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tailandia-sobre-erradicacion-de-cultivos-ilicitos-articulo-693094
¿Por qué Colombia podría aprender de Tailandia sobre erradicación de cultivos ilícitos?
El Mundo
10 May 2017 - 6:00 AM
Redacción Intenacional
Gracias a un plan integral de desarrollo agrícola, en 1999 el país asiático salió de la lista de grandes
productores de drogas. En 2002 ratificó el éxito de su política anti drogas cuando Naciones Unidas
declaró al país libre de cultivos de amapola.

Según información del gobierno estadounidense, durante 2016 los cultivos de coca en Colombia
se incrementaron por cuarto año consecutivo, alcanzando la cifra récord de 169.000 hectáreas.
Ante el fracaso de las medidas de sustitución que adelanta el gobierno, un reporte del centro de
investigación Brookings, sugiere que Colombia podría ajustar sus políticas aprendiendo del éxito de
Tailandia entre los 60 y los 70.
A raíz de una serie de medidas a largo y mediano plazo, en 1999 el país asiático salió de la lista de
grandes productores de droga del Departamento de Estado. Tres años más tarde, la Oficina de
Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito declaró a Tailandia libre de cultivos de amapola.
En un contexto similar al colombiano, Tailandia afrontó una guerra anti insurgente y un sucesivo
proceso de paz. Sin embargo, a la hora de luchar por disminuir los cultivos de amapola, el principal
insumo para producción de heroína, sus políticas se caracterizaron por no buscar resultados
inmediatos.

Una de las claves del éxito del proceso tailandés fue que no entraron erradicar la amapola
inmediatamente. Durante años, los campesinos que vivían de la amapola vivieron un periodo de
gracia en el que durante varios años no se les exigió destruir sus cultivos de la flor. Mientras tanto, el
gobierno trabajaba con ellos para lograr que las alternativas productivas con las que empezaron a
reemplazar sus plantaciones generan beneficios económicos.
Únicamente cuando el sustento de los campesinos se garantizó mediante una fuente de
ingresos alternativa, comenzó la erradicación de los cultivos de amapola.
Para Vanda Felbab-Brown, autora del informe de Brookings, otro de los errores frecuentes en los
procesos para disminuir cultivos ilícitos es creer que es suficiente con reemplazarlos con otros
productos, como café o cacao. En el caso tailandés la sustitución vino acompañada, no sólo por
sustitutos de las plantas de amapola, sino por un plan de desarrollo rural en el que se buscaba
disminuir la marginalización de las minorías étnicas que vivían del cultivo.
Además de reemplazar la amapola por ajos, cebollas, repollos y albaricoques, los campesinos
tailandeses vieron cómo la conectividad e infraestructura de las áreas en las que vivían
mejoraba, al mismo tiempo en que empezaron a recibir mejores servicios de salud y educación.
Durante tres décadas el programa contra los cultivos ilícitos tailandés recibió el apoyo financiero de
organizaciones internacionales y la familia real de ese país. La paciencia de las autoridades
tailandesas les permitió pasar de 8.000 hectáreas de amapola en 1985 a cifras que, según el
académico James Windle en su libro Suppresing Illicit Oppum Profuction: Succesfull intervention in
Asia and Middle East, nunca volvieron a superar las 500 hectáreas después de 2003.

En enero de 2017, como parte de los acuerdos de paz de La Habana, el gobierno colombiano y las
Farc anunciaron que trabajarían en conjunto en la sustitución de cultivos ilícitos. La estrategia del
gobierno consiste en ofrecer estímulos económicos que, al cabo de dos años, podrían alcanzar
a los 36 millones de pesos por familia.
A pesar de esto, los incentivos económicos no solucionan el hecho de que, en muchas ocasiones, la
falta de infraestructura hace que cualquier intento legal por reemplazar los cultivos ilícitos de sea poco
rentable. Adicionalmente, políticas de desarrollo rural integrales, como las aplicadas en
Tailandia, podrían evitar el desgaste ambiental de alternativas productivas como la minería y
explotación maderera.

http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0124-59962017000200323

Revista de Economía Institucional


Print version ISSN 0124-5996

EL MODELO DE TAILANDIA

Tailandia es amplia y merecidamente reconocida como el modelo sobre cómo reducir cultivos ilícitos
mediante programas integrales de medios de subsistencia alternativos. También fue uno de los primeros
países que aprendió, en los años sesenta y setenta, que para derrotar a la insurgencia era necesario
suspender las políticas punitivas de supresión del cultivo de drogas.

Hay varios elementos en el éxito de Tailandia. Las políticas de erra dicación del cultivo de drogas se
suspendieron durante las operaciones de contrainsurgencia y durante algunos años del posconflicto,
mientras se iniciaban los programas de medios de subsistencia alternativos en las zonas de cultivo de
amapola. La erradicación se suspendió hasta que los medios de subsistencia alternativos generaron ingreso
suficiente a los cultivadores de adormidera, no antes ni simultáneamente, como se suele prescribir en los
esfuerzos internacionales contra el narcotráfico. La adormidera solo empezó a ser erradicada después de
varios años de intentos de establecer medios de subsistencia alternativos, y la erradicación se negoció en
gran medida con las comunidades locales, a menudo a través de un comité mixto gobierno-comunidad que
determinaba si se generaban suficientes ingresos legales.

Los medios de subsistencia alternativos fueron bien diseña dos, como desarrollo rural integral, y no solo se
centraron en la sustitución de ingresos sino también en un desarrollo más amplio del capital humano y en
la reducción de la marginación social y política de las minorías étnicas que cultivaban adormidera. Los
trabajadores del desarrollo se comprometieron firmemente con las familias cultivadoras de amapola durante
años y años. El enfoque simplista original de buscar cultivos sustitutos -cebolla, ajo, col o productos más
valiosos como el albaricoque- fue complementado gradualmente por el enfoque del desarrollo
socioeconómico y del capital humano más amplio, incluido el mejoramiento de la conectividad de la
infraestructura, la construcción de cadenas de valor agregado, y la extensión de atención médica y escuelas
a áreas productoras de opio.

Las políticas también fueron bien financiadas y mantenidas duran te treinta años, recibiendo firme apoyo
de la familia real y de algunos socios internacionales clave, como la agencia de desarrollo alemana.

Sin embargo, las condiciones en Tailandia eran sumamente auspi ciosas. El cultivo de drogas era limitado:
de hecho, de una magnitud inferior a la de muchos otros países que deben enfrentar el cultivo de drogas.
En general, solo cubría unas 10 mil hectáreas de amapola, y alcanzó el máximo en 1965 cuando se cultivaron
unas 18 mil hectáreas de adormidera. Esa es una pequeña fracción de las 159 mil hectáreas cultivadas en
Colombia en 2015.

Algo esencial fue que la economía de Tailandia también creció notablemente en los años ochenta y
comienzos de los noventa, creando muchas oportunidades de trabajo, incluido el empleo no agrícola. Los
agricultores de las tierras bajas pasaron a trabajar en fábricas de las ciudades, liberando oportunidades de
agricultura legal para las minorías cultivadoras de opio en tierras altas. El turismo floreciente en las zonas
montañosas creó más oportunidades no agrícolas, mientras que la creciente densidad de población alentó
aún más a la población de las tierras altas a explorar oportunidades no agrícolas. El hecho de que la
ciudadanía y los títulos de propiedad de las tierras también se extendieran a las minorías cultivadoras de
amapola fue esencial para su capacidad de aprovechar las nuevas oportunidades económicas.
La estrategia dio frutos. En 2002 Tailandia fue declarada libre de drogas, y se convirtió en el único país que
ha eliminado cultivos ilícitos mediante enfoques de medios de subsistencia predominantemente alternativos.

LOS MUCHOS RETOS DE COLOMBIA

El desarrollo rural no será fácil en Colombia: requerirá muchos recursos, tiempo y capacidad política. Todos
son difíciles de con seguir, y lo serán aún más si un político uribista gana las elecciones presidenciales de
Colombia en 2018. El éxito también requiere que el gobierno colombiano enfrente los intereses creados
opuestos al desarrollo rural más equitativo y a una mayor inclusión, a pesar de las promesas del acuerdo
de paz con las FARC. Entre las medidas ne cesarias está la tarea muy sensible y exigente de modificar el
sistema tributario: hoy la tierra está muy poco gravada, lo que alienta el robo de tierras y la concentración
de la propiedad, incluido el lavado de dinero, y además permite que la tierra se mantenga ociosa. Por otra
parte, el trabajo es gravado fuertemente, lo que alienta el crecimiento intensivo en capital en vez de la tan
necesaria creación de empleos legales.

Además, algunas zonas están demasiado alejadas para que cualquier proyecto agrícola legal sea rentable.
En esas zonas, la coca persistirá; y en ese caso, la única solución sería la reubicación de personas. Dada la
historia colombiana de brutal desplazamiento interno y robo de tierras, será crucial asegurar que tal
reubicación sea verdaderamente voluntaria.

Colombia también debería aprender la lección negativa de Tai landia, y, a ese respecto, de la mayoría de
los esfuerzos de medios de subsistencia alternativos de todo el mundo, incluida su historia reciente. A
menudo la economía sustitutiva fue la tala de bosques y la minería -legales e ilegales- que provocan una
deforestación masiva y la degradación del medio ambiente. Colombia debería empeñar se resueltamente en
evitar las experiencias anteriores y actuales de Myanmar, Bolivia y Perú, y emprender un desarrollo
alternativo que preserve y no destruya su enorme diversidad natural. Es alentador que al menos un esfuerzo
de desarrollo, patrocinado por la agencia alemana de desarrollo, hoy trate de hacer eso. Pero es un paso
dema siado pequeño hacia lo que se necesita.

Y, por último, el éxito dependerá de la seguridad; frente a las uni dades disidentes de las FARC y de otras
guerrillas de izquierda como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación
(EPL), y fundamentalmente, frente a las muchas y fuertes bandas criminales, todas las cuales están
involucradas en el comercio ilegal de drogas. Se debe llevar la presencia del Estado de manera robusta y
legítima, bien sea llevándola desde arriba hacia abajo y quizá muy a menudo desde abajo hacia arriba.

https://elpais.com/internacional/2008/02/23/actualidad/1203721203_850215.html

Tailandia asume que la nueva política de lucha contra la droga podría causar hasta 4000 muertos

El país asiático ya desarrolló una agresiva campaña en 2003 que se saldó con 2500 asesinatos
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AGENCIAS

Bangkok 23 FEB 2008 - 05:55 CET

El nuevo Gobierno de Tailandia reanudará la polémica campaña de "guerra contra la droga" que inició
en 2003 a pesar de las protestas de asociaciones de derechos humanos que han denunciado la muerte de
al menos 2500 personas hace cuatro años.
"Intentaremos erradicar el tráfico de drogas. Y habrá consecuencias", declaró el primer ministro Samak
Sundaravej a los periodistas que le preguntaron si se reviviría la persecución iniciada en 2003 por Thaksin
Sinawtra, depuesto en 2006 por un golpe militar.

Sundaravej afirmó que una de las consecuencias podrían ser asesinatos de camellos que llevaría a cabo
la policía. El ministro del Interior, Chalerm Yubamrung, se manifestó en el mismo sentido al afirmar
queCon esta política contra la droga "prevemos que habrá de 3.000 a 4.000 muertos, y la vamos a aplicar".
MÁS INFORMACIÓN
 Una española, acusada de narcotráfico en Tailandia

La primera campaña policial contra el tráfico y consumo de droga se llevó a cabo durante el primer
trimestre de 2003, por orden del entonces primer ministro Thaksin Shinawatra, depuesto en septiembre
de 2006 por medio de un golpe de Estado perpetrado por militares.

El anuncio de la reanudación de la ofensiva policial tiene lugar después de que una comisión especial
determinara, el año pasado, que más de la mitad de las víctimas de la campaña desarrollada en 2003 eran
inocentes y no tenían ninguna relación con la droga. Según la comisión, la mayor parte de los casos, los
asesinatos se debieron a ajustes de cuentas entre bandas.

Tailandia, uno de los mayores distribuidores de heroína del "triángulo de oro" junto con Myanmar y
Laos, fue inundado de metanfetaminas de la vecina Birmania. La guerra contra la droga cortó el
suministro e hizo subir los precios durante un tiempo, pero el negocio ha vuelto a la normalidad después
de que se detuviera la campaña, según las agencias anti droga.

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http://www.vanguardia.com/colombia/404501-conozca-las-razones-por-las-que-
aumentaron-los-cultivos-ilicitos-en-colombia

Conozca las razones por las que aumentaron los


cultivos ilícitos en Colombia
El más reciente informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos – Simci – elaborado por la Oficina de
las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNDOC), en Colombia, indica que los cultivos de coca vienen en
aumento.
Por lo menos esa es la conclusión al comparar los datos de 2015 frente a 2016.

De 96.000 hectáreas sembradas hace dos años, se pasó a 146.000 el año anterior, lo que se traduce en un aumento
del 52%. Según el documento de UNDOC, el mayor crecimiento se registra en zonas fronterizas, sobre todo en Nariño,
Putumayo y Norte de Santander; El Tarra.

Tumaco sigue siendo el municipio con más hectáreas sembradas, con 23.148 (el 16 % del total del país). Le siguen
Tibú, en Norte de Santander; Puerto Asís, Putumayo; El Tambo, en el Cauca; Valle del Guamez, en Putumayo;
Sardinata, Norte de Santander; El Tarra, Norte de Santander; Barbacoas en Nariño y San Miguel y Orito en Putumayo.
En el caso del Pacífico, propiamente, el informe reportó un aumento del 42 % de los cultivos ilícitos. El 39 % de la
coca de Colombia está en esta región, de hecho. “En Valle del Cauca, el municipio más afectado es Buenaventura,
donde la mitad de los cultivos de coca están asociados al centro poblado Concepción”, dice el informe. Una historia
por contar.

Lea también: Cultivos de coca en Colombia crecieron un 52 % en 2016: ONU

En los Parques Nacionales Naturales del país se registró un incremento del 27% en los cultivos de coca.

“Se mantienen tres departamentos libres de coca: Caldas, Cundinamarca y La Guajira; Cundinamarca completa 5
años sin cultivos de coca. Seis departamentos tienen menos de 50 hectáreas y están cerca de liberarse de los cultivos
ilícitos: Santander, Magdalena, Cesar, Guainía, Boyacá y Arauca.

El mayor crecimiento de los cultivos se presentó en las zonas que ya tenían la mayor cantidad de coca en 2015 y que
han tenido coca constantemente durante los últimos 10 años. Esto quiere decir que a pesar del fuerte incremento
del área sembrada, las comunidades afectadas siguen siendo las mismas y han encontrado nuevos estímulos para
incrementar el área sembrada con coca”.

Las comunidades afectadas siguen siendo las mismas... otra historia por contar.

¿Por qué, entonces, pese a los aparentes esfuerzos de las autoridades, los cultivos de uso ilícito siguen en aumento
en el país?

Las hipótesis

Para entender el aumento de los cultivos de coca en Colombia habría que considerar varias teorías. Carlos Serrano,
comandante de la Fuerza de Tarea contra el Narcotráfico Poseidón – su misión es combatir a la guerrilla y al
narcotráfico en el departamento de Nariño – dice que por un lado hubo una malinterpretación de lo que contempla
el numeral 4 del Acuerdo de Paz, que trata sobre la solución al problema de las drogas ilícitas, y los beneficios para
quien sustituya los cultivos de coca.

“El mismo informe de la UNDOC lo plantea: más de uno en la región comenzó a creer que iban a darse unos incentivos
mayores para el que tuviera más cultivos de coca. Es decir: mucho supusieron que entre más coca se tenía, más
dinero iban a recibir por parte del Gobierno a la hora de la sustitución. Eso hizo que muchos empezaran a sembrar
mucho más con esa idea” En el informe de UNDOC se lee lo siguiente: “En la búsqueda de generación de confianza
con las comunidades, algunas de ellas tienen una percepción de reducción en el riesgo asociado con la actividad
ilícita debido a la suspensión de la aspersión aérea y la posibilidad de evitar la erradicación forzosa mediante
bloqueos a la fuerza pública.

Adicionalmente, se introdujeron términos como “cultivos de uso ilícito” en lugar de “cultivos ilícitos”: algunas
comunidades interpretaron esto como una “autorización” para sembrar coca dado que lo ilegal era el uso y no el
cultivo; se dio además un incremento de las expectativas para recibir beneficios como “contraprestación” por la
sustitución de los cultivos de coca, en particular asociados con las expectativas derivadas del punto 4 del acuerdo de
Paz”.

En los resguardos indígenas los cultivos de uso ilícito aumentaron en un 32%, según UNDOC; en las comunidades
negras el aumento fue del 45%.

De otro lado también hay un fenómeno evidente que podría explicar en gran parte lo que está pasando: tras la salida
de las Farc a las zonas veredales, sus espacios de acción fueron copados por nuevos grupos armados que están
presionando a los campesinos para seguir cultivando coca. En Tumaco, de hecho, hay dos grupos armados
identificados. Por un lado está Gente de Orden, conformado por una treintena de disidentes de las Farc, que hacen
presencia en barrios y en la zona rural, sobre todo al norte: corregimiento de San Juan de la Costa, Bocas de Guandipa,
vereda Firme de los Coimes.

Ellos mantienen una confrontación con otro grupo que se hace llamar la banda de ‘Cusumbo’. La confrontación es
por el control de delitos como la extorsión y el dominio de la cadena del narcotráfico en Tumaco.

El más reciente informe de la Fundación Paz y Reconciliación titulado ‘Cómo va la paz’ ahonda en el tema: “Aunque
hasta 2016 se presentó el descenso en varios indicadores de violencia, lo cierto es que las zonas donde antes
operaban las Farc han comenzado a ser copadas por organizaciones criminales, la guerrilla del Eln o sencillamente
se presenta una situación de anarquía criminal. Esto ha elevado la violencia homicida en algunos municipios, por
ejemplo, Tumaco”, se lee.

Lea también: Gobierno descarta el regreso de la fumigación aérea a los cultivos de coca

Los precios del oro también podrían explicar el aumento de los cultivos de uso ilícito en Colombia. Por lo menos es
una teoría del investigador de la Fundación Paz y Reconciliación Carlos Montoya Cely.

“Desde 2014 hay un aumento sostenido de los cultivos de uso ilícito. Sin embargo, entre 2009 y 2012, bajaron.

Esa disminución no se debe exactamente a la suspensión del glifosato, como algunos consideran, sino al factor oro.
Si se miran los mapas de los territorios donde hay cultivos de uso ilícito y donde hay minería ilegal, hubo una subida
significativa del precio del oro en esos años en que bajaron los cultivos, lo que indica que las personas que se
dedicaban a ellos se desplazaron hacia la minería; dieron el salto a un negocio más rentable en ese momento.

Luego el precio del oro baja y es ahí cuando esas personas se comienzan a mover de nuevo hacia los cultivos de uso
ilícito. La devaluación del peso frente al dólar, de otro lado, le permite a los compradores de estos cultivos obtener
mayor producción a más bajo costo, por lo que es otra variable que se debe tener en cuenta”. Otro factor que incide
en el aumento de los cultivos de hoja de coca es la misma planta. Quienes se dedican a sembrarla han logrado la
manera de que los arbustos evolucionen, sean más grandes, resistan plagas, tengan más biomasa: es decir, mayor
concentración de hojas por árbol.

Sin embargo, el factor predominante para que las mismas comunidades que históricamente han sembrado coca
continúen haciéndolo tiene que ver con lo que todo el mundo conoce: rendimientos económicos. Los cultivos de uso
ilícito pueden triplicar las ganancias que generan otros cultivos.

Si un jornal en un cultivo de palma aceitera se paga en promedio a $35.000, con prestaciones sociales, el jornal en
un cultivo de coca se paga a un poco más del doble: $80.000. Pero no solo eso: en zonas donde no hay carreteras
para sacar cultivos, mucho menos industria para comercializarlos, un mercado, la coca, fácil de transportar, es la
única fuente de subsistencia para el campesino, aunque, claro, quienes se quedan con la mayor tajada son los
intermediarios y los narcotraficantes. La falta de presencia del Estado - interesarse en llegar a donde debería - es
también parte de la explicación histórica del fenómeno.

La tonelada de hoja de coca, por cierto, cuesta $2.900.000. Es lo que recibe un campesino. Un kilo de coca ya
procesado cuesta $4.8 millones. En el exterior se puede vender en US$20000. Y según el informe de UNDOC, la
producción de cocaína en el país se estima que aumentó un 34%. Pasó de 646 toneladas en 2015, a 866 en 2016.

“Sin embargo, hay que tener en cuenta que el informe de UNDOC no recoge los logros de la erradicación manual y
los logros de la sustitución voluntaria en este 2017. Solamente en mi jurisdicción, en una campaña conjunta entre
Ejército y Policía, desde 28 de marzo de este año se han erradicado no menos de 4500 hectáreas de coca,
particularmente de una zona que se llama Alto Mira y Frontera, una zona históricamente sembrada con cultivos
ilícitos”, dice Carlos Serrano.

Publicada por
COLPRENSA
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http://www.eltiempo.com/justicia/conflicto-y-narcotrafico/regiones-en-donde-se-
priorizara-estrategia-de-erradicacion-de-cultivos-ilicitos-195532
Putumayo y el Catatumbo reingresan al mapa de la
erradicación
Espaldarazo de EE. UU. incluye llamado a golpear la coca en zonas ‘vedadas’ en los últimos años.

Por: Justicia

18 de marzo 2018 , 10:39 p.m.

Dos enclaves cocaleros del país que llevan varios años ‘blindados’ frente a la estrategia antinarcóticos serán el
próximo escenario de la acción combinada de sustitución voluntaria y erradicación manual a cargo de la Fuerza
Pública: Putumayo y Norte de Santander.
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En el primer departamento, que hace casi 20 años era el que más coca tenía, las fumigaciones terminaron al
menos tres años antes de que dejaran de aplicarse en todo el país por los reclamos ecuatorianos sobre la
afectación a su territorio por el uso del glifosato. El resultado son al menos 25.000 hectáreas de la mata, muchas
de ellas en grandes cultivos industriales.

En Norte de Santander, entre tanto, había 24.000 hectáreas en el 2016 y allá los narcocultivos completan
cinco años sin mayores afectaciones. Las matas están en su mayor momento de productividad y autoridades
antinarcóticos advierten que el Catatumbo podría desplazar a Nariño –donde se ha concentrado la lucha contra la
coca– como principal clúster de la cocaína en Colombia, tanto por la influencia de los actores armados sobre las
comunidades cocaleras como por la cercanía de la frontera con Venezuela, que es una de las tres grandes
‘autopistas’ del narcotráfico hacia el exterior.

Las dos zonas están en el mapa del Departamento de Estado, que este sábado reveló su Informe Anual sobre
Drogas en el que señala que el éxito de la lucha de Colombia contra el narcotráfico está amarrada a que se
logre golpear efectivamente la coca en zonas del país que han estado “vedadas” a la eliminación forzosa de
cultivos ilícitos.

Colombia debe incrementar erradicación en zonas vedadas, dice EE. UU.


En el informe, que califica de “histórico” el acuerdo de paz con las Farc, el Departamento de Estado reconoce
que “Colombia siguió dando pasos para combatir el narcotráfico” y que “estos esfuerzos impiden el ingreso a EE.
UU. de cientos de toneladas métricas de droga cada año”.

“Creemos que la estrategia actual puede tener un impacto a largo plazo en el control de los cultivos y la producción
de coca si destina los recursos adecuados, mejora la coordinación entre las fuerzas de seguridad y los
programas civiles e implementa esfuerzos redoblados de erradicación en zonas de alto crecimiento de
coca,incluyendo áreas previamente vedadas para erradicación forzosa”, dice el reporte, que refuerza el tono de
entendimiento entre los dos países que ya había sido anunciado a comienzos de este mes con el acuerdo para
mantener la ayuda antinarcóticos por los próximos cinco años bajo el compromiso de reducir al menos a la mitad
la coca en el territorio nacional.

Ese compromiso conjuró el fantasma de la descertificación con la que llegó a amenazar el año pasado el
presidente Donald Trump, pero también marca un ‘aterrizaje forzoso’ de las expectativas de la lucha contra los
cultivos ilegales.

Aunque el año pasado la Fuerza Pública superó en 3.000 hectáreas la meta prevista en erradicación forzada
(50.000 hectáreas), y la sustitución voluntaria alcanzó otras 20.000, tanto las mediciones de EE. UU. como las
de Colombia y Naciones Unidas apuntan a un nuevo aumento en el 2017. Extraoficialmente, la cifra de
Washington rondaría las 220.000 hectáreas, frente a 188.000 del 2016.
Niveles de resiembra que en algunas zonas llegan al 20 por ciento y la aparición de nuevos cultivos en el Pacífico
caucano, el sur de Bolívar y el bajo Cauca antioqueño, así como el crecimiento de los cultivos industriales en
Putumayo y Norte de Santander, explican ese resultado.

En el Catatumbo ya empezó la suscripción de acuerdos con comunidades cocaleras de cuatro municipios


(Tibú, Ocaña, Convención y El Tarra), pero la estrategia pasa por lograr el pleno control del orden
público de una región en la que la salida de las Farc ha sido aprovechada por el Eln y la antigua disidencia del
Epl, conocida como ‘los Pelusos’, ahora además enfrentados por el control del narcotráfico. En Putumayo, entre
tanto, la avanzada correrá por cuenta de los equipos manuales de erradicadores de la Fuerza Pública, pues en esa
región predominan los cultivos de varias hectáreas, que no corresponden a familias cocaleras sino a verdaderos
narcos.

Altas fuentes oficiales aseguran que otro foco de coca que deberá priorizarse, luego de acuerdos con las
comunidades, es el de los resguardos indígenas, que entre 2015 y 2016 tuvieron un aumento del 32 por ciento
de narcocultivos, hasta casi 16.000 hectáreas. Históricamente, los equipos de erradicación –que el año pasado
enfrentaron 150 ‘bloqueos sociales’ en todo el país– han tenido enormes dificultades para cumplir su labor en
esos territorios.

Esta semana, Naciones Unidas certificó que 24.780 hectáreas quedaron libres de coca gracias a los acuerdos de
sustitución, que en mayo debe cumplir la meta de 50.000 hectáreas planteada el año pasado. “Estamos entrando
muy fuerte en Putumayo y en Nariño, particularmente en Tumaco, así que se cumplirán con las hectáreas
previstas”, dijo a EL TIEMPO Eduardo Díaz, director de la Agencia para la Sustitución de Cultivos Ilícitos.
Resaltó además que comunidades en Argelia y El Tambo en Cauca están pidiendo el inicio del programa de
sustitución, así como en Tibú.

“Vamos avanzando a paso firme. Lo que estamos haciendo no tiene precedentes en la historia del país, aquí los
programas que había incluso en el Plan Colombia eran pequeños, estamos hablando ya de cifras inéditas que son
posibles gracias a los acuerdos de paz”, afirmó Díaz.

Para 2018 la meta de erradicación a cargo de la Fuerza Pública quedó en 70.000 hectáreas: 47.000 por
destrucción forzada y 23.000 más respaldando a los campesinos que pidan apoyo para llevar a cabo la
sustitución voluntaria. Aunque la apuesta sigue siendo desterrar la coca a través del desarrollo de las
comunidades que siempre han vivido por fuera de la oferta estatal, en los casos de incumplimientos de acuerdos
está dada la orden para aplicar la erradicación forzosa.

Simultáneamente, sigue el despliegue de 85.000 militares del Plan Horus por los 67 municipios y 597 veredas
con más coca y violencia del país, para impedir que ‘elenos’, bandas y disidencias se sigan atravesando en el
camino de la Colombia sin coca.

La apertura de los nuevos frentes contra la droga y el narcotráfico no implica que vayan a bajar, por lo
menos a mediano plazo, las acciones combinadas en Tumaco, el municipio con más coca en todo el país y
donde han sido destruidas más de 17.000 hectáreas en el último año.
‘Impedimos que toneladas de coca lleguen a las calles’
Aníbal Fernández de Soto, viceministro de Defensa, asegura que el acuerdo de colaboración con los Estados
Unidos muestra la solidez de la estrategia binacional contra el narcotráfico.

¿Qué implica el acuerdo con EE. UU. de garantizar la ayuda antinarcóticos con metas a cinco años?

El mensaje más importante de ese acuerdo es que hicimos un ejercicio de ver las cosas que están funcionando
bien en la lucha contra las drogas, casos de éxito como la campaña de erradicación, la interdicción de cocaína, las
operaciones militares y policiales Agamenón y Atlas. Son cosas que se han venido desarrollando, fortaleciendo y
que están dando buenos resultados. Así que existe consenso en que hay una serie de acciones que se han venido
adelantando, que han dado muy buenos resultados y que necesitamos mantener. Y la visión conjunta de Colombia
y Estados Unidos es mantener esos esfuerzos y mejorarlos constantemente.

¿Y qué pasa con las metas de erradicación?

En las cifras hay que contemplar nueva siembras o resiembras: por eso es que nuestra estrategia también incluye
un repaso por donde se ha hecho la erradicación forzada, para garantizar que el esfuerzo fuera consistente. La
visión que se tiene con esta revisión que hicimos con Estados Unidos de la estrategia es que vamos a continuar
con este tipo de esfuerzos: que nuestras metas de erradicación van a continuar creciendo y que se va a incrementar
también el esfuerzo en interdicción.
Lo que queremos es que en cinco años hayamos logrado por lo menos reducir a la mitad lo que hoy tenemos de
potencial de producción de cocaína

Lo que queremos es que en cinco años hayamos logrado por lo menos reducir a la mitad lo que hoy tenemos de
potencial de producción de cocaína, algo que no solo se mide en número de hectáreas de coca, sino también de
producción. Eso también lo estamos atacando. Hemos venido incrementando consistentemente nuestras
capacidades de incautar cada vez más clorhidrato de cocaína, con lo cual hemos demostrado que si bien han
aumentado los cultivos, hemos logrado impedir que mucha cocaína salga a las calles de todo el mundo.