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Reyes García Samy Zacarías

Ontología II

Reporte de lectura: Descartes – Meditaciones metafísicas

Primera meditación: Acerca de las cosas que se pueden poner en duda

Para Descartes preguntándose si puede dudar de algo o de todo. Plantea entonces que tiene
muchas cuestiones que ha tomado como verdaderas, pero se da cuenta, rápidamente, que
puede ponerlas en duda. Si puede ponerlas en duda, entonces es necesario que estas no se
tomen como verdadero. Una de las formas de hacer esto es llevar al pensamiento a plantear
hipótesis que contradigan lo que afirmamos como verdadero sin bases certeras que lo
convierten en obvio.

Por tanto, dado que lo que ha aprendido como verdadero está dado por los sentidos (como
que existen los cuerpos, o existe su mano, su cabeza, el sol, etc.), entonces tiene que
revisar si puede ponerlo en duda. La manera de hacerlo es diciendo: ¿qué tal si me
encuentro dormido? Pues si está dormido, entonces estas cosas pueden o no ser verdaderas
pues no puede distinguir entre lo real y lo ilusorio (luego en la última meditación dirá como
si puede distinguirlo). Luego, dado que los sentidos a veces me engañan porque ven
cambios en los objetos, entonces no es posible afirmar que algo es chiquito o grande, sino
que es cambiable e inseguro.

Luego dice: ¿Y puedo dudar, por ejemplo, de las matemáticas y la geometría? Aquí dice
que puede sólo si existe un genio maligno que lo hace pensar que dos más dos es cuatro o
que el circulo no es como él dice que es, haciéndolo caer en el error cuando realmente
piensa estar en lo cierto. De esta manera, podemos dudar de casi todo, desde lo que
pensamos hasta lo que sentimos.

Segunda Meditación: Acerca de la naturaleza del espíritu humano y que es más fácil de
conocer que el cuerpo

Ahora bien, dado que puedo dudar de casi todo, hay de algo que no puedo dudar, hay algo
que tiene que ser seguro, que no puedo poner en duda por la forma en que se pone en
manifiesto. Esto es mi propio ser, es decir, mi espíritu. Pienso, por ende que alguien está
pensando, ese alguien es yo mismo. No puedo negar que yo soy el que piensa porque al
hacerlo estaría pensando que yo puedo pensar que no soy yo y que por ende no pienso. Así
tenemos que llegar a decir que yo existo, que estoy aquí y que pienso, pero no de ello
decimos que por ende tenemos cuerpo o el mundo existe, sino que soy yo el que tengo ideas
y soy yo el que me doy cuenta de tales ideas. Por otro lado, si dejase de pensar, obviamente
dejaría de existir, porque no me podría dar cuenta que no pienso (pienso y por ende sé que
existo porque pensar es mi existir).

Decir esto conlleva a que pienso, existo, concibo, deseo, busco, imagino y siento, porque
me doy cuenta de todo esto. Luego, cuando pienso sobre lo general (como la longitud) me
doy cuenta que esta cambia constantemente, entonces no puedo, por ahora, afirmar que sea
real que existe la longitud de forma certera, sino que quizá el uso del lenguaje me hace
creer esto.

Luego, puedo imaginar cosas, pero estas imágenes pueden o no ser, y al mismo tiempo,
pueden darse erróneamente, por ende, la imaginación me confunde el pensamiento y me
hace concluir cuestiones sin razón. Luego, dado que la imaginación parte de las imágenes
(como cuando vemos un triángulo en la mente), tal vez no se da así realmente y no tenemos
ojos para ver tales imágenes, sino que se nos son dadas en el espíritu como ideas y por
ende, nada de lo exterior existe más que en mi espíritu como ideas de la cera, pero esto nos
lleva a decir que hay una “cera” real de la cual la cera dada en nuestro espíritu es
participativa, aunque de esto no podemos afirmar por no tener pruebas. Pero esto no niega
que conocemos todo esto porque el espíritu lo concibe en ideas, por ende, seguimos
manteniendo que soy yo (mi espíritu) el que puede tener tales ideas de las cosas, sea en sí o
sea por algo exterior de lo cual dudamos, por el momento.

Tercera meditación: Acerca de Dios; que existe

Dado que yo puedo engañarme con las cosas, como con la longitud, los números y los
sentidos, pero no puedo negar que tengo ideas sea porque me lo da algo interno o porque en
mí ya están por un demonio que me las pone, o sea porque las hago desde otras ideas y las
mantengo, más allá de que sean o no verdaderas, es necesario que haya alguna idea
verdadera que no tenga falla alguna. Pero esta no puede ser dada por lo sentidos, pues los
sentidos nos engañan y todavía no sabemos si tenemos cuerpo.

Esta idea superior que permite que las otras ideas tengan veracidad, es la idea de Dios. Dios
es infinito, todopoderoso, superior, perfecto, etc. Pero esto no lo tenemos por una
investigación pues nuestra mente no podría producir de lo finito, lo infinito, sino que Dios
pone en cada uno de nosotros su idea. De esto se sigue que es necesario que exista Dios.

Pero no sólo eso; dado que nosotros no nos dimos nuestra existencia, sino que algo nos
tuvo que dar la existencia y sostenerla (pues nosotros no podemos elegir cuando nacer y
cuando no), entonces es necesario que Dios exista, ya no sólo como idea mental, sino como
algo real fuera de la mente, pues existir fuera de la mente es más perfecto que sólo ser una
abstracción.

Meditación cuarta: Acerca de lo verdadero y lo falso

De esto se sigue que Dios al ser el creador, pone en el ser humano lo que necesita este para
ser una creación adecuada, esto implica el poder llegar a verdades, pero estas verdades se
dan de una manera obvia. Como el triángulo que al saber que es una figura de tres lados
iguales, no se puede refutar. O la misma idea de Dios. Pero también podemos llegar a
pensamiento, por nosotros mismo al ser una cosa que piensa entre lo perfecto y lo
imperfecto (nada), que constantemente puede ir hacia Dios o hacia el error por su propia
naturaleza de libertad.

Y dado que somos finitos, no es posible que todo lo conozcamos por nuestro pensamiento,
sino que habrá cosas que no podemos ver (como el fin de todo el universo o el fin de que
seamos imperfectos según nosotros). De esto se sigue que nuestra comprensión siempre
será finita, pero podemos llegar a ideas certeras, como la del triángulo y semejantes.

El error también se da porque alguna información no conocemos, entonces caemos en


deducciones imprecisas. Por ello tenemos que usar adecuadamente el pensar, según Dios no
lo ha dado, para saber lo que estamos queriendo conocer de mejor manera. Pero a pesar de
ello, no todo nos podrá ser dado, sino que hay verdades más aptas para el ser humano que
otras.
Por otro lado, nuestra voluntad, el deseo, es infinito, por lo que puede buscar siempre, pero
a causa que el intelecto se equivoca, extravía a la voluntad en su andar y la hace desear lo
que cree bueno, cuando realmente es malo, haciéndola caer en el error. Esto es así porque
Dios es también voluntad, pero superior a la de nosotros por siempre guiarse a lo mejor
(tiene un intelecto perfecto, por ende, sin error).

Quinta meditación: Acerca de la esencia de las cosas materiales y acerca de Dios, que
existe

Se debe pensar, en esta meditación, si es posible que existan cosas externas. Decimos, por
ejemplo, que sin la imaginación podemos pensar una figura de 1000 lados, pero no
podemos verla como vemos el triángulo. El pensamiento puro no necesita de lo externo,
sino que recuerda ideas eternas que no pueden ser cambiadas o refutadas, pues cuando se
presentan se da de tal manera, que se vuelve certero (como la idea de Dios o las de la
geometría o el triángulo, pero sin imagen).

Y de esto último decimos que la idea de Dios es existencia pues no es abstracta, por lo que
decimos que aunque esta no es concebida por los sentidos, algunas de las ideas de la
geometría, se demuestran por los sentidos, como el cuadrado que lo vemos en lo real. Por
ende, podemos decir que hay cosas externas que nos permiten llegar a lo abstracto, pues
nos afectan sin que nosotros lo queramos y sirven para demostrar lo eterno de lo abstracto y
llegar a un pensamiento puro sin demostración en lo real (porque no lo hemos visto) e
inimaginable, porque se nos vuelve imposible crear la imagen.

Sexta meditación: Acerca de la existencia de las cosas materiales y de la distinción entre


el alma y el cuerpo del hombre

El concebir es algo del intelecto, como la figura de 1000 lados, y el imaginar parece que no
es necesario para el espíritu, pues este no necesita ver la figura de 1000 lados para saber
que es posible en el intelecto haciendo así una idea pura. De esto se sigue que la
imaginación es dada por algo externo. Esto externo o son los cuerpos o es Dios
haciéndonos creer que son los cuerpos.
Pero Dios no puede engañar, pues es perfecto y engeñar es imperfección, de esto se sigue
que existen los cuerpos porque Dios los crea junto a nosotros. Pero de esto no se sigue que
los sentidos no nos engañen, sino que a través del cuerpo sabemos cosas que pueden ser
falsas. Las ideas e impresiones recibidas por los sentido son los que nos hacen ver al mundo
de manera errónea, pero no por ello las cosas en si son falsas, sino que estamos limitados
por lo que nuestros sentidos, a través de conexiones que llegan al cerebro, señalan al
espíritu. Pero sabemos que el cuerpo necesita el espíritu para darse cuenta de todo esto, por
tanto, el cuerpo necesita del espíritu, pero el espíritu no del todo del cuerpo (por la idea
pura y su independencia al pensar sin imágenes). Y de esto seguimos que nosotros, al ser un
compuesto entre cuerpo y alma, pero ser el Yo alma más que cuerpo, se da cuenta de
algunas cuestiones a través del sentido (como el hambre, la sed, las ganas de orinar, etc.).
Todo esto no podría ser si no fuese por los sentidos que el cerebro manda al espíritu que los
identifica como si él mismo los sintiera, pero que no es así.

Ahora bien, esto no nos puede volver a llevar a decir que estamos soñando, sino que más
bien decir que nuestros sentidos a veces son comprendidos de manera errónea por ideas en
nuestro intelecto que debemos refinar y que suelen ser equivocas. Luego, para comprobar
que es real y no un sueño, nos damos cuenta porque recordamos sucesiones de tiempo y
cómo hemos llegado ahí, así como hacia dónde va la otra persona o por qué ha
desaparecido con movimiento constante y no de la nada. La memoria nos permite darnos
cuenta que el mundo es real y que los sentidos nos señalan esto al poder percibir el
movimiento entre otras cosas físicas que se ayudan con la imaginación (las recordamos en
imágenes). Por otro lado, dado que somos finitos en intelecto y en los sentidos, tenemos
que aceptar que no podemos comprender ni por los sentido ni por el intelecto la totalidad,
sino algunas pocas cosas, como que tengo cuerpo, como que soy intelecto, como que Dios
existe porque se me es dada la idea, como que existen los otros porque me afectan a los
sentidos y esto al alma, así como que Dios crea el mundo donde nos encontramos.