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ISPED – Inst.

Superior de Perfeccionamiento y Especialización


Docente

Profesorado en Artes Visuales – 1er. año

Espacio: Arte,cultura y sociedad I

Profesor: José Cardoso

IV – Cultura e imagen en el salvajismo


He escrito anteriormente que el arte refleja, en mayor o menor medida y más o menos
evidentemente, la moral de una sociedad, es decir la forma de sus pautas culturales.
Las pautas culturales he dicho también, son las “reglas” mediante cuyo uso le damos
forma a nuestra acción social. Entonces es fácil deducir que el sentido fundamental del
arte (o sus productos para ser más precisos) es comunicar, pues de eso se trata la
acción social.
Tomando esta premisa, si retrocedemos hasta los más antiguos hombres, en el
período paleolítico, no encontraremos formas artísticas sino más bien algunas toscas
herramientas, como piedras afiladas para corte o usadas como masa; si bien
habitualmente se consideran estas piezas como “arte paleolítico”, no las
consideraremos aquí sino como herramientas, pues eso eran. No podemos inferir, por
más vueltas que le demos, algún fin comunicativo o expresivo, aunque sí, por
supuestos, son productos derivados de las pautas o reglas con cuyo uso los primeros
hombres daban forma a su acción social, o sea productos culturales.
Aquí tenemos un buen ejemplo de cómo podemos separar, dentro de los productos
culturales, a los que son artísticos –según la definición que he intentado en la pg. 16-
de los que no lo son.
Si avanzamos un poco más en la historia y llegamos hasta el neolítico, vamos a
encontrar, ahora sí, algunos objetos que, herramientas o no, representan y están

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significados de manera evidentemente intencional, tal como lo son las Venus
paleolíticas.
Por qué razón estas estatuillas tan, pero tan neolíticas se ubican en la
historiografía como paleolíticas, supongo que se deberá a cierta rigidez en la relación
de fechas y estilos (no se toma mucho en cuenta la ley del desarrollo desigual y
combinado), pero vamos a respetar aquí los términos -y las bases expuestas para este
trabajo-, y si neolítico significa “nueva piedra” (por estar pulida en lugar de
simplemente golpeada) estas representaciones, sin importar su datación, son
neolíticas, y según la clasificación de L. Morgan, sus autores se encontrarían ya en la
etapa superior del salvajismo. De este período también son las pinturas rupestres
halladas en todos los continentes con diversas características, motivos y estilos.
No tiene demasiado sentido aquí ponernos a discurrir sobre los “valores”
estéticos de los diversos estilos o motivos, pues nuestros parámetros pueden no tener
nada en común con los parámetros de sus autores, quiénes es más probable que ni
siquiera tuvieran parámetros, pues es bastante inverosímil que en una comunidad
hubiera diferentes estilos ni planteos al respecto puesto que, como ya señalé en otro
párrafo, el arte era común y compartido de manera natural, respondía a una necesidad
común del grupo y por tanto siempre estaba bien. Entonces si era “lindo o feo” de
mayor o menor calidad ya queda para el gusto personal actual de cada uno, pero no le
pone ni quita valor al objeto en sí.
Solo podemos especular entonces sobre las razones de su realización, pero
sobre ello nada sabemos pues no tenemos testimonios directos ni mucho menos
escritos.
Es muy interesante que en los libros de historia del arte se gasten ríos de tinta acerca
de estos temas, que seguro son válidos para algunos usos arqueológicos (comparar
estilos artísticos y sus dataciones por ejemplo para saber si un pueblo tuvo influencia
sobre otro o para poder seguir los cambios en la imagen de un mismo pueblo durante
determinados períodos de tiempo, o cuestiones de datación –por ejemplo si en una
pintura rupestre americana vemos representaciones de caballos, ya podemos saber
que es posterior a la llegada de los españoles puesto que, hasta dónde sabemos, no
había caballos en la América precolombina-, pero más allá de ahí, ponernos a
especular si eran realizados por esta o por aquella razón o si están mejor o peor

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realizados es nada más que especulación y así lo demuestran las diversas teorías al
respecto, ninguna de las cuales ha podido certificarse como cierta. Lo único seguro, es
que comunicaban.
Entre las diversas teorías que “explican” el arte prehistórico, hay para todos los gustos,
pero a excepción de alguna que lo postula como “arte por el arte”, en mayor o menor
medida, todas caen en alguna cosa relacionado con lo mágico/religioso. No nos
detendremos aquí a examinar cada teoría pero sí podemos a modo de resumen
transcribir el cuadro realizado por Juan Francisco Pascua Turrión (2006), que tan
claramente lo explica:

Lartet y Christy
1865 Significado: decorativo y ocioso. Arte como ornamentación
Arte por el arte
-75 - Piette E. del lugar donde se vive.
1907

Práctica propiciatoria / magia simpática. Arte: control e Magia -


Reinach S. 1903
influencia sobre el medio y la caza. Religión

Relación hombre-entorno (flora y fauna): Culto a los


antepasados Magia -
Durkheim 1912
Vinculación del individuo con Tótem del clan. Tótem: símbolo Religión
que identifica al grupo.

Carácter religioso. Arte: Ceremonia / ritual propiciatorio en


Breuil H. 1952 Magia -
lugar oculto a no iniciados (fondo cavernario). Cueva como
Begoüen 1958 Religión
santuario.

Medio
Ucko y Rosenfeld Motivación variada: económica, social, comunicativa,
comunic.:
1967 religiosa, simbólica, etc. Contexto condiciona arte.
causa múltiple

Sistema estructurado asocia principios opuestos de carácter


sexual.
Leroi/ Lamming
Carácter religioso/ Santuario. Importancia del Contexto: Estructuralismo
1962-71.
Documentación exhaustiva (análisis temas, técnicas,
distribución, localización). Arte: Organización social /

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marcadoress étnicos.
ét

Magia y religión:
re Cueva como Santuario. Patr
Patrón
Clottes y Magia -
interpretativo
tivo historico-cultural. Negación concep
ncepto
Lorblanchet 1995 Religión
Estilo/Ciencia
cia ffrente Arqueologia

Arte: Medio
dio expresivo-comunicativo múltiples caus
causas. Medio
Balbín y Alcolea
Contextualizac
lización grafías /Análisis marco Arqueológi
lógico. comunic.:
1999-2003
Relación Homb
ombre-territorio. causa múltiple

Muchas de estas teor


teorías están teñidas de una mirada que no tien
tiene para nada en
cuenta la forma de vidaa de sus realizadores ni sus condiciones de exi
existencia, por el
contrario, basándose en
n lo que el autor cree que habrá sido la vid
vida del hombre
prehistórico, sumado a qu
que se le atribuyen al salvaje el uso de nuestras
nu pautas
culturales, se llega muchas
has vveces a conclusiones realmente insólitas:
s: po
por ejemplo que
su inteligencia no estabaa de erspectiva1 -como
desarrollada porque no sabían utilizar la pers
si la perspectiva moderna
na hubiera
h sido en algo relevante para el salva
salvaje- o sostener
que como la naturaleza todo les daba y no tenían en que ocuparse duran
urante todo el día,
se dedicaban al “arte” (por
or eel arte).
Vayamos
mos a un ejemplo:
Ibarra Grasso
o (1967,
(1 pgs. 568-
9) reproducee una
u imagen de
pictografías en C
Cerro Colorado
(Córdoba, Arge
Argentina) la cual
reproducimos
os aaquí, junto al
epígrafe quee la aacompaña:
“Escena de danza de
individuos evidentemente
te en
enmascarados y que en gran parte llevan ado
adornos dorsales,
estilo mexicano; es lo más
ás p
probable que se trate de la escena de un
n ac
acto religioso de

1
Sus propulsores fuer
fueron G-H. Luquet (L'art primitif, Paris, G. Doin & cie, 1930) y el Abate
Breuil (Quatre cents siècles d'art pariétal: les cavernes ornées de l'age du renne, Centre
'art p Cen d'Etudes et de
Documentation Préhistoriques, Montiganc,
M 1952.

40
una sociedad secreta masculina. Cerro Colorado, Córdoba. Según relevamiento in situ
de A. Pedersen.”
Analicemos un poco lo que nos dice la imagen y lo que nos dice Ibarra Grasso.
En principio podríamos preguntarnos qué elementos tomar en cuenta para extraer
información sobre la imagen de un modo responsable, científico y cuidadoso. Y
entonces a lo dicho, lo primero a considerar son las condiciones de vida de sus
productores por un lado, y lo que la imagen nos muestra por el otro.
De lo que muestra la imagen puede inferirse que los personajes es probable
lleven algún tocado o máscara; aunque también pudiera ser algún tipo de peinado: o
las orejas; u otra cosa. También parecen estar tomados de la mano y vemos algún tipo
de animales y ¿pájaro? en la esquina superior derecha participando de la escena.
Sobre qué es lo que hacen, no podemos conjeturar demasiado ¿Bailan? ¿Se están por
enfrentar en lucha? ¿Se agrupan para alguna actividad? ¿Alguna otra cosa que
desconocemos?
De las condiciones materiales de vida de sus productores, poco y nada
sabemos, nuevamente a conjeturar. Según las dataciones realizadas, las pictografías de
Cerro Colorado fueron realizadas entre los siglos V al XV, pero nada nos dice Ibarra
Grasso de la datación de esta en particular, aunque se puede presumir leyendo el libro
que son más o menos recientes y quizá pertenezcan a los Comechingones, que fueron
habitantes del lugar hasta la llegada de los españoles. No se basa nuestro autor en las
clasificaciones de Morgan que aquí hemos tomado, puesto que utiliza otros criterios,
más relacionados a “grupos culturales” que al desarrollo de las fuerzas productivas
como postula Morgan.
De esta diferencia se desprenden diferentes conclusiones, como enseguida
veremos. Según Ibarra Grasso, los Comechingones practicaban la agricultura y la cría
de llamas domésticas además, por supuesto de tareas de caza y recolección. Se
agrupaban en clanes y estos en pueblos de diez a cuarenta chozas, en las que
habitaban de cuatro a cinco familias, sin especificar qué tipo de familia ni estimar la
cantidad de habitantes; igualmente podemos deducir que cada pueblo era poco
numeroso. No menciona que conservaran la carne ni que se utilizaran graneros, por lo
cual su economía debía ser del “día a día”. De todo lo anterior podemos concluir,
siguiendo la clasificación de Morgan, que se encontraban entre la etapa superior del

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salvajismo y la inferior de la barbarie. Si supiéramos si su linaje era matriarcal o
patriarcal, podríamos saber mucho más, pero Ibarra Grasso no lo toma en cuenta y por
lo tanto, si se sabe, no lo menciona.
Ahora comparemos las conclusiones de Ibarra Grasso con las que podemos
extraer de los datos de vida aportados por el mismo autor.
“Escena de danza...”Es una posibilidad, aunque se da por cierta anulando cualquiera
otra.
“...de individuos evidentemente enmascarados y que en gran parte llevan adornos
dorsales, estilo mexicano;” Otra certeza sin mucho arraigo.
“es lo más probable que se trate de la escena de un acto religioso de una sociedad
secreta masculina” Aquí es dónde la ideología y las pautas culturales del autor, se
deslizan con toda su potencia, y vamos a ver porqué.
No sabemos a ciencia cierta si danzan enmascarados o qué hacen y cómo, pero de los
poquísimos datos con que contamos sí podemos deducir que no se trata de ningún
“acto” religioso de una sociedad secreta masculina. Para que pueda darse este tipo de
organización deben generarse ciertas condiciones que, evidentemente, nuestros
antiguos no tenían; en ese estadio, con una precaria economía y en aldeas pequeñas,
no era muy probable que algún sector del mismo pudiera acumular fortuna, por lo cual
son improbables las diferencias de clase y la misma existencia de clases sociales, salvo
que practicaran la rapiña y/o el esclavismo, cosa que parece no haber sucedido. En ese
contexto, no hay asuntos privados sino públicos, por un lado. Por otro, lo que nosotros
llamamos ”religión” o “creencias” seguramente existía pero no de la forma en que
nosotros las conocemos y practicamos, sino como lo que son todas las religiones y
creencias en su origen, un corpus de conocimientos (que generalmente se transmitían
en forma fantástica para asegurar su recuerdo, siempre de forma oral, a través de
relatos o teatralizaciones y, eventualmente, combinando estas con imágenes) que
aseguran que las personas y el grupo puedan adaptarse al medio, conocerlo, subsistir y
desarrollarse. Así es impensable una sociedad secreta, la que por definición es
conspirativa y si es conspirativa deberían conspirar contra.... ¿Quién, en una aldea
mínima donde unos se necesitan a los otros? Por lo demás, se hace necesaria una
“casta” sacerdotal, lo que implica que esa “casta” está dentro de sector más amplio de
sacerdotes –de otro modo no habría contra quien conspirar- y a su vez esa casta

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debería estar liberada del trabajo cotidiano –de otro modo no puede desarrollarse
como tal- y en un pueblo pequeño donde se hace imposible acumular ¿Cómo
mantendría esa sociedad a una parte tan cuantiosa de sus miembros liberados del
trabajo? Y la gran pregunta ¿Para obtener qué? Generalmente las conspiraciones de
tipo religioso van acompañadas de botines de tipo económico, cosa imposible para
nuestros antecesores. Toda casta sacerdotal se conforma alrededor de un caudillo y lo
sostiene y justifica; ese caudillo necesariamente debe ser de tipo militar y tener su
guardia o ejército, que convencen rápidamente a cualquiera que no haga caso a los
sacerdotes de la conveniencia de su liderazgo. Si juntamos todo esto, nos queda una
aldea de caciques y ningún indio para trabajar.
Y aún nos queda la cuestión de género. Una sociedad religiosa y secreta es muy
probable que sea masculina, pero si la hemos descartado ¿cómo sabemos que en la
representación hay sólo hombres? En la sociedad salvaje o de principios de la barbarie,
al no haber posibilidad de acumular fortuna ni un gran desarrollo tecnológico, la mujer
no se encuentra sujeta al hombre ni es tenida como menos en la sociedad. Por el
contrario, es muy valorada y respetada2 y por tanto no es apartada de los asuntos del
grupo, en los que eventualmente tiene más prédica que el hombre, de ahí que no es
improbable que hayan participado de todas las actividades del grupo, incluida la
“danza” que nos muestra Ibarra Grasso.
Como hemos visto, es bastante difícil que la interpretación de Ibarra Grasso
esté acertada, aunque, por supuesto, no podemos tener un cien por cien de certezas,
solo conjeturas. Pero algunas conjeturas han podido ser descartadas y entonces me
queda la sensación de que hay más ideología que ciencia en todo este asunto.

2
“Otro resto del matriarcado agonizante era el respeto, casi incomprensible para los romanos, que los
germanos profesaban al sexo femenino. Las doncellas jóvenes de las familias nobles eran conceptuadas
como los rehenes más seguros en los tratos con los germanos. La idea de que sus mujeres y sus bijas
podían quedar cautivas o ser esclavas, resultaba terrible para ellos y era lo que más excitaba su valor en
las batallas.
Consideraban a la mujer como profética y sagrada, y prestaban oído a sus consejos hasta en los asuntos
más importantes. Así, Veleda, la sacerdotisa bructera de las márgenes de Lippe, fue el alma de la
insurrección bátava en la cual Civilis, a la cabeza de los germanos y de los belgas, hizo vacilar toda la
dominación romana en las Galias.” (Engels: 1972 [1884], pg. 170).

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Finalmente, una mención en particular sobre el tema religioso, que abona
directa o indirectamente todas las teorías sobre arte primitivo. Sobre este punto
vamos a detenernos puesto que, a mi entender, es el que más distorsiones produce a
la hora de comprenderlo ya que por su propia naturaleza y la forma en que se nos
inculca, evidentemente ha teñido todas las interpretaciones sobre arte prehistótrico.
No podemos, con un método de análisis basado en estas creencias, ser objetivos y
científicos a la hora de comprender como funciona la inteligencia de nuestros antiguos,
ya que esta participa directa o indirectamente, de la forma de desenvolverse de la
naturaleza y siendo nuestras creencias y forma de vida tan opuestas, se nos hace
imposible entenderlas si no comprendemos primero las raíces del hecho religioso.

Arte, magia y religión


Para comprender la esencia e importancia de todo lo que nosotros llamamos
“religioso”, debemos remontarnos a los orígenes de la humanidad; solo así veremos el
desarrollo y fundamento de nuestras actuales creencias y, por lo demás, podremos
entender creencias extrañas y las complicadas relaciones de unas con otras a lo largo
de la historia.
Para esto, será imprescindible desprendernos lo más posible de nuestras
cosmovisiones y tratar de pensar a los antiguos como productos de su vida, de sus
tecnologías y de su desarrollo social.
Podemos pensar que las tantas veces complejísimas cosmogonías de los
hombres “primitivos” respondían a la necesidad de transmitir cuestiones muy
concretas que servían para organizar y sostener la vida del grupo. Estos relatos, estos
mitos, tenían y aún tienen una base material muy visible por más fantásticos que nos
parezcan y siempre parten de la base de que el hombre es una parte importante de un
mundo mayor que lo contiene y lo necesita, como así también el necesita de cada
elemento de ese mundo, no hay posibilidad de pensarlo de otra manera. Muchas veces
las historias míticas no son sino recursos mnemotécnicos para asegurar que no se
olvidará el saber acumulado y tan necesario no solo para que subsista el grupo, sino
también para que subsista el mundo. Estos mitos son transmitidos y asimilados por
todos los miembros del grupo.

44
Este hecho es fundamental, la comprensión de que nuestras acciones tienen
consecuencias sobre todo el universo; para cualquier hombre primitivo con un cierto
grado de desarrollo, ese entendimiento era -y es- muy claro, lo podemos ver hasta en
nuestros días; la noción de ser una pieza fundamental –como cualquiera otra de la
naturaleza- para conservar el equilibrio del mundo es constante. Y es maravilloso que
el hombre sea –hasta donde nos permite percibir nuestra inteligencia- la única especie
que no solo es capaz –o lo era- de actuar de acuerdo a esa noción, sino tener
conciencia de ella, pues se sabe capaz de destruir el equilibrio, cosa que no pueden
hacer otras especies. Por supuesto que los primitivos hombres no tenían por suerte,
ninguna idea de hasta donde seríamos capaces de ir en contra de nuestro mundo, pero
eran conscientes que con las posibilidades que en ese momento tenían, podían aún ser
una influencia negativa.
A partir de la escisión de la sociedad en sectores con diferentes privilegios y
posteriormente en clases sociales, también debió modificarse la cosmogonía para
“ajustarla” a las nuevas realidades. Así se reemplazó la organización social gentilicia
(basada en la gens) por la organización social en estados (basada en la organización
territorial y la propiedad privada) y en este camino, poco a poco la cosmogonía antes
patrimonio de la gens toda, pasó a modificarse hacia una cosmogonía patrimonio de
los sectores privilegiados o clases poseedoras y poco a poco fue incorporando a los
elementos naturales otros más abstractos o haciendo abstracción de parte de su
mitología y de paso justificando por leyes divinas el nuevo estado de cosas,
insensiblemente, la cosmogonía dejó de estar al servicio del grupo y la naturaleza
(conservar el equilibrio) sino al servicio de un sector y de una divinidad que vino a
reemplazar a la misma naturaleza haciendo abstracción de esta. Esto trajo aparejado
además el nacimiento y desarrollo de una casta sacerdotal cada vez más alejada del
pueblo llano; dejaron de compartirse todos los conocimientos para comenzar a existir
algunos reservados a los iniciados; el contacto con las entidades sobrenaturales antes
posibles para cualquiera pasó a ser cada vez más privilegio privativo de esa casta que
se convierte finalmente en intermediaria exclusiva entre los dioses y el pueblo, casta
que por otra parte obtuvo cada vez más privilegios y fue liberándose de sus
ocupaciones comunes hasta dedicarse en exclusividad al sacerdocio.

45
En este camino, la imagen también se va a modificar para adaptarse a las
necesidades de las nuevas formas culturales que van a expresar recordemos, las reglas
con cuyo uso los hombres dan forma a su acción social (si cambian estas formas,
cambia todo lo derivado de ellas). Incluso si tomamos como ejemplo la propia imagen
cristiana, y retrocedemos hasta sus orígenes –y más allá- veremos fácilmente como la
teología hunde sus raíces profundamente en el mundo concreto y material, pues
alguna vez sirvió, al igual que ahora como organizador social, pero al servicio de tribus
sin estado y ligadas irremediablemente a los ritmos naturales, como toda sociedad
basada en las labores agrícolas y pastoriles.
Esas sociedades crearon un práctico
y sencillo símbolo que les servía para
ajustar los ritmos de vida a los de la
naturaleza y que seguramente todos
hemos visto: la cruz del zodíaco. Con la
ayuda de esta herramienta que representa
el paso del sol por las doce constelaciones
en el transcurso de un año, como así
también los doce meses y las cuatro
estaciones; los solsticios y equinoccios
(uno por cuadrante) y las fases de la luna,
además de las eras, los hombres organizaban
su vida sus labores y las fiestas que las
acompañaban.
En la siguiente imagen vemos un relieve
griego conservado en Módena, Italia, a cuyo
sol se le ha dado entidad: Fanes, el dios griego
primordial, que renunció a su mandato a favor
de Nix, la noche para ir a lo alto del cielo a
iluminar el mundo; aquí, además de estar
rodeado de las constelaciones también lo
acompañan los Anemoi, los cuatro vientos

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(Noto, Bóreas, Argestes y Céfiro) que a su vez representan a las cuatro estaciones y los
cuatro puntos cardinales. Como podemos ver, un relato mítico nos ayuda a saber como
“funciona” la naturaleza en cuanto lo que necesitamos para una vida agrícola y
pastoril.
En la imagen a la izquierda (se
halla en el Monasterio griego Moni
Dekoulou), encontramos exactamente lo
mismo, pero un poco más distorsionado.
El sol es Dios, al centro de las doce
constelaciones, y en las esquinas los
vientos griegos han sido reemplazados
por los cuatro evangelistas; un poco más
nos cuesta aquí hallar la huella material
en el relato espiritual. Pero se encuentra;
de hecho en la biblia hay muchos pasajes
que se relacionan con estas cuestiones
solares y celestiales. Una permanente
referencia al paso de las eras, sobre todo la de piscis (el pez) a la que se representa con
el mismo Jesús (el sol que en la precesión de los equinoccios pasa durante 2.160 años
por la constelación de piscis (de hecho la referencia al pez es permanente), lo mismo
que referencias a las doce casas y las doce constelaciones (doce discípulos, doce tribus
de Israel, Jesús va al templo a los 12 años, José tiene 12 hermanos, etc.). Incluso los
principales eventos en la vida de Jesús tienen correspondencia con algunos eventos
solares por lo cual comparte sus principales características (doce discípulos, hijo de
virgen, tres días muerto y posterior resurrección, nacimiento el 25 de diciembre,
muerte en la cruz, los tres reyes, etc.) con los representantes de varios cultos del
hemisferio norte, por mencionar algunos: Attis de Phyrigia, Quetzalcote de México,
Krishna de India, Dionisio de Grecia, Mithra de Persia, Ixion y Quirino de Roma, Budha
Sakia de India, Salivahana de Bermuda, Horus de Egipto, Odin de Escandinavia, Crite de
Caldea, Baal de Fenicia, Indra de Tibet, Bali de Afghanistan, Jao de Nepal, Wittoba de
Bilingonesia, Thammuz de Siria, Xamolsis de tracia, Zoar de Bonces, Deva tat y
Sammonocadam de siam, Alcides de Tebas, Mikado de Sintoos, Beddru de Japón,

47
Hesus de los druidas, Thor de la Galia, Cadmus de Grecia, Hil y Feta de Mandaites,
Ischi de Formosa (la isla, no la provincia), Fohi y Tien de China, Adonis de Grecia,
Prometeo del Cáucaso.
Parece obvio, que todas estas mitologías procuraban recordar lo mismo.
Luego de la era de piscis (Jesús) el sol pasará por la de Acuario (es en la que
estamos entrando en nuestros días), y antes pasó por la de Aries (carnero),
representada en el antiguo testamento por Moisés, quien justamente castiga a su
pueblo por adorar al becerro (toro) que representa a la constelación de Tauro, de cuya
era el sol salió justamente en la época de Moisés (Aries), más o menos unos dos mil
años antes de Cristo. De hecho, el cuerno del carnero, como instrumento de viento es
un elemento clave en algunas fiestas judías, hasta la actualidad (y nunca debe
fabricarse en cuerno de vaca o toro, símbolos de Baal y de la terminada era de Tauro).
Al escindirse del tronco común judío, los cristianos adoptaron el nuevo símbolo del
pez, y posteriormente el uso de la imagen, cosa que el antiguo testamento (palabra de
Dios) prohíbe3. Desde los tiempos de Moisés, las condiciones de vida de una parte del
pueblo Judío –al menos los que tenían más contacto con Roma- habían cambiado y
mucho; los antiguos principios de una vida seminómade, pastoril y eventualmente
agraria, ya no servían en las grandes ciudades, en el comercio como modo de vida, y
menos dentro de una sociedad basada en el estado con pretensiones de imperial, con
leyes que no distinguían fronteras ni tradiciones ni geografías. Se cambió la teología, se
cambiaron los mitos y se incorporó la imagen.
Más adelante veremos como el cristianismo vino a solucionar muchos de los
problemas ligados a las leyes y tradiciones que entraban en conflicto al expandirse el
imperio romano de oriente en occidente (la reconquista iniciada por Justiniano) y
hacían imposible su manejo y control.
Otro botón de muestra del sentido vital para la subsistencia que tuvo la
mitología cristiana más antigua lo encontramos en cualquier iglesia prerrománica o
románica, en las cuales aún se estilaba representar el esquema de las labores y los
meses a través de las pinturas y relieves que las decoraban, indicando así a los fieles
que tareas debían realizarse en cada mes del año. Las ilustraciones que acompaño

3
Éxodo 20: 4-5.

48
pertenecen al mosaico de Pantaleón en la catedral de Otranto (S. XIII)4 la primera, y la
segunda a la representación del mes de julio en la cara interna de las jambas de la
portada occidental del Monasterio de Santa María de Ripoll, Gerona, (mediados del S.
XII).

En fin, si dentro de la religión más extendida en occidente buscamos las huellas


materiales de sus relatos (escritos o pertenecientes a la imaginería) veremos
fácilmente que lo aparentemente sin sentido o imposible de explicar si no es como
“verdad revelada” o “cuestión de fe”, encuentra rápidamente su razón y fundamento y
no solo eso, sino que estamos en condiciones de separar la paja del trigo; si
regresamos un momento a la coincidente imagen de Fanes y la del Monasterio Moni
Dekoulou, encuentro una razón mucho más certera que la que me solían dar mis
profesores en las clases de religión del colegio de curas a que asistí; debí escuchar
innumerables veces, sobre estas “coincidencias” entre imágenes o mitos cristianos y
los de los griegos, la explicación de que los griegos, que fueron muy avanzados e
inteligentes, ya tenían la “intuición” de que dios existía, y por eso “a veces” hacían
representaciones o relatos tan parecidos a los cristianos.
Para resumir, es evidente que en nuestra historiografía, deliberadamente o no,
muchas veces nos encontramos con una reducción y simplificación de ciertas
cosmogonías a sus aspectos literales y reinterpretándolas según la ocasión,
despojándolas así de su esencial contenido y por lo tanto pareciendo carentes de
sentido cuando, precisamente, sentido es lo que les sobra. Si no comprendemos el

4
Publicado inicialmente en Brocar. Revista de Investigación Histórica en 36 (2012), publicado por la
Univ. de La Rioja (España). La publicación original está disponible en:
publicaciones.unirioja.es/revistas/brocar

49
sentido de los mitos primitivos no podemos alegremente darle el “que nos parece” y
además achacarle a sus autores carencias intelectuales.
Observando detenidamente, eso es mucho más propio de nuestro pensamiento
actual que del de los primitivos hombres. No es poco frecuente encontrarnos con
gentes influidas por
pensamientos religiosos que
hacen o descubren cosas
realmente sin sentido ni razón,
atribuyéndoles una esencia
“milagrosa”, como por ejemplo
un carnicero que al cortar un
churrasco cree ver la cara de
Cristo en su interior5: eso es
pensamiento mágico.

La mirada salvaje
Sobre cómo es de diferente la “mirada” según los tiempos y contextos, podemos
explayarnos a través de algunos diseños aborígenes de la etnia Wichi, del norte de
argentina, en tejidos bastante conocidos en el país; estamos hablando aquí de los
diseños realizados en fibra de chaguar, con los que se hacen diversos útiles, como
bolsos y algunas vestimentas.
Primeramente tengamos presente que estos diseños que veremos, tienen suma
utilidad para el conocimiento del entorno y la transmisión de pautas culturales. Se
aprenden naturalmente y no hay ningún tipo de “filosofía involucrada en cómo y
porqué se realizan de determinada manera. Simplemente la fuerza de la tradición los
ha ido construyendo de generación en generación como una forma de conservar
saberes, tradición y cultura.

5
http://noticias.terra.com.ar/sociedad/el-rostro-de-jesus-aparecio-sobre-un-churrasco-en-san-
luis,a60d1751f952c310VgnVCM4000009bcceb0aRCRD.html. Consultado el 28/12/2012. Incluye la
imagen.

50
Las técnicas de trabajo se aprenden por simple imitación, tal como me lo ha
contado Fermina Liva (artesana cestera de la etnia Qom), a quien volveremos a citar
más adelante:

“…Uno ya nace de eso… porque su gente hace, su mamá, su abuelo… de


chiquitito va mirando; no hacés todavía, solamente vas mirando… hasta
que llega el tiempo de que vos hacés, vas tocando, palpando ese trabajo
como es. Hasta que hacés un trabajito chiquitito por ejemplo, copiando…
te sale bien o no, pero vos seguís haciendo porque te gusta.”.

A estos diseños, trasladados a la


“mirada” del blanco, se les atribuye un
carácter meramente ornamental.
Sucede que nuestra manera de ver el
mundo y de relacionarnos con él, nos
hace imposible comprender el
“lenguaje” utilizado por los aborígenes.
Obsérvese la ilustración tomada de un
folleto, y sus correspondientes
significaciones. Es obvio que este arte
refleja la cosmovisión y el entorno en
que sus productores viven, cosa
incomprensible para nosotros, y más
aun tratándose de abstracciones de
imágenes, las que responden también a
una “manera” de ver y “relacionarse”
con el mundo muy diferente a la nuestra. Es de destacar que aquí las realizadoras, no
basan su diseño en la imagen mimética y completa que acostumbramos utilizar
nosotros, sino que capta la totalidad a través de algún elemento característico del
objeto o sujeto representado. Inversamente, para quien no conoce la “mirada”
occidental, es tremendamente difícil interpretar por ejemplo una fotografía, como

51
varios antropólogos han señalado en sus informes6. A nuestro modo de ver, esto sería
imposible, pues una foto es exactamente igual al modelo, pero increíblemente, eso nos
parece a nosotros porque hemos crecido bajo esa forma de mirar. Por lo demás, y
regresando al diseño aborigen, esa mirada es común y compartida, todos entienden el
diseño; charlando con Eusebio Gómez, ceramista de la etnia Qom, al mostrarme una
pieza decorada con unas guardas y rombos multicolores, me explicó que a partir de lo
que le rodeaba, la naturaleza, diseñaba los motivos a utilizar, directamente sobre la
pieza. Yo veía guardas y rombos, alguna hoja quizás, pero nada más. Mientras
hablábamos se acercó su mujer a ver la pieza y dijo: -Ah, sí, es el cascarudo y esa
enredadera –señalando una que abrazaba el árbol bajo el cual estábamos sentados- y
yo seguía sin ver, hasta que días después ví una imagen del “cascarudo”, un pez de la
zona al que en mi pueblo le llamamos “vieja del agua” (y en mi pueblo “cascarudo” le
decimos a una especie de escarabajo) y que supuestamente yo “conocía”. Pues me di
cuenta de lo conocía de una pobre manera, no podía advertir que las guardas y
rombos representaban las principales escamas del pez (sobre su cabeza) y la forma en
que se distribuyen el resto sobre su dorso. Agrego una imagen del pez y el diseño del
ceramista, para aclarar lo dicho.

En ambos casos, los diseños del tejido y el de la cerámica, se utiliza el recurso


de representar al objeto a partir de alguna parte característica, sin representar la
totalidad; esto hace que para nuestra percepción es imposible “decodificar” lo
representado, puesto que nosotros representamos a través de la totalidad y de una

6
Nigel Barley: 1989; Daniel Everett: 2008.

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forma totalmente mimética: cuanto más “fotográfica" es la representación “mejor”
está dibujada.
La forma de representar de estos aborígenes por lo demás implica un
conocimiento profundo de su ambiente, una relación muy estrecha con el mismo y de
la cual nosotros carecemos por completo: casi todo lo que “sabemos” de nuestro
entorno, lo sabemos de forma indirecta y mediada, muy poco es nuestro aprendizaje
por experiencia directa, de allí que necesitemos la representación de la totalidad.
Es muy interesante observar que nuestras diferencias en la forma de “ver”
expresan también grandes diferencias en la formas de vivir y relacionarnos. La imagen
aborigen –al menos en este caso- no tiene ninguna pretensión de “universal”, solo le
sirve a esta etnia y en este entorno. Si cambiara el paisaje y los seres que lo habitan,
estas imágenes no tendrían sentido ni utilidad, los diseños deberían cambiar también.
Si no cambia el paisaje pero cambia la relación de los hombres con su entorno (lo que
sucedió a partir de la llegada de los españoles) nuevamente la imagen deja de ser útil y
tener sentido; en este caso, o cambia la imagen o cambia el sentido. Luego de 500
años de conquista, la imagen ha cambiado, pero cuando se vuelve a utilizar la imagen
antigua (como en los ejemplos vistos) se utiliza con otro sentido. Los conocimientos
ahora se adquieren en la escuela del blanco y al estilo del blanco, y estos diseños ahora
son “artesanía aborigen” y sirven mayormente para paliar con su venta las enormes
carencias materiales de lo que queda de estas etnias.
Haciendo un paralelismo con la cuestión religiosa, las antiguas creencias de
estos aborígenes están también al servicio y son producto de su cultura, y al igual que
su imagen, les sirven solamente a esta etnia y en esas condiciones de vida que
tuvieron. Hoy ya son cadáveres para adornar museos o para estudios antropológicos.
Entonces, si el entorno cambia esta cosmogonía y su imagen asociada perecen, no
pueden aplicarse a todo tiempo y lugar como la cristiana, hoy totalmente abstracta y
sin vínculo con el mundo material. En la antigua cosmogonía Qom, el universo (que se
reduce a lo que ven) se divide en varios “lugares” o planos y cada lugar tiene uno o

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varios “dueños”7, entidades o animales que los cuidan y protegen y para conservar la
armonía de este universo y no correr innecesarios peligros; es muy importante para
ellos, al entrar a algún lugar, pedir permiso a estas entidades. Y estas costumbres
pueden cambiar, de hecho, pueden cambiar de un modo espantoso, como sucede
cuando los Quom van a buscar sus materiales de trabajo (arcilla, hojas de totora,
matas de chaguar, etc.) tal como lo cuentan Eusebio, al buscar el barro y Fermina al
buscar la totora:

“En cualquier lado uno puede ir y dice… bueno, en el nombre del Señor, y
pide por el trabajo que tiene que hacer. Entonces uno no molesta nada y
saca tranquilo [el barro de la tierra]. Yo entro en el barro seco, y tiene
que haber una Yarará [serpiente venenosa de la región]… y los animales
saben. Entonces, en el nombre del Señor, que haya lo que haya, que vaya
a otro lado, porque mi necesidad me busca para hacer este trabajo… yo
siempre hago eso, porque son trabajos que uno hace, entonces tiene que
orar, tiene que hacer algo… pero también hay gente que no valoriza
eso… y entonces no se brinda a hacer estas cosas. Por ejemplo acá hay
un montón de yacaré, pero la gente entra igual, mientras no le toque,
porque se puede enojar el yacaré, como cualquier persona; y si está
hambreado también te puede atacar, por eso siempre hay que decir
alguna palabra… porque nosotros estamos buscando… tampoco le
molestamos, y el animal también entiende estas cosas. Todas estas
cositas uno aprende… porque puede haber un Salamanca [especie de
entidad del monte, o reunión de entidades] y uno entra al monte y te
puede matar, o llegás a tu casa y llegás mal, entonces el médico [se
refiere aquí al médico aborigen, no al blanco] dice: Ah, eso es porque vos
no pediste permiso.”

7
Dueños es una traducción al español (que refleja nuestras formas culturales, donde se
transparenta y mucho lo económico y la forma privada de propiedad que estas etnias desconocían), no
creo que signifique exactamente lo mismo a lo que ellos se refieren con su palabra original “loogot”.

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“…Cada persona que va a buscar hoja de palma o totora, ponele, porque
a donde nosotros entramos no sabemos si hay algo; y a nosotros no
enseñaron de nuestra mamá que cuando uno va a buscar la totora tiene
que pedir permiso hablando en voz alta o por dentro, pensando... tiene
que sacar permiso porque dice que en los lugares donde uno va a sacar
las cosas tiene el dueño también de eso, nosotros no lo vemos pero el
nos está viendo… cuando uno entra al campo tiene que pedir permiso
para tener suerte o que salga bien las cosas que uno está buscando… si
vos no pedís permiso cuando uno entra al agua [la totora es una planta
acuática] la totora se corre y no se deja cortar. Y hay lugares donde hay
totora pero está dentro de un campo alambrado y nosotros tenemos que
pedir también permiso al dueño [en este caso al propietario físico] para
poder entrar… porque ahora ponen el alambrado eléctrico y si uno no
pide permiso le va a lastimar… las hojas de palma por ejemplo, a veces
uno entra callado y te encuentran y te sacan a tiros [literalmente
hablando] aunque te conoce el dueño igual te saca.”

Aquí se nos presenta con toda su fuerza la ley del desarrollo desigual y
combinado, afectando costumbres, personas, creencias, la misma imagen incluso. Solo
teniéndola en cuenta podemos comprender la antigua y la actual imagen Qom, su
cosmogonía y el sentido de su comportamiento. Es inexplicable de otro modo el hecho
de que habiendo alambrados –encima eléctricos- y propiedad privada (cosa que
comprenden perfectamente), estas gentes se empeñen como zombis manejados por
algún maligno científico, a intentar entrar una y otra vez a determinados lugares, a
pesar de que los sacan “a los tiros”, tiros que a veces, hay que decirlo, dan en el
blanco. O el indio para este caso.

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Otro ejemplo
interesante y que
q a menudo
nos lleva a confusiones
c lo
encontramos
os en la imagen de
una puerta de madera Dogón
(Mali, Africa).
a). Estos decoran
siempre las pue
puertas de casas y
graneros con diferentes
figuras que se repiten una y
otra vez. En
n to
todos los casos
que he pod
podido ver, la
representación
ión del cocodrilo y
la tortuga estab
estaban presentes.
Aquí uno pue
puede conjeturar
como habitualm
ualmente se hace,
que “adoran” al cocodrilo
lo y la tortuga, y la verdad es que los respetan
nmmás bien. Y para
ellos son importantes estos
stos animales, de hecho cuando pregunté que
ue significaban, la
respuesta fue exactament
ente esa: “para nosotros los Dogón, son
on animales muy
importantes. Mucha pacien
ciencia y tiempo después, supe porqué, cuan
cuando Mamadou
Guindo me explicó:

“Cuando los D
Dogón llegamos a la falla (de Bandiágara,
a, sig
siglo XII y donde
viven hasta
ta la actualidad) no teníamos agua y no podíamo
íamos encontrarla.
Entonces preg
preguntamos al cocodrilo y nos dijo que le sigui
siguiéramos. Así lo
hicimos y nos m
mostró un mar de agua”

Aquí es fácil entender la lleyenda. El cocodrilo vive en el agua, si llo seguimos la


encontramos, tal vez eso hic
hicieron los primeros Dogón. Simple.
También simple y divertido
ido ees el caso de la tortuga:

“Los dogón
ón p
podemos tener cuatro esposas, y las mujer
ujeres a veces se
pelean o se ti
tienen envidia entre sí. Y a veces pueden
en eenojarse con el

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marido. Entonces, cuando el hombre Dogón va a comer, primero come la
toruga. Si la tortuga vive, entonces el Dogón puede comer.”

En fin, que como podemos ver, estas “religiones” o “creencias” se van


construyendo con las historias que transmiten las cosas necesarias para llevar la vida
adelante, y subsistir. No hay mucho más.
Entonces, aquí podemos dejar algo apuntado: las creencias, mitologías,
imágenes y cosmogonías de un grupo guardan su conocimiento, su moral, su
entramado de relaciones, su historia y tradiciones, etc., que van a permitir que ese
grupo subsista. Hasta aquí la sociedad tribal primitiva generando la imagen que mejor
se adapte a sus necesidades.

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