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XI Congreso Ecuatoriano de la Ciencia del Suelo

DISTRIBUCION, USO Y MANEJO DE LOS SUELOS DE LA REGION ANDINA


José Espinosa1

RESUMEN

El término suelos de altura, usado para identificar aquellos suelos ubicados a cierta altitud sobre el
nivel del mar en América del Sur y América Central, no describe adecuadamente las principales
características que determinan su manejo. Existe la noción general que suelos de altura son solamente
aquellos suelos poco productivos conocidos también como Puna. Sin embargo, la presencia de los
Andes en el trópico ha permitido el desarrollo de muchos microclimas que han promovido la
formación de suelos particulares, muy productivos, que satisfacen las demandas de alimentos de un
gran segmento de la población.

En contraste, los suelos ubicados baja altitud, en la misma zona de influencia de los Andes,
comúnmente se identifican como suelos tropicales. El término suelos tropicales se usa como sinónimo de
suelos rojos ácidos e infértiles. Es verdad que los suelos rojos, ácidos e infértiles están localizados en los
trópicos, pero no todos los suelos de los trópicos tienen estas
características, particularmente en las regiones donde coexisten
con suelos denominados de altura. Las diferentes
características de todos estos suelos hacen que sean necesarias
formas diferentes de manejo, aun cuando los suelos se
encuentren a la misma altura sobre el nivel del mar y a la
misma latitud. Quizá sean más importantes para el manejo el
material parental y la influencia del clima local. Este artículo
discute las diferencias en distribución, uso y manejo de los
suelo de la región Andina.

Tipos de suelos en la zona de influencia de los andes

Si se examinan los suelos en o cerca la línea Ecuatorial se


encuentran ejemplos de suelos altamente meteorizados en
países como Brasil, Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela y
los países de América Central. Sin la presencia de los Andes,
los suelos de todos estos países hubiesen sido Oxisoles o
Ultisoles como los prevalentes en las sabanas de Colombia,
Venezuela y Panamá, los suelos de la gran llanura
Amazónica de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y
Venezuela o las selvas de Colombia y Panamá (Figura 1).
A medida que los suelos se alejan de la línea ecuatorial y se
acercan a los límites entre el trópico y el subtrópico aparecen
con más frecuencia suelos dominados por arcillas de tipo 2:1
(vertisoles o suelos con características vérticas). Más
interesante aún es el hecho de encontrar vertisoles en
Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador y Perú
indicando de esta manera la gran variedad de suelos
presentes en América Tropical. Estos suelos se han formado
en los trópicos por la ausencia de lluvias generada por las
corrientes marinas, como la de Humbolt en el Pacífico, o por
los microclimas secos en el interior desarrollados por la
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International Plant Nutrition Institute - IPNI. Northern Latin America Program. Quito-Ecuador.
Correo electrónico: jespinosa@ipni.net

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presencia de los Andes (Figura 1). Sin embargo, la mayoría de suelos de esta región son suelos
jóvenes formados sobre los Andes y sobre las cadenas montañosas de América Central. Los suelos
característicos de estas zonas son Entisoles, Inceptisoles clásicos y Andisoles formados en
deposiciones recientes de ceniza volcánica. Estos suelos sostienen un alto porcentaje de la población
de los diferentes países de la región.

Páramos de América tropical

Los páramos son ecosistemas ubicados a alturas superiores a los 3000 metros sobre el nivel del mar
(msnm) y que se distribuyen en forma discontinua desde el norte del Perú hasta Costa Rica. El clima
de los páramos es frío y húmedo (2 a 10 °C), con fluctuaciones súbitas de temperatura que pueden ir
de < 0 a 30 °C (Hedberg, 1964). Estas fluctuaciones tienen un efecto marcado en la formación de los
suelos.

La formación de los páramos se inicia durante el Plioceno-Holoceno, época en la que se levantó la


Cordillera de Los Andes a alturas superiores a los 2000 msnm. Durante milenios, gran cantidad de
material orgánico se ha acumulado en el suelo formando una capa de una mezcla íntima de materiales
alumino-silicato y compuestos de carbono (C) orgánico formando los suelos particulares de páramo,
particularmente los suelos de páramo desarrollados sobre cenizas volcánicas. El perfil de estos suelos
puede alcanzar profundidades apreciables. Los procesos de formación finalmente producen suelos de
color negro, suave y poroso de buenas propiedades físicas, cubiertos en general por tapetes esponjosos
de musgos, líquenes y otras plantas de tallos gruesos y escaso tamaño.

La condición particular de los suelos de páramo


facilita la captación y retención del agua. En
consecuencia, los páramos generan mucha agua
para riego, agua potable y energía eléctrica de
sus zonas de influencia. Por esta razón, estos
ecosistemas deben ser cuidados con diligencia y
se debe evitar el uso en la producción agrícola.
Lamentablemente, el avance de la agricultura
hacia los páramos es una amenaza real y cada
vez más tierra es utilizada en agricultura por
productores de tierras bajas quienes buscan
nuevas áreas para producir (Foto 1).

Valles Andinos y pie de monte

Bajo los páramos, a una altitud entre 1000 y 3000 msnm, se localizan una variedad de valles
interandinos, tierra ondulada y pie de monte que se extiende desde Perú hasta Venezuela. Estas tierras
altas del trópico mantienen una concentración poblacional alta que se ha localizado en estos sitios por
el clima y por la fertilidad de los suelos. Esta condición produce una alta presión sobre la tierra que se
observa claramente el los acelerados procesos de degradación, principalmente erosión. Los grandes
proyectos de investigación y desarrollo en América del Sur han tendido a ignorar estos suelos debido a
que representan un bajo porcentaje del área total en la región. Las grandes áreas de Ultisoles y
Oxisoles y las Pampas han recibido gran atención durante mucho tiempo por ser las áreas de
expansión y soporte económico de vastas áreas de esta parte de América. Sin embargo, por la
concentración de población y por el uso intenso, las tierras altas debieron merecer más atención.

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La altitud modifica el clima radicalmente y este hecho es evidente en las tierras altas de América
tropical. En estos sitios es fácil encontrar una diversidad de microclimas que cambian en distancias
relativamente cortas. Esta es la razón para la gran diversidad de cultivos, que son posibles en el trópico
solamente gracias a la modificación del clima por la altitud (Foto 2). Además, si existe disponibilidad
de agua, se puede producir todo el año ya que el efecto de las estaciones es apenas perceptible.

Las condiciones de clima por supuesto han afectado el desarrollo de los suelos de tierras altas. Las
condiciones que normalmente se hubiesen promovido el desarrollo de los suelos hacia Ultisoles y
Oxisoles (típicos de los trópicos) fueron modificadas por el clima, haciendo más lento el desarrollo de
estos suelos y permitiendo la presencia de Entisoles, Inceptisoles y Aridisoles. Además de la
modificación del clima, es importante indicar la modificación importante del aporte de ceniza
volcánica a la formación del suelo en vastas áreas de América del Sur ubicadas en la zona de actividad

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volcánica. Esto permitió el desarrollo de Andisoles en América tropical, promoviendo un gran


contraste en las condiciones de suelos que se refleja en el manejo (Foto 3).

Los Andisoles cubren una apreciable área de América tropical. La fracción arcilla de estos suelos está
dominada por alofana, imogolita y halloisita (minerales amorfos de rango corto) que provienen de la
meteorización de los materiales piroclásticos producto de las deposiciones volcánicas. Una de las
características más importantes de los Andisoles es su capacidad para inmovilizar (fijar) fósforo (P) en
la superficie de los minerales amorfos. Esta es quizá la principal limitante química de los Andisoles.
Sin embargo, la capacidad de fijación de P de los Andisoles varía con el tipo de arcilla presente,
condición que a su vez parece está determinada por la altura a la cual se encuentran los depósitos de
ceniza que formaron el suelo.

Inicialmente se consideró que la fijación de P en los Andisoles ocurría solamente en las superficies
activas de la alofana y la imogolita. Los mecanismos de fijación de P en la alofana e imogolita
incluyen procesos como quemiadsorción, desplazamiento de silicio (Si) estructural y precipitación.
Sin embargo, se ha reconocido la importancia de los complejos humus-Al en este proceso. La fracción
humus en Andisoles forma fácilmente complejos con metales como el Al. El C atrapado en estos
complejos es inactivo y deja de ser parte del C activo de la fracción orgánica. Por otro lado, los grupos
hidroxilo combinados con el Al acomplejado entran en reacciones de intercambio de ligandos con
HPO4= y H2PO4- fijando fuertemente el P aplicado al suelo.

De igual manera, este fuerte acomplejamiento del Al con el humus limita la posibilidad de
coprecipitación de Al con Si, liberados de la descomposición de la ceniza volcánica, lo que a su vez
limita también la formación de alofana. Estos procesos se han documentado en Andisoles de Japón,
Colombia y Ecuador (Wada y Kakuto, 1985; Inoue y Higashi, 1988; Benavides y Gonzáles, 1988;
Zehetner et al., 2003). Estudios de evaluación de la fijación de P en Andisoles han demostrado que en
efecto la fijación es más fuerte en suelos de altura que tienden a acumular complejos humus-Al. La
acumulación de humus es mayor en suelos volcánicos localizados a mayor altitud (> 2000 msnm).
Evidencia indirecta obtenida en Andisoles de Ecuador y Colombia permite concluir que la fijación de
P está estrechamente relacionada con el contenido de C en el suelo (complejos humus-Al).
Indirectamente, esto también indicaría cuales minerales arcillosos se formarían a partir de la ceniza
volcánica en determinadas condiciones y la intensidad de la fijación de P. Aparentemente los suelos
alofánicos tienden a fijar menos P.

Datos recientes de un estudio de pedogénesis de un transecto del volcán Cotacachi en Ecuador (Tabla
1) confirmaron el hecho de que la fijación de P está asociada directamente con la presencia de C
orgánico en el suelo (Zehetner et al., 2003). Se encontraron dramáticas diferencias altitudinales con

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respecto a la formación pedogenética de los minerales del suelo. Se determinó que la fracción arcilla
de las zonas situadas a elevaciones superiores a 3200 msnm (sobre el nivel del mar) estaban
dominadas complejos humus-Al, las zonas entre 3200 y 2700 m snm por complejos humus-Al y
alofana y que bajo 2700 msnm no existe presencia de complejos humus-Al. Diferencias en la
zonificación se pueden presentar por efecto de las cambiantes condiciones de humedad y temperatura
en las diferentes áreas desarrolladas sobre ceniza volcánica en América Latina.

Tabla 1. Contenidos de carbono, aluminio asociado con el carbono y retención de fósforo en un


transecto de suelos derivados de ceniza volcánica alrededor del volcán Cotacachi, Ecuador
(Adaptado de Zehetner, 2003).

Horizonte 1 Carbono2 (%) Aluminio asociado Fijación de Fósforo4


al carbono3 (g/kg) (%)
Pedón 1, 4050 m snm
A 7.5 7.0 90
AB 3.8 4.4 89
Pedón 2, 3900 m snm
A1 10.3 10.1 91
A2 4.1 4.9 87
Pedón 3, 3400 m snm
A 7.7 7.6 88
AC 2.4 4.0 79
Pedón 4, 3000 m snm
A 3.4 3.6 61
Pedón 5, 2950 m snm
A1 3.6 3.0 46
A2 3.0 3.4 46
Pedón 6, 3060 m snm
A 6.4 5.6 74
Pedón 7, 2900 m snm
A1 3.1 3.0 52
A2 2.2 2.4 48
Pedón 8, 2740 m snm
Ap 2.3 1.7 26
A 2.1 2.6 38
Pedón 9, 2570 m snm
Ap 0.9 0.2 4
A1 0.5 0.2 4
Pedón 10, 2560 m snm
A 0.3 0.2 7
Pedón 11, 2630 m snm
A 0.6 0.3 6
Pedón 12, 2410 m snm
A1 0.4 0.1 6
A2 0.6 0.1 6
1
Horizontes de diferente profundidad.
2
Carbono total determinado por combustión seca (Tabatabai and Bremner, 1991).
3
Aluminio asociado con la materia orgánica extraído con pirofosfato de sodio a pH 10.
4
Diferencia después de 16 h de agitación con una solución de 1000 mg/L de P.

Uno de los cultivos que refleja el efecto contrastante del material parental en la fijación de P es la papa
(Espinosa, 2004). En la Tabla 2 se presenta una comparación de la respuesta a la aplicación de P en

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papa en suelos volcánicos de la Sierra alta de Ecuador y Colombia (Foto 4) y en Inceptisoles de la


Sierra alta de Perú. Los datos de investigación reciente sugieren que aún aplicaciones de dosis muy
altas de P no satisfacen la capacidad de fijación de los Andisoles de altura cultivados con papa y que el
efecto residual es bajo. Para obtener un adecuado rendimiento de tubérculos en estos Andisoles es
necesaria la aplicación de P en cada ciclo. Se considera que los complejos humus-Al serían los
componentes dominantes en la
fracción arcilla. Es difícil distinguir
entre suelos dominados por alofana,
imogolita o complejos humus-Al, y
hasta hace poco, los suelos
conteniendo estos minerales estaban
agrupados en el suborden Andept en
el orden de los Inceptisoles. A partir
de 1988 se creó un nuevo orden de
suelos denominado Andisol para
agrupar todos lo suelos derivados de
materiales volcánicos. Este nuevo
agrupamiento dentro de la
taxonomía del suelo permite la
separación de los suelos dominados
por complejos humus-Al de los
suelos dominados por alofana e
imogolita.

Este hecho podría permitir una mejor caracterización de la fijación de P en suelos derivados de ceniza
volcánica. El comportamiento de P es diferente en los suelos de las tierras altas de América tropical
desarrollado sobre rocas metamórficas y sedimentarias (Inceptisoles) ubicadas predominantemente en
Perú y Venezuela. Las dosis de P para la producción de altos rendimientos de papa son
substancialmente más bajas y el efecto residual es alto (Tabla 2).

Tabla 2. Comparación de la respuesta al fósforo de la .papa en El efecto del material parental sobre
Andisoles e Inceptisoles de tierras altas de América tropical el tipo de suelo desarrollado en las
(Adaptado de Villagarcía et al., 1991 y Espinosa, 2004). tierras altas de América tropical
tiene otras implicaciones en el
-------------- Andisoles -------------- Inceptisoles manejo de los cultivos. Los
Sitio 1a Sitio 2b Sitio 3c Inceptisoles y otros órdenes de
P2O5 Rendim. P2O5 Rendimiento P2O5 Rendim. suelos formados de roca
kg/ha t/ha kg/ha t/ha kg/ha t/ha metamórfica y sedimentaria tienen
en general un alto contenido de
0 6.4 0 4. 4 0 10.2 arcillas de tipo 2:1
150 11.7 75 15.8 80 19.3 (montmorillonita, vermiculita, illita)
300 31.2 150 20.5 160 30.3 y se comportan en forma diferente a
450 33.4 300 25.8 los típicos suelos tropicales rojos
a
Andisol de Ecuador, b Andisol de Colombia, c Inceptisol de Perú (Ultisoles y Oxisoles) dominados
por óxidos e hidróxidos de Fe y Al
y caolinita y a los suelos derivados de ceniza volcánica (Andisoles) que están dominados por arcillas
amorfas de rango corto (alofana, imogolita y complejos humus-Al).

En los suelos dominados por arcillas de tipo 2:1, la reducción en saturación de bases (pérdida de K, Ca
y Mg) desarrolla acidez. Este incremento en acidez (reducción del pH) conduce a la ruptura de la
estructura de los cristales arcillosos y a la liberación del Al estructural. Este Al ocupa los sitios de
intercambio dejados por las bases desplazadas. Estos suelos, por tener arcillas de superficies de baja
reactividad pueden fácilmente encalarse hasta llegar a pH 7.0, valor alrededor del cual se obtienen los

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mejores rendimientos de los cultivos. El incremento de pH logrado con el encalado incrementa poco o
nada la CIC del suelo (suelos de carga permanente).

Los Andisoles tienen una alta capacidad tampón (resistencia al cambio de pH) y una moderada CIC y
estos factores hacen que la determinación de los requerimientos de cal en estos suelos sea más
complicada. La intensidad de la capacidad tampón varía de un sitio a otro de acuerdo a los factores
que controlan la meteorización de la ceniza como la altitud, precipitación, temperatura y edad del
material. Por esta razón no existe una regla simple para evaluar los requerimientos de cal en estos
suelos. El uso del criterio del Al intercambiable o la saturación de bases en ciertos casos subestima la
necesidad de cal.

La alta capacidad tampón de los Andisoles se debe a que las arcillas resultantes de la meteorización de
las cenizas volcánicas (alofana, imogolita y complejos humus-Al) tienen una superficie muy reactiva.
En este caso los OH- producidos por hidrólisis del ión CO3 crean carga en la superficie de las arcillas
por deprotonización (pérdida de H+) y consecuentemente no se incrementan el pH de la solución del
suelo, pero se incrementa la CIC (carga variable). Esta resistencia al cambio de pH de los suelos de
carga variable obligaría a utilizar cantidades muy altas de cal para llegar a pH 7.0. Obviamente esto no
es necesario y solamente es conveniente el elevar el pH hasta valores un poco más arriba de lo
necesario para precipitar el Al3+ (5.3-5.5). En Andisoles, la cantidad de cal necesaria para precipitar el
Al o la magnitud de la capacidad tampón, varía con la edad y el estado de meteorización de la ceniza
volcánica y por esta razón es necesario conducir experimentos simples que determinen exactamente
los requerimientos de cal de un sitio específico (Espinosa, 1987; Espinosa y Molina, 1998).

La violenta actividad volcánica ocurrida en el pasado envió cenizas a la atmósfera, las cuales se
movieron largas distancias antes de depositarse en la superficie. Esta es la razón por la cual existen
suelos derivados de cenizas volcánicas a considerables distancias del punto de origen. Algunos de
estos suelos se han desarrollado en ambientes de alta humedad y temperatura localizados en zonas
bajas. Se sospecha que en estos suelos la cantidad de alofana e imogolita es alta, pero el color del
suelo continua siendo oscuro y en la clasificación taxonómica antigua estaban clasificados como
Dystrandepts, exactamente igual a los Andisoles de mayor altura que supuestamente tienen mayor
contenido de complejos humus-Al. En el caso de estos suelos, desarrollados en diferentes ambientes,
la fijación de P es baja y el efecto residual es alto. Esto se observa en cultivos como maíz y arroz y en
cultivos perennes como café, banano y palma aceitera, predominantes en las zonas bajas de América
tropical.

Valles profundos en medio de los Andes

Durante la formación geológica de los Andes aparecieron las dos grandes cadenas de cordilleras
características de Chile, Perú y Ecuador, sin que aparezcan valles profundos en el medio de las dos
cadenas y más bien se formaron planicies y paisajes de tierra ondulada de altura. Sin embargo, en
Colombia los Andes forman tres cordilleras y entre estas cadenas se forman los profundos valles del río
Cauca y Magdalena (Figura 1). Una apreciable superficie de estos suelos son Vertisoles, o por lo menos
tienen un alto contenido de arcillas tipo 2:1 que les confiere propiedades vérticas. La presencia de estos
suelos en América tropical es posible por el efecto del clima en la formación del suelo. La escasa lluvia en
apreciables áreas de estos valles no permitió el desarrollo pedogenético de los suelos hacia Ultisoles u
Oxisoles, característicos de las sabanas ubicadas al oriente de los Andes en Colombia y Venezuela o de la
selva Amazónica del resto de Sur América. Existen varios parches de este tipo de suelos en todos los
países de América tropical que se caracterizan por tener alta fertilidad.

Dentro de estos suelos son dignos de mencionarse aquellos ubicados en la planicie de la costa de Perú. La
profunda influencia de la corriente de Humbolt que corre paralela a la costa de América del Sur, hasta
voltear en dirección al este frente a Ecuador, modifica radicalmente el clima de planicie costera de Chile y
Perú. La ausencia de lluvia en toda esta angosta franja limita severamente la producción agrícola que

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solamente se puede desarrollar en los valles regados por los ríos que bajan de los Andes. Esta es la
conexión de estos suelos con las zonas de altura, simplemente se benefician del agua producida en sitios
lejanos. La mayoría de los suelos de estas áreas están dominados por arcillas de tipo 2:1 y son
naturalmente fértiles. La restricción de agua se compensa, en cierta forma, con la excelente luminosidad y
noches de bajas temperaturas que permiten acumular rendimientos muy altos en los valles donde se
dispone de agua. No es raro encontrar rendimientos superiores a 12 t/ha de arroz y mayores a 200 t/ha de
caña de azúcar que son difíciles de conseguir en otras tierras bajas de América tropical.

Erosión de los suelos de altura

Sin lugar a dudas, el principal factor de degradación de los suelos de altura en América tropical es la
erosión. El proceso es muy grave y tiene profundas repercusiones en la vida de todos los habitantes de
estas regiones y de las regiones ubicadas en las zonas bajas que indirectamente también sienten el impacto
del problema (Foto 5).

La degradación del suelo ocurre a través del tiempo por la pérdida gradual de suelo por erosión
causada por la lluvia o el riego y por agotamiento de los nutrientes del suelo debido a la producción de
cultivos sin la suficiente aplicación de fertilizantes e incorporación de materia orgánica. En general la
degradación gradual es reversible y se puede manejar con prácticas sencillas de conservación de
suelos y manejo de cultivos.

En todas las tierras altas de América tropical se ha conducido abundante investigación para desarrollar
tecnología para conservar y mejorar o por lo menos mantener la productividad del suelo. La erosión se

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puede prevenir con prácticas como


cultivos en curvas de nivel,
construcción de terrazas, cobertura
del suelo y los nutrientes pueden
ser devueltos al suelo con
utilización de fertilizantes
minerales y de residuos orgánicos.
Esta tecnología es fácilmente
accesible y en general tiene costo
razonable (Foto 6).

La adopción de estas prácticas de


manejo del suelo y cultivos ha sido
siempre baja y los programas
gubernamentales y privados han
tenido poco éxito y su influencia
es errática. Se ha demostrado que
los agricultores tienden a adoptar
prácticas de conservación cuando la degradación del suelo no es todavía muy seria y la condición
inicial del suelo puede recuperarse rápidamente. Sin embargo, cuando la degradación es severa, el
grado de aceptación de las prácticas de conservación de suelos se reduce apreciablemente. Una vez
que la parcela a llegado a cierto límite de productividad, la degradación pasa a ser económicamente
irreversible, es decir para el agricultor no es rentable invertir en conservación de suelos, aun cuando
técnicamente la degradación puede ser reversible (Antle et al., 2002; Antle et al., 2005). Extensas
áreas de las tierras altas de América tropical han llegado a esta condición. Es imperativo que todas las
instituciones envueltas en actividad agrícola y educacional desarrollen programas de conservación de
suelos a largo alcance que prevengan y controlen la erosión antes que esta se haga económicamente
irreversible. Esta es la única manera de mantener en su sitio el suelo que sostiene un alto porcentaje de
la población de la región.

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