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PAX: Hace ya algunos años que me picotea escribir algo sobre el misterio

que representa e invita a meditar la imagen de la Virgen del primer dolor, el otro
día en la celebración de su solemne fiesta, mirándola no hacía más que recordar un
artículo de una revista en que se decía que había que entender en este misterio
juntamente a Maria como mujer traspasada por la palabra de Dios y como mujer
sufriente al pie de la Cruz junto a su Hijo.

Maria, nos dice LG 65 “resplandece como modelo de virtudes para toda la


comunidad de los elegidos”. La Virgen Maria como modelo del cristiano nos
muestra el camino que hemos de seguir en su intimidad y forma de relacionarse
con Dios en la Anunciación colaborando con nuestro sí a la gracia, pero también en
el efecto que nos trae esa intima relación que trasforma y redime al hombre en su
Maternidad divina, y es el primer ejemplo escatológico de nuestra salvación Asunta
y Reinante en el cielo con Cristo ante quien intercede por todos nosotros.

En algunos salmos podemos ver que usan el símbolo de la espada para


hablar de la palabra divina, el salmo 37 dice que “Su espada (la Palabra de Dios)
entrará en su mismo corazón”. Otros hablan de la lengua (lugar de donde sale la
palabra) como espada. En los primeros siglos del cristianismo y sobre todo en el
argot monástico existen numerosos autores que usan en la simbología de la Palabra
de Dios la imagen de la espada, pero la referencia más clara es Pablo: “La palabra
de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de dos filos; y penetra hasta la
división del alma y del espiritu, de las coyunturas y de las medulas, discierne los
sentimientos y pensamientos del corazón” (Heb 4, 12-13).

Los evangelistas nos muestran a María como la mujer que guardaba y


meditaba las palabras y acontecimientos en su corazón, en realidad Maria es una
mujer contemplativa, observa e intenta penetrar qué es eso que Dios le está
poniendo por delante, ya sea a través de una palabra, de una persona o de un
acontecimiento. Pero para que la Palabra de Dios te traspase es necesaria una
escucha, un silencio y un vaciamiento de sí para poder dar cabida a la Palabra,
dejarle espacio dentro de uno y asi rumiándola como la vaca hace con la comida, ir
extrayendo para el espiritu la sustancia que esa palabra te trae.

La escucha es un encuentro de libertad, en donde la humildad y la paciencia


abren a la persona a esa disponibilidad que María tuvo ante el anuncio del ángel,
pero también en cada momento en que Dios se ponia en contacto con ella, en este
misterio a través del anciano Simeón. Esta fue la perenne actitud de Maria en toda
su existencia como se ve en los Evangelios, y sobre todo en el momento en que
Jesús nos la dona como Madre en el Calvario. A través de la escucha
comprendemos y elaboramos nuevas respuestas a las situaciones de nuestra vida,
esa humilde intrepidez de Maria. La escucha trasforma nuestro corazón cuando nos
ponemos en sintonía y mansedumbre con el Espiritu, dice el documento final del
sínodo de los jóvenes. La lectura o estudio no es una simple recopilación de
conceptos, teorías y conocimientos, sino la forma en que Dios se relaciona con
nosotros, nos educa y enseña, y va formando nuestro interior y nuestra mente,
humana y espiritualmente. No olvidemos que uno de los signos más claros del
misterio de la Anunciación a Maria y de la Encarnación de Jesús es que Dios ha
querido contactar y relacionarse con el hombre a la manera humana.

Maria fue una mujer de discernimiento: con el ángel, con Simeón, cuando
encontró a Jesús en el templo, en las bodas de Caná, en la entrega de la Cruz.
Estamos llamados constantemente a tomar decisiones, "la realidad" dentro de la
que vivimos nos está invitando a esto, desde que nos despertamos y abrimos los
ojos estamos siendo interpelados: el despertador, la radio, te cruzas con el vecino o
compañero de trabajo, "todo" nos interpela a tomar decisiones, pensar, actuar. El
discernimiento -continua el documento final del sínodo de los jóvenes- “es una
dinámica espiritual a través de la que una persona intenta reconocer y aceptar la
voluntad de Dios en lo concreto de su vida”. Y dice el papa Francisco que el
discernimiento tiene su raíz en un acto de fe.

El discernimiento como encuentro con Dios es ya una forma de oración. Los


tiempos litúrgicos que nos presenta la Iglesia como esta Cuaresma, los retiros,
Ejercicios Espirituales, peregrinaciones, etc. son momentos muy propicios para
crecer en intimidad con Jesús. Para ello es menester cuidar la vida interior y la
escucha de la Palabra sostenidas por una vida sacramental y litúrgica rica y viva.
Abrirse a la Voz del Espiritu requiere la atención del corazón, favorecida por el
silencio y el vaciamiento o kénosis que resulta de una autentica ascesis y la
aceptación de uno mismo, de todo lo malo que encuentras en tu corazón, con una
conversión existencial del corazón abandonando aquello que sabes te estorba para
de verdad ser libre y asi captar los murmullos del Espiritu dentro de ti.

La gracia del Bautismo se hace realidad cuando una Palabra de Dios te


golpea e interpela verdaderamente el corazón. Para describir esta experiencia, los
Padres de la Iglesia emplean un vocabulario muy rico: la Palabra de Dios toca el
corazón, lo hiere, le aguijonea, le punza, le atraviesa y le abre. Desde el bautismo la
oración está allí sembrada, en nuestro centro, donde esta nuestro yo más interior.
Allí se encuentra el sepulcro de Pascua y allí, también, la vida nueva. Tal vez te
pase como a la Magdalena, que llores porque buscas. Pero buscas fuera al que ya
posees; como dice S. Agustín: “te buscaba fuera y no me daba cuenta que tú estabas
más dentro de mí que yo mismo”.

Este encuentro de la Palabra y el corazón es muy importante, por eso nuestro


corazón debe exponerse desnudo a la fuerza creadora y vivificante de la Palabra de
Dios. El hombre ha sido hecho para acoger la Palabra y la Palabra se ajusta
fácilmente a él. Pero ¿qué pasa? que nuestro corazón está adormecido por las cosas
del mundo, las preocupaciones, los gozos, etc. y por eso no está preparado para
gustar el alimento espiritual que es la Palabra de Dios.

Cuando una Palabra interpela nuestro corazón se crea como un puente entre
ellos. Se entabla un dialogo entre el Espiritu que dormitaba en nuestro corazón y el
Espiritu que obra en la Palabra. Esta Palabra desnuda nuestro corazón, que
desprendido puede ocuparse en escuchar la Palabra de Dios. La Palabra de Dios
viene a nosotros de muchas maneras: un texto proclamado en la Misa, una
catequesis, un curso, el predicador, una palabra de alguien que es Jesús de
incognito como en Emaús (Lc 24,32); pero sobre todo, cuando nos retiramos con la
Biblia a un lugar para estar a solas con Jesús y su Palabra. Es asi como uno puede
empezar a hacer y ser oración.

Pero este misterio que Maria nos enseña en su primer dolor tiene dos
movimientos, acabamos de ver el primero que sería “ad intra” (hacia dentro), ahora
vamos a mirarlo “ad extra” (hacia fuera). Dice Benedicto XVI:

“este oráculo sobre el sufrimiento se hace finalmente muy concreto; una palabra dirigida
directamente a María: «Y a ti, una espada te traspasará el alma». Podemos suponer que esta frase
haya sido conservada en la antigua comunidad judeocristiana como palabra tomada de los recuerdos
personales de María. Allí se conocía también, basándose en dicho recuerdo, el significado concreto
que tenía la frase. Pero también nosotros podemos saberlo, junto con la Iglesia creyente y orante. La
oposición contra el Hijo afecta también a la Madre e incide en su corazón. La cruz de la
contradicción, que se ha hecho radical, se convierte en ella en una espada que le traspasa el alma. De
María podemos aprender la verdadera compasión, libre de sentimentalismo alguno, acogiendo el
dolor ajeno como sufrimiento propio”.

El Papa Benedicto nos da el significado pero también nos muestra una forma
concreta de imitar a María Santísima del primer dolor a través de la compasión
hacia los que sufren, hacia el pobre, el que no tiene trabajo, hacia el defecto o
pecado del vecino. Compasión que también es Misericordia. Solemos decir que el
camino de la Luz pasa por la Cruz, asi nos lo muestra la profecía de Simeón a
Maria, y la propia vida de Jesús y de Maria son signos de esta maravilla de Dios. La
liberación está en la Cruz, escandalo para unos y necedad para otros. Pero que
viene tarde o temprano para todos nos guste más o menos, Jesús y Maria nos
muestran que se puede pasar las dificultades, que aunque ahí están hay algo
superior, una vida superior, que no es de aquí, esta es la esperanza de los cristianos
que ya vemos en Maria que Asunta en el cielo es Reina. Y que la Pascua nos
mostrará como una realidad.

Dice el Papa San Juan Pablo II: “La Virgen Madre está constantemente
presente en este camino de fe del Pueblo de Dios hacia la luz”, no dejemos de mirar
a aquella que nos precede en el sufrimiento, pero sobre todo en la gracia. Como la
mediación de María está íntimamente unida a su maternidad y posee un carácter
específicamente materno es por lo que podemos los cristianos acercarnos a ella
como hijos, y sin miedo pedirle que nos acoja. Y como dice un meme que hay por
ahí: “le dice San Pedro a Jesús: ¡Señor los pecadores han vuelto a colarse en el cielo!
A lo que le responde Jesús: no te preocupes Pedro, que es mi Madre, que ha abierto
un agujero”. Pues eso, imitémosla a nuestra Madre del cielo y pidámosle que
interceda por nosotros y todos los que sufren.

Os deseo una Cuaresma en el gozo del Espiritu Santo y una Feliz Pascua de
Resurrección.

Fray Antonio Maria O.C.S.O.


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