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Lesly Martha Paredes Peñafiel FCS-N-03-MA-5

Valores y Antivalores

Valores

Los valores son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de

realizarnos como personas. Son creencias fundamentales que nos ayudan a preferir, apreciar y

elegir unas cosas en lugar de otras, o un comportamiento en lugar de otro. También son fuente

de satisfacción y plenitud.

Nos proporcionan una pauta para formular metas y propósitos, personales o colectivos. Reflejan

nuestros intereses, sentimientos y convicciones más importantes.

Los valores se refieren a necesidades humanas y representan ideales, sueños y aspiraciones, con

una importancia independiente de las circunstancias. Por ejemplo, aunque seamos injustos la

justicia sigue teniendo valor. Lo mismo ocurre con el bienestar o la felicidad.

Los valores valen por sí mismos. Son importantes por lo que son, lo que significan, y lo que

representan, y no por lo que se opine de ellos.

Valores, actitudes y conductas están estrechamente relacionados. Cuando hablamos de actitud

nos referimos a la disposición de actuar en cualquier momento, de acuerdo con nuestras

creencias, sentimientos y valores.

Los valores se traducen en pensamientos, conceptos o ideas, pero lo que más apreciamos es el

comportamiento, lo que hacen las personas. Una persona valiosa es alguien que vive de acuerdo

con los valores en los que cree. Ella vale lo que valen sus valores y la manera cómo los vive.

Pero los valores también son la base para vivir en comunidad y relacionarnos con las demás

personas. Permiten regular nuestra conducta para el bienestar colectivo y una convivencia

armoniosa.

Quizás por esta razón tenemos la tendencia a relacionarlos según reglas y normas de

comportamiento, pero en realidad son decisiones. Es decir, decidimos actuar de una manera y
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no de otra con base en lo que es importante para nosotros como valor. Decidimos creer en eso y

estimarlo de manera especial.

Al llegar a una organización con valores ya definidos, de manera implícita asumimos aceptarlos

y ponerlos en práctica. Es lo que los demás miembros de la organización esperan de nosotros.

En una organización los valores son el marco del comportamiento que deben tener sus

integrantes, y dependen de la naturaleza de la organización (su razón de ser); del propósito para

el cual fue creada (sus objetivos); y de su proyección en el futuro (su visión). Para ello, deberían

inspirar las actitudes y acciones necesarias para lograr sus objetivos.

Es decir, los valores organizacionales se deben reflejar especialmente en los detalles de lo que

hace diariamente la mayoría de los integrantes de la organización, más que en sus enunciados

generales.

Si esto no ocurre, la organización debe revisar la manera de trabajar sus valores.

Los valores son las cualidades que nos impulsan a actuar de una u otra forma, a determinar de

manera crítica qué consideramos correcto o incorrecto e, incluso, a estimar como positiva o

negativa una situación, individuo u objeto.

Por ello, los valores forman parte de nuestros principios como individuos, nos caracterizan y, de

igual manera, nos relacionan con las personas de nuestro alrededor, con quienes compartimos

muchas similitudes.

Cada persona tiene establecida una escala de valores en la que determina cuáles son las posturas

y conductas que debe tomar según sus principios o situación en la que se encuentre, a fin de

llevar una vida más armoniosa con quienes la rodean.

Sin embargo, aunque existe un gran número de valores compartidos, cada persona le atribuye un

orden de importancia diferente. Por ejemplo, en un grupo de amigos todos valoran el sentido de

amistad, pero para algunos será más importante el respeto y la lealtad, y para otros la confianza

y la honestidad.
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En este sentido, nos encontramos con unos valores que son compartidos y otros particulares,

que responden, por ejemplo, a un orden social, cultural, organizacional o religioso.

Los primeros valores que aprendemos son los que nos enseñan en nuestras familias, por

ejemplo, el amor, el respeto y la gratitud.

Luego, a medida que nos integramos en la sociedad, conocemos y aprendemos otros tipos de

valores como los valores humanos, sociales, culturales o éticos, que complementan nuestra lista

de valores personales, virtudes y cualidades.

Cabe mencionar que, aunque los valores tengan una connotación positiva, también existe una

serie de antivalores o valores negativos sobre los cuales muchas personas determinan sus

conductas y acciones, como el egoísmo o el irrespeto.

Los valores y su esencia son estudiados por la axiología, una rama de la filosofía.

A continuación se presentan los tipos de valores más importantes y reconocidos por las personas

a través de sus relaciones personales, actividades y espacio en el que se encuentran.

Valores morales

Los valores morales están compuestos por un conjunto de normas y costumbres que se trasmiten

desde la sociedad a los individuos, a fin de que sean respetadas y cumplidas. Estos valores

buscan mantener el equilibrio de las buenas conductas de las personas para que diferencien lo

bueno y lo malo, así como, lo justo y lo injusto.

Valores éticos

Los valores éticos conforman unas guías de comportamiento que busca regular la conducta de

los individuos en la sociedad y se relacionan con los valores morales. Entre los valores éticos, se

pueden mencionar el respeto, la integridad, la justicia, la equidad, entre otros.


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Valores universales

Los valores universales abarcan todas aquellas cualidades y principios que se consideran y

reconocen como positivos y correctos por todas las personas. Estos valores son transversales en

la sociedad y no están limitados por ningún tipo de diferencias culturales.

Los valores universales definen las conductas y normas que nos permiten llevar a cabo una

convivencia armoniosa, respetuosa, tolerante e integradora entre todos los individuos que nos

rodean sin distinción alguna porque se pueden compartir y fomentar constantemente.

Valores humanos

Son valores humanos aquellos valores compartidos que establecen los principios y regulan las

acciones de las personas, a fin de alcanzar una convivencia saludable entre los individuos. Los

valores humanos no se ven limitados por ningún tipo de barrea cultural o religiosa, ya que su

propósito es generar bienestar a través del respeto, la solidaridad, la libertad, entre otros.

Valores culturales

Se conoce como valores culturales el conjunto de creencias, costumbres, lenguas y tradiciones

compartidas y que identifican a un grupo de personas. Los valores culturales establecen el

sentido de pertenencia que una persona tiene con respecto a su comunidad, pueblo, ciudad y

país.

Estos valores son propios y exclusivos de un grupo de personas, de allí que establecen la

identidad cultural de los individuos.

Valores sociales

Los valores sociales son el conjunto de valores reconocidos en una sociedad y que determinan el

comportamiento social de las personas que conforman una comunidad.


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Los valores sociales pretenden fortalecer las relaciones humanas y alcanzar el equilibrio del

bienestar social a través de las cualidades que se consideran positivas como el respeto, la

justicia, la amistad, entre otros.

Valores religiosos

Los valores religiosos están compuestos por aquellas conductas establecidas como correctas

según la religión o los dogmas que cada individuo siga. Estos valores no son impuestos por la

sociedad, sin embargo, conllevan a las cualidades y virtudes que se consideran como correctas

en la sociedad como, por ejemplo, la caridad, la solidaridad, el amor, entre otras.

Valores familiares

Los valores familiares están compuestos por una serie de principios, creencias y costumbres que

se enseñan en el hogar y que son transmitidas de generación en generación.

En familia, las personas aprenden qué es el amor, la unidad, el respeto, el sentido de pertenencia

y los lazos familiares, entre otros. Son valores de gran importancia porque constituyen la base

de toda sociedad.

Valores personales

Se denominan valores personales aquellos que cada persona considera como importantes para

cubrir sus deseos y necesidades. Por esta razón, los valores personales están adaptados a cada

individuo y definen su personalidad, estilo de vida, conducta, objetivos, entre otras cosas.

Estos valores son variables en el tiempo según las experiencias o necesidades, y parten de la

idea de actuar bajo aquellas acciones que se consideren correctas y positivas.

Valores cívicos
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Los valores cívicos son aquellas conductas que se consideran positivas para el buen y continuo

desarrollo de la sociedad. Estos valores son reconocidos por diversos grupos sociales y

transmitidos de una generación a otra, por tanto, también forman parte del legado cultural

social.

Valores de la democracia

Los valores de la democracia son aquellos que buscan establecer el orden social y progreso de

los individuos. Están compuestos por valores éticos y sociales que buscan fomentar los

principios de la democracia, la comprensión política, la libertad de pensamiento y la igualdad de

derechos, entre otros.

Valores empresariales

Se llaman valores empresariales todos aquellos valores que definen los principios éticos y la

cultura organizacional que identifica a una empresa. Estos valores tienen como propósito

generar mayores rendimientos, un sentido de pertenencia y fomentar la cultura organizacional.

Valores profesionales

Los valores profesionales son los valores que se fundamentan en el conocimiento y la

experiencia de los individuos, todo lo cual les permite tomar decisiones en diversas situaciones

laborales. Estos valores están relacionados con los valores éticos, morales y empresariales.

“La afirmación de Fernando Savater, en “El valor de educar”, respecto a que los niños, sobre

todo en sus primeros años, pasan siempre un mayor tiempo fuera de la escuela que dentro, es

uno de los aspectos más sencillos de reconocer, pero no sucede lo mismo cuando se trata de

reflexionar al respecto. El objetivo principal de este escrito es presentar algunas ideas

importantes expresadas por el filósofo español Savater, en el texto citado, que permitan

compartir un espacio de reflexión en torno a la importancia de la familia en el proceso

educativo, en la edad infantil, y los valores que en ella se manejan, para percibir la complejidad

de la tarea educativa de las escuelas hoy día y enfrentar, como docentes, el compromiso
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correspondiente. Los profesores no debemos subestimar la influencia educativa que tienen los

valores, expresados dentro de familia, para nuestros estudiantes; ni mucho menos dar por

sentado que ante el papel de ésta, no podemos hacer más nada por los alumnos. La reflexión a la

que les invito permitirá comprender mejor las actitudes y valores del niño ante el proceso

educativo institucional y los retos actuales que enfrentamos”

La familia

Antes de ponerse en contacto con sus maestros, muchos niños ya han experimentado la

influencia educativa del entorno familiar y de su medio social, los que seguirán siendo

determinantes -cuando no decisivos- durante la mayor parte de la educación básica.

En la familia, el niño aprende, o debería de aprender, aptitudes tan fundamentales como hablar,

vestirse, asearse, obedecer a los mayores, proteger a los más pequeños, compartir alimentos y

otros dones con quienes le rodean, participar en juegos colectivos respetando reglamentos,

distinguir de manera elemental entre lo que está bien y lo que está mal, etc.

Estas aptitudes inculcadas en los niños son conocidas como socialización primaria y si ésta se

ha realizado de modo satisfactorio, cabe esperar que la enseñanza en la escuela sea más

eficiente.

Sin embargo, tales aptitudes que se desean propiciar no son fáciles de comprender ni de

realizarse en la niñez, siendo conveniente distinguir los procedimientos de enseñanza que se

realizan en la familia y en la escuela para tal fin.

En la familia las cosas se aprenden de un modo bastante distinto a como luego tiene lugar el

aprendizaje en el ámbito escolar. Un factor importante es la cercanía afectiva entre el niño y el

educador o familiar, por lo que la enseñanza se apoya más en el contagio y en la seducción que

en lecciones objetivamente estructuradas, como sucede en la escuela.


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Pero, también en el ámbito familiar se cuenta con un elemento de coacción o de presión mucho

más eficaz que el ejercido en la escuela: la amenaza de perder el cariño del padre o la madre, del

abuelo o la abuela.

Para Savater el principal motivo de nuestras acciones sociales, incluyendo la edad infantil, no es

el deseo de ser amado (aunque sea un valor muy importante) ni el ansia de amar (que aparece en

ciertas etapas de la vida) sino el miedo a dejar de ser amado por quienes más cuentan para

nosotros en cada momento de la vida: los padres en un principio, los compañeros o amigos

posteriormente, e inclusive, al final de la vida, los hijos y los nietos.

La familia, si otorga ese amor a su hijo, representa la fuerza que guía y motiva las acciones del

niño, en cuanto éste no quiere dejar de ser amado. Educarlo amorosamente, permite al niño

sentirse fuerte y desear que ese sentimiento se mantenga.

Por eso, afirmaba Goethe, que da más fuerza saberse amado que saberse fuerte: la certeza del

amor, cuando existe, nos hace invulnerables. Es en el nido familiar, cuando éste funciona con la

debida eficacia, donde uno paladea por primera y quizás última vez la sensación reconfortante

de esta invulnerabilidad. (Savater 1997, p. 63)

De ahí que se considere que, los niños felices en su infancia nunca se recuperan del todo de la

pérdida de esta etapa y, a su vez, ese sentimiento de amor del que se rodean les infunde una

confianza en el vínculo humano que difícilmente puede destruirse, incluyendo el que se

establece en el proceso educativo,. Aunque por desgracia, sucede todo lo contrario cuando un

niño no es amado en su infancia.

El ideal familiar consiste en propiciar esta felicidad en el niño, es este valor lo que justifica y

compromete socialmente a la familia.

Hay que aclarar que este niño feliz no es el niño mimado o súper protegido.
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La educación familiar funciona por vía del ejemplo, está apoyada por gestos, humores

compartidos, hábitos del corazón, chantajes afectivos, junto a la recompensa de caricias o por el

contrario de castigos.

Por eso, lo que se aprende en la familia tiene una gran fuerza persuasiva, que en el mejor de los

casos sienta las bases de principios morales estimables pero que, al mismo tiempo, en los casos

desfavorables hace arraigar prejuicios que más tarde serán casi imposibles de extirpar.

En la actualidad, la familia no cubre plenamente el papel de socializar al niño, por lo que la

escuela no sólo no puede efectuar su tarea específica, sino que empieza a ser objeto de nuevas

demandas, para las cuales no está preparada.

Con mayor frecuencia, los padres u otros familiares a cargo del niño sienten desánimo o

desconcierto ante la tarea de educarlo en el ámbito del hogar y lo abandonan a los maestros,

mostrando luego tanto mayor irritación ante los fallos de éstos, aunque no dejan de sentirse

culpables por la obligación que rehuyen.

Vamos a referirnos a algunas de las causas que provocan en la familia el desgano ante sus

funciones educativas, no en el ámbito sociológico, como la incorporación de la mujer en el

mercado de trabajo o el de los hechos más comunes, la existencia de madres solteras. Savater

conduce la reflexión de este problema al ámbito moral, a cambios ocurridos en los adultos, a la

manera de interpretarse ellos mismos.

El valor moral de la autoridad en la familia

Sucede que los responsables de la educación del niño en el hogar han dejado de creer y de

valorar la importancia de ser personas adultas, maduras. Sin embargo, para que la familia

funcione en su papel de educar es imprescindible que alguien en ella se resigne a ser adulto. Y

ese papel no puede decidirse por sorteo o por votación.


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El padre que no quiere figurar sino como él mejor amigo de sus hijos sirve para poco, y la

madre cuya vanidad hace esperar que la tomen por hermana, ligeramente mayor, de su hija,

tampoco vale mucho más.

Se puede objetar que este tipo de situaciones dan a la familia un sello de informalidad y de

menor frustración que en épocas pasadas. Sin embargo, actitudes como las señaladas

previamente provocan en los hijos una mayor dificultad en la toma de conciencia moral y social.

De esta manera, le “pasan” o le otorgan mayor responsabilidad al Estado sobre sus hijos, o bien

a los profesores de las escuelas donde los niños asisten.

Savater considera que una manera de interpretar estos hechos es afirmar que, como suele

decirse, hay una crisis de autoridad en la familia. Tal crisis supone una antipatía y recelo no

tanto contra el concepto mismo de autoridad, pues los padres exigen a otras instancias que la

ejerzan, sino contra la posibilidad de ocuparse personalmente en el ámbito familiar del que se es

responsable.

Es decir, los padres no ejercen su autoridad en el ámbito familiar por varias razones, una de

ellas es el rechazo a considerarse adultos con el derecho de ayudar a crecer, que los llevan a

exigir de otras instancias el ejercicio de autoridad sobre sus hijos que ellos no saben ejercer. De

ahí la necesidad de aclarar que:

En su esencia, la autoridad no consiste en mandar, etimológicamente la palabra provine de un

verbo latino que significa algo así como ayudar a crecer (Savater, 1997, p. 71)

Por eso, hablar de ejercer autoridad en la familia es sinónimo de ayudar a crecer a los más

jóvenes de acuerdo al principio de realidad.

Este principio de realidad implica la capacidad de restringir las propias apetencias en vista de

las de los demás y aplazar o templar la satisfacción de algunos placeres inmediatos en vista de

algunos objetivos recomendables a largo plazo.


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Es natural que los niños carezcan de la experiencia vital imprescindible para comprender la

sensatez racional de este planteamiento y por eso los padres, como adultos que son, se lo deben

enseñar.

Es una obviedad, frecuentemente olvidada, que los niños son educados para ser adultos, no para

seguir siendo niños. Son educados para que crezcan mejor, no para que no crezcan, puesto que

de todos modos van a crecer, quieran o no.

Este hecho, tal vez ignorado por los padres porque ellos tampoco han crecido moralmente, lleva

a afirmar que si los padres no ayudan a crecer a sus hijos y prepararlos para ser adultos, con su

autoridad amorosa, entonces serán las instituciones escolares las que se verán obligadas a

imponerles el principio de realidad, no con afecto sino por la fuerza.

La televisión suple la falta de educación familiar

La televisión se presenta como un factor de gran influencia en la educación que reciben los

niños. Las críticas respecto a este medio de comunicación no se basan en reiterar los

comentarios superficiales que al respecto de ella se hacen, considerándola como “caja idiota”,

elemento enajenante, trasmisora de falsas ideologías, etc.

La televisión ha sustituido a los libros y a las lecciones de padres y maestros para dar a conocer

a los niños las realidades feroces e intensas de la vida humana: sexo, procreación,

enfermedades, muerte, violencia, dinero, guerra, ambición, etc.

La identidad infantil (la mal llamada “inocencia” de los niños) consistía en ignorar esas cosas o

no manejar sino fábulas acerca de ellas, mientras que los adultos se caracterizaban precisamente

por poseer y administrar la clave de tantos secretos…Pero la televisión rompe esos tabúes y con

generoso embarrullamiento (sic) lo cuenta todo. ( Savater 1977, p. 77-78)

La televisión ofrece modelos de vida, ejemplos y contraejemplos, es más, tiende a reproducir los

mecanismos de socialización primaria empleados por la familia, socializa a través de gestos, de

climas afectivos, tonalidades de voz, promueve creencias, emociones.


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Lejos de sumir a los niños en la ignorancia, la televisión les hace aprender muchas cosas, sin

trámites pedagógicos. Opera cuando los padres no están y muchas veces para distraerlos de este

hecho. O si los padres llegan a ver la televisión con sus hijos, se instalan mudos y absortos ante

sus imágenes.

De tal manera, la tarea de la escuela resulta doblemente complicada: suplir lo que el ámbito

familiar no otorga y competir con la socialización televisiva, hipnótica y poco crítica, que recibe

el niño.

Retos de la escuela actual

Algunas de las tareas que las instituciones educativas deben realizar para cubrir estas

deficiencias en el proceso educativo familiar consisten en dar cabida a reflexiones éticas,

información sexual, aspectos básicos sobre las drogas y la violencia.

Se considera posible enseñar ética en los primeros años, no tanto como asignatura o de modo

temático, sino reflexionando sobre los ejemplos que se observan en la organización del centro

educativo, en las actitudes de los maestros y en su relación con los alumnos.

Otras perspectivas consideran que si bien la ética debe ser laica, su enseñanza es muy parecida a

la del adoctrinamiento religioso, sólo se sustituyen los sermones dominicales, por las clases

semanales de ética.

Sin embargo, la enseñanza de la temática moral puede ser provechosa en tanto los niños

adquieran hábitos de cooperación, respeto al prójimo y autonomía personal, aspectos teóricos

que también deberán confrontar con ciertas experiencias diferentes a lo debido, como por

ejemplo situaciones que les enseñen el valor ocasional de la mentira o el abuso de la fuerza.

De ahí la necesidad de centrar la tarea ética educativa en la búsqueda de tres virtudes, de las que

se podrán desprender con más o menos facilidad todas las demás: …el coraje, para vivir frente a

la muerte, la generosidad para convivir con los semejantes y la prudencia para sobrevivir entre

necesidades que no podemos abolir. Las tres virtudes y sus corolarios están directamente
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relacionadas con la afirmación de la vida humana y no dependen de caprichos arbitrarios, ni de

revelaciones místicas, ni siquiera corresponden a un tipo determinado de sistema social.

Provienen sin rodeos del anhelo básico de vivir más y mejor…

El valor de la sexualidad

Respecto a la temática sexual, desde edades tempranas, los padres y la escuela no pueden eludir

este tema con los niños, la televisión, principalmente, es muy explícita respecto a situaciones de

sexualidad.

Una de las misiones de la escuela es instruirlos en cuestiones biológicas e higiénicas. Informar

con claridad y sentido común, lo cual no debe considerarse incitar al niño al libertinaje, sino una

ayuda para evitar que la exuberante salud juvenil produzca víctimas por mera ignorancia.

Sin embargo, la simple información orgánica no puede dar cuenta de la mayor parte de la

realidad sexual como es la prostitución, la pornografía, la homosexualidad, la ternura sensual.

…es importante tarea educativa enseñar que el sexo nada tiene que ver con los records

olímpicos, que es más rico cuando involucra sentimientos y no sólo sensaciones, que lo

importante no es practicarlo cuanto antes y cuanto más mejor, sino saber llegar a través de él a

la más dulce y fiera de las vinculaciones humanas.(Savater, 1997. p. 90)

El valor de la salud

Respecto a la problemática de las drogas, es importante entender que el consumo de éstas,

independientemente de por qué se lleguen a consumir, se da principalmente porque las drogas

están ahí, en todas partes, tal y como van a seguir estando en un futuro previsible.

En la escuela, los profesores podemos enseñar los usos responsables de la libertad, pero no

impedir que el alumno desee, y lo haga, ser un consumidor de drogas, porque la solución del

problema no es que éstas desaparezcan o se legalicen, pues es como pedir que no exista el vino,

por la embriaguez que produce, que no existan las noches, por los ladrones, que no haya

mujeres, para evitar el adulterio masculino.


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En la escuela sólo se pueden enseñar los usos responsables de la libertad, no aconsejar a los

alumnos a que renuncien a ella. Algunos pseudoeducadores dicen que la droga no es cuestión de

libertad personal, porque el drogadicto pierde el libre albedrío: ¡como si no perdiese también la

libertad de ser soltero quien se casa, la de convertirse en atleta quien dedica sus horas al estudio

o la libertad de permanecer en casa quien emprende un viaje! ( Savater, 1997, p. 92)

El valor de temerle a la violencia

La escuela enfrenta una mayor dificultad para educar al alumno a no ser violento Si se

cuestiona: ¿por qué el niño o el joven es violento?, habrá que ampliar la pregunta: ¿por qué los

adultos lo son? ¿es que acaso la violencia no es un componente de las sociedades al igual que lo

es la concordia? ¿no es la violencia la que ha provocado grandes transformaciones, en contra del

abuso del autoritarismo de algunos hombres y gobiernos tiranos?

La violencia no es un fenómeno perverso, diabólico, es un componente de nuestra condición que

debe ser compensado y mitigado racionalmente por el uso de nuestros impulsos, no menos

naturales, de cooperación, concordia y ordenamiento pacífico.

La virtud fundamental de nuestra condición violenta es enseñarnos a temer la violencia y a

valorar las instituciones que nos hacen desistir de ella. Este aspecto cobra gran relevancia a

partir del 11 de septiembre del 2001, por los atentados sufridos en Estados Unidos, aunque la

virtud de temerle a la violencia se haya subestimado desde el inicio de la humanidad.

En este sentido, la televisión tiene una función catártica para ayudar al niño a expulsar los

demonios interiores. Aunque habrá otros que piensen que incita a la violencia.

Si se cree que hay que enseñar que la violencia nunca debe ser respondida con la violencia, está

mal dicha la consigna, lo que hay que enseñar es que la violencia, siempre es respondida, antes

o después, por la violencia como único medio de atajarla y que es precisamente esa cadena cruel

de estímulo y respuesta la que la hace temible e impulsa a tratar de evitarla en lo posible.


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Savater avala la idea de Bettelheim, para proponer una línea a seguir por los maestros en lo que

se refiere al tema de la violencia, en donde considera que: si permitimos que los niños hablen

francamente de sus tendencias agresivas, también llegarán a reconocer la índole temible de tales

tendencias. Sólo esta clase de reconocimiento puede conducir a algo mejor que, por un lado, la

negación y la represión y, por otro lado, a un estallido en forma de violencia. De esta manera, la

educación puede inspirar el convencimiento de que para protegerse a uno mismo, y para evitar

experiencias temibles, hay que afrontar constructivamente las tendencias a la violencia, tanto las

propias como las ajenas.

Así pues, respecto al tema de las drogas, el sexo y la violencia, los maestros debemos recordar,

aunque otros no compartan esta idea, que las escuelas sirven para formar gente sensata, no

santos, ese es el reto actual y hay que aprender a enfrentarlo y salir adelantes.

Asumir que las escuelas sirven para formar gente sensata es también una lección que los padres

de familia deben incorporar al proceso educativo que realizan en sus hijos.


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Antivalores

Como antivalores se conocen aquellas actitudes negativas que se oponen a lo que establecen los

valores éticos y los valores morales que regulan y guían las conductas de las personas en la

sociedad. La palabra, como tal, se forma con el prefijo anti-, que significa ‘opuesto’, y el

sustantivo valor.

En este sentido, los antivalores conforman una serie de actitudes negativas, incluso, peligrosas,

que se contraponen a su par opuesto, los valores, y que no reciben el apoyo de la sociedad en

general.

Por su parte, los valores son los principios del buen obrar, del camino de la virtud, del bien,

mientras que los antivalores suponen una forma de actuar inadecuada e incorrecta. De allí que,

los antivalores estén asociados a conductas inmorales o antiéticas.

Los antivalores atentan contra los valores sobre los que se funda nuestra vida en sociedad como

el respeto, la tolerancia, la honestidad, la responsabilidad, la lealtad, la solidaridad, la

generosidad y la gratitud, entre otros. Por tanto, los antivalores dificultan la buena convivencia,

la armonía y el respeto mutuo, valores necesarios para la vida social.

Asimismo, tanto las religiones como los diferentes sistemas de pensamiento ideológico o

filosófico se rigen de acuerdo a los sistemas de valores, a fin de evitar la práctica de los

antivalores como la deshonestidad, la injusticia, la intransigencia, la intolerancia, el irrespeto o

la irresponsabilidad, que se cuentan entre los más graves.

Cuando los antivalores rigen la conducta de una persona, por lo general, nos encontramos con

un individuo negativo, frío e insensible a quien no le importa los demás y, mucho menos, las

consecuencias que sus actos tienen sobre otros. De allí que, los antivalores afecten la vida de las

personas en los aspectos personal, familiar, escolar o laboral.

Los antivalores deshumanizan y degradan a la persona que los profesa, tanto así que puede

recibir una sanción social e, incluso, en los casos más extremos, un castigo por parte del Estado.
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Los antivalores pueden ser de 4 tipos diferentes: autodestructivos, individualistas, anti-igualdad

y destructivos.

Autodestructivos

Estos antivalores se caracterizan por llevarnos a realizar actos que son destructivos para uno

mismo. Por ejemplo, la autolesión o el abuso de sustancias con el fin de producir daño en el

propio organismo.

Individualistas

Estos antivalores crean una barrera moral que crea una separación entre uno mismo y los demás,

de modo que se prioriza de forma sistemática el propio bienestar en todos los ámbitos y por

insignificante que sea el privilegio al que se opta.

Anti-igualdad

Se trata de antivalores que crean separaciones morales entre grupos de población que no están

definidos por la faceta moral de su conducta. Por ejemplo, los grupos "asesinos en serie" y

"población civil" sí están separados por una distinción moral, pero no así "gente rica" y "gente

pobre".

Destructivos

En esta categoría se encuentran los antivalores que llevan a actos destructivos generalizados,

como por ejemplo contra el medio ambiente.

Racismo

El racismo nos lleva a segregar a las personas a partir de características arbitrarias que, además,

no tienen nada que ver con la moralidad de sus miembros. Además, estos grupos son artificiales,

ya que no existe un criterio científico para detectar personas blancas, negras, etc.
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Por otro lado, los intentos por vincular las características físicas y culturales que a causa de los

estereotipos se asocian a las comunidades no blancas han fracasado totalmente. No hay nada

que indique que una persona cuya piel es más clara tenga más posibilidades de comportarse de

un modo más correcto que otra con una piel oscura.

Sexismo

La idea de que las personas deben ajustarse a los roles de género tradicionales que les son

asignados al nacer a partir de sus características físicas también es un antivalor muy extendido.

El motivo de esto es que, simplemente, no hay ningún motivo por el que las personas, sean

hombres o mujeres, deban amoldarse a esos patrones de comportamiento, gustos, aficiones y

preferencias etc.

Homofobia

La idea de que la homosexualidad es antinatural, o que las personas que no pertenecen a la

categoría de heterosexualidad deban tener menos derechos es una forma de opresión clara hacia

un colectivo. Opresión que en el mejor de los casos se plasma en burlas, menos precio y acceso

desigual a oportunidades, y en el peor, a agresiones físicas, asesinatos o incluso ejecuciones

públicas, dependiendo del contexto cultural.

Integrismo religioso

El fanatismo religioso también es un antivalor, ya que lleva a violar los derechos de los demás

simplemente por creencias que uno mismo ha decidido interiorizar sin llegar a cuestionarlas

nunca.

Explotación

La idea de que las personas situadas en una posición de privilegio pueden explotar a las más

desfavorecidas es otro ejemplo de antivalor que, en la práctica del día a día, suele ser justificada

utilizando como excusa la competitividad, de la meritocracia o incluso de la superación


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personal. Cuando la precariedad de las personas es muy pronunciada no cuentan con la libertad

necesaria para elegir entre opciones dignas.

Egoísmo

El antivalor por antonomasia es el egoísmo, el cual está muchas veces es la raíz principal del

mal comportamiento. La búsqueda del propio placer privándoselo a los demás o incluso

infringiendo dolor a los demás es un hábito que genera malestar o incluso auténticos crímenes,

en ocasiones.

Envidia

El odio a las personas que son percibidas como mejores que uno mismo es una forma de

descargar el malestar que genera este sentimiento de inferioridad haciendo que sea otro quien lo

pague. Por consiguiente, la envidia es un antivalor.

Banalización

Equiparar ideas o valores con una carga moral muy diferente hace que por un lado aquella que

es más positiva parezca más negativa y que la que es más negativa quede excusada. Por

ejemplo, señalar que un colectivo político democrático es equiparable al nazismo basándonos en

ciertos elementos de su estética o de su estilo reivindicativo hace que el asesinato de millones de

personas parezca estar en el mismo plano moral que, por ejemplo, una estridencia en una

manifestación o en un discurso político.

Como propósito fundamental consideramos las repercusiones negativas que traen consigo los

antivalores en una sociedad.

Contemplando que ante valores ya establecidos, hay un antivalor, el cual, dándole un enfoque

positivo podría ser que el antivalor nos conduce a asumir nuevas actitudes para mejorar la

aplicación de ese valor, y consigo evitar que estos se dejen a un lado y se pierdan.
Lesly Martha Paredes Peñafiel FCS-N-03-MA-5

Ante la crisis de valores, vemos las consecuencias que esto lleva. Vivimos en una crisis

profunda donde los antivalores están presentes, por eso es necesario volver a las cosas que dan

sentido a la vida, y es el amor como compromiso consustancial del hombre como ser social,

creer en la esperanza y no vivir en el pesimismo, donde rige el estrés donde no tenemos tiempo

para nada, y, estamos en un vida sin sentido.

Debido a la existencia de los antivalores en la actualidad existen más personas inmorales. Las

cuales ante los valores (que son el conjunto de ideas que en la sociedad se establecen para que

en las relaciones sociales se sigan normas) adquieren una actitud negativa con el fin de

rechazarlos o violarlos considerándola una “persona sin escrúpulos”.

Recientemente podemos definir un antivalor como aquellas acciones que van en contra de la

ética y la moral; por tal motivo no son consideradas correctas, tal vez, la falta de respeto, la

deshonestidad. Pero ¿Cómo afecta esto en la sociedad? y no solo en ese aspecto si no en la

familia, amigos, trabajo escuela… y hasta como individuo mismo el no tener ni siquiera respeto

por uno mismo.

La primera consecuencia que traen consigo los antivalores recae sobre la persona que los lleva

acabo, ya que una persona deshonesta, intolerante, arrogante, envidiosa, lleva una vida dañando

a los demás y estarán rodeados de personas con los mismos antivalores.

Tanto los valores como los antivalores se aprenden diariamente con la familia, en las escuelas y

las personas con las que solemos convivir todos los días, los jóvenes principalmente se enfocan

a seguir lo que sus amigos hacen o lo que aprenden de la televisión.

Sobre la familia recaen más consecuencias, los antivalores pueden provocar que comience a

separarse, provocan problemas, y afectan las relaciones que cada miembro sostiene con las

personas que lo rodean, además de fomentar en los miembros otros antivalores como la

desconfianza, enemista, odio, deshonestidad, etc.


Lesly Martha Paredes Peñafiel FCS-N-03-MA-5

Aunque no siempre los antivalores son aprendidos en casa, la mayoría de las veces, los hijos

actúan como lo hacen los padres y llegan a ver su modo de actuar como algo bien hecho y

normal.

Todo mundo está consciente del problema, muchos maestros de secundaria hablan de las

barbaridades que ocurre en sus escuelas y que no se dan a conocer a la luz pública, los padres de

familia dejan la educación de sus hijos en la televisión por que están trabajando. Todos hablan

de la situación, pero nadie hace nada.

Los niños al actuar con tales antivalores en la escuela, dañan la relación con sus compañeros,

crean distancia entre ellos, además de traerles problemas con los maestros, y los padres al nunca

hablar con ellos por el poco tiempo que tienen. Lo único que harán, será crear una distancia

mayor, y acrecentar el problema, al creer que a nadie le importa lo que haga y que todo está bien

para él.

Debemos mencionar que las personas que manejan los antivalores en su vida no son las únicas

afectadas, sino que también crean conflictos a cada uno de los individuos que los rodean, ya que

al relacionarse con ellos son víctimas de estos.

El desarrollo de las persona con antivalores, no será el mejor, y a lo largo de su vida le traerá

problemas tanto en la familia, escuela, trabajo y amigos, tal vez estos solo afecten una pequeña

parte, y si es más grave, puede ocasionar problemas con la ley.

Contemplando las consecuencias que a largo plazo nos trae la práctica de antivalores,

independientemente de volvernos personas insensibles, volviéndonos más inhumanas,

degradándonos como seres humanos, haciéndonos acreedores al desprecio rechazo y

desconfianza de todas aquellas personas con las que interactuamos para entablar relaciones,

pertenecientes a una misma sociedad. Siendo que por la actitud inmoral de igual forma, también

sea víctima de la práctica hacia uno mismo de estos antivalores que tanto han dañado a la

sociedad, sumergiéndola en un mundo promiscuo y sin criterio lleno de desconfianza e

inseguridad.
Lesly Martha Paredes Peñafiel FCS-N-03-MA-5

Bibliografía

https://elvalordelosvalores.com/definicion-de-los-valores/

https://www.significados.com/antivalores/

https://www.significados.com/tipos-de-valores/

https://educrea.cl/valores-familiares-y-su-influencia-en-el-proceso-educativo-retos-para-la-

escuela-actual/

http://gmlo159.blogspot.com/2010/05/como-proposito-fundamental-consideramos.html

https://psicologiaymente.com/psicologia/tipos-antivalores