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LEYENDAS

LAS MANCHAS DEL GUEPARDO

Existe una leyenda africana que cuenta cómo el guepardo consiguió sus
características manchas conocidas como 'manchas de lágrima', ya que
estas manchas parecen derramarse desde sus ojos. La leyenda cuenta que
una mamá guepardo, creyendo que sus cachorros habían sido robados por un
cazador sin escrúpulos, decidió abandonar la presa que acababa de conseguir
para buscarlos.

La mamá guepardo les buscó y les buscó. Mientras tanto, el cazador robó la
presa que el guepardo había cazado con gran esfuerzo. Al llegar, descubrió
que se habían quedado sin comida. Además, sus cachorros seguían sin
aparecer. Tanto lloró el guepardo, que sus lágrimas fueron creando manchas
en su piel.

Pero al final, después de tanto llorar, los cachorros fueron recuperados y más
adelante el guepardo se enteró de que el cazador fue castigado por otros
humanos por sus malas artes robando y aprovechándose de los demás.

Las lágrimas del guepardo se convirtieron en un recordatorio de que las


sagradas tradiciones de la caza deben prevalecer, convirtiendo al guepardo en
un símbolo de honor y respeto.
EL ZORRO Y EL CAMELLO

Awan era un zorro muy listo al que le encantaban las lagartijas. Ya se había
comido todas las de un lado del río pero sabía que al otro lado había
muchísimas lagartijas. El problema es que Awan no sabía nadar. Después de
pensar mucho encontró la solución. Fue a su amigo Zorol, que era un camello,
y le dijo:

- “Hola Zorol, sé dónde hay un campo enorme, y como sé que la cebada te


vuelve loco, quería enseñarte el camino si me llevas encima”
- “Vamos, sube” - Contestó Zorol sin pensarlo dos veces.
Awan se subió encima de Zorol y se pusieron en marcha. Awan le indicó que
cruzara el río para llegar al campo lleno de cebada. Tan pronto cruzaron a la
otra parte, Awan le mostró el campo a su amigo y se fue corriendo a buscar
lagartijas. Como el cuerpo de Awan era pequeño al poco tiempo ya estaba
satisfecho de comer lagartijas. Fue corriendo al campo donde estaba Zorol y se
puso a correr y a gritar como un loco. Los dueños del campo, que tenían su
casa allí cerca, oyeron los gritos del zorro. Alarmados, tomaron piedras y palos
y fueron en busca del zorro. Al llegar al campo descubrieron a Zorol, el camello,
que disfrutaba tranquilamente de la cebada. Le dieron una paliza tremenda y
pensando que estaba muerto se fueron.
Awan regresó y cuando vio a Zorol en el suelo dijo:

- “Eh, Zorol, se está haciendo de noche, vamos a casa”


Zorol contestó:
- “¿Por qué has hecho eso? ¿Por qué has gritado como un loco? Casi me
matan por tu culpa“.
- “Es que tengo la costumbre de correr y gritar después de comer lagartijas” -
Contestó Awan.
- “¿Es eso? Muy bien vamos a casa”- dijo Zorol.
Awan subió de nuevo al dolorido cuerpo del camello. Zorol se metió en el río y
comenzó a cruzar. Cuando estaba en el medio del río Zorol se puso a bailar.
Awan, presa del pánico grito:
- “¿Qué haces Zorol?, ¡No hagas eso, no se nadar!”
- “Es que tengo costumbre de bailar después de comer cebada” - contestó
Zorol.
Awan cayó al agua y se lo llevó la corriente. Zorol cruzó el río sin problemas.
De esta forma el zorro recibió un buen escarmiento.
LA LEYENDA DE LOS LOROS DISFRAZADOS

Cuenta una conocida leyenda de Ecuador, que tras el diluvio universal, se


salvaron dos hermanos, un niño y una niña, que decidieron refugiarse en una
montaña mágica. Y esta montaña era mágica porque crecía según iban
avanzaban las aguas, dejando así una isla que nunca se cubría.
Los niños se resguardaron en una cueva de esa isla, pero enseguida se dieron
cuenta de que no tenían nada para comer comer. ¿Cómo podrían sobrevivir
en esa inhóspita cueva?
Durante varios días recorrieron la pequeña isla, en busca de comida, pero no
consiguieron encontrar nada. Pero al fin una tarde, al volver a la
cueva, descubrieron cerca una montaña de hojas frescas con frutas,
carnes, maíz ytodos los alimentos que habían soñado durante todos
estos duros días de hambre y desesperanza.
Los niños salieron de su escondite, pero no pudieron aguantar la risa y algunas
palabras de burla al ver a los pájaros disfrazados de esa forma. Los
guacamayos, enfadados, se llevaron la comida y decidieron no volver.
Los niños comprendieron que habían sido unos desagradecidos. Se pasaron
entonces todo el día pidiendo perdón a gritos, para que los animales
pudieran escucharles. Los loros volvieron, perdonaron a los niños y se hicieron
sus amigos.
Pasaron varios días, y el agua se apartó poco a poco. Los niños querían volver
a su cabaña, y decidieron regresar pero con uno de los guacamayos amigos.
Pero al bajar, sucedió algo sorprendente: toda la bandada de loros siguió a su
compañero. Al llegar al poblado, totalmente vacío tras el diluvio, los loros se
transformaron en personas muy alegres y bellas, y el poblado volvió a
recuperar su vida.
(Cuento basado en la leyenda ecuatoriana de 'Los loros disfrazados').
Preguntas de comprensión lectora para tu hijo
Ayuda a tu hijo a entender el sentido de esta preciosa leyenda que nos habla
de solidaridad y de gratitud. Puedes ayudarte con estas preguntas:
- ¿Cómo consiguieron salvarse los dos niños protagonistas?
- Cuando descubrieron quiénes les llevaban comida, se rieron... ¿por qué?
- ¿Qué sucedió cuando regresaron al poblado?

¿EN QUÉ CONSISTE LA LEYENDA DE QUETZALCÓATL?

Cuenta la leyenda que cuando se creó el mundo, los dioses y los seres
humanos vivían felices y en armonía. Sin embargo, el único que no estaba
contento era el dios Quetzalcóatl, quien veía como los dioses se aprovechaban
de los seres humanos, se sentían superiores y los hacían menos.

Molesto con esta situación, Quetzalcóatl decidió transformarse en ser


humano para compartirles a las personas toda la sabiduría y conocimientos
que los dioses poseían.

Al llegar al mundo de los humanos viajó por muchas tierras hasta llegar a la
ciudad de Tollan, donde encontró a sus pobladores haciendo un sacrificio
dedicado a su hermano Tezcatlipoca. Al observar este acontecimiento, detuvo
el sacrificio y les explicó que él venía a ofrecerles una ciudad eterna, llena
de floresy buena vida.

De pronto el cielo se despejó, las nubes desaparecieron y salió el sol.


Quetzalcóatl les compartió sus conocimientos, y les explicó a las personas
cómo era la vida con igualdad y humildad. Desde aquel día se convirtió en un
ejemplo a seguir y todo un símbolo para los pueblos precolombinos.
LA ARAÑA

Había una vez una princesa llamada Uru. Era una chica muy bella y además
era la heredera al trono del imperio Inca. Su padre la adoraba, y deseaba
que su hija al llegar al trono se convirtiera en una reina buena y justa.Para ello,
se centró mucho en la educación de su hija, y buscó por todas partes los
mejores maestros en todas las materias.
Pero sin embargo, a Uru no le gustaban los estudios, ni entendía el afán de su
padre por convertirla en una muchacha lista y buena. Prefería perder el
tiempo, jugar, y dedicarse a mejorar su aspecto físico y su belleza.
Además, tenía muy mal carácter, y perdía los nervios con facilidad. Le gustaba
ordenar y que todos complacieran sus deseos. Y si no conseguía lo que
deseaba en el momento, entraba en cólera. Según iba creciendo, era más
déspota con todos.
Y llegó el día en el que el padre de Uru falleció y ella subió al trono. Y es cierto
que al principio la muchacha se dejó asesorar, pero poco a poco comenzó a
abandonar sus obligaciones como reina. Le aburría mucho tener que tomar
tantas decisiones. Prefería dedicarse a ella misma. Así que tomó la decisión y
dijo a todos sus asesores:
- Escuchadme bien: ya estoy cansada de tantas obligaciones. Es muy aburrido.
Yo quiero descubrir otros lugares, lucir mis vestidos, y acudir a muchas fiestas.
Quiero pasármelo bien, así que ya no tomaré más decisiones sobre el imperio:
¡que lo haga otro!
A pesar de que el mismísimo consejero real intentó persuadirla, ella seguía
firme en sus decisiones.
- ¡No seáis insolentes! No quiero trabajar más y me voy. No intentéis
impedírmelo.
Estaba tan enfadada, que decidió azotar con su cinturón a todos los allí
presentes por insolentes. Se quitó el cinturón y lo levantó para golpear al
consejero real. Pero entonces ocurrió algo extraordinario: la reina no podía
bajar el brazo. ¡Se había quedado petrificada como una estatua!
Y eso no fue todo: mientras Uru intentaba moverse sin éxito, apareció
suspendida en el aire una diosa cubierta con un manto dorado. Y dijo en
voz alta, dirigiéndose a la reina:
- Sin duda eres tremendamente egoísta y mezquina. Podrías dirigir tu reino con
sabiduría, justicia y bondad, y en cambio prefieres atemorizar y humillar a
tus súbditos. Así que no mereces lo que te dieron. A partir de ahora ya no
tendrás belleza y no serás reina. Además, tendrás que trabajar sin descanso.
Y tras decir estas palabras, una nube envolvió a la reina y al disiparse el
humo, en su lugar apareció una araña fea y peluda. Asustada, Uru salió
corriendo en busca de refugio, lejos de posibles pisotones. Ya en un rincón, se
dedicó a tejer tela de araña sin descanso.

EL HIJO DEL MAGUEY

Cuenta la leyenda que una doncella llamada Xóchitl le hizo un bonito regalo
a Tecpancaltzin: una jícara de miel de maguey. Al recibir este obsequio el
monarca se enamoró perdidamente de aquella mujer, tanto así que se quedó
con ella en su palacio. Tiempo después la pareja tuvo un hijo llamado
Meconetzin, es decir “hijo del maguey”.

Al crecer el niño, se rumoraba por el pueblo sobre su peculiar aspecto, ya


que tenía el pelo rizado en forma de tiara. Por ese entonces había una profecía
que decía: “El pueblo tolteca tendrá su fin cuando suba al trono un rey de pelo
crespo en forma de tiara y cuando la naturaleza engendre conejos con cuernos
de venado”. Tras recordar dicha profecía el pueblo se encontraba muy
preocupado y ¡con justa razón!

Pasados algunos años, Meconetzin se convirtió en rey y se cambió el


nombre a Topiltzin. Al principio fue un rey pacífico, muy querido y admirado
por su pueblo, pero repentinamente se volvió un rey malvado y tirano.

Un día los monteros de Topiltzin cazaron un extraño animal: un conejo con


cuernos de venado. La noticia se esparció por la ciudad y todos se asustaron al
recordar la profecía. Al poco tiempo empezaron a suceder desastres naturales,
huracanes, plagas, sequías e inundaciones.

La población moría poco a poco y por desgracia vivían una guerra con los
reyes de Xalisco, quienes habían aprovechado la situación e invadían sin
piedad el territorio tolteca. En la batalla por defender al pueblo murieron
Tecpancaltzin y Xóchitl, quienes combatían en primera fila; Topiltzin, huyó
aterrado a esconderse en una cueva de donde no volvió jamás. Así la profecía
se cumplió y el imperio tolteca se extinguió.
LEYENDA DE LA MAZORCA DE ORO

Cuenta una leyenda muy antigua de Perú que existió una vez una familia de
campesinos muy pobre, compuesta por el matrimonio y cinco hijos. Apenas
tenían para comer, y sobrevivían gracias a un campo de maíz. Con el maíz
hacían tortas y pan con el que podían comer y parte del maíz que les sobraba,
lo vendían por las tardes en el mercado.
Sin embargo, la única que trabajaba en esa familia era la madre. Ella se
encargaba de cuidar, recolectar, cocinar y vender el maíz. Ella llevaba la
también casa, y mandaba cada adía a sus hijos al colegio. Mientras, el marido
holganazeaba sin hacer absolutamente nada.
Un día, la muchacha estaba realmente agotada, y no pudo recolectar suficiente
maíz. Al hacer recuento, se dio cuenta de que ese día no podría hacer pan
suficiente para comer, y mucho menos llevar maíz al mercado para traerse
unas pocas monedas. Desconsolada, lloró y lloró... Si su marido le ayudara,
podrían unir fuerzas y recolectar mucho más maíz, pero no lo conseguiría,
porque él era muy egoísta y prefería dedicar su tiempo a dar tranquilos paseos
por el campo. ¿Qué podía hacer?
Y cuando la mujer, ya desesperada, se iba a retirar a la cama, descubrió que
algo brillaba con mucha fuerza en medio del gran montón de maíz. Al
principio creyó que era un destello del sol. Además, al estar llorando, el
destello era borroso... Pero ya cuando se alejaba de allí, se dio la vuelta y
volvió a mirar. Entonces cayó en la cuenta de que era de noche, así que no
podía ser un rayo de sol. Buscó en el montón de maíz qué podía ser aquello.
- Pero... - dijo en voz bajo la campesina- No puedes ser... ¡si es una mazorca
de oro!
Efectivamente, entre todas las demás mazorcas, una compuesta de granos
dorados lucía con mucha fuerza. Era una auténtica mazorca de oro. ¿Y qué
hizo la muchacha? Corrió a buscar a su marido para darle la buena noticia.
Él, que como siempre, estaba durmiendo en la hamaca, se sobresaltó al ver
aquello. ¡El gran Dios había premiado a su mujer por ser tan buena y
trabajadora! Se arrodilló y le pidió perdón. Prometió que a partir de ahora le
ayudaría en todo.
Vendieron la mazorca, y con el dinero que consiguieron plantaron más maíz,
arreglaron la casa y compraron ropa nueva para sus hijos. A partir de entonces,
el hombre comenzó a trabajar en el campo junto a su mujer, y sus
beneficios se duplicaron. Nunca más volvieron a pasar hambre y fueron muy,
muy felices.

DESCUBRE POR QUÉ LOS PERROS SE HUELEN LA COLA

Cuenta la leyenda que hace muchos, muchísimos años, en un pueblecito de


México, los perros del lugar se sentían muy tristes. Ellos eran muy
bondadosos y se comportaban con mucha fidelidad hacia los
humanos: siempre les acompañaban, estaban a su lado, les ayudaban en las
tareas del campo...

Los perros se convirtieron de esta forma en los animales más leales para los
humanos. Y sin embargo, ellos estaban tristes. ¿Sabes por qué? Porque a
pesar de que ellos se esforzaban en portarse cada vez mejor con los
humanos, muchos de ellos les maltrataban o simplemente les mostraban
indiferencia o desprecio.

Para hablar de este problema, un día, decenas de perros se reunieron en


Asamblea. Consideraban que era una situación muy injusta y necesitaban
encontrar la solución. Y después de mucho hablar, llegaron a esta conclusión:
necesitaban la ayuda del dios Tiáloc.

Al terminar la reunión, escribieron una carta para enviarla a este dios. Pero les
quedaba lo más importante. ¿Quién se encargaría de llevar la carta? El dios
Tiáloc vivía muy, pero que muy lejos... Decidieron que tendría que ser un
perro con muy buen olfato para encontrar el camino. Y escogieron al mejor:
un perro negro, muy joven y musculoso con un olfato envidiable.

¡Qué contento se puso el perro al ser elegido para una misión tan importante!
Sin embargo, cuando iba a partir, preguntó por algo en lo que no había caído
hasta ese momento: ¿y dónde guardaría la carta? Después de mucho pensar,
el perro más anciano, dijo:

- Lo mejor es que la guardes bajo la cola, porque es el lugar más seguro.

Y así se hizo. El perrito partió contento hacia la morada del dios Tiáloc.
Pero pasaron los años. Y más y más años. Y todavía, a día de hoy, el perrito
negro no ha vuelto de su misión. Por eso, desde que partió, los perros se
huelen la cola al encontrarse, para reconocer si es el mensajero que vuelve
con la carta del dios Tiáloc.

EL FUEGO Y LOS ANIMALES

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo los animales hablaban y hacían
cosas de personas, pero como no tenían fuego y aún no existían los fósforos,
los pobrecillos se veían en la necesidad de comer comida cruda, lo cual no les
gustaba del todo.

En ese tiempo el jaguar no tenía sus manchas, era de un solo color, amarillo
y nada más. Un día mientras estaba tomando el sol en una montaña, el sol lo
observaba con atención. Al señor sol le dio tanta lastima ver que tanto él jaguar
como los animalitos sufrían comiendo comida cruda, que decidió hablar con el
jaguar y decirle:

- Jaguar te voy a dar una cosa que usarás y compartirás con los
demás animales.

- ¿Es algo para comer?- le preguntó el jaguar.

-Es fuego, levanta esa rama con pasto seco, que yo te la encenderé- contestó
el sol.

El jaguar agradeciendo el buen gesto del sol corrió con la antorcha encendida,
pero no la compartió con los demás animales. Tarde o temprano todos los
animales se enteraron de la valiosa posesión del jaguar. Entonces fue la
lechuza a pedirle un poco de fuego, pero el jaguar no quiso darle. Después
mandaron a la Vizcaya pero el jaguar se negó y comenzó a rugir logrando
ahuyentarla. Por último llegó un astuto zorro que logró engañar al jaguar y le
robo un poquito de fuego. El zorro corrió y corrió, hasta que el jaguar tropezó
con una piedra y se manchó.
Al final el jaguar quedó con machas, solo y con mal humor por no haber
compartido el preciado fuego. El resto de los animales gozaron del fuego
y vivieron felices para siempre.

EL COLIBRÍ COMO MENSAJERO

Los mayas más sabios cuentan que los Dioses crearon todas las cosas en la
Tierra y al hacerlo, a cada animal, a cada árbol y a cada piedra le
encargaron un trabajo. Pero cuando ya habían terminado, notaron que no
había nadie encargado de llevar sus deseos y pensamientos de un lugar a otro.

Como ya no tenían barro ni maíz para hacer otro animal, tomaron una piedra
de jade y con ella tallaron una flecha muy pequeña. Cuando estuvo lista,
soplaron sobre ella y la pequeña flecha salió volando. Ya no era más una
simple flecha, ahora tenía vida, los dioses habían creado al x ts’unu’um , es
decir, el colibrí.

Sus plumas eran tan frágiles y tan ligeras, que el colibrí podía acercarse a las
flores más delicadas sin mover un solo pétalo, sus plumas brillaban bajo el sol
como gotas de lluvia y reflejaban todos los colores.

Entonces los hombres trataron de atrapar a esa hermosa ave para adornarse
con sus plumas. Los Dioses al verlo, se enojaron y dijeron: 'si alguien osa
atrapar algún colibrí, será castigado'. Por eso es que nadie ha visto alguna vez
a un colibrí en una jaula, ni tampoco en la mano de un hombre.

Los Dioses también le destinaron un trabajo: el colibrí tendría que llevar de


aquí para allá los pensamientos de los hombres. De esta forma, dice la
leyenda, que si ves un colibrí es que alguien te manda buenos deseos y amor.
LA PRINCESA ACAFALA

Cuenta la leyenda que una vez nació una princesa tan hermosa como las
estrellas. Y según crecía, aumentaba su belleza. Era morena, su pelo era
negro como el azabache y su piel morena y suave como el terciopelo. Todos la
adoraban, porque además era inteligente y muy elegante. La princesa, que se
llamaba Acafala, causaba admiración y todos caían rendidos ante su
belleza.

Sin embargo, la princesa Acafala tenía un defecto: se creía tan y tan


hermosa, que competía incluso con la luna, el sol y el arcoíris. Caminaba
por la playa retando al mar:

- ¿Acaso no ves que soy más hermosa que tú?- le decía.

Sus padres le presentaron sin éxito decenas de pretendientes. La princesa


Acafala les rechazaba a todos, porque no podía sentir por ninguno más amor
del que sentía por sí misma. ¡Se quería demasiado!

Sus padres, un día, le dijeron que debía escoger marido, que existían
muchísimas personas con muchos dones y valores. Pero ella, llena de
vanidad y soberbia, se escapó, y fue hasta la playa.

- ¡Miradme, estrellas! ¡Miradme bien! - le gritó al cielo- ¿No soy hermosa? ¿Por
qué se empeñan mis padres en casarme con nadie? ¡Nadie podrá superar
nunca mi belleza! ¡Yo solo quiero que me admiren, nada más!

Las estrellas, al oír aquello, y sorprendidas ante tanta vanidad, decidieron


darle una lección, y la transformaron en estrella, pero no en una como ellas,
sino en una estrella que tendría que vivir para siempre en el fondo del mar, en
medio de una profunda oscuridad y lejos de todos.
Y así fue cómo nació la primera estrella de mar, una estrella hermosa, de
lindos colores, pero alejada de todas las miradas y solitaria, muy solitaria.

EL SOL Y LA LUNA

Cuenta la leyenda que cuando la tierra estaba en la oscuridad, era siempre de


noche. Los más poderosos, que vivían en el cielo, se reunieron para crear el
Sol y que hubiera luz en la Tierra. Se citaron en Teotihuacán, una ciudad que
había en el cielo. Bajo ella, como un reflejo, estaba la ciudad mexicana del
mismo nombre.

Se dice que en esa ciudad celeste de Teotihuacán, encendieron una enorme


hoguera. Aquel poderoso que quisiera convertirse en el Sol, debía saltar esta
hoguera para resurgir como el Sol.

Se presentaron dos candidatos para ser el Sol: el Primero era grande, fuerte,
hermoso y rico y además, estaba vestido con ropas de lujo y adornado con
piedras preciosas. Este ofrecía a sus compañeros oro y joyas como muestra de
su orgullo; por otro lado, el Segundo era pequeño, débil, feo y pobre; su piel
estaba cubierta de llagas, y estaba vestido con su ropa de trabajo. Como el
Segundo era un ser muy pobre, sólo podía ofrecer la sangre de su corazón, sus
buenos y humildes sentimientos.

Cuando llegó la hora de saltar la enorme hoguera, el grande y rico no se


atrevió, tuvo miedo y salió corriendo, sin embargo, el Segundo, que era muy
valiente, dio un salto enorme sobre la hoguera y salió convertido en el Sol.

El Primer candidato al verlo convertido en sol, sintió vergüenza y sin pensarlo


mucho tomó carrerilla y saltó la hoguera. Y en el cielo apareció un segundo
Sol.Los demás Poderosos estuvieron de acuerdo de que no podían existir dos
soles en el firmamento, así que decidieron apagar al Segundo, para eso,
tomaron un Conejo por las patas y con mucha fuerza lo lanzaron contra el
segundo Sol. El brillo de este disminuyó rápidamente y tras poco, se convirtió
en la Luna.

Si te fijas bien, durante los días de luna llena, puedes ver la figura de un
conejo, que es el que acabó con el segundo soly dio vida a la luna.

LA LEYENDA DE TEPOZTÉCATL

epoztécatl nació de una princesa cuyo embarazo fue producto del amor de un
pajarillo. El pequeño, fue nombrado por su madre como Tepoztécatl. Ella era
inmensamente feliz con su niño, sin embargo, cuando los padres de la
princesa se enteraron de aquel bebé, se molestaron mucho con ella, ya que no
estaba casada, por lo que la obligaron a abandonar al niño lejos de su hogar.

Al abandonarlo, la princesa lo dejó cerca de un hormiguero, fue entonces


cuando las hormiguitas lo alimentaron con gotas de miel que obtenían de un
panal de abejas. Poco después de alimentarlo, las hormigas dejaron al bebé
cerca de un maguey. Al tenerlo entre sus pencas, el maguey lo cobijó y
alimentó con el aguamiel que llevaba en su interior. Tiempo después el
maguey lo colocó en una caja y lo puso sobre las aguas del río Atongo, hasta
que una pareja de ancianos que vivían en Tepoztlán lo encontraron y criaron
como si fuera su hijo.

El pequeño Tepoztécatl creció hasta convertirse en un fuerte y hábil


guerrero. Un día una malvada serpiente llamada Mazacóatl apareció por
Xochicalco amenazando a los habitantes de aquel pueblo. El padre adoptivo de
Tepoztécatl fue elegido para acabar con aquella espantosa criatura, pero el
hombre se encontraba muy viejo y cansado, por lo que Tepoztécatl decidió
tomar su lugar y luchar contra la serpiente. Para ello el joven tomó muchos
trozos de obsidiana y al estar luchando contra la criatura le cortó las entrañas
con los cristales, terminando así con su vida.

Cuando regresó a su pueblo Tepoztécatl se convirtió en su héroe, todos


celebraron su victoria y lo nombraron Señor de Tepoztlán y sacerdote del Dios
Ometochtli. Años después Tepoztécatl desapareció y se fue a vivir para
siempre a la pirámide que se encuentra en la cima del cerro del Tepozteco.

LA FLOR DE NOCHEBUENA O POINSETIA

Cuenta una leyenda que hace mucho, mucho tiempo, en un pequeño pueblo de
México, todos los habitantes se reunían en la iglesia cada año durante el
nacimiento de Jesús para dejarle algún regalo.

A Pablo le encantaba aquella tradición. Todos los años veía llegar a muchas
personas desde muy lejos con regalos hermosos: cestas de fruta, ropa, algún
juguete... Pero según pasaban los años, Pablo se ponía más y más triste. Él
sólo veía como todos iban y depositaban sus regalos pero él no tenía nada
que regalar, él era muy pobre y eso lo hacía sentir mal.

Pablo quiso esconderse para evitar que otro miraran que no tenía nada que
dar, fue y se escondió en un rincón de la iglesia y comenzó a llorar, pero pronto
de sus lágrimas que habían caído al suelo, comenzó a brotar una hermosa flor
con pétalos rojos.

Pablo comprendió que aquella flor era un regalo de Dios, para que Pablo se
la regalara al niño Jesús. Contento fue y deposito aquella flor juntos con los
demás regalos, pero manteniendo el secreto que había nacido de sus lágrimas.

El resto de personas, al ver aquella planta tan bella, decidieron llevar una
idéntica cada año. Ese gesto, poco a poco, se convirtió en una tradición, y hoy
en todos los hogares, una bella flor de Pascua deslumbra a todos con sus
intensas hojas rojas.
LA LEYENDA DEL MAÍZ

Cuenta la leyenda que Quezalcóatl no quiso emplear la fuerza, sino la


inteligencia y la astucia, y se transformó en una hormiga negra. Decidió
dirigirse a las montañas acompañado de una hormiga roja, dispuesto a
conseguir el maíz para su pueblo.

Tras mucho esfuerzo y sin perder el ánimo, Quezalcóatl subió las montañas y
cuando llegó a su destino, cogió entre sus mandíbulas un grano maduro de
maíz e inició el duro regreso. Entregó el grano a los aztecas que plantaron la
semilla, y desde entonces, tuvieron maíz para alimentarse.

Los indios indígenas se convirtieron en un pueblo próspero y feliz para


siempre y desde entonces fueron fieles al dios Quetzalcóatl, al que jamás
dejaron de adorar por haberles ayudado cuando más lo necesitaban.

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