otro espacio (que están de visita)
es especial, y toda la atención que se le presta, es auténticamente como a sus similares y no como
a seres inertes, sin vitalidad… Al respecto, como última sentencia, para comprender que no se
trataba de una 'resurrección' al estilo occidente ni algo parecido, en la misma crónica de Garcilaso
de la Vega se pudo apreciar, la siguiente determinación: 'No entendían que la otra vida era
espiritual, sino corporal, como esta misma'”.

“…dentro de la concepción ancestral, la vida tiene un sentido totalmente opuesto al de occidente;


ya que la vida es ante todo, 'un estar' en diferentes espacios, porque no hay 'muerte'. Este
argumento, tiene mayor sustento, visto desde las siguientes interrogantes y respuestas:

¿Qué es la vida?

La vida es el hombre

¿Qué es el hombre?

El hombre es tierra.

Tierra que piensa.


(…) la vida no se reduce al simple funcionamiento de los órganos vitales; porque si así lo fuera,
en el momento que deje de funcionar uno de los órganos vitales, este llegaría a su finitud y la vida
pierde su 'sentido' de ser. Al contrario, la tierra es enteramente energía o vida que fluye
constantemente. Entonces, la vida va más allá de la tierra, entendida desde una sola dimensión
(aka pacha, en su sentido micro), sino en su totalidad del cosmos (aka pacha, makha pacha, alax
pacha y hanan pacha). De modo que la comunidad humana, como facsímile del planeta, es pues
tierra. Si esto es así, la vida viene en sí mismo de ella (pacha); por tanto, esta vida transita en los
cuatro espacios del cosmos. Y es la razón fundamental para que no exista la 'muerte' en la
concepción filosófica de la civilización ancestral.

La traslación de un espacio a otro, 'ese transitar', es un movimiento constante, pero de una forma
cíclica sin llegar a la finitud. De este modo la comunidad humana, se establece en un espacio del
cosmos, por un determinado tiempo, en este caso en el aka pacha. La complejidad radica en que
la vida 'toma su propia forma' en cada ciclo 'del estar' y en la 'translación'. Así la vida siempre está
fluyendo en todos los espacios del cosmos. Por tanto para la civilización ancestral de los pueblos
indígenas no existe ni inicio ni final; en consecuencia no se concibe la 'muerte'”.

Desde la concepción de los pueblos quechuas, podría decirse que “Pachamamaj sonqonman
yaykun”, es decir, la persona se entra a la pachamama, se vuelve energía, que es concebida como
kausay (cosmos), es decir la tierra, el aire, el sol, el agua, las energías vitales; así, desde la visión
de las comunidades, el hombre vuelve al cosmos.

Por otra parte, desde la cosmovisión de los pueblos de tierras bajas, mano (muerte) es el tránsito
al otro mundo; por eso cuando la persona agoniza, la familia y la comunidad se reúnen para
acompañarla y despedirla en esa fase y, además para que la persona no se olvide de ellos; por eso,
una vez que se produce el tránsito al ïru tenta (otro mundo), todos en la comunidad tocan al difunto,
como una señal de respeto y de despedida.

Antes -y aún hoy en algunas comunidades- los familiares eran enterrados en las casas, para que no
se alejaran y no llegaran las desgracias, porque llevarlos a otro lugar significaba olvidarlos; por
ello, inclusive, tanto el hombre como la mujer debían dormir sobre el ᵻvikua (hueco) donde
enterraron al familiar por espacio de más de un año, en señal de respeto al difunto; por eso el ᵻvikua
(hueco) debía ser cómodo y bien construido, y generalmente esta labor era realizada por las
autoridades, e inclusive antes se enterraban a los cuerpos en Yambui (tinajas), y cada familia tenía
preparadas las suyas.

Los pueblos de tierras bajas tienen un gran respeto por la naturaleza, pues nacen de ella, viven en
ella y el cuerpo vuelve a ella. El cuerpo es como una semilla y de ahí el respeto que se le tiene,
porque viene de la naturaleza y se va a ella. En ese sentido, con la mano, el cuerpo vuelve a la
naturaleza, en tanto que el tekove (espíritu, alma) es el que ronda en la comunidad y va al ïru tenta
(otro mundo).

Entonces, si desde la concepción de las naciones y pueblos indígena originario campesinos la vida
es un tránsito hacia otros espacios o mundos, la muerte no existe como tal y, por tanto los seres
que habitan los diferentes espacios del cosmos conviven en armonía y, el cuerpo de quienes ya no
están en la comunidad humana, ivi (tierra), tiene un especial significado y valor y, en determinadas
fechas y momentos, conviven con los hermanos que sí se encuentran en ese espacio, presentes en
los ritos (yerure) y las ceremonias que se celebran, por ejemplo el mes de noviembre.

Así, desde esa visión, no existe la muerte del ser humano y tampoco se halla la conversión del
cuerpo en objeto, “del sujeto en objeto”; pues, en la cosmovisión ancestral, seguimos siendo
sujetos más allá de la “muerte” concebida occidentalmente; por eso se habla y se pide ayuda a los
“ajayus” “mirata reta”, quienes se convierten en “achachilas”, iya reta; es decir, energías
individuales que al transitar a otro espacio, se convierten en una energía cósmica que se aloja en
los cerros y montes (kaa), que son los depositarios de esas energías “sentipensantes”.

En conclusión desde esta visión, se puede afirmar que el cuerpo de las personas no podría ser
utilizado como un medio o instrumento para obtener beneficios económicos o para lograr el pago
de deudas o para exigir la realización de alguna actividad, pues, por una parte, el cuerpo mismo,
participa de la dignidad de los hermanos que habitan la comunidad humana y, por otra, al utilizar
de esa manera el cuerpo, se impide al hombre o la mujer transitar al otro espacio y la realización
de los ritos y las ceremonias que coadyuvan a dicho fin.
A similar conclusión se llega desde la perspectiva de las diferentes religiones, como por ejemplo
la católica, que predica la dignidad de las personas como hijos de Dios y creados a su imagen y
semejanza. Así, bajo esta perspectiva religiosa, la muerte no termina la relación con Dios, pues el
centro de la fe cristiana es la creencia en una vida eterna. En ese entendido, en la resurrección,
cuerpo y alma se unen entre sí para siempre. Por tal motivo, desde la religión católica se cree en
la santidad del cuerpo y ello se afirma en los cuidados que se toman para preparar el cuerpo del
fallecido para enterrarlo, previa celebración de los ritos del funeral católico: La vigilia por el
fallecido, la misa de funeral o liturgia y el rito del último adiós.

III.4. La acción de libertad frente a la retención de pacientes y de cuerpos en centros hospitalarios


y la lesión de derechos conexos

La jurisprudencia constitucional, ha sido uniforme en otorgar la tutela a través del antes recurso
de hábeas corpus y ahora acción de libertad, frente a retenciones indebidas en centros hospitalarios
públicos, bajo el argumento que, en dichos supuestos se lesiona el derecho a la libertad física o
personal, pero también el derecho a la dignidad. Así la SC 0101/2002-R de 29 de enero, estableció:
“…el recurrido, al haber impedido que los recurrentes salgan del Hospital donde se encontraban
internados, a pesar de haber sido dados de alta, ha obrado de forma ilegal e indebida, privándoles
del derecho fundamental a la libertad física y el libre tránsito consagrados por los arts. 6-II y 7 inc.
g) de la Constitución, pues la retención de los recurrentes se convierte en una típica privación de
la libertad física que se genera en la intención del recurrido de hacer efectivo el pago de una suma
de dinero que aquellos adeudan al Hospital por los servicios hospitalarios y médicos prestados. Se
califica de ilegal la conducta, decisión y acto del recurrido, por ser contraria a la norma prevista
por el art. 7.7 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos por cuyo mandato "Nadie
será detenido por deudas", así como la norma prevista por el art. 6 de la Ley 1602 de "Abolición
de Prisión y Apremio Corporal por Obligaciones Patrimoniales", disposición legal que establece
como norma que "en los casos de obligaciones de naturaleza patrimonial, el cumplimiento forzoso
de las mismas podrá hacerse efectivo únicamente sobre el patrimonio del o de los sujetos
responsables (..)". En el marco de las normas referidas no es admisible ni procedente la restricción
de la libertad física y de libre tránsito para lograr el pago de una obligación patrimonial, como es
el caso que motiva el presente Recurso; pues si bien los recurrentes adeudan a favor de la
Institución a la que representa el Recurrido, éste tiene las vías legales expeditas para lograr el pago
respectivo, por lo que no pudo ni puede retener a los pacientes en el Hospital hasta tanto paguen
las deudas por los servicios hospitalarios prestados”.

En el mismo sentido, debe mencionarse a la SC 0650/2004-R de 4 de mayo, en la que se estableció


el siguiente razonamiento: “…la decisión del funcionario recurrido es indebida que lesiona el
derecho fundamental a la libertad física y a la propia dignidad humana del representado del
recurrente, toda vez que el recurrido, desconociendo la normativa jurídica en materia de
obligaciones de carácter civil, exige el pago por los servicios médicos prestados al paciente, es
decir, pretende el cumplimiento de una obligación económica emergente de la prestación de
servicios de salud por la vía de la retención del paciente en el centro hospitalario; conducta que no
se ajusta al ordenamiento jurídico vigente, en razón a que conforme a la norma prevista por el art.
7.7 del Pacto de San José de Costa Rica “Nadie será detenido por deudas”, norma que a sido
recogida por la Ley de abolición de prisión y apremio corporal por obligaciones patrimoniales
(LAPACOP), que prohíbe el apremio por deudas, toda vez que para exigir el cumplimiento de
obligaciones económicas existen vías expeditas y efectivas en la jurisdicción ordinaria”.

Dicho razonamiento, inicialmente se circunscribió a los centros de salud públicos, pues, bajo la
configuración de la Constitución abrogada y la Ley 1836, el entonces Tribunal Constitucional
entendió que el recurso de hábeas corpus -hoy acción de libertad- no procedía contra particulares.
Así, entonces, en los supuestos en que se alegaba lesión al derecho a la libertad física o personal
por retenciones en centros hospitalarios privados, el tribunal denegaba la tutela y señalaba que el
accionante podía formular el recurso de amparo constitucional por lesión al derecho a la dignidad,
bajo el entendido que la persona, su cuerpo, se constituía en un instrumento de presión para el
cumplimiento de obligaciones pecuniarias, lo que ciertamente lesionaba dicho derecho, al
considerarla como un medio para lograr la cancelación de la deuda y no como un fin en sí misma.
(Así la SC 1307/2004-R de 17 de agosto).

Ahora bien, con la vigencia de la Constitución Política del Estado, la jurisprudencia sobre la
improcedencia del antes recurso de hábeas corpus y hoy acción de libertad en los supuestos de
retención de personas en clínicas particulares fue modificada; pues, conforme a la nueva
configuración de esta acción, la misma también procede contra particulares y, en ese ámbito, frente
a retenciones en hospitales, tanto públicos como privados, el Tribunal Constitucional; ingresó al
análisis del fondo y, si correspondía, concedió la tutela solicitada. Así, la SC 0074/2010-R de 3 de
mayo, generó el siguiente razonamiento: “…tanto los centros hospitalarios públicos como
privados, lesionan el derecho a la libertad individual y de locomoción de los pacientes dados de
alta o en su caso de aquellos que se nieguen a dar la alta, cuando con la retención -en sus
instalaciones- pretenden coaccionar el pago de la deuda por cuentas de tratamiento médico e
internación; en cuyo caso, corresponde conceder la tutela que brinda el art. 125 de la CPE, que
está destinada a proteger a toda persona que se creyere ilegalmente restringida o suprimida de su
libertad personal y de locomoción, a consecuencia de actos de los funcionarios públicos y/o de
personas particulares”.

También debe hacerse mención a la SCP 1219/2012 de 6 de septiembre, que a partir del desarrollo
jurisprudencial anterior que vincula el derecho a la libertad física o personal con el derecho a la
dignidad, en los casos de retención en centros hospitalarios; pues se utiliza a la persona, su cuerpo,
para lograr el pago de obligaciones patrimoniales, señaló: “…se concluye que los centros
hospitalarios sean éstos de carácter público o privado, cuando retienen en sus instalaciones a los
pacientes dados de alta, o en su caso se nieguen a darles el alta con la finalidad de obligar a los
mismos pacientes o a sus familiares al pago de la deuda por los servicios prestados, lesionan el
derecho a la libertad individual y de locomoción de la persona (SC 0074/2010-R de 3 de mayo), a
esto debemos sumar la lesión que sufre su derecho a la dignidad, por cuanto se desnaturaliza la
esencia del ser humano, dejando de ser un fin en sí mismo, para responder a un fin ajeno, en este
caso el cumplimiento de una obligación de índole patrimonial; como refiere la mencionada SC
0101/2002-R, éste tipo de obligaciones encuentran su consecución, a través de los mecanismos
establecidos por ley y solamente sobre el patrimonio del obligado, nunca sobre su misma persona”
(las negrillas son agregadas).

Ahora bien, los razonamientos anotados fueron generados en los supuestos de personas que se
encontraban con vida, pero que fueron ilegalmente retenidas en los centros hospitalarios -públicos
y privados- sin embargo, tratándose de personas que fallecieron y cuyo cuerpo fue retenido en
dichos centros, por incumplimiento del pago de lo adeudado, la SC 0001/2010, entendió que no
era posible ingresar al análisis de fondo, por cuanto al haber fallecido el titular del derecho a la
libertad física o personal, a la vida y a la dignidad.

Sin embargo, a la luz de los argumentos contenidos en el Fundamento Jurídico III.2. de la presente
Sentencia Constitucional Plurinacional, vinculados al carácter interdependiente de los derechos
(art. 13 de la CPE), a los fines de la justicia constitucional y los principios de la función judicial y
de la justicia constitucional, así como al redimensionamiento del derecho a la dignidad desde su
concepción plural, que ha sido explicada en el Fundamento Jurídico III.3 de la presente Sentencia
Constitucional Plurinacional, es preciso cambiar dicho entendimiento, extendiendo el ámbito de
protección de la acción de libertad a los supuestos en los cuales se utilice el cuerpo de una persona
fallecida como un medio para lograr la satisfacción de fines económicos u otros intereses;
entendiendo que en esos casos, es posible que los familiares presenten la acción de libertad
solicitando la protección del derecho a la dignidad, tanto de quien ya no se encuentran en la
comunidad humana, como de los propios familiares, así como el derecho a la libertad de
espiritualidad, religión y culto de los familiares y seres queridos.

III.5. Análisis del caso concreto

El accionante, manifiesta que por causa de un accidente ocasionado por un motociclista, su madre
de 89 años de edad fue internada en el Hospital Clínico “Viedma” de Cochabamba, en el que
permaneció por cuarenta y dos días. Señala que habiendo fallecido su madre el 14 de julio de
2013, se apersonó para recoger sus restos y darle sepultura; empero, la Trabajadora Social, Magaly
Gloria Ávalos Zamudio, habría retenido el cadáver, por falta del pago de los servicios prestados
que ascenderían a la suma de Bs16 000.-; no obstante que, el conductor de la motocicleta se
comprometió a cancelar todos los gastos erogados mediante un documento transaccional suscrito
el 15 del mismo mes y año, efectuando, incluso, un depósito de Bs1000.- el 3 de junio de 2013.
Añade que tampoco quisieron entregarle el certificado médico de defunción, vulnerando de esta
manera sus derechos a la dignidad, libertad y derechos religiosos.
Ahora bien con carácter previo, se deben analizar los argumentos esgrimidos por el Juez de
garantías, que denegó la tutela de la acción de libertad amparándose en la SC 0001/2010-R de 25
de marzo, con el argumento que no se puede representar a un fallecido y que como la jurisdicción
constitucional fue activada después del fallecimiento de Juana Alcoba Claure, la pretensión resulta
inconducente, debido a que no es posible actuar en representación de una persona fallecida, porque
la muerte deriva en el fin de la personalidad y de su capacidad jurídica para ser sujeto de derechos
y obligaciones; además, que la problemática planteada está fuera del alcance previsto por el art.
125 de la CPE.

Sin embargo, a la luz de los razonamientos expuestos en los Fundamentos Jurídicos precedentes,
y el cambio de entendimiento respecto a la citada SC 0001/2010-R, se debe concluir que, en el
marco de la característica de interdependencia de los derechos, los fines de la justicia
constitucional y los principios de ésta; así como la concepción plural de la dignidad y su
vinculación con los derechos a la vida y la libertad física o personal, es posible la presentación de
la acción de libertad en los supuestos en los cuales se utilice el cadáver de una persona como un
medio para lograr la satisfacción de fines económicos u otros intereses, conforme ha quedado
señalado en el Fundamento Jurídico III.4 de esta Sentencia Constitucional Plurinacional, bajo el
entendido que, a través de esta medida, se instrumentaliza el cuerpo y se lesiona el derecho a la
dignidad y el derecho a la libertad de espiritualidad, religión y culto de los familiares y seres
queridos.

Entonces, en el caso analizado, considerando que el accionante, presentó la acción alegando que
los demandados, retuvieron el cadáver de su madre, correspondía que se ingrese al análisis de
fondo; pues por una parte, en el marco de la concepción plural de la dignidad, ésta trasciende a la
“muerte” y, en consecuencia, este derecho puede ser válidamente tutelado cuando sea reclamado
por los familiares de la o el difunto; pues conforme se tiene explicado en el Fundamento Jurídico
III.3 de este fallo constitucional, si bien desde un enfoque eminentemente civilista la “muerte”
implica el fin de la personalidad; empero, ello no significa que, desde la perspectiva del
constitucionalismo plurinacional, comunitario y descolonizador se redimensione el derecho a la
dignidad a partir su concepción plural y el valor que culturalmente tiene el cuerpo de la persona
fallecida para los deudos y, en tal sentido, se tutele dicho derecho a partir de la acción de libertad,
siendo válida, por tanto, la actuación del hijo de Juana Alcoba Claure, a nombre propio y
representando a su madre, por la supuesta lesión al derecho a la dignidad y los derechos conexos
a la libertad de espiritualidad, religión y culto; considerando, además, que el primero de los
derechos nombrados (dignidad) puede ser invocado, por extensión, por sus familiares.

Por otra parte, con relación a que la problemática planteada se encuentra fuera del alcance previsto
por el art. 125 de la CPE, cabe señalar que, conforme ha quedado establecido en el Fundamento
Jurídico III.2 de este fallo constitucional, en virtud al carácter interdependiente de los derechos, es
posible ampliar el ámbito de protección de la acción de libertad, analizando derechos conexos,
cuando éstos se encuentren vinculados con aquellos que están en la esfera de tutela de esta acción
de defensa.

En el caso analizado, consta que la madre del accionante, ingresó al Hospital Clínico Viedma,
debido a que fue atropellada por un motociclista, falleciendo después de cuarenta y dos días,
denunciando el accionante, la retención del cadáver entre tanto no se cancele el monto adeudado.
Conforme se aprecia, el origen o la causa de la denuncia se encuentra dentro del ámbito de
protección de la acción de libertad; pues, conforme se ha desarrollado en el Fundamento Jurídico
III.4 de esta Sentencia Constitucional Plurinacional, la amplia jurisprudencia constitucional ha
sido uniforme en dar protección en los casos de retención de pacientes en centros hospitalarios,
públicos o privados, bajo el entendido que se lesiona el derecho a la libertad física o personal y
también el derecho a la dignidad de las personas.

En ese marco, considerando la causa del supuesto acto ilegal y la dimensión plural del derecho a
la dignidad que ha sido ampliamente explicada, así como su conexitud con el derecho a la libertad
de espiritualidad, religión y culto, es indudable que el acto demandado de ilegal se encuentra dentro
del ámbito de protección de la acción de libertad y, en consecuencia, corresponde ingresar al
análisis de fondo.

Conforme se ha desarrollado en el Fundamentos Jurídicos III.2, III.3 y III.4 de este fallo, el cuerpo
de las personas fallecidas tiene un profundo significado para la familia e, inclusive, para los
miembros de la comunidad; por lo que la retención del cuerpo por servidores públicos o
particulares constituye una lesión al derecho a la dignidad desde su dimensión plural, por cuanto
se utiliza el cuerpo como un instrumento para lograr el cumplimiento de obligaciones, en este caso,
pecuniarias, afectando además el derecho a la libertad de espiritualidad, religión y culto, al privar
a los familiares de la posibilidad de expresar su dolor por la pérdida de un ser querido, efectuando
los actos, ritos y costumbres que su espiritualidad, religión y culto mandan; que es lo que sucedió
precisamente, en el caso analizado, en el que se retuvo el cadáver de la madre del accionante, por
no haberse cancelado lo adeudado por concepto de internación, lo que ciertamente lesiona el
derecho a la dignidad de su madre fallecida, pues se utiliza su cuerpo como una prenda para lograr
la cancelación de la deuda, violando el sentimiento y la dignidad de los seres queridos, que
pretende efectuar los ritos y costumbres de despedida de conformidad a su espiritualidad, religión
y culto.

Cabe señalar que si bien la trabajadora social demandada, negó que el mencionado Hospital,
hubiera retenido el cadáver y que el médico tenía listo el certificado médico de defunción; sin
embargo, la citada profesional, no ha demostrado con prueba suficiente esta situación y, por el
contrario, presenta una copia del certificado de defunción, que si bien se encuentra firmado por el
Médico, empero, no cuenta con la fecha de expedición, lo que hace presumir a esta Sala que
efectivamente no se otorgó dicho certificado al accionante y que, por tanto, las denuncias
efectuadas por él son evidentes.

Debe recordarse que, conforme lo ha establecido la SCP 0258/2012 de 29 de mayo, el cobro de


deudas emergentes de internación y honorarios médicos; es decir, de los gastos realizados en un
nosocomio, cuentan con las vías procesales adecuadas para su cobro; por lo que, ante la falta de
cancelación de dichos adeudos, no es posible que procedan a la privación de libertad de un paciente
y tampoco, conforme al entendimiento asumido en la presente Sentencia Constitucional
Plurinacional, a la retención del cuerpo de la persona fallecida, puesto que resulta ser una medida
de hecho, que desde ningún punto de vista es aceptable, ya que, en el primer caso, implica la
vulneración del derecho a la dignidad y, en el segundo, la lesión de los derechos a la dignidad y a
la libertad de espiritualidad, religión y culto; los cuales son tutelados por la justicia constitucional,
a través de la acción de libertad, conforme se tiene ampliamente señalado.
Por lo precedentemente señalado, el caso se encuentra dentro de las previsiones y alcances de la
acción de libertad; en consecuencia, el Juez de garantías al haber denegado la tutela, no actuó
correctamente.

POR TANTO

El Tribunal Constitucional Plurinacional, en su Sala Tercera; en virtud de la autoridad que le


confiere la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia y el art. 12.7 de la Ley del
Tribunal Constitucional Plurinacional, en revisión, resuelve:

1º REVOCAR la Resolución 08 de 16 de julio de 2013, cursante de fs. 21 a 22 vta., pronunciada


por el Juez Primero de Sentencia Penal del departamento de Cochabamba; y en consecuencia,
CONCEDER la tutela solicitada, en el marco de los fundamentos expuestos en esta Sentencia
Constitucional Plurinacional.

2º Disponer la inmediata entrega del cuerpo de Juana Alcoba Campos a su hijo.

3º Exhortar al Hospital Clínico Viedma, a que en el futuro no incurra en similares actos a los
denunciados en la presente acción, debiendo sujetar su proceder al marco de los derechos
fundamentales y garantías constitucionales, conforme a los fundamentos desarrollados en la
presente Sentencia Constitucional Plurinacional.

Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional Plurinacional.

Fdo. Tata Gualberto Cusi Mamani


MAGISTRADO
Fdo. Dra. Ligia Mónica Velásquez Castaños
MAGISTRADA