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Tras los pasos del maestro Tarragó

Ros
Oct 14, 13)15 pm

Visto: 1887

Una vida ligada al Chamamé. Entrevista a Julio Gutiérrez.

Guitarrista y acordeonista chamamacero nacido en el barrio Los Pacuces de


San Lorenzo, brilló con el legendario Tarragó Ros de quien siguió su huella
musical con “Los Reyes del Chamamé”, primero y con “Los Grandes del
Chamamé” hasta la actualidad.

Desde siempre, su vida estuvo ligada a la música del Litoral. “Llegó a mi


vida cuando era un niño que jugaba a ser músico con un bandoneoncito de
juguete, de una sola flauta que hacía un único sonido. Me sentaba al lado
de mi padre y de otros músicos que venían a nuestra casa y ‘tocabaʼ con mi
instrumento. Cuando tenía cinco años llegó a la familia un acordeón
verdulera que era para mi hermano Miguel Ángel, que tenía 9 años, pero me
entusiasmó más a mí. A los tres meses ya había sacado el primer tema que
escuchaba en la radio o interpretado por mis tíos que venían de visita. Así
me inicié como acordeonista”, recuerda, mate de por medio Julio Gutiérrez
charlando son SINTESIS.

Su vida personal y artística, siempre estuvo ligada a la figura del legendario


Tarragó Ros a quien idolatra como a su propio padre. Desde que lo vio por
primera vez, su contacto estuvo siempre ligado a la música.

“En el año 1959, cuando tenía 7 años, se presentó en la escuela de barrio


Las Quintas el maestro Tarragó Ros y mi padre me llevó a conocerlo
personalmente. A él lo escuchábamos todos los martes cuando tocaba
quince minutos en LT8 de Rosario, de 12 a 12.15. Cuando lo conocimos, mi
padre le preguntó si me dejaba tocar con él y accedió. El maestro me
sostenía por la espalda porque el peso del acordeón me volteaba. Después
de la presentación me regaló 100 pesos de esa época. Un orgullo”, recuerda
emocionado.

“Yo toco con su estilo, que siempre me identificó. Así me fui haciendo
acordeonista y antes de los diez años toqué con mis hermanos en pistas de
baile en Buenos Aires. En esa época nos presentamos en Puerto Gaboto
donde también estaba Tarragó. Cuando me vio me preguntó si había
llevado mi acordeón, le respondí que sí, pero él me dijo que iba a tocar con
el suyo. No lo podía creer”, resume el artista.

“Con los años me afiancé como músico y llegué a tocar en el primer y


segundo gran festival que se hizo en San Lorenzo, en el Campo de la Gloria,
donde se presentaron los más grandes de ese tiempo como Los
Fronterizos, Los Quilla Huasi, Los Chalchaleros, Los de Salta, Horacio
Guarany, Jorge Cafrune, Ramona Galarza y Los Andariegos, entre otros
consagrados. Allí el coro del Colegio San Carlos con Ariel Ramírez
interpretó La Misa Criolla y me convocaron a sumar mi acordeón, en la
parte en la que originalmente tocaba Raúl Barboza, fue inolvidable”.

Pero aunque el acordeón fue su primer instrumento, después se enamoró


de la guitarra a la que nunca más abandonó y que lo ubica entre los mejores
ejecutantes chamameceros de ese instrumento.

“Toqué el acordeón hasta los 12 años, cuando empecé con la guitarra. Mi


papá era guitarrero tanguero y me enseñó los dos primeros tonos: ‘La
Menorʼ y ‘Dominante Laʼ y a partir de ahí, empecé a practicar durante
cuatro horas diarias, hasta los 14 años, al mismo tiempo que iba a la escuela
113 Sargento Cabral. Aprendí a dominar la guitarra y me convocó para tocar
en el Club Red Star, el maestro Tito Andino (nunca conocí a otro guitarrista
de la talla, capacidad y ductilidad de Andino) junto a Carlos Oronao.
Acompañábamos a Héctor Núñez conocido como Larry con quien nos
presentamos en la noche en la que también tocaron los Quilla Huasi. Con
gente así me codeaba desde el principio, por entonces tenía solo 14 años”,
destaca Gutiérrez.

Pero la historia se empecinaba siempre en cruzarlo con “el maestro”.

“Una noche actuando en los carnavales del Club Provincial de Rosario, me


encontré con el maestro Tarragó, que se acordaba de mí, se acercó a
saludarme y elogió mi forma de tocar la guitarra. El tiempo pasó, ya tenía 23
años, cuando el 11 de abril de 1975, en el bar comedor que mi familia tenía
frente al ex frigorífico Ardeol, mirábamos con mis padres a Tarragó por
televisión y notamos que no estaba en su conjunto el guitarrista Gregorio de
la Vega. Dos días después, golpearon las manos y era la policía –que por
aquel entonces solo iba a la periferia a dar malas noticias- pero esta vez no
fue así. Con ellos estaba don Tarragó que me fue a buscar para sumarme a
su grupo para ocupar del lugar de De la Vega. Cuando me lo propuso me
quedé mudo pero mi madre le respondió por mí y, por supuesto, le dijo que
sí”, asegura.
“Me citó en su oficina de Rosario, me hicieron una pequeña prueba y me
sumé. Desde ese momento Tarragó nunca más me tuteó. Me dio plata y me
mandó a ‘Calzados Farolʼ a comprarme un par de botas y me dio una caja
con los trajes para las presentaciones. Una semana después, casi sin
ensayar, ya estábamos camino a Entre Ríos”, destaca Julio.

“Así empezó mi derrotero de tocar junto al maestro con la guitarra y con el


acordeón. Grabamos el disco ‘Bien de Campoʼ en los estudios Emi Odeón
que se hizo con arreglos improvisados que me encargó sobre la marcha
para los 12 temas del disco. Después me felicitó. Él siempre me elogió y me
aconsejó y entre los dos nació un afecto muy especial que todavía perdura
en mí”, asegura.

“En el año 76 fuimos a Cosquín y conocí a don Bartolomé Palermo,


santafesino de Villa Guillermina, gran guitarrista, que me enseñó notas para
agregar a mi escala cromática y le dijo a Tarragó que me cuidara porque yo
era muy bueno. Así me fui haciendo en el ambiente. Carlos Talabera del
cuarteto Santa Ana, también elogió al maestro por haberme sumado a su
conjunto. No podía ser más feliz mi vida con la música”, agrega orgulloso
pero “sin creérsela”.

Junto al maestro chamamecero, estuvo hasta el día de su muerte ocurrida


el 15 de abril de 1978. “La terrible noticia me la dio mi hermana que la había
escuchado por radio y televisión, mientras yo esperaba que me vinieran a
buscar para una presentación. Fue un gran dolor, porque era como un
padre para mí”, cuenta Gutiérrez.

“Después de su muerte seguimos tocando con el nombre de ‘Los Reyes del


Chamaméʼ, como propuesta de la discográfica. Ya estaban elegidos los
temas para el próximo disco y la grabadora nos propuso hacerlo igual con el
nombre de ‘El conjunto de Tarragó Rosʼ para el disco ‘Seguimos tu huella
maestroʼ. Pero a su hijo Antonio no le gustó que usáramos el nombre de su
padre y no autorizó la salida del disco hasta un año después, pero solo por
esa vez”.

“Así continuamos con el nombre de Los Reyes del Chamamé, -Estigarribia,


Cañete, Ríos y yo- durante diez años más, hasta que por distintas
desavenencias, nos separamos. Después con el amigo Cáceres formamos
Los Grandes del Chamamé el 14 de septiembre de 1988, que aún perdura,
siempre con nuestro repertorio de chamamé, chamarritas y valses, al estilo
del maestro”, destaca Julio.

Aunque tuvo pareja, la vida no le dio hijos. “Mi familia siempre fue la
guitarra, el acordeón y la música” confiesa. Además de las presentaciones
junto a su grupo, desde hace 30 años tiene alumnos a quienes enseña los
secretos de la ejecución del acordeón y de la guitarra, los días lunes,
martes, jueves y viernes en su casa de Sargento Cabral 1377 y cada 15 días
lo hace en Victoria. Quienes quieran tomar clases solo deben acercarse a
su casa o llamar a los teléfonos 432954 o 15534677. “Solo necesitan dos
biromes, una roja y una azul, un cuaderno de hojas rayadas y el
instrumento”, invita.

Un escenario esquivo

Aunque conoció muchísimos escenarios en todo el país, a Julio Gutiérrez


hay uno que sigue sin abrirle sus puertas: el del “San Lorenzo un Canto a la
Libertad”.

“Lamentablemente el Chamamé está mal catalogado, para muchos es una


música de segunda categoría, incluso en grandes festivales como el de
Cosquín, donde se discrimina. Y en particular, a mí me discriminaron
siempre en el festival de San Lorenzo. Y no hablo del gobierno municipal,
sino de las personas que ellos eligieron para organizarlo, quienes me
propusieron tocar pero gratis. O sea que mi trabajo de tantos años, con
Disco de Oro, 7 Luna Park, 20 Cosquín, 18 Jesús María, 25 Federales y
recorrer el país a lo largo y a lo ancho, para ellos no vale nada. No hay
respeto por una trayectoria como la mía que hasta el día de hoy nadie
ostenta en esta ciudad”, lamenta Julio.

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