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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES


CARRERA DE SOCIOLOGIA
Waldo Ansaldi
UNIDAD DE DOCENCIA
(Compilador)
E INVESTIGACION SOCIOHISTORICAS
DE AMERICA LATINA (UDISHAL)

Técnicas y
procedimientos
del trabajo
científico

Buenos Aires, 2000

Colección del Nuevo Siglo


Serie Libros Digitales, V
Digitales, ol. 0
Vol.

La UDISHAL tiene como símbolo distintivo una de las escultura erigidas en el Memorial da América Latina, en Sâo Paulo, Brasil,
diseñada por Oscar Niemeyer. Ella es una mano de concreto armado, de siete metros de altura, con los dedos abiertos, en un
gesto de desesperación. En la palma, un mapa esquematizado de América Latina, de color rojo, representa la sangre y los
sufrimientos de la región y, según el propio Niemeyer, los “negros tiempos que el Memorial registra con su mensaje de esperanza
y solidaridad”.
La fotografía aquí reproducida fue tomada por Marisa Montrucchio, en agosto de 1999, y digitalizada en nuestra Área de Informática
Aplicada a las Ciencias Sociales.
1
U NIDAD DE D OCENCIA E I NVESTIGACIONES S OCIOHISTÓRICAS DE
A MÉRICA L ATINA ( UDISHAL )

Instituto de Investigaciones Gino Germani


Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires
José E. Uriburu 950 piso 6º Of. N°17 - (CP.1114) - Buenos Aires
Tel.: 54-11-4508-3815 Fax: 54-11- 4508-3822 / E-MAIL: udishal@latinmail.com)

La Unidad de Docencia e Investigaciones Sociohistóricas de América Latina (UDISHAL) es un espacio de


articulación entre actividades de enseñanza y actividades de investigación, generación de conocimiento científico y de
material de difusión sobre las sociedades latinoamericanas, espacio en el cual los resultados de éstas proveen de
«materia» a aquéllas, al tiempo que el desarrollo de contenidos a través del ejercicio docente estimula la búsqueda de
nuevos conocimientos mediante la investigación. El objetivo principal de la Unidad es la formación de latinoamericanistas.
La dirección del conjunto de actividades de ella está a cargo de Waldo Ansaldi. Institucionalmente, la UDISHAL es una
estructura informal que funciona dentro de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
La UDISHAL está constituida por:
el Equipo Docente de Historia Social Latinoamericana (EDHISLA),
el Seminario Permanente de Estudios de América Latina (SEPEAL),
el Taller de Investigación de Sociología Histórica de América Latina (TISHAL),
el Area de Informática Aplicada a las Ciencias Sociales,
el Area de Difusión.
El EDHISLA tiene a su cargo el desarrollo de la Historia Social Latinoamericana (HISLA), materia obligatoria del
plan de estudios de la Carrera de Sociología. La dirección general del Equipo Docente es del Profesor Titular, Waldo
Ansaldi; la coordinación interna está a cargo del Profesor Adjunto, Mario Petrone.
El SEPEAL es un ámbito de formación de recursos docentes y de capacitación continua de los miembros del
EDHISLA. Además de éstos, lo integran estudiantes y graduados (sociología e historia, abierto también a los de antro-
pología y ciencia política) interesados en el estudio de las sociedades latinoamericanas. La dirección general del Semi-
nario es responsabilidad de Waldo Ansaldi y la coordinación interna es de la Profesora Asociada, Patricia Funes.
El TISHAL tiene como objetivos, entre otros, la formación teórico-práctica en sociología histórica, el entrenamiento
en investigación y la generación de nuevos conocimientos, como parte esencial de la articulación entre actividades de
docencia y de investigación a la que se ha hecho referencia. El Taller se divide en Laboratorios de Análisis, conforme
los temas objeto de investigación. Actualmente hay cuatro Laboratorios de Análisis: de Estructuras Agrarias, de Meca-
nismos de Dominación Política, de Imaginarios Sociales, de Sistema Político y Sistema de Partidos. Coordina Waldo
Ansaldi.
El Área de Informática Aplicada a las Ciencias Sociales es un campo de investigación y experimentación sobre
las posibilidades y las posibles aplicaciones de la informática a los procesos de investigación y enseñanza en ciencias
sociales, incluyendo la producción de textos en soporte electrónico (disquetes y discos compactos), páginas web y
otras formas. Es coordinada por Rubén Galeano en los aspectos técnicos y por Waldo Ansaldi en los contenidos
académicos.
El Área de Difusión, reproduce periódicamente, y a efectos de facilitar el trabajo académico en el interior de la
Unidad, textos indispensables para el desarrollo de las actividades de formación, docencia e investigación de la UDISHAL.
Se trata de series de artículos de revistas o capítulos de libros no disponibles o de difícil acceso en el mercado y/o las
bibliotecas locales, como también de trabajos de los docentes, investigadores y estudiantes avanzados de la Unidad.
Estos materiales están fuera de comercio y se reproducen para su exclusivo uso en las áreas Equipo Docente, Semi-
nario Permanente, Taller de Investigación, Pretaller de Investigación. Durante el segundo semestre de 1994 se produ-
jeron 22 microprogramas radiales sobre la actualidad latinoamericana, difundidos por Radio Universidad de San Juan,
experiencia luego interrumpida. A mediados de 1995 se inició la producción de textos electrónicos en combinación con
el Programa UBA XXII, UBA.
La UDISHAL es miembro de la RED DE ESTUDIOS SOBRE AMÉRICA LATINA (RESAL)
Indice
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123456789012345 Waldo Ansaldi
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123456789012345 Técnicas y Procedimientos del Trabajo Científico ..................................................................... 5
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Anthony Giddens
123456789012345 Trabajando en Sociología: Métodos de Investigación ................................................................ 7
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123456789012345 Ciro F. S. Cardoso
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123456789012345 Etapas y procedimientos del método histórico ......................................................................... 27
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123456789012345 Germán Carrera Damas
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123456789012345 Agregados de datos, filiación, explicación, generalización y conocimiento histórico .............. 53
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123456789012345 Enrique Moradiellos
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123456789012345 Introducción a las técnicas de trabajo universitario .................................................................. 69
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123456789012345 Jerzy Topolski
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123456789012345 La naturaleza del conocimiento histórico ............................................................................... 107
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123456789012345 Jerzy Topolski
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123456789012345 Preguntas y respuestas. Una reconstrucción general de la investigación histórica ............... 137
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123456789012345 Jerzy Topolski
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123456789012345 El proceso de explicación en la investigación histórica ......................................................... 153
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123456789012345 Jerzy Topolski
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123456789012345 Construcción y síntesis ........................................................................................................... 183
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123456789012345 Jerzy Topolski
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123456789012345 La naturaleza y los instrumentos de la narración histórica .................................................... 193
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123456789012345 Jerzy Topolski
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Componentes de las narraciones: afirmaciones y leyes históricas ........................................ 205
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123456789012345 Jerzy Topolski
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123456789012345 Elementos de las narraciones históricas: evaluaciones ......................................................... 217
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123456789012345 R. Sierra Bravo
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123456789012345 La investigación científica y el método científico ................................................................... 227
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123456789012345 R. Sierra Bravo
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123456789012345 La redacción de la tesis o del trabajo ..................................................................................... 243
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123456789012345 R. Sierra Bravo
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123456789012345 La tesis y su contenido ........................................................................................................... 263
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123456789012345 R. Sierra Bravo
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123456789012345 Presentación formal y defensa de la tesis .............................................................................. 279
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123456789012345 Ejemplos ................................................................................................................................. 291
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123456789012345 Profesor Alberto D. Cimadamore
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123456789012345 Sugerencias para generar ideas y proyectos de investigación .............................................. 307
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123456789012345 Lecturas adicionales ............................................................................................................... 309
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123456789012345 Grageas .................................................................................................................................. 310
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Publicaciones electrónicas
Qué es? ... Cuál es su utilidad?

Una publicación electrónica es un libro, título o artículo compilado para ser usado en cualquier Pc bajo entorno Windows 3.x o
superior. En el mismo se utilizan técnicas de hipertexto, que hacen posible la lectura en cada pantalla por página, pudiendo llevarlo
al portapapeles para ser trasladado a cualquier procesador de textos como también imprimirlo desde la publicación. En la misma
se puede marcar un tema para luego tenerlo a la vista en forma inmediata; aunque lo más versátil es la facilidad de búsqueda
de temas puntuales, ofreciendo comodidad en la preparación de monografías, informes, trabajos de investigación y, a su vez,
pueden utilizarse varias publicaciones y programas abiertos de manera simultánea.
Los títulos electrónicos permiten, además, desarrollar técnicas novedosas de acceso directo a la información, ofreciendo
numerosas opciones de búsqueda que junto a los índices temáticos y los listados de palabras claves, surge la posibilidad de ofrecer
búsquedas que rastreen la ocurrencia de una determinada palabra –aún un monosílabo– a lo largo de cientos de páginas del libro.
Desde 1995, la Unidad e Investigación Sociohistóricas de América Latina - Area Informática, está publicando la Serie III de sus
Documentos de Trabajo, serie que se edita en la doble modalidad de soporte papel y soporte informático. El primer título,
Documento de Trabajo /1, Waldo Ansaldi y Patricia Funes, Patologías y rechazos. El racismo como factor constitutivo de
la legitimidad política del orden oligárquico y la cultura política latinoamericana, fue editado con carácter experimental en
aquel año, realizándose una segunda versión en 1996.
En 1997 son editados los siguientes títulos: Documento de Trabajo /2, Tulia Falleti, Verónica Giordano y Gabriela Rodríguez
(Comps.), Clientes y clientelismo en América Latina. Además, en 1998 se desarrolló el Documento de Trabajo /6, Waldo
Ansaldi (comp.), Técnicas y Procedimientos del Trabajo Científico. En 1999 se hapreparado el Documento de Trabajo/4, de
Patricia Funes y Waldo Ansaldi, Los años veinte y sesenta en el pensamiento latinoamericano: rupturas y continuidades.
El Documento de Trabajo /5 de Waldo Ansaldi (comp.) Ciudadanía (s), se encuentra en preparación en CD room el cual se editará
en este año.
Todos estos títulos se ofrecen en sus dos versiones (impresión estándar y electrónica) y puede adquirirse en la cátedra de Historia
Social Latinoamericana del Dr. Waldo Ansaldi.
Para solicitar cualquier publicación o consultarnos, puede hacerlo por e-mail en: udishal@latinmail.com
Agradecemos su interés y esperamos desee tener los títulos que se publicarán próximamente.

Udishal -Area de Informática Aplicada a las Ciencias Sociales-

Visite nuestras páginas en Internet, donde encontrará información sobre sitios de Historia, Sociología y
material académico ofrecido en el link "Buscando América Latina". Te esperamos en:

Ejemplar fuera de comercio, exclusivamente re-


Buenos Aires, marzo 2000 producido con fines académicos.

4
Waldo Ansaldi

T ÉCNICAS Y P ROCEDIMIENTOS DEL T RABAJO C IENTÍFICO

Introducción

Este documento de trabajo ha sido preparado con el objetivo de facilitar el proceso de apredizaje
y entrenamiento de quienes aspiran a ser investigadores (esto es, creadores de conocimiento) o, más
modestamente, a realizar adecuadamente ejercicios que facilitan el proceso de aprendizaje y ense-
ñanza. No pretende enseñar a investigar, toda vez que a investigar se aprende investigando. No
obstante, hay técnicas, procedimientos y reglas de observancia universal que es conveniente conocer,
dominar y, sobre todo, aplicar bien siempre. Unas y otros son norma correiente -cuando no exigen-
cias explicativas- en la presentación de ponencias, comunicaciones, artículos, libros, informe de in-
vestigación, tésis...

Ser un profesional de las ciencias sociales es practicar un oficio que la mayoría de las veces se
realiza individualmente, pero que admite varias formas asociadas o en equipo. La observancia de
reglas, procedimientos y técnicas es parte del quehacer de la comunidad científica, permitiendo la
constitución de un locus en el cual es fácil reconocerse y evaluar el trabajo propio y ajeno. La
necesidad de tal observancia no debe constituirse, en pero, en un culto o fetiche, a la postre esterilizante.
Por el contrario, es buena y recomendable -a mi juicio y tal vez contrariando nociones firmemente
establecidas- una buena cuota de lo que Charles Wright Mills llamaba Artesanía Intelectual: huir de
todo procedimiento rígido, desarrollar y usar la imaginación sociológica, evitar el fetichismo del
método y la técnicas, aunar teoría y método como parte del ejercicio de un oficio, emplear y exigir la
sencillez del enunciado claro (evitando «el biszntino despropósito de la asociación de conceptos y la
palabrería amanerada»), mantener la autonomía moral y política.1

Lo que Mills llamaba imaginación sociológica va más allá de la disciplina sociología y puede
recurrirse a ella en cualesquiera sea nuestra disciplina de origen y/o práctica. Según el propio Mills,
«la imaginación sociológica consiste, básicamente, en una parte considerable, en la capacidad de
pasar de una perspectiva a otra y en el proceso de formar una opinión adecuada de una sociedad
total y de sus componentes. Es esa imaginación, naturalmente, lo que separa al investigador del
mero técnico».

1. Véase Charles Wright Mills. La imaginación sociológica. Fondo de Cultura Económica, México, DF., 1ra edición 1961 (hay numerosas
reediciones) "Apéndice. Sobre artesanía intelectual".

5
Los textos seleccionados pertenecen a las prácticas de sociólogos e investigadores, pero se trata
de conceptos, técnicas, prácticas y procedimientos que, en términos generales, valen para todas o la
mayoría de las ciencias sociales. Se recomienda, muy especialmente, hacer los diferentes ejercicios
que describen los artículos: presentación resumida, resúmen analítico, análisis crítico (Germán
Carrera Damas), identificación y referencias bibliográficas, fichas bibliográficas y de lectura,
comentario de textos, gráficos, documentos estadísticos y mapas, reseña de libros (Moradiellos).

Finalmente, es bueno saber dominar y aplicar las técnicas y los procedimientos característicos del
trabajo científico, sin fetichizarlos y siendo uno mismo su propio metodólogo. Es muy bueno em-
plear la imaginación sociológica. Y sobre todo, generar una disciplina de trabajo (que no tiene que
ser enajenante) capaz de aunar capacidad de observación, recolección de información y reflexión
crítica, base de la articulación entre empiria y teoría.

Buena suerte!

6
Sociología, Capítulo 21, Editorial Alianza, Madrid, 1991, pp. 695-725

Anthony Giddens

Trabajando en Sociología:
Métodos de Investigación
Las cuestiones que preocupan a los sociólogos, uso de cuestiones, entrevistas, «observación partici-
tanto en su teorización como en sus investigaciones, pante» o trabajo de campo dentro de una comunidad,
son con frecuencia similares a las que preocupan a junto a la interpretación de las estadísticas y los do-
otras muchas personas. ¿Cómo es posible que exista cumentos históricos —además de otras técnicas me-
hambre a un nivel masivo en el mundo cuando es aho- nos utilizadas.
ra mucho más rico que de lo que ha sido nunca? ¿Qué
En este capítulo comenzamos esbozando las fa-
efectos tendrá el creciente uso de la tecnología de la
ses por las que atraviesa una investigación socioló-
información en nuestras vidas? La familia como ins-
gica y los principios fundamentales empleados en la
titución, ¿Está empezando a desintegrarse? ¿Incitan
interpretación de los datos. A continuación haremos
las películas y la televisión a la delincuencia violen-
una comparación entre los métodos de investigación
ta?
más frecuentes utilizados, considerando algunos pro-
Los sociólogos tratan de encontrar respuestas a yectos e investigaciones actuales. A menudo existen
estos y otros muchos problemas. Sus hallazgos no profundas diferencias entre cómo debería idealmente
son en modo alguno necesariamente concluyentes. No llevarse a cabo una investigación y los estudios en la
obstante, el objetivo de toda teorización e investiga- vida real!
ción sociológica es siempre apartarse de los modos
especulativos o mal informados en los que cualquier
persona normalmente se plantea tales cuestiones. El Estrategia de investigación
buen trabajo sociológico trata de plantear las pregun-
tas con la mayor precisión posible, y trata de encon-
trar evidencia factual antes de extraer cualquier con- El problema de la investigación:
clusión. Para conseguir estos objetivos debemos em-
plear elaborados procedimientos de investigación y Toda investigación arranca de un problema de
ser capaces de analizar el material de precisión. De- investigación. Este puede consistir en un área desco-
bemos conocer los métodos de investigación más nocida: podemos pretender simplemente mejorar nues-
útiles para un estudio concreto y el mejor modo de tro conocimiento de ciertas instituciones, procesos
analizar los resultados. sociales o culturales. El investigador tratará de res-
ponder a preguntas como las siguientes: ¿qué pro-
En una investigación sociológica están implica- porción de la población tiene fuertes creencias reli-
dos diversos aspectos. El procedimiento o estrategia giosas? ¿Está la gente hoy realmente desinteresada
de investigación está relacionado con el planteamiento por el «gran gobierno»?, ¿cuál es el grado de desven-
de la investigación y con el modo en que ésta ha de taja de la posición económica de la mujer con res-
llevarse a cabo. Esto implica el método de investiga- pecto a la del hombre? Las respuestas serán funda-
ción apropiado y pensar en su aplicación al área de mentalmente descriptivas. Sin embargo, la mejor in-
estudio. La metodología de investigación empleada vestigación sociológica arranca de problemas que son
para estudiar los resultados y de análisis de los da- en sí mismos un enigma. Un enigma no es sólo falta
tos. Los métodos de investigación empleados para de información, sino un vacío en nuestro conocimien-
estudiar el mundo social (Blumer, 1984). Incluyen el
7
Anthony Giddens

to. Una gran parte de la habilidad para realizar una El siguiente paso comprende la elaboración de una
buena investigación sociológica consiste en identifi- formulación clara del problema de la investigación.
car correctamente los enigmas. La investigación des- Si existiese una literatura relevante, el investigador
criptiva se limita a responder a la siguiente pregunta: regresaría de la biblioteca con una noción clara de
«¿Qué está pasando?». La investigación que resuel- cómo se debe enfocar el problema de la investiga-
ve los enigmas trata de contribuir a nuestra compren- ción. Las instituciones sobre la naturaleza del pro-
sión de por qué los acontecimientos ocurren de un blema pueden llegar a transformarse en hipótesis
modo determinado, más que limitarse a aceptarlos por concretas en esta fase. Una hipótesis es una conjetu-
lo que parecen a primera vista. Así, nos preguntare- ra sobre la relación entre los fenómenos en los que
mos, ¿por qué están cambiando los esquemas de las está interesado el investigador. Si la investigación
creencias religiosas?. ¿A qué responde el auge de la pretende ser efectiva, se debe formular la hipótesis
«Nueva Derecha» en política en los últimos años?. de tal modo que el material recopilado permita su com-
¿Por qué están las mujeres tan pobremente represen- probación.
tadas en los altos puestos?.
Ninguna investigación basta por sí sola. Los pro- Elaborando un diseño de la investigación
blemas de la investigación surgen en el mismo desa-
rrollo del trabajo; un proyecto de investigación pue- Ahora debemos decidir cómo vamos a recopilar
de conducir fácilmente a otro, porque suscita cues- el material (información) necesario. Existe un am-
tiones que el investigador no había considerado pre- plio espectro de métodos de investigación diferentes,
viamente. Los enigmas pueden surgir a raíz de la lec- y la elección depende de los objetivos generales del
tura del trabajo de otros investigadores en libros y estudio tanto como de los aspectos del comportamien-
publicaciones profesionales o por la percepción de to que se vayan a analizar. Para determinados fines,
determinadas tendencias en la sociedad. Por ejemplo, una encuesta (para la que normalmente se emplea-
como se dijo en el capítulo 5 («Conformidad y des- rían cuestionarios) puede ser lo apropiado. En otras
viación»), en los últimos años ha aumentado el nú- circunstancias pueden resultar más apropiadas las
mero de programas para el tratamiento de los enfer- entrevistas, o tal vez un estudio observacional. Evi-
mos mentales en la comunidad en lugar de recluirlos dentemente, no se empleará ninguno de estos méto-
en asilos. Los sociólogos se formularán las siguien- dos si estamos estudiando un problema de sociología
tes preguntas: ¿cuáles has sido los factores que han histórica. En ese caso emplearemos documentos de
provocado este cambio en la actitud hacia los enfer- dicho período.
mos mentales?, ¿cuáles son las consecuencias más
probables tanto para los propios pacientes como para Realizando la investigación
el resto de la comunidad?.
En el momento de empezar realmente la investi-
Revisando la evidencia gación pueden surgir dificultades prácticas imprevis-
tas. Puede resultar imposible contactar con algunos
El primer paso que se da en el proceso de la in- de los que han de responder al cuestionario o de los
vestigación es normalmente el de revisar la eviden- que el investigador esté interesado en entrevistar. Por
cia existente en la disciplina. Puede ocurrir que las ejemplo, una sociedad financiera o una agencia gu-
investigaciones previas hayan clarificado el proble- bernamental pueden mostrarse reacias a que el in-
ma satisfactoriamente, en cuyo caso el investigador vestigador lleve a cabo la investigación planteada. El
deberá leer el trabajo de otros sociólogos sobre dicha acceso a la documentación puede resultar más difícil
área. Si el problema no hubiera sido resuelto, el in- de lo previsto.
vestigador necesitará consultar todas las investiga-
ciones existentes relacionadas con el tema y evaluar Interpretando los resultados
su utilidad para los objetivos que se persiguen. ¿Se
han visto enfrentados los anteriores investigadores al El material recogido tiene que ser analizado en
mismo enigma?. ¿De qué modo han intentado resol- función del problema que originó el estudio. Los obs-
verlo?. ¿Qué aspectos del problema han dejado sin táculos para el investigador no han terminado; puede
analizar?. Apoyarse en las ideas de otros ayuda al ser que no hayan hecho más que empezar!. En raras
investigador a clarificar las cuestiones que pudieran ocasiones resulta sencillo predecir las implicaciones
surgir en un posible proyecto, así como los métodos de los datos recogidos y relacionarlos con el proble-
más adecuados para dicha investigación. ma inicial de la investigación. Aunque puede resultar
posible encontrar una respuesta concreta para las
Precisando el problema de la investigación

8
Trabajando en Sociología: Métodos de investigación

preguntas que se planteaba el investigador, numero- la caída. El hecho de soltar el freno fue lo que causó
sas investigaciones finalizan sin aspiración alguna a el suceso, y las razones para ello pueden entenderse
ser concluyentes. por referencia a los principios físicos implicados.
Como en la ciencia física, la sociología depende del
presupuesto según el cual todos los sucesos tienen
una causa. La vida social no está constituida por una
Informando de los hallazgos de la investigación serie de hechos azarosos que ocurren sin ritmo ni ra-
zón. Una de las tareas de la investigación sociológi-
El informe de la investigación, publicado nor- ca —junto al pensamiento teórico— consiste en iden-
malmente en forma de artículo de revista o de libro, tificar las causas y los efectos.
constituye el relato de la naturaleza de la investiga-
ción y trata de justificar cualesquiera que sean las
conclusiones que de ella se deriven. Esta es la «fase
final» sólo en términos del proyecto de investigación DEFINIR EL PROBLEMA
individual. La mayoría de los informes incluyen las Seleccionar un tema de investigación
preguntas que permanecen sin respuesta y sugieren
posibles investigaciones que pudieran resultar de re- REVISAR LA LITERATURA
levancia en el futuro. Todas las investigaciones indi- Familiarizarse con los trabajos existentes en el tema
viduales son parte de un proceso continuo de investi-
gación que tiene lugar dentro de la comunidad socio-
FORMULAR UNA HIPÓTESIS
lógica.
¿Qué intenta demostrar? ¿Qué relación existe entre las
variables?

El proceso global SELECCIONAR UN DISEÑO DE INVESTIGACION


Elegir uno o más métodos de investigación: experimento,
La secuencia anterior es una versión simplificada encuesta, observación, uso de fuentes existentes
de lo que ocurre en los proyectos de investigación
cuando éstos se llevan a cabo. En la investigación REALIZACION DE LA INVESTIGACION
sociológica real, estas fases en rara ocasión se dis- Recogida de datos, recopilación de la información
tinguen tan claramente, y lo más corriente es que sur-
jan numerosos obstáculos en el proceso (Bell y INTERPRETACION DE LOS RESULTADOS
Newby, 1977). La diferencia es similar a la que exis- Análisis de las implicaciones de los datos recogidos
te entre las instrucciones que vienen en un libro de
recetas de cocina y el proceso real de preparación de
un plato. Los cocineros con experiencia cocinan a INFORME DE LOS RESULTADOS
menudo prescindiendo totalmente de las recetas, y su ¿Cuál es su significado? ¿Qué relación tiene con los
labor resulta enormemente creativa. Seguir un mode- anteriores hallazgos
lo al pie de la letra puede ser muy restrictivo; la ma-
yor parte de las investigaciones sociológicas no se
ajustan a la secuencia anterior (Orestein y Phillips, Sus hallazgos se registran y discuten
1984). en la comunidad académica y tal vez
darán origen a nuevas investigaciones
Metodología general

Uno de los principales problemas de la metodolo-


gía de la investigación (el estudio de los problemas Figura 25. —fases del proceso de investigación.
lógicos que conlleva toda investigación) es el análi-
sis de las causas y los efectos. Una relación causal Causalidad y correlación
entre dos sucesos o situaciones es aquella en la que
un suceso o situación desencadena otro suceso o si- La causalidad no puede ser inferida directamente
tuación. Si suelto el freno de mano del coche cuesta de la correlación. Correlación significa la existencia
abajo rodará en esa dirección, ganando velocidad en

9
Anthony Giddens

de una relación regular entre dos series de sucesos o Existe, por ejemplo, una fuerte correlación entre el
variables. Una variable es cualquier dimensión a lo nivel de éxito educativo y el nivel de éxito ocupacio-
largo de la cual los individuos y los grupos sufren nal en las sociedades modernas. Cuando mejores sean
cambios. La edad, las diferencias en los ingresos, las las calificaciones obtenidas en la escuela por un indi-
tasas de delincuencia y las diferencias de clase son viduo mayores son las posibilidades de encontrar un
algunas entre las múltiples variables que estudian los trabajo bien remunerado. ¿Qué explica esta correla-
sociólogos. Podría parecer que cuando dos variables ción?. Las investigaciones tienden a mostrar que la
se encuentran fuertemente correlacionadas una debe- explicación no está únicamente en la experiencia es-
ría ser la causa de la otra, pero no siempre ocurre colar; los niveles de éxito escolar están en gran medi-
esto. Existen numerosas correlaciones sin ninguna da influidos por el hogar del que proviene cada per-
relación causal entre las variables. Por ejemplo, des- sona. Los niños que proceden de hogares adinerados,
de la Segunda Guerra Mundial ha existido una fuerte en los que los padres muestran gran interés en su ca-
correlación entre el descenso de los fumadores de pipa pacidad de aprendizaje y en los que abundan los li-
en Gran Bretaña y un descenso en el número de per- bros tienen más probabilidades de mostrar una bue-
sonas que acuden al cine. Obviamente, un cambio no na actuación tanto en la escuela como en el mundo
ha producido el otro, y nos será muy difícil descubrir laboral que aquellos niños que provienen de hogares
siquiera una remota conexión causal entre ellos. desprovistos de éstos elementos. Los mecanismos
causales en este caso son las actitudes de los padres
Sin embargo, en muchos casos no resulta tan ob-
hacia sus hijos, junto a las facilidades para el apren-
vio el hecho de que una correlación observada no
dizaje que ofrezca cada hogar. (Para una exposición
implique una relación causal. Tales correlaciones son
más amplia sobre el hogar y la escuela, ver capítulo
trampas para los imprudentes y pueden dar lugar a
13: «Educación, comunicación y medios de comuni-
conclusiones discutibles o falsas. En su estudio clá-
cación»).
sico El Suicidio, Emile Durkheim halló una correla-
ción entre las tasas de suicidio y las estaciones del En sociología, las conexiones causales no debe-
año (Durkheim, 1952). En las sociedades que estu- rían enfocarse de un modo demasiado mecánico. Las
diaba, los niveles de suicidio iban aumentando pro- actitudes de las personas, así como sus razones sub-
gresivamente desde enero hasta junio o julio, para jetivas para actuar de un modo concreto, son facto-
empezar luego a disminuir hacia el final del año. Se res causales en las relaciones entre las distintas va-
podría suponer que esto demostraba que la tempera- riables de la vida social.
tura o los cambios climáticos tienen una relación cau-
sal con la propensión de los individuos a suicidarse. Controles
¿Cabe la posibilidad de que a medida que aumenta la
temperatura las personas se muestren más impulsivas Al analizar la causa o las causas que explican una
y exaltadas?. No obstante, la relación causal aquí correlación, se deben distinguir las variables inde-
implicada no tiene en absoluto que ver, al menos di- pendientes de las variables dependientes. Una va-
rectamente, con la temperatura o con el clima. En riable independiente es aquella que produce un efec-
primavera y verano mucha gente tiene una vida so- to sobre otra variable; la variable afectada es la de-
cial más intensa que en invierno, y los individuos que pendiente. En el ejemplo utilizado, los logros acadé-
se sienten aislados o infelices tienden a experimentar micos son la variable independiente y los ingresos
una intensificación de estos sentimientos a medida ocupacionales la variable dependiente. La diferencia
que el nivel de actividad de los demás aumenta. Por radica en la dirección causal que estamos analizan-
ello son más propensos a desarrollar tendencias sui- do. El mismo factor puede ser una variable indepen-
cidas agudas en primavera y en verano que en otoño diente en una investigación y una variable dependiente
e invierno, cuando el ritmo de actividad social decre- en otra, dependiendo del proceso causal que se esté
ce. Siempre hay que estar en guardia para saber si la analizando. Si estuviésemos buscando los efectos de
correlación implica causalidad y para decidir en qué las diferencias que los ingresos ocupacionales tienen
dirección actúan las relaciones causales. en el estilo de vida, los ingresos ocupacionales serían
la variable independiente, no la dependiente.
Para saber si una correlación entre variables es
Mecanismos causales una relación causal hay que emplear los controles,
lo que significa mantener constantes ciertas varia-
Analizar las conexiones causales en las correla- bles para poder conocer los efectos de las restantes.
ciones es a menudo un proceso lleno de dificultades. Con ello podremos distinguir las distintas explica-
ciones de las correlaciones observadas, separando las

10
Trabajando en Sociología: Métodos de investigación

relaciones causales de las no causales. Por ejemplo, de vida»). ¿Cómo sabemos si existe realmente una
ciertos investigadores que estudian el desarrollo in- relación causal entre la separación de la madre y fu-
fantil sostienen la idea de que existe una conexión turos problemas de personalidad?. Lo que se debe
causal entre la separación de la madre durante la in- hacer es controlar, «mantener invariables», otras po-
fancia y serios problemas de personalidad en la edad sibles influencias que pudieran explicar la correla-
adulta. («La privación de la madre alude a una pro- ción.
longada separación del niño con respecto a su madre
—varios meses o más— durante los primeros años

Términos estadísticos
La investigación en sociología hace uso frecuente de técnicas estadísticas en el análisis de los resultados. Algunas de estas
técnicas son muy sofisticadas y complejas, pero las más comúnmente utilizadas son de fácil comprensión. Las más utilizadas
son las medidas de tendencia central —instrumentos para el cálculo de promedios— y los coeficientes de correlación (medidas
del grado de relación consistente entre dos variables).
Existen tres métodos para calcular promedios, y cada uno tiene ciertas ventajas y ciertos inconvenientes. Tomemos como
ejemplo la cifra de riqueza personal (incluidos todos los bienes, como casas, coches, cuentas bancarias y valores invertidos) que
poseen trece individuos. Las cantidades poseídas por los trece son las siguientes:

1. 000 (cero) libra 8. 80.000 libras


2. 5.000 libras 9. 100.000 libras
3. 10.000 libras 10. 150.000 libras
4. 20.000 libras 11. 200.000 libras
5. 40.000 libras 12. 400.000 libras
6. 40.000 libras 13. 10.000.000 libras
7. 40.000 libras
La media corresponde al promedio como normalmente se entiende, y se obtiene sumando la riqueza personal de los trece y
dividiendo el resultado entre el número de personas, es decir 13. El total es 11.085.000; dividiendo esta cifra por trece obtene-
mos una media de 852.692. La media resulta útil porque se basa en la totalidad de los datos manejados. Sin embargo, puede
resultar engañosa cuando existe uno o un pequeño número de casos muy distintos de la mayoría. En el ejemplo anterior, la
media no es, de hecho, una medida de tendencia central muy apropiada, pues la existencia de una cifra muy grande, 10.000.000,
supone su sesgo en la totalidad . Sacaríamos la conclusión de que casi todos poseen más de lo que en realidad tienen.
En tales casos se pueden emplear otras medidas. La moda es la cifra que aparece con más frecuencia en una serie de
datos. En nuestro ejemplo es 40.000. El problema con la moda es que no tiene en cuenta la distribución global de los datos, es
decir el número de cifras manejadas. El caso más frecuente dentro de una serie de datos no es necesariamente representativo
de su distribución global, y puede no ser un «promedio» muy útil. En este caso 40.000 no da una idea muy aproximada de la
tendencia central porque está demasiado próxima al límite inferior de las cifras.
La tercera medida es la mediana, que es la cifra que ocupa el lugar central de una serie de cifras. En el ejemplo utilizado
sería la séptima cifra 40.000. Hemos utilizado un número impar de cifras en el ejemplo. Si hubiese sido un número par —por
ejemplo, doce en lugar de trece— la mediana se obtendría calculando la media de las dos cifras centrales, la seis y la siete. Al
igual que la moda, la mediana no nos proporciona una idea de la distribución real de los datos que estamos midiendo.
En ocasiones los investigadores utilizan más de una medida de tendencia central, para así poder elaborar una imagen
representativa del promedio. Pero lo más frecuente es que se calcule la desviación típica de los datos. Es un modo de calcular
el grado de dispersión, o la distribución, de una serie de cifras —que en nuestro caso iría desde cero hasta 10.000.000.
Los coeficientes de correlación constituyen un modo útil de expresar el grado de conexión entre dos (o más) variables.
Cuando dos variables correlacionan completamente podemos hablar de una correlación positiva perfecta —expresada por el
coeficiente 1.0. Cuando no se encuentra relación alguna entre dos variables (simplemente no existe una conexión consistente
entre ellas) el coeficiente es cero. Una correlación negativa perfecta, que se expresa como –1.0, existe cuando existe entre dos
variables una correlación absolutamente inversa. Las correlaciones perfectas no existen en las ciencias sociales. Correlaciones
del orden de 0.6 o más, ya sea positiva o negativa, indican un fuerte grado de conexión entre variables que se están analizando.
Las correlaciones positivas de este tipo, por ejemplo, suelen encontrarse entre la clase social y el comportamiento de voto.
Cuanto más alto esté un británico en la escala socioeconómica mayores son las posibilidades de que vote a los conservadores y
no a los laboristas.

11
Anthony Giddens

Un caso de privación maternal es aquel en que el fumadores o han fumado durante una temporada lar-
niño es internado en un hospital por un prolongado ga en algún momento de su vida. Son tantos los estu-
período de tiempo, durante el cual se ve separado de dios que han confirmado estas correlaciones que hoy
sus padres, ¿es el apego a la madre lo realmente de- está generalmente aceptada la existencia de un vín-
cisivo?. ¿Puede ocurrir que si un niño recibe amor y culo causal. Sin embargo, los mecanismos causales
atención de otras personas durante su infancia él o concretos siguen sin conocerse.
ella sean personas estables en el futuro?. Para poder
Por muchos que sean los estudios de correlacio-
investigar estas posibles conexiones causales, tendre-
nes que existan sobre un tema siempre queda la duda
mos que comparar casos en los que los niños han
de que puedan existir relaciones causales; caben ade-
sido privados de todo cariño con otros casos en los
más otras interpretaciones de la correlación. Se ha
que los niños hayan sido separados de sus madres
propuesto, por ejemplo, que aquellos que están pre-
pero hayan recibido amor y cuidados de otras perso-
dispuestos a contraer un cáncer de pulmón están asi-
na. Si el primer grupo desarrollara graves dificulta-
mismo predispuestos a fumar. Desde esta perspecti-
des de personalidad pero el segundo no lo hiciera,
va no es el hecho de fumar lo que produce el cáncer
podríamos sospechar que el cariño regular de alguien
de pulmón; tanto el fumar como el cáncer de pulmón
durante la infancia es lo decisivo, independientemen-
surgen de una disposición que ciertos individuos han
te de que tal cariño proceda de la madre. (De hecho,
desarrollado en su estructura biológica.
los niños parece que prosperan siempre que manten-
gan una relación de cariño con la persona que les
cuida que no tiene por qué ser obligatoriamente la
madre.) Métodos de investigación

Trabajo de campo
Identificación de las causas En sociología se emplean distintos métodos de in-
vestigación. En lo que se refiere a la observación
Se podrían invocar muchas causas posibles para participante o trabajo de campo (ambos términos
explicar una correlación dada. ¿Cómo podemos es-
son intercambiables), el investigador vive con el gru-
tar seguros de abarcarlas todas?. Sencillamente, no
po o comunidad que es objeto de estudio y puede in-
podemos. Nunca conseguiríamos llevar a cabo, ni in-
cluso tomar parte en alguna de sus actividades. Un
terpretar los resultados de una investigación socioló-
ejemplo de trabajo de campo es el famoso estudio de
gica de modo satisfactorio si nos viéramos obligados
Erving Goffman sobre el comportamiento en un ma-
a comprobar la posible influencia de todos aquellos
nicomio (Goffman, 1961). Goffman pasó varios me-
factores causales que pudiéramos considerar poten-
ses en un manicomio trabajando como director ayu-
cialmente relevantes. La identificación de las relacio-
dante de educación física. Uno o dos de los miem-
nes causales está normalmente orientada por las in-
bros del personal sabían que era un investigador so-
vestigaciones previas realizadas en dicho campo. Si
cial, pero los enfermos no. Así consiguió Goffman
no tenemos de antemano una idea clara de los meca-
mezclarse con ellos sin dificultad y de un modo in-
nismos causales más probables implicados en una
formal, y llegó incluso a contactar con los pacientes
correlación tendremos serias dificultades a la hora
más graves de las «salas del fondo». Así consiguió
de encontrar las conexiones causales reales. No sa-
elaborar un retrato detallado de la vida de la organi-
bríamos para qué estamos realizando la comproba-
zación, así como de las actitudes e ideas de aquellos
ción.
que vivían y trabajaban allí. El material de su inves-
Un buen ejemplo de los problemas que se plan- tigación consistía en notas descriptivas que fue to-
tean a la hora de analizar las relaciones causales exis- mando sobre la vida de las salas y en transcripciones
tentes en una correlación lo proporciona la larga lis- de conversaciones o contactos con los pacientes y con
ta de estudios sobre el tabaco y el cáncer de pulmón. el personal.
Las investigaciones han demostrado suficientemente
Observó, por ejemplo, que en las salas del fondo,
la existencia de una fuerte correlación entre ambos.
donde muchos de los pacientes se resistían a la co-
Los fumadores tienen una mayor probabilidad de con-
municación social ordinaria, los enfermos tenían uno
traer un cáncer de pulmón que los no fumadores, y lo
o dos «enfermos empleados» de otras salas para ayu-
mismo ocurre con los que fuman mucho en compara-
darles en el trabajo. Los pacientes empleados reci-
ción con los que fuman poco. La correlación tam-
bían normalmente una serie de favores como recom-
bién se puede expresar a la inversa. Una elevada pro-
pensa por su ayuda. Esta práctica no estaba oficial-
porción de aquellos que sufren cáncer de pulmón son

12
Trabajando en Sociología: Métodos de investigación

mente aprobada por las autoridades del hospital, pero difícil adaptación, especialmente cuando se estudian
resultaba esencial para el buen funcionamiento de la culturas muy diferentes de la propia.
organización. Un ejemplo proviene de las notas de
Durante mucho tiempo era lo normal que las in-
campo tomadas por Goffman, en las cuales recogía
vestigaciones basadas en la observación participante
cada una de las actividades diarias:
excluyesen cualquier información sobre los riesgos y
Almuerzo con un paciente amigo en una de las amplias los problemas a los que hay que hacer frente, pero
cafeterías para los pacientes. El dice: «La comida aquí es las memorias y diarios de distintos investigadores de
buena pero no me gusta el salmón de lata.» A continuación campo publicados recientemente han hecho impor-
se excusa, vacía su plato en el cubo de basura y se va a la tantes revelaciones al respecto. Con frecuencia se ven
sección de comida de régimen del mostrador, y vuelve con
enfrentados a la soledad: no es fácil «encajar» en una
un plato de huevos. Sonríe con un gesto burlón y conspirativo
y dice: «Juego a las quinielas con el encargado de esto.» comunidad a la que no se pertenece. El investigador
(Goffman, 1961, pp. 257-58). puede sentirse frustrado cuando los miembros del
grupo o comunidad no hablan con franqueza sobre
Goffman enfocó el manicomio desde el punto de ellos mismos; las preguntas directas se aceptan sin
vista de los pacientes y no en términos de las catego- problema en determinados contextos culturales, pero
rías médicas que les aplicaban a éstos los psiquia- en otros pueden encontrar como única respuesta el
tras. «Tengo la opinión —escribió— de que cualquier silencio más absoluto. Ciertos tipos de trabajo de cam-
grupo de personas, ya sean hombres primitivos, pilo- po pueden resultar incluso peligrosos físicamente —
tos o pacientes, crean una vida propia que llega a por ejemplo, un investigador que estudie una banda
resultar significativa, razonable y normal una vez que de delincuentes puede ser visto como espía de la po-
uno se encuentra próximo a ella...» (Goffman, 1961, licía, o puede verse implicado en violentas peleas con
p. 7). El trabajo de Goffman destaca que aquello que grupos rivales.
un observador externo considera propio de un «loco»
no resulta tan irracional cuando se ve desde dentro Al igual que ocurre con la práctica totalidad de la
del contexto del hospital. Los manicomios poseen investigación social, el trabajo de campo es normal-
formas de disciplina, de vestir, de comportamiento mente una tarea unilateral en lo que se refiere a aque-
propias que hacen que sea prácticamente imposible llos cuyos comportamientos está siendo estudiado. La
que los pacientes desarrollen un comportamiento si- selección de un grupo para un estudio es generalmente
milar al de las personas del mundo exterior. Cuando una decisión exclusiva del investigador; rara vez se
fueron admitidos en el hospital, los pacientes se vie- consulta a los miembros previamente, y tampoco sue-
ron desprendidos de la mayor parte de sus posesio- len éstos tomar parte en el diseño del proyecto
nes personales; se les desvistió, lavó, desinfectó, y se (Georges y Jones, 1980). No es extraño que los in-
les proporcionaron ropas de la institución. Desde ese vestigadores de campo sean aceptados con recelo o
momento, prácticamente todo lo que hacían estaba incluso que en ocasiones se vean obligados a aban-
bajo la mirada atenta del personal; disfrutaban de muy donar desde un principio el proyecto de campo.
poca privacidad, y con frecuencia el personal trataba Uno de los primeros investigadores de campo,
a los pacientes como si fueran niños. Como conse- Frank Hamilton Cushing, quien estudió a los indios
cuencia de ello, desarrollaron modelos de comporta- zuñi de Nuevo México en la década de 1870, escri-
miento que resultan extraños para el observador ex- bió sobre los problemas que habían experimentado,
terno pero que constituyen intentos comprensibles de así como de las recompensas que tuvo (Cushing,
enfrentarse a las exigencias de su entorno. 1967; publicado originalmente en 1882-83). A su lle-
gada, Cushing recibió numerosos pequeños obsequios
y realizó varios intentos de integrarse en la comuni-
Exigencias del trabajo de campo dad. Los zuñi fueron relativamente amistosos con él,
pero se negaron enérgicamente a que estudiara sus
El investigador que realiza un trabajo de campo ceremoniales religiosos. Su jefe trató de obligarle a
no puede limitarse a estar presente en una comuni- que se fuera, pero eventualmente le permitió quedar-
dad, sino que debe explicar y justificar su presencia se a condición de que adoptara algunas de las cos-
a los miembros de la misma. Ella o él debe ganarse tumbres indias —para que demostrara así que no ri-
la confianza y la cooperación de la comunidad o gru- diculizaba sus creencias y prácticas. Se vio obligado
po, y mantenerla durante un cierto período de tiempo a vestir ropas zuñi, que le resultaron inapropiadas e
si se quieren conseguir unos resultados óptimos. Esto incómodas; tenía que comer comida zuñi; su hamaca
puede conllevar el tener que vivir en condiciones de estaba descolgada, por lo que tuvo que dormir en el
suelo sobre pieles de oveja, como hacían los zuñi.

13
Anthony Giddens

Uno de los momentos más difíciles se le presentó char las oportunidades que pueden surgir en el pro-
cuando se le comunicó que debía tener una esposa, y ceso de la investigación. En el trabajo de campo hay
se le envió una mujer a vivir con él. En un principio mayores posibilidades de que se obtengan resultados
trató de ignorar sus atenciones, pero no tuvo éxito. inesperados que en la mayoría de los restantes méto-
En un momento dado la expulsó, aunque ello supu- dos de investigación, ya que el investigador puede
siera un deshonor para ella a los ojos de los zuñi. encontrarse con la sorpresa de que las ideas precon-
cebidas que tenía sobre el grupo o la comunidad en
Desde entonces, los zuñi —como muchos otros
cuestión eran totalmente erróneas. El trabajo de cam-
grupos de indios americanos— se han acostumbrado
po también tiene sus limitaciones: solamente pueden
a las visitas de los investigadores, pero su relación
estudiarse grupos o comunidades relativamente pe-
con ellos ha sido a menudo tensa. El arqueólogo F.W.
queños, y casi todo depende de la habilidad del in-
Hodge despertó su enemistad en la década de 1920
vestigador para ganarse la confianza de los indivi-
cuando comenzó sus excavaciones en uno de sus an-
duos que quiere estudiar. Sin esto, es muy improba-
tiguos santuarios religiosos (Pandey, 1972, pp. 331-
ble que la investigación pueda salir adelante.
32); le obligaron a marcharse y destrozaron las cá-
maras del fotógrafo de la expedición.
Encuestas
La célebre antropóloga Ruth Benedict fue mejor
recibida por los zuñi cuando llegó poco tiempo des- La interpretación de los estudios de campo con-
pués. Un intérprete zuñi le dijo más tarde que había lleva normalmente problemas de generalización.
sido cortés y que había distribuido dinero generosa- ¿Cómo podemos estar seguros de que lo que sucede
mente, pero que las descripciones de la vida de los en un determinado contexto se aplica a otras situa-
zuñi que había publicado estaban pobremente funda- ciones?. Este suele ser un problema menor en las in-
das ya que no había tomado parte activa en muchos vestigaciones con encuestas aunque, sin duda, tales
aspectos de la vida de los zuñi. Desde entonces y en investigaciones tienen sus inconvenientes. En una
diversas ocasiones otros investigadores de campo han encuesta los cuestionarios o bien se envían por co-
sido expulsados de las comunidades zuñi. Reciente- rreo o bien se pasan directamente en una entrevista a
mente, un hombre le preguntó a un investigador visi- un grupo de personas seleccionado —a veces ascien-
tante: «¿Seguimos siendo tan primitivos como para den hasta varios miles. El trabajo de campo es más
que ustedes los antropólogos tengan que venir a estu- apropiado para estudios en profundidad de la vida
diarnos todos los veranos?» (Pandey, 1985, p. 203). social; las encuestas aportan una información menos
detallada pero que se aplica, con un amplio margen
Ventajas y limitaciones del trabajo de campo de confianza, a un área extensa.

El trabajo de campo —cuando concluye con éxi- Cuestionarios cerrados y abiertos


to— proporciona una información sobre la vida mu-
cho más rica que la mayoría de los restantes métodos En las encuestas se emplean dos tipos de cuestio-
de investigación. Una vez que sabemos cómo se ven narios. Unos constan de series de preguntas cerra-
las cosas «desde dentro» de un determinado grupo es das, para las cuales existen un número fijo de res-
muy probable que alcancemos una comprensión más puestas. Los que responden, y en ocasiones el propio
profunda de por qué determinadas personas actúan investigador, son los que marcan ciertas categorías
de una manera dada. El trabajo de campo es prácti- de respuestas a las preguntas planteadas —por ejem-
camente el único método de que disponemos cuando plo, «Si/No/No sabe-No contesta», o «Muy proba-
un investigador estudia un grupo cuya cultura es am- ble/Probable/Poco probable/ Muy improbable». Las
pliamente desconocida para los que no pertenecen a encuestas con cuestionarios cerrados tienen la venta-
ella, y debe ser «aprendido» antes de que podamos ja de que las respuestas son fáciles de comparar y de
comprender en su totalidad las actividades que reali- tabular, ya que existe un reducido número de catego-
zan los miembros de esa cultura. Por esta razón, es rías. Por otro lado, considerando el hecho de que no
el principal método de investigación utilizado en an- dan cabida a sutilezas de opinión o de expresión ver-
tropología, la cual trata de documentar y compren- bal, la información que proporcionan tiene un alcan-
der las culturas no occidentales. ce restringido. Otro tipo de cuestionarios son los
El trabajo de campo proporciona al investigador abiertos, y ofrecen a aquellos que responden la opor-
una mayor flexibilidad que otros métodos (como los tunidad de expresar sus ideas con sus propias pala-
cuestionarios). El investigador es capaz de adaptarse bras: no se ven limitados a marcar respuestas cerra-
a circunstancias nuevas o inesperadas y de aprove- das. Los cuestionarios abiertos son más flexibles y
proporcionan mayor información que los cerrados.

14
Trabajando en Sociología: Métodos de investigación

El investigador puede profundizar en las respuestas trabaja el investigador pueden resultarles poco fami-
para indagar en lo que piensa el escuestado. Por otro liares a los entrevistados: por ejemplo, la pregunta
lado, la ausencia de respuestas cerradas conlleva una «¿Cuál es su status marital?». Sería más apropiado
mayor dificultad a la hora de comparar. preguntar «¿Es usted soltero, casado o divorciado?».
La mayor parte de las encuestas van precedidas de
Las preguntas de una encuesta deben estar cuida-
estudios piloto con la intención de elucidar los pro-
dosamente planteadas para que los resultados sean
blemas no anticipados por el investigador. Un estu-
fiables. Una pregunta del tipo «¿Qué piensa del go-
dio piloto es un ensayo en el que un reducido número
bierno?» sería inservible por ser demasiado vaga. En
de personas responden a un cuestionario. Las difi-
el supuesto de que fueran capaces de contestarla, los
cultades que surjan pueden así evitarse antes de co-
encuestados interpretarían aquello que el investiga-
menzar la encuesta real.
dor está tratando de obtener de maneras muy diferen-
tes. Los investigadores que realizan encuestas tam-
bién tienen que cuidarse de evitar preguntas sesgadas Muestreo
—preguntas planteadas de tal forma que inducen a
una respuesta concreta. Una pregunta que empieza Los sociólogos se interesan con frecuencia por las
así: «¿Está de acuerdo en que...?» es sesgada, ya que características de grupos grandes de individuos —
invita al acuerdo por parte del encuestado. Una pre- por ejemplo, las actitudes políticas del electorado bri-
gunta más neutral comenzaría del siguiente modo: tánico. Sería imposible estudiar a todas esas perso-
«¿Cuál es su opinión sobre...?». Existen otras mu- nas directamente, por lo que en dichas situaciones el
chas fuentes de distorsión o ambigüedad en el plan- investigador se concentra en una pequeña proporción
teamiento de preguntas. Por ejemplo, una pregunta del grupo total —una muestra del total. Por regla
puede contener en sí misma una doble elección: «¿Su general se puede confiar en que los resultados que se
salud es mejor o peor ahora que hace un año?». La derivan de la encuesta realizada a una maestra de una
doble elección es entre «mejor-peor» y «ahora-enton- población dada puedan generalizarse al total de la
ces». Una formulación más clara sería la siguiente: población. Por ejemplo, los estudios de sólo dos o
«¿Su salud es mejor ahora que hace un año?» (Smith, tres mil votantes británicos pueden proporcionar un
1975, p. 175). Los encuestados pueden responder indicativo bastante preciso de las actitudes e inten-
«sí»o «no» a ambas preguntas; en el caso anterior el ción de voto del total de la población. Pero para lo-
investigador no podría hacer una interpretación. Las grar dicha precisión, una muestra debe ser represen-
preguntas deben ser lo más sencillas posibles para tativa. Un muestreo representativo significa que el
evitar respuestas ambiguas. grupo de individuos estudiado debe ser un grupo tí-
pico de la población en su totalidad. El muestreo es
Las preguntas de un cuestionario suelen elaborar- más complejo de lo que pueda parecer, y los estadís-
se de modo que un equipo de entrevistadores pueda ticos han elaborado varias reglas para lograr el ta-
hacer las preguntas según un orden preestablecido y maño y la naturaleza adecuados de las muestras.
recogerlas siguiendo un mismo criterio. Todas las
preguntas deben ser fácilmente comprensibles tanto Un procedimiento particularmente importante es
para el entrevistador como para el entrevistado. En el muestreo aleatorio, en el que se elige una muestra
las grandes encuestas nacionales que las agencias del en la que cada miembro de la población en cuestión
gobierno y los gabinetes de investigación realizan re- tenga las mismas posibilidades de estar incluido. La
gularmente, las entrevistas se realizan más o menos forma más sofisticada de obtener una muestra al azar
simultáneamente en todo le país por numerosos in- es dar un número a cada miembro de la población y
vestigadores. Los que realizan las entrevistas, así utilizar después un ordenador que genere números
como aquellos que analizan los resultados, no podrían aleatorios, de los cuales saldrá la muestra —por ejem-
realizar su trabajo con eficiencia si tuvieran que es- plo, elegir al azar un número cada diez en una serie.
tar constantemente contactando unos con otros para
evitar posibles ambigüedades en las preguntas o en
las respuestas. Ejemplo: «¿El pueblo elige?»
Los cuestionarios deben estar cuidadosamente di-
señados de acuerdo a las características de los entre- Uno de los más famosos ejemplos pioneros de las
vistados. ¿Captarán el punto que el investigador tie- encuestas fue «¿El pueblo elige?», un estudio reali-
ne en mente al formular una pregunta concreta?. ¿Tie- zado por Paul Lazarsfeld y una serie de colaborado-
nen suficiente información para que su respuesta sea res hace alrededor de medio siglo (Lazarsfeld,
válida?. ¿Responderán?. Los términos con los que Berenlson y Gaudet, 1948). El estudio fue pionero de
varias de las principales técnicas de encuesta que se

15
Anthony Giddens

han empleado hasta hoy. Sin embargo, sus desventa- deos únicamente muestran lo que la gente dice sobre
jas muestran claramente las limitaciones del método sí misma —no lo que realmente piensan y hacen.
de la encuesta. «¿El pueblo elige?» estaba basado en
una investigación sobre las intenciones de voto de los
residentes de Erie Country, Ohio, durante la campa-
ña presidencial de los Estados Unidos en 1940 e in- Valoración
fluyó en el diseño de otros muchos sondeos políticos
posteriores, no sólo en aquellos llevados a cabo por Los sondeos continúan utilizándose ampliamente
investigadores académicos (Clemens, 1983). Con la en la investigación sociológica por diversas razones
intención de indagar con un mayor grado de profun- (C. Marsh, 1982; Miller, 1983). Las respuestas a los
didad de lo que lo haría un simple cuestionario, los cuestionarios pueden cuantificarse y analizarse con
investigadores entrevistaron a cada miembro de una mayor facilidad que el material generado por la ma-
muestra de votantes en siete ocasiones distintas. El yoría de los restantes métodos de investigación, pue-
objetivo era describir, y entender las razones de, los den estudiarse grandes proporciones de personas y,
cambios en la intención del voto. con los medios suficientes, los investigadores pueden
emplear un gabinete de investigación especializado
La investigación arrancó con una serie de hipóte- en sondeos para recoger el material que necesitan.
sis concretas en perspectiva. Una sostenía que las
relaciones y los sucesos próximos a los votantes de No obstante, muchos sociólogos critican lo que
una comunidad influyen en la intención de voto en consideran una excesiva confianza en el método de
mayor grado que los asuntos internacionales lejanos, la encuesta. Los resultados de los sondeos son fácil-
y los resultados globales lo confirmaron. Los investi- mente cuantificables y analizables estadísticamente;
gadores elaboraron sofisticadas técnicas de medición pero los críticos sostienen que dicha cuantificación
para el análisis de las actitudes políticas; su trabajo da una apariencia de precisión a los resultados cuya
también estaba fuertemente influenciado por ideas veracidad puede ser cuestionable, dada la naturaleza
teóricas y supuso una contribución de enorme rele- relativamente superficial de las respuestas de la ma-
vancia para el pensamiento teórico. Entre los con- yor parte de los cuestionarios. Existen otros inconve-
ceptos que trataron de introducir estaban los de «lí- nientes. La cifra de cuestionarios sin responder es con
deres de opinión» y el «flujo bifástico de la comuni- frecuencia elevada, especialmente cuando éstos se
cación». Ciertos individuos —los líderes de opinión— envían por correo. No es infrecuente que se publi-
tienden a conformar las opiniones políticas de los que quen estudios basados en resultados obtenidos de poco
les rodean. Son los primeros a la hora de influir en más de la mitad de los componentes de una muestra
las reacciones ante los acontecimientos políticos, ha- —aunque normalmente se realiza un esfuerzo por vol-
ciendo una interpretación de los mismos para los que ver a contactar con los que no responden o por susti-
están a su alrededor. Las ideas que tienen las perso- tuirlos por otros. Se sabe muy poco sobre aquellos
nas del sistema político no se construyen de modo que deciden no participar en un sondeo o que se nie-
lineal, sino en un proceso «doble»: las ideas expresa- gan a ser entrevistados cuando un investigador llama
das por los líderes de opinión, filtradas por las rela- a su puerta, pero sí sabemos que muchos consideran
ciones personales, influyen en las respuestas de otros que los cuestionarios son un engorro y una pérdida
individuos ante los asuntos políticos del día. de tiempo (Converse y Shuman, 1974; Fitzgerald y
Fuller, 1982; Goyder, 1987).
El estudio despertó la admiración de muchos, pero
también ha sido ampliamente criticado. Lazarsfeld y Las condiciones bajo las cuales se administran los
sus colaboradores sostenían que estaban muy «inte- cuestionarios, así como el lenguaje generalmente
resados en todas aquellas condiciones que determi- empleado para describir los resultados alejan a me-
nan el comportamiento político de las personas». nudo a los sondeos de la complejidad de los indivi-
Como señalaron sus críticos, su investigación, de duos de carne y hueso que responden a las pregun-
hecho, sólo prestaba atención a determinados aspec- tas. Cuando los cuestionarios se envían por correo,
tos del comportamiento político. El estudio apenas el investigador se encuentra tan alejado de los indivi-
trataba el tema de las instituciones del sistema políti- duos objeto de estudio que puede llegar a olvidarse
co y de su funcionamiento, concentrándose por el del hecho de que son seres vivos los que leen y de-
contrario en las actitudes políticas. El empleo repeti- vuelven el material que reciben en el buzón. Los cues-
tivo de entrevistas —o lo que ha dado en llamarse un tionarios por teléfono —cada vez más utilizados para
estudio de panel— pretendía demostrar que sus re- las elecciones en las que se requieren análisis inme-
sultados eran menos superficiales que muchos tipos diatos de las opiniones sobre un tema— son prácti-
de sondeos. Pero por su propia naturaleza los son- camente anónimos. El lenguaje que se emplea para

16
Trabajando en Sociología: Métodos de investigación

analizar los cuestionarios, referidos a «sujetos», recogida de datos sociológicos más ampliamente uti-
«respondentes» o «entrevistados», expresa un con- lizado.
cepto abstracto e impersonal de los individuos. El
Uno de los documentos que se consultan con más
hecho de tratar a los seres humanos fundamentalmente
frecuencia en las investigaciones sociológicas son los
como entes pasivos y reactivos es más que un simple
informes públicos y privados (generalmente denomi-
medio apropiado para analizar las respuestas de los
nados fuentes de archivo; un archivo es sencillamen-
cuestionarios —con mucha frecuencia expresa una
te un lugar en el que se depositan informes escritos);
idea limitada y limitadora de los procesos mentales
por ejemplo, documentos gubernamentales, informes
humanos.
eclesiásticos, cartas o informes jurídicos. Los docu-
Según la medición hecha por un cuestionario, dos mentos empleados en las investigaciones prácticamen-
personas pueden, por ejemplo, compartir una actitud te siempre incluyen información y trabajos previos
aparentemente similar, pero las razones que les lle- realizados por otros investigadores en el campo de
van a sostener esa idea pueden ser muy distintas. Así, estudio en cuestión. Numerosas investigaciones con-
a una pregunta sobre política exterior ambos respon- sisten tanto en la recopilación y el análisis de los tra-
derán que creen «con total convencimiento» que Gran bajos de otros investigadores como en la obtención
Bretaña debería reducir sus compromisos militares de nuevos datos.
en el exterior, y ambos contabilizarán como si com-
Un ejemplo de la utilización de documentos his-
partiesen la misma actitud. Pero las orientaciones rea-
tóricos es el estudio de Anthony Ashworth sobre so-
les de uno y otro pueden ser radicalmente diferentes.
ciología de las trincheras durante la Primera Guerra
Uno puede creer en una «Gran Bretaña fortificada»
Mundial (Ashworth, 1980). Ashworth estaba intere-
en reducir los compromisos en el exterior desde un
sado en analizar cómo era la vida para aquellos hom-
punto de vista aislacionista, según el cual los demás
bres que tenían que soportar la exposición constante
deben resolver sus propios problemas; el otro puede
a los bombardeos, hacinados durante semanas y de
apoyar el desarme global, y ser de la opinión de que
pie. Para estudiar las relaciones sociales creadas se
Gran Bretaña debería utilizar su influencia en el mun-
apoyó en diversas fuentes documentales: relatos ofi-
do de un modo diferente al despliegue de fuerzas.
ciales de guerra, incluidos aquellos escritos por dife-
Cuando los entrevistadores tienen cierta flexibili- rentes divisiones y batallones, material de archivo,
dad para buscar respuestas en profundidad pueden las notas e informes redactados informalmente por
tratar de resolver los problemas mencionados. En soldados, diarios de la experiencia bélica y otras me-
general, cuando más intenso y directo sea el encuen- morias.
tro entre el investigador y los individuos estudiados
Aunque estos materiales eran, obviamente, muy
tanto más informativas y fundamentales serán las con-
distintos entre sí en algunos aspectos, utilizando tal
clusiones que se deriven de él. Los resultados de los
variedad de fuentes Ashworth consiguió hacer una
sondeos necesitan, siempre que sea posible, verse
rica y detallada descripción de la vida en las trinche-
complementados por material en profundidad del tipo
ras. Descubrió, por ejemplo, que algunos grupos de
que proporciona el trabajo de campo.
soldados crearon propias normas sobre la frecuencia
con la que entrarían en combate con el enemigo, a
menudo ignorando las órdenes de los oficiales. Por
Investigación documental ejemplo, el día de Navidad los soldados de ambos
bandos, los alemanes y los aliados, suspendieron las
La mayoría de los debates acerca de la investiga- hostilidades, y en uno de los puestos improvisaron
ción en sociología ponen énfasis en el trabajo de cam- un partido de fútbol.
po, las encuestas o en una combinación de ambos. Uno de los principales subtipos de investigación
La investigación documental —el empleo sistemá- documental consiste en el reanálisis de bloques de
tico de material impreso o escrito en una investiga- datos —resultados obtenidos— generados por otros
ción— se contempla a menudo como algo llamado al investigadores. Los gobiernos y otras organizaciones
fracaso. Pero apenas existen investigaciones de cam- publican regularmente «estadísticas oficiales» sobre
po o encuestas que no conlleven un escrutinio de multitud de fenómenos sociales: población, delitos,
material documental. Por ejemplo, en «¿El pueblo matrimonios y divorcios, suicidio, tasas de desem-
elige?» se empleó una gran cantidad de periódicos y pleo, etc. Desde los inicios de la sociología éstos han
otros materiales tanto en la preparación como en la sido utilizados como base de la investigación socio-
redacción de la investigación. De un modo u otro, la lógica. Los investigadores pueden utilizar o reanalizar
investigación documental es uno de los métodos de los datos derivados de dichas estadísticas, aplicando

17
Anthony Giddens

el material a la resolución de algún problema de su que se producen realmente; muchos no llegan nunca
propia investigación. siquiera a oídos de la policía. Los grandes almace-
nes, por ejemplo, denuncian a la policía únicamente
Los datos generados por los gobiernos son enor-
una fracción de los casos de robo que se producen
memente abundantes, e incluyen distintos tipos de
cada semana —normalmente aquellos casos en los
fuentes. Los censos de población, por ejemplo, se rea-
que el detective del establecimiento coge a alguien
lizan periódicamente y proporcionan datos sobre nu-
con las manos en la masa. (Para una discusión más
merosas cuestiones sociales y económicas. Conside-
amplia sobre las estadísticas de delito, ver capítulo
rando que es obligatorio estar en el censo, el material
5: «Conformidad y desviación».)
proveniente de ellos es, como rara vez ocurre, glo-
bal. Los gobiernos también realizan otras series de
encuestas para obtener una información más regular
que la generada por los censos periódicos (Carley, Experimentos
1981; Hakim, 1982).
En un aspecto concreto, los experimentos ofrecen
grandes ventajas sobre otros procedimientos de in-
vestigación. En una situación experimental, el inves-
Escollos en la investigación documental
tigador controla directamente las variables relevan-
tes. Un experimento puede ser definido como un in-
Obviamente, las fuentes documentales varían am-
tento, bajo condiciones artificiales creadas por el in-
pliamente en cuanto a precisión, y el investigador que
vestigador, de analizar la influencia de una o más
haga uso de ellas tiene que evaluar su autenticidad.
variables sobre otra. Los experimentos se emplean
Los artículos de periódicos, por ejemplo, son nota-
mucho en las ciencias naturales, pero el ámbito para
blemente variables en sus estándares de autenticidad,
la experimentación en sociología es reducido
particularmente en los periódicos y revistas más «po-
(Silverman, 1982). Sólo los grupos pequeños de in-
pulares». Hace unos años se publicó una carta en el
dividuos son manejables en un laboratorio, y en tales
Guardián. El o la firmante, que se llamaba a sí mis-
experimentos la gente sabe que está siendo estudiada
mo/a «Estudioso de la Prensa», había recogido las
y puede comportarse de modo diferente al normal.
versiones de ocho periódicos distintos sobre la boda
en Venecia de una joven de la alta sociedad, Ira de No obstante, los métodos experimentales pueden
Furstenberg, a la que se había dado una enorme pu- resultar útiles en sociología en determinadas ocasio-
blicidad. El redactor de la carta decía que la prensa nes. Un ejemplo es el ingenioso experimento llevado
«había puesto de manifiesto su cometido y su fuerte a cabo por Philip Zimbardo (Zimbardo, 1972), quien
individualidad. Se niega a someterse a cualquier montó una cárcel simulada en la que introdujo a es-
estándar convenido incluso cuando se trata de hechos tudiantes voluntarios para desarrollar el papel de guar-
simples». El retraso de la novia en llegar a la cere- dias y prisioneros. Su objetivo era observar los cam-
monia variaba desde 30 hasta 70 minutos. Alguien bios de actitudes y comportamientos que podía origi-
había caído al Gran Canal, pero existían cuatro ver- nar el hecho de desempeñar estos papeles. Los resul-
siones distintas sobre la identidad del accidentado. tados sorprendieron a los investigadores, aunque en
El número de fotógrafos que se dijo que asistieron cierta medida los habían previsto. Los que hacían de
variaba desde 50 hasta 250, y los invitados desde 250 guardias asumieron rápidamente una actitud autori-
hasta 600 (Mann, 1985, p. 75). taria, mostrando verdadera hostilidad hacia los «pri-
sioneros». Comenzaron a implantar orden entre los
Las estadísticas oficiales publicadas son, sin duda,
«prisioneros», a abusar verbalmente de ellos y a
más fidedignas que las noticias periodísticas. Sin
intimidarles. Los otros, por el contrario, mostraron
embargo, incluso ese tipo de estadísticas requieren
una mezcla de apatía y rebeldía que en ocasiones se
de una interpretación por parte del investigador, quien
ha observado entre los encarcelados en situaciones
debe ser consciente de las múltiples limitaciones que
reales. Los efectos producidos fueron muy marcados
pueden contener. Por ejemplo, todos los países po-
y el nivel de tensión tan alto que hubo que suprimir el
seen estadísticas oficiales de las tasas de los diferen-
experimento en sus primeras fases. El investigador
tes tipos de delitos, pero éstas proporcionan muy es-
concluyó que el comportamiento en las cárceles está
casa información sobre la distribución real del com-
más influido por la naturaleza de la situación
portamiento delictivo ya que los delitos registrados
carcelaria que por las características individuales de
son únicamente aquellos que son denunciados a la
los implicados.
policía. En el caso de un delito como el robo, los da-
tos incluyen una pequeña proporción de las ofensas

18
Trabajando en Sociología: Métodos de investigación

A menudo nos encontramos con los libros de sociología Leer una tabla
y de estadística. A veces parecen muy complejas, pero en
realidad casi siempre son fáciles de descifrar si se siguen
sus principios básicos; con la práctica llegarán a ser auto- Posesión de vehículos: comparaciones internacionales entre va-
máticos. No sucumban a la tentación de pasar de largo por rios países seleccionados.
las tablas; contienen información concentrada que se «pro- Número de vehículos por cada 1.000 individuos adultos *
cesa» con mayor rapidez que si dicho material viniese ex-
presado con palabras. La adquisición de la habilidad para
leer tablas también ayuda a disentir si las conclusiones que 1971 1981 1984
un autor extrae del material en cuestión están o no justifica-
das.
Los pasos a seguir para leer una tabla son los siguien- Alemania Oriental 247 385 412
tes. Brasil 12 78 84
1. Leer el título con atención. A menudo las tablas tie- Chile 19 45 56
nen largos títulos que constituyen un intento por parte del
investigador o estadista de expresar claramente la naturale- Estados Unidos 448 536 540
za de la información aportada. El título de la tabla que se Francia 261 348 360
incluye en este recuadro contiene, primero, el tema del ma-
terial de la tabla, segundo, le hecho de que aporta material Grecia 30 94 116
para su comparación y, tercero, que aporta material sobre Irlanda 141 202 226
un número limitado de países.
Italia 210 322 359
2. Comprobar si aparecen comentarios o notas explica-
tivas sobre los datos. Una nota a pie de página referida a la Japón 100 209 227
columna de encabezamiento de la tabla que sirve de ejem- Reino Unido 224 317 343
plo señala que los datos se refieren exclusivamente a los
coches con licencia. Es importante porque la proporción de Suecia 291 348 445
vehículos con licencia es menor en unos países que en otros.
Yugoslavia 43 114 125
Las notas pueden aclarar el método empleado para la reco-
pilación del material, o por qué se expone de un modo deter-
*
minado. Si los datos de la tabla no han sido recopilados por Incluye todos los vehículos con licencia.
el investigador pero están basados en unos resultados pu-
Fuente: Boletín Anual de Estadísticas del Transporte de
blicados anteriormente deberá indicarse la fuente. La fuente
las Naciones Unidas, Federación Internacional de Carrete-
puede darnos una idea aproximada de la fiabilidad de la in-
ras, aparecido en Social Trends (Londres: HMSO, 1987), p.
formación, así como indicarnos dónde podemos encontrar
68.
los datos originales en los que se basa la tabla. En nuestra
tabla, la nota sobre la fuente indica que los datos provienen
de varias fuentes.
En las cifras de nuestra tabla se pueden apreciar una
3. Leer los encabezamientos en la parte superior e iz- serie de interesantes tendencias. En primer lugar, el núme-
quierda de la tabla. (En ciertas ocasiones los «encabeza- ro de poseedores de vehículos varía considerablemente de
mientos» van en la parte inferior en vez de en la superior.) unos países a otros: el número de poseedores de vehículos
Indican el tipo de información contenida en cada fila y co- por cada 1.000 habitantes es casi diez veces mayor en
lumna. Al leer la tabla, debemos recordar cada grupo de en- EE.UU. que en Chile. Segundo, la tabla revela unas claras
cabezamiento. En nuestro ejemplo encontramos a la izquier- conexiones entre la posesión de vehículos como un indica-
da los países y en la parte superior los años en que se con- dor aproximado de la prosperidad diferencial. Tercero, en
tabiliza el número de vehículos. todos los países representados el nivel de posesión de ve-
hículos ha aumentado entre 1971 y 19984, pero en algunos
4. Identificar las unidades que se manejan —las cifras
de ellos la tasa de incremento es mayor que en otros —ello
en el cuerpo de la tabla pueden representar el número de
indica probablemente diferencias en el grado de éxito de los
casos, los porcentajes, los promedios u otras medidas. A
distintos países para generar crecimiento económico.
veces puede resultarnos útil pasar de unas unidades a otras;
si, por ejemplo, no se dan los porcentajes puede ser útil cal-
cularlos. En nuestro caso no se dan los porcentajes, pero
su cálculo sería muy sencillo.
5. Considerar las conclusiones que puedan extraerse de
la información que proporciona la tabla. Casi siempre el au-
tor explica la tabla que ha elaborado, y debemos tener en
cuenta sus orientaciones al valorar el material tabulado.
Debemos atender además a los posibles temas o preguntas
que pueda sugerir la tabla.
19
Anthony Giddens

Otros métodos: entrevistas, historias de vida, (Bertaux, 1981). Un famoso estudio pionero que em-
diarios y análisis de la conversación. pleó básicamente este tipo de material fue The Polish
in Europe and América, de W. Y. Thomas y Florian
Znaniecki, cuyos cinco primeros volúmenes fueron
Entrevistas publicados entre 1918 y 1920 (Thomas y Znaniecki,
1966). Thomas y Znaniecki aportaron un relato mu-
No existe una distinción clara entre encuesta y cho más sensible y sutil de la experiencia de la emi-
entrevista, ya que cuando se administra el cuestio- gración de lo que hubiera sido posible de no haber
nario directamente el investigador entrevista de he- dispuesto del material de las historias de vida que
cho a los entrevistados. Una entrevista mediante cues- recogieron. Un trabajo más reciente, que se convirtió
tionario se denomina en ocasiones «formal» o «con- en un best-seller, fue el libro de Studs Terkel Working
trolada», para distinguirla de las entrevistas menos (Terkel, 1977). El subtítulo del libro era «La gente
estructuradas en las que se permite que el entrevista- habla de lo que hace a diario y de cómo se siente con
do hable libremente sobre distintos aspectos de un lo que hace», y ofrecía un relato rico y conmovedor
tema. Algunos estudios realizados mediante entrevis- de las ideas de los americanos sobre sus rutinas dia-
tas no utilizan el cuestionario en absoluto: las entre- rias de trabajo.
vistas pueden llegar a ser muy extensas; allí donde el
objetivo es generar una información en profundidad Las historias de vida no cubren necesariamente la
puede utilizarse un reducido número de entrevista- totalidad de la vida de una persona, ni tampoco todos
dos. Las entrevistas extensas proporcionan un mate- los aspectos principales de ella. Por ejemplo, Edwin
rial más rico que el que suelen obtenerse en las en- H. Sutherland publicó un estudio basado en la histo-
cuestas, pero los inconvenientes que tienen consisten ria de vida de Chic Conwell, un ladrón profesional;
en que la influencia del entrevistador puede ser ma- el material presentado se restringía a las actividades
yor y afectar posiblemente a los resultados, y resulta delictivas de Conwell (Sutherland y Conwell, 1937).
más difícil comparar las respuestas de un modo rigu- Las historias de vida podrían clasificarse dentro de
roso (Brenner, 1978). lo que de un modo más general se conoce como his-
toria oral: relatos orales del pasado proporcionados
por aquellos que vivieron los sucesos.

Historias de vida

Las historias de vida consisten en un material Diarios


biográfico recogido sobre individuos concretos —
normalmente relatado por ellos. Ningún otro método Cuando los sociólogos quieren conocer las actitu-
de investigación puede proporcionarnos tantos deta- des cotidianas de los individuos de un contexto so-
lles sobre la evolución de las creencias y actitudes de cial determinado emplean a veces los diarios. El tra-
una persona a lo largo del tiempo. Las historias de bajo de campo y las encuestas no proporcionan sufi-
vida son particularmente valiosas cuando lo que in- ciente información sobre la esfera cotidiana de la vida
teresa al investigador son las conexiones entre el de- de las personas, y si lo que se pretende es retratar lo
sarrollo psicológico y los procesos sociales. Sin em- que la gente hace en distintas situaciones ordinarias
bargo, tales estudios rara vez se basan únicamente y en distintos momentos del día o del mes resulta de
en los recuerdos de la persona. Normalmente se em- gran ayuda que sean ellos mimos los que tomen no-
plean fuentes documentales —como cartas, informes tas de ello. De nuevo, existen pocos estudios que
contemporáneos o descripciones de periódicos— para empleen los diarios como única información; en la
ampliar y comprobar la validez de la información mayor parte de los casos se emplea junto al material
obtenida. Hay distintas posturas ante el valor del recogido por otros métodos.
material que proporcionan las historias de vida. Al-
gunos consideran que la información que proporcio-
na este método no merece suficiente confianza; pero
Análisis de la conversación
otros creen que las historias de vida son una fuente
de introspección que muy pocos métodos de investi-
Cada día se utilizan más las grabadoras y los vi-
gación pueden igualar.
deos en la investigación sociológica. Se emplean a
Las historias de vida se han empleado con éxito menudo en el análisis de la conversación, el estudio
en estudios de enorme importancia y se emplean ex- de cómo se desarrollan las conversaciones en situa-
tensamente tanto en antropología como en sociología ciones reales. Con una grabadora se pueden registrar

20
Trabajando en Sociología: Métodos de investigación

Cuadro de los principales métodos empleados en la investigación sociológica

Método de Ventajas Limitaciones


Investigación
Trabajo de campo 1. Suele generar una informa- 1. Solo puede utilizarse en estudios
ción más rica y "en profundi- de grupo o comunidades pequeñas
dad" que otros métodos

2. Permite flexibilidad al 2. Los resultados solo son aplicables


investigador para alterar a los grupos o comunidades estudia-
estrategias y poder explotar das; no resulta fácil generalizar sobre
nuevas tendencias que la base de un único trabajo de cam-
surjan. po.

Encuestas 1. Posibilita una eficaz 1. El material puede ser superfi-


recogida de datos en grupos cial; cuando se maneja un cuestio-
muy numerosos. nario altamente estandarizado se
desdibujan importantes diferen-
cias entre los puntos de vista de
los respondentes,

2. Permite una comparación 2. Las respuestas pueden expresar lo


precisa entre las repuestas que la gente cree que piensa y no lo
de los respondentes. que realmente piensan.

Investigación 1. Puede proporcionsar 1. El investigador depende de


Documental fuentes de material "en las fuentes existentes, y éstas
profundidad" así como datos pueden ser parciales.
sobre grandes poblaciones,
según el tipo de documento
utilizado.

2. Resultan a menudo 2. Las fuentes pueden ser


esenciales para los difíciles de interpretar en
estudios puramente términos de hasta qué punto
históricos o aquellos representan tendencias reales,
que presentan una como en el caso de algunos
dimensión histórica. tipos de estadísticas oficiales.

Experimentos 1. La influencia de variables 1. Numerosos aspectos de la vida


específicas puede ser contro- social no pueden llevarse al laborato-
lada por el investigador. rio.

2. En posteriores investi- 2. Las respuestas de los individuos


gaciones normalmente pueden verse afectadas por la
resulta sencillo repetir un situación experimental.
experimento.

21
Anthony Giddens

todas las características audibles de una conversa- Un ejemplo: Wallis y la cienciología


ción entre dos o más personas. Considerando que
cuando hablamos utilizamos también expresiones fa- Roy Wallis decidió investigar el movimiento co-
ciales y gestos con significado, el vídeo proporciona nocido como cienciología. El fundador de la
un registro aún más completo del desarrollo de un cienciología, L. Ron Hubbard, elaboró distintas doc-
intercambio conversacional. Aunque se pierda parte trinas religiosas que fueron la base de una iglesia.
de la riqueza del contexto original, con la ayuda de Para la cienciología todos somos seres espirituales
una notación apropiada las conversaciones grabadas —Thetanos— pero hemos descuidado la naturaleza
pueden transcribirse en papel impreso. (Para una ex- espiritual. Podemos recuperar poderes sobrenatura-
posición más amplia del tema, ver capítulo 4: les olvidados mediante procesos de entrenamiento que
«Interacción social y vida cotidiana.» nos hagan ser conscientes de nuestras capacidades
reales. Wallis admitió que lo que le llevó a interesar-
En los últimos años se han publicado numerosos
se por la investigación fue la naturaleza «exótica» de
estudios de análisis de la conversación que suponen
la cienciología. ¿Cómo era posible que la gente cre-
una introspección en la naturaleza de la interacción
yese en unas ideas aparentemente tan estrafalarias?
humana. Un ejemplo es el estudio de Willeam B.
(Wallis, 1976). La cienciología despertó muchas con-
Sanders sobre un tipo especial de conversación: los
troversias, pero había captado una gran masa de adep-
interrogatorios policiales. El interrogatorio conlleva
tos. ¿Por qué este movimiento en particular, uno más
conversación, pero no «cualquier conversación»;
de los numerosos grupos religiosos nuevos, había al-
como se dice en una de las frases favoritas de los
canzado tal relieve?.
melodramas policíacos: «Soy yo quien hace las pre-
guntas!» Sanders analizó el carácter particular de los Poner en marcha la investigación planteaba pro-
interrogatorios y puso de manifiesto una serie de ras- blemas. Wallis sabía que era muy probable que los
gos que de otro modo pasarían inadvertidos. Por ejem- líderes del movimiento se mostraran reacios a coope-
plo, los interrogadores no suelen hablar mucho, pero rar en la investigación sociológica porque ya habían
estimulan a la víctima para que hable con gruñidos y sido «investigados» por varias agencias gubernamen-
pausas deliberadamente (Sanders, 1974). tales. En sus lecturas sobre la historia del movimien-
to le llamo la atención un libro de un antiguo miem-
El análisis de la conversación sólo se puede em-
bro. Contactó con él y eventualmente lo hizo con una
plear con pequeños grupos, y frecuentemente cubre
serie de personas allegadas a éste que en su mayoría
aspectos de la vida cotidiana que pueden parecer tri-
habían roto sus vínculos con la cienciología. Prácti-
viales pero cuya importancia para la sociología es
camente todos accedieron a ser entrevistados, y algu-
mayor de lo que se pueda pensar. La conversación y
nos seguían manteniendo contacto con los creyentes.
el habla son, después de todo, rasgos universales de
Estos primeros entrevistados le proporcionaron a
la actividad social tanto en las situaciones de
Wallis una serie de documentos y de bibliografía que
interacción informales como en las más «estruc-
poseían por el hecho de haber pertenecido al movi-
turadas». (Véase capítulo 4: «Interacción social y vida
miento y entre los cuales se encontraba una lista de
cotidiana».)
la organización de la cienciología. Wallis elaboró un
cuestionario y lo envió a una muestra de los nombres
de la lista. Estaba tan anticuada que una gran pro-
Triangulación porción de los miembros de la muestra ya no vivía en
la dirección que aparecía en la lista. Algunos esta-
Todo método de investigación tiene sus limitacio- ban en la lista simplemente por haber comprado un
nes. Por ello es normal que se combinen métodos en libro sobre cienciología y no tenían la mínima rela-
una investigación empleando cada uno de ellos para ción con el movimiento.
comprobar los restantes, proceso que se conoce con La encuesta demostró ser de escaso valor como
el nombre de triangulación. Para evaluar las venta- muestra de la cienciología en general, aunque se ob-
jas de combinar distintos métodos —y, de un modo tuvieron algunas conclusiones. Lo que sí hizo fue pro-
más general, los problemas y los escollos de la inves- porcionarle a Wallis algunos contactos más. Algu-
tigación sociológica real— nos vamos a centrar en nos de los seleccionados para rellenar el cuestionario
un estudio concreto. accedieron de buen grado a ser entrevistados. Wallis
viajó por todos los Estados Unidos y gran Bretaña
realizando entrevistas y recopilando más información
documental. Comenzó con un número fijo de pregun-
tas, pero pronto entendió que sería más productivo

22
Trabajando en Sociología: Métodos de investigación

adoptar un estilo más relajado y flexible que permi- Problemas éticos de la investigación: los
tiera a los entrevistados hablar largo y tendido sobre investigados replican
cuestiones que consideraban importantes. Algunos de
ellos aceptaron que les grabaran; otros se negaron.
Desde muy pronto Wallis se dio cuenta de que le Toda investigación sobre los seres humanos, no
resultaba imprescindible conocer mejor las doctrinas sólo la sociología, puede plantear dilemas éticos
de la cienciología, y se inscribió a un curso (Barnes, 1979). Los experimentos médicos se hacen
introductorio sobre «comunicaciones» organizado por rutinariamente con sujetos humanos, a veces enfer-
un grupo perteneciente al movimiento. Comenzó así mos y moribundos, y no es fácil decir si tales experi-
su observación participante, pero no se identificó mentos son éticamente justificables o no. Para que
como investigador. Durante su estancia en el aloja- sean eficaces, los experimentos en medicina requie-
miento perteneciente a la cienciología, Wallis tuvo ren que se engañe a determinados pacientes. Para
dificultades para seguir ocultando su papel de obser- experimentar con una droga nueva, a un cierto nú-
vador participante. La conversación con otros miem- mero de pacientes se les administra la droga; pero a
bros, así como los propios progresos en el curso, exi- otros se les dice que se les está administrando cuando
gían una implicación con una serie de ideas que él no en realidad no es así. Creer que a uno le están dando
compartía. El hecho de expresar su desacuerdo con una droga curativa puede tener efectos positivos en
dichas ideas le procuró tantas dificultades que se hizo la salud; esto únicamente puede controlarse adminis-
evidente que no podía continuar sin aceptar pública- trando la droga real a la mitad de los pacientes impli-
mente algunos de los principios generales de la cados en las pruebas experimentales. ¿Es esto ético?.
cienciología. Decidió no concluir el curso y se mar- Sin duda alguna roza los límites de lo justificable se
chó sin decir nada. cabe la mínima posibilidad de que la droga real pue-
da tener resultados beneficiosos o incluso salvar vi-
Más tarde escribiría a los líderes del movimiento das. Por otro lado, si no se sigue este procedimiento
diciéndoles que era un sociólogo que estaba realizando sería difícil o incluso imposible descubrir lo eficaz
una investigación sobre la cienciología. Señalando el que pudiera llegar a ser la droga.
hecho de que el movimiento había sufrido constantes
ataques sugirió que su investigación podría propor- Problemas similares surgen en la investigación
cionar una imagen más equilibrada. Posteriormente sociológica siempre que se somete a engaño a los
visitó las dependencias de la secta en Gran Bretaña, implicados. Un ejemplo de ello es la célebre, aunque
donde habló con uno de los oficiales. A esta persona muy controvertida, serie de experimentos realizados
le preocupaba que hubiera abandonado el curso de por Stanley Milgram pretendía saber lo dispuesta que
comunicaciones, y sabía que se habían enviado cues- estaba la gente a herir a otros si recibían órdenes de
tionarios a los miembros de la lista de cienciólogos. hacerlo de una fuente de autoridad (Milgram, 1973).
A pesar de ello permitió que Wallis entrevistara a Se instaló un aparato de electro-shock con el cual se
algunos miembros del personal y a varios estudian- exigía a los voluntarios en el experimento que admi-
tes, y le proporcionó varios contactos en Estados nistraran descargas a aquellos que no respondieran
Unidos. En un momento dado Wallis consideró que correctamente a un test de memoria. Los experimen-
poseía suficiente material para publicar un libro so- tos engañaban sistemáticamente a los que se presen-
bre los miembros de la cienciología (Wallis, 1976). taban voluntariamente para participar: no se les de-
cía el verdadero propósito del estudio, sino que se les
Wallis se enfrentó con una serie de dificultades hacía creer que era una investigación de memoria.
concretas porque su investigación estudiaba una or- Aunque ellos creían que estaban administrando des-
ganización celosa de su secretismo; en otros aspec- cargas reales a otros sujetos experimentales, estos
tos, los problemas con los que se encontró, junto con últimos eran en realidad cómplices del investigador
la necesidad de utilizar una combinación de métodos que fingían sus reacciones, pues la «máquina de des-
de investigación, son típicos de cualquier investiga- carga» era de hecho una farsa.
ción sociológica. Todo el material que recogió era
parcial, pero combinado los distintos métodos que ¿Era ético el engaño, considerando particularmente
empleó consiguió elaborar un estudio de gran interés el hecho de que para los investigados la experiencia
que ha sido relevante e influyente. resultaba extremadamente perturbadora?. El consen-
so general de los críticos dice que esta investigación
«fue demasiado lejos», y que el engaño sufrido pudo
resultar psicológicamente dañino para los volunta-
rios. Pero no está absolutamente claro dónde se debe
trazar la línea de demarcación entre engaños «excu-

23
Anthony Giddens

sables» e «inexcusables». La investigación mostraba considerar muy seriamente las posibles consecuen-
que muchas personas estás dispuestas a actuar bru- cias de la publicación de sus resultados, así como la
talmente contra otros si están «bajo órdenes» de ha- forma que éstos deben adoptar. El investigador pue-
cerlo. de querer discutir el tema directamente con los afec-
tados antes de decidir la forma final de la publica-
Wallis no fue sincero en absoluto con aquellos
ción.
cuyo comportamiento estudiaba porque no declaró
su identidad como sociólogo cuando se inscribió en
el curso sobre cienciología. Más aún, aparentemente
dio su consentimiento por escrito a una serie de con- Problemas en la publicación: la experiencia de
diciones que no tenía intención de observar, pues lo Wallis
único que quería era publicar su libro. Trató de evi-
tar cualquier mentira directa, pero no expuso las ra- Antes de publicar su libro Wallis envió el manus-
zones reales que le llevaron a participar; ¿se com- crito a las oficinas de la cienciología. Hizo algunos
portó de un modo ético?. La respuesta no es ni mu- cambios a raíz de sus objeciones, y posteriormente
cho menos obvia (Dingwll, 1980). Si Wallis hubiera envió unos comentarios detallados. Aunque luego hizo
sido franco en todo momento probablemente la in- otros cambios, los miembros de la cienciología en-
vestigación no habría llegado tan lejos, y se podría viaron el manuscrito a un abogado experto en casos
argumentar que intentar averiguar lo que ocurre den- de calumnia. Atendiendo a su consejo se suprimieron
tro de las organizaciones secretas va en interés de la algunas cosas. Un sociólogo que era también miem-
sociedad. Desde esta perspectiva podríamos consi- bro practicante de la cienciología escribió un comen-
derar su estrategia justificada. tario del libro profundamente crítico con los méto-
Las cuestiones éticas también surgen con frecuen- dos de investigación y las conclusiones de Wallis, el
cia en sociología en torno a las consecuencias poten- cual se incorporó más tarde al trabajo como apéndi-
ciales de la publicación o la utilización de los resul- ce. Los miembros de la cienciología también publi-
tados de las investigaciones. Los sujetos de un estu- caron un artículo en el que analizaban su investiga-
dio concreto pueden considerar los resultados ofensi- ción en uno de sus propios periódicos. En él citaban
vos, bien porque se presenta una imagen de ellos que el Panel sobre Privacidad e Investigación Comporta-
consideran poco atractiva o porque ciertas actitudes mental elaborado por el Departamento de Ciencias y
o comportamientos que preferirían mantener en pri- tecnología del Presidente de los Estados Unidos, en
vado se hacen públicos. En la mayoría de las situa- el cual se insistía en que los investigadores que reali-
ciones de la vida social las personas toman parte en cen trabajos con sujetos humanos debían obtener
prácticas que no desearían que fueran de conocimiento «consentimiento avalado». Alegaban que no dispo-
público. Por ejemplo, algunas personas que trabajan nía del consentimiento avalado, y añadieron que el
en fábricas y oficinas roban regularmente material; trabajo publicado por Wallis estaba basado en una
las enfermeras de los hospitales a veces amortajan a información obtenida de un reducido círculo de per-
enfermos terminales antes de morir, y no les propor- sonas, la mayoría hostiles o la Iglesia de la
cionan los cuidados necesarios; los guardias de cár- Cienciología.
celes aceptan en ocasiones sobornos de los presos y Posteriormente Wallis se vio envuelto en otros
nombran a ciertos presos «administradores», permi- embrollos a raíz de su investigación. En 1984 fue
tiéndoles que realicen tareas que les corresponden llamado como testigo potencial en una gran batalla
exclusivamente a ellos. legal entre la Iglesia de la cienciología y la autora de
En la mayor parte de los casos, a pesar incluso de otro libro sobre cienciología. Wallis había contactado
las posibles reacciones hostiles de los implicados, o con la autora mientras realizaba su propio trabajo, y
de otros, es obligación del sociólogo hacer públicos ella le había proporcionado documentos e informa-
los resultados de sus investigaciones. De hecho, es ción sobre los miembros de la cienciología y de sus
una de las principales contribuciones que la investi- propios contactos con ellos. A raíz de una orden del
gación sociológica puede hacer en favor de una so- tribunal de California sobre el caso, se le obligó a
ciedad libre y abierta. «Un buen estudio —se ha di- presentar parte del material —el cual él había recibi-
cho— irritará a más de uno» (Becker, 1976, p. 113). do confidencialmente. Afortunadamente, la informa-
El sociólogo no tiene por qué temer, siempre que el ción en cuestión no era de gran relevancia para nin-
trabajo de investigación sea competente y las conclu- guna de las partes implicadas, pero en el caso de que
siones extraídas estén apoyadas en buenos argumen- hubiera podido ser perjudicial, Wallis habría tenido
tos. Pero los investigadores en sociología tienen que que tomar una difícil decisión: romper una confiden-
cia o enfrentarse a la ley (Wallis, 1987).

24
Trabajando en Sociología: Métodos de investigación

fenómeno consiste en decir que la sociología mantie-


Wallis estaba tratando con un grupo poderoso y ne una relación reflexiva con los seres humanos cuyo
articulado capaz de persuadirle de que modificara las comportamiento estudia. El término «reflexivo» des-
primeras versiones de los informes de su investiga- cribe el intercambio entre la investigación sociológi-
ción, pero muchos de los individuos o grupos estu- ca y el comportamiento humano. No debe sorpren-
diados por los sociólogos y por otros científicos so- dernos el hecho de que, aunque a veces contradigan
ciales no tienen la misma influencia. Si la tuvieran, nuestro sentido común, los hallazgos de la sociología
las difíciles situaciones en las que se encontró Wallis a menudo mantienen una estrecha correlación con el
serían mucho más comunes de lo que son. sentido común. La razón de ello no es simplemente
que la sociología proporcione una serie de conoci-
Los investigadores deberían asegurarse el consen-
mientos que ya conocíamos de antemano; se trata más
timiento avalado en todos salvo en una minoría de
bien del hecho de que la investigación sociológica in-
los estudios de investigación. En determinadas cir-
fluye de un modo continuo en el conocimiento que,
cunstancias este principio no se puede seguir al pie
por sentido común, todos poseemos de la sociedad.
de la letra. Si quisiéramos estudiar la brutalidad po-
licial, habría muy pocas oportunidades de poder ha-
cerlo si les comunicásemos abiertamente a las auto-
ridades y a los funcionarios de la policía nuestras in- Resumen
tenciones. El objetivo de la investigación tendría que
amoldarse para conseguir alguna cooperación, aun-
que ello estaría justificado dada la importancia po- 1. Toda investigación parte de un problema que
tencial de los resultados para la comunidad. preocupa o desconcierta al investigador, Los proble-
mas pueden surgir de la existencia de un vacío en la
La ineludible obligación del sociólogo, o de cual- literatura existente, de los debates teóricos o de cier-
quier otro científico social, es promover la discusión tas cuestiones prácticas en el mundo social. Se pue-
libre y abierta sobre cuestiones sociales. Ocasional- den distinguir varias fases en el desarrollo de las es-
mente puede ocurrir que el engaño —paradójicamen- trategias de investigación —aunque éstas rara vez se
te— sea el medio de conseguirlo, sacando a la luz siguen al pie de la letra.
hechos que de otro modo permanecerían ocultos al
público.
2. Toda investigación sociológica que aspire a ser
relevante conlleva la utilización de un enfoque apro-
La influencia de la sociología piado para el análisis de un fenómeno social concre-
to. Se pueden distinguir tres aspectos en el análisis
sociológico: la estrategia de investigación se refiere
La investigación sociológica no interesa únicamen- al diseño de una investigación; la metodología trata
te a la comunidad intelectual de sociólogos. Algunas de los principios generales y de la lógica global de la
personas tienen acceso directo a los resultados y otras investigación; los métodos de investigación se refie-
los conocen por otros medios de difusión. Este hecho ren al modo en que se lleva a cabo una investigación,
tiene implicaciones de gran alcance. La sociología no como trabajo de campo, encuestas, etc.
trata solamente sobre el estudio de las sociedades
modernas; en mayor o menor grado, se ha convertido
en un elemento de la incesante vida de esas socieda- 3. En el análisis de las investigaciones que gene-
des. ran datos cuantitativos se emplean varias técnicas
estadísticas. Las más importantes son las medidas
Tomemos el ejemplo utilizando en el capítulo 1
de la tendencia central y los coeficientes de corre-
(«Sociología: problemas y perspectivas»): la natura-
lación. Las medidas de tendencia central son modos
leza de las transformaciones que está sufriendo el
de calcular los promedios de una serie de cifras; los
matrimonio, el divorcio y la familia. Pocas personas
coeficientes de correlación miden el grado de rela-
que viven en una sociedad actual desconocen estos
ción consistente entre dos variables.
hechos, y ello es resultado de la «infiltración» por
parte de la investigación. Nuestras ideas y nuestro
comportamiento están afectados por el conocimiento 4. En el trabajo de campo u observación partici-
sociológico de un modo complejo y sutil y éstos a su pante el investigador pasa largos períodos de tiempo
vez contribuyen a remodelar el propio campo de la con el grupo o comunidad que está estudiando. Un
investigación sociológica. Un modo de describir este segundo método, las encuestas, lo que hace es enviar

25
Anthony Giddens

o administrar cuestionarios a muestras extraídas de Lecturas complementarias.


poblaciones más amplias. La investigación documen-
tal implica el empleo de material impreso, de archi-
vos u otras fuentes, como fuente de información. Otros John A. Barnes, Who Should Know What? So-
métodos son los experimentos, las entrevistas en pro- cial Science, Privacy and Ethics (Harmondworsth:
fundidad, las historias de vida y los diarios y el aná- Penguin, 1979). Una discusión sobre cuestiones éti-
lisis de la conversación. cas planteadas en la investigación en ciencias socia-
les.

5. Todos los métodos de investigación tienen sus J. Irvine, Y. Miles y J. Evans (eds.), Demystifying
limitaciones. Por ello, los investigadores suelen com- Social Statistics (Londres: Pluto Press, 1979). Un
binar dos o más métodos en su trabajo, cada uno de intento deliberadamente provocativo de revelar los
los cuales se utiliza como comprobación o como su- usos y abusos de los datos estadísticos.
plemento del material obtenido en los restantes. Este Peter H. Mann, Methods of Social Investigation
proceso se denomina triangulación. (Oxford: Basil Blackwell, 1985). Un interesante y
sencillo compendio de los métodos de investigación
utilizados en sociología.
6. La investigación sociológica presenta con fre-
cuencia dilemas éticos al investigador. Estos pueden Catherine Mars, Exploring Data (Cambridge,
surgir del hecho de que los sujetos de la investiga- Polity Press, 1988). Una excelente introducción al
ción se vean engañados por el investigador, o cuando análisis de datos, concentrándose en el estudio de ca-
la publicación de los resultados de la investigación sos reales para ilustrar las técnicas estadísticas.
afecten negativamente a los sentimientos o las vidas Gerry Rose, Demystifying Social Eesearch (Lon-
de los investigados. No existe un modo enteramente dres: Macmillan, 1981). Una discusión sobre los
satisfactorio de tratar estas cuestiones, pero todo in- métodos de investigación basados en el análisis críti-
vestigador debe ser consciente de los dilemas que plan- co de algunos de los estudios sociológicos más céle-
tea. bres.

Conceptos básicos

métodos de investigación
correlación
causalidad.

Términos importantes

hipótesis coeficiente de correlación


relación causal observación participante
(trabajo de campo)
variables encuesta
variable independiente muestreo
variable dependiente investigación documental
control experimento
media entrevistas
moda historias de vida
mediana análisis de la conversación
desviación típica triangulación

26
Introducción al trabajo de la investigación histórica, Capítulo 5,
Editorial Crítica, Barcelona, 1982, pp. 135-194.

Ciro F. S. Cardoso

Etapas y procedimientos del


método histórico
1. El Método Tradicional1 en historia, es preciso saber si hay documentos, cuan-
tos son, y dónde están.
Durante muchos siglos, hubo muy pocas bibliote-
Su desarrollo se debió en primer lugar al surgi-
cas abiertas al público; los archivos practicaban el
miento de disciplinas eruditas, al servicio del análi-
secreto respecto de su acervo documental; y la dis-
sis, filológico y según otros criterios, aplicado a do-
persión era la regla en lo concerniente a las fuentes.
cumentos antiguos y medievales. La erudición fran-
Frente a tales dificultades, los primeros eruditos,
cesa tuvo en Dom Mabillon su nombre más conoci-
filólogos e historiadores, sólo conseguían en general
do, pionero en el análisis de la autenticidad o false-
una documentación incompleta. Por otra parte, el
dad de los documentos de la Edad Media (De re di-
acceso fácil a fuentes a veces despertaba la vocación
plomática, 1681). La sistematización de los procedi-
de historiador en monjes, archivistas, bibliotecarios,
mientos de crítica documental, elaborados poco a poco
etc. Los curiosos o intelectuales de recursos trataban
desde el Renacimiento y sobre todo desde el siglo
de formar colecciones particulares de pergaminos,
XVII, ocurrió en los siglos XVIII y sobre todo XIX:
papiros, copias monásticas de documentos de la anti-
sistematización bastante relativa, pues se trataba de
güedad clásica, etc.
una disciplina fundamentalmente empírica. En el si-
glo pasado, los historiadores alemanes –en especial Posteriormente se luchó para obtener dos cosas:
Leopold von Ranke– y posteriormente, los historia- 1) la transformación de las colecciones privadas de
dores positivistas franceses, estuvieron ligados a la libros y manuscritos en bibliotecas y archivos públi-
formalización del método crítico aplicado a los do- cos, o por lo menos abiertos al público; 2) la concen-
cumentos históricos. tración del acervo bibliográfico y documental en de-
pósitos no muy numerosos, evitando la dispersión que
entorpece el trabajo de investigación. Las revolucio-
a) Los conocimientos previos. Tenemos aquí, en nes tuvieron importante papel en el sentido de trans-
primer lugar, la llamada heurística (búsqueda de las formar en públicas muchas colecciones de reyes o
fuentes); y enseguida las disciplinas auxiliares de la nobles, de instituciones religiosas, etc., a través de la
historia (a veces llamadas, impropiamente, “ciencias confiscación (eventualmente, también pudieron pro-
auxiliares”). vocar destrucciones considerables de fuentes). Sólo
en las nuevas condiciones –que sin embargo ni tienen
La función de la heurística consiste en buscar y
plena vigencia sino en los países más ricos y
reunir las fuentes necesarias a la investigación histó-
culturalmente desarrollados– pudo la heurística fun-
rica. Previamente al tratamiento de un tema cualquiera
cionar satisfactoriamente.
El trabajo de la heurística consiste principalmen-
te en: elaborar listas o repertorios sistemáticos de fuen-
1
Seguiremos principalmente al clásico: Charles–Victor Langlois y Char- tes; proceder a la clasificación racional de los depó-
les Seignobos, Introducäo aos estudos históricos, trad. de L. Almeida sitos de manuscritos y de las bibliotecas; establecer
Morais, Editora Renascença, Sao Paulo, 1946 (existe en castellano; el
original francés es de 1897)

27
Ciro F. S. Cardoso

inventarios descriptivos, índices remisivos, etc.étera, En el conjunto, los especialistas, de períodos más
publicar documentos. antiguos tienen más que ver con estas disciplinas; pero
no es ésta una regla general. El estudioso del siglo
Forman parte de los conocimientos previos que
XVI, o del XVII, deberá tener conocimientos
debe tener el historiador también las disciplinas auxi-
paleográficos (sin los cuales no podrá leer los docu-
liares, que resultaron del trabajo de muchas genera-
mentos manuscritos del período que le interesa),
ciones de eruditos. Se trata de disciplinas técnicas,
filológicos, eventualmente numismáticos, etc. Los
que sirven principalmente de apoyo a las actividades
calendarios distintos coexistentes hoy –el juliano, el
de la crítica externa de documentos. Su máximo peso
gregoriano, el musulmán, el judaico–, o recientes (el
se ejerce en los casos en que las posibilidades de du-
de la Revolución francesa, el del fascismo italiano),
das y problemas son mayores: la historia de la Anti-
prolonga hasta los tiempos modernos y contemporá-
güedad y la Edad Media– He aquí algunas de estas
neos la vigencia de la disciplina cronológica. Por otra
disciplinas2:
parte, cabría agregar otros tipos de conocimientos
- Diplomática: estudia las actas (diplomas) sa- técnicos necesarios, relativos a nuevos medios de pro-
lidas de las cancillerías medievales; ducir, almacenar y trasmitir testimonios de interés
histórico: películas de cine, microfilmes, microfichas,
- Numismática: estudio de las monedas que ya
cintas de computadora, etc. La estadística es hoy, sin
no circulan y, por extensión, de las medallas;
ninguna duda, disciplina auxiliar de primera línea.
- Filología: conocimiento e interpretación de los Finalmente, viejas disciplinas auxiliares se renova-
testimonios escritos y en otro sentido, estudio de las ron al asociarse con modernas tecnologías: la crono-
formas lingüísticas y su empleo; logía es un ejemplo, al utilizar la datación por el car-
- Sigilografía ; se dedica a los sellos, lacres y bono 14, o procedimientos químicos que permiten
otras formas de autenticar documentos o manifestar evaluar la antigüedad de ciertos materiales.
la propiedad; En la medida en que la historia se abrió crecien-
- Paleografía; estudio de las maneras de escri- temente a las ciencias sociales en nuestro siglo, es
bir y de su evolución (incluyendo los materiales en razonable considerar hoy día, entre los “conocimien-
los cuales y con los cuales se escribe), tos previos” que debe tener el historiador, una inicia-
ción, por lo menos, a la problemática y a los modos
- Criptografía: análisis y desciframiento de los de trabajar de la economía, la sociología, la antropo-
textos redactados en el código (alfabetos sustitutivos, logía, la arqueología (ayer técnica auxiliar al servi-
etc.); por extensión desciframiento de escrituras an- cio de la historia y de la antropología, y hoy en vía
tes imposibles de leer (los jeroglíficos, el cuneiforme, de constituirse como ciencia), la ciencia política ...Ya
el línea B de Creta, etc.); los historiadores positivistas, afirmaban a fines del
- Epigrafía; estudio de las inscripciones; siglo pasado, la “dependencia recíproca” entre la his-
toria y la ciencias sociales (vista entonces como una
- Papirología; análisis de los textos escritos en complementariedad pasado/presente), pero la reali-
papiros (en especial textos egipcios faraónicos, y tex- dad del contacto se hace sentir de manera incompa-
tos griegos y bizantinos de Egipto); rablemente mayor en la actualidad.
- Genealogía: estudio de la filiación de los se- La Naturaleza del método histórico. Los histo-
res humanos, de la sucesión de las generaciones (en riadores tradicionales oponían la historia –cuyo co-
especial de las familias reales y nobles); nocimiento se basa en la observación indirecta de
- Heráldica: estudia los símbolos hereditarios, los hechos históricos (es decir, del objeto de su cien-
en particular las armas y los blasones de familias rea- cia como lo veían) a través de fuentes (principalmen-
les y nobles; te documentos escritos)– a las ciencias de observa-
ción directa: Física, química, biología, astronomía,
- Cronología: se ocupa del tiempo y su medida, ciencias sociales “del presente”. La distinción parece
siendo sobre todo “el arte de verificar las fechas” y el hoy un tanto dudosa si la miramos en detalle. La físi-
estudio de los múltiples calendarios humanos. ca; por ejemplo, incluye en sus teorías muchos ele-
mentos cuya observación directa no es posible; lo
mismo les pasa a ciertos “objetos teóricos” de la as-
trofísica (por ejemplo los “agujeros negros” deriva-
dos de la deducción que parte de la teoría de la
2
Ver, al respecto, Charles Samaran, de, L´histoire et ses méthodes, relatividad, y hasta la fecha no comprobados por la
Gallimard, París, 1961; Jean Glénisson, Iniciacao dos estudos históricos,
DIFEL, Río de Janeiro Sao Paulo, 1977 observación); es difícil hablar de “observación direc-

28
Etapas y procedimientos del método histórico

ta” en relación a los estudios geológicos acerca del ningún momento se las somete a la prueba de la his-
núcleo terrestre, por ejemplo Pero no cabe duda de toria real. Así es como Topolski –cuyas concepcio-
que en la mayoría de los casos (exceptuándose la his- nes sobre el papel de los conocimientos basados y no
toria estrictamente contemporánea, la historia oral – basados en fuentes son resumidas en el cuadro 3–,
que plantea problemas de crítica semejantes a los que por más que reconozca que el nivel teórico tiene enor-
interesan al trabajo con documentos escritos, de to- me importancia en la investigación histórica, está muy
dos modos–, la utilización de fuentes que son objetos lejos de negar el papel fundamental del conocimiento
materiales: vestigios arqueológicos monumentos, basado en fuentes4
monedas, etc.) el acceso del historiador a los aconte- El papel importante desempeñado por el conocimiento
cimientos, personas y procesos del pasado “pasa” no basado en fuentes en el proceso de investigación del his-
obligatoriamente por aquello que sobre ellos “dicen” toriador... puede verse con todo relieve cuando reflexiona-
las fuentes escritas. mos en profundidad acerca de las varias etapas de ese pro-
ceso y comparamos, a la vez, su papel con el del conoci-
¿Bastará esto para justificar la preocupación ob-
miento basado en fuentes. Por otra parte, se debe estable-
sesiva de los historiadores positivistas con los docu- cer una firme resistencia contra el uso de esta constatación
mentos escritos? “La historia se hace con documen- como un medio para minimizar el papel de las fuentes en la
tos... Porque nada sustituye a los documentos: donde investigación histórica. Las fuentes serán siempre el mayor
no hay documentos no hay historia”3. Una vez corre- tesoro del historiador; sin ellas, simplemente no podría ser
gida la deformación de sólo pensar de hecho en do- historiador. Se trata, aquí, de terminar con la tendencia a
cumentos escritos, hay a la vez algo verdadero y algo tratar las fuentes y el conocimiento basado en ellas como
falso en la afirmación. Lo falso proviene de que pen- fetiches, posición que es bastante común entre historiado-
saban en los documentos como condición necesaria y res... Lo esencial consiste en darse cuenta, sin dejar de lado
la importancia fundamental (en cierto sentido) de las fuen-
suficiente –con tal de saber criticarlos externa e in-
tes, de que no bastan ni las fuentes ni la erudición histórica
ternamente– para la historia como disciplina, para el sola. Tenemos que percibir que la información extraída de
ejercicio de la profesión de historiador. las fuentes es más instructiva si hacemos preguntas más
La pregunta que se podría plantear es, entonces: variadas, cosa que exige un vasto conocimiento.
¿qué papel representan en la práctica del historiador En otras palabras, la polémica de Topolski no es
el conocimiento basado y el no basado en fuentes? contra la investigación empírica, sino contra la con-
En nuestra opinión, fue el historiador polaco Jerzy fusión que el positivismo establece entre tal investi-
Topolski quien supo sintetizar mejor la cuestión, si- gación y al totalidad del método histórico.
guiéndola a través de los diversos pasos o etapas del
c) Las operaciones analíticas: 1) la crítica exter-
proceso de investigación. Cuando elegimos el campo
na de los documentos (o crítica de erudicción).5 Se
a estudiar o las hipótesis de trabajo, y más tarde cuan-
trata , fundamentalmente, de determinar si un docu-
do formulamos explicaciones causales o establece-
mento es auténtico o falso, en su totalidad o en parte,
mos leyes, nos apoyamos sobre todo en marcos teó-
y de ubicarlo en el tiempo y el espacio, además de
ricos, en el conocimiento de los códigos pertinentes a
restablecer su texto en su forma primero. Compren-
los mensajes que son las fuentes históricas, en el co-
de tres operaciones: crítica de restitución, crítica de
nocimiento de otros hechos y procesos, en la compa-
procedencia y clasificación crítica de las fuentes.
ración . Por otra parte, en la etapa intermedia que
consiste en el establecimientos de los hechos y proce- La crítica de restitución es el control del texto
sos históricos que interesan específicamente a la in- con la finalidad de restablecerlo en su forma prime-
vestigación que se esté realizando –y que depende de ra, a través de la eliminación de los errores e
la crítica externa e interna de los testimonios de todo interpolaciones . Muchos textos nos legaron sólo en
tipo–, aunque también intervienen conocimiento ex- horma de copias, debido a la pérdida de los origina-
ternos al examen de las fuentes, el papel de ésta se les; con frecuencia, hay divergencia entre las distin-
vuelve central. Ahora bien, toda la frase previa se tas copias, y el crítico debe optar por una variante
estilaba a preparar tal etapa intermedia, aquella en la entre otras. A veces jamás existió un original: así,
que surgen condiciones que permiten introducir co- por ejemplo, los poemas atribuidos a Homero sólo
nocimientos nuevos, resultantes de la investigación fueron fijados por escrito después de varios siglos de
concreta de que se trate, a través del procesamiento
del material investigado. En cuanto a las construc-
ciones teóricas de todo tipo. Carecen de valor si en
4 Jerzi Topolski, Methodology of history , Polish Scientific Publishers,
Varsovia, 1976, p. 418 (esp., 322)
5 Cf. Langlois y Seignobos, op. Cit,. Libro II, caps. 2 a 5; Robert Marichal,
3 Langlois y Seignobos, op. cit, p. 15 “La critique des textes”, en Samaran, de., op. cit,.pp. 1.247–1366

29
Ciro F. S. Cardoso

elaboración gradual, transmisión y relativa fijación lugar de origen y el autor de un documento. Muchos
final , todo aquello en el contexto de la tradición oral. documentos jamás estuvieron fechados; en otros ca-
Los errores pueden ser detectados por la incorrec- sos, hay que solucionar problemas resultantes de cam-
ción gramatical(en función del uso del autor o de su bios de calendario, de fechas incompletas o perdidas,
época), lo absurdo, la contradicción, el hecho de atri- etc. La escritura –cuya variación en el tiempo y el
buirle al autor ideas o conocimientos que no podía espacio conocen los paleógrafos– el examen del ma-
tener, etc. Las interpolaciones, o sea, pasajes agre- terial mismo del documento (el material usado para
gados, interpolados en el texto por sucesivos copista, escribir es variable según las épocas), la estratigrafía
se evidencias por el hecho de causar problemas si se trata de un texto descubierto en una excavación
lingüísticos o gramaticales, contradicciones y anacro- arqueológica, la mención en su interior de hechos cuya
nismos. La genealogía de las copias disponibles cons- fecha ha sido anteriormente establecida, son elemen-
tituye el instrumento esencial de trabajo en el marco tos importantes en la búsqueda de la fecha. Aunque
de la crítica de restitución. también puede servir en tal sentido el examen del con-
La crítica de procedencia es el conjunto de pro- texto cultural percibido a través del texto, no se trata
cedimientos empleados para determinar la fecha, el de procedimientos de fácil manejo: es raro que sepa-
mos –con relación a períodos no muy recientes– cuán-

30
Etapas y procedimientos del método histórico

do, exactamente, surgió por vez primera una técnica asociar las disciplinas auxiliares de que depende a
determinada, u objeto dado, etc.: ciertos textos, por duna tecnología elaborada. Pero es cierto, por otra
lo demás, buscan voluntariamente el arcaísmo. La parte, que los historiadores de los tiempos modernos
utilización de este procedimiento se vuelve más fácil y contemporáneos no se ven, con tanta frecuencia
cuando las referencias al contexto cultural son abun- como por ejemplo los medievalistas, enfrentados a
dantes. textos que son copias de copias, con el peligro de
falsificaciones, etc. Por otra parte, en el caso de fuen-
Al hablar del lugar de origen de un documento
tes estandarizadas, que se repiten según un patrón –
importa tomar tal expresión en un sentido amplio,
series estadísticas; series de bautizos, matrimonios y
que comprenda no solamente la ubicación geográfi-
defunciones de los archivos parroquiales; actas nota-
ca, sino también el medio social que lo produjo. Di-
riales–, suponiendo que estemos satisfechos en cuan-
cho medio puede determinarse a través de la búsque-
to a la fecha y a la procedencia geográficas, ¿será
da de los centros de interés que se manifiestan en el
realmente importante conocer siempre al “autor”?
texto. Entre los procedimientos que pueden servir para
ubicar el lugar de origen, tenemos la consideración De hecho, la cuantificación histórica exige plan-
de las particularidades regionales de la lengua, cuan- tear en forma diferente de la tradicional las cuestio-
do son conocidas para la época en cuestión; aunque, nes de la crítica externa. En relación a fuentes usa-
por supuesto, una persona nacida en cierta región das para recolectar o construir series numéricas, por
puede escribir en otra. ejemplo, la “clasificación” crítica de los textos” no
podrá consistir sólo en decidir si el autor fue o no un
Aun en los libros impresos, con frecuencia se pier-
observador directo. Tendrá que tratar de establecer
den las indicaciones relativas al autor, ya que nor-
en cuál de las tres categorías siguientes entra la fuen-
malmente se encuentran en las primeras o en las últi-
te en cuestión:6
mas páginas (las partes más vulnerables de un volu-
men). Por otra parte, tenemos problemas de otros ti- 1) fuentes estructuralmente numéricas, reunidas
pos. Los reyes, ministros, altos funcionarios, etc.,. como tales, y utilizadas por el historiador para con-
pueden firmar multitud de documentos no elabora- testar a preguntas directamente ligadas a su campo
dos personalmente por ellos, incluso sin haberlos leí- original de investigación;
do. Y existen los casos de los seudónimos, anónimos,
2) fuentes estructuralmente numéricas, más utili-
apócrifos (falsas atribuciones), las atribuciones múl-
zadas por el historiador de manera sustitutiva, para
tiples, y así sucesivamente. Claro está que en los
encontrar respuestas a cuestiones extrañas a su cam-
muchísimos casos resultará del todo imposible iden-
po original;
tificar al autor del documento. A veces, el examen de
la lengua (modo de escribir, gramática, estilo) y de 3) fuentes no estructuralmente numéricas, pero
elementos de identificación contenidos en el texto, que el historiador busca utilizar de manera cuantita-
permiten establecer a quién se debe el testimonio en tiva, a través de un procedimiento doblemente susti-
cuestión. tutivo.
La finalidad de la clasificación crítica de los tex- Las formas de trabajar con tales fuentes, las ope-
tos es distinguir los testimonios directos de los indi- raciones estadísticas posibles, y muchas otras cosas,
rectos. Los testigos oculares de un fenómeno o pro- dependerán de ello.
ceso no lo ven, habitualmente, de la misma manera,
d) Las operaciones analíticas: 2) la crítica
o no lo describen con las mismas palabras: cuando
interna(o de veracidad) de los testimonios.7 Se trata
esto último ocurre, tenemos un caso de copia de una
de verificar la veracidad intrínseca de la fuentes, lue-
fuente anterior por otra más tardía. La comparación
go de apreciar su contenido y el sentido de su texto.
y genealogía de los textos permiten hallar paralelis-
La crítica interna comprende dos aspectos principa-
mo entre ellos: las elecciones de hechos, los errores
les: la interpretación y la crítica de sinceridad y exac-
comunes de fecha, etc. denuncian la copia.
titud.
Es evidente que no se puede trabajar con datos
que no sepamos si son o no auténticos, o con docu-
mentos que no estén firmemente asentados en el tiem-
po, en el espacio y en cuanto a su autoría (o por lo 6 Cf. Francois Furet, “la historia cuantitativa la construcción del
menos su atribución a un grupo social determinado). hecho histórico”, en F. S. Cardoso y Hector Pérez B, eds. Historia
económica y cuantificación, Secretaría de Educación Pública, México,
Así, siempre que resulte necesario, es preciso seguir 1976, pp. 157–182.
aplicando la crítica externa, enriquecida en nuestros
7 C.f. Langlois y Seignobos, op. cit, libro II, caps. 6 a 8; Marichal, op.
días, como ya mencionamos, por la posibilidad de Cit.

31
Ciro F. S. Cardoso

Llamamos interpretación (o hermeneútica) a la sulta coherente, esto confirma dicho cuadro. En la


apreciación del contenido exacto y del sentido de un práctica, la documentación disponible difícilmente es
texto, a partir de la consideración de la lengua y de tan completa como para poder aplicar las reglas men-
las convenciones sociales de la época en que fue com- cionadas. Un último punto: la distinción entre los tes-
puesto. La lengua cambia según el tiempo, el lugar, timonios voluntarios (las crónicas, las memorias, las
el estilo, el grado de cultura, etc. Es necesario saber obras históricas, etc.) e involuntarios (textos
con exactitud qué significaba cada término o expre- litúrgicos, correspondencia o libros de contabilidad
sión en el momento histórico correspondiente a la re- de una empresa, etc.) Naturalmente, los testimonios
dacción del texto, pues existe el peligro de distorsio- involuntarios son más fiables; pero un mismo docu-
nar el sentido de este último, de interpretarlo mento puede contener –y generalmente contiene–
anacrónicamente: por ejemplo, si consideramos los ambos tipos de testimonios a la vez.
términos que contiene en sus acepciones actuales (tra-
Decididamente, la crítica interna en la concepción
tándose de una lengua viva). Como las traducciones
positivista “envejeció” bastante más que la externa:
constituyen siempre, en alguna medida, interpretacio-
La “crítica de sinceridad y exactitud” trabaja supo-
nes y comentarios, el historiador debe trabajar con
niendo (implícitamente) un “sujeto transparente”, in-
los textos originales siempre que ello sea posible.
dividual, con libre albedrío total, y sin una dimen-
Además de la lengua, hay que tomar en cuenta las
sión no consciente. Supone también la no pertinencia
convenciones sociales: los hábitos de pensamientos,
del análisis del discurso, de la enunciación. Hoy día
las actitudes intelectuales, las maneras de sentir, las
se vuelve necesario corregir este punto, con apoyo en
ideas socialmente transmitidas y los estereotipos de-
alguna teoría de las clases y de la ideologías: el texto
penden de la psicología colectiva, que cambia según
no debe ser tomado exclusivamente en su contenido,
e tiempo, el lugar, el grupo social y cultural, etc. Las
tratado en forma cualitativa, sino también en sus con-
convenciones sociales incluyen igualmente los esti-
diciones sociohistóricas de producción.8
los y modelos juzgados dignos de ser copiados, las
modas, etc. Solo es posible interpretar un texto co- Por otra parte, también aquí conviene notar el
rrectamente tomando en cuenta todo ello. En lengua- impacto de la cuantificación sobre los procedimien-
je actual, la interpretación es una operación de tos críticos:9
“decodificación “ o de “transcodificación” (paso de Los datos de la historia cuantitativa... no dependen de
un código a otro). un impalpable corte externo del “hecho”, sino de criterios de
La finalidad de la crítica de sinceridad y de exac- coherencia interna... El documento, y el dato, ya no existen
por sí mismos, sino con relación a la serie que los precede y
titud es el establecimiento de los hechos . En cuanto
los sigue; es por su valor relativo que se vuelven objetivos...Y
a este punto, el principio general es lo que podríamos de este modo, el viejo problema de la “crítica” del documen-
llamar de “desconfianza sistemática”: nada que no to histórico se halla al mismo tiempo en una posición distin-
esté positivamente probado debe aceptarse, sino que ta. La crítica “externa” ya no se establece a partir de una
permanecerá dudoso; no se debe creer en un autor o credibilidad basada en la comparación con textos contem-
un texto sin que haya buenas razones como para ha- poráneos de otra naturaleza, sino a partir de la coherencia
cerlo, etc. En cuanto a la sinceridad, los historiado- con un texto de la misma naturaleza, situado de manera dis-
res positivistas creían posible establecerlas a través tinta en la serie temporal, es decir antes o después. La críti-
de una serie de preguntas, tendientes a verificar si el ca “interna” se encuentra tanto más simplificada cuanto que
muchas operaciones de limpieza de los datos puedan ser
autor tenía interés en mentir, o el grupo por él repre-
colocadas en la memoria de una computadora.
sentado; si estaba en una posición que lo obligaba a
mentir; cuáles eran sus simpatías y antipatías, etc. e) Las operaciones sintéticas.10 Las indicaciones
Sobre la exactitud, había que evaluar el grado de co- de los historiadores positivistas respecto de la sínte-
nocimiento efectivo de los hechos que podía tener el sis histórica son mucho menos precisas –y más sub-
autor del texto, verificando si la información que pro- jetivas– que las que proporcionan respecto de las
porciona reposa directamente en una observación operaciones analíticas de la crítica documental.
correctamente realizada; en otras, se trata de saber
cuál fue la posición del autor frente al hecho que
8 Ver principalmente Régine Robin, Histoire et linguistique, Armand
menciona. El procedimiento consiste en comparar Colin, París, 1973; Julia Kristeva, Semeiotiké. Recherches pour une
sistemáticamente todas las observaciones relativas a sémanalyse, Seuil, París, 1969.
un mismo hecho: si hay concordancia, podemos con- 9 Furet, op. Cit., pp 164–165.
siderarlo como científicamente establecido. También
10 Cf. Langlois y Seignobos, op. cit. Libro III, caps. 1 a 5; más reciente-
importante es el criterio de coherencia: si al ajustar mente ver G. R. Elton, The practique of history, Collins-Fontana,
una serie de hechos el cuadro formado por ellos re- Londres, 1972, cap. 3; Robert F. Berkhofer, Jr., Abebavioral approch to
historical analysis, The Free Press, Nueva York, 1971, caps. 12 y 13.

32
Etapas y procedimientos del método histórico

De hecho denotan un cierto pesimismo en cuento va, aceptable, que la de los historicistas idealistas
a las condiciones generales y a posibilidad misma de (neokantianos o presentistas).
la construcción histórica sintética. Así, empiezan
En resumen, las operaciones sintéticas procede-
apuntando ciertas dificultades ligadas a las caracte-
rían en cuatro pasos básicos:
rísticas de lo que para ellos constituye la materia pri-
ma de la historia , o sea los hechos históricos esta- 1) Tratar de imaginar los hechos históricos esta-
blecidos al analizar críticamente los documentos: 1) blecidos por la crítica según el modelo de hechos ac-
los hechos históricos vienen mezclados en las fuen- tuales análogos, para la construcción de una imagen
tes, y no son fenómenos variadísimos en su naturale- global del hecho pasado (puesto que lo que los docu-
za –lingüísticos, de costumbres, relativos a aconteci- mentos proporcionan directamente son sólo fragmen-
mientos, e institucionales, etc.–: lo que tienen en co- tos de hechos que es preciso organizar).
mún es sólo que son hechos pasados y que fueron
2) Agrupamiento de los hechos en cuadros, clasi-
establecidos por observación directa; 2) presentan
ficándolos en categorías según su naturaleza (Laglois
grados muy diversos de generalidad en el espacio y
y Seignobos proponen las categorías siguientes: 1)
el tiempo; 3) el carácter histórico que presentan tiene
condiciones materiales; 2) hábitos intelectuales; 3)
como condición sine qua non su localización en el
costumbres materiales; 4) costumbres económicas; 5)
tiempo y el espacio, sin la cual pierden el carácter de
instituciones públicas. Pero no es cierto que, en su
los hechos históricos para referirse a la “ naturaleza
mayoría, los historiadores de entonces se interesan
humana en general” (es el caso, por ejemplo, de los
por todos estos tipos de “hechos”)
hechos del folklore); 4) en muchos casos, la crítica
no logra proveer hechos seguros, sino establecidos 3) Constatación de lagunas debidas a la insufi-
sólo con grados mayores o menores de probabilidad. ciencia de la documentación, que se tratará se llenar
por medio de razonamientos que partan de los he-
En otras palabras, la síntesis opera sobre una masa
chos conocidos (evidentemente, lo así reconstituido
incoherente y heterogénea de hechos singulares. Ahora
no tiene la misma seguridad de los hechos estableci-
bien; el trabajo del historiador, siendo la historia una
dos a través de la documentación).
ciencia de observación indirecta, no concierne a co-
sas concretas, sino a operaciones puramente intelec- 4) Condensación de los hechos en “fórmulas” en
tuales y abstractas, en las cuales lo que se manipula la base de sus relaciones: en esta etapa se establece
son simples imágenes do reflejos de hecho en las fuen- la serie lineal de “causas” y “consecuencias”.
tes, que el estudioso trata de percibir. En estas condi- Pero todo esto es en el fondo muy precario. Todo
ciones, la impresión de conjunto será necesariamente influye sobre todo, decían: evidentemente esto era un
confusa, difusa, marcada por la subjetividad de los problema serio, puesto que los positivistas no tenían
testigos. ¿Cómo trabajar entonces?. una teoría explícita de lo social. Son “millones” los
Los historiadores positivistas invocaban estas ra- hechos necesarios para la síntesis. Así, ésta vendría
zones para rechazar la posibilidad de plantear hipó- –en un futuro indefinido– por la acumulación y la
tesis. Sabemos hoy que, de hecho –y como no puede combinación de los resultados de miles de trabajos
dejar de ser–, sí las planteaban implícitamente. Par- de pormenor bien hechos.
tían de la clasificación y agrupamiento de los hechos Los historiadores positivistas admitían dos tipos
en categorías. Las más generales de estas categorías de obras de historia: las monografías y los trabajos
surgirían al considerar que los documentos informan de carácter general. Dudaban, sin embargo, de estos
sobre: 1) seres visos y objetos materiales; 2) accio- últimos, y a fin de cuentas sólo creían en monografías
nes de los hombres, y sus palabras; 3) motivos y con- muy detalladas, para cuya elaboración estipulaban
cepciones. ciertas reglas:11
A partir de ahí, la posibilidad de la síntesis repo- Toda monografía, para ser útil, es decir , plenamente
saba en dos postulados básicos: 1) los fenómenos de utilizable, debe someterse a tres reglas: 1) ningún hecho his-
percepción intelectual indirecta no son por ello irreales tórico extraído de documentos debe ser presentado sin es-
(o sea, se mantiene el realismo del objeto; los “he- tar acompañado de la indicación de los documentos de que
chos históricos” existen y son externos al observa- provino, a sí como de un juicio sobre el valor de tales docu-
dor; 2) la base –a menudo inconsciente o implícita– mentos; 2) es indispensable seguir, tanto cuanto sea posi-
de la reconstrucción histórica es la semejanza de los ble, el orden cronológico, pues fue en él que los hechos se
produjeron y por el podemos establecer las causas y efec-
hechos del pasado con los actuales (estos sí observa-
bles directamente). Se ve que, en estos p untos cen-
trales, la posición positivista es bastante más positi-
11 Langlois y Seignobos, op. Cit. pp. 213–214.

33
Ciro F. S. Cardoso

tos; 3) es necesario que el título de la monografía haga co- un advenimiento político o filosófico: República, libertad,
nocer, con precisión, la naturaleza del tema tratado en ella... democracia, razón. Tal conciencia ideológica de la historia
puede asumir formas más refinadas; ...pero traduce en el
No precisamos criticar en detalle esta visión –a fondo mismo mecanismo de compensación: para ser inteli-
todas luces superada– de la síntesis histórica. Ya dis- gible, el acontecimiento necesita una historia global definida
cutimos, en el capítulo 4, su vicio central: es imposi- fuera e independientemente de él.
ble sintetizar adecuadamente en historia, partiendo
de la premisa de que el objeto de ésta son hechos ri- El avance científico de la historia exige que hipó-
gurosamente “singulares”, aislados los unos de los tesis, explicaciones y generalizaciones se expliciten.
otros “únicos e irrepetibles”. Simplemente no pue- Esta es la única manera de poder ejercer un control y
den existir hipótesis , teorías y leyes científicas cons- una verificación adecuados de ellas, de forma a ga-
truidas sobre la base de hechos singulares tomados rantizar un conocimiento objetivo, que pueda aspirar
exactamente en su singularidad, es decir , conside- a la intersubjetividad.
rando a ésta como irreductible. Otro punto muy ne- Como cualquier disciplina, el método científico
gativo era la creencia de que el historiador trabaja en historia consiste básicamente en seguir ciertos pro-
sin plantear hipótesis: esto conducía simplemente a cedimientos para plantear problemas y verificar las
una falta de control de los historiadores positivistas soluciones propuestas.
sobre una multitud de hipótesis (derivadas de filoso-
La historia utiliza las hipótesis de manera un tan-
fías de la historia) que ellos, como no podría dejar de
to distinta a las ciencias naturales. Más exactamente,
ser de hecho planteaban implícitamente.
las debe emplear en niveles más numerosos. Esto es
así porque, al ser indirecta –en el sentido planteado
por los historiadores positivistas– la observación de
los acaecimientos y procesos históricos, es necesa-
2. El método científico en historia: algunas rio, antes de poder someter las hipótesis explicativas
consideraciones12 a la confrontación con los datos, controlar tales da-
tos: y para ello es preciso plantear hipótesis relativas
La noción de que el método histórico debe incluir a la descodificación (hermenéutica) y al control de
el planteamiento de hipótesis está ya bastante difun- autenticidad y veracidad(críticas externa e interna)
dida, aunque no lo suficiente. Sin embargo, si bien de las fuentes utilizadas. (Véase el cuadro 4: no nos
ello implica lógicamente cuestiones como la genera- parece, sin embargo, que resulte necesario distinguir
lización y la búsqueda de explicaciones, muchos his- las “hipótesis de construcción” como categoría apar-
toriadores siguen creyendo que éstas no son parte de te, puesto que su finalidad es –o debe ser– explicati-
su tarea. Empero, como dice Moses Finley, “todo his- va.) Como ya tratamos, en la parte anterior de este
toriador se ve sumido en explicaciones y generaliza- capítulo, las cuestiones atinentes a la crítica históri-
ciones a partir del momento en que trasciende el ám- ca, ahora nos interesarán sólo las hipótesis explica-
bito del puro nombrar, como contar o fechar”13 Lo tivas, aquellas que ofrecen una solución tentativa al
que pasa es que en muchos casos la generalizaciones problema científico planteado –hipótesis heurísticas
y explicaciones quedan implícitas. Así, por ejemplo, o de trabajo–, y que será sometidas a verificación.
en el caso de los positivistas, que creían trabajar en Después, si no fueron demostradas como falsas, pa-
el plano de los meros hechos singulares:14 sarán a ser hipótesis comprobadas. Podrá variar el
...este tipo de historia aparece puntualizado a la vez –y grado de comprobación, según las virtualidades, en
contradictoriamente– por el tiempo corto y una ideología fi- este sentido, de la documentación disponible y otros
nalista; como el acontecimiento –irrupción súbita de lo úni-
co y de lo nuevo en la cadena del tiempo– no puede ser
comparado con ningún antecedente, la única manera de in-
tegrarlo a la historia está en atribuirle un sentido teleológi-
co: si él no tiene un pasado, tendrá un futuro. Y como la
historia se ha desarrollado desde el siglo XX como un modo
de interiorización y conceptualización del sentimiento de pro-
greso, el “acontecimiento” indica casi siempre la etapa de

12 Nuestra exposición debe mucho a J. Topolski, op.cit,. Caps, 14, 21 y


22, pese a ciertas diferencias de opinión.
13 M.I Finley, Uso y abuso de la historia, trad. de A. Pérez–Ramos,
Crítica, Barcelona, 1977, p. 104
14 Furet, op. Cit., p. 173.

34
Etapas y procedimientos del método histórico

factores. Así es como el descubrimiento de fuentes científico: teoría –hipótesis– verificación –vuelta a
pertinentes antes desconocidas puede, eventualmen- la teoría para integración de las conclusiones– nue-
te, hacer que una hipótesis comprobada vuelva a ser vas hipótesis, etc. Mencionamos también (capítulo
de nuevo simplemente una hipótesis heurística por 4, § 3) que el obstáculo específico más importante a
verificar. la constitución de una historia cabalmente científica
es, en efecto, la preocupación persistente y a veces
El manejo de la hipótesis se hace en tres etapas:
predominante con lo particular –no ya a nivel de “he-
1) formulación; 2) substanciación, 3) verificación.
chos singulares”, sino de los casos o procesos– que
Para la formulación adecuada, es útil el conocimien-
aún caracteriza a muchos historiadores, por más que
to de por lo menos algunos rudimentos de lógica. En
sea cierto que se ocupan también –y crecientemente–
el caso de la historia, la substanciación depende de
de regularidades, recurrencias y generalizaciones ex-
los procedimiento de crítica documental. En cuanto a
plicativas. ¿De qué manera contribuyen el método
la verificación, se hace deduciendo de la hipótesis
comparativo y la construcción del modelos a la supe-
planteada sus consecuencias lógicas, tratando des-
ración de esta problema?
pués de verificar –con los datos disponibles– si se
dan tales consecuencias (o si son probables, por lo El método comparativo fue propuesto como un
menos, y si son compatibles con el cuerpo de los co- instrumento al servicio del planteamiento y control
nocimientos ya constituidos –aunque por supuesto de hipótesis y generalizaciones explicativas, con la
éste puede ser cambiado si es necesario, en función finalidad de conceptualizar la problemática histórica
de nuevos descubrimientos– . a través de la ruptura de los marcos nacionales y
cronológicos habituales, a favor del estudio de temas
Al formular hipótesis, se debe tener presente que
bien definidos. En lugar de estudiar la historia me-
en ciertos casos –relativamente raros en historia– la
dieval “de Francia”, “de España”, “de Italia”, “de
pregunta planteada puede tener un número infinito
Inglaterra”, “del Japón”, cuando no de unidades to-
de respuestas posibles mutuamente excluyentes, se-
davía menores (provincias, regiones, etc.), el enfo-
gún un sistema binario de elección (o que se torna
que comparativo podrá proponer, por ejemplo, el tema
binario, reduciéndose una serie de respuestas posi-
del feudalismo en el conjunto de los países y regio-
bles a pares sucesivos). En otros casos, la elección
nes que aparentemente lo conocieron. En lugar de
de la respuesta tendrá que ejercerse entre un número
abordar separadamente la evolución de los imperios
muy grande o aún infinito de posibilidades, lo que no
coloniales “de España”, “de Portugal”, “de Francia”,
deja de aumentar la dificultad de la explicación.
“de Inglaterra” en América, la actitud comparativa
La construcción de la historia como ciencia de- podrá sugerir temas como la esclavitud o el sistema
pende sobre todo, en la actualidad, de la solución de colonial mercantilista, entre otros, visto en el con-
dos problemas: 1) cómo enunciar y comprobar hipó- junto colonial americano. Defino pro Marc Bloch
tesis que no sean proposiciones singulares; 2) cómo como la búsqueda, “para explicarlas” de “las simili-
garantizar la construcción teórica adecuada, mediante tudes y las diferencias que ofrecen dos series de na-
generalizaciones controladas. Los instrumentos dis- turaleza análoga, tomadas de medios sociales distin-
ponibles más importantes para estas dos finalidades tos”15 el método comparativo conduce, por su misma
–que en el fondo se reducen a una sola: la superación naturaleza, a la ruptura de la singularidad de los ca-
de la tendencia de los historiadores a preocuparse sos y procesos. Permite también eventualmente, una
excesiva o exclusivamente con la singularidad de los vuelta al caso singular o específico, muy enriquecida
procesos, secuencias y estructuras que estudian– son por la ampliación teórica resultante de la compara-
el método comparativo y la construcción de modelos ción. El método comparativo tiene, en historia, dos
(ver el cuadro 5). modalidades principales: 1) la mayoría de los histo-
riadores lo aplican hoy prudentemente, sólo a socie-
Vimos en el capítulo 2 (§ 2) que una hipótesis
dades que presenten suficiente parecido estructural
científica no puede ser una proposición singular: debe
(Bloch hablaba de “sociedades síncronas” –sociétés
ser una proposición particular (en el sentido de apli-
synchrones–; un evolucionista hablaría de “socieda-
carse a cierto número de casos) o universal (aplica-
des sistadiales”); 2) también es posible comparar en-
ble a todos los casos), y verificable. El planteamien-
tre sí secuencias o temáticas del mismo tipo en socie-
to y comprobación de este tipo de hipótesis permite,
dades estructuralmente muy diferentes pero se corre
en el nivel del establecimiento de generalizaciones
entonces el peligro de interpretar como analogías pro-
históricas amplias –leyes, teorías–, la integración
adecuada del conocimiento adquirido, que es instru-
mento necesario para el planteamiento de nuevas hi- 15 Marc Bloch, “El método comparativo en historia”, en Ciro F. S.
pótesis, cumpliendo así el ciclo habitual del método Cardoso y Hector Pérez B., Perspectivas de la historiografía contem-
poránea, Secretaría de Educación Pública, México, 1976, pp. 26–27

35
Ciro F. S. Cardoso

Instrumentos para la construcción de una historia científica


Finalidad Problemas a soculionar Instrumentos principales

Comparación selectiva
1) Formulación (criterio estructural)
y comproba-
ción de hipóte- 1° Método
sis con un comparativo
grupo suficien- Comparación generaliza-
te de generali- da (Criterio temático)
Construcción dad.
de la historia
como ciencia
estructurales

2) Generaliza- Isomórficos genéticos


ción, síntesis,
leyes, construc- arbitrarios dialécticos
ción de teorías 2° Construc-
ción de mode- contrafactuales
los

fundas (isomorfismos) lo que no pasa a semejanzas cos –como el modelo del feudalismo polaco construi-
formales superficiales (epimorfías) que ocultan dife- do por Witold Kula–, invitan a la generalización: en
rencias radicales de fondo, y de caer en grandes cons- el caso mencionado, no se trata meramente de un
trucciones “metahistóricas” como las de A. Toynbee modelo “de Polonia”, sino del feudalismo polaco, lo
u O. Spengler. En otra ocasión nos referimos a las que de inmediato sugiere constrastaciones compara-
diversas ventajas y dificultades de la aplicación del tivas con otras estructuras económicas–sociales con-
método comparativo en historia.16 sideradas feudales, y para empezar, con los países
que conocieron la llamada “segunda servidumbre”17
La construcción de modelos –si se considera el
modelo como una representación simplificada de una Tres tipos fundamentales de modelos han sido
estructura o sistema real– favorece de diversos mo- aplicados a investigaciones históricas. Los más fre-
dos la historia científica. Además de favorecer el de- cuentemente usados por historiadores profesionales
sarrollo del razonamiento deductivo en los estudios son los modelos isomórficos, es decir, los que pre-
históricos, exige una definición clara de los factores tenden ser una representación realista (aunque sim-
(o variables, si se trata de un modelo cuantificado) plificada) del sistema estudiado. Estos modelos, se-
de diversos tipos: parámetros, factores internos al sis- gún el tipo de enfoque que presida a su construcción,
tema del que se construye el modelo, factores exter- serán: predominantemente estructurales, cuando pri-
nos al mismo. Esto hace más fácil la verificación y la vilegian las interacciones y el funcionamiento carac-
intersubjetividad. Por otra parte, es frecuente que el terístico de una totalidad (es el caso del modelo ya
modelo trascienda a realidades singulares por refe- mencionado de W. Kula); sobre todo genéticos, cuan-
rirse a categorías más generales, aplicables a diver- do el énfasis recae en secuencias cronológicas a las
sos casos. Aún cuando se refieran a casos específi- que se asocian nexos causales, como por ejemplo las

17 Cf. Witold Kula, Théorie économique du systéme Féodal. Pour un


16 Ciro F. S. Cardoso y Hector Pérez Brignoli, Los métodos de la modéle de I’ économie polonaise 16–18 stécles, trad. Del polaco,
historia Crítica, Barcelona., 1977 capítulo VIII. Mouton, París– La Haya, 1970 (existe en castellano).

36
Etapas y procedimientos del método histórico

etapas del “crecimiento económico” de W.W. mientos de modelización está también implícita la
Rostow;18 dialécticos, cuando se trata de reunir a las comparación.
visiones estructural y genética en una perspectiva
Comparación histórica y modelos apuntan, ya lo
unificada: en la actualidad caracterizan sólo, o
vimos, a intenciones explicativas. Conviene ahora
proncipalmente, a ciertos estudios marxistas.
entrar en forma más sistemática a la cuestión de la
En segundo lugar tenemos los modelos arbitra- explicación histórica, base necesaria de la síntesis.
rios, o sea, construcciones instrumentales inten-
Cualquier intento de explicación en historia debe-
cionalmente arbitrarias, partiendo de algún criterio
ría esforzarse por cumplir con ciertos requisitos: 1)
de elección del investigador: es el caso de los “tipos
tomar en cuenta el carácter a la vez subjetivo y obje-
ideales” de Weber, o de los “modelos” de Lévi Strauss
tivo de los procesos históricos (que incluyen siempre
(de hecho la relación estructura /diagrama en este
“hechos de conciencia”); 2) basarse en una jerar-
autor está lejos de ser clara en la práctica). Los mo-
quización de los factores causales o explicativos se-
delos de Weber son en muchos casos “probabilida-
gún alguna teoría de lo social (la historiografía tradi-
des típicas de acontecer”, las cuales puedan surgir
cional hablaba de “causas principales” y “causas
en situaciones histórica muy diversas (citemos como
secundarias”, de “causas directas” e “indirectas”, de
ejemplo la “estructura patrimonial”). El historiador
“causas lejanas” y “causas próximas”, etc., pero no
les hace el mismo tipo de crítica que a ciertos mode-
disponía de tal teoría).
los usados por la historia cualitativa en su vertiente
de “econometría restrospectiva”: relación dudosa en- J. Topolski distingue diversos tipos de explica-
tre hechos dispares, falta de respeto por la especifici- ción utilizados por los historiadores:21
dad estructural de las diferentes épocas y socieda-
1) explicación a través de una descripción; aun
des, fuentes discutibles y no controladas.19
la crónica contiene elementos de explicación, contes-
Finamente, la New Economics History norteame- tando a preguntas del tipo: “¿qué?”, “¿quién?”,
ricana, ha puesto de moda (otra vez, pues se trata de “¿cuándo?”, “¿cómo?”, ya que sin tales elementos no
procedimiento antiguo) un tipo especial de modelo se podría organizar una narración coherente;
arbitrario, el contractual, que consiste en construir
2) explicación genérica: busca revelar el origen
un curso hipotético alternativo de acontecimientos
de un fenómeno o proceso por la presentación de sus
para poner a la prueba las generalizaciones explica-
etapas sucesivas, privilegiando la secuencia genética
tivas o hipótesis causales, mediante la eliminación
(a la cual, implícita o explícitamente, se trata de vin-
hipotética de los factores a que apuntan a tales hipó-
cular algún lazo causal);
tesis. Por ejemplo: si se afirma que el progreso tec-
nológico y a marcha hacia el oeste fueron factores 3) explicación estructural o funcional: indica el
importantes en la historia agraria de los Estados Uni- lugar de un elemento en una estructura o sistema, para
dos en el siglo XIX, se tratará de imaginar dicha his- así dar cuenta de dicho elemento;
toria sin progreso tecnológico ni expansión para el 4) explicación mediante una definición; contesta
oeste. Este es un método del que los historiadores a preguntas del tipo: “¿qué fue el movimiento de los
profesionales desconfían mucho, y por excelentes ra- “remensas”?, o “¿porqué a Benito Juárez se le consi-
zones.20 dera un liberal?”;
El método comparativo, y la construcción de mo- 5) explicación causal; contesta la mayor parte de
delos pueden combinarse. En efecto, la comparación las preguntas del tipo: “¿por qué pasó tal cosa?”;
supone un modelo por lo menos implícito (sin lo cual
no se sabría qué elementos o variables seleccionar, También R. Berkhofer Jr. Llama la atención so-
para su comparación, en los diversos casos que for- bre la diversidad de las formas de explicación en his-
man el universo de análisis), y en muchos procedi- toria: explicación causal, estadística (o proba-
bilística), teleológica, funcional, genética, mediante
leyes o teorías.22
18 F. W.W. Rostow, Las etapas del crecimiento económico, FCE, Las explicaciones causales, quizá las más impor-
México, 1962. tantes –por vincularse al establecimiento de regulari-
19 CF. Max Weber, Economía y Sociedad, FCE, México, 1964, tomo dades y por tal camino, de leyes y teorías–, pueden
I.pp. 16–18; T. Parsons, La estructura de la acción social, también ser de varios tipos. Según un primer criterio
Guadamarrama, Madrid, 1968, tomo II, pp. 739–753.
20 Cf. C. F.S. Cardoso y Hector Pérez B. Los métodos..., cap. II de los 21 Topolski, op. cit, p. 288.
mismos autores, Historia económica de América latina, Crítica, Barce-
lona, 1979, vol. I, pp. 75–76 22 Berkhofer, Jr., op. Cit., p. 288.

37
Ciro F. S. Cardoso

de clasificación, tendríamos las unicausales y las mos. En otras palabras, “la historia” (explicativa,
multicausales (siendo estas últimas las más frecuen- contestando a los “¿por qué?”) no puede expulsar del
tes en historia). De acuerdo con otro criterio habría: todo a la “crónica” (que contesta las preguntas del
causalidad ligada a la racionalidad de la acción hu- tipo: “¿qué?”, “¿quién?”, “¿cuándo?”, “¿dónde?”,
mana (dependiente de una teoría de la libertad de los “¿cómo?”); esto es así porque, al existir secuencias
sujetos históricos individuales o colectivos); casuali- recurrentes o regulares que son compatibles con la
dad vinculada a consecuencias no intencionales de causalidad, y otras que sólo aceptan normas menos
acciones debidas a numerosas personas (procesos his- estrictas de explicación, no hay único modelo expli-
tóricos). Un tercer criterio nos daría lo siguiente: 1) cativo que comprenda a la historia en su totalidad
explicación causal por referencia a factores intrínse- temporal. Este autor dice que el único marco global
cos al mismo sistema estudiado: 2) explicación es- es el ordenamiento temporal de los datos, el cual in-
trictamente causal: hace intervenir uno o más facto- troduce una estructura que exige a la vez “la cróni-
res externos al sistema. Finalmente, una última clasi- ca” y la “historia”, aunque se puede admitir el avan-
ficación de tipo lógico–formal nos daría: 1) explica- ce de la segunda en detrimento de la primera según
ción por referencia a leyes que indican las condicio- vaya progresando la construcción teórica. En suma:25
nes necesarias o suficientes (o ambas); 2) explica- Otras disciplinas pueden seleccionar sus datos sólo de
ción que indica una de las condiciones suficientes al- las secuencias repetitivas, generalizadas, en el sentido de
ternativas (o sea, que en una circunstancia dada se favorecer el desarrollo de explicaciones en el nivel de las
vuelve necesaria); 3) explicación por referencia a preguntas del tipo “¿por qué?” ; pero los presupuestos de
circunstancias favorables. los historiadores prohiben esta solución fácil para los pro-
blemas de la explicación... el presupuesto holístico del tiempo
En principio, las hipótesis comprobadas pasan a significa todavía que la estructura de los análisis está deter-
integrar el cuerpo de teorías de una ciencia; las hipó- minada por la descripción de su objeto temático.
tesis explicativas, una vez verificadas suficientemente,
se transforman en leyes científicas. Pero en historia, Nos parece, sin embargo, que este autor –como
como en general en el conjunto de las ciencias del de Certeau y Beyne (cap. 4 § 3)– está aún muy mar-
hombre, las teorías no responden a criterios riguro- cado por la concepción tradicional de la totalidad
sos y formalizados de construcción (como el método histórico–social y cronológica. Hoy día hay muchos
axiomático, por ejemplo). Lo que en ciencias socia- ejemplos de historiadores que trabajan con tiempos
les se llama “ley” es, con frecuencia, simplemente un múltiples y no se someten ya a una perspectiva
enunciado general aplicable a un gran conjunto de cronológica necesariamente lineal y continua (ver el
casos, pero sin un carácter necesario. Por otra parte, cap. 6). Por otra parte, la dificultad de recortar la
es cierto también que las leyes de este tipo – materia estudiada de manera a favorecer las explica-
probabilistícas, tendenciales– hoy día son bastante ciones causales viene, sobre todo, de una visión no
utilizadas y valorizadas también en las ciencias na- teorizada de lo histórico–social; ello conduce a creer
turales.23 Los historiadores buscan actualmente vin- que la historia total consiste en decirlo todo sobre
cular, en sus explicaciones, el enfoque estructural y todas las cosas que pasaron (o las relevantes), lo
el causal (o, en forma más amplia, las diversas for- que naturalmente no se puede hacer, como lo señaló
mas de determinaciones)24. Esto quiere decir que las con razón Pierre Vilar:26 la “historia total”, no con-
determinaciones o vínculos causales se plantearán siste en la tarea imposible de “decirlo todo sobre
entre estructuras parciales que integran la estructura todo”, sino “solamente en decir aquello de que el todo
social global, y no entre elementos, factores o hechos depende y aquello que depende del todo”; esto sí,
aislados. cosa perfectamente factible, mas sólo si se admite ue
en lo social global hay niveles más determinantes que
Ya vimos (capítulo 4, 3) que muchos historiado- otros: sin lo cual de hecho nos quedamos con una
res son escépticos en cuanto a la posibilidad de que totalidad imposible de manejar por su complejidad
la historia pueda venir a ser totalmente científica. irreductible.
Robert–Berkhofer Jr, mencionaba la discontinuidad
que existe entre descripción y explicación en historia A menudo se acentúa, en discusiones meto-
podemos describir bastante más de lo que explica- dológicas, el estado incipiente de la construcción de
la historia como ciencia. Lo importante, sin embar-

23 Ver al respecto E.H. Carr, ¿Qué es la historia?, trad. De J. Romero 25 Berkhofer, Jr, op. pp. 289–290
M. Seix Barral, Barcelona, 1976, pp, 78–83. 26 Pierre Vilar, “Historia marxista, historia en construcción. Ensayo de
24 Ver Mario Bunge, Causalidad. El principio de la causalidad en la diálogo con Althuser”, en Cardoso y Pérez Brignoli, eds., Perspectivas..,
ciencia moderna, EUDEBA, BsAs, 1965 p 157.

38
Etapas y procedimientos del método histórico

go, es constatar, por una parte, los enormes pasos ya labra que decir, sus elementos que contribuir a la com-
dados en tal sentido; y por otra, que nada se opone a prensión de las estructuras actuales de lo social, y
progresos aún más decisivos en este campo. Que los por lo tanto a la planeación de las futuras; 2) los pro-
historiadores en su mayoría se hayan esforzado rela- cesos históricos, pese a que son siempre “únicos”,
tivamente poco en este sentido tiene que ver, entre iluminan en perspectiva –cuando son enfocados ade-
otras circunstancias, con una estructuración muy cuadamente– las condiciones comunes a una serie de
ineficiente e inadecuada de su formación espiste- ellos: en otras palabras, la búsqueda de las leyes di-
mológica, teórica y técnico–metodológica en las uni- námicas y estructurales de lo social –finalidad últi-
versidades (en algunas de ellas tal formación está sim- ma de las ciencias del hombre– pasa necesariamente
plemente ausente). Las palabras muy sensatas dichas por el conocimiento de la historia. La relevancia so-
por Carr en 1961 en la Universidad de Cambridge, cial se cumplirá en la medida de la sensibilidad del
no perdieron desdichadamente su actualidad una investigador frente a los problemas de su época y
veintena de años después: 27 sociedad.
Una solución que se me ocurre es la de mejorar la cali- Existe también un segundo aspecto, el de la rele-
dad de nuestra historia, la de hacerla –si me atrevo a decirlo vancia científica. Ésta depende, en cada momento,
así– más científica, la de endurecer nuestras exigencias de las posibilidades y prioridades de la disciplina his-
hacia quienes quieren seguir esta carrera. La historia, como tórica, que son cambiantes en el tiempo (y que de
disciplina académica en esta Universidad, reviste para algu-
hecho pueden, eventualmente, sufrir a veces desvia-
nos la apariencia de un colector hacia el que confluyen quie-
nes encuentran demasiado difíciles los Clásicos y demasia- ciones lamentables debido a ciertas modas). Esto pue-
do serias las Ciencias. Una impresión que quisiera comuni- de ser interpretado en el sentido de los “paradigmas”
car con estas conferencias es que la historia es especiali- científicos (capítulo 3, § 2, b), con tal de que no se
dad mucho más difícil que los Clásicos, y tan seria como tome tal categoría en un sentido de rígida determina-
cualquiera de las ciencias. Mas el remedio indicado implica- ción, sino de condicionante.
ría, en los propios historiadores, una mayor fe en lo que ha-
cen. 2º. Criterio de viabilidad. Además de saber si un
tema es relevante, también debemos averiguar si es
posible llevar a buen término su investigación. Esto
tiene que ver fundamentalmente con: 1) los recursos
documentales (en sentido amplio): existencia y dis-
3. Los pasos de una investigación histórica. ponibilidad de fuentes –escritas y de otros tipos– en
cantidad suficiente, pertinentes a lo que se quiere in-
vestigar; 2) los recursos humanos y materiales: el
a) El planteamiento del problema: selección y carácter y la amplitud posibles de un tema dependen
delimitación del tema. ¿Con qué criterios seleccio- de la dimensión del grupo de investigadores y de su
nar un tema de investigación? ¿Cómo, en la práctica, formación teórica, metodológica y técnica adecuada
llegar a hacerlo? Hablamos en primer lugar de los (no es posible, por ejemplo, abordar la historia de
criterios de selección, en orden decreciente de im- precios si no se sabe nada de economía y estadística;
portancia. por otra parte no es lo mismo elegir a un tema de
trabajo de equipo o para un historiador aislado), y
1º. Criterios de relevancia. Tenemos aquí, ante
también del financiamiento, de la posibilidad o no de
todo, la relevancia social. Recordemos a Lucien
contar con asistentes, con apoyo de secretaría, con
Febvre quien decía que los historiadores deben ver la
reproducciones de materiales (fotocopias microfilmes,
historia que hacen como la forma en que “operarán
mimeógrafo, etc.), con acceso a computadora, etc.;
sobre su época”, permitiendo a “ sus contemporá-
3) el tiempo disponible para desarrollo del proyecto.
neos, a sus conciudadanos, comprender mejor los dra-
mas de que van a ser, de que ya son, todos juntos, 3º Criterio de originalidad. El descubrimiento de
actores y espectadores”.28 un problema a investigar cosiste, ya lo vimos (capí-
tulo 2, § 4), en identificar ya sea una laguna en los
El criterio de relevancia apunta a la pregunta:
conocimientos (la mayoría de los casos), ya sea una
¿para qué sirve la historia? A esta cuestión dos tipos
incoherencia en el cuerpo del saber, una falla en el
de respuestas son posibles: 1) la historia tiene su pa-
cuerpo teórica admitido. Cada proceso de investiga-
ción debe contribuir con algo nuevo para la cons-
trucción de la ciencia histórica. Sólo se debe reexa-
27 Carr, op. cti., 115. minar un tema ya trabajado si se abren perspectivas
28 Lucien Febvre, Combates por la historia, trad. De F. J. Fernández. B. documentales radicalmente nueva – lo que, como vi-
y E. Argullol, Ariel, Barcelona, 1970, p. 71.

39
Ciro F. S. Cardoso

mos en la parte anterior de este capítulo, puede trans- 2) en el tiempo: es necesario un corte temporal
formar hipótesis ya comprobadas en meras hipótesis adecuado, que englobe el proceso estudiado, pero tam-
heurísticas a verificar–, o cuando se pretende desa- bién sus condiciones previas y sus consecuencias más
fiar las interpretaciones disponibles al respecto, pre- próximas;
sentado un enfoque efectivamente nuevo.
3) en el marco institucional: la unidad de estudio
4º Criterio del interés personal. Por más que lo puede no estar definida sólo o principalmente por cri-
nieguen los pragmatistas radicales de izquierda o de terios políticos, pero la necesaria homogeneidad de
derecha, la verdad es que la vocación de investigador las fuentes vuelve deseable un marco institucional
contiene una buena dosis de curiosidad, de interés y sólido (o varios, se trata de una investigación com-
aún de pasión. La mejor manera de canalizar las ener- parativa).
gías generadas por tales impulsos personales es que
El investigador principiante debe resistir a la ten-
el historiador trabaje en tema que realmente le intere-
tación de abordar temas demasiado vastos y comple-
sen: su rendimiento será entonces mayor.
jos, que escapan todavía a sus posibilidades reales, y
Esto en cuanto a los criterios de selección de los que, a lo mejor, exigirían muchos años o décadas de
temas de investigación. Hablemos ahora de los as- trabajo para hacer algo aceptable, aun en la mejores
pectos prácticos. condiciones. Una tesis de licenciatura, por ejemplo,
debe ser considerada como un ejercicio relativamen-
La elección de un tema empieza, casi siempre, con
te modesto de investigación, no como una ocasión de
el interés por un campo, una rama de estudios, una
intentar solucionar los más graves dilemas teóricos o
problemática más o menos amplia y mal definida,
metodológicos de una disciplina. Es mucho más útil
despertado por lecturas previas, o a veces también
una monografía bien hecho –abierta, desde luego, a
por experiencias personales. En esta etapa, el inves-
lo teórico, a lo social global: no estamos hablando de
tigador podrá decir cosas como: “me interesa la his-
la monografía positivista construida con criterio es-
toria de movimiento obrero”; o: “ me gustaría estu-
trictamente cronológico y organizando a “hechos sin-
diar alguna cuestión relativa a precios, salarios y ni-
gulares”–, acerca de un tema limitado, que un traba-
veles de vida”; o aun: “creo que hay aspectos de la
jo vasto y mal construido, en el que fácilmente se per-
actuación del estado en el período x que están insufi-
cibirá el contraste entre la pretensión desmedida y la
cientemente (o mal) estudiado”
realización mediocre.
Para pasar de este interés algo impreciso a la cons-
b) Construcción del marco teórico: invención y
tatación y posterior delimitación de un problema a
formulación de la hipótesis. Una vez definido el tema,
investigar, el estudioso sentirá la necesidad de pro-
el paso siguiente en el proceso de investigación con-
fundizar sus lecturas, no sólo las que se refieren, de
siste en la construcción del modelo teórico, es decir,
cerca o de lejos, a la problemática o al período que le
en la definición del marco teórico en función del cual
llama la atención, sino también eventualmente las de
se plantearán las hipótesis heurísticas o de trabajo a
tipo metodológico o teórico. Podrá, también, empe-
ser comprobadas en etapa posterior.
zar a efectuar sondeos de la documentación en archi-
vos y bibliotecas –orientado por la constatación de Una de las razones que dificulta el planteamiento
los tipos de fuentes usados en trabajos similares que de hipótesis al investigar por primera vez es el domi-
toma como ejemplos o modelos–, verificar las posi- nio insuficiente de las teorías de las que se quiere
bilidades de entrevistas (si se trata de un tema con- partir. Esto tiene que ser corregido, pues la formula-
temporáneo o bastante reciente), pedir consejos a his- ción de hipótesis depende en primer término de la
toriadores con experiencia en el campo específico de opción teórica. Ocurre que, en historia económica,
que e trate. De este modo, terminará identificando estudiándose la misma temática general o período,
una laguna, o un desacuerdo, que le permitirán final- las hipótesis serán profundamente diferentes si se
mente formular un tema preciso de investigación, parte de la teoría marxista o de la neoclásica. La mis-
delimitado en el tiempo y en el espacio. ma dificultad en saber vincular las hipótesis acerca
del tema a una teoría, puede ser el indicio de que el
Al respecto, conviene recordar los criterios de de-
conocimiento de la misma era solamente formal, ex-
limitación que recomienda Pierre Vilar;29
terior a una práctica científica efectiva. Pero también
1) en el espacio: lo ideal sería un universo de aná- puede tratarse, simplemente, de las consecuencias de
lisis dotado de personalidad geográfica, de homoge- una enseñanza universitaria en numerosas ocasiones
neidad; inadecuada en los cursos de graduación en historia.

29 . Pierre Vilar, Crecimiento y desarrollo, Ariel, Barcelona, 1976, pp.


36–37

40
Etapas y procedimientos del método histórico

En muchas instituciones de enseñanza superior, No se puede “enseñar” a formular hipótesis. Cuan-


por lo menos en América Latina, la manera de ense- do mucho se pueden indicar algunos puntos acerca
ñar de la escuela secundaria se prolonga en las aulas de pasos preliminares y agregar ciertas recomenda-
universitarias. Paralelamente a una formación ciones.
metodológica deficiente, a los estudiantes de trata de
Previamente al planteamiento de hipótesis, es pre-
“trasmitir” sólo una masa de conocimientos, cada uno
ciso ordenar los datos ya disponibles, y trata de iden-
de los cuales enunciado de tal modo, que aparecería
tificar qué factores (o variables, si se trata de una
ser una verdad adquirida para siempre, indiscutible
investigación cuantificada) deberán ser tomados en
(cuando, de hecho, son raros los elementos o discuti-
cuenta. También es necesario haber sondeado la do-
dos en el cuerpo del saber histórico). Ahora bien, los
cumentación susceptible de ser utilizada posterior-
cursos universitarios, mucho más que la pretensión
mente en la substanciación y comprobación. Además
(imposible) de agotar los conocimientos históricos por
de lo ya mencionado respecto del planteamiento de
áreas cronológicas o espaciales –historia antigua,
hipótesis en el capítulo 2, § 4, en que se debe subra-
moderna, de América, nacional, etc.–, deberían orien-
yar el carácter general de la hipótesis y la necesidad
tarse a preguntas del tipo siguiente: “¿cómo se al-
de que éstas sean proposiciones comprobables,
canzan los conocimientos en las investigaciones pri-
verificables con los instrumentos metodológicos y
marias llevadas a cabo en el campo en estudio?”;
documentales disponibles, recordemos lo siguiente:
“¿qué implicaciones tienen las modalidades de fuen-
1) deben evitarse las hipótesis negativas : éstas son
tes y procedimientos ahí utilizados para el tipo y los
indeterminadas y por lo tanto poco fecundas (son
grados de seguridad de los conocimientos alcanza-
consideradas verdaderas si nada demuestra que son
dos?”; “¿qué controversias de enfoque teórico y
falsas), mientras que las proposiciones afirmativas
metodológico se constatan?”; “¿cómo, partiendo de
sugieren algún nexo o propiedad real que deberá
qué, los especialistas del área examinada establecen
investigarse, por lo cual son fructíferas; 2) las hipó-
sus generalizaciones explicativas?”. Todo ello, desde
tesis no deben tomar la forma de enunciados de con-
luego, acompañado de lectura y debate de la histo-
tenidos empírico sobre un factor o variable (como
riografía especializada pertinente. Pero esto raramente
por ejemplo: “la producción x aumentó durante el
es así. Muchos profesores están más interesados en
período considerado”), sino acerca de nexos entre
(o más preparados para) “exponer” conocimientos –
factores o variables (por ejemplo: “la variación de la
o alguna versión de ellos– . En estas condiciones, no
producción x dependió de los factores a, b, c.. n”,
sirve de nada multiplicar a la vez cursos de “histo-
especificándose las formas de ligazón entre x y tales
riografía”, en los que tampoco se hará en escala con-
factores): por esto es útil, muchas veces, tratar de
siderable lo que no se hizo donde era debido: leer a
aproximarse a un enunciado de tipo legaliforme
los especialistas en el sentido de aprender no sólo lo
(“siempre que ... entonces...”; “si, y sólo si ...enton-
que afirman substantivamente, sino también cómo
ces...”, etc.); 3) formular las hipótesis como enun-
trabajan, qué teorías manejan, qué dificultades en-
ciados concisos: con frecuencia, una hipótesis muy
cuentran en su labor, etc. Si a un alumno que no tuvo
complicada puede subdividirse en una principal y
derecho a esta enseñanza, interesada más en el “ta-
varias subsidiarias; 4) la historia es el estudio de la
ller del historiador”30 que en la acumulación de in-
dinámica de las sociedades humanas en el tiempo: las
formaciones organizadas a partir de cortes cronoló-
hipótesis deberán reflejar esto, buscando definir los
gicos (“historia medieval”, “historia contemporá-
cambios cualitativos y/o cuantitativos constatables
nea“), geográficos (“historia de América”, historia
en el lapso de tiempo considerado; aunque sin olvi-
de Francia”), u otros, se les pide después que plantee
dar las persistencias y las resistencias al cambio; 5)
–o sea, invente– hipótesis personales para orientar
las sociedades humanas no son un amasijo de ele-
un proceso de investigación, ¿cómo se puede esperar
mentos, sino totalidades organizadas: ello debe ser
que lo sepa hacer? Esta habilidad depende, entre otras
considerado al plantearse hipótesis acerca de algún
cosas, de una cultura histórica efectiva, basada en
nivel de la realidad social.
años de lectura razonada de modelos, o sea, de obras
vista no sólo ni principalmente como fuentes de da- Al formular sus hipótesis, el investigador está, ante
tos, sino como ejemplos de cómo hacer... o cómo no todo, armándose de una herramienta indispensable.
hacer. En la fase de recolección de datos, son las hipótesis
lo que le preparan a penetrar en la masa de fuentes y
datos, a veces considerable, disponiendo de criterios
de pertinencia (o sea, que le permiten decidir: “esto
me sirve”, “aquello no”). Por esto la hipótesis resul-
30 . Este es el título de un libro muy interesante: L. P. Curtis, Jr., ed., El
tará útil aún cuando la afirmación que contiene esté
taller del historiador, trad. De J.J. Utrilla, FCE, México, 1975.

41
Ciro F. S. Cardoso

Figura 1
Del planteamiento del problema a investigarna la recolección de datos

Selección de tema

Definición y delimitación

Fuentes de consulta

Bibliografía particular Periódicos


Hojas sueltas

Bibliografía general Documentos Entrevistas

Fichero bibliográfico

Hipótesis

Bosquejo

Histórico Cronológico Sistemático Lógico

Fichas de lectura

Clasificación de acuerdo bosquejo

Fuente: Jorge Mario garcía L. y Jorge M. , Guía de técnicas de investigación, Serviprensa Centroamericana, Guatemala, 1972,
p. 33

42
Etapas y procedimientos del método histórico

equivocada; con la condición, evidentemente, de sa- 1) el tema: planteamiento, delimitación (en el tiem-
ber corregirla, de no pretender mantenerla contra toda po, en el espacio y como universo de análisis) y justi-
evidencia de lo contrario. ficación;
El planteamiento de la hipótesis determina, en 2) objetivos del proyecto;
buena parte, por su propia naturaleza y por las for-
3) especificación del marco teórico;
mas posibles de verificarlas, la elección de métodos
y técnicas para la organización posterior de los datos 4) formulación de las hipótesis;
(su análisis y procesamiento).
5) tipología de las fuentes que serán utilizadas y
C) El proyecto de investigación. Con frecuencia, elecciones técnico–metológicas;
en este punto, o sea, inmediatamente antes de lanzar-
6) cronograma,
se a la más larga de las etapas de labor histórica –la
recolección de los datos–, el investigador debe redac- 7) bibliografía
tar un proyecto formal que describa la investigación De estas partes, las que exigen mayor actividad
que se propone llevar a buen término. Esto pasa por- de redacción son la 1ª y la 4ª. Ocurre que la justifica-
que buena parte de las investigaciones son propues- ción del tema exige alguna explicación, que implica
tas en el marco de universidades o institutos –que en muchos casos un análisis de la bibliografía ya exis-
deben aprobar o no lo que pretenden hacer en este tente, con la finalidad de mostrar en qué es original
nivel sus estudiantes avanzados, candidatos a la li- la investigación propuesta, y que es lo que se agrega
cenciatura y al doctorado, y sus profesores e investi- a los conocimientos del campo en que está insertada.
gadores–, o en el contexto de pedidos de becas o Del mismo modo, es preciso, al plantear las hipóte-
financiamiento a instituciones públicas o privadas del sis, justificar su pertinencia e interés, echando mano
país o del exterior. El proyecto debe pues cumplir para ello de los elementos de que ya se disponga acer-
con su finalidad, que es convencer acerca de la rele- ca del tema.
vancia y viabilidad de lo que se pretende hacer. Pero
debe resultarle útil a su autor, como instrumento de En las partes relativas al marco teórico y a la
orientación en el proceso de estudio que pretende rea- metodología, se recomienda no divagar: se tratará de
lizar. elecciones concretas y planteamientos precisos bien
vinculados al tema, y se debe evitar irritar a los espe-
Ciertas instituciones especifican en detalle el as- cialistas que deben juzgar el proyecto, dándoles la
pecto formal del proyecto de investigación. Si no es impresión de querer impartirles lecciones teórico–
así, aconsejamos redactarlo según el plan siguiente: metodológicas (sobre todo si el autor del plan es un
investigador principiante)... Los objetivos pueden ser
de tipos diversos –científicos, pedagógicos, ligados a
algún tipo de acción–; deberá ser enunciados

e m o de c o o g a m a de u oyecto de vest gac ó

43
Ciro F. S. Cardoso

sintéticamente, y de manera que sean claramente Siguiendo en parte a Topolski, 32 podemos definir
comprensibles incluso para no especialistas. En cuen- las fuentes históricas como todos los tipos de infor-
to a las fuentes, los sondeos ya hechos permitirán en mación acerca del devenir social en el tiempo, inclu-
esta etapa identificar los tipos de documentos que se yendo los canales de transmisión de dicha informa-
piensa utilizar, justificando su pertinencia en relación ción, es decir las formas en que ha sido preservada y
al tema y a las hipótesis (o sea, no se trata todavía de transmitida. Así, serán fuentes históricas las redac-
una lista exhaustiva). Lo mismo en cuento a la bi- ciones que nos llegaron en papiros, tablillas de arci-
bliografía en la que se separarán las fuentes prima- lla, paredes de monumentos, pergaminos, papeles,
rias impresas, las obras teórico–metodológicas, los etc.; objetos diversos: templos, tumbas, monedas,
libros y artículos de carácter general, y los más espe- muebles, cuadros, etc.; restos de paisajes agrarios o
cíficos respecto del tema del proyecto. monumentos desaparecidos perceptibles a través de
la fotografía aérea, etc.
El cronograma puede tomar la forma de un cua-
dro, por ejemplo colocándose en sentido vertical las ¿Cómo clasificar a las fuentes utilizadas por los
etapas del proceso de investigación, y en sentido ho- historiadores? Sobre todo desde el siglo pasado, nu-
rizontal los meses correspondientes. (Ver el cuadro merosas clasificaciones y tipologías han sido propues-
6) tas. De ellas, tres parecen más importantes: 1) la que
distingue las fuentes primarias (o directas) de las
La figura 1 resume las etapas de la investigación
secundarias (o indirectas); 2) la que opone las fuen-
hasta la recolección de datos. El proyecto de investi-
tes escritas (ampliamente mayoritarias en casi todas
gación corresponde, en dicha figura, al “bosquejo”,
la investigaciones históricas) a las no escritas (ar-
Hasta ahí, las fuentes de consulta fueron sólo son-
queológicas, iconográficas, orales, etc.); 3) la que
deadas, pero se debe entender que, después de contar
diferencia entre testimonios voluntarios e involun-
con el proyecto formal de investigación, se vuelve a
tarios. De estas tres, la esencial es la primera. Las
ellas, y es cuando se da el trabajo real de recolección
fuentes primarias –que en caso de los documentos
de datos. En la práctica, el orden de las etapas que
escritos pueden ser tanto manuscritos como impre-
presentamos es más lógico que cronológico: en los
sas (publicadas en el mismo período estudiado o a
hechos, pueden en ciertos casos ser paralelas en el
veces mucho más tarde)– son aquellas que tienen vin-
tiempo e influenciarse mutuamente.
culación directa con el tema investigado, cosa que no
c) La recolección de los datos (fas de documen- ocurre con las secundarias . Por ejemplo, si estamos
tación).En las ciencias factuales, una vez planteadas estudiando históricamente un proceso dado de indus-
las hipótesis y deducidas las consecuencias particu- trialización, los libros de contabilidad de las empre-
lares comprobables de las mismas, el investigador sas industriales, la legislación gubernamental acerca
pasa a planear y ejecutar –mediante observaciones, de la industria y las estadísticas industriales compi-
experimentos– la prueba de las hipótesis, cuyas con- ladas en el período en cuestión serán tratadas como
secuencias particulares deberán ser verificadas. En fuentes primarias; mientras que artículos y libros so-
esta fase, de una u otra manera, recogerá datos empí- bre tal proceso serán considerados fuentes secunda-
ricos que serán criticados, evaluados, procesados e rias. Cuando las fuentes primarias ya o existen, las
interpretados. fuentes secundarias más próximas pasan a ser pri-
marias: es el caso de las obras de Tucídides, Polibio,
En la investigación histórica el modelo general es
Tito Livio y otros historiadores antiguos, los cuales
el mismo; pero como en la gran mayoría de los casos
se basaron en fuentes primarias que se perdieron hace
será preciso inferir los hechos y procesos estudiados
mucho. La distinción entre fuentes primarias y se-
a través de la documentación disponible, las fuentes
cundarias es de naturaleza epistemológica y
asumen necesariamente un papel importante, ya que
metodológica, e indica que las primeras son la base
a ellas están vinculadas las posibilidades del análisis
principal de una verdadera investigación, que pretenda
y procesamiento de los datos,31 y en general de la
aportar conocimientos nuevos.
constratación de la hipótesis, de modo que se garan-
tice la objetividad y la intersubjetividad. La fase de recolección de datos es la más larga
del proceso de investigación, y la más peligrosa en
términos de posibles retrasos y aún de trabajos inúti-
les. Aquí nos ocuparemos sólo de la circunstancia
mayoritaria: la investigación apoyada en fuentes es-
31 . Así, diferentes tipos de datos cuantitativos implican posibilidades critas.
también distintas de tratamiento estadístico: ver Roderick Floud, An
introduction to quantitative mehods for historians, Methuen, Londres,
1973, caps. 1y 2 (en cast: Alianza Editorial, Madrid). 32 . Topolski, op. Cit., p. 388.

44
Etapas y procedimientos del método histórico

Los tres problemas fundamentales para el histo- sean largos, lo mejor es microfilmarlos o utilizar
riador son: 1) la localización de los acervos docu- xerocopias. Es el caso, por ejemplo, de las series es-
mentales; 2) evitar la dispersión y la pérdida de tiem- tadísticas considerables: incluso porque, al copiar-
po; 3) mantener un control permanente sobre los ma- las, no sólo se pierde mucho tiempo sino que se corre
teriales acumulados, a través de una organización de el riesgo de equivocarse. Por otra parte, al trabajar
la recolección. con fuentes que se repiten en forma estereotipada,
según un patrón regular –son ejemplos de ello las actas
El primer punto tiene que ver con la “heurística”
de bautizos, casamientos, y defunciones de los archi-
de los historiadores tradicionales. Sería deseable que
vos parroquiales; o las actas notariales: contratos
los cursos de graduación en historia proporcionaran
matrimoniales, testamentos, inventarios, etc.–, lo
un adecuado entrenamiento en el uso de bibliotecas y
mejor es diseñar hojas o fichas de recolección ade-
archivos, pero ello no ocurre siempre. Al empezar
cuadas, reproducirlas en imprenta o mimeógrafo, y
una investigación, conviene echar mano de todos los
después llenar, para cada documentos, las lagunas
recursos disponibles en el sentido de localizar la in-
previstas en ellas.33
formación pertinente y disponible. Además de los más
obvios – la lectura de las referencias y listas de fuen- Finalmente, tenemos la cuestión d el control que
tes y bibliografía de obras acerca de temas relacio- se debe ejercer en todo momento, sobre los materia-
nados con el que se estudia; el uso de los ficheros de les que se van acumulando en la fase de recolección
archivos y bibliotecas; la consulta de los repertorios de datos, hasta el punto de formar a veces verdade-
y catálogos de manuscritos y publicaciones; la bús- ras montañas de papel. Es evidente que no se puede
queda en colecciones de fuentes impresas y revistas confiar únicamente en la memoria para localizar una
que publican documentos (los boletines de archivos, pieza determinada de información con rapidez, cuando
por ejemplo)– , es también muy importante recurrir a se tienen algunos miles de hojas o fichas. La única
cierta personas: los archivistas y bibliotecarios, a solución es organizar eficientemente todo el material
veces muy competentes y con gran experiencia; y los recolectado. Para esto, dos reglas básicas: 1) dispo-
historiadores o “eruditos” que ya realizaron trabajos ner de un plan de clasificación; 2) elaborar los tipos
en los archivos y bibliotecas de que se trata. En Amé- pertinentes de fichas y hojas de recolección.
rica Latina puede pasar a menudo que, previamente
¿Cómo establecer un plan de clasificación, si al
a su recolección de datos, el historiador deba hacer
empezar la fase de recolección todavía o se conoce a
trabajo de archivista, ordenando materiales no clasi-
fondo el tema investigado? Ante todo, puede ser un
ficados y hasta “salvando” documentos en peligro de
plan bastante burdo: lo más probable es que , en su
destrucción próxima: muchos investigadores tuvie-
simplicidad, resulte bastante diverso del que más tar-
ron tal experiencia –que no deja de tener su encanto
de orientará la redacción de los resultados de la in-
e interés propios– en archivos privados, eclesiásti-
vestigación. Su finalidad es, únicamente, permitir una
cos, notariales, etc.
clasificación lógica –de preferencia sistemática y no
Para evitar la dispersión y la pérdida de tiempo, sólo cronológica– de los datos. Ahora bien, aún en
una primera regla importante es no entrar de lleno en una fase temprana del proceso de investigación ello
la recolección de datos antes de tener un tema bien no debe resultar muy difícil, a condición de tener una
delimitado, e hipótesis de trabajo claramente formu- cierta cultura teórica e historiográfica. El tema que
ladas puesto que éstos son los criterios de pertinen- se estudia puede no haber sido investigado anterior-
cia a través de los cuales se pueden seleccionar las mente, pero lo más probable es que existan trabajos
fuentes y datos efectivamente útiles para la investi- acerca de temas similares en otros países o regiones,
gación que se lleva a cabo. Es preciso, también, apren- lo que os dará indicaciones sobre posibles articula-
der a refrenar el impulso de querer echar una ojeada ciones lógicas de la temática escogida. Por otra par-
a toda la documentación a la vez. Esto es útil en la te, nada impide que se vaya perfeccionando poco a
fase de sondeo de las fuentes y establecimiento de poco el plan de clasificación.
prioridades de consulta, pero después lo mejor es
No es necesario ser un genio para darse cuenta de
agotar ordenadamente cada tipo de serie de documen-
que si el tema estudiado es, por ejemplo, la produc-
tos. Otra cosa necesaria es restringir al máximo la
ción cafetalera en un país en un país y período da-
copia ipsis litteris de las fuentes, reservándola sola-
dos, aparecerán cosas como: contexto histórico en
mente a pasajes que eventualmente, por su alta perti-
que tal producción tiene lugar; tierra (como factor
nencia, podrán ser reproducidas tal cual en el texto
natural; formas de propiedad y su eventual concen-
que resultará de la investigación; en la mayoría de
los casos se debe resumir. Cuando se justifica el de-
seo de poder contar con la totalidad de textos que 33 . Ver ejemplos en Cardozo y Pérez B. Los métodos .., caps. VI y VII

45
Ciro F. S. Cardoso

tración); fuerza de trabajo (cómo se consigue la mano de los diferentes sistemas aceptados y elegir conse-
de obra; su cantidad; relaciones de producción); ca- cuentemente uno de ellos.34 En la ficha documental
pitales (de dónde vienen; cuánto se necesita; qué ga- de identificación deben constar todos los datos que
nancias en promedio se obtienen, y si son reinverti- identifican el documento y permiten encontrarlo y
das) ; técnicas de producción (agrícolas y de benefi- solicitarlo: nombre del archivo, serie, número de cla-
cio); estadísticas de producción y rendimientos; trans- sificación, título o contenido de la fuente, autor, fe-
portes; mercados internos y externos; formas cha y folios. Con frecuencia, en el caso de las fichas
comercialización y sus resultados; legislación y ac- documentales, es más cómodo preparar una tarjeta
ción del estado acerca del café (impuestos o exencio- impresa o mimeografiada en la que sólo se llenan las
nes, fomento, etc.); impacto de la expansión cafeta- lagunas. Las figuras 2 y 3 ejemplifican las fichas
lera en varios niveles: económico, social, político documental y bibliográfica de identificación.
(interno e internacional), cultural. De hecho, la iden-
En el fichero del investigador, las fichas biblio-
tificación, ordenamiento y jerarquización de factores
gráficas de identificación podrán ser clasificadas te-
pertinentes que se hayan llevado a cabo forzosamen-
máticamente, usándose en cada división el orden
te como paso previo a la formulación de las hipóte-
alfabético de los apellidos de los autores. Las fichas
sis, y el marco teórico que haya orientado al plantea-
documentales se clasificarán por archivos, y para cada
miento de éstas, deberán ayudar bastante a estable-
archivo según los sistemas de clasificación de éste
cer un plan de clasificación en la fase de recolección
(colecciones, series, ramos, etc.)
de datos.
El libro, artículo o documento manuscrito debe
Dejando de lado el caso especial de las hojas de
ser tratado como unidad cuando se trata de evaluarlo
recolección ya mencionadas, hablemos ahora del fi-
o criticarlo. Sin embargo, en cuanto a las informa-
chero documental y bibliográfico, y de las fichas de
ciones que contiene, puede ser necesario, de un mis-
lectora.
mo texto, sacar diversas fichas de contenido (tam-
Se trata, en primer lugar, de elaborar, para cada bién llamadas fichas de lectura, analíticas o de in-
documento de archivo, fuente primaria impresa o pie- vestigación). En otras palabras, la menor unidad de
za de bibliografía, una ficha documental o biblio- información en el proceso de investigación será la fi-
gráfica de identificación. Las funciones de la ficha cha temática de contenido. Aconsejamos elaborar las
de identificación son las siguientes: 1) servir para la fichas analíticas no en tarjetas de cartón, sino en ho-
elaboración de las notas de referencia y de la lista de jas de carpeta movibles, lo que las mantiene fijas a la
fuentes y bibliografía del trabajo que presentará los vez permite su fácil manipulación y eventuales cam-
resultados de la investigación; 2) permitir, si fuera bios de su clasificación y distribución. Tal clasifica-
necesaria nueva consulta, una localización rápida del ción se hará según las divisiones y subdivisiones del
documento o publicación. Estas fichas deben ser ela- plan de clasificación de los de los materiales, del que
boradas en tarjetas de cartón. ya hablamos. Una ficha podrá ocupar más de una
hoja (en tal caso se repiten en las hojas que siguen a
Tratándose de textos impresos, las fichas deben
la primera los datos de identificación de la ficha, nu-
contener los datos básicos que identifican el libro o
merando estas hojas). Las hojas deber ser utilizadas
artículo: nombre del autor, título subrayado, lugar
en uno solo de sus lados (ya que lo que se escribe en
de edición, editorial, año de publicación, número de
el dorso de una hoja corre el riesgo de olvidarse, al
páginas, cuando son libros; siendo artículos, el nom-
no quedar inmediatamente visible).
bre del autor, el título entre comillas, el nombre de la
revista o periódico subrayado, el año (o tomo), el La ficha analítica consta, en primer lugar, de una
número, la fecha y las páginas correspondientes al parte superior que, a la izquierda, trae una identifi-
artículo. Por otra parte, si el libro o revista fue con- cación resumida (la completa se halla en la ficha de
sultado en una biblioteca, la ficha deberá contener el identificación correspondiente), a la derecha la indi-
nombre (o sigla) de la misma, y el número de clasifi- cación de la parte y eventualmente también de la sub-
cación del volumen. De hecho, hay varios casos a división del plan de clasificación a la que pertenece,
considerar: libros de diversos autores (con o sin com- y su número en esta parte (como tales indicaciones
prador), obras o folletos anónimos, números espe-
ciales de revistas con títulos temáticos, etc. Y la con-
fección misma de la ficha puede seguir reglas varia- 34 . Diversas guías de técnicas de investigación enseñan a elaborar las
das –uso sólo de comas, como preferimos; de puntos fichas bibliográficas en sus numerosas modalidades. Por ejemplo: Arman-
y comas; de guiones, puntos y comas; el apellido del do F. Zubizarreta G, La aventura del trabajo intelectual, Fondo Educa-
tivo Interamericano, Panamá, 1969; Jorge Mario García L. Y Jorge Luján
autor precediendo al nombre, y escrito o no en ma- M., Guía de técnicas de investigación, Serviprensa Centroamericana,
yúsculas, etc.– ; lo importante es tratar de enterarse Guatemala, 1972.

46
Etapas y procedimientos del método histórico

pueden cambiar, es mejor hacerlas con lápiz), y en el


centro el título de esta ficha según su contenido tal
Figura 2
como lo ve el investigador. La parte inferior de la
ficha queda reservada a observaciones: correlacio- Ficha Documental de Identificación
nes con otros libros y documentos, o con otra fichas
de contenido, elementos de crítica interna o externa,
y otras anotaciones que el historiador juzgue a pro- Archivo: Biblioteca Nacional (Río de Janeiro), Sección
pósito de hacer. Por fin, el centro de la ficha –la ma- de manuscritos.
yor parte de su superficie– queda reservado al resu-
men, paráfrasis o copia entre comillas (a veces se
Ramo o serie: – Clasificación: I-3, 17,39
combinan todas estas modalidades en una sola fi-
cha) del texto que se esté trabajando, o mejor de la
parte del mismo que sea pertinente al tema de la fi- Título o contenido: Oficio del conde de linares, Ministro
cha, según su título; a la izquierda se indican las pá- de Negocios extranjeros y de la Guerra, al príncipe Regente
ginas o folios correspondiente. D. Juan.
La figura 4 representa dos fichas de contenido
sacadas del documento de archivo a que se refiere la Lugar y fecha: Río de Janeiro, 03/09/1811
ficha de identificación de la figura 2: de manera aná-
loga, la figura 5 se refiere al libro cuya ficha de iden-
tificación es la figura 3. Autor: Domingos Teixeira de Andrade Barbosa, 1° Con-
de de Linhares.
e) Análisis y procedimiento de los datos. Hoy día,
con el desarrollo de la computación, es común que
muchas personas asocien a la expresión “análisis y
procesamiento de datos” una connotación exclusiva-
mente cuantitativa. En este sentido estrecho, tal ope-
ración está sin duda cada vez más presente en los
estudios históricos, con el avance de la cuantificación
sistemática en tales estudios. Así, especialmente en
historia demográfica, económica y social (en el sen-
tido de historia de la estructura social y de los con-
flictos sociales), pero cada vez más también en histo- Figura 3
ria política y de las ideas, es frecuente hoy día que Ficha bibliográfica de identificación
historiadores deban establecer, a partir de los datos
brutos que han recolectado, series, curvas y otras grá-
ficas, cuadros, correlaciones estadísticas diversas, GUISAN, Jean-Baptiste
etc., Después de haber evaluado la fiabilidad, la con-
sistencia de dichos datos; o que alienten una compu-
tadora con información, según un programa, para lle- Traité sur les terres noyées de la Guiane, appellées
var a cabo los cruces entre variables exigidos por las communément terres-basses, sur leur desséchement, leur
hipótesis que quieran verificar.35 défrichement, leur culture et l´exploitation de leurs
productions, avec des réflexions sur la régine des esclaves
et autres objets, Cayena, Imprimerie du Roi, 1788, II + 350
pp.

Bibliothéque Nationale (París) (n° de clasificación)

35 CF. Floud, op. Cit; Edward Shorter, The historian and the computer,
Prentice–Hall Englewood (N.Jersey) 1971.

47
Ciro F. S. Cardoso

Figura 4 Figura 5
Ficha documental de contenido Ficha bibliográfica de contenido (fuente prima-
ria impresa)
A)

B)

Por otra parte, el análisis y procesamiento de los


datos es, en historia, mucho más antiguo que la
cuantificación sistemática, puesto que incluya los
procedimientos “hermenéuticos” de interpretación o
descodificación de las fuentes, y la crítica externa e
interna de éstas, en el sentido de lo que los historia-
dores positivistas llamaban el “establecimiento de los
hechos históricos”.
Aunque la fase de análisis y procesamiento de los
datos es lógicamente posterior a la de recolección de
los mismos, con frecuencia se desarrolla –por lo me-
nos en parte – paralelamente a ésta.
En términos de metodología general, pertenece a
la etapa de la prueba de la hipótesis en que, realiza-
das ya las operaciones planeadas de observación y/o
experimentación, los datos entonces recogidos son
criticados, evaluados, clasificados, analizados, pro-
cesados e interpretados, en el sentido de hace posible
la introducción de las conclusiones de la prueba en la
teoría.
f) Síntesis y redacción. La síntesis es la fase final
del proceso de investigación. Este empezó a moverse
con la localización y delimitación. Este empezó a
moverse con la localización y delimitación de un pro-
blema; en seguida, con apoyo teórico, fueron plan-
teadas hipótesis, deducidas consecuencias de éstas, y

48
Etapas y procedimientos del método histórico

se pasó a una fase de observación sistemática (re- más vasto de la disciplina; 2) el marco teórico del
unión de datos según ciertos criterios, control, análi- que se parte y al que se vuelve (modificándolo en
sis y procesamiento de estos datos). En otras pala- mayor o menor edad) al final de la investigación; 3)
bras, se empieza con una visión totalizadora de un las concepciones acerca de la temporalidad concreta,
problema dado, a la cual debe forzosamente suceder, por procesos y hechos localizados según sus fechas,
para que se lo pueda tratar de solucionar, una etapa es el elemento distintivo por excelencia de la síntesis
en la que de cierta forma predomina la reducción histórica (lo que se aplica igualmente a la historia
analítica. La síntesis es la fase final del proceso de natural, o sea a la geología histórica, a la paleon-
investigación. Este empezó a moverse con la locali- tología, etc.) 4) el manejo de la categoría “espacio”,
zación y delimitación de un problema; en seguida, sobre la cual los historiadores reflexionan muy poco
con apoyo teórico, fueron plateadas hipótesis, dedu- en conjunto, y corren así el riesgo de caer prisione-
cidas consecuencias de éstas, y se pasó a una fase de ros de construcciones espaciales inadecuadas, de un
observación sistemática (reunión de datos según cier- espacio que se presenta como un “hecho” o como algo
tos criterios, control, análisis y procesamiento de es- “dado”, sin justificación suficiente muchas veces 5)
tos datos). En otras palabras, se empieza con una los conceptos clasificatorios ordenadores del conoci-
visión totalizadora de un problema dado, a la cual miento que conducen a tipologías, al asociar un con-
debe forzosamente suceder, para que se lo pueda tra- cepto clasificatorio a un sistema de conceptos orde-
tar de solucionar, una etapa en la que de cierta forma nadores.37
predomina la reducción analítica. La síntesis marca
Este último punto exige alguna explicación. Un
la vuelta a lo general, ahora con conocimiento pleno
concepto clasificatorio es el que, asociando una pro-
de sus componentes y sus relaciones, de tal modo que
piedad a un conjunto de objetos, divide el universo
resulta posible la comprobación de la hipótesis, su
total de los objetos en estudio en dos grandes grupos:
abandono, o su corrección.
los que presentan y los que no presentan dicha pro-
Evidentemente, lo “general” que es el punto de piedad. Un concepto ordenador permite organizar ele-
referencia de la síntesis depende del universo de aná- mentos en el interior de una categoría dada, estable-
lisis elegido para la investigación: una ciudad, una ciendo relaciones en el interior de una categoría dada,
región, un país, un grupo de países, una parroquia, estableciendo relaciones de igualdad, procedencia,
una empresa, etc.; según el aso, tendremos una jerarquía, intensidad, etc., respecto de algún factor o
“macrosíntesis” o una “microsíntesis”. variable. En historia es muy frecuente el tipo de ra-
zonamiento tipológico que depende de conceptos cla-
La síntesis depende obligatoriamente de ambos
sificatorios y ordenadores: por ejemplo cuando, en
niveles del proceso de investigación, el teórico y el
historia política reciente, se utiliza la clasificación
empírico. En historia, puede presentar diversas mo-
de las posiciones políticas básicas hablando, por ejem-
dalidades. Una de las clasificaciones posibles es la
plo, de “derecha”, “centro” e “izquierda radical”, etc.
misma que aplicamos, en la parte anterior de este
Evidentemente, las tipologías –que participan de los
capítulo, a los “modelos isomórficos” (que son, bási-
principios de la construcción de modelos– valdrán lo
camente, instrumentos de sintetización): 1) síntesis
que valen los criterios y marcos teóricos que orien-
estructurales o funcionales, dominadas por la expo-
tan su establecimiento.
sición de la estructura de un sistema y sus funciona-
miento; 2) síntesis genéticas, en las que se busca la El resultado de una investigación se presenta bajo
explicación del proceso estudiado en la secuencia la forma de un texto. La historia utiliza básicamente
cronológica, asociada a una determinada visión cau- las lenguas naturales, y muy poco –aunque crecien-
sal; 3) síntesis dialécticas, que tratan de vincular en temente– los lenguajes artificiales (lógicos matemá-
una visión unificada los enfoques estructural y ticos). Esto comporta los peligros inherentes a la
genético.36 polisemia –variedad de significados de un mismo
significante– y a la imprecisión en el uso de los tér-
Si tratamos de buscar las bases de la construc-
mino sujeto a controversia, y también de buscar pun-
ción de la síntesis en historia, hallaremos probable-
tos de referencias en otras disciplinas. Términos como
mente, entre sus elementos más importantes: 1) la
“capital” o “inversión”, por ejemplo, pueden ser útil-
cultura histórica del investigador, que le permite es-
tablecer paralelos, precedentes, comparaciones en el
tiempo y el espacio, analogías, de modo que sea ubi- 37 Abordamos algunas de estas cuestiones en: Cardozo y Pérez B., Los
métodos..., cap. IX de los mismos autores, Historia económica de América
cado el tema que actualmente investiga n el contexto
Latina, cit,. I, capítulo 1. Ver también: Vilar, “Historia marxista” ;
Topolski, op.cit., caps. 22 y 23; Gérard Mairet, Le discours et I`historique.
Essai sur la représentation historienne du temps, Repéres–Mame, París,
36 Ver Topolski, op. cit,. 590–593– 1974.

49
Ciro F. S. Cardoso

mente aclarados mediante el conocimiento de los de- 2) fuente primarias impresas, separándose las que
bates al respecto entre diferentes corrientes de eco- tienen forma de libros de los folletos, de los periódi-
nomistas. cos y de aquellas publicadas en revistas, y usándose
una clasificación alfabética en cada subdivisión.
El primer problema, al trata de poner por escrito
los resultados de una investigación, es la elaboración 3) Bibliografía propiamente dicha, distinguiéndo-
del plan de redacción. Cuando predomina la preocu- se: 1) instrumentos de trabajo (diccionarios, reperto-
pación de síntesis estructural, el plan será lógico– rios bibliográficos y documentales, etc.); 2) obras de
sistemático, es decir, basado en la percepción de los carácter teórico–metodológico (o utilizadas como ta-
elementos que componen una totalidad, de la articu- les); 3)obras generales; 4)divisiones específicas por
lación y la particularidades de los niveles de un siste- especialización temática: en cada apartado, los artí-
ma. En las síntesis predominantemente genéticas, el culos y libros serán ordenados alfabéticamente se-
plan suele ser histórico–cronológico, o sea, funda- gún los apellidos de los autores.
mentado en la percepción de la temporalidad fecha-
Evidentemente, en ciertos casos habrá otras divi-
da, y por lo tanto en la constatación de la simultanei-
siones, relativas a entrevistas, a la recolección de tra-
dad o sucesión de los fenómenos y procesos. Lo ideal,
dición oral, a fuentes arqueológicas e iconográficas,
en historia, es lograr una combinación equilibrada
etc.
de ambos tipos polares de plan.
Cuando es posible, se valora mucho una lista de
Formalmente, el texto que presenta a la investiga-
fuentes y bibliografía al agregar comentarios (que
ción realizada deberá constar de tres divisiones fun-
pueden ser cortos) relativos a los contenidos, orien-
damentales: 1) la introducción, que formula el pro-
taciones teórico–metodológicos, divergencias
blema estudiado, lo delimita, lo justifica en función
historiográficas, etc., y también a la pertinencia de
de los criterios de relevancia y originalidad, enuncia
cada elemento documental o bibliográfico para la in-
las hipótesis y las elecciones en cuanto a tipos de fuen-
vestigación realizada.
tes, métodos y técnicas; 2) el cuerpo del texto –su
parte más vasta–, en el que se sentirá la repercusión El componente más importante del aparato de eru-
de la opción lógico–sistemática, histórico–crono- dición son las notas. En cuanto a su forma de reali-
lógica o combinada, en el establecimiento de las par- zación, hay varia modalidades. En los países
tes y capítulos; 3) la conclusión, en la cual se pre- anglosajones es muy usual – especialmente entre los
senta una visión razonada e integrada de conjunto y antropólogos, pero también en obras de historiado-
se evalúa el grado en que quedaron comprobadas las res– un sistema de notas que es cómodo para el autor
hipótesis (en historia ello depende, en gran parte, de y complicado para el lector. Las referencias –nor-
la documentación disponible). En el fondo, esta re- malmente bibliográficas en este tipo de notas– vie-
dacción final viene a ser una versión fundamentada, nen, entre paréntesis, en el cuerpo mismo del texto,
uy ampliada y modificada, del proyecto original de constando el apellido del autor, cada año de publica-
investigación. ción de la obra citada (si el autor publicó más de un
texto en el año en cuestión, se distinguen con letras:
En una obra de historia que tenga la pretensión de
1971 a, 1971b, etc.), y las páginas utilizadas: el lec-
cientificidad, no basta con afirmar cosas: es necesa-
tor debe, entonces, a cada nota, referirse a la lista
rio comprobarlas, apoyarlas. Esta es la función del
bibliográfica.
aparato de erudición, con sus tres elementos bási-
cos: 1) la lista de fuentes y bibliografía; 2) las notas Las notas al calce tienen como variantes las no-
al calce; 3) los anexos y piezas justificativas. tas al final de cada capítulo, o reunidas todas al final
del volumen, lo que no es aconsejable por dificultar
La lista de fuentes y bibliografías se ubica, se-
su consulta, al seguir al lector el orden del texto; por
gún tradiciones académicas variables en diferentes
esto, son las notas al calce (o pie de página) las más
países, al principio, a continuación de la introduc-
aceptables, aún cuando dan más trabajo en la com-
ción o al final del volumen. Su organización más usual
posición tipográfica del libro o artículo. Su principio
es la siguiente:
es el de colocar un número en el texto cuando se quiere
1) fuentes primarias manuscritas: su lista viene fundamentar alguno de sus desarrollos o afirmacio-
organizada por archivos, y depende de los sistemas nes, y reproducir el mismo número en la parte de de-
de clasificación de cada uno de éstos; normalmente bajo de la misma página seguido de las referencias
se utiliza un criterio decreciente de relevancia (o de bibliográficas y/o documentales pertinentes. En es-
abundancia) en relación al tema investigado, para la tas notas, la primera vez que aparece un documento
distribución interna de esta parte; manuscrito o un texto publicado, se reproduce la to-

50
Etapas y procedimientos del método histórico

talidad de sus datos de identificación (sacados de la des lógicas en la obra; en ningún caso es aceptable
ficha documental o bibliográfica de identificación que sean meros “adornos”. Cuando son numerosos,
correspondiente), además de las páginas o folios uti- surge problema de dónde ponerlos. Lo más frecuente
lizados (para esto se usa la ficha de contenido que es incluirlos en el cuerpo del texto, acerca de la pri-
contenga la parte del texto usada en ese momento); a mera vez donde cada uno es mencionado; pero a ve-
continuación, se utilizan abreviaciones usuales para ces se reúnen al final del capítulo o del volumen, y en
evitar pérdidas de tiempo y repeticiones superfluas ciertas tesis francesas vienen todos en un tomo apar-
(op.cit,. idem, ibidem, etc., es preciso aprender su te llamado “atlas” –lo que facilita la consulta parale-
empleo). la al texto, pero aumenta demasiado los costos de
edición–.
Independientemente de su forma de realización las
notas pueden ser clasificadas en tres categoría : 1) Por fin, un trabajo considerable en su extensión
notas de referencia, que son las más importantes, y justificará varios tipos de índice habitual de partes y
sirven para apoyar afirmaciones del texto; 2) notas capítulos ; un índice onomástico (de personajes his-
de referencia cruzada, también esenciales, que re- tóricos mencionados, y de autores; un índice geográ-
mienda otras partes del texto, o a otras obras, para fico; un índice temático: Sin índices suficientemente
enviar repeticiones y para contrastaciones positivas explícitos, una obra larga puede ser de difícil utiliza-
o negativas (estas notas empiezan habitualmente con ción, sobre todo si quien la consulta busca sólo cier-
f. O expresiones como “véase”); 3) notas de tos aspectos bien definidos.
complementación al texto, que no son aconsejables,
por interrumpir largamente la lectura del texto y difi-
cultar mucho la composición gráfica de una obra. Si
2. Conclusión
lo que contienen es importante, debería estar en el
texto; si se trata de largos extractos documentales en En su estudio de la servidumbre y de los sistemas
apoyo de las afirmaciones del autor, es mucho mejor señoriales al este del Elba, J. Rutkowski formuló la
como anexo.38 siguiente explicación:
Otra cuestión es la de saber en qué número hacer 1) Ley: Si sólo si la facilidad de vender la pro-
las notas. Si son demasiado numerosas, interrumpen ducción agrícola ocurre en coincidencia con una for-
a cada paso la lectura del texto. Si son muy pocas, ma agravada de servidumbre, se desarrolla la econo-
reúnen en una única nota las referencias relativas a mía que asocia el régimen señorial y la servidumbre.
un desarrollo largo, y el lector no sabrá exactamente
lo que cada elemento documental y bibliográfico ci- 2) Condición inicial: En la Edad Moderna, las
tado está apoyando. La experiencia enseña a alcan- regiones al este del Elba fueron marcadas por la faci-
zar un cierto equilibrio. En algunos casos la nota es lidad de venta de productos agrícolas y por una for-
obligatoria: por ejemplo, al citarse entre comillas un ma agravada de servidumbre.
pasaje de una fuente manuscrita o de un libro, la re- 3) Efecto: La economía que asocia el sistema se-
ferencia debe constar de inmediato. ñorial y la servidumbre se desarrolló durante la Edad
Los anexos y piezas justificativas evitan largas Moderna en las regiones del este del Elba.39
citas entre comillas incorporadas al texto o a las no- Esta explicación indica las condiciones necesarias
tas. En los trabajos donde se procede a la cuantifi- y suficientes, e incluso cumple con los requisitos del
cación, es aconsejable publicar en anexo la totalidad esquema de la explicación científica del modelo de
de los datos brutos, en el sentido de permitir que otros Hempel y Popper, Independientemente de su valor
historiadores puedan apreciar los procedimientos usa- específico, nos parece que los historiadores tenderán
dos para procesar los datos: esto es un elemento im- en el futuro próximo, por diferentes caminos, a una
portante para garantizar la intersubjetividad, pero no formalización y explicitación crecientes de hipótesis
se cumple siempre debido al costo. y formulaciones legales, lo que constituye un elemento
Con frecuencia, un texto de historia viene acom- de la mayor importancia si se pretende construir una
pañado de una parte gráfica compuesta de mapas, historia científica.
ilustraciones, curvas estadísticas, cuadros, etc. Sólo Por otra parte, es preciso no ceder al desánimo
se puede justificar su inserción si cumplen necesida- frente a las imperfecciones del método científico ac-
tualmente disponible y practicable en nuestra disci-

38 Acerca del la redacción histórica y su aparato erudito, Cf. André


Nouschi, Initiation aux sciences historiques, Fernand Nathan, París,
1967, pp. 199–205. 39 Citado según Topolski , op. Cit., p 570

51
Ciro F. S. Cardoso

plina. Con frecuencia los mejores historiadores y teó-


ricos de la historia, aquellos mismos que más contri-
buyen a su construcción como ciencia, capitulan fren-
te a falsos problemas heredados de la historia tradi-
cional. Así le pasa a J. Topolski cuando afirma:40
En la investigación histórica, sólo un acaecimiento pa-
sado puede ser objeto de análisis científico, y por esto cuanto
más un acontecimiento que se describe está todavía in statu
nascendi, más un historiador se parece a un cronista. Para
el historiador, la perspectiva temporal es una condición ne-
cesaria para aprehender el desarrollo de sistema dado, esto
es, sus interconexiones que indican sus papeles respecti-
vos en el proceso de la historia. No podemos en ningún modo
analizar científicamente un acaecimiento, no solamente an-
tes que llegue a su término, sino también antes que tenga
resultados.
Con lo que revertiríamos a la concepción tradi-
cional que cierra la historia estrictamente contempo-
ránea a los historiadores. Una cosa es admitir que
resulta más fácil y seguro estudiar procesos conclui-
dos y bien conocidos en todas sus ramificaciones. Otra
muy diferente, creer que caemos en la crónica al es-
tudiar por ejemplo la revolución industrial, proceso
histórico empezado hace dos siglos y que está toda-
vía muy lejos de terminar. El historiador de la histo-
ria contemporánea puede perfectamente poner en pers-
pectiva histórica de larga duración los eventos pre-
sentes, y explicarlos en gran parte con arreglo a teo-
rías (como la del capitalismo, del imperialismo, del
fascismo, de las ideologías de clase, etc.) Suponer lo
contrario implica en efecto reafirmar la primacía del
hecho aislado sobre las estructuras. Una historia es-
tructural, comparativa, apoyada en modelos, no ten-
drá dificultades en corregir los errores de previsión o
explicación resultantes de que la evolución y los re-
sultados de las estructuras de hoy día dependerán de
las luchas que se están todavía decidiendo en las
praxis social. Porque tales luchas tendrán mucho que
ver, de hecho, también con la imágenes históricas del
neolítico, del feudalismo o de la Revolución france-
sa.

40 Topolski, op.ct., p.611

52
La renovación de los estudios históricos. El caso venezuela,, Editorial
Setentas, México, 1976, pp. 25-70.

Germán Carrera Damas

Agregados de datos, filiación,


explicación, generalización y
conocimiento histórico
La necesidad de profesar historia de Venezuela es carácter esporádico y su marcado interés por la críti-
inmejorable terreno de pruebas para quien se ocupa ca histórica más que por la metodológica, sin que ello
de investigarla animado por la inquietud de contri- signifique ausencia de esta última ni que sus expre-
buir a la depuración de su metodología. Además de siones carezcan de significación. La falta de una crí-
constituir esa necesidad un saludable y forzoso trán- tica metodológica constante en su aplicación y an-
sito desde la especializada investigación de un sector siosa del afinamiento de sus instrumentos, obedece
restringido del conocimiento histórico hacia planos al poco cultivo de que ha sido objeto la metodología
de más vasta generalización, ofrece también la opor- de la historia entre nosotros, en tanto que una de las
tunidad de comprobar la validez de los materiales dis- ramas específicas de los estudios históricos.
ponibles para intentar esa generalización con un mí-
Mucho tiene que ver ese escaso desarrollo de los
nimo de seriedad científica en el procedimiento y en
estudios metodológicos con las deficiencias estructu-
los resultados.
rales que se observan en nuestros estudios históri-
De esta experiencia, lo más revelador es precisa- cos, y bien puede afirmarse que éstos sólo han senti-
mente la comprobación de la dudosa resistencia de do el efecto correctivo de los primeros en momentos
muchos de los materiales historiográficos de que dis- particularmente críticos, representados por la implan-
pone el docente. No son raros los aprietos ni las sor- tación de los ecos de una nueva orientación general
presas que depara esa comprobación, tan pronto se de la historiografía universal. Pero aun en estos ca-
abandona la tradicional exposición narrativa de la sos, la reorientación ha sido obra de uno o de conta-
historia y se intenta la difícil tarea interpretativa. Pa- dos historiadores, que poco o nada se preocuparon
sada la sorpresa, la reflexión va descubriendo pro- por ofrecer un planteamiento sistemático, teórico, de
gresivamente las causas del percance. Sin embargo, la metodología que pretendían implantar. Era la obra
la comprensión de lo sucedido no es propio a tran- misma la que constituía el alegato en favor de esa
quilizar. Al contrario, es entonces cuando las pre- nueva metodología –lo cual, por cierto, no dejaría de
guntas se multiplican hasta llegar a convertirse en ser visto por algunos críticos de la historia como la
una especie de requisitoria contra la que se ha desig- mejor crítica metodológica–, con la circunstancia
nado como historiografía tradicional. desfavorable de que lo propiamente metodológico se
confundía con la crítica histórica, y se dispersaba,
Y es que palpar las tremendas carencias de esa
hasta el punto de que hoy es necesario reconstituir el
historiografía no sólo da base para alegatos más o
pensamiento de esos autores para mejor apreciar su
menos encendidos, sino que autoriza al más sereno
estructura y su significado.
juicio a plantearse con fundamento esta cuestión bá-
sica: ¿Qué nos ha proporcionado la historiografía tra- La ausencia de estudios metodológicos sistemáti-
dicional? La pregunta no es nueva. Formulada perió- cos ha impedido a la historiografía venezolana el apro-
dicamente por historiadores y críticos, ella constitu- vechamiento, en pro de su mejor desarrollo, de ener-
ye, quizá, la prueba más elocuente de que ha habido gías que se pierden en estudios intrascendentes y de-
reflexión sobre los fundamentos de la labor leznables, y la persistencia de vicios cuyo efecto lle-
historiográfica y sobre la calidad de sus resultados. ga a comprometer la validez del conjunto de la obra
Mas en esta periódica reflexión crítica sobresalen su historiográfica.
53
Germán Carrera Damas

Al observador crítico ha de interesarle uno de los Intentaremos analizar someramente los diversos
rasgos más significativos de la historiografía vene- aspectos de tan arraigada desviación metodológica,
zolana: consiste dicho rasgo en que, pese a los es- nos preguntaremos acerca de sus posibles causas y
fuerzos muy considerables y frecuentemente merito- resultados, y apuntaremos algunas técnicas y méto-
rios de muchos historiadores, el conocimiento histó- dos que podrían contribuir a su corrección.
rico experimenta escaso progreso, y éste suele ser
El presente estudio es el resultado de una reflexión
relativo, parcial o parecer desarticulado. Multiplícan-
sobre la experiencia habida en las cátedras de meto-
se los ensayos y las tesis y no por ello aumenta en
dología de la historia, de historia de Venezuela y de
forma considerable el fondo de conocimiento razo-
historia de la historiografía venezolana. Es un inten-
nablemente puesto fuera de duda, con el resultado de
to personal de poner en claro algunas de las compro-
que transcurridos tantos años de una actividad
baciones que hemos podido hacer al cabo de un lap-
historiográfica muy estimada entre los venezolanos,
so bastante prolongado. Esto explica el carácter to-
los «nudos historiográficos» continúan poco menos
davía provisional de las formulaciones, así como la
que igual de ignorados. Todavía hoy quien intente
necesidad de más acabada elaboración de muchas de
cualquier síntesis, aunque ésta se refiera al muy es-
ellas.
tudiado proceso emancipador, debe enfrentarse a la
difícil tarea de esclarecer por sí mismo cuestiones res- La ausencia de referencias bibliográficas se ex-
pecto de las cuales cabría esperar conocimientos só- plica porque se trata de un tema casi sin estudiar
lidos de parte de la historiografía tradicional. De esta específicamente en relación con la historiografía ve-
suerte, la síntesis se hace casi imposible, y ni siquie- nezolana, y porque al ocuparnos de él lo que hemos
ra queda el expediente de poder delinear con preci- pretendido es darle cohesión metodológica a las acti-
sión los puntos de vista de diversos autores o escue- vidades del preseminario de técnica de la investiga-
las sobre un tema controvertido, por cuanto ni siquiera ción documental y metodología de la historia, sobre
en este aspecto rigen siempre criterios lógicos sus- una base que reúna las enseñanzas teóricas de la
ceptibles de clasificación. materia con las derivaciones de su práctica en las
condiciones propias de nuestra Escuela de Historia.
¿Significa esto, acaso, que creamos inútiles tan-
tos esfuerzos de historiadores y cronistas? Nada de Debemos llamar la atención acerca de la termino-
eso, en cuanto toca a la verdad de que gracias a esos logía. Las implicaciones filosóficas de la misma no
esfuerzos disponemos hoy no sólo de una mediana dejarán de suscitar dudas en cuanto a la corrección
estructuración del conocimiento histórico, sino tam- de su empleo. Hacemos observar que algunos de esos
bién de no pocas ideas e hipótesis de certera fecundi- términos poseen un sentido específico en metodolo-
dad. Sí quiere decir, en cambio, que graves y cons- gía de la historia. En otros casos se trata, cabalmen-
tantes vicios metodológicos aún vigentes de manera te, de intentos definidores que requerirán ajuste pos-
extensa, han impedido que los afanes de la investiga- terior, al paso de nuevas indagaciones.
ción se traduzcan consecuente y extensamente en au-
téntico conocimiento histórico.
Los vicios mencionados podrían sintetizarse, en Los agregados de datos
su mayoría, en los términos siguientes: suelen con-
fundirse los agregados de datos con el conocimiento Equivalen a la redacción de los resultados parcia-
histórico propiamente dicho, olvidándose que el or- les obtenidos en la fase del proceso de la investiga-
denar y agrupar los datos no es, en rigor, hacer cono- ción documental que se designa como «agrupación y
cimiento, como tampoco es explicar un fenómeno o ordenación de los datos». Consiste esta fase en agru-
hecho histórico el establecer su filiación. Tanto los par y ordenar los datos recogidos en fichas, dispo-
agregados de datos como la filiación de las cuestio- niéndolos según el esquema contenido en el plan ini-
nes que ellos permiten establecer, constituyen fases o cial, en un proceso crítico de doble orientación: I)
momentos del proceso de elaboración del conocimien- Permite agrupar los datos de acuerdo con las partes
to histórico, el cual sólo se alcanza cuando se consi- contempladas en el plan, a la vez que permite la críti-
guen explicar los hechos o fenómenos objeto de estu- ca y el ajuste de ese mismo plan; 2) Comporta la or-
dio. Tomar la etapa previa como sustituto del pro- denación de esos datos recogidos en fichas de acuer-
ducto final es vicio que se concreta en la suplanta- do con criterios que pueden ser: cronoespacial, mate-
ción del conocimiento por los elemento que permiten rial (temático o estructural) e integracional. En suma,
obtenerlo. al cabo de la operación tendremos un conjunto de da-
tos, recogidos en fichas, agrupados en un fichero que
reproduce las partes y subpartes del plan de trabajo,

54
Agregados de datos, filiación, explicación, generalización y ...

ya ajustado, y los mismos datos ordenados en su sec- mos gran parte de lo criticado en este terreno, la ob-
tor correspondiente del fichero, con arreglo a crite- servación que ahora hacemos acerca de la importan-
rios. cia del tratamiento metodológico conserva su vali-
dez, pues no nos referimos a cuestiones intrincadas
Como fácilmente podemos colegir, trátase de una
relativas a las posibilidades de conocimiento históri-
operación intermedia entre otras con las cuales guar-
co, sino a otras más elementales que colindan con la
da estrecha relación de dependencia: recibe materia-
mera técnica de la investigación documental. Y esto
les que dispone con miras a su empleo. Veamos bre-
es así, porque, aunque resulte un tanto ingrato el se-
vemente, para mejor comprensión del conjunto, en
ñalarlo, es en este último terreno donde se sitúan la
qué consisten estas etapas precedente y siguiente.
mayoría y las más importantes fallas en los agrega-
dos de datos.
Hechas estas consideraciones queda claro que el
La etapa precedente: la obtención del dato interés y la significación de lo que hemos llamado
Una vez hecho el arqueo de las fuentes disponi- agregados de datos, dependen del cuidado puesto en
bles para la investigación, atendiendo a la calidad y la etapa previa de elaboración de los datos que una
a la cantidad de ellas, se da comienzo al laborioso vez agrupados y ordenados, al presentárseles como
trabajo de lectura crítica de las mismas, con el fin de resultado de la investigación, constituyen esos agre-
localizar los datos brutos que puedan interesar para gados.
los fines del tratamiento del tema. Mas, localizados La etapa siguiente: la presentación de los datos o
éstos, es necesario todavía someterlos a un estudio el discurso histórico
crítico riguroso tras el cual pasarán a la condición de
datos elaborados, que se recogen en fichas clasifica- No habría exageraciones en decir que la presen-
das de acuerdo con el esquema –denominado plan ini- tación de los datos constituye el momento de prueba
cial– estructurado con el fin de regular el desarrollo de la capacidad del historiador, si entendemos por
de la investigación. presentación algo más que el aspecto formal del dis-
curso histórico. Ha existido la tendencia a conside-
Es tal la importancia que tiene en este proceso la rar tan importante este aspecto formal es decir
necesidad de ceñirse a técnicas y pautas metodoló- estilístico, que se ha llegado al extremoso juicio de
gicas precisas, que de ellas suele depender la calidad que la buena prosa puede pesar determinantemente
del resultado, y que no pocas veces radica en ese tra- en la valoración de una obra. Sin desdeñar, de ningu-
tamiento metodológico y técnico el principal compo- na manera, la preocupación por hallarle una forma
nente de una investigación. En el primero de los ca- de expresión adecuada al discurso histórico, cabe se-
sos apuntados, no es raro ver cómo una porción de ñalar que la presentación de los datos en ese mismo
datos de extraordinario interés pueden perder mucha discurso implica cuestiones de orden metodológico
de su significación por el solo hecho de haber sido de la más alta significación, por cuanto atañen a la
mal elaborados críticamente o defectuosamente con- finalidad misma del discurso y a su estructura.
signados. En el segundo caso, la cuidadosa reelabo-
ración de datos conocidos permite hallar en ellos po- El discurso histórico tiene por finalidad evidente
tenciales valores que no habían sido puestos de ma- la de presentar los resultados de la investigación, pero
nifiesto por quienes hicieron su hallazgo. requiere para eso una estructura tal que de ella de-
penden, en buena parte, el que se haga o no verdade-
Cuando subrayamos la importancia del tratamien- ro conocimiento histórico.
to metodológico de los datos, no perdemos de vista la
crítica, frecuentemente infundada, casi siempre iró- En este sentido, el peligro consiste en la posible
nica, muy pocas veces informada, de que son objeto confusión que puede surgir en el investigador al to-
los metodólogos de la historia por parte de quienes mar los datos agrupados y ordenados como la ins-
ven en sus afanes de rigor y objetividad una hueca tancia última en el proceso de elaboración metodoló-
pedantería. Quienes por ello desdeñan toda posibili- gica propiamente dicha.
dad de aplicación efectiva de la metodología históri- Confusión que suele hacerle incurrir en el error
ca, se complacen en presentar ejemplos en los cuales de creer que el discurso histórico consiste, a su vez,
todo el celo y toda la acuciosidad de los investigado- en la redacción de un texto que contenga dichos da-
res resultaron burlados por un material que no siem- tos, cuando en realidad y visto metodológicamente,
pre se presta, y casi nunca dócilmente, a un trata- el discurso histórico es algo superior y diferente de la
miento racionalizador cuando a este último se le en- hilvanación de los datos ya agrupados y ordenados.
tiende de manera simplista. Pero, aun si concediéra-

55
Germán Carrera Damas

La estructura lógico–ideológica del discurso ra lógico–ideológica del discurso. Pero no se trata de


histórico una simple tarea de organización del discurso. Es mu-
cho más que eso. Si los consideramos «segmentos de
Decir que los datos dictan la estructura del dis- la estructura lógico–ideológica del discurso» es tan
curso parecería redonda profesión de fe documentista, sólo atendiendo a su presentación final. En realidad
por cuanto sería postular la sujeción absoluta del his- –y por ello decíamos unas líneas arriba que de esa
toriador al contenido del material que emplea. Sería estructura depende, en buena parte, el que se haga o
como pretender negarle toda posibilidad creadora, no verdadero conocimiento histórico–, el hallazgo de
cuando se entiende por ésta la capacidad de elevarse, esas relaciones entre datos es, propiamente, hacer
gracias a la reflexión y a la interpretación, a niveles conocimiento histórico, sólo que este hacer lo perci-
conceptuales cuyo alto grado de abstracción podría bimos en su presentación en el discurso, pues trans-
dificultar la apreciación de su nexo con los datos que curre en el plano íntimo de lo reflexivo.
le sirven de punto de partida. Sin embargo, la afir-
mación de que los datos dictan la estructura del dis- Sobra decir acerca de lo difícil de este proceso.
curso es globalmente cierta, y lo es en la medida en La capacidad de realizarlo distingue la paciencia del
que el documentismo puro –tanto como su contrario, investigador del talento interpretativo del mismo. Y
la generalización absoluta–, son posturas extremas e decimos talento a falta de mejor designación para una
inalcanzables. En la base de todo documentismo, aun capacidad indefinida pero real que se halla desigual-
del más exigente, estará siempre una selección hecha mente distribuida entre los investigadores, no sólo en
con apego a criterios que pertenecen al historiador y el sentido de poseerla o de carecer de ella, sino tam-
que no nacen de los documentos seleccionados, aun- bién en el sentido de la existencia de grados o de pla-
que un fenómeno de fetichismo del documento haga nos en su posesión. Y mucho importa observar esto
pensar lo contrario. Por su parte, la generalización último para los fines del conocimiento histórico.
más exacerbada habrá de partir de un bagaje de co- El investigador paciente acopia más que elabora
nocimientos que, tratándose de historiografía, es ne- datos. Pero, aun cuando pueda someterlos a cierta
cesariamente documental, y esto es válido incluso para elaboración, acabará por tenerlos ante sí como uni-
los temas de la historia contemporánea más actual. dades que no logra interrelacionar, o cuya más ele-
En este último caso, el prescindir del documento hace mental relación, la cronológica, le será la única ase-
del producto un testimonio, pura y simplemente; bue- quible. El resultado será una hilvanación cronológica
no para futuro empleo historiográfico. de datos referidos a una materia. Por su parte, el in-
Pero, atribuir a los datos la facultad de dictar la vestigador dotado de talento interpretativo podrá des-
estructura del discurso no pasa de ser, en el fondo, cubrir en esos datos relaciones que traducen la trama
una figura retórica. En su espléndida mudez, de elo- del acontecer histórico, visto dinámicamente, y esta-
cuencia contenida, los datos nada dictan ni dicen. rá en condiciones de definir líneas generales del mo-
Reservan su carga y sólo la liberan cuando se les in- vimiento histórico. Podrá, por lo tanto, captar el sen-
terroga. Situado ante ellos, el historiador inquiere su tido general y profundo de momentos, períodos y pro-
significado total, sin desdeñar matices. Pero esto hace cesos. Hará, entonces, conocimiento histórico. Mas,
refiriéndolos a una capacidad interpretativa que está esto representa tan sólo uno de los dos planos globales
integrada por dos componentes mayores: la habili- del ejercicio del talento interpretativo, el inferior. El
dad analítico–sintética del investigador y su densi- otro está reservado al ejercicio de ese talento en su
dad cultural. Si por la primera es posible descompo- más alto grado, es decir, no sólo a la capacidad de
ner, y reintegrar después en una condición superior, hallar relaciones objetivas en el acontecer histórico
los datos estudiados, será la confrontación con el se- expresado en los datos, sino a la de elevar su inter-
gundo componente el estímulo que dará vía libre a su pretación hasta el nivel de la reflexión filosófica que
elocuencia. No es excesivo el concebir una mente en- le permite plantearse los llamados «problemas de pro-
trenada en el tratamiento analítico–sintéticode los blemas», es decir, ver en el acontecer histórico las
datos, pero escasamente armada en lo cultural y, por «dificultades» básicas, estructurales, que permiten la
lo tanto, incapaz de excitar su elocuencia de manera formulación de los criterios interpretativos más ge-
satisfactoria. Tampoco lo es el concebir el caso con- nerales. En suma, abre la puerta a la filosofía de la
trario. Situado ante el conjunto de los datos elabora- historia, al formularse problemas cuya solución im-
dos, y agrupados y clasificados con arreglo al plan plica la de otros problemas aferentes.
de trabajo, el investigador ha de poner en funciona-
miento su capacidad interpretativa, como el instru-
mento encargado de hallar en ese conjunto las rela-
ciones que constituyen los segmentos de la estructu-

56
Agregados de datos, filiación, explicación, generalización y ...

Filiación explicación y generalización. cio, es decir, en la aplicación de lo interpretado, en


su comunicación .
La confusión que se advierte en la historiografía
venezolana entre agregados de datos y conocimiento ¿En qué consiste esta explicación, como etapa si-
histórico, está relacionada estrechamente con la que guiente a la filiación? Consiste en responder al por
se advierte entre los conceptos de filiación y de ex- qué de esa filiación, la cual nos revela el cómo del
plicación histórica. Esta última confusión está pre- asunto estudiado. En este sentido, la filiación cum-
sente en el más numeroso contingente de nuestra pliría una función previa y necesaria respecto de la
historiograf‘a, en forma de la hilvanación cronológica explicación histórica, pues ésta, en atención al méto-
de datos –a que nos hemos referido–, y más propia- do histórico mismo, no podría ser jamás una explica-
mente en la narración de esos datos agrupados según ción de presente histórico, sino que para ella todo
un criterio crono–espacial o material, fungiendo todo presente objeto de explicación aparecerá siempre
esto de conocimiento histórico. como un momento, intermedio o final, de una filia-
ción. Excluimos la posibilidad de un momento ini-
En rigor, cuando al cabo de una búsqueda, pa- cial salvo para los estudios protohistóricos, y esto de
ciente y acuciosa, en los fondos documentales, se le- manera convencional, si acatamos la que parece ser
vanta abundante cosecha de datos, se suele agrupar- una ley general del conocimiento histórico, o sea que
los siguiendo uno de esos dos criterios. Si el crono– toda protohistoria, en razón de la indefinición de sus
espacial, se obtendrá una secuencia cronológica de límites, tiende a convertirse en prehistoria y, pro-
datos referidos a una determinada región; si el mate- gresivamente, en historia, en función del desarrollo
rial, la secuencia cronológica corresponderá a la vida del mismo conocimiento histórico.
histórica del asunto estudiado.
En suma, colocado ante la filiación de un asunto,
Sabremos, de esta manera, de la presencia del tema el historiador tendrá todavía que realizar una opera-
estudiado en diversos momentos del tiempo históri- ción que consiste en «interrogarla» para extraer de
co. Ahora bien, supongamos que es posible compo- ella «su sentido más general», a partir del cual podrá
ner esa secuencia cronológica de manera continua, o establecer sus «sentidos secundarios o complementa-
con muy contados vacíos, y admitamos que éstos sean rios». No se trata, sin embargo, de pagar tributo a un
de tan escasa significación que poco influya su au- monismo explicativo, pues la naturaleza de ese «sen-
sencia en la validez del conjunto. tido general» no está vinculada necesaria o comple-
Logrado esto, habremos establecido la filiación tamente con las posibles «causas» del fenómeno es-
histórica del asunto estudiado. Mas ¿qué significa, tudiado. Atiende, más bien, a la que podría conside-
en propiedad, este resultado? Significa, tan sólo, que rarse su característica más general y permanente, es
hemos conseguido establecer lo que podría calificar- decir, aquella que sintetiza de manea más completa
se de columna vertebral de un tema biográfico (refe- los aspectos esenciales del fenómeno estudiado. Así
rido a la vida de un personaje) o morfológico (referi- podrá decirse, por ejemplo, que la esclavitud en Ve-
do a la vida de una forma histórica). Pero nada más. nezuela, en el lapso 1811–1821, es una institución
Y ello no quiere decir que poco valga lo obtenido. de crisis, desprendiéndose de esta constatación, tan
Quiere decir, eso sí, que se habrá llegado a una espe- objetiva como el precio de un esclavo, aunque de na-
cie tal de resultado, que aparecerá siempre como pre- turaleza diferente, todo un con junto de derivaciones
vio o introductorio a una operación final que está lla- que una vez desarrolladas configuran la crisis de ma-
mada a extraer de esa secuencia un sentido que no nera minuciosa.
sea el de su solo devenir. Hemos dicho constatación y no deducción, aun-
Es el momento de la explicación (si la vemos ya que en el fondo sea este último su sentido, por el de-
en su formulación) y de la interpretación o compren- seo de subrayar la subordinación en que se halla esa
sión (si la vemos en su gestación). En verdad, difícil operación con respecto al acontecer histórico real, y
es separar ambas fases sin hacerles violencia. Admi- el cuidado que debe ponerse en preservarla, al máxi-
timos, por ello, que el todo puede resumirse en el tér- mo –entiéndase bien, sólo al máximo–, de infil-
mino explicación, considerando que en historiografía traciones subjetivas. En otras palabras, con el pro-
no cabe pensar en una interpretación que no se re- pósito de proscribir en lo posible cualquier arbitra-
suelva en una explicación. La interpretación que per- riedad interpretativa. Brota, en esta operación, una
manezca enclaustrada en la mente del historiador no dificultad fundamental, que plantearíamos a partir de
interesa desde el punto de vista metodológico más que esta interrogante: ¿cómo localizar esa característica
como elemento de la capacidad interpretativa, la cual más general y permanente?
sólo podemos apreciar en los resultados de su ejerci-

57
Germán Carrera Damas

Parecería que el sentido común sugiere hacerlo con ción supuesta de la ganadería en Venezuela durante
base en el despeje del conjunto de características y los siglos XVII y XVIII, se consignan datos
en la ponderación de las mismas. Sin embargo, este cronológicamente ordenados acerca de la fundación
que parece ser el procedimiento natural, se revela in- de hatos, la producción y la exportación de ganado,
suficiente al examen de la crítica metodológica, por- etc., suele encontrársele más bien como pasajes de
que no es seguro, aunque sí posible, que nos conduz- obras, que en otros aspectos pretenden e incluso al-
ca a la localización de la característica más general y canzan niveles de interpretación y explicación. Más
permanente. Ello es así porque el conjunto de las ca- todavía, parece posible afirmar que puede hallársele
racterísticas –que son, en realidad, reflejo de los as- en obras bien construidas, supliendo la interpretación
pectos componentes del momento–hecho histórico–, y la comprensión en los temas o cuestiones donde la
son de naturaleza semejante a la de este último en escasez de datos o la heterogeneidad de los mismos
cuanto concierne a su unidad. Es decir, que así como las hace imposibles o demasiado arriesgadas. Pero
la unidad del momento–hecho histórico expresa la puede, también, ser buen testimonio de cortedad in-
confluencia de sus aspectos componentes y de algo terpretativa y hasta de pereza mental.
más que no corresponde estrictamente a la suma de
Detengámonos un poco en el ejemplo que hemos
esos aspectos, aunque sí guarda relación, y estrecha,
propuesto. A este respecto, es posible componer la
con esa suma, asimismo la característica más gene-
más completa filiación de la actividad ganadera, sin
ral y permanente de un fenómeno o de un proceso
que podamos respondernos a la pregunta clave de
histórico puede no figurar en el conjunto de las ca-
¿qué fue la ganadería en Venezuela durante los si-
racterísticas despejadas y corresponder a una cate-
glos XVII y XVIII?, cuando esperamos algo diferen-
goría similar a la unidad del momento–hecho históri-
te del ¿cómo fue? Es decir, cuando nos interesa cap-
co, es decir, que sea algo más que la suma de las
tar la característica más general y permanente del fe-
características y que, por lo tanto, haya necesidad de
nómeno y, consecuentemente, su estructura.
aprehenderla mediante un esfuerzo suplementario.
Ahora bien, la naturaleza de ese esfuerzo suple-
mentario es de muy difícil definición, y objeto de con-
troversias incesantes que se producen entre corrien- La práctica de la filiación
tes metodológicas que forman una gama que se ex- El establecimiento de la filiación de un hecho o
tiende desde la comprensión (tan vinculada a la in- fenómeno histórico guarda estrecha relación con el
terpretación) hasta la simpatía, siendo todas, según desarrollo de la heurística: el conocimiento general
los metodólogos de la historia, vías para la captación de las fuentes hace posible la orientación de la bús-
de esa característica general y permanente que sinte- queda documental y contribuye a que se satisfaga lo
tiza la entidad de un fenómeno histórico. más posible la condición óptima de la filiación, o sea,
Este es el momento cuando el historiador queda el estudio exhaustivo de los fondos documentales. Son
abandonado a sus propias fuerzas, y cuando ni el más bien sabidos los requisitos metodológicos impuestos
audaz metodólogo se atrevería a intentar enseñarle por la heurística, pero lo son menos las particulari-
cómo salir del trance, ni siquiera con el recurso de la dades de los mismos en cuanto corresponde a la his-
mayéutica, pues ni así parece posible inducir a al- toriografía venezolana. Es posible englobarlas en dos
guien a pensar cosas importantes e interesantes. características generales: desigual desarrollo de los
fondos documentales y jerarquización de los testigos
y, por ende, de los testimonios.

La filiación como presentación El desigual desarrollo de los fondos documenta-


les no es, propiamente, una característica exclusiva
Vista en sí misma, la filiación de una cuestión o de la heurística venezolana. Lo es de todas las
dificultad sólo puede culminar en su presentación. Así historiografías en proporción a su desarrollo, pues el
al cabo de la secuencia cronológica estaremos en pre- interés por los fondos documentales es función de las
sencia de los hitos de un fenómeno, y bastante habre- necesidades historiográficas. Lo que sí puede consi-
mos conseguido con ello a condición de resignarnos derarse propio de la heurística venezolana es la acen-
a la sola contemplación de la vida del fenómeno. tuada desigualdad de ese desarrollo, visible en la si-
tuación preeminente que se ha dado a la documenta-
Este es el resultado preliminar contenido en mu-
ción sobre la Emancipación, y dentro de ella a la di-
chas obras de nuestra historiografía. Pero debemos
recta o indirectamente bolivariana. Tocamos con esto
decir de inmediato que si bien puede encontrársele en
la segunda característica: la jerarquización de los tes-
estado puro, por ejemplo, cuando bajo la denomina-
tigos. Esto es claramente perceptible en lo concer-

58
Agregados de datos, filiación, explicación, generalización y ...

niente a los testimonios sobre la Emancipación. Bo- mo. Salvo excepcionales muestras de crítica históri-
lívar aparece como el testigo de referencia, lo cual ca, el principio parece ser que todo dato es bueno,
sería, digámoslo de paso, una verdadera «aportación» particularmente en cuanto se refiere a historia colo-
de la historiografía venezolana a la universal. Esta nial, mientras que para la independiente rige el mis-
última suele distinguir entre testigos presenciales y mo principio pero normado a su vez por los criterios
no presenciales, y entre testigos calificados y no cali- que expusimos al comienzo de esta parte.1 Se exage-
ficados. La noción de testigo de referencia sería el ra su alcance, en sentido espacial, cuando se toman
grado absoluto del testigo calificado, pues significa- unos pocos datos (no raramente uno solo) como prue-
ría ni más ni menos que la verdad tomada como pun- ba de la existencia de un determinado fenómeno en
to de contraste para la apreciación de los demás tes- toda una región histórica, hasta la más extensa, in-
timonios. Funciona de esta manera, pero también así: cluso cuando se admite generalmente el desarrollo sui
el tenor de verdad de un testimonio será función de la generis de algunas de las partes de esa región. Así, el
cercanía o de la fidelidad mostrada por el tstigo con- significado de un dato referente a un hato situado en
siderado respecto de Bolívar. Este papel de testigo algún lugar del Llano, para fines del siglo XVII, se
de referencia atribuido a Bolívar es el eje de una va- hará extensivo a todo ese vasto territorio, etc. Ade-
loración jerárquica de los testimonios un poco más más, se disimula el aislamiento del dato en sentido
amplia: testimonios realistas y testimonios patriotas. espacial también y en el cronológico. La exageración
Los primeros muy pocas veces corresponden a la ver- del alcance permite lo primero, mientras que la orde-
dad; los segundos muy pocas veces no corresponden nación cronológica de los datos, en rápida enuncia-
a ella. La historiografía sobre la Colonia, en el cam- ción, aspira a conseguir lo segundo.
po de la heurística, añade una característica al con-
No es infrecuente, también, que se reúnan datos
junto: la de versar sobre un fondo documental limita-
de diferente procedencia en cuanto a la zona o aspec-
do, pero no agotado, que es traído y llevado incesan-
to del fenómeno estudiado. Así, datos de estableci-
temente. Exhibe, además, carencia de clasificación y
miento de fundos; de exportación de cueros por uno,
una metodología frecuentemente precaria; esto últi-
dos o tres puertos; número de cabezas recensadas o
mo sobre todo en el manejo crítico de la estadística
estimadas en alguna región –en total no son más de
histórica y en la valoración cronológica de los testi-
unas pocas decenas de datos– , bastarán para cons-
monios.
truir un estudio sobre la ganadería venezolana du-
La apreciación que acabamos de hacer acerca de rante los siglos XVII Y XVIII, para atenernos al ejem-
las fuentes permite afirmar, como uno de los rasgos plo citado. Entiéndase, hay confusión de los datos,
de la práctica de la filiación histórica en la historio- pues no se procede mediante establecimiento de as-
grafía venezolana, la del reducido número de datos pectos para reunión posterior de los mismos en una
empleados. Desentendiéndose de toda preocupación presentación general.
metodológica, el historiador suele rebajar al mínimo
las exigencias metodológicas críticas que deben ac-
tuar en la elaboración del dato, de allí que, en gene-
ral, sea posible afirmar que se producen los siguien- Filiación y generalización
tes excesos: sobrevaloración del dato, exageración de Para la historiografía tradicional suelen ser la
su alcance en sentido espacial y disimulo de su aisla- misma cosa, a juzgar por la manera cómo se hacen
miento. extensivos a toda una región histórica, por ejemplo,
Por sobrevaloración del dato habría que entender, los resultados de una filiación establecida según el
más propiamente, la poca crítica apreciación del mis- procedimiento que acabamos de estudiar. Esto es

1 No es raro que la sobrevaloración del dato conduzca al exceso de que en los agregados de datos construidos con base en la filiación de alguna cuestión
histórica, se llegue a denotar la creencia de que todo dato es útil, tanto los que se contraen al tema como los que se salen de él, ejemplificándose así un
concepto excesivamente elástico de la pertinencia del dato incidental, que culmina en el empleo de lo accidental y en la interpolación de desarrollos
desvinculados de la secuencia temática propia del agregado de datos. De allí la dispersión y el abigarramiento temático en que suelen incurrir los
agregados de datos. Esto es posible, pese a las guías proporcionadas por el orden cronológico y la filiación, en razón de que en estos casos son los datos
los que deciden de la marcha del discurso (entendido como redacción de un agregado de datos), que es redactado a medida que surgen los primeros,
ocasionándose la abundante presencia de datos sueltos o escasamente relacionados con respecto a la que podría concebirse con largueza como línea
ideológica del discurso, o sea su vago propósito demostrativo. Mas esta dispersión y este abigarramiento temático no es extraño que a la postre afecten
profundamente el conjunto del discurso: la ausencia de una estructuración analítica de los datos y en razón de que todos los datos son utilizados, pues
el discurso es tan sólo una secuencia de ellos, conduce a que se vayan suscitando los diversos aspectos de la cuestión estudiada sin plan ni concierto,
a medida que brotan del fichero. Mas no quiere esto decir que no haya en absoluto agrupación de los datos. La hay, pero sólo en un sentido macroscópico,
en capítulos o partes que carecen de una estructura propia. Así es posible encadenar los datos sin sujetarlos a orden ideológico y el discurso se convierte
en una simple narración abigarrada, elemental, incapaz de facilitar la comprensión de lo narrado, al cabo de cuya lectura siempre es posible interrogarse,
con un mucho de desconcierto, sobre el sentido de lo leído.

59
Germán Carrera Damas

posible mediante la que hemos llamado, al habar de carácter provisional de toda generalización? Tales
los datos, exageración de su alcance en sentido espa- interrogantes adquieren mayor significación, todavía,
cial. Con ello tocamos al sentido espacial de la filia- cuando aseveremos que toda generalización habrá de
ción, al observar que ésta no sólo tiene un sentido fundarse, necesariamente, en un número limitado de
cronológico sino además se halla relacionada con un casos, por cuanto está fuera de toda lógica el agota-
espacio histórico determinado. miento absoluto de los mismos. Y esto último porque
en historia –aun para los períodos aparentemente más
Cabe señalar, al respecto, que si bien puede disi-
estudiados–, siempre cabe hallar nuevos datos, bien
mularse la procedencia diversa de los datos (en cuanto
sea porque surjan de nuevas fuentes, bien sea porque
a los aspectos del fenómeno a que se hallan referidos
pueda elaborárseles a partir de los ya conocidos me-
y a los lugares en que se manifestaron), mediante la
diante nueva interpretación de los mismos.
acumulación de hitos cronológicos hasta producir un
efecto de continuidad, no sucede lo mismo con el sen- Bueno es señalar aquí que esta limitación de la
tido espacial, pues basta examinar, críticamente la generalización no rige exclusivamente para la histo-
serie cronológica para advertir el significado de las ria. Ella es extensiva, cuando menos, a las ciencias
lagunas presentes. Veamos: si bien la filiación obte- biológicas, e incluso a las químicas y físicas. No obs-
nida puede ser continua en el sentido cronológico, su tante los historiadores suelen admitir, sin discusión,
capacidad de representación del fenómeno a que se la validez de las generalizaciones en esas ciencias, y
refiere depende del lugar histórico a que se hallan reconocen –algunos hacen de ello fundamento de su
circunscritos esos datos. Es decir, cobra importancia concepción de la historia–, la desventaja de su disci-
el sentido espacial. plina a ese respecto, y no rehusan admitir el carácter
especial de sus generalizaciones.
Existen dos «soluciones» tradicionales a esta di-
ficultad metodológica: una consiste en relacionar da- En historia toda generalización depende de la can-
tos referidos a diversos puntos del territorio estudia- tidad y la calidad de los datos. A su vez, tanto la
do, contemporáneos algunos de ellos, y en tomar el cantidad como la calidad de los datos guardan entre
resultado como válido para todo el territorio; la otra sí una relación de dependencia recíproca que no debe
consiste en establecer la filiación para algunos pun- perderse de vista al apreciarlas en funci n de la gene-
tos o regiones considerados típicos o representativos, ralización. A la pregunta formulada: ¿Cuántos pun-
y en proyectar su resultado sobre la totalidad del te- tos de apoyo se requieren para fundar una generali-
rritorio. En ambos casos la filiación conducirá de in- zación?, hay una respuesta que, como acabamos de
mediato a la generalización. Vale la pena apuntar de ver, puede descartarse: todos. Ahora bien, si el nú-
seguidas que ambas «soluciones» guardan estrecha mero ha de ser necesariamente limitado, parecería
relación de dependencia con las fuentes disponibles. obvio que cuanto mayor sea, más cerca se estará de
Estas pueden ser escasas, y mucho, para un lapso la situación óptima. Mas este razonamiento nos con-
determinado y, en consecuencia, lo será también el duce directamente a un simplismo: a mayor número
número de datos que proporcionen. En otras pala- de datos, mayor grado de veracidad. ¿Será necesario
bras, se origina una pregunta que es necesario plan- demostrar que el testimonio de todos los componen-
tearse críticamente: ¿Cuántos puntos de apoyo se re- tes de un batallón, e incluso de un regimiento o de
quieren para fundar una generalización? Parece ob- una división, acerca del desarrollo de una batalla de
vio que la solidez de una generalización es directa- la segunda Guerra Mundial, en la cual tomaron par-
mente proporcional al número de datos en que se fun- te, es menos significativo que el emitido por el jefe de
da. Pero no parece menos obvio que debe entenderse Estado Mayor del frente, situado a varios kilómetros
por este último el número de datos disponibles en un en la retaguardia? Pero no sería lo mismo si consi-
momento dado de la investigación. De otro modo, guiésemos los testimonios de todos los oficiales co-
habría que renunciar a todo intento de generalización, mandantes, en los diversos escalones. Estos últimos
al menos mientras exista la posibilidad fundada de nos permitirían construir una visión de la batalla le-
que aparezcan nuevos datos. Ahora bien, ésta es una gítimamente contrastable con la que podría propor-
posibilidad siempre abierta, en razón de la naturale- cionar el jefe de Estado Mayor. Es decir, la calidad
za del proceso de desarrollo y sistematización de los de los testimonios condiciona la elocuencia de la can-
fondos documentales. Propiamente, será siempre tidad de los mismos. Igualmente, la cantidad condi-
aventurado, si no imposible, declarar cerrada esa ciona la calidad, pues si bien el testimonio de un ofi-
eventualidad. cial comandante difícilmente puede contraponerse al
de jefe de Estado Mayor, sí lo puede el testimonio de
Pero ¿significa esto que no existe posibilidad de
todos o la mayoría de los oficiales comandantes.
generalizar, o que debe tenerse presente, siempre, el

60
Agregados de datos, filiación, explicación, generalización y ...

La práctica metodológica, al distinguir básicamen- Está demás decir, por otra parte, que tras todo
te entre datos o testimonios seriados y datos o testi- dato verídicamente representativo o típico, se extien-
monios representativos o típicos, impide ver con cla- de la serie que permitió definir esa tipicidad. Asimis-
ridad la interrelación existente entre la calidad y la mo, toda serie, para los fines de su comunicación
cantidad de los datos necesarios para apoyar una ge- mediante el discurso histórico, culmina en uno o más
neralización. A su vez, en la práctica de la filiación datos representativos que abonan y sustentan la de-
pareciera no existir diferencia alguna entre la calidad ducción hecha con base en ella. Es este, quizá, el as-
y la cantidad de los datos, pues éstos son integrados pecto en que la filiación se distancia más de la
en series cronológicas en las cuales su valor queda- generlización.2
ría reducido al de testimonios probatorios de la con-
tinuidad de la presencia del fenómeno estudiado, pero
de una continuidad zigzagueante, cuando se toman Posibles instrumentos para coadyuvar en el
datos referidos a diferentes regiones históricas; o ca- paso a la generalización
rente por igual razón, de toda proyección espacial
que no sea la arbitraria a que nos referimos al co- Hemos subrayado la importancia que presenta el
mienzo de esta parte. tratamiento metodológico de los datos como la única
fuente de valor de los agregados de datos. También
Mas, es en el momento de la exposición de los hemos señalado cómo es a partir de esos datos
resultados cuando la interrelación existente entre la ilegítimamente presentados a manera de resultado fi-
calidad y la cantidad de los datos adquieren para el nal de la investigación, cuando comienza la tarea de
investigador una importancia definitiva: cualquiera interpretación y de comprensión que dé acceso a la
que sea el método seguido para la comprensión o in- generalización. Por último, apuntamos la estrecha
terpretación del hecho histórico, a la hora de comu- relación que existe entre esta operación generalizadora
nicar sus resultados el historiador tendrá que some- y el discurso histórico.
terse a las exigencias de la inferencia que es el saber
histórico, es decir, tendrá que aducir pruebas en apo- Recordemos, igualmente, lo dicho acerca de la
yo de sus resultados. dificultad –franca imposibilidad, inclusive–, de pro-
poner normas metodológicas que enseñen a realizar
Ahora bien, cualquiera que sea el criterio aplica-
esas etapas del proceso del conocimiento histórico.
do en la investigación –datos seriados o datos repre-
Conviene añadir a esto último, que la ya dudosa po-
sentativos–, el historiador verá imperar ahora las exi-
sibilidad de enseñanza en este terreno choca con los
gencias propias del discurso histórico, cuyas parti-
efectos de una enseñanza que exime al estudiante de
cularidades, subordinadas a la finalidad de transmi-
todo esfuerzo de elaboración conceptual. El hábito
sión de conocimiento, le obligarán a buscar una zona
de la memorización, celosamente cultivado por ella,
intermedia entre el dato representativo excesivamen-
conduce a la franca impotencia del estudiante y del
te aislado y la fastidiosa inclusión de largas series de
investigador novel para hallar algún tipo de dificul-
datos. El dato aislado, por representativo o típico que
tad digna de investigarse en el conjunto de informa-
sea, difícilmente logra abonar suficientemente la ge-
ciones de que dispone. Más aún, colocados ante un
neralización, aunque se le envuelva en los tradicio-
cierto número de datos, les será en extremo difícil
nales expedientes retóricos, destinados a hacerlo apa-
llegar al plano de la generalización conceptual.
recer como parte de un nutrido conjunto de datos no
citados. En cuanto a las series, éstas encierran el pe- Si bien no existen fórmulas metodológicas que
ligro de hacer demasiado difusa la demostración, ade- resuelvan la situación, como hemos dicho, sí es posi-
más de tediosa, lo cual es pequeño pecado en el dis- ble proponer una serie de ejercicios básicos y de pro-
curso histórico. cedimientos cuyo dominio puede facilitar la tarea de

2 En los agregados de datos corrientemente presentados como «historia», se suelen ignorar los requisitos metodológicos relativos a la «tipicidad del
dato». Prescindiéndose de toda consideración acerca de la relación entre esa tipicidad y el carácter seriado de los datos, se dan como típicos o
característicos datos referidos a hechos aislados, o se presume su condición de típicos sin demostración apropiada. La mecánica del agregado de datos
es en esto muy elemental: se halla un dato acerca de cuya condición de típico o característico nada se sabe, y se «razona» de esta manera: puesto que
ocurrió el caso a que tal dato se refiere, cabe pensar que no fuera único y que «a veces» se presentaban otros semejantes. Es posible entonces, «afirmar»
que tales situaciones ocurrían. Al redactar, se enuncia primero la «generalización», precedida de un «a veces» o de un «frecuentemente» (los más
prudentes dirán «en algunas ocasiones»), y como único apoyo se transcribe el único dato de que se dispone. El abuso de este juego llega a ser insultante
para la razón: todo un discurso compuesto de la suerte. Nunca insistiríamos demasiado en cuán alerta debe estar el historiador ante este peligro: los datos
«solicitan» la generalización y no es difícil caer en la tentación de formularla, y no siempre el tener conciencia del peligro es suficiente para prevenirlo.
Basta un gramo de autocrítica para admitirlo así.

61
Germán Carrera Damas

estudiantes e investigadores noveles. No hay contra- refieren, ya específicamente, al tratamiento de los te-
dicción en lo dicho, y quizá sólo porque la utilidad de mas, en su estructuración planificada. Tienen por
esos ejercicios se halla en relación con la malforma- objeto mostrar un poco la posible vía para pasar del
ción del estudiante a que nos hemos referido. De allí resultado provisional de las etapas del estudio histó-
que, cuando el interesado los practica, de hecho se rico que hemos denominado «de formación y acopio
está enfrentando a la prueba que le ayudará a tener de datos» y «de agrupación y ordenación de datos»,
conciencia de si sus aptitudes le permiten o no el ejer- a la generalización compatible con el conocimiento
cicio de la investigación histórica. histórico, eludiendo la formación de simples agrega-
dos de datos. Para ello ideamos un esquema que as-
Cabe distinguir dos niveles en estos ejercicios y
pira a mostrar gráficamente el proceso (apéndice C).
procedimientos: unos corresponden específicamente
No hay lugar para exagerar las virtudes de estos ejer-
a la obtención y elaboración de los datos, y otros al
cicios y procedimientos. Restringiéndolos a la condi-
discurso que habrá de integrarlos.
ción de meros auxiliares, implican un discreto acata-
Los ejercicios que se sitúan al nivel de la obten- miento de la que parece ser moraleja de toda metodo-
ción de los datos tienen por objeto rodear estos últi- logía: da buenos resultados cuando se la aplica bien
mos de un mínimo de seguridades que los haga útiles y con capacidad creadora.
para la interpretación. Son de sobra conocidos los
requisitos del tratamiento crítico de los datos, y es
fácilmente perceptible el peso que en ese tratamiento
crítico corresponde a la capacidad de interpretación Conocimiento histórico
y de análisis. Por esta última razón, los ejercicios Superada la concepción de ese conocimiento como
propuestos no tienen otro sentido que el de propor- simple acumulación de información acerca de hechos
cionar instrumentos cuyo producto final depende pre- y procesos, no se le puede ver sino de acuerdo con
cisamente de tal capacidad, pero que como técnicas las características generales del conocimiento cientí-
están al alcance del estudiante en general. Sin des- fico. Igualmente, la investigación histórica se asimi-
cartar, tampoco, la posibilidad de que su práctica lará en su sentido básico a la investigación científica.
constante estimule el desarrollo de esa capacidad, fre- Trátese de comprender, de explicar o de interpretar;
cuentemente ignorada por el propio estudiante en ra- propóngase el investigador hallar leyes generales o
zón de su deformación memorizadora. tendencias de determinados momentos históricos, es
Estos ejercicios, cuya finalidad es el aprender a claro que su objetivo será siempre superior a la acu-
obtener datos con un mínimo de fidelidad a la fuente, mulación de información y cercana, en mayor o me-
permiten igualmente conjugar los procedimientos fun- nor grado, de los propósitos del conocimiento cientí-
damentales de la crítica externa y de la crítica inter- fico. Igualmente, al tener como finalidad la amplia-
na, en una sola operación que para fines pedagógi- ción del conocimiento histórico así entendido, coin-
cos disociamos en tres etapas: a) La presentación re- cide con los fines de la investigación científica en su
sumida de un texto; b) El resumen analítico de un sentido más vasto. De acuerdo con los criterios his-
texto, y c) El análisis crítico del mismo (véase el apén- toriográficos, sólo faltaría el requisito de contempo-
dice A). En cuanto a los procedimientos que se si- raneidad para que pueda calificarse de crónica el pro-
túan al nivel del discurso histórico, éstos tienen una ducto historiográfico que no supera el nivel de la acu-
doble meta: unos, tienden a proporcionarle al estu- mulación de información relativa a un fenómeno his-
diante puntos de referencia para la que podríamos tórico. Por eso se designa esta elaboración historio-
denominar identificación de su tema de estudio, aso- gráfica como historia narrativa, en contraposición con
ciando esa identificación con ciertos esquemas meto- otro tipo de historia, la interpretativa, cuyos funda-
dológicos muy generales que pueden servirle como mentos metodológicos no han sido objeto todavía, en
guías para la búsqueda del esquema definitivo, el cual, la historiografía venezolana, de una formulación or-
como hemos visto, se halla supeditado a la capaci- gánica.
dad de descubrir relaciones entre los datos. Para este Existe la insatisfacción causada por la historio-
fin hemos adaptado una clasificación de los temas de grafía narrativa, y se siente la necesidad de la inter-
la investigación documental que los reúne en cuatro pretativa, pero aún no se ha logrado realizar el cam-
grupos básicos: biográfico, morfológico, comparati- bio en la medida que sería deseable.
vo y cuadro, con la pretensión no demasiado exage-
rada, de que casi todos los temas a investigar corres-
ponden a uno de esos tipos o a una combinación de
ellos (véase apéndice B). Otros procedimientos se

62
Agregados de datos, filiación, explicación, generalización y ...

Filiación, agregados de datos y conocimiento Filiación, agregados de datos y progreso


histórico científico en historia

La insatisfacción a que nos hemos referido, se ha La acción conjunta de la práctica de la filiación y


traducido en la búsqueda de remedios capaces de de la obsesión de los orígenes, ha producido entre
transformar los resultados de la historiografía tradi- nosotros una manera de historiar, generalmente se-
cional, marcadamente narrativa. Han sido varios los guida, a la que bien conviene el mote de «historia de
remedios propuestos. tijera y goma», empleado en la historiografía univer-
sal. Dicha mnera de historiar consiste en seleccionar
Históricamente, el primero de ellos fue la afirma-
un tema y buscar todos los datos sobre él. Veamos
ción de una intención filosófica en el quehacer
someramente el procedimiento:
historiográfico, de acuerdo con modernas concepcio-
nes de la historia, y desembocó en la determinación La selección del tema ya refleja las carencias de
de la causalidad de los hechos históricos. Fue el mo- la historiografía tradicional, por cuanto rara vez no
mento de auge de todos los determinismos imagina- saldrá del arsenal de temas clásicos tratados por esa
bles. Siguió, aunque guardando cercano parentesco historiografía. Se repiten así, una y mil veces, los
con ese remedio, uno imbuido de la obsesión de los mismos estudios sobre los mismos temas.
orígenes, en forma de establecimiento de la filiación
La operación de «buscar todos los datos» suele
exhaustiva de los fenómenos estudiados, con el pro-
consistir en la indagación bibliográfica de todo lo di-
pósito de marcar el carácter de proceso de los fenó-
cho sobre la materia, concediendo la condición de dato
menos históricos, y con el resultado de que el tema
a los juicios historiográficos. No es raro que la bús-
investigado solía verse abrumado por una larguísima
queda se detenga allí, y dé como resultado una refun-
serie de antecedentes que, de tan remotos que llega-
dición historiográfica. Pero en ocasiones se incorpo-
ban a ser, difícilmente guardaban alguna relación sig-
ran algunos documentos hasta entonces inéditos o
nificativa con él.
poco conocidos.
En el fondo de estas preocupaciones ha estado
Los resultados son obvios: una mera actualiza-
presente una inspiración documentista, produciéndose
ción o balance del estudio del tema. Pero, ello no im-
la creencia de que la búsqueda de documentos inédi-
pedirá que se considere obra histórica, e incluso me-
tos y su incorporación al discurso histórico significa,
ritoria, la reconstrucción y ensamblaje, por ejemplo,
automáticamente, hacer conocimiento histórico, pues
de todo lo dicho hasta el presente acerca del proceso
éste se vuelve sinónimo de información histórica. El
y ejecución del general Manuel Piar, con el añadido
resultado ha sido la producción de obras que, posee-
de uno que otro parecer del autor, quien, incluso,
doras de un alto valor documental, no han logrado,
puede llegar a tener la ingenua convicción de que está
sin embargo, transformar la historia narrativa en in-
«investigando» un tema virgen, cuando en realidad
terpretativa, por cuanto el tratamiento de que son
lo que hace es exhibir su pobreza de recursos como
objeto dichos documentos no consigue superar el
historiador incapaz de ver «dificultades», de plantear-
molde tradicional de la narración. Es cierto que el
se y resolver problemas de verdadero interés. Ese tipo
descubrimiento de ricos fondos documentales, y la
de «historiador» seguirá «descubriendo» cada cierto
obtención de muchos e interesantes datos mediante el
tiempo los más trajinados temas, sin proponerse ja-
estudio de los testimonios en ellos contenidos, han
más una hipótesis propia, temeroso de no verla res-
dado origen a una mejor información histórica, por
paldada por alguna lectura de autoridad.
cuanto han permitido nutrir y extender la filiación de
los fenómenos estudiados; pero es cierto, también, En nada cambiaría el resultado, desde este punto
que no han conducido a la elaboración de conocimien- de vista, si el estudio estuviese fundado íntegramente
to histórico propiamente dicho, por cuanto la presen- en documentación hasta entonces desconocida. En este
tación de esas filiaciones laboriosamente estableci- caso, se habrá ensanchado la información histórica,
das suele quedarse en agregados de datos, narrados pero no habrá adelantado el conocimiento histórico
mas no interpretados. si no se consigue superar el límite de los simples agre-
gados de datos. Se hará conocimiento histórico en la
Este ha sido el saldo de los esfuerzos renovado-
medida en que se consiga ensanchar la frontera del
res, creemos, porque no se trata de un problema de
conocimiento científico de los hechos mediante su
erudición sino de metodología. Mientras no se resuel-
comprensión e interpretación, y en la medida, tam-
van las dificultades del tránsito a la generalización –
bién, en que se logre revelar la naturaleza de tales
que ya hemos apuntado–, poco significará cualitati-
hechos al descubrir su estructura y su dinámica, ex-
vamente la exploración de los fondos documentales.
plicándolas con arreglo a conceptos que sólo pueden

63
Germán Carrera Damas

alcanzarse mediante la generalización hecha a partir Faltan, en suma, factores aglutinantes de esa multi-
de los datos obtenidos. plicación de datos. Ahora bien, esos factores
aglutinantes, en el orden del conocimiento histórico,
Así, ensamblar todo lo conocido acerca de un fe-
no pueden provenir sino de un esquema de categorías
nómeno histórico no es hacer conocimiento históri-
históricas, el cual, a su vez, sólo puede ser elaborado
co, aunque dicho ensamblaje pueda ser útil para este
a partir de los datos que deberá aglutinar.
último fin. Es lo que explica por qué puede hacerse
conocimiento histórico, entre nosotros, mediante Se trata, en apariencia –pero sólo en apariencia–,
reelaboración crítica y metódica del volumen de da- de un círculo vicioso. Y esta apariencia se acentúa
tos ya conocidos, sin que esto quiera decir, en modo por la manera como se ha pretendido romper el cír-
alguno, que se deba detener la búsqueda de nuevos culo, es decir, mediante la «importación» de esque-
datos ni que tal búsqueda tenga un interés secunda- mas de categorías históricas. Tomados los moldes,
rio. se procede a llenarlos con los materiales acumulados
y se produce una historia con calificativo acorde con
Quiere decir, tan sólo, que los datos ya conoci-
la concepción histórico–filosófica que profesa el his-
dos, por figurar mayormente en simples agregados
toriador.
de datos, son susceptibles de interpretación y com-
prensión, siempre y cuando se les haya obtenido con Fácilmente se aprecian dos de las principales fa-
arreglo a las normas metodológicas básicas que ya llas de este procedimiento: unas veces será necesario
hemos mencionado. Conviene señalar de inmediato recortar o extender los hechos para hacerlos encajar
que esta legítima reelaboración historiográfica difie- en el molde; otras no habrá en absoluto posibilidad
re mucho de la historia de «tijera y goma». La de hacer tal cosa, en razón de la enorme distancia
reelaboración es posible precisamente por el vicio de existente entre continente y contenido. En este último
los agregados de datos, y se legitima por su naturale- caso, el problema se relega al fondo de los grandes
za crítica, metódica, interpretativa, bien diferente de temas sin estudiar, o se le escamotea del todo me-
los usuales ensamblajes bibliográficos que produce diante denominaciones de escandalosa arbitrariedad:
la historia de «tijera y goma», estéril, farragosa y, a si el caudillismo es feudalismo, la hacienda es un feu-
veces, fraudulenta. do, el hacendado un señor feudal y el peón un siervo,
etc.
Pero, semejante procedimiento se funda en una
Un posible obstáculo al adelanto científico en marcha que es inversa a la que debe seguir la investi-
historia gación científica: va de la categoría aprendida al he-
Lejos de nosotros la pretensión de haber des- cho por conocer, pero, además, con el propósito de
cubierto la razón de la dificultad que encuentran encuadrar el hecho nuevo dentro de la categoría, con
muchos historiadores venezolanos para superar el renuncia, ab origine, de toda posibilidad de definir
nivel de los agregados de datos, suponiendo que fue- una categoría a partir de los hechos, en razón misma
se una razón. Sin embargo, la experiencia docente y de su particularidad o novedad. Aparentemente, nada
el estudio historiográfico hacen que nos inclinemos a de censurable hay en esta marcha de lo conocido ha-
creer que esa dificultad puede guardar relación con cia lo desconocido. Pero sí lo hay cuando la incorpo-
dos de las que hemos definido como características ración de lo desconocido significa despojarlo de sus
de la historiografía venezolana: despreocupación particularidades para hacerle entrar forzosamente en
metodológica y escasa elaboración conceptual.3 Bas- los esquemas categoriales conocidos. Al proceder así,
tante nos hemos ocupado ya de lo tocante a la meto- se bloquea la perspectiva de desarrollo del conoci-
dología. Importa, ahora, que nos ocupemos de la se- miento, y el investigador podrá colocarse en la falsa
gunda característica y de sus manifestaciones. situación de quien intenta intervenir un reloj con una
llave inglesa, ignorando la elemental relación que debe
Desde este último punto de vista, puede decirse existir entre el objeto del conocimiento y los instru-
que la historiografía venezolana presenta el aspecto mentos que este último emplea y más todavía, que es
de un gran volumen de información desarticulada, en el objeto el que determina las características del ins-
cuanto intentemos apreciar en esa información otro trumento.
orden que no sea el cronológico, tan útil para la na-
rración. Es decir, contamos con un crecido número
de datos que, en gran parte, no hemos conseguido
integrar en estructuras que nos permitan conocer los 3 Véase Germán Carrera Damas, «Sobre la historiografía venezolana»
Historia de la historiografía venezolana (Textos para su estudio). Caracas,
momentos–hechos históricos de otra manera que no
Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central, 1961, pp.XXXIII–
sea la tradicional memorización o huera erudición. XXXVII.

64
Agregados de datos, filiación, explicación, generalización y ...

En suma, no parecería errado pensar que la difi- cho–, las fuentes escritas, y que el historiador ha de
cultad en superar el estadio de los agregados de da- trabajar sobre todo con éstas. Tal sucede, en todo
tos pueda radicar en el temor a «crear» categorías caso, en la historiografía venezolana, la cual ha ex-
apropiadas al objeto de estudio, carciéndose con ello plorado poco otro tipo de fuentes, con excepción de
de los instrumentos necesarios a la generalización y las iconográficas y numismáticas, que han tenido al-
a la elaboración de conocimiento histórico. gún desarrollo en tiempos recientes.
Para el investigador, el tratamiento de un texto es
básicamente su utilización para los fines de una in-
Conclusiones vestigación, dejando de lado los fines no menos im-
1. Los agregados de datos constituyen la presen- portantes aunque diferentes de conservación y difu-
tación de los resultados obtenidos en el curso de la sión del mismo. Es decir, el texto se presenta funda-
investigación histórica, una vez que se han comple- mentalmente como una veta de datos potenciales, que
tado las etapas de formación y acopio de datos, y de se actualizan en función del interés del investigador
agrupación y ordenación de los mismos. Consiste, por y de su respaldo cultural general –en su más
lo tanto, en la presentación como resultado final de ampliosentido– y específico referido a la materia que
la investigación de lo que tan sólo es una etapa pre- investiga.
via a la redacción del discurso histórico entendido Más la posibilidad de actualización de los datos
como elaboración de conocimiento. depende de una suerte de procedimientos neutro, apli-
cable a todo documento escrito, que permite locali-
2. El mérito de los agregados de datos queda limi-
zar los datos y formarlos con fidelidad y rigor, ha-
tado a su utilidad para una posterior elaboración de
ciéndolos buenos para posterior interpretación. Este
conocimiento, una vez que se les someta a interpreta-
procedimiento neutro podría denominarse lectura de
ción. Esa utilidad depende, básicamente, del rigor
un texto, y consiste en una operación de fases tan
metodológico que se haya puesto en la obtención y
estrechamente interrelacionadas que sólo por interés
en el tratamiento de los datos.
pedagógico podría justificarse su descomposición.
3. La presentación de los agregados de datos como
conocimiento histórico se halla relacionada con la Para el historiador la lectura de un texto consiste
confusión, presente en la historiografía venezolana, en una múltiple operación de referencia de lo leído a
entre filiación y explicación. un interés determinado, pero no con un fin de apren-
dizaje sino de construcción de una estructura en la
4. El trazado de la línea evolutiva de un proceso cual lo leído ha de integrarse al proporcionar elemen-
o fenómeno histórico (filiación), es necesaria para su tos o materiales apropiados. Ahora bien, esos mate-
explicación, pero no constituye, propiamente, esta úl- riales suelen no ser directamente aprovechables: es
tima. necesario afinarlos mediante un procedimiento críti-
5. Tanto los agregados de datos como la explica- co que los despoja de adherencias inconvenientes y
ción (entendida ésta como conocimiento histórico) son que determina su resistencia. La realización de estas
instancias metodológicas características y relaciona- pruebas a que se somete el material competen al con-
das entre sí, que exigen tratamiento apropiado. junto de procedimientos conocidos como crítica ex-
terna y crítica interna, que son eficaces auxiliares del
6. No debe descartarse la posibilidad, en las con- complejo, decisivo en toda operación crítica, al cual
diciones propias de los estudios históricos en Vene- deben concurrir en toda su intensidad el sentido his-
zuela, de coadyuvar mediante ejercicios y procedi- tórico, la capacidad crítica y la formación metodoló-
mientos adecuados a la solución de las dificultades gica e ideológica del historiador, siendo estos últi-
planteadas por la generalización. mos factores los que condicionan la eficacia de los
7. Quizá deba buscarse la razón de esas dificulta- procedimientos mencionados.
des, fundamentalmente, en una defectuosa marcha del En otras palabras, el historiador no sólo ha de ser
conocimiento científico, y en el miedo a la definición capaz de leer y comprender lo leído, sino que ha de
de categorías. poder captar lo fundamental, y ha de ser capaz de
desentrañar la estructura de la cual forma parte el
Apéndice A
elemento fundamental seleccionado por él, puesto que
El tratamiento de los textos es la operación pri- de la relación con la estructura y de la logicidad de
maria de la investigación histórica. Si bien es cierto ésta puede colegirse gran parte de la solidez de lo
que el concepto de fuentes históricas las admite no seleccionado.
escritas, no lo es menos que predominan –y con mu-

65
Germán Carrera Damas

La experiencia docente demuestra que una alta Igualmente hallan dificultad en la recolección de
mayoría de egresados de la educación secundaria no las ideas fundamentales que deben incorporarse al
está en aptitud de realizar tales operaciones, y mu- resumen, mostrando tendencia a recoger ideas de es-
cho menos de realizarlas por la simultaneidad, la pre- casa significación o desarrollos francamente comple-
cisión y la rapidez exigida por la labor del historia- mentarios.
dor. Como un estímulo al desarrollo de esa aptitud
Para estos ejercicios se escogen textos breves,
hemos propuesto desde 1959 una serie de ejercicios,
densos y de lenguaje rico. Preparan para la elabora-
introductorios al estudio de la técnica de la investi-
ción de fichas de resumen y mixtas, en el proceso de
gación documental en la Escuela de Historia de la
formación y acopio de datos.
Facultad de Humanidades y Educación de la Univer-
sidad Central de Venezuela. Dichos ejercicios están
estrechamente relacionados entre sí, como hemos di-
cho, y, corresponden a operaciones que ya en la prác- Ejercicios de resumen analítico
tica profesional han de ser realizadas simultáneamen- Este tipo de ejercicio está destinado a facilitar el
te. Los denominamos tentativamente así: presentación descubrimiento de la estructura ideológica de un tex-
resumida, resumen analítico y análisis crítico. to, estableciendo su estructura ideológica real, que
puede coincidir o no con la que el autor creyó cons-
truir. Así, el estudiante deberá responder a la pre-
Ejercicios de presentación resumida gunta: ¿qué se propuso decir o demostrar el autor?,
componiendo con las ideas manejadas por dicho au-
Consisten en dar testimonios de las ideas conteni-
tor, fielmente recogidas, la estructura de su propia
das en un texto, mediante un resumen que se ajuste a
demostración. Esas ideas deberá disponerlas en for-
su estructura de tal manera que permita conocer el
ma de un plan de trabajo común, estableciendo la idea
original lo más completa, resumida y fielmente posi-
central o directriz, las ideas principales, las secunda-
ble. Tiende a corregir las viciosas formas de «lectu-
rias, etc. Para estos ejercicios deben escogerse textos
ra» y de «asimilación» que, frecuentemente, no son
cuya estructura ideológica no sea clara, que susciten
otra cosa que mala comprensión y tergiversación de
problemas de interpretación. El estudiante deberá jus-
lo leído, desarrollando al mismo tiempo la primera
tificar la suya mediante el rigor lógico de la estructu-
de las aptitudes del historiador: poder dar testimo-
ra que logre construir.
nios, antes de intentar estudiarlos. Los ejercicios es-
tán rodeados de ciertas normas, con el fin de impo- La dificultad principal de este tipo de ejercicio, y
nerle al estudiante un esfuerzo de síntesis cuidadosa: de allí su valor formativo, consiste en que frecuente-
mente es necesario reducir las ideas, tanto la central
1) Deben ser breves. Su extensión se determina
como las principales, y darles una formulación ade-
proporcionalmente a la extensión y a la naturaleza
cuada. Tiende, pues, a estimular la capacidad de re-
del texto propuesto (extensión máxima: 10 a 15 por
ducir a concepto los desarrollos y ejemplos. En este
ciento).
sentido señalamos que el mayor escollo con que tro-
2) Empleo de un lenguaje personal, reduciendo piezan los alumnos, en la realización de este tipo de
al mínimo indispensable las transcripciones textua- ejercicio, consiste en el escaso desarrollo de su capa-
les. cidad de abstracción. Tienden a razonar con imáge-
nes y ejemplos, presentados de manera narrativa.
3) Empleo de la primera o la tercera persona
verbal, al redactar la presentación resumida.
Se vigila particularmente la fidelidad de las ideas Ejercicios de análisis crítico
resumidas con respecto al original, la amplitud de la
presentación resumida en cuanto a la visión del ori- Tienen por objeto estimular el espíritu crítico de
ginal que permite formarse, y la corrección del len- los alumnos y encauzar la expresión de su crítica con
guaje. arreglo a ciertas normas mínimas que contraríen el
hábito de emitir opiniones desordenadamente. Al mis-
Cabe anotar, como una prueba más de la defec-
mo tiempo, se proponen inculcarles la noción de crí-
tuosa formación proporcionada por la enseñanza se-
tica estructural, con el fin de procurarle al ejercicio
cundaria, que este tipo de ejercicio es considerado
crítico el mayor grado posible de objetividad.
sumamente difícil por la mayoría de los estudiantes,
quienes fallan sobre todo en la comprensión de las El alumno deberá ocuparse, en primer lugar, de
ideas y en su fiel expresión resumida. establecer con todo cuidado la estructura ideológica
del texto tal como la erigió el autor. Logrado esto,

66
Agregados de datos, filiación, explicación, generalización y ...

procederá a estudiarla críticamente, apreciando el ri- ducción, de la interpretación que se le da; una explo-
gor lógico de la demostración, la propiedad de los ración bibliográfica adecuada; la adquisición de la
ejemplos, la correspondencia de las conclusiones, etc. información necesaria; la formación de una idea cen-
Es decir, se esforzará por captar la dinámica de la tral apropiada a la interpretación del tema, y la cons-
estructura ideológica para valorar su funcionamien- trucción del plan correspondiente. En suma, se trata
to. de efectuar un estudio histórico sin llegar a la redac-
ción del discurso.
El ejercicio será presentado en forma de una serie
de notas críticas ordenadas lógicamente en un plan Se pone énfasis, particularmente, en el contenido
compuesto según un criterio visible y justificado. Pre- ideológico del plan, en su rigor lógico y en su funcio-
para para la valoración crítica, interna, de los testi- namiento. Los ejercicios versan sobre los siguientes
monios. Un e ejercicio semejante puede hacerse a tipos de tema:
partir del resultado del resumen analítico.
Reiteramos que se trata de ejercicios eminentemen-
te formativos. No se proponen enseñar una determi- Tema biográfico
nada manera de realizar las operaciones a que se re-
Trata de la elaboración del plan de una biografía.
fieren. Sirven como estímulo para despertar y desa-
Para contrariar la tendencia narrativa, tan arraigada
rrollar el sentido de objetividad, la capacidad de aná-
en el alumno, se desecha la forma clásica del recuen-
lisis y de síntesis, y para fomentar el espíritu crítico.
to cronológico y se exige una estructura ideológica
Para ello se combate la tendencia a la apreciación
que permita formular una idea central, objeto de la
apresurada, a la defectuosa captación de lo leído y a
demostración. Se respeta, sin embargo, la cronolo-
su expresión desordenada, creando conciencia de es-
gía imprescindible a la biografía, en el sentido de que,
tos defectos y proponiendo puntos de referencia para
cualquiera que sea la estructura del plan propuesto,
los esfuerzos orientados a corregirlos. A la larga, el
debe permitir la reconstrucción de la vida del
alumno formará su propio estilo de trabajo, pero ajus-
biografiado.
tado a cierto rigor básico.

Tema morfológico
Apéndice B
Tiene por objeto el estudio de la evolución histó-
Consecuente con su formación escolar, el alumno
rica de una forma social, política, cultural, económi-
emplea la narración para desarrollar cualquier tipo
ca, etc. Rigen para él criterios semejantes a los esta-
de tema que se le proponga. Incapacitado para dis-
blecidos para el tema biográfico, pero con mayor én-
tinguir las particularidades de los temas, encuentra
fasis en el análisis.
dificultades frecuentemente insuperables en formar
un plan de trabajo acorde con esas particularidades.
Como una ayuda a la superación de esta falla, Tema comparativo
hemos adaptado la conocida clasificación de los te-
mas generalmente aplicada por la escuela francesa, Consiste en comparar dos o más términos. Para
completándola con un conjunto de pautas que tienen ello se establece un método que tiende a combatir la
por objeto encauzar el esfuerzo de los estudiantes. forma tradicional y viciosa de la comparación, que
Para ello proponemos la realización de series de ejer- consiste, generalmente, en estudiar por separado cada
cicios, de complejidad creciente, que imponen al alum- uno de los factores de la comparación y en reservar
no la obligación de estructurar, en breve tiempo, el el intento comparativo para una especie de conclu-
plan apropiado para el desarrollo de diversos temas. sión.
Todo el ejercicio consiste en construir el plan con arre- El método propuesto consiste en establecer, por
glo a normas establecidas al efecto, expresando en vía del análisis y de la síntesis, una línea de proble-
cada una de sus partes y subpartes, de manera resu- mas o de situaciones comunes a los términos de la
mida, las ideas que habrían de desarrollarse en caso comparación, y en confrontar, con respecto a cada
de efectuarse la investigación. uno de los puntos de esa línea, las respuestas ofreci-
La realización de este tipo de ejercicio impone al das por dichos términos, entendiéndose que éstas pue-
alumno un esfuerzo que consiste en: la captación del den ser coincidentes o divergentes, y que incluso la
sentido del tema propuesto –cuya formulación se hace ausencia de respuesta explícita es ya una manera de
deliberadamente vaga–; la justificación, en la intro- responder. El todo regido por una idea central que

67
Germán Carrera Damas

condensa el sentido más general o característico de pótesis de trabajo obtenida mediante la asimilación
la comparación. de esa información y la reflexión crítica sobre ella.
Al final de esta fase habrá llegado a un punto de con-
densación que representa la idea central o directriz
Tema cuadro que regirá el proceso de demostración. Dicha idea
central o directriz habrá de exponerse someramente
Tiene por objeto la construcción del panorama en la introducción del plan de trabajo. El proceso de
general de un momento histórico, mas no se trata de la fundamentación consiste en desandar metódicamen-
una simple descripción. Para ello se debe formular te el camino seguido un tanto caóticamente en la ope-
una idea central contentiva de la característica fun- ración de asimilación y reflexión, pues ahora el in-
damental o más general del cuadro a construir, y cada vestigador se enfrenta a la tarea de fundamentar la
uno de los aspectos estudiados debe quedar enmarcado idea central o directriz, sometiendo a comprobación
en esa idea central, o presentar con respecto a ella su hipótesis de trabajo en una demostración a partir
diferencias parciales que deben justificarse sin inva- de pruebas que se dispone lógicamente en las partes
lidar la idea central. del plan de trabajo. Realizada esta tarea, se procede
Este tipo de ejercicio conlleva la triple dificultad a una nueva condensación que tiene por objeto ofre-
de seleccionar los componentes del cuadro histórico; cer una síntesis de la fundamentación que ocupa en
de respetar la secuencia cronológica de los hechos, si el plan de trabajo el lugar de las conclusiones parcia-
el cuadro abarca un lapso más o menos extenso; y de les, las cuales a su vez culminan en una conclusión
velar por el respeto de las características de la uni- general que se enlaza con la idea central o directriz,
dad del hecho histórico, que ya hemos apuntado. En en una correspondencia que representa en realidad la
una etapa superior, se propone la realización de te- culminación de todo el proceso demostrativo, el cual
mas que combinen los que hemos expuesto somera- es enunciado en la introducción como un propósito,
mente; sobre todo las combinaciones de temas bio- pero sólo después que ha tenido realización, ya que
gráfico y cuadro, morfológico y cuadro, biográfico y la introducción es la última fase del discurso, en la
morfológico, etc. En todo momento debe tenerse pre- cual se enuncia lo que se pretende hacer cuando ya
sente el cuidado de combatir en el alumno la tenden- ha sido hecho.4
cia a la adopción de modelos, al uso de meros enun-
ciados en vez de ideas resumidas y a la narración.

Apéndice C

No sin grandes vacilaciones nos atrevemos a pro-


poner el siguiente diagrama del proceso general de
elaboración de un plan de trabajo para la realización
de cualquiera de los temas mencionados en el apén-
dice B. De allí que creamos necesario advertir de in-
mediato que ese diagrama ha sido deducido del aná-
lisis de los muchos planes de trabajo realizados en
cátedra y del examen de los procedimientos seguidos
por sus autores.
El diagrama aspira a presentar la corresponden-
cia que creemos existe entre las diversas fases de la
indagación y los componentes del plan de trabajo. Su
funcionamiento es el siguiente:
Al iniciarse la operación, el investigador del tema
propuesto dispone de un volumen de conocimientos
compuesto de conocimientos generales y de conoci-
mientos específicos relativos al tema que indaga. A
partir de esta base se desarrolla la búsqueda de nue-
va y más completa información sobre el tema, la cual
constituye un proceso para llegar a la idea central o 4 Cuestiones de historiografía venezolana. Colección Avance, No. 7.
directriz, es decir, a la concepción general de la hi- Caracas, Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central, 1964.
El oficio de historiador, Capítulo 4, Siglo XXI de España Editorires,
Septiembre de 1994, pp. 88-157.

Enrique Moradiellos

Introducción a las técnicas de


trabajo universitario

En las páginas que siguen se ofrecen una serie de cación práctica. La bibliografía recogida al final de
consejos orientadores y recomendaciones sobre las este apartado contiene un número suficiente de obras
distintas técnicas y métodos de trabajo habituales en que permitirían a quien lo deseara una mayor
la enseñanza y estudio universitario de la historia. profundización en los distintos asuntos aquí tratados
Su intención no es otra que facilitar al estudiante la y abordados.
plena compresión de dichas técnicas y el progresivo
dominio en el ejercicio práctico de las mismas. Se
conciben, por tanto, como elementos auxiliares para I. TÉCNICAS DE IDENTIFICACIÓN Y REFEREN-
ayudar al estudiante en su labor de lectura y aprendi- CIA BIBLIOGRÁFICAS
zaje individual y en su realización de las tareas plan-
teadas en los seminarios y clases prácticas. Tales téc- El conocimiento de las técnicas de identificación
nicas y métodos de trabajo universitario son los rese- y referencia bibliográficas resulta imprescindible para
ñados a continuación: cualquier estudiante universitario. Gracias a ellas,
contamos con un mecanismo reglado y universal para
buscar información sobre todo lo que haya podido
I Técnicas de identificación y referencia biblio ser publicado o esté disponible del tema de nuestro
gráficas. interés en cualquier formato: libro, articulo de revis-
ta, actas de conferencias o congresos, periódico o re-
II Elaboración de fichas bibliográficas y fichas
vista particular, etc. El dominio de esas técnicas cons-
de lectura.
tituye una condición necesaria para el uso óptimo de
III Pautas básicas de comentario de textos histó todos los recursos y facilidades ofrecidos por las bi-
ricos. bliotecas públicas y universitarias y por las
hemerotecas (repositorios donde se custodian los dia-
IV Pautas básicas para el comentario de gráficos
rios y publicaciones periódicas). Es también un re-
históricos y documentos estadísticos.
quisito fundamental para entender y poder utilizar la
V Pautas básicas para el comentario de mapas bibliografía adjunta al programa de cualquier asig-
históricos. natura. No cabe, por tanto, concebir un estudiante
universitario de Historia que desconozca esas reglas
VI Esquema básico para la reseña de libros de his
básicas y los códigos de citación y localización bi-
toria.
bliográfica.
VII Esquema para la redacción de un trabajo de
La referencia de toda obra publicada siempre debe
curso.
aparecer escrita de acuerdo con unas normas de ci-
VIII VIII. Notas para iniciar la consulta archivística. tación universales. Su funcionalidad es básicamente
Dado que la intención de estas orientaciones es pragmática. Gracias a esas normas, todo lector po-
utilitaria, para hacer más fácil su seguimiento y com- tencial, incluso si es extranjero y desconoce la len-
presión las explicaciones teóricas sobre dichas técni- gua en la que está escrita la obra, tiene la posibilidad
cas y métodos van acompañadas de ejemplos de apli- de entender la referencia y buscar la publicación a
Enrique Moradiellos

través de los catálogos de las bibliotecas. Estos catá- Eco, Umberto, Cómo se hace una tesis. Técnicas y procedi-
logos pueden ser de dos tipos: catálogo de autores y mientos de investigación, estudio y escritura, Barcelona,
catálogo de materias. Gedisa, 1982, 267 pp., 3ª ed. Edición original italiana, 1977.
Traducción de Marta Rourich.
En el primer caso, las fichas que recogen los fon-
dos disponibles en la biblioteca están ordenadas Preston, Paul, La destrucción de la democracia en España.
Reacción, reforma y revolución en la Segunda República,
alfabéticamente, tomando como principio de ordena-
Madrid, Turner, 1978, 343 pp. Traducción de Jerónimo Gon-
ción el apellido de los autores. Es decir: un libro de zalo.
Manuel Tuñón de Lara habría que buscarlo en el apar-
tado «T». En el segundo caso, las fichas están clasi- 2. Si son varios los autores de un libro, sus nom-
ficadas por materias temáticas, normalmente siguien- bres aparecen separados por punto y coma y el últi-
do el C.D.U.(Clasificación Decimal Universal). Este mo precedido por una «y». Si fueran muchos los au-
tipo de catálogo es útil para conocer lo que guarda la tores, también podría aparecer sólo el primer nom-
biblioteca sobre un tema determinado dentro de la bre seguido de «y otros» o de la locución latina aná-
materia clasificada. Por ejemplo, lo que hay sobre loga et al. (por et alii). Si fuera una obra colectiva
«Historia de España: Edad Contemporánea» dentro de multitud de autores o respondiera a las actas de
del campo de «Historia». En las hemerotecas, los ca- un congreso, cabe introducir el título con la abrevia-
tálogos están organizados por orden alfabético (to- tura VV AA (varios autores) o reseñar directamente
mando como criterio el título del diario o revista: así el título de la obra.
el diario londinense The Times se encontraría en el Tuñón de Lara, Manuel; Valdeón Baruque, Julio, y Domínguez
apartado «T» y a veces también por procedencia geo- Ortiz, Antonio, Historia de España, Barcelona, Labor, 1991.
gráfica (tomando como criterio el lugar de publica-
Ubieto, Antonio y otros, Introducción a la historia de Espa-
ción: The Times aparecería en la sección «Prensa ña, Barcelona, Teide, 1970.
británica» o «Prensa londinense»).
VV AA, Tendencias en la historia, Madrid, Consejo Superior
La referencia bibliográfica se elabora de distinta de Investigaciones Científicas, 1988.
forma según que la obra sea un libro, un artículo de
Actas del I Congreso de Teoría y Metodología de la Ciencia,
revista, un artículo periodístico, etc. Así, a simple
Oviedo, Pentalfa Ediciones, 1982.
golpe de vista, podemos apreciar el tipo de obra que
es y cómo y dónde será posible localizarla. En todos 3. Si el libro, a pesar de ser un trabajo colectivo,
los casos, esa referencia debe proporcionar un míni- tiene un encargado de la edición o un director de la
mo de información que permita diferenciar la obra misma, se señala esta circunstancia añadiendo entre
de otras similares y conocer los datos básicos para la paréntesis las abreviaturas «ed.» (por «editor») o
identificación y búsqueda de dicha publicación. Ello «dir» (por «director»).
permite, por ejemplo, solicitar en una biblioteca un Burguiére, André (dir.), Diccionario de las ciencias históri-
ejemplar determinado de un libro objeto de varias cas, Madrid, Akal, 1992.
ediciones, pedir la fotocopia exacta de un artículo sin
Stern, Fritz (ed.), The Varieties of History. From Voltaire to
haberlo visto previamente, o requerir un número de
the Present, Londres, Macmillan, 1970.
revista donde sabemos que está recogido el artículo
que nos interesa. A continuación se ofrecen las nor- 4. Si la referencia muestra un artículo de un au-
mas para la correcta referencia bibliográfica de li- tor incluido en un libro que no es sólo suyo, se indi-
bros y artículos. cará el artículo entre comillas, seguido de la referen-
cia bibliográfica normal, a la que se le antepondrá la
1. En caso de un libro de autor individual, la re-
preposición «en» y se le añadirán al final las páginas
ferencia bibliográfica básica debe escribirse así en in
correspondientes al artículo.
listado bibliográfico: Apellido del autor (a veces, se
escribe en letras mayúsculas para destacar los Barrio Alonso, Ángeles. «A propósito de la historia social,
visualmente), Nombre o inicial, Título de la obra del movimiento obrero y los sindicatos», en Germán Rueda
subrayado. Con el subtítulo incorporado, lugar de (comp.), Doce estudios de historiografía contemporánea,
Santander, Universidad de Cantabria, 1991, pp. 41-678.
edición ( si no consta, se pondrá «s.l.»,sin lugar), edi-
torial o institución editora, año de publicación (si no 5. Si se trata de un artículo de revista, se consig-
consta, «s.a.», sin año). Una referencia más comple- nará el título entre comillas, seguido directamente por
ta añadiría las páginas (con su número seguido de p. el nombre de la revista subrayado, por el lugar de
O pp.) y el número de edición si no es la primera. Si edición paréntesis (excepto si es muy conocida y re-
fuera una traducción de una obra extranjera, añadi- sulta prescindible el lugar), por el número o volumen
ría la fecha de publicación original y el nombre del del ejemplar, por el mes o año de publicación, y por
traductor. Por ejemplo: las páginas exactas del artículo. Si se tratara de un

70
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

artículo periodístico, se mantendría el mismo mode- II. ELABORACIÓN DE FICHAS BIBLIOGRÁFI-


lo de cita pero añadiendo a la fecha el día de publica- CAS Y FICHAS DE LECTURA
ción.
Trabajar como universitario con libros y artícu-
Alted Vigil, Alicia. «El testimonio oral como fuente históri- los requiere leerlos con atención y reflexión. Esta ta-
ca», Perspectiva Contemporánea (Madrid), núm. 1, 1988, pp.
rea implica, por lo general, estar provisto de bolí-
155-162.
grafo y papel o fichas en blanco para tomar notas de
Tertsch, Hermann, «En la guerra todos cometen su contenido, registrar datos, fechas e interpretacio-
crímenes...»,El País (Madrid), 21 de septiembre de 1986, nes, hacer esquemas de su argumentación, extraer
p.6. citas textuales de las partes más significativas, etc.
Hay que subrayar que este modo de referencia de De ese modo, se realiza una verdadera lectura pau-
las publicaciones es el que tiene que aparecer en todo sada y meditada de la obra, mucho más profunda
listado bibliográfico donde el criterio de presenta- que una lectura superficial que no se detiene a pen-
ción sea alfabético. Por ejemplo: en el apartado final sar dos veces su contenido porque no tiene nada que
de un libro o trabajo, donde se recogen todas las obras sintetizar o escribir. Además, con éste tipo de lectu-
y artículos utilizados o consultados en su elabora- ra se logra obtener un resumen sintético y manejable
ción; en los repertorios bibliográficos sobre una ma- de la obra, que servirá para hacer consultas rápidas
teria dada; en las bibliografías de curso adjuntas al en el futuro y para recordar su contenido sin tener
programa, etc. Por eso se inicia la referencia por el que volver a leer por entero una obra que quizá ya
apellido, autor y propicia mejor una ordenación no sea accesible en el momento necesario. Las notas
alfabética variada (hay muchos menos «Martínez tomadas, si lo han sido correctamente, harán el pa-
Rodríguez» en el mundo que «Luises»). pel del libro o artículo de un modo más práctico y
operativo. Y serán más fáciles de utilizar (con su-
Sin embargo, cuando la referencia bibliográfica brayados, uso de colores para resaltar lo importante,
se ofrece en una nota a pie de página, o en un apar- etc.) a efectos de realización de trabajos de curso o
tado colateral al texto principal, el orden de presen- en la preparación de exámenes.
tación varia: se pone el nombre, o la inicial del nom-
bre, antes que el apellido y una obra citada, utilizada Resulta conveniente que el estudiante universita-
o consultada en particular para un punto del texto, rio organice su propio fichero de libros y artículos
sin tratar de integrarla en un listado bibliográfico más utilizados y leídos a lo largo de toda la carrera. Ello
amplio organizado alfabéticamente. Por eso no es permite formar una colección de referencias biblio-
necesario que anteceda el apellido al nombre y ni si- gráficas abundante y muy útil para el estudio de to-
quiera que éste se desarrolle por completo, para eco- das las asignaturas y para cualquier tarea profesio-
nomizar espacio. Véase el siguiente ejemplo de un nal futura (tanto si es docente como investigador).
texto que contiene una nota a pie de página. Procede El fichero será así un instrumento y medio de trabajo
de la introducción de Diego Catalán a la reedición siempre vivo, en proceso de crecimiento constante.
del libro de Ramón Menéndez Pidal, Los españoles En él se guardarán las referencias bibliográficas de
en la Historia, Madrid, Espasa Calpe, 1991, pp. 13- las obras leídas, consultadas o meramente recogidas,
14. Nótese que la nota remite a la página exacta de la que pueden tener valor y utilidad en cualquier oca-
obra específica donde se encuentran las expresiones sión u oportunidad venidera. Con ese método de fi-
textuales de Menéndez Pidal que reproduce Diego chaje, se evitarán posteriormente los lamentos del tipo
Catalán (para subrayar que son textuales y no una «me olvidé del autor y título que eran fundamentales
paráfrasis, van enmarcadas por comillas): para este tema» o «ya no me acuerdo quién trató este
asunto que ahora debo analizar».
En efecto, Menéndez Pidal, al comienzo de su exposición
de los «caracteres permanentes» del pueblo hispano, su- Tradicionalmente, la elaboración del fichero bi-
braya que no debe tenérseles por inmutables, toda vez que bliográfico particular era una tarea manual. Consis-
«no se trata de ningún determinado somático o racial, sino tía en rellenar una ficha pequeña de cartulina (de 7,5
de aptitudes y hábitos históricos que pueden y habrán de x 12,5 cm; por lo general, rayada o en blanco) con
variar con el cambio de sus fundamentos, con las mudan-
los datos bibliográficos de la obra consultada o leída
zas sobrevenidas en las ocupaciones y preocupaciones de
la vida, en el tipo de educación, en las relaciones y en las y colocarla en el archivador apropiado. Los archivos
demás circunstancias ambientales»3. Castro, por su parte, así formados podían ser de autores, organizados
se defiende contra la posible confusión de su interés {...} alfabéticamente, o de materias, clasificando la so-
bras por su tema o asunto (por ejemplo,
3 R. Menéndez Pidal, «Los españoles en la Historia. Cimas
«Romanización», «Industrialización», etc.) Las fichas
y depresiones en la curva de su vida política», en su Histo-
ria de España, I, Madrid, Espasa Calpe, 1947, p. X. eran pequeñas porque la información que debían con-

71
Enrique Moradiellos

tener no era muy grande y así era más fácil su uso Las fichas bibliográficas son uno de los tipos de
(por ejemplo, llevarlas en una carpetilla hasta una fichas que utiliza o puede utilizar el estudiante uni-
biblioteca para localizar los títulos). Y eran de cartu- versitario. Pero existen otros tipos de igual impor-
lina porque así no se doblaban y deterioraban con el tancia o mayor: las fichas de lectura, las fichas temá-
uso frecuente y era factible manejarlas sin proble- ticas, las fichas de citas textuales, las fichas de ideas
mas dentro del fichero (se deslizan mejor entre los y conceptos, las fichas de documentos o fuentes ori-
dedos que el papel fino). En la actualidad, el uso de ginales, etc. Su tamaño es siempre mayor que las bi-
ordenadores personales permite elaborar archivos bliográficas, para permitir anotar en ellas un texto
bibliográficos más fácilmente, gracias a los progra- más amplio y articulado. Normalmente, se usa la fi-
mas de base de datos y a la posibilidad de imprimir cha de cartulina de 16 x 22 cm. Rayado o en blanco.
sus contenidos cuando se desee. De todos modos, para Son preferibles al folio u otras hojas de papel por su
quien no disponga de tal instrumento, la ficha de car- mayor dureza y resistencia, que permite manejarlas
tulina sigue siendo un auxiliar agradecido. en un fichero más fácilmente (sin doblarse ni pegar-
se), sacarlas y situarlas donde convenga, comparar-
Dentro de la ficha, la referencia bibliográfica se
las y cotejarlas con otras, etcétera.
escribe normalmente de un modo reglado y unifor-
me, para facilitar su visión y comparación con otras La variedad de estos tipos de fichas no-bibliográ-
fichas. La ficha debe contener todos los elementos ficas es muy amplia. El uso de uno o varios tipos
imprescindibles de la referencia. En el modelo de fi- depende del interés y necesidades del estudiante y de
cha que se ofrece a continuación, se añaden entre la profundidad y alcance del trabajo propuesto. Des-
paréntesis los datos que pueden faltar en un listado de luego, la forma más común de estas fichas es la de
bibliográfico final pero que no está de más incluir en lectura o resumen.
nuestra ficha para ampliar información. Por ejem-
La ficha de lectura es el instrumento esencial e
plo, para saber si se trata de una obra extensa o corta
indispensable para recoger toda la información per-
(apreciando el número de páginas), si es antigua o
tinente de un libro o artículo que hayamos leído o
nueva (observando el número de edición y la fecha
consultado. Por lo general, en ella se recogen los da-
de edición original), etcétera.
tos bibliográficos de la obra en la parte superior, de
modo abreviado (pues las referencias completas las
tendremos en su ficha bibliográfica). A veces, basta
Apellidos y nombre del autor
con situar en la parte superior izquierda el nombre y
Título y subtítulo de la obra apellido del autor y parte del título de la obra. En el
resto de la superficie y en las fichas subsiguientes
Lugar, editorial, año (edición, páginas, etc.).
(numeradas en la parte superior derecha), se regis-
trará un resumen general del tema y contenido del
Al margen de esos datos, propios de la referencia libro, citas textuales de los pasajes más importantes
bibliográfica, podemos incluir en la ficha otras ano- (indicando mediante comillas su naturaleza de citas
taciones prácticas en el anverso o reverso de la mis- y entre paréntesis su página en el libro), datos, nom-
ma (quizá mejor en el reverso para no recargar la bres y conceptos que vayan apareciendo y se consi-
ficha por un solo lado). Por ejemplo, en qué bibliote- deren importantes y todo tipo de información u opi-
ca se encuentra la obra referida, cuál es su signatura nión que estimemos de interés para nuestros estudios
y número de catalogación en dicha biblioteca, la fe- t trabajos en curso o futuros. También pueden in-
cha en la que se consultó, la impresión que nos cau- cluirse nuestras valoraciones de la obra (como el in-
só, sus partes más valiosas, etc. De ese modo, cuan- terés intrínseco de ella, su similitud, armonía o con-
do meses o años después volvamos a utilizar esa fi- tradicción con otras obras leídas, etc.).
cha, sabremos exactamente a dónde dirigirnos para Por supuesto, esa labor de recogida en la ficha de
consultar la obra, cómo localizarla rápidamente y qué los contenidos del libro no puede hacerse después de
partes reexaminar directamente. Cabe señalar que la una primera lectura rápida del mismo. Para destilar
ficha bibliográfica propuesta se diferencia de la fi- lo que es importante y poder sintetizarlo y anotarlo,
cha catalográfica empleada en los ficheros de las bi- es preciso realizar la lectura meditada y reflexiva
bliotecas. Esta última es mucho más completa, in- anteriormente aludida. Por ejemplo, sólo después de
cluyendo las dimensiones del libro, su número de re- haber leído atentamente , una o dos veces , el prólo-
gistro internacional (ISBN: International Standard go y los capítulos de un libro, es posible ir haciendo
Book Number), el depósito legal, la signatura propia el resumen sintético de su contenido, por partes o
del libro en la biblioteca, etc. globalmente. Si empezamos a tomar notas al compás

72
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

de la primera lectura, tendremos paráfrasis largas del tro trabajo de curso con ayuda de las fichas, poda-
texto, pero no resúmenes. Y rellenaremos montones mos confundir la paráfrasis y la cita, incurriendo en
de fichas, limitando la eficacia y el valor de su fácil el plagio por incompetencia más que por mala fe.
manejo para el proceso posterior de estudio y redac-
Veamos a continuación varios ejemplos de fichas
ción de trabajos con ayuda de las fichas.
de lectura (y de fichas de otro tipo) sobre obras refe-
También es cierto que no todas las obras requie- ridas a un tema posible de estudio y trabajo: los mo-
ren el mismo tipo y cantidad de lectura. Recoger la vimientos milenaristas medievales.
esencia de un artículo podría exigirnos tan sólo una
Comenzaremos por definir conceptualmente el
cara de una ficha normal. Un libro clave y decisivo
asunto, recurriendo primeramente a los diccionarios
para nuestro tema podría requerir cinco o diez fichas
y enciclopedias disponibles de historia general y me-
exhaustivas y densas. Todo depende del tipo e inte-
dieval. O recurriendo al propio Diccionario de la len-
rés del libro y de su importancia para el asunto que
gua española de la Real Academia. En él, se definen
estemos estudiando. Por ejemplo, es fácil que toda la
vocablos «milenario», «milenarismo», y «milenio» de
información disponible en un diccionario o enciclo-
modo muy sucinto pero útil para comenzar nuestro
pedia sobre el asunto pertinente pueda recogerse en
estudio. Haremos una ficha de lectura (véase en la
una sola ficha. También es probable que toda la in-
página siguiente) que también resulta ser una ficha
formación contenida en un voluminoso manual de
de ideas o de conceptos y que tendría ese formato
texto sobre dicho asunto particular quepa en unas
aproximado. Podría ir encabezada con el título, en
pocas fichas. Pero, por lo general, la monografía es-
mayúsculas, de MILENARISMO, en la parte dere-
pecializada nos deparará varias fichas sustanciosas
cha superior.
y sin desperdicio. Hay que saber calibrar la impor-
tancia e interés del libro para el tema y, en con se- Después de hacer esta ficha, procederemos a rea-
cuencia, dedicar más o menos fichas y espacio a re- lizar fichas análogas con las informaciones de otros
coger sus informaciones e interpretaciones. diccionarios y manuales generales, hasta agotar el
campo de sinónimos y explicaciones de lo que es el
Sea cual sea la cantidad de fichas de lectura, en
milenarismo. Por ejemplo, examinaremos su relación
ellas siempre habrá que observar algunas reglas bá-
con vocablos como «mesianismo», «demonología»,
sicas para su confección. Primero y ante todo, debe-
«salvacionismo», «escatología», «soteriología», etc.,
rán distinguirse visualmente las partes que son pará-
y redactaremos fichas de ideas para clarificar esos
frasis hechas por nosotros del contenido del libro y
conceptos y tenerlos a mano para cualquier necesi-
las partes que son citas textuales de lo que dice el
dad.
propio libro.
Una vez realizada esta tarea de clarificación con-
Nuestra paráfrasis se redactarán sin mayor com-
ceptual y terminológica, pasaremos a realizar la lec-
plicación; bastará con ir indicando, entre paréntesis,
tura de obras monográficas bien
las páginas o capítulos donde se exponen esas ideas
y argumentos; si la idea o argumento ocupa más de
una página o está repartida por todo un capítulo, po- MILENARISMO
dría indicarse así: (p. 23 y s.s.), queriendo significar,
página 23 y «siguientes»; o bien, passim, en el senti- Real Academia de la Lengua Española. Diccionario, Madrid,
do de «por todas partes». RAE, 1984, 1984, vol. II
Milenario: Del latín millenarius. Tres acepciones básicas:
Las citas textuales tienen que ser fieles y transcri-
1) Pertenece al número mil. 2)«Dícese de los que creían que
bir las palabras tal y como están escritas en la obra Jesucristo reinaría sobre la tierra con sus santos en una
original. Por eso se recogen entre comillas, para in- nueva Jerusalén por tiempo de mil años antes del día del
dicar visualmente su carácter de cita textual, y se pro- Juicio» 3) «Dícese de los que creían que el Juicio Final y el
porciona al final de ellas, entre paréntesis, la página fin del mundo acaecerían en el año 1000 de la era cristia-
exacta donde se encuentra. Además, no se pueden eli- na.»
minar partes del texto que se cita sin señalar este he- Milenarismo: «Doctrina o creencia de los milenarios, dicho
cho. Esta señal de elipsis u omisión se manifiesta de los que creían que Jesucristo reinaría en la tierra 1000
mediante la introducción de tres puntos suspensivos años antes del Juicio Final y de los que pensaban que el fin
(entre paréntesis o sin ellos) que corresponde a la parte del mundo acaecería en el año 1000»
omitida: Por último, no se debe interpolar el texto Milenio: Período de mil años.
citado. Todos nuestros comentarios y especificacio-
nes se harán entre paréntesis cuadrados o corchetes.
De este modo, se evitará que cuando redactemos nues-

73
Enrique Moradiellos

provisto de un aparato conceptual e interpretativo no en un cielo fuera de este mundo; c) inminente, en el sen-
básico. Por ejemplo, iniciaremos el examen de un es- tido de que ha de llegar pronto y de un modo repentino; d)
tudio afamado del historiador británico Norman Cohn total, en el sentido de que transformará toda la vida en la
sobre el milenarismo medieval (cuya referencia ha- tierra, de tal modo que la nueva dispensa no será una mera
mejoría del presente sino la perfección; e) milagrosa, en el
bremos encontrado en las bibliografías ofrecidas por
sentido de que debe realizarse por o con la ayuda de
los diccionarios y enciclopedias o bien nos la habrá intervencionismos sobrenaturales» (pp. 11-12).
proporcionado el profesor y director del trabajo). La
ficha de lectura de la página siguiente es un mero Las primeras manifestaciones de ese salvacionismo se en-
cuentran en textos judíos del Antiguo Testamento. Por ejem-
ejemplo de lo que podría ofrecer el análisis de esta
plo, en la llamada visión o sueño de Daniel, que está en el
obra. Libro de Daniel, capitulo 7. En éste, según Cohn : «ya se
Naturalmente , no es la única posible. Muy al con- puede reconocer el paradigma de los que será la fantasía
trario, cabe considerarla como la primera, introduc- central de la escatología revolucionaria. El mundo está do-
toria, de otras fichas en las que se fuera recogiendo minado por un poder maligno y tiránico con una capacidad
de destrucción ilimitada - un poder que no se imagina como
el estudio e interpretación que Cohn hace de cada uno
humano sino como diabólico. La tiranía de este poder se
de los movimientos milenaristas que analiza. hará cada vez más insoportable, los sufrimientos de sus víc-
Las restantes fichas de lectura del libro de Cohn timas cada vez más intolerables - hasta que, repentinamen-
podrían dedicarse a su aplicación concreta, en cada te, suene la hora en la que los santos de Dios puedan levan-
tarse y destruirlo. Entonces, los mismos santos, los elegi-
caso de movimiento milenarista medieval (los cátaros,
dos, el pueble santo que hasta aquel momento sufría bajo el
los husitas, etc.), de ese programa definitorio del talón del opresor, heredarán a su vez el dominio sobre toda
milenarismo. Como es natural, se realizaría un estu- la tierra. Aquí se dará la culminación de la historia; el reino
dio similar con, al menos, otra monografía especiali- de los santos sobrepasará en gloria a todos los reinos ante-
zada en el tema, para comparar definiciones y con- riores : no tendrá sucesor» (p. 19).
ceptos y cotejar interpretaciones y juicios. Por ejem-
Cohn señala que esta esperanza milenarista ejercía atrac-
plo, la obra de María Isaura Pereira de Queiroz, his- ción y fascinación sobre los descontentos y los frustrados
toria y etnología de los movimientos mesiánicos, de la sociedad. Esas capas sociales encontrarán su ideal y
Madrid, Siglo XXI, 1969. objetivo en al realización, a veces muy violenta, de ese sue-
ño redentor y salvífico. El núcleo de los movimientos
Una vez realizadas estas lecturas y elaboradas las
milenaristas es un conglomerado heterogéneo de margina-
correspondientes fichas, podría procederse a la con- dos, una plebe multiforme de mendigos, parados, criados,
sulta de documentos originales y fuentes primarias, jornaleros, artesanos sin trabajo, mercenarios ocasionales,
recogidas en las antologías de textos. Ahora cabria bajo clero mísero... Una población, urbana muchas veces,
realizar fichas de documentos, donde se recogerían que se encuentra en los márgenes de sociedades en proce-
textualmente so de transición crítico. El Milenio es el sueño político y reli-
gioso (en una época de cosmovisión religiosa) de esa plebe
marginada y mal contenta.
1.
Norman Cohn. En pos del milenio. Revolucionarios
milenaristas y anarquistas de la Edad Media, Barral, 1972. las citas exactas de los mismos, para comprobar
Historiador británico. Estudia en esta obra el milenarismo si se ajustan a la interpretación de uno u otro autor, o
cristiano, considerándolo parte de la escatología cristiana, si podemos apreciar alguna conexión no reflejada en
como se recoge en el Libro del Apocalipsis, (capitulo xx, la bibliografía utilizada. Por ejemplo, para seguir con
versículos 4-6). Según este texto bíblico, Cristo, después el tema del milenarismo, podríamos acudir al capitu-
de su Segunda Venida, establecerá un reino mesiánico so- lo del Libro del Apocalipsis del Nuevo Testamento.
bre la tierra y reinará por mil años antes del Juicio Final. Véase a continuación la ficha de documento de esta
Sus ciudadanos serán los mártires cristianos, que resucita- fuente original.
rán para ello años antes de la resurrección de todos los de-
más muertos (p. 11).
Cohn señala que, desde el principio del cristianismo. Hubo
una interpretación liberal de esa profecía: los fieles sufrientes MILENARISMO
esperaban llegar a ver el milenio durante su propia vida.
Sagrada Biblia, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos,
En la actualidad, el término ha pasado a significar «un tipo 1972, 13ª ed. Versión directa de las lenguas originales por
particular de salvacionismo». Para este tipo de movimientos E. Nácar Fuster y A. Colunga Cueto.
milenaristas, la salvación es : a) colectiva, en el sentido de
APOCALIPSIS de San Juan, capitulo xx, versículos 1-6:
que debe ser disfrutada por los fieles como colectividad; b)
terrestre, en el sentido de que debe realizarse en la tierra y

74
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

« Vi un ángel que descendía del cielo, trayendo la llave del En otras palabras: el comentario de un texto históri-
abismo y una gran cadena en su mano. Tomó al dragón, la co siempre remite y exige tratar del contexto históri-
serpiente antigua, que es el diablo, Satanás, y le encadenó co donde se fraguó y donde adquiere su sentido y sig-
por mil años. Le arrojó al abismo y cerró, y encima de él nificado pertinente.
puso un sello para que no extraviase más a las naciones
hasta terminados los mil años, después de los cuales será Precisamente, el enorme valor educativo de los
soltado por poco tiempo. Vi tronos, y sentáronse en ellos, y comentarios reside en su virtualidad hermenéutica,
fueles dado el poder de juzgar, y vi las almas de los que en la oportunidad que ofrecen para introducir al alum-
habían sido degollados por el testimonio de Jesús y por la no en las labores de interpretación inferencial, de exé-
palabra de Dios, y cuantos no habían adorado a la bestia ni
gesis razonada y documentada, que definen y carac-
a su imagen y no había recibido la marca sobre su frente y
sobre su mano : y vivieron y reinaron con Cristo mil años. terizan en gran medida todo el trabajo de investiga-
Los restantes muertos no vivieron hasta terminados los mil ción y narración historiográficas.
años. Ésta es la primera resurrección Bienaventurado y santo El modelo de comentario que se ofrece a conti-
el que tiene parte en la primera resurrección; sobre ellos no
nuación es un método, unas pautas de procedimien-
tendrá poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes
de Dios y de Cristo y reinarán con Él por mil años».
to, para ayudar a extraer del texto la mayor informa-
ción posible que haga factible su contextualización,
explicación y comprensión histórica. El carácter de
El conjunto de las fichas elaboradas con las lec- guía tentativa y meramente referencial del mismo no
turas diversas serán el material fundamental para rea- necesita subrayarse. Tampoco parece necesario in-
lizar posteriormente el estudio del tema y para ini- sistir en un hecho evidente: ningún modelo de comen-
ciar la confección del trabajo de curso planteado. Por tario es útil se faltan los conocimientos históricos
supuesto, para sacar el mayor partido de las mismas, mínimos y adecuados para comprender el asunto re-
cabe utilizar rotuladores de colores para subrayar las flejado en el texto escrito. Sin esos conocimientos,
partes más importantes del texto, los conceptos, las ningún método o pauta de lectura e interpretación
definiciones, etc. Se trata de hacer más útiles estos podría rendir frutos validos y carecería de todo senti-
instrumentos de trabajo y estudio, y para ello habrá do su aplicación. Por supuesto, los sucesivos pasos
que volver más de una vez sobre el texto, singulari- que apuntamos en el modelo siguiente pueden ejerci-
zarlo y asimilarlo conceptualmente. tarse de hecho en el comentario, pero ni es necesario
ni conveniente que se anuncien y expliciten en la na-
rración, a fin de combatir el aspecto formalista que
resultaría de una aplicación mecánica e irreflexiva
III. PAUTAS BÁSICAS DE COMENTARIO DE
del modelo.
TEXTOS HISTÓRICOS

El comercio de textos históricos es uno de los ins-


trumentos indispensables para el análisis compren-
III. 1. Lectura atenta y comprensiva del texto
sión de los fenómenos históricos. Bajo la orientación
del profesor, puede ser también una de las vías esen- En realidad, resulta conveniente hacer dos lectu-
ciales de aprendizaje activo y participativo de los ras del texto. La primera, rápida, para extraer una
alumnos. No en vano, a través del comentario, es idea global de la forma y contenido del texto y hacer-
posible desarrollar el razonamiento crítico y reflexio- se una composición de lugar básica. La segunda, pau-
nar atentamente sobre las cuestiones suscitadas por sada y reflexiva, para entender y aclarar en todo su
cualquier texto histórico. Pero ello a condición de alcance el significado de las palabras e ideas presen-
evitar dos riesgos que siempre pueden acechar en toda tes en el texto y el sentido de los razonamientos y
tentativa de comentarios: hacer una paráfrasis del argumentos contenidos en el mismo. Esta labor de
texto o utilizarlo como mero pretexto. Un comenta- lectura podría exigir el uso de diccionarios o enciclo-
rio no es ni puede ser una repetición parafraseada de pedias, el subrayado de expresiones y conceptos ci-
lo que dice el texto. Tampoco puede derivar en un tados en el texto e incluso la numeración de frases u
ejercicio donde se usa el texto como pretexto para oraciones.
explicar un tema general que guarde alguna relación
directa o indirecta con el texto. Dentro de estos már-
genes extremos, el comentario debe consistir en el III. 2. Encuadramiento y contextualización del
intento de comprender el sentido histórico del texto y texto.
en el esfuerzo por establecer en forma narrativa su
A fin de comprender el marco histórico donde sur-
relación y vinculación con el contexto histórico en el
ge y adquiere su sentido preciso un texto escrito, pa-
que se generó, al que se refiere y sobre el que actuó.

75
Enrique Moradiellos

rece conveniente abordar en primer lugar tres aspec- señalar las unidades formales y temáticas que pue-
tos esenciales: dan estar presentes y operantes en el texto, y cabe
ejercitarla en un doble plano analítico:
a. Determinación de la naturaleza temática del
texto. Ante todo, debe saberse y señalarse qué es o a. Poner de relieve el formato estilístico y la ar-
podría ser el documento escrito que se va a comen- quitectura narrativa y lógica que sirve de soporte a
tar. Ello implica distinguir el tipo de texto presente, los contenidos semánticos del discurso, dividiendo el
diferenciando entre los diversos contenidos que pu- texto en sus partes constitutivas, examinando los
dieran reflejarse: jurídicos (leyes, tratados, protoco- modos de razonamiento, la coherencia o incoheren-
los...), políticos (discursos, proclamas, manifiestos...), cia argumentativa, el uso de fórmulas expresivas
testimoniales (cartas, diarios, memorias...), distinción (metáforas , comparaciones, hipérboles, prosopopeyas
entre documentos atendiendo a su naturaleza privada o personificaciones), etcétera.
o pública (según sus destinatarios), a su enfoque
b. Descubrir, identificar y entender sus ideas y
interpretativo (la mera noticia de prensa), etcétera.
conceptos fundamentales, expresados mediante el uso
b. Determinación del autor o autores del texto. de ciertos vocablos, palabras, oraciones o expresio-
Es decir: hay que saber y señalar quién o quiénes nes lingüísticas.
son o pueden ser responsables de los textos y pala-
bras comentadas. Como es evidente, la autoría es
mechas veces un elemento indispensable para com-
prender el sentido e intencionalidad del texto y su III. 4 Explicación del contenido y significado del
mismo valor e importancia histórica. A tal fin, es texto
siempre necesario conocer y enunciar la trayectoria
biográfica del autor de un texto, con el propósito de Posterior a la fase de análisis, a veces también en
iluminar la comprensión del documento y apreciar el paralelo y combinada con la misma, debe tener lugar
modo y manera como se manifiesta en el mismo su el proceso de explicación de los contenidos y del sig-
personalidad, ideología, intereses o experiencia vital nificado del texto documental. «Explicar», en este
y profesional. ámbito, significa «dar cuenta y razón» de lo que dice
el texto escrito: progresar desde unos datos empíri-
c. Localización cronológica y geográfica. Ello cos (los que da el texto) hasta las configuraciones
requiere responder a las preguntas cuándo y dónde externas, en este caso históricas, que los envuelven y
se genera el texto examinado: cuál es su tiempo y en las cuales cristalizan y adquieren todo su sentido
lugar de elaboración y operatividad. La determina- literal. Esta labor interpretativa es propiamente el
ción de ambas circunstancias temporales y espacia- comentario del texto: reexponer y glosar el conteni-
les, junto con la autoría, es siempre decisiva para la do o contenidos del texto comentado en virtud de sus
correcta interpretación y comprensión de un docu- conexiones con, y referencias a, la situación históri-
mento escrito. No en vano, esas coordenadas ca en la que se fraguó, de la que informa y en la que
espaciotemporales conforman el contexto histórico alcanza la plenitud de su significación precisa. Esta
general donde surge el documento y donde habrá que determinación y glosa de las relaciones y vinculacio-
buscar las referencias que dan sentido y significado nes que ligan texto (o partes del texto) y contexto (o
al texto. Como recordaba ya un aforismo clásico: «La contextos) implica necesariamente referirse y aludir
cronología y la geografía son los ojos de la historia». a coyunturas, personajes, instituciones, procesos, tra-
Cuando no se proporciona explícitamente la fecha y diciones o fenómenos históricos coetáneos al docu-
el lugar, la datación de un documento escrito no siem- mento y enlazados por razones esenciales con el mis-
pre puede ser precisa, pues depende de las noticias mo. Naturalmente, la capacidad del comentarista para
contenidas en el mismo. Pero siempre será necesario señalar esas relaciones y vinculaciones entre texto y
deducir de un modo razonado y argumentado su mar- contexto será directamente proporcional a su forma-
co histórico aproximado. ción y conocimientos sobre el asunto, a su grado de
preparación y comprensión de la materia histórica
examinada.
III. 3. Análisis formal y temático del texto
III. 5. Conclusión
Una vez determinados los aspectos citados pre-
viamente, se puede proceder al análisis (es decir: des- Al término de un comentario, puede ser conve-
composición, disección, desmembración) del docu- niente realizar un balance y reflexión global sobre el
mento escrito. Esta operación consiste en separar y interés e importancia del texto en sí. No se trata de

76
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

una valoración subjetiva del tipo «a mí me parece» o ción de Derechos del Hombre y del Ciudadano, apro-
«en mi opinión». Se trataría de efectuar una especie bada en Versalles por la Asamblea Nacional el 26 de
de síntesis final interpretativa del texto. En ella po- agosto de ese mismo año. Estaba destinada a la di-
dría recogerse su sentido global, sus antecedentes vulgación pública entre la población francesa y pre-
próximos o remotos, sus consecuencias directas o tendía dar a conocer la filosofía básica del nuevo sis-
indirectas, su grado de transcendencia histórica, y su tema político y social que trataba de implantarse en
similitud con fenómenos, paralelos o semejantes que Francia como sustituto de la monarquía absoluta y
hubieran tenido lugar en la historia antes y después. de la sociedad estamental propias del Antiguo Régi-
Para ello, necesariamente, habría que remitirse a las men.
valoraciones y evaluaciones hechas por la historio-
ANÁLISIS. Dicho fragmento de la declaración de
grafía especializada dedicada al tema y a las inter-
derechos consta de dos partes bien diferenciadas en
pretaciones disponibles en la literatura dedicada al
su aspecto formal: por un lado, contiene un preám-
tema y a las interpretaciones disponibles en la litera-
bulo introductorio y expositivo de las razones por las
tura bibliográfica pertinente.
que se elabora y aprueba solemnemente la declara-
ción; tras éste, se recoge un apartado dispositivo, en
forma de articulado, donde se codifican los derechos
EJEMPLO DE COMENTARIO DE TEXTO HISTÓRICO
enunciados.
Declaración de derechos del hombre y del ciuda-
En el plano temático, el texto tiene como eje clave
dano (1789). (Los subrayados en el texto han sido
la afirmación de que todos los hombres gozan de unos
hechos por nosotros durante la segunda lectura.)
«derechos naturales, inalienables» por el mero hecho
Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asam- de nacer y existir. Entre ellos se citan y codifican el
blea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el derecho a la igualdad jurídica, el derecho a la liber-
desprecio de los derechos del hombre son las únicas cau- tad, el derecho a la propiedad, y los derechos a la
sas de las desgracias públicas y de la corrupción de los go-
seguridad y a la resistencia a la opresión. De este
biernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne,
los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre,
postulado primero sobre la existencia de un conjunto
para que esta declaración, constantemente presente a to- de derechos «sagrados» e «imprescriptibles» de to-
dos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar dos los hombres, se extrae una consecuencia política
sus derechos y sus deberes; para que los actos del poder y jurídica crucial: los hombres, constituidos en na-
legislativo y los del poder ejecutivo, pudiendo en cada ins- ciones, son los únicos depositarios de toda «sobera-
tante ser comparados con el objeto de toda institución polí- nía» y la fuente primaria del poder público legitimo
tica, sean más respetados; para que las reclamaciones de encarnado en el Estado. Fundándose en ese principio
los ciudadanos, fundadas desde ahora sobre principios sim- general, la Asamblea Nacional, formada por los «re-
ples e incontestables, redunden siempre en el mantenimien-
presentantes del pueblo francés», elabora esa decla-
to de la Constitución y en la felicidad de todos. En conse-
cuencia, la Asamblea Nacional reconoce y declara, en pre-
ración para que los derechos de los franceses no pue-
sencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes dan ser vulnerados por sus gobernantes ni por el Es-
derechos del hombre y del ciudadano. tado. Éste queda configurado mediante dos poderes
divididos y equilibrados, a fin de evitar que ninguno
de ellos pueda imponerse al otro y conculcar los de-
ARTICULO 1. Los hombres nacen y permanecen libres rechos cívicos o la soberanía nacional. Como se apun-
e iguale en derechos. Las distinciones sociales no pueden ta en el preámbulo, la «Constitución» será el instru-
fundarse más que sobre la utilidad común. mento jurídico que dará cuerpo a esa división de po-
ARTICULO 2. El objeto de toda asociación política es la deres del Estado y que hará así viable y obligado el
conservación de los derechos naturales e imprescriptibles respeto de las autoridades a la soberanía nacional y a
del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la los derechos ciudadanos.
seguridad y la resistencia a la opresión.
EXPLICACIÓN. La declaración aprobada por la
ARTICULO 3. El principio de toda soberanía reside esen- Asamblea Nacional refleja fielmente el programa
cialmente en la Nación. Ningún cuerpo ni individuo puede
político liberal que alentaba todo el proceso revolu-
ejercer autoridad que no emane expresamente de ella (...).
cionario francés iniciado en 1789. El origen inme-
diato de este proceso radicaba en la honda crisis que
padecía el Antiguo Régimen en Francia. Esta crisis
ENCUADRAMIENTO. El texto que vamos a
se manifestaba en el plano económico (con los pro-
comentar recoger la parte inicial de un documento
blemas de producción agraria y la bancarrota de la
jurídico clave para la historia de la Revolución fran-
hacienda real), en el plano social(con las tensiones
cesa que comienza en 1789. Se trata de la Declara-

77
Enrique Moradiellos

entre el estamento aristocrático y las burguesías y el jo, los méritos, la competencia y el esfuerzo personal
campesinado que componían el Tercer Estado), y en de cada individuo. En este sentido, la igualdad jurí-
el plano político (con la lucha entre la Corona y el dica no implicaba la democracia. De hecho, la Cons-
resto de los grupos sociales por la gobernación del titución revolucionaria de 1789 implantó el sufragio
Estado). Para solucionar la crisis, el rey Luis XVI censitario, donde sólo los ciudadanos «activos» (que
presidió la reunión en mayo de 1789 de los Estados pagaban unos determinados impuestos) gozaban de
Generales, donde estaban representados por separa- derechos de voto político, en contraste con los ciuda-
do los tres estamentos sociales del reino (el clero, la danos «pasivos», que sólo disfrutaban de sus dere-
nobleza y el Tercer Estado). La parálisis de este or- chos civiles.
ganismo a la hora de resolver la crisis abrió el cami-
Del mismo modo, la libertad recogida en la de-
no propiamente a la Revolución.
claración significaba ante todo la anulación del sis-
El primer paso en el proceso revolucionario lo die- tema político de la monarquía absoluta, donde el rey
ron los representantes del Tercer Estado el 16 de ju- era la fuente de todo el poder por derecho divino y no
nio, al constituirse unilateralmente en Asamblea Na- debía rendir cuentas de sus actos ante ninguna insti-
cional Constituyente y declarar a ésta como única tución ni ante sus súbditos o sus representantes. Tam-
depositaria de la soberanía nacional. Así comenzaba bién significaba libertad de trabajo y de contratación
la primera fase de la Revolución francesa, caracteri- entre individuos, impugnando así la reglamentación
zada por la labor de destrucción de las estructuras y control de los oficios y de los mercados por medio
del Antiguo Régimen y por la implantación de las de los gremios y corporaciones del Antiguo Régimen.
bases institucionales de una nueva sociedad liberal y En definitiva, la libertad política (como libertad de
de clases, el acto legal revolucionario llevado a cabo expresión, de prensa y de reunión) era consustancial
por la Asamblea en Versalles fue respaldado por la con el derecho a la seguridad y a la resistencia a la
movilización popular urbana (Asalto a la Bastilla en opresión, que conllevaba la legalidad de toda insu-
París el 14 de julio) y por la insurrección antiseñorial rrección contra un poder usurpador y vulnerador de
de los campesinos por toda Francia (el Gran Miedo esos derechos. La correlativa libertad de mercado y
de principios de agosto). De este modo, la crisis de de iniciativa empresarial eran asimismo pilares del
junio de 1789 desembocó en una victoria de la alian- desarrollo capitalista y de la nueva sociedad de cla-
za antiaristocràtica que ligaba a las burguesías en ses que pretendía fomentar la revolución liderada por
enriquecidas durante la expansión económica del si- las burguesías.
glo XVIII y a las masas de la ciudad y del campo
Por su parte, el derecho de propiedad se entendía
empobrecidas durante la crisis socioeconómico recien-
sobre todo como derecho a la propiedad personal e
te.
individual, libre y responsable. En consecuencia, se
En ese contexto, la declaración de derechos del enfrentaba al tipo de propiedad amortizada y vincu-
hombre aprobada por la Asamblea Nacional se ma- lada, protegida contra los avatares de la competencia
nifiesta claramente como una medida revolucionaria y del mercado, que disfrutaban los estamentos privi-
destinada a reemplazar las estructuras legales, socia- legiados del Antiguo Régimen. Por eso mismo, la Re-
les y políticas que conformaban el Antiguo Régimen. volución procedió muy pronto a desamortizar los bie-
En primer lugar, el propio concepto de «derechos nes del clero y a abolir la propiedad señorial y vincu-
naturales e inalienables» de los hombres suponía la lada. Así, destruía todas las disposiciones jurídicas
anulación de las bases doctrinales vigentes hasta aquel que impedían la fragmentación de esas propiedades
momento. y las excluían del mercado de bienes y mercancías de
los efectos del libre juego de la oferta y la demanda.
Por ejemplo, la igualdad jurídica de todos los hom-
Este derecho a la propiedad personal y libre se con-
bres implicaba la destrucción de la organización
vertía en la base del nuevo orden sociopolítico libe-
estamental de la sociedad, de la existencia de la no-
ral y burgués, en la medida en que la condición de
bleza y del clero como órdenes separados y privile-
propietario será el parámetro positivo de la capaci-
giados dentro del reino. Esa igualdad, en consonan-
dad y mérito individual y el criterio para acceder a la
cia con la ideología e intereses de las clases burgue-
participación política en los asuntos de Estado.
sas que dirigían la revolución, no se equiparaba con
la igualdad social o política de todos los individuos. La idea de soberanía nacional formulada en la
Por el contrario, se circunscribía a la igualdad ante declaración también refutaba el concepto de sobera-
la ley y en el ejercicio de los derechos y deberes cívi- nía del rey, basado en la doctrina tradicional que atri-
cos, dejando que las «distinciones sociales» sólo pu- buía un origen divino al poder monárquico absoluto
dieran fundarse sobre la «utilidad común», el traba- y a la estructura estamental de la sociedad. La nueva

78
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

idea, en consonancia con la igualdad natural de los histórico susceptible de elaboración y cuantificación
hombres, sólo reconocía una fuente legítima para el en forma de series de elementos continuos y homogé-
ejercicio de la autoridad pública: la soberanía popu- neos. Debe tenerse en cuenta que dicho material está
lar o nacional. De hecho, la nación será definida como compuesto por magnitudes y unidades contables y
el conjunto de individuos que viven bajo una ley co- seriales que son el resultado de una elaboración a
mún y están representados por una misma legislatu- partir de las fuentes históricas disponibles, en las
ra. Por eso mismo, los miembros de la Asamblea cuales se recogen las datos individuales para su pos-
Nacional se proclaman «representantes del pueblo terior tratamiento conjunto y serializado. Esas mag-
francés» desde el primer momento de la revolución y nitudes contables y seriales son muy variadas y se
apelan a ese carácter para imponer sus medidas re- extraen de fuentes igualmente diversas: registros de
volucionarias. También por eso, procederán a elabo- nacimientos , matrimonios y defunciones, censos de
rar una Constitución que permita salvaguardar ese población, documentos fiscales, libros de contabili-
principio mediante la división de los poderes del Es- dad, actas de resultados electorales, memorias de pro-
tado en legislativo y ejecutivo, a fin de equilibrar su ducción industrial, etc. Las técnicas estadísticas per-
fuerza respectiva y evitar toda recaída en el despotis- miten disponer de esos datos visualmente en formas
mo o la tiranía. y figuras gráficas que facilitan su análisis y compre-
sión: el cuadro o tabla estadísticas, el diagrama de
barras, el histograma, las pirámides de población, los
CONCLUSIÓN. En la definitiva, la declaración gráficos lineales y semilogarítmicos, las representa-
de derechos del hombre y del ciudadano aprobada el ciones en circulo o cuadrado, los cartogramas, etcé-
26 de agosto de 1789 fue un hecho transcendental en tera.
el curso de la Revolución francesa. Reflejaba y con-
El comentario de una gráfica o tabla estadísticas
densaba todo un programa político elaborado por las
no difiere esencialmente del comentario de un texto
burguesías francesas para la eliminación del Anti-
histórico. En ambos casos, se trata de interpretar y
guo Régimen y la implantación de una nueva socie-
glosar los datos presentados para comprender y ex-
dad liberal y de clases. En ella puede apreciarse la
plicar el contexto histórico al que se refiere y del que
influencia de las tradiciones intelectuales que van pre-
nos informan. Sin embargo, en el caso de la docu-
parando el asalto final de la estructura del Antiguo
mentación estadística, hay que tener siempre en cuenta
Régimen: la doctrina de John Locke sobre los dere-
las particulares en la elaboración, presentación y na-
chos del hombre en su Tratado del gobierno civil
turaleza de esos datos. Antes de poder comentar una
(1690); la crítica del movimiento de la lustración a la
gráfica o tabla estadística, hay que saber «leer» e in-
sociedad estamental y a la superstición e intolerancia
terpretar correctamente esa forma y figura percibida
religiosa; la teoría de la voluntad general y del con-
visualmente.
trato social expuesta por Jean-Jacques Rousseau; la
tesis de la separación de poderes apuntaba por el ba- Por ejemplo. Consideremos un CUADRO O TA-
rón de Montesquieu; y la formulación revolucionaria BLA ESTADÍSTICA. Hay que recordar que dicho
contenida en la Declaración de la Independencia de cuadro o tabla está compuesto por varias columnas(un
los Estados Unidos de América (1776). Aparte de su mínimo de dos) formadas por datos numéricos ho-
importancia en el curso de la propia Revolución fran- mogéneos (dentro de cada columna) y entre las cua-
cesa, la declaración tiene una enorme transcendencia les se establece una correlación horizontal y
histórica porque se convirtió en el ideario básico del biunívoca. La compresión e interpretación de tal cua-
pensamiento revolucionario liberal y, en esa calidad, dro o tabla exige como principio el asumir que existe
influyo poderosamente en todos los movimientos li- esa correlación biunívoca horizontal entre los datos
berales que se extendieron por Europa y el mundo contenidos en la primera columna y los datos conte-
occidental durante el siglo XIX. nidos en la segunda. El título de la tabla o cuadro
proporciona la clave de lectura para establecer y
entender el tipo de correlación entre las series de
IV. PAUTAS BÁSICAS PARA EL COMENTARIO magnitudes presentes.
DE GRAFICOS HISTÓRICOS Y DOCUMENTOS El caso más normal de cuadro y tabla estadística
ESTADÍSTICOS. histórica es el que pone en relación una columna donde
se expresan los años y una columna donde se expre-
sa una magnitud contable (habitantes en un país; to-
La incorporación a los estudios históricos de las neladas de hierro producido; salarios de obreros em-
técnicas estadísticas ha posibilitado un avance nota- pleados, etc.). Así en la tabla siguiente se reflejan
ble en el análisis y comprensión de aquel material

79
Enrique Moradiellos

los millones de habitantes censados oficialmente que columnas con datos numéricos todo el devenir evolu-
había en España en cada uno de los años expresados: tivo de las magnitudes, con sus fases, ritmos y ondu-
laciones a lo largo del tiempo. Por convención, el eje
de la abscisa (el horizontal) constituye el eje crono-
Población española, 1797 - 1910 lógico y se reserva para disponer los años consecuti-
vamente desde el punto de intersección y hacia el ex-
Años Millones de habitantes
tremo derecho. De igual modo, el eje de la ordenada
1797 10 541 221 (el vertical) se aplica a la cuantificación de la magni-
1834 12 162 172 tud considerada. Véase el siguiente ejemplo, donde
se muestra la línea de evolución numérica de la po-
1860 15 673 481 blación minera asturiana durante los años señalados.
1887 17 549 600
1900 18 549 000
1910 19 994 600
Fuente: J. Harrison, Historia económica de la España con-
temporánea, Barcelona, Vicens Vives, 1980, p. 31.

También puede darse una tabla o cuadro de ma-


yor complejidad, donde se conforman unos ejes de
coordenadas (una dedicada a la presentación del tiem-
po y la otra a la del espacio) que permitan
correlacionar ambas vertientes simultáneamente con
una misma magnitud contable y serial. Éste es el caso
de la siguiente tabla. En ella, las cifras de kilómetros
de líneas ferroviarias activas se colocan en cada una
de las intersecciones formadas entre las columnas de Habida cuenta de las peculiaridades de conforma-
años y los planos horizontales correspondientes a cada ción de las tablas y gráficos históricos, el comentario
país. de las mismas requiere una atención primera a su
naturaleza y composición. Hay que observar el tipo
de gráfico o tabla de que se trata; atender al título e
Líneas ferroviarias construidas y en operacio- indicaciones que encabezan el mismo porque son las
nes (kilómetros) claves de lectura; advertir si las series son continuas
1840 1880 o tienen lagunas; si se refieren a uno o varios países;
si reflejan un período temporal largo o uno corto; si
evidencian una línea de evolución general o tenden-
Gran Bretaña 2.411 28.846 cia global; etcétera.
Alemania 469 33.838 Una vez cumplidos estos requisitos de observa-
ción previos, el comentario sobre sus datos y la in-
Francia 410 23.089 formación que transmiten sigue los mismos procedi-
Fuente: B. R. Mitchell, European Historical Statistics, 1750 - mientos que el de textos históricos y tiene los mismos
1970, Londres, Macmillan, 1975, pp. 581 - 584. objetivos. El primer paso en dicho comentario debe
consistir en una descripción precisa del contenido e
información presente en el gráfico. A continuación,
El DIAGRAMA DE BARRAS el HISGRAMA y la GRÁFICA el análisis formal consistiría en desmenuzar los da-
LINEAL o semilogarítmica se construyen también so- tos reflejados para apreciar y comentar las fases, eta-
bre dos ejes de coordenadas cartesianas. Si bien, en pas y ritmos reflejados por las curvas y líneas de evo-
estos casos, el campo definido por ambos ejes (que lución. Por su parte, la explicación de contenidos
forman un ángulo recto) no presenta datos numéri- consistiría en situar las diferentes fases y ritmos
cos sino barras o líneas que guardan una relación pro- percibidos en el momento histórico al que correspon-
porcionada con cada uno de los ejes. Este tipo de grá- dieran, estableciendo una relación y vinculación en-
ficos permite apreciar mucho mejor que las tablas de tre esos fenómenos y el contexto espaciotemporal

80
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

donde se sitúan y donde se hallan las causas y razo- portaciones de grano extranjero. La sustitución de
nas de su origen y desarrollo. aquél por éste refleja, por tanto, la debilidad y atraso
de la producción cerealícola española y su incapaci-
dad para hacer frente a la competencia ofrecida por
EJEMPLO DE COMENTARIO DE CUADRO la producción de otros países de agricultura más com-
ESTADÍSTICO petitiva y avanzada.
Llegadas de cereales a Barcelona (en millones de La crisis agraria de finales del siglo XIX se incu-
kg.) bó en las grandes praderas norteamericanas, donde
un proceso de intensa mecanización había permitido
Años Por ferrocarril Por mar
incrementar notablemente la producción de cereal y
1884 72,5 54,9 abaratar sensiblemente su precio de venta en el mer-
1885 54,4 76,5 cado. Simultáneamente, la revolución de los trans-
portes (extensión del número y capacidad de carga
1886 13,9 111,0 de los barcos a vapor) permitió la llegada de ese gra-
Fuente: Josep Fontana, Cambio económico y actitudes políti- no norteamericano a los puestos europeos en condi-
cas en la España del siglo XIX, Barcelona, Ariel, 1975, p. 186. ciones de venta y precio muy competitivas. El resul-
tado de ambos procesos fue el reflejado por el cuadro
que comentamos: la aguda pérdida de secciones im-
DESCRIPCIÓN. El cuadro refleja la distribución portantes del mercado nacional español por parte de
del cereal que abastecía el mercado de granos de Bar- la producción cerealícola castellana y andaluza. En
celona según el medio utilizado para su transporte definitiva, el trigo transportado a través del Atlánti-
hasta la ciudad durante tres años consecutivos: entre co hasta los puertos españoles era mucho más barato
1884 y 1886. El volumen total de cereal (expresado que el transportado por ferrocarril desde el interior
en millones de kilogramos)se distribuye así en dos de España hasta esos mismos puertos.
columnas que recogen el grano llegado por vía te- La agricultura española era incapaz de competir
rrestre mediante el ferrocarril y el grano llegado por con la producción norteamericana porque se trataba
vía marítima en barco, respectivamente. de una agricultura extensiva y muy poco mecaniza-
ANÁLISIS. La evolución de las cifras contenidas da, con escasos rendimientos productivos y altos cos-
en el cuadro permite observar dos fenómenos parale- tes de explotación que encarecían el precio final de
los. En primer lugar, el volumen global de cereal lle- sus productos. El origen de esa situación estaba en
gado a Barcelona en cada uno de esos años fue rela- las reformas agrarias liberales de la primera mitad
tivamente constante: en 1884 alcanzó la cifra de 127,4 del siglo XIX (la desamortización de tierras eclesiás-
millones de kilogramos; en 1885 subió levemente a ticas y comunales, y la desvinculación de tierras
130,9 millones; y en 1886 descendió ligeramente hasta nobiliarias). Estas reformas habían generado una
124,9 millones. En segundo lugar, esa suma total in- agricultura volcada hacia el mercado pero con gran-
variable experimentó grandes y súbitos cambios en des debilidades internas: en el norte peninsular, pre-
su composición relativa: en el plazo de dos años, el dominaba la pequeña explotación campesina fami-
cereal transportado por ferrocarril fue casi totalmen- liar de escaso rendimiento; en el centro - sur, una
te desplazado por el que llegaba en barcos. Así, mien- agricultura de latifundio extensiva, poco capitaliza-
tras que en 1884 el cereal transportado por vía férrea da y basada en el trabajo barato de una masa de cam-
sumaba el 57 % de todo el trigo llegado a Barcelona, pesinos sin tierra y depauperados. La debilidad de la
en 1886 había descendido hasta el 11,1 % del total. trama ferroviaria española, unida a sus altos costes
A la par, el grano llegado por vía marítima, que re- de utilización, se combinaban con esa situación de
presentaba en 1884 el 43 % del total, pasó a consti- atraso agrario para hacer más cara y menos competi-
tuir el 88,8 % dos años después. tiva la producción cerealícola española. De ese modo,
cuando la revolución de los transportes creó un ver-
EXPLICACIÓN. El rápido cambio en la compo-
dadero mercado mundial para los productos agrarios,
sición del cereal llegado a Barcelona es un síntoma
el cereal español se vio barrido casi literalmente de
elocuente de la grave crisis que afectó a la agricultu-
los mercados de la periferia peninsular, sobre todo
ra española en las décadas finales del siglo XIX. No
catalanes, por la competencia extranjera.
en vano, el cereal transportado por ferrocarril hasta
la que era capital industrial de España procedía bási- La magnitud de la catástrofe ceralícola, bien pa-
camente de los campos castellanos y andaluces, en tente en el súbito desplome de las cifras de grano lle-
tanto que el cereal llegado por mar consistía en im- gado a Barcelona por ferrocarril entre 1884 y 1886,

81
Enrique Moradiellos

provocó una reacción enérgica de los grandes pro- EJEMPLO DE COMENTARIO DE GRÁFICO
ductores castellanos y andaluces. De inmediato, co- LINEAL
menzaron a presionar al gobierno para que impidiera
Algunos índices explicativos del ciclo industrial
la entrada de cereal extranjero y adoptara medidas
(1913 - 1921)
para reservar el mercado nacional a la producción
interna española. Su petición esencial fue el aumento
de los aranceles de importación para el grano extran-
jero, a fin de hacerlo menos barato y dificultar su
competencia en el mercado interior. Esta demanda
proteccionista de los grandes agricultores fue apoya-
da por los industriales siderúrgicos vascos, los in-
dustriales mineros asturianos y los industriales texti-
les catalanes, todos ellos amenazados también por la
competencia extranjera en sus respectivos campos.
Así se formó un frente de presión proteccionista que
logró del gobierno la adopción de leyes cada vez más
restrictivas que logró del gobierno la adopción de le-
yes cada vez más restrictivas para la importación de
productos extranjeros (arancel de 1891, ley general
arancelaria de 1906). El conjunto de esas medidas
palió provisionalmente la crisis agraria española y
permitió resistir el empuje extranjero, pero sin modi-
ficar las estructuras internas que impedían la moder-
Fuente: S. Roldán: J.L. García delgado y J. Muñoz, La consoli-
nización de la agricultura española. dación del capitalismo en España, 1914-1920, Madrid CECA, 1973,
CONCLUSIÓN. Cabe concluir este comentario vol. I, p.134.
recordando que la respuesta de los intereses agrarios
españoles no fue diferente de la que hubo en otros
países europeos ante el mismo fenómeno de la com-
petencia extranjera. La crisis agraria finisecular afectó DESCRIPCIÓN. El gráfico refleja la curva de
también a la agricultura francesa, alemana, italiana, evolución de tres variables de la economía española
etc., y en todos esos países se adoptaron igualmente durante los nueve años comprendidos entre 1913 y
medidas proteccionistas, agrarias e industriales , que 1921. Esas tres variables reflejadas son: el número
trataron de limitar el efecto de la crisis mediante la total de sociedades mercantiles constituidas cada año;
reserva del mercado nacional para los productores el volumen anual de inversiones de capital privado
nacionales. Pero fue en España donde las mismas tu- efectuadas; y la cuantía de los beneficios obtenidos
vieron mayor intensidad y vigencia temporal, como por las empresas en cada uno de esos años.
correspondía a la mayor debilidad de la agricultura
española, al mayor impacto de la crisis agraria El gráfico no refleja esas magnitudes en términos
finisecular y al mayor poder e influencia de los gran- de su valor real; esto es: no proporciona el número
des intereses agrarios sobre las estructuras del poder de empresas y la cantidad de dinero invertido y re-
político y del Estado español. caudado como beneficio. Se refleja esa evolución por
medio de un número índice para cada una de esas
tres variables. Dicho número índice se obtiene susti-
tuyendo el valor real de partida en el año 1913, año
base de cada serie, por el número 100 (es decir: el
número de empresas creadas ese año se equipara al
valor de índice 100). Los demás valores índice de cada
serie se expresan con respecto al índice - base con la
misma relación que hay entre el valor real de la base
y cada uno de los valores reales de los años sucesi-
vos de la serie (por ejemplo, sí las empresas creadas
en el año base hubieran sido 300 y las del siguiente
600, el número índice respectivo sería 100 y 200).

82
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

ANÁLISIS. La evolución de los índices de las tres nacional. Después de un corto período de desajuste
variables reflejadas en el gráfico permite observar la durante 1914, bien reflejado en la gráfica que comen-
existencia de tras fases globales distintas en la eco- tamos, la guerra y la neutralidad ofrecieron tres vías
nomía española durante los nueve años considerados. diferentes para el desarrollo económico e industrial
Estas tres fases son compartidas, en términos gene- de España. En primer lugar, se produjo una caída
rales, por todas las variables expresadas sin grandes espectacular en las importaciones españolas de pro-
disonancias entre ellas: ductos industriales, debido a las fuertes restricciones
que los países beligerantes tuvieron que implantar
1. Durante la primera fase, que abarca hasta 1914,
para satisfacer su propio consumo interno y sus ne-
casi todas las variables experimentan un ajuste y des-
cesidades bélicas. En segundo lugar, se experimentó
censo relativo con respecto al año de partida de 1913.
una fuerte expansión de las exportaciones españolas
El descenso es ligeramente más acentuado en el caso
para atender esas mismas necesidades crecientes de
de los beneficios que en el de las sociedades. Las in-
los beligerantes y para abastecer los mercados de
versiones, por el contrario, se mantienen en el mismo
países neutrales que hasta entonces habían sido pro-
nivel y no experimentan descenso sino estancamien-
vistos por los países ahora en guerra. Por último, la
to.
eliminación de la competencia extranjera dejó total-
2. La segunda fase arranca de 1914 y refleja un mente en manos de la industria nacional el suminis-
auge extraordinario en los valores de las tres varia- tro y abastecimiento del mercado interior español.
bles que llega por lo general hasta el año 1920. La
El efecto combinado de esos tres procesos fue es-
subida es más acentuada en el caso de los beneficios,
timular notablemente la demanda nacional y exterior,
aunque éstos también alcanzan su cumbre antes, en
a fin de sustituir el brusco cese de las importaciones,
1918, y comienzan un lento descenso en ese año. El
abastecer un mercado interior desasistido y hacer fren-
auge de las sociedades es más constante y regular,
te a las crecientes exportaciones al extranjero. Todo
creciendo su número sin pausa ni oscilación hasta el
ello generó en España un rápido proceso de «indus-
año tope de 1920. Las inversiones, después de un li-
trialización forzada», al amparo de un período de
gero retroceso en 1915, experimentan un ascenso
prosperidad económica generalizada en todos los sec-
notable pero más espasmódico y titubeante (caen en-
tores industriales. Las manifestaciones más visibles
tre 1918 - 1919) hasta llegar a su máximo en 1920.
de ese proceso quedan bien reflejadas en el gráfico
3. La tercera fase se inicia a partir de 1920, cuan- comentado: la multiplicación de sociedades mercan-
do las tres variables, en su conjunto, reflejan un fuer- tiles que participan en esa industrialización
te retroceso durante todo el año 1921. No obstante, sustitutoría; el aumento espectacular de los benefi-
cabe señalar que la caída es mucho más aguda en el cios logrados por las mismas; y el fuerte incremento
caso de las sociedades constituidas que en los casos de las inversiones de capital privado en dichas acti-
de las inversiones y los beneficios efectuados. vidades industriales.
La dependencia de ese proceso de industrializa-
ción forzada de la coyuntura internacional está de-
EXPLICACIÓN. La evolución de las tres varia-
mostrada por su propia duración: comienza con el
bles reflejadas en el gráfico es un síntoma evidente y
estallido de la guerra mundial y termina después de
ejemplar de las tres fases atravesadas por la econo-
que la victoria aliada ponga fin a esas circunstancias
mía española en su conjunto entre 1913 y 1921. El
excepcionales del mercado mundial tan favorables
motivo principal de esas fases consecutivas radica
para la economía española. En 1920, cuando los paí-
en los cambios experimentados por la coyuntura in-
ses ex beligerantes ya han restablecido sus economías
ternacional entre esos años y en la adaptación de la
y sus empresas vuelven a competir en el mercado in-
economía española a los mismos. Desde julio de 1914
ternacional, los indicadores económicos españoles re-
hasta noviembre de 1918 tuvo lugar la primera gue-
flejan un fuerte retroceso en todos los órdenes. La
rra mundial, que enfrentó a las potencias aliadas (Gran
industria española es incapaz de mantener las con-
Bretaña, Francia, Estados Unidos y Rusia, hasta la
quistas logradas durante la excepcional coyuntura
victoria del bolchevismo) con los imperios centrales
bélica y se ve inmersa en una fuerte crisis y recesión
(Alemania y Austria - Hungría, con el apoyo del im-
económica, con su secuela de pérdida de beneficios,
perio otomano). España se mantuvo al margen del
caída de la inversión y freno en la creación de em-
conflicto, como país neutral.
presas y sociedades. Todos estos fenómenos quedan
El comienzo de la guerra mundial y la neutralidad bien patentes en el gráfico. La salvación y el alivio se
española significo el inicio de una extraordinaria co- buscará entonces en la intensificación de la política
yuntura de expansión económica para la industria de proteccionismo arancelario, renunciando la indus-

83
Enrique Moradiellos

tria española a la competencia por los mercados ex- original de propaganda política). Por otra parte, el
teriores y conformándose con mantener su posición mapa histórico es un instrumento educativo cuya in-
hegemónica en el mercado interior español. terpretación, comprensión y comentario acertado pre-
supone mucha más información y conocimientos pre-
vios en el alumno que cualquier otro documento. La
CONCLUSIÓN. La evolución de los valores ex- razón es clara: en los mapas no se halla más infor-
presados en el gráfico lineal es, por consiguiente, un mación que la espacial (distribución geográfica de
fiel reflejo de las vicisitudes de la economía española un fenómeno histórico) y la temporal (el momento de
durante la primera guerra mundial y en la inmediata tal distribución o, si en el mapa se refleja, los cam-
posguerra, con sus fases de ajuste, expansión verti- bios o mutaciones producidas en varias fe chas).
ginosa y honda recesión. Además, permite apreciar
Teniendo en cuenta las dificultades impuestas por
no sólo el perfil de esa evolución sino también su
esa sobriedad informativa, el comentario de un mapa
íntima dependencia de las circunstancias internacio-
histórico podría seguir las siguientes pautas:
nales que posibilitan primero su auge y condicionan
después su crisis.

V. 1. Observación y lectura atenta del mapa

Hay que proceder a examinar con atención el mapa


V. PAUTAS BÁSICAS PARA EL COMENTARIO
y leer detenidamente el título, las claves y los símbo-
DE MAPAS HISTÓRICOS
los que puedan ofrecerse en su encabezamiento y en
Dado que la historia estudia los procesos evoluti- le cuadro leyenda que a veces se adjunta, para poder
vos de las formas de sociedad humana, no cabe olvi- interpretar correctamente el contenido del mapa y sus
dar que el espacio, al lado del tiempo, es una de las informaciones. Esta lectura reflexiva equivale a un
dimensiones constitutivas de la misma. Por ello, es proceso de desciframiento del propio mapa: entender
inconcebible estudiar historia sin hacer uso reglar y los limites geográficos presentes, apreciar las fronte-
constante de los mapas y planos históricos, en los ras definidas, reconocer los nombres de ciudades, re-
que se refleja la realidad espacial, geográfica, de los giones, ríos, montañas o accidentes naturales impre-
distintos fenómenos históricos. sos, aislar las pistas cronológicas sembradas, com-
prender los símbolos gráficos que indican fenómenos
Al igual que los documentos estadísticos, los do- particulares, etc.
cumentos cartográficos o mapas son casi siempre una
elaboración hecha por un profesional, el cartógrafo
o historiador cartógrafo, sobre los datos históricos V. 2. Determinación de la naturaleza tipológica del
primarios. Tales documentos cartográficos constitu- mapa
yen el reflejo de una situación histórica en su ver-
tiente espacial y geográfica. Los documentos cartográficos históricos pueden
ser de distinto tipo según reflejan diversos conteni-
Dichos mapas históricos en los que se refleja una dos temáticos. A saber: 1. mapas políticos (mostran-
situación pretérita se elaboran siguiendo todas o al- do las fronteras entre Estados, su evolución, exten-
gunas de las convenciones operativas de la cartogra- sión de imperios, guerras, etc.) 2. mapas políticos -
fía: escala, tipología cartográfica (topográfica, sociales (revelando la extensión de una revolución,
geológica, etc.), proyección utilizada, coordenadas las zonas de voto electoral a un partido, de implanta-
geográficas (longitud, latitud), curvas de nivel, co- ción de un sindicato, etc.). 3. mapas económicos (si-
tas, red hidrográfica, etc. Ahora bien, si es que apa- tuando el área de industrialización en un país, las vías
recen en el mapa histórico, esos elementos no son de comunicación, las rutas comerciales...). 4. mapas
importantes ni pertinentes a la hora de realizar el co- demográficos (donde se recogen los movimientos
mentario histórico sobre el mismo. Hemos de dar por migratorios, la densidad de población, etc.). 5. ma-
supuesta su correcta realización cartográfica. pas culturales (traduciendo la distribución geográfi-
El esquema de comentario de un documento ca de un movimiento artístico, la extensión de una
cartográfico histórico necesariamente debe prescin- lengua...). Hay que determinar claramente esta natu-
dir de muchos aspectos presentes en otro tipo de co- raleza antes de proceder al análisis del documento
mentarios de textos. Por ejemplo, no resulta perti- cartográfico.
nente interrogarse sobre el autor, el destinatario o la
intencionalidad del documento (salvo que sea un mapa

84
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

V. 3. Análisis del mapa V. 4. Explicación del mapa


Después de haber examinado con la debida aten- seguidamente, tras haber asimilado toda la infor-
ción el mapa y haber entendido siquiera sumariamente mación reflejada en el mapa, debe emprenderse la
la situación histórica que refleja espacialmente, pro- explicación de esos fenómenos registrados y apunta-
cede iniciar el análisis propiamente dicho. En princi- dos; es decir: hay que dar cuenta de la situación his-
pio, cabe hacer una disección y descomposición que tórica que traduce el mapa y de las razones para su
distinga las zonas reflejadas en el plano, señalando cristalización y su transformación. Necesariamente,
las áreas centrales y periféricas, los focos de activi- esta labor exigirá referirse a sucesos, personajes, pro-
dad destacados, el contorno y, en su caso, evolución cesos e instituciones que no aparecen en el mapa pero
espacial de los fenómenos tratados, así como tam- que, sin embargo, fueron las fuerzas configuradoras
bién las mutaciones y cambios experimentados en los de esa realidad espacial tal y como aparece en el mapa.
lindes y limites. Se trataría de realizar una especie de Así pues, la información cartográfica exige desbor-
reconocimiento cartográfico para apreciar sub-uni- dar y salir fuera de ella misma para realizar una in-
dades y términos aislables que pudiera haber en el terpretación y exposición de las condiciones históri-
conjunto espacial reflejado. cas que le dan todo su sentido y significado. Por su-
puesto, dicha exposición e interpretación debe ser sin-
tética y ajustada, sin incurrir en una narración que
utilice el documento cartográfico como mero pretex-
to para desarrollar un tema relacionado sólo de al-
gún modo indirecto con él.

EJEMPLO DE COMENTARIO DE MAPA HISTÓRICO

Mapa del reparto colonial de África hasta 1914. Recogido en la obra de María Luisa Alonso y otros.
Historia contemporánea. Orientaciones, textos, mapas y documentos, Madrid, Everest, 1986, p. 385.

85
Enrique Moradiellos

NATURALEZA. El mapa que vamos a comentar época moderna. Bélgica domina el gran territorio en
es de naturaleza política y refleja la situación del con- torno a la cuenta del río Congo. Italia se expande por
tinente africano en 1914. En él se aprecia gráfica- Eritrea y Somalia (desde 1889) y por Libia (desde
mente la intensidad del proceso de reparto y coloni- 1912). Y España tiene posesiones coloniales en el
zación de África llevado a cabo por las potencias Golfo de Guinea (Río Muní, desde 1843) y en la cos-
imperialistas de Europa en el período anterior a la ta atlántica y mediterráneo (los protectorados de Río
primera guerra mundial. de Oro y el norte de Marruecos, desde 1884 y 1912).

ANÁLISIS. El primer rasgo que destaca en el EXPLICACIÓN. El reparto de África consuma-


mapa es la práctica ausencia de estados y territorios do por las potencias europeas durante la segunda
independientes en el continentes. La casi totalidad de mitad del siglo XIX y primeros años del siglo XX es
África está en poder y bajo el control de potencias una de las manifestaciones más visibles del fenóme-
coloniales europeas. Sólo el pequeño Estado de no histórico denominado Nuevo Imperialismo. En
Liberia, en el extremo occidental, y Abisinia, en el virtud del mismo, a partir de las décadas finales del
oriental, escapan a esa condición y se mantienen como siglo, la presencia colonial de las potencias europeas
Estados libres e independientes. El resto del territo- se extendió rápidamente a un ritmo vertiginoso por
rio se halla sometido y dominado por una u otra po- todo el mundo no occidental (África, Asia y Oceanía).
tencia europea, ya sea mediante una administración En el caso de África, que antes de 1884 era un conti-
colonial directa o mediante la fórmula del protecto- nente casi desconocido y donde la presencia europea
rado (en la que se mantiene un gobierno indígena bajo se ceñía a las zonas costeras, el fenómeno del Nuevo
supervisión de la metrópoli protectora). Imperialismo significó que en un plazo de treinta años
los europeos pasaron a controlar y dominar el 90 %
Gran Bretaña y Francia son las dos potencias co-
de la superficie continental.
loniales que mayor presencia e importancia tienen en
el escenario africano. Los dominios británicos se con- Los motivos y medios del Nuevo Imperialismo
cretan básicamente en la parte oriental, donde casi están relacionados con las transformaciones opera-
forman una columna continua que cruza el continen- das en algunos países europeos durante la segunda
te de Norte a Sur; desde Egipto, que se convirtió en mitad del siglo XIX. En particular, fue el resultado
protectorado británico en 1882, hasta la Unión combinado de la plena industrialización y desarrollo
Sudafricana, que fue creada tras la victoria británica económico que experimentaron esos países, de los
en la guerra de 1899 - 1902 contra los boers (colo- grandes avances tecnológicos y científicos paralelos,
nos holandeses). Por el contrario, las posesiones fran- y de la consolidación o formación de Estados nacio-
cesas se concentran en el África occidental, donde nales poderosos y conscientes de sus posibilidades y
forman un núcleo bastante compacto que abarca desde ambiciones. Así, por ejemplo, el fuerte crecimiento
los territorios mediterráneos (Argelia, provincia des- capitalista de mediados de siglo potenció la expan-
de 1830; Túnez, protectorado desde 1881) hasta las sión imperial para lograr colonias que fueran centros
posesiones atlánticas y del golfo de Guinea (Senegal suministradores de materias primas, mercados reser-
desde 1857; Gabón desde 1886). Al margen de esas vados para la inversión de capital y la venta de bie-
zonas preferentes, ambas potencias tienen colonias nes y mercancías nacionales, y zonas de emigración
en áreas más alejadas: Gran Bretaña posee Gambia, para la creciente población metropolitana. Las ideo-
Sierra Leona, Costa de Oro y Nigeria en la costa oc- logías nacionalistas y las rivalidades entre Estados
cidental atlántica, mientras que Francia dispone de la nacionales promovieron igualmente esa expansión
isla de Madagascar y la Somalia francesa en el flan- colonial como vehículo de una política de prestigio y
co oriental. autoafirmación o por motivos geoestratégicos y de
seguridad militar. Por último, los avances tecnológi-
Las restantes potencias imperialistas europeas
cos e industriales dieron una superioridad indiscuti-
presentes en África ocupan una extensión colonial
ble a las potencias europeas y les permitieron em-
mucho menor que la de Gran Bretaña y Francia, Ale-
prender sus planes de conquista colonial sin preocu-
mania controla desde 1883 - 1885 cuatro áreas dis-
parse demasiado del coste de la oposición indígena.
persas e in conexas en la vertiente Centro - Sur: Togo,
Camerún, y el territorio actual de Namibia y La conquista y colonización de África revela to-
Tanzania. Esta última tiene la particularidad de im- dos esos motivos y medios de manera clara. Hasta la
pedir que se materialice la columna de colonias bri- segunda mitad del siglo XIX, África había sido un
tánicas. Portugal mantiene su antigua presencia en continente casi desconocido para los europeos, que
Angola y Mozambique, que data de los inicios de la sólo habían logrado asentarse en sus zonas costeras

86
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

y no habían logrado penetrar u ocupar las tierras ig- colonias portuguesas de Angola y Mozambique. De
notas e inexploradas del interior. Entre otras cosas, igual modo, la rivalidad anglo - francesa posibilitó la
la resistencia de las tribus indígenas a la penetración expansión colonial de Italia y España, como Estados
europea era considerable y efectiva, los medios de amortiguadores y «colchón» de seguridad entre esas
transporte disponible eran insuficientes y, sobre todo, grandes potencias: el Marruecos español evitó que
la malaria, enfermedad endémica en todo el Conti- Francia tuviera acceso al otro lado del Estrecho de
nente, diezmaba a los europeos que se aventuraban Gibraltar dominado por los británicos , en tanto que
por el interior y en la propia costa. Los avances tec- Libia separaba el Túnez francés del Egipto británi-
nológicos derivados de la Revolución industrial aca- co.
baron con esos obstáculos: el barco de vapor permi-
En resolución , el mapa de África en 1914 refleja
tió re remontar las corrientes de los ríos hacia el inte-
fielmente ese proceso de expansión imperialista eu-
rior; la industria química descubrió en la química el
ropeo que se prolonga durante la segunda mitad del
profiláctico idóneo contra la malaria; y el rifle de
siglo XIX y alcanza su máximo apogeo en vísperas
retrocarga y la ametralladora hicieron inútil la resis-
de la primera guerra mundial. No cabe olvidar que la
tencia del arco y la flecha indígenas.
rivalidad imperialista en África, sobre todo el con-
Una vez que los medios estuvieron disponibles, la tencioso franco - alemán en Marruecos en 1905 y
conquista y colonización pudo desarrollarse con enor- 1911, será uno de los catalizadores de la política de
me rapidez e intensidad. Para imponer cierto orden alianzas que conducirá finalmente al conflicto arma-
en el reparto, las potencias europeas se reunieron en do de 1914 - 1918.
la Conferencia de Berlín de 1884 - 1885, en la que se
decidió que sólo la ocupación efectiva del territorio
africano podía dar título de legitimidad a la coloni- VI. ESQUEMA BÁSICO PARA LA RESEÑA DE
zación por parte de un país. A partir de entonces, se LIBROS DE HISTORIA.
desarrollo una súbita carrera de las potencias
imperialistas para repartirse el Continente según lí- El estudio de historia en el nivel universitario re-
neas de expansión acordes con sus intereses. quiere como complemento indispensable al uso de
manuales generales la utilización de libros de histo-
Así por ejemplo, Gran Bretaña intentó dominar
ria monográficos que sirvan para profundizar en el
las áreas próximas a las rutas marítimas que comu-
conocimiento sobre una etapa o fenómeno histórico.
nicaban la metrópoli con su gran colonia de la India
La realización de reseñas de libros recomendados es
y sus dominios de Australia y Nueva Zelanda. Por
un recurso pedagógico esencial, puesto que obliga a
eso implantó su protectorado en Egipto, para domi-
una lectura atenta de los textos, ensancha los hori-
nar el vital Canal de Suez, e intentó constituir una
zontes culturales del alumno, promueve sus hábitos
columna continua de colonias que comunicase El
de meditación y sistematización, y estimula su capa-
Cairo con Ciudad del Cabo. La pretensión británica
cidad critica y sus facultades de redacción.
chocó con la intención francesa de constituir un cin-
turón de colonias africanas desde el Atlántico hasta El modelo de esquema de reseña que figura a con-
el mar Rojo, poniendo en contacto terrestre Senegal tinuación es meramente tentativo. Como bien apren-
y la Somalia francesa. derá el estudiante en la práctica, el formato de toda
reseña es muy variable en función de varios facto-
El conflicto alcanzó su punto álgido en 1898 du- res, entre otros: la importancia intrínseca del libro
rante la crisis de Fashoda (Sudán), que se saldó con reseñado; el autor o autores; la fecha de publicación;
la retirada francesa y el reconocimiento de la hege- el tema abordado; el contexto histórico - cultural de
monía británica en el Sudán. De todos modos, la pre- aparición, etc. Cabe advertir, también, que una rese-
tensión británica de formar una columna continúa no ña constituye siempre un examen crítico breve, osci-
pudo materializarse por la intervención de Alemania lando entre las tres y las diez páginas de extensión,
en la zona de los grandes lagos de Tanganica. De donde se sintetizan las ideas básicas del libro exami-
hecho, Alemania, que llegaba tarde al reparto impe- nado sin recurrir a la paráfrasis abusiva e inarticulada.
rialista, no sólo pretendió conjurar los planes britá- A modo de horizonte técnico regulativo, cuya fun-
nicos sino también crear un cinturón colonial que ción desaparecería en la propia ejecución práctica,
uniese su África oriental con África del sudoeste y el se ofrece el siguiente esquema de pautas regladas para
Camerún alemanes. la realización de una reseña de libros sobre historia.
La negativa británica y francesa a ese proyecto
permitió la instalación o supervivencia en la zona de
potencias europeas menores: el Congo belga y las

87
Enrique Moradiellos

VI.1 Lectura del libro nes historiográficas. Bajo estas coordenadas, puede
establecerse el papel, importancia e intencionalidad
a) Información básica. Ante todo, es necesario
de la obra reseñada en el conjunto de esa trayectoria
informarse del autor o autores del libro, su grado de
profesional y quizá en el seno de la historiografía so-
autoridad en la materia, su especialización, trayecto-
bre el asunto.
ria profesional, etc. De igual modo, resulta conve-
niente observar la fecha, lugar y editorial en la que se c) Resumen temático global. Tras la presentación
haya publicado, a fin de apreciar el contexto e del autor, debe proporcionarse un resumen global del
intencionalidad de la obra; esto es: si se trata de un contenido del libro, señalando el tema principal (o
manual de divulgación o una monografía académica temas) que analiza y la tesis esencial (o conjunto de
especializada, si está patrocinado por una escuela tesis) que sostiene. Se trata meramente de informar
historiográfica determinada; si ha sido editado en cir- de modo sintético y genérico sobre que versa el estu-
cunstancias coyunturales especiales y con propósi- dio y cuáles son sus líneas arguméntales básicas.
tos polémicos; etc.
d) Examen crítico. Una vez introducido el tema y
B) Reconocimiento general. Como regla habitual, la perspectiva del autor, cabe proseguir el examen y
primeramente debe leerse y observarse con atención crítica pormenorizada de los contenidos del libro de
el título y subtítulo, el índice general, las fuentes y un modo binario (sino más). Podría adoptarse el «mé-
bibliografía secundarias empleadas en su elaboración, todo literal» y proceder a examinar las ideas, con-
y el prefacio de la obra. De ese modo, es posible for- ceptos y razonamientos empleados a medida que son
mar una primera impresión del tema abordado y de desgranados en los sucesivos apartados y capítulos
los aspectos más importantes del estudio. de la obra. También podría emplearse el «método
lógico», que prescinde de dicha estructuración y toma
C) Lectura atenta y reflexiva. La posterior lectu-
como eje de su examen el análisis de las ideas motrices
ra del prefacio y los capítulos debe hacerse de modo
y lógica argumental que vertebran la totalidad del tra-
pausado y reflexivo, siguiendo la estructura e hilo
bajo y sus conclusiones. En ambos casos, el uso de
argumental empleado por el autor hasta llegar a las
las citas textuales recogidas durante la lectura puede
conclusiones (si las hubiera). En esta tarea, resulta
ser crucial, teniendo en cuenta que dichas citas siem-
conveniente recoger en fichas o folios las anotacio-
pre deben aparecer entre comillas (para indicar que
nes y sugerencias que pudiera suscitar la obra y, so-
se trata de las palabras empleadas en el texto y no de
bre todo, copiar las citas textuales que merezcan es-
una paráfrasis realizada por nosotros) y dando la re-
pecial relevancia o sinteticen el razonamiento del au-
ferencia exacta de la página donde se encuentran.
tor.
También en ambos casos, el examen de los conte-
nidos de la obra puede ir acompañado de una compa-
VI. 2. Redacción de la reseña. ración y cotejo entre sus tesis y las de otros autores,
señalando su novedad y grado de contradicción o
a) Ficha bibliográfica. Reseñar una obra (histó-
complementariedad con la literatura historiográfica
rica u otra) consiste en examinar su contenido y dar
existente sobre el asunto. Esta labor podría llevarse
noticia critica y escrita de la misma. por eso, la pri-
a cabo igualmente en el paso siguiente y final.
mera obligación es proporcionar las datos bibliográ-
ficos de la obra en una forma convencional, que per- e) Evaluación o conclusiones. Toda reseña, en la
mita a todo lector (incluso de otro idioma) buscar la medida en que constituye una noticia crítica para in-
misma en ficheros, catálogos y repertorios bibliográ- formar a terceros, debe incluir una ponderación ge-
ficos. Como ya hemos visto, esta ficha bibliográfica neral sobre el valor y entidad de la obra examinada y
debe contener necesariamente los siguientes datos y la conveniencia o no de su lectura. Ello exige cali-
en este orden: Apellido y Nombre del autor; Título brar el interés cualitativo del estudio y sus aportacio-
de la obra (con subtítulo), Lugar de edición; Edito- nes y novedades al conocimiento del tema abordado.
rial o entidad que lo publica; Fecha de publicación; Naturalmente, esta labor de ponderación exige cono-
Número de páginas. Si acaso, también su precio. cer el estado de la cuestión y la literatura especiali-
zada. Por ello mismo, la calidad de este apartado de-
b) Presentación del autor. El segundo requisito
pende estrechamente de la formación del autor de la
de una reseña es presentar, aunque sea sumariamente,
reseña y de su capacidad para apreciar la importan-
al autor o autores que son responsables de la obra
cia de las tesis expuestas en la obra reseñada dentro
examinada. Ello significa conocer brevemente su bio-
del contexto historiográfico pertinente.
grafía intelectual, los rasgos más sobresalientes de
su obra e investigaciones y su tendencia o inclinacio-

88
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

EJEMPLO DE RESEÑA DE LIBRO DE HISTORIA jos muy recientes (artículos y conferencias) que abor-
dan la compleja relación e interacción entre los mili-
FICHA BIBLIOGRÁFICA. Paul Preston, The tares y el fascismo (como ideología y fuerza política)
Politics of Revenge: Fascism and the Military in en la España del presente siglo. La obra se estructura
Twentieth - Century Spain, Londres, Unwin Hyman, en cuatro apartados que constituyen otros tantos blo-
1990, 215 páginas. ques temáticos. Sólo el primero tiene un carácter ge-
neral y aborda globalmente el modo en que militares
y fascistas colaboraron, con mayor o menor suavi-
PRESENTACIÓN DEL AUTOR. Desde la pu- dad, en la tarea de resistir toda tentativa de reforma
blicación de su estudio sobre la dinámica política es- social y modernización política en la crítica coyun-
pañola entre 1931 y 1936, durante la II República tura de los años treinta y, posteriormente, toda modi-
(La destrucción de la democracia en España, 1978), ficación del régimen instaurado tras su victoria co-
Paul Preston se ha revelado como el más fecundo y mún en la guerra civil de 1936 - 1939. Los restantes
original de los hispanistas británicos contemporáneos. apartados siguen un eje cronológico y estudian la
Siguiendo la brillante tradición por Gerald Brenan y evolución respectiva o conjunta de militares y fascis-
Raymond Carr, la amplia obra de Preston ha abor- tas en el período de la segunda guerra mundial (1939
dado los temas más importantes de la historia espa- - 1945), durante el resto de la dictadura franquista
ñola de esta centuria: el papel crucial de las derechas (1945 - 1975) y, finalmente, durante la transición
y los militares en la quiebra de la República; la con- política a la democracia (1975 - 1982).
flictiva evolución del movimiento socialista desde la En términos e novedad e importancia historio-grá-
dictadura de Primo de Rivera hasta la transición; la fica, los dos primeros apartados son los más intere-
guerra civil en su totalidad multifacética; el desarro- santes, tanto por sus tesis como por el soporte docu-
llo de la oposición antifranquista desde los duros años mental y bibliográfico que presentan, en muchos ca-
de posguerra hasta la muerte del dictador; y, por no sos nunca utilizados con anterioridad. A la par, el
seguir enumerando, el análisis de la transición políti- último bloque sobre el terrorismo de extrema dere-
ca hacia nuestra actual democracia parlamentaria. cha y las conjuras militares de la transición resulta el
La amplitud de ese repertorio refleja sobradamente de menor atractivo para los historiadores (no así para
el rasgo que mejor define a la tradición hispanista el público general), dado que sus fuentes son básica-
británica de la que Preston es digno sucesor: su vo- mente hemerográficas, bibliográficas y testimonios
luntad de establecer las grandes coordenadas de la personales de protagonistas. Habrá que esperar a ña
evolución histórica contemporánea española y de es- apertura de los archivos policiales y militares (espa-
tudiar en su seno asuntos importantes e influyentes ñoles y extranjeros) para que el tema pueda ser ana-
dentro del conjunto. Basta recordar el contenido de lizado con mayor seguridad y puedan verificarse las
El laberinto español de Brenan (1943) o la España, plausibles hipótesis apuntadas por Preston.
1808 - 1939 de Carr (1966) para comprobar esa vo-
luntad omnicomprensiva que combina la sutileza ana-
lítica, una apoyatura documental y bibliográfica no- EXAMEN CRÍTICO. El interés del capítulo pri-
table y un estilo narrativo de mercado valor literario. mero del libro reside en su propuesta de analizar el
En este sentido, son plenos exponentes de la escuela fascismo español superando la mera consideración
historiográfica británica tal y como se fraguó a par- de Falange Española como la única fuerza fascista
tir de la obra de Thomas Babington Macaulay (1800 presente en España. Preston sostiene que reducir al
- 1859). Probablemente, el contraste entre esa meto- fascismo a Falange supone eliminar la importancia
dología y la estrecha e ilegible erudición de la histo- de dicho fenómeno en la crisis que conduce a la gue-
riografía española coetánea haya sido la clave para rra civil de 1936 - 1939, dado que antes del conflicto
la extraordinaria recepción que tuvieron aquellos tra- Falange era un partido escuálido e impotente y, des-
bajos entre un público ávido de comprender «la sin- pués de la Unificación forzosa de falangistas, carlis-
gularidad de España» en el contexto europeo de la tas y monárquicos decretada por el general Franco
posguerra mundial. en abril de 1937, la nueva Falange Española Tradi-
cionalista y de las JONS casi se convirtió en un apén-
dice formal y modernizante bajo férreo control mili-
RESUMEN TEMÁTICO GLOBAL. El libro pu- tar.
blicado por Preston (La política de la venganza, en Como alternativa para determinar qué fue el fas-
su traducción castellana) se sitúa fielmente en la tra- cismo español y quiénes fueron los fascistas, Preston
dición mencionada. Se trata de un conjunto de traba- propone comparar lo sucedido en España con lo ocu-

89
Enrique Moradiellos

rrido previamente en Italia y Alemania durante sus actual de considerar el franquismo, en su totalidad,
respectivas crisis de los años veinte y treinta. En como un caso de régimen militar autoritario con plu-
ambos casos, el partido fascista o nazi, al principio ralismo político limitado (siguiendo la célebre defi-
mero integrante de una coalición contrarrevolu- nición de Juan José Linz, tan ajustada al franquismo
cionaria que abarcaba a grupos derechistas tradicio- «desarrollista» de los años sesenta). Tal interpreta-
nales y contaba con la complicidad de las institucio- ción reduce la importancia del componente fascista
nes estatales, fue haciéndose con el control casi ab- hasta casi anularlo y hacerlo insignificante para la
soluto del aparato del Estado y del Ejército, hasta el definición del régimen. Sin embargo, el análisis com-
punto de convertirse en el único partido legal y el parativo, sobre todo en el período 1937 - -1945, per-
mayor poder político autónomo dentro del régimen. mite descubrir la función crucial del fascismo en la
En Italia ese proceso de fascistización del Estado fue conformación y desarrollo de la dictadura franquista
frenado por la resistencia ofrecida por la monarquía, y su creciente hegemonía (luego truncada) sobre otros
un amplio sector de las fuerzas armadas y la Iglesia componentes del régimen (carlistas, alfonsinos o ca-
católica. Por el contrario en Alemania, Adolf Hitler tólicos). Precisamente, cuando se habla metafórica-
fue capaz de doblegar a los sectores tradicionales, y mente de una «fase azul» en el franquismo inicial se
a la altura de 1938 incluso los mandos del Ejército está haciendo referencia a esa realidad bien aprecia-
habían sucumbido ante el partido y el Estado totali- da por los contemporáneos. En este sentido, es inte-
tario nacionalsocialista. resante notar que la tesis de Preston coincide con el
juicio del propio Mussolini sobre el carácter
La evolución de la situación en España ofrece sor-
fascistizante y las posibilidades de desarrollo plena-
prendentes similitudes con el caso italiano. Para em-
mente fascista que estaban abiertas en la España de
pezar, la coalición contrarrevolucionaria que desata
aquel período.
y libra la guerra civil contra el gobierno frente-popu-
lista está formada por grupos en franco proceso de El segundo apartado del libro aborda monográ-
fascistización: los monárquicos de Renovación Es- ficamente la lucha política dentro del régimen duran-
pañola y los católicos de la CEDA en absoluto esta- te la segunda guerra mundial, cuando falangistas y
ban inmunes a la influencia fascista y parecen répli- militares pugnaban por orientar política exterior es-
cas de la Asociación Nacionalista Italiana y de los pañola en un sentido más o menos beligerante en fa-
fascistas agrarios. La diferencia parece estar en el vor del Eje italo - germano y en contra de las poten-
hecho de que el Ejército español combatiente en la cias aliadas. Preston hace uso de un amplio abanico
guerra, al contrario del italiano, retuvo básicamente de fuentes documentales diplomáticas (esencialmen-
su papel hegemónico y no quedó subordinado polí- te alemanas) y de un repertorio bibliográfico realmente
ticamente a la Falange unificada. Y sin embargo, vasto. El resultado es la confirmación de una tesis ya
como demuestran las difíciles relaciones entre am- enunciada por varios autores, entre ellos, Javier Tusell
bos durante los años 1939 - 1942, la situación era y Antonio Marquina: Franco estuvo más que dispuesto
muy inestable y Falange estuvo en condiciones de a entrar en la guerra al lado de Alemania en el segun-
discutir esa hegemonía al amparo de un contexto in- do semestre de 1940 y sólo la negativa de Hitler a
ternacional (las victorias del Eje italo - germano en pagar el precio pedido por Franco (previa ayuda mi-
la segunda guerra mundial) que parecía alumbrar un litar y alimenticia y cesión del imperio norteamerica-
orden fascista para toda Europa; un «orden nuevo» no francés) abortó la beligerancia española. En esen-
que Franco estaba dispuesto a aprovechar y encabe- cia, Hitler ni podía ni quería arriesgar las ventajas
zar ya no sólo como Generalísimo de los Ejércitos que estaba reportando la neutralidad benévola de la
sino también como Caudillo del Estado totalitario. Francia colaboracionista del mariscal Pétain en aras
En este sentido, que el proceso de fascistización de de la costosa y dudosa beligerancia de una España
España no alcanzase el estadio de Italia (aun menos de Franco hambrienta, inerme y semidestruida tras la
de Alemania) parece deberse ante todo al cambio de guerra civil.
rumbo que experimentó la guerra mundial desde 1942
Lo interesante de este segundo apartado es notar
y a la resistencia renovada que el alto mando militar,
que, en este período, Franco aparece actuar como
los monárquicos y los católicos pudieron entonces
verdadero Caudillo falangista, obliterando los con-
ofrecer a los avances del falangismo sobre sus res-
sejos de prudencia y cautela emitidos por la mayoría
pectivas áreas de control: la política militar, los mi-
del generalato y apoyando sin reservas la política
nisterios económicos, y los de Educación y de Justi-
exterior de su cuñado y consejero, Ramón Serrano
cia, respectivamente.
Súñer. Ello mismo es una valiosa indicación de la
La propuesta esbozada por Preston de análisis virtualidad de una evolución fascista en España bajo
comparativo tiene la virtud de corregir la tendencia el liderazgo de un militar devenido en Duce por la

90
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

fuerza de las circunstancias y su propia ambición. tigación historiográfica; y profundizar en el conoci-


Los generales influyentes (Varela, Orgaz, Kindelán, miento de un tema o problema histórico particular.
Aranda, etc) a duras penas lograron contener «la ten-
Generalmente, la elaboración de un trabajo aca-
tación del Eje» que animaba a Francia y tuvieron que
démico tiene como punto de partida una idea básica
recurrir a presiones, advertencias y conjuras de muy
sobre el tema que se va a someter a examen (sea la
diverso tipo para obligarle a permanecer «no - beli-
biografía de Julio César, el origen de las Cruzadas,
gerante» en la contienda mundial. Como subraya
olas razones de la victoria aliada en la segunda gue-
Preston, hay que recordar que se trataba de un
rra mundial). Es lo que podría denominarse el PLAN-
generalato que había elegido a Franco como
TEAMIENTO BÁSICO INICIAL: la clarificación del
Generalísimo y Jefe del Estado y que le consideraba
conjunto de opiniones, juicios y saberes que tenemos
un mero primus inter pares, y no un homo missu a
ya sobre el asunto, la idea general que necesariamen-
Deo (enviado por Dios), como gustaba de verse el
te abrigamos, porque nadie parte de un «conjunto de
Caudillo. A este respecto, una anécdota recogida por
premisas cero» ante ningún tema. Su manifestación
Preston es suficientemente expresiva. En aquellos
inmediata debe cobrar la forma de un título provisio-
tiempos, el dicharachero general Queipo de Llano
nal para el trabajo y de un esbozo o índice sumario
todavía osaba referirse al susceptible Jefe del Estado
de sus contenidos, de los aspectos que hay que tratar
en términos nada respetuosos: «¨Paca la culona»
en él, quizá divididos en aparatos y subapartados.
(p.88).
Puede manifestarse también en una especie de esque-
Algunos años después, no habría ningún general ma o cuadro geométrico donde se sitúen los asuntos
que pudiera tratar como un igual a Franco y, aún que deben examinarse y abordarse en el trabajo.
menos, ridiculizar su figura sin graves riesgos para
Este planteamiento o idea puede ser previa («ca-
su carrera y su persona. El complejo proceso que
zada al aire» mediante conversaciones, novelas o pe-
condujo a esa situación e hizo de Franco un dictador
lículas) o suscitada por las primeras lecturas realiza-
arbitral intocable e inapelable es el tema del tercer
das. Pero necesariamente se irá modificando a medi-
apartado del libro.
da que se avanza en el trabajo.
Una vez determinado el asunto que se va tratar y
CONCLUSIÓN. En resolución, la obra de Paul establecido claramente el planteamiento y la idea ini-
Preston está repleta de sugerencias interpretativas y cial, el primer paso sistemático en la elaboración del
riqueza informativa sobre un tema crucial para la his- trabajo es reunir una LISTA BIBLIOGRÁFICA per-
toria contemporánea española. Además, tiene la vir- tinente para profundizar en el conocimiento del tema.
tud de ofrecer una perspectiva metodológica compa- Esa bibliografía debe incluir, en términos generales,
rativa que contribuye a la mejor compresión de los cuatro tipos diferentes de libros que deben ser revi-
fenómenos españoles dentro del marco europeo co- sados y estudiados en orden progresivo y ascendente
etáneo. Por eso mismo, cabe esperar y desear su pron- primeramente, obras de referencia y ayuda general
ta traducción al español, a fin de poner todo su con- que sirvan para una primera introducción formal al
tenido y argumentos a disposición de un público más tema (diccionarios históricos, enciclopedias temáti-
amplio e interesado por el reciente pasado histórico cas, repertorios cronológicos y cartográficos, obras
de España. de referencia bibliográfica, etc.); a continuación, un
mínimo representativo (siempre superior a dos) de
manuales generales donde se aborde y se contextualice
el tema; seguidamente, un conjunto coherente y sig-
nificativo de monografías y artículos especializados
VII. ESQUEMA PARA LA REDACCIÓN DE UN dedicados mayormente al asunto examinado (como
TRABAJO DE CURSO mínimo, una monografía o artículo por corriente in-
Los trabajos de curso sobre un tema histórico cons- terpretativa que pueda haber sobre el tema); y, por
tituyen un ejercicio educativo fundamental en el ám- último, una serie de repertorios de documentos origi-
bito universitario. Ante todo, porque posibilitan una nales y antologías de fuentes primarias donde se pue-
serie de actividades de gran valor formativo para los dan hallar y examinarlas pruebas documentales refe-
alumnos. Por ejemplo: adiestrarse en el manejo de ridas en la bibliografía utilizada.
bibliografía histórica; desarrollar sus capacidades de Las LECTURA Y EXAMEN de esa bibliografía
análisis, sistematización y exposición; ensayar prác- (o, si es muy extensa, de partes sustanciales de la
ticamente aspectos elementales del método de inves- misma) es ya una labor de investigación crítica y ana-

91
Enrique Moradiellos

lítica de gran importancia. Ante todo, porque supone jo?». a estos dos elementos les siguen una serie de
la necesidad de ir recogiendo, cotejando, comparan- enunciados y subenunciados varios, según la com-
do, seleccionando y depurando los datos, ideas, ar- plejidad arquitectónica del guión. Umberto Eco ha
gumentos razonamientos e interpretaciones que es- propuesto un esbozo de guión - índice de trabajo que,
tán presentes en la literatura y que pueden ser con- adaptado y simplificado a las necesidades del estu-
tradictorios, diferentes pero no en conflicto, o com- diante universitario, puede ser muy útil y convenien-
plementarios. Esta labor requiere tomar notas duran- te como esquema orientativo:
te la lectura y confeccionar fichas de lectura de cada
obra. En estas fichas, como ya hemos visto, se debe-
rá registrar y discriminar claramente lo que es infor- 1. Estado de la cuestión.
mación y datos objetivos y lo que es opinión o inter-
2. Las investigaciones precedentes.
pretación del autor. Hay que recordar que, en esta
labor, la recogida de las opiniones exactas de un au- 3. Nuestras hipótesis.
tor debe ir siempre entre comillas (lo que indica al 4. Los datos que podemos ofrecer.
lector que es una cita textual y no una paráfrasis nues-
tra sobre su opinión) y con la obra y página de pro- 5. Análisis de los mismos.
cedencia bien expresada. 6. Demostración de las hipótesis.
Del mismo modo, un documento textual citado en 7. Conclusiones y orientaciones para el trabajo
una obra o compilado en una antología documental posterior.
debe recogerse siempre entre comillado para mostrar
su naturaleza de documento primario y redactado así
en su forma original. Por tanto, se reservará el uso Ese índice podría también tomar una forma más
de las comillas para este tipo de fines, y no se utiliza- compleja, donde estuvieran presentes varios aparta-
rá para enfatizar las opiniones o afirmaciones del re- dos subdivididos en capítulos y subcapítulos. Por
dactor del trabajo. A este fin, podría emplearse, con ejemplo:
mesura, el procedimiento del subrayado de términos
y frases, siempre que su importancia lo requiriese o
fuera necesario remarcar su significado. I. PRIMERA PARTE DEL TRABAJO
Tras la finalización de la lectura de la bibliogra- 1. Capítulo primero de la primera parte.
fía y la sistematización de sus contenidos en forma
de fichas de contenidos y fichas de citas (ya hemos 1.1. Primer subcapítulo.
visto que la tipología de las fichas puede ser muy 1.2. Segundo subcapítulo.
amplia), procede iniciar la REDACCIÓN DE UN
GUIÓN O ÍNDICE PROVISIONAL y tentativo para 2. Capítulo segundo de la primera parte.
la elaboración del trabajo. A diferencia del plantea- 2.1. Subcapítulo único.
miento inicial, y sobre la base de los conocimientos
adquiridos en las lecturas, se trata ahora de formular
un primer esbozo articulado y consistente de lo que II. SEGUNDA PARTE DEL TRABAJO
va a ser el trabajo, con sus respectivas partes y divi-
1. Capítulo primero de la segunda parte.
siones para organizar metódicamente la tarea de re-
dactar el texto. Este guión sirve como marco y es- 1.1. Primer subcapítulo.
quema orientativo para iniciar la redacción. No de-
1.2. Segundo subcapítulo.
bería exceder de una página y convendría que tuvie-
ra enunciados ordenados con subdivisiones, para per- 1.3. Tercer subcapítulo.
mitir que se «coloquen» en su lugar los distintos as-
2. Capítulo segundo sin subcapítulos.
pectos temáticos que se van a abordar en el texto.
Esos enunciados y subapartados funcionarían a modo
de «casillas» que habrían de rellenarse con la redac- III. CONCLUSIONES
ción del texto propiamente.
Por convención utilitaria, este tipo de guiones
siempre tienen un título semidefinitivo y un apartado NOTAS
inicial denominado «introducción», donde se debe
responder a la pregunta «¿De qué se trata el traba-
BIBLIOGRAFÍA Y APÉNDICES

92
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

Teniendo como base el índice provisional, hay que ob. cit.: en la obra citada, pero no necesariamente en
proceder al DESARROLLO Y REDACCIÓN de las la misma página. Por ejemplo: P. Vilar, ob. Cit., cap.
ideas y argumentos que componen nuestro trabajo. 2.
Esta redacción significa, sencillamente, dar forma
p.: página. En plural se escribiría pp.
escrita y narrativa a los conceptos, juicios y razona-
mientos que nos ha suscitado la lectura y examen de passim: por todas partes. Cuando una idea está de-
la bibliografía, siguiendo los apartados temáticos fi- sarrollada por todo un libro y artículo.
jados en el guión. Para ello, habrá que utilizar y ha-
s.a.: sin año consignado.
cer uso de los datos objetivos encontrados, de las in-
terpretaciones de los historiadores analizados, del co- s.l.: sin lugar de edición consignada.
nocimiento acumulado en la literatura historiográfica sic: así. Escrito por el autor así en el original. Puede
consultada, etc. Cabe solamente añadir que la redac- subrayar un error o falta del texto original.
ción del texto debe ser clara y sencilla, sin párrafos
demasiado largos y siempre con un ordenamiento ló- vol.: volumen. Plural, vols.
gico y nunca confuso y contradictorio. En un trabajo Como ya hemos visto en el apartado de elabora-
de esta naturaleza y función, es preferible el estilo y ción de fichas bibliográficas, las citas que hagamos
lenguaje llano al barroquismo estéril o incomprensi- de un autor u obra en nuestro texto deben ser siem-
ble. En términos literarios, es mejor ser siempre con- pre fieles y recogidas entre comillas. No cabe hacer
ceptista antes que culteranista: «¨Lo bueno, si breve, interpolaciones en las mismas y toda alteración o su-
dos veces bueno». brayado que no sea original debe ser advertido en
Para descargar el texto, debe utilizarse cuando sea nota. Si es necesario añadir una aclaración o comen-
conveniente la nota a pie de página (señalada por un tario al texto, se hará utilizando corchetes o parénte-
número entre paréntesis en el texto, que remite a un sis cuadrados, para diferenciarlo de los paréntesis que
número al final de la página o al final del trabajo). pueda haber en el propio original. Por la que respec-
En estas notas, se da la referencia bibliográfica exacta ta a la extensión de las citas, cabe adoptar dos crite-
de las obras y documentos citados, o también se ma- rios para su inclusión en el trabajo. Cuando una cita
tizan algunas afirmaciones presentes en el texto. Para no supere las dos o tres líneas, puede insertarse den-
la confección de estas notas, puede ser conveniente tro de un párrafo bien señalada por comillas. Cuan-
la utilización de algunas abreviaturas como las si- do, por el contrario, la cita sea más larga, cabe reco-
guientes: gerla de modo aislado, con un espaciado
mecanográfico menor y con mayor margen a la iz-
anón.: Anónimo. quierda que el texto normal, como hacemos a conti-
ap.: Apéndice nuación:
art.: Artículo de leyes (no de periódico). Así, de una manera visual muy directa, se aprecia el carác-
ter de cita textual de estas palabras. En este caso, no son
c.: Circa. Hacia. Por ejemplo: c. 450 a. C. (Hacia el necesarias las comillas, pues el propio margen y el menor
año 450 antes de Cristo). espaciado cumplen su función de avisarnos de que se trata
de una cita textual.
cap.: capítulo. Por ejemplo: Polibio, Historias, cap.
3. Finalmente, las CONCLUSIONES del trabajo, si
es que son pertinentes y necesarias, no deberían to-
Cf. confero: confróntese o compárese. Por ejemplo:
mar la forma de un resumen de todo el desarrollo ar-
Sobre el tema, cf. P. Vilar, Historia de España, cap.
gumentado previo. Más bien tendrían que ser una se-
7.
rie de consideraciones generales que se deduzcan del
e.g.: en los textos ingleses, exempli gratia: por ejem- trabajo. Pudiera ser que volvieran a retomar el «esta-
plo. do de la cuestión» planteado inicialmente y lo resituara
a la luz de la investigación bibliográfica (o, en su
ibídem. En el mismo lugar. Cuando se remite a un
caso, documental) realizada.
autor, una obra y página de la misma que ya se había
citado previamente. Por ejemplo: P. Vilar, ibídem. Tras las conclusiones, cabe incluir las notas pre-
sentes a lo largo del texto (si es que no van a pie de
n.: nota. Por Ejemplo: véase n. 3.
página), la bibliografía consultada y los apéndices
núm.: número. También nº. documentados que puedan considerarse pertinentes
para dar mayor apoyatura al trabajo.

93
Enrique Moradiellos

En el plano puramente pragmático de la edición, 1. La historiografía sobre el Desastre


cabe recordar que un trabajo debe presentarse de for-
ma esmerada. Ello requiere, entre otras cosas: un La historiografía tradicional española, represen-
mecanografiado cuidado y legible, una primera pági- tada a título de ejemplo por los estudios de Gabriel
na en la que figure el título del trabajo y el nombre Maura, Jerónimo Bécker, Melchor Fernández
del autor o autores, que los folios estén escritos por Almagro y Pablo de Azcárate(1), ha contemplado el
una sola cara a doble espacio, y que se deje amplios Desastre del 98 como un caso singular y específico
márgenes , sobre todo a la izquierda. de la historia finisecular de España; como una espe-
cie de orgulloso «suicidio numantino» derivado del
peculiar carácter nacional e idiosincrasia de los es-
EJEMPLO DE TRABAJO DE CURSO pañoles.
A tenor de este discurso clásico sobre el 98, los
EL DESASTRE COLONIAL ESPAÑOL DE
términos del problema habrían sido los siguientes: una
1898
España marginada del concierto europeo por su polí-
ÍNDICE tica de aislamiento diplomático y comprometida en
una doble guerra colonial en Cuba y Filipinas, hubo
Introducción
de enfrentarse sola a la intervención de Estados Uni-
1. La historiografía sobre el Desastre dos en el conflicto y fue empujada a la guerra hispa-
2. La crisis del sistema colonial español no - norteamericana que culminó en la liquidación de
su disminuido imperio ultramarino. Los gobernantes
3. Política española y guerras coloniales españoles, con el pleno apoyo de su opinión pública,
4. Los intereses y gestiones de Estados Unidos habrían decidido no claudicar y enfrentarse al coloso
norteamericano en virtud de una combinación de los
5. La guerra hispano - norteamericana siguientes motivos: su ceguera política y militar ante
6. Epílogo la desproporción de fuerzas respectivas; su ilusoria
esperanza de lograr la victoria y preservar las colo-
NOTAS nias ; y su alto sentido del honor y deber nacional,
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA que impedía y vedaba cualquier posibilidad de reti-
rada o cesión frente a las iniciativas, presiones y
amenazas norteamericanas.
Esa interpretación de la historiografía tradicional
Introducción sobre el origen y naturaleza del 98 hace tiempo que
ha sido severamente cuestionada en diversos aspec-
En el breve plazo de dos meses, entre mayo y ju- tos por las investigaciones de autores como Jesús
lio de 1898, España perdió la totalidad de sus vetus- Pabón, José María Jover Zamora, José Varela Orte-
tas posesiones coloniales en Las Antillas (Cuba y ga, Joaquín Romero Maura y Carlos Serrano(2). A
Puerto Rico) y el Pacífico (Filipinas e islas Marianas, juicio de esta creciente pléyade de historiadores
Carolinas, Palaos y Guam) tras sufrir una fulminan- «revisionistas», habría que contemplar el Desastre
te y abrumadora derrota naval y militar frente a los español de 1898 desde una perspectiva más amplia,
Estados Unidos de América. Esta derrota espectacu- desde una perspectiva de historia comparada. Y en-
lar pasó a conocerse en la opinión pública contem- tonces , el 98 aparecería como el resultado de la con-
poránea y en la historiografía posterior como El De- fluencia e intersección de dos procesos diferentes y
sastre, con mayúsculas y escuetamente, quedando paralelos.
grabado a fuego en la conciencia histórica de los es-
pañoles. Dicho descalabro militar y colonial provo- En primer lugar, habría sido el resultado del fra-
có una honda sacudida del cuerpo político y del uni- caso político económico del colonialismo español. En
verso ideológico español, y abrió la vía al lento pro- esencia, el anticuado sistema de dominación colonial,
ceso de desintegración del sistema de poder después de haber sofocado una primera insurrección
oligárquico que había sido inaugurado por la Res- cubana entre 1868 y 1878 (la Guerra de los Díez
tauración borbónica de 1875; un proceso espasmó- Años), se había mostrado incapaz de modernizarse y
dico que se prolongaría en sus rasgos y caracteres establecer un nuevo modelo de integración bajo so-
esenciales hasta la implantación de una República de- beranía española aceptable para la población colo-
mocrática en 1931. nial y compatible con sus intereses políticos y econó-
micos. Además, el fracaso de la metrópoli quedaba
reflejado en su incapacidad para evitar la progresiva

94
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

gravitación de las colonias hacia el centro de poder nopolizada casi exclusivamente por españoles. Esta
regional emergente en el Caribe y el Pacífico: los burocracia, junto con los comerciantes y hacendados
Estados Unidos de América. españoles radicados en las ciudades, constituían el
soporte de la autoridad metropolitana y alentaba el
En segundo lugar, el 98 español también habría
partido Unión Constitucional, favorable a la plena
sido el resultado del proceso de redistribución colo-
asimilación de Cuba por España y opuesto a cual-
nial que se abrió en el mundo en la década de 1890.
quier tipo de reforma política que debilitase su capa-
Y, en este sentido, el 98 español se presenta como un
cidad de influencia.
caso más (si bien el más evidente) de la serie de «no-
venta - y - ochos» que afectaron a un conjunto de Frente a ese grupo «españolista», el desarrollo de
medias potencias que vieron frustrados sus proyec- la economía cubana desde principios del siglo XIX
tos coloniales por la acción (u omisión) de otras po- había generado unas compactas burguesías criollas
tencias superiores decididas a imponer un nuevo re- (criollos: colonos de origen español nacidos y cria-
parto imperialista. Así, por ejemplo, en 1890 Portu- dos en Cuba) en torno a la producción y comerciali-
gal hubo de renunciar a la unión territorial de Angola zación de los tres grandes artículos cubanos: el azú-
y Mozambique en virtud del ultimátum británico en car (que llegó a representar un tercio de la produc-
sentido contrario; en 1896 Italia tuvo que abandonar ción mundial), el tabaco y el café(4). Esta población
la idea de establecer un imperio en Abisinia después criolla constituía la base social, cada vez más nume-
ser derrotada en Adua por tropas indígenas en medio rosa, de los partidos reformistas y autonomistas fa-
del aislamiento diplomático internacional; por últi- vorable a un nuevo reparto de las funciones políticas
mo, en 1898, tras la crisis de Fashoda, Francia hubo coloniales en beneficio de su grupo. Tras el fracaso
de retirarse del Sudán en beneficio del dominio britá- de estas opciones, las burguesías criollas serían el
nico sobre ese territorio. soporte activo o pasivo de las soluciones indepen-
dentistas, reclutándose en su seno la dirección políti-
En definitiva, el 98 español fue el producto resul-
ca e intelectual del movimiento de liberación nacio-
tante de la intersección de esos dos procesos aludi-
nal.
dos, por la sencilla razón de que el fracaso del colo-
nialismo español quedó de manifiesto en dos áreas, El enfrentamiento entre criollos y españoles pe-
Las Antillas y el Pacifico, que eran ya, desde tiempo ninsulares en el plano político estaba en marcado y
atrás, el ámbito donde se proyectaba el naciente im- agudizado hasta extremos de ruptura por el antago-
perialismo norteamericano, sin competencia u oposi- nismo entre los intereses económicos respectivos. En
ción efectiva por parte de ninguna otra gran poten- efecto, el sistema colonial español implicaba un in-
cia. tercambio económico entre la metrópoli y las colo-
nias tremendamente favorable a la primera y perjudi-
cial para las segundas, especialmente Cuba(5).
2. La crisis del sistema colonial español.
En virtud de la legislación proteccionista que cul-
El drama colonial español comenzó realmente en minó en la Ley arancelaria de 1882, las colonias se
febrero de 1895, cuando resurgió en Cuba una insu- habían convertido en un verdadero mercado reserva-
rrección independentista de enorme extensión y gra- do para la producción española, sobre todo la pro-
vedad (el llamado Grito de Baire). La misma ampli- ducción textil catalana y los trigos y harinas caste-
tud y celeridad del nuevo brote insurreccional puso llanos. De este modo, las colonias se veían obligadas
en evidencia desde el principio el enajenamiento de a abastecerse de productos españoles, protegidos de
la población cubana respecto a la autoridad española la competencia internacional mediante elevados aran-
y la incapacidad económica y militar de la metrópoli celes que compensaban sobradamente el alto precio
para restablecer su dominio indiscutido en la Gran de los artículos españoles respecto a los extranjeros.
Antilla. Por supuesto, el amplísimo apoyo social que Estas medidas habían permitido, por ejemplo, que el
tuvo dicha insurrección sólo se explica si atendemos 60 % del comercio catalán en la década de 1890 tu-
a los rasgos políticos y económicos que caracteriza- viese como destino Cuba y las colonias. Y así se ha-
ban al sistema colonial español, auténticos responsa- bía generado un beneficio colonial que actuaba como
bles de la hostilidad de la población cubana ante el factor de compensación sobre el crónico déficit co-
poder metropolitano(3). mercial de España en sus intercambios con el exte-
rior.
En el plano político, Cuba, al igual que el resto de
las colonias , estaba gobernada por un capitán gene- Pero las leyes arancelarias tenían una faceta mu-
ral con poderes gubernativos omnímodos, apoyado cho más gravosa y discriminatoria para las colonias:
por una burocracia administrativa (civil y militar) mo- no sólo hacían de las colonias un mercado reservado

95
Enrique Moradiellos

para los caros productos españoles, sino que también 3. Política española y guerras coloniales.
cerraban el mercado español a los productos colo-
niales que pudiesen hacer competencia a productos El estallido de la guerra en Cuba en febrero de
hispanos. Por ejemplo, el proteccionismo arancela- 1895 provocó de inmediato la caída del gobierno li-
rio excluía el azúcar cubano en favor del azúcar de beral de Sagasta, debido a un pequeño motín militar
remolacha producido en España. Y al cerrar ese mer- en Madrid contra dos periódicos que habían critica-
cado metropolitano, se obligaba a esos productos do la falta de voluntarios entre la oficialidad para
coloniales a buscar salida en mercados foráneos, so- servir en las colonias. El incidente representó el pri-
bre todo en el cercano y enorme mercado de Estados mer conato de militarismo en la política restaura-
Unidos. cionista y anunció la importancia clave del Ejército
en la formulación de la respuesta española ante la
La distorsión provocada por esta peculiar diná-
insurrección(7). De acuerdo con la mecánica del «tur-
mica económica colonial impuesta por España pue-
no pacífico», el partido conservador formó nuevo
de apreciarse claramente en las siguientes cifras. En
gobierno bajo la presidencia de Cánovas del Casti-
1894, último año de paz, Cuba obtuvo de España el
llo. Y fue este gobernante y su gabinete el que tuvo la
43 % de sus importaciones totales, mientras que otro
exclusiva responsabilidad para hacer frente a la cri-
37 % se obtenía de Estados Unidos a pesar de los
sis cubana, dada la minoría de edad del futuro rey
altos aranceles. En ese mismo año, Cuba exportó a
Alfonso XII y la débil posición política de la reina
Estados Unidos el 88 % de su producción, enviando
regente, María Cristina de Habsburgo.
tan sólo a España el 9 % de la misma(6). Así pues,
para entonces era patente que España, a pesar de su La primera medida de Cánovas fue nombrar al
política proteccionista y debido a su atraso económi- general Martínez Campos como Capitán General de
co e industrial, era incapaz de abastecer las crecien- Cuba. Martínez Campos había sido el vencedor de la
tes necesidades de una economía en expansión como guerra de los diez años y, por sus facultades de nego-
la cubana y tampoco estaba en condiciones de absor- ciador, parecía el hombre idóneo para poner en prác-
ber más que una mínima parte de su producción. En tica la respuesta político - militar planeada por
ambos campos, Estados Unidos aparecía como pu- Cánovas: reprimir la insurrección de un modo selec-
jante cliente y proveedor, capaz de garantizar la con- tivo, dejando abierta la puerta a la negociación con
tinuidad del crecimiento económico cubano median- los sectores menos radicalizados.
te el gran volumen de intercambios en curso y las
Desde abril a diciembre de 1895, Martínez Cam-
crecientes inversiones de capital (concentradas sobre
pos intentó infructuosamente llevar a cabo su come-
todo en la mecanización de los ingenios azucareros y
tido y llegó a contar con casi 100.000 soldados para
la instalación de fábricas de tabaco).
enfrentarse a unos 40.000 insurrectos que practica-
Por consiguiente, no es de extrañar que las mis- ban la guerra de guerrillas en el campo y la selva.
mas burguesías criollas que demandaban reformas Pero las circunstancias ya no eran propicios para la
para incrementar su poder político también exigiesen negociación, entre otras cosas por el inmovilismo
la anulación de las leyes proteccionistas que estaban político de la metrópoli. El propio Martínez Campos
penalizando sus intereses económicos. Contra estas informó a Cánovas de su fracaso con estas revelado-
demandas duales se alzaron el partido españolista res palabras:
insular y los intereses de los productores catalanes y Los pocos españoles que hay en la isla sólo se atreven a
castellanos, conscientes ambos de que su vigor y su- proclamarse como tales en las ciudades. El resto de los ha-
pervivencia dependían del mantenimiento del statu bitantes odia a España [ ... ].La insurrección es hoy día más
quo colonial. Cuando en 1895 las Cortes españolas grave, más potente que a principios del 76 [ ... ].Vencidos
rechazaron un tímido proyecto de reforma colonial en el campo o sometidos los insurrectos, como el país no
presentado por Antonio Maura, las burguesías crio- quiere pagar ni nos puede ver, con reformas o sin reformas,
llas comprendieron que la vía autonomista estaba con perdón o con exterminio, mi opinión leal y sincera es
cerrada ante el inmovilismo político de la metrópoli. que antes de doce años tenemos otra guerra, y si todavía
nosotros no diéramos más que nuestra sangre, podrían ve-
Por eso se pasaron abiertamente a la causa
nir una y otra; pero ¿ puede España gastar lo que gasta?(8)
independentista y, a pesar del temor que les infundía
la movilización de la población negra rural, acepta- Ciertamente, como señalaba Martínez Campos, la
ron patrocinar la insurrección capitaneada por José guerra cubana estaba poniendo de manifiesto la in-
Martí en el plano político y por Máximo Gómez en capacidad militar y económica de España para resta-
el militar. blecer su dominio indiscutido sobre la Gran Antilla.
Y ello a pesar de que la opinión pública española
apoyaba casi unánimemente el esfuerzo bélico reali-

96
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

zado, incluyendo a las oposiciones al régimen pamentos militares, auténticos campos de concentra-
restauracionista: el carlismo, por la derecha, y la gran ción . el resultado de la «política de reconcentración»
mayoría del republicanismo, por la izquierda. Sólo fue el colapso de la vida económica cubana, la mise-
el republicanismo federal y las corrientes obreras, ria y aguda mortandad de los civiles concentrados y
socialistas y anarquistas, cuestionaban la guerra (so- el paso masivo de los cubanos al bando insurrecto. Y
bre todo el injusto sistema de reclutamiento), sin lle- aun así, Weyler sólo pudo asegurar el dominio espa-
gar al apoyo a los insurrectos cubanos o a la denun- ñol sobre las ciudades y fue incapaz de conseguir el
cia del colonialismo como fórmula de explotación(9). control permanente de los campos y la manigua, donde
la insurrección campaba por sus fueros.
En el plano militar, el Ejército español adolecía
de exceso de mandos, carecía de tropas coloniales Para agravar más la crítica situación, desde el
profesionales y estaba formado por reclutas inexper- verano de 1896 Filipinas era escenario de una vio-
tos y mal equipados, en virtud de una ley de recluta- lenta insurrección tagala (indígenas filipinos) que eli-
miento que permitía la exención de los ricos del ser- minó la autoridad española de amplias zonas del ar-
vicio militar a cambio de dinero. Como resultado, se chipiélago. En esas circunstancias, a mediados de
trataba de un Ejército de soldados baratos y bisoños, 1897 parecía evidente que la respuesta militar repre-
muy mal adaptados al tipo de guerrilla tropical em- siva había fracasado en su intento de suprimir la cri-
pleada por los insurgentes cubanos. Baste recordar sis colonial. El asesinato de Cánovas por un anar-
que de los 200.000 soldados enviados a Cuba duran- quista en agosto de 1897 sólo vino a subrayar ese
te toda la guerra, sólo un 20 % fue realmente opera- fracaso y abrió la vía al último español para resolver
tivo en el combate y que las bajas por mortalidad se la crisis colonial.
elevaron al 50 % de todos los movilizados (víctimas
Desde octubre de 1897 a abril de 1898, el nuevo
tanto de los combates como de la fiebre amarilla y la
gobierno liberal de Sagasta puso en práctica una po-
disentería)(10).
lítica de concesiones autonómicas en materia políti-
Así pues, la guerra era una sangría de hombres, ca y económica que trataba tan sólo de preservar la
sobre todo de los hijos de las clases populares que no soberanía general española sobre las colonias. Por
habían podido comprar su exención del servicio mi- supuesto, Weyler fue cesado atendiendo a las criti-
litar. Pero, además, la guerra era una hemorragia eco- cas internacionales contra su enérgica actuación y
nómica para un país con una economía y finanzas sustituido por el más flexible general Blanco. Y aun-
tan débiles como España. No sólo estaba destruyen- que se mantuvo la campaña militar, ésta fue combi-
do la producción cubana y el beneficio colonial, sino nada con ofertas de negociación, sobre la base de que
que el esfuerzo de sostener y equipar al Ejercito com- «todos los esfuerzos del mundo no son bastantes para
batiente estaba agravando el crónico déficit presu- mantener la paz con el solo empleo de las bayone-
puestario y diezmando los recursos humanos y mate- tas»(12). Sin embargo, las iniciativas autonomistas li-
riales de la metrópoli. Cánovas había apreciado cla- berales llegaban tarde. La insurrección había progre-
ramente los peligros implícitos en esa situación al sado hasta un punto en que era imposible el retorno.
escribir en septiembre de 1895; «Si la guerra se dila- Vista y comprobada la incapacidad española, los re-
ta o no se acaba pronto, muy pronto, se nos pueden beldes cubanos no estaban dispuestos a obtener nada
venir encima conflictos inmensos»(11). Y los crecien- menos que la independencia.
tes motines populares contra la escasez y carestía del
Por otra parte, el partido «españolista» en la isla
pan sirvieron a los gobernantes españoles como ad-
era rotundamente hostil al proyecto autonomista, que
vertencia de los potenciales efectos sociales y políti-
también encontraba fuerte oposición en los círculos
cos de un esfuerzo bélico ilimitado.
productores catalanes y en los ámbitos militares
Para atajar la peligrosa contingencia de una gue- ultranacionalistas, favorables a la prosecución de la
rra larga, Cánovas resolvió cesar a Martínez Cam- estrategia de Weyler. De hecho, la introducción de
pos y sustituirle por el general Valeriano Weyler como las reformas en enero de 1898 provocó serios moti-
Capitán General. Desde enero de 1896 hasta octubre nes de la oficialidad en Cuba bajo el grito: «¡Muera
de 1897, Weyler puso en práctica la segunda respuesta Blanco, viva Weyler! ¡Autonomía no!». Además, para
española a la crisis cubana: una política de represión entonces, un nuevo elemento clave había entrado de-
militar indiscriminada, decidida a sofocar rápidamente cididamente en el escenario de la crisis colonial es-
la insurrección con métodos modernos de guerra pañola: Estados Unidos.
contrainsurgente. Por ejemplo, y aparte de la política
de tierra quemada y liquidación física del enemigo,
Weyler concentró a la población civil rural en cam-

97
Enrique Moradiellos

4. Los intereses y gestiones de Estados Unidos. imposibilidad de ceder ante los rebeldes o Estados
Unidos sin grandes riesgos para la estabilidad y su-
El gobierno norteamericano había observado el pervivencia del régimen de la Restauración, habida
conflicto con preocupación desde el principio, en vir- cuenta del sentir militar y de la presión republicana y
tud de sus grandes intereses económicos y geopolíticos carlista. En otras palabras, los gobernantes españo-
en el Caribe y el Pacífico. No en vano, Cuba absor- les se encontraban en un callejón sin salida: eran in-
bía una cuarta parte de la exportación estadouniden- capaces de vencer en las colonias pero también les
se a América Latina, el capital invertido en la isla era imposible ceder porque ello pondría en peligro la
sumaba casi 50 millones de dólares, y el área tenía dinastía y el régimen en la metrópoli.
un creciente interés estratégico debido a la construc-
En esas condiciones dilemáticas, fue cobrando
ción del canal de Panamá. Después de tres años de
forma una solución drástica que parecía un mal me-
guerra, la patente incapacidad española para impo-
nor. A saber: entablar una guerra suicida contra Es-
ner la paz y salvaguardar los mermados intereses ame-
tados Unidos que acabara con el dilema de modo dig-
ricanos habían ido escalonando la intervención di-
no, honroso y, sobre todo, con pocos riesgos para la
plomática de Estados Unidos en el conflicto. En con-
continuidad del régimen, que podría obtener el apo-
sonancia con las doctrinas del Destino Manifiesto
yo de la nación para un acto quijotesco y sólo se ve-
imperantes en la prensa y los círculos oficiales nor-
ría obligado a ceder ante una abrumadora demostra-
teamericanos, el propio presidente Cleveland había
ción de fuerza superior. Es decir: la pérdida de las
advertido sin reservas desde el primer momento:
colonias sería más aceptable para la opinión pública
«Cuando la impotencia de España sea evidente, los
y los militares y menos peligrosa para el régimen
Estados Unidos sabrán cumplir con su deber». A la
restauracionista si era consecuencia de una derrota
vez, todas las grandes potencias mundiales habían
militar espectacular y fulminante.
dejado claro su intención de no involucrase en el con-
tencioso hispano - norteamericano que se iba fraguan- Esta interpretación de que la guerra con Estados
do(13). Unidos fue una opción política meditada, una cons-
ciente huida hacia adelante, aparece confirmada por
En abril de 1896, el gobierno de Estados Unidos
los testimonios contemporáneos. Desde luego, en los
había ofrecido a España su mediación para poner fin
medios oficiales hubo plena conciencia de la grave
negociado a las hostilidades. Cánovas rechazó la ofer-
inferioridad militar y estratégica y no hubo falsas ilu-
ta porque abrigaba la tenue esperanza de que la nue-
siones de victoria en los círculos dirigentes. El jefe
va estrategia de Weyler fuera capaz de sofocar la re-
de la escuadra española ya había advertido en 1897,
belión. Pero, fundamentalmente, también la rechazó
al examinar la escuadra norteamericana: «Un sólo
por temor a la reacción contraría de la opinión públi-
de esos barcos basta para deshacer toda la Marina
ca y de los militares españoles, cuyo estado de exal-
militar española». Por su parte, el ministro de la Gue-
tación nacionalista les predisponía a escuchar las
rra declaraba poco antes de iniciarse el conflicto:
denuncias carlistas y republicanas contra un régimen
que pareciese mínimamente proclive a ceder a las No soy de los que alardean de seguridades en el éxito, aca-
presiones extranjeras y a abandonar la plena sobera- so de romperse las hostilidades; pero soy de los que creen
nía sobre las colonias. En septiembre de 1897, el nue- que, de dos males, éste es el mejor. El peor sería el conflic-
vo presidente Mackinley volvió a repetir la oferta de to que surgiría en España si nuestro honor y nuestros dere-
chos fuesen atropellados(14).
mediación a la vez que sugería secretamente la venta
de Cuba a cambio de una suma sustanciosa. Y esta De un modo aún más revelador, el conde de
vez fue Sagasta quien tuvo que rechazar ambas ini- Romanones, prohombre del partido liberal, confesa-
ciativas por los mismos motivos inconfesables en ría posteriormente que, en vísperas de la guerra, los
público, a pesar de que personalmente era favorable líderes políticos y militares de la Restauración ha-
a la venta o la mediación (al igual que la reina regen- bían concluido:
te). [...] que para salvar la paz interior y para satisfacer las exi-
Desde finales de 1897, cuando se hizo evidente gencias del elemento militar había que rendirse a la inexora-
que la oferta liberal de autonomía tampoco conse- ble fuerza de los acontecimientos y acudir a la guerra como
único medio honroso de que España pudiera perder lo que
guía la pacificación de Cuba, los gobernantes espa-
aún le restaba de su inmenso imperio colonial(15).
ñoles comprendieron que se hallaban ante un dilema
irresoluble cuyos términos eran los siguientes: por
una parte, la incapacidad económica y militar para
sofocar la rebelión y para seguir librando indefinida-
mente una guerra agotadora; por otra, la paralela

98
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

5. La guerra hispano - norteamericana. La pérdida de ambas escuadras hizo imposible la


continuación de la guerra en escenarios tan lejanos
Así pues, la explosión del acorazado Maine en el de la metrópoli y tan cercanos a territorio enemigo.
puerto de La Habana en febrero de 1898 (preparada Al mismo tiempo, el carácter fulminante y total de la
por los rebeldes cubanos para forzar la intervención derrota impuso la necesidad de pedir la paz en todos
estadounidense) sólo precipitó un desenlace previsto los ámbitos militares y políticos. Aun así, Sagasta
desde tiempo atrás. El 25 de abril Estados Unidos tuvo que neutralizar a los militares más recalcitran-
declaró la guerra a España y ordenó a su flota del tes enfrentándolos con una alternativa draconiana: si
Pacífico y del Atlántico que atacasen de inmediato a querían proseguir la guerra, que tomaran en sus ma-
las respectivas flotas españolas, que se estaban con- nos el gobierno(18). En esas condiciones, prácticamente
centrando en la bahía filipina de Cavite y en el puer- nadie se opuso a que el gobierno liberal pidiese el 18
to de Santiago de Cuba. de julio un armisticio al gobierno norteamericano y a
que, el 10 de diciembre de 1898, firmase el Tratado
El 1 de mayo la escuadra norteamericana, com-
de París por el que España renunciaba a la soberanía
puesta por 7 acorazados con 134 cañones de largo
de todas sus ex colonias. Tampoco se opuso una opi-
alcance, se enfrentó en Cavite a la española, com-
nión pública que recibió el final de la guerra con sor-
puesta por 6 cruceros de casco de madera y 60 caño-
presa y alivio, más que con amargura o voluntad re-
nes de corto y medio alcance. No hubo combate; fue
volucionaria e insurreccional.
una cruenta inmolación. Los cañones norteamerica-
nos destruyeron casi sin resistencia a los buques es-
pañoles en unas breves horas, con un descanso en el 6. Epílogo
intermedio para que la tripulación norteamericana
pudiera almorzar. Al término del combate, el almi- El pronóstico de los gobernantes de la Restaura-
rante Montojo formuló su famosa sentencia: «Más ción había resultado acertado: Cavite y Santiago de
vale honra sin barcos que barcos sin honra»(16). Cuba no fueron para el régimen y la dinastía españo-
La flota española anclada en Santiago de Cuba la lo que había sido la derrota de Sedán en 1870
sufrió un destino similar, si bien aquí se reveló aún para el segundo imperio Francés. El régimen no fue
más la voluntad del gobierno español de ir a un de- derribado por un golpe militar de su propio Ejército
sastre controlado y rápido, para poder llegar cuanto ni por una revolución inspirada por sus enemigos
antes a la paz. carlistas o republicanos. Ello no obstante, los efectos
del Desastre fueron sustanciales y de largo alcance.
El almirante Cervera informó a Madrid a fines de A partir de 1898 el régimen no pudo seguir funcio-
junio que, dada la superioridad de la escuadra nor- nando como antaño y hubo de hacer frente a distin-
teamericana que le estaba bloqueando en la bahía de tos y poderosos desafíos políticos, sociales e intelec-
Santiago, «consideraba la escuadra perdida» y creía tuales que persistirían, y en realidad definirían, el
preferible perderla resistiendo en el puerto antes de proceso de desintegración del sistema de dominación
salir a combatir en alta mar. El gobierno le ordenó restauracionista.
salir de la bahía y presentar batalla frontal. El 3 de
julio Cervera y sus oficiales acataron la orden no sin
antes consignar por escrito lo siguiente: NOTAS
[...] que en honor y conciencia tenían el conven- 1 G. Maura, Historia crítica del reinado de don
cimiento de que el gobierno de Madrid tenía el de- Alfonso XIII, Barcelona, Montaner y Simón, 1919 -
terminado propósito de que la escuadra fuera des- 1925, 2 vols.; J. Bécker, Historia de las relaciones
truida lo antes posible para hallar un medio de lle- exteriores de España durante el siglo XIX, Madrid,
gar rápidamente a la paz.(17). Voluntad, 1924, vol. 3; M. Fernández Almagro, His-
Como Cervera había previsto, la salida significó toria política de la España contemporánea, Madrid,
el sacrificio de su escuadra. La flota del almirante Alianza, 1968, vols. 2 y 3; P. de Azcárate, La gue-
Sampson hundió todos sus barcos en un combate de rra del 98, , Madrid, Alianza, 1968.
menos de cuatro horas. Los españoles sufrieron 350 2 J. Pabón, «El 98, acontecimiento internacio-
muertos, 160 heridos y 1600 prisioneros, incluyendo nal» en Días de ayer, Barcelona, Alpha, 1963, pp.
al propio almirante Cervera. Los norteamericanos 139 - 195; J. M. Jover Zamora, 1898. Teoría y prác-
tuvieron un muerto y dos heridos. Cervera pudo en- tica de la redistribución colonial, Madrid, Funda-
tonces emular a Montojo y afirmar: «Todo se ha per- ción Universitaria Española, 1979; J. Varela Ortega,
dido menos el honor». Los amigos políticos. Partidos , elecciones y caci-

99
Enrique Moradiellos

quismo en la Revolución, Madrid, Alianza, 1977; J. rre, Inglaterra y España en 1898, Madrid, Eudema,
Romero Maura, La rosa de fuego. Republicanos y 1988.
anarquistas, Barcelona, Grijalbo, 1975; C. Serrano,
14 Declaración pública del general Correa, 6 de
Final del imperio, España, 1895 - 1898, Madrid,
abril de 1898. El juicio previo del almirante Vega de
Siglo XXI, 1984.
Seoane se formuló en noviembre de 1897, tras revi-
3 véase una completa exposición de la historia sar la flota americana en Nueva York. Ambas se re-
colonial de Cuba en la obra de Hugh Thomas, Cuba. cogen en M. Fernández Almagro, Historia política
La lucha por la libertad, Barcelona, Grijalbo, 1973. de la España contemporánea, vol. III, pp., 75 - 76 y
313.
4 Sobre el desarrollo económico de Cuba, resulta
esencial la obra de Manuel Moreno Fraginals, El 15 Conde de Romanones, Las responsabilidades
ingenio(complejo económico social cubano del azú- políticas del antiguo régimen, 1875 - 1923, Madrid,
car). La Habana, Ciencia Social, 19778, 3 vols. Renacimiento, s. a., p. 33
5 Jordi Maluquer de Motes, «El mercado colo- 16 Sobre la catástrofe de Cavite, véase el vivido
nial antillano en el siglo XIX» en J. Nadal y G. relato de M. Fernández Almagro, ob., cit., pp. 89 -
Tortella (comps.), Agricultura, comercio colonial y 102.
crecimiento económico en la España contemporá-
17 Recogido en M. Fernández Almagro, ob., cit.,
nea, Barcelona, Ariel, 1974, pp. 322 - 357.
p. 112.
6 J. Maluquer de Motes, ob. cit., p. 351
18 El conflicto entre Sagasta y los militares con-
7 Sobre el papel militar en la crisis, véanse los trarios al armisticio se recoge en J. Romero Maura,
capítulos correspondientes en Rafael Núñez La rosa de fuego, pp. 9 - 12, y J. Varela Ortega, Los
Florencio, Militarismo y antimilitarismo en España, amigos políticos, pp. 317 - 319.
1888 - 1906, Madrid, CSIC, 1990; y Stanley Payne,
Los militares y la política en la España contempo-
ránea, París, Ibérico, 1968.
8 Carta confidencial de Martínez Campos a BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Cánovas, 25 de julio de 1895. Recogida en M.
Fernández Almagro, Historia política de la España Azcárate, Pablo de, La guerra del 98, Madrid,
contemporánea, vol. II, pp. 249 - 251 y 433. Alianza, 1968.

9 Sobre la reacción popular ante la guerra, véase Bécker, Jerónimo, Historia de las relaciones ex-
el amplio repaso que dedica al tema Carlos Serrano, teriores de España durante el siglo XIX, Madrid,
Final del imperio, cap. 5. Voluntad, 1924, vol. 3.

10 Nuria Sales, «Servicio militar y sociedad en Cortada, James, Two Nations over Time. Spain
la España del siglo XIX», en Sobre esclavos, reclu- and the United State, 1776 - 1977, Westport,
tas y mercaderes de quintos, Barcelona, Ariel, 1974, Greenwood Press, 1978.
pp. 207 - 277; S. Payne, ob. Cit., cap. 5. Fernández Almagro, Melchor, Historia política
11 Nota de Cánovas a su ministro de la Guerra, de la España contemporánea, Madrid, Alianza, 1968,
13 de septiembre de 1895. Recogida en M. Fernández vols. 2 y 3.
Almagro, ob., cit,. pp. 272 - 273. Foner, Philip S., La guerra hispano - norteame-
12 Nota del nuevo gobierno liberal sobre Cuba. ricana y el nacimiento del imperialismo norteame-
Recogida en C. Serrano , Final del imperio, p. 151 - ricano, Madrid, Akal, 1975, 2 vols.
153. Jover Zamora, José María, 1898. Teoría y prác-
13 Las difíciles relaciones hispano - norteameri- tica de la redistribución colonial, Madrid, Funda-
canas durante la crisis colonial se analizan en las obras ción Universitaria Española, 1979.
de Philip S. Foner, La guerra hispano - norteameri- Maluquer de Motes, Jordi, «El mercado colonial
cana y el nacimiento del imperialismo norteameri- antillano en el siglo XIX», en J. Nadal y G. Tortella
cano, Madrid, Akal, 1975, 2 vols.; y James Cortada, (comps.), Agricultura, comercio colonial y creci-
Two Nations over Time. Spain and the United States, miento económico en la España contemporánea,
1776 - 1977, Westport, Greenwood Press, 1978. Para Barcelona, Ariel, 1974, pp. 322 - 357.
estudiar el progresivo aislamiento diplomático de
España es inexcusable el libro de Rosario de la To-

100
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

Maura, Gabriel, Historia crítica del reinado de VIII. NOTAS PARA INICIAR LA CONSULTA
don Alfonso XIII, Barcelona, Montaner y Simón, ARCHIVISTICA
1919, vol. 1.
Moreno Fraginals, Manuel, El ingenio (complejo
económico social cubano del azúcar), La Habana, La formación de un estudiante universitario no
Ciencia Social, 1978, 3 vols. puede darse por concluida hasta que haya visitado y
trabajado, siquiera sumariamente, en un archivo his-
Núñez Florencio, Rafael, Militarismo y antimili- tórico. No en vano los archivos son los auténticos
tarismo en España, 1888 - 1905, Madrid, CSIC, laboratorios y despachos en los que el historiador
1990. entra en contacto y examina el material y documen-
Pabón, Jesús, «El 98, acontecimiento internacio- tación histórica disponible, que le sirven necesaria-
nal», en Días de Ayer, Barcelona, Alpha, 1963, pp. mente cono soporte y apoyatura para la redacción
139 - 195. del relato narrativo sobre el pasado histórico.

Payne, Stanley, Los militares y la política en la La palabra «archivo» procede del término griego
España contemporánea, París, Ruedo Ibérico, 1968. clásico aVcetou que denotaba el habitáculo donde se
conservaban los diplomas y documentos públicos de
Romanones, Conde de, Las responsabilidades interés especial para las polis: las leyes, tratados, de-
políticas del antiguo régimen, 1875 - 1923, Madrid, cretos, sentencias judiciales, etc., que regulaban la
Renacimiento, s.a. vida interna de la ciudad y sus relaciones con el exte-
Romero Maura, Joaquín, La rosa de fuego. Re- rior. Tenía, por tanto, una función administrativa
publicanos y anarquistas, Barcelona, Grijalbo, 1975. esencial: la custodia y preservación de esa documen-
tación de importancia especial para los Estados y las
Sales, Nuria, «Servicio militar y sociedad en la sociedades correspondientes. Las civilizaciones egip-
España del siglo XIX», en Sobre esclavos, reclutas cias y mesopotámicas también habían conocido la
y mercaderes de quintos, Barcelona, Ariel, 1974, pp. existencia de «archivos» semejantes en los templos y
207 - 277. palacios, donde se conservaban los anales y diarios
Serrano, Carlos, Final del imperio. España, 1895 de las actividades administrativas, los documentos de
- 1898. Madrid. Siglo XXI, 1984. asuntos de Estado, las memorias de campañas mili-
tares, los censos de riqueza agraria, etc. En Roma,
Thomas, Hugh, Cuba. La lucha por la libertad. era el Tabularium el lugar donde se guardaban las
Barcelona. Grijalbo. 1973. tabulae, las leyes grabadas en tablas de bronce. Por
Torre, Rosario de la. Inglaterra y España en 1898. su parte, los Estados medievales y renacentistas acos-
Madrid. Eudema. 1988. tumbraban a guardar la documentación importante
en las propias cancillerías donde se generaba y se
Varela Ortega. José. Los amigos políticos. Parti-
hacían las copias necesarias de cada texto y docu-
dos, elecciones y caciquismo en la Restauración.
mento.
Madrid. Alianza. 1977.
Muchos de los actuales archivos históricos tienen
su origen en los repositorios documentales que se fue-
ron creando en esa época tardomediaval y renacen-
tista, a medida que se conformaban y consolidaban
los modernos Estados europeos y su burocracia ad-
ministrativa. Por ejemplo, el Archivo de la Corona
de Aragón (hoy radicado en Barcelona) parece tener
su base en las disposiciones del rey Jaime I hacia
1260, ordenando concentrar y custodiar en un solo
lugar todos los documentos del reino. En 1543, el
emperador Carlos I dispuso también que se concen-
traran en el castillo y fortaleza de Simancas (Valla-
dolid):
(...) ciertas escrituras concernientes a nuestra real corona y
real patrimonio y a otras cosas para que en ésta estén me-
jor guardadas y puedan ser consultadas más fácilmente por
nuestro fiscales y por las personas que hayan menester.
(Recogido en Vicenta Cortés, Archivos de España y Améri-

101
Enrique Moradiellos

ca Materiales para un manual, Madrid, Universidad en los mismos, su organización y clasificación inter-
Complutense, 1979, p 47). na, y los medios para su localización y consulta en la
Su hijo, Felipe II, confirmó al castillo de Simancas sala de investigadores. Desde luego, la lectura de es-
en esa función, por lo que sigue siendo todavía hoy tas guías, inventarios y catálogos es inexcusable para
el archivo esencial para trabajar sobre la historia comenzar seriamente una investigación histórica, del
moderna de la Corona española. tipo y alcance que sea.

Todos esos archivos eran instrumentos de la prác- También resulta conveniente conocer ciertos da-
tica administrativa de los Estados; centros donde se tos mínimos de la técnica archivística de organiza-
custodiaban y organizaban los fondos documentales ción y clasificación de los fondos documentales, a
con una intención utilitaria y pragmática, al servicio fin de entender con precisión la información propor-
exclusivo de las necesidades del funcionamiento de cionada por las guías, inventarios y catálogos.
la administración estatal. En esa calidad, los archi- Por ejemplo, debe saberse que todo archivo, en la
vos cumplían entonces y cumplen ahora una triple medida en que puede contar con materiales de natu-
funcionalidad: recogen la documentación generada, raleza muy diversa, tiende a clasificar la misma en
la conservan en forma segura y ordenada, y la sirven grandes subunidades homogéneas denominadas SEC-
cuando es requerida por las necesidades de funciona- CIONES. Estas secciones dentro del archivo tienden
miento de la Administración. a ser grupos de documentación procedente de una
La aparición del Archivo Histórico como nueva misma institución u organismo administrativo parti-
realidad y concepto es un producto del siglo XIX y, cular.
como hemos visto en el capítulo sobre historiografía, Así, el Archivo Histórico Nacional español dis-
fue un factor esencial en al conformación de la histo- pone de varias secciones donde se agrupan coleccio-
ria científica. nes documentales afines o generadas por el mismo
A diferencia de los archivos previos, los históri- organismo : la sección I corresponde a «clero secular
cos no tienen la finalidad pragmática y utilitaria in- y regular», que comprende los archivos de los mo-
mediata de atender las necesidades de la administra- nasterios incautados por el Estado durante la desamor-
ción estatal. Por el contrario, suelen recoger la docu- tización de bienes religiosos del siglo XIX, la sec-
mentación considerada inservible desde un punto de ción II engloba «Ordenes Militares», formada por los
vista administrativo, ya sea porque sus fondos perte- archivos de las órdenes de Santiago, Calatrava,
necen a tiempos muy lejanos y no relevantes para la Alcántara y Montesa; la sección III corresponde a
práctica actual o porque ha caducado su utilidad fun- «Estados», que recoge el archivo de lo que fue la Se-
cional y vigencia administrativa. En ellos se recoge y cretaría del Despacho de Estado desde su fundación
custodia aquella documentación que se considera un en tiempos de Felipe V y hasta la muerte de Fernan-
bien de importancia cultural o patrimonio histórico do VII; etc. En el Public Record Office británico, las
documental de un país. En cualquier caso, los nue- secciones archivísticas se corresponden con los fon-
vos archivos históricos pasaron a ser el repositorio dos de los distintos organismos de la administración
esencial de la materia prima con la que iban a traba- estatal; la sección «Cabinet Office» recoge todo el
jar los historiadores : el «almacén» especial donde se material archivístico de la Oficina del Consejo de
custodia y preserva la documentación generada en el Ministros; la sección «Foreign Office» engloba la do-
pasado, que sirve como prueba principal para la ela- cumentación del Ministerio británico de Asuntos Ex-
boración del relato historiográfico y es el criterio y teriores; la sección «Almiralty» comprende los fon-
garante básico para determinar su veracidad. Así, en dos del Ministerio de la Marina; etc.
1838 quedó constituido en Inglaterra el Public Re- Dentro de esas categorías generales que son las
cord Office, con sede actualmente en el condado de secciones, el material se agrupa a su vez en SERIES
Surrey, cerca de Londres. En España, el Archivo archivísticas diversas. Esta clasificación en series
Histórico Nacional fue establecido en Madrid en el permite acotar aún más la documentación pertene-
año 1866. ciente a la sección general y ofrecer al investigador
Utilizar los archivos en el trabajo de investiga- una idea del tipo de fondos específicos que confor-
ción histórica exige, como primera medida, informarse man cada serie. Por ejemplo, en la sección de «clero
de los fondos documentales custodiados en cada uno secular y regular» del Archivo Histórico Nacional
de ellos. Para satisfacer este fin, los archivos dispo- existen tres series diferentes: 1. documentos en per-
nen de GUIAS, INVENTARIOS O CATALOGOS gamino; 2. Documentos en papel, y 3. Libros manus-
que proporcionan los datos más importantes sobre la critos. En el Public Record Office, la sección com-
naturaleza y origen de la documentación disponible puesta por el archivo del Ministerio de Asuntos Ex-

102
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

teriores (Records of the Foreign Office), se subdivi- podríamos escribir: Telegrama de embajador (Lon-
de en varias series: serie de «Correspondencia Polí- dres) a ministro (Madrid), 26-III- 1946, AMAE R-
tica General», serie de «Correspondencia Confiden- 1037/5. Ésa sería la referencia archivística que ten-
cial e Impresa», serie de «Correspondencia Consu- dríamos que dar en una publicación, después de ha-
lar», serie de «Tratados», serie de «Relaciones Cul- ber presentado, al principio de la obra el desarrollo
turales», etc. entero de la misma. Probablemente, ésa sería tam-
bién la referencia que nos proporciona el inventario
Por lo general, dentro de cada serie archivística
o catálogo del propio archivo o sus ficheros
la documentación se agrupa en LEGAJOS O VO-
catalográficos.
LUMENES. Se trata esencialmente de carpetas, ca-
jas o volúmenes encuadernados, donde se archivan Veamos otro ejemplo de signaturación archivís-
conjuntamente varios documentos según algún tipo tica. En el Public Record Office cada sección tiene
de criterio de clasificación: cronológica, temática, un código de letras que la identifica. Así, el archivo
autoría, procedencia geográfica, etc. Por último, cada de la Oficina Central de Gobierno británico se identi-
legajo o volumen puede contener en sí varios EXPE- fica por las letras CAB (abreviatura de «Cabinet
DIENTES O DOCUMENTOS particulares : peque- Office»), el del Ministerio de Exteriores por las le-
ñas colecciones de cartas, de diplomas, de despachos, tras FO («Foreign Office»), el de la Marina por ADM
etc, agrupados en una misma carpetilla o ligados por («Admiralty»), etc. Dentro de cada sección, las se-
algún lazo. A veces estos expedientes contienen un ries archivísticas se distinguen por un número parti-
papel singular y concreto: la pieza simple, la PIEZA cular. Así , dentro de la sección CAB, la serie que
DOCUMENTAL BÁSICA. En cualquier caso, esos recoge las actas del consejo de ministros lleva el nú-
expedientes documentales son las unidades mínimas mero 23, la serie que comprende los documentos y
de clasificación archivística. memorandos que estudia el gabinete lleva el número
24, la que recoge las actas del comité de defensa im-
El archivo general del Ministerio de Asuntos Ex-
perial lleva el número 2, etc. a su vez, dentro de cada
teriores español puede servir como ejemplo del modo
una de esas series, la numeración de los legajos o
de organización de un archivo administrativo que
volúmenes es consecutiva (respetando el orden cro-
cuenta con fondos de interés histórico. Dispone de
nológico de archivo). De este modo, la signatura de
una guía somera que describe su origen, sus fondos y
un documento particular de estos fondos (como pu-
su clasificación: M.J. Lozano Rincón y L.E. Romera
diera ser el acta de una reunión del gabinete británi-
Iruela, Guía del archivo del Misterio de Asuntos Ex-
co el 22 de julio de 1936) tendría esta forma de iden-
teriores, Madrid, Misterio de Asuntos Exteriores,
tificación: CAB 23/85. Gracias a ella, podríamos lo-
1981. En él, no existen secciones archivísticas, pues-
calizar de modo rápido ese acta en el Public Record
to que se trata de un archivo único de un ministerio.
Office buscando el volumen 85 de la serie « actas del
Pero sí cuenta con dos series: el llamado archivo «his-
gabinete» de la sección «Archivo del Cabinet Office».
tórico», que incluye toda la documentación generada
hasta el año 1931, y el archivo «renovado», que com- La mayor parte de los archivos históricos siguen
prende la documentación generada desde el año 1931. un procedimiento de organización de sus fondos muy
Dentro de cada serie, los documentos se clasifican en similar a los expuestos anteriormente, con mayor o
legajos que tienen un número consecutivo propio. menor complejidad. Para profundizar en este tema,
Estos legajos, a su vez, se componen de expedientes contamos con tres obras muy accesibles: el manual
también numerados consecutivamente. ya citado de Vicenta Cortés (Archivos de España y
América , Madrid, Univ. Complutense, 1979); el li-
Para designar esas divisiones sucesivas, se utili-
bro de Antonia Heredia Herrera (Manual de instru-
zan unas signaturas archivísticas que permiten des-
mentos de descripción documental, Sevilla, Diputa-
cribir gráficamente y localizar los distintos documen-
ción Provincial, 1982), y el trabajo más reciente de
tos utilizados por un investigador. Por ejemplo (se
M. C. Pescador del Hoyo (El Archivo, Madrid, Nor-
trata de una referencia inventada), pongamos que
ma, 1986).
hemos utilizado siguientes pieza documental singu-
lar en nuestro trabajo de investigación: un telegrama Los archivos públicos españoles cuentan con una
del embajador español en Londres al ministro de guía general en la que se proporciona una informa-
Asuntos Exteriores en Madrid, fechado el 26 de mar- ción básica sobre su dirección, horario de consulta,
zo de 1946. Ese documento está custodiado y se pue- historia y fondos disponibles (hasta el grado de sec-
de consultar en el Archivo del Ministerio de Asuntos ciones y series): Guía de los archivos estatales es-
Exteriores (radicado en Madrid), Serie «Renovado», pañoles. Guía del investigador, Madrid, Dirección
legajo 1037, expediente 5. De un modo abreviado, General del Patrimonio Artístico y Cultural, 1977.

103
Enrique Moradiellos

Para penetrar en el conocimiento de los fondos y primera visita al Archivo Nacional en París, Jules
funcionamiento de los cinco grandes archivos histó- Michelet expresó con palabras inolvidables e insupe-
ricos españoles, contamos con otras tantas guías de rables este profundo goce que produce la investiga-
gran valor para el investigador. Bajo la dirección de ción archivística:
Carmen Crespo Nogueira, se ha publicado la obra No tardé en darme cuenta de que en el silencio de esas ga-
Archivo Histórico Nacional. Guía (Madrid, Minis- lerías había un movimiento, un murmullo que nada tenía que
terio de Cultura, 1989), que reemplaza una guía pre- ver con la muerte. Esos papeles, esos pergaminos acumu-
via publicada por Luis Sánchez Belda en 1958. Án- lados allí durante tanto tiempo sólo deseaban revivir. Esos
gel de la Plaza Bores es autor de la obra Archivo papeles no son papeles sino vidas de hombres, de provin-
General de Simancas. Guía del investigador (Va- cias, de pueblos [...] Si se hubiera querido escucharlos a
lladolid, Dirección General de Archivos y Bibliote- todos, ninguno habría estado muerto. Todos vivían y habla-
cas [DGAB], 1962. José M. Peña Cámara hizo lo ban, rodeaban al autor con un ejército de cien lenguas [...]
propio para el gran archivo sobre la América Hispá- Y a medida que soplaba sobre su polvo, los veía
nica creado en 1785 por Carlos III en Sevilla: Archi- levantarse.
vo General de Indias. Guía del visitante (Valencia,
DGAB, 1958). El Archivo de la Corona de Aragón, Sacaban del sepulcro, unos la mano, otros la ca-
sito en Barcelona, cuenta con una Guía abreviada beza, como en el Juicio de Miguel Angel o en la dan-
(Madrid, DGAB, 1958). Y, finalmente, el Archivo za de los muertos. La danza galvanizada que baila-
General de la Administración, creado en 1969 para ban a mi alrededor es lo que he tratado de reproducir
recoger la documentación de más de veinticinco años en este libro.
generada en los distintos ministerios españoles, cuenta
con una somera descripción debida a M. C. Pesca-
dor del Hoyo y recogida en el Boletín de la Direc-
ción General de Archivos y Bibliotecas, núm. 133 -
134, publicado en 1973.
En todo caso, si de veras quisiéramos informar-
nos sobre los fondos archivísticos disponibles en cada
archivo, para saber si puede sernos útil en una inves-
tigación determinada, lo mejor sería acudir al mismo
en persona. In situ, podríamos examinar los
inventarios y catálogos existentes sobre las distintas
series documentales y realizar consultas con el per-
sonal especializado que allí trabaja: los archiveros y
documentalistas profesionales. Habida cuenta de la
experiencia y conocimientos de estos profesionales,
las consultas pueden ahorrar gran cantidad de pro-
blemas y pérdidas de tiempo al investigador. Sin ol-
vidar que la mayoría de estos técnicos son, en una
gran proporción, licenciados universitarios en histo-
ria que comprenden muy bien los métodos y dificul-
tades de la investigación histórica.
Para terminar este apartado y este libro, permíta-
senos un último consejo para los estudiantes que se
aventuren por vez primera en un archivo histórico:
hacedlo con la mente abierta y dispuesta a experi-
mentar el goce del contacto con el material legado
del pasado. De este modo. Podréis disfrutar de la tre-
menda emoción que supone descubrir testimonios
pretéritos, desempolvar cartas y manuscritos ignora-
dos, sacar a la luz de nuestro tiempo libros o mapas
perdidos en el olvido de siglos... Así obraréis como
auténticos demiurgos que dan forma y sentido a un
material hasta entonces informe y presto para cobrar
significado si tan sólo se le escucha. Recordando su

104
Introducción a las técnicas de trabajo universitario

BIBLIOGRAFÍA ORIENTATIVA SOBRE TÉCNICAS DE ESTUDIO, REALIZACIÓN DE TRABA-


JOS DE CURSO Y COMENTARIOS DE TEXTOS, MAPAS Y GRÁFICOS HISTÓRICOS.

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Jerzy Topolski

La naturaleza del conocimiento histórico

1. Descripción general del proceso cognoscitivo

Las reflexiones sobre los fundamentos del conocimiento histórico, interpretado aquí como el conocimien-
to de los sucesos pasados en la historia de la humanidad1 , debe comenzar con una descripción general del
proceso cognoscitivo. Adquirir el conocimiento del pasado, cosa que ocurre a través de la imaginación histó-
rica, es –al margen de las propiedades que se le puedan atribuir– parte del proceso cognoscitivo humano.
El conocimiento puede ser abordado desde dos puntos de vista: como el proceso en el que el sujeto del
conocimiento (el sujeto conocedor) adquiere información del objeto de conocimiento, o como el resultado del
proceso. En el último caso, el proceso cognoscitivo se convierte en conocimiento. El conocimiento del objeto
cognoscitivo es por tanto un resultado del proceso (acto) cognoscitivo, que, sin embargo, supone un sistema
de memoria.
Entre el proceso cognoscitivo y el conocimiento hay una relación de realimentación: el conocimiento
depende del proceso cognoscitivo, ya que sin ese proceso (es decir, la suma de actos aislados de conocimien-
to) no hay ningún resultado; por otro lado, el propio proceso cognoscitivo tiene lugar sobre la base del
conocimiento existente. Pero esta última relación no es aceptada unánime ni igualmente en epistemología.
Por tanto, en este punto, entramos en el área de las controversias entre las diversas formas de abordar el
conocimiento. En general, las diferencias entre las opiniones filosóficas sobre el problema del proceso
cognoscitivo se pueden reducir a las que existen en la interpretación del objeto de conocimiento, de la rela-
ción entre proceso cognoscitivo y conocimiento, y del alcance de las posibilidades cognoscitivas del hombre.
El objeto cognoscitivo se considera, o bien como algo que existe independientemente del sujeto conocedor
y fuera de ese sujeto (es decir, como se dice a menudo, objetivamente existente), o bien como un producto de
la mente del sujeto conocedor. La primera opinión es la que sostienen el materialismo (que acepta el mundo
material como objeto cognoscitivo) y el idealismo objetivo (que acepta la naturaleza espiritual del objeto
cognoscitivo, pero acepta la existencia de este último independientemente del sujeto conocedor). La segunda
postura la sostiene el idealismo subjetivo. La controversia se sitúa en la esfera de la ontología, y su sentido
forma como un puente entre la ontología y la epistemología.
La naturaleza de la relación entre el proceso cognoscitivo y el conocimiento pertenece estrictamente al
área de la epistemología. Son posibles dos situaciones básicas: 1) En primer lugar tenemos el conocimiento a
priori, que es independiente de la experiencia, y una mente adecuadamente estructurada, y el proceso
cognoscitivo parte de esa base. Una vez que ha comenzado, empieza a operar la realimen-tación entre el
proceso cognoscitivo y el conocimiento. 2) Es la experiencia la que sirve como punto de partida; nos da un
conocimiento que a su vez se convierte en una condición más o menos indispensable del proceso cognoscitivo
posterior. El primer caso es aceptado por el apriorismo (platonismo cartesiano, kantismo, convencionalis-

1 De ahora en adelante se llamará el conocimiento del pasado.

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Jerzy Topolski

mo), y el último, por el empirismo epistemológico (Bacon, Locke, Hume, Mill), que suele aparecer junto con
el sensualismo (Condillac). El empirismo epistemológico tiene dos versiones: positivista (que considera al
sujeto conocedor como un mero receptor pasivo) y dialéctica, que acepta un papel activo del sujeto conoce-
dor en el proceso cognoscitivo y un conocimiento creciente del objeto cognoscitivo.
No nos ocuparemos aquí de lo que se llama conocimiento intuitivo, ya que en ese caso no aceptaríamos
que tuviera lugar a través del sujeto conocedor ni un proceso cognoscitivo a priori ni uno a posteriori. Se
dice que ese proceso cognoscitivo consiste en una visión directa intuitiva del objeto cognoscitivo, obtenida
por medio de una «penetración» en ese objeto.
La epistemología marxista, que afirma la existencia de un mundo material, objetivo, que es independiente
del sujeto conocedor, adopta la postura del empirismo materialista (sensualista) en su versión dialéctica, es
decir, la versión que subraya la relación dialéctica entre el proceso cognoscitivo y el conocimiento y acepta
así el papel esencial del conocimiento en el proceso cognoscitivo.
Las opiniones sobre el, alcance y la calidad del conocimiento que los seres humanos pueden tener varían
también, según las posturas. El agnosticismo niega la posibilidad de cualquier conocimiento completo del
objeto cognoscitivo. Su versión kantiana afirma que sólo adquirimos el conocimiento de los fenómenos, sin
aprehender «la esencia de las cosas» (noumena), mientras que el escepticismo radical filosófico subraya la
imposibilidad de llegar a la verdad. El positivismo (o realismo ingenuo), que se opone al agnosticismo, no
consigue advertir la complejidad del proceso cognoscitivo y afirma que la percepción sensorial nos puede dar
un reflejo inmediato y fiel del objeto cognoscitivo, resolviendo así el problema de la cognoscibilidad del
mundo. A. J. Ayer tiene razón al subrayar que la afirmación de que «los objetos físicos que percibimos
comúnmente son, por así explicarlo, “dados a nosotros”», significa en realidad un acercamiento intuitivo2 .
Estas dos visiones extremas son rechazadas por el materialismo dialéctico, que alza contra el agnosticis-
mo la afirmación de que el mundo es cognoscible, pero subraya que esto no debe implicar que ya está plena-
mente conocido ni que su conocimiento se puede adquirir en un número finito de actos de conocimiento3 . Si
adquirimos algún conocimiento del mundo y actuamos eficazmente sobre la base de ese conocimiento, esto
significa que el mundo es cognoscible, aunque el proceso cognoscitivo es complejo y difícil. Acusa al positi-
vismo de negar el papel activo de la mente del sujeto conocedor y destaca que el mundo es cognoscible sólo si
tenemos en cuenta ese factor. La mente humana permite a los hombres adquirir un conocimiento del mundo
aportando formas de percepción de los hechos como resultado de la experiencia, y libera el contenido del
conocimiento humano de deformaciones debidas a la imperfección de los sentidos humanos. Esta opinión
encuentra reflejo en la distinción hecha entre el nivel de la percepción sensorial y el pensamiento abstracto, en
el cual el lenguaje se usa como instrumento del pensamiento4 .
A pesar de las diferencias de opinión sobre el proceso cognoscitivo y sus resultados, hay una aceptación
corriente de la postura de que el conocimiento depende del proceso cognoscitivo, lo cual significa que el
conocimiento se adquiere en el proceso cognoscitivo.

2. Características del conocimiento científico

Respecto al proceso cognoscitivo científico (para el que vale las afirmaciones anteriores), deberíamos
preguntarnos la diferencia entre conocimiento científico y el «ordinario». Especificando más, podríamos
preguntar si la diferencia consiste en el proceso cognoscitivo o se hace manifiesta sólo en el área del conoci-
miento adquirido a través del proceso cognoscitivo.
La respuesta resulta difícil, pero el punto de partida parece simple. Puesto que la diferencia principal
entre el proceso cognoscitivo en general y el proceso cognoscitivo científico es que el objetivo del último no
es adquirir conocimiento del mundo en general, sino un conocimiento científico de él, podríamos definir el

2 A. J. Ayer, The Problem of Knowledge, Baltimore, 1961, pag. 79.


3 Para los argumentos contra el agnosticismo, ver F. Engels, el prólogo a la edición inglesa de “Socialism: Utopian and Scientific”, Selected Works,
volumen I, de. Págs. 92–94.
4 La distinción entre estos niveles ha sido hecha por V. Lenin

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La naturaleza del conocimiento histórico

proceso cognoscitivo científico como aquel cuyo objetivo es adquirir un conocimiento científico. Pero enton-
ces surge un problema, qué es el conocimiento científico, y cuál es, o debería ser, el proceso para adquirirlo.
La ciencia, o el conocimiento científico, se ha definido de varias formas5 . F. Bacon (en su Novun Organum)
subrayó su aspecto pragmático al afirmar que la ciencia ayuda al hombre a controlar la Naturaleza y satisfa-
ce su intento de conocerse a sí mismo. Desde ese punto de vista, el conocimiento científico se puede definir
por su objetivo. El mismo criterio se usa para distinguir el conocimiento científico si este último se define
como el conocimiento verdadero (es decir, el conocimiento basado en «la verdad contra la falsedad» como
principio)6 . En el último caso el objetivo del proceso cognoscitivo científico consiste en adquirir conocimien-
to verdadero. Se subraya que dicho conocimiento debe tener ciertas características, que, en conjunto, pueden
describirse como la exigencia de precisión. Una de las primeras definiciones que indicó la estructura
metodológica del conocimiento científico fue la que dio W. S. Jevons en The Principles of Science. Escribió
que el conocimiento científico es conocimiento generalizado, distinto del conocimiento sensorial de los he-
chos, y dichas generalizaciones se hacen destacando la identidad y clasificando. «La ciencia (...) es la detec-
ción de la identidad, y la clasificación es poner juntos, en el pensamiento o en la proximidad espacial real,
aquellos objetos entre los que se ha detectado la identidad»7 . Los autores contemporáneos subrayan también
la naturaleza general y abstracta del conocimiento científico 8 .
El conocimiento de clasifica a veces como conocimiento científico e ideología. Pero la división no puede
dibujarse claramente. Esto no ocurre sólo porque la valoración (o sea, la clasificación según el criterio:
bueno contra malo, y que según el criterio: verdadero contra falso) subyace bajo todas las decisiones, inclui-
das las científicas, sino más bien porque lo que se considera normalmente como ciencia puede funcionar en
algunos casos como ideología, es decir, como conocimiento que sirve a los intereses de grupos específicos.
Por ejemplo, la teoría copernicana jugó durante mucho tiempo un papel ideológico, al mirar el sistema
predominante de valoración religiosa9 . En vista de los fuertes lazos entre la ciencia y la ideología se subraya
a menudo que el conocimiento científico es (o debería ser) neutral en relación con los intereses de diversos
grupos sociales. Esto sólo es correcto en parte, y con la condición de que no se nieguen las relaciones entre la
ciencia y la ideología, y que se distinga entre las relaciones que facilitan el camino a la verdad y las que lo
dificultan.
Los intentos de definición del conocimiento científico hacen resaltar fuertemente el aspecto sociológico de
la cuestión. Desde ese punto de vista, el conocimiento científico sería el que se adquiere por un grupo de
gente apropiadamente reclutado que se ocupan profesionalmente de la ciencia (hombres de ciencia, estudio-
sos). Se guían por ciertas normas de conducta especializadas que están destinadas a obtener un conocimiento
verdadero. Dichas normas pueden interpretarse como existentes o como postuladas. Se han hecho muchos
intentos de formularlas, siendo el punto común el principio de la supervisión de la investigación por la
totalidad de los científicos. El conocimiento científico sería así un conocimiento sujeto a la aprobación públi-
ca de los especialistas, o sea, sujeto a una supervisión.
El proceso cognoscitivo científico, es decir, el proceso cognoscitivo que da lugar al conocimiento científi-
co (descrito arriba), es una variante del proceso cognoscitivo en general. Como todo proceso cognoscitivo,
tiene su origen en la experiencia sensorial, en la cual, como lo hemos dicho antes, adquirimos un conocimien-
to del mundo externo no directamente, sino sólo como la causa de nuestra experiencia sensorial10 , es decir,
como una serie de datos sobre ese mundo. En el proceso cognoscitivo científico, un hombre de ciencia dispo-

5 Hay una diferencia evidente entre la ciencia y el conocimiento científico: la primera abarca los resultados acumulados de la investigación y los métodos
para obtenerlos, y es, por tanto, un concepto dinámico, mientras que el segundo abarca solamente los resultados de la investigación, y es por tanto un
concepto estático.
6 Cfr. S. Ossowski sobre las exigencias de responsabilidad científica en su O osobliwossciach nauk spolecznych (Sobre la peculiaridades de las ciencias
sociales), Varsovia, 1962, págs. 283 y ss. Las observaciones hechas aquí se refieren a las disciplinas empíricas.
7 W. S. Jevons, The Principles of Science, vol. II, Nueva York, 1877, páginas 673–674.
8 Cfr. Q. Gibson, The Logic of Social Enquiry, Londres, 1960, pág. 3.
9 El término ideología tiene muchas interpretaciones diferentes. La más apropiada parece subrayar su naturaleza genética y funcional. Así, si una
afirmación tiene un claro origen de clase, que indica su relación con grupos sociales específicos (que tienen intereses comunes), y si también formula
los objetivos de esos grupos (o de la clase entera), entonces debe considerarse como una ideología.
10 Cfr. A. J. Ayer, The Problem of Knowledge, ed. cit. Vol. 3.

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Jerzy Topolski

ne de instrumentos especializados que le permiten descifrar la información normalmente inaccesible a la


gente ordinaria. Algunos de estos instrumentos vencen las limitaciones de nuestros sentidos. Un ejemplo de
un instrumento que permite descifrar información que es inaccesible a la gente ordinaria nos lo proporciona
el microscopio; el conocimiento de la paleografía, que permite leer los textos antiguos reales, juega también
el papel de un instrumento así. Pero las principales características del proceso cognoscitivo científico no hay
que buscarlas en el nivel del conocimiento sensorial: consisten en la naturaleza abstracta del proceso
cognoscitivo científico, manifiesta en gran medida incluso en el nivel del conocimiento especial para ser
comprendidos. En ese nivel de conocimiento no podemos, como hemos dicho anteriormente, arreglárnoslas
sin el lenguaje. El lenguaje se convierte, por tanto, en un instrumento necesario del proceso cognoscitivo
científico y de la descripción del mundo11 . Las reglas de investigación indican que le lenguaje científico debe
facilitar la máximo el trasvase de información, dentro y fuera del medio científico. El proceso cognoscitivo
científico no es un acto aislado, sino que forma parte del proceso general de desarrollo de la ciencia y en ese
sentido es enormemente indirecto, ya que requiere que se tomen en cuenta los resultados obtenidos por otras
personas, tanto dentro como fuera del medio científico.
Si queremos que el proceso cognoscitivo científico cumpla su tarea principal, que es proporcionar conoci-
miento verdadero, entonces tiene que incluir el procedimiento de apoyar las afirmaciones por medio de com-
probaciones. Sólo el conocimiento comprobado puede ser científico. Mientras que en el conocimiento coti-
diano la cuestión de sustentar el conocimiento adquirido es claramente de importancia secundaria, en el
conocimiento científico ese paso el proceso cognoscitivo está claramente marcado y se convierte en una de
las partes principales de la metodología de las ciencias o epistemología interpretada de un modo amplio.

3. La controversia sobre la naturaleza del conocimiento histórico

Aunque aparentemente no provocaría protestas el asegurar que el conocimiento científico es una variedad
del conocimiento en general y que la investigación histórica supone una investigación científica, surgen
serios problemas de interpretación cuando se hace referencia al conocimiento histórico. La razón parece
evidente: el conocimiento histórico tiene como objeto diversos sucesos pasados que, como se coincide univer-
salmente, no podemos observar a causa de nuestra situación en el tiempo, es decir, en cierto sentido, no
podemos recuperarlos. Por el contrario, en relación con el conocimiento de los hechos presentes (observa-
bles) sí que los vemos, o por los menos podemos hacerlo, porque nuestra posición en el tiempo es simultánea
a la aparición de los hechos.
Los problemas de interpretación implicados aquí se pueden agrupar en torno a diversas respuestas a las
dos preguntas básicas: 1) ¿Es posible hacer afirmaciones con significado sobre el pasado, o sea, afirmaciones
con un valor lógico? 2) Incluso si asumimos que es posible (es decir, que nuestras afirmaciones sobre el
pasado se refieran realmente al pasado), ¿es posible dar una descripción verdadera (objetiva) del pasado?
Respecto de la primera cuestión han surgido dos tipos de dudas12 . Los positivistas lógicos, o al menos los
defensores del comprobacionismo (que asegura –cfr. Capítulo VIII– que una afirmación no analítica sólo
puede tener significado si puede ser comprobada empíricamente), se vieron obligados a hacer la paradójica
aseveración de que las afirmaciones sobre el pasado están más allá de la línea divisoria que separa las cien-
cias de la metafísica. Varias ideas, más o menos ingeniosas, han sido adelantadas para evitar esa conclusión.
Una de ellas es que las afirmaciones históricas son en realidad afirmaciones sobre el futuro, porque predicen
cuáles serán los resultados de la investigación (comprobaciones); esas afirmaciones, por tanto, adquieren
(tanto en su versión positivista como en la pragmática) significado por estar dirigidas hacia el futuro y no
dirigidas hacia el pasado. Esto salva el criterio de comprobación (porque podemos comprobar en el futuro lo
que ocurrirá), pero, como puede verse fácilmente, el lazo de unión con el pasado como algo real se ha roto.
En esa interpretación, las afirmaciones históricas no se refieren al pasado, sino a los fundamentos de nuestro
conocimiento de ese pasado. Por eso, si un historiador afirma: «En 1865–71, Florencia fue la capital de

11 Cfr. K. Ajdukiewicz, Jezyk y poznanie (Lenguaje y conocimiento), 2 volúmenes, Varsovia, 1960–65. Ver también W. P. Alston, The Philosophy
of Language, Nueva York, 1964 (con bibliografía básica).
12 Esos tipos de escepticismo son analizados por A. C. Danto, The Analitycal Philosophy of History, de. Cit., págs. 27–111. Yo no estoy de acuerdo
con él en muchas cuestiones, pero coincido con muchos de sus análisis.

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La naturaleza del conocimiento histórico

Italia», no se refiere, según esa interpretación, al pasado, sino que solamente predice que las fuentes históri-
cas (la investigación posterior) apoyarán esa hipótesis. La afirmación, por tanto, adquiere un sentido de
predicción, y no adquiere el significado por su concordancia con el pasado. Como puede verse, el hecho de si
Florencia existió o si fue la capital de Italia en el periodo mencionado más arriba no necesita ser tenido en
consideración.
Esta solución, al ser tan paradójica, no satisface tampoco a los comprobacionistas. Otra idea ha sido la de
reducir las afirmaciones sobre el pasado a afirmaciones sobre el presente, C. J. Lewis dice que cualquier
hecho pasado puede ser analizado como extensible en el tiempo, de modo que sus consecuencias continúan
hasta el presente, y éstas pueden comprobarse. A. C. Danto señaló lo absurdo de esa opinión. Si la batalla de
Hastings, que evidentemente no es su propia consecuencia, no es cognoscible porque no podemos compro-
barla, entonces, ¿cómo podemos conocer las consecuencias de ella, de algo que no es cognoscible? Más aún,
pregunta ¿en qué basamos nuestra de que un suceso anterior está unido a un suceso que es observado por el
historiador y que forma un todo con otros sucesos anteriores (si retrocedemos hasta el suceso original), si
todas las partes anteriores de ese todo son no cognoscibles? Lewis trató de soslayar esta cuestión diciendo
que las «marcas del pasado» que tienen los objetos existentes nos ayudan a encontrar el camino hacia las
partes anteriores, pero Danto señaló, correctamente, la insuficiencia de tal explicación13 .
A. J. Ayer rechazó los intentos de reducir las afirmaciones sobre el pasado a afirmaciones sobre el futuro
o a afirmaciones sobre el presente y asegura que los hechos pasados son comprobables «por principio». En el
presente también observamos sucesos que sólo tienen lugar cerca de nosotros, pero no los que ocurren en otro
lugar. Pero nuestra situación en el espacio no convierte estos últimos sucesos en no comprobables. Esto
muestra, como afirma Ayer explícitamente, que los sucesos no son pasados ni presentes; son sucesos, en
general, privados de una dimensión temporal14 , y por tanto, las afirmaciones sobre los sucesos se refieren a
ellos como tales y no como pasados, presentes o futuros. Sin embargo –y esto también fue aducido por
Danto–, el valor lógico de las afirmaciones no es independiente del momento en el que se formulan. Conside-
ramos el siguiente ejemplo15 : las afirmaciones 1) César morirá; 2) César está muriendo; 3) César murió, son
«factográficamente» sinónimas y, por tanto, son todas ciertas si una de ellas es cierta, o todas falsas si una de
ellas es falsa. Pero pierden esa propiedad cuando las analizamos según quién las hizo y cuándo. Si Bruto
hace la afirmación 2) y en ese momento César ya ha muerto, la afirmación será falsa. Por tanto, ese argumen-
to tampoco vale como argumento en favor del compro-bacionismo (o fenomenalismo metodológico), que
parece ser más vulnerable exactamente en lo que se refiere a las reflexiones metodológicas sobre la investiga-
ción histórica (no limitada a lo que se acaba de decir).
El escepticismo sobre las posibilidades del conocimiento histórico ha encontrado también una formula-
ción diferente, en concreto el segundo tipo de los escepticismos a los que nos hemos referido antes. Incluso si
aceptamos que podemos hacer afirmaciones verdaderas sobre el pasado, surgen dudas (encabezadas por B.
Russell) sobre si podemos estar seguros de que en realidad se refieren al pasado. Porque una afirmación que
describe un estado do cosas ficticio (por ejemplo, «Estanislao Augusto Poniaotwski fue rey de Polonia»); ni
difiere mucho de las afirmaciones que se refieren a sus fuentes. Esto, aparentemente, nos impide llegar a
aquello sobre lo que trata la afirmación, es decir, alcanzar el pasado. Este tipo de escepticismo es criticado
por Danto. En sus análisis del lenguaje hace una distinción entre los términos y afirmaciones que se refieren
al pasado, aquellos que son neutrales en relación con su referencia temporal, y aquellos que se refieren al
futuro. Por ejemplo, la afirmación «esto es una cicatriz» se refiere a una herida anterior y señala un determi-
nado nexo causal. Nuestro lenguaje, como bien señala Danto, está lleno de predicados que se refieren al
pasado16. Mencionemos, en este sentido, que su número es probablemente más grande de lo que afirma Danto,
ya que, para él, la afirmación «éste es un hombre» es neutral respecto a su referencia temporal, mienta que
para este autor la afirmación en cuestión y el término «hombre» están condicionados temporalmente y se
refieren al pasado. Por otro lado, el predicado «es rojo» parece ser temporalmente neutral. Pero la restricción
del lenguaje sobre el tiempo no niega totalmente el escepticismo sobre si las afirmaciones que se refieren al

13 A. C. Danto, op. cit., págs. 43–44.


14 A. J. Ayer, The problem of Knwledge, Edimburgo, 1961.
15 Cfr. A. C. Danto, op. cit., págs. 54–56.
16 Ibidem, págs. 73 y ss.

111
Jerzy Topolski

pasado hablan realmente sobre el pasado, ya que ese escepticismo puede abarcar el concepto de causalidad al
referirnos al principio de Hume de que post hoc non est proter hoc. Danto demuestra que, al contrario de lo
que asegura Russell, los predicados que se refieren al pasado no se pueden reducir totalmente a predicados
que sean neutrales respecto a su referencia temporal: lo que Russell llama conocimiento del pasado está
constituido por afirmaciones que lógicamente independientes del pasado y pueden, por tanto, ser analizadas
desde el punto de vista presente como si el pasado nunca hubiera existido17 .
Aparte de este tipo de crítica, Danto sugiere que se neutralice el escepticismo sobre si las afirmaciones
históricas se refieren realmente al pasado, extendiendo el acercamiento instrumentalista18 hasta abarcar las
afirmaciones históricas. En su opinión, las afirmaciones que se refieren al pasado juegan –a la luz del
instrumentalismo en la investigación histórica– un papel similar al de las afirmaciones teóricas que ordenan
(nuestro conocimiento de) los hechos. Por tanto, el término «Julio César» juega en una labor histórica un
papel que es similar al jugado por el término «electrón» en un documento sobre física o el término «complejo
de Edipo» en un estudio psicoanalítico19 . Es simplemente un instrumento –mejor o peor– utilizado para
ordenar los hechos, y no es esencial que se refiera a nada real, ya que las afirmaciones históricas no son
afirmaciones sobre hechos. Así, el problema de la verdad y falsedad de las afirmaciones históricas desapare-
ce.
Se puede ver fácilmente que el instrumentalismo no proporciona una solución satisfactoria del problema.
El instrumentalismo neutraliza la controversia sobre el valor lógico de las afirmaciones históricas por medio
de la eliminación de su marco de referencia, es decir, el pasado que es su modelo; por tanto, elimina algo real
que el historiador no puede perder. Por tanto, él rechaza el escepticismo en cuanto a la posibilidad de hacer
afirmaciones sobre el pasado y acepta esa posibilidad, y considera paradójico reducir las afirmaciones sobre
el pasado a afirmaciones sobre el presente o sobre el futuro, o neutralizar el valor temporal de dichas afirma-
ciones, o abandonar la aseveración de que el pasado fue algo real.

4. Argumentos contra el escepticismo. Rasgos característicos del conocimiento histórico

Nos vamos a ocupar ahora del análisis de dos clases de escepticismo mencionados anteriormente: sobre la
posibilidad de hacer afirmaciones sobre el pasado y sobre si el pasado es realmente el objeto de nuestras
reflexiones.
El argumento más radical contra el escepticismo sobre la posibilidad de hacer afirmaciones sobre el pasa-
do consiste en demostrar que epistemológica-mente no hay diferencia entre el conocimiento actual y el histó-
rico, puesto que si no existe dicha diferencia, las dudas surgidas sobre el conocimiento histórico abarcarían
todo el conocimiento en general. En nuestro caso, dicha conclusión es suficiente, porque nos interesa, sobre
todo, demostrar que no existen características específicas del conocimiento histórico, lo cual es muy impor-
tante para las reflexiones sobre la ciencia histórica.
Para apoyar la aseveración de que no hay diferencia entre el conocimiento actual y el conocimiento histó-
rico tenemos que escrutar, en primer lugar, la naturaleza indirecta del conocimiento de los sucesos pasados,
que se debe a la imposibilidad de hacer observaciones directas del pasado y que causa la inquietud de los
comprobacionista.
Surgen dos cuestiones: ¿Realmente estamos privados por completo de la posibilidad de una observación
directa del pasado? Y ¿Esta imposibilidad es una peculiaridad del conocimiento histórico solamente?
Antes de seguir adelante, es necesario hacer dos distinciones: el conocimiento histórico en el sentido
amplio del término frente al conocimiento histórico científico, y conocimiento histórico general (tanto cientí-
fico como en el sentido amplio del término) frente al conocimiento del pasado que tiene un individuo (tanto

17 Esta opinión ha sido formulada por B. Russell en The Analisys of Mind, Londres, 1921. Lo citamos según A. C. Danto, k op. cit. págs. 77ss.
18 En la metodología de las ciencias, el instrumentalismo es la postura «según la cual las leyes científicas y las teorías no son afirmaciones verdaderas
o falsas sobre los hechos, sino sólo instrumentos usados para ordenar y predecir hechos observados». (Cfr. J Giedymin, Problemy, zalozenia,
rozstrzygniecia, edición citada, pág. 175.)
19 A. C. Danto, op. cit., pág. 79.

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La naturaleza del conocimiento histórico

historiador como no). El conocimiento histórico en sentido amplio puede ser interpretado como cualquier
conocimiento del pasado, y por tanto, además del conocimiento científico, como todos los tipos de conoci-
miento a los que recurrimos muchas veces en nuestra vida corriente cuando necesitamos un conocimiento de
lo que había sido. El conocimiento científico de los sucesos pasados pretende proporcionarnos un conoci-
miento científico de esos sucesos, en el sentido explicado previamente. Podemos dar una característica más
que distingue el conocimiento cotidiano del pasado del conocimiento histórico científico; esta característica
hay que añadirla a las diferencias ya conocidas entre el conocimiento en general (menos el científico) y el
científico. En lo que llamamos conocimiento cotidiano usamos casi exclusivamente la memoria, que en este
caso sirve como canal de información. Otras fuentes, como cartas y demás documentos personales, juegan un
papel meramente auxiliar. Respecto al conocimiento científico ocurre lo contrario: el uso de la propia memo-
ria de los sucesos pasados tiene importancia secundaria. En el análisis que sigue nos ocuparemos del conoci-
miento histórico científico.
La opinión de que la aproximación indirecta es un peculiaridad de la adquisición del conocimiento sobre
el pasado está extendida entre los historiadores20 . ¿Pero está tan roto el lazo entre el pasado y el presente que
no tenemos posibilidad de hacer observaciones directas del pasado aunque las acciones de los seres humanos
que se combinaron para formar el pasado hayan terminado? El lazo sólo estaría completamente roto si fuera
posible hacer una distinción consistente entre la percepción de los objetos y los sucesos que son las causas
directas de nuestras experiencias sensoriales y la observación de los hechos pasados (que se pueden obser-
var). Pero esta distinción no se puede realizar totalmente, ya que el conocimiento del pasado incluye la
observación de los objetos físicos todavía existentes, incluyendo seres humanos, y no sólo en forma de restos
humanos, sino también sus acciones actuales. Un historiador puede observar a la gente viva, cuyas acciones
incorporan, más o menos claramente, la experiencia del pasado transmitida de generación en generación. Se
dice a menudo que un hombre vivo es un portador de la tradición o una imagen del pasado. La observación
del comportamiento de las personas que viven en unas condiciones poco propicias a los cambios (comunida-
des rurales, pueblos primitivos, etcétera) es especialmente instructiva en este aspecto. Esta observaciones
son la principal fuente de muchos estudios realizados en antropología cultural. Esto abarca el estudio del
lenguaje usado por los grupos bajo observación; el lenguaje se interpreta aquí no sólo como una forma
específica de comportamiento (en concreto, comunicación), sino también como secuencias de frases emitidas
y emisiones de significados concretos. Si dichas frases y emisiones se refieren al pasado, la memoria de la
persona emisora se convierte en una fuente (histórica). Pero puede ocurrir también que aprendamos algo
sobre el pasado a partir de frases que se refieran a situaciones actuales. En tal caso el hombre cuyo compor-
tamiento está siendo observado actúa apoyado en la memoria habitual, que produce más bien, automáticamente,
de la experiencia pasada.
La observación de las acciones humanas puede tener como objetivo sólo una información sobre el com-
portamiento real de las personas en cuestión, sin ningún intento de descubrir en ese comportamiento restos
del pasado, y ser, por tanto, una fuente de conocimiento del pasado, o puede ser también un mejor conoci-
miento del pasado. Los antropólogos culturales, durante mucho tiempo, se han limitado al primer tipo de
observaciones, y los historiadores, normalmente, no han querido incluir las observaciones de la conducta
humana en la serie de fuentes que les permiten reconstruir el pasado. Sólo los avances en la integración de la
ciencia han acercado mutuamente estas dos aproximaciones a la observación de la conducta humana. Por
ahora, se ha extendido la comprensión del hecho de que estas dos aproximaciones pueden acercarse. Al
hablar de observaciones de la conducta humana tenemos que recordar que las técnicas de grabación nos
permiten oír la voz de un hombre muerto como oímos las de los que todavía viven; del mismo modo, las
películas y las fotografías nos permiten hacer observaciones (más o menos exactas) sobre los hechos pasados
y sobre personas que ya no viven.

20 El hecho de que el conocimiento histórico es específicamente indirecto ha sido subrayado (además de los viejos manuales de Ch. V. Llanglois y Ch.
Seignobos, M. Handelsman, y el más reciente de S. Koscialkowski) por A. Gieysztor, Zarys pomocniczych nauk historii, Varsovia, 1950; R. Lutman,
«Podatawy metodologiczne historiografii» (los fundadores metodológicos de la historiografía). Actas del VIII Congreso de historiadores polacos, vol.
Y, Varsovia, 1948, pág. 19; H. C. Hockett, The Critical Method in Historical Research and Writing, Nueva York, 1958, pág. 8; H. J. Marrou, De la
connaissance historique, París, 1956, pág. 143. Este último autor opina que, a causa de que el conocimiento histórico es indirecto, no podemos hablar
de la historia como una ciencia en el sentido total del término, ya que nos encontramos aquí con el conocimiento basado en la fe (connaissance de foi).
R. Lutman escribe también que en la historiografía «la actitud del investigador es básicamente fideísta» (op. Cit., pág. 24). Ver también C. Bobinska,
Historyk. Fakt. Metoda (El historiador. El hecho. El método), pág. 112 y ss. Esta postura es criticada por W. Kula, en Rozwazania o historii (Reflexiones
sobre historia), edición citada, págs. 42–60, que señala el hecho de que el conocimiento respecto a los hechos contemporáneos también es indirecto, no
sólo en lo referente a los del pasado.

113
Jerzy Topolski

Dichas observaciones, que la mismo tiempo son observaciones de restos del pasado, van desde las obser-
vaciones de gente viva hasta las observaciones, a las cuales recurren a menudo los historiadores, de objetos
inanimados (especialmente los arqueólogos y los historiadores de la civilización material), de objetos físicos
inanimados que son restos del pasado21 . Entre ellos se puede incluir todo tipo de objetos materiales que son
producto del trabajo humano (por ejemplo, un viejo arado guardado en un museo o todavía usado por los
campesinos) y todos los demás restos de la existencia del hombre en el globo. Esta última categoría abarca
restos de todas las actividades que nos son trabajo en el sentido económico de la palabra (por ejemplo, restos
de juegos, entretenimientos, etcétera) y de restos humanos (por ejemplo, esqueletos en tumbas). Entre los
objetos físicos inanimados que pueden ser la materia de observación de los historiadores puede haber restos
de sustancias orgánicas, y su conocimiento puede contribuir al conocimiento, por parte del historiador, de la
actividad humana. Así, por ejemplo, un análisis del polen nos puede ayudar a reconstruir el entorno vegetal
del hombre, dentro del cual podemos distinguir las plantas que el hombre cultivaba. El conocimiento del
modo de crecer de los árboles nos da información sobre los cambios de clima, y los esqueletos de los animales
nos permiten reconstruir las ocupaciones del hombre (la relación entre caza y crianza de animales) y su
alimentación. Los límites de la observación directa de los objetos físicos que puede hacer un historiador son
difíciles de definir. Basta mencionar, en este sentido, las enormes oportunidades proporcionada por la foto-
grafía aérea, que revela trazos de objetos físicos (o regiones) que de otro modo permanecerían inadvertidos,
y nos permite así reconstruir los viejos límites entre los campos y la situación de los poblados. Hay que
mencionar también que la observación de las viejas fuentes del derecho (por ejemplo, actas de parlamentos),
significa también conocimiento directo si tales fuentes se han conservado en la forma de documentos origina-
les. En estos casos ninguna persona actúa como intermediario. Esto muestra que los historiadores del derecho
basan su investigación, en gran medida, en el conocimiento directo.
Todas las formas de conocimiento histórico anotadas hasta ahora consisten en una observación directa de
los objetos físicos y apuntan una posibilidad de observación directa del pasado. El único argumento contra
este razonamiento se ha encontrado en el libro de A. J. Ayer. No niega la existencia de restos del pasado (que
tienen la etiqueta de pertenecientes al pasado), pero asegura que es imposible adquirir ningún conocimiento
de ellos como fuentes de información sobre el pasado, sin tener un concepto del pasado22 . Sin embargo, ésta
no es la cuestión, pues se podría decir que no podemos adquirir ningún conocimiento de los sucesos presentes
sin tener un concepto del presente, es decir, sin tener algún conocimiento que nos permita clasificar adecua-
damente los objetos que observamos. Pero sería erróneo negar la gran importancia del conocimiento histórico
indirecto, aunque a menudo el conocimiento indirecto está claramente unido al directo.
Hay también, hasta cierto punto, una observación directa de objetos físicos, en el caso de las fuentes cuyo
valor cognoscitivo consiste no tanto en el propio hecho de su existencia, como restos de sucesos pasados,
como en los datos que contienen. Por ejemplo, un viejo arado es un objeto directo de conocimiento histórico
sólo como un objeto físico específico del pasado, pero un documento tiene interés para nosotros, sobre todo,
como portador de un contenido determinado, y mucho menos como un hoja de papel concreta, o un pergami-
no, cubierto con escrituras y con un sello fijado a él. Las características externas mencionadas, sin embargo,
pueden ser muchas veces importantes para descifrar o interpretar el contenido del documento en cuestión.
Pueden ser también la materia de una investigación especial que se ocupe de la producción del papel, organi-
zación de la cancillerías, el modelo de escribas y los tipos de escritura. En estos casos, por supuesto, nos
enfrentamos con la observación directa de un objeto físico. Todas las autopsias son observaciones directa de
este tipo. Pero, en cuanto a los sucesos pasados a los que se refiere el documento, la observación del historia-
dor es indirecta. Lo mismo ocurre con otras fuentes que registran, semánticamente o no, las observaciones
hechas por otras personas. En todos estos casos, el historiador no adquiere información sobre el propio
hecho, sino sobre una información que le atañe. Estas pueden ser informaciones hechas intencionalmente
para reconstruir el pasado (una crónica) u observaciones registradas con algún propósito práctico (una carta
privada, unas listas de Hacienda, etcétera). Hay que subrayar que, muchas veces, el historiador se encuentra

21 M. Bloch sostiene que, cuando nos encontramos con objetos físicos que son restos del pasado, el conocimiento es directo: «Quelque jegement qu´on
porte sur elle, c´est endéniablement une induction du type le plus classique; elle se fonde sur la constatation d´un fait et la parole d´autroi n´y intervient
en rien.» (Cfr. Apologie pour l´historie ou métier d´historien, pág. 20). Su opinión ha sido criticada una vez por el presente autor, pero no en cuanto
a las formas de conocimiento histórico, sino sobre los métodos de establecer los hechos. Los datos directos se pueden usar para el establecimiento directo
o indirecto de los hechos. El ejemplo dado por Bloch es un caso típico de establecimiento indirecto de los hechos (es decir, por deducción). Cfr. Kwartalnik
Historyczny, número 2, 1961, pág. 458.
22 Cfr. A. J. Ayer, the problem of Knowledge, ed. cit., pág. 151.

114
La naturaleza del conocimiento histórico

en una situación en la que tiene que confiar en informaciones hechas por otras personas. Algunos autores,
por ejemplo M. Bloch, afirman que la existencia de intermediarios entre un hecho pasado y el historiador es
el criterio de distinción entre el conocimiento directo e indirecto. Como veremos más tarde, esta distinción
parece útil. En el caso del conocimiento indirecto, basado en informaciones hechas por otros, podemos distin-
guir varios grados. Cuanto más alejado esté el informante del hecho sobre el que se informa, mayor será el
grado de tortuosidad, Este tipo de conocimiento incluye el uso de las observaciones científicas hechas, direc-
tamente o no, por otros historiadores. Ya que, como hemos dicho anteriormente, es normal examinar la
fuentes sólo parcialmente, basando algunas afirmaciones en el conocimiento adquirido por otros.
El conocimiento basado en la memoria de otros es también de naturaleza indirecta. A menudo nos referi-
mos a lo que recuerdan los otros, y solemos combinar eso con observaciones de la conducta de las personas
vivientes23 . La cuestión se hace más complicada cuando añadimos nuestra propia memoria, que, después de
todo, es también una fuente de conocimiento histórico. Al contrario de A. J. Ayer, este autor sostiene que en
dicho caso podemos hablar de conocimiento directo. Esto es así porque nosotros somos la persona que ha
observado un suceso concreto en un momento dado y simplemente lo recordamos en un momento adecuado.
Estos recuerdos pueden estar distorsionados por nuestras experiencias posteriores al suceso en considera-
ción, de modo que no sean tan directos, pero aun así, predomina lo directo sobre lo indirecto.
Por tanto, el conocimiento histórico es una combinación del conocimiento directo e indirecto. Cuando el
conocimiento se basa en datos proporcionados (de varias formas) por otros, podemos hablar, como M. Bloch,
de conocimiento indirecto. Como esto ocurre muy a menudo, y es típico en el caso de los historiadores que
trabajan principalmente sobre fuentes escritas, parece adecuado señalar lo indirecto del conocimiento históri-
co como su propiedad principal.
Pero preguntemos de nuevo, ¿son los historiadores los únicos investigadores que en su trabajo confían
principalmente(o en gran medida) en las fuentes (interpretadas como datos de observaciones hechas por
otros), y no en su propia observación directa? Cuando examinamos el problema más de cerca, la naturaleza
indirecta del conocimiento histórico no es, en absoluto, exclusiva de los procedimientos de investigación
usado por los historiadores. W. Kula ha mostrado que el estudio de los hechos sociales contemporáneos es
también indirecto, o sea, basado en el uso de las fuentes24 . Podemos dar un paso más y decir que la situacio-
nes en las cuales, junto a nuestra propia observación, utilizamos las que han hecho otros, son típicas de toso
conocimiento científico. Es indiscutible que los físicos y los químicos también basan su investigación en
observaciones hechas por otras personas. Por supuesto, la razón directo–indirecto puede variar de un tipo de
investigación a otro, pero entonces el conocimiento histórico resulta ser sólo un poco más indirecto de lo que
son otros tipos de conocimiento científico.
Aparte de lo que se ha dicho arriba, hay que apuntar que los argumentos utilizados hasta ahora se redu-
cían a los objetos y sucesos que se podían observar. Pero es bien sabido que no todos los sucesos presentes se
pueden observar directamente (al menos en el estado actual de los instrumentos y métodos de investigación).
Por tanto, son observados a través de indicadores ilativos (para usar la terminología sugerida por S. Nowak).
Así, un cirujano dental deduce del comportamiento de su paciente si éste sufre dolor; un químico puede
deducir que están teniendo lugar ciertas reacciones por medio del estudio de ciertas características externas
de las sustancias que están investigando; un físico deduce ciertos procesos intra–atómicos mirando una foto-
grafía hecha en condiciones específicas, etc. Para los historiadores, también, por lo menos algunas fuentes en
las que se basan sus investigaciones sirven de indicadores ilativos sui generis de los que sacan conclusiones
sobre determinados sucesos. Un contrato de arriendo que ha escapado a la destrucción es un indicador de la
transacción que se hizo; restos de casas son un indicador de que en cierta época el territorio estuvo habitado;
las monedas romanas encontradas en el territorio actual de Polonia testifican que en el pasado hubo actividad
mercantil, etc. En estos casos, el modo de razonar es el mismo, aunque en el primer grupo de ejemplos
sacamos deducciones sobre hechos presentes, y en el último grupo, sobre hechos pasados. Pero todos ellos
comparten un rasgo común: la naturaleza indirecta de su conocimiento. Esto se puede deber a la circunstan-
cia de que unos hechos no se pueden observar por su naturaleza, otros por dificultades técnicas y otros, en
principio, se pueden observar, pero después no, por el lapso de tiempo transcurrido. Este último grupo de

23 Las memorias una vez escritas, no se consideran como una fuente del tipo «memoria», sino como un relato de una tercera persona sobre ciertos hechos.
24 W. Kula. Rozwazania o historii, ed. cit. págs. 42 y ss.

115
Jerzy Topolski

hechos es estudiado no sólo por los historiadores, ya que el suceso que ocurrió en un momento t0 deja de ser
observable para un físico o un químico en el momento t1 aunque su naturaleza no excluye la capacidad de ser
observado en general. Cuando el suceso ha terminado puede haber dejado nada más un resto (el rastro de un
electrón es registrado por una fotografía).
Por tanto, el conocimiento indirecto, aunque es frecuente en la investigación histórica, no es específico de
ella. Varios autores que lo notaron señalaron otros aspectos del conocimiento histórico, que ellos sostienen
que son específicos de él. Se refieren a la incapacidad del historiador para crear las fuentes, es decir, el
carácter limitado de sus fuentes de conocimiento, lo cual queda en parte compensado por su conocimiento de
los efectos y consecuencias consiguientes, cosa que un estudioso del presente no tiene.
La afirmación de que los historiadores no pueden crear fuentes, porque, como G. M. Trevelyan observó
correctamente, el pasado es implacable en su silencio, sería tan lejana a la verdad si se formulara de un modo
radical que nadie adelanta esa formulación. W. Kula la relaciona con la historia anterior sobre la cual pode-
mos, como mucho, encontrar nuevas fuentes o interpretar de un modo nuevo las ya existentes25 . La historia
anterior comenzaría en el momento en el que ya no hay testigos de los sucesos de los que nos ocupamos. Sin
embargo, puesto que, en general, siempre hay algunos testigos de algunos hechos, el proceso de fabricación
de las fuentes es una de las tareas más importante de los historiadores que estudian un pasado bastante
reciente. De aquí se deduce que la incapacidad para crear las fuentes es sólo una limitación parcial, y sería
erróneo, por tanto, verla como una característica específica de todo el conocimiento histórico. Por otro lado,
es un rasgo característico del estudio histórico de periodos remotos, pero incluso en ese caso pueden surgir
ciertas dudas si intentamos definir el concepto de «fabricación de fuentes» con mayor precisión. Después de
todo, una entrevista con una persona viva muestra simplemente un conocimiento que ha sido acumulado
anteriormente y no registrado todavía, pero no crea de ningún modo un conocimiento nuevo de hechos con-
cretos. Sea como sea, la cuestión permanece abierta.
La aseveración de que el conocimiento de los efectos (consecuencias) de los hechos es específico del
conocimiento histórico, especialmente en oposición al estudio de la época presente, requiere también una
explicación. A causa del lapso de tiempo transcurrido, el historiador (cfr. capítulo XXIII) tiene un conoci-
miento de las consecuencias de determinados sucesos que le permite adquirir un conocimiento más completo
de los hechos, al poder proveerse de una perspectiva temporal. Es cierto que los procedimientos de investiga-
ción en el estudio de la historia suelen ser post–gnósticos: la cuestión es averiguar las causas de ciertos
hechos que nosotros consideramos como efectos. Por el contrario, un conocimiento prognóstico intenta ave-
riguar las relaciones de las que podemos, con un alto grado de probabilidad, predecir los efectos de un hecho
que nosotros afirmamos que es la causa. Este procedimiento se encuentra en las disciplinas teóricas que
tienen como objetivo la formulación de leyes científicas. Sin embargo, ni la historia puede permanecer indife-
rente al procedimiento de formular leyes (cfr. capítulo VI), ni otras disciplinas pueden ser indiferentes al
procedimiento postgnóstico. La averiguación de las causas de los hechos, apoyándonos en otros hechos que
llamamos efectos, es bastante común en la ciencia. El historiador no puede asegurar que un conocimiento
ordinario de las consecuencias (efectos) de los sucesos anteriores es específico de su disciplina. El esquema
inferior señala los problemas metodológicos específicos de la postgnósis y de la prognosis. La cantidad de
información requerida para la postgnosis no tiene por qué ser menor que en el caso de la prognosis, y más
aún, para explicar un hecho (es decir, para indicar su causa o causas) tenemos que referirnos a una afirma-
ción prognóstica (ley científica).

1234567890123
1234567890123
1234567890123
Causa
1234567890123 Efecto (postgnosis)
123456789012
123456789012
Efecto 123456789012
123456789012
Causa
123456789012 (prognosis)

En el procedimiento prognóstico podemos hablar de conocimiento de los hechos sólo en la medida que
conocemos las causas, porque el concepto de efecto adquiere significado sólo cuando es un elemento del par

25 Ibidem, págs. 52–55.

116
La naturaleza del conocimiento histórico

ordenado: causa–efecto. Pero solamente buscamos las causas, y raramente podemos saber con seguridad si el
suceso que examinamos y consideramos como efecto de alguna cosa o causas a sido enlazado correctamente
por nosotros con otro(s) suceso(s), y si, por tanto, podemos decir que el conocimiento de los efectos es una
prerrogativa especial del conocimiento histórico. Podríamos hacerlo, pero sólo con una consideración explí-
cita del factor tiempo (confrontar capítulo XXIII.
El siguiente esquema nos muestra una descripción general del conocimiento histórico:

Como todo conocimiento científico, el conocimiento histórico científico sólo puede comenzar con una
cantidad adecuada de conocimiento acumulado, y no se puede imaginar un progreso en el proceso cognoscitivo
si ese conocimiento no es, en parte, científico, como mínimo. Esto significa que el proceso cognoscitivo
científico es, en cierto sentido, un proceso a priori, puesto que su punto de partida es siempre conocimiento
acumulado previamente, que en este caso es una categoría necesaria del proceso cognoscitivo (que, en último
análisis, tiene su origen en la inducción). El proceso cognoscitivo histórico, el papel del conocimiento (que
hemos denominado no basado en fuentes) adopta varias formas, según los orígenes de ese conocimiento. Si
usamos nuestra propia memoria, el proceso cognoscitivo consiste en nuestra reconstrucción de un fragmento
dado de nuestro conocimiento, adquirido en una época anterior, o sea, nuestras propias observaciones direc-
tas; esta reconstrucción, sin embargo, tiene lugar con la participación del conocimiento que hemos adquirido
después. Ese conocimiento, por un lado, facilita el recuerdo porque facilita la formulación de preguntas,
pero, por otra parte, al estar permanentemente presente en el proceso cognoscitivo, puede hacernos difícil
distinguir el fragmento deseado de conocimiento de forma que esté lo más conforme posible con nuestras
primeras observaciones (o sea, que no esté distorsionado por la experiencias subsiguientes).
Sólo en el caso de la observación de los objetos físicos procedentes del pasado nos encontramos con un
conocimiento totalmente directo, aunque defiera del conocimiento directo cotidiano por el hecho de que tene-
mos que recurrir a una gran cantidad de conocimiento cumulado previamente. Sin un conocimiento adecuado
somos totalmente incapaces de clasificar un objeto concreto o, aunque reconozcamos en él algo como un
arado, somos incapaces de extraer de él ninguna información sobre el pasado. El conocimiento histórico
indirecto, es decir, el que se basa o en la memoria de otras personas o en observaciones hechas por otros y
registradas en las fuentes, exige también una gran cantidad de conocimiento no basado en fuentes. La memo-
ria de otras personas sólo puede «revivir» por nuestras preguntas, y estas no pueden (cfr. capítulo XIV)
formularse sin algún conocimiento previo. Lo mismo ocurre con otras fuentes de conocimiento histórico, que
sólo pueden dar información si somos capaces de interpretarlas y extraer de ellas los datos que nos interesan.
Llegamos así a la conclusión de que todos los problemas del conocimiento histórico son al mismo tiempo
problemas de todo el conocimiento en general. El historiador no carece totalmente de la posibilidad de obser-
var directamente el pasado, porque, como hemos visto, hay muchas categorías de fuentes para el conocimien-
to histórico que son parte del pasado y a la vez se prestan a ser directamente observadas. Por otro lado, el
conocimiento del presente implica en gran medida una observación indirecta (podemos usar las observacio-
nes de otras personas o deducir sobre la base de indicadores ilativos). Por tanto, la naturaleza indirecta del

117
Jerzy Topolski

conocimiento, que a menudo se atribuye al conocimiento histórico, resulta no ser ninguna peculiaridad de
este último.
Todo conocimiento es a la vez histórico y relacionado con el presente. Hay que anotar también que todos
los sistemas que observamos están en constante movimiento, de modo que una afirmación sobre un suceso
contemporáneo que tuvo lugar en un momento t no puede comprobarse por observación de ningún modo, ya
que tal observación sólo podría darse en un momento t + k, es decir, de cualquier modo, después de t.
Comprobaríamos así una afirmación sobre un sistema A1 , confrontándolo con otro sistema A1 + k. Así la
comprobación por medio de la experiencia directa es imposible en el caso de todas las afirmaciones sobre
hechos, al margen que se refieran a sucesos pasados o contemporáneos (en relación con el investigador). Por
eso, en ambos casos tenemos que recurrir a diversas formas de comprobación indirecta, que trataremos más
tarde.
Pero surge otra cuestión, en relación con los argumentos usados contra el escepticismo sobre si las
afirmaciones sobre el pasado se refieren realmente a lo que ocurrió, es decir, si hay un nexo lógico entre esas
afirmaciones y los hechos pasados. Como hemos mencionado antes, ningún historiador que se ocupe de la
práctica investigadora duda que tuvieron lugar en el pasado los hechos de que se ocupa, y considera paradó-
jicas todas las afirmaciones que señalan la falta de nexo lógico entre las afirmaciones sobre el pasado y su
substrato real. Esta opinión de sentido común, que rechaza las ideas excesivamente sofisticadas, parece
totalmente apoyada.
El concepto de lenguaje temporal, desarrollado en detalle por A. C. Danto, es un argumento importante a
favor de la imposibilidad de romper el nexo entre los hechos pasados y las afirmaciones sobre ellos. «Por un
término relacionado con el pasado me referiré a un término cuya aplicación correcta a un objeto o suceso
presente implica lógicamente (cursiva, A. C. D.) una referencia a algún objeto o suceso anterior que puede
no estar causalmente relacionado con el objeto al que se aplica el término»26 . A. C. Danto ser interesa
solamente por los objetos y sucesos que están causalmente unidos a objetos y sucesos a los que se aplican los
términos relacionados con el pasado. Si nosotros decimos «destruidos durante la guerra», o simplemente
«destruidos», es evidente que esos predicados son ciertos sólo si afirmamos que el pasado fue algo real. En
nuestro lenguaje cotidiano, que describe los objetos y sucesos contemporáneos, siempre asumimos tácitamen-
te la existencia de ciertos hechos y sucesos en el pasado.
Como he dicho, el argumento basado en el lenguaje temporal pierde su importancia si adoptamos la
opinión de Hume de que le concepto de efecto no tiene nexo lógico con el de causa. Para no enredarnos aquí
en especulaciones filosóficas sobren el concepto de causa (más tarde será tratado en cuanto afecta a la
investigación histórica), mencionemos que para el historiador el concepto de causa está estrechamente unido
al de pasado. Normalmente no considera las causas y efectos como una secuencia ordinaria de hechos, sino
que ve en ellos un nexo más estrecho (material o espiritual) que consiste en un intercambio sui generis de
energía: La sugerencia de A. C. Danto de que las afirmaciones históricas sean consideradas como teorías y
no como reflejos de la realidad, sólo porque no tenemos acceso epistemológico al pasado, está tan lejos de la
incesante lucha del historiador para corregir su imagen del pasado (por medio de la confrontación de varias
observaciones directas e indirectas y del conocimiento no basado en fuentes), que no puede ser una propuesta
interesante. Es cierto que el proceso de corrección es siempre algo abierto, lo cual significa que las afirmacio-
nes específicas nunca pueden tomarse como totalmente confrontadas con los hechos, pero hay diferencia en
sus grados de sustentación. Si todas ellas fueran consideradas como instrumentos que ordenan el proceso
cognoscitivo sin relacionarse con el eje verdad–falsedad, las diferencias mencionadas no tendrían lugar.
Para defender su punto de vista de que las afirmaciones históricas se refieren totalmente a hechos y
sucesos pasados pero reales, el historiador puede anotar el argumento general sobre la eficacia de nuestras
acciones emprendidas con el apoyo de la experiencia adquirida en el proceso cognoscitivo y en la actividad
práctica. La práctica nos dice que para conseguir un efecto determinado tenemos que realizar una acción
específica (condición suficiente) o que la falta de ciertas acciones excluye la aparición de ciertos efectos
(acción como condición necesaria). Esto se puede interpretar como algo que ocurre sin excepción (si existe a
existe siempre b; b sólo existe si a ha existido) o estadísticamente (si existe a, b tiene una probabilidad
específica de existir; b no tiene una probabilidad específica de existir si a no ha existido). Todo esto indica
los lazos reales entre los hechos. La práctica justifica así la opinión de que hay un lazo entre le concepto de

26 A. C. Danto, The Analytical Philosophy of History, ed. cit., págs. 63–87.

118
La naturaleza del conocimiento histórico

pasado y el de causalidad; ya que si queremos pasar del efecto a la causa, procedimiento típico de la investi-
gación histórica, como hemos destacado, y si afirmamos que entre la causa y el efecto hay algo más que una
simple secuencia de sucesos, entonces tenemos que afirmar que aunque hablemos del presente nos estamos
ocupando también del pasado considerado como hechos. De otro modo, tendríamos que rechazar la afirma-
ción de que cuando reflexionamos sobre los sucesos presentes nos ocupamos de hechos presentes. Si una
persona dice «un automóvil está pasando ahora», acepta también un pasado porque el automóvil debe haber
partido de algún lugar, debe haber sido fabricado antes de partir, etcétera (siendo las posibilidades de regre-
sión prácticamente ilimitadas). Por tanto, si aceptamos que tal afirmación sobre un coche que pasa se refiere
a algo real, y si al mismo tiempo rechazamos el escepticismo de Hume sobre la causalidad, tenemos que
aceptar lógicamente que las afirmaciones se refieren a los pasos anteriores del suceso mencionado en la
afirmación se refieren también a algo real. Si no tuviéramos en cuenta el criterio práctico, nos condenaríamos
al instrumentalismo.

5. El relativismo epistemológico y el problema de la objetividad en el conocimiento histórico

Como hemos dicho, los historiadores no son escépticos sobre si pueden hacer afirmaciones con significa-
do sobre el pasado y, al mismo tiempo, afirmaciones que tengan como materia el pasado; sin embargo mu-
chos de ellos se inclinan hacia el relativismo. Esa postura también es popular entre el gran público, en su
forma más vulgarizada. En el último caso adopta la forma de un conflicto entre la propia visión del pasado,
basado en el conocimiento y la experiencia propios, y el cuadro ofrecido por la ciencia histórica. Si estas dos
difieren, la gente suele hacer comentarios escépticos sobre la falta de veracidad en las narraciones hechas por
los historiadores, lo cual, curiosamente, no les impide creer, a la vez que son escépticos sobre la posibilidades
cognoscitivas de los historiadores, que su propia visión de una parte del pasado, aunque está basada en una
experiencia muy limitada, es cierta. Esto ocurre la mayoría de las veces con la historia contemporánea, sobre
la que los comentarios los hacen aquellos que todavía viven y que de algún modo participaron en los hechos.
Un relativista, mientras que no se plantea la posibilidad de hacer afirmaciones con significado (verdadero
o falso) sobre los hechos pasados y al mismo tiempo afirmaciones que tengan como materia el pasado, es
escéptico sobre si estamos en situación de llegar a un grado importante de veracidad en dichas afirmaciones
o sus secuencias (narraciones históricas). En otras palabras, un relativista no niega que los historiadores
hacen afirmaciones sobre los sucesos objetivos pasados (es decir, sucesos que fueron o son independientes de
los historiadores), pero tiene en poca estima la objetividad (es decir, acuerdo con los hechos) de esas afirma-
ciones, y acusa a las narraciones históricas de falta de objetividad (o sea, de subjetividad). Esa subjetividad
de que se acusa a la literatura histórica y que no se refiere a los hechos pasados sino a las afirmaciones sobre
ellos, debe interpretarse de dos maneras: a) como un grado de falsedad, introducido por el historiador que
pinta su imagen del pasado, en sus afirmaciones sobre él, o mas bien, falsedad del cuadro pintado por él en la
narración histórica, y b) como la imposibilidad de comprobar tales afirmaciones o sus secuencias de una
manera intersubjetiva satisfactoria27 . Podríamos decir que nos encontramos aquí, por un lado, con un
subjetivismo epistemológico (y un objetivismo), en concreto el problema de la verdad, y por otro, con un
subjetivismo (y objetivismo) metodológico, en concreto el problema de la sustentación y comprobación. Es
evidente que el último deriva del primero; a los ojos de los relativistas la atribución de la subjetividad a la
investigación histórica se debe al hecho de que los efectos del proceso cognoscitivo histórico dependen en
gran medida del sujeto conocedor. Este punto débil del conocimiento, atribuido al conocimiento histórico, y
que no se puede eliminar, es el responsable de que la investigación histórica produzca un conocimiento no
objetivo; ésta, aseguran los relativistas, es la razón de que los resultados de la investigación histórica no
puedan ser objetivos. El elemento subjetivo que aporta el historiador al proceso cognoscitivo es lo suficiente-
mente fuerte como para dar lugar a una diferencia considerable entre los hechos y sus descripciones conteni-
das en las narraciones históricas.
Normalmente se enumeran cuatro factores que son la razón de la dependencia de los resultados del proce-
so cognoscitivo histórico respecto del sujeto conocedor: la posición social del conocedor, que determina su

27 Adviértase que el modificar objetivo se usa aquí en dos sentidos diferentes: cuando decimos que los hechos son de naturaleza objetiva, se refiere a
los hechos (y aparece en expresiones de lenguaje objeto); en el segundo sentido, se refiere a la afirmación sobre los hechos (y aparece en expresiones
metalingüísticas).

119
Jerzy Topolski

perspectiva de investigación; la referencia a los valores; el conocimiento general o teórico que tiene el inves-
tigador al comenzar su investigación; la personalidad del historiador. Estos factores, estrechamente ligados
entre si, se suelen examinar separadamente. Por lo que concierne a todo el conocimiento científico, son
estudiados por la sociología del conocimiento (ejercida de varios modos), la teoría y filosofía de los valores,
y la metodología y psicología. La sociología del conocimiento, que continúa la idea marxista del conocimien-
to social de la conciencia humana, puede verse, tanto en interpretaciones anteriores (por ejemplo, K.
Mannheim)28 como en otras más recientes (por ejemplo, W. Stark)29 como la ciencia que investiga el
condicionamiento social del conocimiento humano. Pero mientras que Marx no pensaba que este
condicionamiento fuera un factor que impedía a los seres humanos llegar a una descripción verdadera de los
hechos Mannheim es pesimista a ese respecto, es decir, relativista en el sentido definido previamente, ya que
asegura que la subjetividad es inherente a las ciencia sociales, mientras que la naturales esán libres de ella, al
menos en su aspecto cuantitativo30 .

Los lazos entre el conocimiento histórico y el problema de los valores, es decir, la influencia de las opinio-
nes mantenidas por el sujeto conocedor sobre los resultados de su investigación, sobre lo que en su opinión
debería ser (lo qu es bueno o malo, útil o un esotorbo, progresivo o regresivo, etcétera), es decir, los lazos
entre el conocimiento y la ideología (en uno de los sentidos del término) se subrayan muy a menudo. Algunos
autores piensan que éste es un mal necesario sui generis, específico, en gran medida, de las ciencias sociales,
y piden una investigación «pura», «objetiva», que –en el caso de la historia– debería guiarse, en lo posible,
sólo por las fuentes realmente usadas. Otros no se alrman porque sostienen que en las ciencias naturales
tampoco hay investigación pura; por tanto, al plantear cualquier exigencia, no sugieren que se elimine la
valoración, ya que eso es imposible, sino que se use conscientemente. La aceptación de la influencia de la
valoración sobre los resultados de la investigación histórica, en el sentido de que dichos resultados no pueden
ser objetivos porque se interpretan a la luz del sistema de valores que tiene un investigador concreto, significa
un relativismo epistemológico.
Para resumir lo que se ha dicho sobre la sociología del conocimiento, podemos encontrarnos con un
relativismo que tiene en cuenta o la posición social del sujeto conocedor o su sistema de valores como factor
de deforma el conocimiento.
Respecto al conocimiento en general que el historiador tiene al comenzar su investigación y que ta,mbién
afecta a su narración, los autores que subrayan ese factor no siempre llegan a conclusiones relativistas. Se
suele decir que la selección de los hechops depende de las categorías generales de pensamiento y de las
categorías específicas de pensamiento histórico (confróntese A. Stern), de la teoría que oresente el historia-
dor (cfr. R. Aron), de la visión del mundo o del pasado que tenga. Más o menos, ocurre lo mismo con el
énfasis puesto sobre la influencia de la personalidad del historiador sobre el cuadro del pasado que reconstru-
ye, o, según algunos autores, construye (cfr. H. I. Marrou, Paul Valéry).

28 Es el autor de la expresión sobre la «perspectiva de investigación» definida por una situación social dada. Cfr. K. Mannheim, Ideology and Utopia,
An Introduction to the Sociology of Knowledge, Nueva York, 1936, págs. 240 y ss. También merece atención el prólogo de L. Wirth a esa obra.
29 W. Stark, The Sociology of Knowledge, An Essay in Aid of Deeper Understanding of the History of Ideas, Londres, 1958.
30 K. Mannheim, op. cit., pág. 261.

120
La naturaleza del conocimiento histórico

A la vista de lo dicho, surgen dos problemas estrechamente relacionados;


1) El hecho de que el conocimiento histórico dependa de la posición social del historiador, de un sistema
de valores, de los principios teóricos que guíen su proceso cognoscitivo, y de su personalidad, ¿da lugar
inevitablemente a un relativismo epistemológico que niega la posibilidad de llegar a la verdad en la historia?
2) Esta situación, que es característica del conocimiento histórico, ¿es una peculiaridad de ese tipo de
conocimiento, o es simplemente una variedad de un situación epistemológica general?
La dependencia del conocimiento histórico respecto de la posición (clase) social del historiador, de su
sistema de valores, de los principios teóricos que guían su proceso cognoscitivo, y de su personalidad, está
fuera de duda, y los relativistas tienen razón cuando aseguran eso. Pero en este sentido hay que tener tres
reservas. Primero, la relación entre los factores mencionados y los resultados de la investigación asumida por
los relativistas es a menuda más compleja de lo que parece a primera vista. Segundo, la relación no es una
peculiaridad del conocimiento histórico (o sociológico) nada más, y tercero, no tiene por qué dar lugar a una
negación de la objetividad de ese tipo de conocimiento, suponiendo de que no nos refiramos a una objetividad
absoluta. Un análisis de estas tres cuestiones nos dará argumentos contra el escepticismo sobre la posibilidad
de alcanzar la verdad en un cuadro del pasado, y así contestará las preguntas planteadas más arriba.
La posición social del sujeto conocedor, su sistema de valores, los principios teóricos que le guían en su
proceso cognoscitivo, y su personalidad, forman una complicada red que hay que mostrar con algún detalle
para revelar el papel de estos cuatro factores.
Esto es mostrado por el siguiente esquema; las flechas muestran la dirección de las influencias.
Se pueden advertir fácilmente numerosas realimen-taciones e influencias indirectas. La posición social del
sujeto conocedor afecta a los resultados de la investigación (conocimiento) a través de un sistema de valores
conformado por esa posición social, el conocimiento de que dispone y su personalidad. Así, no es ningún
factor independiente que pueda analizarse sin tener en cuenta el conocimiento adquirido hasta el momento
por el historiador y sus características mentales. En este sentido, se puede decir brevemente que, si por el
momento no tenemos en cuenta el objeto de conocimiento y la influencia directa de la personalidad sobre el
resultado del proceso cognoscitivo, el resultado de la investigación histórica (proceso cognoscitivo) depen-
den del cuerpo general de conocimiento del historiador y de sus sistema de valores; evidentemente tenemos
que recordar que ese sistema de valores está en función de la posición social del historiador y de su conoci-
miento general, ya que su posición social, antes de afecta r su sistema de valores, debe encontrar un reflejo en
el cuerpo general de conocimiento del historiador. Se puede asegurar por tanto que los resultados del proceso
cognoscitivo dependen del conocimiento que tiene el historiador al comenzar su investigación. Es obvio que
dicho conocimiento debe interpretarse de una forma muy amplia, de modo que abarque su sistema de valores,
es decir, sobre todo, su sistema de normas axiológicas (o modelos). Cada acto cognoscitivo, añadido a su
conocimiento, afecta a su sistema de valores y al sistema de valoraciones consiguiente. El proceso cognoscitivo
resulta ser así un proceso continuo de interacciones de varios factores. Se puede ver claramente que la in-
fluencia del sujeto conocedor sobre los resultados del proceso cognoscitivo es considerable, lo cual da una
imagen del proceso cognoscitivo muy distinta de la creencia positivista de que el sujeto conocedor refleja
pasivamente el mundo exterior.
Pero esto no ocurre solamente con el conocimiento histórico. El defecto básico de la opinión positivista
(cfr. Ch. Beard) no era tanto una exageración al subrayar el papel del sujeto conocedor en el caso del cono-
cimiento histórico, como la opinión errónea sobre la situación epistemológica y metodológica de las ciencias
exactas: en la interpretación relativista, el conocimiento histórico era considerado separadamente del proceso
del conocimiento humano en general.
Pero todo el conocimiento humano, como hemos subrayado repetidamente, está guiado, hasta cierto pun-
to, por el cuerpo general de conocimientos del sujeto conocedor, lo cual, evidentemente, incluye las valora-
ciones. No adquirimos ningún conocimiento de lo que nos está excluido por nuestro cuerpo general de cono-
cimiento, demasiado limitado a un área pequeña. Todo lo demás se adquiere por medio de ese conocimiento
general que, al darnos las reglas de selección en el proceso cognoscitivo, nos muestra el mundo, pero como
un mundo algunas de cuyas partes están más destacadas y otras menos. Así, el cuadro que obtenemos no se
muestra ni detallado ni uniformemente: es un cuadro interpretado por nuestro conocimiento previo, y por
tanto lleno de trozos oscuros e iluminados. Esto no ocurre sólo porque es muy difícil adquirir un conocimien-

121
Jerzy Topolski

to adecuado del mundo y porque nuestro cuerpo de conocimientos está lleno de lagunas, sino también porque
no todo lo que nos rodea en el mundo parece ser igualmente importante –y por tanto valioso–, y es bien
sabido que aquellas cosas que por alguna razón consideramos de menor importancia no atraen mucho nues-
tra atención. En este sentido, no hay diferencia entre el estudio del pasado y del presente: nuestro cuerpo de
conocimientos previos interviene en ambos casos. Para un hombre que carezca de un conocimiento adecuado,
un cuadro de Giotto, a pesar de su papel en la historia de la pintura europea, será simplemente un pedazo de
lienzo cubierto de pintura. Del mismo modo, un ciclotrón será para él sólo un instrumento no descrito. Esto
tiene consecuencias en la esfera de las valoraciones, aunque ésta es una función de todo el cuerpo de conoci-
mientos que tiene el sujeto conocedor, y no sólo de la parte de ese cuerpo general de conocimientos que se usa
activamente en el estudio de un objeto determinado. Por ejemplo, a causa de una laguna que tenga en su
conocimiento, una persona puede pensar que el ciclotrón que tiene oportunidad de mirar tiene muy poca
importancia para los seres humanos; pero le puede atribuir un inmenso papel si su conocimiento anterior le
hace dar una importancia grande, o incluso excesiva, a los objetos desconocidos y «misteriosos». Del mismo
modo, en el conocimiento histórico, el cuerpo de conocimientos de una persona, especialmente su conoci-
miento histórico, le hace dar mayor o menor importancia a los objetos, individuos, grupos o sucesos concre-
tos. Un historiador cuyo conocimiento comparativo es más bien pequeño, y que por tanto tiene un sistema de
valoración «distorsionado», se inclina a dar demasiada importancia al pasado de la región, país, individuo o
suceso que investiga.
Hay que destacar que, en cuanto a la investigación histórica, la opinión relativista no basa su escepticis-
mo en la aseveración de que el proceso cognoscitivo es «relativo» (subjetivo, condicionado) porque depende
de laguna manera de ese cuerpo general de conocimientos, sino, sobre todo, en la aseveración de que dicho
conocimiento no es objetivo, porque es interpretado por el sistema de valores que tenga el sujeto conocedor.
Se puede decir que la opinión relativista, mientras que subraya –en el conocimiento histórico y en cualquier
otro– el papel del conocimiento entendido como una serie de afirmaciones sobre los hechos (que tienen cada
una un valor lógico dado, es decir, están situadas en el eje verdad–falsedad), afirma que el proceso cognoscitivo
histórico (como específicamente distinto del proceso cognos-citivo de las ciencias exactas) se guía además
por un sistema de valores, es decir, por reglas situadas en el eje bueno–malo (útil–estorbo, progresista–
reaccionario, etcétera), lo cual da al conocimiento histórico un tinte de predisposición. El hecho de que estos
dos ejes, como si dijéramos, se crucen en el proceso cognoscitivo (lo cual, se asegura, es específico de este
tipo de conocimiento) es un obstáculo, según los relativistas, para nuestra llegada a un conocimiento, en la
investigación histórica, que podamos llamar verdadero. Puesto que el conocimiento de los hechos es, como
hemos dicho, dependiente en gran medida de la posición del sujeto conocedor en la vida social, y constituye
así la base para la formación de su sistema de valores, los relativistas hablan a menudo de una deformación
del proceso cognoscitivo causada por las condiciones de vida, o, de un modo más abstracto, de una distorsión
del pasado causada por el presente, lo cual, como hemos visto, les lleva a afirmar que toda la historia es
historia presente (B. Croce).
Esta postura fue el resultado de la opinión anti–positivista sobre la naturaleza específica de la investiga-
ción histórica, en contraposición a la investigación en el área de las ciencias exactas. En realidad, los
relativistas, al subrayar (con razón, pero demasiado radicalmente) la dependencia del proceso cognoscitivo
histórico respecto del sistema de valores mantenido por el sujeto conocedor, llegaron a afirmar que un proble-
ma que es común a todas las disciplinas era específico de la investigación histórica. La opinión (defendida,
entre otros, por H. Rickert) de que algunas ciencias son dependientes de los valores mientras que otras están
libres de ellos, que es un ejemplo de esa postura, fue muy corriente en una época, y se puede encontrar
todavía ahora.
Sin embargo, la valoración está en los fundamentos de la ciencia, de toda, la natural y la social31 , y esto
no puede ser de otro modo, porque la ciencia es un producto de un hombre que vive en la sociedad. En primer
31 Hay que mencionar aquí las importantes observaciones de M. Weber sobre el valor de la ciencia. Como es sabido, él defendía esta estricta distinción
entre las afirmaciones que tienen un valor lógico, y las normas, que no son ni ciertas ni falsas. Cfr. M. Weber, Gesammelte Aufsätze zur
Wissenschaftslehre, Tubinga, 1922, que incluye «Der Sinn der Wertfreiheit der soziologischen und ökonomischen Wissenschsften». Ver también V.
Kraft, Di Grundlagen ciner Wissenschaftlichen Wertlehre, Viena 1937. La literatura sobre el problema de los valores de la ciencia es muy abundante.
Mencionamos aquí dos publicaciones que, en cierto modo, resumen la cuestión; en concreto, G. Myrdal, Value in Social Theory, Nueva York 1958
(sobre las ciencias sociales en general), y A. Stern, Philolosophy of History and the Problem of Values, La Haya 1962 (sobre la historia). Myrdal asegura
que la valoración es parte de la ciencia, y que no podemos imaginar ningún conocimiento social «desinteresado», lo cual, subraya, no está en contradicción
con la búsqueda de racionalidad en el pensamiento. La opinión de Stern sobre la historia es muy parecida; también se opone al olvido radical de las
diferencias entre las ciencias sociales y las naturales. Sin embargo, tenemos que subrayar que la valoración aparece en ambas clases de disciplinas.

122
La naturaleza del conocimiento histórico

lugar, el hombre debe haber llegado a la conclusión de que merece la pena buscar la verdad, y esa conclusión
(es decir, una valoración específica) se convierte en el punto de partida para emprender la investigación
científica. Así, todos los intentos de dibujar una línea de división estricta entre el mundo de la ciencia (sea la
disciplina que sea) y el mundo de los valores, o de contrastar uno y otro, cae por su propio peso. Algunos
metodologistas subrayan este hecho con mucha fuerza. Por ejemplo. K. Kaufmann dice que la actividad
científica se puede interpretar como la lucha por ciertos objetivos que no se pueden «definir exclusivamente
en términos de un (...) procedimiento científico». Este objetivo debe ser para un científico mejorar los niveles
de vida y la felicidad de la humanidad, asegurar los beneficios materiales y prestigio social para sí mismo, o
conseguir una satisfacción de la investigación32 . Todas la decisiones en la investigación científica, incluso
aquellas que parecen estar completamente libre de valoraciones, pueden, en último análisis, reducirse a un
objetivo general como ése, debido al cual se emprende la investigación, sea cual sea la descripción de ese
objetivo. Incluso una persona que está haciendo un experimento químico y decide provocar una reacción
para obtener el resultado deseado, si se le pregunta por la base de sus decisión, tiene que remontarse a la
decisión básica que le hizo emprender una investigación de un tipo concreto33 .
Este punto de partida común no significa que no haya diferencias entre las diversas disciplinas en su
relación con los valores; sin embargo, esas diferencias no consiste en el hecho de que algunas están libres de
los valores y otras (por ejemplo, la historia) dependen de ellos, sino simplemente en el grado en el que esa
valoración se hace visible.
Para analizar mejor el problema tenemos que señalar en primer lugar que la toma de una decisión en la
investigación (que, en la práctica, se reduce sobre todo a los problemas de selección) se ve influida simultá-
neamente por varios sistemas de valores, que se diferencian entre sí por el grado de generalización. Son el
sistema de valores universales, el de valores de grupo (entre los que se destacan los valores de clase), y el de
los valores individuales34 . Los valores universales (que no hay que identificar con los valores absolutos, y
por tanto ahistóricos, propuestos, como hemos mencionado, por H. Rickert en su campaña contra el historicismo
alemán) en general son aceptados por todos, lo cual, evidentemente, no significa que todos acepten todos los
valores en todas las épocas; es decir, simplemente, que los acepta en general, al margen de su grupo o status
de clase. Una persona puede aceptar que la lucha por un mejor nivel de vida es un objetivo más importante
que la lucha por satisfacerse con el propio trabajo; otra persona puede sostener el principio de que proteger la
propia salud es más importante que luchar por un mejor nivel de vida, lo cual no nos impide incluir todas
estas normas de conducta en el sistema de valores universales. Los objetivos de la investigación enumerados
antes están también dentro de este sistema. En el caso de los valores universales en los que se basan tanto las
decisiones en las ciencias sociales (y por tanto en la historia), como en las ciencias naturales, las valoraciones
convergen, y esta es la causa de que no aparezcan a simple vista como valoraciones35 .
Si se quieren materializar los valores universales hay que emprender acciones específicas. Puesto que en
una sociedad dividida en clases y niveles las diferentes situaciones de estas clases y niveles inducen a sus
miembros a emprender acciones que a menudo son diferentes aunque quizá orientadas a un mismo objetivo
general, entonces surgen ciertos valores que pueden ser aceptados por un grupo (o sea, por la mayoría de sus
miembros), pero que son distintos de los aceptados por otro grupo. Si consideramos el siguiente valor univer-
sal (es decir, un objetivo general determinado): «cada uno debe mejorar su propio nivel de vida, y por lo
menos no empeorarlo», entonces un capitalista acepta el valor de grupo que le hace defender el sistema
capitalista, mientras que un empleado acepta el valor de grupo que le hace atacar ese sistema. Los valores de
grupo (e incluso de clase)no tiene porque estar en conflicto entre sí: la implantación del valor universal
«protege tu salud» hace que la gente emprenda distintas acciones muy parecidas (cultivo de hábitos persona-

32 F. Kaufmann, The Methodology of the Social Sciences, 2ª ed., Nueva York, 1958, pág. 67.
33 El término Basenentscheidungen se encuentra en H. Albert, «Probleme der Wissenschaftslehre in der Sozialforschung», Handbuch der
empirischen Sozialforschung, pág. 48. Ver también R. Rudner, «Value Judgements in the Acceptance of Theories», en The Validation of Scientific
Theoriesk, Nueva York, 1952.
34 Una clasificación semejante se encuentra en A. Stern, op. Cit., págs. 132–133 (valores universales, valores colectivos, valores individuales). Las
diversas obras sobre el problema de los valores, empezando por la Etica de Nicómaco y la Política, hacen divisiones en varias clases de valores. Por
el momento, nos interesan sólo las clasificaciones basadas en el alcance de la aceptación social. H. D. Lewis hace la distinción entre «la predilección
personal» y los «presupuestos generales» (cfr. Freedom and History, Londres, 1962, págs. 202–206).
35 El problema de la convergencia y la divergencia en la valoración es tratado por J. Banka, Ideologia i nauki humanistyczne, publicaciones de la
Universidad Adam Mickiewicz, Serie filosófica, psicológica y pedagógica, núm. 9, Poznan, 1966.

123
Jerzy Topolski

les adecuados, etcétera), al margen de la pertenencia a un grupo. Así, entre los valores de grupo podemos
distinguir aquellos que indican una simple aceptación, por parte de un grupo determinado, de los valores
universales (valores de grupo1) y aquellos que son transformaciones de valores universales, necesarias si un
grupo concreto quiere implantar en sus situación particular los valores universales en cuestión (valores de
grupo2). En conjunto, los valores de grupo1 y los valores de grupo2 forman un sistema de valores de grupo
que es la base de las valoraciones hechas por los miembros del grupo. Un científico que sea objetiva y
subjetivamente un miembro de un determinado grupo social suele aceptar el sistema de valores de ese grupo.
Cuando los científicos que son miembros de varios grupos sociales implantan los valores de grupo1, nos
encontramos con valoraciones convergentes, como en el caso de las valoraciones universales.
Por otro lado, la lucha por implantar los valores de grupo2 puede combinarse con valoraciones distintas de
los mismos hechos por científicos que son miembros de varios grupos sociales, lo cual puede influir de algún
modo (más o menos advertido por el investigador, y a veces pretendido deliberadamente por él) en los resul-
tados de la investigación36 . Si un científico cree que el sistema capitalista debe ser conservado (porque lo
valora positivamente), mientras que otro cree que ese sistema debe ser abolido (porque lo valora negativa-
mente), entonces estas distintas valoraciones de grupo (en este caso, de clase) tienen muchas posibilidades de
afectar a su trabajo de investigación, incluso en la elección de los problemas. Pero en el intento de implantar
los valores de grupo, no todos los hechos se valoran de forma distinta. Las valoraciones suelen converger en
cuanto a los fenómenos naturales (por ejemplo, las inundaciones, que empeoran las condiciones de vida de la
gente, son valoradas negativamente por varias clases, lo que les hace ocuparse todos en medidas preventi-
vas), y suelen ser divergentes en cuanto a los hechos sociales (por ejemplo, un oponente y un defensor del
sistema capitalista tendrán distintas apreciaciones de una huelga). Pero también hay fenómenos naturales que
son valorados de forma distinta por las diversas clases. Por ejemplo, las cosechas abundantes que hacen
bajar los precios. También hay hechos sociales que son valorados de forma convergente (por ejemplo, en
muchos casos, un alza en la renta nacional per capita, o una victoria en una guerra sostenida en defensa del
propio país). La creencia de que los sucesos del mundo de la Naturaleza son valorados de forma convergente
ha dado lugar a la opinión de la posición diferente respecto a los valores de la ciencia natural, por un lado, y
la ciencia social (a la que la historia tiene el orgullo de pertenecer) por el otro. Esta opinión esta muy justifi-
cada, como vemos. Más aún, puesto que los valores del grupo2 (y los valores de clase en particular) se suelen
referir a hechos sociales, la identidad de la materia de investigación proporciona mejores oportunidades para
que influyan sobre la investigación en las ciencias sociales que en las naturales. Pero, en general, no se puede
dibujar una línea divisoria, basada en la valoración, entre estos dos grupos de disciplinas. Ambos grupos
tienen la influencia de las valoraciones de grupo convergentes y divergentes.
El sistema de valores individuales es todavía más complejo y complicado que el de los valores de grupo.
Incluye los valores universales aceptados por un individuo concreto (a través de los valores de grupo1), los
valores de grupo 2, y aquellos valores individuales específicos de la persona en cuestión. Esos valores indivi-
duales están relacionados con al experiencia y la mentalidad de esa persona. Suelen derivar de los valores
universales y de los valores de grupo2, pero a veces difieren de estos últimos. Por ejemplo, una apreciación
negativa del hecho de fumar tabaco se clasificará como un valor individual relacionado con la experiencia de
una persona (lógicamente, no tiene por qué ser su propia experiencia fumadora), mientras que una aprecia-
ción positiva de empresas arriesgadas es un valor individual relacionado con su mentalidad. Los valores
individuales tienen el mismo efecto sobre la investigación de la ciencia natural y en lo social. Por ejemplo, la
apreciación negativa del hecho de fumar tabaco por un experto en medicina puede afectara su interpretación
de los datos sobre la incidencia del cáncer de pulmón, y la valoración positiva (o condenación) del riego
puede afectar la valoración de un historiador sobre una personalidad que vivió en el pasado. En último
análisis, todos los valores universales y de grupos, y los propios valores individuales, se combinan para
formar un sistema de valores individuales.
Al resumir la discusión, sobre la dependencia del proceso cognoscitivo histórico respecto de los valores,
tenemos que llegar a la conclusión de que dicha dependencia no es ninguna peculiaridad de la investigación
histórica, ya que es característica de todo conocimiento científico. La ciencia natural no difiere a ese respecto
de la ciencia social, esencialmente. En el caso de la primera, el hecho de estar libres de valoraciones ocurre

36 Las manifestaciones de la actitud valorativa en la investigación histórica serán tratadas más adelante, al hablar de las valoraciones de la historia.
Los criterios de valoración (valoración absoluta, valoración radicalmente relativista y valoración moderadamente relativista) serán tratados en el mismo
lugar.

124
La naturaleza del conocimiento histórico

con sólo una parte de los valores de grupo, en concreto los valores de grupo2 divergentes, mientras que los
valores universales, los valores de grupo1, los valores convergentes y los propios valores individuales son
típicos de todas las disciplinas. Tenemos que añadir que en una sociedad dividida en clases toda ciencia,
tanto la social como la natural, juega un papel de clase, ya que cada disciplina es un instrumento de clases o
grupos específicos. En este caso, la ciencia funciona como una ideología, y en este sentido no hay diferencias
entre las diversas disciplinas. Por ejemplo, en nuestra época somos testigos del enorme papel ideológico del
desarrollo de las ciencias tecnológicas.
Nuestras conclusiones, dirigidas contra el relativismo epitemológico atribuido sólo a las ciencias sociales
(y en particular a la investigación histórica) no pretenden, como hemos dicho anteriormente, hacer que el
relativismo abarque todo el proceso cognoscitivo científico, y eliminar así el problema por medio de la nega-
ción de la naturaleza objetiva de ese proceso. Los argumentos contra el relativismo, enumerados más arriba,
se refieren en todo momento a lo que podríamos llamar relativismo absoluto. Según esta interpretación, la
historia siempre resulta ser «un producto» del historiador que construye el pasado, su «confesión de fe»;
supone siempre una historia presente, etcétera, y no puede alcanzar la verdad. No se puede admitir la sustitu-
ción del relativismo absoluto por el positivismo, porque, como hemos visto, este último simplifica demasiado
el proceso cognoscitivo. Pero, a la luz de lo que hemos dicho, podemos esbozar una opinión que podríamos
llamar moderada, o relativismo dialéctico. Este tipo de relativismo, admitiendo una relación entre el proceso
cognoscitivo científico y el mundo de los valores (y el cuerpo general de conocimientos que tiene un sujeto
conocedor concreto), no es tan pesimista como el relativismo absoluto respecto al hecho de que la relación
mencionada distorsiona irreversiblemente los resultados del proceso cognoscitivo, es decir, respecto a la
posibilidad de una investigación histórica objetiva que daría lugar a narraciones que serían a la vez verdade-
ras y comprobables intersubjetivamente37 . Esto no niega el hecho de que, en la práctica, encontramos dichos
casos de literatura histórica que siguen el modelo atribuido por los relativista absolutos a la historiografía en
general.
Podemos aducir tres argumentos para apoyar las aseveraciones del relativismo moderado; todas ellas
señalan el hecho de que la «fluidez» de los factores variables del conocimiento tiene sus límites. Son:
1) la no uniformidad de la influencia de la posición social del investigador sobre los resultados de la
investigación;
2) los valores de grupo específicos de los científicos;
3) la expansión y la uniformidad creciente del conocimiento no basado en fuentes de los historiadores.
Mientras que el relativismo absoluto asegura que la posición social del investigador deforma siempre los
resultados de su investigación, los relativistas dialécticos que en efecto puede ser positivo o negativo, según
su posición social. Las clase que promueven el progreso social cambian en los diversos niveles de desarrollo
histórico. El cambiar las condiciones existentes va en beneficio de esas clases ascendentes, y esto les lleva a
investigar los hechos más exhaustivamente posible. Por eso no basta decir que la posición social de una
afecta los resultados de su investigación: tenemos que averiguar si el investigador (como miembro de una
clase concreta) esta interesado en descubrir la verdad o en ocultarla. «Cuanto más insensible e imparcial sea
la ciencia, más cumplirá las aspiraciones e intereses de los trabajadores.» Karl Marx fue el primero en
formular esta idea38 .
Las valoraciones divergentes basadas en las clases mencionadas anteriormente pueden suavizarse, en
gran medida, respecto a la investigación: los estudiosos y científicos forman un grupo social específico que
tienen sus propios valores de grupo específicos. Ciertas valoraciones generales dentro de ese grupo dan lugar
a sistemas específicos de valores de grupo que son típicos de los investigadores que trabajan en las diversas
disciplinas, y por tanto, también, de los historiadores. La respublica docta, aunque todavía desperdigada
entre las clases, produce un número gradualmente mayor de normas que son comunes a todos sus miembros

37 Entre los libros sobre el objetivismo en la investigación histórica, véanse M Mandelbaum, The Problem of Historical Knoledge, ed. Cit.; F.
Kaufmann, The Methodology of the Social Sciences, Nueva York, 1958; I. Berlín, Historical Inevitability, ed. cit.; Ch. Blake, «Can History be
Objective?», en Theories of History, ed. cit., págs. 329–413; la opinión de Blake es tratada por D. H. Lewis, Freedom and History, Londres 1962, págs.
201 y ss. Sobre el mismo problema, ver también J. A. Passmore, «Can the Social Sciencies Be Value–Free?», en Readings in the Philosophy of Science,
H. Feigl y M. Brodbeck (eds.), Nueva York, 1953; W. Kula, Rozwazania o histori, Varsovia, 1958.
38 K. Marx, Das Capital, vol. I, Stuttgart–Berlin, 1922, pág. 7.

125
Jerzy Topolski

y que no pueden ser dejadas de lado si un investigador no quiere arriesgar su reputación. Estas normas se
refieren a la honestidad de la investigación, basando todos los casos de deducción en bases comprobables por
otros, claridad y precisión de formulaciones, competencia en el área de la propia investigación, aproxima-
ción crítica a los datos, etcétera. Aunque no eliminan las diferencias en la selección de los problemas que
deben ser estudiados, marcan bastante bien el límite más allá del cual nos encontramos con distorsiones
intencionadas de los hechos. Por supuesto, esto no excluye la posibilidad de que la producción cuasi–cientí-
fica más allá de este límite parezca, a primera vista, genuinamente científica, pero de ello no se puede echar
la culpa a los historiadores de mente objetiva.
Mientras que el primer argumento se dirigía contra la interpretación fatalista de la posición de clase, y la
segunda señalaba ciertas circunstancias técnicas que suavizan las divergencias de los valores de grupo, el
tercero tiene un ámbito de aplicación más amplio. Se ha dicho que los resultados del proceso cognoscitivo
histórico (por el momento no nos preocupamos de la calidad de las fuentes) depende de un cuerpo de conoci-
mientos ampliamente concebidos (incluyendo un sistema de valores) que tiene el historiador cuando empieza
una investigación; lo hemos llamado, de un modo convencional, conocimiento no basado en fuentes. Este
cuerpo de conocimientos se puede expender casi hasta el infinito, y puede convertirse en algo cada vez más
uniforme para personas diferentes, proceso que asegurará una convergencia creciente de los resultados de la
investigación. Cuando los historiadores se apoyan en los logros de otras disciplinas y los añaden a la serie de
conceptos conque comienzan la investigación, desarrollan así ciertas estructuras teóricas comunes a todos,
que impedirán excesivas divergencias en los resultados de la investigación. En algunas ciencias naturales
(por ejemplo, la física) ya se ha desarrollado una serie de conceptos teóricos comúnmente aceptados. Esto no
significa que su nivel de desarrollo sea superior: simplemente atestigua el hecho de que la materia de investi-
gación en las ciencias sociales es mucho más compleja y exige diferentes procedimientos de investigación y
tiene una forma de desarrollo propia.
Por tanto, en opinión de este autor, el conocimiento no basado en fuentes es el apoyo principal de la
objetividad en la investigación histórica. Como veremos más tarde, al analizar el concepto de veracidad en la
historia (o sea, el objetivo de la historiografía objetiva) y el del conocimiento no basado en fuentes, no hay
obstáculos irremontables que nos puedan impedir hacer una literatura histórica objetiva. Su objetividad nun-
ca será absoluta, ya que sería absurdo afirmar que el conocimiento no basado en fuentes de todos los historia-
dores es uniforme. Las gafas a través de las cuales miran los historiadores los colores y las formas del mundo
siempre permanecerán diferenciadas, aunque sólo sea por las diferencias en la experiencia individual. Esto
significa que la descripción de un hecho o de un sistema hecha por A será diferente, al margen de su conoci-
miento no basado en fuentes básicamente común, de la descripción correspondiente hecha por el historiador
B. Desde un cierto punto en el desarrollo de la ciencia histórica, este hecho será considerado como bueno, y
contribuirá gradualmente a un cuadro objetivo (verdadero) del pasado. Siempre tendremos que escribir la
historia de un nuevo modo, pero no porque la historia sea «un producto subjetivo del historiador» que es
incapaz de descubrir la verdad; lo haremos porque el conocimiento no basado en fuentes, el individual y el
que es común a todos los historiadores y que nos acerca a la verdad, se acumulará con el paso del tiempo.
Como escribió A. Gramsci: «Objetivo significa siempre “humanamente objetivo”, lo cual corresponde estric-
tamente a “históricamente subjetivo”, de forma que “objetivo” quiere decir lo mismo que “universalmente
subjetivo”»39 .

6. La verdad en la historia

Surge una cuestión, qué es la verdad en la interpretación del relativismo dialéctico y cuál es la relación
entre el concepto de verdad y el de probabilidad, que a menudo se usa en relación con la investigación
histórica. Los relativistas moderados afirman que el historiador, en su investigación, llega a una verdad
relativa (verdades parciales), que es un estadio en su camino hacia el acuerdo absoluto de sus afirmaciones
con los hechos (isoformismo perfecto), es decir, hacia la verdad absoluta. La verdad absoluta es una especie
de concepto límite, de idealización. Teniendo en cuenta la infinita complejidad del mundo en constante cam-
bio, sólo podemos intentar la verdad relativa. El acuerdo con los hechos es también el criterio para medir la
verdad relativa, pero adelantamos que ese acuerdo, en todas las formas de conocimiento, es solamente relati-
vo, y no absoluto, porque vale tanto para las irregularidades y causas principales como para las manifesta-

39 A. Gramsci, Pisma wybrane, vol. I, Varsovia, 1961 págs. 132–133.

126
La naturaleza del conocimiento histórico

ciones superficiales. El concepto metodológico de verdad (no modificado por ningún adjetivo) abarca así el
concepto de verdad absoluta y el de verdad relativa. Se necesita en metodología como formulación del obje-
tivo del proceso cognoscitivo científico.
Uno de los principios metodológicos y lógicos básicos, que dice que el concepto de verdad se aplica
solamente a las afirmaciones (es decir, sólo las afirmaciones pueden ser verdaderas o falsas, de acuerdo o no
con los hechos), exige una cierta modificación en la historiografía. En lo que respecta a la literatura histórica,
en el caso de las consideraciones metodo-lógicas penetrantes, es necesario no sólo tratar la verdad o falsedad
de las afirmaciones aisladas, sino también la verdad o falsedad de las narraciones históricas, o sea, secuen-
cias de afirmaciones que en conjunto forman cuadros del pasado (cfr. capítulo XXIII). Ahora nos interesa no
sólo la verdad de afirmaciones aisladas como «La Bastilla fue tomada el 14 de julio de 1789», «La Constitu-
ción de 1791 marcó una victoria de las ideas revolucionarias», etcétera, sino también la verdad (acuerdo con
los hechos) de todo el cuadro de la Revolución Francesa (o un fragmento) mostrado en la obra de un historia-
dor concreto. Sabemos perfectamente que en una narración histórica la suma de una serie de afirmaciones
verdaderas no necesariamente da un cuadro general verdadero de los sucesos. Por otro lado, puede ocurrir
también que afirmaciones aisladas falsas, coexistiendo en una narración con otras verdaderas, no invaliden
necesariamente la verdad de esa narración como un todo. Esto crea el problema del concepto de valor lógico
de las narraciones, que hay que usar en los análisis metodológicos junto al del valor lógico de las afirmacio-
nes40 . La literatura histórica objetiva intenta no sólo la verdad de las afirmaciones, sino, sobre todo, la verdad
de las narraciones: la cuestión es que la estructura de los hechos y de los procesos históricos sea reconstruida
de acuerdo con lo que ocurrió. Evidentemente, no todos se dan cuenta de la importancia de esta tarea, y ésta
es la razón de que muchas revisiones de estudios históricos se ocupen a menudo solamente del valor lógico de
las afirmaciones aisladas, y no de la narración como un todo, lo cual hace imposible una apreciación correcta
de importantes contribuciones41 . Está claro que en cada caso habría que comprobar la verdad de las afirma-
ciones aisladas y de la narración, ya que sólo esto nos permite apreciar la contribución de un estudioso
determinado a la investigación histórica.
Pero entonces surge la pregunta básica: ¿Qué es una narración verdadera? Si mantenemos la definición
clásica de verdad, la respuesta sería –como en el caso de las afirmaciones– que una narración debe estar de
acuerdo con los hechos. Pero ¿qué significa esto en el caso de una narración histórica? El problema no
plantea dudas en relación con las afirmaciones aisladas, pero en lo referente a las narraciones da lugar a
problemas enormemente complicados. Podemos dar, por lo menos, tres explicaciones posibles (y abreviadas)
del concepto de «narración de acuerdo con los hechos históricos». Sería una narración que:
1) Ofrece una descripción fiel de los hechos (es decir, una que es detallada y que está formada por afirmaciones
verdaderas).
2) No ofrece una descripción completamente detallada, pero no incluye afirmaciones que difieran de los
hechos.
3) No ofrece una descripción detallada, pero no sólo no incluye afirmaciones que difieran de los hechos, sino
que ofrece una interpretación integral de los hechos que muestra la estructura y el movimiento de un sistema
concreto en total o en parte (cfr, Capítulo XIV).
La primera explicación debe ser rechazada, no sólo por la imposibilidad física (al margen de la falta de
fuentes) de dar una descripción totalmente detallada de los hechos, sino también porque la historiografía
(como ciencia) no es de escribir crónicas (cfr. Capítulo XXIII). Las exigencias formuladas en la segunda
explicación son demasiado limitadas; pueden ser consideradas suficientes por los que apoyan la investiga-
ción de tipo erudito, que subraya la formulación del mayor número posible de afirmaciones rigurosamente
establecidas como ciertas. La tercera explicación ha sido redactada en términos necesariamente muy genera-
les. Como se puede ver fácilmente, incluye la exigencia de que la historiografía preste atención a la estructura
y al movimiento de los sistemas, es decir, explique el desarrollo (y cumpla. Por tanto, el modelo dialéctico,
ver capítulo IX). Una narración que se ocupe de los sistemas (que pueden ser de distintos tamaño) y de sus
elementos tiene que tener en cuenta las fuerzas que ponen en movimiento el sistema y la posición de los
diversos elementos de ese sistema. Esta exigencia, para ser satisfecha, necesita un conocimiento no basado en

40 Esto es sólo una sugerencia, que tiene que ser elaborada aparte.
41 El problema merece una investigación detallada; en realidad debe considerarse dentro de un contexto más amplio, el de los métodos de argumentación.

127
Jerzy Topolski

fuentes, más amplio y unos niveles más altos de dicho conocimiento, ya que sólo así pueden surgir cuadros
verdaderos a partir de afirmaciones verdaderas. Esto conduce a una conclusión de algún modo paradójica: es
posible que a medida que mejora el proceso cognoscitivo histórico, afirmaciones que se solían aceptar como
verdaderas lleguen a ser rechazadas por falsas; del mismo modo, las descripciones históricas que se solían
clasificar como verdaderas pueden –siguiendo el desarrollo de la ciencia histórica, que significa, sobre todo,
el desarrollo del conocimiento no basado en fuentes– mostrarse como falsas en virtud del cambio de perspec-
tiva temporal. También es posible admitir la veracidad simultánea de una serie de descripciones (narracio-
nes) del mismo fragmento del pasado, suponiendo que dichas descripciones (narraciones) sean compatibles
entre sí. En tal caso, todas esas descripciones, en conjunto, indican un paso hacia el alcance de la verdad, si
satisfacen las condición de un acercamiento integral.Esto ocurre también con otras disciplinas.
En resumen, podemos decir que el concepto de «estar de acuerdo con los hechos», aplicado a una narra-
ción histórica, no significa simplemente la etiqueta «como fue realmente» (lo cual es posible en el caso de
afirmaciones aisladas), sino también una explicación de cómo deben interpretarse esos «hechos». En este
punto vemos una relación entre las reflexiones en el campo de la metodología pragmática de la historia y la
del campo de la metodología objetiva. La explicación de cómo hay que entender los «hechos» (en un estadio
concreto de desarrollo de la ciencia) está en la esfera de la metodología objetiva. (Ver tercera parte.)
Pero entonces, ¿cómo sabemos que una afirmación histórica concreta es verdadera o falsa o, en una
terminología un poco diferente, que tiene significado? Nos ocupamos todavía del estudio del pasado, de
modo que ¿cómo podemos demostrar –en el curso del estudio– que una afirmación dada está de acuerdo con
los hechos (exigencia de la definición clásica de verdad) si todavía no conocemos los hechos? Por otro lado,
si conociéramos esos hechos, no tendríamos que estudiarlos.
Las reglas para averiguar directa o indirectamente el valor lógico de las afirmaciones se llaman también
criterios, es decir, métodos para distinguir las afirmaciones verdaderas de las falsas, se han desarrollado en el
curso de la investigación científica y son totalmente aplicables a la investigación histórica, también. De ellas
no nos interesan aquí las reglas semánticas (como las tablas de verdad) que muestran cómo el valor verdad de
las afirmaciones compuestas depende del valor verdad de las afirmaciones simples que las componen.
Fuera de las reglas que nos interesan aquí, la mayor importancia se debe atribuir al criterio de la práctica,
ya que éste es el único criterio que nos permite averiguar cuál es la relación entre una afirmación sobre un
hecho y el propio hecho. Podemos llamarlo, por tanto, criterio semántico. Todos los demás criterios son o
sintácticos o pragmáticos; los primeros se refieren a las mismas afirmaciones o a las relaciones entre ellas,
mientras que los últimos describen la relación entre las afirmaciones y los que las hacen, y en última instancia
deben ser confirmadas por el criterio de la práctica.
El criterio de la práctica, que es la única prueba directa de la verdad, ya que llaga más allá de las afirma-
ciones y establece un «contacto» directo con los hechos, puede entenderse como general, que con el conoci-
miento de la eficacia de las acciones humanas nos permite averiguar la verdad de las afirmaciones sobre los
hechos, y como algo técnico, para ser usado en la práctica investigadora cotidiana.
El criterio general de práctica es el fundamental en todas las disciplinas. El hombre va transformando
gradualmente el mundo, utilizando igualmente los logros de las disciplinas sociales y los de las naturales, y
su éxito en la transformación del mundo significa que confía en un conocimiento que es básicamente verdade-
ro y que ha sido adquirido en el curso del proceso cognoscitivo (tanto en el área de la ciencia natural como de
la ciencia social). No podemos imaginar el violento desarrollo de la tecnología de hoy en día sin la existencia
de una sociedad organizada que base sus acciones en el conocimiento de los hechos sociales y que recuerde
sus acciones en el pasado. El papel de la historia en dichas transformaciones es excepcionalmente grande:
coopera con otras disciplinas sociales en el proceso de adquirir el conocimiento de la sociedad y de averiguar
las regularidades, y más aún, sirve de memoria social. Imaginemos por un momento que el mundo, tal como
lo conocemos, ha existido desde sólo hace cinco minutos, de modo que ni tiene historia propia ni los historia-
dores nos pueden contar nada sobre el pasado. Las mentes humanas se volverían huecas. Todos los conceptos
formados a través de los tiempos perderían su significado; no habría bases para ninguna acción excepto las
actividades diarias vitales para la existencia humana., etcétera. Si lo analizamos más veríamos el cuadro
apocalíptico de un mundo estancado. Por tanto, el hecho de que el mundo no sea como esa visión es un
criterio, entre otros, a favor de la verdad del conocimiento histórico.

128
La naturaleza del conocimiento histórico

Pero nos encontramos con un criterio muy general que no puede considerarse absoluto. Hay que recordar
que Lenín escribió: «(...) el criterio práctico no puede nunca confirmar ni rechazar ninguna idea humana,
completamente, en la naturaleza de las cosas. Este criterio es lo suficientemente “indefinido como para no
permitir que el conocimiento humano sea “absoluto”»42 .
En las actividades investigadoras cotidianas (esto ocurre con la historia y con otras disciplinas) usamos el
criterio no profesional de la práctica de forma casi universal; nos permite averiguar (aunque no absoluta y
definitivamente) si una afirmación dada es verdadera o falsa. Ese criterio se identifica con la llamada capaci-
dad empírica, o de observación, de las afirmaciones, para recibir decisiones, aunque tenemos que advertir
que el criterio en cuestión es relativo. En ese sentido podemos anotar lo que escribió Engels, que «desde el
momento en que dirigimos estos objetos para nuestro propio uso, según las cualidades que percibimos en
ellos, ponemos a prueba, una práctica infalible, la corrección o no de nuestra percepción sensorial»43 . El
criterio técnico es, por supuesto, el más ampliamente usado en las disciplinas experimentales, pero resulta
que también se encuentra a menudo en otras ciencias, incluida la historia. El historiador los usa (la mayoría
de las veces, junto con otros criterios) cuando hay una posibilidad de conocimiento directo o, en otras pala-
bras, de decidir empíricamente sobre las afirmaciones que se refieren a él. Dicho objeto, incluso, con un
cambio en la extensión del concepto de observable (por ejemplo, un cambio así tuvo lugar con la llegada del
microscopio electrónico), puede mostrar posibilidades, hasta el momento ocultas, de decidir el acuerdo entre
las afirmaciones y los hechos.
Así, por ejemplo, la afirmación «este documento fue hecho en 1624» puede estar sujeta al criterio profe-
sional de práctica (criterio de decisión empírica) si examinamos el documento y comprobamos la fecha, el
papel sobre el que está manuscrito o impreso, el tipo de escritura o de imprenta, etcétera. Del mismo modo, la
afirmación « la Constitución Polaca de 1791 sólo incluye un artículo sobre los campesinos» puede confir-
marse como cierta si leemos le texto de esa Constitución. Una vista a un museo nos permite determinar el
valor verdad de muchas afirmaciones sobre la civilización material.
Como sabemos los defensores del empirismo lógico (llamado también comprobacionismo) se limitan a ese
criterio y por tanto, consideran falta de significado todas las afirmaciones que no están sujetas a una compro-
bación empírica positiva, o cual, se ha demostrado, ha resultado fatal para el desarrollo de la ciencia. Ha
resultado que si hay que resolver problemas difíciles, la ciencia no puede entrar en la camisa de fuerza de la
observación y de la comprobación empírica en cada caso. Es especialmente importante subrayar este punto
en la investigación histórica, para la cual supuso un grave peligro la opinión empirista.
Los métodos indirecto de averiguar la verdad (o falsedad) de las afirmaciones, métodos que juegan un
papel fundamental, se pueden definir de un modo general como una sustentación de las afirmaciones a base
de confrontarlas mutuamente; en otras palabras, las afirmaciones formuladas recientemente se confrontan
con el cuerpo de conocimientos (la serie de afirmaciones ya aceptadas) de que disponemos con anterioridad.
Las afirmaciones formuladas recientemente pueden deducirse de las ya aceptadas o pueden ser reconocidas
en vista de otras afirmaciones aceptadas, en conformidad con un procedimiento científico. De este modo, las
afirmaciones apoyadas así pueden ser aceptadas al principio por un sólo científico y más tarde por un grupo
o la totalidad de los estudiosos. En la investigación histórica se ha desarrollado un procedimiento bastante
complicado de apoyar las afirmaciones (un procedimiento estrechamente unido al de formular afirmaciones),
que discutiremos en detalle más adelante. Incluye el examen de la autenticidad y la fiabilidad de las fuente,
una gama de métodos directos e indirectos de encontrar hechos y una explicación causal, acompañada cons-
tantemente por el conocimiento no basado en fuentes. Por el momento, limitémonos a averiguar qué etiquetas
hay que poner a aquellas afirmaciones que en la investigación histórica demuestran ser ciertas solo de modo
indirecto. Para hacerlo, tenemos que analizar el concepto de probabilidad tal como se ha interpretado la
historia.

42 V. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Moscú, 1947, pág. 142.


43 F. Engels, prefacio de la edición inglesa de «Socialism : Utopian and Scientific», ed. cit.

129
Jerzy Topolski

7. El concepto de probabilidad en la investigación histórica

El término probabilidad, que es materia de vivas discusiones, tiene varios significados, cada uno de ellos
interpretado de diferentes maneras44 . La clarificación fundamental es la que se distingue entre posibilidad
aplicada a las afirmaciones y la probabilidad aplicada a los sucesos. En el primer caso nos encontramos con
la probabilidad lógica (en la terminología de R. Carnap: probabilidad), que establece (en la interpretación
que adoptamos aquí) con qué grado de certeza (o sea, certeza racional, en la terminología de J. M. Keynes, o
certeza epistemológica, en la terminología de B. Russell) puede aceptar una persona la afirmación A si ha
aceptado la B; o nos encontramos con la probabilidad psicológica, que indica el grado de certeza con el que
una persona acepta realmente una afirmación dada (posiblemente, sin relacionarla con el cuerpo de conoci-
mientos que tiene).
La probabilidad lógica puede coincidir con la psicológica, pero la mayoría de las veces las afirmaciones
probables (no sólo las que hacen los historiadores) muestran un refuerzo de la primera probabilidad por la
segunda. La probabilidad de un suceso de una clase determinada de suceso es igual al cociente del número de
sucesos favorables por el número de todos los hechos de esa clase posibles. Si n representa el numero de
hechos favorables de tipo A (por ejemplo, sacar un as de un montón de cartas) y N el número de hechos
posibles (por ejemplo, el número de cartas que se pueden sacar del montón), entonces la probabilidad de A es
representada por la fórmula:

n
P(A) =–––––
N
La medida de la probabilidad dada por esta fórmula esta en el intervalo cerrado 0,1 (el modificador
«cerrado» significa aquí que la medida puede tener también cualquiera de los valores límites 0 y 1), lo cual
significa que el valor 1 de A indica certeza (es decir, la certeza de que A tendrá lugar). La probabilidad de
sacar un as de un montón de 52 cartas, por tanto, sería:
4
P(A) =––––
52
Esta es la llamada definición clásica de probabilidad. Sin embargo hay otra definición de probabilidad de
los sucesos que se llama definición estadística o de frecuencia de probabilidad. En este último caso no se
hace referencia al concepto de suceso favorable y suceso posible, ya que no son conocidos en principio. En
tal vaso, la probabilidad de un suceso A sólo se puede fijar experimentalmente (por ejemplo, por pruebas
múltiples). La probabilidad de frecuencia, por tanto, es base de la frecuencia relativa de la aparición de un
suceso W entre un número grande de otros sucesos. Puesto que, según la opinión predominante entre los
expertos, la probabilidad de frecuencia se refiere solamente a los sucesos que aparecen a gran escala, o sea,
que pueden estar sujetos a operaciones estadísticas, algunos expertos (por ejemplo, R. Von Mises) –en con-
creto, los que aseguran que la investigación histórica se ocupa sólo de los hechos aislados– restringen la
probabilidad de frecuencia a la ciencia natural (y la matemáticas). Esto revela una asimetría claramente
marcada en la clasificación de los tipos de probabilidad: la probabilidad lógica y psicológica son aplicables a

44 Hasta ahora, el concepto de probabilidad en la investigación histórica ha sido tratado muy ampliamente por J. Giedymin, Problemy logiczne analezy
historycznej, págs. 26–38. Entre las obras generales (excepto las matemáticas), las más importantes son : J. M. Keynes, A. Treatise an Probability,
Londres 1948; R. Carnap, The Two Concepts of Probability, Readings in Philosophical Analysis, Nueva York , 1949, y Logical Foundations of
Probability, Londres, 1951; H. Reichenbach, Theory of Probability, Berkeley, 1949; R. Von Mises, Probability, Statisties and Truth, 2ª ed., Londres,
1956; E. Borel, Probabilité et certitude, París, 1961; M. R. Cohen, Reason and Nature, Londres 1964, págs. 125–135. Entre las obras de autores
polacos están K. Ajdukiewicz, Lógica Pragmática, ed. cit., págs. 120–130, y J. Los, «Semantvczne reprezentacje prawdopobienstwa wvrazen w
teoriach sformarizowanych» (Representaciones semánticas de la probabilidad de las fórmulas en la teorías formalizadas), Rozprawy logiczne, págs.
91–102. Los hace una distinción entre la probabilidad de la ocurrencia de un nuevo causal y la probabilidad de existencia de ese nexo. Esta última no
es –cuando se trata de la posesión de una determina propiedad, por ejemplo, que A es una causa de B– una probabilidad en el estricto sentido del término
(lo cual permitiría las nuestras). El problema de la probabilidad es predominante, como es sabio, en H. Reichenbach, The Rise of Scientific Philosophy,
Berkeley, 1951.

130
La naturaleza del conocimiento histórico

las afirmaciones sobre todos los sucesos y, por tanto, indirectamente, a todos los sucesos, mientras que la
probabilidad estadística (empírica) sólo es aplicable a los sucesos que aparecen a gran escala. El comporta-
miento lingüístico característico de los historiadores, que en este caso se ajusta al uso cotidiano, muestra la
laguna que consiste en la falta de un concepto de probabilidad que se pueda aplicar a los hechos aislados.
Pero, como se verá después, ese concepto de probabilidad que se aplica a afirmaciones singulares y que es
tan común a la investigación histórica está también sujeto a la interpretación de frecuencia.
Los historiadores han venido usando todos los conceptos de probabilidad mencionados más arriba; todos
esos conceptos, además, parecen revalidarse en la investigación histórica. Pero ahora, al analizar los méto-
dos de averiguar los valores lógicos de las afirmaciones, nos ocuparemos principalmente de la probabilidad
lógica en relación con las afirmaciones y no con los hechos. También se intentará demostrar que la probabi-
lidad lógica está estrechamente relacionada con la probabilidad empírica.
En la ciencia hay dos interpretaciones diferentes de la probabilidad lógica. Una de estas (usada, por
ejemplo, por H. Richenbach) afirma que la probabilidad lógica es una categoría semántica (concepto semántico),
como la verdad y, por tanto, que es la medida (grado) de verdad de las afirmaciones, es decir, la medida de su
aproximación a los hechos. En este sentido, los conceptos falsedad–probabilidad–verdad forman una sola
secuencia. Por eso, la certeza de la validez de una afirmación A la luz de otras afirmaciones, es decir, un
cuerpo de conocimientos concreto, o sea, la certeza de su veracidad, se identifica con la verdad.
Esta confusión de conceptos se evita en la otra interpretación (J. M. Keynes, B. Russell, R. Carnap, J.
Nicod, K. Ajdukiewicz), que considera la probabilidad lógica no como un grado de verdad (de una afirma-
ción), sino como un grado de la certeza racional de la verdad (sustentación inductiva) de una afirmación
dada. En esta interpretación, el eje falsedad–verdad es distinto del eje de los varios grados de probabilidad.
Por tanto, la aceptación de una afirmación como cierta no tiene porqué dar lugar automáticamente a la
etiquetación como verdadera. Como se deduce de la definición de probabilidad lógica, dada en el primer
párrafo de esta parte, este autor considera la segunda interpretación más ajustada. La cuestión será tratada
más tarde.
Las dos interpretaciones dicen que un grado definido de la probabilidad de una afirmación dependen del
grado de su sustentación, con la condición de que en el caso de la primera interpretación inmediatamente
vamos a demostrar el grado correspondiente de verdad de esa afirmación, mientras que en el último caso sólo
llegamos al grado correspondiente de certeza de su veracidad. De cualquier modo, se puede decir que, al
margen de su interpretación, el concepto de probabilidad lógica está relacionado con la demostración indirec-
ta de la verdad de las afirmaciones y es, así, una medida del éxito de esa demostración.
Pero si aceptamos la segunda interpretación, ¿estamos entonces condenados a llamar siempre sólo ciertas
a afirmaciones sustentadas hasta algún grado, el mismo grado para su veracidad, y aguardar la etiqueta de
verdad sólo para las afirmaciones que han sido directamente confrontadas con los hechos? En otras palabras,
¿no hay posibilidad de pasar del nivel puramente pragmático (y sintáctico) al semántico, que considera las
relaciones entre las afirmaciones y los hechos? En opinión de este autor, esa posibilidad existe, y su conside-
ración nos permite evitar los intentos de hacer a la ciencia en general, y a la historia en particular, más
«exacta» por medio de la eliminación del concepto de verdad en favor del de probabilidad, cosa que han
sugerido algunos defensores de la primera interpretación. La segunda interpretación no advierte esa posibili-
dad, y subraya la naturaleza analítica de las afirmaciones probables (lo cual significa que dichas afirmacio-
nes, se suponen, no se refieren a los hechos).
Hay dos argumentos para no hacer distinciones, por parte de los historiadores, entre las afirmaciones
cuya verdad está demostrada directamente y aquellas cuya verdad está demostrada indirectamente, es decir,
para llamar verdaderas a aquellas afirmaciones que son ciertas respecto a su verdad.
El primero de estos dos argumentos señala la estrecha relación entre los comentarios probabilistas sobre
las afirmaciones, por un lado, y los hechos a los que se refieren las afirmaciones, por otro; es decir, la
relación entre la probabilidad lógica y la probabilidad empírica. Consideremos las siguientes afirmaciones,
que hasta el momento no hemos conseguido apoyar con datos sacados de fuentes: «Zyndram de Maszkowice
no era el jefe polaco de la Batalla de Grunwald» (la batalla, en 1410, en la que los polacos vencieron a los
Caballeros Teutónicos; también llamada Batalla de Tanenberg). Esta afirmación tiene su grado de certeza de
ser verdadera, es decir, su probabilidad lógica. Su aceptación se basa en su confrontación con otras afirma-
ciones, tales como: «En la Edad Media, la gente de baja condición y pequeña fortuna no solía ejercer el

131
Jerzy Topolski

mando de sus superiores sociales», «Zyndram de Maszkowicw era de condición relativamente baja», «No
fue recompensado después de la batalla», «los jefes solían ser recompensados después de las batallas victo-
riosas», etcétera. La hipótesis mencionada más arriba sobre Zyndram de Maszkowice se deduce de estas
afirmaciones con alguna probabilidad (el ejemplo que consideramos será analizado de nuevo con más detalle,
pero en otro contexto).
Pero el teorema sobre la probabilidad lógica de una afirmación no se basa sólo en una confrontación tal
de afirmaciones, una probabilidad p. Esta confrontación no sería posible sin ciertos hechos que hacen impro-
bable que un hombre de baja condición fuera, en la Edad Media, un jefe de sus superiores sociales. Esta
estructura de hechos es la base de nuestra posibilidad de encontrar argumentos a su favor: los hechos propor-
cionan argumentos en favor de sí mismos. La afirmación «La Batalla de Crézy fue ganada por gnomos» no
tiene un testimonio aceptable de su veracidad, simplemente porque es incompatible con (la estructura de) los
hechos. A veces formulamos una hipótesis sin ningún apoyo especial (posible de algún otro modo, pero sin
fuertes argumentos en su favor sacados de las fuentes) y la consideramos aceptable; más aún, no provocamos
protestas de otros investigadores. A simple vista, la estructura comúnmente conocida de los hechos relacio-
nados hace que esa hipótesis sea bastante probable. Por tanto, estamos convencidos de que hay un gran grado
de probabilidad de que sea verdadera, es decir, formulamos una afirmación con una probabilidad psicológica
correspondiente. La discrepancia entre la probabilidad lógica y la psicológica se debe en este caso a la falta
de una serie adecuada de afirmaciones necesarias para una confrontación con la hipótesis.
Se puede decir en general que toda afirmación que tiene su probabilidad lógica (o psicológica) puede tener
su equivalente (modelo) en una probabilidad empírica, lo cual, evidentemente, no significa que en cada caso
nuestra averiguación de la probabilidad lógica corresponda a la probabilidad desconocida de los sucesos. En
otras palabras, la probabilidad se puede expresar en lenguaje objeto y en metalenguaje. La afirmación: «Los
argumentos aducidos por el autor apoyan, con una gran probabilidad, la formación de que Zyndram de
Maszkowice no fue el jefe en la Batalla de Grunwald», se refiere a la probabilidad (grado de certeza de la
verdad) de una afirmación dada, y no a los hechos. Por tanto, es una meta–afirmación. Su equivalente en
lenguaje objeto es: «Es altamente probable que Zindram de Maszkowice no fuera el jefe en la Batalla de
Gunwald», o «No es probable (es improbable) que Zindram de Maszkowice fuera el jefe en la Batalla de
Grunwald». También se puede decir que su equivalente empírico es «Zindram de Maszokowice fue el jefe de
la Batalla de Grunwald con una probabilidad p», ya que sólo hay dos posibilidades: o fue el jefe (p=1) o no lo
fue (p=0); pero esto confirma la diferencia entre el grado real de probabilidad, que no conocemos, y el grado
de probabilidad que atribuimos a la afirmación en cuestión. Esta diferencia es la medida de nuestra ignoran-
cia. La relación entre la probabilidad que se refiere a las afirmaciones y la que se refiere a los hechos se puede
ver claramente en la definición de probabilidad estadística, transformada por K. Ajdukiewicz para relacio-
narla con la probabilidad de las afirmaciones: «La probabilidad de una afirmación que dice que un objeto es
A, en relación con una afirmación que dice que ese objeto es B, equivale a la frecuencia relativa de objetos A
entre objetos B »45 .
En muchos casos, esa afirmación permitiría computar la probabilidad de las afirmaciones.
El concepto de probabilidad lógica, que se refiere a varios hechos históricos (y la mismo tiempo a las
afirmaciones sobre los hechos), se puede interpretar en términos de frecuencia, lo cual, por supuesto, no
significa que la frecuencia relativa de la aparición de los objetos (o las afirmaciones) A en la clase de objetos
(o afirmaciones) B puede establecerse en cada caso. Los historiadores siguen esta interpretación intuitiva
usando a menudo formulaciones como «improbable», y «muy probable», «casi cierto», etcétera, que J. Giedymin
llama cuasi–métricas. Podríamos exigir una mayor precisión en estas formula-ciones, a alguna de las cuales
se podría dar una interpretación numérica. Nuestra aseveración de que la probabilidad de los sucesos aisla-
dos se puede interpretar en términos de frecuencia se basa en el hecho de que, como J. Giedymin apuntó
correctamente, un historiador está en situación de establecer la probabilidad de un suceso sólo si se puede
referir a una afirmación general sobre una clase de sucesos, en la que se incluiría el suceso en cuestión.
Hemos dicho que era imposible que Zyndram de Maszkowice fuera el jefe en la Batalla de Grunwald porque
si hubiera ejercido el mando esto diferiría de nuestro conocimiento sobre la Edad Media. Esta confrontación
es, como podemos ver fácilmente, algo basado en las consideraciones de frecuencia: no nos referimos más
que a la frecuencia relativa de que lo jefes de las grandes batallas de la Edad Media fueran gente de baja

45 K. Ajdukiewicz, Lógica Pragmática, ed. cit. Pág. 124.

132
La naturaleza del conocimiento histórico

condición y pequeña fortuna, frecuencia que es pequeña, ya que la frecuencia relativa de los jefes recompen-
sados en la clase de los jefes de las batallas victoriosas es grande. Etcétera.
La interpretación de la veracidad de una afirmación sobre un hechos (en nuestro caso sobre Zyndram de
Maszkowice) en términos de frecuencia se basa en la interpretación de la frecuencia de los sucesos mencio-
nada más arriba. Es esta última la que, como si dijéramos, cede su grado de probabilidad a la primera. Una
afirmación sobre un hecho sólo es probable en la medida en que lo sea el hecho al que se refiere. Las afirma-
ciones bien sustentadas sólo se pueden referir a hechos que ocurrieron o no. El hecho improbable de que un
jefe medieval en una batalla importante fuera un hombre de baja condición y pequeña fortuna mandó a sus
superiores sociales en una importante batalla medieval. Por tanto, la deducción, a partir del hecho de que una
persona era de baja condición, de que él no fue el jefe en una batalla importante, produciría unas conclusio-
nes con bastante probabilidad de ser verdaderas.
La posibilidad de sustentación de una afirmación determinada por los hechos no significa sustentación
real. El grado de una sustentación real (o sea, de la probabilidad de una afirmación) depende de nuestro
conocimiento, con el que confrontamos ese hecho. Esto se puede referir a lo que sabemos sobre el informante
(su fiabilidad), sobre la fuente implicada (su autenticidad), y al conocimiento general histórico, psicológico,
sociológico, etcétera. Podemos imaginar así una afirmación verdadera cuyo grado apoyo (certeza de sus
veracidad) es muy pequeño. A medida que nuestro conocimiento amplía esa afirmación, puede cambiar, en
ciertas circunstancias, y estar mejor sustentada. La referencia a nuestro conocimiento consiste en buscar el
apoyo determinado de los hechos; esta referencia, como hemos dicho, está basada en la frecuencia. Pero una
referencia a una fuente o a un informante se puede interpretar en términos de frecuencia, también. En este
caso, nos interesa la frecuencia con la que procede información verdadera de una fuente concreta (o de un
tipo concreto de fuentes) o de un informante concreto, en relación con el total de unidades de información
implicadas.
El segundo argumento que justifica la práctica de aceptar que afirmaciones que son ciertas sean verdade-
ras consiste en la referencia al criterio no profesional de la práctica. Como hemos señalado antes, este criterio
nos demuestra que adquirimos el conocimiento verdadero de forma gradual; esto da valor al criterio profesio-
nal de práctica y a nuestras formas de demostrar indirectamente la verdad de las afirmaciones. Garantiza que
si aceptamos una afirmación que es (racionalmente) cierta como verdadera no cometemos ningún error prác-
ticamente importante. Como hemos dicho, esto concuerda con la práctica observado por los historiadores.
¿Qué afirmaciones, entonces, son las que los historiadores aceptan como probables, si la que son ciertas
las aceptan como verdaderas? Aquí nos interesan las formulaciones positivas (y no las comparativas) en las
que aparece el concepto de probabilidad, y por tanto, no las afirmaciones como: una afirmación A es más
probable que una afirmación B; sino afirmaciones del tipo: es probable una afirmación A (según nuestro
conocimiento basado y no basado en fuentes). Podemos incluir en la clase de afirmaciones probables aquellas
que dudamos sin llamar ciertas o verdaderas, pero que de ningún modo podemos aceptar como suficiente-
mente sustentadas (ésta también es práctica seguida por los historiadores).
Esto se refiere a las afirmaciones sobre el pasado que están basadas en datos indirectos exhaustivos y más
o menos numerosos, afirmaciones que se ocupan del establecimiento de los hechos, y afirmaciones hipotéti-
cas sobre el pasado, que se ocupan de las leyes y relaciones causales, peor no a las afirmaciones sobre el
pasado que están bien establecidas y basadas en datos directos sobre los hechos a los que se refieren. Así, por
ejemplo, ningún historiador dirá que es simplemente probable la afirmación de que la Bastilla fue destruida el
14 de julio de 1789, o de que la Segunda Guerra Mundial comenzó el 1 de setiembre de 1939, o que La
Eneida fue escrita por Virgilio, o que Guillermo el Conquistador ganó la Batalla de Hastings. En esos casos
los hechos a los que se refieren las afirmaciones han sido establecidos basándose en datos de fuentes suficien-
tes y directas, es decir, datos que trasmiten información directa sobre esos hechos. El historiador, entonces,
acepta esas afirmaciones como ciertas, y las incluye en el cuerpo de las (relativamente) verdaderas. Este es el
estado de la enorme mayoría de las afirmaciones históricas, o sea, las que forman una base inductiva,
observacional o empírica sui generis de las consideraciones históricas en general. Por el contrario, como no
hay pruebas directas de que Martin Bormann muriera en Berlín en 1945, el historiador llega a la conclusión
de que ésa u otra hipótesis sobre el asunto puede ser, como mucho, probable. Sin embargo, no hay que
olvidar que si basamos las afirmaciones sobre el pasado en datos directos, tenemos que establecer la autenti-
cidad de la fuente en cuestión y la fiabilidad de la información, antes de preceder a extraer de esa fuente los

133
Jerzy Topolski

datos directos sobre los hechos que nos interesan. Si dicha autenticidad o fiabilidad se puede establecer sólo
con una probabilidad menor de 1, la etiqueta de probabilidad vale también para la afirmación basada en los
datos contenidos en esta fuente cuya autenticidad o fiabilidad no es bastante cierta. Puesto que la fiabilidad
de los datos basados en fuentes se establece, a menudo, por la inferencia de probabilidad (cfr. capítulo XIX),
algunas afirmaciones, a pesar de estar basadas en datos directos, pueden tener un margen de incertidumbre.
En la práctica, sin embargo, si un historiador acepta determinados datos directos de acuerdo con las reglas
del procedimiento científico en la investigación histórica (o sea, de acuerdo con las reglas adecuadas de la
crítica de fuentes), el conocimiento que obtenga de ese modo estará lo suficientemente apoyado como para ser
considerado como cierto.
Por otro lado, el concepto de probabilidad es totalmente aplicable a las afirmaciones basadas en datos
indirectos derivados de las fuentes y a los datos no basados en fuentes que se refieren tanto al establecimiento
de los hechos como a las explicaciones causales. Solemos llegar a dichas afirmaciones a través de la inferen-
cia de probabilidad, que no es fiable; esto significa que las conclusiones pueden no ser consideradas como
ciertas. Los historiadores llaman a esas conclusiones de varias maneras; muchas veces no dudan en llamarlas
ciertas, más que ciertas, indudables, irrefutables, correctas, verdaderas, etcétera. Es bien sabido que unas
partes en disputa, exitadas por la controversia, definen construcciones muy frágiles como ciertas. Hay que
anotar además que incluso la mayor certeza es sólo relativa, ya que se basa en nuestro conocimiento, que
puede cambiar con el paso del tiempo.
El concepto de probabilidad lógica (interpretado como el grado de certeza de veracidad) se puede aplicar
a las afirmaciones aisladas y a las narraciones históricas más largas. Si decimos que la descripción de la
Batalla de Grunwald hecha por historiador N es probable, queremos decir que su descripción está debida-
mente sustentada, a la luz del conocimiento que tenemos, o, en otras palabras, que el equivalente objetivo de
esa afirmación probable, formulada en metalenguaje («Es probable que la Batalla de Grunwald siguiera el
curso ofrecido por el historiador N») no difiere mucho de esa afirmación, o más bien que la afirmación no
difiere mucho de su equivalente objetivo (modelo). La probabilidad de una narración histórica se puede
interpretar como la suma de las de los sucesos individuales que se combinan para formar aparte del suceso
compuesto abarcado por la narración. Sin embargo, el problema es más complejo, teniendo en cuenta las
cuestiones que hemos tratado en relación con la verdad de la narración, y sería más seguro considerarlo una
cuestión abierta.
Como se deduce de esto, el concepto de probabilidad lógica es muy útil para caracterizar los efectos del
proceso cognoscitivo en la investigación histórica (y una investigación en general). Permite caracterizar las
afirmaciones que consideramos verdaderas con un grado específico de certeza (que establece la confronta-
ción de esas afirmaciones con el conocimiento que tenemos). En otras palabras, la probabilidad lógica nos
informa sobre el grado de sustentación de unas afirmaciones concretas, y sirve de base para su aceptación o
rechazo. Nos permite también hacer una distinción entre las afirmaciones (relativamente) verdaderas (es
decir, las confrontadas con los hechos) y aquellas sobre las que tenemos una certeza racional (es decir, las
confrontaciones con nuestro cuerpo de conocimientos). Pero, como hemos mencionado más arriba, la proba-
bilidad lógica puede, en cierto modo, traducirse a probabilidad empírica, y al mismo tiempo, al combinarse
con la probabilidad de los hechos aislados (por lo menos en un gran número de casos que son importantes en
la investigación histórica), pueden interpretarse en términos de probabilidad de frecuencia.
Como también hemos dicho, nos interesa mucho más el concepto de probabilidad empírica. En su versión
estadística no es usado explícitamente por los historiadores muy a menudo, excepto en aquellos casos en que
les interesa la estadística histórica (especialmente la demográfica). Y tiene que considerar la probabilidad de
que una persona alcanzara una cierta edad en una época determinada. Pero parece que, aunque la investiga-
ción histórica consiste sobre todo en postnogsis, y no en prognosis, más estudios sobre la probabilidad de
aparición de ciertos sucesos en el pasado podrían ampliar de forma interesante el campo de la descripción y
de la explicación histórica46 . Por otro lado, los historiadores usan con bastante frecuencia el concepto de
probabilidad empírica en relación con los sucesos aislados, especialmente cuando adelantan sugerencias
sobre la existencia de ciertos sucesos en el pasado. En tales casos, si el lenguaje no se distingue del metalenguaje,

46 M. Bloch los expresa así: «L´historien qui s’interroge sur la probabilité d?un événement écoulé, que tente–t–il, en effet, sinon de se transporter par
un mouvement hardi de l’espirit, avant cet événement même pou en jeger les chances, telles qu’elles se présentaient à la veille de son accomplissement?
La probabilité reste donc bien dans l’avenir». (Apologie pour l’histoire ou métier d’historien, edición citada, pág. 60.)

134
La naturaleza del conocimiento histórico

dichas sugerencias significan también afirmaciones sobre la probabilidad lógica. En las obras históricas
podemos encontrar muchas veces afirmaciones como: «Es probable que Julio César visitara Bretaña», «Es
improbable que Mieszko I (primer gobernante de Polonia) quedara satisfecho con sus conquistas y se retirara
sin ocupar el área del estuario del Oder es muy pequeña». «No hay una probabilidad importante en la afirma-
ción de que las cosechas de cereales en Polonia en la primera mitad del siglo XVII fueran tan pobres». Esto
señala una vez más, el hecho de que el concepto de probabilidad lógica y el de probabilidad de los hechos
individuales son muy usados en la historia, y señala por tanto la necesidad de un análisis posterior de estas
interpretaciones de las probabilidades, tan usadas en las humanidades.

135
136
en Metodología de la historia, Capítulo XIV, Ediciones Cátedra, Ma-
drid, 1991, pp. 239-506.

Jerzy Topolski

Preguntas y respuestas. Una reconstrucción


general de la investigación histórica

1. El problema de las decisiones

Hasta ahora nos hemos ocupado sobre todo del proceso cognoscitivo histórico, y ahora nos concentrare-
mos cada vez más sobre el concepto de investigación histórica, lo cual no quiere decir que esta última se
oponga al primero. La cuestión es que cuando hablamos de proceso cognoscitivo histórico tratamos proble-
mas más generales, que, por su misma naturaleza, sirven para cualquier tipo de conocimiento humano, mien-
tras que el examen de la investigación histórica nos acerca a los problemas prácticos, o incluso puramente
técnicos, a los que se tiene que enfrentar un historiador cuando se dispone a contestar una pregunta que ha
planteado él mismo o que le han planteado otros. Esta pregunta se podría llamar una pregunta de investiga-
ción, no sólo porque debe distinguirse de las preguntas de diagnóstico (entre las que se incluyen, por ejemplo,
las preguntas de examen), sino, principalmente, porque exige una respuesta que debe ir precedida de una
investigación conducida según unas reglas obligatorias en el mundo de los historiadores. Esto exige, sobre
todo, una reconstrucción general del proceso que podría simbolizarse de este modo: «pregunta respuesta»,
y por tanto, una explicación de los conceptos de pregunta y respuesta.
Una decisión hecha en condiciones específicas es el punto de partida de toda acción humana. Lo
mismo ocurre con los procedimientos usados en la ciencia, quizás teniendo en cuenta que en los procedimien-
tos científicos nos solemos dar mucha más cuenta de que hacemos constantemente decisiones que en la vida
diaria, en la que normalmente no advertimos que en cada paso elegimos uno de los muchos caminos de acción
posibles. La metodología de las ciencias puede conformarse —y lo hace, en su versión puramente descripti-
va— con una simple descripción de las operaciones de investigación ejecutadas por las científicos, sin consi-
derar la eficacia de las decisiones que hacen, o, para usar el lenguaje de la teoría del juego, la eficacia de las
estrategias que eligen1. Pero también puede ir más allá, y eso hace en su versión normativa: al aceptar que la
investigación científica es una variedad de la acción racional en general (es decir, una acción orientada hacia
un objetivo), puede intentar averiguar las reglas latentes por las que se rigen los científicos en su lucha por
lograr sus objetivos epistemológicos, y, ocasionalmente, definir una estrategia óptima para una acción con-
creta. Se podría decir que en el primer caso el metodologista se queda en el nivel descriptivo, y es como si
fuera un ideógrafo de la metodología científica. En el último, utiliza los resultados de las descripciones,
pretendiendo explicar los procesos cognoscitivos en la ciencia, es decir, contestar a la pregunta ¿por qué un
investigador (por ejemplo, un historiador) toma unas decisiones y no otras? Al incluir el problema de la
decisión en las consideraciones metodológicas pasa del nivel de la descripción al de la explicación y la
apreciación. Haciendo esto, acerca el análisis metodológico al problema de las valoraciones. Si se toma una
decisión para realizar una acción en relación con cierto objetivo (suponiendo una acción racional, o sea,
orientada hacia un objetivo, lo cual abarca la actividad científica), se deduce que hay una decisión latente
básica, relacionada con el sistema de valores del investigador (los axiones sobre los problemas filosóficos,
sociales, políticos, etcétera, fundamentales, corrientes en esa época), que define ese objetivo. Así, la elección

1
Para los conceptos correspondientes, ver R. D. Luce y H. Raiffa, Games and Decisions, Nueva York, 1957

137
Jerzy Topolski

del terreno de investigación, enormemente condicionado por el sistema de valores del investigador, es el
punto de partida de toda investigación.
La decisión sobre la elección del terreno de investigación es el primer paso en el proceso de plantea-
miento de las preguntas (formulación de frases interrogativas), siendo esta última la acción esencial en la
investigación histórica2, una acción que podría denominarse el conductor. Por tanto, la investigación científi-
ca se podría reconstruir como el proceso de planteamiento de las preguntas y de búsqueda de respuestas para
ellas.

2. Conceptos básicos en la teoría de las preguntas y respuestas históricas

En la investigación histórica, todas las preguntas que se plantea un historiador se pueden reducir a estos
tres tipos fundamentales:

1) ¿Qué ocurrió? (preguntas factográficas);


2) ¿Por qué ocurrió? (preguntas explicativas);
3) ¿Qué leyes científicas se deducen del estudio del pasado? (preguntas teóricas).

Al contestar las preguntas del primer grupo, un historiador hace una descripción (narración), y al contes-
tar las del segundo grupo ofrece una explicación. Sin embargo, el resultado de esta explicación también
adopta la forma de una descripción. Desde el punto de vista formal, estos dos grupos de preguntas (distingui-
dos según las diversas tareas a las que hace frente un historiador) son preguntas abiertas, a las que, al
contrario que en las preguntas cerradas, «ni podemos dar una lista exhaustiva (finita) de respuestas acepta-
bles, ni podemos ofrecer un esquema o un método eficaz para construir dichas respuestas aceptables»3. En el
caso de una pregunta cerrada, estamos en posición de dar una lista exhaustiva de respuestas o un esquema de
respuestas, o incluso un método eficaz para construir respuestas a esa pregunta4.
Un historiador que sigue el ideografismo (sea metodológico, objetivo, o ambos) se limita a estos dos
grupos de preguntas (factografícas y explicativas), interpretando el segundo grupo de un modo específico5.
Las preguntas del tercer grupo, estrechamente relacionadas con las del segundo grupo, también son abiertas.
Pero, mientras que las respuestas a las de los dos primeros grupos adoptan la forma de narraciones históricas
(es decir, referidas al tiempo y al espacio), en el caso del tercer grupo esperamos respuestas en forma de
afirmaciones generales, es decir, de naturaleza teórica. Mientras que estas narraciones históricas se pueden
componer de muchos modos, teóricamente, de infinitos modos, las formulaciones de las leyes (o sea, las
respuestas a las preguntas teóricas), se espera que sean lo más precisas posibles.
Sólo son abiertos los modelos más generales de preguntas (¿qué fue?, ¿por qué fue así?, ¿qué leyes se
deducen de los resultados de la investigación?), para las que no se puede dar ni una lista completa de respues-
tas directas ni un esquema de respuestas directa. Dentro de este grupo, muchas veces, formulamos preguntas
cerradas) que proporcionan un esquema de respuestas). Por ejemplo, al formular la pregunta abierta, 1)
«¿Por qué se alzó Hitler con el poder en Alemania?», preguntemos, entre otras cosas: 1) «¿Qué grupos

2 El análisis de las preguntas y respuestas en los procedimientos de investigación es una de las ramas de la metodología más ampliamente tratada. Uno
de sus pioneros fue K. Ajdukiewicz (Zdania pytajne [ Frases interrogativas], Varsovia, 1934, reeditada en Jezyk i poznamie, Varsovia, 1960), a partir
del cual surgieron una serie de términos. Estudios especiales sobre el problema han sido elaborados por J. Giedymin (Problemy, zalozenie, rozstrzyg
niecia, Poznan, 1964), cuyos resultados estamos utilizando en este libro. Lo mismo ocurre con J. Giedymin y J. Kmita, Wyklady z logiki formalnej, teorii
komunikacji i metodologiinauk, Poznan, 1966, cap. IV. Ver también Z. Cackowski, Problemy i pseudo-preblemy, Varsovia, 1964, que es más
filosófica que metodológica. Entre las obras en lengua inglesa, hay que hacer mención especial de D. Harrah, Communication: a Logical Model,
Cambridge (Massachussetts), 1963.
3 J. Giedymin, Problemy (...), ed, cit., págs. 15-16.
4 Ibídem.
5 Esta cuestión será tratada más adelante.

138
Preguntas y respuestas. Una reconstrucción general de...

sociales apoyaron al NSDAP en 1933?». Las preguntas factográficas a las que contestamos por medio de
una narración (por ejemplo, ¿cómo llegó a eso? ¿Cómo ocurrió?), las preguntas explicativas (¿por qué
ocurrió?) y las preguntas sobre leyes son preguntas abiertas, y las preguntas factográficas que requieren una
respuesta de una sola frase son cerradas.
Junto a las preguntas abiertas y cerradas, la teoría de las preguntas distingue la segunda clasificación
fundamental, o sea, entre preguntas de decisión y preguntas de complementación. En el primer caso, se toma
una decisión entre dos respuestas (o entre un número finito de respuestas), que son mutuamente excluyentes,
de modo que sólo una de ellas es cierta (preguntas con «hacer»). Las preguntas de múltiple decisión se
pueden dividir (por el procedimiento binario) en series de binarias. Las preguntas de decisión se plantean
cuando adelantamos una hipótesis (es decir, una suposición sobre la respuesta aceptable). Al contestar a
dicha pregunta, elegimos entre (dos o más) respuestas rivales, una de las cuales es siempre una negación de la
otra. He aquí un ejemplo de pregunta de decisión en la investigación histórica: 2) ¿Las granjas señoriales se
desarrollan siempre que hay un buen mercado para los productos agrícolas y un sistema de estricta servidum-
bre de los campesinos? En esta caso, se formula una hipótesis; preguntamos si tiene un buen apoyo, y si se
demuestra que es así, obtenemos una respuesta rápida para nuestra pregunta. Las preguntas de decisión con
una estructura más compleja son de estos tipos: «¿Cuál de las afirmaciones z1, ..., z n es la única verdadera?»
(«¿ es z 1 , o z 2, o ..., o z n?»); «¿ Cuál —por lo menos una— de las afirmaciones z 1, ..., z n es cierta?»; «¿
cuáles de las afirmaciones z 1, ..., z n son exactamente todas las verdaderas ?» (A partir de ahora utilizaremos,
respectivamente, los símbolos ?Du, ?Da, ?De).
Así, podemos preguntar:
3) ¿Fue Suecia, o Rusia, o Polonia, la victoria en la Batalla de Poltava? (hay que indicar la única afirma-
ción cierta);
4)¿Tomaron parte en la Guerra de los Treinta Años Polonia, Suecia, Alemania, Rusia? (hay que indicar
por lo menos una afirmación cierta);
5) ¿En el siglo XVII, los campesinos polacos trabajaban como siervos, o pagaban rentas, o pagaban un
tributo en especies, o estaban libres de obligaciones hacia su señor feudal ? (hay que indicar todas las afirma-
ciones que sean ciertas).
Las preguntas complementarias (o preguntas con «quién»/ «qué»/ «cuál»), o «¿por / para qué...?», se
plantean cuando no tenemos hipótesis sobre la respuesta; son esenciales cuando buscamos soluciones (se
llaman también preguntas de búsqueda). La respuesta a tal pregunta consiste en hacer una elección de entre
una serie de muchos (o infinitos) elementos. En la investigación histórica, esta categoría se puede representar
por preguntas como: 6) «¿Cuáles fueron las causas de la Guerra de los Treinta Años?»; 7) «¿Quién fue el jefe
de las tropas polacas en la Batalla de Grunwald?»; 8) «¿Cuándo terminó la superioridad comercial de Holan-
da sobre Inglaterra?»; 9) «¿Cuál era la estructura de la sociedad polaca antes del levantamiento de 1863?»;
10)«¿Cuál es la importancia del Manifiesto del Comité Polaco de Liberación Nacional ?»; 11) «¿Por qué era
tan numerosa la clase media polaca?»; etcétera.
Al buscar respuestas a las preguntas complementarias, podemos formular preguntas de decisión con la
condición necesaria de que la serie de respuestas posibles sea finita y conocida. Por ejemplo, al contestar a la
pregunta 7) podemos formular una serie de preguntas de decisión: 7)«¿Fue Zyndram de Maszkowice el jefe
polaco en la Batalla de Grunwald?»; 7b)«¿Fue el rey Jagello el jefe polaco en la Batalla de Grunwald?»;
etcétera. En el caso de la pregunta 9) podemos preguntar: 9ª) «¿Existía en esa época una “inteligencia”?»; 9b)
«¿Eran más numerosos los campesinos arrendatarios que los siervos?»; etcétera. Por tanto, dividimos las
preguntas de complementación en preguntas de decisión. Los tipos de preguntas complementarias son los
siguientes: «¿qué afirmación, en una serie concreta de afirmaciones, es la única verdadera?»; «¿ qué afirma-
ción —por lo menos una—, en una serie concreta, es cierta?»: «¿cuáles son todas las afirmaciones ciertas en
una serie concreta?». Las preguntas de complemen-tación tienen parte de las preguntas factográficas , pre-
guntas explicativas (preguntas de «por qué») y preguntas sobre las leyes.
En la investigación histórica, son las preguntas abiertas y las preguntas de complementación las que
juegan el papel fundamental (estas últimas suelen dividirse, en el proceso de investigación, en preguntas de
complementación cerradas y preguntas de decisión; éstas son preguntas cerradas por su propia naturaleza,

139
Jerzy Topolski

mientras que las preguntas de complementa-ción pueden ser abiertas [cfr. preguntas 1), 6), 9), 10)], o cerra-
das [cfr. preguntas 7), 8)], a pesar de que no siempre se puede dibujar una línea de demarcación clara.
Las respuestas a las preguntas de complemen-tación y decisión —analizadas a la luz de la teoría de la
comunicación— se clasifican como directas e indirectas , y, desde otro punto de vista, como completas y
parciales (formulación de J. Giedymin). Una respuesta directa a una pregunta de decisión viene implícita, en
cierto modo, por la pregunta de «hacer». Si la pregunta está aislada, la respuesta es una aseveración afirma-
tiva o negativa: por ejemplo, la respuesta directa a la pregunta 2) es «siempre ocurre que las granjas señoria-
les se desarrollan ...», o «no siempre ocurre que las granjas señoriales se desarrollan...». Si es una pregunta
múltiple , la respuesta a una pregunta ?Du es el conjunto de las negaciones de todas las afirmaciones excepto
una, mientras la respuesta a los dos restantes tipos de preguntas de decisión (preguntas ?Da, ?De) es,
respectivamente, una afirmación implícita en una parte de la pregunta múltiple o un conjunto de estas afirma-
ciones. Esto ocurre porque en el primer caso tenemos que indicar la única afirmación cierta en una serie
concreta de afirmaciones; en el segundo caso, al menos una afirmación verdadera, y en el tercero, todas las
afirmaciones verdaderas.
Mientras que en el caso de las preguntas de decisión señalamos una respuesta directa específica, en el
caso de las preguntas de complementación sólo podemos dar un esquema de la respuesta (datum quoestionis),
que incluirá lo desconocido de la pregunta (una variable). El esquema de la respuesta a la pregunta 1) es; «En
1933, el NSDAP obtuvo el apoyo de los partidos x1, ..., x n». Al buscar una respuesta para una pregunta de
complementación, intentamos definir el alcance de lo desconocido, y después lo reducimos gradualmente.
Una respuesta indirecta es una respuesta indirecta completa o una respuesta parcial.
Si la pregunta es: «¿Quién mató al Presidente Kennedy?», entonces, una respuesta indirecta completa
puede ser: «El Presidente Kennedy fue muerto por una persona que era un tirador». Como puede verse, esto
nos acerca a una respuesta directa. Una respuesta parcial es la que se deduce lógicamente (quizás en unión de
una afirmación aceptada) de una respuesta directa. Reduce, por tanto, el campó de lo desconocido de la
respuesta. Por ejemplo, la afirmación: «El documento se realizó en el 1127 d. C.», es una respuesta directa a
la pregunta sobre la fecha de cierto documento; pero si no conocemos la fecha exacta, construimos una
respuesta parcial)que señala un período de tiempo del post quem y ante quem): «El documento se realizó
entre el 1124d:C. y el 1130 d. C.», y buscamos, en lo posible, una respuesta directa. Se puede advertir
fácilmente que la respuesta parcial en consideración es una consecuencia de una respuesta directa (que, en
nuestro caso, requiere una estimación de cuestión).
La distinción entre las respuestas directas e indirectas es importante para la metodología de la historia, ya
que está relacionada con el problema del establecimiento de hechos directo e indirecto (cfr. capítulo XIX). Si
tenemos información directa sobre los hechos que nos ocupan tendremos más posibilidades de dar una res-
puesta directa desde el principio, pero si nuestros datos (unidades de información) son sólo indirectos, enton-
ces intentamos encontrar una respuesta directa (hipotética) a base de formular series de respuestas parciales,
indirectas i intermedias. El caso de la datación de un documento (cfr. el ejemplo del párrafo anterior) se
refiere a una situación en la que no se puede conseguir una información directa (fiable) sobre los datos del
problema. Como la explicación causal suele tener lugar también a través de un procedimiento de comproba-
ción, una respuesta a una pregunta explicativa se suele construir por medio de respuestas indirectas. Por
ejemplo, al plantear la pregunta: «¿Por qué adelantó Inglaterra a Holanda en el desarrollo económico de los
siglos XVII y XVIII?», primero damos respuestas parciales, tales como: «Porque Inglaterra desarrolló su
industria que estaba en competición con la holandesa»; «porque Inglaterra no abandonó ni su comercio ni su
agricultura»; «porque Inglaterra hacía más inversiones», etc., para llegar, en último lugar, a una respuesta
directa general, como:«Inglaterra adelantó a Holanda en el desarrollo económico porque su economía se
desarrolló de modo más equilibrado». Muchas veces, por supuesto, nos basta con respuestas parciales.
Las hipótesis, que hay que tratar con más espacio, son una categoría especial de respuestas directas e
indirectas. Cuando se usan en la investigación histórica, las hipótesis se pueden llamar, de modo muy gene-
ral, intentos de respuesta a las preguntas de la investigación. Estas respuestas tentativas acaban siendo acep-
tadas en la ciencia o eliminadas de ella.

140
Preguntas y respuestas. Una reconstrucción general de...

3. El concepto de hipótesis en la investigación histórica

El planteamiento y la comprobación de las hipótesis es un procedimiento que acompaña al historiador a


través de todo su trabajo, porque es la verdadera esencia de la búsqueda de respuestas a las preguntas plan-
teadas por él al pasado. Incluso el estadio de lectura de la información en la fuente (lectura en el amplio
sentido de la palabra) ofrece oportunidades para hacer hipótesis. Incluso la misma lectura de una fuente,
especialmente cuando nos encontramos con claves que hay que descifrar, es una hipótesis sui generis. Pero,
aunque una unidad de información concreta se haya leído y estemos convencidos del resultado de esa lectura,
esa información no se acepta como base para pasos posteriores en el proceso de investigación hasta que
sometemos la fuente en cuestión a la crítica externa e interna, es decir, hasta que resolvemos los problemas de
su autenticidad y de la fiabilidad de la información que nos proporciona. Esto no lo podemos hacer sin
formular hipótesis. Más tarde, las hipótesis se hacen a medida que establecemos los hechos y procedemos a
explicarlos. En todo esto sólo aceptamos como elementos para la posterior investigación las hipótesis que
han sido sujetas a comprobación. Por tanto, el procedimiento investigador usado por el historiador, que
hemos reconstruido en otra ocasión como el proceso de formular preguntas y buscar respuestas a ellas, puede
interpretarse —desde un punto de vista diferente— como la formulación, comprobación y apoyo de las
hipótesis. Las hipótesis se consideran como intentos de respuesta (antes de comprobarlas) y como respuestas
(después de comprobarlas) a la pregunta planteada. Olvidemos aquí la cuestión de que una pregunta es
hipotética en sí misma; esto lo trataremos más adelante.
En los escritos sobre metodología, el concepto de hipótesis solía construirse, sobre todo, en relación con
la experiencia adquirida en la ciencia natural. La aproximación complementaria fue aportada por J. Giedymin,
que estudió los problemas de la formulación y comprobación de las hipótesis en la ciencia social y en parti-
cular en historia6. Tenemos que coincidir con él en que el concepto de hipótesis en la investigación histórica
va mucho más allá del acercamiento de la ciencia natural, en la que una hipótesis se interpreta como una
razón no aceptada de una afirmación que confirma el hacho que hay que explicar, lo cual significaba que el
concepto de hipótesis se limitaba al procedimiento de explicación. En la investigación histórica formulamos
hipótesis no sólo cuando buscamos respuestas a las preguntas explicativas (preguntas de « por qué »), sino
también cuando contestamos a las preguntas factográficas (preguntas de « qué fue »), y este último proceso
abarca también la lectura de la información de la fuente y el examen de la autenticidad y fiabilidad de las
fuentes. Se puede decir que, en la investigación histórica, cualquier afirmación sobre el pasado es una hipó-
tesis si todavía no se ha sometido a un proceso de comprobación, y también después de someterse a él, si no
se ha obtenido un grado suficiente de apoyo7. Por ejemplo, formulamos una hipótesis sobre el lugar de origen
del autor de la Crónica de Galus (la crónica polaca más antigua, escrita en latín por un autor desconocido, y
que abarca hechos hasta el 1118 d. C.), o sobre el significado de la palabra Shinesghe en Dagome Iudex (un
documento de últimos del siglo X que se ocupa de la historia política antigua de Polonia), y por más que
tratemos de apoyarlas, siguen siendo hipótesis, porque, en ambos casos, es difícil aceptar como suficiente el
grado de comprobación.
Hay que hacer, por tanto, una distinción entre hipótesis heurísticas (hipótesis antes de la comprobación) e
hipótesis más o menos apoyadas. Por supuesto, las hipótesis comprobadas se pueden considerar, en ciertas
condiciones (por ejemplo, tras el descubrimiento de nuevas fuentes), como el punto de partida de una com-
probación posterior, y pueden jugar el papel de hipótesis heurísticas. Las hipótesis comprobadas no suelen
llevar la etiqueta de hipotética, ya que son afirmaciones sobre hechos que se aceptan como ciertos, suponien-
do que, de acuerdo, con el principio de que nuestro conocimiento del mundo se adquiere gradualmente, todas
las afirmaciones sobre los hechos manifiestan siempre un cierto grado de hipótesis.
Junto a la clasificación más general en hipótesis heurísticas y comprobadas podemos señalar, al menos,
otras dos clasificaciones de las hipótesis históricas. Una clasificación adopta como criterio el tipo de proce-

6 Ver, en particular, las siguientes obras de J. Giedymin: «Hipotezy w analizie i krytyce zródel» (Hipótesis sobre el análisis y crítica de fuentes), en
Z problemów logicznych analizy historycznej (Algunos problemas lógicos en el análisis histórico); Problemy logiczne analizy historycznej, págs. 24
y ss.; « Uogólnienie postulatu rozstrzygalnosci hipotez» (Generalización del postulado de decidibilidad de las hipótesis), Studia Filozoficzne, núm 5,
1959. La primera de las dos obras fue criticada por J. Dutkiewicz (ver Kwartalnik Historyczny, núm. 4, 1959), a lo que replicó J. Giedymin en
Kwartalnik Historyczny, número 4, 1962.
7 J. Giedymin da la siguiente definición analítica de la hipótesis en las ciencias sociales y las humanidades: « Una hipótesis es una afirmación que no
está suficientemente fundada en una disciplina concreta, y que se considera como una respuesta a una pregunta concreta planteada dentro del área de
esa disciplina», (Problemy logiezne (...), ed. cit., pág. 30).

141
Jerzy Topolski

dimiento investigador usado por el historiador; en este caso, la formulación y sustentación de las hipótesis se
refiere, respectivamente, a: desciframiento de la información de las fuentes, crítica externa e interna de una
fuente concreta que, en su sentido más amplio, abarca el desciframiento, establecimiento de los hechos y
explicación (junto con la formulación de las leyes) y construcción de los hechos históricos. Nos encontramos
aquí, respectivamente, con hipótesis sobre la lectura de la información de la fuente, sobre la crítica de la
fuente, sobre el establecimiento delos hechos, sobre la explicación causal y la formulación de las leyes, e
hipótesis que sugieren la integración de todas las unidades de información obtenidas sobre el pasado en
cuestión, es decir, una narración específica (una imagen del pasado). Las tres primeras son hipótesis
factográficas, las dos siguientes son hipótesis explicativas y la última es una hipótesis de construcción. Esto
se resume en el siguiente esquema:

~ Hipótesis formuladas en la lectura de la información


de la fuente
~ Hipótesis formuladas en el curso de la crítica externa e Hipótesis factográficas
interna de la fuente.
~ Hipótesis formuladas en el establecimiento de los hechos
(simples o incluidas en secuencias genéticas)

~ Hipótesis que explican los hechos


Hipótesis explicativas
~ Hipótesis que formulan leyes.

~ Hipótesis que integran los datos sobre el pasado Hipótesis de construcción


(periodización y clasificación de los datos)

Por supuesto, la clasificación en hipótesis factográficas y explicativas no significa que al leer las fuentes,
ocuparse de la crítica de fuentes y establecer los hechos no se recurre a procedimientos típicos de la explica-
ción causal8.
La clasificación anterior se usa para destacar la tarea de un procedimiento concreto. En el primer caso nos
ocuparemos de establecer los hechos, y en el segundo, de las explicaciones causales.
La segunda clasificación de las hipótesis históricas adopta como criterio los tipos de pregunta a los que
intenta contestar una hipótesis dada9. En esta clasificación, las hipótesis más frecuentes son:

- Hipótesis «quién / qué ».


- Hipótesis «dónde ».
- Hipótesis «cuándo ».
- Hipótesis «cómo »
- Hipótesis «por qué »
(Cada grupo incluye también sus derivados).
Hay que advertir, además, que los historiadores constantemente formulan y comprueban hipótesis en el
curso de la investigación, pero sólo usan explícitamente el término hipótesis o sus análogos en ciertos casos.
Lo hacen, sobre todo, cuando se ocupan de establecer (menos frecuentemente, de explicar) hechos que son

8 J. Giedymin prestó atención a este hecho en su réplica a J. Dutkiewicz (ver nota 6 in fine).
9 Esta clasificación fue introducida por J. Giedymin en relación con los análisis históricos (Problemy logiezne (...), ed. cit., pág. 32).

142
Preguntas y respuestas. Una reconstrucción general de...

más importantes, en el proceso histórico, para un estudio dado, pero sobre lo que no hay suficientes datos en
fuentes. De este modo, numerosas afirmaciones sobre la autoría de diversos textos, cartas, etc., han sido
incluidas en la ciencia histórica con la etiqueta de hipótesis; en otros casos, esto se refiere a hipótesis que
atribuyen ciertas acciones a ciertas personas, establecen la naturaleza de ciertos grupos sociales, sugieren
descripciones de sucesos sobre los que faltan datos, etc.
A veces se llama aseveraciones a tales afirmaciones, débilmente sustentadas, o puntos de vista, opiniones,
suposiciones, etc., usando estos términos de modo alternativo. Normalmente, una afirmación que se ha clasi-
ficado como hipótesis, es decir, muy sustentada, sigue siéndolo durante mucho tiempo, aunque aumente el
grado de sustentación. El descubrimiento de fuentes que den información nueva y esencial ofrece la mayor
oportunidad para que tal afirmación se libere de la etiqueta de hipótesis.
Si esto no ocurre, permanecemos en la esfera de hipótesis nuevas cada vez, que tienen varios argumentos
en su favor, pero que siguen siendo hipótesis.
Este es el caso, por ejemplo, de las hipótesis que intentan explicar el significado del término narocznik,
encontrado en algunos registros medievales polacos, o de las que intentan establecer cuál era la población de
París antes de la Guerra de los Cien Años.
El término, frecuentemente usado, hipótesis de trabajo, es una variedad especifica del término hipótesis,
usada cuando un investigador desea subrayar su carácter heurístico, es decir, cuando no la considera (o no
pretende considerarla) como una hipótesis fundada.

4. La estructura de las teorías históricas y los modelos metodológicos

Los historiadores usan el término teoría muy a menudo. Por ejemplo, se refieren a tal o cual teoría de la
formación de las ciudades, la aparición de la tierra desocupada en los pueblos medievales europeos o el
nacimiento de la economía señorial y de servidumbre. Mientras que las hipótesis se formulan, muchas veces,
sin ser llamadas de ese modo, al lado de afirmaciones menos numerosas que son llamadas hipótesis de modo
explícito, en el caso de las teorías sólo nos ocuparemos de las series de afirmaciones que los historiadores
llaman teorías. Por tanto, sólo nos interesan aquí las teorías que los historiadores clasifican como tales.
Podrían llamarse simplemente teorías históricas. El problema de las teorías de la investigación histórica y el
papel de las teorías dentro de ella se discutirá en otro lugar (cfr. capítulo XXVI).
En general, pero con una reserva que analizaremos más tarde, las teorías históricas son una subclase de
las hipótesis. Es cierto que los historiadores no suelen llamar hipótesis a las teorías, pero la estructura formal
de las teorías históricas y de las hipótesis es la misma. Por tanto, todos los comentarios sobre las hipótesis
valen para las teorías. ¿Qué distingue entonces a las teorías de otras hipótesis históricas? A partir de un
detallado análisis de un número bastante grande de teorías extraídas de los estudios históricos de diversas
clases, tenemos que llegar a la conclusión de que no es posible, señalar unas propiedades de las teorías que
permitan distinguirlas de otras hipótesis con precisión adecuada.
Sólo podemos señalar los tres rasgos que suelen caracterizar las teorías históricas. El primero de ellos se
refiere al contenido de las afirmaciones; el segundo, a su estructura, y el tercero, al nivel de la investigación
histórica que representan. En primer lugar, las teorías se refieren a ciertos sucesos que son más importantes
desde el punto de vista del proceso histórico.
Su grado de sustentación, en comparación con las hipótesis (incluso en comparación con las que se lla-
man así de modo explícito), no es mucho mayor, y en muchos casos resulta ser muy pequeño, incluso menor
que en el caso de las hipótesis fundadas que se llaman así explícitamente. El segundo rasgo se refiere a una
estructura de las teorías ligeramente diferente, que trataremos más tarde. El tercero es que suelen ser hipóte-
sis que ofrecen explicaciones causales o genéticas (es decir, señalan causas o describen secuencias de suce-
sos desconocidas), aunque algunas se refieren a un simple establecimiento de los hechos. Por tanto, las
teorías suelen ser respuestas a las preguntas de « por qué » o « cómo », y a veces, también, a preguntas de «
quién / qué », « dónde », « desde dónde », etcétera, preguntas que conciernen a problemas importantes en el
proceso histórico.

143
Jerzy Topolski

Esto sugiere una clasificación de las teorías históricas como factográficas, genéticas y causales, es decir,
una clasificación que se acerca a la aplicada a las hipótesis. Todos estos tipos de teorías ofrecen una descrip-
ción hipotética de lo que ocurrió en un lugar l en el tiempo t 1, ..., t n, quizás con un objeto o, si nadie vio o
pudo ver los sucesos o si no existen los informes fiables que se podrían haber hecho sobre las observaciones.
La formulación « qué ocurrió » significa, en este caso, o la descripción de un sistema concreto en el periodo
t 1, ..., t n, solamente, o la definición de la(s) causa (s) de la diferencia entre el estado del sistema en el
momento t 1 y en el momento t n.
También puede incluir tanto una descripción de la transformación del sistema como una definición de las
causas de esa transformación.
Las opiniones sobre el lugar de origen de los pueblos indoeuropeos pueden servir como ejemplo de una
teoría factográfica. La teoría asiática, que aseguraba que el lugar de origen había estado en Asia, predominó
hasta mediados del siglo XIX. Fue seguida por otra teoría, en la que la opción Asia - Europa se sustituyó por
la opción zona de bosques - zona de estepas; en este último caso podía ser Europa, o Asia, o las dos10. En el
caso de la segunda teoría, nos encontramos con un establecimiento indirecto (ya que no existen datos directos
del lugar de origen de los indoeuropeos) de un hecho histórico específico . La cuestión no es contestar la
pregunta de por qué se establecieron los indoeuropeos en la región esteparia de Europa o de Asia, sino
averiguar dónde había estado su lugar de origen.
Los intentos de explicación de la formación de las ciudades en Polonia (y en otros muchos países) se
pueden señalar como ejemplos de una teoría genética, es decir, una que sugiere una descripción hipotética de
los estadios sucesivos de un suceso, o sólo de su primer estadio. El desarrollo de los estudios de gran alcance,
especialmente los arqueológicos, de la formación de las ciudades, había sido precedido por el predominio de
la teoría colonial (Kolonialtheorie) del origen de las ciudades, fomentada por los historiadores alemanes. Esa
teoría relacionaba el origen de las ciudades polacas con los asentamientos basados en la ley alemana (es
decir, la ley de Europa occidental, que llegó a Polonia a través de Alemania), lo cual significaba que una
ciudad se originaba en los derechos concedidos a los colonos (locatio civitatis) y en una afluencia de pobla-
ción alemana. Esta teoría comenzó a ponerse en duda cuando se averiguaron hechos que eran incompatibles
con ella: se demostró que las ciudades habían existido en Polonia mucho antes del asentamiento de alemanes,
y que la difusión de la ley municipal alemana no se podía identificar con el proceso, mucho más restringido,
de la afluencia de colonos alemanes. Esto significaba que la teoría colonial no describía apropiadamente los
estadios de desarrollo en la historia de las ciudades polacas, en especial los estadios de su formación. Por
tanto, la teoría colonial comenzó a ser sustituida por diversas variantes de la teoría del origen nativo de las
ciudades, de las que se pueden aplicar a Polonia la teoría de los lugares de mercado (que señala las ferias
como primer estadio en el desarrollo de las ciudades) y la teoría de las plazas fuertes (que señala como
núcleos de las ciudades a los asentamientos alrededor de las plazas fuertes).
Estas no son teorías rivales, sino complementarias.
En la investigación histórica nos solemos encontrar, la mayoría de las veces, con teorías causales que
formulan las razones hipotéticas de ciertos sucesos históricamente importantes. Nos proporcionan ejemplos
los intentos de explicación de la revolución de los precios en una Europa del siglo XVI, originados en 1568
por la famosa polémica entre J. Bodin y M. Malestroit,
Algunos están en favor de la teoría metálica, que relaciona la revolución de los precios, sobre todo, con el
flujo de metales preciosos de América a Europa, mientras que otros se inclinan a subrayar el papel del auge
económico de Europa como causa principal del alza general de los precios11.
Otro ejemplo de teorías causales se puede ver en las explicaciones del nacimientos de la economía señorial
y de servidumbre en Europa central y del este. La discusión ha durado unos cien años12, y las causas de la
economía señorial y de siervos se han visto en un cambio de naturaleza de los ejércitos, que, supuestamente,
forzó a la clase media a dedicarse a la agricultura (teoría militar); en la caída del valor de las rentas de los

10 El ejemplo ha sido sacado de H. Lownianski, Poczatki Polski, 2° edición, volumen I, Varsovia, 1964, págs. 39 y ss. Su autor está a favor de la teoría
de las estepas (en su versión eurasiática)(cfr. pág. 49).
11 El problema es ampliamente tratado por W. Kula, Problemy i metody historii gospodarczej, ed. cit., págs. 529 y ss.
12 Para los detalles, ver J. Topolski, Narodziny kapitalizmu w Europie, Varsovia, 1965,págs. 135 - 136.

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Preguntas y respuestas. Una reconstrucción general de...

terrenos en la Edad Media, que redujo los ingresos de la clase media (teoría de las rentas); en la existencia de
zonas desocupadas en los pueblos, que tenían que, o podían, cultivarse (teoría de las zonas desiertas); en las
buenas condiciones naturales para la producción agrícola (teoría de las condiciones naturales); en la situa-
ción del mercado, que era favorable a la exposición de cosechas de cereales (teoría del mercado), y conjunta-
mente, en la naturaleza de la servidumbre y la situación del mercado (teoría de Rutkowski). Se puede decir
que bastantes de esas explicaciones causales que se refieren a sucesos importantes sobre loe que falta infor-
mación precisa, son llamadas teorías.
La estructura de algunas teorías históricas se desvía de lo que se conoce como teorías en el sentido de la
metodología general. En esta última, una teoría se entiende como: 1) un sistema deductivo (como la teoría de
la serie); 2) una serie coherente de teoremas, en la que todas, o al menos una hipótesis es una afirmación
estrictamente general (es una ley o tiene forma de ley).
En este sentido, las teorías históricas son una variedad de las teorías empíricas, pero esto se refiere sólo a
las teorías históricas que se pueden incluir en el último grupo. Ese grupo, por tanto, sólo puede incluir las
teorías históricas que están formadas estrictamente por afirmaciones generales (cfr. capítulo XXV), pero en
la investigación histórica encontramos también teorías (es decir, afirmaciones denominadas así por los histo-
riadores) que son conjuntos de afirmaciones de observación (histórica), y no incluyen afirmaciones estricta-
mente generales (cfr. capítulo XXV). De los tres grupos de teorías mencionadas anteriormente, las teorías
factográficas y genéticas (o sea, las que formulan sugerencias sobre el establecimiento de ciertos hechos)
pueden estar formadas por afirmaciones históricas solamente, mientras que las teorías causales deben incluir
—aunque sólo sea como supuestos latentes— afirmaciones que sean leyes (esto no se refiere a la explicación
causal que no denomina teoría, de acuerdo con las necesidades de las explicaciones causales; cfr. capítulo
XXV). Sin embargo, Las leyes pueden incluirse también dentro de las teorías factográficas y genéticas. Por
tanto, las teorías históricas tienen un carácter variado: van desde series de afirmaciones históricas solas,
hasta conjuntos de afirmaciones históricas con otras estrictamente generales, sin que, sin embargo, se con-
viertan en series de, solamente, afirmaciones generales estrictas. Esto se puede ilustrar con el siguiente esque-
ma, que muestra la extensión de las teorías empíricas en el sentido de la metodología general, por un lado, y
las teorías históricas, por otro.

Teorías históricas

Teorías empíricas en el sentido de la


metodología general

Afirmaciones de Afirmaciones
observación estrictamente
(históricas) generales

Dentro de una teoría histórica podemos distinguir una hipótesis (que sugiere el establecimiento de los
hechos en el caso de las teorías factográficas y genéticas, o un nexo causal específico en el caso de las teorías
causales) y los argumentos en su favor (que son las premisas de los correspondientes casos de inferencia).
Esto significa que la estructura de la teoría difiere aquí, de algún modo, del concepto de hipótesis, que no
suele abarcar los argumentos en su favor, a no ser que usemos el término « hipótesis» en el sentido de una
teoría histórica. Este es el otro rasgo general (mencionado previamente) de las teorías, que las distingue de
las hipótesis históricas. Sin embargo, no niega la afirmación de que los modos de su formulación, sustentación
y comprobación, son comunes a las teorías históricas y a las hipótesis históricas.
Junto al concepto de teoría, que los historiadores han usado durante largo tiempo, están recurriendo,
cada vez más al concepto de modelo. Sin embargo, no quieren decir un modelo semántico, es decir, el concep-
to de terreno en el que las afirmaciones formuladas por un historiador serían ciertas (cfr. capítulo I), sino un

145
Jerzy Topolski

modelo que hemos llamado metodológico (confróntese capítulo II). En este sentido, hablamos del método en
las diversas disciplinas históricas, y sobre todo en la historia económica, que utiliza las teorías económicas
(cfr. capítulo XX). En general, en la investigaciones histórica, un modelo tiene la misma estructura que una
teoría; aunque las afirmaciones estrictamente generales que tienen la naturaleza de leyes (es decir, las afirma-
ciones sobre las regularidades) son los elementos básicos de las teorías y de los modelos, los historiadores, al
contrario que, por ejemplo, los economistas teóricos, aceptan las teorías (y los modelos) que consisten sola-
mente en afirmaciones estrictamente históricas. Esto ocurre porque esas afirmaciones, al construir un todo
estructural (llamado narración, cfr. Capítulo XXIII), pueden formar —si esa narración es aproximadamente
cierta (cfr. capítulo XVI)— un reflejo más o menos isomorfo de la estructura de los hechos, aunque no se
refieran directamente a afirmaciones generales estrictas.
El isomorfismo de una narración y de los hechos históricos puede variar de grado: puede concernir a
las regularidades más fundamentales (profundas), o a las relaciones y los hechos descritos en términos que se
acercan a los fenómenos superficiales, o a la propia superficie. Mientras que las teorías históricas nos permi-
ten reconstruir diversos fragmentos del pasado, al margen de su lugar y su papel en la estructura entera del
pasado, el modelo se ocupa del descubrimiento de las relaciones (y hechos) que son esenciales desde el punto
de vista de un fragmento concreto del pasado.
El procedimiento, por tanto, consiste en la reconstrucción de una estructura de muchos niveles (jerárqui-
ca) del mundo, en la que hemos distinguido las clases de hechos históricos que sirven para explicar el proceso
histórico como regularidades, causas primarias y causas secundarias (cfr. Capítulos X y XII). Esto se consi-
gue por medio de una selección específica (que K. Marx llamó abstracción, y para la que L. Nowak ha
popularizado el término idealización), que se rige por el sistema de valores del investigador y por su conoci-
miento general (cfr. Capítulo XVII); en el cuerpo de esa selección dejamos de lado la labor de las causas
secundarias (e incluso de algunas causas primarias), es decir, adoptamos una serie de presupuestos
idealizadores. Esto produce una serie de afirmaciones sobre un fragmento del pasado (un hecho histórico)
que se ve privada de algunas de sus características. Este hecho se llama a menudo un tipo ideal, y la serie de
afirmaciones (teoremas) sobre él es un modelo. En notación simbólica, se podría registrar así:

(x) [ T1 (x)—> a1 (x), ..., a n (x)]

donde T1 representa una descripción de un fragmento del pasado después de dejar de lado sus caracterís-
ticas secundarias (un tipo ideal) y a1, ..., a n representan los diversos tipos de comportamiento de ese tipo
ideal.
Sin embargo, hay que notar que estamos hablando aquí de modelos realistas, es decir, modelos que —
en la intención del investigador— deben ser isomorfos respecto a los hechos. Esta es la naturaleza del método
de K. Marx de la abstracción, tan explotado por él en su Capital. Pero también encontramos modelos que son
denominados instrumentales, y que sirven sólo para ordenar los hechos. En su caso, el reflejo isomorfo de la
estructura del mundo cambiante no es importante. Estos modelos pueden construirse intencionalmente; esto
vale para los tipos ideales de M. Weber (confróntese capítulo VII) y las «estructuras» de Lévi-Strauss (cfr.
Capítulo VII), que clasifican los hechos según ciertos criterios convencionales. Pero también pueden derivar
de la falta de una teoría que se adecué a los hechos; esto vale, por ejemplo, para los intentos que hizo J.
Marczewski (cfr. capítulo XX) de comprimir la economía del siglo XVIII en el marco de un modelo que
refleja las condiciones predominantes en el capitalismo actual.
En la investigación histórica, nos encontramos también, cada vez más, con los llamados modelos
contrafacturales (cfr. Capítulo XXIII). Los sugieren, principalmente, historiadores económicos americanos
que representan la Nueva Historia Económica (R. W. Fogel, S. L. Engerman, P. Temin, A. Fishlow, y otros).
En su caso, las afirmaciones hechas sobre las regularidades continúan siendo realistas; sólo suponen que
ciertos hechos (por ejemplo, la existencia de ferrocarriles en Norteamérica en el siglo XIX) no tuvieron lugar,
e investigan cuál habría sido el proceso histórico sin esos hechos. Estos les permite destacar mejor el papel de
esos factores en el pasado. Los historiadores que son miembros del grupo llamado Nueva Historia Económi-
ca no se limitan, por supuesto, a utilizar modelos contrafacturales. Sus obras ofrecen una amplia variedad de

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Preguntas y respuestas. Una reconstrucción general de...

modelos de diversos tipos, inspirados por la teoría económica. De este modo, contribuyen también al desa-
rrollo actual de los métodos cuantitativos (cfr. capítulo XX)13

5. Esquemas de procedimientos hipotéticos en la investigación histórica

Una hipótesis, al ser planteada, adquiere el status de afirmación científica, es decir, comienza a incluirse
en el cuerpo de conocimiento científico aceptado, sólo como resultado de un proceso de sustentación. Los
problemas de la crítica, comprobación, decisión, confirmación, y sustentación (también llamada fundamen-
tación) de las hipótesis están entre los más cruciales de la metodología científica general, y han sido muy
tratados últimamente14
En la investigación histórica, ese procedimiento se identifica con la crítica histórica o el método crítico.
Los problemas detallados de la sustentación de las hipótesis pertenecen, por supuesto, a las técnicas de la
crítica de fuentes, los métodos de establecimiento de los hechos y la explicación causal, y serán tratados en
los capítulos correspondientes del libro.
Junto a los estadios en el manejo de las hipótesis tenemos que distinguir los métodos y esquemas para
su manejo. Los métodos, de modo muy amplio, incluyen: adquisición de datos nuevos (el principio de amplia-
ción del conocimiento propio) e inferencia, es decir, aceptación de ciertas afirmaciones (conclusiones), basa-
da en la aceptación de otras (premisas) (el principio de inferencia). En los diversos estadios se usan los
métodos adecuados, que forman la estructura general de los esquemas.
En el manejo de las hipótesis (no sólo en la investigación histórica)tenemos que distinguir tres niveles:
la formulación de una hipótesis, su sustentación, y su comprobación. El término «sustentación» se puede
entender de modo más amplio, de modo que incluya el proceso de comprobación.
Los esquemas de manejo de las hipótesis en la investigación histórica difieren entre sí, por un lado, según
busquemos una respuesta a una pregunta de decisión o de complementación, y por otro, según nos encontre-
mos con un establecimiento de los hechos directo o indirecto (cfr. capítulo XIX).
Como las fuentes no se refieren directamente a las causas de los hechos, y, si proporcionan esos datos,
suelen tener una importancia secundaria para el historiador, las explicaciones causales están incluidas, junto
con el establecimiento indirecto de los hechos, entre los procedimientos indirectos de construcción de narra-
ciones históricas.
En el caso de las preguntas de decisión (sean simples o múltiples), el esquema de manejo de las hipótesis)
que no supone, por supuesto, el orden de los pasos) es como sigue:
1) Formulamos una pregunta que atañe a un terreno dado.
2) Establecemos el tipo de pregunta (?Du, ?Da, ?De).

13 Cfr. L. Nowak, U podstaw marsowskie metodologii nauk, (Los fundamentos de la metodología de las ciencias marxistas), Varsovia, 1971, págs.
17- 109; L. Nowak, Model ekonomiezny (Modelo económico), un estudio sobre la metodología de la economía política, Varsovia, 1972; J. Topolski,
«Marx et la méthode des modéles», Méthodologie de l´histoire et des sciences humaines, Mélanges en I´honneur de Fernand Braudel, Toulouse, 1972,
págs. 435-442; Topolski «The Model Method in Economic History» The Journal of European Economic History, volumen Y, núm. 3, 1972, págs.713-
726; H. Van Der Wee (con la colaboración de H.Drems y E. Cauwenberghe), Méthodes et techniques nouvelles en histoire économique quantitative,
en Méthodologie de l´histoire et des sciences humaines, Mélanges en l´honneur de Fernand Braudel, págs.443-452; R.W. Fogel, S.L. Engermann (eds.),
The Reinterpretation of American History, Nueva York, Evanston, San Francisco, Londres, 1971. La literatura de la materia se ha hecho actualmente
muy amplia, y las publicaciones enumeradas sólo sirven de ejemplo. Para las discusiones sobre la Nueva Historia Económica, ver R.L. Andreano (ed.),
The New Economic History: Recent Papers on Methodology, Nueva York, Londres, Sydney, Toronto, 1970. Sobre las nuevas tendencias
metodológicas en las disciplinas históricas, aparte de la historia económica, ver R.P. Swierenga (ed.), Quantification in American History, Theory and
Research, Nueva York, 1970. Las opiniones de historiadores de varios países sobre el estado actual de la metodología de la investigación histórica están
recogidas en F. Gilbert, S.R. Grabaud (editores), Historical Studies Today, Nueva York, 1972.
14 Esto se ve en el Coloquio Internacional sobre Metodología Científica, celebrado en Varsovia del 18 al 23 de Septiembre de 1961. Las ponencias
leídas allí fueron publicados en El fundamento de las afirmaciones y las decisiones, Varsovia, 1965. La cuestión general fue presentada por K.
Ajdukiewiez, en su artículo «El problema del fundamento», págs.1-11.

147
Jerzy Topolski

3) Comprobamos, a la luz del cuerpo de conocimientos que tenemos (con respecto a ?Da y ?De), si es cierta
por lo menos una respuesta directa (es decir, si queda satisfecha la aseveración positiva de la pregunta) y si
es falsa por lo menos una respuesta directa (es decir, si queda satisfecha la aseveración negativa de la pre-
gunta), y con respecto a ?Du, si podemos esperar que sólo sea cierta una respuesta directa (la aseveración de
la unicidad). Esto significa que comprobamos si la pregunta ha sido planteada correctamente; tal comproba-
ción puede ser de naturaleza hipotética. Puede ser que la respuesta obtenida anule la aseveración positiva de
la pregunta (cuando no satisface esa aseveración); puede anular también la pregunta.
4) Elegimos la respuesta (basándonos en datos directos o indirectos).
5) Sustentamos y comprobamos la hipótesis averiguando si sus consecuencias son aceptables a la luz del
cuerpo de conocimientos que tenemos.
Los puntos 1), 2) y 3) corresponden al estadio de la formulación de las hipótesis en cuestión, y los puntos
4) y 5) a su sustentación y comprobación.
En el caso de las preguntas de complementación, los puntos 1), 2) y 3) son los mismos. Pero entonces no
elegimos una pregunta de entre las muchas posibles, sino que 4) averiguamos lo desconocido de la pregunta
(si obtenemos información directa completa sobre ello) o intentamos acercarnos a eso desconocido (si no
podemos adquirir esa información directa). Este «acercamiento» se basa en los datos que señalan qué valores
puede adoptar lo desconocido de la pregunta. Estos datos pueden reducir el campo de lo desconocido, y son
respuestas parciales a la pregunta planteada. Si sólo podemos conseguir datos indirectos, las respuestas
parciales son hipótesis.
Las respuestas a ellas no significan la certeza de que el problema se ha resuelto correctamente. Pero tal
hipótesis, distinta de la que se formuló en un primer momento de nuestro proceso, podría denominarse una
hipótesis sustentada.
En la investigación histórica, las preguntas de decisión y de complementación se plantean alternativa-
mente, a medida que se está resolviendo un problema. El grado de certeza de la respuesta a la que llegamos y
la modificación de los esquemas generales de manejo de las hipótesis dependen, sobre todo, de si las fuentes
proporcionan datos directos, o sólo indirectos, sobre el (los) hecho (os) que nos interesan. La naturaleza de
tales determina también, en gran medida, los esquemas de inferencia (fiable o infiable) que usamos en la
sustentación.
Si establecemos hechos que están sustentados y comprobados principalmente por referencia a los da-
tos directos contenidos en las fuentes, tenemos que examinar la autenticidad de las fuentes, y la fiabilidad de
los datos que proporcionan (cfr. capítulo XVIII). Como esto suele tener lugar antes de formular la hipótesis,
se puede incluir el examen de la autenticidad y fiabilidad (de las fuentes y de los datos, respectivamente) en el
nivel de la formación de la hipótesis (esto es lo que se inclina a hacer J. Giedymin). Este autor se inclina más
bien a considerar el examen de la autenticidad y de la fiabilidad como elementos del proceso de sustentación.
Si estamos convencidos d que la fuente que contiene datos pertinentes se remonta realmente al período del
pasado que corresponde, y por tanto puede contener los datos mencionados, y si esos datos son relativamente
ciertos, entonces aceptamos que los hechos a los que se refieren son igualmente ciertos. Tenemos que reunir
las siguientes afirmaciones, que se reconstruirán totalmente porque la inferencia implicada es de naturaleza
entimemática (es decir, incluye premisas que se asumen tácticamente):
Premisas:
1) Si la fuente es auténtica y contiene datos fiables, podemos (o, en una versión más débil, solemos poder)
aceptar que los hechos sobre los que informa ocurrieron (la premisa tácita)
2) La fuente x es auténtica y contiene datos fiables (y los datos que atañen específicamente al hecho A son
fiables).
Conclusión:
1) El hecho A, al que se refiere la fuente x, ocurrió (o: ocurrió con una probabilidad adecuadamente alta,
de modo que la afirmación sobre ello está adecuadamente sustentada).

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Preguntas y respuestas. Una reconstrucción general de...

Como puede verse fácilmente, esto es inferencia deductiva (también puede aparecer la llamada deducción
debilitada)15. Las premisas son, obviamente, conclusiones sacadas de una serie de casos de inferencia más o
menos complejos. El examen de la autenticidad de la fuente y de la fiabilidad de los datos es un procedimiento
más complicado, que se tratará de modo separado (cfr. capítulo XVIII). Por el momento, mencionemos que
los procesos mentales envueltos son similares a los implicados en el establecimiento indirecto de los hechos y
en la explicación causal. Si el examen de la autenticidad de la fuente o de la fiabilidad de los datos produce un
resultado negativo, el hecho que nos ocupa debe ser establecido de modo indirecto.
En el caso de un establecimiento indirecto de los hechos y de las explicaciones causales, las hipótesis se
sustentan y se comprueban en dos pasos. El primero atañe al examen de la autenticidad de las fuentes y la
fiabilidad de los datos que proporcionan, y es, por tanto, idéntico al analizado anteriormente, suponiendo que
los hechos sustentados en ese paso se refieren sólo indirectamente al hecho que nos ocupa, es decir, son —
como hemos decidido llamarlos— sus síntomas.
El segundo paso del examen de la autenticidad y fiabilidad consiste en averiguar las consecuencias de la
adopción de una hipótesis dada16 (si fuera como afirma la hipótesis H, entonces tendríamos que aceptar que
a, ..., n) y en asegurar que esas consecuencias tuvieron lugar realmente o al menos con un gran grado de
probabilidad. Si ocurrieron, y si no están en contradicción con otros datos basados en fuentes y el conoci-
miento que aceptamos (la serie de afirmaciones que aceptamos como verdaderas), entonces la hipótesis se
suele aceptar. Esta última condición no es absoluta: los investigadores audaces no dudan, muchas veces, en
aceptar hipótesis que les obligan a modificar las partes correspondientes de su conocimiento no basado en
fuentes (actuando así contra el llamado principio del conservadurismo); dichas hipótesis, normalmente, esti-
mulan el desarrollo de la ciencia histórica.
En el caso del examen de las consecuencias de las hipótesis el razonamiento suele adoptar la forma de
inferencia reductiva, o el esquema del modus tollendo tollens en la inferencia deductiva17. He aquí un esque-
ma de inferencia reductiva aplicada al manejo de una hipótesis histórica.

Premisas:
1) Si suponemos que un hecho A ocurrió en un lugar l y en un tiempo t (o que fue la causa de un suceso),
tenemos que suponer que los hechos a, ..., n, también ocurrieron.
2) Los hechos a, ..., n, ocurrieron (o es muy posible que ocurrieran).
Conclusión:
3) Es bastante probable que haya ocurrido el hecho A.

15 La inferencia deductiva, entre otras cosas, puede adoptar la forma del modus ponendo ponens y del modus tollendo tolens.
modus ponendo ponens: modus tollendo tollens:
si p, entonces q si p entonces q
p no q
—————————— —————————
por tanto q por tanto no p
La deducción será tratada más adelante (ver capítulo XIX).

16 Algunos ejemplos de fundamentación de las hipótesis históricas por la deducción de sus consecuencias nos los presenta J. Giedymin en Z problemów
logicznych analizy historycznej (Algunos problemas de los análisis históricos), edición citada, págs. 40-43.
17 El esquema de la inferencia reductiva es el siguiente:
si p, entonces q
q
—————————————
por tanto (presumiblemente) p
Es un modo de inferencia no fiable, llamado también subjetivamente incierto (ver K. Ajdukiewicz, Lógica pragmática, ed. cit., págs. 130 - 137).

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Jerzy Topolski

Si no se satisface la premisa 2), no podemos sacar la conclusión de que ocurrió el hecho A, lo cual
significa que la hipótesis es contrarrestada.
He aquí un ejemplo de la aplicación del esquema del modus tollendo tollens en la sustentación de la
hipótesis que dice que Zyndram de Maszkowice era el jefe polaco en la batalla de Grunwald.

Premisas:
1.)Si suponemos que Zyndram de Maszkowice era el jefe polaco en la batalla de Grunwald, tenemos que
suponer también que, en la Edad Media, una persona de baja condición y pequeña fortuna, que no tenía
ninguna hoja de servicios militar importante, que no fue premiado después de la batalla y que no era un
miembro del consejo de guerra, podía ser un jefe en una gran batalla.
2.)En la Edad Media, una persona así no tenía muchas posibilidades de haber sido el jefe de una gran
batalla.

Conclusión:
3.)Zyndram de Maszkowice no fue (o: lo más probable es que no fuera) el jefe polaco en la batalla de
Grunwald18.
Como vemos, la hipótesis ha sido rechazada, como resultado del proceso de comprobación, por la incom-
patibilidad de sus consecuencias con el cuerpo de conocimientos que tenemos.
Los estudios medievales proporcionan ejemplos de sustentación y comprobación de hipótesis, que son
muy interesantes y a veces muy complejos. En la mayoría de los casos, la comprobación (para reforzarse) se
une al intento de rechazo de las hipótesis contrarias. La falsedad de las consecuencias de dichas hipótesis se
demuestra para señalar la probabilidad mayor de las consecuencias de las hipótesis en cuestión. Al analizar
la descripción del área étnica polaca que encontramos en Germanía, de Tácito, H. Lowmianski escribió que
el hecho de que los antiguos conocían muy poco el río Oder, que tenía muy pocos atractivos a lo largo de su
curso, y la falta de mención de los burgundios, que en esa época vivían junto al río Oder, excluye la posibi-
lidad de que la descripción de Tácito siga el curso del río Oder; del mismo modo, no es probable que siga el
curso del Elba, ya que no encontraríamos a los Buros y a los Cotinos, y, por el contrario, oiríamos hablar de
los Semnonios y los Longobardos, que, sin embargo, Tácito describe en otra ocasión. Parece por tanto que la
ruta del ámbar, que va desde la Puerta de Moravia (o el Paso de Klodzko) a lo largo del bajo Vístula es el
único curso posible de la descripción de Tácito19. Esta última hipótesis, por supuesto, está apoyada de modo
mucho más exhaustivo por H. Lowmianski.
Como se puede advertir fácilmente, la adopción de la hipótesis de la ruta del ámbar no implica la acepta-
ción de ninguna consecuencia incompatible con hechos conocidos de otro modo. Esto no ocurre en el caso de
las otras hipótesis:
La hipótesis del Oder: tendríamos que suponer que, a) el Oder era bien conocido por los antiguos; b) que
ofrecía atractivos a lo largo de su curso, y c) que Tácito tendría que haber mencionado a los burgundios, que
vivían en ese río (ya que menciona otras tribus). El conocimiento no basado en fuentes muestra que las
consecuencias a) y b) son inaceptables, mientras que el conocimiento basado en fuentes muestra que c)
Tácito no menciona a los burgundios.
La hipótesis del Elba: tendríamos que esperar que Tácito mencionara a los semnonios y a los longo-
bardos, mientras que él menciona a los buros y a los cotinos.
La hipótesis de la ruta del ámbar: no acepta las consecuencias que se deducen de las hipótesis anteriores,
y está de acuerdo con la descripción de Tácito sobre las diversas tribus (es decir, está de acuerdo con nuestro
cuerpo de conocimiento).

18 El ejemplo ha sido extraído de S. Kucznski, Wielka wojna z Zakonem Krzyackim w latach 1409 - 1411 (La gran guerra con la Orden Teutónica,
1409 - 1411). Varsovia, 1955, pág. 147.
19 H. Lownianski, Poczatki Polski (Historia primitiva de Polonia), vol. I, edición cit. pág. 232.

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Preguntas y respuestas. Una reconstrucción general de...

Los ejemplos de tal comprobación indirecta de las hipótesis históricas no deben buscarse exclusivamente
en los estudios que se ocupan de la historia antigua. Basta recordar el asesinato del presidente Kennedy y la
controversia subsiguiente sobre la persona del asesinato.
La sustentación y la comprobación de las hipótesis históricas tiene lugar en dos niveles, por lo menos. El
primer nivel (cuya terminación se puede indicar y definir) consiste en la sustentación y la comprobación
realizadas por un investigador concreto. La precisión y perfección de esa sustentación y esa comprobación
dependen de su conocimiento y su ética de estudioso. De cualquier modo, un investigador debe presentar los
resultados de su labor, de modo que puedan someterse a inspección, sobre todo por parte de la comunidad de
estudiosos.
Una vez que los resultados de la investigación se han hecho públicos, comienza el segundo nivel de la
comprobación de la hipótesis, y, teóricamente, no termina nunca. Mientras que incluso el más consciente de
los historiadores se ocupa más de acumular argumentos en favor de su hipótesis que de buscar sus posibles
consecuencias falsas, y centra sus esfuerzos en la sustentación de sus aseveraciones teóricas, en el segundo
nivel la atención de los críticos se dirige a la búsqueda de posibles consecuencias falsas de la hipótesis en
cuestión, es decir, al rechazo de esa hipótesis.
Tanto la formulación de una pregunta coma la formulación de una respuesta a ella necesitan datos. La
información se puede definir de varios modos. Para las necesidades de la investigación histórica es muy útil
interpretar el concepto de información del modo más amplio posible, para que abarque la información se-
mántica y la no semántica (no lingüística), interpretación que es característica también de la teoría de la
información. Un ejemplo típico de información semántica nos lo ofrecen las formulaciones que encontramos
en las fuentes escritas, y uno de información no semántica, los objetivos obtenidos en las excavaciones
arqueológicas20.
La información «se anima» sólo después de plantear una pregunta. Se puede decir que la cantidad de
unidades «inanimadas» de información es enorme; el problema suele ser la falta de preguntas adecuadas. En
la ciencia en general, y en la investigación histórica en particular, las preguntas se formulan según códigos
tradicionales, y es obvio, por tanto, que mientras no cambie el código utilizado, es difícil esperar cambios
visibles en las unidades de información. lo cual bloquea el progreso en la investigación. Es evidente que una
pregunta es una unidad de información en sí misma, pero esto es lo que podríamos llamar una información
pauta, que consiste en la formulación de una tarea de investigación específica.
Por tanto, en términos muy generales, el proceso investigador del historiador consiste en formular pre-
guntas en un campo concreto y en buscar las respuestas adecuadas para ellas. Como ninguna de estas
operaciones es posible sin unidades de información (es decir, datos), es tarea esencial, cuando reconstruimos
el procedimiento investigador del historiador, establecer la fuente de sus datos, el lugar de los datos en su
proceso investigador, y la naturaleza de dichos datos. En su investigación (0 sea, en el planteamiento de
preguntas y en la búsqueda de respuestas a ellas), los historiadores usan dos tipos de datos, que podríamos
llamar, respectivamente, basados y no basados en fuentes. Tenemos que reflexionar, por tanto, sobre los
conceptos de fuente histórica, conocimiento basado en fuentes, datos basados en fuentes, conocimiento no
basado en fuentes y datos no basados en fuentes.

20 Cfr. J. Giedymin, Problemy logiezne (...). ed. cit., pág. 20.

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152
en Metodología de la historia, Capítulo XXI, Ediciones Cátedra, Ma-
drid, 1991, pp. 239-506.

Jerzy Topolski

El proceso de explicación en la
investigación histórica

1. Las diversas interpretaciones de la explicación histórica

Hemos dicho que a una pregunta factográfica (¿qué fue?) contestamos estableciendo los hechos, y una
pregunta explicativa (¿por qué fue así?), ofreciendo una explicación causal. Aunque los procedimientos de
investigación del historiador se puede reducir a respuestas a estos dos tipos de preguntas (si dejamos de lado,
por el momento, las preguntas sobre leyes), las diversas interpretaciones intuitivas relacionadas con el térmi-
no “explicación” necesitan algunas observaciones.
El análisis de muchos estudios históricos muestra que la tarea de la explicación histórica se puede inter-
pretar, al menos, de las siguientes maneras:

1) Explicación por descripción (descriptiva);


2) Explicación por indicación del origen de un fenómeno concreto (genética);
3) Explicación por indicación del lugar de un fe nómeno de una estructura dada (estructura);
4) Explicación por definición de un fenómeno (definitoria);
5) Explicación por indicación de una causa (causal).

El concepto de explicación descriptiva es el más amplio de todos, ya que puede abarcar todos los restantes
tipos de explicación. Esto ocurre porque, si una persona dice: por favor, explícame las Cruzadas o el sistema
político Inglés en la segunda mitad del siglo XVII o la política americana de Francia después de la Segunda
Guerra Mundial, pude esperar una simple descripción de los hechos implicados, o información sobre los
niveles de desarrollo (origen) de esos hechos, o la formulación de sus definiciones, o la indicación de sus
causas. Estos diversos tipos posibles de explicación pueden incluir también una simple descripción, sin nin-
gún intento de señalar las causas, una descripción en la que sería difícil encontrar una indicación metódica del
origen del hecho en cuestión o su lugar en una estructura. Este es el caso al que nos referimos cuando diferen-
ciamos la explicación descriptiva. Adviértase, que, en última instancia, todas las formas de explicación sue-
len adoptar la forma de una descripción histórica (narración histórica).
La explicación genética (que trataremos más ampliamente después) consiste en señalar los sucesivos esta-
dios de desarrollo de un hecho histórico concreto. Al hacer una explicación genética respondemos a la pre-
gunta ¿cómo ocurrió? Adviértase que ésta es una pregunta distinta de ¿por qué ocurrió?, a pesar de que al
contestar ambas preguntas podemos tener en cuenta los mismos hechos. Por ejemplo cuando, preguntamos:
153
Jerzy Topolski

¿cómo estalló la Primera Guerra Mundial? Y ¿por qué estalló la Primera Guerra Mundial? (o ¿cuáles fueron
las causas de la Primera Guerra Mundial?) podemos prestar atención a los mismos problemas, pero cuando
planteamos una pregunta genética deseamos, sobre todo, tener una descripción de los hechos sucesivos que
condujeron al estallido de la Primera Guerra Mundial. Así, respondemos a una pregunta sobre una explica-
ción genética al enumerar una secuencia genética de los hechos implicados. Algunos autores, que aseguran
que la investigación histórica se ocupa de “lo único” y, por tanto, no ofrece ninguna explicación causal (al
revés que en las ciencias naturales), mantienen que, al contestar con una descripción de lo que ocurrió,
ofrecemos, al mismo tiempo, una explicación del “por qué” (Collingwood).
Sucede a menudo que la persona que pregunta sobre el origen de un suceso no se da cuenta, claramente,
de sí quiere saber los estadios sucesivos (especialmente los primeros) del desarrollo de un hecho concreto, o
las causas de su existencia (sus características, los cambios en su estructura, etcétera). Cuando se nos pre-
gunta, por ejemplo, sobre el origen del ejército polaco después de la Segunda Guerra Mundial, es evidente
que la pregunta se refiere a los pasos del desarrollo que dio lugar a la situación predominante en un período
dado. Pero si una persona pregunta, por ejemplo, acerca del origen de la política exterior de Beck, quiere
saber, indudablemente, algo sobre los factores que explican sus movimientos (es decir, quiere saber alguna
cosa sobre las causas), incluso, quizás, algunas características mentales de ese político. Esto muestra que
una pregunta que tiene forma genética puede ser, a veces, una pregunta sobre las causas. Una explicación
genética pura es una respuesta a una pregunta “cómo”.
Una explicación estructural (o funcional) señala las funciones de un elemento específico de un modo
concreto. Si una persona pregunta: por favor, explícame el papel de la Dieta en Polonia, entonces, con toda
probabilidad, quiere que le contemos de qué modo funciona esa institución dentro de la estructura entera de
las autoridades estatales polacas. En tales casos, una explicación responde a una pregunta “cómo”. Una de
las principales tareas del historiador es señalar el papel de denominados hechos dentro de estructuras más
amplias. Por ejemplo, al describir la importancia cada vez menor de Polonia en el ruedo internacional a
comienzos del siglo XVIII, ofrecemos una explicación típicamente estructural. También nos encontramos
con dichas explicaciones cuando situamos ciertos procesos dentro de una serie mayor (por ejemplo, cuando
interpretamos las huelgas en Rusia en 1905-1906 como componentes de la revolución de 1905-1909).
Una explicación definitoria es, en cierto modo, complicada. De cualquier modo, nos encontramos con dos
clases de dicha explicación:

1) Respuesta a preguntas “¿qué (quién) es eso?”;


2) Respuesta a preguntas “¿por qué?”.

En primer caso, la persona que plantea una pregunta quiere que le expliquemos, por ejemplo, ¿qué era la
Inquisición que mandó a Giordano Bruno a la hoguera?, ¿qué era el Gran Parlamento?, ¿qué fue la Guerra de
Crimea?, ¿quiénes fueron los Gracos (o Giuseppe Mazzini, o lumumba)?, ¿quiénes eran los plebeyos roma-
nos (o los moriscos, o los budistas)?, ¿qué es el crimen del genocidio?, ¿qué era el feudalismo?, ¿qué era el
universalismo papal?, etcétera. Al contestar a tales preguntas, recurrimos a ciertas descripciones qué adop-
tan la forma de definiciones nominales (si explicamos el significado de un término concreto refiriéndonos a
los significado de los términos que esa persona conoce ya) o definiciones reales (si intentamos caracterizar un
objeto concreto de un modo no ambiguo). Así, cuando digo que las leyes fundamentales en la Polonia de los
siglos XVII y XVIII eran “las disposiciones de la ley que sentaron los principios fundamentales del sistema
político polaco y eran superiores a otras leyes”1. Ofrezco una explicación definitoria que es a la vez una
definición nominal y real. Lo mismo ocurre con la formulación: “la campaña de Libia consistió en las opera-
ciones realizadas en Libia durante la Segunda Guerra Mundial, específicamente en los años 1940-1943, por
el ejército británico y las tropas del Eje, y que condujeron a las tropas del Eje a Tunicia”2.

1 Cfr. Wielka Encyklopedia Powszechna PWN (Enciclopedia universal ), Editores científicos polacos, vol. 6, pág. 496.
2 Ibídem, vol. 5, pág. 467.

154
El proceso de explicación en la investigación histórica

En este último caso, una explicación definitoria es una respuesta a la pregunta ¿por qué? Nos referimos
aquí a preguntas del tipo: ¿por qué se llamó a Adam Mickiewikz (poeta romántico polaco), en cierto período
de su vida, Towianskiano? Las preguntas de este tipo se contestan por medio de la formulación de una
definición adecuada o de algunas consecuencias directas de tal definición. Así, por ejemplo, decimos que
Mickiewikz fue llamado Towianskiano porque estuvo bajo la influencia de Towianski y su secta mesiánica.
En este caso, nuestro punto de partida es una definición del concepto “Towianskiano”, es decir, “un hombre
que acepta las opiniones de Towianski”, o, más estrictamente, “un miembro de la secta de Towianski”. Al
contestar a la pregunta mencionada sobre Mickiewicz, ofrecemos como explicación una definición del con-
cepto de “Towianskiano”.
Nos encontramos aquí con el siguiente caso de inferencia:
Premisas:
1) Un Towianskiano es una persona que acepta las opiniones de Towianski;
1) Mickiewicz aceptaba las opiniones de Towianski,
Conclusión:
3) Se puede llamar Towianskiano a Mickiewicz.
Otro ejemplo. La definición que establece que el concepto de pariente abarca a un hijo del hermano de mi
padre me lleva a deducir que Juan es pariente mío, ya que su padre es hermano de mi padre.
Sólo la explicación causal se puede considerar explicación en el sentido estricto del término. La propuesta
de explicaciones causales es el procedimiento fundamental que adopta el historiador, por encima de las sim-
ples descripciones de los hechos, y que une su investigación con el estudio de las leyes científicas y teorías.
De ahora en adelante, nos ocuparemos sobre todo de las explicaciones causales, y, hasta cierto punto, de las
explicaciones genéticas, que se relacionan con las anteriores. Pero, en primer lugar, debemos hacer algunas
observaciones sobre el problema de la compresión en la investigación histórica, para poder definir la relación
entre comprensión y explicación.

2. Comprensión y explicación

La formulación, aparentemente simple, de que, para explicar algo, primero hay que “comprender” ese
algo, nos introduce en el meollo de las vivísimas discusiones sobre los rasgos específicos de la investigación
histórica, y pone de relieve, uno de los puntos de encuentro más importantes entre las ciencias sociales y
naturales. ¿puede sustituir plenamente el concepto de historiografía “explicativa”, que acaba con los princi-
pios introspectivos de la intuición, al principio de historiografía “comprensiva”, que señala la necesidad de
“comprender” los hechos pasados (es decir, a la gente que actuó en el pasado; cfr. capitulo VII), principio
propuesto por los historiadores intuicionistas (como R. G. Collingwood, W. Dilthey, H. J. Marrou, H.
Butterfield, P. Ricoeur, H. G. Gadamer y otros)? ¿La comprensión de los hechos pasados significa su expli-
cación? La respuesta depende del significado que nos inclinemos a dar a los términos “comprensión” y
“explicación”. Para los intuicionistas, “empatía” significa “explicación”. Por tanto, interpretan la explica-
ción en un sentido muy estricto, como un acto de empatía y un informe de sus resultados. En su opinión (en
su versión radical) no es posible otro tipo de explicación, sea en la investigación histórica o en cualquier otro
lado donde nos enfrentemos a seres humanos cuyas acciones hay que “entender”. Los representantes del
acercamiento empírico niegan al método de la empatía cualquier valor cognoscitivo; en su interpretación, el
concepto de comprensión pierde su sentido psicológico y se identifican con la explicación (por la descripción
o por la explicación sensu stricto) hecho por el historiador sin ninguna referencia a su propia experiencia
interior, que los otros no pueden observar.
Estos dos acercamientos dieron lugar a una gran discusión, y si la incluimos en la crítica por parte de los
positivistas lógicos sobre la metafísica “intuitiva”, tenemos que decir que esa discusión es una de las más
activas en la historia de la ciencia. Aquí nos interesa menos esa crítica, ya que, de acuerdo con los principios
de acuerdo con los principios de toda metodología científica, no aceptamos plenamente el punto de vista
intuicionista (aunque no negamos su importancia como opositor del positivismo). Sin embargo, es una cues-
tión abierta, que requiere más análisis, el hecho de si no estaría justificado aceptar, contrariadamente a los

155
Jerzy Topolski

empiristas radicales, una determinada importancia del método de la empatía (lo cual, después de todo, signi-
ficaría sólo una descripción parcial de lo que realmente tiene lugar en los procesos de investigación).
Esta formulación implicaría una cierta ampliación del significado empirista de la comprensión, ya que
iría más allá de una mera descripción o explicación de los hechos. Después de todo, el término “explicación”
podría conservarse, pero entonces tendría que abarcar ciertos elementos de la experiencia interna 3. La expli-
cación formaría una combinación de procesos extrospectivos e introspectivos.
La aceptación y apreciación de la validez del método de la empatía en el estudio de los seres humanos (no
nos ocupamos aquí de las controversias entre los psicólogos), como hemos dicho, ha hecho surgir muchas
discusiones en el área de la metodología científica (y por tanto anti-intuicionista). Las posturas adoptadas
por las partes en disputa reflejan, hasta cierto punto, sus opiniones sobre el nivel metodológico de las ciencias
sociales y las humanidades, incluida la historia. Los naturalistas más radicales se inclinan a disminuir y
restringir el papel de la introspección en los procesos científicos; otros reconocen la naturaleza específica de
las ciencias sociales y las humanidades, o de la historia sola, y están dispuestos a hacer mayores concesiones
en favor del método de la empatía; en cambio, otros preferirían conseguir una conciliación entre estas dos
posturas, interpretando el concepto de comprensión de modo que fuera aceptable para un gran número de
representantes de ambas posiciones. Pero entonces ¿cuál es el concepto de comprensión en cuestión? ¿El de
los intuicionistas? Por que, presumiblemente, no es el de los empiristas radicales, que lo identifican sólo con
la extrospección. Al analizar las actitudes de los sociólogos, algunos de ellos de formación humanista y otros
de formación empírica, S. Nowak intentó algún comentario sobre los diversos significados de la palabra
“comprensión” y señaló un significado que pudiera ser aceptado en los intentos de dar validez al método
introspectivo en la metodología de las ciencias sociales4. Mientras que excluye de sus consideraciones los
tipos no psicológicos de comprensión, subrayó que lo podríamos considerar como sacar conclusiones, a
partir del comportamiento humano, sobre los estados mentales subyacentes; al hacer esto, sólo se ocupaba
del comportamiento humano que es consciente y se dirige a un fin (instrumental), con la exclusión de lo que
se podría llamar comportamiento sintomático. En tales casos, el comportamiento instrumental humano juega
el papel de índice de inferencia, que nos permite determinar la experiencia interna de una persona concreta.
Pero ¿cómo vamos a pasar de dichos índices de inferencia, proporcionados por las fuentes, a determinar los
estados mentales de los individuos implicados? En este punto, S. Nowak se refería a la distinción de Reichenbach
entre “abstracta” e “illata”, de los que el primero se refiere a los fenómenos observables, y el segundo, a los
no observables, pero de los que se supone la existencia. También se apoyaba en la concepción de Carnap (el
lenguaje de las observaciones contra el lenguaje de la teoría) e introducía el concepto de construcción hipoté-
tica introspectiva (psicológica) como instrumento para traspasar los resultados de la propia introspección a
otros 5.
Este programa –suponiendo, claro está, que la mentalidad del investigador es “pura”, ya que, de otro
modo, su propia experiencia interior enfermiza podría distorsionar grandemente los resultados de su investi-
gación—puede proporcionar más resultados al estudio de los fenómenos contemporáneos, pero, en la inves-
tigación histórica, la confianza en la introspección al buscar los motivos de las acciones emprendidas por los
individuos (y a fortiori las emprendidas por grupos) sería demasiado arriesgada. Por supuesto sería muy
tentadora para dar validez a lo que hace normalmente el historiador, pero que suele ocultar para no ser
culpado de subjetividad o “acercamiento psicológico”. Pero utilizar las experiencias propias para “traducir”
los actos de comportamiento de personas anteriores a sus motivaciones daría lugar a anacronismos. Mientras
la investigación histórica permanezca tan lejos de psicología como lo está actualmente, es decir, mientras no
haya una psicología histórica sui generis6 que ofrezca a los historiadores modificadores que les permitan
proyectar sus propias experiencias sobre gente que vivió en épocas anteriores, el programa de una investiga-
ción histórica comprensiva (modelada según la sociología comprensiva) significaría el regreso al concepto de

4 S. Nowak, Studia zmetodologii nauk spolecznych, ed. cit; págs. 183 y siguientes (capítulo sobre “la observación del comportamiento humano y los
problemas de la construcción de una teoría” ).
5 En la terminología de este autor, la comprensión extra-psicológica abarca; 1) La comprensión estructural (comprensión del papel de un elemento en
un sistema concreto); 2) comprensión reductiva (reducción de una serie determinada de soluciones a las soluciones básicas); 3) comprensión en cuanto
a la información (comprensión del código del informador, es decir, el lenguaje de una fuente concreta); 4) comprensión causal; 5) comprensión genética
(comprensión de la secuencia de sucesos).
6 La necesidad de dichas investigaciones fue subrayada por W. Kula en su Rozwazania o historii ed. cit., págs. 91 y ss.

156
El proceso de explicación en la investigación histórica

la naturaleza humana inmutable. Al menos el presente, cuando reconstruimos el substrato mental que explica
las acciones humanas por medio de los motivos humanos, debemos fiarnos más de los datos del comporta-
miento, (que los historiadores deberían estudiar más exhaustivamente), que en el método de la empatía. Sin
embargo, no es la intención de este autor rechazar totalmente ese método, ni siquiera en el nivel actual de
integración de la investigación histórica y la psicología.
El uso de la introspección en la investigación histórica se fundamenta en la simple afirmación de que el
conocimiento que de sí mismo tiene un historiador es un elemento de su conocimiento no basado en fuentes.
Si utilizamos nuestro conocimiento no basado en fuentes respecto al mundo exterior, no hay razón por la que
no haya que usar los resultados del conocimiento interno. Pero la cuestión es que –como se ha dicho –es
enormemente difícil hacer un uso adecuado del propio conocimiento al describir y explicar las acciones de
los que vivieron anteriormente (excepto las reacciones mentales básicas, comunes a todas las personas, lla-
madas motivaciones primitivas, tales como la necesidad de acallar el hambre, etc.).
Este autor, por tanto, no está de acuerdo con S. Ossowski, que, al referirse a una discusión entre los
metodologistas de la historia, no se puso de parte de C. G. Hempel.7, restringiendo la aplicación de la empatía
al papel heurístico de un instrumento de sugerencia de hipótesis psicológicas, sino que suscribió la opinión de
W. Dray,8 que aseguraba que el historiador debe recurrir a la empatía siempre que quiera descubrir los
motivos que rigen las acciones humanas destinadas a un objetivo. Ossowski fue incluso más allá que Dray,
ya que pensaba que la introspección también puede ayudarnos a descubrir las causas de las acciones irreflexivas
dictadas por motivos subconscientes.9
Ossowski aseguraba que en las ciencias sociales y en las humanidades la experiencia interna realiza, al
menos, cuatro funciones: 1) heurística, cuando la intuición psicológica nos ayuda a formular hipótesis; 2)
interpretativa, cuando las expresiones humanas y otras respuestas externas se consideran como índices de
ciertos estados mentales; 3) explicativa, cuando explica las relaciones en el comportamiento humano, averi-
guando las motivaciones por las que se guían las personas en ciertas cuestiones; 4) sustentadoras, cuando
apoya afirmaciones generales en situaciones donde los datos de observación no bastan para hacer comproba-
ciones que respondan a las exigencias científicas.10 En cuanto a la investigación histórica, al menos, con el
nivel actual de enlace con la psicología, este autor se inclina a adoptar una postura claramente, aunque no
radicalmente, empiristica, es decir, a aceptar como legítima, únicamente, la función heurística de la empatía
(o sea, a subrayar la importancia de lo que se llama intuición en la investigación) en cualquier nivel de la
investigación, es decir, en la averiguación de hechos, explicación causal, y construcción de conceptos sinté-
ticos; por otro lado, se inclina a rechazar la utilidad de la empatía en el proceso de explicación y síntesis, o
sea, en el proceso de sustentación y comprobación de la hipótesis.
Esto significa que la comprensión de las acciones humanas –ya que son ellas las únicas implicadas en el
problema de la comprensión –supone su explicación, en la cual admitimos la empatía como factor heurístico.
Junto a la comprensión considerada como explicación, podemos interpretar la comprensión en la investiga-
ción histórica como una especie de justificación de las acciones humanas, relacionándolas con el sistema de
valores obligatorio en un grupo social concreto o una cultura dada.

3. Tipos de explicación causal en la investigación histórica

Hemos llegado así a la conclusión de que, en la investigación histórica, el proceso de la comprensión se


puede identificar con el de la explicación. Sin embargo, su extensión es, en cierto modo, más limitada, ya que
el término sólo se refiere a las acciones humanas o, de un modo más preciso, al comportamiento humano
destinado a fin. Pero ¿no prestaron atención los historiadores intuicionistas (para quienes no existía el pro-
blema de la explicación de consecuencias impensadas de acciones emprendidas por mucha gente) a un pro-

7 C. G. Hempel, “The function of General Laws in History”, en Theories of History, ed. cit., págs. 352-353.
8 W. Dray, Laws and Explanation in History, cap. V: “The rationale of Action”, ed. cit., págs. 118 y ss; 137-142.
9 S. Ossowski, op. cit., págs. 232-251, en particular, págs. 236-237.
10 Ibídem.

157
Jerzy Topolski

blema esencial, el de la naturaleza específica de la explicación de las acciones humanas destinadas a un fin,
aunque, evidentemente, no usaban una terminología de este tipo? Tenemos que responder afirmativamente a
esta pregunta y, por consiguiente, distinguir entre:

1) La explicación de las acciones humanas destinadas a un fin que supone acciones raciona-
les;
2) La explicación de las consecuencias impensadas de acciones emprendidas por mucha
gente, es decir, de los procesos.

Junto a la clasificación anterior, podemos señalar otras clasificaciones de la explicación causal, basadas
en criterios distintos. Distinguiremos entonces:

1) Explicación con referencia a las disposiciones;


2) Explicación estrictamente causal.

En el primer caso, nos referimos a una indicación de la disposición del sistema, cuyos cambios examina-
mos, para experimentarlos; aquí no nos referimos a ningún factor externo al sistema en cuestión. En esta
interpretación, la causa es, como si dijéramos, inherente al sistema. En el caso de una explicación estricta-
mente causal, señalamos factores externos al sistema. Algunos autores no hacen distinciones entre la explica-
ción de las acciones humanas destinadas a un fin y la explicación por referencia a las disposiciones.
La siguiente clasificación de la explicación causal en la investigación causal es la que se refiere a la
naturaleza lógica de la fundamentación. Como suponemos que el modelo deductivo, construidos por C. G.
Hempel, es un modelo ideal sui generis de la explicación causal en la investigación histórica, intentaremos
averiguar hasta qué punto se acercan a ese modelo los diversos tipos de explicaciones que hallamos en los
estudios históricos.
Distinguiremos, por tanto:

1) Explicación con referencia a las leyes que dictan la condición suficiente o necesaria (o
ambas);
2) Explicación que dicta una de las condiciones suficientes alternativas (una condición que, en
determinadas circunstancias, es necesaria);
3) Explicación con referencia a las condiciones favorables.

Esta clasificación vale también para las enumeradas anteriormente (y, por tanto, también las explicacio-
nes de las acciones humanas destinadas a un fin y las explicaciones con referencia a las disposiciones). Desde
otro punto de vista, nos podemos referir, por un lado, a las leyes sin excepción, y, por otro, a las de naturale-
za estadística (es decir, las que indican un grado de probabilidad), como base de las explicaciones causales
en la investigación histórica.
Otra clasificación de las leyes es la que las divide en más y menos abstractas; la primera categoría se
aplica a los tipos ideales (como el capitalismo o el feudalismo), en los que el historiador sólo toma los rasgos
esenciales de los conceptos en cuestión, construidos sobre la base de aceptación de una serie de presupuestos
idealizados.
Otra clasificación presta atención a la explicación por indicación de las causas directas e indirectas; se
relaciona con la clasificación en explicaciones mono-causales y multi-causales (esta última es típica de la
investigación histórica).

158
El proceso de explicación en la investigación histórica

A continuación trataremos la explicación de las acciones humanas destinadas a un fin y la explicación por
referencia a las disposiciones. No vamos a diferenciar como tema aparte la explicación de las consecuencias
impensadas de acciones emprendidas por muchas personas ni la explicación estrictamente causal, ya que se
mencionarán en los capítulos sobre la explicación desde el punto de vista de su sustentación lógica.

4. Explicación de las acciones humanas destinadas a un fin (interpretación humanista)

Nos interesan aquí las acciones humanas que tienen un objetivo, llamadas también racionales. Este tipo
de explicación, que los intuicionistas querían obtener por actos espesificos de empatía, se puede describir en
términos de la reconstrucción de la actividad racional del hombre. La empatía intuitiva se puede explicar
totalmente con conceptos metodológicos que no dan lugar a objeciones sobre su naturaleza científica. Para
ello, podemos recurrir a los conceptos generales usados en la teoría del juego, a lo que se denomina la lógica
de la situación, que se relaciona con los problemas de la explicación histórica, y a los logros de la teoría de la
conducta. Este acercamiento abarca las acciones destinadas a un fin, emprendidas tanto por los individuos
como por los grupos sociales, pero, como hemos dicho, no sirve para la explicación de las consecuencias de
las acciones emprendidas por muchas personas.11 Esto se debe a que estas personas no pretendían tales
consecuencias, y, por tanto, no se pueden explicar por medio de los conceptos usados en la teoría del juego y
de la decisión. Los procesos históricos que son resultados se tales acciones se parecen a los procesos que
tienen lugar en la naturaleza. Respecto a ellos, igual que respecto a la mayoría de las consecuencias de
acciones emprendidas por grandes grupos de personas, no necesitamos suponer un comportamiento racional.
Esto no quiere decir, por supuesto, que en el futuro el hombre no será capaz de guiar acciones de masas
emprendidas por los seres humanos en mayor medida de lo que es capaz actualmente, y conseguir los objeti-
vos pretendidos. Sin embargo, es dudoso que tales predicciones pudieran abarcar un futuro remoto.
En cuanto a la explicación de las acciones humanas, al margen de que nos refiramos a acciones emprendi-
das por individuos o por grupos, la tarea del historiador es bastante más difícil que en el caso de la explica-
ción de las consecuencias impensadas de acciones emprendidas por grandes grupos de seres humanos, ya
que, en el primer caso, tiene que reconstruir también las actitudes mentales del (de los) agente (s). Esto
significa que, además de reconstruir la serie de factores externos que, en un caso determinado, influyen en el
comportamiento humano, tiene que reconstruir también los procesos internos de los seres humanos. Ya que
es evidente que sólo la integración de los estímulos externos con los internos, es decir, la infiltración de los
estímulos externos en sistemas mentales humanos concretos da lugar a un determinado comportamiento hu-
mano, en este caso, una acción orientada hacia un objetivo dado.

experiencia previa

hechos o condicio- formulación del