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Raimbault, Ginette y Eliacheff, Caroline , Las indomables.

Figuras de la alqexta

v
CATALIITA DE SIETTA,
IXICTOR DE LA IGLESIA

Ella aspiraba a comer espiritualmente a


toclos los miembros
cle la Iglesia de Dios y masticar al mundo entero
por medio de su plegaria,
como si se trata¡a de sus dientes.
Ermite de Lecceto,
a propósito de Catalina de Siena

Con el objeto de evita¡ el esc.ár¡dalo, a veces tomaba un poco cle


ensalada y un poco de otras verdu¡-as crudas, las masticaba, y luego
se alejaba para escupü'las. Y si llegaba a tragdr la menor partícula,
stt estómago no ia dejaba en paz hasta ta¡rto no la hubiese vomitado.
Pero he aquí que vomitar le resultaba tari penoso que todo su rostro
se hinchaba- En esos casosJ se apartaba con uria de sus amigas y se
hacía cnsquillas en la garganta con rrn tallo de hinojo o con una
plurna de oca, hasta conseguir. Iibrarse Ce lo que acababa de tra¿;ar.
I1s lo que ella llarnaba Lacer jusiicia. "Senternns en el banqurllo cle los
acuscr<l.:s a esta miserable pec-a.<]ora", acostumbraba deci¡.I

Esa "mjse¡'a.ble pecadc¡ra" no es otra sino Catalina de Sirrna, considerada en


vjda conlñ una santa, a pesar de ciertas sosDechas de herejia originadas
precisa$rente en el k¡eclro de que no coruía o se provocatra vómitos, canánizet1a
ochenta años después de su muerte, en I4t,I , para. ser reconocida más tarde, en
197O. co¡¡r<¡ doctor de la Iglesia {teóloga)
por Paulo VI.
Mientras que la anorexia mental ha sido catalogada como enfeftne¿lad desde
ha.ce sóio un siglo, las conductas de rt:stricción alimentaria en el ámL¡ito religioso
iascesis, a¡.uno ritual) han existido desde siempre y aún persisten. por más qu.e
esas conductas sigan esta¡rdo socializaclas y no superen los limites prescritos, no
puede establecerse de entrada una comparación con la anorexia de lajoven.
La vida de algunos misticos y la Mistica en general abren otras perspectivas
que, a partir de Catalina de Siena, nos permiten acla¡a¡ desde un nuevo ángulo
nuestra comprensión de ia anorexia mental-
Si bien la vida rnística probablemente es contempor¿ánea de los comienzos
más remotos de la vida religiosa, el esta.tus de la MÍsfica (como el estatus de la
anortxia) obedece a <ieter-rninaciorles históricas. Según Michel de Certeau, recién sc
empíeza. a habla¡ de la Mísf¿ca en el siglo xvn, en la medida :1". i en que el recurso
at susta¡¡tivo corresponde al establecimiento de un ámbito específico.
Anteriormente, el adjetivo misücct calificaba todos los conocimientos o todos los
objetos en un mundo reügioso y todo lo que se ocultaba en un mundo profano. La
sustantivación de ta palabra místico permite circunscribi¡ "hechos aislables
(fenómenos 'extraordinarios'), tipos sociales ('los misticos', otro neologismo de la

fodas las citas de Catalina de Siena que no provienen de su correspondenc¡a fueron tomadas de
CAPOUER. DE, Vie deCatherinede Sienne, trad. DeR. P. Hugueny, París, p Lethielleux éd. 1905
' Palabras publicadas por Francesco Malavolti después de la rnuertide Catherine de Siena, cit. por
JOERGENSEN J , sarnfe calherine de Sienne, Gat'riel Beauchesne éd parís, 1920, p. 173
123
Raimbault. Ginette y Eliacheff, Caroline Las rndomaóles. Frguras de /a anorexia
epoca) y una ciencia particular (la que elaboran esos místicos o la que los toma por
objeto de análisis)".2 De manera comparable, el aislamiento de la anorexia permite
una descripción clínica, farniliar y social, constituir a la persona que presenta los
signos cuando se enferrna, y entroniea¡ a la medicina como el c¿unpo cle
investigación que la toma por objeto.
A partir de su aislamiento, la Mistica se ve dotada de una genealogia y de
una tradición: por una parte, la medicina cle la época sirve para seleccionar lo que,
en el pasado, corresponcle o no a la ciencia. Por otra parte, en el mismo corpus
literario, finalmente se puede distinguir 1o que corresponde a la Mística, a la
exégesis o a la teologia. Se vuelve místico, en el siglo xvll, "lo que se aparta de las
vías normales u ordina¡ias; lo que ya no se inscribe en la unidad socíal de una fe o
de referencias religiosas, sino al margen de una sociedad que se latctza y de un
saber constituido por objetos científicos.":
Catalina de Siena vivió en una época en la que la Mística no existía en tanto
que categoria del lenguaje; se hablaba de ello como de una "sabiduría." anunciada
por creencias comunes. En nuestros días, se la reconoce como un conocimiento
experirnental que se aparta de la teología tradicional. En los tiempos medievales, el
vocabulario espiritual daba cuenta de la experiencia mística. A partir del momento
err que la sociedad se laiciza, la experiencia de 1o Absoluto es percibida corrro una
forma de prueba segura que se descifra en términos más psicológicos.
Porque no tenemos "palabras para decirlo", sufrimos de trastornos
calificados como psicosomáticos. De la misma marlera, el mÍstico tiene percepciones
que Io traspasan, un modo de expresar lo inefable. Según Michel Certeau, "el
éxtasis, la levitación, los estigmas, la ausencia de alimento, la insensibiüdad, las
visiones, los tactos, los olores, etc., proporcionan a una música del sentido la gama
de un lenguaje propio".+ Lo cual es tafi poético como exacto.
Las percepciones están indisolublemente ligadas al cuerpo; en la Edad Media
tienen un ca¡ácter "extraordinario", pero en el siglo xtx se vuelven "anormales"
(Charcot pasó por allí). Etimológicamente, "Místico" significa "escond.ido". Por lo
tanto, resulta paradójico calificar como místicas a manifestaciones psicosomáticas
visibles e, incluso, frecuentemente especta-culares, puesto que se supone que
reflejan lo que perm¿rnece secreto, 'i,.:.:;: invisible. La Mística no puede reducirse a
uno u otro de esos aspestos, sino que, sin duda, está en la relación entre un
esencial y un no-dicho. La experiencia perceptiva se impone aI mistico bqjo la forma
de una verdad que no tiene otra justificación más que su reconocimiento. El místico
no puede decir otra cosa que: "¡Cuán cierto es!" Ahora bien, el inevitable o eserrcial
descubrimiento de Dios compromete toda su vida; la experiencia sólo tiene un
sentido espiritual si la postura no se detiene un solo instante, por más excepcional
que éste sea. Su cuerpo está como en manos de lo Simbólico, que lo afecta en su
funcionamiento. La imaginaria anatomía marcada por la represión define la ley, el
sitio y el límite de la experiencia, mientras que las percepciones se despliegan en
unaorganizaeión social y de lenguaje que las precede, las determh*y, por lo tanto,
las hace diferentes según la época y la ubicación geográfrca-
¿Estamos muy alejados de la anorexia mental contemporá,nea? Las jóvenes
hablan de su experiencia como ?rnoréxicas diciendo que la mayoria de las vqces
empeza¡on por propia voluntad una dieta; luego, Ias restricciones se imponen a
ellas, y no les queda nada por decir, más que: "¡Es así!" Para las anoréxicas, los
síntomas corporales más visibles no tienen nínguna importancia y hasta son
francamente denegados. Lo esencial está en otra parte y es inefable. El cuerpo es el
canpo de un sufrimiento inefable y no hay palabras para expresa¡ 1o no-dicho. Se

'CERTEAU M. DE, "Mystique', en Encyctopaedia lJniversalis, vol. ll, p. 52


" Op. cit. p.5n.
" Op cit. p. 523
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Raimbaull, Ginetle y Eliachett, Caroline Las indomables. Figuras de la anorexia
ap;rrtan de las vías normales y colocan a cierta distancia el saber biológico acerca
del cuerpo.
Con manifestaciones anoréxicas típicas, ttna joven será considerada como
una enferma, una mística o una bruja según la época y el contexto cultural en el
que vive; el historiador norteamerica,no Rudolph M. Bells estudió las condiciones
sociales de la aparición y el ocaso de la a¡rorexia santa (Holy Anore;ciol en el siglo xrv
en Toscana. En el plano individual, se trata siempre de unajoven que se inscribe en
una historia particular y que lucha por expresar lo que ella piensa que debe ser una
vida de un ser humano utiliea¡rdo los valores sociales femeninos dominantes:
delgadez, idealización del cuerpo sano y control de sus ma¡rifestaciones en el siglo
xx; espiritualidad, castidad y a¡runo para la cristiandad medieval; en el plano
familiar, es imposible no detectar los puntos en común que, poco a poco, hemos
visto surgir.
catalina de Siena dictó una abunda¡rte correspondencia, y sus
conversaciones con Dios /El diálogo) fueron inapreciablemente recogidas por sus
"secreta¡ias" a¡ttes de que el padre dominicano Ra5¡mond de Capoue, su confesor y
conñdente en los últimos allos de su vida, redactara, después de su muerte, una
I-egenda (texto para leer dela¡rte de los monjes en el refectorio), en vistas a una
posible canonizacióri. El pensamiento de Catalina y el relato de su vida inspiraron a
las mujeres apasionadas por la santidad .rr:.,r durante más de dos siglos, ¡y ello a
Pesar de que el historiador Fawtier califica¡a irrespetuosamente a la l-egenda de
"fiasco literario"!

Una vida de santa

Catalina Benincasa es una melliza naqida prematuramente v en un estado


lamentable hacia el año 1347 en Siena. Su madre, Lapa Piacenti, de unos cua¡enta
años de edad, para ese entonces ya tr4jo al mundo unos 22 hijos, de los que
probablemente menos de la rnitad lograron sobrevivir. Con la perspectiva de un
deceso inminente, Ias mellizas son bautieadas rápid.amente, y luego Lapa debe
hacer la trágica elección de separarse de una de ellas para entrega¡la a una nodriza
e intenta¡ alimentar a Ia otra- Catalina se queda con su madre y sobrevive,
mientras su hermana Giovanna muere enseguida- De entrada, la vida de Catalina
se sitúa bajo la marca del sacrificio de aquella persona que, durante la gestación,
era como una parte de ella misma; su madre no pierde oportunidad de recorda¡le
que Catalina es su preferida porque por ella sacrificó a Giovanna. Ahora bien, el
sacrificio difiere del don o de la ofrenda en el hecho de que impone una destrucción
rECú.
Según lo que afirma lap4 Catalina disfrutó de cuidados que nunca tuvieron
sus hermanas y hermanos: Lapa no alimentó a ninguno de sus hijos hasta el
destete, pues al ca.bo de algunos meses quedaba de nuevo emba¡aeada y la calidad
de su leche se modilicaba; el bebé rechaza el seno y entonces debe ser confrado a
una nodriza. Catalina es la única en ser amamantada durante aproximadamente
un año por esa madre bastante madura que, sin embargo, no tuvo ninguna
experiencia de destete. Alrededor de dieciocho meses más tarde, Lapa está
embarazada de una niña a la que llamarán Giovanna, en recuerdo de la difunta
hermana gemela-
El año del destete no pudo haber sido más mórbidor reina la peste negra
haciendo estragos en la población aterrada, en una sociedad en la que ya no
quedan reglas por respetar; la muerte supera ampliamente a la vida. Pa¡a colmo de

- BELL
R M., Holy Anorexia, The University of Chicago press, i 985
12s
Ra¡mbault, Ginette y Eliacheff, Caroline Las indonrables Figuras de /a anorexla
males, la familia Benincasa sufre va¡ios desastres financieros, lo cual no es extraño
en ese período de desa¡rollo del capitalismo (estamos en el siglo xIV, en la Toscala,
en una gran ciudacl comercial). El paclre de Catalina, tintorero de oficio, habia
a¡rudado a su hijo mayor a fundar su propia empresa con dos socios. l,os negocios
ma¡chan mal, Ios dos socios muerer¡, el hermano de Catalina piercle un importante
juicio en el tribunal de Comercio de Siena en julio de 1349 y se encuentra muy
endeudado con su padre y con la sociedad. Lapa, cuyas aspiraciones son y
serán puramente materialistas, se siente emínentemente concernida por el éxito
financiero de sus parientes; debe enfrenta¡ nuevas y penosas experiencias; el
destete de Catalina y el fracaso social de su hijo mayor en una ciudad devastada
por la enfermedad y la muerte.
Catalina, como todos, no tiene recuerdos conscientes de su primera infancia.
Más aclelante, en circunstancias rnuy diferentes, vuelven tanto los recuerdos como
las impresiones: en 1376 se encuentra en Aviñón en pos de lo que considera la
acción política más importante de su vida- Se trata de convencer al papa Gregorio
XI de que retorne a Roma. Cuando está a punto de salirse con la suya, Gregorio,
asustado por la magnitud de la tarea o esperando un signo de Dios, se siente
confuso y le pide su opinión a propósito de una carta que acaba de recibir: un
"santo varón" anónimo le predice que será encarc¡lado si regresa a Roma (luego se
sabrá que esa carta contiene falsa informacién con el objeto de c'ont¡aria¡ sus
proyectos). Ia. respuesta que Catalina le da aI papa está marcada por la cólera y por
los reproches hacia ese supuesto "santo va¡ón" yr con é1, hacia cualquiera que le
diera cr'édito. Y agrega:

Creo que quiere hacer de Usted lo que hace una madre cuando
quiere quitarle la leche de la boca a su hijo. Se pone algo amargo
sobre el seno pata que el bebé sienta la amargura a¡rtes de la leche y
p¿rra que, por temor a lo amargo, abandone lo dulce; pues un niño es
más enganado por la amargura que por cualquier otra cosa-.. Y le
imploro, en nombre de Cristo cmcificado, que no sea un ruño tímido
y que se conduzca como un hombre. Vuestra Santidad no debe
renuncia¡ a la leche a causa de la amargura'ó

Hacia el año, Catalina aperentemente se ha sometido al deseo de su madre al


aceptar ser destetada, lo que le produjo consecuencias nada despreciables: el
destete impuesto es un abuso de poder materno y ella habría cedido tanto por
decepción como por timidez. Ese abuso de poder le resulta tan grave como la
diabólica ruina del pontificado. Uno puede preguntarse si el destete no fue aun márs
doloroso en la medida en que, excepto el seno, Lapa no le supo dar mucho más.
Negarse a abandonar el seno, incluso si es amargo, es una prueba de virilidad, en el
sentido que Catalina da a este término asociándolo con el deseo de vivir; mientras
que abandonar el seno! cuando ese abandono es impuesto y sin que haya nada en
compensación, es un signo de timidez. Catalina disfrutó durante cierto tiempo de
un estatus privilegiador p€ro a costa del sacrilicio de su hermana gemela, y el
epilogo fue aún más doloroso, con la llegada de una hermana nueva de reemplazo.
Sobreviür es un combate que requiere virilidad, y la vía de la santidad segur¡rnente
es ama¡ga- i, ':,
Simone Weil manifestó una cierta "virilidad" y más tarde la reivindicó; se
aferró al seno de su madre enferma a costa de un ma¡rifiesto deterioro fisico, hasta
que su abuela materna impuso el destete, que, por otra parte, fue muy mal
sobrellevado. Teresa. de Lisieux habría preferido morir antes que maÍrar el seno
canceroso de su mad¡e. y le debe la vida a una nodriza, Rosa, ¡en cuya casa ya

" SIENNE Catheflne DE , Leffres, P Tequi ed., Carte X á Grégoire Xl, pp. 184-185
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Raimbault, Ginetle y Eliachetf , Caroline Las indomables Figuras de la anorexia
había muerto uno de sus hermanos!
Catalina, por su parte, eligió vivir más rápidamente: mr.ly pronto se convierte
en Lrna niña viva y alegre, cuyas precoces preocupaciones religiosas son banales y
más bien fomentadas, si tomamos en cuenta el contexto medieval.
A los seis o siete a-ños tiene su primera üsión: Jesús, vestido de blanco, le
sonríe. Va¡ios santos aureolados por \rn rayo de sol lo envuelven con su luz. Esa
chiquilla extrovertida, que vive en un mundo s¡ ql que se cree en lo sobrenatural, y
cuyas manifestaciones son esperadas áüdamente, no revela¡á a nadie esa precoz
experiencia: desde un principio, su relación con Dios no le concierne a nadie más
que a ella, ¿o no se tratará ya de una prueba d,el pudor del místico?
A los siete años, como muchas otras niñas, decide consagrar su virginidad a
la Virgen, pero también toma la resolución "de quitarle a esta carne cualquier otra
carne o, al menos, tanto como le sea posible". A partir de ese momento, comienza a
privarse de la carne, ya sea dárndosela a su hermano o arrojándola pedazo por
peóaza a su gato, sin que nadie se dé cuenta comportamiento
análogo al que nos cuentan padres y muchachas -unen la actualidad. absolutamente
Un día en que su madre la reprendía por haber regresado tarde, Catalina le
responde:

Mi querida madre, cua¡¡do curnplo insulicientemente o cua¡rdo


excedo vuestras órdenes, le suplico que me pegue tarrto corno usted
quiera para que preste atención la próxirna vea. Es vuestro derecho y
vuestro deber. Pero le suplico que no jure f¡ente a mis
imper{ccciones, pues ello no conviene a vuestra dignidad y me hiere
demasiado.

Durante toda su vida, Catalina soporta¡á üolentos ataques por parte de su


madre; siendo aún muy joven, elabora el proceso que le permitirá defenderse sin
tener que ceder nunca más: ella misma determina el castigo que juzga apropiado y
lo reclama como algo que se le debe ("le supüco que me pegue...'); al mismo tiempo,
vuelve a poner a su madre en el lugar del que nunca clebió salir: si pegar es un
deber, humillar, en ca"mbio, está de más.
Pero Lapa no cambiará jam.ás. Para Catalina será un peso que irá
diluyéndose progrcsivamente gracias a la inspiración divina, la llarnada aI il ,' l
orden simbólico para mostra¡le Ia insignificancia de su mundo. Más adelante,
cuando Catalina ü4ia hacia Aviñón, su madre, para retenerla, se lamenta
diciéndole que no sobrevivirá. Cuando regresa, Catalina Ie escribe estas durísinas
palabras, que son una prueba de la manera en la que percibe el universo materno:

Con mucho deseo he deseado veros como la verdadera madre no sólo


de mi cuerpo, sino también de mi alma. Pienso que si usted ama¡a
más a mi alma que a mi cuerpo, toda la exageracla ternura moriría
en usted y usted no sufriría tanto al estar privada de mi presencia
corporal. Por el contrario, tendría usted un consuelo, pues si ¡riensa
que se trata del honor a Dios, querría sufrir esta pena [...]
Usted sabe que es necesario que siga la voluntad de Dios y yo sé que
usted guiere que la siga. Su voluntad ha sido que yo üaje y esa
partida no ocurrió sin un secreto propósito de su providencia y sin
resultados muy útiles [Catalina evoca el regreso del papa a Rorna]. Si
me he quedado, ha sido por Su voluntad y no por la voluntad de los
hombres. El que diga lo contrario se equivoca y está fuera de la
verdad. [...]
Dedíquese a comprender vr-lestra nada- (...) Ya no confundirá las
pequeñas cosas con las grandes, sino que las grancles le parecerán

127
Raimbault, Ginette y tliacheff, Caroline Las indomables. Figuras de la anorexia
pequenas cuando se trata de sufrir por Jesús cnrcificado.T

Si Catalina convirtió a muchos pecadores, y cle la peor especie, de su madre


j-rtrár obtuvo más que cosas cotporales, cuando lo que eUa pide son cosas
espirítuales. Desesperadamente íntenta probar que su madre tiene deseos por cosas
distintas a los bienes materiales, pero siempre tropieza con la denegación de lo que
constituye su vida, aun cuando ésta le sea inspirada por Dios. l,apa es una profana
y no dejará de serlo: la supervivencia en ese mlrndo medieval, que no resulta nada
fácil, y el bienesta¡ material resumen su vida; Catalina debe someterse a lo que e/ia
quiere que sea y a lo que e/la espera de la vida.
Un conflicto muy simila¡ puede observarse entre la madre y la hija anoréxica:
la madre vive en un mundo material de deberes, <le salud, de éxito, socíal (o escolar)
antes que nada. Pero resulta que la anoréxica pide otra cosa. La mayoria de estas
mad¡es ignora que hay "otra cosa", ignorancia que las hijas no perclonan.
Por el momento, la sumisión de Catalina pasa por el casarnl6¡¡s y cuando
tiene doce años. La,pa decide comenzar a prepararla; le ordena que se lave con más
frecuencia, que s€ peine y se tiña el cabello, que busque agrad,ar a los hombres.
Catalina resiste ferozmente, y al ver que no logra nada, Lapa decide enüarla a la
casa de su hermana preferida, que ya e.staba casada. Bonaventura despierta. menos
sospechas en Catalina; por lo tanto, consigue mejor que su madre que admita que
ocupars€ de su apariencia ; :', 1, fisica no puede desagradar a Dios. Sus padres
planean un casamiento en un futuro próximo ignorando si Catalina adhiere a ese
proyecto: todo indica que está de acuerdo, pero más adelante afrrmará no haber
tenido jar.ás la intención de ceder.
De pronto, el drama se inicia: en agosto d,e 1362, Bonaventura muere en el
parto, lo cual, cabe recordarlo, era ext¡emadamente frecuente. Catalina, que por ese
entonces tiene unos 15 a.ños, considera que es Ia responsable de la muerte de su
hermana quien, como Lapa, habia elegido el r.-amino del casaniento y de la
maternidad: su breve incursión en el mundo getreró el castigo de Dios. Tanto en el
nacimiento como en la pubertad, cada avanzada de su vida está asociada con el
sacrificjo de una hermana. Esta vez, su reacción es inmediata. y espectacula¡; dado
que sus pecados generÉrron la muerie de alguien a quien ella quería, Catalina
decide no mantener ninguna otra relación con el mundo exterior. Pero sus padres
habían decidido ot¡a cosa. En esa época, cuanto más alianaas formaban las
famiüas, más poderosas eran. Después de la muerte de Bonaventura, el casamiento
de Catalina se vuelve aún más urgenta. La posibilidad de que s€ case con su
cuñadq viudo parece haberse proyectado abiertamente. Este es tintorero como el
padre, tiene responsabiüdades políticas en Siena y puede hacerse cargo de la
scguridad financiera y del mantenimiento de los negocios familiares, a los que Lapa
se siente tan ligada. Catalina es reducida al rango de mercadería negociable, pero
ella se niega a tener otro esposo que no sea. Cristo; culpable por estar viva, se
interna en la soledad y la penitencia, y metódicamente emprende la reducción de su
alimentación.
Ocho meses más tarde, Giovanna, la hija menor que reemplazaba ala melb.za
sacrificada, muere a los 14 años. La presión de Lapa para casar a Catalina es
todavía mayor: su padre y sus hermanos también están decididos a doblegarla. Una
terrible lucha de intereses se establece entre Catalina y su familia- Un cura amigo
es encargado de convencerla para que r."uelva al buen carnino' pero es ella quien lo
convence de la sinceridad de sus deseos religiosos. Ya sin argumentos, el cura le
dice que si es realmente sincera debe cortarse el cabello, símbolo de su pertenencia
a la sociedad laica. Catalina toma un par de tijeras y con júbilo se corta el cabello

'C D.S. , op. cit., Carta CCXV alaq, su madre, pp. 118U1182
128
de la anorexta
Raimbault, Ginette y Eliacheff, Caroline ¡ndomallgJ
Las
su madre se enfurece:
"Hija vil, te has cortaclo el cabello, ¿pero acaso piensas que va:-1li:t*:tr::
t." t:1Tt t'
plazca? Aunque no lo quieras, tu cabello volverá a crecei, y aunque
que no hlvas cedido
parta, te verás obligada a casa¡te, No tenclrás clesca¡so náát"
a nuestras exigencias." A las palabras, la familia agrega los actos' 9.t
td modo que
medita y se flagela'
decide aislarla en ufla habitación separada, en la que catalina toda la
imitando la Pasión de cristo; única¡nente sale pararracer de sirvienta.depara ella
; comprerlde que esa habitación es un beneficio
familia. Rápidamente '
situación tal
y la instalan junto a su hermano stefano. catalina domina la delicada
como lo hacia en su infancia, .t.rn"i.'q";-;;-;";esita. una n:o1*,""1:l-t,:t^ "'
construye su propia capilla interior, una tapilla que rápidamente se
conuerte en
una verdad era fortaJeza.. En su espíritu, p"dre'es Jesús, su madre'.MTt": ^?:j
"u
hermanos, los apóstoles. Sen'irlos es un deleíte asociado a una especie
de elevacton
a padres y
espiritual. Después de varios meses b4jo ese réglmen, reúne sus
hermanos y les anuncia:
raz'ón y
Ahora, que por la gracia de Dios he a)canzad.o la edad de la
poseo una mayor sabiduría, ustedes deben saber que,"" A l:l
una
ciertas cosas que están tan urr"t"J.. que sería más fácil derretrr
el tiempo'
piedra que extirparlas de mi corazpn. Es inútil que pierdan
En consecuencia, les aconsejo que olviden f:"yj:t:-l:
".l.lq,,ier
casarniento, porque no tengo Ia á..ror intención de ceder' Yo deDo
como
obedecer a Dios, no a los hombres. Si les place rnal1tenerme
y
sirvienta, con gusto me qued.aré a vuestro servrcio"' -si jamás
por el
contrario, me echan del hogar, sepan que a pesar de ello
renuncia¡é a mi proyecto: tengo .r., tar- ríco,y 'Tj"^1t^t:::
""pJ*o
que nunca dejaríqul me faltelo imprescindible y subvendra a todas
todas mis necesidades.

a
Ante esta argumentación, por completo similar a la de Antígona -frente hombres
Creonte cuando intenta mostrarle que ella no tiene que obedecer
a' los
permitir
("Desde luego, no creía que tus decretos tuüeran tanto poder como para
que un mortal üole Ias leyes divinas: leyes, aquéllas, ,ro .t"dttt'Pt'?.
intangibles")'
a
Giacomo, el padre, es eI prirnero en ;.J;ló;. án futuro nadie se. atrevao'
"t p* y
atormentar a mi querid. hüq ¡que sirva a su Espos o
"n fl*iil para 1,ntella un
interceder continuamente por nosotros! ¿Podriamo s encontfar acaso
esposo de mayor lin4je?" y los demás le hacen caso. Giacomo le
da su habitación'
cornpletamente a comer
en la que puede flagelarse tanto como-;-J;;". R;uncia t""
carne, la que nunca le gustó demasiado y cuyo olor le repugna: l" lit-: T-l::" no
h1$1 muerte
el vino y cualquier alimento cocido. A p;; i.-i"- ro aaás y rápidamente pierde
su
comerá más que pan y hierbas crud?s, no bebe más que
la mitad de su peso.
""-it
Por espacio de tres años se impone un voto de silencio {lo
que.va en la
la salud)'
dirección de las diversas privaciones seisoriales . -".r..,do asociadas con en
excepto para confesarse; reduce su sueúo a media hora cada dos días y ducrme
u'f,avez
un lecho de madera; se flagela tres veces por día con una cadena de hierro'
por sus pecados, la otra poi lu. vida, y la tercera go.
resumir bastante bien su problemática: el vínculo entre LT:itff;:,|Tt:,H:3il;
eI
y el cuerpo sacrificado de,' Catalina resulta obvio, lo que' a sn vez' recuerda la
necesidad de destruir realmente el objeto sacrificado.
A pesar de las órdenes de su ;";;;;lt'q"" ltace poco caso' Lapa no
que escucha a
depone las armas: grita, se enfurece, se a-rranca los cabellos cadavez
catalina flagelarse v cua¡rdo ve su cuerpo lleno de sangre' Pero catalinasea resiste:
cual
gracias aI pacto que ha sellado con Dios ya no se ve corno una asesina:

129
Raimbault, Ginette y Eliacheff, Caroline Las indomables de la anorexia
fuere el precío que deba p^gar, adquirirá la fuerza sr¡ficiente como para garantí:zar
la salvación de tocla su f¿rmilia, tanto en éste como en el otro mundo.
Catalina se impone restricciones alimentarias que van mucho más allá de las
reglas seguidas por las personas más piadosas, quienes consideran que su
obligación es respetar los mandamientos de Jesús a sus discipulos (y no déjan de
recordá¡selo): "Comed y bebcd lo que se encuentre en la casa de quienes os
hospeden" (Lucas 1O,7). Nadie ve su ascetismo como algo heroico. En aquella época,
el problema consistía en determi¡ra¡ si la posibilidad de vivir sin obra de
Dios o del diablo, mientras que en el siglo xx, sean cuales fueren"o-"ir..
los esfuerzos que
se han hecho para comprender a la anoréxica: el problema radica en hacerla
cambiar. En el caso de catalina, los más escépticos, los que oponen más
dificultades cuando se trata de convencerlos, son los miembros ¿e ia jerarquia
católica, con los que s€ verá enfrentada a lo largo de toda su vida. En nuesiros dias,
es excepcional que una anoréxica no sea llevada a un médico que no tenga ningún
motivo para cuestiona¡ los logros de la hsiologia-
El comportamiento de Catalina va en contra de las prescripciones de su
primer confesor (¡r de los que lo siguen...). Sospechando que se trata de la obra del
diablo, le ordena que coma aunque sea una vez por d.ía. Ela obedece de mala gana,
pues se siente más fuerte y su salud mejora cuando no come. Cae gravemente
enferma (conhrmando la argumentacién de algunas anoréxicas: si me fuerzan, me
voy a enfermar); el confesor sólo acepta ceder, cuando la ve a punto de morir y ante
el siguiente raeonamiento:

Si por un aJruno excesivo expusiera mi cuerpo a la muerte, ¿no me


prohibiría ajruna¡ para impedir que me muera y ser homicida de mí
misma? ¿Acaso no es más grave e)aponerse a la muerte comiendo gue
a¡runafldo? Dado que la experiencia le ha dernostrado que la
me hace enfermar, ¿por qué no me prohibe comer del mismo"o-id.
modo
que me prohibiría aJrunar en e! caso inverso?

El confesor b4ja los brazos, a-l fiempo que le indica que actúe "siguiendo las
inspiraciones del Espiritu Santo, pues la.. tuaraviüas que Dios p.r".J operar en
usted son muy grandes'. Sólo la Eucaristia la sostjéne: Catáina obtlndrá el
permiso de comulgar todos los días, cuando en la Edad Med ia, t : , . aun las
religiosas, sólo comulgan seis o siete veces por a-ño. A pesar de haber logrado
desprenderse de su primer confesor, no por ello Catalina está libre. A lo largo de
toda su vida, su santidad será cuestionad.a pues sus costurnbres alimenticias la
tornan sospechosa de esta¡ inspirada por el diablo, de ser una bruja o una
simuladora, sospechas que se ven fortalecidas en la medida en que, r p.!r. de las
restricciones que se impone, nunca aparece cansada. s; pri-., q)runo
extraordinario se extiende desde la Cuaresma hasta la Ascensión (o sea,
¡dos meses
y medio!) . Catalina no toma ningún atimento o bebida, Sn de¡ar por ello de
Perm¿rnec€r activa, lo cual motivó en Ra¡rmond de Capoue el siguiente óomentario:
"AsÍ es cómo la ürgen del Señor se encuentra a la vee saciada y .n qyutto,
con el
estómago vacío y el corazón lleno, consumida completamente en el extárior, y en el
interior completamente rociada por un río de agua, viva, alerta y alegr-e ante
cualquier acontecimiento." Lo que en lenguaje médieo se deine Jo*o la
"hiperactiüdad" de la anoréíca, quedaba ya perfectamente descrito...
Cuando tiene aproximadamente 26 años experirnenta la necesidad de
justificarse ante un religioso de Florencia:

M. p¿rece que usted está muy asombrado por lo que se entera


1...1
acerca del género deüda que llevo, y estoy segura de que no lo
motiva a usted otra cosa que el deseo del honor de Dios v mr
130
Raimbault, Ginette y Eliacheff, Caroline Las indornaóles. Frguras de /a anorexr'a
sa-lvación; teme que yo sea víctima de las trampas y las ilusiones clel
demonio. Bse temor que siente, Padre mío, en relación con la comida
no rne asombra; y le aseguro que, si usted lo siente, yo rnisrna
tiemblo, a tal punto le tengo miedo a los engaños del de¡no¡rio; pero
me fio de la bondad de Dios y estoy en guardia contra mí misma,
pues bien sé que nada puedo espera¡. Usted me pregunta si creo o
no poder ser engariada por el demonio; y me dice que si no lo creo,
ello mismo es una prueba de que lo estoy. Le respondo que, no sólo
por ese hecho, qr¡e supera las fuerzas naturales. sino por todas mis
demás acciones, rni debüdad y la malicia del demonio siempre me
llenan de temor. [...1
Usted también me escribe para que le pida muy especialmente a Dios
poder comer; le responc{o, Padre mío, y se lo aseguro delante de Dios,
que he utilizado todos los medios para hacerlo y que me esfuerzo por
toma¡ algún alimento una o dos veces por dia; le he rogado a Dios
sin cesar, le nrego y le rogaré aún rnás para que me dé la gracia de
üvir como todos los demás, si ésa es su voluntad, pues también es la
mía. Le aseguro que con frecuencia, después de haber hecho todos
los esfuerzos que están a mi alcar¡ce, examiné con cuidado esta
imperfección y pensé que Dios me la daba en su bondad para
corregirme del ücio de la glotonería. Mucho lamento no haber tenido
Ia fwerza, para corregirne por amor. Ahora no sé qué dieta debo
llevar, y le pido que le rece a la eterna Verdad e implore su gracia,
siempre y cuando ello no vaya en contra de su honor y de la
salvación de mi alma, para que me deje comer algún alirnento,
si le agrada. Estoy segura de que la bondad de Dios no despreciará
vuestros rezos. Le ruego que me escriba el remedio que usted conoce
y, en la medida en que honre a Dios, Io seguiré de buena gana.8

Sin duda, es tan dficil para una joven del siglo xIV convencer a las
autoridades eclesiásticas el hecho de estar inspirada por Dios, como p€rra unajoven
del siglo xx convencer a los médicos del hecho de que no comer es su úníca manera
de vivir. La estrate¡¡ia, sin embargo, es la misma: fingir sometimiento, responder
corl l¡na apafente cooperación, mientras siguen comiendo lo menos posíble.
Enfrenta¡se con los imperaüvos culturales de Ia sa¡rtidad medieval y del modelo
impuesto por los directores espirituales es tan a¡duo como pelearse contra la
institución médica. Ent¡e todas las muchachas que han intentado dar un sentido a
sus vidas dominando sus sensaciones (dolor, cansancio, hambre, deseo sexual),
poc€ts son las que llegaron a convencer; se requiere toda la tenacidad, la voluntad,
la pasión y el carisma que Catalina aplicaba para conseguir lo que buscaba. Se
requiere, sobre todo, 5r ?c?so ésa sea la ventaja de Catalina, que el cuerpo esté
atravesado por un ideal. Dejando de lado todas las proporciones, l,as reacciones que
ella suscitó pueden compararse con la.s provocadas por la joven anoréxica del siglo
XX: en unos admiración, en otros recelo, desconfianzay h.asta odio, y, en todos, Ia
expresa voluntad de doblegarla.
Uno de sus biógrafos, Joergensen, sin sospechar siquiera que Catalina de
Sietra era una anoréxica, y sin referirse casi a stls costumbres alimenticias, escribe:
"Es obvio que Catalina tenía el don de est¡emecer las almas: frente a ella no cabía la
posibilidad de la más mínima indiferencia, había que amarla u odia¡la.
acompañarla o perseguirla."e Todos los que conocieron a Simone Weil, de una u
otra forma retomaron ese mismo juicio. También ella tenía un cuerpo atravesado
por un ideal, pero la Autoridad, sea médica, eclesiástica o poiítica, teme las

uC.D.S.,
op cit, CartaCCCX|tlá un religioso de Florencia, pp. 1502-1509
'JOERGENSEN J., op Cit.. o 274.
131
Raimbault, Ginette y Eliacheff, Caroline
manifestaciones e-xcesivas que no sor.r estrictamente "ortodoxas".
En el momento en el que hemos dejado a catalina, su madre no ha
renunciado a impedirle que se destruya. A pesar de sus penitencias, Catalina se
siente constantemente asaltada por malos espiritus. Ducla poder sostener su voto
de virginidad sin unirse a la orden de las clominicas. E*p..". su anhelo de
incorporarse a las hermanas del Tercer Orden de la Peniterrcia, las Mantellate, así
llamarlas debido al gran manto negro con el que cubren el hábito blanco de las
dominicas. Se trata de un grupo de mujeres laicas, lamayoria viudas o solteras de
edad madura, que viven en sus cases y no en el convento, con reglas no muy
severas. La elección resulta bastante extra-ña, pues en esa época y u. edad,
Catalina naturalmente tendría que haber elegido entra¡ en el convento. "., Las
hermanas, por otra pa¡te, . - ,¡ intenta¡on disuadirla luego que Lapa, que se oponía
a esa decisión, fue a consulta¡las. Antes de ver a Catalina, solicitan una prórroga,
durante la cual ella debe disminuir la severidad de sus penitencias. Catalina no les
hace caso, pero cae gravemente enferma y se sirve de la enfermedad
{¿viruela?) para
conmover a su madre, repitiéndole sin parar: "Si quieres que esté mejor, haz que
me una a Ias hermanas de Ia Penitencia. Si no, temo que Dios y bomingo,
que me han llamado, actúen de tal modo que no me tendrás ni bajo ""ttio
un hábito ni
ba,io- el otro." Lapa, cediendo al chantaje, vuelve para suplicar a las
herrna(ra.s, con
un
-fervor del que se había despojado en su primera üsita. Las hermanas aceptan
rwi¡ar su posición, con la condición de que Catalina no sea muy bonita, pues está
destinada a permanecer en el mundo sin demasiado control, y cle q.r" tr¡1to l.
madre como la hija estén de acuerdo en ese compromiso, lo quá rr*'.ü hasta qué
punto el conflicto madre-hija debía saltar a los ojos, pues no hay ninguna regla
las congregaciones dominicas que mencione Ia obligación de obtener de el
consentimiento de los padres. La.s Mantellate más prudentes se traslada¡ para
conocerla: se encuentran con una muchacha desfigurada por la enfermedad que
descaba tan ardientemente unírseles en el servicio Je Dios que aceptan integrarla.
Catalina se cura en algunos días y, a pesar d.e las últimas resistencias de su mad.re,
se cubre con el hábito de las terciarias dominica.s.
la. elección de Catalina ha dado lugar a múltiples comenta¡ios. Ra5mond de
Capoue ve en esa elección una causa sobrenatural (la habría guiaao sa¡to
Domingo): otros hagíógrafos píensan que, por humildad, no se sentiidigna de ser
religiosa, lo que no Pa¡ece muy probable, pues de humilclad casi no se encuentran
huellas. [a. orden de las Ma:etellate es una orden militante por excelencia,
consagrada a la defensa de la Fe y de la Iglesia, en lo absoluto destinada a jóvenes
virgenes, sino a viudas o a mujeres de edad madura. Para tratar de comfrender
_elección hay que tener presente las circunstancias en las que Catalina se
esta.
convierte: sin vacilar compromete su cuerpo en Ia vía descrita. después de la muerte
de sus dos hermanas: como las üudas, está de duelo; sobreviviente desde su
nacimiento en el fantasma materno, imputa el fallecimiento de su hermana
preferida al hecho de que ella misma haya aceptado entrar en el mundo; la muerte
de la segunda Giovanna le confirma la idea de que ella vive del sacrificio de oma
persorra. Mediante un contrato establecido con Dios, se asigna la ta¡ea d.e encarnar
el fantasma materno, según el cual una persona viva no ."há" que el remplazante
de una persona mu-erta (Lapa trajo aI mundo 25 niños y pocos son los que
sobreüvieron) Y, perfeccionando incansablemente su posición por medio de sus
penitencias, de garantízat la salvación espiritual de todos los suyos. Resulta lógico,
entonces, que no : : , .': a¡rhele vivir más que en el seno de su familia- La elección de
una ordezr militante no podía resultarle más adecuada, en la meüda en que la
militancia es una característica consta¡rte del corrportamiento anoréxico, sea cual
fuere Ia causa aparente. En dicha elección, también es posible ver un éxito relativo
de sus padres: al dejar que se convierta en un miembro de la Tercera C)rden tal vez
espera¡ recuperarla, pues dado qtte la regla de esa orden no ha sido aún aprobada
132
Raimbault, Ginette y Eliacheff, Caroline Las indomables. Figuras de la anorexia
por la Santa Sede, el alejamiento <le ésta puede realiearse sin dificultades, por lo
menos hasta el a-ño 1352. to [,os padres de las anoréxicas también aceptan con más
facilidad considerar la posibilidad cle separarse de sus hijas cuando esa separación,
presentada como terapéutica, Ies parece transitoria, se trate cle una hospitalización
o de interna¡la en un colegio.
A pesar de encontrarse cubierta con el hábito de las dominicas y de haber
dominado casi completamente su cuerpo, Catalina sigue atormentada por los
demonios, en la medida en que aún no obtuvo pruebas de su poder con respecto a
la salvación de los suyos. El fallecimiento de su padre determinará un giro y nos
permitirá comprender los términos del contrato establecido con Dios. Cuando
Catalina üene 21 a-ñ.os, su padre cae gravemente enfermo. A pesar de haberla
comprendido ta¡díamente, es el único miembro de la familía que la ha a5rudado.
Catalina habla con él y comprende que, en paz consigo mismo, se apresta a morir.
Y teza., no pa¡a que se cure, sino para evita.rle su paso por el purgatorio. La
respuesta que recibe de Dios es la siguiente: desde luego, Giacomo fue un hombre
bueno y un padre cariñoso, pero vivió demasiado en la deshonra de Ios pecados del
mundo para ser exímido del purgatorio. Catalina reflexiona y le propone a Dios el
siguiente arreglo: que su padre vaya directamente al cielo y ella, a cambio, cargará
con el peso de sus justos castigos en este bajo mundo. Catalina obtiene la prueba
de que ha sido escuchada, pues el día de la muerte de Giacomo (en agosto de f 368)
lo ve en el cielo entre los santos: al mismo tiempo, experimenta un agudo dolor en
las entrañas que ya no la abandonaria. Para tener un alma hay que tener un
cuerpo. El cuerpo atravesado por un ideal se expresa según una anatomía mistica
retomada por el discurso del alma. Naclie expresó mejor que Catalina la teoría del
intercambio para la salvación apoyada en la dialéctica de la falta y el perdón.
Después de la muerte de su padre, Catalina probablemente adquiere una mayor
cotfta¡tra. en la naturaleza de su vínculo personal y directo con Dios; obtendrála
salvación de su madre en un tono muy diferente.
En efecto, dos años más tarde, Lapa cae enferma, pero las circunstancias
son distintas. Lapa no tiene la menor intención de morirse. Catalina le pide que
acepte recibir a un cura, pero su madre no quiere ni que se lo mencionen. Habla de
su hija como de alguien "sin corazón", puesto que es tan poderosa, haría
mejor en obtener su curación en lugar de exhortarla a que muera bien. Según
varios testigos. Lapa muere realmente, sin sacramentos; entonces, Catalina se dirige
a Dios en estos términos:
"Padre, no es lo que trsted me había prometido: toda mi familia debía ser
salvada. Ahora mi madre ha muerto sin confesarse; en consecuencia, rezo para que
usted me la devuelva. Eso es lo que quiero y no saldré r¡iva de aquí hasta tanto
Usted no me haya entregado a mi madre." Cosa que Él hizo...I^apa vivirá más de 8O
a-ñ.os y asistirá a la muerte de Catalina.
Sobre los seres humanos, Catalina impone SU voluntad como si fuera [a de
Dios, pero sobre Dios, también impone SU voluntad, exigiendo más y más pruebas,
que obtiene principalmente bajo la forma de percepciones corporales. Un día, según
relata uno de sus secreta¡ios, Catalina lloraba arnargarnente por sus pecados, y
entonces Jesús, teniendo compasión por su excesiva pena, le dijo: "¡Ya no llores,
hl¡'a mía, todos tus pecados te son perdonados!" de ello una prueba segura,
responde Catalina, ¡pues mis transgresiones son-Dame demasiado numerosas como pa¡a
que pueda creerte! " Y Nuestro Señor extendió su m€rno y pronunció sobre ella las
pa-labras de la absolución. Sus rezos son regateos, colectas que no están muy
atejadas de las escenas de chantqie que le hacía a su mad¡e ni de las que las
anoréxicas hacen a los médicos o a sus fa¡nilias. Sí el amor era el objeto de la

'" FAWTIER R., CANET L., La double expérience de Catherine de Sienne Benincasa, París,
Gallimard, 1948, p 59
1J3
Raimbault, Ginette y Eliacheff, Caroline Las indomables. Fiquras de la anorexia
demanda de Catalina, Dios, que para ella es Amor, seria entonces el único en poder
ofrecerle pruebas, cada vez más pruebas. Ahora bien, ella se impone una verdadera
escalada, quedándose siempre insatisfecha, probando de este modo, diga lo que
cliga' que ni siquiera ese amor le aJcanza para instalarse en el ser. Renova¡rdo sin
cesar su cuestionamiento, ella espera de Dios que Él Mismo plantee la pregunta del
ser. Él es "El que es": ella es "la que no es". La anoréxica le dice a su madre:
"Rechazo la comida que representa el amor que me destruye como ser, puesto que
tú me rechazas el .ser." Desesperadamente intenta constitui¡ a alguien de su
entorno como Otro, como el que podrá responder por su deseo.

Después de la muerte de su padre, lajuventud de Catalina llega a su fin. Sus


herma¡¡os r,r-¡elven a quebrar. En septiembre de 1368, una rebelión cle nobles
derroca el gobierno popular de los Doce, aI que la familia Benincasa estaba aliada
(el gobierno popular de Siena, establecido en 1355, había confiado la dirección
de la
comuna a doce ciudadanos que gobernaban de a dos du¡ante d.os meses). Catatina
les salva la vida a sus hermanos escondiéndolos, pero éstos deben dejar
definitivamente Siena y se v'an a Florencia. Las pocas cartas escritas más ta¡de a su
familia son breves y glaciales. ll.r, | 'Les recomienda no pelearse y respetar a su
mad¡e: 'ustedes deben servirla y no ella a ustedes; ella no tomó vuestrá carne, Ies
hadado la suya".rr En efecto, l,apa, que tarito estimuló a sus hi¡'os aI éxito material,
se encuentra viuda y abandonada por ellos, pero sólo se queda en Siena de mala
gana. Catalina logra convencerla para que se una ambién a la orden de las
Ma¡rtellate, sin que por ello lleguen a esta¡ más juntas.
Habiendo cumplido con el contrato referido a sus parientes, Catalina va a
consagrarse a otra causa: la reforma de la lglesia; ésta necesita sobre todo
reconsiderar el hecho de que sus verdaderas riquezas son las almas y no las
riquezas materiales. La lglesia, como toda institucién, no tiene cuerpo. Ahára bien,
a-decir verdad, el poder necesitaun cuerpo. El principal sujeto de llinstitución es
ll ptp"" "cuerpo místico de la Santa Iglesia",rua tra-vés dát cual el poder habla,
justarnente por estar desprovisto de cueqro. Señalemos la insistencia que se
encuentra en todos los escritos religiosos en denegar esta ausencia de cuerpo en la
Iglesia por medio de la afrrmación opuesta, a saber, que la Iglesia es un cu'erpo. Si
ello fuera cierto, no necesitaria a nadie para hablar...
Pierre Legendre se dedicó a estudia¡ el trato del que era objeto el cuerpo del
papa en el siglo xUrr:

El trato al eurno pontífice rnuestra córno un cuerpo humano puede


llegar a ser único, íntegra:rrente alienado, y según todas las
apariencias, fetichizado; ese cueapo extraordinario, en el que se halla
la Ley viva, patenü?a. manifiesta superioridad en belleza sobre
los demás. En este caso''arigurosamente fabuloso, la solemnización no
se detiene nunca y el discurso mitológico peÍnanece siempre
presente para codificar los más minimos gestos de la üda, la cual se
convierte eri u¡ra ceremonia perpetua. El pontífice se encuentra
literalmente empotrado en la institución, pues se lo venera como si
fuera la fuente misma de las palabras verdaderas. Su boca, en
especial, es notable, pues posee el poder de habla¡ esa verdad y de
hacerla hablar por otros abriéndoles ese orificio que se ha vuelto
sagrado (uno de los ritos que conforman el nombramiento de los
cardenales consiste en que el papa les habla para abrirles la boca,

']C.O.S., op. cit., Carta CCLV|llá Benincasa, su hermano. o. 1356.


'' LEGENDREP., La passion d'üre un autre - Etuae poui ia danse, parís, seuil, 197g, p 181
134
Rainlbault, Gineüe y Eliacheff, Caroline Las rrxlornaáles. Figuras de /a anorexla
dirigiénrlose precisarnente a la boca). Esa boca milagrosa del
pontíIice recibe los besos liturgicos, recibe el alimento en el
transcurso de la comida, cuyo desarrollo también está reglamentado
con la mayor precisión. En otras palabras, ese cl¡erpo es objeto de
cr.ridados o de precauciones que no tienen nada que ver con la
atención prestada a un cuerpo ordinarío. il

Creemos que un trato de esa naturaleza aJ cuerpo del papa le hubiese


agradado a Catalina; pero no es lo que ocurría en esa segunda parte del siglo Xtv, y
ella va a. consagrar su cuerpo y su alma a la causa papal. Catalina ya es
considerada como una santa: su cuerpo habla en nombre de Dios, trae I .'. Ia
prueba de que Dios se ha dicho. Ese milagro es la ordalía.: esa prueba es el examen
del cuerpo por medio del cual adviene el milagro de lo verdadero.
Segura cle su relación directa con Dios, Catalina le escribe al papa Gregorio
XI, instalado en Aviñón, pa¡a convencerlo de que regrese a Roma. Según todas las
aparierecias históricas, el pa¡ra ya se había comprometido con respecto a esa
cuestión y solo esperaba un momento políticamente propicio para partir. El retorno
del papa es una esperanza para la unidad italiana: los Estados pontifrcales son
inmensos y, en ausencia del papa, combaten entre sí constantemente. Si el papa
persiste en quedarse en Aviñón, donde la vida es tan agradable y tan corrompida,
entonces la posibilidad de ver designado a un antipapa italiano y para peor romaJlo
se yuelve ur:a amenazá-
El tono de las ca¡tas de Catalina es absolutamente extraordina¡io; con
autoridad, ella impone una verdad, dictando sin discusión posible la conducta del
Sumo Pontífice: la mayoría de tas veces se expresa. en imperativo, salvo cuando
comienea sus frases con un 'Yo quiero y le ordeno". Para reformar la Iglesia y
reducir los escándalos de sus ministros, el papa debe seguir el siguiente plan: debe
regresaf a Roma y orgarúzar una cruzada contra los infieles: "Levante el estandarte
de la Santa Cruz: es gracias a ese estanda¡te protector de los cristianos que nos
libra¡emos de la guerra, de nuestras divisi<¡nes, de nuestras iniquidades, y que los
infieles se übrará'¡r de sus errores."l4 [,a idea de la cruzada (de nuevo la miütancia
"anoréxica"...), abandonada tras el fracaso de san Luis cien años antes, justifica su
abundante correspondencia con los poderosos de este mundo, a quienes les pide,
siernpre en el mismo tono, apoyo financiero y sumisión absoluta al papa, con el
objeto de volver a ubica¡lo a la cabeza. de Europa y de la civilización. Ella, por su
parte, de sumisa no tiene nada, en la medida en que trata al papa con superioridad
y hasta con insolencia: "Si hasta ahora Usted no ha sido muy enérgico, le pido y le
suplico, por el tiempo que le queda, que actúe como un hombre veliente y que siga
a Cristo, de quien es Usted el Vicario", 15 o a propósito del falsario que trataba de
hacerle creer que conia peligro de ser envenenado' "F!¡'ese, muy Santo Padre, que lo
está terrtando con lo que él supone lo más débil del hombre, sobre todo en aquellos
que s{rn temerosos y preocupados por ellos mismos, que le temen a la más pequeña
pena corporal y arnan la vida más que cualquier otro."to Catalina se sale de los
estatutos eclesiales para colocarse en lugar de la institución. Para ella, la
instítución es el Otro que habla a t¡avés de ella y no la lglesia. No existe la más
mínima huella de admiración hacia el hombre al que a veces llama Babbo mio dolce,
pero se dedica y se dedicará intensamente en favor de lo que él representa, por str
relación | :i. ' sagrada con ese gran Otro desconocido y familiar. Dios, quien funda
su poder.

''to LEGENDRE P, op cit


C D.S., op, cit., Carta V a Grégorio Xl, p 168
" C D.S , op, cit , Carta l a Grégorio Xl, p 146
'' C D S., op, cit, Carta X a Grégorio Xl, p. 181
135
Raimbault, Ginette y Eliacheff, Caroline Las rndo¡naóles Frguras de /a anorexla

Una poüttca de senta

El regreso de Gregorio XI a Roma es su momento de gloria (a considerar por


lo que se dice en la Legenda de Raymond cle Capoue, pues en los documentos
históricos ya no aParecen rast¡os de su participación...), luego las cosas se vari a
echa¡ a perder. Siendo más joven, Catalina habia obtenido, de una manera
parecida, su prirnera üctoria sobre su padre, tari poco respetado por su mujer como
el papa por la lglesia medieval. S.gún el dogma católico, la lglesia es "la esposa" de
Cristo y, sobre todo, su cuerpo místico: "Completo en mi ca¡ne lo que falta a los
sufrimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia" (San Pablo a los
colosenses 1.241. Ñ estar en contacto directo con Cristo, como con un afuera que
estaria adentro, no puede desinteresarse de la lglesia, como tampoco de su madre
que está en ella, por parte del cuerpo; pero no espera ni de su madre ni de la Iglesia
su identidad o un reconocimiento. Por otra parte, lo que ella quiere no es reformar
la Iglesia sino a sus ministros, verdaderos lobos que trafican la gracia divina. La
vida de los ministros de la Iglesia (¡ellos sí tienen un cuerpo!) no difiere de aquella
en la que se desenvuelven Lapa y sus hermanos:

Sea cual fuere el lado hacia donde gire, siempre veo lleva¡ a cada uno
la llave del übre albedrío con una voluntad corrompida; los seculanes,
1os ¡sligiosos y los clérigos persiguen con ardor las delicias, los
honores y las riquezas del mundo a través del desorden y la
cormpción. Pero lo que me allige por sobre todas las cosas, y que es
lo más abominable frente a Dios, es ver las flores que han sido
plantadas en el cuerpo rnístico de la Santa lglesia, las 0ores que
deberían propagar el buen aroma, aquellos cuya üda deberia ser el
espg'o de las virtudes, aquellos que deberían aprecia-c y amar el
honor de üos y la salvación de las almas, aquéllos, por el contrario,
propagan el olor infecto del pecado. t7

Gracias al poder que le otorga su experiencia mística, Catalina señala la


podredumbre y la inscribe en el seno de la institución: por su parte, intenta acceder
a la pureza a través del ascetismo, pero ella también es podredumbre por las
heridas que se inflige. La anoréxica contemporáfrea inscribe Ia podredumbre en lo
que recibe del exterior (la comid.) y al interior,:::,: en la carne hinchada,
manchada, repugnante, mientras que asocia la delgadez con la limpieza y con la
pureza triunfante.

No buscaremos resolver la cuestión acerca de si Catalina realmente tuvo una


acción política independiente o si fue manipulada por el poder eclesiástico y político
de Siena y, sobre todo, de Florencia cuando se propuso como intermediaria para
negociar la paz de la ciudad, que había sido cerrada al culto, con los Estados
pontificales. Esa larga y compleja negociación (por un lado, se trata de convencer al
papa cle que perdone y, por: el otro, de convencer a los insubordinados de qu€ se
subordinen) duró aproximadamente dos años. Catalina la üevó a cabo con d.os
papas sucesivos, pues el bondadoso Gregorio XI murió poco tiempo despuós de
haber regresado a Roma. En cualquier caso, fue mucho lo que bregó...

'' C.D.S., op, cit , Carta Xll a Grégorio Xl, p. 192


136
Raimbault, Ginette y Eliacheff, Caroline Las indomables Figuras de la anorexia
Un poeta habla de ella en aquel período en estos términos: "Piensa tanto en
la salvación de los hombres que nunca toca ningún alimento terrestre." Los
sufrimientos "la devoran". pero está "siempre alegre y sonriente*.
Con la elección de Urbano VI, Catalina pasa por un período sombrío por
varias razr,nes: Urbano VI, en quien ella habia puesto todas sus esperanzas para
refor¡nar la lglesia, demuestra ser un hombre autoritario, brutal, violento, que no
soporta el menor consejo. Catalina se lo reprocha en su correspondencia de una
manera ürulenta al principio y luego con desesperación. Urt¡ano VI acepta sus
plegarias, pero no más que eso.
El cisma de Occidente, a punto de prodttcirse, pone en tela de juicio todas
las acciones anteriores de Catalina: si fue Dios quien la inspiró cuando le incitó a
Gregorio XI para que regresara a Roma, el cisma no debería ocurrir. Si lo hace, 1o
que queda de manifiesto no es la voluntad de Dios sino la suya propia. Los
llamados que lanza a sus discípulos, de quienes ella es Ia "Mamma", para ir a Roma
y fundar alrededor del papa una comunidad religiosa que lo aconseje, no son
escuchados- Por entonces Catalina se cruza con el sueño de los Espirituales de ver
a la lglesia gobernada por los santos. Pero los santos, en los albores del cisma,
prefieren la tranquilidad de la celda...
Las carta.s de Catalina resultan de inestimatrle a5ruda para comprender de
qué modo percibe el mecanismo del cisma. Como está convencida de que tiene
razÁtt, defenderá la legitimidad de Urbano VI con muchísima fuerza, pero de una
manera repetiüva y unívoea. Según pa¡ece, Urbano VI fue elegido con total
regularidad, pero habría presentado graves trastornos psíquicos a partir de su
nombramiento: debido a su violencia, tanto de palabra como de actitud,
rápidamente se ganó la enemistad de los ca¡denales que lo habían apoyado.
Éstos lo acusaron de apóstata y de intruso y pretendían haberlo elegicto agobiados
por el pueblo, que reclamaba "un romano". Procedieron, entonces, a elegir un
antipapa en Aviñón, Clemente Vll. Este acontecimiento constituye el cisma,
resultado de una vasta corriente de ideas que buscaba distinguir la religión de sus
ministros, considerados indignos.
La. defensa hasta las últimas consecuencias de la legitimidad de Urbano VI
será eI último combate perdido de Catalina. Pa¡a ella, se trata de una cuestión de
vida o muerte, puesto que, por esa causa creyó haberle dado un sentido a su vida.
Escribe a los señores de Florencia, que se habían sublevado contra Urbano VI, una
ca¡ta absolutam ente teocrática:

El que se rebela contra nuestro Padre, el Cristo en la tierra, está


condenado a muerte, pues lo que hacemos contra é1, lo hacemos
contra el Cristo del cielo. Al honrar al papa estamos honra¡do a
Cristo; al despreciar al papa, estamos despreciando a Cristo. Ya Io
ven, y pueden creerrne, hermanos míos, que os lo digo con pena y
dolor, por su desobediencia y sus persecuciones, habéis caído en la
muerte y en el odio de Dios. [...] Yo os digo lo que Dios quiere y os
ordena, ls

¿Es posible un intento más enérgico para hacer respetar la ley del Padre?
De aquí en más, vaya a donde vaya fracasa¡á lamentablemente, pues su
intransigencia y sus convicciones le prohiben cualquier tipo de compromiso; sin
siquiera imaginar las raaones políticas que esgrimen los ca¡denales, la reina de
Nápoles, el rey de Franeia, las ciudades de Florencia. Siena o Prusia, Catalina sigue
afirmando incansablemente que Urba-tro VI es el papa legítimo: quien no está de
acuerdo con ello es un demonio encarnado o está a punto de serlo. Comprometida
tt
C.D.S., op, cit, Carta XLIX a los señores de Florencia, p. 403
137
Raimbault, Gineüe y Eliacheff, Caroline Las indomables. Fiauras de la anorexia
apasionadamente en la certeea de la legitimictad urbanista, sin embargo, nunca
hace mención de visiones o revelaciones qlle vaYan en esa dirección: ena¡bolando
su propia autoridad, traiciona las implicaciones personales que ap¿rrecen en esa
lucha.
Agotada por sus penitencias y quebrada, ante todo, por sus fracasos, le
escribe a Urbano VI para haeerlo partícipe de su decisión de sacrificar su vida por
la lglesia:

Quiero ter-rninar mi üda por usted y por la santa Iglesia, en las


lágrimas y en el desvelo, en una fiel, humilde y perseverante plegaria.
[...] Que Su Santidad tenga a bien ¡odea¡se de personas q\¡e le tema¡r
a Dios, de tal modo que lo que se hug" y se diga en su palacio no
caiga en manos de los demonios enca¡nados que tienen la des¡¡racia
de ser sus enemigos, del anüpapa y de sus adherentes. le . - .- .

Catalina decide dejar de alimentarse hasta su muerte: "Mi cuerpo no toma


ningún alimento, ni siquiera una gota de agua, sus sufrimientos son más intensos
que nunca y mi vida sólo pende de un hilo".zo Hilo que no ha de ser fino, puesto que
sin beber y sin comer, Catalina sobrevive todavía tres meses. Fra Bartolomme de
Dominici acudió a Roma y "vio su pobre cuerpito tan en{laquecido que hubiese sido
muy fácil contar sus huesos y sus nervios uno por uno". Durante su agonía, vuelve
a encontrarse con las incertidumbres de su adolescenci4 se siente atormentada por
el temor de que toda su vida no haya sido más que un fracaso. [-a. reforma de la
Iglesia la obsesiona hasta sus últimos instantes: ofrecer su cuerpo como holocausto
ante el altar de la vida no es suficiente.

El allmento de los ángetec

En una carta a su sobrina Eugenia, Catalina le expresa su deseo de verla


saborear el "elimento de los ángeles": "Pero piensa, querida h{ia mia, que ese
ali¡nerrto no se come en Ia tierra, sino en lo alto. (...) Pero tú me dirás: ¿Qué es ese
alimento de los ámgeles? Yo te respondo: Es el deseo de Dios, ese deseo que atrae al
alma y hace de ella una misrna cosa con é1".21
Catalina puso su deseo en el cielo con la esperanza de reconcilia¡ su cuerpo
y su alma, los cuales ya no estaríafi desglosados por el pecado. Sus penitencias, la
mortilicación de su cuerpo, le permiten estar lo más cerca posible de ese de*o:
muerta-a-ser-mantenida-en-üda, siempre en superviüencia, ser nada, convertirse
en todo, renunciar a la necesidad para acceder al deseo.
Cuando expresa directamenfe su demanda al Otro o cua¡rdo afirma frente a
Ios médicos que ella sabe lo que es bueno para sí misrna, la anoréxica hace de su
cuerpo un Sujeto ideal, depurado, demacrado, asextrado. Hablando "en nombre de"
mientras sigue diciendo "yo", la anoréxica pone en peligro la institución, la única en
decir lo verdadero. Para acercarse a ese ideal es necesario un cuerpo inhumano. Al
definir la teoría espiritual, Pierre Legendre ubica al Otro en cuanto aI creyente de la
siguiente manera:

Si el destino del cuerpo está en otra parte, diferente d.el espacio


terrestre, en ese espacio en el que eL go qte Ao soy no puede lnblar

C.O.S,
I'" C.D op, cit, Carta XXI a Urbano Vl, p 233
S , op, crt., Carta CXLVlfl al Señore Raymond de Capua, p. 916
'' C.D S, op, cit., Carta CCV a Eugen¡a, su sobrina, p. 1137
138
Raimbault, Ginette y Eliacheff , Caroline Las indomables. Figur?: de la anorexia
porq¡trc ese go no estd muetto, si ese cr¡erpo espera ser el Otro, es
decir, espera acceder al lugar celeste en el qtte se realizará el deseo
de amor con un cuerlpo-otro, esa vida fuera del tiempo, la única
deseable, debe ser merecida, es decir negociada, pues tenemos algo
para canjear. La üda terrestre es esa espera sufriente, cuando
ei cuerpo sufre por no estar allí donde está el deseo, el deseo de ser
absofutamente. La teología moral dehnió esta desgarradora espera uo
como una indiferencia pasiva (pecado de acedia), sino como un
paciente rechazo del desgarro que implica este mundo, en el que el
camino del deseo está cerrado, pues nuestra condición es la de viür
bajo la Ley de la cual nosotros resonamos.22

Como la anoréxica, que no acepta üür bqjo esa ley, Catalina canjeó la leche
materna, de la que su mad¡e la privó injustamente, por "el alimento de los árrgeles",
lugar de su deseo, de su comunicación directa con Dios, simbolizada oralmente por
la sangre de Cristo. Todas sus carta.s comienzan con: "[,e escribo con su sangre
irremplazable", y las descripciones de su culto por la sangre, que va a la par de sr¡
admiración por Cristo, abundan:

Es por esa raaón que le he dicho a usted que deseaba verlo barlado y
ahogado en la sangre de Jesús cmcificado.
Escóndase en las heridas de Jesús crucificado; bá¡iese en la sangre
de Jesús crucificado; sáciese de oprobios, de vergúenzas y de
a.lrentas, sufriendo por el amor de Jesús crucif¡cado.
En la sangre encontranos la fuente de la misericordia, la sangre que
destruye nuestra dureza, la sangre que vuelve dulces las cosas
arnargas, y üvianas las cargas pesadas... y como esa sangre hace
madura¡ las virtudes, el alma que se embriaga y se ahoga en esa
sangre se reviste de verdaderas y sóüdas virtudes.

La sangre de la que Catalina habla no es sólo la que fue derramada


materialrnente durante el calvario de Cristo, ni tarrrpoco la sangre eucarística,
transitoria- Es una sangre "permanente" en su espiritualidad: ella está en nosotros,
nosotros estamos en ella. Ese culto ya estaba en la tradición católica: la sangre
vertida sobre el calvario perm¿rnece unida al Verbo y, por consiguiente, es digna de
ser adorada. La devoción a la s¿rngre existe porque la sangre comunica lo simbólico.
Esta, devoción, cultivada sobre todo en el siglo xIV, había sido precedida por la de su
fuente: las cinco heridas de Jesús crucificado.
También para Catalina, la sangre es un equivalente simbólico de la leche
materna, el único goce sexual que ella se permitió, malaifestando, una vez más, el
sufrimiento producido por el destete. Le cuenta a su confesor que, en una de sus
visiones, Jesús le mostró durante mucho tiempo Ia herida del costado "así como
una madre presenta el seno a su recién nacido", y dado que ella se echó a llorar con
un deseo ardiente, él la tomó en sus brazos y puso sus labios contra la santa
herida...
Una noche en la que había llegado el momento de romper con un largo
aJruno, Jesús tomó el trozo de pan que ella estaba a punto de comer y lo , :': ' :

introdujo en su herida del costado antes de devolvérselo; el pan tuvo entonces el


sabor de la miel y de la leche.
La adoración es una experiencia intransmisible. Es una experiencia de
discurso que pasa por una demanda. La adoración de Catalina hacia Cristo es
momentánearnente colmada por la satisfacción de una imaginaria necesidad de
o LEGE¡IDRE
P., op. cit., p. 10i
139
Las indomables. F 'as de
la anorex¡a
Raimbault, Gineüe y Eliacheff, Caroline
;ues el alma también <tebe afime¡rta¡se: al privar su cuerpo para recibir el
^Itt"."t",
alimento áe los ángeles, Catalina busca el espacio en el que po{rá desear una miga
de menos a cambio cle un poco más de deseo, dice la anoréxica. En su descripción
de las tres clases de plegaria {plegaria continua, vocal y mental), Catalina define la
plegaria-mental de ia siguiente manera: "ta plegaria mental es realmente una
tou.át" que concibe las viitudes en el amor a Dios y las alimenta en el a¡nor al
prójims';.:r Si Lapa hubíese sido una madre "aceptable", es decir, una Persona cuyo
á"""o no se cierra sobre su hijo, habría respondido a la definición que da Catalina---

En nuestros días, la delgadez no es el único objetivo corporal y social a


aleanzar por las mujeres: el cuerpo también debe ser sarlo, musculoso, ümpio, sin
olores naturales, sin vellosidades, alimentado científicamente, controlado
permanentemente, most¡able en cualquier momento sin esconder nada y,
furalrnente, Eüy poco erótico. La repugnancia que manifiestan tas anoréxicas por el
lugar de sus cuerpos, a partir de los primeros signos de sexuación secundaria
(rnenstruación, vello, senos, nalgas, grasa) es un motor inconsciente para el culto
del dominio del cuerpo: el cuerpo librado a si mismo es repugnante: el cuerpo ideal
exige cuidados permanentes para reprimir todo lo que evoca la sexualidad.
En la Edad Media, si ju4gamos por lo que dice Catalina de Siena, la represión
de 1a sensibilidad y de la sexualidad pasa por otro camíno: el del odio al cuerpo-
Catalina lo predica en muchas oportunidades: "Cuanto mayor es el amor que ese
alma tiene á Dio*, mayor es el santo odio que üene hacia la parte sensitiva, hacia
su propia sensualidad."
;¡Oh, hijos míos! Conservad siempre el odio hacia vosotros mismos." O
incluso: "¡Desgracia, sí, una, mil desgracias! para el alma que no alberga ese odio."
El odio al cuerpo se convierte en un ideal comparable al amor que supuestamente
debemos sentir por el cuerpo "timpio". Pero por su piedad afectiva más gue
especulativa, Catalina tenía la gran ventqia de poder comparar el odio a uno mismo
y el arnor de Dios. ii ;.";
Imperiosa, tajante, sentenciosa, sin tener que tolerar en sí misna ninguna
contradicción posada sobre el tribunal de su conciencia, Catalina dice con san
Juan de manera repetitiva y hasta monótona: "Dios es Amor". Es un amor
desinteresado, un libre don de sí, puesto que antes de la creación, no había nada
más que Et. Pero Dios sólo puede dar si el hombre, cada hombre, está de acuerdo'
Catalina estuvo de acuerdo y se sacrifrcó. A los ojos del profano, el precio es muy
alto, pero para ella el sacrificio ha sido el goce supremo. : ': ' ¡

" C.D S., op, cit., Carta CCV a Eugenia, su sobrina, p. 1141 .

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