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Del tren de Duaca

El Nacional - 4/10/1998

En el andén de la estación de ferrocarril Bolívar, de Barquisimeto, mayo de 1926, dos amigos


compran pasajes para Duaca.

-Mire compa -señalando con la boca- ¿Y ese taparo quién es?

-Ese es Antonio Alamo, un ministro -¿Y el jurungo que está con él?

-Del Ferrocarril Bolívar *. El Gobierno firmó un contrato con ellos. Deben de estar haciendo un
recorrido.

Los pasajeros abordan los vagones. Al llegar a El Eneal, son informados de que hay un problema
con la locomotora y que, mientras la reemplazan, que se ubiquen en la sala.

-Qué pena con esos taparos.

-Verdad que sí. Echarse a perder cuando ellos están viajando; menos mal que van en primera clase.

-Atención -grita un empleado- los de segunda clase, pasar por la taquilla para devolverles el dinero.

-Compa, eso es para impresionar al ministro. Bueno, un cachete no nos cae mal.

Hecho el cambio, cuatro policías suben y el viaje es reanudado.

Empieza el ascenso de Duaca, por cierto, inusualmente lento. A la altura de Rey Dormido, el tren se
desmaya y los policías entran al vagón de segunda clase.

-A bajarse todo el mundo -conminan a los pasajeros- que tienen que empujar.

C.W. Huctchings