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CAPITALISMO Y COMUNISMO: ENAJENACION Y EMANCIPACIÓN HUMANA

Introducción
Consideramos que para comprender la concepción que desarrolló Marx sobre el capitalismo
y el comunismo son fundamentales sus conceptos de enajenación y emancipación humana.
Sostenemos que, en el conjunto de su obra, Marx sustenta una concepción del capitalismo
entendido como una sociedad fundamentalmente enajenadora y del comunismo como una
sociedad emancipadora.

El punto de partida: la ruptura con Bauer y Feuerbach. Primeras formulaciones sobre


la emancipación humana y la enajenación.
En su crítica a Bruno Bauer y a Feuerbach, Marx va asentando dos formulaciones
claves para comprender, en gran medida, el conjunto de su obra: el concepto de emancipación
humana y el de enajenación. Aunque posteriormente dichos conceptos son reemplazados por
otras categorías propias de la elaboración de su concepción materialista de la historia,
creemos que son el punto de partida y el hilo conductor de un aspecto esencial de su obra: su
concepción de capitalismo y comunismo.
En Sobre la cuestión judía, Marx critica el concepto liberal de emancipación política,
por tratarse en resumidas cuentas de la ilusión de creer que la igualdad jurídica, que es una
igualdad abstracta, supone una situación de igualdad real entre los hombres. Mientras que
para Bauer la emancipación de los judíos se alcanza con la emancipación política, para Marx
la auténtica emancipación humana se alcanza subvirtiendo la sociedad civil burguesa y no
adaptándose a ella.
La crítica que Marx hizo a Bauer, es parte del proceso de elaboración conceptual de
su idea de emancipación humana universal que devendrá más adelante en su concepción del
comunismo como única posibilidad de emancipación humana auténtica. En La Sagrada
Familia, Marx desarrollará esta crítica, señalando que la forma moderna de ciudadanía
política, realiza una mediación tal, que hace posible pasar de la esclavitud antigua a la
esclavitud moderna, en la que la sociedad burguesa es vista como el reino de las máximas
libertades, pero en las que se mantienen invisibilizadas todas las enajenaciones humanas.
Señala Del águila (2013), que esta crítica de la emancipación política, entendida como el
“establecimiento de una legalidad estatal acorde a los cánones del liberalismo clásico” (p.80)
se mantendrá a lo largo de toda la obra de Marx.
Asimismo, en su crítica a Feuerbach, Marx cuestiona el concepto de enajenación
religiosa vista como enajenación mental, y propone que esta tiene su origen en las
condiciones materiales de existencia. Como señalan algunos autores se trata del paso de la
crítica del cielo, a la crítica de la tierra.
En los Manuscritos de 1844 Marx desarrolla una teoría de la enajenación centrada en
explicar la enajenación en el trabajo, la enajenación de la condición humana del obrero. Esta
teoría si bien se diferencia ya del uso que hacen del concepto de enajenación autores como
Hegel y Feuerbach, contiene todavía elementos especulativos y es todavía una categoría con
significados diversos. Aunque algunos autores señalan que Marx, a partir de este punto, y,
más aún, cuando desarrolla sus obras de madurez en economía política, abandona la teoría
de la enajenación, y en general sus preocupaciones humanistas; por el contrario, podría
afirmarse más bien, que esta teoría se desarrolla y se enriquece con los planteamientos que
hace Marx en El Capital sobre el fetichismo de la mercancía y del dinero.

El capitalismo como sociedad enajenadora


Aunque Marx sostenía que la enajenación en el trabajo se presenta a lo largo de la
historia, es en el capitalismo donde alcanza su mayor desarrollo, siendo además la clase
trabajadora la más enajenada, pues en la producción el trabajador se cosifica, se convierte en
lo que Marx denomina un “monstruo tullido”.
La enajenación en el capitalismo desarrollado es, además, mayor que en la producción
artesanal y manufacturera, pues en éstas el obrero se sirve de la herramienta, mientras que en
la industria, sirve a la máquina. Sobre este aspecto, afirma Marx en El capital: "Dentro del
sistema capitalista, todos los métodos encaminados a intensificar la pieza productiva social
se realizan a expensas del obrero individual; todos los medios enderezados al desarrollo de
la producción se truecan en medios de explotación y esclavizamiento del productor, mutilan
al obrero convirtiéndolo en un hombre fragmentario” (Marx, 1986, p. 547).
A la par de estas formulaciones centradas en la enajenación económica, Marx es
consciente que todos los tipos de servidumbre sólo son modificaciones o consecuencias de
esta primera forma de enajenación. Por ello, en esta relación estrecha con la enajenación
económica se encuentra, también, la enajenación política.
Ya habíamos señalado, que un punto de partida importante para comprender al
capitalismo como un sistema de enajenación política, se encuentra en las primeras
formulaciones de Marx acerca del concepto de emancipación política o ciudadanía política:
la igualación en el ámbito público encubre las desigualdades reales en la vida de las
sociedades modernas y es la negación de una auténtica libertad humana. De ahí que sea el
Estado el lugar “donde el hombre pasa por un ser a nivel de especie, es el miembro imaginario
de una soberanía imaginaria, su real vida individual le ha sido arrebatada, sustituida por una
generalidad irreal” (Marx, 1978a, p. 187).
Una crítica similar aparece en la Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho:
“¿En qué se basa una revolución parcial, meramente política? En que una parte de la sociedad
burguesa se emancipa y accede al dominio general; en que una clase precisa emprende,
basándose en su situación especial, la emancipación general de la sociedad. Esta clase libera
toda la sociedad, pero sólo bajo el presupuesto de que la sociedad entera se encuentre en la
situación de esta clase, o sea, por ejemplo, que disfrute de bienes de fortuna y de cultura o
los pueda adquirir sin dificultad.” (p. 220)
También en los Grundrisse, Marx dejará constancia de esta crítica de la emancipación
política liberal y sus libertades aparentes: “En las relaciones de dinero, en un sistema de
intercambio desarrollado…, los lazos de dependencia personal, las diferencias de sangre y
de instrucción son, en realidad, hechas saltar en pedazos, son destrozadas…; y los individuos
parecen independientes…, libres para enfrentarse los unos a los otros y para intercambiar en
esta libertad.” (p. 91-92). Pero, esta independencia es una apariencia en la que se abstraen las
condiciones de existencia reales bajo las cuales estos individuos entran en contacto. Es por
ello una forma de enajenación.

El comunismo como superación de todas las enajenaciones del capitalismo. Liberación


de la enajenación económica y la enajenación política.
La forma positiva de la apuesta marxista por una emancipación total-la sociedad
comunista- no se encuentra desarrollada sistemáticamente en la obra de Marx. No obstante,
una formulación fundamental para la comprensión del comunismo como posibilidad de
liberación de la enajenación económica, se encuentra en la Crítica del Programa de Gotha
de 1875, en la que se plantea la alternativa comunista de organización de la producción y la
distribución a partir del principio: “De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus
necesidades” (Marx, 1974, p. 15). La nueva sociedad se encargará de definir las formas de
reproducción y organización que hagan posible la satisfacción de las múltiples necesidades
humanas, a la vez que pueda aprovecharse la diversidad de las capacidades de cada persona.
De esta forma, tanto la actividad productiva como el producto de ella abandonarían la forma
de enajenación.
Asimismo, en los Grundrisse, Marx propone que en el comunismo se producirá la
desaparición de la división del trabajo que presupone la existencia de clases sociales y que
será reemplazada por una organización del trabajo basada solo en una división técnica de la
producción, desapareciendo la división entre trabajo manual y trabajo intelectual, sustituida
por una producción a cargo de personas con un desarrollo omnilateral de sus potencialidades,
frente a la unilateralidad que les imponía el régimen económico capitalista. Es importante,
deducir también de estos planteamientos que el comunismo no es un igualitarismo, pues se
trataría más bien de la formación de una comunidad de hombres libres y distintos, y en la que
esta diversidad, constituye en sí misma una riqueza (Del Águila, 2013).
Al mismo tiempo que se produce la emancipación económica, se produce también la
emancipación política. En el comunismo, no solo desaparece la propiedad privada de los
medios de producción, sino también la extinción de las formas políticas de organización de
la vida social. Pues, al desaparecer la propiedad privada, desaparecen las clases sociales y,
por ende, las formas políticas que viabilizan la dominación de una clase sobre otras. La
emancipación que aquí se generaría adquiere una forma en la cual, finalmente, el interés
particular se reconcilia con el interés común.
Ciertamente, la forma política denominada “dictadura del proletariado” aparece como
necesaria en la transición del capitalismo al socialismo, pero tiene carácter instrumental y
temporal, pues el camino al comunismo pasaría por la inevitable extinción de la forma
política denominada Estado, entendida esta como una institución que tiene su razón de ser en
la reproducción de la dominación de clase. Se discute actualmente la necesidad de
subsistencia o no de la política en una futura sociedad comunista o su sustitución por alguna
forma de gestión o administración de lo común. Lo que está claro, es que, en la idea marxista
de comunismo, se pondría fin a las formas de enajenación política en las que el interés
particular de una clase aparece como el interés de la sociedad en su conjunto.

Conclusión
Concluimos reafirmando que, en nuestra interpretación de la obra de Marx, la cosificación
del hombre y las fantasmagorías de la mercancía propias de la enajenación económica y las
formas ilusorias de la ciudadanía liberal propias de la enajenación política son la esencia del
capitalismo. Es por ello, que señalamos que, para Marx, el capitalismo es fundamentalmente
una sociedad enajenadora. La enajenación no es exclusiva del sistema capitalista, pero, en el
capitalismo alcanza su máxima expresión, y, además, enmascarando e invisibilizando la
dominación, presentándose falsamente como una sociedad que hace posible, amén de estas
formas ilusorias, las máximas libertades individuales. Frente a ellas, el comunismo es la
emancipación del hombre en el plano económico pues desde la producción, al desaparecer la
propiedad privada de medios de producción, es posible una convivencia en la que es posible
la plena realización del hombre. A la vez, el comunismo es la emancipación del hombre de
la enajenación política pues se extingue el Estado y se hace posible una comunidad de
hombres, en la que ya no existe un aparato jurídico- político que defienda solo los intereses
de unos cuántos. Es en estos dos sentidos básicos, aunque no únicos, que la sociedad
comunista es concebida fundamentalmente como una sociedad emancipadora.

Referencias bibliográficas
Del Águila, L. (2013). Comunismo, poder político y libertad personal en Marx. Tesis para
optar el grado de Doctor en Filosofía. PUCP y Universitat de Barcelona.
Marx, K. (1973). Crítica del Programa de Gotha. Buenos Aires: Anteo.
Marx, K. (1978a). Sobre la cuestión judía. En: Marx, Karl y Friedrich Engels. Barcelona:
Grijalbo.
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Bruno Bauer y compañía. En: Marx, K. y Engels, F. Barcelona: Grijalbo.
Marx, K. (1978c). Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel. En: Marx,
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Marx, K. (1978d). Manuscritos de París. En: Marx, Karl y Friedrich Engels. Barcelona:
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Marx, K. (1986). El Capital. (decimonovena reimpresión). México D.F.: FCE.
Marx, K. (1971-1976). Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política
(Grundrisse). México D.F.: Siglo XXI.