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MÁRGENES A,

DE LA FILOSOFIA
Jacques Derrida

CATEDRA
Márgenes
delalosoa
ColecciónTéorema
Serie mayor
JacquesDerrida

Mágees dela losoa

Traducción: Carmen González Marín

SEGUNDA EDICIÓN

CATEDRA

TEOREMA
Título original de la obra:
Marge: de la pbílosapbie

Estaobra ha sido publicadacon la


ayudadel MinísierioFrancésde
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sin la preceptiva autorización.

© JacquesDerrida
Les Editions de Minuit
Cambridge University Press
Ediciones Cátedra, S. A., 1994
juan IgnacioLucadc Tena,15. 28027Madrid
Depósitolegal:M. 29171-1994
ISBN: 84-376-0861-9
Printedin Spain
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Referencia: 251
Índice

PRESENTACIÓN
Después de la filosofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El margen y el texto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El mito del logocentrismoy la «différance» . . . . . . . . . . . . . . .
Del relativismo al minitel
TÍMPANO

La Nota ............................................
La exotérica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La paráfrasis:punto, línea, superficie
El eludido de la cuestión ..............................
La clavija de la esencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La gramme y el número . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El cierre de la «gramme»y la marca de la «différance» . . . . . .
EL POZO
Y LAPIRÁMIDE.
Introduccióna la Semiología
de Hegel
Semiologíay psicologia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La Semiología hegeliana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Relevar lo que quiere decir hablar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
A) La jerarquíateleológicade las escrituras . . . . . . . . . . . . .
B) La crítica de la pasigrafía:la prosadel entendimiento . .
LOS FINESDEL HOMBRE. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Humanismo o metafísica
El relevo del humanismo
El fin-próximo del hombre
Leyéndonos
EL CÍRCULOLINGÜÍSTICODE GINEBRA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La aperturadel campo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El cierre de los conceptos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
LA FORMAY EL QUERER-DECIR . . . . _ _ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 193
El querer-deciren el texto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 197
La escritura en espejo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 200
El poder límite de la forma . . . . L. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
La forma «es» su elipsis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 208
EL SUPLEMENTO
DE LA CÓPULA.La losofía ante la lingüística .. 213
Rapsodias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 218
Tabla de las categorías . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225
La transferencia ...................................... 228
Lo trascendental y la lengua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 233
El resto como suplemento. Sobre la tercera persona del singu-
lar del presente de indicativo del verbo «ser» . . . . . . . . . . . . 237
LA MITOLOGÍA BLANCA. La metáfora en el texto de losóco ... 247
Exergo ............................................. 249
Más metáfora ........................................ 259
La elipsis del sol: el enigma,lo incomprehensible,lo inexpug-
nable ............................................. 269
Las ores de la retórica: el heliotropo ................... 289
La metafísica - relevo de la metáfora .. ................. 297
QUAL. CUAL. Las fuentes de Valéry . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 313
Salto de agua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 318
Der sich aufhebende Ursprung o la separación de la fuente . . 324
Origen de la losofía la escritura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 331
El acontecimiento y el régimen del otro: el timbre . . . . . . . . . 338
El implexo (cuestión de los formalismos): Nietzsche y Freud . 340
FIRMA, ACONTECIMIENTO, CONTEXTO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 347
Escritura y telecomunicación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 351
Los parásitos. Iter, la escritura: que quizá no existe . . . . . . . . . 362
Firmas ............................................. 369
Presentación

DESPUÉS DE LA FILOSOFÍA

Parahaceruna vezmásverdaderoel viejo refrán, Derrida ha logra-


do ser más profeta en EstadosUnidos que en Francia. La repercusión
de la deconstrucción en los Estados Unidos se hace manifiesta inme-
diatamentesi setoma en consideraciónel número de trabajosque vie-
nen apareciendocon regularidad en los últimos años (sesentay nueve
referencias contiene el último libro de Ch. Norris), así como las tra-
duccionesde la ya amplia obra de Derrida. Pesea ello, existeun amplio
sector cultural que no reconoce la aportación de Derrida, concreta-
mente los representantesde la losofía anglosajona«ortodoxa»de he-
rencia empirista, que, por supuesto,es la manifestación actual de la
metafísica que Derrida critica. La resistencia«ideológica»de ciertos
sectoresante la deconstrucción se debe, sin duda, a la adscripción de
los mismosa lo que podríamosdenominar el «mito del objetivismo»,es
decir, a la creenciaen la existenciade una verdad objetiva que se co-
rrespondecon una realidad objetiva, exterior y aprehensiblepor el in-
dividuo.
Paralelamente,la acogidafervorosade la deconstrucción,por parte
de los estudiosde la literatura (a excepción, por supuesto,de ciertos
sectoresreactivos,o, por qué no, reaccionarios,esencialmentea causa
del mismo prejuicio que los lósofos analíticos,los partidarios del his-
toricismo, por ejemplo) puede explicarse porque la deconstrucción,
con su disolución de fronteras estrictasentre losofía y literatura sin
duda podria producir la impresión de que también quien escribesobre
literatura, el crítico, el estudioso,bateliteratura; en parte también por
tratarsede una novedadsusceptiblede producir una nuevaseriede tra-
bajosliberadosde los reiterativos métodosestructuralistas;y quizá in-

l Ch. Norris, Davida,Cambridge,Harvard University Press,1987.


clusopuedaimputarsea un malentendidoqueotorgaa la deconstruc-
ción el valor de un juegolibre de interpretaciones,que naturalmente
podríadarriendasueltaa la escriturasin necesidad algunadejustificar-
la, y asíllenar los estantes
de laslibreríascon trabajossobrecualquier
obrasobrela quesehadichoyatodo,enel entendimientodequetodo
texto puede y debe tener una lectura deconstructiva, y, a su vez, toda
lectura deconstructiva debe y puede ser deconstruida,y asi sucesiva-
mente.

EL MARGEN Y EL TEXTO

La deconstrucción,seha dicho ya hastala saciedad,noe:1mmétodo,


a
pesardesuusoequivocoenmuchasocasiones.
La deconstrucción,
por
ello mismo, seresistea una denición denitiva. Es, sin duda, una es-
trategiade lectura,cuyapeculiaridad,frente a cualquierotra, radica
justamenteenel objetoespecícoquebusca;un mecanismo textualque
sobrepasa,o que ha sobrepasado,las intenciones de quien produjo el
texto en cuestión, o las intenciones que pretende manifestar el texto
mismo.
La lectura deconstruccionista, o deconstructiva, trata de dar con el
der/iztextual en el que se manifiesta que el significado del texto no es
justamenteel que seestáproponiendo, sino otro acasocontradictorio.
La deconstrucciónbuscala aporía;«...isthe vigiliant seeking-outof
those aporias, blindspots or moments of selfcontradiction where a
text involuntarilybetraysthe tensionbetweenrhetoricandlogic,bet-
ween what it manifestly mean;to ta} and what it is nonethelessconstrui-
ned ta mean»,afirma Norrisl.
Con esta estrategiase está haciendo patente simple y llanamente
que el signicado de un texto no es sencillamente una función de unos
sentidospreestablecidos
para cadatérmino y unasreglassintácticas
con cuya ayudaseconstruyen enunciados.Por ello, justamente,la ma-
nera de llevar a cabo una lectura deconstmccionista consiste en aten-
dera laszonasmarginalesdel texto,lasnotasa pie depágina,lostraba-
jospocorelevantes,
los lugaresen suma,en quela vigilanciadequien
escribe podría ser menor.
La cuestión de la marginalidad tiene, no obstante,un mayor alcan-
ce losóco. En buenatradición kantiana,la deconstrucción piensa
los limitesdel principio derazónquehagobernado y gobiernano sólo
el pensamiento, sinola vida del occidente.El interéspor la marginali-

2 «...esla búsquedavigilante de esasaporías, puntososcuroso momentosde autocon-


tradicción dondeun texto traiciona involuntariamentela tensiónentre la retóricay la lógica,
entre lo quequieredecir manifiestamentey lo queno obstanteestáobligadoa signicar»,ibi-
dtm, pág. 19.

10
dad esuna señalde la indecidibilidad acercadel espaciodonde hallar la
verdad,o el sentido,y no un deseolológico derastrearen lo desaper-
cibidomeramente. La conclusiónno es,por tanto,la conversióndelo
marginal en central; el centro y el margen semanifiestan en denitiva
en un único territorio, el de la textualidad.

EL MITO DEL LOGOCENTKISMO Y LA «DIFFÉRANCE»

La estrategiadeconstruccionistahace patente que ciertamente la


escritura estáafectadade todasesascalamitosaseventualidadesde que
sela ha acusado:ambigüedades,metáforas,etc. La losofía de Derrida
no se detiene, no obstante, en la simple constatación del fenómeno,
sino que avanzauna hipótesis,original, o quizá que estabaen la mente
de todos,perosetratabade olvidar por indeseable,
a saber,quetodos
esosdeslicestextualesno sonmeramenteunacaracterísticadesgracia-
da de la escritura como representaciónimperfecta del habla, sino la
esenciadel lenguajemismo como tal. De estaforma lo que tradicional-
mentesehabiaconsideradouna representación vicariapasaa seren
realidadla basede todo el lenguaje.SegúnDerrida,ni la escrituraes
meramentela representaciónmáso menosvicaria del habla, ni éstaes
aquelloqueel denominadologocentrismoseha propuestoquesea.El
valor deverdaddeun enunciadono estágarantizado
por la ligadurade
éste y un sujeto emisor, denuncia Derrida; como en la escritura, el emi-
sor y su mensajeestánsiemprenecesariamentedistanciadospor la pro-
pia esenciadel lenguaje.
El mito idealista de la pra-rencia
del signicado en la mente del ha-
blanteha sidotradicionalmente
el soportede todaunaseriedeoposi-
ciones valorativas: presencia/ausencia,realidad/ apariencia, esencia/
accidente,habla/escriturae inclusohombre/mujer,oposicionesque
han regidoel pensamiento y la vida del occidentedesdelos griegosal
menos; entre ellas, la más evidente será en este caso habla/ escritura. El
objetivo primordial de la deconstrucción serádesmontarlas(no, por
cierto, para sustituirlas por las contrarias), su hallazgo es el descubri-
miento del funcionamiento real del lenguaje--y esto seríauna buena
razón para que fueseaceptadapor los lósofos analíticos, hijos de una
tradición lingüística.
La fuerza dinámica del lenguaje,el mecanismoque el análisis de-
construccionistapone de manifiesto esdenominadodtéramc.Que De-
rrida insista en el descubrimientoo desvelamientode la dzïrum:en la
escritura es perfectamentecomprensible. La déranre señalacómo el
signicadoes,a lo estructuralista,
un productodediferencias,
y al mis-
mo tiempo cómo estesignicado estádiferido en el tiempo. En la es-
critura, por razonesobvias, por la presenciade la totalidad del texto
(frente al habla), por las posibilidadesde vuelta atrásen el texto, y por

11
ello en la interpretación, sehacemanifiesto el alejamientodel textode
quien lo ha producido tanto como el virtual recuerdodel procesomis-
mo dela produccióndel sentido.Todo textoescrito,en denitiva, po-
seela estructura lógica de una carta en lo que respectaa la manera en"
que debe ser interpretado: ni el espacioni el tiempo del emisor son ya
los del receptor. Todo significado se produce desdelejos,y así, y sólo
asi,puedeinterpretarse.La dïrance esuna suertede memoria antropo-
mórca en el lenguaje,memoria del procesode producción del senti-
do, en que todo es siempre, y por necesidad,un signo de otro signo,
una vez aceptadala inexistenciade los signicados idealesgarantizados
por la presenciadel hablante.Y si estoesasíen la escritura,éstaconsti-
tuirá precisamenteel paradigmade nuestro lenguaje.Con ello Derrida
introduce el tiempo en el sistemaestructuralista,y asi, incidentalmen-
te, lo destruye,el desenmascarar
la imposibilidaddesuperfeccióny re-
donde acabamiento.
Entendido el lenguajesobreestabase,es claro que ya no puedese-
guir diferenciándoseseriamenteentre discursoso textos que, como la
losofía, tradicionalmente han intentado convencernos de que nos
proporcionan la verdad objetiva, de una realidad objetiva, y otros tex-
tos, como la literatura que carecende esevalor. Unos y otros son sim-
plemente escritura. '

DEL RELATIVISMO AL MINITEL

La deconstrucciónapunta claramentea la inexistenciade un signi-


cado transcendental,o de una referenciaobjetiva que puedaser seña-
lada con el dedo la referencia siemprees,en denitiva, cuestión de
intertextualidad. En este sentido, la deconstrucción representauna
amenazapara los temerososdel relativismo.
No obstante,todo lo que Derrida viene a armar esque existeuna
pluralidad de interpretaciones,o de sentidos,y que no sepuededecidir
la superioridadde una sobrelas otras por su ligadura con la objetividad
del mundo. Esto no esnecesariamenterelativismo, sobretodo porque
éstesepuededenir exclusivamentesobrela basede la creenciapreci-
samenteen la existencia de esaunívoca realidad objetiva.
La negaciónde la existenciade un mundo objetivo, «confecciona-
do»,por parte de Nelson Goodman3,dentro del propio ámbito de la -
losofía analítica, e_s
acasootra manerade armar el caráctertextual de
la realidad toda. Esta se construye, no es sino un conjunto de versio-
nes en diferentes sistemassimbólicos. Pero, por supuesto, ni todas
las versiones son buenas, ni todas las interpretaciones deben serlo
tampoco.

3 Vïd. Wa};of Warldmakzïrg,


HackettPublishing0o., 1978.

12
La relevanciaen denitiva de la ideabásicade Derridaquizápueda
testarse,por esasironiasde la vida. Vivimos una épocacuriosaen que
el serhumanoesciertamenteusuario(¿objeto?) de una suertede supe-
rescritura;lassociedades másavanzadas ya no utilizanel teléfono,aca-
so la última variedadmetafóricadel mito del logocentrismo,sino el
minitel, el bitnet;ya no sehabla, seescribe,ya no seoyeuna voz, sino
que¡ele: un texto.La comunicaciónhumanalleva caminode adquirir
o reconocerexclusivamente sucaráctertextual.Y, aunquea nosotros,
herederos de la tradiciónoccidentalqueotorgaa la palabrael valor su-
premo,nosrcpugne,
nodistintapuedeserla estructura
dela realidad.
El mundoestextualidad,másvulgarmenteescritura;un ámbitode in-
nita libertad,de innito riesgo.
CARMEN GONZÁLEZ MARÍN

CarmenGonzález-Marín, «JacquesDerrida:Leer lo ilegible»(EntrevistaconJacques


Den-ida),¡{mirtad: 04:13am,núrn.62-63 (julio-agosto
de 1986),págs.160-182.

13
'
Tímpano

«La tesis y la antítesis y su demostración no presentan,


pues,nadadiferente de esasarmaciones opuestas:un límitee:
(eineGreuz:tir!) y el límite no eslo mismo que un límite releva-
do(aujgebabene); el límite tiene un más-allácon el que no obs-
tante se mantiene en contacta (in Bmebwagrtebt), hacia el que
debeser transgredido,pero donde resurgeun límite semejan-
te, que no esuno. La solutiánde estasantinomias es, como en
el casoprecedente,transcendental,es decir...»

«La esencia de la losofía está - «La necesidad de la losofía


precisamente
privada de funda- puedeserexpresada
comosupre-
mento (hacian/ax)
en cuanto a sus suposición,
si al menosse puedere-
propiedadesparticularesy, para servara la losofía, quecomienza
acudira ella,si el cuerpoexpresa consigomisma,unaespecie de li-
la suma de las propiedadesparti- men vestibular (eineArt van Var-
culares, es necesarioprecipitarse boj)»
a cuerpodescubierto(¡irá a cuerpo
descubiertobineirlzartümen)»; HEGEL

15
Criticar* la losofía. «Y he elegido,
para el signo bajo
El serm el limite:estaspalabrastodavía no for-
man una proposición, menos todavía un dis- el que situarlos, el
curso. Peroen ellas hay, con tal que juguemos, nombre a la vez
con que engendrar poco más o menos todas floral y subterrá-
las frases de este libro.
neo de Perséfone,
¿La filosofia responde a una necesidad?
arrancado así a sus
¿Cómo entenderla?¿Ella? ¿La necesidad?
Amplio hastacreerseinterminable, un dis- negruras terrestres
curso que¡e ba llamadalosofía el único sin y alzado hasta el
duda que no ha oido recibir el nombre más cielo de una cabeza
quedesi mismoy no hacesado
demurrnurar-
sede cercala inicial siempreha querido de- de capítulo.
cir el límite, comprendido el suyo.En la fami- La hoja de acan-
liaridad de las lenguasllamadas (instituidas) to que se copia en
por él naturales,las que le fueron elementales, el instituto cuando
estediscursosiempreseha limitado a asegurar
el dominio del limite (peras,limar,Gmnzc).Lo seaprendea mane-
ha reconocido, concebido, planteado, decli- jar mal que bien el
nado segúntodos los modos posibles;y desde carboncillo,
este momento al mismo tiempo, para dispo-
el tallo de una
ner mejor de él, lo ha transgredido.Era preci-
so que supmpialímiteno le fuera extraño. Seha enredadera u otra
apropiado, pues,del concepto, ha creído do- planta trepadora
minar el margen de su volumen y pensar su lo helicoidal ins-
otro.
La filosofía siempre se ha atenido a esto: crito sobre la con-
cha de un caracol,
* ïjnpanísertiene una doble signicación: «criticar», los meandros
«anunciara bombo y platillo», que aqui se aúnacon el re- del intestinodelga-
cuerdo «sonoro»de «tímpano»,como elemento auditivo.
(N. del T.) do y del intestino

17
pensar su otro. Su otro: lo que limita y de lo grueso,
que deriva en su esencia su denición, su pro- el serpentín are-
ducción. Pensarsu otro: ¿Vienea sersólo rele-
var (aujbeben)aquello de lo que ella deriva, a noso que excreta
no abrir la marchade su método másque para una lombriz,
pasarel límite? ¿Obien el límite, oblicuamen- el dulce bucle de
te, por sorpresa,reservatodavía un golpe más cabellos infantiles
al saber losóco? Límite/ pasaje.
Al propagarestapregunta másallá del con- engastados en un
texto preciso del que acabode arrancarla (la medallón, el simu-
innidad del quarztum en la gran Logicay la crí- lacro infecto que
tica de las antinomias kantianas), se tratará
casi constantemente, en ese libro, de interro- una ligera presión
gar la relevancia del límite. Y así puesde dar de los dedos extrae
nuevo impulso en todos los sentidos a la lec- de mi pastelillo,
tura de la Aufbebung hegeliana,en su momen- los jaspeados
to, más allá de lo que Hegel, al inscribirla, se
ha oído decir o ha oído querer decir, más allá desplegados sobre
de lo que seha inscrito sobrela pared interna los cantos de cier-
de su oído. Esto implica a la pared en una es- tos libros encua-
tructura delicada, diferenciada, cuyos orifi- dernados,
cios pueden permanecersiempre inencontra-
bles, apenaspracticablesla entrada y la salida; los forjados cur-
y que el texto el de Hegel por ejemplo- bados «modernis-
funcione como una máquina de escritura en la tas» de las entradas
que un cierto número de proposicionescarac- de metro,
terizada:y sistemáticamenteencadenadas(de-
los rasgosde las
bemos poder reconocerlasy aislarlas) repre-
sentan la «intención consciente» del autor iniciales bordadas
como lector de su «propio» texto, en el sentido en las sábanasy en
en que hoy sehabla de lector mecánico. Aquí los almohadones,
la lección de estelector nito que sellama un
autor losóco no esmásque una pieza,a ve- el caracol pega-
cesademásinteresante,de la máquina. ¿Limi- do con grasasobre
tarsea pensarsuafro:su propio otro, el propio el pómulo de una
de su otro, otro propio? A pensarloromatal, a prostituta en los
reconocerlo,sele echaen falta. Nos lo reapro-
piamos, disponemosde él, le echamosen falta viejos tiempos de
o más bien echamos de menos echarlo en fal- Casco de Oro,
ta, lo que, en cuanto al otro, viene a ser siem- la trenza delga-
pre lo mismo. Entre el propio del otro y el da y más morena
otro del propio. del cabo de acero,
Si la losofía siempreha oído, por su parte,
estar en contacto con lo no losóco, incluso gruesa y más rubia
lo antilosóco, con las prácticas y los sabe- de la maroma,
18
res,empíricos o no, que constituyen suotro, si las circunvolu-
se ha constituido segúnesteacuerdo reexio-
ciones cerebrales
nado con su afuera, si siempre seha oído ha-
blar, en la misma lengua, de ella misma y de de las que ofrece
otra cosa, ¿podemos,con todo rigor, asignar un ejemplo, cuan-
un lugar no losóco, un lugar de exteriori- do se comen los se-
dad o de alteridad desdeel que sepuedatoda-
vía tratar deIaasaa? ¿Estelugar, siempre,no sos de cordero,
habrá sido anteriormente ocupadopor loso- la forma de tira-
fía? ¿Es una artirnaña que no searazón para buzón de la Viña,
impedir a la losofía hablar una vez másde sí
misma, prestar suscategoríasal ¡agardel otro,
imagen de lo que
más tarde será
ngiendo sin tardanza, sobre la página do-
méstica de su propio tímpano (siempre el una vez embo-
tambor amortiguado, gympanan, tela tendida, tellado el zumo
sostenidapara recibir los golpes,para amorti- el camino de la
guar lasimpresiones,para hacerresonarlos ti-
pos [ypai], para equilibrar las presionesque sangre,
golpean del gyptain,entre el adentro y el afue- el caracol de un
ra) una percusión heterogénea?¿Podemospe- oído,
netrar violentamente su campode escuchasin
que al punto, ngiendo incluso la ventaja, la las sinuosidades
losofía, si escuchamoslo que sedice de ella, de un sendero,
si decodicamos el enunciado, lo haga reso- todo lo que es fes-
nar en ella, seapropie de su emisión, selo co-
munique familiarmente entre el oído interno tón, Voluta, follaje,
y el oido medio, segúnla vía de una trompa o guirnalda, roleo,
de una ventana interior, sea redonda u oval? arabesco,
Dicho de otro modo, ¿sepuedehacer estallar
el tímpano de un lósofo y continuar hacién- un espolón (que
dose oír por él? por lasnecesidades
Filosofar con un martillo. Zaratustra co- de la causa imagi-
mienza por preguntarse si será necesario esta- naré en forma de
llarles, romperleslos oídos (Mraz man¡buenmt
dieOhm:much/agan), a golpesde cimbalos o de barrena) de pez es-
tímpanos, intrumentos, siempre, de alguna pada,
dionisiada. Para enseñarles también a «oír con la espiral de un
los ojos». cuerno de Carnero,
Pero analizaremos el cambio metafísico; la
todo esto creo
complicidad circular de las metáforasdel ojo y
del oído. descubrirlo en el
Pero hay en la estructura del tímpano algo nombre de Persé-
que se llama el «triángulo luminoso». Se le
nombra en La: canto:deMaldamr(II), cerca de fone, en potencia y
una «trinidad grandiosa». no esperando sino

19
Pero con estetriángulo, con la parte tensa un imperceptible
del tímpano, se encuentra también el mango
de un «martillo». disparo para de-
Para transformar efectivamente, práctica- sencadenarse
mente, lo que se describe (timpaniza), ¿será como la cinta de
preciso todavía seroído en él y desdeestemo- acero estrecha-
mento sometersea la ley del martillo inte-
rior?1. Si tomamos el relevo del martillo inte- mente apretado so-
rior, nos arriesgamosentoncesa dejar partici- bre si mismo en
par al discurso más ruidoso en la economía medio de los en-
más serena,menosperturbada, mejor servida, granajesde un mo-
de la ironía losóca. Es decir, ejemplos no
faltan hoy de estetamborileo metafísico, que Vimiento de reloje-
al aceptar este riesgo no se arriesga nada. ría o de muelle en
Filosofía apartarse para describirla, y espiral en la caja
criticar su ley, hacia la exterioridad absoluta con la tapa cerrada
de otro lugar. Pero la exterioridad, la alteridad
son conceptosque, ellos solos,nunca han sor- de la que todavía
prendido el discurso losóco. Em siempre ¡e no ha salido el dia-
baocupada de¡í tarima.Bajo estostítulos concep- blo de hirsuta bar-
tuales no se le desbordará nunca, el desborda-
ba.
miento es su objeto. En lugar de determinar
otra circunscripción, de reconocerla, practi- Se trata pues,
carla, ponerla al día, formada, presentarla, esencialmente, de
pmducir/aen una palabra (esta palabra es ac-
tualmente la «piel nueva» más gastadade la un nombre en ba-
denegación metafísica que se entiende muy rrena, más am-
bien con todos susproyectos),setrataría, pero pliamente: de un
según un movimiento inescuchadopor ella,
de otro que no ya no seria su otro. nombre curvo,
pero cuya suavi-
l El martillo, essabido,pertenecea la cadenade los hue- dad no debe ser
secillos,con el yunquey el estribo.Seaplicaa la superficie aconfundida con el
interna de la membranadel timpano. Supapelessiemprede
mediacióny de comunicación:transmitelas vibracionesso- carácter siempre
norasa la cadenade los huesecillosluegoal oido interno. Bi-
chat le habíareconocidootra función paradójica.Estehue- más o menos leni-
secilloprotegeríaal tímpanoal actuarsobreél: «Sinél el tim- tivo de lo que está
panoseríadolorosamenteafectadoen lasvibracionesprovo-
cadaspor sonidosdemasiadopotentes.»El martillo puede, debilitado, puesto
pues,amortiguarlos golpes,ensordecerlosen el umbral del que -al contra-
oido interno, ésteel laberinto comprendeun vestíbulo,
canalessemicirculares,un caracol(con susdos barandas),o rio lo que tiene
seadosórganosdeequilibrio y un órganode audición.Pene-
traremosacasomáslejos.Bastacon notar por el momentoel de puntiagudo y de
papeldel oido medio:tiende a igualarla resistenciaacústica penetrante CS COI]-
del aire y la de los líquidos laberinticos,a equilibrar las pre-
sionesinternasy las presionesexternas. pfirmado por el
20
Peroponerlaen relaciónconaquelloconlo acercamiento que
que no tienerelación,¿noesinmediatamente puede hacerseen-
dejarsecodicar porel ¡agar
losóco, alistarse
bajosubandera. Ciertamente,salvosi sees- _ tre las sílabas de
cribeestarelaciónsiguiendoel modo de una ; que está compues-
no-relación del cual sería simultáneamente u to y lasqueforman
ob/imammte demostrado-sobre la superficie el estado civil del
filosóficadel discurso que ningúnlosofe-
ma habrá nunca sido aderezadopara doble- insecto llamado
gárseleo traducirlo.Estonosepuedeescribir «tijereta»*.Puesno
sinosegúnunadeformacióndel tímpanolo- sólo «Perséfone»y
sóco. Mi intención no es sustraer a la cues-
tión de la metáfora uno de los hilos más «tijereta»[en fran-
continuosde estelibro la gura de lo obli- césperce-arielle] co-
cuo. Es también, temáticamente, la vía de La mienzan las dos
Diremirzacián.Sabemosque la membranadel por la misma alu-
tímpano,tabiquedelgadoy transparente, que sión a la idea de
separael conductoauriculardel oído medio
(la caja), está tendido oblicuamente(10x61). [en francésperrée]
Oblicuamentede arribaabajo,de afueraaden- abertura(en Persé-
tro y de adelanteatrás.No es,pues,perpendi- fone más indecisa-
cularal ejedel conducto.Uno de losefectosde
estaoblicuidades aumentarla supercie de mente, a causa de
impresióny, por tanto, la capacidadde vibra- las que le conere
ción.Seha observado, en particularen lospá- algo de ondulante
jaros,que la finura del oído estáen relación
directacon la oblicuidaddel tímpano.El tím- y de herbal,de qui-
pano bizquea.
mérico y de huidi-
Consecuencia: dislocar el oído losóco, zo hasta el punto
hacertrabajarel 10x61 en el lagos, es evitar la de que se estaria
contestación frontal y simétrica,la oposición
en todas las formas de la antzï, inscribir en to- tentado, operando
una fácil metatesis,
de nombrarla el
3 Sin ir en benecio de todaslas inversiones sexuales
que,portodaspartesy en todotiempo,constriñen poderosa- Hada Nadie [Fée
menteel discurso del oído,indicoaquíconun ejemplolos
lugares del materialabandonado al margen,esatrompaque Personnel"), pero
sellamapabellón[papi/lan] esunavergaparalosDogonesy
losBambaras del Malí.y el conductoauditivounavagina.El
hablaesel esperma, indispensable parala fecundación (con- * El castellano«tijereta»
cepcíónporel oido,pues,sediriatodala losofía). Descien- no funcionaobviamente en
deporel oidode la mujery seenrollaenespiralen tornoala el juegode resonancias que
matriz.Lo quenosalejapocodel arrianismo(de Arrio, por el autor pretendeutilizar;
supuesto, padrede Alejandría,sacerdote del Arrianismo, por ello es necesariotener
doctrinaheréticade la concepción en la Trinidad),del ¡Jo- siemprepresente queel in-
Ivraamia:
y de todaslasactasdel Conciliode Nicea. sectoen francéssedenomi-
3 Cfr. sobretodoLa double tienta,págs.285-90. naperre-aní/Ie.
(N. del7'.)

21
dosloscasosel antzlrma
y el cambio,la denega- uno y otro termina
ción doméstica,en unaformacompletamente
distinta de emboscada,de lola/m,de maniobra por una llamada al
textual. sentido del oído,
¿Enquécondicionespodríamosdesdeeste puestoen juego,en
momentoseñalar, paraun losofemaen gene- el insecto, de ma-
ral, un límite, señalarun margenqueno pue-
da reapropiarse al innito, concebir/acomo nera expresapor el
suyo,engendrando e internandoantesel pro- enunciado de la
cesode su expropiación(Hegeluna vezmás, palabra orei/le(es
siempre),procediendodesdesí mismo a su in- decir, del órgano
versión?¿Cómodesequilibrarlas presiones
que secorrespondenpor una y otra parte de la por donde pene-
membrana?¿Cómodetenerestacorrespon- tran en nosotros
denciadestinadaa amortiguar,apagar,impe- las sensaciones au-
dir los golpes de fuera, el otro martillo? El
«martillo que habla» al «que tiene el tercer ditivas) y, en la
oído»(Derda:dritteO/Jrbat).¿Cómointerpre- diosa, de manera
tar pero la interpretaciónno puedeserya menosdirecta por
aquí una teoría o una práctica discursivade la
losofía tal extrañay única propiedadde medio del sufijo
un discurso que organiza la economía de su -fone que volve-
representación,la ley de su propio tejido de tal mos a encontrar en
manera que su afuera no sea su afuera, no lo «teléfono» así
sorprenda nunca, que la lógica de su hetero-
como en «gramó-
4 Sobrela problemáticadel derrocamientoy del desplaz- fono», instrumen-
miento, cfr. [J dtlreminaridn
y Paririarm.Dislocar, timpanizar
elautismolosóco,estonoseoperanunca
enelconcepto
y
to al que espropia
sin algunacarniceríade la lengua.Esta entonceshunde la de manera más
bóveda,la unidad cerraday con volutas del paladar.Pro-
lifera por fuera hastano ser comprendidaya. Ya no es la ajustada todavía
lengua. que al precedente
esta terminación
Música hematográca
tan eufónica que lo
El júbilo sexuales una elecciónde glotis,
de la esquirladel quiste de una raíz dentaria, dene de maravi-
una eleccióndel canal de otitis, lla en tanto que
del mal tintineo auricular,
de una mala instilación de sonido, mecánica musical.
de corriente gorgeadasobrela alfombra de ondo,
del opaco espesor, El insectocuyo
la aplicaciónelegidade la opción de esteadorno ocio principal es
en hilo cortado, para escapara la música
prolifica avaricia obtusa .carc0mer, para ex-
sin gor ni yeo,ni goneo, traer su subsisten-
y que no tiene ni tono ni edad.
Anand (diciembrede 1946). cia, el interior de

22
nomía razone todavía en la cueva de su au- los huesos de las
tismo? '
Puestoque así seentiende el ¡erssu propio.
frutas y que a ve-
Asegurasin descansoel movimiento que deri- ces, se dice, perfo-
va de la reapropiación. ¿Podemosdesdeeste ra los t.ímpanos
momento parar estelímite singular que no es humanospor me-
un límite, no separaya el adentro del afuera
en mayor medida que asegurala continuidad
dio de sus pinzas
permeabley transparente?¿Quéforma puede tiene de común
tener estejuegode límite/ pasaje,estelogo:que con la hija de De-
seplantea y seniegaa sí mismo dejandosorda meter que se su-
su propia voz? ¿Estábien formada esta pre-
merge en un reino
gunta?
Los análisis que se llevan a cabo en esteli- subterráneo. País
bro no respondena estapregunta, no aportan profundo del oído,
ni una renada ni una respuesta.Trabajarían
más bien, para transformar y desplazar su
cuya descripción
enunciado, en interrogar los presupuestosde deriva de la geolo-
la pregunta,la institución de su protocolo, las gía más que de
leyes de su procedimiento, los títulos de su cualquier otra
pretendida homogeneidad, de su aparente ciencia natural, en
unicidad: ¿sepuede tratar de la losofía (la
metafísica,incluso la onto-teología) sin dejar- razón no sólo de la
se ya dictar, con estapretensión de unidad y caverna cartilagi-
unicidad, la totalidad inatacablee imperial de nosa que constitu-
un orden? ¿Si hay márgenes,hay todavía una
losofía, la losofía? ye su órgano, sino
No hay respuesta,pues. Quizá ni siquiera de la relación que
unapregunta,a n_de cuentas.La correspon- lo une a lasgrutas,
dencia copulante, la oposición pregunta/ a las simas, a todas
respuestaestáya alojadaen una estructura,en-
vuelta en el hueco de un oído donde nosotros las bolsas que se
queremosir a ver. Sabercómo se ha hecho, abren en la corteza
cómo se ha formado, cómo funciona. Y si el terrestre y cuya va-
tímpano es un límite, se trataría quizá menos
de desplazarestelímite determinado que de cuidad hace cajas
trabajaren el conceptode límite y en el límite de resonanciapara
del concepto.De hacerlasalir en varios golpes los menores rumo-
de sus casillas. res.
¿Pero qué es una varilla (significado: para
hacer razonar en todos los sentidos)? Lo mismo que
Así pues,¿aquepregunta de derecho arse se puede uno in-
si el límite en general,y no sólo aquel del que quietar con la idea
secreeesuna cosamuy particular entre otras, d el t í m p an o ,
el tímpano, es estructuralmente oblicuo? ¿Si

23
no hay límite engeneral?
¿formaderechay regu- membrana frágil
lar del límite? Como todo lima, el limar, cami-
amenazada de ser
no de través, signica lo oblicuo.
Pero se trata incansablemente del oído, de agujereadapor la
esteórgano distinto, diferenciado, articulado, pinzas minúsculas
que produce el efecto de proximidad, de pro- de un insecto si
piedad absoluta, el borrarse idealizante de la
diferencia orgánica. Es un órgano cuya es- no es que se rompa
tructura (y la sutura que lo sujetaa la gargan- "por un ruido de-
ta) produce la engañifa tranquilizadora de la masiado violen-
indiferencia orgánica. Basta con olvidarlo to, está permiti-
y para ello con abrigarsecomo en la másfa-
miliar morada para clamar contra el n de do tener miedo
los órganos, de los otros. igualmente por las
Pero se trata incansablemente del oído. No cuerdas vocales,
sólo de la pared abrigadadel tímpano, sino del
conducto vestibular5. Y del fonema como «fe- que pueden rom-
perse en el acto
5 Término de anatomía.Cavidad irregular que forma cuando, por ejem-
partedel oído interno. Vestíbulogenital,la vulva y todassus plo, se grita dema-
partes hasta la membranahimen exclusivamente.Se dice
tambiéndel espaciotriangularlimitado por delantey lateral- siado fuerte y, ha-
mentepor lasalasde las ninfas [labiosmenoresde la vulva], biéndoles hecho
y por detráspor el oricio de la uretra; por esteespaciose
penetraal practicarel corte vestibular.[E. lat, wrtibu/um, de sufrir una tensión
la partículaaumentativave y xtabulum, lugardondeseperma-
nece(vid.establo),segúnalgunosetimólogoslatinos.Ovidio exagerada (como
por el contrario con más razón,parece,lo extraede Vesta consecuencia de
porque el vestíbuloconteníaun fuegoencendidoen honor
de Vesta,diosade lo propio, de la familiaridad,del hogardo- una cólera, de una
méstico,etc.]. Entre los modernos,M. Mommsendice que
«elmtíbu/umviene de vestir,que era una habitaciónde entra- pena o de un sim-
da donde depositabanla toga (venir)los romanos»,Littre.
Aloiadosen el vestíbulo,los receptoreslaberinticosdel ple juego donde
equilibrio sellaman receptoresvestibulares.Sonlos órganos . dominaba el puro
otolíticos (utrícula y sácula)y los canalessemi-circulares,la
utrícula essensiblea los cambiosdeorientaciónde la cabeza placer de desga-
quedesplazanlos otólitos, piedrasdel oído, nas granulacio- ñitamiento), se
nescalcáreasquemodican la estimulaciónde lascélulasci-
liadasde la macula(partegruesade la paredmembranosade «rompe uno la
la utricula). No sesabetodavíacon muchaseguridadcuales Voz». Accidente
la función de la sáculaen los mecanismos del equilibrio. Los
canalessemicircularesen el interior del laberinto son sensi- contra el que me
blesa todoslos movimientosde la cabezaquecreancorrien-
tes en el líquido (endolinfa). Los movimientosreejos que ponía a Veces en
resultande ello son indispensables paraasegurarla estabili- guardia mi madre,
dad de la cabeza,la orientacióny el equilibrio del cuerpoen
todos susmovimientos,especialmenteen la erecciónde la bien porque ella
marcha. efectivamente te-
Timpano, dionisia, laberinto, hilos de Ariana. Recorre-
mosahora(depie, andando,danzando),comprendidosy en- miera que me

24
nómeno del laberinto» en el cual La voz} ¿Ife- ocurriese, bien
námmahabía,desdesu exergoe inmediato a su creería más
falsa salida, introducido la cuestión de la es-
critura. Podremostodavia considerar,por su- bien-- que usara
puesto, para tranquilizarnos que el «vértigo este peligro como
laberíntico» es el nombre de una enfermedad un fantasma capaz
bien conocida y bien determinada,el proble-
de hacerme, du-
ma local de un órgano particular.
Erta e: - otro tímpano. rante un tiempo,
Si el ser es, en efecto, proceso de reapropia- menos ruidoso. Al
ción, no sepodrá percutir la «cuestióndel ser» margen de Persé-
de un nuevo tipo sin medirla con la de lo pro-
pio, absolutamentecoextensiva.Ahora bien, fone y tijereta [per-
éstano sedejaseparardel valor idealizantede ce-oreil/e]soldados
lo mig-pmbcimo que no recibe suspoderesdes- entre sí por una ar-
gamasade relacio-
vueltospara no salir jamás,la forma de un oido construido nesque endurecen
alrededorde una presa,girandoalrededorde su paredinter-
na, una ciudad, pues(laberinto, canalessemi-circularesse -en plena clari-
nosprevienede quelasbarandasno semantienen)enrollada dad sus nom-
como un caracolalrededorde una compuerta,de un dique
(da/ri)y tendida hacia el mar; cerradasobreella misma y bres, se elabora así
abierta sobre la via del mar. Llena y vacía de su agua,la una sutura vivaz
anamnesisde la caracola resuenasola sobre una playa.
¿Cómopodría producirseuna fisura, entre tierra y mar? entre la garganta y
Por estasura de la identidadfilosófica quevienea diri-
girse la verdadbajo envoltura. a oírsehablar haciaadentro el tímpano, sujetos
sin abrir la bocao mostrar los dientes,lo sangrientode una tanto uno como la
escrituradiseminadavienea separarlos labios,viola la boca
de la losofía, pone en movimiento su lengua,la pone en otra de un miedo
contactocon otro códigodistinto, de un tipo completamen-
te diferente. Acontecimientonecesariamente único, no re- de herida, además
producible.desdeestemomento ilegible en tanto que tal y de que los dos per-
en el acto, inaudible en la caracola,entre tierra y mar, sin
firma. tenecen al mismo
Batailleen La estmrtura dellaberinto:
«Surgidode un vacío reino cavernoso. Y
inconcebibleen el juegode los seresen tanto que satéliteex-
traviado de dos fantasmas(uno erizadode barbay el otro, las cavernas, a n
másdulce,con la cabezarematadaen un moño), esinicial-
menteen el padrey en la madreque lo transciendendonde
de cuentas, se con-
el serhumanominúsculohaencontradola ilusión de la sufi- vierten en el lugar
ciencia Así se producenconjuntos relativamenteesta-
bles,cuyocentroesunaciudad,parecidaen suforma primi- geométrico donde
tiva a una corola que encierracomo un pistilo doble un so- se reúnen divini-
beranoy un dios [...] El dios universaldestruyemásque so-
porta los agregadoshumanosque levantansu fantasma.El dad subterránea,
mismo no es,sino muerto, seaporqueun delirio mítico lo insecto horadador
proponea la adoracióncomo un cadáverlleno de llagas,sea
que por su universalidadmismaseconvierte másque cual- de huesos, matriz
quier otro en incapazdeoponera la pérdidadel serlaspare-
des astilladasde la ipsidad.» donde se forma la

25
concertantes, sino de la estructura de oírse ha- voz, tambor que
blar. Lo propriur,presupuestoen todos los dis-
cursos sobre la economía, la sexualidad, el viene a golpear
lenguaje,la semántica,la retórica,etc.,no re- cada ruido con su
percute su límite absoluto más que en la re- palillo de aire vi-
presentaciónsonora. Es al menos la hipótesis brador; las caver-
másinsistentedeestelibro. Seconcede,pues, nas: oscuras cañe-
un papel casiorganizadoraquí al motivo de la
hegeliano)lo mis- rías que bucean en
vibraciónsonora(Erzzjttem
mo que al de la proximidad del sentido del ser lo más secreto del
en el habla(Nubey Emiggrtirheideggerianas).ser para conducir
La lógica del acontecimientoes interrogada
ahí desdelasestructurasde expropiaciónlla- hasta la cavidad
madastimbre(tjmpammz), erti/ay firma. El completamente
timbre, el estilo y la rma son la misma divi- desnuda de nues-
sión obliterantede lo propio. Hacenposible tro espacio mental
todo acontecimiento, necesario e inencon-
trable. las bocanadas
¿Cuáles la resistenciaespecica del discur- de temperatura,
so losóco a la deconstrucción? Es el domi- consitencia y en-
nio innito que pareceasegurarlela instancia canto variables
del ser(y de lo) propio; ello le permite interio-
rizar todo límite como agoquee: como siendo que se propagan
el suyopropia.Excederloal mismo tiempo y en largasolas hori-
asíguardarlo en sí. Ahora bien, en su dominio i zontales después
y sudiscursosobreel dominio (puesel domi-
nio es una signicación que todavía le debe- de ser subidas di-
mos), el poder filosófico parecesiemprecom- rectamente de las
binar do: tzpas. fermentaciones de
Porunaparteunajerarquía:
lascienciaspar- afuera.
ticularesy lasontologíasregionalesson subor-
dinadasa la ontología generalluego a la onto- Por una parte,
logia fundamental6.Desdeestepunto de vista, hay, pues, el afue-
todaslas preguntasque solicitanel ser y lo
propio descomponenel orden que sometelos ra; por otra parte,
camposdeterminadosde la ciencia, sus obje- el adentro; entre
tos formales o materiales(lógica y matemática los dos lo caver-
o semántica,lingüística, retórica, ciencia de la noso.
literatura, economíapolítica, psicoanálisis, Se calica nor-
etc.), a la jurisdicción filosófica. Son previas
con derecho a la constitución, en estos domi- malmente una voz
de «cavernosa»

5 El cuestionamientode esta subordinaciónontológica


para decir que es
quedaabierto en De la Crammato/agíe
(cfr. nota pág. 35). baja y profunda,
26
nios (queno son simplementedominios,re- que lo es incluso
gionescircunscritas,
delimitadas
y asignadasun poco en exceso.
del afueray demásarriba),deun discursoteó-
rico riguroso, sistemáticoy consecuente.
Por ejemplo: un
Porotra parte,unaenvoltura:
el todoestáim- «bajo profundo»
plicado,en el modoespeculativo
dela ree- con respecto a una
xión y de la expresión,en cadaparte.Homo- «bajacantarina» en
géneo,concéntrico,circulandoindenida-
mente, el movimiento del todo senota en las el registromásele-
detenninaciones parcialesdel sistemao de la vado y además en
enciclopedia, sin queel ¡tatusdeestaobserva-
ción y la particiónde la partedenlugara una el canto más lige-
deformación general del espacio. ro, mientras que la
Estosdostipos de dominio apropiante,la del «bajo profun-
jerarquíay el envoltorio,secomunicanentre do» pareceríamás
sí segúnunascomplicidades quedeniremos.
Si cadauno de los dostiposesmáspoderoso bien propia en
aquí (Aristóteles,Descartes,Kant, Husserl, lo que tiene de ru-
Heidegger)o allá (Spinoza,Leibnitz,Hegel), goso,de trabajado
obedecen al movimiento de una misma rueda,
ya setratefinalmentedel círculohermenéuti- a golpes de ha-
co de Heideggero del círculoonto-teológico cha- al picape-
de Hegel.(«La mitologíablanca»deriva de drero, al Cantero
acuerdoa otra rueda.)En tanto que no sehaya de mármoles fune-
destruidoesetímpano(el timpanoestambién rarios, al minero
una mada hidráulica, Vitrubio da una minu-
ciosadescripciónde ella7),lo que no puede con su pico, al en-
terrador, al pocero
7 En De artbítmura,Vitrubio no describiósolamenteel y (para referirme a
relojdeaguadeCtésibio quehabiaconcebido aquamm expm- una situación so-
riarmaxtamatapaetaxque
macbina: multaque
¿aliviar-um
genera(«En
primerlugar,preparoel oricio dedesagüe en un trozode cial que ya no es
oroo enunagomaperforada;
puesestasmaterias
no sedes- estrictamente ha-
gastan
conel rocedeaguaquecorre,y lassuciedades
que
pueden
taponarelagujero
nosepueden ahí.Al de- blando un ocio)
depositar
saguarregularmente
el aguapor esteoricio hacesubirun
flotador invertido, que los técnicosllamancorcho o tam- al monje del que se
bor [quad abartribu:¡abr/lar
¡ivagmpantm
díritnr].Sobreeste persigue con pesa-
otadorseja unavarillaen contactoconun discogirato-
dos pasos,a lo lar-
rio, provistosvarillay discodedientesiguales» (Libro IX,
VIII, 4 tr. Soubiran).Serianecesario
citartodoslos«corchos
go de las galerías
o tambores» quesiguen. Vitrubiotambiéndescribió elciedel
relojanafórico,
exqua
pende!
exuna
pampbc/Ja:gmpnaum)cubiertasy de los
(¡fue
qm"
abaaquruiz/avatar
(VIII, 7)y lacélebrerueda hidráulica
quellevasunombre:untambor ocilindrohueco esdividido años, el lento viaje
portabiquesqueseabrensobre lasupercie deltambor.Se hacia una presain-
llenandeagua.Llegada
a laalturadeleje,el aguapasaal nú-
terior.
clco y salefuera.

27
hacersecon un gestosimplementediscursivo De este «bajo
o teórico,en tanto queno sehayandestruido
estosdos tipos de dominio en su familiaridad profundo» al que
esencial
es tambiénla delfalomxmlrmo
y del se liga la idea,
como una piedra
al cuello, de esca-
lonesque se abren
en el suelo, como
para ir a la bodega
o descenderpasoa
paso a un cierto
número de metros
por debajo del ni-
vel del mar
abrirse camino a
travésde los órga-
nos horadando el
El timpanodeLafayelleva,en lugardelostabiques del
tímpanodeVitrubio,tabiques cilíndricosquesiguenenvol- canal de una úlce-
ventesencirculo.Seahorranasilosángulos. Al entrarenla
rueda,e]aguanosealojayaenlosángulos. Sereducen asílos ra angosta pero lo
choques yalmismotiempo lapérdidadeltrabajo.Reproduz-suficientemente
co aquiestagura, acasohegeliana,deltímpanode Lafaye
(1717). penetrante para
que sean interesa-
dos los músculos
más profundos;
sea la de un artista
de ópera recortado
en piedra o labra-
do en el acero más
ligero si se trata de
un cantante, surgi-
do de la tierra tibia
de un invernadero
o estirado en que-
bradizo filamento
de cristal si se trata
de una de esas cria-

28
lagaantnlrmo3,
en tanto que no sehayades- turas a las que se
truido hasta el concepto losóco de domi- llama «cantatrices»
nio, todas las libertadesque se dirá se toman
con el orden losóco seguiránagitadasa tego con más gusto que
por máquinaslosócas ignoradas,segúnla «cantantes», por
denegacióno la precipitación, la ignorancia o más que el «canta-
la necedad.Muy rápidamentese habrán deja- dor» seauna espe-
do, a sabiendas o no de sus «autores», llamar al
orden. cie desconocida*;
Ciertamente,nunca seprobarálasaficamente ya setrate de la voz
que e:pruritotransformar una situación seme- más vulgar, salida
jante y procedera una deconstrucciónefectiva del ser más medio-
paradejar marcasirreversibles.¿Enel nombre
de qué y de quién en efecto?¿Y por qué no de- cre para la roman-
jarsedictar la norma y la regla derechaa ¡ergo za más insulsa o el
(pregunta de timpanotriba)? Si el desplaza- estribillo más tri-
miento de las fuerzas no transforma efectiva-
mente la situación, ¿por qué privarse del pla- vial, misteriosa es
cer, incluso de la risa, que nunca ocurren sin la voz que canta,
una cierta repetición? Esta hipótesis no es se- con respecto a la
cundaria ¿En qué apoyan:en último recurso voz que habla.
sino en la losofía una vez más,para descali-
car la ingenuidad,la incompetenciao la igno- El misterio si
se quiere a toda
HEsta gura desollada(la diseminacióndebíatambién costa, por las nece-
«desollarel oído»,cfr. pag.207) poneal desnudoel sistema
falogocéntricoen sus articulacionesfilosóficas más sensi- sidades del discur-
bles.Persigue,pues,la deconstrucciónde la estructuratrián-
gulo-circular(Edipo, Trinidad, Dialecticaespeculativa)des-
so, dar una gura a
de hacetiempoemprendiday muy explícitamenteen los tex- lo que, por deni-
tos de La dirzmínaríán (págs.32, 392, Panini) y de Paritiant:
(pags.110y ss.).Estaestructura,mitológica de lo propio y ción, no la tiene
de la indiferenciaorgánica,esa menudola gura arquitectó- puede ser repre-
nica de] tímpano, parte de un frontón comprendidaen el
triángulo de trescamisas,a veceshoradadacon un vanocir- sentado como un
cular llamadoaca/ur. No setrata aquíde pagarleel tributo de
una negaciónoracularo de unatesissin estrategiadeescritu- margen, una franja
ra que manipulael ordenfalogocéntricocadavezen suargu- que rodea al obje-
mentaciónconceptualy en sus connotacionesideológicas,
políticas,literarias. Más bien señalartomasconceptualesy to, aislándolo al
girosdeescrituraqueel ordenno puedavolver paraenguan- mismo tiempo que
társeloso envainarlosuna vezmas.El margen,la marcha,la
demarcaciónpasanaqui entre negar(pluralidadde modos)y lo califica, inser-
deconstruir (unidad sistemáticade una barrena).
A] tratar de una gura desolada,hayal menos,pues,dos
leccionesde anatomia,como haydoslaberintosy dosciuda- * No es tampoco válido
des.En unadeellas,diseccióndel cerebro,la cabezadel ciru- cn castellano, donde el
¡anopermaneceinvisible. Parececortadacon una rayapor el «cantador», ciertamente,
pintor. Ha sido en efectoquemada,en 1723,con el cuarto constituyeuna especiebien
del cuadro. conocida. del T.)

29
rancia,parainquietarsepor la pasividado por tándolo en un re-
limitar el placer?¿Siel valor de autoridad si-
guiera siendo en el fondo, como el de crítica, voltijo de hechos
el más ingenuo?Sepuedeanalizar o transfor- sin ligadura ni
mar el deseode im-pertinencia,no sepuede, causa reconocibles
en el discurso,hacerleentenderla pertinen- al tiempo que el
cia, y que es necesario(saber)destruir lo que
se destruye. color particular de
Si en apariencia,pues,semantienen al mar- que lo tiene lo ex-
gen de estosgrandestextos de la historia de la trae del fondo ce-
losofía, estosdiezescritosplanteandehecho nagoso donde se
la cuestión del margen. Carcomiendo la fron-
entremezclan el
tera que haría de esta cuestión un casoparti-
cular, deberianenturbiarla línea que separa común de los he-
un texto de su margencontrolado. Interrogan chos. La elocución
la losofía más allá de "suquerer-decir, no la
tratan sólo como un discurso: sino como un musical, compara-
texto determinado, inscrito en un texto gene- da a la elocución
ral, encerradoen la representaciónde su pro- ordinaria, aparece
pio margen. Lo que obliga no sólo a tener en dotada de una iri-
cuentatodala lógicadel margen,sino a tener
en cuenta algo completamentedistinto: a re- sación semejante,
cordar sin duda que másallá del texto losó- capa de hada que
co, no hay un margenblanco,virgen, vacío, es el índice de una
sino otro texto, un tejido de diferencias de connivencia entre
fuerzas sin ningún centro de referencia pre-
sente(todo esode lo que decíala «historia», lo que podría no
la «política», la «economía», la «sexualidad», ser más que voz
etc. que no estaba escrito en libros: esta humana y los rit-
cosa manida con la cual no se ha terminado,
parece,de ir marcha atrás, en las argumenta- mos de la fauna, de
ciones más regresivasy en lugares aparente- la flora, incluso los
mente imprevisibles); pero también que el del reino mineral
texto escritade la losofía (en sus libros esta donde toda velei-
vez) desborday hace reventar su sentido.
Filosofar «a cuerpo descubierto».¿Cómolo dad de gesto se
entendía Hegel? transcribe en una
¿Estetexto puedeconvertirse en el margen forma petricada.
de un margen?¿Dónde ha pasadoel cuerpo Y cuando del len-
del texto cuando el margenno esya una virgi-
nidad secundaria,sino una reservainagotable, guaje hablado
la actividad estereográcade un oído comple-
tamente distinto?
Desborda y hace reventar: por una parte
medianame
obliga a contar en su margen más y menosde

30
enigmático
ensí
mismo, puesto que
lo que se cree decir o leer, rompimiento que sólo a partir del
tiene que ver con la estructurade la marca (es
instante en que es
la misma palabra que marc/M,como límite, y
que arca/ón);por otra parte, disloca el cuerpo formulado, de ma-
mismo de los enunciadosen supretensión a la nera exterior o no,
rigidez unívoca o a la polisemia regulada. cobra su realidad
Vano abierto a un doble acuerdoque no for-
ma un solo sistema. el pensamiento-
Esto no implica reconocer solamenteque se pasa al lenguaje
el margen semantiene dentroj fuera. La lo- cantado, lo que
sofía lo dice también: dentroporque el discurso uno se encuentra
losóco entiende que conoce y domina su
margen, que dene la línea, que encuadrala delante es un enig-
página, que la envuelve en su volumen. Fuera ma de segundo
porque el margen,su margen,tu afuera están grado, en vista de
vacíosestánfuera: negativo con el que no ha-
bría nadaque hacer, negativo sin efecto en el
que, más próximo
texto a negativo que trabajaal servicio del sen- en un sentido de
tido, margen relevada(auge/Johana) en la dia- las estructuras cor-
léctica del Libro. No habremos,pues, dicho y porales (de las que
nada, en todo caso no habremos hecho nada y
cada nota emitida
al declarar «contra» la losofía o «de» la lo-
sofía que su margen estádentro o fuera, den- tiene el aspecto de
tro y fuera, a la vezdesigualdadde susesparci- ser el fruto direc-
mientos internos y la regularidadde su linde.
Sería necesarioa la vez, por análisis concep- to) y, por consi-
tualesrigurosos,losócamente inflexibles, y guiente, mejor ase-
por la inscripción de marcasque ya noperte- gurado aparente-
necenal espaciofilosófico, ni siquieraa la ve- mente de mante-
cindad de su otro, desplazarel encuadre,por
la losofía, de sus propios tipos. Escribir de nerse sobre un sue-
otra manera. Delimitar la forma de un cierre lo estable, se des-
que no tengaya analogíacon lo que puedere- cubre, en verdad,
presentarsela losofía bajo este nombre, se- enfrentado con lo
gún la línea, recta o circular, que rodea un es-
pacio homogéneo. Determinar, completa- inefable, al presen-
mente en contra del losofema, lo inexible tarse la línea meló-
que le impide calcular su margen, por una a dica como la tra-
violencia limítrofe impresa según nuevos ti-
pos.Comer el margenal dislocar el tímpano, la ducción, en un
relación consigo misma de la doble membra- idioma puramente
na. Que la losofía ya no pueda estar segura sonoro, de lo que
de que siempreha mantenidasu tímpano. Cues- no podría ser di-
tión de ahora: atraviesa todo el libro. Cómo
poner la mano en el timpano y cómo escapa- ¡ cho por mediode
31
ría el tímpanoa las manosdel lósofo para palabras. De ma-
hacerleal falogocentrismo
unaimpresiónque nera que con ma-
él no reconozca,donde ya no se encuentre,
dondeno puedatomarconsciencia
másquea yor razón cuando
desliemybo
y sin poder decirse
girando todavía so- la fuente del canto,
bre su propio game:yo lo habréanticipado, en vez de ser una
con un saber absoluto.
Estaimpresión,comosiempre,sehaceso- boca humana (es
bre algún tímpano, ya resueneo se calle, so- decir, un órgano
bre la membrana de doble faz ofrecida a los
que más o menos
golpes.
Como en el casodel bloque mágico,
planteo en conocemos), sea
términos de prensamanualla cuestión de una un ingenio mecá-
máquina de escrituraque deberíahacerbascu- nico que añadea lo
lar todo el espacio del cuerpo propio en el
arrastresin límite de las máquinasy asíde má-
que ya tiene de ex-
quinas con mano cortada. La cuestión de la traño en el hablar
máquina es planteada una vez más, entre el musical la sorpresa
pozo y la pirámide, en los márgenes(del texto de su reproduc-
hegeliano).
En términosde prensa,pues,manual,¿qué ción, nos encon-
es un tímpano? Er necesaria saber/o,
para provo- traremos cara a
car en el equilibrio del oido interno o la co- cara con un miste-
rrespondencia homogénea de los dos oídos, rio en estado casi
en la relación consigo en la que la filosofía se
entiende para domesticar la marcha, una dis-puro.... Yo mismo
locaciónsin medida.Y para,si la heridahege- tenía un fogonó-
liana (Be/eidxgung,
ver/etzung)
parecetodavía re- grafo no sólo
cosida, hacer nacer de la lesión sin sutura una
partitura no escuchada.
no sehabíaprevis-
En términos de prensa manual, no hay, to nada para que se
pues,un tímpano, sino Varios tímpanos. Dos le pudiera emplear
bastidoresde materia diferente, generalmente como aparato gra-
de maderay de hierro, secolocan uno dentro
del otro, sealojan, si sepuededecir así,uno en bador, sino que
el otro. Un tímpano en el otro, uno de made- tampoco podía ser
ra, el otro de hierro, uno grandey otro peque- utilizado más que
ño. Entre los dos la hoja. Setrata, pues,de un para cilindros de
aparatoy una de susfunciones esencialesserá
el cálculo regular del margen. Una manivela pequeño o media-
no formato, con
9 En cuanto al conceptometafísicode la máquina,po- . exclusión de los
dremosremitimos, paralo que aqui setrata, desdeel trabajo grandes, tales
sobreHegel(E/pozo}lapirámide)a Freud 11aereenadelaescritu-
ra, En la emitan:J la diferencia,
y a De la Criminología. como esos que per-

32
hacegirar el carrobajola platina que enton- mitia oír ese otro
ces,con ayudade la barra,sebajasobreel pe-
queño tímpano. El carro se desenrolla.El gramófono al que
tímpanoy la frasquetasonlevantados(«Fras- seagregaban extra-
queta.Término de imprenta.Piezade la pren- ños accesorios que
sa manualque los impresoresbajansobrela 'atestaban un tanto
hoja, para mantenerlasobre el timpano, y
los armarios de
para que los márgenesy los blancosno se
manchen»Litm), la hojaesentoncesimpresa casa, con la vasta
por una de suscaras.Tratado de tipografía: serie de «rodillos»
«El granttbtpana esun bastidorde maderaso- (así llamábamosa
bre el quesetiendeun trozode tejidode seda;
sobreél secolocanlaspunturas,el margeny los cilindros) que
sucesivamente cada una de las hojasque se había grabado mi
han de imprimir. La fajasobrela quesesujeta padre y los de cera
la frasquetaesde hierro.El grantímpanasesu-
jetaa la cajapor la parteposterior,esdecir,a todavíavirgenque
la extremidadde la derechade la prensa;está esperabanpara ser
jado por una doblebisagraque se llama las grabados.
bisagrasdel tímpano. Es ordinariamentede la Cuando se de-
misma longitudque la caja. El gran ¡imparta
estáagujereado en cadauna de lasbarrasque seaba escuchar, en
miden su longitudcon dosagujerossituados, el aparatojuniordel
uno en el centro, el otro a los dos tercios hacia que yo tenía libre
arriba, y destinados
a recibir los tornillosde disposición,un ro-
laspunturas.El pequeñotímpana esun cuadro
formadopor cuatrobandasde hierrobastante dillo de formato
nas, por debajodel que sepegauna hojade mediano, era nece-
pergamino,o másordinariamenteun trozode sario aumentar el
seda, doblado sobre los cuatro lados de este
tamaño del cilín-
bastidor.Está colocadoen el gran tírnpano, al
quesesujetapor arribapor mediode dosdien- dro motor; seobte-
tesdelgadosy puntiagudos, que penetranen- nía este resultado
tre la maderay la seda,por abajopor un gan- con la ayudade un
cho,y por losladospor espigas de colade mi-
lano. Sobreél descansa la platina inmediata- manguitode metal
mentecuandoesbajadapor la barra.Entre la que se adaptaba
sedadel grantímpano y la del pequeñosecolo- sobre este último,
can los tejidos(de satén,o de merino si se
quiereobtenerun relievemenosseco),el car- susceptiblede reci-
tón y la preparaciónparatirar. Lostímparm: re- bir sólo los cilin-
quierensercuidadosamente conservados y re- drosmáspequeños
novadoscuandoempiezana gastarse.» mientras su diáme-
¿Sedejaráanalizarla multiplicidadde estos
tro no se había au-
tímpanos?¿Seremos reconducidos a la salida

33
de los laberintos, hacia un topa:o lugar común mentado en las
llamado tímparzo? proporciones de-
La losofía, acaso, no ha podido nunca ra-
zonar sobre esta multiplicidad, al estar ella seadas gracias a
misma situada,inscrita, comprendida en ella. una adición seme-
Habrá buscado sin duda la regla tranquiliza- jante. Conectado
doray derecha,la normadeestapolisemia.Se con la bocina por
habrápreguntadosi un tímpanoesnaturalo
construido, si no se vuelve siempre a la uni- un corto tubo de
dad de una tela tendida, bordeada, encuadra- caucho análogo a
da, quevigila susmárgenescomoun espacio las junturas de los
virgen,homogéneo y negativo,dejandofuera hornos de gas y
su afuera, sin marca, sin oposición, sin deter-
minación,preparadocomola materia,la ma- cuyo tono tiraba
triz, la kbára,a recibir y a repercutir los tipos, hacia el rojo ladri-
estainterpretaciónhabrá sido verdadera,la llo, un diafragma
historia misma de la verdad tal como en suma
es un poco contada en este libro. del tipo común-
Pero lo que sin duda no puedepresentarse mente llamado «de
en el espaciode estaverdad,lo queno puede zaro» cajita re-
dejarseoír o leer, o ver, aunquefuera en el
«triánguloluminoso»o el oculardel tímpano, donda cuyo fondo,
esqueesto,un tímpano,estalleo seinjerte.Y na placa de mica
arto,de cualquier maneraque seescriba,resiste o de una materia
a los conceptosde máquina o de naturaleza, análoga, llevaba
de corte o de cuerpo, a la metafísicade la cas-
tración tanto como a su revésparecido, la de- el apéndice, mi-
negación de los rousseauismosmodernos en núsculo y duro
su Vulgaridad tan académica. destinado a trans-
¿Diremos desdeeste momento que lo que
aquí resiste,es lo impensado,lo reprimido, lo
mitir a esta pared
rechazado de la losofía? Para no agarrarse sensible las Vibra-
más,como a menudo sehacehoy, a la equiva- ciones inscritas en
lencia confusa de estas tres nociones, una ela- el cilindro de ce-
boración conceptual debe introducir ahí un
nuevo juego de la oposición, de la articula- ra un diafragma
ción, de la diferencia. Introducción, pues,a la que, cuando era
différance*. Si esun aquíde estelibro, que se1a desmontado, cabía
inscriba en este camino.
entero en la palma
Ya ha comenzado y todo remite aquí, cita,
repercute,propagasu ritmo sin medida. Pero de la mano, hacía
sigue siendo enteramente imprevisible: inci- lo que podía para
transformar en on-
"'
De forma tentativa adoptaremosla traducción «dife-
rancia»en lo sucevo.Vid. «La différance».(N. del Ï.)
das sonoras las os-

34
sión conducida en un órgano por una mano cilaciones que le
ciegapor no haber visto nunca más que una y comunicaba el ro-
otra parte de un tejido.
Lo que entoncesse trama no sigueel juego dillo, cuya super-
de un encadenamiento.Representamás bien cie entera aparecía
el encadenamiento. No olvidar que tramar marcada (con una
(trameare),es inicialmente agujerear,atrave-
helicoide demasia-
sar, trabajarpor una y otra parte de la cadena.
El conducto del oído, lo que sellama el meato do apretada para
auditivo, ya no secierra despuésde haberesta- que se pudiera ver
do bajo el golpe de un encadenamientosimu- en ella otra cosa
lado, frase segunda,eco y articulación lógica
de un rumor que todavía no se ha recibido, V que finas rayas
efecto ya de lo que no tiene lugar. «Tiempo muy cerca unas de
hueco,/ una especiede vacío agotador entre otras) por el surco
las láminas de la madera / cortante, / nada
que llama al tronco del hombre, / el cuerpo
de varia profundi-
tomado como trozo del hombre»,esel ampa- dad que habían
mm de los Tarahumaras. abierto las ondas
Esta repercusión fatigada ya por un tipo originales.»
que todavía no ha sonado,estetiempo sellado
entre la escritura y el habla (se)llaman un map
de dont. MICHEL LE1R1s*
Cuando perfora, se muere de envidia de
sustituir a algún cadáver glorioso. Basta en
suma, apenas, esperar.

Pinsegracht,
ocho-doce
mayo1972.

* Michel Leiris (París,1901)participaen el movimiento surrealista,y mantieneen lo su-


cesivouna doble actividad como escritor y etnógrafo.Su escrituraes una búsquedade un
«yo»que no acabade dar con la maneraexactadeexpresarse. Suobrade mayorenvergadura,
La mig/e
dujeu,estáconstituidapor cuatro volúmenes,escritosa lo largode casitresdecenios:
Burer, 1948;Fanrbir,1955;Fibri/Ier,1966-,Fnïk Bmit, 1976.(N. del T.)

35
La Différancc*

*Confcrcncíapronunciadaen la SociedadFrancesade Filosofía,el 27 deenero


de 1968,publicada
simultáneamente
en el Bulletin
dela Societéfrangaixe
depbilampbie
(julio-setiembre,1968)y en Ïbeariedïruemb/c
(col. Quel, Ed. de Seuil, 1968).

37
Hablaré, pues,de un letra.
De la primera,si hayquecreeral alfabetoy a la mayorpartedelas
especulaciones quesehanaventuradoal respecto.Hablaré,pues,dela
letraa, deestaprimeraletraqueha podidoparecernecesario introdu-
cir, aquío allá,en la escrituradela palabradíranc; y ello enel curso
deunaescritura
sobrelaescritura,
deunaescritura
enlaescritura
y cu-
yosdiferentestrayectosseencuentran,pues,pasando,en ciertospun-
tos muy determinados,por unasuertede granfalta de ortografía,por
esafaltadeortodoxia querigeunaescritura,
unafaltacontrala leyque
rigelo escritoy el continente
ensudecencia. Estafaltadeortografía,
siemprepuedeserborradao reducida,dehechoy dederecho,y encon-
trarla segúnlos casosqueseanalizancadavez,peroqueaquívienena
serlo mismo,grave,indecorosa, inclusoen la hipótesisdela mayorin-
genuidad,divertida.Aunquesetrata de pasaren silenciotal infrac-
ción,el interésqueenello seponesedejareconocerdeantemano, asig-
nar, como prescrito por la ironía muda, inaudible de estapermutación
deletras,siempre
podráhacerse
comosiestonoseñalara
ningunadife-
rencia.Mi propósitodehoy,debodecirdesdeahora,sedirigirá menos
a pensarenjustificarestafaltasilenciosa
deortografía,menostodavíaa
excusarla,que a agravar el juego con una cierta insistencia.
A cambio,semedeberáexcusarsi mereero, al menosimplícita-
mente,a tal o cualtexto queme he arriesgadoa publicar.Es que yo
querríaprecisamente intentar,en una cierta medida,y por másque
estoseaen principioy al n por razones
esencialesdederecho,imposi-
ble,unirenun¿azlasdiferentes
direcciones
enlasquehepodidoutili-
zaro mejormehedejadoimponeren suneograsmopor lo queprovi-
sionalmente
llamarélapalabra
o elconcepto
dedgzfíranre
y quenoes,ya
lo veremos,
literalmente,
ni unapalabra
ni unconcepto.Meatengoa

* Proponemos,
demanera
tentativa,
unaposibletraducción:
dranria,que,sibiennamt-
m: igual que diferenciacomo ocurre en el francésdiíramz, presenta,no obstante,la
mismavariacióne/a,lo cualharíaentodocasointeligiblecualquier
discusión
ulteriorenel
texto de Derrida. (N, dr/ Ï.)

39
la palabra haz por dos razones:por una parte no se tratará, cosa que
también habría podido hacer, de describir una historia, de contar las
etapas,texto a texto, contexto a contexto, mostrando cadavez qué eco-
nomíahapodidoimponerestedesarreglo
gráfico,sinomásbiendelri:-
temageneral deextaetanamía. Por otra parte, la palabrabazparecemáspro-
pia para poner de manifiesto que la agrupación propuestatiene la es-
tructura de una intricación, de un tejido, de un cruce que dejarápartir
de nuevo los diferentes hilos y las distintas líneas de sentido o de
fuerza igual que estarálista para anudar otras.
Recuerdo, pues, de una manera completamente preliminar, que
estadiscreta intervención gráca, que no se ha hecho en principio ni
simplementepor el escándalodel lector o del gramática, ha sido calcu-
lada en el procesoescrito de una interrogación sobrela escritura. Aho-
ra bien, seda el caso,diría en realidad,de que estadiferencia gráca (la
a en el lugar de la e), estadiferencia señaladaentre dos notacionesapa-
rentementevocales,entre dos vocales,espuramentegráca; seescribe
o se lee, pero no se oye. No se puedeoír, y veremos también en qué
sentido sobrepasael orden del entendimiento. Se propone por una
marca muda, un monumento tácito, yo diría incluso por una pirámide,
que piensaasí no sólo en la forma de la letra cuando seimprime en ca-
pital o en mayúscula,sino también en esetexto de la Enciclopedia de He-
gel en el que el cuerpo del signo secompara a la pirámide egipcia. La a
de la dtérarzce,
pues,no seoye, permanecesilenciosa,secretay discreta
como una tumba: ariba/z}. Señalaremosasí por anticipación estelugar,
residenciafamiliar y tumba de lo propio donde seproduce en diferan-
cia la economiadela muerte.Esta piedra no estálejos,siempre que sesepa
descifrar la leyenda, de señalar la muerte del dinasta.
Una tumba que no sepuedeni siquierahacerresonar.En efecto,yo
no puedo hacerlessaberpor mi discurso, por mi palabra proferida en
este momento ante la Sociedad Francesa de Filosofía, de qué diferencia
hablo en el momento en que hablo. No puedo hablar de estadiferencia
gráfica sino sosteniendoun discurso muy desviadosobreuna escritura
y a condición de precisar,cadavez,queme reero a la diferencia con
una e o a la diferancia con una a. Lo cual no va a simplificar las cosas
hoy y nos dará muchos problemas a ustedesy a mi si al menos quere-
mos entendemos. De todas formas, las precisiones orales que haré,
cuando diga «cone»,o «cona»sereferirán a un texto escrito, que vigila
mi discurso,a un textoquetengodelante,queleeréy haciael cualserá
precisoqueintenteconducirsusmanosy susojos.No podemosevitar
pasarpor un texto escrito,ordenarnossobreel desarreglo
quesepro-
duceen él, y estoes lo que me importa antesque nada.
Sin duda estesilencio piramidal de la diferencia gráca entre la e y
la a no puedefuncionarsino en el interior del sistemade la escritura
fonética, y en el interior de una lengua o de una gramática histórica-
menteligadaa la escriturafonéticaasícomoa todala culturaquele es
40
inseparable.
Perodiré queello mismo-este silencioquefuncionaen
el interior solamente de una escritura llamada fonética señala o re-
cuerdade maneramuy oportunaque, contrariamentea un enorme
prejuicio,no hay escriturafonética.No hay una escriturapura y rigu-
rosamentefonética.La escriturallamadafonéticano puedeen princi-
pio y de derecho,y no sólopor una insuciencia empíricao técnica,
funcionar,si no es admitiendoen ella misma signos no fonéticos
(puntuación,espacios etc.)de losquesedarácuentaenseguida, al exa-
minar la estructuray la necesidad,quetoleranmuy'mal
el conceptode
signo.Mejor,el juegode la diferenciadel queSaussure
sóloha recorda-
do queesla condiciónde posibilidady de funcionamientode todosig-
no, estejuegoesen sí mismosilencioso.Es inaudiblela diferenciaen-
tre dosfonemas,lo únicoque lespermitesery operarcomotales.Lo
inaudibleabrea la interpretaciónlosdosfonemaspresentes, tal como
sepresentan.Si no hay,pues,unaescriturapuramentefonética,esque
no haypbanepuramentefonética.La diferenciaque hacesepararse los
fonemasy hacequeseoigan,en todoslossentidosde estapalabra,per-
manece inaudible.
Seobjetar-áquepor lasmismasrazones,la diferenciagráca sesu-
mergetambiénen la noche,nuncaesplenamenteun términosensible,
sinoquealargaunarelacióninvisible,el trazode una relaciónno apa-
renteentredosespectáculos sinduda.Peroque,desdeesepuntodevis-
ta, la diferenciamarcadaen la diferencia entrela ey la a sedesnudaa
la vistay al oído,sugierequizáfelizmentequeesprecisodejarseir aqui
a un orden que ya no pertenece, a la sensibilidad.Pero no pertenece
mása la inteligibilidad,a una idealidadque no estáfortuitamentea-
liadaa la objetividaddel tbeorein
o del entendimiento.Es precisodejarse
llevaraquía un orden,pues,queresistaa la oposición,fundadorade la
losofía, entre lo sensibley lo inteligible.El orden que resistea esta
oposición,y la resisteporquela lleva (en sí), seanunciaen un movi-
mientode diferancia(con una a) entredosdiferenciaso entredosle-
tras,diferanciaqueno perteneceni a la voz ni a la escrituraen el senti-
do ordinario y que se tiende, como el espacioextraño que nos reunirá
aquíduranteunahora,entrepalabray escritura,másallátambiénde la
familiaridadtranquilaquenosligaa la unay a la otra, a vecesen la ilu-
sión de que son dos.
¿Cómome lasvoy a arreglarpara hablarde la a de la diferancia?
Está claro que estono puedeser expuesto.Nunca se puedeexponer
másque lo queen un momentodeterminadopuedehacersepresente,
manifiesto,lo que sepuedemostrar,presentarse como algopresente,
algopresenteen suverdad,la verdadde un presente,o la presencia del
presente.
Ahorabien,sila diferancia
9Q(pongoel «x» bajounatacha-
dura) lo que haceposiblela presentación
del presente,ella no sepre-
sentanuncacomotal. Nuncasehacepresente.A nadie.Reservándose
y no exponiéndose,excedeen estepuntoprecisoy de maneraregulada

41
el orden de la verdad,sin disimularse,sin embargo,como cualquier
cosa,comoun sermisterioso,en lo ocultodeun no-sabero enun agu-
jerocuyosbordessondeterminables (por ejemplo,en unatopologíade
la castración).En todaexposiciónestaríaexpuestaa desaparecer
como
desaparición, correria el riesgo de aparecer:de desaparecer.
Sinembargo,los rodeos,losperiodos,la sintaxisa la quea menudo
deberárecurrir separecerán,a veceshastaconfundirse con ellos, a los
de la teologíanegativa.Ya seha hechonecesarioseñalarquela dife-
rancia no es, no existe, no es un ser presente(on), cualquier que éste
sea;y senosllevaraa señalartambiéntodolaquenoor,esdecir,todo;y en
consecuenciaque no tiene ni existenciani esencia.No dependede nin-
gunacategoriadeseralgunopresenteo ausente.
Y sin embargo,lo que
seseñalaasí de la diferancia no esteólogico, ni siquiera del orden más
negativode la teologíanegativa,quesiempreseha ocupadode librar,
comoessabido,unasuperesencialidad másalládelascategorías finitas
de la esenciay de la existencia,esdecir,de la presencia,y siemprede
recordarquesi a Dios le esnegadoel predicadode existencia,espara
reconocerleun modo de ser superior, inconcebible, inefable. No setra-
ta aquí de un movimiento así, y ello se conrmará progresivamente.
La diferanciaesno sóloirreductiblea todareapropiación
ontológicao
teológica-ontoteología-,
sino que,inclusoabriendoel espacioen
el que la ontoteología -la solofía produce su sistemay su historia,
la comprende, la inscribe, y la excedesin retorno.
Por la misma razón, no sabrépor dónde comenzara trazar el haz o
el gráco de la diferancia. Puestoque lo que sepone precisamenteen
tela de juicio, es el requerimiento de un comienzo de derecho, de un
punto de partida absoluto, de una responsabilidadde principio. La
problemática de la escritura se abre con la puestaen tela de juicio del
valor de arkbe.L.oque yo propondré aquí no sedesarrollará,pues,sim-
plemente como un discurso filosófico, que opera desdeun principio,
unos postulados,axiomaso deniciones y se desplazasiguiendo la li-
nealidad discursiva de un orden de razones. Todo en el trazado de la di-
ferancia esestratégicoy aventurado. Estratégico porque ninguna ver-
dadtranscendentey presentefueradel campodela escriturapuedego-
bernarteológicamentela totalidaddelcampo.Aventuradoporqueesta
estrategiano esuna simple estrategiaen el sentido en que sedice que la
estrategiaorienta la táctica desdeun objetivo final, un telaro el tema de
una dominación,de una maestría,y de una reapropiaciónúltima del
movimientoo del campo.Estrategiafinalmentesin nalidad, sela po-
dría llamar táctica ciega,empírica, si el valor de empirismo no tomara
en si mismo todo su sentido de suoposición a la responsabilidadlosó-
ca. Si hay un cierto vagabundeoen el trazadode la diferancia, éstano
sigue la línea del discursolosóco-lógico más que la de su contrario
simétricoy solidario,el discursoempírico-lógico.El conceptodejuego
estámás allá de estaoposición, anuncia en vísperasy más allá de la -

42
losofía, la unidad del azar y de la necesidaden un cálculo sin n.
También, por decisión y regla de juego, si asi lo quieren ustedes,
haciendo volver esta charla sobre si misma, nos introduciremos en el
pensamientode la diferancia por el tema de la estrategiao de la estrata-
gema. Con esta justificación, solamente estratégica,quiero subrayar
que lo eficazde estatemática de la diferancia puedemuy bien, deberá
ser relevadoun día, prestarseél mismo, si no ya a su reemplazo,al me-
nos a suencadenamientoen una cadenaque en verdad no habrá gober-
nado nunca. Por lo que, una vez más, no es teológica.
Dire puesen principio que la diferancia, que no esni un palabrani
un concepto, me ha parecido estratégicamentelo más propio para ser
pensado,si no para serdominado siendo el pensamientoquizá aquí
lo que hay en una cierta relación necesariacon los límites estructurales
del dominio- lo más irreductible de nuestra«época».Parto, pues,es-
tratégicamente,del lugar y del tiempo en que «nosotros»estamos,aun-
que mi overtura no seaen última instancia justicable y siempreseaa
partir de la diferancia y de su «historia»como podemospretendersaber
quiénesy dónde estamos«nosotros»,y lo que podrían ser los límites de
una «época».
Aunque diferancia no seani una palabra ni un concepto, tratemos
no obstantede hacer un análisis semántico fácil y aproximativo que
nos llevará a la vista del juego.
Sabidoesque el verbo «diferir» (verbo latino dtem) tiene dos sen-
tidos que parecenmuy distintos; son objeto, por ejemplo en el Littré,
de dos artículos separados.En estesentido el die latino no esla tra-
ducción simple del dzap/Jerein griego y ello no dejará de tener conse-
cuenciaspara nosotros,que vinculamos estacharla a una lenguaparti-
cular y una lenguaque pasapor sermenoslosóca, menosoriginaria-
mente losóca que la otra. Puesla distribución del sentido en el grie-
go no comporta uno de los dos motivos del dzerrelatino a saber,la ac-
ción de dejar para mástarde, de tomar en cuenta,de tornar en cuentael
tiempo y lasfuerzasen una operaciónque implica un cálculo económi-
co, un rodeo, una demora,un retraso,una reserva,una representación,
conceptostodos que yo resumiría aquí en una palabrade la que nunca
me he servido, pero que sepodría inscribir en estacadena:la tempori-
zación. Diferir en estesentido estemporizar, es recurrir, conscienteo
inconscientementea la mediación temporal y temporizadorade un ro-
deo que suspendeel cumplimiento o la satisfaccióndel «deseo»o de la
«voluntad»,efectuándolo también en un modo que anula o templa el -
efecto. Y Veremosmás tarde que estatemporización es también
temporización y espaciamiento,hacersetiempo del espacio,y hacerse
espaciodel tiempo, «constitución originaria» del tiempo y del espacio,
diría la metafísica o la fenomenología transcendentalen el lenguaje
que aquí se critica y desplaza.
El otro sentido de diferiresel máscomún y el másidenticable: no

43
ser idéntico, ser otro, discernible,etc. Tratándosede diferen(te)/
(cia)s*, palabraque sepuedeescribir como sequiera, con una t o una d
nal, ya seacuestiónde alteridad de desernejanza
o de alteridad de aler-
giay depolémica,esprecisoqueentreloselementos
otrosseproduzca,
activamente,dinámicamente, y con una cierta perseveranciaen la re-
petición, intervalo, distancia, espacíamienta.
Ahora bien, la palabra diferencia (con e) nunca ha pedido remitir
asi a diferir como temporización ni a lo diferente comopaiemar.
Es esta
pérdidadesentidolo quedeberíacompensar económicamente- la
palabradiferancia(cona).Estapuederemitir a la veza todala congu-
ración de sus significaciones, es inmediatamente e irreductiblemente
polisémicay ello no seráindiferentea la economiadel discursoque
trato de sostener.Remite no sólo, por supuestocomo toda signica-
ción, a ser sostenidapor un discursoo un contexto interpretativo, sino
también ya en algunamanerapor si misma, o al menosmásfácilmente
por si misma que cualquier otra palabra,viniendo la a inmediatamente
del participio presente(diriendo) y aproximándonos a la acción en
curso del diferir, antesincluso que hayaproducido un efecto constitui-
do en diferente o en diferencia (con e). En una conceptualidady con
exigenciasclásicas,sediría que «diferancia»designala causalidadcons-
tituyente, productiva y originaria, el procesode ruptura y de división
cuyos diferentes o diferencias serian productos o efectosconstituidos.
Pero aproximándonos al núcleo infinitivo y activo del diferir, «dife-
rancia»(con a) neutraliza lo que denota el innitivo como simplemen-
te activo,lo mismoquemovi/ante
no significaen nuestralenguael sim-
ple hecho de mover, de moverseo de ser movido. La resonanciano es
en mayor medida el acto de resonar. Hay que meditar, en el uso de
nuestra lengua, que la terminación en ansiapermaneceindecisa entre
lo activo y lo pasivo. Y veremospor qué lo que sedejadesignarcomo
diferancia no essimplementeactivo ni simplementepasivo, y anuncia
o recuerdamás bien algo como la voz media, dice una operación que
no esuna operación, que no sedejapensarni como pasión ni como ac-
ción de un sujetosobreun objeto, ni a partir de un agenteni a partir de
un paciente, ni a partir ni a la vista de cualquiera de estostérminos.
Ahora bien, la voz media, una cierta intransitividad, esquizá lo que la
losofía, constituyéndoseen esta represión, ha comenzadopor distri-
buir en voz activa y voz pasiva.
Diferancia como temporización, diferancia como espaciamiento.
¿Cómo se conjugan?Partamos, puesto que ya estamos,instalados en

* juega Dcrrida con la doble connotación diferente/diferencia y diferente/desave-


nencia,que, en castellano,estátambién incluida en el término «diferencias».(N. del T.)

44
ella,dela problemática
del signoy dela escritura.El signo,sesuelede-
cir, sepone en lugar de la cosamisma, de la cosapresente,«cosa»vale
aquí tanto por el sentido como por el referente.El signo representalo
presenteen su ausencia.Tiene lugar en ello. Cuando no podemosto-
mar o mostrar la cosa,digamoslo presente,el ser-presente,cuando lo
presenteno sepresenta,signicamos, pasamospor el rodeo del signo.
Tomamoso damosun signo.Hacemossigno.El signosería,pues,la
presencia
diferida.Biensetratedesignoverbalo escrito,designomo-
netario, de delegaciónelectoral y de representaciónpolitica, la circula-
ción de los signosdiere el momento en el que podríamosencontrar-
nosconla cosamisma,adueñarnos deella,consumirlao guardarla,to-
carla,verla,tenerla intuición presente.Lo queyo describoaquípara
denir, en la banalidadde sustrazos,la significación como diferancia
detemporización, esla estructuraclásicamentedeterminada del signo:
presupone queel signo,diriendo la presencia,sóloespensable a par-
tir de la presenciaquediere y a la vistade la presenciadiferidaque
pretendereapropíarse.SiguiendoestaSemiologíaclásica,la sustitución
del signopor la cosamismaesa la vezsegunda y provisional:segunda
desdeunapresencia originaly perdidadela queel signovendriaa deri-
var; provisional con respectoa estapresencianal y ausenteen vista
de la cual el signo sería un movimiento de mediación.
Al tratar de poner en tela de juicio estecarácterde secundariedad
provisional del sustituto, sin duda veríamosanunciarsealgo como una
diferanciaoriginaria,perono sepodrásiquierallamarlaoriginariao fi-
nal,enla medidaenquelosvaloresdeorigen,deark/ze, detelar,de¿»é/Ja-
ta: etc., siempre han denotado la presencia-ansia,
parauría,etc. Cuestio-
nar el carácter secundarioy provisional del signo, oponerle una dife-
rancia «originaria», tendria, pues, como consecuencias:
1. que ya no sepodría comprender la diferancia bajo el concepto
de«signo» quesiemprehaqueridodecirrepresentación deunapresen-
cia y sehaconstituidoen un sistema(pensamiento
o lengua)regulado
a partir y a la vista de la presencia;
2. que sepone asi en tela de juicio la autoridad de la presenciao
desusimplecontrariosimétrico,la ausencia
o la falta.Seinterrogaasí
el límite que siempre nos ha constreñido, que todavía nos constriñe a
nosotros,los hablantesdeunalenguay de un sistemadepensamiento
-a formar el sentido del seren generalcomo presenciao ausencia,en
lascategorías
del sery de la entidad(varia).Seve yaqueel tipo depre-
guntaal que de estemodo hemossido reconducidos es,digamos,el
tipo heideggeriano,y la diferancia parececonducirnos a la diferencia
óntico-ontológica. Se me permitirá que pospongaesta referencia.Se-
ñalaré solamenteque entre la diferencia como temporización-
temporalización, queya no sepuedepensarenel horizontedel presen-
te, y lo que dice Heideggeren El ser] eltiempo
de la temporalización
como horizonte transcendentalde la cuestión del ser,que esprecisoli-

45
berar de la dominación tradicional y metafísica por el presenteo el
ahora, la comunicación es estrecha, incluso si no es exhaustiva e irre-
ductiblemente necesaria.
Pero primero quedémonosen la problemática semiológicapara ver
conjugadasallí la diferancia como temporización y la diferancia como
espaciamiento.La mayoría de las investigacionessemiológicaso lin-
güisticasque hoy dominan el campo del pensamiento,seapor suspro-
pios resultados,seapor la función de modelo regulador que ven reco-
nocer por todaspartes,conducengenealógicamentea Saussure,errada
o acertadamente, como al común instaurador. Ahora bien, Saussurees
inicialmente quien ha situado la arbitrariaale/agria
y elcarácter
diferencial
del signo en el principio de la Semiologíageneral,singularmente de la
lingüística. Y los dos motivos -arbitrario y diferencial son a sus
ojos, es sabido, inseparables.No puede haber algo arbitrario si no es
porque el sistemade los signosestáconstituido por diferencias,no por
la totalidad de los términos. Los elementosde la significación funcio-
nan no por la fuerzacompactade núcleo, sino por la red de las oposi-
ciones que los distinguen y los relacionan unos a otros. «Arbitrario y
diferencial», dice Saussure, «son dos cualidades correlativas».
Ahora bien, esteprincipio de la diferencia, como condición de la
significación, afectaa la totalidadde/rzgna,esdecir, a la vez a la cara del
significado y a la caradel significante. La caradel significado esel con-
cepto, el sentido ideal; y el significante es lo que Saussurellama la
«imagen»,«huellapsíquica»de un fenómeno material, fisico, por ejem-
plo acústico.No vamos a entrar aquí en todos los problemasque plan-
tean estasdefiniciones. Citemos solamentea Saussureen el punto que
nos interesa:«Si la parte conceptual del valor estáconstituida única-
mente por relacionesy diferenciascon los otros términos de la lengua
se puededecir lo mismo de la parte material...»Todo lo que precede
viene a decir que en la lengua no hay más que diferencias. Aun más,
una diferencia supone en general términos positivos entre los que se
establece:pero en la lengua no hay más que diferencias sin términos
positivos. Ya tomemos el significado o el significante, la lengua no
comporta ni ideasni sonidosque preexistanal sistemalingüístico, sino
solamentediferenciasconceptualeso diferenciasfónicas resultadosde
estesistema.«Lo que hay de idea o de materia fónica en un signo im-
porta menos que lo que hay a su alrededor en los otros signos.»
Extraeremoscomo primera consecuenciaque el concepto signifi-
cado no estánunca presenteen si mismo, en una presenciasuficiente
que no conduciría más que a sí misma. Todo concepto estápor dere-
cho y esencialmente inscrito en una cadena o en un sistema en el inte-
rior del cual remite al otro, a los otros conceptos,por un juegosistemá-
tico de diferencias. Un juego tal, la diferancia, ya no esentoncessim-
plemente un concepto, sino la posibilidad de la conceptualidad, del
procesoy del sistemaconceptualesen general. Por la misma razon, la

46
diferancia, que no esun concepto, no esuna mera palabra,esdecir, lo
que serepresentacomo una unidad tranquila y presente,autorreferen-
te, de un conceptoy una fonia. Veremosmásadelantelo que esuna pa-
labra en general.
La diferencia de la que habla Saussureno esen si misma ni un con-
cepto ni una palabraentre otras. Sepuededecir estoafoiori de la dife-
rancia. Y así se nos conduce a explicitar la relación que une la una y
la otra.
En una lengua,en el Jírtamade la lengua, no hay más que diferen-
cias.Una operacióntaxonómica puedesiempreproporcionar el inven-
tario sistemático,estadísticoy clasificatorio. Pero, por una parte, estas
diferenciasactúan:en la lengua,en el habla también y en el intercambio
entre lenguay habla. Por otra parte, estasdiferenciasson en sí mismas
afectar.
No han caídodel cielo ya listas;no estánmásinscritasen un tapar
nacía:que prescritas en la cera del cerebro. Si la palabra «historia» no
comportaraensí mismael motivodeunarepresiónfinal dela diferen-
cia, sepodría decir que únicamentelas diferenciaspuedenserde entra-
da y totalmente «históricas».
Lo que seescribecomo «diferancia»seráasíel movimiento de jue-
go que «produce»,por lo que no es simplemente una actividad, estas
diferencias,estosefectosde diferencia. Esto no quiere decir que la di-
ferancia que produce lasdiferenciasestéantesque ellas en un presente
simple y en sí mismo inmodificado, in-diferente. La diferancia es el
«origen»no-pleno, no-simple, el origen estructuradoy diferente (de di-
ferir) de las diferencias. El nombre de «origen»,pues, ya no le con-
viene.
Puestoque la lengua, de la que Saussuredice que es una clasifica-
ción, no ha caído del cielo, las diferencias se han producido, son efec-
tos producidos,pero efectosque no tienen como causaun sujetoo una
sustancia,una cosaen general,un ente presenteen alguna parte y que
escapaal juegode la diferancia. Si hubiera implicada una tal presencia,
de la forma másclásicadel mundo, en el conceptode causaen general,
sería pues necesario hablar de efecto sin causa, lo que enseguida condu-
ciría a no hablar más de efecto. La salida fuera del cierre de este esque-
ma, he tratado de indicar su objetivo a través de la «marca», que ya no
es un efecto que no tiene una causa,sino que no puede bastarsea si
misma, fuera de texto, para operar la transgresión necesaria.
Como no hay presenciaantesde la diferencia semiológicay fuera
de ella, sepuedeextenderal signo en generallo que Saussureescribede
la lengua: «La lengua es necesariapara que el habla seainteligible, y
produzcatodos susefectos;pero éstaesnecesariapara que la lenguase
establezca;históricamente, el acto de habla la precedesiempre.»
Reteniendoal menosel esquema,si no ya el sentido de la exigencia
formulada por Saussure,designaremoscomo dzferanria el movimiento
segúnel cual la lengua,o todo código, todo sistemade repeticionesen

47
general se constituye «históricamente»como entramado de diferen-
cias. «Seconstituye»,«seproduce»,«secrea»,«movimiento», «históri-
camente»,
etc.,sedebenentendermásalládela lenguametafísica
en la
que se han trazado con todas sus implicaciones. Seríanecesariomos-
trar por qué los conceptosde producción, como los de constitución y
de historia,sondesdeestepuntodevistacómplicesdel queaquípone-
mos en cuestión,pero esto me llevaría hoy demasiadolejoshacia la
teoríade la representación
del «circulo»en el cualparecequeestamos
encerradosnosotros mismos- y yo no los uso aqui, como muchos
otros conceptos, sino por comodidad estratégicay para iniciar la de-
construcción de su sistemaen el punto actualmentemás decisivo. Se
habrá en todo casocomprendido, por el círculo mismo en que parece-
mos inscritos, que la diferancia, tal como seescribeaquí, no esmáses-
tática que genética,no esmásestructural que histórica. O no menos,y
es no leer, no leer sobretodo lo que aqui falta a la éticaortográfica,
querer objetarla a partir de la más vieja de las oposicionesmetafisicas,
por ejemplooponiéndolealgúnpunto de vistagenerativoa un punto
de vista estructuralista-taxonomista, o a la inversa. En cuanto a la dife-
rancia, lo que sin duda hace el pensamiento incómodo y el confort
poco seguro,estasoposicionesno tienen la másmínima pertinencia.
Si consideramosahora la cadenaen la que la «diferancia»sedejaso-
meter a un cierto número de substitucionesno sinonímicas, segúnla
necesidaddel contexto, por qué recurrir a la «reserva»,a la «archiescri-
tura», al «archirrastro»,al «espaciamiento»,incluso al «suplemento»,o
al p/Jarmakon,pronto al himen, al margen-marca-marcha,etc.
Recomencemos.La diferancia eslo que haceque el movimiento de
la significaciónno seaposiblemásquesi cadaelementollamado«pre-
sente»,que apareceen la escenade la presencia,se relaciona con otra
cosa, guardando en si la marca del elemento pasadoy dejándoseya
hundir por la marca de su relación con el elemento futuro, no relacio-
nándosela marca menoscon lo que sellama el futuro que con lo que se
llama el pasado,y constituyendo lo que se llama el presentepor esta
misma relación con lo que no esél: no esabsolutamente,esdecir, ni si-
quiera un pasadoo un futuro como presentesmodicados. Es preciso
que le separeun intervalo de lo que no es él para que seaél mismo,
pero esteintervalo que lo constituye en presentedebetambién a la vez
decidir el presente en sí mismo, compartiendo así, con el presente,
todo lo que se puedepensara partir de él, es decir, todo existente,en
nuestralenguametafísica,singularmentela sustanciao el sujeto.Cons-
tituyéndoseesteintervalo, decidiéndosedinámicamente,es lo que po-
demos llamar espaciamiento,devenir-espaciodel tiempo o devenir-
tiempodel espacio(temporalización).
Y esestaconstitucióndel pre-
sente,como sintesis«originaria» e irreductiblemente no-simple, pues,
sensuestricto, no-originaria, de marcas,de rastrosde retencionesy de
protenciones (para reproducir aqui, analógicamentey de manerapro-
48
visional, un lenguajefenomenológico y transcendentalque serevelará
enseguidainadecuado)que yo propongo llamar archi-escritura, archi-
rastroo diferancia.Esta(es)(a la vez)espaciamiento
(y) temporiza-
ción.
Este movimiento (activo) de la (producción de la) diferancia sin
origen,¿nohabríamospodido llamarlasimplementey sin neogras-
mo, direneiaeión?
Entre otras confusiones,una palabraasi hubiera deja-
do pensaren algunaunidadorgánica,originariay homogénea,
queen
un momento dado viene a dividir, a recibir la diferencia como un
acontecimiento. Sobre todo, formado sobre el verbo diferenciar, anu-
laría la signicacióneconómicadel rodeo,de la demoratemporaliza-
dora, del «diferir». Una nota, aquí, de paso. La debo a una lectura re-
cientede un texto que Koyré habíaconsagrado en 1934,en la Revue
dbi.ttaire
etdepbi/arapbie
religieute
a Hegelen Iena(reproducidaensusEtn-
derdhrtoiredelapcnseép/Jilaropbique).
Koyréhaceahí largascitas,en ale-
mán, de la Logia:de Iena y propone su traducción. Ahora bien, en dos
ocasionesencuentra en el texto de Hegel la expresión dijfirenteBezje-
bang.Esta palabrade raíz latina (dieren!)es rara en alemán y también,
creo, en Hegel,que másbien dice verJr/Jieden,ung/eir/J,
que llama a la dife-
rencia Unlerïrbied,
y Verzrebiedenbeit
a la variedadcualitativa. En la Logia:
deIena,sesirvedela palabradiyrente
en el momentoenquetratapre-
cisamentedel tiempo y del presente.Antes de llegar a una discusión
preciosade KOJÏC,
he aquí algunasfrasesde Hegel,tal como las traduce:
«El infinito, en estasimplicidad,es,comomomentoopuestoa lo igual
consigomismolo negativo,y en susmomentos,mientrasquesepre-
sentaa (símismo)y en si mismola totalidad,(es)lo queexcluyeenge-
neral,el puntoo el límite,peroenéstasuaccióndenegar,serelaciona
inmediatamentecon el otro y se niega a si mismo. El límite o el mo-
mentodel presente(derGegen-wa),
el «este»
absolutodel tiempo,o el
ahora,esdeunasimplicidadnegativaabsoluta,queexcluyedesi abso-
lutamente toda multiplicidad y, por esto mismo, está absolutamente
determinado;es no un todo o un quanturn
que seextenderíaen si (y)
que, en si mismo, también tendría un momento indeterminado, un di-
versoque, indiferente (gleiebgültrg)
o exterior en el mismo, serelaciona-
ría con otro (auf einandere:bezáge),
pero es ahí una relación absoluta-
mente diferente del simple (sandernre: ist abra/utdiferenteBeziebung)»
Y
Koyre precisade maneradigna de mención en nota: «Relacióndiferen-
te:diferenteBeebung.
Sepodriadecir:relacióndiferenciante.»
Y en la
página siguiente,otro texto de Hegel, donde sepuedeleer esto: «Diere
Baje/Jungist Gegenwarï, al: einedierenteBeziebung.(Esta relación es [el]
presentecomo relación diferente).» Otra nota de Koyre: «El término
dieren)se toma aqui en un sentido activo.»
Escribir driente o diferencia(con una a) podría ya tener la utilidad
de hacer posible, sin otra nota o precisión, la traducción de Hegel en
estepunto particular que también esun punto absolutamentedecisivo
49
de su discurso. Y la traducción sería,como siempre debeserlo, trans-
formación de una lenguaen otra. Naturalmente, sostengoque la pala-
bra dranda puedetambién servir para otros usos:inicialmente porque
señalano sólo la actividad de la diferencia «originaria»,sino también el
rodeo temporalizador del diferir; sobretodo porque a pesarde relacio-
nes de anidad muy profunda que la diferancia así escrita mantiene
con el discurso hegeliano,tal como debe ser leído, puedeen un cierto
punto no romper con él, lo que no tiene ningún tipo de sentido ni de
oportunidad, sino operar en él una especiede desplazamientoa la vez
ínfimo y radical, cuyo espaciotrato de indicar en otro lugar pero del
que me sería difícil hablar muy deprisa aquí.
Las diferencias son, pues,«producidas»diferidas por la dife-
rancia. ¿Peroquees lo que diere o quién diere? En otras palabras,
¿quéesla diferancia?Con estapregunta llegamosa otro lugar y otro re-
curso de la problemática.
¿Que és lo que difiere? ¿Quién difiere? ¿Qué es la diferancia?
Si respondiéramosa estaspreguntasantesincluso de interrogarlas
como pregunta, antes de darles la vuelta y de sospecharde su forma,
hastaen lo que pareceen ellas más natural y más necesario,volvería-
mos ya a caer de estelado de lo que acabamosde despejar.Si aceptara-
mos, en efecto, la forma de la pregunta, en su sentido y en su sintaxis
(«quéeslo que»,«quéesquien»«quién esel que»...),seríanecesarioad-
mitir que la diferancia esderivada, sobrevenida,dominada y goberna-
da a partir del punto de un existente-presente,pudiendo ésteser cual-
quier cosa,una forma, un estado,un poder en el mundo, a los que se
podrá dar toda clasede nombres, un que,o un existentepresentecomo
sujeta,un quien.En esteúltimo casoespecialmente,seadmitiría implíci-
tamente que esteexistente presente,como existente presentepara sí,
como consciencia,llegaríaen un momento dado a diferir de ella: ya sea
a retrasar y a alejar la satisfacción de una «necesidad» o de un «deseo»,
ya seaa diferir de sí, pero, en ninguno de estos casos,un existente-
presentesemejantesería «constituido» por esadiferancia.
Ahora bien, si nos referirnosuna vez mása la diferencia Semiologí-
ca, ¿quées lo que Saussure,en particular, nos ha recordado?Que «la
lengua [que no consiste, pues, más que en diferencias] no es una fun-
ción del sujetohablante».Esto implica que el sujeto(identidad consigo
mismo o en su momento, conscienciade la identidad consigo mismo,
conscienciade sí) estáinscrito en la lengua, es«función» de la lengua,
no se hace sujetohablante más que conformando su habla, incluso en
la llamada «creación»,incluso en la llamada «transgresión»,al sistema
de prescripcionesde la lenguacomo sistemade diferencias,o al menos
a la ley generalde la diferancia, rigiéndosesobreel principio de la len-
gua del que dice Saussureque es «el lenguajemenosel habla».«La len-
gua es necesariapara que el habla seainteligible y produzca todos sus
efectos.»

50
Si por hipótesis tenemospor absolutamenterigurosa la oposición
del habla a la lengua, la diferancia seráno sólo el juegode las diferen-
ciasen la lengua,sino la relación del habla con la lengua,el rodeo tam-
bién por el cual debo pasarpara hablar, la prenda silenciosaque debo
dar, y que igualmentevale para la Semiologíageneralque rige todaslas
relacionesdel uso y al esquemadel mensaje,el código, etc. (He tratado
de sugerir en otra parte que estadiferancia en la lenguay en la relación
del habla con la lengua impide la disociación esencialque en otro es-
trato de su discurso queria tradicionalmente señalarSaussureentre el
habla y la escritura. La práctica de la lengua o del código que supone
un juegode formas, sin sustanciadeterminadae invariable, que supone
también en la práctica de estejuegouna retención y una protención de
las diferencias,un espaciamiento
y una temporización,un juegode
marcas,esprecisoque seauna especiede escritura avantla lettreuna ar-
chiescriturasin origenpresente,
sin aria/Je.
De dondela tachaduraregi-
da por la amé/Je
y la transformación de la Semiologíageneralen grama-
tología, operandoéstaun trabajocrítico sobretodo lo que, en la semio-
logíay hastaen suconceptomatrizel signo reteníapresupuestos
metafísicosincompatibles con el motivo de la diferancia.)
Podríamossentirnostentadospor una objeción: ciertamente,el su-
jeto no se hace «hablante»más que comerciando con el sistemade las
diferenciaslingüísticas;o inclusoel sujetono sehacesignicante(en
general,por el hablau otro signo) másque inscribiéndoseen el sistema
delasdiferencias.
En estesentido,ciertamente,
el sujetohablanteo sig-
nicante no estaríapresentepara si en tanto que hablanteo significan-
te sin el juego de la diferancia lingüística o semiológica. Pero ¿no se
puedeconcebir una presenciay una presenciapara si del sujetoantesde
su habla o su signo, una presenciapara sí del sujetoen una consciencia
silenciosa e intuitiva?
Una pregunta semejantesupone,pues,que antesdel signo y fuera
de él, con la exclusiónde todo rastroy de todadiferanciaesposible
algo semejantea la consciencia.Y que, antesincluso de distribuir sus
signosen el espacioy en el mundo, la conscienciapuedeconcentrarse
ella misma en su presencia.Ahora bien, ¿quees la consciencia?¿Qué
quiere decir «consciencia»?Lo más a menudo en la forma misma del
«quererdecir» no seofrece al pensamientobajo todassusmodificacio-
nesmásque como presenciapara sí, percepciónde sí misma de la pre-
sencia.Y lo que vale de la conscienciavale aquí de la existenciallama-
da subjetivaen general.De la misma maneraque la categoríadel sujeto
no puedey no ha podido nunca pensarsesin la referenciaa la presencia
como upokeimenan o como nuria,etc., el sujetocomo consciencianunca
ha podido anunciarsede otra maneraque como presenciapara sí mis-
mo. El privilegio concedido a la conscienciasignica, pues,el privile-
gio concedido al presente;e incluso si se describe,en la profundidad
con que lo hace Husserl, la temporalidad transcendentalde la cons-

51
cienciaesal «presente
viviente»al queseconcedeel poderdesíntesisy
de concentración incesante de las marcas.
Este privilegio es el éter de la metafísica,el elemento de nuestro
pensamientoen tanto que es tomado en la lenguade la metafísica.No
sepuededelimitarun tal cierremásquesolicitandohoy estevalor de
presenciadel que Heideggerha mostrado que es la determinación on-
toteológicadel ser;y al solicitar asi estevalor de presencia,por una
puestaen teladejuicio cuyostatus debesercompletamente singular,in-
terrogamosel privilegio absolutode estaforma o de estaépocade la
presenciaengeneralqueesla consciencia comoquerer-deciren la pre-
sencia para s1.
Ahora bien, llegamos,pues, a plantear la presenciay singular-
mente la consciencia, el ser cerca de sí de la consciencia no como la
formamatrizabsolutadel ser,sinocomouna«determinación» y como
un «efecto».Determinacióno efectoenel interior deun sistemaqueya
no esel de la presencia,sino el de la diferancia,y queya no tolerala
oposiciónde la actividady de la pasividad,en mayormedidaquela de
la causay del efectoo de la indeterminacióny de la determinación,
etc., de tal maneraque al designarla conscienciacomo un efecto o una
determinaciónsecontinúa,por razonesestratégicas,
que puedenser
máso menoslúcidamentedeliberadasy sistemáticamentecalculadas,a
operar según el léxico de lo mismo que se de-limita.
Antesde ser,tan radicalmentey tan expresamente,
el de Heideg-
ger, estegestoha sido también el de Nietzschey el de Freud; quienes,
uno y otro, como es sabido, y a vecesde manera tan semejante,han
puestoen tela de juicio la conscienciaen su certezasegurade sí. Ahora
bien, ¿no es notable que lo hayan echo uno y otro a partir del motivo
de la diferancia?
Este aparececasi señaladamente
en sustextosy en esoslugares
donde sejuegatodo. No podria extendermeaqui; simplemente recor-
daréqueparaNietzschela gran actividadprincipal esinconscientey
que la conscienciaesel efectode lasfuerzascuyaesenciay víasy modos
no le son propios. Ahora bien, la fuerzamisma nunca estápresente:no
esmásque un juegode diferenciasy de cantidades.No habría fuerzaen
generalsin la diferencia entre las fuerzas;y aquí la diferencia de canti-
dadcuentamásqueel contenidode la cantidad,quela grandeza
abso-
luta misma: «La cantidad misma no es,pues,separablede la diferencia
de cantidad. La diferencia de cantidad esla esenciade la fuerza,la rela-
ción de la fuerzacon la fuerza.Soñar con dos fuerzasiguales,incluso si
selesconcedeuna oposiciónde sentido,esun sueñoaproximativoy
grosero,sueñoestadístico
dondelo vivientesesumerge, peroquedisi-
pa la química»(G. Deleuze,Nietzrr/Je
etlapbi/osapbíe,
pág.49). Todo el
pensamientode Nietzsche¿noes una crítica de la losofía como indi-
ferencia activa ante la diferancia, como sistema de reducción o de re-
presióna-diaforística?
Lo cual no excluyequesegúnla mismalógica,
52
segúnla lógica misma, la filosofía viva eny dela diferancia, cegándose
asía lo mismo que no eslo idéntico. Lo mismo esprecisamentela dife-
rancia (con una a) como paso alejadoy equivocado de un diferente a
otro, de un término de la oposición a otro. Podríamosasí volver a to-
mar todas las parejasen oposición sobrelas que seha construido la fi-
losofía y de las que vive nuestro discurso para ver ahí no borrarse la
oposición, sino anunciarseuna necesidadtal que uno de los términos
aparezcacomo la diferancia del otro, como el otro diferido en la eco-
nomía del mismo (lo inteligible como difiriendo de lo sensible,como
sensiblediferido, el conceptocomo intuición diferida-diferente; la cul-
tura como naturalezadiferida-diferente; todos los otros de la p/¿yrzlr-
terbne,710mm, Iberá,sociedad,libertad, historia, espíritu, etc., --como
p/ym diferida o comopbjrir diferente.Phsi: en diferancia. Aquí seindi-
ca el lugar de una recienteinterpretación de la mimesis,en su pretendi-
da oposición a la pbrír). Es a partir de la muestrade estemismo como
diferancia cuando seanuncia la mismidad de la diferencia y de la repe-
tición en el eterno retorno. Tantos temasque sepuedenponer en rela-
ción en Nietzschecon la sintomatologíaque siemprediagnosticael ro-
deo o la artimaña de una instancia disfrazada en su diferancia; o inclu-
so con toda la temática de la interpretación activa que sustituyecon el
desciframiento incesanteal desvelamientode la verdad como presen-
tación de la cosamisma en su presencia,etc. Cifra sin verdad, o al me-
nos sistemade cifras no dominado por el valor de verdad que secon-
vierte entoncesen sólo una función comprendida, inscrita, circuns-
crita.
Podremos,pues,llamar diferancia a estadiscordia «activa»,en mo-
vimiento, de fuerzasdiferentes y de diferencias de fuerzasque opone
Nietzschea todo el sistemade la gramática metafísicaen todas partes
donde gobierna la cultura, la filosofia y la ciencia.
Es históricamente significante que esta diaforística en tanto que
energéticao economíade fuerzas,que seordena segúnla puestaen tela
de juicio de la primacía de la presenciacomo consciencia,seatambién
el motivo capital del pensamientode Freud: otra diaforística, a la vez
teoría de la cifra (o de la marca) y energética.La puestaen tela de juicio
de la autoridad de la consciencia es inicialmente y siempre diferen-
cial.
Los dos valores aparentementediferentes de la diferancía se anu-
dan en la teoría freudiana: el diferir como discernibilidad, distinción,
desviación,diastema,emankzmiento,
y el diferir como rodeo, demora,re-
serva, tempanhcíán.
1. Los conceptosde marca (Spur), de roce (Babmtng),de fuerzas
de roce son desdeel Entra/artinseparablesdel concepto de diferencia.
No se puededescribir el origen de la memoria y del psiquismo como
memoriaen general(conscienteo inconsciente)más que tomando
en consideración la diferencia entre los razonamientos. Freud lo dice

53
expresamente.No hay roce sin diferencia ni diferencia sin marca.
2. Todas las diferencias en la producción de marcasinconscien-
tesy en los procesosde inscripción(Mederrc/Jn)
puedentambiénser
interpretadas como momentos de la diferancia, en el sentido de la
puestaen reserva.Segilnun esquemaque no ha cesadode guiar el pen-
samiento de Freud, el movimiento de la marca se describe como un es-
fuerzo de la vida que seprotegea si misma diriendo la inversión peli-
grosa, constituyendo una reserva ( Varrat) y todas las oposiciones de
conceptosque surcan el pensamiento freudiano relacionan cada uno
de los conceptosa otro como los momentos de un rodeo en la econo-
mía de la diferancia. El uno no esmásque el otro diferido, el uno dife-
rente del otro. El uno es el otro en diferancia, el uno es la diferancia del
otro. Así es como toda oposición aparentementerigurosa e irreducti-
ble (por ejemplo, la de lo secundarioy lo primario) seve calicar, en
uno u otro momento,de«ficciónteórica».Estambiénasí,por ejemplo
(pero esteejemplo gobierna todo, comunica con todo), como la dife-
rencia entre el principio del placer y el principio de realidad no essino
la diferencia como rodeo (Amcbub). En Ma] allade/princíodep/aver es-
cribe Freud: «Bajola inuencia del instinto de conservacióndel yo, el
principio del placer seborra y cedeel lugar al principio de realidad que
haceque, sin renunciar al n último que constituyeel placer, consinta-
mos en diferir la realización, en no aprovechar ciertas posibilidades
que senos ofrecen de apresurarnosen ello, incluso en soportar, a favor
del largo rodeo (Aufrc/Jub)que tomamos para llegar al placer, un mo-
mentáneo descontento.»
Aquí tocamosel puntodemayoroscuridadenel enigmamismode
la diferancia,lo quedividejustamente
el conceptoen unaextrañapar-
tición. No espreciso apresurarsea decidir. ¿Cómopensara la vezla di-
ferancia como rodeo económico que, en el elemento del mismo, pre-
tende siempre reencontrar el placer en el lugar en que la presenciaes
diferida por cálculo (conscienteo inconscientemente)y por otra parte
la diferanciacomorelaciónconla presencia
imposible,comogastosin
reserva, como pérdida irreparable de la presencia, usura irreversible de
la energía, como pulsión de muerte y relación con el otro que inte-
rrumpe en apariencia toda economía? Es evidente es absolutamente
evidente que no se pueden pensar junto: lo económico y lo no econó-
mico, lo mismo y lo completamente distinto, etc. Si la diferancia es
esteimpensable,quizá no es necesarioapresurarsea hacerlo evidente,
en el elemento filosófico de la evidenciaque habría hecho pronto disi-
par la ilusión y lo ilógico, con la infalibilidad de un cálculo que cono-
cemos bien, para haber reconocido precisamentesu lugar, su necesi-
dad, su función en la estructurade la diferancia. Lo que en la filosofía
sacaríaprovecho ya ha sido tomado en consideraciónen el sistemade
la diferancia tal como secalcula aquí. He tratado en otra parte, en una
lectura de Bataille, de indicar lo que podría seruna puestaen contacto,

54
si se quiere, no sólo rigurosa, sino, en un nuevo sentido, «científica»,
de esta«economíalimitada» que no deja lugar al gastosin reserva,a la
muerte, a la exposición al sin sentido, etc., y de una economíageneral
que toma en consideraciónla no-reserva,si se puededecir, que tiene
en reservala no-reserva.Relación entre una diferancia que encuentra
sucuentay una diferancia que fracasaen encontrar su cuenta,la apues-
ta de la presenciapura y sin pérdida confundiéndosecon la de la pérdi-
da absoluta, de la muerte. Por esta puesta en contacto de la economía
limitada y de la economíageneralsedesplazay sereinscribe el proyec-
to mismo de la filosofía, bajo la especieprivilegiada del hegelianismo.
Sedoblegala Auzebung el relevo a escribirsede otra manera.Qui-
zá, simplemente,a escribirse.Mejor, a tomar en consideraciónsu con-
sumación de escritura.
Puesel caráctereconómico de la diferancia no implica de ninguna
manera que la presenciadiferida puedaser todavía reencontrada,que
no haya asi másque una inversión que retardaprovisionalmente y sin
pérdida la presentaciónde la presencia,la percepcióndel benecio o el
beneficio de la percepción.Contrariamente a la interpretación metafí-
sica, dialéctica, «hegeliana»del movimiento económico de la diferan-
cia, hay que admitir aquí un juegodonde quien pierde ganay donde se
ganay pierde cadaVez.Si la presentacióndesviadasiguesiendodefini-
tiva e implacablementerechazada,no essino un cierto presentelo que
permaneceescondidoo ausente;pero la diferancia nos mantieneen re-
lación con aquello de lo que ignoramos necesariamenteque excedela
alternativa de la presencia y de la ausencia. Una cierta alteridad
-Freud leida el nombre metafísico de inconsciente es definitiva-
mente sustraídaa todo procesode presentaciónpor el cual lo llamaría-
mos a mostrarseen persona.En estecontexto y bajo estenombre el in-
conscienteno es,como essabido,una presenciapara si escondida,vir-
tual, potencial. Sediere, esto quiere decir sin duda que seteje de dife-
renciasy también que envia, que delegarepresentantes,mandatarios;
pero no hay ninguna posibilidad de que el que manda «exista», esté
- presente,seael mismo en algún sitio y todavía menosde que se haga
consciente. En este sentido, contrariamente a los términos de un viejo
debate,el lado fuerte de todas las inversionesmetafísicasque ha reali-
zado siempre, el «inconsciente» no es más una «cosa»que otra cosa, no
más una cosaque una conscienciavirtual o enmascarada.Esta alteri-
dad radical con relación a todo modo posible de presencia se señala en
efectos irreductibles de destiempo, de retardamiento. Y, para descri-
birlos, para leer las marcas de las marcas «inconscientes» (no hay mar-
ca «consciente»),el lenguajede la presenciao de la ausencia,el discurso
metafísico de la fenomenología es inadecuado(pero el «fenomenólo-
go» no es el único que habla).
La estructuradel retardamiento (Nacbtráglirbkeit),impide en efecto
que se hagade laptemporalizaciónuna simple complicación dialéctica

55
del presentevivo como síntesisoriginaria e incesante,constantemente
reconducida
a sí,concentrada
sobresí,concentrante,
derastrosquere-
tienen y de aberturasprotencionales.Con la alteridad del «inconscien-
te» entramos en contacto no con horizontes de presentesmodificados
pasados o por venir-, sinoconun «pasado»
quenuncahasidopre-
sentey que no lo serájamás,cuyo «por-venir» nunca serála producción
o la reproducción en la forma de la presencia.El conceptode rastro es,
pues,inconmesurableconel deretención,dedevenir-pasado delo que
ha sidopresente.
No sepuedepensarel rastro-y asíla diferancia a
partir del presente,o de la presenciadel presente.
Un pasadoque nuncaha sido presente,estaes la fórmula por la
cualE. Levinas,segúnvíasqueciertamenteno sonlasdel psicoanáli-
sis,calica la marcay el enigmadela alteridadabsoluta:
el prójimo.En
estoslimitesy desdeestepuntodevistaal menos,el pensamiento de la
diferancia implica toda la crítica de la óntología clásica emprendida
por Levinas. Y el concepto de marca, como el de diferancia, organiza
así a través de estasmarcasdiferentesy estasdiferenciasde marcas,en
el sentido de Matar/Je,de Freud, de Levinas (estos«nombresde auto-
res»no son aquí más que indicios), la red que concentra y atraviesa
nuestra«época»como delimitación de la antología (de la presencia).
Es decir, del existenteo de la existencialidad.En todaspartes,esla
dominación del existente lo que viene a solicitar la diferancia, en el
sentido en que saátaresignica, en viejo latín, sacudir como un todo,
hacer temblar en totalidad. Es la determinación del ser en presenciao
en existencialidadlo que esasípuesinterrogado, por el pensamientode
la diferancia. Una pregunta semejanteno podría surgir y dejarsecom-
prender sin que seabriera en algunaparte la diferencia del sery el exis-
tente. Primera consecuencia: la diferancia no existe. No es un existen-
te-presente,tan excelente,único, de principio o transcendentalcomo
sela desea.No gobierna nada, no reina sobrenada,y no ejerceen nin-
guna parte autoridad alguna. No se anuncia por ninguna mayúscula.
No sólo no hay reino de la diferancia, sino que éstafomenta la subver-
sión de todo reino. Lo que la haceevidentementeamenazantee infali-
blemente temida por todo lo que en nosotrosdeseael reino, la presen-
cia pasadao por venir de un reino. Y es siempre en el nombre de un
reino como sepuede,creyendoverla engrandecersecon una mayúscu-
la, reprocharle querer reinar.
¿Esque, sin embargo,la diferancia se ajustaen la desviación de la
diferenciaóntico-ontológicatal comosepiensa;tal comola «época»
se
piensa ahí en particular «a través»,si aún puededecirse,de la medita-
ción heideggeriana? j
No hay respuestasimple a una pregunta semejante.
Por una cierta cara de sí misma, la diferancia no es ciertamente más
que el desplieguehistórico y de épocadel sero de la diferencia ontoló-
gica.La a de la diferanciaseñalael movimiento
de estedespliegue.
56
Y sin embargo,el pensamiento
delsentidoo dela verdaddel ser,la
determinación de la diferancia en diferencia óntico-ontológica, la dife-
renciapensada
enel horizontedela cuestióndel ser,¿noestodavíaun
efecto intrametafísico de la diferancia? El desplieguede la diferancia
no esquizásólola verdaddel sero dela epocalidaddel ser.Quizáhace
falta intentarpensarestepensamiento inaudito,estetrazadosilencio-
so: que la historiadel ser,cuyopensamientoinscribeal lago:griego-
occidental, no esen sí misma, tal como seproduce a través de la dife-
rencia ontológica, más que una épocadel diapberein.
No podríamossi-
quierallamarladesdeaquí«época»
perteneciendo
el conceptodeepo-
calidad al interior de la historia como historia del ser. No habiendo te-
nido nunca sentido el ser, no habiendo nunca sido pensadoo dicho
comotal másquedisimulándose en el existente,la diferanciade una
ciertay muyextrañamanera,(es)más«vieja»quela diferenciaontoló-
gicao quela verdaddel ser.A estaedadsela puedellamarjuegode la
marca.De una marcaque no perteneceya al horizontedel ser sino
cuyo juegolleva y cercael sentido del ser:juegode la marcao de la dife-
rancia que no tiene sentido y que no existe.Que no pertenece.Ningún
mantenimiento, pero ninguna profundidad para estedamero sin fondo
donde el ser se pone en juego.
Es acasoasí como el juego heracliteano del m diapberarz canto,del
uno diferente de si, difiriéndose consigo, sepierde ya como una marca
en la determinación del diapberein en diferencia ontológica.
Pensarla diferencia ontológica siguesiendosin duda, una tareadi-
fícil cuyoenunciadoha permanecidocasiinaudible.Tambiénprepa-
rarsemás allá de nuestro 1030:,
para una diferancia tanto más violenta
cuantoqueno sedejatodavíareconocercomoepocalidaddel sery di-
ferencia ontológica, no es ni eximirse del pasopor la verdad del ser ni
de ninguna manera«criticarlo», «contestarlo»,negarsu incesantenece-
sidad. Es necesario,por el contrario, quedarseen la dificultad de este
paso, repetirlo en la lectura rigurosa de la metafísicaen todas partes
donde normaliza el discurso occidental, y no solamenteen los textos
de la «historia de la losofía». Hay que dejar en todo rigor aparecer/
desaparecerla marca de lo que excedela verdad del ser. Marca (de lo)
que no puedenunca presentarse,marcaque en si misma no puedenun-
ca presentarse:aparecery manifestarsecomo tal en su fenómeno.Mar-
ca másallá de lo que liga en profundidad la ontología fundamental y la
fenomenología.Siempre diriendo, la marca no está nunca como tal
en presentaciónde sí. Seborra al presentarse,seensordeceresonando,
como la a al escribirse,inscribiendo su pirámide en la diferancia.
De estemovimiento siempresepuededescubrir la marca anuncia-
doray reservada
en el discursometafísicoy sobretodo en el discurso
contemporáneoque habla, a través de las tentativas en que nos hemos
interesadohaceun instante (Nietzsche,Freud, Levinas) del cierre de la
ontologia. Singularmenteen el texto heideggeriano.
57
Estenosprovocaa interrogarla esenciadel presente,la presencia
del presente.
¿Quéesel presente?
¿Quéespensarel presente
en su presen-
cia?
Consideremos
porejemplo,
el textode1946quesetitulaDerSpmcb
derAnaxirnander. Heideggerrecuerdaahi queel olvido del serolvida la
diferenciadel sery el existente:«Perola cosadel ser(dieSac/Je
de:Seim),
esserel serdel existente.La formalingüísticadeestegenitivoconmul-
tivalenciaenigmáticanombraunagénesis(Generic), unaproveniencia
(Herkan) del presentea partir de lapresencia (derAnbwexendenamdem
Ann/eran).Pero,con la muestrade los dos,la esencia( Weren) de esta
proveniencia permanecesecreta(verbagen).
No solamentela esenciade
estaproveniencia,sinotambiénla simplerelaciónentrepresencia
ypre-
renta(AnwerenundAnwerendenz)
permaneceimpensada.Desdela aurora,
pareceque la presentia,
y el existente-presente
sean,cadauno por su
lado, separadamente
algo. Imperceptiblemente, la presenciase hace
ella-mismaun presente...
La esenciade la presencia(Dar Wennder/ín-
werenr)
y asi la diferencia de la pretenday el presente
esolvidada. El olvida
delJere:elolvidodela diferencia
del5er] elexixtente
(traducciónen Cbeminr,
págs. 296-297).
Recordándonos
la diferenciaentreel sery el existente(la diferen-
ciaontológica)
comodiferencia
dela presencia
y el presente,
Heideg-
geravanzaunaproposición,un conjuntodeproposiciones
queaquíno
se tratará, por una precipitación propia de la necedad,de «criticar»,
sino de devolvermásbien a su poderde provocación.
Procedamos lentamente.Lo queHeideggerquiere,pues,señalares
esto: la diferencia del ser y el existente,lo olvidado de la metafísica,ha
desaparecidosin dejar marca. La marca misma de la diferencia se ha
perdido.Si admitimosque la diferancia(es)(en sí misma)otra cosa
quela ausencia y la presencia,simarta,seríaprecisohablaraquí,tratán-
dosedel olvido dela diferencia(delsery el existente),deunadesapari-
ción dela marcadela marca.Eslo quepareceimplicartal pasaje deLa
palabradeAnnxirnandro. «El olvido del serformapartedela esenciamis-
madel ser,veladopor él. El olvido pertenece tanesencialmente al des-
tino del serque la aurorade estedestinocomienzaprecisamente en
tanto quedesvelamiento del presenteen supresencia.Estoquierede-
cir: la historiadelsercomienzapor el olvido del seren queel serretie-
ne su esencia, la diferencia con el existente. La diferencia falta. Perma-
neceolvidada.Sólolo diferenciado-el
presentey la presencia(darAn-
wexende
undda:Anweren) ¡edexabngga,
peronoentantoqnela drcnriada.Al
rontraría,
la martamatinaldieübe Spur)de la diferencia seborra desdeel
momentoen quela presenciaaparececomoun existente-presente De;
AnwesenwieeinAnwexende:
erscbeint)
y encuentrasu provenienciaen un
(existente)-presente
supremo(in einemhdr/men
Anwesenden)».
No siendola marcauna presencia,sino un simulacrode una pre-
58
senciaque sedisloca,sedesplaza,serepite, no tiene propiamente lugar,
el borrarse pertenecea su estructura. No sólo el borrarse que siempre
debepoder sorprenderla,a falta de lo que ella no seríamarca, sino in-
destructible,monumental substancia,sino el borrarseque la hacedesa-
parecer en su aparición, salir de sí en su posición. El borrarse de la
marcaprecoz(diefrbe5pm)de la diferencia es,pues,«el mismo»que su
trazadoen el texto metafisico. Este debehaberguardadola marcade lo
que ha perdido o reservado,dejadode lado. La paradojade una estruc-
tura semejante,es, en el lenguajede la metafísica,esta inversión del
conceptometafísicoque produceel efecto siguiente:el presentesehace
el signo del signo, la marcade la marca.Ya no esaquello a lo que en úl-
tima instancia reexpidetoda devolución. Seconvierte en una función
dentro de una estructurade devolución generalizada.Es marca y mar-
ca del borrarse de la marca.
El texto de la metafísicaes así ¡emprendida
Todavia legible; y para
leerse.No estárodeado,sino atravesadopor su limite, marcadoen su
interior por la estelamúltiple de su margen. Proponiendo a la vez el
monumento y el espejismode la marca, la marca simultáneamente
marcaday borrada, simultáneamenteviva y muerta, viva como siem-
pre al simular también la vida en su inscripción guardada.Pirámide.
No un límite que hay que franquear, sino pedregosa,sobreuna mura-
lla, en otras palabrasque hay que descifrar, un texto sin voz.
Se piensaentoncessin contradicción, sin concederal menos nin-
gunapertinenciaa tal contradicción,lo perceptibley lo imperceptible
de la marca. La «marcamatinal» de la diferencia se ha perdido en una
invisibilidad sin retorno y, sin embrgo, su pérdida misma estáabriga-
da,guardada,
mirada,retardada.En un texto.Bajolá formade la pre-
sencia.De la propiedad. Que en sí misma no es más que un efecto de
escritura.
Despuésde haber hablado del borrarse de la marca matinal, Hei-
deggerpuede,pues,en la contradicción sin contradicción, consignar
contrasignarel empotramiento de la marca. Un poco más lejos:«La
diferencia del ser y el existenteno puedesin embargo,llegar luego a la
experienciacomo un olvido másque si seha descubiertoya con la pre-
senciadel presente(mit demAnwerende:Anwexeden), y si estáasí sellada
en una marca (saeineSpurgmrágtbat) que permaneceguardada(gen/abr!
b/eibt)en la lengua a la que adviene el ser.»
Más adelante de nuevo, meditando el to kbreon de Anaximandro,
traducido aqui como Bram/J(conservación), Heideggerescribe esto:
«Disponiendoacuerdoy deferencia(FugundRut/J.vezfúgena) la con-
servaciónlibera el presente(Anwexende) en su permanenciay lo dejali-
bre cada vez para su estancia.Pero por eso mismo, el presentese ve
igualmentecomprometido en el peligro constantede endurecerseen la
insistencia (ir: dar blas-ze
Beber-mt
uerbáet)a partir de su duración que
permanece.Así la conservación(Braun/J)siguesiendo al mismo tiempo
59
en sí mismades-poseimiento(Auxbánalfgung:des-conservación)
de la
presencia(de:Arzwerem)
in derUn-rg,en lo disonante(el desunimien-
to). La conservación
añadeel des-(DerBraucbfügt
da:Un-).»
Y esen el momentoen que Heideggerreconocela conservación
comomarcacuando
debeplantearse
lacuestión:
¿sepuede
y hastadón-
de sepuedepensarestemarcay el des-dela diferanciacornoWennde:
Seim?¿El des- de la diferancia no nos lleva más allá de la historia del
ser,másalládenuestra
lenguatambiény detodolo queenellapuede
nombrarse?
¿Noapela,en la lenguadel ser,a la transformación,nece-
sariamente
Violenta,de estalenguaen unalenguatotalmente
dife-
rente?
Precisemosestacuestión.
Y, paradesalojar
en ellala «marca»(y
¿quién
hacreídoqueseojeaba
algomásquepistasparadespístar?),
lea-
mos otra vez este pasaje:
«Latraduccióndetokbreon
como:«laconservación»
(Branch)no
provienedereexiones
etimológico-léxicas.
Laelección
dela palabra
«conservación»
provienede una tra-ducciónanterior(Uberselzen)
del
pensamientoquetratadepensarla diferencia enel desplieguedelser
(imWenn de:Seim)haciael comienzohistorialdelolvidodelser.Lapa-
labra«laconservación»esdictadaal pensamiento en la aprehensión
(Erfabmng)del olvidodel ser.Lo quedeestopropiamente hayque
pensarenla palabra«laconservación»,tokbrearz
nombrapropiamente
unamarca(Spur),marcaquedesaparece enseguida(azlrba/d
uerïc/Jwindet)
en la historia del ser que se muestra histórico-mundialmente como
metafísica occidental.»
¿Cómopensarlo queestáfueradeun texto?¿Máso menoscomosu
propiomargen?
Por ejemplo, ¿lo otro del texto de la metafísicaocciden-
tal?Ciertamente
la «marca
quedesaparece
enseguida
enla historiadel
ser...como metafísicaoccidental»escapaa todaslasdeterminaciones,a
todos los nombres que podría recibir en el texto metafísico. En estos
nombresseabrigay asísedisimula.No aparece
ahícomola marca«en
sí misma».Peroes porqueno podría nuncaapareceren sí misma,
comotal.Heidegger
tambiéndicequela diferencia
nopuedeaparecer
en tantoquetal: «Lirbttmg
de:Unterïc/Jiedex
¿amidaba/b
ambnitbtbedeuten,
daJz
derUntersr/Jied
al:derUnterxbied
erxrbeint.»
No hayesencia
dela dife-
rencia,ésta(es)lo queno sólono sabríadejarseapropiaren él como
ta!
de su nombreo de su aparecer,sino lo queamenaza la autoridaddel
comotal engeneral,dela presencia
de la cosamismaen suesencia.Que
no haya,enestepunto,esencia
propia,dela diferancia,
implicaque

l La diferanciano esuna«especie»
del género«diferenciaontológica».Si «ladonaciónde
presenciaespropiedaddel Enigma»(«Die Gabevon Anwesenist EigentumdesEreignens»)
(«Zeitund Sein»,en Lündurance
delapmrée,
Plon, 1968,tr. fr. Iiédier,pág.63), la diferanciano
esun proceso depropíación
encualquiersentidoquesetome.No csni laposición(apropia-
ción)ni la negación
(expropiación),
sinolo otro.Desdeestemomento, parece,
peroseñala-

60
no haya ni ser ni verdad del juegode la escritura en tanto que inscribe
la diferancia.
Para nosotros, la diferancia sigue siendo un nombre metafísico y
todos los nombres que recibe en nuestra lengua son todavia, en tanto
que nombres, metafísicos.En particular cuando hablan de la determi-
nación de la diferancia en diferencia de la presenciay el presente(Arr-
wesen/Attwerend),pero sobretodo, y ya de la maneramásgeneralcuando
hablan de la determinación de la diferancia en diferencia del ser y el
existente.
Más «vieja»que el ser mismo, una tal diferancia no tiene ningún
nombre en nuestralengua. Pero sabemosya que si es innombrable no
es por provisión, porque nuestra lengua todavía no ha encontrado o
recibido estenombre, o porque seríanecesariobuscarloen otra lengua,
fuera del sistemanito de la nuestra. Es porque no hay nombre para
esto ni siquierael de esenciao el de ser,ni siquierael de diferancia, que
no es un nombre, que no es una unidad nominal pura y sedisloca sin
cesaren una cadenade sustitucionesque difieren.
«No hay nombre para esto»:leer estaproposición en su banalidad.
Este innombrable no es un ser inefable al que ningún nombre podria
aproximarse:Dios por ejemplo. Este innombrable esel juegoque hace
que hayaefectosnominales, estructurasrelativamente unitarias o ató-
micas que se llaman nombres, cadenasde sustitucionesde nombres,y
en las que,por ejemplo,el efecto nominal «diferancia»esél mismo aca-
rreado, llevado, reinscrito, como una falsa entrada o una falsa salida
todavía es parte del juego, función del sistema.
Lo que sabemos, lo que sabríamos si se tratara aquí simplemente de

mosaquí nosotrosmásbien la necesidad de un recorridoque hade venir, no seríamásqueel


ser una especiedel géneroErwgnix.Heidegger:<4... entoncesel sertiene su lugaren el movi-
miento quehaceadvenira si lo propio (Dan¿abadda;Sei»: in da:Emgnen).De él acogeny reci-
ben sudeterminaciónel dar y sudonación.Entoncesel serseriaun génerodel Ervtgmlr y no el
Ervtggni:
un génerodel ser.Perola huidaquebuscarefugioen semejante inversiónseríadema-
siadobarata.Pasaal lado del verdaderopensamientode la cuestióny de supaladín(Si: deal-J
amJai-burbalt yerba").
Ereijgni:
no esel conceptosupremoquecomprendetodo, y baioel quese
podrian alinear ser y tiempo. Las relacioneslógicasde orden no quieren decir nadaaquí.
Pues,en la medidaen quepensamosen posdel sermismoy seguimoslo quetienede propio
(¡einemEigenenfa/gen),ésteserevelacomo la donación,concedidapor la extensión(Reirbm)
del tiempo,del destinodepammia(gewábrte Cabedrrgerr/Jitkt:
vonArmani/Jai!)La donaciónde
presenciaes propiedaddel Eretgnen (Die Dub: vanAnwenzm ir! Exgentumde:Ertigntm)».
Sin la reinscripcióndesplazadaen estacadena(ser, presencia,propiación, etc). no se
transformaránuncade manerarigurosae irreversiblelas relacionesentre lo ontológico,ge-
neralo fundamental,y lo queella domina o sesubordinaa titulo de antologíaregionalo de
cienciaparticular:por ejemplo,la economíapolitica, el psicoanálisis,la semiolingüistica,la
retórica,en los queel valor de propiedaddesempeña, másqueen otraspartes,un papelirre-
ductible, pero igualmentelas metafísicasespiritualistaso materialistas.A estaelaboración
preliminar apuntanlos análisisarticuladosen estevolumen. Es evidenteque una reinscrip-
ción semejante no estaránuncacontenidaen un discursofilosófico o teórico,ni engeneralen
un discursoo un escrito:sólosobrela escenade lo que he llamadoen otra parteel textogene-
ral (1972).

61
un saber,esqueno ha habidonunca,quenuncahabrápalabraúnica,
nombre-señor.Es por lo que el pensamientodela letra a de la diferan-
cia no esprescripción primera ni el anuncio profético de una nomina-
ción inminentey todavíainoída.Esta«palabra»
no tienenadade¿egg-
máttka,por poco que se pueda percibir la mayusculación. Poner en
cuestión el nombre de nombre.
No habrá nombre único, aunqueseael nombre del ser. Y es nece-
sariopensarlosin noxíagía,
esdecir,fueradel mito de la lenguapura-
mente materna o puramente paterna, de la patria perdida del pensa-
miento.Es preciso,al contrario,afirmar/a,
en el sentidoen queNietzs-
che poneen juegola armación, con una risa y un pasode danza.
Desde esta risa y esta danza,desdeesta armación extraña a toda
dialéctica,vienecuestionada
estaotra carade la nostalgiaqueyo lla-
maréla esperanzaheideggeriana.
No pasopor alto lo queestapalabra
puedetener aquí de chocante. Me arriesgono obstante,sin excluir im-
plicaciónalguna,y lo pongoen relaciónconlo queLapalabradefinan"-
mandro me pareceretenerde la metafísica:la búsquedade la palabra
propia y del nombre único. Hablando de la «primera palabra del ser»
(daxfrü/Je
W071 derSeim),escribeHeidegger:
«Larelaciónconel presen-
te, quemuestrasuordenen la esenciamismade la presencia,esúnica
(¡xteineeirzzzge).
Permanece por excelenciaincomparablea cualquier
otra relación, pertenecea la unicidad del ser mismo (Siegebóur Ein-
zzgkeít
de:Seímrelbrt).La lenguadebería,pues,paranombrarlo quese
muestraen el ser (dar Wexende de;Seim),encontrar una sola palabra, la
palabra única (einethzzger, dar eirmgeWon).Es aquí donde medimos lo
arriesgadoque estoda palabradel pensamiento[toda palabrapensante:
denkende W071]que sedirige al ser(da:demSeinvgesprocbert wird). Sin em-
bargo, lo que aquí searriesgano esalgo imposible; puesel ser habla en
todas partes y siempre y a través de toda lengua.»
Tal es la cuestión: la alianzadel habla y del seren la palabraúnica,
en el nombre al n propio. Tal esla cuestión que seinscribe en la afir-
mación jugadade la diferancia. Sereere a cadauno de los miembros
de estafrase;«El ser/habla/en todaspartesy siempre/a travésde/
toda/ lengua.»

62
Ousia y Gramme*
Nota sobre una nota de Seix una Zeit

* Primeraversiónpublicadaen ¿endurarm
delapam:(libro colectivo, PourSa-
lwerjean Beatrt), Plon, 1968.

63
Am bedrangendsten zeigt sich uns das Weitreichendedes
Anwesensdann, wenn wir bedenken,dassauch und gerade
dasAbwesendurch ein bisweilenins Unheimlichegesteiger-
tes Anwesenbestimmt bleibt.

(Humuuoun, Zeit ¡mdSein.)


Conducida con vistas a la cuestión del sentido del ser, la «destruc-
ción» de la ontología clásicadebía inicialmente hacer vacilar el «con-
cepto vulgar» del tiempo. Era una condición de la analítica del Dustin:
éstees por ello la apertura a la cuestión del sentido del ser, por la pre-
comprensión del ser; la temporalidad constituye «el serde un estar-ahí
(Darein)que comprendeel ser»,esel «sentidoontológico del cuidado»
como estructuradel Dareirz.Es la razón por la que ella sola puededar su
horizonte a la cuestióndel ser.Secomprendeasíla tareaasignadaa Sein
undZeit. Es a la vez preliminar y urgente. Es preciso no sólo librar la
explicitación de la temporalidad de los conceptostradicionalesque go-
biernan el lenguajeordinario y la historia de la ontología, de Aristóte-
lesa Bergson,sino también dar cuentade la posibilidad de estaconcep-
tualidad vulgar, reconocerle un «derechopropio» (pág. 18).
No sepuede,pues,destruir la ontología tradicional másque respe-
tando e interrogando su relación con el problema del tiempo. ¿En qué
ha gobernadoimplícitamente la determinación del sentido del seren la
historia de la losofía una cierta determinación del tiempo? Heidegger
lo anuncia en el sextopárrafo de SpinundZeit. Lo anuncia solamente;y
a partir de lo que él no consideratodavía más que como un signo, un
punto de referencia,un «documentoexterno» (pág. 25). Lo-que, en el
orden ontológico-temporal, quiere decir «presencia»(Auwererzbeit) es
«la determinación del sentido del ser como parousiao como ousia. El
existenteescaptadoen su ser como «presencia»(Anwerenbeit), esdecir,
que es comprendido por referencia a un modo determinado del tiem-
po, el «presente»(Gegmwank

l La mismacuestión,bajola mismaforma, habitael centro de Kant y el problemade la


metafísica.No nos extrañaremosde ello; estaobra envuelveSei»:
¡mdZeit: nacidode cursos

65
El privilegio del presente(Cegarra/art)
habríamarcadoya el Poema
de Parménides. El lqgeirz
y el ¡main
debíancaptarun presentebajola es-
peciede lo quepermanece y persiste,próximoy disponible,expuesto
ante la mirada o dado bajo mano, un presenteen la forma de la Vorban-
denbeit.
Estapresenciasepresenta,esaprehendidaen el ¡again
o en el
noeinsegúnun procesocuya«estructuratemporal»esde «purapresenta-
ción», de puro mantenimiento (reinar:«Gegmwáigem.«El existente
que se muestra en ella y por ella, y que escomprendido como el exis-
tente en sentido propio (daseigantlirbe
Seimde),recibe como consecuen-
cia su explicación por referencia al presente(gegm-wa),es decir, que
es captado como presencia(Anwemzbeít)(0141121)); (pág. 26).
Esta cadenade conceptossolidarios (varia,parausizz,Anweren/Jeit,
ge-
genwa,gqgenwüzgm, Vabardenbeit)esdepositadaa la entradade Seinund
Zeit:a la vezplanteaday provisionalmente
abandonada.
Si la categoria
de Var/Jandenbeit,
del existenteen la forma del objeto sustancialy dispo-
nible, no cesa,en efecto,de estarfuncionando y de tener valor de tema,
los otros conceptospermanecendisimulados hasta el nal del libro.
Hay que esperara las últimas páginasde Sein¡mdZeit (de su primera
parte, la única publicada) para que la cadenaseaexhibida de nuevo,
estavez sin elipsis y como la concatenaciónmisma de la historia de la
ontologia.Esqueentoncessetratadeanalizarexpresamente la génesis
del conceptovulgardel tiempo,de Aristótelesa Hegel.Ahora bien,si
el concepto hegelianodel tiempo essometido a análisis,si sele consa-
gran varias páginas,Heideggerno concedemás que una nota a los ras-
pronunciadasen 1925-26,debiatambiéncorresponder,en sucontenido,con la segundapar-
te, no publicada,de ¿Ein¡mdZeil. Exponiendoasi«eln de la ontologíafundamental»,la ne-
cesidadde la analíticadel Dam):y de la explicitacióndel «cuidadocomotemporalidad»,escri-
be Heidegger,por eiemplo:«Quéhay en el hechode que la metafísicaantiguadetermineel
automM el existenteque tambiénesexistenteque puedeserel existenteque no hacesino
ser como acia(m?El serdel existenteesaqui manifiestamentecomprendidocomo perma-
nenciay persistencia(Bertándigkeít). ¿Quéproyectosesostieneen estacompensióndel ser?El
proyectoqueseremiteal tiempo; pues,inclusola eternidad, comprendidaen ciertamanera
como el tam:114m, no esde partea parteconcebible,en tanto queahora persistente,más
que a partir del tiempo.¿Quéhayen el hechode queel existentepropiamentedicho (darei-
gcnt/¡cb
reiend)seacomprendidocomo amia,Pdmllíía,segúnuna signicación que en el fondo
quieredecir la presencia(darArianna; el dominio inmediatamentey a cadainstantepre-
sente(gegenmdigen Beritz),el tener? ¿Loque setraicionaen esteproyecto,esesto;serquiere
decir permanenciaen la presencia,esque asi no seacumulan,hastaen la comprensiónes-
pontáneadel ser,lasdeterminacionesdel tiempo... ¿Esqueel combatepor el serno semue-
ve de entradade juegoen el horizontedel tiempo... La esencia( Warez)del tiempo, tal como
ha sido producidapor Aristóteles,de una maneradecisivapara la historia de la metafísica
que ha de venir, no da a estetemaningunarespuesta. Por el contrario: sepuedemostrarque,
precisamente,esteanálisisdel tiempo esguiadopor una comprensióndel ser,comprensión
que,disimuladaa sí mismaen su propia operación,comprendeel sercomo presente(Cegarr-
wart)permanentey en consecuencia determinael ser del tiempo a partir de ahora (jetzt),
esdecir, del carácterdel tiempo queestáen él siemprey en permanenciapresente(anwmnd),
es decir, que propiamentees, en el sentido antiguo de esta palabra.»(Kant et 13...,44,
págs.230-231).Sobrela relación entre Armani y Gkgmmrtxggen, cfr. también Seix¡mdZeit,
pág. 326.

66
gos pertinentes que asignan a este concepto un origen griego y muy
precisamentearistotélico. Esta nota nos invita a algunaslecturas. No
pretendemosemprender aquí estaslecturas,ni siquiera esbozarlas;so-
lamente subrayarla indicación, abrir los textos señaladospor Heideg-
ger y señalarlaspáginas.Al comentar estanota, querríamosextenderla
un poco, es nuestra única ambición, según dos motivos:
1. Para leer en ella, tal como seanuncia bajo una forma muy de-
terminada?la cuestiónheideggerianasobrela presenciacomo determi-
2 Sepodraleerlaspáginasquesiguencomo tímidosprolegómenosa un problemadetra-
ducción.Pero¿quiénmejorque Heideggernos ha enseñadoa pensarque secomprometeen
un problemasemejante? La cuestiónseríaaquí la siguiente:como hacerpasar,o masbien,
queha pasadocuandohacemospasaren la solapalabralatina de presenciatodo el sistemadi-
ferenciadode palabrasgriegasy alemanas,todo el sistemade traducción,ya,en el quesepro-
duce la lenguaheideggeriana (nuria,patata-ia,
Gegenwürtgkeít,Ann/emi,Anweunbeit,Varbanden-
[m7,etc.).Y esto,habidacuentade quelasdospalabrasgriegasy lasquelessonasociadas, tie-
ne ya en francéstraduccionescargadasde historia (esencia,sustancia,etc.). Sobretodo,
¿cómohacerpasaren estasolapalabra«presencia», a la vezdemasiadorica y demasiadopo-
bre,la historiadel texto heideggeriano queasociao desuneestosconceptos,de manerasutil y
regulada,a lo largo de un itinerario que cubrecercade cuarentaaños?¿Cómotraducir en
francésen el juegode estosdesplazamientos? Parano considerarmásqueun ejemplopero
que nos interesaaqui por privilegio «Lapalabrade Anaximandro»(1946)disociariguro-
samenteconceptosquesignican todosla presenciay que,en el texto deJair!undZeitqueaca-
bamosdecitar, estabanalineadoscomo sinónimos,o en todo caso,sin queningún rasgoper-
tinente de diferenciafuera entoncesdestacado.Destaquemosuna paginaen «La palabrade
Anaximandro»;la citaremosen sutraducciónfrancesa(Chmím,pág.282) insertando,cuan-
do el traductor no seha visto yaobligadoa ello, laspalabrasalemanasquecontienenla difi-
cultad:«Lo que recogemos en primer lugarde la palabrapoética,esqueta cantaesdistinguido
deta esramma y depmeinla.Segúnestola cantadesignael serenel sentidodel presente(da:Jaim-
dc,im firmede:Cegmwágen). Nosotros,los Modernos,cuandohablamosde presente (ge-
genwitg),queremosdesignarpor ello sealo que esahora(dar/daga), y representamos esto
como algo que seriaen" el tiempo (etnia;innemitigar),pasandoel ahora por una faseen el
transcursodel tiempo;o bien ponemosel presente(gegenwüig) en relacióncon la obstancia
de los objetos(zumgegemtándtgen). Estaesreferida,en tanto quelo Objetivo (darOljntive)a un
Sujetorepresentante.Pero, si ahora utilizamosel presente (dargegenwrtg)a partir de la
esencia( Wenn)de lostanta,y no a la inversa.Puescanta,estambiénel pasadoy el futuro. Los
dos son un modo particular del presente(de:Anwmnden),a saberdel presenteno-presente
(de:ungegmwrtg Ann/arcade).El ahorapresente(dargegenwáxjg Anwtrmde),tienen costumbre
de llamarlo los griegostambién,precisando,ta pamanta; para signica cerca (bei),a saber:
llegadocercaen la aparición(die(¿neGagend derUnuerbargm/Jeit)haciala cualy en el senode la
que los panama(dar Bdgtkammme) viene a quedarse(wm/till). Por consiguiente,gmgewrtrg
(presente)signica, en tanto quecarácterdelos canta,algocomo:llegadoa la estancia,en el
senode la región de la aparición. Asi el canta,enunciadoen primer lugar, lo que lo subraya
particularmentey lo distingueexpresamente depmeanta y de arrancan,estecontadesignapara
los griegosel presente(da:Ann/creada), en tanto queha ocurrido,en el sentidoexplicado,en la
estanciaen el senode la regiónde la aparición.Una llegadasemejante esla venidaverdadera,
esla presenciadel verdaderopresente(SoIcbeAngekamrr/mbeít ¡xtdieetgmtlir/Je
Ankm, ¡LrtdaJAn-
una de:eigmtlitbAnwesmdm). El pasadoy el futuro sontambiénpresentes(Anwmder), pero
fuerade la regiónde la aparición.El presenteno-presenteesel ausente(DarungegmwdlgAn-
¡meridaindarAb-mermde). En tanto que tal, siguesiendoesencialmente relativo al ahorapre-
sente(dargegenmrïg/ínmxmde), seaquesedispongaa apareceren estaregión,seaquesevaya.
El ausenteestambiénpresente(Amb darAbu/mnde ¡lr!Anwmndar)y, en tanto que ausente,au-
sentandose fuerade la región,estápresente(anwerend) en la aparición.El pasadoy el futuro
sontambiéncanta.Por consiguientecansignica: presenteen la aparición(Anwerend in dieUn-

67
naciónonto-teológica del sentidodel ser.Transgredirla metafísica,en
el sentidoen quelo entiendeHeidegger,¿noesponera cambiode ma-
nifiestounacuestiónsobreesteextrañolímite, sobreestaextrañaqbok-
bedel serqueseescondeen el movimientomismode supmrmtaríén? ¿en
supresenciay en la conciencia,estamodicación de la presencia, en la
representación o en la presenciapara si?De Parrnénides a Husserl,el
privilegiodel presentenuncaha sidopuestoen tela de juicio. No ha
podidoserlo.Es la evidenciamismay ningúnpensamiento parecepo-
siblefuerade su elemento.La no-presencia es siemprepensadaen la
forma de la presencia(bastaríacon decir en larma3 simplemente)o
ycomomodalizaciónde la presencia. El pasadoy el futurosiempreestán
determinadoscomo presentespasadoso presentesfuturos;
2. para indicar,de muy lejosy de maneratodaviamuy indecisa,
unadirecciónqueno esabiertapor la meditaciónde Heidegger:el paso
disimuladoque hacecomunicarel problemade la presenciay el pro-
blemade la marcaescrita. Por estepasoa la vezocultadoy necesario,
losdosproblemasdan,reabrenuno sobreotro. Es lo queaparecey, sin
embargo,sesustraeen lostextosde Aristótelesy de Hegel.Al incitar-
nosa releerestostextos,Heideggerapartade sutemaciertosconceptos
quenosparecequerequierenen lo sucesivo insistencia.
La referenciaa
la grammenos conduce a la vez a un centro y a un margen del texto de
Aristótelessobreel tiempo(P/Jyrica
IV). Extrañareferencia,extrañasi-
tuación.¿Estáncomprendidas ya, implicadas,dominadaspor loscon-
ceptosque ha señaladoHeideggercomodecisivosen el textode Aris-
tóteles?No estamosseguros de ello y nuestralecturaprocederáen ver-
dad de esta incertidumbre misma.

LA NOTA

Es sólouna nora,peroconmuchola máslargadeSein¡mdZeit,rica


en desarrollosanunciados,retenidos,necesarios
pero diferidos.Vere-
mosque ya prometeel segundotomo de SeixunaZeit,pero,diríamos,
reservándolo,a la vez comoun desplieguequeva a venir y comouna
envoltura denitiva.
La Nota perteneceal penúltimopárrafodel último capítulo(«La
temporalidady la intra-temporalidad
comoorigendel conceptovulgar
del tiempo»).Se piensaordinariamenteel tiempo como aquelloen1o

verbwgmbeil).Resultadeesteesclarecimientodeconta
que,inclusoenel interiordela aprehen-
sióngriega,el presente (da:Arwemrde) siguesiendoambiguo,y lo esnecesariamente. Unas
vecesemita signica el ahorapresente(dargegmnrïg Anmnende);otrasvecessignica todolo
queespresencia (RÍÍHAIIWHEIIÁI)!
el ahorapresentey lo queesdeunamaneranopresente (da:
garganta-tg
14m1darungegenwr/¿gW/arende)»
3 Cfr. másadelante,«La formay el querer-decir».
4 Cfr. masadelante,«Losnes del hombre».

68
queseproduce el existente.La intra-temporalidad seríaestemedio ho-
mogéneoen el que secuentay seorganizael movimiento de la existen-
cia cotidiana. Esta homogeneidaddel medium temporal seríael efecto
deun «nivelamiento del tiempooriginario»(Niue/liemngderursprüg/ír/Jcn
Zeit).Constituiríaun tiempodel mundoa la vezmásobjetivoqueel
objetoy mássubjetivoqueel sujeto.Al armar quela historiaes de-
cir, el espirituqueesel únicoquetieneunahistoria caeenel tiempo
( fill! dieEntwitklung derGercbitbte
¡r1dieZeit5),¿nopiensaHegelsegún
el conceptovulgardel tiempo?Sobreestaproposición«comoresulta-
do» (im Resaltar), se dice de acuerdocon Hegel/Heidegger, aunque
conciernea la temporalidaddelDai-ein y la co-pertenencia
quelo ligaal
tiempo del mundo).Pero sólo sobrela proposición como resultado,so-
breesteresultadodel queHegelnosha informadoqueno eranadasin
el devenir,fueradel lugar que le asignaun itinerario o un método.
Ahora bien,Heideggerquieremostraren quédesplaza suproyectode
ontologíafundamentalel sentidodeesteresultado,haciendoaparecer
entoncesla proposición hegelianacomo la formulación «másradical»
del conceptovulgardel tiempo.No setratade«criticar»a Hegel,sino,
restaurando
la radicalidaddeunaformulacióna la cualno sehapresta-
do atención,mostrándolaen funcionamientoy en el centrodel pensa-
miento másprofundo, el mascrítico y el másconcentrantede la meta-
física,deaguzarla diferenciaentrela ontologíafundamentaly la onto-
logíaclásicao vulgar.Estepárrafocomportadossubpárrafos y suspá-
ginas se articulan alrededor de las siguientesproposiciones:
1. La interpretación que haceHegel de las relacionesentre tiem-
po y espíritu opera a partir de un concepto del tiempo expuestoen la
segundaparte de la Enciclopedia,esdecir, en una filosofía de la naturale-
za. Este concepto pertenecea una ontología de la naturaleza,tiene el
mismo medio y los mismos rasgosque el concepto aristotélico, tal
como es construido en la Hrim [Ven el curso de una reflexión sobre la
localidad y el movimiento;
2. la «nivelación» se atiene al privilegio exorbitante de la forma
del «ahora»y del «punto»;como Hegel mismo dice, «El ahora tiene un
derechodesoído(einungebeurer
Rec/yt)
-no esnadamásqueel ahora
singular, pero lo que seda importancia en esteprivilegio exclusivo es
disuelto, seha fundido, seha dispersadoen el mismo momento en que
lo llevo a la elocución» (Enciclopedia,
258 Zurartz);
5 Hegel,Die Vemm in derGkrtbirbtz, Ein/eitungin diePÚIÏHIQPÍIÍC
der lVe/{gertbitbte
(G. Las-
son, 1917,pág. 133).
5 Pag.405. Tendremosque preguntarnossi esteacuerdosobreel «resultado», en tanto
que seatienea la descripciónde una temporalídad«destituida»,no comprometea Heidegger
másallá de los límitesqueél quiereseñalaraqui.A pesarde la reinterpretacióna la quesome-
te el Vegfal/en
(por ejemplo,al nal del 82), nos preguntaremossi la soladistinción cual-
quieraqueseala reestructuracióny la originalidad entretemporalidadpropia e im-propia,
auténtica,originaria y no-originaria,etc.,no estributaria en si mismadel hegelianismo,de la
idea de «caída»en el tiempo. Y, en consecuencia, del concepto«vulgar»del tiempo.

69
3. todo el sistemade los conceptosque seorganizanen torno a la
aserciónfundamental de Hegel, segúnla cual el tiempo esla existencia
(Dasein)del concepto, el espíritu absolutoen su automanifestación,en
su inquietudabsolutacomo la negaciónde la negación,dependede
una determinación vulgar del tiempo, y así, pues,del Darvinmismo a
partir del ahorade nivelación,esdecir,de un Dai-ein
en la formade la
Vorbandmbeit,
de la presenciamantenida en disponibilidad.
La Nota corta este encadenamiento en dos. Interviene al nal del
subpárrafoconsagrado a la exposiciónhegelianadel conceptodetiem-
po en la losofía dela naturalezay antesdel subpárrafosobre«lainter-
pretaciónpor Hegeldela conexiónentretiempoy espíritu».Traduzca-
mosla:
El privilegioconcedido
al ahoraniveladomuestraevidentemente
queladeterminación conceptual
deltiempopor Hegelsiguetambiénla
líneade la comprehensiónvulgar del tiempo, y estosignica al mismo
tiempoquesiguela líneadelconcepto
tradicionaldeltiempo.Sepuede
mostrarque el conceptohegelianodel tiempo ha sido directamenteto-
mado de la Física de Aristóteles. En la Logia de[ma (edición G. Lasson,
1923),quefueproyectada en la épocade la habilitaciónde Hegel,el
análisisdeltiempoqueencontraremosenlaEncirlapediaestáyaelabora-
do en todassuspiezasesenciales. La Secciónsobreel tiempo (págs.202
ss.)se revelaya al examenmás mdimentario como una paráfrasisdel
tratado aristotélicosobreel tiempo. Ya, en la Logia:dclana,desarrolla
Hegelsuconcepción deltiempoenel cuadrodela Filosofíadela Natu-
raleza(pág.186),cuyaprimerapartesetitula «Sistemadel sol»(pág.
196).Enconexiónconladeterminación conceptualdelétery delmovi-
miento,examinaHegelel conceptode tiempo.Aquí el análisisdel espa-
cio todavíaestásubordinado(narbgeardnel).Aunque la dialécticaya se
manifiesta,todavía no poseela forma rígida, esquemática,que tendrá
mástarde,peroellahaceunavezmásposibleunacomprensión
ágilde
los fenómenos.En el camino que lleva de Kant al sistemaacabadode
Hegel,seproduceunavezmásunairrupcióndecisivadela ontologíay
de la lógicade Aristóteles.En tanto quefuman,es bien conocidohace
mucho tiempo. Peroel camino,el modo y los límites de estainuencia
no han permanecidomenososcuroshastael presente.Una interpreta-
cióncomparativa
concreta,
unainterpretación
losóca dela Lagirade
lanadeHegely de la Fírica,como de la Metairitade Aristótelesaportará
una luz nueva.Paralasconsideraciones quepreceden,bastaránalgunas
sugerenciassumarias.
Aristótelesve la esenciadel tiempo en el mm,Hegel en el ahora
([2121).A. concibe el mmcomo 07&#39;01,
H. toma el ahora como «límite»
(Cuna). A. comprendeel mmcomo rtigmé,H. interpretael ahoracomo
punto.A. caracteriza
el mmcomotada
ti, H. llamaal ahorael «estoabso-
luto» (da: «abro/ute
Diarex»).
Siguiendola tradición, A. pone en relación
kbmtm:con la ipbaíra,H. insiste sobreel curso circular (KrrtZr/atlj)del
tiempo.A Hegelle escapa
seguramente
la tendencia,
centralenel análi-
sisaristotélicodel tiempo,a descubrirunacorrespondencia (akalautbeín)
fundamentalentre nun,am, rttgmé,ladati. Con la tesisde Hegel:el espa-

70
cio «es»el tiempo, concuerdaen su resultadola concepciónde Bergson,
a pesarde todaslasdiferenciasque separansusjustificaciones;Bergson
no hacesino dar la vuelta a la proposición:El tiempo [en francésen el
texto, para oponer el tiempo a la duración] es espacio.La concepción
bergsonianadel tiempo esmanifiestamenteresultadode una interpreta-
ción del tratadoaristotélicosobreel tiempo. Si, al mismotiempo queel
Ermym¡abrela; data:inmediato:
dela contienda,
queexponiael problemadel
tiempo y de la duración, Bergsonpublicabaun tratado titulado Quid
Adrian/a:delataremerit,no essimplementepor coincidenciaexteriory li-
teraria. Reriéndosea la determinaciónaristotélicadel tiempo como
aritbrnarkonereór,
B. haceprecederel análisisdel tiempo por un análisis
del nombre.El tiempo como espacio(Cfr. Eíúj, pág.69) esuna suce-
sión cuantitativa.Por una contra-orientación(Gegenarientiernng)
de este
concepto, la duración es descrita como sucesión cualitativa.No eséste lu-
gar para una explicación (Anucinanderretmng) crítica con el concepto
bergsonianodel tiempo y con lasotrasconcepcionesactualesdel tiem-
po. Si los análisisactualesdel tiempo noshan hechoganaralgoesencial
másallá de Aristótelesy de Kant, esen la medidaen que tocan másla
aprehensióndel tiempo y la «concienciadel tiempo».Volveremosa ello
en lassecciones primeray terceradel segundotomo [estaúltima fraseha
sido suprimidaen lasedicionesulterioresde JeinunaZeit,lo que da a la
Nota toda su carga de sentido]. Esta indicación sobre una conexión di-
recta entre el concepto hegeliano del tiempo y el análisis aristotélico del
tiempo no estáahi paraasignaruna «dependencia» de Hegel,sino para
llamar la atención sobreel alcanceontológicofundadordema liarián
para la Logim hegeliana.
Sepropone aqui una tarea inmensa. Los textos así señaladoscon el
dedo están, sin duda, entre los más difíciles y los más decisivosde la
historia de la filosofía. Y, sin embargo,lo que designaHeideggersobre
estospuntos de referencia,¿noeslo mássimple?,¿nosólo una eviden-
cia, sino el medio, el elementode evidencia fuera del que pareceque el
pensamientopierde el aliento?¿No seha apoyadotoda la historia de la
losofía sobreel «derechodesoído»del presente?¿No seha producido
siempreen él el sentido, la razón,el «buen»sentido?¿Y lo que sueldael
discurso común al discurso especulativo,el de Hegel en particular?
¿Cómosehabría podido pensarel ser y el tiempo demanera drente que
a partir del presente,en la forma del presente,a saberde un cierto abara
engeneralque ninguna experientia, por definición nunca podrá abando-
nar? La experienciadel pensamientoy el pensamientode la experien-
cia nunca han tenido que ver sino con la presencia.Además,no setra-
ta para Heideggerde proponemos pensarde otra manera,si estoquiere
decir pensarotratam.Setrata más bien de pensarlo que no ha podido
ser, ni ser pensadodeotramanera.En el pensamientode la imposibili-
dad del de otra manera,en esteno-de-atra-manera seproduce una cierta
diferencia, un cierto temblor, un cierto descentreque no esla posición
de otro centro. Otro centro seríaotro ahora; estedesplazamiento al con-
trario no consideraríauna anrenria, esdecir, otra presencia;no reempla-

71
zaria nada. Es preciso, pues -y al decir esto estamosya a la vista de
nuestro problema, acasoya hemostomado tierra, pensarnuestrare-
lación con (todo el pasadode) la historia de la losofía de una manera
diferente al estilo de la negatividad dialéctica; que tributaria del
concepto vulgar del tiempo plantea otro presentecomo negación
del presentepasado-retenido-relevadoen la Aujbebug,y entregandoen
él entoncessu verdad.Setrata precisamentede una cosacompletamen-
te distinta: lo que hay que pensares la ligadura de la verdad y del pre-
sente,en un pensamientoque quizá desdeeste momento no va a ser
verdadero ni presente,por el que el sentido y el valor de verdad son
puestosen tela de juicio como no ha podido hacerlo ningún momento
intra-losóco, especialmenteel escepticismoy todo lo que forma sis-
tema con él. La negatividad dialéctica que ha permitido a la especula-
ción hegelianatantas renovacionesprofundas seguiríaasí siendo inte-
rior a la metafísicade la presencia,del mantenimiento y del concepto
vulgar del tiempo. Separeceríasolamenteal enunciado en su verdad.
Hegel, por otra parte, ha querido hacer otra cosa,y ¿nodeclara a me-
nudo devolver la dialéctica a su verdad todavía oculta, aunque revela-
da, por Platón y por Kant?
No hay ninguna probabilidad de que en la temáticade la metafísica
sehayamovido algo en cuanto al conceptodel tiempo de Aristóteles a
Hegel. Los conceptosfundadoresde substanciay de causa,con todo su
sistemade conceptosconectados,bastan,cualquiera que haya podido
ser su diferenciación y su problemática interna, para asegurarnos)el
relevo y para asegurarnosla continuidad ininterrumpida, aunquemuy
diferenciada,de todos los momentosde la Metafísica,de la Física,de la
Lógica, pasandopor la Etica. Por no haber reconocido estapoderosa
verdad sistemática,no sabemosya de qué sehabla cuando sepretende
interrumpir, transg-redir,exceder,etc., la «metafísica»,la «losofía»,
etc. Y, a falta de un riguroso reconocimiento crítico y deconstructivo
del sistema, la atención tan necesaria a las diferencias, cortes, mutacio-
nes,saltos,reestructuraciones,etc., secargacon el eslogan,la necedad
dogmática, la precipitación empirista o todo ello a la Vez, sedeja
en todo caso dictar a ¡ergoel discurso mismo que cree contestar. Es Ver-
dad que el placer que sepuedetomar en ello entonces(en la repetición)
no puedeen último extremo comparecerante la instancia de ninguna
ley. El límite de una instancia tal --la losofía es precisamentelo
que aquí está en tela de juicio.

LA
EXOTÉRICA

Restablezcamos
inicialmente
un
contacto.
Eldel
concept
de
vul-
garidad en la expresión«conceptovulgar del tiempo» con el punto de
partida declaradode la interpretación aristotélica. Precisamentecon el
punto de su exotérica.

72
En la FzírimIV (en 217b), comienza Aristóteles por proponer una
aporia. Lo hace en la forma de una argumentación exotérica (dia ión
exaterikó
logón).
Setratainicialmentedepreguntarse
si el tiempoforma
parte de los sereso de los no-seres;luego,cuál essupbjrir. Prátandekelo;
eébei
diapareraiperi
autou[kbranau]
kai diatánexaterikón
lagón,
pararon
tánan-
tán esti»:é tánmeamén,cita ti: épla/ri: autau.
La aporéticaes una exotérica. Seabre y secierra sobreestavía sin
salida:el tiempo eslo que «no es»o que «esapenas,y débilmente»(016:
aulaesti émolt}kai amudrór).
Ahorabien,¿cómopensarqueel tiempoes
lo queno es?Rindiéndose a la evidenciadequeel tiempoes,tienepor
esencia el nun,quea menudosetraducecomoinstante, peroquefuncio-
na más bien en la lenguagriega como nuestrapalabra «ahora».El mm
esla forma queno puedenuncaabandonarel tiempo,bajola queno
puededarse;y, sin embargo,el mm,en un ciertosentido,no es.Si pen-
samosel tiempo a partir del ahora, hay que concluir que no es.El aho-
ra seda a la vez como lo que ya no esy como lo que no estodavia. Es lo
que no esy no es lo que es. Tomerzgar autougegone
kai aulaesti,to demel/ei
kai mapa
estin.«Enun sentido,ha sidoy ya no es,en otro sentido,seráy
no estodavía.»El tiempo estáasí compuestode no-seres.Ahora bien,
lo que comporta una cierta nada,lo que seacomodacon la no-entidad
no puedeparticipar de la presencia,de la substancia,de la entidadmis-
ma (ansia).
Esta primera fasede la aporía lleva a pensarel tiempo en su divisi-
bilidad. El tiempo esdivisible en partesy, sin embargoninguna de sus
partes,ningún ahora estáen el presente.Detengámonosaquí antesde
considerarla otra fasede la aporía sobrela entidad o la no-entidad del
&#39;
tiempo. Aristóteles sostendráaquí la hipótesis inversa: el ahora "noes
una parte, el tiempo no está compuestode mm.
Lo que retenemosnosotrosde la primera hipótesis,esque el tiem-
po sedene segúnsurelaciónconunaparteelemental,el ahora,quees
afectado,como si no fuera él mismo ya temporal, por un tiempo que lo
niegadeterminándolo como ahora pasadoo ahora futuro. El mm,ele-
mento del tiempo, no seríaessí temporal. No estemporal más que al
convertirseen temporal, esdecir, dejandode ser,pasandoa la nada* en
la forma del ser-pasadoo del serfuturo. Incluso si sele consideracomo
no-existente(pasadoo futuro), el ahora es determinado como núcleo
intemporal del tiempo, núcleo no modicable de la mocación tem-
poral, forma inalterablede la temporalización.El tiempo es lo que
ocurre a estenúcleo y lo afectade nada.Pero, para ser,para ser un ser,
esnecesariono serafectadopor el tiempo, espreciso no devenir (pasa-
do o futuro). Participardela entidad,dela auriaes,pues,participardel

* El francésné-antite
tiene la ventajade proporcionarun término analítico,queen caste-
llanosóloencontraría
suposibleequivalente
en«no-entidad»,
aunquesusignificado
no es
idéntico. (N. del T.)

73
ser-presente,de la presenciadel presente,si sequiere de la presenciali-
dad. El sereslo que es.La nuriaes,pues,pensadaa partir de em".El pri-
vilegio de la tercerapersonadel presentede indicativo revela aquí toda
su signicación historial. El ser,el presente,el ahora, la substancia,
la esencia,estánligados,en sussentidos,a la forma del participio pre-
sente.Y el pasoal sustantivo, podríamos mostrarlo, suponerecurrir a
la tercerapersona.Serálo mismo, más tarde, para estaforma d_ela pre-
sencíaque es la conciencia.

LA PARÁFRASIS:PUNTO, LÍNEA, SUPERFICIE

Dos vecesal menos,lo recuerdaHeidegger,ha parafraseadoHegel


la Fin-ica
[Val analizar el tiempo en una «filosofía de la Naturaleza».La
primera fasede la exotérica es reproducida, en efecto, en la «Filosofía
de la Naturaleza»de la Logímdelana.La primera parte de esta«Filosofía
de la naturaleza»,consagradaal «sistemadel sol»,define el tiempo en el
interior de un desarrollo sobre el «conceptode movimiento». Se en-
cuentran allí, aunque Aristóteles nunca seacitado estas evidencias
fundadoras prescinden de rcferencias fórmulas que comentan la
primera frase. Así, por ejemplo: «el límite (Grenze),o el momento del
presente(Gegenwart), el este absoluto del tiempo (da; «¡bm/ute
Dieterder
Zeit), o el ahora (dasjeízj), esabsolutamentey negativamentesimple, y
excluyeabsolutamentede sí toda multiplicidad, y es,en consecuencia,
absolutamentedeterminado... Está, en tanto que acto de negar (alt Ne-
gieren),también absolutamenterelacionadocon su contrario, y su acti-
vidad, su simple acto de negar es relación con su contrario, y el ahora
esinmediatamenteel contrario de sí, el acto de negarsea sí mismo... El
ahora tiene su no-ser (Nic/ninia) en sí mismo, y se hace inmediatamente
otro diferente de sí, pero este otro, el futuro, que se hace [se transporta,
se transforma] el presente,es inmediatamente el otro diferente de sí,
puesto que es ahora presente(dem:rie irtjetzt Gegenwart)...
Esta esencia
que es la suya (Die: xeinWere)es su no-ser (Nie/Jtxein)».
Pero quizá la recuperacióndialéctica de la aporía aristotélica está
articulada de maneraa la vez más rigurosa y más rígida en la Ende/cybe-
dia («Filosofía de la Naturaleza»,257). Una vez más en el principio de
la «Mecánica»,en la primera parte, que considerael espacioy el tiempo
como categoríasfundamentalesde la naturaleza,es decir, de la Idea
como exterioridad, yuxtaposición o separación,ser-fuera-de-sí(Amn-

* «Historial»comportaun matizadicionalal término «histórico»,puestoquecomprende


el devenir. (N. del T.)
7 Heideggersubraya,desdeotro punto devista,el dominio historial de la tercerapersona
del presentede indicativo del verboen la Introducción a la Metafísica,tr. fr., págs.102-103.
Sobreesteproblema,cfr. más adelante,«El suplementode cópula».

74
reinander,
Amrerïitbreín).El espacioy el tiempo son lascategoríasfunda-
mentalesde estaexterioridad en tanto que inmediata, esdecir, abstrac-
ta e indeterminada (dasgunz:abrtrakteAarrereínander).
La naturalezaesla Idea fuera-de-sí.El espacioesesteser-fuera-de-
sí, estanaturalezaen tanto que estáfuera de sí misma,esdecir, en tanto
queno serelacionatodavíaconsigomisma,en tantoqueno estodavía
para si. El espacioes la universalidad abstractade esteser-fuera-de-si.
No relacionándoseconsigo misma la naturaleza,como «espacioabso-
luto» (esla expresiónde la Logitade[em que no reapareceen la Entida-
pedia,por razones,sin duda, esenciales),no conoce ninguna media-
ción, ninguna diferencia, ninguna determinación, ninguna disconti-
nuidad. Correspondea lo que la Logia-a deletrallamabael éter: medio de
transparenciaideal, de indiferenciación absoluta,de continuidad inde-
terminada, de yuxtaposición absoluta, es decir, sin contacto inte-
rior. Todavía nada se relaciona con nada. Este esel origen de la natu-
raleza.
A partir de este origen solamente se podrá plantear la siguiente
pregunta:¿cómorecibenla diferencia,la determinación,
la cualidad,el
espacio,y la naturaleza,en su inmediatez indiferenciada?Diferencia-
ción, determinación, cualificación no pueden ocurrir al espaciopuro
sino como negaciónde estapurezaoriginal y de esteprimer estadode
indiferenciación abstracta,en que consistepropiamente la espaciali-
dad del espacio.La espacialidadpura se determina al negar propia-
mente la indeterminación que la constituye, es decir, negandosea sí
misma. Negándosea ri misma:estanegacióndebeser una negaciónde-
terminada, negacióndelespaciopor el espacio.La primera negaciónes-
pacial del espacioes el PUNTO.«Pero la diferencia (Unterrtbied)está
esencialmentedeterminada,esuna diferencia cualitativa. En tanto que
tal, es primeramente la negacióndel espaciomismo, porque éstees el
ser-fuera-de-sí inmediato, indiferenciado (unterïrbied/ore): el punto»
(256).El puntoeseseespacio
queno ocupaespacio,
eselugarqueno
tiene lugar; suprime y reemplazael lugar, ocupa el lugar del espacio
que niega y conserva.Niega espacialmenteel espacio.Es su primera
determinación. En tanto que primera determinación y primera nega-
ción del espacio,el punto espacializao seespacia.Seniega a sí mismo
al ponerseen contacto consigo, esdecir, con otro punto. La negación
de la negación,la negaciónespacialdel punto esla LÍNEA.El punto se
niegay seretiene,seextiendey sesostiene,sereleva (por Aufbebung) en
la línea que constituye así su verdad. Pero la negación es, en segundo
lugar, la negación del espacio,es decir, que es espacial;en tanto que
por esenciaes estarelación, es decir, en tanto que se retiene al supri-
mirse (al: ritb auebmd),el punto esla línea, el primer ser-otro,esdecir,
ser-espacialdel punto (ibíaï).
Segúnel mismo proceso,por Aucbung y negaciónde la negación,
la verdad de la línea es SUPERFICIE: «Pero la verdad del ser-otro es la

75
negaciónde la negación.La lineaseconvierteentoncesen supercie,
que por una parte es una determinación con respectoa la línea y el
punto,y por estehechosupercieen general,peroquepor otra parte
es la negaciónsuprimida-retenidadel espacio(dieaujgebabene
Negativa
de:Rayma),y por ello mismola restauración
( ¡Weder/Jerxte/Iung)
dela to-
talidadespacial,la cualposeeenadelanteensíel momentonegativo...»
(ibíaï).
El espacioseha convertido, pues,en concreto por haber retenido
en sí lo negativo. Se ha hecho espacioperdiéndose,determinándose,
negandosu purezade origen, la indiferenciación y la exterioridad ab-
solutas que la constituían en su espacialidad.La espacialización,el
cumplimiento de la esencia de la espacialidad es una desespa-
cialización y a la inversa.E inversamente:estemovimiento de produc-
ción de la superciecomototalidadconcretadel espacioescirculary
reversible. Podemosdemostrar en sentido inverso que la línea no se
compone de puntos, puestoque estáhechade puntos negados,de pun-
tos fuera-de-sí;y que la supercie no secompone de líneaspor la mis-
ma razón. Seconsiderarádesdeestemomento que la totalidad concreta
del espacioestáen el comienzo,quela superficieessuprimeradeter-
minación negativa, la línea la segunda,el punto la última. La abstrac-
ción in-diferente estáindiferentemente al principio y al n del círculo,
etcétera. _
Debemos dejar de lado, a pesar de su interés, la discusión de los
conceptoskantianos que seentrelazacon estademostraciónen una se-
rie de Observaciones.Debemos volver a la cuestión del tiempo.
¿Debe ser planteada de nuevo? ¿Hay que preguntarse otra vez
cómo apareceel tiempo a partir de esta génesisdel espacio?De una
cierta manera,siempreesdemasiadotarde para plantear la cuestióndel
tiempo. Este ya ha aparecido.El ya-no-sery el ser-todavíaque ponían
en contacto la línea y el punto y la supercie con la línea, estanegativi-
dad en la estructurade la Aufbebung producía la verdad de la determina-
ción anterior, era ya el tiempo. Negación que funciona en el espacio
como espacio,negaciónespacialdel espacio,el tiempo esla verdad del
espacio.En tanto que es,esdecir, que sehacey seproduce, que sema-
niesta en su esencia,en tanto que seespaciaal relacionarseconsigo,es
decir, al negarse,el espacioes (el) tiempo. Setemporaliza, sepone en
contacto consigo y se mediatiza como tiempo. El tiempo es espacia-
miento. Es la relación consigo del espacio,su para-sí.«No obstante,la
negatividadque, en tanto que punto, serelacionacon el espacioy desa-
rrolla en él susdeterminacionescomo línea y supercie, es,en la esfera
del ser-fuera-de-sí,igualmente para sí, y susdeterminacionestambién
(a saberen el ser-para-síde la negatividad)...Así planteadapara sí, esel
tiempo» (257). El tiempo re/evaal espacio.
Al recordarestemovimiento,Heideggersubrayaqueel espaciono
es pensadoasí másque como tiempo (pág. 430). El espacioes tiempo
76
entantoqueél, el espacio,sedeterminaa partir dela negatividad(pri-
merao última) del punto. «Estanegaciónde la negacióncomo puntua-
lidad essegúnHegelel tiempo»(Ibíaí).El tiempoes,pues,pensadoa
partir o con respectodel punto; el punto a partir o con respectodel
tiempo.El puntoy el tiemposonpensados enestacircularidadquelos
pone en contacto entre si. Y el conceptomismo de negatividadespecu-
lativa (la Aujbebnng)no esposible sino por estacorrelación o estaree-
xión innitas. El sigma,la puntualidad, espuesel conceptoque, en He-
gel comoen Aristóteles,determinael mantenimiento(numjetzt).No
hay nada,pues,de extraño en que la primera faseaporéticade la Fix-ica
I Vinforme o preforme la primera gura del tiempo en la «Filosofíade
la naturaleza»de Hegel.Prefigura al mismo tiempo las relacionesentre
el espírituy el tiempo,la naturaleza
queesel ser-fuera-de-sí
del espíri-
tu, y el tiempo el primer contacto consigo de la naturaleza,el primer
surgir de su para-sí,no relacionándoseel espiritu consigo más que ne-
gándosey cayendo fuera de sí.
Aquí la aporía aristotélica es comprendida, pensada,asimilada en
lo queespropiamentela dialéctica.
Basta-y esnecesariotomar las
cosasen el otro sentido y bajo la otra cara para concluir que la dialécti-
ca hegelianano es sino la repetición, la repetición parafrásticada una
aporíaexotérica,la brillantepuestaen formade unaparadojavulgar.
Bastapara persuadirsede ello con poner frente a frente el pasajeya ci-
tado de Aristóteles (218a) y esta denición del tiempo en el párrafo
258 de la Enciclopedia:«El tiempo como la unidad negativa del ser-
fuera-de-síesigualmenteun abstracto,un ideal. Es el serque, mientras
quees,no es,y mientrasqueno es,es:el devenirintuido (darangercbaute
Werdm),esdecir, que lasdiferenciassimplementemomentáneassupri-
miéndose-reteniéndose inmediatamente(unmitte/bar sic/Jaufbcbenden
Un-
tm-cbiede)
son determinadascomo exteriores,esdecir, con todo como ex-
teriores a si mismas.»

8 Hegelpensabasurelacióncon la exotéricaaristotélicao con lasparadojasde los Elea-


_tasbajo una categoríatotalmentediferentede la «paráfrasis»
de la que habla Heidegger.Al
menospiensala posibilidadde la «paráfrasis»
a partir de conceptosque incluyen la esencia
mismadel logos.Su«repetición»del pensamientodel tiempono caebajola categoríaparticu-
lar y retóricadeparáfrasis
(¿quéesparáfrasis
enlosofía?)El pasado eraparael a lavezuna
anticipación genialdela dialéctica
especulativa
y la necesidad
teleológica
deun«ya-todavía-
no»delo quedesarrollará enla Lógica;dondescpuedeleer,porejemplo, enmediodepági-
nasqueseríanecesario citarin extenso:
«Infinitamente masingeniosoy profundoquelaanti-
nomia kantianade la que acabamos de ocupamosson los ejemplosdialécticosde la antigua
escuelaeléata,sobretodo, en lo queconcierneal movimiento...La soluciónqueda Aristóte-
lesde estasformacionesdialecticasmerecenlos mayoreselogios;estáncontenidosen susno-
cionesverdaderamente especulativas
delespacio,deltiempoy del movimiento...
No basta
conposeer unainteligencia
despierta
(yenesterespecto nadiehasobrepasadotodaviaaAris-
tóteles)parasercapazdecomprendery dejuzgarlasnociones especulativas
deAristóteles
y
pararefutarlo quehaydeburdaenla representaciónsensibley enla argumentación
deZe-
nón...»,etc. (Science
dela logíque,
t. I, tr. fr. modificada,págs.210-212).Cfr. también toda la
problematicade la certezasensible.

77
Esta definición tiene al menos tres consecuencias directas en el tex-
to de Hegel, consideradocomo paráfrasisde Aristóteles.
1. El concepto kantiano del tiempo es reproducido en él. Es de-
ducido más bien. La necesidadde una deducción semejanterevelaría,
pues,que la revolución kantiana no ha desplazadoel alojamiento aris-
totélico, al contrario, se ha desplazadoallí, realojado,acondicionado.
Lo sugeriremosmás adelantedesdeotro punto de vista. En efecto, el
«devenir intuido» en sí mismo, sin contenido sensibleempírico, es lo
sensiblepuro, estesensibleformal, puro de toda materia sensual,sin
. cuyo descubrimiento no habría tenido lugar ninguna revolución co-
pernicana. Lo que ha descubiertoKant, es esesensibleinsensibleque
aquí reproducela «paráfrasis»de Aristóteles: «El tiempo escomo el es-
pacio una forma pura de la sensibilidado del intuir, el sensibleinsensi-
ble (dar «mina/ichSinn/fake)» (258, Obrervarián).
Al hacer alusión a este
«sensibleinsensible»",Heidegger no pone en relación este concepto
hegeliano con su equivalente kantiano y sabemosque a susojos Hegel
habría recubierto en muchos respectos,y borrado la audaciakantiana.
¿No podemos pensaraquí contra Heidegger,que Kant estáen el hilo
que, según Heidegger,conduce de Aristóteles a Hegel?
2. Segúnun movimiento que separeceal de Kanty elproblema dela
metafísica(y en consecuenciaal de Seind¡mdZeit) Hegel concluye de su
denición:
a) Que «el tiempo es el mismo principio que el Yo = Yo de la
piíra conciencia de si». Sería necesarioponer en relación pero no
podemoshacerlo aquí- toda la Obreruarián del párrafo 258 de la Emi-
dqpediaque demuestraestaúltima proposición y, por ejemplo,el párra-
fo 34 del Kant... de Heidegger,sobre«el tiempo como pura afecciónde
sí (Se/brt-kan) y el caráctertemporal del sí (Se/bit)».No respetaHei-
deggeraquí el gestohegelianocuando escribepor ejemplo: «El tiempo
y el yo pienso no se sostienen ya uno frente al otro sobre el modo de
la incompatibilidad y de lo heterogéneo,son lo mismo. Graciasal radi-
calismo con el cual, en su fundación de la metafísica,ha, por primera
vez, sometido a la explicitación transcendentaltanto el tiempo por sí
mismo como el yo pienso por si mismo, ¿Kant ha unido a ambosen
su mismidad originaria (urJprüng/ítbeSe/btgkeít),
sin que éstacon toda se-
guridad fuera expresamentey en tanto que tal visible para él?»
_ b) Que«noesenel tiempo(inderZeit)dondetodosurgey pasa,
sinoqueel tiempoesen sí mismoestedevenir,estesurgimientoy este
paso...»(258). Hegel ha multiplicado las precaucionesde este tipo.
Oponiéndolas a todas las formulaciones metafóricas(a las cualesno se
trata ademásde rehusar entonces toda gravedad) que hablan de la
«caída»en el tiempo, podríamos exhibir toda una crítica hegelianade
9 Pág.428.
¡ÜCfr. más adelante,«La mitologia blanca».

78
la intratemporalidad(Innmitigkeit).No seriasolamenteanálogaa la
quedesarrollaSeiunaZeit;deberíaacomodarse, comoenSa}:undZeit,
con una temáticade la caídao de la decadencia,del Verfallm.Volvere-
mos sobreesteconceptoque no puedeextraerde su orbe ético-
teológiconingunaprecaución-y Hegelno ha tomadomenosque
Heideggeren Sein¡mdZeit.A menosque,en el vacío,la decadencia
del orbe en cuestión no seareconducida hacia un punto de caídamás
alejado. a
3. Segúnun gestofundamentalmente griego,estadeterminación
hegelianadel tiempopermitepensarel presente,la forma mismadel
tiempo,comola eternidad.Estano esla abstracción negativadeltiem-
po,el no-tiempo,el fuera-del-tiempo.Si la formaelementaldeltiempo
esel presente,la eternidadno podríaestarfueradel tiempo másque
sosteniéndose fueradela presencia;no seríapresencia; vendríaanteso
después deltiempoy deesehechosobrevendría unamodicacióntem-
poral. Seharíade la eternidadun momentodel tiempo.Todo lo que
recibeen el hegelianismo el predicadodeeternidad(la Idea,el Espiri-
tu, lo Verdadero, etc.) no debe ser pensado,pues, fuera del tiempo
(tampocoen el tiempo). La eternidadcomopresenciano esni tem-
poral ni intemporal.La presencia
esla intemporalidaden el tiempoo
el tiempoen la intemporalidad,he aquíquizálo que haceimposible
algocomouna temporalidadoriginaria.La eternidadesotro nombre
dela presenciadel presente.
Estapresencia la distinguetambiénHegel
del presentecomoahora.Distinciónanáloga,perono idénticaa la que
proponeHeidegger, puestoqueapelaa la diferenciaentrelo finito y lo
infinito. Diferencia intra-óntica, diria Heidegger;y esaquí, en efecto,
dónde debería quedarsetoda la cuestión.

l Cfr. «La doble sesión»,en La dbamirzatián.


12No podemosaqui, sino citar y situar algunostextossobrelos cualesdeberiapesarpa-
cientementela interrogación.
Porejemplo: «Loreal(darRae/le) esciertamente diferentedel
tiempo,peroigualmente esenciale idénticoa él. Eslimitado(bertbrnkt),
y lo otro,conres-
pectoa estanegación,estáfueradeél. Ladeterminidad es,pues,exterioraél, y deelloviene
la contradiccióndesuser;la abstracciónde la exterioridaddesucontradiccióny de la inquie-
tud (Utmabe) de ésta,esel tiempo mismo,espor lo que lo finito espasajeroy temporal,por-
quenoes,comoel concepto,
ensi mismo,lanegatividad
total...Peroel concepto
ensuiden-
tidad existentelibrementeparasi, Yo = Yo, esen sí y parasí la negatividady la libertadabso-
lutas,eltiemponoes,pues,supotencia enmayormedida quees[él,el concepto]eneltiempo
y un existente
temporal(einZeit/ich),sinoqueesmásbienla potencia deltiempo(dieMath!
derZeit)entantoqueéstaessolamente estanegatividad
comoexterioridad. Sólolo natural
está,pues,sometidoaltiempo,entantoqueesfinito;enrevancha lo verdadero,laidea,eles-
píritu,soneternos.
Peroelconcepto deeternidad nodebesertomadonegativamente comola
abstraccióndeltiempo,detal manera queexistiríaporasídecirfueradeél (deltiempo);y no
esprecisoentenderloenel sentidodequela eternidad vendríadespués deltiempo;seharia
entoncesde la eternidadun futuro, un momento del tiempo»(258).
13La diferenciaentre lo nito y lo innito seproponeaquícomodiferenciaentreel aho-
ra(few) y el presente
(Gegerwa).
Lapresencia
pura,lapammia
innita no sería,pues,según
Hegelgobernada poreseahoradelquenosdiceHeidegger
que,dela Físicaala Enciclopedia,
limitay determinalapammia.
Pero,comoHeidegger acusa
tambiénun privilegiodela Cegarr-

79
EL ELUDIDO DE LA CUESTIÓN

Nos hemosmantenidohastaaquide algunamaneraen la primera


hipótesis
dela aporética
aristotélica.
Estahacomenzado,
pues,porpa-
ralizarseen la determinacióndeltiempocomommy delmmcomomemo
(parte).

Nuestra
cuestión
es
lasiguiente
entonces:
alinvertir
lahipótesis
al
demostrarqueel ahorano esunapartedeltiempo,¿arranca
Aristóteles
la problemática
del tiempoa los conceptos
«espaciales»
de partey
de todo, a la predeterminación del mm como mero:o incluso como
rtgme?
Recordemos lasdospreguntas
deAristóteles.
1.¿Forma el tiempo
partedelosontao no?2.Después
delasaporías
relativas
alaspropieda-
desquesedanenel tiempo(¡mitánuparkborztón),
unosepregunta qué
esel tiempoy cuálessuP1951} (ti ¿afinakbronar
kai ti: autom
ép/Jyrir).
La
maneraen queesformuladala primerapreguntamanifiestaqueel ser
del tiempoesanticipadoa partir del ahoray del ahoracomoparte.Y
estomismoenel momentoen queAristótelespareceinvertir la prime-
_rahipótesisy oponerlequeel ahorano esunaparteo queel tiempono
estácompuestode ahoras(todemmaumeros... o dek/Jronar audakeisang-
kezktbaiek tán mm, 21821).
M111,
seríanecesariointernarseaqui en lasdiferenciasentrejeta, Gegenwart,
Anwmnbeit.Siem-
preatitulo preliminar,contentémonos
aquícontraducireltextodeHegel:«Lasdimensiones
del tiempo, el presente(Gegermart),
el futuro y el pasadoson el devenir de la exterioridad
como
talysudisolución
(Aitáïumg)
enlasdiferencias
delserentantoquepaso
alanada
yde
la nadaen tanto que pasoal ser.El inmediatodesvanecimientodeestasdiferenciasen la sin-
gularidad
esel presente
comoahora(dieGrgermart
alt/em),que,entantoquesingularidad,
es
exclusivoy al mismo tiempo pasacontinuamenteen los otros momentos,no siendoél mis-
mo más que el desvanecimientode su ser en naday de la nadaen su ser.»
El presentenito (dieendlitbe
Cagua/art)esel ahorajado como existente,distinto de lo
negativo,de los momentosabstractosdel pasadoy del futuro, en tanto queesla unidadcon-
cretay, asípues,en tanto queeslo afirmativo; peroesteserno esél mismo,sino abstracto,se
desvanece enlanada.Porlo demás, enlanaturaleza, dondeel tiempoesahora,lasdiferencias
entreestas dimensiones nopueden llegara lasubsistencia;nosonnecesarias másqueenlare-
presentación ( Vente/lung)
subjetiva,
enel recuerdo, enel temoro enla esperanza. Peroel pa-
sadoy el futurodeltiempo,entantoquesonenla naturaleza, sonel espacio, puesesteesel
tiemponegado; asíel espaciorelevado (aiggebabrne)esinicialmente el puntoy, desarrollado
parasi,el tiempo»(259).Estostextosy algunos otrosparecen ala vezconrmary con-
testarla interpretaciónde¿Ein¡mdZeit.Laconfirmación esevidente. Lacontestación compli-
calascosas enel puntoenqueel presente esdistinguido delahora,dondeéste,ensupureza,
no pertenece masquea la naturaleza, y todavíano esel tiempo,etc.En unapalabra, habria
muchodeprisay desimplicaciónal decirqueel concepto hegeliano deltiempoestomado
prestado de una«fisica» o una«losofíadela,naturaleza», y quepasaasísin modificación
esencial a una«losofíadelespíritu» o una«losofíadela historia». El tiempotambiénes
estepasomismo.La lecturade Aristóteles, ya,suscitaríacuestiones análogas.
Todaafirmación(aquí,ladeHeidegger) segúnlacualunconcepto pertenece,enHegel,a
lafilosofíadela naturaleza (o,engeneral, a un lugardeterminado, particular,deltextohege-
Iíano) eslimitada aprim"en supertinenciapor la estructurarelevantede las relacionesentre
la naturaleza
y la no-naturaleza
enladialéctica
especulativa.
Lanaturaleza
estáfueradelespí-
ritu, pero como el espíritu mismo, como la posición de su propio estar-fuera-de-sí.

80
Esta segundaseriede proposicionespertenencenal encadenamien-
to delashipótesisdel sentidocomúnquetiendena dejarpensarqueel
tiempo no pertenecea los seresni, de manerapura y simple, a la enti-
dad(ansia).Estashipótesisexotéricasinicialesnuncaseránpuestas en
teladejuicio en otro nivel, en un nivel no exotérico.Despuésde ha-
ber recordadopor qué podemospensarque el tiempo no esun ser,
Aristótelesdejala cuestiónensuspenso. En adelanteseinterrogaráa la
Pbjít} de aquello cuyapertenenciaal serestodavía indecidible. Como se
ha podidoseñalar,hayallí «unproblemametafísicoqueAristóteles
haeludidoquizáen parte»,incluso«aunquelo ha planteadonetamen-
te».Quela cuestióneludidaseapropiamentemetafísica,
podríaseren-
tendido de otro modo. Lo que es metafísico,es acasomenos la cuestión
eludidaquela cuestióneludida,
La metafísica
entoncesseplantearíapor
estaomisión. Al repetir la cuestióndel seren el horizonte transcenden-
tal deltiempoSei¡mdZeittraeríaa la luzestaomisiónpor la cualla me-
tafísicaha creídopoderpensarel tiempoa partir deun seryasilencio-
samentepredeterminadoen su relación con el tiempo. Si toda la meta-
físicaestáimplicadaenestegesto,Sei»¡mdZeit,al menosenesterespec-
to, constituye un pasodecisivo más allá o de estelado de la metafísica.
La cuestióneraeludidaporqueplanteadaen términosde pertenencia
al sero al no-ser,estandoyadeterminadoel sercomoser-presente.Es
esteeludidode la cuestiónlo que Heideggervuelvea poneren juego
desdela primerapartedeSei»:undZeit:el tiemposeráentoncesaquelloa
partir delo queseanunciael serdelo queesy no aquellocuyaposibili-
dadsetratarádederivara partir deun serya constituido(y en secreto
temporalmente predeterminado) en ser presente (del indicativo, en
Vorbarzdenbeit),
ya seaen sustanciao en objeto.
Que lo eludidode la cuestiónpropaguesusefectossobretoda la
historiade la metafísica,o másbien la constituyacomotal, comosu
efecto,no sereconocerá sóloen el hecho,totalmenteevidente,deque
hastaKant, la metafísicahatomadoel tiempopor la nadao el acciden-
te extraño a la esenciao a la verdad. Que toda la metafísicasehaya,por
asídecir,internadoenla aperturao, si sepreere,paralizadoenla apo-
ría del discurso exotérico de la FzïricaIV, esto se indica todavía en Kant.
No sóloen queél liga la posibilidaddel tiempoa la intuitmderiuatívu:
y
al conceptode finitud o de una pasividadderivadas,sino sobretodo en
lo quehayde másrevolucionarioy de menosmctafísicoen supensa-
mientodel tiempo.Sepondra,comosequiera,en la pasivadeKant o
en la activade Aristóteles.Tendráigualmentepocosentidoen losdos
casos.

l Es la diferencia,en la FísicaIV, entreel tratadodel lugary el tratadodel tiempo. Sólo


el primero añadeun desarrollocritico a un desarrolloexotérícoy explicita su articulación
(210b).
5 Moreau,[Japan et le temp:¡clanAriríate,Padua,1965(pág. 92).

81
En efecto, como dice Aristóteles, porque el tiempo no pertenecea
los seres,ya no forma parte de ellos, no esuna determinación, porque
el tiempo no esdel seren general(fenoménico o en si), esprecisohacer
de él una forma pura de la sensibilidad (sensibleinsensible). Esa pro-
funda delidad metafísica,seorganiza,searreglacon la ruptura que re-
conoceel tiempo como condición de posibilidad del aparecerde los ¡e-
resen la experiencia(nita), e:decir,también conla queserárepetida
por Hei-
degger deKant. Podremos,pues,siempre someterpor principio el texto
de Aristóteles a lo que sepodria llamar la «repetición generosa»:aqué-
lla de la que sebeneficiaKant y que esnegadaa Aristóteles y a Hegel,al
menosen la épocade Seirz undZeit. Por un cierto punto, la destrucción
de la metafísicasigue siendo interior a la metafísica,no hace más que
explicitar su motivo. Es éstauna necesidadque seríaprecisointerrogar
sobreesteejemplo y cuya regla seríaprecisoformalizar. Aquí, la ruptu-
ra kantiana estabapreparadapor la Hrim IV; y sepodría decir lo mis-
mo de la «recuperación»heideggerianadel gesto kantiano en Sei una
Zeit y en Kant] elproblemade 1ametarita.
Si comparamos,en efecto, a la FzírimIV, la «Exposición transcen-
dental del concepto de tiempo», enseguidadestacamosahí esterasgo
común y decisivo: «El tiempo no esalgo que existepara sí [en sí] o que
pertenecea las cosascomo determinación objetiva y que por estehe-
cho persistiría si sehiciera abstracciónde todaslas condicionessubjeti-
vas de su intuición.» Diremos acasoque esterasgola no-entidad en
sí del tiempo es muy general y que la comunidad de intención está
limitada entre Kant y Aristóteles. Consideremosentonces la deni-
ción más estricta del tiempo en la «Exposición transcendental»,no del
tiempo como no-existenciaen sí, ni como «condición formal de todos
los fenómenosen general»,internos tanto como externos, sino como
«forma del sentido interno». Toda la fuerza de ruptura de estadeni-
ción parecetodavía rigurosamenteprescritaen la Fzírica IV. Al interro-
garsesobre la pbjsi: del tiempo, Aristóteles se pregunta, puesto que el
tiempo que no esni el cambio ni el movimiento tieneunarelación con el
cambio y con el movimiento (y es asi como comienzaprecisamentela
«Exposicióntranscendental»)
ti te:kinereó:
min (2193,),
lo quedel movi-
miento esel tiempo; y observaél, no como setraduce a menudo y va-
gamente que «al percibir el movimiento percibimos el tiempo», sino
amagar¿mareo? airt/Janometba
kai kbmnaa:«Tenemossensacionesconjun-
tas del movimiento y del tiempo.» Cuandoestamosen la sombra,y no
estamosafectadospor ningún cuerpo (made): diatoaramatórparkbame),
si
seproduce un movimiento en el alma (entépgtcbé),pareceentoncesque
hayapasadoun cierto tiempoy a la vez,conjuntamente
(avia) parece
haber sucedido un cierto movimiento. En la airtbertlr une Aristóteles el
tiempoy el movimiento.Y ello sin queningúncontenidosensibleex-
terior, sin que ningún movimiento objetivo seanecesario.El tiempo es
la forma de lo queno puedepasarmásqueen tépgkbé.La forma del
82
sentido interno es también la forma de todos los fenómenosen gene-
ral. La exposicióntranscendentaldel tiempo pone en contacto esencial
esteconceptocon el movimiento y el cambio, sin dejar de distinguir-
lo de ellos rigurosamente;y, como lo hace la Fin-imIV, ya lo veremos,
parte de la posibilidad de la analogía
que constituyeel trazadadetermina-
do como linea(grammé, Linie).
Este alojamientoaristotélico es,pues,a la vezel de la seguridadme-
tafísicatradicional y, en su ambigüedadinaugural, el de su propia críti-
ca. Al anticipar el concepto de lo sensibleno-sensible,Aristóteles ins-
tala las premisasde un pensamientodel tiempo que ya no estaríasim-
plementedominado por el presente(del serdadoen la forma de la Var-
bamímbcít y de la gigenwámgktít).Hay ahí una inestabilidad y posibilida-
desde vuelta de las que sepuedeuno preguntar si no han sido de algu-
na maneradetenidaspor Saiz:undZeit.Lo que en la imaginación trans-
cendental parece escapara la dominación del presente dado en la
forma de la Varbandenbeít y delgegmwártzgkcitha sido, sin duda, anuncia-
do por la FísicaI V.La paradojasería,pues,la siguiente:la originalidad
de la apertura kantiana, tal como es repetida en Kanty elproblema dela
metarira, no transgredeel concepto vulgar del tiempo sino explici-

Ó(Ifr. también 223mb,Aristótelespiensatambién el tiempo en relación con el movi-


miento (ngir) y el cambio(mataba/ej, comenzandopor demostrarque el tiempo no esni lo
uno ni lo otro. Asi estambiénel primer momentode la Exposicióntranscendentaldel con-
ceptode tiempo. ttAñadoaqui el conceptode cambio ( Verndmmg)y con él el conceptoen
movimiento (Bewegkng) como cambiode lugar no esposiblemásque por y en la representa-
ción del tiempo,y que si estarepresentación"no fuera una intuición (interna) apriari ningún
concepto,cualquieraquesea,podria hacerinteligible la posibilidadde un cambio,esdecir, la
ligadurade predicadoscontradictoriamenteopuestos(por ejemplo,el seren un lugare igual-
menteel no-serde la mismacosaen el mismolugar)en un soloy mismoobjeto(Olyem).Sólo
en el tiempo, esdecir, sucesivamente,puedenencontrarseen una solay mismacosados de-
terminacionescontradictoriasopuestas.Nuestroconceptode] tiempo explica,pues,la posi-
bilidad detantosconocimientossintéticosaprian"que nosproponela teoriageneraldel movi-
miento que no es poco fecunda.»
17«El tiempo no esotra cosaquela forma del sentidointerno, esdecir,del actode intuir-
nos a nosotrosmismosy nuestrosestadosinteriores.Pues,el tiempo no puedeseruna deter-
minación de los fenómenosexternos;no pertenecena ninguna gura, a ninguna posición,
etc.; en cambio,determinala relaciónde las representaciones en nuestrosestadosinternos.
Y, precisamente porqueestaintuición interna no produceningunagura, tratamosdesuplir
estafalta por medio de analogías,y representamos la secuenciatemporalcon una linea que
progresahastael innito (¡mdriel/endieSeitfage
durcheinein: Unendlitbegebmdt Linievar)en la
cualla multiplicidad constituyeuna seriequeno posee,sino unasoladimensión,y de laspro-
piedadesde estalíneaconcluimostodaslaspropiedadesdel tiempo, con la excepciónde que
las partesde la primera son simultáneasmientrasque lasdel segundosiempresonsucesivas.
Resultadeello quela representación del tiempomismoesuna intuición, puestoquetodassus
relacionesse puedenexpresarpor una intuición externa.»
3 Por ejemplo,en el párrafo 32 («La imaginacióntranscendentaly su relación con el
tiempo»)que muestraen qué es liberadadel privilegio del presentey del ahorala intuición
pura del tiempo,tal comoesdescritaen la Estéticatranscendental.Debemostraducir un lar-
go pasajeque aclaratodoslos conceptosdeJair:¡mdZeit queaqui nos interesanen primer lu-
gar.«Hemospresentadola imaginacióntranscendentalcomo el origende la intuición sensi-
ble pura. Ha sido fundamentalmentereconocidopor ello que el tiempo, como intuición

83
tando una indicación de la FúicaIV. La explicitación de la mea-tión elu-
dida se mantiene siempre y necesariamenteen el sistemade lo aludida.
¿Cómo elude la cuestión la predeterminación del tiempo a partir del
mm?En un cierto sentido, Aristóteles retorna en su exotérica la argu-
mentación de Zenón. Sin dejar de reconocer que estaargumentación
no aclara nada (218a), repite la aporía sin deconstruirla. El tiempo no
es(entre los seres).
Es nadaporque e:tiempo,e:decir,ahora pasadoo futu-
ro. El e:detirsuponeaquí que yo tenga algunaanticipación acercade lo
quee: el tiempo, a saber,el no-presenteen la forma del ahora pasadoo
por venir. El ahora actual no esel tiempo porque espresente;el tiem-
po no es (ser) en tanto que no es (presente).Esto signica que si, en
apariencia,se puededemostrar que el tiempo es nada (no-ser), es que
ya se ha determinado el origen y la esenciade la nada como tiempo,
como no-presenteen la especiedel «todavia no» o del «yano». Ha sido
preciso,pues,apelaral tiempo, a una pre-comprensióndel tiempo -y
en el discurso, a la evidencia y al funcionamiento de los tiempos del
verbo- para hablar de la nada* del tiempo. Ya seha operado,sin des-
cubrirlo, en el horizonte de sentido del tiempo para pensar el no-ser
como no-presente,y el ser como presente.Seha determinado tempo-
ralmente el ser como ser-presentepara poder determinar el tiempo
como no-presente y no-ser.
¿Quése dice, en efecto, día tánexoteríkan
103071?"
«que él (el tiempo)
no es en absoluto o no es más que apenasy débilmente»...«Por una
pura, surgea partir de la imaginacióntranscendental.Un análisisapropiadodebetodavia
elucidar las modalidadessegúnlas que precisamenteel tiempo seFundaen la imaginación
transcendental.
El tiempo «transcurresin cesar»como la pura sucesiónde la secuencia de los ahoras(Na-
rbezïmnderderjetgzlge),estasucesión,la intuye la intuición pura sin hacerdeella un objeto(w1-
gegenxtándr/ítb).
Intuir quieredecir recibir lo queseda. La intuición pura seda a si mismaen el
acto de recibir lo que se puederecibir.
Recibir, en el sentidoen que lo entendemosinicialmente,esacogeralgodado( Varbande-
nen),un presente(Anwereden). Peroesteconceptoestricto del recibir, orientado aun por la
intuición empírica,debeserseparadode la intuición pura y de sucaracterpropio de recepti-
vidad. Seharáfácilmenteevidentequela intuición pura de la pura sucesiónde los ahorasno
puedeser la recepciónde un presente(Anwmnden).Si fuerauna recepcióncomo ésa,nunca
podríaentonces«intuir»másqueel ahoraen suahora(dasjetzgejew),peroen ningín casola
secuenciade los ahorasen tanto que tal y el horizonteque seconstituyeen ella. En rigor, en
la pura y simple recepciónde un «presente» (Grgmwmgen), no se puedeincluso intuir un
ahora(few), en la medidaen quepor esenciaésteseextiendesin discontinuidaden supasado
inmediatoy en su futuro inmediato(in ¡sinfather!14m1 fagleirb).El recibir de la intuición pura
debedar en siun vistazosobreel ahora(denAmb/ide der/sw), de tal maneraque prevé(var-
bliclzt)su futuro inmediato y vuelve a ser (rütkb/itkt) su pasadoinmediato. &#39;
Lo que desdeestemomentoserevelamásconcretamenteque nunca,eshastaquépunto
no puedede entradaserel recibir de un presente(Gegmivrtgsn) la intuición pura de la que
trata la estéticatranscendental.Fundamentalmente lo queseda como recepciónen la intui-
ción pura no espuestoen relación solamentecon un presente(einllf Anmrmdzr)y todavía
menoscon un existenteen la forma de lo que semantieneen disponibilidad (uarbandme: reí-
riendas).
* Vid nota * de la página73, acercade rté-antite. (N. del T.)

84
parte ha sido y ya no es(Gegane kai améerti), por otra seráy no estodavia
(mel/eikai aupoertin).Estosson los componentesdel tiempo, no sólo del
tiempo infinito (apeiras),sino también del tiempo consideradoen su
incesante retorno (aei lambanamenar). Ahora bien, parece imposible
que lo que admite no-ser en su composición participe de la entidad
(0mia).»
El meon,la nada del tiempo no es, pues,accesiblemás que a partir
del serdel tiempo.No sepuedepensarel tiempocomonada,másque
segúnlos modosdel tiempo, el pasadoy el futuro. El existente esel no-
tiempo, el tiempo esel no-ser en la medida en que seha determinado
ya secretamenteel existente como presente,la entidad (nuria) como
presencia.Desdeel momento en que el ser es sinónimo de presente,
decir la nadaesdecir el tiempo, eslo mismo. El tiempo esla manifesta-
ción discursivade la negatividady Hegel no hará,mutatzlr mutadis,sino
explicitar lo que se dice de la omic como presencia.
Antes incluso de que sele incluya en los difíciles análisisdel núme-
ro -enumerable o enumerado, la pareja aristotélica tiempo-
movimiento es pensadaa partir de la agriacomo presencia.La aus-ía
como energía por oposición a la ziytamix(movimiento, potencia) es
presencia.El tiempo que comporta el ya no y el todavía no, esun com-
puesto.La energíaseintegra con la potencia. Es la razón por la cual no
es,si sequiere) , «enacto»,y esla razón por la cual no esomic:(sersi se
quiere subsistenteo substancial).La determinación de la entidad (au-
sia) como energía o entelekbeia,
como acto y fm del movimiento es inse-
parablede la determinación del tiempo. El sentido del tiempo espen-
sadoa partir del presente,como no-tiempo. Y no puedeserde otra ma-
nera;ningún sentido (en cualquier sentido que seentienda,como esen-
cia, como significación del discurso, como orientación del movimien-
to entre una arkbey un telar)ha podido ser pensadoen la historia de la
metafísicade otro modo más que a partir de la presenciay como pre-
sencia.El conceptode sentido esgobernadopor todo el sistemade de-
terminaciones que aquí señalamosy, cada Vez que es planteadauna
cuestión de rentida, no puede serlo sino en el cierre metafisico. Sería,
pues, vano, digámoslo seca y rápidamente, querer arrancar en tanto
que tal la cuestióndel sentido (del tiempo o de lo que sea)a la metafísi-
ca o al sistemade conceptosllamados«vulgares».Igualmentesucedería
con una cuestión del¡erque fuera determinada,como lo esen la apertura
de SeiundZeit, como cuestióndel sentido del ser,cualquieraque seala

l) «Sisequiere,en acto...»porqueestatraducciónplanteapreguntas.Que no seaeviden-


te, esun problemaque no podemosabordaraquí.Remitimospor un apartea «Lapalabrade
Anaximandro»(rr. en Cbemim, pág.286)queseñalala distanciaentrela energíade Aristóteles
y la actua/ira:
o el actmpumde la escolásticamedieval;por otra partea P. Aubenque,que su-
brayaque«latraducciónmodernade acto no esun olvido del sentidooriginal, sinoque le es,
por una vez, fiel» (Le prob/¿mt d: 15mr/JezArirtate,pág. 441, nota 1).

85
fuerza,la necesidady el valor, tanto irruptiva como de fundamento, de
una cuestión semejante.En tanto que cuestión del sentido estáya liga-
da, en su punto de partida, y Heideggerlo reconocerásin duda, al dis-
curso (léxico y gramatical) de la metafísicacuyadestruccióncomienza.
De una cierta manera, como lo hace pensar Bataille, la cuestión del
sentido, el proyecto deguardarel sentido, es«vulgar».También lo essu
palabra.
En cuanto al sentido del tiempo, pues, la determinación segúnla
presenciaesigualmentedeterminabley determinada:nos dice lo que e:
el tiempo (no entidad como «ya-no»o como «todavía no»), pero no
puedehacerlo sino por haberte dejadodecir,por un concepto implícito de
las relaciones entre el tiempo y el ser, que el tiempo no podría Jer más
que un siendo (másque al ser)*, esdecir, siguiendoestepambía pnl-ente,
más que un presente.Se sigue de ello que el tiempo no podía ser un
rienda(al ser) másque no siendolo que es,esdecir, siendo ser-presente.
Es, pues, porque el tiempo es pensadoen su ser a partir del presente
por lo que es extrañamentepensado(como no ser o ser- impuro,
compuesto).Porque secree saberlo que esel tiempo, en supla/sir,por-
que seha respondido implícitamente a la pregunta que no seplanteará
sino más tarde, sepuedeen la aporía exotérica convenir en su peque-
ñez, incluso en su no-ser. Es sabido,aunqueno seamásque en la prác-
tica ingenua del discurso,lo que el tiempo debeser,lo que quieren de-
cir pasado(gegamr) o futuro (me/lei),para poder convenir en su peque-
ñez o en su no-ser. Y sepiensael pasadoo el futuro como afecciones
aminorantesque ocurren a estapresenciade la que sesabeesel sentido
o la esenciade lo que es(el ser-siendo).Esto no semuevede Aristóteles
a Hegel. El Primer Motor, como «acto puro» (Magda é katb autetz)es
presenciapura. En tanto que tal, anima todo el movimiento por el de-
seo que inspira. Es el bien y el supremo deseable. El deseo es deseo de
la presencia.El ¿rartambién espensadoa partir de la presencia.Como
el movimiento. El té/o: que pone en movimiento el movimiento y
orienta el devenir hacia si mismo, esdenominado por Hegel concepto
absoluto o sujeto.La transformación de la parouriaen presenciapara sí
y del ser supremoen sujetoque sepiensay seconcentracabesí en el sa-
ber no interrumpe la tradición fundamental del aristotelismo. El con-
cepto como subjetividadabsolutasepiensaa si mismo, espara sí y cer-
ca de si, no hay afueray recoge,borrándolos, su tiempo y su diferencia
en la presenciapara si. Podemoscalificarlo en el lenguajede Aristóte-

* El participio presente¿tantconllevaun matizdetemporalidadquesólopuedehallar su


equivalenciaen el gerundiocastellano«siendo».Debetenersepresentea lo largo del texto y
en generalen todaslas discusionesque conciernena Heideggeren sucesivostrabajos,dado
queel castellano«siendo»no esrealmentelegible, esprecisointerpretar¿tantcomo«elser»,sin
olvidar su imprescindiblematiz temporal. (N. del T.)
2° El tiempo esla existenciadel círculo, y del círculo de los círculosdel que hablael nal
de la Lógica.El tiempo escircular, pero tambiéneslo que,en el movimiento del circulo, di-

86
les: rzaesi:
naeteár,
pensamientodel pensamiento,acto puro, primer mo-
tor, señor que, pensándosea sí mismo, no essometido a ninguna obje-
tividad, a ninguna exterioridad, semantiene inmóvil en el movimien-
to infinito del círculo y del retorno a si.

LA CLAVIJADE LA ESENCIA

Pasandoa la cuestiónde la Paya":del tiempo, Aristóteles comienza,


pues,por señalarque la tradición nunca ha respondidoa una cuestión
semejante(gestoque serádesdeestemomento incansablementerepeti-
do, hastaHegel y Heidegger).Pero Aristóteles no hará a continuación
más que desarrollar la aporía en suspropios términos, es decir, en los
conceptoscuya configuración reconstituye Heidegger(rain,07&#39;0.f)-0
pe-
ras,«ttkgmé,Jpbaira,a los cualesseríanecesarioañadir 0/071,
todo, meras,
parte y grammé).Nunca se ha puestofundamentalmenteen tela de jui-
cio la forma tradicional de la pregunta. ¿Cuálera esta forma?
simulala circularidad;esel circulo en tanto que seoculta a si mismo supropia totalidad,en
tanto quepierdeen la diferenciala unidaddesucomienzoy desufin. «Peroel métodoqueasí
seenlazaen un circulo no puedeanticipar en un desarrollotemporalquecl comienzocomo
tal esyaderivado.»«El conceptopuro queseconcibea si mismo»espues,el tiempoy secum-
ple no obstantecomo la borraduradel tiempo. Comprendeel tiempo. Y asi el tiempo tiene
un sentidoen general,seve mal como sepodria arrancara la onto-teo-teleologia(por ejem-
plo, hegeliana).No esestao aquelladeterminacióndel sentidodel tiempo lo quepertenecea
estaonto-teo-teleologia,sino ya la anticipacióndel sentido.El tiempo essuprimidoya en el
momentoen queseplanteala cuestiónde susentido,en el momentoen quesele poneen re»
lación con el aparecer,la verdad,Ia presencia,la esenciaen general.La cuestiónqueseplan-
teaentoncesesla de su cumplimiento. [Lsla razonpor la que acasono hay otra posibleres-
puestaa la cuestióndel sentidoo del serdel tiempo que la dcl final de la Fenomenologiadel
espiritu;el tiempoeslo mismoqueborra (tiágt)el tiempo.Peroestaherraduraesunaescritu
ra quedejaleerel tiempo y lo mantienesuprimiendolo.El Ïí/gcmtambienesun Alf/beben. Así,
por ejemplo:«El tiempoesel conceptomismoqueestaahí (derdaiii), y sepresentaa la con-
cienciacomo intuición vacía.lis la razónpor la cualel espiritu semanifiestanecesariamente
en el tiempo, y semanifiestaen el tiempo durantetanto cuantole cuestacaptarsuconcepto
puro, esdecir,eliminar el tiempo(nintbtdieZeittii/gt).lil tiempoesel puro Si exteriorintuido,
no captadopor el Si, el conceptosolamenteintuido; cuandosecaptael conceptoa si mismo,
suprimesu forma de tiempo (bob!er¡eineZeit/amauf), concibela intuición y esla intuición
concebiday que concibe.El tiempo semanifiesta,pues,comoel destino(Jkbírhral)y la nece-
sidaddel espiritu que todavíano estáacabadoen el interior de sí mismo...»(Pbénaménalagiede
/&#39;e.rprit.
Citamosaqui la traducciónde]. Hyppolite insetandolaspalabrasalemanasquehacen
aparecerla unidaddel Dartiny del tiempo,del ÏÍQÜIIy de la Auveben de] tiempo.)(lualesquie-
ra que seansusdeterminaciones, el serhegelianono caeen el tiempo como en suDa-Jtinen
mayor medidaque salesimplementeen la paramía.
Queyaen Aristótelesseael círculo el modelodel movimientoa partir del cual sonpensa-
dosel tiempo y lagramme, esunaevidenciaquecasino esnecesariorecordar.Subrayemos so-
lamenteque esexplicitadacon unagran precisiónen la FísicaIV: «Esla razónpor la queel
tiempopareceserel movimientode la esfera,porqueesesemovimientoel quemide losotros
movimientosy el que mide tambiénel tiempo. De ello, la ideacorriente de que los asuntos
humanosson un círculo seaplicatambiéna lasotrascosasque poseenel movimiento natu-
ral, la generacióny la destrucción...y en efectoel tiempo inclusopareceserun circulo...,etc.
(223b). Cfr. también P. Aubcnque,ap.al, pág. 426.

87
Recordémosla. La primerafasede la alternativa(ningunade las
partesdel tiempoes-presente-,
asípuesel tiempoen totalidadno eslo
que signica «noespresente»,
«noparticipandode la amia»)suponía
queel tiempoestabacompuesto departes,a saberlosahora(mm).Esta
presuposicióncontestala segundafasede la alternativa: el ahora no es
unaparte,el tiempono estácompuesto deahoras,la unidady la identi-
dadahorasonproblemáticos. «Si,en efecto,el ahoraessiempreotro,
como ninguna parte es, en el tiempo, al mismo tiempo (ama) que
otra..., como el ahora no-ser, siendo no obstante anterior, ha sido ne-
cesariamente destruido en un momento dado, los ahoras no están al
mismo tiempo (ama)unos con otros, y lo que antesfue ha sido necesa-
riamente destruido» (218a).
¿Cómointervienen los conceptosde número(enumeradoo enume-
rante)y degrama-te
parareacondicionar
la mismaconceptualidad
en el
mismo sistema?
De manera rigurosamentedialéctica: no en el sentido estrictamente
aristótelico, sino ya en el sentido hegeliano. Arma Aristóteles los
contrarios o más bien define el tiempo como dialéctica de los contra-
rios y solución de las contradiccionesque aparecenen términos de es-
pacio. Como en la Encidapedia, el tiempo esla línea, solución de la con-
tradiccióndel punto (espacialidad
no-espacial).Y sin embargo,no es
la línea,etc. Los términoscontradictoriosplanteadosen la aporética
sonsimplemente retomados y armadosjuntosparadenir lapia/ri:del
tiempo. De una cierta manera,sepodrá decir que la dialéctica no hace
todavia más que repetir la aporía exotérica afirmándola, haciendo del
tiempo la armación de la aporética.
Así Aristóteles arma que el ahora en un cierto sentido es lo mis-
mo, en otro sentido lo no mismo (to demmestimena:to autoesti4&#39;03
auto
auto-219b);
queel tiempoescontinuosegúnel ahoray dividido según
el ahora(kai runekber
tedeoMmm:tamm,kai dieretai
katatamm220a)2&#39;.
Y todaslasarmacionescontradictoriasseconcentranen un manejo
dialéctico del concepto degramme.Este manejo dialéctico ya es co-
mo lo serásiempre gobernadopor la distinciónde la potenciay el
acto,de los contradictoriosqueseresuelvendesdeel momentoen que
setomaenconsideración la relaciónbajola queselesconsidera:
enpo-
tencia o en acto. Y estadistinción de la potencia y del acto no es evi-
dentementesimétrica,al estarella mismadominadapor una teleo-
logíade la presencia,por el acto(sangría)comopresencia(varia,pa-
maria).
Pareceinicialmenteque Aristótelesniegala representación
del
tiempo por la gramme,aquí por una inscripción lineal en el espacio,lo
mismoquerehúsaidenticar el ahoraconel punto.Suargumentación
erayatradicionaly lo ha seguidosiendo.Apelaa la no-coexistencia
de
21Cfr. también, 22221.

88
las partesdel tiempo. El tiempo sedistingue del espacioen que no es,
como dirá Leibnitz, «orden de coexistencias», sino «orden de sucesio-
nes».El contacto de los puntos entre sí no puedeserel mismo que el de
los ahorasentre si. Los puntos no sedestruyenrecíprocamente.Ahora
bien, si el ahora presenteno fuera anulado por el ahora que sigue,coe-
xistiría con él, lo cual es imposible. Incluso si no fuera anulado más
que por un ahora muy alejado de él, debería coexistir con todos los
ahoras intermediarios, que son en número innito (indeterminado:
apeimr),lo cual es imposible (218 a). Un ahora no puede coexistir,
como ahora actual y presente, con otro ahora como tal. La co-
existenciano tiene sentido más que en la unidad de un sólo y mismo
ahora. Esto es el sentidomismo, en lo que lo une a la presencia. No po-
demos incluso decir que la coexistencia de dos ahoras diferentes e
igualmente presenteses imposible o impensable:la signicación mis-
ma de coexistenciao de presenciaestáconstituida por estelímite. No
poder co-existir con otro (mismo), con otro ahora, no esun predicado
del ahora, es su esenciacomo presencia.El ahora, la presenciaen acto
del presenteesconstituida como la imposibilidad de coexistir con otro
ahora,esdecir, con otro mismo-que-sí.El ahora, es(en presentede in-
dicativo) la imposibilidad de coexistir tortuga:
consigo,esdecir con otro
sí, otro ahora, otro mismo, un doble.
Peroya hemosseñaladoque estaimposibilidad, apenasconstituida,
secontradice,sepruebacomoposibilidadde lo imposible.Estaimpo-
sibilidadimplica en su esencia,paraserlo quees,queel otro ahora,
con el que no puedecoexistir un ahora, seade una cierta maneratam-
bién el mismo, seatambién un ahora como tal y coexistacon lo que no
puedecoexistirconél. La imposibilidaddela coexistencia
no puedeser
planteadacomotal másquea partir deunaciertacoexistencia, deuna
cierta simultaneidadde lo no-simultáneo, donde la alteridad y la iden-
tidad del ahora semantienen juntas en el elementodiferenciado de un
cierto mismo. Para hablar en latín, el mm o el m de la coexistencia no
tiene sentido más que a partir de su imposibilidad e inversamente.Lo
imposible (la coexistenciade dos ahoras) no aparecemás que en una
síntesis (entendamosesta palabra de manera neutra no implicando
ningunaposición,ningunaactividad,ningún agente),digamosuna
ciertacomplicidado co-implicaciónquemantienejuntosvariosahoras
actualesdelos quesedicequeuno espasadoy otro futuro. El imposi-
ble co-mantenimiento de varios ahoras presenteses posible como
mantenimiento de varios ahoraspresentes.El tiempo esun nombre de
esta imposible posibilidad.
inversamente,el espaciode la caexirtenciaparíb/e,
lo que secreepreci-
samenteconocerbajoel nombredeespacio,la posibilidaddela coexis-
tencia,esel espaciodela imposiblecoexistencia.
La simultaneidad:
no
puedeapareceren efecto como tal, ser simultánea,es decir, puestaen
contacto de dos puntos, más que en una síntesis,una complicidad;
89
temporalmente.
No sepuededecirqueun puntoestáconotro punto,y &#39;
un punto, sediga o no, no puedeestarcon otro punto, no puedehaber
ahí otro punto con el cual, etc., sin una temporalización. Y éstaman-
tiene juntos dos ahorasdiferentes.El mnde la coexistenciaespacialno
puedesurgir más que del mnde la temporalización. Lo muestra Hegel.
Hay un mndel tiempo que haceposible el mndel espacio,pero que no
seproduciría como amsin la posibilidad del espacio.(En el puro Au:-
mzritbrein,no hay más espaciodeterminado que tiempo).
A decir verdad, al enunciar así estasproposiciones,nos mantene-
mos en la ingenuidad. Hacemoscomo si la diferencia entre el espacioy
el tiempo nos fuera dadacomo diferencia evidente y constituida. Aho-
ra bien, Hegel y Heideggerlo recuerdan,no sepuedetratar del espacio
y del tiempo como de dos conceptoso de dos temas.Sehabla ingenua-
mente cadavez que seforma el espacioy el tiempo como dos posibili-
dadesque se deberían comparar y poner en contacto. Y sobre todo
cadavez que, haciéndolo creemossaberlo que es el espacioo el tiem-
_po,lo que es la esenciaen general,en el horizonte de la cual creemos
poder plantear la cuestióndel espacioy del tiempo. Sesuponeentonces
que es posible una pregunta sobre la esenciadel espacioy del tiempo,
sin preguntarsesi la esenciapuedeser aquí el horizonte formal de esta
pregunta,y si la esenciade la esenciano ha sido secretamentepredeter-
minada como presencia,precisamente a partir de una «decisión»
que concierne el tiempo y el espacio.No hay, pues,que poner en con-
tacto el espacioy el tiempo, ya que no son cadauno de los dos términos
sino lo que no es, y no consisten inicialmente más que en la com-
paración misma.
Ahora bien, si Aristóteles da la diferencia entre el tiempo y el espa-
cio (por ejemplo, en la distinción entre mmy rtlgmé)como diferencia
constituida, la articulación enigmática de estadiferencia sealoja en su
texto, disimulada, resguardadapero operante en esta complicidad,
como estacomplicidad del mismo y del otro en el interior del cono del
junta, del ¡ima!en el cual el estar-juntono esuna determinación del ser,
sino su producción misma. Toda la gravedaddel texto de Aristóteles se
apoyasobreuna pequeñapalabravisible apenas,porque pareceeviden-
te, discretacomo lo que pareceevidente,borrada, que opera tanto más
eficazmentecuanto que essustraídaa la temática.Lo que esevidentey
así hacejugar el discursoen su articulación, lo que en adelanteconsti-
tuirá la clavija (miami)de la metafísica,esta pequeñallave que abre y
cierra a la vez en su juego la historia de la metafísica,estaclavícula en
la que seapoyay searticula toda la decisión conceptualdel discursode
Aristóteles, esla palabraama.Aparececinco vecesen 218a.Ama, quie-
re decir en griego «junto»,«ala vez»,los dos juntos, «al mismo tiempo».
Esta locución no esinicialmente ni espacialni temporal. La duplicidad
del rima!a la que remite no reúne en sí todavía ni puntos ni ahoras,ni
lugaresni fases.Dice la complicidad, el origen común del tiempo y del

90
espacio,
el comparecer
comocondicióndetodoaparecer
delser.Dice
de manera,la diadacomolo mínimo.PeroAristótelesno lo dice.De-
sarrollasudemostraciónenla evidenciadesapercibida delo quedicela
locuciónama.La dicesin decirla,la dejadecirseo másbiensedejaella
decir lo que él dice.
Veriquémoslo.Si el tiempoparece,en la primerahipótesisde la
aporía,no tenerparteen la amíapuraen tanto quetal, esqueestáhe-
cho de ahoras(suspartes)y quevariosahorasno pueden:1) ni seguir
destruyéndose inmediatamenteuno a otro, puesen estecasono habría
tiempo;2) ni seguirdestruyéndose
demanerano inmediatamente con-
secutiva,puesenestecasolosahorasdel intervaloseríansimultáneos y
no habríamástiempo;3) ni permanecer (en)el mismoahora,puesen
estecasolascosasqueseproducenen un intervalodediezmil añoses-
taríanjuntas,al mismotiempo,lo cual esabsurdo.Esteabsurdo,de-
nunciadopor la evidenciadel«almismotiempo»eslo queconstituyea
la aporía en aporía.
Estastres hipótesishacen,pues,impensablela nuriadel tiempo.
Ahorabien, no puedenserpensadas y dichasmásquesegúnel adver-
bio temporal-intemporal ama.Consideremos,enefecto,la secuenciade
losahoras.El ahoraprecedente debe,sedice,serdestruidopor el ahora
quesigue.Pero,haceentoncesnotarAristóteles,no puedeserdestrui-
do «ensí mismo»(en canto),
esdecir: no seríadestruido entoncescomo
en el momentoen quees(ahora,en acto).No puedeen mayormedida
ser destruido en otro ahora (enalla):no seríaentoncesdestruido como
ahoraen sí mismo,y, en tanto queahoraqueha sido,es(permanece)
inaccesible
a la accióndel ahorasiguiente.«Sea,
enefecto,la imposibi-
lidad para los ahorasde relacionarseunos a otros como un punto sere-
lacionacon un punto.Si asíel ahorano esdestruidoenseguida
(enta
ebexex)
sinoenotroahora,seríaalmismotiempo(ama)quelosahoras
intermediariosquesonen númeroinnito; lo cualesimposible.Pero
no esposiblequepersista(diameneín)
siempreel mismo;puesno haylí-
mite único para ninguna cosalimitada por la división, ya seacontinua
segúnel uno o segúnel plural; ahorabien,el ahoraesun límite, y se
puedeconsiderarel tiempo como limitado. Luego,si ser al mismo
tiempo(to amaeinai)segúnel tiempoy no serni anteriorni posterior,
es ser en él mismo, en el ahora, si las cosas anteriores y las cosas poste-
rioresestánen esteahora,lo quesehabríaproducidohacemillaresde
añosseríaal mismotiempo(ama)quelo queseproducehoy,y nadase-
ría ya anterioro posteriora nada(218a)

91
LA GRAMME Y EL NÚMERO

Estaes,pues,la aporía.Excluye
yaque,apesardesupuntodepar-
tidaCinemática,
estareflexiónidentiqueel tiempoconlagramme
que
representa
el movimiento,sobretodo si estarepresentación
esdenatu-
ralezamatemática:
porquelosahoras noson«almismotiempo»como
lospuntos(218a);porqueel tiemponoesel movimiento
(218b);por-
quela FísicaI Vdistingueentrelagramme
engeneraly la líneamatemá-
tica (2222;Aristóteles
hablaahídelo queocurreapitánmatbematilón
grammn enlasquelospuntossiempresonlosmismos);enn, porque,
lo veremos,el tiempo,comonúmeroenumerado del movimiento,no
esintrínsecamente denaturaleza
aritmética.Por todasestasrazones,
es
yaevidentequenotendremosqueverconesteconcepto
cinematográ-
co del tiempotanvigorosamente
denunciadopor Bergson;
todavía
menos con un simple matematismoy aritmetismo. Y ocurre inversa-
menteque en un sentidoquizádiferentedel que indica Heidegger,
Bergsones másaristotélicode lo que él mismocree.
¿Cómo se introduce el tiempo en la Pinta?
1._ El tiempono esni el movimiento(kinerzlr)
ni el cambio(meta-
ba/e).
Estosestánúnicamente
enel ser-movido
o enel ser-cambiante
y
no sonm_áso menoslentoso rápidos.Lo cualno puedeserel casodel
tiempo.Este,por el contrario,haceposibleel movimiento,el cambio,
sumediday lasdiferenciasdevelocidad.Aqui el tiempoesel definidor
y no el denido (218b).
2. Sin embargo,no haytiemposin movimiento.Aquí esdonde
Aristótelesligael tiempoa la experiencia
o al aparecer
(dianoia,
pg/kbe,
atlrtberir).
Siel tiemponoesel movimiento, nopodemos, sinembargo,
experimentar más que sintiendo o determinando un cambio o un mo-
vimiento (Aristóteles considera que aquí la diferencia entre movi-
miento y cambiono espertinentey no debeinteresarle-218b).«Es,
22Recordemos,
porejemplo,parafijar lascosas,
esospasajes,
entretantosotros:«Asies
comofuimosconducidos
antela ideadeTiempo.Allá nosesperabaunasorpresa. Fuimos
muyimpresionados
enefectoal vercómoel tiemporeal,quedesempeña el primerpapelen
todafilosofía
delaevolución,
escapa
alasmatemáticas.
Siendo
suesencia
pasar,
ninguna
de
suspartesestáyaalli cuandosepresenta
otra...En el casodeltiempo,la ideadesuperposi-
ciónimplicaria
absurdo,
pues,
todoefecto
deladuración
queseasuperponible
asimismo,
y
en consecuencia
mensurable,tendracomo esenciano durar... La líneaque semide esinmó-
vil, el tiempoesmovilidad.La líneaestácompletamente
hecha,
el tiempoeslo quesehace,e
incluso
loquehace
quetodosehaga.»
Y estanota,queconcordaría
conesepasaje
delaNota
deHeidegger
si éstano denunciara
precisamente
un limitedela revoluciónbergsoniana:
«A
lo largodelahistoria
delafilosofia,
tiempo
yespacio
seponen
enlamisma
categoría
ytrata-
doscomocosas delmismogénero. Seestudia
entoncesel espacio,
sedetermina
sunaturaleza
y sufunción,luegosetransportan
altiempolasconclusiones
obtenidas.
Lateoríadelespacio
y ladeltiempo
hacen
asipareja.
Para
pasardelaunaalaotra,habastado
concambiar
unapa-
labra:sehareemplazado
"yuxtaposíción
porsucesión»,
Laprme:etlemaumm,
págs.
2,3,5,
y 55.).
Z3Cfr. también 223a.

92
pues,claroqueel tiempono esni el movimientoni sin el movimien-
to (219a).»
¿Quéponeencontactoel tiempoconlo queno es,a saberel movi-
miento?¿Quédeterminael tiempodel movimiento?Esprecisobuscar
en el tiempo ti te:kinereár
artin,esdecir, en sumalo que lo relacionacon
el espacio,y con los cambios de lugar. Y encontrar los conceptosde
esta relación.
Discretas,avanzadassin insistenciay como si fueran evidentes,las
categoriasfundamentalesson aquí la de analogíay la de corresponden-
cia. Reconducen, bajo otros nombres y apenas desplazándolo, el smgma
del «al mismo tiempo», que nombra y sustraea la vez, cuentay disimu-
la el problema.
El tamaño es continuo. Es el axioma de este discurso. Ahora bien,
el movimiento sigueel orden del tamaño, correspondea él (aka/aut/Jei
tmegetbeiékineszk),espuescontinuo. Por otra parte, lo anterior y lo pos-
terior son situacioneslocales (entopo).En tanto que tales, estánen el
tamaño, y así pues,segúnla correspondenciao la analogíadel tamaño
y del movimiento (219a), en el movimiento. Y asi puesen el tiempo,
puestoque «el tiempo y el movimiento siempresecorresponden»(dia
to aka/arriba}:
aei tbaterótbateranautón).Se sigue de ello por n que el
tiempo es continuo por analogía con el movimiento y con el ta-
mano.
Esto conduce a la denición del tiempo como número del movi-
miento segúnel antesy el después(219a). Denición que se precisa,
como es sabido,por la distinción entre número enumeradoy número
enumerante.El número se dice de dos maneras(die/Jair): número que
enumeray número enumerado(2l9b). El tiempo esnúmero enumera-
do (améaarit/Jmaumerzall o arítmaumenor).Esto signica que, paradójica-
mente, si el tiempo estásometido a lo matemático,a la aritmética, no
es en sí, en su naturaleza, un ser matemático. Es tan extraño al número
mismo, al número enumerante, como son diferentes de los números
que los cuentan los caballosy los hombres,y diferentesentre sí. Y dife-
renta:entreri, lo cual nos deja libres de pensar que el tiempo no es un
existente entre otros, entre los hombres y los caballos. «Es un solo y
mismo número sea el número de cien caballos o el número de cien
hombres,pero las cosasde las que hay número, los caballosy los hom-
bres, son otras (220b).»
No hay tiempo más que en la medida en que el movimiento tiene
número, pero el tiempo no es,en sentido riguroso, ni el movimiento ni
el número. Sedejasolamentenumerar en tanto que tiene relación con
el movimiento segúnel antes y el después.La unidad de medida del
tiempo así numerado, es el ahora, que permite discernir el antesy el
después.Y la representacióngráfica lineal del tiempo esa la vez exigi-
da y excluida porque el movimiento estádeterminado segúnel antesy
el después.Estadeterminación segúnlo anterior y lo posterior «corres-
93
ponde», en efecto, «de una cierta manera, al punto» (akolautbeide kai
tontaopa:
terttgme).
El punto da a su longitud sutarttirmidad
y su límite.La
líneaesunacontinuidaddepuntos.Y cadapuntoesa la vezun n y un
comienzo (arkbékai talante) para cadaparte. Podríamos,pues,creer que
el ahora esal tiempo lo que el punto es a la línea. Y que la esenciadel
tiempo puedepasarintacta y sin daño en su representaciónlineal, en el
desarrollo continuo, extendido, de la puntualidad.
Aristóteles señalarmemente que no hay nadade eso.La represen-
tación espacialy lineal, al menosbajo estaforma, esindecuada.Lo que
así es criticado, no es la relación del tiempo con el movimiento, ni el
ser numerado o numerabledel tiempo, sino su analogíacon una cierta
estructura de la gramme.
Si nos servimos,en efecto, del punto y de la línea para representar
el movimiento, manejamosuna multiplicidad de puntos que son a la
vez origen y límite, comienzo y n; esta multiplicidad de inmobilida
des, esta serie, si puededecirse,de paradassucesivas,noda el tiempoy,
cuandoAristóteleslo recuerda,no podemosdistinguirsulenguajedel
de Bergson:«Puesel punto esla continuidad y el límite del tamaño. Es,
en efecto, comienzo de éstey n de aquél. Pero si se considerael ele-
mento único como doble, la paradaes necesaria,puestoque el mismo
punto seria a la vez comienzo y fin (220a).» »
En estesentido, el ahora no es el punto, puesto que no detiene el
tiempo, no es ni el origen ni el n, ni el límite. Al menosno eslímite
en tanto que perteneceal tiempo. La importancia del m tantaqueno ce-
sará en adelantede precisarse.
Lo que así seencuentra rechazadono es, pues, la gram/rteen tanto
que tal, sino la grammecomo serie de puntos, como composición de
partes que seria cada una un límite detenido. Pero si consideramos
ahora que el punto, como límite, no existeen acto, no es(presente),no
existe más que en potencia y por accidente,no proviene su existencia,
sino de la línea en acto, entoncesno esimposible conservarla analogía
de la gramme:a condición de considerarlano como seriede límites po-
tenciales,sino como línea en acto, como línea pensadaa partir de las
extremidades(ta rkbatay no de las partes,220a). Lo que sin duda per-
mite distinguir entre el tiempo y el movimiento por una parte y la
grammepor otra como serie homogéneade puntos-límites desplegados
en el espacio;pero lo que a la vez viene a serpensarel tiempo y el mo-
vimiento a partir del tela:de unagrammeacabada,en acto, plenamente
presente,que concentrael trazado,esdecir, que lo borra en un círculo.
El punto no puedecesarde inmovilizar al movimiento, no puededejar
de ser a la vez comienzo y n más que si las extremidadessetocan y si
indenidamente, el movimiento nito del círculo se regenera,repro-
duciéndoseindenidamente el n en comienzo y el comienzo en n.
En estesentido, el círculo no levanta el límite del punto másque desa-
rrollando su potencia. La grammeescomprendida por la metafísicaen-

94
tre el punto y el círculo, entre la potencia y el acto (la presencia),etc.; y
todaslas críticas de la espacializacióndel tiempo, de Aristóteles a Berg-
son, semantienen en los límites de estacomprensión. El tiempo no se-
ría entoncesmás que el nombre de los límites en los que la grammees
comprendida así, y, con la gramme,la posibilidad de la marca en gene-
ral. No seha pensadonunca nada diferente bajo el nombre de tiempo.
El tiempo eslo que espensadoa partir del sercomo presenciay si algo
que tiene relación con el tiempo, pero no es el tiempo debeser
pensadomásallá de la determinación del sercomo presencia,no puede
tratarsede algo que todavía pudiéramos llamar tiempo. La fuerzay la
potencialidad, la dinámica siempreha sido pensada,bajo el nombre de
tiempo, comogrammcinacabadaen el horizonte de una escatologiao de
una teleología,y remitiendo segúnel círculo a una arqueología.La pa-
rauriasepiensaen el movimiento sistemáticode todos estosconceptos.
Criticar el manejo o la determinación de uno cualquierade estoscon-
ceptosen el interior del sistemaviene a sersiempre,entiéndaseestaex-
presión con toda la carga que aquí puede tomar, girar en círculo: re-
constituir, según otra configuración, el mismo sistema. Este movi-
miento que no esprecisoapresurarseen denunciar como la vanidad de
la repetición inútil, y que tiene que ver en algo esencialcon el movi-
miento del pensamiento,¿podemosdistinguido a la vez del círculo he-
geliano de la metafísicao de la onto-teología y de estecírculo en el que
Heideggernos dice tan a menudo que esnecesarioaprendera entrar de
una cierta manera?
Sealo que seade estecirculo y del círculo de los círculos, podemos
esperarapriari y de la maneramásformal, a descifraren un texto «pasa-
do» la «crítica» o más bien la determinación denunciadora de un lí-
mite, la de-marcación,la de-limitación que secreepoder inaugurar en
un momento dado contra él. Más simplemente:todo texto de la meta-
física lleva en sí, por ejemplo, no sólo el concepto llamado «vulgar» del
tiempo, sino también lasfuentesque setomarán prestadasal sistemade
la metafísicapara criticar este concepto. Y estasfuentes son exigidas
desde el instante en que el signo «tiempo» la unidad de la palabra y
del concepto, del significado y del signicado «tiempo»en general,sea
o no limitado por la «Vulgaridad»metafisica sepone a funcionar en
un discurso.A partir deestanecesidadformal esnecesarioreflexionar so-
bre lascondicionesde un discursoque excedela metafísica,suponiendo
queun discursotal seaposibleo seanuncieenlafiligranadeun margen.
Asi, para atenernosa un anclajearistótelico, la Hrira IV conrma
sin duda la de-limitación heideggeriana.Aristóteles piensasin ninguna
duda el tiempo a partir de la ansiacomoparouria,a partir del ahora, del
punto, etc. Y sin embargo,puedeorganizarsetoda una lectura que re-
petiría en su texto no sólo estalimitación, sino también su contraria. Y
que haría aparecerque la de-limitación es gobernadatodavía por los
mismos conceptos que la limitación.

95
Esbocemos esta demostración. El movimiento ha sido iniciado re-
petidasvecesen el itinerario que hemosseguido.
Como el punto con respectoa la línea, el ahora, si se considera
comolímite (peras)
esaccidentalcon respectoal tiempo.No esel tiem-
po, sino su accidente (E 21m1
aunpara; to mm,aukbronar,alla Jumbebeken
220a). El ahora(Gegenwa), el presente,no dene, pues,la esencia
del tiempo.El tiempono espensadoa partir del ahora.Por estarazón
la matematización del tiempotienelímites.
Entendámosloen todoslos
sentidos.En tanto queexigelímites,ahorasanálogosa puntos,y que
los límitessonsiempreaccidentes y potencialidades,
el tiempono pue-
deserperfectamente matematizado, sumatematización tienelímitesy
siguesiendo,en lo que respectaa su esencia,accidental.El ahora esac-
cidentedel tiempoen tantoquelímite,proposiciónrigurosamente
he-
geliana: recordemosla diferencia entre el presentey el ahora.
Por otra parte, el ahora en tanto que límite, sirve también para me-
dir,-pa-ranumerar. En tanto que numera, dice Aristóteles, esnúmero, e
aritbmeiatbmax.Ahora bien, el número no pertenecea la cosanumera-
da. Si hay diez caballos,la decenano esequina, no esde la esenciadel
caballo, estáen otra parte (al/atbí).De la misma manera, el ahora no
pertenecea la esenciadel tiempo, estáen otra parte. Es decir, fuera del
tiempo, extraño al tiempo. Pero extraño como su accidente. Y esta
condición de extraño que arrancaría acasoel texto de Aristóteles a la
delimitaciónheideggeriana
escomprendidaen el sistemadelasoposi-
ciones fundadoras de la metafísica: lo extraño se piensa como acci-
dente,Virtualidad,potencia,inacabamiento
del circulo, débil presen-
cia etc.
El ahora es pues: l) parte constitutiva del tiempo y número extra-
ño al tiempo; 2) parte constitutiva del tiempo y parte accidental-del
tiempo. Puedeconsiderarseen tanto que tal o en tanto que cual. El
enigma del ahora esdominado en la diferencia entre el acto y la poten-
cia, la esenciay el accidente,y en todo el sistemade oposiciones
que
son solidariascon él. Y la difracción de los «en tanto que»,la plurali-
dadde lassignificaciones
seprecisay seconrma a medidaqueavan-
zamosen el texto: en particular en 222a, donde Aristóteles concentra
todo el sistemade los «en tanto que»,segúnel cual «lasmismascosas
pueden decirse según la potencia y el acto» (Erica I, 191b, 27-29).
Lo queorganizaaquíla pluralidady la distribucióndelassignica-
cioneses,pues,la definición del movimiento como la «entelequiade lo
que esen potencia, en tanto que tal», tal como seproduce en el análisis
decisivo de la Piritu III (201ab).La ambigüedaddel movimiento, acto
de la potencia en tanto que potencia, necesariamentetiene, en cuanto
al tiempo, una consecuenciadoble. Por unaparte,el tiempo, como nú-
merodel movimiento,estádel ladodel no-ser,dela materia,dela po-
tencia,del inacabamiento.
El seren acto,la energíano esel tiempo,
sino la presenciaeterna. Aristóteles lo recuerdaen la Füita IV: «Es,

96
pues, evidente
quelosseres.
eternos
(taacímta),entantoqueeternos,
nosoneneltiempo» (221b).Pero,
poratrapada,
eltiemponoeselno-
sery losno-seres
nosoneneltiempo. Parasereneltiempo,esnecesa-
riohabercomenzadoasery tender,
como todapotencia,
haciaelactoy
laforma:«Espues evidentequeelno-sernoserásiempreeneltiem-
(221b)».
Aunque seancomprendidos
a partir delsercomopresenciaen
acto,elmovimiento
y eltiempo
nosonniexistentes(presentes)
ni no-
existentes
(ausentes).
La categoría
deldeseo
o delmovimiento,
entan-
toquetales,
lacategoría
deltiempo
entantoquetal,sonpues
alavez
sometidas
y sustraídas,
yao todavíaenel textodeAristóteles,
tantoen
lade-limitación
delametafísica
como
pensamiento
delpresente,
como
en su simplecambio.
Estejuego
delasumisión
y delasustracción
debepensarse
ensure-
glaformalsi queremos
leerla historiade lostextosde la metafísica.
Leerlos
enlaapertura
delclaroheideggeriano,
ciertamente,
comosolo
exceso
pensado dela metafísica
comotal, perotambiéna veces,
el-
mente,másalládeciertasproposiciones
o conclusionesen lascuales
hadebido
detenerse
este
claro,
tomarimpulso
oapoyo.
Porejemplo,
en
lalectura
deAristóteles
y deHegel
enlaépoca
deSa):
¡mdZeit._r,,Y
esta
reglaformaldebe
poder
guiarnos
enlalectura del conjunto
deltex-
to heideggeriano
mismo.Debepermitirnos
enparticular
plantearla
cuestión
de la inscripción
en él de la ¿para
de Seix¡mdZeit.

EL CIERREDE LA«GRAMME»
Y LA MARCA
DE LA«DIFFÉRANCE»

En suma,estopuedesugerirque:
l. No hayquizá«concepto
vulgardeltiempo».
El concepto
de
tiempopertenece
departeapartealametafísica
y nombraladomina-
cióndelapresencia.
Esnecesarioconcluir
deello,pues,
quetodoel
sistema
delosconceptos
metafísicos,
a travésdetodasuhistoria,
desa-
rrollala llamada
«Vulgaridad»
deesteconcepto
(loqueHeidegger
sin
duda, nocontestaría),
perotambién
quenoselepuede
oponerotro
con-
2 Aunque
Bergson
critica
elconcepto
deposible
entanto
queposible,
aunque
nohaga
nideladuración ni incluso
delatendencia unmovimiento deloposible,
aunque todoseaa
susojos«actual»,suconceptodela duración, impulso y tensión ontológica
delo viviente
orientadoporunrelax,guardaalgodela ontologia aristotélica
deltiempo.
25Sólounalectura semejante,
a condicióndenoautorimr la seguridad
y lacerrazónes-
tructural
delaspreguntas,nosparece quepueda deshacer hoyenFrancia unacomplicidad
profunda;laquereúne, enlamisma negativaa leer,enlamisma negativaencuanto a lapre-
gunta,
e]textoy lacuestióndeltexto,enlamisma repeticiónoenelmismo silenciociego,el
campo deladevoción heideggeriana
y eldelanti-heideggerianismo,
la«resistencia»
política
quesirvea menudodecoartadaaltamentemorala una«resistencia»
deotroorden;resisten-
cialosóca, porejemplo,
perohayotrasycuyas
implicaciones
políticas,
porsermáslejanas,
no estánmenosdeterminadas
por ella.

97
ceptodeltiempo,puestoqueel tiempoengeneral pertenece
a la con-
ceptualidadmetafísica.
Si sequisieraproduciresteotro
concepto, nos
daríamoscuentaenseguidadequelo construimosconotrospredicados
metafísicosu onto-teológicos.
¿Noesestolo queHeidegger
experimentó
enSeinuna
Zeit?El ex-
traordinarioestremecimiento
al que entoncessesometela ontología
clásicasigueestandocomprendido enlagramática y el léxicodelame-
tafísica.
Y todaslasoposicionesconceptualesquefavorecen ladestruc-
cióndelaontología seordenanalrededordeunejefundamental: elque
separa lo auténtico
delo inauténtico
y,enúltimainstancia, latempora-
lidadoriginariadela temporalidad destituida.
Ahorabien,no sóloes
difícil, comohemostratadodeindicar,atribuirsimplemente
a Hegella
proposición
deuna«caída
delespíritueneltiempo», sino,enlamedida
enquesepuede,esprecisoquizádesplazarla de-limitacion.
El límite
metafísicau onto-teológicoconsistesindudamenosenpensarunacaí-
daenel tiempo(desde un no-tiempoo unaeternidad in-temporal que
enHegelno tieneningúnsentido), sinoenpensarunacaídaengene-
ral,aunquesea,comolo propone Sei):
um!Zeitensutemafundamental
y ensulugardemayorinsistencia,deuntiempooriginarioenuntiem-
po derivado.Heideggerescribe,por ejemploal final del párrafo82,
consagradoa Hegel:«Elespíritunocaeenel tiempo,sino:laexisten-
cia factualcae comolo quedecae ( ï/It al: l/QfaÍ/ede), a partir de la
temporalidad originaria,dela temporalidad auténtica(au:derunprün-
g/icbetz,
eigerztlicben
Zeitlitbkeit).
Peroestedecaer(Fallen) tienesupropia
posibilidadexistencialenun mododesutemporalización, modoque
pertenece a la temporalidad...» Y deestatemporalidad originariase
pregunta Heidegger, al cerrarSei"unaZeitsi constituyeel horizonte
del
ser, si conduce al sentidodel rar.
Ahora bien, la oposiciónde lo onginarío
y de lo derivada
¿nosigue
siendo metafísica?La demandade la arkbcen general,cualesquieraque
seanlasprecauciones
delasqueserodeeaesteconcepto,
¿noeslaope-
ración «esencial»de la metafísica?Suponiendo que se la pudiera sus-
traer,a pesardefuertespresunciones,
a cualquierotraproviniencia,
¿noexisteal menosunciertoplatonismoenel Verfallen?
¿Porquéde-
terminarcomocaidael pasode una temporalidada otra?¿Y por qué
calificarde auténtica-opropia (etgentc/J)
-y de inauténtica- o im-
propiaala temporalidad
desde
el momento
enquetodapreocupación
ética ha sido suspendida?
Podríamosmultiplicar estaspreguntasen
tornoal concepto
denitud, desde
unpuntodepartidaenla analítica
existencialdel Dasein,justificadopor la enigmáticaproximidad2°con-

2°Looriginario,
lo auténtico
estádeterminado
comolo propio(oigan/irá),
esdecir,lo
próximo(propio
pmprius),
el presente
enlaproximidad
delapresenciaparasí.Podríamos
mostrarcómoestevalordeproximidad
y depresencia
parasíintervienen,
enel principiode
Sein
¡mdZeityenotraspartes,
enladecisión
deplantear
lacuestión
delsentido
delserapartir

98
sigomismo
o porla identidad
consigo
delquepregunta
(S5),etc.Si
hemos
elegido
interrogar
laoposición
queestructura
elconcepto
de
temporalidad,esque toda la analíticaexistencialreconducea él.
2) Lacuestión
queplanteamos
esinterioralpensamiento
deHei-
degger.
Noesalcerrar,
esalinterrumpir
Jai¡md
Zeit,cuando
Heideg-
ger sepreguntasi «latemporalidadoriginaria»conduceal sentidodel
ser.Y noesésaunaarticulación
programática,esunapreguntay un
suspenso.
El desplazamiento,
unaciertalateralización,
sinounsimple
borrarse
deltemadeltiempo,y detodolo queessolidario
conélenSei!)
¡md
Zeit,dejan
pensar
quesinvolveraponerenteladejuiciolanecesi-
daddeun ciertopuntodepartidaenla metafísica,
y todavíamenos
la
ecacia
dela«destrucción»
operada
porlaanalítica
delDai-ein,
erapre-
ciso,porrazones
esenciales,
hacerlodeotromodoy, sepuededecirli-
teralmente, cambiar de horizonte.
Enlo sucesivo,
coneltemadeltiempo,
todoslostemas
quedeél
dependen enJair:¡mdZeit(yporexcelencialosdeDareirz,
definitud,de
historicidad)noconstituirán
yael horizonte
transcendental
delacues-
tión delser,sinoquedepasoseránreconstituidosapartirdeltemade
la epocalidad del ser.
¿Qué
será
entonces
delapresencia?
Nopodemos
pensar
fácilmente
en la palabralatina de presencialos movimientosde diferenciación
queseproducen
eneltextoheideggeriano.
Latarea
esaquíinmensa
y
difícil.Notomarnos
másqueunpunto
dereferencia.
EnSeix
¡md
Zeity
enKantJelproblema
delametajirita,
eradifícil, estaríamos
tentadosdede-
cir imposible,distinguirrigurosamente
entrela presencia
comoAnnie-
rmbeity la presenciacomoGegenwártikeit
(presenciaenel sentidotem-
poraldelmantenerse).
Lostextos
quehemos
citadolasasimilan
expre-
samente.
La metafísica
entoncessignificabala determinación
delsenti-
dodelsercomopresencia
enestos
dossentidos,
y simultáneamente.
MásalládeStein
¡mdZeit,parecequecadavezmás,laGegemvrtigkeit
(determinación
fundamental delanuria)
nosea
ensimisma másqueun
estrechamiento
delaAnwexenbezt,
lo quepermitirá
evocar,
en«Lapala-
bradeAnaximarzdra»
un «uugegerzwártg
Ann/ermita».
Y la palabralatina
«presencia»
(Prárenz)
connotará
másbienotrofortalecimiento
bajola
especie
dela subjetividad
y dela representación.
Estasdeterminaciones
encadena
dela presencia
(Anwexen/Jeit),
determinación
inaugural
del
sentidodelserporlosgriegos,
precisanla cuestion
dela lecturadelos
textosdela metafísica
porHeideggery la denuestralecturadelostex-
tosde Heidegger.La de-limitación
heideggeriana consisteluegoen
apelardesdeuna determinación másestrechaa una determinación me-

deunaanalítica
existencial
delDtlftÍ/K.
Y podríamos
mostrarelpeso
delametafísicaenuna
decisión
semejante
yenelcrédito
concedidoaquialvalordepresencia
parasí.Estacuestión
puede
propagar
sumovimiento
hasta
todos
losconceptos
queimplican
elvalorde«propio»
(Eigm,algun,
eretgnm,
Ereigmlr,
exgmtüm/icb,
Eignm,etc.).

99
nosestrecha
delapresencia,
enremontarasídelpresente
haciaunpen-
samientomásoriginariodelsercomopresencia(Anwermbeit),
y luego
en cuestionarsobreestadeterminaciónoriginaria mismay hacerla
pensar
comouncierre,
comoelcierregriego-occidental-losóco.
Se-
gúneste
últimogesto,
setrataría
ensuma depensar
enWenn,odesoli-
citarel pensamiento
porun Wenn quetodavíanoseríani siquiera
An-
wesen. Enel primercaso,losdesplazamientos
semantendrían enelin-
terior dela metafísica(dela presencia)
engeneral;y la urgenciao lo ex-
tensode la tareaexplicanqueestosdesplazamientos intra-metafísicos
ocupencasitodoel textodeHeidegger, dándose
comotales,lo quees
yararo.El otrogesto,el másdifícil,el másinaudito,el máscuestiona-
ble,aquelparael cualestamosmenos preparados,
sedejasóloesbozar,
se anuncia en ciertas fisuras calculadasdel texto metafísica.
Dostextos,dosmanos,dosmiradas,dosescuchas.
juntos a la vezy
separados.
3. La relaciónentrelos dostextos,entrela presenciaen general
(Anwerenbeit)
y lo quelaexcede enlasvísperaso másalládeGrecia,una
relaciónsemejante nopuededeningunamanera dejarseleerenla for-
madelapresencia, suponiendo quealgosepuedaalgunavezdejarleer
enunaformasemejante. Y sinembargo, lo quenoshacepensarmás
alládelcierrenopuede estarsimplemente ausente.
Ausente, o bienno
nosharíapensar nadao bienseríatodavíaunmodonegativo delapre-
sencia.Esnecesario, pues,queel signodeesteexceso seaalaVezabso-
lutamente excedente conrespecto a todapresencia-ausencia
posible,a
todaproducción o desaparicióndeun existenteengeneral, y sinem-
bargo,quedealgunamanera sesigniquetodavía;dealgunamanera
informulable porlametafísica comotal.Esprecisoparaexceder lame-
tafísicaqueseinscribaunamarcaenel textometafísico haciendo sig-
no,nohaciaotrapresencia o haciaotraformadelapresencia, sinoha-
ciaotrotextocompletamente distinto.Unamarcasemejante nopuede
pensarse
mare
metap/gyrico.
Ningúnlosofema
estápreparado
paradomi-
narla.Y ella(es)aquellomismoquesedebehurtaral domino.Sólola
presenciase domina.
El modode inscripciónde una marcatal en el texto metafísicoes
tan impensable
queesnecesario
describirlocomoun borrarse
de la
marcamisma.La marcaseproduceen él comosupropio borrarse.Y
pertenece
a la marcaelborrarse
a si misma,hurtarse
asímismalo que
podríamantenerla
enpresencia.La marcano esni perceptible
ni im-
perceptible. &#39;
Asíescomola diferenciaentreel sery lo quees,esomismoqueha-
bría sido «olvidado»en la determinación del ser en presenciay de la
presenciaenpresente,
estadiferencia
estáenterrada
hastatalpuntoque
ya no quedani rastro.La marcade la diferencia
estáborrada.Si se
piensaquela diferencia
(es)ensi mismaotraquela ausenciay la pre-
sencia,(es)(ensí misma)marca,esla marcadela marcalo queha
100
desaparecido
en el olvidode la diferencia
entreel sery lo quees.
¿Noeslo queinicialmente parecedecirnos«LapalabradeAnaxi-
mandro»?
«Elolvido delsereselolvidodeladiferencia
entreelsery lo
que es...» «la diferencia falta. Permanece olvidada. Sólo lo diferencia-
do,lopresente
y lapresencia
(darAnwesende
¡md
darAnwesen),
sedesabri-
ga,perono en tantoquelo diferenciado.Por el contrario,la marcama-
tinal(diajíübe
5pm)deladiferencia
seborradesde
elmomento
enque
la presencia
aparece
comoun (ser-siendo)
presente
(da:Anwemz
wiesin
Arma/acude:
erzrtbeínt)
y encuentra
suprocedencia
enun(ser)presente
su-
premo (in einem
bótbrten
Anwesmden)».
Pero,al mismotiempo,esteborrarsede la marcadebemarcarseen
el textometafisico.
La presencia,entonces,
lejosdeser,comocomún-
mentesecree,lo quesignifica
el signo,esoa lo queremiteunamarca,
la presenciaentoncesesla marcade la marca,la marcadel borrarsede
lamarca.
Asíesparanosotros
eltextodelametafísica,
asíesparanoso-
trosla lenguaquehablamos.Con estacondiciónsolamentela metafísi-
cay nuestra
lenguapueden
hacer
signo hacia
supropia
transgresión.
Y eslarazónporlaquenohaycontradicción
enpensarjuntos
lo bo-
rradoy lomarcado
delamarca.
Y eslarazón
porlaquenohaycontra-
dicciónentreel borrarseabsolutode la «marcamatinal»de la diferen-
ciay loquelamantiene,
comomarca,
abrigada
y mirada
enlapresen-
cia.Y Heidegger
no secontradice
cuando
másabajoescribe:
«Ladife-
rencia
entreel sery loqueesnopuede,sinembargo,venirenseguida
delaexperiencia
como unolvidadomásquesisehadescubierto
yacon
lapresencia
delpresente(mitdemAnn/eran
de:Anwerendetz)
y siasiseha
confirmado
enunamarca (raeine
Spurgeprágt
bat)quepermaneceguar-
dada(ganar/JI
bleibt)
en la lenguaa la queadvieneel ser».
Desdeestemomento esnecesario reconocer
quetodaslasdetermi-
naciones
deunamarcasemejante todos losnombres queseledan--
pertenecen
entantoquetalesal textometafísico
queabrigala marcay
noa lamarcamisma.Nohaymarcaen:1intima,
marcapropia,Heideg-
gerdicebienqueladiferencia
nopodríaaparecer
cama
ta!(Lic/Jung
de:
Unterrtbíede:
karmdaba/daut/Jnit/Jibedeutm,
dar: der Unterrtbied
air der Un-
tersrbied
errcbeint).
Lamarca deestamarca
que(es)ladiferencia
nopo-
dríasobre
todoaparecer
ni sernombrada
comotal,esdecir,
ensupre-
sencia.
Eselcomo
talloqueprecisamente
y comotalsehurtaparasiem-
pre. Tambiénlas determinaciones
que nombranla diferenciason
siempre del orden metafisico. Y no sólo la determinación de la dife-
rencia
endiferencia
dela presencia
y el presente
(Anweren/Anwerend),

27AsíPlotino
(¿qué
ocurre
conPlotino
cnlahistoria
delametafísica
yenlaépoca
«pla-
tónica»,si sesiguela lecturade Heidegger?)
quehablade la presencia,
esdecir,tambiénla
marpbe
-como la marcadela rio-presencia,
delaa-marpbe
(tagar¡[anar
tauamarpbau
marpbe).
Marcaquenoesni presencia
ni ausencia,
ni,decualquier
modoquesea,uncompromiso se-
gundo.

101
sinoya la determinacióndela diferenciaen diferenciadel sery lo que
es.Si el ser,segúnesteolvido quehabríasidola formamismadesuve-
nida,no haqueridonuncadecirmásquelo quees,entoncesla diferen-
ciaquizáesmásViejaqueel sermismo.Habríaunadiferenciamásim-
pensada todavíaquela diferenciaentreel sery lo quees.Sindudano se
puedenombrarlamáscomotal en nuestralengua.Másalládel sery de
lo que es,estadiferenciadiriendo(se)sin cesar,(se)marcarla(a si
misma),estadiferenciaseríala primerao la última marcasi sepudie-
ra todavía hablar aquí de origen o de fin.
Una diferanciasemejante nosharíaya pensaren unaescriturasin
presenciay sin ausencia,
sin historia,sin causa,sin arke,sin té/ox,
una
escrituraque descompone absolutamente toda dialéctica,toda teolo-
gía,todateleologia,
todaontología.
Unaescritura
queexcede
todolo
quela historiadela metafísicahacomprendidoen la formadelagram-
mearistotélica,en su punto, en su línea, en sucirculo, en su tiempo y en
su espacio.

102
El pozo y la pirámide*

Introducción
a la Semiología
deHegel

* Laprimeraversióndeesteensayo
reproducía
unaconferencia
enel semina-
rio dejeanHíppolite,
enelCollege
deFrance(16deenerode1968).Fueincial-
mente publicado
enunvolumen quereunía
lostrabajos
deesteseminario,
Hcge/et
lapemíe
mademe,
P.U.F.(Coll.Epimethée),
1971.

103
l. «Puesto,que la diferenciareal (derrca/cUntmtbtled)
pertenecea
losextremos,estemediono essinola neutralidadabstracta, suposibili-
dadreal-de algunamanerael elementoteóricode la existenciadeob-
jetosquímicos,de suprocesoy de suresultado-; en el ordencorporal,
estafuncióndel mediorecaeen el agua;en el ordenespiritual,por lo
mismoqueel análogodeunarelaciónsemejante encuentraallí el lugar,
recaería
enel signoengeneral
y másprecisamente
(trabar)
enel lengua-
je (Sprarbepa,
Cïencia
dela logica,
II, sec.2, cap.II, bl; cfr. tambiénEnvialo-
pedth,S 284).
¿Quéhay queentenderaquí por medio?¿Por mediumsemiológi-
co?¿Ymásajustadamente
(ber) pormediumlingüístico,
trátese,
bajo
la palabra Spracbe,
de la lenguao del lenguaje?
Aquí nos interesamos
por la diferenciade esteestrechamiento,parano descubriren camino
sino un estrechamiento de la diferencia: otro nombre del medium del
espíritu.
2. En la Batir/apatía:
(458), Hegellamentaqueseintroduzcaen ge-
neral«lossignosy el lenguajecomoapéndiceen la psicologíao incluso
en la lógica,sinreexionar sobresunecesidad y suconexiónconel sis-
tema de la actividad intelectual».
A pesardelasapariencias,
el lugardela Semiología
habríaestado,
pues,en el centro,no en el margeno en el apéndicede la Logimde He-
gel.Lo quenosautorizaa inscribirestaintroduccióna la teoríahege-
lianadelsignoenunseminario consagrado a laLógica
deHegel.justifi-
cacióndeantemano exigidaporel hechodeque,enlugardequedarnos
en la Lajgira,
en los librosque llevan estetítulo, procederemos
sobre
todopor rodeo,siguiendotextosmáspropiosparademostrarla necesi-
dad arquitectónica de estasrelacionesentrelógicay Semiología.
Cier-
tosde estostextoshan sidoya interrogados porjean HippoliteenLogi-
queetextktmce,de modoqueharemosa estelibro y sobretodoa suca-
pítulo«Sens
et sensible»-apelación
implícitay permanente.

Al determinarel ser como presencia(presenciabajo la forma de

105
objeto o presenciapara sí bajo la especiede la conciencia), la metafísica
no podíatratarel ¡{gmmásquecomounpara.Inclusosela ha llegadoa
confundir con estetratamiento. Este no esya algo que se ha sobreim-
preso al concepto de signo, lo ha constituido.
Lugardepaso,pasarelaentredosmomentosde la presenciaplena,
el signono funcionadesdeentoncesmásquecomoel envíoprovisio-
nal de una presenciaa otra. La pasarelapuedeserlevantada.El proceso
del signo tiene una historia, la signicación esincluso la historia com-
prendida: entre una presenciaoriginal y su reapropiación circular en
una presencianal. La presenciapara sí del saberabsoluto,la concien-
cia del ser-ante-síen el lagar,el concepto absoluto, no habrán sido sus-
traídos a sí mismos más que el tiempo de un rodeo y el tiempo de un
signo. El tiempo del signo esentoncesel tiempo del envío. Significa la
presencia
parasí,la presenciaantesímisma,organizala circulaciónde
su abastecimiento.Desdesiempreel movimiento de la presenciaperdi-
da habrá inscrito ya el proceso de su reapropiación.
En los límites de estecontinuar);
seproducen rupturas, discontinui-
dades que agrietan y reorganizan regularmente la teoría del signo.
Reinscriben los conceptosen conguraciones originales cuya especi-
cidad no debemosdejar escapar.Tomados en otros sistemas,los con-
ceptosno son ciertamenteya los mismos; y seríamás que necedadbo-
rrar las diferencias de estasreestructuracionespara no dejar aparecer
másque el tejido liso, homogéneo,ahistórico de un conjunto de rasgos
invaríantes y pretendidamente«originarios».¿Lo seria menos, a la in-
versa,ignorar,no el origen,sinolargassecuenciasy sistemas
depoder,
omitir (paraver desdedemasiado cerca,esdecir,tambiéndesdedema-
siado lejos) cadenasde predicadosque, por ser no permanentes,sino
muy amplios,no sedejanfácilmentedesplazaro interrumpirpor múl-
tiplesacontecimientos
de ruptura,por muy fascinantesy espectacula-
resqueseanen un primervistazono complaciente? Mientraslasgran-
desamplitudesdeestacadenano sonexhibidas,no sepuedenni denir
rigurosamentelas mutacionessecundarias
o el ordende las transfor-
maciones,ni dar cuentadel recurrir a una misma palabrapara designar
un conceptotransformadoy extirpadoen ciertoslímites- deun te-
rreno anterior (salvo considerarel orden de la lengua,de las palabrasy
del significanteen generalcomo un sistemaaccesorio,el accidente
contingente de un concepto signicado, el cual podria tener su historia
autónoma,suspropiosdesplazamientos,
independiente
dela tradición
verbal, de un cierto continuansemiológicoo de secuenciasmásamplias
del significante;unaactitudasíprocedería
tambiéndeunafilosofía,la
más clásica,de las relacionesentre el sentido y el signo). Para señalar
efectivamente
los desplazamientosde los lugaresde inscripciónconcep-
tual esprecisoarticularlascadenassistemáticasdel movimientosegún
susgeneralidades y susperiodospropios,segúnsusdiferencias,susde-
sigualdadesdedesarrollo,lasfigurascomplejas de susinclusiones,im-
106
plicacíones,exclusiones,etc. Lo que es una cosacompletamentedis-
tinta del reconduciral origen o al suelofundadorde un concepto,
comosi existieraalgosemejante, comosi tal límite inaugurale imagi-
nario no despertase
el mito tranquilizadordeun signicadotranscen-
dental, arqueologíaen vísperasde todo rastro y de toda diferencia.
En estasecuenciaacabada,pero relativamente larga, que sedeno-
minala metafísica,
el signohapodido,pues,convertirseenel objetode
una teoría, ha podido ser considerado,mirado como algo o a partir de
algo, de lo que se muestraen la intuición, a saberde lo-que-está-
presente:teoría del signo a partir de lo-que-está-presente,pero tam-
bién a la vez a la vista de lo-que-está-presente,
con respectoa la presen-
cia, señalando el ¡er-a-la-vista tanto una cierta autoridad teórica de la
mirada como la insistencia de la mirada nal, el tela:de la reapropia-
ción, la ordenaciónde la teoría del&#39;signo
a la luz de laparomia.Ordena-
ción también, como lógica, a la idealidad invisible de un logo;que se
oye hablar lo máscercaposible de sí mismo, en la unidad del concepto
y de la conciencia.
Lo que aquí nos proponemos analizar esel sistemade estacoordi-
nación. Su obligatoriedad tiene un carácter de gran generalidad.Se
ejerce,demaneraconstitutiva,sobretodala historiadela metafísica,
y
en general sobre todo lo que se ha creído poder dominar bajo el con-
cepto metafísicade historia. Sedice a menudo que el hegelianismore-
presenta la terminación de la metafísica, su n y su cumplimiento.
Debemos,pues, esperarque dé a este constreñimiento la forma más
sistemática y más poderosa, conducida por este hecho a su propio
límite.

SEMIOLOGÍA Y PSICOLOGÍA

Se encontraría un primer indicio en una lectura arquitectónica.


Hegelconcede,en efecto,a la Semiologíaun lugar muy determinadoen
el sistema de la ciencia.
En la Enciclopedia
dela: cientiarjï/axajfítar,
la teoriadel signoderivade
la «Filosofía del espíritu», tercera parte de la obra, precedida por
la «Cienciade la lógica» («pequeñalógica»)y la «Filosofía de la natu-
raleza».
¿A qué correspondeestadivisión? Su sentido seconcentra al nal
de la Introducción (S 18): «Lo mismo que no sepuededar de una lo-
sofía, por anticipación una representacióngeneral(einevarlaage, a/lg -
maineVente/lung), puessólo el todo de la ciencia esla presentaciónde la
idea (dieDante/lungderIdee),no sepuedeigualmente concebir su divi-
sión en partes(Einteíllung)másque a partir de la idea;escomo estaidea
de la que debe ser extraída, una anticipación (eta/arAntiztpieer). Pero
la idea se manifiesta (¡irá emeirt) como el pensamiento simplemente

107
(rcbletbtbin)idéntica a ella misma, y esto,al mismo tiempo, en tanto que
actividad que se dirige a plantearseenfrentada a sí misma a n de ser
para si y de estar,en esteotro, solamentecerca de sí misma (sir/Jrelbrt,
unfar riel;zarain,m1;gegmubcr v4rte/lanmu}in diesen:Andemnurbeiría/Jrelbrt
v! rain). La ciencia se descompone,pues, en tres partes:
1) La lógica, ciencia de la idea en y para sí.
2) La losofía de la naturaleza como ciencia de la idea en su
ser-otra.
3) La losofía del espíritu, es decir, de la idea que a partir de su
ser-otra vuelve a ella misma (au: 12mmAnderzminin rial; zwmrkkeb).
Este esquemaes,por supuesto,el de un movimiento vivo; y una di-
visión semejanteseríainjusta, piensaHegel, si desarticulasey yuxtapu-
sieseestostres momentos cuyasdiferencias no deben ser substanciali-
zadas.
La teoría del signo perteneceal tercer momento, a la tercera parte,
a la losofía del espíritu. Pertenecea la ciencia de este momento en
que la idea vuelve a si misma despuésde haber, si asi puededecirse,
perdido conocimiento, perdido la conciencia y el sentido de si misma
en la naturaleza,en su ser-otra. El signo seráasí,pues,una instancia o
una estructuraesencialde estaVueltaa la presenciaante sí de la idea.Si
el espiritu esel ser-de-síde la idea, sepuedeya reconocerestaprimera
determinación, la másgeneral:el signo esuna forma o un movimiento
de relación consigo de la idea, en el elemento del espíritu, un modo de
el-ser-cabe-sí del absoluto.
Estrechemosel ángulo. Situemps más precisamentela teoría del
signo en la losofía del espiritu. Esta se articula a sí misma en tres
partes que correspondena los tres movimientos del desarrollo del es-
píritu:
1) Espíritu subjetivo: relación consigodel espíritu y totalidad so-
lamente ideal de la idea. Es el ser-cabe-sí en la forma de la libertad so-
lamente interior.
2) El espíritu objetivo, en tanto que mundo que debeserproduci-
do y producto en la forma de la realidad, no solamentede la idealidad.
La libertad sehaceahí necesidadexistente,presente(vor/Jandme Nomen-
dggkeit).
3) El espíritu absoluto:unidad, lo que esen sí y para sí, de la obje-
tividad delespíritu y de su idealidad o de su concepto, unidad que se
produceeternamente,el espíritu en su absolutaverdad -el espíritu ab-
soluto (S 385).
Los dos primeros momentos son así determinacionesnitas y pa-
sajerasdel espíritu. Ahora bien, el discursosobreel signo dependede la
ciencia de una de estasdeterminacionesnitas: el espiritu subjetivo.Si
recordamosque, según Hegel, «lo nito no es, es decir, que no es lo
verdadero,sino simplementeun pasoy una salidafuera de sí (Uberïic/J-
binamgebm: una trangresión de sí)» (S 386), el signo aparecebien como

108
un modo o una determinación del espíritu subjetivo y nito en tanto
que mediación o trangresión de sí, paso al interior del paso,paso del
paso.Peroestasalidafueradesí esel caminoobligadodeunavueltaa
sí. Sepiensa bajo la autoridad y en la forma de la dialéctica, segúnel
movimiento de lo verdadero,vigilada por los conceptosdeAujbebzmg y
de negatividad.«Estefinito de lasesferasprecedentesesla dialéctica,es
su desaparición( Verga/mz) por y en otra cosa...»
Denamos desdemás cercael lugar de estasemiología.El espíritu
subjetivo en sí mismo es:
1. En si o inmediato: es el alma o el espíritu natural (Natur-
Geirt), objeto de la antropología que estudia al hombre en la natu-
raleza.
2. Para sí o mediarizado,como reflexión idéntica en sí y en el
otro, el espíritu en relación o en particularización (im Verbü/tni:oderBe-
sandemng),
la conciencia,objetode la fenomenología
del espíritu.
3. El espíritu que se determina a sí mismo como sujetopara sí,
objeto de la psicología 387).
Ahora bien, la Semiología
esun capítulode la psicología,ciencia
del espíritu que se determina en sí como sujetopara sí. Notemos, sin
embargo,sin poder detenernosaquí, que la Semiología,
parte de la
ciencia del sujetopara si, no pertenece,sin embargo,a la ciencia de la
conciencia, es decir, a la fenomenología.
Estetópico que inscribe la Semiologíaen una ciencia no natural del
alma,propiamenteen una psicología,no perturba,al menospor este
rasgo,a una larga secuenciatradicional. No solamentenosireconducea
las numerosastentativassemiológicas
de la Edad Mediao del siglo
xvm, que son todas,directamenteo no, psicológicas,sino a Aristóte-
les.Aristótelesesel patrón reclamadopor Hegelparasu filosofíadel
espiritu y precisamentepara su psicología: «Los libros de Aristóteles
sobreel alma,comprendidos
sustratadossobrelos aspectos
y estados
particularesdel alma, son para éstesiemprela obra máseminente e in-
clusoobraúnicaqueofrecesobreesteobjetoun interésespeculativo.
El n esencialdeunafilosofíadel espírituno puedeconsistirmásque
en reintroducir el conceptoen el conocimiento del espíritu, y asíen re-
descubrir el sentido de estos libros de Aristóteles» (S 378).
Aristóteles es quien precisamenteha desarrollado su interpreta-
ción de la voz en un tratado, PeriPgbéb(estotendrá importancia para
nosotrosdentro de un instante) y quien en el PeriHermeneizz: ha defini-
do los signos,los símbolos,el habla y la escritura, a partir depatbamata
tespglkbei,estados,afecciones,pasionesdel alma. Recordemosla aper-
tura bien conocidadel PeriHermeneim: «Lossonidosemitidos por la voz
(ta m tepbone)son los símbolosde las afeccionesdel alma, y laspalabras
escritaslos símbolos de las palabrasemitidas por la voz. Y lo mismo
que la escritura no es la misma en todos los hombres, tampoco lo son
las palabrashabladas,aunquelos estadosdel alma de los que estasex-

109
presionesson signosinmediatos [son en primer lugar los signos;remar}:
protár] seanidénticos en todos [lo que permite hacer precisamenteuna
ciencia de los mismos], como son idénticaslas cosasde las que estoses-
tados son imagen. Este tema ha sido tratado en nuestro libro Sobreel
alma...»
La repetición tradicional del gestopor el cual se hacedependerla
Semiologíade una psicología no essolamenteel pasadodel hegelianis-
mo. Se conforma a ello incluso lo que a menudo se da como supera-
ción del hegelianismo,a vecescomo ciencia emancipadade la metafí-
sica.
Puesestanecesidadque es propiamente metafísicay que gobierna
toda una concatenaciónde discursosde Aristóteles a Hegel, no seráin-
terrumpida por quien seha consideradoel ínstauradordel primer gran
proyecto de Semiologíageneral y cientíca, modelo de tantas ciencias
modernasy humanas.Dos Vecesal menos,en su Cursadengütíítagene-
ral, Saussuresitúa su diseño de la Semiologíageneralbajo la jurisdicción
de la psicología: «En el fondo, todo es psicología en la lengua, com-
prendidas susmanifestacionesmaterialesy mecánicas,como los cam-
bios de sonido; y puesto que la lingüística proporciona a la psicología
social datos tan preciosos,¿no forma un cuerpo con ellas?(pág. Z1)...
Sepuede,pues,concebir unaciencia queestudie
la vidadelassigno:enel¡mode
la vidaracial;formaría parte de la psicologíasocial,y en consecuenciade
la psicologíageneral;la llamaremosSemiología(del griegoremeian, «sig-
no»). Nos enseñaráen qué consisten los signos, qué leyes los rigen.
Puestoque todavía no existe, no sepuededecir lo que será,pero tiene
derecho a la existencia,su lugar estádeterminado. La lingüística no es
másque una parte de estaciencia general,las leyesque descubrirála se-
miología seránaplicablesa la lingüística, y éstaseencontrará asíincor-
porada a un dominio bien definido en el conjunto de los hechoshuma-
nos. Correspondeal psicólogo determinar el lugar exactode la Semio-
logía» (pág. 33).
Pongamosestocomo adaraja:essignificativo que seael mismo lin-
güista o glosemático,Hjelmslev, quien, reconociendo la importancia
de la herencia saussureana, haya puesto en tela de juicio, como presu-
posicionesno críticas de la ciencia saussureana, a la vez la primacía re-
conocida a la psicología y el privilegio concedido a la sustanciade la
expresión sonora o fónica. Esta primacía y este privilegio también,
como Vericaremos, corren parejasen la Semiologíaespeculativade
Hegel.
Secomprendeel signo aquí segúnla estructuray el movimiento de
la Aufbebung, por el cual el espíritu, elevándosesobrela naturalezaen la
que se había enterrado, suprimiéndola y reteniéndola a la vez, subli-
mándola en sí mismo, se cumple como libertad interior y sepresenta
así a si mismo, para sí, como tal. Ciencia de este«comotal», «la psico-
logía consideralos poderesy los modosgeneralesde la actividad del es-
110
píritu como tal, la intuición, la representación,el recuerdo,etc., los de-
seos...»(S 440). Como en el PeriPyk/Jnes 432, a, b), Hegelrechazava-
rias veces toda separaciónreal entre las pretendidas «facultadesdel
alma»(S 445). En lugar de separarsubstancialmentelasfacultadesy las
estructuraspsíquicas,sedeberia,pues,determinar las mediaciones,las
articulaciones, las soldadurasque constituyen la unidad de un movi-
miento organizadoy orientado. Ahora bien, es notable que la teoría
del signo, que esencialmenteconsisteen una interpretación del hablay
de la escritura,estécontenida en dos notasmuy largas,mucho máslar-
gasque los párrafos a los que se adjuntan, en el capitulo titulado «La
imaginación» (Die Einbildungskray) (45-460).
La Semiologíaes, pues,parte de la teoría de la imaginación y, más
exactamente,como Vamosa precisar, de una fantasiología o de una
fantástica*.
¿Qué es la imaginación?
La representación ( VorsteI/ung)es la intuición rememorada-
interiorizada (erirmerte).
Es lo propio de la inteligencia (intel/ganar),
que
consiste en interiorizar la inmediatez sensible para «plantearseella
misma como si tuviera la intuición de sí misma (sis/Jin sie-bsalbestans-
cbaumdzu sama)». Permaneciendola inmediatez sensibleunilateral-
mente subjetiva,el movimiento de la inteligencia debe,por Aujbebung,
retirar y conservarestainterioridad para «estaren sí en su propia exte-
rioridad» (S 451). En estemovimiento de la representación,la inteli-
gencia se recuerda a si misma al hacerseobjetiva. El Erimzezmng es,
pues, aquí decisivo. Por ello el contenido de la intuición sensiblese
haceimagen,selibra de la inmediatezy de la singularidad para permi-
tir el pasoa la conceptualidad.La imagen que esasí interiorizada en el
recuerdo (crimen) no está ya ahi, ya no es existente, presente, sino
guardadaen un inconsciente,conservadasin conciencia(ben/usarlas). La
inteligencia guarda estasimágenesen reserva,enterradasen el fondo
de un abrigo muy sombrío, como el aguade un pozo nocturno (nicht/i-
tbe Sabat/st)o inconsciente (bewusstlose
Sabarbt),o mejor, como una veta
preciosaen el fondo de la mina. «La inteligencia no es, sin embargo,
solamentela concienciay la presencia,sino, como tal, el sujetoy el en-
sí de estas determinaciones; así interiorizada (erímzerï)en ella, la ima-
gen no es existente,es inconscientementeconservada»(S 453).
Un camino, lo seguiremos,conduce de este pozo de noche, silen-
cioso como la muerte y resonantede todos los poderesde voz que tiene
en reserva,a la pirámide, traída del desiertoegipcio, que se levantará
enseguidasobreel tejido sobrio y abstractodel texto hegeliano,compo-
niendo la estaturay el statusdel signo. La fuente natural y la construc-
ción histórica guardan ambas,aunque diferentemente, silencio. Que,
segúnel trayecto de lo ontoteológico, estecamino siga siendo todavía
* Una «fantastica»es,por supuesto,un tratado de la fantasia.(N. del T.)

111
circular y que la pirámide vuelva a serel pozo que siempre había sido,
tal es el enigma. Nos preguntaremossi hay que remontarla como una
verdad parlante sobre el fondo de un pozo o descifrarla como una
inscripción invericable, abandonadasobre la fachada de un monu-
mento.
En posesiónde estepozo, de esta alberca ( Varrat), la inteligencia
puede,pues,sacary poner al dia, producir, «exteriorizarlo suyopropio
(Eijgmtum)sin tener ya necesidad,para que esto existaen ella, de la in-
tuición exterior». «Estasintesisde la imagen interior y de la presencia
interiorizada por el recuerdo (winner-ten Dani»), es la representación
propiamente dicha (dieetgent/icbe Varxtal/ung);
el interior, en efecto, tie-
ne desdeestemomento en si la determinación de poder ser situadode-
lante de la inteligencia (vardieIntcI/¿genzgextel/t
werden za kannan),de te-
ner en ella su estar-ahi»(S 454). La imagen no perteneceya a «la simple
noche»&#39;.
Este primer procesolo denomina Hegel «imaginación reproducti-
va» (npmduktiveEinbildungxkra).La «procedencia»de las imágeneses
aquí la «interioridad propia del yo» que las tiene de ahora en adelante
en su poder. Disponiendo asíde estareservade imágenes,la inteligen-
cia opera por subsumpción,y seencuentraella misma reproducida,re-
cordada,interiorizada. A partir de estedominio idealizante,seproduce
como fantasía, imaginación simbolizante, alegorizante, poetizante
(ditbtende).Pero setrata solamentede imaginación reproductiva, pues-
to que todas estasformaciones (Gabi/de)siguensiendo síntesisque tra-
bajan sobre datos intuitivos, receptivos,pasivamenterecibidos del ex-
terior, ofrecidos en un encuentro. El trabajo opera sobreun contenido
encontrado (gmdem) o dado (gqgebene) por la intuición. Esta imagina-
ción no produce, pues,no imagina, no forma suspropias Gabi/de. Por
una aparenteparadojaen la medida misma en que estaEinbi/dungskra
no forja sus propias Gebildc,en la medida en que recibe el contenido de
lo que pareceformar y no produce pontesuauna cosa,una existencia,
sigue permaneciendo todavia encerrada en si misma. La identidad

&#39;
En un trabajoen preparaciónsobrela familia de Hegely la diferenciasexualen la eco-
nomia dialécticaespeculativa,haremosaparecerla organizacióny el desplazamiento de esta
cadenaque reúne los valores de noche, de sepultura,de ley divina -familiar-femenina
como ley de la singularidad alrededordel pozoy de la pirámide. Una cita como adaraja:
«Perosi lo Universalrozatan fácilmenteel puro vérticede su pirámide (diemi»:Spim ¡einer
Pyramids),al lograr la victoria sobreel principio rebeldede la singularidad,la familia, seha
comprometidopor ello solamenteen un conflicto con la leydivina; el espírituconscientede
sí mismo ha entradoen luchacon el inconsciente.Es ésa,en efecto,la otra potenciaesencial
que no ha sido,pues,destruidapor la primera,sino sólo lastimada(beleidigte). Pero,ejerceefi-
cazmentecontra la ley que disponede la fuerzaexpuestaa plenaluz, no puedeencontrarau-
xilio másqueen unasombraexangüe.(Lomola ley de la debilidady de la oscuridad,sucumbe,
pues,inicialmentebajola ley de la luz y de la fuerza,pues,supotenciavalebajo,no sobre,la
tierra» (Pbénamenaiagiedelïrprit, tr. Hyppolite, t. II, pág. 40).

112
consigode la inteligencia seha reencontrado,pero en la unilateralidad
subjetiva, la pasividad de la impresión.
Este límite selevantaráen la imaginación productiva; la intuición
de sí, la relación inmediata consigo mismo, tal como seformaba en la
imaginación reproductiva se haceentoncesalgo que es: seexterioriza,
seproduce en el mundo como una cosa.Esta cosasingular esel signo;
es engendradapor una producción fantástica, por una imaginación
que hace signo, que hace el signo (Zeizbmmacberxde Pbantarie)al salir,
como siempre,fuera de sí en sí. «En la fantasía,la inteligencia secum-
ple (vallmdet)en una intuición de sí (Se/bttanrtbauung),en tanto que el
contenido extraído de ella misma tiene una existencia imaginada;
[pero] estaformación de la intuición de sí misma es subjetiva;carece
todavia del momento de lo que es. Pero en estaunidad del contenido
interior y de la materia (Stmr) la inteligencia esreconducidaa la rela-
ción idéntica consigo como inmediatezen sí. Como procede,en tanto
que razón, del movimiento que consisteen apropiarse(anzaetgnm) lo
inmediato encontrado en ella (S 445, S 455, Rem.), es decir, en deter-
minarlo como universal, su operación en tanto que razón (S 438) con-
siste desdeentoncesen determinar cómo existe lo que se cumple en
ella con vistas a la intuición concreta de sí, es decir, a hacerse ella mis-
ma ser(Jefa),cosa(Satbe).Operando segúnestadeterminación, esexte-
riarizpcíán
de¡{(1}! rie¡ir/Jüussemd),
producción de intuición (Anubauung
praduzjmnd) -Fantasia que hace signo (Zeitbenrita/midePbantarie)»;
(S 457).
Digamos inicialmente que la producción más creativa del signo se
reduceaquí a una simple exteriorización, es decir, a una expresión,la
puestaafuerade un contenido interior, con todo lo que puederegular
este motivo muy clásico. Y sin embargo, inversamente,estaproduc-
ción fantástica no hace nada menos que producir intuiciones. Esta
armación podría parecer escandalosao ininteligible. Implica, en
efecto,la creaciónespontáneade lo que seda para servisto, por lo mis-
mo que puedeasí ver y recibir. Pero, si estemotivo (unidad del con-
cepto y de la intuición, de la espontaneidady de la receptividad,etc.) es
el motivo hegelianopor excelencia,no comporta por una vez ninguna
crítica implícita de Kant. Lo cual no esfortuito y concuerdacon todo
el sistemade contactosentre Hegel y Kant. En efecto, aquí setrata de
la imaginación, esdecir, de estainstancia en la que senublan o seanu-
lan todas las oposicioneskantianasregularmentecriticadas por Hegel.
Estamosaqui en estazona indiquémosla bajo el título de la «Crítica
del juicio» en que el debatecon Kant se parecemás a una explica-
ción y menosa una ruptura. Peroestambién por comodidadpor lo que
aquí oponemos el desarrollo al desplazamiento.Sería necesariotam-
bién reconsideraresta pareja de conceptos.
En todo caso,la imaginación productiva concepto fundamental
de la Ertétírahegeliana- sigueteniendo un emplazamientoo un status

113
análogosa los de la imaginación transcendental.Porque ella es tam-
bién una especiede arte natural: «arteescondidoen las profundidades
del alma humana», «imaginación productiva, dice también Kant.
Pero sobretodo porque el esquematismotranscendentalde la imagina-
ción, intermediario entre la sensibilidad y el entendimiento, «tercer
término» homogéneo de la categoría y del fenómeno, comporta los
predicadoscontradictorios de la pasividad receptiva y de la esponta-
neidad productiva. En n, el movimiento de la imaginación transcen-
dental es el movimiento de la temporalización3:Hegel reconocetam-
bién una ligadura esencialentre la imaginación productiva de signosy
el tiempo. Nos preguntaremosenseguidalo que signica el tiempo,
cómo signica, en qué constituye el proceso de la significación.
Producción e intuición, el concepto de signo será,pues,el lugar de
cruce de todos los rasgoscontradictorios. Todas las operacionesde
conceptos se reúnen, se resumen y se precipitan en él. Todas las con-
tradicciones parecen resolverse, pero, simultáneamente, lo que se
anuncia bajo el nombre de signo pareceirreductible e inaccesiblea to-
das las oposicionesformales de conceptos:siendo a la vez el interior y
el exterior, lo espontáneoy lo receptivo, lo inteligible y lo sensible,lo
mismo y lo otro, etc., el signo no es nada de todo eso,ni esto ni aque-
llo, etc.
Esta contradicción ¿esla dialecticidad en si misma?¿Ladialéctica
es la resolución del signo en el horizonte del no-signo, de la presencia
más allá del signo?La cuestión del signo seconfundiria enseguidacon
la pregunta«¿quéesla dÍaIéCtiCaP», o, mejor, con la pregunta:¿sepuede
interrogar a la dialéctica y al signo en la forma del «qué es»?
Recubramos este horizonte para volver al rodeo de nuestro
tCXtO.
Inmediatamente despuésde haber nombrado la fantasia que hace

2 «Esteesquematismo de nuestroentendimiento,relativo a los fenómenosy a su simple


forma, esun arte oculto en lasprofundidadesdel alma humanay, cuyaverdaderamaniobra
(Hendgn) siemprenos serádifícil de arrebatara la naturalezay de exponeral descubierto
antelos ojos.Todo lo quepodemosdecir, esquela imagenesun productodel poderempírico
de la imaginaciónproductiva [pmduktiumEinbdungrkraft,Vmbinger propone leer: imagina-
ción reproductoraen lugardeproductora,Karim,4 b, págs.456, 25 (nota crítica de la tr. Tre-
mesaygues y Pacaud,pág. 153,aquiligeramentemodicada). Hegelrecomiendaen la estética
distinguir Fantasíae imaginación(Einbi/dyngkra)pasiva,«La fantasíaesproductora(¡abaj-
fettd)»,t. 3, C l a)] y que el esquemade los conceptossensibles(como de las guras en
el espacio)es un producto y de alguna maneraun monogramade la imaginación pura
a pnarz...»
3 «La imagenpura detodoslos tamaños(qtmntamm) parael sentidoexterr¡¿_á&#39;es
el espacio,
pero la de todoslos objetosde los sentidosen generalesel tiempo.Peroel esqueinapuro dela
cantidad(qaantitatzlr),
consideradacomoun conceptodel entendimiento,esel número,quees
una representaciónqueabarcala adición sucesivade uno a uno (homogéneo).El númerono
es,pues,nadadistinto de la unidadde la síntesisde lo diversodeunaintuición homogéneaen
general,por lo mismo que yo produzcael tiempo mismoen la aprehensiónde la intuición»
(Dmtbématirme tdt; (WHQL?par: dePanaderia!!!)

114
signo, Hegel enuncia esta unidad fantástica de los opuestosque se
constituyen en la semiopoética.Esta esun Mitzipumét:a la vezun punto
central hacia el cual convergen todos los radios de los opuestos,un
punto medio, el medio en el sentido del elemento, del medium y, en
n, el punto mediano, el lugar de pasode los opuestoslos unos en los
otros. «La fantasiaes el Mittqpunkt, en el cual lo universal y el ser, lo
propio (da;Etgne)y el ser-encontrado(Cqfxmdmein), el interior y el ex-
terior están perfectamente unicados (val/Mmmmin Ein: gercbam
sin)»
Así caracterizada,la operacióndel signo podria extenderimplícita-
mente su campo. Hegel reduce,sin embargo,su alcanceincluyéndola
enseguidaen el movimiento y la estructura de una dialéctica que la
comprende.El momento del signo esde provisión, de reservaproviso-
ria. Este límite es el de la formalidad abstracta. El momento semiótico
siguesiendoformal en la medidaen que el contenido siguesiendoinfe-
rior, anterior y exterior. Tomado en sí mismo, el signo solamentese
mantiene con miras a la verdad. «Seconsideraen general que las for-
macionesde la fantasíason unificacionesde lo propio y del interior del
espíritu con el elemento intuitivo; su contenido, mejor determinado,
pertenecea otros dominios. No consideramosaquí estetaller interior
(¡mera Werkrtátte)más que según sus momentos abstractos.En tanto
que es la actividad de estaunicación, la fantasíaes razón, pero sola-
mente formal, en la medida en que el contenido (Cabal!)de la fantasia
como tal es indiferente, pero la razón como tal determina también el
contenido (In/Jul!) con miras a la Verdad (zar Wabrbeit) 457,
nota).
Es preciso incialmente insistir sobreel progresode una Semiología
que, a pesardel límite asignadoa la citada formalidad del signo, dejade
hacer de ésteun desechoo un accidenteempírico. Como la imagina-
ción, seconvierte en lo contrario un momento, por abstractoque sea,
del desarrollo de la racionalidad con miras a la verdad. Pertenece, lo
veremos más adelante,al trabajo de lo negativo.
Una vez rmemente subrayadoesto, debemos,no obstante, pre-
guntarnos por qué la verdad (presenciadel existente,aqui en la forma
de la presenciaadecuadapara si) esanunciadacomo ausenciaen el sig-
no. ¿Porqué el concepto metafísico de verdad es solidario de un con-
cepto de signo y de un conceptode signo determinadocomo defectode
la verdad plena?¿Y por qué, si se considerael hegelianismocomo la
última formación de la metafísica, ésta determina necesariamente al
signo como progresocon miras a la verdad?Conmirar:pensandoen su
destino a partir de la verdad hacia la cual seorienta, pero también con
vista;a la verdad, como decimospara marcar la distancia, la falta, y el
resto en el procesode navegación;conmirar a todavía como medio de
manifestaciónrespectoa la verdad. La luz, el brillo del aparecerque se
deja ver, es la fuente común de la fantasía y del pbainestbai.
115
¿Por qué hay así relación entre signo y verdad?
Este «¿porqué?»no sedejaoír como un «¿quésignica eso?»Toda-
vía menos como un «¿quéquiere decir eso?»Las preguntasformadas
así seríaningenuamenteenunciadasen la presuposicióno la anticipa-
ción de su respuesta.Alcanzamosun límite donde las preguntas«¿qué
signica la signicación)», «¿quéquiere decir querer decir?»pierden
toda pertinencia. Es necesario,pues,cuestionaren el punto y en la for-
ma en que la signicación no signica ya, donde el querer decir no
quiere decir nada, no porque seanabsurdos,en el interior de su siste-
ma, esdecir, de la metafísica,sino porque estapreguntaincluso nos ha-
bría llevado sobre el borde exterior de su cierre, suponiendo que una
operación semejanteseasimple y simplementeposible en el interior de
nuestralengua;y suponiendoque sepamosclaramentelo que esel inte-
rior de un sistemay de una lengua.«¿Porqué?»no señala,pues,aquí ya
una pregunta sobreel «con miras a qué»(paraqué) sobreel tela:o el esk-
batondel movimiento de la signicación; ni una preguntade origen, un
«¿por qué?»como «¿acausade quéP»,«¿apartir de qué?»,etc. «¿Por
qué?»es, pues,el nombre todavia metafísico de la pregunta propuesta
aqui sobreel sistemametafísica que une el signo al concepto, a la ver-
dad, a la presencia,a la arqueología,etc.

LA SEMIOLOGÍA HEGELIANA

El signo une una «representaciónindependiente»y una «intui-


ción», en otras palabras,un concepto (signicado) y la percepciónsen-
sible (de un signicante). Pero Hegel debereconocerenseguidauna es-
pecie de desviación, de dislocación que, dislocando la «intuición», abre
precisamenteel espacioy el juegode la significación. En la unidad sig-
nificante, en la soldadurade la representacióny de la intuición, la rela-
ción no seestableceya simplemente entre dos términos. La intuición
no es ahi ya una intuición como las otras. Sin duda, como en toda in-
tuición, se da algo que es; se presentauna cosa,se hace recibir en su
simple presencia.Por ejemplo, dice Hegel, el color de la escarapela.
Está ahí, inmediatamente visible, indubitable. Pero estapresencia,en
tanto que se une a la Vente/lung(a una representación),se hace repre-
sentación, representación(en el sentido de representante)de una re-
presentación(en el sentido generalde idealidadconceptual).Puestoen
el lugar de otra cosa,sehaceetnia:andare:uorrte/lend:
aquí el Varrtel/eny el
representardespliegany reúnen de una vez todos sus sentidos.
¿Quérepresentaestaextraña «intuición»?¿Dequé signicante, así
presentadoa la intuición, esel signicante? ¿Quéessu representadoo
su significado?
Hegel lo dene evidentementecomo una idealidad, por oposición
a la corporeidad del signicante intuitivo. Esta idealidad es la de una

116
Bedeutung. Se traduce normalmente estaúltima palabra por «signica-
ción». Habiendo tratado, comentandoen otra parte lasInvestigaciones la-
giaar,de interpretada como el contenido de un querer-decir, querría
mostrar aquí que una interpretación como ésta conviene también al
texto hegeliano.Una extensióntal estáreguladapor una necesidadme-
tafísica interna y esencial.
Al contenido de este querer-decir, esta Bedeutung, le da Hegel el
nombre y la dignidad de un alma (See/e). Alma depositadaen un cuer-
po, por supuesto,en el cuerpo del signicante, en la carne sensiblede
la intuición. El signo, unidad del cuerpo significante y de la idealidad
signicada, seconvierte en una especiede encarnación. La oposición
del alma y del cuerpo y, analógicamente,la de lo inteligible y lo sensi-
ble,condicionan,pues,la diferenciaentreel significadoy el signican-
te, entre la intención de significar (bedeuten),
que es una actividad de
animación y el cuerpo inerte del significante. Esto seguirásiendo ver-
dad en Saussure,tambiénen Husserl,para quien el cuerpo del signo es
animado por la intención de signicar como un cuerpo (Krper) sedeja
habitar por el Ceisty se hace,por esehecho, un cuerpo propio (Leíb).
Husserldice de la palabraviva que esunageirtzgge Leib/ícbkeit,una carne
espiritual.
Hegel sabíaque estecuerpo propio y animado del significante era
también una tumba. La asociación sóma/séma funciona también en
estaSemiologíay ello no tiene nada de extraño. La tumba es la vida
del cuerpo como signo de muerte, el cuerpo como otra cosa que el
alma, que la psiqueanimada,que el aliento vivo. Pero la tumba estam-
bién lo que abriga, guarda en reserva,tesoriza la vida señalandoque
continúa en otra parte. Panteónde familia: oikerir.De la vida, consagra
la desapariciónal atestiguarsu perseverancia.La mantiene, pues,tam-
bién al abrigo de la muerte. Advierte al alma de la muerte posible, ad-
vierte (de) la muerte del alma, aparta (de) la muerte. Esta doble fun-
ción de la advertenciaperteneceal monumentofunerario.El cuerpo
del signo sehaceasíel monumento en el cual el alma estaríaencerrada,
guardada,mantenida,guardadaen mantenimiento, presente,signica-

4 P. Hochart vaya aquí mi agradecimiento atrajo,desdeentonces,mi atenciónso-


breesepasajede(Iratilo, másraramentecitado,y paranosotrosmásinteresantequeel célebre
texto del Gorgias(493 a) sobrela parejarima/rima:«SóciuxTus-El cuerpo(róma),¿quieres
decir?HunMóuuNus.Sí. 5ocMTus.El nombremeparececomplejo;con pocoquemodi-
fiquemossu forma, estáen el másalto punto. Algunoslo definen la tumba (rima)del alma,
dondeestaseencontraríaen el momentopresentesepultada;y por otra parte,cómo esa tra-
vésde él cómoexpresael almasusmanifestaciones (nmaineiaanrendirle
ipgvkbe),
a estetítulo
esjustamentellamadosigno(sima)segúnellos.No obstante,son sobretodo los Orficos quie-
nesmeparecenhaberestablecidoestenombre,en el pensamientode queel almaexpíalasfal-
taspor lascualesescastigada,y que,paraguardarla(153m1") tienecomo murallasestecuerpo
que figura una prisión; que es,pues.siguiendosu mismo nombre,el ¡rima(lageále)del alma,
hastaqueéstahayapagadosudeuda,y queno ha lugarcambiarunasolaletra»(400b, c) trad.
L. Méridier, ed. Budé.

117
da. En el fondo de estemonumento, el alma se guarda viva, pero no
tiene necesidaddel monumento más que en la medida en que seexpo-
ne --a la muerte en su relación Viva con su propio cuerpo. Ha sido
necesarioque la muerte entrara en acción la Fenomenologíadel es-
píritu describeel trabajo de la muertc- para que un monumento vi-
niera a retener y proteger, signicándola, la vida del alma.
El signo, monumento de la vida en la muerte, monumento de la
muerte en la vida, la sepultura de una expiración o el cuerpo propio
embalsamado,la altitud que conservaen su profundidad la hegemonía
del alma y que resistea la duración, el texto duro de piedrascubiertas
de inscripciones, es la pirámide.
Hegel sesirve, pues,de la palabrapirámide para designaral signo.
La pirámide sehaceel semáforodel signo, el signicante de la signi-
cación. Esto no es indiferente. Notablemente, en lo que respectaa la
connotación egipcia: un poco más lejos, la jeroglíca egipcia propor-
cionaráel ejemplode lo queresisteal movimientodela dialéctica,a la
historia, al logos. ¿Serácontradictorio?
Asistamosprimero a la erecciónde la pirámide.
«En estaunidadproducidapor la inteligencia,de una representa-
ción independiente (relbrtündger
Vente/lung)
y deunaintuición,la mate-
ria deestaúltima esen principio unacosarecibida(einAtgfgenammenex),
inmediata o dada (por ejemplo, el color de la escarapela,y otras cosas
semejantes).
Peroenestaidentidadla intuición no valeentantoquere-
presentante(varrteI/end)
positivamentey representándose a sí misma,
sino como lo que representaotra cosa.»
Tenemos,por unavez,unaespecie deintuicióndeausencia, o, más
precisamente,elenfoquedeunaausencia atravésdeunaintuiciónplena.
«Es[estaintuición] una imagenqueha recibidoen ella misma[in
ricbempfangmbat:ha recibido,acogido,concebido,un pococomouna
mujerconcebiriarecibiendo;y lo queaquíesconcebido,esun concep-
to] como alma, una representaciónindependientede la inteligencia, su
signicación(Bedmtung). Estaintuición esel signo»(S 458).
Sigueuna de esasdosnotasquecontienentodala teoríadel signo
(lo cual no impediráa Hegelcriticar un pocomásabajoa los queno
concedena la Semiologíamásque el lugar y la importancia de un apén-
dice). «El signo es una cierta intuición inmediata que representaun
contenidocompletamente diferentedel queposeeparasi misma(dicei-
nen
gunzandare¡nba/tvorstellt,
alt denrieftïrsicbbat)» Varïte/Ien,
quesetra-
duceen generalpor «representar», seaen el sentidomásvagodela re-
presentación
intelectualo psíquica,seaen el sentidoderepresentación
deaéjeta
puestodelante,situadoa la vista,señalaaquia la vezel rodeo
representativo,
el recursoal representante, puestoen el lugardel otro,
delegadopor el otro y llamada*queenvíaal otro. Secomisionaaquí
* El sentido de una llamadaen el texto. (N. del 71).

118
una intuición para representar,en su contenido propio, un contenido
completamentediferente. «El signo es una cierta intuición inmediata
que representaun contenido completamentedistinto del que ella tiene
para sí misma la pirámide [subrayaHegel] en la que un alma extraña
(eineemde See/e)es transportada [traspuesta,trasplantada,traducida:
123123121,"
venda-em,
estambién
empeñar;imLei/Muse
vmetzcn:
depositaren
.el Monte de Piedad] y guardada (aujbewabrt:conada, consignada,
puestaen consigna)»
Esta colocación de la pirámide ha fijado algunos rasgosesenciales
del signo.
Inicialmente, lo que se puede llamar sin abuso ni anacronismo lo
arbitrario del signo, la ausenciade toda relación natural de parecido,
de participación o de analogíaentre el signicado y el signicante, es
decir, aqui, entre la representación(Bedeutung) y la intuición, o mejor,
entre lo representadoy el representantede la representaciónpor medio
de un signo. Esta heterogeneidad,condición de lo arbitrario del signo,
la subrayados VecesHegel.
1. El alma consignadaen la pirámide es extraña (fremde).Si es
transportada,transplantadacomo una inmigrante en el monumento,
esque no estáhechade la piedra del signicante; no perteneceni en su
origen ni en su destino a la materia del dato intuitivo. Esta heteroge-
neidadconducea la irreducibilidad del alma y del cuerpo, de lo inteli-
gible y de lo sensible,del conceptoo de la idealidadsignicada por una
parte, del cuerpo significante por la otra parte, esdecir, en sentidosdi-
ferentes,de dos representaciones( Vorrte/Iungen).
2. Es por lo que la intuición inmediata del significante represen-
ta un contenido completamente diferente (einengarzzandare{nba/t} del
que ella poseepor sí misma, completamentediferente de aquel cuya
presenciaplena no remite más que a sí misma.
Esta relación de alteridad absolutadistingue el signo del símbolo.
Entre el símbolo y lo simbolizado,la continuidad de una participación
mimética o analógicasedejasiemprereconocer.«El signo esdiferente
del simbolo, esdecir, de una intuición cuya determinidad propia esen
su esenciay en su concepto, más o menos el contenido que expresa
como símbolo; por el contrario, en el signo en tanto que tal, el conte-
nido propio de la intuición y aquél del que ella es el signo no tienen
nada que ver el uno con el otro» (ibïzi).
Estemotivo de lo arbitrario del signo, estadistinción entre el signo
y el símbolo son largamenteexplicitados en la Introducción de la Sec-
ción de la Estética consagrada al «Arte simbólico». Hegel precisa allí la
«ligaduracompletamentearbitraria» (gangwillkürlicbeVerknúpfung)que
constituye el signo propiamente dicho y por excelenciael signo lin-
güístico. «De otra manera ocurre con un signo que debe ser símbolo.
El león, por ejemplo,esconsideradocomo un símbolo del coraje,el zo-
rro como simbolo de la astucia, el círculo como símbolo de la eterni-

119
dad,el triángulocomosímbolodela Trinidad.Ahorabien,el leóny el
zorro poseenpor sí mismos las propiedadescuya signicación (Baden-
tzmg)debenexpresar.De igual manera,el circulo no presentael aspecto
inacabado o arbitrariamente limitado de una línea recta o de otra línea
queno sevuelvesobresí misma,lo cualtambiénseríael casodealgún
intervalo de tiempo limitado; y el triángulo tiene, como todo, el mis-
mo número de lados y de ángulosque el que recuerdaa la ideade Dios
cuando se enumeran las determinaciones que la religión concibe en
Dios.
«En estostipos de símbolo lasexistenciassensiblespresentes(¡inn/i-
cbmzmrbandenen Exzlrtenzen)tienen, pues,ya en su presencia(Dacia) pro-
pia esta signicación (Bedeutung) de la que se les pide que seanrepre-
sentación(Dante/lung)y expresión;y el símbolo, tomado en estesenti-
do másamplio, no esun simple signo indiferente, sino un signo que en
su exterioridad comprende al mismo tiempo en si mismo el contenido
de la representación( Vente/lung)que haceaparecer.Pero, simultánea-
mente, no debe llevar ante la conciencia lo que él mismo es, en tanto
que cosasingular concreta, sino solamenteestacualidad generalde la
signicación que está en él.»
En el capítulo siguiente, «El simbolismo inconsciente»,se consa-
gra un desarrollo a la pirámide, estavez, si aún podemosdecirlo, en el
sentido propio de la palabra.Si en la Enciclopedia, la pirámide egipcia es
el símbolo o el signo del signo, es,en la Estética,estudiadapor ella mis-
ma, es decir, ya en tanto que simbolo. Los egipcios fueron más lejos
que los hindús en el concepto de las relacionesentre lo natural y lo es-
piritual, pensaronla inmortalidad del alma, la independenciadel espi-
ritu, la forma de su duración más allá de la muerte natural. Esto se nota
en sus prácticas funerarias. «La inmortalidad del alma comunicaba
muy fácilmente con la libertad del espiritu, en la medidaen que el yo se
atrapabaa sí mismo como sustraídoa la naturalidad de la presenciay
como algo que reposasobresi mismo; ahora bien, estesaberde sí esel
principio de la libertad. Ciertamente, no se puededecir que los egip-
cios hayanpenetradoplenamentehastael conceptodel espíritu libre, y
no debemospensarestacreenciade los egipciosen función de nuestra
propia manerade concebir la inmortalidad del alma; pero ellos tenían
ya la intuición de que los que habian abandonadola vida continuaban
su existenciatanto de maneraexterior como en su representación...Si
nos interrogamos sobre la forma de arte simbólico que correspondea
esta representación,debemosbuscarlaen las principales formaciones
de la arquitectura egipcia.Estamosen presenciade una doble arquitec-
tura, una encima y la otra debajode la tierra; laberintos bajo el suelo,
suntuosasy profundas excavaciones,largospasadizosde media hora de
camino, salascubiertasde jeroglíficos, conjunto que ha exigido un tra-
bajo de un acabadominucioso; luego, arriba, son estascontracciones
asombrosas,entre las cualesesnecesariosobretodo contar las pirámi-

120
des.»Despuésde una primera descripción, Hegel despejalo que a sus
ojosesel conceptodela pirámide;compararemos estetextoconel dela
Enciclopedia:
«Laspirámidesnosponenasíantelos ojosla imagensim-
ple del artesimbólicomismo;soncristalesextraordinariosqueencie-
rran en sí una interioridad (sinlunares)y la rodeande su forma exterior,
tal comoesproducidapor el arte,detal maneraqueselasdiria presen-
tesparaestainterioridadseparadadela simplenaturalidady sóloorde-
nadas a esta misma interioridad. Pero este reino de la muerte y de lo in-
visible,queconstituyeaquíla signicación[delasPirámides]no com-
portamásqueunasolacara,la caraformal quepertenece al contenido
verdaderamenteartístico, a saber,la separaciónde la presenciainme-
diata; es,pues,inicialmente sólo un Hades,no estodavía una vida (Le-
bmdzggkeit)que, incluso si seha librado de lo sensiblecomo tal, no esta-
ría, sin embargo,menospresenteen ella misma, siendode estamanera
espíritulibre y vivo ensí mismo.Porello la forma(Gestalt)
destinada
a
una tal interioridad sigue siendo todavía una forma (Form) y una en-
voltura completamenteexteriores al contenido determinado de esta
misma interioridad. Esterecinto exterior en el cual reposauna interio-
ridad escondida,esto son las Pirámides»(Estética,II, sec.I, cap. I, «El
simbolismo inconsciente»,c. I).
Esta discontinuidad exigida entre el significado y el signicante
concuerda con la necesidadde sistemaque incluye la Semiologíaen
una psicología.Nos acordaremos,en efecto, de que la psicologíaen
el sentido hegeliano es la ciencia del espíritu que sedetermina en sí
como sujetopara sí. Es el momento en que «el espiritu no tiene en lo
sucesivomásquerealizarel conceptode sulibertad»(S440,«Psicolo-
gía»en la Enciclopedia).
Por estoera indispensable
haceraparecermás
arriba la articulación arquitectónica entre la psicologiay la semiología.
Secomprendemejorasíel sentidode lo arbitrario:la producciónde
signosarbitrariosmanifiestala libertaddelespíritu.Y haymáslibertad
maniesta en la producción del signo que en la del símbolo. El espíritu
esmásindependiente
y estámáspróximodesí mismo.En el símbolo,
al contrario, estáun poco más exiliado en la naturaleza.«Designando
(Als bezeiabnend),la inteligencia manifiesta asi un arbitrio ( IVï/Ikur) y
un dominio (Hemrba) más libre en el uso de la intuición que lo hace
al simbolizar (alt iymbo/ixiered)» 458)5.

5 Hegelheredóyaestaoposicióndel signoy del símbolo,la teleologiaque la orienta sis-


temáticamente.De muy lejos,seríafacil mostrarloa partir de cadauno de los conceptosque
entran aquí en juego.Pero, despuésde Hegel,estamisma oposición,estamisma teología
guardansu autoridad.Por ejemplo,en el Cum;de/ittgülïrttta
general.
En el primer capítulode su
primera parte,en el párrafoque lleva como título «Primerprincipio: la arbitrariedaddel sig-
no»,leemos:«Sepuede,pues,decir, quelos signosenteramentearbitrariosrealizanmejorque
otrosel idealdel procedimientosemiológico;esla razónpor la que la lengua,el máscomple-
io y el másdifundido de los sistemasde expresión,estambiénel máscaracterísticode todos;
en estesentido,la lingüísticapuedeconvertirseen el patrón generalde toda Semiología, aun-

121
Segúnel esquema de estateleologia,la instanciasemiótica,ahora
mismodenida como racionalidadabstracta,hacetambiénprogresar
la manifestación de la libertad.De dondesu lugaresencialen el desa-
rrollo de la psicologíay de la lógica.Estelugaresseñaladopor Hegel
en una proposición explicativa, en la mitad de la nota añadida como
un largoapéndiceal cortopárrafoquedene el signo.La pirámideha-
bia surgido en esteespacioy en el rodeo de esteexcurso:«Ordinaria-
mente seinsinúa aquí o allá el signo y el lenguaje,como apéndice(An-
bang:suplemento,codicilo)en la psicologíao inclusoen la lógicasin
reexionar sobresu necesidady su conexión en el sistemade la activi-
dad intelectual.El verdaderolugardel signoesel queha sidoindica-
do...»
Estaactividad,queconsisteen animarel contenidointuitivo (es-
pacialy temporal),en insuflarleun «alma»,
una«signicación»,
produ-
ce el signo por Erirmerung,memoria e interiorización. Es estarelación
entreun cierto movimientode interiorizaciónidealizantey el proceso
de temporalizaciónlo que ahoranosinteresará.En la producciónde
lossignos,la memoriay la imaginación,esdecir,aquíel tiempo,sonla
mismainteriorizacióndel espírituqueserelacionaconsigomismoen
la intuición puradesi, y por tantoen sulibertad,y quellevaestaintui-
ción de si a la existencia exterior.
Lo cual apela a dos notas:
l. Al apareceren la Enriclapedia
en el capítulode la imaginación,
la teoríade los signosesinmediatamenteseguidaen él por el capítulo
sobre la memoria. En la Prapedéuticajïloxojïra,
el mismo contenido se-
miológico está inscrito bajo el título de la memoria.

quela lenguano seamásqueun sistema


particular»
[Reconocemos
enseguida
la mismapro-
posiciónen Hegel,en el momentoen queconcedeun prevalecímientoal signolingüístico,al
hablay al nombre]-,
«Noshemosservido,prosigue
Saussure,
dela palabra
símboloparadesig-
nar al signo lingüístico, o másexactamentelo que llamamosel signicante. Hay inconve-
nientespara admitirlo, iustamentea causade nuestroprimer principio. El símbolo tiene
como carácterno sercompletamentearbitrario nunca;no esvacio, hay un rudimentode li-
gaduranatural entre el significantey el signicado. El símbolode la iusticia,la balanza,no
podriaserreemplazadopor otra cosacualquiera,
un carro.por ejemplo»
(pag.101).
6 En la Enric/media
Filaraj/ïca
dela Propedéutica
(Li sección
dela «Ciencia
delespíritu»,
capítulo sobrela representación,subcapítulosobrela memoria),reencontramoslas defini-
cionessiguientes:«l. El signoen general.Habiendosido la representaciónliberadade la rea-
lidad presenteexterior y hechasubjetiva,estarealidady la representacióninterna sesitúan
frentea frentecomodoscosas
distintas.Unarealidadexteriorsehacesignocuandoesarbi-
trariamenteasociadaa una representaciónque no le correspondey que sedistingueincluso
por su contenido,de suertequeestarealidaddebesersu representación o significación»
(S155).«Lamemoriacreadora produce,pues,laasociaciónentreintuicióny representación,
perounalibreasociaciónen la queseencuentra invertidala relaciónprecedente,
enquela
representaciónreposabasobrela intuición. En la asociacióntal como la operala memoria
creadora,la realidadsensiblepresenteno tiene ningún valor en si misma,y por ella misma,
sino que suúnico valor esel queel espiritu le conera» (S 156).«El lenguaje.La obra másalta
dela memoriacreadora
esel lenguaje,
quees,por unaparte,verbal,porotraparte.escrito.
Siendola fuentedel lenguajela memoriacreadora,o mnémaryn,
no puedesercuestióndeotra

122
2. Producción de los signos, la memoria misma es también el
pensamiento.
En una nota que sirve de transiciónentre el capítulo
consagrado
a la memoriay el consagrado al pensamiento,Hegelre-
cuerdaque «yanuestralenguaatribuye a la memoria (Cedarbtnzk), de la
que existe el prejuicio de hablar con desprecio,el alto status(Ste/lung)
que la emparenta inmediatamente al pensamiento (Gedankey).

RELEVAR LO QUE QUIERE DECIR HABLAR

El emplazamientode esta Semiologíaestá delimitado. No podría


tratarse ahora de agotar su contenido. Intentemos solamenteuna pri-
mera prueba,y tratemosde vericar, sobreun análisisde contenido, el
motivo descrito por la arquitectura. Preguntémonosasí lo que signifi-
ca estasemiología,lo que quiere decir. Planteadala pregunta bajo esta
forma, nos sometemosya a los esquemasprofundos de estametafísica
del signo que no solamente«quieredecir», sino que serepresentaesen-
cialmente como teoría del beudeutm (querer decir) de entrada regulada
sobreel telardel habla. Como mástarde lo seráen Saussure,el lenguaje
habladoesaquí el «patrón»del signo, y la lingüística el modelo de una
Semiologíade la que, sin embargo, ella sigue siendo una parte.
El fondo de la tesisseenuncia muy deprisa:esel privilegio o la ex-
celenciadel sistemalingüístico, esdecir, fónico con respectoa cual-
quier otro sistemasemiótico. Privilegio, pues,del habla sobrela escri-
tura y de la escritura fonética sobre cualquier otro sistemade inscrip-
ción, en particular sobre la escritura matemática,sobretodos los sím-
bolos formales, las álgebras,las pasigrafíasy otros proyectos de tipo
leibnitziano, sobre todo lo que no tiene necesidad,como decia Leib-
nitz, «de referirse a la voz» o a la palabra (vox).
Asi formulada, la tesis es conocida. No pretendemosrecordarla
aquí sino, reformándola, reconstituyendosu conguración, señalaren
qué se coordina esencialmentela autoridad de la voz con el todo del
sistema hegeliano, con su arqueología, su teleología, su escatología,
con la voluntad de parousiay todos los conceptosfundamentalesd; la
dialéctica especulativa,especialmentelos de negatividad y de Aujbe-
bang. i
El procesodel signo esuna Aufbebung.
Asi: «La intuición, en tanto
queellaesantetodoinmediatamente un dato(sinCegebener)
y unaespa-
cialidad(einRaumÍit/Jer),
recibe,entantoquesela utilizacomosigno,la

fuente; mas que en lo que concierneel descubrimientode signosdeterminados»(S 158).


«...El lenguajeesla desaparicióndel mundo sensibleen supresenciainmediata,la supresión
de estemundo,desdeesemomentotransformadoen una presencia,queesuna llamadaapta
paradespertarun ecoen todaesenciacapazde representación» (S 159),trad. M. deGandilac,
Ed. de Minuit.

123
determinación
esencial
desersolamente
entantoqueaufgebabme
[esde-
cir, a la vezexaltaday suprimida,digamosen adelanterelevada,en el
sentidoen quesepuedesera la vezexaltaday relevadade susfuncio-
nes,reemplazada en una especiede promociónpor lo que sucedey
tomael relevo.En estesentido,el signoesel relevodela intuición sen-
sible-espacial].
La inteligenciaessu negatividad(S 459).
La inteligenciaesasíel nombredeestepoderqueproduceun signo
negandola espacialidadsensiblede la intuición. Es el relevo de la in-
tuiciónespacial.
Ahorabien,comolo muestra enotraparteHegel,el
relevo(aujbebung)
delespacio
esel tiempo.Esteesla Verdad
delo que
niega--el espacio- en un movimientode relevo.Aquí, la verdado la
esencia teleológica del signo como relevo de la intuición sensible-
espacialseráel signocomotiempo,el signoen el elementode la tem-
poralización.Es lo queconrma la continuacióndelpárrafo:«Lainte-
ligencia es la negatividad; también la forma másverdaderade la intui-
ción que es un signo,es una presenciaen el tiempo(einDareinin der
Zeit)...»
El Dareinin derZeit,la presenciao la existenciaen el tiempo,esta
fórmuladeun mododela intuición debeserpensada en relaciónconla
que dice del tiempo que esel Dam):del concepto.
¿Porquéel Darvinen el conceptoesla formamásVerdadera (¡valv-
batere
Carta/t)
dela intuicióntal cómosedejarelevarenel signo?
Por-
queel tiempoesel relevoes decir,entérminoshegelianos,
la verdad,
la esencia
( Were)comoserpasado (Gewererzbeit)
del espacio.
El
tiempoesel espacioverdadero,esencial,pasado,tal comohabrásido
pensado,es decir, relevado.Lo quebabráqueridadecirel apatía,e: el
tiempo.
Sesigue,en cuantoal signo,queel contenidodela intuición sensi-
ble (el signicante)debeborrarse,desvanecerse
antela Bedeuttmg,ante
la idealidadsignicada,siempreguardándose y guardándola; y essólo
eneltiempo,o másbiencomoeltiempomismo,comoesterelevopue-
de hallar paso.
Ahorabien,¿cuálesla sustancia
significante(lo quelosglosemáti-
cosllamanla «sustancia
dela expresión»)
máspropiaparaproducirse
asi como el tiempo mismo?Es el sonido, el sonido relevadode su natu-
ralidady ligadoa la relaciónconsigodelespíritu,dela psiquecomosu-
jeto para sí y afectándosea si misma, a saber,el sonido animado, el so-
nido fónico, la voz ( T071).
Esta consecuencia
la extrae Hegel inmediatay rigurosamente:
«También
la formamásverdadera
dela intuiciónquecsun signo,es
una existenciaen el tiempoun borrarsede la presencia(ein Vera};-
wirzden
de:Daueiruj- mientrasqueellaes(indem e:vtr)y siguiendosu
nuevadeterminidadexterior,psíquica,unaposición[un serpuesta:Ge-
7 Cfn, por ejemplo,Enric/apatía,
254-260,y Jupra,«Ousiay Gramme».

124
setzrein]que procedede la inteligencia, de su naturalidad propia (antro-
pológica), a saber,el sonido (Ton), la exteriorización cumplida (ple-
na: erfullte)de la interioridad que se manifiesta.»
Por una parte, la voz une la naturalidad antropológica del sonido
natural a la idealidadpsíquico-semiótica;articula, pues,la losofía del
espíritu sobrela losofía de la naturaleza;y, en la losofía del espíritu,
su conceptoesasíla bisagraentre la antropología y la psicología.Entre
estasdos ciencias,essabido,seinscribe la fenomenologíadel espíritu o
ciencia de la experiencia de la conciencia.
Por otra parte, estarelación fónica entre lo sensibley lo inteligible,
lo real y lo ideal, etc., sedetermina aquí como relación de expresividad
entre un adentro y un afuera.El lenguajede sonidos,el habla, llevando
el adentro afuera, no lo abandonasimplemente, sin embargo, como
una escritura. Guardando lo de adentro en sí, incluso cuando lo emite
hacia afuera,es por excelencialo que conere la existencia,la presen-
cia (Dan-in)a la representacióninterior, haceexistir el concepto(el sig-
nicado). Pero, al mismo tiempo, en tanto que interioriza y temporali-
za el Darvin,dato de la intuición sensible-espacialel lenguajeexalta la
existenciamisma, la pone de relieve en su verdad y produce asíuna es-
peciede promoción de presencia.Hacepasarde la existenciasensiblea
la existenciarepresentativao intelectual, a la existenciadel concepto.
Un pasoasí es precisamenteel momento de la articulación que trans-
forma el sonido en voz y el ruido en lenguaje:«El sonido [el sonido fó-
nico der Ton],articulándoseseguidamentepor las representacionesde-
terminadas,el discurso (hablado: dieRede)y su sistema,la lengua (die
Spracbe) da a las sensaciones,a las intuiciones, a las representaciones,
una segundapresencia,másalta que su presenciainmediata, en general
una presencia que vale en el dominiode la rayhresentatíán (de: Vaste-
11cm)»
En el pasajeque nos ocupa,Hegel sólo seinteresaen «la determini-
dad propia del lenguajecomo producto de la inteligencia»,esdecir, en
el lenguajecomo «manifestaciónde sus representacionesen un ele-
mento exterior». No emprende el estudio del lenguaje mismo, si así
puededecirse.Ha denido el orden de la Semiologíageneral, su lugar
en la psicología,luegoel lugar de la lingüística en el interior de una se-
miología de la que aparece,sin embargo,como el modelo teleológico.
La Enzic/opedia sequedaaquí, en estasistemáticao en estaarquitectóni-
ca. No llena el campocuyoslímites y topografía señala.Los lineamien-
tos de una lingüística son, no obstante,indicadores. Esta deberá,por
ejemplo, sometersea la distinción entre el elemento formal (gramati-
cal)y el elementomaterial(lexicológico).Un análisissemejante
disuel-
ve el discursosobrela lingüística, la diferencia entre su antesy su des-
pués.
La lexicología, ciencia del material de la lengua, nos remite, en
efecto, a una disciplina ya tratada antesde la psicología:la antropolo-
125
gía.Y dentrode la antropologíaa la psicosiología.Es queantesde
aparecersecomotal, la idealidadseanunciaenla naturaleza,el espíritu
seocultafuerade si en la materiasensible;y lo hacesegúnmodos,gra-
dos, un devenir, una jerarquíaespecíficos.Sedebeentender en el inte-
rior de estateleologíael concepto,decisivo aquí, de idealidad física. La
idealidadengenerales,entérminoshegelianos,
«lanegacióndelo real,
lo cual, sin embargo, es, al mismo tiempo, conservado,virtualmente
retenido(víualitererba/ten),
inclusosi no existe».Puestoqueel signoes
la negatividad que pone de relieve la intuición sensibleen la idealidad
del lenguaje,
debedestacarse
enunamateriasensible
quedealgunama-
nera se presta a ello, ofreciendo al trabajo de la idealización una no-
resistenciapredispuesta.
La negatividadidealizantey relevanteque
trabajaen el signo siempreha comenzadoya a inquietar la materia sen-
sibleen general.Perosiendoéstadiferenciada,sejerarquizaen susti-
pos y en susregionessiguiendosu potencia de idealidad. Sesigueentre
otras consecuenciasque se puede considerar el concepto de idealidad
fisica como una especiede anticipación teleológica o, inversamente,
reconoceren el concepto y el Valor de idealidad en generaluna «metá-
fora». Un desplazamientotal que resumiría todo el trayectode la me-
tafísica repetiríatambiénla «historia»deunaciertaorganizaciónde
lasfuncionesquela losofía hallamado«sentidos». La equivalencia de
estasdoslecturasestambiénun efectodel círculohegeliano:la reduc-
ción sensualizadao materialistay la teleologíaidealistasiguen,en sen-
tido inverso,la mismalínea.La queacabamos denombrar,por como-
didad provisional, «metáfora».
Lo queHegeldenomina,pues,la idealidadpsíquica,sereparteen
dosregionesdesensibilidad:
sensibilidada la luz y sensibilidadal soni-
do. Son analizadasen la Enridapediay en la Etica.
Trátese de luz o de sonido, el análisis semiológico de las materias
signicantesy delasintuicionessensibles nosremitedela psicologíaa
la antropologia(psicofisiología),
y, en última instancia,dela siología
a la física. Es el camino inverso de la teleología y del movimiento de

5 «El espiritu debeinicialmenteretirarsede la naturalezaparavolver a si mismo,elevar-


sepor encimade ella para rebasarla,antesde estaren situaciónde ejerceren ella su poder
(wa/tm)sin encontraroposición como en un elementosin resistencia(n/ziíentandr/aren), y de
transformarlaen presencia(Darvin)positiva de su propia libertad»,Ertítira, parte Il, sección
ll, cap. l.
" Hegeldistingueentre la organizaciónde los cinco sentidos,organizaciónnatural, cu-
yos conceptosdebejar la losofía de la naturaleza,y el funcionamientode estossentidos,
conforme a su concepto,a nes espirituales,por ejemplo,en el arte. «Perolos sentidos,en
tanto quesentidos,esdecir,en tanto queserelacionancon lo queesmaterial,yuxtapuestoen
su exterioridady diversoen si, son diversosen si mismos:tacto, olfato, gusto,oido y vista.
Mostrar la necesidadinterna de estatotalidady de suarticulaciónno esaquí nuestrocometi-
do, sino el de la losofía de la naturaleza;nuestroproblemaselimita a investigarsi todoses-
tos sentidoso, si no, cuálesentreellos,tienenel poder,conformea suconcepto,deserlos ór-
ganosparala comprensiónde lasobrasde arte.Desdeestepunto de vista ya hemosexcluido

126
la negatividad,segúnel cual la idea sereapropiaa sí misma como espí-
ritu al relevar(se)(de) la naturaleza,su ser-otra,en el cual sehabíane-
gado, perdido al anunciarse.Así pues,en la obertura de la «Física»,la
luz seplanteacomo primera manifestación,aunquetodavía manifesta-
ción abstractay vacía, identidad indiferenciada de la primera materia
cualificada. Es por la luz, elemento neutro y abstracto del aparecer,
medio puro de la fenomenalidaden general,como la naturalezaserela-
ciona inicialmente consigo misma. La naturaleza,en la luz, se mani-
fiesta,seve, sedejaver y seve ella misma. En estaprimera articulación
reflexiva, la aperturade la idealidadesal mismo tiempo aperturade la
subjetividad,de la relación consigo misma de la naturaleza:«La luz es
la primera idealidad, la primera auto-afirmación de la naturaleza.En
la luz la naturalezasehacepor primera vez subjetiva»(Estética,3. par-
te, sección III, cap. I, lb).
Correlativamente,la vista es un sentido ideal, más ideal, por de-
nición y como lo indica su nombre, que el tacto o el gusto. Sepuede
también decir que la vista da su sentido a la teoría, suspendeel deseo,
deja estar las cosasen reservao prohíbe la consumación. Lo visible
tiene esto en común con el signo que, nos dice Hegel, no se come.
Sin embargo,si la vista es ideal, el oído lo es más. sobrepasaa la
vista. A pesarde la idealidadde la luz, y de la mirada, los objetosperci-
bidos por el ojo, por ejemplo las obras de arte plástico, persistenmás
allá de la percepciónen suexistenciasensible,exterior, testaruda;resis-

másarriba el tacto,el gustoy el olfato»(Ertéhta,III parte,División). En unajerarquíade las


artescomo ésta,la poesíanecesariamente ostentael lugar másalto. Es e] arte másrelevante,
el «artetotal».Unidosestaveza la representación conceptual(lo queno erael casode la inte-
rioridad musical),a la objetividaddel lenguaje,el tiempo y el sonido,modosde la interiori-
dad, pertenecenal conceptode la poesia.Esteconceptoexige,pues,que la poesíaseadicha y
no leída,pues,«laimpresiónescritatransformaestaanimación(BEICE/llg) en unapuravisibi-
lidad totalmenteindiferentecn sí misma,que ya no tiene relacióncon la forma espiritual»
(parte Ill, secciónlIl, cap. lll, C, 2).
l La teoria hegelianadel deseoesla teoríade la contradicciónentre la teoríay el deseo.
La teoriaesla muertedel deseo,la muerteen el deseosi no el deseode la muerte.Toda la In-
troduccióna la Ertítirademuestraestacontradicciónentreel deseo(Begierde), queempujaa la
consumación,y el «interésteórico»,que dejaestarlascosasen su libertad. En la medidaen
queel arte«ocupael medioentre lo sensiblepuro y el pensamientopuro»y donde«lo sensible
estáen el arte, espiritualizado(vergeisrigtpy el espíritu «sensibilizado(wrrirt/irbi)»,sedirige
por privilegio «alos dos sentidosteóricosde la vista y del oido»(III, 2d). El tacto sólotiene
quever con la resistenciade la individualidadsensibley materialcomotal; el gustodisociay
consumeel objeto;mientrasqueel olfato lo dejaevaporarse.«La vista por el contrario man-
tienecon los objetos(Cegemtanden) una relaciónpuramenteteórica,por el intermediariode la
luz, estamateriade algunamanerainmaterial que dejadesdeestemomentolos objetos(Ob-
jrkte) libres paraexistir por su cuentapor sí mismos,que los hacebrillar y aparecer(irbeinm
unaerïtbtim),pero sin consumirlossobreel modo práctico,como lo hacenel aire y el fuego,
imperceptibleo manifiestamente. Es por la vista sin deseo(begierdelare
Xebert)todo lo queexis-
te materialmenteen el espacioen tanto que exterioridadde yuxtaposición(Autrminander),
pero que, en la medidaen que permaneceinatacadoen su integridad,no semanifiestamás
que segúnsu forma y su color» (parte III, división).

127
ten a la Aufbebung,no se dejan, en tanto que tales, en absoluto relevar
por la interioridad temporal. Frenan el trabajo de la dialéctica. Es el
caso de las obras plásticasy será también sin duda el de la escritura
como tal. Pero no ya el de la música o del habla. El oído esel sentido
mássublime: «Comola vista, forma parte, no de los sentidosprácticos,
sinode los sentidosteóricos,y esinclusomásidealquela vista.Pues,
dadoque la contemplacióntranquilay sin deseo(bcgierde/oxe) de las
obrasde arte, lejosde buscaraniquilar los objetos,los dejasubsistir
tranquilamentepor sí mismos,tal comoson,lo quecomprendeno es,
sin embargo,el ideal en si mismo, sino al contrario, lo que semantiene
en su existencia sensible. El oido, en cambio, sin volverse hacia los ob-
jetos de un modo práctico (Praktircb),percibe el resultadode estetem-
blor interior (innerenErzjttems)del cuerpo por el cual llega a producir-
se,no ya la calma de gura material, sino la primera y más ideal mani-
festación del alma (See/erzbatjgkeít).
Pero como, adicionalmente, la ne-
gatividad en la que aqui entra la materia vibrante (¡c/JwíngendeMaterial)
espor una parte una abolición (Aufbeben)del estadoespacial,la cual es
a su vez suprimida por la reaccióndel cuerpo, la exteriorización de esta
doblenegación,el sonido( Tan)esunaexteriorizaciónque,en su sur-
gir, seaniquila por el hecho de su estar-ahiy sedesvanecede ella mis-
ma. Por esta doble negación de la exterioridad que se encuentra al
principiodel sonido,éstecorrespondea la subjetividad
interior,enque
la sonoridad(K/ingarz)
queesen sí mismaalgode másidealquela cor-
poreidad que realmenteexistepor sí, renuncia incluso a estaexistencia
más ideal y se hacepor ello un modo de expresión de la interioridad»
(Estética,parte III, introducción al capítulo sobre la música)".
l En otra parte:«El otro sentidoteórico esel oido. Aqui seproducelo contrario de lo
queocurrecon la vista.El oido tienequever, en lugardecon el color, con la forma, etc.,con
el sonido ( Ton),con la vibración del cuerpo que no requiereningún procesode disolución
como en el casodel olfato, sino que consisteen un simpletemblor (Ervjttem)del objeto(Ge-
genstander)
en el cualel objeto(05912!)permaneceintacto. Estemovimiento idealpor el quese
exterioriza,a travésde un sonido, algo como la simple subjetividad,el alma del cuerpo,lo
captael oido de manerateórica,como el ojo captala forma o el color y asíhaceaccederla in-
terioridad de] objeto a la interioridad misma»(Estética,parte lll, división).
Esta clasicación jerárquicacombinadoscriterios; objetividade interioridad, que no se
oponen,sino en apariencia,teniendocomo sentidola idealización(de Platón a Husserl)el
conrmarlos simultáneamenteuno por el otro. La objetividadidealmantienetanto mejorsu
identidadconsigomisma,suintegridady suresistencia,cuantoyano dependede unaexterio-
ridad sensibleempírica.Aqui, la combinaciónde losdoscriterios permiteeliminar del domi-
nio teórico el tacto (queno tieneque ver masque con unaexterioridadmaterial:objetividad
dominable),el gusto(consumaciónque disuelvela objetividaden la interioridad), el olfato
(quedejadisociarseel objetoen la evaporación).La vista esimperfectamenteteóricae ideal
(dejaestarla objetividaddel objeto,pero no puedeinteriorizar su opacidadsensibley espa-
cial). Segúnuna metáforacoordinadacon todo el sistemade la metafísica,sóloel oído, que
salvaa la vezla objetividady la interioridad, puededecirseplenamenteidealy teórico. Así es
designado,en su excelencia,siguiendoel lenguajeóptico (idea,teoria). Así nos dejamosre-
conducir al analisisde todo estesistemametafórico.Lo intentaremosen otra parte.inserta-
mosaqui, paraseñalarde pasadaalgunasreferenciasy algunasintenciones,estepasajede «El

128
Constantemente
se nos remite a esteconceptode vibración,de
temblor (Exzjtem,scbwingwnde
Zittem). En la Filosofíadela naturaleza,
está
en el centrode la losofía del sonido(Klang);y señalaahi siempreel
paso,por la operación de la negatividad, del espacioal tiempo, de lo
material a lo ideal a travésde la «materialidadabstracta»(abstrakte
Ma-
taria/fiat). Este concepto teleológico del sonido como movimiento de
idealización,Auxbung de la exterioridad natural, abolición de lo visi-
bleen lo audible,es,contodala losofía dela naturaleza,
la presuposi-
ción fundamental de la interpretación hegelianadel lenguaje,especial-
mentede la partellamadamaterialde la lengua,la lexicología.Esta
presuposiciónforma un sistemaespecíco que organizatanto las rela-
cionesde la losofía hegelianade la naturalezacon la física de su tiem-
po y con la totalidad de la teleologíahegelianacomo su articulación so-
breel sistemamásgeneraly la cadenamásampliadellogocentrismo.
ySi la lexicografíanosreconduciríaa la fisica,la gramática(elemen-
to formal del discurso)nos proyecta,por anticipación, hacia el estudio
del entendimientoy de la articulaciónen categorias.
La Enciclopedia
lo
aborda,en efecto,máslejos(S 465). «Peroel elementoformal de la len-
guaesla obradel entendimientoque informa en ella suscategorías;
esteinstinto lógicoproduceel elementogramaticaldela lengua.El es-
tudio de las lenguasque sehan mantenidoprimitivas (urJpmng/ít/J)
y
que no seha comenzadoa conocera fondo másque en tiempos moder-
nos, ha mostradoque poseenuna gramáticamuy desarrolladaen el de-
talle,queexpresandiferenciasquefaltanen laslenguasdepueblosmás
cultivadosdondesehan borrado;parecequela lenguade los pueblos
máscultivadostienela gramáticamenosperfectay quela mismalen-
gua tiene una gramáticamásperfectasi el estadodel puebloque la
practica es menoscultivado que si lo esmás»(Cfr. W. von Humboldt,
Sobreel 11m410, 11 [S 459]; cfr. también La razónenla Hzlrtaria,tr. Pa-
paionnou, págs. 196-203, 4).
Estaexcelenciarelevante,espiritualo idealde la fonia, haceque
todo lenguajede espacioy en generaltodo espaciamientoperma-
hombrc de las ratas»:«De una manerabastantegeneral,¡»demospreguntarnossi la atrofia
del olfato en el hombre,consecutivaa la posturaerguida,y la represiónorgánicadel placer
olfativo quedeello resulta,no desempeñarian un gran papelen la facultaddel hombredead-
quirir neurosis.Comprenderemos asiquea medidaqueseclevabala civilización de la huma-
nidad. fue precisamentela sexualidadquien debió hacerel gastode la represión,pues,sabe-
moshacetiempoen quémedidaestaestrechamente ligado,en la organizaciónanimal,el ins-
tinto sexualal olfato.»Hegeluna vezmas:«Peroel objetodel artedebesercontempladoen su
objetividadindependientepara si misma, que ciertamentelo es para el sujeto,pero en el
modo teórico, intelectual,no práctico,y sin ningunarelacióncon el deseoy la voluntad. En
cuantoal olfato, no puedeen mayormedidaserun órganode placerartistico,pues,lascosas
no sepresentanal olfato másqueen la medidaen queestánconstituidasen si mismaspor un
proceso,en el que sedisuelvenen el aire y susefectospracticos»(íbfi).
12Estasoposicionessonexplicitadaslargamenteen los S299 a S302de la Enciclopedia
(Hlaraadela naturaleza,2. sección,Fisica).Cfr. tambiénla Fzïmadz/erpúitude la Enciclope-
dia, S 401.

129
nezcainferior y exterior. De esteespaciamiento,la escritura puedeser
considerada,segúnla extensiónque puedetransformar la noción de la
misma, como un ejemplo o como el concepto. En los dos casosestáso-
metida al mismo tratamiento. En la parte lingüística de la Semiología,
Hegel puedehacerel gestoque él desaconsejaba cuando setrataba de la
Semiologíageneral: él reduce la cuestión de la escritura al rango de
cuestión accesoria,tratada en apéndice,en excurso,y en un cierto sen-
tido de estapalabraen suplemento.Este gesto,essabido,fue el de Pla-
tón, de Rousseau,y será,para no citar más que los puntos capitaleses-
pecícos de un procesoy de un sistema,el de Saussure.Despuésde ha-
ber denido explícitamente la lengua vocal ( Tonmrarbe) como lengua
original (unpmnglirbe),escribeHegel,«...sepuedemencionar aqui tam-
bién la lengua escrita (Stbnipracbe),pero solamentede pasada(nur im
Vüfbígbf), [esto no es sino un desarrollo ulterior] [suplementario]:
weitwrwFob/dang]en el dominio particular de la lenguaque pide ayuda
en una actividad práctica exterior. La lenguaescrita sedesarrollaen el
campo de la intuición espacial inmediata donde toma los signos
(S 454) y los produce» (S 459).
No esposible desarrollar aquí todaslasconsecuenciasde una inter-
pretación semejantedel suplemento de escritura, de su lugar original
en la lógica hegelianay de su articulación con toda la cadenatradicio-
nal y sistemáticade la metafísica.Titulemos simplemente,de manera
esquemáricay pragmática, las tesis que sería preciso interrogar.

3 La escritura,«actividadprácticaexterior»que «vienea la ayuda»de la lenguahablada.


Este motivo clásicolleva la condenaciónde todaslas nemotécnicas,de todaslas máquinas
con lenguaje,de todaslas repeticionessuplementariasque hacensalir de su adentrola vida
del espíritu,el hablaviva. Una condenaciónsemejanteparafraseaPlatón, hastaen estanece-
sariaambivalenciade la memoria (mnémé/bypamnárir), memoriaviva por un lado, ayudame-
moria por el otro (Fedra).Debemostraducir aquí una Nota de la Enciclopedia:«Al oir el
nombreleón no tenemosnecesidadni de la intuición deun animalsemejanteni siquierade
su imagen;por el contrario la palabra,en tanto que la comprendemos,esla representación
simple, sin imagen(bi/dias:einfatbeVüfïfl/lg).Pensamos en los nombres.La mnemotécnica
de los antiguos,resucitadahacealgún tiempo y justamenteolvidadade nuevo,consisteen
transformarlos nombresen imágenesy en degradarasi la memoriaen imaginación.E] lugar
de la fuerzade la memoriaesocupadopor un cuadropermanente,fijado en la imaginación,
cuadro(Tb/eau)de una seriede imágenesen la que seencadenaentoncesla ponenciaque se
ha de aprenderde memoria(amendg), la seriede susrepresentaciones. Como Consecuencia
de la heterogeneidad del contenidode estasrepresentaciones y de estasimágenespermanen-
tes,como en razónde la rapidezcon la cual debeproducirseesto,esteencadenamientono
puedetener lugar másque a travésde asociacionesinsulsas,bobasy perfectamentecontin-
gentes»(Nota del 462). A estaexterioridaddel «dememoria»seoponela memoriaviva, espi-
ritual, dondetodo procatledel adentro.Todosestosdesarrollossongobernadospor la oposi-
ción Aurwendig/Inwndrg y por la del Entaïurremng
y de la Erítmmtngen el nombre.Cfr. también
los importantespárrafosS 463 y S 464. Sobrela crítica del cuadro(Ta/alma)que enmascara
«laesencia
vivadela cosa»
y procede
del«entendimiento
muerto»,
cfr. Prefacio
delaFenom-
no/ogía
delespiritu,tr. j. Hyppolite, pág. 45.

130
A) La jerarquíatelea/ógim
delar emitura:

Enlomásaltodeesta
jerarquía,
laescritura
fonética
detipoalfabé-
tico:«La escritura
alfabética
esen si y por sí la másinteligente...»
(S 459). En tanto que respeta,traduceo transcribela voz, esdecir,la
idealización,
elmovimiento
delespíritu
queseremite
asupropia
inte-
rioridad y oyéndosehablar, la escriturafonéticaes el elementomás
históricode la cultura,el másabiertoal desarrolloinfinito de la tradi-
ción.Al menos
enel principiodesufuncionamiento.
«Sesiguedeesto
queaprendera leery escribirunaescrituraalfabéticasedebever como
unmedio
decultura
innito quenoseaprecia
sucientemente;
porque
asíel espíritu,
alejándose
delconcepto
sensible,
dirigesuatención
ha-
cialoqueeslomásformal,
lapalabra
ensuenunciación
y suselemen-
tosabstractos,
y contribuye
demaneraesencial
a fundary a puricar
en el sujeto el suelo de la interioridad.»
Lahistoria
que essiempre
historia
delespíritu,
según
Hegel-gel
desarrollo
delconcepto
comolagos,
eldespliegue
onto-teológico
dela
parousia,etc.,no sondicultades por la escrituraalfabética.Al contra-
rio,porborrarmejorqueotrasupropioespaciamiento,
éstasigue
sien-
dolamediación
másaltay lamásrelevante.
Unaapreciación
teleológi-
casemejantedela escritura
alfabética
constituye
un sistema
e impone
estructuralmente
lasdosconsecuencias siguientes:
a) Másalládelhecho
delaescritura
alfabética,
Hegel
apela
aquia
un idealteleológico.
En efecto,comoreconoce
Hegel,depasadacier-
tamente, peromuyclaramente,nohayy nopuedehaberescritura
pu-
ramente
fonética.
El sistema
alfabético
talcomo
lopracticamos
noesy
nopuede
ser"puramentefonético.
Nuncaunaescritura
puededejarse
atravesarde partea partepor la voz.Lasfuncionesno fonéticas,lossi-
lencios
operatorios,
si asípuededecirse,
de la escritura
alfabética,
no
sonaccidentes
factuales
o quesepodríaesperar
reducir
(puntuación,
cifra,espaciamiento).
El hechodelqueacabamos
dehablarnoessólo
unhecho empírico,
eselejemplo
deunaleyesencialquelimitairre-
ductiblemcnte
elcumplimiento
deunidealteleológico.
Hegellocon-
cede,enefecto,enunparéntesis
quecierramuydeprisa
y quenosotros
debemossubrayar:
«Leibnitz
sehadejado
perder
porsuinteligencia
( Ventana)
alconsiderar
comomuydeseable
eldisponer
deunalengua
escrita
perfecta,
construidasobreel modelojeroglíco,lo quetienelu-
garenparteenla escritura
alfabética
(comoenel casodenuestros sig-
nosquedesignan números,planetas,
materiasquímicas,etc,)queser-
virádeescritura
universal
paraelintercambio
delospueblos
yenpar-
ticular de los sabios»(5 459, nota).
b) La lingüística
implicada
portodasestas
proposiciones
esuna
lingüística
delapalabra
ysingularmente
delnombre.
Lapalabra,
yesta
palabra
porexcelencia
queesel nombre,consucategorema,funciona
aquicomoesteelemento
simplee irreductible,
completo,
queconlleva
131
la unidad, en la voz, del sonido y del sentido. Gracias a ella seprescin-
de a la vezde la imageny de la existenciasensibles.
«Penrarno;
en los
nombres.» Ahora bien,sabemos quela palabrano tieneya la dignidad
lingüística
quecasisiempre
sele hareconocido.
Esunaunidadrelati-
va,empíricamente destacada entreunidadesmásgrandeso máspeque-
ñas14.El privilegioirreductibledel nombreesla piedraangulardela fi-
losofíahegelianadel lenguaje: «Laescrituraalfabéticaesensi y por síla
másinteligente;en ella la palabraqueesparala inteligenciael modo
apropiadomásdigno (eigentnmlíclxe wurdzggrte
Art) de la exteriorización
desusrepresentaciones, sedirigea la consciencia,convertidaen el ob-
jeto de la reflexión...La escrituraalfabéticaconservaasí al mismo
tiempola ventajadel lenguajehablado,a saber,queen unacomoen el
otro lasrepresentaciones tienennombresquele sonpropios(ezgentlir/Je
Narnen);el nombre es el signo simple (eincbe)para la representación
propiamentedicha,esdecir,simple(agent/fono, dj. einfacbe),
no descom-
puestaen susdeterminaciones y compuesta a partir deellas.La lengua
jeroglíficano surgea partir del análisisinmediatode los signossensi-
bles como lo hace la escritura alfabética,sino del análisisprevio de las
representaciones,
lo quepermitiríaentoncesfácilmentepensarqueto-
daslas representacionespodríanser reducidasa las determinaciones
lógicassimples,de tal maneraque con signoselementales elegidosa
esteefecto (como en los Koua chinos el simple trazo recto y el trazo
quebradoendospartes)seríaproducidapor suunión,la lenguajeroglí-
fica. Este estado de cosas, la notación analítica de las representaciones
en la escritura jeroglífica, que ha seducidoa Leibnitz hastahacerlepre-
ferir sin razón esta escritura a la escritura albafética, contradice más
bienla exigenciafundamentaldel lenguajeengeneral,a saber:el nom-
bre...» 459; cfr. también los tres párrafos siguientes).

B) La cnïícadela parzgrafía:
laprosadelentendimiento
Los proyectosde escritura universal de tipo no fonético estaríanse-
ñaladospor laspretensiones
abusivasy las insuficiencias
de todoslos
formalismos denunciadaspor Hegel. La acusaciónapunta precisamen-
te a los riesgosde dislocaciónde la palabray del nombre.El acusado
principal esevidentemente Leibnitz,su inteligenciay su ingenuidad,
su ingenuidadespeculativa quele empujaa conar en la inteligencia,
es decir, aquí el entendimientoformalizantey portadorde muerte.
Pero, antesde Leibnitz, antesdel matematismoque inspira los proyec-

l Cfr.especialmente Martinet,Lema!enDiógenes,51,1965.Sobrela funcióndelnom-


breen la filosofíahegelianadellenguaje,verenparticularlostextosdelénarecientemente
traducidos bajoel títuloLaprimiinpbiloropbie
d:l&#39;e.rprit,
cap.ll, Paris,Presses
Universitaires
de
France, 1969(col. «Epiméthée»).

132
tosdecaracterística
universal,Hegelcomienza
por lo queconsidera
como los grandesmodelos históricos.
a) Tbot-En primerlugar,el modeloegipcio.Hegelle reprocha
sobretodoel serdemasiado«simbólico»,enel sentidoprecisoquehe-
mosreconocido másarribaaestanoción.Aunquelosjeroglícos com-
portanelementos deescritura
fonética,y asísignosarbitrarios
(Hegel
sereereenestesentidoalosdescubrimientos deChampollion) 5,per-
manecendemasiado
ligadosa la representación
sensiblede la cosa.Su
naturalidad
sujeta
el espíritu,lo encumbra,
lo obligaa un esfuerzo
de
memoriamecánica,lo extravíaen unapolisemiainnita. Mal modelo
paralacienciay lalosofía:«Ellenguaje
jeroglícoesunadesignación
delosobjetosqueno tienerelaciónconsusignosonoro.Acariciada

5«Entre
lasrepresentaciones
(Darrtellungm)
queencontramos
enlaantigüedad
egipcia,
hayqueponerderelieve
sobre
todounagura,asaber
laesnge,
ensíy parasíunenigma,
unaformacióncondoblesentido,mitadanimal,mitadhombre.Sepuedeconsiderar
a laes-
ngecomounsímbolo
delespíritu
egipcio;
lacabeza
humana
quesesepara
delcuerpo
dela
bestiarepresenta
el espíritu,comenzado
aelevarse
fueradelelemento
natural,aarrancarse
de
él, a mirar alrededorde sí máslibrementesin liberarseno obstantetotalmentede sustrabas.
Lasinmensas
construcciones
delosegipcios
están
mitadbajolatierray mitadlevantadas
por
encimadeellaenlosaires.Todoel paíssedivideenun reinodeviday un reinodemuerte.
LacolosalestatuadeMenónresuena (em/ing!) a la primeramiradadelsolnaciente; sinem-
bargo.noestodavíala luzlibredelespiritulo queresuena (ertnt)enél. Laescritura
todavía
csjeroglíca,sufundamento noesmásquelagurasensible, nolaletramisma Reciente-
mente
noshemosaplicadodenuevo deunamanera completamente
particular
y después
de
muchos
esfuerzos,
hemos llegado
adescifrarunpocolaescritura
jeroglíca.
Elcélebre
inglés
ThomasYoung
tuvoinicialmente
laideay atrajo
laatención
sobre
elhechodequeseencon-
traranpequeños
espacios
separados
delrestodelosjeroglíficos,
enlosqueseanotaba
la tra-
ducción griega...
Despuéssehadescubierto
queunagranpartedelosjeroglícos
esfonética,
csdecir,queseñala sonidos.
Asílaimagendelojosignifica
inicialmente
elojomismo, luego
laletrainicialdeltérminoegipcio
quesignica
ojo...Elcélebre
Champollion
eljovenllamó
laatenciónsobre elhechodequelosjeroglícos
fonéticosestánmezclados
conlosquedesig-
nanrepresentaciones (Vorstzl/ungen),
clasicó
acontinuaciónlasdiversas
especies
dejeroglí-
cosyestableció principios
determinados
dedesciframiento»(Legom
mrlapbzïmap/Jíe
dePbIÏÍÜ/Ïl,
trad.Gibelin,ligeramente
modicada,págs.182-183).
Y sincesarel esfuerzo
laborioso,
vio-
lento, rígido de Hegelparainscribir y articular con toda fuerzaen el devenirordenadode la
libertad
delespíritu
loqueelinterpreta
precisamente
comolabordelonegativo,
comoespí-
ritueneltrabajo,
reapropiaciónpaciente
desulibertad:
elpetroglifo,
elsímbolo,
elenigma,
señalan
a lavezaquíla etapasuperada
y la necesaria
parada,
el proceso
y la resistencia
enla
Aujlrebung.
«Es,lo hemos
visto,elespíritu
quiensimboliza
y,siendo
esto,seesfuerza
porha-
cerseseñordeestassimbolizaciones
y depresentárselas.
Cuantomasenigmático y oscuroes
parasi mismo,mayornecesidadtienedetrabajarensímismoparallegar,liberándosedesu
embarazo,
dalarepresentación
objetiva.
Estoesloquedeexcelente
hayenelespíritu
egipcio
quesenospresenta
comoestemaestro
obrero( Wrrkmalrter)
extraordinario.
Noesni la mag-
nicencia
ni eljuego,
ni elplacer,
etc,loquebusca,sinoloqueloincitaeseldeseopoderoso
decomprenderseynotieneotramanera yotroterreno parainstruirse
sobreloqueesy reali-
zarse
parasimismo,sinoeldesumergirseenestetrabajo(Hineinarbeiten)
delapiedra,
yloque
grava
(bineinscbrvibt)
enlapiedra,sonsusenigmas,susjeroglíficos.
Losjeroglícos
sondedos
especies,
losjeroglícospropiamentedichos,
destinadosmásbienalaexpresión verbal
y que
serelacionancon la representaciónsubjetiva;los otros sonesasmasasenormesde lasobras
arquitectónicas
yescultóricas
quecubren
Egipto»
(131i,pág.194).
Cfr.también
Fznamma/ogfa
de!eijzírim,
t. II, tr. Hyppolite,pags.218-222.

133
por tantosespíritus,la ideadeun lenguajeescritolosóco y universal
seoponea la masainmensade signosque sobretodo seríanecesario
descubrir y aprenden.
La naturalidad de los jeroglícos, el hecho de que el espíritu no se
hayamanifestado
ahí,o másbien,oido-hablar,másqueparcialmente,
seseñalademaneramuyprecisaenunaciertaausenciadela voz,nota-
blementeen las formas de arte privilegiadas por la cultura egipcia. Es-
cribe Hegel,a título del «simbolismoinconsciente»:
«En un sentido
próximo,la escriturajeroglícade losegipciosesengranpartesimbó-
lica, bien cuando buscadar a conocer las signicaciones por la gura-
ción de objetosrealesque no serepresentan(dame/Ian) a sí mismos, sino
querepresentan
unageneralidad
con la cualposeenun vínculo depa-
rentesco,bien, más frecuentemente,porque en los elementosllamados
fonéticos de estaescritura, éstaseñalacadaletra del alfabeto por el di-
bujode un objetocuyaletra inicial, en la comunicaciónoral, tieneel
sonidoquesequiereexpresar...» Evocandoluegoel ejemplodeesosco-
losos,de los quedicela leyendaqueemitíansonidosbajoel efectodel
rocíoy delosprimerosrayossolares,Hegelcreever ahíel signodeque
el espíritucomienzasólo asi a liberarsey reconocersecomo tal: «En
tantoquesímbolo,debedarse,no obstante,a estoscolososla siguiente
signicación:no poseenen si mismos,libremente,el almaespiritual,y
en lugar de recibir la amimación(Belebung) de estainterioridadque
comportaen sí mediday belleza,tienen necesidad de la luz exterior
parahacerresonarhaciaafuerael alma.La vozdel hombre,por el con-
trario, resuenaa partir de su propio sentimiento y de su propio espíri-
tu, sin impulsoexterior,y consistela cimadel arteengeneralendejara
la interioridad darseforma a sí misma a partir de sí misma. Pero en
Egipto,el interiordelaformahumana
todaviacarece
devoz(rfumm)
y
no comprendeen su animación(Batea/avg)
másque el momentona-
tural»&#39;7.
La naturalidaddel simbolojeroglíco esla condicióndesupolise-
mia. De unapoliserniaqueno tiene,a los ojosdeHegel,el méritodela
ambivalenciaregulada deciertaspalabras naturalmente
especulativas
dela lenguaalemana. Aquí,la inestabilidad
oscuradelsentidosedebe
a queel espirituno havueltoclaray libremente
aél.Lanaturalezaha
V Prapedíulíta
larzta, trad. M. de Gandilac, pág. 208.
17Ertbétalque,
partell, secciónl, caps.2 y 3. En otraparte,muysorprendido por lasco-
lumnatas,
pilones,pilares(Sau/e,
PJ/ot,PfeiI/er),
porlasselvas
decolumnas (gananWüldem van
Su/en,
SBuIenma/d,
etc.),compara Hegellostemplosegipcios a un libro. Los«simbolosdelas
signicaciones
generales»
semanifiestan
allípormedio
de«escrituras»
yde«imágenes
graba-
das».Lasformasy gurasdeltemploreemplazan, pues,a loslibros,lossuplen(dieSte/l:der
Bütberverrtm).«Aquiy alláhayMemnones apoyadosenesosmurosqueformantambiénga-
lerías,estánenteramente cubiertos
dejeroglícosy deenormes imágenes grabadas enla pie-
dra,aunque estohizoa losfrancesesquelosvieronrecientemente un efectodealgodónim-
preso.Selos puedeconsiderar comohojasde libros(Bütberb/tter)...»
(parteIII, secciónl,
cap. 1.0,2 C).

134
comenzado
ciertamente
a animarse,
a entrarenrelaciónconsigo
mis-
ma, a interrogarsea sí misma,tienebastantemovimientoparahacer
signosy simbolizarconsigomisma.Peroel espirituno sereencuentra,
no se reconocetodavía.La materialidaddel «signicante»,se diría,
funciona completamentesola como «símboloinconsciente».«A través
deestasimbólicade intercambio( WetbJe/xgmbalic)
el símboloesdesde
estemomento en Egipto, simultáneamente,una totalidad de símbolos,
detal maneraquelo queunavezsepresenta comosignicación (Be-
deutung)
estambiénreutilizado
comosímbolo enuncampoemparenta-
do.Esteencadenamiento plurívoco(vie/dana?)
delo simbólico
queen-
trelaza(durrbeínanderxtb/íngt)
significacióny forma manifiestaen reali-
dadunadiversidad
o bienjuegaconella,y persigue
porestola subjeti-
vidadinterior quesolapuedevolverseen variasdirecciones;
un entre-
lazamiento
talseñala
elprivilegiodeesas
formaciones,
aunque
lapluri-
vocidadhaceseguramente la explicacióndifícil.»
Estapolisemiaestan esencial,pertenecetan necesariamente
a la
estructura del jeroglíco, que la dificultad del desciframiento no se
debea nuestra situación
y anuestroretraso.
Hadebidolimitar,precisa
Hegel,la lecturadelosegipcios
mismos. Desde
estemomento, el paso
deEgiptoaGrecia,eseldesciframiento, ladeconstitución
deljeroglí-
co, de su estructura propiamente simbólica tal como sesimboliza a sí
mismaenla figuradela Esfinge.
Greciaesla respuesta
deEdipo,que
Hegelinterpretacomoel discursoy la operacióndela consciencia
mis-
ma.«Lasobrasdelarteegipcio,ensusimbólica misteriosa, son,pues,
enigmas: el enigmaobjetivomismo.Podemos denir la esfinge
como
el símbolo deestasignificaciónpropiadelespírituegipcio.Esdealgu-
namanera el símbolodelo simbólico... Esenestesentidoenel quela
Esfingeaparece enel mitogriego,podemos interpretarasuvezsimbó-
licamente comoel monstruoinauditoqueproponeenigmas.» Consu
respuesta,
Edipodestruye ala Esfinge.Esta«propuso lapregunta enig-
máticabienconocida: ¿quién andaporlamañana acuatropatas, ame-
diodíaadosy porla tardeatres?Edipoencontrólasimplepalabra del
enigma, el hombre,y precipitóa la Esfingedesde lo altodelospeñas-
cos.La solucióndelenigmasimbólicoresideen la significación que
existeensíy porsi,a saber,el espíritu,tal comola célebre inscripción
griega le recuerdaal hombre: ¡conócetea ti mismo! La luz de la con-
cienciaesla claridadquedejatransportarsucontenidoconcretoa tra-
vésdelaformaqueleesapropiada,
y nomaniestamásqueellaensu
presencia» (ibúi).
La palabradel enigma,la palabrade Edipo,el discursode la con-
ciencia,el ¿ombre
destruye,disipao precipitael petroglifo.A la estatura
dela Esnge,animalidad delespíritudormidoenel signopétreo,me-
diaciónentrela materiay el hombre,duplicidad
delo intermediario,
correspondela figuradeThot,diosdela escritura.
El lugarqueHegel
asignaa estesemidiós(diossecundario,
inferior al diosdel pensamien-
135
to, servidoranimaldel grandios,animaldel hombre,hombredeldios,
etc.)no perturbaenabsolutola puestaenescena delFedra.Ahí estoda-
vía precisoarticularlascadenassistemáticas ensuamplituddiferencia-
da. Y preguntarse por qué Hegelleyó aquícomoPlatónlos sistemas
egipcios:«UnmomentodecisivodeOsirisradicaen señalaren Anubis
(Thot),el Hermesegipcio.En la actividady la invenciónhumanas,así
comoen lasdisposiciones legales,lo espiritualcomotal advienea la
existencia,convirtiéndose en este modo espontáneamentedetermina-
do y limitado,objetodela conciencia.Esteelementoespiritualno esla
dominación una, innita y libre de la naturaleza,particular también
por sucontenido.Asi losegipcioshantenidoigualmentediosesquere-
presentanactividadesy energíasespirituales,pero limitadaspor su
contenidoo bien recogidasen simbolosnaturales.El Hermesegipcio
escélebrecomoaspectode la espiritualidaddivina. Segúnjamblique,
los sacerdotes
egipciospusierondesdelostiemposmásantiguossusin-
vencionesbajoel nombrede Hermes;esla razónpor la cualEratóste-
nestituló Hemm a su libro que trataba de la ciencia egipcia en su con-
junto. Anubisesllamadoamigoy compañerodeOsiris.Sele atribuye
la invencióndela escritura,dela cienciaengeneral,dela gramática,de
la astronomía, delartedemedir,dela medicina;fueel primeroendivi-
dir el día en docehoras,esel primer legislador,el primer maestrode
usosreligiosos
y delascosas
sagradas,
dela gimnasia,
dela orquesta-
ción; descubrióel olivo. A pesarde todosesosatributosespirituales,
estediosesunacosacompletamente diferentedel diosdel pensamien-
to; no comprende
másquelasinvenciones
particulares
y lasartesde
los hombres;estátambiénenteramente
ligadoa la existencianaturale
inmerso en los simbolos de la naturaleza»(Lecciones
sobrelalarajïa dela
bzlrtaría,
trad. de Gibelin, modificada, págs. 190-191).
b) La ¡arruga-Hegelencierrael modelochino de la escritura
dentro de un círculo. Para describirlo, encadenemos simplemente tres
proposiciones.
Señalan
lostrespredicados
entrelosquela escritura
china vuelve necesariamenteen redondo: inmovilismo (o lentitud),
exterioridad(o superficialidad),
naturalidad(o animalidad).Todo esto
estáinscrito sobreel caparazónde una tortuga.Tres citas:
1. El inmovi/íxma:
«La historia debe comenzarpor el imperio chi-
no,puestoqueesel másantiguo,tanlejoscomoseremontala historia
y, enefecto,suprincipioesdeunatal sustancialidad,
queesparaeste
imperiolo másantiguocomolo másnuevo.Temprano ya,vemosa la
Chinallegaraesteestado enqueseencuentrahoy,puestoque,comola
oposicióndelserobjetivoy delmovimientosubjetivo
todavíaestáau-
sente,estáexcluido todo cambio y lo estático que perpetuamenterea-
parecereemplaza lo que denominaríamos lo histórico.»
2. La exterioridad: sigueinmediatamentea lo queprecedeparaex-
cluir de la historialo queesdenido, sin embargo,comoel anger:
y ha
provocado
másqueenotraspartesensíel historiador:
«LaChinay la
136
India seencuentrande alguna maneratodavía fuera de la historia uni-
versal,comopresuposición de losfactorescuyasolaunión constituirá
suvivo progreso.La unidaddela sustancialidad
y dela libertadsubjeti-
va no comporta ni diferencia ni antítesisde las dos partes, de suerte
quejustamente comoconsecuencia la sustancia
no puedellegara la re-
flexión en sí, a la subjetividad;así,lo sustancialqueaparececomoel
elementomoral (Siri/iran)no reinacomodisposición(Gesinnzmg) del
sujeto, sino como despotismodel soberano.Ningún pueblo tiene un
número de historiadorestan elevadocomo el pueblo chino» (Lecrione:
¡obre
lalosofíadela historia,
trad.deGibelin,modicada,pág.109). Y la
historia confundiéndose con la historia de la losofía: «Lo que es
oriental debe excluirse de la historia de la filosofía; en conjunto, sin
embargo,yo daríaalgunasindicaciones,sobretodo en lo queconcier-
nea la India y la China.Ordinariamente,
omitíatodo esto;perodesde
hacepocoresultaqueinclusouno lo La losofía propiamente
dichacomienzasolamente en Occidente...»
(Lecciones
¡obre[ají/maadela -
historia,trad. de Gibelin, pág. 205).
3. La naturalidad:sobreel caparazónde la tortuga leemosla (casi)
movilidad, la (casi) exterioridad, la (casi) naturalidad: «Contar es un
mal procedimiento. Es también en gran medidacuestiónde la filosofía
china del Fo-Hi, que reposasobre ciertas líneasextraídas,sedice, del
caparazónde la tortuga. Segúnlos chinos, sobreestaslíneassefundan
suscaracteresde escritura, asícomo su losofía. Vemos enseguidaque
su filosofía no ha ido muy lejos; no se encuentranexpresadassino las
ideasy lasoposicionesmásabstractas.Lasdosfigurasfundamentales
sonunalíneahorizontaly un trazolargoy quebrado;la primerafigura
lleva por nombre Yang y la segundaYin; son las mismasdetermina-
ciones fundamentalesque encontrarnosen Pitágoras: unidad, duali-
dad. Estasfigurasson honradaspor los chinos como principiosde
todo; son las primeras determinaciones,es verdad, en consecuencia,
las mássuperficiales.
Selas une paraformar 4, luego8, luego,nal-
mente, 64 guras).

V Pag.190.La intencióndirectriz esaquíunavezmásla crítica del formalismoaritméti-


co o geométrico.llege] oponea la expresiónconcretadel conceptovivo, la abstraccióndel
númeroy de la línea.La metáforadel círculo esdescalicadadesdeestepunto de vista.Es de-
masiado
«pobre»
parahablardela eternidad
(pág.191).Enotraparte,entreloslargosdesa-
rrollos consagrados al Y-King y al Tao Te-King, tanto en La filosofía de la historia comoen
La historia de la filosofía: «Loschinos seocupantambién,esverdad,de pensamientosabs-
tractos,de categoríaspuras.Asi poseenun antiguolibro llamado Y-King,quecontienela más
antiguasabiduriachina y que gozade una autoridadabsoluta...El origen del Y-King esatri-
buidoa Fo-Hi,unantiguoprincipedelatradición(queesnecesario
absolutamente
distinguir
de Fo, el mismoque Buda,el jefede la tradición budista).Lo quedeello secuentatocalo fa-
buloso.Loschinoscuentanqueundíaun animalmaravilloso saliódeun río;teníaelcuerpo
deun dragóny la cabeza
deun toro.Era,pues,un caballo-dragónsobrecuyaespaldasedis-
tinguenciertossignos,ciertasfiguras(Ho-Tou); Iïo-Hi grabó,sedice, estossignosen una ta-
blilla y los transmitió a su pueblo.Otrasguras (Lo-Chou) fueron tomadasdel dorsode una

137
El modelo chino, del que Hegel recuerdaen todo momento que ha
fascinadoy desorientadoa Leibnitz, señala,no obstante,a susojos un
progresosobreel jeroglíco egipcio. Progresoen la abstracciónforma-
lizante, despegocon respectoa lo sensibley el símbolo natural. Pero
esteprogresoque correspondeal momento del entendimiento abstrac-
to no reencuentralo que pierde: esteconcreto especulativoque el ha-
bla occidental reencuentraen el momento mismo en que el procesode
idealización ha relevado de él a la exterioridad sensible. De donde la
analogíaentre la estructurade la escritura china y todaslas estructuras
del entendimiento formal delimitadas por Hegel en la losofía occi-
dental, singularmenteuna cierta autoridad del modelo matemático so-
bre la losofía. «Es necesario con toda certeza tener en alta estima el
que los chinos no hayan permanecidoen lo sensibley en el símbolo;
los pensamientospuros llegan también como talesa la conciencia; sin
embargo,no han sobrepasadoel entendimiento másabstracto.Seacer-
can mucho también, esverdad, a lo concreto, pero no lo comprenden,
no lo estudianespeculativamente,sino que es recogido, más bien, his-
tóricamente por el entendimiento, escontado, tratado siguiendolas in-
tuiciones de la percepción ordinaria y de la ordinaria determinación
del entendimiento...» (Íbíal, pág. 243).
Siguiendoel esquemaclásico de la crítica hegeliana,la cultura y la
escritura chinas se Ven reprochar simultáneamente su empirismo
(naturalismo, historicismo) y su formalismo (abstracción matemati-
zante).
Movimiento típico del texto hegeliano: la dialéctica especulativa
endereza,sin miramientos, una información histórica a vecesmuy pre-
cisa.Resultade ello un cierto número de efectosmuy determinados,en
la forma incluso de lo que en otra parte critica Hegel: yuxtaposiciónde
un contenido empírico y de una forma desde este momento abstracta,
exterior, sobreirnpuestaa lo que debería organizar. Esto se mani-
fiesta en particular en contradicciones desapercibidas,privadas de
su concepto, irreductibles al movimiento especulativo de la contra-
dicción.

tortugay combinadascon los signosde Fo-Hi. El punto capital,esqueFo-Hi hayatransmiti-


do a los chinosuna tablilla sobrela cualseencontrabandiversosrasgosal ladoy encimaunos
de otros; son los simbolosqueforman la basede la sabiduríachina; selos consideratambién
como los elementosprimitivos de la escriturachina (Legom sur¡Mmmdelapbilatapbtk, tr. Gi-
belin, pág. 242).
l) «Loschinos han permanecidoen la abstraccióny, cuandollegana lo concreto,seen-
cuentran,del lado teórico,una conexiónexteriordeobjetos,degénerosensible;no seve nin-
gún orden, ninguna intuición profunda, el restoescosade la moral. Lo concretoen que se
persigueel comienzoconsisteen moral, en artede gobernar,en historia, etc.,pero estecon-
creto no esde orden losóco. En China, en la religión y la losofía chinas,encontramos
una prosadel entendimientoparticularmenteperfecta»,Logan: mr ¡bis-rain
a:lapbílmapbie,
tr.
Gibelin, págs.252-253.

138
Las proposicionesque conciernen a la escritura y la gramáticachi-
nasson un ejemplo sintomático. Asi, la gramáticachina estaríainsu-
cientementedesarrollada,cosaque no abona Hegel a cuenta. Con res-
pecto a las gramáticasoccidentales,la sintaxis china estaríaen un esta-
do de primitivismo estancadoy paralizaríael movimiento de la cien-
cia. Hegel secontradice, pues,dos veces,sin que setrate aquí en abso-
luto de una negacióndialéctica de la negación,solamentede una dene-
gación. Hemos reconocido, en efecto, más arriba los dos motivos si-
guientes: l) el desarrollo y la diferenciación de la gramática estánen
razón inversa de la cultura y del avanceespiritual de una lengua; 2) el
momento «chino» de la cultura es el del entendimiento formal, de la
abstracciónmatemática,etc.; ahora bien, por oposición a su función
material o lexicológica, la función formal o gramatical de una lengua
procede del entendimiento.
Al embrollarseen estasincohercncias,Hegel acabasiemprepor in-
criminar una cierta relación del habla con la escritura. Esta relación no
esen China lo que deberíahabersido. «Sipor una parte lascienciaspa-
recen ser honradas en el más alto punto [en China], por otro laclo les
falta precisamenteestelibre comercio (Baden)de la interioridad y el in-
terés propiamente científico que hace de ellas una ocupación teórica.
Un imperio libre e ideal del espíritu no tiene lugar aqui, y lo que puede
ser llamado cientíco es de naturalezaempírica y se encuentra esen-
cialmente al servicio de lo útil, destinado al Estado, en sus necesidades
y lasde susindividuos. El génerode escrituraesya un gran obstáculoal
avance de las ciencias; o, más bien, a la inversa, como el verdadero in-
teréscientífico no estápresente,los chinos no poseenun instrumento
mejor para la representación(Dante/lung)y la comunicación del pensa-
miento. Es sabido,ellos poseenal lado de la lenguahablada,una escri-
tura que no designacomo en la nuestralos sonidosparticulares,que no
pone ante los ojos las palabrasarticuladas,sino por medio de signos,
las representaciones( Vaellungen)mismas. Esto parece ser, inicial-
mente,una gran ventaja,y ha infundido respetoa muchosgrandeshom-
bres,y entre otros a Leibnitz; pero esjusto lo contrario de una ventaja»
(Letriane: sobrela /arafía de la Hirtaria; tr. Gibelin, modificada, pági-
nas 123-124).
La demostración que sigue alega el gran número de signos que hay
que aprender (80.000 a 90.000). Pero desarrolla antes,en lo que res-
pecta a la inuencia nefastade la escritura sobreel lenguajeoral, una
argumentaciónque parecedifícil de conciliar consigo misma (la len-
gua china estariaa la Vezdemasiadoe insuficientementediferenciada,
demasiado acentuada e insuficientemente articulada; la circulación de
los valorespropuestapor Rousseauen el Ensayo sobreelorigendela; lengua:
es invertida y conrmada). ¿Cómo conciliarla por añadidura con el
elogio que hace Hegel en otra parte de una cierta polisemia regulada
(regulada,esverdad, por la dialéctica especulativaprovidencialmente
139
acordadacon el genionaturalde la lenguaalemana)?l".El paradigma
deestaacusación siguesiendo«elrazonamiento del caldero»(Freud)y
la acumulación interesadade argumentosincompatibles entre sí. Lea-
mos: «Pues si se considera inicialmente la acción de una escritura se-
mejantesobre el lenguajeoral, constatamosque éstees,en los chinos,
muy imperfecto, precisamente en razón de esta división. Pues nuestra
lenguahabladasehacedistinta sobretodo graciasal hechode que la es-
critura debe encontrar signos que nosotros aprendemosa pronunciar
distintamente por la lectura. Los chinos, privados de estemedio de for-
mar la lengua hablada,no hacen de las modificaciones de los sonidos,
por esta razón, elementosvocalesdistintos, susceptiblesde ser repre-
sentadospor letras y sílabas.Su lengua habladasecompone de un pe-
queño número de monosílabos,que poseenmás de una significación.
Ahora bien, la diferencia de sentido no seobtiene másque por la cone-
xión, o por el acento,una pronunciación ya lenta, ya rápida, másdébil
o más fuerte. Los oídos de los chinos son en esterespectomás nos.
Así observoque Po posee,segúnel tono, once signicaciones distintas:
vaso, hervir, ventear el trigo, partir, regar, preparar, una mujer Vieja,
esclavo, hombre generoso,persona inteligente, un poco»2(ibíal). El
discursode los chinos seestanca,pues,en la diseminación de los senti-
dos y de los acentos.Su escritura al no reexionar más,al no recogerla
lenguaviva, separaliza lejos del concepto, en el frío espaciode la abs-
tracción formal, es decir, en el espaciosimplemente, Hegel reprocha
en sumaa los chinos el ¿ab/ardemasiadocuandohablan y ercbirdema-
siado cuando escriben.
Un procesosemejantees al menos consecuentecon el sistemaque
liga el logo:con la escritura alfabética,desdeel momento en que esto-
mado como modelo absoluto. La dialéctica especulativano sedejase-
parar ni del lago:ni al mismo tiempo de un logo:que no sepiensay no se
presentanunca como tal más que en su complicidad histórica con la
voz y la escriturafonética. Confundiéndosela gramáticadel lagos con el
sistemade la metafísica,puededesdeestemomento escribir Hegel, en
el curso de un largo desarrollo sobreel Tao Te-King: «SegúnAbel Ré-
musat, Tao signica en los chinos camino, medio de comunicación
de un lugar a otro, luego razón, sustancia,principio. Todo esto con-
densadoen el sentido metafórico, metafísico, significa el camino en
general...Tao es,pues,la razón original, el nom(la inteligencia) que
ha engendradoel mundo y lo gobierna como el espíritu rige el cuer-
po.» SegúnAbel Rémusat,esta palabra se traduciría mejor por lugar.
Esto siguesiendo muy confuso. La lengua china, a causade su estruc-
3" Es verdadqueno haylugar,en la dialécticaespeculativa,paraunaoposiciónjada en-
tre lenguanatural y lenguaformal (o universal).El procesode la lengua,lo mostraremosen
otra parte,essudesnaturalización.Toda lenguaes,si asípuededecirse,en tanto que lengua,
universal.
2&#39;
La misma argumentaciónen el S 459 (Observación)de la Enciclopedia.

140
tura gramatical, crea muchasdicultades; notablementeestosobjetos
no son fácilesde exponera causade su naturalezaen si abstractae inde-
terminada. M. de Humboldt ha mostrado recientemente en carta a
Abel Rémusatlo indeterminado de la construcción gramatical (G. de
Humboldt, en carta a Abel Rémusat sobre la naturaleza de las formas
gramaticales... de la lengua china. París, 1827)» (Lecciones
¡abneIajÏ/ortzfía
dela birtoria,tr. Gibelin, pág. 248-249). Más lejos:«... la lenguachina es
tan poco precisaque no tiene ni preposición, ni designaciónde casos,
las palabrasseponen másbien unasal lado de otras. Las determinacio-
nes quedan así en la indeterminación».
c) Emibiry calm/ar:la máquina-Asignando límites a la escritura
llamadauniversal, esdecir, muda, desligadade la voz y de toda lengua
natural, Hegelcritica al mismo tiempo laspretensionesdel simbolismo
matemáticoy del cálculo, operacionesdel entendimiento formal. El si-
lencio de estaescritura y el espaciode este cálculo interrumpirían el
movimiento de la Aufbebung o en todo casoresistirían a la interioriza-
ción del pasado(Erirmnwng),a la idealización que releva, a la historia
del espíritu, a la reapropiación del [agaren la presenciapara sí y la pa-
rousia innita. Si el pasopor la abstracciónmatemática,por el enten-
dimiento formal, por el espaciamiento,la exterioridad y la muerte (cfr.
prefacio a la Fenomeno/egin delemírítu)esun pasonecesario(trabajode lo
negativo, de lo sensible,ascesispedagógica,puricación del pensa-
miento) esta necesidadse hace perversión y regresión cuando se la
toma como made/o laxom.
Es la actitud inauguradapor Pitágoras.Y, cuando Leibnitz parece
dejarseimponer por la característicachina, no hacesino unirse a la tra-
dición pitagórica. A propósito del Y-King: «La losofía china parece
partir de los mismos pensamientosfundamentalesque la doctrina de
Pitágoras). «Esbien conocido que Pitágorasha representado(daga:-
te/It) por números las relaciones racionales o los losofemas; e, incluso
en los tiempos modernos,seha hecho uso de los númerosy de las for-
mas de sus relaciones,como las potencias,etc., en el dominio de la
filosofia, para regular segúnellos o expresargraciasa ellos los pensa-
mientos>>24.
El número, esdecir, tanto máscuanto que prescindede toda nota-
ción fonética, es absolutamente extraño al concepto tal como lo en-
tiende Hegel. Más precisamente,es lo opuestodel concepto. En tanto
que tal es ciertamente indispensableal movimiento conceptual. «He-
mos visto en el número la determinidad absolutade la cantidad,y en su
elemento la diferencia concentrada e indiferente; la determinidad en sí

32Estemotivo tradicional (unavezmás,rigurosamenteplatónico)estáen el centrode la


gran Lógica, especialmente en el capítulo sobreel Quantum.
23Lagun¡ur la pbilaxapbúde¡bixtaimtr. Gibelin, pág. 125.
2 Idem?d: la Iagiqke,
l, cap. II de la 2.3sección,«L: Quantum»(Le nombre,
n. 11).

141
no esplanteadaal mismo tiempo sino de maneracompletamenteexte-
rior. La aritmética esuna ciencia analítica porque todos los encadena-
mientos y diferencias que se presentancomo su objeto no residen en
ella misma, sino que le son impuestosde maneracompletamenteexte-
rior. No tiene ningún objeto concreto que en sí tendría relacionesex-
ternas, inicialmente ocultas a la ciencia, y no dadaspor ella a la repre-
sentacióninmediata, sino que no vendrían a la luz másque por la labor
del conocimiento. No sólo no comprendeel concepto,y en consecuen-
cia la tarea del pensamientoconceptual, sino que esincluso lo contra-
rio. Dada la indiferencia de lo que está encadenadoen un encadena-
miento al que falta la necesidad,el pensamientoseencuentra aquí en
una actividad que es al mismo tiempo su extrañamiento más exterior
(amanteEntamsemng), en la actividad violenta (gema/trama)que consiste
en moverseen el no-pensamiento(Gedanken/orgkeít) y en encadenarlo
que no essusceptiblede ninguna necesidad.El objeto esaquí el pensa-
miento abstractode la exterioridad misma. En tanto que esestepensa-
miento de la exterioridad, el número es al mismo tiempo la abstracción
de la diversidad sensible;no ha guardadonada de lo sensible,sino la
determinación abstractade la exterioridad misma; eslo que seencuen-
tra en él de máscercanoal pensamiento;esel pensamientopuro del ex-
trañamiento propio del acto de pensar»(ibíd).
En el cálculo aritmético, el pensamientoplantaría, pues,cara a su .
otro. Otro que él habría suscitado,ciertamente,que él sehabría opues-
to con vistas a reapropiárselo.Para que un movimiento tal no fracase
en regresióno en inmovilización dialéctica, espuesnecesarioque esta
oposición sedejea su vez interiorizar, resumir, relevar. El pensamien-
to es este relevo. En el caso contrario, si este movimiento de no-
pensamiento estuviera constituido en modelo ideal, si este otro del
pensamiento, el cálculo, se hiciera la finalidad última, se produciría
una regresión.La losofía volvería a caeren la infancia. Es en esta«in-
fancia impotente» en lo que sueñan los filósofos fascinadospor un
«formalismo matemático desplazado»(ibíd). ¿A qué son ciegoslos ló-
sofos?No sólo al hecho de que la filosofía no debeimportar el lenguaje
de otra ciencia, todavía menos dejarsegobernar por ella, sino sobre
todo al hecho de que la exterioridad de la abstracciónaritmética sigue
siendosensible.Está ciertamentedespejadade toda diversidad sensible
empírica, pura de todo contenido sensibledeterminado; pero «guarda
de lo sensible... la determinación abstracta de la exterioridad». Sensibi-
lidad pura, sensibilidadideal, sensibilidadformal, sensibilidadinsensi-
ble, su relación con la sensibilidad natural es análogaa la relación del
signo con el símbolo, en el cual «la verdad estátodavia oscurecida(ge-

25 El recurrir de la filosofía a las formacioneslógicasde lasotras cienciasy no simple-


mentea la Lógica,escalificadode«remedioparasalir del paso»(Natbbebe/f) de«laimpotencia
losóca» (17711).

142
trubt) y velada(verían/It)
por el elemento sensible»(ibíal). En estesenti-
do, el signo es (la verdad que releva del) símbolo, la esencia(el haber
sido relevado)del simbolo, el símbolo pasado(generen). Uno y otro de-
ben ser a su vez pensadospor el concepto viviente, por el lenguajesin
lenguaje,el lenguajeconvertido en la cosamisma, la voz interior que
murmura a lo más cercanodel espíritu la identidad del nombre y del
ser.
El prefacio de la Fenomeno/aga
delepírita habíaplanteadola equiva-
lencia del entendimiento, de la formalidad, de la matemática, de lo ne-
gativo,de la exterioridady de la muerte.Habíatambiénplanteadola
necesidad desutrabajoquedebesermiradoa la cara).Ahorabien,el
cálculo,la máquina,la escrituramudapertenecen al mismosistemade
equivalencia y su trabajo plantea el mismo problema: en el momento
en que sepierde el sentido, en que el pensamientoseopone a su otro,
en que el espíritu seausentade sí mismo, ¿esseguroel rendimiento de
la operación?Y si la de la alienación no esuna certezacalculable,¿po-
demos aún hablar de alienación y producir enunciados en el sistema de
la dialécticaespeculativa?¿dela dialécticaen generalque allí resumesu
esencia?Si la inversión en la muerte no seamortiza íntegramente(in-
cluso en el casode un benecio, de un excedentede renta), ¿podríamos
todavía hablar de un trabajo de lo negativo?¿Quéseríaun negativo
que no sedejararelevar?¿yqué, en suma,en tanto que negativo, pero
sin aparecercomo tal, sin presentarse,esdecir, sin trabajar al servicio
del sentido, tuviera éxito?, pero ¿tendríaéxito en pura pérdida?
Simplementeuna máquina, quizá,y que funcionaría. Una máquina
denida en su puro funcionamiento y no en su utilidad final, su senti-
do, su rendimiento, su trabajo.
Si se considera la máquina con todo el sistema de equivalencias en
el instante recordado, se puede arriesgar la proposición siguiente: lo
que Hegel intérprete relevantede toda la historia de la filosofía, nunca
ha podido pensar,esuna máquina que funcionara. Que funcionara sin
ser reguladaen ello por un orden de reapropiación.Un funcionamien-
to tal seríaimpensableen tanto que inscribe el sí mismo un efecto de
pura pérdida. Seríaimpensablecomo un no-pensamientoque ningún
pensamientopodria relevar, constituyéndolacomo su propio opuesto,
como su otro. La losofía vería allí sin duda un no-funcionamiento,
un no-trabajo,y le faltaría por ello lo que, sin embargo,en una máqui-
na semejante,funciona. Completamente solo. Fuera.
Por supuesto,toda estalógica, estasintaxis,estasproposiciones,es-
tos conceptos,estosnombres, estelenguajede Hegel y, hastacierto
punto, el propio Hegel están comprometidos en el sistemade este
impoder, de esta incapacidad estructural de pensar sin. Es suficiente
hacerseoír en estesistemapara conrmarlo. Por ejemplo, llamar má-

25Tr. jj. Hippolite, pags.29 y 36-46.

143
quina a una máquina, funcionamiento a un funcionamiento, trabajo a
un trabajo, etc. O incluso simplemente preguntarsepor qué nunca se
ha podido pensaresto,buscarlas causas,razones,orígenes,fundamen-
tos, condiciones de posibilidad, etc. O incluso buscarotros nombres.
Por ejemplo, otro nombre para estesigno que, no más que el pozo o la
pirámide, prescinde completamente de la máquina.
¿Seríasuficiente entoncesdisponer algún aparatoen silencio?No.
Es necesariotodavíamaquinarla presentación. Por ejemplo,por me-
dio de la lecturapropuesta,aquíy ahora,de tal enunciadohegeliano
cuya ironía severa pertenece, sin saberlo, a un procedimiento muy
viejo.
«Siendoel cálculo (Realizan) una operación tan exterior y en conse-
cuencia mecánica, se han podido fabricar máquinas que ejecutanlas
operacionesaritméticasde la maneramásperfecta.juzgando la natura-
lezadel cálculo a partir de estehecho, seríamoscapacesde decidir bas-
tante de lo que puedesignificar la idea de hacerdel cálculo el principal
medio de formar el espiritu y de torturarlo para que seperfeccionehas-
ta convertirse en máquina (íbídp)
O seaun sistemade constreñimientosque (se)repite regularmente
la protesta viva y pensantey hablante contra la repetición; operando
todavía un poco por todaspartes,actúa,por ejemplo,en estetexto que
no secomprendeya simplementeen la metafísica,todavía menosen el _
hegelianismo:
«El tiempo del pensamientoo no es el tiempo de estecálculo (de:
Recbnenr) que hoy por todos los lados atraehacia sí nuestropensamien-
to. En nuestrosdíasla máquina de pensar(Denkmarr/Jine) calcula en un
segundomillares de relaciones;y éstas,a pesarde su utilidad técnica,
están vacías de sustancia(we.renla:)»17.
Y no bastacon trastocar la jerarquíao con invertir el sentido de lo
corriente,con atribuir una«esencialidad»
a la técnicay a la congura-
ción de susequivalentes,para cambiar de maquinaria, de sistemao de
terreno.

37Heidegger,Idmtiteetdirente, tr. fr. Gallimard, enQuertianer,I, pág.275. Serianecesa-


rio poner en comunicaciónestetexto, que sin embargopertenecea una de las interrogado-
nes más ecientes del pensamientohegeliano,con los motivos fonologistasdel discurso
heideggerianoquehemosseñaladoy queprecisaremos en otra parte.Cfr. «Losfinesdel hom-
bre».

144
Los nes del hombre*

* Esta conferencia inédita cn francés fue pronunciada en Nueva York en oc-


tubre de 1968,con ocasiónde un coloquio internacional.El tema propuestoera
Filosofía y Antropología.

145
«Ahorabien, yo digo: el hombre,y en general
todo ser racional existecomo n en si, y no sim-
plementecomo medio cuya voluntad puedeser
usadapor ésteo por el otro a su antojo; en todas
sus acciones, tanto en las que conciernen a simis-
mo como en las que conciernen a otros seres ra-
cionales,debesiempreser consideradoal mismo
tiempo como fin.»
KANT:Fundamento:
dela metqfiritadela: cortam-
bm

«[Laontología]nosha permitido simplemente


determinar los nes últimos de la realidad hu-v
mana, susposiblesfundamentalesy el valor que
tiene.»
j. P. SARTRE:
El ser] 1anada

«El hombrees una invención de la que la ar-


queologíade nuestropensamientomuestracon fa-
cilidad la fechareciente.Y quizáel fin próximo.»
M. FOUCAULT: La; palabra:y la: ¡mas

Todo coloquio losóco tiene necesariamenteuna signicación


politica. Y no sólo por lo que desdesiempreune la esenciade lo losó-
fico a la esencia
de lo político.Esencialy general,estealcancepolítico
entorpece,sin embargo,suapriori, lo agravade algunamaneray lo de-
termina cuando el coloquio losóco seanuncia también como colo-
quio internacional. Este es el caso aquí.
La posibilidad de un coloquio losóco internacional puede ser
interrogadaad innitum, segúndiferentesvías y en múltiples niveles de
generalidad.En su mayor extensión,a la que volveré una vez más,en-
seguida,una posibilidad tal implica que, contrariamente a la esenciade
la losofía, al menostal comosiempreseha representado
a sí misma,
se han constituido nacionalidadeslosócas. En un momento dado,
en tal contextohistórico,político y económico,estosgruposnaciona-
147
les han juzgadoposible y necesarioorganizarencuentrosinternaciona-
les,presentarseen ellos o hacerserepresentaren su identidad nacional,
tal comoal menosselespresumepor partedelosorganizadores
delco-
loquio, determinar susdiferenciaspropias o poner en contacto susdi-
ferencias respectivas.Una puestaen contacto semejanteno se puede
practicar, si es que al menos se hace, más que en la medida en que se
presuponenidentidadesfilosóficas nacionales,ya se denan en el or-
den del contenidodoctrinalde un cierto «estilo»losófico o simple-
mente de la lengua,incluso de la unidad de la institución universitaria,
con todo lo que implican aquí la lenguay la institución. Pero la puesta
en contacto de las diferenciasestambién la complicidad prometida de
un elementocomún:el coloquiono puedetenerlugarmásqueen un
medio o más bien en la representaciónque deben hacersetodos los
participantes de un cierto éter transparenteque aquí no seríaotra cosa
sino lo que se llama la universalidad del discursolosóco. Con estas
palabrasdesignómenosun hecho que un proyecto que estáligado, por
esencia(seríanecesariodecir por la esencia,por el pensamientodel ser
y de la verdad), a un cierto grupo de lenguasy de «culturas».Pueses
precisoquea la purezadiáfanadeesteelementosuceda
o hayasucedido
algo.
¿Cómocomprender de otra manera que parezcanposiblesy nece-
sarioslos Coloquiosinternacionales,que tienen como objetivo reparar,
superar,borrar o simplemente poner en contacto entre sí diferencias
losócas? inversamente, y sobre todo, ¿cómocomprender que algo
como un encuentro losóco internacional seaen el mundo algo ex-
tremadamenteraro?El filósofo lo sabey puededecirsehoy que estehe-
cho extremadamenterecientee insólito, inimaginable hacesólo un si-
glo, seconvierte en un fenómeno frecuente yo incluso diria de una
facilidad desconcertante- en ciertas sociedades,pero de una rarezano
menosnotable en la mayor parte del mundo. Por una parte, tratándose
del pensamiento,que quizá repugna a esta prisa y a estavolubilidad,
pareceque lo inquietante sereere másbien a la ebre de los coloquios
y a la multiplicación de intercambios organizadoso improvisados.No
esmenosimportante que, por otra parte, las sociedades,las lenguas,las
culturas,lasorganizaciones
politicaso nacionales
con lasque ningún
intercambio esposible bajo la forma de un coloquio losóco interna-
cional lo seanen número y atención considerables.Esta imposibilidad
no espreciso apresurarsea interpretarla. No sereere esencialmentea
una prohibición procedenteexpresamentede una instancia politico-
ideológica.En los casosen queexisteunaprohibición,haytodo tipo
de posibilidadesde que la discrepanciaque sancionano seairreducti-
ble.Existela probabilidaddequeesadiscrepancia
hayatomadoyasen-
tido en el orbe occidental de la metafísicao de la losofía, que ya haya
sido formulada en los conceptospolíticos tomadosa estareservameta-
física y que la posibilidad de un tal coloquio haya aparecidodesdeeste
148
momento.Sinesto,ningunaprohibiciónexpresa
podríaserarticulada.
También, hablandodel no-coloquio, no hacíayo alusión a una barrera
ideológico-política que vendría a cuadricular con fronteras o con cor-
tinasun campoyalosóco. Pensaba inicialmenteentodosestosluga-
resculturales,lingüísticos,políticos,etc.,dondela organización
deun
coloquiolosóco simplementecareceríade sentido,dondeno ten-
dría ningún sentido suscitarlo ni menos prohibirlo. Si me permito
traer a colación estaevidencia esporque un coloquio que ha escogido
como tema el antbrapar,el discursosobreel aut/Jropox,
la antropología -
losócadebesentirpesarsobresusfronterasel pesoinsistentedeesta
diferencia: esde un tipo totalmente distinto al de las discrepanciasin-
ternaso intralosócas a las que aquí podría darselibre curso. Más allá
de estasfronteras, lo que yo llamaría el espejismolosóco consistirá
tanto en percibir losofía una losofía más o menos construida y
adulta, como en percibir un desierto. Ahora bien, esteotro espacio
no es ni losóco ni desértico, es decir, inculto. Si recuerdo esta evi-
dencia,estambién por otra razón:la multiplicación inquieta y atareada
de coloquios en Occidente es, sin duda, el efecto de estadiferencia de
un orden totalmente distinto de la que acabode decir que pesa,con
unapresiónsorda,crecientey amenazante
sobreel recintodela colo-
cución occidental. Esta, sin duda, seesfuerzapor interiorizar estadife-
rencia,por dominarla,si asísepuededecir,resistiéndosedeella.El in-
teréspor la universalidaddel artt/Jrapo;
es un signode ello sin duda.
Querría ahora, siempre a título de preámbulo, precisaren otra di-
rección la que me pareceseruna de las implicaciones políticas genera-
les de nuestro coloquio. Siempre guardándomede apreciar precipita-
damentetal hecho, librándolo simplementea la reflexión de cadauno,
yo señalaré
aquílo queliga la posibilidaddeun coloquiointernacional
a la forma de la democracia.Digo a la foma y a la forma de la dema-
crecía.
Es precisoque la democracia
seaaquí laformade la organizaciónpolí-
tica de la sociedad.Esto signica al menos que:
1. La identidad losóca nacional transigecon una no identidad,
que no excluyeuna diversidad relativa y la llegadaal lenguajede esadi-
versidad,en su momento como minoría. Es evidente que los lósofos
que estánaquí presentesno seidentican unos con otros en su pensa-
miento(¿porquéhabríade haberaquivarios?)en mayormedidaque
sonmandatarios
dealgúndiscursonacionalunánime.En cuantoal he-
cho de que la totalidad de estadiversidad seaexhaustivamenterepre-
sentada,esto no puedeser sino problemático y dependepor una parte
de los discursosque se sostienenaquí.
2. Los lósofos aquí presentes
no asumenla política oficial de
suspaísesen mayor medida que seidentican entre ellos. Permítaseme
hablar aquí en mi propio nombre. No lo haré ademásmás que en la
medida en que el problema que seme ha planteadoconduceen verdad
149
a una generalidadesencial,y es en la forma de estageneralidaden la
que deseoenunciarlo. Cuando fui invitado a esteencuentro, mi duda
no pudosuspenderse másqueenel momentocn quetuvela seguridad
de quepodríatestimoniaraquímismosobremi acuerdoy hastacierto
punto mi solidaridadcon los que,en estepaís,luchabancontralo que
era la politica ocial de suspaisesen ciertaspartesdel mundo,sobre
todo en el Vietnam.Esevidentequeun gestosemejante y queseme
autorice a hacerlo- signica que, no más que yo mismo, los que aco-
genmi discursono seidentican conla políticadesupaís y no sesien-
ten justificadosparaasumirla,al menosen tanto queparticipantesen
este coloquio.
Y sin embargo,habríaunaciertaingenuidado unaciertaceguera
interesadaen dejarsetranquilizar por la imagen o la aparienciade una
tal libertad. Seríailusorio creer que la inocenciapolítica seha restaura-
do y que las malascomplicidadessehan roto desdeel momento en que
lasoposiciones
puedenexpresarse
enel mismopais,no sólopor medio
de la voz de los ciudadanos,sino también por la de los ciudadanosex-
tranieros,y desdeel momentoenquelasdiversidades
inclusolasoposi-
ciones, pueden ponerse libremente en contacto discursivo entre sí.
Que una declaraciónde oposición a cierta política oficial seaautoriza-
da,autorizadapor lasautoridades,
signica tambiénque,en estamis-
ma medida, no perturba el orden, no molesta.Sepodría entender esta
última expresión,«nomolesta»,
en todossussentidos.Es lo quequería
traer a colación para comenzaral hablar de la forma de la democracia
como medio político de todo coloquio internacional de losofía. Y es
también la razón por lo que proponía poner el acentosobrefama, tan-
to como sobredemocracia. Tal es,en su principio másgeneraly más es-
quemático, la pregunta que seme ha impuesto durante la preparación
deesteencuentro,desdela invitacióny la deliberaciónqueha seguido
hastala aceptacióny luego la redacciónde estetexto que fecho exacta-
mente en el mes de abril de 1968: estas semanas fueron también, recor-
demos, las de la apertura de las negociacionesde paz en el Vietnam y
del asesinatode Martin Luther King. Un poco más tarde, en el mo-
mento en que mecalnograabaeste texto, las universidadesde París
eran,por primeraveza peticióndeun rector,invadidaspor lasfuerzas
del orden,reocupadas luegopor los estudiantesen la sacudidaqueus-
tedesconocen.Estehorizontehistóricoy político requeriríaun largo
análisis.He creídosimplementequedebíaseñalar,fechary hacerlesa
ustedespartícipesde lascircunstancias históricasen lasquehe prepa-
radoestacomunicación.Me parecequepertenecen conderechopleno
al campo y a la problemática de nuestro coloquio.

150
HUMANISMO o METAFÍSICA

Seharátambiénde maneracompletamente naturalla transición


entreestepreámbuloy el temade estacomunicación,tal comoseme
ha impuestomásbien que elegido.
¿EnquélugarestáFranciaen lo querespecta
al hombre?
La cuestión«del hombre»se planteade maneramuy actualen
Francia, de acuerdocon caminos altamentesignificativos y en una es-
tructurahistórico-losóca original. Lo que a partir de ciertosindi-
ciosllamaré,pues,Francia,duranteel tiempode estaexposiciónserá
sóloel lugarno empíricodeun movimiento,
deunaestructura
y de
una articulación de la cuestión«del hombre».Seríaluego posible y ne-
cesariosin dudapero sólo entonces- poneren relaciónrigurosa-
menteestelugarcon cualquieraotra instanciaque dena algocomo
Francia.
¿Asípues,dondeestáFranciaen lo que respectaal hombre?
Despuésde la guerra,bajoel nombrede existencialismo,
cristiano
o ateo,y juntoconun personalismo
fundamentalmente
cristiano,el
pensamiento quedominabaenFranciaseteníaporesencialmente
hu-
manista. Incluso si no se quisiera resumir el pensamiento sartreano
bajoel slogan«elexistencialismo
esun humanismo»,
debemos
recono-
cerqueenEl 1&#39;87
y lanada,
El esbozo
deunateoría
delaremociones,
etc.;elcon- .
ceptocapital,el temadeúltimainstancia,
el horizonte
y el origenirre-
ductiblessonlo quesellama«larealidadhumana».
Setratacomoessa-
bido, de una traducción del Dareinheideggeriano.Traducción mons-
truosaentantosaspectos, peropor ello mássignicativa.Queestatra-
ducciónpropuestapor Corbinhayasidoadoptada, quehayareinadoa
travésde la autoridadde Sartre,da muchoquepensaren cuantoa la
lecturao a la no lecturadeHeidegger enestaépoca,y encuantoal inte-
résque habíaentoncesen leerloo no leerlode la mismamanera.
Ciertamente, la noción de «realidad humana»traducía el proyecto
depensar
a costadenuevos
gastos,
si puededecirse
así,el _sentido
del
hombre, la humanidad del hombre. Si se sustituyó la noción de hom-
bre, con toda su herenciametafísica,con el motivo o la tentación sus-
tancialistasqueallí sehallaninscritos,por la nociónneutrae indeter-
minada de «realidad humana»,fue también para suspendertodas las
presuposiciones
quedesde
siempre
constituían
el concepto
dela uni-
daddel hombre.Era,pues,tambiénunareaccióncontraciertohuma-
nismointelectualistao espiritualistaque habíadominadola filosofía
francesa(Brunschvicg,Alain, Bergson,etc).Y estaneutralizaciónde
todatesismetafísica
o especulativa, en cuantoa la unidaddelantbropor,
podríaserconsiderada
enciertosaspectos
comola herencia
fiel dela
fenomenología transcendental deHusserly dela ontologíafundamen-
tal de5er] elTiempa (la únicaobradeHeidegger parcialmente conocida
entonces,junto conQuee:lametafísicay Kant] ¿[problema
dela metarita).
151
Y sinembargo,
apesar
deestaneutralización
pretendida
delaspresu-
posiciones
metafísicas,
esprecisoreconocer
quelaunidaddelhombre
no esinterrogada en sí misma. No sólo el existencialismoesun huma-
nismo,sinoqueel sueloy el horizonte
delo queSartrellamasu«onto-
logíafenomenológica»
(esel subtítulodeSer]lanada)siguensiendola
unidad de la realidad-humana.En tanto describelas estructurasde la
realidad-humana,
laontología
fenomenológica
esunaantropología
-
losóca.
Cualesquiera
quesean
lasrupturas
señaladas
poresta
antropo-
logíahegeliano-husserliano-heideggeriana
conrespecto
a lasantropo-
logíasclásicas,no seha interrumpidounafamiliaridadmetafísicacon
lo que,tan naturalmente, poneen contactoel nosotrosdellósofo con
el «nosotros-hombres»,con el nosotros en el horizonte de la humani-
dad.Aunqueel temadela historiaestémuypresente enel discurso
de
estaépoca, sepractica pocolahistoriadelosconceptos;y,porejemplo,
lahistoriadelconcepto dehombrenoesinterrogada nunca.Todoocu-
rrecomosiel signo«hombre» notuvieraningúnorigen,ningúnlímite
histórico,cultural,lingüístico.Ni siquieraningúnlímitemetafísico.
Enel nal deE/Serylanada, cuandoSartreplantea,demanera progra-
mática,la preguntasobrela unidaddelser(lo quequieredecir,eneste
contexto,dela totalidaddelo quees),cuandodaa estacuestiónel títu-
lode«metafísica»
paradistinguida
delaantología
fenomenológica
que
describíala especifidad
esencialdelasregiones,esevidentequeesta
unidadmetafísica delser,comototalidaddelensíy delparasí,espre-
cisamente la unidaddela realidadhumana y susproyectos.
El serensí
y el serparasíeranser;y estatotalidaddelo quees,enla queseinte-
graban, seatabaasímisma,seponíaenrelacióny seaparecía asímis-
macomoelproyecto esencial
delarealidad-humana 3.Loqueasíseha-

&#39;
lil humanismoque marcaen su profundidadel discursofilosófico de Sartreessin em-
bargo,contodaseguridad
y muyirónicamente,
desmontado
enLa "duren:
enlacaricatura
del
Autoditlacta,
porejemplo,
lamisma
gurareúne
elproyecto
teológica
delsaber
absoluto
y la
éticahumanista,
bajola formadelaepistemofilia
enciclopédica
queconduce al Autodidacta
a emprender
la lecturadelabiblioteca
mundial(enverdadoccidental
y endefinitivamunici-
pal)según
elordenalfabético
delosnombres
delosautores
yenlugares
dondepuede
amar
al
Hombre («llayunfin, señor,
hayunn... hayhombres...
hayqueamarlos,
hayqueamar-
105...»)
en la representación
deloshombres, deloshombres jóvenes
preferentemente.En la
entrevistaconel AutodidactaRoquentinhaceel másterribleproceso
al humanismo, atodos
losestilosdehumanistas(cfr.pag.54)y,enel momento enquela náusea asciende
lentamen-
teenel,sedice,porejemplo:
«Noquieroquemeintegren,
ni quemi hermosa
sangre
roja
vayaa cebara estabestialinfática;nocometeré
laestupidez
dedecirmeantihumanista.
No
soy humanista,esoes todo.» &#39;
3«(lada realidad-humana
esalavezproyectodirectodemetamorfosearsupropioPara-
síy lin-sí-Para-si
y proyecto
deapropiacióndelmundo comototalidaddeser-en-sí,
bajolas
especiesdeunacualidad fundamental.
Todarealidadhumana esunapasión,enel hechode
queproyecta perderseparafundar
elsery paraconstituir
almismotiempo elEn-síqueesca-
paalacontingencia siendosupropiofundamento,elEnscausasuiquelasreligiones
llaman
Dios.Asílapasión delhombre esinversadeladeCristo,
pues,
elhombre sepierde
entanto
quehombre paraqueDiosnazca.PerolaideadeDiosescontradictoriay nosperdemosen

152
bíallamado,demanera
pretendidamente
neutrae indeterminada,
no
eraotracosa
quelaunidad
metafísica
delhombre
y deDios,larelación
del hombrecon Dios, el proyectode hacerseDios como proyecto
constituyente
dela realidad
humana.
El ateísmo
nocambia
nadaen
estaestructura
fundamental.El ejemplodela tentativasartreana
veri-
fica notablementeestaproposición
de Heidegger segúnla que«todo
humanismo siguesiendometafísica»,
siendolametafísicaelotronom-
bre de la onto-teología.
Denido asi,el humanismoo el antropologismo
eraen estaépoca
unaespecie desuelocomúndelosexistencialismos, cristianos
o ateos,
dela filosofía,espiritualista
o no,delosValores,delospersonalismos,
dederecha o deizquierda, delmarxismo deestiloclásico.
Y sisetoman
susindicaciones
sobreel terrenodelasideologías
politicas,el antropo-
logismo
eraellugarcomún,
desapercibido
eincontestado,
delmarxis-
mo,deldiscursosocial-demócrata
o demócrata-cristiano.
Estaconcor-
diaprofundaseapoyaba,enla expresión
losóca,sobrelecturas
an-
tropológicas
deHegel(interés
porlaFenomeno/aga
delespíritu
talcomoes
leídaporKojéve),deMarx(privilegioconcedido
a losManuscrito:
del
44),deHusserl (delquesesubrayael trabajo
descriptivo
y regional,
peroaquienseniegan lascuestiones
trascendentales),
deHeideggerde
quiennoseconocen o noseretienemásqueunproyecto deantropolo-
giafilosófica
o deanalítica
existencial
(Stein
undZeit).Desdeluego,
lo .
queaquídestaco,sonlosrasgosdominantesdeunperiodo.Esteperio-
donoseagotaenestosrasgos
dominantes.
Y nosepuede
decirdema-
neraabsolutamente
rigurosaquehayacomenzado
después
dela guerra;
todaviamenos quehoyestecumplido.Sinembargo, creoqueel empi-
rismodela divisiónsejusticaaquíenla medidaenquepermitesólo
la lecturade un motivo dominantey en el queseapoyaen indicioslo
bastante
incontestables
paraquienquieraqueseaproximeaunperiodo
semejante.
Luegoesadivisiónesprovisional,
y vamosenun instantea
reinscribirestasecuencia
enel tiempoy enel espacio
deunatotalidad
mayor.

vano;cl hombreesunapasióninútil»(págs.707-8).LaunidaddeIatotalidaddelexistente
se
uneyseaparece
asimisma
enlarealidad-humana
como
consciencia
para-si;
«elPara-si
yel
Lin-sí
sonreunidos
porunaligadura sintética
quenoesotraqueelPara-sí
mismo»
(En-rei
et
Paur-rai.
ideas
metafísicas, 71l). listaunidad
sintética
esdeterminada
comocarencia:
ca-
renciadetotalidaddelexistente,
carencia
deDiosqueenseguidahabriaquetransformar
en
carencia
enDios.La realidad-humanaesel Diosperdido:«También
el enscausa
suiperma-
nece
comoIoperdido»
(pag.714),«...elpara-sí
sedetermina
ensusercomocarencia»
(pá-
gina720).
lincuanto
alsentido
delserdeesta
totalidad
delexistente,
encuantoalahistoria
dceste
conceptodenegatividad
como relación
conDios,encuanto alsentido
yalorigen del
concepto
derealidad
(humana),
encuantoalarealidad
delo real,noseplantea
ninguna pre-
gunta.
Aeste respecto,
loqueesverdaddeElx)lanadaloestodaviamas delaChïíra
delara-
zóndin/filtra.
Elconcepto
decarencia,
unidoalano-identidad
consigo
delsujeto
(como
con-
ciencia),
aldeseoyalainstancia
delOtroenladialéctica
delamoydelesclavo,
comenzaba
a
dominar entoncesla escenaideológicafrancesa.

153
Paraseñalarencaracteres
gruesos
losrasgos
deoposición
entreeste
periodo
y elsiguiente,
enelquenosencontramos
nosotros
y quetam-
biénestáprobablemente
conociendo
unamutación,
esnecesario
recor-
darqueenelcursodelosdiezañosquehanseguido
alaguerra
norei-
nabatodavíael motivotodopoderoso
delo quehoysedenomina,
cada
vez más e incluso de maneraindefectible, las cienciasllamadashuma-
nas,señalandoconestaexpresiónunaciertadistancia, perotodavia
unadistancia
respetuosa.
Porel contrario,la actualpuesta
entelade
juicio del humanismoes contemporánea
de la extensióndominante
y fascinante
delasciencias
humanas
enel interiordelcampolo-
sóco.

EL RELEVODEL HUMANISMO

Porunadesuscaras,
lalectura
antropologista
deHegel,
deHusserl
o deHeidegger
erauncontrasentido,
acaso
el másgrave.Esestalectu-
ra la queproporcionaba
susmejores
fuentes
conceptuales
al pensa-
miento francésde posguerra.
Ahorabien,primeramente,
la Fenameno/ogía
deleipíritu,
queno se
leíasinodesde
haciapocotiempoenFrancia,
noseinteresa enalgo
quesepudierallamarsimplemente
el hombre.Ciencia
dela experien-
cia de la conciencia,cienciadelasestructuras
de la fenomenalidad
del
espíritu
queserelaciona
consigo
mismo,
sedistingue
rigurosamente
de
laantropología.
EnlaEnciclopedia,
lasección
titulada
Fenomenología
delespirituvienedespués
dela Antropologia
y excede
muyamplia-
mentesuslímites.Lo queesverdaddela Fenomenología
lo esartío
del sistemade la Lógica.
Igualmente, ensegundo lugar,la criticadelantropologismoesuno
delosmotivosinaugurales dela fenomenología trascendental
deHus-
serl.Estacríticaesexplícitay llamaal antropologismo porsunombre
desde losPro/egámenar
ala lógicapura.Suobjetivoseráluegonosóloel
antropologismo empírico,sino el antropologismo transcendental4.
Lasestructuras transcendentales descritasdespués dela reducción
fe-
nomenológica
no sonlasdeesteserintramundanollamado«hombre».
No estánesencialmenteligadasni a la sociedad,
ni a la cultura,ni al
lenguaje,
ni inclusoal «alma»,
a la¡bg/tbcdel hombre.Y dela misma
maneraquesepuede,segúnHusserl,imaginarunaconcienciasin alma
(ree/animes)
5,igualmente
y afaiori- sepuedeimaginarunaconcien-
cia sin hombre.

1&#39;
(Zap.
VlI,Lepgrba/agllrme
mtant
qu:n/ativirme
rteplique,
39.I.antmpa/agtkme
dan:
lalagique
de
Jigwan,"
40,1..bntbmpa/agirme
dan:la lagíque
deB. Erdmarm.
Ide,I, cfr. por ejemplo,49 y 54.
5 Ibid.

154
Es entoncessorprendente
y muy signicativoqueen el momento
enquela autoridad
delpensamiento
husserliano
seintroduce
y seins-
talaen Franciadespués
de la guerra,seconvierteinclusoen unaespe-
cie de moda filosófica, la crítica del antropologismo se queda total-
mentedesapercibida
o entodocasosin efecto.Unodeloscaminosmás
paradójicos
deestedesconocimiento
interesado
pasapor unalectura
reduccionista de Heidegger.Es porqueseha interpretadola analítica
del Daxein
en términosestrechamente antropológicospor lo queseli-
mitao secriticaa Veces a Husserla partir deHeideggery sedejacaeren
la fenomenología todo lo queno sirvea la descripciónantropológica.
Estavíaesmuyparadójica porquesigueun caminodelecturaquetam-
bién fue el de Husserl.Es, en efecto, como una desviaciónantropolo-
gistadela fenomenologia
transcendental
comoHusserl
hainterpreta-
do precipitadamenteSeinum!Zeitó. -
Ahorabien,entercerlugar,inmediatamente
después
dela guerray
luegodelaaparición
deEl ¡ery lanada,
Heidegger
recordaba,
ensuCar-
ta Jahre
e/bumanirma,
a quientodavíano habíapodidosaberlo,a quien
no habíapodidoni siquierateneren cuentadesdelos primerospárra-
fosdeSeixundZeit,quela antropologíay el humanismono eranel me-
diodesupensamiento y elhorizonte
desuspreguntas.
Contraelhuma-
nismosedirigeinclusola«destrucción»
delametafísica
o delaontolo-
gíaclásica7.
Después delaolahumanistay antropologista
queharecu-
biertola losofía francesa;¿sehabríapodidocreerentoncesqueel re-
flujoanti-humanista
y anti-antropologista
quesiguió,y enel queesta-
mos nosotros,iba a redescubrirla herenciade los pensamientosque así
habíansidodesfigurados
o másbienaquellosen losquesehabíareco-
nocidodemasiado deprisala gura del hombre?¿Noseiba a operar
unavueltaa Hegel,a Husserl,
a Heidegger?
¿Noíbamos
a emprender
unalecturamasrigurosadesustextosy a arrancarsuinterpretacióna
los esquemashumanistasy antropologistas?
No ha habidonadade eso,y esla significaciónde un fenómeno
comoeselo queyoqueríaahorainterrogar.Lacríticadelhumanismo
y delantropologismo,
queesunodelosmotivosdominantes y conduc-
toresdelpensamiento
francés
actual,lejosdebuscarsusfuenteso sus
fiadoresen la críticahegeliana,
husserliana
o heideggerianadel mismo
humanismoo del mismoantropologismo, pareceal contrario,por un
gesto
aveces
masimplícitoquesistemáticamente
articulado,
amalga-
6 (Zfr.Nachworten lasIdemy notasal margendelejemplar
deSei»undZeit(Archivos
llusserl en Lovaina).
7 «Todohumanismosefunda sobreuna metafísicao sehacea sí mismo el fundamento
dela misma.Todadeterminación
delaesencia
delhombrequepresupone
ya,lo sepao no,la
interpretación
delexistente
sinplantear
lacuestión
querefiere
alaverdad delSer,esmetafí-
sica.Esporloque,siseconsidera
lamanera delaqueesdeterminada laesencia
delhombre,
lo propiodetodametafísica
serevela
enquees«humanista».Delamisma manera,todohu-
manismo siguesiendometafisico»,
etc.(Lettre
mrl&#39;bumanirme,
tr. fr. R. Munier,
pag.47).
155
maraHegel,Husserl y de formadifusay ambigua--Heidegger, con
la viejametafísica
humanista.Me sirvoa propósitode estapalabra
«amalgama» queuneensuusola referencia alquímica,
queaquíespri-
maria,ala referencia
estratégica
o tácticaenel dominiodela ideología
política.
Antesdeintentarinterpretar
estefenómeno decarizparadójico,
es
necesario
tomarciertasprecauciones.En principioestaamalgamano
excluyequesehayanhechociertosprogresos
en Franciaen la lectura
deHegel,deHusserl
o deHeidegger,
ni queestos
progresos
hayancon-
ducidoa volver a ponerenteladejuicio la insistenciahumanista.Pero
estosprogresosy estapuestaen tela de juicio no ocupan la delanterade
la escena,
y estodebesersignicativo.Inversay simétricamente,en
aquellos
quepracticanla amalgama,losesquemas dela malainterpre-
taciónantropologista
deltiempodeSartretodavíafuncionany sona
vecesesosesquemas
losqueexigenel rechazodeHegel,deHusserly de
Heideggerenlastinieblasdela metafísica
humanista.
Muya menudo,
de hecho,losquedenuncian el humanismo al mismotiempoquela
metafísica
sehanquedado enestaprimeralecturadeHegel,Husserl
y
Heidegger,
y sepodríadestacarmásde un signode ello en numerosos
textosrecientes.
Lo cualhacepensarque,enciertosaspectos
y al me-
nos en esta medida, se han quedado en la misma orilla.
Peroimportapoco,parala cuestiónqueyo querríaplantear,que
esteo aquelautor hayaleido mal o no hayasimplementeleídoésteo
aqueltexto,o quesiga,enlo tocantealospensamientos
quecreehaber
sobrepasado o trastocado,
manteniéndose enun granestadodeinge-
nuidad.Porello no seharáaquímencióndetal o cualnombredeautor
o de tal o cualtítulo deobra.Lo quedebeinteresarnos,
másalláde las
justificaciones
muyamenudo insuficientes
dehecho,esestaespecie
de
justificación
profunda,denecesidad subterránea
quehaceaparecer la
pertenenciadelascríticaso delasde-limitaciones,
husserliana,
heideg-
geriana delhumanismo metafísicoa la esfera
deesomismoquecriti-
cano de-limitan.En unapalabra,hayasidoestederecho explícitoo
no,hayasidoarticulado o no (y másdeun indiciohacepensar queno
lo hasido),¿quénosautorizahoya considerarcomoesencialmente an-
trópicoo antropocéntricotodo lo que,en la metafísicao en los límites
dela metafísica,
hacreídopodercriticaro delimitarel antropologis-
mo?¿Quéesel relevodel hombreenlospensamientos deHegel,de
Husserl y de Heidegger?

EL FIN-PRÓXIMO DEL HOMBRE

Reconsideraremos
inicialmente,
enelordendeldiscurso
hegeliano
quetodavíasostienecon tantoshilos el lenguajede nuestraépoca,las
relaciones
entrela antropología
por unaparte,la fenomenología
y la
156
lógicaporotra.UnaVezquesehaevitadorigurosamente
laconfusión
deunalecturasimplemente
antropológicadelaFenomeno/agita
delemíritu,
hayquereconocerquelasrelaciones
entreantropología
y fenomenolo-
gíano son,segúnHegel,simplementeexteriores.
Contodolo quein-
ducen,losconceptos
hegelianos
deverdad, denegatividad
y deAufhe-
bungimpidenqueasisea.En latercera
partedelaEnciclopedia,
quetra-
ta dela filosofíadel espíritu,la primerasección(«Lalosofía del espí-
ritu»)inscribela fenomenología
delespírituentrela antropología
y la
psicología.
LaFenomeno/ayadelespíritu
sucedealaAntropología
y precede
a la Psicología.
LaAntropología tratadel espírituque esla «verdadde la
naturaleza»--en tanto, quealma0 espíritu-naturaleza (See/e
o Natur-
geirt).El desarrollodel alma,tal comoha sidoretrazadopor la antro-
pología,pasapor el almanatural(mtür/icbe See/e),
por el almasensible
(i/J/erzde
See/e),
por el almarealo efectiva(wink/inc See/e).
Estedesarrollo
secumple,seconsiguey actúasobrela conciencia.El último párrafo
delaAntropología"definela formageneraldela conciencia,esadela que
procederála Fenomeno/orgía deleipílu, en el primer capítulosobre«La
certezasensiblew.La conciencia, lo fenomenológico, es,pues,la ver-
daddel alma,esdecir,delo queconstituyeprecisamente el objetodela
antropología.La concienciaesla verdaddel hombre,la fenomenolo-
gíaesla verdadde la antropología.«Verdad»debeentenderse aquíen
un sentidorigurosamente hegeliano.En estesentidohegelianosecum-
ple la esencia
metafísica
dela verdad,la verdaddela verdad.La verdad
esaquíla presencia
o la presentacióndela esenciacomoGewesmbeit, del
Water: comolo queha sido.La consciencia esla verdaddel hombre,en
tanto queel hombreseaparece en suser-pasado, en su haber-sido,en
supasadosobrepasado y conservado,retenido,interiorizado(erítmert)
y

l Sinnegar
lacomplejidad
delasrelaciones
entrelaLógica
y laFenomenologia
delespi-
ritu, la cuestiónqueplanteamos
nosautorizaa considerarlas
juntasenel puntodeapertura
donde el SaberAbsoluto las articula una sobreotra.
" «Elalmaefectiva,enel habitodelsentiry desusentimicnto-de-síconcreto,esensi la
idealidad
existente
parasi desusdeterminaciones, inter¡orizadarecordada(er-inner!)
ensíen
suexterioridad
y enunarelacióninfinitaconsigo.Esteser-para-sí
delauniversalidad librees
eldespertar
superiordelalmaal Yo, la universalidad
abstracta,
entantoqueesparaestauni-
versalidad
abstracta,
queasiespensada y sujetoparasiy precisamente
sujetodesujuicio[divi-
siónoriginaria]
enelcualél(elYo)excluye latotalidad
natural
desusdeterminaciones
como
unobjeto,unmundo exterioraél,y serelaciona
conello,demanera
quesereejaensimis-
mo inmediatamente:es la consciencia.»
«Die wirkliche Seelein desGewohnheitdesEmpndens und ihres konkretenSelbstge-
fühlt ist an sichdie für sich seiendeldealitat ist dashóhereErwachenserSeelezum lch, der
abstrakten
Allgameinheit, insofernsiefür dieabstrakte
Allgemeineheit ist,weichesoDen-
kenundSubjekt für sichundzwarbestimmtSubjekt seinesUrteilsist,in welchemesdiena-
túrlicheTotalitatseinerBestimmungen alsein Objekt,eineihm aussere Welt, von sich
ausschliesst
und sichdaraufbezieht,sodaszesin derselbenunmittelbar in sich reektiert ist
das Bewusstsein.» 412).
l Esdecir,lasobjetividad
engeneral,
la relacióndeun«Yo»engeneral
conunsersobjeto
en general.

157
relevado.
Aujbeben,
esrelevar,
enelsentido
enque«relevar»
quiere
de-
cira lavezdesplazar,
elevar,
reemplazar
y promoverenunsoloy mis-
mo movimiento.La concienciaeslaAujbeberz
del almao del hombre,la
fenomenología
esel «relevo»
dela antropología.
Ya noes,perosigue
siendo,una cienciadel hombre.En estesentidotodaslasestructuras
descritas
porlafenomenología
delespíritu
como todoloquelasarti-
culasobrela Lógica sonlasestructura,
delo quehatomadoel relevo
delhombre.
El hombre
permanece
ahíensurelieve.
Suesencia
reposa
enla fenomenología.
Estarelaciónequivoca
derelevo/relevanciase-
ñala,sinduda,el n del hombre,el hombrepasado,peroal mismo
tiempoel cumplimiento
delhombre,la apropiacióndesuesencia.Es
el n del hombreacabado.El n de la nitud del hombre,la unidadde
lo finitoy lo innito, lo nito comorebasamientodesi mismo,estos
temasesenciales de Hegelsereconocen en el nal de la Antropología
cuandola concienciaesdesignada
al n como«relacióninnita consi-
go mismo». El relevo o la relevancia del hombre es su telaro su eskbaton.
La unidaddeestos dosnes delhombre,la unidaddesumuerte,desu
acabamiento, de su cumplimientoestáenvueltaen el pensamiento
griegodeltelar,
enel discurso
sobreel telar,
quetambiénesdiscurso
so-
breel eidor,
sobre
lanuria
y sobre
laaletbeia.
Undiscurso
semejante
en
Hegel,comoen toda la metafísica,coordinaindisocialmente
la teleo-
logiaa unaescatología,a unateologíay a unaontología.El pemamierzta
delfíndelhambre
esta
entoneeryaprereta
siempreenla"rrzetalriea,
enelperuamien-
todela verdad
delhombre.Lo quehoy esdificildepensar,esun fin del
hombrequenoestéorganizado porunadialéctica dela verdady dela
negatividad,un n del hombrequeno seaunateleologia en primera
persona delplural.El nosotros
queen la Fenamenalagúz
del¿milita
articula
entreellasla conciencia
natural
y la conciencia
losóca asegura
la
proximidad
consigo
mismodelexistente
jo y centralpor el cualse
produceestareapropiacióncircular.El nosotrosesla unidaddel saber
absolutoy de la antropología,
de Diosy del hombre,de la onto-teo-
teleologia
y delhumanismo. El sery la lenguael grupodelenguas--
quegobierna
o queabre,talesel nombre
delo queasegura
estepaso
por el rzarotms
entre la metafísicay el humanismo".

&#39;
l El esquema
deestaambigüedad
o deestereemplazo
quesecumpleen la metafísica
he-
geliana
y quepersiste
entodas
partes
donde
lametafísica
es decir,nuestra
lengua-man-
tienesuautoridad,habríamos
podidoverificarsunecesidad
no sólocercade nosotros,
sino
yaentodos
lossistemas
pre-hegelianos.
EnKant,lagura delafinitudorganiza
elpoder
del
conocerdesdeel surgimiento
mismodel límite antropológico.
A) Porunaparte,
esprecisamente
enelmomento
enqueKantquiere
pensar
algocomo
el n, el fin puro,el n en si cuandodebe,en la Metafísica
de lascostumbres,criticarel an-
tropologismo. No podemos deducirlosprincipiosde la moralidaddesdeel conocimiento de
la naturaleza de un serparticularllamadohombre:«Ahorabien,una Metafísicade lascos-
tumbres,completamente aislada,
quenosemezcla
ni conantropologia,
ni conteología,
ni
confisica
o hiperfísica,
todaviamenos
concualidades
ocultas
(quesepodriandenominar
hi-
pofísicas),
no essóloun substrato
indispensable
detodoconocimiento
teóricode losdeberes

158
Acabamosde percibir la necesidadque une el pensamientodel
pbainertbai
al pensamiento
del telas.
Sepuedeleeren la mismaapertura
la teleología
quegobierna
la fenomenología
trascendental
deHusserl.
A pesardela críticadel antropologismo,«humanidad» estodavíaaquí
el nombredel seral queseanunciael tela:transcendental,
determinado
comoIdea(enel sentidokantiano)o inclusocomoRazón.Esel hom-
bre como animal racional quien, en su determinación metafísicamás
clásica,
designa
el lugardedespliegue
dela razónteleológica,
esdecir,
la historia.ParaHusserl,comoparaHegel,la razóneshistoriay no hay
máshistoriaque la de la razón.Esta«funcionaen cadahombre,por
muy primitivo queseatodavía,en tanto queanimalracional»(Ongen
delageometría).Cadatipo dehumanidady deformadesociedad huma-

definido con certeza,esademásun derideratum


de la mayorimportanciaparael cumplimiento
efectivo de susprescripciones»...
«Esademasde la mayor importanciaprácticatomar estos
conceptos
y estas
leyesdelafuentedela razónpura,presentarlos
purosy sinmezcla,
y lo que
esmás,determinarla extensiónde todo esteconocimientoracionalpráctico y sin embargo
puro,esdecir,lapotenciaenteradela razónpurapráctica,abstenerseaquínoobstante,
aun-
quela losofíaespeculativa
lo permitay lo encuentrea veces
inclusonecesario,
dehacerde-
penderlosprincipiosdelanaturalezaparticulardelarazónhumana, sino,que,puesto
quelas
leyesmorales debenserválidasparatodoserrazonable engeneral,hayquededucirlas
del
concepto universal
deunserrazonable engeneral, y asíexponer
todalamoral,queensuapli-
cacióna los hombrestienenecesidad de la antropología,inicia] e independientemente
deesta
última ciencia,como losofía pura, esdecir, como metafísica»,etc. «Cuandonos propone-
mosllevar a buentérmino toda estaempresa,esde la mayor importanciadarsepor enterado
deesto:queen absolutoesnecesario meterse en la cabeza
quererderivarla realidaddeese
principiodelaconstitución
particulardela naturaleza
humana(amderberondem Ergmstbader
menrtb/írben
Nana). Pues,el deberdebeser una necesidadprácticaincondicionadade la ac-
ción;debe,pues,valerparatodoslosseresrazonables (losúnicosa losquesepuedeaplicar
absolutamente
un imperativo),y sóloa estetítulo haytambiénunaleyparatodavoluntad
humana»(Fundamento:
a:la metafírica
d: la: tastumbnr,
2. sección).En estostrespasajes
vemos
quelo quesiemprees«dela mayorimportancia» (wmderbar/actor
Wïrbtigkait.
vandergrórrten
prahtxlrrben
Wirbtigkzít...
mnderaumenten
Ilcbtigkeít),
esdeterminarel fin ensí(comoprincipio
incondicionadode la moralidad) independientede todo dato antropologia). No podemos
pensarla purezadel n a partir del hombre.
B) Peroporotraparte,inversamente,
la especificidad
delhombre,suesencia
deserra-
zonable,de animal racional (zum{agan
akon)no seanunciaa sí mismamasque a partir del
pensamientodel n en sí; seanunciaa si mismacomo fin en sí; esdecir como fin infinito,
puestoqueel pensamiento
delo incondicionado,
estambiénel pensamiento
queseelevapor
encimade la experiencia,esdecir,de la nitud. Así seexplicaque,a pesarde la critica del an-
tropologismode la queacabamos dedar algunosindicios,el hombreseael único ciemplo,el
único casode serrazonablequesepuedacitar en el momentoen queen derechosedistingue
el concepto
universal
deserrazonable
delconcepto
deserhumano.En el puntodeestehe-
cho la antropologíaretomatoda la autoridadque sele habiadiscutido.En estepunto el filó-
sofodice«nosotros» y en el discursodc Kant «serrazonable»
y «humanidad» sonsiempreaso-
ciadosporlaconjunción«y».Poreiemplo: «Ahorabien,yodigo:el hombre,y engeneral
(¡md
überbaupt)
todoserrazonable,existecomofin en sí, y no simplemente
comomedio...Este
principiosegún
elcuallahumanidad y todanaturalezarazonable
engeneral
sonconsideradas
como fin en sí»,etc.
Podríamosdestacaruna ambigüedadanáloga,aunqueesencialmente
distinta,en la Ctira
delarawnpnra
cadavezquesetratadedeterminar
lañnituddelexistente
y la receptividad
de
la intuitu:derivativur.

159
na «tieneuna raízen el componenteesencialde lo universalhumano,
raízenlacualseanuncia unaRazóntelcológica
queatraviesa
departea
partetodala historicidad.
Asíseindicaunaproblemáticaoriginalque
seconectacon la totalidaddela historiay enel sentidototal que,enúl-
timainstancia, le dasuunidad»(ibídyï.La fenomenología transcen
dentalseríael cumplimientoúltimodeestateleologíadela razónque
atraviesa
la humanidad.Así,bajola autoridad delosconceptos fun-
dadoresdela metafísica,queHusserldespierta,restaura,
si espreciso
haciéndoles revestirse
deun índiceo comillasfenomenológicas,
la crí-
tica del antropologismoempíricono esmásque la armación de un
humanismo
transcendental.
Y, entreestosconceptos
metafísicos
que
constituyen la fuente esencialdel discursode Husserl,el de n o de telas
desempeña
unpapeldecisivo,
Sepodríamostrarqueentodaslasetapas
dela fenomenología,
y notoriamentecadavezqueel recursoa la «Idea
en el sentido kantiano» es necesaria,la innidad del telas,la innidad
deln rigelospoderes
dela fenomenología.
El n delhombre(como
límite antropológicofactual)seanunciaen el pensamiento
desdeel n
del hombre(comoapertura
determinada
o innidaddeun telas).
El
hombre es lo que tiene relación con su n, en el sentido fundamental-
mente equívoco de estapalabra. Desdesiempre. El fin transcendental
no puedeaparecersey mostrarsemásque a condición de la mortalidad,
de una relacióncon la nitud comoorigende la idealidad.El nombre
del hombre siempreseha inscrito en la metafísicaentre estosdos fines.
No tienesentidomásqueenestasituaciónescato-teleológica.

LEYÉNDONOS

A partir de estasituaciónescomosealzael «nosotros»


quedeuna
manerao deotrasiemprehadebidoremitir a sí-mismoen la lenguade
la metafísicay en el discursolosóco. ¿Quéhayde esenomtror,
para
terminar, en el texto que, mejor que otro cualquiera,nos ha dado a leer
la complicidadesencial,historial,de la metafísicay del humanismo

3 «La filosofia no es,pues,nadadiferente,completamente,del racionalismoque sedi-


versificaa si mismosegúnlosdiferentesplanesdondesedesplieganintención y cumplimien-
to; esla Katiaen su movimiento incesanteparadilucidarsea si misma(Selbrterbellung), a partir
de la primera irrupción de la losofía en la humanidad,cuyarazónno obstanteinnata habia
estadohastaentoncesinaccesiblea si misma,sumergidaen la confusióny la noche»(Lapbila-
rap/Ji:tammpnirede¿cristiana demmarzile,tr. P. Ricocur),«...lo mismoqueel hombre,e incluso
el Papu,representaun nuevoestadioen la animalidadpor oposicióna la bestia,lo mismo la
razónfilosófica representaun nuevoestadioen la humanidady en la razón»(La mi: de¡bn-
manitteumpénme el la p/Jilaropbie,
tr. P. Ricoeur).
¡3 En un corto fragmentode 1934(StufmderCertbirbt/írbkeít. Ente Gbstbir/Jt/itbkzii,
Bei/age,
XXVI, en Knlrú,págs.502-3),Husserldistinguetres nivelesy tresetapasde la historicidad: e
cultura y tradición como socialidadhumanaen general;cultura europeay proyectoteórico
(ciencia y losofía), «conversiónde la filosofía en fenomenología».

160
bajotodassusformas?¿Quéhay de estenarotrar
en el texto de Hei-
degger?
Estapreguntaesla másdifícil, y no haremosmásqueiniciarla.No
setrata aquíde cerrartodo el texto de Heideggeren un cierrequeél
mejorquenadiehadelimitado.Lo queuneel humanismoy la metafí-
sicacomoonroteología sehahecholegiblecomotal a partir de¡einmu!
Zeit, de la Cartarabn:el bamanirmo
y de textos ulteriores. Remitiéndonos
a esta adquisición, tratando de tenerla en cuenta, querría comenzara
dibujarlasformasde la muestraqueguardanuno sobrela otra la hu-
manidad del hombre y el pensamientodel ser, un cierto humanismo y
la verdad del ser. Naturalmente, no se tratará de esta falsicación que
consistiría, contra las puestasen guardia más explícitas de Heidegger,
en hacer de estamuestraun dominio o una relación óntica en general.
Lo queaquínosva a preocuparconciernemásbiena un privilegiomas
sutil, más escondido,más indesarraigableque, como en el casode He-
gelo deHusserl,nosreconduce
a la posicióndelamarra:
enel discurso.
Una vez que seha renunciado a poner el nominar en la dimensión meta-
física del «nosotros-los-hombres», una vez que seha renunciado a car-
gar el nosotrar-bombrerde las determinacionesmetafísicasde lo propio
del hombre (26071 [aganakon,etc.), restaque el hombre y yo incluso di-
ría, en un sentido que se aclarará en un instante, lo propio del hom-
bre, el pensamientode lo propio del hombre es inseparablede la
cuestióno de la verdad del ser. Lo essobrelos senderosheideggerianos
por lo que nosotros podremos llamar una suerte de imantación.
De estaimantación, no puedoaquí másque indicar su titulo y algu-
nosefectos.Paradescubrirlaen la profundidad continua en que seejer-
ce, la distinción entre tal o cual periodo del pensamientoheideggeria-
no, entre los textos anterioresy los textos posterioresa la llamadaKeb-
re, tiene menospertinencia que nunca. Puespor una parte la analítica
existencialya había desbordadoel horizonte de una antropologia filo-
sófica: el Dareinno es simplementeel hombre de la metafísica.Y por
otra parte, inversamente,en la Carta¡obreel humanismo, y más allá de
ella, la imantación de lo «propio del hombre»no dejaráde dirigir todos
los caminos del pensamiento.Esto es al menos lo que yo quería suge-
rir, y reagruparé
los efectoso los indiciosde estaimantaciónbajoel
conceptogeneraldeproximidad. En el juegode unaciertaproximidad,
proximidada sí y proximidaddel ser,vamosa ver constituirsecontra
el humanismo y contra el antropologismo rnetafísicos,otra insistencia
del hombre,quereemplaza, releva,suplelo quedestruyesegúnvíasen
lasqueestamos nosotros,delasquesalimosapenas -quizá- y quesi-
guenestandoahí paraserinterrogadas.
¿Quéhaysobrela proximidad?AbramosinicialmenteSei¡mdZeit
en el puntoen quela cuestióndel serseplanteaen su«estructurafor-
mal»(S 2). Nuestracomprensión«vagay corriente»del sentidode la
palabra«ser»o «es»seencuentrareconocidacomoun hecho(Fabian):
161
«Entantoqueinvestigación(Sntben),el actodecuestionarnecesitade-
jarseantesconducirpor lo queesinvestigado.El sentidodel serdebe,
pues,deunaciertamanerasernosyadisponible.Comoha sidoindica-
do, nosotros
narmovemosrienzpreja en un entendimientodel ser.Es a
partirdeello comosurgela cuestión
expresa
delsentidodelsery la
tendenciahaciael conceptodel ser.No sabemos lo que quieredecir
«ser».Peroen el momentoen quepreguntamos «¿quéesel ser?»tene-
mosun conocimientodel «es»sin poderjar conceptualmente lo que
quieredecir el «es».No conocemossiquierael horizontea partir del
quedeberíamos asiry fijar esesentido.Esteentendimiento
corriente
y vagodel
sere:unetum.He subrayado el naratrar
y elriernpreja.
Están,pues,deter-
minados en correspondenciacon esteconocimiento de «ser»o de «es»,
En ausenciadecualquierotra determinacióno presuposición, el «no-
sotros»esal menoslo queseabrea un conocimientosemejante, lo que
esya siempreaccesibley aquellopor lo queestertum puedeserreco-
nocidocomo tal. Es claro queestenosotras,
por sencillo,por discreto,
por borrado que esté,inscribe la estructura llamada formal de la cues-
tión del seren el horizontede la metafísicay másampliamenteen el
medio lingüístico indoeuropeo a cuya posibilidad estáesencialmente
ligadoel origen de la metafísica.En estoslímites esdondeelttum
puede ser entendido y acreditado;en estoslímites determinados, o
sea,materiales- esdonde puedesostenerla llamada formalidad de la
cuestión. Restadecir que el sentido de estos«límites» no nos es dado
másquedesdela cuestióndel sentidodel ser.No pretendamos saberlo
que quieredecir, por ejemplo,«mediolingüísticoindoeuropeo».
Cuandoesta«estructura formal de la cuestióndel ser»esplanteada
por Heidegger,setrata entonces,como essabido,de reconocerel ser*
ejemplar(exemp/arirtbe
Seiende)
queconstituiráel textoprivilegiadopara
unalecturadel sentidodel ser.Recuerdoquela estructuraformal dela
cuestión, de toda cuestión, según Heidegger,debería comportar tres
instancias:el Gefragte,
lo que es preguntado, aquí el sentido del ser; el
Enfragte,
queeslo preguntadoen tanto queespropiamenteenfocado
por unapregunta,el sentidodel serentantoquecuestionado;
por fin el
Befragte,
lo interrogado,
el serqueseinterroga,al queseplanteará
la
preguntadel sentido del ser.Setrata asi,pues,de la elección o del reco-
nocimientodeesteserejemplarinterrogadocon respectoal sentidodel
ser:«¿Sobre
quéserdebeserleído(abgeleren)el sentidodel ser,a partir
dequéserla apertura
delsertomarásupuntodepartida?
¿Elpuntode
partidaesarbitrarioo bienalgúnserposeeun privilegio( Vorrang)
enla
elaboraciónde la cuestióndel ser?¿Cuálesesteserejemplary en qué
sentido tiene un privilegio?»
¿Quédictarála respuesta
a estapregunta?¿Enqué mediode evi-
*Étant
enHeidegger
podría,
endenitiva,interpretarse
como«existente»,
puesto
quesu-
pone el tiempo en su desarrollobirtarïal. del T.)

162
dencia, de certezao al menos de conocimiento se debería desplegar?
Antesinclusoqueel métodofenomenológicoseareivindicado 7), al
menosenun «concepto provisional»,comoel métododeestaelabora-
ción de la cuestióndel ser,la determinación de esteserejemplares«fe-
nomenológica» en suprincipio. Estágobernada por el principiodelos
principiosdela fenomenología, el principiodela presenciay dela pre-
senciaen la presenciapara si, tal como se manifiesta al ser y en el ser
que somosnosotros. En estapresenciapara si, estaabsolutaproximi-
dad del ser (que cuestiona)a si mismo, estafamiliaridad consigo mis-
mo del ser presto a entender el ser, lo que interviene en la determina-
ción delfuman, lo que motiva la eleccióndel serejemplar,del texto, del
buen texto para la hermenéuticadel sentido del ser. Es la proximidad
consigomismo del sercuestionantelo que lo haceelegir como serinte-
rrogadopor privilegio.La proximidad
consigomismodequienpre-
gunta autoriza la identidad del que preguntay de lo interrogado. Noso-
tros, que estamospróximos a nosotros mismos, nos interrogamos so-
bre el sentido del ser. Leamos este protocolo de lectura: «Siendo la
cuestión del ser explícitamente planteada y conducida a una plena
transparenciaante si, la elaboración de estapregunta requiere, como
hemosexplicado,unaexplicitacióndel modosegúnel cualel serdebe
serenfocado,el conocimiento y el asimiento conceptualde su sentido,
la preparaciónde la posibilidaddeunaeleccióncorrectadel serejem-
plar, la elaboraciónde una via de accesoauténticaa esteser.El enfo-
que,el conocimiento,el asimientoconceptual,la elección,la víadeac-
cesosonrasgosconstitutivosdel actode preguntary asílos modosde
ser de un ser determinado, de esteser que nosotros, los que pregunta-
mos, somos (einerbestimmten Seieden,
derSriedcn,dar wir, die Fragenden,
je
sellar!
rind). Elaboración de la pregunta del ser quiere decir entonces:
elucidación de un ser del que pregunta en su ser. El preguntar de
estapregunta (Da: FrágendieserFraga)estádeterminado esencialmente,
como modo de ser de un ser, por lo que en él es preguntado (geaji/agt)
por el ser.A esteserque somosnosotrosy que en su sertiene, entre otras
posibilidades,la de preguntar, le asignamosel término de Damn (fuman
wir teminolagírc/J
al: Darein).La posición expresay lúcida de la cuestión
del sentido del ser requiere una explicitación anterior y apropiadade
un ser (el Damn) respectoa su ser» (pág. 7).
Sin duda, estaproximidad, esta identidad o esta presenciaante si
del «serquesomosnosotros»
-del quepreguntay de lo interrogado
no tiene la forma de la concienciasubjetiva,como en la fenomenologia
transcendental.Sin duda, estaproximidad también estodavía anterior
a lo que el predicado metafísico«humano»podría nombrar. El Da del
Dareinno puedeser determinado en presenciapróxima más que desde
una relectura de la cuestión del ser que lo interpela. No obstante,el
procesode liberación o de elaboración de la cuestión del ser, en tanto
que cuestión del sentido del ser, sedene como explicitación o como
163
interpretación explicitante. La lectura del texto Dareines una herme-
néuticadedesvelamiento o dedesenvolvimiento
(cfr. S7).Sisela mira
de cerca,esla oposiciónfenomenológica«implícito/explícito»lo que
permite a Heideggerrechazarla objección de círculo vicioso, círculo
que consistiríaen determinaren principio un seren su ser,luegoen
plantearla cuestióndel sera partir deestapredeterminación
ontológi-
ca (pág. 7). Este estilo de lectura explicitante practica una puestaal día
continua, algo que se parece,al menos, a la toma de conciencia, sin
ruptura,sin desplazamiento,
sin cambiode terreno.Por otra parte,lo
mismo que el Dareinel ser que somos nosotros mismos sirve de
texto ejemplar,de buena«lección»para la explicitación del sentido del
ser, igualmenteel nombre del hombre siguesiendo la ligadura o el hilo
conductor paleonímico que vincula la analítica del Darvina la totalidad
del discurso tradicional de la metafísica. De donde el estatus extraño de
estasfraseso paréntesis.«En tanto que comportamientos del hombre,
lascienciastienenel estilodeserdeesteser(el hombre).Asignamosa
esteexistente el término de Dustin(Diem:Seinendefatren wir termino/agita!)
al: Darein)» O estaotra: «Como la de toda ontología, la problemática
de la ontologia griega debe tomar su hilo conductor en el ser mismo.
El ser, esdecir, el ser del hombre (Da: Dasain,aïb.dar¡einde;Menuben)
estácomprendido tanto en la denición vulgar como en la «deni-
ción» filosófica como zóan[aganakon,el ser vivo cuyo ser es esencial-
mente determinado por el poder del habla (del discurso: Redenkón-
nen)»(pág. 25). Igualmente, una «ontología completa del Darain»se ha
planteadocomo la condiciónpreviade una «antropologiafilosófica»
(pág. 17). Vemos, pues,que el Dasein,si no esel hombre, no es,sin em-
bargo,otra cosaqueel hombre.Es,comovamosa ver, unarepetición
de la esenciadel hombrequepermiteremontarconceptosrnetafísicos
de la bumanitar.Es la sutilezay el equivoco de estegestolo que eviden-
temente ha autorizadotodas las desviacionesantropologistasen la lec-
tura de Sein und Zeit, sobre todo en Francia.
El valor de proximidad,esdecir,de presenciaen general,decide
pues,la orientación esencialde estaanalítica del Darein.Estemotivo de
la proximidadseencuentraciertamenteatrapadoenunaoposiciónque
de ahoraen adelanteno cesaráde gobernarel discursode Heidegger.
El quinto párrafo de SeinundZeit parece,en efecto,no contradecir, sino
limitar y contener lo que ya sehabíaconseguido,a saber,que el Darein
«que somos nosotros»constituía el ser ejemplar para la hermenéutica
del sentido del seren razón de su proximidad consigo mismo, de nues-
tra proximidad con nosotros mismos, con eseser que somosnosotros.
Heideggerseñalaentoncesque estaproximidad esóntica. Ontológica-
mente,-esdecir, en cuanto al serde esteserque somosnosotros,la dis-
tancia, por el contrario, es todo lo grande posible. «El Darein en
verdadno es solamentelo que nos es ónticamente(ontitb)próximo
o inclusolo máspróximo, somosnosotros.Sin embargo,a pesar,o
164
más bien, en razón de esto, es ontológicamente (onta/ogirtb)lo más
lejano».
La analítica del Dasein,tanto como el pensamientoque, másallá de
la Kebre,perseguirála cuestióndel ser,semantendránen el espacioque
separay relacionala una a la otra una proximidad semejantey una dis-
tancia tal. El Da del Dareiny el Da del Sei signicar-an tanto lo próxi-
mo como lo lejano. Del otro lado del cierre común del humanismo y
de la metafísica,el pensamientode Heideggerseráguiado por el moti-
vo del ser como presenciaentendida en un sentido más originario
que en las determinacionesmetafísicasy ónticas de la presenciao de la
presenciaen presente- y por el motivo de la proximidad del ser a la
esencia del hombre. Todo ocurre como si fuera necesario reducir la
distanciaontológica reconocidaen Seix;¡mdZeit y hablar de la proximi-
dad del ser a la esencia del hombre.
Parasostenerestaúltima proposición, algunasreferenciasindicati-
vas a la Cartarobreel humanismo.No insistiré sobreel tema principal y
bien conocido de estetexto: la unidad de la metafísicay del humanis-
mol-i. Toda puestaen tela de juicio del humanismo que no seacerque
inicialmente a la radicalidad arqueológicade las preguntasesbozadas

14«El privilegio ómico-ontológicoreconocidoal Damnpodria conducir a la opinión de


queestesertambiéndebeserdadoóntico-ontológicamentede maneraprimaria (prin/ár),no
solo en el sentidode una captacióninmediatamenteposibledel ser, sino también igual-
menteen eseotro sentidocn que su modo de serseriaun pre-datoinmediato. lil Dareínen
verdad no cs solamentelo que nos es ontológicamentecercanoo incluso lo máscercano
nosotros mismoslo somos.Sin embargo,a pesaro masbien por estarazón,esontológica-
mentelo máslejano...lil Dareïr/ esómicamentelo máscercano"(amnzïc/Jrlen) desi, esontoló-
gicamentclo másleiano,pero pre-ontológicamente,no esextraño a si mismo»(nirblerr/a,
pags.15-16).
Cuatroobservaciones a estepropósito: l) A pesardeestaambigüedado estaoposición,es
el solovalor de proximidad,de serrio-extraño,de ser-próximo(valor óntico) el quehadeci-
dido la eleccióndel Dareincomo serejemplar.La eiemplaridades,pues,un motivo óntico. 2)
Esta oposición proximidad/distancia,óntico/ontológico, serainseparablede la oposición
entre lo propio y lo no-propio (lo «auténtico»y lo «inauténtico»;egentIirb/uneiígent/itb).
3) lista
mismaoposiciónpermitira, al distinguir entre la proximidad y la noción metafísicade «in-
mediatez», criticar un cierto estilo de fenomenologiay la primacíade la «consciencia»,de los
«datosinmediatosde la consciencia». 4) Quedapor decir que la ligaduraentre estevalor de
proximidadónticamente dadou ontologicamentcnegado,pero prometido- y la «feno-
menologia»esesencia]y explitica:el Darvindebe«podermostrarseen si mismopor si mismo»
(pág. 16). &#39;
15«Todohumanismosefundasobreuna metafísicao sehacea si mismosufundamento.
Toda determinaciónde la esenciadel hombreque presuponeya, lo sepao no, la interpreta-
ción del existentesin plantearla cuestiónqueserefierea la verdaddel ser,esmetafisico.Es la
razónpor la cual,si consideramosla maneraen queesdeterminadala esenciadel hombre,lo
propio de toda metafísicaserevelaen quees«humanista». De la mismamanera,todo huma-
nismoesmerafisico.No sóloel humanismo,en sudeterminaciónde la humanidaddel hom-
bre, no planteala cuestiónde la relacióndel sercon la esenciadel hombre,sino que impide
inclusoplantearla,no conociéndolani comprendiéndola,por la razónde queel tienesuori-
genen la metafísica.»(Citamos,a vecescon ligerasmodificaciones,la traducciónfrancesade
R. Munier, pag. 47.)

165
por Heideggery que no desplieguelas indicaciones que da él sobre la
génesis
del conceptoy del valor del hombre(recuperación
delapaideía
griegaen la cultura romana, cristianización de la burnanitar
latina, rena-
cimientodel helenismoenel sigloXIVy enel XVIII,etc.),todaposición
meta-humanista queno semantengaen la aperturadeestaspreguntas
siguesiendohistóricamenteregional,periódicay periférica,jurídica-
mente secundariay dependiente,por másque puedaademásconservar
como tal cierto interés y cierta necesidad.
Restadecir que el pensamientodel ser,el pensamientode la verdad
del seren el nombredela cualHeideggerde-limitael humanismoy la
metafísica, sigue siendo un pensamiento del hombre. En la cuestión
del ser, tal como estáplanteadaa la metafísica,el hombre y el nombre
del hombre no estándesplazados.Todavía menosdesaparecen.Setra-
ta, por el contrario, de una especiede reevaluacióno de revalorización
de la esenciay de la dignidad del hombre. Lo que seamenazaen la ex-
tensión de la metafísicay de la técnica se sabesegúnquenecesidad
esencialHeideggerlas asociauna a la otra es la esenciadel hombre,
que aquí sedeberíapensarantesy más allá de susdeterminacionesme-
tafísicas:«La devastacióndel lenguajeque seextiende por todaspartes
con rapidez no atañesólo a la responsabilidadde orden estéticoy mo-
ral que seasumeen cadauno de los usosque sehacede la palabra.Pro-
viene de una puestaen peligro de la esenciadel hombre (Gbrdung de:
Wei-en:derMenrcbeny)... «Es asi solamente,a partir del ser, cómo co-
mienza a ser superadala ausenciade patria (die Ueberwindung derHeima-
t/arzggkeit)
en la cual se pierden no sólo los hombres, sino también la
esenciadel hombre (da: Wei-en derMenrrben).Esta esenciaes, pues, lo
que se trata de reinstaurar: «Pero si un día debeel hombre llegar a la
proximidddelser(in dieNübede:Saint),le esprimeroprecisoaprendera
existir en lo que no tiene nombre (im Narnenlosen). Debe saberrecono-
cer tanto la tentación de la publicidad como la impotencia de la exis-
tencia privada. Antes de hablar (bevareriprirbt), el hombre debedejarse
reivindicar (reclamar:wiederanqzrerben) por el sery dejarseprevenir del
peligro de no tener, bajo esta reivindicación (Amprur/J),nada o poca
cosaquedecir.Solamente
entoncesserestituyea la palabra(dm Wort)
la riqueza inestimable de su esenciay al hombre el abrigo (Bebauxnng)
para habitar en la verdad del ser. ¿Perono hay en estareivindicación
(AngDruc/J) del ser sobreel hombre, como en la tentativa de preparar al
hombre a esta reivindicación, un esfuerzoque concierne al hombre?
Cuál es la orientación de la preocupación, si no la de reinstaurar al
hombre en su esencia(denMenrtbenwiederin reír!Wennzmütkzubngen).
¿Esto signica otra cosa que hacer al hombre (homo)humano (huma-
nas)?Así la bumanita:sigue estando en el corazón de un pensa-
miento tal, puesto que el humanismo consisteen esto: reexionar y
velar (Sinnenund Surgen)para que el hombre sea humano y no in-
humano (unmerm/Jlírb), es decir, fuera de su esencia.Ahora bien, ¿en

166
qué consistela humanidaddel hombre?Reposaen su esencia»°.
Una vez que el pensamientode la esenciasesustraea la oposición
esencia/existencia,
la proposiciónsegúnla cual«elhombreek-sisteno
es una respuestaa la cuestión de saber si el hombre es real o no; es
una respuestaa la pregunta que se reere a la esencia (Wenn)
del hombre».
La restauraciónde la esenciaestambién la restauraciónde una dig-
nidad y de una proximidad: la dignidad co-rrespondientedel ser y del
hombre, la proximidad del ser y del hombre. «Lo que todavía restade-
cir hoy, y por primera vez podría quizás convertirse en el impulso
(Ayrton) que encaminará la esenciadel hombre a que, por el pensa-
miento (denkend), estéatentaa la dimensión omnireinante sobreella de
la verdad del ser.Un acontecimiento semejanteno podría ademáspro-
ducirse cadavez sino por la dignidad del ser y en benecio de esteser
aquí que asumeel hombre en su ek-sistencia(nur demSeizur Würde
unddemDa-sehz zugunrte¿arabe/JemdarderMenu-bekristíerend
aurstebt),pero
no en provecho del hombre para que brillen por su actividad civiliza-
ción y cultura» (págs. 68-69).
La distanciaontológica del Daseina lo que escomo ek-sistenciay al
Da del Sein,estadistancia que sedaba inicialmente como proximidad
óntica debe ser reducida por el pensamientode la verdad del ser. De

l Podríamoscitar en el mismosentidomuchosotros pasajes de la Lettre. Así, por ejem-


plo: «Perodebemoscomprenderque, por ello [por la metafísica]el hombreseencuentrare-
chazadoal dominio esencialde la anima/ita,inclusosi, lejosde identicarlo con el animal,se
le concedeuna diferenciaespecífica.Al principio, sepiensasiempreel barrio aIlÍlIIú/ÍJ,
incluso
si seplanteael animacomoanima:¡it/emorir,y ésta,mástarde,como sujeto,personao espiritu.
Una posiciónsemejante estaen el modode la metafísica.Pero,por ello, la esenciadel hombre
esapreciadademasiadopobremente(mgmng); no espensadaen suprocedencia,procedencia
esencialque, parala humanidadhistórica(gesrbitbt/ír/JtMmrt/Jentum),siguesiendopermanen»
tementeel porvenir esencial.La metafísicapiensael hombrea partir de la emma/iran, no pien-
saen dirección de su ¡Jair/anitaLa metafísicasecierra a la simple acciónesencialde que el
hombreno sedespliegaen suesencia(¡r2¡einemWennwest),sino en tanto queesreivindicado
(angerpnxben)por el ser.Sólo a partir de estareivindicaciónha encontradoaquellodonde
habitasuesencia.Sóloa partir de estehabitartiene el lenguajecomoel refugioqueguar-
da a suesenciael caracterextatico.Mantenerseen el claro del ser(Litbtungde:521m), eslo que
yo llamo la ek-sistenciadel hombre.Sólo el hombretiene propiamente(agria!)estamanera
de ser.La ek-sistcnciacomprendidaasíes no sólo el fundamentode la posibilidadde la ra-
zón, ratio,esesomismoen lo que la esenciadel hombreguarda(in/aim)la procedenciade su
determinación.La ek-sistenciano puededecirse,sinode la esenciadel hombre,esdecir,de la
manerahumanade ser; pues,sólo el hombre es,tanto como tengamosnosotrosla expe-
rienciade ello, comprometidoen el destinode la ek-sistencia(in darGtrrbickderEknlmnu)»
(págs.52-3).
El motivodelo propio(eigen,
agent/irá)
y delosdiversosmodosdelserpropio(enparticu-
larEreignen
y Ereigmk)quedominatantemáticamente la cuestión
dela verdaddelserenZeit
undSei"(1962, tr. fr., en [Jendnranre
dela peruée,
Plon, 1968)estádesdehacemucho tiempo
funcionandoen el pensamientode Heidegger.En la [JUN ¡ur ¡humanismeen particular (cfr.,
porejemplo,págs.80-81).Lostemasdela casay delo propioconcuerdan
regularmente
en
ella: como trataremosde mostrar másadelante,el valor de aika:(y de ai/céxír)
desempeña
un
papeldecisivo,aunqueoculto, en la cadenasemánticaque aqui nos interesa.

167
dondeel dominioen el discursode Heidegger,detodaunametafórica
de la proximidad,de la presenciasimplee inmediata,asociandoa la
proximidaddel serlosvaloresdevecindad,deabrigo,decasa,deservi-
cio, de guardia,de voz y de escucha.No sólo no setrata, como esclaro,
de una retóricainsignificante,sino quesepodríaincluso,a partir de
estametafóricay del pensamiento de la diferenciaóntico-ontológica,
explicitar toda una teoríade la metaforicidaden general. Algunos
ejemplosde estelenguajetan seguramenteconnotado de lo que lo ins-
cribe en un cierto paisaje.«Perosi el hombredebellegarun día a la
proximidad del ser (in dieNübede:Saint),debeantesaprender a existir
en lo que no tiene nombre...» «... la proposición: ÏLa sustancia del
hombreesla ek-sistenciano diceotra cosasinoesto:la manerasegún
la cualel hombreen supropiaesencia(in reinar:ezgerzen
Were)estápre-
senteante el ser (zumSeixavia/en)
es la in-stancia extática en la verdad
del ser. Las interpretacioneshumanistasdel hombre como animal ra-
cional,como«persona»,
comoser-espiritual dotadode un almay
de un cuerpo no se tienen por falsaspor esta determinación esencial
del hombre,ni rechazadas
por ella.El únicopropósitoesmásbienque
las másaltasdeterminacioneshumanistasde la esenciadel hombre, no
experimentan todavía la dignidad propia del hombre (die eigent/íc/Je
Wilrdede:Menu/Jeri).En estesentido, el pensamientoque seexpresaen
Sei undZeit es contra el humanismo. Pero estaoposición no significa
quetal pensamiento
seorientea lo opuestode lo humano,aboguepor
lo inhumano, defienda la barbarie y rebajela dignidad del hombre. Si
sepiensacontra el humanismo, esporque el humanismo no sitúa sufi-
cientemente alta la bumanita: del hombre...» «El ser no es ni Dios ni
un fundamentodel mundo.El Serestámásalejadodetodo lo queesy
sin embargo,máscerca(trabar)
del hombrequecadaser,seaun peñas-
co, un animal, una obra de arte, una máquina, un ángel o Dios. El Ser
eslo que hay de mascercano(Dar Jair:indarNüc/Jtte).Esta proximidad,
no obstante,siguesiendopara el hombre lo que hay de más alejado.El
hombre seasesiempre,y en principio, y solamente,a lo que es...»«Es
porque el hombre como ek-sistente,llega a estar en la relación en la
cual el ser sedestina a sí mismo (rcbíckt),sosteniéndoloextáticamente,
es decir, asumiéndolo en la preocupación, por lo que él desconocelo
más próximo (darNac/ute)y seasea lo que estámás allá de lo cercano
(darUebemt/Jxte).
Creeinclusoqueeslo máspróximo.Peromáspróxi-
mo quelo máspróximoy al mismotiempomásalejadoparael pensa-
miento habitual que su más lejano es la proximidad misma: la verdad
del ser...»«Lo único (da: Eínzzge)que querría alcanzarel pensamiento
que intenta expresarsepor primera vez en Sei}:unaZeit, esalgo sencillo
(¿tivas
Einfarbes).
En tanto qïieessencillo,el sersiguesiendomisterio-
so, la proximidad simple (tab/irá!)de una potencia que no constriñe.
¡7 Cfr. más adelante,[A mila/agria
bianm.

168
Estaproximidad
despliega
suesencia
(west)
comoellenguaje
mismo...»
«Peroel hombreno essóloun vivienteque,además
deotrascapacida-
des,poseería
el lenguaje.
El lenguaje
esmásbienla casa
delserenla
cualelhombrehabitay deestamanera
ek-siste,
perteneciendo
alaver-
dad del sercuyacustodiaasume(büterzd
gebrt)»;
Estaproximidad noesla proximidad onticay esprecisoteneren
cuenta
la repetición
propiamente ontológicadeestepensamientodelo
próximoy lo lejano.Restadecirqueel serquenoesnada,quenoes
algounqueesexistente,nopuede serdicho,nopuede decirsemásque
en la metáfora óntica. Y la elección de tal o cual metáfora esnecesaria-
mentesignificativa.
En la insistencia
metafóricaesdondeseproduce
entonces
la interpretacióndel sentidodelser.Y si Heidegger
hade-
construidoradicalmente
laautoridaddel presentesobrela metafísica
esparaconducirnos
apensar
lapresencia
delo presente.
Peroelpensa-
mientodeestapresencia
no hacesinometaforizar,
porunanecesidad
profunda
y alaquenoescapa
unasimple
decisión,
ellenguaje
quede-
construye.

13«Enla introducción
deSeixundZeit(pág.38)seencuentra
estosimpley claramente
ex-
presadoe inclusoencursiva:
"El seresel transcendente
puroy simple(da:Tranmnden:
srb/er/Jtbin).
Lomismo quelaapertura
delaproximidadespacial
dejaatrás
todacosapróxima
o lejana
cuandoselaconsidera
desdeelpuntodevistadeestacosa,
lo mismoelserestáesen-
cialmente
másalladetodoexistente
porqueesel claro(Litbtung)
mismo.En esto,el seres
pensado
apartirdelexistente,
según
unamanera
deverdebuenas
aprimeras
inevitable
enla
metafísicatodavía reinante.»
l) Algunos
ejemplos
deestapredominancia
concedida
alvalordeproximidad
ontológi-
ca:«Estedestinoadvienecomo el claro del ser(Lic/Jiang
de:Iciar); esen sí mismoesteclaro.
Concedelaproximidad-al-ser
(Si:gewárbrt
dieNbezum
Sei).Enestaproximidad,
enelclaro
delaquí(Da),habita
elhombreentantoqueek-sistente,
sinqueseacapaz
todavía
hoyde
experimentar
propiamente
estehabitar
y asumirlo,
estaproximidad
deel serqueesensi
mismael aqui delser-aquí,el discurso
sobrela elegíaHeimkmdeHaider/in
(1943),quees
pensado
apartirdeSeinundZeit,lollamalapatria ... lapatriadeestehabitar
histórico
es
laproximidad
al ser..."
... Ensuesencia histórico-ontológica,
el hombre esesteexistente,
cuyoserentantoqueek-sistenciaconsiste
enquehabita
enlaproximidad delser(inderNábe
de:Jbimwaémt).
El hombreesel vecinodelser(Nacbbar de;Xeim) Diferenteenestofunda-
mentalmente
detodaexirtmtzh
y existencia,
la ek-sistencia
eslahabitación
ek-stática
enla
proximidaddelser el pensamiento¿nodebe
intentar,
porunaresistenciaabierta
elhu-
manismo, arriesgar
unimpulsoquepodría
conducirareconoceralfm la¿»tramitar
delboina
humana;
y loquelafunda?Asípodría
despertar,
silacoyuntura
presentedelahistoria
noem-
pujaaelloya,unareflexión
(Berirmang)
quepensaría
nosóloel hombre, sinolanaturaleza
delhombre,no sólola naturaleza,
sinomasoriginalmente todavialadimensión enla cualla
esencia
delhombredeterminada a partirdel sermismo,sesienteen sucasa El pensa-
mientono dejaatrasla metafísica
al sobrepasarla,
esdeciral subirmásarribatodavíapara
concluirla no sesabedónde,sino al volver a bajarhastala proximidadde lo máspróximo (in
dieNdbede:Ncbxtenfï»
Destruirel privilegiodelpresente-ahora
(Cegamaaart)
reconduce
siempre
sobreel camino
heideggeriano,
aunapresencia
(Anwmn,Annan/Jair)
queningunodelostresmodosdelpre-
sente
(presente-presente,
presente-pasado,
presente-futuro)
puede
agotar,terminar,
sinoque
asegura
porelcontrario
elespacio
dejuego,
desde
uncuarto,
cuyopensamientoformatodoel
juego
denuestracuestión.
Elcuarto
puede
serguardado
operdido,
arriesgado
o reapropiado,
169
Asíescomo
elpredominio
acordado
alametáfora
fenomenológi-
ca,atodas
lasvariedades
delpbainertáai,
delabrillantez,
delalumbrado,
delclaro,
delaLic/Hung
etc.,seabre
sobre
elespacio
delapresencia
yla
presencia
delespacio,
comprendidos
enlaoposición
delo próximo
y
delo alejado.
Dela mismamanera el privilegioreconocido nosóloal
lenguaje,
sinoal lenguaje
hablado(voz,escucha, etc.)estáen conso-
nanciaconel motivodela presencia comopresencia anteunomis-
mol".Lo próximoy lo propiosepiensan aquí,enconsecuencia, antes
delaoposición
delespacio
y eltiempo,
segúnlaapertura
deunespacia-
miento
quenopertenece
ni altiempo
ni alespacio,
y disloca,
alprodu-
cirse,toda presenciade lo presente.

alternativa
siempre
suspendida
encima
desu«propio»
abismo,
singanar
nunca
más
quepara
perderse.Es el texto de la diseminación.
Ahorabien,estapresenciadelcuarto
esasuvezpensada, enTiempo yserespecialmente,
según la apertura
dela propiaciónentantoqueproximidad delo próximo,proximación,
aproximación. NosreFeriremosaquialanálisis
delacuadri-dimensionalidad
deltiempo yde
sujuego (pag.47sq.):«Eltiempopropioescuadri-dimensional...
Esporloqueestaprimera,
estainicialyenelsentidopropiodelapalabraandas porrección
(Reieben)
dondereposa la
unidad deltiempopropio(ergerzrlieben)
lallamamos: laproximidad
queseaproxima (Nab-
beitproximidad,unnombre antiguo,
empleado todavía
porKant).Peroaproxima el
porvenir,enhaber-sido,
elpresentelosunosdelosotrosenlamedida enqueliberaunlejano
(¡ride/n
¡ieentfemt»
(pág.46-49).«Eneldestinardelaconcentración
detododestinodeser(Im
Jïbieken
de:Geer/Jicke:
mmSei»),
enlaporrección
(Reirben)
deltiempo,
semuestra
unaapropia-
ción(Zuetgnen),
unaapropiación (Utbfgt)a saber delsercomoAnwerenbeity eltiempo
comoregión delo Abierto ensupropio(ir:ilJrEgener).
Loquedetermina yponedeacuerdo
a
losdos,tiempo y ser,enlo suyopropio,y estoquieredecirensuconveniencia
recíproca,
lo
llamamos: da:Eretgqnii»
(págs.
56-57).«Nopodemos representar
yaloquesenombraconeste
nombre deEretgm:enel hiloconductordelasignicación corriente
delnombre;pues,
esta
entiendeEretgnir
enelsentido delo queocurre, lo quepasa;elacontecimientoy noa
partirdelEignenhace advenir
asimisma ensupropiedad -comoclarasalvaguarda
dela
porreccióny destino»(págs.58-59,tr. fr. lïédierligeramente
modicada).
Sehabrá
notado lafacilidad,
lanecesidad
tambiéndelpaso
entrelo próximo
ylo propio.
Elelemento
latinodeestepaso(propio,
prapriux)
esinterrumpido
enotraslenguas,
porejem-
plo en alemán.
2"Sobre
loqueunelosvalores
depresencia
parasiydelenguaje
hablado,
mepermito
re-
mitir a Delagramata/agía
y a La voz]elfendmena.
lmplicitao explícitamente,
la valoración
del
lenguaje
habladoesconstante,
totalenHeidegger.Laestudiaráenotraparteporsimisma.
Llegados
aunciertopuntodeesteanálisis,
será
necesariotomarrigurosamente
lamedida
de
unavalorización
semejante:
siabrelacasitotalidad
deltextohideggeriano
(entantoquere-
conduce
todaslasdeterminaciones
metafísicas
delpresente
o delexistente
a la formamatri-
cialdelsercomopresencia
(Anweserzbeit),
seborraenelpuntoenqueseanuncia
lacuestión
de
unWere»:quenoseriaincluso
unAnn/emi.
(Cfr.aestepropósito
Curia}Gramme,
Nata
¡abre
una
nota
deSei"
¡mdZeit).
Asiseexplica,
enparticular,
ladescalicación
delaliteratura,
opuesta
al
pensamiento
y alaDitbtung,
perotambién
aunapráctica
artesanal
y «campesina»
delaletra:
«Enunescrito,el pensamiento
pierdefacilmente
sumovilidad...
Pero,además,
lacosaescrita
ofrece
saludable
constreñimiento
deunasimiento
vigilante
porellenguaje...
Ella[laverdad
delser]estaría
sustraída
asía lapuraopinióny conjetura
y devuelta
aesteartesanado
delaes-
critura(Handwerk
derfrbn), quehoysehahechoraro» «Taleslo quenoshacefaltaenla
actual
penuria
delmundo:
menos
losofíay másatención
alpensamiento;
menos
literatura
y
máscuidados dadosa la letracomotal»(Leí/ne
rm"lumanirm).«Esnecesarioliberarla Dicb-
mngde la literatura»(Textopublicadopor la Revuedepoesia,
París,1967).

170
Si, así,«elserestámásalejadoquetodo lo queesy, sin embargo,
máspróximodelhombrequecadacosaquees»,si«elsereslo quehay
demáspróximo», sedebeentonces
poderdecirqueel sereslo próximo
delhombrey queel hombreeslo próximodelser.Lo próximoeslo
propio;lo propioeslo máspróximo(prepa,
propriux).
El hombreeslo
propiodelser,quedesde muycercale hablaaloído,el sereslo propio
del hombre,tal esla verdadquehabla,tal esla proposiciónqueda el
aquídelaverdaddelsery laverdaddelhombre.
Estaproposición
delo
propionodebeciertamente serentendida
enunsentidometafísico:
lo
propiodelnombrenoesaquíunatributoesencial,
elpredicado
deuna
sustancia,un carácter entre otros, por muy fundamental que éstesea,
deun ser,objetoo sujeto,llamadohombre.No estampocoenestesen-
tido enel quesepuedehablardel hombrecomopropiodelser.La pro-
piedad,la co-propiedad
delsery delhombre,esla proximidad
como
inseparabilidad.
Peroescomoinseparabilidad
comosehanpensado en
la metafísicaenseguida
las relacionesdel ser(sustanciao res)y de su
predicado
esencial.
Comoestaco-propiedad
delhombrey delser,tal
comoespensada
enel discursode Heidegger,
no esóntica,no poneen
contacto entre sí a dos «seres»,sino, en el lenguaje,el sentido del ser y
el sentidodel hombre.Lo propiodel hombre,suetgmbeit,
su«autentici-
dad» es relacionarsecon el sentido del ser, entenderlo y cuestionario
(fragen)
en la ek-sistencia,
mantenerse en pieZen la proximidadde su
luz:«DaxStebenin derLic/Jiang
de:Seth:nermeid)dieEk-xzlrtenz
de:Mama/Jan.
Nur demMama/Jan etgnet
dieseArt 2grain:Estardepieenel clarodel ser,es
lo queyo llamo la ek-sistencia
del hombre.Sóloel hombreposeecomo
propia esta manera de ser.»
Lo quesesacudequizáhoy, ¿noesestaseguridadde lo próximo,
estaco-pertenencia
y estaco-propiedaddel nombredel hombrey del
nombre del ser, tal como habita y sehabita en la lenguade Occidente,
en su oikonomia, tal como estáahí sumergida,tal como estáinscrita y
olvidadasegúnla historiade la metafísica, tal comosedespiertatam-
biénpor la destruccióndela ontoteología? Peroestasacudida
que no
puedevenir sinodeun ciertoafuera estabayaexigidaen la estructu-
ra mismaquesolicita.Sumargenestabaen supropiocuerpomarcada.
En el pensamiento y la lenguadel ser,el n del hombrehaestadopres-
crito desdesiempre,y estaprescripciónno ha hechonuncamásque
modularel equivoco
deln, enel juegodeltela:y dela muerte.En la
lecturade estejuego,se puedeentenderen todossussentidosel si-
guienteencadenamiento: el n del hombreesel pensamiento del ser,
el hombreesel n del pensamiento del ser,el fin del hombreesel fin
del pensamiento del ser.El hombreesdesdesiempresupropio n, es

2 Hetratadoenotraparte(«Lapalabrainspirada».
enLa ercritum]ladlftfttÍdy enDela
gramaIa/agía)
de indicarel pasoentrelo próximo,lo «propio»y la ereccióndel «tener-se-
de-pie».

171
decir,elfmdelo suyopropio.El seresdesde
siempre
supropion, es
decir, el n de lo suyopropio.

Ahoraquerría,paraconcluir,bajociertostítulosmuygenerales,
reunirlossignos
queparecen,
según
estanecesidad
anónima
queaquí
me interesa,señalarlos efectosde esteestremecimientototal sobre lo
quepor comodidad, conlascomillaso precauciones queseimponen,
hellamadoal comenzar «Francia»o el pensamiento francés.
1. La reducríán
de/rerztido.
Laatención al sistemay alaestructura
en
lo quetienedemásinéditoydemásfuerte,esdecir,enlo quenorecae
enseguidaenla palabra
culturalo periodísticao, enel mejordelosca-
sos,en la máspura tradición «estructuralista» de la metafísica,una
atencióntal, queesrara,no consiste:a) ni en restaurarel motivo clási-
codelsistema, delquesepodríamostrarqueestásiempreordenado
al
telas,
a laa/et/Jeia
y a laansia,
tantosValores
reunidos
enlosconceptos
de
esenciao de sentido; b) ni en borrar ni en destruir el sentido. Se trata
másbiendedeterminar
la posibilidad
delsentidoapartirdeunaorga-
nización
«formal»
queensímisma
notienesentido,
lo cualnoquiere
decirqueseael no-sentido o el absurdo
angustioso
vagabundeando al-
rededordelhumanismo metafísico.
Ahorabien,si consideramosque
la críticadelantropologismoporlosúltimosgrandesmetafísicos
(He-
gely Husserl sobretodo)sehacíaenel nombredelaverdady delsenti-
do,si consideramos queestas«fenomenologías»
que eranmetafísi-
cas teníancomomotivo esencialunareducciónal sentido(esliteral-
menteel propósitohusserliano),seconcibequela reduccióndel senti-
do es decir,del signicado- tomeinicialmentela formadeunacrí-
ticadelafenomenología.
Siseconsidera,
porotraparte,queladestruc-
ciónheideggeriana
delhumanismometafísico
seproduceinicialmente
a partir de una pregunta hermenéuticasobreel sentido o la verdad del
ser,concebimos
quela reducción
delsentidoseopereporunaespecie
derupturaconunpensamientodelserquetienetodoslosrasgos
deun
relevo (Auzebung)del humanismo.
La apuesta
estrategica.
Unasacudidaradicalnopuedevenirmás
quedeafuera.Estaa quemereerono deriva,pues,másqueotrade
unaciertadecisiónespontánea
delpensamiento
filosóficodespués
de
cierta maduración interior de su historia. Esta sacudidase desarrolla
enlarelaciónviolentadeltododelOccidente
consuotro,yasetratede
unarelaciónlingüística
(dondeseplanteainmediatamente
lapregunta
de los límitesde todo lo que reconducea la cuestióndel sentidodel
ser),o yasetratederelaciones
etnológicas,
económicas,
políticas,
mili-
tares,etc.Lo queademás
no quieredecirquela violenciamilitar o eco-
nómicano seaestructuralmente solidariadela violencialingüística.
Perola lógicadetodarelaciónconel exterioresmuycompleja y sor-
prendente.La fuerzay la eficaciadelsistema,
precisamente, transfor-
172
manregularmente
lastransgresiones
en«salidas
falsas».
Teniendo
en
cuentaestosefectos
de sistema,
no tenemos,
desdeel adentrodonde
«estamos
nosotros»,másquela elección
entredosestrategias:
1) Intentar
la salida
y ladeconstrucción
sincambiardeterreno,
repitiendo
loimplícito
delosconceptos
fundadores
ydelaproblemáti-
caoriginal,
utilizando
contra
elediciolosinstrumentos
olaspiedras
disponibles
enlacasa,
esdecir,
también enlalengua.
Elriesgoaquies
confirmar,
consolidar,
o relevar
sincesar
enunaprofundidad
siempre
mássegura
aquello
mismo
quesepretende
deconstruir.
Laexplicita-
cióncontinua
hacialaapertura
correelriesgo
dehundirse
enelautis-
mo del cierre.
2) Decidir
cambiar
deterreno,
demanera
discontinua
eirrupti-
va,instalándose
brutalmente
fueray armandolaruptura
y ladiferen-
cia absolutas.
Sin hablarde todaslasotrasformasde perspectivas
en
trampe-foei/
alasquesepuede
dejar
tomarundesplazamiento
como ese,
habitando
másingenuamente,
másestrechamente
quenunca
el aden-
troquesedeclara
desertar,
lasimple
práctica
delalengua
reinstala
sin
cesarel «nuevo»terrenosobreel másviejosuelo.Sepodríamostrarso-
breejemplos
numerosos
y precisos
losefectos
deunareinstalación
se-
mejanteo de una cegueracomo esa.
Esevidente
queestos
efectos
nobastan
paraanular
lanecesidad
de
un «cambiode terreno».Es evidentetambiénqueentreestasdosfor-
masdedeconstrucción la elecciónno puedesersimpley única.Una
nuevaescritura
debetejery entrelazar
losdosmotivos.
Lo quevienea
decirdenuevo queesnecesario
hablar
varias
lenguasy producir
varios
textosa lavez.Quería
sobre
todoseñalar
queelestilo
delaprimerade-
construcción
esmásbienel delascuestiones
heideggerianas,
el otroes
másbienelquedomina
enFrancia
actualmente.
Habloapropósito
en
términos
deestilodominante:
porquehaytambiénrupturas
y cambios
deterrenoeneltextodetipoheideggeriano;
porque
el«cambio
dete-
rreno»
estálejos
detrastornar
todoelpaisaje
francés
alquemereero;
porqueesdeuncambio deestilo,
lodecíaNietzsche,
deloquetenemos
necesidad
acaso;
y si hayestilo,Nietzsche
noslo recordó,debeser
plural.
3) Ladrenría
entre
ellumbre
superior]
eltapar-hambre.
Bajo
este
título
seseñalarían
a lavezel recurso
a Nietzsche
quesehaceenFranciacada
vezmásinsistente,cadavezmásriguroso,y la divisiónqueseanuncia
quizá
entre
dosrelevos
delhombre.
Sesabe
cómo,
alnal delZaratus-
tra,enel momento
del«signo»,
cuando
dasZeit/mz
kommt,
distingue
Nietzsche,
enla mayorproximidad,
enunextrañoparecido
y unacom-
plicidad
última,
enlavíspera
delaúltima
separación,
delgranMedio-
día,alhombre
superior
(bóberer
Memrb)
y alsuperhombre
(übememcb).
Elprimero
esabandonado
asuangustia
conunúltimo
movimiento
de
piedad.
El últimoque noeselúltimohombre-sedespierta yparte,
sinvolverse
hacialoquedejatrasdesí.Quema
sutextoyborralashue-
173
llasdesuspasos.
Surisaestallará
entonces
hacia
unavuelta
queyano
tendrála formadela repetición
metafísica
delhumanismo
ni sinduda
en mayormedida,«másallá»de la metafísica,la del memorialo de la
custodia
delsentido
delser,ladelacasa
ydelaverdad
delser.Danzará,
fuera
delacasa,
esta
aktive
Vergexz/¡c/Jkeit,
este
«olvido
activo»
yesta
cs-
tacruel(grauram)
delaquehabla
la60219410312:
delamoral.
Sindudaalgu-
na,Nietzschehaapeladoa un olvido activodel ser:no habríatenidola
formametafísicaquele imputaHeidegger.
¿Sedebeleera Nietzsche,
conHeidegger, comoel últimodelos
grandesmetafísicos?
¿Debemos, por el contrarioentender
la cuestión
dela verdaddelsercomoel últimocoletazo adormíladodelhombre
superior?
¿Debemosentender
lavigiliacomolacustodia
montada
jun-
to alacasa
o comoeldespertar
aldíaqueviene,alavíspera
deésteen
el queestamos?
¿Hayunaeconomía dela vigilia?
Estamos
quizáentreesas
dosvigiliasquetambiénsondosnesdel
hombre.¿Peroquién,nosotros?

12 de mayo de 1968

174
El círculo lingüísticode Ginebra*

* Textodc unacomunicación
presentada
en cl Coloquioconsagrado
a
Rousseau,
losdías3y 4defebrero
de1965,
cnLondres.
Primera
versión
publicada
enla Revue
intematimale
dcpbíÍamp/Jíe
(núm.82,1967-4),
bajoel título «Lalinguisti-
que de Rousseau».

175
Los lingüistas seinteresancadavez másen la genealogíade la lin-
güística. Y reconstituyendo la historia a la prehistoria de su ciencia,
descubren numerosos ancestros, a veces con un cierto asombrado reco-
nocimiento. Es en el momento en que los problemas del origen del
lenguajedejan de estar proscritos por los lingüistas (como lo estaban
desdenes del siglo xxx), en el momento en que un cierto geneticismo
o un cierto generativismo- vuelve a encontrar su derecho,cuando
se despiertael interés por el origen de la lingüística. Podríamosmos-
trar que éste no es un encuentro fortuito. Esta actividad historiadora
no sedesarrollasolamenteal margende la práctica científica y susre-
sultadosson ya sensibles.Ya no estamos,en particular, en eseprejuicio
segúnel cual la lingüística como ciencia habría nacido de un solo corte
epistemológicoeste concepto que sedice bachelardianoy del que se
usao abusahoy-, y de una ruptura que sehabríaoperadomuy cercana
a nosotros.No sepiensaya, como Grammont, que «todo lo que esan-
terior al siglo XIX, no tratándosetodavía de lingüística, puedeser des-
pachadoen unaslíneas». En un artículo que anunciasuLingüírticaCar-
texíanay que presentaen susgrandeslíneasel conceptode gramáticage-
nerativa, Noam Chomsky declara:«Mi propósito aquí no esjustificar
el interés de esta investigación, ni describir sumariamente su marcha,
sino señalar que nos conduce, por un curiosorodea,a una tradición de
pensamiento antiguo, mejor aún, que no constituye un nuevo punto de
partida, o una innovación radical, en el dominio de la lingüística y de
la psicologím.
Si nos instalásemosen el espaciode este«curioso rodeo», no po-
driamos dejar de encontrar la «lingüística»de Rousseau.Debería uno
preguntarseentoncesen qué anuncian (pero ¿quéquiere decir aquí
. &#39;
Citado por Chomsky,en Car-tmbn ljnguirtitx, pág. 1. Ver también la nota l.
3 De qualquermutante:de la tbéari:linguirlzque,en Díogene,51, 1965. Subrayadomío.
(Ifr. también,61mm!¡mex¡n LÍgÍItÍí 771909, págs.15 y ss.Gestoanálogoen jakobsonque
nosremiteno sóloa Peircey, comoChomsky,a Humboldt, sino tambiénajean deSalisbury,
a los Estoicos y al Cnmla de Platón, A la ruben-be de ¡emm du langage(Díogene, 51,
1965)

177
«anunciar»?)lo que tan a menudo estamostan tentadosde considerar
comola modernidadmismadela ciencialingüística,inclusola moder-
nidadcomociencialingüística,dadoquetantasotrascienciashumanas
se reeren a ella como a su modelo institutor, la reflexión de Rousseau
sobreel signo,sobreel lenguaje,
sobreel origendelaslenguas,
sobrelas
relacionesentre habla y escritura, etc. Estamostanto más estimulados
a practicaresterodeocuantolas referencias
principalesde Chomsky,
en la Lingüística
Carteriana,
nosllevandenuevoa estaLoígiea
y a estaGra-
mátíeaGeneraly Razonadade Port Royalque Rousseau conocíabien y
queessabidohatenidomuchovalor paraél. Cita,por ejemplo,varias
vecesel comentariodeDuclosa la Gramática
General] Razarzada.
Incluso
sobreunadeestascitacionessecierrael Barajasobre
elanger:
dela:lenguas.
Y Rousseau reconoce su deuda.
La Lirzgüírtiea
Caesíanano hacemásque una alusión a Rousseau,en
una nota que por una parte lo acercaa Humboldt y por otra parte, no
refiriéndosemásquea laspalabrasmásgeneralesdel segundoDireurxa,
lo presentacomoestrictamentecartesiano,
al menosen lo querespecta
a los conceptosde animalidady de humanidad.Por másque en un
cierto sentido se pueda hablar de un cartesianismofundamental de
Rousseau en esterespecto,parecequesele debereservarun lugarmás
originaly másimportanteen unahistoriatal de la filosofíay dela lin-
güística. En esta dirección, a título de esquemamuy preliminar, es
dondearriesgaréaquí las proposicionessiguientes.
No podríamosestarautorizadosa hablar de una lingüísticade
Rousseaumásque con doscondicionesy en dos sentidos:
1. A condición y en el sentido de una formulación sistemática,
quedene el proyectode unacienciateóricadel lenguaje,su método,
su objeto,sucamporigurosamentepropio; y estopor un gestoquese
denominaría «corte epistemológico»por comodidad, sin que esté de
ningún modo aseguradoque la voluntad declaradade corte tenga un
efecto de corte y que el dicho corte seaalguna vez el hecho único-
de una obra o de un autor. Esta primera condición y esteprimer senti-
do deberíanestar siempre implicados por lo que nosotros titularemos
la aperturadel campo,entendiéndose
que una aperturatal alcanza
también a delimitar el campo.
2. A condición y en el sentidode lo que Chomskyllama las
«constantes
de la teoríalingüística»:que el sistemade los conceptos
fundamentales,delasexigencias y de lasnormasquegobiernanla lin-
güística llamada moderna, tal como setitula y serepresentaen su cien-
tificidad corno en su modernidad, funcione ya y seacomo tal localiza-
ble en la empresade Rousseau,
en sutextomismo.Lo queademás, sin
duda,en modoalguno,seríainterpretablecomola anticipacióngenial
«(jomenzabapor un libro de filosofia como la ¿agitadePm Rqyal,el Ensayo de Locke,
Malebranche;Leibnitz, Descartes,etc.»(Canferxianx,
ed. de la Pléiade,pág. 237).

178
de un pensadorque asi habríapredichoy preformadola lingüística
moderna.¿Nosetrata,por el contrario,deun suelodeposibilidadmuy
generalsobreel queselevantantodasuertededivisionessubordinadas
y de periodizacionessecundarias? ¿No setrata de la pertenenciacomún
del proyecto de Rousseauy de la lingüística moderna a un sistemade-
terminado y finito de posibilidadesconceptuales,a un lenguajecomún,
a una reservade oposiciones
de signos(significantes/
conceptos)que
no esotro, inicialmente, sino el fondo másantiguo de la metafísicaoc-
cidental?Esta searticula en susdiversasépocassegúnesquemasde im-
plicación cuya estructura y cuya lógica no se deja dominar tan fácil-
mente como secreea veces:de donde las ilusionesde ruptura, los espe-
jismos de lo nuevo, la confusión o el aplastamientode los estratos,el
.«articio de lastomasde muestrasy de los cortes,el señueloarqueológi-
co. El cierre de los conceptos,ésteseríael título que podríamospropo-
ner para esta segundacondición y este segundosentido.
Estasdos condiciones parecensatisfechas;y en estosdos sentidos
pareceque sepuedehablar legítimamente de una lingüística de Rous-
seau.No podemos señalarlo aquí sino por algunos indicios.

LA APERTURA DEL CAMPO

Rousseaudeclara,quiere, declaraen todo casoquerer romper con


toda explicación sobrenaturaldel origen y del funcionamiento del len-
guaje.La hipótesis teológica, si no es simplemente descartada,nunca
interviene bajoesenombre, directamente,en la explicación y en la des-
cripción. Esta ruptura sesignifica al menosen dos puntos y en dos tex-
tos: en el segundoDiscursoy en el Ensayo¡obreel anger:de la; lenguas.
Reriéndose a Condillac, a quien él reconoce deber mucho, Rous-
seauexpresaclaramentesu desacuerdoen lo que respectaal camino se-
guidopor el Ensayo
sobreel origendel conocimientohumano.Condi-
llac parece,en efecto, tomar como dado la sociedadconstituida y
creada por Dios- en el momento en que plantea la cuestión del len-
guaje,de su génesisy de su sistema,de las relacionesentre signosnatu-
rales y signos de institución, etc. Ahora bien, Rousseauquiere dar
cuentadel surgimiento mismo de la convención, esdecir, segúnél, a la
vez de la sociedady del lenguaje,a partir del «puro estadode naturale-
za».Debeasíponer entre paréntesistodo lo que Condillac aceptacomo
dado, y eso es, en efecto, lo que pretende hacer.
El conceptode naturalezalleva así,pues,aquí la carta de la cienti-
cidad, tanto en la exigenciade la explicación natural (no sobrenatural)
como en la referenciaúltima al estadode pura naturaleza(pre-social,
pre-histórica, pre-lingüística, etc.). El campo del análisis,de la regre-
sión genealógica,de la explicación de funcionamiento está abierto
como tal en la exigenciade naturalidad. No queremosdecir que Rous-

179
seaumismo hayaabiertoestecampoy estaexigencia.Simplemente
queremosreconocerenciertossignosqueél estáatrapadoenestaaper-
tura cuya historia y sistemaestánpor constituir. La dicultad de la ta-
reaestal, y tal la renovaciónteóricao metodológica
exigidas,queesta
localizaciónde signosno puedeatribuirlos,asignados,situarlosmás
que como adarajas.
Antes inclusode preguntarnossi la naturalidady la originalidad
naturalesno sontodavíafuncionesteológicasen el discursode Rous-
seauy en generalen todo discurso, precisemosla crítica dirijida a
Condillac.Sepodríamostrarpero no esestemi propósitoaquí-
queel procedimientode Condillacno estátan alejado,en suprincipio
del deRousseau,
y quela referenciateológicaseconciliamuybiencon
la preocupaciónde explicación natural: «Adán y Eva no debieron a la
experienciael ejercicio de las operacionesde su alma, y, al salir de las
manosde Dios, estuvieron, por un extraordinario auxilio en estadode
reexionary decomunicarse
suspensamientos.
Perosupongamos
que,
algún tiempo despuésdel diluvio, dos niños, de uno y otro sexo,seha-
yan perdido en el desierto,antesde conocerel uso de ningún signo. Es-
toy autorizadoen estecaso,por el hecho que he citado. ¿Quiénsabein-
clusosi no hayalgúnpuebloqueno debesuorigenmásquea un acon-
tecimiento semejante?Permítasemehacer la suposición;la cuestión es
sabercómo estanaciónnacienteseha construidouna lengua...»Más
abajo, al final de una nota: «Si supongo dos niños en la necesidadde
imaginar hasta los primeros signos del lenguaje,es porque he creído
queno bastaba
paraun filósofocondecirqueunacosasehahechopor
vías extraordinarias; sino que su deber era explicar cómo habríapodido
hacersepor mediosnaturalesw.
Subrayoestecondicionalquesoporta
toda la cientificidad del propósito.
Condillac no renuncia, pues,ni a la explicación natural, ni a con-
juntar la cuestión del origen de las lenguasy la del origen de las socie-
dades.La certezateológicatransigeconla explicaciónnaturalsegúnun
esquemamuy clásico donde los conceptosde naturaleza,de experien-
cia, de creación y de caídason rigurosamenteinseparables.(El ejemplo
más notable de un «sistema»semejantees sin duda el de Malebranche,
que no traigo a colación aquí más que en razón de su inuencia bien
conocidasobreRousseau.)
El acontecimientodel diluvio, del que se
encontrará un análogo en Rousseau,libera aquí el funcionamiento de
la explicación natural.
Esto no impide a Rousseausepararsede Condillac, en el punto en
que precisamentele reprocha tomar como dado lo que se trata de ex-
plicar, a «saberuna especiede sociedadya establecidaentre los inven-
tores del lenguaje...»Rousseauno reprocha a Condillac tanto rehusar

4 Errairar l engine
dertormamante:bumaimr,
auvrage
ou¡anreduita un¡ulpnajbe tamtequiton-
rtmel intendermnt, 1746 (1l, 1, l).

180
todo modelo de explicación natural esto seria injusto- como no ra-
dicalizar su concepto de naturaleza:Condillac no redescenderiahasta
el estadopuro de naturalezapara analizar el surgimiento del lenguaje:
«Que se me permita considerar un instante las dificultades del origen
de las lenguas.Podría contentarme con citar o repetir aquí las investi-
gacionesque ha hecho el SeñorAbate de Condillac sobreestamateria,
que todasconfirman plenamentemi sentimiento y que, acaso,me han
dado la primera idea. Pero por la maneraen que estelósofo resolvió
las dicultades que seplantea a si mismo sobreel origen de los signos
instituidos, mostrando que ha supuestolo que yo pongo en tela de jui-
cio, a saber,una especiede sociedadya establecidaentre los inventores
del lenguaje,creo al remitirme a sus reflexiones,que debo añadir las
mías...»5.
Condillac habria, por tanto, cometido lo que llama Rousseauun
poco másabajo«la falta de los que, al razonarsobreel Estadode Natu-
raleza,transportan ahí las ideas tomadasde la sociedad...»
La preocupaciónpropiamente científica seseñala,pues,en la deci-
sión de no recurrir sino a causaspuramente naturales.Este esel moti-
vo sobreel que seabreel Ensayo ¡obree!anger!
dela: lenguas,
desdesupri-
mer párrafo: «Esprecisopara decirlo alzarsea algunarazón que depen-
da de lo local, y que seaanterior a las costumbresmismas: el habla,
siendola primera institución social, no debesu forma sino a causasna-
turales.»Ahora bien, sin entrar incluso en el contenido de la genealo-
gíanaturaldel lenguajequenosproponeRousseau,
observemos
queel
llamado «corte epistemológico»corresponde paradójicamentea una
especiede ruptura en el campo de la causalidadnatural. Si el habla,
«primera institución social, no debesu forma7 sino a causasnaturales»,
éstasactúan ellas mismascomo fuerzasde ruptura con la naturaleza,

5 SegundoDllmzurt, ed.de la Pléiade,t. Ill, pág. 146.Sobretodoslos problemasdel len-


guajeen Rousseau remito especialmente a lastrespreciosasnotasdejean Starobinskien esta
edición; y por supuestoa los otros trabajosdel mismo autor sobreRousseau, en particular a
La tranxparenteet ¡olivar/e (Plon).
" Sobre el Errar,cfr. la edición notablementecomentada,de Ch. Porset (ed. Du-
crós).
7 Hay que prestaratencióna la palabra«forma»:las causasnaturalesdebenproducir la
variedadde Formasdel hablacomo variedadde laslenguas.El Barajada cuentadeello por la
fisica, la geografia,la climatología.lista distinción entre el hablay laslenguaseslo quesos-
tiene la noción de forma al principio del Ensayo: «El habladistingueal hombreentre los ani-
males:el lenguajedistinguea las nacionesentre si; no sesabede dóndeesun hombrehasta
despuésde haberhablado.El usoy la necesidadhacenaprendera cadauno la lenguade su
pais;pero¿queeslo quehacequeestalenguaseala desupaisy no la deotro? Hayqueremon-
tarseparadecirlo a algunarazónque serefieraa lo local y queseaanterior a lascostumbres
mismas;el habla,siendola primera institución socia].no debesuforma másquea causasna-
turales.»Perola continuacióndel texto permiteacasoextenderla variedadde lasformasmás
allá de la diversidadde las lenguasorales,hastala multiplicidad de las«sustancias de expre-
sión»,de los mediosdecomunicación.Estosmediosnaturalesson los sentidosy cadasentido
tiene su lenguaje.Ver infm, pags.181.

181
instalando
asínaturalmente
unordenradicalmente
heterogéneo
enelor-
den natural.Lasdos condicionesaparentementecontradictorias-
seríanasísatisfechas
parala constitución
deun campoy deun objeto
cienticos, aquí el lenguaje:una causalidadnatural, continuamente na-
tural,y unarupturadibujando
laautonomía
y laoriginalidad
irreducti-
blesdeun dominio.La cuestióndeorigensesuspendería de sí misma,
no apelaríamása una descripcióngenealógica continua,real y natu-
ral, por no ser másque el índice de una descripciónestructuralin-
terna.
Todo esto,ciertamente,no carecededificultady de unaciertain-
coherenciaaparenteque no ha dejadodeacusarRousseau.Seha hecho
tanto másfácilmente cuanto que pareceél mismo renunciar varias ve-
cesa la explicaciónnaturaly admitir unaespecie
de interrupciónvio-
lenta catastróca- en la concatenación de la causalidad natural. ln-
terrupciónarbitraria,interrupciónde lo arbitrario. Decisiónpor la
cualsolamentelo arbitrarioy la convenciónhanpodidoinstituirse;se
reencontrarála necesidadpor todaspartesdondeseacreditela concep-
tualidadorganizadaen torno a la oposiciónnatural/arbitrario, etc.
Antesdedefinir la necesidaddeestarupturay deestefracasoal menos
aparente,antesde subrayarla motivacióncientíca y heurísticaque
aquítransigecon sucontrario,recordemos brevementelos puntosde
aparición bien conocidos.
1. Despuésde haber intentado, por ficción, una derivación de las
lenguasa partir de la dispersiónprimitiva en el estadodepuranatura-
leza,a partir del núcleobiológicoqueunela madreal hijo, Rousseau
deberetrocedery suponer«estaprimeradicultad vencida»:«Notar
unavezmásqueel hijo quetienequeexplicartodassusnecesidades, y
en consecuencia máscosasquedecira la madrequela madreal hijo, es
quiendebehacerel mayorgastode la invención,y quela lenguaque
empleadebeengranpartesersupropiaobra;lo quemultiplicalaslen-
guasen tan alto númerocomoel deindividuosparahablarlas,a lo que
contribuyetambiénla vida errante,y vagabunda queno dejaa ningún
idiomael tiempode tomarconsistencia; puesdecirquela madredicta
al hijo las palabrasde las que deberáservirseparapedirletal o cual
cosa,estomuestracómo seenseñanlenguasya formadas,pero no ense-
ña en absolutocómoseforman.Supongamos estaprimeradeu/tadvencida:
trasparente:
por unmomento elespanainmenso
quedebia
entontrarre
entreelpuro
estadodenaturaleza]
la neeeridad
delaslengua-J
busquemos,
suponiendo/onevera-
rio,rámopudieroncomenzara establecerse.
Nuevadrultad,todavíapeorquela
precedente,
pue:J&#39;Í
losnombre:tuvieron
neceridad
delhab/a
paraaprenderapensar,
todavíama:necesidad
bantenidode¡aber
penrar
paraencontrar
elartedelbala/a.
..»
(Subrayado
mtb.)
2. Y más abajoen el momento mismo que él aceptacomo dado
3 SegundoDzkmurr,
pág. 147.

182
por posiciónno sólo«elespacioinmensoque"debíaencontrarse
entre
el puro estadode naturalezay la necesidadde las lenguas»,sino tam-
bién la solución del círculo que exigeel habla antesdel pensamientoy
el pensamientoantesdel habla, Rousseaudebetodavía,por terceravez,
retrocederante la terceradicultad; debe incluso fingir renunciar en-
toncesa la explicación natural para recurrir a la hipótesisde la institu-
ción divina. Es verdadque, en el intervalo entre la suposicióny la apa-
rente resignación,habrá propuestotoda una teoría del lenguaje;teoria
funcional, sistemática,estructural,desarrolladacon la ocasióny bajoel
pretexto de una cuestión genética, de una problemática cticia del
origen.
Nos aproximaremosa la fórmula de la aparenterenuncia, en el Di:-
vurro,en el punto de la terceradificultad («En cuanto a mi, asustadode
las dicultades que se multiplican, y convencido de la imposibilidad
casi demostradade que las lenguashayan podido nacer y establecerse
por medios puramente humanos, dejo a quien quiera emprenderla la
discusión de estedifícil problema, qué ha sido lo más necesario,la so-
ciedadya trabada,para la institución de las lenguas,o laslenguasya in-
Ventadas,para establecimientode la sociedad»(pág. 151), de tal fór-
mula del Emma donde ante la necesidadde reconocer una irrupción
imprevisible e inexplicable en el origen de las lenguas(pasodel grito
inarticulado a la articulación y a la convención), Rousseaucita sin cri-
ticarla, aunquesin asumirla, simplementepara ilustrar la dicultad de
la explicación natural, la hipótesisteológicadel padre Lamy: «En todas
las lenguas,las exclamacionesmás vivas son inarticuladas; los gritos,
los gemidosson simple voz; los mudos, esdecir, los sordos,no produ-
cen más que sonidosinarticulados. El padre Lamy no concibe incluso
que los hombreshubieran podido algunavez inventar otros, si Dios no
les hubiera enseñadoexpresamentea hablar»?
Las tres dicultades tienen la misma forma: círculo por el cual la

" Errar",
cap. lV. Sobreel padreLamy, remito al estudio(leGenevieveRodis-Lewis,«Un
théoricien du langageau xvucm siecle;Bernard Lamy»,en Le Frangai;Madame, enero de
i968, pags.19-50.RecuerdaRousseau en lasCiartfesiane:
todo lo quedebeal padreLamy:«uno
dc mis autoresfavoritosy cuyasobrasreleotodavíacon placer»(pág.238).Un pocomásarri-
ba: «Estegustoque teníaél [M. Salomón]seextendióa los temasque trataba,y comencéa
buscarlos libros que podianayudarmea entenderlomejor. Los que mezclabanla devocióna
la cienciaeran los másconvenientes;taleseran particularmentelos del Oratorio y de Par!-
Rayal.Me pusea leerloso másbien a devorarlos.Cayóentre mis manosuno del padreLamy
titulado, Entnrtien:
¡ur/tr IIÍJIIPEJ.
Era unaespeciede introducciónal conocimientodelos libros
que tratan de ellas.Lo lei y relei cien veces.Resolviconvertirlo en mi guia»(pág.232). Po-
dríamosdestacarmásde unacorrespondencia entre lasdosteoriasdel lenguaje,especialmen-
te en lo que respectaa lasrelacionesentre hablay escritura.Podemosleeren la R/Jétaríque del
padreLamy:«Laspalabrassobreun papelsoncomo un cuerpomuertoqueestatendidoen el
suelo.En la bocaqueaquelquelos preere sonecaces;sobreel papelcarecende vida, inca-
pacesde producir los mismosefectos»(pág. 285). Y «un discursoescrito estámuerto»,«el
tono, los gestos,el aire del rostrodel que hablasostienensuspalabras»(citadopor G. Rodis-
Lewis, art. cit., pag. 27)...

183
tradición(o transmisión)y la lengua,el pensamientoy la lengua,la so-
ciedady la lenguaseprecedenunaa otra,sepostulany seproducenre-
ciprocamente. Peroestasdicultadesaparentes y aparentemente reco-
nocidastienenun envésdel quesonde algunamanerael premio.Es
queel circulo,comocírculovicioso,comocírculológico,constituyeal
mismotiempo la autonomíarigurosamente limitada,cerraday origi-
nal de un campo. Si no hay entrada en el círculo, si éstees cerrado, si
estamossiempreya instalados,si siempreha comenzadoya a arrastrar-
nos en su movimiento, en cualquier punto que entremos en él, es que
forma una figura perfectamenteinderivable, por un movimiento de
causalidad continua, de otra cosa diferente de si misma. Una iniciativa
absoluta,absolutamenteirruptible lo ha planteadodecisoriamentea la
vez abierto y cerrado. La sociedad,la lengua, la convención, la histo-
ria, etc., forman, con todas las posibilidadesque le son solidarias, un
sistema,una totalidad organizadacuyaoriginalidad puedeconstituir el
objeto de una teoría. Más allá de susefectosnegativosy esterilizantes,
más allá de la cuestión a la cual pareceno poder responderlógicamen-
te, el «círculológico»delimitapositivamenteun círculoepistemológi-
co, un campo cuyosobjetosseránespecicos. El estudio de estecampo
como tal, tiene como condición que en un cierto punto la derivación
genéticay factual seainterrumpida. Genealogíaideal o descripción es-
tructural, éste es el proyecto de Rousseau.Citemos una vez más este
texto: «Comencemos,pues,por descartartodos los hechos,puestoque
no tocan en absoluto a esta cuestión. No es necesario tomar las Investi-
gaciones,en las que sepuedeentrar sobreestetema, por verdadeshis-
tóricas, sino sólo por razonamientoshipotéticos y condicionales;más
propios para aclarar la naturalezade las cosasque para mostrar el ori-
gen verdadero,y semejantesa los que hacentodos los díasnuestrosfísi-
cos sobre la formación del mundo» (pág. 132-133).
3. Es lo que da cuenta, en el Enrqya,de la intervención absoluta-
mente imprevisible de este«movimiento ligero» del dedo que produce
el nacimiento de la sociedady de las lenguas.Como el sistemadel esta-
do de Naturalezano podía salir de sí mismo, no podía por sí mismo sa-
lir de sí mismo (segundoDimma, pág. 162), no podía, por tanto, inte-
rrumpirse espontáneamente,era necesarioque una causalidadperfec-
tamente exterior viniera a provocar arbitrariamente esta salida
que no es otra precisamenteque la posibilidad de lo arbitrario. Pero
estacausalidadarbitraria y exterior deberáactuar también segúnVías
naturaleso cuasinaturales.La causalidadde ruptura deberáser a la vez
natural y exterior al estadode pura Naturaleza,y especialmenteal esta-
do de la naturaleza,al estadode la tierra que correspondeal estadode
naturaleza. Solamente una revolución terrestre, o más bien una catás-
trofe de la revolución terrestre,puedeproveer el modelo de estacausa-
lidad. Es el centro del Baraja: «Supongamos una primavera perpetua
sobre la tierra; supongamospor todaspartesagua,ganado,pastos;su-
184
pongamos loshombres,saliendodelasmanosdela naturaleza, unavez
dispersos en mediodetodo ello: yo no imaginocómohabríanrenun-
ciadoalgunaveza sulibertadprimitiva y abandonado la vida aisladay
pastoril,tan convenientea su indolencianatural,paraimponersesin
necesidadla esclavitud, los dolores, las miseriasinseparablesal estado
social.Aquelquequisoqueel hombrefuerasociabletocó conel dedo
el ejedel globoy lo inclinó sobreel ejedel universo.En estemovi-
mientoligeroveo cambiarla fazde la tierra y decidirla vocacióndel
génerohumano:oigoa lo lejoslosgritosdealegríadeunamultitud in-
sensata;veo edicar los palaciosy las ciudades;veo nacer las artes,las
leyes,el comercio; veo formarse los pueblos,extenderse,sobreciertos
puntosdesumoradaparadevorarse
mutuamente,
hacerun espantode
desiertodel restodel mundo, digno monumento de la unión socialy de
la utilidad de las artes»&#39;.
Esta cción tiene la ventajade dibujar un modelo de explicación de
la salida fuera de sí de la naturaleza; esta salida es a la vez absolutamen-
te natural y articial, debea la vez respetary violar la legalidadnatural.
La naturalezase invierte a si misma, cosaque no puede hacer sino a
partir de un punto de exterioridad absoluto a ella misma, esdecir, de
una fuerza a la vez nula e innita. Al mismo tiempo, estemodelo res-
peta la heterogeneidadde los dos órdeneso de dos momentos (natura-
les y sociedad,no lenguajey lenguaje,etc.) y coordina, segúnlo que he-
_mos analizadoen otra parte bajo el nombre de suplementaridad, lo
continuo y lo discontinuo. Puesla interrupción absoluta,la revolución
imprevisible que ha hecho posible el lenguaje,la institución, la articu-
lación, lo arbitrario, etc., no ha hecho, sin embargo, sino desarrollar
virtualidades ya presentesen el estado de pura naturaleza.Como se
dice en el segundoDharma,«... la perfectibilidad, las virtudes socia-
les, y las otras facultadesque había recibido el hombre natural en po-
tencia, no podian desarrollarsenunca en sí mismas...;tenian necesidad
para ello del concursofortuito de varias causasextranjerasque podían
no nacer nunca, y sin las cualesél hubiera permanecidoeternamente
en su condición primitiva» (pág. 162).
La noción de virtualidad aseguraasí una función de cohesión y de
soldadura entre los órdenes discontinuos, como entre las dos tempora-
lidadesprogresión insensibley ruptura tajante-- que ritman el pasaje
de la naturalezaa la sociedad. Pero, incluso si los conceptosde pura

l (lap. IX. (lfr. tambiénel Fragmentosobrelfinnentcde:r/¡matrmr la riuiliratian(Pl. t. III,


pág. 531) y De la Clrammata/agír, pág. 360 y ss.
l Ibíd.
¡3 Señalandola ruptura absolutaquedebesepararen derechoy estructuralmente la
naturalezay la lenguao la sociedad,Rousseauhacealusión«a las penasinconcebiblesy al
tiempo innito que ha debido costar la primera invención de las Lenguas»(Diuaurr,
pág.146),al «progresocasiinsensibleen los comienzos»; «puescuantomaslentoseranen su-
cederlos acontecimientosmás rapidamenteson descritos»(pág. 167).

185
naturaleza y devirtualidad,inclusosi el movimientodeldedooriginal
puede todavíasuplirla hipótesis
teológica,inclusosienotraparteape-
la a la providenciadivina,Rousseau todavíapuedepretender prescin-
dir directamenteenunaciertasuperciedesudiscurso, detodaexpli-
caciónsobrenaturaly, poniendoentreparéntesis
toda historiay toda
cronología
factual,proponerun ordenestructural
del origeny dela
función del lenguaje.Haciendoesto,respetando siempreel ordenori-
ginal de la lenguay de la sociedad,lo poney lo mantienesistemática-
mente en correlación con el orden de la naturaleza e inicialmente con
el ordengeológico
o geográcodeestanaturaleza.
Asíla tipologíade
laslenguas
seráregulada,
enelEmayo,sobreunatopología general
y se
tendráen cuentala «diferencialocal»en el origende laslenguas(cap.
VIII). A la oposiciónnorte/sur corresponde la oposiciónde las len-
guasdepasióna laslenguasdenecesidad quesedistinguenpor la pre-
dominancia concedida en éstasa la articulación, a la acentuaciónen
aquéllas,a la consonante
en éstas,a la vocalen aquéllas,en éstasa la
exactitud y a la propiedad, en aquéllasa la metáfora. Estaslas len-
guasdel norte seprestanmejora la escritura;aquéllasla rehúsanna-
turalmente.Tendremos,pues,una seriede correlaciones. En el polo
del origen,lo máspróximo al nacimientode la lengua,estála cadena
origen - vida - mediodia - verano - calor - pasión - acentuación- vocal
- metáfora- canto,etc.En el otro polo, a medidaquenosalejamos
del
origen: decadencia- enfermedad- muerte - norte - invierno frio - ra-
zón articulación- consonante propiedad- prosa- escritura.Pero,
por un extrañomovimiento,cuantomássealejauno del origen,más
tendemosa volver,deesteladodel origen,haciaunanaturaleza queto-
davíano sehadespertado a la palabray a todo lo quenaceconella.Y,
entrelasdosseriespolares,relacionesreguladas desuplementaridad:
la
segundaserieseañadea la primeraparasustituirla,pero supliéndole
una falta, para añadir algo nuevo, una adición, un accidente,un exce-
dente que no habría debido ocurrir. Haciendo esto, ahondará una nue-
va faltao agravarála faltaoriginal,lo quedenominaráun nuevosuple-
mento,etc.La mismalógicafuncionaen la clasicación-histórica y
sistemáticade lasescrituras(pictórica,ideográfica,fonética). Pero
aunquela escrituraposeaunarelaciónreguladaconel estadodela len-
gua(«Otromediode compararlas lenguasy juzgaracercade su anti-
güedadseextraede la escritura», Ermylo,ap.V), su sistemaforma una
totalidadindependiente
ensuorganización
internay ensuprincipio:
«El arte de escribir no separeceen nadaal de hablar. Obedecea necesi-
l «Estastres manerasde escribir respondenbastanteexactamentea los tres estadosdi-
versosbaiolos cualessepuedeConsiderara los hombresreunidosen nación.La pintura de los
objetosconvienea los pueblossalvajes;los signosde laspalabrasy lasproposicionesa los pue-
blos bárbaros;y el alfabetoa los puebloscivilizados»(cap.V). A la división precedentesere-
miten los tres estadosdel hombreconsideradocon respectoa la sociedad.El salvajeescaza-
dor, el bárbaroes pastor,el hombre civil es labriegoa)(cap. IX).

186
dadesdeotra naturaleza,
quenacenmásprontoo mástarde,segúncir-
cunstancias
completamente independientes
de la duraciónde los pue-
blos» (ibíd).
Talesserían,reducidosa su esquemamáspobre,másgeneral,el
másprincipal, los motivos de una aperturadel campolingüístico.
¿Rousseau ha practicadoél mismoy completamentesoloestaapertura
o bienestáyacogidoy comprendidoenella?La preguntano estátoda-
vía bastanteelaborada,los términos son todavía demasiadoingenuos,
la alternativa estodavía demasiadosumariapara una respuesta.Ningu-
na problemática,ningunametodologíanos parecehoy en estadode
medirse,con las dicultades que seanuncian efectivamentebajo estas
preguntas.
Sedirá, pues,sin granriesgosiempreen forma de adaraja,
quea pesardela masadelos préstamos,la geografiacomplicadadelas
fuentes,la situación pasivaen un medio, lo que empíricamenteseataca
paranosotrosbajoel titulo de la «obradejean-Jacques
Rousseau»
nos
ofrece un esfuerzorelativamente original y relativamente sistemático
para delimitar el campo de una ciencia lingüística. Recibiremosacaso
más fácilmente la pobrezade estasproposiciones,hoy, si sepiensaen
las imprudencias, incluso en las necedadesde las que nos guardan,al
menos provisionalmente.
Por supuesto,no setrataba de comparar el contenido del saberlin-
güisticomodernodescubierto
enun camposemejante
conel contenido
del saber lingüístico. Pero la desproporción que haría irrisoria una
comparación semejantees una desproporción de contenido: sereduce
totalmente cuando se trata de las intenciones teóricas, de los linea-
mientos, de los conceptosfundamentales.

EL CIERRE DE LOS CONCEPTOS

Ahora estaremostentadosde invertir la marcha de vericación y


de haceraparecer,a partir de ciertastentativasejemplaresde la lingüís-
tica, el hilo que reconocea Rousseau.No podremos insistir aquí más
que sobreel ejemplo de la lingüística y de la Semiologíasaussureanas,
justificadosen ello a la vez por la importancia de estaraíz de las teorías
modernasy por la evidencia o el número de analogíasque nos pro-
mete.
1. Rousseauy Saussureconcedenun privilegio ético y metafísico
a la voz, los dos sitúan la inferioridad y la exterioridad de la escritura
con relación al «sistemainterno de la lengua»(Saussure),y estegesto,
que tiene consecuenciassobreel conjunto de susdiscursos,seexpresa
en fórmulas cuyo parecido es sorprendentea veces.Así,
Saussure:«Lenguajey escriturason dos sistemasde signosdistintos;
la única razón de ser del segundoes representarel primero» (Cursode
lingüírtzïa
general,pág. 45).
187
Rousseau:
«Laslenguasestánhechasparaserhabladas,
la escritura
no sirvesinodesuplemento
delhabla...,
la escritura
noesmásquela
representación
del habla»(Fragmento
¡abrela Pmnumiacián,
PL., t. II,
págs. 1249-1252).
Saussure:«Cuandodecimos queespreciso pronunciar
unaletrade
tal o tal manera,
setomala imagenporel modelo...
Paraexplicaresta
rareza, seañadeque,enestecaso,setratadeunapronunciación
excep-
cional» (pág. 52).
Rousseau:«Laescriturano essino la representación
del habla;es
extrañoquesepongamáscuidadoendeterminarla imagenqueel obje-
to» (ibíri).
Y podríamosmultiplicar lascitasparamostrarquelos dostemen
losefectosdela escriturasobreel hablay loscondenandesdeun punto
de vista moral. A todas las invectivas de Rousseau contra una escritura
que«altera»y «enerva» la lenguaobstaculiza
la libertadde la Vida(Ert-
Jqyo,caps.V y XX) hacenecolaspuestasen guardiade Saussure: «El
objetolingüísticono estádefinidopor la combinacióndela palabraes-
crita y la palabrahablada:esteúltimo constituyeensímismoesteobje-
to»(pág.45).«Laescrituravelala vistadela lengua:no esunavestidu-
ra sinoun disfraz»(pág.51).La ligaduradela escrituray dela lenguaes
«superficial», «articial».Y sin embargo,la escritura«usurpael papel
principal»y «larelaciónnaturalseinvierte»(pág.47). La escrituraes,
pues, una «trampa»,su acción es «viciosa»y «tiránica» (hoy diríamos
despótica);susfechoríasson monstruosidades,
«casosteratológicos»,
«lalingüísticadebeponerlosen observación
en un compartimentoes-
pecial» (pág. 54). En fin, Rousseauy Saussureconsideranla escritura
no-fonética-por ejemplo,una característica
universalde tipo leib-
nitziano como el mal mismo.
2. Los doshacende la lingüísticaunapartede la Semiología ge-
neral,no siendoéstasinounaramadela psicologíasocialquedepende
de la psicologíageneraly de la antropologíageneral.
Saussure: «Podemos así,pues,concebiruna cienciaqueestudiela
vida de los signosen el senodela vida social;formaríapartedela psi-
cologíasocial,y en consecuencia de la psicologíageneral;la llamare-
mosSemiología (delgriegoremeián,«signo».)Nosenseñaríaenquécon-
sisten los signos,qué leyeslos rigen. Puestoque todavía no existe, no
podemosdecir lo que será;pero tiene el derecho a la existencia,su lu-
garestádeterminadopor anticipado.La lingüísticano esmásqueuna
partedeestacienciageneral,lasleyesquedescubra la Semiología
serán
aplicablesa la lingüística, y éstaseencontraráasívinculada a un domi-
nio biendenido en el conjuntodelascienciashumanas.Al psicólogo
incumbedeterminarel lugar exactode la Semiología»
(pág.33).
Rousseaunosproponíatambién,desdeel primercapítulodelEma-
Cfr. De la CrammaIo/agie,
págs.57 y 429.

188
Ja ¡abreelorigen
delaslengua:
(«Sobrelos diversosmediosde comunicar
nuestros
pensamientos»),
unateoríageneral
delossignos
ordenada
se-
gún lasregionesde la sensibilidadqueproporcionanlasdiversassus-
tanciassignicantes.
Estasemiología
generalformapartedeunaso-
ciologíay deunaantropologíagenerales.
El hablaes«laprimerainsti-
tuciónsocial»,no podemos,pues,estudiarlamásqueestudiando
el ori-
geny la estructura
generaldela sociedad
y enel interiordeunateoría
generaldelasformasy delassustancias
designicación. Estateoríaes
inseparable
deunapsicologíade laspasiones.
Pues«laprimerainven-
ción del habla no viene de las necesidades,sino de las pasiones»(cap.
XXI). «Tanprontocomoun hombrefuereconocidopor otro comoun
serquesiente,quepiensay semejante a él, el deseoo la necesidaddeco-
municarlesussentimientosy suspensamientos le hizo buscarlos me-
dios. Estosmediosno puedenextraersemásque de los sentidos,los
únicosinstrumentos por loscualesun hombrepuedeactuarsobreotro.
He aqui, pues,la instituciónde los signossensibles paraexpresarel
pensamiento.Los inventoresdel lenguajeno hicieron esterazona-
miento,peroel instinto lessugiriósuconsecuencia. Losmediosgene-
ralespor loscualespodemosactuarsobrelossentidosdelprójimoseli-
mitan a dos, a saber,el movimiento y la voz. La acción del movimien-
to esinmediatapor el tactoo mediatapor el gesto:la primera,quetie-
nepor términola longituddel brazo,no puedetransmitirseadistancia:
perola otra alcanzatan lejoscomoel radiovisual.Así sóloquedanla
vistay el oído comoórganospasivosdel lenguajeentrehombresdis-
persos»(cap.I). Sigueunaconfrontaciónde la lenguadegestosy dela
lenguadevozque,aunqueseanlasdos«naturales», dependen desigual-
mente de la convención. Desde este punto de vista, Rousseaupuede
ciertamente
hacerun elogiodelossignosmudosquesonmásnaturales
y másinmediatamenteelocuentes.
Peroal unir la sociedad
a la pasióny
a la convención, concedeun privilegio al habla en el interior del siste-
mageneraldelossignos;y comoconsecuencia a la lingüísticaenel in-
terior de la Semiología.
Esel tercerpuntodeunacomparación posible
de los principios o del programa.
3. El privilegio del habla está ligado en particular, en Saussure
como en Rousseau, al carácter institucional, convencional, arbitrario,
del signo.El signoverbalesmásarbitrario,piensanRousseau
y Saus-
sure, que los otros signos:
Saussure:«... los signosenteramentearbitrarios realizanmejor que
los otros el ideal del procedimiento serniológico;esla razón por la que
la lengua,el sistemade expresiónmáscomplejoy másdifundido,es
también el más característicode todos; en este sentido la lingüística
puedeconvertirseen el patróngeneralde todaSemiología,
aunquela
lengua no seamás que un sistemaparticular» (pág. 101).
Rousseau:«Aunquela lenguadel gestoy la de la voz seanigual-
mentenaturales,sin embargola primeraesmásfácil y dependemenos
189
delasconvenciones»
(cap.I). Y por otraparte,sólola lingüística
es
unaciencia
antropológica,
socialy psicológica,
puestoque«lalengua
deconvención nopertenece
másquealhombre(cap.I) yelorigen
del
hablaestáenlapasión
y noenlanecesidad
(«Es,
pues, creíble
quelas
necesidades
dictaranlosprimeros
gestos
y quelaspasiones
arrancaran
lasprimeras
voces»;
cap.II). Estaeslaexplicación
delhecho
dequeel
lenguaje
seaoriginariamente
metafórico
(cap.III). Laoriginalidad
del
dominiolingüístico
depende
dela rupturaconla necesidad
original,
ruptura que a la vez inaugurala pasión,la convencióny el habla.
4. Por la mismarazóny comolo haráSaussure, Rousseau rehúsa
todapertinencia al puntodevistasiológicoenlaexplicación
dellen-
guaje.
Lafisiología delosórganosfonadoresnoesunaparteintrínseca
deladisciplinalingüística.
Conlosmismos órganos,
sinningunadife-
renciaanatómica o siológicaasignable,
loshombreshablany losani-
males no hablan.
Saussure:
«Lacuestióndel aparatovocales,pues,secundaria
en el
problemadel lenguaje»(pág.26).
Rousseau:«Lalengua deconvenciónnopertenecemásquealhom-
bre.Heaquíporquéel hombrehaceprogresos, seaparabienseapara
mal,y por quélosanimales no loshacen.Estasoladistinciónparece
conducirlejos:lo explicamos,
sedice,porladiferencia
delosórganos.
Yo tendríacuriosidadporverestaexplicación»
(Baraja,
cap.I. Encon-
tratemosotrostextosanálogos,
en razóndela actualidady dela agude-
zadeestedebateen el momentoenqueRousseau redactaba el Dicdona-
riodeMúsica.
Cfr. especialmente
el articulo«Vozy la criticadeDodart»,
citada por Duelosen la Enciclopedia,
en «Declamaciónde los anti-
guos»).
5. Si el animalno habla,esqueno articula.La posibilidad del
lenguajehumano,suemergencia fueradelgrito animal,lo quehace
posibleel funcionamientodela lenguaconvencional es,pues,la arti-
culación.Lapalabray el concepto dearticulación
desempeñan unpa-
pelcentralenelEmaja,apesardelsueñodeunalenguanatural,deun
lenguajede canto inarticulado, sobreel modelo de la neuma.En el Cur-
sa,inmediatamente
después
dehaberanotado
que«lacuestión
delapa-
rato vocales,pues,secundaria
en el problemadel lenguaje»,
Saussure
añade:
«Unaciertadenicióndelo quesellamalenguajearticulado
po-
dríaconrmarestaidea.En latínarticula:
significamiembro,parte,
subdivisiónen unaseriede cosas;en materiade lenguaje,la articula-
ción puededesignaro bien la subdivisión de la cadenahabladaen síla-
bas,o bienla subdivisión
dela cadena delassignicaciones
enunida-
dessignicativas;
enestesentido sediceenalemán gqg/iedme
Sprat/Je.
Al
ligarsea estasegunda
denición,sepodríadecirquenoesel lenguaje
hablado lo natural en el hombre, sino la facultad de constituir una len-
gua,esdecir,un sistemade signosdistintosquecorresponden
a ideas
distintas»(pág.26).
190
Sepodría llevar muy lejos,másallá de las generalidadesprogramá-
ticas y principales,el inventario de estasanalogías.Como su encadena-
miento es sistemático,podemosdecir a priori que ningún lugar de los
dos discursosescapade ahí completamente.Basta,por ejemplo, que se
acrediteabsolutamente,aquí o allá, la oposición naturaleza/ conven-
ción, naturaleza/ arbitrario, o animalidad/ humanidad,los conceptos
de signo (signicante / significado) o de representación(representante
/ representado),etc., para que la totalidad del discursoseasistemática-
mente afectada.Los efectosde una oposición semejantede la que se
sabeque remonta más allá de Platón pueden dar lugar a un análisis
innito al que no escapaningún elemento del texto. Este análisisestá
supuestocon derechopor toda pregunta, por necesariay legítima que
sea,sobre la especificidadde los efectosde una misma oposición en
textos diferentes. Pero los criterios clásicos de estas diferencias («len-
gua»,«época»,«autor»,«título y unidad de la obra»,etc.) son tanto más
derivados y se convierten hoy en profundamente problemáticos.
En el interior del sistemade una misma conceptualidadfundamen-
tal (fundamental, por ejemplo, en el punto en que la oposición de la
péyrira susotros noma¡, tetbe- que ha abierto toda la seriede las opo-
siciones naturales/ ley, naturaleza/ convención, naturaleza/ artes,
naturaleza / sociedad, naturaleza / libertad, naturaleza / historia, na-
turaleza/ espíritu, naturaleza/ cultura, etc., ha gobernado,a travésde
la «historia»de susmodificaciones,todo el pensamientoy todo el len-
guajede la losofía de la ciencia hastael siglo xx), el juegode las impli-
cacionesestructurales,la movilidad y la intricación de los estratossedi-
mentarios son bastantecomplejos,bastantepoco lineales,para que la
misma coacción dé lugar a transformacionessorprendentes,a cambios
parciales,a sutilezasdiferentes,a vueltas atras,etc. Así es como sepo-
drán criticar, por ejemplo, legítimamente ciertos elementosdel pro-
yecto saussureano, y esto haciendo reencontrar motivos pre-
sasussureanos; o incluso criticar a Saussurea partir de Saussureo inclu-
so a partir de Rousseau.Esto no impedirá que «todo esté»de una cierta
manera en el interior del discurso de «Saussure»y en el parentesco que
lo une a «Rousseau».Simplemente, esta unidad de la totalidad debe ser
diferenciada de un modo distinto al utilizado habitualmente, para po-
der dar cuenta de estejuego. Sólo con esta condición podremos, por
ejemplo, explicar la presencia,en el texto de «Rousseau»,
de los moti-
vos indispensablesa los lingüistasque, a pesarde sudeudacon respecto
a Saussure,no critican menossu fonologismo, su psicologismo(Hejel-
meslev) 5, su taxonomismo (Chomsky) ó. Al prestar atención a la suti-
lezade estosdesplazamientos,sepodría detectaren el segundoDzlrcarsa

¡5 «Lastratication du langage»,1954,en Errar":


linguírtiquer,
pag.56 y los Pralegamtnexá
¡me
ibm-iedu Íangagt,1943,tr. fr. (Langer,Ed. De Mínuit, 1971.
l Cfn, por ejemplo,Cummt[mas in Línguiilir Ïbeog (1964), págs.23 y ss.

191
y enel Ensayo
¡abre
elanger:
delaslenguas
laspremisas
conceptuales
dela
glosemática
y delateoríadelagramáticagenerativa.
Veremos
ensegui-
dafuncionando,bajootrosnombres,lasoposiciones
combinadas
delas
nociones
de«substancia»
y de«forma»,
de«contenido»
y de«expre-
sión»,y cadaunade lasdosprimerasalternativamente aplicada,como
en la glosemática,
a cadaunadelasdosúltimas.¿Ycómono reconocer
a Rousseau todoesodelo quesedacréditoa la «lingüísticacartesiana»?
¿El que habíacomenzadopor la LajgíradePanRqya/no ha asociado,des-
de el principio, el temade la creatividadde lenguajeal de unagénesis
estructural de la gramaticalidad general).
Una Vezmás,no setrata de comparar el contenido de las doctrinas,
la riquezade los saberes
positivos;solamentededestacarla repetición
o la permanencia,en un estrato profundo del discurso, de ciertos es-
quemasfundamentales y deciertosconceptos
directores.Luego,a par-
tir de allá,decomenzara elaborarpreguntas.
Sobrela posibilidad,sin
duda,de tales«anticipaciones»,
quealgunospodríanjuzgar«sorpren-
dentes» inicialmente. Pero también sobre un cierto cierre de los con-
ceptos:sobrela metafísicaen la lingüística o, como queramos,sobrela
lingüística en la metafísica.

¡7 Por ejemplo,en la PrimeraPartedel segundoDzkrauri, cuandodescribeRousseau el or-


den en que seproducela «División del discursoen suspartesconsecutivas», el origen de la
distinción entre el sujetoy el atributo, el verbo y el nombre,a partir de la indifcrenciación
primitiva («dierona cadapalabrael sentidode una proposiciónentera...» «lossustantivos
no fueron al principio, sino nombrespropios»,«el infinitivo el presentedel innitivo
fue el único tiempode los verbos,y en lo que respectaa los adjetivosla noción no debiódesa-
rrollarsesino muy dificilmente, porque todo adjetivoesuna palabraabstracta,y lasabstrac-
ciones son Operacionespenosasdel espíritu»,etc. (pág. 149). Descripción, una vez más,
como esevidente,de un orden masque de una.historia,aunqueestaúltima distinción no sea
ya pertinenteen una lógica de la suplementaridad.

192
La forma y el querer-decír*
Nota sobre la fenomenología del lenguaje

* Primera versión publicada en el RevueinIematiana/edep/Jilasapbzk,


1967-3,
núm. 81.

193
Ta gar ¡kbmt tau amorpboumarpbe.
PLoTiNo.

La fenomenología no ha criticado a la metafísica en sus hechos


sino para restaurarla.Le ha dicho su hecho para despertarlaa la esen-
cia de su tarea,a la originalidad auténticade su diseño.LatMeditationes
Caetiana:lo recuerdanen susúltimas páginas:contra la especulación
«aventurera»,contra la metafísica«ingenua»ya «degenerada», espreci-
so volver hacia el proyecto crítico de la «losofía primera». Si ciertas
metafísicasdespiertanla sospecha,si incluso la totalidad de la metafísi-
ca es«suspendida» por la fenomenología,éstano excluyela «metafísica
cn general».
El concepto de forma podría servir de hilo conductor si sequisiera
seguiren la fenomenologíaestemovimiento de crítica purificadora. Si
la palabra «forma» traduce de manera muy equivoca varias palabras
griegas,podemos,sin embargo,estar segurosde que éstasúltimas lle-
van todasa conceptosfundamentadoresde la metafísica.Al reinscribir
las palabrasgriegas(sido:y morp/Jé,etc.) en la lenguafenomenológica,al
jugar con las diferenciasentre el griego, el latín y el alemán,Husserlha
querido ciertamentesustraerlos conceptosa las interpretacionesmeta-
físicassobrevenidas,que han venido tarde, acusadasde haberdejadoen
depósito, en la palabra, toda la cargade una sedimentacióninvisible.
Peroestoeratodavíapararecoinstituircontralosprimeros,contraPla-
tón y Aristóteles, un sentido originario que ha comenzadopor serper-
vertido, desdesu inscripción en la tradición. Setrate de determinar el
aida;contra el «platonismo»,la forma (Form) (en la problemática de la
lógica y de la ontología formales) o la mor)?(en la problemática de la
constitución transcendcntal y en sus relaciones con la lJy/é)contra
Aristóteles,el poder, la vigilancia, la eficaciade la crítica siguensiendo
intrametafísicaspor todo su recurso. ¿Cómopodría ser de otra mane-
ra? Desde el momento en que nos servimos del concepto de forma
l Cfr. la lntroductian
aux ¡día dirrttrire;paarunapbénamertologie,
I (Idées,I).

195
aunque seapara criticar otro concepto de forma, debemosrecu-
rrir a la evidencia de un foco de sentido. Y el medio de esta evidencia
no puedesermásquela lenguadela metafísica.
Sabemos
lo quequiere
decir «forma»en ella, cómo seregula la posibilidad de susvariaciones,
cuálesel limite dela mismay en quécampopuedenmantenerse todas
lascontestaciones imaginablesreferentes
a ello. El sistemade lasopo-
siciones en las cualespuedepensarseuna cosacomo la forma, la for-
malidadde la forma,esun sistemanito. No bastaademásdecir que
«forma»tiene para nosotros un sentido, un centro de evidencia, o que
su esenciasenos da como tal; en verdad esteconcepto no sedeja,nun-
ca se ha dejadodisociar del aparecer,del sentido, sólo una forma tiene
o esuna esencia,sólo una forma sepresentacomo tal. Es esteun punto
de certezaque ninguna interpretación de la conceptualidadplatónica o
aristotélica puededesplazar.Todos los conceptospor los cualesse ha
podido traducir y determinar atrio:o mar]?conducen al tema de la pre-
sencia en general. La forma es la presenciamisma. La formalidad es
aquello que sepresentade la cosaen general,lo que sedejaver, seda a
pensar.Que el pensamientometafísicoy en consecuenciala fenome-
nología seapensamientodel ser como forma, que en ella el pensa-
miento sepiensecomo pensamientode la forma, y de la formalidad de
la forma,no es,pues,sinounanecesidad
y sepercibiráun último signo
deello en el hechodequeHusserldetermineel presentevivo (lebendifge
Cegarra/art)como la «forma»última, universal, absolutade la experien-
cia transcendentalen general.
Por más que el privilegio de la teoría no sea,en la fenomenología,
tan simple como a vecesseha querido decir, por más que los teoretis-
mos clásicossevuelvan a poner profundamenteen tela de juicio, la do-
minación metafísica del concepto de forma no puede no dar lugar a
cierta sumisión a la mirada. Esta sumisión seríasiempre sumisión del
sentido a la mirada, del sentido al sentidode la vista, puestoque el sen-
tido en generalesel concepto mismo de todo campo fenomenológico.
Podríamosdesarrollar las implicaciones de una mzke enregard* semejan-
te. Podríamoshacerlo en numerosasdireccionesy procediendoa partir
deloslugaresaparentemente
másdiversosdela problemáticay deltex-
to fenomenológicos: mostrar, por ejemplo, cómo esta mireenregardy
esteconcepto de forma permiten circular entre el proyecto de ontolo-
gíaformal,la descripcióndel tiempoo dela intersubjetividad,
la teoría
latente de la obra de arte, etc.
Pero si el sentido no es el discurso, su relación, en cuanto a esta mire
enregard,merecesin duda alguna atención particular. Así hemosesco-
gido cerrar aquí el ángulo y aproximarnosmásbien a un texto que con-
vierne al estatusdel lenguajeen [dearI. Entre la determinación de este
estatus,el privilegio de lo formal y la predominancia de lo teórico, se

* Mire enregarddebeinterpretarsecomo «exposicióna la mirada».(N. del T.)

196
organizaen sistemaunaciertacirculación.Y sin embargo,la coheren-
cia parece ahí trabajadapor un cierto afuera de esta relación con el
afuera que es la relación con la forma. De estacircularidad y de este
malestarqueremossolamente
destacaralgunossignosa título prelimi-
nar, fundándonosen la certezade que no sólo [dearÍ no contradice las
Invertzgadone:
logica:sobreestepunto,lasexplicita,por el contrario,con-
tinuamente,sino tambiénque nadamásallá de Idea:Í ha puestode
nuevo en tela de juicio estos análisis.

EL QUERER-DECIR
EN EL TEXTO

Durantemásdedosterciosdel libro, todoocurrecomosi la expe-


rienciatranscendental
fuerasilenciosa,no habitadapor lenguajealgu-
no; másbiendesertada
por la expresividadcomotal, puestoque,desde
laslrzuertzgaciorzer,
Husserlha determinado, en efecto, la esenciao el telar
dellenguaje comoexpresión(Ausdruck).
La descripcióntranscendental
de lasestructurasfundamentalesdetodaexperienciaseprosiguehasta
el fin dela penúltima«Sección»
sin queel problemadel lenguajeseani
siquieratratado superficialmente.El mundo de la cultura ha sido evo-
cado,y el de la ciencia,pero inclusosi de hecholos predicados
de la
culturay dela cienciasonimpensables fueradeun mundodelenguaje,
seconcedíauno el derecho,por razonesde método, de no considerarel
«estrato»
de la expresión,de ponerlo provisionalmenteentre parén-
tesis.
Estederechono puedeconcedérselo Husserlmásquesuponiendo
quela expresividadconstituyaun «estrato» (Sabía/yt)
originaly rigurosa-
mentedelimitadode la experiencia.Que los actosde expresiónsean
originalese irreductibles,esaquellode lo quelasInverzïgaríoner
habían
propuesto unademostración insistente
y quesiguepresupuestoen[dem1.
Sepuede,pues,llegara un cierto momentodel itinerariodescriptivo,
podemospuesllegara considerarla expresividadlingüísticacomoun
problema circunscrito. Y se sabeya en el punto en que se lo aborda,
queel «estratodel logos»estarácomprendidoen la estructuramásge-
neral de la experiencia,aquella cuyos polos y correlacionesacabamos
dedescribir:la oposiciónenparalelodela noerir
y delnoema. Estaríaen-
toncescomprendidoque,por muy original quesea,el estratodel lago:
deberíaorganizarsesegúnel paralelismode la noerir
y del rzaema.
El pro-
blemadel«querer-decir» (bedeuten
esabordadoenla párrafo124,titu-
lado «El estrato noético-noemático del logos. Acto y contenido del
querer-decir(Bedeuten
¡mdBedutung)»
La metáforadel estrato(fcbic/Jt)

2 He intentadojustificar estatraducciónen La unixetlepbenamene,


Introduttian
auprob/éme
durtggnedemla pbénamea/ogíede Husserl(P.U.IÍ, 1967),que remite sobretodo a la primerade
las Ínvertigacíaner
Laigicar.

197
tiene dos implicaciones: por una parte el querer-decir estáfundamen-
tado sobrealgo diferente de sí mismo, y estadependenciaserásin cesar
confirmada por el análisisde Husserl.Por otra parte, constituye un es-
trato cuya unidad puedeser rigurosamentedelimitada. Ahora bien, si
la metáfora del estrato estáacreditadaa lo largo de todo estepárrafo,
no serámenospuestaen duda en las últimas lineas.Esta sospechano es
puramente retórica, traduce una profunda inquietud en cuanto a la f1-
delidad descriptiva del discurso.Si la metáfora del estrato no responde
a la estructuraque queremosdescribir, ¿cómoha podido serútil duran-
te tanto tiempo? «En efecto, no hay que suponerexcesivascosasde la
imagen de la estratificación (Sr/Jicbturzg);
la expresiónno esuna especie
de barniz adherido (übege/agerter Lane) o de Vestidurasobreañadida;es
una formación espiritual (geirtzjge
Famtmg)que ejercenuevasfunciones
intencionalescon respectoal estrato intencional subyacente(anderín-
tenttbrzalmUnterrcbíc/Jt)
y que estáafectadacorrelativamentepor las fun-
ciones intencionales de este últimom.
Esta desconfianza con relación a una metáfora se manifiesta en el
momento en que una nueva complicación del análisis sehace necesa-
ria. He querido señalaraqui solamenteque el esfuerzopor aislar el «es-
trato» lógico de la expresión halla, antesde las dificultades de su tema,
las de su enunciación. El discurso seenredaen el juego de las metáfo-
ras. El del estrato, lo veremos, está lejos de ser el único.
Ya se trate de acorralar lo que en el discurso asegurala función
propiamente logica;que la esenciao el telos del lenguajeesténdetermi-
nadosaqui como logica;que, como en las IHVÉIÍQECÍOÏICI, la totalidad del
discurso reduzcaal valorextrínserola masaconsiderablede lo que, en el
lenguaje,no espuramente lógico, esto eslo que aparecedesdela aper-
tura del análisis.Una metáfora traiciona ya la dificultad de estaprime-
ra reducción; esta dificultad es la misma que, al final del párrafo, pedi-
rá nuevas explicaciones y nuevas distinciones. Habrá sido solamente
diferida y reconducida.«En todos los actosconsideradoshastael pre-
sente se entrelazan (vam/abran
rio/J)los estratosde actos expresivos,los
que son lógicos en el sentido específico,y que no invitan menosque
los precedentesa una elucidación del paralelismo entre norrisy noema.
Conocemos la ambigüedadgeneral e inevitable del vocabulario que
estácondicionada por esteparalelismoy que seabre pasoen todaspar-
tes en que las relacionesen cuestión llegan al lenguaje.»
El entrelazamiento( Venuebung) del lenguaje,de lo que en el lengua-
je espuramente lenguaje,y de los otros hilos de la experiencia,consti-
tuye un tejido. La palabra Venuebung conduce a estazona metafórica:

3 Ciro en generalla traducciónfrancesade P. Ricoeury remito a los preciososcomenta-


rios que la acompañan.He debido,sin embargo,por razonesque no tienen quever sino con
la intención deesteanálisis,subrayarciertaspalabrasalemanase insistir sobresucargameta-
fórica.

198
los «estratos»están«tejidos»,su imbricación estal que no sepuededis-
cernir la trama y la urdimbre. Si el estrato del logo:estuviera simple-
mente echadoencima podría levantarsey dejar aparecerbajo él el es-
trato subyacentede los actos y de los contenidos no-expresivos.Pero
puesto que estasuperestructuraactúa a cambio, de manera esencialy
decisiva,sobrela Untembícbt,estamosobligados,desdela entradade la
descripción, a asociar a la metáfora geológica una metáfora propia-
mente textual; puestejido quiere decir texto. Vera/aber;
aquí quiere decir
texere.Lo discursivo se relaciona con lo no-discursivo, el «estrato» lin-
güístico seentremezclacon el «estrato»pre-linguístico segúnel sistema
regulado de una especiede texto. Sabemosya y Husserl lo recono-
ce que al menosde hecho los hilos secundariosvan a actuarsobrelos
hilos primarios; en lo que seurde así,esprecisamentela operación del
comienzo (ordíri) lo que ya no sedeja volver a atrapar; lo que setrama
como lenguaje, es que la trama discursiva se hace irreconocible como
trama y toma el lugar de una urdimbre que no la ha precedidoverdade-
ramente.Estetejido estanto másinexplicable cuanto que estodo signi-
ficante: lo: ¡Ji/ox
na-exprexiva:
nocarecen dengmraczón. Husserl había mos-
trado en lasInverttgacíonexque su significación esentoncessimplemente
de naturalezazkzdicativa.Y en el párrafo que nos ocupa,reconoceque las
palabrasbedeuten y Bedeutung
puedendesbordarampliamente el campo
«expresivo»:«Examinamosúnicamente el acto de querer-decir (be-
deuten)y el contenido del querer-decir (Bedeutung). En el origen, estas
palabras no se relacionan sino con la esfera lingüística (spracb/ic/Je
Sp/Járe),la del expresar (der/lmdrütkes).Pero no sepuedeevitar ape-
nasy ésteesal mismo tiempo un pasodecisivo en el conocimiento-
extenderlo que estaspalabrasquieren decir y hacerlassufrir una modi-
ficación conveniente que les permita aplicarsede una cierta maneraa
toda la esferanoético-noemática:así,pues,a todos los actosesténo no
enmarañados(verarbte)con actos de expresión.»
Ante esta textura inextricable, ante este enmarañamiento ( VeIjÏer/J-
lung) que parecedesaar al análisis,el fenomenólogo no sedesalienta.
Su paciencia y su minucia deben, directamente, desenredar la madeja.
Es lo que ocurre con el «principio de los principios» de la fenomenolo-
gía. Si la descripción no haceaparecerun sueloabsolutay simplemente
fundador de la significación en general,si un suelo intuitivo y percep-
tivo, un pedestalde silencio, no fundamentael discursoen la presencia
originariamente dadade la cosamisma, si la textura del texto es,en una
palabra,irreductible, no sólo la descripción fenomenológicahabráfra-
casado,sino que el principio descriptivo mismo habrá sido puestoen
tela de juicio de nuevo. La apuestade estedesenmarañamientoes,pues,
el motivo fenomenológico mismo.

4 Sobreel sentidoy la importanciade la Veetbturzg, sobreel funcionamientode este


conceptoen las Inverttgarionex,
cfr. «La reduction de lïndice», en La vw}:el lep/Jénamene.

199
LA ESCRITURAEN ESPEJO

Husserlcomienzapor delimitarel problema,por simplicar o pu-


ricar susdatos. Procedea una doble exclusión o, si se quiere, a una
doblereducción,segúnunanecesidad
a la cualhabíahechojusticiaen
laslnvastzgariarxes
y que nunca serápuestaen tela de juicio de nuevo. Por
una parte, sedejafuera la cara sensibledel lenguaje,su cara sensibley
no material, lo que podríamos llamar el «cuerpo propio» animado
(Leib) del lenguaje.Puestoque la expresiónsupone,segúnHusserl,una
intención de querer decir (Bedeutingsíntentían), la condición esenciales,
pues,el acto puro de la intención que anima y no el cuerpo al que, de
manera misteriosa,seune aquélla y le da Vida. Es estaunidad enigmá-
tica de la intención informante y de la materia informada lo que Hus-
serl seautoriza a disociar al principio. Es por lo que, por otra parte, di-
fiere parece ser, para siempre- el problema de la unidad de las dos
caras,el problemadela unióndelalmay el cuerpo.«Partimosdela dis-
tinción bien conocida entre la cara sensiblede la expresión, la cara, si
puededecirse,de su cuerpo propio (leih/ír/Jen
Seite)y su carano-sensible,
espiritual. No vamosa comprometemosen una discusión ceñida a la
primera, ni tampoco al modo segúnel cual se unen las dos caras.Es
evidente que bajo estetítulo se designanproblemas fenomenológicos
que no carecen de importanciaw.
Tomada estadoble precaución,los contornos del problema apare-
cen mejo : ¿cuálesson los rasgosdistintivos que separanesencialmente
este estrato expresivo del estrato pre-expresivo y cómo someter a un
análisiseidético los efectosde uno sobreel otro? Esta pregunta no reci-
birá suformulaciónplenasinodespués
deun ciertoprogresodel análi-
sis: «... ¿cómo hay que entender el expresar de lo expresado?
¿Cómoserelacionan los hechosvivenciales expresivoscon los hechos
vivencialesno expresivosy cómo son afectadosestosúltimos por la in-
tervención de la expresión? Vamos a vernos remitidos de nuevo a su
«intencionalidad»,a su «sentido inmanente»,a la «materia»(Materia)y
a la cualidad(esdeciral carácterdeactodela tesis),a la diferenciaque
separadeunaparteestesentidoy estosmomentoseidéticosqueresiden
en lo preexpresivo,y por otra parte lo que quiere decir el fenómeno ex-
presivo mismo con los momentosque le son propios, etc. La literatura
contemporánea muestra de muchas maneras hasta qué punto son

5 listas precaucioneshabiansido tomadasy largamentejustificadasen lasInvertigadanes.


Por supuesto,estasjustificaciones,paraserdemostrativas,no semanteníanmenosen el inte-
rior de oposicionesmetafisicastradicionales(alma/cuerpo,psiquico/fisico, vivo/ no vivo,
intencionalidad/no intencionalidad,forma/materia, significado/significante,inteligible/
sensible,idealidad/empiricidad,etc.). Encontraremosestasprecaucionesen particularen la
primera de lasInverttjgarianei,
que en sumano esmasque la largaexplicaciónde lasmismas,en
la quinta (cap.ll, 19) y en la sexta(cap.l, 7). Sin cesarseranconfirmadasen LQÍtafarma/y
¿agitatramrtndtnta/y en El origendela geometría.

200
subestimados
ensusentido
pleno
yprofundo
losgraves
problemas
que
acabamos de indicar».
Esteproblema
ciertamente
estaba
yaplanteado,
precisamente
enel
principio
delasextadelaslnzzerttgadone:
logia-ar.
Peroelcamino
quecon-
duceaélesaquidiferente;
nosóloporrazonesmuygenerales
(acceso
a
unaproblemática
expresamente
transcendental,
apelación
a la noción
denoema,
generalidad
reconocida
delaestructura
noético-noemática),
sinoenparticularporla distinción,sobrevenida
enel intervalo,entre
losconceptos
deSinn
y deBedeutung.
NoesqueHusserl
acepte
ahora
la
distinciónpropuesta
porFregey queél habíacontestado
enlasInverti-
gadoner.
Encuentrasimplementecómodoreservar la parejabedeaten-
Bedeutung
paraelordendelquerer-decir
expresivo,
eneldiscurso
pro-
piamentedicho,y extenderel concepto
desentido(Sinn)ala totalidad
dela caranoemática dela experiencia,
seao no expresiva7.
Desdeel momentoen quela extensióndel sentidodesbordaabso-
lutamente
la delquerer
decir,el discurso
siempre
tendrá
quesacar
ru
sentido.
No podrádeunaciertamanerasinorepetiro produciruncon-
tenidodesentidoqueno lo espera
paraserlo quee33.El discurso
no
hará,siesasi,másquesacar
afuera
unsentidoconstituido
sinély antes
deél.Estaesunadelasrazones
porlasquelaesencia
delquerer-decir
lógicaesdeterminadacomoexpresión(Amdmrk).El discursoen su
esenciaesexpresivo
porqueconsiste
ensacarafuera,enexteriorizar,
un contenido de pensamientointerior. Esto no ocurre sin eserial?aur-
semdelquehablaba la primeradelasInverttgacianer.
Estamos,
pues,enposesión delprimerrasgodistintivodelestrato
expresivo.
Si,fisicamente o no,preeresóloun sentidoconstituido,
es
esencialmentere-productor,esdecir,improductivo.Haciaestadefini-
ciónseencamina elanálisis
deHusserl enestaprimeraetapa:«Elestra-
to delaexpresiónesta essuoriginalidadnoesproductivo, sihace-
l 15.
7g124,
pág.
304.
Por
«discurso
propiamente
dicho»
no
entendemos,
es
evidente,
discur-
soefectivamentey físicamentepreferido, sino, siguiendolasindicacionesde Husserl,la ani-
macióndela expresión
verbalpor un querer-decir,
por una«intención»
quepuede,sinser
esencialmenteafectadapor ello, permanecerfísicamentesilenciosa.
3 Podríamosinterrogar,desdeestepunto de vista, toda la estéticalatentede la fenome-
nología,toda la teoríade la obra de arte que setransparentar
a travésde la didácticade los
ejemplos,
yasetratedeexponer
elproblema
delo imaginario
o elrtaturdelaidealidad,
deésta
«unavez»de la obra, cuyaidentidadidealpuedereproducirseal innito como la misma.Un
sistema
y unaclasicación
delasartesseanuncian
enestadescripción
dela relaciónentreel
arquetipoy los eiemplaresreproductivos.¿Puedela teoría husserlianade la idealidadde la
obra de arte y de susrelacionescon la percepcióndar cuentade lasdiferenciasentre la obra
musicaly la obraplástica,
entrela obraliterariay la obranoliterariaengeneral?
Y, porotra
parte,
¿bastan
lasprecauciones
tomadas
porHusserl
encuanto
alaoriginalidad
delo imagi-
nario,lo quetieneinclusoderevolucionario,
parasustraer
la obraa todaunametafísica
del
artecomoreproducción, aunamimétiCaP,¿podríamos
mostrarqueelarte,segúnHusserl,
re-
mitesiempre
alapercepción
como
asuúltimorecurso.
Ydarlasobras
deartecomoejemplos
en unateoríade lo imaginario,no esya unadecisiónestética
y metafísica?

201
mosabstracción
deque,precisamente,
da unaexpresión
a todaslas
otrasintencionalidades.
O si sequiere,suproductividad,
suproducdón
noe-
mátíta,
seagota
enelacta
deexpresar
yenlarma delo
conceptual
queintervie-
ne con este acto de expresar.»
Estaimproductividad
dellago:
tomacuerpo,siasípuede
decirse,
en
la descripción
husserliana.
Sedejaaúnseducir
pordosmetáforas a las
que no podemosno prestaratención.
Laprimeraparece pasardesapercibida
alosojosdeHusserl.
Sedes-
plazaentreunaescritura
y unespejo.
Hablamásbiendela escritura
en
espejo.Sigamossu constitución.
Paraexponer ladiferencia
entreelSim:y elBcdeutung,
Husserl
recu-
rre a un ejemploperceptivo.
Seala percepción silenciosa
deun «esto
blanco». De cierta manera,el enunciado «estoes blanco» es perfecta-
menteindependiente
delaexperiencia
perceptiva.
Esinteligibleinclu-
soparaalguienquenoposeeestapercepción.
Y lasInvestzgacíorze:
lo ha-
bíandemostrado
rigurosamente.
Estaindependencia
delvalor expresi-
vo implicaigualmente
la independencia
delsentidoperceptivo.
Pode-
mosexplicitarestesentido:«Esteprocesono exigedeningunamanera
unaexpresión, ni enel sentidodela palabrapronunciada,
ni enel
sentidodel querer-decir
verbal,aunqueesteúltimopuedaestaraquí
ausente,independientementedela palabrapronunciada(comoenel
casoen que se hubieraolvidado esta)»
Por consiguiente,
el pasoa la enunciaciónno añadenadaal senti-
do, no le añadeentodocasoningúncontenidodesentido;y sin embar-
go,apesar
deestaesterilidad,
o másbienacausa
deella,laaparición
de
laexpresión
esrigurosamente
nueva.Esporque,
deunciertomodo,no
hacesinoreeditarel sentidonoemáticopor lo quela expresiónesrigu-
rosamenteinédita.En tanto que no añadeni deformanada,siempre
puedeenprincipiorepetirel sentidohaciéndolo
acceder
a la «forma
conceptual»:
«...si hemospensado
o enunciado
estoesblanco,estamos
enpresencia
deun nuevoestrato,
íntimamente
unidoa lo puroenfo-
cadocomotal deordenperceptivo.De estamaneratodoaquellodelo
quenosacordamos,todolo queesimaginado,
todoentantoquetales
susceptible
deserexplicitado
y expresado
(exp/izjerbar
undamdnïrkbar).
Todo enfocado(Germain)
en tantoquetal, todo enfoque(Meinung)
en
el sentidonoemático(entendiendopor ello el núcleonoemático)es
susceptible,
cualquiera
queseael acto,de recibirunaexpresión
por
medio de contenidos de querer decir» (Bedeutungen.
Y Husserlplanteacomoreglauniversal
entonces queel quererde-
cir lógicoesun actodeexpresión(Lagzlrtbe
Bedeutmtg
ineinAuxdmck).
Tododebe,pues,poderdecirseenprincipio,tododebepoderacceder a
la generalidad
conceptual
quepropiamente constituye
la lógicadel1a-
gar.Y estonoapesarde,sinogracias
ala originalidad
delmediodeex-
presión
lógico:estaoriginalidad
consiste,
enefecto,
ennotenerla,
en
borrarsecomounatransparencia
improductivaanteel pasodelsentido.
202
Peroestatransparencia
debeserbastanteconsistente:
no sólopara
expresar,sino sencillamentepara dejarse¡knprimirlo que a continua-
ción dejaráleer:«Desdeel punto de vista noético,el término expre-
sar debedesignarun estrato particular de actos:todos los otros actos
debenadaptarsea ellos cadauno a su maneray fundirse con él de una
maneranotable,demodoquecadavez,el sentidodeactonoemáticoy
en él, por consiguiente,
la relacióncon la objetividadseimprima(mb
aumrágt:sega/pee)de manera conceptual (begnitb) en el momento
noemático de expresarle.»
Así, el noema preexpresivo,el sentido prelingüístico, debeimpri-
mirse en el noemaexpresivo,encontrar su marcaconceptualen el con-
tenido del querer decir. Paralimitarse a sacarafueraun sentido consti-
tuido,parahacerloal mismotiempoacceder, sin alterarlo,a la genera-
lidadconceptual,paraexpresarlo queyaestápensadosería casipre-
cisodecirescrito, paraelmente repetirlo,la expresióndebedejarse
imprimir por el sentido al mismo tiempo que lo expresa.El Sinndebe
inscribirse en la Bedeutung.
El noema expresivo debe ofrecerse,es la
nueva imagen de su improductividad, como una página blanca o cera
virgen; al menoscomoun palimpsestorestiuidoa su pura receptivi-
dad.Desdeel momentoen quela inscripciónen él del sentidolo haga
legible, el orden lógico de la conceptualidadseráconstituido como tal.
Se ofreceráentoncesbegnïcb,
de maneracomprensible,manejable,
concebible,conceptual.El orden del conceptoesinauguradopor la ex-
presión, pero estainauguración esla repetición de una conceptualidad
preexistente,puesto que habrá debido inicialmente imprimirse sobre
la páginadesnudadel quererdecir.Segúnla necesidad implacablede
estosdosconceptos,la produccióny la revelaciónseunenenla impre-
sión-expresión
deldiscurso.Y comolo queHusserlconsideraaquí,no
esel orden verbal, con toda su complejidad «enmarañada»(física e in-
tencional),sinola intencióntodavíasilenciosa
delquererdecir(el mo-
mentoenquela Bcdeutung haaparecido,queesmásqueel sentido,pero
no se ha preferido efectiva y físicamente todavía), debemosconcluir
de ello que el sentido en general,el sentido noemático de todo hecho
vivencial, es algo que, por su naturaleza,debeya poder imprimirse en
un querer decir, dejar o recibir su marca formal en una Bedmtung.El
sentido,asípues,seríaya una especiede escriturablanca y muda que se
repite en el querer decir.
El estratodela Bedeutung
no tendría,pues,por originalidadmásque
la de unaespeciede tabularasa.Estametáforaplantearíagravespro-
blemas,lo presentimos ya.Si hayen particularunahistoriay unaper-
manenciaoriginales de los conceptostal como estánya inscritos en
el sóloquererdecir,suponiendoquesepuedasepararde la historiade
la lengua y de los signicantes, éstostodavía son más viejos que el
sentidoy constituyena suvezun texto.Inclusosi pudiéramos
suponer
conderechoqueunaciertavirginidadtextualha acogido¡r1illatempare,
203
la primera producción del sentido, espreciso, de hecho, que el orden
sistemático del querer decir imponga de alguna manera su sentido al
sentido, le dicte su forma, le obligue a imprimirse segúntal o cual re-
gla, sintáctica u otra. Y este«de hecho»no es una necesidadempírica
entre otras, no podemosponerlo entre paréntesispara plantear cues-
tiones transcendentalesde derecho,puestoque el estatusdel querer de-
cir no puedeserjado sin que sedetermine al mismo tiempo el del sen-
tido. La puesta entre paréntesisde este «hecho»es una decisión en
cuanto al estatusdel sentido en generalen susrelacionescon el discur-
so. No dependede la fenomenología,la abrecon un gestono crítico. Y
aunque Husserl nunca haya vuelto a acusarmás tarde esta«anteriori-
dad»jurídica del sentido con respectoal querer decir (del Sinncon res-
pecto al bedeutm), vemos mal cómo seconcilia con la temática ulterior,
por ejemplo con la de El origendelageometría. Esta temática esa la vez, y
de maneramuy precisa,la que seguimosnosotrosen estemomento y la
de una historia sedimentada del bedeuten.E incluso si no se considerara
más que la historia geológica,¿cómopensar la restauraciónperpetua
del querer decir en su virginidad? _
La analogíaescriptural no retiene la atención de Husserlaquí. Esta
es solicitada por otra metáfora.
El medio que recibe la impresión será neutro. Husserl acabade
evocar la Ausprágungconceptual. Determina entonces la neutralidad
del medio como la de un medium sin color propio, sin opacidaddeter-
minada, sin poder de refracción. Pero estaneutralidad esentoncesme-
nos la de la transparenciaque la de la reflexión especular:«Senos ofre-
ce un medium intencional original que tiene como rasgoesencialrefle-
jar ( Wtkíanzxgvicgeln,
devolver en espejo)cualquier otra intencionalidad
en cuanto a su forma y su contenido, describirla (abzubi/den)en colores
originales y por ello pintar (eirwrbildm) en ella su propia forma de
conceptualidad.»
Doble efecto del medio, doble relación del logo:con el sentido: por
una parte, una pura y simple reflexión, un reflejo que respeta lo que re-
cibe y lo vuelve a enviar, que describeel sentido en tanto que tal, en sus
propios colores de origen y lo representaen persona. Es el lenguaje
como Abbi/dung(copia, retrato, guración, representación),Pero, por
otra parte, éstareproducción impone la marcablanca del concepto.In-
forma el sentido en el querer decir, produceuna no-producción especí-
ca que,sin cambiarnadaal sentido,pintaalgoen él. El conceptose
produce sin haber añadido nada al sentido. Se podría hablar aquí, en
cierto sentido, de cción conceptual,y de una especiede imaginación
que volvería a tomar la intuición del sentido en la generalidaddel con-
cepto. Esto seríael lenguajecomo Eïnbí/dung. Las dos palabrasno ocu-
rren fortuitamente en la descripción de Husserl:la producción impro-
ductiva de la lógica seríaoriginal por esteextraño concursode la Abbil-
dtmgy de la Einbíldmtg. &#39;

204
¿Esesto una contradicción? Husserl dejaapareceren todo casoun
ciertomalestar.Y lo quedaríamuchoquepensaresqueatribuyela in-
decisióndesudescripcióna la metaforicidadaccidentaldela lengua,a
lo queprecisamente llamala Bildlitbkoitdel discurso.Es porqueel dis-
curso debea vecesservirsede imágenes,de guras, de analogíasque
serian comcfsusresiduos por lo que el lago:debe serdescrito a la vez
como improductividad de la Abbi/dungy como productividad de la Ein-
bildmzg.
SiborráramoslaBi/d/¡rbkeit
enel discursodescriptivo,al mismo
tiemposeborraríala contradicciónaparenteentreAbbildung y Einbil-
Jung.Pero Husserlno sepregunta acercade estebildmnuclear en susre-
lacionescon el lagos.
El pasajequecitábamosmásarribaprosigueasí:
«sin embargo,es preciso acogercon reservasestaslocucionesconstri-
ñentes -reejar, describir-, pues la metaforicidad (BiId/irbkeit)que
intervieneensuusopodríafácilmenteengañarnos
(imjíibren).»La me-
táfora es, pues, en todos los sentidos de estapalabra, seductora.Y el
discurso fenomenológico debería resistir a esta seducción.

EL PODER í LÍMITE DE LA FORMA

Si Husserl sospechade todos los predicadosreferidos al medio del


lagos,nunca critica el concepto mismo de medium.El estrato expresivo
esun medium,esdecira la vezun elementoy un medio,un éterqueaco-
geel sentidoy un mediode hacerloaccedera la formaconceptual.La
palabramedium aparecea menudoen laspáginasquesiguen.Da preci-
samentesutitulo al problemadela historiadelosconceptos cuyadi-
cultad evocamosen este instante y que poníamos en relación con los
temasulterioresdeEl anger: delageometría.
Husserlformulaaquíla di-
cultad"queconstituiráel temacentraldel Onggm:«Losfenómenos que
respondena los términosBedeutm y Badeuttmg
planteanproblemasex-
traordinariamentedifíciles.Comotodacienciaesconducidapor sues-
tructura teórica, por todos los rasgosque en ella son del orden de la
«doctrina»(Labra)(teorema,prueba,teoría), a objetivarseen un medium
especícamente«lógico»,en el mediumde la expresión, los problemas
dela expresióny dela Bedeutung
sonlosprimerosqueencuentranlos-
lósofosy los psicólogospreocupados
de la lógicageneral,y sonluego
los primeros que exigen investigacioneseidéticasde orden fenomeno-
lógico cuando se intenta llegar seriamentea su fundamento.»
La teoría es, pues,el nombre de lo que no puedeni eximirse de la
objetivación en el mediumni tolerar sufrir en él la menor deformación.
No hay sentido (Jimi) cientíco sin querer-decir (bedmten),
pero perte-
nece a la esenciade la ciencia exigir la univocacidad sin sombra, la

9 Este problema estabaya planteado en la introducción a las lnwsttjgaríaner


[agitar
(S 2)-

205
transparenciaabsolutadel discurso.La cienciatendría necesidadde
que aquellode lo que tiene necesidad(el discursoen tanto que puro
querer-decir)no sirvaparanada:sóloparaguardary paramirar el sen-
tido que ella le confía.En ningunapartepuedesera la vez el discur-
so más productivoy más improductivoque como elementode la
teoría.
Esto conrma, si estaproductividadesel tela:de la expresión,que
el discursológico-cientíco nuncaha cesadode funcionaraquí como
el modelode todo discursoposible.
Todo el análisisdeberáen lo sucesivodesplazarse entre doscon-
ceptoso dos valores.Por una parte, el discursoideal deberállevar a
caboun recubrimientoo una coincidencia(Deckung) del estratono ex-
presivodel sentidoy del estratoexpresivodel querer-decir.Pero,por
las razonesque ya hemosreconocido,esterecubrimientonuncadebe
serunaconfusión.Y el trabajode claricación, deextinción,de articu-
lación, etc., debe referirse a los dos estratoscomo tales. La diferencia
entrela coincidenciay la confusiónlleva de nuevo,pues,a la apertura
mismade nuestroespacioproblemático.Peroestaïormulaciónpermi-
te quizá progresar.
En el mejorde los casos,el del recubrimientoperfectode los dos
estratos,habría,pues,paralelismo.El conceptode paralelorespetaríaa
la vez la correspondenciaperfectay la no confusión.Y segúnuna ana-
logíaqueseríanecesario meditar,desempeñaría aquíun papeltan deci-
sivocomoen el casoen queHusserllo haceexplícitamenteintervenir
paradescribirlasrelaciones entrelo psíquicopuroy lo transcendental.
El paralelismode los dosestratosno puedeserun recubrimiento
perfectomásquesiel querer-decir(si no el discursoefectivo)reprodu-
ce integralmenteel sentidodel estratosubyacente.Siemprehay un
cierto recubrimiento de los dos estratos,sin el cual el fenómeno de ex-
presión no se produciría incluso; pero esterecubrimiento puede no ser
integral:«Esnecesario, además,subrayarla diferenciaentreexpresión
integral(vallrtünakgem)
y no integral(urwaIktándzQgem).La unidad de lo
que expresay de lo expresado en el fenómenoesla de un cierto recu-
brimiento(Decletmg), pero no es necesarioque el estratosuperiorex-
tiendaal estratoinferior enterosufunciónde expresión.La expresión
esintegralcuandoimprime(aunprágt) el sellodel querer-decirconcep-
tual sobre todas las formas y materias (Materim) sintéticasdel estrato
subyacente;no esintegralcuandono lo hacesinoparcialmente:asíen
presenciade un procesocomplejo,por ejemplo,la llegadadel coche
que conducea los invitadosesperados durantemuchotiempo, grita-
mosen casa:¡elcoche!,¡losinvitados!Naturalmente,estadiferenciade
integridadse cruzacon la de la claridady de la distinciónrelativa»
(S 126).
Podríamos
creerhastaaquiquela no-integralidad
dela¡{EHCSÍÓH
y
el no-paralelismode los dosestratostienenvalor de hechoo de acci-

206
dente;y queinclusosi un hechotal seproducea menudo,si afectacasi
siemprea nuestrodiscursoen sutotalidad,no pertenecea la esenciade
la expresión.El ejemploqueacabade citar Husserlperteneceen efecto
al lenguajede la Vidacorrientey sepuedesuponertodavíaquela expre-
sión científicatiene precisamente por misiónno sólocomopoderde
dominarsussombrassinotambiénde restituirla integralidaddel senti-
,_doenfocadoen la expresión.
Ahora bien, a riesgode comprometerun axioma(el valor impro-
ductivoy reectante de la expresión),Husserltambiénactualizauna
no-integralidad esencialde la expresión,unaincompletitudqueno po-
drá dominar nuncaningún esfuerzoporqueatañeprecisamentea la
formaconceptual,a la formalidadmismasinla cualla expresiónno se-
ría lo quees.CuandomásarribaHusserlparecíaquererinsistirsobrela
naturalezareflejante,reproductiva,repetitivade la expresión,sobresu
Ahh/den,y neutralizaren revanchasusefectosy susmarcas,supoderde
deformacióno de refracción,suEinbtïdm, por el contrario,ahorainsis-
te sobreun desplazamiento esencialde la expresiónquele impidepara
siemprereeditarel estratodel sentido(Sinn).El quererdecir(badeutm)
nuncaseráel dobledel sentido(Sinn):y estadiferenciano esnadame-
nosque la del concepto.Debemosleer todo estepárrafo:
«La expresióntieneotra forma de no serintegral,completamente
diferente(Ein: deltotalandare Unua/Ártündgkeít)
de la queacabamos de in-
dicar;pertenecea la esenciade_laexpresiónen tanto quetal, a sabera
su generalidad(A/{gemeín/Jeít). El pueda expresael deseode manera
general,la forma imperativaexpresala orden,él podría, la conjetura
o lo conjeturadocomotal, etc.Todo lo queintroduceen la unidadde
la expresiónuna determinaciónmásestrechaesa suvezexpresado en
la generalidad.La generalidadpropiaa la esenciade la expresiónim-
plicaen susentidoquetodoslosrasgosparticulares de lo expresadono
puedannuncareflejarse(mb nektierm) en la expresión.El estratodel
quererdecirno es,no puedeserpor principio,unasuertede reduplica-
ción (Redup/íkatíon) del estratosubyacente.»
Volviendo de nuevo a toda una problemática de las expresiones
completase incompletasen lasInvertzggaciamlogica,Husserlevocaen-
tonceslosvaloresdel estratosubyacente quepor principiono pueden
repetirseen la expresión(cualidades
declaridad,de distinción,modi-
caciones de atención, etc.).
Esteempobrecimiento esla condiciónde la formalizacióncientí-
ca. La univocidadseextiendea medidaque renunciamosa la repeti-
ción integraldel sentidoen el quererdecir. No podemos,pues,ni si-
quieradecirquela no-integralidad, de hecho,accidental,inesenciales
reducidapor una teleologíadel discursocientico, o queescompren-
didacomoobstáculoprovisionalen el horizontede una tareainnita.
El telardel discursocientíco mismocomporta,en tanto que tal, una
renuncia a la integralidad. La diferencia no es aquí deciencia provi-

207
sionalde la epistemeen tanto que discurso,es su propio recurso,la
&#39;
condiciónpositivade suactividady de suproductividad.Es tantoel lí-
mitedel podercientico comoel poderdel limitecientífico:
poder-
límite de su formalidad.

LA FORMA «ES» - su EL11>s1s*

Estasproposiciones concerníanantesque nada,parece,a la rela-


ción entre la forma del enunciadoy el contenidodel sentido,entreel
ordendelquererdeciry el ordendelnoemaengeneral.
Sinembargo,
implicanuna decisiónesencialqueestavezconciernea la relaciónde
losenunciados
entresí,enel interiordelsistema
general dela expresi-
vidad.Paraquela relacióndela expresiónconel sentidohayapodido
recibir la determinaciónque acabamosde dibujar,¿noera necesario
haberreconocido
yaunprivilegio
absoluto
a unciertotipodeenuncia-
do?¿No hay entreel valor de formalidady una ciertaestructurade la
fraseuna relaciónesencial?
Al mismotiempo,¿nohayentreun cierto
tipodenoema(odeexperiencia delsentido)
y el ordendelquererdecir
unamïidad deparaquehabríaasegurado dealgunamanerasupropia
posibilidada todaestafenomenología
dellagos?
Conestapregunta volvemossobrenuestros primerospasos:¿qué
haydelconcepto deforma?¿Cómoinscribe a la fenomenología
en el
cierredela metafísica?
¿Cómodeterminael sentidodelserenpresen-
cia, inclusoen presente?
¿Quéeslo quelo hacesecretamente
comuni-
carseconestadelimitación
delsentido
delserquele hacepensarse
por
excelenciaen la formaverbaldel presente,y másestrictamente
incluso
en la tercerapersonadel indicativopresente?
¿Quehacepensarla
complicidadde la forma en general(oídas, marpbé)y del «es»(esti)?
Restablezcamosel contactode estaspreguntasconel textode Hus-
serlen el puntoen queel empobrecimiento formal acabade serreco-
nocidocomouna regla-deespecie.El problemade la relaciónentrelos
diferentestiposde enunciadosurgeentoncesnaturalmente.El enun-
ciadoen la forma del juicio,del «esasí»¿esun enunciadoentreotros?
¿Nole esreservada
algunaexcelencia
enel estratodela expresividad?
«Importaaclarartodosestospuntos,si queremosresolveruno de los
problemasmásviejosy difícilesde la Bedeutmtgsipbre;
hastael presente,
ha quedadosin soluciónen la ausenciade los principiosde evidencia
fenomenológicosqueexige.He aquíesteproblema:¿quérelaciónexis-
teentreel enunciado
entantoqueexpresión
deljuicioy lasexpresiones
de los otrosactos?»(S 127).
La respuesta
a unapreguntasemejante
habiasidopreparada,sune-

* Nótesequecl francésc111)»:
esequivalentedel castellano
«elipsis»,
perotambiénde
«elipse»;
conello juegaDerrida.(N. delT.)

208
cesidad
habíasidoanunciada
enunaetapadelanálisis
quetodavíano
concerníaal estratode la expresión.Se tratabaentoncesde poneren
evidencia,
enel interiordeloshechos
vivenciales
prácticos
o afectivos,
en el interiorde losactosde evaluaciónestética,moral,etc.,un núcleo
«dóxico»,
que,permitiendosiemprepensarlosvalores
comoexistentes
(lo deseadocomoexistente-deseado,lo agradablecomoexistente-
agradable,
etc.)(S 114),constituya
sisepuedeasídecirla logicidad
del
estratopreexpresivo.
Es porqueesteestratosilenciososiemprecom-
porta -o siempreposeeel poderde restaurar- una relacióncon la
forma por lo que siemprepuedeconvertir su experienciaafectiva,
axiológica,
surelación
conlo quenoeslo presente,enunaexperien-
ciaenla formadelo quees- presente (lo bellocomolo quees-bello,
lo deseadocomolo quees-deseado,
el futurotemidocomolo quees-
futurotemido,lo inaccesible
comolo quees-inaccesible,
y en el límite
lo ausentecomolo quees-ausente),
por lo que seofrecesin reservaal
discurso
lógicovigiladoporla formapredicativa,
esdecir,porel indi-
cativopresentedel verboser). A ojosde Husserl,no sóloestono redu-
cirá la originalidad
de lasexperiencias
y de losdiscursos
prácticos,
afectivos,axiológicos,
sinoquelesasegurara
la posibilidadde una for-
malización sin límite.
Habiendohechoaparecerque«todoacto,o todocorrelatode acto,
encierraen sí un factorlógico, implícitoo explícito»(117), Husserl
sóloteníaqueextraerlasconsecuencias
deelloencuantoa la recupera-

l Husserlquiererespetar a la vezla novedad o la originalidaddelsentido(práctico,afec-


tivo,axiológico)quesobrevienen al núcleode sentidode la cosa(Sartre)desnuda, comotal, y
haceraparecer, sinembargo, sucarácter «fundado», xaperemwttural.
El nuevosentidointrodu-
ceunadimensión desentidototalmentenueva;conél seconstituyen no yanuevos elementos
determinantes de la «cosa»bruta(Sube),sinolosvaloresde lascosas, lascualidades de valor
( Wet-Ibañez),
o losobietivos de valor( Weolgfekíittm) concretos:bellezay fealdad;bondady
maldad;el obietousual,la obrade arte,la máquina,el libro,la acción,el actocumplido,etc.
Desdeestemomentola conciencia esunavez máscon respecto a estenuevocarácteruna
consciencia posicional:lo «válido»puedeserplanteadosobreel planodóxicocomosiendo
válido(al: menreimd).El «siendo» queseañadea «valido»comosucaracterización, puede,
por otraparte,serpensado bajosuformamodalizada, al mismotitulo quetodo«siendo»
(116). «Porconsiguiente, podemosuna vez másdeciresto:todoacto,o todocorrelatode
acto,envuelveen si un factorlógico (a):Logirrbn), implícitoo explícito...Resultadetodas
esasconsideraciones quetodoslosactosengeneralcomprendidos losactosafectivos y vo-
1itivos sonactosobjetivantes(abje/etivímndc), que constituyenoriginariamente objetos;
sonla fuentenecesaria de lasdiferentes regiones del sery, asipues,de lasdiferentes ontolo-
gíasqueconellasserelacionan,Aquíalcanzamos la másprofundade lasfuentesa partirde
lasquedebeelucidarse la universidad de lo lógico,y nalmente, de la deljuiciopredicativo
(aquí,ponemos en teladejuicioel estratode la expresión enel ordendelo que«quieredecir»
(de;bedeutrmgxmdrxxgen
Awdrrkenr)quetodavíano ha sidotratadode cerca)»(S 117).
l «Aquiesdondesefundenen últimainstancialasanalogías quesiempreseha sentido
entrela lógicageneral,la teoriageneralde losvaloresy la ética,lascuales,empujadas en sus
últimasexigencias, conducena la constitución de disciplinas generalesparalelasde orden
formal,lógicaformal,axiologíaformal y teoriaformal de la practica(Pr-ahhh);(S 117).
(Cfr. tambiénLzígim rma/j lojgita tramrmdmtal, 50).

209
ción expresivade estosactos, y conrmar, más bien que descubrir, el
privilegio del «es»o del enunciadopredicativo. En el momento en que
repite 12la pregunta en el orden del querer-decir,la respuestaesen ver-
dad necesaria.Ya no sepuedeuno sorprender o decepcionar.Hay ahi
como una regla del discursoo del texto: la pregunta sólo puedeinscri-
birse en la forma dictada por la respuestaque la espera,esdecir, que no
la ha esperado.Sólo es preciso preguntarsecómo ha prescrito la res-
puesta la forma de la pregunta: no según la anticipación necesaria
conscientey calculadade aquel que conduceuna exposición sistemáti-
ca, sino, de una cierta manera, a susespaldas.Podemos,por ejemplo,
preguntarnos aquí hastaqué punto la referenciaal estractoexpresivo,
antes mismo de convertirse en un tema, no ha conducido secretamente
los análisisdel estrato presexpresivoy permitido descubrir ahí un nú-
cleo de sentido lógico, en la forma universal y pretendidamentesilen-
ciosa de lo que es-presente.
Y si entre el ser como lo que es-presenteen la forma del querer-
decir (bedetmten)en la forma llamada preexpresivadel sentido (Sinn),
no ha operado alguna complicidad irreductíble, soldando entre si los
dos estratos,permitiendo igualmenterelacionarlosuno con el otro, ar-
ticularlos en toda esta problemática. ¿No es éste el lugar para tomar
una decisión sobre todos los problemas que hemos señalado hasta
aquÍPH.¿No seconvierte en problemática a partir de estemomento la
¡2 «Tenemosptedicacionesexpresivasen las que un ¡así es! (5ainer!)advienea la ex-
presión.Tenemosconjeturas,preguntas,dudasexpresivas,promesas,órdenesexpresivas,etc.
Desdecl punto de vista del lenguaje,encontramosaqui formasde proposiciónque por una
parte tienen una estructuraoriginal, pero quesonsusceptibles de una doble interpretación:a
las proposicionesenunciativasseañadenproposicionesinterrogativas,proposicionesconje-
turales,optativas,imperativas.E] conflicto original eshabersi, hechaabstracciónde la for-
mulacióngramaticalde susformashistóricas,estamosfrente a tipos de querer-decir situa-
dossobreel mismo plano (g/eírbgeardnete Bednmmgram) o si todasestasproposicionesno son
en verdad,en virtud de lo que quierendecir, proposicionesenunciativas.En la segundahi-
pótesis,todaslasestructurasde actosde esteorden; por ejemplo,los actosde la esferaafecti-
va, queen sí mismosno sonactosde juzgar,no podríanaccedera la expresión másquepor
el rodeo (Umwg) de un juicio que se fundaría sobreestosactosafectivos» 127).
3 Aunque la respuestahayaprescrito la forma de la pregunta,o si sepreere sehaya
prescritoa sí misma,su articulacióntemáticano esuna simple redundancia.Abarcanuevos
conceptosy encuentranuevasdicultades, por ejemplo,cuandosetrata, al nal del S 127,de
expresionesdirectaso indirectasdel sentido,y del vam del rodeo(Uma/eg) perifrástico.To-
memosalgunasreferenciasen estepárrafo:«El medium del querer-decirexpresivo,estemedium
original del logos,¿esespecificamentedóxico? Naturalmente,esto no excluiria que haya
variasmanerasde expresar,por ejemplocosasvividas afectivas.Una solaentre ellasseriala
expresióndirma:seriauna expresiónsimple[rr/J/irbt.subrayadonuestro]de lo vivido (o de su
noema,si seelige el sentidocorrelativo de la palabraexpresión);seríaobtenidapor adapta-
ción inmediata [subrayadonuestro]deunaexpresiónarticuladasobrelo vivido afectivoarticu-
lado, graciasa lo que lo dóxico recubrelo dóxico. Seriapuesla forma dóxica incluida en lo
vivido afectivo consideradosegúntodos suscomponentes,lo que permitiría adaptarla ex-
presiónen tanto quevivido reduciéndose exclusivamente a una tesisdóxica(daxatkzttlrtbm),
a
lo vivido afectivo...Másexactamente,si quisieraserel e integra,estaexpresióndirecta no
seuniría, sino a lo vivido, cuyadoxa no esmodalizada...Quedantodaviamúltiplesposibili-
dadesde expresionesindirectasque procedenpor rodeos (mit Umwegen)...»

210
ideamismadeun lenguajeexpresivo? ¿Yconellala posibilidaddeuna
distinciónentreel estratodel sentidoy el estratodel quererdecir?So-
bre todo,¿sepuedenpensarlasrelaciones entrelos dosestratosbajola
categoríade expresión? Decir, en efecto,quela descripciónde la in-
fraestructura(delsentido)ha sidosecretamente guiadapor la posibili-
dad superestructuraldel querer-decir, no escontestar,contra Husserl,
la dualidaddelosestratosy la unidaddeun ciertopasoquelosrelacio-
naentresí. No esni quererreducirun estratoal otro ni juzgarimposi-
ble la recuperación integraldel sentidoenel querer-decir.No esni re-
construirla experiencia(del sentido)comoun lenguaje,sobretodo si
por ello seentiendeun discurso,un tejidoverbal;ni producirunacríti-
cadel lenguaje a partir delasriquezasinefablesdel sentido.Escuestio-
nar simplemente otra relaciónentrelo queproblemáticamente sella-
ma el sentido y el querer-decir.
Esdecir,la unidaddel sentidoy dela palabraen el «es»:
queno ha
podidoprometerdirectamentela recuperación de todo lenguajeen la
predicaciónteóricamásquepor haberprometidoya,teleológicamen-
te, todoel sentidoal querer-decir.
Y sobrelasrelaciones entreel esy la
formalidad en general:en la evidenciadel es(presente),en la evidencia
misma, es donde se propone toda la fenomenología transcendental
consideradaen su másalta ambición, la que a la vezpasapor la consti-
tución deunalógicay deunaantologíaabsolutamente
formalesy por
una descripcióntranscendentalde la presenciapara sí o de la conscien-
cia originaria.
Podemosentoncespensar que el sentido del ser ha sido limitado
por la imposiciónde la forma que,en su valor másabiertoy desdeel
origen de la losofía, le habría asignado,con la autoridad del es,el cie-
rre de la presencia,la formadela-presencia,la presencia-en-la-forma,
la forma-presencia. Podemospensar,por el contrario, que la formali-
dado la formalización- estálimitadapor el sentidodel serque,de
hecho, en la totalidad de su historia, nunca ha sido separadode su de-
" La forma (la presencia,la evidencia)no seriael último recursoo la última instanciaa
la queremitiria todo signoposible,el arrbe o el telar.O másbien,deuna maneraquizáinaudi-
ta, la marpbe,el arrbey el telarharian una vez mássigno. En un sentidoo un nosentido
quehabriaexcluidode sucampola metafísica,manteniéndose no obstanteen relaciónsecre-
ta e incesantecon ella, la forma seriaya en si la marca(iklwos)de una cierta no-presencia,el
vestigiode lo in-forme, queanuncia-recuerda suotro, como lo hizo acasoPlotino, al todo de
la metafísica.La marcano serialo mixto, e] pasoentre la forma y lo amorfo, la presenciay la
ausencia,etc.,sino de lo que, hurtándosea estaoposición,la haceposibledesdelo irreducti-
ble de suexceso.Desdeestemomento,el cierrede la metafísica,lo quepareceindicar, trans-
grediéndolatal audaciadelasEneada: (pero sepuedenacreditarotros textos);no pasariaalre-
dedordeun campohomogéneoy continuo dela metafísica.Fisuraríasuestructuray suhisto-
ria, inscribiendo en ella orgánicamente,articulando sistemáticamentey desdedentro las
marcasdel antes,del después y del afueradela metafísica.Proponiendoasíunalecturainfini-
ta e infinitamente sorprendente.Puedeproducirsesiempreen el interior de unaépoca,en un
cierto punto de sutexto (por ejemplo,en el tejido«platónico»del «plotonismo»).una ruptura
y un excesoirreductibles.Ya sin duda en el texto de Platón...

211
terminación en presencia,bajo la excelentevigilancia del es;y que des-
de esemomento el pensamientode la forma tiene poder de extenderse
más allá del pensamientodel ser.Pero que los dos límites denunciados
así seanel mismo, eslo que acasoilustra la empresahusserliana:la fe-
nomenología no ha podido llevar hastasu límite extremo la exigencia
formalista y criticar todos los formalismos anteriores más que a partir
de un pensamientodel sercomo presenciapara sí, a partir de una expe-
riencia transcendentalde la conciencia pura.
No tenemos,pues, problema en una elección entre dos líneas de
pensamiento.Más bien hay que meditar la circularidad que indenida-
mente hace pasar una dentro de la otra. Y, repitiendo rigurosamente
este círculo en su propia posibilidad histórica, dejar quizá producirse
en la diferencia de la repetición, un desplazamientoeliptico: deciente
sin duda, pero de una cierta deciencia que todavía no es, o no es ya
ausencia,negatividad, no-ser, carencia,silencio. Ni materia ni forma,
nada que puedavolver a adoptar un losofema, esdecir, una dialécti-
ca, en cualquier sentido en que sela determine. Elipse a la vez del que-
rer decir y de la forma: ni habla plena, ni círculo perfecto. Más y
menos, ni más ni menos. Acaso una pregunta completamente dife-
rente.

212
El suplemento de la cópula*
La losofía ante la lingüística

* Primera versión publicadaen Langagex,


24 de diciembrede 1971.

213
Si, a partir de la oposiciónrecibidaingenuamente
entrelenguay
habla, lengua y discurso,se intentara elaborar una teoría del discurso
losóco, seríadifícil evitar la preguntaclásica:¿estáregidoel discur-
solosóco hasta quépuntoy segúnquémodalidadespor lasexi-
genciasde la lengua?En otros términos, si consideramosla historia de
la filosofía como un gran discurso, una poderosacadenadiscursiva,
¿nosesumergeen una reservade lengua,reservasistemáticade una le-
xicología,de una gramática,de un conjuntode signosy de valores?
Desdeestemomento¿noestálimitadapor los recursosy la organiza-
ción de esta reserva?
¿Cómodeterminarestalenguade la filosofia?¿Esuna«lenguana-
tural» o una familia de lenguasnaturales(griego, latín, alemán, indo-
europeo,etc)? ¿Esmásbien un código formal elaboradoa partir de es-
tas lenguasnaturales?Estaspreguntastienen una vieja historia, se re-
montan, sin duda, al origen de la losofía misma. Pero no podríamos
reelaborarlassin transformaro desplazar
lasparejasde conceptosque
la constituyen.Estos,por ejemplo,lenguanatural/lenguaformal,len-
gua/habla,etc.,en tantoqueproducciones deldiscursolosóco, per-
tenecenal campo que se les querría someter; lo que, sin privarlas de
toda autoridad, no les confiere ninguna pertinencia para dominar la
relación del «discurso»filosófico con sus imposiciones.
Por otra parte, estaspreguntas,que fueron durante mucho tiempo
particulares y virtuales, se convierten, en un momento dado, en domi-
nantesy obsesionantes.Esto no esciertamenteinsignicante en lo que
respecta
a la relaciónhistóricadela losofía consupropiolímite y a la
forma singular de estecierre. Esta singularidad se manifiesta regular-
mente segúnel siguientegiro: el que alegala pertenenciadel discurso
losóco al cierredeunalenguadebeprocedertodavíaen estalengua
y con lasoposiciones
queéstale proporciona.Segúnunaleyquesepo-
dría formalizar, la losofía se reapropia siempreel discursoque la de-
limita.
En n, aunquela cuestiónsobrelasimposiciones
lingüísticastenga
una cierta permanencialosóca, la forma bajo la que avanzamoshoy

215
se ha constituido, sin duda, en [una conguración históricoteórica
muyparticulary muycompleja.Estaunenumerosos
camposdela crí-
tica, pero siguesiendo, sobretodo, inseparabledel desarrollode la lin-
güística histórica en el siglo XIX. Recordandoal lósofo que sigue es-
tando amuralladopor una lengua,Nietzschees,sin duda, másviolento
y más explicito que otros, pero también explota una posibilidad que
aora un poco en todaspartesdesdehacemediosiglo,inclusosi las
másde las Vecesera reapropiadapor el interés losóco. En estasitua-
ción, no más que en ninguna otra, el discurso nietzscheanono podía
simplemente escapar a la ley de esta reapropiación. Por ejemplo,
Nietzsche determina como liberación (o libertad de pensamiento) el
movimiento por el cual, por n, seindependizaríadel lenguajey de la_
gramática que hastaaquí han gobernadoel orden losóco. Muy tra-
dicionalmente, viene así a denir la ley de la lengua o del significante
como una «esclavitud»de la que espreciso liberarsey, en el momento
más crítico o «trastocante»de su empresa,sigue siendo filósofo, diga-
mosprovisionalmente.
«Lalógicano esmásquela esclavituden lasca-
denasdel lenguaje(dieSalaverei in denBender!
derSpratbe).Este [o ésta:la
lengua] tiene en sí, sin embargo,un elemento ilógico, la metáfora. La
primera fuerza opera (bewirkt) una identicación de lo noidéntico
(G/eítbxetzen
de: Urtgleitberz),
es, pues, una operación de la imaginación
( lWr/Zaurzg
derPbantarie).Sobreella reposala existenciade los conceptos,
de las formas, etc.»&#39;.
Este movimiento serepite regularmente,e inicial-
mente cuando Nietzsche analiza la ilusión losóca de «verdad»: ava-
sallamientoa un ordende signosde los queolvidamosqueson«arbi-
trarios» (wil/kür/íc/J).Recordar lo arbitrario del signo, ¿no es lo que
siempreha hecho la losofía para establecerla exterioridad contingen-
te y superficial del lenguajerespectoal pensamiento,la secundariedad
del signo con relación a la idea, etc.?Con un objetivo totalmente dis-
tinto, Nietzschedeberecurrir a un argumento análogo:«Sólograciasa
su capacidadde olvido ( Vergerzjitbkeít) puedellegar el hombre a creer
que poseeuna Verdad en el grado que acabamosde indicar. Si no
quiere contentarsecon la verdad en la forma de la tautología, esdecir,
contentarsecon cosasvacías,cambiaráeternamenteilusionespor ver-
dades.¿Quées una palabra?La representaciónsonora de una excita-
ción nerviosa. Pero concluir que una excitación nerviosa tiene una
causaexterior a nosotrosesya el resultadode una aplicación falsae in-
justicada del principio de razón. Cómo tendríamosderecho,si la ver-
dad hubiesesido sola determinante en la génesisdel lenguaje,y el pun-
to de vista de la certezaen las designaciones,cómo tendriamos,pues,el
derechode decir: la piedra esdura; como si dura senos diera a cono-
cer de otra maneray no sólo como una excitación completamentesub-
jetiva. Clasificamos las cosassegún los géneros,designamosel árbol
1 Le liz/redupbilaxapbr,
¿tadatbíariques,
tr. fr. A.-K. Marietti, Aubier, pág. 207.

216
como masculino, la planta como femenina: qué arbitrarias transposi-
ciones (we/tbcwi/IkürlitbenUbertragurzgetzl).
¡Cuánto nos hemosalejadoa
todo vuelo del canon de la certezab. Siguenel ejemplo de la «serpien-
te» y una interpretación de la metáfora como la estructura misma o la
condición de posibilidad de todo lenguajey de todo concepto.
Anotémoslo aquí como adaraja:la ilusión diagnosticadase reere
al valor del «es»que tiene como función transformar una «excitación
subjetiva»en juicio objetivo, en pretensiónde verdad.¿Funcióngrama-
tical? ¿Función lexicológica? Es una cuestión que se determinará más
adelante.
El ejemplo de la piedra o de la serpiente ilustraba un arbitrio se-
mántico o lexicológico. Pero Nietzscheincrimina la mayor parte de las
vecesa la gramática o la sintaxis. Estassostendríancon su estructura
toda la edicación metafísica:«Nuestro más viejo fondo metafísicoes
aquel del que nos desembarazaremos en último lugar, suponiendoque
logremos desembarazarnoseste fondo que se ha incorporado a la
lenguay a las categoriasgramaticalesy seha hecho hastatal punto in-
dispensableque pareceque deberíamosdejar de pensar,si renunciára-
mos a estametafísica.Los filósofos son justamentequienesmásdifícil-
mente se liberan de la creenciade que los conceptosfundamentalesy
las categoríasde la razón pertenecenpor naturalezaal imperio de las
certezasmetafisicas;creen todavía en la razón como en un fragmento
del mundo metafísicomismo, estacreenciaatrasadareaparecesiempre
en ellos como una regresión todopoderosaw.
Nietzschedebe,pues,en un momento dado, apelara esquemasfilo-
sóficos(por ejemplo, lo arbitrario del signo o la emancipacióndel pen-
samiento con respectoa una lengua)en su operación crítica contra la
metafísica.No esuna incoherenciacuya solución lógica no lleguea en-
contrar, sino una estrategiay una estratificación textualescuyo análisis
es preciso practicar. Se podría hacer también siguiendo el trayecto de
Heideggerque seenfrentó con análogasdificultades. Estasseformulan
explícitamenteen la Carta¡obreelbumanixmo: «...estametafísicaque,bajo
la especiede la lógica y de la gramática occidentales,pronto seha
apoderadode la interpretación del lenguaje.Hoy no podemossino pre-
sentir apenas lo que disimula un acontecimiento semejante. La libera-
ción del lenguajede las ligadurasde la imposición gramatical, con
vistas a una articulación más original de suselementos,estáreservada
al pensamientoy a la poesía»*.Y en otra parte, recordandoqueSeixund
Zeit ha quedadoinacabado:«En estepunto todo setrastorna. Esta sec-
ción no fue publicada, porque el pensamientono llegó a expresarde

-&#39;
Íbixi, pág. 177.
- Fragmentode 1886,tr. fr., en La Via/amé
deputita/re,t. l. pag. 65.
4 Tr, R. Munier, pág. 27.

217
manerasuciente estetrastorno y no lo logró con la ayudade la lengua
de la metafísica»5.

RAPSODIAS

En lugar de seguir estainmensaproblemática en alta mar, si pode-


mos decirlo así,quizá espreferible, dadaslas exigenciasy los límites de
esteensayo,partir aquí de las proposicionesde un lingüista moderno.
Sabemosque Benvenisteha analizadoen «Categoríasde pensamientoy
categorías
de lengua»"lasimposicionespor lascualesla lenguagriega
limitaría el sistemade las categoríasaristotélicas.
Susproposicionesforman parte de un conjunto estratiñcado;no se
limita al texto que directamente enuncia la tesis. Deberemostomarlo
en consideración,llegado el momento. Esta tesis,por otra parte, ya ha
encontrado objecionesde tipo losófico7 que forman, pues,con ella un
debate cuya elaboración será preciosa para nosotros.
He aquí en principio la tesis:«Ahora bien, nos parecey tratare-
mos de mostrarlo que estasdistinciones son primeramente catego-
rías de la lengua,y que, de hecho, Aristóteles, razonandode una mane-
ra absoluta, reencuentrasimplemente ciertas de las categoríasfunda-
mentalesde la lengua en la que piensa»(pág. 66).
¿Cuálesson los considerandosde esta tesis?Benveniste parte de
cierto núcleo de caracteresgeneralmentereconocidosen la lengua, al
menos desdeSaussure.En primer lugar, «la realidad de la lengua»es
«inconsciente»,lo que se une también con proposicionesde Saussure
semejantesen lo que respectaal hecho de que «la lenguano esuna fun-
ción del sujetohablante».No nos detendremossobreestapremisa,que,
no obstante,plantea másde una dificultad, no sólo a causade su forma
empírica. («En su diversidad, estos usos [de la lengua] tienen, sin em-
bargo, dos caracteres en común. Uno es que la realidad de la lengua si-
gue siendo como regla general inconsciente») ¿Qué quiere decir aquí
«realidad de la lengua»? ¿Qué hay de la «realidad» en la locución «reali-
dad de la lengua»?¿Por qué sólo «como regla general»?¿Eso no un
predicadoesencialde la dicha realidad el de seguir siendo inconscien-
te? La dificultad de la repartición entre conscientee inconsciente se
presentaen la mayor de susoscuridadescuando se trata de lenguajeo
de lengua (de uso de la lengua).No seatenúa,por el contrario, cuanto
el inconsciente corre el riesgo de hacerseuna conciencia debilitada
5 Pa . 65.
" 19248,
reeditado
en¡mb/ima
delinguzïríique
gínéra/e,
ed.Gallimard,
1966,
pág.
63.
7 (lfr. P. Aubenque,«Aristoteet le langage,note annexesur lescategoriesdAristote. A
proposdun article de M. Benveniste», en Arma/e:delafatu/tederlettre:a"Aix, t. XLIII, 1965,
y j. Vuíllcmin, De la Iqíqm ala tbéolagic, Cïrzqt¿rudamr Arirtate, lïlammarion, 1967, pa-
ginas 75 y ss.

218
«la realidadde la lenguasiguesiendoahí como reglageneralin-
consciente;exceptoel casode estudio propiamente lingüístico, no te-
nemosa lo sumo másque una concienciadébil y fugitiva de las opera-
cionesque llevamosa cabopara hablar»),o cuandola actividad del lin-
güista, en su relación con la lengua, está determinado como toma o
acrecentamientode conciencia. Con estaspreguntas,no setrata ni de
insistir sobre eslabones, sin duda secundarios de la demostración de
Benveniste,ni de objetar a un discurso: sólo de indicar un ejemplo de
las aporíasen las cualesparecelanzarsecuando sedispone a denir las
imposicionesque limitan el discursolosóco; a esteúltimo debento-
mársele prestadaslas nociones no criticadas que se aplican a su de-
limitación. Las nocionesde sistema,de forma, de contenido, que sir-
ven para denir los caracteresde la lengua, también habrían podido
detenernos.(«Ahora bien, estalenguaestácongurada en su conjunto
y en tanto que totalidad. Está por añadiduraorganizadacomo disposi-
ción de signos distintos y distintivos, susceptiblesen sí mismos de
descomponerseen unidades inferiores o de agruparseen unidades
complejas.Esta gran estructura,que cierra las estructurasmás peque-
ñas y de varios niveles, da su forma al contenido del pensamiento...»)
Ahora bien, la noción de sistemalingüístico, aunque seopusieraa las
de sistemalógico o de sistemade categorías,e incluso si sequisiera re-
ducir a éstosaquél,nunca habría sido posible fuera de la historia (y) de
losconceptos
dela metafísicacomoteoría,epistemé,
etc.Cualesquiera
que seanlos desplazamientos,las rupturas, lasdiscontinuidadessecun-
dariasde todo tipo (y sin duda es necesariotomarlo rigurosamenteen
consideración),estafiliación nunca ha sido absolutamenteinterrum-
pida. Benvenistelo reconoceen otra parte; y reconoceaqui que esne-
cesarioenseguidacriticar como metáfora o «imagen»una gran oposi-
ción clásica,heredada
de la losofía y queestaba,sin embargo,en el
centro del pasajeque acabamosde citar: «Hablar de continente y de
contenido, es simplificar. La imagen no debe abusar.Estrictamente
hablando,el pensamientono esuna materia a la que la lenguaprestaría
forma, puesto que, en ningún momento, este continente no puede
ser imaginado vacío de su contenido, ni el contenido como inde-
pendiente de su continente»". Precaucionesde estetipo podrían to-
marseen lo que toca a cadaconcepto;y no señalamossobreestosejem-
plos másque la necesidadpropia a la estructurade un discursoo de un
proyecto, en modo alguno a la iniciativa de un autor.
Dejemosaquí la apertura propedéuticadel texto de Benvenistey
lleguemosal problema principal. Está planteado así:
3 Prahlámex...,
ch. II, pág.19.«Todoel mundosabequela lingüísticaoccidentalnaceen la
losofía griega.Todo proclamaestafiliación. Nuestraterminologíalingüísticaestaconstitui-
da por una gran parte de términos griegosadoptadosdirectamenteo en su traducción
latina.»
9 Pág.64.

219
«La cuestión seconvierte entoncesen ésta.Admitiendo que el pen-
samiento no puedecaptarsemás que formado y actualizadoen la len-
gua, ¿tenemosmedio de reconoceren el pensamientocaracteresque le
seanpropios y que nadadebena la expresiónlingüística?Podemosdes-
cribir la lengua por sí misma. Igualmente seríapreciso alcanzardirec-
tamenteel pensamiento.
Si fueraposibledenir éstepor los rasgosque
le pertenecen exclusivamente, veríamos al mismo tiempo cómo se
ajusta a la lengua y de qué naturalezason sus relaciones.
útil abordarel problemapor el caminode lascategorías7
»Parece
que aparecencomo mediatrices.No presentanel mismo aspectosegún
seancategoríasde pensamientoo categoríasde lengua.Esta discordan-
cia incluso podría iluminarnos sobre su naturaleza respectiva. Por
ejemplo, discernimos inmediatamenteque el pensamientopuedeespe-
cificar libremente suscategorías,instaurar nuevas,mientras que lasca-
tegoríaslingüísticas,atributosde un sistemaquecadalocutor recibey
mantiene, no son modicables al capricho de cada cual; vemos esta
otra diferencia:queel pensamientopuedepretenderplantearcatego-
rías universales,pero que las categoríaslingüísticas son siempre cate-
gorías de una lengua particular. A primera vista, esto conformaría la
posición preeminentee independientedel pensamientocon respectoa
la lengua. A
»Sin embargo, no podemos continuar, despuésde tantos autores,
planteando el problema en términos tan generales.Nos es necesario
entrar en lo concreto de una situación histórica, escrutarlas categorías
de un pensamientoy de una lenguadefinidas. Sólo con estacondición
evitaremoslas tomasde posición arbitrarias y las solucionesespeculati-
vas. Ahora bien, tenemosla fortuna de disponer de datosque sedirían
listos para nuestroexamen,elaboradosy presentadosde maneraobjeti-
va, integradosen un conjunto conocido: son las categoríasde Aristóte-
les. Senos permitirá considerar estascategoríassin preocupacionesde
tecnicidad Filosófica,simplementecomo el inventario de«laspropieda-
desque un pensadorgriegojuzgabapredicablesde un objeto,y por con-
siguientecomo la lista de conceptosapi-i&#39;m"
que, segúnél, organizanla
experiencia.Es un documento de gran valor para nuestropropósito.»
Así denida, estaproblemática pareceenvolver al menostres pre-
suposiciones. Conciernen todas a una cierta «historicidad» de los con-
ceptos.
1. Ha sido necesariorecurrir, aunquefuera de manera provisio-
nal, a título de punto de partida que luego sepodría criticar, a la dife-
rencia o a la oposición entre lenguay pensamiento.(«Podemosdescri-
bir la lenguaen sí misma. Igualmente seríanecesarioalcanzardirecta-
mente al pensamiento.Si fuera posible denir éstepor rasgosque le
pertenecenexclusivamente,veríamosal mismo tiempo cómo seajusta
a la lengua y de qué naturalezason susrelaciones») Sin duda, Benve-
niste no parte de esta desviación más que para reducirla a continua-

220
ción, paraproyectarlos rasgosde los quesepretendequepertenecen
exclusivamente al pensamiento sobrelasestructurasdela lengua.Pero
no seha planteadoningunapregunta,a lo largodeesteanálisis,sobre
el origeny la posibilidaddeestadistincióninicial, sobrelo queha he-
cho históricamenteposible la presunciónal menos de esta no-
coincidencia,enotraspalabras, la aperturamismadel problema.¿Qué
eslo que,al menosen la estructurade la lengua(puestoquetodosería
alli dado:«Podemos describirla lenguaen sí misma»),ha abiertoesta
dehiscencia
y la hadeterminado
comodiferencia
delpensamiento
y la
lengua?
2. Es, pues,cuestión,en el segundopárrafo citado, de una even-
tual o pretendidaoposicióndelas«categorías depensamiento» y delas
«categorías delengua».Ahorabien,lo queenningúnmomentoesinte-
rrogadoesestacategoría comúndecategoría, estacategorialidad enge-
nerala partir dela cualsepuedendisociarlascategorias delenguay las
categorías depensamiento. Ahorabien,el concepto,la categoría deca-
tegoria,entrasistemáticamente en juegoen la historiadela filosofíay
dela ciencia(enel Orgamm y lasCategoría:
deAristóteles)enel puntoen
quela oposiciónde la lenguaal pensamiento esimposibleo no tiene
sinoun sentidomuyderivado.Sinhaber,ciertamente, reducidoel pen-
samientoa la lenguaen el sentido en que Benvenisteentiende hacerlo
aquí,Aristóteleshaintentadoreconducirel análisishastael lugardon-
de surge,esdecir,a la raíz comúnde la parejalengua/pensamiento,
estelugaresel de«ser».Lascategorías deAristótelessona la vezdelen-
guay depensamiento; delengua,en tantoquesondeterminadas como
respuestas a la preguntade sabercómosedice(Íegatzd) el ser;perotam-
biéncómosediceel 1er,cómoesdicho lo quees,en tanto quees,tal
comoes:preguntade pensamiento, el pensamiento, la palabra«pensa-
miento»que Benvenisteutiliza comosi su significacióny su historia
fueranevidentes,no habiendonuncaqueridodecir en ningún caso
nadafueradesurelaciónconel ser,conla verdaddel sertal comoesy
en tanto quees(dicho).El «pensamiento» lo quebajoestenombre
vive en Occidentenuncahapodidosurgiro anunciarse sinoa partir
deunaciertaconguracióndenaci», legeirz,
einaiy deestaextrañamismi-
dadde naci):y deeinaz"
de la quehablael poemade Parménides. Ahora
bien,sin proseguiraquíenestadirección,esprecisosubrayaral menos
queenel momentoen queAristótelessitúalascategorías, la categoría
decategoría(gestoinauguralparala ideamismadelógica,esdecir,de
cienciadela ciencia,luegodecienciadeterminada, degramáticaracio-
nal, de sistemalingüístico,etc.),entienderespondera una pregunta
queno admite,en el lugardondeseplantea,la distinciónentrelengua
y pensamiento.La categoríaesuna de las manerasque tiene el «ser»de
decirseo designificarse,
esdecir,deabrir la lenguaa suafuera,a lo que
esen tanto que eso tal como es,a la verdad. «Ser»seda justamenteen
el lenguaje
comolo quelo abreal no-lenguaje,
másalládelo queno se-
221
ría sinoel adentro(«subjetivo»,
«empírico»en el sentidoanacrónicode
estaspalabras)de una lengua.Es evidentey Benvenistelo formula
explícitamentequereducirlascategorías
de pensamiento
a catego-
ríasde lenguaesarmar quelaspretensiones de una lenguaal «pensa-
miento»,o seaa la verdad,a la universalidad,
a lo ontológicosonpre-
tensionesabusivas.Peroresultaquela categoríade categoríano esmás
que una puestaen forma sistemática de estapretensiónhaciafuerade
la lengua,
a laVezlengua
y pensamiento,
porquela lengua
esinterroga-
da en el lugar en que la signicación «ser»se produce.
Entre las diversaspresentaciones de las categorías,la lista más
completaes,sin duda,la que cita Benveniste(Catqgonar,cap.IV, 1, b
25).Peroel textodelaMetafísica
(E 2 1026a 33),quetambiénpropone
una listade categorías, la precedede unaespeciede denición de prin-
cipio. Lascategorías respondena la preguntade saberen quésentidos
se dice el ser, puestoque éstese dicepollakár,de múltiplesmaneras:
«Ella [la filosofíaprimera]esuniversalporqueesprimera.Y a ella
letocaráconsiderar
lo queesentantoqueeslo quees(kaipe tauanto:e
antauteranciet/Jearerai),
esdecir,a la vezsuesencia(ti esti)y losatributos
quele pertenecen en tantoqueser(kai ta uparkonta eon).Lo queespro-
piamentedicho [traducciónconsagrada para to apio;legomerzarz.
Ap/ór:
simplemente,francamente,en una palabra,sin rodeos]sedicede ma-
neramúltiple (pol/aka? legetai);
hemosvistoquehabíaserpor accidente
(¿ataJumbebekax), luegoel ser como verdadero(ó: alabar)y el no-ser
comofalso(kai tameono": topreudor);además,haylasfigurasde la predi-
cación(ta rkbemata te:categoria),por ejemplo,el qué(ti), el cuál(pam),
el cuánto(posan),el dónde(pau),el cuándo(pote)y otrostérminosque
significan(remairzei)de estamanera(tontropa tardan)»
Aristótelessabe,pues,que interrogamanerasde decir el ser en
tanto que espol/aka:legamemrz. Lascategorías songuras (sk/Jarama) se-
gúnlascualessediceel entepropiamentedichoen tantoquesedicese-
gún variosgiros,variostropos.El sistemade lascategorías esel siste-
ma de losgirosde lo quees.Hacecomunicarla problemáticade la ana-
logíadel ser,de su equivocidado de suunivocidad,y la problemática
de la metáforaen general.Aristóteleslos conectaexplícitamenteal
armar quela mejormetáforaseordenaa la analogíade proporciona-
lidad. Esto bastarápara probar que la cuestiónde la metáforano se
planteaal margende la metafísicaen mayormedidaqueel estilometa-

l Es lo querecuerdaAubenque(art. citadopág.104):Es, pues,un hechode lenguaje


la equivocidad delser lo quetieneexpresamente a la vistaAristóteles
y lo queseesfuer-
za en regular,o comohemosdicho,en administrar, por un procedimiento en si mismo
lingüístico: la distinciónde lassignificaciones
múltiplesde la palabraen litigio.En revan-
cha,Aristótelesno presenta en partealgunalascategoríascomopropiedades decosas o como
lasleyesdel pensamiento. Espreciso,pues,renunciara imputara Aristóteles unapretendida
inconscienciade lasrelaciones de su ontologíacon el lenguaje.»

222
fórico y el usode lasguras esun adorno accesorioo un auxiliar secun-
dario del discurso losóco.
No podemos,pues,servirnosde la palabracategoríacomo si no tu-
viera historia. Y es difícil oponer categoríade lengua y categoríade
pensamientocomo si la idea de categoríaen general (y la de categoría
de lenguaen particular, noción que nunca serácriticada por Benvenis-
te) fuera de algunamaneranatural. ¿No esprecisopreguntarseinicial-
mente de dónde viene? ¿No es preciso tomar en consideraciónel he-
cho de que ha sido producida sobreel mismo terreno en el que la opo-
sición simple de la lengua y del pensamientoera puestaen tela de jui-
cio? Saberlo que esuna categoria,lo que esuna lengua,una teoría de la
lenguacomo sistema,una ciencia de la lenguaen general,etc., nadade
todoesohabríasidoposiblesin la emergencia
deun valor decategoria
en generalcuyo efecto principal esjustamenteproblematizar estesim-
ple enfrentamientode dosentidadesque serianla lenguay el pensa-
miento. Cuando Benveniste recuerdaque no hay exterioridad simple
entre «continente»y «contenido»,lenguay pensamiento,etc., cuando
dirigeestaproposicióncontraAristóteles,¿hasta
quépuntohacejusti-
cia al hecho de que estaproposición sesostieneen la dependenciaaris-
totélica,al menosmientrasno ha interrogadodemaneraradicalmente
nueva 1afunción del «ser»en tanto que opera como representaciónde
apertura de la lengua y del pensamientouno sobre el otro?
3. Esta precipitación histórica seseñalade otra forma. Planteado
asíel problema,Benveniste
viene,en efecto,a considerarque,paraes-
tudiar esteproblema general,tenemosla «fortuna»de «disponerde da-
tos que sediría listos para nuestroexamen»,de un «documentode gran
valor para nuestro propósito», a saber,el texto de Aristóteles sobrelas
Categonhr.
Todoocurre,pues,comosi esteproblemageneralno tuviera
nadade específicamente
aristotélico,no estuvieraesencialmente
liga-
do a la historia que seindica bajo el nombre de Aristóteles o de su «he-
rencia».Todo sucedecomo si el mismo problema hubiera podido ser
formulado en los mismos términos en la ausencia de toda referencia al
discursoaristotélico que no le proporcionaría entoncesmásque un fc-
liz ejemplode hallazgo,una ilustración muy cómodaque tendríamosla
suertede encontrar en nuestrabiblioteca. Luego al anunciar el «docu-
mento de gran valor para nuestro propósito» en el estilo convenido de
la paráfrasis,el lingüista les ha transpuestolos términos, como si tal
cosa,en una concepciónanacrónica,singularmentekantiana, a aproxi-
macionespróximas a aquellasa lasque debemosvolver: «Senos permi-
tirá considerarestascategoríassin preocupaciónde tecnicismo losó-
fico, simplementecomo el inventario de laspropiedades" que un pensa-
dor griego juzgaríapreditab/e:de1mobjeto,y por consiguientecomo la lis-
ta de los conceptos
apriori que, segúnél, organizanla experiencia.
Es un do-
cumento de gran valor para nuestro propósito.» (subrayado mío.)
Estamos en el preámbulo. Se ha hecho la pregunta, pero el

223
contenido de la respuesta todavía no está elaborado. Aquí está:
«Recordemosinicialmente el texto esencial, que da la lista más
completa de estaspropiedades,diez en total (Categorías, cap. IV):
»Cadauna de las expresionessin entrar en una combinación signi-
ca: la sustancia;o cuánto; o cuál; o relativamente a qué; o dónde; o
cuándo; o estar en situación; o estar en un estado;o hacer; o experi-
mentar. Sustancia, por ejemplo, en general, hombre; caballo;
cuánto, por ejemplo, de dos codos;de tres codos; cuál, por
ejemplo, blanco; instruido; relativamente a qué, por ejemplo,
doble; medio; másgrande; dónde, por ejemplo, en el Liceo; en
el mercado; cuándo, por ejemplo, ayer; el año pasado; estar
en situación, por ejemplo, está acostado;estásentado; estar en
un estado, por ejemplo, está calzado;está armado; hacer, por
ejemplo, corta; quema; experimentar, por ejemplo, es cortado;
es quemado.
»Aristóteles coloca así la totalidad de los predicadosque pueden
armarse del ser,y aspira a denir el statuslógico de cadauno de ellos.
Ahora bien, nos parece-y trataremosde mostrarlo- que estasdistin-
ciones son inicialmente categoríasde lengua, que, de hecho, Aristóte-
les, razonandode una manera absoluta,encuentra simplemente algu-
nas de las categoríasfundamentalesde la lengua en la que piensa.Por
poca atención que sepresteal enunciado de las categoríasy a los ejem-
plos que las ilustran, estainterpretación, todavía no propuestaen apa-
riencia, se verifica sin largos comentarios. Pasamosrevista sucesiva-
mente a los diez términos.»
«... Esta interpretación todavía no propuesta aparentementemm la
prudencia se imponía, en efecto. Muy a menudo se ha reprochado a
Aristóteles ignorar el origen de las categorías,el haberlasreunido se-
gún un procedimiento empírico (Benvenistedirá también, volveremos
a ello: «Inconscientementeha adoptadocomo criterio la necesidadem-
pírica de una expresión distinta para cada uno de los predicados»,
pág. 70) e incluso el habersecontentadocon reejar lasestructurasgra-
maticalesde la lenguagriega. Entre todos los que han acusadoa Aris-
tóteles de constituir empíricamente lo que llamaba Leibniz eineMutte-
rra/le(un catálogo de los paradigmassemejantea un rol de la tripula-
ción), espreciso recordar inicialmente a Kant. Y citar un texto clásico
que anuncia precisamenteel propósito de Benvenisteproporcionan-
dole su vocabulario si no susconceptos.Sin duda, no esaqui cuestión
de lenguao de gramática,solamentede una relación empírica de lasca-
tegorías,pero de categoríastal como sepresentan;¿ydónde sepresen-
tarían si no en la lengua?Este texto estáextraído de la presentaciónde
la tabla de las categorías,en la Analíticade losconceptos:
«De estamanera, hay exactamentetantos conceptospuros del en-
tendimiento que seaplican apriori a los objetosde la intuición en gene-
ral como funciones lógicasen todos los juicios posiblesen la tabla pre-

224
cedente;
puesestas
funciones
agotan
completamente
el entendimiento
y midentotalmentesupoder.Llamaremosa estos
conceptos,
según
Aristóteles,
Categorías
puestoquenuestro
propósito,
ensuorigen,es
completamenteidéntico
alsuyo,
aunque
ensurealización
sealejemu-
cho de él.»

TABLA DE LAS CATEGORÍAS

«...Tales,pues,
lalistadetodoslosconceptos
originariamente
pu-
rosdelasíntesis,
quecontieneelentendimiento
apriori,
y envirtudde
loscualessolamente,
esunentendimiento puro,puesto
queúnicamen-
tegracias
a ellossepuedecomprenderalgoenla diversidaddela intui-
ción,esdecir,pensar
unobjeto.Estadivisiónestáextraída
sistemática-
mente
deunprincipio
común,
a saber,
delpoderdejuzgar
(queeslo
mismo
queelpoder
depensar);
noproviene,
alamaneradeunarapso-
dia,de unabúsqueda
de conceptos
purosemprendida
a la buenade
Dios,y sobrecuyaenumeraciónnopuede nuncahaber
certeza,
puesto
quenoesconcluida sinoporinducción
sinquesepiense
nunca
enpre-
guntarse,
al obrarasí,porquésonprecisamente
estos
conceptos
y no
otros
losinherentesalentendimiento
puro.Eraunpropósito
dignode
unespíritutanpenetrante
comoel deAristóteles
buscar
estos
concep-
tosfundamentales.
Perocomonoseguíaningúnprincipio,
losreunió
conprecipitación,
comoselepresentaron,
y agrupóprimerodiezque
éldenominócategorías
(predicamentos).
A continuación
creyóhaber
encontrado
otroscincoqueañadióa losprimeros
bajoel nombrede
post-predicamentos.
Sutablano resultóconellosmenosdefectuosa1.
Estaacusación deempirismo
esretomadaporHegel, Prantl,
Ha-
melin,etc.Al recordarlo,
nosetrataantes
quenadadeseñalarque
Benveniste
elaborasuproblemáticaa partirde motivoscuyahistoria
permanece
ocultaparaél. Másbiensetratadeesto:puestoque,desde
Aristóteles,
sehaintentado
varias
veces
constituir
tablas
decategorías
quenofueranelefectoo el reflejoempírico
dela lengua,
¿nosedebería
ejercerla demostración
del lingüistasobreestastentativas?
Sin esto,se
hacecomosinadahubierapasado
desde
Aristóteles,
lo cualnoesim-
pensable,peroexigeserdemostrado
y la tareano seríafácil. Puessería
preciso
probarentonces,
porejemplo,
quelascategorías
kantianas
son
efectos
delengua.
Laproblemática
sería
almenos
complicada
yobliga-
ría, sin prejuzgar
resultados,
a una transformación completade los
conceptos de lenguay de pensamiento utilizadospor Benveniste.
CuandoKantpropone un sistema
decategorías queestéordenado
so-

Críqmdela Rail-an
pure,Fr. Tremesa-ygues-Pacaud,
págs.
94-95.
Z «Er stelltesiesonebeneinandem
(él yuxtapone),
bem: ¡ur¡"bis-tam
deIapbilaxqübie,
cita-
doenBonitz,Uber
dieKatzgarim
de:Anar/er,1853(Reed.Darmstadt,
1957),pág.38.

225
bre el «poderdejuzgar»queesel mismoqueel «poderde pensar»,¿es
todavíala gramáticael hilo conductorde estabúsqueda? Estálejosde
estarexcluido;pero ¿aqué laberintohistóriconosarrastraentonces?
¿Quéintrincamientodeestructuras lingüísticasy losócas espreciso
tornar en consideraciónen estecaso?La relación de las categoríaskan-
tianasconla lenguaestaría,enefecto,mediatizada
por todaunaestrati-
ficaciónlosóca (por ejemplo,todala herenciade Aristóteles,esde-
cir, muchascosas)y todo un conjuntodedesplazamientos lingüísticos
cuyacomplejidadfácilmentesesospecha. La inmensidadde estatarea
no reducesu necesidad.Es la razón por la cual no setrata, sobretodo,
de rechazaraquíla cuestiónplanteadapor Benveniste,
todo lo contra-
rio, setrata de intentar másbien analizarciertasde suspresuposiciones
y quizáde seguir,aunqueseasólo un poco,su elaboración.
No sólo sehabía destacado,o creído haber podido hacerlo, el em-
pirismode Aristóteles.Sehabía,desdehacíamuchotiempo,reconoci-
do muy precisamente en suscategoríasproducciones de la lengua.La _
tentativamásprecisay mássistemática fue aquíla de Trendelenburg
(1846)&#39;3.
ComoAubenquelo recuerdatambién, Benvenistetieneun
predecesor inmediato,quepor momentospareceinclusoparafrasear,
en la personadeBrunschvicgque,enLa: Edadesdela inteligencia
(1939),
acusabatambién a Aristóteles de tomar «el universo del discurso»por
«el universo de la razón»,creía poder desenmascarar«el carácterente-
ramente verbal de su ontología» «y sin duda de toda ontología», pues
«elseren tanto[queseresel tipo depalabraqueno puedesermásque
una palabra»«El [Aristóteles]no exigeel conocimientode las cosas
sinoa la percepciónsensible...
y al lenguaje,
esdecir,másexactamente
a la lenguaquehablabaél, cuyasparticularidades erigeineonseientemente
(subrayadomío) en condicionesnecesarias y universalesdel pensa-
miento.» En esto, dice en otra parte Brunschvicg citando a Serrus,
Aristóteles no habría hecho másque «explicaruna cierta metafísicaes-
pontáneade la lenguagriega».Aubenquecita una tesismásde Rou-
gier: «Bergsondijo quela metafísicadeAristótelesesla metafísicaes-
pontáneadelespírituhumano:seríamásjustodecirqueesla metafísica
espontánea de las lenguasindoeuropeas, de la lenguagriegaen par-
ticular.»
Cassirer,
quenuncahasidocitadoenestedebate,essindudael pre-
decesormásnotabley másinmediatodeBenveniste. En La inneneia
del
lenguaje
sobre
el desarrollo
delpensamiento
enla; ciencia:
dela naturaleza)
re-

¡3Citadopor}. Vuillemin,op.eiL,pág.75y porP.Aubenque, art.citado,pág.103.Sobre


la interpretación
deTrendelenburg y sobreel debatea quedio lugar,cfr. Bonitz,ap.cia,pá-
ginas 37 y ss.
14Art. citado, págs.87-88.
15«Pseudo-problemes
soulevées
et résolus
par la logiquedAristotle»,
enACI?!dueangré:
internatianal
reienlqae,París,1935.
l" Tr. fr. enjournal depgebolagie,
1946,pág. 129.

226
cuerdatambiénlastentativasanteriores,especialmente la de Trende-
lenburg:«Cuando,en losanálisisde suteoríade lascategorías, Aristó-
telessigueel lenguajey seconfíaa sudirección,desdeun puntodevista
moderno,no tenemosmotivosparadiscutiresteprocedimiento.Pero
exigiríamosquedistinguieracuidadosamente entre lo universal y lo
particular, cosaque él no hizo, de ciertasdeterminaciones, que en
unaciertalenguao en ciertosgruposde lenguastienensulegitimidady
surazónde ser,de loscaracteres del lenguajey del pensamiento en ge-
neral. Si juzgamoscomo historiadores,comprendemos,es verdad,
cómoy por quéestacondicióneraimposiblede satisfacer paraAristó-
teles.No habíatodavíaningunaposibilidad
paraél decomparacióny
de delimitaciónsegura.
No podíapensarfuerade la lenguagriegao
contraella, sino sóloen ella y con ella.»
Y, tras una larga referenciaa los trabajosde W. von Humboldt,
Cassirercontinúa:«Enlo quesereere a Aristóteles,hacemuchoque
sehareconocido quelascategorías
particulares
quedistingue enel ser
estánenestrecharelaciónconlascategorías
dellenguaje y delagramá-
tica.Lateoríadelascategorías
deAristóteles
sepropone describir
y de-
terminarel seren la medidaen queseexplicitay seanalizadealguna
manera en las diferentes formas de la enunciación. Pero toda enuncia-
ción exigeinicialmenteun sujetoal que puedaligarse,una cosade la
que seenuncieun predicado.En la cumbrede la teoríade lascatego-
ríassesitúa,pues,la categoríadelser.Esteser(ansia)esdenido por
Aristóteles
enun sentido a la vezontológicoy lingüístico...
La unidad
de la plyrir y del ¡agaraparece,pues,en el sistemade Aristóteles,no
como accidental, sino como necesaria.»
Este breve recuerdodebía sólo sugerirque la interpretaciónde
Benveniste
habíasido«propuesta»
másdeunavezy quesu«verica-
ción» pedía al menosbastantes«largoscomentarios».
Se reprochaa
menudo,a justotítulo,a ciertoslósofos, el extraerproposiciones
cientícas semejantes de su contextoo de su trabajoproductorpara
manipularlasimprudentemente confinesno científicos.¿Peroel texto
losóco seofrecey seabremásinmediatamente? ¿Sepuedeextraer
una piezao un «documento» del quetendríamos«lafortunade dispo-
ner»?Estaríamosen un error si creyéramosen la legibilidadinmediata
y ahistóricade un argumentolosóco, comolo estaríamos sicreyéra-
mosquesepuede,sinunaelaboraciónpreviay muycompleja,someter
un texto metafísico a una clave de desciframiento cientíco, sea lin-
güístico,psicoanalíticoo de otro tipo. Una de lasprimerasprecaucio-
nesatañeraal origeny a la pertenenciametafísicade losconceptos que
constituyena menudoestaclave«cientíca». Aquí, por ejemplo,nin-
gunode losconceptos utilizadospor BenvenistehabríaVistola luz, ni
la lingüísticacomociencia,ni la nociónmismade lengua,sin esepe-
queño«documento» sobrelascategorías. La losofía no estásolamente
delantede la lingüísticacomopuedeencontrarsefrente a una ciencia

227
nueva,miradau objeto;estátambiéndelantede ella, precediéndola
con todoslos conceptosquetodaviale proporciona,parabien y para
mal, interviniendo tan pronto en lasoperacionesmáscríticas, como en
lasoperacionesmásdogmáticas, menoscientícasdel lingüista.Natu-
ralmente,si hay una precipitaciónno crítica del filósofo en manejar
proposicionescienticas cuya producción efectiva sigueestandoocul-
ta para él, si hay, inversamente,una prisa del sabioen el accesoal texto
losóco, la palmarecaeen los rapsodas quedescalicanlaspiezasde
un textofilosóficodelqueignoranla maquinación,desdeunacoartada
cientíca en que ellos no han tenido arte ni parte.

LA TRANSFERENCIA

Transcripción, transposición, proyección de categoríasde lenguaje


en categorías
depensamiento;
asíescomodene Benvenistela opera-
ción inconsciente de Aristóteles e, inversamente, el desciframiento si-
métrico al que seentregaél mismo conscientemente:«Podemosahora
transcribir en términos de lengua la lista de las diez categorias.Cada
unadeellasvienedadapor sudesignación
y seguidapor suequivalen-
te: amia(«sustancia»),sustantivo;paran,paian(«cuál;en qué número»),
adjetivos derivados de pronombres, del tipo del latin qualir y quantur;
pro:tí («relativamente
a qué»),adjetivocomparativo;
pau(«dónde»),
pote
(«cuando»),adverbiosde lugar y de tiempo; ¿exit/Jai(«estardispuesto»),
medio; chin («estaren un estado»),perfecto; paiein(«hacer»),activo;
parkbein(«experimentar»),pasivo.»
El lingüista transcribe,pues,en términos de lengualo que el lóso-
fo había,-previamente, «inconscientemente»,transpuesto,proyectado
de la lengua en términos de pensamiento.
«Tenemosasí una respuestaa la pregunta planteadaal empezary
que nos ha llevado a esteanálisis.Nos preguntábamosde qué naturale-
za eran las relacionesentre categoriasde pensamientoy categoríasde
lengua.A pesarde que las categoríasde Aristóteles sereconocencomo
válidasparael pensamiento,
serevelancomo la transposiciónde las
categoriasde lengua.Es, lo que sepuededecir, que delimita y organiza
lo que sepuedepensar.La lenguaproporciona la conguración funda-
mental de las propiedadesreconocidasa las cosaspor el espiritu. Esta
tabla de predicadosnos informa, pues,antesque nada sobrela estruc-
tura de las clasesde una lengua particular.
»Sesigue que lo que Aristóteles nos da como un cuadro de condi-
ciones generalesy permanentesno es más que la proyección concep-
tual de un estado lingüístico dado.»
La transcripción no resulta aquí en una traducción, es decir, un
movimientointra-lingüísticoqueasegura
el transportedeun significa-
do de una lenguaa otra, de un sistemade signicantes a otro. No pode-

228
mos,pues,llamartraducción
al pasodeunaestructura
categorial
(no
lingüística),
llamada«depensamiento»
a unaestructura
categorial
lin-
güística,
llamada «delengua».
El sentido
de«transcripción
nosremitea
lo que másabajosedenomina«transposición» o «proyección».
La
transcripcióndel lingüistaharía el caminoinverso,haría volver a la
lengualo quepretendía
escaparse
deellaportransposición
y proyec-
cion.
¿Quéhaydeestaextrañatransferencia?
¿Cómohapodidoprodu-
cirse?¿Deacuerdoconquénecesidad? Benvenistereconoceestaúnica
correspondencia,
que,por razonesevidentes,vacilamosen llamar ho-
mología,perono interrogani el ¡tartade la operación,ni lascondicio-
nesdelseñuelo, ni el espacio
o el medioenel cualseproducenla pro-
yección, luegola transcripción;
porejemplo,el campodela categoria-
lidadengeneral. Sinduda,paraevitareste«tecnicismo losóco» que
desecha al comienzo, nosepregunta porqueaberración sehapodido
llegara darnombres decategorías depensamientoa (loquenoeramás
que) nombresde categoríasde lengua.(Doble recurso,pues,a la ho-
monimiay a la sinonimia:Aristótelesha dadoel mismonombrea co-
sasdiferentes,
pensamiento
y lengua,y nombres
diferentes,
pensa-
mientoy lengua,a lo queesfundamentalmente
la mismacosa,la len-
gua.)¿Cómo
podemos
darel mismonombrea conceptos
y a cosas
dis-
cemibles?¿Cómosepuededar nombresdiferentesa conceptos
y a co-
sasidénticas?
Estapregunta,
señalémoslo
de paso,esplanteada
tam-
bién, en términosexplícitospor Aristóteles.Precisamente
en el Orga-
non,
enla obertura
deltextosobrelasCategorías
Y cuando
estapregunta
conciernea su propioelemento,a saber,el lenguajeen general,toma
una forma completamente singular.Supone,entre tantasotrascosas,
uesellegaa ciertaclaridadsobrelo quepuedensero pueden
querer
decir
(esta
alternativa
concentra
nsamiento.
yreeja
ya
todo
elproblema)
lengua
y
peAlolargo
del
análisis
deBenveniste
parece
darse
como
explicació
una solafrasey situarseen relacióncon estasúltimaspreguntas:
«In-
conscientemente,él [Aristóteles] ha tomado como criterio la necesidad
empíricade una expresióndistintapara cadauno de los predicados»
(pá . 70).
g¿Qué
quiere
decir
aquí
«empírico»?
Tomada
literalmente,
esta
ex-
plicación
supondría
queAristóteles,
disponiendo,
porotraparte,fuera
dela lengua,
depredicados,
o declasesdepredicados
pensables,
y ante
la necesidadempíricadeexpresarestoscontenidos(la palabraeacprerián
es
subrayada por Benveniste),habríaconfundidola distinciónde lospre-
dicadosy la distinciónde lasexpresiones.
Habríatomadola cadenade
lasunidadesqueexpresanpor la de lasunidadesde lo expresado. «In-
conscientemente» y sinhaberloquerido,habríatomadola «clasede las
formas»,tal comola ofreceel sistemade la lengua,por el sistemade lo
expresado o lo expresable.(Suponiendoademásqueasísea,no hayen

229
la práctica de una lengua, en la pertenenciaa una lengua, una necesi-
dad estructural para que se produzca esta«inconsciencia»,de manera
que lo que sedestacaen Aristóteles ¿no seríasino la confirmación de
esta ley general de ínconsciencia recordadaen el preámbulo?)
Debemosinsistir sobre esteadjetivo «empírico».Aunque gramati-
calmente, «empírico»califica de todos modos «necesidad»,puede en-
contrarsedesviadopor la palabra«necesidad», por su construcción y lo
que dependede ella en la frasehacia la palabra«expresión»o hacia «ex-
presión distinta» («necesidadempírica de una expresióndistinta»). Es-
tas dos posibilidades abren dos hipótesis.
En la primera hipótesis,la más verosímil, lo que seríaempírico es
la necesidadde expresar(cadauno de los predicados).Seríaentonces
empírica no sólo la situación en el interior de una lengua en general,
luego de una lengua natural, sino la ligadura entre la-estructurade un
predicado pensadofuera de la lengua y su «expresión»en la lengua.
Lenguajey lengua se harían, segúnel motivo más tradicional, la exte-
rioridad contingente del pensamiento,del sentido pensabley signica-
ble. Sin duda, sepodría distinguir todavía entre logo:(o lenguajeen ge-
neral) y lengua natural particular para avanzarque la necesidadempí-
rica concierne no sólo la ligadura del pensamientoy del lenguajeen ge-
neral, sino la de un lago:universal, de alguna manera,y de una lengua
natural. Aunque no seanidénticas,estasdos posibilidadesguardanen-
tre sí la analogía más estrecha.Las dos vienen a plantear la lengua
como corteza empírica del sentido en general, del pensamientoo del
lenguajeesenciales,universales,etc.7.En estaprimera hipótesis,Ben-
veniste no puede sino repetir la operación que imputa a Aristóteles;
distinguir el decir y el pensar (son suspalabras)y no considerar entre
ellos sino una relación empírica. Unica diferencia: Aristóteles manten-
dría la distinción para sostenerseen la diferenciación, creyendoque se
trata del pensar donde sólo es cuestión del decir; Benvenistemanten-
dría la distinción para demostrar que, por sustitución, se han tomado
articulaciones de lengua por articulaciones de pensamiento.
Esta primera lectura de «necesidadempírica de una expresión»ha-
lla su conrmación en varias proposiciones del mismo texto, sobre
todo, en sus conclusiones: «Sin duda, no es fortuito que la epistemolo-
gía moderna no trate de constituir una tabla de categorías.Es másfruc-
tífero concebir el espíritu como virtualidad que como marco, como di-
namismo que como estructura. Es un hecho que, sometido a las exi-
genciasde los métodos cientícos, el pensamiento adopta por todas
parteslos mismos pasosen cualquier lenguaen que elija describir la ex-
periencia. En estesentido, sehaceindependiente,no de la lengua,sino

17En la medidaen que estepresupuestoesencialmentemetafísicasigueactuandotam-


bién en la obra de Benveniste;ya no esparadógicoque las objecioneslosócas que ya ha
suscitadosu proyecto seanfundamentalmentedel mismo tipo.

230
de las estructuraslingüísticas particulares. El pensamientochino pue-
de haberinventadocategorías
tan especícascomoel tua,elJill y el
yang;no esmenoscapazde asimilar los conceptosde la dialéctica mate-
rialistao dela mecánicacuánticasin quela estructuradela lenguachi-
na lesopongaobstáculos. Ningúntipo delenguapuedepor símismoy
por sísoloni favorecerni impedirla actividaddelespíritu.El desarro-
llo delpensamiento estáligadomuchomásestrechamente a lascapaci-
dadesdelos hombres,a lascondiciones generales dela cultura,a la or-
ganizaciónde la sociedadque a la naturaleza particularde la lengua.
Perola posibilidaddel pensamiento estáligadaa la facultaddelengua-
je,puesla lenguaesunaestructurainformadadesignicación,y pensar
es manejar los signos de la lengua.»
Sin duda inseparablesdel lenguajeen general, el «desarrollo del
pensamiento»y la «actividad del espíritu» no estarían,pues,esencial-
menteligadasa una lenguaparticular.Lo que viene a serreconocer
que puedehaber«contenidos» de pensamientosin ningunaligadura
esencialcon las«formas»
de unalenguaparticular.En estascondicio-
nes,ni Aristóteles ni ninguno de los lósofos que han intentado cons-
tituir una tablade lascategorías
de lenguasehabríanequivocadoen
principio. El pensamiento no esla lengua,unalengua,pareceadmitir
aquíBenveniste. PeroAristótelessehizo la ilusiónen la práctica,por-
que creyó en una tablay sobretodo porque, por inconscienciay empi-
rismo, confundió lo que habría debido distinguir.
Estamostodavíaen la primerahipótesis.Calicar de empíricala
necesidad deunaexpresión,la necesidad dellevara enunciados lo pen-
sableen unalenguadada,¿noesextraño?El valor de empíriconunca
seha podidoponeren relación,en último análisis,másquecon la va-
riabilidaddedatossensiblese individuales;por extensión,contodapa-
sividado actividadsin concepto,paracitar a Leibnitz,con«unasimple
prácticasin teoría»18.
Ahora bien,si alguienha podidoalgunavezad-
mitir quehubiesepuraempiricidaden la prácticadel lenguaje,no po-
día sercon rigor másque con respectoal acontecimientosensibley
singular de un signicante material (fónico o gráco); suponiendoin-
clusoqueun acontecimiento
puro, no repetible,queescapaa todage-
neralidad formal, intervenga algunavez en la práctica lingüística o se-
miótica. ¿Cómo,sobre todo, armar la empiricidad del movimiento
quellevaa signicaren generaly a signicar enel interior deunalen-
gua,esdecir, recurrir a una organizaciónde formas, a una distribución
de clases,etc.?En n, ¿desdequé sistema,desdequé procedenciahistó-
ricatambién,recibimosy entendemos, antesinclusodeplantearlo em-
píricodela signicación,la signicacióndeempiricidad?Ningúnaná-
lisis al respectoeludirá ni excluirá la instancia aristotélica. Ello no im-
plica queAristótelesseael autoro el origendel conceptodeempirici-
l Mamado/egin,
28.

231
dad, incluso si la oposición de lo empírico y de lo teórico (de lo apríori,
de lo científico, de lo objetivo, de lo sistemático,etc.), envuelve de una
manera o de otra la metafísicade Aristóteles. Incluso si un concepto
semejanteno seha jado de una vez por todas a un «origen»,no pode-
mos comprender la historia y el sistemade susmutacioneso transfor-
macionessin tomar en cuenta el código generalde la metafísicay, en
él, la señaldecisivadel aristotelismo. Heideggerobserva,en Die Zeit de;
Weltbilder(1938)&#39;9,
que «esAristóteles el primero que ha comprendido
lo que signicaba empatía».Si quisiéramosutilizar la palabra «empíri-
co» en un sentido totalmente extraño al de Aristóteles y de la historia
de la losofía, seríanecesariocomprometerseexplícitamente en el tra-
bajo de estatransformación. Nada en el texto de Benvenisteseñalani
anuncia un desplazamientosemejante.
Pero entonces, diremos, no se puede emplear siquiera de pasada
una palabrita tan inocente como empírico, que todo el mundo com-
prende ordinariamente, en una demostración que apunte más lejos y
más alto. Yo estaríatentado de responderesto:dado el juego de la de-
mostración, dado su carácterestratégicamentedecisivo, si algún térmi-
no pudiera, en lugaressecundariosde la marcha, ser avanzadosin pre-
caucionesinfmitas, no seríasin duda éste,puestoque lleva, de hecho,
todo el peso del argumento crítico.
Segundahipótesis: la «necesidadempírica»determinaría menos la
«expresión»que, más directamente, la expresión en tanto que es «dis-
tinta para cadauno de los predicados».En estecaso,Aristóteles no ha-
bria sólo ni esencialmentecedido a la necesidadllamada empírica de
expresarpredicados;más bien, cediendo,estableciendola lista de cla-
ses,habria procedido de maneraempírica. No sólo el proyecto, sino su
puestaen práctica, los procedimientos de su práctica seguiríansiendo
. empíricos.
El argumentoseríaentoncesmuy frágil. Reuniría, por una parte, la
objeción losóca mástradicional; contradiría, por otra, lo que hay en
el análisisde Benvenistede másconvincente y másinédito. Este,como
muy justamentesubrayó]. Vuilleminï, demuestraen efecto: 1) que la

l) Tr. fr., en Cbemimmpág. 74.


3" 0p.dt, págs.76-77.Seimponeunalargacita.«Estademostración
[la deBenveniste]
poseeun doble mérito.
Mnicialmentehacepercibir la organizaciónde la tablade lascategoríasa la que siempre
sehabíareprochadosucarácterrapsódico.Lasseisprimerascategoríassereeren todasa for-
masnominales,las cuatro últimas a formasverbales.En el interior de estadivisión, la enu-
meraciónprocede,salvoen un caso,por oposiciónde parejas.La categoríade los sustantivos
parecehacerexcepcióna estaregla;pero seencuentra,subdivididaen nombrespropios (sus-
tanciasprimeras)y nombrescomunes(sustancias segundas).Los adjetivosparanypair»:seres-
ponden(asar/vias, taras/tara)
como seresponderánlos adverbiospauy para(au/até,tau/tata).
El
pm: ti que sepresentasolo,no hacemasque expresarla propiedadfundamentalde los adjeti-
vos griegos,la de proporcionarun comparativo.En cuanto a las cuatro formas verbales,si
paieiny park/Jair:
(hacer/experimentar)constituyenvisiblementeuna oposición que corres-

232
tabla de las categoríases sistemáticay no rapsódica;2) que al operar
una selección
en las categoríasde lengua,no esya su simple calco o ree-
jo empírico.

LO TRASCENDENTAL Y LA LENGUA

Todavíano hemosllegadoal lugarcapitaldelproblema.


Éstese
descubreplenamentecuandoBenvenistepropone«extenderestaob-
servación».
Esen lasúltimaspáginas(pág.70),en el momentoen que
pondea la de lo activo y lo pasivo,herir/Jai(estardispuesto)y ekbein(estaren situación)for-
man igualmentepareja,cuandoson interpretadascomo categoríasde la lengua:Existen, en
efecto,entreel perfectoy la mediagriegas,diversasrelacionesa la vezformalesy funcionales,
que, heredadas del indoeuropeo,han formadoun sistemacomplejo;por ejemplo,una forma
gegana, perfectoactivo, corre parejascon la mediaggnamai.
Min segundolugar,concluimosque,creyendoclasicar nociones.en realidadAristóte-
keshaclasicadocategoriasde lengua,de maneraquelasparticularidadesde la lenguagriega
han dominado el destinode la losofía en Occidente. ,
»Estasegundaconclusión,no obstante,sobrepasalo que ha demostradola argumenta-
ción. En efectoes¡legítimoconcluir del hechode queuna losofía tome prestadas a lasopo-
sicionesdeuna lengualosconceptosy lasoposicionesreconocidascomofundamentalespara
el pensamiento,no sólo que la lenguaproponesussugerencias al pensamiento,sino que es
imposiblepensarlo queno esexpresadoen ella; no obstante,eslegítimoconcluir quela tabla
de las categoríasdel pensamientoreflejala de las categoríasde la lengua.Parapoder llegar
hastaaquí seríanecesariohabermostradoque el cuadrode lascategoriastomadasprestadas
de la lenguatambiénesel cuadrocompletode estascategoríasen cuanto a la lengua.En el
casocontrario. habráseleccióny, si el lósofo elige dentro de lascategoríaslingüísticas,es
que su elecciónno estaya precisamentedictadaúnicamentepor la consideraciónde la len-
gua.Ahora bien,estoeslo queocurre,puestoque no podríamospretenderque la estructura
de las categoríasde la lenguagriegaestáexhaustivamente expuestaen el cuadrode Aristó-
teles.
»De hecho,éstesigueuna articulación lógica,que, al mismo tiempo, poseeun alcance
ontológico...»
Losdosargumentosprincipales(sistematicidady selección),queesdifícil no suscribir,se
desarrollanaquí sobreun terrenoque no obstantenos parecemuy problemático.Por ejem-
plo: ¿lalosofía «tomaprestado»a la lengua?¿Y qué quieredecir aquí tomar prestado?¿Se
toma prestado«alasoposicionesde una lengualos conceptosy las oposicionesreconocidas
fundamentalmente parael pensamiento» comosetomaprestadounaherramientaP, ¿cuyova-
lor. por otra parte,habríareconocidoel «pensamiento»? ¿Cómoentenderque«lalenguapro-
pone sussugerencias al pensamiento»? La fórmula esretomaday todavíamejor asumidaen
otra parte:«Morfologíay sintaxisasi reunidasconstituyenuna lengua,pero estalengualo-
sóficaseseparatanto que son necesarias sugerencias que impone primitivamente la lengua
griega»(pág.225). La presuposicióngeneralde estediscursopareceserla inversasimétri-
ca de la quesostieneel analisisde Benveniste(al menoscuandoésteprocedecomolingüís-
ta y no como lósofo de la «actividaddel espíritu»y del «vuelodel pensamiento»): los conte-
nidosde pensamientosonesencialmente, por principio, estructuralmenteindependientes de
la lengua,a pesarde los «prestamos» y de las«sugerencias». Comosehadicho, lo «lógico»y lo
«ontológico»no tienen ningunaligaduraintrínsecacon lo lingüístico.La simetríaespecular
de las tesispresentes,su profundo parecido,en una opción in(de)terminable,invitaría ya en
sí mismaa una reelaboracióndel problema;donde no sedaría de antemano,por ejemplo,
como si estofueraevidente,en un sentimientodefamiliaridad,de dominio, de«saber», el ac-
cesoa la «esencia» del «pensamiento», de la «lengua», desuoposicióno de suidentidad.No es
másque un ejemplo.

233
el propósitogeneralle parececumplidoy la demostración conseguida:
«Estatablade los predicadosnosinforma,pues,antesquenadasobre
la estructurade lasclasesdeuna lenguaparticular.Sesiguequelo que
nosda Aristótelescomoun cuadrode condicionesgenerales y perma-
nentesno es sino la proyecciónconceptualde un estadolingüístico
dado. Podemos incluso extender esta observación. Más allá de los tér-
minosaristotélicos,por encimade estacategorización,
sedespliegala
nociónde ser queenvuelvetodo.Sin seren sí mismoun predicado,
el ser es la condición de todos los predicados.Todas las variedades
del ser-tal, del estado,todaslasvistasposiblesdel tiempo, etc.,
dependende la nocióndel ser. Ahora bien,aquítodaviaesunapro-
piedadlingüisticamuy especícalo que reeja esteconcepto.»
Medimos el alcancede estaespeciedepartrmptum.Hacemucho más
que «extenderestaobservación».
Tocamos,en n, la posibilidaddel
campo de las categorías,en la aperturamisma del proyecto aristotélico:
constituir una tabla de las guras de la predicación que dan carácteral
ser simple («propiamentedicho») que sedice múltiplemente. Esta vez
no estamosya ante una categoría,al menosuna categoríaentre otras
en el sistema;y no puedetratarseya de «proyectar»
o de«transcribir»
una categoríadeterminada en otra, incluso de proceder más o menos
empiricamente en estetrabajo. La extensión de la «observación»da un
salto; desbordade un golpe el campo dibujado por el título y por la for-
mulacióninicial del problema.Lo queBenvenistellamamuy rápida-
mentela «nocióndeser»no esya simplemente unacategoríahomogé-
neaa lasotras;esla condicióntranscategorial
delascategorías. Benve-
nistelo reconoce:«Másallá de los términosaristotélicos,por encima
de estacategorización,se despliegala noción de ser que envuelve
todo. Sin ser en sí mismo un predicado, el ser es la condición de to-
dos los predicados.»Es preciso leer estaadvertenciaen la inmensaveta
problemática que va del Sosta (que la frase de Benvenisteevoca lite-
ralmente: «una pluralidad de formas, mutuamente diferentes, que en-
vuelve exteriormente una forma única; una forma única esparcidaa
través de una pluralidad de conjuntos sin romper su unidad», 253 d,
tr. Budé)a la armación deAristótelessegúnla queel serno esun gé-
nero, a la de la Críticade1arazónpara. («Serno es manifiestamenteun
predicado real, es decir, un concepto de algo que podría añadirse al
concepto de una cosa.Es sólo la posición de una cosa,o de ciertas de-

21Resueltoestepunto, y essuciente para lo que aqui nosocupa,no podemosintrodu-


cirnos en la complejidadde sucontexto.Sehallaránanálisisy referenciasenLe Pmb/¿me de1&#39;5-
trv rbezAnktatt,por P. Aubenque,especialmente pág. 171sq. «Comoseve, la esenciamisma
esaqui presentadacomo un predicado,aunqueseadefinida en otra partecomo lo que siem-
pre essujetoy nuncapredicado(Anal. pr. 1, 27,43 a 25; Fis., 1, 7, 190a 34; Met.,Z, 3, 1028b
36). Perola esenciaqueesen efectoel sujetode toda atribución concebible,puedeatribuirse
secundariamente a si misma,y en estesentidoesuna categoria,esdecir, unade lasfigurasde
la predicación,uno de los sentidosposiblesde la cópula,»Cfr, también págs.190 y ss.

234
terminaciones
ensimismas»)
y a laspreguntas
queplanteaHeidegger,
esencialmente en «La tesis de Kant sobre el Sem.
El «ser»no está,pues,sobrela mesa.Ni en otro lugar.El lingüistao
el lógicoquequiereestablecer
unaregladetraslación
o decorrespon-
denciaentre categorías
de lenguay categorías
de pensamientono en-
contratánuncaalgo a lo que llamar simplemente«ser».
Lo quedescubre
Benveniste
poresta«extensión»,
esla relación
ab-
solutamente únicaentrelo transcendental
y la lengua.Tomamosaquí
la palabra«transcendental»en suacepciónmásrigurosa,en su«tecnici-
dad»másatestiguada,
tal comoseha jado precisamente,
en el curso
del desarrollode la problemáticaaristotélicade lascategorías
y de lo
queestámásallá de lascategorías. Transcendental quieredecirtrans-
categorial.
Literalmente:
«quetransciende
todogénero».
(Estadeni-
ciónde unapalabrasindudainventadapor el cancillerPhilippe[1128]
convienetambién,a pesarde lasdiferencias Contextuales,a losconcep-
tos kantianoy husserlianode lo transcendental.)
¿Quéhay,pues,del valor transcendental de «ser»con respectoa la
lengua?Esta es la preguntaahora.
Parareconocerel arraigofundamentalde«ser»en unalenguanatu-
ral muy partiailar, Benvenistesubrayaquetodaslaslenguasno dispo-
nendel verbo«ser»:«El griegono sóloposeeun verboser (lo queno
es,en absoluto,una necesidad de toda lengua),sino que ha hechode
esteverboempleos
completamente
singulares.»
Estasingularidad
es
descritaen un párrafoquedebemosleer paraseñalaren él algunosfo-
cosproblemáticos. &#39;
«Lohacargado
[esteverbo]deunafunciónlógica,la decópula(el
mismoAristótelesobservaba ya queen estafunciónel verbono signi-
ca propiamentenada,quesimplementeoperaunasíntesis),y por este
hecho,esteverboha recibidounaextensiónmayorquecualquierotro.
Adicionalmente,ser puedeconvertirse,graciasal artículo,en una
noción nominal, tratadacomo una cosa;da lugar a variedades,por
ejemplo,suparticipiopresente,sustantivado y en variasespecies
(tom;
aiantes;
ta ama);puedeservirde predicadoparasimismo,comoen la lo-
cucióntoti eneínaique designala esenciaconceptualde una cosa,sin
hablarde la asombrosa diversidadde predicadosparticularescon los
cualespuedeconstruirse,mediantelasformascasuales y laspreposició-
nes...No terminaríamosde inventariarestariquezade empleos,pero
setrata de datosde lengua,de sintaxis,de derivación.Subrayémoslo,
puesesen una situaciónlingüísticacaracterizada asídondeha podido
nacery desplegarse toda la metafísicagriegadel ser, las magnícas
imágenesdel poemade Parménidescomo la dialécticadel Sojirta.La
lenguaevidentementeno ha orientadola denición metafísicadel
ser, cadapensadorgriegotienela suya,pero ha permitidohacerdel
22En guertiam,ll.

235
ser unanociónobjetivable,quela reflexiónlosóca podíamanejar,
analizar,situar comocualquierotro concepto.»
1. Si «ser»,al menoscomo cópula,«no signica propiamente
nada»,
puesto
quedespliega
suextensión
sinlímites,yanoestáligadoa
la formadeterminada deunapalabra,o másbien,deun nombre(enel
sentidoaristotélico,queenvuelvelos nombresy los verbos),esdecir,
dela unidaddeunaphone ¡emantikeü
provistadeun contenidodesenti-
do. Desdeestemomento,denir la presencia en unalenguay la ausen-
cia en otra, ¿noesuna operación imposible?¿Contradictoria?Volvere-
mos a ello.
2. ¿Cómoasegurarse deque«setratadedatosdelengua,desinta-
xis,dederivación»?Ningunadenición dela lenguahasidodadatoda-
vía, ni dela inmanenciadel sistemade la lenguaen general.¿Quéhay
deestainmanencia,dela inclusiónen la lenguadeunaestructurao de
unaoperaciónquetienecomoefectolingüístico si sequiere-abrir
la lengua sobre su afuera, articular lo lingüístico sobre lo no-
lingüístico?¿Y esto,en el casode «ser»y de todo lo quedependede
ello, por denición y por excelencia?
3. ¿Cómollamar«imágenes» (nombrelosóco muy derivadoy
cargadode historia)a los caminos,encrucijada, bifurcación,palintro-
po, esfera,vela,eje,rueda,sol,luna,etc.,del «poema» de Parménides,
esdecir,paralimitarsea esterasgo,deun texto,queproponiendouna
ciertamismidadde«pensar» y «ser»,haseñalado en la lenguala apertu-
ra, la aperturaa la presencia
del ser,a la verdad,a lo quesiemprebare-
presentadalaactura en el cierre sobresí de la lengua?
4. «La lenguaevidentementeno ha orientado la denición meta-
físicadel ser, cadapensadorgriegotienela suya...»
¿Cómoconciliar
esteenunciadocon todoslosquereducenlascategorías depensamien-
to a categoríasde lengua?¿Quéquiere decir «orientar»en estecaso?La
«denición metafísicadel ser» ¿estaríaasíahoracompletamentelibre
con respectoa la lengua?
Si la limitaciónlingüísticano hapesadosobre
«ladenición metafísicadel ser»(nociónmuyoscura),¿sobre quéseha
ejercido?¿Sobreuna función formal sin contenido semántico?Pero
entonces¿cómoreservarlela exclusividada la gramáticao a la lexíco-
logíagriega?Hemosseñalado haceun instantequetodavíanosespera-
baesteproblema.En n, si la lenguaha «orientado»tan pocola «de-
nición metafísica»
del «ser»que«cadapensadorgriegotienela suya»,
¿quéha gobernadoen la losofía?¿Dóndeestá,pues, el señuelodel -
lósofoqueha tomadola lenguapor el pensamiento? ¿Ypodemosdecir
(peroquésediceentonces),que«cadapensadorgriegotienela suya»?
Nuncahabríasidotan flojo el constreñimientode la lengua.¿Y qué
hay de los herederosde la «metafísicagriega»que han pensado-
hablado-escritoen latín o en alemán?Todo estoestálejosde demostrar
23Cfr. La mira/egin
blanca.

236
la ausenciade constreñimientolingüísticosobrela losofía sino con
seguridadla necesidadde reelaborarel conceptocorrientede constre-
ñimiento lingüístico.Esta oscuridady estascontradicciones se con-
densancuandoBenvenistesesirvede lasnocionesde «predisposición»
y de «vocación»,como Vuillemin hablabade «préstamos» y de«suge-
rencias»:«Todolo queaqui sequieremostraresque la estructuralin-
güísticadel griegopredisponíala nocióndel ser a una vocaciónlo-
sóca.» (pág. 73).
5. En n, si,comoescierto,«sinserun predicadoen simismo,el
ser es la condiciónde todoslos predicados», no es posibleya creer
que «la reexión losóca podía manejar[lo],analizar[lo],situaro],
como cualquierotro concepto».
Para«extenderestaobservación» no sólosedeberíaengrandecer el
dominio de una demostración, sino trastornar la estructuradel terreno
conseguido.
Sin la transcategorialidaddel «ser»que«envuelvetodo»,el
pasoentrecategorías de lenguay categorías de pensamientono habría
sidoposible,ni en un sentidoni en el otro, ni paraAristótelesni para
Benveniste.

EL RESTO COMO SUPLEMENTO. SOBRE LA TERCERA PERSONA


DEL SINGULAR DEL PRESENTE DE INDICATIVO DEL VERBO «SER»

Estasdicultades propagansusefectos;señalanla contraprueba pro-


puestapor Benveniste. Si la metafísicagriega,con supretensiónhacia
la verdad,a la universalidad,e_tc.,
dependedeun hecholingüísticopar-
ticular,que ha pasadodesapercibido a los ojosde loslósofos, el exa-
men de una lenguadiferentedeberiaconrmar la demostración.
«Quesetrataaquí,en primer lugar,de un hechode lenguanosda-
remosmejorcuentade ello al considerarel comportamientode esta
misma noción en una lenguadiferente.Hay ventajaen elegir, para
oponerlaal griego,una lenguade un tipo completamentedistinto,
puesesjustamente en la organizacióninternade estascategorías en lo
que más difieren los tipos lingüísticos.Precisemossólo que, lo que
aquí comparamos, sonhechosde expresiónlingüística,no desarrollos
conceptuales.
»En la lenguaewe (habladaen Togo) queelegimosparaestacon-
frontación,la nociónde ser o lo quedenominaríamos asíserepartía
entre variosverbos»(pág. 71).
Señalemos enseguida queesteanálisis(queextrañamenteseopone
limitarsea «hechosde expresiónlingüística»sin considerarlos«desa-
rrollosconceptuales») no concierneen absolutoa la anemiapuray sim-
ple del verbo«ser»,como habríapodidocreerse-«el griegono sólo
poseeun verboser, comohabíapodidocreerse(o que no esen nin-
gún modouna necesidad de todalengua)»-, sinoa otra distribución,

237
otra repartición de estafunción «entre varios verbos».Ahora bien, en
las lenguasindoeuropeas,la función «ontológica»no es conada tam-
poco a un solo verbo o a una sola forma verbal".
El análisisdela lenguaeweconsistiráenreencontrarenunalengua
sin «verboser»una multiplicidadde funcionesanálogas y repartidas
de otro modo. ¿Cuáles entonces el recurso de traducción puesto en
funcionamiento? Esta pregunta la plantea el propio Benveniste;pero
al denunciar en su propia descripción «una parte de artificio», no se
pregunta cómo es posible un articio semejantey por queno es total-
mente absurdo o inoperante:
«Estadescripción del estadode cosasen ewecomporta una parte de
articio. Sehacedesdeel punto de vista de nuestralengua, y no como
se deberíahacer, en el marco de la lengua misma. En el interior de la
morfología o de la sintaxis ewe, nada aproxima estoscinco verbos en-
tre sí. Es con relación a nuestros propios usos lingüísticos cómo les
descubrimosalgo en común. Pero estaesjustamentela ventaja de esta
comparación egocentrista; nos ilumina sobre nosotros mismos; nos
muestra en estavariedad de empleosde ser en griego un hecho pro-
pio de las lenguasindoeuropeas,de ninguna manerauna situación uni-
versal ni una condición necesaria.Seguramente,los pensadoresgriegos
han actuado sobre la lengua a su vez, enriquecido las significaciones,
creado nuevas formas. El sustantivo abstracto derivado de eirzai es re-
sultado de una reflexión filosófica sobre el ser; lo vemos crearse en el
curso de la historia: inicialmente como essiaen el pitagorismo dórico y
en Platón, luego como amíaque seha impuesto. Todo lo que aquí que-
remos mostrar esque la estructura lingüística del griego predisponíaa
la opción de ser a una vocación filosófica. Por el contrario, la lengua
ewe no nos ofrece másque una noción estrecha,empleosparticulariza-
dos. No sabriamosdecir qué lugar ocupa el ser en la metafísicaewe,
pero a priori la noción debe articularse de una maneracompletamente
distinta.»
¿Hay una «metafísica»fuera de la organización indoeuropeade la
función «ser»?Esta pregunta no es de ningún modo etnocéntrica. No
esconsiderarque las otras lenguaspuedanestarprivadasde la excelen-
te vocación a la losofía y a la metafísica,sino al contrario, evitar pro-
yectar fuera del occidente las formas muy determinadasde una «histo-
ria» y de una «cultura».
¿Debemos, pues, preguntarnos cómo hay que leer la ausencia de la
función verbal -única- de «ser»en una lenguacualquiera?¿Esposi-
ble una ausenciasemejante,y cómo interpretarla? Esta no es la ausen-
cia de una palabra en un léxico: en primer lugar, porque la función
«ser»pasapor varias palabrasen las lenguasindoeuropeas.No es en

2" El mismoBenvenistelo recuerda,pág.71. Cfr. tambiénHeidegger,«Surla grammaire


et Pétymologiedu mot étre», en [ntradmtíon
ala métapbyríque,
tr. fr., págs.63 y ss.

238
mayormedidala ausencia deun contenidosemánticodeterminado,de
un simplesignificado,puestoque«ser»no signicanadadedetermina-
ble; es, pues, todavía menos la ausenciade una cosa referible.
La pregunta fue planteada por Heidegger".«Supongamosque no
exista estasignicación indeterminada de ser, y que tampoco com-
prendamoslo que quiere decir estesignicar. ¿Qué habría entonces?
¿Solóun nombre y un verbo menos en nuestra lengua?No. En este
caso,nababríalengua. No ocurriría en absolutoque, en palabras,el serse
abriera como tal, que pudiera ser llamado y discutido. Puestoque decir
el ser como tal implica: comprender anteslo que escomo lo que es,es
decir, su ser. Suponiendoque no comprendiéramosal ser en absoluto,
suponiendo que la palabra ser no tenga incluso esta significación
evanescente,entonces,en estecaso,no habria ninguna palabraen ab-
soluto>>25.
Si hubiera un etnocentrismo del pensamientoheideggeriano,nun-
ca seríalo sucientemente simplista para rehusarel nombre de lengua
(al menosen un sentido no derivado de la tradición losóca) a todo
sistemade significación no occidental; estasafirmacionesdebende te-
ner otro objetivo. Si setiene en cuenta el hecho de que, en otra parte,
Heideggerdistingue el sentido de «ser»y del concepto de «ser»,esto
quiere decir que pone como condición para ser-lenguade una lengua
no ya la presenciaen ella de la palabra o del concepto (significado)
«ser»,sino la de otra posibilidad que queda por denir. El concepto
mismo de «etnocentismo»no nos da ninguna seguridadcrítica en tanto
que la elaboraciónde estaotra posibilidadpermanece
inacabada.
Paraaproximarnosa estaposibilidad y como no podríamosinte-
rrogar aquí sistemáticamentetodo el texto heideggeriano, volvamos
a Benveniste.Pero consideraremosestavez un ensayodistinto del que
nos hemosocupadohastaaqui. Setrata de un estudio dos añosposte-
rior: «Ser y haber en susfunciones lingüísticas»-->.Su punto de par-
tida es precisamentela ausenciao, para retomar la palabra de Benve-
niste, la «falta» del verbo «ser»: no sólo en ciertas lenguas no-
indoeuropeas,sino, sobretodo, en ciertasoperacionestípicas de «nues-
tras» lenguasT.«El estudio de las frasescon verbo ser es oscurecido
por la dicultad, incluso la imposibilidad, de plantear una definición
satisfactoriade la naturalezay de las funciones del verbo ser. ¿Ini-
cialmente ser esun Verbo?¿Silo es,por qué falta tan a menudo?¿Y,
si no lo es,de dónde le viene el asumir el ¡tarasy las formas de un ver-
bo, sin dejar de ser lo que se llama un verbo-sustantivdï?» (pági-
na 187).
25Intmdurtian ala métaplyrtque, tr. fr., págs.92-93.
2 Bulletindela Soriítéd: Íingtalttique,
LV (1960),recogidoen ¡mb/times
delinguirtíquz
génírale,
cap. XVI, pág. 187.
27Podríamosestudiar,desdeestepunto de vista,la lenguade Mallarméy, enella, la rare-
facción de «ser»y de «es».Cfr. «La doble sesión»,en La ditemínatión.

239
Benveniste
poneenevidenciaentonceslo quedenominauna«con-
tradicción». Esta nos parecetambién una contradicción entre dos tex-
tosdeBenveniste,
o al menos,
entrela armaciónsegún
la cualelver-
bo «ser»no pertenecería
a todaslaslenguas,y aquellasegúnla cualla
equivalencia de las frasescon verbo «ser»es un fenómeno universal.
Estaequivalenciasustitutivaeslo queconcentraen sí todala dicul-
tad: «El hechode queexistaunafrasenominal, caracterizada por la
ausencia deverbo,y queseaun fenómenouniversal,parececontradic-
torio con el hecho,tambiénmuy general,de quetengacomoequiva-
lenteunafrasecon verboser. Losdatospareceneludir el análisis,y
todo el problemaestátodavíatan pobrementeelaboradoque no en-
contramosnadasobrelo queapoyarnos. La causadeello esprobable-
mentequerazonamos, implícitamenteal menos,comosi la aparición
de un verboser fueracontinuación,lógicay cronológicamente, de
un estadolingüísticodesprovistode un verbosemejante.Peroestera-
zonamiento lineal setopa por todaspartescon los mentísde la realidad
lingüística,sin satisfacer,sin embargo,ninguna exigenciateórica»
(íbíd).
No podemossinosuscribirestaúltima proposición.¿Perono inva-
lida ciertasarmacionesdel texto sobrelascategorías?
¿Cómoconce-
bir ahoraquetodaslaslenguasdispongandeun equivalentedelasfra-
ses con verbo «ser»?
1. La función de «cópula»,o «marcagramatical de identidad» es
absolutamente distinta del verbo ser«conpleno uso».«Losdos han
coexistidoy todavíapuedencoexistir,siendocompletamente diferen-
tes.Peroenmuchaslenguassehanfusionado» (ibid).Porconsiguiente,
«cuandohablamosde un verboser, hayqueprecisarsi setratade la
noción gramatical o de la noción léxica. Por no haber hecho estadis-
tinción seha hechoinsolubleel problemay ni siquieraseha logrado
plantearlo claramente»(pág. 188).
Ahorabien,encuantoa la funcióngramaticaldela cópula,Benve-
nistedemuestrasu universalidadcon una gran abundanciade ejem-
plos. Pertenecea todas las lenguasque no poseenel verbo «ser»en su
presencialéxica.
2. En todaslas lenguasviene a suplir la «ausencia» léxica del ver-
bo «ser»una cierta función. A decir verdad, estasuplementariedadno
viene a llenar una ausenciamás que a los ojos de quienes,como noso-
tros, practican una lengua en la cual las dos funciones gramatical y
léxica- sehan «fusionado»(al menoshastaun cierto punto) con todas
las consecuencias«históricas»fundamentalesque sepueden concebir.
Lo que percibimos, fuera del Occidente,como suplementode ausencia
o como algo supletoria, ¿noes,de hecho, una posibilidad original que
viene a añadirsea la función léxica del verbo «ser»y asi prescindede
ella además, seexime ademásde hacer referenciaa ello? ¿Inclusoen
el interior del indoeuropeo?
240
La forma másgeneralde estesuplementode la cópulaesla frase
nominal:«Aquíla expresiónmásgeneralno comportaningúnverbo.
Esla frasenominal,tal comosepresentahoy,por ejemplo,en rusoo
en húngaro,dondeun morfema-cero, la pausa,asegura
la unión entre
dostérminos
y armasuidentidad
cualquieraquesea,desde
unpun-
to de vista lógico, la modalidad de esta identidad: ecuación formal
(Romaesla capitaldeItalia); inclusióndeclase(el perroesun ma-
mífero); participaciónen un conjunto(Pierre esfrancés),etc.
»Lo queimportaver bienesqueno hayningunarelaciónnatural
ni necesaria
entreunanociónverbalexistir,estaraquírealmentey la
función¡decópula. No tenemosque preguntarnoscómo esque el
verbo ser puedafaltar o seromitido. Es razonara la inversa. La inte-
rrogaciónverdaderaseráal contrario:¿cómoesque existeun verbo
ser,dandoexpresión
verbal yconsistencia
léxicaaunarelaciónlógi-
ca en un enunciadoasertivo?»
(págs.188-189).
Ocurreasíquela ausencia
léxicapuedeno ser«suplida»
másque
por una ausencianada más, siendo garantizadaentonces la función
gramaticalde«ser»por el blancodeun espacio,por unapuntuaciónde
algúnmodoborrada,por una pausa:interrupciónoral, esdecir,una
parada
dela voz(¿esentonces
unfenómeno
OraIP),
queningúnsigno
gráco, en el sentidoordinariode estapalabra,queningunaescritura
plena viene a señalar.La ausenciade «ser»,la usenciade estelexema
singular,
eslaausencia
misma.El valorsemántico
deausencia
engene-
ral ¿noesdependientedel valor léxico-semánticode «ser»?En el hori-
zontede estapreguntaseríaquizáprecisoanalizarlo que Benveniste
denomina «rasgosuplementario»,
o sea,un rasgosolamente
«proba-
ble»,quenoexisteni consiste
ennadamásqueunciertosuspenso:
«El
semítico antiguo no poseecomo es sabido el verbo ser. Bastacon
yuxtaponerlos términosnominalesdel enunciadoparaobteneruna
frasenominal,conunrasgosuplementario,
probable,
perodesprovisto
deexpresión
gráca,queeslapausaentrelostérminos.
El ejemplo
del
húngaro,del ruso,etc., da a estapausael valor de un elementodel
enunciado;esinclusoel signode la predicación.Es probableque,en
todaspartesdondela estructurade la lenguapermiteconstituir un
enunciadopredicativoyuxtaponiendo dosformasnominalesenun or-
den libre, debamosadmitir que las separauna pausa»(pág.189).
3. Otraforma,muycorriente,deestesuplemento dela cópula:el
juegosintácticoconel pronombre,por ejemplo,sureduplicaciónen-
nal deproposición:münym man,«yosoyjoven»(yojovenyo),Jjí rán,
«túeresjoven»,enciertosdialectosorientales(a/tai:alha}al,«élesrico»
(él rico él). «EstaValorizaciónsintácticadel pronombreen funciónde
cópulaesun fenómenocuyoalcancegenerales precisosubrayar»
(pág. 190).
El procesodeobjetivaciónconducedesdeestemomentoal privile-
gio constantede la tercerapersonadel singular.La relaciónocultaen-
241
tre un privilegio semejantey la ley del suplementode la cópula muestra
un problema que la lingüística y la ontología como talesno puedende-
signar sino de lejos, inicialmente porque estánprincipalmente someti-
das,como ciencia y como losofía, a la autoridad de e:cuyaposibilidad
es preciso interrogar. Ilustrémoslo con una simple aproximación.
Debemos remitimos aquí a otro ensayode Benveniste,«La frase
nominab. «Desdeel artículo memorable en el que A. Meillet (M. S.
L., XIV) denió la situación de la frase nominal en indoeuropeo,dán-
dole por ello su primer rtatm lingüístico, varios estudios,relativos, so-
bre todo a las lenguasindoeuropeasantiguas,han contribuido a la des-
cripción histórica de este tipo de enunciado. Caracterizadasumaria-
mente, la frase nominal comporta un predicado nominal, sin verbo ni
cópula, y esconsideradacomo la expresiónnormal en indoeuropeo allí
donde hubiera habido una forma verbal llegado el casoen terceraper-
sona del presentede indicativo de ser. Estas definiciones han sido
largamenteutilizadas,fuera incluso del dominio indoeuropeo,pero sin
dar lugar a un estudio paralelo de las condicionesque han hecho posi-
ble estasituación lingüística. Falta mucho para que la teoría de estefe-
nómeno sintáctico altamentesingular hayaprogresadoen la medidaen
que se descubralo extensode sus manifestaciones.
»Estetipo de fraseno estálimitada a una familia o a ciertasfamilias
de lenguas.Aquellas en las que ha sido señaladano son másque las pri-
merasde una lista que ahora se podria alargar considerablemente.La
frasenominal seencuentrano sólo en indoeuropeo,en semitico, en fi-
no-ugriano, en bantú, sino también en las lenguasmás diversas:sume-
rio, egipcio, caucásico,altaico, dravidiano, indonesio, siberiano, ame-
rindio, etc. ¿A qué necesidadestá ligada entoncesla frase nominal
para que tantas lenguasdiferentes la produzcan del mismo modo, y
cómo esque -la pregunta pareceráextraña,pero lo extraño estáen los
hechos- el verbo de existencia tiene, entre todos los verbos, este privi-
legio de estar presenteen un enunciado en el que no gura? Por poco
que seprofundice en el problema, seencuentrala obligación de consi-
derar en su conjunto las relaciones del verbo y del nombre, luego la na-
turaleza particular del verbo ser» (págs. 151-152).
Esta insistencia de la tercera personadel singular del presentede
indicativo del verbo «ser» también habría señalado la historia de las
lenguasen las cuales«ser»comportaba una presencialéxica. La fun-
ción de cópula habría ordenado desdeentoncesinvisiblemente la in-
terpretación del sentido de «ser»por haberla trabajadodesdesiempre
de alguna forma.
Heidegger:«Comprendemosel sustantivo verbal ser a partir del
innitivo, que por su parte remite al es, y a su multiplicidad que he-

23Bulletindela Saritad: lirtgtnlrtique


dePaní, XLVI (l 950),fase.1, núm. 132,recogidotam-
bién en ¡mb/img cap. XIII, pág. 151. (subrayadomío.)

242
mos expuesto.La forma verbal determinaday particular es, la terce-
ra personadel singulardel presentede indicativo,poseeun privilegio
aquí. No comprendemosel ser considerandotú eres, vosotros sois,
yo soy,o ellos serían,queconstituyentambién,sin embargo,y al
mismo título que el es, formas del verbo ser. Somosasíconducidos
involuntariamente, comosi por un pocono hubieraotraposibilidad,a
hacernos claroel innitivo ser a paftir del es. Resultadeello queel
ser tieneestasignicaciónquehemosindicado,querecuerdala ma-
neraen quecomprendíanlosgriegosla esenciadel ser( WennderSins),
y que poseeasí un carácterdeterminado que no nos caedel cielo, sino
quegobiernadesdehacemuchotiemponuestroestar-aquíproventual
(gertbícbt/ít/Jes
Dustin)»(Introducción
a la metafzïrira,
trad. fr., pág. 103).
Aunque siempreinquieta y trabajadaen su interior, la fusión de la
función gramatical y de la función léxica de «ser»tiene, sin duda, una
relaciónesencialcon la historiade la metafísicay con todo lo quese
coordina con ella en Occidente.
Es fuerte, apenasreprimible en verdad, la tentación de considerar
el predominiocrecientede la funciónformal decópulacomoun pro-
cesodecaída,deabstracción, dedegradación, deevacuación dela ple-
nitud semánticadellexema«ser»y detodoslosquesehandejadocomo
él reemplazaro descarnar.Interrogaresta«historia»(perola palabra
«historia»pertenecea esteprocesodel sentido)como la historiadel
sentido, plantear la «cuestióndel ser»como cuestión del «sentidodel
ser»(Heidegger),
¿noeslimitar la destruccióndela ontologíaclásicaal
horizontede una reapropiaciónde la plenitudsemánticade «ser»,de
unareactividaddelorigenperdido,etc?¿No esconstituirel suplemen-
to de la cópula como un historial, incluso si se lo consideracomo es-
tructuralmentenecesario?¿Noessospechar unaespecie decaidaorigi-
naria,con todo lo que implicaríauna perspectivasemejante?
¿Porqué domina nalmente el horizonte del sentido tanto la cues-
tión dellingüistacomola delpensador
lósofo?¿Quédeseolesempuja
a uno y otro, en tanto que tales, a proceder analógicamentehacia una
instancia supralapsaria,ante el suplementode la cópula?Su procedi-
mientoy su horizontesiguensiendoanálogos,a esterespecto,como
vemos:
«Toda la variedad de las flexiones del verbo ser deriva de tres raí-
cesdiferentes.Lasdosprimerassonindoeuropeas,
y aparecen
también
en las palabrasgriegay latina paraser.
»1. La más antigua, la raíz verdadera,es ar, en sanscrito ami,la
vida,lo vivo, lo quesemantienepor síy a partir desi, y va y reposaen
si... Un puntodignode sernotadoesqueen todaslaslenguasindoeu-
ropeas,el es (griego ertin,latín art, alemán zlrt)se mantiene desdeel
principio.
»2. La segunda raízindoeuropea esb/Jú,b/Jeu.
Sele vinculael grie-
gop/ma,abrirse,dominar,llegara la esenciay permanecer en esenciaa
243
partir de sí mismo. Este bbú ha sido comprendido hasta el presente
como naturalezay como crecer, segúnla concepción ordinaria y su-
percial de pbyrzlry de pbuo.[...]
»3. La tercera raíz aparecesolamenteen el dominio de exión del
verbo germánicorain;esver;sanscrito:varam}germánico:matan,habitar,
quedarse,permanecer...El sustantivo Wormno signica originaria-
mente la quididad, la esencia,sino el permanecerconstitutivo del pre-
sente (Gegemya),la pre-sencia(Atzweretz) y la au-sencia(Abweren).El
uremdel latin prat-semy ab-remha desparecido...De estastres raícesex-
traemos las tres signicaciones que aparecenclaramenteen el origen:
vivir, abrirse, quedarse.La lingüística las constata.Constatatambién
que estassignicaciones primitivas han desaparecidohoy; que sólo se
ha mantenido una signicación abstracta: ser. [...]
»8. El sentido del ser, que, en razón de una interpretación pura-
mente lógica y gramatical, se nos presentacomo abstracto y en con-
secuenciaderivado, ¿puedeser por sí mismo pleno y originario?
»9. ¿Puedemostrarseesto a partir de una esenciade la lenguaque
seríacaptadade manera bastanteoriginaria... El ser, es para noso-
tros todavía un puro vocablo, un término usado(uemutzter).Si no nos
quedanadamásque eso,al menosdebemostratar de captar esteúltimo
resto (Rest)que nos pertenece...Por esopreguntamos:¿Qué hay de la
palabra ser?»
«Hemos respondido a esta pregunta siguiendo dos caminos, que
nos han conducido a la gramáticay a la etimología de la palabra.Resu-
mamos el resultado de esta doble explicación de la palabra ser.
»1. La consideración gramatical de la forma de la palabra ha
mostrado que en el infinitivo los modos signicativos determinados
de la palabra ya no aparecen;son borrados (verwzlrrbt).
Además,la sus-
tantivación refuerzay objetiva esteborrarse ( Venvircbarzg).
La palabra
se hace un nombre que nombra algo indeterminado.
»2. La consideraciónetimológica de la signicación de la palabra
ha mostrado que lo que nombramos hoy y hace mucho tiempo con el
nombre de ser es,en cuanto a la signicación, una mezclaniveladora
(amg/eirbende)de tres significaciones radicalesdiferentes. Ninguna de
ellas entra ya en la signicación del nombre distinguiéndose de una
manerapropia y determinante.Esta mezcla( Vemzkt/Jung) y esteborrar-
se( Verwirc/Jtmg)
se piden una al otro»?!
Benveniste:«Quedapor completar estasindicacionesexaminando,
con respectoa la frase nominal, la situación del verbo ser. Debemos
insistir fuertementesobrela necesidadde rechazartoda implicación de
un ser léxico en el análisisde la frasenominal, y de reformar habitos
de traducción impuestospor la estructuradiferente de las lenguasocci-

Z9Heidegger,
op.al, 81,84.Hesubrayado
elpunto
9,mada,
m:última
resta
que¡Imper-
Iman,borrador,
herradura,
rpm/a nine/adora,
mmla; 50776411W-

244
dentalesmodernas. Unainterpretaciónestrictadela frasenominalno
puedecomenzarmásquecuandoseha liberadode estaservidumbrey
seha reconocidoel verboestien indoeuropeo
comoun verboigualque
losotros.Es,no sóloporquellevatodaslasmarcasmorfológicasde su
clasey cumplela mismafunción sintáctica,sino tambiénporqueha
debido tener un sentido léxico denido, antesde caer al término de
un largodesarrollohistórico- en el rangodecópula.Ya no esposi-
ble alcanzardirectamente estesentido,peroel hechodequebbu,cre-
cer, desarrollarse,hayaprovistode una partede las formasde es,
permiteentreverlo.En todocaso,inclusointerpretándolocomoexís-
tir, tenerconsistencia real (cfr. el sentidodeverdad ligadoa losad-
jetivosv. isl.tam, lat. ram,skr.razjyw), sele dene sucientemente por
su función de intransitivo susceptiblede serya empleadoabsolutamen-
te, ya acompañadode un adjetivo; de manera que em"absoluto o e:-
ti + adjetivo funciona como un gran número de verbosintransitivos en
estadoble posición (talescomo: parecerse,parecer,crecer, sostenerse,
yacer,brotar,caer,etc.)...Sedeberestituiral verboser suplenafuer-
za y su función auténticapara medir la distanciaentre una aserciónno-
minal y una aserción con ser») 3".
Estoaparecerá quizá(si al menosestoseconaraa algúnaparecer)
desdeun lugardel quefalta menosencontrarsunombrequeinscribir
suelaboración.Estelugarno sabríaser,en todo caso,una antología,
unacienciaregionalo cualquieraotra cosaqueseordenea estajerar-
quia.Esta,en efecto,no sabríaordenarlascienciasparticularesen las
ontologíasregionales,
luegoen la ontologíafundamental,másquepre-
suponiendo lo que (es) se pone aquí en cuestión.
¿Quéhayde la palabra,luegode estaoposiciónde lo léxico(se-
mántico, etimológico) y de lo gramatical que domina asíestosdiscur-
sossin serinterrogadapor ella misma?¿Dóndey cómoseconstituyó?
¿Porquéel erdatodavíasuformaa todasestaspreguntas? ¿Quéhayde
la relaciónentrela verdad,el sentido(del ser)y la tercerapersonadel
singulardel presentede indicativo del verbo«ser»? ¿Quées perma-
necer o no permanecer?¿Qué permaneceen un suplemento de la
cópula?
Si setrataseaquí,unavezmás,de la palabraquehayquedecir no
remitiría ni a la lingüísticani a la losofía en tanto que tales.

3 Benveniste,
ap.fÍL,págs.159-160.
Hesubrayado
mery rzrtituiralwrba«ser»
xuplmaema
y Ill nde/n autíntica.

245
La mitología blanca*

La metáfora en el texto losóco

* Primera versión publicadaen Poétique


5 (1971).

247
EXERGO

De la filosofía,la retórica.De un volumen,aproximadamente,


más
o menoshacer aquíunaflor, extraerla,subirla,dejarla,mejor,subir-
la, dejarla,mejor,subir,hacerse dedía-- apartándose
comodesí mis-
ma,enrolladaestaflor graveaprendiendo a cultivarsegúnel cálculo
de un lapidario, la paciencia...
La metáforaenel textolosóco. Segurodeentendercadapalabra
de esteenunciado,precipitándosea comprender, a inscribir una
figura en el volumen capazde losofía, podría uno disponersea tratar
de unacuestiónparticular:¿haymetáforasen el textofilosófico?¿bajo
quéformaE,
¿hasta quépunto?,¿esesencial? ¿accidental?, etc.Rápida-
mente selogra la certeza:la metáfora parececomprometer en su totali-
dadel usode la lengualosóca, nadamenosqueel usode la lengua
llamadanaturalen el discursofilosófico,inclusode la lenguanatural
como lengua filosófica.
Esto exigeun libro, en suma:de la losofía, del uso o del buen uso
de la losofía. Hay interésen queel compromisoprometamásde lo
que dé. Nos contentaremos,pues,con un capítulo y, sustituiremosel
usobajo título por la usura.Nos interesamos
inicialmentepor
una cierta usura de la fuerza metafórica en el intercambio losóco. La
usura no sobrevienea una energíatrópica destinadaa permanecer,de
otra manera,intacta; constituirá por el contrario la historia misma y la
estructura de la metáfora filosófica.
¿Cómohacerlosensible,si no por la metáfora?
aquíla palabramu-
ra.Nosepuede,
enefecto,
acceder
alausuradeunfenómeno
lingüísti-
co sin darlealgunarepresentación
gurada. ¿Quépodríaserla usura
propiamentedichadeunapalabra,deun enunciado,deunasignica-
ción, de un texto?
Corramosel riesgodedesentcrrar
el ejemplo(sóloel ejemplo,para
reconocer en él un tipo corriente) de esta metáfora de la usura (de la
metáfora),lo deterioradodeestagura, en EljardíndeEpicura...
En el
exergode estecapítulo,observémoslo,la metáforatomadaprestadaa
249
Anatole France --la usura filosófica de esta figura describe tam-
bién, por fortuna, la erosión activa de un exergo.
Casi al nal del jardín deEpimro, un corto diálogo entre Ariste y
Polilo se subtitula «o el lenguajemetafísico».Los dos interlocutores
tratan precisamentede la figura sensibleque sepone a cubierto y que se
usa,hastapasardesapercibida,en cadaconceptometafísico.Las nocio-
nesabstractassiempreescondenuna gura sensible. Y la historia de la
lengua metafísica se confundiría con la borradura de su ecacia y la
usura de su egie. La palabra no es pronunciada, pero sepuededesci-
frar el doble alcancede la usura: borradura por frotamiento, el agota-
miento, la pulverización, ciertamente,pero también el producto suple-
mentario de un capital, el cambio que, lejosde perder la apuesta,haría
fructicar la riqueza primitiva, acrecentaríael reintegro bajo la forma
de rentas, de aumento de interés, de plusvalía lingüística, permane-
ciendo indisociables estas dos historias del sentido. «POLIFILO: No era
másque un sueño.Soñabaque los metafísicos,cuando sehacenun len-
guaje,se parecen[imagen, comparación, gura para significar la gu-
ración] a los aladores que pasaranen Vezde cuchillos y tijeras, meda-
llas y monedaspor la muela, para borrarles el exergo,la fecha y la e-
gie. Cuando han trabajadotanto que ya no seve sobresuspiezasde cin-
co francos ni Victoria, ni Gillaume, ni la República,dicen: Estas pie-
zasnadatienen de inglés, ni de alemán,ni de francés;las hemossacado
fuera del tiempo y del espacio;ya no valen cinco francos: tienen un
precio inestimable, y su curso se ha extendido innitamente. Tienen
razón en hablar así. Por estaindustria de alador pasanlas palabrasde
lo físico a lo metafísica.Vemos inicialmente lo que pierden en ello; no
se ve inmediatamente lo que ganan.»
No setrata aqui de levantar una tienda sobreestesueño,sino de ver
dibujarse a través de su lógica implícita, la conguración de nuestro
problema, las condiciones teóricas e históricas de su emergencia. Dos
límites, al menos: 1) Polilo parecequerer salvar la integridad del ca-
pital, o mejor, antesde la acumulaciónde un capital, la riquezanatural,
la virtud original de la imagen sensible,desfloraday deterioradapor la
historia del concepto. Suponeasí -motivo clásico,lugar común en el
siglo xvm que una pureza del lenguajesensiblepudo haber tenido
curso en el origen del lenguaje,y que el étimo de un sentido primitivo
permanecesiempre, aunque recubierto, asignable;2) esteetimologis-
mo interpreta la degradacióncomo pasode lo físico a lo metafísico.Se
sirve, pues, de una oposición completamentelosóca, que también
poseesu historia y su historia metafórica, para juzgar de estoque el f1-
lósofo haría, sin saberlo, metáforas.

1 Paris,Calmann-Lévy,ed. 1900.La mismaobra contieneunaespeciede ensueñosobre


las figurasdel alfabeto,las formasoriginalesde ciertasde susletras.(«De la entrevistaque
tuve estanoche con un fantasmasobrelos orígenesdel alfabeto»)

250
La continuacióndeldiálogolo confirma:interrogaprecisamente
la
posibilidad de restauraro de reactivar, bajo la metáfora que a la vez es-
conde y seesconde,la «figura original» de la piezausada,borrada, bru-
ñida por la circulación del concepto filosófico. ¿La borradura no
deberíadecirse,siempre,de una figura original, si no se borrasede sí
misma?
«De todas estaspalabras,o desguradaspor el uso o pulidas o in-
cluso forjadasa la vista de algunaconstrucción mental, podemosrepre-
sentarnossu gura original. Los químicos obtienen reactivos que ha-
cen aparecersobreel papito o sobreel pergamino la tinta borrada.Con
la ayudade estosreactivos se leen los palimpsestos.Si aplicáramosun
procedimiento análogoa los escritosde los metafísicos,si sesacaraa la
luz el sentido primitivo y concreto que permaneceinvisible y presente
bajo el sentido abstractoy nuevo, encontraríamosideasmuy extrañasy
a veces muy instructivas.»
El sentido primitivo, la gura original, siempresensibley material
(«todaslas palabrasdel lenguajehumano fueron golpeadasen el origen
por una figura material... y todasrepresentaronen su mocedadalguna
imagen sensible...materialismo fatal del vocabulario...»)no esexacta-
mente una metáfora.Es una especiede figura transparente,equivalen-
te a un sentido propio. Seconvierte en metáfora cuando el discursofi-
losófico la pone en circulación. Seolvida entonces,simultáneamente,
el primer sentido y el primer desplazamiento.No senota ya la metáfo-
ra y se la toma por el sentido propio. Doble borradura. La loso-
fía sería este proceso de metaforización que se apodera de sí mis-
mo. Por constitución, la cultura filosófica siempre habrá estado
gastada.
Es una regla de economía: para reducir el trabajo de frotamiento,
los metafísicoselegiríanpreferiblemente,en la lenguanatural, laspala-
bras más usadas:«... eligen de buen grado, para pulir las palabrasque
les llegan un poco gastadas.De estamanera ahorran la mitad de la ta-
rea. A veces,más felices todavía, ponen la mano sobre palabrasque,
por un uso largo y universal, han perdido, desde tiempo inmemorial,
todo rastro de egie». Recíprocamente,somosmetafísicossin saberlo
en la proporción de la usura de nuestras palabras. Sin hacer de ello un
tema o un problema, Polilo no puedeevitar el uso al límite: la usura
absolutade un signo.¿Quéeseso?¿Y estapérdida -es decir, estaplus-
valía ilimitada- no eslo que preere el metafísico,sistemáticamente,
al elegir por ejemplo los conceptos con forma negativa, ali-relato,ín-
nito, in-tangib/e,
Ita-Jer?
«En tres páginasde Hegel,tomadasal azaren su
Fenomeno/egin [libro muy poco citado en la universidadfrancesaen 1900
parece], de veintiséis palabras, sujetos de frases considerables, he en-
contrado diecinuevetérminos negativosy sietetérminos afirmativos...
Los ab, los in, los no,actúan más enérgicamentetodavía que la muela.
Os borran de un golpe las palabrasmás sobresalientes.A veces,a decir

251
verdad, os las devuelven,y les ponen el sentido del revés.»Más allá del
exabrupto,siguesiendosujetode interrogación la relación entre la me-
taforizaciónquesearrancadesí mismay losconceptos
deformanega-
tiva. Al levantar la determinación finita, éstos tienen como función
romperla ligaduraquesujetaal sentidode un serparticular,inclusoa
la totalidadde lo quees.Suspenden
asísumetaforicidadaparente(de-
niremos mejor esteproblema de la negatividadal reconocer,másade-
lante,la connivenciaentreel relevo
hegelianola Aujbebung, unidad,
también,de una pérdiday de un beneficio y el conceptolosóco
de metáfora).«Estees,en la medidaen quehepodidoVerlo,el usode
los metafísicos
o, mejordicho,de los metatafísicos,puesesunama-
ravilla quehayqueañadira lasotrasquesucienciaposeaella misma
un nombre negativo, extraído del orden en que fueron colocadoslos li-
brosdeAristóteles,y queustedes
seintitulen losquevandespués
delos
físicos.Entiendoqueustedessuponenqueéstosestánapiladosy que,
colocarsedespués,es subir encima. No reconocenen menor medida
que están fuera de la naturaleza.»
Aunque la metáfora metafísicahaya puesto al revéstodo sentido,
aunque haya también borrado pilas de discursosfisicos, todavía debe-
ríamospoderreactivarla inscripciónprimitiva y restaurarel palimp-
sesto.Polilo seentrega a estejuego. De una obra que «da la vuelta a
los sistemas
a partir delosViejoseléatashastalosúltimoseclécticos...
y
va a parar a M. Lachelier», extrae una frase de paso muy abstractay
muyespeculativa:«E!almaposeea Dioren1amedida
enqueparorvjva
deloab-
roluto.»Luegoemprendeun trabajode etimologíao de lología que
debedespertartodassusfigurasdormidas.Paraello, seconsagra
no a lo
que la frase«conteníade verdad»,sino «únicamentea la forma verbal».
Y despuésde haberprecisadoque las palabras«Dios»,«alma»,«absolu-
to», etc., son símbolo:
y no rzgrzor,
ya que lo simbolizado mantiene una li-
gadurade afinidad natural con el símbolo y autoriza asíla reactivación
etimológica (lo arbitrario no seríaasí,como también lo sugiereNietzs-
che, más que un grado de usura de lo simbólico), Polilo presentalos
resultadosde su operación química:
«También estabayo en lo cierto al buscarlos sentidoscontenidos
en las palabrasalma,Dior,abro/uta,
que son símbolosy no signos.
»El alma poseea Dios en la medida en que participa de lo ab-
soluto.
»¿Quéesestosino un conjuntode pequeñossímbolosquesehan
borradomucho,lo reconozco,quehan perdidosubrillo y sucarácter
pintoresco, pero que siguensiendo símbolospor fuerzade la naturale-
2a?La imagensereduceen ellos al esquema.Peroel esquemasigue
siendola imagen.Y he podido,sin indelidad, sustituira aquélpor
ésta. Así he obtenido:
»El bei/itaesta
sentado
sobre
aquelquebrilla enla medidadeldor:quereeibe
en
1oquee: completamente
fino (o sutil), de dondeextraemossin trabajo:
252
Aquelagabai/ita e:unsignodevida,elhombre, amparatmlugar(sindudades-
puésde queel hálitoseaexhalado)eneltegadivina, fuente
y ¿rogar
dela vida,
y artelugarle1eramedida deacuerda tanla vidadquelebatidodada(por losde-
monios,imagino)deextender elbálitacaliente,
esta
pequeña almainvirible,
a
través delespaciolibre(el azul del cielo probablemente)
»Y notaqueestotieneel aspectode un fragmentode himno védi-
co, quehuelea la viejamitologíaoriental.No respondode haberresta-
blecidoestemito primitivo en todo el rigor de las leyesque rigenel
lenguaje.Pocoimporta.Bastaque sevea quehemosencontradounos
símbolosy un mito en unafrasequeeraesencialmente simbólicay mí-
tica, puesto que era metafísica.
»Creohabertehechonotarsucientemente,Ariste:todaexpresión
de una ideaabstractano podriasersinouna alegoría.Por un extraño
azar,estosmetafísicos,quecreenescaparal mundode lasapariencias,
estánobligadosa vivir perpetuamenteen la alegoría.Poetastristes,
quitanel colora lasfábulasantiguas,y no sonmásquerecolectoresde
fábulas.Hacen mitologiablanca.»
Una fórmula breve, condensada, económica, casi muda ha
sidodesplegada en un discursointerminablemente explicativo,quese
ponía delantecomoun pedagogo,con el efectode burlaque siempre
produce la traduccióncharlatanay gesticulantede un ideograma
oriental. Parodiadel traductor,ingenuidaddel metafísico,del pobre
peripatéticoqueno reconocesurostroy no sabepor dondele ha hecho
andar.
La metafísicamitología blancaque reúney reflejala culturade
Occidente:el hombre blanco toma su propia mitología, la indo-
europea,sulagos, esdecir,el mytbar
de suidioma,por la formauniversal
de lo quetodavíadebequererllamar la Razón.Lo cual no ocurresin
lucha.Ariste,el defensorde la metafísica(unaerratahabráimpreso,en
el titulo Artiste),acabaporralir,decididoa no dialogarmásconun mal
jugador:«Salgosinestarconvencido.Si hubierarazonadodentrode las
reglas,me habriasidofácil refutar tus argumentos.»
Mitología blanca la metafísica ha borrado en sí misma la escena
fabulosaque la ha producidoy que siguesiendo,no obstante,activa,
inquieta,inscritaen tinta blanca,dibujoinvisibley cubiertoen el pa-
limpsesto.
Este diálogodisimétricofalso no mereceser situadocomo
exergopor la solarazónde queeschocante;y porquechocandoa la ra-
zón no menosque a la imaginación,gravanuestroproblemaen una
efigieteatral. Hay otrostítulos. Muy esquemáticamente:
1. Las palabrasde Polilo parecenpertenecera una congura-
ción cuyadistribuciónhistóricay teórica,límites,particionesinterio-
res,diferenciassiguenestandosujetos a interpretación.Conducidapor
la cuestiónde la retórica,unainterpretacióntal deberíainterrogartan-

253
to los textos de Renan?y de Nietzsche3(que han recordado, ambos,
como lólogos lo que considerabancomo el origen metafórico de los
conceptosy especialmentede aquel que parecesostenerel sentido pro-
pio, la propiedad de lo propio, el ser) como los de Freud, de Bergson5,
de Leninó que, atentosa la actividad metafórica en el discursoteórico o
losóco, han propuesto o practicado la multiplicación de metáforas
antagonistascon el fm de neutralizar mejor o controlar su efecto. El
desarrollo de la lingüística histórica en el siglo xIx estálejosde sersufi-
ciente para explicar el interés por la sedimentaciónmetafórica de los
conceptos.Y esevidente que la conguración de estosmotivos no tie-
ne límite cronológico o histórico lineal. Los nombresque acabamosde
asociarlo muestran bien y los estratosque hay que denir o mantener
aumentanen el interior de los discursosfirmados por un solo nombre.
Una nueva determinación de la unidad de los corpus deberíapreceder
o acompañar la elaboración de estaspreguntas.
2. Leer en un concepto la historia escondidade una metáfora, es
privilegiar la diamnía,a costadel sistema,y apostarsobreestaconcep-
ción simbalistadel lenguajeque hemosdestacadode paso:la ligadura del
signicante al signicado ha debido ser y seguir siendo, aunqueente-
rrada, una ligadura de necesidadnatural, de participación analógica,de
parecido. La metáfora siempreha sido denida como el tropo del pare-
cido; no, simplemente, entre un significante y un signicado, sino ya
entre dos signos,de los cualesuno designaal otro. Es su rasgomásge-
neral y es lo que nos ha autorizado a reunir bajo esenombre todas las
guras llamadas símbó/ímro ana/agitarevocadaspor Polifilo (figura,

2 Cfr., por ejemplo,De ¡angina du langage (1848), cap. V, en Omara:Camp/éter, t. VIII.


3 Cfr., por ejemplo,La amantedelapbilasopbíe a¡époque
dela tragédíeguagua,tr. fr., Galli-
mard, págs.89-90.
4 Cfr., por ejemplo,el texto de Breueren losÉtudermr ljxrénb, 1895,tr. fr, pag.183,y el
de Freud,págs.234-235;o tambiénLe ma!dïuprít,«Idíer»,N.R.F.,pags.223-224;Intmdurtianá
lapgyrbanab/re(tr. fr. Payot,pág.276, a propósitode la metáforade la antecamara); Au-de/ádu
primipedup/arkir,final del cap. VI; Di FragaderÍJÍedÓ/J,tr. fr., en Ma viee! la pacman/yt,
«Idées»,N.R.I7.,pág. lll. Por otra parte,en cuantoa la intervenciónde los esquemas retóri-
cosen el discursopsicoanalítico,remito naturalmentea los Errit: de Lacan(cfr. el Indexrai-
mrmede:roncrpt: majcurr,por]. A. Miler), a Benveniste,«Remarques sur la function du langage
dasla découvertefreudienne»(1956),en ¡mb/Emu delingutlrtiquegérzéra/e
y ajakobson, «Deux
aspectsdu langageet deux typesdhphasie»(1956), en Errar}delingurlrtique gínírale.
5 Cfr. «introducción a la métaphysique»,en [Apeméeet le mauvant, pag. 185.
Ó En los Cuadernos sobrela dialécticade Hegel,dene Lenin la relaciónde Marx con He-
gel a menudocomo «inversión»(cabezaabajo),pero tambiéncomo «decapitación» (el siste-
ma hegelianomenostodo lo que lo gobierna:lo absoluto,la Idea, Dios, etc), o también
como el desarrollode una «semilla»o de un «grano»,e inclusocomo la «monda»procedente
de la cáscarahacia el hueso,etc.
Paralo concernientea la cuestiónde la metáforaen la lecturade Marx y en una proble-
matica marxistaen general,cfr. especialmenteAlthusser(«Contradictionct surdétermina-
tien», en PourMarx, Linel: Capital,págs.38-40,58-60,65-68del t. I y págs.75 y ss.,170y ss.
del t. II y «Les appareilsidéologiquesdEtat», en La Penxée, núm. 151, junio de 1970,
págs.7-9), y Goux («Numismatiquesm l, Il, en Ïe/Quel, 35-36).

254
mito,fábula,alegoría).
Enestacríticadellenguaje
losóco,interesar-
seporlametáfora esta guraparticular,espuestomarunpartido
simbolista.Esinteresarse
sobretodopor el polo no sintáctico,no siste-
mático,por la «profundidad»
semántica,por la imantaciónde lo simi-
lar másbienqueporla combinación posicional,digamos «metoními-
ca»,enel sentidodenidoporjakobson quesubraya7 justamente laa-
nidadentrela predominancia delo metafórico,el simbolismo (tanto
comoescuela literaria,diríamosnosotros,
comoconcepción lingüísti-
ca)y el romanticismo (máshistórico,inclusohistoricista,
y másher-
menéutico).Esevidentequela cuestióndela metáfora,tal comola re-
petimosaquí,lejosdepertenecer
a estaproblemática
y decompartir
suspresuposiciones,
deberíapor el contrariodelimitarlas.No setrata,
sin embargo,
de consolidarpor simetríalo quePolilo eligecomo
blanco;másbiendedeconstruir losesquemas metafisicos
y retóricos
quefuncionanensucrítica,nopararechazarlosy abandonarloscomo
desecho,
sinoparareinscribirlos
deotramanera y sobretodoparaco-
menzara identificarel terrenohistórico-problemático
sobreel cualse
ha podido pedir sistemáticamentea la losofía los títulos metafóricos
de sus conceptos.
3. Eranecesariotambiénproponera la interpretación
estevalor
demara.Parece tenerunaligadura
desistema conla perspectiva
meta-
fórica.Lo reencontraremos
entodaspartesenqueel temadela metá-
foraseaprivilegiado.
Estambién
unametáfora
queimportaconsigo
una presuposicióncontinuista: la historia de una metáfora no tendria
esencialmente
el portedeun desplazamiento,
conrupturas,
reinscrip-
siones
enunsistemaheterogéneo,
mutaciones,
desviaciones
sinorigen,
sinoeldeunaerosiónprogresiva,
deunapérdidasemántica
regular,
de
un agotamientoininterrumpidodel sentidoprimitivo. Abstracción
empíricasinextracción
fueradelsuelonatal.No esquelaempresa
de
losautores
citados
esté
completamente
comprometida
enello,sinoque
recurrea ello cadavezquedejadominarel puntodevistametafórico.
Esterasgoel conceptodeusura- no pertenece sin dudaa unacon-
figuraciónhistórico-teórica
estrecha,
sinomásseguramente
al con-
ceptodemetáforamismoy a la largasecuencia
metafísicaqueél deter-
mina
o(¿ue
lodetermina.
Enella
nos
interesamos
aquí
para
comenzar.
4. arasignicarelproceso
metafórico,
losparadigmas
delamo-
neda,del metal,dineroy oro, sehanimpuestocon unainsistenciano-
table.Antesdequela metáfora efecto delenguajeencuentre su
metáforaen un efectoeconómico, ha sidoprecisoqueunaanalogía
másgeneralorganizara losintercambiosentrelasdos«regiones».
La
analogía
enel interiordellenguaje
seencuentra representada
poruna
analogía
entreel lenguaje
y otracosa
diferente
deél.Perolo queaquí
parece
«representan»,
gurar,estambiénlo queabreel espacio
mayor
7 Euaird: lingmlrttque
générale,
tr. fr., pág.62.

255
de un discurso sobre la gura y ya no sedeja contener en una ciencia
regional o determinada, la lingüística o la lología.
La inscripción del dinero esmuy frecuentementeel lugar de cruce,
la escenadel intercambio entre lo lingüístico y lo económico. Los dos
tipos de signicante sesuplen en la problemática del fetichismo, tanto
en Nietzschecomo en Marx. Y la Cantribucíón a la mïím de1actonomíapa-
Iítim organizaen sistemalos motivos de la usura,del «dinero que habla
lenguasdiferentes»,de las relacionesentre la «diferenciade nombre»y
la «diferenciade gura», de la conversión del dinero en «oro sin frase»,
y recíprocamente,de la idealización del oro que «sehacesímbolo de sí
mismo y... no puedeservir como símbolo de sí mismo» («nadapuede
ser su propio símbolo»,etc.)9.La referenciaparecemásbien económi-

8 Cfr., por ejemplo,Le Capital,libro l, tr. fr., Ed. Sociales,pág.93. «¿Dedondeprovie-


nen, por ejemplo,las ilusionesdel sistemamercantil?Evidentemente,el caracterfeticheque
la forma monedaimprime en los metalespreciosos Lasmercanciasdirían si pudieranha-
blar: No secreeríaqueel economistatoma prestadassuspalabrasal almamismade la mer-
cariciacuandodice: ...»
9 Tr. fr., Ed. Sociales,pág.75 y ss.No hacernos,sino recordarestostextos.Paraanalizar-
los desdeel punto de vistaque nosinteresaaquí(critica del etimologismo,cuestionessobrela
historia y el valor de lo propio idian, prnpríum,ezg:n) seríanecesariotomar en considera-
ción rigurosamente,en particular,estehecho:Marx no sólo ha criticado,con otros (Platón,
Leibnitz, Rousseau, etc.),el etimologismocomo abusoo extravíono científico, como prácti-
cade la malaetimología.Sucrítica del etimologismoha elegidolo propio como ejemplo.No
podemoscitar aquí toda la critica de DestuttdeTracy quejuegacon laspalabraspropiedady
propio, como «Stirner»lo hacíacon Mein y Meinung [mío, en mi opinión; Hegello hacía
también],Eigentum y Eigenheit[propiedade individualidad],Solamenteesto,queenfocala
reducciónde la cienciaeconómicaal juegodel lenguaje,y la especicidadestraticadade los
conceptosa la unidadimaginariade un egyman: «Arriba, Simer ha refutadola abolición por
los comunistasde la propiedadprivadatransformandoestaen el tener y proclamandoque
el verbo tener era un término del que no podríamosprescindir,una verdadeterna,puesto
que podria ocurrir, incluso en una sociedadcomunista,que se tenga dolor de vientre.
Exactamentede la mismamanera,funda la perennidadde la propiedadprivada:la metamarfn-
reaen conceptode la propiedad,explotael parentescoetimológicoexistenteentre propie-
dad y propio y proclamaque el término propio constituyeuna verdadeterna,puesto
que puedeocurrir que,inclusoen un régimencomunista,losdoloresde vientre le seanpro-
pios a alguien.Ahora bien, todo estesinsentidoteórico,quebuscarefugioen la etimología,
seríaimposiblesi la propiedadprivadarealquelos comunistasquierenabolir no hubierasido
transformadaen esteconceptoabstracto:la propiedad".Al haceresto,seahorrauno el tra-
bajode decir o de conocerlo que seala propiedadprivadareal y sepuedeademásfacilmente
llegar a descubriruna contradicciónen el comunismo,puestoque sepuede,esverdad,des-
puésde la supresiónde la propiedad(real), descubriren él todo tipo de cosascatalogables
bajo la rúbrica: la propiedad»(págs.261-262).Estacritica que abre o dejaabiertaslas
cuestionesde la «realidad»de lo propio, de la «abstracción» y del concepto(no de la realidad
general)de lo propio se prosiguemásadelantecon ejemplosnotables:«Porejemplo,pro-
piedadsignica a la vezEifgmtwn]Etgemc/Ja, pmpery:Exgmrxm)Egmtümlír/Jkeít, propio en
el sentidocomercialy en el sentidoindividual, valor, value,Wen-comercio,Verkebr-cambio,
Amtanrtb,etc.,términosqueseutilimn tanto paratraducir relacionescomercialescomo para
expresarlascualidadeso las relacionesde los individuos en tanto que tales.En lasotraslen-
guasmodernas,esexactamentelo mismo. Si SanMax quiere ponerseseriamentea explotar
estaambologia, podránalmente llegara hacertoda una seriede descubrimientosbrillan-
tesen materiade economia,sin conoceruna solapalabrade economíapolítica; de la misma

256
cay lametáfora
lingüística.
Que,almenos
enapariencia
también,
in-
vierta
Nietzsche
lacorriente
delaanalogía,
noes,sinduda,
insigni-
cante,
peronodebe
disimular
laposibilidad
común
delintercambio
y
delostérminos:
«¿Qué
esentonces
laverdad?
Unamultitudenmovi-
miento
demetáforas,
demetonimias,
deantropomorsmos,
enresu-
men,unasuma
derelaciones
humanas
quehansidopoética
y retórica-
mente
alzadas,
transportadas,
adornadas,
yque,
tras
unlargo
uso,
pare-
cenfirmesaunpueblo,
canónicas
y obligatorias;
lasverdades
sonilu-
siones
delasquesehaolvidado
queloson,metáforas
quehansidousa-
das
yquehanperdido
sufuerza
sensible
(die
abgenutzj
undrimc/J
kraft/o;
gen/orden
nd),monedas
quehanperdido
suimpresión
(Bi/d)
yquedes-
deesemomento
entran
enconsideración,
yanocomo
monedas,
sino
como metal»&#39;.
Siaceptamos
esta
distinción
saussureana,
diremospuesquelacues-
tióndelametáfora
deriva
aquídeunateoría
delvalorynosólodeuna
teoríadela signicación.
Enel momento
enquejustifica
estadistin-
ción,plantea
Saussure
lanecesidad
delcrucedelosejes
sincrónico
y
diacrónico
para todas
lasciencias
delvalor,
perosólopara
ellas
(Cursa,
págs.
114 yss.).Desarrolla
entonces
laanalogía
entre
laeconomía
yla
lingüística:
«...ladualidad
delaquehablamos
[sincronia/diacronia]
se
impone
imperiosamente
yaenlasciencias
económicas.
Aquí,contra-
riamente
aloquepasaba
enloscasos
precedentes,
laeconomía
política
y lahistoria
económica
constituyen
dosdiciplinas
netamente
separa-
dasenel senodeunamismaciencia...
Procediendodeestamanera
obedecemos,
sindarnos
cuenta
cabalmente,
a unanecesidad
interior:
ahora
bien,esunanecesidad
parecida
laquenosobliga
aescindir
la
lingüística
endospartes
queposeen
cada
unasuprincipio
propio.
Es
queaquí,comoeneconomía
política,nosenfrentamos
a la nociónde
valor;enlasdosciencias,
setratadeunsistema
deequivalencia
entre
cosas
deórdenes
diferentes:
enunauntrabajo
y unsalario,
enlaotra
un signicadoy un signicante».
Para
denirlanoción
devalor,
antes
incluso
dequesea
especifica-
daenvaloreconómico
o envalorlingüístico,
describe
Saussure
losras-
gosgenerales
queasegurarán
asíelpaso
metafórico
oanalógico,
porsi-
milaridad
o proporcionalidad,
deunordenal otro.Ahorabien,una
vezmás,la metaforicidad
por analogía
esconstitutiva
decadaunode
los dosórdenestanto comode su relación.

manera
además
quesusnuevos
hechos
económicos,
quemas
tarde
registraremos,
sesitúan
todosen el cuadrodeestasinonimia»
(pág.263).
l «Introduction
théorique
surlavérité
etlemensonge
ausens
extra-moral»
(verano
de
1873),
enelLil/re
dupbi/arapbe,
tr.fr.,A.K.Marietti,
Aubier-Flammarion,
págs.
181-182.
Este
motivodelaborradura,
delempalidecer
delaimagen
seencuentra
denuevo
también
enla
Traumdeutmtg
(tr.fr.,pág.
302),
pero
enmayor
medida
enFreud
queenNietzsche
determina
demanera
univoca
ounilateral
lateoria
delametáfora.
Esta
está
comprendida
enuna
ago-
nístícamásgeneral.

257
Lapieza
decienperras
chicas
(*cinco
francos)
asegura
unavezmás
los gastosde la demostración:
«Esnecesario
ponerenclaroestacuestión
[relaciones
delasigni-
caciónconel valor]bajopenadereducirla lenguaa unasimpleno-
menclatura...
Pararesponderaestacuestiónconstatemosinicialmente
que,incluso
fuera
delalengua,
todos
losvalores
parecen
regidos
por
esteprincipioparadójico.
Siempresonconstituidos:
«l. Por unacosadesemejante susceptible
de sercambiadapor
aquéllacuyovalorestápor determinar;
»2. Porcosas similares
quesepueden comparar
conaquélla
cuyo
valor está en causa.
»Estosdosfactores
sonnecesarios
parala existencia
deun Valor.
Asíparadeterminar
lo quevaleunapieza
decincofrancos,
hayquesa-
ber:1.°,quesepuedecambiar porunacantidad
determinada
deuna
cosadiferente,
porejemplo
depan;2P,quesela puedecomparar
con
un valor similardel mismosistema,por ejemplounapiezadeun fran-
co,o conunamoneda
deotrosistema
(undólar,etc.).Igualmente
[subra-
yadomío]unapalabra
puede
sercambiada
poralgodesemejante:
una
idea;además,
puedesercomparada
conalgodela mismanaturaleza:
otrapalabra.
Suvalornoestá,
pues,
jadoentantoquenoslimitamos
a
constatar
quepuedeser«cambiada»
portalo cualconcepto,
esdecir,
quetienetalocualsignificación;
esnecesario
aúncompararla
conlos
Valores
similares,
conlasotraspalabras
quesele puedenoponer.Su
contenido
noesverdaderamentedeterminado
sinoconla ayudadelo
queexiste
fueradeella.Al formar
parte
deunsistema,
está
revestida
nosólodeunasignicación, sinotambiény sobretododeun valor,y
esoesotracosacompletamente distinta»(págs.158-160).
El valor,el oro,el ojo,el sol,etc.,sonarrastrados,
essabidohace
mucho
tiempo,
enel mismomovimiento
trópico.Suintercambio
do-
minael campodela retóricay delafilosofía.Esaobservación
deSaus-
sure,enla mismapágina,puedeponerse enrelaciónconla versiónde
Poliñlo(el«hálitoasentado»,
el «fuego
divino,fuentey hogardela
vida»,
etc.).Nosrecuerda
quelacosamásnatural,lamásuniversal,
la
másreal,lamásclara,el referente
másexteriorenapariencia,
elsol,no
escapa
completamente,
desde
elmomentoenqueinterviene
(ylo hace
siempre)
enelproceso
deintercambio
axiológico
y semántico,
alaley
general
delvalormetafórico:
«Asielvalordecualquier
término