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Corporación Educacional S.N.A.

Liceo Agrícola Marta Martínez Cruz


Educación Religiosa Escolar Católica
Primeros Medios

1. UN SER CON PASADO, PRESENTE Y FUTURO

a) Somos nuestra historia

Nacemos con una determinada estructura genética que determina


nuestro físico y que heredamos directamente de nuestros padres.

Sin embargo, nuestra vida no es el resultado directo de esa


estructura física. Desde que nacemos estamos en contacto con
personas y con ambientes. Esa relación con lo externo es la que
nos hace evolucionar hacia lo que hoy somos.

Nuestra estructura genética básica va recibiendo del mundo exterior estímulos y mensajes en un gran proceso de
aprendizaje. Aprendemos desde que nacemos.

Lo que somos hoy es resultado de la relación entre nuestra estructura genética y todas las relaciones que hemos
tenido desde que nacimos. Por eso es tan importante crecer en un ambiente de amor y de cariño. Muchas de las
dificultades de las personas proceden de la falta de amor que han tenido.

b) Etapas fundamentales de la vida

La persona pasa por distintas etapas a lo largo de la vida. Aunque los primeros años son muy importantes,
vamos a detenernos brevemente en cada una de dichas etapas.

- Infancia: La persona no tiene aún conciencia de sí misma ni de lo que le rodea. Pero poco a poco, con el
paso de los años, va tomando conciencia de su propia identidad y del lugar que ocupa en su familia. Se dan
los primeros procesos de socialización.
- Adolescencia: La persona no tiene todavía los conocimientos ni la fuerza necesaria para situarse ante la vida
con determinación. Es por esto que cambia continuamente de estado de ánimo: alegre, dinámico, generoso y
otras veces callado, indeciso e irresponsable. Es una etapa llena de vitalidad. El adolescente busca encontrar
su propia identidad y conseguir su independencia y autonomía personales.
- Juventud: La persona llega a esta etapa cargada de energía, salud e ideales. Se está en la mejor disposición
de iniciar cualquier proyecto. En esta etapa se configura significativamente el tipo de persona que se desea
ser y se toman decisiones que repercutirán de modo importante en el futuro.
- Edad Madura: La persona alcanza esta etapa cuando va más allá de sí misma y de sus propios intereses.
Cuando descubre las necesidades de los demás y comparte generosamente lo que tiene: afecto, comprensión,
tiempo, bienes, etc. Este proceso de la vida natural se va dando paso a paso y exige tiempo, paciencia,
reflexión y la ayuda de muchas personas.
- Vejez: Es la última etapa en la vida de las personas. Atrás queda toda una vida con sus luces y sus sombras.
La sabiduría de los años comparte protagonismo junto con la pérdida gradual de las energías vitales. La
persona es la misma pero no de la misma manera.

Cada fase de la vida aparece como la posibilidad de realizar de un modo peculiar el sentido nuclear de la
existencia. Pasado presente y futuro conforman la historia personal de cada uno, constituyen aquello que somos
y cómo somos.

2. LLAMADOS A CRECER Y A MADURAR

a) La relación con uno mismo

Todas las personas, en cada momento de nuestra vida, tenemos una idea de nosotros mismos. Esta idea es fruto,
en gran parte de nuestra historia pero también de cómo vivimos aquello que la propia vida nos va trayendo.
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¿Quién soy?

Llamamos autoestima a la idea que una persona tiene de sí misma, de su mundo personal y de sus capacidades.
La autoestima manifiesta cómo cada uno se ve a sí mismo.
La manera de actuar de las personas depende en gran medida de lo que
consideran que son capaces de hacer. Con frecuencia los problemas no están
tanto en las dificultades reales sino en la falta de confianza en sí mismo. Por
eso es muy importante desarrollar una buena autoestima.

El mejor camino es el conocerse bien, con las cualidades y defectos que


todos tenemos. Esas cualidades y defectos nos acompañan toda la vida. Lo
importante es saber desarrollar lo mejor que cada persona lleva dentro.

b) La responsabilidad de madurar

Aunque nos gustaría permanecer para siempre en la etapa feliz de la


infancia, en la que la persona no tiene conciencia de la existencia de
problemas ya que quienes la rodean (padres, educadores, abuelos) los
solucionan por ella, la realidad es bien diferente.

Las personas, desde el inicio de nuestra existencia, estamos llamadas a crecer y a madurar. Hay una parte de este
crecimiento que se realiza casi de modo inconsciente. De este modo, por ejemplo, uno no puede de crecer
físicamente cuando así lo decida. La persona se desarrolla paulatinamente según su edad y la etapa en la que se
encuentra.

Además del crecimiento físico (biológico), está el crecimiento y la madurez como personas. Todos estamos
llamados a crecer y a madurar responsablemente, de acuerdo a la etapa evolutiva en la que nos encontramos. A
cada etapa de la vida le corresponde un nivel de madurez y crecimiento.

El conocido síndrome de Peter Pan” es un claro ejemplo de lo que ocurre cuando la persona adulta no quiere
crecer (madurar) y pretende seguir siendo niño. Somos en la medida que crecemos y maduramos.

3. LLAMADO A VIVIR LA PROPIA VOCACIÓN

a) La vocación

Desde que tenemos uso de razón nos sentimos atraídos por


determinadas personas ya mayores que viven muchas cosas que a
nosotros nos gustaría experimentar. Son personas que
representan valores que nos atraen y por eso las admiramos.

Esos hombres y mujeres tienen una vida que nos parece


interesante porque han aportado o aportan elementos muy
importantes a la sociedad. Pueden ser: profesores, médicos,
pensadores, inventores, artistas, sacerdotes, religiosos, personas
comprometidas en el servicio de los más pobres, etc.

Cuando conocemos sus vidas nos sentimos llamados a dedicar


nuestra vida al servicio de esos grandes ideales.

Llamamos vocación a esa atracción o llamada que sentimos en nuestro interior para ser alguien y hacer algo
realmente importante en nuestra vida. Algo que pueda aportar cosas nuevas al servicio de la sociedad. En el
fondo deseamos que nuestra vida sea útil y que se nos recuerde por el bien que hicimos al mundo.

Saber encontrar la propia vocación es muy importante. Una buena vocación puede ir dirigiendo poco a poco
nuestra vida y conducirnos hacia la felicidad de hacer algo bueno en servicio de la sociedad.

b) La vocación cristiana

También se es cristiano por vocación. Llega un momento en el que conoces el mensaje de Jesús y sientes que
vivir todo eso que él propone puede contribuir a que tu propia vida tenga más sentido.

Esta llamada interior se puede producir cuando conoces más y mejor la vida de Jesús, sus palabras y su vida, tal
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como se nos cuenta en los evangelios.


¿Quién soy?
También es muy importante conocer a personas cristianas cuya vida sea feliz y llena de sentido. A veces esa
atracción hacia la vida cristiana viene en el silencio y en el recogimiento, y se vive en el interior de cada uno. En
lo profundo de las personas se produce como un diálogo entre ellas mismas y los mensajes que reciben de Dios.
Muchas personas a lo largo de la historia se han sentido llamadas a vivir la cercanía amorosa de Dios y han
encontrado en él un elemento fundamental para sus vidas. No se puede ser cristiano por imposición. La palabra
de Jesús y el testimonio de los cristianos son el mejor camino para entrar en la vida cristiana.

4. CON UN PROYECTO DE VIDA

a) El deseo de la felicidad

Todas las personas deseamos ser felices. Esta felicidad que


todos anhelamos consiste, por una parte, en sentirnos
seguros y con ciertos niveles de comodidad; pero, por otra,
también deseamos crear, producir al bueno y original,
arriesgarnos, ser nosotros mismos y caminar por donde
nadie lo ha hecho, ser distintos. Ambas necesidades tienen
que ser cubiertas en la vida.

La diferencia entre las personas, no consiste en que unas


deseen la felicidad y otras no, sino en qué ideales eligen y
qué medios emplean para conseguir esos ideales eligen y
qué medios emplean para conseguir esos ideales, para ser
felices. Algunos ponen su felicidad en lo material, en el
prestigio, el poder o el dinero. La felicidad que viene de
esos ideales son muy poco profunda.

b) Un proyecto para dar sentido a la vida

Cada persona, aunque no se dé cuenta, va construyendo día a día su futuro porque día a día va tomando
decisiones: tener unos amigos u otros, aprender unas cosas u otras, realizar algunas acciones u otras, etc. El
primer paso para construir una vida con sentido consiste precisamente en hacernos conscientes de todas esas
decisiones que vamos tomando en la vida.

Además de ser conscientes de las propias decisiones, cada persona tiene que evitar, por un lado, el dejarse llevar
por decisiones ajenas; y, por otro, debe elegir los ideales que desea para su vida. Eso significa tener un proyecto
de vida.

Esos ideales nacerán de la vocación que cada uno pueda descubrir en su interior y de las llamadas que otras vidas
felices puedan producir en la persona.

Para los cristianos, Jesús es una llamada constante a la persona para que construya un proyecto de vida basado en
el amor y en la entrega a los demás. Este mundo se puede mejorar desde el arte, desde la medicina, desde la
ciencia, desde la política, desde el trabajo sencillo en la propia casa, en la fábrica, en la oficina. Desde cada una
de las posibles vocaciones. Dios llama constantemente a la autenticidad en el amor y a la entrega.

c) Una tarea compleja y apasionante

No es fácil desarrollar una vida plena de sentido con unos ideales que proporcionen la felicidad. Las personas
nos sentimos muy influidas por el ambiente y a veces nos cuesta ser fieles a lo que realmente pensamos.

Por otro lado, el sistema económico en el que vivimos nos engaña constantemente creándonos deseos que no dan
la felicidad. Su único fin es que consumamos cada día más y más. La publicidad, especialmente, nos crea unas
ilusiones de felicidad completamente engañosas.

Realizar un proyecto de vida y ser fiel a ese proyecto es un desafío, una tarea compleja, pero no imposible. Hace
falta, ante todo, sentirse realmente apasionado por la vida.

Ser feliz y hacer felices a los demás pasa por asumir responsabilidades, por la experiencia del éxito y del fracaso,
del dolor y de la alegría, por la necesaria tarea de repensarse así mismo desde los valores que constituyen el
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propio proyecto vital.


¿Quién soy?