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LA PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO: UN ANÁLISIS AL TRABAJO DE

PAULO FREIRE
Valladares Sánchez Diana Carolina

“Sería una verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes
desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas
percibir las injusticias sociales en forma crítica”
- Paulo Freire

Por increíble que parezca, a la fecha nos encontramos con problemas epistemológicos sobre
lo que significa la justicia y constantemente nos enfrascamos en debates estériles con
respecto a los lineamientos legales para hacer referencia a lo más acertado para la
convivencia en sociedad. Olvidamos que lo legal no siempre es equivalente a lo justo y que
la justicia formal raramente empata con la justicia en los hechos, la justicia factual.

En la pedagogía del oprimido, Freire aborda el problema educativo atribuyéndole carácter


político. Insta a dar conciencia al oprimido desde la educación, a través de la alfabetización
pero no en forma memorística y alienada sino con una aproximación crítica a la realidad
individual de quien se encuentra en proceso de formación. La epistemología de este
movimiento sería entonces la creación y renovación constante de uno mismo a través del
lenguaje, lo conversacional, el conocimiento crítico de la realidad y lo dialectico-político.

Freire explica que sólo el poder que nace de la debilidad de los oprimidos será
suficientemente fuerte para liberarlos a ellos y a los opresores, quienes paradójicamente
también están sometidos a ciertas determinantes utilitarias de las que no pueden salir –
como la deshumanización- sin el apoyo de aquellos a quienes subyugan. Para comprender
esta parte tan fundamental de la propuesta de Freiré, primero se debe ahondar y
concientizarnos sobre las dinámicas existentes en la sociedad: Opresores y oprimidos.

Una vez aceptada la premisa anterior, puede finalmente existir la base para la liberación. La
importancia fundamental de esta conciencia a través de la educación dialógica se encuentra
en que la liberación no debe darse por medio del cambio a opresor o sub-opresor, pues la
deshumanización continuaría a través de esos actos de violencia y lo único que hacemos es
mantener la recursividad de la opresión.

Avanzando en la idea, se hace hincapié en que la opresión sistemática de la que se ha sido


víctima, con la educación sesgada y medios de comunicación como vehículos para ello, una
persona puede llegar al punto de visualizarse como un objeto y dejará de cuestionar el statu
quo de las cosas, asumiendo que el cambio no sólo no es posible sino innecesario. Freire lo
denominaba como la inmersión de las conciencias como resultado de la realidad opresora
que ha sido constituida para absorber lo que nos da. Para promover esta absorción, el
sistema tiene trampas tácticas como lo que el libro describe como falsa generosidad de los
opresores: En busca de mantener su hegemonía dominante, harán uso de recursos tan
cuestionables como campañas de ayuda y promoción cuyo único propósito es la
conservación y mantenimiento del statu quo.

Esta parte en específico me hizo recordar los últimos spots publicitarios con los que el PRI
busca mantener al estado igual a través de la amenaza de pérdida de instituciones y migajas
de humanidad.

Promueve la idea de brindar mayor importancia a la educación dialógica entre lo objetivo y


lo subjetivo así mismo a la praxis en la actividad educativa. Mediante esta tríada, la realidad
es conformada y al comprenderla podremos emprender el cambio necesario para
transformarla confrontando la cultura de dominación en la que nos hemos desarrollado.

De la perpetuación del régimen opresor


La educación en función de la hegemonía opresora.

Al limitar la información, se está evitando que la formación cumpla con su carácter


epistemológico: El contexto ideológico se cerca alrededor del adoctrinamiento para la
aceptación del statu quo.

Hablamos de marginalizar y alienar a los oprimidos, condenándolos a mentalidades de


ineptitud, carencia y demás deficiencias de carácter. Como se explica anteriormente, el
diálogo es una herramienta fundamental para la transformación que Freire propone dado
que ofrece la posibilidad de debatir y cambiar perspectivas de forma colectiva,
promoviendo la construcción de la relación y la educación de uno mismo y sus semejantes.
Enseñar sin dialogo es educar para la opresión, forzar la inteligencia creadora a la repetición
de ideas y acciones preconcebidas; la educación puede ser cómplice de la desigualdad, la
deshumanización y del sufrimiento. Es cómplice cuando pone todo el conocimiento de un
lado y supone que la ignorancia y que la carencia están del otro, en unas suerte de dualidad
escolarización vs ignorancia.