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U RBANG ELIZACIÓ N

Análisis de los obstáculos y ventajas que


la acción evangelística encuentra en los grandes
centros urbanos.

Guillermo Kratzig
2

INTRODUCCIÓN
“Ustedes en la ciudad no tienen tantas dificultades
para evangelizar como nosotros aquí en el pueblo. Aquí la
gente es más dura, nuestros templos son pequeños, el
pecado está muy arraigado; allá en la ciudad todo es más
fácil.”
Este era el concepto de un cristiano evangélico,
residente en un pequeño pueblo en el interior del país,
respecto de la evangelización en las ciudades.
Lógicamente hay impresiones que difieren de ésta. Así lo
demuestra esta segunda opinión:
“En el interior, el trabajo es más fácil. La gente es
más accesible, el ritmo de vida menos acelerado y con
sólo anunciar la proyección de unas vistas en colores ya
se llena el templo.” Obviamente son palabras de un
hombre urbano que lamenta el escaso crecimiento de la
iglesia a pesar de los grandes esfuerzos hechos con el fin
de ganar a otras personas para Cristo.
Ambos testimonios señalan la preocupación que
éstas personas tienen por el campo misionero donde
viven. Tanto la zona rural como la urbana constituyen
campos misioneros con su propio desafío, sus propias
características y sus propios índices de receptividad y
crecimiento evangélico.
Si la preocupación de estas líneas va dirigida
principalmente a la evangelización en el ámbito de la
ciudad, no es para restar importancia a otros campos
misioneros, sino para destacar simplemente una realidad
innegable: el desbordante crecimiento de los centros
urbanos y el contraste entre este crecimiento, raudo e
incontenible, con el crecimiento de las iglesias allí
establecido, tantas veces tortuoso y decepcionante.
La pasión evangelística, característica propia de
la mayoría de los cristianos evangélicos está teniendo sus
3

menores frutos precisamente donde la muchedumbre es


mayor, esto es, en las ciudades.
Cuando en la ciudad se multiplica el caudal de
recursos por cuyo medio es posible anunciar el evangelio
de Jesucristo, es paradójicamente allí donde la curva de
crecimiento muestra su mayor declive. Mientras por una
parte se construyen edificios más y más altos, al tiempo
que la muchedumbre se alberga en ellos como el
enjambre en la colmena, mientras miles y millones de
personas, atraídas por las luces de la ciudad, llenan y
desbordan tanto espacio libre, hay un lugar que queda
sorprendentemente vacío: el templo, la casa de Dios.
Esta realidad que en general es innegable, aunque
en particular tiene sus excepciones, sumada a una breve
experiencia que tuve como pastor en una zona netamente
urbana, originó la inquietud que luego cristalizó el
presente estudio.
Mi propósito es analizar en forma más bien crítica
los grandes obstáculos por un lado, y las inmensas
ventajas, por otro, que los modernos centros urbanos
ofrecen a la acción evangelística del pueblo de Dios.
Con este análisis las siguientes páginas no
pretenden tanto ofrecer “recetas” o “programas” para
nuevas campañas evangelísticas, como preguntar: “¿Qué
es lo que pasa?”, “¿A qué se debe el crecimiento tan
escaso?”, “¿Hay formas de solucionar el problema?”,
“¿Cuáles son?”. En otras palabras poner a la luz los
hechos positivos y negativos que hacen a la
evangelización en las ciudades; plantear interrogantes
sobre nuestra actitud ante tales hechos, y comenzar con
esta manera una reflexión, abrir una línea de
pensamientos e inquietudes que finalmente nos ayuden a
sembrar y cosechar con mayor abundancia en el gran
campo misionero que es la ciudad.
Antes de pasar al análisis propiamente dicho
deseo expresar mi más profundo reconocimiento y
4

gratitud a la “Comisión Asesora”, integrada por


profesores del Seminario Teológico Bautista de Buenos
Aires, que periódicamente se reunió para evaluar,
corregir y alentar la marcha del trabajo.
Del mismo modo merece mi más sentida gratitud
la misionera Sarah Wilson, por poner a mi disposición la
vivienda donde pasé, con mi familia, el año de estudios.
De manera especialmente afectuosa agradezco la
paciencia y apoyo recibidos de mi fiel esposa en un
trabajo que nunca contó con la menor garantía de éxito o
recompensa.
Pero si al final de cuentas estas líneas logran
despertar el interés de algún lector por el tremendo
desafío que es la ciudad como campo misionero,
considero recompensado el esfuerzo. Mas, si por encima
de tal interés, usted, apreciado lector, se siente inspirado
a una mayor dedicación en este campo tan difícil pero
siempre facinante, daré gracias a Dios y lo tendré por
una de sus bendiciones sobreabundantes.

El autor
5

CAPÍTULO PRIMERO

ESTADÍSTICAS: UN GRITO DE ALARMA


Hablar de “evangelización urbana”, es destacar en
primer lugar, un fenómeno mundial irreversible e
innegable: la urbanización. Por “urbanización”
entendemos un constante movimiento según el cual la
población del mundo se concentra en los centros urbanos
en las ciudades.
Urbanización es una transformación por la cual la
sociedad pasa de un nivel esencialmente rural a otro
esencialmente urbano. En un primer momento, esta
definición puede parecer simple, pero no nos debemos
engañar: la urbanización implica profundos cambios
sociológicos. Desde la antigüedad, estos cambios son cada
vez más completos e incluyen la especialización de la mano
de obra, la movilidad de la población, el predominio de la
maquinaria, la dependencia del tiempo mecánico en
sustitución del tiempo natural, en lugar del control familiar
un acentuado individualismo, la aparición de grupos sociales
secundarios, mayores inventos, un incremento del espíritu
competitivo y un desarrollo de la burocracia1.

Esto significa que la urbanización no sólo implica


un crecimiento gigantesco de las ciudades, sino sobre
todo, el orígen de características particulares en sus
habitantes. Evangelización urbana es la proclamación del
evangelio de Jesucristo en estos centros de población
multitudinaria y particular.
Pero, tanto la simple observación como el estudio
cuidadoso de estadísticas demuestran que esta predicación
tiene escasos resultados en hombres y mujeres ganados
para la fe de Cristo; es en menor o mayor medida
irrelevante y está en una total desproporción con la
1
Copeland, E. Luther, Conferencia sobre Evangelismo Urbano, 13-20
de Agosto 1974. Copeland cita a Veja Janet Roebuc, The Shaping of
Urban Society (new York: Charles Scribner’s Sons, 1974) pp. 1ss.
6

densidad de la población urbana. Por eso es oportuno


conocer más de cerca esas estadísticas, tener una visión
clara del papel que la Iglesia desempeñó a lo largo de la
historia en las ciudades del mundo, y luego hacer nuestras
propias conclusiones en cuanto al momento que nos toca
vivir.

I.- LA IGLESIA EN LA HISTORIA DE LA CIUDAD


A.- La ciudad, cuna y campo de batalla de la Iglesia
Quince mil habitantes por km2. 2 Este es el campo
misionero que en Buenos Aires desafía a los cristianos
evangélicos. Es sin duda el mayor campo misionero de
Argentina, como Montevideo lo es de Uruguay, Sao Paulo
de Brasil, Quito de Ecuador, etc. Sobrada justificación
tienen entonces los esfuerzos que el pueblo de Dios hace
por llegar con el evangelio al corazón de esas ciudades.
Además de la inmensa multitud hay otro motivo
que justifica nuestra atención y trabajo en los centros
urbanos: La cuna de la Iglesia Cristiana fue un centro
urbano. La Iglesia nació en la ciudad; de ella salieron los
pioneros de la obra misionera; ella nos dio el primer mártir
cristiano; allí los discípulos del Señor fueron llamados por
vez primera “cristianos”. Las ciudades fueron el campo
misionero del apóstol Pablo; ellas son el escenario donde
nuestra fe vivió sus primeros grandes triunfos y donde
sufrió sus más sangrientas persecusiones.
Jesús mismo sentía una gran pasión por las
ciudades. Por eso llora con sus “ayes” no sólo a los
fariseos, escribas y doctores; no sólo a los ricos, a los que
ríen, a quienes confían en los hombres, a los que matan, a
los profetas, a las mujeres encintas, y al que finalmente
traerá el escándalo. No sólo a Corazín, Betsaida y
2
Censo Nacional de Población, Familias y Viviendas 1970 –
Presidencia de la Nación Argentina – Instituto Nacional de Estadística
y Censos. Pg. 25.
7

Capernaum (Mt. 11:20-22). Las llora y las amonesta


porque en ellas había hecho la mayoría de sus milagros,
sin lograr que se arrepintieran. Les había dado su gran
oportunidad pero no la supieron usar. Vieron los milagros
del Cristo pero ignoraron el mensaje de Dios. y ahora ya
es tarde para ellas. Un solo destino les espera: “¡Ay de ti,
Corazín! Ay de ti, Betsaida.... Y tú, Capernaum.... hasta el
Hades serás abatida”3
Se equivocan quienes afirman que Jesús fue
hombre de campo y que sólo Pablo predicó en las grandes
ciudades de su tiempo.
Para los grandes eventos, para las transacciones
decisivas de su ministerio, Jesús va a la ciudad. Allí se las
tiene que ver con la rancia aristocracia de la religión; allí
enfrenta a las más crudas expresiones del materialismo;
echa fuera del templo a mercaderes y cambistas
empeñados en hacer su agosto con la religión. Allí en la
ciudad, hace sus grandes señales, y finalmente allí es
arrestado y condenado a muerte.
En la ciudad Jesús establece la punta de lanza del
movimiento que marcará el comienzo de una nueva era;
desde allí sale el evangelio rumbo “hasta lo último de la
tierra” (Hch. 1:8). Desde entonces y para siempre la
Iglesia de Cristo está estrechamente ligada a la ciudad.
Ella es simultáneamente su cuna y su campo de batalla4.

B.- La ciudad: estrategia apostólica


Nacida en la ciudad de David, la Iglesia fue a
crecer en las ciudades del César: Antioquía, Efeso,
Corinto, Alejandría, Cartago, Roma. La estrategia del
primer misionero es viajar de centro urbano en centro

3
Ellul, Jaques, La Ciudad, La Aurora, Buenos Aires, 1970 (pgs. 118-
121).
4
Du Bose, F., The First Annual Urban Institute, Mill Valley,
California, 1968 – Golden Gate Seminary – pg. 18.
8

urbano al punto que hoy, ocho de sus espístolas tienen el


nombre de la ciudad destinataria.
Otras religiones tuvieron un medio ambiente
distinto. El Islam, por ejemplo, alcanzó su mayor difusión
en los pueblitos y campamentos de los oasis árabes.
Es indudable que entre las ciudades de aqulla
época y las megalópolis de nuestros días hay muy poco en
común. Sin embargo, Corinto contaba en el tiempo de
Pablo con una población de aproximadamente medio
millón de habitantes. La misma población que tienen
muchas ciudades latinoamericanas de hoy. Además, el
común denominador no debe ser buscado precisamente en
el número de habitantes sino en la influencia de la ciudad
hacia el “hinterland”, hacia el interior, hacia las provincias
o estados que la rodean y se nutren de su vida cultural,
comercial y política. Y en este sentido las ciudades del
César iban a la vanguardia. Eran importantes centros de
civilización, poder político, estrategia militar, dominio
comercial y cultural. Visto en esta perspectiva las ciudades
contemporáneas sólo difieren de aquellas en que han
desarrollado esas características a un grado superlativo.
Debemos reconocer entonces que las ciudades son
puntos clave para la estrategia evangelística y lanzarnos en
busca de nuevas victorias.

“Hoy las victorias deben ser ganadas nuevamente en


las grandes ciudades del mundo. Cristo caminó en medio de
las masas de las grandes metrópolis. Desde allí llama a sus
seguidores... Desde allí debemos seguirle en obediencia...” 5

C.- La ciudad: imagen histórica del Reino de Dios en


camino.

5
Walker, Alan, A. Ringning Call to Mission, Abingdon Press, New
York, Nashville, 1966 – pg. 30.
9

Hemos dicho “hoy”. Y hoy todavía arden las


brasas de un debate acalorado y profundo referido al papel
de la Iglesia en la ciudad moderna y secular del siglo XX.
El fuego fue encendido por un joven teólogo, que en 1965
lanzó al mundo un ensayo titulado “La Ciudad Secular”.
Ni el autor ni su editor habían imaginado que en poco
tiempo aquella obra se convertiría en un bestseller en los
Estados Unidos de Norteamérica y gran parte de Europa.
Desde entonces es prácticamente imposible hablar de la
ciudad moderna, de su problemática, de su religión y de su
relación con el pueblo de Dios sin hacer referencia a esa
obra.
Harvey Cox traza tres líneas básicas para la
construcción de su obra: el concepto de la ciudad secular;
la función de la Iglesia en un mundo secular, y el
problema de Dios para el hombre secular. Volveré a
referirme a este libro, pero aquí es propicio destacar que el
punto de vista de Cox, referido a la ciudad de hoy, es
esencialmente optimista. Para él la secularización
moderna “no debe ser vista como ejemplo de una
corrupción masiva y catastrófica, sino como un producto
del impacto de la fe Bíblica en la historia humana” 6. Y en
cuanto al papel de la Iglesia en esa ciudad su opinión es
totalmente clara. Es:
“el pueblo de Dios en marcha, cuya tarea consiste en
descubrir la acción de Dios en el mundo y colaborar con
ella”7.

D.- La ciudad: el nuevo Edén

6
Cox, Harvey, La Ciudad Secular, Ediciones 62 s/a Barcelona,
1968, (Versión española), pg. 13.
7
Ibid, pag. 9
10

A las evidencias del pasado y del presente se


suman las profecías del futuro. El futuro es la ciudad. No
sólo el futuro es una realidad irreversible donde el hombre
busca cristalizar su existencia, sino también el futuro
absoluto. Ese fruto que comienza cuando Dios haya
puesto el punto final al presente orden de cosas.
Habrá cielos nuevos y tierra nueva, y el hombre
vivirá en una ciudad nueva. El mensaje de la Biblia echa
por tierra las esperanzas de un paraíso en forma de jardín
semejante al huerto de Edén. La expectación de un idílico
descanso a la sombra de frondosas arboledas donde un
mar de flores inunde de aroma el ambiente, donde todo
está lleno del trino de las aves y del murmullo de
cristalinas aguas, nada tiene que ver con el mensaje de la
Biblia. Es un concepto totalmente pagano.
Esta expectación del futuro que con el correr de los
siglos han cristalizado diversas religiones no cristianas
implican un movimiento retrógrado. Lo que una vez era
bueno será restaurado. La historia habrá corrido en vano y
el proceso del hombre será rechazado. La criatura volverá
a su ingenuidad original.
En cambio, el concepto cristiano del futuro gira en
torno de la ciudad, incluye a ésta y las demás obras del
hombre. En lugar de abogar por el pasado pide un paso al
frente. La gran edad de oro se caracteriza por la
aceptación de la historia, no por su rechazo8.
Cuando Dios cristalice su anuncio: “Todas las
cosas pasaron y yo hago todas las cosas nuevas”, estará
entre ellas la gran ciudad del futuro. Y, quién sabe, quizá
haya entre esa ciudad y las de nuestros días una sola
diferencia: en aquella, habitará Dios.
Por todo esto, al volver nuestra atención a la
evangelización de los grandes centros urbanos; al insistir
que el Cristo debe ser anunciado con más poder en este
8
Ellul, Jaques, La ciudad, La Aurora, Buenos Aires, 1979 – pgs.
115-158.
11

lugar, al afirmar que la Iglesia está ligada para siempre a


la ciudad, al buscar nueva inspiración y nuevas estrategias
en la evangelización urbana, no estamos haciendo otra
cosa que tomar nuestro lugar correcto en la historia. En
esta gran historia que Dios está tejiendo.

II.- LAS IGLESIAS EVANGÉLICAS EN LAS


CIUDADES MODERNAS
A.- Preocupación mundial
El nacimiento, la pasión, y sobre todo la muerte de
tantas Iglesias Evangélicas de nuestras ciudades, está
llenando de estupor y alarma a vastos sectores del pueblo
de Dios.
Cuando los líderes comenzaron a evaluar el
crecimiento de las congregaciones urbanas, vieron
defraudadas sus esperanzas. En lugar de dinamismo,
multiplicación y expansión, encontraron estancamiento,
ineficacia y aún retroceso.
Greenway dice de las Iglesias urbanas:
“Fracasaron con los miembros inmigrados del
campo. Fracasaron en impactar a las masas urbanas, y
fracasaron en producir Iglesias urbanas con un corazón
misionero”9.

Esto significa que las Iglesias urbanas no supieron


echar mano de las ventajas que proyecta a favor de la
evangelización. Un proceso que más adelante veremos
bajo el título de “Migraciones”.
Otro estudioso de este tema afirma:
“Hay tres grandes áreas de nuestro mundo, donde
las Iglesias realmente no han penetrado: El hinduísmo, el
Islam, y la cultura de las ciudades modernas....”
“La causa, yo creo, es un prejuicio antiurbano que
casi ha llegado a ser un dogma en el protestantismo
americano. Muchos líderes protestantes honestamente creen
9
Greenway, R., An Urban Strategy for Latin América, Baker
Book House, Grand Rapids, Michigan, 1973 – ppg. 60.
12

en una contínua y mortal enemistad entre el hombre urbano


y el que es leal a la fe y ética cristiana” 10.

La existencia de tales prejuicios ha afectado por


largo tiempo los planes del pueblo de Dios, dirigiéndolo
invariablemente a zonas rurales, a regiones alejadas en el
interior de los países latinoamericanos. Sólo en los últimos
años de la década se han visto planes específicos que
consideran a la ciudad como campo misionero. Y si en
alguna manera, queremos mantenernos al ritmo de la vida
moderna, pretender alguna relevancia para el hombre del
siglo XX y ser realistas ante el proceso de urbanización y
secularización, tendremos que cristalizar, en teoría y
práctica, nuevas acciones evangelísticas proyectadas hacia
las condiciones específicas de las grandes ciudades.
En tiempos pasados cupo a la Iglesia Cristiana una
influencia decidida en la vida del hombre. Sus
instituciones eran agentes de autoridad moral, espiritual,
cívica y aún política. Hoy en cambio, están desprovistas
de ese halo sagrado y sólo en contadas ocasiones tienen un
mensaje de profunda relevancia para el hombre moderno.
En el primer Instituto de Iglesias Urbanas realizado en
California, Estados Unidos, en 1968, esta realidad fue
definida de la siguiente manera:
“Hoy la Iglesia está en el mundo –mayormente
como un paréntesis en una oración- y sin grandes perjuicios
podría ser borrada de allí.... La Iglesia es irrelevante e
inefectiva en la vida del hombre y en la ciudad secular.... La
Iglesia está en peligro de ser testigo del nacimiento de una
nueva era cuando debería ser la partera”11.

B.- Estadísticas locales

10
Lee, R. (Ed.) Cities and Churches, The Westminster Press,
Philadelfia, 1962 – pgs. 90-91.
11
The First Annual Urban Church Institute, Golden Gate, Baptist
Theological Seminary, Mill Valley, California. (Artículo de R. Lee).
13

Para la proyección de los siguientes gráficos se ha


tomado como ejemplo, el desarrollo de las Iglesias
Bautistas del centro metropolitano de Buenos Aires,
Argentina. Los datos fueron tomados de los informes
anuales de dichas Iglesias. Dado el valor de otros gráficos,
resultado de estudios anteriores a éste, invito al lector a
consultarlos y completar así su ilustración al respecto12.
Los gráficos de nuestro estudio siguen las sugerencias de
un librito muy útil de Gerver13. Los cuadros van al final
del libro.

CAPÍTULO SEGUNDO
OBSTÁCULOS INTERNOS A LA
EVANGELIZACIÓN

Afortunadamente muchas Iglesias y, sobre todo,


incontables creyentes, aún tienen una clara visión
12
Los libros que el lector puede consultar son:
Enns, Arno, Man, Milieu and Mission in Argentina, Eerdmans,
Gran Rapids, Michigan, 1971 – pg. 258.
Read Williams R. Monterroso, Víctor M. and Johnson Harmon, Latin
American Church Growth, Eerdmans, 1969, Grand Rapids.
13
Gerber, Virgilio, Manual para Evangelismo y Crecimiento de la
Iglesia, Editorial Libertador, Maracaibo, 1973 – pg. 90.
14

misionera y una ardiente voluntad por llevar el evangelio


hasta lo último de la tierra y al corazón de cada persona.
¡Gracias al Señor, porque en este siglo secular y
tecnológico, todavía hay hombres y mujeres que como
Guillermo Carey están dispuestos a viajar a los lugares
más inhóspitos, a climas insalubres, a montañas y a selvas,
para proclamar allí el mensaje de la cruz de Cristo!
Por otro lado, sin embargo, se nota que hay en los
grandes centros urbanos de nuestro continente y quizá del
mundo entero, un alarmante decaimiento misionero. Año
tras año, se registra en las grandes ciudades un escasísimo
número de bautismos. En la capital argentina, por
ejemplo, durante el año 1972 las Iglesias Bautistas
bautizaron un total de 147 personas, un promedio de 6,7
bautizados por Iglesia. Y esa cifra no permite hablar de
crecimiento respecto del año anterior, ya que el año
anterior la cifra fue mayor. En otras palabras, hay en esa
ciudad, como en tantas otras del mundo, una creciente
ineficacia evangelística.
¿Cuál es el motivo?
Un análisis cuidadoso y honesto revela que las
estrategias evangelísticas y los planes misioneros, si
existen, son incapaces de superar eficazmente los
obstáculos que se le presentan, tanto de adentro de la
Iglesia como de afuera. Con o sin planes, el trabajo no
alcanza el objetivo de un verdadero crecimiento.
Entonces veamos primero cuáles son esos
obstáculos que provienen del interior mismo de la Iglesia.

I.- I N D O L E N C I A
El proceso de urbanización es mundial y avanza
con una fuerza incontenible, irreversible, y de
consecuencias imprevisibles para todo el género humano.
Sin embargo, muchos pastores y líderes religiosos
que trabajan en zonas urbanas, que realizan su ministerio
15

en las grandes ciudades, ignoran olímpicamente este


proceso. Son indolentes ante un fenómeno del cual son
protagonistas y al mismo tiempo, víctimas.
En este proceso, la migración de los pueblos hacia
las áreas urbanas afecta a las Iglesias tradicionales de dos
maneras: por un lado, neutraliza el impacto de su
ministerio; y por el otro lado, les abre puertas nuevas e
insospechadas hacia una acción evangelística renovada14.
Un ejemplo concreto es el caso de un barrio de
monobloques, llamado Villa Celina15. Sus últimos
edificios fueron terminados y habitados en 1970. no hay
Iglesia en las cercanías inmediatas, pero sí hay numerosos
creyentes. La urbanización reunió en una zona
geográficamente bien delimitada un número considerable
de creyentes. Los arrebató de sus Iglesias y los reunió
donde no hay Iglesias.
¿No sería lo más lógico establecer inmediatamente,
con esos creyentes una Iglesia nueva y así proyectar sobre
toda la zona un vigoroso plan de testimonio urbano?

A.- C o n f o r m i s m o
El pueblo de Dios está atrapado en la telaraña del
conformismo16. Aquí está el peor de todos los obstáculos
al crecimiento de las Iglesias, porque además de inhibir la
acción evangelística de los creyentes los engaña con una
peligrosa sensación de bienestar y felicidad.
Seducidos por el conformismo el pueblo de Dios
se contenta con cosas buenas cuando las hay mejores al
alcance de la mano. Se alimenta de mendrugos en tanto
que Dios le ofrece el pan entero. Se debate con un índice
14
Greenway, R., An Urban Strategy for Latin America, Baker
Book House, G. R., Michigan, 1973 – pg. 137.
15
Barrio de monobloques en una zona del Gran Buenos Aires, donde
actualmente se intenta establecer una Iglesia.
16
Libert, Samuel, Informes a la convención Evangélica Bautista,
1972 pp. IV-V (sin número).
16

anual de crecimiento que contempla escasamente a los


hijos de los creyentes, pero.... está contento.
Por eso es inútil esforzar la imaginación en busca
de nuevos métodos, planes, estrategias y estructuras
evangelísticas, para ganar a la ciudad. Por ahora, la única
medida eficaz es romper categóricamente con ese
conformismo y dar lugar a una pasión incontenible por las
multitudes urbanas17.
Algunas esferas en la obra del pueblo de Dios dan
cuenta especial de este conformismo:

1.- Pobreza literaria: Una bibliografía actualizada sobre


el presente tema se encuentra al final de este estudio, pero
cabe señalar aquí que en una selección de cincuenta y
nueve libros escritos desde 1960 a 1973 (trece años), no
hay uno solo escrito originalmente en idioma castellano y
referido al problema específico de la evangelización
urbana.

2.- Pobreza académica: Si bien todos los seminarios,


facultades e institutos teológicos de América Latina
contemplan la evangelización como materia de gran
importancia, en general todavía no hay ninguna institución
teológica que dicte cursillos o materias específicamente
relacionadas a la evangelización en la gran ciudad.

B.- T r a d i c i o n a l i s m o
La congregación de una destacada y próspera
Iglesia afectada por el proceso de la urbanización, tenía
amplias instalaciones edilicias, un destacado pastor,
miembros fieles y un caudaloso presupuesto.
Contrariamente a lo esperado, comenzó a menguar la
asistencia a los cultos y a decrecer la membresía. Los

17
Libert, Samuel, Informes a la Convención Evangélica Bautista
(Argentina), 1972 – pgs. IV-V (sin número).
17

ímprobos esfuerzos por volver a las metas anteriores


resultaron vanos.
Ante esta situación, se organizó una reunión
especial para los miembros a fin de discutir el futuro de la
Iglesia. Se invitó a una persona ajena a la Iglesia para
dirigir el debate en la forma más objetiva posible. La
primera pregunta que ella lanzó a los presentes fue:
“¿Cuántos miembros ya no viven en el barrio?” Las
respuestas mostraron que dos tercios se habían mudado y
vivían en zonas muy distantes del templo. Luego pregutó
al tercio que aún vivía en el barrio cuántos cambios habían
notado en la comunidad durante los últimos diez años.
Algunos de los cambios que se anotaron fueron:
más edificios de departamentos, la salida del barrio de
muchas familias mayores, instalación de pequeñas
industras aunque tradicionalmente el barrio había sido
residencial, la construcción de nuevas líneas férreas, etc.
Finalmente, el director del debate preguntó qué
modificaciones había hecho la Iglesia a lo largo de esos
diez años en que el barrio quedó casi totalmente
transformado, a efecto de ganar sus habitantes para Cristo.
La Iglesia no había modificado nada. Tenía todas las
organizaciones y actividades que tenían las demás Iglesias
y eran las mismas que había tenido diez años atrás. Había
trabajado fuertemente, pero sólo para mantenerlo todo en
marcha. La Iglesia misma se había condenado al fracaso
pensando que el secreto del éxito estaba en mantener
siempre el mismo programa, aún cuando ese programa ya
no contemplaba la naturaleza y las necesidades de los
habitantes de la zona18.

II.- I N T R O V E R S I Ó N

18
Review and Expositor, Summer, 1966 (Vol. LXIII, No. 3) – pgs.
287-300.
18

Nuestro análisis nos impone la necesidad de


mencionar la introversión como segundo obstáculo que la
Iglesia misma pone a la evangelización. Sus motivos son
ciertos prejuicios y las constantes tensiones internas; su
consecuencia más funesta, la inercia del pueblo de Dios en
el trabajo de evangelización.

A.- P r e j u i c i o s
Con el correr de los años, muchas Iglesias
evangélicas y muchas denominaciones se han ido
identificando con un estrato social que tiende a ser de
clase media19.
Cuando una Iglesia local alcanza esa meta, muestra
simultáneamente una increíble reticencia a responder
positivamente al imperativo de un testimonio vigoroso.
Lógicamente que en su programa y presupuesto todavía
figura la evangelización. Incluso puede que sea el primer
rubro, pero en muchos casos, y por el motivo que
veremos, ese programa se torna inoperante. La Iglesia
local u otro grupo de personas que alcanza un nivel social
de clase media, comienza al mismo tiempo a ejercer un
prejuicio social, una discriminación de clases: evita
identificarse con una clase inmediatamente inferior. Sería
volver atrás. Su interés está en la dirección opuesta, en la
clase inmediatamente superior. Pero esa clase ya ha
demostardo que da una respuesta muy pero muy escasa al
llamado de Cristo20.
La consecuencia de este interés es que la Iglesia
comienza a centrar sus planes y su trabajo en mantener las
estructuras internas y en cultivar las costumbres
tradicionales. Esto lógicamente traba la acción

19
Greenway, R. S., An Urban Strategy for Latin America, Baker
Book House, Grand Rapids, Michigan, 1973 – pg. 139.
20
Greenway, R. S., An Urban Strategy for Latin America, Baker
Book House, Grand Rapids, Michigan, 1973 – pg. 137.
19

evangelística y en consecuencia inhibe el avance del reino


de Dios.
El problema entonces no es tanto la indiferencia
del hombre de la ciudad hacia Dios o hacia la religión,
sino la indiferencia del cristiano evangélico hacia algunos
sectores de sus semejantes. Greenway dice:
“Cuando los líderes miran la ciudad y ven sólo a sus
propios miembros dispersos en ella y estos miembros tienen en
general poco interés en las multitudes, resulta que la indiferencia de
los de afuera hacia el cristianismo es sólo un reflejo de la
indiferencia de los cristianos hacia la gente y sus necesidades” 21.

B.- Tensiones internas


El problema de las tensiones internas, como el de
la inercia, la proclamación deficiente, etc. (obstáculos que
analizaremos en seguida) no se encuentran sólo en las
Iglesias urbanas. Existen igualmente en las
congregaciones rurales. Tampoco son obstáculos recientes,
sino más bien “pecados originales” propios de las Iglesias
cristianas. Si aquí le dedicamos estas líneas, es porque sus
efectos negativos pueden ser combatidos, atenuados o al
menos “sublimados”. Y el mundo urbano, como el mayor
de los campos misioneros, necesita con urgencia de esta
acción correctora. Pero vayamos por parte.
Toda congregación cuyo trabajo es apoyado por
iniciativa de sus miembros cae víctima de una triple
tensión interna, una pugna entre líderes que inhibe los
esfuerzos por ganar a los perdidos22.
Esa triple tensión surge de los tres tipos de líderes
que generalmente se pueden encontrar en las
congregaciones evangélicas. El primero es el líder
tradicional. Más que de un líder se trata del liderazgo que
21
Greenway, R. S., An Urban Strategy for Latin America, Baker
Book House, Grand Rapids, Michigan, 1973 – pg. 149.
22
Aquí resumo conceptos que Arno Enns desarrolla más ampliamente
en su libro Man, Milieu and Mission in Argentina, Eerdmans, P. C.,
Michigan, 1971 – pgs. 216-220.
20

ejerce una familia en la congregación. Frecuentemente


esta familia participó en la fundación de la Iglesia, integró
el diaconado, comisiones “pro-pastor”, comisiones de
finanzas, etc., desempeñando así, por muchos años, un
papel de liderazgo.
Hay algunas congregaciones que tienen más de una
familia con estas características, y es en ellas donde se da
la tensión interna a raíz de las fricciones que siempre
surgen entre ambas. El forcejeo de esta tensión interna
divide a la Igesia en partidos o bandos. Cada bando apoya
a la familia de su predilección resistiendo a la otra y a
quienes la apoyan. Esto impide un trabajo unánime y en
consecuencia se inhibe la acción evangelística de la
Iglesia.
Un segundo tipo de líder es el líder foráneo.
Tanto el nuevo pastor como el misionero
extranjero constituyen un liderazgo foráneo que, por su
influencia, es una virtual amenaza para el líder tradicional.
Nuevamente es inevitable la tensión interna, y nuevamente
es afectado en forma negativa todo el programa de la
Iglesia. La fricción entre el liderazgo tradicional y el
liderazgo foráneo impide la ejecución dinámica de
cualquier programa.
Además de estas dos fuerzas, en lucha por el
liderazgo de la congregación, está el líder naciente. Es la
fuerza que ejerce la juventud en la Iglesia.
Las inquietudes propias de la juventud, su ejergía,
su idealismo, su necesidad de acción, su protesta ante lo
tradicional y su aversión por la hipocresía, son todos
factores que convierten al grupo juvenil, o a uno de sus
integrantes, en otra fuerza de liderazgo. Su ímpetu
atemoriza tanto al líder tradicional como al foráneo, y
cada uno tratará de defenderse ante la nueva amenaza.
Esto va nuevamente en desmedro del trabajo positivo de la
Iglesia, pues la fuerza espiritual, esa fuerza que debería
21

estar aplicada a la proclamación del evangelio, se gasta y


agota en el forcejeo de las tensiones internas.
Si estas tensiones aumentan y ninguno de los
liderazgos se impone sobre los otros, hay peligro de que la
congregación se divida definitivamente en dos grupos
antagónicos dando lugar al nacimiento de una
congregación nueva.
El hecho en sí de una congregación nueva es
positivo. Por lo general, es muestra de crecimiento. Pero
en este caso particular la relación incorrecta, tensa, entre
ambos grupos empaña el proceso. El crecimiento no fue
resultado de una auténtica reproducción espiritual23, sino
de antagonismos humanos. El proceso no fue por
mutiplicación sino por división.
Pero una buena dosis de sabiduría y visión por
parte del liderazgo foráneo puede evitar este desenlace
canalizando las fuerzas de los otros dos hacia trabajos
positivos en áreas diferentes. Puede dirigir la fuerza de los
jóvenes hacia un programa agresivo de evangelización
fuera de la Iglesia, y encauzar el celo del liderazgo
tradicional a trabajos positivos dentro de las estructuras de
la Iglesia. De esta manera, se evitará la fricción entre
ambos sectores y se logrará un trabajo positivo de las
principales fuerzas de la congregación.

C.- Inercia del pueblo de Dios


La consecuencia inevitable de los prejuicios
sociales y de las tensiones internas es la inactividad del
pueblo de Dios.
Si de alguna manera hemos de alcanzar metas
alentadoras en la evangelización urbana, nuevos creyentes
en las Iglesias, y un considerable aumento en el número de
bautismos, será por una renovada participación del pueblo
de Dios generalmente conocido por “pueblo laico”.

23
Término usado por James Crane.
22

Ya por muchos años se viene insistiendo en este


punto, y ¿acaso es vano?
Mientras muchísimos ministros ordenados
desesperan ante un virtual fracaso en su ministerio porque
materialmente no les alcanza el tiempo, el dinero y las
fuerzas físicas para hacer la obra de Dios; mientras
numerosos siervos del Señor se rinden por tener las manos
demasiado llenas, centenares y miles de “laicos” fracasan
como creyentes simplemente porque tienen las manos
demasiado vacías. Y las manos vacías las llena el diablo.
¿Qué causas nos han llevado a esta situación? ¿Se
debe sólo a los prejuicios sociales y a las tensiones
internas? ¿O se debe también al celo personal y ególatra
de muchos pastores que lo quieren hacer todo ellos
mismos? ¿No influye también esa fatídica tentación de
comodidad de tantos creyentes que dicen que “para eso
está el pastor; para eso se le paga”? ¿Cuál es el motivo?
¿Quizá sea un conjunción de motivos, tanto conocidos
como ocultos? Lo cierto es que algo está minanado lo
mejor de nuestras fuerzas y gastando por exceso de carga
la energía, capacidad y dedicación de quienes fueron
llamados y ordenados para el ministerio.
James Crane, en su librito “La Reproducción
Espiritual”24; la tesis de “Evangelismo a Fondo”25; el plan
de evangelismo “TEA”26, son voces que hoy se unen para
decirnos nuevamente: “¿Por qué te sientas solo, y todo el
pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?”
y “No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y
también este pueblo.... Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré
y Dios estará contigo.... Escoge tú de entre todo el pueblo
24
Crane, James, La Reproducción Espiritual, Casa Bautista de
Publicaciones, El Paso, Texas, 1965 – pg. 62.
25
Strachan, Keneth, El Llamado Ineludible, Editorial Caribe, San
José, Costa Rica, 1969 – 143 pp.
26
Manual de Preparación para la Escuela Evangelística de
Laicos, Home Mission Board, C. B. P., 1972 – 46 pp.
23

varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad,


que aborrezcan la avaricia, y ponlos sobre el pueblo.... Si
esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y
también todo este pueblo irá en paz a su lugar” (Exodo
18:14-27).
Aquellas experiencias en que el pastor de la
congregación cumplió un papel netamente docente, el de
enseñar y guiar a los miembros de la Iglesia a hacer ellos
el ministerio de ganar a otros para Cristo, o vender
literatura evangélica, a preparar una campaña de
predicación evangelística, no sólo tuvieron por resultado
nuevas personas decididas a seguir la fe de Cristo, sino
que significaron además, una profunda experiencia
espiritual en la vida de los participantes, tan profunda
como tal vez no la habían tenido desde el día de su propia
conversión. Buscando mayores evidencias de esa
experiencia que el cristianismo evangélico, el miembro
“laico” de la Iglesia, vive al participar activamente en el
extendimiento del reino de Dios, he recogido muchas de
sus expresiones.
Aquí destaco el testimonio de tres personas que
participaron consagradamente en otros tantos trabajos,
diferentes, pero cuyo objetivo siempre fue evangelístico.

a.- El primero de los trabajos, el “cen-portaje”, es una


combinación de censo y colportaje. La ocasión de un
censo es usada para vender Biblias o Nuevos Testamentos.
En este oporativo participó el alumnado de un seminario
teológico27. Si aquí destaco un solo testimonio de dicho
trabajo, lo hago porque refleja el sentir general que hubo
entre los participantes después de la visitación.
Este fue el diálogo que tuve con una de las parejas
visitantes:
Kratzing: -Por favor, vengan aquí, ¿cómo les fue?
27
Seminario Internacional Teológico Bautista. Buenos Aires,
Argentina, Noviembre 1973.
24

Alumnos: -Muy bien, dejamos seis Nuevos


Testamentos y cinco Biblias.
(Los alumnos dejaban las Biblias y los Nuevos
Testamentos para pasar al día siguiente por las mismas
casas y cerrar la venta o bien retirar los libros).
K.: -¿Vendieron algo?
A.: -Hoy no, mañana venderemos. (Efectivamente,
al día siguiente concretaron varias ventas).
K.: -¿Pudieron dar algún testimonio de lo que la
Biblia significa para ustedes?
A.: -Sí, y la gente está muy agradecida porque no
sabe mucho acerca de ella. Nos hicieron pasar, y nos
escucharon con mucha atención y cariño.
K.: -¿Entonces les pareció un trabajo positivo?
A.: -Nos resultó más fácil de lo que pensábamos.
Notamos que la gente respondía positivamente; estaba
deseosa por conocer más. Cuando preguntábamos acerca
de la salvación no sabían qué es salvación.
K.: -¿Adoptarían un trabajo similar para realizarlo
en la Iglesia?
A.: -Realmente vale la pena. Nos interesó sobre
todo la reacción de la juventud. Pudimos anotar el nombre
y la dirección de varios jóvenes para continuar el trabajo
con ellos.

b.- Este segundo testimonio lo recogí en una Iglesia que


días antes había realizado una Escuela Evangelística para
Laicos28. Dicha escuela consiste esencialmente de un
período de adiestramiento en el cual los participantes,
miembros de la congregación, son instruídos y enseñados
a presentar en forma concreta el mensaje de Cristo y en

28
Escuela Evangelística de Laicos en la Iglesia Local, Home
Miission Board, S. B. C. Versión Castellana, Casa Bautista de
Publicaciones, 1972. Se conoce bajo la sigla TEA (Testimonio
Evangélico Ahora).
25

seguida extender una invitación para que el interpelado


acepte la fe de Cristo.
Este testimonio pertenece a un diácono de la
Iglesia:
“Realmente salí con temor. Iba orando por el
camino, pero dudaba que la persona que quería visitar
tomara una decisión por Cristo. No obstante, Dios
contestó las oraciones. La persona aceptó la invitación. Se
convirtió. Noté en seguida que esto significó una gran
bendición para ella, pero también noté algo inesperado: yo
mismo fui el más bendecido, yo mismo era quien más
alegría tenía. Me parece que la bendición mayor la había
recibido yo mismo”.

c.- Y este último testimonio proviene de un grupo de


jóvenes que realizaron una campaña de predicación
evangelística. Con algunos meses de antelación, el
predicador invitado sugirió al grupo que celebrara
reuniones con el fin de intercambiar ideas de cómo hacer
los preparativos de la campaña. Se concretaron dos
reuniones: una entre el predicador y el joven que lideraba
a los demás, y otra con la participación de un número
mayor de jóvenes. En ambas ocasiones, el predicador
sugirió no sólo algunos pasos prácticos para la confección
de un fichero, la organización del trabajo de conservación
de frutos y de pequeñas reuniones al aire libre momentos
antes de comenzar las reuniones a fin de traer gente de la
calle, el trabajo de consejeros, etc., sino que también
practicaran todo esto en cada servicio religioso de la
Iglesia a fin de llegar a la fecha de la predicación ya
adiestrados en el trabajo. Los jóvenes lo hicieron así. La
campaña tuvo sus frutos en un grupo de personas que
aceptó la fe de Cristo. Y entonces recogí este testimonio
que, con palabras casi idénticas, surgió de varios jóvenes:
“Estamos tan contentos, no sólo porque muchas
personas aceptaron la fe de Cristo, sino porque hemos
26

aprendido cómo se hace una campaña de predicación. Y


además, el tener que cumplir cada uno con su trabajo, su
responsabilidad particular, hemos estado, por primera vez
en muchos años, totalmente unidos, con un mismo
espíritu”29.
El diálogo con otros participantes en cada uno de
estos tres trabajos me permitió descubrir la causa del tono
netamente positivo de todos estos testimonios. Descubrí
que el contacto con personas ajenas a la Iglesia, y la
oportunidad de darles claramente un testimonio personal,
e instarles a poseer y conocer las Escrituras y a tomar una
decisión por la fe de Cristo, en una palabra, la
participación activa en la evangelización, esto era la causa
de las expresiones positivas y manifestaciones de alegría.
En resumen, podemos ver en los tres operativos
otros tantos elementos comunes, tres factores que
constituyen un común denominador de la satisfacción
experimentada en el trabajo de la evangelización:
1.-Participación activa y responsable de cada integrante
del grupo.
2.- Adiestramiento previo. En los tres operativos hubo un
periódo de adiestramiento.En el caso del “cen-portaje”
y de la Escuela Evangelística TEA, hubo un taller de
trabajo en el que algunos voluntarios simularon espon
táneamente una visita o una conversación destinada a
dar un testimonio y extender la invitación para que
el interpelado tome su decisión.
3.- Contacto testimonial. En las tres experiencias se llegó
al punto de hacer un contacto con personas hasta en-
tonces ajenas a la Iglesia. Pero ese contacto trascendió
el límite de la mera amistad o amabilidad para enfren-
tar al contactado con el testimonio personal con una
beve pero clara exposición del mesaje de Dios.

29
Iglesia Evangélica Bautista de Constitución, Buenos Aires,
Septiembre 1974.
27

La enseñanza Bíblica apoya a quienes insisten en


la necesidad de que el pueblo de Dios debe salir
nuevamente para ganar a los perdidos. Y estas
experiencias, sumadas a otras numerosas, que responden a
ese llamado no sólo demuestran que es el camino hacia el
anhelado crecimiento, sino también hacia una nueva y
profunda alegría en la vida de muchísimos creyentes
evangélicos.

III.- PROCLAMACIÓN DEFICIENTE


El factor decisivo para un aumento en el índice
anual de conversiones son los creyentes. Su calidad
personal como discípulos de Cristo, su celo espiritual, su
influencia como sal de la tierra y luz del mundo, y su
testimonio personal jamás podrán ser sustituídos por
ningún plan, técnica o estrategia.
Sin embargo, cuando se trata de la evangelización
en la selva de cemento, hay otros factores que sin ser
decisivos son muy importantes y deben recibir adecuada
atención. Tal es el caso de la predicación en los cultos de
la Iglesia local. Hay tres notas en esta predicación que
señalan cierta deficiencia.

A.- Predicación incompleta


Cuando esa predicación deja de insistir en el
perdón de Cristo; cuando ya no anuncia “a tiempo y fuera
de tiempo” la salvación por pura gracia; cuando los
sermones atienden toda la gama de temas imaginables, en
perjuicio del mensaje de perdón; cuando los vecinos
pueden resumir la imagen que tienen de los evangélicos en
estas cuatro palabras: “Es gente muy buena”, sin saber que
detrás de toda bondad está el perdón de Cristo y Su gracia
salvadora; cuando, en resumidas cuentas, el pueblo deja de
agradecer y proclamar el perdón de pecados, se pone en
28

marcha un proceso que paulatinamente irá impidiendo el


crecimiento del pueblo de Dios30.
Los creyentes atrapados en este proceso ya no ven
el milagro del perdón, y si lo ven ya no reconocen sus
implicaciones. Dejan de mirar hacia fuera, hacia aquél que
también necesita ser perdonado, para mirarse a sí mismos,
a su propio grupo, a la congregación de su Iglesia. Dicen,
sin pronunciar las palabras: “Gracias, Señor, porque no
soy como él”. Y tal actitud es en cualquier creyente y en
cualquier Iglesia un terrible obstáculo al crecimiento. Es
un obstáculo que nace de una deficiente predicación, de
una predicación que no proclama debidamente el perdón
de Cristo.

B.- Aspiración equivocada: el perfeccionismo


Muchos cristianos evangélicos tienen una profunda
pasión por hacer las cosas bien. Casi no soportan la
sensación del fracaso. Su celo, además de ardiente, les
exige contínuas evidencias de éxito, evidencias que los
acredite como personas exitosas.
Al calor de este celo, egocéntrico si se quiere, es
muy fácil pensar que la perfección es un paso previo a la
multiplicación, que ambas metas son dos escalones
superpuestos, y que alcanzando el primero
automáticamente se llega al segundo. Pero esto es un
error.
Este perfeccionismo se manifiesta en por lo menos
tres esferas:
1.- En una esfera material, en el sentido, por ejemplo, de
mejores templos.
2.- En un esfera espiritual, en el sentido de esperar prema-
turamente que el recién convertido muestre las caracte
rísticas del cristiano maduro, olvidando que dicha ma-
30
Enns, Arno, Man, Milieu and Mission in Argentina, Eerdmans,
Grand Rapids, Michigan, 1971 - pg. 209.
29

durez requiere mucho tiempo, dedicación y paciencia.


3.- Finalmente en una esfera cultural, que bien se puede
ver en la música, el contenido de los sermones y los
programas de la Iglesia31.
Lógicamente no es malo querer hacer las cosas
bien. El creyente incluso tiene la responsabilidad de
hacerlas lo mejor posible. Lo malo es pensar que la
multiplicación en el número de conversiones es resultado
de la perfección en la calidad de las cosas. La
multiplicación de las conversiones nunca es producto de
obras humanas, sino sólo de la acción que el Espíritu
Santo ejecuta a través de vidas limpias y dispuestas para la
obra de Dios.

C.- Teología parcial


Una ilustración nos llevará más al grano de esta
cuestión:
La creciente aumentó inusitadamente el raudal del
río. La primera lluvia del verano ha bañado las laderas del
cerro. Ahora corre torrencialmente por el lecho donde el
resto del año sólo serpentea un insignificante hilo de agua.
Para los niños ha comenzado una gran fiesta. Viejos
anzuelos, gastadas cañas, hilos enredados, lombrices y
corchos han pasado al centro de su atención. En menos de
una hora, están listos para salir a pescar. Y allí van,
seguros de que la creciente les ayudará a tener una buena
pesca. Todos saben que para ello deben respetar una regla
fundamental, una regla que sin estar en los libros requiere
absoluto respeto y consiste en no contar los pescados hasta
estar de vuelta en casa. Cualquier transgresión, esto lo
saben todos, traerá mala suerte.
Sería una torpeza insinuar que en algunas Iglesias
y en algunos sectores de la obra evangélica subsistan
supersticiones semejantes en lo que a la pesca de hombres
31
Enns, Arno, Man, Milieu and Mission in Argentina, Eerdmans,
Grand Rapids, Michigan, 1971 - pg. 243.
30

se refiere. Sin embargo, hay en muchas partes, una actitud


muy parecida a la superstición referida.
¡Cuántos creyentes salen a pescar! Invierten dinero
y tiempo, dones y talentos para ser buenos pescadores en
el reino de Dios. Pero nunca cuentan sus “pescados”.
Llega el fin del año y no saben cuántos han pescado para
su Señor. Trabajan con dedicación, discuten en
interminables reuniones de comisión, caminan con
sacrificio largos kilómetros para ser buenos sembradores,
pero nunca cuentan la cosecha. Rara vez se convierten en
segadores, en obreros que recogen la mies.
De otro modo, ¿por qué hay todavía tantas
congregaciones que no tienen un fichero ordenado y
actualizado con el nombre, dirección y datos generales de
sus miembros? Más frecuente todavía es la falta del
fichero de miembros en perspectiva y la falta de planes
concretos para cultivar el contacto con las personas que
figuran en tal fichero.
En todas partes abundan los planes y esfuerzos
para hacer campañas de evangelización, no así para
campañas de conservación de frutos. Y al decir esto,
estamos usando una terminología equivocada. No es
cuestión de conservar los frutos, como si se tratara de
ciertos productos alimenticios a los que se previene de la
descomposición encerrándolos en envases especiales o en
cámaras frigoríficas. Nuestros frutos son personas
entregadas a Cristo, y no necesitan ser conservadas sino
desarrolladas. Nos faltan esfuerzos específicos y bien
planeados para el desarrollo de los frutos. Carecemos de
planes de trabajo para desarrollar a los miembros en
perspectiva.
En la ciudad más que en cualquier otra parte, las
empresas y los comercios deben hacer tremendos
esfuerzos para mantenerse al ritmo de la competencia. La
empresa que pierde su clientela pierde su posibilidad de
subsistir. Y la gran empresa de Dios no está exenta de esta
31

ley. La gran empresa de Dios debe salir todos los días al


encuentro de una competencia implacable, ingeniosa,
sagaz y diabólica. Hacerlo sin todos los recuersos a su
alcance, pensando en sembrar solamente sin extremar
esfuerzos para cosechar también, es entregarse en manos
del enemigo.
Esta actitud de hacer todo por sembrar y
prácticamente nada por cosechar es consecuencia de una
teología mutilada, una teología que entiende el
evangelismo en términos de sembrar solamente32, una
teología que responde a la Palabra de Dios: “....andando y
llorando” para llevar la preciosa semilla, pero que dice
poco y nada sobre volver con regocijo “trayendo sus
gavillas”. “Sembraré, sembraré.... dejaré el resultado al
Señor”, estrofas que muchos evangélicos cantan con
profunda emoción, se han convertido en una peligrosa
teología de evangelismo.
Jesús pidió que orase por obreros para cosechar, y
el Espíritu Santo se tomó el trabajo de anotar el valor
numérico de algunas cosechas. “Todos estos perseveraban
unánimes en oración y ruego.... y los reunidos eran como
ciento veinte en número” (Hch. 1:14,15); “Así que los
que recibieron su palabra fueron bautizados; y se
añadieron aquel dia como tres mil personas” (Hch. 2:41);
“... pero muchos de los que oyeron la palabra, creyeron; y
el número de los varones era como cinco mil” (Hch. 4:4).
Lo primero siempre debe ir primero. Y en un
estudio de estrategias para la evangelización en la ciudad
lo primero debe ser tomar conciencia de estos obstáculos
internos y no escatimar ningún recurso para reducirlos a
su menor potencia. Sólo entonces estaremos en
condiciones de ver cuáles son los obstáculos de afuera, los
32
McGavran, D., Understanding Chuch Growth, Eerdmans,
Grand Rapids, Michigan, 1970 - pg. 34.
Mc Gavran desarrolla más extensamente este concepto. Aquí
me permito señalar la existencia real de esta actitud.
32

obstáculos internos, y cuáles las armas que Dios nos ha


dado para combatirlos.

CAPÍTULO TERCERO

OBSTÁCULOS EXTERNOS A LA
URBANGELIZACIÓN

I.- L A CIUDAD
La ciudad en sí es un obstáculo a su propia
evangelización. Ella misma impide ser evangelizada. El
centro urbano, como entidad particular e independiente, se
opone al mensaje de Dios, resiste la cruz de Cristo y niega
el ministerio de sus discípulos.
Esta oposición está relacionada con el nacimiento
mismo de la ciudad. Cuando las Escrituras nos llevan a
Enoc, la primera ciudad en la historia de nuestro mundo,
también nos presentan a su constructor: un asesino, un
fraticida: Caín.
Caín se ha rebelado contra Dios; ha matado a su
hermano, ha sido el primero en derramar sangre humana
sobre la joven tierra, sin embargo, Dios le ofrece ciertas
garantías o por lo menos una seguridad mínima. Pero el
33

hombre alejado de Dios la rechaza. La rechaza porque


desconfía, tiene miedo, huye y corre en busca de otro
refugio. Sabe que sobre su cabeza se ciernen densas nubes
de venganza y que “cualquiera que me hallare me matará”.
En su temor, siente que la promesa y la creación de
Dios no le son protección suficiente. Así que construye
una ciudad, su propia creación y da lugar así a que el
primer centro urbano nazca de las manos de un asesino....
para proteger a un asesino33.
No, no es un equipo de arquitectos preocupados
por encontrar un mejor ambiente habitacional para el
hombre, quien diseña y construye esta primera ciudad. El
constructor es sólo un hombre, y ese hombre es un
criminal. La primera ciudad es obra del primer criminal.
Desde entonces, y hasta que descienda del cielo la
nueva Jerusalén, la ciudad construída por Dios, los centros
urbanos, antiguos y modernos, reflejan y reflejarán ese
origen bañado en sangre. Es como un sello que ha
quedado estampado en forma indeleble sobre la ciudad.
Por eso el hombre de corazón empedernido, sin
escrúpulos, sin moral, desalmado, incomovible está allí.
En ella tiene su mejor refugio.

A.- Las tinieblas de la ciudad resisten la proclamación del


evangelio.
El traficante de drogas encuentra en ella las
mejores garantías para responder satisfactoriamente a la
oferta y demanda de su macabra mercancía. Ella es el
ámbito de acción del delincuente moderno porque pone a
su alcance la electrónica, la medicina, la mecánica, etc.,
herramientas imprescindibles para poder vaciar los
caudalosos tesoros que se esconden en sus arcas. Pero
también el simple ladrón descuidista hace su agosto en la
ciudad. ¿O acaso hay algún lugar donde encuentre más
33
Ellul, Kacques, La Ciudad, Buenos Aires, La Aurora, 1970 - pg.
19.
34

bolsillos apretujados uno contra otro, desprevenidos, y


más o menos llenos? Aquí se auspicia la prostitución, se
paga la violencia, se planea la guerra, se negocia
indistintamente con la vida como con la muerte del ser
humano. Es la ciudad la que con sus leyes inapelables
enriquece hasta la locura a unos, y despoja, hasta la más
desesperante miseria a otros.

B.- Las luces de la ciudad también resisten la


proclamación del evangelio.
Al mismo tiempo ofrece toda la variedad
imaginable de pasatiempos, diversiones y entretenimientos
Por eso a nadie se le ocurre pensar que la ciudad sólo
resiste al mensaje de Dios por albergar tantas cosas malas.
No, también el torrente de cosas buenas que encontramos
en ella son parte de la resistencia. Cosas buenas,
humanitarias, piadosas que cautivan el tiempo, las fuerzas
y la atención de sus hombres al punto de tenerlos tan
ocupados, tan envueltos en obras positivas que ya no
pueden escuchar el mensaje de Dios. No sólo las tinieblas
de la ciudad, sino también sus luces, resisten el evangelio
de Cristo.

C.- Su lenguaje
A esta doble fuerza de resistencia se une una
tercera: el lenguaje de la ciudad. “Los eruditos han
apreciado por mucho tiempo la dificultad de traducir a
términos pertinentes a la ciudad y sus habitantes, el
lenguaje pastoril y el simbolismo de la Biblia como por
ejemplo la figura del pastor del Salmo 23 y del capítulo 10
del evangelio de San Juan”34.
Y Jesús sabe esto. Por eso, cuando amonesta a las
ciudades (Mt. 11:20-24) y pronuncia sus famosos ayes
sobre ellas, no lo hace porque no supieron interpretar sus
34
Lee, Robert, (Ed.) Cities and Churches, The Westminster Press,
Philadelphia, 1962 - pg. 88.
35

palabras, sino por no haber sabido interpretar sus


milagros35.

II.- EL HOMBRE URBANO: SU MANERA DE SER


Orlando Costas dice en un meduloso trabajo que el
hombre de hoy, el hombre moderno y secular, es un ser
heterogéneo y esto es especialmente cierto al tratarse del
hombre de la sociedad urbana36.
Es imposible hablar del hombre de la ciudad
como si se tratara de hombres unidos por una misma
ideología, costumbres similares, y culturas coincidentes.
Sucede todo lo contrario, en la ciudad se refugian las
personas, ideologías y culturas más diferentes que se
pueda imaginar. La sociedad urbana es un verdadero
mosaico griego, un gran conglomerado de personas que se
caracteriza por ser extremadamente heterogéneo.
Las diferencias que hacen a esa naturaleza
heterogénea, según el mismo Orlando Costas, son:

A.- Diferencias históricas


En la ciudad conviven personas más o menos
adelantadas dentro de la historia humana. Hay quienes se
adueñan de los avances técnicos y aún psicológicos de la
era espacial, mientras que otros conservan con
sorprendente apego las ideas, costumbres, creencias y aún
herramientas de sus antepasados. La ciudad representa a
un mismo tiempo diferentes épocas históricas: una época
moderna, otra post-moderna, otra pre-moderna.

B.- Diferencias económicas

35
Ellul, Jacques, La Ciudad, Buenos Aires, La Aurora, 1970 - pg.
119.
36
Costas, Orlando (Ed.) Hacia una Teología de la Evangelización,
La Aurora, Buenos Aires, 1973.
36

Sin duda las diferencias económicas son aún más


notables. Hay un marcado contraste de niveles
económicos entre distintos sectores de la ciudad. Si bien
se podría hacer una clasificación, una estratificación de los
diversos niveles que en este sentido presenta la ciudad,
baste con señalar el profundo abismo, la gran distancia
entre pobres y ricos, aún cuando viven uno frente al otro.
La ciudad es refugio simultáneo del superlativo de la
riqueza y del superlativo de la pobreza. El adinerado
caudillo y el desposeído mendigo encuentran a un mismo
tiempo, su refugio en la ciudad.

C.- Diferencias culturales


Lo mismo sucede con la cultura de la sociedad
urbana. No es de color uniforme, sino múltiple como los
colores del arco iris. Sectores culturlamente
resplandecientes contrastan con otros aún suspendidos en
la obscuridad de la ignorancia, el analfabetismo y la
superstición. La ciudad tiene lugar para todas las culturas
del mundo y del tiempo.
Cualquiera de nuestras congregaciones refleja este
cuadro de diferencias, esta naturaleza heterogénea de la
ciudad. En un mismo banco se sientan el profesional y el
analfabeto, el patrón y el empleado, el que ha hecho
estudios universitarios como el que sólo tiene uno o dos
años del ciclo primario.
Es cierto que en Cristo estas diferencias se diluyen
y no impiden un genuino amor cristiano dentro de la
congregación. Pero también es cierto que esas diferencias
dificultan la tarea de la evangelización.

D.- Áreas afectadas


Las dificultades se manifiestan en dos áreas:
37

1.- El proceso de la comunicación del mensaje


a.- El emisor del mensaje, ya sea éste un
predicador, un escritor, un programa radial o televisivo,
tiene que emitir un mensaje adecuado a receptores de
diversas naturalezas. Ya vimos que las diferencias son
históricas, económicas y culturales.
b.- El conductor del mensaje, es decir, el
ambiente en que el mensaje es emitido sufre alteraciones
por la actitud propia y diferente de cada sector
representado en el auditorio. Un sector puede estar
esperando una sacudida emocional, mientras que otro
sector espera una explicación más clara y sistemática de
alguna cuestión teológica.
c.- El receptor, en este caso el auditorio, sólo
recibe una parte del mensaje emitido. Cada sector, cada
individuo, como un radio receptor, que sólo admite una
frecuencia por vez, selecciona sólo una pequeña parte del
mensaje. Ciertos tonos, determinados ejemplos, algunos
conceptos. Si a esto se suman las interferencias naturales
en todo proceso de comunicación ya tenemos un cuadro
completo de los obstáculos que pone una sociedad
heterogénea a la proclamación del mensaje de Cristo.
Pero hay otra esfera que también es afectada por la
heterogeneidad de la sociead urbana:

2.- La integración de la congregación


La desintegración de congregaciones ubicadas en
centros urbanos es un fenómeno alarmante pero que tiene
su explicación precisamente en esta heterogeneidad.

“Una congregación sólo sobrevive si puede


mantener una membresía socialmente homogénea, es decir,
cuando puede preservar una integración económica. La fe
religiosa puede ser considerada una condición necesaria
para la membresía de una congregación, ya que la decisión
de unirse a un grupo para adorar requiere cierta fuerza
motriz, pero la fe no es condición suficiente para ello. La
38

presencia de otros miembros de similar nivel


socioeconómico es la condición suficiente”37.

La naturaleza heterogénea del hombre urbano


atenta contra esta condición suficiente, y al poner a la
congregación en un proceso de desintegración debilita su
fuerza evangelística.

III.- EL HOMBRE URBANO: SU MANERA DE


PENSAR

El hombre de la gran ciudad tiene un modo


diferente de pensar. Lógicamente no piensa igual que sus
padres, porque vive en otra época. Pero tampoco piensa
igual que el hombre del campo, o el hombre de una ciudad
pequeña que vive en la misma época. El hombre de la
metrópoli tiene su propia manera de ver las cosas y esto se
expresa con mayor claridad en relación con dos temas
específicos:

A.- En relación consigo mismo


El hombre de la ciudad moderna ha cambiado en la
manera de pensar de sí mismo. Tiende a sentirse mayor de
edad, libre, independiente y autónomo en sus decisiones
por la lucha diaria. Por eso el hombre y la sociedad urbana
se esfuerzan por romper con los valores tradicionales,
terminar de una vez con los tabúes y con todo cuanto
durante siglos le ha querido imponer ciertas normas de
conducta y pensamiento. Es decir, que ve en sí mismo un
ser que se basta solo, que puede manejar y resolver los
grandes problemas de la vida, que ya no necesita de la

37
Winter, Gibson, The Suburban Captivity of de Church, New
York, The Macmillan Company, 1962 - pgs. 80-81.
39

religión para forjarse su felicidad, que ya es adulto, y que


puede andar sin muletas por el camino de la vida.
Cristo en cambio dice: “Sin mí nada podéis hacer”.
Son palabras que contradicen el pensamiento del hombre
urbano; por eso son palabras que no tienen cabida en él.
Pero cuando al fin el hombre se ve liberado de las
milenarias ataduras y en condiciones de contemplarse a sí
mismo en esta nueva perspectiva, es atrapado y
esclavizado por ataduras nuevas: las de la secularización.
Por secularización entendemos una fuerza, un
proceso histórico, casi irreversible, por el cual el hombre,
la sociedad y su cultura se liberan de la tutela de la
religión, entregándose al mismo tiempo en manos de la
autoridad que las corrientes mundanales ejercen sobre la
vida del hombre. Es esto lo que lo lleva a pensar de sí
mismo como hombre maduro.
Esta manera de pensar prospera sobre todo en
zonas urbanas y especialmente en zonas urbano-
industriales. Allí se manifiestan con mayor claridad los
intereses de las grandes empresas, y esos intereses por
cierto no apuntan al individuo en relación con sus valores
humanos, apuntan al individuo en relación a su trabajo, en
relación con lo que puede rendir. A Cristo en cambio le
interesa fundamentalmente lo que el hombre es, es decir,
un pecador. Y le interesa lo que el hombre debe ser, esto
es, un hijo de Dios, una persona nueva.
El profundo abismo que hay entre la manera de
pensar de Cristo respecto del hombre, y la forma secular
del hombre de verse a sí mismo, se constituye en otro
poderoso impedimento para una evangelización eficaz.

B.- En relación con el mundo


Esta manera que el hombre de la ciudad tiene de
pensar acerca de sí mismo está acompañada de una
manera, particular también, de pensar acerca del mundo y
40

sus cosas. En este sentido el hombre de la ciudad piensa


en términos decididamente prácticos.
Cuando el hombre de la ciudad piensa acerca del
mundo y sus cosas, se asemeja mucho al antiguo judío que
por naturaleza tenía muy poco talento para la ontología. Si
alguien le hubiese preguntado acerca de Yahweh nunca
hubiera contestado en términos de categorías metafísicas,
como ser: omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia.
Hubiera contestado contando los prodigios de Dios para
con su pueblo. La liberación de la esclavitud en Egipto, Su
dirección a través del desierto, el maná, el agua de la roca,
el derrumbamiento de los muros de Jericó, la posesión de
la tierra prometida.
Esta forma de contestar es netamente funcional, no
ontológica. Es una manera eminentemente práctica de ver
las cosas.
Así es que el hombre de la ciudad, es un ser
práctico. Dedica su atención y esfuerzo a la solución de
problemas específicos, a encontrar la manera de hacer
marchar sus proyectos. Poco le interesan las preguntas
metafísicas, y como regla general no hace preguntas de
carácter religioso. Para él, el mundo no es tanto un
misterio insondable, sino una serie de problemas
entrelazados que tarde o temprano serán resueltos por la
ciencia y la técnica. Sus preguntas ya no son “¿De dónde
vengo?” y “¿A dónde voy?”, sino “¿Qué me cuesta
menos y me lleva más ligero?”.
Si pusiéramos a este hombre a estudiar el tema del
avestruz de las pampas argentinas, su primera pregunta no
sería “¿Es un ave?”, sino “¿Puede llevar pasajeros?”
Este pragmatismo, esta manera práctica de ver las
cosas, propia del hombre de la ciudad, también se
convierte en un obstáculo a la evangelización eficaz, sobre
todo si el mensaje de Cristo es presentado en términos
exclusivamente teóricos, conceptuales, doctrinarios,
41

cuando lo que quiere el hombre urbano, lo que despierta


su interés y apela a su corazón, son los hechos.
El pragmatismo del hombre de la ciudad es, por lo
tanto, un obstáculo de doble naturaleza: es un obstáculo
externo en tanto es propio al mundo que rodea a la Iglesia
local, y es un obstáculo interno cada vez que la Iglesia no
sabe adecuar la proclamación del mensaje a esta manera
de pensar de su auditorio.

IV.- EL HOMBRE URBANO: SU MANERA DE


VIVIR

Mirando la manera de vivir del hombre urbano,


inmediatamente llama la atención su característica de
movimiento. Se ha querido simbolizar a la vida del
hombre urbano con el gran trébol de autopistas que se
entrecruzan llevando el tránsito en todas direcciones. El
movimiento es sin descanso, sin interrupción.
Este contínuo ir y venir que arrastra el hombre de
la ciudad es visto con desconfianza y recelo por los
observadores, ya sean éstos teólogos, psiquiatras o
filósofos. En general, consideran que la excesiva
movilidad es un factor netamente negativo en la vida del
género humano. Por eso, también ven a la vida urbana
como una vida preponderantemente negativa.
En este sentido, es importante señalar que muchos
de los grandes hombres de Dios cumplieron la mejor parte
de su ministerio en un estado de movilidad. Abraham sale
de su tierra en un viaje cuyo destino desconoce. Moisés
pasa los cuarenta años más importantes de su vida
viajando por el desierto hacia la tierra de reposo. David
sólo sube al trono después de haber pasado largos años
42

huyendo de un escondite a otro. Jesús, nuestro Salvador,


viene al mundo en un alto del camino y ni bien ha sido
saludado por los pastores del campo y los sabios del
oriente, y presentado a Dios en el templo, debe seguir
camino. Ya en la plenitud de su ministerio, se caracteriza
por ser un hombre que no tiene dónde recostar su cabeza.
Un hombre sin hogar. En su reunión cumbre con Moisés y
Elías en el monte de la transfiguración, su conversación
gira en torno de su próximo éxodo, su nuevo viaje.
Todo esto nos hace pensar que la movilidad no es
una característica inherentemente mala. Ha sido factor
importante en la revelación de Dios, en la historia de la
salvación.
Con esto en mente podemos continuar el análisis
de la influencia negativa que la movilidad puede tener
sobre la evangelización urbana.
Decir que la movilidad es una característica del
hombre urbano no es decir que sea un nómada. En rigor de
verdad la antigua clasificación entre pueblos nómadas y
sedentarios no es aplicable al hombre de la ciudad, pues
en él se conjugan ambos modos de vida. Es nómada pero
también es sedentario. Es un “sedómada” porque por un
tiempo vive en una casa o departamento, en una ciudad o
barrio, pero no para siempre. De pronto alterna con sus
dos posibilidades, deja de ser sedentario y se convierte en
nómada. Se muda, se cambia de domicilio, y el pastor de
la Iglesia local debe buscarlo en otra casa, en otro barrio o
en otra ciudad. Y es esto lo que afecta a la Iglesia local y
al programa evangelístico en dos aspectos muy
importantes:
1.- Atenta contra la fidelidad hacia una Iglesia determina-
da.
2.- Frustra los esfuerzos de la Iglesia en su ministerio de
desarrollo de frutos. De pronto, éstos ya no están en el
árbol y la rama de siempre. Escaparon del alcance de
la Iglesia local.
43

Estos cuatro obstáculos externos que dificultan la


evangelización urbana, de ninguna manera constituyen
una lista fija y uniforme para todas las Iglesias. En algunas
ciudades habrá más obstáculos que en otras. En algunas
partes, estos serán más virulentos que en otros. Además,
cada uno de estos factores enumerados aquí es susceptible
de un análisis más profundo y minucioso.

Por lo pronto, vemos que cualquier inquietud por


los escasos resultados de nuestra evangelización urbana
tiene sobradas razones de ser. Todo esfuerzo evangelístico
es sometido al constante bombardeo de obstáculos
internos y externos como los que acabamos de ver. Esto
nos lleva a dos consideraciones de suma importancia
referidas a la acción evangelística del futuro:

1.- Cada Iglesia urbana tendrá que hacer su propia investi-


gación antes de lanzarse a la lucha. No alcanza que
una Iglesia conozca sus propios recursos, fuerzas y sol
dados; también debe conocer los del enemigo.
En la investigación encontrará que hay obstáculos
comunes a todas las Iglesias de una ciudad, pero tam-
bién encontrará obstáculos específicamente propios.
Debería conocerlos, y recién entonces, delinear una es-
trategia evangelística.

2.- La ciudad no sólo ofrece obstáculos a la obra de Dios.


También tiene puertas abiertas. Y si es necesario cono-
cer los obstáculos, ¡cuánto más necesario será conocer
estas puertas abiertas! A su análisis está dedicado el
próximo capítulo.
44

CAPÍTULO CUARTO

¿CAMINOS DE ESPERANZA O FANTASÍAS?


(Factores favorables para la autoexpansión del evangelio)

Cuando el Señor detiene a Pablo en el camino a


Damasco para convencerlo de su error y encomendarle la
predicación, y no la persecución, de este evangelio, ya es
un hombre maduro. Comprende perfectamente bien las
dificultades que le esperan, pero se lanza con cuerpo y
alma a cumplir la tarea.
Tiempo después, Dios vuelve a detenerlo. Esta vez
es para interrumpir su ministerio en Antioquía y apartarlo
junto con Bernabé para la obra a la que los ha llamado.
Sin duda es doloroso para muchos miembros de la Iglesia
tener que despedir a siervos tan amados. Pero el Señor
dijo “los he llamado”, de modo que no hay lugar para
excusas. La Iglesia ayuna, les impone las manos y los
despide. Casi podemos ver como se pierden sus figuras en
la distancia rumbo al puerto. Su estrategia, su itinerario, es
ir DE CIUDAD EN CIUDAD.
¿Por qué?
45

En primer lugar porque las ciudades generalmente


son centros cosmopolitas, lugares donde transita gente de
todas partes del mundo. Salamina, Pafos y Perge eran
ciudades tanto más cosmopolitas por cuanto eran ciudades
portuarias. Los barcos del mundo entero vienen aquí,
descargan, negocian su cargamento y se van con
mercancía nueva en busca de nuevos puertos.
El evangelio predicado aquí tiene la garantía de ir,
sin pagar pasaje, con esa mercadería y sobre todo con los
mercaderes y marineros a otros puertos. De allí puede
emprender nuevos viajes y así llegar hasta lo último de la
tierra.
Cada ciudad es para el evangelio una catapulta, un
centro de autoexpansión.
Cabe hacer una reflexión aquí y preguntar:
¿Cuántas Iglesias portuarias tenemos en América Latina?
Por su propia naturaleza una Iglesia en el puerto
tiene que ser eminentemente misionera. De ella salen
hombres hasta los confines de la tierra. Su congregación
quizá nunca sea muy estable. Su membresía quizá nunca
sume un número muy grande. Los creyentes de una Iglesia
en el puerto seguramente serán personas diferentes a los
demás habitantes de la ciudad; tendrán un lenguaje,
costumbres y opiniones diferentes.
Una Iglesia en el puerto es tan importante porque
pocos marineros tienen un lugar hogareño donde
refugiarse cuando el barco está en tierra extranjera
descargando y preparándose para un nuevo viaje.
¡Cuántos, por falta de un rincón con calor de hogar,
acuden a otros rincones, donde hombres ávidos de
ganancias materiales han sabido aprovechar esas
circunstancias especiales y han prosperado en su negocio!
El apóstol a los gentiles también sabe aprovechar
esas circunstancias. Como gran estratega, predica en las
ciudades portuarias. En su corta estadía allí, aprovecha el
tiempo para encender el fuego en vidas necesitadas de
46

Dios. Sabe que cada barco, cada marinero, cada pasajero


que parte es como uno de esos hilos que llevan el fuego al
cartucho de dinamita. Una vez encendido, no requiere más
cuidado, pues el fuego corre y la dinamita explota.
Además, el plan es ir de ciudad en ciudad, porque
generalmente las ciudades son también centros
comerciales. Tal el caso de Antioquía de Pisidia e Iconio.
A más de ser capitales de sus respectivas provincias, eran
importantes centros de comercio. En Antioquía se
negociaba el cuero y en Iconio los tejidos lanares.
Con algo de imaginación, podemos ver a la gente
que viene y va, algunos de tierras lejanas, otros de la
misma ciudad. Allí vocean su mercadería. Se hace la
oferta, se evalúa la demanda, se ajustan los precios, se
regatea, se compra, se vende, se gana y se pierde. Al caer
de la noche, cada cual vuelve a su casa o albergue,
llevando consigo el fruto de su negocio, y llevando
consigo las últimas noticias del quehacer mundial.
Es así porque al mercado viene el extranjero, el
hombre del interior, y el habitante de la ciudad. Y mientras
se hace el negocio las noticias corren de boca en boca. Un
buen comentario sobre las últimas noticias siempre es una
excelente introducción para un buen negocio.
Hoy, cuando vivimos en la era de la ciencia y la
tecnología, de los viajes espaciales y de las
comunicaciones masivas, todavía es así. Allí en el
mercado se encuentran las vecinas, y al tiempo que hacen
sus compras, comentan con esa filosofía especial del
mercado, todo cuanto pudiera ser de interés. Los nuevos
precios, el choque de la esquina, el programa de
televisión, la salud de fulano, el casamiento de mengano
con el infaltable comentario sobre el peinado y el vestido
de la novia. Las noticias van y vienen.
Pablo, con su agudo discernimiento ve allí el lugar
propicio para las buenas noticias del evangelio de Cristo.
Él sabe que predicando allí el mensaje llegará a los lugares
47

más insospechados. Sabe que la ciudad mercantil es un


torrente que lleva el mensaje hasta lo último de la tierra.
Siguiendo aquí con nuestra reflexión: ¿Qué pasaría
si hoy se hiciera un ministerio de mercado? Se entiende
que los cultos tendrían que ser todos los días. Habría que
respetar el horario de mayor movimiento mercantil. En su
mayoría, los cultos serían matutinos. Tendrían que ser
reuniones de quince a veinte minutos, no más. Los
mensajes tendrían que estar dirigidos a los grandes
problemas de la vida cotidiana. La congregación quizá
sería primordialmente femenina, tal vez no muy estable,
pero ¿hasta dónde llegaría el mensaje predicado allí
cuando cada oyente vuelve a su casa? ¿Qué pasaría con
un puesto de Biblias, Nuevos Testamentos, libros
evangélicos en medio de la feria? ¿Hasta dónde llegaría
esa literatura?
Para Pablo el estratega había dos cosas esenciales:
predicar el evangelio, y asegurar que su predicación
llegara lo más lejos posible. Para esto la ciudad es el lugar
ideal. La ciudad es un centro de autoexpansión.
La estrategia de ir de ciudad en ciudad responde
también al hecho de que muchas ciudades son centros
religiosos. Antioquía de Pisidia, por ejemplo, era centro de
adoración a Men, dios de la fertilidad. ¿Por qué no
predicar a Dios en el lugar donde la gente busca a Dios?
Personalmente conocí el evangelio en un
importante centro religioso: la ciudad de Catamarca. Allí
se realizan anualmente dos fiestas para venerar a la Virgen
del Valle. En una de esas fiestas, cuando la ciudad estaba
engalardonada, y cuando los promesantes venían, unos a
pie, otros en bicicleta, otros sobre sus rodillas, y otros,
más cómodos, en camiones, para traer su tributo a la
imagen, tuve el primer contacto con misioneros
evangélicos que en medio de la muchedumbre habían
instalado un puesto para la difusión de la Biblia. A ese
48

primer contacto, le siguieron otros que finalmente me


llevaron a los pies de Cristo.
El Espíritu Santo guía al apóstol Pablo a usar esta
estrategia, por eso predica en Atenas donde el pueblo es
tan religioso que incluso tiene un templo al dios no
conocido. Un templo “por las dudas”. También predica en
Efeso, asiento de la “majestad de aquélla a quien adora
toda Asia” y “guardiana del templo de la gran diosa
Diana”. Pero el ejemplo más claro y sorprendente de esta
estrategia lo vemos cuando Pablo está en Corinto. Los
judíos allí ya no lo quieren escuchar. Entonces él sacude
sus vestidos, los hace responsables de su dureza, se vuelve
a los gentiles, y se hospeda en casa de “uno llamado
Justo” ubicada al lado mismo de la sinagoga de los judíos.
Por cierto que Pablo no va allí para esconderse, sino para
predicar con más fuerza que nunca. Y el fruto no se hace
esperar: al poco tiempo Crispo, el principal precisamente
de esa sinagoga, con toda su familia se encuentra entre los
convertidos38.
Pablo va de ciudad en ciudad porque allí encuentra
por lo menos tres factores que hacen a la autoexpansión
del evangelio: el puerto, el mercado y el centro religioso.
Ahora la ciencia, la tecnología, la revolución
industrial y el urbanismo han aumentado el tamaño de las
ciudades modernas, pero al mismo tiempo también han
aumentado los factores que influyen en la autoexpansión
del evangelio en las ciudades. Cada ciudad tendrá sus
factores característicos; no obstante podremos señalar
algunos que serán en mayor o menor medida, comunes a
todas las grandes ciudades latinoamericanas.

A.- La movilidad
Hay por lo menos dos tipos de movilidad en las
ciudades modernas:

38
Kraetzig, G., “Tribuna Evangélica”
49

1.- La migración urbanista


Llamemos con este título el constante éxodo de la
población rural hacia las ciudades y sus alrededores.
Este éxodo es un movimiento mundial por el cual
la población de toda la tierra tiende a trasladarse y
aglomerarse en las grandes ciudades. Como el pueblo de
Israel se trasladó de la tierra de Egipto, de la esclavitud, a
la tierra prometida, así la población mundial tiende a
trasladarse del campo, como si fuera tierra de esclavitud, a
la ciudad como si ella fuera prometida. Y efectivamente,
para millares de personas la ciudad es su última esperanza,
su tierra prometida donde esperan encontrar torrentes de
leche y miel.
Al pueblo de Israel le llevó cuarenta años llegar a
su tierra prometida, y en un período similar la población
de la tierra habrá llegado a la ciudad. Dentro de cuarenta
años se habrá aglomerado en los grandes centros urbanos
de tal modo que sólo un diez por ciento de la población
quedará en el campo.
Tomemos nuevamente a la Argentina como
ejemplo. Este país tenía en 1970 zonas netamente
expulsoras de población, en tanto que otras se constituyen
en centros de atracción. Estas absorben la población
proveniente de aquéllas. El mismo fenómeno ocurre en los
demás países latinoamericanos. El último censo oficial
informa al respecto:

“Este movimiento tiene efectos múltiples, tanto en


las regiones de origen como de destino. Las áreas de
emigración no sólo se ven afectadas por la pérdida de
población en valores absolutos, sino que sufren el
desequilibrio que produce en su economía el aumento
proporcional de la población inactiva, respecto de la que
produce bienes y servicios”.
“En los centros receptores la capacidad de absorción
de mano de obra, particularmente en algunos sectores de la
50

industra caracterizados por el uso creciente de técnicas


capital/intensivas, no parece expandirse al ritmo que requirió
la afluencia de los migrantes, sino que las calificaciones
exigidas en muchas de estas actividades constituyen un serio
obstáculo para la incorporación de los nuevos trabajadores,
que carecen, por lo general, de la capacidad necesaria”39.

Sumadas a estas consecuencias socioeconómicas


encontramos en estos datos indicios claros referidos a la
ubicación geográfica de los campos misioneros de hoy y
mañana. Pero dejemos que las cifras tengan su
oportunidad de expresarse:
“La característica ecológica más sobresaliente de la
Argentina –y tal vez caso único en el mundo para países del
tamaño del nuestro tanto en superficie como en población-
es que un solo aglomerado urbano, el Gran Buenos Aires,
con el 0,1% de la superficie total del país, contiene el 35,7%
de su población”.
“Lo más remarcable es que este fenómeno se repite
también en la mayor parte de las provincias que congregan
en su centro urbano más importante –en casi todos los casos,
su ciudad capital- entre el 25 y el 50% de la población de
toda la provincia”.
“Los hechos señalados ponen de manifiesto dos
factores de suma relevancia con relación al proceso de
urbanización en el último decenio:
a.- La concentración creciente de la población en grandes
aglomerados....
b.- El rápido aumento del número de centros urbanos de
tamaño intermedio (50.000 a 99.999 habitantes), que
evidencia que el proceso no se está produciendo en un sólo
sentido, sino que a escala más reducida y a nivel regional,
estas ciudades han ejercido un grado de atracción semejante
al de los grandes aglomerados”40.

Esta información provee a nuestra reflexión dos


importantes líneas directrices:
39
Censo Nacional de Población, Familia y Viviendas – Presidencia de
la Nación Argentina – Secretaría del C. N. De Desarrollo – Instituto
Nacional de Estadísticas y Censos – 1970.
40
Censo, pgs. 22-24
51

a.- EL LUGAR de los mayores campos misioneros. Los


campos misioneros que necesitan con urgencia de obreros,
de dedicación de dinero, personal y habilidades no están a
largos días de viaje, en selvas o desiertos inhóspitos, sino
en estas grandes ciudades, pues en ellas están las
multitudes.

b.- LA NATURALEZA de estos campos misioneros. Hay


en ellos en proceso un factor de autoexpansión para el
evangelio, porque las personas afectadas por la migración
de los pueblos han demostrado mayor aceptación hacia el
mensaje de Dios en virtud de estar desarraigados de su
terruño y con ellos de múltiples ataduras que les impedían
escoger la religión por propia decisión.

Podemos observar este fenómeno con mayor


claridad en un sector específico de la población: las
señoritas. Es un hecho que estas grandes migraciones
tienen especial preferencia por el sexo femenino cuando
está sobre los trece y los treinta años, y todavía sin el
compromiso de una familia propia.

2.- La “rurbanosis”
Con el término de “rurbanosis” me refiero a una
enfermedad característica de estas personas cuando han
dejado su casa del interior y han venido a la ciudad. Es
una enfermedad que puede ser muy peligrosa para ellas y
que se distingue por los siguientes síntomas:

a.- Añoranza.- La separación de los padres, hermanos y


amigos produce una profunda tristeza. No es añoranza
sólo por el círculo familiar, también se extraña al pueblo,
el paisaje, sus flores y sus cardos, sus montañas y sus
llanos, las costumbres, el clima, las comidas. Todo ello ha
sido parte de la vida hasta el momento de partir, y ahora
52

que se está lejos, rodeado de una ciudad violenta, se lo


añora entrañablemente.

b.- Desarraigo.- La persona que recientemete ha venido a


la ciudad se siente atormentada por una sensación de
pérdida. Por eso surge la respuesta “no me hallo” tan
corriente cuando uno le pregunta: “¿Cómo se siente?”.

c.- La angustia de la libertad.- Hasta el momento de


partir, esta persona ha estado bajo la autoridad de sus
padres, de los familiares más lejanos y de las costumbres
de su pueblo. Siempre tomó sus decisiones bajo la presión
de ésa múltiple autoridad. Pero ahora está lejos. Nadie le
aconseja. Nadie le reprocha nada. Nadie le felicita. Debe
tomar sus decisiones por su propia cuenta y bajo su única
responsabilidad. Tal situación provoca fácilmente fuerte
tensión interna. Es más fácil tomar decisiones sabiendo
que serán reprobadas, o quizá condenadas, que decidir sin
saber qué pasará después.

d.- Aversión.- A las personas recientemente llegadas a la


ciudad les repugna el ambiente en que ahora deben vivir.
Les parece que la gente es fría, que su acento es arrogante;
les resulta insoportable el constante ritmo de vida, y
estiman desalmadas a las personas que les rodean. Deben
vivir en este ambiente, pero no pueden identificarse con
él. Físicamente viven en la ciudad, pero espiritualmente lo
rechazan. Y esta aversión con su consecuente falta de
adaptación puede ser una fuente de graves trastornos en su
salud física y psíquica.
Como toda persona enferma, pronto buscarán un
remedio, y es entonces cuando el pueblo de Dios puede
intervenir con una clara misión evangélica. Es el momento
indicado para que la Iglesia relacione a estas personas con
el Médico de médicos, con el Señor Jesús.
53

Si se trata de una señorita que ya conoció al Señor


tendrá que aprender a encontrarse con Él en su nuevo
ambiente de la ciudad. Si no lo conoció todavía, necesita
con urgencia de Él.
Si la Iglesia urbana cumple su ministerio de
manera que esa señorita se sienta apreciada, si encuentra
en la Iglesia una familia espiritual, no tardará en
manifestarse el proceso de autoexpansión. Simplemente
porque ella no tardará en manifestar su descubrimiento y
su fe a las amigas y compañeras que pasan por
circunstancias iguales. Incluso no tardará en traerlas a la
Iglesia para que también conozcan al Señor y participen
del compañerismo de los creyentes.
Además, estas personas no quedarán para siempre
en la ciudad. En la primera oportunidad, viajarán a su
provincia, a su pueblo, a su casa. Visitarán a su familia y,
junto con la ropa nueva, llevarán también la vida nueva
que han comenzado a vivir.
Recuerdo a un creyente que había venido del
interior. El día que decidió viajar y visitar a su familia
vino a la Iglesia diciendo que quería hacer un viaje
misionero, quería aprovechar su viaje para testificar de
Cristo. Y así lo hizo. Partió provisto de abundante
literatura evangélica y con el firme propósito de
evangelizar, no sólo a su familia, sino también a los
compañeros de viaje.
Del mismo modo, recuerdo a una señorita, cuya
primera carta, después de haber regresado a su pueblo,
decía: “He comenzado una escuela dominical aquí”.
Hoy más que nunca la ciudad ejerce una fuerza de
atracción cada vez más irresistible para vastos sectores de
la población humana. Respondiendo a esa fuerza, los
hombres son causa de grandes migraciones que se dirigen
a la ciudad. Y esas migraciones bien aprovechadas son
importantes factores para la autoexpansión del evangelio.
54

Primero, porque su movimiento nunca se realiza en


una sola dirección. Aunque en general el destino sea la
ciudad, en particular hay un movimiento en ambas
direcciones, del campo a la ciudad y de la ciudad al
campo. Es decir: un movimiento de “ida y vuelta”. Si el
pueblo de Dios puede lograr que el testimonio cristiano
sea arrastrado por ese movimiento, estará aplicando una
de las más antiguas y eficaces estrategias misioneras. En
segundo lugar, y esto ya se dijo antes, el hombre en
migración está más abierto a nuevas formas de vida, a
nuevas enseñanzas, a una nueva religión.
No en vano esperó Jehová de los Ejércitos hasta el
momento en que su pueblo migraba por el desierto para
darle los mandamientos y estatutos del Pacto. No fue en
vano tampoco que los primeros cristianos fueran
perseguidos y tuvieran que emigrar. Sólo así se pudo
escribir lo que hoy leemos en Hechos 8:4: “Predicaban el
mensaje de salvación por donde quiera que iban”.

3.- El movimiento urbanita


En el capítulo anterior, ya se ha mencionado a la
movilidad como característica particular del hombre
urbano. Se ha querido simbolizar la vida de la ciudad con
el gran trébol de autopistas precisamente porque en él el
movimiento del tránsito se entrecruza en todas
direcciones. La ciudad es una gran multitud humana que
con ritmo incansable, permanece en un movimiento, que
constantemente corre en todas direcciones.
Dos grandes motores causan este movimiento:

a.- La distancia hogar-trabajo


La distancia que cada hombre de la ciudad debe
recorrer entre su fuente, o fuentes, de trabajo le obligan a
mantenerse en movimiento. Desde el punto de origen
hasta el lugar, o lugares, de comercialización, debe
recorrer largas e intrincadas distancias.
55

b.- La búsqueda del hogar


La constante búsqueda del hombre urbano de una
vivienda más adecuada a sus necesidades y a sus
aspiraciones de confort, es la otra causa del movimiento
urbanista.
Impulsado por esta búsqueda, el hombre de la
ciudad se muda de domicilio con creciente frecuencia. A
veces se traslada a un domicilio en un barrio diferente de
la misma ciudad, pero a veces también va a una ciudad
diferente.
Cuando esto sucede en forma masiva, es muy
probable que alguna Iglesia vea su membresía
drásticamente reducida. Al mismo tiempo, es de esperar
que otra zona experimente una afluencia inusitada de
creyentes. Una encuesta religiosa realizada en forma
periódica, quizá cada cinco años, puede ser un elemento
muy positivo para una Iglesia local en una zona
densamente poblada41.
Cualquiera sea el lugar que el hombre urbano
escoja para su nuevo domicilio, la movilidad es siempre
un importante factor para la autoexpansión del evangelio.
Si se trata de una persona sin Cristo, es bueno recordar
que toda mudanza, como toda migración, debilita las
ataduras tradicionales y predispone para todo lo nuevo. Si
en cambio es un buen creyente el que se muda de
domicilio, lo hará siempre acompañado de su testimonio
cristiano, de su palabra oportuna, de su Biblia, de su
conducta diferente, de su paz y de su amor por el prójimo.
Y estas manifestaciones del Espíritu de Dios no se pueden
ocultar. Donde quiera que estén se convierten en sal de la
tierra y luz del mundo.

41
Shippey, Frederick, Chucrch Work in the City, Abingdon Press,
New York, pgs. 62-92.
56

Si el nuevo domicilio de este hombre está cerca de


una Iglesia, no tardará en sumarse a ella y fortalecer su
testimonio en la comunidad.
Si no hay tal Iglesia pero sí otra Iglesia cristiana,
buscará tener con ella comunión espiritual. Y si eso
tampoco es posible buscará ganar, de entre sus vecinos,
personas a quienes anunciar el evangelio del Señor. es
muy probable que así surja una reunión “casera”, una
reunión de oración y estudio Bíblico en casa de familia. ¡Y
cuántas Iglesias han nacido y actualmente nacen de esas
reuniones “caseras”!
La migración, tanto rurbanista como interurbana es
pues un poderoso factor para la autoexpansión del
evangelio.
La premisa esencial para tomar ventaja de estas
migraciones es sin duda la madurez espiritual del
creyente. Hoy por hoy, es todavía muy común ver que
muchos buenos hijos de Dios viajan largas distancias para
llegar a la Iglesia hacia la cual se sienten atados. Con
frecuencia, esos creyentes viven a pocos pasos de la
Iglesia de su barrio. Hace falta una paciente preparación,
creciente madurez y una gran visión misionera para
comprender que es mejor usar esas horas, que se invierte
en el viaje, para fortalecer el testimonio de la Iglesia local
ya establecida en el barrio, o en su defecto ahondar el
testimonio personal de manera de estar poniendo las bases
para que en el futuro una Iglesia sea establecida allí.

B.- La concentración de multitudes


“Fuimos a Filipos, que es una colonia romana, y la
ciudad más importante de esa parte de Macedonia.... Un
día de descanso salimos fuera de la ciudad junto al río, a
un lugar donde se acostumbraba ir a orar. Nos sentamos
allí y dimos el mensaje a las mujeres que se habían
reunido” (Hch. 16:12-13).
57

En la ciudad viven las multitudes, los centenares,


miles y millones. Todos ellos deben oír el mensaje de
Dios. pero no es fácil reunir a esas multitudes para
predicarles, y cuando se logra una reunión grande, una
reunión multitudinaria siempre es a un elevadísimo precio,
tanto en dinero como en organización. Con sólo pensar lo
que cuesta el alquiler de un cine, teatro o estadio,
generalmente se descarta esos lugares para la predicación.
Cuando Pablo llega a Filipos, no tiene recursos
para reunir a la multitud. No puede alquilar un estadio,
teatro o cine. En cambio, va a un lugar donde determinado
día y a cierta hora la gente se reúne sola. Y bien, allí
predica el evangelio, allí hace el primer contacto, allí pone
la piedra fundamental de una nueva Iglesia.
Con el crecimiento de la ciudad también han
crecido los lugares y las ocasiones en que grandes
multitudes se reúnen sin que intervenga para ello el
esfuerzo del pueblo de Dios. La Iglesia urbana sólo debe
reconocer esos lugares y esos momentos para apuntar
hacia ellos la proclamación del mensaje. Porque cuando la
multitud se desconcentra, ese mensaje es llevado en todas
las direcciones y a los lugares menos imaginados de la
ciudad. Nuevos factores de autoexpansión entran en juego,
y a favor del pueblo de Dios.
En un primer análisis, se destacan los siguientes
lugares y momentos de concentración multitudinaria.

1.- Estadio de fútbol


Cualquier encuentro fubolístico de mediana
importancia reúne fácilmente entre quince y treinta mil
personas. Los vendedores de café, helados, sandwiches,
golosinas, pizza, etc., saben aprovechar con muy buenas
ganancias esas ocasiones. Los grandes comerciantes
incluso ven más allá. Ellos saben que una multitud similar
o mayor, invisible pero real, está sentada ante las pantallas
de televisión, siguiendo con gran expectativa las
58

alternativas del espectáculo. Los comerciantes saben de


esa multitud y la aprovechan. Intermitentemente le
anuncian el santo evangelio de un buen cigarrillo, la
felicidad celestial que da cierta marca de coñac, y la sana
doctrina que cada cual practica si compra en tal o cual
negocio. Mientras tanto, a pocas cuadras, una Iglesia
evangélica realiza su culto lamentando la escasa asistencia
y la ausencia de personas nuevas a quienes anunciar el
perdón de pecados, la salvación y la nueva vida en Cristo.
¿Hay algún precepto Bíblico que impida mover el
horario del culto de manera que se pueda llevar un trozo
de la Palabra de Dios a esa multitud? ¿No está esa
multitud allí porque busca en la emoción algo que
compense la rutina diaria? ¿No tiene Cristo algo para esa
gente? ¿Por qué el estadio tiene que ser escenario
exclusivo de Satanás? ¿No hay allí una puerta abierta para
llevar el mensaje a una multitud que de otra manera no
podríamos reunir? Si supiéramos entregar un buen
mensaje allí, podemos estar seguros de que correrá y se
extenderá solo.

2.- Estaciones terminales


Otros puntos de concentración multitudinaria son
las estaciones terminales del transporte automotor,
ferroviario o aéreo.
En general, podemos dividir a las estaciones
terminales en dos clases:
a.- Las de tránsito que se mueven dentro de la ciudad.
b.- Las de tránsito que se mueven de una ciudad a otra.
A través de estos puntos, la Iglesia urbana puede
proyectar su acción evangelística a zonas más o menos
alejadas. Aprovechar al máximo estos puntos es echar
mano de una circunstancia feliz que rara vez se repite en
la vida de las personas que allí se encuentran: tienen
tiempo. Mientras dura el viaje, queda invalidada la excusa
más frecuente del hombre urbano: “No tengo tiempo”.
59

Naturalmente que la persona a punto de viajar ya


ha hecho sus planes. Uno se perderá tras el diario, otro
querrá recuperar sueño perdido, otro irá con la mirada
clavada en el infinito pensando cómo resulver los
múltiples problemas que le esperan. La persona que viaja
ha hecho sus planes, pero si el pueblo de Dios hizo
también sus planes, sin duda podrá conquistar algo de ese
tiempo libre del viajero. Quizá el plan de nuestro viajero
haya sido muy simple: nada más que comprar una revista
para leer durante el viaje. Aquí está el punto clave para el
pueblo de Dios. Porque si el pueblo de Dios también hizo
planes, es muy posible que la revista comprada por el
viajero haya sido una revista evangélica. Un ejemplar de
literatura con el mensaje de Dios. Si el pueblo de Dios
hizo planes podrá conquistar algo del tiempo libre de ese
viajero. Por eso en sus planes tendrá que estar la
instalación de un puesto de revistas y libros evangélicos
en las grandes estaciones terminales.
¿Podríamos predecir hasta dónde iría el mensaje
entregado en esos lugares? Además, ¿cómo llegó el
evangelio a Etiopía? ¿No fue por medio de un hombre que
salió de viaje, y a su regreso venía leyendo la Palabra de
Dios? ¿Vemos cómo el Espíritu Santo utilizó la ocasión
del viaje? ¿Cómo primero puso un ejemplar de las
Escrituras en manos del viajero? ¿Cómo después le envió
un compañero de viaje para que le explicara el plan de la
salvación?
No hace falta reiterar la importancia de puertos,
mercados y centros religiososo como lugares de
concentración multitudinaria y factores de autoexpansión.
Recordemos sí que eran los lugares predilectos del gran
apóstol y primer especialista en la evangelización urbana.
Tampoco es éste el lugar para enumerar todos los puntos y
momentos que concentran a las multitudes de la ciudad.
Para ello habría que hablar de cines, teatros, áreas
60

peatonales, subterráneos, balnearios, parques, y


lógicamente la universidad y las grandes fábricas.
En cambio, sí hace falta insistir en lo que dice San
Mateo en su evangelio (Cap. 5:1): “Cuando Jesús vio toda
la gente, subió al cerro y se sentó allí... y Jesús comenzó a
enseñarles así”. Como Jesús, también nosotros debemos
ver toda esa gente. Ese mar de gente que la ciudad reúne
en ciertos lugares y determinados momentos. Y como
Jesús debemos enseñarles, y no escondernos en nuestros
templos. Siguiendo el ejemplo de Jesús, debemos decir a
la multitud que Dios ha trazado caminos hacia la felicidad
que todos buscamos. Porque “felices los que reconocen su
necesidad espiritual”.

C.- Las heridas del hombre de la ciudad


“Y le asaltaron unos ladrones que le robaron todo,
hasta la ropa; lo golpearon y se fueron dejándolo medio
muerto” (Lc. 10:30).
Con millones de personas, la ciudad se comporta
como esos ladrones que cayeron de improviso sobre el
desprevenido transeúnte. Muchos de esos millones
llegaron traídos por la urbanización, y entonces, para
algunos esta ciudad se convirtió en la anhelada tierra
prometida donde les fluye leche y miel, pero para los más
resultó ser un camino de Jericó atestado de ladrones que
los sorprendió con sus golpes implacables. ¡Ay del que
cayó herido en el camino sin que algún buen samaritano le
haya tendido su mano, curando las heridas y asegurado su
completa recuperación!
Por demasiado tiempo, nuestras Iglesias vieron al
herido pero, como el sacerdote y el levita, pasaron de
largo.
¿Acaso hemos estado demasiado ocupados en
aprender y enseñar las palabras del evangelio como para ir
61

y hacer las obras del evangelio tendiendo una mano amiga


al herido?
Es cierto, tenemos hogares para ancianos y niños y
también tenemos buenas hermanas que juntan ropa usada
para mandarla a personas necesitadas del interior. Además
hay Iglesias que ofrecen atención médica, psiquiátrica y
asesoramiento legal. Pero, con todo esto, ¿estamos
realmente curando las heridas del maltrecho hombre
urbano?
Después que Jesús enseñó en Nazaret el comienzo
de su ministerio, pasa a Capernaum y el primer día de
descanso enseña las buenas nuevas y sana a los enfermos.
Primero sana a un endemoniado, inmediatamente después
atiende a la suegra de Pedro, y al ponerse el sol, le traen
una multitud de enfermos y poseídos. De manera que aquí,
en el mismo comienzo de su ministerio, la proclamación y
el servicio cristiano van tomados de la mano.
Alan Walker dice:
“Dos grandes incidentes ocurrieron en la Última
Cena en Jerusalén en vísperas de la crucifixión. En el
primero, Jesús tomó un pan y vino, símbolo de su próxima
muerte, y los entregó a sus discípulos. Con este acto
instituyó la más solemne y única ceremonia cristiana. En
silencio los discípulos escucharon sus palabras: “Haced esto
en memoria de mí” (Lc. 22:19).”
“En el segundo incidente Jesús tomó una toalla y un
lavamanos y cumpliendo la función de un siervo lavó los
polvorientos pies de sus hombres. También esto les
recomendó fuese repetido para siempre por ellos: “También
ustedes deben lavarse los pies unos a otros.... Ustedes hagan
lo mismo que yo he hecho” (Jn. 12:14,15)42.

Aquí nuevamente, como en el principio de su


ministerio, Jesús pone la proclamación del mensaje y el
servicio cristiano en una misma categoría. Son estrategias
42
Walker, Allan, A ringing Call to Mission, Abingdon Press, New
York, Nashville, 1966 - pgs. 75.
62

correlativas. Como con las vías del tren, ambos rieles


tienen que estar uno a la par del otro a lo largo de todo el
trayecto. Separarlos es causar un desastre.
Pastores, sacerdotes, psiquiatras, médicos y
sociólogos están de acuerdo en diagnosticar la herida del
hombre urbano y llamarla por su justo nombre:
ANGUSTIA. Esta angustia es causada por cinco factores
propios de las grandes ciudades.

1.- S o l e d a d
La gran muchedumbre de la ciudad es el lugar
donde las personas se sienten más desesperadamente
solas. Recuerdo las palabras de un buen hermano al
despedirse después del culto: “Esto de volver a casa es
peor que cualquier otra cosa; la soledad me desespera”.
Soledad siente la persona que acaba de llegar a la
ciudad; soledad siente el enfermo N. N., al que trajeron
del interior para internarlo en el hospital. En el hospital se
le conoce por “el enfermo de la cama número tanto”.
Soledad siente el jubilado con su escasa renta, su oscuro
cuartucho y sus contados amigos de la plaza; soledad
siente aquella señorita que en un accidente perdió a sus
familiares más queridos43. Este es un caso particular,
cuando afortunadamente supieron aconsejarle que fuera a
la “Casa Bautista de Amistad”, allí la recibieron manos
amigas y la rescataron del abismo. Agradecida ella dijo:
“Sabía que no me equivocaba al venir aquí”.
Necesitamos realmente de la dirección del Espíritu
Santo para que toda persona herida por la soledad pueda ir
con esa misma convicción a cualquier Iglesia evangélica.
Necesitamos de la inspiración y de la creatividad del
Espíritu Santo para organizar en la Iglesia a un grupo de
“buenos samaritanos” y adiestrarlos a brindar amistad y
compañía a tantas personas solitarias del vecindario.
43
(Testimonio de la Directora Suplente, Septiembre 1973, Buenos
Aires, Fichero del autor).
63

2.- A n o n i m a t o
Esta característica del hombre urbano tiene dos
aspectos:

a.- Inmunológico.- Harvey Cox afirma:


“Un escritor que adopta una actitud esencialmente
antiurbana está negando sus pretensiones de grandeza, pues
lo que queda generalmente sin decir por los que critican el
anonimato es que sin él la vida en una ciudad moderna no
podría ser humana, y que para muchas personas el
anonimato representa un fenómeno liberador más bien que
peligroso. Para muchos es una posibilidad de libertad en
contraste con la ley y las normas convencionales. El
anonimato ayuda al ser humano de la ciudad a preservar la
dosis imprescindible de vida privada”44.

b.- Despersonalizante
Esta es la parte negativa. Es la parte que invita, que
requiere, que espera una decidida acción de la Iglesia
cristiana. Porque el anonimato y la despersonalización
están estrechamente ligados. El hombre de la ciudad, en la
multitud de la ciudad pierde su identidad, se convierte en
una no-persona. La misión del pueblo de Dios es devolver
al hombre urbano su identidad personal, tratar al hombre,
sin prejuicios sobre su ropa, su barba, o su vivienda, como
persona que es, originalmente creada a la imagen de Dios.
Actualmente estamos en peligro de hacer
precisamente lo contrario. Estamos organizados para
anotar, contar y sumar, y obtener totales con el número de
personas que asisten a nuestros cultos. Y esto está bien
pues sólo los números dirán si tenemos ganancia o
pérdida. Pero al mismo tiempo estamos reduciendo a los
presentes, tanto a los de siempre como a las visitas de

44
Cox, Harvey, The Secular City, Macmillan, New York, 1965 -
pg. 35.
64

primera vez, a números, a frías cifras, a sumas


desalmadas, cooperando en cierta manera con el proceso
de despersonalización.
Del mismo modo en que es adiestrado el secretario
de la escuela dominical para hacer las anotaciones y dar el
informe de la asistencia, deberían ser adiestrados otros
para entrar en contacto, persona a persona, con los
presentes, especialmente con los que vienen por primera
vez. Nuestra organización actual considera a esa persona
como un ser anónimo, como un dato que mejorará nuestro
informe. Por eso necesitamos que en las Iglesias urbanas
trabaje, a la par del secretario de la escuela dominical, un
“secretario de rescate”, un hermano adiestrado para
rescatar del anonimato a las personas que vienen por
primera vez al culto de la Iglesia. Su misión será, con el
apoyo de otros hermanos, establecer un contacto positivo,
amable, sincero con esa persona nueva. Un contacto que
no se afane simplemente en asegurar la presencia de tal
persona en el próximo culto, sino que ofrezca
gratuitamente todo el amor, compañerismo y ayuda que
Cristo quiere brindar a través de su pueblo.

3.- I n d i f e r e n c i a
El hombre de la ciudad se caracteriza por una
flagrante indiferencia hacia su semejante.
Tengo un amigo paralítico. A muy pocos días de
haber nacido, una gravísima enfermedad afectó su sistema
nervioso. Hoy tiene cuarenta años, de los cuales pasó
veinte postrado en la cama y veinte atado a una silla de
ruedas. Es ciego, y sólo tiene dominio sobre una de sus
manos.
Mi amigo es creyente. Buenos hijos de Dios le
hablaron de Cristo, y desde muchos años su oscuridad
física es iluminada por la luz espiritual, la luz de Cristo.
Algunos años atrás trabó amistad con una señorita
creyente, lisiada también, cuya situación sin embargo, no
65

es tan grave. Ella puede trabajar y defenderse por sus


propios medio para ganar el pan de cada día. Ambos se
sienten ligados por profundos lazos de afecto.
Eran miembros de una Iglesia evangélica donde
dos o tres buenos hermanos se ocupaban de traerlos al
culto y regresarlos a su casa. Sin embargo, esto no duró
mucho tiempo. En la actualidad ellos son miembros de
otra Iglesia y cuando pregunté por qué habían pedido la
transferencia, él contó lo siguiente:
“Una vez fuimos al culto.... El culto estuvo muy
lindo y con los hermanos nos sentimos muy bien. Cuando
llegó el momento de volver a casa nos fuimos a la esquina.
Claro, ella (la amiga) en algunas ocasiones se las había
arreglado sola conmigo, pero ya no lo podía hacer. Entonces
uno de los hermanos, dueño de un automóvil, se acercó y
dijo: “Bueno, discúlpenme, pero yo estoy muy apurado... y
ya veo que se las arreglan solos. Bueno, ¡los felicito y que
Dios los bendiga!” Otro que también tiene automóvil apenas
nos saludó. Y así, uno a uno, se fueron yendo todos”.
“Al final nos quedamos los dos solos. Ella se fue a
otra esquina en busca de un taxímetro, pero como era un día
en que el combustible escaseaba mucho, fue en vano su
espera. Dado que era pleno inviero, hacía mucho frío.
Finalmente otra hermana que vive cerca nos indicó una
agencia de autos remises. De los contrario, todavía
estuviéramos esperando allí. Eso si, nos salió caro el regreso,
y ¡qué frío hacía esa noche!”45.

La gran ciudad es el almácigo de este tipo de


flagrante indiferencia. Millares de personas viven
angustiadas porque nadie pregunta por ellas. Nadie se
interesa en los problemas ajenos. Todos buscan su propia
seguridad, sin preguntar por la del semejante. Cada uno
vive su propia vida tratando de evitar todo compromiso
con las necesidades de los demás.
No hay una respuesta fácil para situaciones como
éstas. Ni hay programas preestablecidos que se puedan
45
(Relato grabado y fichado en fichero del autor 13-IX-73.
66

aplicar en todos los casos por igual. Aquí hay un problema


que no se puede resolver en una “reunión de comisión”
media hora antes del culto.
Lo primero que se requiere para hacer frente a
estas situaciones es la atención del pueblo de Dios. Una
toma de conciencia y una firme decisión por salirles al
encuentro. Reconocer que aquí hay otra herida, otra
necesidad del hombre urbano, y por lo tanto otra puerta
abierta para cumplir con el mandato de Cristo: “De gracia
recibístes, dad de gracia” (Mt. 10:8).

4.- I n s e g u r i d a d
El hombre urbano es un hombre inseguro. Nunca
está seguro de qué terribles noticias le puede traer el día
de mañana. Nada ni nadie le garantiza éxito en su
constante lucha con la competencia. Semana tras semana
se le anuncian nuevos descubrimientos científicos, que
pueden ser para bien, pero él sabe que pueden ser para
mucho mal. Nadie le asegura que al despertar no se
encontrará con trascendentales cambios en la política
nacional e internacional. No puede asombrarnos que el
hombre urbano lleve en su interior una desesperante
inseguridad.
Aunque el temor por el trabajo y la salud son los
motivos más frecuentes de la inseguridad, hay áreas
muchísimo más profundas donde ésta impera.
Lo comprendí con mediana claridad después de
entrevistarme con un buen hombre que había comenzado a
dar sus primeros pasos en la vida cristiana.
Su hijito mayor, de nueve o diez años, había
mostrado algunos problemas de garganta. El médico
aconsejó una sencilla operación. Los padres estuvieron de
acuerdo, y cuando menos lo esperaban, se vieron ante el
más doloroso drama de sus vidas. El niño no soportó el
efecto de la anestesia, y esto produjo en contados minutos
un paro cardíaco. Los médicos hicieron cuanto estuvo a su
67

alcance, pero todo fue en vano. Aquel hijito, fuente de


indescriptible alegría para sus padres, era ahora el motivo
de su mayor tristeza y desesperación.
Me encontré a solas con el desdichado padre. Entre
lágrimas y sollozos me hizo esta dos preguntas:
“¿Dónde está mi hijo ahora?”
“¿Alguna vez volveré a ver a mi hijo?”
En ambas preguntas hay una temática sobre la cual
el hombre urbano, y el hombre en general, está en
completa inseguridad: el futuro.

¿Qué nos depara el futuro? ¿Tendremos otra


guerra mundial? ¿Nos invadirán seres extraterrestres?
¿Cuándo y cómo será el fin del mundo? ¿Qué hay más
allá de la muerte? ¿Existe o no una esperanza en el
futuro? ¿Habrá un reencuentro con los seres queridos?
El hombre urbano no vive expresando estas
preguntas. Ya hemos visto que es de naturaleza
esencialmente práctica. Por lo tanto, no es frecuente que
formule estas preguntas. Generalmente le interesan las
soluciones necesarias para el día en que vive. Pero en las
circunstancias especiales de un drama familiar, se ventila
de pronto, y con tremenda intensidad, toda esta
inseguridad respecto del futuro.
Como en el caso de la indiferencia, aquí también
es imposible prescribir un programa que asegure
seguridad a quienes carecen de ella. No obstante, es
necesario señalar que aquí hay una herida, oculta a veces,
manifiesta otras. Una herida que desafía la acción
samaritana del pueblo de Dios. Una herida que da claros
indicios del tipo de proclamación evangélica que necesitan
millones de personas urbanas.

D.- El nivel intelectual del pueblo de Dios.


Años atrás, cuando se hicieron los primeros
trasplantes de corazón, un buen hermano me preguntó
68

muy preocupado, cómo era posible semejante transacción,


cuando cada corazón tiene sus propios pecados y cuando
algunos corazones tienen a Cristo y otros lo han rechazado
siempre. ¿Se puede entonces –y esta era su gran
preocupación- extirpar un corazón que tiene a Cristo y
trasplantarlo a un cuerpo cuyo corazón no lo tenía?
La preocupación y consecuente consulta es
síntoma de una realidad que aún subsiste, sobre todo en
zonas rurales, que en cambio está desapareciendo
vertiginosamente de las Iglesias de la ciudad. Me refiero al
profundo desnivel intelectual entre pastor y sus feligreses.
Las congregaciones de la ciudad cuentan cada vez
con mayor número de profesionales y jóvenes que aspiran
a estudios universitarios. Ya no es nada especial encontrar
a creyentes con un nivel intelectual marcadamente
superior al de su pastor46.
Ese nivel intelectual superior es una gran ventaja
para la evangelización. Será más fácil preparar a esos
creyentes para cumplir con muchos trabajos que hasta
hace poco sólo parecían estar seguros en las manos del
pastor. Este por su parte, quedará librado para cumplir más
cabalmente su tarea específica.
Trueblood afirma que, según el Nuevo Testamento,
realmente hay un sacerdocio pero que éste no está
reservado en forma exclusiva para personas ordenadas,
sino referido a todos los creyentes, a todos los hijos de
Dios.
En la frase “vosotros sóis sacerdocio real”, el
“vosotros” es enfáticamente plural. Por eso será
importante distinguir entre “pastor” y “ministro”. El
término “pastor” indica a una persona especializada,
llamada por Dios para promover el ministerio de otros. En
cambio “ministro” es referido a todos los creyentes,

46
Trueblood, D. Elton, Home Mission, Nov. 1969 – pgs. 18-19.
69

cualesquiera sean sus dones y medios de vida. El ministro


es el creyente, el miembro de la Iglesia.
Atendiendo a su función específica, el pastor
urbano tendrá muy en cuenta el tipo de contactos que sus
feligreses tienen en la mayor parte del día. Esos contactos
son de naturaleza personal. En zonas rurales el hombre
está en frecuente contacto con la naturaleza, pero en la
ciudad sus contactos más frecuentes son de tipo
interpersonal.
Esto requiere que el creyente deba ser adiestrado
con mucho cuidado para que pueda tomar ventaja de esa
realidad y pueda convertir cada contacto en un testimonio
eficaz de la obra, del amor y de la salvación de Cristo.
La gran ventaja de adiestrar a los creyentes en su
función de ministros es que el mensaje pronunciado por
sus labios, el testimonio que ellos dicen en su ambiente,
suena mucho más natural, convincente y auténtico que
cuando proviene de un pastor o sacerdote 47. La tarea de
éste, insustituíble por cierto, es entonces la de equipar a
los creyentes para ser fieles ministros.

E.- Las comunicaciones


La ciudad es el lugar de los grandes contrastes. Es
el lugar donde el hombre vive en soledad y angustia, pero
donde también vive en plenitud y realización. La ciudad es
el lugar donde operan los modernos medios de
comunicación, donde se invierte el mayor esfuerzo
tecnológico para elevar la prosperidad, el confort y la
seguridad del hombre.
Los medios de comunicación son característica
esencial de la ciudad. Sin ellos, la ciudad pierde su
característica particular de centro urbano. Porque un
centro urbano no es simplemente un territorio densamente
poblado y, sin embargo, no por eso es una zona urbana.
47
McGavran, D., Understanding Church Growth, Eerdmans, Grand
Rapids, Michigan, 1970 - pg- 286.
70

Para que la zona densamente poblada sea un centro urbano


necesita de la red de comunicaciones que lo une a las
zonas suburbanas y al interior. Los principales hilos de
esta red son los diarios, los periódicos, la radio y la
televisión48. Y junto a éstos que conforman la lista
tradicional de medios de comunicación masiva hay que
señalar además al teléfono y al correo. Así enumerados,
pueden ser clasificados en tres grupos bien definidos. El
elemento diferencial estará dado por el grupo de contacto
personal que se puede esperar de cada grupo.

1.- Clasificación de los medios de comunicación masiva

a.- Medios de comunicación impersonal


La imprenta es un medio de comunicación
eminentemente impersonal. Ella lleva un mismo mensaje a
millares de personas, sin que éstas tengan el más mínimo
contacto ni unas con otras, ni con el mensajero. La
posibilidad de responder al mensajero es remota.
Le tecnología moderna ha dotado a la imprenta de
recursos que le permiten penetrar incluso a zonas tan
recónditas como es el inconsciente. Esas son zonas donde
la persona como individuo está inerme. ¿O acaso tiene
algún arma, alguna especie de escudo para defenderse de
la impresión que consciente o inconscientemente le causan
los grandes afiches murales colocados en miles de muros
en la ciudad?
Ya sea que la evangelización use estos alcances de
la imprenta, o que la use del modo tradicional, es decir,
por medio de la simple hoja impresa, para lograr un
contacto personal entre emisor y receptor siempre debe
echar mano de algún recurso especial. Alguna invitación,
oferta o cupón. Algún apéndice que incite al lector a
ponerse en contacto con el mensajero. Esto implica que
48
Winter, G., The Suburban Captivity of de Church, New York,
The Macmillan Company, 1962 - pg. 18.
71

todo material, sea un libro o una simple hoja impresa, que


tenga un propósito evangelístico, debe estar provisto de
algún aditamiento que permita al lector ponerse rápida y
económicamente en contacto con el mensajero. Muy pocas
personas, aunque las hay, se han convertido por la simple
lectura de la hoja impresa. En la mayoría de los casos, ésta
ha actuado como un puente hacia el contacto entre dos
personas. Una vez establecido ese contacto entre el
evangelista y el lector, sí podemos, y debemos, esperar el
nacimiento de una nueva vida.
b.- Medios de comunicación cuasipersonal
En la radio, la televisión y el cine el contacto entre
mensajero y auditorio es de calidad más personal. En el
caso de la radio el auditorio escucha la voz, en el de la
televisión y el cine vé además la imagen del mensajero.
Sin embargo, esto no es todavía un contacto personal. Ni
la radio ni la televisión permiten establecer un diálogo
entre mensajero y auditorio. Sólo el cine constituye una
problemática aparte porque es suceptible del cinedebate.
Lo más positivo de estos medios de comunicación
está en su virtud de llegar con un mismo mensaje a
millones de personas. Sobre todo permiten llegar con ese
mensaje a los más alejados rincones de la ciudad; las
barreras de inaccesibilidad que el hombre urbano
construye en torno suyo con los modernos recursos de la
electromecánica, no son impedimentos para estos medios.
En ello también se manifiesta la gran misericordia
de Dios, pues al tiempo que la humanidad transformaba a
las ciudades en metrópolis, y a éstas en megalópolis, Dios
ponía en sus manos los secretos de la radiofonía. Así
garantizaba que el evangelio siempre tuviera una puerta de
acceso al corazón de los hombres.

c.- Medios de comunicación interpersonal


El teléfono y el correo difieren de los anteriores
medios de comunicación. En la imprenta, la radio y la
72

televisión, el mensaje tiene una sola alternativa: correr del


mensajero al auditorio. En cambio, en el caso del teléfono
y del correo puede haber además de una “ida”, una
“vuelta”. Son medios de comunicación que permiten el
diálogo, y un diálogo por cierto muy positivo y muy
codiciado por el hombre urbano. Se trata de un diálogo
que no afecta su intimidad.
Por ejemplo: una persona deseosa de conocer el
mensaje de Dios, pero con temor de ser identificado en su
inquietud, llama por teléfono a una Iglesia, pregunta el
horario del culto para asistir luego en perfecto anonimato.
También puede darse el caso de alguien que pregunta,
como me pasó tiempo atrás, qué pasajes Bíblicos podía
leer a un matrimonio que estaba al borde de la separación.
Por mi parte, pude contestar la pregunta, exponer
claramente el mensaje de Dios, darle los consejos que
necesitaba y en toda esta transacción la persona interesada
conservó algo que le era muy caro: su intimidad.
Tanto el teléfono como el correo son medios de
comunicación masiva que no violan ese derecho tan caro
del hombre.
No hay lugar aquí para profundizar más en esta
aproximación a una teoría de las comuniciaciones urbanas.
Lo que sí hay que reiterar es que, si el pueblo de Dios
rechaza estos recursos, ya sea porque algunos de ellos son
de costo elevado, o porque todos requieren un alto grado
de creatividad, rechaza uno de los más importantes
factores en la estrategia evangelística para la ciudad.
Además, son uno de los medios más frecuentemente
usados por el Espíritu Santo en la extensión del reino de
Dios.
Cuatro mil años atrás Él ya usaba los medios de
comunicación masiva. Todavía no había llegado el
momento de poner en manos del hombre la radio y la
televisión, ni aún la imprenta, pero sí la escritura.
73

“Y Moisés escribió todas las palabras... y tomó el


libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo” (Ex. 24:4,7).
Para convencerse de que ése haya sido un
auténtico medio de comunicación masiva basta con buscar
y averiguar el número de los que oyeron ese día el
mensaje de Dios. O con preguntar a la historia el número
de los que lo oyeron desde entonces hasta hoy.
Pablo, el pionero de la evangelización urbana, hizo
tan frecuente uso del correo, tal como funcionaba en sus
días, que la mitad de todo el Nuevo Testamento consta de
cartas enviadas por él a los creyentes usando el correo.
Llega un momento en la historia de la humanidad
cuando el pueblo de Dios está a punto de expirar en la
urdimbre de negocios tejidos por los jerarcas de la Iglesia.
Nuevamente el Espíritu Santo recurre a medios de
comunicación masiva. Ahora pone en manos de buenos
cristianos el invento de la imprenta, y ése ya es un medio
masivo moderno, y su primer mensaje fue precisamente la
Santa Biblia en forma impresa.

2.- Experiencias varias con medios de comunicación


masiva.
El celo evangelístico de muchos hijos de Dios ha
llevado a una prolífera creatividad en cuanto al uso de
todos estos medios. Veamos, a modo de ilustración
solamente, algunos ministerios realizados con ellos.

a.- La imprenta
En el Congreso Mundial de Evangelización,
realizado en Berlín en 1966, se dijo:
“El potencial de la evangelización periodística...
debiera ser un desafío a todos los crisitianos que piensan. Si
un grupo de cristianos patrocinara regularmente una
columna en un periódico de circulación nacional, llegarían a
millones de lectores y se embarcarían en una aventura
espiritual que bien podría... liberar nuevas bendiciones en las
74

Iglesias o grupos participantes. Cuanto más grande es el


espacio mejor. En Inglaterra, por ejemplo, se compraría una
página entera por 700 libras en un periódico que tiene tres
millones y medio de lectores”49

En este sentido la Junta de Evangelización de la


Convención Bautista Argentina realizó en 1972 un
interesante experimento usando literatura evangélica. “El
Mundo Bautista”, publicación trimestral de la Alianza
Bautista Mundial, dice del operativo:
“Los medios de comunicación masiva contribuyen
significativamente a la formación de congregaciones
cristianas en la Argentina”.
“El contacto inicial se hace por lo general,
ofreciendo una porción de literatura sin ningún cargo. Una
vez establecido el contacto se cultiva por medio de cursos
Bíblicos por correspondencia. Después que el alumno
termina el curso inicial “Vida Abundante” (Basado en el
evangelio de San Juan) se ofrece un segundo curso y la
Iglesia local asume la responsabilidad”.
“Estamos recibiendo cada vez más informes de
personas que son bautizadas y añadidas a las Iglesias a través
de este medio....”.
“En plan de prueba se colocaron anuncios en los
periódicos. Los bautistas vieron que el resultado fue
positivo. Con la compra de dos libros de una determinada
lista, se ofrecían ejemplares gratis del Nuevo Testamento. El
libro que más se vendió fue “Victoria sobre las
preocupaciones”50.

Experiencias como éstas deberían ser realizadas


con cierta regularidad ya que sus resultados permiten
elaborar planes concretos de acción.

49
Congreso Mundial de Evangelización, 1966, Berlín, World Wide
Publication, Minnesota, U. S. A. - pg. 853, T. II.
50
El Mundo Bautista, Jul.Ag.Set. 1973 - pg. 8
75

b.- La radio y la televisión

1).- “Yo desafío al ministro”


Alan Walker cuenta de un programa de Televisión
en Sydney, Australia:
“El mayor programa televisivo cristiano en Australia
se llamó “Yo desafío al ministro” y sólo fue interrumpido
después de siete años de puesto en el aire”.
“El formato de “Yo desafío al ministro” es muy
simple. Ya sea en un estudio o al aire libre se reúne una
audiencia. Al tiempo que las cámaras comienzan su tarea,
hago una introducción de dos o tres minutos con el propósito
de provocar preguntas....”
“Luego el ir y venir de preguntas y respuestas
continúa a lo largo de veinticinco minutos. En ese tiempo, se
posibilitan doce o quince preguntas. Al final, hay
nuevamente un resumen, resultado del desafío”.
“Nunca he conocido los términos de las preguntas.
En parte, la sesión apela por su elemento de sorpresa. Hay
expectativa en cuanto a si se va a dar o no una respuesta. En
lo posible, las preguntas son breves. Su duración promedio
es de un minuto....”
“Sin duda las sesiones más efectivas fueron las que
se realizaron al aire libre. Se ha tenido sesiones en muelles,
en talleres, en fábricas, escuelas y universidades. Cada
verano “Yo desafío al ministro” tiene en la tarde de algún
domingo un programa desde el centro de uno de los
balnearios de Sydney con su abundante sol y sus bañistas”.
“Se aceptan preguntas de todo tipo. Con Cristo
como Señor de toda la vida, no se prohibe ninguna pregunta.
En términos generales, éstas se dividen en tres categorías.
Hay preguntas doctrinales y Bíblicas, problemas personas,
preguntas con temas sociales, nacionales e internacionales”.
“Lógicamente el tema determina el tenor de muchas
preguntas. Luego de una fatal tragedia con tiburones en uno
de nuestros balnearios vino la pregunta: “¿Por qué hace Dios
los tiburones?”. En fábricas y talleres las preguntas más
frecuentes son sobre la paz y la guerra, mostrando el
verdadero estupor de la clase obrera sobre el fracaso de la
Iglesia en lo que a cuestiones internacionales respecta”.
76

“El requisito principall para este tipo de programa es


la franqueza. Ninguna audiencia reacciona mal si la
respuesta “no sé” es dada con toda honestidad”.
“Con mucha facilidad surge la controversia. El
locutor lógicamente no puede dominar los temas que se
escogen como cuando debe pronunciar un sermón.... En
consecuencia los siete años han sido marcados por muchas y
agudas controversias que han llegado hasta la prensa. Pero
esto sólo produjo ganancias, en virtud de ser estimulado el
interés del público”51.

2).- “Tiro al blanco”


En algunas ciudades de América Latina, las
Iglesias bautistas están experimentando con un operativo
de evangelización que combina el uso de los medios
masivos, para apuntarlos sobre un área geográficamente
bien delimitada, a fin de abrir en ella una obra nueva. El
operativo fue ideado por Alan Compton y en la mayoría de
las ciudades donde se ha realizado ha tenido resultados
satisfactorios y alentadores. Básicamente consiste en lo
siguiente:

Selección de una zona donde no hay obra bautista


Se escoge una zona urbana donde aún no hay obra
bautista para concentrar en ella todos los esfuerzos del
operativo. Dese el principio está vigente el propósito de
abrir las puertas que permitan establecer en el futuro una
obra con actividades regulares.

Encuesta
El trabajo previo consiste en realizar una encuesta
dentro de los límites de la zona señalada. El fin es
establecer el tipo de gente, su oficio, nivel social,
preferencia en cuanto a los medios masivos, necesidades
específicas.

51
Walker, Ala, A Ringing Call to Mission, Abingdon Press,
Nashville, 1966 pg. 103-105.
77

Medios masivos
Basándose en los resultados de la encuesta, se
proyecta sobre la zona, una propaganda especial mediante
el uso de todos los medios masivos disponibles. El
propósito es despertar el interés y establecer contacto con
la gente del lugar, e inscribirlas en un cursillo Bíblico por
correspondencia.

Poner bases para una nueva congregación


Con el grupo de personas que se haya interesado
en el curso Bíblico, se trata de profundizar con otras
actividades, de manera de estar poniendo las bases de una
nueva congregación.

c.- El correo
Un pastor de la ciudad de La Plata, relata qué hizo
con una cantidad de evangelios recibidos en cierta ocasión
“Se me ocurrió enviarlos a los familiares de duelo
más próximos, tomando sus direcciones de los avisos
fúnebres que aparecen en los diarios, donde también se da el
nombre de los deudos y la dirección de la casa mortuoria.
Estos envíos saltan las barreras de los porteros eléctricos y
de las largas distancias, y llegan a los hogares en la mayor
intimidad.....”
“Proseguí con este trabajo mejorándolo al agregar al
evangelio una carta circular muy familiar, incluyendo
además algún tratado adecuado a la situación en que se
encuentra el destinatario. De esta manera ya he enviado más
de diez mil evangelios y cinco mil tratados. Entre las cartas
recibidas se destaca una de la Acción Católica felicitándome
por esa labor. Supimos de una familia que hizo circular la
carta y el evangelio entre todos sus miembros. Se trataba de
una familia numerosa”52.

d.- El teléfono

52
El Expositor Bautista, Enero 1973, pg. 6
78

Hablar por teléfono en la evangelización, es


comenzar una lista de ministerios que va creciendo a
medida que corre el tiempo. En todas partes del mundo
surgen nuevas ideas.

1).- La oración telefónica


Esta forma de trabajo comenzó en el escritorio de
un pastor. Un buen día, ocupado en sus estudios, suena el
teléfono. Era un conocido que le comparte un problema.
Al terminar pide: “Por favor, ore por mí”. Sin pensarlo
mucho, el pastor pregunta: “¿Por teléfono?”
“Sí, por favor”, fue la respuesta decidida de la otra
punta. Por primera vez el pastor hizo una oración vía
teléfono.
Él mismo cuenta que a lo largo de ese día hubo
otras llamadas que también pedían su oración.
Indistintamente les respondía ofreciéndose a orar de
inmediato y por teléfono. Sin duda, fue una experiencia
nueva y una gran bendición.
De la experiencia nació una idea: crear todo un
ministerio de oración usando el teléfono. El proyecto fue
aprobado por la Iglesia. Se hizo propaganda en los diarios
y otros medios de difusión. Se anunció un horario
determinado. Se instaló un teléfono para este propósito
específico. Se crearon varios turnos para estar siempre
alguien atendiendo las llamadas. Y desde el día de
inagurarse este ministerio hubo llamadas pidiendo
oraciones por los motivos más diversos.
Tanto la conversación como la plegaria eran
grabadas. Si el interesado estaba de acuerdo, se anotaban
otros datos suyos. Basándose en esos datos la Iglesia pudo
ampliar en gran manera su ayuda eficaz a muchas
personas con auténticas necesidades espirituales53.
53
Fuller, Malcolm, We Use tuhe Telephone to expand our
Ministry, Church Administration, May 1967 - pg. 40-41.
79

2).- El censo telefónico


No es éste el lugar para indicar en detalle el
procedimiento de este tipo de trabajo, sino indicar
simplemente la posiblidad de hacer un censo o encuesta
religiosa sin necesidad de las cuarenta o cien personas que
generalmente se necesitan para hacer la visitación de un
censo tradicional. El teléfono permite hacer un trabajo
similar y con un número mucho menor de personas.
Además hay una ventaja con el uso del teléfono, el
censado puede descartar casi por completo la sospecha de
que el censor sea un delincuente que en cualquier
momento intentará forzar la entrada de la casa para
adueñarse de la propiedad ajena.
La Escuela Evangelística para Laicos (TEA) ofrece
tres formas diferentes de hacer eficazmente este tipo de
encuesta54.

3).- El auxilio telefónico


Ya hice mención de este servicio. Se trata de una
oficina telefónica que la Misión Central Metodista ha
instalado en Sydney, Australia. En ella trabajan varios
grupos de operarios que en sucesivos turnos atienden las
veinticuatro horas del día para responder a cuanto pedido
de auxilio le formulen los habitantes de la gran ciudad.
Los pedidos provienen desde aquel que requiere urgente
consejo para evitar un suicidio, hasta el niño que llama
porque sus padres han salido y el se siente solo y temeroso
Si el pedido puede ser atendido y suplida la
necesidad por teléfono, se hace de esa manera. Para los
casos que requieren una intervención personal existe un
grupo de voluntarios adecuadamente adiestrados que están
listos para entrevistarse inmediatamente con el
peticionante. Cuando la necesidad está más allá de las
54
Manual de preparación para la Escuela Evangelística de
Laicos, Casa Bautista de Publicaciones, 1972 - pgs. 34-43.
80

posibilidades de la pareja de voluntarios, la persona en


cuestión es encaminada hacia un plantel de profesionales,
voluntarios también, que le brindará la necesaria atención,
sea médica, psiquiátrica, económica, pastoral, etc.
Un minuto después de haber sido inagurado este
servicio, en Marzo de 1963, sonó el primer llamado.
Desde entonces, el teléfono prácticamente no ha dejado de
llamar.
Por encima de todo el auxilio, ayuda y servicio
cristiano que los voluntarios comprometidos con este
servicio pueden brindar a la ciudad con sus múltiples
necesidades, les guía esta suprema premisa: ganar las
personas para Cristo55.

4).- El “Operativo Guía”


El “Operativo Guía” es un trabajo que combina
tres medios de comunicación masiva: el teléfono, el
correo, y la imprenta. Básicamente consiste en tomar de la
guía telefónica una cantidad de números con el nombre de
sus respectivos titulares y su dirección para luego
enviarles durante varios meses literatura evangélica. El
paso siguiente es hablarles por teléfono para preguntar si
recibieron los envíos y anunciarles una próxima visita, que
puede ser realizada con motivo de alguna fecha especial,
como navidad, primavera, etc., con el fin de hacerles
entrega de un obsequio. Este es preferentemente un
ejemplar del Nuevo Testamento. Sin embargo, puede ser
una literatura diferente, siempre y cuando lleve un claro
mensaje evangélico al hogar que se visita.
Las personas que fueron visitadas mediante este
operativo se muestran sumamente deseosas y agradecidas
por recibir el libro anunciado.
Naturalmente, un esfuerzo de esta índole debe ser
seguido por otro plan cuyo propósito será descubrir y
55
Walker, Alan, As Close as the Telephone, Abingdon Press,
Nashville and New York, 1967 - 159 pp.
81

cultivar las personas que está abiertas al mensaje de


Cristo. De otra manera el operativo resultará poco
fructífero56.

3.- Advertencias útiles en el uso de los medios de


comunicación masiva.
Los medios de comunicación masiva pueden ser un
instrumento milagroso para la conversión de una persona.
Durante la “Campaña de las Américas”, conocí a
una joven pareja. Llegaron a la Iglesia precisamente
cuando ésta realizaba una reunión de evangelización.
Atentamente escucharon el mensaje y al terminar el culto
respondieron a la invitación del predicador entregando sus
vidas a Cristo.
Después supe el motivo que los había traído.
Habían encontrado una invitación en la calle, y decidido
averiguar de qué se trataba. Para ellos, todo resultó en el
comienzo de una nueva vida.
Si bien este es un testimonio muy alentador,
pertenece a esas bendiciones que son realmente
excepcionales. No todos los días viene gente a la Iglesia
porque se encontró una invitación en la calle, ni todos los
días se convierten personas por escuchar un mensaje radial
o por ver un programa en la televisión. Por eso, es
necesario tener presentes las advertencias fundamentales
para el uso de los medios de comunicación masiva.

a.- Suplemento, no sustituto


Existe el grave peligro de querer ver en estos
medios un sustituto de la obra personal. Pero LA OBRA
PERSONAL NO TIENE SUSTITUTO. Los medios
masivos son una especie de suplemento que prepara el
terreno para la obra personal. Ellos despiertan el interés,
indican al interesado a dónde dirigirse para satisfacer su

56
Kratzig, G., El Expositor Bautista, Diciembre 1972, pg. 5.
82

inquietud espiritual, tienden el puente para un contacto


persona a persona. Son un puente. No el camino.

b.- Comunicación, no conversión


El propósito de los medios de comunicación es
comunicar. Sirven para anunciar la existencia de un
mensaje, la realización de reuniones especiales, la oferta
del Nuevo Testamento, la urgente necesidad de volver a
Dios, etc. Pero no producen conversión, o sólo en casos
muy especiales y excepcionales. Ni siquiera sirven para
llenar un templo y es erróneo comparar la cifra de dinero
gastado con el número de conversiones y la asistencia a la
reunión.

c.- Experimentación
El uso de los medios de comunicación masiva
requiere una actitud de experimentación. Ya se ha
comprobado que el programa que tiene éxito en una
ciudad puede fracasar en otra. Algún medio específico
puede tener buenos resultados en una zona y frutos
totalmente diferentes en otra. No hay programas que
garanticen el éxito en todos los lugares por igual. Por eso,
la actitud de la experimentación es imprescindible. Ella
nos permite descubrir lo que mejor se presta a nuestros
propósitos, nos autoriza a desechar lo demás.
83

CAPÍTULO QUINTO

¿ESTRATEGIAS O ESTRUCTURAS?

La pregunta ineludible que se impone a


consecuencia de reflexionar sobre los obstáculos y las
ventajas que la evangelización encuentra en la ciudad
dice: ¿Es todo esto una simple cuestión de estrategias, o
hay en el fondo un problema de estructuras?
La elocuencia de las estadísticas, la naturaleza
extraordinariamente compleja de la ciudad como campo
misionero, y las innegables debilidades de las Iglesias
establecidas, suscitan esta inquietud que quiere saber si
sólo se necesitan nuevas estrategias, o si hay que construir
primero nuevas estructuras.
¿Cuán es la relación entre estrategias y estructuras?
¿En qué medida aquéllas son un reflejo de éstas? Y ante
la clamorosa necesidad de nuevos enfoques para la
evangelización, ¿cuál es la zona de prioridad, las
estrategias o las estructuras?
En busca de respuestas que satisfagan estas
cuestiones, hagamos primero un ligero análisis de las
estructuras actuales

I.- ESTRUCTURAS ACTUALES

Las estructuras sobre las que está montada la


mayor parte de la obra evangélica no son fruto de la
casualidad. Fueron tomando sus formas actuales en
respuesta a necesidades y objetivos específicos. Además,
son estructuras que responden a modelos que encontramos
desde muy temprano en la historia del pueblo de Dios.

A.- El modelo de nuestras estructuras


Dos son los modelos de estructura eclesiástica que
nos presenta la historia del pueblo de Dios:
84

1.- El tabernáculo
El tabernáculo como centro de adoración estaba
diseñado en vista de las necesidades especiales del éxodo.
Debía servir al pueblo como lugar de adoración en tanto
durase la migración por el desierto. Su característica
“plegable” o “portátil” habla a las claras de un propósito
bien definido: adaptarse a las diferentes situaciones de la
peregrinación, para garantizar el contacto regular del
pueblo con su Dios. Era una estructura idónea para hacer
frente a los muchos cambios que supone una migración
como fue el éxodo.
Cualquiera fuera la situación del pueblo en su
marcha, el tabernáculo permitía al contacto con Dios. No
importaba que estuviesen marchando por las arenas del
Sinaí, guardando el necesario reposo, o luchando
fieramente contra los enemigos que le salían al paso. El
tabernáculo siempre premitía establecer un contacto
positivo y real entre aquellos hombres y Jehová de los
Ejércitos.

2.- El templo
El templo, como estructura eclesiástica, surge un
poco más tarde en la historia del pueblo de Dios.
En él todo era diferente. Desde el diseño edilicio
hasta el programa del culto, todo era distinto. Fue
construído en un lugar fijo e inamovible, que se mantiene
desde entonces a través de los siglos hasta nuestros días.
Su material de construcción es sólo uno de los
impedimentos insuperables para un eventual traslado. En
consecuencia, el mismo lugar sobre el cual fue edificado
ha adquirido un halo de santidad.

El culto en este templo supuso el establecimiento


de un sacerdocio y el sacerdocio pronto apuntó a un
propósito nuevo e inusitado: perpetuar el culto, la
tradición y el ministerio a los temerosos de Dios,
85

desafiando los cambios que obligatoriamente la historia


trae consigo57.
Si el propósito del tabernáculo era adaptarse a los
cambios para garantizar el contacto del pueblo con su
Dios, el objetivo del templo cristalizó en un desafío a esos
cambios a fin de garantizar la continuidad de la tradición.
Nuestras estructuras, por su parte, se identifican
más con el modelo del templo que con el del tabernáculo.
Por medio de nuestros templos, pastores y cultos, más o
menos semejantes en todas partes del mundo,
distinguimos un objetivo innegable: mantener las viejas
tradiciones, los tabúes, el horario de las reuniones, las
celebraciones especiales, algunas costumbres, muchas
melodías, etc. En una palabra, asegurar la continuidad,
evitar las innovaciones, desafiar a los cambios.
Fieles a ese objetivo hemos desarrollado
persistentemente prejuicios contra todo cuanto tenga visos
de nuevo. Con demasiada frecuencia, nos aferramos a las
experiencias del pasado. Consciente e inconscientemente,
veneramos ese pasado. A menudo tratamos de reeditarlo.
Hemos desarrollado estructuras cuyo objetivo de fondo es
la preservación del pasado y no la proclamación del
evangelio en el presente.

B.- La metodología de nuestras estructuras


Para dar un nombre a la metodología que rige a
nuestros programas, tenemos que inventar una palabra.
“Venguista” quizá sería la más adecuada. Todos nuestros
programas procuran que la gente venga.
Que la gente venga a la Iglesia, que los vecinos
vengan al culto, que los inconversos vengan a Cristo, que
los hermanos vengan a la asamblea y que también vengan
al picnic. Aún nuestros más atrevidos programas tienen un
propósito, a veces bien disimulado, de hacer venir a un
57
Dolan Rex, The Big Change, The Westminster Press,
Philadelphia, Penn, 1967 - pg. 28.
86

grupo creciente de personas. Tendemos a medir el éxito y


el crecimiento, no por el número de personas que reciben
un testimonio personal o que aceptan a Cristo, sino por el
número de asistentes que vinieron a la Iglesia.
Es cierto que Jesús dijo, “venid a mí”, pero
también es cierto que antes Él fue hacia ellos. Es cierto
que, en la parábola, Jesús habla de un rey que envía a sus
siervos y les dice: “Llamad a las bodas a cuantos halléis..”
(Mt. 22:9b), pero antes les había dicho: “Id a las salidas de
los caminos...” (Mt. 22:9ª).
Es innegable que hemos desarrollado una
metodología “venguista”. Hemos tergiversado los
propósitos esenciales.
Jesús dijo: “Vosotros sóis la sal....” y sabido es que
la sal sólo actúa cuando se esparce, sólo arde cuando cae
en la herida, sólo conserva cuando se pone en contacto
con el producto, sólo sazona cuando penetra en el
alimento. Mientras permanece en el salero no puede
cumplir su función.
Afirma Findley Edge: “Alguien ha dicho que
nuestras Iglesias del presente están construídas
básicamente sobre estructuras “venguistas” y que no
tenemos una expresión adecuada de estructuras “idistas”
(estructuras cuyo imperativo básico sea “Id”), para
alcanzar a los de afuera. Y cuando salimos y los
alcanzamos siempre es con el propósito de que luego
vengan. Nuestro propósito debería ser servirles donde
están”. “Venir a las Iglesias no es un fin en sí mismo
(exceptuando a la adoración); el fin de venir debe ser ir. A
menos que vayamos, nuestro venir habrá sido en vano”58.
A tales estructuras han surgido correspondientes
consecuencias. ¿Cuáles son las más destacadas?

C.- Las consecuencias de nuestras estructuras


58
Edge, Findley, Getting Out, into the World? Church
Administration, May 1967 - pgs. 16-21.
87

La más inmediata consecuencia de estas


estructuras es la institucionalización. Otros movimientos
religiosos ya han tenido la amarga experiencia de este
proceso, cuyos pasos son:

1.- Métodos inamovibles


Originalmente los métodos de trabajo surgieron
como respuesta a necesidades específicas en lugares
determinados. El correr del tiempo llevó a los creyentes a
enfrentar nuevas necesidades y en lugares diferentes. Era
de esperar entonces que también surgieran métodos
diferentes. Métodos que respondieran positivamente a las
condiciones específicas de cada lugar y de cada momento.
Sin embargo, sucedió todo lo contrario. Al tiempo que las
necesidades fueron cambiando, los métodos de trabajo
fueron persistiendo hasta cristalizar como fines en sí. Ya
no vemos en ellos las herramientas para construír un
edificio. Nos parece que ellos son el edificio y que nuestro
deber es mantenerlo a toda costa. Ya no los aplicamos en
función de una perniciosa autoconservación. A guisa de
ejemplo digamos solamente que muchas veces nos parece
un sacrilegio tan grande cambiar algún aspecto de la
Escuela Dominical como arrancar una hoja de la Biblia
para no tener que enseñar su contenido. O insistimos en
que el culto matutino es breve para creyentes, mientras
que el vespertino es de evangelización, aunque al matutino
vengan más personas nuevas.
El paso inmediato, errado también, no se hace
esperar:

2.- Fidelidad equivocada


Dice el Dr. Tinao:
88

“Las Iglesias han cristalizado en instituciones y


nosotros nos hemos acostumbrado a medir la fidelidad
cristiana en términos de la lealtad a esas instituciones”59.

Desde luego, esta fidelidad nos lleva por un


camino equivocado. Sobre todo nos lleva a objetivos que
no son precisamente los que propone la Palabra de Dios.

3.- Objetivos antiescriturales


Ya hemos mencionado al más destacado de estos
objetivos: la autoconservación. En torno de él, nuestras
preocupaciones y esfuerzos ya no se dirigen a resolver los
detalles de una evangelización dinámica y eficaz, sino a
implementar organizaciones capaces de perpetuar la vida
de la institución.
Por este motivo son sobradas las razones para
detener la marcha y hacer un análisis crítico de nuestros
recursos, inversiones y objetivos comenzando una
búsqueda honesta y diligente que canalice nuestro trabajo
a expresiones realmente acordes con el tiempo actual y la
realidad de la vida urbana.

II.- ESTRUCTURAS FUTURAS

En busca de nuevas estructuras, podemos destacar


las más divergentes tendencias:

A.- C o n s e r v a d o r a
Es evidente la existencia de una mentalidad
conservadora, indolente, dispuesta a mantener las cosas
como están. Cualquier cambio significa un riesgo que los
conservadores no quieren correr.
Los ojos conservadores no ven el agotamiento
espiritual y físico que padece el pueblo de Dios, ni
reconocen que los actuales índices de crecimiento están
59
Tinao, D., Testimonio Cristiano, No. 3, Julio 7, - pg. 34.
89

completamente desbordados por el crecimiento


demográfico y urbanístico.

B.- P e r f e c c i o n i s t a
Cambiemos, dicen los perfeccionistas, pero
puliendo lo que tenemos hasta las últimas consecuencias.
El resultado sería evidente a corto plazo: un
enquistamiento mayor y más acelerado.

C.- L a No–Estructura
Ultra espiritualistas proponen remediar el exceso
de estructuras mediante una total ausencia de ellas.
Proponen la no-estructura, la ausencia de toda
organización.
La proposición encierra dos errores:
En primer lugar, el ser humano es social por
naturaleza y automáticamente se estructura en grupos
siguiendo modelos perfectamente definibles. En segundo
lugar, esta alternativa no es Bíblica. Hay que recordar que
los apóstoles, ante la primer necesidad urgente de la
Iglesia de Jerusalén, decidieron organizarse, distribuír el
trabajo, atender cada uno sus funciones específicas. Dios
mismo estableció la Iglesia con una organización
elemental: Cristo, la cabeza; los creyentes, el cuerpo.
En el ejemplo de aquellos apóstoles en la Iglesia de
Jerusalén, quizá encontremos las direcciones básicas y
necesarias para la estructura del futuro. No se trata de un
plan acabado, sino de líneas directrices sobre las cuales
podemos construir lo que, por darle un nombre,
llamaríamos una “estructura funcional”.

D.- L a estructura funcional


90

Se trata de aquella organización que nace de una


necesidad específica y muere cuando muere dicha
necesidad.
En el ejemplo Bíblico, vemos a los apóstoles frente
a un ministerio humanamente imposible. Ellos solos no
pueden hacer todo el trabajo. No pueden atender a las
mesas y simultáneamente predicar el evangelio. Entonces
convocan a una “asamblea administrativa” y nombran a
una “comisión” encargada de atender el aspecto de las
“mesas”. En tanto, los apóstoles continúan con su
ministerio propio.
La organización así establecida es completamente
precaria. Totalmente práctica y funcional. Es decir, se
desintegra automáticamente cuando ha cumplido con su
misión. Su vida y su muerte dependen de una necesidad
específica. Mientras persiste la necesidad, dura la
organización. Cuando aparecen nuevas necesidades, se
busca organizaciones nuevas. Las que no cumplen con su
función son reemplazadas por otras.
Si dijimos, en páginas anteriores, que el hombre
moderno y urbano es eminentemente práctico, aquí
debemos añadir que el Espíritu de Dios lo ha sido desde
siempre. Por eso las estructuras del futuro, si han de ser
inspiradas por el Espíritu Santo, llevarán en forma
innegable las marcas de ese pragmatismo.
Iniciamos esta reflexión preguntando si la cuestión
estaba en las estrategias o las estructuras. Pero ahora se
impone otra pregunta; ¿Es esto una cuestión de
estructuras, o es un problema de actitudes? ¿No sucede
con las estructuras y las actitudes lo que afirma el refrán
“de tal palo, tal astilla”, es decir, de tales actitudes, tales
estructuras? ¿No es todo lo que tenemos en cierta manera
un fruto de nuestra actitud interna? Y si la raíz de nuestros
problemas en la evangelización de las ciudades se sitúa
realmente en esta área, debemos escuchar con renovada
atención la voz del Señor que, desde el fondo de los
91

siglos, vuelve a decirnos: “Cambien de actitud porque el


reino de los cielos está cerca” (Mt. 4:17)
Concluyendo, y atendiendo a lo expuesto en estas
páginas, podemos notar todavía algunas directrices
esenciales hacia un positivo cambio de actitud.

1.- El imperativo Bíblico


En la Gran Comisión el acento principal está
puesto en hacer discípulos, no en mantener instituciones.

2.- Ojos abiertos a la realidad del momento


Jesús, sus discípulos, la Iglesia Primitiva, el gran
apóstol a los gentiles, todos ellos presentaron el mensaje
en una forma adecuada al momento y a las circunstancias
de sus días. No podemos cumplir un ministerio en el siglo
XX presentando un mensaje empaquetado en papeles del
siglo XXIII.

3.- “Probar es mejor que estudiar”


Este viejo refrán alemán apunta a la necesidad de
no perder el espíritu de la experimentación. Por medio de
ella descubriremos lo eficaz, lo funcional, para prescindir
de lo demás60.

4.- “Sóis la sal”, no el oro


La misión de los creyentes es salir y penetrar el
mundo. El valor del oro aumenta a medida que se junta
más de él. Pero Jesús no nos dijo que somos el oro, sino la
sal de la tierra. El valor de la sal sólo se manifiesta cuando
se esparcen sus granos. Nuestra misión es salir y penetrar
al mundo.
5.- Nuestro mejor misionero: el creyente

60
Detrás de esta línea de pensamiento, están algunos puntos de
Schaller, L., expresados en Home Missions, Organizing for Mission,
Sept. 1970 - pg. 29.
92

No hay teólogo, pastor o misionero capaces de


hacer el trabajo de un creyente.... cuando éste está bien
preparado61.

INTERPRETACIÓN DE LOS GRÁFICOS

61
Dolan, Rex, The Big Change, The Westminster Press,
Philadelphia, Penn, 1967 - pgs. 29-31.
93

Para que estos gráficos ilustren lo mejor posible el


crecimiento experimentado por estas Iglesias, es preciso introducirlos
con algunas palabras, que por un lado sean una advertencia de sus
limitaciones, y por otro, destaquen también sus virtudes. Ambas cosas
permitirán comprender todo el significado de las cifras en cuestión.

I.- L I M I T A C I O N E S

En cuanto a las limitaciones es preciso destacar dos hechos:

A.- No son el trabajo de una computadora


Los gráficos presentes no son resultado de una computadora
alimentada previamente con datos matemáticamente precisos, sino la
suma de cifras que, en muchos casos, son aproximadas o estimativas.
Cuando las Iglesias reciben la planilla que requiere los
informes anuales de su crecimiento, no siempre se recurre a los libros
para contestar con exactitud a cada una de las preguntas. No es raro
que el pastor, secretario o tesorero de la Iglesia llene dichos
formularios sin otra referencia que un repaso mental de lo ocurrido
durante el año. Por eso los cuadros no son tan precisos como deberían.

B.- Son gráficos cuyo valor se ignora


Todavía no hay una conciencia cabal de toda la importancia
que tiene este tipo de datos y los resultantes gráficos, en la tarea de
planificar adecuadamente los esfuerzos evangelísticos. Según el
concepto de grandes sectores, los informes que se requieren
anualmente, sólo sirven para demostrar un inexistente crecimiento a
quienes auspician y administran las misiones extranjeras. Pero en este
caso, tal concepto se derrumbra estrepitosamente, pues lejos de
señalar algún tipo de crecimiento, destacan, en forma
desagradablemente clara, un fracaso y una ausencia casi total del
crecimiento. Indican estancamiento en lugar de avance, enfermedad
en vez de salud. Pero paradójicamente, en este caso consiste también
la virtud de los cuadros.

II.- V I R T U D E S

Hay dos aportes fundamentales que provienen de estudios


como el presente:

A.- Son una indicación de síntomas


94

Es cierto, estos gráficos no son como un termómetro que


indica, por ejemplo, 39.4 grados de fiebre; más bien se asemejan a la
mano sensible que se posa sobre la frente del enfermo y detecta un
alto grado de temperatura. En otras palabras, éstos gáficos tienen la
virtud de descubrir síntomas de enfermedad o de salud, que luego
permiten encontrar las correspondientes causas, a fin de eliminarlas,
en el caso de enfermedad, o multiplicarlas en el caso de salud.

B.- Son el trampolín para nuevos estudios


Gráficos como los presentes, constituyen la materia prima
para un estudio más profundo de las causas del éxito o del fracaso en
la evangelización. De este modo constituyen el adecuado punto de
partida para la formulación de algunas preguntas importantes. Por
ejemplo: ¿Por qué se han alejado tantos creyentes en estos diez años?
Cuando se tenga una respuesta certera a este interrogante, se podrán
ensayar algunos remedios para evitar esa realidad. ¿De dónde vienen,
y a dónde van, tantos creyentes que entran y salen por medio de cartas
de transferencia? ¿Por qué éstas Iglesias han tenido un número tan
reducido de bautismos? ¿Es simplemente porque ganan a pocas
personas nuevas, o ganan a muchos, pero los pierden antes de llegar al
momento del bautismo? ¿Es el anzuelo el que no funciona, o es el
canasto que está demasiado cerca del agua, permitiendo que los
pescados salten y vuelvan a ellal? ¿O acaso se está pescando en aguas
equivocadas, echando las redes en zonas donde no hay peces? ¿O será
que éstas Iglesias están demasiado ocupadas en otros asuntos de modo
que no salen con suficiente frecuencia a pescar?
Las cifras consignadas por los gráficos permiten formular
preguntas específicas y dar pasos concretos en la búsqueda de
respuestas acertadas. En suma, son la introducción adecuada para un
estudio que aún espera ser hecho.
Con estas aclaraciones y advertencias, ya es posible ver más
de cerca los síntomas que aquí se revelan.

1.- Hay crecimiento


La primera realidad evidente, es la de cierto crecimiento. La
línea ascendente (Vea gráfico 1) indica el aumento anual de la
membresía total durante la década 1964-1974. Vista en forma aislada,
la línea alienta un sentido de optimismo, sobre todo en los dos
anteúltimos años de la década. En ellos se acentúa el ritmo ascendente
El optimismo sólo decae cuando se compara las dos cifras
extremas: 1964, 3,044 miembros evangélicos bautistas, y 1974, 3,441
miembros evangélicos bautistas. Esto significa que en diez años sólo
95

se ganaron 397 miembros nuevos. Esta cifra equivale a un crecimiento


del 13,00% por década.

2.- El crecimiento es insuficiente


Si se compara esta línea con la del crecimiento biológico en
el gráfico 2, (por crecimiento biológico se entiende el bautismo de
los hijos de los creyentes y se estima en un 25% por década) es
evidente que el crecimiento real supera, escasamente, la mitad del
crecimiento biológico.
El crecimiento biológico, por referirse exclusivamente a la
conversión de los hijos de creyentes, es el crecimiento mínimo de una
Iglesia, o un conjunto de ellas, con vida sana. Pero aquí estamos en
presencia de un ejemplo en que el crecimiento no alcanza a dicho
mínimo.
De ello, la conclusión inmediata sería que estas Iglesias
fracasaron en ganar a los hijos de sus propios miembros. Pero esto no
deja de ser una suposición gratuita. Para nuevas conclusiones,
perfectamente argumentadas, es preciso analizar el gráfico 3. Allí se
puede ver detalladamente lo que en realidad ha ocurrido.
El gráfico 3 está marcado por una línea divisoria que asigna
un sector para la clasificación de las GANANCIAS (miembros que
entran), y otro para las PÉRDIDAS (miembros que salen), registradas
a lo largo de diez años.
Es preciso destacar que el crecimiento (GANANCIAS) de
una Iglesia o conjunto de ellas, como el fenómeno opuesto
(PÉRDIDAS) puede ocurrir, básicamente, por medio de tres vías.
Ellas son:

a.- Bautismos-Fallecimientos
El bautismo de los nuevos creyentes constituye el
crecimiento por excelencia de las Iglesias. En este estudio el
movimiento contrario está dado por el fallecimiento de los miembros
de la Iglesia. En ambos sectores del gráfico, estos rubros están
representados por el color negro intenso.
Otros estudios pueden tener una clasificación diferente.

b.- Transferencias de entrada y salida


Otra vía de crecimiento está dada por los creyentes que
ingresan a la membresía a través de una carta de transferencia
extendida por otra Iglesia. Hay un constante movimiento de creyentes
que se van y de otros que llegan, para incorporarse a la membresía de
nuestro estudio. Este rubro está representado por las líneas
horizontales.
96

c.- Restauración y alejamiento


Finalmente, hay una vía representada por miembros que,
habiendo estado alejados, son recuperados y restaurados en la
membresía. En el sector de las pérdidas son los miembros que se
alejan, ya sea por razones disciplinarias, un paulatino decaimiento de
la fe u otros motivos. Lo esencial es que se alejan de la membresía
integrando el rubro de las pérdidas. En nuestro gráfico este sector se
destaca por las zonas punteadas.

Hecha esta discriminación de las vías de crecimiento y


pérdida, ya es posible analizar lo ocurrido en la década del presente
estudio.
97
98
99
100

BAUTIS MO S
El primer hecho llamativo es la escacez de bautismos.
Es importante consignar que en 1970 y 1971, los años con
mayor número de bautismos, la membresía sumaba un total de 3,171
creyentes. Pero con todo ello, sólo se bautizaron 176 miembros
nuevos. Esto equivale a un 5,55% en el rubro de los bautismos. En el
año siguiente, en 1971, ya declina este porcentaje, porque, habiendo
crecido el número de miembros, se mantiene igual el de los
bautizados. Desde entonces, es lamentable ver que este rubro va en
constante disminución.
Como ya se ha señalado, a partir de aquí debería comenzar
un nuevo estudio. Una investigación que encuentre respuesta a tantas
preguntas suscitadas por estas cifras. Preguntas que inquietan a los
líderes religiosos preocupados por el futuro de la obra evangélica en
esta zona. Algunas de las preguntas inmediatas podrían ser:
 ¿Cuál fue el número de conversiones? ¿Ha sido igualmente
reducido, o hay una diferencia sustancial entre los
convertidos y los que llegaron al bautismo?
 ¿Cuál es el ambiente que reina en las Iglesias frente a los
nuevos convertidos? ¿Es un ambiente de bienvenida, de
júbilo, de amistad y compañerismo expresados hacia los
nuevos, o es un ambiente caracterizado por pequeños grupos
de miembros antiguos que rechazan la integración de los
nuevos?
 ¿Cuánto tiempo se espera entre el momento de la conversión
y el bautismo?
 ¿Cuál es la orientación general de estas Iglesia en cuanto a
sus programas de trabajo? ¿Prevalecen los programas que se
centran en la misma Iglesia, en la perpetuación de algunas
tradiciones y en la satisfacción particular de los miembros?
¿O hay una actitud de ganar a los de afuera, a desarrollar los
programas y trabajos de modo que la proclamación del
evangelio sea escuchada en toda la zona?
 ¿Cuál es la teología que prevalece en esta zona? ¿Es una
teología centrada en sembrar, esperando que algún día Dios
recoja los frutos? ¿O es una teología que contempla la
siembra tanto como la siega, y consecuentemente adapta sus
programas de trabajo?

La respuesta a estas y otras preguntas revelará algunos de los


motivos por los cuales los bautismos son tan escasos. Y entonces, se
podrá tomar decisiones concretas para remediar la situación.
101

TRAN SFER EN C IAS


Toda zona afectada por el fenómeno de la urbanización,
registra un intenso movimiento de personas que llegan y otras que se
van. Las Iglesias, lógicamente, no quedan exentas. Al contrario, son
un reflejo de lo que sucede y en consecuencia ofrecen un número
elevado de creyentes que entran y salen de la membresía por vía de
transferencia. Es evidente que en muchos casos, el número de las
transferencias tiende a igualar la cifra de los bautismos.
Por un lado, este intenso movimiento invita a delinear un
ministerio adecuado a la naturaleza de las congregaciones de hoy. No
son congregaciones establecidas de una vez para siempre. Hoy la
membresía está en constante peregrinación. El hombre moderno vive
en movimiento. Por eso, el programa evangelístico de una Iglesia
urbana apuntará a ministrar más específicamente, tanto a los que
recién llegan como a quienes se van. En otro lugar se ha insistido en
este particular, porque tiene importantes connotaciones para la
evangelización de los centros urbanos.
Además, las cifras de transferencias también invitan a
realizar un estudio más profundo. Algunas de las preguntas que se
imponen son:
 ¿De dónde vienen los que ingresan por transferencia?
Seguramente hay zonas específicas que alimentan a la
inmigración más que otras.
 ¿A dónde van los que salen por transferencias? ¿Van
simplemente a las zonas suburbanas, o vuelven a su lugar de
origen? Cualquiera que sea el caso, este movimiento
constituye un conducto por el cual no sólo se mueve una
cantidad de seres humanos, sino con ellos, el mensaje del
evangelio.
 Además, ¿quiénes son los que salen por transferencia? ¿Son
los mismos que hace poco entraron por ese medio y poco
después continúan su peregrinación? ¿O son personas
diferentes que de pronto se ven arrastradas por las corrientes
de la movilidad urbana? ¿O son creyentes que salen de la
membresía para constituír nuevas Iglesias?

Aquí hay también un tema que todavía espera ser analizado y


explicado a favor de una evangelización urbana más eficaz.

R E S TAU RAC I Ó N –ALE JAM I E N T O


102

Sería odioso insistir en la necesidad de nuevos estudios como


consecuencia del presente gráfico. Pero en realidad, la cifra de
alejamientos es pavorosa e indica que el ministerio de algunas Iglesias
está profundamente desvirtuado. Es cierto, también hay una cifra de
miembros restaurados, pero no hay una proporción lógica entre el
sector de GANANCIAS y el de PÉRDIDAS.
En las antiguas anécdotas de Munchhausen (relatos, de tono
exagerado, de las campañas bélicas y viajes vividos por Karl Friedrich
Hierónymus, cuya vida se extendió desde 1720 a 1790), se cuenta que
este caballero venía cabalgando, velozmente, perseguido por un
puñado de enemigos. Los guardias de la ciudad, apostados en el muro,
no tardaron en comprender la delicada situación, y enseguida
decidieron bajar la pesada puerta de entrada a la ciudad.
Munchhausen, hombre de perspicacia y gran ingenio, presiente la
intención de los centinelas. Sabe que su única salvación es pasar por
la puerta antes que sea bajada. De lo contrario quedará a merced de
sus enemigos.
Munchhausen espolea su caballo y afortunadamente llega a
tiempo. No acaba de pasar la puerta cuando ésta cae, ruidosa y
velozmente. Pero él seguía su carrera hasta el pozo del mercado. Allí
detiene su caballo; allí puede beber y reponerse del gran esfuerzo.
Efectivamente, el animal bebe y bebe. Su sed parece ser insaciable.
Finalmente Munchhausen, inquieto, mira hacia atrás y descubre lo
ocurrido: la gran puerta, una gigantesca hoja de hierro, cayó de filo
sobre el animal, un centímetro detrás de la montura y seccionó al
animal en dos. Pero tan de prisa venían que ni él ni el jinete tomaron
nota de ello. Y lógicamente, ahora el caballo no se sacia. El agua entra
por un lado, y sale, directamente, por el otro.
No importa que Munchhausen, siempre oportuno en sus
decisiones, aprovecha, mientras el caballo todavía se sostiene, para
regresar el muro y recoger la otra mitad de la bestia para unir ambas
partes y cubrir la herida con la piel de un cerdo montés recién cazado.
Como es de esperar, la pericia del héroe permite la total recuperación
de su cara cabalgadura.
Tampoco interesa aquí que en adelante Munchhausen debe
rasurar a su caballo en la zona del injerto, debido al pelaje espinoso
que desde entonces le crece en esa región.... Lo que realmente interesa
es que en la evangelización urbana frecuentemente se trabaja y se
gana a algunos para perderlos inmediatamente después, como por un
misterioso drenaje.
Entonces, es preciso mirar hacia atrás, como lo hizo este
caballero, aunque sea para descubrir que la cabalgadura de nuestra
evangelización ha sido seccionada por la mitad. Todavía se mantiene
103

en pie y sirve para ganar a algunos, pero no para conservarlos y


desarrollarlos en la fe de Cristo.
Entonces, sirvan éstos gráficos y tantos otros que ya
comienzan a circular, para estimular al pueblo evangélico a buscar los
caminos de una evangelización urbana más eficaz.
104

BIBLIOGRAFÍA

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¿QUÉ SIGNIFICA EVANGELIZAR HOY?
Monografía

2.- Cox, Harvey


THE SECULAR CITY
The Macmillan Company, 1965

3.- Dolan, Rex


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Change in the Church).
The Westminster Press, Philadelphia, Penn., 1967.

4.- Du Bose, Francis


CRISIS EN THE CITIES
Church Admninistration, may 1967.

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CHURCH GETTING OUT, INTO THE WORLD?
Administration, may 1967.

6.- Ellul, Jacques


LA CIUDAD
Bs. As., La Aurora, 1970.

7.- Enns, Arno


MAN, MILIEU AND MISSION IN ARGENTINA
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8.- Greenway, Roger


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9.- Lee, Robert (ed.)


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The Westiminster Press, Philadelphia, 1962.

10.- Kraetzig, Guillermo


PABLO, ESTRATEGA
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Julio-Agosto, 1973.

11.- Libert, Samuel


INFORMES A LA “CONVENCIÓN EVANGELICA
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Énfasis, 1972, pgs. iv-v

12.- Mc Gavran, L.
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A RINGING CALL TO MISSION
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17.- Winter, Gibson


NEW CREATION AS METROPOLIS
New York, Mac Millan Company, 1963.
106

MATERIALES VARIOS

1.- Informes del CONGRESO MUNDIAL DE EVANGELIZA-


CIÓN – 1966 – Berlín – World Wide Publication – Minnea-
polis – Minn. U. S. A.

2.- The First Urban Church Institute (Informes) – Golden Gate


B. Seminary, Mill Valley, California, 1968.

3.- El Expositor Bautista, enero 1973.

4.- CENSO NACIONAL DE POBLACIÓN, FAMILIAS Y VI-


VIENDAS, 1970 – Presidencia de la Nación Argentina, Se-
cretaría del Consejo Nacional de Desarrollo. Instituto de Es-
tadística y Censos.

5.- Testimonio Cristiano


Publicación de Editorial La Aurora No. 3, pgs. 34-37, Bue-
nos Aires, Methopress, julio de 1973.

6.- El Mundo Bautista


Publicación trimestral de la Alianza Mundial Bautista, abril,
mayo, junio 1973.
107

INDICE

Introducción ………… ………………………. Pag. 2

CAPÍTULO I: ESTADÍSTICAS, UN GRITO


DE ALARMA.......................... Pág. 5
I.- La Iglesia en la historia de la ciudad “ 6
A.- La ciudad, cuna y campo de ba-
talla de la Iglesia....................... “ 6
B.- La ciudad, estrategia apostólica “ 7
C.- La ciudad: imagen histórica del
reino de Dios en camino........... “ 9
D.- La ciudad: el nuevo Edén.......... “ 10

II.- Las Iglesias evangélicas en las ciu-


dades modernas............................... “ 11
A.- Preocupación mundial............... “ 11
B.- Estadísticas locales.................... “ 13

CAPÍTULO II: OBSTÁCULOS INTERNOS


A LA EVANGELIZACIÓN..... Pág. 14
Introducción.......................................... “ 11
I.- Indolencia...................................... “ 15
A.- Conformismo.......................... “ 15
B.- Tradicionalismo...................... “ 17

II.- Introversión................................... “ 18
A.- Prejuicios................................ “ 18
B.- Tensiones internas.................. “ 19
C.- Inercia del pueblo de Dios...... “ 22

III.- Proclamación deficiente................ “ 27


A.- Predicación incompleta.......... “ 28
B.- Aspiración equivocada: el per
feccionismo............................. “ 29
C.- Teología parcial...................... “ 30
108

CAPÍTULO III: OBSTÁCULOS EXTERNOS


A LA EVANGELIZACIÓN..... Pág. 33
I.- La ciudad......................................... “ 33
A.- Sus tinieblas.............................. “ 34
B.- Sus luces................................... “ 34
C.- Su lenguaje............................... “ 35

II.- El hombre urbano: su manera de


ser.................................................... “ 35
A.- Diferencias históricas............... “ 36
B.- Diferencias económicas............ “ 36
C.- Diferencias culturales............... “ 37
D.- Áreas afectadas......................... “ 37
1.- El proceso de la comunica
ción del mensaje................. “ 37
2.- La integración de la con-
gregación............................ “ 38

III.- El hombre urbano: su manera de


pensar............................................. “ 39
A.- En relación consigo mismo...... “ 39
B.- En relación con el mundo......... “ 40

IV.- El hombre urbano: su manera de


vivir................................................ “ 42

CAPÍTULO IV: ¿CAMINOS DE ESPERAN


ZA O FANTASÍAS?................ Pág. 45
(Factores favorables para la autoexpan
sión del evangelio).
A.- La movilidad................................... “ 49
1.- La migración rurbanista............ “ 49
2.- La “rurbanosis”......................... “ 52
3.- El movimiento urbanita............ “ 55

B.- La concentración de multitudes...... “ 57


1.- Estadio de fútbol....................... “ 58
109

2.- Estaciones terminales............... “ 59

C.- Las heridas del hombre de la ciu-


dad................................................... Pág. 61
1.- Soledad..................................... “ 62
2.- Anonimato................................ “ 63
Sus dos aspectos:
a.- Inmunológico...................... “ 63
b.- Despersonalizante............... “ 64
3.- Indiferencia............................... “ 65
4.- Inseguridad............................... “ 67

D.- El nivel intelectual del pueblo de


Dios................................................ “ 68

E.- Las comunicaciones........................ “ 70


1.- Clasificación de los medios
de comunicación...................... “ 71
a.- Medios de comunicación
impersonal.......................... “ 71
b.- Medios de comunicación
cuasipersonal...................... “ 72
c.- Medios de comunicación
interpresonal....................... “ 72
2.- Experiencias varias con me-
dios de comunicación............... “ 74
a.- La imprenta......................... “ 74
b.- La radio y la televisión....... “ 75
1).- “Yo desafío al minis-
tro”.............................. “ 75
2).- El censo telefónico...... “ 79
3).- El auxilio telefónico.... “ 80
4).- El “Operativo Guía”.... “
3.- Advertencias útiles en el uso
de los medios de comunicación “ 82
a.- Suplemento, no sustituto..... “ 82
b.- Comunicación, no conver
sión..................................... “ 83
c.- Experimentación................. “ 83
110

CAPÍTULO V: ¿ESTRATEGIAS O ESTRUC


TURAS?................................. Pág. 84
I.- Estructuras actuales........................ “ 84
A.- El modelo de nuestras estructu
ras............................................ “ 84
1.- El tabernáculo.................... “ 85
2.- El templo........................... “ 85
B.- La metodología de nuestras es
tructuras.................................. “ 86
C.- Las consecuencias de nuestras
estructuras............................... “ 88
1.- Métodos inamovibles........ “ 88
2.- Fidelidad equivocada........ “ 89
3.- Objetivos antiescriturales.. “ 89

II.- Estructuras futuras.......................... “ 89


A.- Conservadora........................... “ 89
B.- Perfeccionista........................... “ 90
C.- La No-Estructura...................... “ 90
D.- La estructura funcional............ “ 91

GRÁFICOS....................................................... “ 98

BIBLIOGRAFÍA.............................................. “ 105
111